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    <title><![CDATA[elDiario.es - +Pikara]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - +Pikara]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¡Hasta siempre!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/hasta-siempre_132_10388507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f957ede3-eb1c-4e65-bba6-d9a0d06eeacc_16-9-discover-aspect-ratio_default_1077670.jpg" width="1280" height="720" alt="¡Hasta siempre!"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras nueve años de colaboración, +Pikara, el blog de Pikara Magazine en elDiario.es, deja de actualizarse. Podéis bucear en nuestra hemeroteca o buscarnos en nuestra web para seguir disfrutando de nuestro periodismo feminista, crítico, transgresor y disfrutón
</p></div><p class="article-text">
        Frente a lo que suelen decir los gur&uacute;s del amor cat&oacute;lico, lo cierto es que las feministas sabemos que todos los amores se agotan. A veces, agotados, resisten o, m&aacute;s bien, aguantan. Tras d&eacute;cadas de teor&iacute;a feminista en torno a la importancia de querernos bien, algunas hemos aprendido que no es necesario estirar ning&uacute;n chicle, que soltar es un ejercicio doloroso, pero imprescindible en muchos casos
    </p><p class="article-text">
        En <em>Pikara Magazine</em>, hemos escrito mucho sobre el amor y hemos escrito tambi&eacute;n sobre las rupturas. <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/02/rompes-cuando-rompes-pareja/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las rupturas de pareja</a> que dan pie a la construcci&oacute;n de nuevas relaciones que, a veces, son m&aacute;s bonitas; sobre<a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/11/despues-de-una-amiga-ya-no-hay-nada/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> las rupturas entre amigas que nos dejan sin hoja de ruta</a>; hemos hablado de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/05/cuidar-al-decir-adios/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&oacute;mo cuidar al decir adi&oacute;s</a>, de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/12/la-responsabilidad-afectiva-otros-cuentos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">responsabilidad afectiva</a>. Si alguien, al otro lado, necesita transitar una ruptura, (<em>h)amor roto, </em>de la editorial Continta me tienes es un buen b&aacute;lsamo. Eso s&iacute;, la mejor medicina es el tiempo. Lo dice <strong>Mercedes Sosa</strong>: &ldquo;Cambia lo superficial, cambia tambi&eacute;n lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras varios intentos por darle una nueva oportunidad a este blog &ndash;algo tan t&iacute;pico, por otro lado, de las parejas que se niegan a decirse adi&oacute;s&ndash;, tanto desde la redacci&oacute;n de <em>Pikara Magazine</em> como desde elDiario.es, por distintas razones, creemos que esta fase ha acabado para ambos. elDiario.es maneja cada vez una cantidad de informaci&oacute;n y de opini&oacute;n mayor y nosotras queremos apostar por los contenidos que publicamos tanto en nuestra web como en nuestros monogr&aacute;ficos y anuarios. La oportunidad que <em>Pikara Magazine </em>pudo ofrecer en su momento a este diario se ha suplido, de alguna manera, con el trabajo de compa&ntilde;eras de su redacci&oacute;n. A m&iacute; que me disculpe el resto, pero esta que escribe ha disfrutado y aprendido much&iacute;simo con el trabajo de la incansable <strong>Marta Borraz</strong>. Pero son muchas m&aacute;s, lo s&eacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ha sido, sin ninguna duda, una alianza muy enriquecedora. Cuando arrancamos la colaboraci&oacute;n, en febrero de 2014, <strong>June Fern&aacute;ndez, </strong>dec&iacute;a que abr&iacute;amos +Pikara &ldquo;para acercarnos a las lectoras y lectores de elDiario.es, proponiendo los temas que nos interesan, nos conciernen y nos inquietan, esperando que se convierta en un espacio agradable de encuentro y di&aacute;logo&rdquo;. En t&eacute;rminos generales, as&iacute; ha sido. Eso s&iacute;, enfrentarnos a un p&uacute;blico mucho m&aacute;s generalista que el nuestro tambi&eacute;n nos ha causado alg&uacute;n que otro disgusto que hemos sabido sortear con las ganas de seguir haciendo el periodismo feminista que nos caracteriza. Entonces, cuando las compa&ntilde;eras de elDiario.es nos hicieron la propuesta, asumimos el reto consciente de estar enfrent&aacute;ndonos a lo que<strong> V&iacute;ctor Gil </strong>llama &ldquo;el mundo grande&rdquo;.<strong> Ana Requena</strong> le ha entrevistado hace poquito <a href="https://www.google.com/search?client=firefox-b-d&amp;q=victor+viruta+eldiario" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por aqu&iacute;.</a> A nosotras nos contaba en 2015 que &ldquo;el mundo normal, el mundo grande&rdquo; estaba muy lejos de &eacute;l. Hemos disfrutado del mundo grande y, ahora, m&aacute;s mayores, volvemos a resguardarnos en el calor de nuestra casa.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, en estas p&aacute;ginas, se quedan decenas de reflexiones. Algunas m&aacute;s acertadas que otras, algunas m&aacute;s sesudas, otras m&aacute;s mamarrachas. Una peque&ntilde;a muestra de qui&eacute;nes somos, del mundo con el que so&ntilde;amos y del tipo de periodismo por el que apostamos desde que nos presentamos al mundo en noviembre de 2010. Nos avalan<a href="https://www.pikaramagazine.com/premios/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> muchos premios</a>, el calor de grandes medios y la confianza de una comunidad de lectoras que nos siguen all&aacute; d&oacute;nde publicamos. Aqu&iacute; quedan tambi&eacute;n muchos art&iacute;culos de<a href="https://www.eldiario.es/autores/lucia_martinez_odriozola/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong> Luc&iacute;a Mart&iacute;nez Odriozola</strong></a>, una de las fundadoras de nuestra revista, maestra y amiga querida, que nos dej&oacute; hace un par de a&ntilde;os. Ella acabar&iacute;a este texto con alg&uacute;n comentario encendido, pero no de los que muestran enfado sino viveza. Cierren al salir. Cuiden todo lo que dejamos aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta siempre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Momoitio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/hasta-siempre_132_10388507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Jul 2023 09:00:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¡Hasta siempre!]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desde el pecho hacia la ciudad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/pecho-ciudad_132_9991209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8030a7aa-1c8b-4003-b3e8-a6912b42d573_16-9-discover-aspect-ratio_default_1067612.jpg" width="1074" height="604" alt="Desde el pecho hacia la ciudad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué es lo que hace que nos vinculemos al espacio? Es la búsqueda de refugio, el sitio seguro, de la configuración de nuestra identidad</p><p class="subtitle"> Derecho a la ciudad: estrategia de revolución urbana </p></div><p class="article-text">
        Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos y ah&iacute; se acaba la cosa. Pero no. Nos falta lo m&aacute;s importante, nos falta lo del medio, nos falta &ldquo;vivimos&rdquo;. Es importante la elecci&oacute;n de la casa, el lugar en el que desarrollaremos nuestra vida intelectual, social, de descanso; el espacio en el que existiremos, en el que, con los dedos cruzamos, nos sentiremos libres.
    </p><p class="article-text">
        Me dicen: &ldquo;Estoy muy vinculada a esta casa y a este barrio&rdquo; y yo me pregunto c&oacute;mo podemos estar vinculadas a un espacio, la pregunta gen&eacute;rica, la pregunta humana, el sentimiento lo tengo muy adentro. La importancia de la casa y la creaci&oacute;n del hogar son imprescindibles para el recogimiento, para sentirte tan a gusto y tan acogida, con tantas ganas de volver a meterte bajo la manta del sof&aacute;. Lo entiendo, lo comparto, por lo que no cuestiono el sentimiento, cuestiono el mecanismo humano; me lo pregunto, el funcionamiento, el porqu&eacute;. La realidad, el espacio, es neutro; las implicaciones emocionales las ponemos nosotras. Pero es l&oacute;gico, es normal, la persona que no se vincula con el medio, que no establece lazos emocionales, eso es lo que me parece la actitud extra&ntilde;a. La persona que est&aacute; desapegada de todo a su alrededor vive, al fin y al cabo, fuera de la realidad. Me recuerda al retrato que hizo Paul Auster de su padre en <em>La invenci&oacute;n de la soledad</em>: &ldquo;Lo cierto es que su vida no se centraba en el lugar donde viv&iacute;a; su casa era solo uno de los tantos lugares de parada en su inquieta y desarraigada existencia, y esta falta de ra&iacute;ces lo convert&iacute;a en un perpetuo forastero, un turista en su propia vida. [&hellip;] El estado de desidia [de la casa] resulta un reflejo sintom&aacute;tico de una personalidad inaccesible por cualquier otro camino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; mecanismos se dan en el d&iacute;a a d&iacute;a, en la cotidianeidad, en comprar el pan siempre en el mismo sitio, en reconocer las mismas caras y las facciones del frutero, qu&eacute; mecanismos adaptativos generamos diariamente para que se conviertan en amor? Yo cada vez que paso por el r&iacute;o en bici hacia Triana me invade la misma sensaci&oacute;n, es la misma sorpresa y el mismo agradecimiento de poder vivir en esta ciudad y cruzar el r&iacute;o en bici. Nunca dejo de sorprenderme de su belleza, de los reflejos en el agua, de las casas de colores, da igual las veces que pase. Siempre levanto la cabeza, miro hacia arriba y respiro muy fuerte desde el pecho hacia la ciudad. Siempre.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el soci&oacute;logo urbano <a href="https://www.psicothema.com/pdf/1151.pdf." target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Robert Ezra Park</a>, la ciudad es un estado de &aacute;nimo, &ldquo;un conjunto de costumbres y tradiciones, as&iacute; como de acciones organizadas y de los sentimientos que son inherentes a dichas costumbres y que se transmiten mediante dicha tradici&oacute;n. En otras palabras, la ciudad no es tan solo un mecanismo f&iacute;sico y una construcci&oacute;n social. Interviene en los procesos vitales de los seres humanos que la integran; es un producto de la naturaleza y, en particular, de la naturaleza humana&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo podemos estar vinculadas a las calles, que no son m&aacute;s que edificios y ladrillos y cemento y hormig&oacute;n abajo? &iquest;Es simplemente una cosa humana, un vestigio de supervivencia en lo conocido? Para m&iacute;, es la necesidad del v&iacute;nculo para sobrevivir. Profesionales de la psicolog&iacute;a dicen que el contacto f&iacute;sico es una necesidad b&aacute;sica; si no hay contacto, el sistema inmunol&oacute;gico se deprime y mueres. Esto es igual. Es la b&uacute;squeda del refugio, del sitio seguro, de la no amenaza ante el mundo hostil. Lo conocido es amable.
    </p><p class="article-text">
        En el apego, lo que necesitamos es una constante, una cuevita en la que sentirnos seguras y arropadas y creo que esa es justamente la clave, lo que buscamos infinitamente: la seguridad que nos da el hogar. En la sustracci&oacute;n del hogar, los cimientos se tambalean.
    </p><p class="article-text">
        Los cimientos de la casa y los cimientos propios, pues la vinculaci&oacute;n al lugar est&aacute; a veces muy ligada a la formaci&oacute;n de nuestra identidad y decir &ldquo;con lo trianera que me he vuelto&rdquo;. En esta creaci&oacute;n de la identidad en interacci&oacute;n con lo externo, nos sentimos identificadas con ello, nos situamos mental y espacialmente. Situarse. Al final todo tiene que ver con la imagen del yo, con c&oacute;mo nos sentimos en este mundo tan inmenso, tan lejano a nosotras mismas y a la vez tan inmediato. Necesitamos el sentido de pertenencia y el colocarnos a nosotras mismas en alg&uacute;n punto dentro de ella. Si yo vivo en Triana, en alg&uacute;n momento suceder&aacute; que Triana viva en m&iacute; y entonces.
    </p><p class="article-text">
        Entonces har&aacute; clic y ya no habr&aacute; otra, entonces siempre llevar&aacute;s un trocito de la ciudad contigo, un trocito de este barrio, un trocito de este espacio. La ciudad vivir&aacute; en ti y t&uacute; vivir&aacute;s en la ciudad. Pero, en un momento de mudanza, el tr&aacute;nsito y el desgarrarnos en unos jirones de carne que tiran hacia todos los lados. Leo a Pallasmaa en <em>Habitar </em>y me da esperanza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La casa es el contenedor, la c&aacute;scara, de un hogar. Es el usuario quien alberga la sustancia del hogar, por decirlo de alg&uacute;n modo, dentro del marco de la vivienda. El hogar es una expresi&oacute;n de la personalidad del habitante y de sus patrones de vida &uacute;nicos. En consecuencia, la esencial del hogar es m&aacute;s cercana a la vida misma que al artefacto de la casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pallasmaa me da esperanza. Me da esperanza de que podemos encontrar ese huequecito en casi cualquier parte, podemos encontrar ese rinconcito para nosotras aunque cueste un poco y, entonces, encontrarnos con nosotras. Me da esperanza de que por mucha importancia que le demos a la casa, por mucho amor que le tengamos a ese lugar en el que hemos vivido tanto tiempo, por mucho que nuestra identidad est&eacute; ligada a esas calles y a ese me bajo un momento, que est&aacute; aqu&iacute; al lado, somos nosotras al fin y al cabo. El espacio se vincular&aacute; y nosotras nos vincularemos con el espacio, pero lo real es que el hogar vive en nosotras, el hogar lo creamos nosotras. El hogar lo llevamos dentro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iris César]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/pecho-ciudad_132_9991209.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Feb 2023 22:08:20 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esa mujer tan maja que me atiende]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/mujer-maja-atiende_132_9971688.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/421987bf-4b31-412c-ae74-ced5711d64e6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Esa mujer tan maja que me atiende"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En España más de 120.000 personas trabajan en teleoperadoras y ocho de cada diez son mujeres, según cálculos de Comisiones Obreras. </p><p class="subtitle">Atender en tiempos de pandemia: disculpe, la centralita está saturada </p></div><p class="article-text">
        Las din&aacute;micas sociales y patriarcales que todav&iacute;a persisten en la sociedad, son algunas de las causas para que las mujeres seamos m&aacute;s emp&aacute;ticas y poseamos una inteligencia emocional mucho m&aacute;s desarrollada que los hombres, lo cual nos predispone a ser las candidatas ideales para este tipo de trabajos precarios.
    </p><p class="article-text">
        Ambas cualidades deber&iacute;an valorarse de manera positiva. Sin embargo, la realidad es que, aunque las mujeres seamos mayor&iacute;a en los Contact Center, solo un 48% de nosotras llega a representar cargos ejecutivos o de liderazgo en este sector, seg&uacute;n la Oficina Nacional de Estad&iacute;sticas del Reino Unido.
    </p><p class="article-text">
        No quiero desmerecer el trabajo de nadie, pero mi experiencia como teleoperadora no fue agradable. <span class="highlight" style="--color:white;">Una de cada seis llamadas acababan en g</span>ritos, insultos y amenazas contra m&iacute;. Mi jefe de aquella &eacute;poca dec&iacute;a que <a href="https://www.pikaramagazine.com/2017/02/envasadoras-agroindustria-almeria/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prefer&iacute;a contratar a mujeres</a> porque eran m&aacute;s respetuosas y generosas. Seg&uacute;n &eacute;l, las mujeres se acordaban m&aacute;s de los nombres de los clientes, de desearles un buen fin de semana y brindaban un servicio m&aacute;s efectivo y personalizado.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">No es casualidad que las mujeres seamos m&aacute;s colaborativas, pidamos ideas y practiquemos m&aacute;s la escucha activa que los hombres; desde peque&ntilde;as, en el colegio, nos ense&ntilde;an a ser educadas, respetuosas y a evitar los conflictos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La primera persona a quien telefonearon desde la enfermer&iacute;a de mi colegio cuando me romp&iacute; la rodilla fue a mi madre, no a mi padre. Sin embargo, ella nunca me vino a buscar al colegio, ni tampoco a las reuniones con mis profesores y profesoras. No se lo reprocho, siempre trabaj&oacute; mucho para sacar a nuestra familia adelante y ense&ntilde;arme a ser una mujer independiente.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">A pesar de todo, mi madre s&iacute; estuvo ah&iacute; cuando me vino la regla por primera vez y cuando la llam&eacute; para contarle que consegu&iacute; mi primer trabajo en el extranjero de teleoperadora en un Contact Center.</span>
    </p><p class="article-text">
        Tuve muchas compa&ntilde;eras a lo largo de mis dos a&ntilde;os trabajando para diferentes empresas de atenci&oacute;n al cliente. Ellas fueron las que me dieron un abrazo y me secaron las l&aacute;grimas, adem&aacute;s de escuchar mis quejas diarias sobre las condiciones y los abusos que ten&iacute;amos que soportar. A pesar de todo, probablemente yo fuese la m&aacute;s privilegiada de todas ellas: no ten&iacute;a criaturas a las que alimentar, ni hab&iacute;a escapado de mi pa&iacute;s por la fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo aguantarme las ganas de ir al ba&ntilde;o llamada tras llamada. Apenas cont&aacute;bamos con un cuarto de ba&ntilde;o para 30 mujeres, mientras los hombres eran cuatro y contaban con uno propio tambi&eacute;n. Por lo general, tocaba esperar por lo menos diez minutos y esto luego repercut&iacute;a en nuestra productividad. 
    </p><p class="article-text">
        Hace poco vi <em>Aloners</em>, una pel&iacute;cula coreana que trata de una joven veintea&ntilde;era que trabaja en un Contact Center donde solo hay mujeres<em>. </em>La protagonista vive una vida solitaria y evita convivir o hablar con otras personas a toda costa. Pese a todo, Jina no es capaz de estar verdaderamente sola, pues camina por todas partes con los auriculares puestos, ve v&iacute;deos en el m&oacute;vil y duerme con la televisi&oacute;n encendida. El mayor miedo de Jina es enfrentarse a s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunto si mi <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/01/no-son-pastillas-de-goma/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trastorno de ansiedad</a> estar&aacute; relacionado con todo el estr&eacute;s que sufr&iacute; durante aquellos a&ntilde;os en el Contact Center, con escuchar d&iacute;a a d&iacute;a insultos, lloros, quejas y los problemas de los dem&aacute;s, sin poder darle a los m&iacute;os la importancia que realmente se merec&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Diez a&ntilde;os han pasado desde</span> que se estrenase la pel&iacute;cula <em>Her</em>, un drama sexualizado donde <span class="highlight" style="--color:white;">Joaqu&iacute;n Phoenix encarnaba a un hombre que acababa enamor&aacute;ndose de su asistente, una dulce y complaciente voz de mujer interpretada por Scarlett Johansson. No obstante, hemos avanzado poco al respecto, sin ir m&aacute;s lejos Alexa y Siri tienen voz de mujer.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Parece que ser madre, amiga, pareja o hermana, conlleva escuchar los problemas de los dem&aacute;s, cuidarles, darles consejos y hacer que se sientan bien atendidos. Sin embargo, nosotras tambi&eacute;n queremos ser escuchadas y tener los mismos derechos y oportunidades, sin estereotipos ni sesgos machistas, tanto en la vida personal como en la laboral.&nbsp;</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En su poema</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> &iquest;No quisieras ser mi hermana?</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">, Amanda Gorman dice as&iacute;: &ldquo;Esc&uacute;chame como mujer, t&oacute;mame como tu hermana. En el amanecer p&uacute;rpura de un campo de batalla, para poder decir que nuestra victoria apenas comienza&rdquo;. A pesar de tener problemas de habla y de audici&oacute;n, las palabras de la joven activista resuenan hoy en todas nosotras.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emma González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/mujer-maja-atiende_132_9971688.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Feb 2023 05:11:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Esa mujer tan maja que me atiende]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No son niñas de Inditex, son mujeres explotadas y lo han conseguido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/no-son-ninas-inditex-son-mujeres-explotadas-han-conseguido_132_9950931.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d8693e83-52a6-4de0-8431-e4f863f2478c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No son niñas de Inditex, son mujeres explotadas y lo han conseguido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 2006 hui del perverso mercado laboral del 'retail' después de llegar a gestionar 11 tiendas, desarrollar hipersensibilidad a dos tipos de químicos y de una baja por ansiedad que terminó en despido, entre otras cosas. Nunca hice una huelga y me arrepiento 
</p><p class="subtitle">Sobre la violencia laboral</p></div><p class="article-text">
        Tengo que dar la enhorabuena a las mujeres que se han movilizado para conseguir el acuerdo en Inditex. Han sufrido presiones y han tenido miedo pues el sindicalismo est&aacute; muy mal visto en el sector. He seguido este proceso de las<em> </em>&ldquo;ni&ntilde;as de Inditex&rdquo; en los medios de comunicaci&oacute;n y he seguido las huelgas porque desde el principio me he sentido interpelada. Esta es la huelga que debimos hacer las dependientas en los dos mil y no ahora, pero bienvenida sea, pues m&aacute;s vale tarde. Parte de mi carrera laboral ha sido en tiendas de moda en <em>retail</em>, he pisado muchas de las grandes empresas de moda r&aacute;pida y por eso quiero escribir para agradecer a las personas que trabajan en las tiendas de Inditex y han ido a la huelga pues han sido una inspiraci&oacute;n en tiempos de inflaci&oacute;n. Tambi&eacute;n quiero escribir a las personas que trabajan en el resto de tiendas porque esto no va de Inditex, esto va de que todas estamos tocando fondo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hui de ese perverso mercado laboral en 2006, lo reconozco, no pude encajar ni tengo tolerancia a esa presi&oacute;n que deber&iacute;a estar prohibida como aptitud a solicitar en las ofertas de empleo. Hui y creo que era buena en mi trabajo porque consegu&iacute; ser &aacute;rea manager y gestionar 11 tiendas, conservando a&uacute;n la amistad de personas con las que trabajaba y que guardan un buen recuerdo de haber trabajado conmigo. Trat&eacute; de que las personas que ten&iacute;an sue&ntilde;os no se quedasen en ese &ldquo;curro de mierda&rdquo;, les ped&iacute; que volasen porque yo tambi&eacute;n quer&iacute;a volar, so&ntilde;aba con ser escritora, pero hab&iacute;a que comer y estudiar. No es un trabajo de mierda por el desempe&ntilde;o de tareas, trabajar en una tienda tiene cosas que te hacen ser muy creativa y te motivan, pero las condiciones son p&eacute;simas. En esos a&ntilde;os me pas&oacute; de todo, cosas maravillosas y personas geniales de las que aprend&iacute; mucho porque, si algo hay en una tienda es talento, pero hablar&eacute; de las situaciones que me hicieron da&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi primer empleo serio como responsable de almac&eacute;n dur&oacute; algo m&aacute;s de dos a&ntilde;os. Lo tuve que abandonar por desarrollar una hipersensibilidad a dos aprestos textiles, el formaldeh&iacute;do y la celulasa. Cuando tuve que plantearlo en la empresa me sugirieron que lo mejor era que me fuera por mi salud y, desde luego, era lo mejor, pero me lo hab&iacute;a provocado trabajar all&iacute;, en aquel almac&eacute;n sin ventilaci&oacute;n abriendo miles de bolsas de pl&aacute;stico para sacar esas prendas, ponerles la alarma y percharlas en tiempo r&eacute;cord. Se generaba a nuestro alrededor una atm&oacute;sfera irrespirable. Antes no hab&iacute;a tenido ning&uacute;n contacto con aprestos textiles, era joven e inexperta, necesitaba trabajar, estaba agotada despu&eacute;s de varios meses acudiendo a urgencias a la salida del trabajo a ponerme ox&iacute;geno y me march&eacute; sinti&eacute;ndome enga&ntilde;ada. A&ntilde;os despu&eacute;s vi un documental sobre moda t&oacute;xica de <em>Greenpeace</em>, mostraban algunos casos como el m&iacute;o, una chica en Alemania incluso hab&iacute;a denunciado a la cadena en los tribunales. Me sent&iacute; imb&eacute;cil, pero ya era tarde.
    </p><p class="article-text">
        Unos a&ntilde;os despu&eacute;s tuve una baja por ansiedad con un miedo horroroso a que me despidieran. Acababa de empezar este empleo como encargada, mi jefe de zona me manifest&oacute; el primer d&iacute;a que yo no fui nunca la persona que habr&iacute;a elegido, ya que ten&iacute;a a la segunda encargada. Me hizo vac&iacute;o, me quit&oacute; autoridad, yo no daba cr&eacute;dito a la falta de profesionalidad. No rivalic&eacute; en ning&uacute;n momento, pero me parec&iacute;a rid&iacute;culo que me hubieran contratado si ya ten&iacute;an a una persona. Empec&eacute; a experimentar ataques de p&aacute;nico y a bloquearme por las broncas de este responsable de zona pero nunca fui capaz de contestarle. No pod&iacute;a entender porque me sent&iacute;a tan torpe y no me defend&iacute;a de ninguna acusaci&oacute;n. Me levantaba con miedo a ir a trabajar y una noche conduciendo con un ataque de ansiedad acab&eacute; en urgencias. Al d&iacute;a siguiente recib&iacute; el burofax con mi despido. Nadie de la empresa me pregunt&oacute; qu&eacute; hab&iacute;a ocurrido. Estaba dentro del periodo de prueba.
    </p><p class="article-text">
        En otra empresa, al llegar a mi nuevo puesto tras un ascenso, me encontr&eacute; desde el primer d&iacute;a con que mis compa&ntilde;eros no me dirig&iacute;an la palabra y no lo hicieron en los nueve meses que aguant&eacute; la situaci&oacute;n. Era su estrategia para protestar contra el director que hab&iacute;a hecho varios cambios, como ascenderme. Pens&eacute; que esta vez no pod&iacute;a dejarlo pasar y perder mi empleo. Cuando me decid&iacute; a hablar con los responsables la respuesta fue que la persona instigadora era como de la familia y no pod&iacute;an decirle nada. Llevaba toda la vida con ellos. Supliqu&eacute; ser despedida, no pod&iacute;a m&aacute;s y, afortunadamente, en recursos humanos, en un acto de caridad ante la imposibilidad de poder cambiar la situaci&oacute;n, me despidieron. Debo decir que me encantaba ese trabajo, era como haber conseguido un sue&ntilde;o que se convert&iacute;a en pesadilla cada ma&ntilde;ana que atravesaba la puerta de la oficina y lo peor es que era consciente de que ni siquiera ten&iacute;a que ver conmigo. Pero a m&iacute; me hizo da&ntilde;o y no fui consciente hasta que tuve que enfrentarme a otro empleo donde tuve que empezar una terapia. Nunca volv&iacute; a trabajar en una tienda.
    </p><p class="article-text">
        Esto ocurre con bastante asiduidad. Las jefas de zona, encargadas y dependientas trabajan con un nivel alto de estr&eacute;s y cuando se enfrentan a la maternidad tienen un problema a&ntilde;adido, la conciliaci&oacute;n con los horarios de las tiendas es imposible. Teniendo en cuenta que en muchas comunidades aut&oacute;nomas se trabaja los festivos, los contratos nuevos desde hace a&ntilde;os se hacen de lunes a domingo para no pagarlos. Se han ido precarizando y flexibilizando las jornadas de manera que, si antes era habitual una plantilla estable a jornada completa, hoy por sistema los contratos son de muy pocas horas, pero se exige disponibilidad total. Las ampliaciones de jornada semanales o diarias sin preaviso son la norma. Esto hace imposible tener estabilidad, ni siquiera poder estudiar o hacer otras cosas.
    </p><p class="article-text">
        En algunas de estas empresas la presi&oacute;n por conseguir los objetivos, en ocasiones inalcanzables, es enorme. Adem&aacute;s, de ellos dependen en gran parte los pluses salariales, generando un estr&eacute;s a&ntilde;adido a los ya de por s&iacute; estresantes momentos de alta demanda como rebajas, campa&ntilde;as, o de la propia gesti&oacute;n diaria de una tienda. Son trabajos con elevada carga que generan ansiedad y, en ocasiones, con mucha presi&oacute;n emocional. Son habituales los turnos partidos con horas fuera de jornada como el tiempo invertido en los cierres de tienda que pueden sobrepasar la hora de trabajo no remunerado. Es un trabajo exigente para el que hay que emplear muchas habilidades y con una intensidad elevada. Tienes que ser creativa, intuitiva, emp&aacute;tica y r&aacute;pida, muy r&aacute;pida. No son solo dobladoras de camisetas, manejan cuentas de resultados de varios miles de euros al d&iacute;a, por lo que tienen enormes responsabilidades tambi&eacute;n con el dinero. Est&aacute;n disponibles siempre por un sueldo que no les da para vivir y por eso han tocado fondo por no poder pagar el alquiler trabajando todo el d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No son las ni&ntilde;as de<em> </em>Inditex, son mujeres que hacen su trabajo cada d&iacute;a para que una marabunta destroce su tienda y las traten mal, mientras siguen colocando ropa con una sonrisa y disponibles para ayudarte cuando se lo pidas. Acaban de demostrar que se puede mejorar las condiciones laborales cuando se nos estaba olvidando que la huelga es un derecho. Un derecho que encargadas y jefes de zona en el sector suelen recordarte que no les gustan a los arriba. No les gustan las huelgas ni las sindicalistas, precisamente las que han conseguido las mejoras para las dependientas de Inditex. Cuando yo trabaj&eacute;, en ninguna cadena excepto Inditex hab&iacute;a sindicatos, o enlaces sindicales y si los hubo, nunca lo supe, por eso jam&aacute;s pudimos plantearnos hacer huelgas. Nunca hice huelga y me arrepiento porque ten&iacute;a mucho motivos para hacerla.
    </p><p class="article-text">
        Ahora propongo al resto de dependientas de otras cadenas mirar hacia las mujeres de Inditex en un ejercicio de sororidad y de ego&iacute;smo propio. Vosotras tambi&eacute;n pod&eacute;is. Lo propongo desde la empat&iacute;a para que mejoren sus condiciones, para profesionalizarse a s&iacute; mismas, para ocupar el lugar en el que tiene que estar una persona a la que se exige tanto a escala laboral. El resto de personas consumidoras tambi&eacute;n deber&iacute;amos reflexionar evitando comprar en domingos y festivos, o acudiendo a horas m&aacute;s conciliadoras, para que no tenga sentido que una tienda est&eacute; abierta hasta las 10 de la noche. En tiendas del Reino Unido, a las seis de la tarde cierran los centros comerciales y la vida sigue, la gente puede hacer sus compras y el personal de tiendas tener mayor calidad de vida. Con el crecimiento del comercio electr&oacute;nico, adem&aacute;s, est&aacute;n desapareciendo tiendas y, por lo tanto, los empleos de las tiendas f&iacute;sicas, con lo que es el momento de repensar el sector. Un sector que en cifras va realmente bien.
    </p><p class="article-text">
        Lo importante es que esto va de haber tocado fondo en la precariedad, despu&eacute;s ya est&aacute; el abismo. Cuando est&aacute;s a punto de perder tu casa o no puedes pagar el alquiler, no queda otra que protestar. Ellas lo han hecho, han tenido la valent&iacute;a que antes no tuvimos. El miedo a perder el empleo paraliza, pero ver la trayectoria de precarizaci&oacute;n en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os deber&iacute;a sacarnos de la par&aacute;lisis. Todo lo que se ha perdido a nivel laboral nos est&aacute; poniendo ante las puertas de lo insostenible y los parches no son suficientes. Admitir que el empleo ya no es suficiente para salir de la pobreza es la ausencia total de esperanza en el futuro. Mejorar las condiciones laborales es mejorar las condiciones de vida y nos afecta a todas y a todos. Las mujeres y hombres que trabajan en las tiendas de Inditex pidieron un aumento de sueldo y mejores condiciones en un a&ntilde;o con un r&eacute;cord de un 24% m&aacute;s de beneficios (3.095 millones) para la empresa, y ahora podr&aacute;n seguir trabajando en mejores condiciones. Que nos sirvan de ejemplo de que podemos hacer muchas cosas y sobre todo, como dice Yolanda Diaz, entre todas podemos mejorar la vida de la gente. Y esto lo cuenta una aut&oacute;noma precaria, que en ocasiones no le llega ni para pagar la cuota de aut&oacute;nomas. Yolanda del alma m&iacute;a, t&uacute; que a veces nos escuchas, tenemos tanto que contarte&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Selma Tango]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/no-son-ninas-inditex-son-mujeres-explotadas-han-conseguido_132_9950931.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Feb 2023 05:02:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No son niñas de Inditex, son mujeres explotadas y lo han conseguido]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vieja antes de los 40]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/vieja-40_132_9931018.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5cce097-f014-4a6f-9be7-76f60eaa5c7b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vieja antes de los 40"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En las últimas décadas y bajo la tiranía del look, el valor de las mujeres por su belleza es cada vez más perverso. Con la expansión de las redes sociales, la percepción de la vejez se ha adelantado y ahora somos viejas mucho antes.</p><p class="subtitle">Joven, delgada y guapa. La tiranía sexista en televisión </p></div><p class="article-text">
        Tenemos <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/09/conquistar-la-vejez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">miedo a envejecer</a> pero, sobre todo, a parecer viejas. Un miedo il&oacute;gico a que se nos noten los signos de la edad cuando lo natural de la vida es precisamente envejecer. Las que crecimos con el feminismo de los 70 y 80 luchamos contra los c&aacute;nones de belleza para huir de ese mundo castrante y tortuoso del estar guapas. Nuestra adolescencia transcurri&oacute; entre libros que nos hicieron pensar, m&uacute;sica punk que ense&ntilde;aba a no ser tan d&oacute;ciles y ropas anchas para no marcar nuestros cuerpos ya que no dese&aacute;bamos resultar sexualmente atractivas. Una manera de luchar contra el machismo y el acoso de entonces, haci&eacute;ndonos feministas sin saberlo, para las adolescentes que nos sent&iacute;amos inc&oacute;modas con el rol tradicional femenino y quer&iacute;amos librarnos de los estereotipos imperantes. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora el mundo ha cambiado y precisamente en la cultura mainstream nos va a empoderar la belleza. Estamos tratando de encajar en el mundo luchando para sentirnos igual de bien que las guapas y j&oacute;venes. Queda poco de aquello de liberarnos de las torturas de la belleza. Pese a las Top models y el auge de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2019/10/los-trastornos-alimenticios-desde-una-perspectiva-feminista/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la anorexia</a> de los a&ntilde;os dos mil, fuimos sucumbiendo a la cultura <a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/08/la-industria-de-la-moda-rapida/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Inditex</a>. Como contraportada, modelos en poses imposibles o tiradas por los suelos, bajo los zapatos de grupos de hombres dominantes, han posicionado muy arriba esta industria del cuerpo de las mujeres que no ha hecho m&aacute;s que crecer, despedaz&aacute;ndonos en porciones, igual que la carne en el mostrador de la carnicer&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        El soci&oacute;logo Pascal Monfort<em> </em>alerta sobre c&oacute;mo, en una sola generaci&oacute;n,<a href="https://www.pikaramagazine.com/2023/01/el-complejo-de-pigmalion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> las j&oacute;venes han asumido la idea de que su apariencia tiene un impacto considerable en todos los &aacute;mbitos de sus vidas</a>. Un buen look significa una buena red de contactos, un buen novio, incluso un buen trabajo. Muchas asumen que no hace falta estudiar porque pueden ser modelos, influencers o montar una tienda de moda. La precariedad laboral de las universitarias afecta al hecho de que sean m&aacute;s atractivas otras salidas y la belleza es una ventaja intr&iacute;nseca para el &eacute;xito personal en las nuevas generaciones. Ven en la moda y la imagen sus &uacute;nicas posibilidades de ascenso social y un s&iacute;mbolo de estatus, algo alentado por las influencers.
    </p><p class="article-text">
        Los filtros de Instagram o Tiktok causan da&ntilde;os en la percepci&oacute;n de la propia imagen con consecuencia directa en la negativa autoestima de las personas, debido a la tendencia a compararse con influencers y a objetivar sexualmente el propio f&iacute;sico. Afecta al estado de &aacute;nimo y genera insatisfacci&oacute;n corporal. La comparaci&oacute;n conduce a una autoimagen negativa en la que se termina envidiando lo que poseen aquellas personas con las que se comparan. Las mujeres y las ni&ntilde;as suelen estar acostumbradas a mirarse a s&iacute; mismas en ojos de los otros, posibilitando la fragmentaci&oacute;n de sus cuerpos, de manera que pueden aceptar una evaluaci&oacute;n de ellas que no tenga en cuenta a su persona, ignorando sus caracter&iacute;sticas no f&iacute;sicas. As&iacute; se empiezan a considerar un objeto observado y evaluado. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las influencers perpet&uacute;an el ideal de la belleza tradicional vinculado a la hipersexualizaci&oacute;n corporal o los rasgos normativos de los estereotipos de belleza: joven, blanca y delgada, de entre 25 y 30 a&ntilde;os. La semidesnudez y la fragmentaci&oacute;n corporal aparecen en sus publicaciones en un 17 y 19 por ciento, seg&uacute;n un an&aacute;lisis realizado en el estudio <em>La influencia de instagram en la creaci&oacute;n y reproducci&oacute;n del ideal de belleza femeninos</em>. El mundo influencer est&aacute; ligado al consumo de productos de moda o belleza y la promoci&oacute;n de estos productos tiene un papel central en un 71 por ciento de sus publicaciones. Casi un 50 por ciento de las personas que siguen a influencers experimentan un impacto negativo en su autoestima y la percepci&oacute;n de su imagen. De esta manera se marcan objetivos imposibles de alcanzar para la mayor&iacute;a de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; nos ocurre a las mayores? Seg&uacute;n la escritora Mona Chollet, &ldquo;la ausencia de ideales pol&iacute;ticos y la invitaci&oacute;n permanente al consumo reactivan las representaciones hist&oacute;ricas que confinan a las mujeres al papel de criaturas principalmente decorativas (&hellip;) No existir sino a trav&eacute;s de la belleza y no sobrevivir sino a trav&eacute;s de la mirada de los hombres&rdquo;<em>. </em>En el episodio <em>Bellestorios</em> del podcast <em>Dos rubias muy legales</em>, <a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/01/moderna-de-pueblo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Raquel C&oacute;rcoles</a> y Henar &Aacute;lvarez,<em> </em>se lamentan con 35 y 38 de ser vistas como viejas. En tono de humor hablan de nuestro declive a esas edades y de c&oacute;mo el resto te ve vieja con menos de 40 a&ntilde;os y, en alguna ocasi&oacute;n, utiliza el t&eacute;rmino de forma despectiva. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ambas hablan constantemente de su deconstrucci&oacute;n en un podcast de gran alcance medi&aacute;tico y confiesan que les cuesta salir de casa sin peinarse y sin las u&ntilde;as hechas. En el episodio ponen ejemplos de amigas que rondan los 40 y no se plantean separarse porque han perdido valor en el mercado con la edad. &iquest;Seguimos siendo valoradas por c&oacute;mo nos ven ellos? Prosiguen con el relato de otra amiga de 33 a&ntilde;os que ha sacado un disco y no puede subirse al escenario por ser mayor. &iquest;Qu&eacute; pensar&iacute;a Chavela Vargas? Al final, a&ntilde;oran tiempos pasados en los que no hab&iacute;a tanta presi&oacute;n por envejecer y en los que se&ntilde;oras viejas, como los personajes Elvira o Morticia o la actriz Glenn Close pod&iacute;an resultar atractivas y sexys con m&aacute;s de 40.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que las revistas femeninas nos ofrecen la respuesta a nuestros problemas: hacernos m&aacute;s atractivas f&iacute;sicamente. Y sabemos que es algo que el paso del tiempo hace imposible cumplir. Que <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/07/odio-al-cuerpo-casa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuestra autoestima dependa de ser guapa</a> y no envejecer es de un sadismo de manual con el que no debemos transigir. Los trucos y consejos de influencers o de las revistas apuntalan nuestra inseguridad, nos juzgan con una mirada maligna, nos hacen sentir peor y nos recuerdan las mentiras sostenidas para perpetuar el miedo a estar solas y a ser invisibles, que es lo que nos convierte en eternas consumidoras de belleza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A esto hay que sumarle que el uso de filtros en las redes sociales modifica la realidad e incrementa la desvalorizaci&oacute;n de nuestros cuerpos, haciendo que en el imaginario colectivo se vaya instalando que las mujeres cada vez somos viejas m&aacute;s pronto. La insatisfacci&oacute;n permanente y la sumisi&oacute;n a unas normas de belleza cada vez m&aacute;s estrictas e inalcanzables han hecho que, pese a haber luchado por el derecho a no ser atractivas ni sexis, haya ido disminuyendo la resistencia que en alg&uacute;n momento mostramos muchas mujeres a esta injusta y cruel presi&oacute;n est&eacute;tica. Esta presi&oacute;n no solo persiste, sino que crece con la aceptaci&oacute;n de esos c&aacute;nones por parte de las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes y la resignaci&oacute;n de las mayores. 
    </p><p class="article-text">
        Mona Chollet alude en su libro <em>Belleza fatal </em>al debilitamiento del discurso feminista para explicar c&oacute;mo se ha perdido esta parte de la lucha de las mujeres. La industria ha aprovechado la coyuntura para desandar algunos pasos y el feminismo mainstream est&aacute; resultando m&aacute;s alineado con el capitalismo y menos combativo con respecto de esto, salvo en algunos reductos m&aacute;s disidentes. El hecho de que declaradas feministas reconocidas del momento hablen de la belleza y la juventud como un valor en alza que poseen, deber&iacute;a hacernos reflexionar. Que les parezca m&aacute;s importante ser atractiva y sexi a cualquier edad o en cualquier cuerpo como sin&oacute;nimo de empoderamiento y de lucha nos aleja de poder declararnos insumisas de la belleza.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que hay nuevas tendencias inclusivas como el <a href="https://www.pikaramagazine.com/2018/07/tienes-derecho-a-permanecer-gorda/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">body positive</a> y otras que luchan <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/04/la-vejez-y-sus-discriminaciones-cotidianas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">contra la discriminaci&oacute;n edadista</a>, alineadas con la idea de que una mujer gorda o una de m&aacute;s de 60 tambi&eacute;n son sexis y quiz&aacute;s ser&iacute;a m&aacute;s interesante la aceptaci&oacute;n de los cuerpos reales y de las marcas que deja la edad. Esas modelos canosas que parecen tener 25 con la intenci&oacute;n de las marcas de cubrir el cupo inclusivo, no son el tipo de mujeres mayores reales. Es necesario hacer resistencia a esta industria que hace de nuestro cuerpo el producto y de nuestra autoestima el desencadenante de compra. No se trata de convertirnos en un nicho de mercado m&aacute;s que explotar para que cuerpos no normativos puedan resultar atractivas. Hemos dejado que la cirug&iacute;a est&eacute;tica se asiente, la belleza domine el discurso y la hipersexualizaci&oacute;n sea el &uacute;nico lugar posible. Hemos dejado que el feminismo mainstream defienda tintes, tacones, u&ntilde;as, maquillajes y la tiran&iacute;a del look, con el discurso del empoderamiento que da ser guapa y sexy. Todo bajo el paradigma del respeto y la sororidad con las que quieren estar guapas y convirtiendo esta perversidad en norma que nos excluye a las dem&aacute;s. Estamos perdiendo la posibilidad de reivindicar que no queremos ser normativamente guapas, que no queremos torturas de belleza, que no deseamos gustar, que tenemos derecho a lucir nuestros cuerpos sin resultar atractivas a los hombres y que queremos envejecer, como dice Anna Freixas, con nuestros cuerpos de viejas. De viejas de 80 con cuerpos reales de 80.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Selma Tango]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/vieja-40_132_9931018.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Feb 2023 05:00:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vieja antes de los 40]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antidepresivos: sufrir o no sentir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/antidepresivos-sufrir-no-sentir_132_9912049.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e3698b5-a446-4de1-b7d2-b9bbc0eb5eac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antidepresivos: sufrir o no sentir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las situaciones de vulnerabilidad junto con las dinámicas domésticas y patriarcales son algunas de las causas sociales para que las mujeres tengan trastorno de ansiedad con más frecuencia.</p><p class="subtitle"> Prevenir el suicidio pasa por facilitar vidas vivibles </p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Las l&aacute;grimas se han considerado s&iacute;ntomas de feminidad durante siglos, y gastar energ&iacute;a en tratar de refutar esta asociaci&oacute;n solo termina haci&eacute;ndonos m&aacute;s da&ntilde;o, cuando la tristeza es una reacci&oacute;n leg&iacute;tima a un mundo que nos entristece&rdquo;. Expuesta: un ensayo sobre la epidemia de la ansiedad, de Olivia Sudjic.</em>
    </p><p class="article-text">
        He llorado poco estos &uacute;ltimos meses. Sin embargo, he echado de menos poder derrumbarme, soltar, vaciar lo que una lleva dentro, sentir esa vulnerabilidad que el medio ejerce sobre una. No llorar no me ha hecho m&aacute;s fuerte. He decido escribir estas l&iacute;neas para hablar de mi experiencia con los antidepresivos.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco menos de un a&ntilde;o tuve mi primer ataque de p&aacute;nico en el aeropuerto de Barajas. Despu&eacute;s de una serie de respiraciones en los ba&ntilde;os de Aena y de beberme una botella de agua de un litro, consegu&iacute; subir al avi&oacute;n para volver a casa. Cuando llegu&eacute; a mi piso, mi compa&ntilde;ero me recibi&oacute; con un abrazo y un clonazepam, pues &eacute;l tambi&eacute;n hab&iacute;a tenido <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/11/la-ansiedad-de-las-mujeres-no-se-soluciona-con-pastillas-sino-cambiando-sus-condiciones-de-vida/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">episodios de ansiedad</a> en el pasado. Gracias a esta pastilla de rescate pude dormir, pero no consegu&iacute; salir de mi cuarto hasta despu&eacute;s de dos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Esa semana ped&iacute; <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/06/teletrabajo-nos-organizamos-ahora/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">teletrabajar</a>. Mi jefe acept&oacute; a rega&ntilde;adientes y me pidi&oacute; el justificante m&eacute;dico para ausentarme durante esos dos d&iacute;as. Como era de esperar, una semana de teletrabajo no bast&oacute; para recuperarme. Jam&aacute;s pens&eacute; en pedir la baja, quiz&aacute;s fue por el miedo a ser juzgada. Pocas personas saben lo que he pasado este &uacute;ltimo a&ntilde;o. Me siento orgullosa porque, al final, me ha servido para empezar a cuidar de m&iacute; misma y de mis emociones, algo que no hab&iacute;a hecho hasta entonces.
    </p><p class="article-text">
        En marzo del a&ntilde;o pasado comenc&eacute; a ir a psicoterapia. Una sesi&oacute;n bast&oacute; para que mi psic&oacute;loga me recomendase tomar medicamentos. &ldquo;Va a ser demasiado duro para ti pasar por esto sola&rdquo;, me dijo. No me decid&iacute; a ir al psiquiatra hasta dos meses despu&eacute;s, pero, tal y como est&aacute;n las cosas, habr&iacute;a supuesto mucho m&aacute;s tiempo si me hubiera decidido a ir por la sanidad p&uacute;blica. Aunque la mayor&iacute;a de mis ahorros los he destinado a mi salud mental, me siento privilegiada por haber contado con la posibilidad de tener ese apoyo y porque el proceso haya transcurrido con gran celeridad.
    </p><p class="article-text">
        Empec&eacute; con el escitalopram en julio del a&ntilde;o pasado. Tomaba una dosis de 10mg. Mi psiquiatra me afirm&oacute; que era lo m&iacute;nimo que me pod&iacute;a recetar. En farmacias se vende tambi&eacute;n la dosis de 5mg, pero &eacute;l no quiso recomendarme una dosis tan baja porque &ldquo;solo funcionar&iacute;a como placebo&rdquo;. La verdad es que medicarme jam&aacute;s fue mi primera opci&oacute;n. Recuerdo el nerviosismo constante, los dolores de cervicales y las discusiones de mi madre con mi padre cuando dej&oacute; de tomar los antidepresivos.
    </p><p class="article-text">
        En aquella &eacute;poca yo no hab&iacute;a o&iacute;do hablar jam&aacute;s de este tipo de medicamentos. Para m&iacute;, el escitalopram era una pastilla que hac&iacute;a que mi madre se sintiese funcional y afrontase la vida m&aacute;s f&aacute;cilmente; algo positivo en cierto modo y que tra&iacute;a estabilidad a nuestra familia, pero jam&aacute;s le pregunt&eacute; nada al respecto. Un lunes mi madre decidi&oacute; no acudir al centro de salud a buscar la receta como hab&iacute;a hecho durante el primer lunes de mes de los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os. As&iacute; ha sido hasta el d&iacute;a de hoy. Quiz&aacute;s deber&iacute;a ser ella la que relatase su experiencia como madre de tres hijos y capaz de construir un hogar fuera del suyo, lejos de su pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si la ansiedad ser&aacute; algo gen&eacute;tico, pero supongo que crecer en un ambiente depresivo o de ansiedad permanente propicia que se desarrollen este tipo de trastornos. <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/01/no-son-pastillas-de-goma/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Decid&iacute; recurrir a la medicaci&oacute;n</a> por desesperaci&oacute;n. La verdad, no ten&iacute;a energ&iacute;a para seguir luchando sola, estaba agotada, no consegu&iacute;a dormir bien por las noches y me era imposible concentrarme en el trabajo. Toda red social me produc&iacute;a ansiedad, llegu&eacute; incluso a desactivar los datos de tel&eacute;fono durante un d&iacute;a para que no me llegasen mensajes que pudiesen ser negativos. Pero lo que m&aacute;s me aterrorizaba era quedarme sola y tener que lidiar con mis emociones o miedos.
    </p><p class="article-text">
        Durante las tres primeras semanas del tratamiento no not&eacute; mejor&iacute;a alguna en mi estado an&iacute;mico. Sin embargo, empec&eacute; a experimentar los efectos adversos de los que no me hab&iacute;an hablado, como la p&eacute;rdida del apetito y del deseo sexual. A veces, se me olvidaba comer porque no sent&iacute;a la necesidad de hacerlo. Llegu&eacute; a bajar cinco kilos en dos semanas. Cuando volv&iacute; a Madrid por vacaciones, mi madre se asust&oacute; un poco al verme tan delgada. Durante mucho tiempo ech&eacute; de menos disfrutar de la comida, no hay nada como comer por gusto y no por obligaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con la intenci&oacute;n de intentar llevar una vida normal, me marqu&eacute; mis rutinas de desayuno, comida y cena. El apetito volvi&oacute; con el tiempo y, adem&aacute;s, consegu&iacute; un buen trabajo. Puede decirse que, de alguna manera, logr&eacute; alcanzar una estabilidad y revertir la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a, me convocaron a una reuni&oacute;n en el trabajo para felicitarme por los buenos resultados del &uacute;ltimo mes. Sin embargo, no me alegr&eacute; en absoluto, ni orgullo, ni satisfacci&oacute;n, ni alegr&iacute;a, no sent&iacute; nada. Le ech&eacute; la culpa de mi apat&iacute;a al invierno, pero en mi interior sab&iacute;a que ten&iacute;a que ver con las pastillas.
    </p><p class="article-text">
        No volv&iacute; al psiquiatra hasta cinco meses despu&eacute;s de empezar con la medicaci&oacute;n. El m&eacute;dico me recibi&oacute; diciendo que se alegraba por verme con tan buena cara. Le cont&eacute; lo que me hab&iacute;a tra&iacute;do hasta la consulta: la apat&iacute;a, la ausencia de inspiraci&oacute;n, la p&eacute;rdida de deseo sexual y la falta de apetito. Me coment&oacute; que era muy normal y formaba parte del tratamiento, adem&aacute;s me pregunt&oacute; c&oacute;mo estaba mi vida amorosa y profesional. Le respond&iacute; que ten&iacute;a un buen trabajo y acababa de empezar una relaci&oacute;n, pero que sent&iacute;a que hab&iacute;a llegado el momento de dejar los medicamentos. Me dijo que era demasiado temprano y que lo mejor ser&iacute;a cambiar de f&aacute;rmaco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llevo poco menos de un mes con un medicamento nuevo, tiene muchos menos estudios que el escitalopram y adem&aacute;s cuesta el triple. He conseguido adaptarme r&aacute;pidamente y me siento muy ilusionada cuando pienso en mis proyectos. Hac&iacute;a tiempo que no experimentaba esta sensaci&oacute;n de felicidad y de querer vivir el d&iacute;a a d&iacute;a. No obstante, todav&iacute;a tengo n&aacute;useas por las ma&ntilde;anas y algunos dolores de cabeza. No s&eacute; si estoy preparada para dejar los antidepresivos, pero tengo ganas de volver a sentir plenamente, comer con apetito y afrontar los problemas yo sola.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No puedo negar que los antidepresivos me han ayudado, no me arrepiento, lo volver&iacute;a hacer si diese marcha atr&aacute;s en el tiempo, pero ojal&aacute; no me hubiese sentido tan perdida en el proceso. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/01/caracteristicas-comportamiento-femenino-depresion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las mujeres</a> tendemos a desarrollar con mayor frecuencia un trastorno de ansiedad que los hombres. Las situaciones de vulnerabilidad junto con las din&aacute;micas dom&eacute;sticas y patriarcales son algunas de las causas sociales para que las mujeres presenten mayor incidencia. La ansiedad y preocupaci&oacute;n llevadas a niveles extremos pueden tener consecuencias nefastas y acabar en intentos de suicidio o ataque de p&aacute;nico severos. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La desesperaci&oacute;n de muchas de nosotras nos lleva a pedir ayuda m&eacute;dica. Si no queremos que el remedio sea peor que la enfermedad, deber&iacute;amos ser m&aacute;s conscientes de los efectos de los antidepresivos y de no tomarlos como la soluci&oacute;n, sino como el medio para un fin. Sin olvidar que hay que seguir afrontando los problemas y que hablar de ellos es fundamental y necesario. Sufrir o no sentir, esa es la cuesti&oacute;n, quiz&aacute;s lo mejor sea abrir nuestros sentimientos, manifestarlos, que ninguna pastilla nos haga olvidar que est&aacute;n ah&iacute; por algo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Emma González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/antidepresivos-sufrir-no-sentir_132_9912049.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Feb 2023 05:01:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Antidepresivos: sufrir o no sentir]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abortar no siempre es traumático: un relato alegre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/abortar-no-traumatico-relato-alegre_132_9891250.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5844c970-4f66-4ef4-8948-e5290051a0a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abortar no siempre es traumático: un relato alegre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">He pensado mucho si intentar publicar este texto, también he pensado mucho cómo, e incluso si, lo compartiría en redes en caso de que se publicara (por ejemplo, ¿me creo un mejores amigos para ponerlo en Instagram?). Precisamente por todas estas dudas creo que tiene sentido que sea público</p><p class="subtitle"> Nuestras reglas en los tribunales </p></div><p class="article-text">
        Termin&eacute; el 2022 <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/02/prohibido-abortar-en-la-rioja/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">abortando</a>. Recuerdo perfectamente todo lo que ocurri&oacute; durante esas casi tres semanas que transcurrieron desde que el test dio positivo; empec&eacute;&nbsp;a revisar los acontecimientos en los que ya estaba embarazada pero a&uacute;n no lo sab&iacute;a, pas&eacute; a clasificarlo todo en dos categor&iacute;as: &ldquo;antes del embarazo&rdquo; y &ldquo;despu&eacute;s del embarazo&rdquo;. Me acuerdo que, ante todo, sent&iacute;a fascinaci&oacute;n. Nunca he querido ser madre, por lo que la posibilidad de quedarme embarazada me parec&iacute;a remota, nunca pens&eacute; en ello. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Abortar (para los que dicen que es siempre y sin excepci&oacute;n una decisi&oacute;n dif&iacute;cil y dura para una mujer) ha sido <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/11/abortar-no-traumatico/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la decisi&oacute;n m&aacute;s f&aacute;cil que he tomado en mi vida</a>. Hablando con la gente sobre este tema siempre les digo que ojal&aacute; tenerlo todo tan claro como lo tuve al abortar: cero dudas, cero culpas, ning&uacute;n pensamiento intrusivo.
    </p><p class="article-text">
        Dice Elizabeth Falomir Archambault en su fanzine <em>Abortos felices </em>que &ldquo;a quien aborta le est&aacute; permitido una estrecha selecci&oacute;n de sentimientos: alivio, culpa, verg&uuml;enza. Si vas feliz a abortar, sin duda eres una mala persona&rdquo;.<strong> </strong>Mi aborto no fue traum&aacute;tico, fue una decisi&oacute;n que tom&eacute; plenamente consciente y libre. Si me vuelve a pasar tengo clar&iacute;simo que volver&eacute; a abortar. Hay muchas, much&iacute;simas experiencias de aborto, la m&iacute;a la cuento desde el privilegio de haberlo podido hacer en la ciudad en la que vivo (Lisboa) <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/05/la-covid19-excusa-para-limitar-el-derecho-al-aborto/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con garant&iacute;as y de forma totalmente gratuita y segura</a>. Tengo amigas que han tenido que abortar en pa&iacute;ses donde era ilegal, comprando las pastillas a unos precios alt&iacute;simos en el mercado negro confiando en que no las estaban enga&ntilde;ando o teniendo que ir a otros pa&iacute;ses. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esas semanas le&iacute; mucho y habl&eacute; con amigas que ya hab&iacute;an abortado. Este intercambio de experiencias fue, sin duda, de las cosas m&aacute;s bonitas que viv&iacute; en ese momento. Recuerdo llorar escuchando audios de mis amigas, de alguna manera me sent&iacute; muy conectada a ellas, me dieron la fuerza en los momentos de mayor miedo y ansiedad e, incluso, una de ellas me sujet&oacute; el pelo durante todas las veces que tuve que vomitar cuando tom&eacute; el <a href="https://www.pikaramagazine.com/2013/12/tuve-que-abortar-con-misoprostol/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">misoprostol</a>. Tengo la certeza de que si yo no me hubiera quedado embarazada todas esas conversaciones con todos esos detalles no hubieran ocurrido o, en el mejor de los casos, no con tanta intensidad. No encuentro las palabras para explicar la sensaci&oacute;n de conexi&oacute;n con todas esas mujeres que a lo largo de los a&ntilde;os han tenido que abortar, muchas muriendo en el proceso. Y tambi&eacute;n con las que vendr&aacute;n, porque abortar es natural y muy frecuente. Ojal&aacute; normalizarlo, ojal&aacute; hablar de ello y ojal&aacute; poder vincular sentimientos como la alegr&iacute;a y la felicidad al aborto. 
    </p><p class="article-text">
        Durante este tiempo tambi&eacute;n he visto varios post de chicas de mi clase de la universidad que cuentan que van a ser mam&aacute;s: una especie de diario donde relatan c&oacute;mo se enteraron, los sentimientos, el v&eacute;rtigo, las n&aacute;useas pero, sobre todo, destacaban la alegr&iacute;a con la que recibieron la noticia. 
    </p><p class="article-text">
        Pese a que estoy hablando con normalidad de mi aborto, toda mi red o casi toda lo sabe o lo sabr&aacute;, yo no podr&eacute; subir un post a Instagram hablando de mi alegr&iacute;a, porque yo tambi&eacute;n sent&iacute; mucha felicidad al expulsar esa masa de c&eacute;lulas que paraliz&oacute; mi vida dos meses. Me encantar&iacute;a compartir el privilegio de que el pa&iacute;s en el que me encuentro me garantice un aborto seguro, acompa&ntilde;ado, gratuito y libre. Me encantar&iacute;a hablar del alivio gigantesco que sent&iacute; el lunes por la ma&ntilde;ana cuando despert&eacute; en mi cama llena de sangre. De la alegr&iacute;a de poder decidir sobre mi vida y mi cuerpo.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n del dolor extremo, del miedo y de la ansiedad. De los momentos, especialmente al principio, de soledad m&aacute;xima pese a tener todo el apoyo y el amor constante de mi red afectiva. O de la ansiedad que me invad&iacute;a por las noches cuando contaba de manera enfermiza las semanas para asegurarme de que no pasaba de diez (el l&iacute;mite legal para abortar en Portugal son las diez semanas, un aut&eacute;ntico sinsentido). De construir en mi cabeza todos los escenarios posibles en los que me dec&iacute;an que no pod&iacute;a abortar. De llorar sentada en la esquina de mi cama, de llorar en la ducha. Querr&iacute;a hablar de la sala en el s&oacute;tano del hospital donde se encuentra la consulta m&eacute;dica para embarazos no deseados. 
    </p><p class="article-text">
        Quisiera compartir el desajuste hormonal y el desequilibrio emocional por el que pas&eacute; las semanas posteriores. Sinceramente a m&iacute; tambi&eacute;n me hubiera gustado que me explicaran un poco en qu&eacute; consist&iacute;a todo esto, tener una especie de preparaci&oacute;n al aborto, que dejaran hablar a las mujeres que, como yo, decidieron abortar sin dudas y sin culpa. Y tambi&eacute;n me gustar&iacute;a que se callaran todos aquellos que nos miran con pena, con odio, con asco, con condescendencia. 
    </p><p class="article-text">
        En su libro <em>El acontecimiento </em>Annie Ernaux habla sobre el papel de los m&eacute;dicos y dice que &ldquo;frente a la perspectiva de una carrera truncada, la imagen de una aguja de hacer punto dentro de una vagina carec&iacute;a de peso para ellos&rdquo;. Creo que sabemos de sobra que igual que si una persona quiere ser madre va a intentarlo por todos los medios y hasta el final, una persona que no quiere tambi&eacute;n llegar&aacute; hasta el final para interrumpir su embarazo. Otra cosa es que esto &uacute;ltimo les importe una mierda a los que siguen decidiendo sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sara Plaza Serna]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/abortar-no-traumatico-relato-alegre_132_9891250.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Jan 2023 05:01:47 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los señores tapón nos hicieron feministas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/senores-tapon-hicieron-feministas_132_9855681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/514ed203-c44f-432a-9da9-c63278f2b439_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los señores tapón nos hicieron feministas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llevan más de 40 años gestionando instituciones y muchos siguen en el poder. Responsables de las numerosas crisis, el cambio climático, las privatizaciones de los servicios públicos o del empeoramiento del empleo, dejan el peor escenario para las generaciones siguientes.</p><p class="subtitle"> La monetización del odio a las mujeres </p></div><p class="article-text">
        La generaci&oacute;n tap&oacute;n se jubila y lo hace por la puerta grande, dejando el mundo peor, incapaz de arrancar compromisos para paliar los efectos del cambio clim&aacute;tico o hacer autocr&iacute;tica de su legado. Ellos lo han hecho todo bien, repiten y reaccionan de forma violenta cuando se ponen en duda sus &ldquo;&eacute;xitos&rdquo;. Son los nacidos entre 1943-1964 y coinciden temporalmente con la generaci&oacute;n <em>baby boom</em> estadounidense, la anterior a la generaci&oacute;n X (1965-1980), considerada la del <em>boom </em>demogr&aacute;fico espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Josep Sala i Cullel es el primer autor en acu&ntilde;ar el t&eacute;rmino en su libro <em>Generaci&oacute;n Tap&oacute;n</em> (Garbuix books- 2021) con una tesis muy clara: &ldquo;<em>Nos est&aacute;n dejando una herencia ruinosa a las generaciones venideras&rdquo;. </em>Un problema a nivel global que se&ntilde;alan varios autores. Ada Calhoun en su obra <em>Por qu&eacute; no podemos dormir: la nueva crisis de la mujeres en la mediana edad</em> (Grove Press UK-2020), pone de manifiesto c&oacute;mo han dirigido empresas e instituciones en Estados Unidos, acaparando los puestos relevantes sin permitir el acceso al poder a generaciones posteriores y en especial a las mujeres. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bruce Canon Gibney, en <em>Una generaci&oacute;n de soci&oacute;patas: C&oacute;mo los boomers traicionaron a Am&eacute;rica,</em> examina c&oacute;mo se enriquecieron actuando sin empat&iacute;a, prudencia o respeto y manifiesta lo que nos espera en la d&eacute;cada de 2030, cuando el da&ntilde;o a la Seguridad Social, las finanzas p&uacute;blicas y el medio ambiente ser&aacute; catastr&oacute;fico e irreversible, responsabilizando a los boomers de ello. Helen Andrews autora de <em>Boomers: Los&nbsp;hombres y mujeres que prometieron la libertad y trajeron el desastre</em> (Penguin random house 2021), deja claro que el idealismo de esta generaci&oacute;n no trajo libertad sino caos pese a sus &ldquo;buenas intenciones&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero qu&eacute; fue de las mujeres tap&oacute;n espa&ntilde;olas? Salvo algunas privilegiadas en la pol&iacute;tica o la empresa, el resto fueron educadas para ser amas de casa. Se les permiti&oacute; trabajar cuando el r&eacute;gimen necesit&oacute; mano de obra, pero al casarse se dedicaban al hogar <span class="highlight" style="--color:white;">oficialmente sin acceso a trabajos asalariados, aunque muchas lo hac&iacute;an en la econom&iacute;a sumergida. </span>La &ldquo;moral nacional&rdquo; orquestada por la secci&oacute;n femenina de Pilar Primo de Rivera no permit&iacute;a que llegasen a la secundaria, salvo las de clases m&aacute;s pudientes. Relegadas al hogar y los cuidados, fueron madres de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/02/hay-mucha-presion-para-que-seamos-madres-pero-si-decides-serlo-se-te-devalua/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muchas ni&ntilde;as X </a>a las que repet&iacute;an: <em>&ldquo;Haz una carrera, no te cases hasta que tengas un buen trabajo y lo podr&aacute;s tener todo&rdquo;</em>. Lo apostaron todo a la educaci&oacute;n en un acto de fe para vernos libres. Ser econ&oacute;micamente independiente era la llave de la libertad para ellas y un pilar del feminismo de los a&ntilde;os 70, junto con el divorcio y el aborto.
    </p><p class="article-text">
        La presencia femenina universitaria se increment&oacute; exponencialmente desde finales de los 70 hasta los 90, coincidiendo con la generaci&oacute;n X. El estudio y el trabajo iban a ser la salvaci&oacute;n de la primera generaci&oacute;n damnificada por la gesti&oacute;n de los se&ntilde;ores tap&oacute;n, con desiguales consecuencias para nosotras respecto a&nbsp;nuestros compa&ntilde;eros X. Creciendo en barrios dormitorio sin supervisi&oacute;n de adultos y con <a href="https://www.pikaramagazine.com/2017/03/el-virus-del-estigma/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">miedo al VIH</a> y a la hero&iacute;na, fuimos las hijas de los matrimonios divorciados. Pese al escenario de soledad, salimos como la primera generaci&oacute;n m&aacute;s formada y la incorporaci&oacute;n de las mujeres al mercado laboral pareci&oacute; vivirse con naturalidad pero guardaba trampas. Tambi&eacute;n fue la primera vez que las mujeres disfrutamos del ocio nocturno con mayor libertad pese al caso Alc&agrave;sser, que nos mostr&oacute; la cara de la violencia machista en un espect&aacute;culo bochornoso y con tertulias que hablaban ya de la tela que faltaba en las minifaldas. 
    </p><p class="article-text">
        Salimos al mercado laboral con la crisis del 93 y fue dif&iacute;cil encontrar trabajo, pero al poco tiempo ten&iacute;amos empleo aunque no todas en lo que hab&iacute;amos estudiado. En el trabajo, las mujeres X tuvimos que demostrar que &eacute;ramos merecedoras de ese &ldquo;todo&rdquo; que &iacute;bamos a conseguir si nos esforz&aacute;bamos. Crecimos con el discurso meritocr&aacute;tico porque el esfuerzo har&iacute;a que tuvi&eacute;semos una mejor vida que la generaci&oacute;n anterior y nos sentimos obligadas a conseguirlo ya que parec&iacute;a que estaba al alcance de la mano. Esa cultura del esfuerzo que los se&ntilde;ores tap&oacute;n han usado para ponerse por encima y hacernos trabajar cada vez m&aacute;s por menos.
    </p><p class="article-text">
        La tele de la &eacute;poca vend&iacute;a que era nuestro momento y compramos los anuncios y pelis donde las mujeres trabajaban duro, ganaban dinero, criaban, cocinaban, asist&iacute;an perfectas a cenas de ensue&ntilde;o, com&iacute;an bombones sin engordar y ten&iacute;an el maquillaje perfecto todo el d&iacute;a hasta llegar a una casa preciosa a tiempo de leer un cuento a los ni&ntilde;os antes de dormir. Ese era el &ldquo;todo&rdquo; que &iacute;bamos a conseguir y ellas unas mujeres con el s&uacute;per poder psicotr&oacute;pico de multiplicar las horas del d&iacute;a, como la misma marihuana que tiene el efecto de modificar la percepci&oacute;n del&nbsp;tiempo en nuestro cerebro. Pero no est&aacute;bamos fumadas, era un espejismo que se difuminar&iacute;a en unos a&ntilde;os. Al llegar el momento de ser madres.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de un tiempo trabajando con los se&ntilde;ores tap&oacute;n&nbsp;entendimos que no iban a soltar sus sillones. Nuestra maternidad pod&iacute;a esperar un poco m&aacute;s a ese puesto ansiado y seguro. Si hab&iacute;a problemas, la reproducci&oacute;n asistida lo podr&iacute;a arreglar. Mientras los jefes nos pon&iacute;an reuniones a la hora de salir para no volver pronto a casa y tener que &ldquo;ayudar&rdquo; a sus mujeres con los ni&ntilde;os, <a href="https://www.pikaramagazine.com/2015/05/lo-que-las-periodistas-callan/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">o no aceptaban un &ldquo;no&rdquo; cuando invitaban a una copa</a> y ten&iacute;amos ganas de llegar a casa. Cuando pedimos m&aacute;s, porque hab&iacute;amos demostrado suficiente, nos dieron puestos intermedios de consolaci&oacute;n y, esperando el momento ideal, conocimos la infertilidad sin saber c&oacute;mo hab&iacute;a pasado. Gastamos lo que no ten&iacute;amos para ser madres y entendimos que hab&iacute;amos estado a&ntilde;os riendo gracietas a los tap&oacute;n en el bucle finito: retrasar la maternidad para no perder el trabajo esperando un momento ideal con el fin de mantener el trabajo al que la maternidad siempre le iba mal y por eso ten&iacute;amos que retrasar la maternidad...
    </p><p class="article-text">
        El colmo de estos se&ntilde;ores tap&oacute;n es que siguen dici&eacute;ndonos que somos una generaci&oacute;n floja, que no fuimos tan currantes ni lo hicimos tan bien como ellos. Alimentan con ello su ego en las comidas familiares cuando la realidad es que estuvieron en el momento indicado. Beneficiarios de las pol&iacute;ticas socialdem&oacute;cratas (que luego han liquidado), del <em>boom </em>industrial de la segunda guerra mundial y de los fondos llegados de la Comunidad Econ&oacute;mica Europea, han ganado m&aacute;s dinero que sus padres y se han centrado en mantener lo conseguido, empeorando las vidas de las generaciones siguientes. Multiplicaron su patrimonio con la burbuja inmobiliaria. Como explica Josep Sala &ldquo;son ese obrero de f&aacute;brica que vota mantener sus condiciones laborales a cambio de renunciar para los nuevos contratados a las conquistas conseguidas&rdquo;. Prejubilados de banca y empresas con pensiones por encima del sueldo de los m&aacute;s j&oacute;venes. Una generaci&oacute;n acomodaticia sin la formaci&oacute;n de las generaciones siguientes que ha usado su poder para beneficiarse.
    </p><p class="article-text">
        La Gran Recesi&oacute;n de 2008, provocada en gran parte por se&ntilde;ores tap&oacute;n, nos puso la puntilla precarizando nuestras condiciones de vida, coincidiendo con la maternidad en el caso de muchas mujeres X. As&iacute; nos topamos con el patriarcado y empezamos a perder parte de lo conseguido, al chocarnos con los privilegios masculinos en los que muchos est&aacute;n atrincherados. Por eso abrazamos el feminismo, sufriendo en carne propia la mentira de la supermujer que puede con todo.
    </p><p class="article-text">
        Nos etiquetan de generaci&oacute;n irrelevante, consumista y apol&iacute;tica que pasar&aacute; a la historia sin pena ni gloria. A nosotras nos ha tocado reescribir ese gui&oacute;n sabiendo que nunca estuvo previsto nuestro espacio. Ahora estamos en la mediana edad y comenzamos a ser m&aacute;s invisibles y m&aacute;s feministas tras quitarnos la venda de los ojos, cansadas de esperar, sacudi&eacute;ndonos la frustraci&oacute;n de haber sido enga&ntilde;adas. Nuestro logro no ser&aacute; poder con todo como hero&iacute;nas de Marvel sino ser conscientes de que no se puede y denunciarlo. Reclamar la manera de encontrar equilibrios que permitan una vida que sea respetuosa con nosotras. 
    </p><p class="article-text">
        Como madres hace tiempo rompimos con la educaci&oacute;n patriarcal, consecuencia de nuestra experiencia vital que se convertir&aacute; en nuestro legado: ser las madres que educamos a una generaci&oacute;n para no perpetuar el patriarcado, sembrando para el cambio definitivo. Conseguimos abrir muchas puertas pero nos hemos quedado rozando con los dedos los espacios que ahora los se&ntilde;ores tap&oacute;n han empezado a dejar. Nos toca seguir denunciando y reclamando mejores condiciones para maternar, para trabajar y para no tener que hacer dobles y triples jornadas. Continuar junto a las nuevas generaciones de mujeres haciendo crecer la conciencia feminista a nuestro alrededor. A las m&aacute;s j&oacute;venes os toca continuar, a nosotras no abandonar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Selma Tango]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/senores-tapon-hicieron-feministas_132_9855681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Jan 2023 05:00:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los señores tapón nos hicieron feministas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El poder sexual y la huida afectiva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/sexual-huida-afectiva_132_9840305.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/958d45fd-3498-4b79-8b4f-b2e4647619d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El poder sexual y la huida afectiva"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Distingo dos tipos de hombres: los que aprueban la nueva libertad femenina y se benefician de ella, y los otros, los de siempre, los que nos ven como algo de usar y tirar </p><p class="subtitle"> ¿Qué hacemos con la masculinidad: reformarla, abolirla o transformarla? </p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Todo en este mundo va de <a href="https://tienda.pikaramagazine.com/monograficos/228-monografico-sexo.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sexo</a>, salvo el sexo. El sexo va de poder&rdquo;. Atribuida a Oscar Wilde
    </p><p class="article-text">
        Hace poco un t&iacute;o que se cre&iacute;a muy listo porque era profesor de filosof&iacute;a me solt&oacute; que el sexo no tiene ideolog&iacute;a porque es algo animal. Querido fil&oacute;sofo, estimado y alabado pensador, nunca <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/12/el-varon-frustado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tu masculinidad</a> hab&iacute;a estado tan clara, porque si follar no fuera ideol&oacute;gico, quiz&aacute; se acabasen la mayor&iacute;a de los problemas de las mujeres, de los gais, de las lesbianas y, seguramente, de gran parte de la humanidad. Y vivir&iacute;a todo el mundo feliz y follar&iacute;a todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Otro d&iacute;a, otro t&iacute;o, me pone como excusa que hist&oacute;ricamente los hombres necesitaban reproducirse con muchas mujeres para <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/11/las-mujeres-prehistoricas-cazadoras-habituales-grandes-presas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">garantizar la supervivencia de la especie</a> mientras que nosotras necesit&aacute;bamos ser mon&oacute;gamas o tener solo una pareja para garantizar el cuidado de la progenie. Yo respondo: el sexo es sociol&oacute;gico, el modelo sexual es sociol&oacute;gico y me es imposible argumentar nada m&aacute;s porque lo &uacute;nico que quiero es gritar en un alarido s&oacute;nico y explosionar dejando un cr&aacute;ter que los elimine a todos. Me contestan: si dices que es sociol&oacute;gico, parece que no hay debate posible. &iquest;Cu&aacute;l es el debate ante la n&aacute;usea viva? &iquest;Cu&aacute;ndo vamos a superar las cuevas? Siglo XXI. 
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto los dos argumentos son antiguos, los dos est&aacute;n desfasados y son convenientes para su privilegio. Me cabrea inmensamente la gente que no tiene empat&iacute;a y que es incapaz de ver m&aacute;s all&aacute; de su propia realidad, ni siquiera puedes exponerle otra existencia sin que la rechacen de plano. Se tapan las orejas como ofendidos y s&iacute;, lo digo en masculino porque me refiero esencialmente a vosotros, hombres. Pero lo cierto es que los dos argumentos se basan y se sirven del mundo acelerado en el que vivimos de capitalismo tard&iacute;o y relaciones l&iacute;quidas para su propia sustentaci&oacute;n. Ante la nueva libertad sexual y el consumo, me preocupan los modelos de sexualidad que estamos creando. Ahora consumir es guay. La puerta est&aacute; abierta y cuanto m&aacute;s, mejor, y lo hago porque puedo. Estar soltero o soltera y tranquila en tu casa no entra en los planes de nadie. Estar soltero debe significar acostarte con un mont&oacute;n de gente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El hecho de buscar sexo de forma instintiva constituye en realidad una trampa, ya que jam&aacute;s va a producirse satisfacci&oacute;n a largo plazo. El hombre, despu&eacute;s de la consumaci&oacute;n, se siente defraudado, y va a buscar a otra persona, y a otra, y a otra, y la colecci&oacute;n de desilusiones no ayuda a que este ser se sienta colmado. La fantas&iacute;a de tener sexo con distintos seres supone precisamente eso, una fantas&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Falos y falacias</em>, Adriana Royo&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/10/tinder-t-ten-cuidado-deseas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuevos modelos de consumo de cuerpos y de fast sex</a>, los hombres se enorgullecen de la boca de riego, del aspersor para el c&eacute;sped. Se enorgullecen consensuadamente, de forma pol&iacute;ticamente correcta y aplaudida, porque ahora est&aacute; aceptado. De esta forma, yo distingo dos tipos: los hombres que aprueban la nueva libertad femenina y se benefician directamente de ella, es decir, los supuestos feministas que nutren y reproducen el nuevo sistema de mercado y los otros, los de siempre, los que nos ven como algo de usar y tirar y solo quieren acostarse con nosotras para acostarse consigo mismos, porque somos intercambiables y toda nuestra liberaci&oacute;n les viene de put&iacute;sima madre para encontrarse con menos obst&aacute;culos y as&iacute; mantener su miedo emocional y reafirmar su sistema de valores casposo. La falta de respeto en las dos perspectivas, el ego&iacute;smo autoerotizante en ambas, me horroriza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo solo tengo un asco recalcitrante que me da arcadas, la n&aacute;usea, la n&aacute;usea f&iacute;sica, un asco profundo que se me ajusta en el pecho y que me es imposible disolver. El amigo y el amante son una persona, son indisolubles, pero me parece que son dos distintas. A veces se me olvida, a veces los separo y luego me llevo el golpe y la mayor decepci&oacute;n, pero siempre es la misma decepci&oacute;n y siempre es el mismo golpe. Me es inasequible aceptar que le gusta poner. &Eacute;l es un Narciso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adriana Royo tambi&eacute;n afirma que &ldquo;a d&iacute;a de hoy, existe una falta de afecto globalizado que se cubre mediante la sexualizaci&oacute;n de nuestras carencias&rdquo; y me encanta porque expresa perfectamente lo que siempre intento explicar: que duele tanto, que hacen mucho da&ntilde;o. No solo a s&iacute; mismos, sino a todas las personas de su entorno donde van dejando un c&iacute;rculo de cad&aacute;veres como de tierra quemada. Hacen da&ntilde;o. Dicen que lo hacen todo bien porque nunca te enga&ntilde;aron y dejaron las cosas claritas y somos nosotras las que debemos tomar la decisi&oacute;n de alejarnos. Yo solo espero que nunca nadie los trate como ellos tratan al resto.
    </p><p class="article-text">
        En una tendencia general, aunque en unas tendencias m&aacute;s que en otras, el afecto ha huido de nuestras relaciones y hemos huido de ellas. Nos da miedo la soledad, estamos aterrorizados por lo que eso pueda decirnos de nosotros, por lo que mam&aacute; o pap&aacute; siempre nos dijeron, y es m&aacute;s f&aacute;cil buscar un sustitutivo continuo sin que importe mucho qui&eacute;n. El miedo a la soledad, que se revierte en dependencia, es una de las enfermedades del siglo XXI. Este miedo no tiene g&eacute;nero, pero s&iacute; tiene formas muy distintas de manifestarse, porque as&iacute; nos han educado, porque as&iacute; lo hemos vivido. Ser dependiente no es solo necesitar siempre una pareja o necesitar cuidar a alguien para sentirnos bien, ser dependiente tambi&eacute;n es buscar esa forma vac&iacute;a de vincularnos una y otra vez, enga&ntilde;&aacute;ndonos, diciendo que no significa nada. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando se es tajante en que no se quiere una relaci&oacute;n, pero continuamente se busca follar, cuando se huye de la conexi&oacute;n, pero siempre se busca algo m&aacute;s, otra persona m&aacute;s, cuando se dan estas dos vertientes contradictorias, siempre me pregunto qu&eacute; carencia se est&aacute; ocultando. No abogo por que todo el mundo se empareje y que esto sea una versi&oacute;n de <em>Langosta </em>de Lanthimos, pero la huida del afecto de forma tan definitoria siempre me parece sospechosa. La decisi&oacute;n de no tener pareja es totalmente l&iacute;cita y quiz&aacute;s liberadora para ciertas personas, el deseo de tener pareja por todos los medios es igual de esclavizador. Sin embargo, existe una falta de responsabilidad brutal con nosotros mismos y con los dem&aacute;s que nos impide admitir nuestros miedos, para ser sinceros de verdad y decir las cosas que queremos decir en susurros o que nunca decimos porque est&aacute;n bien enterradas o que vemos y nos dan asco porque sentimos eso mismo dentro. Es necesario ser valiente para eso, pero es imperdonable utilizar a otras personas en la combinaci&oacute;n con nuestro miedo. Es inaceptable usar el sexo como sustitutivo de algo m&aacute;s, como la b&uacute;squeda del recuerdo infantil de sentirnos queridos y utilizar a los dem&aacute;s como objetos masturbatorios que no tienen rostro ni sentimientos. Este texto lo he escrito a trav&eacute;s del asco, que luego he conseguido transformar en compasi&oacute;n. O en algo m&aacute;s blandito. Quiz&aacute;s en una tristeza compasiva.
    </p><p class="article-text">
        Me gustar&iacute;a que todo el mundo pudiera enfrentarse a s&iacute; mismo, pero hay que ser resiliente para ello. Me gustar&iacute;a que todos pudi&eacute;ramos encontrar el equilibrio entre estar a gusto con nosotros mismos y tomar la decisi&oacute;n consciente de que quiz&aacute;s nos atraiga otra persona y que quiz&aacute;s queramos compartir nuestro tiempo con ella sin vincularnos desde el miedo. Ojal&aacute; poder permitirnos que sea algo real para dejar de vincularnos desde el terror a estar solos ni dejar que nos invada el miedo a vincularnos. Que sea desde el amor, no desde el miedo.
    </p><p class="article-text">
        Una amiga me dijo una vez: &ldquo;Yo no creo que &eacute;l sea capaz de amar, al menos de la forma en que yo entiendo amar&rdquo;, y se refer&iacute;a exactamente a esto. Amar altruistamente, sin esperar nada m&aacute;s all&aacute; de esa persona que el afecto y el respeto mutuos, sin intentar cambiarla, acept&aacute;ndola y comprendi&eacute;ndola, siendo consciente de sus defectos y compartiendo un espacio com&uacute;n donde os encontr&eacute;is de vuestra vida individual. Yo quiero amar as&iacute;, deseo con toda mi alma que los dem&aacute;s puedan alg&uacute;n d&iacute;a ser capaces de amar as&iacute;, con ese sentimiento tan limpio, seguro y tranquilo. Lo contrario se vuelve feo y enrevesado. Lo contrario, definitivamente, no es amor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iris César]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/sexual-huida-afectiva_132_9840305.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Jan 2023 05:02:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El poder sexual y la huida afectiva]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo vamos a quejarnos nosotras ahora?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/quejarnos-ahora_132_9809196.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ddbf13a-3243-482c-94d0-ca4fd8677f3b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cómo vamos a quejarnos nosotras ahora?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las cosas han cambiado, trabajamos, podemos conciliar, las mujeres tenemos todo. ¿Qué más queremos? Eso sí, nosotras seguimos siendo quienes nos hacemos cargo de los cuidados. La carga mental es nuestra </p><p class="subtitle"> Si me lo hubieras pedido, lo habría hecho </p></div><p class="article-text">
        Hay preguntas puramente inocentes que pueden desencadenar un hurac&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Estas preguntas pueden ser tan simples como: &ldquo;&iquest;Has visto mi cartera?&rdquo;, &ldquo;&iquest;Sabes d&oacute;nde dej&eacute; mi chaqueta?&rdquo; o &ldquo;&iquest;no has comprado leche?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La tormenta tambi&eacute;n se puede desencadenar, sin embargo, despu&eacute;s de ser conscientes de que la monta&ntilde;a de ropa sucia va creciendo y &ndash;otra vez&ndash; nadie se hace cargo de ello excepto nosotras.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tenemos 30 a&ntilde;os y somos feministas&rdquo;, pensamos. Algo deber&iacute;a haber cambiado. Pero no es as&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este tipo de situaciones suele radicar un machismo impl&iacute;cito que muchas (la mayor&iacute;a) estamos acostumbradas a pasar por alto.
    </p><p class="article-text">
        Hemos sido socializadas para hacerlo. Para poner buena cara y simplemente decirnos a nosotras mismas que dejemos de ponernos tan hist&eacute;ricas cada vez que nos enfurecemos por un simple comentario o pregunta inocente. &ldquo;Qu&eacute; tonter&iacute;a&rdquo;, pensamos.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente en percibirlo como una tonter&iacute;a &ndash;una detr&aacute;s de otra para ser honestas&ndash; radica nuestro mecanismo de defensa. Es nuestra forma de decirnos a nosotras mismas (incluso las m&aacute;s feministas): &ldquo;No es para tanto, rel&aacute;jate o al final te morir&aacute;s sola&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Existe un gran miedo a morir solas.
    </p><p class="article-text">
        Pero resulta que cuando nos juntamos entre mujeres, en muchos casos de diferentes generaciones, empezamos a ser conscientes de que estos peque&ntilde;os &ldquo;hechos aislados&rdquo; dejan de serlo para pasar a representar una problem&aacute;tica real que tiene nombre y g&eacute;nero, la cual se conoce como &ldquo;carga mental&rdquo; y que normalmente nos corresponde a las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Da igual la edad, el nivel de estudios, la educaci&oacute;n recibida. Est&aacute; comprobado, siempre se repiten los mismos patrones. Ellos preguntan, nosotras respondemos. Ellos fecundan, nosotras nos responsabilizamos del resultado. Ellos juegan y presumen de nuevas masculinidades, nosotras ponemos la teta y las horas sin dormir. Ellos beben cerveza, nosotras existimos gracias a la sobredosis de caf&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        La percepci&oacute;n de que las cosas han cambiado existe. Sin embargo, cuando indagamos en profundidad y conversamos con las mujeres de nuestro alrededor, la conclusi&oacute;n siempre es la misma: &ldquo;No es suficiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se respira cansancio generalizado y la sensaci&oacute;n de no tener derecho a la queja, porque s&iacute;, lo que hay ahora ya es m&aacute;s de lo que nosotras vimos hacer a nuestros pater familias. Pero sigue sin ser suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Estamos avanzando en una sociedad que parece que, al fin, ha reconocido la importancia de los cuidados, de la tan famosa conciliaci&oacute;n. O esa es la informaci&oacute;n que estamos recibiendo d&iacute;a tras d&iacute;a, cada vez m&aacute;s. Los tan famosos hombres &ldquo;progre&rdquo; y de izquierdas se cuelgan la medalla de la conciliaci&oacute;n (utiliz&aacute;ndola en muchos casos como excusa a su favor para escaquearse de otros temas, por cierto).
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no estamos generando mecanismos ni espacios para debatir sobre el verdadero agotamiento que sentimos las mujeres y que se percibe &uacute;nicamente en el terreno m&aacute;s sutil. 
    </p><p class="article-text">
        Porque s&iacute;, estamos viendo a &ldquo;nuestros hombres&rdquo; planchar, recoger la ropa, hacer la comida e incluso recoger a los y las ni&ntilde;asen el colegio o la guarder&iacute;a. Pero no estamos observando las conversaciones que tienen lugar en los hogares, en las que generalmente la persona que hay detr&aacute;s de estas peque&ntilde;as acciones sigue siendo, c&oacute;mo no, una mujer.
    </p><p class="article-text">
        Se percibe a&uacute;n una gran incomprensi&oacute;n hacia lo que creemos que son &ldquo;problemas de las mujeres&rdquo;: preocupaci&oacute;n y miedo en el embarazo, sensaci&oacute;n de abandono e incomprensi&oacute;n ante enfermedades que se manifiestan mayoritariamente en mujeres, como las enfermedades menstruales (endometriosis, dismenorrea primaria, s&iacute;ndrome de ovario poliqu&iacute;stico&hellip;), fibromialgia, osteoporosis e incluso el trastorno de ansiedad generalizada, que no es casual que se d&eacute;, en la mayor&iacute;a de casos, en mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta situaci&oacute;n, seguimos percibiendo a nuestras parejas hombres como personas al margen de todo esto que nos pasa, y seguimos recibiendo incluso calificaciones despectivas en muchos casos por su parte, que nos catalogan como &ldquo;v&iacute;ctimas&rdquo;, &ldquo;desquiciadas&rdquo;, &ldquo;locas&rdquo;, &ldquo;celosas&rdquo;, &ldquo;posesivas&rdquo; o &ldquo;amargadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Existe una clara incomprensi&oacute;n hacia los mal llamados &ldquo;problemas de las mujeres&rdquo;, pero es que, desgraciadamente, lo siguen siendo por la poca capacidad de hacerse cargo que est&aacute;n mostrando estos hombres cis heterosexuales de izquierdas.
    </p><p class="article-text">
        Vemos que planchan, hacen la compra y &ldquo;cuidan&rdquo; a les ni&ntilde;es pero, sin embargo, las mujeres seguimos sintiendo que no terminan de hacerse cargo. Por alguna raz&oacute;n (en muchos casos desconocida incluso para nosotras mismas) seguimos sintiendo que la carga mental nos corresponde exclusivamente a nosotras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, nuestras amigas, adem&aacute;s de conciliar vida laboral y familiar (siendo, por cierto, mujeres de &eacute;xito en su trabajo), son las encargadas de mediar en el hogar cuando hay un conflicto (ya sea dentro de la casa o con la vecina), de pensar en los regalos de cumplea&ntilde;os de sus familiares pol&iacute;ticos (especialmente de la suegra, porque adem&aacute;s ahora hay que demostrar que somos sororas) y de responder a esa serie de preguntas absurdas que sus parejas les suelen hacer porque no son capaces de hacerse cargo ni siquiera de d&oacute;nde dejan sus cosas.
    </p><p class="article-text">
        Esa frase famosa de &ldquo;detr&aacute;s de un hombre hay una gran mujer&rdquo;, se sigue perpetuando en las generaciones de hoy en d&iacute;a que intentamos escapar de lo que nuestras madres o abuelas nos han dicho que estaba mal. El problema, tal vez, es que a ellos no se les ha insistido en que estuviera tan mal. El problema, tal vez, es que a nosotras se nos han mandado mensajes contradictorios: &ldquo;No tienes que hacerlo t&uacute; todo, el hombre tambi&eacute;n tiene que aportar&rdquo;, nos dec&iacute;an nuestras madres mientras lo hac&iacute;an todo en casa.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres de las nuevas generaciones arrastramos la rabia y la frustraci&oacute;n de nuestras abuelas y madres, a quienes hemos visto deslomarse para tirar adelante con la casa. Sin embargo, como sociedad tenemos una gran tarea pendiente: la de educar a nuestros compa&ntilde;eros en esa habilidad para hacerse cargo, algo que parece que solamente se nos ha ense&ntilde;ado a las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos rebelado y hemos decidido dejar de ser mujeres sumisas y cuidadoras, o ese es el discurso mayoritariamente aceptado en esta sociedad. No obstante, lo que sucede en la intimidad de nuestros hogares solamente lo sabemos nosotras: y es que cada d&iacute;a realizamos m&uacute;ltiples sobreesfuerzos para concienciar a nuestras parejas hombres sobre la necesidad de que ese discurso no quede como un mero eslogan, sino que genere un cambio real en su comportamiento.
    </p><p class="article-text">
        Pero en todo este contexto, el feminismo, finalmente, se convierte en una losa m&aacute;s para nosotras: la obligatoriedad de negarnos a hacerlo todo, la frustraci&oacute;n por no dar con hombres que terminen de hacerse cargo igual que nosotras.
    </p><p class="article-text">
        Y al final, en lugar de hacer pedagog&iacute;a, optamos por hacerlo nosotras. Estamos cansadas de educar.
    </p><p class="article-text">
        Sucede que llevamos toda una vida escapando del rol de ama de casa y prometi&eacute;ndonos a nosotras mismas que nunca nos ver&iacute;amos en esa situaci&oacute;n, pero a la hora de asumir la responsabilidad de llevar una casa en com&uacute;n, de repente nos transformamos en nuestras madres y abuelas.
    </p><p class="article-text">
        Y ante este paradigma, la pregunta es: &iquest;por qu&eacute; la inutilidad del hombre educado en el machismo m&aacute;s absoluto nos pasa a veces tan desapercibida? &iquest;Por qu&eacute;, en cambio, una mujer que decide dejar de dedicarse al cuidado del hogar, que prioriza su autocuidado y su bienestar por delante de todo, es siempre tan criticada?
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres seguimos siendo penalizadas de alguna manera. Tanto si aceptamos menos de lo que merecemos como si nos ponemos por delante. Porque ambas narrativas est&aacute;n presentes a&uacute;n hoy en nuestra sociedad: La frivolidad de las mujeres que van una vez a la semana a la peluquer&iacute;a, pero que nunca recogen a sus hijes en el colegio, frente a la falta de dignidad y la traici&oacute;n al feminismo que persigue a las mujeres que se hacen cargo del hogar.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, adem&aacute;s, cargamos con la responsabilidad de no decepcionar: tenemos que ser exitosas a ojos de nuestros padres, jefes y maridos. Tenemos que ser las mejores en el trabajo, en la casa y en la pareja. Sea como sea, la presi&oacute;n y el juicio siguen estando sobre nosotras. Vivimos atravesadas por la h&iacute;per exigencia, la ajena y la que nosotras mismas nos generamos a causa de la educaci&oacute;n que hemos recibido, basada en el perfeccionismo y la complacencia.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos incluso decir que la carga es doble, o incluso triple cuando las mujeres desempe&ntilde;amos un rol trascendental en las empresas. Pero muchos utilizan esa excusa para colgarse de nosotras y seguir vi&eacute;ndonos como sus asistentes o sus secretarias. Seguimos siendo el sost&eacute;n en el hogar, pero ahora tambi&eacute;n en nuestras profesiones.
    </p><p class="article-text">
        Somos esclavas de un sistema que nos sigue percibiendo como la madre, la asistenta, la loca, la desquiciada y la quejica. Porque, claro, nuestras suegras y madres fueron ejemplo de c&oacute;mo cargarse todo a sus espaldas sin quejarse. &iquest;C&oacute;mo vamos a quejarnos nosotras ahora?&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Esparza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/quejarnos-ahora_132_9809196.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Dec 2022 05:00:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Cómo vamos a quejarnos nosotras ahora?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leed a mujeres, leed]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/leed-mujeres-leed_132_9792044.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/541b9e0e-977e-42b6-b83f-9d6c1a31edfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Leed a mujeres, leed"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El estereotipo de la mujer “fuerte” es un estereotipo masculino, una representación de las mujeres hecha por los hombres como producto de ventas. Hay que leer a mujeres que hablan de lo que somos. </p><p class="subtitle"> ¿Tenemos que leer los hombres sobre masculinidades? </p></div><p class="article-text">
        Hace poco record&eacute; la frase que dice: mujer, escribe, porque durante mucho tiempo no se nos permit&iacute;a. Desde el palo opuesto, leer a mujeres y yo, desde que descubr&iacute; la calidad de las escritoras contempor&aacute;neas, que son much&iacute;simas, no he podido parar.
    </p><p class="article-text">
        Leed. Leed a mujeres, para que nunca nos corten un dedo por leer como en <a href="https://www.pikaramagazine.com/2019/06/el-cuento-de-la-criada-iglesia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gilead</a>; leed a mujeres para huir de los estereotipos, para vernos reflejadas, para dar voz a las historias que antes nadie consideraba interesantes ni dignas de contar; leed a mujeres como refugio y como decisi&oacute;n pol&iacute;tica. Pero, sobre todo, como todo buen escritor o escritora sabe, leed a mujeres porque solo se debe escribir sobre lo que se conoce y qui&eacute;n nos conoce mejor que nosotras mismas, qui&eacute;n va a escribirnos y a leernos mejor que unas a otras.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un momento en mi vida lectora en que era incapaz de levantar un libro escrito por un hombre. No pod&iacute;a, todo me sonaba vano, vac&iacute;o y falso. No pod&iacute;a identificarme con la narrativa masculina llena de acci&oacute;n y de traumas del h&eacute;roe t&iacute;mido, no pod&iacute;a soportar la violencia impuesta sobre los dem&aacute;s, la violencia impuesta en la personalidad misma. No me refiero a libros mediocres, asientos de la RAE o de hace un par de siglos, sino a literatura reconocida, a presentaciones de libros en &aacute;mbitos de izquierda. No pod&iacute;a. Cada l&iacute;nea me sonaba carca, victimista, rancia y fundamentalmente violenta, muy violenta.
    </p><p class="article-text">
        En literatura, igual que en el cine, y sobre todo en este, hemos visto un cambio de argumentos y personajes, donde las mujeres ya no se quedan en casa, sino que acompa&ntilde;a la acci&oacute;n con ropa ajustada y mucha fuerza. En los &uacute;ltimos tiempos incluso, creo que estamos ante el <em>momentum</em> de personajes femeninos &ldquo;fuertes&rdquo;, mujeres escritas por hombres que se comportan como hombres y hablan como hombres, que toman las mismas decisiones y tienen las mismas prioridades, prototipos de mujeres que no hacen m&aacute;s que imitar los &uacute;nicos protagonistas que hemos conocido hasta ahora: los masculinos. Por eso, yo abr&iacute;a un libro y le&iacute;a a personajes femeninos que dec&iacute;an &ldquo;no me toques los cojones&rdquo;, &ldquo;y una polla&rdquo; o &ldquo;me tiene hasta el nabo&rdquo; e inmediatamente ten&iacute;a que cerrarlo. Creo que nunca en mi vida he escuchado a una mujer decir &ldquo;me tiene hasta el nabo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco le&iacute; una entrevista de Emily Blunt en la que dec&iacute;a que en cuanto abr&iacute;a un guion y le&iacute;a <em>strong female lead,</em> ya pasaba, adi&oacute;s. Nos escriben como un estereotipo, nos escriben como una moda. <em>Strong female lead</em> no es feminista, es una plantilla base de guionistas hombres. Es un personaje plano con las caracter&iacute;sticas comerciales de venta. Vendido.
    </p><p class="article-text">
        No quiero generalizar ni caer en falacias f&aacute;cilmente impresionables del gran saco <em>mainstream </em>y del <em>best seller</em>. Sin duda, este a&ntilde;o he descubierto escritores masculinos muy buenos que me han entusiasmado, pero hoy leemos a escritoras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quien me conozca sabe que no puedo parar de hablar de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/02/herencia-emocional-y-regar-el-arbol-del-que-venimos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elena Ferrante</a>, de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/06/queria-imaginar-el-otro-lado-de-las-leyendas-que-nos-han-contado-los-hombres/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Irene Sol&aacute;</a> con <em>Canto yo y la monta&ntilde;a baila</em>, de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2019/07/vivian-gornick-apegos-feroces/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vivian Gornick</a> con <em>Apegos feroces</em> y de Nell Leyshon con <em>El color de la leche</em>, pero quiero hablar de algunos libros quiz&aacute;s menos conocidos que me obsesionan, que me encantan, que quiero tener como una monta&ntilde;a en las manos y subrayar hasta los m&aacute;rgenes.
    </p><p class="article-text">
        <em>El nen&uacute;far y la ara&ntilde;a,</em> de Claire Legendre, es el primer libro que me compr&eacute; despu&eacute;s del confinamiento y me acompa&ntilde;&oacute; en ese verano. Es una colecci&oacute;n &iacute;ntima de pensamientos ocultos que habla de los miedos, de la hipocondr&iacute;a, de la ansiedad y los ansiol&iacute;ticos. Est&aacute; tan bien escrito y es tan sincero y es tan triste que no pod&iacute;a dejar de leerlo a todas horas. &ldquo;Los f&oacute;bicos lo saben: la presencia de la ara&ntilde;a en la habitaci&oacute;n es mucho m&aacute;s odiosa que la ara&ntilde;a en s&iacute;. [&hellip;] lo infame de la ara&ntilde;a es que estaba all&iacute; cuando uno se cre&iacute;a a solas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Panza de burro,</em> de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/05/el-mundo-adulto-limita-la-naturalidad-de-las-ninas-al-restregarse-contra-los-cojines/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Andrea Abreu</a>, me hizo sentir una profunda admiraci&oacute;n. Me resulta casi incomprensible que con solo 25 a&ntilde;os escribiera algo as&iacute; y creara un lenguaje tan claramente canario y tan claramente generaci&oacute;n Z, con un estilo tan propio y tan pol&iacute;tico, con una voz definitivamente &uacute;nica que no pide permiso ni disculpas. Durante la historia, se desarrolla la amistad de dos amigas entrando en la adolescencia en una Canarias rural y los personajes me tienen enamorada, con una personalidad fuerte, caracter&iacute;stica y real. Ojal&aacute; yo creara personajes as&iacute;, ojal&aacute; yo escribiera de esa forma preciosa y violenta.
    </p><p class="article-text">
        <em>Conjunto vac&iacute;o,</em> de Ver&oacute;nica Gerber Bicecci, es una narraci&oacute;n po&eacute;tica que rescata recuerdos en la reconstrucci&oacute;n de las relaciones de la protagonista con su madre, su expareja, su foco amoroso. Podr&iacute;a decirse que es su historia de vida amorosa representada con diagramas, l&iacute;neas y esquemas matem&aacute;ticos para escenificar gr&aacute;ficamente lo que es tan dif&iacute;cil de escribir: la tensi&oacute;n, la distensi&oacute;n, el apego, el tir&oacute;n; en definitiva, el amor y el desamor. Como artista visual que es la escritora, utiliza ideas matem&aacute;ticas para la representaci&oacute;n del amor y yo me vuelvo loca por esa fusi&oacute;n de artes. Qu&eacute; envidia.        
    </p><p class="article-text">
        <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes,</em> de Tatiana &#538;&icirc;buleac, y, por supuesto, ten&iacute;a que haber un libro sobre maternidades en esta lista personal&iacute;sima. Me fascina por el dibujo de la infancia, o m&aacute;s bien por el desentramado de esta, que conforma la realidad actual y construye la personalidad de un adolescente que detesta a su madre. El desarrollo de la relaci&oacute;n madre-hijo, la regresi&oacute;n al pasado para ver de d&oacute;nde viene todo, la progresi&oacute;n hacia la madurez y la compasi&oacute;n, el entendimiento, la aceptaci&oacute;n. Bueno, yo es que lloro. Los lazos que se enraman en las relaciones maternofiliales son mi obsesi&oacute;n y aqu&iacute; podemos ver c&oacute;mo nadie es del todo bueno ni del todo malo, c&oacute;mo nada es blanco o negro y c&oacute;mo algo siempre viene de otro algo. <em>Love it.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cometierra,</em> de Dolores Reyes, es una historia &aacute;spera que describe la violencia del mundo y la violencia del mundo hacia Cometierra, la protagonista. Pero no es una violencia f&iacute;sica que no se pueda leer, es una violencia que duele, es una violencia social. Cometierra es una ni&ntilde;a que un d&iacute;a se meti&oacute; un pu&ntilde;ado de tierra en la boca, lo que la hac&iacute;a ver cosas que los dem&aacute;s no pod&iacute;an ver y saber cosas que los dem&aacute;s no sab&iacute;an, y desde entonces siempre tuvo las comisuras de los labios oscuras y la tripa llena de piedras. Me impresion&oacute; por su crudeza, por su ternura, por la lucha interna y por un relato original y a la vez real con el que te identificas de alguna forma enrevesada.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a recomendar m&aacute;s, podr&iacute;a entusiasmarme hasta el infinito, pero creo que basta decir que nunca en mi vida hab&iacute;a le&iacute;do tanto como desde que descubr&iacute; a mis contempor&aacute;neas, a mis escritoras, a las m&iacute;as. Lean, se&ntilde;oras, lean. Y lean tambi&eacute;n a se&ntilde;oras. Por el lenguaje po&eacute;tico, por la narraci&oacute;n brutal, por el desgarre que ya se siente en cada una de nuestras palabras, en cada una de nuestras realidades.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iris César]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/leed-mujeres-leed_132_9792044.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Dec 2022 05:01:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Leed a mujeres, leed]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni víctimas ni resilientes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/victimas-resilientes_132_9773414.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ddb62a1-71e0-41eb-8789-7ec1fb826274_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni víctimas ni resilientes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A las mujeres en situación de violencia machista se les suele exigir superarlo de forma individual, poniendo sobre ellas la responsabilidad de un problema que es estructural y colectivo</p><p class="subtitle"> 2004. Punto de inflexión de la reacción patriarcal </p></div><p class="article-text">
        <strong>Ni v&iacute;ctimas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sobre las mujeres que viven situaciones de violencia <a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/11/desmontando-estereotipos-sobre-las-mujeres-gitanas-y-la-violencia-machista/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hay muchos discursos circulando en la calle</a> y <a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/11/violencias-algoritmicas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en las instituciones</a>. Discursos que las culpan por la violencia que atraviesan haciendo alusi&oacute;n a su debilidad emocional, inseguridad, estilo de apego o baja autoestima (deben ser masoquistas, en realidad les gusta, sacan alg&uacute;n beneficio de ello, no denuncian porque no quieren), a su situaci&oacute;n socio-econ&oacute;mica (son pobres, analfabetas, problem&aacute;ticas, vienen de pa&iacute;ses menos desarrollados) o a sus conductas (van provocando, viajan solas, hacen auto-stop, toman drogas, no se cuidan). Son tambi&eacute;n discursos deterministas, que se refieren a la violencia como algo natural, inevitable (si lo has vivido en la infancia, lo repetir&aacute;s) o incluso hereditario (lo arrastramos de nuestras antepasadas). Adem&aacute;s, reproducen esa imagen negativa de las mujeres como malas, mentirosas, competitivas, dram&aacute;ticas, exageradas, retorcidas y conflictivas tan de nuestra <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/02/un-aprendizaje-desigual-del-amor/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cultura androc&eacute;ntrica</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Estas historias consiguen, en demasiadas ocasiones, colapsar la identidad de las mujeres haci&eacute;ndolas sentir responsables de no haber sabido parar la violencia, de haberla permitido. Los relatos de muchas de estas mujeres sobre s&iacute; mismas suelen estar plagados de verg&uuml;enza, culpa, abatimiento, desesperanza, silencio o impotencia.
    </p><p class="article-text">
        Desde ah&iacute; puedo entender que algunas mujeres encuentren cierto alivio en nombrarse a s&iacute; mismas como <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/11/goizargi-un-refugio-fantasma/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">v&iacute;ctimas de la violencia machista, sobrevivientes</a>, mujeres maltratadas o violentadas. Estas etiquetas pueden ayudarlas a clarificar su situaci&oacute;n o hacerlas sentir reconocidas. El peligro aparece cuando el lugar de v&iacute;ctima es tomado como algo propio de su identidad y no como un problema social. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando las miramos solo como v&iacute;ctimas es f&aacute;cil caer en la tentaci&oacute;n intervencionista y creer que vamos a salvarlas, cambiarles la vida y ayudarles a tomar consciencia de su opresi&oacute;n. Nos relacionamos con ellas tanto desde actitudes de protecci&oacute;n condescendiente como de confrontaci&oacute;n y castigo. Si una mujer vuelve con el hombre que ha ejercido violencia contra ella nos lo tomamos como algo personal, como un fallo nuestro o una decepci&oacute;n injustificable. 
    </p><p class="article-text">
        Como v&iacute;ctimas son objeto de pol&iacute;ticas, de leyes, de estudios, de ayudas sociales o de terapias. No son consideradas personas con capacidad de agencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ni resilientes</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde este lugar, lo mejor que les puede pasar es convertirse en resilientes. Convencerse de que, si se esfuerzan lo suficiente y tienen un pensamiento positivo, todo va a salir bien. Ellas pueden transformar el sufrimiento y las dificultades en fortalezas si son perseverantes. Porque cualquier adversidad que les suceda, incluida la violencia, es una oportunidad para conocerse y crecer que no deben desaprovechar. 
    </p><p class="article-text">
        Si consiguen ser esas mujeres elegidas y especiales que se adaptan a todas las eventualidades de la vida, si consiguen modificar sus h&aacute;bitos, formas de hacer, actitudes y comportamientos, si consiguen tener una alta autoestima y empoderarse, si consiguen autorregular su existencia, estar&aacute;n salvadas. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el discurso individualista de la resiliencia como promesa de salvaci&oacute;n, <a href="https://www.pikaramagazine.com/2016/04/culpa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vuelve a traer asociada la culpa</a>: si no lo consiguen es porque no se esfuerzan lo suficiente, porque no se quieren, porque no son fuertes. Invisibilizando que la violencia no es un problema de las mujeres, no es una elecci&oacute;n individual, ni tiene que ver con rasgos de personalidad o car&aacute;cter, sino que se normaliza por una serie de patrones sociales insertos en el sistema de dominaci&oacute;n patriarcal. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, tanto miramos a las mujeres y su culpa, que dejamos de interpelar a los verdaderos responsables y su indolencia. En una manifestaci&oacute;n del 8 de marzo escuch&eacute; a dos mujeres comentar lo contentas que estaban de que por fin hubiera tantos hombres involucrados. Pensaban que seguramente era porque ten&iacute;an hijas y querr&iacute;an protegerlas. Yo les dije que esperaba que si ten&iacute;an hijos varones tambi&eacute;n se involucrasen porque los violadores tambi&eacute;n son hijos de alguien. Creo que nos sigue costando asumir que la violencia es responsabilidad exclusivamente de quien la ejerce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Agentes de su propia vida </strong>
    </p><p class="article-text">
        La violencia no es algo est&aacute;tico y para siempre, no es una foto fija, est&aacute; ubicada en un tiempo y por tanto contiene la posibilidad de cambio. Las mujeres que viven violencia nunca permiten los abusos, muy al contrario, siempre est&aacute;n respondiendo a la violencia que les toca vivir.
    </p><p class="article-text">
        No responden desde la l&oacute;gica productivista de nuestra cultura, donde lo &uacute;nico que importa es la soluci&oacute;n, en t&eacute;rminos de &eacute;xito o fracaso. Sus respuestas son un intento de intervenir en lo que est&aacute;n viviendo. Pero al igual que la violencia no es est&aacute;tica, las respuestas tampoco lo son y no pueden entenderse de forma aislada, sino en t&eacute;rminos complejos y m&uacute;ltiples.
    </p><p class="article-text">
        Muchas de las respuestas ante la violencia pueden ser sutiles e imperceptibles, pueden ser algo simb&oacute;lico, un mensaje, un signo. Su potencial de transformaci&oacute;n no est&aacute; en el hecho en s&iacute;, sino en lo que significa ese hecho, lo que quiere nombrar y visibilizar. Cerrar los ojos, girar la cara, respirar de una determinada manera, dar un paso atr&aacute;s, un tono de voz, cambiar la postura, un gesto, evadirse con la imaginaci&oacute;n, recordar a alguien, una risa fuera de lugar, una mirada de complicidad, una sensaci&oacute;n de incomodidad.
    </p><p class="article-text">
        En nuestra cultura patriarcal solo se valora lo visible, impactante y llamativo. Si no se responde desde lo que se considera una acci&oacute;n de oposici&oacute;n evidente se entiende que no se est&aacute; respondiendo, que est&aacute;s siendo pasiva. Por ejemplo, quedarse inm&oacute;vil o paralizada ante una agresi&oacute;n, no se considera una respuesta v&aacute;lida de resistencia. 
    </p><p class="article-text">
        Esta forma de entender la pasividad no tiene en cuenta que las relaciones de poder dificultan las respuestas de abierto desaf&iacute;o y confrontaci&oacute;n, ya que en determinadas situaciones de violencia pueden ser peligrosas o incluso mortales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, aunque en la psicolog&iacute;a tradicional se empe&ntilde;en en estandarizar nuestras experiencias, no a todas las personas nos afectan igual las cosas. Cada persona responde de una forma diferente, porque atribuimos significados distintos a lo que vivimos. Nuestras respuestas son singulares.
    </p><p class="article-text">
        Las respuestas de las mujeres ante la violencia no son reacciones azarosas o mec&aacute;nicas. Se asientan en la forma en que entienden la vida, en su propia historia, en sus habilidades y saberes. Siempre tienen un sentido, una intenci&oacute;n. Detr&aacute;s de esas respuestas hay algo que quieren cuidar, que consideran valioso. 
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, la angustia, la desesperaci&oacute;n, no dejar de darle vueltas a lo que ocurri&oacute;, sentir una profunda tristeza de repente, el miedo, el cansancio, incluso la verg&uuml;enza, pueden ser un testimonio de que esas mujeres no son indiferentes a la violencia y no se resignan a que se vulnere lo que es importante para ellas. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces he escuchado a profesionales o familiares escandalizarse y enfadarse ante las mentiras de las mujeres que viven violencia, pero mentir puede ser tambi&eacute;n un acto de resistencia ante la violencia institucional y social que viven. 
    </p><p class="article-text">
        Desde esa mirada de menosprecio hacia todo aquello que no sea efectivo en t&eacute;rminos de soluciones o espectacular, se tienden a ridiculizar o descalificar los esfuerzos que las mujeres hacen para responder a la violencia o para alejarse de las personas que est&aacute;n cometiendo abusos contra ellas, sin tener en consideraci&oacute;n que sus respuestas se dan en contextos de relaciones de poder, miedo, confusi&oacute;n y dolor. Historias de sumisi&oacute;n, resignaci&oacute;n, sometimiento o servidumbre suelen protagonizar la manera en que son vistas, contribuyendo nuevamente a que aparezca la culpa y la desesperanza, y afectando en la manera que se perciben a s&iacute; mismas. 
    </p><p class="article-text">
        La violencia puede invisibilizar, minusvalorar o incluso patologizar las respuestas de resistencia; puede llevar a las mujeres a tener la sensaci&oacute;n de que est&aacute;n desconectadas de sus propios valores, pero no puede quitarles la dignidad que hay en sus acciones.
    </p><p class="article-text">
        Sus respuestas son un desaf&iacute;o, por m&aacute;s peque&ntilde;o o sutil que parezca, a la normalizaci&oacute;n de la violencia. Sus acciones siempre tienen un impacto en lo que est&aacute;n viviendo, en las personas que les rodean y en el sistema social en su conjunto.<span class="highlight" style="--color:white;"> </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las mujeres que viven violencia no solo son sujetos con capacidad de agencia, tambi&eacute;n tienen algo que ofrecer al mundo. Su capacidad para transformar lo que nos rodea, lo que no es justo, lo que nos hace da&ntilde;o y nos destruye.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Latorre Hernando]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/victimas-resilientes_132_9773414.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Dec 2022 05:00:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ni víctimas ni resilientes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mirada gay]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/mirada-gay_132_9753919.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0d559db4-c0bc-458f-a3c2-507df7096b87_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mirada gay"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mirada masculina de las mujeres no solo se ve en películas como 'La vida de Adèle' o 'Blonde'. Desde 'Sexo en Nueva York' a Pedro Almodóvar, la mirada gay también conforma los personajes femeninos</p><p class="subtitle"> No hay rastro de Federici en ‘Akelarre’ </p></div><p class="article-text">
        La televisi&oacute;n, los m&oacute;viles, el cine suelen presentarse como ventanas a otros mundos, portales que nos dan la oportunidad de descubrir nuevas realidades. Pero no es cierto, o no del todo. Hemos creado herramientas para ampliar horizontes, pero nos limitamos a usarlas para buscar nuestro reflejo en ellas. Las pantallas no son ni ventanas ni puertas, son espejos. Eso s&iacute;, la imagen que nos devuelven est&aacute; trucada.
    </p><p class="article-text">
        Vamos al cine para vivir experiencias que de otra manera jam&aacute;s conocer&iacute;amos, encendemos la televisi&oacute;n para ventilar el interior anodino de nuestro sal&oacute;n, conectamos el m&oacute;vil para distorsionar deliberadamente nuestra imagen. Todo el mundo proyecta, todo el mundo sue&ntilde;a. Las personas LGTBQ y de cualquier otra minor&iacute;a somos maestras en este arte, precisamente porque la distancia que nos separa del gran p&uacute;blico es abismal, y el sobreesfuerzo, lejos de gastar nuestra imaginaci&oacute;n, la ha desarrollado y fortalecido. Antes de que las ficciones abriesen su abanico de posibilidades a otra realidad que no fuera la de la heteronorma, si los hombres cis gais quer&iacute;amos vivir las historias de amor rom&aacute;ntico del cine con la misma emoci&oacute;n que los dem&aacute;s espectadores ten&iacute;amos que poner bastante m&aacute;s de nuestra parte que nuestros primos, hermanos y compa&ntilde;eros de colegio. Por eso muchos de nosotros tendemos a identificarnos con los personajes femeninos. Hasta no hace mucho, para poder besar a un hombre hab&iacute;a que ser mujer.
    </p><p class="article-text">
        Este ejercicio de proyecci&oacute;n y asimilaci&oacute;n no solo lo practican los espectadores gais cuando consumen productos de ficci&oacute;n, sino tambi&eacute;n los artistas en el proceso creativo. La mirada de estos no est&aacute; contaminada por el deseo sexual hacia las mujeres, por lo tanto se comete el error de considerar que est&aacute; m&aacute;s limpia, que es m&aacute;s honesta que la de un director o guionista heterosexual.
    </p><p class="article-text">
        En su ensayo &laquo;Visual Pleasure and Narrative Cinema&raquo; (<em>Screen,</em> 1975), la te&oacute;rica de cine Laura Mulvey acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino <a href="https://www.pikaramagazine.com/2016/02/el-problema-de-la-male-gaze-en-las-series-de-television/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>male gaze</em></a><em> </em>para referirse a la mirada que los directores de cine proyectan sobre las mujeres, y la representaci&oacute;n que de ellas hacen en sus pel&iacute;culas orientadas al consumo del espectador masculino. La mujer es un sujeto pasivo &mdash;la depositaria de significado, nunca la creadora de este&mdash; y el hombre, el sujeto activo, el que observa y, desde esa posici&oacute;n dominante, describe. Un ejemplo paradigm&aacute;tico es el de la pel&iacute;cula <a href="https://www.pikaramagazine.com/2013/11/un-despertar-sexual-preciosista/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La vida de Ad&egrave;le</em></a><em>, </em>que levant&oacute; una gran pol&eacute;mica a causa de la hipersexualizaci&oacute;n de la relaci&oacute;n sexoafectiva entre dos mujeres. Las escenas de sexo entre los personajes interpretados por Ad&egrave;le Exarchopoulos y L&eacute;a Seydoux no muestran a dos mujeres que se desean, sino la fantas&iacute;a de un hombre &mdash;el director heterosexual Abdellatif Kechiche&mdash; sobre dos mujeres que se desean. Otro caso mucho m&aacute;s reciente &mdash;y pol&eacute;mico&mdash; es el de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/10/rubia-no-es-solo-un-color/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Blonde</a>, pel&iacute;cula de Netflix basada en la novela hom&oacute;nima de Joyce Carol Oates que versiona la vida de Marilyn Monroe. El director &mdash;hombre heterosexual&mdash; Andrew Dominik ha recibido un aluvi&oacute;n de cr&iacute;ticas por el modo en que ha representado la vida de la artista a base de una sucesi&oacute;n sistem&aacute;tica de abusos f&iacute;sicos y emocionales, que ha hecho que sea considerada m&aacute;s propia de la categor&iacute;a de <em>torture porn </em>que de <em>biopic</em> o cinta biogr&aacute;fica<em>. </em>La mirada masculina es evidente a la hora de utilizar el cuerpo de Ana de Armas, la actriz protagonista, para hacer una revisi&oacute;n sesgada de la que fue una mujer real v&iacute;ctima de abusos reales, reproducidos una vez m&aacute;s en escenas de sexo degradantes para la actriz &mdash;a quien se cosifica con desnudos constantes e innecesarios&mdash; e injustificables desde el punto de vista puramente cinematogr&aacute;fico. 
    </p><p class="article-text">
        Los directores de cine heterosexuales, sin embargo, no son los &uacute;nicos que moldean la imagen de las actrices seg&uacute;n sus intereses personales y las ideas preconcebidas que tienen de las mujeres. Hay artistas gais que tambi&eacute;n lo hacen.
    </p><p class="article-text">
        Michael Patrick King y Darren Star son los principales responsables creativos de <em>Sexo en Nueva York,</em> tanto la serie como las posteriores pel&iacute;culas, todas ellas sobre la vida sexual y sentimental de cuatro amigas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo XX y principios del XXI. Laureada por unos como precursora en la representaci&oacute;n femenina en televisi&oacute;n, denostada por otros por el retrato fr&iacute;volo de lo que es ser una mujer en el mundo contempor&aacute;neo. Se lleg&oacute; a decir que las cuatro protagonistas escond&iacute;an la identidad codificada de cuatro hombres homosexuales, y a&uacute;n hoy en d&iacute;a grupos de amigos gais siguen jugando a etiquetar cada personalidad con el arquetipo de cada una de ellas. La abogada sarc&aacute;stica, la so&ntilde;adora e ingenua, la codependiente emocional, la bomba sexual.
    </p><p class="article-text">
        En 2004 <em>Mujeres desesperadas</em> nos proporcion&oacute; otros cuatro arquetipos, esta vez de mujeres que rondaban los cuarenta, todas ellas amas de casa casadas y con hijos en una comunidad residencial de ensue&ntilde;o que escond&iacute;a macabros secretos. Uno de los personajes principales, Bree Van de Kamp, se convirti&oacute; en el m&aacute;s popular por ser la t&iacute;pica ama de casa perfecta de revista de decoraci&oacute;n que no se permite ni un momento de flaqueza; si tiene que desahogarse llorando porque su marido la enga&ntilde;a, se encierra en el ba&ntilde;o y, al cabo de unos minutos, vuelve a salir con una sonrisa radiante. Si leemos entre l&iacute;neas, no es dif&iacute;cil entender por qu&eacute; fascin&oacute; tanto este personaje a los hombres gais. M&aacute;s all&aacute; del artificio, empatiz&aacute;bamos con la manera en que dejaba que las convenciones sociales la reprimiesen hasta el extremo de llevarla al borde de un ataque de nervios. Su creador, Marc Cherry dijo inspirarse en su propia madre para su personaje m&aacute;s popular. Una forma de homenaje. 
    </p><p class="article-text">
        El cineasta Pedro Almod&oacute;var tambi&eacute;n ha tirado de la figura materna para crear muchos de sus personajes femeninos, y se le ha alabado por la sensibilidad y profundidad con que los escribe, como si estos fueran vivos retratos de mujeres de verdad en lugar de interpretaciones basadas en la experiencia masculina, en la mirada del hombre que las observa. Lo cierto es que los estereotipos femeninos m&aacute;s frecuentes han sido implantados en el canon y perfeccionados por creadores gais. El ama de casa desesperada, la se&ntilde;ora alcoh&oacute;lica de lengua afilada, la chica mala de instituto, la bruja adolescente. El hombre gay juega con estos arquetipos como si las actrices que dirigen fuesen mu&ntilde;ecas y lo hacen desde una posici&oacute;n de autoridad y privilegio. &iquest;Qu&eacute; es esto, despu&eacute;s de todo, sino una forma de colonizar la definici&oacute;n de lo que son las mujeres y la experiencia femenina? La <em>gay male gaze,</em> la mirada gay, la manera en que el artista homosexual representa a las mujeres en sus obras, est&aacute; tan condicionada como la mirada del hombre cis heterosexual.
    </p><p class="article-text">
        Cuando alguien (p&uacute;blico, cr&iacute;tica e incluso los propios artistas al hablar de su proceso creativo) afirma que un hombre gay entiende mejor a las mujeres porque est&aacute; en contacto con su &laquo;mujer interior&raquo;, o porque tiene m&aacute;s desarrollado su lado femenino, est&aacute; haciendo una afirmaci&oacute;n hom&oacute;foba &mdash;asumir una correlaci&oacute;n entre ser hombre homosexual y ser mujer heterosexual por el hecho del deseo compartido&mdash; y sexista &mdash;simplificar de forma extrema los roles de g&eacute;nero&mdash;, pero fundamentalmente mis&oacute;gina: estar abierto al lado femenino de uno no tiene nada que ver con asumir como propia la experiencia de ser mujer, mucho menos de estar capacitado para entenderla incluso mejor que las propias mujeres. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que transpira de esta tendencia a privilegiar la mirada del hombre gay con respecto a experiencias femeninas es que la industria audiovisual, predominantemente masculina, todav&iacute;a se resiste a dejar espacio a las creadoras para que sean ellas las que cuenten sus propias historias, de modo que la masa espectadora tenga acceso a una mirada diferente, esto es, a la del hombre cis independientemente de cual sea su orientaci&oacute;n sexual.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álvaro Domínguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/mirada-gay_132_9753919.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Nov 2022 05:01:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mirada gay]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recintos: lo espacial y lo emocional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/recintos-espacial-emocional_132_9733314.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5389babf-b690-42dd-9a89-00b818029692_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Recintos: lo espacial y lo emocional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tener un espacio amplio para vivir, en este mundo, suele ser una cosa de pareja. Pero la pareja es de la propiedad privada y yo vivo de alquiler. Quiero acabar con esas estructuras. ¿Qué siginifca una habitación para dos?</p><p class="subtitle">¿Con qué rompes cuando rompes con tu pareja?</p></div><p class="article-text">
        El martes nos levantamos tranquilas y desayunamos caf&eacute; y berlinas rellenas de frambuesa en el balc&oacute;n, con una manta haciendo de cortina de privacidad entre el poco espacio entre los viandantes y mi reja de forja de primer piso. Privacidad de barrio y a pie de calle, la mayor contradicci&oacute;n y la mayor falta a nuestro concepto pol&iacute;tico de comunidad. Mal. Fatal. Cruzamos el centro de la ciudad de punta a punta, de punto a punto, de norte a sur y qu&eacute; feliz pasear por la ma&ntilde;ana. Qu&eacute; diferentes son las calles, qu&eacute; olor matutino, qu&eacute; tranquilidad la gente en su quehacer. Sacar el plano social de horario hace que est&eacute; m&aacute;s vivo, que cobre vida, parece que al cambiarlo de sitio se vuelve a disfrutar con m&aacute;s intensidad, como cuando te bebes un vino a mediod&iacute;a y te emborrachas. Pasear por la ma&ntilde;ana es la borrachera de una copa de vino a destiempo.
    </p><p class="article-text">
        Primero vivimos en la casa familiar, donde &ndash;idealmente&ndash; disfrutamos de seguridad, calor, protecci&oacute;n, la excusa para el juego y el aprendizaje. Luego quiz&aacute;s vivamos las casas compartidas, que son muchas y son con amigos y desconocidas, nunca hay tenedores, pero s&iacute; horarios de limpieza y charlas nocturnas. Tambi&eacute;n platos sucios y sorpresas poco agradecidas, ir al banco, ir a comprar, la burocracia. Es una<a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/09/fuera-de-lugar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> apertura emocional de inestabilidad y de amistad</a>. M&aacute;s tarde, mucho m&aacute;s tarde, cuando ya est&aacute;s casi desesperada, llega -si llega- la casa independizada y con ella la madurez, los muebles, la tranquilidad, el espacio &iacute;ntimo, privado y gustoso de una misma y de elegir lo que ver en la tele y el sal&oacute;n para ti sola.
    </p><p class="article-text">
        No he llegado a ninguna m&aacute;s. Quiz&aacute;s la casa en pareja, la casa en familia propia. Es quiz&aacute;s un futuro, pero no una l&iacute;nea cronol&oacute;gica y pueden mezclarse, intercalarse, sustituirse o eliminarse. El otro d&iacute;a escuch&eacute; a <a href="https://www.eldiario.es/pikara/gala-goya-actos_132_1051168.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Benedicta S&aacute;nchez</a>, de 87 a&ntilde;os y actriz de <em>O que arde;</em> dec&iacute;a que cada edad tiene su etapa y hay que gozarlas todas. Yo voy a hacerle caso, <em>just in case</em>.
    </p><p class="article-text">
        En la forma de habitar, reivindico la formaci&oacute;n de nuevos lazos familiares. Me dicen que debo elegir: una amiga o una compa&ntilde;era de vida.<a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/05/ranas-monogamias-racismo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Me dicen que una compa&ntilde;era puede ser una pareja o una compa&ntilde;era de piso</a>, alguien con quien compartir literalmente la vida. Pero &iquest;es diferente? &iquest;No se pueden tener las dos? Entrecejo fruncido. Entrecejo fruncido es mi segundo nombre. Siempre pienso que voy a tener muchas arrugas en la frente, pero cuando me doy cuenta la he vuelto a arrugar.
    </p><p class="article-text">
        Yo quiero compartir mi d&iacute;a a d&iacute;a con mi pareja y con mis amigas. Yo quiero romper esa estructura, digo, pensando en c&oacute;mo le explico que quiero romper la estructura. No quiero ser dos para optar a una casa de habitaciones m&aacute;s grandes, no quiero el deseo de ser dos simplemente para sentirte uno. Uno completo que no necesite de todo eso para vivir con un m&iacute;nimo, con el m&iacute;nimo afectivo y espacial. Si lo afectivo y lo espacial es lo mismo, &iquest;qu&eacute; significa tener solo una habitaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; significa tener una cama de matrimonio para una? Si lo espacial nos define, &iquest;qu&eacute; podemos hacer para cambiar lo afectivo? &iquest;Cambiamos la casa para cambiar el amor? &iquest;Qu&eacute; puedo permitirme en mi piso de una habitaci&oacute;n, de una cocina en el sal&oacute;n? Pero si cambiamos lo afectivo, cambiamos lo espacial. Eso es un hecho. Entre dos, hay m&aacute;s habitaciones. Entre dos, hay m&aacute;s espacio. Lo dom&eacute;stico y lo &iacute;ntimo forman un papel importante en mi vida. Lo domestico lo erotizo, lavarse los dientes uno junto al otro lo erotizo, hablar con el cepillo entre los dientes lo erotizo. Llamo a la puerta, &iquest;est&aacute;is desnudas? Y salto sobre la cama. Yo echo las cortinas, me dices que yo soy m&aacute;s privada, no me gusta una ventana a pie de calle. Dices: &ldquo;T&uacute; pondr&iacute;as un biombo&rdquo;. &ldquo;T&uacute; sales al balc&oacute;n&rdquo;. Compensas el p&aacute;nico afectivo con lo extremadamente social. Yo compenso la disponibilidad emocional de lo social con mi espacio &iacute;ntimo, si tiene sentido. El vecino de enfrente de la calle pone la m&uacute;sica muy alta y me molesta. Me quejo pol&iacute;ticamente mal. Me debato entre lo &iacute;ntimamente c&oacute;modo y lo socialmente revulsivo, quiero ambos, como la izquierda burguesa. Esto no es nada disruptivo, pero lo pongo en pie. Me pongo en pie. Dicen que en el futuro est&aacute; asegurado el metaverso, yo solo pienso en una mantita en invierno. Quiz&aacute;s esto me quede un poco Remedios Zafra. Nunca hab&iacute;a sido tan moderna. Me gustar&iacute;a vivir en un piso de dos habitaciones y hablar en el desayuno, pero me dicen, esa es tu estructura de vida, no puedes exig&iacute;rselo a los dem&aacute;s. Buscar nuevas conexiones es cansado. La casa me pega un bocado y luego me mece.<a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/10/abolicion-de-la-familia-desprivatizar-el-amor/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> La propiedad privada es de la pareja</a>. A m&iacute; me toca el alquiler: emocional, espacial. Me gustar&iacute;a escribir con m&aacute;s conocimiento, pero solo tengo el m&iacute;o.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Iris César]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/recintos-espacial-emocional_132_9733314.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Nov 2022 05:01:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Recintos: lo espacial y lo emocional]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un sistema de salud tóxico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/sistema-salud-toxico_132_9713534.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchas profesionales del sistema de salud se quejan de un estado de ansiedad en el que tienen miedo a no tomar la mejor decisión para el paciente, apareciendo así la culpa por no poder hacer el trabajo en condiciones óptimas. </p><p class="subtitle">Esta ‘guerra’ tiene rostro de mujer</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Trabajo en el campo de la psicolog&iacute;a cl&iacute;nica desde hace doce a&ntilde;os y, en estos &uacute;ltimos, en general, observo un repunte claro en la demanda, d&aacute;ndose una descompensaci&oacute;n clara con la oferta de profesionales que estamos trabajando. Si eso es as&iacute; en el &aacute;mbito privado, imaginemos el desborde que pueden estar viviendo las profesionales que trabajan en el </span><a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/10/diez-criticas-al-sistema-a-partir-del-robo-del-bebe-en-el-hospital-del-basurto/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">sistema p&uacute;blico de salud</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">. Aunque, despu&eacute;s de la manifestaci&oacute;n de Madrid, no hace falta imaginar demasiado, pero s&iacute; recordar que tambi&eacute;n pasa en otras comunidades. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La salud podemos definirla, de una manera simple, como un estado de bienestar f&iacute;sico y mental. Este llega de la mano de los cuidados, que son las acciones llevadas a cabo de manera intencional para preservar la vida en las mejores condiciones posibles. </span><a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/11/propuestas-de-la-perspectiva-comunitaria-para-cuidar-en-comun/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">Los cuidados implican atenci&oacute;n, responsabilidad y tiempo</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Esos cuidados pueden ser f&iacute;sicos o emocionales. Como somos mam&iacute;feras, tan importantes son unos como los otros; necesitamos de alguien que nos d&eacute; calor y comida para poder crecer, pero tambi&eacute;n </span><a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/05/apego-sano-y-un-besito-en-la-yemas-de-los-dedos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">necesitamos de alguien</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> con quien vincularnos, alguien con quien cultivar un necesario sentimiento de seguridad y de pertenencia. Sentirnos parte de un todo es un factor fundamental predictor de la salud. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Puesto que no somos seres aislados, todo est&aacute; interrelacionado; somos sistemas que conformamos sistemas m&aacute;s grandes. Como si fu&eacute;semos </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>matrioskas</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Por lo tanto, este macrosistema en el que vivimos, que no gobierna y legisla desde los cuidados, hace que cuidar pueda llegar a ser una responsabilidad tit&aacute;nica. Y, por eso, nombrar la importancia de los autocuidados es fundamental. Pero funcionar desde ah&iacute; es como estar en rebeld&iacute;a constante. Escuchar las propias necesidades y as&iacute; poder reivindicarlas casi suena, por desgracia, a pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Como dec&iacute;a, veo en esos autocuidados la base de los cuidados. Si no estamos bien, no podemos proyectar bienestar y mucho menos preservar o garantizar el bienestar de las otras del grupo, sea cual sea la vinculaci&oacute;n que tengamos con ellas. De manera personal y profesional, lo veo en el d&iacute;a a d&iacute;a. Hace solamente unos meses que consegu&iacute; dar un paso m&aacute;s en mi aprendizaje para tratarme mejor y as&iacute;, tambi&eacute;n, poder acompa&ntilde;ar mejor a las personas que vienen a la consulta. Si estoy cansada y saturada, mi atenci&oacute;n y mi presencia tendr&aacute;n una calidad f&aacute;cilmente cuestionable, sobre todo por m&iacute; misma. Me cost&oacute;, pero empec&eacute; a ver los l&iacute;mites como una manera de cuidar de m&iacute;, de las otras y de mi trabajo. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Veo en consulta mujeres que forman parte del sistema p&uacute;blico de salud que est&aacute;n absolutamente desbordadas, cansadas, frustradas, desencantadas, desmotivadas&hellip; Desde m&eacute;dicas de atenci&oacute;n primaria que tienen cupos de 1.700 pacientes y que tienen que desdoblarse para cubrir los cupos de las compa&ntilde;eras si est&aacute;n de baja o de vacaciones. Hasta las que, adem&aacute;s de tener que cumplir con la gesti&oacute;n de la agenda diaria, son la &uacute;nica profesional para atender las urgencias, porque hay una franja de la tarde en la que el Punto de Atenci&oacute;n Continuada (PAC) est&aacute; sin personal propio para la atenci&oacute;n. &iquest;Para qu&eacute; cubrir esos puestos si </span><a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/10/residencias-cuidados-negocios-hogares-explotacion/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">podemos explotar </span></a><span class="highlight" style="--color:white;">a quien ya est&aacute; dentro?</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Si pienso en los testimonios de las enfermeras siento aut&eacute;nticos escalofr&iacute;os dignos de pel&iacute;cula de terror: enlazar contratos temporales por d&iacute;as, entrar a trabajar en una unidad y hacer hasta tres cambios en una misma jornada, no poder planificar d&iacute;as libres o de vacaciones porque rechazar una vacante puede estar penalizado. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Y no nombro la situaci&oacute;n de auxiliares de enfermer&iacute;a, celadoras, servicio de limpieza y otras profesionales, porque no lo conozco de cerca, pero puedo intuir que en un sistema tan jerarquizado como es el sistema de salud, cuanto m&aacute;s bajemos en la escala menor ser&aacute; el respeto por el bienestar y los derechos de las personas que lo conforman. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Con cada una de las personas que tengo en cabeza al escribir estas l&iacute;neas veo que el manejo de la frustraci&oacute;n y la rabia van de la mano. Todas y cada una de ellas sienten que est&aacute;n dentro de un sistema (&iquest;de salud?) t&oacute;xico, que las maltrata, las menosprecia y les falta al respeto de manera constante. Muchas de ellas se manejan en un estr&eacute;s cr&oacute;nico, en un </span><a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/01/frente-a-la-fuerza-cuidados/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">estado de ansiedad generalizada</span></a><span class="highlight" style="--color:white;">, con baja autoestima por no poder hacer bien su trabajo. Es f&aacute;cil que nos encontremos con el miedo de frente; son conscientes de que muchas veces se ven en el deber, bajo la presi&oacute;n de la falta de tiempo, de tener que pasar por las situaciones de manera poco profunda, por lo que el miedo a equivocarse, a que se les escape algo importante que lleve a consecuencias graves, las acompa&ntilde;a todo el tiempo. En ese nivel de presi&oacute;n, con un tic-tac constante en la nuca, se hace dif&iacute;cil prestar atenci&oacute;n de calidad a la persona que tienen delante, se hace complicado ejercer una escucha activa y tener presencia en el aqu&iacute; y en el ahora. Con menos de diez minutos por paciente (siendo generosa) nos da una idea del bajo nivel de conexi&oacute;n al que se puede llegar con este. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Desde ah&iacute;, de la mano del miedo, aparece la culpa por no estar cuidando bien: un error, un olvido, una mala cara, una mala contestaci&oacute;n. La culpa siempre se nos plantea como una losa que limita el movimiento y minimiza nuestro bienestar de base. Entorpece y dificulta el buen funcionamiento. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Las profesionales que </span><a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/04/esta-guerra-tiene-rostro-de-mujer/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">est&aacute;n en primera l&iacute;nea </span></a><span class="highlight" style="--color:white;">son las que, adem&aacute;s, est&aacute;n expuestas a las quejas de las usuarias. Con ellas muestran su descontento por los retrasos o por los tiempos largos de espera entre prueba y prueba. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Ellas son las que, con sudor y l&aacute;grimas y horas extras, sostienen un sistema que los de arriba se est&aacute;n encargando de dinamitar. Son ellas las que haciendo todo lo que pueden (y un poco m&aacute;s), logran que el sistema no se hunda. Son ellas las que, por convencimiento y valores, apuestan porque el sistema p&uacute;blico de salud siga funcionando y siga siendo un derecho b&aacute;sico y universal. Porque creen en la necesidad del sistema m&aacute;s que quienes legislan y tienen el poder, que est&aacute;n decididos a boicotearlo. Para ello, recurren a violencias sutiles y perversas, intentando desgastar y deslegitimar a las bases. Pregunto yo: &iquest;d&oacute;nde quedan aquellos aplausos de reconocimiento a las ocho de cada tarde? Si las palabras no son acompa&ntilde;adas de hechos, se las lleva el viento. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Como dice una de las reivindicaciones del colectivo creado en Galicia, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>Enfermeiras eventuais en loita</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">: &ldquo;La vocaci&oacute;n no justifica la explotaci&oacute;n&rdquo;. Pues eso, verbalicemos bien claro y alto la necesidad, el deber, de </span>cuidar de quien cuida.<span class="highlight" style="--color:white;">   </span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gema Zunzunegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/sistema-salud-toxico_132_9713534.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Nov 2022 05:01:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un sistema de salud tóxico]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Memoria de las brujas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/memoria-brujas_132_9688131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a9cac55-351b-4660-bc49-2d39ed115caa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Memoria de las brujas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p><p class="subtitle">La Caza de Brujas de ayer, el feminicidio de hoy</p></div><p class="article-text">
        El II Encuentro feminista internacional sobre la caza de brujas fue celebrado en Madrid durante el fin de semana del 29 al 30 de octubre, cuando el mundo entero resucita la iconograf&iacute;a par&oacute;dica que solo en disfraces de sat&aacute;nica sexi genera m&aacute;s de ocho millones de d&oacute;lares anuales. Organizado por el nodo madrile&ntilde;o del colectivo Memoria de las brujas junto con la historiadora Silvia Federici, este segundo congreso estuvo centrado en la vigencia actual de las cacer&iacute;as, evidenciando que esta guerra abierta contra las mujeres no termin&oacute; en una historia de superstici&oacute;n feudal.
    </p><p class="article-text">
        La caza de brujas nunca par&oacute;, continu&oacute; a trav&eacute;s de la colonizaci&oacute;n y la recolonizaci&oacute;n provocada por la crisis de deuda de los a&ntilde;os 90. Por ello, actualmente vive un repunte azuzada por las derechas de todo el mundo. No podemos pensar este fen&oacute;meno sin entender los procesos que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han contribuido a la expansi&oacute;n global del capitalismo por los cuatro continentes. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se ha vuelto a secuestrar, torturar y quemar por brujer&iacute;a a mujeres en distintos puntos del mundo, como Ghana, la India o Pap&uacute;a Nueva Guinea. Como en los primeros ciclos de las cacer&iacute;a, las acusaciones de brujer&iacute;a van de la mano de la intensificaci&oacute;n del patriarcado, el empobrecimiento de masas, la destrucci&oacute;n de los bienes comunes, las privatizaciones forzosas, el auge de los fundamentalismos religiosos, etc&eacute;tera. &nbsp;Una vez m&aacute;s, las mujeres son las primeras v&iacute;ctimas. Se desvalorizan nuestras vidas, porque somos el principal sujeto de reproducci&oacute;n social. 
    </p><p class="article-text">
        Sorprende c&oacute;mo resucitan de forma casi exacta las mismas narrativas, acus&aacute;ndonos de similares poderes malignos. Si a las brujas de los siglos XVII y XVII las culpaban de arruinar las cosechas y enfermar a sus vecinos, a las feministas del siglo XXI nos han atribuido la propagaci&oacute;n de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/03/limites-y-excesos-de-un-8m-pandemico/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Covid-19</a> y el surgimiento de la pandemia. Si antes nos acusaban de ofrecer ni&ntilde;os al diablo, ahora nos imputan adoctrinarlos en las escuelas. No olvidemos sonados <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/04/no-eran-brujas-eran-mujeres/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">casos de caza de brujas en el Estado espa&ntilde;ol</a>, como las terapias de conversi&oacute;n, la asentada violencia obst&eacute;trica, la instigaci&oacute;n contra las personas trans, la persecuci&oacute;n hacia Pamela Palenciano o el montaje policial conocido como <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/05/dos-anos-del-caso-infancia-libre-mas-unidad-entre-afectadas-pero-mas-dureza-institucional/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Caso Infancia Libre</a>, cuyas afectadas pudieron participar brevemente en el Encuentro. Adem&aacute;s, se est&aacute;n volviendo a encender las hogueras en aquellos lugares donde el neoliberalismo exige la implantaci&oacute;n forzosa de los modos de hacer capitalistas, y la econom&iacute;a monetaria se impone sobre la riqueza compartida del procom&uacute;n. Entre las ponentes internacionales, se tuvo la ocasi&oacute;n de escuchar a<span class="highlight" style="--color:#f1f1f1;"><em> </em></span>Sashiprava Bindhani, una de las autoras de la ley de prevenci&oacute;n de caza de brujas en Orisa (India); Tanja Seter, artista y activista contra los seis campos donde las mujeres de Ghana son actualmente torturadas y asesinadas bajo la acusaci&oacute;n de brujer&iacute;a; y Nancy Santi, primera curaca del Ecuador y miembro del nodo de Memoria de las brujas en dicho pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Este congreso ha dado cabida a la investigaci&oacute;n militante fuera de los circuitos acad&eacute;micos. Es un movimiento de mujeres desde abajo, ya que el circuito mainstream de las universidades no ha prestado apenas atenci&oacute;n al fen&oacute;meno. Durante las ponencias, el campo historiogr&aacute;fico de la caza de brujas ven&iacute;a igualmente sostenido por los puntos de vista te&oacute;ricos de las feministas marxistas y las ecofeministas decoloniales y antieuropeistas. En conversaci&oacute;n con <a href="https://www.pikaramagazine.com/2014/07/tell-us-federici/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Silvia Federici</a> para <em>Pikara Magazine</em>, esta asegur&oacute; que dif&iacute;cilmente pueda sostenerse una oposici&oacute;n dura entre ambas escuelas de pensamiento si se mira a trav&eacute;s del prisma de la persecuci&oacute;n violenta contra brujas y calibanes. En distintos momentos quiso incidir en que la historia de la transformaci&oacute;n de las mujeres en sirvientas de los hombres va de la mano de la historia de las personas esclavizadas, racializadas y perseguidas por disidencia sexual y de g&eacute;nero. Luchar contra la caza de brujas es tambi&eacute;n luchar por la liberaci&oacute;n de todos los calibanes. Por tanto, hablamos de un marco de reflexi&oacute;n que permite aunar sucesos pasados y presentes; y que se ha dado y se da en todas las clases sociales y en todos los territorios occidentales o violentamente colonizados. Sin embargo, se trata del &uacute;nico acontecimiento global que no solamente ha sido silenciado y olvidado historiogr&aacute;fica y pol&iacute;ticamente, sino que adem&aacute;s es ridiculizado y folklorizado mediante escobas y calderos. &iquest;Qu&eacute; otro genocidio masivo ha convertido a la v&iacute;ctima en una atracci&oacute;n tur&iacute;stica? 
    </p><p class="article-text">
        Ignorar la historia de las mujeres es otra forma de violencia de g&eacute;nero. Memoria de las brujas nace de la importancia de leer la historia no solo como dominaci&oacute;n, tambi&eacute;n como resistencia. &nbsp;En su intento por recuperar la memoria de este feminicidio, adem&aacute;s de las distintas ponencias, se presentaron tres iniciativas creadas por el propio colectivo. La primera de ellas, el documental &ldquo;<a href="http://www.awitchstory.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">A witch story</a>&rdquo;, nacido de la confluencia durante el Primer Encuentro (Iru&ntilde;a, 2019) entre la cineasta Yolanda Pividal y la escritora Alice Markham-Cantor, descendiente directa de Martha Carrier, bruja ahorcada durante los <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/05/tituba-y-el-panico-en-salem-village/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">juicios de Salem</a> de 1692. En &eacute;l, se reconstruye la historia de Markham-Cantor a trav&eacute;s de su antepasada, al tiempo que se testimonia el proceso de redacci&oacute;n de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2019/04/la-caza-de-brujas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Calib&aacute;n y la bruja</a>. La segunda acci&oacute;n, consisti&oacute; en un itinerario de la represi&oacute;n contra las hechiceras de Madrid, donde se pudo cartografiar los espacios de detenciones, torturas y castigos p&uacute;blicos instalando placas en conmemoraci&oacute;n de las mujeres ajusticiadas por la Inquisici&oacute;n. El nodo de Madrid ha publicado el libro <em>Paseo. Madrid y la caza de brujas</em> fruto de esta investigaci&oacute;n. Finalmente, el colectivo feminista de Terrassa present&oacute; una <a href="https://www.youtube.com/watch?v=1A2JCJWeGEo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acci&oacute;n similar</a> en honor a las cinco mujeres ejecutadas por brujer&iacute;a en su ciudad, en 1619, acontecimiento hist&oacute;rico que ellas rescataron del m&aacute;s absoluto olvido a pesar de ser uno de los pocos procesos en los que se conserva la documentaci&oacute;n completa.
    </p><p class="article-text">
        Nacido a ra&iacute;z de lectura de <em>Calib&aacute;n y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulaci&oacute;n originaria</em>, el colectivo <a href="http://memoriadelasbrujas.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Memoria de las brujas</a> cuenta con distintas sedes dentro y fuera del Estado espa&ntilde;ol y permanece abierto a cualquier colaboraci&oacute;n. Desde 2018, viene trabajando al margen de las instituciones con el fin de investigar, recuperar y generar conciencia alrededor de las cacer&iacute;as pasadas y presentes. Porque cuando tenemos miedo de ser silenciadas, somos anuladas en nuestro propio parto, nos imponen o nos impiden cuidar, <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/10/halloween-nunca-las-locas-no-somos-disfraz/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nos tachan de locas</a> y nos internan en contra de nuestra voluntad, nos criminalizan por falta de recursos, nos se&ntilde;alan por migrantes o nos acusan de no ser verdaderas mujeres est&aacute;n conectando nuestra historia con la de todas aquellas perseguidas, castigadas y disciplinadas por el estado capitalista por brujas. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[D. Egia]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/memoria-brujas_132_9688131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Nov 2022 05:01:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Memoria de las brujas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuidado con tanto autocuidado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/cuidado-autocuidado_132_9672417.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/659f7c6a-3bf0-41bd-ba24-e0ddf27c85cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuidado con tanto autocuidado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Querernos a nosotras mismas y velar por nuestros deseos y necesidades no puede dejar a un lado otras realidades, sobre todo las de aquellas con experiencias de vida con más dificultades y abusos</p><p class="subtitle">Cuidar no es solo dar la teta</p></div><p class="article-text">
        Vivimos <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/07/el-no-tan-bonito-jardin-de-las-redes-sociales/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hiperconectadas e hiperestimuladas</a> (est&iacute;mulos digitales, los otros ya cada una sabe). Estamos constantemente recibiendo informaci&oacute;n por m&uacute;ltiples canales. Presentaciones de libros, cursos interesantes, escapadas de fin de semana, canciones, fotograf&iacute;as de las vacaciones de no s&eacute; qui&eacute;n. Y estos nuevos canales son maravillosos para la difusi&oacute;n. Para eso est&aacute;n las redes sociales, para visibilizarnos, para <a href="https://www.pikaramagazine.com/2017/12/remedios-zafra/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dar a conocer nuestro trabajo</a>, nuestras&nbsp;inquietudes, nuestras vidas, y si estamos contentas con nuestro cuerpo, para mostrarlo al mundo. Que para eso lo valemos. 
    </p><p class="article-text">
        La exaltaci&oacute;n del yo se ha convertido en una actividad permanente y omnipresente, propiciada por las redes sociales, aunque no son los &uacute;nicos elementos implicados. Hemos pasado de quedar a tomar un caf&eacute; con cuatro amigas a ventilar lo que nos pasa v&iacute;a Instagram o Facebook, a la espera de que las personas que tenemos como &lsquo;amigas&rsquo; validen lo que mostramos. Nos nutrimos, cada vez m&aacute;s, de la aprobaci&oacute;n digital ante lo que hacemos. Alimento fresco para nuestro ego. Me parece que el entorno digital facilita, y mucho, el egocentrismo. Y no es lo mismo que el ego&iacute;smo, aunque son familia; de hecho existe la tipolog&iacute;a de ego&iacute;smo egoc&eacute;ntrico. 
    </p><p class="article-text">
        Creo que hay una frontera muy endeble entre esto del ego&iacute;smo y el autocuidado, entre aumentar la autoestima y valorar lo que somos, pensamos y sentimos con considerar que tenemos que preservar a toda costa nuestro bienestar, aunque eso suponga no tener tan en cuenta a las dem&aacute;s personas. Nos dicen que hay que quererse a una misma, mimarse, darse caprichos, no juzgarse, darse ba&ntilde;itos de agua caliente (quien sea tan afortunada de tener una ba&ntilde;era) y hacer <em>mindfulness</em>. Que as&iacute; estaremos mejor y&nbsp;podremos ofrecer lo&nbsp;mejor de nosotras mismas al mundo. Nos dicen que <a href="https://www.pikaramagazine.com/2013/12/egoista-yo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">es bueno ser ego&iacute;stas</a>, aunque el ego&iacute;smo se define como un inter&eacute;s desmedido hacia una misma, sin cuidar de las dem&aacute;s personas. Esto no parecer&iacute;a que nos afectara mucho a quienes hemos sido socializadas como mujeres, pues nuestra tendencia natural siempre ha sido la de cuidar y estar pendientes m&aacute;s del entorno que de nosotras. De hecho, cuando hemos intentado reservarnos un poco de tiempo y energ&iacute;a a muchas nos han llamado &lsquo;ego&iacute;stas&rsquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero ahora est&aacute; ocurriendo algo peculiar. Vivimos en una danza sentimental que oscila entre el interior, lo &iacute;ntimo, y lo exterior, lo colectivo, lo social. En ese baile tenemos que dar los pasos id&oacute;neos para no perder el equilibrio entre lo propio y lo ajeno. &iquest;Qu&eacute; es nuestro y qu&eacute; no? &iquest;Qu&eacute; debemos tolerar de las dem&aacute;s y a qu&eacute; debemos ponerle l&iacute;mites por nuestro propio bien? Identificar los elementos de nuestra vida que nos provocan malestar o no nos reportan sensaciones positivas es estupendo, pero en ese &lsquo;yo me cuido&rsquo; a veces perdemos la perspectiva de las circunstancias vitales de otras personas, de entender actitudes o comportamientos, aunque nosotras nunca har&iacute;amos lo mismo, de <a href="https://www.pikaramagazine.com/2020/12/jane-goodall-el-triunfo-de-la-intuicion-y-la-empatia-sobre-el-patriarcado-rancio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">empatizar con quien ha tenido una historia de vida diferente</a> a la nuestra. &iquest;D&oacute;nde ponemos la frontera cuando la persona que tengo enfrente es racializada, cuando ha cruzado un oc&eacute;ano, cuando ha sido v&iacute;ctima de violencia machista, de abusos sexuales, cuando vive con su familia con apenas 400 euros mensuales, cuando trabaja 14 horas al d&iacute;a para cobrar el salario m&iacute;nimo? &iquest;Cu&aacute;nto anteponer el autocuidado en las interacciones cuando las otras, que somos o hemos sido muchas, no tienen ni siquiera la posibilidad de plantearse qu&eacute; es esto de la autoestima porque est&aacute;n (l&oacute;gicamente) centradas en sobrevivir? 
    </p><p class="article-text">
        A veces perdemos la perspectiva de que hay personas con las que nos relacionamos que han tenido un recorrido vital totalmente diferente al nuestro por diferentes injusticias estructurales y, por tanto, van a mantener una relaci&oacute;n distinta con ciertas emociones como el enfado, la rabia, la tristeza, la frustraci&oacute;n o el abatimiento.&nbsp;No digo que haya que justificar cualquier comportamiento bas&aacute;ndonos en las vivencias complicadas de la gente, pero s&iacute; creo que es posible dejar un poco a un lado ese autocuidado omnipresente y ejercitar la comprensi&oacute;n, la empat&iacute;a, el apoyo y la generosidad. &iquest;Aunque nos est&eacute;n da&ntilde;ando? Obviamente, no. Si el objetivo hacia el que se enfoca el malestar soy yo, ah&iacute; hablamos de otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Desde que hace un tiempo comenz&oacute; a difundirse la importancia de la salud mental, parece que <a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/09/la-terapeutitzacion-de-la-cultura-menstrual/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ir a terapia es algo extendido</a> y que debiera ser necesario y asequible para todas. S&iacute;, la terapia psicol&oacute;gica ayuda mucho, qu&eacute; duda cabe, te ofrece herramientas y recursos que tus amistades no van a saber ofrecerte. Pero tambi&eacute;n ayuda pensar, reflexionar, hacer el esfuerzo por entender. Tomarse tiempo para parar y analizar las situaciones. Debatir, argumentar junto a otras te abre tambi&eacute;n exuberantes caminos.
    </p><p class="article-text">
        Creo que en esta v&iacute;a del autocuidado a veces se nos olvida algo importante. <a href="https://www.pikaramagazine.com/2021/02/la-epidemia-del-fitness-y-la-comida-sana-cuando-lo-saludable-afecta-la-salud/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Convi&eacute;rtete en la mejor versi&oacute;n de ti&rdquo;</a>, nos dice la llamada psicolog&iacute;a positiva. Pero la mejor versi&oacute;n de ti nunca florece &uacute;nicamente de tu persona, sino que es junto a la comunidad donde brota. Y, adem&aacute;s, &iquest;la mejor versi&oacute;n de ti para qu&eacute;? &iquest;No somos seres tendentes a lo colectivo? &iquest;De qu&eacute; me sirve una b&uacute;squeda de la felicidad individualista si quienes tengo cerca conviven diariamente con un malestar arraigado en lo social? Quiz&aacute; todo ser&iacute;a m&aacute;s sencillo si, en lugar de centrarnos todo el tiempo en el Yo absoluto y depredador, intent&aacute;semos ser la mejor versi&oacute;n de nuestras personas interactuando con el mundo y con las otras. Sembrar, regar y cuidar para conseguir cosecha pero, sobre todo, para compartirla. &nbsp;As&iacute; no habr&aacute; temporal que pueda estropearla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Esmeralda R. Vaquero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/cuidado-autocuidado_132_9672417.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Nov 2022 05:01:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuidado con tanto autocuidado]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fordismo familiar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/fordismo-familiar_132_9652039.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e612ad08-9d36-47c5-8739-77ba4704b40f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fordismo familiar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A la clase alta le gusta que el orden se mantenga. Por eso, la producción de personas en estas familias se da en serie: mismos valores, estética, dineros, títulos nobiliarios y empresas, por los siglos de los siglos</p><p class="subtitle">El cabello y el maltrato materno</p></div><p class="article-text">
        Hace un tiempo, haciendo <a href="https://www.pikaramagazine.com/2022/09/creatividad-feminista-para-la-organizacion-biosindical/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un reportaje sobre feminismo sindicalista</a>, escrib&iacute; a Jule Goikoetxea para hacerle unas preguntas. Me respondi&oacute; con un audio de una media hora que era una clase magistral. Creo que si lee esto le dar&aacute; pudor, porque en su d&iacute;a me advirti&oacute; de la chapa que me hab&iacute;a metido. Pero para nada. Era una lecci&oacute;n sobre el papel que tienen las mujeres en la cadena de producci&oacute;n. Perd&iacute; el audio, pero me qued&eacute;, entre otras, con esta frase: &ldquo;Las feministas materialistas reconceptualizamos la producci&oacute;n para hablar de producci&oacute;n de sujetos, las mujeres producen hombres y mujeres modernos, y eso las construye como clase social. Es la producci&oacute;n biopol&iacute;tica que las feministas decoloniales tambi&eacute;n han estudiado mucho, c&oacute;mo se producen los sujetos modernos occidentales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta producci&oacute;n de sujetos se hace, en la actualidad y al menos en occidente, de acuerdo con un modelo productivo, a saber, el de construir sujetos que trabajan, que producen. Y tambi&eacute;n de acuerdo al g&eacute;nero, clase y raza. Se crean sujetos con determinados rasgos, masculinos o femeninos, y otras tantas normas sociales que nos configuran de acuerdo con lo que se espera de nosotras.
    </p><p class="article-text">
        En el libro <em>El tecnofeminismo</em> (creo que he contado esta an&eacute;cdota cien veces, pero es muy ilustrativa), la soci&oacute;loga Judy Wajcman ilustra con el ejemplo del microondas c&oacute;mo se configuran las tecnolog&iacute;as. El microondas fue un aparato ideado por hombres para preparar los alimentos de los submarinos de la marina estadounidense. Al lanzarlo al mercado dom&eacute;stico se hizo pensando en hombres solteros y se colocaron junto a los televisores y lo que llamar&iacute;amos tecnolog&iacute;a de gama alta, o <em>hightech</em>, depende de si estamos m&aacute;s o menos con el <em>Falc&oacute; </em>subido o no.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.timetoast.com/timelines/origen-e-historia-del-horno-microondas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Me imagino esos microondas</a> como aparatos sobrios de l&iacute;neas rectas y unos mandos que recuerdan a los de un coche. Algo similar a los anuncios de afeitado para ellos, donde las cuchillas se agarran a la piel como las ruedas de un Audi a la carretera, para un &ldquo;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=GRF0Y9XXCXE" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">apurado perfecto y sin irritaciones con Precision System 6</a>&rdquo;, lo cual debe ser muy distinto a esa &ldquo;piel suave sin dolor ni pringues&rdquo; <a href="https://www.youtube.com/watch?v=X8vF9FVHZRM" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que luce una chica venus</a>. El caso es que, tuvieran la idea que tuvieran quienes lanzaron los microondas al mercado, fueron las mujeres que trabajaban fuera y dentro del hogar quienes tuvieron la osad&iacute;a de comprar un producto de gama alta tecnol&oacute;gica para poder cocinar rapidito y alimentar a la prole en el tiempo m&iacute;nimo. Y entonces el microondas pas&oacute; a estar en la secci&oacute;n de electrodom&eacute;sticos y a entrar en el tipo de maquinaria del sector del trabajo del hogar. La reflexi&oacute;n de Wajcman es que la tecnolog&iacute;a, aunque haya sido creada por hombres blancos y lo que siga, no se termina con el primer prototipo, sino que se va configurando a medida de quienes la usan. El mercado adapta esa tecnolog&iacute;a para venderla, claro. Y ah&iacute; es donde las mujeres han intervenido, tambi&eacute;n, en el desarrollo tecnol&oacute;gico en las sociedades modernas.
    </p><p class="article-text">
        Con la producci&oacute;n de personas me imagino un poco lo mismo. Las mujeres se ponen a crear sujetos modernos, como dice Goikoetxea, para que puedan producir, y claro, ah&iacute; entra toda la mierda, porque<strong> </strong>la burocracia y complicaci&oacute;n del sistema acaban convirtiendo el microondas en combi con horno, grill y limpieza pirol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Para que los hombres sean buenos directivos, obreros, etc&eacute;tera, deben tener claro su g&eacute;nero y su clase. Ya s&eacute; que esto no es matem&aacute;tica, porque hay hijos de obrero de la construcci&oacute;n que acaban siendo peluqueros o vistiendo a diario trajes de Zara para ir en metro a trabajar sus 15 horas diarias a una consultora multinacional. Tambi&eacute;n hijas de trabajadoras del hogar que exponen obras en galer&iacute;as independientes o son programadoras en una gran empresa. Pero este tipo de l&oacute;gicas de cambio dentro de las familias, esto que toda familia obrera quiere para su prole -que vivan mejor y con trabajos menos duros-,<strong> </strong>son l&oacute;gicas disruptivas que al capitalismo no le encantan. Le gustan como modelo aspiracional para que te dejes la vida en el trabajo pero, ya sabemos que, si las aspiraciones de la clase obrera se cumplieran, los n&uacute;meros de la clase alta no dar&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        Y por eso a esta clase no le gusta mucho lo disruptivo. Su modelo de producci&oacute;n de sujetos es m&aacute;s bien de un fordismo familiar f&eacute;rreo que lleva a la reproducci&oacute;n en serie de los mismos modelos dentro de las mismas familias por generaciones. Los clanes de apellidos compuestos y con guiones son un ejemplo. Las herencias son la forma de perpetuidad, y no digamos las empresas familiares o, m&aacute;s a&uacute;n, los t&iacute;tulos nobiliarios. Las familias basadas en sagas profesionales tambi&eacute;n, aunque vayan un pasito por detr&aacute;s de los amancios y las preyslers. Medicina, abogac&iacute;a, arquitectura, pol&iacute;tica y cosas as&iacute; son profesiones de familia. De clanes. Pero cuando se lanza al mercado esta idea, pasa como con el microondas, que el uso que se hace de estas personas va configurando y perfeccionando el prototipo de sujeto a producir. Y, como las mujeres son las que producen esos sujetos, acaban apropi&aacute;ndose de esa producci&oacute;n como del microondas. Y pasa tambi&eacute;n que, entonces, las mater familia de sagas fordistas se ven acopl&aacute;ndose como pueden para que la cadena siga funcionando, porque es su deber. Eso s&iacute;, muchas veces la producci&oacute;n no est&aacute; del todo bajo su mano: hay cuidadoras, internas, trabajadoras del hogar que quiz&aacute; puedan meter baza en esto de la crianza. Pero son las mater familias las que velan por que contin&uacute;e la serie.
    </p><p class="article-text">
        Me baso en varias historias reales -de terror-. Las c&aacute;balas de una madre de familia numerosa actual, en la treintena y viviendo en Madrid, para conseguir que a sus hijos e hijas les aceptaran en el mismo colegio con cach&eacute; en el que hab&iacute;a estudiado su marido, el padre de las criaturas, y antes que &eacute;l el padre de este. Hab&iacute;a que rascar puntos por aqu&iacute; y por all&aacute; bas&aacute;ndose en aparcar el coche tres veces por semana en una calle situada en el per&iacute;metro de no m&aacute;s de 200 metros del centro, hacer la compra en al menos tres tiendas del barrio y vivir a no m&aacute;s de un kil&oacute;metro. Estoy exagerando, s&iacute;, pero los logaritmos que esa mujer ten&iacute;a que resolver para poder continuar fabricando el mismo prototipo una y otra vez no los resolv&iacute;a ni ning&uacute;n electrodom&eacute;stico dise&ntilde;ado para facilitar el trabajo del hogar. Otro ejemplo: padre de familia, pol&iacute;tico y arquitecto. Que las ni&ntilde;as no le salieran por la rama de la construcci&oacute;n le dio m&aacute;s igual -al fin y al cabo, eran chicas y se dedicaron a la comunicaci&oacute;n-, pero que no votaran al mismo partido que la familia era una traici&oacute;n, y as&iacute; lo dej&oacute; claro la madre. Aquello introduc&iacute;a un eslab&oacute;n roto de la cadena que estropeaba toda la producci&oacute;n fordista de aquella familia. Y no digamos ya que te salga un hijo maric&oacute;n, y si encima eres del opus muy opus o del yunque o suced&aacute;neos, el acab&oacute;se. O que la ni&ntilde;a se corte el pelo &ldquo;a lo chico&rdquo; o se tat&uacute;e algo. Algo tan simple puede servir, a veces, para dar un disgusto a una familia fordista y hacer saltar por los aires la producci&oacute;n. Y junta las rodillas al sentarte, ni&ntilde;a, y ponte la camisa por dentro del pantal&oacute;n, chaval, y no digas palabrotas ni gesticules tanto, bonita; y no seas tan amanerado, ni&ntilde;o. Y todos los detalles y frustraciones, anhelos y expectativas que se nos puedan ocurrir.
    </p><p class="article-text">
        En las pelis yankis el fordismo familiar lo ilustra muy bien la obsesi&oacute;n por que los hijos e hijas vayan a la misma universidad que el padre/madre, de la Ivy League, claro, porque si no para qu&eacute;. Universidades privadas de entre las mejores del mundo, seg&uacute;n aseguran los rankings del imperialismo. La obsesi&oacute;n se puede trasladar incluso a que se enrolen en la misma fraternidad o sororidad que sus progenitores, donde pasar&aacute;n los mismos ritos de iniciaci&oacute;n y aprender&aacute;n los mismos c&oacute;digos perennes.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo es claro: es necesario que esas personas perpet&uacute;en las relaciones y los contactos que interesan. Hay que mantener el estatus. Y m&aacute;s all&aacute;, si la ni&ntilde;a tiene que tocar el piano y hacer ball&eacute; y hablar ingl&eacute;s, y el ni&ntilde;o a la h&iacute;pica y al barco y al club de golf que ya se tomar&aacute; un whisky si no se le da bien el palo, pues se fuerza y punto. Mi compa&ntilde;era Tamia Quima, que tiene una mentalidad m&aacute;s empresarial que yo porque para eso existe la especializaci&oacute;n del trabajo, me dice que le gusta el concepto porque el fordismo reduce los tiempos de producci&oacute;n de una empresa, y tambi&eacute;n los de producci&oacute;n de una persona -a&ntilde;adir&iacute;a yo- porque as&iacute; no tienes que plantearte entender mucho a tu hija: tu hija es como t&uacute;, ya est&aacute;. Pero al mismo tiempo, dice Quima, implica que la sociedad se cree a base de familias iguales, ancladas a los mismos pensamientos y con los mismos valores perpetu&aacute;ndose, bloqueando la diversidad y el debate: &ldquo;En las redes sociales, por ejemplo, nos est&aacute;n vendiendo esa idea: familias en serie, la mujer perfecta que es madre, va a misa y tiene un buen marido&rdquo;. Y de ah&iacute; que las presiones de la clase alta por perpetuarse est&eacute;n contrapuestas a la aspiraci&oacute;n de la clase obrera por mejorar. Unas veces lo hace imitando los patrones del sujeto producido por el fordismo, pr&aacute;ctica que no suele tener mucho recorrido m&aacute;s all&aacute; de vestir como el enemigo, pero de Inditex. Otras veces, el camino para lograrlo es con conciencia de clase, reivindicaciones en favor de lo p&uacute;blico y lucha sindical.
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://tienda.pikaramagazine.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el &uacute;ltimo anuario en papel de </a><a href="https://tienda.pikaramagazine.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pikara Magazine</em></a><a href="https://tienda.pikaramagazine.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>hemos tratado, entre otras cosas, el tema de las familias como concepto amplio: desde el concepto de familia elegida que viene de los movimientos LGTBIQ+ hasta los roles mis&oacute;ginos en los que se ha encajado, por ejemplo, a madrastras y suegras. Porque si hay algo que las feministas queremos romper es el fordismo familiar. Porque oprime, encasill&aacute;ndonos en roles que casi nunca nos encajan.<strong> </strong><a href="https://www.pikaramagazine.com/pikara-magazine-una-familia-de-10/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Queremos familias disruptivas</a>, pero peleamos contra sagas de familias numerosas<strong>.</strong> Aun as&iacute;, somos m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Teresa Villaverde Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/fordismo-familiar_132_9652039.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Oct 2022 04:02:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fordismo familiar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miedo, fachas y 'me too']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/miedo-fachas-too_132_9633125.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d68607c4-9211-4545-b211-8fc80fdf3c1e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miedo, fachas y &#039;me too&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un vídeo viral durante el 12 de octubre, hecho por la plataforma “cultural” de derechas Neos, busca apropiarse del término facha como algo neutro o incluso positivo, utilizando las herramientas del oprimido para reforzar la casa del amo</p></div><p class="article-text">
        En la pasada manifestaci&oacute;n del <em>12 de o</em><span class="highlight" style="--color:white;"><em>ctubre, nada que celebrar,</em></span> en Madrid, me dijo Gabriela Wiener: &ldquo;La verdad es que yo tengo miedo&rdquo;. Mir&eacute; sus ojos y supe exactamente de qu&eacute; me estaba hablando, porque en ellos ve&iacute;a mi propio miedo. Est&aacute;bamos cerca de la cabecera hablando de lo que &uacute;ltimamente es el tema principal de cada encuentro, cada mesa redonda y cada asamblea, (&uacute;ltimamente desde hace algunos a&ntilde;os ya): el auge del fascismo. El lugar cada vez m&aacute;s grande que ocupa la ultraderecha en nuestras vidas y la forma en la que disputan el relato pol&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Ya no nos basta con decir, desde nuestras vidas de mujeres migrantes, racializadas y bibolleras, que para nosotras el miedo no es nada nuevo, porque la violencia sobre nuestros cuerpos y el peligro en las calles de la blanca Europa se instal&oacute; sobre nuestras cabezas como la espada de Damocles en cuanto pusimos pie en suelo espa&ntilde;ol. Ya no podemos apelar a nuestras compa&ntilde;eras blancas dici&eacute;ndoles que lo que ellas sienten con cada amenaza de violaci&oacute;n nosotras lo sentimos casi cada vez que salimos a las calles por triplicado. Porque cada vez tenemos m&aacute;s miedo. Un miedo profundo y antiguo pero renovado, porque nunca antes hab&iacute;a visto en redes ni escuchado en las calles a cualquier persona de a pie decir con total naturalidad &ldquo;soy facha&rdquo;. Nunca ser facha estuvo tan de moda y, si no, que le pregunten a la presidenta de la Comunidad de Madrid. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la RAE, <span class="highlight" style="--color:white;">facha se define como &ldquo;acortamiento del italiano fascista, adjetivo despectivo y coloquial&rdquo;. El Oxford</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">Languages agrega que es &ldquo;una persona o cosa muy fea, rid&iacute;cula o extravagante&rdquo;. En el Mar&iacute;a Moliner, fascista se describe como &ldquo;de ideolog&iacute;a ultraderechista&rdquo;. Lo cierto es que en los tiempos que corren cada vez son menos las personas que se ofenden cuando se les llama facha. &iquest;Ser&aacute; que el insulto ha perdido su contenido despectivo para pasar a ser una mera adjetivaci&oacute;n neutra? O, y&eacute;ndonos a lo que parecer&iacute;a extremo, pero no por eso menos real, &iquest;hoy d&iacute;a ser facha es motivo de orgullo? </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Un par de d&iacute;as antes del 12 de octubre la plataforma &ldquo;cultural&rdquo; de derechas</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">Neos, fundada por Mayor Oreja y Rosa D&iacute;ez, comparti&oacute; un v&iacute;deo llamando a reivindicar el &ldquo;orgullo facha&rdquo;. Es un v&iacute;deo que cae en todos y cada uno de los t&oacute;picos nacionalistas, patrioteros, tr&aacute;nsfobos, hom&oacute;fobos y por supuesto xen&oacute;fobos y racistas que se nos puedan ocurrir. Desde que la tortilla es espa&ntilde;ola y la fe de Pelayo en las monta&ntilde;as emociona, hasta recalcar que los fachas son quienes creen en algo &ldquo;tan l&oacute;gico como que el hombre es hombre y la mujer es mujer&rdquo;. Y ah&iacute; est&aacute; el peligro real de este tipo de argumentaciones: que disfrazan falacias de ideas l&oacute;gicas y sencillas y as&iacute; de f&aacute;cil se cae en la trampa de afirmar que, hagas lo que hagas, te van a llamar facha. Y que, por eso, la respuesta debe ser, en pocas palabras, hacer lo que te d&eacute; la gana, dejar de preocuparte por las implicaciones pol&iacute;ticas y &eacute;ticas que tiene ser reconocido como ultraderechista en un pa&iacute;s que se supone democr&aacute;tico: &ldquo;S&eacute; libre&hellip; Total, ya eres un facha&rdquo;, concluye.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">As&iacute; se normaliza la violencia de los discursos de odio propagados ya no solo por la ultraderecha, sino por cualquier persona que m&iacute;nimamente se pueda llegar a identificar, sin ning&uacute;n tipo de reflexi&oacute;n, con alguno de los t&oacute;picos del v&iacute;deo. No hace falta votar a Vox, ni dar de hostias a inmigrantes para sentirse orgulloso de la Historia de Espa&ntilde;a. Sin embargo, de este &ldquo;orgullo&rdquo; a las agresiones racistas y lgtbif&oacute;bicas solo hay un paso, una delgada l&iacute;nea que en cuesti&oacute;n de segundos puede ser cruzada. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Est&aacute; claro que el v&iacute;deo intenta utilizar la estrategia de &ldquo;reapropiaci&oacute;n del insulto&rdquo;, algo que desde la comunidad LGTBIQ+ hemos hecho durante d&eacute;cadas para subvertir el orden heteronormativo, como forma de resistencia y de reivindicaci&oacute;n de nuestros derechos. Sucedi&oacute; con &ldquo;marica&rdquo; y &ldquo;bollera&rdquo;, lo mismo que con el tri&aacute;ngulo rosa de los campos de exterminio nazis. El lenguaje, con ese poder de arrastre que tiene, nos ha permitido dotar de un nuevo significado a los s&iacute;mbolos que nacen del odio. La gran diferencia entre las formas de resistencia de las oprimidas y el burdo intento de resignificar facha con la intenci&oacute;n de neutralizarlo est&aacute; en que lo que el &ldquo;orgullo facha&rdquo; reivindica es ese mismo odio al que nosotras resistimos. Reivindica un lugar de privilegio colonial en el entramado social. No habla desde la subalternidad, sino desde el intento de construir hegemon&iacute;a a trav&eacute;s de la violencia y el ejercicio desmedido del poder. Es tan absurdo como la idea del racismo inverso. Desde el supremacismo blanco solo se puede ocupar un lugar: el del opresor.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El 12 de octubre, mal llamado D&iacute;a de la Hispanidad, ya que desde 1987 oficialmente prescinde de dicha denominaci&oacute;n para ser simplemente el &ldquo;D&iacute;a de la Fiesta Nacional de Espa&ntilde;a&rdquo;, Isabel D&iacute;az Ayuso, quien en campa&ntilde;a electoral pusiera ya de moda la palabra &ldquo;libertad&rdquo;, vaci&aacute;ndola de contenido, viraliz&oacute; el v&iacute;deo al sumarse con un escueto pero expl&iacute;cito y perverso </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>me too</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> al hashtag #eresfacha. Su &ldquo;salida del armario facha&rdquo; fue celebrada con casi dos millones de visualizaciones y 4.000 comentarios aprobatorios.</span>
    </p><p class="article-text">
        El <em>me too</em> de Isabel D&iacute;az Ayuso no es inocente, ataca e interpela directamente a las feministas, a quienes en mayo de este a&ntilde;o nos llam&oacute; malcriadas por exigir una vida libre de violencia. Utilizar un hashtag que surgi&oacute; para denunciar las agresiones sexuales del productor Harvey Weinstein y que en poco tiempo se convirti&oacute; en un movimiento global de visibilizaci&oacute;n de las condiciones permanentes de acoso sexual en las que vivimos las mujeres es, como poco, perverso. D&aacute;ndole la vuelta a la frase de Audre Lorde: usa las herramientas del oprimido para reforzar los pilares de la casa del amo.
    </p><p class="article-text">
        Lo preocupante de todo esto, de v&iacute;deos como el de &ldquo;orgullo facha&rdquo;, de declaraciones como las de D&iacute;az Ayuso y de su viralidad en redes, es que tienen un correlato en la realidad, que son la narrativa de algo que lleva ya a&ntilde;os sucediendo: la fascistizaci&oacute;n de amplios sectores de la sociedad civil a trav&eacute;s de estrategias que a primera vista parecen poco originales y un poco chuscas, pero que son muy efectivas. Nos toca pensar y poner en pr&aacute;ctica respuestas, tanto desde las redes como desde las calles y los barrios. Construir contranarrativas, ganar el relato pol&iacute;tico. Y s&iacute;, tambi&eacute;n aprender a vivir con miedo.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de una semana dec&iacute;a Bel&eacute;n Gopegui en una mesa redonda que el miedo moviliza, que fortalece las comunidades. El miedo es lo que nos permite estar alerta y necesitamos estarlo porque la valent&iacute;a se hace con miedo. Dec&iacute;a tambi&eacute;n que estamos en un momento de llamada a la movilizaci&oacute;n, de planificar respuestas. Un momento en que lo que venga, deber&aacute; pillarnos organizadas. Yo, mientras escribo esto, pienso acompa&ntilde;ada que, incluso en los peores momentos, con el miedo en el cuerpo, siempre hay una forma de ser subversivas, peligrosas. Ser nosotras mismas sin morir en el intento. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tatiana Romero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/miedo-fachas-too_132_9633125.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Oct 2022 04:00:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Miedo, fachas y 'me too']]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hoy mi madre está luchando en mi tierra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/pikara/hoy-madre-luchando-tierra_132_9614230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/faae918b-014d-4a20-9e7d-eee73ffc28e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1057928.jpg" width="864" height="486" alt="Hoy mi madre está luchando en mi tierra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Celebrar el día de la hispanidad es como si los nazis celebraran el Holocausto; quizá esto sí les duela, porque las personas judías eran blancas.</p><p class="subtitle">Gabriela Wiener: “El migrante es como el buen salvaje, interesa para demostrar el éxito del proyecto civilizador”</p></div><p class="article-text">
        Me convoca el amor, la esperanza y la digna rabia, me convocan mis ancestras, me convoca la libertad para romper las cadenas del orden colonial vigente hasta el d&iacute;a de hoy, ese pensamiento que est&aacute; instaurado en lo m&aacute;s profundo del Reino, donde su poblaci&oacute;n sigue pensando con firmeza y en voz alta que civilizaciones que hab&iacute;amos ya desarrollado complejidades cosmog&oacute;nicas nos convertimos en gentes cuando nos &ldquo;descubrieron&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Desde los mitos del pensamiento m&aacute;gico, siempre he tratado de entender qu&eacute; fue lo que descubrieron y cu&aacute;l seg&uacute;n ellos es el favor que nos hicieron. Ahora que estoy exiliada, vivo en el Reino de Espa&ntilde;a. S&iacute;, aunque no lo crean y en pleno siglo XXI, vivo en un Reino. Para las mentes colonizadas esto podr&iacute;a ser sin duda todo un sue&ntilde;o, para m&iacute; es el dolor de venir a una tierra que hasta hoy sigue construyendo sus privilegios a costa de &ldquo;los salvajes que descubrieron&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero no es de mi exilio de lo que vengo a hablar en esta ocasi&oacute;n, eso lo har&eacute; en otra columna si <em>Pikara Magazine</em> me deja seguir escribiendo despu&eacute;s de este texto. Mientras hice mi primera parada en el periplo de mi destierro, sin muchas expectativas, pero con mucho inter&eacute;s, fui a ese museo que es una vulgar muestra del expolio en &ldquo;Am&eacute;rica&rdquo;. M&aacute;s que por inter&eacute;s fui por voyerista, por poder ver c&oacute;mo nos retrataban y quiz&aacute;s, con eso, entender un poco mejor el pensamiento de este territorio. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y, para decirles la verdad, mis expectativas fueron superadas. Esperaba algo no solo mejor curado sino m&aacute;s contundente. Me pareci&oacute; un ejemplo vulgar y c&iacute;nico de la forma en la nos ven y nos siguen viendo hasta hoy. En realidad, cuando ves una especie de comics de bestias fant&aacute;sticas en las paredes no imaginas que es la forma en la nos retrataron a nosotros, a las habitantes de Abya Yala y de las tierras a las que les dieron el honor de &ldquo;colonizar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entend&iacute; por qu&eacute; en lugar de sentir verg&uuml;enza los habitantes del Reino celebran c&oacute;mo, gracias a cristianizar unas bestias salvajes, se hicieron ricos o, al menos, as&iacute; fue para una elite que sigue al frente. Hay mucha gente del Reino que, en voz alta y en p&uacute;blico, dice que les debemos la vida, que el 12 de octubre se celebra el d&iacute;a de la &ldquo;raza&rdquo; o de la hispanidad. Para nosotras, las indias rebeldes, es un d&iacute;a de resistencia y de reivindicaci&oacute;n del genocidio que iniciaron y sigue&nbsp;vigente hasta hoy. 
    </p><p class="article-text">
        El 12 de octubre reivindico a mis ancestras y ancestros, conmemoro la lucha de nuestros pueblos por la libertad y la emancipaci&oacute;n de la esclavitud, dignifico con mi existencia la continuidad de la lucha de mis ancestras en medio del racismo y el odio, en medio de la ignorancia vulgar, en medio de la estupidez humana. Hoy, con la frente en alto, gritamos libertad.
    </p><p class="article-text">
        No queremos inclusi&oacute;n ni reconocimiento, no queremos premios ni conciertos, no queremos banquetes en nombre de la ignomia, no queremos m&aacute;s ese racismo disfrazado de fiesta y del encuentro de &ldquo;culturas&rdquo; como pueden seguir pensando con el pensamiento de la colonia. Este 12 de octubre que celebre tu madre, porque la m&iacute;a est&aacute; luchando en mi tierra.
    </p><p class="article-text">
        Conmemorar el 12 de octubre es como si los nazis, cientos de a&ntilde;os despu&eacute;s del holocausto, celebraran el intercambio de dos culturas. Quiz&aacute;s esto si les duela en la comparaci&oacute;n, porque la mayor&iacute;a de las personas jud&iacute;as fueron blancas. En cambio, como los indios eran animales, eso hay que celebrarlo. Para no herir la fragilidad blanca de nadie me detengo ac&aacute; en las comparaciones y no se vayan a herir susceptibilidades.
    </p><p class="article-text">
        Abya Yala est&aacute; de pie y es en el coraz&oacute;n del continente donde se forjan y ocurren los mundos posibles, es en medio de la imaginaci&oacute;n y del futuro ind&iacute;gena que seguimos poniendo las alternativas a la destrucci&oacute;n clim&aacute;tica, a las formas de vida que, a partir del exceso y las desigualdades, gobiernan el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        En medio del consumo excesivo, en medio de que la gente viva con precio, en medio de que cuanto m&aacute;s tengas m&aacute;s vales, hay otras formas de vivir que no se construyen a partir del despojo. Solo quiz&aacute;s hay que descolonizar los cuerpos, los sentimientos, los pensamientos. Abrir las mentes. El 12 de octubre no hay nada que celebrar. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucia Ixchiu]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Oct 2022 19:30:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hoy mi madre está luchando en mi tierra]]></media:title>
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