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4 momentos televisivos para recordar al periodista Pepe Oneto, fallecido a los 77 años

Redacción

Este lunes 7 de octubre ha fallecido uno de los periodistas españoles que más crónicas políticas escribió durante la Transición, y uno de los tertulianos de televisión más reconocibles por la audiencia.

A sus 77 años, Pepe Oneto ha muerto en el hospital de San Sebastián en el que llevaba ingresado desde el pasado mes de agosto, cuando fue intervenido por una peritonitis aguda, según ha contado en TVE el periodista Antonio Casado, con el que tantas veces compartió plató.

La trayectoria de Oneto es enorme. Sus primeros pasos en el mundo del periodismo los dio en las agencias France Press y Colpisa, pero pronto empezó a despuntar como cronista político en Cambio 16 y la revista Tiempo. Entre tanto, aparecía en algunos programas de radio y televisión y, en 1996, se incorporó a Antena 3 para dirigir sus Servicios Informativos.

Dos años después, Oneto volvió a la prensa escrita pero mantuvo su relación con la pequeña pantalla, en la que aparecía frecuentemente como colaborador de algunos de los programas de política más influyentes del país.

Quizá no haya aparecido en televisión tanto como otros habituales de las tertulias pero, sin embargo, a Oneto se le reconocía con más facilidad que al resto. Y todo por un detalle que ni siquiera se menciona en su página de Wikipedia pese a generar 30.000 resultados en Google: su característico peinado.

Y es precisamente esa seña de identidad la que inspiró un sketch de El Intermedio. Haciendo un repaso a las aplicaciones móviles más extravagantes, Dani Mateo acabó patentado la Pepe Oneto Style, un aplicación “en la que podemos probar cómo nos quedaría el peinado del famoso periodista”. Hubo risas entre el público, sobre todo cuando el emparrado de Oneto acabó sobre la cabeza de celebridades como Barack Obama, la duquesa de Alba, la plantilla del Real Madrid y el propio Wyoming.

En una de sus participaciones en Intereconomía, cadena a la que asistía frecuentemente, Pepe Oneto hizo una revelación que, aun siendo falsa, tuvo su gracia. Sobre la mesa de debate se puso una curiosidad: el Papa Francisco fue portero de discoteca durante su juventud. Y Oneto, posiblemente como chascarrillo entre parroquianos que se conocen porque llevan años compartiendo platós, aseguró que él se había encontrado con el guía espiritual de los católicos cuando lo único que guiaba era la cola de entrada en un pub de Buenos Aires.

Posiblemente sea ese sentido del humor, y de la ironía, el que le permitió comprender el significado de una portada de Mongolia que estaba siendo crucificada por los tertulianos de El gato al agua. La revista satírica había publicado en primera página una esquela de Rajoy y a todos los invitados de Intereconomía, incluido el presentador, les parecía una broma de mal gusto sin sentido alguno. El único que supo o quiso interpretar el mensaje de Mongolia fue Oneto, que rápidamente entendió que lo que esta revista estaba haciendo era una crítica a la mala praxis que el periódico El País había demostrado tiempo atrás al publicar una fotografía falsa sobre Hugo Chávez.

Mucho tiempo antes –quizá cuando el Papa seguía vigilando a los macarras de las discotecas– Oneto ya participaba en los programas de televisión, y no sólo para comentar la actualidad política. En 1988, el periodista colaboró con la edición especial que TVE emitió con motivo del Festival de Eurovisión. La primera pregunta que le vino a la cabeza fue si la música que se había escuchado durante el espectáculo era “representativa de los movimientos musicales” de aquella época o simplemente “un montaje comercial que no lleva a nada”. ¿Estamos ante la primera crítica al show eurovisivo?