Crítica VERTELE

Telecinco se mancha de sangre en la prometedora y macarra “Señoras del (H)AMPA”

Una madre escribe un blog sobre sus quehaceres como progenitora y la felicidad que le generan. Pasar tiempo con sus hijas preciosas antes de irse a dormir, cocinar con ellas cookies al horno y reivindicar el ratito que en cada jornada hay que dedicarse a una misma. Todo ello, claro está, gracias a la inestimable ayuda de su marido que la cuida, quiere y sustenta. Mientras se escuchan sus palabras vemos a otra madre, interpretada por Toni Acosta, a quien no le cunde tanto el tiempo, ni el dinero.

Corre a todos lados, su retoña adolescente le contesta insultándole según la ve entrar por la puerta, el salón está lleno de ropa sin colocar, y en lo que sus pequeños ya están dormidos, aprovecha para depilarse el bigote, las cejas y teñirse el pelo. Sometida a la esclavitud de los cánones de belleza. También se apaña para masturbarse viendo a David Cantero dando las noticias en su pantalla de móvil. Y todo ello en el tercer minuto del primer capítulo de la prometedora, negra y divertida nueva serie de Telecinco, Señoras del (H)AMPA.

El piloto ha sido presentado en el MiM Series 2018, Los guionistas y directores han explicado que querían hablar de “lo que se esconde detrás del disfraz de la maternidad”.

La ficción cuenta con cuatro protagonistas en estado de gracia. Junto a Acosta, Malena Alterio, Nuria Herrero y Mamen García dan vida a cuatro mujeres que viven al límite trabajando, sacando a sus descendientes adelante, acudiendo a reuniones y que, además, han de esconder un cadáver. Una historia macarra llena de ritmo, en la que se suceden comportamientos y reacciones reconocibles para el público, porque estos personajes nos los podemos encontrar por la calle, haciendo la compra o en una reunión del AMPA de cualquier colegio. Su cotidianidad esconde a gritos una verdad con la que generan empatía de forma instantánea.

Madres que se equivocan, sobreviven y matan

Su cuarteto protagonista es su principal baza, ya que conforman un grupo heterogéneo que respira complicidad. Y lo más importante, su imagen se aleja del prototipo de madre perfecta que cocina las mejores recetas, no se mancha, ayuda a sus hijos con los deberes, nunca llega tarde y además hacen deporte para mantener la línea perfecta. Aquí hay una madre a punto de divorciarse y perder su trabajo pero que no tira la toalla, una embarazada que fuma y una abuela a la que le han encasquetado a su nieto. Fallan, se manchan, visten de segunda mano, roban algún que otro paquete al hacer la compra, se echan colonia para disimular el olor a comida, el profesor les llama para decirles que su hijo es el matón de la clase, meten la pata y saben ver la luz al final del túnel hasta los momento más bizarros.

Así lo explicó Toni Acosta en una entrevista con Vertele: “Tenemos que romper con ese personaje femenino de muchas series en las que hablan correcto, visten perfectas y hacen todo bien. Nuestras protagonistas se equivocan”. Desde luego, lo han conseguido, y sin haber caído en el error de sumirse en el extremo opuesto. Aunque sus maridos son los secundarios, sus papeles son diversos y no se limitan a un único modelo.

Los hay quienes hablan de la lavadora que han puesto por la mañana, los que se desentienden de sus retoños y solo comparten tiempo con ellos para jugar a videojuegos “de matar”, quienes apenas pasan por casa y no soportan a su esposa hasta el punto de contratar a un asesino a sueldo para acabar con ella, y quienes acatan las órdenes de su mujer al milímetro aun siendo jefe de policía.

Que las parejas sean los secundarios es un dato que, en plena era me too y en un año de numerosas y necesarias reivindicaciones feministas, aún es sorprendente. Pero que se agradece. Y también que no sean cuatro madres al estilo Big Little Lies que viven en mansiones impolutas y con tiempo para todos los hobbies que deseen. Las Señoras del (H)AMPA son supervivientes del frenesí que implica la maternidad.Las Señoras del (H)AMPA

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Las villanas, también mujeres

El blog con el que abre y cierra el piloto de la serie, lo escribe otra madre del AMPA, una de las dos villanas. Una mujer paralítica a la que da vida Marta Belenguer. La otra “mala” de la producción es una niña con síndrome de down. Una apuesta, a priori políticamente incorrecta, que forma parte del tono de esta ficción en la que se mezclan distintos géneros: comedia negra y costumbrista, drama, thriller y acción. Hay sangre, destornilladores que abren cabezas, asesinatos y un compendio de elementos que le dotan de personalidad propia dentro de la línea a la que acostumbra la cadena de Mediaset.

El suceso que desencadena la unión definitiva entre las madres protagonistas tiene lugar durante una demostración de robots de cocina que Mayte (Toni Acosta) convoca a la desesperada porque necesita subir sus números de venta para no ser echada a la calle. Su situación económica es precaria, como también lo es la de su amiga Lourdes (Malena Alterio). Ella y Amparo (Mamen García) viven en un edificio que es propiedad del personaje de Belenguer, que está dispuesta a desahuciares a pesar de sus réplicas.

La serie contará con 13 capítulos de 70 minutos y promete más tensión gracias a su combinación de terror, thriller y drama. Y también mucha carcajada por los disparates a los que se ven sometidas sus protagonistas. Buenas y malas, aunque aquí la línea es muy fina, como ocurre en el mundo fuera de las pantallas. Los imprevistos y sus conversaciones en busca de soluciones dejan espacio a reflexiones profundas y que tienen que ver con debates actuales sobre la situación de la mujer, su espacio y derechos dentro de la sociedad.

“¿Pero quién se va a fijar en nosotros? Las mujeres cuando pasamos de los 40 somos invisibles”, pronuncia Amparo en un encuentro en el que trazan un plan para esconder el cadáver. Algo que en seguida asumen y les tranquiliza pensando que podrán seguir adelante y llevar a una muerta por la calle, lejos de cualquier levantamiento de sospechas. La sororidad determina su unión, a pesar de todo el sufrimiento que callan, de acorde con el concepto de supermadre en el que sus generaciones han sido educadas, junto con la idealización de la maternidad a la que sí o sí, han de someterse.