Movistar Plus enriquece su catálogo con 'El castillo', una cruda y realista serie sobre la trata de mujeres en España

Movistar Plus abre este jueves 8 de octubre su temporada de series originales con el estreno de El castillo, ficción protagonizada por Raúl Arévalo, Omar Ayuso y la debutante Valentina Vidal acerca de la trata de mujeres con fines de explotación sexual. El punto de partida es El Proxeneta, libro de Mabel Lozano que cuenta la historia real de Miguel 'El Músico', un proxeneta que narra con todo lujo de detalles la evolución que ha experimentado el negocio de la prostitución en España desde principios de los 90 hasta finales de la pasada década, con el lucro de la trata y el secuestro de mujeres 'de deuda' como principales ejes.

El libro, publicado en 2017, llegó un año más tarde a las manos del productor y guionista Eduardo Villanueva, quien rápidamente le propuso a la también guionista Isabel Peña convertirlo en una serie de televisión, pues de repente se habían encontrado alguien que estaba “desvelando el funcionamiento de un sistema que no nos habíamos siquiera parado a pensar que existía”, explican a verTele. Los detalles de su testimonio, unido a “la muchísima rabia”, “la muchísima fascinación” y “la muchísima empatía” que sentían “con las mujeres que eran víctimas de esta situación” les llevó a sentir que necesitaban el altavoz que dan las ficciones televisivas para dar a conocer este universo, que aparcarían durante un tiempo para centrarse en otros proyectos (Antidisturbios, por ejemplo).

Su idea inicial era acercarse a “obras un poco gigantescas, tipo The Wire o Los Soprano”, para abordar en varias temporadas “todos los tentáculos” que rodeaban al mundo de la trata a través del proxeneta, que sin ser el protagonista absoluto, sí iba a ser “un punto de vista bastante único y principal”. Sin embargo, ni la industria de 2018 estaba ya por la labor de producir series de múltiples temporadas ni los responsables de las plataformas veían claro centrarse en Miguel 'El Músico', rebautizado para su adaptación televisiva como Manuel 'El Suizo': “Les interesaba el universo, lo que queríamos contar, pero pensaban que era demasiado duro y que era demasiado inhóspito estar siguiendo a un personaje con el que no puedes sentir ninguna empatía. Y que por mucho que lo que contara del funcionamiento fuera novedoso, fuera muy interesante y pudiera ser incluso fascinante desde ciertas ópticas, claro, había una cosa de conexión emocional que no estaba ahí.”

Una serie contra la romantización de la prostitución

Para solventar el problema optaron por acompañar el punto de vista de 'El Suizo' (Arévalo) con otros dos: el de Claudia (Vidal), una joven colombiana que llega a España reclutada por el proxeneta para ejercer la prostitución; y el de los agentes de la UCRIF (Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales) Gerardo Liesa (Ayuso) y Carmen Osés (Laia Marull). Con la construcción del mayor macroburdel de España (año 1999) como punto de partida, El castillo expone desde estas tres vertientes diferentes un mundo tan real como desconocido o distorsionado por la industria audiovisual, que a menudo ha romantizado en películas y series la mafia proxeneta.

De hecho, la nueva producción de Movistar Plus se presenta como una respuesta frontal contra esta romantización, apostando en su lugar por un tono muy crudo y realista, a veces próximo al documental pero siempre respetuoso con quienes lo sufrieron y aún lo sufren. “Si quieres que una historia real llegue de una forma honesta, pues el tono naturalista es el más indicado. También es verdad que es un tono en el que nos sentimos cómodas. Y luego, bueno, digamos que el universo de la prostitución, que es amplísimo, sí que ha podido ser retratado en el pasado con una mirada casi siempre erotizada y sexualizada. Y queríamos huir de eso (...) El compromiso que tenemos con esta dura verdad es tan grande que es que no había otra manera de contarlo”, señala Peña, coguionista habitual de Rodrigo Sorogoyen, que firma aquí su primera serie como showrunner.

Ese respeto por las víctimas y esa huida de cualquier tipo de erotización se aprecia en las dos escenas de sexo que hay en toda la serie, en las que solo se ve al putero, pero no a la víctima de trata. “Un objetivo teníamos de antemano era no reproducir las imágenes que habíamos visto tantísimas veces, más que nada porque eran imágenes muy romantizantes y nosotras estamos contando la experiencia de unas mujeres que llegan allí engañadas. Entonces, teníamos que huir a toda costa de todo lo que fuera preciosista o romántico de una situación que para ellas no lo es para nada”, explica Elena Martín Gimeno, directora de El castillo (episodios 1,2,5 y 6) junto a Sandra Romero (episodios 3 y 4) y principal responsable de esta decisión: “No me apetecía volver a ver a una mujer sufriendo (...) Dada esta situación, que es violenta para ella, yo no quería poner la cámara en ella.”

Martín Gimeno, que figura como creadora de la serie junto a Peña y Villanueva, prefería poner la mirada en el hombre, “que es el que me genera más dudas” sobre cómo está viviendo el acto sexual. Aun así, los consumidores de prostitución no son los protagonistas masculinos de la serie. Ese papel queda reservado para 'El Suizo', un proxeneta carente de glamour en una España, la de los clubes de carretera, los vasos de tubo y los menús a base de huevos, salchichas y patatas fritas, que tampoco lo tiene. “La realidad es que gran parte de este negocio y de este crimen sucede en ese entorno de esas características tan cotidianas o tan cutres, como lo quieras llamar. Y luego había por nosotros mucha voluntad de desromantizar. Se ha romantizado mucho la figura del proxeneta en el sentido de que es alguien fascinante y con un poder, una genialidad y una crueldad que muchas veces se va a los extremos. Y nosotros lo que hemos visto en todo el proceso de documentación y lo que más nos aterra tiene que ver con lo cotidiano, con lo normal, con lo mediocre”, comenta Villanueva sobre el entorno y la construcción de este personaje.

Raúl Arévalo brilla como el proxeneta sobre el que gira 'El castillo'

El encargado de darle vida es Raúl Arévalo, que hace aquí un actuación que atrapa desde el primer minuto y resulta merecedora de toda clase de premios. Su 'Suizo' no fascina per se, sino por la naturalidad con la que el actor madrileño causa rechazo y temor a través de él, que es de lo que se trata. A ello ayuda la voz rasgada que adoptó durante el rodaje y los 20 kilos que tuvo que engordar para interpretar al proxeneta. “Para el personaje es verdad que ayudó”, reconoce sin obviar que el proceso no fue fácil: “No lo recomiendo. Acabé mal al final, porque pasé de comer todo lo bien que podía para engordar, a comer donuts, hamburguesas y bollería industrial, con lo que me costaba atarme los zapatos, respiraba mal, roncaba, tenía ardores de estómago... O sea, que no fue agradable en ese sentido.”

La transformación física de Arévalo ejemplifica el grado de compromiso de todo el equipo de El castillo con la historia que están contando. Toda la serie transmite un cuidado y un nivel de detalle superlativo en lo interpretativo, lo narrativo y lo visual, con prostíbulos reales abandonados y reconstruidos para dotar de mayor realismo a la propuesta. Una excelencia, en definitiva, que es lo que se espera de una producción de Caballo Films, la productora que los ya mencionados Sorogoyen y Villanueva fundaron en 2012 —junto al productor Nacho Lavilla, el director y guionista Borja Soler y el montador Alberto del Campo— y que antes de El castillo ya había alumbrado tres de las mejores series españolas de los últimos años: Antidisturbios, La Ruta y Los años nuevos. Su nuevo trabajo —realizado junto a Mafalda Entertainment— juega en esta misma liga, la de las series que marcan diferencias a base de tomar riesgos, explorar nuevos territorios y no subestimar al espectador.

En el caso de El castillo hay una voluntad clara y constante de romper tópicos, y no solo en lo que respecta a la representación ficcionada de la prostitución y la trata de mujeres, sino también dentro de la industria audiovisual. Ahí está, por ejemplo, la práctica ausencia de música extradiegética —aquella que no pertece al mundo real de la serie— al margen de las canciones del final, compuestas por el francés Olivier Arsón (Antidisturbios, El ser querido) “con el sonido blanco de las pasadas de los coches, ya que todos los clubes que retratamos son clubes de carretera”, explica Elena Martín Gimeno.

También destaca la elección de una actriz debutante, Valentina Vidal, para asumir un personaje cuyas escenas siempre “tenían algo que podía ser resbaladizo o directamente muy complicado”, según Isabel Peña. “A medida que iba siendo consciente de la magnitud del proyecto sentía también esa responsabilidad de estar a la altura de todo”, reconoce la joven, que para nada parece una recién llegada dada la autenticidad que transmite en pantalla. “Queríamos mujeres de verdad, y Valentina lo es”, dice sobre ella la guionista, que la que define como “una dama del cine” a pesar de su inexperiencia. “Era muy curioso ver cómo parecía Meryl Streep, en el sentido de la experiencia que tenía a la hora de manejarse”, añade Eduardo Villanueva, sin escatimar tampoco en elogios.

Y eso, elogios, es lo que apuntan a generar los seis episodios de El castillo (de entre 50 minutos y una hora de duración). Seis episodios que conforman un relato seco, incómodo y exigente para el público medio, probablemente porque no podía ser de otra manera cuando hablamos de la trata de mujeres en España, el tercer país del mundo y el tercero de Europa en prostitución. “Es un espejo en el que para nosotros, como sociedad, no es muy agradable mirarse”, dice Omar Ayuso para resumir esta ficción, tan valiosa por lo que cuenta como por cómo lo cuenta.