Por qué los Hightower de 'La casa del dragón' representan la esencia del mejor 'Juego de tronos'

Es habitual entre los seguidores de La casa del dragón decantarse por el bando de Rhaenyra Targaryen dentro de la guerra civil conocida como la 'Danza de dragones'. No es solo que Rhaenyra sea la protagonista, sino que tiene la legitimidad de su lado (que no la costumbre, pues en los Siete Reinos ninguna mujer se ha sentado en el trono antes que ella). Sufrió una gran injusticia: era la heredera designada por su padre pero, como el pobre Viserys no dejó bien atada la sucesión, le arrebataron el poder. Además, se nos deja claro en repetidas ocasiones que dos de sus medio hermanos, el rey Aegon y el príncipe Aemond, son psicópatas muy peligrosos (aunque después tendrán un interesante desarrollo de personaje).

Como espectadores de la serie de HBO Max, que este próximo lunes emite el final de su tercera temporada, ya es sencillo ir con el bando negro (el de Rhaenyra), sobre todo al final de la primera tanda, cuando a la protagonista le matan a un hijo mientras coronan a Aegon, y no a ella, como nuevo monarca de los Siete Reinos. Al inicio de la segunda temporada, cuando el bando de Rhaenyra comete un brutal asesinato sobre un niño inocente, que se atribuye en parte a una confusión, sentimos por primera vez compasión por el bando de los verdes. Pero se nos disipa pronto, pues siguen liderados por personajes crueles y mezquinos, y no podemos atribuir a Rhaenyra del acto atroz que ha cometido su facción.

En esa segunda temporada, Rhaenyra también consigue más dragones que su bando rival, y pasa a estar en una posición muy ventajosa. Y cuando llega por fin al trono no hace más que evidenciar ese desequilibrio de fuerzas. Rhaenya ha ganado, ¿verdad? Aquí es donde acabarían la mayoría de las historias. Pero en el mundo creado por la imaginación de George R. R. Martin, las cosas no son tan sencillas, ni los finales tan felices. Y, precisamente, dentro del equipo de los verdes surgen nuevos personajes que hacen que por fin nos importe más el destino de este bando.

Daeron nos importa de verdad cuando llega Gwayne Hightower

A título personal, una cosa que no me convencía de la evolución de esta tercera temporada de La casa del dragón (que, en líneas generales, me está encantando) era que, cuando por fin presentaban nuevos personajes a los que se iba a tener que enfrentar Rhaenyra, era difícil que nos importaran. Ormund Hightower se alza como un nuevo y formidable enemigo para la reina, pero pensé que nos lo presentarían con más grises. Que sería un fanático que odia a los Targaryen, sí, pero que quizá buscaba ser justo a su manera, al estilo de Stannis Baratheon. O que querría poner en el trono a Daeron Targaryen no solo por su interés personal (son familia), sino porque genuinamente creía que iba a ser un buen rey para el reino. Sin embargo, deciden hacer de él una figura más cercana a Ramsey Bolton o a Joffrey: un hombre cruel, mezquino, incluso patético… No es que sea unidimensional, porque lo construyen de forma bastante interesante y compleja, pero nos dejan claro que es rematadamente malvado.

Por suerte, Ormund se nos muestra también astuto, a la manera de uno de los mejores personajes de toda la serie: Otto Hightower. Otro personaje egoísta y despiadado, pero que, a la manera de Tywin Lannister en la serie original, nos inspira respeto por su inteligencia y su habilidad política. Ormund sabe jugar al juego de tronos: es capaz de mover las fichas sobre el tablero de modo que consigue ir un par de pasos por delante que la reina, y representa un considerable desafío.

El príncipe Daeron, el último de los hijos de Alicent Hightower, hermanastro de Rhaenyra, es un joven que vive a la sombra de Ormund, que ejerce de alguna forma como un padre controlador y brutal del chico. Del joven se nos ha contado que es buena persona, que se desenvuelve en el combate igual de bien que con la música, que supuestamente ha vivido feliz en la ciudad de Antigua, alejado de todas las intrigas de la corte. Que tiene un vínculo muy especial con su dragona Tessarion, a la que está muy unido. Y que echa de menos a su madre, que lo mando lejos pensando que podría protegerlo, pero no ha sido así. Cuando por fin nos muestran a Daeron en pantalla, se le ve consumido por Ormund, que le martiriza haciéndole negar su naturaleza Targaryen, que le habla con asco y desprecio de su naturaleza Targaryen esa bestia alada a la que el niño tanto quiere. Y, lo que es peor, forzado por Ormund, Daeron comete un acto terrible: el chico no es capaz de oponer resistencia.

Nos muestran todas las habilidades de Daeron, por ejemplo, su astucia, cuando es capaz de ganar a Ormund a una partida de sitrang, una especie de ajedrez creado por los libros de Martin; y también su gran inteligencia emocional cuando es capaz de anticipar cuando Ormund va a tener un berrinche brutal, de modo que puede advertir a algunos de sus criados para que se le alejen de allí a toda cosa. Pero consideraba que, en líneas generales, tener a un Ormund que asume tan abiertamente su condición de villano era, de algún modo, una oportunidad desaprovechada por la serie de tener un bando de oposición a Rhaenyra que demostrara tener algunas virtudes o que diera una sensación general más gris, con más contrastes, sobre todo en un momento en el que la reina dragón está cometiendo una serie de errores políticos y tomando decisiones mezquinas que demuestran que quizá no es, después de todo, una buena gobernante. Porque, por mucho que sintamos compasión hacia Daeron, ya que al final lo están utilizando como un títere para las ambiciones políticas de Ormund, ¿por qué habría de importarnos el destino de su bando, asediado en Ladera, si no nos cae bien de verdad ninguno de aquellos hombres?

Por suerte, la respuesta viene de la mano de Gwayne Hightower. El hermano de Alicent se nos ha desvelado a lo largo de las últimas dos temporadas como un personaje verdaderamente noble y compasivo, sin dejar por ello de ser valiente y un guerrero temible. Es tan inteligente como Otto, pero ni es tan frío ni lo guía la misma ambición que a su padre. Gwayne llega por fin a Ladera en el sexto episodio de la tercera temporada, y revitaliza su bando a ojos de los espectadores. Porque por fin hay alguien con poder en la ciudad que es capaz de plantar cara a Ormund, a pesar de que está obligado a compartir estrategia con él. Gwayne, que es el tío de Daeron, permite mostrar el lado más humano y tierno del chico: le da la posibilidad de que expresar todo el odio que siente hacia Ormund y, sobre todo, hacia cómo esté lo utiliza y le fuerza a hacer cosas horribles en contra de su voluntad. Permite asomarnos al fondo admirable del joven, a su grado de desesperación por no ser capaz de encontrar una salida. Se da la paradoja de que Daeron admite con sinceridad que no quiere ser rey, pero también se nos muestra que, quizá, con el asesoramiento adecuado, podría llegar a ser un gran monarca.

En una escena estupenda, Gwayne se enfrenta a unos asesinos y salva de forma valiente la vida de Daeron y hasta la de un Ormund que tan abiertamente le había despreciado antes. Y los espectadores nos encontramos con que lo estamos celebrando, y eso que era Rhaenyra quien había enviado a los sicarios, también para matar a un joven, esta vez plenamente consciente de lo que hacía. La intervención de Gwayne impide que un personaje tan oscuro y peligroso como Ormund continúe con vida, pero no podemos evitar celebrar esta victoria del bando Hightower (mejor usar ya este término que el de bando de los verdes, pues Aegon y Aemond poco tienen que ver ya con esto).

Gwayne se nos revela como un personaje verdaderamente heroico, y un mentor mucho más saludable y positivo para el chico. Ormund con sus tramas y artimañas consigue nivelar la balanza de poder con el bando de Rhaenyra; pero son Gwayne y Daeron, al importarnos ya plenamente como personajes, al sentir simpatía por ellos, los que nos dan una razón para que nos preocupe su destino ante la ya casi inevitable batalla que tendrá lugar en Ladera.

El recuerdo de Aguasnegras

Es toda esta trama de los Hightower la que me parece que ha entendido la esencia de lo mejor de Juego de tronos, en mi opinión: no poner fácil elegir bando. Que veas que puede haber héroes y villanos en los dos lados. Y mostrar que mucha gente es capaz de lo mejor y de lo peor en función de las circunstancias, como señala el personaje de Tyland Lannister en La casa del dragón. En la serie original, la mayoría de los espectadores iban con los Stark, y desde el final de la primera temporada, los acompañaban en su deseo de venganza y de salir adelante. Sin embargo, con el tiempo, a muchos nos encandilaban también los Lannister, que en principio eran los principales enemigos de los protagonistas.

En el que para mí es uno de los mejores capítulos de todo el universo de Juego de tronos, titulado Aguasnegras, el clímax de la segunda temporada (que se basa, a su vez, en el segundo libro de la saga de Martin, Choque de reyes), nos encontramos con una batalla a las puertas de la capital, en la que el rey Stannis quiere derrocar al infame rey niño Joffrey Baratheon (Joffrey Lannister, más bien). Recordemos fue Ned Stark quien, de alguna forma, encargo esa misión a Stannis poco antes de su ejecución, pues le consideraba el legítimo rey de Poniente.

Ese episodio, escrito para la televisión por el propio George R. R. Martin, no nos pone fácil decidir cómo queremos que acabe la batalla. A pesar de todo el odio que como espectadores sentimos hacia Joffrey, sabemos que Stannis es también brutal, y que el pueblo llano va a sufrir mucho si sus hombres, mercenarios y piratas toman Desembarco del Rey. Además, de mano del rey Joffrey tenemos a Tyrion Lannister, un personaje astuto que sabe cómo defender la ciudad y que procura poner en su sitio y limitar las crueldades de niño rey, a pesar de que él mismo es el blanco de muchas de ellas. Junto a Stannis tenemos a Davos Seaworth, probablemente uno de los hombres más leales y humildes de los Siete Reinos. Es decir, al lado de cada una de estas dos figuras de poder, una cuestionable y la otra directamente horripilante, nos pone a otros personajes que nos importan, con grandes virtudes.

Además, para volverlo todavía todo un poco más difícil, Martin nos deja claro que, si los hombres de Stannis toman la capital, Cersei Lannister va a matar a Sansa Stark. Vamos, que si gana la batalla el bando al que apoyó el patriarca de los Stark, esa victoria se va a cobrar la propia vida de la hija mayor de Ned. De modo que casi respiramos aliviados cuando, a pesar de que la batalla la ganan los Lannister, la mayoría de los personajes principales salen con vida del atolladero y viven para ver al menos un día más. La magia de George R. R. Martin.

¿Se puede de verdad elegir bando en La casa del dragón?

Como decía Rhys Ifans, el actor que interpretaba a Otto Hightower, durante la promoción de la segunda temporada de la serie, quizá la única respuesta sensata a la pregunta de con qué bando vas en La casa del dragón es decir que con ninguno, que son todos unos maniacos egocéntricos y genocidas. O elegir ir solo con los dragones, independientemente del bando, pues si bien son bestias temibles, también se nos presentan como animales inocentes a los que los humanos dirigen hacia su propia destrucción.

Pero, como en todas las ficciones, sobre todo aquellas que están bien contadas, es imposible que algunos personajes no te importen, que compartas su forma de ver las cosas, o al menos la entiendas. Quizá el mayor mérito de La casa del dragón sea acercarse a esos dilemas casi imposibles de la serie original y de la saga de libros, de forma mucho más compleja que en Fuego y sangre. Y, aunque se elija un lado dentro del conflicto de la serie, es maravilloso seguirse sorprendiendo cuando ves que te importan o que admiras a personajes que representan los colores del ejército enemigo.