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Lucía Martínez Odriozola

Soy periodista, profesora de Periodismo en la UPV-EHU y una de las fundadoras de Pikara Magazine. Se me han muerto algunos medios, pero ya no me siento huérfana.

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Heridos de muerte

Parte de daños: A un periodista de Antxeta Irratia (una emisora de radio de la comarca del Bidasoa) le quitaron el móvil, su herramienta de trabajo; a otro de El Diario Vasco (Grupo Vocento) intentaron arrebatarle la cámara; a los de EiTB (radiotelevisión pública vasca) les insultaron; al de Berria (diario impreso en euskera) le taparon la cámara... Diez días antes, un periodista de Telemadrid fue agredido mientras grababa una imágenes.

Los escenarios fueron muy distintos. Al cámara de la televisión madrileña lo agredieron en Barcelona mientras cubría una concentración; las agresiones a profesionales vascos se produjeron en Hondarribia (Gipuzkoa) en el trascurso del Alarde, una fiesta que viene celebrándose cada 8 de septiembre desde el siglo XVII.

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Mejor bien acompañada que sola

Santurtzi es una población de 45.000 habitantes en la provincia de Bizkaia que este fin de semana ha celebrado las fiestas patronales: la virgen del Carmen. La DYA estableció una carpa en el recinto festivo e hizo un ofrecimiento a las mujeres que lo desearan de acompañarlas a casa para evitar agresiones sexuales. En tres noches, de viernes a domingo, el personal voluntario acompañó a 84 hasta sus domicilios; la mayoría, menores de edad. El acompañamiento fue, sobre todo, a pie y a las zonas altas del pueblo, de noche, poco transitadas. La medida ha resultado polémica, pero efectiva: según fuentes municipales, no se ha registrado ninguna denuncia por agresión sexual.

Vivimos en una sociedad en la que la compañía de un hombre da seguridad a las mujeres porque la presencia de otro supone una amenaza: ¡Qué cosa!, ¿verdad? La periodista y feminista Irantzu Varela lo suele preguntar en sus talleres: "Si una noche caminas sola por la calle y oyes pasos a tu espalda… ¿Qué sientes?". "¿Y si es una mujer?". La respuesta suele ser: "Alivio". Mis amigas me hablan de diferentes estrategias: caminar por el centro de la calle; hacer rutas más largas, pero mejor iluminadas; hablar por el móvil con alguien de confianza; colocar las llaves entre los nudillos a modo de puño americano; aprender algunas técnicas de autodefensa… Pregunte usted y complete la lista. Y si es varón, pregúntese qué puede hacer para no provocar miedo cuando de noche camina tras una mujer sola. Por ejemplo, cambiar de acera y adelantarla.

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Sin pelos en la lengua ni en las axilas

Hace unos años entrevisté a una prostituta. Nos citó en un apartamento cercano a la calle San Francisco, en Bilbao. Era una vivienda menuda que usaba solamente para recibir a sus clientes. El fotógrafo que me acompañó y yo nos sorprendimos mucho de su actitud colaborativa y de algunas cosas que nos dijo. Por ejemplo, que no se depilaba las axilas ni el pubis porque a sus clientes les gustaba con pelos, les ponía. Este es el recuerdo que se me ha venido a la cabeza al leer la noticia de que Amaia Romero, la ganadora de Operación Triunfo, se ha rebelado contra la decisión de TVE de fotoshopear una fotografía suya en la que aparecía con un poquito de vello en las axilas. Antes de distribuirla, se los borraron, no sea que pareciera un ser humano normal. Ella, antes de estampar el autógrafo sobre la foto, dibujó unas líneas negras en la axila, como quien le pone bigote a un retrato.

El caso es que, durante las emisiones del programa, Romero ya se había manifestado contraria a la depilación. En una conversación con una de sus compañeras, Aitana, le aseguró que no tenía intención de depilarse las piernas: “Las mujeres también tenemos pelo”. En TVE lo sabían, podrían haber respetado su decisión, pero les pareció mejor difundir una imagen idílica y nada real de la mujer con la que se proponen hacer negocio. No sea que por unos pelillos se vendan menos discos. Y no sea que las jóvenes que la admiran sigan sus pasos y se imponga esa cosa de que las mujeres no se depilen los sobacos, vamosombre, semejante guarrerío.

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El estruendo de las voces por la igualdad

A principios de año, recibí una propuesta de participación en una encuesta pública para designar el ‘vasco del año’. Paso por alto lo poco inclusivo del nombre. La invitación se refería tanto a la propuesta de nombres como a la votación posterior. Entre los vascos, solamente un nombre era de mujer y, además, del ámbito deportivo. El ‘además’ tiene su origen en que el deporte, junto a la política y la economía, es uno de esos tres ámbitos más y mejor atendidos por los medios de comunicación –¿es necesario decir que marcan e imponen la agenda?-. Mientras, el resto de los muchos problemas sociales queda muy fuera de foco.

Si los intereses de los medios están tan focalizados en la política, la economía y el deporte, no es extraño que los nombres de agentes de otros ámbitos no suenen de nada e, incluso, sean personas absolutamente desconocidas. Por descontado que un 20% de presencia femenina resulta inaceptable para cualquier persona que tenga un mínimo interés por la igualdad entre los seres humanos. La suma de la baja presencia de mujeres unida a los temas de siempre me produce tal desgana que, si en ese instante, hubiera caído una pluma de ave, su estruendo me habría distraído.

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Ante la duda, a favor de la víctima

El último día de octubre, una joven de 24 años fue encontrada inconsciente y en estado de hipotermia en Irún (Gipuzkoa). La cosa pintaba fatal porque estaba maniatada y amordazada y la Ertzaintza abrió una investigación para determinar lo sucedido. Dos días después, la consejera de Seguridad del Gobierno vasco informó a los medios de que no se descartaba nada, ni la violencia machista, y que su estado de salud no permitía tomarle declaración.

Algún medio de comunicación llegó a publicar en qué hospital estaba ingresada, la ubicación de su vivienda, el colegio en el que estudió, la carrera superior cursada y el centro, la organización en que trabaja y dónde; es más, llegó a indicar a cuántas personas dependientes atiende e, incluso, que tiene una “perrita” (sic). No debió de parecerles relevante especificar la raza, el color y el nombre. Después, supimos que la irunesa tiene madre y hermana y que no se había producido agresión alguna.

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Erótica de mucho peso

Donna Simpson, una mujer nacida en Nueva Jersey (Estados Unidos) hace 50 años, tiene una entrada en la wikipedia y un récord Guinness. Su mérito: Haber sido la madre más gorda del mundo en el momento de parir. Pesaba 230 kilos y hubo de ser sometida a una cesárea de alto riesgo. Un equipo de 19 profesionales sanitarios se sumergió entre kilos de grasa para poder extraer a la bebita. Simpson no sufre obesidad mórbida como consecuencia de trastornos hormonales asociados a la tiroides. Que va. Lo de esta mujer es deliberado, perseguido caloría a caloría. Tiene el objetivo de alcanzar los 450 kilos y un aliado para lograrlo: su compañero y padre de su hija, Philippe.

Resulta difícil entender que alguien ponga su salud en juego por un objetivo como ganar kilos por ganarlos, consumiendo cantidades ingentes de alimentos muy calóricos. Pueden encontrarse sus menús en la web, pero aviso de que hay alto riesgo de que se produzca un efecto estomagante en quien los busque. El caso de Philippe y Donna, quien se formó como enfermera, tiene su origen en que obtienen placer sexual en el hecho de que ella gane y gane kilos. En unas declaraciones a un diario estadounidense, él habla de sexapil y ella dice que a Philippe le gusta ponerse encima y jugar con la grasa de su vientre. Lo que obtiene ella parece no tener interés.

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Las mujeres, primero

Hace diez años largos, un grupo de periodistas decidimos presentar una candidatura a la Junta de la asociación vasca de profesionales. Queríamos crear un equipo que integrara a periodistas que desarrollarán tareas muy diversas dentro de la profesión. El proyecto era puro voluntariado. Había una única empleada para las tareas administrativas y el resto tendríamos que dedicar nuestro tiempo sin compensación económica de ningún tipo. Vamos, muy parecido a una oenegé.

Tanteamos a un compañero que trabaja en un gabinete de prensa y su respuesta fue que su esposa no le permitía apuntarse a nada más si no era “como consejero delegado”.

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Feministas y tareas del hogar: esa gran contradicción

Mercadillo de domingo en una ciudad de Levante. Pareja hetero: él tendrá cuarenta y muchos años; ella sigue en la treintena. La escena es hipnótica: él está sentado tras la mesa de los productos a la venta; ella, de pie, lo abanica. A una mente calenturienta como yo, le vienen a la vez dos ideas. Una me habla de la desvergüenza de ese hombre que se deja abanicar por ella de pie y la otra me sugiere que, si es así en público, en el hogar ese hombre no sabe ni dónde se guardan la leche ni las toallas con que se seca.

A principios de junio se hizo público el Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas. Los datos sobre distribución de las tareas domésticas son sorprendentes, pero no porque se haya invertido la línea de que ellas dedican mucho más tiempo al hogar y los cuidados, sino por la gran diferencia de la percepción de hombres y mujeres.

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Deja que una lesbiana se instale en tu vida

"Un día de estos debemos hablar de tu homofobia, Lucía".

Puse cara de interrogación. ¡Mi homofobia!

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Niñas esposadas

El 11 de mayo de 2011 se "abrió a la firma" el Convenio de Estambul, un acuerdo adoptado por el Consejo de Europa para la lucha contra la violencia hacia las mujeres. ‘Abrirse a la firma’ significa que los estados miembros podrían hacerlo cuando conviniera a sus políticas en materia de igualdad. Fueron necesarios 3 años para que lo firmaran el mínimo de 10 estados que exigía el artículo 75 del propio documento. No se dieron mucha prisa.

Una de las novedades de este convenio es que amplía el concepto de 'violencia de género' que en su momento inspiró la Ley Integral aprobada por unanimidad en el Congreso en diciembre de 2014. Una de las formas que adopta la violencia machista, y que se registró en Estambul, son los matrimonios forzosos y así lo planteó Ángeles Carmona, la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género cuando el 15 de febrero compareció ante la subcomisión del Congreso encargada de lograr eso que se ha llamado 'Pacto de Estado contra la violencia de género'. Todo muy rimbombante: grandes nombres para comisiones, subcomisiones, pactos y convenios.

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