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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rubén Lardín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ruben_lardin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rubén Lardín]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Michel Houellebecq vuelve al cine]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/michel-houellebecq-vuelve-cine_1_11567054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/159aba4f-8d03-45a6-bd2a-f301c4cf9eeb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1876y928.jpg" width="1200" height="675" alt="Michel Houellebecq vuelve al cine"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Filmin estrena 'En la piel de Blanche Houellebecq', comedia extrañada que abrocha una trilogía en la que el polémico escritor francés se interpreta a sí mismo</p><p class="subtitle">El largo combate por salvar La Clef, un cine asociativo con polémica apoyado por Leos Carax o Adèle Haenel 
</p></div><p class="article-text">
        Hace ya una d&eacute;cada larga, El <em>secuestro de Michel Houellebecq</em> alcanzaba cierta notoriedad como extravagancia entre lectores de todo el mundo que celebraban la revelaci&oacute;n como c&oacute;mico de un escritor, a la postre el m&aacute;s dotado para cantar el desencanto de nuestro tiempo, bien dispuesto para la caricatura y la autohumillaci&oacute;n, cosa que, por otra parte, ya hab&iacute;a demostrado con creces en su obra literaria.
    </p><p class="article-text">
        Aquella pel&iacute;cula se fundaba sobre una an&eacute;cdota real (la desaparici&oacute;n moment&aacute;nea del autor durante la promoci&oacute;n de su novela <em>El mapa y el territorio</em>)<em> </em>y operaba en una zona franca entre realidad y ficci&oacute;n donde el escritor, interpret&aacute;ndose a s&iacute; mismo, aceptaba encantado su ausencia del mundo para desarrollar un estupendo s&iacute;ndrome de Estocolmo y una verdadera amistad con sus captores.
    </p><p class="article-text">
        La alegre colaboraci&oacute;n entre Houellebecq y el actor y director <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/cine-fantastico-viene-sufrir-condicion-humana_129_9625093.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Guillaume Nicloux</a>, responsable de otros t&iacute;tulos de empaque y tiniebla como <em>La tour</em> o <em>Los confines del mundo</em>, se repetir&iacute;a en <em>Thalasso</em> (2019), otro encierro, esta vez ed&eacute;nico, donde el escritor, deambulando en albornoz un balneario de Normand&iacute;a, se certificaba capaz de aguantarle el contraplano sin parpadear, o al menos parpadeando muy, muy, muy despacio, al mism&iacute;simo Gerard Depardieu. Las perlas dial&eacute;cticas y de conducta se entreveraban en el metraje de aquella pel&iacute;cula en la que ya asomaba la sensaci&oacute;n de que tal vez se estaba estirando el chicle. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Literatura en movimiento</strong></h2><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n de Michel Houellebecq con el cine es antigua y fundamental en la construcci&oacute;n de un autor que ya a finales de los setenta se hab&iacute;a fogueado como director de un par de cortometrajes dram&aacute;ticos, uno de ellos adaptando a Jean Ray. Desde entonces, adem&aacute;s de las desiguales adaptaciones de sus novelas, entre las que se cuenta la apreciable <em>Ampliaci&oacute;n del campo de batalla</em>, que cont&oacute; con su participaci&oacute;n en el guion; y<em> </em>sendas versiones, una alemana y otra francesa, m&aacute;s reciente, en formato miniserie, de <em>Las part&iacute;culas elementales,</em> el escritor, convertido ya en estrella medi&aacute;tica, se ha prestado a un pu&ntilde;ado de apariciones, con o sin cr&eacute;dito, en diversos t&iacute;tulos comerciales. Adem&aacute;s, ha encarnado alg&uacute;n que otro protagonista extravagante como el de <em>Near Death Experience </em>(donde se contiene su m&iacute;tica danza a ritmo de Black Sabbath en maillot ciclista) y ha comparecido en documentales como <em>To Stay Alive: A Method</em>, basado en su ensayo <em>Rester Vivant</em>, donde junto a Iggy Pop desgranaba un buen pu&ntilde;ado de reflexiones sobre arte, poes&iacute;a y salud mental.
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=x93dv1a" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        Eso por no hablar de sus comentarios escritos al trabajo de Pasolini, Kurosawa, Dreyer, Haneke o Larry Clark, o de t&iacute;tulos derivados de sus libros como <em>9 Songs, </em>el porno <em>arty</em> que fue inspirado a Michael Winterbottom por la lectura de <em>Plataforma</em>, tal vez la novela m&aacute;s rom&aacute;ntica, si es que no lo son todas, firmada por el autor. O de la adaptaci&oacute;n de <em>La posibilidad de una isla</em>, un ramalazo de gram&aacute;tica <em>eurotrash</em> rodado en el infierno de Huelva, que &eacute;l mismo dirigi&oacute; alterando el guion sobre la marcha, logrando una pel&iacute;cula defenestrada por el planeta en pleno pero destinada a ser apreciada en el futuro en todas y cada una de sus singulares decisiones. 
    </p><p class="article-text">
        <em>En la piel de Blanche Houellebecq</em>, otra vez a las &oacute;rdenes de Nicloux, el escritor parte a promocionar su nuevo libro a Guadalupe, y en esa Francia de ultramar coincidir&aacute; con la humorista Blanche Gardin, tambi&eacute;n interpret&aacute;ndose a s&iacute; misma como invitada a presidir un aberrante concurso de dobles de Michel. Y una serie de imprevistos, acu&ntilde;ados entre la farsa y la sandez, alterar&aacute;n y pondr&aacute;n color, drama y afecto a la estancia de los protagonistas en la isla antillana.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un monstruo de dos cabezas</strong></h2><p class="article-text">
        Ejecutada sobre un guion de escenas abiertas que admiten el gesto espont&aacute;neo e instalada en ese ecosistema de personajes improbables, suerte de familia encontrada, que orbitaba las dos pel&iacute;culas anteriores, <em>En la piel de Blanche Houellebecq</em> se acomoda en las neurosis de cada uno de los protagonistas y se permite escanciar comentarios de actualidad, chistes ordinarios y chanzas racistas que vienen amortiguadas por una cita innecesaria de la escritora Maryse Cond&eacute; en la que se insiste en recordar, por si acaso, que una comedia es una comedia: &ldquo;La risa es el primer paso hacia la liberaci&oacute;n. Se empieza por re&iacute;r. Re&iacute;mos, entonces nos liberamos. Nos liberamos, entonces podemos combatir&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Michel y Blanche Houellebecq                            </span>
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        Y re&iacute;mos, es cierto, pero solo ocasionalmente. Casi siempre en la contemplaci&oacute;n de un Houellebecq tan entendible en su postura ante el mundo, en su humor corporal en apariencia inoperante, pero en verdad deudor de un Buster Keaton bien pochado, instalado en la estupefacci&oacute;n, con la mirada lela pero el pilluelo pronto.
    </p><p class="article-text">
        Es esa presencia merluza del escritor, y un encanto basado en el conocimiento de su obra literaria, lo que sostiene una pel&iacute;cula que pierde el resto de sus activos en el traslado internacional, entre otros la qu&iacute;mica que deber&iacute;a aportar Blanche Gardin, una humorista de pie muy popular en el pa&iacute;s vecino, conocida por sus cr&iacute;ticas frontales al feminismo victimista y maniqueo, o los sabrosos cameos de Gaspar No&eacute; y de Fran&ccedil;oise Lebrun, as&iacute; como el comentario recurrente en la trama que alude, y en cierto modo pretende atenuar, a una pol&eacute;mica entrevista reciente que Houellebecq mantuvo con el fil&oacute;sofo Michel Onfray que se sald&oacute; con una denuncia del rector de la gran mezquita de Par&iacute;s por incitaci&oacute;n al odio.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula quita hierro y elude el conflicto. Juega cartas ligeras y en lo cinematogr&aacute;fico resulta acorchada, si bien se hace liberadora en su indiferencia y feliz en sus rel&aacute;mpagos de inverosimilitud, que acaban por calibrar una comedia kitsch, deliberada en sus fallas y bals&aacute;mica en la mofa que hace del lenguaje inclusivo, la inopia contempor&aacute;nea y otro mont&oacute;n de pamemas de esta &eacute;poca donde la verdad de la literatura ha de ser reemplazada por el registro, si no del movimiento, al menos de la inercia de una modernidad quietista y carente de prop&oacute;sito.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/michel-houellebecq-vuelve-cine_1_11567054.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Aug 2024 19:27:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Michel Houellebecq vuelve al cine]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Francia,Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Charles Burns y la pesadilla de ser joven]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/charles-burns-pesadilla-joven_1_10099525.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/edb44ee6-ce22-40f4-8ebb-eac91b3c39f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1070464.jpg" width="1422" height="800" alt="Charles Burns y la pesadilla de ser joven"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El dibujante de 'Agujero negro' tiene en curso la obra 'Laberinto', sobre la identidad adolescente en construcción</p><p class="subtitle"> Aline Kominsky-Crumb, la pionera del cómic ‘underground’ con la autobiografía menos autocomplaciente </p></div><p class="article-text">
        Charles Burns lleva m&aacute;s de la mitad de su carrera se&ntilde;alando la adolescencia como un cruce de caminos donde el ser humano es susceptible de convertirse en esto que somos: hombres y mujeres de cuerpo entero, seres hechos y derechos alienados de s&iacute; mismos y apenas residuo carnal tras la muda de piel que supone el paso a la vida adulta.
    </p><p class="article-text">
        En <em>Laberintos </em>(del cual se han publicado los dos primeros tomos en Espa&ntilde;a por Reservoir Books),<em> </em>Brian Milner, un joven aficionado al cine de terror con dotes de dibujante, se encuentra en las postrimer&iacute;as de la pubertad. Su trato con el mundo es inestable, en parte por la pubertad y en parte por el mundo. Cuando recibe la atenci&oacute;n de Laurie, una pelirroja que se interesa por sus garabatos, responder&aacute; con una mezcla de recelo y fascinaci&oacute;n en cuyo fiel se templar&aacute; un tebeo remol&oacute;n y misterioso, abundante en alegor&iacute;as gr&aacute;ficas y muy dado a trasegar en el inconsciente como quien se hurga los bolsillos para dar con un resguardo deslavado.
    </p><p class="article-text">
        Descrito en la nota de prensa como un &ldquo;retrato del artista adolescente&rdquo;, <em>Laberintos</em> es una trilog&iacute;a de &aacute;lbumes en marcha que se sucede como un telar de identidades donde cada personaje est&aacute; averiguando su construcci&oacute;n ps&iacute;quica. En los casos con mejor pron&oacute;stico poniendo en cuarentena las ense&ntilde;anzas e instrucciones heredadas, pero en general todos ellos, como siempre en la obra de Burns, llevados de una amnesia creciente que va dejando atr&aacute;s el para&iacute;so infantil, entreg&aacute;ndolo en ese sosegado y fastidioso sacrificio previo al olvido absoluto.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Misterios de la carne</strong></h3><p class="article-text">
        Antes de que la novela gr&aacute;fica convirtiera el c&oacute;mic en pasto de traumas adolescentes, lloreras y vicisitudes sentimentales de 300 p&aacute;ginas, Charles Burns (Washington D. C., 1955) se curt&iacute;a en el formato de la historieta breve en las p&aacute;ginas de <em>RAW</em>, la revista de vanguardia fundada por Fran&ccedil;oise Mouly y Art Spiegelman, con las aventuras de El Borbah, un expeditivo detective privado de m&aacute;s de cien kilos que ya resum&iacute;a sus intereses como autor: fritura de g&eacute;neros chicos, alusiones socarronas al imaginario pop, un dibujo extra&iacute;do de las sombras y una pulcritud t&eacute;cnica parecida al miedo. Eso ocurr&iacute;a en la d&eacute;cada de los 80, cuando el pastiche y el vindicar referencias de derribo no era todav&iacute;a rutina ir&oacute;nica sino aut&eacute;ntica audacia y, ojo, jurisdicci&oacute;n exclusiva del c&oacute;mic y del dibujo animado.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/759abe24-9c8d-4ac9-8520-d2be0c1aed89_source-aspect-ratio_default_0_x962y1160.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Burns mantuvo ese descaro <em>posmo </em>suyo en historietas ya cl&aacute;sicas como <em>Dog Days</em>, <em>Burn Again</em> o <em>Un matrimonio infernal</em>, c&aacute;maras de ecos de la paranoia de los 50, la serie B y la pamema del sue&ntilde;o americano, antes de entregar su trabajo m&aacute;s cavilado, una obra extensa donde relatar&iacute;a la irrupci&oacute;n y las consecuencias de una epidemia llegada con la edad del pavo. <em>Agujero negro</em> hac&iacute;a sitio y daba ac&uacute;stica a la extra&ntilde;eza, certificando a su autor como primer espada del c&oacute;mic independiente &ndash;y nihilista&ndash; de los 90 y proclam&aacute;ndolo maestro alba&ntilde;il de la mutaci&oacute;n adolescente, cuyos primeros s&iacute;ntomas, seg&uacute;n las ense&ntilde;anzas de la nueva carne, ser&iacute;an un desasosiego inconveniente, un prurito o comez&oacute;n merodeando el bajo vientre y un ascenso flechado hasta el enc&eacute;falo para all&iacute; instalar campamento.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Vida alien&iacute;gena</strong></h3><p class="article-text">
        A&ntilde;os despu&eacute;s, <em>Laberintos</em> sucede en un lugar semejante. Un entorno subjetivo donde la determinaci&oacute;n natural de cada individuo est&aacute; afectada por una suerte de romanticismo de laboratorio, una sentina emocional en cuyas omisiones laten aquellos tebeos de amor para ni&ntilde;as &ndash;y no tan ni&ntilde;as&ndash; que estuvieron de moda en los a&ntilde;os cincuenta, aut&eacute;nticos <em>thrillers</em> psicol&oacute;gicos donde las turbaciones de la carne se dilu&iacute;an en los tormentos del coraz&oacute;n. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/32acf46c-b583-46a2-b83d-e7f74d514ff6_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Para Burns, como para William Burroughs, la feminidad siempre fue una manifestaci&oacute;n alien&iacute;gena o tal vez tel&uacute;rica de extra&ntilde;o cometido, una fuerza aqu&iacute; representada por el personaje de Laurie, quien se reparte con Brian la responsabilidad de la narraci&oacute;n mientras se ve intrigada ante el hecho de que &eacute;l prefiera pasar m&aacute;s tiempo dentro que fuera de su pecera art&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        Encomendado a las verdades superiores de la ficci&oacute;n (un amor incondicional y elocuente por el cine de miedo vertebra el tebeo), <em>Laberintos</em> sintetiza el romance y lo entrega como un c&aacute;lculo biliar, casi un residuo estupefacto del que alguien tendr&aacute; que hacerse cargo. Y al igual que en <em>La invasi&oacute;n de los ladrones de cuerpos</em>, pel&iacute;cula que se cita de manera expl&iacute;cita y recurrente en las p&aacute;ginas del c&oacute;mic, el merecimiento moral queda aqu&iacute; en suspenso. Porque en los tebeos de Burns no hay culpa individual pero s&iacute; pecado original, raz&oacute;n de ser, y as&iacute; se nos comunica en este tr&aacute;gico informe existencialista y de tintes autobiogr&aacute;ficos cuyo contenido simb&oacute;lico emerge como una boya para se&ntilde;alizaci&oacute;n de la vida en curso. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Páginas interiores de &#039;Laberintos&#039; (arriba) y &#039;Laberintos 2&#039;                            </span>
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        <em>Laberintos</em> vuelve a ser esa aleaci&oacute;n ya algo debilitada entre la congoja de ser joven y la desdicha de no volver a serlo nunca que Charles Burns ha merodeado siempre. Y, tambi&eacute;n como de costumbre se sostiene fundamentalmente en ese dibujo tan gobernado y de belleza glacial que le sabemos, aqu&iacute; algo atenuada la tensi&oacute;n caracter&iacute;stica de sus tintas por la presencia del color, y si bien la lectura interrumpida en tres &aacute;lbumes escatima atm&oacute;sfera y parece responder solo a razones de sostenibilidad (sostenibilidad del artista), el regusto, a la aparici&oacute;n estos d&iacute;as del segundo volumen, vuelve a ser el de metal en tierra h&uacute;meda inconfundible para sus lectores. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/charles-burns-pesadilla-joven_1_10099525.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Apr 2023 19:39:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Charles Burns y la pesadilla de ser joven]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cómic,Novela gráfica,Adolescentes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al cine fantástico se viene a sufrir por la condición humana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/cine-fantastico-viene-sufrir-condicion-humana_129_9625093.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ba12441-fd75-4a39-826e-6aef36e352bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Al cine fantástico se viene a sufrir por la condición humana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quentin Dupieux, Guillaume Nicloux, Ariel Escalante Meza, Michelle Garza Cervera y Ti West traen películas destacables en la recta final de la 55 de Sitges</p><p class="subtitle">Más crónicas desde Sitges - Unicornios 'dark' para traumatizar al público infantil y otras anomalías de festival</p></div><p class="article-text">
        En Sitges se mantiene la tradici&oacute;n de aplaudir la cabecera del rey Kong sacudi&eacute;ndose los insidiosos aviones de la realidad antes de cada pel&iacute;cula. Todos aqu&iacute; sabemos que as&iacute; seguir&aacute; siendo hasta el fin de nuestros d&iacute;as. Aplaudir al gorila sagrado ser&aacute; lo &uacute;ltimo que hagamos antes de abandonar este valle de l&aacute;grimas que es la vida en la tierra, fuera del cine.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es un invento, pura ficci&oacute;n. Lo sabe Quentin Dupieux (Mr. Oizo para quienes llegan a &eacute;l desde la m&uacute;sica), que estos d&iacute;as ha presentado no una sino dos comedias de las que se le conocen, francesas y estrafalarias, muy digestivas en su particularidad. Tanto en <em>Incroyable mais vrai</em>, un enredo dom&eacute;stico sobre manteler&iacute;a de ciencia ficci&oacute;n, como en <em>Fumer fait tousser</em>, una pi&ntilde;ata de historias breves que se encarga de golpear un grupo de superh&eacute;roes <em>tr&oacute;spidos</em>, el director persevera en la humorada en escorzo que le caracteriza. Son pel&iacute;culas que se sienten un poco resbaladizas y muy estimulantes en esos desajustes de la realidad, as&iacute; como en su rima asonante con la s&aacute;tira y el absurdo que antes practicaron gigantes como los Monty Python o Rik Mayall y Adrian Edmonson. En reconocimiento a esa b&uacute;squeda suya del otro lado, Sitges ha querido entregarle a Dupieux la M&aacute;quina del Tiempo, una de las distinciones con que el festival reconoce a las almas afines al festival.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El para&iacute;so feroz</strong></h3><p class="article-text">
        No todo son risas, al cine fant&aacute;stico tambi&eacute;n se viene a sufrir por la condici&oacute;n humana, a repararse si fuera posible. El largometraje franc&eacute;s <em>La tour</em> sit&uacute;a su alegor&iacute;a en un bloque de la periferia asediado por una fuerza exterior desconocida. En&eacute;sima versi&oacute;n ap&oacute;crifa de <em>Rascacielos</em>, la novela ya cl&aacute;sica de J. G. Ballard que empezaba con el protagonista comi&eacute;ndose un perro en el balc&oacute;n, Guillaume Nicloux detalla el descalabro del tinglado social detallando el mercadeo de mascotas para la supervivencia, la escisi&oacute;n en clanes y castas y el apogeo de la violencia como agente regenerador. Pese a su estructura un tanto atomizada, la pel&iacute;cula acaba alz&aacute;ndose como mordedura pol&iacute;tica tremendista, interesada en conducirse hasta los l&iacute;mites y frisar terrenos donde la degradaci&oacute;n nos reinventar&aacute; en nuevos y tal vez definitivos monstruos.
    </p><p class="article-text">
        El &aacute;spero bulto de las haciendas y las desigualdades lo acaricia tambi&eacute;n <em>Domingo y la niebla</em>, largometraje tocado de un realismo m&aacute;gico que se embosca en el drama de un viudo renuente a entregar su terreno a los contratistas de una carretera que pretende partir su vida en dos. El costarricense Ariel Escalante Meza construye aqu&iacute; una pel&iacute;cula rigurosa y f&uacute;nebre muy poco poblada, donde los personajes van mucho de espaldas, se internan en su pesadumbre hasta que la historia se pone de frente y entrega el predominio a las consecuencias.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Nuestra alegre juventud</strong></h3><p class="article-text">
        El festival encara su recta final y las meninges no responden como deber&iacute;an, el enc&eacute;falo se funde, las retinas crujen y el criterio es bruma. Y, sin embargo, se obra la paradoja de que las tragaderas son menos, las pel&iacute;culas mediocres ya no encuentran plaza en nosotros, estamos ah&iacute;tos y no pasamos ni una. 
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; apenas estamos glosando un treinta por ciento de lo que vemos o recordamos. <em>Huesera</em>, por ejemplo, tambi&eacute;n muy consecuente con su propia propuesta, es una opera prima donde la mexicana Michelle Garza Cervera se atreve con uno de los avatares m&aacute;s felices de g&eacute;nero, el terror emancipador, el que se sacude la oscuridad de la vida corriente. La pel&iacute;cula tiene cine, su premisa es tan sencilla como cifrar en la tragedia un embarazo y dar el desarrollo del trauma. Gobernada por la presencia manantial de Natalia Soli&aacute;n, <em>Huesera</em> no paga m&aacute;s peaje que el l&uacute;dico y el debido a un entendimiento ilusionado, joven y franco de la existencia, adem&aacute;s de amor sincero por el terror. Porque la vida adulta, lo dijo Lovecraft, es el infierno.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El cineasta Ti West, posa tras recibir el premio &quot;Máquina del Tiempo&quot; en el Festival de Cine de Sitges donde presenta su nueva película &#039;Pearl&#039;, una precuela ambientada en 1918 de su anterior título, &#039;X&#039;                            </span>
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        Ti West, uno de los nombres importantes del g&eacute;nero, ha vuelto al festival con <em>Pearl</em>, terror sure&ntilde;o y horizontal, sin grandes escenas, que es apenas el retrato pel&oacute;n de una soci&oacute;pata a la que da vida una Mia Goth colosal. La actriz se concede, desde el cr&eacute;dito de coguionista, momentos apote&oacute;sicos, y en su gesto pasmado, bell&iacute;sima e irresistible, sostiene el metraje entero de una pel&iacute;cula que se sucede mir&aacute;ndose en la tradici&oacute;n de otras pel&iacute;culas, pel&iacute;culas peque&ntilde;as de un tiempo pasado que no tenemos claro si pudo ser mejor o siquiera parecido, pero con el que en todo caso estamos en deuda.
    </p><p class="article-text">
        El arte es la veleta del alma, se oye decir en la peli de la una de la madrugada en el cine Prado, el m&aacute;s destartalado y encantador del festival. Es la s&eacute;ptima que vemos hoy y hay tramas que ya asimilamos regular. Las que vemos por la noche dialogan con las que hemos visto por la ma&ntilde;ana y en cada una hay ecos del resto. En los planos de dron son todas la misma pel&iacute;cula. El festival, en tanto que marasmo de la realidad, se ha convertido en una enso&ntilde;aci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El arte es la veleta del alma. La frase atraviesa la platea y nos despabila en las butacas mientras chupeteamos jengibre deshidratado para distraer el sue&ntilde;o que siempre acechante. Caminando Sitges de vuelta a nuestros aposentos cavilamos las im&aacute;genes del d&iacute;a y entendemos que ver cine es tan necesario como leer libros o comer fruta, y que, tal y como nos recuerda Caballero Bonald desde la mesita de noche del hotel, solo somos el tiempo que nos queda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/cine-fantastico-viene-sufrir-condicion-humana_129_9625093.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Oct 2022 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Al cine fantástico se viene a sufrir por la condición humana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sitges,Cine fantástico,Cine de terror,Festivales de cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Unicornios 'dark' para traumatizar al público infantil y otras anomalías de festival]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/unicornios-dark-traumatizar-publico-infantil-anomalias-festival_129_9612625.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0d9afe0-4807-482a-93e2-a049743f1027_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Unicornios &#039;dark&#039; para traumatizar al público infantil y otras anomalías de festival"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Azota el entretiempo en Sitges con rachas de películas que se olvidan tan rápido que no caben en una crónica y otras que se recuerdan tanto que no dejan tiempo para escribir la crónica; mientras tanto, Brigitte Lahaie recoge el premio Nosferatu</p><p class="subtitle">Crónicas desde Sitges - Balagueró y Vermut arrancan un festival con terror frontal y deseo</p></div><p class="article-text">
        En Sitges llueve y luego no. Siempre ha sido as&iacute; desde hace cincuenta y cinco a&ntilde;os, es lo que se conoce como el entretiempo. Queda todav&iacute;a la semana por delante para negociar la meteorolog&iacute;a con nuestros fantasmas mientras las pel&iacute;culas se suceden y ocurren sorpresas, manifestaciones emocionantes que solo en este festival, tal vez el m&aacute;s importante del mundo en su g&eacute;nero, pueden tener lugar.
    </p><p class="article-text">
        Es el caso <em>The Fifth Thoracic Vertebra</em>, primer largo del coreano Park Sye-young y una suerte de '<em>Tsukamoto funghi' </em>con un colch&oacute;n enmohecido como protagonista. O de <em>Piaffe</em>, cine er&oacute;tico <em>arty</em> sobre la retribuci&oacute;n de la libido, con caballos, bot&aacute;nicos pervertidos y arrebatos caprichosos de tecnazo, un cine tan anticuado en su voluntad de vanguardia como bonito de mirar. Sinopsis podr&iacute;amos leer durante tardes enteras, otra cosa es ver las pel&iacute;culas. Algunas solo piden que nos dejemos llevar en ellas, no solicitan nada, pero despu&eacute;s resulta que, espl&eacute;ndidas, han desovado en nosotros una inquietud que en d&iacute;as sucesivos nos tendr&aacute; cavilando, y que quiz&aacute;s d&eacute; lugar a algunas conclusiones con respecto a nuestra propia circunstancia, sea la que sea. Esa es una de las cosas importantes que hacen a veces las pel&iacute;culas de monstruos, demonios y brujas: hechizos. Operaciones filos&oacute;ficas y humanistas con las que el cine social que hacen los pijos de este pa&iacute;s no puede ni so&ntilde;ar.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Los magos electr&oacute;nicos</strong></h3><p class="article-text">
        El cine tiene tres avatares capitales: el terror, el erotismo y los dibujos animados. Todo lo dem&aacute;s es filfa. Adscrito a la &uacute;ltima de esas tres encarnaciones, Alberto V&aacute;zquez ha estrenado en Sitges <em>Unicorn Wars</em>, un relato en colores fluorados que enfrenta a unicornios <em>dark</em> y osos amorosos de picha viajada. La pel&iacute;cula es <a href="https://www.eldiario.es/galicia/filme-antibelicista-alberto-vazquez-unicorn-wars-estrena-annecy-festival-animacion-importante_1_9053377.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un rel&aacute;mpago est&eacute;tico ins&oacute;lito</a> y su mera existencia supone un logro colosal en una industria tan enclenque como es la de la animaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Se estrena en salas comerciales el d&iacute;a 21 de octubre, y todos los padres deber&iacute;an llevar a sus hijos a verla porque para eso se hace, en realidad, el cine de dibujos para adultos, para que se traumaticen los ni&ntilde;os en la clandestinidad de los ni&ntilde;os. Para que nunca lo olviden.
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            <span class="title">
                Una imagen del cortometraje de César Velasco Broca &#039;Alegrías riojanas&#039;                            </span>
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        Otra anomal&iacute;a ib&eacute;rica presente en Sitges es el cine de Velasco Broca, que estos d&iacute;as ha presentado <em>Alegr&iacute;as riojanas</em>, un cortometraje que es pr&oacute;logo a su primer largo, <em>El futuro testamento</em>, actualmente en fase avanzada de desarrollo. Se dice en esta pieza que la arquitectura rom&aacute;nica apunta hacia el interior del hombre mientras la g&oacute;tica apunta hacia el cielo. Las arquitecturas f&iacute;lmicas de Velasco Broca, por su parte, se estar&iacute;an buscando el rabo como ur&oacute;boros prendidos de follet&iacute;n, de tradici&oacute;n y de revelaciones, artefactos mist&eacute;ricos desbordados de s&iacute;mbolos y de un cachondeo muy serio. Ojal&aacute; todo el cine fuera este, ojal&aacute; pudi&eacute;ramos olvidar el resto.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Solo para adultos</strong></h3><p class="article-text">
        Un porcentaje muy alto de los recuerdos de nuestras vidas est&aacute;n relacionados con este festival. Uno de los m&iacute;os es ap&oacute;crifo, no lo viv&iacute;, pero ata&ntilde;e a una fotograf&iacute;a de Jean Rollin posando en la playa de Sitges en la edici&oacute;n de 1976. Jean Rollin hizo un cine, por lo general, de vampiras, pero tambi&eacute;n de gente corriente, es decir, pornogr&aacute;fico. Uno de esos pornos que rod&oacute; en los a&ntilde;os 70 amparado en su seud&oacute;nimo habitual de Michel Gentil, <em>Tout le monde il en a deux</em>, que aqu&iacute; se llam&oacute;, atenci&oacute;n, <em>La org&iacute;a de las ni&ntilde;as cachondas</em>, suced&iacute;a en su casa. Yo nunca estuve en su casa, pero s&eacute; que era su casa porque estas pel&iacute;culas tan min&uacute;sculas no admit&iacute;an decorados, todo era verdad en ellas. En 2010, cuando el director muri&oacute;, personas de su entorno organizaron visitas a su domicilio para que los aficionados pudieran apropiarse de sus recuerdos, de libros, objetos y otros bienes del cineasta que de otra manera se habr&iacute;an perdido, ya que es improbable que una filmoteca o una fundaci&oacute;n estatal se haga cargo del patrimonio de uno de los cineastas m&aacute;s marginales de la historia.
    </p><p class="article-text">
        Hoy el mundo es un lugar mejor con sus pel&iacute;culas dentro, y el festival de Sitges, que lo sabe, le homenajea en esta edici&oacute;n estrenando el documental <em>Orchestrator of Storms</em>, donde se ilustra la figura de un artista empe&ntilde;ado en desestimar su propio estilo, de por s&iacute; vago y rutinario, y dando finalmente un cine desentendido hasta del cine como tal, pero en su lugar pujante de anarqu&iacute;a, de l&iacute;rica equ&iacute;voca, de sexo psicol&oacute;gico y de poco m&aacute;s, porque al fin y al cabo poco m&aacute;s es tan necesario como todo eso.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Escandalosa Brigitte</strong></h3><p class="article-text">
        Fue Jean Rollin quien entreg&oacute; a Brigitte Lahaie una guada&ntilde;a y le ofreci&oacute; hacer un cine ajeno al pornogr&aacute;fico, en el que la actriz se hab&iacute;a bregado durante unos pocos a&ntilde;os muy fruct&iacute;feros. Empez&oacute; como doble de cuerpo a mediados de los 70, poniendo sus nalgas y sus pechos al servicio de otras actrices, pero su belleza candeal, unas formas fecundas y una expresi&oacute;n poco hecha, con esa mirada a la vez encendida e inocente id&oacute;nea para un cine basado en la f&iacute;sica y la qu&iacute;mica, la convirtieron pronto en una de las grandes figuras de la era dorada del porno franc&eacute;s. Luego, m&aacute;s all&aacute; del cine equis, rodar&iacute;a con Henry Verneuil, Jean-Jacques Beineix, con Alain Delon en su primera pel&iacute;cula como director, <em>En la piel de un polic&iacute;a</em>, o con nuestro Jess Franco la disparatada <em>Los depredadores de la noche</em>, recuperada en Sitges estos d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Hoy Brigitte es alguien muy popular en Francia por sus programas de radio y sus publicaciones sobre sexolog&iacute;a, aunque aqu&iacute; ha venido para recoger el premio Nosferatu a toda una carrera, que sobre el escenario ha querido compartir con el recuerdo de Jean Rollin, amigo suyo del alma a cuyas &oacute;rdenes pretendi&oacute; alg&uacute;n d&iacute;a haber encarnado a la condesa Bathory y ba&ntilde;arse en sangre de v&iacute;rgenes en una pel&iacute;cula que no existe, pero que los aficionados so&ntilde;amos cada d&iacute;a poder ver al d&iacute;a siguiente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/unicornios-dark-traumatizar-publico-infantil-anomalias-festival_129_9612625.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Oct 2022 07:29:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Unicornios 'dark' para traumatizar al público infantil y otras anomalías de festival]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sitges,Festivales de cine,Cine de terror,Cine fantástico]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Balagueró y Vermut arrancan un Sitges con terror frontal y deseo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/balaguero-vermut-arrancan-sitges-terror-frontal-deseo_129_9608820.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3cdd9802-f175-42d7-b444-a76f0b20a870_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Balagueró y Vermut arrancan un Sitges con terror frontal y deseo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es la 55 edición del festival internacional de cine fantástico, que se ha iniciado con las presentaciones de 'Venus' y 'Mantícora'</p><p class="subtitle">Edgar Wright, el director que ha hecho magia en el cine con la cultura pop, recibirá premio en Sitges</p></div><p class="article-text">
        La blanca Subur, la perla del Garraf, el templete de la costa dorada y un imaginativo etc&eacute;tera. Siempre es entretenido leer a los gacetilleros componi&eacute;ndoselas para no repetir el top&oacute;nimo de Sitges treinta veces en sus cr&oacute;nicas de este festival, que tras medio siglo y un lustro de historia nos tiene muy hechos a la repetici&oacute;n, al derroche, al estar muy contentos de volver aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        La quincuag&eacute;simo quinta edici&oacute;n, que es la 55 en ordinales, se inaugur&oacute; el jueves con <em>Venus</em>, una nueva propuesta de Jaume Balaguer&oacute;, ahora bajo el padrinazgo de &Aacute;lex de la Iglesia, poblada de personajes temibles a la caza de una arrolladora Ester Exp&oacute;sito que ha sustra&iacute;do un fardo de rulas del local donde se emplea como bailarina de estriptis. La pel&iacute;cula, l&uacute;dica y veleidosa en los tonos, mantiene el tipo para finalmente embocarse al terror frontal y disfrut&oacute;n, en un tercio donde el director catal&aacute;n recobra los trastos que hicieron de &eacute;l primera espada y figura del g&eacute;nero, en este mismo entorno mediterr&aacute;neo, hace casi treinta a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Las pel&iacute;culas de Balaguer&oacute; est&aacute;n siempre protagonizadas por mujeres de las que antes llam&aacute;bamos <em>scream queens, </em>un tropo del cine de miedo que responde a la m&aacute;xima de Dario Argento, otro de los invitados a este festival, que asegura que siempre va a ser m&aacute;s estimulante ver a una dama en apuros que a un se&ntilde;or bajito que no encuentra las llaves. Hoy esto se lee como empoderamiento, pero gracias a dios o al diablo se sigue cifrando como lo que es: querencia est&eacute;tica, erotismo, pulsi&oacute;n de muerte, ansia de vivir. Es todo lo mismo. El cine de terror va de eso.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La actriz Magüi Mira (d) y el actor Fernando Valdivielso (i) posan durante la alfombra roja de la inauguración de la 55 edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, con el estreno de &#039;Venus&#039;"
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            <span class="title">
                La actriz Magüi Mira (d) y el actor Fernando Valdivielso (i) posan durante la alfombra roja de la inauguración de la 55 edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, con el estreno de &#039;Venus&#039;                            </span>
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        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os es tambi&eacute;n una obsesi&oacute;n la presencia femenina tras las c&aacute;maras, ocurre en este y en todos los festivales, que enarbolan el censo como cuesti&oacute;n meritoria en una actitud delirante pero que tampoco tiene que preocuparnos, ya que las mujeres son tan capaces como los hombres de hacer pel&iacute;culas mediocres. En cualquier caso, las veremos todas, y nos dar&aacute; igual si la dirige una mujer o si la dirigen tres.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un 'mystique' determinado</strong></h3><p class="article-text">
        Se da estos d&iacute;as otra paradoja, y es que el p&uacute;blico del festival, al que presuponemos cinefilia y saber estar o al menos saber estar aqu&iacute;, no suele quedarse a leer el rollo de cr&eacute;ditos de las pel&iacute;culas porque las dimensiones de la programaci&oacute;n, que ofrece m&aacute;s de doscientos t&iacute;tulos, no lo permite, y le requiere ir zumbando de una sala a otra en un voluntarioso calvario que tiene algo de safari, de loter&iacute;a y de acaso.
    </p><p class="article-text">
        La secci&oacute;n Noves Visions, donde se congregan las voces m&aacute;s audaces del festival, va entregando sus primeras anomal&iacute;as, algunas tan singulares como <em>La montagne</em>, cine franc&eacute;s despacito (g&eacute;nero en s&iacute; mismo que o se toma o se declina) sobre un parisi&eacute;n que busca su lugar en la cumbre de manera literal, procediendo a una rendici&oacute;n deliberada al orden natural. Y hasta aqu&iacute; vamos a leer.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula se antoja, por elementos, como una especie de <em>Vinieron de dentro de&hellip;</em> tel&uacute;rico y comedido, o como la versi&oacute;n acad&eacute;mica de <em>Picnic en Hanging Rock</em>, la mesm&eacute;rica pel&iacute;cula que Peter Weir rod&oacute; sobre la excelente, gotiqu&iacute;sima y, esta vez s&iacute;, verdaderamente femenina, novela de Joan Lindsay, que el lunes pr&oacute;ximo a primera hora de la ma&ntilde;ana, por cierto, se ver&aacute; recuperada en Sitges como un sue&ntilde;o diurno y retrospectivo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo mejor de los festivales es que las películas están nuevas, inmaculadas, todavía no han sido profanadas por los corresponsales y se pueden ver sin conocerles más que el título, ofreciéndonos a ellas como cervatillos dispuestos a ser degollados</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Luis Tinoco presentaba tambi&eacute;n ayer su opera prima, <em>La paradoja de Antares</em>, un relato de encierro sobre la fe y la codicia existencial que se pregunta si hay vida en otros planetas y, ya de paso, si la que hay en este nos la merecemos. En su anhelo por darse al espectador resulta algo prolija en el piano y los violines (lo que es lo sentimental), pero transcurre aplicada y muy absorbente como ciencia ficci&oacute;n procedimental, minuciosa y capaz de sacarle un partido excelente a su naturaleza pitusa y del todo independiente.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Que te coma el tigre</strong></h3><p class="article-text">
        Lo mejor de los festivales es que las pel&iacute;culas est&aacute;n nuevas, inmaculadas, todav&iacute;a no han sido profanadas por los corresponsales y se pueden ver sin conocerles m&aacute;s que el t&iacute;tulo, ofreci&eacute;ndonos a ellas como cervatillos dispuestos a ser degollados. 
    </p><p class="article-text">
        En la secci&oacute;n oficial, Carlos Vermut presentaba este viernes <em>Mant&iacute;cora</em>, su cuarto largometraje y quiz&aacute;s el m&aacute;s ortodoxo en lo formal, pero tambi&eacute;n el que resultar&aacute; m&aacute;s delicado a los espectadores, a los que trata de poner en conflicto.
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula, l&iacute;mpida en el misterio y conmovedora de cabo a rabo, est&aacute; atravesada por un rumor subterr&aacute;neo desasosegante mientras en la superficie se suceden una construcci&oacute;n espectacular de Nacho S&aacute;nchez, al que Zoe Stein asiste a la altura, un pu&ntilde;ado de citas gozosas para las almas afines (Goya, Topor, Go Nagai) y un cari&ntilde;o enorme por Madrid (es necesario retratar las ciudades, es tarea important&iacute;sima del cine pasearlas y fotografiarlas como aqu&iacute; hace Alana Mej&iacute;a Gonz&aacute;lez). Y lo que sobre el papel es un sencillo y hermoso romance postadolescente, con todo el tormento y la verdad que eso conlleva, se crece en pantalla para hablar de las contraindicaciones del deseo y enunciar un recado cort&eacute;s pero tajante sobre la libertad inmanente, consustancial y leg&iacute;tima que ata&ntilde;e a nuestras fantas&iacute;as y su imaginario.
    </p><p class="article-text">
        Esa es, al fin y al cabo, una de las primeras preocupaciones del cine fant&aacute;stico y de terror, la jurisdicci&oacute;n del cine donde el cine manifiesta sus m&aacute;s elevadas po&eacute;ticas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/balaguero-vermut-arrancan-sitges-terror-frontal-deseo_129_9608820.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Oct 2022 09:16:19 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El soliloquio de las fuentes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/soliloquio-fuentes_129_9279377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e0122b4b-4ca0-45ed-bd51-b87b4af584e8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El soliloquio de las fuentes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor, crítico y traductor Rubén Lardín se despide con esta última entrega íntima desde sus vacaciones, que no suceden tanto en el lugar desde el que escribe como en las películas y libros en los que cae y a los que vuelve</p><p class="subtitle">Últimas palabras, de Rubén Lardín - Ya va siendo hora de morir</p></div><p class="article-text">
        El soliloquio de las fuentes, a qui&eacute;n se le ocurre, pero por favor, &iexcl;que esto es un peri&oacute;dico! En fin, ya es tarde, tampoco ha de ser tan grave, al fin y al cabo es el titular m&aacute;s pl&aacute;cido de la jornada, una peque&ntilde;a estampa urban&iacute;stica, mal asunto si se callan las fuentes parleras.
    </p><p class="article-text">
        Escribo en tr&aacute;nsito y desde el vag&oacute;n cafeter&iacute;a. Viajo de noche cruzando mi pa&iacute;s, voy hacia el fr&iacute;o, al menos hacia septiembre. Pronto volveremos a encender el fuego laborioso de las casas y apenas saldremos para despertar la piel, el coraz&oacute;n mullido. Ser&aacute; invierno y yo no escribir&eacute; m&aacute;s aqu&iacute;, no creo que me dejen, en la vida corriente no es necesario el pensamiento. El d&iacute;a a d&iacute;a solo requiere impulsos el&eacute;ctricos incluso en profesiones como el periodismo, que en origen, por su vinculaci&oacute;n al lenguaje, se lleg&oacute; a considerar tarea del intelecto. Pero todo esto son leyendas.
    </p><p class="article-text">
        Trato de viajar ligero de equipaje. Mi idea es sentirme algo ingr&aacute;vido en estos desplazamientos, pero all&aacute; donde voy compro libros. Es, lo s&eacute; hace tiempo, una patolog&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute; compras m&aacute;s libros si tienes tantos por leer?, corr&iacute;a un meme por ah&iacute;: porque los nuevos tampoco los he le&iacute;do.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En tiempos en que nadie parece albergar fantasías abyectas, la obscenidad se insinúa como la única manera de expresarse absolutamente"
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                En tiempos en que nadie parece albergar fantasías abyectas, la obscenidad se insinúa como la única manera de expresarse absolutamente                            </span>
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        En uno de Thomas Berhnard que alguien me ha obsequiado (<em>El sobrino de Wittgenstein</em>) se lee lo siguiente: &ldquo;Y la verdad es que solo <em>sentado en el coche</em>, entre el lugar que acabo de dejar y el otro al que me dirijo, <em>soy feliz</em>, solo en el auto y en el viaje soy feliz, soy el m&aacute;s infeliz de los reci&eacute;n llegados que puede imaginarse, llegue a donde llegue, en cuanto llego, soy infeliz. Soy de esas personas que, en el fondo, no soportan ning&uacute;n lugar del mundo y solo son felices <em>entre los lugares</em> de donde se marchan o a los que van&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Fuerzas desconocidas y amenazantes</strong></h3><p class="article-text">
        William Burroughs <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/illiam-burroughs-aniversario-ruben-lardin_1_5043069.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fue a muchos sitios y logr&oacute; volver de casi todos</a>, si bien nunca lo hizo intacto. El autor de <em>El almuerzo desnudo</em> escrib&iacute;a, seg&uacute;n su amigo Allen Ginsberg, &ldquo;ondeando el capote ante el peligro ps&iacute;quico de descubrir alg&uacute;n secreto susceptible de destruirle&rdquo;, y desde ese entendimiento honesto del oficio, al que lleg&oacute; tras mucho tiempo considerando el acto de escribir como algo embarazoso, vergonzante y falso, explor&oacute; su homosexualidad, se entreg&oacute; a una misoginia ingobernable, trat&oacute; de impugnar todos los sistemas de control y se alz&oacute; como portavoz del horror que es la vida en sociedad. Fue en su literatura lo que era en su vida.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/eea70b2a-768b-4a44-9491-81d9daf0e6dc_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="200" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em>Forajido literario. Vida y tiempo de William S. Burroughs,</em> es una biograf&iacute;a de alto nivel en la que Ted Morgan da cuenta de un individuo al que define como un &ldquo;tornasol humano en el que los horrores y las perplejidades de su &eacute;poca hallaban una expresi&oacute;n personal&rdquo;. Alguien que ten&iacute;a la seguridad de que todo hombre alberga en su interior un par&aacute;sito que no act&uacute;a en modo alguno en su beneficio, y que corrobora el dualismo b&aacute;sico que a los seres humanos nos dificulta la comunicaci&oacute;n y el intercambio de ideas, en primer lugar con uno mismo. Porque a decir de Burroughs nadie somos una sola persona, sino dos. Y con prop&oacute;sitos enfrentados.
    </p><p class="article-text">
        En tiempos en que nadie parece albergar fantas&iacute;as abyectas, nada debe subyacer y un sinf&iacute;n de paletos m&aacute;s o menos bienintencionados pretenden estar manteniendo a raya nuestra naturaleza nauseabunda, la obscenidad se insin&uacute;a no solo como ideal y compromiso art&iacute;stico sino como la &uacute;nica manera de expresarse absolutamente. Una actitud que a Burroughs le supuso persecuciones y litigios que por fortuna se produjeron en Francia, posiblemente &ldquo;el &uacute;nico pa&iacute;s del mundo en el que la reputaci&oacute;n literaria era un factor mitigante en un caso criminal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Servido por Es Pop Ediciones en heroica traducci&oacute;n de &Oacute;scar Palmer, <em>Forajido literario</em> es el relato pormenorizado de una vida que, pese a contar con la colaboraci&oacute;n de su protagonista y a que este, norteamericano, se alimentaba al estilo europeo, &ldquo;con los dientes del tenedor hacia abajo&rdquo;, transcurre sin autoindulgencia y carente de vanidades. M&aacute;s de setecientas p&aacute;ginas que desgranan la peripecia existencial de alguien que en 1930 se met&iacute;a un lingotazo de hidrato de cloral inaugurando as&iacute; una prolongada relaci&oacute;n con las drogas, pero cuya biograf&iacute;a iba estar monopolizada por una sustancia mucho m&aacute;s temible y nociva: el lenguaje.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Acciones e intenciones</strong></h3><p class="article-text">
        Nunca resulta f&aacute;cil hacerse entender. Menos en este contexto. De alguna manera, sin embargo, estos art&iacute;culos que voy escribiendo aqu&iacute; me van trayendo cosas a la cabeza, hoy por ejemplo a Koko, individuo de gorila hembra al que Barbet Schroeter dedic&oacute; una pel&iacute;cula en 1978, porque se conoce que la bestia hab&iacute;a aprendido a comunicarse en lengua de signos. Al incorporar al menos un millar de palabras humanas, Koko aprendi&oacute; a observar en su persona sentimientos, fue capaz de enunciar estados de &aacute;nimo propios, rasgos de humor y tal vez lleg&oacute; a vislumbrar un sentido po&eacute;tico de la existencia, puro maltrato animal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una imagen de &#039;Koko, le gorille qui parle&#039;                            </span>
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        El simio muri&oacute; durmiendo en 2018, a los 46 a&ntilde;os de edad, desconozco si enterada de su condici&oacute;n, si sabi&eacute;ndose o no gorila. Ahora mi neurosis de emparejar pel&iacute;culas me lleva a asociar su historia con <em>El pa&iacute;s del silencio y la oscuridad</em> (1971), otro documental, este de Werner Herzog, donde un grupo de sordo-ciegos iba de la mano al jard&iacute;n bot&aacute;nico para tocar suavemente unos cactus. &ldquo;La gente cree que la sordera es silencio, pero se equivocan, es un ruido constante&rdquo;, dec&iacute;a uno de ellos. La ceguera la defin&iacute;an como un r&iacute;o negro con exuberantes m&aacute;rgenes.
    </p><p class="article-text">
        Los personajes de aquella pel&iacute;cula que pugnaba por abrirse paso a otra dimensi&oacute;n se comunicaban mediando la traducci&oacute;n t&aacute;ctil, puls&aacute;ndose las palmas de las manos, traz&aacute;ndose sigilos. Las manos inquietas o meditabundas de todas aquellas personas que parec&iacute;an sacadas del bolsillo de atr&aacute;s de Thomas Bernhard, de la guantera del coche averiado de Thomas Bernhard, y que hablaban as&iacute;, toc&aacute;ndose las manos, que si se piensa es como mirarse los ojos o besarse los labios, una cosa muy propia y muy correspondiente, algo que no tiene p&eacute;rdida.
    </p><p class="article-text">
        Pero se acaba el agosto, ahora s&iacute;. Para ir terminando con la palabrer&iacute;a, una buena noticia con la que nadie contaba, algo que he descubierto: las ni&ntilde;as de diez a&ntilde;os est&aacute;n escuchando a Kate Bush, que un d&iacute;a se describi&oacute; a s&iacute; misma como la megal&oacute;mana m&aacute;s t&iacute;mida del mundo. En 1983, Kate Bush, due&ntilde;a y se&ntilde;ora, escribi&oacute; <em>Running Up That Hill, </em>esta canci&oacute;n que en un principio se titulaba &ldquo;Un pacto con Dios&rdquo; y que ahora trota ligera y fuera de sitio &mdash;nunca fuera de lugar&mdash;, clamando en su letra que no logra meterse enteramente en los zapatos del otro, que no puede sentir y desear como el otro, que no entiende, no sabe y no es capaz de escuchar al otro de manera concluyente. M&uacute;sica pop que anhela otra forma de vida. Otra forma de ser.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/soliloquio-fuentes_129_9279377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Aug 2022 19:26:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El soliloquio de las fuentes]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ya va siendo hora de morir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/hora-morir_129_9261121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/902406b3-ecbe-42d5-946f-da43d13d02e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ya va siendo hora de morir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor, crítico y traductor Rubén Lardín envía a los lectores y lectoras de elDiario.es estas comunicaciones desde sus vacaciones, que no suceden tanto en el lugar desde el que escribe como en las películas y libros en los que cae y a los que vuelve</p><p class="subtitle">Últimas palabras, de Rubén Lardín - En la piscina de un hotel, con aire escéptico</p></div><p class="article-text">
        Por razones, he abortado el viaje a Lisboa. Es la cuarta vez en mi vida que cancelo un viaje a Lisboa, no s&eacute; por qu&eacute; ocurre as&iacute;. Me acuerdo de aquella pel&iacute;cula de Alain Tanner titulada <em>En la ciudad blanca</em>: &ldquo;Cuando camino pienso un mont&oacute;n de cosas. Cosas muy interesantes&rdquo;. Esto lo dec&iacute;a el protagonista al que encarnaba Bruno Ganz, un marino pr&oacute;fugo que deambulaba la capital portuguesa sin mayores complicaciones. De eso y de poco m&aacute;s iba la pel&iacute;cula. Yo, sin embargo, una vez m&aacute;s no ir&eacute; a Lisboa. Ya me pueden esperar sentados. Nunca me ha gustado esa ciudad. Tampoco me interesan sus poetas.
    </p><p class="article-text">
        Par&iacute;s tambi&eacute;n me tiene harto. Estoy hasta el gorro de la cultura. A diferencia de Espa&ntilde;a, Francia es un pa&iacute;s m&aacute;s o menos alfabetizado, pero la cultura parisina es puro marketing y en algunos &aacute;mbitos llega a ser m&aacute;s est&uacute;pida que aqu&iacute;, donde tiene menos margen de desarrollo. El Palais de Tokyo, por ejemplo, acoge una de sus habituales exposiciones de pecios, trapos y ro&ntilde;a para &ldquo;tomar conciencia&rdquo; de algo. La gesti&oacute;n cultural es una cueva de ladrones. El arte urbano, entretanto, ha dejado de ser protesta y ahora aspira al embellecimiento de la intemperie, a hacer bonito, una obscenidad que en ocasiones se ve agravada con la firma del autor, incluso con su direcci&oacute;n de internet. La contracultura ya no existe. Banksy: &iquest;artista o v&aacute;ndalo? &iexcl;Mamarracho!
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El arte urbano ha dejado de ser protesta y ahora aspira al embellecimiento de la intemperie                            </span>
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        En fin, algo va mal en este pozo de racionalistas, no hay duda, algo va mal en todas partes. En lo global, Francia es el tercer exportador mundial de armamento; en lo particular, al desayuno, encuentro que algo ominoso gobierna el car&aacute;cter de esta mantequilla que se unta f&aacute;cil, una cualidad perversa, casi austr&iacute;aca. Me voy de aqu&iacute; corriendo. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Bajo el volc&aacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        El tiempo no cesa. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/albert-serra-no-gusta-idea-cine-espanol-termino-obsoleto_1_9031110.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Albert Serra</a>, el m&aacute;s afrancesado de los cineastas espa&ntilde;oles y c&oacute;nsul de un improbable cine catal&aacute;n, ha presentado estos d&iacute;as en Barcelona la pel&iacute;cula que estrenar&aacute; la primera semana de septiembre, <em>Pacifiction</em>, un <em>thriller</em> abotargado y colonial, de lino, mosquitera y ocaso, donde Beno&icirc;t Magimel hace un poco de Gerard Depardieu y otro poco de Marlon Brando. La peli, entre el manglar y el vergel, es un viaje al fin de la noche que se va alucinando sobre una trama tambi&eacute;n m&iacute;sera, pero muy hermosa: la de un hombre que espera.
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                El hombre que espera en &#039;Pacifiction&#039;, de Albert Serra                            </span>
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        Esto me lleva a pensar que casi todas las pel&iacute;culas que me interesan se ocupan de un hombre que espera, que viene a ser lo mismo que un hombre en desesperaci&oacute;n. En cualquier caso, Serra ha optado por someter la suya al proceso t&eacute;cnico de inflarla a 35 mil&iacute;metros, no solo para que parezca cine sino para que lo sea en estos tiempos de miniaturismo. Porque <em>Pacifiction</em> es de una po&eacute;tica somera y m&oacute;dica encomendada a la densidad y el peso neto de sus im&aacute;genes, que abundan en el prop&oacute;sito de toda la filmograf&iacute;a del autor: la burla pataf&iacute;sica del mundo. Es, por tanto, una pel&iacute;cula de resistencia, que se sabe posible solo al amparo de &ldquo;la cultura&rdquo;, ya que el p&uacute;blico, ni el espa&ntilde;ol ni el franc&eacute;s, va a estar dispuesto a sostener un cine semejante, basado en el antojo y la ambig&uuml;edad.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Precauciones terminol&oacute;gicas</strong></h3><p class="article-text">
        Hombres que esperan y hombres que corren, ah&iacute; se contienen las dos figuras m&aacute;s importantes de las pel&iacute;culas, los desnudos y las persecuciones. Esa es mi noci&oacute;n del cine. La ocasi&oacute;n de la persecuci&oacute;n en una pel&iacute;cula es casi una declinaci&oacute;n de la trama, es la pel&iacute;cula person&aacute;ndose f&iacute;sicamente. Las persecuciones son tropos que atraviesan, cruzan, perforan y recorren las pel&iacute;culas, siguen la l&iacute;nea del tiempo hasta que un personaje se zafa, se mete en un recodo y despista al que le corre detr&aacute;s. Los desnudos, por su parte, resultan m&aacute;s expresivos que cualquier di&aacute;logo y son un ir a donde cubre de la pel&iacute;cula, para lo cual hay que desvestirse, desnudar al menos el alma, no hacer pie.
    </p><p class="article-text">
        Truffaut, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/piscina-hotel-aire-esceptico_129_9250341.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a quien ment&aacute;bamos ayer</a>, no cre&iacute;a en el desnudo en el cine, le parec&iacute;a un asunto anecd&oacute;tico, pero ah&iacute; tenemos que enmendarle la plana. En el desnudo la pel&iacute;cula permea nuestra intimidad y nos da acceso a la tonter&iacute;a que somos. &iquest;Me estoy explicando? El sexo y la violencia de toda la vida. Una pel&iacute;cula que carezca de esas dos energ&iacute;as hermanas, que hasta en la comedia m&aacute;s dulce deber&iacute;an latir, no sirve ni para comer los gatos.
    </p><p class="article-text">
        La importancia del desnudo as&iacute; entendido creo que empez&oacute; con el <em>Almuerzo sobre la hierba</em>, el cuadro aquel de Manet. Corr&iacute;a 1863 y desnudos se hab&iacute;an dado muchos en la historia del arte a cuento de mitolog&iacute;as, de musas y de pamplinas, pero esta era la primera vez que se presentaba sin m&aacute;s contexto ni justificaci&oacute;n que &eacute;l mismo. Sus peculiaridades iban a marcar el porvenir de la pintura: junto a la mujer desnuda en la hierba hay dos hombres vestidos que conversan indiferentes. Ella nos mira. Nosotros no vemos m&aacute;s. Es lo que se llama un rapto.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un tren y un peri&oacute;dico</strong></h3><p class="article-text">
        Termino de leer las memorias de Bulle Ogier (que firma junto a Anne Diatkine, periodista cultural en Lib&eacute;ration), tituladas <em>J&rsquo;ai oubli&eacute;</em>, y que dudo si traducir como &ldquo;he olvidado&rdquo; o como &ldquo;ya no me acuerdo&rdquo;. Ogier es una actriz a la que aqu&iacute; no conoce nadie y en Francia pocos recuerdan. Su filmograf&iacute;a est&aacute; asociada a Jacques Rivette, a Werner Schroeter, a Bu&ntilde;uel o a Marguerite Duras, pero tambi&eacute;n a Alain Tanner, que la hizo famosa con <em>La salamandra</em> en 1971. Madre de la malograda Pascale Ogier, est&aacute; casada con Barbet Schroeder, otro director interesante que hace sesenta a&ntilde;os fund&oacute;, con &Eacute;ric Rohmer, la m&iacute;tica productora Les Films du Losange, cuna de la <em>nouvelle vague</em> que hoy, y esto es una casualidad que sobreviene ahora el texto, coproduce la peli de Albert Serra.
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                &#039;Baigneuses au ballon&#039;, de Picasso                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En el libro, Ogier habla de las cosas importantes, que son las cosas sin importancia, y dice, por ejemplo, que despu&eacute;s de cada representaci&oacute;n teatral se siente guapa dos horas, una plenitud temporal que ha de ser resultado de escapar a la muerte cada noche. Habla tambi&eacute;n de cosas terribles, pero esas no estoy en disposici&oacute;n de recordarlas porque son &iacute;ntimas y sobrecogedoras, quedan en su libro. Adem&aacute;s es muy tarde.
    </p><p class="article-text">
        El ventilador de pie lleva toda la noche ah&iacute; como un pasmarote. Gira y va moviendo la cabeza de izquierda a derecha en panor&aacute;mica degustativa. El gesto me parece humano y trato de averiguarle el &aacute;nimo, la idea, pero no doy con el adjetivo. Detengo la escritura y hojeo a Eloy Fern&aacute;ndez Porta, que en su &uacute;ltimo ensayo, <em>Los brotes negros</em> (qu&eacute; buen t&iacute;tulo) anota lo siguiente a cuento de la ansiedad: &ldquo;La disciplina, la autoexigencia y el esfuerzo har&aacute;n felices a unas pocas personas y destruir&aacute;n psicol&oacute;gicamente a las dem&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La advertencia perdura y me martillea el cerebro mientras miro jugar desnudas a las ba&ntilde;istas <em>au ballon</em> de Picasso, que es mi fondo de pantalla en este verano que ya vence.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/hora-morir_129_9261121.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Aug 2022 19:41:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ya va siendo hora de morir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine,Cine francés,Cine español]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la piscina de un hotel, con aire escéptico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/piscina-hotel-aire-esceptico_129_9250341.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b87444cc-ba9a-47e7-b0a6-06d612471311_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En la piscina de un hotel, con aire escéptico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor, crítico y traductor Rubén Lardín prosigue enviando a los lectores y lectoras de elDiario.es una serie de cartas desde sus vacaciones, en las que ahonda sobre sus lecturas, películas y paseos</p><p class="subtitle">Últimas palabras, crónicas de verano - París: que si quiero o que si tengo</p></div><p class="article-text">
        El t&iacute;tulo es un gancho, una cita y un gancho, no hay piscina que valga, es la canci&oacute;n que ahora suena. A Par&iacute;s le queda muy bien Radio Futura, pero es que Radio Futura le queda bien a todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Estoy cansado de servirme de la memoria, solo quiero mirar, que es lo contrario de hacer observaciones. Para realizarme en este preciso instante, <a href="https://www.galeriebarbier.com/artist/christophe-blain/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entro en la galer&iacute;a Barbier</a> y me detengo frente a ese dibujo de Christophe Blain con el que llevo obsesionado un par de a&ntilde;os. Con las gafas en la punta de la nariz estudio el jinete en apuros, el caballo desescalando la roca, siento que desciendo con &eacute;l tal y como se baja al infierno, con la extrema precauci&oacute;n de quien se conoce bien el camino.
    </p><p class="article-text">
        La montura se funde con la piedra, negra como la dificultad, tallada a grafito para ofrecer sus diversas facetas, y parece que la caliza se buscase el volumen y la erosi&oacute;n exacta en el papel, que lo manipulase. El caballo, que no pierde pie, viene dado por la goma de borrar, no est&aacute; delineado sino extra&iacute;do: Blain recorre su silueta y cuando lo cree conveniente, traza un vac&iacute;o que da la forma y el gesto exacto del cuerpo animal. Sin dejar de ser una imagen pura, plana y suficiente en sus dos dimensiones, es un trabajo pr&oacute;ximo a la escultura, un dibujo de tebeo sostenido por alguna tracci&oacute;n celeste.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Ilustración de Christophe Blain de Happy Clem                            </span>
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        Adem&aacute;s de ser el mejor dibujante de Europa, Christophe Blain es un artista guapo, un hombre atractivo, si bien lo es a la manera primorosa y un poco desabrida del franc&eacute;s acostumbrado, como lo puede ser Macron. En cualquier caso, esto a m&iacute; me parece un fen&oacute;meno extraordinario porque en Espa&ntilde;a solo hay tres dibujantes guapos: Kano, Irkus M. Zeberio y Max echando a volar urracas. El resto son feos como demonios. Aut&eacute;nticos adefesios. No te lo puedes ni imaginar.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El hombre que amaba a las mujeres</strong></h3><p class="article-text">
        En Par&iacute;s las pel&iacute;culas se estrenan los mi&eacute;rcoles. El cine, as&iacute;, queda imbricado en la semana de la ciudad. El mismo cine que para nosotros es cosa del finde, una opci&oacute;n de ocio cada vez m&aacute;s remota, aqu&iacute; se infiltra en mitad de la vida y se convierte en un hecho incidental que se disfruta, se habla y se debate en todo momento. En algo ayuda el hecho de que, por veinte euros al mes, puedas disponer de un carn&eacute; que te permite ver todas las veces que quieras las cuatrocientas pelis en cartelera.
    </p><p class="article-text">
        Es rid&iacute;culo escribir desde Par&iacute;s, pero es que estoy en Par&iacute;s, &iquest;qu&eacute; puedo hacer? Para mitigar el bochorno, me meto en un cine de los muchos que pasan con gran &eacute;xito <em>As bestas</em>, pel&iacute;cula de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/rodrigo-sorogoyen-movistar-han-decidido-no-hable-guerra-civil_1_9026554.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rodrigo Sorogoyen</a> que, como todas las suyas, no es mala y no es buena, pero tiene trap&iacute;o y car&aacute;cter y expresa la tiniebla miserable en que consiste Espa&ntilde;a. Lo hace manejando la idea, tan bien conocida y rentabilizada por los ricos, de que el peor enemigo del pobre va a ser siempre el pobre.
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                &#039;La noche americana&#039; de François Truffaut                            </span>
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        En el cine de Sorogoyen no hay mucho que hacer, el espectador no tiene demasiado lugar, pero, por si acaso, al salir no abro la boca y sonr&iacute;o cuando me sostienen la puerta en lugar de dar las gracias de palabra, no vaya a ser que me perciban la nacionalidad. Recuerdo entonces que en mi pa&iacute;s hay quien lleva una pulserita con una bandera y siento a la vez verg&uuml;enza y n&aacute;useas. En la sala de al lado, ponen <em>La noche americana</em> de Truffaut, tal vez la pel&iacute;cula m&aacute;s hermosa jam&aacute;s rodada sobre el hecho alqu&iacute;mico y singular que es hacer una pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        Fran&ccedil;ois Truffaut, cuya remembranza aqu&iacute; es perpetua (este verano tiene su filmograf&iacute;a repartida por la ciudad), dec&iacute;a que la Nouvelle Vague suprimi&oacute; los personajes secundarios para llevar m&aacute;s verdad a la pantalla, pero que con ello dio lugar a unas pel&iacute;culas narcisistas. En <em>La noche americana</em> aparece tambi&eacute;n como actor y lo hace llevando un pinganillo, lo cual me sugiere que se est&aacute; escuchando a s&iacute; mismo, que se da instrucciones y se recuerda que el cine puede ser una cuesti&oacute;n f&iacute;sica o una cuesti&oacute;n sentimental. Al ser esta una pel&iacute;cula muy poblada, siempre que la veo me encuentro buscando en los planos corales a Nathalie Baye, tan nueva y tan guapa entonces, hace cincuenta a&ntilde;os, para desearla sinceramente entre la multitud.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Es ridículo escribir desde París, pero es que estoy en París, ¿qué puedo hacer?                            </span>
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        Truffaut, que intent&oacute; suicidarse un par de veces por amor, no era solo un gran director: tengo la convicci&oacute;n de que fue tambi&eacute;n buena persona, un humanista, lo cual no s&eacute; si hace de &eacute;l un artista moral o si eso no ser&aacute; m&aacute;s que una cuesti&oacute;n de &oacute;ptica, una impresi&oacute;n m&iacute;a. Su primera pel&iacute;cula, por ejemplo, <em>Los 400 golpes</em>, remite en el t&iacute;tulo a las sacudidas vitales, los golpes que da la vida, pero es una traducci&oacute;n literal que no contempla la expresi&oacute;n francesa. En su versi&oacute;n original, los cuatrocientos golpes son las mil y una, el hacer trastadas una detr&aacute;s de otra, algo mucho m&aacute;s alegre. El cine franc&eacute;s no es tan grave, es algo que tengo dicho, y va casi todo de lo que va.
    </p><h3 class="article-text"><strong>'One More Time'</strong></h3><p class="article-text">
        En la peque&ntilde;a casa museo de Gustave Moreau hay un cuadro de un mono con una linterna m&aacute;gica que siempre me pilla por sorpresa. Antes, en una vitrina en la que se han dispuesto un pu&ntilde;ado de pinceles despeinados y una caja de acuarelas, he visto unas valvas de mejill&oacute;n sucias de oro si es que el oro tuviera la propiedad de ensuciar. Mi amigo Eduardo Infante, hombre sabio y tambi&eacute;n pintor c&oacute;smico, me explica que, despu&eacute;s de com&eacute;rselos al vapor, Moreau deb&iacute;a de usar los moluscos como esp&aacute;tulas para dorar. 
    </p><p class="article-text">
        En lugar de celadores, este, que es el mejor museo de Par&iacute;s, cuenta con tres grandes perros negro azabache, alanos espa&ntilde;oles perfectamente adiestrados que se ocupan de mostrar los dientes cuando sienten amenazada una pintura. Dos de ellos, sentados sobre los cuartos traseros, hacen guardia en las salas superiores, las que se corresponden con el taller del artista. Un tercero, instalado en la parte de vivienda (la casa del brujo), permanece alerta tumbado junto a la que fuera la cama del pintor, un lecho diminuto a ojos contempor&aacute;neos. En un recodo m&aacute;s all&aacute; se encuentra un retrete de uso p&uacute;blico en el que imagino a Moreau haciendo caca mientras repiensa sus mitolog&iacute;as.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El dúo francés Daft Punk                            </span>
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        Sentado en la misma taza, min&uacute;scula a ojos de hoy, termino de leer <em>Daft</em>, un libro de Pauline Gu&eacute;na y Anne-Sophie Jahn que es la cr&oacute;nica espectral de una desaparici&oacute;n progresiva, la que cursa paralela al &eacute;xito de Daft Punk, cuya ascensi&oacute;n se bas&oacute; en la propia ausencia, en la reserva y en lo impenetrable. El libro se funda en los testimonios y recuerdos de m&aacute;s de cuarenta personas, habla del <em>french touch</em>, de la libertad, de lo elemental de sus letras, de la conversi&oacute;n rob&oacute;tica (&ldquo;dos ni&ntilde;os reingresando en el universo m&aacute;gico de sus ocho a&ntilde;os&rdquo;) y de la ingenier&iacute;a de los sentimientos. Sin embargo, es una lectura corriente y justita, quiz&aacute;s porque el recorrido de Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo tampoco presenta mucha peripecia. Daft Punk siempre se definieron por ser un poco la trastienda de s&iacute; mismos, por cierto menos es m&aacute;s. Pero, ah, cuando la electr&oacute;nica fue rocanrol&hellip;<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        En nuestras vidas solo hay una constante: el cambio. Nunca he sabido si Daft Punk fueron el inicio o el fin de algo, pero siempre entend&iacute; que sus cascos cromados (que en un principio iban a tener cabello) operaban como peceras de luz cautiva y ten&iacute;an una funci&oacute;n ligeramente distinta a la de una m&aacute;scara, que al fin y al cabo solo sirve para ser uno mismo y ejercer la propia identidad. &iexcl;Ya estamos, el simbolismo otra vez, el fulgor y las sombras! Los referentes de Daft Punk en ese aspecto eran Kiss, Space, los Residents, los dise&ntilde;os de <em>Metal Hurlant</em>&hellip; Su peli favorita es tambi&eacute;n la m&iacute;a, <em>El fantasma del para&iacute;so</em>. En <em>Random Access Memories</em>, un disco en el que <em>plou i fa sol</em>, hay un temazo que empieza as&iacute;: &ldquo;Hay tantas cosas que no comprendo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/piscina-hotel-aire-esceptico_129_9250341.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Aug 2022 20:37:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En la piscina de un hotel, con aire escéptico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Paris,Rodrigo Sorogoyen,Cine,Literatura,Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[París: que si quiero o que si tengo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/paris-si-quiero-si_129_9235606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ca28247-1f33-4d9a-9ac6-0eb0183799fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="París: que si quiero o que si tengo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor, crítico y traductor Rubén Lardín, autor del libro 'La hora atómica', diversos ensayos sobre cine y del pódcast La mano contra el sol, escribe a los lectores de elDiario.es una serie de cartas desde sus vacaciones, en las que ahonda sobre sus 'Últimas lecturas'</p><p class="subtitle">Tal vez no estamos hechos para vivir: la 'Aniquilación' según Michel Houellebecq</p></div><p class="article-text">
        En el viaje he estado leyendo el segundo tomo de <em>Welcome Back, Alice (Milky Way Ediciones),</em> un tri&aacute;ngulo amoroso sobre dos chavales de instituto, la chica que les gusta, travestismo, masturbaci&oacute;n, torpeza y culpa. Un romance t&aacute;ctico que r&iacute;ete t&uacute; de Choderlos de Laclos. Lo dibuja Shuzo Oshimi, un japon&eacute;s tartamudo, fan de Odilon Redon, de los decadentistas franceses y de los simbolistas todos. Uno de los nuestros.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/9dd5be2f-498e-4a50-b043-0e4776185647_source-aspect-ratio_default_0." alt="" width="200" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Leer manga es como despachar una tajada de sand&iacute;a a la buena sombra. Sacia, alivia, lubrica las articulaciones y envuelve el placer sensacional de su ascendencia esf&eacute;rica, de su color intr&iacute;nseco y sus aspiraciones l&iacute;quidas.
    </p><p class="article-text">
        El manga es un tipo de tebeo particular que me lleva a cavilar m&aacute;s all&aacute; del relato y me distrae en esos est&aacute;ndares que empiezan en los ojos grandes y terminan en la primera encomienda del follet&iacute;n, que es atrapar al lector, hacer que olvide su realidad. En esas convenciones se dir&iacute;a que todos los mangas vienen del mismo lugar de la fantas&iacute;a y que quiz&aacute;s no los dibuja nadie, y como lector exonero a sus autores de toda responsabilidad porque no detecto vanidad alguna y en sus p&aacute;ginas cualquier cosa parece posible. Creo que es por eso que tiene tanto poder de seducci&oacute;n con los j&oacute;venes y entre el p&uacute;blico adulto un poco inoperante, porque apela tan francamente a una respuesta refleja del lector, como solo hacen la m&uacute;sica o la pornograf&iacute;a, que sus p&aacute;ginas acaban por convertirse en un lugar propio y estanco, un entorno &iacute;ntimo, blindado y protector, que nos ata&ntilde;e solo a nosotros.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Par&iacute;s nos pertenece</strong></h3><p class="article-text">
        Es ya agosto. He venido en avi&oacute;n porque el tren resultaba car&iacute;simo. El avi&oacute;n tambi&eacute;n me ha salido car&iacute;simo, pero creo que para m&iacute;, a estas alturas, car&iacute;simo es todo. Como le escuch&eacute; decir a Miguel Agnes en su espl&eacute;ndido p&oacute;dcast <a href="https://www.ivoox.com/podcast-podcast-el-programa-sita-abellan_sq_f130132_1.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El programa de Sita Abell&aacute;n,</em></a> si llego a saber antes que esto iba a ser as&iacute;, ni en broma dedico mi vida a la cultura.
    </p><p class="article-text">
        En fin, la nueva normalidad ha devuelto el paso a la normalidad corriente, la de la especulaci&oacute;n, el lucro y la mala idea de toda la vida. &ldquo;&iexcl;Saldremos mejores!&rdquo;, dec&iacute;an hace un par de a&ntilde;os los mismos que ahora no dicen ni p&iacute;o.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                París dentro de París                            </span>
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        Mientras los delincuentes habituales hacen el agosto, yo entiendo que a m&iacute; ahora se me permite escribir aqu&iacute; por eso, porque es agosto, porque al otro lado no hay nadie, porque est&aacute; todo el mundo haciendo la digesti&oacute;n de s&iacute; mismo, del a&ntilde;o de mierda, de toda la temporada haciendo el rid&iacute;culo tan grande que es trabajar.
    </p><p class="article-text">
        Par&iacute;s siempre me trae al recuerdo una pel&iacute;cula espa&ntilde;ola que vi hace muchos a&ntilde;os en San Sebasti&aacute;n titulada <em>El s&aacute;dico de Notre Dame</em>, donde un exsacerdote sublimaba su libido asesinando mujeres. La dirigi&oacute; Jes&uacute;s Franco y es el remiendo de una pel&iacute;cula suya anterior a la que le quit&oacute; rutina er&oacute;tica y le a&ntilde;adi&oacute; escenas de paseo, de callejear sin rumbo el invierno parisino, porque la pel&iacute;cula misma tiene que desplazarse andando de una escena a la siguiente y es en ese deambular que encuentra su extra&ntilde;a y fascinante atm&oacute;sfera <em>eurotrash</em>, muy superior a todo el cine galo.
    </p><p class="article-text">
        Mi amigo Cl&eacute;ment Milian, guionista y escritor rendido a la obra de Jes&uacute;s Franco, suele burlarse de mi gusto por cierto cine franc&eacute;s y le ofende en particular mi tolerancia a las pel&iacute;culas de Olivier Assayas, a quien &eacute;l considera la antonomasia del <em>bobo</em>, que es contracci&oacute;n de <em>bourgeois-boh&egrave;me</em>, esto es: una especie de profesional liberal con presunta conciencia est&eacute;tica &mdash;e incluso medioambiental&mdash; que personifica lo peor del urbanita parisino: un pijo, alguien sometido a su circunstancia sin ninguna verdad que decir sobre la condici&oacute;n humana.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La biblioteca del psicoanálisis, en París                            </span>
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        En el dormitorio del peque&ntilde;o apartamento en el que me alojo hay un cuadro con tres girasoles. Tres flores plebeyas que, en la oscuridad, cuando apago las luces, se me aparecen en la imaginaci&oacute;n como tres brotes lum&iacute;nicos. Me llevan a pensar que en la corola pueden estar alojando el d&iacute;a entero, el sol enorme de toda la jornada, y en esa posibilidad etimol&oacute;gica me est&aacute;n dificultando un poco el sue&ntilde;o.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La belleza interior</strong></h3><p class="article-text">
        Dice David Cronenberg en Mad Movies, la revista con la que aprend&iacute; a desentra&ntilde;ar el franc&eacute;s, que atravesamos otro de esos momentos en que la gente tiene miedo a decir lo que piensa. Declinan sus propios sentimientos por razones pol&iacute;ticas o presi&oacute;n social y temen provocar molestias en los dem&aacute;s. Un artista con miedo a molestar no es un artista verdadero, nos recuerda, ser&aacute; acaso un artista decorativo que tal vez producir&aacute; cosas bonitas, bisuter&iacute;a que, efectivamente, no alcanzar&aacute; a decir nada sobre la condici&oacute;n humana.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="David Cronenberg dirigiendo a Viggo Mortensen en su última película, &#039;Crimes of the Future&#039;"
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                David Cronenberg dirigiendo a Viggo Mortensen en su última película, &#039;Crimes of the Future&#039;                            </span>
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        En su &uacute;ltima pel&iacute;cula, <em>Crimes of the Future</em>, que aqu&iacute; lleva m&aacute;s de diez semanas en cartel (en Espa&ntilde;a parece que se estrenar&aacute; en salas en septiembre), la procesi&oacute;n va, literalmente, por dentro. En ella, Viggo Mortensen es un artista cargado de alergias con el talento de engendrar nuevos &oacute;rganos corporales sin funci&oacute;n conocida, par&aacute;sitos internos que su asistente, L&eacute;a Seydoux, operando como la mujer escarlata de un mago, le extrae quir&uacute;rgicamente en rituales entre la <em>performance</em> y la ceremonia religiosa. 
    </p><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula es un peque&ntilde;o ensayo que contiene todo el discurso del autor canadiense. A sus 79 a&ntilde;os, Cronenberg retoma los aperos de la vieja nueva carne para recordarnos la inmanencia que somos para nosotros mismos, algo que siempre ha hecho la ciencia ficci&oacute;n m&aacute;s avanzada. En un futuro evolucionado donde algunos humanos comen pl&aacute;stico, donde el dolor ha sido abolido y solo puede experimentarse en sue&ntilde;os, Mortensen encarna a un enfermo cr&oacute;nico, una anomal&iacute;a, un artista verdadero cuya obra obedece a su propio conflicto.
    </p><p class="article-text">
        <em>Crimes of the Future</em> no es una pel&iacute;cula confortable, pero es grata porque es melancol&iacute;a post humana, humor sin se&ntilde;alizar y prospecto para un mundo en descomposici&oacute;n, caracter&iacute;sticas que en la obra de David Cronenberg orientan el pensamiento hacia zonas inexploradas en las que emanciparse.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La muerte en este jard&iacute;n</strong></h3><p class="article-text">
        Por la ma&ntilde;ana me acerco al antiguo matadero donde Georges Franju film&oacute; en 1949 <em>La sang des b&ecirc;tes</em>, documental de profunda melancol&iacute;a &mdash;tambi&eacute;n&mdash; que algunos usuarios de YouTube todav&iacute;a denuncian con regularidad. El lugar es hoy un parque a la memoria de Georges Brassens y los fines de semana acoge un mercado de libros viejos al que vengo para darme a la caza err&aacute;tica que proponen rastros y encantes. Vengo buscando algo que no compr&eacute; un d&iacute;a, hace a&ntilde;os: un pedazo de papel dibujado, inconfundible su estilo, por Georges Pichard, el gran maestro del tebeo er&oacute;tico. El papel se me apareci&oacute; maltratado entre objetos de otra naturaleza, sin valor, una vi&ntilde;eta recortada de una p&aacute;gina original por la que me pidieron 90 euros tristes que en aquel momento no era sensato permitirse porque le pertenec&iacute;an a mi casero, porque ya entonces todo era car&iacute;simo para m&iacute;, ya me dedicaba a esto. Ojal&aacute; lo hubiera sabido antes. Creo que desde entonces solo vuelvo a este lugar lleno de fantasmas a por aquel retal.
    </p><p class="article-text">
        S&aacute;bado 30 de julio. A las siete y media de esta ma&ntilde;ana mor&iacute;a Jes&uacute;s Cuadrado (1946-2022), director teatral, cineasta, faneditor, cr&iacute;tico de c&oacute;mic y documentalista obsesivo del medio de la historieta, al que regal&oacute; trabajos tit&aacute;nicos y de confecci&oacute;n inexplicable como la enciclopedia <em>De la historieta y su uso 1873-2000</em>, una obra que Espa&ntilde;a nunca podr&aacute; pagar.
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                El recientemente fallecido divulgador del mundo del cómic, Jesús Cuadrado                            </span>
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        Jes&uacute;s Cuadrado fue cojo temprano (la poliomielitis) y por tanto persona presta al bastonazo, de genio y figura. Vivi&oacute; incapacitado para tolerar la mediocridad y tuvo el talento de, en dos, tres adjetivos ligados, dar la quintaesencia de un autor, un estilo, una intenci&oacute;n o una biograf&iacute;a entera. De &eacute;l aprendimos que el c&oacute;mic era un lenguaje hondo y capaz.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Usted escribe bien, compa&rdquo;, me dijo un d&iacute;a siendo yo veintea&ntilde;ero (el ustedismo era su cercan&iacute;a), pero le pierde el humor. En aquel momento lo encaj&eacute; con reserva (&iquest;el humor un estorbo?), pero la valoraci&oacute;n me fue combustible durante mucho tiempo. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, cuando un joven escritor de enorme talento y hoy buen amigo, Jorge de Cascante (su &uacute;ltimo libro se titula <em>Una ciudad entera ba&ntilde;ada en sangre</em>), me pregunt&oacute; por lo incierto y desconveniente del oficio, le entregu&eacute; aquello mismo, le plagi&eacute; a Cuadrado aquellas palabras que entonces ya hab&iacute;a entendido: ojo con hacer re&iacute;r a estos, nunca trates de gustar, no intentes anticipar la reacci&oacute;n del lector y de ning&uacute;n modo te avengas a ella. T&uacute; solo escribe.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/paris-si-quiero-si_129_9235606.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Aug 2022 20:41:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cómic,Cine,Libros,David Cronenberg,Paris]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tal vez no estamos hechos para vivir: la 'Aniquilación' según Michel Houellebecq]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/vez-no-hechos-vivir-aniquilacion-michel-houellebecq_129_9113382.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4ac5a6a2-caa4-44ff-a469-35782d6a2154_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tal vez no estamos hechos para vivir: la &#039;Aniquilación&#039; según Michel Houellebecq"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo último del autor francés es la novela que ha escrito siempre, de nuevo literatura política y sentimental</p><p class="subtitle">La novela escrita en el móvil con el autor encerrado en el baño de una fiesta</p></div><p class="article-text">
        Ya se habr&aacute; escrito todo. Con Houellebecq siempre hay prisas. Menos mal que nadie lee nada. Pasado el <em>jari </em>de la novedad, y a d&iacute;a de hoy bastan un par de d&iacute;as para que algo deje de serlo, la &uacute;ltima novela de <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/michel-houellebecq-premio-goncourt_1_4503845.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Michel Houellebecq</a> resulta ser la novela que el autor franc&eacute;s ha escrito siempre, de nuevo literatura pol&iacute;tica y sentimental. Pol&iacute;tica en el sentido en que las relaciones humanas son penosa actividad administrativa mientras la gesti&oacute;n administrativa, lo que entendemos por pol&iacute;tica en s&iacute;, no es m&aacute;s que propaganda y estrategia b&eacute;lica, puro juego al servicio de la siniestra disciplina econ&oacute;mica. Sentimental, decimos, porque <em>Aniquilaci&oacute;n</em> es, una vez m&aacute;s, una novela sobre el amor y su falta, sobre la p&eacute;rdida (y no poca, sino la p&eacute;rdida de todo), y es tambien el lamento ya sabido en un escritor que no se permite ser sentimental precisamente porque lo es hasta la miga del hueso.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El futuro ya est&aacute; aqu&iacute;</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Mucha gente hoy se hab&iacute;a vuelto gilipollas: era un fen&oacute;meno contempor&aacute;neo evidente, indiscutible&rdquo;, se lee en alg&uacute;n momento de <em>Aniquilaci&oacute;n</em>. Antes, en la primera p&aacute;gina, se ha deslizado un dato accesorio: el protagonista tiene un iPhone 11 aunque el mundo va por el modelo 23. Se trata, por tanto, de una novela futurista con un protagonista rendido, o al menos algo cansado de la estafa tecnol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier individuo de sensibilidad y sentido ha de aborrecer, al menos en d&iacute;as impares, el mundo que le ha tocado vivir y la generaci&oacute;n que le corresponde, sin que su pertenencia a la misma sea &oacute;bice para la n&aacute;usea. La vida en pareja, las cenas en la ciudad, la culpa, por suerte siempre delegable (en el mundo moderno no hay hijos de puta sino personas t&oacute;xicas), el respeto a la biodiversidad como ideolog&iacute;a, la pamema de los huertos urbanos y, en fin, una bombonera de razones para la depresi&oacute;n profunda.
    </p><p class="article-text">
        <em>Aniquilaci&oacute;n</em>, que transcurre &ndash;igualmente disfrutable pero tal vez algo m&aacute;s rutinaria que obras anteriores del autor&ndash; en el a&ntilde;o 2027, pone en escena un mundo desactualizado en todos los aspectos que lo conforman. En lo pol&iacute;tico, en lo moral, en lo religioso y por descontado en lo intelectual, tal vez porque sea cierto que &ldquo;la reflexi&oacute;n y la vida son simplemente incompatibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La trama se abre con modales delirantes de <em>manga</em> (pongamos uno de Hiroya Oku): Paul Raison es asesor del ministro de Econom&iacute;a y Finanzas Bruno Juge, que cavila su candidatura para las elecciones presidenciales francesas, cuando de pronto ve recreada de manera hiperrealista su ejecuci&oacute;n (guillotina, <em>of course</em>) en un misterioso v&iacute;deo viral al que suceder&aacute;n varios atentados de resonancia mundial: la explosi&oacute;n de un carguero en A Coru&ntilde;a, un ataque contra un banco de semen en Dinamarca o una masacre de migrantes en costas pitiusas.
    </p><p class="article-text">
        Gobernada por ese terrorismo fantasmal con trazas de activismo esot&eacute;rico, la novela, adem&aacute;s de salpicada por algunas im&aacute;genes, diagramas y dibujos a doble p&aacute;gina que operan extra&ntilde;as respiraciones frente a la apnea general, est&aacute; puntuada por los avatares de la vida personal del protagonista, afectada por el infarto cerebral que ha dejado pajarito a su padre, esp&iacute;a jubilado de la DGSI, y, c&oacute;mo no, por una peripecia matrimonial ins&iacute;pida y en descomposici&oacute;n, circunstancias que lo llevan a lamentar su incapacidad para discrepar con los terroristas &ldquo;si su objetivo era aniquilar el mundo moderno&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Velocidades malignas</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Devaluar el pasado y el presente en beneficio del futuro, devaluar lo real para preferir una virtualidad situada en un futuro incierto, son s&iacute;ntomas del nihilismo europeo mucho m&aacute;s decisivos que todo lo que Nietzsche pudo detectar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La idea del progreso como principio de decadencia y credo de idiotas, y esto ser&iacute;a par&aacute;frasis de Baudelaire, le ha supuesto a un autor como Houellebecq, cuya obra se adscribe a esa cepa rom&aacute;ntica tan malentendida pero todav&iacute;a de provecho, ser instrumentalizado precipitadamente por sectores conservadores de su pa&iacute;s al tiempo que sigue siendo auscultado y comprendido en su lucidez y en su po&eacute;tica de lo inmediato por una intelectualidad burguesa de presunta izquierda, boquiabierta ante uno de los pocos autores contempor&aacute;neos capaz de dar la hora exacta (el pulso de su tiempo, escribir&iacute;a alguno) y con el talento necesario para expresar cosas que todav&iacute;a no hab&iacute;an sido expresadas.
    </p><p class="article-text">
        Como todos sus personajes, tambi&eacute;n estos se sienten &ldquo;a disgusto (&hellip;) ante el sesgo general que hab&iacute;an tomado las cosas, aquel ambiente pseudol&uacute;dico, pero en realidad de una normativa cuasi fascista que poco a poco hab&iacute;a infestado hasta los menores recovecos de la vida&rdquo;. Y es que <em>Aniquilaci&oacute;n</em> parece preludio o anunciaci&oacute;n pero es cr&oacute;nica y presente vibrante.
    </p><p class="article-text">
        De la pandemia no hay rastro en el texto porque ser&iacute;a una vulgaridad y, aunque en su coraz&oacute;n late un <em>tecno-thriller</em> con querencia por los g&eacute;neros chicos y el siempre nutriente petardeo de la serie Z (para acceder a un supuesto plano simb&oacute;lico, la novela incorpora un recurso maldito y amateur como es el relato de los sue&ntilde;os del protagonista todas y cada una de las veces que este se duerme o echa una cabezada, sea en misa, repicando o a la sombra de un almendro), el ritmo global de la novela viene dictado, a lo largo y tendido de sus seiscientas p&aacute;ginas, por la lentificaci&oacute;n y la inmovilizaci&oacute;n de Occidente, los mismos s&iacute;ntomas que, en los &uacute;ltimos tiempos, autores m&aacute;s cosm&eacute;ticos hab&iacute;an confundido con velocidad y aceleraci&oacute;n del sistema.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Apenas esto que somos</strong></h3><p class="article-text">
        El h&eacute;roe de Houellebecq es una sombra de s&iacute; mismo que nunca come caliente y que al final del d&iacute;a mira abotargado documentales de ratas, ocas y tapires para elucidarse pero que, pese a todo, &ldquo;ha conseguido conservar algunas ilusiones sobre el mundo&rdquo;. El escritor lo observa, le escucha y atiende sus necesidades, si bien sus personajes se explican siempre en base al obst&aacute;culo que son para s&iacute; mismos y a los presupuestos econ&oacute;micos en que se basan sus relaciones humanas, establecidas como una burocracia llena de dificultades t&eacute;cnicas.
    </p><p class="article-text">
        Pero Houellebecq no enga&ntilde;a a nadie. Pese a las sempiternas acusaciones de nihilismo, en lectura atenta es indulgente y otorga confianza a todas las encarnaciones del afecto, desde la amistad hasta el amor filial pasando por el bendito infierno de la pareja, asociaci&oacute;n que, sostiene, &ldquo;suele constituirse en torno a un proyecto, a excepci&oacute;n del caso de las parejas fusionales, cuyo &uacute;nico proyecto es contemplarse eternamente, prodigarse hasta el fin de sus d&iacute;as atenciones acariciadoras, personas as&iacute; existen, Paul hab&iacute;a o&iacute;do hablar de ellas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa melancol&iacute;a rom&aacute;ntica y cierta posibilidad id&iacute;lica del amor como actividad abnegada y ajena a la producci&oacute;n, como noci&oacute;n de p&eacute;rdida, limosna o b&aacute;lsamo, es una resistencia caracter&iacute;stica en la obra del autor que aqu&iacute; le lleva a nuevas meditaciones sobre la pareja como lugar &ldquo;muy separado de la existencia humana, diferente tanto de la vida en general como de la vida social com&uacute;n a muchos mam&iacute;feros (&hellip;), es una experiencia de otro orden, ni siquiera una experiencia propiamente dicha, una tentativa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero <em>Aniquilaci&oacute;n</em> no deja de ser una novela de Michel Houellebecq y es por tanto un relato &ndash;porque el fuego se combate con fuego&ndash; apesadumbrado y entr&oacute;pico. Sobre la pareja, sobre el abstracto social, sobre la privatizaci&oacute;n de la identidad, sobre la absoluta falta de garant&iacute;as emocionales y sobre n&uacute;meros primos, que son aquellos, no lo olvidemos, &uacute;nicamente divisibles por s&iacute; mismos y por la unidad.
    </p><p class="article-text">
        Es una pieza de costumbrismo de confecci&oacute;n cl&aacute;sica y tradicional en sus mimbres, que se posa sobre temas delicados como las competencias de hombres y mujeres, y que trae consideraciones sexuales (no tantas) que aqu&iacute; quedar&iacute;an descontextualizadas y sometidas a las inercias est&uacute;pidas y majaderas de internet, pero que tonter&iacute;as no son y que en ocasiones deslumbran como reflejos s&uacute;bitos en el retrovisor.
    </p><p class="article-text">
        Es tambi&eacute;n una enumeraci&oacute;n de hitos existenciales que se da morbosamente a los pormenores del infortunio como solo saben hacerlo, siempre por gusto, aquellos moralistas que son a la vez porn&oacute;grafos; y es, como de costumbre en su autor, un perseverante y tierno canto a la vida en toda su dolorosa e intratable magnitud. Un tranquilizador arrullo decadentista (y qu&eacute; es el decadentismo sino vitalismo destilado en espirituoso) que nos recuerda, p&aacute;gina a p&aacute;gina y en cada una de sus l&iacute;neas, que uno nunca llega a imaginar &ldquo;hasta qu&eacute; punto suele ser poca cosa la vida de la gente, y tampoco llega uno muy lejos cuando forma parte de esa &lsquo;gente&rsquo;, cosa que m&aacute;s o menos sucede siempre&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/vez-no-hechos-vivir-aniquilacion-michel-houellebecq_129_9113382.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jun 2022 20:09:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tal vez no estamos hechos para vivir: la 'Aniquilación' según Michel Houellebecq]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Francia,Libros,Escritores,Cultura,Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['¡Viva Rusia!', la película inédita de Berlanga]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/viva-rusia-pelicula-inedita-berlanga_1_8906467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/887d4e37-f509-4068-a886-fea249fdce10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;¡Viva Rusia!&#039;, la película inédita de Berlanga"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El guion desconocido, continuación de la saga 'Nacional' del cineasta, y que se guardaba escondido en la cámara acorazada del Instituto Cervantes, ya está publicado y trae una ventaja sobre la película nunca rodada: se le puede leer a un ciego</p><p class="subtitle">Berlanga, el cineasta que luchó en la División Azul y usó ropa de los Franco en 'La escopeta nacional'</p></div><p class="article-text">
        El 27 de mayo de 2008, dos a&ntilde;os antes de morir, Luis Garc&iacute;a Berlanga hac&iacute;a un dep&oacute;sito en la caja n&uacute;mero 1034 de la c&aacute;mara acorazada del Instituto Cervantes con instrucciones de que no fuera abierta hasta el d&iacute;a de su centenario. El 10 de junio de 2021 se procede y <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/eldiario-de-la-cultura/guion-inedito-viva-rusia-completa-patrimonio-nacional-escopeta-nacional-aparece-caja-letras-berlanga_132_8023558.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se revela el legado</a>, del que destaca un ejemplar mecanografiado y encuadernado en canutillo de <em>&iexcl;Viva Rusia!</em>, el guion de la que deb&iacute;a haber sido, pero nunca fue, cuarta entrega de la saga Nacional.
    </p><p class="article-text">
        <em>La escopeta nacional</em> supuso el renacimiento profesional de Berlanga tras una etapa desigual y su confirmaci&oacute;n no solo como excepcional cineasta coral, sino como cronista pol&iacute;tico del curso en marcha, simult&aacute;neo a la realidad. En la pel&iacute;cula, situada en 1972 y localizada en la finca Los Tejadillos, propiedad de los se&ntilde;ores marqueses de Leguineche, un industrial catal&aacute;n, interpretado por Jos&eacute; Sazatornil, se arrimaba a unos y a otros durante una cacer&iacute;a franquista con intenci&oacute;n de colocarle al ministro que correspondiera la patente de unos porteros electr&oacute;nicos.
    </p><h3 class="article-text"><strong>A llorar a la monter&iacute;a</strong></h3><p class="article-text">
        La Espa&ntilde;a entera de 1978 jale&oacute; aquella s&aacute;tira de sinverg&uuml;enzas y par&aacute;sitos tocados de miedo ante el inminente advenimiento democr&aacute;tico, cambio que pon&iacute;a en riesgo la bicoca y los abocaba al juego de las sillas. El &eacute;xito fue tal que dio lugar a dos secuelas: <em>Patrimonio Nacional</em> (1982) donde, extinguido el r&eacute;gimen, el marqu&eacute;s de Leguineche trataba de reconstruir su chiringuito en la villa y corte y <em>Nacional III</em> (1982) en la que, venidos ya del todo a menos y temerosos del reinado socialista, los Leguineche trataban de compon&eacute;rselas para evadir capital a Francia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/e37a03bb-46a7-485b-a9a5-6df131ccb7b7_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="200" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Llegados los 90, el productor Andr&eacute;s Vicente G&oacute;mez se interesa por reanimar la serie y financia a Berlanga y a Rafael Azcona la escritura de un guion a mayor gloria del personaje del marqu&eacute;s, cuyo caracter&iacute;stico int&eacute;rprete, Luis Escobar, ha calado hondo entre los espectadores. Pero el actor fallece en 1991 y el libreto queda inutilizable. Azcona, cuya relaci&oacute;n profesional con Berlanga sufre un desgaste por esas fechas, se descabalga del proyecto, y el productor pide la concurrencia del escritor Manuel Hidalgo para lograr una nueva versi&oacute;n en colaboraci&oacute;n con el director y su hijo Jorge Berlanga. Visto bueno el texto, sin embargo, la preproducci&oacute;n no deja de encadenar contratiempos y, pese a las altas puntuaciones otorgadas al guion, se le niega dos veces la subvenci&oacute;n del Ministerio de Cultura por supuestos errores de forma en los apartados presupuestarios. Y por una cosa o por otra, no se sabe bien, pasa el tiempo y el proyecto funde a negro.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El imperio contraataca</strong></h3><p class="article-text">
        En <em>&iexcl;Viva Rusia!</em>, el marqu&eacute;s ha finado y los herederos acuden a Los Tejadillos con &aacute;nimo carro&ntilde;ero. Antes, Jaume Canivell, el industrial catal&aacute;n, ha comprado la finca de los Leguineche con la salvedad de una parcela donde se encuentra la casa familiar y, resulta, el &uacute;nico pozo de agua de la zona, lo que supone una traba para el campo de golf con urbanizaci&oacute;n que planeaba el polaco.
    </p><p class="article-text">
        Luis Jos&eacute;, el primog&eacute;nito, acaba de volver del exilio, se encuentra en libertad condicional por cargos diversos y pondera otras posibilidades de negocio como restaurar el trono de Rusia aprovechando la desintegraci&oacute;n de la URSS, que augura apogeo de la propiedad privada y pastos verdes para especuladores inmobiliarios y aprovechando el v&iacute;nculo peregrino de su linaje con un ruso tonto de baba que ronda por all&iacute;, bisnieto presunto del zar Nicol&aacute;s y aficionado a encular gallinas.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Viva Rusia!</em> es la paella de los jueves. El conocedor de Berlanga va a devorar esta astracanada<em> </em>con la sonrisa puesta y retribuido de un cine que ya no existe y que remite a La Codorniz, a Bruguera o a los sainetes de Arniches. Las incomodidades de leer un guion se esfuman en la longitud de las escenas de reba&ntilde;o, aquellos planos secuencia prodigiosos caracter&iacute;sticos del director, basados en un pimp&oacute;n dial&eacute;ctico donde nadie escucha a nadie, pero donde nosotros volveremos a o&iacute;r de manera cristalina la s&iacute;ncopa de Jos&eacute; Luis L&oacute;pez V&aacute;zquez, la gola atribulada de Saza, el delirio verraco de Luis Ciges, las calenteras de Agust&iacute;n Gonz&aacute;lez o la furia temible de Amparo Soler Leal.
    </p><p class="article-text">
        Los c&oacute;digos, las miradas, el timbre de todos los ruegos, r&eacute;plicas y c&oacute;leras de <em>&iexcl;Viva Rusia!</em> nos los conocemos gracias al talento inexplicable de esa tropa de c&oacute;micos que parec&iacute;an funcionar a la intemperie, sin red ni mon&oacute;logo interior, porque en cada uno de ellos estaba representada una multitud.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las familias del franquismo</strong></h3><p class="article-text">
        Otra cosa que, si se pone o&iacute;do, puede escucharse al fondo es la risa del valenciano. El regocijo de Berlanga en cada uno de los brillantes remaches de este guion plagado de detalles y por lo dem&aacute;s muy corriente, nada nuevo en su filmograf&iacute;a ya que replica la estructura de la primera pel&iacute;cula &mdash;y luego de tantas suyas&mdash; y se funda en el placer de los personajes de volver a atender sus axiomas, paridas y clarividencias.
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            <span class="title">
                Rafael Alonso, José Sazatornil y Mónica Randall en una escena de &#039;La escopeta nacional&#039;                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Berlanga y Azcona ten&iacute;an los planos de Espa&ntilde;a, conoc&iacute;an el monstruo social y pod&iacute;an oler la bestia tumefacta del poder en manos de cainitas como nosotros. La &uacute;nica diferencia entre sus personajes y los personajes que nos gobiernan es que los primeros siempre pierden. A los segundos, est&aacute; a la vista, el tiempo los ha puesto en su lugar lo que es decir que ah&iacute; siguen, a lo suyo, saqueando. Cuando el bot&iacute;n es grande no parece haber problema, hay para todos. Pero cuando se dan tiempos de escasez, no dudan en acuchillarse unos a otros. Son hienas. Escoria moral. Pura materia humana.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Viva Rusia!</em> ocurre en los 90 pero treinta a&ntilde;os despu&eacute;s sigue siendo un retrato l&uacute;cido y exacto de este estercolero de arribistas, banqueros, industriales, picapleitos, conseguidores, cobistas, lameculos, bur&oacute;cratas, tecn&oacute;cratas, monarcas, correveidiles, arist&oacute;cratas, pesebristas, constructores, dem&oacute;cratas cristianos, nacionalistas, patriotas e, incluso, intelectuales marxistas. El contubernio sabido, en fin, de empresarios, vasallos y funcionarios apol&iacute;ticos todos; o sea, de derechas, como sus padres.
    </p><p class="article-text">
        Corriendo pl&aacute;cida la Semana Santa del a&ntilde;o 2022 de nuestro se&ntilde;or Jesucristo, <em>&iexcl;Viva Rusia!</em> se lee como una astracanada may&uacute;scula que nunca fue, pero que en esta edici&oacute;n de Pepitas de Calabaza (logro&ntilde;eses como Azcona) cobra carta de naturaleza y nos llega, entre el regalo y el privilegio, precisa en forma y en fondo, c&aacute;lida en el pr&oacute;logo de Manuel Hidalgo e instructiva en el feliz ep&iacute;logo de Aguilar y Cabrerizo. Y trae sobre la pel&iacute;cula la ventaja de que se le puede leer a un ciego.
    </p><p class="article-text">
        Por fin una buena noticia en prensa: que Berlanga sigue entre nosotros, y una mala a continuaci&oacute;n: que seguimos sin relevo. Porque a d&iacute;a de hoy no hay nadie, ni existe ni se le espera en ninguna disciplina de la s&aacute;tira peninsular, que le llegue a la suela de los zapatos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/viva-rusia-pelicula-inedita-berlanga_1_8906467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Apr 2022 20:13:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['¡Viva Rusia!', la película inédita de Berlanga]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Guionistas,Instituto Cervantes,Cine,Cineastas,Rusia,Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sylvie Rancourt es 'Melody', de estríper a pionera del tebeo autobiográfico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/sylvie-rancourt-melody-estriper-pionera-tebeo-autobiografico_1_8829166.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00ddf89e-6ac0-4318-bd3c-db56565b8b48_16-9-discover-aspect-ratio_default_1043201.jpg" width="1026" height="577" alt="La portada de &#039;Melody&#039;, donde Sylvie Rancourt contó su vida como estríper"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuarenta años después se traduce en España un pequeño gran clásico del cómic 'underground'</p><p class="subtitle">'Las crónicas de Odio': los años 90 contados desde los años 90</p></div><p class="article-text">
        A mediados de los a&ntilde;os 80, y atendiendo a una necesidad de alivio personal, la estr&iacute;per canadiense Sylvie Rancourt se sent&oacute; a dibujar sus memorias profesionales en forma de tebeo. Cuando tuvo listos tres episodios empez&oacute; a venderlos de mesa en mesa entre los clientes del club donde trabajaba, y cuenta la leyenda que las primeras 500 copias se las quitaron de las manos.
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito la llev&oacute; a contactar con una distribuidora nacional que declin&oacute; hacerse cargo de aquel pu&ntilde;ado de fotocopias que incumpl&iacute;a todos los est&aacute;ndares de calidad, pero Rancourt prepar&oacute; entonces una portada a todo color, mand&oacute; imprimir 5.000 ejemplares en &oacute;fset y en junio de 1985 todos los quioscos de Quebec ten&iacute;an a disposici&oacute;n <em>M&eacute;lody &agrave; ses debuts</em>, un futuro peque&ntilde;o gran cl&aacute;sico del c&oacute;mic <em>underground</em>.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El sexo y otras verdades</strong></h3><p class="article-text">
        En la cubierta de aquel primer n&uacute;mero de las tribulaciones de Melody, firmada por el dibujante Jacques Boivin para acicalar el producto amateur de Rancourt, la protagonista aparece desnuda sobre el escenario entre un p&uacute;blico de hombres representados como cerdos rijosos. La ilustraci&oacute;n de Boivin aportaba atractivo y morbosidad al producto, pero su estimaci&oacute;n difer&iacute;a de la naturaleza de un <a href="https://www.eldiario.es/cultura/comic-barcelona-100-presencial-homenajeara-gallardo-pioneras-comic_1_8816606.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&oacute;mic </a>limpio y pelado de juicios.
    </p><p class="article-text">
        <em>Melody. Diario de una stripper</em>&shy;  transcurre como un encadenado trasl&uacute;cido de pasajes cotidianos. Cuitas de pareja, el compa&ntilde;erismo y las rivalidades entre bailarinas o el trato y retrato de jefes y clientes. Situaciones todas que Rancourt expone con el mismo nivel de implicaci&oacute;n, ya se trate de una org&iacute;a o de un delito, de una encerrona o de un suspiro de amor, en un relato desprovisto de dramas y ajeno a los moralismos, victimismos y excesos sentimentales que lastran tanta novela gr&aacute;fica contempor&aacute;nea.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Intervención de Sylvie Rancourt en televisión, en el año 1986"
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            <span class="title">
                Intervención de Sylvie Rancourt en televisión, en el año 1986                            </span>
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        El talento de Rancourt radica en mover a un pu&ntilde;ado de seres humanos en el pantano de la repetici&oacute;n, que es la caracter&iacute;stica definitoria de dos &aacute;mbitos de la vida que en su caso iban de la mano, el sexo y el trabajo. Su logro m&aacute;s a la vista, deslizar intuiciones sobre los resortes y las contradicciones emocionales que activan y sacuden a hombres y mujeres, una sabidur&iacute;a elemental que contrasta y se amplifica en el aspecto prematuro y un tanto ang&eacute;lico de la obra.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La vida como viene</strong></h3><p class="article-text">
        Sin serlo &mdash;tal es su legibilidad&mdash; <em>Melody</em> presenta cualidades de tebeo mudo, aunque, desde la ortodoxia, ni una sola de las casi 400 p&aacute;ginas que lo componen estar&iacute;a dando pie con bola, al menos t&eacute;cnicamente hablando.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Varias viñetas de &#039;Melody&#039;                            </span>
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        El trazo, cuando existe, es aleatorio. La perspectiva y la composici&oacute;n son conceptos extraterrestres y el dibujo, en fin, no trasciende el grado cero de ejecuci&oacute;n, si bien de pronto se eleva en fogonazos de belleza que pueden hacernos pensar en un Dick Calkins que se ha ca&iacute;do a un charco. El tejido dram&aacute;tico es tambi&eacute;n un precario hilv&aacute;n infantil, pero son precisamente esas dotaciones primitivas, por otra parte tan dif&iacute;ciles de falsear, las que acaban por significar la obra y operan en beneficio de su tem&aacute;tica cruda, algo que tambi&eacute;n otorga un impacto inesperado a los ocasionales pasajes pornogr&aacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Rancourt entreg&oacute; al mundo estas p&aacute;ginas todav&iacute;a no exist&iacute;a un lector de tebeos educado en la lectura imp&uacute;dica de la vida ajena. Tal y como apunta el especialista Bernard Joubert en el ep&iacute;logo al volumen, el c&oacute;mic autobiogr&aacute;fico estaba entonces en pa&ntilde;ales. Justin Green hab&iacute;a sido pionero del g&eacute;nero en 1972 con <em>Binky Brown conoce a la Virgen Mar&iacute;a</em> y Art Spiegelman ya iba entregando su <em>Maus</em> por entregas en las p&aacute;ginas de la revista <em>RAW</em>, pero Rancourt, cuyo conocimiento del medio se limitaba a Tint&iacute;n y al tebeo italiano er&oacute;tico de quiosco tipo Lucifera o Jacula, ignoraba la existencia de aquellas corrientes alternativas. Esa audacia inconsciente se convert&iacute;a en un h&aacute;ndicap, y la difusi&oacute;n de sus tebeos, adem&aacute;s, se ve&iacute;a limitada por el franc&eacute;s en que estaban originalmente escritos. As&iacute;, tras seis n&uacute;meros que en las devoluciones se iban convirtiendo en un sinf&iacute;n de cajas apil&aacute;ndose peligrosamente en su apartamento, Rancourt decidi&oacute; abortar la publicaci&oacute;n de la s&eacute;ptima entrega y abandon&oacute; la aventura. Boivin impuls&oacute; poco despu&eacute;s una m&iacute;nima edici&oacute;n en ingl&eacute;s que ser&iacute;a muy celebrada por artistas como Aline Kominsky-Crumb, y que llevaron a Denis Kitchen, hist&oacute;rico de los editores independientes, a promover la continuidad del personaje bajo premisas m&aacute;s profesionales.
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            <span class="title">
                Un fragmento de la obra de Sylvie Rancourt                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Casi cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, Autsaider C&oacute;mics<em> </em>presenta en una muy resultona traducci&oacute;n aquellos primeros minifanzines originales de un c&oacute;mic distra&iacute;damente melanc&oacute;lico sobre el poder y la libertad, que trata ambas cuestiones sobre la marcha, sin pedagog&iacute;as y con una franqueza desarmante, casi ingenua, y sin m&aacute;s arquitectura que la cr&oacute;nica lineal y reiterada de las jornadas profesionales de su protagonista.
    </p><p class="article-text">
        <em>Melody</em>, que empieza a ejercer como estr&iacute;per por sugerencia del prenda de su novio, al que Rancourt, sin embargo, ni dispensa ni reprende, es una obra para adultos que ejercen como tales, que en sus lecturas no requieren disculpas ni justificaciones sino voces francas y aut&eacute;nticas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/comics/sylvie-rancourt-melody-estriper-pionera-tebeo-autobiografico_1_8829166.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Mar 2022 22:05:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sylvie Rancourt es 'Melody', de estríper a pionera del tebeo autobiográfico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cómic,Novela gráfica,Pornografía,Arte]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miguel Gallardo, el dibujante indomable y tierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/muere-miguel-gallardo-dibujante-comics-indomable-tierno_1_8769133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8395bc5b-eae8-41ae-8fb7-05c302a5d006_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Miguel Gallardo, el dibujante indomable y tierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ha fallecido, a causa de un cáncer, el historietista que creó a Makoki y se inició en la revista El Víbora haciendo mofa de la modernidad, y llegó al gran público con 'Maria y yo', una novela gráfica sobre su hija con autismo</p><p class="subtitle">Muere Miguel Gallardo, padre de Makoki, tras dura batalla contra el cáncer</p></div><p class="article-text">
        Dibujante pronto y manantial, inacabable, de talento instintivo y soluciones fulgurantes, muy dado al garabato de sobremesa entre la ofrenda y el runr&uacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/muere-miguel-gallardo-padre-makoki-dura-batalla-cancer_1_8769016.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se despide Miguel Gallardo</a> y con &eacute;l se va, antes de hora, un nombre fundamental en la historia del tebeo espa&ntilde;ol, una de las personalidades gr&aacute;ficas m&aacute;s caracter&iacute;sticas e influyentes de los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os y una de las presencias m&aacute;s luminosas del mundo del c&oacute;mic.
    </p><p class="article-text">
        Miguel &Aacute;ngel Gallardo Paredes (L&eacute;rida, 1955), Gallardo a secas para colegas y lectores, fue uno de los autores que explicaron de abajo arriba, y nunca de arriba abajo, la Barcelona previa al dise&ntilde;o y la muda ol&iacute;mpica en aquella cr&oacute;nica cruda, disfrutona e indeliberada que hoy supone la primera &eacute;poca de <em>El V&iacute;bora</em>, revista que en 1979 empez&oacute; a hacer acopio de los pecios de un <em>underground</em> a puntito de ser <em>mainstream</em>, como en adelante iba a ser todo.
    </p><p class="article-text">
        Ya entonces, Gallardo supo simultanear su compromiso con la tripulaci&oacute;n chiflada de la llamada &ldquo;l&iacute;nea chunga&rdquo; con su presencia en <em>Cairo</em>, revista de querencia europe&iacute;sta y adalid de la &ldquo;l&iacute;nea clara&rdquo; francobelga, bandos que inventaban los plumillas de la &eacute;poca para avivar una escena, la del c&oacute;mic, que siempre anduvo, y sigue, algo faltita de esp&iacute;ritu.
    </p><p class="article-text">
        Gallardo estaba, desde el primer momento, destinado a ser el m&aacute;s moderno de los modernos. Y lo iba a ser de la &uacute;nica manera leg&iacute;tima: haciendo mofa de la modernidad, d&aacute;ndose al pastiche desorejado, a la parodia espont&aacute;nea, al homenaje pop y a la desmitificaci&oacute;n tem&aacute;tica por puro amor a los g&eacute;neros.
    </p><p class="article-text">
        Llega a la profesi&oacute;n afectado de Richard Corben y las historietas de <em>Metal Hurlant</em>, el Popeye de Segar, los dibujos animados de la UPA y fieras del <em>underground</em> norteamericano como Robert Crumb o Gilbert Shelton, adem&aacute;s de cargado con el vi&aacute;tico de su infancia, los <em>Pulgarcito</em> y <em>T&iacute;o Vivo</em> cuya tradici&oacute;n de personajes caracter&iacute;sticos tendr&aacute; mucho que ver en la m&eacute;trica y la alegr&iacute;a con que luego ser&aacute;n bautizadas criaturas suyas como <em>Chuchita y Maryl&iacute;n, alterne de post&iacute;n</em> o <em>Perico Carambola</em>, <em>en la cresta de la cola</em>. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Barcelona entonces</strong></h3><p class="article-text">
        Hijo de familia obrera e infante marista en la L&eacute;rida de los a&ntilde;os 60, creci&oacute; como ni&ntilde;o de piso enredando entre papeles, rendido al cine de barrio y devorando tebeos y novelas de ciencia ficci&oacute;n, antes de acceder, ya en la adolescencia, a cl&aacute;sicos del c&oacute;mic como Little Nemo o Krazy Kat, en los que le fue revelado el infinito potencial de un lenguaje que le llev&oacute; a decidir su profesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En 1973 se instala en Barcelona con la intenci&oacute;n de ingresar en la facultad de Bellas Artes, pero suspende y salta a la Escuela Massana de artes y oficios, de la que ser&aacute; expulsado por absentismo, una actitud personal que priorizaba la vida a la academia. Y como una cosa no tiene nada que ver con la otra, logra profesionalizarse colaborando con el equipo Butifarra, publicando en <em>Star</em> y trabajando de machaca en un estudio de animaci&oacute;n donde conocer&aacute; al tambi&eacute;n dibujante Juanito Mediavilla, con quien compartir&aacute; un sinf&iacute;n de canutos y un piso en el barrio de Gr&agrave;cia, formando una de las parejas creativas m&aacute;s f&eacute;rtiles y satisfactorias que ha dado el medio.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Enemigo p&uacute;blico n&uacute;mero uno</strong></h3><p class="article-text">
        Es en las p&aacute;ginas de <em>Disco Expres</em> donde en 1977 dan a luz al antih&eacute;roe emblema del <em>underground</em> espa&ntilde;ol, Makoki, un personaje a la fuga, escapado del frenop&aacute;tico, que iba a propiciar demenciales aventuras urbanas, y cuya enorme popularidad (que no &eacute;xito, ya que su peligrosidad no le permiti&oacute; abandonar nunca el arroyo) habr&iacute;a que buscar en un costumbrismo coral y bullicioso, a la manera de un Berlanga puesto de anfetas, y en lo suculento de unos di&aacute;logos venidos del Siglo de Oro.
    </p><p class="article-text">
        Poblaban aquellas vi&ntilde;etas fen&oacute;menos como el Cuco, el Morgan, el t&iacute;o Emo y el resto de &ldquo;la basca&rdquo;, secundarios que en muchos casos acabar&iacute;an haciendo carrera en solitario, como el joven Pep&iacute;n Cebolledo, que protagonizar&aacute; <em>Los sue&ntilde;os del Ni&ntilde;ato</em>, una colecci&oacute;n de pesadillas donde el autor trataba de comunicar, sin intermediarios, los malos ratos de la hero&iacute;na; o el carro&ntilde;ero Buitre Buitaker, ave leonada y politoxic&oacute;mana, antiguo militar fascista, que anida en lo alto de la estatua de Col&oacute;n y que lleg&oacute; a infiltrarse durante tres a&ntilde;os y sin problema aparente en las p&aacute;ginas del diario <em>ABC</em>. Y es que una de las mayores astucias de los tebeos, lo que los mantiene preciosos, temibles y capaces, ha sido siempre su aspecto inocuo. 
    </p><h3 class="article-text"><strong>Mar&iacute;a y las vicisitudes</strong></h3><p class="article-text">
        En su perpetua inquietud, se embarc&oacute; en la novela gr&aacute;fica cuando el formato a&uacute;n no estaba de moda, con el relato h&iacute;brido <em>Un largo silencio</em> (1997), a partir de las memorias de su padre como soldado republicano, y con los a&ntilde;os fue tomando lugar en &eacute;l una necesidad de pensar el mundo y su propia circunstancia a partir de la pureza del dibujo, de su mero derroche. Una urgencia expresiva que en ning&uacute;n caso estaba supliendo un talante optimista y un &aacute;nimo social invariablemente radiante.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, en 2007 se publica <em>Mar&iacute;a y yo</em>, libro venido directamente de las p&aacute;ginas incidentales de sus cuadernos, donde el dibujo es la herramienta m&aacute;s a mano, nunca mejor dicho, para sintonizar con su hija autista y dar juntos con la frecuencia del mundo. Traducido a m&aacute;s de diez idiomas, con adaptaci&oacute;n documental y una secuela, siete a&ntilde;os despu&eacute;s, titulada <em>Mar&iacute;a tiene 20 a&ntilde;os</em>, aquel trabajo le granjear&aacute; miles de lectores nuevos, no necesariamente familiarizados con el lenguaje del c&oacute;mic, que en muchos casos encuentran enunciada por primera vez su tesitura.
    </p><p class="article-text">
        <em>Mar&iacute;a y yo</em> le llevar&aacute; a involucrarse en charlas y talleres para familiares y cuidadores de personas con discapacidad intelectual en los que pone en valor la capacidad del dibujo para alcanzar regiones ignotas de la mente y dar con claves para la comunicaci&oacute;n, a la vez que la experiencia modula su mirada y despoja su obra. Un nuevo giro estil&iacute;stico que dar&aacute; lugar a &aacute;lbumes desenvueltos y con algo de biograf&iacute;a en marcha como <em>Emotional World Tour</em>, con su amigo Paco Roca, o, m&aacute;s recientemente, <em>Algo extra&ntilde;o me pas&oacute; camino de casa</em>, donde recog&iacute;a vivencias y observaciones desde que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/comics/ilustrador-miguel-gallardo-rie-tumor-cerebral-novela-grafica_1_6473641.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en enero de 2020 le detectaran un tumor cerebral</a>. &ldquo;&iquest;Y si me muero?&rdquo;, escrib&iacute;a en aquellas p&aacute;ginas algo asustadas. &ldquo;&iexcl;No pasa nada!&rdquo;, se respond&iacute;a. Pero s&iacute; que pasa.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Capit&aacute;n Gallardo</strong></h3><p class="article-text">
        Matisse de los tebeos, artista indomable y tierno, colorista capaz del desenfreno y de la quietud m&aacute;s evocadora, maestro y artesano con un ojo puesto en la vanguardia y otro en el retrovisor del oficio, ilustrador de lujo (<em>La Vanguardia</em> , <em>El Pa&iacute;s</em>, el <em>Herald Tribune</em> o <em>The New Yorker</em> contaron con su privilegio), cartelista de grandes logros (suyo es todav&iacute;a el mejor cartel que ha dado el Sal&oacute;n del C&oacute;mic de Barcelona, en su 25&ordf; edici&oacute;n), no perdi&oacute; nunca las ganas de dibujar y hace apenas un a&ntilde;o hac&iacute;a sitio para nuevos proyectos donando buena parte de su obra original, cerca de doscientas piezas, al Museu d&rsquo;Art Jaume Morera de L&eacute;rida.
    </p><p class="article-text">
        Mike Gallard, Sebasti&aacute;n Palomares, Gallarman, Gallardaster, Master Gallard, Miguelito Gallardo Survivor&hellip; Son solo algunos de los m&uacute;ltiples seud&oacute;nimos, o m&aacute;s bien variaciones de uso impensado, con las que sofocaba cualquier atisbo de gravedad en su obra y en su trato con la vida, a la que el pasado 20 de enero acud&iacute;a, esta vez con pajarita roja y una infalible gorra de capit&aacute;n, para en hermosa ceremonia &iacute;ntima casarse con su compa&ntilde;era Karin Du Croo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/muere-miguel-gallardo-dibujante-comics-indomable-tierno_1_8769133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Feb 2022 06:34:22 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Takeshi Kitano: una vida de violencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/takeshi-kitano-vida-violencia_1_8663310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4550644-6fec-4bbf-b712-1af4f04a7b89_16-9-discover-aspect-ratio_default_1038882.jpg" width="1208" height="680" alt="Takeshi Kitano: una vida de violencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este 18 de enero el actor y director japonés (y unas cuantas cosas más) cumple 75 años</p><p class="subtitle">Hemeroteca - "Estoy cansado de la violencia, voy a hacer otras cosas"</p></div><p class="article-text">
        A Kitano a veces le llora un ojo porque lo tiene pipa. Ocurri&oacute; en agosto de 1994 que el cineasta, que pasaba una mala racha, se estamp&oacute; con su ciclomotor contra un poste. El accidente le parti&oacute; la mand&iacute;bula y le hizo a&ntilde;icos la calavera, y los m&eacute;dicos se pusieron manos a la obra sin saber que en aquella reconstrucci&oacute;n estaban contribuyendo a lo que acabar&iacute;a siendo el 'underplaying' m&aacute;s c&eacute;lebre del <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/cine-negro-asiatico-prisma-canario_1_5197442.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cine asi&aacute;tico</a>.
    </p><p class="article-text">
        Recobrado de aquel chupet&oacute;n de la muerte, Kitano pas&oacute; a ver los colores m&aacute;s vivos y empez&oacute; a pintar cuadros. Animales, &aacute;ngeles, monigotes y flores. Bastantes flores. Unos cuadros sin malicia, a veces traviesos. El de artista pintor se sumaba a sus quehaceres como director de cine, actor, guionista, bailar&iacute;n de claqu&eacute;, m&uacute;sico, cantante mel&oacute;dico, escritor de novela y ensayo, poeta, boxeador aficionado, locutor de radio, estrella cat&oacute;dica y un largo etc&eacute;tera de avatares. Todo ello sobre la marcha.
    </p><p class="article-text">
        A Takeshi Kitano, que ahora cumple 75 a&ntilde;os en el mundo, le han ocurrido muchas cosas y muchas le han ocurrido sin querer. Crecido en una familia humilde, de ascensorista en una sala de fiestas dio el salto a las tablas y pas&oacute; a ser la mitad de los Two Beats, un d&uacute;o <em>manzai</em> (modalidad cl&aacute;sica de comedia en vivo evoluci&oacute;n del clown y el payaso augusto) que le procur&oacute; fama nacional como Beat Takeshi, nombre de guerra que acostumbrar&aacute; a utilizar en su faceta televisiva y como int&eacute;rprete. Corr&iacute;an los a&ntilde;os 70. Diez despu&eacute;s se iba a poner a las &oacute;rdenes del maestro Nagisha Oshima para desearle a David Bowie <em>Feliz Navidad, Mr. Lawrence</em>, y al final de esa d&eacute;cada se pasaba detr&aacute;s de las c&aacute;maras para firmar <em>Violent Cop</em>, su primera pel&iacute;cula, que en realidad no era suya sino de Kinji Fukasaku quien, por problemas de agenda cedi&oacute; la direcci&oacute;n a su protagonista, un polic&iacute;a con arrebatos de ira que, en un momento dado del metraje, se deten&iacute;a a mirar un cuadro de Chagall.
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            <span class="title">
                Kitano protagoniza, escribe y dirige &#039;Boiling Point&#039; en 1990                            </span>
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        La peripecia vital de Kitano es tan profusa que los de Netflix le han hecho el a&ntilde;o pasado una pel&iacute;cula biogr&aacute;fica tomada de sus libros de memorias. Se llama 'El chico de Asakusa' y no la pensamos ver nunca, porque qui&eacute;n querr&iacute;a ver una pel&iacute;cula de Netflix pudiendo ver una de Takeshi Kitano. Aunque las hayamos visto todas.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Destruir el l&oacute;bulo frontal</strong></h3><p class="article-text">
        Siendo antes que nada un c&oacute;mico profesional, el talento de Kitano radica en aislar el humor en sus dos grados b&aacute;sicos: la risa y la carcajada (la sonrisa es otra cosa, se r&iacute;e por inclinaci&oacute;n), pero tambi&eacute;n contempla variantes extremas como la alegr&iacute;a y el llanto, consecuencias del contento insoportable que promueven muchas escenas de sus pel&iacute;culas. Para todo ello, jugar&aacute; la carta del rid&iacute;culo, del equ&iacute;voco, del absurdo y de la sorpresa. Y por las mismas razones que la risa, que si no es repentina es ap&oacute;crifa, brota en su cine una violencia genuina que se espera como se espera el sopapo de un payaso al otro, como una cosa muy seria.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los de Netflix le han hecho el año pasado una película biográfica llamada &#039;El chico de Asakusa&#039; pero no la pensamos ver nunca, porque quién querría ver una película de Netflix pudiendo ver una de Takeshi Kitano</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El cine de Kitano se sostiene en esos dos pilares fundamentales: la indolencia ante el infortunio y el j&uacute;bilo de la violencia. Lo primero se localiza en el pesta&ntilde;eo. Ese tic en el ojo que concede a su rostro hier&aacute;tico una emoci&oacute;n insondable, la noci&oacute;n ancestral de que alguna vez fuimos humanos. Lo segundo es consecuencia de lo primero: estar vivo ahora. Una energ&iacute;a espont&aacute;nea y festiva, m&aacute;s propia del dibujo animado, donde un demonio de las profundidades con querencia por la gamberrada estar&iacute;a orquestando todo momento.
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                Takeshi Kitano (a la derecha) en el programa concurso de la televisión emitido en España como &#039;Humor amarillo&#039;                            </span>
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        Todo Kitano est&aacute; en sus principios, de hecho. Y en los principios mudos del cine. Ese entendimiento simult&aacute;neo de la violencia y la risa ya sosten&iacute;a su gran obra, el programa televisivo <a href="https://www.eldiario.es/vertele/videos/actualidad/secretos-humor-amarillo-palabras-definen_1_7553046.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que aqu&iacute; conocimos como </a><a href="https://www.eldiario.es/vertele/videos/actualidad/secretos-humor-amarillo-palabras-definen_1_7553046.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Humor amarillo</em></a><em>,</em> donde el accidente, la humillaci&oacute;n y el desafuero se aliaban en las rutinas de cachiporra y en el &uacute;nico chiste del mundo que nos sobrevivir&aacute; porque es anterior a los hombres: la piel de pl&aacute;tano en mitad del camino. La gratuidad de la violencia en la obra de Kitano nos habla, precisamente, de la gratuidad de la violencia.
    </p><h3 class="article-text"><strong>El mar y no pensar en nada</strong></h3><p class="article-text">
        <em>Sonatine</em>, <em>A Scene at the Sea</em>, <em>Flores de fuego</em>, <em>El verano de Kikujiro</em>&hellip; Las pel&iacute;culas m&aacute;s conmovedoras de Kitano parecen ser de interior, pero si nos fijamos bien son mar&iacute;timas, tienen todas su ribera, un mar que &eacute;l entiende en su lectura t&iacute;pica y t&oacute;pica, como final y origen de todo. Ese tipo de ternuras, como musicar <em>Violent Cop</em> con una versi&oacute;n electrificada de la primera <em>gnossienne </em>de Erik Satie o poner a un samur&aacute;i a volar una cometa, hacen que su cine pase por sentimental cuando en realidad es que est&aacute; siendo puro, limpio de cualquier cinismo, un destilado de confecci&oacute;n muy dif&iacute;cil para un adulto.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Poner a un samurái a volar una cometa hace que su cine pase por sentimental cuando en realidad es que está siendo puro, limpio de cualquier cinismo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La poes&iacute;a de Kitano est&aacute; m&aacute;s pr&oacute;xima a la llaneza de las margaritas que a los crisantemos o a los cerezos dichosos. La &eacute;tica y la est&eacute;tica de su pa&iacute;s tan da&ntilde;ado recorre l&oacute;gicamente una filmograf&iacute;a llena de ideas, pero a menudo de ideas nuestras. Kitano nos despeja la pel&iacute;cula y nos hace sitio para que podamos pensarla, pensarnos nosotros mientras la vemos, y ah&iacute; estar&iacute;a un poco la diferencia entre el cine comercial y el cine de autor, lo que hace que en Francia le adoren y que en Jap&oacute;n nadie se interese demasiado por sus pel&iacute;culas.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Las palabras in&uacute;tiles</strong></h3><p class="article-text">
        Salvo imperativos de producci&oacute;n, Kitano rueda siempre en orden cronol&oacute;gico, como si las pel&iacute;culas acontecieran, y as&iacute; tiene la posibilidad de pasearlas desde el principio, hace de ellas lugares. Va de una escena a otra caminando cuando podr&iacute;a hacerlo por corte, y en ocasiones, al ser pel&iacute;culas japonesas, se permite cruzar el plano como si tuviera algo que hacer al otro extremo. Pero casi nunca va a hacer nada y por eso su cine respira ese transcurrir ocioso tan expresivo, err&aacute;tico y lleno de repentes como el jazz al que es tambi&eacute;n aficionado.
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                &#039;Hana-bi. Flores de fuego&#039;, una película de 1997                            </span>
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        Kitano, que naci&oacute; en invierno ahora hace 75 a&ntilde;os, lleva toda una vida cuid&aacute;ndose muy mucho de no hacer una pel&iacute;cula perfecta, si es que eso fuera posible, porque sabe que la mera posibilidad de lograrlo anular&iacute;a su potencial para siempre. En lugar de eso ha ido entregando lac&oacute;nicas peripecias yakuzas, tragicomedias rom&aacute;nticas, sobradas l&iacute;ricas y ejercicios febriles de autoparodia, cuentas de una filmograf&iacute;a viva y cari&ntilde;osa, perseverante como el &eacute;xodo de una tortuga y capaz, en sus perfumes benditos y un tanto tocados de autismo, de lograr en nosotros el asombro del ni&ntilde;o ante el enigma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/takeshi-kitano-vida-violencia_1_8663310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Jan 2022 21:33:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Takeshi Kitano: una vida de violencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Japón,Cine,Festivales de cine,Arte,Cultura,Japonés]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Las crónicas de Odio': los años 90 contados desde los años 90]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cronicas-odio-anos-90-contados-anos-90_1_8614507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e66edf23-675d-48a7-9e6a-ede9e7686981_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Las crónicas de Odio&#039;: los años 90 contados desde los años 90"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra maestra del cómic alternativo y genuina biblia de los 90 vuelve a las librerías en una fastuosa edición de cinco volúmenes</p><p class="subtitle">Ni franquista ni feminista, tonadillera: las profundidades del baúl de la Piquer</p></div><p class="article-text">
        El pasado es siempre una r&eacute;mora, as&iacute; que despu&eacute;s de la nostalgia de los 80 ahora les toca a los 90, que fueron unos a&ntilde;os tirando a pat&eacute;ticos, de guerras e intervenciones, apogeo moralista, Reagan entreg&aacute;ndole la cucharilla al peque&ntilde;o de los Bush (en Espa&ntilde;a fue la d&eacute;cada Aznar), la MTV gobernando como hoy <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/obligaciones-netflix-plataformas-nueva-ley-audiovisual-catalan_1_8582471.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Netflix </a>y las marcas de ropa vendiendo pantalones rotos, prendas que ve&iacute;an incrementado su valor al traer indicios de alguna vivencia ajena. Tal era el nivel de alienaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nada est&aacute; bien pero todo est&aacute; mal&rdquo;, cantaba Siniestro Total poco antes. Pero tambi&eacute;n hubo cosas buenas. Los Simpson, por ejemplo. O la fiebre de los fanzines. Y que hab&iacute;a tiendas de discos y el alba de un Internet todav&iacute;a lejos de morir en las redes sociales. Como fuera, la &uacute;nica opci&oacute;n sensata para quienes en los 90 eran j&oacute;venes y se quer&iacute;an dignos fue la misma que para cualquier otra generaci&oacute;n anterior o por venir: abrazar el odio.
    </p><h3 class="article-text"><em><strong>Smells Like Teen Spirit</strong></em></h3><p class="article-text">
        Seattle, la cuna del <em>grunge</em>, a&ntilde;o 1990. Buddy Bradley es un mis&aacute;ntropo de 23 a&ntilde;os incapaz de conectar con su generaci&oacute;n, a la que alg&uacute;n lumbrera ha decidido llamar &ldquo;equis&rdquo;. Empleado en una librer&iacute;a de segunda mano y sin m&aacute;s aspiraciones vitales que unas cervezas, unos discos y unos tebeos, comparte apartamento con Leonard &ldquo;Apestoso&rdquo; Brown, un politoxic&oacute;mano desquiciado, y con un negro asocial dado a la paranoia y la reclusi&oacute;n llamado George Hamilton III. Luego est&aacute; Valerie, su inter&eacute;s rom&aacute;ntico y cultureta de casa bien y su compa&ntilde;era de piso, la neur&oacute;tica y depresiva Lisa, con la que Buddy ha tenido un rollo previo. Y una novia no se sabe, pero una ex es para siempre. As&iacute; empieza <em>Odio</em>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 10px solid white;" src="https://static.eldiario.es/clip/dc38a334-e104-4c69-b23e-760ea791055f_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="220" height="320" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        <em>Odio</em>, que en su d&iacute;a le&iacute;mos en las p&aacute;ginas de El V&iacute;bora, es s&aacute;tira, novela de costumbres y, en cierto modo, un <em>bildungsroman</em> revenido y tardo. Una historia de crecimiento que tuvo su germen diez a&ntilde;os antes en las p&aacute;ginas de la revista <em>Neat Stuff</em> (recopilada recientemente en tres vol&uacute;menes como <em>Mundo idiota</em>) donde Peter Bagge hab&iacute;a creado una familia disfuncional de apellido Bradley, cuyo primog&eacute;nito, nuestro Buddy, se emancipar&iacute;a para atravesar la d&eacute;cada de los 90 en el formato humilde y pele&oacute;n del tebeo de dos grapas.
    </p><p class="article-text">
        Con un estilo de dibujo el&aacute;stico y siempre presto a encresparse de c&oacute;lera, Peter Bagge se delataba en aquellas p&aacute;ginas embebido de colegas veteranos como Jim Woodring, Basil Wolverton, Bill Griffith, Kim Deitch, Tex Avery, Gilbert Shelton o los Peanuts de Schulz. De entre sus coet&aacute;neos espigaba la honestidad brutal y la pol&iacute;tica de auto indulgencia cero de Chester Brown o Julie Doucet y de los hermanos Jaime y Beto Hernandez, dos genios del culebr&oacute;n, tomaba buena nota para las psicolog&iacute;as y las relaciones humanas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De fondo, el latido sat&iacute;rico que en los a&ntilde;os 60 hab&iacute;a alentado las p&aacute;ginas de <em>MAD</em>, revista que Buddy Bradley ojea en una p&aacute;gina de <em>Odio</em> mientras se refiere a su creador, el dibujante Harvey Kurtzman: &ldquo;Adoro ese sentido del humor tan irreverente que ten&iacute;a. Pod&iacute;a ver a trav&eacute;s de la mierda cotidiana que la mayor&iacute;a de gente aceptaba y le daba la vuelta&hellip;&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Odio es amor</strong></h3><p class="article-text">
        El secreto de <em>Odio</em> es que todos los personajes se definen en su amargura y su frustraci&oacute;n. Aqu&iacute; todo el mundo discute con todo el mundo. La premisa es el conflicto perpetuo, la insatisfacci&oacute;n y el ataque. Sin embargo, pese al nihilismo <em>fin de si&egrave;cle</em> que impregna la serie, nunca unas criaturas de ficci&oacute;n evolucionaron tanto, aunque su &uacute;nico rumbo posible fuera la tragedia de la normalidad.
    </p><p class="article-text">
        Peter Bagge, nacido en el 57, siempre sostuvo que <em>Odio</em> no era autobiogr&aacute;fico, pero que Buddy pod&iacute;a considerarse una versi&oacute;n m&aacute;s joven de &eacute;l mismo. A toro pasado, se descubrir&iacute;a profundamente afectado por la serie de televisi&oacute;n de los a&ntilde;os 70 <em>Todo en familia</em>, una comedia de situaci&oacute;n con un protagonista gru&ntilde;&oacute;n e intolerante, un ex combatiente cenizo como Buddy Bradley que a sus veintitantos entiende que ha sido enga&ntilde;ado y se ve dominado por la ira de la impotencia. Imposible imaginar cualidades m&aacute;s humanas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Las crónicas del Odio                            </span>
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        Bagge, que se reconoce uno de esos dibujantes que odia dibujar, hab&iacute;a empezado en el negocio como colaborador de John Holmstrom, el fundador de la m&iacute;tica revista Punk, luego lo fue de Robert Crumb y pronto se demostr&oacute; un narrador excelente destinado a reinar en una escena alternativa que, en alg&uacute;n momento, tal era el entusiasmo, los aficionados al c&oacute;mic tuvieron la tentaci&oacute;n de llamar &ldquo;nuevo <em>underground</em>&rdquo;, un lugar franco y a salvo de la farsa de la cultura <em>mainstream</em>. Sus &uacute;ltimos trabajos son hagiograf&iacute;as impecables pero un tanto matraca de pioneras feministas como Margaret Sanger (<em>La mujer rebelde</em>), Zora Neale Hurston (<em>Fire!!!</em>) o Wilder Lane (<em>Credo</em>).
    </p><p class="article-text">
        Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, <em>Odio</em> vuelve a las librer&iacute;as en una edici&oacute;n de cinco vol&uacute;menes cargados de material sat&eacute;lite entre el que se cuentan las cubiertas originales, fotograf&iacute;as, ilustraciones, art&iacute;culos contextualizando el fen&oacute;meno e incluso alguna historieta in&eacute;dita dibujada para la ocasi&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; fue de Buddy Bradley? Probablemente lo mismo que de todos nosotros: nada. Solo esto.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, quien no los vivi&oacute; tiene ahora la oportunidad de saborear con precisi&oacute;n lo que fue ser joven en aquellos a&ntilde;os 90 escurridizos, de luz fatigada y a punto de la lacra buenista. Una d&eacute;cada de muchachos hipersensibles que se miraban los pies y se sosten&iacute;an de los pu&ntilde;os de sus sudaderas para evitar precipitarse al abismo solipsista. <em>Odio</em>, el b&aacute;lsamo m&aacute;s eficaz para aquella &eacute;poca insulsa, pero todav&iacute;a guitarrera, en la que fuimos tan dichosos, es hoy un pedazo de tiempo encapsulado y uno de los tebeos m&aacute;s divertidos que se han dibujado nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cronicas-odio-anos-90-contados-anos-90_1_8614507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Dec 2021 21:12:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Las crónicas de Odio': los años 90 contados desde los años 90]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Cómic]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Espíritu sagrado': alerta ovni en el cine español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/espiritu-sagrado-alerta-ovni-cine-espanol_1_8526210.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5dae91d2-bb4f-43f1-8625-dfdc308cfca9_16-9-discover-aspect-ratio_default_1035661.jpg" width="1230" height="692" alt="&#039;Espíritu sagrado&#039;: alerta ovni en el cine español"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Chema García Ibarra, director de un cortometraje de culto sobre extraterrestres y descampados, prosigue con su filmografía singular y rueda un largometraje en celuloide, otra vez mirando al cielo</p><p class="subtitle">Miguel Ángel Blanca: "Mi película es el epitafio del turismo en Magaluf"</p></div><p class="article-text">
        All&aacute; por 2008, cuando internet todav&iacute;a era campo y se estaba tan bien, en los foros se hablaba con entusiasmo de un cortometraje sobre un chaval que esperaba <em>El ataque de los robots de Nebulosa 5</em> en el descampado de cagar los perros al lado de su casa. Aquel era el &uacute;nico enclave del planeta que los extraterrestres ten&iacute;an planeado respetar.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces nada ha ocurrido, aqu&iacute; seguimos, ni se nos ha pasado por la cabeza movernos del sitio. M&aacute;s de diez a&ntilde;os despu&eacute;s seguimos repantigados delante de esta pantalla mientras el ilicitano Chema Garc&iacute;a Ibarra, director de aquella pieza de culto, ha ido perseverando en una filmograf&iacute;a singular (<em>Protopart&iacute;culas</em>, <em>Misterio</em>, <em>La disco resplandece</em>, <em>Leyenda dorada</em>, <em>Uranes</em>) que ahora, sin moverse del pueblo, se inviste de largometraje y en ello encuentra el salvoconducto para acceder al circuito de salas comerciales.
    </p><p class="article-text">
        Cine contempor&aacute;neo y sin embargo tangible dado que est&aacute; filmada en celuloide de 16mm, <em>Esp&iacute;ritu sagrado</em> es, como todos los t&iacute;tulos de su autor, una pel&iacute;cula empe&ntilde;ada en el milagro. Una historia atenta a las estrellas que no se da cuenta de que las estrellas le han devuelto la mirada.
    </p><h3 class="article-text"><em>We want to believe</em></h3><p class="article-text">
        En su argumento se entreveran dos ideas primordiales. La primera, que habla de una realidad potencial, la encarna un peregrino grupo de miembros de la asociaci&oacute;n ufol&oacute;gica OVNI-Levante, conocedora de un secreto c&oacute;smico que nos ata&ntilde;e a todos, una venida. La realidad palmaria, por otro lado, tiene que ver tambi&eacute;n con una ausencia y se cifra en la desaparici&oacute;n de una ni&ntilde;a, en concreto una gemela de otra que ahora, obediente, est&aacute; haciendo de modelo para la b&uacute;squeda.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Manos mágicas en &#039;Espíritu sagrado&#039;                            </span>
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        Chema Garc&iacute;a borda esas dos tramas con hilo de comedia triste y alguna puntada de <em>thriller</em>, si bien apenas unas nociones, un vago recuerdo de lo que era un <em>thriller</em> ya que sus intereses van por otros derroteros. Y as&iacute;, deambula la zona franca donde los g&eacute;neros se despe&ntilde;an, usa los c&oacute;digos conocidos para dar lugar a su fracaso y se abre paso a un descampado de la imaginaci&oacute;n donde el espectador, tocado de estupor, ser&aacute; abandonado a su suerte. Pero esto no es m&aacute;s que un decir.
    </p><p class="article-text">
        <em>Esp&iacute;ritu sagrado</em>, pese a su empe&ntilde;o en esa ciencia ficci&oacute;n pochada cuya piedra de toque fue el <em>C&oacute;digo 7</em> de Nacho Vigalondo, es una pel&iacute;cula que no descansa, vibrante en cada una de sus im&aacute;genes, planos que son vi&ntilde;etas de amor esmeradas en significar Espa&ntilde;a, la fantas&iacute;a y el deseo de Espa&ntilde;a, ese anhelo colosal que gravita sobre las vidas penosas de todos los espa&ntilde;oles, aqu&iacute; representados por espa&ntilde;oles de Elche, un lugar estramb&oacute;tico pero tan adecuado como cualquier otro para alcanzar lo universal no ya desde lo local sino desde lo dom&eacute;stico, en zapatillas.
    </p><h3 class="article-text">Todo lo que esper&aacute;bamos</h3><p class="article-text">
        Que todo el mundo bendiga una pel&iacute;cula es indicio de su escaso inter&eacute;s, pero <em>Esp&iacute;ritu sagrado</em>, que se estrena tras una gira de festivales que trae consigo el pan para hoy de la hip&eacute;rbole y el ditirambo, est&aacute; libre de sospecha, ya que en el mejor de los casos conquistar&aacute; a la gran minor&iacute;a afecta a ese cine <em>indie</em> de ademanes desbravados que resulta un tanto irritante para el com&uacute;n de los espectadores. Un cine menudo y sofisticado, que nunca debe confundirse con el cine <em>underground</em>, en los &uacute;ltimos tiempos representado en los trabajos de directores como Ainhoa Rodr&iacute;guez (<em>Destello brav&iacute;o</em>), Juli&aacute;n G&eacute;nisson (que tiene a las puertas <em>Inmotep</em>) o Ion de Sosa (<em>Sue&ntilde;an los androides</em>), camarada de Ibarra que aqu&iacute; se emplea como productor ejecutivo. 
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                Escenas de cementerio                            </span>
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        <em>Esp&iacute;ritu sagrado</em> comparte ese timbre generacional pero viene de m&aacute;s lejos, de m&aacute;s atr&aacute;s, de los personajes pasmados en plano medio de Daniel Clowes y de las narrativas atmosf&eacute;ricas que santific&oacute; David Lynch, aunque mencionar a David Lynch a estas alturas parezca no significar nada. Ibarra, en cualquier caso, se ampara en un coro aut&oacute;ctono donde asoman talentos tan estimulantes como los de Leonor D&iacute;az, Beatriz Lobo, Marcelo Criminal o Lorena Iglesias para hacer un cine muy escrito, de sedimento, que empieza a cuajar en la generosa direcci&oacute;n de arte y termina subiendo la levadura en sus interpretaciones de grado cero, de suma conciencia. Ocurre as&iacute; porque ninguno de sus protagonistas es actor profesional ni trata de parecerlo frente a la c&aacute;mara, y en esa decisi&oacute;n se logran actuaciones oblicuas, sin resabio, declamaciones nuevas de trinca y de un impacto cercano a la enso&ntilde;aci&oacute;n. Algo parecido a lo que debe de ser el reverso del cine. Son personajes que dificultan la empat&iacute;a que se les suele solicitar a las pel&iacute;culas en su naturaleza de mentiras, pero que operan en beneficio de un todo po&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Pese a estar tan premeditada en lo inesperado, <em>Esp&iacute;ritu sagrado</em> est&aacute; libre de cinismo y se fragua en el coraz&oacute;n de un anhelo que al fin y al cabo nos define. Es cine m&aacute;s etnogr&aacute;fico que costumbrista, que observa al ser humano desde fuera, desde los confines de la galaxia, y de &eacute;l llega a comprender un &uacute;nico concepto, la compasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En Elche, entretanto, como en Espa&ntilde;a entera, las se&ntilde;ales m&aacute;s enigm&aacute;ticas proceden del interior de nuestras cabezas, de dentro de casa, de la televisi&oacute;n, sin ir m&aacute;s lejos, o de esta misma pantalla en la que ahora leemos. &ldquo;Esto es todo igual&rdquo;, dice en un momento dado el protagonista de la pel&iacute;cula tratando de orientarse en un cementerio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/espiritu-sagrado-alerta-ovni-cine-espanol_1_8526210.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Nov 2021 15:18:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Espíritu sagrado': alerta ovni en el cine español]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine español,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Lo de los límites del humor es un falso debate: es una guerra política"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/limites-humor-falso-debate_128_2129948.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/63dc4319-8dc2-4a96-bdbb-842620b18113_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Miguel Noguera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A caballo entre dibujante, actor y escritor, Miguel Noguera se define a sí mismo como artista contemporáneo</p><p class="subtitle">"Quizá la comedia no se valore lo suficiente, pero aun así los monólogos cómicos tienen mucho más público que los dramáticos, ¿no da eso fe de una valoración popular?"</p></div><p class="article-text">
        C&oacute;mico, dibujante, actor, artista moderno&hellip; Toca todos los palos pero no se apoltrona en ninguno. Miguel Noguera (Las Palmas de Gran Canaria, 1979) elige agazaparse en un lugar insospechado desde donde sorprender a la realidad y sacarla de quicio. La mantea sobre los escenarios, la desolla en letra de molde y desde hace poco la pone en solfa en un podcast de querencia psic&oacute;tica.
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        <em>Clon de Kant</em>, que lleva un t&iacute;tulo como un cencerro, es su primer libro de gran formato y est&aacute; reci&eacute;n editado por Blackie Books. Como todos los libros, miente, y lo hace desde la contraportada, que garantiza 87.628 ideas cuando en realidad contiene muchas m&aacute;s, un sinf&iacute;n de epifan&iacute;as e iluminaciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Insistes en que lo tuyo no es exactamente humor pero resulta dif&iacute;cil encarar una entrevista contigo en serio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; susto nada m&aacute;s empezar! Estaba entendiendo que era dif&iacute;cil encontrar una entrevista conmigo en serio, como si me insinuaras algo tipo: &ldquo;Tanto decir que no haces humor y luego no hay entrevista en la que no te comportes como un payaso&rdquo;. Quiz&aacute; t&uacute; encares la conversaci&oacute;n con una sonrisa, pero est&aacute; claro que yo la encaro ji&ntilde;ado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;les son tus hobbies, Miguel Noguera? &iquest;Llevas tatuajes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, mis hobbies actuales son el canto coral y, ojo, &uacute;ltimamente estoy retomando el dibujo del natural con modelo humano. Todo supercl&aacute;sico, como ves. Obviamente no llevo tatuajes ni se me pasa por la cabeza llevarlos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El humor tampoco es noticia salvo cuando se le quieren poner puertas. &iquest;Por qu&eacute; la comedia nunca se valora en su medida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uf, yo es que apenas me entero de nada. Recuerdo que To&ntilde;o Fraguas, el hijo de Forges, me entrevist&oacute; hace a&ntilde;os y me coment&oacute; que en otros pa&iacute;ses, EEUU, por ejemplo, la comedia se respetaba m&aacute;s que aqu&iacute;. &iquest;Te puedes creer que hasta ese momento yo no hab&iacute;a ca&iacute;do en la cuenta de que la comedia pudiera respetarse en absoluto? &iquest;Crees que he vuelto a reflexionar sobre el asunto desde aquel d&iacute;a? Quiz&aacute; la comedia no se valore lo suficiente, pero aun as&iacute; los mon&oacute;logos c&oacute;micos tienen mucho m&aacute;s p&uacute;blico que los dram&aacute;ticos, &iquest;no da eso fe de una valoraci&oacute;n popular?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>&iquest;Por qu&eacute; no nos damos por satisfechos con el apoyo del 'populacho'? &iexcl;Dios da pan al que no tiene dientes!</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Clon de Kant</em> vuelve a ser un libro ilustrado, pero tu relaci&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima sigue siendo con la palabra. Se percibe una obsesi&oacute;n por llegar muy lejos, por extinguir el lenguaje si fuera posible. Quiz&aacute; por eso me llevo mucho mejor con el dibujo que con la escritura. La escritura me resulta un suplicio, no me gusta nada, por eso me duele lo que planteas. Los dibujos del libro estaban todos terminados antes de que me pusiera a redactar los textos que los acompa&ntilde;an porque me daba un palo tremendo hacerlo, y efectivamente, cuando por fin me puse, aquello fue como tragar una compota asquerosa. Todo por obtener unos parrafitos que fuesen m&iacute;nimamente l&oacute;gicos y sucintos, algo que se pudiera leer sin que se me cayera la cara de verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sobre el papel pierdes la presencia esc&eacute;nica y la suples con un dibujo que no diremos precario pero s&iacute; muy afanoso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que tampoco llego a ser dibujante, como no llego a ser actor ni escritor. Si he de considerarme algo es artista, hala. Soy artista, artista contempor&aacute;neo, y ojo al &ldquo;Bond, James Bond&rdquo; que se esconde ah&iacute;, &iquest;eh? Mi arte siempre ha consistido en tratar de explicar unos contenidos puramente mentales, que se dan al margen de un soporte f&iacute;sico o de un medio concreto, imaginaciones sobre cuerpos determinados, esculturas de pensamiento. Todos los contenidos valen m&aacute;s o menos lo mismo y se yuxtaponen, forman un tapiz homog&eacute;neo, no una jerarqu&iacute;a. Y la plasmaci&oacute;n de los contenidos la llevo a cabo mediante el discurso p&uacute;blico, mediante la escritura y mediante la imagen, que pueden ser dibujos, pantallazos o fotos de m&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        Vamos, que dispongo de un estilo y tengo una est&eacute;tica, pero como voy muy justo de destrezas, de oficio, tengo que suplir la carencia con un histrionismo ciego y cierto bromeo baboso, el metabromeo cansino que me acompa&ntilde;a desde siempre. Es un proceder t&iacute;picamente postmoderno, y s&eacute; que lo repetir&eacute; hasta la muerte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>En cierto modo esos contenidos son algo as&iacute; como parodias de lo que se entiende por contenido art&iacute;stico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; son muy ciertos y los intento describir con exactitud y vehemencia, pero est&aacute; claro que son juegos formales absolutamente vac&iacute;os, repetitivos y olvidables. Cosas que se me ocurren a prop&oacute;sito de algo que he visto, o&iacute;do o pensado de pasada, como de soslayo. Lo anoto todo y lo clasifico en un documento de Office, pero el proceso no es totalmente intencional. S&iacute; hay una apertura por mi parte, un estar atento, pero las ideas siempre me sobrevienen.
    </p><p class="article-text">
        A estas visiones o pensamientos los llamo &ldquo;arrebatos Newflesh&rdquo;. Lo de arrebato por la naturaleza intempestiva, espont&aacute;nea, y lo de Newflesh por el car&aacute;cter eminentemente f&iacute;sico de la mayor&iacute;a de los contenidos, como de combate entre v&iacute;sceras y filos, de forzamiento y penetraci&oacute;n de los cuerpos cotidianos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay algo funesto en el mundo Noguera. El libro se abre con la tragedia masc&aacute;ndose en la proa del Titanic y es ya un no parar.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay un humor negro, s&iacute;, un frivolizar con los accidentes, con lo escabroso y con la muerte. Siempre he tenido un pie en todo eso. Pero, al menos en m&iacute;, todo surge desde un lugar adolescente y luminoso. Hay una alegr&iacute;a infantil en toda esa fatalidad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>La alegr&iacute;a destructiva del juego. O del terrorismo, porque todas tus ideas contienen un sentido aniquilador. Tal y como est&aacute;n las cosas, de un momento a otro se te podr&iacute;a acusar de hacer arte degenerado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Basta con que alguien pille tal o cual contenido, me denuncie, le acepten la demanda y marronazo montado. Y luego tener que defenderme diciendo que no era mi intenci&oacute;n da&ntilde;ar a nadie, que solo estaba bromeando y tal&hellip; &iexcl;Ja, ja, ja! En fin, una estupidez, una p&eacute;rdida de tiempo, energ&iacute;a y dinero. Al menos lo m&iacute;o est&aacute; semioculto, es una bola de delirios inconexos. Por ah&iacute; igual escapa al radar de los posibles ofendidos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se habla mucho de esto: &iquest;en qu&eacute; lugar pierde su nombre el humor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si te refieres a la cantinela de &ldquo;los l&iacute;mites del humor&rdquo; no la considero una cuesti&oacute;n v&aacute;lida. Que est&aacute; vac&iacute;a, vamos, es un falso debate. Como mucho existe una guerra pol&iacute;tica en la que se echa mano del sistema legal. Pero eso en realidad no tiene que ver con el humor en s&iacute;, el humor es el mismo de siempre.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>En alguna ocasi&oacute;n te has asomado a la televisi&oacute;n pero sin conceder nada. Fuiste t&uacute; en todo momento y dejaste una feliz huella de estupor.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Salir en la tele es muy buena publicidad. Te das a conocer a y adem&aacute;s te procura un halo de fama, coloca una gran moneda de oro sobre tu cabeza. Eso hace que vendas m&aacute;s libros y entradas de teatro, por lo que es moco de pavo. Mira, hace poco me hicieron una mamada por la calle&hellip; Ah, disculpa de nuevo la payasada fuera de lugar, no he podido evitarlo. Ahora en serio: tienes raz&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de la publicidad no termino de ver claro qu&eacute; hacer en la tele.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/limites-humor-falso-debate_128_2129948.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 May 2018 19:33:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Lo de los límites del humor es un falso debate: es una guerra política"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Corporate': cuando el primer factor de riesgo laboral son los Recursos Humanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/corporate-primer-laboral-recursos-humanos_1_2108083.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c09b964e-9bc6-48b7-ac33-e14ca677c426_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Céline Sallette interpreta a Emilie, una ejecutiva ambiciosa al frente de Recursos Humanos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ópera prima del francés Nicolas Silhol se inspira en el escándalo de la operadora France Télécom donde, a finales de la década pasada, se suicidó una ola de trabajadores</p></div><p class="article-text">
        Una cartela de apertura aclara que la pel&iacute;cula no est&aacute; basada en hechos reales a la vez que nos garantiza que no hay nada ficticio en los procedimientos administrativos que se muestran en pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Los hechos tal vez no, pero la inspiraci&oacute;n para <em>Corporate</em>, &oacute;pera prima del franc&eacute;s Nicolas Silhol, s&iacute; est&aacute; tomada del enorme esc&aacute;ndalo protagonizado por France T&eacute;l&eacute;com, operadora de telefon&iacute;a hoy conocida como Orange que a finales de la d&eacute;cada pasada indujo al suicidio a un sinn&uacute;mero de sus trabajadores.
    </p><h3 class="article-text">Crimen y castigo</h3><p class="article-text">
        <em>Corporate</em>, que empieza con las im&aacute;genes de un v&iacute;deo dom&eacute;stico en el que varios empleados cuajan el corporativismo mientras comparten un <em>brunch</em>, una <em>summer party</em> o tal vez un <em>afterwork</em>, dedica su metraje a presentar el despliegue escalofriante de hipocres&iacute;a del que es capaz toda gran empresa cuando se ve acorralada. Pero se&ntilde;ala tambi&eacute;n la responsabilidad de cada uno de los individuos que se constituyen en c&oacute;mplices a cambio de un salario.
    </p><p class="article-text">
        <span id="2727123_1527238929901"></span>
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    </figure><p class="article-text">
        Uno de esos personajes es Emilie, la ejecutiva ambiciosa y sin escr&uacute;pulos al frente del departamento de Recursos Humanos de una multinacional&nbsp;en la que el beneficio a cualquier precio es la consigna.
    </p><p class="article-text">
        Entre sus tareas encomendadas est&aacute; el crear condiciones adversas a los trabajadores prescindibles para que acaben por presentar su renuncia voluntaria, ahorr&aacute;ndole as&iacute; a la empresa los gastos y las implicaciones legales, pero sobre todo el desgaste de imagen, que supondr&iacute;a un despido masivo. Cuando uno de esos trabajadores decida ejercer su derecho al suicidio en p&uacute;blico, Emilie ver&aacute; en riesgo no solo su puesto sino su porvenir.
    </p><h3 class="article-text">Veintisiete letras perversas</h3><p class="article-text">
        Cualquier entorno donde se haga uso de la palabra proactivo est&aacute; indicando que all&iacute; ha hecho nido el demonio. Proactivo, sinergia, zona de confort, <em>branding</em> personal, <em>team building</em>, gesti&oacute;n de las emociones, capacidad din&aacute;mica, <em>&iexcl;coaching!</em> La ch&aacute;chara empresarial tiende a servirse de eufemismos, incorpora anglicismos y acr&oacute;nimos a manta y acu&ntilde;a expresiones carentes de sentido como astucias para anular a los individuos mientras los seduce y los hace sentir parte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Durante una escena de desayuno familiar contaminada de cine yanqui, el hijo de Emilie recita de carrerilla un poema de Robert Desnos. Se trata de <em>C&rsquo;&eacute;tait un bon copain,</em> un homenaje del poeta a un amigo muerto que se aprende en las escuelas francesas y que cautiva a los ni&ntilde;os con su abundancia de juegos de palabras.
    </p><p class="article-text">
        La cita no es gratuita: <em>Corporate</em> es una pel&iacute;cula sobre el lenguaje. Sobre su uso interesado (por otra parte el &uacute;nico que admite) y sobre aquellos individuos y organizaciones capaces de llevar al extremo las m&aacute;s abyectas pr&aacute;cticas de manipulaci&oacute;n dial&eacute;ctica.
    </p><h3 class="article-text">La &eacute;tica por montera</h3><p class="article-text">
        La pel&iacute;cula, que carece de discurso est&eacute;tico, flaquea en el &eacute;tico y se pone algo did&aacute;ctica en su &uacute;ltimo tercio, cuando se somete a los requerimientos del cine comercial y le ofrece la posibilidad de redenci&oacute;n a su protagonista. Una cobarde psic&oacute;pata en traje-chaqueta, v&iacute;ctima de un ataque de p&aacute;nico que el gui&oacute;n, muy torpemente, trata de hacer pasar por toma de conciencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <em>Corporate</em> es pura demagogia filmada pero eso no invalida el retrato que hace de conductas y estereotipos rastreros no solo legitimados sino prestigiados por el sistema.
    </p><p class="article-text">
        Se trata, en &uacute;ltima instancia, de un <em>thriller</em> estacionario de planos y contraplanos al que tal vez le falta mundo y habilidad para construir en un &uacute;nico personaje a la v&iacute;ctima y al verdugo, pero que deja entrever que su primera intenci&oacute;n era hablarnos de la destrucci&oacute;n de los individuos.Y no de aquellos que se quitan la vida sino de los que la entregan. De esos hombres y mujeres que justifican su vileza en el hecho de estar haciendo su trabajo y, lo que es peor, de estar haci&eacute;ndolo bien.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/corporate-primer-laboral-recursos-humanos_1_2108083.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 May 2018 18:42:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Corporate': cuando el primer factor de riesgo laboral son los Recursos Humanos]]></media:title>
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      <title><![CDATA[“La fábrica de nada”: Nosotros somos el capitalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fabrica-capitalismo_1_2122844.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aef8002e-3a54-4262-8fa9-919e8a5ccf55_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“La fábrica de nada”: Nosotros somos el capitalismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Es una película un gesto político? La fábrica de nada pretende ser algo mejor, un gesto útil</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Es una pel&iacute;cula un gesto pol&iacute;tico? La f&aacute;brica de nada pretende ser algo mejor, un gesto &uacute;til. Su propuesta es poner en escena la experiencia de unos operarios portugueses, en concreto de P&oacute;voa de Santa Iria, que se imponen como custodios de su trabajo cuando la f&aacute;brica de ascensores que los emplea amenaza bancarrota.
    </p><h3 class="article-text">Cine en cuesti&oacute;n</h3><p class="article-text">
        La f&aacute;brica de nada, que es cine realista, de las personas y de lo cotidiano, parte a nuestros ojos tocada por la sospecha de impostura y pensamiento burgu&eacute;s que afecta al noventa por ciento de lo que se llama cine social, por lo general facturado por se&ntilde;oritos en misi&oacute;n samaritana. La pel&iacute;cula se ve recorrida por ese temor de esterilidad, pero su director, el joven portugu&eacute;s Pedro Pinho, sabe incorporar la propia duda a la narraci&oacute;n, y as&iacute; la pel&iacute;cula se cuestiona, se escucha, se discute y se pone en duda a s&iacute; misma para crecer en sabidur&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El contexto es el que habitamos: un sistema basado en su propia hipertrofia y sin recursos para gestionar sus colapsos peri&oacute;dicos. El relato, la violencia permanente que la sociedad ejerce sobre los pobres, a los que ahora, desde que por temor dejamos de llamar a las cosas por su nombre, decimos desfavorecidos. Son, esa es la idea, los menos favorecidos por un sistema de explotaci&oacute;n y crisis perpetua en el que estamos incriminados todos y cada uno de nosotros, incluidos esos supuestos desfavorecidos que, como se recuerda en la pel&iacute;cula, cuantos menos recursos tienen, m&aacute;s quieren saltar al otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Atrincherados los operarios en sus puestos, en la ausencia de trabajo reaparece el juego infantil, motor central de una pel&iacute;cula que por encima de todo es l&uacute;dica y vitalista. Pero el juego infantil es la antesala del tedio. Los protagonistas pronto se ver&aacute;n sometidos a un suspense sin secretos: solo queda esperar. Y en esa espera la pel&iacute;cula pondr&aacute; en cuesti&oacute;n el inter&eacute;s del espectador durante tres horas de inquietud. Es un cine con algo de sacrificio para un planeta con d&eacute;ficit de atenci&oacute;n, pero como recompensa nos ofrece la posibilidad de una aut&eacute;ntica toma de conciencia.
    </p><h3 class="article-text">Seguir a flote</h3><p class="article-text">
        La f&aacute;brica de nada, que en la posibilidad de autogesti&oacute;n que plantea recuerda de manera inevitable al cl&aacute;sico de Joaquim Jord&agrave; Numax presenta... (1980), es en cierto modo lo que hoy se llama un survival, ese g&eacute;nero donde el conflicto se da por hecho y la resistencia es m&aacute;s crucial que el ataque. Es tambi&eacute;n un thriller con leves amagos de aventura, rasgos de documental, de comedia y hasta de musical. Presenta tambi&eacute;n trazas de mensaje en una botella y finalmente es una pel&iacute;cula espl&eacute;ndida, tan humilde como magnifica y con un arsenal de recursos que aluden al cine como acci&oacute;n directa.
    </p><p class="article-text">
        Aunque apela a la idea de revoluci&oacute;n que todav&iacute;a late en algunos individuos, uno de los protagonistas se ocupar&aacute; de recordarnos que si hay que dividir el mundo en dos bandos enfrentados no ha de ser entre derechas o izquierdas &ldquo;sino entre aquellos que aceptan el mundo tal y como es y aquellos otros que est&aacute;n dispuestos a renunciar a las comodidades, a los m&oacute;viles, a los viajes a la Luna, a los tupperwares...&rdquo; La mala noticia, &nbsp;concluir&aacute;, es que nadie est&aacute; dispuesto a hacer esas renuncias.
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        Como ensayo &eacute;tico, otro de los avatares de una pel&iacute;cula llena de sorpresas, las conclusiones que nos hace extraer son desoladoras, y se refieren a la verg&uuml;enza de la izquierda europea, incapaz de responder a las crisis, a lo improductivo de las pamemas asamblearias, a las alima&ntilde;as que pueblan los departamentos llamados de Recursos Humanos o a la actual banalizaci&oacute;n de tantos movimientos que en los a&ntilde;os 60 parecieron importantes.
    </p><p class="article-text">
        Dedicada a los trabajadores de Fateleva, que entre 1975 y 2016 llevaron a cabo una experiencia de autogesti&oacute;n de la antigua f&aacute;brica de ascensores Otis, La f&aacute;brica de nada es una pel&iacute;cula importante. Una que no nos confronta con nuestra inacci&oacute;n sino que pone en evidencia lo contrario, nuestra actual manera de conducirnos en un sistema en el que somos parias de nosotros mismos, los &uacute;ltimos monos desde que en alg&uacute;n momento vendimos nuestra vida, nuestra existencia completa y nuestra identidad... para comprar otras cosas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/fabrica-capitalismo_1_2122844.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 12 May 2018 18:22:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Cine]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Maria by Callas': el triunfo de la soledad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/maria-by-callas-triunfo-soledad_1_2129330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/197db9cb-1e3e-4d13-9d67-87fe9dec1dbf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Maria by Callas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vida de la cantante griega llega al cine en forma de documental buscando descubrir a la persona detrás de la artista</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Ning&uacute;n artista de verdad podr&iacute;a ser feliz.&rdquo; Son palabras de Maria Callas pero no sabemos si de la diva o de la civil. <em>Maria by Callas</em>, como su t&iacute;tulo indica, pretende revelar la persona al trasluz de la artista. Lo hace con b&aacute;rtulos de documental, lejos de la hagiograf&iacute;a y trazando someramente la novela de una vida que tal vez no fue una tragedia griega, pero que empez&oacute; en una infancia sometida y termin&oacute; en la soledad de la cumbre.
    </p><h3 class="article-text">Tiempo era tiempo</h3><p class="article-text">
        Para los legos, las sorpresas empiezan pronto, cuando se nos recuerda que Ana Maria Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulos, m&aacute;s conocida como Maria Callas, naci&oacute; en Nueva York. A&ntilde;os despu&eacute;s renunciar&iacute;a a la nacionalidad norteamericana para acogerse a la griega, que invalidaba su matrimonio anterior, y casarse as&iacute; con Arist&oacute;teles Onassis, el &uacute;nico y tan doloroso amor de su vida. &ldquo;Haz conmigo lo que quieras&rdquo;, le escribir&aacute; en alg&uacute;n momento.
    </p><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s, <em>Maria by Callas</em> es un documental embelesado que no somete a su personaje a ning&uacute;n grado, que trae la pasi&oacute;n puesta de casa y que no se distrae sobre la marcha en hallazgos o revisiones que valgan. Aqu&iacute; el motor es el fetichismo y las piezas cobradas son im&aacute;genes de archivo, muchas de ellas in&eacute;ditas, en las que podemos ver a Visconti dirigiendo a la soprano en La vestale en 1954, a Pasolini haciendo lo propio durante el rodaje de Medea en 1969, el primer y &uacute;ltimo largometraje de la cantante, y a multitud de ilustres acudiendo a estrenos, de Jean Cocteau a Grace Kelly pasando por Catherine Deneuve, Silvana Mangano o la reina de Inglaterra.
    </p><p class="article-text">
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        El documental da la &eacute;poca en su capitulado, que consiste en la imagen recurrente del astro ape&aacute;ndose de aviones en aeropuertos de todo el mundo. El resto son fotograf&iacute;as y fragmentos recuperados de metraje, pasajes en ocasiones tintados, con ese aspecto de sue&ntilde;o que cobra el celuloide coloreado, as&iacute; como putrefactas grabaciones magnetosc&oacute;picas en estudios de televisi&oacute;n. Es el caso de una inspirada entrevista que la artista mantuvo en 1970 con David Frost y que hilvana la pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        El retrato de Maria Callas podr&iacute;a desprenderse de su mirada parlante a trav&eacute;s de todas esas im&aacute;genes, pero Fanny Ardant, que en 2002 la hab&iacute;a interpretado en la pel&iacute;cula de Franco Zeffirelli Callas Forever, retoma la leyenda y le pone voz para leer pasajes de su correspondencia privada.
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                </figure><h3 class="article-text">El amor es un p&aacute;jaro rebelde</h3><p class="article-text">
        El primer problema de la &oacute;pera son sus ex&eacute;getas, para los que no hay justificaci&oacute;n posible. El segundo es la &oacute;pera misma, que a los no iniciados nos parece un enclave donde el arte se emparenta al deporte. Una disciplina del canto que parece fundarse en lo atl&eacute;tico y donde cualquier posibilidad de acercamiento se ve abrumada por el colosalismo del artificio. El problema &uacute;ltimo, sobra decirlo, es nuestro.
    </p><p class="article-text">
        El cometido de Maria by Callas est&aacute; muy lejos del proselitismo, pero la pel&iacute;cula es tambi&eacute;n un musical melanc&oacute;lico que elige ilustrar cada episodio y reposar cada reflexi&oacute;n de la diva en uno de sus grandes &eacute;xitos. Arias de <em>Madame Butterfly</em>, de <em>Norma</em>, de la <em>Traviata</em> o de <em>Carmen</em>, piezas que en boca de Maria Callas ayudan a los profanos a vislumbrar el enorme talento y nos sit&uacute;an cerca de intuir el prodigio inexplicable.
    </p><p class="article-text">
        Los iniciados al <em>bel canto</em>, esos s&iacute;, tienen frente a s&iacute; dos horas de festival, un banquete de proporciones &eacute;picas, mientras los mit&oacute;manos y afectos al papel cuch&eacute; gozar&aacute;n el melodrama de una mujer cuyo deseo era tener hijos y fundar una familia, pero que se sinti&oacute; obligada por su madre y luego por su marido a seguir otro camino. &ldquo;Yo cre&iacute;a que cuando conociera a un hombre al que amara no necesitar&iacute;a cantar&rdquo;, dice en alg&uacute;n momento no sabemos si Maria o la Callas, en ambos casos un personaje tan &iacute;ntegro como conmovedor en sus convicciones.
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      <dc:creator><![CDATA[Rubén Lardín]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 May 2018 18:42:40 +0000]]></pubDate>
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