Especial

Yo sobreviví a “Estudio de actores”

Es el tópico, pero el sueño era ya una realidad. Ser escogido entre más de 20.000 personas hace que pierdas el equilibrio, que la cabeza te de vueltas y no puedas dormir, una inyección de autoestima que endiosa a cualquiera. Después de luchar contra tus limitaciones y contra el talento de los demás, rebasas hasta seis durísimos castings físicos y psicológicos, de aptitudes artísticas, de interpretación, canto, baile... Finalmente, eres uno de los 16 elegidos para la gloria. Estudio de actores, un programa de los grandes, un reality show de nueva onda, la apuesta primaveral de una de las tres televisiones más importantes el país. Un canal temático, una escuela por todo lo alto, unos profesores de primera, un equipo de profesionales volcado por completo... Todo color de rosa y tú, ahí en medio, por supuesto dejándote llevar. Una beca en Nueva York, papeles protagonistas en películas, un musical, tv movies... el trampolín a la fama era inmejorable. Un tren que sólo pasa una vez en la vida, y tú tenías el billete. ¿Qué pasó?, David lo tiene claro: “Es lo grandioso de la tele, su imprevisibilidad”. En la actualidad, ocho de cada diez estrenos televisivos se vienen abajo por una audiencia insuficiente. Para desgracia de David, Estudio de actores forma parte de la estadística. Juan David Ávila tiene 26 años recién cumplidos. Nació en Barcelona pero lleva 13 años viviendo en Palma de Mallorca. Antes de su aventura televisiva, trabajaba como coreógrafo e instructor de baile en una cadena de hoteles. Este polifacético joven también es compositor, guitarrista y vocal del grupo de pop-rock Blue Child. Algo solitario, tiene pocos pero muy buenos amigos. Estos, junto con su familia, se encargaron de ponerle los pies en el suelo cuando la burbuja mediática le hacía los ojos chiribitas. Él y otros quince más pueden recitar bien alto aquello de “Yo sobreviví a Estudio de actores”. Catorce jornadas de respiración asistida

Tras dos semanas en el aire, Antena 3 decidió suprimir EDA debido al rechazo brutal de la audiencia hacia el programa. Sus resúmenes diarios apenas superaban el 9% de share, las galas de los miércoles en prime time, presentadas por Juan Ramón Lucas, rozaban mínimos históricos para la cadena con registros del 7% de cuota de pantalla. ¡Hasta los cortes publicitarios tenían más seguimiento que el programa! Su eliminación de la parrilla era ciertamente lógica, puesto que casi toda la programación de la privada se veía arrastrada por el efecto bola de nieve y se perdían espectadores un día tras otro. “Desde luego, antes de empezar tenía un millón de cábalas en mi cabeza. Pero lo cierto es que, después de superar tantas historias, tantos nervios y hasta seis castings entre Palma y Madrid, nunca pensé que esto pudiera acabar así. Tenía muchas expectativas sobre todo por los trabajos importantes que nos podría reportar: la beca, las pelis.. el premio era muy jugoso porque además tenía que ver con nuestra profesión”. Durante su corta estancia en la escuela de Sevilla La Nueva, el grupo de concursantes permanecía, aparantemente, ajeno al descalabro del programa. “No teníamos ni idea de cómo iba de audiencia, tampoco lo preguntábamos porque sabíamos a priori que esa información no se nos iba a dar. Teníamos nuestras especulaciones pero, a ciencia cierta, no sabíamos nada”. Aunque se intentaba no regalar ninguna pista por parte del equipo del programa, los chicos, ineludiblemente, algo se olían. “La tensión se respiraba un poco en el ambiente, en pequeños detalles. Por ejemplo, de un día para otro hubo menos movimiento de cámaras. Porque aunque se suponía que nosotros no las veíamos, si se percibían detrás de los falsos espejos”. Los profesores, que conocían los resultados, tampoco podían fingir. “Alguno que otro estaba más de capa caída, y les preguntábamos el porqué pero no decían nada para no perjudicarnos, ya que eso habría influido en nuestro trabajo. Nosotros teníamos que preocuparnos por ensayar y punto”. Y es que cuando un programa va mal, hasta el servicio de catering se ve contagiado por la tensión. “Había ciertos nervios en el plató y en el equipo. Especulábamos y yo, positivamente, pensaba que así debía ser el trabajo diario de estos profesionales. Otros compañeros, por contra, estaban seguros que ello se debía a que el programa no iba nada bien de audiencia”. El día del funeral

La verdad es que la situación debía ser verdaderamente surrealista. Y aunque David seguía en sus trece, concentrado en sus ensayos diarios, el fatídico momento no tardó en llegar. “El día que nos los dijeron nos sacaron del estudio y nos reunieron con el equipo de producción y dirección. Nos comentaron que la cosa no iba muy bien, y que a partir de entonces el programa sólo se emitiría en Vía Digital. Hubo reacciones de todo tipo, pero lo cierto es que la siguiente gala la hicimos con un par... Pensamos: nos echan, pero nos vamos de la forma más digna”. “Nos comentaron que habían hecho lo posible porque el programa se cambiara de horario, que habían luchado por diversas opciones... pero no pudo ser, nos dijeron que la desconexión total era cuestión de días”. ¿Qué se podía hacer? ¿Qué se podía decir?, desde luego, David y los demás, nada. “No daba lugar a las réplicas, es la ley de la televisión. Además, nosotros habíamos estado aparte de todo el rollo de audiencias, etc, tampoco sabíamos nada. Ha sido al salir cuando hemos visionado los programas, hemos visto los resúmenes, y ya lo entiendes mejor”. La causa del fracaso, un cúmulo de factores

Como en todo estropicio, lo primero que se buscan son causas y culpables, pero este es un tema del que David y sus colegas de aventura todavía debaten a diario. “Cada uno tiene su opinión, pero para mí era un programa difícil que a la gente le gustara, el teatro en la tele es muy jodido. Era más fácil para Operación triunfo porque una canción engancha más”. Sin embargo, no se trataba sólo del formato, porque “el enfoque de Estudio de actores era un poco tipo Gran Hermano y no era lo que nosotros esperábamos”. En este sentido, nuestro protagonista difiere en parte del tratamiento que se le dio a los resúmenes diarios de las dos de la tarde. “No reflejaban las once horas de trabajo que nosotros teníamos allí dentro. A lo mejor había un roce de diez minutos y el resumen se basaba sólo en eso”. Otra de sus hipótesis es el escaso margen de confianza que se le otorgó al programa. “Creo que si le dan dos semanas más la gente se habría enganchado, si se hubiera aguantado un poco más... pero bueno, nadie lo sabe”. “Pensábamos que iba a triunfar, pero fue un fracaso muy grande, ha sido un cúmulo de factores, y técnicamente el programa también podía mejorar, pero en la televisión hay programas peor realizados y ahí están, es lo lo bonito de la tele, que es imprevisible, nunca sabes cuál va a ser la reacción de la audiencia”. Para más inri, a David tampoco le entusiasmaron las discusiones de Bibiana Fernández, Ramoncín y compañía en El debate que se emitía a continuación. “No era muy acertado, no tenía nada que ver con lo que se suponía era el programa”. Todos a Memory

Nadie se imaginaba el batacazo pero, por si acaso, la productora del programa, Zeppelin ya se había cubierto las espaldas (normal, por otra parte). En los contratos de los participantes quedaba perfectamente explícita la cláusula: si el espacio era suprimido por su baja audiencia, los compromisos adquiridos con los concursantes en cuanto a formación, premios, etc se volatilizaban en el acto, sin pie a ninguna indemnización. “Aunque algunos se lo tomaron peor que otros, éramos conscientes de ello, por lo tanto no podíamos exigir nada. Nos animamos unos a otros. Además, en esta profesión sabemos que hay altibajos muy grandes, no nos queda otra que levantar la cabeza y p´alante”. Sin embargo, la empresa llevaba consigo demasiado esfuerzo como para aparentar que no había pasado nada. Así, Zeppelin compensó a los 16 héroes con una beca -según David “una especie de contrato de mecenazgo”- en la escuela de interpretación Memory, en Madrid, que finaliza el próximo 22 de julio. Además, se les proporcionó un sueldo para sus gastos y, a los ocho que no vivían en la capital, se les facilitó “un piso bastante amplio” para que vivieran juntos mientras durara el curso. “Supongo que se sentían con la obligación moral de hacer algo. Habíamos sido elegidos entre miles de personas y las ilusiones eran muchas. La productora nos dijo que no quería dejarnos en la estacada y que nos recompensaría de alguna forma. Zeppelin se ha portado muy bien con nosotros. Podía habernos mandado a casa y, sin embargo, no se ha desentendido de nosotros”. La vida continúa

Las clases, esta vez sin cámaras, siguen adelante. “La dinámica de aprendizaje es exactamente igual: canto, interpretación, claqué, jazz.. que en el programa de televisión, pero con más libertad y sin pasar la noche allí, claro”. El grupo completo de 16 participantes, incluso los dos que dio tiempo a “eliminar” del reality, acuden diariamente a este centro para recibir las enseñanzas exclusivas de –un dato sorprendente- los mismos profesores que tenían en Sevilla La Nueva. Aunque estos no estaban contratados por la popular escuela madrileña, se llegó a un acuerdo para que siguieran impartiendo sus conocimientos. Sólo Xana, la titular de canto, ha seguido por otro camino. Además, el director de la “academia fantasma”, Ricard Reguant continúa muy pendiente de sus pupilos. “Ha apostado fuerte y tiene mucha voluntad para con nosotros, está utilizando sus contactos para que más o menos todos consigamos algún trabajillo. Confiamos plenamente en él porque se mueve y ya hay gente que tiene papeles en otras producciones”. Por otra parte, el musical que se tenía previsto representar en gira este verano ha quedado finalmente cancelado “por falta de tiempo, fechas y lugares disponibles”. Hoy, con la intención de erigirse en dueños de su propio destino profesional, la pregunta que a todos les viene a la mente es sobre la idoneidad de incluir en el curriculum su paso por el programa. “Yo, por mi parte, lo pongo. En nuestra profesión, la palabra éxito y fracaso son constantes, debemos aceptarlas, es un proyecto que no ha ido bien y ya está, y cada persona tiene que ser consecuente con las cosas que hace. Ninguno de los dieciséis actores y actrices hemos tenido la culpa, es como si haces una peli y no la va a ver nadie. No me arrepiento para nada, es una experiencia anecdótica más en mi vida. Además, cuando llegué al programa ya había ganado”.