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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Manuel Alcoceba Gil]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan-manuel-alcoceba-gil/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Manuel Alcoceba Gil]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La inquisición que alimenta a Puigdemont]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/inquisicion-alimenta-puigdemont_129_11568698.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66190edf-2835-4b0e-88eb-d677cb6d1cb0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La inquisición que alimenta a Puigdemont"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con su persecución inquisitorial a Puigdemont, el activismo judicial conservador está denostando una profesión, la suya, que además es poder del Estado; erosionando los cimientos de nuestro modelo de justicia penal, concebido en el marco de la Constitución como un sistema de garantías </p></div><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n procesal de Puigdemont constituye, en t&eacute;rminos jur&iacute;dicos, el &uacute;ltimo gran fleco del proc&eacute;s. Por eso, dilatar su resoluci&oacute;n interesa sobre todo a quienes se sirven pol&iacute;ticamente del conflicto catal&aacute;n o encuentran en &eacute;l su raz&oacute;n de ser. Entre ellos podemos contar al propio procesado, que no pierde la oportunidad de extraer r&eacute;dito de su perfil de v&iacute;ctima; tambi&eacute;n a los representantes de la ultraderecha patria, principal acreedora del nacionalismo espa&ntilde;ol. Pero, en realidad, si alguien se ha esforzado en mantener abierta la herida democr&aacute;tica que dej&oacute; el proc&eacute;s, a base de prolongar artificialmente el debate jur&iacute;dico orquestado en torno a Puigdemont, han sido los propios tribunales. En su af&aacute;n por conservar un papel protagonista, algunos &oacute;rganos judiciales no han dudado en retorcer la ley y deformar los procesos de los que conocen hasta convertirlos en aut&eacute;nticas causas generales de marcado car&aacute;cter inquisitivo. No parecen darse cuenta de que la imagen que proyectan con ello favorece precisamente a quienes tratan de perseguir.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s claro es sin duda el de Tsunami Democr&agrave;tic. La causa fue archivada el pasado 9 de julio por el Tribunal Supremo despu&eacute;s de que la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional invalidara todas las diligencias acordadas a lo largo de los tres &uacute;ltimos a&ntilde;os -nada menos-, por el titular del Juzgado Central de Instrucci&oacute;n n&ordm; 6, Manuel Garc&iacute;a Castell&oacute;n. Durante el periodo en que estuvo abierta la investigaci&oacute;n, el instructor, transformado en una suerte de acusador judicial, modific&oacute; a placer la calificaci&oacute;n de los hechos y ampli&oacute; infundadamente el n&uacute;mero de encausados. Lo hizo sin que nada ni nadie le pusiera l&iacute;mites, fuera de plazo, en contra del criterio de la fiscal&iacute;a y con el &uacute;nico fin de imputar a Puigdemont un delito, el de terrorismo, no susceptible de amnist&iacute;a o indulto. Hasta le llam&oacute; a declarar como investigado sin ser competente para investigarle -por tratarse de un aforado-; una falta de competencia de la que el propio juez era plenamente consciente, tal y como demuestra el hecho de que acto seguido elevara la causa al Supremo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero Garc&iacute;a Castell&oacute;n no es el &uacute;nico que se ha excedido en sus facultades como instructor a la hora de complicar el regreso del expresident fugado. Existe otro procedimiento igual de delirante e irregular que a&uacute;n sigue abierto en el Juzgado de Instrucci&oacute;n n&ordm; 1 de Barcelona. Es conocido como &ldquo;la trama rusa&rdquo;. En el marco del mismo, Joaqu&iacute;n Aguirre, otro magistrado a las puertas de la jubilaci&oacute;n, como Garc&iacute;a Castell&oacute;n, lleva investigando desde hace ya m&aacute;s de 5 a&ntilde;os las supuestas injerencias de los servicios de inteligencia rusos en el proc&eacute;s. Tras una serie de infructuosas pesquisas, la Audiencia Nacional rechaz&oacute; el conocimiento del asunto por carecer de fundamento. Sin embargo, ante el desplante, el instructor decidi&oacute; ampliar el objeto de la causa en lugar de archivarla. As&iacute;, el pasado 26 de junio dict&oacute; un auto en que encargaba nuevos informes a la Comisar&iacute;a General de Informaci&oacute;n de la Polic&iacute;a sobre extremos tan dispares como los &ldquo;contactos&rdquo; mantenidos por los independentistas con &ldquo;rabinos jud&iacute;os&rdquo; que comercian con criptomonedas, &ldquo;la mafia rusa&rdquo; y &ldquo;formaciones de ultraderecha&rdquo; europeas. Todo ello con el fin declarado de &ldquo;construir un mapa&rdquo; que conecte a los promotores del 1-O con los agentes de Putin. Tambi&eacute;n ampli&oacute; el n&uacute;mero de investigados, incluido Puigdemont, a quien imput&oacute; por traici&oacute;n -otro delito dif&iacute;cil de amnistiar-, para posteriormente remitir las actuaciones contra &eacute;l al Tribunal Supremo. A ver si esta vez hab&iacute;a suerte.
    </p><p class="article-text">
        En ambos casos se repite la misma l&oacute;gica: investigaciones prospectivas que no dan ning&uacute;n resultado concreto pero permanecen abiertas durante a&ntilde;os y sirven, a la postre, para acabar imputando el delito que m&aacute;s convenga al &ldquo;enemigo de Espa&ntilde;a&rdquo; que toque. Luego, cuando ya no pueden estirar m&aacute;s el chicle, mandan el bodrio de expediente a la Sala Segunda del Tribunal Supremo y a otra cosa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puede que estas <em>performances</em> procesales no lleven a nada en t&eacute;rminos jur&iacute;dicos, dada su falta de fundamento, pero sin lugar a dudas condicionan el juego democr&aacute;tico, permitiendo adem&aacute;s que la c&uacute;spide de nuestra jurisdicci&oacute;n, el Tribunal Supremo, se despache a gusto y contente a sus fieles. Muestra de ello es que su Sala Segunda asumiera la calificaci&oacute;n realizada por Garc&iacute;a Castell&oacute;n sobre los hechos investigados en Tsunami Democr&agrave;tic como terrorismo; la extravagante interpretaci&oacute;n del enriquecimiento personal realizada por Pablo Llarena en aras a inaplicar la Ley de Amnist&iacute;a a Puigdemont y, m&aacute;s recientemente, la ret&oacute;rica netamente ideol&oacute;gica presente en la cuesti&oacute;n de inconstitucionalidad planteada por la propia sala contra la ley de amnist&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con este tipo de pronunciamientos, eminentemente pol&iacute;ticos, sus art&iacute;fices sit&uacute;an al Poder Judicial en el centro del debate m&aacute;s polarizado que existe en la actualidad, acabando con cualquier expectativa de imparcialidad que pudi&eacute;ramos albergar sobre ellos y obligando a la sociedad en su conjunto a posicionarse a favor o en contra de sus resoluciones. Como consecuencia, el 50 % de la ciudadan&iacute;a consideran mala o muy mala la independencia de los tribunales seg&uacute;n el Eurobar&oacute;metro publicado en julio de este a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de pr&aacute;cticas judiciales tambi&eacute;n confirman el sesgo inquisitivo presente nuestro sistema penal, empezando por la mera existencia del juez de instrucci&oacute;n. Una figura superada en el resto de pa&iacute;ses del mundo; entre otros motivos, debido al riesgo de politizaci&oacute;n que supone atribuir a un juez la posibilidad de impulsar investigaciones penales de oficio, sin m&aacute;s cortapisas que su propio criterio. Si, adem&aacute;s, como es el caso, algunos de estos jueces bordean la legalidad para dar rienda suelta a sus man&iacute;as persecutorias, nos situamos directamente en escenarios previos a la modernidad democr&aacute;tica, donde las funciones de acusador y enjuiciador se concentraban en un mismo sujeto, encargado de investigar a personas y no hechos concretos. Nada mas lejos, en resumidas cuentas, del modelo constitucional de juez, concebido seg&uacute;n la tradici&oacute;n jur&iacute;dica liberal como garante de derechos antes que como mero represor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque la imagen de inquisidor no define al grueso de nuestra judicatura, ni siquiera a la mayor parte de los instructores, su relevancia medi&aacute;tica est&aacute; cobrando ya una importante factura al tercer poder del Estado, que de uno de los cuerpos funcionariales mejor considerados, ha pasado a ser el servicio p&uacute;blico peor valorado de todos seg&uacute;n el CIS de diciembre de 2023. Pero, sobre todo, est&aacute; dando alas al relato independentista m&aacute;s confrontativo, basado en la idea de una Espa&ntilde;a opresora e iliberal que subyuga al disidente. Un marco mental perfecto para la ilusi&oacute;n autoritaria de la que el propio Puigdemont se nutre con el fin de proyectar una influencia pol&iacute;tica mucho mayor de la que le proporciona el menguante respaldo social a su fracasado proyecto independentista. Solo as&iacute; se explica el hecho de que, en el momento de la historia donde la independencia cuenta con menor apoyo entre los catalanes, - 51% la rechaza frente al 41% que la apoya, seg&uacute;n el estudio de 11 de mayo del Centre de Estudis d&rsquo;Opini&oacute; de la Generalitat-, su vuelta a Espa&ntilde;a y previsible detenci&oacute;n sea utilizada por el mismo como una forma de sacudir el escenario nacional. Ahora justamente que los n&uacute;meros le relegan a la irrelevancia para formar gobierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que, con su persecuci&oacute;n inquisitorial a Puigdemont, el activismo judicial conservador est&aacute; denostando una profesi&oacute;n, la suya, que adem&aacute;s es poder del Estado; erosionando los cimientos de nuestro modelo de justicia penal, concebido en el marco de la Constituci&oacute;n como un sistema de garant&iacute;as, no como un mero mecanismo de represi&oacute;n estatal y, quiz&aacute;s esto sea lo m&aacute;s parad&oacute;jico de todo, sobredimensionando las expectativas pol&iacute;ticas del independentismo m&aacute;s c&iacute;nico y oportunista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Manuel Alcoceba Gil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/inquisicion-alimenta-puigdemont_129_11568698.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Aug 2024 19:27:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La inquisición que alimenta a Puigdemont]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Manuel García Castellón,Pablo Llarena,Carles Puigdemont,Justicia,Tsunami Democràtic]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuatro medidas para evitar el lawfare]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cuatro-medidas-evitar-lawfare_129_11338839.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/767884b8-dead-4daa-887d-87141db67ff5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuatro medidas para evitar el lawfare"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Existen medidas menos conocidas por la opinión pública que en su conjunto podrían poner coto a la instrumentalización política de los procesos judiciales, con la ventaja de servir, además, para modernizar nuestra Justicia</p><p class="subtitle">Podcast - “Punto y aparte”: ¿qué puede hacer Sánchez para regenerar la democracia?</p></div><p class="article-text">
        Tras la desconcertante crisis personal experimentada por Pedro S&aacute;nchez durante la pasada semana, Espa&ntilde;a aguarda expectante el anuncio de medidas concretas para <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/en-abierto/lawfare-contado-alguien-sufrio_132_11321326.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">frenar el lawfare</a>. Quienes niegan la existencia de estas pr&aacute;cticas antidemocr&aacute;ticas est&aacute;n ya, sin fundamento, poniendo el grito en el cielo por lo que supuestamente vendr&aacute;. Quienes, por el contrario, sabemos que supone un grave problema para el funcionamiento de nuestra democracia, tenemos la esperanza de que se act&uacute;e con decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hasta ahora, la atenci&oacute;n se ha centrado en el <a href="https://www.eldiario.es/politica/gobierno-presiona-pp-renueve-judicial-ultima-oportunidad_1_11338369.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Consejo General del Poder Judicial</a>. Es comprensible, tras m&aacute;s de cinco a&ntilde;os de bloqueo auspiciado por el PP, el ambiente en el tercer poder del Estado se ha vuelto irrespirable. Con los vocales del Consejo haciendo pol&iacute;tica descaradamente, mientras un grup&uacute;sculo de jueces activistas se esfuerza en revertir el resultado de las urnas a golpe de sentencia, el prestigio de la magistratura atraviesa uno de los peores momentos de su historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, en lo que al lawfare se refiere, <a href="https://www.eldiario.es/politica/sanchez-asegura-reformara-judicial-pp-persista-bloqueo-cumplirse-plazo-abril_1_11330316.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la renovaci&oacute;n del CGPJ</a> no es la &uacute;nica soluci&oacute;n posible. De hecho, supone un abordaje indirecto del problema. Al fin y al cabo, estamos hablando de un &oacute;rgano de naturaleza administrativa, que, si bien es cierto controla el ejercicio de la potestad disciplinaria sobre jueces y magistrados, no dicta resoluciones judiciales. El Consejo puede amparar, tal y como viene haciendo, el ejercicio del lawfare por parte de algunos miembros del Poder Judicial, pero no practicarlo por s&iacute; mismo. Por eso, su renovaci&oacute;n pondr&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil a los jueces activistas hacer pol&iacute;tica desde el estrado, exponi&eacute;ndoles a sanciones u obstaculizando su ascenso, pero no acabar&aacute; por completo con la posibilidad de que sigan instrumentalizando la Justicia para atacar a sus rivales ideol&oacute;gicos. Desbloquear la renovaci&oacute;n de este &oacute;rgano constitucional supone, sin duda, un imperativo constitucional indispensable para normalizar la situaci&oacute;n del Poder Judicial, pero <a href="https://www.eldiario.es/blog/al-dia/podcast-punto-aparte-que-puede-hacer-sanchez-para-regenerar-democracia_132_11332850.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no solventar&aacute; per se el problema del lawfare</a>.
    </p><p class="article-text">
        Existen, no obstante, otras medidas menos conocidas por la opini&oacute;n p&uacute;blica que en su conjunto podr&iacute;an poner coto a la instrumentalizaci&oacute;n pol&iacute;tica de los procesos judiciales, con la ventaja de servir, adem&aacute;s, para modernizar nuestra Justicia, adecuarla a los est&aacute;ndares internacionales y homologar nuestro sistema judicial al de los pa&iacute;ses de nuestro entorno. A continuaci&oacute;n, se plantean cuatro de ellas que, por su obviedad y concreci&oacute;n, resultan particularmente indicadas:
    </p><p class="article-text">
        <strong>Primera:</strong> la superaci&oacute;n de la figura del juez de instrucci&oacute;n en favor del fiscal investigador y el juez de garant&iacute;as. El c&oacute;digo legislativo que regula nuestro proceso penal, la LECrim, tiene casi 150 a&ntilde;os, se encuentra totalmente obsoleto e impone un sistema de enjuiciamiento superado en la pr&aacute;ctica totalidad de pa&iacute;ses del mundo. En el centro de esta construcci&oacute;n procesal decimon&oacute;nica se encuentra la figura del juez de instrucci&oacute;n, que es quien a d&iacute;a de hoy impulsa, de oficio, la investigaci&oacute;n de los delitos. Encomendar la investigaci&oacute;n penal a un &oacute;rgano judicial y no al fiscal supone, adem&aacute;s de un anacronismo, la principal puerta de entrada al lawfare.
    </p><p class="article-text">
        Actualmente, en Espa&ntilde;a, un juez instructor puede, sin necesidad de que nadie se lo pida, iniciar un proceso contra cualquier persona y, en el marco del mismo, decidir sin cortapisas que hechos son los que desea investigar. Si luego la cosa queda en nada o nadie llega nunca a sostener una acusaci&oacute;n contra esa persona, la causa se archiva por el propio juez y el da&ntilde;o reputacional queda hecho&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Estamos ante una <a href="https://www.eldiario.es/politica/supremo-prohibe-anos-abrir-causas-begona-gomez-basadas-noticias-periodisticas_1_11318014.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">quiebra del principio acusatorio tan dif&iacute;cil de justificar</a> que incluso la UE nos ha obligado a prescindir de esta figura en los casos donde conoce la Fiscal&iacute;a Europea. De hecho, su disfuncionalidad ha sido reconocida expresamente tanto por el PP como por el PSOE, que ya en 2001 acordaron mediante un gran <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pacto-justicia-inmenso-partido-popular_129_3365783.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pacto de Estado para la Justicia</a> renovar el modelo y atribuir la investigaci&oacute;n al fiscal bajo la tutela de un juez de garant&iacute;as; que en vez de indagar vela por el respeto a los derechos de las partes. Esa fue precisamente la propuesta que hizo el ministro Ruiz Gallard&oacute;n en 2013, cuando present&oacute; su borrador de C&oacute;digo Procesal Penal, elaborado bajo la direcci&oacute;n del magistrado del Tribunal Supremo <a href="https://www.eldiario.es/temas/manuel-marchena/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Manuel Marchena</a>. Hoy, sin embargo, los populares parecen haber olvidado su compromiso hist&oacute;rico con la modernizaci&oacute;n de nuestra justicia penal. Saben, como todos, que superar de una vez por todas la figura del instructor evitar&iacute;a en buena medida la indeseable judicializaci&oacute;n de la pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Segunda: </strong>Regular el ejercicio de la acci&oacute;n popular. Nuestro sistema jur&iacute;dico es el &uacute;nico del mundo que permite ejercer la acusaci&oacute;n penal a cualquier persona, f&iacute;sica o jur&iacute;dica, pese a no ser v&iacute;ctima ni afectada por el delito cuyo castigo se solicita. Esta singularidad est&aacute; consagrada en el art&iacute;culo 125 de la Constituci&oacute;n como una forma de participaci&oacute;n ciudadana en la Administraci&oacute;n de Justicia, pero no se encuentra suficientemente regulada en la ley, lo que ha dado lugar a su utilizaci&oacute;n torticera por parte de partidos pol&iacute;ticos y entidades opacas como <a href="https://www.eldiario.es/temas/manos-limpias/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Manos Limpias</a>. El hist&oacute;rico de querellas sin fundamento presentadas para desprestigiar a personajes p&uacute;blicos bajo la forma de acusaci&oacute;n popular es largo. Y, al igual que ocurre con la iniciaci&oacute;n de oficio por parte del instructor, puede que el proceso finalmente no prospere, pero una vez presentada la querella, el da&ntilde;o reputacional est&aacute; hecho. Regular de forma razonable esta instituci&oacute;n, estableciendo l&iacute;mites l&oacute;gicos y consecuencias para quienes abusan de ella, resulta fundamental de cara a garantizar as&iacute; que <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/lawfare-sociedad-postdemocratica_132_10813311.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sirva a su prop&oacute;sito original</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tercera:</strong> Recuperar la responsabilidad civil de jueces y magistrados por sus propios actos. Cuando un &oacute;rgano judicial perjudica injustificadamente a alguien, se producen dos tipos de responsabilidad: objetiva y subjetiva. La objetiva es del Estado como &uacute;ltimo responsable del funcionamiento de la Administraci&oacute;n de Justicia; la subjetiva es de los concretos jueces que dictaron indebidamente la resoluci&oacute;n perjudicial. Dentro de la responsabilidad subjetiva puede distinguirse, a su vez, entre la disciplinaria, que dirime el CGPJ; la penal, que tiene lugar cuando la actuaci&oacute;n de juez o magistrado es, adem&aacute;s, constitutiva de delito y la civil, que tiene que ver con la <a href="https://www.eldiario.es/politica/judicial-advierte-no-autorizara-comparecencias-jueces-comisiones-parlamentarias-lawfare_1_10785128.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">obligaci&oacute;n general de reparar el da&ntilde;o causado</a> por parte de quien lo causa. Es decir, el juez responde como juez ante el gobierno del Poder Judicial; como ciudadano ante la sociedad y como particular ante quien perjudica. Por eso, deber&iacute;a indemnizar con su propio patrimonio cuando produce, a sabiendas o negligentemente, un da&ntilde;o injusto mediante sus resoluciones.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; era al menos hasta 2015, momento en que el gobierno de Mariano Rajoy, a trav&eacute;s de la Ley Org&aacute;nica 7/2015, eximi&oacute; a la judicatura de la responsabilidad civil sobre sus propios actos. Desde ese d&iacute;a, a diferencia del resto de trabajadores p&uacute;blicos y privados, los miembros del Poder Judicial no responder&aacute;n con su patrimonio de los da&ntilde;os que puedan causar por su mala praxis, a no ser que sea constitutiva de delito y as&iacute; se demuestre. La recuperaci&oacute;n de esta forma de responsabilidad que fue eliminada sin justificaci&oacute;n alguna podr&iacute;a jugar un importante papel en los casos de lawfare.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuarta: </strong>Transformar los juzgados en tribunales de instancia. Que, tal y como pasa a d&iacute;a de hoy, los jueces reci&eacute;n incorporados a la carrera judicial decidan individualmente sobre las primeras etapas del proceso, contrasta con el hecho de que sus colegas m&aacute;s experimentados lo hagan de forma colegiada dentro de las salas de justicia de la audiencias y tribunales. Es m&aacute;s f&aacute;cil que un juez que decide en solitario cometa excesos o pueda servir a intereses espurios, que lo haga un tribunal al completo. Por eso, imitar los modelos organizativos de otros pa&iacute;ses europeos como Francia e integrar los &oacute;rganos unipersonales en tribunales colegiados, donde unos jueces controlan a otros, permitir&iacute;a aportar transparencia y seguridad a sus decisiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A estas cuatro medidas, deber&iacute;an sumarse adem&aacute;s otras de car&aacute;cter estructural, como la <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/reformar-justicia-ganar-democracia_129_11331435.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reforma de las v&iacute;as de acceso a la carrera judicial</a> o el establecimiento de m&aacute;s y mejores mecanismos de participaci&oacute;n ciudadana en la Administraci&oacute;n de Justicia. Porque, si algo evidencia la situaci&oacute;n actual, es que, para preservar la democracia, resulta necesario acometer una reforma integral sobre nuestro sistema de justicia. El lawfare no solo consecuencia de <a href="https://www.eldiario.es/politica/2023-ano-togas-jugaron-politica_1_10790488.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la contaminaci&oacute;n pol&iacute;tica que sufren ciertos jueces</a>. Buena parte del problema reside en las deficiencias que arrastra el Estado liberal y la obsolescencia de los mecanismos de control interno en que se fundamenta. Utilicemos el impulso que nos da esta toma de conciencia para regenerar el sistema constitucional y proponer soluciones distintas a las planteadas hasta el momento.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Manuel Alcoceba Gil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/cuatro-medidas-evitar-lawfare_129_11338839.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 May 2024 20:32:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Lawfare,Justicia,Jueces,Estado de derecho,Democracia,Derecho Penal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Lawfare', llámalo responsabilidad judicial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/lawfare-llamalo-responsabilidad-judicial_129_10690738.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5462ea5-98ad-4b9c-a4a2-1c9e3459a16e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1084643.jpg" width="1054" height="593" alt="&#039;Lawfare&#039;, llámalo responsabilidad judicial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante décadas, la responsabilidad de los jueces se ha ido diluyendo tras el opaco manto de la independencia. Y, en una funesta interpretación de lo que significa esta garantía constitucional, sus depositarios han tendido a desentenderse de lo que sus colegas más activistas hacían</p></div><p class="article-text">
        Los decibelios no paran de subir en el &aacute;mbito de la justicia. Tras los apocal&iacute;pticos comunicados realizados por las asociaciones judiciales y fiscales proclamando el fin del Estado de Derecho y la separaci&oacute;n de poderes, es el turno de la huelga y las concentraciones a las puertas de los juzgados. La exclusi&oacute;n del t&eacute;rmino &ldquo;lawfare&rdquo; de la proposici&oacute;n de ley de amnist&iacute;a no ha apaciguado los &aacute;nimos de una judicatura cada vez m&aacute;s activista. Y ahora, desde los sectores conservadores del Poder Judicial, est&aacute;n llamando a la movilizaci&oacute;n directa contra la amnist&iacute;a y el acuerdo de investidura. Insisten en que sus decisiones podr&aacute;n ser auditadas por la Cortes Generales. Algunos incluso han llegado a tildar el uso de la expresi&oacute;n de &ldquo;puro chavismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero, ante el tradicional alarmismo de la derecha, convendr&iacute;a preguntarse si el empleo del t&eacute;rmino es acertado, qu&eacute; efectos tiene realmente y, sobre todo, si existen otras alternativas para hacer frente al creciente fen&oacute;meno que pretende combatir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        T&eacute;cnicamente, el <em>lawfare</em> es un concepto m&aacute;s cercano a la sociolog&iacute;a y las ciencias pol&iacute;ticas que al Derecho. Por eso, en t&eacute;rminos estrictamente jur&iacute;dicos puede resultar impreciso o entra&ntilde;ar cierta vaguedad. En el contexto presente, se suele recurrir a &eacute;l para definir, con car&aacute;cter general, el activismo de ciertos jueces a la hora de perseguir a sus adversarios pol&iacute;ticos. Incluso cuando ello requiere forzar o saltarse directamente la legislaci&oacute;n que deben aplicar. Ha sido utilizado sobre todo en Latinoam&eacute;rica. Y, de su ra&iacute;z etimol&oacute;gica &ndash;la contracci&oacute;n de <em>law</em> (derecho/ley) y <em>warfare</em> (guerra)&ndash;, se deduce el cariz beligerante que presenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, fue acu&ntilde;ado por un militar, Charles Dunlap, juez y abogado general de la Fuerza A&eacute;rea de los Estados Unidos, durante la guerra de Afganist&aacute;n. Ese origen no es casual, pues su uso actual responde al escenario de confrontaci&oacute;n directa que, en este momento, se est&aacute; produciendo entre los poderes del Estado. Un escenario del que el judicial tiene buena parte de responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        La instrumentalizaci&oacute;n de la justicia por las fuerzas pol&iacute;ticas conservadores resulta una realidad innegable en nuestro pa&iacute;s. Para constatar el peligro que ciertos jueces comportan para los procesos democr&aacute;ticos, solo hace falta atender a las oportunas intervenciones del magistrado Garc&iacute;a Castell&oacute;n contra Podemos o los independentistas y, m&aacute;s recientemente, contra la propia investidura. Tambi&eacute;n son representativas algunas actuaciones de la Sala Segunda del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional en aras a garantizar la unidad de Espa&ntilde;a. Si a esto le sumamos los pronunciamientos cuasi golpistas del CGPJ, salta a la vista la necesidad de tomar medidas antes de que sea demasiado tarde.
    </p><p class="article-text">
        El problema de optar por el <em>lawfare</em> para atajar la situaci&oacute;n es la ambig&uuml;edad y dif&iacute;cil delimitaci&oacute;n que acompa&ntilde;a a esta expresi&oacute;n. Su aplicaci&oacute;n a casos como el de Dilma Rousseff y Lula da Silva en Brasil, al de Julian Assange en Reino Unido o al de Victoria Rosell en el plano nacional, es clara. Pero, &iquest;podr&iacute;a utilizarse tambi&eacute;n para definir situaciones procesales como la de Donald Trump, reiteradamente imputado en v&iacute;speras de su candidatura? Merece la pena plantearse detenidamente las consecuencias de validar jur&iacute;dicamente esta idea ante una ultraderecha cada vez m&aacute;s fuerte, con creciente tendencia a cuestionar abier&sup1;tamente las reglas del sistema democr&aacute;tico. Al fin y al cabo, para quienes &ldquo;la constituci&oacute;n destruye la naci&oacute;n&rdquo;, tal y como rezaba alguna de las pancartas ondeadas estos &uacute;ltimos d&iacute;as por las inmediaciones de Ferraz, el <em>lawfare</em> puede resultar una buena coartada a la hora de quebrantar el marco constitucional. Tanto en la pol&iacute;tica como en el Derecho, toda palabra puede convertirse en un arma de doble filo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, su eficacia para el caso concreto resulta igualmente cuestionable. Si, como parece inferirse del acuerdo de investidura, el <em>lawfare</em> solo sirve para justificar una eventual extensi&oacute;n de los efectos de la amnist&iacute;a cuando as&iacute; lo aconsejen las comisiones del Congreso, poco aporta de nuevo a la ecuaci&oacute;n. Ahora y siempre, el Parlamento ha tenido en su mano cambiar la Ley cuando existan las mayor&iacute;as para ello &ndash;y la amnist&iacute;a, de ser aprobada, ser&aacute; eso, una ley&ndash;. Entre las razones que justifican cualquier reforma legislativa se encuentra, sin duda, la de reconducir el dictado de los jueces. De hecho, as&iacute; ocurre cada vez que se suprime un tipo penal, por ejemplo. El acuerdo no cambia nada al respecto. El legislador, como representante de la soberan&iacute;a popular, ya puede y continuar&aacute; pudiendo extender el &aacute;mbito de cualquier texto legal si as&iacute; lo aprueba a trav&eacute;s del debido procedimiento. En este sentido, el ruido parece innecesario y la alarma infundada.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, est&aacute; claro que el activismo judicial desbocado supone un creciente problema para el funcionamiento de nuestra democracia. Pero, para solucionarlo sin profundizar a&uacute;n m&aacute;s en la guerra entre poderes ya en curso, antes que incorporar el <em>lawfare</em> a nuestro acervo jur&iacute;dico, ser&iacute;a mejor tirar de un viejo concepto aparentemente olvidado por casi todos: la responsabilidad judicial. Quienes utilizan torticeramente la justicia o cualquier otro poder del Estado para perseguir al adversario ideol&oacute;gico, incurren en una grave responsabilidad jur&iacute;dica y tambi&eacute;n pol&iacute;tica &ndash;el caso <em>Kitchen</em> lo evidencia&ndash;. Esta responsabilidad, en lo tocante a los jueces, puede y debe exigirse tanto desde dentro como desde fuera del Poder Judicial. Ya existen mecanismos para ello, pero, si tal y como parece no funcionan bien, pueden reforzarse sin que suponga injerencia alguna en la independencia, sino todo lo contrario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que, durante d&eacute;cadas, la responsabilidad judicial se ha ido diluyendo tras el opaco manto de la independencia. Y, en una funesta interpretaci&oacute;n de lo que significa esta garant&iacute;a constitucional, sus depositarios han tendido a desentenderse de lo que sus colegas m&aacute;s activistas hac&iacute;an o dejaban de hacer. Mientras, muchos partidos han tratado de sacar provecho de ese &ldquo;compromiso pol&iacute;tico&rdquo; presente en algunos togados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de lo que ocurre con otros cuerpos del Estado, como la Guardia Civil, donde, al margen de la ideolog&iacute;a de sus miembros o asociaciones, la autodisciplina es concebida como un valor, hasta el punto de aplicar a sus miembros un est&aacute;ndar a&uacute;n m&aacute;s severo que a los ajenos, en la judicatura se ha ido relajando la autocontenci&oacute;n hasta rozar el todo vale. Si los actos de alguno de sus integrantes van en contra de la imagen y decoro del propio poder o directamente conculcan la legislaci&oacute;n, como en ciertos casos est&aacute; ocurriendo, los primeros que tienen en su mano reconducir la situaci&oacute;n son los propios jueces y magistrados. Para eso precisamente existe el CGPJ &ndash;y no para hacer comunicados&ndash; o, en &uacute;ltima instancia, la jurisdicci&oacute;n penal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seguramente haya miembros de la judicatura progresistas, dem&oacute;cratas y comprometidos con el Estado de Derecho que vean una amenaza en el <em>lawfare</em>. Pueden tener sus razones, pero tambi&eacute;n deben entender que la responsabilidad de la situaci&oacute;n es compartida. Que hasta que el Poder Judicial desarrolle una responsabilidad colectiva sobre sus actos como parte fundamental del Estado democr&aacute;tico de Derecho, las injerencias de unos pocos seguir&aacute;n produci&eacute;ndose. Y es de prever que los otros poderes traten de defenderse ante ellas, sacrificando en ocasiones por el camino el deseable rigor jur&iacute;dico del que una parte de la magistratura lleva tiempo sin hacer gala. En la mano de todos est&aacute; impedir esta deriva; empezando por ellos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Manuel Alcoceba Gil]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Nov 2023 21:49:29 +0000]]></pubDate>
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