'Marbella' abre su 'Expediente judicial' para enfrentarse al reto de las segundas temporadas en Movistar Plus+
Movistar Plus+ comenzó a estrenar series originales en 2017. Desde entonces, su catálogo está formado por cerca de 60 producciones españolas repartidas en tres grupos: ficciones creadas desde cero, las derivadas de la televisión en abierto (los spin-offs de Merlí y Velvet, la cuarta entrega de La Caza) y las adquiridas directamente para su emisión (Silencio). De todas ellas, prácticamente la mitad cuentan con una segunda temporada, lo que llama hasta cierto punto la atención porque estas series han sido concebidas en paralelo al desarrollo y crecimiento del streaming. O lo que es lo mismo, al desarrollo y crecimiento de una época en la que las ficciones televisivas con más de una temporada ya no son la norma, ni mucho menos.
Desde hace ya varios años, lo que está de moda son las miniseries cerradas de 6-8 capítulos. Es lo que demanda el mercado de las plataformas, siempre necesitado de lanzar el mayor número de producciones posible, y lo que también pide el apetito del público, completamente instalado en la vorágine de devorar una serie tras otra sin pararse a digerirlas. Teniendo esto en cuenta, la estadística de Movistar Plus+ podría entenderse como una declaración de intenciones; algo así como el equilibrio perfecto entre la adaptación a los tiempos que corren y un ejercicio de resistencia contra las series de corto recorrido. Sin embargo, hay un pequeño detalle que impide verlo así: que las series de Movistar Plus+ tampoco tienen un largo recorrido.
Actualmente, solo siete de ellas han alcanzando las tres temporadas (Vergüenza, La Unidad, Rapa, El Inmortal, Mira lo que has hecho y Skam), y únicamente Skam ha llegado a las cuatro. Por el camino se han producido casos tan atípicos como el de Velvet Colección, cuya tercera y última tanda fue reconvertida a última hora en un especial navideño, o el de Muertos SL, cuya tercera entrega acabó estrenando Netflix, donde muy pronto continuará con una cuarta. Dado el gusto de los hermanos Caballero por hacer series de múltiples temporadas, su comedia funeraria podía haber sido la gran excepción a esto que estamos diciendo. Pero que Movistar Plus+ se deshiciera prematuramente de ella refleja, al margen de los factores internos que desencadenaran esta decisión, que a la plataforma española le da cierta alergia comprometerse con una serie a muy largo plazo.
La 'obligación' de las series de Movistar Plus+
El caso de la plataforma de Telefónica, sin ser tan extremo como el de Atresplayer (50 series originales desde 2019, solo 12 tienen más de una temporada), invita igualmente a preguntarse qué papel juegan en 2026 las segundas temporadas de sus series. Por ejemplo, la segunda de Marbella, que se estrena este jueves 22 de enero bajo el título de Expediente Judicial. La pregunta es pertinente en el contexto actual, en el que el streaming apenas ofrece datos de audiencia y el éxito o el fracaso de las series solo puede medirse con algo tan subjetivo como es la conversación social que éstas generan. En resumidas cuentas, si se habla mucho y bien de ella, es un éxito. Y si se habla poco y mal, todo lo contrario. Incluso si se habla mucho, pero mal, también puede considerarse un éxito en cierta medida, pues al menos habrá conseguido colarse en la conversación entre las numerosísimas ficciones que se estrenan cada semana.
A priori, de la primera temporada de Marbella (2024) no se habló mucho en su momento, pero sí bien. La mayoría de críticas —incluida la de verTele, firmada por el mismo autor que firma estas líneas— fueron elogiosas. Su propuesta, sólida en todos y cada uno de sus apartados, y su colorido y 'scorseniano' acercamiento a la realidad del crimen organizado de la Costa del Sol bien lo merecían. Aun así, no tuvo el suficiente impacto como para colarse en el imaginario del público de Movistar Plus+. Vamos, que Marbella no está entre las primeras series que pensamos cuando pensamos en las series de la compañía. Ese espacio está reservado para propuestas como La Mesías, beneficiada por el tirón mediático de Los Javis, o Poquita fe, cuyas particularidades la han llevado a traspasar fronteras —próximamente será parodiada en CrossoBAR, el nuevo programa de sketches de La 1—.
Sin embargo, nada de esto impidió a Marbella ganarse la renovación por una segunda temporada. Una nueva tanda que sus creadores, Dani de la Torre y Alberto Marini, ya tenían en mente cuando se estrenó la inicial, y a la que se dio luz verde, entendemos, porque los datos de visionado de la primera fueron lo suficientemente buenos. Ahora bien, como estos datos no son públicos ni se siente que Marbella “esté en la calle”, puede resultar un tanto extraño, visto desde fuera, que ahora vaya a estrenarse una segunda temporada. Aun así, tiene algo de sentido: Movistar Plus+ estrena unas 8-10 ficciones originales al año, y no todas pueden ser “la serie de la semana”, “del mes” o “del año”, pero sí todas están obligadas a “hacer marca”. Es decir, a vender la idea de que las series de Movistar están por encima de la media dentro del mercado español, independientemente de lo mucho o poco que se hable de ellas después de su estreno.
'Marbella' da un gran giro con 'Expediente judicial'
Marbella contribuyó a esta idea con su primera temporada, y puede que justo por esto esté ahora de vuelta: porque es la continuación de una marca que ya se movió en esos estándares con su tanda inaugural, por mucho que el impacto mediático de ésta no fuese correspondido. Por tanto, dar continuidad a Marbella supone un reto para la serie y un respiro para la compañía, que de vez en cuando prefiere ir sobre seguro antes que poner en riesgo con una ficción 100% nueva esa garantía de calidad que quiere vender. Además, en este caso, “ir sobre seguro” es hacerlo de la mano de De la Torre y Marini quienes ya hicieron marca con las tres temporadas de La Unidad. Es decir, que renovar Marbella también era una forma de seguir ligada a ellos y reforzar dicha garantía.
Además, ambos creadores hacen una cosa muy interesante en esta ocasión: convertir la segunda temporada de Marbella en una continuación de la primera, y al mismo tiempo, en una serie nueva que puede disfrutarse de manera independiente. Quizá por ello se haya añadido Expediente judicial al nombre original de la serie, para reforzar este planteamiento. Lo que no cambia es que César Beltrán, el abogado corrupto interpretado por Hugo Silva, sigue estando muy presente en esta historia, aunque quien lleva esta vez la voz (en off) cantante no es él, sino Carmen Leal, la fiscal antidroga de Marbella a la que da vida Natalia de Molina.
Ella es la verdadera protagonista de esta entrega, que funciona como una carrera de fondo en la que Leal mueve cielo y tierra para meter a César entre rejas y él, para escabullirse como sea posible. Los nuevos episodios no son tan coloridos como los primeros, sino que tienen un tono más grisáceo acorde a la temática judicial, policial y burocrática de la segunda tanda. Este cambio se aprecia en los carteles promocionales y también en las tramas, menos juguetonas y más serias que las de la tanda inaugural, aunque no por ello menos interesantes. De hecho, lo que desencadena la batalla entre Leal y Beltrán es un asesinato inspirado en el que ocurrió en 2024 en Barbate (Cádiz), cuando una narcolancha acabó con la vida de dos guardias civiles.
A partir de este suceso, Marbella. Expediente judicial marca evidentes diferencias con la primera temporada, aunque igual que ella, también avanza con firmeza a lo largo de sus seis episodios. Durante su desarrollo no se aprecian grandes fisuras, sino el trabajo de un equipo que, una vez más, vuelve a demostrar que lo tiene controlado cuando se pone manos a la obra. Sus poderosas escenas de acción —desde el plano secuencia en el hospital hasta la persecución en el mar— son la mejor prueba de ello. Y a su vez, también lo más espectacular de Marbella. Expediente judicial, que justifica su existencia dejando un poso satisfactorio.
Un resultado final que encaja con lo que se espera de las series originales de Movistar Plus+: que sean, como mínimo, producciones competentes que encajen en la imagen diferencial y de garantía que quiere vender la compañía. Luego, como las acoja el público y lo mucho que hable de ellas, es otra historia.