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    <title><![CDATA[elDiario.es - Roberto Ruiz]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/roberto_ruiz/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Roberto Ruiz]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Donde el bosque abraza al mar: un viaje por las Landas francesas entre playas, pinares y pequeños pueblos con encanto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/bosque-abraza-mar-viaje-landas-francesas-playas-pinares-pequenos-pueblos-encanto_1_13206149.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/11f80ae5-5285-440c-a410-f2b89f67ce64_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Donde el bosque abraza al mar: un viaje por las Landas francesas entre playas, pinares y pequeños pueblos con encanto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre Burdeos y el País Vasco francés, las Landas despliegan más de cien kilómetros de playas atlánticas, pinares interminables y pequeños pueblos donde el surf, la bicicleta y la vida al aire libre marcan el ritmo del viaje
</p><p class="subtitle">Burdeos en dos días: qué ver y hacer si vas de escapada a la capital de Aquitania</p></div><p class="article-text">
        Las Landas ocupan una amplia franja del suroeste de Francia, en la regi&oacute;n de Nueva Aquitania, entre el Atl&aacute;ntico y el interior de Gascu&ntilde;a. Es decir, un poquito m&aacute;s all&aacute; de los Pirineos. Y aunque hoy se asocian sobre todo a las playas, el surf y el bosque de pino mar&iacute;timo, durante siglos este territorio fue una enorme extensi&oacute;n de marismas, dunas y terrenos pantanosos poco habitados.
    </p><p class="article-text">
        El gran cambio lleg&oacute; en el siglo XIX, cuando Napole&oacute;n III impuls&oacute; una plantaci&oacute;n masiva de pinos para desecar el terreno y hacerlo productivo. Aquel proyecto acab&oacute; transformando por completo el paisaje y dio lugar al inmenso bosque que hoy define la regi&oacute;n, uno de los mayores de Europa Occidental. El resultado es una costa muy distinta a la de otras zonas tur&iacute;sticas francesas, menos urbanizada, m&aacute;s abierta y con el bosque y el oc&eacute;ano como principales protagonistas.
    </p><p class="article-text">
        Esa combinaci&oacute;n marca tambi&eacute;n la forma de viajar por las Landas. Lo normal es pasar de una playa atl&aacute;ntica con olas y escuelas de surf a una ruta ciclista entre pinares, a un lago de aguas tranquilas o a un peque&ntilde;o mercado local en apenas unos kil&oacute;metros. Por lo que m&aacute;s que un destino de grandes monumentos o ciudades hist&oacute;ricas, las Landas nos acogen como un territorio hecho para moverse despacio y pasar tiempo al aire libre.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Las playas de Hossegor, en las Landas.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">La costa atl&aacute;ntica: playas, surf y pueblos junto al mar</h2><p class="article-text">
        Su paisaje desde luego cautiva. Su costa se extiende durante m&aacute;s de cien kil&oacute;metros frente al Atl&aacute;ntico y est&aacute; formada por una sucesi&oacute;n de playas abiertas, dunas y pinares. De hecho, en muchos casos las localidades quedan separadas del mar por peque&ntilde;as franjas de bosque y el acceso a la playa se hace a trav&eacute;s de pasarelas o senderos entre pinos. Por lo que se consigue una sensaci&oacute;n de naturaleza poco habitual en otros destinos costeros europeos.
    </p><p class="article-text">
        En el extremo sur aparece Capbreton, el &uacute;nico puerto pesquero de las Landas. El ambiente aqu&iacute; sigue muy ligado al mar, especialmente alrededor del puerto y la lonja, donde todav&iacute;a llegan barcos de pesca. Uno de los lugares m&aacute;s reconocibles es la Estacade, una larga pasarela de madera que se adentra en el oc&eacute;ano y desde la que se ve bien el car&aacute;cter de esta costa, con playas amplias, oleaje constante y un Atl&aacute;ntico mucho m&aacute;s intenso que el pac&iacute;fico Mediterr&aacute;neo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La costa de Hossegor, en las Landas.                            </span>
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        A pocos kil&oacute;metros est&aacute;n Hossegor y Seignosse, dos de las localidades m&aacute;s vinculadas al surf en Europa. Hossegor combina playas muy conocidas entre surfistas con un ambiente animado de terrazas, cafeter&iacute;as y tiendas especializadas. Muchas de las villas construidas a comienzos del siglo XX mantienen adem&aacute;s la arquitectura vasco-landesa t&iacute;pica de la zona, as&iacute; que merece la pena detenerse a echar un ojo.
    </p><p class="article-text">
        El surf forma parte aqu&iacute; de la vida cotidiana. Hay escuelas pr&aacute;cticamente en cada playa y durante buena parte del a&ntilde;o el paisaje est&aacute; lleno de tablas, neoprenos y furgonetas aparcadas junto al oc&eacute;ano. Incluso para quienes no practican este deporte, el ambiente termina marcando el viaje, se busque o no.
    </p><p class="article-text">
        Hossegor tiene adem&aacute;s otro de los espacios m&aacute;s agradables de la zona: su lago marino, conectado con el Atl&aacute;ntico por un canal. Alrededor aparecen paseos tranquilos, peque&ntilde;as playas interiores y caba&ntilde;as ostr&iacute;colas donde probar uno de los productos m&aacute;s t&iacute;picos de la costa landesa. Si te gustan las ostras, est&aacute;s en el lugar indicado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La playa des Bourdaines, en Seignosse.                            </span>
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        Muy cerca, Seignosse mantiene un perfil algo m&aacute;s natural y tranquilo. Sus playas abiertas, como Le Penon o Les Estagnots, est&aacute;n rodeadas por dunas y pinares atravesados por carriles bici y senderos. Tambi&eacute;n aqu&iacute; se encuentra la Reserva Natural del &Eacute;tang Noir, un peque&ntilde;o humedal protegido que se recorre por pasarelas de madera.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s al norte, el ambiente cambia ligeramente en localidades como Vieux-Boucau, Mimizan o Biscarrosse. Siguen estando presentes las grandes playas atl&aacute;nticas, pero aparecen tambi&eacute;n lagos de aguas m&aacute;s calmadas y un turismo m&aacute;s familiar. Son lugares donde resulta f&aacute;cil alternar una ma&ntilde;ana de playa con rutas en bicicleta, deportes acu&aacute;ticos o paseos junto al agua.
    </p><p class="article-text">
        Si te gusta pedalear, en esta parte de las Landas se entiende especialmente bien por qu&eacute; la bicicleta es uno de los mejores medios para moverse por la regi&oacute;n. Muchas playas, lagos y pueblos est&aacute;n conectados por v&iacute;as ciclistas que atraviesan pinares y permiten hacer trayectos largos sin apenas tr&aacute;fico ni desnivel.
    </p><h2 class="article-text">Bosques, lagos y espacios naturales</h2><p class="article-text">
        Aunque la costa es la imagen m&aacute;s conocida de las Landas, el bosque ocupa gran parte del territorio y condiciona completamente el paisaje. Kil&oacute;metros de pino mar&iacute;timo cubren el interior de la regi&oacute;n y crean una red continua de caminos forestales, senderos y carriles bici.
    </p><p class="article-text">
        Cuando te mueves por esta zona consigues descubrir una cara mucho m&aacute;s tranquila (y mira que las playas son tranquilas&hellip;), especialmente alrededor de lagos y humedales. Uno de los espacios naturales m&aacute;s conocidos es el Courant d&rsquo;Huchet, un corredor de agua que conecta el lago de L&eacute;on con el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico atravesando zonas pantanosas y bosques. Tanto es as&iacute;, que el lugar suele compararse con una peque&ntilde;a Amazonia por la densidad de su vegetaci&oacute;n. Adem&aacute;s, puede recorrerse tanto a pie como en embarcaciones tradicionales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El paraíso de los ciclistas.                            </span>
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        Otro espacio importante es la Marisma de Orx, uno de los grandes humedales de la costa atl&aacute;ntica francesa y un lugar muy frecuentado por aves migratorias. Sus senderos y observatorios permiten recorrer un paisaje completamente distinto al de las playas abiertas del litoral, y adem&aacute;s suele haber visitas guiadas.
    </p><p class="article-text">
        No olvidemos que los lagos son otro de los grandes protagonistas del viaje. Los de Soustons, L&eacute;on o Biscarrosse se utilizan para practicar kayak,<em> paddle surf</em> o simplemente para pasar el d&iacute;a junto al agua. Y en verano, muchas familias combinan las playas atl&aacute;nticas con estos espacios m&aacute;s tranquilos y resguardados del viento y las olas. As&iacute; que tambi&eacute;n son el plan familiar perfecto.
    </p><h2 class="article-text">El interior land&eacute;s: termas, pueblos y tradiciones</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la costa, el interior de las Landas conserva un ambiente rural muy ligado a las tradiciones de Gascu&ntilde;a. Aqu&iacute; aparecen peque&ntilde;as localidades, plazas porticadas y ciudades termales que muestran una parte menos conocida de la regi&oacute;n, pero igualmente pintoresca.
    </p><p class="article-text">
        Dax es probablemente la m&aacute;s famosa. Sus aguas termales ya eran conocidas en &eacute;poca romana y todav&iacute;a hoy la ciudad mantiene una importante actividad vinculada al termalismo. En el centro destacan la <em>Fontaine Chaude</em>, donde el agua brota a gran temperatura, varios restos romanos y edificios de estilo art d&eacute;co construidos durante el auge termal de comienzos del siglo XX.
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                La Fontaine Chaude de Dax, en las Landas.                            </span>
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        La capital del departamento, Mont-de-Marsan, tiene un ritmo mucho m&aacute;s cotidiano y menos tur&iacute;stico. Su casco hist&oacute;rico y sus mercados ayudan a entender mejor la vida del interior land&eacute;s, lejos del ambiente surfero de la costa. Por lo que es un buen lugar para empaparse de un ambiente m&aacute;s local. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n merece la pena detenerse en pueblos como Labastide-d&rsquo;Armagnac o Saint-Justin, donde todav&iacute;a se conservan plazas medievales y casas tradicionales del sudoeste franc&eacute;s.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Gastronom&iacute;a y una forma tranquila de viajar</h2><p class="article-text">
        Llegamos a otro de los grandes atractivos de las Landas: su gastronom&iacute;a. Ver&aacute;s que cambia bastante entre la costa y el interior,&nbsp;pues en las zonas rurales siguen siendo habituales productos como el pato, el <em>foie gras,</em> los esp&aacute;rragos o el <em>armagnac, </em>mientras que junto al Atl&aacute;ntico predominan los pescados, el marisco y, como decimos, sus famosas ostras, especialmente alrededor de Hossegor y Capbreton.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Las ostras, un imprescindible en las Landas.                            </span>
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        Los mercados locales, las terrazas frente a los lagos y los peque&ntilde;os restaurantes especializados en cocina regional forman parte del viaje. Aqu&iacute; la comida suele estar muy vinculada al producto local y a una forma sencilla de comer, sin artificios, muchas veces al aire libre y sin demasiada prisa. As&iacute; que ve pensando en darte alg&uacute;n que otro homenaje, porque la experiencia merece la pena.
    </p><p class="article-text">
        Los planes son sencillos y poco exigentes. Las Landas no es un destino de grandes monumentos, ni de prisas ni de horarios. Si no de disfrutar dej&aacute;ndonos llevar por su ritmo. &iquest;Qu&eacute; apetece playa? Ah&iacute; la tienes. &iquest;Qu&eacute; preferimos movernos en bicicleta entre pinares? Tienes kil&oacute;metros y kil&oacute;metros. &iquest;Que tienes antojo de algo rico con vistas a un lago? Adelante. Piensa que a las Landas se va a disfrutar del momento, y que en ellas cada momento parece dilatarse en el tiempo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/bosque-abraza-mar-viaje-landas-francesas-playas-pinares-pequenos-pueblos-encanto_1_13206149.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 20:07:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Donde el bosque abraza al mar: un viaje por las Landas francesas entre playas, pinares y pequeños pueblos con encanto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francia,Bosques,Playas,Gastronomía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recorrer el norte de España en tren: de Bilbao a Ferrol en un viaje sin prisas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/recorrer-norte-espana-tren-bilbao-ferrol-viaje-prisas_1_13199520.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54477c3d-5a1b-411f-80c2-6edacb5c49f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Recorrer el norte de España en tren: de Bilbao a Ferrol en un viaje sin prisas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre costa, valles y pequeñas estaciones, el norte de España se puede recorrer en tren de vía estrecha de una forma poco habitual. No hay prisas ni trayectos directos, pero sí la posibilidad de viajar despacio y descubrir el paisaje parada a parada
</p><p class="subtitle">La experiencia empieza en el vagón: ocho trenes turísticos para conocer España sobre raíles</p></div><p class="article-text">
        Si hablamos de trenes hoy, todo est&aacute; orientado a acortar distancias. Pero hay otra forma de viajar en este medio de transporte en la que el tiempo no es la prioridad, sino la experiencia de mirar por la ventana y dejar que el paisaje avance poco a poco.
    </p><p class="article-text">
        En estos trenes m&aacute;s lentos, el viaje cambia de ritmo. Las estaciones dejan de ser simples paradas y pasan a formar parte del recorrido, con gente que sube y baja en trayectos cotidianos. Desde el asiento el paisaje se transforma a nuestro paso, lentamente, dej&aacute;ndonos apreciar todos sus detalles. Y es que con calma, el viaje nos permite entender el territorio mientras lo atravesamos.
    </p><p class="article-text">
        En el norte de Espa&ntilde;a todav&iacute;a es posible hacerlo. Se puede cruzar en tren de Bilbao a Ferrol enlazando l&iacute;neas regionales de v&iacute;a estrecha, la antigua FEVE, en un recorrido que invita a disfrutar del recorrido, y no solo de los destinos. No es un trayecto directo ni r&aacute;pido, pero plantea algo distinto: convertir el tren en el verdadero protagonista del viaje y construir la experiencia a medida que avanzan las estaciones, muchas de ellas con mucha historia a sus espaldas.
    </p><h2 class="article-text">El ferrocarril de v&iacute;a estrecha, hoy</h2><p class="article-text">
        Para entender este viaje en tren hay que mirar a la red sobre la que se apoya. Los trenes de v&iacute;a estrecha (tambi&eacute;n conocidos como ancho m&eacute;trico) nacieron como una soluci&oacute;n pr&aacute;ctica para moverse por un territorio complicado. En la cornisa cant&aacute;brica, con monta&ntilde;as, valles y una costa recortada, resultaba m&aacute;s viable construir l&iacute;neas m&aacute;s estrechas, con trazados flexibles que se adaptaran al terreno.
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, esas l&iacute;neas estuvieron agrupadas bajo FEVE, una empresa p&uacute;blica creada en 1965 que lleg&oacute; a gestionar m&aacute;s de mil kil&oacute;metros de v&iacute;as y a conectar decenas de peque&ntilde;as localidades. Era un tren pensado para el d&iacute;a a d&iacute;a, para trabajadores, estudiantes y vecinos de zonas rurales, as&iacute; como apoyo a la industria, m&aacute;s que para grandes desplazamientos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy esa red sigue existiendo, aunque bajo otra estructura. FEVE desapareci&oacute; como tal en 2012 y sus servicios se integraron en Renfe, mientras que las infraestructuras pasaron a Adif. El resultado es que estos trenes contin&uacute;an funcionando como l&iacute;neas de Cercan&iacute;as y Media Distancia, con la misma l&oacute;gica de siempre. No son trenes tur&iacute;sticos, ni hist&oacute;ricos, sino transporte p&uacute;blico en activo que, visto desde otra perspectiva, permite recorrer el norte de Espa&ntilde;a de una forma muy particular.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Se puede hacer este viaje en tren hoy?</h2><p class="article-text">
        La respuesta corta es s&iacute;, pero conviene matizarla. No existe un &uacute;nico tren que conecte Bilbao con Ferrol de principio a fin, ni un billete cerrado que cubra todo el recorrido. Este viaje en tren se construye enlazando distintos trayectos, con transbordos y cierta planificaci&oacute;n. De hecho, <a href="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/7a/Renfe_Feve_%28mapa%29.svg/1920px-Renfe_Feve_%28mapa%29.svg.png" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la red de ferrocarril de v&iacute;a estrecha en el norte de Espa&ntilde;a</a> va mucho m&aacute;s all&aacute;, y podr&iacute;amos incluir tambi&eacute;n destinos como Gij&oacute;n o Le&oacute;n, si as&iacute; lo quisi&eacute;ramos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, las frecuencias no son especialmente altas. En algunos tramos hay pocos trenes al d&iacute;a, lo que hace que no siempre sea f&aacute;cil bajarse a visitar un lugar y continuar inmediatamente despu&eacute;s. En la pr&aacute;ctica, eso obliga a plantear el viaje en varias jornadas, eligiendo bien d&oacute;nde parar y, en muchos casos, haciendo noche antes de seguir.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de ser un inconveniente, es parte de la propuesta. Este no es un viaje para optimizar tiempos, sino para aceptar el ritmo del tren y adaptarse a &eacute;l, disfrutando de otra manera de viajar.
    </p><h2 class="article-text">El recorrido en tren, tramo a tramo</h2><p class="article-text">
        Antes de entrar en cada tramo, conviene tener en cuenta algunas claves para organizar el viaje en tren. Las frecuencias son limitadas y algunas estaciones est&aacute;n en entornos muy peque&ntilde;os, as&iacute; que lo m&aacute;s sensato es seleccionar unas pocas paradas que realmente interesen y construir el itinerario a partir de ah&iacute;. Intentar verlo todo dif&iacute;cilmente nos saldr&aacute; bien.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es recomendable consultar horarios con antelaci&oacute;n en Renfe y asumir cierta flexibilidad. Este es un viaje en el que tiene sentido parar, dormir y continuar al d&iacute;a siguiente. Y precisamente ah&iacute; est&aacute; buena parte de su atractivo. Con esa idea, el trayecto entre Bilbao y Ferrol puede dividirse en cuatro grandes tramos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La estación de La Concordia, en Bilbao.                            </span>
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                    <ul>
                                    <li>Bilbao &ndash; Santander: entre valles y r&iacute;as</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El viaje en tren puede comenzar en <a href="https://www.eldiario.es/viajes/bilbao-guia-visita-fin-semana_1_1829237.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bilbao</a>, en la modernista estaci&oacute;n de la Concordia, y durante los primeros kil&oacute;metros se mueve entre entornos urbanos e industriales. Poco a poco, el paisaje cambia y el tren se adentra en valles cada vez m&aacute;s verdes, dejando atr&aacute;s la ciudad para entrar en una zona m&aacute;s rural.
    </p><p class="article-text">
        Una de las paradas interesantes es Karrantza, en pleno valle, con un entorno muy natural y acceso a la cueva de Pozalagua. M&aacute;s adelante, ya en Cantabria, aparece Limpias, donde el tren pasa cerca de la r&iacute;a y permite asomarse a un paisaje tranquilo, salpicado de casas se&ntilde;oriales. En Treto, por su parte, es posible desviarse hacia las playas de Laredo, una de las m&aacute;s extensas de la zona.
    </p><p class="article-text">
        Es un tramo de transici&oacute;n, en el que el viaje en tren va dejando atr&aacute;s la ciudad y empieza a mostrarnos poco a poco lo que vendr&aacute; despu&eacute;s.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Santander &ndash; Oviedo: la costa en primer plano</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        A partir de Santander, el viaje va cambiando. La l&iacute;nea comienza a acercarse al mar y, en muchos momentos, lo acompa&ntilde;a de forma intermitente. Es uno de los tramos m&aacute;s reconocibles del recorrido, con paisajes que alternan costa, prados y peque&ntilde;as localidades.
    </p><p class="article-text">
        Cabez&oacute;n de la Sal es una parada con bastante identidad, mientras que San Vicente de la Barquera ofrece una de las im&aacute;genes m&aacute;s claras del viaje, con el tren cruzando cerca del agua y los Picos de Europa al fondo en d&iacute;as despejados. Ya en Asturias, Colombres destaca por su <a href="https://www.eldiario.es/viajes/ruta-legado-indiano-asturias-casas-coloridas-cuentan-parte-historia_1_13046075.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">arquitectura indiana</a>, reflejo de quienes regresaron de Am&eacute;rica, y tanto Llanes como Ribadesella permiten combinar casco urbano y mar en muy poco espacio.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante, Nava tambi&eacute;n tiene argumentos para merecer una visita, con la sidra como elemento central. En conjunto, este tramo concentra buena parte de las paradas m&aacute;s conocidas y es donde el viaje en tren resulta m&aacute;s variado.
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            <span class="title">
                Plaza del Fontán, en Oviedo.                            </span>
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                    <ul>
                                    <li>Oviedo &ndash; Ribadeo: un ritmo m&aacute;s tranquilo</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Entre Oviedo y Ribadeo el viaje se vuelve m&aacute;s pausado. Es un tramo menos frecuentado y con una sensaci&oacute;n m&aacute;s clara de estar atravesando un territorio cotidiano, lejos de los puntos m&aacute;s tur&iacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/viajes/cudillero-pueblo-bonito-asturias_1_10278583.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cudillero</a> es una de las paradas m&aacute;s llamativas, y aunque la estaci&oacute;n est&aacute; a 2 km del n&uacute;cleo urbano, la caminata merece la pena. Cadavedo, por su parte, destaca por sus acantilados y por la ermita de la Regalina, situada en un punto elevado con buenas vistas. Luarca, conocida como la villa blanca de la costa verde, combina puerto, casco urbano y un cementerio con vistas al mar.&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Ribadeo &ndash; Ferrol: Galicia sin prisa</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo tramo del viaje introduce un cambio de ambiente. Galicia aparece con una luz distinta, con m&aacute;s presencia de r&iacute;as, vegetaci&oacute;n y peque&ntilde;as poblaciones dispersas.
    </p><p class="article-text">
        Viveiro es una de las paradas m&aacute;s completas, con un casco hist&oacute;rico bien conservado y bastante vida. M&aacute;s adelante, O Barqueiro ofrece una de las im&aacute;genes m&aacute;s interesantes del recorrido, con el tren cruzando la r&iacute;a. En Loiba, para quien tenga tiempo, est&aacute; la opci&oacute;n de acercarse al conocido banco con vistas al mar, aunque requiere caminar varios kil&oacute;metros desde la estaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ortigueira, con su r&iacute;a y su entorno natural, es otro buen punto para apreciar el paisaje antes de llegar a <a href="https://www.eldiario.es/viajes/guia-basica-descubrir-ferrol-semana_1_10204783.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ferrol</a>. La llegada no ser&aacute; tan espectacular como cuando salimos de la estaci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/viajes/pintxos-bilbao-bares-imprescindibles_1_1342666.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bilbao</a>, pero s&iacute; funciona como cierre de un recorrido largo, disfrutado poco a poco.
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                El puerto deportivo de Ferrol.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Cu&aacute;nto cuesta y cu&aacute;nto tiempo hace falta</h2><p class="article-text">
        Uno de los aspectos m&aacute;s llamativos de este viaje en tren es el precio. Los billetes de cada tramo son asequibles y, sumando todo el recorrido, el coste ronda los 40 euros. Aproximadamente, el trayecto entre Bilbao y Santander cuesta unos 7 euros, entre Santander y Oviedo unos 13, de Oviedo a Ribadeo unos 10 y de Ribadeo a Ferrol alrededor de 9.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al tiempo, hacer el recorrido completo sin parar podr&iacute;a llevar en torno a 16 o 20 horas, dependiendo de las conexiones. Para que te hagas una idea, si fueras directo de Bilbao a Santander tardar&iacute;as unas tres horas y media, de Santander a Oviedo unas cinco horas y media, de Oviedo a Ribadeo algo m&aacute;s de cuatro horas, y de Ribadeo a Ferrol poco m&aacute;s de tres horas. Sin embargo, lo m&aacute;s razonable es repartirlo en varios d&iacute;as. Un itinerario de entre cuatro y siete jornadas permite disfrutar del viaje en tren con cierta calma, eligiendo bien tus paradas y, desde luego, siendo muy consciente de haber dejado las prisas en casa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/recorrer-norte-espana-tren-bilbao-ferrol-viaje-prisas_1_13199520.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2026 20:22:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Recorrer el norte de España en tren: de Bilbao a Ferrol en un viaje sin prisas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trenes,Cantabria,Bilbao,Santander,Galicia,Euskadi]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Navarra a Canarias pasando por Almería: un recorrido por los desiertos que esconde España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/navarra-canarias-pasando-almeria-recorrido-desiertos-esconde-espana_1_13185688.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c84dfb2-2eaa-4f46-9a0a-22627a667d66_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Navarra a Canarias pasando por Almería: un recorrido por los desiertos que esconde España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lejos de la imagen clásica de dunas infinitas, los desiertos de España adoptan formas muy distintas. Badlands, estepas o paisajes volcánicos que aparecen en lugares como Gorafe, las Bardenas Reales o Los Monegros</p><p class="subtitle">Consejos de viajero a viajero: todo lo que necesitas saber para visitar Albania por primera vez</p></div><p class="article-text">
        Aunque en el imaginario colectivo un desierto es un mar de arena cruzado por camellos, en realidad hay muchos tipos de desiertos: c&aacute;lidos, fr&iacute;os, volc&aacute;nicos, costeros, interiores, rocosos, lunares, salados... Porque la principal caracter&iacute;stica de un desierto no es su aspecto, sino la falta de lluvias. Y bajo esa definici&oacute;n, Espa&ntilde;a cuenta con varios ejemplos repartidos por su geograf&iacute;a, algunos m&aacute;s evidentes y otros bastante inesperados.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro pa&iacute;s predominan los climas &aacute;ridos y semi&aacute;ridos, con precipitaciones escasas y muy irregulares, temperaturas que pueden ser extremas y una vegetaci&oacute;n adaptada a sobrevivir con muy poca agua. De ah&iacute; surgen paisajes tan caracter&iacute;sticos como las c&aacute;rcavas, los barrancos o las llamadas <em>badlands</em>, moldeados por la erosi&oacute;n durante miles de a&ntilde;os. Adem&aacute;s, aunque a simple vista puedan parecer lugares vac&iacute;os, muchos de estos espacios albergan una biodiversidad sorprendente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este recorrido nos detenemos en algunos de los desiertos m&aacute;s representativos de Espa&ntilde;a. Desde el de Tabernas, en Almer&iacute;a, hasta las formaciones rojizas de Gorafe, las estepas del valle del Ebro como las Bardenas Reales o Los Monegros, y los paisajes volc&aacute;nicos y de dunas de Canarias. Un mapa diverso y variado que demuestra que, sin salir de Espa&ntilde;a, tambi&eacute;n es posible adentrarse en territorios extremos.
    </p><h2 class="article-text">Andaluc&iacute;a: el epicentro &aacute;rido</h2><p class="article-text">
        Si hay una comunidad donde el paisaje des&eacute;rtico se manifiesta con m&aacute;s claridad, esa es Andaluc&iacute;a. Aqu&iacute; se concentran varios de los ejemplos m&aacute;s representativos, cada uno con un origen y unas formas distintas, pero todos marcados por la escasez de agua y la erosi&oacute;n.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Desierto de Tabernas (Almer&iacute;a)</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        El de Tabernas es, con diferencia, el m&aacute;s conocido. Y tambi&eacute;n el m&aacute;s singular: est&aacute; considerado <a href="https://www.dipalme.org/Servicios/cmsdipro/index.nsf/informacion.xsp?p=Turismo&amp;documentId=A318902C09415062C1258895003C6505&amp;f=blog.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el &uacute;nico desierto propiamente dicho de Europa continental</a>. Las precipitaciones no llegan a los 250 mm anuales y su ubicaci&oacute;n, encajado entre las sierras de los Filabres y Alhamilla, act&uacute;a como una barrera que bloquea la humedad del Mediterr&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un paisaje de c&aacute;rcavas, ramblas y barrancos que parecen sacados de otro continente. En realidad, hace millones de a&ntilde;os todo este territorio estaba cubierto por el mar, y esa historia geol&oacute;gica todav&iacute;a se puede leer en sus formaciones, con f&oacute;siles y sedimentos que convierten la zona en un aut&eacute;ntico museo al aire libre.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su apariencia, Tabernas no es un lugar vac&iacute;o. Alberga una fauna adaptada a condiciones extremas y una flora con numerosos endemismos. Eso s&iacute;, su imagen m&aacute;s popular sigue ligada al cine, ya durante d&eacute;cadas fue escenario habitual de los <em>spaghetti western</em>, y a&uacute;n hoy conserva parte de ese aire de decorado natural.
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            <span class="title">
                Desierto de Tabernas, en Almería.                            </span>
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                    <ul>
                                    <li>Desierto de Gorafe y Los Coloraos (Granada)</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En el norte de Granada, el paisaje cambia de forma pero no de esencia. El desierto de Gorafe y el paraje de Los Coloraos forman uno de los sistemas de <em>badlands</em> m&aacute;s espectaculares de Europa. Aqu&iacute; dominan los tonos rojizos, ocres y amarillos, que var&iacute;an seg&uacute;n la luz del d&iacute;a y refuerzan la sensaci&oacute;n de estar en un terreno extremo.
    </p><p class="article-text">
        La erosi&oacute;n del agua durante milenios ha esculpido un relieve de c&aacute;rcavas, ca&ntilde;ones y lomas que se extiende por la depresi&oacute;n de Guadix-Baza. Pero este no es solo un espacio natural, tambi&eacute;n es un lugar con un importante valor hist&oacute;rico. En la zona se conserva uno de los mayores conjuntos de d&oacute;lmenes de Europa, con m&aacute;s de 240 estructuras megal&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Esa combinaci&oacute;n de paisaje y patrimonio convierte a Gorafe en un destino distinto, donde el inter&eacute;s no est&aacute; solo en lo que se ve, sino tambi&eacute;n en lo que nos cuentan sus piedras.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Desierto de Larva (Ja&eacute;n)</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Mucho menos conocido, el desierto de Larva es uno de esos lugares que rara vez aparecen en las rutas m&aacute;s populares. Situado en la comarca de Sierra M&aacute;gina, en el municipio menos poblado de la provincia de Ja&eacute;n, ofrece un paisaje de lomas desnudas, barrancos arcillosos y amplios horizontes.
    </p><p class="article-text">
        Se extiende por m&aacute;s de 57.000 hect&aacute;reas y, aunque comparte rasgos con otros entornos &aacute;ridos, mantiene una identidad propia. La erosi&oacute;n ha modelado un terreno irregular, donde la vegetaci&oacute;n es escasa pero resistente, y donde el silencio y la sensaci&oacute;n de aislamiento lo llenan todo.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, su cercan&iacute;a a espacios naturales como Sierra M&aacute;gina y Cazorla refuerza ese contraste entre zonas verdes y &aacute;reas m&aacute;s secas. Podemos decir que es un desierto discreto, pero con mucha personalidad.
    </p><h2 class="article-text">El valle del Ebro: estepas del norte</h2><p class="article-text">
        Lejos del sur, el paisaje des&eacute;rtico aparece tambi&eacute;n en el norte, en un entorno que sorprende por su proximidad a zonas de alta monta&ntilde;a. En el valle del Ebro se concentran dos de los grandes espacios semi&aacute;ridos del pa&iacute;s.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Bardenas Reales (Navarra y Arag&oacute;n<strong>)</strong></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        A unos 70 kil&oacute;metros de los Pirineos, las Bardenas Reales rompen cualquier expectativa. M&aacute;s de 42.000 hect&aacute;reas de terreno &aacute;rido, sin n&uacute;cleos urbanos, donde el viento y el agua han ido modelando un paisaje de aspecto casi lunar.
    </p><p class="article-text">
        Las formaciones m&aacute;s caracter&iacute;sticas son los llamados &ldquo;cabezos&rdquo;, cerros aislados coronados por roca m&aacute;s dura, entre los que destaca Castildetierra, convertido en s&iacute;mbolo del parque. El conjunto se divide en varias zonas, siendo la Bardena Blanca la m&aacute;s &aacute;rida y fotografiada, y la Bardena Negra la que concentra algo m&aacute;s de vegetaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Declaradas Reserva de la Biosfera, las Bardenas son tambi&eacute;n un espacio fr&aacute;gil, donde la erosi&oacute;n sigue actuando y donde cada forma responde a un proceso geol&oacute;gico muy concreto. Aun as&iacute;, su accesibilidad permite recorrerlas a pie, en bici o en coche por pistas autorizadas.
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            <span class="title">
                Parque Natural de las Bardenas Reales                            </span>
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                    <ul>
                                    <li>Los Monegros (Zaragoza y Huesca)</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        M&aacute;s extensos todav&iacute;a son Los Monegros, una enorme estepa subdes&eacute;rtica que se reparte entre Zaragoza y Huesca. Con m&aacute;s de 270.000 hect&aacute;reas, es uno de los paisajes m&aacute;s singulares de la pen&iacute;nsula.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; el terreno combina llanuras &aacute;ridas, montes bajos, lagunas saladas y sierras como la de Alcubierre, que introduce un contraste evidente en medio de la sequedad. La escasez de lluvias y la salinidad del suelo explican en gran parte este aspecto, aunque tambi&eacute;n hay una explicaci&oacute;n hist&oacute;rica: la tala masiva de bosques en el pasado contribuy&oacute; a acentuar la aridez.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de ello, Los Monegros destacan por su biodiversidad. Se han catalogado numerosas de especies, muchas de ellas adaptadas a estas condiciones. Es un paisaje abierto, de horizontes realmente lejanos.
    </p><h2 class="article-text">Islas Canarias: paisajes volc&aacute;nicos y de arena</h2><p class="article-text">
        Si en la pen&iacute;nsula dominan los desiertos de tipo continental, en Canarias el paisaje &aacute;rido tiene un marcado car&aacute;cter volc&aacute;nico y, en algunos casos, claramente africano.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Parque Nacional de Timanfaya (Lanzarote)</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/viajes/timanfaya-cachito-marte-tierra_1_1676950.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Timanfaya</a> es, probablemente, uno de los paisajes m&aacute;s impactantes de Espa&ntilde;a. Su origen est&aacute; en las erupciones volc&aacute;nicas del siglo XVIII, que durante varios a&ntilde;os cubrieron gran parte de Lanzarote con lava y ceniza.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, ese territorio est&aacute; formado por campos de lava solidificada, conos volc&aacute;nicos y suelos oscuros donde apenas crece la vegetaci&oacute;n. No pienses en un desierto de arena, Timanfaya es un desierto geol&oacute;gico, donde lo que domina es la roca.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, no es un paisaje muerto. Bajo la superficie siguen registr&aacute;ndose altas temperaturas, y el parque funciona como un laboratorio natural para estudiar la actividad volc&aacute;nica. La visita est&aacute; muy regulada, precisamente para proteger un entorno tan fr&aacute;gil como singular.
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            <span class="title">
                Parque Nacional de Timanfaya, Lanzarote                            </span>
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                    <ul>
                                    <li>Corralejo y Jand&iacute;a (Fuerteventura)</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En Fuerteventura, el desierto s&iacute; se acerca m&aacute;s a la imagen cl&aacute;sica. En Corralejo, al norte de la isla, se extiende un campo de dunas de arena blanca que se funde con el Atl&aacute;ntico. Son m&aacute;s de 2.000 hect&aacute;reas de arena modelada por el viento, con playas que refuerzan esa sensaci&oacute;n de estar efectivamente en otro continente.
    </p><p class="article-text">
        Al sur, la pen&iacute;nsula de Jand&iacute;a ofrece un paisaje diferente, m&aacute;s abrupto, con grandes barrancos y un clima especialmente duro. Es tambi&eacute;n un espacio con numerosos endemismos, donde la vida se adapta a condiciones muy exigentes.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Dunas de Maspalomas (Gran Canaria)</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En Gran Canaria, el sistema dunar de Maspalomas completa este recorrido por los desiertos insulares. Aqu&iacute; las dunas conviven con una laguna y un palmeral, formando un ecosistema singular junto al mar.
    </p><p class="article-text">
        Es uno de los paisajes m&aacute;s reconocibles del archipi&eacute;lago y, al mismo tiempo, uno de los m&aacute;s delicados. El movimiento constante de la arena y la presi&oacute;n tur&iacute;stica obligan a mantener medidas de conservaci&oacute;n para preservar su equilibrio.
    </p><h2 class="article-text">Otros rincones sorprendentes</h2><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Desierto de Mahoya (Murcia)</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Entre los municipios murcianos de Abanilla y Fortuna se esconde otro de esos paisajes inesperados. El desierto de Mahoya no es tan conocido como otros, pero ofrece una estampa muy caracter&iacute;stica, con relieves suaves, tonos claros y una apariencia que recuerda, en algunos puntos, a un paisaje lunar.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; la aridez se combina con la presencia puntual de palmeras, creando peque&ntilde;os oasis que rompen la dureza del terreno. Es un buen ejemplo de c&oacute;mo, incluso en zonas menos extensas, las condiciones clim&aacute;ticas y geol&oacute;gicas pueden dar lugar a entornos des&eacute;rticos y pintorescos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/navarra-canarias-pasando-almeria-recorrido-desiertos-esconde-espana_1_13185688.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 19:30:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De Navarra a Canarias pasando por Almería: un recorrido por los desiertos que esconde España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Desierto,Almería,Canarias,Granada]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Consejos de viajero a viajero: todo lo que necesitas saber para visitar Albania por primera vez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/consejos-viajero-viajero-necesitas-visitar-albania-primera-vez_1_13180708.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66da20df-c4f5-4805-a15e-435d4966e574_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Consejos de viajero a viajero: todo lo que necesitas saber para visitar Albania por primera vez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si vas a viajar a Albania y quieres aprovecharlo bien, hay varios detalles que conviene tener claros: cuándo ir, cómo moverse, qué presupuesto necesitas, qué debes probar o qué lugares no deberías perderte. Esta guía práctica te ayudará a organizar el viaje de principio a fin
</p><p class="subtitle">Un viaje al fin del comunismo en Albania: recorremos el país y su historia con la literatura de Lea Ypi como guía</p></div><p class="article-text">
        Hace no muchos a&ntilde;os, Albania era un destino poco conocido y un poco olvidado, que apenas aparec&iacute;a en los mapas tur&iacute;sticos de Europa. Pero la cosa est&aacute; cambiando. En los &uacute;ltimos tiempos Albania ha empezado a ganar fama gracias a su combinaci&oacute;n de playas de aguas transparentes, ciudades hist&oacute;ricas y paisajes de monta&ntilde;a que todav&iacute;a conservan un punto salvaje. Y s&iacute;, sigue siendo m&aacute;s asequible que muchos de sus vecinos, pero cada temporada llegan m&aacute;s viajeros.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es un pa&iacute;s en plena transformaci&oacute;n. Las infraestructuras mejoran, el turismo crece y algunos lugares empiezan a cambiar r&aacute;pido. Por eso, si te ronda la idea por la cabeza, quiz&aacute; este sea un buen momento para ir. Todav&iacute;a mantiene ese equilibrio entre lo aut&eacute;ntico y lo accesible que cuesta encontrar en otros destinos europeos.
    </p><p class="article-text">
        Si va a ser tu primera vez en Albania, aqu&iacute; tienes una gu&iacute;a pr&aacute;ctica con todo lo que necesitas saber antes de viajar: desde cu&aacute;ndo ir o c&oacute;mo moverte, hasta trucos concretos que te evitar&aacute;n errores bastante habituales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La arquitectura de Berat, en Albania.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Documentaci&oacute;n y requisitos de entrada</h2><p class="article-text">
        Si viajas desde Espa&ntilde;a, puedes entrar en Albania con DNI o pasaporte en vigor, sin necesidad de visado para estancias tur&iacute;sticas de hasta 90 d&iacute;as. Aun as&iacute;, lo m&aacute;s recomendable es llevar ambos documentos y asegurarte de que tengan al menos tres meses de validez.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda que Albania no forma parte del espacio Schengen. Y si tienes pensado alquilar coche, necesitar&aacute;s el carnet de conducir internacional, ya que el espa&ntilde;ol no est&aacute; reconocido por las autoridades.
    </p><h2 class="article-text">Sanidad y seguro de viaje</h2><p class="article-text">
        Aqu&iacute; conviene no jug&aacute;rsela: la Tarjeta Sanitaria Europea no es v&aacute;lida en Albania. Eso significa que cualquier asistencia m&eacute;dica tendr&aacute;s que pagarla o cubrirla con un seguro.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el nivel sanitario no es comparable al de otros pa&iacute;ses europeos, sobre todo fuera de las grandes ciudades. Por eso, viajar con seguro no es opcional, es pr&aacute;cticamente imprescindible.
    </p><p class="article-text">
        Si tomas medicaci&oacute;n habitual es mejor llevarla desde casa, porque no siempre encontrar&aacute;s equivalentes all&iacute;.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Es seguro viajar a Albania?</h2><p class="article-text">
        S&iacute;, viajar a Albania es seguro. La sensaci&oacute;n sobre el terreno es de tranquilidad, incluso en ciudades grandes como Tirana.
    </p><p class="article-text">
        Los problemas habituales son los mismos que en cualquier destino, como peque&ntilde;os descuidos o situaciones puntuales. Nada especialmente preocupante si viajamos con sentido com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Donde s&iacute; conviene prestar m&aacute;s atenci&oacute;n es al volante. La conducci&oacute;n puede ser algo ca&oacute;tica y las normas no siempre se respetan como esperar&iacute;as.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Butrinto, en Albania.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Cu&aacute;ndo viajar a Albania (y cu&aacute;ndo no)</h2><p class="article-text">
        El clima cambia bastante seg&uacute;n la zona. En la costa encontrar&aacute;s temperaturas t&iacute;picamente mediterr&aacute;neas, con veranos muy calurosos e inviernos suaves. En el interior y en las monta&ntilde;as, el invierno puede ser fr&iacute;o y con nieve.
    </p><p class="article-text">
        Si buscas el mejor momento, la respuesta es clara: finales de primavera (mayo-junio) y principios de oto&ntilde;o (septiembre). Tendr&aacute;s buen tiempo, menos gente y precios m&aacute;s contenidos.
    </p><p class="article-text">
        Julio y agosto son otra historia. El calor es intenso, hay m&aacute;s turismo y tambi&eacute;n subida de precios, sobre todo en la Riviera Albanesa. Se puede viajar, pero conviene adaptarse madrugando m&aacute;s, evitando las horas centrales y reservando con m&aacute;s antelaci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Cu&aacute;ntos d&iacute;as dedicar y c&oacute;mo organizar la ruta</h2><p class="article-text">
        Albania no es grande, pero moverse lleva m&aacute;s tiempo del que parece.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>M&iacute;nimo recomendable: siete d&iacute;as</li>
                                    <li>Ideal: 10 d&iacute;as</li>
                                    <li>Perfecto: dos semanas</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Con una semana puedes ver lo esencial: Tirana, Berat, Gjirokast&euml;r y algo de costa. Con 10 d&iacute;as ya puedes a&ntilde;adir la Riviera Albanesa con calma. Y si tienes dos semanas, merece la pena subir a los Alpes Albaneses.
    </p><p class="article-text">
        Cuando comiences a organizar el viaje, hay cuatro decisiones clave que te van a facilitar todo:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Elegir bien la &eacute;poca: condiciona totalmente la experiencia.</li>
                                    <li>Definir una ruta b&aacute;sica: aunque luego improvises, evita p&eacute;rdidas de tiempo. Algo equilibrado contemplar&iacute;a el interior hist&oacute;rico (Berat y Gjirokast&euml;r), algo de sur y playas (Ksamil, Himar&euml;) y tambi&eacute;n con monta&ntilde;a (Theth o Valbona).</li>
                                    <li>Reservar alojamiento con antelaci&oacute;n en verano, sobre todo en la costa.</li>
                                    <li>Valorar alquilar coche desde el inicio, ya que cambia por completo el viaje.</li>
                            </ul>
            </div><h2 class="article-text">C&oacute;mo llegar a Albania</h2><p class="article-text">
        La puerta de entrada habitual es el aeropuerto de Tirana, con vuelos directos desde Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n puedes plantearte alternativas, como volar a Dubrovnik (Croacia) y entrar por carretera o llegar en ferri desde Italia o Grecia si est&aacute;s haciendo una ruta m&aacute;s amplia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Gjirokasrër, en Albania.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">C&oacute;mo moverse por Albania</h2><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Alquilar coche (la mejor opci&oacute;n)</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Es la forma m&aacute;s c&oacute;moda de recorrer el pa&iacute;s. Te da libertad total y te permite llegar a lugares donde el transporte p&uacute;blico no llega o lo hace mal.
    </p><p class="article-text">
        Las carreteras han mejorado mucho, pero siguen siendo lentas en muchos tramos. No necesitas 4x4, pero s&iacute; paciencia.
    </p><p class="article-text">
        Y un consejo clave: revisa siempre la ruta antes de salir. El GPS a veces propone carreteras secundarias poco pr&aacute;cticas.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Transporte p&uacute;blico</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Existe y es barato, pero no es especialmente fiable. Funciona con autobuses y furgonetas compartidas.
    </p><p class="article-text">
        Las furgonetas <em>(furgons)</em> son muy habituales, no tienen horarios fijos y salen cuando se llenan. Son una forma interesante de moverse, pero requieren flexibilidad.
    </p><p class="article-text">
        En Tirana, adem&aacute;s, hay que tener en cuenta que las rutas se organizan por zonas (sur y norte) dentro de la misma terminal, lo que puede resultar confuso al principio.
    </p><p class="article-text">
        Cuando te vayas a mover, calcula siempre m&aacute;s tiempo del que indica Google Maps, pregunta a locales si tienes dudas con rutas o estaciones, y evita planificar trayectos demasiado ajustados.
    </p><h2 class="article-text">Alojamiento: d&oacute;nde dormir y qu&eacute; tener en cuenta</h2><p class="article-text">
        Hay opciones para todos los presupuestos: hoteles, apartamentos y peque&ntilde;as casas familiares (<em>bujtinas</em>), que suelen ser de lo m&aacute;s interesante del viaje.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; van unos cuantos consejos pr&aacute;cticos:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Revisa bien la ubicaci&oacute;n, sobre todo en ciudades hist&oacute;ricas.</li>
                                    <li>Si viajas en coche, aseg&uacute;rate de que hay aparcamiento.</li>
                                    <li>En la Riviera Albanesa, reserva con antelaci&oacute;n en verano, porque lo bueno vuela r&aacute;pido.</li>
                            </ul>
            </div><h2 class="article-text">Dinero, precios y presupuesto</h2><p class="article-text">
        La moneda oficial es el <em>lek</em> alban&eacute;s (ALL). Aunque en zonas tur&iacute;sticas aceptan euros, el cambio no suele ser favorable. Por lo que si pagas siempre en euros, acabar&aacute;s perdiendo dinero.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s pr&aacute;ctico es pagar en efectivo en moneda local. Las tarjetas no siempre se aceptan, especialmente fuera de las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a precios, Albania sigue siendo un destino econ&oacute;mico:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Comer en restaurante: 5&ndash;10&euro;</li>
                                    <li>Caf&eacute;: alrededor de 1&euro;</li>
                                    <li>Alojamiento medio: 30&ndash;60&euro;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Por lo que si calculamos un presupuesto orientativo:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Ajustado: 30&ndash;40&euro;/d&iacute;a</li>
                                    <li>Medio: 50&ndash;70&euro;/d&iacute;a</li>
                                    <li>M&aacute;s c&oacute;modo: 80&euro; en adelante</li>
                            </ul>
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            <span class="title">
                Valbonë, en Albania.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Internet y m&oacute;vil</h2><p class="article-text">
        Aqu&iacute; hay que tenerlo claro: no hay <em>roaming</em> europeo. Usar tu tarifa espa&ntilde;ola puede salir caro, o muy caro. De modo que las opciones recomendadas ser&iacute;an hacerte con una eSIM antes de viajar, que es lo m&aacute;s c&oacute;modo, o con una SIM local una vez all&iacute;, preferiblemente en la ciudad, ya que ser&aacute; m&aacute;s barata que en el aeropuerto.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay wifi en muchos alojamientos y restaurantes, pero no siempre fiable para moverte o usar mapas.
    </p><h2 class="article-text">Idioma y comunicaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        El idioma oficial es el alban&eacute;s, y no, no es f&aacute;cil. La buena noticia es que cada vez m&aacute;s gente habla ingl&eacute;s, sobre todo en zonas tur&iacute;sticas. Aun as&iacute;, aprender unas palabras b&aacute;sicas siempre ayuda:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Hola: <em>p&euml;rsh&euml;ndetje</em></li>
                                    <li>Gracias:<em> faleminderit</em></li>
                                    <li>Por favor: <em>t&euml; lutem</em></li>
                            </ul>
            </div><h2 class="article-text">Comida t&iacute;pica: qu&eacute; probar s&iacute; o s&iacute;</h2><p class="article-text">
        La cocina albanesa es sencilla, sabrosa y basada en producto local. Se nota la mezcla de influencias mediterr&aacute;neas y balc&aacute;nicas, y eso suele hacer que terminemos chup&aacute;ndonos los dedos.
    </p><p class="article-text">
        Apunta cuatro platos que siempre merece la pena probar:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><em>Byrek</em>: empanada rellena, con variedad de opciones, perfecta para cualquier momento.</li>
                                    <li><em>Tav&euml; Kosi</em>: cordero con yogur al horno, es el plato nacional.</li>
                                    <li><em>F&euml;rges&euml;:</em> cazuela con carne (o h&iacute;gado), pimientos, tomate y queso.</li>
                                    <li><em>Qofte</em>: alb&oacute;ndigas de carne especiada a la parrilla.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Comer fuera es barato y las raciones suelen ser generosas. Eso s&iacute;, si eres vegetariano o vegano, tendr&aacute;s menos opciones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Korça, en Albania.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Imprescindibles que no te puedes perder</h2><p class="article-text">
        Albania combina varios tipos de viaje en uno:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Ciudades hist&oacute;ricas: Berat y Gjirokast&euml;r.</li>
                                    <li>Capital: Tirana, ca&oacute;tica pero interesante.</li>
                                    <li>Costa: Riviera Albanesa, con playas espectaculares.</li>
                                    <li>Naturaleza: Alpes Albaneses, ideales para senderismo.</li>
                                    <li>Curiosidades: el Blue Eye, un manantial de color intenso.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        La clave si quieres conseguir un viaje equilibrado es combinar al menos dos o tres de estos bloques.
    </p><h2 class="article-text">Electricidad y enchufes</h2><p class="article-text">
        Sin problemas: mismos enchufes que en Espa&ntilde;a (tipo C y F) y voltaje de 230V. No necesitas adaptador.
    </p><h2 class="article-text">Recapitulando consejos pr&aacute;cticos finales</h2><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Calcula m&aacute;s tiempo del que dice Google Maps.</li>
                                    <li>Lleva siempre algo de efectivo.</li>
                                    <li>Descarga mapas <em>offline</em> antes de salir.</li>
                                    <li>Evita beber agua del grifo.</li>
                                    <li>Ten paciencia: aqu&iacute; las cosas funcionan a otro ritmo.</li>
                                    <li>Habla con la gente local: es parte del viaje.</li>
                                    <li>Y por &uacute;ltimo: ve con la mente abierta. Albania no es un destino muy tur&iacute;stico y eso hace que no sea el destino ideal para todos, pero precisamente ah&iacute; est&aacute; gran parte de su encanto.</li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/consejos-viajero-viajero-necesitas-visitar-albania-primera-vez_1_13180708.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 20:09:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Consejos de viajero a viajero: todo lo que necesitas saber para visitar Albania por primera vez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Albania,Guías Turísticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gaudí 2026: una ruta por su legado fuera de Catalunya en el centenario de su muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/gaudi-2026-ruta-legado-fuera-catalunya-centenario-muerte_1_13169944.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd5c3f13-f2a5-40ae-9555-3417e8ab0a88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gaudí 2026: una ruta por su legado fuera de Catalunya en el centenario de su muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En junio de 2026 se cumplen 100 años de la muerte de Antoni Gaudí. León, Astorga y Comillas trazan un itinerario breve pero intenso para descubrir sus grandes obras fuera de Catalunya
</p><p class="subtitle">Escapadas para el puente de mayo: cinco destinos internacionales llenos de planes a pocas horas</p></div><p class="article-text">
        En junio de 2026 se cumplen 100 a&ntilde;os de la muerte de Antoni Gaud&iacute;, una de las figuras clave de la arquitectura moderna y el gran nombre del modernismo en Espa&ntilde;a. Su legado est&aacute; inevitablemente ligado a Barcelona, donde se concentran algunas de sus obras m&aacute;s conocidas, pero su huella va mucho m&aacute;s all&aacute; de la capital catalana.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, el centenario es una buena excusa para mirar hacia otros lugares menos evidentes y plantear una escapada diferente, con una ruta por el norte de Espa&ntilde;a que conecta tres de sus proyectos m&aacute;s singulares fuera de Catalunya. A este itinerario se podr&iacute;a sumar, aunque en otro plano, su intervenci&oacute;n en la Catedral de Mallorca, donde trabaj&oacute; en tareas de restauraci&oacute;n entre 1903 y 1914. A pesar de que el templo, como tal, remonta sus or&iacute;genes al siglo XIII.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque la principal fama se la llevan las obras que Gaud&iacute; llev&oacute; a cabo en Barcelona y su entorno, hay tres edificios fuera de Catalunya que se pueden visitar hoy en un recorrido bastante compacto. Hablamos de la Casa Botines, en Le&oacute;n, un edificio concebido como vivienda y espacio comercial que hoy funciona como museo; del Palacio Episcopal de Astorga (Le&oacute;n), una imponente construcci&oacute;n neog&oacute;tica con aire de castillo que alberga el Museo de los Caminos; y de El Capricho, en Comillas (Cantabria), una de sus primeras obras, donde ya aparecen muchas de las ideas que marcar&iacute;an su arquitectura.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Qui&eacute;n fue Gaud&iacute; y por qu&eacute; sigue marcando la arquitectura?</h2><p class="article-text">
        Hablar de Antoni Gaud&iacute; es hablar de una manera muy particular de entender la arquitectura. Nacido en el Campo de Tarragona (Reus o Riudoms) en 1852 y fallecido en Barcelona en 1926, desarroll&oacute; un lenguaje propio que lo convirti&oacute; en el m&aacute;ximo exponente del modernismo en Espa&ntilde;a. Hijo de un calderero, desde joven estuvo en contacto con el trabajo artesanal del metal, algo que marcar&iacute;a su capacidad para entender el volumen, la geometr&iacute;a y las estructuras de una forma muy intuitiva.
    </p><p class="article-text">
        Su arquitectura no se limita a lo est&eacute;tico. Gaud&iacute; conceb&iacute;a cada edificio como un conjunto en el que estructura, funci&oacute;n y decoraci&oacute;n formaban un todo de forma coherente. La naturaleza fue una de sus grandes fuentes de inspiraci&oacute;n, tanto en lo formal como en lo constructivo, y eso se traduce en soluciones innovadoras y en un uso muy particular de los materiales, como el trencad&iacute;s (su caracter&iacute;stico mosaico con piezas cer&aacute;micas) que se ha convertido en una de sus se&ntilde;as de identidad.
    </p><p class="article-text">
        Aunque su obra m&aacute;s famosa est&aacute; en Barcelona, con ejemplos como <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/sagrada-familia-coloca-ultima-pieza-torre-alta-encara-recta-final-construccion_1_13005492.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Sagrada Familia</a>, el Park G&uuml;ell o la Casa Batll&oacute;, estos proyectos fuera de Catalunya permiten entender mejor su evoluci&oacute;n. En ellos se ve a un Gaud&iacute; en transici&oacute;n, todav&iacute;a influido por el neog&oacute;tico o por corrientes orientalizantes, pero ya experimentando con muchas de las ideas que despu&eacute;s desarrollar&iacute;a en sus obras m&aacute;s conocidas.
    </p><h2 class="article-text">Casa Botines (Le&oacute;n): un edificio pensado para vivir y trabajar</h2><p class="article-text">
        En pleno centro de Le&oacute;n, la Casa Botines es probablemente la obra de Gaud&iacute; que mejor se integra en un entorno urbano convencional, aunque solo a primera vista. Construida a finales del siglo XIX por encargo de unos comerciantes textiles vinculados al entorno de Eusebi G&uuml;ell, el edificio responde a una idea muy pr&aacute;ctica: combinar espacio comercial y viviendas en un mismo inmueble.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un edificio de apariencia casi medieval, con torres en las esquinas y una fachada sobria que mezcla referencias g&oacute;ticas y soluciones modernas. Gaud&iacute; dise&ntilde;&oacute; una estructura funcional y avanzada para su tiempo: planta baja para el negocio, s&oacute;tano como almac&eacute;n, una planta principal para los propietarios y pisos superiores destinados al alquiler. Fue, de hecho, su primera casa de vecinos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La fachada principal de la Casa Botines, en León.                            </span>
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        Hoy, la Casa Botines es el Museo Casa Botines Gaud&iacute;, y la visita permite entender tanto el edificio como la figura del arquitecto. El recorrido incluye estancias originales, detalles constructivos como el uso del hierro o la madera, y el acceso al torre&oacute;n hist&oacute;rico de 1893. Adem&aacute;s, alberga una colecci&oacute;n de arte con obras de Francisco de Goya, Joaqu&iacute;n Sorolla o Salvador Dal&iacute;, lo que a&ntilde;ade inter&eacute;s m&aacute;s all&aacute; de la arquitectura. Y si quieres un dato de inter&eacute;s para completar tu visita, es curioso saber que en 1953, durante una restauraci&oacute;n de la estatua de San Jorge y el drag&oacute;n que preside la fachada, se encontr&oacute; un tubo de plomo con los planos originales firmados por Gaud&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De cara a la visita, hay varias opciones, tanto de forma libre como guiada. Tambi&eacute;n conviene echar un vistazo a la programaci&oacute;n cultural, porque el museo organiza exposiciones temporales, talleres y actividades durante todo el a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Y ya que est&aacute;s en Le&oacute;n, merece la pena completar la jornada. La catedral de Le&oacute;n est&aacute; a pocos minutos, igual que el barrio H&uacute;medo, donde se concentra buena parte del ambiente gastron&oacute;mico de la ciudad.
    </p><h2 class="article-text">Palacio Episcopal de Astorga: el Gaud&iacute; m&aacute;s monumental</h2><p class="article-text">
        A unos 40 kil&oacute;metros de Le&oacute;n, en Astorga, el Palacio Episcopal de Gaud&iacute; es una de sus obras m&aacute;s llamativas fuera de Catalunya. El encargo llega tras el incendio del antiguo palacio en 1886, y el arquitecto proyecta un edificio completamente nuevo que conecta con el pasado medieval de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un conjunto de estilo neog&oacute;tico construido en granito del Bierzo, que combina rasgos de castillo, templo y residencia se&ntilde;orial. Las torres, los ventanales apuntados y, sobre todo, el foso que rodea el edificio, refuerzan esa est&eacute;tica. Gaud&iacute; dirigi&oacute; las obras hasta 1893, pero tras la muerte del obispo Grau abandon&oacute; el proyecto, que ser&iacute;a terminado a&ntilde;os despu&eacute;s por el arquitecto Ricardo Garc&iacute;a Guereta.
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                El Palacio de Gaudí, en Astorga                            </span>
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        En el interior, el recorrido incluye espacios como la capilla, el sal&oacute;n del trono o distintas salas con vidrieras y elementos decorativos modernistas. Hoy el edificio alberga el Museo de los Caminos, vinculado al Camino de Santiago, lo que a&ntilde;ade un extra a la visita.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; hay un punto especialmente interesante: adem&aacute;s de la visita general (libre o guiada), existe la experiencia del &ldquo;Palacio Escondido&rdquo;, que permite acceder a zonas que hasta hace poco no estaban abiertas al p&uacute;blico. Incluye, entre otras cosas, la subida a la parte superior del edificio gracias a un ascensor panor&aacute;mico instalado recientemente, algo que mejora y ampl&iacute;a la vivencia.
    </p><p class="article-text">
        El entorno tambi&eacute;n hay que tenerlo en cuenta. Justo al lado est&aacute; la Catedral de Santa Mar&iacute;a de Astorga, y el casco hist&oacute;rico conserva restos de murallas romanas. Si tienes tiempo, el Museo del Chocolate de Astorga es una parada curiosa, y siguiendo con la gastronom&iacute;a, el cocido maragato o las mantecadas son apuestas seguras.
    </p><h2 class="article-text">El Capricho (Comillas): la obra m&aacute;s libre y experimental</h2><p class="article-text">
        La &uacute;ltima parada nos lleva a Comillas, donde se encuentra una de las obras m&aacute;s singulares de Gaud&iacute;. Construido entre 1883 y 1885 por encargo de M&aacute;ximo D&iacute;az de Quijano, El Capricho de Gaud&iacute; es una de sus primeras casas y un buen ejemplo de su etapa m&aacute;s experimental.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; ya aparecen muchos de los temas que marcar&aacute;n su arquitectura: la naturaleza como referencia constante, el uso simb&oacute;lico de la decoraci&oacute;n o la atenci&oacute;n a la funcionalidad de los espacios. El edificio combina influencias orientalizantes, neomud&eacute;jares y neog&oacute;ticas, con una estructura compleja en la que cada estancia est&aacute; pensada en funci&oacute;n de la luz solar.
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                El Capricho de Gaudí, en Comillas.                            </span>
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        Uno de los elementos m&aacute;s reconocibles es la torre cil&iacute;ndrica decorada con cer&aacute;mica de girasoles, pero merece la pena fijarse tambi&eacute;n en detalles como las vidrieras con motivos musicales y naturales, las barandillas que funcionan como pentagramas o las soluciones t&eacute;cnicas pensadas para mejorar la ac&uacute;stica y el confort t&eacute;rmico.
    </p><p class="article-text">
        La visita recorre distintas estancias, como el sal&oacute;n, el dormitorio o el estudio, y permite entender c&oacute;mo Gaud&iacute; planteaba una vivienda desde dentro. El jard&iacute;n tambi&eacute;n forma parte de la experiencia, con espacios dise&ntilde;ados para integrarse en el entorno.
    </p><p class="article-text">
        Hoy funciona como museo y est&aacute; abierto todo el a&ntilde;o, con visitas libres y guiadas. Adem&aacute;s, organiza actividades como talleres, conciertos o eventos tem&aacute;ticos, especialmente en fechas se&ntilde;aladas, lo que hace que la visita pueda ser bastante din&aacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de El Capricho, Comillas tiene suficiente inter&eacute;s como para dedicarle m&aacute;s tiempo, pues el Palacio de Sobrellano o la Universidad Pontificia de Comillas forman parte de ese conjunto modernista poco habitual en la costa cant&aacute;brica. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/gaudi-2026-ruta-legado-fuera-catalunya-centenario-muerte_1_13169944.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 20:30:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gaudí 2026: una ruta por su legado fuera de Catalunya en el centenario de su muerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gaudí,Arquitectura,León,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Búnkeres que guardan la memoria: refugios de guerra que hoy puedes conocer en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/bunkeres-guardan-memoria-refugios-guerra-hoy-puedes-conocer-espana_1_13164129.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2cbd1c27-cbf5-4505-9105-680f58e7afef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Búnkeres que guardan la memoria: refugios de guerra que hoy puedes conocer en España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Bajo parques, en colinas o junto al mar, los búnkeres de la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial siguen ahí
</p><p class="subtitle">Escapadas para el puente de mayo: cinco destinos internacionales llenos de planes a pocas horas</p></div><p class="article-text">
        Un b&uacute;nker es, en esencia, una construcci&oacute;n defensiva dise&ntilde;ada para resistir ataques, especialmente bombardeos. Levantados en hormig&oacute;n y, en muchos casos, parcialmente enterrados o camuflados, estos espacios formaban parte de sistemas militares pensados para proteger tropas, controlar el territorio o mantener posiciones estrat&eacute;gicas. En Espa&ntilde;a, la Guerra Civil dej&oacute; infinidad de estas estructuras repartidas por todo el pa&iacute;s, a las que se sumaron otras levantadas durante los a&ntilde;os posteriores, en un contexto marcado por la Segunda Guerra Mundial y el temor a una posible invasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los que se conservan hoy poco tienen que ver con su funci&oacute;n original. Ya no son instalaciones operativas ni espacios restringidos, sino restos hist&oacute;ricos en distintos estados de conservaci&oacute;n: algunos restaurados y se&ntilde;alizados, otros integrados en rutas o directamente abandonados en el paisaje.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, todos permiten acercarse de forma bastante directa a c&oacute;mo se organizaba la defensa en aquellos a&ntilde;os, lejos de los b&uacute;nkeres actuales que siguen activos, como el de La Moncloa o la Base A&eacute;rea de Torrej&oacute;n de Ardoz, que, por motivos evidentes, no se pueden visitar.
    </p><p class="article-text">
        Entre ellos hay ejemplos muy conocidos, como el b&uacute;nker de El Capricho, en Madrid, el Blockhaus 13 de Colmenar del Arroyo, el del Carmel o el de Santa Susanna en Barcelona, o el de Santa &Uacute;rsula, en Tenerife. A partir de ah&iacute;, la lista crece con casos como los b&uacute;nkeres de la L&iacute;nea P. en los Pirineos, los de Los Molinos, tambi&eacute;n en Madrid, los del Campo de Gibraltar, en C&aacute;diz, los del Alamillo, en C&oacute;rdoba, o el del Z&uacute;jar, en Badajoz. Y aunque parezcan muchos, son solo una parte de un conjunto mucho m&aacute;s amplio, repartido por pr&aacute;cticamente todo el territorio nacional.
    </p><h2 class="article-text">B&uacute;nker del Capricho (Madrid)</h2><p class="article-text">
        Enterrado a 15 metros de profundidad bajo el Parque de El Capricho, este b&uacute;nker fue uno de los centros neur&aacute;lgicos del mando republicano durante la Guerra Civil. Su construcci&oacute;n comenz&oacute; en 1937, cuando se decidi&oacute; trasladar el Cuartel General del Ej&eacute;rcito del Centro fuera del n&uacute;cleo urbano de Madrid, buscando un emplazamiento m&aacute;s seguro y mejor protegido frente a los bombardeos. All&iacute; se instalaron el general Jos&eacute; Miaja y, posteriormente, el coronel Segismundo Casado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Interior del búnker de El Capricho, en Madrid.                            </span>
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        El complejo, de unos 2.000 metros cuadrados, estaba preparado para albergar a unas 200 personas y contaba con sistemas aut&oacute;nomos de ventilaci&oacute;n, suministro de agua, generaci&oacute;n el&eacute;ctrica y evacuaci&oacute;n de residuos. Dise&ntilde;ado incluso para resistir ataques con gas, llama la atenci&oacute;n por su buen estado de conservaci&oacute;n. Hoy se puede visitar mediante <a href="https://patrimonioypaisaje.madrid.es/portales/monumenta/es/En-portada/Pasea-Madrid-2026/?vgnextfmt=default&amp;vgnextoid=8f472b1f16ba3910VgnVCM2000001f4a900aRCRD&amp;vgnextchannel=e89c3cb702aa4510VgnVCM1000008a4a900aRCRD" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">visitas guiadas gratuitas</a>, lo que permite recorrer un espacio que apenas ha cambiado desde su construcci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Blockhaus 13 (Colmenar del Arroyo, Madrid)</h2><p class="article-text">
        A unos dos kil&oacute;metros del casco urbano de Colmenar del Arroyo se encuentra el Blockhaus 13, una fortificaci&oacute;n de hormig&oacute;n armado construida en 1938 por el bando sublevado. Formaba parte de un plan m&aacute;s amplio para reforzar la defensa de las carreteras en la zona, ante la posibilidad de una ofensiva republicana en el frente central. De los 18 fortines proyectados, este fue el &uacute;nico que lleg&oacute; a completarse.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El Blockhaus 13, en Colmenar del Arroyo (Madrid)                            </span>
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        La estructura, de unos 10 metros de di&aacute;metro, se organiza en torno a un cuerpo principal conectado con otros cuatro nidos de menor tama&ntilde;o, todos ellos con troneras que permiten cubrir el terreno en todas direcciones. Su dise&ntilde;o responde a una l&oacute;gica defensiva muy clara: resistir impactos y mantener la posici&oacute;n con el menor n&uacute;mero posible de efectivos. Hoy est&aacute; protegido como Bien de Inter&eacute;s Cultural y es uno de los ejemplos m&aacute;s representativos de arquitectura militar de la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid.
    </p><h2 class="article-text">B&uacute;nker del Carmel (Barcelona)</h2><p class="article-text">
        Aunque popularmente se conocen como &ldquo;b&uacute;nkeres&rdquo;, en la cima del Tur&oacute; de la Rovira no hubo un b&uacute;nker como tal, sino una bater&iacute;a antia&eacute;rea construida en 1938 para defender Barcelona de los bombardeos. Desde este punto, a 262 metros de altitud, se instalaron cuatro ca&ntilde;ones que permit&iacute;an cubrir buena parte del cielo de la ciudad, en un momento en el que la aviaci&oacute;n italiana castigaba la capital catalana con ataques constantes.
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                Barcelona desde el Mirador del Carmel.                            </span>
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        Tras la guerra, la zona qued&oacute; abandonada y acab&oacute; convirti&eacute;ndose en un asentamiento de barracas que se mantuvo durante d&eacute;cadas. No fue hasta los a&ntilde;os previos a los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1992 cuando se desmantel&oacute; ese n&uacute;cleo y el espacio empez&oacute; a transformarse. Hoy, los restos de aquellas instalaciones militares conviven con uno de los miradores m&aacute;s frecuentados de Barcelona, con vistas completas sobre el entramado urbano y el litoral.
    </p><h2 class="article-text">B&uacute;nker de Santa Susanna (Barcelona)</h2><p class="article-text">
        En la playa de les Dunes, en Santa Susanna, se conserva uno de los b&uacute;nkeres construidos en la costa del Maresme durante la Guerra Civil. Formaba parte de una red de fortificaciones impulsada por la Rep&uacute;blica para vigilar el litoral y protegerse de los bombardeos que part&iacute;an desde Mallorca, as&iacute; como de posibles desembarcos.
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            <span class="title">
                Búnker de Santa Susanna.                            </span>
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        Levantado en 1938 en hormig&oacute;n armado, el b&uacute;nker cuenta con varias aberturas orientadas hacia el mar para el uso de ametralladoras y observaci&oacute;n. Tras la guerra, fue reutilizado como punto de vigilancia y, m&aacute;s tarde, incluso como vivienda. Con el paso del tiempo qued&oacute; abandonado hasta que fue restaurado y se&ntilde;alizado, convirti&eacute;ndose en uno de los ejemplos mejor conservados de esta l&iacute;nea defensiva y en un elemento visitable dentro del patrimonio local.
    </p><h2 class="article-text">B&uacute;nker de Santa &Uacute;rsula (Tenerife)</h2><p class="article-text">
        En la urbanizaci&oacute;n de La Quinta, en el municipio de Santa &Uacute;rsula, se levanta este b&uacute;nker construido en 1942, ya en plena Segunda Guerra Mundial. Aunque Espa&ntilde;a se manten&iacute;a oficialmente neutral, el r&eacute;gimen franquista impuls&oacute; la construcci&oacute;n de defensas en puntos estrat&eacute;gicos, como la costa norte de Tenerife, ante la posibilidad de una invasi&oacute;n aliada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Búnker de Santa Úrsula, en Tenerife.                            </span>
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        La estructura, m&aacute;s peque&ntilde;a que otras de la isla, cuenta con dos accesos y varios nidos de ametralladora orientados hacia el mar. Nunca lleg&oacute; a entrar en combate y, con el paso de las d&eacute;cadas, qued&oacute; en desuso y en un estado de deterioro notable. En la actualidad, existen planes para recuperarlo y convertirlo en un mirador p&uacute;blico, lo que permitir&iacute;a poner en valor tanto su historia como su ubicaci&oacute;n, con vistas sobre los acantilados de la costa de Acentejo.
    </p><h2 class="article-text">B&uacute;nkeres de la L&iacute;nea P (Pirineos)</h2><p class="article-text">
        A lo largo de los Pirineos se extiende una de las mayores redes de fortificaci&oacute;n de Europa occidental: la conocida como L&iacute;nea P. Impulsada en la d&eacute;cada de 1940, contemplaba la construcci&oacute;n de miles de b&uacute;nkeres a lo largo de los m&aacute;s de 500 kil&oacute;metros de frontera con Francia, desde el Mediterr&aacute;neo hasta el Pa&iacute;s Vasco.
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                Los Pirineos desde el interior de un búnker de la Línea P.                            </span>
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        El objetivo era preparar una defensa ante una posible invasi&oacute;n tras el final de la Segunda Guerra Mundial, y de paso controlar infiltraciones del maquis. Aunque se proyectaron m&aacute;s de 10.000 estructuras, se llegaron a construir entre 6.000 y 8.000, muchas de ellas sin llegar a completarse del todo. Inclu&iacute;an casamatas, refugios subterr&aacute;neos, t&uacute;neles y puestos de observaci&oacute;n conectados por caminos militares. Hoy, muchos de estos b&uacute;nkeres permanecen dispersos por las monta&ntilde;as de Catalunya, Arag&oacute;n, Navarra y Pa&iacute;s Vasco, y los puedes encontrar en municipios como Canfranc, Jaca, Biescas, Ribes de Freser, Camprodon, Valle de Roncal, Puerto de Izpegi, Oiartzun o Ir&uacute;n, a menudo integrados en rutas de senderismo.
    </p><h2 class="article-text">B&uacute;nkeres de Los Molinos (Madrid)</h2><p class="article-text">
        En la Sierra de Guadarrama, el municipio de Los Molinos conserva un conjunto de fortificaciones vinculadas al frente que se mantuvo pr&aacute;cticamente estable durante toda la Guerra Civil. En esta zona se construy&oacute; una segunda l&iacute;nea defensiva republicana que, al no entrar en combate directo, ha llegado en buen estado hasta nuestros d&iacute;as.
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                Uno de los búnkeres de Los Molinos, en Madrid.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La ruta permite recorrer hasta diez casamatas levantadas entre 1937 y 1939, construidas en hormig&oacute;n armado y reforzadas con piedra para facilitar su camuflaje. Estas estructuras cuentan con troneras orientadas al frente, accesos a trav&eacute;s de trincheras y elementos dise&ntilde;ados para resistir impactos. Hoy forman parte de un itinerario se&ntilde;alizado que combina paisaje de monta&ntilde;a y memoria hist&oacute;rica, con paneles informativos que explican su funci&oacute;n original.
    </p><h2 class="article-text">B&uacute;nkeres del Campo de Gibraltar (C&aacute;diz)</h2><p class="article-text">
        En el litoral gaditano, entre San Roque y Conil, se despliega la conocida como Muralla del Estrecho, un sistema defensivo formado por m&aacute;s de 500 b&uacute;nkeres construidos a partir de 1939. Su funci&oacute;n era proteger la costa ante un posible ataque aliado, especialmente desde Gibraltar, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Uno de los búnkeres de Campos de Gibraltar.                            </span>
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        Estas estructuras, que incluyen nidos de ametralladoras, fortines y casamatas, fueron levantadas en gran parte por presos republicanos. Hoy se reparten por distintos puntos del Campo de Gibraltar, desde Tarifa hasta Algeciras, muchas veces integradas en el paisaje o visibles en playas y zonas naturales. Algunas asociaciones organizan visitas guiadas, como la Asociaci&oacute;n Cultural Ruta de los B&uacute;nkeres, para dar a conocer este conjunto.
    </p><h2 class="article-text">B&uacute;nkeres del Alamillo (C&oacute;rdoba)</h2><p class="article-text">
        En el t&eacute;rmino municipal de Luque, junto a la actual V&iacute;a Verde del Aceite, se encuentra un conjunto de fortificaciones levantadas a finales de la Guerra Civil para controlar este sector del frente. Se trata de un complejo formado por casamatas, trincheras, galer&iacute;as subterr&aacute;neas y puestos de observaci&oacute;n, situado en un cerro rodeado de olivares.
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            <span class="title">
                Uno de los búnkeres del Alamillo, en la provincia de Córdoba.                            </span>
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        Estas estructuras respond&iacute;an a la necesidad de vigilar las comunicaciones entre C&oacute;rdoba y Ja&eacute;n, en una zona especialmente sensible durante el conflicto. Hoy, el enclave ha sido recuperado como ruta visitable, con paneles interpretativos que explican tanto el contexto hist&oacute;rico como las caracter&iacute;sticas de cada elemento.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">B&uacute;nker del Z&uacute;jar (Badajoz)</h2><p class="article-text">
        En la comarca de La Serena, cerca del r&iacute;o Z&uacute;jar, se conserva este b&uacute;nker construido en 1938 por el bando sublevado para proteger una l&iacute;nea clave de suministros. Su dise&ntilde;o, con planta lobulada, permit&iacute;a ampliar los &aacute;ngulos de tiro de las ametralladoras y cubrir mejor el terreno circundante.
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            <span class="title">
                El búnker del Zújar, en Badajoz.                            </span>
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        Levantado en hormig&oacute;n armado y camuflado originalmente con tierra para dificultar su detecci&oacute;n desde el aire, formaba parte de un sistema defensivo vinculado a las operaciones en esta zona durante la guerra. En la actualidad, se puede acceder a sus inmediaciones a trav&eacute;s de una ruta se&ntilde;alizada que combina el inter&eacute;s hist&oacute;rico con el entorno natural del valle del Z&uacute;jar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/bunkeres-guardan-memoria-refugios-guerra-hoy-puedes-conocer-espana_1_13164129.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 20:09:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Búnkeres que guardan la memoria: refugios de guerra que hoy puedes conocer en España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Turismo nacional,Historia,Guerra Civil Española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escapadas para el puente de mayo: cinco destinos internacionales llenos de planes a pocas horas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/escapadas-puente-mayo-cinco-destinos-internacionales-llenos-planes-horas_1_13151094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2cbf20a-613a-42f4-a97d-559fd6bedb81_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escapadas para el puente de mayo: cinco destinos internacionales llenos de planes a pocas horas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres días pueden dar mucho de sí si se elige bien el destino. Desde recorrer miradores y subir a tranvías en Lisboa hasta perderse entre zocos en Marrakech
</p><p class="subtitle">Gante por primera vez: las claves de un viajero experto para organizar tu visita y no perderte nada</p></div><p class="article-text">
        El puente de mayo es un momento perfecto para aprovechar y hacer un peque&ntilde;o viaje. Tres d&iacute;as bien aprovechados dan para mucho m&aacute;s de lo que parece, sobre todo en primavera, cuando las temperaturas acompa&ntilde;an y los d&iacute;as son largos. Adem&aacute;s, con vuelos de menos de tres horas desde Espa&ntilde;a, hay destinos que permiten exprimir el tiempo al m&aacute;ximo. Y como ver&aacute;s, las posibilidades son muchas y muy variadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La clave est&aacute; en organizarse bien. Por eso, te proponemos escapadas pensadas d&iacute;a a d&iacute;a, con planes concretos para cada jornada. La idea no es verlo todo, sino seleccionar bien y encajar visitas, paseos y alguna que otra experiencia para que el viaje cunda sin ir con la sensaci&oacute;n de estar corriendo de un sitio a otro. Si los planteamos bien, tres d&iacute;as pueden ser m&aacute;s que suficientes para hacerse una buena idea de un destino.
    </p><p class="article-text">
        Entre las propuestas hay ciudades que se recorren casi sin darte cuenta, como Lisboa, enlazando miradores, tranv&iacute;as y una escapada a Sintra, y otras que suponen un cambio total de registro, como Marrakech, donde perderse por la medina, recorrer los zocos o terminar el d&iacute;a en Jemaa el-Fna forman parte del plan. Tambi&eacute;n hay hueco para Burdeos, ideal para combinar su elegante centro con una excursi&oacute;n entre vi&ntilde;edos. Para N&aacute;poles, intensa y ca&oacute;tica a partes iguales. Y para Bruselas, perfecta para alternar la Grand Place, museos y una escapada a ciudades cercanas como Brujas o <a href="https://www.eldiario.es/viajes/gante-primera-vez-claves-viajero-experto-organizar-visita-no-perderte_1_13089282.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gante</a>. Cinco destinos muy diferentes, pero muy interesantes si queremos aprovechar el puente de mayo para romper con la rutina.
    </p><h2 class="article-text">Lisboa</h2><p class="article-text">
        Lisboa es uno de esos destinos que encajan especialmente bien en una escapada de tres d&iacute;as: cercana, manejable y con muchos planes a poca distancia entre s&iacute;. El primer d&iacute;a puedes empezar por Alfama, dej&aacute;ndote llevar por sus calles hasta miradores como Portas do Sol. Desde ah&iacute;, puedes bajar hacia la catedral y continuar hasta la Baixa, pasando por la Plaza del Comercio. Por la tarde, ac&eacute;rcate a Bel&eacute;m para ver el Monasterio de los Jer&oacute;nimos y la Torre de Bel&eacute;m, y termina el d&iacute;a con un paseo junto al Tajo.
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            <span class="title">
                La Torre de Belém, en Lisboa.                            </span>
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        El segundo d&iacute;a lo puedes dedicar a seguir explorando otras partes de la ciudad. Una buena idea es subir al Castillo de San Jorge a primera hora y, despu&eacute;s, ir enlazando miradores como el de Santa Justa o S&atilde;o Pedro de Alc&acirc;ntara. Tambi&eacute;n puedes moverte en el tranv&iacute;a 28; no hay cosa m&aacute;s t&iacute;pica en Lisboa. A lo largo del d&iacute;a, alterna paseos por Chiado con una parada en el Convento do Carmo. Por la noche, una cena con fado ser&iacute;a la guinda perfecta.
    </p><p class="article-text">
        Para el tercer d&iacute;a, lo m&aacute;s recomendable es salir de la ciudad. La excursi&oacute;n a Sintra es casi imprescindible, con paradas en el Palacio da Pena y la Quinta da Regaleira. Si prefieres algo m&aacute;s tranquilo, puedes acercarte a Cascais y pasear por su centro y su paseo mar&iacute;timo. En ambos casos, la idea es aprovechar la ma&ntilde;ana y volver con tiempo suficiente para ir al aeropuerto esa tarde.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Marrakech</strong></h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/viajes/marrakech-principiantes-ver-consejos-utiles_1_1352541.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marrakech</a> es un destino cercano, pero que nos lleva muy lejos porque el contraste es tremendo. El primer d&iacute;a puedes dedicarlo a una toma de contacto con la medina. Empieza por la mezquita Koutoubia y contin&uacute;a hacia el Palacio de la Bah&iacute;a y las Tumbas Saad&iacute;es. Despu&eacute;s, pi&eacute;rdete por las calles hasta llegar a Jemaa el-Fna, que al caer la tarde se transforma por completo. Una buena idea es cenar en alguno de sus puestos o subir a una terraza para ver el ambiente desde arriba.
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            <span class="title">
                La plaza de Jemaa el-Fna, en Marrakech.                            </span>
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        El segundo d&iacute;a lo puedes organizar con m&aacute;s calma. Empieza en el Jard&iacute;n Majorelle y el Museo Yves Saint Laurent, y despu&eacute;s ac&eacute;rcate a la madrasa Ben Youssef, uno de los rincones m&aacute;s bonitos de la ciudad. A partir de ah&iacute;, dedica tiempo a recorrer los zocos con calma, entrando en talleres y peque&ntilde;as tiendas. Cuando te des cuenta, estar&aacute;s regateando por algo que ni siquiera quer&iacute;as. Por la tarde, un hammam tradicional es una buena forma de parar y descansar antes de cenar en alg&uacute;n riad.
    </p><p class="article-text">
        Para el tercer d&iacute;a, puedes completar la visita con lugares como el Palacio El Badi o el Museo de Marrakech, y dar un &uacute;ltimo paseo por la medina para compras de &uacute;ltima hora. Tambi&eacute;n es buena idea volver a Jemaa el-Fna para verlo con otra luz. Despu&eacute;s, comida tranquila y regreso con tiempo al alojamiento para recoger el equipaje antes del vuelo.
    </p><h2 class="article-text">Burdeos</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/viajes/burdeos-dias-ver-si-vas-escapada-capital-aquitania_1_12913185.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Burdeos</a> es una ciudad elegante y muy c&oacute;moda de recorrer, perfecta para una escapada corta. El primer d&iacute;a puedes centrarte en su centro hist&oacute;rico, empezando por la plaza de la Bolsa y el espejo de agua, y continuando por la calle Sainte-Catherine hasta la catedral de Saint-Andr&eacute;. Desde ah&iacute;, puedes subir a la Torre Pey-Berland para tener vistas de la ciudad y seguir paseando por el casco antiguo. Por la tarde, ac&eacute;rcate al barrio de Chartrons y termina el d&iacute;a junto al r&iacute;o Garona.
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                Place de la Bourse, en Burdeos.                            </span>
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        El segundo d&iacute;a es perfecto para una excursi&oacute;n. Una de las m&aacute;s interesantes es a Saint-&Eacute;milion, donde puedes recorrer su casco medieval, entrar en su iglesia monol&iacute;tica y visitar alguna bodega de los alrededores. Otra opci&oacute;n es la Duna de Pilat, donde puedes subir hasta la cima y disfrutar de las vistas del Atl&aacute;ntico. Son dos planes muy diferentes, pero ambos encajan muy bien en una jornada completa.
    </p><p class="article-text">
        Para el tercer d&iacute;a, puedes dedicar la ma&ntilde;ana a conocer la Cit&eacute; du Vin, uno de los espacios m&aacute;s interesantes de la ciudad, o pasear por los muelles del Garona en bici o a pie. Tambi&eacute;n puedes volver al centro para una &uacute;ltima comida en alguna terraza antes de dirigirte al aeropuerto con tiempo.
    </p><h2 class="article-text">N&aacute;poles</h2><p class="article-text">
        N&aacute;poles es intensa, directa y a veces ca&oacute;tica, pero precisamente por eso resulta tan interesante. El primer d&iacute;a puedes empezar por su centro hist&oacute;rico, recorriendo Spaccanapoli y entrando en lugares como la iglesia del Ges&ugrave; Nuovo o el Duomo de San Gennaro. A medida que avanzas, ir&aacute;s enlazando plazas, iglesias y peque&ntilde;as tiendas. Por la tarde, puedes acercarte a la zona del paseo mar&iacute;timo y el Castel dell&rsquo;Ovo, con el Vesubio siempre de fondo.
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                El Parque Arqueológico de Pompeya.                            </span>
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        El segundo d&iacute;a lo puedes dedicar a una excursi&oacute;n a Pompeya, donde merece la pena recorrer con calma las ruinas y hacerse una idea de c&oacute;mo era la ciudad. Si prefieres, tambi&eacute;n puedes combinarlo con una parada r&aacute;pida en Herculano. Es un d&iacute;a m&aacute;s intenso, pero muy diferente al anterior.
    </p><p class="article-text">
        Para el tercer d&iacute;a, puedes completar la visita con el Museo Arqueol&oacute;gico Nacional, que ayuda a entender mejor lo visto en Pompeya, y subir al mirador del Castel Sant&rsquo;Elmo para tener una vista panor&aacute;mica de la ciudad. Despu&eacute;s, un &uacute;ltimo paseo por el centro, aprovecha para probar la <em>pizza fritta </em>si no lo has hecho ya, y pon rumbo al aeropuerto.
    </p><h2 class="article-text">Bruselas</h2><p class="article-text">
        Bruselas es una ciudad perfecta para combinar visitas urbanas con alguna escapada cercana. El primer d&iacute;a puedes empezar en la Grand Place y recorrer sus alrededores, pasando por las Galer&iacute;as Saint Hubert y el Manneken Pis. A partir de ah&iacute;, puedes seguir hacia el Mont des Arts y visitar el Museo Magritte o los Museos Reales de Bellas Artes. Entre medias, siempre hay tiempo para parar a probar gofres o chocolate.
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                La Grand Place de Bruselas.                            </span>
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        El segundo d&iacute;a lo puedes dedicar a explorar otras zonas de la ciudad. Una buena idea es acercarte al Atomium y pasear por el parque de Laeken, donde tambi&eacute;n est&aacute; el Palacio Real. Despu&eacute;s, puedes dirigirte al barrio europeo y visitar el Parlamentarium, que explica de forma muy clara c&oacute;mo funciona la Uni&oacute;n Europea. Si prefieres un plan m&aacute;s especial, ac&eacute;rcate a los Invernaderos Reales de Laeken, que solo abren unas semanas entre abril y mayo, y es una buena oportunidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para el tercer d&iacute;a, lo m&aacute;s recomendable es hacer una excursi&oacute;n a Brujas o Gante. En Brujas puedes recorrer sus canales y plazas medievales, y en Gante, visitar el castillo de los Condes de Flandes y su centro hist&oacute;rico. En ambos casos, saliendo temprano en tren tendr&aacute;s tiempo suficiente para volver a Bruselas, recoger el equipaje y dirigirte a tu vuelo de vuelta a casa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/escapadas-puente-mayo-cinco-destinos-internacionales-llenos-planes-horas_1_13151094.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 19:34:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Escapadas para el puente de mayo: cinco destinos internacionales llenos de planes a pocas horas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciudades,Vacaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Destinos 'dupe': la alternativa cercana (y económica) a los clásicos más populares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/destinos-dupe-alternativa-cercana-economica-clasicos-populares_1_13143849.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1b057a00-9cb5-4e98-9661-b14337854926_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Destinos &#039;dupe&#039;: la alternativa cercana (y económica) a los clásicos más populares"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si por tiempo o presupuesto no puedes viajar a lugares como Noruega, Turquía o Australia, no pasa nada: en España hay alternativas que, a su manera, recuerdan a algunos de los paisajes más icónicos del mundo
</p><p class="subtitle">Las torres miradores de Cádiz: la historia del comercio con América contada desde las alturas</p></div><p class="article-text">
        Viajar a sitios como Santorini, los fiordos noruegos o la Capadocia turca suena muy bien sobre el papel, pero en la pr&aacute;ctica implica vuelos largos, presupuestos elevados y, en muchos casos, bastante gente. Son destinos tentadores, pero que no siempre encajan en una escapada de pocos d&iacute;as ni en todos los bolsillos.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde entra en juego el concepto <em>&ldquo;dupe&rdquo;</em>, esa idea de encontrar una alternativa que, sin ser exactamente lo mismo, ofrece una experiencia parecida. Aplicado a los viajes, se traduce en buscar lugares m&aacute;s cercanos, m&aacute;s asequibles y tambi&eacute;n m&aacute;s tranquilos, pero con un aire que puede resultar similar.
    </p><p class="article-text">
        Y lo interesante es que no hace falta salir de Espa&ntilde;a para encontrarlos. De pueblos blancos que recuerdan a las islas griegas a paisajes que evocan fiordos o desiertos de pel&iacute;cula, hay opciones que pueden sorprender bastante. Salvando las distancias, claro, pero con argumentos suficientes como para merecer una buena visita.
    </p><h2 class="article-text">Altea (Alicante) en lugar de Santorini (Grecia)</h2><p class="article-text">
        Altea, en la provincia de Alicante, es uno de esos lugares que entran por los ojos desde el primer momento. Su casco antiguo, con calles empedradas y fachadas encaladas, concentra buena parte del encanto. Lo ideal es recorrerlo sin prisa, empezando por accesos como el Portal Vell y avanzando entre miradores, casas tradicionales y rincones llenos de detalles hasta llegar a la plaza de la iglesia. All&iacute; aparece uno de sus grandes iconos: la parroquia de Nuestra Se&ntilde;ora del Consuelo, con su c&uacute;pula de tejas azules y blancas.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, el plan puede continuar bajando hacia el mar, donde esperan playas de grava como El Mascarat o La Olla, o incluso adentr&aacute;ndose en el entorno natural de la Serra Gelada o la sierra de Bernia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Altea, en blanco y azul.                            </span>
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        El parecido con Santorini es bastante evidente. El blanco dominante, los toques de azul y esa luz mediterr&aacute;nea tan caracter&iacute;stica construyen una imagen que recuerda r&aacute;pidamente a las islas griegas. No hay calderas volc&aacute;nicas ni pueblos colgados sobre acantilados, pero s&iacute; una est&eacute;tica muy reconocible y una forma muy particular de asomarse al mar. Aunque para muchos no sea tan espectacular, Altea se convierte en una versi&oacute;n cercana y mucho m&aacute;s accesible que Santorini.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Empuriabrava (Girona) en lugar de &Aacute;msterdam (Pa&iacute;ses Bajos)</h2><p class="article-text">
        Ver un mapa o una imagen a&eacute;rea de Empuriabrava es suficiente para entender qu&eacute; la hace especial. Esta localidad del Alt Empord&agrave; est&aacute; atravesada por una red de m&aacute;s de 20 kil&oacute;metros de canales navegables, lo que la convierte en una de las marinas residenciales m&aacute;s grandes de Europa.
    </p><p class="article-text">
        Muchas viviendas tienen su propio amarre y moverse en barco forma parte del d&iacute;a a d&iacute;a. A eso se suma una amplia oferta de actividades: desde deportes n&aacute;uticos en la bah&iacute;a de Roses hasta propuestas m&aacute;s singulares como el paracaidismo, porque solo as&iacute; se consiguen las mejores vistas. Y, adem&aacute;s, est&aacute; rodeada por espacios naturales como el Parque Natural de los Aiguamolls de L&rsquo;Empord&agrave;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Empuriabrava y sus canales.                            </span>
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        El parecido con &Aacute;msterdam est&aacute; en esa forma de organizar la vida en torno al agua. Canales, embarcaciones y la posibilidad de desplazarse navegando entre casas crean una imagen que recuerda inevitablemente a la capital neerlandesa. Aqu&iacute; no hay siglos de historia ni grandes edificios monumentales, pero s&iacute; una estructura urbana muy reconocible y una manera distinta de relacionarse con el entorno. A su manera, Empuriabrava ofrece una versi&oacute;n m&aacute;s relajada y mediterr&aacute;nea de ese mismo concepto.
    </p><h2 class="article-text">El Matarra&ntilde;a (Teruel) en lugar de la Toscana (Italia)</h2><p class="article-text">
        El <a href="https://www.eldiario.es/viajes/matarrana-secreto-guardado-teruel-aragon-rural_1_6477594.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Matarra&ntilde;a</a>, en el noreste de la provincia de Teruel, es una comarca que combina paisaje y patrimonio con bastante naturalidad. Sus pueblos conservan un marcado car&aacute;cter medieval y renacentista, con calles de piedra, plazas porticadas y edificios hist&oacute;ricos bien integrados en el entorno. Localidades como Valderrobres, con su castillo y su iglesia, o Calaceite, declarado Conjunto Hist&oacute;rico-Art&iacute;stico, son solo algunos ejemplos. A esto se suman otros n&uacute;cleos de aire tranquilo como Beceite, La Fresneda o Cretas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La Plaza Mayor de Cretas                            </span>
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        M&aacute;s all&aacute; de los pueblos, el paisaje tambi&eacute;n juega un papel importante, al m&aacute;s puro estilo toscano. Colinas suaves, r&iacute;os de aguas claras y espacios naturales como el Parrizal de Beceite o el Salt de la Portellada completan un conjunto que se presta tanto al senderismo como a una escapada m&aacute;s relajada. El parecido con la Toscana est&aacute; en esa combinaci&oacute;n de naturaleza, arquitectura y ritmo pausado. Aqu&iacute; no faltan los olivares, los caminos entre pueblos ni la sensaci&oacute;n de estar en un entorno cuidado y aut&eacute;ntico.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Ria&ntilde;o (Le&oacute;n) en lugar de los fiordos noruegos</h2><p class="article-text">
        Al noreste de la provincia de Le&oacute;n, el entorno de Ria&ntilde;o ofrece un paisaje que sorprende m&aacute;s de lo esperado. El embalse, rodeado de monta&ntilde;as calizas, crea una imagen imponente, con picos que se reflejan en el agua y una sensaci&oacute;n de amplitud que efectivamente nos puede recordar a los fiordos noruegos. Todo forma parte del Parque Regional Monta&ntilde;a de Ria&ntilde;o y Mampodre, un espacio natural que se puede recorrer tanto a pie como sobre el agua. Hay rutas de senderismo de distintos niveles, paseos tranquilos junto al embalse y tambi&eacute;n opciones para recorrerlo en barco o practicar actividades acu&aacute;ticas.
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                Los &#039;fiordos&#039; se pueden recorrer cómodamente en barco.                            </span>
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        El parecido con los fiordos noruegos est&aacute; en esa relaci&oacute;n entre monta&ntilde;a y agua, en la verticalidad del paisaje y en el impacto visual. Los <a href="https://www.eldiario.es/viajes/fiordos-leoneses-riano_1_10980848.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fiordos leoneses</a> no son fiordos en sentido estricto, ya que aqu&iacute; el origen es un embalse de interior y no un valle glaciar invadido por el mar, pero la imagen es similar. Adem&aacute;s, el lugar tiene un componente hist&oacute;rico importante, marcado por la construcci&oacute;n de la presa y la desaparici&oacute;n de varios pueblos bajo el agua. A su modo, Ria&ntilde;o ofrece una versi&oacute;n cercana de ese paisaje del norte de Europa.
    </p><h2 class="article-text">Cudillero (Asturias) en lugar de Cinque Terre (Italia)</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/viajes/cudillero-pueblo-bonito-asturias_1_10278583.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cudillero</a> es uno de los pueblos m&aacute;s reconocibles de la costa asturiana, aunque durante mucho tiempo se le haya conocido como &ldquo;el pueblo invisible&rdquo;. Est&aacute; escondido en un recodo natural y se organiza en forma de anfiteatro, con casas de colores que se superponen unas sobre otras hasta llegar al puerto. Recorrer su casco antiguo implica subir y bajar escaleras, asomarse a miradores y perderse entre callejones estrechos en los que el ambiente marinero est&aacute; siempre presente.
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                Cudillero mirando al mar.                            </span>
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        M&aacute;s all&aacute; del n&uacute;cleo principal, el entorno completa la visita. El faro, los acantilados del Cabo Vidio o playas como la del Silencio o la Concha de Artedo permiten entender mejor el paisaje en el que se integra el pueblo. El parecido con Cinque Terre est&aacute; en esa imagen de casas de colores que parecen colgar de la monta&ntilde;a frente al mar. La escala es distinta y el contexto tambi&eacute;n, pero la estampa resulta familiar, y est&aacute; mucho m&aacute;s cerca.
    </p><h2 class="article-text">Playa de las Catedrales (Lugo) en lugar de los Twelve Apostles (Australia)</h2><p class="article-text">
        La playa de las Catedrales, en la costa de Lugo, es uno de los espacios naturales m&aacute;s llamativos del norte peninsular. Su principal atractivo est&aacute; en las formaciones rocosas que el mar ha ido esculpiendo con el paso del tiempo: arcos de m&aacute;s de 30 metros de altura, cuevas y pasadizos que solo se pueden recorrer cuando baja la marea. Es entonces cuando se puede caminar entre estas estructuras y entender mejor su escala. Eso s&iacute;, en determinadas &eacute;pocas del a&ntilde;o, como verano o Semana Santa, es necesario <a href="https://ascatedrais.xunta.gal/monatr/inicio?lang=es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reservar</a> para acceder debido a la afluencia de visitantes.
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                La playa de las Catedrales con marea baja.                            </span>
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        El parecido con los Twelve Apostles australianos est&aacute; en esa monumentalidad de la erosi&oacute;n marina. En ambos casos, el mar y el viento han dado forma a estructuras de gran tama&ntilde;o que generan una sensaci&oacute;n casi arquitect&oacute;nica. En Australia son grandes pilares aislados frente al oc&eacute;ano, y en Galicia arcos y galer&iacute;as que se recorren a pie. Sin necesidad de ir al otro extremo del planeta, aqu&iacute; podemos conseguir una experiencia visual similar.
    </p><h2 class="article-text">Bardenas Reales (Navarra) en lugar de la Capadocia (Turqu&iacute;a)</h2><p class="article-text">
        En el sur de Navarra, cerca de Tudela, las Bardenas Reales dibujan un paisaje completamente distinto a lo que se suele asociar con el norte de Espa&ntilde;a. Se trata de un entorno semi&aacute;rido, con tonos ocres y rojizos, en el que la erosi&oacute;n ha ido modelando cabezos, barrancos y caprichosas formaciones. Es un Parque Natural de gran extensi&oacute;n, declarado Reserva de la Biosfera, que se puede recorrer en coche, a pie o en bicicleta a trav&eacute;s de distintas rutas se&ntilde;alizadas.
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            <span class="title">
                Las Bardenas Reales y sus formaciones.                            </span>
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        El parecido con la Capadocia est&aacute; en esas formas geol&oacute;gicas fruto de la erosi&oacute;n. Las chimeneas de hadas turcas encuentran aqu&iacute; un equivalente en los relieves erosionados de arcilla y yeso, que crean un paisaje muy particular. No hay globos aerost&aacute;ticos ni ciudades excavadas en la roca, pero s&iacute; una sensaci&oacute;n de estar en un entorno poco habitual dentro de la pen&iacute;nsula. De manera que, vayas alg&uacute;n d&iacute;a a Turqu&iacute;a o no, las Bardenas Reales son una buena alternativa para ir abriendo boca. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/destinos-dupe-alternativa-cercana-economica-clasicos-populares_1_13143849.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 20:22:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Destinos 'dupe': la alternativa cercana (y económica) a los clásicos más populares]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Viajes,Turismo nacional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bath, historia romana y arquitectura georgiana en una de las ciudades más singulares de Inglaterra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/bath-historia-romana-arquitectura-georgiana-ciudades-singulares-inglaterra_1_13112100.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9530a983-a8d8-4d9b-8bb0-dbc9a234ab38_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bath, historia romana y arquitectura georgiana en una de las ciudades más singulares de Inglaterra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Famosa por sus termas y su esplendor durante el siglo XVIII, Bath es una ciudad pequeña, ordenada, fácil de recorrer y, además, Patrimonio de la Humanidad. Su historia, ligada al agua y a la vida social de la época, sigue muy presente</p><p class="subtitle">Londres imprescindible: 20 consejos de un viajero para visitar por primera vez la capital inglesa</p></div><p class="article-text">
        Bath es una de esas ciudades que podr&iacute;an pasar desapercibidas, pero que sin embargo se merecen una buena visita. Es peque&ntilde;a, ordenada y f&aacute;cil de recorrer, y se encuentra en el suroeste de Inglaterra, a un paso de Br&iacute;stol. Es un lugar cargado de historia, y con un aire elegante que se repite en calles, plazas y fachadas. No es una ciudad monumental al uso, ni tampoco una capital con grandes iconos. Pero tiene mucho que ofrecer, y todo crea un conjunto acogedor e interesante.
    </p><p class="article-text">
        Buena parte de esa sensaci&oacute;n tiene que ver con su historia. Bath es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y, en realidad, lo es por partida doble: por su pasado romano y por la ciudad georgiana que se levant&oacute; siglos despu&eacute;s. Primero fueron las aguas termales, que ya utilizaban los romanos hace casi dos mil a&ntilde;os. Luego lleg&oacute; el siglo XVIII y con &eacute;l la transformaci&oacute;n en uno de los grandes destinos de ocio y salud de la Inglaterra de la &eacute;poca. Lo mejor es que ambas capas siguen muy presentes hoy, y es muy f&aacute;cil percibirlas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, m&aacute;s que ir saltando de un punto a otro, lo que apetece aqu&iacute; es entender c&oacute;mo se ha construido la ciudad y qu&eacute; queda de cada etapa. Desde el complejo termal que lo empez&oacute; todo hasta los grandes conjuntos residenciales del XVIII, pasando por iglesias, puentes y algunos lugares con historia propia que ayudan a completar esa imagen de armon&iacute;a que desprende.
    </p><h2 class="article-text">Una ciudad construida alrededor del agua</h2><p class="article-text">
        Para entender Bath hay que empezar por el agua. Mucho antes de que existiera la ciudad, este lugar ya era conocido por sus manantiales de aguas calientes. Los celtas los consideraban sagrados, y no es dif&iacute;cil imaginar por qu&eacute;. En un entorno fr&iacute;o y h&uacute;medo, esa agua que brota caliente de la tierra ten&iacute;a algo especial.
    </p><p class="article-text">
        Fueron los romanos quienes desarrollaron el lugar. Construyeron aqu&iacute; un complejo termal y un templo dedicado a Sulis Minerva, y la ciudad pas&oacute; a llamarse Aquae Sulis. No era solo un espacio para el ba&ntilde;o, sino tambi&eacute;n un punto de encuentro con cierto peso social, donde se mezclaban ocio, religi&oacute;n y vida p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Tras la ca&iacute;da del Imperio romano, Bath perdi&oacute; protagonismo y qued&oacute; durante siglos en un segundo plano. No fue hasta el siglo XVIII cuando volvi&oacute; a cobrar importancia, convertida en destino de moda para la aristocracia brit&aacute;nica. Ese momento marc&oacute; su desarrollo urbano, con una planificaci&oacute;n muy cuidada, y explica en gran medida la imagen que conserva hoy.
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                La abadía de Bath.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">El coraz&oacute;n de Bath: donde empez&oacute; todo</h2><p class="article-text">
        El entorno de las termas romanas es el mejor lugar para empezar. Aqu&iacute; se concentra el origen de la ciudad y uno de sus espacios m&aacute;s visitados.
    </p><p class="article-text">
        El complejo permite entender c&oacute;mo funcionaban estos ba&ntilde;os en &eacute;poca romana. El Gran Ba&ntilde;o es la imagen m&aacute;s reconocible, con ese vapor constante sobre el agua, pero alrededor hay distintas salas que formaban parte del recorrido, adem&aacute;s de restos del templo y piezas originales que ayudan a completar la visita. El conjunto est&aacute; bien explicado y no se limita a ser un espacio arqueol&oacute;gico m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Justo al lado est&aacute; la abad&iacute;a de Bath. El edificio actual, de estilo g&oacute;tico, destaca por su altura y por la luz de sus vidrieras, adem&aacute;s de por una fachada bastante caracter&iacute;stica que la hace f&aacute;cilmente reconocible. M&aacute;s all&aacute; de su valor hist&oacute;rico, aporta una imagen monumental, porque sin duda su envergadura impone.
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                El Royal Crescent de Bath.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">La Bath georgiana: elegancia en piedra</h2><p class="article-text">
        Al alejarse del n&uacute;cleo m&aacute;s antiguo aparece la Bath del siglo XVIII, que es la que define su imagen actual. De hecho, &iquest;te suena la serie de &eacute;poca <em>Los Bridgerton</em>? Pues no es casualidad que haya utilizado esta ciudad como escenario.
    </p><p class="article-text">
        El centro hist&oacute;rico se recorre con facilidad. Calles proporcionadas, plazas bien integradas y una continuidad en la piedra que le da mucha coherencia al conjunto. Lugares como Abbey Green o Queen Square reflejan bien esa planificaci&oacute;n, pensada para crear una ciudad ordenada y atractiva.
    </p><p class="article-text">
        Los ejemplos m&aacute;s claros de esta etapa son el Royal Crescent y The Circus. El primero es una gran fachada en forma de media luna abierta a una zona verde. El segundo, una plaza circular inspirada en modelos cl&aacute;sicos. Ambos responden a una misma idea de orden, proporci&oacute;n y cierta puesta en escena.
    </p><p class="article-text">
        En el Royal Crescent, adem&aacute;s, se puede visitar la Casa N.&ordm; 1, una vivienda convertida en museo que nos hace viajar en el tiempo. Una manera perfecta de completar la visita a&ntilde;adiendo contexto sobre c&oacute;mo se viv&iacute;a en aquella &eacute;poca.
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                Pulteney Bridge, en Bath.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Entre puentes, jardines y paseos</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los puntos principales, Bath tambi&eacute;n se disfruta cuando vas de un lado a otro por sus calles.
    </p><p class="article-text">
        El puente de Pulteney es uno de los lugares que tienes que marcar en tu mapa. Es un puente con edificios a ambos lados, algo poco habitual, y en su interior hay peque&ntilde;as tiendas. Desde la zona del r&iacute;o Avon se obtiene una de las vistas m&aacute;s conocidas, especialmente por la peque&ntilde;a presa, con ca&iacute;da en cascadas, que se forma justo debajo.
    </p><p class="article-text">
        Siguiendo el r&iacute;o, aparecen espacios como los Parade Gardens. Con zonas abiertas y bien cuidadas, que sirven para cambiar de ritmo durante el recorrido y ver la ciudad desde otra perspectiva, m&aacute;s verde y a&uacute;n m&aacute;s relajada.
    </p><p class="article-text">
        En este mismo paseo encaja una parada en Sally Lunn&rsquo;s, donde puedes tomar un t&eacute; y un <em>Bath bun</em>, una especie de bollito de leche que es todo un cl&aacute;sico. Se considera la casa m&aacute;s antigua de Bath, con or&iacute;genes en el siglo XV, y es interesante de visitar por su historia y su continuidad en el tiempo. Es uno de esos lugares que ayudan a entender que la ciudad no es solo un conjunto bonito bien conservado, sino tambi&eacute;n un sitio muy vivo y vivido.
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                Parade Gardens, en Bath.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Bath literaria: la ciudad de Jane Austen (y algo m&aacute;s)</h2><p class="article-text">
        Bath tambi&eacute;n tiene su lado literario. Jane Austen, autora de obras como <em>Orgullo y Prejuicio</em>, <em>Emma</em> o <em>Sentido y sensibilidad,</em> vivi&oacute; aqu&iacute; durante cinco a&ntilde;os, y la ciudad aparece en algunas de sus novelas, especialmente como escenario social. Su relaci&oacute;n no fue especialmente entusiasta, pero su presencia forma parte de la historia local.
    </p><p class="article-text">
        Hoy existe un centro dedicado a su figura que ayuda a entender mejor ese contexto y la sociedad en la que se mov&iacute;a. Para muchos amantes de la literatura, el Jane Austen Centre supone una visita del todo imprescindible.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay m&aacute;s, porque tambi&eacute;n Mary Shelley, autora de Frankenstein, pas&oacute; por Bath, y aunque su v&iacute;nculo es m&aacute;s breve, tambi&eacute;n cuenta con su propio centro: el Mary Shelley&rsquo;s House of Frankenstein. Adem&aacute;s, est&aacute; pr&aacute;cticamente pegado al de Jane Austen.
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                The Jane Austen Centre.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un poco de informaci&oacute;n pr&aacute;ctica para visitar Bath</h2><p class="article-text">
        Llegar a Bath es sencillo. El aeropuerto m&aacute;s cercano es el de Br&iacute;stol, bien conectado con la ciudad. Tambi&eacute;n se puede llegar f&aacute;cilmente desde Londres en tren, en un trayecto de aproximadamente una hora y media, con bastante frecuencia de servicios.
    </p><p class="article-text">
        Una vez all&iacute;, lo m&aacute;s pr&aacute;ctico es moverse a pie. Es una ciudad compacta y las distancias son cortas, por lo que no hace falta recurrir al transporte para moverse entre los principales puntos de inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al tiempo, un d&iacute;a permite ver lo principal, aunque lo recomendable es dedicarle algo m&aacute;s para recorrerla con calma, entrar en las termas y visitar alguno de los espacios interiores sin estar pendiente del reloj. Que, en definitiva, es como mejor se visita una ciudad como Bath, donde constantemente tienes la sensaci&oacute;n de estar viajando a &eacute;pocas en las que no exist&iacute;an las prisas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/bath-historia-romana-arquitectura-georgiana-ciudades-singulares-inglaterra_1_13112100.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Apr 2026 20:18:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bath, historia romana y arquitectura georgiana en una de las ciudades más singulares de Inglaterra]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inglaterra,Reino Unido,Imperio Romano,Arquitectura,Arqueología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las torres miradores de Cádiz: la historia del comercio con América contada desde las alturas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/torres-miradores-cadiz-historia-comercio-america-contada-alturas_1_13108869.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69333642-b99c-41e9-9f69-74c605b74fc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las torres miradores de Cádiz: la historia del comercio con América contada desde las alturas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pasan desapercibidas para muchos, pero llevan siglos ahí arriba. Las torres miradores de Cádiz no solo dibujan su perfil urbano, también explican cómo la ciudad llegó a ser uno de los grandes puertos del mundo
</p><p class="subtitle">Ruta de los Siete Valles Colgantes: guía completa por el sendero más bonito del Algarve</p></div><p class="article-text">
        Hay cosas que en C&aacute;diz pasan desapercibidas si no te fijas un poco. Puedes recorrer sus calles, darte un paseo por La Caleta, visitar su catedral, perderte por el centro, curiosear en su Mercado Central&hellip; y no darte cuenta de lo que tienes justo encima. En esta ciudad, si no levantas la vista, te pierdes gran parte de su historia. Porque desde arriba, por encima de los tejados, las torres miradores nos hablan de unas de las mayores &eacute;pocas de esplendor de &lsquo;la Tacita de Plata&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante siglos, C&aacute;diz ha vivido de cara al mar. Su historia, su car&aacute;cter y hasta su forma de construirse tienen mucho que ver con ese horizonte abierto por el que llegaban barcos cargados de mercanc&iacute;as, de historias y de oportunidades. En ese contexto nacieron estas torres, elev&aacute;ndose sobre las casas como peque&ntilde;os puestos de observaci&oacute;n desde los que vigilar, y tambi&eacute;n disfrutar, lo que ocurr&iacute;a ah&iacute; fuera.
    </p><p class="article-text">
        Hoy siguen ah&iacute;, repartidas por el casco antiguo, formando parte del paisaje casi sin que reparemos en ellas. Algunas destacan m&aacute;s, otras pasan completamente desapercibidas, pero todas nos ayudan a entender c&oacute;mo ha sido C&aacute;diz y por qu&eacute; es como es hoy en d&iacute;a. Y para comprobarlo, como siempre, nada mejor que hacerlo en primera persona.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Las vistas de Cádiz desde Torre Tavira.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un s&iacute;mbolo nacido del comercio</h2><p class="article-text">
        Para entender por qu&eacute; C&aacute;diz est&aacute; llena de torres miradores hay que irse al siglo XVIII. El punto de inflexi&oacute;n llega en 1717, cuando la Casa de Contrataci&oacute;n se traslada aqu&iacute; desde Sevilla. A partir de ese momento, la ciudad se convierte en el gran centro del comercio con Am&eacute;rica y en uno de los puertos m&aacute;s activos del momento.
    </p><p class="article-text">
        Por el puerto gaditano entraban y sal&iacute;an mercanc&iacute;as de todo tipo (cacao, az&uacute;car, tabaco, tejidos&hellip;) y, con ellas, comerciantes llegados de media Europa. C&aacute;diz creci&oacute; r&aacute;pido, se enriqueci&oacute; y empez&oacute; a transformarse. Y esa transformaci&oacute;n no solo fue a nivel econ&oacute;mico o social, tambi&eacute;n se not&oacute; en su forma de construirse.
    </p><p class="article-text">
        Es en ese momento cuando empiezan a levantarse las torres miradores. No eran un capricho ni un elemento decorativo sin m&aacute;s. Desde ellas, los comerciantes pod&iacute;an vigilar la llegada de sus barcos, controlar sus mercanc&iacute;as y, de paso, observar los movimientos de la competencia. En un momento en el que la informaci&oacute;n lo era todo, tener esa ventaja marcaba la diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Pero no todo giraba en torno al negocio. Estas torres tambi&eacute;n formaban parte de la vida cotidiana. Eran espacios abiertos, elevados, donde tomar el aire en una ciudad de calles estrechas, donde observar el horizonte o simplemente pasar el rato. Una especie de extensi&oacute;n de la casa hacia arriba.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo, adem&aacute;s, se convirtieron en s&iacute;mbolo de estatus. Quien ten&iacute;a una torre, ten&iacute;a poder. Y eso hizo que se multiplicaran por toda la ciudad hasta alcanzar, seg&uacute;n las estimaciones, unas 160 en su momento de mayor esplendor.
    </p><p class="article-text">
        El crecimiento fue tal que acab&oacute; regul&aacute;ndose. Se limit&oacute; su construcci&oacute;n a una por vivienda, aunque no faltaron quienes encontraron la forma de sortear la norma. Aun as&iacute;, el perfil de C&aacute;diz ya hab&iacute;a cambiado para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s lleg&oacute; una etapa menos amable. Durante buena parte del siglo XX muchas torres quedaron en el olvido, sin protecci&oacute;n ni mantenimiento. Algunas desaparecieron, otras se deterioraron. Pero en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se ha producido una recuperaci&oacute;n progresiva. Hoy se conservan algo m&aacute;s de un centenar, en distintos estados, pero suficientes para seguir contando esta historia desde las alturas.
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                Casa de las Cinco Torres, en Cádiz.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Los distintos tipos de torres miradores</h2><p class="article-text">
        Si te paras a mirar con un poco de atenci&oacute;n, ver&aacute;s que no todas las torres son iguales. Aunque todas responden a la misma idea, ofreciendo altura para observar, existen varias tipolog&iacute;as bastante reconocibles.
    </p><p class="article-text">
        La m&aacute;s sencilla es la torre de terraza, de planta cuadrada y remate plano. Es funcional, directa y sin demasiados elementos a&ntilde;adidos. Pensadas para subir, mirar y listo.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s caracter&iacute;stica es la torre de garita, seguramente la m&aacute;s habitual en el <em>skyline </em>gaditano. Se reconoce por su remate cerrado, a veces con forma de c&uacute;pula, y por los peque&ntilde;os huecos desde los que se pod&iacute;a observar. Tiene cierto aire a atalaya y estaba pensada para resistir bien el viento y las inclemencias del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        La torre de sill&oacute;n es algo m&aacute;s peculiar. Su nombre viene de su forma, ya que el cuerpo superior es m&aacute;s estrecho que la base, como si fuera el respaldo de un sill&oacute;n. Es una soluci&oacute;n bastante ingeniosa para ganar altura sin sobrecargar la estructura del edificio.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo est&aacute;n las torres mixtas, que combinan elementos de varias de las anteriores. Son menos frecuentes, pero reflejan bien la evoluci&oacute;n y la variedad que alcanzaron estas construcciones durante su &eacute;poca de auge.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta saber de arquitectura para distinguirlas. Basta con pasear sin prisa y levantar la vista de vez en cuando para ir encontrando las diferencias.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El mirador de Torre Tavira.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Las torres que a&uacute;n cuentan la historia</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los tipos, hay torres que destacan especialmente por su historia, su forma o su estado de conservaci&oacute;n. Son algunas de las mejores formas de entender este legado en la C&aacute;diz de hoy.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Torre Tavira, el gran mirador de C&aacute;diz</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Es la m&aacute;s conocida y tambi&eacute;n la m&aacute;s alta del casco antiguo, con unos 45 metros sobre el nivel del mar. En el siglo XVIII fue designada torre vig&iacute;a oficial del puerto, lo que ya da una idea de su importancia estrat&eacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Desde aqu&iacute; se controlaba todo el tr&aacute;fico mar&iacute;timo de la bah&iacute;a. Su nombre viene de Antonio Tavira, el primer responsable de esa vigilancia, una figura clave en el funcionamiento del puerto en aquella &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Hoy es la &uacute;nica torre mirador que se puede visitar, y la experiencia va m&aacute;s all&aacute; de las vistas. En su interior alberga la c&aacute;mara oscura, un sistema &oacute;ptico que proyecta en tiempo real lo que ocurre en el exterior.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A eso se suman peque&ntilde;as exposiciones y, por supuesto, el acceso al mirador. Desde arriba la ciudad se entiende como se hac&iacute;a antes, quedando al alcance de la vista las azoteas, las torres cercanas y, sobre todo, el mar. Por cuestiones de aforo para visitarla es necesaria cita previa, y la encontrar&aacute;s en el n&uacute;mero 10 de la calle Marqu&eacute;s del Real Tesoro.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>La Bella Escondida, la m&aacute;s singular</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Si la Torre Tavira destaca por su visibilidad, en la Bella Escondida ocurre justo lo contrario. Est&aacute; situada en el interior de una manzana, en un palacete situado en el n&uacute;mero 13 de la calle Jos&eacute; del Toro, y no se deja ver desde la calle. Para contemplarla hay que hacerlo desde alguna azotea.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando aparece, sorprende. Es la &uacute;nica torre de planta octogonal de C&aacute;diz y est&aacute; decorada con cer&aacute;micas que le dan un car&aacute;cter muy particular, con cierta influencia mud&eacute;jar. Tiene adem&aacute;s una peculiaridad importante: no nace desde la azotea como lo hacen las dem&aacute;s, sino desde el suelo del edificio, lo que la hace a&uacute;n m&aacute;s singular dentro del conjunto.
    </p><p class="article-text">
        A esto se suma la leyenda que la rodea, seg&uacute;n la cual fue construida para que la hija del propietario, recluida en un convento cercano, pudiera seguir viendo su casa. M&aacute;s all&aacute; de la historia, lo cierto es que es una de las torres m&aacute;s especiales de la ciudad.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Casa de las Cuatro Torres, ingenio frente a la norma</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        En pleno auge de estas construcciones, el Ayuntamiento decidi&oacute; limitar su n&uacute;mero: una torre por vivienda. Pero no todos estaban dispuestos a renunciar.
    </p><p class="article-text">
        La Casa de las Cuatro Torres es el mejor ejemplo. Su propietario, un comerciante de origen sirio, dividi&oacute; el edificio en cuatro partes independientes para poder levantar una torre en cada una. As&iacute; consigui&oacute; cumplir la norma, pero sin cumplirla del todo.
    </p><p class="article-text">
        La encontrar&aacute;s en la plaza de Arg&uuml;elles y ver&aacute;s que el resultado es uno de los conjuntos m&aacute;s llamativos de C&aacute;diz. Cuatro torres en las esquinas que convierten el edificio en una referencia clara dentro del paisaje urbano.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Casa de las Cinco Torres, equilibrio y conjunto</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Muy cerca, en la plaza de Espa&ntilde;a, se encuentra la Casa de las Cinco Torres. A simple vista parece un &uacute;nico edificio, pero en realidad son varias construcciones alineadas, cada una con su propia torre.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; lo interesante no es tanto una torre concreta como el conjunto. Cinco torres seguidas, con una est&eacute;tica bastante uniforme, que reflejan bien la importancia que tuvo este tipo de arquitectura en el C&aacute;diz del siglo XVIII.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Casa del Almirante, el origen</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Para encontrar algunas de las torres m&aacute;s antiguas hay que ir al barrio del P&oacute;pulo. All&iacute; est&aacute; la Casa del Almirante, construida en 1685, antes del gran auge del siglo siguiente.
    </p><p class="article-text">
        El edificio cuenta con dos torres de terraza y est&aacute; directamente vinculado al comercio con Indias. Es, en cierto modo, un precedente de todo lo que vino despu&eacute;s. La tienes en la plazuela de San Mart&iacute;n.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La Casa del Almirante, en Cádiz.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">C&aacute;diz desde las alturas</h2><p class="article-text">
        Ahora que sabes de su existencia y su historia, seguro que recorrer&aacute;s C&aacute;diz con otros ojos y otra mirada, levantando la cabeza para ver todo aquello que asoma sobre las azoteas. Las torres miradores son una forma bastante directa de entender c&oacute;mo ha crecido C&aacute;diz y por qu&eacute; el mar ha sido siempre tan importante para su desarrollo.
    </p><p class="article-text">
        Desde ahora, cuando veas algo que repunta, ya sabes que no es fruto de un capricho, sino de un pasado comercial que convirti&oacute; C&aacute;diz en una de las ciudades m&aacute;s importantes del mundo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/torres-miradores-cadiz-historia-comercio-america-contada-alturas_1_13108869.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 20:21:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las torres miradores de Cádiz: la historia del comercio con América contada desde las alturas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cádiz,Guías Turísticos,Historia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ruta de los Siete Valles Colgantes: guía completa por el sendero más bonito del Algarve]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/ruta-siete-valles-colgantes-guia-completa-sendero-bonito-algarve_1_13099715.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/60946d88-a6a2-4f32-b155-949d6f0fce0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ruta de los Siete Valles Colgantes: guía completa por el sendero más bonito del Algarve"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre la Praia da Marinha y Vale Centeanes se extiende uno de los senderos más sorprendentes del sur de Portugal. Son apenas seis kilómetros, pero concentran acantilados, cuevas y playas que convierten esta ruta en una de las más completas del Algarve
</p><p class="subtitle">La ruta de senderismo en Galicia que es perfecta para disfrutar de un paseo por el bosque en Semana Santa</p></div><p class="article-text">
        Si buscas una ruta de esas en las que se contempla m&aacute;s de lo que se camina, seguramente acertar&aacute;s con esta. En la ruta de los Siete Valles Colgantes, en el Algarve, el sendero avanza pegado a los acantilados, siempre con el Atl&aacute;ntico a la vista, enlazando miradores naturales desde los que cuesta no pararse cada pocos minutos. Aqu&iacute; no hay grandes desniveles ni pasos complicados, lo que realmente engancha es el paisaje.
    </p><p class="article-text">
        El nombre no es casual. Los llamados valles colgantes son antiguas salidas de agua hacia el mar, cada valle colgante estaba asociado a la desembocadura de un arroyo, y con el paso del tiempo, quedaron suspendidas sobre la l&iacute;nea de costa por la erosi&oacute;n. Ese proceso ha ido modelando un relieve muy reconocible, con paredes de roca caliza, arcos naturales, cuevas y peque&ntilde;as calas encajadas entre acantilados. Es un terreno cambiante, donde en pocos minutos se pasa de zonas m&aacute;s verdes a tramos de roca desnuda, casi blanquecina.
    </p><p class="article-text">
        La ruta, de unos 6 kil&oacute;metros entre la Praia da Marinha y la de Vale Centeanes (el doble si se hace ida y vuelta), se puede completar en unas tres horas sin contar paradas. Pero lo normal es alargarla bastante m&aacute;s. Entre fotos, desv&iacute;os hacia las playas y alg&uacute;n ba&ntilde;o, acaba siendo una experiencia tranquila para todo el d&iacute;a. Adem&aacute;s, el recorrido es sencillo y bien marcado, lo que la convierte en una opci&oacute;n accesible para casi cualquiera que tenga ganas de caminar sin prisa y con buenas vistas. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Praia da Marinha, el punto de inicio.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Tramo 1. Praia da Marinha, el arranque entre arcos de roca</h2><p class="article-text">
        Empezar en la Praia da Marinha es hacerlo por todo lo alto. No solo porque es una de las playas m&aacute;s conocidas del Algarve, sino porque aqu&iacute; el paisaje ya deja claro a qu&eacute; has venido. Antes incluso de caminar, las vistas desde arriba anticipan lo que vendr&aacute; despu&eacute;s: roca ocre, agua turquesa y formaciones naturales que parecen esculpidas a prop&oacute;sito.
    </p><p class="article-text">
        El sendero arranca bordeando los acantilados y, en pocos minutos, aparecen los primeros arcos naturales. Son uno de los iconos de esta zona y tambi&eacute;n uno de los puntos m&aacute;s fotografiados. A partir de aqu&iacute;, veremos que la din&aacute;mica de la ruta consiste en avanzar unos metros, parar, mirar, seguir, volver a parar, volver a mirar, y as&iacute; una y otra vez.
    </p><p class="article-text">
        Este primer tramo es c&oacute;modo y muy agradecido. No exige demasiado, pero ofrece mucho desde el inicio. Es, probablemente, el mejor lugar para entender el ritmo de la ruta, pues pronto comprender&aacute;s que, si ven&iacute;as a caminar, las vistas en realidad te van a pedir detenerte m&aacute;s de lo previsto. 
    </p><h2 class="article-text">Tramo 2. Benagil y la cueva m&aacute;s famosa del Algarve</h2><p class="article-text">
        A medida que se avanza, el sendero sigue fiel a la l&iacute;nea de acantilados. El mar queda siempre cerca, pero lo que cambia es el tipo de formaciones que van apareciendo. Empiezan a ser m&aacute;s frecuentes las cavidades en la roca, los llamados algares. Esas aberturas que conectan la superficie con el interior de las cuevas, como si de claraboyas naturales se trataran.
    </p><p class="article-text">
        El punto m&aacute;s conocido de este tramo es, sin duda, Benagil. Primero aparece la playa, m&aacute;s abierta y con ambiente casi siempre animado, y poco despu&eacute;s, uno de los grandes iconos del Algarve: su famosa cueva. Desde el camino se puede ver la abertura superior, pero el interior queda oculto desde arriba.
    </p><p class="article-text">
        Este es uno de esos lugares donde apetece parar un rato, ya sea para descansar, acercarse a la playa o simplemente asomarse a los miradores. Tambi&eacute;n es un buen punto intermedio si no quieres hacer la ruta completa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La cueva de Benagil, uno de los puntos más espectaculares de la ruta.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Tramo 3. Praia do Carvalho, la cala escondida</h2><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de Benagil, el recorrido sigue enlazando peque&ntilde;as calas y tramos de acantilado hasta llegar a uno de los rincones m&aacute;s especiales de la ruta: la Praia do Carvalho. Aqu&iacute; el paisaje cambia ligeramente de escala y se vuelve m&aacute;s recogido.
    </p><p class="article-text">
        Parte de su encanto est&aacute; en el acceso. Para llegar a la arena hay que atravesar un t&uacute;nel excavado en la roca, con escaleras incluidas, que desemboca directamente en la playa. Es un paso corto, pero lo suficientemente llamativo como para convertir la llegada en algo distinto.
    </p><p class="article-text">
        Una vez abajo, el entorno queda protegido por paredes de roca bastante verticales, lo que crea una sensaci&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima que en otras playas del recorrido. Es un buen sitio para parar, descansar o darse un ba&ntilde;o si el d&iacute;a acompa&ntilde;a.
    </p><h2 class="article-text">Tramo 4. Del paisaje lunar al Faro de Alfanzina</h2><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo tramo, el paisaje vuelve a cambiar. La vegetaci&oacute;n pierde protagonismo y la roca aparece m&aacute;s desnuda, m&aacute;s clara, creando una sensaci&oacute;n casi lunar en algunos puntos. Es un terreno m&aacute;s abierto, donde las formas del relieve se aprecian con m&aacute;s claridad.
    </p><p class="article-text">
        En esta zona se encuentra el entorno del Faro de Alfanzina, uno de los puntos de referencia de la ruta. Desde aqu&iacute;, las vistas vuelven a abrirse hacia el Atl&aacute;ntico y permiten ver bien c&oacute;mo la costa se fragmenta en entrantes y salientes.
    </p><p class="article-text">
        Cerca de este tramo tambi&eacute;n circula una leyenda local, la de una princesa mora que, seg&uacute;n cuentan, llor&oacute; la muerte de su amado sobre la roca del Leix&atilde;o do Ladr&atilde;o hasta que sus l&aacute;grimas quedaron marcadas en la piedra. La verdad es que el paisaje se presta a f&aacute;bulas y mitos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Desde el agua, todo se ve diferente.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Ver los Siete Valles desde el agua: el plan que lo completa todo</h2><p class="article-text">
        La ruta est&aacute; pensada para hacerse a pie, pero verla tambi&eacute;n desde el mar completa a la perfecci&oacute;n la experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Desde abajo, todo cambia. Los acantilados ganan altura, las cuevas se entienden mejor y los arcos naturales se ven en perspectiva. Lugares como la cueva de Benagil solo se pueden visitar por agua, ya sea en kayak o en barco, as&iacute; que es una buena manera de a&ntilde;adir algo distinto al recorrido.
    </p><p class="article-text">
        Si crees que esta opci&oacute;n te cuadra, se puede reservar una excursi&oacute;n corta o alquilar un kayak en zonas como Benagil o alrededores. Si encaja en el plan, sin duda es un extra que marca la diferencia entre una ruta muy buena y una experiencia mucho m&aacute;s completa.
    </p><h2 class="article-text">Gu&iacute;a pr&aacute;ctica para recorrer la Ruta de los Siete Valles Colgantes</h2><p class="article-text">
        La ruta discurre entre la Praia da Marinha y la Praia de Vale Centeanes, en la zona central del Algarve. Es un recorrido lineal, as&iacute; que lo m&aacute;s habitual es hacer ida y vuelta por el mismo camino, aunque tambi&eacute;n se puede organizar con dos coches o volver en taxi desde uno de los extremos.
    </p><p class="article-text">
        En total son unos 6 kil&oacute;metros por sentido, con una duraci&oacute;n aproximada de tres horas solo ida. Aun as&iacute;, como decimos, lo normal es tardar m&aacute;s. Entre paradas, fotos y alg&uacute;n ba&ntilde;o, es f&aacute;cil que se alargue hasta medio d&iacute;a o incluso una jornada completa.
    </p><p class="article-text">
        El terreno es sencillo, con caminos de tierra y algunos tramos algo pedregosos, pero sin complicaciones t&eacute;cnicas. Eso s&iacute;, conviene llevar calzado cerrado y c&oacute;modo, porque hay subidas y bajadas constantes, aunque no muy exigentes.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los puntos clave a tener en cuenta es el clima. Apenas hay sombra en todo el recorrido, as&iacute; que es importante evitar las horas centrales del d&iacute;a, sobre todo en verano. Llevar agua, protecci&oacute;n solar y gorra no es opcional aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n merece la pena plantearse a qu&eacute; hora empezar. A primera hora de la ma&ntilde;ana o por la tarde la luz es m&aacute;s suave, hay menos gente y la caminata se hace m&aacute;s llevadera. Y si la idea es parar en alguna playa, conviene tener en cuenta las mareas, ya que algunas calas reducen bastante su espacio cuando sube el nivel del mar.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, aunque el sendero est&aacute; bien marcado y no tiene p&eacute;rdida, hay que moverse con sentido com&uacute;n. Se camina muy cerca de acantilados y zonas abiertas, as&iacute; que es fundamental respetar las se&ntilde;ales y evitar salirse del camino, especialmente en los miradores m&aacute;s expuestos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/ruta-siete-valles-colgantes-guia-completa-sendero-bonito-algarve_1_13099715.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 20:02:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ruta de los Siete Valles Colgantes: guía completa por el sendero más bonito del Algarve]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Portugal,Senderismo,Playas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gante por primera vez: las claves de un viajero experto para organizar tu visita y no perderte nada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/gante-primera-vez-claves-viajero-experto-organizar-visita-no-perderte_1_13089282.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/79e35bbe-e645-4c16-bdd0-4b10f3a357a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gante por primera vez: las claves de un viajero experto para organizar tu visita y no perderte nada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Menos turística que Brujas pero con más encanto que Bruselas, Gante es una de las ciudades más agradables de Flandes. Sabiendo cuándo ir, cómo moverte, qué ver, qué comer y qué hacer, puedes conseguir que se convierta en la escapada perfecta
</p><p class="subtitle">Viajar por Europa no tiene que ser caro: siete ciudades sorprendentes que visitar esta primavera</p></div><p class="article-text">
        Gante suele vivir a la sombra de Brujas y Bruselas, pero basta con poner un pie en su centro hist&oacute;rico para entender que merece una visita por s&iacute; sola. Canales, fachadas medievales, iglesias imponentes y un aire tranquilo que hace de ella una ciudad agradable, amigable y f&aacute;cil de disfrutar. Gante es manejable y c&oacute;moda, y ofrece un interesante equilibrio entre lo monumental y lo cotidiano, al mismo tiempo que esconde rincones de aut&eacute;ntico cuento.
    </p><p class="article-text">
        Su ubicaci&oacute;n, adem&aacute;s, la convierte en una parada casi perfecta. Est&aacute; a medio camino entre Bruselas y Brujas, y bien conectada por tren. Por eso tambi&eacute;n muchos viajeros la eligen no solo como visita, sino como base desde la que explorar Flandes. A eso se suma su car&aacute;cter universitario, que le da vida durante todo el a&ntilde;o y la aleja de esa sensaci&oacute;n de parque tem&aacute;tico que puedes tener en Brujas.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, m&aacute;s all&aacute; de lo que hay que ver, la clave est&aacute; en c&oacute;mo organizar la visita. Cu&aacute;nto tiempo dedicarle, c&oacute;mo moverse, por d&oacute;nde pasear, qu&eacute; platos probar o qu&eacute; detalles conviene tener en cuenta para no llevarse sorpresas. Porque Gante es f&aacute;cil, s&iacute;, pero con algunos matices. Y ah&iacute; es donde entran en juego estos consejos, pensados para aprovechar mejor el viaje y disfrutar la ciudad al m&aacute;ximo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Cu&aacute;ndo viajar a Gante</strong></h2><p class="article-text">
        B&eacute;lgica es un destino bastante agradecido en cualquier &eacute;poca, pero hay detalles que conviene tener en cuenta. Julio y agosto concentran m&aacute;s viajeros, con d&iacute;as largos y mejor clima. Mayo, junio y septiembre suelen ser el mejor equilibrio entre buen tiempo y menor masificaci&oacute;n. Y el invierno, aunque m&aacute;s fr&iacute;o y lluvioso, tiene el atractivo de los mercados navide&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Al elegir cu&aacute;ndo viajar a Gante tambi&eacute;n hay que tener en cuenta un factor clave: las Gentse Feesten. Durante diez d&iacute;as de julio, la ciudad se transforma con conciertos, actividades y un ambiente que lo cubre todo. Es una experiencia &uacute;nica, pero conviene saberlo de antemano. Si buscas tranquilidad, mejor evitar esas fechas. Si quieres vivir una gran fiesta urbana, ese es el momento.
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            <span class="title">
                Con un paseo en barco descubrirás la ciudad desde otra perspectiva.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">&iquest;Cu&aacute;ntos d&iacute;as dedicar a Gante?</h2><p class="article-text">
        Si lo que buscas es encajar Gante en un viaje m&aacute;s completo por Flandes es cierto que la podr&iacute;as ver en un d&iacute;a,&nbsp;pero se quedar&iacute;a muy corto. Merece mucho la pena hacer, al menos, una noche. Pero lo ideal ser&iacute;a dedicarle dos. Eso te permite recorrer el centro con calma, entrar en alg&uacute;n museo o monumento sin mirar el reloj y, sobre todo, disfrutar de la ciudad cuando cambia el ritmo, llega la noche y la ciudad se ilumina. Algo que nos perder&iacute;amos si solo vamos de paso.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">D&oacute;nde alojarse: las mejores zonas para dormir</h2><p class="article-text">
        Gante no es una ciudad grande, as&iacute; que elegir bien la zona puede marcar la diferencia. El centro hist&oacute;rico, especialmente alrededor de Graslei y Korenlei, es la mejor opci&oacute;n. Est&aacute;s cerca de casi todo y puedes moverte caminando sin depender de transporte. Es m&aacute;s caro, s&iacute;, pero puede compensar.
    </p><p class="article-text">
        La zona de la estaci&oacute;n (Gent-Sint-Pieters) es pr&aacute;ctica si vas a hacer muchas excursiones en tren, aunque pierdes algo de ambiente. Y barrios como Ledeberg pueden ser una alternativa m&aacute;s econ&oacute;mica, bien conectada y cada vez m&aacute;s animada. En cualquier caso, reservar con antelaci&oacute;n es importante, sobre todo en fines de semana y temporada alta.
    </p><h2 class="article-text">La ciudad cambia cuando cae el sol</h2><p class="article-text">
        Gante es una ciudad en la que merece mucho la pena retrasar un poco la hora de irse a dormir. Su plan de iluminaci&oacute;n, <a href="https://visit.gent.be/es/ver-y-hacer/la-noche-magica-de-gante#read-more" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reconocido internacionalmente</a>, no se limita a encender las farolas de las calles y ya. Es un proyecto pensado para resaltar edificios, plazas y canales con una iluminaci&oacute;n cuidada y meticulosa, que transforma por completo el centro hist&oacute;rico. Todo est&aacute; medido para crear contrastes, guiar el paseo y conocer la ciudad desde otra perspectiva.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un ambiente tranquilo, elegante y muy fotog&eacute;nico. Caminar por los muelles de Graslei y Korenlei al anochecer, cuando las fachadas se reflejan en el agua, es una de esas experiencias que justifican por s&iacute; solas el viaje.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El puente de San Miguel al anochecer.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">C&oacute;mo moverse por Gante</h2><p class="article-text">
        Moverse por Gante es sencillo. El centro hist&oacute;rico es compacto y se recorre perfectamente a pie, que es adem&aacute;s la mejor forma de descubrirla porque lo m&aacute;s seguro es que quieras parar a cada momento a contemplar alg&uacute;n detalle.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tranv&iacute;a funciona bien y puede ser &uacute;til si te alojas algo m&aacute;s lejos o quieres ahorrar tiempo en alg&uacute;n desplazamiento puntual. Y la bicicleta es una opci&oacute;n muy habitual, aunque conviene valorar si realmente la necesitas, pues las distancias son cortas y, a no ser que tengas claro que te vas a desplazar por los alrededores, en el centro no es necesaria.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El coche, mejor evitarlo</h2><p class="article-text">
        Si est&aacute;s pensando en alquilar coche, hay un detalle importante: el centro cuenta con una Zona de Bajas Emisiones (LEZ) y, adem&aacute;s, Gante presume de tener la zona peatonal m&aacute;s grande de Flandes.
    </p><p class="article-text">
        Esto implica que no puedes circular libremente y que, en algunos casos, es necesario registrar el veh&iacute;culo previamente. Si no lo haces, la multa llegar&aacute; despu&eacute;s. Y no suele ser precisamente baja.
    </p><p class="article-text">
        En el centro mandan los peatones y los ciclistas, de manera que si llegas a Gante en coche por estar haciendo un viaje a tu aire entre varias ciudades, lo mejor es dejarlo aparcarlo en un lugar adecuado y prescindir de &eacute;l hasta tu marcha.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Idioma: peque&ntilde;o gesto, gran diferencia</h2><p class="article-text">
        En Gante se habla neerland&eacute;s (flamenco). Y aunque la mayor&iacute;a de gente entiende franc&eacute;s, no es la opci&oacute;n m&aacute;s recomendable. Es mejor recurrir al ingl&eacute;s, que funciona perfectamente y suele ser la mejor elecci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, aprender una palabra b&aacute;sica como <em>&ldquo;dank je&rdquo; </em>(gracias) siempre suma alg&uacute;n punto a tu favor. Es un detalle peque&ntilde;o, pero se nota en el trato y la gente lo agradece.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Cuberdons, el dulce más típico.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Comer en Gante: qu&eacute; probar</h2><p class="article-text">
        La gastronom&iacute;a belga es otro de los grandes alicientes del viaje. No es que sea mundialmente reconocida precisamente, pero hay algunos platos que no deber&iacute;as pasar por alto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las patatas fritas est&aacute;n por todas partes y son el t&iacute;pico tentempi&eacute; que encaja en cualquier momento. Los mejillones con patatas fritas, la carne cocinada con cerveza o los gofres son algunos de los cl&aacute;sicos que conviene probar. El dulce m&aacute;s t&iacute;pico son los <em>cuberdons,</em> unos conos rellenos de sirope. Y obviamente tambi&eacute;n el chocolate, claro.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a horarios, son m&aacute;s tempranos que en Espa&ntilde;a, as&iacute; que conviene adaptarse un poco para evitar sorpresas.
    </p><h2 class="article-text">Una ciudad con alma vegetariana</h2><p class="article-text">
        Gante tiene una faceta no muy conocida que suele sorprender bastante a los viajeros, y es que defiende una firme apuesta por la gastronom&iacute;a vegetariana.
    </p><p class="article-text">
        En 2009 puso en marcha los llamados &ldquo;jueves vegetarianos&rdquo;, una iniciativa que anima a no consumir carne ni pescado un d&iacute;a a la semana. Con el tiempo, esto ha generado una oferta muy amplia y variada, hasta el punto de que la ciudad presume de ostentar el t&iacute;tulo de capital vegetariana de Europa. De modo que, aunque no seas vegetariano, es un buen sitio para probar algo diferente.
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                El castillo de Gante desde el agua.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Gante desde el agua</h2><p class="article-text">
        En cuanto empieces a recorrer el casco hist&oacute;rico de Gante ver&aacute;s que el agua tiene un papel protagonista, con numerosos canales que nacen de la confluencia de los r&iacute;os Lys y Escalda. Recorrerlos en barco siempre es una experiencia agradable, descubriendo rincones que a pie pasan desapercibidos y aprendiendo m&aacute;s sobre la ciudad gracias a los comentarios de los gu&iacute;as. Suelen durar unos 40 minutos y salen desde la zona de Graslei y Korenlei.
    </p><p class="article-text">
        Si buscas algo m&aacute;s activo, tambi&eacute;n existe la opci&oacute;n de alquilar un kayak y recorrer los canales a tu ritmo. Es otra forma de ver la ciudad, m&aacute;s tranquila y bastante diferente.
    </p><h2 class="article-text"><em>El Cordero M&iacute;stico:</em> organiza la visita</h2><p class="article-text">
        <em>La Adoraci&oacute;n del Cordero M&iacute;stico</em>, de los hermanos Van Eyck, es una de las obras m&aacute;s importantes del arte occidental y est&aacute; en la catedral de San Bav&oacute;n. De modo que, si viajas a Gante, posiblemente sea algo que no te querr&aacute;s perder.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como es una de las visitas m&aacute;s demandadas de la ciudad, el consejo es claro: <a href="https://visit.gent.be/es/ver-y-hacer/el-cordero-mistico" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">compra tu entrada</a> con toda la antelaci&oacute;n posible. De lo contrario, es muy probable que no puedas entrar. Adem&aacute;s, la visita incluye una experiencia en la cripta con realidad virtual que ayuda a entender mejor la obra antes de verla.
    </p><h2 class="article-text">Imprescindibles de Gante: una selecci&oacute;n para no perderse</h2><p class="article-text">
        En Gante apetece pasear sin un rumbo demasiado fijo, pero hay lugares que conviene tener claros desde el principio para no pasarlos por alto.
    </p><p class="article-text">
        Los muelles de Graslei y Korenlei son la imagen m&aacute;s reconocible de la ciudad y merece la pena verlos tanto de d&iacute;a como de noche. El campanario Belfort ofrece una de las mejores vistas del centro hist&oacute;rico y ayuda a situarse. El Castillo de los Condes de Gante es una visita muy completa, y un buen aliciente si adem&aacute;s viajas por <a href="https://www.eldiario.es/viajes/viajar-belgica-con-ninos_1_11803724.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gante con ni&ntilde;os</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n merece la pena fijarse en el Stadshal, cuya estructura moderna contrasta en pleno centro hist&oacute;rico, entrar en la iglesia de San Nicol&aacute;s, que est&aacute; a solo unos metros, atravesar la calle Werregarenstraatje, famosa por sus grafitis, o dedicarle un rato al puente de San Miguel, que est&aacute; rodeado por la zona m&aacute;s monumental de la ciudad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El Stadshal, o pabellón municipal, contrastando en el casco histórico de Gante."
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                El Stadshal, o pabellón municipal, contrastando en el casco histórico de Gante.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Consejos pr&aacute;cticos que tener en cuenta</h2><p class="article-text">
        Teniendo todo esto en mente, vamos a lo pr&aacute;ctico. El clima en B&eacute;lgica es cambiante, as&iacute; que llevar algo de abrigo o un chubasquero siempre es buena idea, incluso en verano. El calzado c&oacute;modo es casi obligatorio, las calles adoquinadas e irregulares est&aacute;n por todas partes y eso se nota al final del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Si viajas en temporada alta, reservar con antelaci&oacute;n tanto alojamiento como la visita al <em>Cordero M&iacute;stico</em> te permitir&aacute; viajar con m&aacute;s tranquilidad. Y en cuanto a documentaci&oacute;n, si viajas desde Espa&ntilde;a basta con el DNI ,y adem&aacute;s tendr&aacute;s cobertura sanitaria gracias a la Tarjeta Sanitaria Europea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Enchufes? Los mismos. &iquest;Moneda? La misma. &iquest;Tarifas de tel&eacute;fono? Las mismas gracias al <em>roaming </em>europeo. As&iacute; que una vez all&iacute;, todo resulta realmente f&aacute;cil. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/gante-primera-vez-claves-viajero-experto-organizar-visita-no-perderte_1_13089282.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 20:16:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gante por primera vez: las claves de un viajero experto para organizar tu visita y no perderte nada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bélgica,Escapadas,Ciudades,Guías Turísticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[185 kilómetros junto al mar: el Camí de Cavalls, la gran ruta senderista que rodea Menorca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/185-kilometros-mar-cami-cavalls-gran-ruta-senderista-rodea-menorca_1_13095779.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c001be51-f2ab-4cd6-bd68-990f31323ae9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="185 kilómetros junto al mar: el Camí de Cavalls, la gran ruta senderista que rodea Menorca"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Rodear Menorca a pie es posible gracias a este recorrido circular que conecta calas de agua cristalina, tramos con paisajes salvajes y caminos cargados de historia. Un itinerario pensado para disfrutar al aire libre y conocer la isla de primera mano
</p><p class="subtitle">Semana Santa sin procesiones: siete refugios nacionales para desconectar entre naturaleza</p></div><p class="article-text">
        Menorca se puede recorrer de muchas maneras, pero pocas tan completas, y tan aut&eacute;nticas, como siguiendo el Cam&iacute; de Cavalls. Este sendero hist&oacute;rico rodea toda la isla a lo largo de unos 185 kil&oacute;metros pegados al mar, enlazando calas escondidas, acantilados, bosques mediterr&aacute;neos y algunos de los paisajes m&aacute;s caracter&iacute;sticos del Mediterr&aacute;neo. En definitiva, una forma de entender Menorca con nuestros propios pasos.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta hacerlo entero para apreciarlo. Basta con calzarse unas zapatillas de senderismo y elegir un tramo para descubrir c&oacute;mo cambia el paisaje en cuesti&oacute;n de kil&oacute;metros: del norte m&aacute;s salvaje y ventoso al sur de aguas turquesas y arena blanca, pasando por humedales, barrancos o antiguos caminos rurales. Cada parte tiene su propio car&aacute;cter, y ah&iacute; est&aacute; parte de su encanto.
    </p><p class="article-text">
        Con origen medieval y recuperado para el senderismo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, el Cam&iacute; de Cavalls es hoy mucho m&aacute;s que una ruta. Si te animas, ver&aacute;s que es una manera distinta de viajar por la isla, m&aacute;s pausada, m&aacute;s cercana y, sobre todo, m&aacute;s conectada con su entorno.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una ruta llena de contrastes.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Caballos armados para vigilar la costa</h2><p class="article-text">
        El Cam&iacute; de Cavalls no naci&oacute; como una ruta de senderismo. Su origen se remonta a la Edad Media, cuando el rey Jaime II orden&oacute; que los habitantes de la isla mantuvieran caballos armados para vigilar la costa. Aquel sistema defensivo dio lugar a un camino perimetral que permit&iacute;a recorrer Menorca a caballo y controlar posibles ataques desde el mar.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo, el trazado sigui&oacute; teniendo un uso estrat&eacute;gico. Durante las dominaciones brit&aacute;nica y francesa, el camino se mantuvo y reforz&oacute; como v&iacute;a de comunicaci&oacute;n entre torres de vigilancia, bater&iacute;as y fortificaciones. Pero, como suele ocurrir, la p&eacute;rdida de su funci&oacute;n original acab&oacute; llev&aacute;ndolo al abandono durante buena parte del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        La historia podr&iacute;a haber terminado ah&iacute;, pero no fue as&iacute;. A partir de finales de los a&ntilde;os noventa, diferentes iniciativas impulsaron su recuperaci&oacute;n hasta que, gracias a la ley aprobada en el a&ntilde;o 2000, el Cam&iacute; de Cavalls volvi&oacute; a abrirse al p&uacute;blico. Desde 2010 se puede recorrer de forma &iacute;ntegra, convertido en el sendero GR-223 y en uno de los grandes itinerarios de naturaleza del pa&iacute;s.
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            <span class="title">
                Una ruta de senderismo que se asoma al mar.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">C&oacute;mo es la ruta y c&oacute;mo recorrerla</h2><p class="article-text">
        El Cam&iacute; de Cavalls es un recorrido circular de unos 185 kil&oacute;metros que da la vuelta completa a Menorca siguiendo, en la medida de lo posible, su litoral. Est&aacute; dividido en 20 tramos oficiales, aunque conviene aclarar algo importante: esos tramos no son etapas en s&iacute; mismas. Son divisiones t&eacute;cnicas, pensadas para organizar el recorrido, pero en la pr&aacute;ctica cada viajero adapta las jornadas a su ritmo.
    </p><p class="article-text">
        A pie, lo habitual es completar la ruta en unas 10 etapas, agrupando varios tramos cada d&iacute;a. Tambi&eacute;n es perfectamente v&aacute;lido hacer solo una parte, como una excursi&oacute;n de medio d&iacute;a o de jornada completa. De hecho, es la opci&oacute;n m&aacute;s com&uacute;n para quienes visitan la isla sin plantearse la vuelta entera.
    </p><p class="article-text">
        En bicicleta, el planteamiento cambia. El recorrido completo suele dividirse en cuatro o cinco d&iacute;as, aunque hay tramos m&aacute;s t&eacute;cnicos en los que toca bajarse y empujar. Tambi&eacute;n se puede hacer a caballo, en homenaje a su origen, aunque es una opci&oacute;n m&aacute;s minoritaria.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los grandes atractivos del Cam&iacute; de Cavalls es su variedad constante. La costa norte, entre Ma&oacute; y Ciutadella, es m&aacute;s agreste, con paisajes abiertos, roca oscura y la presencia casi permanente del viento. Aqu&iacute; aparecen faros como el de Fav&agrave;ritx o Cavalleria, calas m&aacute;s abruptas y zonas de gran valor natural. En cambio, la costa sur es m&aacute;s amable, con calas de arena blanca, aguas tranquilas, barrancos que desembocan en el mar y pinares que llegan pr&aacute;cticamente hasta la playa.
    </p><p class="article-text">
        En el camino tambi&eacute;n hay espacio para la historia. Torres defensivas, faros, restos talay&oacute;ticos o antiguos sistemas agr&iacute;colas aparecen cuando menos te lo esperas. Todo ello en una isla declarada Reserva de la Biosfera, donde el equilibrio entre paisaje y actividad humana sigue siendo una de sus se&ntilde;as de identidad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="El Camí de Cavalls a pie o en bici, como prefieras."
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            <span class="title">
                El Camí de Cavalls a pie o en bici, como prefieras.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Los 20 tramos del Cam&iacute; de Cavalls</h2><p class="article-text">
        El recorrido oficial se divide en 20 tramos que, combinados, permiten dise&ntilde;ar etapas a medida. Estos son, uno a uno:
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. Sa Mesquida &ndash; Es Grau</strong>
    </p><p class="article-text">
        4,21 km &ndash; 3 h &ndash; Dificultad: media
    </p><p class="article-text">
        Arranca junto a la playa de Sa Mesquida, marcada por el viento y la sal, y avanza entre dunas, zonas h&uacute;medas y campos de cultivo. Un primer contacto suave pero muy representativo del paisaje menorqu&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Es Grau &ndash; Fav&agrave;ritx</strong>
    </p><p class="article-text">
        8,53 km &ndash; 6 h &ndash; Dificultad: media
    </p><p class="article-text">
        Se adentra en el Parque Natural de s&rsquo;Albufera des Grau, el gran tesoro ecol&oacute;gico de la isla, antes de alcanzar el paisaje casi lunar del cabo de Fav&agrave;ritx.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Fav&agrave;ritx &ndash; Puerto de Addaia</strong>
    </p><p class="article-text">
        7,74 km &ndash; 5 h &ndash; Dificultad: media
    </p><p class="article-text">
        Uno de los tramos m&aacute;s variados, donde se alternan zonas agr&iacute;colas, costa rocosa y humedales como el puerto de Addaia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4 - Son Saura &ndash; Ses Salines de Fornells</strong>
    </p><p class="article-text">
        4,88 km &ndash; 3 h &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Recorrido c&oacute;modo y sin grandes desniveles, con buenas vistas y presencia de sistemas dunares y zonas h&uacute;medas. El pueblo de pescadores de Fornells es parada obligatoria.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. Cala Tirant &ndash; Binimel&middot;l&agrave;</strong>
    </p><p class="article-text">
        8,43 km &ndash; 6 h &ndash; Dificultad: media
    </p><p class="article-text">
        Territorio bien conservado, con playas v&iacute;rgenes, dunas y una notable riqueza geol&oacute;gica y ornitol&oacute;gica. El entorno del faro de Cavalleria nos deja unas vistas privilegiadas del mar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. Binimel&middot;l&agrave; &ndash; Cala Pilar</strong>
    </p><p class="article-text">
        8,91 km &ndash; 6 h &ndash; Dificultad: alta
    </p><p class="article-text">
        Uno de los tramos m&aacute;s exigentes y espectaculares, con relieve abrupto y calas remotas como Pregonda o el propio Pilar. Ojo en este tramo a sus llamativos sistemas dunares.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. Cala Pilar &ndash; Algaiarens</strong>
    </p><p class="article-text">
        8,22 km &ndash; 6 h &ndash; Dificultad: media
    </p><p class="article-text">
        Paisajes cambiantes, entre bosques, arenales y zonas de gran biodiversidad vegetal. Aqu&iacute;, Cala del Pilar es una de las playas v&iacute;rgenes de la costa norte con mayor grado de conservaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. Algaiarens &ndash; Cala Morell</strong>
    </p><p class="article-text">
        3,97 km &ndash; 2 h 30 min &ndash; Dificultad: media
    </p><p class="article-text">
        Transici&oacute;n entre la Menorca m&aacute;s verde y la m&aacute;s seca, con final en Cala Morell y su necr&oacute;polis prehist&oacute;rica de &eacute;poca talay&oacute;tica (1500-300 a.C.).
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. Cala Morell &ndash; Punta Nati</strong>
    </p><p class="article-text">
        6,84 km &ndash; 4 h 30 min &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Paisaje abierto y casi des&eacute;rtico, moldeado por el viento, con el faro de Punta Nati como referencia. Aqu&iacute; llaman la atenci&oacute;n las diferentes construcciones tradicionales, como los muros de pared seca o las barracas, donde el ganado se refugia de las inclemencias del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10 - Punta Nati &ndash; Calespiques</strong>
    </p><p class="article-text">
        5,17 km &ndash; 4 h &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Tramo rocoso pero accesible, con formaciones naturales como el Pont d&rsquo;en Gil, un puente de roca natural formado por las oscilaciones del mar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El faro Favàritx, uno de los puntos de interés del Camí de Cavalls.                            </span>
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        <strong>11. Cala Blanca &ndash; Cap d&rsquo;Artrutx</strong>
    </p><p class="article-text">
        4,10 km &ndash; 3 h &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Entrada en la costa sur, m&aacute;s suave, con playas accesibles y vegetaci&oacute;n mediterr&aacute;nea. En este tramo, si nos alejamos un poco del sendero original, podemos llegar a la Naveta des Tudons, uno de los monumentos m&aacute;s emblem&aacute;ticos de la prehistoria menorquina.
    </p><p class="article-text">
        <strong>12. Son Xoriguer &ndash; Cala en Turqueta</strong>
    </p><p class="article-text">
        8,89 km &ndash; 6 h &ndash; Dificultad: media
    </p><p class="article-text">
        Uno de los tramos m&aacute;s atractivos del sur, enlazando algunas de las calas m&aacute;s conocidas de la isla. Son Saura, Turqueta y Es Talaier cautivan con sus aguas cristalinas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>13. Cala en Turqueta &ndash; Cala Galdana</strong>
    </p><p class="article-text">
        4,38 km &ndash; 3 h &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Ruta entre barrancos y pinares, con desv&iacute;os a Macarella y Macarelleta, dos de las calas m&aacute;s famosas de la isla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>14. Cala Galdana &ndash; Santo Tom&aacute;s</strong>
    </p><p class="article-text">
        9,97 km &ndash; 7 h &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        La llamada ruta de los barrancos, por pasar por el d&rsquo;Algendar, Trebal&uacute;ger y Albranca, con algunos de los paisajes m&aacute;s espectaculares del sur.
    </p><p class="article-text">
        <strong>15. Santo Tom&aacute;s &ndash; Son Bou</strong>
    </p><p class="article-text">
        2,93 km &ndash; 2 h 30 min &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Tramo corto y sencillo, junto a la playa de Son Bou, la m&aacute;s larga de Menorca, que llama la atenci&oacute;n adem&aacute;s por su vegetaci&oacute;n dunar propia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>16. Son Bou &ndash; Cala en Porter</strong>
    </p><p class="article-text">
        7,80 km &ndash; 5 h &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Recorrido entre grandes barrancos y zonas h&uacute;medas, con buena muestra de biodiversidad. A poca distancia del sendero tenemos la Torre d&rsquo;en Galm&eacute;s, el poblado talay&oacute;tico m&aacute;s grande de la isla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>17. Cala en Porter &ndash; Es Canutells</strong>
    </p><p class="article-text">
        4,75 km &ndash; 3 h &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Alterna tramos de barrancos con zonas m&aacute;s abiertas y agr&iacute;colas. Calascoves es posiblemente uno de los puntos de mayor inter&eacute;s de este tramo gracias a su necr&oacute;polis de &eacute;poca talay&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>18. Es Canutells &ndash; Cap d&rsquo;en Font</strong>
    </p><p class="article-text">
        3,73 km &ndash; 2 h 30 min &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Terreno llano, f&aacute;cil de recorrer, con peque&ntilde;as calas muy bien conservadas. Las de Binib&egrave;quer o Binissaf&uacute;ller son m&aacute;s familiares, y las de Binidal&iacute;, Biniparratx o el cal&oacute; Blanc, m&aacute;s peque&ntilde;as y bonitas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>19. Punta Prima &ndash; Alcalfar</strong>
    </p><p class="article-text">
        2,26 km &ndash; 1 h 30 min &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Tramo costero muy accesible, siempre en contacto con el mar. Nos llamar&aacute; la atenci&oacute;n tanto la isla de l&rsquo;Aire, un peque&ntilde;o islote con faro y de gran valor ecol&oacute;gico, como la torre de defensa que se levanta en Alcalfar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>20. Alcalfar &ndash; Cala Sant Esteve</strong>
    </p><p class="article-text">
        4,17 km &ndash; 3 h &ndash; Dificultad: f&aacute;cil
    </p><p class="article-text">
        Final tranquilo, algo m&aacute;s interior, con llegada al entorno del puerto de Ma&oacute; y sus fortificaciones, como la fortaleza del Fort de Marlborough o la hist&oacute;rica Torre de defensa d'en Penjat.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Los hitos que marcan el Camí de Cavalls.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Consejos y recomendaciones</h2><p class="article-text">
        Antes de lanzarse a recorrer el Cam&iacute; de Cavalls conviene planificar bien la ruta. No tanto por su dificultad, que en general es asumible, como por la log&iacute;stica. Tenemos que tener claro d&oacute;nde empezar, c&oacute;mo nos moveremos entre tramos o d&oacute;nde dormir si se plantea en varias jornadas.
    </p><p class="article-text">
        El clima es otro factor clave. En Menorca, el viento marca mucho la experiencia. Si sopla del norte, puede ser buena idea optar por tramos del sur, y viceversa. Tambi&eacute;n ayuda caminar de este a oeste para evitar el sol de frente, especialmente en los meses m&aacute;s calurosos.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al equipamiento, no hay grandes secretos. Lleva calzado c&oacute;modo y con buen agarre, agua suficiente (porque no hay fuentes), algo de comida y protecci&oacute;n solar. En verano, gorra y ba&ntilde;ador son casi obligatorios, mientras que en meses m&aacute;s fr&iacute;os, mejor a&ntilde;adir algo de abrigo ligero y cortavientos.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, una cuesti&oacute;n b&aacute;sica que nunca est&aacute; de m&aacute;s recordar: respetar el entorno. El camino atraviesa fincas privadas, zonas protegidas y espacios de gran valor ecol&oacute;gico. Seguir la se&ntilde;alizaci&oacute;n, no salirse del trazado y llevarse la basura es parte del viaje. Porque recorrer el Cam&iacute; de Cavalls no es solo caminar, tambi&eacute;n es entender el lugar por el que se pasa siendo conscientes de su valor natural e hist&oacute;rico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/185-kilometros-mar-cami-cavalls-gran-ruta-senderista-rodea-menorca_1_13095779.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 21:30:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[185 kilómetros junto al mar: el Camí de Cavalls, la gran ruta senderista que rodea Menorca]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Menorca,Senderismo,Naturaleza,Ciclismo,Baleares,Islas Baleares,Caballos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marruecos en Semana Santa: una ruta de nueve días entre medinas, desiertos y montañas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/marruecos-semana-santa-ruta-nueve-dias-medinas-desiertos-montanas_1_13042609.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/52ea06a9-e4c4-441b-84d6-0584f1a40bcf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Marruecos en Semana Santa: una ruta de nueve días entre medinas, desiertos y montañas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un viaje que arranca entre los zocos de Marrakech, cruza el Alto Atlas hacia Ait Ben Haddou y Ouarzazate, se adentra en las gargantas del Dades y del Todra y llega hasta las dunas de Merzouga, antes de poner rumbo a Fez, Chefchaouen y Tánger
</p><p class="subtitle">Semana Santa sin procesiones: siete refugios nacionales para desconectar entre naturaleza</p></div><p class="article-text">
        Semana Santa es, posiblemente, uno de los mejores momentos del a&ntilde;o para viajar a Marruecos. No hace el calor extremo del verano, y aunque las noches en el desierto son frescas y las monta&ntilde;as del Atlas pueden conservar algo de nieve en las cumbres, los d&iacute;as son lo suficientemente largos y las temperaturas agradables. Adem&aacute;s, si sumas los fines de semana, es relativamente f&aacute;cil disponer de ocho o nueve d&iacute;as reales, el tiempo justo para hacer una ruta completa sin ir a la carrera.
    </p><p class="article-text">
        Para <a href="https://www.eldiario.es/viajes/guia-viajar-marruecos-consejos-de-un-viajero_1_11680495.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">viajar a Marruecos</a> la clave est&aacute; en plantear bien el recorrido y decidir el medio de transporte. Podemos cruzar con nuestro propio veh&iacute;culo en ferri, pero si queremos llegar a Marrakech y al desierto de Merzouga tendr&iacute;amos que hacer una ruta circular que, aun siendo viable, implicar&iacute;a un importante atrac&oacute;n de kil&oacute;metros y visitas demasiado r&aacute;pidas. As&iacute; que te vamos a proponer otra opci&oacute;n: volar a Marrakech, alquilar all&iacute; un coche, y hacer un viaje lineal hasta terminar en T&aacute;nger, desde donde volver&iacute;amos en avi&oacute;n a casa. Devolver el coche en un lugar diferente al de recogida conllevar&aacute; un extra econ&oacute;mico, pero suele merecer la pena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La propuesta seguir&iacute;a la siguiente ruta: empezar en Marrakech, cruzar el Atlas hacia el sur, dormir en el desierto, enlazar con Fez tras una gran jornada de carretera y terminar en el norte, en Chefchaouen y T&aacute;nger. Una ruta lineal, sin deshacer camino, que en poco m&aacute;s de una semana te llevar&aacute; de las medinas bulliciosas a las gargantas de roca, de los palmerales infinitos a las dunas, y de ah&iacute; a bosques de cedros y ciudades imperiales. Todo en un pa&iacute;s al alcance de la mano, tan cercano como lleno de contrastes.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La plaza de Jemaa el-Fna, en Marrakech.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">D&iacute;as 1 y 2: Marrakech</h2><p class="article-text">
        La ruta comienza en <a href="https://www.eldiario.es/viajes/marrakech-principiantes-ver-consejos-utiles_1_1352541.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marrakech</a>, que para muchos viajeros es la puerta de entrada a Marruecos y, probablemente, la ciudad m&aacute;s famosa del pa&iacute;s. Nada m&aacute;s llegar, lo mejor es tomarse el primer d&iacute;a con calma, dedicarlo a dar un paseo por la medina, empezar a orientarse entre callejuelas y terminar la jornada cenando en la animada plaza de Jemaa el-Fna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El segundo d&iacute;a es el momento de dedicar tiempo a descubrir la ciudad con m&aacute;s profundidad. Marrakech es una ciudad muy viva, que est&aacute; en movimiento desde primera hora de la ma&ntilde;ana hasta bien entrada la noche. Gran parte de los lugares imprescindibles se concentran dentro de la medina, donde puedes visitar espacios como la madrasa Ben Youssef, el Palacio de la Bah&iacute;a o las Tumbas Saad&iacute;es, adem&aacute;s de perderte por los zocos llenos de especias, telas y talleres artesanos. Y s&iacute;, lo de &lsquo;perderte&rsquo; en muchas ocasiones es literal.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de las visitas concretas, una de las mejores formas de conocer Marrakech es simplemente pasear sin rumbo por la medina. Tarde o temprano acabar&aacute;s en alguno de sus mercados o en alguna peque&ntilde;a plaza llena de colores y olores, de esas que no aparecen en las gu&iacute;as.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">D&iacute;a 3: Marrakech &ndash; Ait Ben Haddou &ndash; Ouarzazate</h2><p class="article-text">
        El tercer d&iacute;a comienza realmente el viaje por carretera, as&iacute; que no interesa coger el coche de alquiler hasta entonces; en Marrakech no lo querr&aacute;s para nada. Al salir de la ciudad pondr&aacute;s rumbo al sur cruzando el Alto Atlas por el puerto de monta&ntilde;a de Tizi n&rsquo;Tichka, a m&aacute;s de 2.200 metros de altura, uno de los pasos m&aacute;s espectaculares de esta cordillera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras atravesar el Atlas llegar&aacute;s a uno de los lugares m&aacute;s ic&oacute;nicos del sur de Marruecos: Ait Ben Haddou. Este antiguo <em>ksar, </em>algo as&iacute; como un poblado fortificado de adobe, parece detenido en el tiempo, con torres almenadas y callejuelas de tierra que suben hasta la parte alta de la colina. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, tambi&eacute;n es conocido por haber sido escenario de pel&iacute;culas y series como <em>Gladiator</em> o <em>Juego de Tronos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de recorrerlo con calma, la ruta contin&uacute;a hacia Ouarzazate. Esta ciudad es famosa por su relaci&oacute;n con el cine y por construcciones como la kasbah de Taourirt, una antigua fortaleza que permite hacerse una idea de c&oacute;mo eran las residencias de los gobernadores de la regi&oacute;n. Aqu&iacute; puedes hacer noche antes de continuar hacia el desierto al d&iacute;a siguiente.
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                La garganta del Dades, en Marruecos.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">D&iacute;a 4: Ouarzazate &ndash; Gargantas del Dades &ndash; Gargantas del Todra &ndash; Erfoud</h2><p class="article-text">
        La jornada comienza siguiendo la llamada Ruta de las Mil Kasbahs, una zona donde se suceden pueblos bereberes, palmerales y fortalezas de adobe que forman uno de los paisajes m&aacute;s caracter&iacute;sticos del sur del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera parada importante del d&iacute;a son las Gargantas del Dades. La carretera que recorre este valle es conocida por sus curvas y por las curiosas formaciones rocosas de la zona, entre ellas las llamadas &ldquo;dedos de mono&rdquo;. Adem&aacute;s del paisaje, el propio recorrido por el valle es una de las partes m&aacute;s interesantes de esta etapa.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante aparecen las Gargantas del Todra, probablemente el ca&ntilde;&oacute;n m&aacute;s famoso del sur de Marruecos. En algunos tramos, las paredes de roca alcanzan hasta 300 metros de altura, creando un paisaje espectacular que se ha convertido en una de las paradas cl&aacute;sicas de cualquier ruta por esta regi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde aqu&iacute;, la ruta contin&uacute;a hacia el sureste atravesando palmerales y peque&ntilde;os pueblos hasta llegar a Erfoud, una localidad conocida por sus f&oacute;siles y m&aacute;rmoles. Podr&iacute;amos llegar hasta Merzouga, pero para entonces ya llevaremos un buen n&uacute;mero de kil&oacute;metros en el cuerpo y Erfoud es buen sitio para hacer noche antes de entrar definitivamente en el desierto.
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                Erg Chebbi, en Merzouga.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">D&iacute;a 5: Erfoud &ndash; Merzouga</h2><p class="article-text">
        El quinto d&iacute;a el destino est&aacute; claro: el desierto. Desde Erfoud apenas queda un peque&ntilde;o tramo de carretera hasta llegar a Merzouga, la puerta de entrada al desierto de Erg Chebbi. Sus dunas dan lugar uno de los paisajes m&aacute;s ic&oacute;nicos del pa&iacute;s. Algunas alcanzan hasta 150 metros de altura y forman un mar de arena dorada que cambia de color seg&uacute;n avanza el d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s recomendable es llevar reservado un alojamiento (los hay de todo tipo y presupuesto) al que podamos llegar con nuestro coche, y desde ah&iacute; ser transportados hasta un campamento en medio de las dunas. All&iacute; probablemente te recibir&aacute;n con el tradicional t&eacute; bereber antes de la cena y, por la noche, dormir&aacute;s en una jaima bajo el cielo estrellado del desierto. Para muchos este es uno de los momentos m&aacute;s memorables de toda la ruta, pero ten en cuenta que en el desierto, al ponerse el sol, las temperaturas caen en picado.
    </p><h2 class="article-text">D&iacute;a 6: Merzouga &ndash; Fez</h2><p class="article-text">
        Tras despertar temprano en medio del desierto es momento de ponerse en marcha. Este va a ser el d&iacute;a m&aacute;s largo de la ruta, pero tambi&eacute;n uno de los m&aacute;s interesantes desde el punto de vista paisaj&iacute;stico. Una vez ya de nuevo en tu veh&iacute;culo, la carretera gira hacia el norte para cruzar el Medio Atlas rumbo a Fez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por delante tenemos muchos kil&oacute;metros, unos 460, pero merecer&aacute; la pena el atrac&oacute;n. Durante el trayecto puedes hacer algunas paradas, por ejemplo en Rissani, antigua capital de Tafilalt y ciudad con una gran importancia hist&oacute;rica, o en alguno de los miradores del Valle del Ziz, desde donde se contemplan extensos palmerales que acompa&ntilde;an el curso del r&iacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante el paisaje vuelve a cambiar al entrar en las zonas monta&ntilde;osas del Atlas, donde incluso es posible pasar por localidades como Azrou o Ifrane, cuyas casas con tejados a dos aguas nos recuerdan m&aacute;s a Suiza que a Marruecos, pero no sin antes haber atravesado un espectacular bosque de cedros. Despu&eacute;s, por fin, llegaremos a Fez, donde pasaremos dos noches.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                La curtiduría Chouwara de Fez.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">D&iacute;a 7: Fez</h2><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de tantos kil&oacute;metros, <a href="https://www.eldiario.es/viajes/fez-inmersion-corazon-marruecos_1_1575104.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fez</a> merece una jornada completa. Su medina es enorme y est&aacute; declarada Patrimonio de la Humanidad, un aut&eacute;ntico laberinto de calles donde talleres, mercados y mezquitas forman uno de los centros hist&oacute;ricos m&aacute;s fascinantes del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre los lugares m&aacute;s conocidos est&aacute;n la puerta de Bab Boujeloud, la madrasa Bou Inania o la mezquita Karaouine. Pero si hay un lugar que se ha convertido en s&iacute;mbolo de la ciudad es la Curtidur&iacute;a Chouwara, donde se siguen trabajando las pieles de forma tradicional y que se ha convertido en uno de los puntos m&aacute;s fotografiados de Fez. Ojo con los olores, que son de los que no se olvidan jam&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Dedicar un d&iacute;a completo a recorrer su medina es casi imprescindible para entender la ciudad. El reto, casi imposible de cumplir, es no perderse, porque se sabe por d&oacute;nde se entra pero no por d&oacute;nde se sale. Para ello, un consejo: para moverte por las medinas descarga mapas <em>offline </em>o usa aplicaciones como Maps.me, que suelen ser m&aacute;s precisas que Google Maps entre muros de piedra.
    </p><h2 class="article-text">D&iacute;a 8: Fez &ndash; Chefchaouen</h2><p class="article-text">
        Amanecemos por segundo d&iacute;a en Fez y la ruta contin&uacute;a hacia el norte, en direcci&oacute;n a las monta&ntilde;as del Rif. Tras unas cuatro horas de carretera se llega a Chefchaouen, una de las ciudades m&aacute;s bonitas y llamativas del pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conocida como &ldquo;la perla azul&rdquo;, su medina es famosa por las casas y callejuelas pintadas en distintos tonos de azul. Pasear por ellas, descubrir peque&ntilde;as plazas o subir a alguno de sus miradores forma parte de la experiencia de visitar esta peque&ntilde;a localidad. Ver&aacute;s que aqu&iacute; el ritmo es otro, m&aacute;s calmado y relajado, algo que no viene nada mal tras la fren&eacute;tica Fez.&nbsp;
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                Las calles azules de Chefchaouen.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">D&iacute;a 9: Chefchaouen &ndash; T&aacute;nger</h2><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo d&iacute;a solo queda un &uacute;ltimo trayecto por carretera hasta <a href="https://www.eldiario.es/viajes/tanger-semana-ver-fuera-medina-marruecos_1_10054316.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">T&aacute;nger</a>, a unas dos horas de distancia. Desde aqu&iacute; puedes regresar a Espa&ntilde;a en ferri hacia puertos como Algeciras o Tarifa, o tomar un vuelo de vuelta desde el aeropuerto de la ciudad. Es el final l&oacute;gico de una ruta que, en poco m&aacute;s de una semana, conecta algunas de las ciudades m&aacute;s interesantes de Marruecos con paisajes tan distintos como el Atlas, los valles del sur o las dunas de Merzouga. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/marruecos-semana-santa-ruta-nueve-dias-medinas-desiertos-montanas_1_13042609.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 21:05:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Marruecos en Semana Santa: una ruta de nueve días entre medinas, desiertos y montañas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marruecos,Guías Turísticos,Semana Santa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Semana Santa sin procesiones: siete refugios nacionales para desconectar entre naturaleza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/semana-santa-procesiones-siete-refugios-nacionales-desconectar-naturaleza_1_13076814.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2f1d6bf3-30d4-4be3-ad91-b0af3f5de784_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Semana Santa sin procesiones: siete refugios nacionales para desconectar rodeados de naturaleza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ni pasos ni aglomeraciones. Del interior de Murcia a Cantabria o Canarias, estos siete destinos son perfectos para una Semana Santa diferente, más tranquila y lejos del bullicio
</p><p class="subtitle">Una ruta de cinco días para visitar cuatro ciudades españolas declaradas Patrimonio de la Humanidad</p></div><p class="article-text">
        Para muchos, Semana Santa es el primer hito vacacional del a&ntilde;o. Ese momento en el que hay d&iacute;as festivos y se puede aprovechar para cambiar de aires y salir un poco de la rutina. Pero claro, mientras que unos buscan ciudades llenas de procesiones y ambiente cofrade, con sus correspondientes aglomeraciones, otros prefieren justo lo contrario: bajar el ritmo, evitar bullicios y aprovechar para desconectar de verdad.
    </p><p class="article-text">
        Si eres de los que huyen de la Semana Santa en Semana Santa, aqu&iacute; es donde entran en juego los destinos rurales y de naturaleza. Lugares donde el plan pasa por caminar al aire libre, enlazar peque&ntilde;os pueblos, asomarse a miradores, seguir el curso de un r&iacute;o o simplemente dejar que el tiempo vaya m&aacute;s despacio a nuestro alrededor. Son escapadas f&aacute;ciles de encajar en pocos d&iacute;as, sin necesidad de grandes desplazamientos ni planes complicados, y que permiten volver con la sensaci&oacute;n de haber aprovechado los d&iacute;as libres.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a hay muchos rincones que encajan perfectamente con esa idea. Y si quieres evitar los destinos m&aacute;s t&iacute;picos y frecuentados, echa un ojo a destinos como el Valle de Ricote y Cieza, en Murcia, o la isla de El Hierro, en Canarias, sin olvidar comarcas como el Matarra&ntilde;a, las sierras de Segura y Alcaraz, la Siberia extreme&ntilde;a, la sierra de las Villuercas o los Valles Pasiegos. Siete propuestas distintas que te mantendr&aacute;n bien lejos de las procesiones.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Valle de Ricote y Cieza (Murcia)</h2><p class="article-text">
        En el interior de la Regi&oacute;n de Murcia, el Valle de Ricote aparece como un oasis inesperado. El r&iacute;o Segura marca un paisaje en el que la huerta y las palmeras contrastan con un entorno seco en cuanto te alejas del agua. Es una zona con una clara herencia andalus&iacute; que todav&iacute;a se percibe en sus pueblos, peque&ntilde;os y tranquilos. Cieza, en la parte alta del valle, suele ser la puerta de entrada, sobre todo en primavera, cuando el entorno se llena de color.
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                Valle de Ricote y Cieza, en Murcia.                            </span>
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        El plan aqu&iacute; es sencillo y muy agradecido. Puedes recorrer pueblos como Blanca, Oj&oacute;s o Ricote, siempre cerca del r&iacute;o, o acercarte a Abar&aacute;n para ver su conjunto de norias, encargadas de elevar el agua del r&iacute;o para el regad&iacute;o. Tambi&eacute;n merece la pena explorar el Ca&ntilde;&oacute;n de Almadenes, con rutas a pie junto al agua, y acercarse a enclaves como el yacimiento de Medina Siyasa o algunas cuevas con pinturas rupestres. Todo con distancias cortas y sin necesidad de grandes esfuerzos, lo que lo convierte en una escapada muy f&aacute;cil de organizar en pocos d&iacute;as.
    </p><h2 class="article-text">El Matarra&ntilde;a (Teruel)</h2><p class="article-text">
        En el este de la provincia de Teruel, <a href="https://www.eldiario.es/viajes/matarrana-secreto-guardado-teruel-aragon-rural_1_6477594.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Matarra&ntilde;a</a> es una de esas comarcas que sorprenden por lo poco conocidas que siguen siendo. Aqu&iacute; el paisaje combina r&iacute;os, pinares y cultivos con una colecci&oacute;n de pueblos de piedra que mantienen una est&eacute;tica muy cuidada. Hay cierta mezcla de influencias entre Arag&oacute;n, Catalunya y la Comunitat Valenciana que se nota en la arquitectura y en el ambiente, pero sobre todo se percibe esa sensaci&oacute;n de estar en un lugar tranquilo.
    </p><p class="article-text">
        Una buena forma de recorrer la zona es ir enlazando algunos de sus pueblos m&aacute;s representativos, como Valderrobres, Beceite, Calaceite o La Fresneda, todos con cascos hist&oacute;ricos bien conservados. Desde Beceite, adem&aacute;s, se puede acceder al Parrizal, una de las rutas m&aacute;s conocidas, que sigue el curso del r&iacute;o entre pasarelas y desfiladeros. Tambi&eacute;n hay pozas y cascadas como las de la Pesquera o el Salt de la Portellada, y opciones para moverse en bici por la V&iacute;a Verde de la Val de Zaf&aacute;n. Todo bastante accesible y perfecto para pasar unos d&iacute;as.
    </p><h2 class="article-text">Sierras de Segura y Alcaraz (Albacete)</h2><p class="article-text">
        En el sur de la provincia de Albacete, las sierras de Segura y Alcaraz rompen por completo con la imagen m&aacute;s habitual de la regi&oacute;n. Aqu&iacute; el paisaje es de monta&ntilde;a, con bosques, agua y carreteras que se abren paso entre valles y ca&ntilde;ones. Es un territorio amplio y poco masificado, ideal si buscas naturaleza sin demasiada gente y con margen para moverte a tu aire.
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                El municipio de Alcaraz, en Albacete.                            </span>
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        Uno de los puntos m&aacute;s conocidos es el nacimiento del r&iacute;o Mundo, dentro del Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, donde el agua surge con fuerza desde la roca. A partir de ah&iacute;, hay muchas rutas de senderismo y miradores, adem&aacute;s de pueblos con bastante encanto como A&yacute;na, Ri&oacute;par, Letur o Alcaraz. Tambi&eacute;n es una zona con presencia de cuevas y abrigos rocosos con arte rupestre, lo que suma un componente cultural a la escapada. Todo bastante concentrado, lo que facilita organizar el viaje sin grandes desplazamientos.
    </p><h2 class="article-text">La Siberia extreme&ntilde;a (Badajoz)</h2><p class="article-text">
        Al noreste de la provincia de Badajoz, <a href="https://www.eldiario.es/viajes/siberia-extremena-naturaleza-patrimonio-mano_1_9943862.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Siberia extreme&ntilde;a</a> es una de las grandes desconocidas del pa&iacute;s. Declarada Reserva de la Biosfera, es un territorio amplio, con mucha presencia de agua gracias a sus embalses, y con una sensaci&oacute;n de aislamiento que juega a su favor. Aqu&iacute; el paisaje se abre en grandes horizontes, con dehesas, sierras suaves y ese contraste constante entre cielo, tierra y agua.
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                Un terreno de 155.000 hectáreas plagado de rincones aún por explorar.                            </span>
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        El plan pasa por moverse poco a poco entre algunos de sus embalses m&aacute;s conocidos, como los de Orellana, C&iacute;jara o La Serena, y aprovechar para hacer rutas a pie o en bici. Es una zona muy interesante para la observaci&oacute;n de aves y tambi&eacute;n para quienes buscan cielos limpios, ideales para la astronom&iacute;a. A esto se suman miradores naturales (imprescindible la estampa del ic&oacute;nico Cerro Masatrigo rodeado de agua) y algunos restos hist&oacute;ricos, como castros o pinturas rupestres, que aparecen casi sin esperarlo. Un destino f&aacute;cil de encajar en una escapada corta.
    </p><h2 class="article-text">Sierra de las Villuercas (C&aacute;ceres)</h2><p class="article-text">
        En el interior de la provincia de C&aacute;ceres, la sierra de las Villuercas es uno de esos paisajes que uno no esperar&iacute;a encontrar aqu&iacute;. Forma parte de un geoparque reconocido por la UNESCO, con un relieve muy particular de sierras paralelas y valles profundos que le da un car&aacute;cter muy marcado. Es un territorio amplio, poco transitado y perfecto para quienes buscan naturaleza sin ruido.
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                El desfiladero del Pedroso.                            </span>
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        La mejor forma de conocerlo es a trav&eacute;s de sus rutas de senderismo, que permiten entender bien la forma del paisaje y enlazar distintos miradores. Guadalupe es el principal punto de referencia, tanto por su valor hist&oacute;rico como por su ubicaci&oacute;n dentro del geoparque, y puede servir como base para moverse por la zona. A partir de ah&iacute;, hay muchas opciones para recorrer caminos, observar fauna o simplemente disfrutar del entorno ajenos a las procesiones de Semana Santa.
    </p><h2 class="article-text">Valles Pasiegos (Cantabria)</h2><p class="article-text">
        En el interior de Cantabria, los Valles Pasiegos ofrecen una imagen muy reconocible del norte: prados verdes, colinas suaves y caba&ntilde;as dispersas en el paisaje. Es un territorio moldeado por la actividad ganadera, donde el paisaje parece estar posando para un cuadro. Aqu&iacute; no hay grandes sitios que visitar s&iacute; o s&iacute;, sino una suma de peque&ntilde;os lugares que invitan a parar, a respirar aire puro y a probar cosas tan ricas como los sobaos y las quesadas pasiegas.&nbsp;
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                El llamado puente romano de Mirones (Miera), aunque realmente es del siglo XVIII.                            </span>
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        La zona se organiza en torno a los valles de los r&iacute;os Pas, Pisue&ntilde;a y Miera, que se pueden recorrer enlazando carreteras locales y caminos estrechos. Hay rutas de senderismo para todos los niveles, miradores naturales y muchos rincones donde simplemente detenerse a observar la belleza que nos rodea. Tambi&eacute;n es f&aacute;cil combinar varios pueblos en un mismo d&iacute;a, siempre con distancias cortas. Un destino muy agradecido para desconectar sin necesidad de planificar demasiado.
    </p><h2 class="article-text">El Hierro (Islas Canarias)</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/viajes/hierro-viaje-isla-moda_1_1458163.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Hierro</a> es una de las islas m&aacute;s tranquilas y menos transitadas de Canarias, con el permiso de La Gomera y La Graciosa, claro. Aqu&iacute; no hay grandes complejos hoteleros ni un ritmo acelerado, sino un paisaje volc&aacute;nico que cambia constantemente y una sensaci&oacute;n bastante clara de estar lejos de todo. Es un destino que invita a bajar el ritmo desde el primer momento, porque la isla es as&iacute;, amable y pausada.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El mirador de Las Playas, en El Hierro.                            </span>
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        Se recorre con facilidad en coche, enlazando miradores como el de La Pe&ntilde;a con zonas de costa donde aparecen piscinas naturales y tramos de lava que se adentran en el mar. En el interior, destacan espacios como el Sabinar o la Dehesa, donde el viento ha moldeado la vegetaci&oacute;n de forma muy caracter&iacute;stica. Tambi&eacute;n hay muchas opciones de senderismo, con rutas bien se&ntilde;alizadas y paisajes muy variados en distancias cortas. Y si por casualidad te gusta bucear, el Mar de las Calmas es un peque&ntilde;o tesoro sumergido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/semana-santa-procesiones-siete-refugios-nacionales-desconectar-naturaleza_1_13076814.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 20:47:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Semana Santa sin procesiones: siete refugios nacionales para desconectar entre naturaleza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Semana Santa,Escapadas,Naturaleza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sicilia al completo: una ruta en coche para recorrer la isla de punta a punta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/sicilia-completo-ruta-coche-recorrer-isla-punta-punta_1_13065507.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a64189a-664e-4675-bab9-cee51847dfee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sicilia al completo: una ruta en coche para recorrer la isla de punta a punta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siracusa, el Valle de los Templos de Agrigento, Palermo, el Etna o Taormina. En esta ruta circular de 15 días recorremos Sicilia para empaparnos de historia, patrimonio y naturaleza sin dejar fuera ninguno de sus principales atractivos
</p><p class="subtitle">Viajar por Europa no tiene que ser caro: siete ciudades sorprendentes que visitar esta primavera</p></div><p class="article-text">
        Sicilia es uno de esos destinos que tarde o temprano acaba apareciendo en la lista de cualquier viajero. Y no es dif&iacute;cil entender por qu&eacute;. En una sola isla se concentran ciudades cargadas de historia, espectaculares templos griegos, pueblos colgados en lo alto de las colinas, playas de agua cristalina y un volc&aacute;n que siempre es el gran protagonista. La mejor forma de descubrirla es en coche y a nuestro aire, enlazando etapas por carretera y dejando que el viaje nos vaya sorprendiendo a nuestro paso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Eso es justo lo que te proponemos: recorrer Sicilia al completo con una ruta circular de 15 d&iacute;as, empezando y terminando en Catania y avanzando, por ejemplo, en el sentido de las agujas del reloj. La isla es grande y est&aacute; llena de paradas interesantes, as&iacute; que dos semanas permiten conocer muchos de sus rincones. Se podr&iacute;a hacer en menos tiempo, claro, pero entonces tocar&iacute;a correr m&aacute;s o renunciar a algunos de los lugares que incluimos en este itinerario.
    </p><p class="article-text">
        La idea es alquilar un coche y usar varias ciudades como base para dormir m&aacute;s de una noche en cada sitio, para as&iacute; no cambiar tanto de alojamiento e ir haciendo excursiones por los alrededores. Entre ciudades hist&oacute;ricas, yacimientos arqueol&oacute;gicos, pueblos con mucho car&aacute;cter y tramos de costa muy distintos entre s&iacute;, la ruta nos va dejando una Sicilia llena de contrastes. Siempre, claro est&aacute;, buscando cualquier excusa para sentarse a la mesa, porque a <a href="https://www.eldiario.es/viajes/que-comer-en-sicilia_1_10671475.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la gastronom&iacute;a siciliana</a> la podr&iacute;amos considerar uno de los principales monumentos del viaje.
    </p><h2 class="article-text">D&iacute;a 1. Llegada a Catania y traslado a Siracusa</h2><p class="article-text">
        El viaje empieza en Catania, una de las principales puertas de entrada a Sicilia gracias a su aeropuerto internacional. Tras recoger el coche de alquiler, lo m&aacute;s pr&aacute;ctico es poner rumbo directamente hacia Siracusa, a poco m&aacute;s de una hora por carretera.
    </p><p class="article-text">
        Es una buena forma de empezar el itinerario en el extremo sureste de la isla y dejar Catania para el final del viaje, cuando ya estemos regresando de nuevo hacia el aeropuerto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Ragusa, una excursión desde Siracusa.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">D&iacute;as 2 y 3. Siracusa, Noto y Ragusa</h2><p class="article-text">
        Siracusa fue una de las ciudades m&aacute;s poderosas del mundo griego y todav&iacute;a conserva muchos vestigios de aquel pasado. El primer acercamiento suele ser el Parque Arqueol&oacute;gico de Ne&aacute;polis, donde se encuentran el teatro griego, el anfiteatro romano y la famosa Oreja de Dionisio, una cueva con una ac&uacute;stica sorprendente.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s llega el turno de Ortigia, la peque&ntilde;a isla que forma el casco antiguo de Siracusa. Aqu&iacute; lo m&aacute;s apetecible es simplemente pasear, cruzar la Piazza del Duomo, acercarse a la Fuente de Aretusa y perderse por calles estrechas que acaban casi siempre junto al mar.
    </p><p class="article-text">
        Desde Siracusa es f&aacute;cil organizar una excursi&oacute;n por el sureste barroco de Sicilia. Noto es la primera parada l&oacute;gica. Tras el terremoto de 1693 la ciudad fue reconstruida casi por completo y hoy es uno de los mejores ejemplos del barroco siciliano, con iglesias y palacios alineados a lo largo de una elegante avenida.
    </p><p class="article-text">
        La ruta puede continuar hasta Ragusa, cuyo casco hist&oacute;rico, Ragusa Ibla, se extiende sobre una colina llena de escalinatas, plazas y palacios de piedra dorada.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">D&iacute;a 4. Villa Romana del Casale camino de Agrigento</h2><p class="article-text">
        El cuarto d&iacute;a toca dejar la costa para cruzar el interior de Sicilia y poner rumbo a Agrigento. En el camino merece mucho la pena detenerse en la Villa Romana del Casale, cerca de Piazza Armerina.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una lujosa residencia romana construida entre los siglos III y IV, muy famosa por sus mosaicos. M&aacute;s de tres mil metros cuadrados de escenas perfectamente conservadas que representan desde escenas de caza hasta escenas mitol&oacute;gicas o la famosa &ldquo;sala de las chicas en bikini&rdquo;, uno de los mosaicos m&aacute;s curiosos del conjunto.
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                El templo de Hera, en el Valle de los Templos de Agrigento.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">D&iacute;a 5. Valle de los Templos y Scala dei Turchi</h2><p class="article-text">
        Agrigento alberga uno de los conjuntos arqueol&oacute;gicos m&aacute;s impresionantes del Mediterr&aacute;neo: el Valle de los Templos. A lo largo de una cresta se alinean varios templos d&oacute;ricos construidos entre los siglos VI y V a.C., cuando la antigua Akragas era una de las ciudades m&aacute;s importantes de la Magna Grecia.
    </p><p class="article-text">
        El m&aacute;s famoso es el templo de la Concordia, que se mantiene casi intacto y se puede considerar uno de los templos griegos mejor conservados del mundo. Pero el recorrido incluye tambi&eacute;n otros templos importantes, como el de Hera, el de Heracles o los restos del gigantesco templo de Zeus Ol&iacute;mpico. La visita se hace caminando por un largo parque arqueol&oacute;gico y conviene dedicarle varias horas.
    </p><p class="article-text">
        A pocos kil&oacute;metros de all&iacute; se encuentra la Scala dei Turchi, otro de los paisajes m&aacute;s curiosos de Sicilia. Un acantilado de roca caliza blanca que desciende hacia el mar formando una especie de escalera natural. La alta afluencia de turistas ha hecho que, como medida de protecci&oacute;n, el acceso est&eacute; regulado, de modo que es necesario <a href="https://www.i-ticket.it/groups/scala-dei-turchi-biglietteria-online" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reservar la visita</a> con antelaci&oacute;n y comprobar si est&aacute; abierta al p&uacute;blico, ya que en determinados periodos puede permanecer cerrada.
    </p><h2 class="article-text">D&iacute;a 6. Rumbo a la costa oeste</h2><p class="article-text">
        Tras recorrer la costa sur, la ruta contin&uacute;a hacia el oeste de Sicilia. Es una etapa m&aacute;s tranquila que sirve para desplazarse hasta una nueva base desde la que explorar esta parte de la isla.
    </p><p class="article-text">
        Zonas como Castellammare del Golfo, Scopello o Balestrate funcionan bien como punto intermedio, con peque&ntilde;os puertos, playas cercanas y un ambiente bastante relajado. La idea es alojarse por aqu&iacute; para dedicar los d&iacute;as siguientes a excursiones cercanas.
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                Erice desde las alturas, en Sicilia.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">D&iacute;as 7 y 8. Segesta, Erice y San Vito lo Capo</h2><p class="article-text">
        Uno de los lugares m&aacute;s sorprendentes del oeste siciliano es Segesta, donde un templo d&oacute;rico perfectamente conservado aparece en mitad del paisaje, rodeado de colinas. A poca distancia, en lo alto de la monta&ntilde;a, tambi&eacute;n se encuentra un antiguo teatro griego desde el que se obtienen buenas vistas del valle.
    </p><p class="article-text">
        Muy cerca est&aacute; Erice, uno de los pueblos medievales m&aacute;s bonitos de Sicilia. Se encuentra en lo alto de una monta&ntilde;a, dominando toda la costa de Trapani. Sus calles empedradas, las murallas y los peque&ntilde;os patios interiores hacen que el paseo sea especialmente agradable. Quien prefiera evitar la carretera de curvas puede llegar hasta aqu&iacute; en el funicular que conecta Trapani con Erice, una forma bastante c&oacute;moda y panor&aacute;mica de subir.
    </p><p class="article-text">
        Para completar la jornada, nada mejor que acercarse a San Vito lo Capo, un pueblo marinero con una de las playas m&aacute;s famosas de Sicilia. Arena clara, aguas tranquilas y un ambiente muy relajado que ayuda a tomarse la tarde con calma.
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                Cefalú, una visita desde Palermo.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">D&iacute;as 9, 10 y 11. Palermo, Monreale y Cefal&uacute;</h2><p class="article-text">
        La siguiente gran parada del viaje es Palermo, la capital de Sicilia. Es una ciudad intensa, a veces ca&oacute;tica, pero tambi&eacute;n llena de vida y con una mezcla cultural muy marcada por civilizaciones como la fenicia, la &aacute;rabe, la normanda o la espa&ntilde;ola que han pasado por la isla.
    </p><p class="article-text">
        El centro hist&oacute;rico concentra muchos de los lugares m&aacute;s interesantes: la catedral, el Teatro Massimo o la curiosa plaza de Quattro Canti. Tambi&eacute;n merece la pena acercarse a alguno de los mercados tradicionales, como Ballar&ograve; o Vucciria, donde el ambiente y la comida callejera forman parte de su encanto.
    </p><p class="article-text">
        Desde Palermo se pueden hacer dos excursiones muy sencillas. La primera es Monreale, apenas a diez kil&oacute;metros. Su catedral normanda es uno de los templos m&aacute;s impresionantes de Sicilia, famosa por sus enormes mosaicos dorados que cubren pr&aacute;cticamente todo el interior y que representan escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento.
    </p><p class="article-text">
        La otra excursi&oacute;n cl&aacute;sica es Cefal&uacute;, una ciudad costera situada aproximadamente a una hora de Palermo. Su casco antiguo se despliega entre callejuelas medievales que conducen a la catedral normanda, mientras que justo al lado se abre una larga playa que suele estar bastante animada durante pr&aacute;cticamente todo el a&ntilde;o.
    </p><h2 class="article-text">D&iacute;a 12. Parada en el interior, Calascibetta o Enna</h2><p class="article-text">
        Desde Palermo ponemos rumbo a la coesta este, pero de camino merece la pena hacer una parada en el interior de Sicilia. Pueblos como Calascibetta o la cercana Enna permiten descubrir una cara muy distinta de la isla, lejos de la costa y del turismo m&aacute;s habitual. Desde aqu&iacute;, dada la elevaci&oacute;n, se obtienen buenas vistas del paisaje monta&ntilde;oso del centro de Sicilia.
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                El teatro grecorromano de Taormina, con el Etna al fondo.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">D&iacute;as 13, 14 y 15. Catania, el Etna y Taormina</h2><p class="article-text">
        La &uacute;ltima etapa del viaje vuelve a la costa este, donde se encuentra Catania, una ciudad muy marcada por la presencia del Etna. Gran parte de su arquitectura barroca est&aacute; construida con piedra volc&aacute;nica oscura, lo que le da un aspecto muy particular.
    </p><p class="article-text">
        El coraz&oacute;n de la ciudad es la Piazza del Duomo, donde se encuentra la catedral y la famosa fuente del Elefante, uno de los s&iacute;mbolos de Catania. Muy cerca est&aacute; el animado mercado de la Pescheria, un buen lugar para ver el ambiente cotidiano de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Desde aqu&iacute; es f&aacute;cil acercarse al gran protagonista natural de Sicilia: el Etna, el volc&aacute;n activo m&aacute;s alto de Europa. Sus paisajes volc&aacute;nicos, los campos de lava y las pistas que ascienden por la monta&ntilde;a permiten hacerse una buena idea de la fuerza geol&oacute;gica que ha marcado la isla durante siglos. Eso s&iacute;, conviene informarse bien antes de la visita. El Etna es un volc&aacute;n muy activo y, dependiendo de c&oacute;mo est&eacute;, puede haber restricciones de acceso o cambios en las rutas permitidas.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima excursi&oacute;n del viaje suele ser Taormina, situada a unos 50 kil&oacute;metros de Catania. Una ciudad elegante como pocas, colgada sobre el mar, y famosa por su teatro grecorromano, uno de los escenarios arqueol&oacute;gicos m&aacute;s espectaculares de la isla, con el Etna elev&aacute;ndose al fondo en los d&iacute;as despejados. No es mal sitio para dar por terminado este viaje que nos ha llevado por gran parte de Sicilia. Lo que no haya dado tiempo, ya sabes, para la pr&oacute;xima, as&iacute; siempre hay un motivo m&aacute;s para volver.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/sicilia-completo-ruta-coche-recorrer-isla-punta-punta_1_13065507.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 21:21:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sicilia al completo: una ruta en coche para recorrer la isla de punta a punta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Italia,Sicilia,Guías Turísticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primavera sobre ruedas: siete Vías Verdes para descubrir España en bici]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/primavera-ruedas-siete-vias-verdes-descubrir-espana-bici_1_13055732.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/05f7d5d3-c28f-43df-a473-842ca42a994b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Primavera sobre ruedas: siete Vías Verdes para descubrir España en bici"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Del antiguo ferrocarril del Val de Zafán a los paisajes atlánticos del Plazaola o la popular ruta del Carrilet, estos itinerarios combinan naturaleza, historia ferroviaria y recorridos tranquilos para volver a disfrutar de la bicicleta
</p><p class="subtitle">De norte a sur: cinco itinerarios ciclistas para disfrutar pedaleando lejos del tráfico</p></div><p class="article-text">
        Cada primavera se repite la misma escena: suben las temperaturas, los d&iacute;as se alargan, entran ganas de disfrutar al aire libre y las bicicletas vuelven a reclamar con fuerza nuestra atenci&oacute;n. Pero no siempre es f&aacute;cil encontrar rutas tranquilas, seguras y accesibles para volver a pedalear a nuestro aire. Ah&iacute; es donde entran en juego las V&iacute;as Verdes, una de las mejores opciones para disfrutar del cicloturismo con calma.
    </p><p class="article-text">
        Las V&iacute;as Verdes son antiguos trazados ferroviarios que, tras el abandono de muchas l&iacute;neas de tren, han sido recuperados como itinerarios para ciclistas y senderistas. Gracias a su origen ferroviario, suelen tener pendientes suaves, recorridos amplios y ausencia total de tr&aacute;fico motorizado, lo que las convierte en rutas ideales para todo tipo de p&uacute;blico. Desde que el programa de recuperaci&oacute;n comenz&oacute; en 1993, Espa&ntilde;a ha transformado m&aacute;s de 3.600 kil&oacute;metros de antiguas v&iacute;as en caminos que atraviesan paisajes naturales, t&uacute;neles, viaductos y peque&ntilde;as estaciones que gozan de una nueva vida.
    </p><p class="article-text">
        Hoy forman una extensa red que recorre buena parte del pa&iacute;s y que se ha convertido en una referencia del cicloturismo europeo. Para aprovechar la llegada del buen tiempo, hemos seleccionado siete V&iacute;as Verdes especialmente recomendables para disfrutar de la bicicleta esta primavera, repartidas por distintos puntos de la geograf&iacute;a espa&ntilde;ola y con recorridos que combinan naturaleza, historia ferroviaria y trayectos muy agradables para pedalear.
    </p><h2 class="article-text">V&iacute;a Verde del Val de Zaf&aacute;n</h2><p class="article-text">
        La V&iacute;a Verde del Val de Zaf&aacute;n sigue el trazado de una antigua l&iacute;nea ferroviaria proyectada a finales del siglo XIX para conectar Arag&oacute;n con el Mediterr&aacute;neo. El objetivo era unir La Puebla de H&iacute;jar, en Teruel, con el puerto de Sant Carles de la R&agrave;pita, pero el proyecto nunca lleg&oacute; a completarse. Tras d&eacute;cadas de funcionamiento irregular, la l&iacute;nea acab&oacute; clausur&aacute;ndose en el siglo XX. Hoy parte de aquel trazado se ha recuperado como una de las v&iacute;as verdes m&aacute;s espectaculares del interior.
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                Vía Verde de la Val de Zafán.                            </span>
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        El recorrido atraviesa el paisaje monta&ntilde;oso del Matarra&ntilde;a y contin&uacute;a hacia las tierras del Baix Ebre, entre antiguos t&uacute;neles ferroviarios, viaductos y estaciones rehabilitadas. Uno de los tramos m&aacute;s populares parte de Valdealgorfa y avanza hacia el este en un itinerario de pendientes suaves, ideal para pedalear mientras que el paisaje nos lleva por sierras, barrancos y campos mediterr&aacute;neos
    </p><h2 class="article-text">V&iacute;a Verde del Plazaola</h2><p class="article-text">
        La V&iacute;a Verde del Plazaola recupera el antiguo trazado del ferrocarril que un&iacute;a Pamplona con San Sebasti&aacute;n y que estuvo en funcionamiento entre comienzos del siglo XX y la d&eacute;cada de 1950. Conocido popularmente como el &ldquo;tren del Plazaola&rdquo;, aquel peque&ntilde;o ferrocarril de v&iacute;a estrecha transportaba sobre todo mineral de hierro desde las minas de Navarra hasta la costa guipuzcoana. Con el tiempo, la l&iacute;nea qued&oacute; en desuso y parte de su recorrido fue transformado en v&iacute;a verde.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Vía Verde del Plazaola.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        El trazado atraviesa algunos de los paisajes m&aacute;s verdes del norte peninsular, entre valles, bosques y peque&ntilde;as localidades rurales. Uno de los tramos m&aacute;s utilizados discurre entre Lekunberri y Andoain, con t&uacute;neles excavados en la roca, antiguos puentes ferroviarios y un entorno natural que invita a pedalear entre monta&ntilde;as y prados atl&aacute;nticos.
    </p><h2 class="article-text">V&iacute;a Verde del Carrilet</h2><p class="article-text">
        La V&iacute;a Verde del Carrilet sigue el antiguo recorrido del tren de v&iacute;a estrecha que durante d&eacute;cadas conect&oacute; la ciudad de Girona con la Costa Brava y, m&aacute;s tarde, con Olot, en pleno interior volc&aacute;nico de la provincia. Este peque&ntilde;o ferrocarril, conocido popularmente como &ldquo;el carrilet&rdquo;, funcion&oacute; desde finales del siglo XIX hasta su cierre definitivo en la d&eacute;cada de 1960, cuando el transporte por carretera acab&oacute; imponi&eacute;ndose.
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                Vía Verde del Carrilet.                            </span>
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        Hoy su trazado se ha convertido en una de las v&iacute;as verdes m&aacute;s conocidas de Catalunya. Se divide en dos: entre Girona y Sant Feliu de Gu&iacute;xols, y entre Olot y Girona. A su paso el recorrido atraviesa paisajes muy variados: desde los valles volc&aacute;nicos de la Garrotxa hasta las llanuras agr&iacute;colas del Giron&egrave;s y el Baix Empord&agrave;. El firme c&oacute;modo y las pendientes suaves hacen que sea una ruta especialmente agradable para recorrer en bicicleta durante varios tramos.
    </p><h2 class="article-text">V&iacute;a Verde de la Plata</h2><p class="article-text">
        La V&iacute;a Verde de la Plata aprovecha parte del antiguo ferrocarril que conectaba Plasencia con Astorga, una l&iacute;nea inaugurada a finales del siglo XIX para facilitar el transporte de mercanc&iacute;as y viajeros a lo largo del oeste peninsular. Durante d&eacute;cadas fue una infraestructura clave para la comunicaci&oacute;n entre Extremadura y el noroeste, hasta que la l&iacute;nea fue cerrada al tr&aacute;fico ferroviario en la d&eacute;cada de 1980.
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                Vía Verde Ruta de la Plata.                            </span>
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        Hoy algunos de sus tramos han sido recuperados como v&iacute;a verde, ofreciendo recorridos tranquilos por paisajes rurales de gran amplitud. Uno de los segmentos m&aacute;s conocidos discurre por el norte de la provincia de C&aacute;ceres, entre Plasencia y B&eacute;jar, atravesando el valle del Ambroz y peque&ntilde;as localidades como Aldeanueva del Camino o Herv&aacute;s, en un itinerario c&oacute;modo y muy apropiado para pedalear sin grandes desniveles.
    </p><h2 class="article-text">V&iacute;a Verde del Oja</h2><p class="article-text">
        La V&iacute;a Verde del Oja recupera el trazado del antiguo ferrocarril que un&iacute;a Haro con Ezcaray, en La Rioja. Esta peque&ntilde;a l&iacute;nea, inaugurada a comienzos del siglo XX, ten&iacute;a como principal objetivo transportar madera desde los bosques de la sierra hacia el valle del Ebro, adem&aacute;s de facilitar los desplazamientos entre las localidades del valle del r&iacute;o Oja. El tren dej&oacute; de circular en los a&ntilde;os sesenta y el trazado qued&oacute; abandonado durante d&eacute;cadas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Vía Verde del Río Oja.                            </span>
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        Hoy el antiguo corredor ferroviario se ha transformado en un agradable itinerario ciclista que sigue el curso del r&iacute;o Oja entre campos de cultivo y paisajes serranos. El recorrido es pr&aacute;cticamente llano y discurre entre vi&ntilde;edos, huertas y peque&ntilde;os pueblos riojanos, lo que lo convierte en una ruta muy accesible y perfecta para pedalear a nuestro ritmo.
    </p><h2 class="article-text">V&iacute;a Verde de la Sierra Morena de Sevilla</h2><p class="article-text">
        La V&iacute;a Verde de la Sierra Morena de Sevilla ocupa el trazado de una antigua l&iacute;nea minera construida a finales del siglo XIX para transportar hierro desde las explotaciones de Cerro del Hierro hasta el valle del Guadalquivir. Durante d&eacute;cadas, este peque&ntilde;o ferrocarril industrial fue clave para la actividad minera de la zona, hasta que el declive del sector provoc&oacute; su abandono en el siglo XX.
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                Vía Verde de la Sierra Morena de Sevilla.                            </span>
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        Hoy el antiguo corredor ferroviario se ha convertido en una ruta ciclista que atraviesa el paisaje caracter&iacute;stico de la Sierra Norte sevillana. El recorrido pasa por dehesas, encinares y antiguas infraestructuras mineras, con t&uacute;neles y viaductos que recuerdan el pasado industrial de la zona mientras el camino avanza entre parajes naturales de gran tranquilidad. Adem&aacute;s, nos lleva hasta enclaves naturales de gran inter&eacute;s, como el nacimiento del r&iacute;o Hu&eacute;znar.
    </p><h2 class="article-text">V&iacute;a Verde del Renacimiento (Sierra de Alcaraz)</h2><p class="article-text">
        La V&iacute;a Verde de la Sierra de Alcaraz sigue el trazado de una l&iacute;nea ferroviaria que comenz&oacute; a construirse a finales del siglo XIX con la intenci&oacute;n de conectar Baeza con Utiel. Las obras avanzaron durante d&eacute;cadas, pero el proyecto nunca lleg&oacute; a completarse y muchos de sus tramos jam&aacute;s vieron circular un tren. Con el paso del tiempo, parte de esta infraestructura inconclusa fue recuperada como v&iacute;a verde.
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                Vía Verde del Renacimiento (Sierra de Alcaraz)                            </span>
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        El itinerario discurre por paisajes serranos del sur de Castilla-La Mancha, muy cerca de localidades como Alcaraz o Bienservida, entre campos de cultivo, montes y peque&ntilde;as poblaciones rurales. El recorrido conserva numerosos elementos ferroviarios, como t&uacute;neles y grandes viaductos, que aportan car&aacute;cter a una ruta tranquila y poco masificada, perfecta para pedalear con calma en plena naturaleza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/primavera-ruedas-siete-vias-verdes-descubrir-espana-bici_1_13055732.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 21:36:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Primavera sobre ruedas: siete Vías Verdes para descubrir España en bici]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciclismo,Bicicletas,Catalunya,Euskadi,Castilla y León,Extremadura,Andalucía,Aragón,Navarra,La Rioja]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una ruta por el legado indiano en Asturias: las casas coloridas que cuentan parte de su historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/ruta-legado-indiano-asturias-casas-coloridas-cuentan-parte-historia_1_13046075.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/deddd114-90d9-43e1-b634-c26d1626bebf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las casas indianas de Asturias: el rastro de los emigrantes que volvieron de América / las casas coloridas que cuentan parte de la historia asturiana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Palmeras en el jardín, fachadas coloridas y torres que sobresalen entre las casas tradicionales. Las viviendas levantadas por los indianos cuentan una historia de emigración y regreso que todavía puede seguirse por varios pueblos asturianos
</p><p class="subtitle">Murallas, monasterios y calles donde el tiempo se detuvo: así son los cuatro ‘nuevos’ pueblos más bonitos de España</p></div><p class="article-text">
        Si viajas por <a href="https://www.eldiario.es/temas/asturias/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Asturias</a> y te fijas en algunas de sus casas m&aacute;s llamativas, es posible que te encuentres con fachadas de colores vivos, palmeras en el jard&iacute;n, galer&iacute;as acristaladas y una arquitectura que no termina de encajar con la tradici&oacute;n rural asturiana. No es casualidad. Son las llamadas casas indianas, viviendas levantadas por emigrantes que hicieron fortuna en Am&eacute;rica, que regresaron a su tierra con la idea de empezar una nueva vida y, ya puestos, mostrar lo bien que les hab&iacute;a ido.
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, miles de asturianos cruzaron el Atl&aacute;ntico buscando oportunidades en lugares como Cuba, M&eacute;xico o Argentina. Algunos volvieron. Y cuando lo hicieron, dejaron una huella muy visible en pueblos y villas de toda la regi&oacute;n. No solo a nivel particular, sino municipal tambi&eacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, recorrer Asturias siguiendo el rastro de estas construcciones es tambi&eacute;n una forma distinta de entender su historia. De Somao a Colombres, pasando por otras peque&ntilde;as localidades del norte, las casas indianas dibujan una ruta llena de an&eacute;cdotas, arquitectura singular y memoria emigrante. Un viaje corto en kil&oacute;metros, pero largo en historias.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Quinta Guadalupe, actual Museo de la Emigración en Asturias, en Colombres.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Los indianos y el viaje que cambi&oacute; Asturias</h2><p class="article-text">
        Entre mediados del siglo XIX y las primeras d&eacute;cadas del XX, miles de asturianos emigraron a Am&eacute;rica. La falta de oportunidades, la presi&oacute;n demogr&aacute;fica en el campo o simplemente el deseo de prosperar empujaron a muchos j&oacute;venes a cruzar el Atl&aacute;ntico. Cuba, M&eacute;xico, Argentina o Puerto Rico fueron algunos de los destinos m&aacute;s habituales.
    </p><p class="article-text">
        No todos tuvieron &eacute;xito. Pero algunos s&iacute; lo lograron. Comerciantes, empresarios, propietarios de negocios o profesionales que, tras a&ntilde;os (o d&eacute;cadas) de trabajo, decidieron regresar a su tierra natal.
    </p><p class="article-text">
        Cuando volv&iacute;an, lo hac&iacute;an con dinero, con nuevas ideas y con una forma distinta de ver el mundo. Y eso se not&oacute; en la arquitectura. Las casas que construyeron en sus pueblos no se parec&iacute;an precisamente a las viviendas tradicionales asturianas. Eran m&aacute;s grandes, m&aacute;s luminosas y, en muchos casos, estaban rodeadas de jardines donde no faltaban palmeras, magnolios o especies tra&iacute;das de Am&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Las fachadas sol&iacute;an ser coloridas, con torres, galer&iacute;as acristaladas, balcones ornamentados y una clara vocaci&oacute;n de destacar. No se trataba solo de construir una vivienda c&oacute;moda. Tambi&eacute;n era una forma de mostrar el &eacute;xito alcanzado tras a&ntilde;os de trabajo en el extranjero.
    </p><p class="article-text">
        Pero la huella de los indianos no se qued&oacute; solo en sus casas. Muchos financiaron escuelas, hospitales, casinos, lavaderos p&uacute;blicos o infraestructuras para sus pueblos. Una forma de devolver a su lugar de origen parte de lo que hab&iacute;an conseguido lejos de casa.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, m&aacute;s de un siglo despu&eacute;s, muchas de estas construcciones siguen en pie y forman parte de algunos de los paisajes m&aacute;s llamativos de Asturias.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El Marciel, en Somao.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Una ruta por las casas indianas de Asturias</h2><p class="article-text">
        Las casas indianas aparecen repartidas por buena parte del territorio asturiano, aunque hay zonas donde la concentraci&oacute;n es especialmente alta. El oriente de la regi&oacute;n, muy vinculado hist&oacute;ricamente con la emigraci&oacute;n a Am&eacute;rica, es uno de los mejores lugares para empezar a buscarlas.
    </p><p class="article-text">
        En Llanes, por ejemplo, todav&iacute;a se pueden ver varios ejemplos de este tipo de arquitectura en sus alrededores. Lo mismo ocurre en Ribadesella o en localidades cercanas como Villaviciosa, donde algunas villas destacan entre las construcciones tradicionales.
    </p><p class="article-text">
        Una menci&oacute;n aparte merece Somao. Un peque&ntilde;o pueblo del concejo de Pravia que est&aacute; considerado uno de los conjuntos indianos mejor conservados de Asturias.
    </p><p class="article-text">
        Situado en lo alto de una colina con vistas al valle del r&iacute;o Nal&oacute;n, Somao lleg&oacute; a tener una importante comunidad de emigrantes que hicieron fortuna en Cuba y otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica. A su regreso levantaron aqu&iacute; llamativas casas en las que destacaban torres, galer&iacute;as acristaladas, miradores, jardines y fachadas de colores suaves.
    </p><p class="article-text">
        Entre los edificios m&aacute;s conocidos est&aacute;n El Marciel y la Casa de La Torre o Casa Amarilla. Muchas de estas viviendas siguen siendo privadas, pero el conjunto del pueblo permite hacerse una buena idea de c&oacute;mo era ese mundo de ida y vuelta entre Asturias y Am&eacute;rica. Pero si hay un lugar donde esta historia se entiende especialmente bien, ese es Colombres.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La Casona, en Somao (Asturias).                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Colombres, capital de la arquitectura indiana</h2><p class="article-text">
        En el extremo oriental de Asturias, muy cerca de la frontera con Cantabria, se encuentra Colombres. Esta peque&ntilde;a localidad es considerada uno de los grandes referentes de la arquitectura indiana en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        La raz&oacute;n es sencilla. Aqu&iacute; se concentra un n&uacute;mero muy elevado de casas construidas por emigrantes que regresaron de Am&eacute;rica con fortuna. Y muchas de ellas se conservan en muy buen estado.
    </p><p class="article-text">
        Una de las m&aacute;s conocidas es la Quinta Guadalupe, un espectacular edificio rodeado de jardines que hoy alberga el Museo de la Emigraci&oacute;n en Asturias. Un espacio que explica de forma clara y cercana c&oacute;mo fue el fen&oacute;meno migratorio asturiano hacia Am&eacute;rica, qu&eacute; llev&oacute; a tantas personas a marcharse y c&oacute;mo influy&oacute; ese movimiento en la sociedad asturiana.
    </p><p class="article-text">
        Pero la ruta por Colombres no termina ah&iacute;. Basta con pasear por sus calles para ir encontrando algunas de las villas indianas m&aacute;s llamativas del norte de Espa&ntilde;a. El actual Ayuntamiento de Ribadedeva ocupa tambi&eacute;n un edificio de origen indiano. Muy cerca se encuentran construcciones como la Mansi&oacute;n del Abuelo, la Casa Roja o la Casa de Piedra, hoy Casa de Cultura, formando tres ejemplos muy diferentes entre s&iacute; pero igualmente representativos de esta arquitectura.
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            <span class="title">
                La Casa de Piedra, en Colombres.                            </span>
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        A ellas se suman otras villas destacadas como la Casona de &Iacute;&ntilde;igo Noriega, La Solana, la Casa de los Leones o Las Palmeras. Tambi&eacute;n aparecen edificios como Quinta Buenavista, las Casas Gemelas o la finca Las Raucas, cada una con su propia historia ligada a diferentes familias. Incluso hay peque&ntilde;as sorpresas como El Cantu, que hoy hace de albergue para j&oacute;venes y escolares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de su arquitectura, Colombres mantiene muy viva esta herencia. Cada verano, en el mes de julio, la localidad celebra la Feria de Indianos, una fiesta que rinde homenaje a la cultura vinculada a la emigraci&oacute;n hacia Am&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Durante un fin de semana, el pueblo se transforma. Vecinos y visitantes se visten de &eacute;poca, aparecen mercados, m&uacute;sica, gastronom&iacute;a y todo tipo de actividades relacionadas con el mundo indiano. Es una forma festiva de recordar un fen&oacute;meno hist&oacute;rico que marc&oacute; profundamente a esta parte de Asturias. De hecho, no es casualidad que Colombres fuera reconocido como Pueblo Ejemplar de Asturias en 2015, un honor que tambi&eacute;n recibi&oacute; Somao en 2020. Su arquitectura, su historia y la forma en que ha sabido conservar ese legado lo convierten en uno de los lugares m&aacute;s interesantes para entender el v&iacute;nculo entre Asturias y (la no tan lejana) Am&eacute;rica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/ruta-legado-indiano-asturias-casas-coloridas-cuentan-parte-historia_1_13046075.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Mar 2026 21:37:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una ruta por el legado indiano en Asturias: las casas coloridas que cuentan parte de su historia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Viajes,Asturias,Arquitectura,Emigración,Construcción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viajar por Europa no tiene que ser caro: siete ciudades sorprendentes que visitar esta primavera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/viajar-europa-no-caro-siete-ciudades-sorprendentes-visitar-primavera_1_13026202.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/04f3673c-a0d9-4b0c-a94f-13d2d1d4aea5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viajar por Europa no tiene que ser caro: siete ciudades sorprendentes que visitar esta primavera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá de París o Roma hay una Europa donde el dinero cunde mucho más. De Sarajevo a Vilna, pasando por Bucarest o Belgrado, estas capitales combinan precios asequibles y mucha personalidad</p><p class="subtitle">En busca del sol de invierno: seis destinos más que agradables para un plan de pocos días</p></div><p class="article-text">
        Hay una idea bastante extendida de que viajar por Europa implica asumir precios altos, colas interminables y ciudades desbordadas de turistas. Y s&iacute;, eso puede pasar en ciertos destinos concretos. Pero el continente es mucho m&aacute;s amplio que sus iconos m&aacute;s fotografiados. Existe otra Europa, menos medi&aacute;tica y mucho m&aacute;s asequible, donde dormir, comer y entrar en museos no supone hacer malabares con el presupuesto.
    </p><p class="article-text">
        En estas ciudades el dinero cunde m&aacute;s. Puedes sentarte a cenar sin tener que estudiarte la carta, visitar sus principales monumentos sin que la entrada sea un peque&ntilde;o susto y moverte en transporte p&uacute;blico por muy poco. Pero no se trata solo de precios. Muchas de ellas arrastran historia, han sido escenario de imperios, guerras y reconstrucciones, y hoy combinan memoria y modernidad con bastante naturalidad. Viajar a estos destinos no es conformarse con menos, es descubrir otra cara de Europa, igual de interesante y, en muchos casos, m&aacute;s aut&eacute;ntica.
    </p><p class="article-text">
        Para esta primavera proponemos siete ciudades donde comprobarlo: la resiliente Varsovia, la sorprendente Sof&iacute;a, la mestiza Sarajevo, la din&aacute;mica Tirana, la elegante Bucarest, la animada Belgrado y la verde y bohemia Vilna. Siete capitales donde viajar sin gastar demasiado y, de paso, volver con la sensaci&oacute;n de haber descubierto algo nuevo y distinto.
    </p><h2 class="article-text">Varsovia: la ciudad resiliente y moderna</h2><p class="article-text">
        Varsovia es uno de los mejores ejemplos de c&oacute;mo una ciudad puede levantarse desde cero. Tras quedar pr&aacute;cticamente destruida en la Segunda Guerra Mundial, su casco hist&oacute;rico fue reconstruido con una fidelidad sorprendente, hasta el punto de ser reconocido como Patrimonio Mundial. Hoy, la Ciudad Vieja combina fachadas de colores, plazas animadas y calles empedradas con edificios de la etapa comunista, entremezclando arquitectura contempor&aacute;nea que mira al futuro. Dividida por el r&iacute;o V&iacute;stula, es una ciudad c&oacute;moda de recorrer y con precios que, en comparaci&oacute;n con otras capitales europeas, siguen siendo muy razonables.
    </p><p class="article-text">
        En un par de d&iacute;as puedes conocer sus lugares imprescindibles sin prisas: la Plaza del Mercado y su Sirena, el Castillo Real y la Catedral de San Juan concentran buena parte de la historia. El antiguo gueto y el Museo del Alzamiento ayudan a entender su pasado reciente, mientras que el barrio de Praga muestra un perfil m&aacute;s alternativo, con galer&iacute;as y antiguos espacios industriales recuperados. Para relajarse, el parque &#321;azienki ofrece jardines amplios y palacios junto al agua. Y desde el mirador del Palacio de la Cultura y la Ciencia se aprecia esa mezcla de memoria y modernidad que define hoy a Varsovia.
    </p><h2 class="article-text">Sof&iacute;a: la capital ortodoxa a precios imbatibles</h2><p class="article-text">
        Sof&iacute;a es una de esas capitales que sorprenden por su mezcla de capas hist&oacute;ricas. Fundada hace m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os, ha pasado por etapas romana, bizantina, otomana y sovi&eacute;tica, y todo eso se percibe al caminar por su centro. A los pies del monte Vitosha, combina ruinas antiguas con grandes avenidas y templos ortodoxos de c&uacute;pulas doradas. No es una ciudad abrumadora ni especialmente grande, lo que facilita recorrerla a pie. Adem&aacute;s, sigue siendo uno de los destinos m&aacute;s econ&oacute;micos de la Uni&oacute;n Europea, tanto en alojamiento como en restauraci&oacute;n.
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                Catedral de San Alejandro Nevski, en Sofía.                            </span>
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        La Catedral Alexander Nevski es su gran s&iacute;mbolo, pero no el &uacute;nico. Muy cerca est&aacute;n la iglesia de Santa Sof&iacute;a y la iglesia rusa de San Nicol&aacute;s, que refuerzan esa identidad ortodoxa tan presente. Tambi&eacute;n merece la pena asomarse a la mezquita Banya Bashi, visitar los antiguos Ba&ntilde;os Centrales o pasear por el bulevar Vitosha, lleno de terrazas. Desde aqu&iacute; se puede organizar una excursi&oacute;n al Monasterio de Rila, uno de los grandes monumentos del pa&iacute;s. Sof&iacute;a es accesible, manejable y perfecta para una escapada tranquila y asequible.
    </p><h2 class="article-text">Sarajevo: el encuentro entre Oriente y Occidente</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/viajes/sarajevo-viaje-conocer-cerca-historia-reciente-entender-europa-siglo-xx_1_12795104.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sarajevo</a> tiene una personalidad dif&iacute;cil de encontrar en otras capitales europeas. Durante siglos fue un punto de encuentro entre el Imperio otomano y el austroh&uacute;ngaro, y esa mezcla sigue muy presente. En poco espacio conviven mezquitas, iglesias cat&oacute;licas y ortodoxas y sinagogas. Tambi&eacute;n es una ciudad marcada por la guerra de los a&ntilde;os noventa, un pasado reciente que todav&iacute;a forma parte de su identidad. Todo eso le da una profundidad especial a la visita, m&aacute;s all&aacute; de lo puramente tur&iacute;stico.
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            <span class="title">
                Baščaršija, el barrio otomano de Sarajevo.                            </span>
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        El coraz&oacute;n de la ciudad es Ba&scaron;&#269;ar&scaron;ija, el antiguo bazar otomano, con calles estrechas, talleres artesanos y cafeter&iacute;as donde probar el famoso caf&eacute; bosnio. El Puente Latino recuerda el atentado que desencaden&oacute; la Primera Guerra Mundial, y el T&uacute;nel de la Guerra ayuda a entender el asedio que sufri&oacute; la ciudad. Desde los miradores de las colinas que la rodean se aprecia su ubicaci&oacute;n en el valle. A pesar de su historia compleja, Sarajevo es hoy un destino acogedor y asequible, ideal para descubrir otra Europa.
    </p><h2 class="article-text">Tirana: la nueva meca del turismo<em> low cost</em></h2><p class="article-text">
        Tirana ha cambiado mucho en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Tras a&ntilde;os de aislamiento bajo el r&eacute;gimen comunista, la capital albanesa se ha abierto al exterior y hoy muestra una cara joven y din&aacute;mica. Edificios de colores, amplias plazas y una vida urbana en plena transformaci&oacute;n definen su centro. No es una ciudad monumental en el sentido cl&aacute;sico, pero s&iacute; resulta interesante por su energ&iacute;a y por esa sensaci&oacute;n de estar descubriendo un destino que no est&aacute; masificado.
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            <span class="title">
                El Museo Histórico Nacional de Tirana.                            </span>
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        La plaza Skanderbeg es el punto de partida para entender la ciudad, rodeada de edificios institucionales y de la mezquita Et&rsquo;hem Bey. Los museos Bunk&rsquo;Art, instalados en antiguos b&uacute;nkeres, ayudan a comprender el pasado reciente del pa&iacute;s. El barrio de Blloku, antigua zona reservada a la &eacute;lite comunista, es hoy uno de los m&aacute;s animados, con bares y restaurantes a precios muy asequibles. Adem&aacute;s, Tirana sirve como base para explorar otras zonas de Albania.
    </p><h2 class="article-text">Bucarest: el encanto del Este con esp&iacute;ritu parisino</h2><p class="article-text">
        Bucarest fue conocida como la &ldquo;Par&iacute;s del Este&rdquo; por sus avenidas amplias y algunos edificios de inspiraci&oacute;n francesa. Aunque esa imagen de la ciudad rumana se ha ido matizando con el tiempo, todav&iacute;a conserva ejemplos de arquitectura elegante que conviven con grandes construcciones de la etapa comunista. Es una capital extensa, con una mezcla curiosa de estilos y un ritmo urbano que combina tradici&oacute;n y modernidad. Adem&aacute;s, sigue siendo uno de los destinos m&aacute;s asequibles de la regi&oacute;n.
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                El imponente Palacio del Parlamento de Bucarest.                            </span>
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        El Palacio del Parlamento, uno de los edificios administrativos m&aacute;s grandes del mundo, es una visita casi obligada para entender la etapa de Nicolae Ceau&#537;escu. El casco antiguo concentra bares, restaurantes y edificios hist&oacute;ricos restaurados, y el Ateneo Rumano destaca por su fachada neocl&aacute;sica. Tambi&eacute;n merece la pena pasear por alguno de sus parques, como Her&#259;str&#259;u (ahora llamado de Regele Mihai I), para ver la vida local m&aacute;s tranquila.
    </p><h2 class="article-text">Belgrado: la energ&iacute;a inagotable de los Balcanes</h2><p class="article-text">
        Belgrado ocupa una posici&oacute;n estrat&eacute;gica en la confluencia de los r&iacute;os Danubio y Sava, algo que ha marcado su historia durante siglos. Ha pasado por manos de distintos imperios y ha vivido conflictos que han dejado huella, pero hoy transmite una sensaci&oacute;n de gran vitalidad. No es una ciudad muy tur&iacute;stica, y quiz&aacute; ah&iacute; est&eacute; parte de su atractivo. Tiene car&aacute;cter, ritmo y una escena cultural y nocturna que la ha hecho conocida en toda la regi&oacute;n.
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                La Fortaleza de Kalemegdan, en Belgrado.                            </span>
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        La fortaleza de Kalemegdan ofrece vistas amplias sobre los r&iacute;os y es uno de los mejores puntos para empezar la visita. El barrio de Skadarlija conserva un aire bohemio, con restaurantes tradicionales y m&uacute;sica en directo. La iglesia de San Sava, una de las mayores ortodoxas del mundo, impresiona por su tama&ntilde;o. Por la noche, los locales flotantes sobre el Danubio concentran buena parte del ambiente. La capital de Serbia es intensa, animada y, en comparaci&oacute;n con otras capitales europeas, bastante asequible.
    </p><h2 class="article-text">Vilna: el B&aacute;ltico m&aacute;s verde y bohemio</h2><p class="article-text">
        Vilna es una de las capitales b&aacute;lticas con m&aacute;s personalidad. Su casco hist&oacute;rico, de estilo barroco y declarado Patrimonio Mundial, se recorre f&aacute;cilmente a pie y combina iglesias, patios escondidos y calles tranquilas. A diferencia de otras grandes ciudades del continente, aqu&iacute; el ritmo es m&aacute;s pausado y la naturaleza est&aacute; muy presente. Parques, colinas y zonas verdes forman parte del d&iacute;a a d&iacute;a de la ciudad, que adem&aacute;s ha desarrollado una escena cultural y creativa interesante.
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            <span class="title">
                Vilna, una ciudad verde.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Entre los lugares m&aacute;s destacados est&aacute;n la iglesia de Santa Ana, uno de los s&iacute;mbolos de la ciudad, y la colina de Gediminas, desde donde se obtienen buenas vistas del conjunto urbano. El barrio de U&#382;upis, autoproclamado rep&uacute;blica independiente, aporta un toque alternativo con galer&iacute;as y caf&eacute;s. Vilna combina historia, ambiente bohemio, precios moderados y, adem&aacute;s, es la &uacute;nica de la lista cuya moneda es el euro, as&iacute; que no tendr&aacute;s que cambiar dinero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/viajar-europa-no-caro-siete-ciudades-sorprendentes-visitar-primavera_1_13026202.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Mar 2026 20:27:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viajar por Europa no tiene que ser caro: siete ciudades sorprendentes que visitar esta primavera]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Europa,Ciudades,Guías Turísticos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mucho más que cerezos en flor: cuando el Valle del Jerte se convierte en el "Valle del Agua"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/cerezos-flor-valle-jerte-convierte-valle-agua_1_13023781.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3bcc639d-f4ba-44b5-8262-8dd79abb8e59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mucho más que cerezos en flor: cuando el Valle del Jerte se convierte en el &quot;Valle del Agua&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Antes de la floración de los cerezos, el Jerte vive su momento más salvaje. El deshielo y las lluvias llenan gargantas y cascadas, transformando el paisaje y ofreciendo una de las épocas más espectaculares para recorrerlo
</p><p class="subtitle">Arribes del Duero: el espectacular 'Gran Cañón' que separa España y Portugal</p></div><p class="article-text">
        Hay un momento del a&ntilde;o en que el Valle del Jerte empieza a cambiar. Todav&iacute;a no han llegado las multitudes que buscan el blanco de los cerezos en flor, pero el Valle ya est&aacute; en marcha. Es ahora, entre el final del invierno y el comienzo de la primavera, cuando el agua cobra protagonismo. El deshielo baja desde la sierra, las gargantas toman fuerza y las cascadas vuelven a rugir tras los meses de m&aacute;s fr&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, este es el mejor momento para acercarse si lo que quieres es ver el Jerte en estado puro. Las lluvias y la nieve acumulada alimentan una red de gargantas que atraviesa toda la comarca y que da lugar a decenas de saltos de agua, algunos a pie de carretera y otros escondidos tras peque&ntilde;os senderos. No hace falta caminar mucho para encontrarlos, pero si te gusta andar, las opciones se multiplican.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de unas semanas, entre finales de marzo y principios de abril, llegar&aacute; la floraci&oacute;n y el paisaje cambiar&aacute; por completo. Pero justo antes de que eso ocurra, el Jerte ofrece otro espect&aacute;culo igual de impresionante al convertirse en el &ldquo;Valle del Agua&rdquo;. Un momento breve, intenso y perfecto para descubrir que aqu&iacute;, mucho antes que las flores, lo primero que despierta es el agua.
    </p><h2 class="article-text">Un valle moldeado por el agua</h2><p class="article-text">
        Para entender por qu&eacute; aqu&iacute; hay tantas cascadas, primero hay que mirar el mapa. El Jerte es un valle estrecho y profundo, encajado entre sierras y modelado durante miles de a&ntilde;os por la erosi&oacute;n. Las monta&ntilde;as que lo rodean, con cumbres que superan los 2.000 metros en zonas pr&oacute;ximas a la Sierra de Gredos, act&uacute;an como una gran reserva natural de agua. La nieve que se acumula en invierno y las lluvias frecuentes durante buena parte del a&ntilde;o alimentan una red de gargantas que descienden con fuerza hacia el r&iacute;o Jerte.
    </p><p class="article-text">
        Ese desnivel es la clave. En pocos kil&oacute;metros, el agua salva grandes diferencias de altura, formando cascadas, saltos y pozas de todo tipo. Algunas de las m&aacute;s espectaculares se concentran en espacios protegidos como la Reserva Natural Garganta de los Infiernos, pero no es algo exclusivo de un solo lugar. En realidad, todo el valle est&aacute; surcado por estos cursos de agua que aparecen una y otra vez, casi siempre acompa&ntilde;ados de senderos que permiten acercarse sin dificultad.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Cascada del Calderón, en el Valle del Jerte.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Cascadas imprescindibles del Valle del Jerte</h2><p class="article-text">
        Repartidas por todo el Valle, hay cascadas de todo tipo. Algunas, como El Caozo, son accesibles en apenas unos minutos, mientras que otras, como las de la Garganta de las Nogaledas, obligan a caminar un poco m&aacute;s. Tambi&eacute;n est&aacute;n el Calder&oacute;n, Marta o el Manto de la Virgen, cada una con su forma y su entorno. No hace falta visitarlas todas en un mismo viaje, pero s&iacute; conviene tenerlas en el radar si lo que buscas es entender por qu&eacute; el Jerte es llamado, y con raz&oacute;n, el &ldquo;Valle del Agua&rdquo;.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Garganta de las Nogaledas</strong></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Si hay un lugar donde todo esto se entiende a la primera es en la Garganta de las Nogaledas. Aqu&iacute; no hay una sola cascada, sino varias, una detr&aacute;s de otra, enlazadas por un sendero que permite recorrerlas con calma. Es una ruta sencilla, de unas dos horas y media aproximadamente, bien se&ntilde;alizada y sin grandes dificultades, aunque con algunos tramos de subida.
    </p><p class="article-text">
        El camino avanza siempre cerca del agua, cruzando pasarelas, escaleras de madera y peque&ntilde;os miradores naturales desde los que se puede ver c&oacute;mo la garganta va encadenando saltos. Algunos caen en vertical, otros se abren en abanico sobre la roca, y todos tienen en com&uacute;n ese sonido constante que acompa&ntilde;a durante todo el recorrido. Alrededor veremos robles, casta&ntilde;os, alisos y fresnos que van formando el bosque de ribera.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Cascada de El Caozo</strong></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Probablemente sea la imagen m&aacute;s conocida del Valle cuando se habla de cascadas. El Caozo es un salto de agua de m&aacute;s de 30 metros que se precipita por una pared de granito pulido, formando una cortina blanca visible incluso antes de llegar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Parte de su fama tiene que ver con lo f&aacute;cil que es acercarse. Desde el aparcamiento apenas hay que caminar unos minutos para plantarse frente a la ca&iacute;da. Y en esta &eacute;poca, cuando el caudal baja con fuerza, impresiona hasta su estruendo. El ruido, la velocidad del agua y el entorno cerrado hacen que sea uno los lugares que m&aacute;s impresionan del Valle. Adem&aacute;s, est&aacute; rodeado de bosque, lo que refuerza esa sensaci&oacute;n de estar inmersos en la naturaleza.&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Cascada del Calder&oacute;n</strong></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Muy cerca de all&iacute;, la Cascada del Calder&oacute;n ofrece una imagen diferente, pero igual de interesante. Aqu&iacute; el agua no cae en vertical desde una pared, sino que se desliza por una gran losa de roca inclinada durante unos 30 metros, creando un efecto continuo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para llegar, se puede seguir parte del antiguo Camino Real que conectaba distintas localidades del Valle. Es un acceso sencillo y con el aliciente de estar caminando por un trazado hist&oacute;rico que se ha utilizado durante generaciones. Es una parada menos concurrida que El Caozo, pero precisamente por eso resulta m&aacute;s tranquila.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Cascada de Marta</strong></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        La Cascada de Marta tiene algo que la hace distinta. Aqu&iacute; no se observa el salto desde abajo, sino desde arriba. Una pasarela met&aacute;lica cruza justo por encima de la ca&iacute;da y permite asomarse al agua mientras se precipita bajo los pies.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; muy cerca de la carretera pero el entorno es completamente natural, rodeado de vegetaci&oacute;n y con el sonido de la garganta acompa&ntilde;ando en todo momento. Es una parada breve, pero muy recomendable, sobre todo por esa perspectiva poco habitual.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>El Manto de la Virgen</strong></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Dentro de la Reserva Natural Garganta de los Infiernos, una de las im&aacute;genes m&aacute;s reconocibles es la del Manto de la Virgen, tambi&eacute;n conocido como Chorrero de la Virgen. En lugar de un salto &uacute;nico y concentrado, aqu&iacute; el agua se abre y se extiende sobre la roca gran&iacute;tica, formando una especie de manto que cae ladera abajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se puede acceder hasta su base, pero s&iacute; observarlo desde los miradores del sendero. Y eso es parte de su encanto. Est&aacute; integrado en un espacio protegido, rodeado de monte y lejos de carreteras, lo que obliga a llegar caminando, empleando una hora para ir y otra para volver.
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><strong>Cascada de La Desesper&aacute;</strong></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        No todas las cascadas del Jerte est&aacute;n activas todo el a&ntilde;o, y la de la Desesper&aacute; es el mejor ejemplo. Situada junto a la carretera que conecta distintas zonas de la comarca, aparece con fuerza despu&eacute;s de periodos de lluvia y durante el deshielo, pero pierde protagonismo cuando el caudal baja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso, verla ahora es toda una oportunidad. Es una de esas cascadas que dependen del momento justo.
    </p><h2 class="article-text">Caminar entre gargantas y cerezos</h2><p class="article-text">
        Recorrer el Jerte en esta &eacute;poca es hacerlo entre dos paisajes que conviven durante unas semanas. Por un lado, el agua bajando con fuerza por las gargantas. Por otro, los cerezos que empiezan a prepararse para la floraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Muchos senderos atraviesan zonas donde ambos coinciden. Caminamos acompa&ntilde;ados por el sonido del agua mientras el sendero avanza entre bancales de cultivo, bosques de ribera y laderas cubiertas de &aacute;rboles. Es un paisaje muy variado, donde en pocos kil&oacute;metros cambian los colores, la vegetaci&oacute;n y la forma del terreno.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, esta abundancia de agua explica tambi&eacute;n la riqueza natural del Valle. En estos entornos es habitual encontrar aves forestales, anfibios o mam&iacute;feros ligados a los cursos fluviales, en un ecosistema que depende directamente de este equilibrio. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Roberto Ruiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/cerezos-flor-valle-jerte-convierte-valle-agua_1_13023781.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Feb 2026 22:52:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mucho más que cerezos en flor: cuando el Valle del Jerte se convierte en el "Valle del Agua"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extremadura,Senderismo,Cáceres,Cascadas,Rutas]]></media:keywords>
    </item>
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