La Sagrada Família coloca la última pieza de su torre más alta y encara la recta final de su construcción
La Sagrada Família, el icono modernista de Barcelona y la joya de Antoni Gaudí ha alcanzado este viernes su altura máxima tras instalar el brazo vertical de la Torre de Jesús, la última que quedaba por finalizar. Se trata del punto más elevado del monumento y el que lo consagrará como la iglesia más alta del mundo, con 172,5 metros.
La colocación, llevada a cabo por un equipo de periciosos gruístas, ha sido atestiguada por diversos grupos de turistas. Aunque muchos de ellos miraban al monumento sin ser conscientes de lo que estaba sucediendo. La mayoría tomaban las típicas fotos y vídeos de rigor, pero solo unos pocos observaban al detalle la operación. Era un grupo de japoneses, que habían sido alertados por su guía turística. Esos, al contrario de los demás, han estado bastante más tiempo ante el monumento, conteniendo el aliento en el momento en el que el brazo superior ha encajado con el resto del cuerpo de la cruz.
Una vez acabada esta torre, la estructura de la basílica estará terminada, 144 años después de que se colocara la primera piedra y lo hace coincidiendo con el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Ahora bien, todavía quedan años de obras, pues la fachada de la Glòria (la tercera y última y la que servirá como entrada principal al templo), así como la escalinata de acceso todavía tardarán unos 10 años en estar acabados.
Además, todavía habrá que esperar para ver la Sagrada Família sin los andamios y grúas que hace años que la acompañan en todas las fotos. Seguirán ahí, por lo menos, hasta el 10 de junio, que es el día en que se inaugurará la Torre de Jesús. La ceremonia, a la que se espera la asistencia del papa León XIV, coincidirá con la conmemoración de la muerte de Gaudí.
La gran cruz que culmina la Torre de Jesús tiene geometría de doble giro, la misma que se utilizó para las columnas del interior de la basílica. Se caracterizará por su brillo, pues estará recubierta de vidrio, cerámica blanca esmaltada y en los brazos horizontales tendrá unos ventanales desde los que se podrá observar el cielo y la ciudad. Dicen quienes conocieron las motivaciones del arquitecto catalán que quienes visitaran la estructura pudieran mirar hacia arriba -hacia Dios, quien inspiró la construcción- y hacia abajo -hacia la calle y los obreros que la erigieron.
La cruz, que tiene 17 metros de altura y 13,5 de ancho, ha sido construida en Alemania y transportada hasta Barcelona en 14 “megapiezas” que se han premontado en una plataforma de trabajo a 54 metros de altura, justo por encima de la nave central. Una vez ensamblado cada brazo -de 12 toneladas cada uno- ha sido colocado en su posición por un equipo internacional de gruístas.
A su término, la Sagrada Familia no sólo afianzará su título de iglesia más alta del mundo, sino que también se convertirá en el edificio más alto de Barcelona, superando la Torre Mapfre y el Hotel Arts. Pero, aun así, estará unos pocos metros por debajo de Montjuïc, tal como Gaudí quiso. Porque la obra del hombre no puede superar a la de Dios.
Lo que todavía queda
El próximo hito de la Sagrada Família será acabar la fachada de la Glòria, la mayor y la que será la entrada principal al templo. Las tres fueron diseñadas por Gaudí con estilos distintos, cargadas de gran simbolismo. La del Nacimiento, la única que el arquitecto llegó a ver acabada, es un canto a la alegría de la vida y a la creación; la de la Pasión, obra de Josep Maria Subirachs, rememora los últimos días de Jesús; y la de la Glòria hablará sobre la vida eterna.
La Junta Constructora de la Sagrada Família ha pedido a tres artistas que presenten sus propuestas para esta última fachada: el mallorquín Miquel Barceló, la donostiarra Cristina Iglesias y el mexicano Javier Marín. Se prevé que durante este mes de febrero presenten sus bocetos, que se deberán basar en unas directrices que dejó Gaudí a través de esbozos, planos y maquetas.
La fachada de la Glòria será la más complicada de construir. No sólo porque el arquitecto no dejara planos específicos sobre su diseño, sino porque este acceso va acompañado de una polémica escalinata que implicará el derribo de dos islas de casas, lo que afecta a unas 3.000 viviendas y 10.000 vecinos.
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