'El Intermedio'

Thais Villas retrata a “las dos Españas” al preguntar por el salario mínimo en un barrio rico y en uno obrero

Redacción

Una de las primeras medidas del Gobierno de coalición ha sido la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta los 950 euros. Un aumento que, tal y como pudo comprobar Thais Villas en su nuevo reportaje para El Intermedio, no se ha recibido igual en barrios ricos y barrios obreros.

La España rica

En la pieza emitida este lunes en el programa de El Gran Wyoming para laSexta, una mujer de un distrito adinerado deja claro que la medida le parece “mal” porque “hay que subir el suelo a los empleados y, entonces, tienen que cerrar muchos sitios”. Una mal negocio para los “jóvenes empresarios”, según una chica que asegura que esta medida hace que “queramos irnos a emprender a otros lugares donde nos den más medidas”.

Porque con estos 950 euros al mes, según afirma la misma joven, se puede vivir perfectamente. “La compra es muy barata, el transporte público está tirado, puedes irte a comer a cualquier restaurante económico con un buen servicio. No veo el problema”, recalca.

Para un empresario de un barrio rico, esta medida también es “un desastre”: “Cuando uno tiene 10.000 trabajadores no son solo 50 euros más, son 500.000 todos los meses”, lamenta. Este mismo ciudadano considera que si tuviera que vivir con esos 950 euros tendría que irse a Benidorm y “renunciar a todo”: “el esquí, el golf...”. Para vivir “tranquilo” necesita, como mínimo, lo que gana actualmente: más de 5.000 euros”.

La España obrera

Sus opiniones contrastan con la de un joven de barrio obrero, que considera “insuficiente” esta subida aunque “de entrada está bien”. “Podrían subirlo todavía más, ¿no? Nos hemos quedado un poco cortos”, destaca otra chica.

A todos los preguntados, la subida del SMI les ayudaría a poder pagar “la luz, el gas, los alquileres, el transporte y los impuestos”, ya que actualmente cobran por debajo del salario mínimo. “Aún así todavía no tendría una vida más tranquila”, recalca uno de ellos.

“Mi capricho más grande es salir a desayunar con mi hija los sábados, que cuesta 2.30 euros. Un restaurante solo lo piso en Navidades, y ya hasta marzo nada”, dice un autónomo que gana entre 900 y 1.300 euros al mes. “Nadie debería ganar menos de 1.000 euros para vivir con dignidad”, apuntan.