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    <title><![CDATA[elDiario.es - Victoria Gabaldón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/victoria-gabaldon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Victoria Gabaldón]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Custodia compartida o custodia dividida? Por qué compartir un calendario no siempre significa repartir la crianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/custodia-compartida-custodia-dividida-compartir-calendario-no-significa-repartir-crianza_129_13207157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0d7f2fb-b74e-40a4-9da4-9321ff1a553e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Custodia compartida o custodia dividida? Por qué compartir un calendario no siempre significa repartir la crianza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Quién podría estar en contra de compartir? ¿Quién querría, a priori, que un hijo no tuviera a sus dos progenitores presentes? Y, sin embargo, basta con acercarse un poco para que la palabra empiece a agrietarse</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        Hay algo en la expresi&oacute;n &ldquo;custodia compartida&rdquo; que suena bien incluso antes de pensarla. Como &ldquo;comida casera&rdquo; o &ldquo;aire limpio&rdquo;, es una de esas f&oacute;rmulas que parecen inmunes a la cr&iacute;tica. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a estar en contra de compartir? &iquest;Qui&eacute;n querr&iacute;a, a priori, que un hijo no tuviera a sus dos progenitores presentes? Y, sin embargo, basta con acercarse un poco para que la palabra empiece a agrietarse.
    </p><p class="article-text">
        La custodia de los hijos tras un divorcio o separaci&oacute;n ha cambiado profundamente en Espa&ntilde;a durante la &uacute;ltima d&eacute;cada. <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/ENSD2024.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los datos m&aacute;s recientes del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica</a> (INE) confirman un giro hist&oacute;rico: en 2024, la custodia compartida fue otorgada en el 49,7% de los casos de divorcio con hijos, superando por primera vez a la custodia exclusiva materna, que descendi&oacute; al 46,6%. Hace apenas diez a&ntilde;os, la custodia compartida representaba alrededor de una cuarta parte de las resoluciones; hoy roza la mitad. Ese cambio puede leerse como una transformaci&oacute;n jur&iacute;dica y tambi&eacute;n como un s&iacute;ntoma cultural. Es, sin duda, un cambio hist&oacute;rico. Y probablemente tambi&eacute;n un reflejo de algo positivo: padres m&aacute;s presentes en la crianza, nuevas formas de entender la paternidad y una creciente idea de que los hijos deben mantener v&iacute;nculos estrechos con ambos progenitores tras la separaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La custodia compartida puede ser un avance hacia la equidad, por supuesto. Pero de ah&iacute; surge una pregunta importante: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando compartir el tiempo no implica haber compartido antes el cuidado? Porque hay una diferencia enorme entre repartir el calendario y sostener una vida com&uacute;n, entre alternar estancias y sostener la memoria pr&aacute;ctica de una casa, entre repartir la responsabilidad y dividir la log&iacute;stica. Y no siempre ese reparto sobre el papel coincide con el trabajo real que hace posible la crianza.
    </p><p class="article-text">
        Hay custodias compartidas que son, en efecto, un ejercicio de corresponsabilidad: padres y madres que ya estaban ah&iacute; antes de la ruptura, que conocen los ritmos, las rutinas, los miedos nocturnos, las alergias, los cumplea&ntilde;os o los nombres de los amigos del colegio. Que no aterrizan en la vida de sus hijos a partir de la separaci&oacute;n, sino que contin&uacute;an algo que ya exist&iacute;a. En esos casos, compartir no es un reparto: es una continuidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La custodia compartida puede ser un avance hacia la equidad, por supuesto. Pero de ahí surge una pregunta importante: ¿qué ocurre cuando compartir el tiempo no implica haber compartido antes el cuidado?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n hay custodias que llegan como una enmienda tard&iacute;a, como un gesto que intenta corregir una desigualdad previa. En esos casos, lo que se divide no es solo el tiempo: se fragmenta la experiencia. Dos casas, dos normas, dos formas de estar. Dos versiones de una misma infancia que no siempre encajan entre s&iacute;. <a href="https://www.academia.edu/93792805/La_custodia_compartida_un_paso_m%25C3%25A1s_hacia_la_igualdad_de_g%25C3%25A9nero" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Distintos estudios sobre coparentalidad y divorcio</a> llevan a&ntilde;os advirtiendo que la sostenibilidad de las custodias compartidas depende, en gran medida, de que exista una corresponsabilidad previa real. Cuando eso sucede, la custodia compartida puede consolidar din&aacute;micas m&aacute;s igualitarias. Cuando no, la igualdad formal puede acabar funcionando como una escena que parece resolver, pero no resuelve. El problema aparece cuando la igualdad se convierte en una f&oacute;rmula autom&aacute;tica porque la igualdad formal no siempre produce igualdad real. A veces solo la simula.
    </p><p class="article-text">
        Imponer custodias compartidas sin tener en cuenta las din&aacute;micas anteriores, la historia concreta de cada familia o las desigualdades todav&iacute;a existentes entre hombres y mujeres puede intensificar el conflicto entre progenitores e incluso agravar tensiones previas. No se trata de cuestionar la custodia compartida en s&iacute;. Ser&iacute;a simplista, y probablemente injusto. Se trata de preguntarse cu&aacute;ndo es realmente compartida y cu&aacute;ndo es, en realidad, dividida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo ped&iacute; la custodia compartida porque me parec&iacute;a lo justo&rdquo;, me cuenta J., un padre separado con dos hijos desde hace cuatro a&ntilde;os, &ldquo;y porque quer&iacute;a estar con mis hijos, claro. Tampoco quer&iacute;a convertirme en ese padre de fines de semana&rdquo;. Al principio pens&oacute; que lo m&aacute;s dif&iacute;cil ser&iacute;an los horarios: &ldquo;Luego te das cuenta de que no, de que lo dif&iacute;cil es acordarte de todo, de cosas que no ten&iacute;a tan interiorizadas porque <a href="https://www.eldiario.es/nidos/quien-contesta-mensajes-en-chats-de-padres_129_12212870.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no atend&iacute;a tanto al chat de padres y madres</a> del cole y no estaba tan al tanto de los cumplea&ntilde;os, del ch&aacute;ndal del jueves, de qui&eacute;n necesita una cartulina para ma&ntilde;ana o de cu&aacute;ndo les toca cambiar de zapatillas&rdquo;. Me cont&oacute; tambi&eacute;n que sus hijos siguen llamando a su madre cuando no encuentran algo, incluso estando con &eacute;l. &ldquo;A veces me molesta, pero luego ella sabe cosas que a m&iacute; ni se me ocurren&rdquo;. En ning&uacute;n momento, durante nuestra conversaci&oacute;n, dijo que se arrepintiera de compartir la custodia de sus&nbsp;hijos; al contrario: &ldquo;Ahora estoy mucho m&aacute;s unido a ellos&rdquo;, repiti&oacute; varias veces. Pero hab&iacute;a algo revelador en otra frase: &ldquo;Antes no me daba cuenta de todo lo que hac&iacute;a ella&rdquo;. No parec&iacute;a culpa ni admiraci&oacute;n, m&aacute;s bien la sorpresa tard&iacute;a de descubrir que la crianza no era solo pasar tiempo con los hijos, sino sostener una maquinaria invisible que alguien llevaba a&ntilde;os haciendo funcionar sin que apenas se notase.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, para muchas mujeres, la custodia compartida tambi&eacute;n ha supuesto una forma de alivio. E., que tiene una hija de seis a&ntilde;os y lleva dos a&ntilde;os separada, me dijo esto: &ldquo;Separarme me devolvi&oacute; algo que ya ni siquiera sab&iacute;a que hab&iacute;a perdido: tiempo. Para trabajar sin correr, para dormir una noche entera, para ir al m&eacute;dico sin hacer malabares, para sentarme sola en casa sin que eso significara abandono&rdquo;. Me hablaba tambi&eacute;n de la culpa que sinti&oacute; al reconocer ese descanso. &ldquo;Como si una buena madre tuviera que querer estar disponible siempre. Como si descansar estuviera mal&rdquo;, confiesa. La custodia compartida no hab&iacute;a resuelto todas las desigualdades de su relaci&oacute;n anterior, pero s&iacute; hab&iacute;a frenado algo que la estaba consumiendo: la idea de que cuidar significaba desaparecer una misma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Qué sucede cuando los hijos no solo transitan entre dos casas, sino entre dos maneras radicalmente distintas de entender las emociones, el cuidado, la vulnerabilidad o incluso lo que significa ser niño, porque los hijos no viven dentro de los porcentajes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y, en medio de todo eso, est&aacute;n los hijos. V., separada desde hace un a&ntilde;o y con un hijo en com&uacute;n con su expareja, me cuenta su caso: &ldquo;Hace pocos d&iacute;as nos despedimos de un ser querido. Cuando estaba bajando con mi hijo en el ascensor &mdash;su padre estaba esper&aacute;ndole abajo&mdash;, mi hijo lloraba de tristeza. Antes de salir del portal, en el rellano, corri&oacute; a secarse las l&aacute;grimas. Incluso se mir&oacute; en el espejo para comprobar que no se le notase que hab&iacute;a llorado&rdquo;. Ella le pregunt&oacute; por qu&eacute; hac&iacute;a eso y el ni&ntilde;o respondi&oacute; que a su padre no le gustaba verle llorar. A V. le sorprendi&oacute; el cambio de actitud porque su hijo llora con frecuencia cuando est&aacute; con ella, y no necesariamente por tristeza. &ldquo;Me da la impresi&oacute;n de que ha entendido que en casa de mam&aacute; puede rendirse, de alguna manera, pero que en casa de pap&aacute; llorar es una debilidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ah&iacute; aparece una de las preguntas m&aacute;s complejas de todas: qu&eacute; sucede cuando los hijos no solo transitan entre dos casas, sino entre dos maneras radicalmente distintas de entender las emociones, el cuidado, la vulnerabilidad o incluso lo que significa ser ni&ntilde;o, porque los hijos no viven dentro de los porcentajes. Viven dentro de las rutinas sostenidas durante a&ntilde;os, de los cuidados invisibles &mdash;o indemostrables&mdash; que rara vez aparecen en una sentencia. Dentro de esa carga mental hecha de citas m&eacute;dicas, mochilas preparadas, cumplea&ntilde;os recordados, profesoras contestadas, fiebre nocturna y ropa que de pronto ya no les vale.
    </p><p class="article-text">
        En medio de todo est&aacute;n ellos: ni&ntilde;os que aprenden pronto a adaptarse. A cambiar de habitaci&oacute;n, de normas, de tono. A no dejarse cosas importantes en la otra casa. A gestionar una especie de doble vida que a veces funciona y a veces pesa. Hay ni&ntilde;os que lo transitan con naturalidad. Otros no tanto. No existe una &uacute;nica experiencia, como tampoco existe una &uacute;nica forma de familia. Pero conviene no romantizar lo que, en muchos casos, es tambi&eacute;n un esfuerzo constante de ajuste.
    </p><p class="article-text">
        Hay otra cuesti&oacute;n de la que se habla menos: qu&eacute; sucede cuando la custodia compartida no organiza &uacute;nicamente el cuidado, sino tambi&eacute;n el conflicto, porque no todas las separaciones terminan en una convivencia parental razonablemente sana. Existen relaciones judicializadas, atravesadas por resentimientos, hostilidades, din&aacute;micas de control o violencias que no desaparecen cuando se firma una sentencia. A veces, incluso, se intensifican. En esos casos, la custodia compartida puede convertir a los hijos en mediadores involuntarios de las tensiones entre los adultos. Ni&ntilde;os que aprenden demasiado pronto qu&eacute; cosas pueden decir en una casa y cu&aacute;les es mejor callar en la otra. Que viven pendientes del tono de los mensajes, de los cambios de horario, de las discusiones y los desacuerdos. En esos casos, la pregunta deja de ser &uacute;nicamente c&oacute;mo se reparte el tiempo. La pregunta es qu&eacute; tipo de infancia produce una vida partida entre dos mundos que apenas logran sostenerse entre s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En un momento en el que la custodia compartida se presenta casi como la soluci&oacute;n deseable por defecto, no est&aacute; de m&aacute;s pedir una mirada m&aacute;s profunda a cada historia en su singularidad y desconfiar un poco de las f&oacute;rmulas que sirven para todo. Y recordar que cuidar no es solo estar, ni siquiera es estar la mitad del tiempo. Cuidar es saber c&oacute;mo y eso, por suerte o por desgracia, no se puede dividir sin m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/custodia-compartida-custodia-dividida-compartir-calendario-no-significa-repartir-crianza_129_13207157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 20:07:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Divorcios,familias,Niños,Madres,Padres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De esto también se sale: el “despuerperio” o ese momento increíble en el que las madres empezamos a soltar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/sale-despuerperio-momento-increible-madres-empezamos-soltar_129_13152924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f712534-e870-4477-ad9a-3f915e134c96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De esto también se sale: el “despuerperio” o ese momento increíble en el que las madres empezamos a soltar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es posible que este movimiento se dé sin que haya una conciencia clara de que está pasando. Simplemente, un día te das cuenta de que ya no estás completamente dentro de aquello que te desbordaba</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        De mi boca ha salido muchas veces ese &ldquo;tranquila, que de esto tambi&eacute;n se sale&rdquo; cuando me cruzo con una mujer con su beb&eacute; pegado al cuerpo como si no hubiera terminado de nacer del todo. Lo he dicho en portales, en parques, en conversaciones interrumpidas por un llanto que hay que atender. Lo he dicho mirando a los ojos a esa madre que encadena noches partidas en tres, que suspira por cinco minutos de ducha sin interrupciones y que vuelve al trabajo con la sensaci&oacute;n de estar siempre a punto de fallar, porque el virus que entra por la puerta de la escuelita infantil no entiende de contratos ni de bajas maternas a todas luces insuficientes. Una semana en casa, dos en la escuelita, otra vez en casa. Y, en medio, el cuerpo que no reconoces, la conversaci&oacute;n que se estrecha hasta quedarse en los bodies y los horarios de sue&ntilde;o, la pareja recoloc&aacute;ndose como puede en un territorio en el que, a veces, no hay energ&iacute;a ni para mirarse sin que eso mismo se convierta en otra tarea.
    </p><p class="article-text">
        Es ah&iacute; donde aparece la frase. Funciona, en parte, porque promete un final, porque sugiere que esto &mdash;lo que sea exactamente ese &ldquo;esto&rdquo;&mdash; tiene una duraci&oacute;n limitada y que, si se aguanta lo suficiente, se sale del t&uacute;nel y se comienza a ver la luz. En su momento, yo tambi&eacute;n entend&iacute; esa salida como un regreso: volver a ser la que era, recuperar el cuerpo, el deseo, una cierta continuidad con mi vida anterior. En mis dos cuarentenas sent&iacute; cierta autopresi&oacute;n, tambi&eacute;n en el sexo. Tuve prisa por mantener mi primera relaci&oacute;n sexual posparto, como si ah&iacute; me jugara algo importante, como si recuperar el deseo antes de que acabasen esos cuarenta d&iacute;as fuese un logro que confirmaba que todo iba en la direcci&oacute;n correcta.
    </p><p class="article-text">
        Pero no era eso. No hay un momento claro que marque tu vuelta. No hay un d&iacute;a en el que algo encaja de repente y te devuelve, intacta, a la mujer que eras. Durante bastante tiempo, tienes la sensaci&oacute;n de estar viviendo en una versi&oacute;n provisional de tu vida, de moverte en un lugar que no termina de asentarse, de no reconocerte del todo en lo que haces ni en c&oacute;mo lo haces. Y, sin embargo, aunque no haya un corte claro, algo empieza a cambiar.
    </p><p class="article-text">
        No sucede de golpe, es m&aacute;s bien un movimiento lento que se va adentrando en lo cotidiano. Un d&iacute;a te das cuenta de que puedes leer m&aacute;s de dos p&aacute;ginas seguidas de un libro sin tener que volver atr&aacute;s porque has perdido el hilo. Otro d&iacute;a, que has quedado con tus amigas y, sin daros cuenta, hab&eacute;is pasado horas hablando de vosotras, de lo que os pasa, de lo que quer&eacute;is, y no de vuestras criaturas. Que os re&iacute;s con muchas ganas escuchando las aventuras de la &uacute;ltima amiga separada en Tinder, como si esa conversaci&oacute;n perteneciera a otra vida y, al mismo tiempo, siguiera siendo vuestra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En mis dos cuarentenas sentí cierta autopresión, también en el sexo. Tuve prisa por mantener mi primera relación sexual posparto, como si ahí me jugara algo importante</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Empiezas a salir de casa sin calcular cada minuto en funci&oacute;n de otra persona. A alargar un caf&eacute;. A acudir a la presentaci&oacute;n de un libro y, despu&eacute;s, quedarte a tomar un vino y comentar. A tener una idea y poder seguirla hasta el final sin interrupciones constantes. A notar que el silencio ya no es un lujo inalcanzable, sino algo que vuelve, poco a poco, a estar disponible. Puedes volver al gimnasio en horario escolar y no sentir que le est&aacute;s robando tiempo a nadie. Tu criatura se queda a dormir en casa de un amigo y no pasas la noche pendiente del m&oacute;vil. Te atreves a dejarle un fin de semana con sus abuelos y descubres que no solo no pasa nada, sino que vuelve mejor. Sientes que puedes descargar un poco la presi&oacute;n, que ya no todo depende de ti en cada momento.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n el deseo regresa, pero ya no como una meta que hay que alcanzar, ni como una se&ntilde;al que confirme que todo est&aacute; bien, sino como algo que aparece cuando puede, cuando encuentra espacio, cuando deja de estar sometido a esa l&oacute;gica de rendimiento que convierte incluso lo &iacute;ntimo en una tarea m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A ese momento, la psic&oacute;loga perinatal Paola Roig lo llama &ldquo;despuerperio&rdquo;, explic&aacute;ndolo de una forma muy sencilla: &ldquo;Es algo que nos pasa a las madres cuando salimos del postparto; no del postparto inmediato &mdash;el puerperio de los primeros meses&mdash;, sino de esta crianza intensiva. Es lo que pasa m&aacute;s all&aacute; de los dos a&ntilde;os de nuestra criatura, cuando finaliza esa 'fusi&oacute;n' y empieza a separarse de nosotras. En ese momento, nosotras tambi&eacute;n nos tenemos que separar y descubrir qui&eacute;nes somos ahora despu&eacute;s de todo esto&rdquo;. No es una etiqueta m&aacute;s, ni una etapa que se pueda marcar en el calendario, sino una manera de nombrar ese desplazamiento en el que la maternidad deja de ocuparlo todo y empieza a convivir con otras partes de ti que vuelven a hacerse visibles.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No sucede de golpe, es más bien un movimiento lento que se va adentrando en lo cotidiano. Un día te das cuenta de que puedes leer más de dos páginas seguidas de un libro sin tener que volver atrás porque has perdido el hilo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Porque, &iquest;de qu&eacute; se sale exactamente? &iquest;De las noches sin dormir? &iquest;De los virus encadenados? &iquest;De la sensaci&oacute;n de no llegar? S&iacute;, en parte. Lo que voces como la de Roig est&aacute;n poniendo sobre la mesa es que lo m&aacute;s decisivo sucede en otro plano, menos visible, m&aacute;s dif&iacute;cil de medir y que tiene que ver con la manera en que una se reconoce &mdash;o deja de reconocerse&mdash; en lo que hace, en c&oacute;mo se vincula, en c&oacute;mo se piensa. Tiene que ver con esa experiencia que Roig describe como un aprendizaje acumulado que, pasado un tiempo, exige ser integrado: &ldquo;No soy la de antes, no soy la que era solo madre, soy una Paola nueva. Obviamente, tengo muchas cosas de las que era antes, pero he incorporado much&iacute;simo aprendizaje despu&eacute;s de este crecimiento tan grande&rdquo;. Es posible que este movimiento se d&eacute; sin que haya una conciencia clara de que est&aacute; pasando. Simplemente, un d&iacute;a te das cuenta de que ya no est&aacute;s completamente dentro de aquello que te desbordaba, de que puedes tomar cierta distancia y empezar a soltar.
    </p><p class="article-text">
        Si vuelvo a esa frase que repito &mdash;&ldquo;de esto tambi&eacute;n se sale&rdquo;&mdash;, entiendo mejor qu&eacute; deja fuera. Porque s&iacute;, se sale, pero no dando por cerrada una etapa y volviendo a una versi&oacute;n intacta de una misma. Se sale cuando dejas de intentar ser la que eras y empiezas, con m&aacute;s o menos torpeza, a hacerte cargo de la que eres ahora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/sale-despuerperio-momento-increible-madres-empezamos-soltar_129_13152924.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 19:34:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De esto también se sale: el “despuerperio” o ese momento increíble en el que las madres empezamos a soltar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fantasía de fuga: qué piensan las madres arrepentidas y las madres que sueñan con desaparecer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/fantasia-fuga-piensan-madres-arrepentidas-madres-suenan-desaparecer_129_13101034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ea2170f-fdca-478f-a18a-be5c80109f73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fantasía de fuga: qué piensan las madres arrepentidas y las madres que sueñan con desaparecer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Lo que imagino se parece más bien a un gesto administrativo, casi burocrático: dimitir de mis cargos y de mis cargas, entregar las llaves simbólicas de la casa, del calendario y de esa organización invisible que sostiene la vida cotidiana"</p><p class="subtitle">Criar en tiempos de consejos para todo: por qué las millennials sienten tanta presión por “ser una madre impecable”</p></div><p class="article-text">
        Tenemos que hablar de esto. Y &ldquo;esto&rdquo; es algo que, hasta ahora, solo he verbalizado con mis amigas m&aacute;s cercanas. Al principio, de manera t&iacute;mida y, de un tiempo a esta parte, con mayor elocuencia y frecuencia. No es f&aacute;cil de decir, pero se desliza entre risas cansadas y confesiones en voz baja. Supongo que es porque pensaba que ese era su lugar natural: el territorio protegido de las conversaciones entre mujeres que se entienden sin necesidad de explicarse demasiado. Sin embargo, &uacute;ltimamente me pregunto si quiz&aacute; merezca la pena sacarlo de ah&iacute; y decirlo en p&uacute;blico y en voz alta, no porque sea algo extraordinario &mdash;sospecho que es m&aacute;s com&uacute;n de lo que parece&mdash; sino precisamente porque no se dice: a veces, fantaseo con desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        No hablo de una huida dram&aacute;tica ni de esas historias en las que alguien decide marcharse sin vuelta y deja detr&aacute;s una vida convertida en enigma; lo que imagino se parece m&aacute;s bien a un gesto administrativo, casi burocr&aacute;tico: dimitir de mis cargos y de mis cargas, entregar las llaves simb&oacute;licas de la casa, del calendario y de esa organizaci&oacute;n invisible que sostiene la vida cotidiana, y salir por la puerta sin dar demasiadas explicaciones. En esta fantas&iacute;a no ocurre nada extraordinario: camino sin rumbo por una ciudad cualquiera, me siento en un banco a leer, debajo de un magnolio, paso la noche en una habitaci&oacute;n de hotel donde nadie me reclama. Nadie me pregunta nada urgente, nadie depende de m&iacute; para que el mundo siga funcionando. No se trata de abandonar nada, ni de romper nada; se trata simplemente de suspender durante unas horas la expectativa de presencia que articula mi vida.
    </p><p class="article-text">
        La fantas&iacute;a aparece m&aacute;s a menudo de lo que me gustar&iacute;a admitir. Algunas semanas varias veces, casi siempre al final del d&iacute;a, cuando cierro el ordenador y todav&iacute;a queda todo lo dem&aacute;s: la cena que preparar, los deberes, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/charla-cinco-minutos-cambiar-educacion-sexual-casa_1_12763963.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las conversaciones que hay que tener</a>, esa sensaci&oacute;n tan conocida de que la jornada laboral no termina realmente cuando se apaga la pantalla, sino que contin&uacute;a en otra forma dentro de la casa. Otras veces aparece cuando todo se ha calmado por fin y el silencio entra en el sal&oacute;n como una r&aacute;faga de aire suave, ese momento breve en el que una se da cuenta de que ha estado disponible para todo el mundo durante horas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La fantasía aparece más a menudo de lo que me gustaría admitir. Algunas semanas varias veces, casi siempre al final del día, cuando cierro el ordenador y todavía queda todo lo demás</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        S&eacute; perfectamente c&oacute;mo suena todo esto y por eso conviene decirlo con claridad: las dos personas a las que m&aacute;s quiero en el mundo viven en mi casa y son mi hija y&nbsp;mi hijo. No es una frase ret&oacute;rica ni una concesi&oacute;n obligada al discurso maternal; es una constataci&oacute;n simple. Dar&iacute;a mi vida por ellos sin pensarlo dos veces y, en muchos sentidos, ellos son la forma perfecta y concreta que ha tomado el amor en mi vida adulta. Precisamente por eso la fantas&iacute;a no consiste en imaginar mi vida sin mis hijos; ese pensamiento no aparece. No me detengo a preguntarme c&oacute;mo habr&iacute;a sido todo si no los hubiera tenido, ni me entretengo demasiado en esos escenarios paralelos tan novelescos, tan de pel&iacute;cula; los &ldquo;y si&rdquo; me interesan poco, quiz&aacute; porque la vida siempre es una sola y se construye sobre decisiones que rara vez admiten revisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La fantas&iacute;a, por tanto, no tiene que ver con borrar a mis hijos de la historia, sino con borrarme a m&iacute; durante un rato. Desaparecer unas horas, un d&iacute;a, quiz&aacute; un fin de semana entero; no ser necesaria para nadie durante ese tiempo, no responder a nadie, no sostener nada. Dicho as&iacute; suena casi infantil, como cuando de peque&ntilde;a so&ntilde;aba con escaparme de casa tras una bronca con mi madre, pero en realidad lo que revela esa fantas&iacute;a es algo mucho m&aacute;s estructural: la intensidad con la que la maternidad contempor&aacute;nea organiza el tiempo, la atenci&oacute;n y, en muchos casos, incluso <a href="https://www.eldiario.es/nidos/perder-identidad-personal-convertirte-madre-acabe-pensando_1_12823220.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuestra identidad</a>.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha empezado a hablarse de algo todav&iacute;a m&aacute;s inc&oacute;modo: las madres que se arrepienten de haber tenido hijos. La soci&oacute;loga <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/orna-donath-madre-arrepentido_128_3824315.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Orna Donath</a> ahond&oacute; sobre ello en el magn&iacute;fico ensayo <em>Madres arrepentidas: Una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales</em> (Reservoir Books, 2016), donde recog&iacute;a testimonios de mujeres que afirmaban amar profundamente a sus hijos y, aun as&iacute;, reconocer que, si pudieran volver atr&aacute;s, no elegir&iacute;an la maternidad. No es un sentimiento mayoritario, pero tampoco inexistente, y quiz&aacute; por eso provoca tanta incomodidad cultural, porque desaf&iacute;a una de las promesas m&aacute;s persistentes de nuestra &eacute;poca: la idea de que la maternidad es siempre la decisi&oacute;n correcta, la que ordena la vida, la que otorga sentido definitivo a todo lo dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No me reconozco en ese arrepentimiento, pero tampoco me tranquiliza despacharlo con facilidad. A las mujeres se nos advierte con frecuencia de que nos arrepentiremos de no tener hijos, como si esa fuera la gran amenaza biogr&aacute;fica que pesa sobre nosotras. Lo que casi nunca se contempla es la posibilidad inversa: que algunas mujeres descubran demasiado tarde que la maternidad no era el lugar en el que quer&iacute;an vivir su vida. Quiz&aacute; por eso el libro de Donath produjo tanto revuelo cuando se public&oacute;. No porque revelara un fen&oacute;meno masivo, sino porque se atrev&iacute;a a mentar&nbsp;algo que la cultura prefiere no mirar de frente: que la maternidad no es una experiencia homog&eacute;nea ni garantiza autom&aacute;ticamente la felicidad o el sentido de la vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A las mujeres se nos advierte con frecuencia de que nos arrepentiremos de no tener hijos (...) Lo que casi nunca se contempla es la posibilidad inversa: que algunas mujeres descubran demasiado tarde que la maternidad no era el lugar en el que querían vivir su vida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Reconocer esa posibilidad no significa abrazarla ni desearla. Significa aceptar algo m&aacute;s simple y m&aacute;s engorroso: que la maternidad, como casi todas las decisiones irreversibles de la vida adulta, tambi&eacute;n contiene zonas de ambivalencia. Entiendo bien la pregunta que rodea al arrepentimiento, no porque desee otra vida, sino porque s&eacute; hasta qu&eacute; punto la maternidad contempor&aacute;nea descansa sobre una expectativa de presencia constante. Una madre no solo ama a sus hijos; tambi&eacute;n est&aacute; siempre ah&iacute;, f&iacute;sica, mental y emocionalmente disponible, anticipando necesidades, organizando tiempos, sosteniendo el delicado equilibrio dom&eacute;stico que permite que la vida cotidiana avance sin demasiados sobresaltos. Esa presencia continua, que a menudo se vive como una forma de amor, tambi&eacute;n puede sentirse en ocasiones como una forma de presi&oacute;n silenciosa. Muy silenciosa y muy invisible.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso la fantas&iacute;a de fuga aparece, ahora s&iacute;, con tanta naturalidad en nuestras conversaciones. La periodista <a href="https://www.eldiario.es/nidos/clase-madre-abandona-hijo-mujeres-sienten-veces-necesidad-huir_129_9132004.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bego&ntilde;a G&oacute;mez Urzaiz escribi&oacute; en</a><a href="https://www.eldiario.es/nidos/clase-madre-abandona-hijo-mujeres-sienten-veces-necesidad-huir_129_9132004.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> Las abandonadoras</em></a><em> </em>(Destino, 2022) sobre mujeres que se marcharon de verdad, mujeres que vivieron maternidades turbulentas como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/merce-ibarz-retrata-merce-rodoreda-escritora-punk-cruel-acusaron-cursi_1_11253865.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Merc&egrave; Rodoreda</a>, Joni Mitchell, Muriel Spark, Doris Lessing, Ingrid Bergman, Maria Montessori o Gala Dal&iacute;, entre otras. Todas ellas tienen en com&uacute;n haberse separado de sus hijos y lo interesante de este ensayo no es solo la galer&iacute;a de casos extremos que re&uacute;ne, sino el malestar cultural que provocan. El abandono paterno forma parte de la historia social sin despertar demasiados juicios morales; sin embargo, cuando es una madre la que se va, el gesto adquiere de inmediato una dimensi&oacute;n casi m&iacute;tica, como si en &eacute;l se pusiera en cuesti&oacute;n algo m&aacute;s profundo que una simple decisi&oacute;n personal.
    </p><p class="article-text">
        Entre esa figura radical &mdash;la madre que abandona, la madre que se arrepiente de serlo&mdash; y la madre abnegada existe, sin embargo, un territorio mucho m&aacute;s amplio y cotidiano que rara vez se nombra: el de las madres que se quedan, que aman a sus hijos sin reservas y que, aun as&iacute;, imaginan a veces lo que significar&iacute;a salir por la puerta durante un rato largo.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tal vez la pregunta importante no sea qué dice esa fantasía sobre las madres, sino qué dice sobre las condiciones en las que hoy se ejerce la maternidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tal vez la pregunta importante no sea qu&eacute; dice esa fantas&iacute;a sobre las madres, sino qu&eacute; dice sobre las condiciones en las que hoy se ejerce la maternidad. No dejo de reflexionar sobre la creciente soledad de la crianza en nuestros d&iacute;as y sobre la desaparici&oacute;n de muchas de las redes informales que durante siglos han sostenido y siguen sosteniendo los cuidados <em>&mdash;spoiler:</em> esas redes est&aacute;n formadas, en una mayor&iacute;a abrumadora, por mujeres&mdash;. Cuando esa red desaparece y el cuidado se concentra casi exclusivamente en el n&uacute;cleo familiar &mdash;y dentro de &eacute;l, muy a menudo, en la madre&mdash;, la presencia se vuelve m&aacute;s intensa, m&aacute;s continua, m&aacute;s exigente.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, quiz&aacute; la fantas&iacute;a de fuga no sea el s&iacute;ntoma de una mala maternidad ni una se&ntilde;al de arrepentimiento oculto, sino algo mucho m&aacute;s sencillo: una forma de respirar dentro de una vida que exige demasiado, un peque&ntilde;o gesto imaginario que permite recordar que, incluso dentro del amor m&aacute;s profundo, sigue existiendo una puerta y que saber que est&aacute; ah&iacute; &mdash;aunque no tengamos ninguna intenci&oacute;n de cruzarla&mdash; tambi&eacute;n forma parte de la libertad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a mis amigas. Mientras escrib&iacute;a este art&iacute;culo, les he preguntado si alguna vez se han arrepentido de ser madres. Una de ellas me dice: &ldquo;Pues yo, arrepentirme, no. Si no, no ser&iacute;a quien soy hoy en d&iacute;a. Pero imaginarme otra vida y sonre&iacute;r&hellip; s&iacute;&rdquo;. Otra me contesta a la salida del cole, tras una reuni&oacute;n en la que se ha activado un protocolo <em>antibullying:</em> &ldquo;Ahora mismo de lo que me arrepiento es de no haber sido madre en un lugar m&aacute;s amable, con rastas y rodeada de otras mujeres&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/fantasia-fuga-piensan-madres-arrepentidas-madres-suenan-desaparecer_129_13101034.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 21:30:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fantasía de fuga: qué piensan las madres arrepentidas y las madres que sueñan con desaparecer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madres,Maternidad,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Educar en tiempos de pantallas y respuestas inmediatas: cómo acompañar a los niños en lo que los padres aún no controlamos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/educar-tiempos-pantallas-respuestas-inmediatas-acompanar-ninos-padres-no-controlamos_129_12981463.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4da50b2e-e423-49d2-868c-7edcbd08f377_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Educar en tiempos de pantallas y respuestas inmediatas: cómo acompañar a los niños en lo que los padres aún no controlamos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchas preguntas infantiles ya no pasan por la conversación doméstica: se resuelven en una pantalla</p><p class="subtitle">Las microbatallas diarias que más desgastan a padres e hijos: “No es la ducha en sí, es el cansancio acumulado”</p></div><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, el acceso al conocimiento ha estado mediado por las personas adultas del entorno cercano. Padres, madres y docentes explic&aacute;bamos, filtr&aacute;bamos, traduc&iacute;amos el mundo. No siempre bien, no siempre completo, pero desde un lugar reconocible. Hoy, ese esquema se ha movido. Muchas preguntas infantiles ya no pasan por la conversaci&oacute;n dom&eacute;stica: se resuelven en una pantalla. Una criatura puede averiguar qui&eacute;n fue Marie Curie, c&oacute;mo funciona un volc&aacute;n o qu&eacute; es la ansiedad con solo teclear una frase o escuchar una voz que responde sin cansancio ni espera.
    </p><p class="article-text">
        A esta convivencia con una fuente de informaci&oacute;n siempre disponible todav&iacute;a le estamos poniendo nombre. Sabemos que no se trata de demonizar las pantallas &mdash;ese discurso est&aacute; agotado&mdash;, pero tampoco sirve el elogio ingenuo del acceso ilimitado al conocimiento. Estamos ante algo m&aacute;s profundo: la p&eacute;rdida del monopolio parental sobre el relato. La tecnolog&iacute;a no solo informa; interpreta. Ordena, prioriza, decide qu&eacute; aparece primero y qu&eacute; se pierde tras dos segundos de <em>scroll</em>. Su autoridad no proviene de su verdad, sino de su disponibilidad y velocidad.
    </p><p class="article-text">
        Este cambio no siempre se percibe como una transformaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, sino como una sensaci&oacute;n &iacute;ntima y, a veces, inc&oacute;moda: la de no llegar a tiempo. La de descubrir que una conversaci&oacute;n importante ya ha empezado sin nosotros. No es una p&eacute;rdida de autoridad en el sentido cl&aacute;sico, sino un desplazamiento m&aacute;s sutil: seguimos ah&iacute;, pero entramos m&aacute;s tarde, cuando el proceso ya est&aacute; en marcha. En muchos casos, la educaci&oacute;n digital ocurre sin gesto humano, sin tono de voz ni matiz emocional.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La tecnología no solo informa; interpreta. Ordena, prioriza, decide qué aparece primero y qué se pierde tras dos segundos de &#039;scroll&#039;. Su autoridad no proviene de su verdad, sino de su disponibilidad y velocidad.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La alfabetizaci&oacute;n actual ya no se limita a leer y escribir: incluye aprender a orientarse en medio de flujos de informaci&oacute;n constantes, contradictorios y, a veces, abrumadores.<strong> </strong>Ni&ntilde;os y adolescentes acceden a contenidos complejos &mdash;salud mental, relaciones afectivas, sexualidad, consumo&mdash; con una rapidez que ninguna conversaci&oacute;n dom&eacute;stica puede igualar. En muchas casas, los deberes ya no son una mesa despejada, un cuaderno y una pregunta lanzada al aire. Son un ordenador encendido, varias pesta&ntilde;as abiertas, un v&iacute;deo explicativo, una consulta a la IA. Hay ni&ntilde;os que llegan a casa, encienden la <em>tablet</em> y avanzan solos durante un buen rato. No porque no necesiten ayuda, sino porque han aprendido que el primer paso es buscar. La persona adulta entra despu&eacute;s, para revisar, para poner orden, para saber si han entendido lo que acaban de hacer. Otras veces no entra. Y no siempre eso es un problema. Para algunas familias, este modo de trabajar alivia: menos dependencia, m&aacute;s autonom&iacute;a. Para otras, desconcierta: cuesta saber qu&eacute; se ha aprendido de verdad, qu&eacute; se ha copiado, qu&eacute; se ha entendido a medias.<strong> </strong>La escena no es id&eacute;ntica en todas las casas, pero el desplazamiento es com&uacute;n: el aprendizaje empieza sin nosotros, aunque no necesariamente termina sin nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto obliga a revisar qu&eacute; entendemos hoy por educar en casa. Si antes consist&iacute;a, en gran medida, en transmitir lo que una sab&iacute;a, ahora implica algo distinto: aprender a acompa&ntilde;ar lo que una todav&iacute;a no sabe. La autoridad basada en el conocimiento se debilita, y la basada en el v&iacute;nculo gana peso. No porque sepamos menos, sino porque ya no somos los &uacute;nicos que saben.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; aparece un desajuste generacional que no siempre sabemos nombrar. Muchas personas adultas fuimos educadas para producir verdades: saber era poder y equivocarse era fallar. En cambio, nuestras hijas e hijos crecen en un entorno donde las respuestas abundan y el criterio escasea. Pueden encontrar miles de explicaciones; lo dif&iacute;cil es aprender cu&aacute;les merecen confianza.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Todo esto obliga a revisar qué entendemos hoy por educar en casa. Si antes consistía, en gran medida, en transmitir lo que una sabía, ahora implica algo distinto: aprender a acompañar lo que una todavía no sabe</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La crianza en la era digital no consiste en controlarlo todo &mdash;eso es imposible&mdash; ni en mirar hacia otro lado &mdash;eso s&iacute; tiene consecuencias&mdash;. Quiz&aacute; la &uacute;nica v&iacute;a posible sea una m&aacute;s fr&aacute;gil y exigente: la conversaci&oacute;n. No como serm&oacute;n, sino como pr&aacute;ctica cotidiana. Si un ni&ntilde;o aprende a preguntarse qui&eacute;n publica un v&iacute;deo, qu&eacute; inter&eacute;s hay detr&aacute;s de un clic o de d&oacute;nde sale un dato, ya est&aacute; entrenando el m&uacute;sculo que la inteligencia artificial todav&iacute;a no tiene: la duda reflexiva.
    </p><p class="article-text">
        Para llegar ah&iacute; hay que aceptar una verdad inc&oacute;moda: que la tecnolog&iacute;a educa con nosotros. No despu&eacute;s, no contra, no a pesar. Est&aacute; disponible cuando nosotros no estamos disponibles. Es paciente cuando vamos justos de tiempo y no exige reciprocidad emocional. Y eso, en el d&iacute;a a d&iacute;a, pesa. A diferencia de un padre, una pantalla no se frustra. A diferencia de una madre, no siente culpa. Es muy f&aacute;cil confundir esa disponibilidad constante con la autoridad, pero detr&aacute;s no hay &eacute;tica ni biograf&iacute;a, sino patrones estad&iacute;sticos. La tecnolog&iacute;a no educa peor; educa sin cuerpo, sin memoria, sin contradicci&oacute;n. Y criar, como vivir, tiene mucho que ver con aprender a convivir con la contradicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En ese escenario, la familia conserva, quiz&aacute; m&aacute;s que nunca, un papel insustituible. No como fuente principal de datos, sino como espacio donde el dato se vuelve experiencia. Un v&iacute;deo explica qu&eacute; es el <em>bullying</em>; un profesor puede contar c&oacute;mo fue vivirlo o presenciarlo. Una IA describe la depresi&oacute;n; una madre puede hablar de un d&iacute;a en el que levantarse de la cama result&oacute; imposible. Ese traspaso no se encuentra en un tutorial. El reto no es competir con el algoritmo, sino ocupar el terreno que no puede replicar: el de la vulnerabilidad. El de decir &laquo;no s&eacute;, pero lo vemos juntos&raquo;. El de sostener el silencio cuando no existe la respuesta inmediata. Pensar m&aacute;s lento, pero m&aacute;s profundo. Compartir contenidos con nuestras hijas e hijos abre el di&aacute;logo. Preguntar qu&eacute; piensan ellos antes de decir qu&eacute; pensamos nosotros desarma evidencias prefabricadas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Igual que no evaluamos la alimentación solo por la cantidad, sino por los nutrientes, la tecnología no debería evaluarse únicamente por duración, sino por calidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n conviene asumir que la educaci&oacute;n tecnol&oacute;gica no se mide solo en minutos. El problema no es cuesti&oacute;n de tiempo de pantalla, sino de lo que ocurre en ese tiempo. Una hora viendo c&oacute;mo construir un cohete casero no equivale a una hora deslizando contenido dise&ntilde;ado para retener atenci&oacute;n.<strong> </strong>Igual que no evaluamos la alimentaci&oacute;n solo por la cantidad, sino por los nutrientes, la tecnolog&iacute;a no deber&iacute;a evaluarse &uacute;nicamente por duraci&oacute;n, sino por calidad.
    </p><p class="article-text">
        No hay recetas cerradas; como mucho, una orientaci&oacute;n clara: m&aacute;s acompa&ntilde;amiento y menos delegaci&oacute;n; m&aacute;s conversaci&oacute;n y menos instrucci&oacute;n. La tecnolog&iacute;a seguir&aacute; ah&iacute;, cada vez m&aacute;s integrada. El desaf&iacute;o no es expulsarla, sino domesticarla. Convertirla en herramienta y no en tutor.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; nuestros hijos recuerden menos lo que les explicamos y m&aacute;s la manera en que pensamos junto a ellos. No se trata de transmitir certezas, sino de ofrecer un m&eacute;todo para sobrevivir al exceso de ellas. Un algoritmo puede responder en un segundo, pero necesita que alguien &mdash;un padre, una madre, una maestra, un adulto que le cuide&mdash; ense&ntilde;e a un ni&ntilde;o a preguntarse por qu&eacute; esa respuesta merece ser cre&iacute;da.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/educar-tiempos-pantallas-respuestas-inmediatas-acompanar-ninos-padres-no-controlamos_129_12981463.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2026 21:22:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Educar en tiempos de pantallas y respuestas inmediatas: cómo acompañar a los niños en lo que los padres aún no controlamos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,Adolescentes,Padres,Madres,Tecnología,Educación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Navidad sin cuñados: ¿y si podemos aspirar a algo más que pasar las fiestas 'felices o en familia'?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/navidad-cunados-si-aspirar-pasar-fiestas-felices-familia_129_12859958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7032e730-5512-4588-8b0b-6b937c4440d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Navidad sin cuñados: ¿y si podemos aspirar a algo más que pasar las fiestas &#039;felices o en familia&#039;?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un mes entero intentando agradar puede desgastar más que unir. Por eso conviene resaltar que romper una tradición no es, necesariamente, romper una familia: es permitir que los lazos que nos unen se vuelvan más flexibles</p><p class="subtitle">“Odio las Navidades desde que soy madre”: mujeres agotadas por la carga de trabajo durante las fiestas</p></div><p class="article-text">
        Cada diciembre vuelve la misma consigna envuelta en luces y brillos: la Navidad es para estar en familia. Es una frase que suena bien, que se repite por tradici&oacute;n, que parece una ley natural. Es un anuncio de turrones. Pero si la colocamos bajo una luz m&aacute;s fr&iacute;a, aparece su grieta esencial: hay quien estar&iacute;a mejor lejos de esa mesa superpoblada de manjares. Hay quien ama a los suyos, pero no soporta el ruido, la tensi&oacute;n, las bromas repetidas; una coreograf&iacute;a fija en la que cada persona ocupa un rol del que no puede escapar: la que cocina el caldo, el que corta los embutidos, quien habla demasiado, quien se muerde la lengua, quien asiste por costumbre, aunque en realidad preferir&iacute;a quedarse en casa con una crema de verduras sencilla, un libro y en silencio. Y ah&iacute; emerge el chascarrillo, la pregunta que se repite en cada <a href="https://www.eldiario.es/era/guia-sobrevivir-cena-empresa-error-comun-olvidar-seguimos-ambiente-laboral_1_12813216.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cena de Navidad de empresa</a>: &iquest;C&oacute;mo vas a pasar las Navidades? &iquest;Felices o en familia?
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Y si ambas cosas no siempre van juntas?</h2><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas hemos sostenido fielmente la idea de que la felicidad navide&ntilde;a depend&iacute;a de la foto conjunta: mantel largo, diez platos, conversaciones obligatorias, cu&ntilde;ados debatiendo, suegras opinando, silencios espesos disfrazados de normalidad. Lo familiar se entend&iacute;a como garant&iacute;a de bienestar, pero cada vez m&aacute;s personas empiezan a separar los conceptos, a dudar, a decir que estar juntos no siempre implica estar bien. Que la reproducci&oacute;n de rituales heredados no asegura ninguna alegr&iacute;a; a veces, la impide.
    </p><p class="article-text">
        En 2023, SIGMADOS elabor&oacute; para IKEA el estudio <a href="https://www.ikea.com/es/es/newsroom/corporate-news/un-50-de-los-espanoles-sufre-estres-en-navidad-puba491a9b0/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>&iquest;Y si menos Navidad fuese m&aacute;s Navidad?</em></a> Los datos son contundentes y me temo que, dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, no han mejorado: aunque en Espa&ntilde;a, en general, disfrutamos de las fiestas navide&ntilde;as con una calificaci&oacute;n media de satisfacci&oacute;n de 3,4 en una escala del 1 al 5, una de las principales conclusiones que se desprende de este estudio es que la mitad de los encuestados experimenta estr&eacute;s en alg&uacute;n momento durante estas fechas (un 49,3%). Los gastos extra son uno de los factores m&aacute;s estresantes (seis de cada diez as&iacute; lo reconoce), seguido de las compras de regalos navide&ntilde;os (54,2%), as&iacute; como la alimentaci&oacute;n excesiva (47,9%) o la preparaci&oacute;n de comidas y cenas (45,2%). Tambi&eacute;n es relevante que un 40% se estresa por tener que ver a personas a las que no les apetece ver, un 39,4% por tener conversaciones indeseadas con familiares y un 30,9% por la cantidad de compromisos en la agenda. Pero una nueva tendencia avanza en voz baja: la de romper tradiciones sin romper v&iacute;nculos. Redefinir la ecuaci&oacute;n para que diciembre deje de ser una obligaci&oacute;n emocional y pase a ser una elecci&oacute;n serena.
    </p><p class="article-text">
        No hablo de conflictos irreparables, sino de algo m&aacute;s sutil y m&aacute;s moderno: de familias que deciden que la felicidad tambi&eacute;n cuenta, que la paz mental tiene valor, que el bienestar no deber&iacute;a sacrificarse por mantener las apariencias. Hablo de un fen&oacute;meno nuevo &mdash;medio tab&uacute;, medio alivio&mdash;: Navidades sin <em>cu&ntilde;ados</em>, sin anexos pol&iacute;ticos, sin invitados por compromiso. No como acto de rebeld&iacute;a, no como ego&iacute;smo, sino como acto de bienestar. No se trata de excluir a nadie, sino de cuestionar el automatismo: &iquest;Y si la reuni&oacute;n familiar funciona mejor en febrero que el 24 de diciembre? &iquest;Y si es m&aacute;s sano cenar cuatro que catorce? &iquest;Y si la Navidad puede existir sin ruido, sin tensi&oacute;n ni teatrillo?
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un fenómeno nuevo —medio tabú, medio alivio—: Navidades sin cuñados, sin anexos políticos, sin invitados por compromiso. No como acto de rebeldía, no como egoísmo, sino como acto de bienestar</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Las expectativas y su coste emocional</h2><p class="article-text">
        Cuando una celebraci&oacute;n exige que todos estemos felices por decreto, cualquier emoci&oacute;n discordante se vive como un fracaso. Por eso, diciembre se llena de sonrisas ensayadas, de brindis que no dicen nada y de conversaciones que evitan todo lo importante. La hipocres&iacute;a no siempre es maldad: en ocasiones es un simple mecanismo de supervivencia, pero el coste emocional es alto. Un mes entero intentando agradar puede desgastar m&aacute;s que unir. Por eso conviene resaltar que romper una tradici&oacute;n no es, necesariamente, romper una familia: es permitir que los lazos que nos unen se vuelvan m&aacute;s flexibles.
    </p><p class="article-text">
        El informe tambi&eacute;n revela el reverso emocional de diciembre: un 17,4% de la poblaci&oacute;n afirma haber tenido m&aacute;s conflictos con amigos, pareja o familia que en cualquier otro momento del a&ntilde;o, la mitad asegura que la relaci&oacute;n de pareja se resiente en estas fechas y un 39% admite tensiones con la familia pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El g&eacute;nero tambi&eacute;n influye: seg&uacute;n el estudio, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/odio-navidades-madre-mujeres-agotadas-carga-trabajo-durante-fiestas_1_12852058.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las mujeres reportan m&aacute;s estr&eacute;s</a> que los hombres durante la Navidad (55,7% frente a 42,5%). Por ejemplo, ellas cargan con mayor presi&oacute;n en la preparaci&oacute;n de comidas y cenas (52,6% frente a 37,5%) y declaran m&aacute;s estr&eacute;s asociado a la planificaci&oacute;n que ellos.
    </p><h2 class="article-text">Las nuevas Navidades</h2><p class="article-text">
        Las nuevas Navidades no siempre suenan a villancicos. A veces llevan pijama todo el d&iacute;a, un men&uacute; m&iacute;nimo, llamadas selectivas, un paseo sin horario. En ocasiones, consisten en no salir de casa. Otras, en viajar lejos o en elegir compa&ntilde;&iacute;a por afecto y no por parentesco. Hay abuelos que descansan, hijos que reparten d&iacute;as, parejas que alternan a&ntilde;os, hermanos que postergan la celebraci&oacute;n a enero. Esa flexibilidad era impensable hace dos generaciones. Hoy es supervivencia afectiva y procura testimonios como el de C., madre de cinco hijos y abuela de ocho nietos: &ldquo;He sido anfitriona durante treinta y dos a&ntilde;os, y solo pensar en diciembre me agotaba. Las pasadas Navidades les dije a mis hijos que no cocinar&iacute;a. Cre&iacute; que se enfadar&iacute;an, pero vinieron con comida hecha y por primera vez me sent&eacute; a la mesa sin tener que estar entrando y saliendo de la cocina constantemente&rdquo;, o el de P., que se acerca a la treintena: &ldquo;Mis padres se separaron y la Navidad se convirti&oacute; en una <a href="https://www.eldiario.es/nidos/formulas-les-funcionan-padres-divorciados-organizar-navidad-hija-contenta-esperar_1_12840681.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">negociaci&oacute;n de fechas</a>. Fue as&iacute; durante a&ntilde;os. Este a&ntilde;o les dije que no pod&iacute;a m&aacute;s, que prefer&iacute;a verlos por separado en enero y se lo tomaron mejor de lo que esperaba&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Dejemos de preguntarnos cómo mantener ciertas tradiciones, sino qué tradiciones merecen seguir vivas</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Las t&iacute;picas preguntas</h2><p class="article-text">
        V. tiene 33 a&ntilde;os, est&aacute; soltera y me cuenta que las cenas familiares en Navidad, en su caso, son un concurso no declarado por saber qui&eacute;n compra mejor vino, qui&eacute;n lleva el jam&oacute;n m&aacute;s caro, a qui&eacute;n le va mejor en el trabajo. Y sigue: &ldquo;Cuando mis t&iacute;os no hablan de ellos, me hacen las t&iacute;picas preguntas a m&iacute;: que si tengo novio, que por qu&eacute; no lo tengo, que si quiero ser madre. Y cuando no son preguntas, son juicios tipo 'se te va a pasar el arroz'. Siempre es lo mismo, nunca me gusta y no me acostumbro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dejemos de preguntarnos c&oacute;mo mantener ciertas tradiciones, sino qu&eacute; tradiciones merecen seguir vivas. Esto tiene que ver con lo que realmente nos hace bien, con lo que nos une de manera genuina. Hagamos que la Navidad sea nuestra y no de nuestras costumbres. No temamos decir que hay Navidades en familia que no son felices. La frase &ldquo;la familia es lo primero&rdquo; suena preciosa &mdash;y en muchos casos es as&iacute;&mdash;, pero, a veces, lo primero es la salud mental.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/navidad-cunados-si-aspirar-pasar-fiestas-felices-familia_129_12859958.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Dec 2025 21:18:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Navidad sin cuñados: ¿y si podemos aspirar a algo más que pasar las fiestas 'felices o en familia'?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Navidad,familia,Relaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["No sé cuánto gana mi pareja": cómo el tabú del dinero en casa empuja a la desigualdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-gana-pareja-tabu-dinero-casa-empuja-desigualdad_129_12749131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/398997c1-6af7-4126-8afd-637f40382d69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;No sé cuánto gana mi pareja&quot;: cómo el tabú del dinero en casa empuja a la desigualdad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En muchas parejas, hablar de dinero se vuelve un tema sobre el que no es fácil conversar cuando llegan los hijos. La crianza impone nuevas renuncias, reorganiza prioridades y expone las grietas de una supuesta igualdad</p><p class="subtitle">“La presión por recuperar tu cuerpo es inmensa”: las madres empujadas a usar inyecciones para adelgazar en el posparto
</p></div><p class="article-text">
        Hay conversaciones que matan m&aacute;s que el silencio: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;nto pones t&uacute;?&rdquo;, &ldquo;&iquest;Eso es tuyo o nuestro?&rdquo;, &ldquo;Yo gano m&aacute;s, pero t&uacute; tienes m&aacute;s tiempo libre&rdquo;. El dinero, en la pareja, no es solo n&uacute;meros: es la gram&aacute;tica del poder y el lenguaje del valor. Lo que se reparte o se oculta marca las jerarqu&iacute;as invisibles del hogar, que pueden sostenerse durante a&ntilde;os sin pronunciarse.&nbsp;Por miedo, por pudor o por costumbre, se evita nombrarlo. Pero el dinero atraviesa el amor igual que el amor atraviesa el dinero: ambos sostienen &mdash;o tensan&mdash; el contrato invisible de la convivencia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Depende mucho de la pareja, pero es verdad que sigue habiendo muchas a las que les cuesta hablar de dinero. Creo que es algo que viene dado por comportamientos adquiridos: si en tu casa no se hablaba de dinero o se viv&iacute;a como algo secreto, eso deja huella&rdquo;, dice Natalia de Santiago, escritora, divulgadora y emprendedora espa&ntilde;ola empe&ntilde;ada en hacer la educaci&oacute;n financiera m&aacute;s accesible.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Adem&aacute;s, todav&iacute;a hay muchos complejos: parejas en las que uno se siente por encima o por debajo del otro. Es un tema del que no gusta hablar, tambi&eacute;n, por temor a equivocarse: nadie quiere parecer taca&ntilde;o ni ignorante. Por las mismas razones, opino que sigue siendo complicado hablar de salud mental o de sexualidad: vamos avanzando, pero todav&iacute;a hay muchos estigmas que persisten&rdquo;. El silencio, explica, es herencia. Y, a menudo, una forma de protegerse de lo que el dinero revela: poder, culpa o dependencia.
    </p><h2 class="article-text">Cuando llega la crianza</h2><p class="article-text">
        En muchas parejas, hablar de dinero se vuelve un tema sobre el que no es f&aacute;cil conversar cuando llegan los hijos. La crianza impone nuevas renuncias, reorganiza prioridades y expone las grietas de una supuesta igualdad.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el informe <a href="https://www.oxfamintermon.org/es/nota-de-prensa/el-cuidado-de-hijos-e-hijas-ocupa-habitualmente-al-37-por-ciento-de-mujeres-frente-al-56-de-hombres" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La cuenta de los cuidados</em></a><a href="https://www.oxfamintermon.org/es/nota-de-prensa/el-cuidado-de-hijos-e-hijas-ocupa-habitualmente-al-37-por-ciento-de-mujeres-frente-al-56-de-hombres" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> de Oxfam Interm&oacute;n (2025)</a>, el 37,1% de las mujeres en Espa&ntilde;a asume siempre o casi siempre el cuidado de hijos e hijas, frente al 5,6% de los hombres. Adem&aacute;s, un 9,4 % de las mujeres declara dedicarse exclusivamente al trabajo dom&eacute;stico y de cuidados no remunerado; entre los hombres, apenas un 0,4%. &ldquo;La brecha salarial empieza el d&iacute;a que te haces madre&rdquo;, afirma De Santiago.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y no se cierra ni cuando los hijos cumplen veinte a&ntilde;os. Ya no es porque nos paguen menos por hacer el mismo trabajo, sino porque, de alguna manera, las mujeres elegimos, por lo general, carreras menos ambiciosas u optamos por trabajos que nos dan mayor flexibilidad, pero que est&aacute;n peor pagados o tienen menos proyecci&oacute;n&rdquo;, contin&uacute;a De Santiago. &ldquo;Es una consecuencia directa de la conciliaci&oacute;n, una renuncia que permite que uno de la pareja &mdash;normalmente el hombre&mdash; trabaje sin frenos en una carrera mejor remunerada. Las mujeres solemos conformarnos con ese tipo de trabajos m&aacute;s flexibles o reducimos nuestra jornada para cuidar y as&iacute; nos hipotecamos: cuesta m&aacute;s que te promocionen si tienes una jornada reducida. Esa brecha tiene impacto en los derechos que acumulamos para la jubilaci&oacute;n, por ejemplo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa renuncia tiene efectos que no siempre se ven: menos ingresos, menos cotizaci&oacute;n, menos pensi&oacute;n. La maternidad, m&aacute;s que en un par&eacute;ntesis, se convierte en un peaje que se paga con el tiempo.
    </p><h2 class="article-text">Cuando hay poco, se habla con m&aacute;s claridad</h2><p class="article-text">
        El tab&uacute; del dinero aparece con fuerza cuando hay desequilibrio: cuando uno gana mucho m&aacute;s que el otro, cuando la dependencia econ&oacute;mica deja de ser circunstancial y se vuelve estructural.
    </p><p class="article-text">
        En la mayor&iacute;a de las parejas heterosexuales, el sueldo m&aacute;s alto sigue siendo el del hombre. Hablar de dinero, en ese contexto, puede ser una forma de incomodidad o incluso de humillaci&oacute;n. Pero hay un lugar donde el silencio se rompe: la escasez.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En las parejas que viven con lo justo, el dinero no se convierte en un instrumento de poder, sino en un ejercicio de cooperación: un pacto de supervivencia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        E., artista pl&aacute;stica y madre de dos hijas, me cuenta que, en su casa, el dinero nunca fue motivo de discusi&oacute;n porque jam&aacute;s sobr&oacute;: &ldquo;Hablamos de dinero, pero no de las cuentas de la casa o las facturas: esas se pagan y ya. Si hablamos de dinero es para so&ntilde;ar con lo que har&iacute;amos si lo tuvi&eacute;ramos para comprar y arreglar una casa. Desde el principio de nuestra relaci&oacute;n asumimos naturalmente que el dinero que ambos gan&aacute;bamos era de los dos, y as&iacute; ha sido siempre. Tenemos la suerte de que en este tema sentimos y opinamos igual: el dinero viene y va, es solo dinero, y siempre hemos tenido lo m&iacute;nimo, pasando por &eacute;pocas bastante complicadas&rdquo;, cuenta. &ldquo;Creo que las parejas que tienen m&aacute;s dinero son las que discuten m&aacute;s sobre &eacute;l, lo he visto tantas veces&hellip; Cuando hay una base com&uacute;n de filosof&iacute;a de vida, amor y una capacidad de vivir con poco y buscarte la vida, el tema del dinero no es motivo de discusi&oacute;n&rdquo;, opina.
    </p><p class="article-text">
        Su testimonio revela algo esencial: el silencio tambi&eacute;n es un privilegio. Cuando el dinero sobra, se puede esconder; cuando falta, se convierte en una conversaci&oacute;n inevitable. La precariedad obliga a hablar con franqueza, a negociar, a improvisar.
    </p><p class="article-text">
        E. reconoce, sin embargo, la carga invisible de la desigualdad: &ldquo;Nunca le he dicho a mi pareja que, a veces, me siento en deuda con &eacute;l porque carga con la responsabilidad econ&oacute;mica en mayor medida. Mi trabajo es muy inestable y la mayor&iacute;a de los meses, si viviera sola, no podr&iacute;a asumir ning&uacute;n gasto. &Eacute;l ha tenido siempre la iniciativa y ha hecho el esfuerzo de trabajar de cualquier cosa para ganar lo m&iacute;nimo que nos hace falta y mantenerlos, y ha trabajado en verdaderas mierdas. Yo nunca me he bajado del carro de trabajar de algo que no sea lo m&iacute;o, aunque no gane lo suficiente&rdquo;. &ldquo;Tampoco he querido sacrificar ning&uacute;n momento de mi maternidad. Paso mucho tiempo sola con mis hijas, s&eacute; profundamente lo que son los cuidados; &eacute;l tambi&eacute;n, porque siempre hemos sido padres lejos de nuestras familias, pero hay cosas que se le escapan&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es consciente cuando pasa solo con las ni&ntilde;as algunos d&iacute;as, cuando ve todas las cosas de los cuidados y del mantenimiento de la casa que son invisibles para quien no las hace o nunca las ha hecho. Siempre meto mucha ca&ntilde;a con esto, para que todas las cosas invisibles que hacemos en la casa se hagan visibles: encontrar tu ropa doblada cuando te vas a vestir para ir al instituto, saber d&oacute;nde est&aacute; tal libro, que el ba&ntilde;o est&eacute; limpio&hellip;&rdquo;, argumenta E. En las parejas que viven con lo justo, el dinero no se convierte en un instrumento de poder, sino en un ejercicio de cooperaci&oacute;n: un pacto de supervivencia.
    </p><h2 class="article-text">Cuando el silencio se confunde con armon&iacute;a</h2><p class="article-text">
        M.<strong> </strong>tiene estudios de postgrado, es emprendedora y tiene tres hijos. Me cuenta que nunca ha hablado abiertamente de dinero con su pareja: &ldquo;No s&eacute; cu&aacute;nto gana. S&eacute; que gana m&aacute;s que yo porque tiene varios trabajos. Gana un fijo que se me antoja abundante, aunque nunca he visto su n&oacute;mina, y otros variables por diversas colaboraciones. Vivimos en una casa de su familia, sin cargas. El 85% de mi sueldo entra en la cuenta de gastos compartidos. No me atrevo a proponer demasiados planes o salidas porque ese exiguo 15% no da para mucho. Trabajo como aut&oacute;noma, desde casa y me hago cargo de la mayor parte de los cuidados y de las tareas del hogar. Supongo que me siento en la obligaci&oacute;n de ocuparme de ellos al aportar menos dinero a la econom&iacute;a familiar&rdquo;. Su relato muestra el reverso de la escasez: no se habla de dinero para no desestabilizar lo que parece equilibrio.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La sensación de dependencia, de que tu vida económica no la controlas tú, merma mucho la calidad de vida de las personas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Natalia de Santiago</span>
                                        <span>—</span> divulgadora de educación financiera
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero la desigualdad econ&oacute;mica tiende a traducirse en desigualdad dom&eacute;stica. Quien aporta menos dinero asume m&aacute;s cuidados. El dinero no es solo dinero: es reconocimiento, capacidad de decisi&oacute;n, espacio propio. Como advierte De Santiago, &ldquo;el dinero es una de las mayores fuentes de estr&eacute;s y es una de las cosas que m&aacute;s afecta al bienestar global de una persona. Ahora que hablamos m&aacute;s sobre la salud mental, no debemos olvidar que el dinero es una de las causas mayores de estr&eacute;s, de ansiedad y de malestar. La sensaci&oacute;n de dependencia, de que tu vida econ&oacute;mica no la controlas t&uacute;, merma mucho la calidad de vida de las personas. Si crees que no puedes salir de una relaci&oacute;n porque no podr&iacute;as mantenerte, eso te coloca en una situaci&oacute;n de vulnerabilidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
         Los datos lo corroboran. Un tercio de las familias espa&ntilde;olas con hijos vive con menos de 2.000 euros al mes, seg&uacute;n el <a href="https://www.europapress.es/economia/finanzas-00340/noticia-23-hogares-espana-no-puede-ahorrar-nada-16-depende-ayuda-economica-externa-cofidis-20250612134317.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">IV Observatorio Cofidis de Econom&iacute;a Sostenible</a>. Los hogares monoparentales &mdash;la mayor&iacute;a encabezados por mujeres&mdash; concentran el mayor riesgo de pobreza laboral, de acuerdo con <a href="https://www.savethechildren.es/notasprensa/ecv-tener-hijos-e-hijas-en-espana-duplica-el-riesgo-de-pobreza" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Save the Children</a>.
    </p><h2 class="article-text">La confianza como econom&iacute;a compartida</h2><p class="article-text">
        El testimonio de A. &mdash;expatriada, madre de una hija&mdash; ofrece una visi&oacute;n radicalmente opuesta: &ldquo;Comparto cuenta con mi pareja desde que nos conocemos. En casi 13 a&ntilde;os juntos, ha habido etapas en las que trabajamos los dos y otras en las que solo lo hac&iacute;a uno de nosotros, antes de que naciera nuestra hija y despu&eacute;s. El dinero nunca ha sido un tab&uacute; ni un motivo de discusi&oacute;n; en tal caso, a veces ha sido una preocupaci&oacute;n que nos ha hecho tomar decisiones conjuntas. El dinero nos ha unido en disfrute y logros; el no tenerlo nos ha unido en la incertidumbre y la lucha mano a mano. Ahora mismo, &eacute;l no trabaja y se ocupa mucho m&aacute;s de nuestra vida diaria que yo; lleva a nuestra hija al colegio, hace el desayuno, la compra, saca a los perros&hellip; Cuando ha sido lo contrario, soy yo la que me ocupo m&aacute;s. Por supuesto, el equilibrio no llega m&aacute;gicamente: han sido aprendizajes continuos y replanteamientos. Damos mucho valor al trabajo que hacemos en casa, al de fuera de casa, al pagado, al no pagado&hellip; Valoramos el esfuerzo, lo sabemos ver el uno en el otro. Siempre nos hemos mirado bien, con mucho cuidado, pero tras convertirnos en padres, todav&iacute;a valoramos m&aacute;s cuidarnos como n&uacute;cleo: somos una familia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A lo mejor, soy rara &ndash;contin&uacute;a A.&ndash;, pero nunca he entendido lo de ir a medias con tu compa&ntilde;ero o compa&ntilde;era de vida. De alguna manera, para m&iacute; implica que vas a medias tambi&eacute;n en todo lo dem&aacute;s. Si el dinero es lo &uacute;nico tangible que se puede tocar y controlar y vas a medias, todo lo que mide la generosidad, implicaci&oacute;n, tareas, etc., es m&aacute;s cuesti&oacute;n de confianza que de otra cosa&rdquo;. Su reflexi&oacute;n rompe con la idea de que la igualdad econ&oacute;mica exige simetr&iacute;a perfecta. A veces, la verdadera igualdad est&aacute; en la reciprocidad: en reconocer que el valor no siempre se mide en euros, sino en cuidado, esfuerzo y presencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si el dinero es lo único tangible que se puede tocar y controlar y vas a medias, todo lo que mide la generosidad, implicación, tareas, etc., es más cuestión de confianza que de otra cosa</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">A</span>
                                        <span>—</span> expatriada, madre de una hija
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">&iquest;Cu&aacute;nto valen los cuidados?</h2><p class="article-text">
        El trabajo dom&eacute;stico y de cuidados no cotiza, pero sostiene el sistema econ&oacute;mico. Como escribi&oacute; Silvia Federici en <em>Revoluci&oacute;n en punto cero. Trabajo dom&eacute;stico, reproducci&oacute;n y luchas feministas</em> (Traficantes de Sue&ntilde;os, 2013): &ldquo;Fue gracias a mi implicaci&oacute;n en el movimiento de las mujeres como fui consciente de la importancia que la reproducci&oacute;n del ser humano supone como cimiento de todo sistema pol&iacute;tico y econ&oacute;mico y de que lo que mantiene el mundo en movimiento es la inmensa cantidad de trabajo no remunerado que las mujeres realizan en los hogares&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De Santiago lo confirma desde la pr&aacute;ctica: &ldquo;Yo creo que s&iacute; se puede medir lo que cuestan los cuidados. Recuerdo que una vez pens&eacute;: &rdquo;&iquest;Cu&aacute;ntas personas tendr&iacute;a que contratar para sustituirme a m&iacute;?&ldquo;. Y era a varias, porque en ese momento ten&iacute;a cinco hijas peque&ntilde;as, en colegios distintos, con lenguas diferentes&hellip; Pensaba: &rdquo;Nadie se multiplicar&iacute;a como yo, sin horarios, sin bajas&ldquo;. Calcul&eacute; que, como m&iacute;nimo, har&iacute;an falta dos o tres personas. Pues bien, piensa en cu&aacute;nto tendr&iacute;as que pagarles, y de esa manera ya puedes cuantificar ese trabajo&rdquo;. El cuidado es trabajo, solo que no lo llamamos as&iacute;. La conveniencia lo disfraza de amor o de instinto, y as&iacute; perpet&uacute;a su invisibilidad.
    </p><h2 class="article-text">Hablar de dinero es hablar de amor</h2><p class="article-text">
        Romper el tab&uacute; no es hacer cuentas, sino asumir que los cuidados tienen un valor. De Santiago lo explica con claridad: &ldquo;Pedir un sueldo a la pareja por cuidar a los hijos puede resultar inc&oacute;modo, incluso agresivo. Pero s&iacute; animo a las mujeres a proponer algo como abrir un plan de pensiones o un veh&iacute;culo de ahorro a su nombre. Es una manera de ir construyendo un futuro que, por estad&iacute;stica, siempre es m&aacute;s incierto para nosotras. Y los temas de dinero hay que abordarlos desde ah&iacute;, desde la construcci&oacute;n, no desde la confrontaci&oacute;n. Cuando hablamos de construir un futuro com&uacute;n, eso tambi&eacute;n implica proteger a la parte que hace m&aacute;s sacrificios o que se ver&aacute; m&aacute;s penalizada &mdash;por los ni&ntilde;os, por el trabajo, por lo que sea&mdash;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No todos los papeles son iguales, ni todas las protecciones son las mismas. Si tu trabajo est&aacute; peor pagado o te has reducido la jornada, eso tendr&aacute; un impacto en tu pensi&oacute;n y en tus derechos. Hablarlo desde esa perspectiva de equipo no deber&iacute;a ofender a nadie. Al contrario: es la forma m&aacute;s honesta de cuidarse mutuamente y de entender que no todos los papeles pesan igual. Porque lo que no se paga tambi&eacute;n cuesta y lo que no se nombra, tarde o temprano, pasa factura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-gana-pareja-tabu-dinero-casa-empuja-desigualdad_129_12749131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Nov 2025 20:56:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["No sé cuánto gana mi pareja": cómo el tabú del dinero en casa empuja a la desigualdad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Paternidad,Crianza,Dinero,Cuidados familiares,Economía doméstica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Perimenopausia y pareja: manual de supervivencia (para los dos)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/perimenopausia-pareja-manual-supervivencia_129_12653893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d0a129f-827c-421d-9f96-73eced2480a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Perimenopausia y pareja: manual de supervivencia (para los dos)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hablar de perimenopausia y entenderla puede permitir reorganizar la logística del hogar, redistribuir cargas y sostener vínculos con menos desgaste</p><p class="subtitle">Separarse y seguir viviendo juntos “por los niños” (y otras trampas que nos hacemos los padres)</p></div><p class="article-text">
        La perimenopausia no es un &ldquo;ya te tocar&aacute;&rdquo;. Es un hoy que empieza con un sue&ntilde;o que no llega, un calor que sube sin permiso y una memoria que juega al despiste. Es un cuerpo que no entiende bien lo que le pasa porque, hasta hace bien poco, a nadie pareci&oacute; interesar investigar sobre ello, y un territorio com&uacute;n que, si nadie actualiza el pacto, paga la factura entera: el v&iacute;nculo, las criaturas, el humor, el deseo y la salud. Esto no va de aguantar ni de santificarse; va de alfabetizaci&oacute;n b&aacute;sica de vida adulta. Saber qu&eacute; est&aacute; pasando, ponerle palabras y reorganizar la log&iacute;stica. Y s&iacute;, implica mirar de frente la pregunta inc&oacute;moda de toda pareja que se quiere bien: &iquest;qu&eacute; necesitas hoy de m&iacute; y qu&eacute; estoy dispuesto a cambiar para que esto funcione?
    </p><p class="article-text">
        Lo llamamos &ldquo;perimenopausia&rdquo; y suena a pre&aacute;mbulo, a sala de espera con m&aacute;quina de caf&eacute; y revistas en la mesa. No lo es. Es un pasillo largo donde, a ratos, se apaga la luz. Puede provocar insomnio, niebla mental, variaciones del ciclo, cambios de temperatura que te convierten en meteor&oacute;loga de la noche, ansiedad camuflada de mal humor, dolor durante el sexo, baj&oacute;n de deseo, cansancio sin explicaci&oacute;n. Traducido al idioma del hogar: hay menos paciencia para la log&iacute;stica, menos cuerda <a href="https://www.eldiario.es/nidos/vas-montar-bici-les-llevo-compra-brecha-genero-ocio-durante-crianza_1_12220659.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>para el multitasking</em></a><em> </em>y m&aacute;s posibilidades de que un comentario inocente se sienta como una cr&iacute;tica. Si encima convives con criaturas, trabajos, hipotecas y otros estreses vitales, el c&oacute;ctel es perfecto para la frase letal: &ldquo;No s&eacute; qu&eacute; te pasa, &uacute;ltimamente est&aacute;s imposible&rdquo;. A partir de ah&iacute;, dos caminos: convertirlo en culpa &mdash;&ldquo;me estoy volviendo insoportable&rdquo;&mdash; o convertirlo en plan.
    </p><h1 class="article-text">La trampa del car&aacute;cter</h1><p class="article-text">
        Cuando el cuerpo se desordena, el relato cultural te empuja a explicarlo con moralina: &ldquo;est&aacute; hist&eacute;rica&rdquo;, &ldquo;le cambi&oacute; el car&aacute;cter&rdquo;, &ldquo;ya no aguanta nada&rdquo;. La trampa es vieja: individualiza lo que es fisiolog&iacute;a y te deja sin herramientas. Lo contrario de esa trampa es un peque&ntilde;o gesto de civilizaci&oacute;n: separar el s&iacute;ntoma de la persona. No es lo mismo &ldquo;no me soportas&rdquo; que &ldquo;llevo tres noches sin dormir&rdquo;. No es igual &ldquo;no quieres acostarte conmigo&rdquo; que &ldquo;me duele, me cuesta, necesito otro ritmo y otras entradas&rdquo;. No es igual &ldquo;te has vuelto una controladora&rdquo; que &ldquo;si no apunto todo, se me cae el d&iacute;a encima&rdquo;. La pareja que entiende esto cambia la frase. El amor no se mide en palabras bonitas, sino en ajustes concretos: qui&eacute;n se levanta por la noche, qui&eacute;n acompa&ntilde;a a la consulta, qui&eacute;n cubre extraescolares las pr&oacute;ximas dos semanas, qui&eacute;n cocina y qui&eacute;n plancha&mdash;si es que en esa casa alguien sigue planchando&mdash;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El amor no se mide en palabras bonitas, sino en ajustes concretos: quién se levanta por la noche, quién acompaña a la consulta, quién cubre extraescolares las próximas dos semanas, quién cocina y quién plancha</p>
          </div>

  </blockquote><h1 class="article-text">El deseo no es un bono vitalicio</h1><p class="article-text">
        El deseo cambia con el cuerpo, el cansancio, el estr&eacute;s, la calidad del sue&ntilde;o y el humor. No es un indicador de amor: es un sistema sensible. En la perimenopausia puede desaparecer, volver por rachas, necesitar m&aacute;s tiempo, m&aacute;s juego, m&aacute;s lubricaci&oacute;n, menos presi&oacute;n. &iquest;Soluci&oacute;n? Sacarlo del altar y tratarlo como un tema de conversaci&oacute;n sin tab&uacute;es. Tal vez sea sexo m&aacute;s corto, con m&aacute;s manos y menos acrobacias. Tal vez sea intimidad sin coito mientras se reeduca el suelo p&eacute;lvico. Tal vez sea recuperar el calendario er&oacute;tico; no para convertir el cuerpo en KPI, sino para reservarle un lugar donde no entren los deberes ni los dientes de leche.
    </p><h1 class="article-text">Redistribuir para sostener</h1><p class="article-text">
        El romanticismo mal entendido prefiere grandes declaraciones a peque&ntilde;os lances. La casa, en cambio, funciona con turnos. Espa&ntilde;a es el primer pa&iacute;s de la Uni&oacute;n Europea en porcentaje de ni&ntilde;os nacidos de <a href="https://www.funcas.es/prensa/espana-el-pais-de-la-union-europea-con-mayor-porcentaje-de-bebes-nacidos-de-madres-mayores/#:~:text=Espa%C3%B1a%2C%20el%20pa%C3%ADs%20de%20la%20Uni%C3%B3n%20Europea,de%20madres%20de%2040%20o%20m%C3%A1s%20a%C3%B1os" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">madres mayores de 40 a&ntilde;os</a> sobre el total de los nacimientos. La edad media para convertirse en madre por primera vez es de <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/es/MNP2023.htm?print=1" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">33,1 a&ntilde;os</a>, y la tendencia apunta al alza, por lo que es cada vez m&aacute;s frecuente que las madres espa&ntilde;olas se enfrenten a la perimenopausia con hijos en edades tempranas. Si a esto le sumamos que, tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a, el 78% de las madres se declaran sobrecargadas &mdash;superando el 67% de media en la Uni&oacute;n Europea&mdash; y que acarrean los niveles m&aacute;s altos de ansiedad &mdash;el 42% de las encuestadas en el estudio <a href="https://makemothersmatter.org/mmm-state-of-motherhood-in-europe-2024/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El estado de la maternidad en Europa 2024</em></a><em>, </em>frente al 32% de media en la UE&mdash; y de agotamiento mental &mdash;el 21% manifestaron <em>burnout </em>por encima de la media europea, situada en el 18%&mdash;, el c&oacute;ctel se vuelve explosivo.
    </p><p class="article-text">
        Si hay insomnio, la primera intervenci&oacute;n no es una charla de cuatro horas: es un plan de sue&ntilde;o, dos semanas de prueba, con responsabilidades rotatorias y derecho a cancelar planes sin culpa. Si hay niebla mental, la agenda de citas m&eacute;dicas deber&iacute;a pasar a manos compartidas. Si hay ansiedad, se recorta el itinerario de obligaciones ornamentales &mdash;cumplea&ntilde;os ajenos, cenas que no apetecen, compromisos evitables&mdash;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si alguien en la casa entra en una etapa que exige más de su cuerpo, la otra persona debería aportar más margen. No por héroe, sino porque entiende de qué va el juego: sobrevivir con la mínima pérdida de alegría</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La redistribuci&oacute;n no es castigo. No es &ldquo;ahora me toca a m&iacute; sufrir&rdquo;. Es la forma madura de sostener un proyecto com&uacute;n. Si alguien en la casa entra en una etapa que exige m&aacute;s de su cuerpo, la otra persona deber&iacute;a aportar m&aacute;s margen. No por h&eacute;roe, sino porque entiende de qu&eacute; va el juego: sobrevivir con la m&iacute;nima p&eacute;rdida de alegr&iacute;a.
    </p><h1 class="article-text">El papel de quien acompa&ntilde;a</h1><p class="article-text">
        Si convives con alguien que est&aacute; en perimenopausia, tu papel no es de comentarista deportivo ni el de polic&iacute;a del s&iacute;ntoma. Es el de c&oacute;mplice log&iacute;stico, cuidador intermitente y, a ratos, muro de contenci&oacute;n. No hay nada m&aacute;s sexy que quien pregunta &ldquo;&iquest;qu&eacute; puedo quitarte hoy de encima?&rdquo;, y luego lo quita de verdad. Traer agua en la noche. Aprender a leer las se&ntilde;ales sin ofenderse. Defender tu casa de las exigencias externas que no suman. Y algo crucial: no convertirte en m&aacute;rtir. Ayudas m&aacute;s si no te conviertes en el h&eacute;roe incansable que lo hace todo y luego pasa factura. El pacto es de dos, no un tributo.
    </p><h1 class="article-text">Parejas que no son hetero ni mon&oacute;gamas ni iguales</h1><p class="article-text">
        Este texto es para todas. Las din&aacute;micas cambian en parejas lesbianas, bisexuales, en v&iacute;nculos no mon&oacute;gamos, en hogares donde conviven generaciones, en familias escogidas. Si compart&iacute;s ciclo o hab&eacute;is compartido crianza, las resonancias pueden ser dobles: dos cuerpos cambiando a la vez. M&aacute;s raz&oacute;n para la empat&iacute;a, para que la log&iacute;stica sea limpia y las decisiones no se tomen bajo tormenta. Y una verdad que asusta y libera: la pareja no es la &uacute;nica unidad de cuidado. La red importa: unos v&iacute;nculos familiares sanos, un buen vecindario y unas amistades gozosas salvan vidas.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Si compartís ciclo o habéis compartido crianza, las resonancias pueden ser dobles: dos cuerpos cambiando a la vez</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Medicina s&iacute;, pero sin <em>mansplaining</em></h2><p class="article-text">
        No hace falta doctorarse para entender que esta etapa es m&eacute;dica y social. Consulta, inf&oacute;rmate, busca profesionales que te escuchen. Lo mismo con suplementos, f&aacute;rmacos o terapia: criterio y seguimiento. Tampoco convirtamos la casa en un ensayo cl&iacute;nico de moda. Los cuerpos no son id&eacute;nticos; lo que a tu amiga le funcion&oacute; puede no ser lo tuyo. El objetivo no es conseguir una versi&oacute;n &ldquo;pre&rdquo; de ti, sino una vida que te siente bien hoy.
    </p><h1 class="article-text">Ocio, dinero y culpa</h1><p class="article-text">
        Hay una trenza que conviene deshacer: si me encuentro peor, renuncio al ocio; si renuncio al ocio, me encuentro peor; si me encuentro peor, siento culpa. Cortemos por lo sano: el ocio no se negocia como premio. En t&eacute;rminos de econom&iacute;a dom&eacute;stica, es inversi&oacute;n estrat&eacute;gica, no capricho. Si cada euro y cada minuto est&aacute;n medidos para las criaturas, la casa y el trabajo, pero el ocio de quien atraviesa la perimenopausia es &ldquo;cuando sobre&rdquo;, nunca ocurrir&aacute;. Y sin ocio, no hay deseo que sobreviva, ni humor que alcance.
    </p><h1 class="article-text">Lo que cambia cuando lo nombramos</h1><p class="article-text">
        El antes y el despu&eacute;s de esta etapa no es un milagro hormonal: es una pareja que deja de enfrentarse y se pone del mismo lado de la mesa. Cambia la conversaci&oacute;n: del &ldquo;&iquest;qu&eacute; te pasa?&rdquo;, al &ldquo;&iquest;qu&eacute; hacemos?&rdquo;. Cambia el calendario: de abarrotado a respirable. Cambia el reparto: de intuiciones a acuerdos medibles. Cambia el deseo: de exigido a posible. Cambia el humor: de desgastado a m&aacute;s estable. Y cambia, sobre todo, la sensaci&oacute;n de soledad: ya no peleas con tu cuerpo en secreto; compartes la batalla con alguien que entiende que quererse es comprender que el cambio es parte de la vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Porque al final el amor no es un estado: también es un conjunto de gestiones.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A veces, la casa no puede con todo. Hay parejas que, con el cambio hormonal y la acumulaci&oacute;n de temas no resueltos, terminan separ&aacute;ndose. No es un fracaso moral, sino una verdad que merece tratamiento digno: acompa&ntilde;amiento, reparto justo, criaturas informadas sin dramatismo, respeto. Tambi&eacute;n hay parejas que encuentran una segunda madurez: menos pirotecnia, m&aacute;s humor, menos perfeccionismo, m&aacute;s lealtad pr&aacute;ctica. El deseo, cuando regresa, no vuelve adolescente, sino sabio. La pareja que se atreve a mirar de frente a la perimenopausia suele salir reforzada con mejores herramientas para todo lo dem&aacute;s: enfermedades, cambios laborales, adolescencias, viejas heridas. Porque al final el amor no es un estado: tambi&eacute;n es un conjunto de gestiones. Y gestionar, en tiempos de calor s&uacute;bito y sue&ntilde;o robado, es un acto pol&iacute;tico de cuidado: aqu&iacute; estamos, esto somos hoy, movemos lo que haga falta para caber aqu&iacute;, juntos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/perimenopausia-pareja-manual-supervivencia_129_12653893.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Oct 2025 20:44:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Perimenopausia y pareja: manual de supervivencia (para los dos)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[mujeres,Salud,Pareja,Relaciones,Menopausia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Separarse y seguir viviendo juntos "por los niños" (y otras trampas que nos hacemos los padres)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/separarse-seguir-viviendo-juntos-por-los-ninos_129_12508775.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0639aa09-a544-406a-930d-631f724b9330_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Separarse y seguir viviendo juntos &quot;por los niños&quot; (y otras trampas que nos hacemos los padres)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo importante, dicen, no es cómo estás tú, sino que ellos no sufran. Pero, ¿de verdad no sufren más cuando todo es mentira? ¿De verdad les protege más la función que la verdad? ¿Tan buenas actrices —o actores— somos?</p><p class="subtitle">En primera persona - Mi experiencia criando a una niña con un hombre 14 años mayor que yo: recae todo sobre mí, estoy agotada</p></div><p class="article-text">
        <em>&laquo;Cuando me separ&eacute;, me encontr&eacute; sola en la vida de una mujer. Y no supe por d&oacute;nde empezar&hellip;&raquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Rachel Cusk, Despojos</em>
    </p><p class="article-text">
        En la foto salgo sonriendo, a su lado. Entre los dos, nuestro hijo sopla las velas. Se ve la tarta con cobertura imperfecta, los vasos de colores desechables, la cuerda de letras que dice &ldquo;Feliz cumplea&ntilde;os&rdquo; que pint&eacute; con acuarelas y cartulinas, escondida en el ba&ntilde;o para que no lo viera, y que hace las veces de<em> photocall </em>improvisado para los invitados. Detr&aacute;s, el resto de asistentes aplauden y sonr&iacute;en. Alguien dice: &ldquo;qu&eacute; suerte que os llev&eacute;is tan bien&rdquo;. Alguien lo dice siempre.
    </p><p class="article-text">
        Hay parejas que se separan y lo hacen. Otras lo piensan durante a&ntilde;os. Y otras &mdash;muchas m&aacute;s de las que se confiesan en voz alta&mdash; <a href="https://www.eldiario.es/era/compartir-piso-ex-crisis-vivienda-condiciona-relaciones-pareja_1_11723999.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">siguen viviendo juntas cuando ya no est&aacute;n juntas</a>. Por los ni&ntilde;os, por la hipoteca, por miedo a lo que venga despu&eacute;s. Porque a una separaci&oacute;n emocional le puede seguir una largu&iacute;sima convivencia f&iacute;sica. Y eso tiene algo de c&aacute;rcel amable, de pacto t&aacute;cito, de no querer romper del todo la foto. La escena se repite en muchos hogares: la pareja duerme por separado, se turna en la crianza; no se lleva mal, pero cada uno echa en falta del otro algo que quiz&aacute; nunca llegue, por mucho que lo espere. Aun as&iacute;, comparten techo, gastos, listas de la compra, cumplea&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n desidia, reproches y silencios, muchos silencios. Seg&uacute;n datos recogidos por el INE y estudios sociol&oacute;gicos recientes, entre un 20 % y un 30 % de las exparejas en Espa&ntilde;a contin&uacute;an compartiendo vivienda tras la ruptura, sobre todo por motivos econ&oacute;micos, dificultades de acceso a la vivienda o por el deseo de evitar un cambio brusco en la vida de sus criaturas. Algunas lo llaman transici&oacute;n. Otras, supervivencia. En cualquier caso, es una forma de separaci&oacute;n aplazada que, lejos de suavizar el duelo, a menudo lo encalla.
    </p><p class="article-text">
        Las separaciones, cuando hay hijos, se viven bajo un foco que no perdona. No importa si te rompieron el coraz&oacute;n, la dignidad o la cuenta corriente: &ldquo;Lo importante es que os llev&eacute;is bien por el bien de los ni&ntilde;os&rdquo;. Ese mantra envuelve todo; se convierte en consigna moral, en regla t&aacute;cita de la madre buena, del buen padre. Y la madre buena intenta &mdash;y a veces, no lo consigue&mdash; no llorar delante del ni&ntilde;o, no gritar, no quejarse. Porque cuando llora, grita o se queja, se le exige entereza, que se sobreponga a la situaci&oacute;n, que no sea emocional. Que no sea intensa. Entonces, sonr&iacute;e forzadamente, organiza cumplea&ntilde;os y no deja de <a href="https://www.eldiario.es/nidos/quien-contesta-mensajes-en-chats-de-padres_129_12212870.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">responder cualquier asuntito en el grupo de WhatsApp del colegio</a> con educaci&oacute;n y simpat&iacute;a, incluso cuando le hierve la sangre o la tristeza no le deja respirar. Porque lo importante, dicen, no es c&oacute;mo est&aacute;s t&uacute;, sino que ellos no sufran. Pero, &iquest;de verdad no sufren m&aacute;s cuando todo es mentira? &iquest;De verdad les protege m&aacute;s la funci&oacute;n que la verdad? &iquest;Tan buenas actrices &mdash;o actores&mdash; somos?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Lo importante es que os llevéis bien por el bien de los niños&#039;. Ese mantra envuelve todo; se convierte en consigna moral, en regla tácita de la madre buena, del buen padre</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay separaciones mod&eacute;licas y luego est&aacute;n las otras &mdash;que son la mayor&iacute;a, me temo&mdash;: las que se sostienen sobre silencios pactados y sonrisas tensas. Las que esconden el dolor para no molestar, para que nadie diga: &ldquo;pobres criaturas&rdquo;. Las que aceptan todo para que no se note que una u otro han elegido otra vida &mdash;Elegir: ese verbo que muchas madres a&uacute;n tienen que conjugar en voz baja&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Pero a veces ni siquiera se decide. Solo se aguanta, se aplaza, se pospone el derrumbe. Por las criaturas, por las cuentas, por el ruido. Aunque ya est&eacute;s rota por dentro. Pero la fe. Escribe Elena S&aacute;nchez Escandell en <em>Mi parte del pastel</em>, en el &uacute;ltimo n&uacute;mero de la revista MaMagazine, un relato sobre su separaci&oacute;n siendo madre de una hija: &ldquo;Me faltaba un pedazo de felicidad y necesitaba buscarlo sola. Y ahora que tengo la sensaci&oacute;n de estar encontr&aacute;ndolo y que me digo, hiciste bien, es lo que necesitabas, es lo que quer&iacute;as, resulta que le he quitado un trozo a ella. Me siento muy quieta en el sof&aacute; y regreso por unos minutos a la vida que ten&iacute;amos hace unos a&ntilde;os, juntos aqu&iacute; los tres. A esa postal de familia. Habr&iacute;a podido seguir en ese lugar, convencerme de que lo ten&iacute;a todo y sonre&iacute;r. Aguantar un poco, como me dijo alguien. Habr&iacute;a podido cerrar los ojos y nadie se habr&iacute;a percatado del agujero hasta que me hubiera engullido por completo a m&iacute;&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo difícil es asumir que a veces seguir juntos —aunque sea en habitaciones separadas— también quita trozos. Que no hacer daño puede hacer daño. Que convivir cuando ya no hay vínculo no siempre es un acto de generosidad, sino de miedo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo dif&iacute;cil es asumir que a veces seguir juntos &mdash;aunque sea en habitaciones separadas&mdash; tambi&eacute;n quita trozos. Que no hacer da&ntilde;o puede hacer da&ntilde;o. Que convivir cuando ya no hay v&iacute;nculo no siempre es un acto de generosidad, sino de miedo. Y que quedarse por los ni&ntilde;os, muchas veces, es quedarse en contra de una misma. Pero qu&eacute; v&eacute;rtigo da. Porque separarse con hijos no es una escena de pel&iacute;cula: son papeles, horarios, mudanzas, camas vac&iacute;as a ratos. Es perderse, en ocasiones, la mitad de la infancia de tus criaturas. Es aprender a estar fuera de cuadro.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, tal vez sea m&aacute;s honesto decir: ya no. Y empezar otra vida, por m&aacute;s torpe, m&aacute;s rota o m&aacute;s libre que sea. Lo que se llama estabilidad, en ocasiones, es solo una forma elegante de hundimiento lento. Tal vez no haga falta llevarse bien. Tal vez, simplemente, baste con intentar no hacerse da&ntilde;o. Tal vez, alg&uacute;n d&iacute;a, podamos dejar de fingir por nuestras criaturas y empezar a vivir con ellas, aunque se nos vean las grietas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/separarse-seguir-viviendo-juntos-por-los-ninos_129_12508775.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 Aug 2025 19:38:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Separarse y seguir viviendo juntos "por los niños" (y otras trampas que nos hacemos los padres)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Padres,Madres,familias,Relaciones,Divorcios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Las mujeres sin hijos no somos seres incompletos": ¿hasta cuándo vamos a pedir explicaciones a las que no quieren ser madres?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/mujeres-que-no-quieren-ser-madres_129_12368647.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b38e44d-0704-4dbe-a536-91973ce80f77_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Las mujeres sin hijos no somos seres incompletos&quot;: ¿hasta cuándo vamos a pedir explicaciones a las que no quieren ser madres?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Si no quieres tener hijos, la gente siente pena por ti, como si fueras una perra fría, sin corazón, incapaz de amar. Tengo 31 años y todavía no sé si quiero tener hijos", decía Miley Cyrus en una entrevista reciente. Lo cierto es que la maternidad ya no cabe en un solo cuerpo ni en un solo verbo

</p><p class="subtitle">Ser madre a los 30: entre la prisa por el reloj biológico y la soledad ante la falta de amigas con hijos
</p></div><p class="article-text">
        Hay mujeres que lo tuvieron claro desde siempre. Otras que lo descubrieron tarde, como una certeza que se asienta: que no quieren hijos. Que no van a tenerlos. Y, sin embargo, su &ldquo;no&rdquo; parece una provocaci&oacute;n. El sistema realmente no sabe qu&eacute; hacer con una mujer que se niega a ser madre. Definitivamente, tenemos que hablar de esto. 
    </p><h2 class="article-text">Ellas hablan </h2><p class="article-text">
        Miley Cyrus, que creci&oacute; bajo los focos de Disney y madur&oacute; desmontando una a una las jaulas que la industria y la cultura hab&iacute;an fabricado para ella, ha hablado con claridad sobre su elecci&oacute;n de no ser madre (al menos, por ahora). En una entrevista reciente para <em>W Magazine</em>, Cyrus ha dicho: &ldquo;Si no quieres tener hijos, la gente siente pena por ti, como si fueras una perra fr&iacute;a, sin coraz&oacute;n, incapaz de amar. Tengo 31 a&ntilde;os y todav&iacute;a no s&eacute; si quiero tener hijos&rdquo;. Esa indecisi&oacute;n no es vacilaci&oacute;n, sino resistencia. En su negativa a asumir la maternidad como destino irrenunciable resuena un eco generacional: el de quienes se niegan a traer vida a un planeta en llamas, el de quienes entienden que amar tambi&eacute;n es elegir no perpetuar &mdash;otra de sus frases en la misma entrevista: &ldquo;La idea de que mis hijos puedan habitar un planeta donde los mares ya no puedan tener peces es angustiosa&rdquo;&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no se trata solo de renunciar, sino de redefinir. &ldquo;Siento que mis fans son como mis hijos&rdquo;, dice, y evoca con cari&ntilde;o a su madrina Dolly Parton, que nunca fue madre biol&oacute;gica, pero que &mdash;como tantas otras&mdash; ha ejercido formas de maternidad simb&oacute;lica, emocional, comunitaria.&ldquo;Mother can be RuPaul, mother can be Beyonc&eacute;&rdquo; [Madre puede ser RuPaul, madre puede ser Beyonc&eacute;], remata Cyrus, con la contundencia pop de quien sabe que la maternidad ya no cabe en un solo cuerpo ni en un solo verbo. En su mirada, ser madre no es parir, sino cuidar. Y tambi&eacute;n &mdash;por qu&eacute; no&mdash;, elegir no hacerlo.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Si no quieres tener hijos, la gente siente pena por ti, como si fueras una perra fría, sin corazón, incapaz de amar. Tengo 31 años y todavía no sé si quiero tener hijos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Miley Cyrus</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as, la cantante y compositora espa&ntilde;ola <a href="https://www.eldiario.es/blog/micromachismos/ana-guerra-embarazo-forma-legitimar-vigilancia-constante-mujeres-cuerpo_132_12344887.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ana Guerra ha cortado de ra&iacute;z</a> las especulaciones sobre su posible maternidad con una sinceridad punzante: &ldquo;Me da pena seguir viviendo en una poblaci&oacute;n tan retr&oacute;grada que, una vez m&aacute;s, seg&uacute;n me caso, tienen que decir que estoy embarazada porque eso es lo que me corresponde hacer ahora mismo en mi vida&rdquo;. Molesta por el asalto a su intimidad, denuncia que solo ella recibe esas preguntas &mdash;no su marido, el actor V&iacute;ctor El&iacute;as&mdash;, y lo se&ntilde;ala como s&iacute;ntoma de una sociedad que sigue exigiendo a las mujeres que aparquen su carrera para &ldquo;dedicarse a la casa y tener hijos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Bast&oacute; esa declaraci&oacute;n para que las redes ardieran: la tildaron de ego&iacute;sta, desagradecida o inmadura, entre otras lindezas; porque sigue habiendo algo que no se le perdona a una mujer con proyecci&oacute;n p&uacute;blica: decir en voz alta que no quiere ser madre. &ldquo;No entra en mis planes [&hellip;] y ojal&aacute; esto sirva para que algo cambie&rdquo;, dijo, con esa mezcla de hartazgo y esperanza que acompa&ntilde;a a quien se atreve a cuestionar lo incuestionable. Su negativa a seguir el guion no fue recibida como una opci&oacute;n personal, sino como una amenaza al orden simb&oacute;lico. Le llovieron juicios, diagn&oacute;sticos no solicitados, y la sospecha de que <em>ya cambiar&aacute; de idea</em>. Pero Guerra, en lugar de rectificar, se mantuvo firme y soberana, liberada de la obligaci&oacute;n de justificar sus decisiones. Al hacerlo, puso en evidencia algo m&aacute;s profundo: que no solo hay que conquistar el derecho a no ser madre, sino tambi&eacute;n el de expresarlo sin disculparse. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">No solo hay que conquistar el derecho a no ser madre, sino también el de expresarlo sin disculparse</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">El mandato materno </h2><p class="article-text">
        El mandato materno es algo con lo que crecemos; pocas nos hemos librado de acunar, pasear y cuidar a nuestras mu&ntilde;ecas. El mal llamado &ldquo;instinto maternal&rdquo; es un mito construido sobre siglos de necesidad econ&oacute;mica y control social. Adrienne Rich lo dijo con precisi&oacute;n quir&uacute;rgica: no es lo mismo la experiencia materna que la instituci&oacute;n de la maternidad. Negarse a entrar en esa instituci&oacute;n no es rechazar el amor, los cuidados o la ternura: es negarse a seguir un precepto. Y es que no querer ser madre no significa no cuidar. Las mujeres que no tienen hijos pueden estar m&aacute;s presentes en sus redes, en sus proyectos, en sus comunidades. Algunas se convierten en t&iacute;as devotas, madrinas po&eacute;ticas, amigas de emergencia o sost&eacute;n emocional de otras mujeres. No es la criatura lo que falta: es el reconocimiento de que la entrega pueda tener otros destinos. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las mujeres sin hijos no somos seres incompletos. No somos ni m&aacute;s felices ni m&aacute;s infelices que las madres. Ni m&aacute;s frustradas ni m&aacute;s realizadas. No sentimos que hayamos fallado como mujeres y, si lo sentimos, es culpa de una sociedad que solo nos considera valiosas en funci&oacute;n de nuestra aportaci&oacute;n a la supervivencia de la especie. En mi caso, me importa un pepino la supervivencia de la especie. Se me ha concedido un tiempo en este planeta y lo que haga con &eacute;l es cosa m&iacute;a. Habr&aacute; quien piense que soy ego&iacute;sta. Se equivoca. He cuidado, sigo cuidando y creo que cuidar es quiz&aacute; lo m&aacute;s importante que una persona puede hacer&hellip; pero no necesito ser madre para hacerlo. Me cuido a m&iacute;, cuido a mi familia &mdash;mis padres son ahora dependientes y poder estar cerca es algo que me asusta, pero que abrazo&mdash;, y cuido de mi entorno tanto como puedo&rdquo;, apunta S. cuando charlamos.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Las mujeres sin hijos no somos seres incompletos. No somos ni más felices ni más infelices que las madres. Ni más frustradas ni más realizadas. No sentimos que hayamos fallado como mujeres y, si lo sentimos, es culpa de una sociedad que solo nos considera valiosas en función de nuestra aportación a la supervivencia de la especie</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">S.</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La culpa, siempre la culpa </h2><p class="article-text">
        No faltan voces &mdash;tambi&eacute;n femeninas&mdash; que, ante una mujer que expresa su deseo de no ser madre, la tratan de incompleta, inmadura o ego&iacute;sta. La mayor&iacute;a de las veces, se desatan las frases hechas: &ldquo;Pues no sabes lo que te pierdes&rdquo; o &ldquo;entonces, no vas a conocer el verdadero amor&rdquo; son dos de las perlas m&aacute;s repetidas. Pero el deseo &mdash;y su ausencia&mdash; no deber&iacute;a necesitar justificaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; necesidad hay de explicar lo que no se desea? 
    </p><p class="article-text">
        Me cuenta T.: &ldquo;Si tanto nos preguntan a las que no somos madres que por qu&eacute; no lo somos o por qu&eacute; no tenemos hijos, &iquest;no habremos de responder y encontrar las palabras que representen con la mayor fidelidad posible c&oacute;mo es nuestra relaci&oacute;n con la maternidad, con la idea del hijo? No hay posturas radicales, sino posturas radicalizadas. No todo es blanco o es negro. No querer tener hijos no es ser antini&ntilde;os. No querer ser madre no es que te d&eacute; alergia juntarte con aquellas que s&iacute; lo son. Y no son cosas tan obvias. Todas las realidades deben poseer una representaci&oacute;n para alumbrar una conversaci&oacute;n com&uacute;n y en com&uacute;n, y engendrar un imaginario m&uacute;ltiple, creativo, potencial, verdadero. Verbalizar el abanico de grises es imprescindible. Desde mi punto de vista, la &uacute;nica forma pasiva de participar en la maternidad no es decidiendo ser o no ser madre, queriendo tener o no tener hijos, sino callando&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">No es la criatura lo que falta: es el reconocimiento de que la entrega pueda tener otros destinos</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">&iquest;Y si cambiamos la pregunta? </h2><p class="article-text">
        En lugar de preguntarnos por qu&eacute; una mujer no desea tener descendencia, podr&iacute;amos preguntar por qu&eacute; se asume que deber&iacute;a tenerla. &iquest;Realmente es tan complicado tratar el deseo materno como una opci&oacute;n m&aacute;s&hellip; sin m&aacute;s? &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si a las mujeres se nos preguntara por nuestros proyectos, nuestras pasiones y nuestras invenciones, en vez de por los frutos de nuestros vientres? Elegir no ser madre puede ser una armaci&oacute;n de libertad. Puede ser un acto de conciencia ecol&oacute;gica, pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, corporal. Puede ser la forma m&aacute;s honesta de decir: no quiero traer a alguien al mundo si no voy a poder sostenerlo bien o, simplemente, porque no me nace.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/mujeres-que-no-quieren-ser-madres_129_12368647.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jun 2025 20:25:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Las mujeres sin hijos no somos seres incompletos": ¿hasta cuándo vamos a pedir explicaciones a las que no quieren ser madres?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Maternidad,Madres,mujeres,Sociedad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué a las madres nos cuesta tanto permitirnos el descanso sin culpa?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/madres-cuesta-permitirnos-descanso-culpa_129_12297532.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b75608c-dfac-49ee-afa4-a7df7fabc411_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué a las madres nos cuesta tanto permitirnos el descanso sin culpa?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para muchas madres, descansar sin culpa es un acto radical porque hacerlo implica desarmar esa imagen arraigada de la madre abnegada, multitarea y omnipresente. Una mujer que puede todo, que no necesita tregua, que no se queja, que no para</p><p class="subtitle">¿Quién contesta los mensajes en los chats de padres?</p></div><p class="article-text">
        Hay d&iacute;as en los que solo quiero estar tumbada. Dejar que pase el tiempo sin hacer nada. No producir, no cuidar, no demostrar. Pero incluso en ese gesto m&iacute;nimo &mdash;quedarme quieta, sin plan aparente&mdash;, aparece la culpa: por no estar haciendo lo suficiente, por no cuidar, por no rendir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi amiga V. siempre dice que, cuando te conviertes en madre, &ldquo;descansar no significa parar: significa negociar. Primero contigo misma, con esa voz interior que te dice que no est&aacute;s haciendo lo suficiente. Luego con el mundo, que espera de ti una entrega incondicional, un estar disponible, un dar sin medida&rdquo;. Lo curioso es que pocas voces verbalizan este sentir frecuente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El descanso se ha convertido en un privilegio, cuando deber&iacute;a ser un derecho. Y para muchas madres, descansar sin culpa es un acto radical porque hacerlo implica desarmar esa imagen arraigada de la madre abnegada, multitarea y omnipresente. Una mujer que puede con todo, que no necesita tregua, que no se queja, que no para.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>El cuerpo parado, la cabeza encendida&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        Hay un gesto min&uacute;sculo que se vuelve revolucionario cuando eres madre: tumbarte a no hacer nada. No mirar el m&oacute;vil. No contestar mensajes. No planear la cena. Solo estar. Pero justo en ese momento, cuando paras el cuerpo, la sombra de la culpa planea sobre ti. No es una culpa abstracta o te&oacute;rica, sino concreta y reconocible. Esa que susurra (o grita) que est&aacute;s perdiendo el tiempo. Que deber&iacute;as estar haciendo algo. Que no est&aacute;s siendo suficiente.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hoy me quedé unos cuarenta minutos más por la mañana en la cama. Me sentía tan culpable por hacerlo que ni siquiera descansé más. Procuraba no dormirme por si pudiera pasarme del tiempo que yo misma me había concedido. En mi caso, mi pareja insiste en que disfrute de más tiempo para mí, que descanse más, que haga menos… y eso creo que todavía me carga más de culpa. Es una presión que está pegada como una enfermedad adquirida. Pero ha nacido desde que soy madre, porque antes no hacer nada no me costaba, era casi un mandamiento para mí

</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">A., 40 años </span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text"><strong>Un mandato invisible&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        Desde que somos ni&ntilde;as se nos entrena en la idea de estar disponibles: para cuidar, para sostener, para no molestar, para cumplir. Y cuando nos convertimos en madres, ese mandato se intensifica. En la mayor&iacute;a de los casos, nos convertimos en el centro log&iacute;stico, emocional y simb&oacute;lico del hogar. Y a veces ni siquiera nos damos cuenta de cu&aacute;nto cargamos hasta que intentamos soltar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Silvia Federici, en <em>El patriarcado del salario, </em>recuerda que el trabajo dom&eacute;stico y de cuidados ha sido hist&oacute;ricamente invisibilizado y despojado de valor, precisamente porque ocurre en el &aacute;mbito privado y no genera valor econ&oacute;mico directo. La culpa por descansar tiene ra&iacute;ces en esa l&oacute;gica: si no produces (ni dinero, ni resultados), no vales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La culpa se infiltra en todo: es maleable, persistente, cambia de forma. Se presenta en la manera en que nos explicamos, en las excusas que damos, en c&oacute;mo hablamos &mdash;o no&mdash; de la necesidad de descansar.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Cuando el descanso es un privilegio&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        Descansar no deber&iacute;a ser un acto clandestino, pero lo es. Para muchas madres, pedir tiempo, espacio, silencio o soledad es realmente complicado porque no se nos ha ense&ntilde;ado a ver el descanso como una necesidad, sino como un lujo a conquistar. El descanso, de hecho, tambi&eacute;n debe ser productivo: tenemos que dormir bien para rendir mejor. Hacer yoga, s&iacute;, pero con constancia. Leer, s&iacute;, pero algo que te forme. Hasta <a href="https://www.eldiario.es/era/si-autocuidado-autocuidado-dorada-industria-bienestar-culpa_1_10765220.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el autocuidado</a> corre el riesgo de volverse otro deber si no lo habitamos con libertad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existe incluso un fen&oacute;meno psicol&oacute;gico que le ha puesto nombre a esto: <em>procrastinaci&oacute;n vengativa a la hora de dormir</em>. Es ese gesto de retrasar el sue&ntilde;o a prop&oacute;sito &mdash;aunque estemos agotadas&mdash; para tener un rato solo nuestro, despu&eacute;s de haber sido todo para todos durante el d&iacute;a. Ese rato de silencio, el cap&iacute;tulo de la serie que est&aacute;s viendo o el <em>scroll </em>nocturno se perciben como un momento de desconexi&oacute;n que es solo para ti. Pero este h&aacute;bito puede acabar da&ntilde;ando el estado de &aacute;nimo, la memoria, la salud y la productividad.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Descansar no debería ser un acto clandestino, pero lo es. Para muchas madres, pedir tiempo, espacio, silencio o soledad es realmente complicado porque no se nos ha enseñado a ver el descanso como una necesidad, sino como un lujo a conquistar</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Lo sabemos y, aun as&iacute;, lo hacemos. Porque a veces ese gesto &mdash;quedarse despierta un poco m&aacute;s&mdash; es lo &uacute;nico que sentimos que nos pertenece. La paradoja es que, al intentar ara&ntilde;ar algo de tiempo para nosotras, nos lo quitamos del &uacute;nico lugar que ya est&aacute; en deuda: el descanso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Jenny Odell, en <em>C&oacute;mo no hacer nada (Ariel)</em>, <a href="https://www.eldiario.es/era/antidoto-jenny-odell-hiperoptimizacion-vida-sea-productivo-no-valioso_1_11453667.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">propone una resistencia</a> radical al productivismo a trav&eacute;s del ocio no instrumental: no todo lo que hacemos tiene que servir para algo, porque no todo lo que nos sostiene se mide en rendimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sucede cuando una madre decide planear un fin de semana con sus amigas? &iquest;O cuando simplemente se queda en casa sin hacer nada, si es que eso es posible? Lo que sucede, muchas veces, es que lo oculta o lo justifica: &ldquo;Es que lo necesitaba mucho, estaba muy cansada&rdquo;. Porque sin cierto nivel de sufrimiento previo, parece no existir permiso para parar.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Romper el ciclo&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        A veces me imagino una escena imposible: una mujer &mdash;por ejemplo, yo misma&mdash; que se tumba en el sof&aacute; sin m&oacute;vil, sin reloj, sin culpa. Y pienso que, si esto ocurriera m&aacute;s a menudo &mdash;sin justificaci&oacute;n, sin castigo interno&mdash; estar&iacute;amos cambiando el mundo desde un gesto m&iacute;nimo. Que descansar sin culpa, que no ser productiva o dedicarse un tiempo para una misma es una forma de resistencia.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Entiendo la culpa, la he sentido, pero cada vez lo tengo más superada. No me siento culpable por dedicarme tiempo a mí misma porque sé que, además de que es bueno para mí, lo es también para mi entorno, mi trabajo, mi creatividad. Siempre hay cierta imposibilidad de elección —tengo conciencia de clase—, pero siempre puedes elegir, en parte, a qué dedicas tu tiempo. Y cada elección requiere una renuncia. La gente que se dedica mucho tiempo a sí misma también renuncia a otras cosas: cuidar con más tranquilidad o satisfacción a otras personas, dedicar más tiempo a un trabajo con el que ganarían más dinero, viajar más… La cosa es elegir cuánto tiempo dedicas a cada cosa y aceptar la renuncia que haces con esa elección. 

</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">I., 43 años </span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aqu&iacute; va mi propuesta: abrir esta conversaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de este art&iacute;culo. Preguntarnos &mdash;y preguntar a otras mujeres&mdash; c&oacute;mo se relacionan con su tiempo libre; qu&eacute; permisos se conceden, y cu&aacute;les no. Cu&aacute;ndo sienten culpa, y cu&aacute;ndo no. Porque quiz&aacute; la revoluci&oacute;n empiece por ah&iacute;: por poder decir &ldquo;hoy no hice nada&rdquo; sin necesidad de justificarnos. Y por escucharnos unas a otras sin culpas, sin m&eacute;ritos, sin balances. Solo con presencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/madres-cuesta-permitirnos-descanso-culpa_129_12297532.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 17 May 2025 20:21:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué a las madres nos cuesta tanto permitirnos el descanso sin culpa?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Madres,Maternidad,Padres,Descanso,Bienestar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién contesta los mensajes en los chats de padres?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/quien-contesta-mensajes-en-chats-de-padres_129_12212870.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2abf7554-0e7d-4c85-be00-e4c960b60d2c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Quién contesta los mensajes en los chats de padres?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En su corta existencia, los chats escolares han pasado de ser una herramienta útil a una prueba de resistencia. Un espacio donde conviven la hiperorganización, el drama burocrático y las discusiones más bizarras. Pero más allá de la anécdota, evidencian algo más profundo: la persistencia de la desigualdad en la crianza</p><p class="subtitle">En primera persona - Mi experiencia criando a una niña con un hombre 14 años mayor que yo: recae todo sobre mí, estoy agotada</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, en uno de esos chats de clase en los que nunca quise estar, alguien lanz&oacute; la temida pregunta: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hay que llevar para la excursi&oacute;n de ma&ntilde;ana?&rdquo;. No hab&iacute;an pasado ni dos segundos cuando otra madre (siempre una madre) respondi&oacute; con la lista completa, horarios incluidos. Luego llegaron los recordatorios sobre el almuerzo, la crema solar, el bizum para la coordinadora y el pr&oacute;ximo cumplea&ntilde;os infantil, que amerita la creaci&oacute;n de un nuevo chat para no enturbiar el presente. Un chat de padres y madres es el reflejo digital de la carga mental de la crianza. Y en la mayor&iacute;a de ellos, la din&aacute;mica es la misma: hay cuarenta miembros, pero solo hablan diez, y de esos diez, nueve son mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los chats escolares son un invento relativamente reciente, pero en su corta existencia ya han pasado de ser una herramienta &uacute;til a convertirse en una prueba de resistencia. Un espacio donde conviven la hiperorganizaci&oacute;n, el drama burocr&aacute;tico y las discusiones m&aacute;s bizarras: desde el dilema de los disfraces hasta el conteo de piojos y liendres &mdash;no entiendo la necesidad de escribir en un grupo cu&aacute;ntas liendres has sacado del pelo a tu criatura, &iquest;es que no te has dado cuenta de que, en edad escolar, los piojos est&aacute;n considerados animales de compa&ntilde;&iacute;a?&mdash;. Pero m&aacute;s all&aacute; de la an&eacute;cdota, estos grupos de WhatsApp o Telegram evidencian algo m&aacute;s profundo: la persistencia de la desigualdad en la crianza. &iquest;Por qu&eacute; la mayor&iacute;a de madres siguen siendo las que est&aacute;n atentas a cada detalle, gestionando fechas, permisos y meriendas mientras muchos padres ni siquiera saben de qu&eacute; se habla en el chat o, directamente, no figuran en &eacute;l?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La respuesta es simple y a la vez compleja: la carga mental no desaparece con la tecnolog&iacute;a, solo cambia de formato. Hace a&ntilde;os, las madres ten&iacute;an listas mentales interminables; ahora, esas listas se han trasladado al tel&eacute;fono y se han convertido en una conversaci&oacute;n constante en la que el resto de la familia ni participa ni se entera. La soci&oacute;loga Susan Walzer &mdash;creadora del t&eacute;rmino &ldquo;carga mental&rdquo;&mdash; ya lo describi&oacute; en los a&ntilde;os 90: mientras que los padres tienden a implicarse en las tareas visibles de la crianza &mdash;llevar al ni&ntilde;o al parque, asistir al festival de Navidad&mdash;, las madres asumen la parte invisible, que incluye desde recordar citas m&eacute;dicas hasta gestionar conflictos escolares.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La carga mental no desaparece con la tecnología, solo cambia de formato</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Alguna vez has tenido la sensaci&oacute;n de ser una madre ausente?&rdquo;, pregunt&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/nidos/24-horas-grupo-whatsapp-buscar-colegio-ninos-proceso-locura_1_12153447.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jordi &Eacute;vole a la humorista Henar &Aacute;lvarez</a> en una entrevista en su programa. &ldquo;Eso lo sigo pensando a&uacute;n, pero he perdido la culpa. En <em>Buenismo </em>dije que hab&iacute;a perdido la culpa porque hab&iacute;a llegado a la conclusi&oacute;n de que era una madre de mierda, pero un padre excelente&rdquo;, contest&oacute; ella. Pero el humor oculta una realidad inc&oacute;moda: en muchas casas, la responsabilidad de la crianza sigue recayendo sobre las madres, aunque haya un discurso inicial de corresponsabilidad. Y los chats de clase no hacen m&aacute;s que ponerlo en evidencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ilustradora <a href="https://www.eldiario.es/nidos/entrevista-emma-clit_128_1905917.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Emma Clit, en su c&oacute;mic </a><a href="https://www.eldiario.es/nidos/entrevista-emma-clit_128_1905917.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La carga mental</em></a><em>. S&iacute; a la vida en com&uacute;n, no a los lugares comunes</em>&nbsp;(Editorial Lumen), expone con claridad c&oacute;mo las mujeres terminan gestionando la log&iacute;stica del hogar mientras los hombres esperan ser dirigidos. M&aacute;s recientemente, la periodista Luc&iacute;a Lijtmaer ha abordado en <a href="https://www.eldiario.es/carnecruda/programas/ofendiditos-regreso-mcenroe_132_1556520.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ofendiditos</em></a><em> </em>c&oacute;mo la tecnolog&iacute;a y las din&aacute;micas de g&eacute;nero influyen en nuestras interacciones diarias, incluyendo el rol de las madres en estos espacios digitales. Incluso en la pel&iacute;cula <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/cinco-lobitos-opera-prima-olor-goya-maternidad-cuidados_129_9002459.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Cinco lobitos</em></a><em>,</em> de Alauda Ruiz de Az&uacute;a, podemos observar c&oacute;mo la maternidad sigue estando marcada por una sobrecarga emocional y organizativa que rara vez se cuestiona.
    </p><p class="article-text">
        Hay un oasis en el desierto, y esos son los chats de crianza que nada tienen que ver con los chats de los coles y escuelas. <em>Pre&ntilde;aditas </em>es uno de ellos: un grupo de WhatsApp nacido hace varios a&ntilde;os, con m&aacute;s de trescientas integrantes, al que solo puedes acceder por recomendaci&oacute;n de una de las participantes. C. forma parte de &eacute;l y me cuenta: &ldquo;Para m&iacute; es un grupo de inspiraci&oacute;n, de mujeres que respeto y donde encuentro cobijo&rdquo;. En &eacute;l caben conversaciones que abordan cuestiones pr&aacute;cticas o materiales, como qui&eacute;n puede darte una bolsa con <em>bodies</em> o pijamas de reci&eacute;n nacido o una mochila de porteo. Sigue C.: &ldquo;Se ha convertido casi en un Google para m&iacute;, desde una perspectiva feminista&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al inicio de su embarazo, a C. le ofrecieron entrar, pero al principio le daba pereza: pensaba que iba a ser como tantos grupos en los que solo se iba a hablar de pises, cacas y pur&eacute;s. Entr&oacute; cuando su hijo contaba con nueve meses de edad e iba a pasar 15 d&iacute;as sola con &eacute;l, en ausencia de su pareja, que viajaba por trabajo. &ldquo;Entonces, decid&iacute; que era buen momento. Y el grupo me sirvi&oacute;, para mi sorpresa, de soporte emocional&rdquo;, apunta. Ya con otro hijo en su haber, sigue implicada en el grupo: &ldquo;Lo que comenz&oacute; como un grupo de apoyo a la maternidad se ha convertido en un espacio de debate, en el que cabe cualquier conversaci&oacute;n sobre la actualidad pol&iacute;tica y social&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existe <em>Pre&ntilde;aditas</em>, y tambi&eacute;n existe <em>Papichulos</em>, un grupo de WhatsApp de din&aacute;mica parecida al anterior, pero formado por hombres interesados en la crianza. Cuenta con menos implicados &mdash;alrededor de sesenta&mdash;, pero muy activos. F. forma parte <em>Papichulos </em>y su pareja forma parte de <em>Pre&ntilde;aditas</em>, y esto le permite hacer observaciones muy agudas sobre el funcionamiento y las diferencias entre ambos grupos: &ldquo;A diferencia de <em>Pre&ntilde;aditas</em>, donde se generan discusiones de todo tipo, <em>Papichulos</em> est&aacute; m&aacute;s enfocado exclusivamente a cosas de crianza. No se habla de muchas otras cosas. No s&eacute; si en un grupo de hombres en el que muchos no nos conocemos entre nosotros, puede resultar un poco violento hablar de pol&iacute;tica. No s&eacute;, no s&eacute; si es un espacio menos seguro en ese aspecto, porque no hay tanta sonoridad como en el <em>Pre&ntilde;aditas</em>. Imagino que las madres se ven m&aacute;s como hermanas y los hombres nos vemos ah&iacute;, menos hermanados. El caso es que <em>Papichulos </em>se ci&ntilde;e m&aacute;s a asuntos propios de la crianza, quiz&aacute; porque todav&iacute;a no tenemos la masa cr&iacute;tica que tiene <em>Pre&ntilde;aditas</em>. Aunque las conversaciones que se generaban al principio ten&iacute;an un rollo muy pragm&aacute;tico, al llegar m&aacute;s gente se ha animado el grupo y se mantienen conversaciones muy interesantes sobre paternidad y crianza&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchas terminamos agotadas, atrapadas entre la necesidad de estar informadas y el deseo de salir corriendo de esos chats sin mirar atrás</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        F. tiene, tambi&eacute;n, una explicaci&oacute;n a la diferente implicaci&oacute;n de hombres y mujeres en esto de la crianza, m&aacute;s all&aacute; de la participaci&oacute;n en este tipo de grupos: &ldquo;Hace poco, en el grupo estaban compartiendo unos v&iacute;deos sobre por qu&eacute; los padres somos menos proclives a gestionar la vida social familiar, y c&oacute;mo las mujeres tienen una red social m&aacute;s grande. Por ejemplo, cuando hay un divorcio entre un hombre y una mujer, la mujer se encuentra mucho m&aacute;s acompa&ntilde;ada porque tiene amigas con las que tiene intimidad y gente con la que hace red. Los hombres &mdash;yo en mi caso lo observo bastante&mdash;, solemos tener una pareja con la que tenemos intimidad y el resto de la vida social mucho m&aacute;s laxa, para divertirse, para salir, para hacer un plan. Pero no tenemos una relaci&oacute;n tan &iacute;ntima con nuestra red de amigos. Los hombres vivimos como en un limbo un poco extra&ntilde;o, supongo que dedicados a otras cosas m&aacute;s relacionadas con la productividad y no en mantener esas redes tan importantes&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, hay padres que participan activamente tanto en los grupos de clase como en los de crianza, pero suelen ser la excepci&oacute;n. He preguntado a mis amigos m&aacute;s cercanos, tambi&eacute;n a mi pareja, sobre su participaci&oacute;n en los grupos. Y esto me han contestado: &ldquo;He participado rara vez en los grupos; en general, nada&rdquo;. &ldquo;Estuve en momentos necesarios; el resto era absurdo&rdquo;. &ldquo;Particip&eacute; en alguna cosa puntual que era m&aacute;s &uacute;til, tipo viaje de fin de curso&rdquo;. &ldquo;Estoy en el grupo, pero no participo, solo estoy para informarme&rdquo;. Mi amiga S. sali&oacute; escaldada de uno de ellos: &ldquo;He estado y me he quemado mucho porque dec&iacute;a demasiado no diciendo nada, me hac&iacute;a c&oacute;mplice de comentarios que no compart&iacute;a, pero tampoco me quer&iacute;a enfrentar ni salir porque resultaba muy agresivo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conclusi&oacute;n: aunque se les espera, ellos no suelen estar.<strong> </strong>Y cuando lo hacen, a veces se les aplaude desproporcionadamente, como si por el simple hecho de estar all&iacute; ya hubieran cruzado una l&iacute;nea heroica. En cambio, las madres no recibimos reconocimiento por estar al pie del ca&ntilde;&oacute;n digital todos los d&iacute;as. De hecho, muchas terminamos agotadas, atrapadas entre la necesidad de estar informadas y el deseo de salir corriendo de esos chats sin mirar atr&aacute;s. Quiz&aacute;s la clave no sea eliminar estos grupos &mdash;aunque a veces dan ganas&mdash;, sino redistribuir la carga que implican. Que los padres tambi&eacute;n asuman su parte en esta log&iacute;stica digital y que la crianza deje de ser un asunto que recae, por inercia, sobre las madres. Mientras tanto, muchas seguimos ah&iacute;, respondiendo a mensajes, organizando disfraces y recordando pagos. Es un trabajo duro, pero alguien tiene que hacerlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/quien-contesta-mensajes-en-chats-de-padres_129_12212870.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Apr 2025 20:21:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Quién contesta los mensajes en los chats de padres?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Maternidad,Paternidad,Relaciones,familia,Desigualdad,Whatsapp]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta abierta a Marie Kondo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/carta-abierta-marie-kondo_1_9912554.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13015be5-0aaa-4d54-a8a1-8cd796019c9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta abierta a Marie Kondo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La gurú de la limpieza y el orden ha tirado la toalla y admite que con tres hijos no hay orden posible, unas declaraciones que inspiran esta reivindicación de "las mujeres caóticas, felices e imperfectas": "A mí y a otras muchas madres nos has hecho sentir una frustración tremenda, porque nos vendiste un imposible"</p><p class="subtitle">HEMEROTECA - A favor y en contra de que Marie Kondo ponga en orden nuestras vidas de forma compulsiva</p></div><p class="article-text">
        Querida Marie Kondo:
    </p><p class="article-text">
        T&uacute; no me conoces, pero yo a ti, inevitablemente, s&iacute;. Y no porque sea una fan&aacute;tica del orden o porque no aprecie tu trabajo: tu misi&oacute;n, la de provocar alegr&iacute;a a trav&eacute;s del orden, me parece loable y elevada. Digo que te conozco inevitablemente porque, desde hace a&ntilde;os, es imposible no toparse contigo en peri&oacute;dicos, revistas, televisiones y conversaciones. Hasta he llegado a conocer a personas que han asumido tu m&eacute;todo <em>konmari</em> en sus vidas y no han dejado de evangelizar sobre el mismo e intentar captarme para la causa.
    </p><p class="article-text">
        Yo, Marie, lo asum&iacute; como imposible incluso antes de ser <a href="https://www.eldiario.es/nidos/ninas-madres-manera-educaron-influye-hijos_1_9880811.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">madre</a>. No s&eacute; si ser&eacute; capaz, de hecho, de transmitir la frustraci&oacute;n que, involuntariamente, has provocado en m&iacute;. Te cuento: nunca fui la m&aacute;s ordenada en mi casa materna, pero s&iacute; es verdad que intentaba disimular y que me trabajaba esconder el <em>mess</em> tras las puertas de armarios y cajones. Cuando sal&iacute; de mi Zaragoza natal para estudiar Periodismo en Madrid, viv&iacute; varios a&ntilde;os en una residencia de estudiantes. Era una residencia de monjas y, aunque nuestras habitaciones ten&iacute;an sus propias llaves, ellas ten&iacute;an las de todas y, de vez en cuando, se paseaban para echar un &ldquo;inocente&rdquo; vistazo a nuestras leoneras. Recuerdo las palabras de Carmen, la directora de la residencia, cuando tocaba redada: &ldquo;El reflejo del orden de tu habitaci&oacute;n es el reflejo de tu interior&rdquo;. Por supuesto, a m&iacute; en ese momento me daba bastante igual. Disimulaba un poquito, dec&iacute;a que s&iacute; a todo y segu&iacute;a a lo m&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Pero, ay, c&oacute;mo me acuerdo de Carmen cuando me descubro arrojando a mi hija de 12 a&ntilde;os la misma perorata. Y no lo he hecho una vez, ni dos. Ya se la sabe de memoria y, aunque me hace un caso relativo, conf&iacute;o en que el mensaje cale y se eche unas risas si, eventualmente, alguna vez ella es madre y suelta esta frase heredada a sus criaturas.
    </p><p class="article-text">
        Hojeo el pr&oacute;logo de tu nuevo libro, <em>El m&eacute;todo Kurashi</em>, y &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es lo que m&aacute;s te importa?&rdquo; es la primera frase. Me hago la pregunta y me contesto: tener salud y no gritar por las ma&ntilde;anas cuando intento que mis criaturas salgan limpias a tiempo para no llegar tarde al cole y empezar el d&iacute;a con risas y cari&ntilde;os y que todo fluya y... Porque Marie, alucinar&iacute;as un lunes a las ocho de la ma&ntilde;ana en mi casa, cuando mi hijo tiene sue&ntilde;o y no quiere despertarse para ir al cole, porque se aburre y no le gusta. Cuando todos los d&iacute;as de mi vida, a la media hora de haber salido mi hija de la ducha, le tengo que recordar que recoja la ropa que ha dejado tirada en el suelo del cuarto de ba&ntilde;o. Pienso en ti y siento que soy la antihero&iacute;na, es lo que hay. Cuentas que has integrado el orden en los ratos de juegos. Hablas de la armon&iacute;a y los tiempos y me pregunto si los Lego nunca habr&aacute;n poblado el suelo del sal&oacute;n de tu casa, si nunca habr&aacute;s pisado una pieza de esas diminutas ni soltado un improperio al hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Marie, todo bien. Pero quiero que sepas que a m&iacute;, como a otras muchas madres, nos has hecho sentir una frustraci&oacute;n tremenda. Porque nos vendiste un imposible. Y no solo a nosotras: lo has hecho tan bien que hasta has vendido cursos y titulaciones. Has hecho del orden una profesi&oacute;n. Hasta dos series en Netflix.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me siento aliviada otra vez, Marie, al leer tus declaraciones en las &uacute;ltimas entrevistas de promoci&oacute;n sobre tu libro. Creo, de hecho, que la mayor&iacute;a de las fotos que lo adornan y dan fe de un hogar as&eacute;ptico, limpio y ordenado no son las de tu propia casa. Pero claro, no dejemos que la verdad nos arruine una buena historia. 
    </p><p class="article-text">
        Me siento aliviada porque has confesado que, tras tres criaturas, mantener el orden en tu casa no solo no es posible, sino que ha dejado de ser una prioridad para ti. Y mira que de este negociado come toda tu familia, que me he enterado de que tu marido es el CEO de KonMari Media. Tambi&eacute;n he le&iacute;do que hab&eacute;is dejado la refulgente ciudad de Los &Aacute;ngeles para volver a Jap&oacute;n, donde est&aacute;n vuestras familias. Marie, qu&eacute; alegr&iacute;a me das. No solo porque tus palabras derriban los mitos, sino porque tambi&eacute;n muestran las debilidades, la necesidad de la tribu y, un poquito tambi&eacute;n, la mentira de las redes sociales. Supongo que con tres criaturas ya sabes de qu&eacute; va esto. Yo, cuando te leo, pienso en M&oacute;nica de la Fuente cuando, en su libro <em>Adi&oacute;s expectativas, hola realidad</em> (Zenith, 2022), escribe que &ldquo;la maternidad es despertarte antes del alba para tomarte el caf&eacute; en soledad y ver nuevas oportunidades en medio del naufragio que parece tu sal&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que una com&uacute;n de las mortales, como yo, que trabaja sin horarios para sacar su sue&ntilde;o adelante, que se impone la conciliaci&oacute;n &mdash;desconciliaci&oacute;n lo llaman, tambi&eacute;n, voces cercanas&mdash; para no estar todo el rato delante del ordenador, que no tiene ayuda dom&eacute;stica &mdash;y no solo por falta de parn&eacute;, sino por convencimiento&mdash;, que no tiene familia cerca de la que poder tirar, lo tiene muy complicado para trabajar, leer, cocinar, criar, ser feliz y, encima, tener la casa impoluta. De todas estas cosas es, sin duda, a esta &uacute;ltima a la que renuncio.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; tu pr&oacute;ximo libro muestre el feliz desorden de tu nueva vida, Marie. Ojal&aacute; sea un real &ldquo;de verdad que no pasa nada&rdquo;. Porque, como me cont&oacute; una buena amiga hace pocos meses, la vida hace ruido. La vida mancha. Y cuanto antes lo asumamos &mdash;y con esto no quiero decir que vivamos en un vertedero, sino que entendamos que el orden es, como la creaci&oacute;n art&iacute;stica, un trabajo infinito&mdash; menos frustradas nos sentiremos. Acabo esta carta, de nuevo, con las palabras con las que se despidi&oacute; M&oacute;nica de m&iacute; el d&iacute;a que nos conocimos: &ldquo;Victoria, &iexcl;abraza tu caos!&rdquo;. Ya nos ir&aacute;s contando, Marie. Aqu&iacute;, con los brazos tendidos, te esperamos las mujeres ca&oacute;ticas, felices e imperfectas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/carta-abierta-marie-kondo_1_9912554.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 31 Jan 2023 21:44:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta abierta a Marie Kondo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Netflix,Mujer,Niñez]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
