'El precio justo' revivió en Telecinco con un Carlos Sobera implicado, nostalgia y un ritmo pasado de revoluciones

Sergio Soriano

19 de enero de 2026 15:34 h

Telecinco levantó el telón de El precio justo este lunes, 19 de enero, con un objetivo claro: intentar reactivar las audiencias de unas mañanas que han perdido el brillo de otras épocas. El regreso del histórico concurso, uno de los formatos más reconocibles de antaño, apuesta por una fórmula de éxito pasado antes que por la necesaria reinvención. Lo cierto es que su primera emisión con Carlos Sobera y Tania Medina fue entretenida y cumplió con lo previsto, pero no disipa una duda: ¿tenía sentido resucitar un formato que ya en su última etapa evidenció un rendimiento limitado?

Una de las decisiones más llamativas de esta nueva etapa tiene que ver con la elección directa de los concursantes, un giro respecto al sistema original, que los seleccionaba por sorteo ante notario. Esta decisión tiene dos lecturas: permite construir un reparto de perfiles complementarios que contribuyan al desarrollo de la emisión, pero también elimina ese factor sorpresa entre los presentes en la grada de público.

En este sentido, lo cierto es que la mezcla funcionó. Azucena aportó ese punto de imprevisibilidad, Pablo ejerció de contrapeso, Beatriz representó la serenidad y Eugenio fue ese espectador veterano que ya había disfrutado de El precio justo en etapas anteriores. Como se ha mencionado, el formato se garantiza que los participantes funcionen y provoquen emociones en el público; sin embargo, se pierde un factor clave de la esencia original.

Al frente del formato, Carlos Sobera volvió a demostrar por qué es uno de los presentadores más solventes del género. Cómodo, entregado y con galones, manejó con soltura la dinámica de El precio justo —de sobra conocida por él, ya que fue el capitán en su etapa anterior—. En todo momento supo cómo interactuar con los concursantes para dar espectáculo, bromeó cuando tocaba y también fue capaz de alentar al público para marcar el ritmo de las pruebas.

Un concurso que se presentó “muy arriba” con estímulos constantes

El programa transmite, en todo momento, la sensación de estar “muy arriba” —incluso a veces pasado de revoluciones—, impulsada por esa sucesión de impactos en el espectador; sin duda, algo muy necesario en la televisión de hoy en día. Es fundamental que las nuevas apuestas tengan la capacidad de mantener a la audiencia pegada a la pantalla con diversos estímulos. Sin embargo, pasarse puede terminar provocando cierta saturación. En el caso de este concurso, el equilibrio se erige algo fundamental.

En lo estrictamente mecánico, El precio justo mantiene una estructura reconocible. Los concursantes que acceden a las pruebas son aquellos que, en cada ronda, se aproximan más al valor real de distintos productos sin pasarse. Pruebas como 'Tres en raya', 'Arriba y abajo' o 'El precipicio', entre otras, funcionan como engranajes comprensibles, efectivos y entretenidos, pero sin una espectacularidad suficiente para sorprender a la audiencia. Los ganadores de cada ronda se clasificaron para jugar la 'La ruleta', que da paso al último escaparate.

Eso sí, el formato no renuncia a un peaje clave para la televisión comercial: ser rentable. Conviene destacar que Telecinco no protegió el estreno sin la emisión de publicidad, aunque únicamente contó con un bloque de seis minutos. Por otro lado, El precio justo se presentó como un escaparate plagado de marcas reconocibles por los espectadores. De este modo, la cadena se garantiza una fuente de ingresos clave para su desarrollo económico.

Por otro lado, la estética es fundamental en la televisión. La apuesta por una imagen cuidada al detalle es vital para despertar interés en una audiencia que, a día de hoy, tiene infinitas opciones de entretenimiento a su disposición. Quizás, El precio justo debería haber apostado por un plató mucho más espectacular, sin elementos corpóreos más propios de otras épocas. Conclusión que, en este sentido, es extrapolable al logo del concurso.

Apoyo en la nostalgia para un público contemporáneo

En conclusión, El precio justo no firmó un mal regreso: cumple con lo que promete apoyándose en la nostalgia, con una buena ejecución de los profesionales que conforman el equipo. Sin embargo, será necesario estar pendientes de la evolución en audiencias del formato para determinar si esta es la 'novedad' que Telecinco necesita para resolver los problemas estructurales que atraviesa. El concurso funciona como un revival correcto, reconocible y eficaz, pero con una fórmula muy explotada en televisión.