Gante por primera vez: las claves de un viajero experto para organizar tu visita y no perderte nada
Gante suele vivir a la sombra de Brujas y Bruselas, pero basta con poner un pie en su centro histórico para entender que merece una visita por sí sola. Canales, fachadas medievales, iglesias imponentes y un aire tranquilo que hace de ella una ciudad agradable, amigable y fácil de disfrutar. Gante es manejable y cómoda, y ofrece un interesante equilibrio entre lo monumental y lo cotidiano, al mismo tiempo que esconde rincones de auténtico cuento.
Su ubicación, además, la convierte en una parada casi perfecta. Está a medio camino entre Bruselas y Brujas, y bien conectada por tren. Por eso también muchos viajeros la eligen no solo como visita, sino como base desde la que explorar Flandes. A eso se suma su carácter universitario, que le da vida durante todo el año y la aleja de esa sensación de parque temático que puedes tener en Brujas.
Ahora bien, más allá de lo que hay que ver, la clave está en cómo organizar la visita. Cuánto tiempo dedicarle, cómo moverse, por dónde pasear, qué platos probar o qué detalles conviene tener en cuenta para no llevarse sorpresas. Porque Gante es fácil, sí, pero con algunos matices. Y ahí es donde entran en juego estos consejos, pensados para aprovechar mejor el viaje y disfrutar la ciudad al máximo.
Cuándo viajar a Gante
Bélgica es un destino bastante agradecido en cualquier época, pero hay detalles que conviene tener en cuenta. Julio y agosto concentran más viajeros, con días largos y mejor clima. Mayo, junio y septiembre suelen ser el mejor equilibrio entre buen tiempo y menor masificación. Y el invierno, aunque más frío y lluvioso, tiene el atractivo de los mercados navideños.
Al elegir cuándo viajar a Gante también hay que tener en cuenta un factor clave: las Gentse Feesten. Durante diez días de julio, la ciudad se transforma con conciertos, actividades y un ambiente que lo cubre todo. Es una experiencia única, pero conviene saberlo de antemano. Si buscas tranquilidad, mejor evitar esas fechas. Si quieres vivir una gran fiesta urbana, ese es el momento.
¿Cuántos días dedicar a Gante?
Si lo que buscas es encajar Gante en un viaje más completo por Flandes es cierto que la podrías ver en un día, pero se quedaría muy corto. Merece mucho la pena hacer, al menos, una noche. Pero lo ideal sería dedicarle dos. Eso te permite recorrer el centro con calma, entrar en algún museo o monumento sin mirar el reloj y, sobre todo, disfrutar de la ciudad cuando cambia el ritmo, llega la noche y la ciudad se ilumina. Algo que nos perderíamos si solo vamos de paso.
Dónde alojarse: las mejores zonas para dormir
Gante no es una ciudad grande, así que elegir bien la zona puede marcar la diferencia. El centro histórico, especialmente alrededor de Graslei y Korenlei, es la mejor opción. Estás cerca de casi todo y puedes moverte caminando sin depender de transporte. Es más caro, sí, pero puede compensar.
La zona de la estación (Gent-Sint-Pieters) es práctica si vas a hacer muchas excursiones en tren, aunque pierdes algo de ambiente. Y barrios como Ledeberg pueden ser una alternativa más económica, bien conectada y cada vez más animada. En cualquier caso, reservar con antelación es importante, sobre todo en fines de semana y temporada alta.
La ciudad cambia cuando cae el sol
Gante es una ciudad en la que merece mucho la pena retrasar un poco la hora de irse a dormir. Su plan de iluminación, reconocido internacionalmente, no se limita a encender las farolas de las calles y ya. Es un proyecto pensado para resaltar edificios, plazas y canales con una iluminación cuidada y meticulosa, que transforma por completo el centro histórico. Todo está medido para crear contrastes, guiar el paseo y conocer la ciudad desde otra perspectiva.
El resultado es un ambiente tranquilo, elegante y muy fotogénico. Caminar por los muelles de Graslei y Korenlei al anochecer, cuando las fachadas se reflejan en el agua, es una de esas experiencias que justifican por sí solas el viaje.
Cómo moverse por Gante
Moverse por Gante es sencillo. El centro histórico es compacto y se recorre perfectamente a pie, que es además la mejor forma de descubrirla porque lo más seguro es que quieras parar a cada momento a contemplar algún detalle.
El tranvía funciona bien y puede ser útil si te alojas algo más lejos o quieres ahorrar tiempo en algún desplazamiento puntual. Y la bicicleta es una opción muy habitual, aunque conviene valorar si realmente la necesitas, pues las distancias son cortas y, a no ser que tengas claro que te vas a desplazar por los alrededores, en el centro no es necesaria.
El coche, mejor evitarlo
Si estás pensando en alquilar coche, hay un detalle importante: el centro cuenta con una Zona de Bajas Emisiones (LEZ) y, además, Gante presume de tener la zona peatonal más grande de Flandes.
Esto implica que no puedes circular libremente y que, en algunos casos, es necesario registrar el vehículo previamente. Si no lo haces, la multa llegará después. Y no suele ser precisamente baja.
En el centro mandan los peatones y los ciclistas, de manera que si llegas a Gante en coche por estar haciendo un viaje a tu aire entre varias ciudades, lo mejor es dejarlo aparcarlo en un lugar adecuado y prescindir de él hasta tu marcha.
Idioma: pequeño gesto, gran diferencia
En Gante se habla neerlandés (flamenco). Y aunque la mayoría de gente entiende francés, no es la opción más recomendable. Es mejor recurrir al inglés, que funciona perfectamente y suele ser la mejor elección.
Aun así, aprender una palabra básica como “dank je” (gracias) siempre suma algún punto a tu favor. Es un detalle pequeño, pero se nota en el trato y la gente lo agradece.
Comer en Gante: qué probar
La gastronomía belga es otro de los grandes alicientes del viaje. No es que sea mundialmente reconocida precisamente, pero hay algunos platos que no deberías pasar por alto.
Las patatas fritas están por todas partes y son el típico tentempié que encaja en cualquier momento. Los mejillones con patatas fritas, la carne cocinada con cerveza o los gofres son algunos de los clásicos que conviene probar. El dulce más típico son los cuberdons, unos conos rellenos de sirope. Y obviamente también el chocolate, claro.
En cuanto a horarios, son más tempranos que en España, así que conviene adaptarse un poco para evitar sorpresas.
Una ciudad con alma vegetariana
Gante tiene una faceta no muy conocida que suele sorprender bastante a los viajeros, y es que defiende una firme apuesta por la gastronomía vegetariana.
En 2009 puso en marcha los llamados “jueves vegetarianos”, una iniciativa que anima a no consumir carne ni pescado un día a la semana. Con el tiempo, esto ha generado una oferta muy amplia y variada, hasta el punto de que la ciudad presume de ostentar el título de capital vegetariana de Europa. De modo que, aunque no seas vegetariano, es un buen sitio para probar algo diferente.
Gante desde el agua
En cuanto empieces a recorrer el casco histórico de Gante verás que el agua tiene un papel protagonista, con numerosos canales que nacen de la confluencia de los ríos Lys y Escalda. Recorrerlos en barco siempre es una experiencia agradable, descubriendo rincones que a pie pasan desapercibidos y aprendiendo más sobre la ciudad gracias a los comentarios de los guías. Suelen durar unos 40 minutos y salen desde la zona de Graslei y Korenlei.
Si buscas algo más activo, también existe la opción de alquilar un kayak y recorrer los canales a tu ritmo. Es otra forma de ver la ciudad, más tranquila y bastante diferente.
El Cordero Místico: organiza la visita
La Adoración del Cordero Místico, de los hermanos Van Eyck, es una de las obras más importantes del arte occidental y está en la catedral de San Bavón. De modo que, si viajas a Gante, posiblemente sea algo que no te querrás perder.
Como es una de las visitas más demandadas de la ciudad, el consejo es claro: compra tu entrada con toda la antelación posible. De lo contrario, es muy probable que no puedas entrar. Además, la visita incluye una experiencia en la cripta con realidad virtual que ayuda a entender mejor la obra antes de verla.
Imprescindibles de Gante: una selección para no perderse
En Gante apetece pasear sin un rumbo demasiado fijo, pero hay lugares que conviene tener claros desde el principio para no pasarlos por alto.
Los muelles de Graslei y Korenlei son la imagen más reconocible de la ciudad y merece la pena verlos tanto de día como de noche. El campanario Belfort ofrece una de las mejores vistas del centro histórico y ayuda a situarse. El Castillo de los Condes de Gante es una visita muy completa, y un buen aliciente si además viajas por Gante con niños.
También merece la pena fijarse en el Stadshal, cuya estructura moderna contrasta en pleno centro histórico, entrar en la iglesia de San Nicolás, que está a solo unos metros, atravesar la calle Werregarenstraatje, famosa por sus grafitis, o dedicarle un rato al puente de San Miguel, que está rodeado por la zona más monumental de la ciudad.
Consejos prácticos que tener en cuenta
Teniendo todo esto en mente, vamos a lo práctico. El clima en Bélgica es cambiante, así que llevar algo de abrigo o un chubasquero siempre es buena idea, incluso en verano. El calzado cómodo es casi obligatorio, las calles adoquinadas e irregulares están por todas partes y eso se nota al final del día.
Si viajas en temporada alta, reservar con antelación tanto alojamiento como la visita al Cordero Místico te permitirá viajar con más tranquilidad. Y en cuanto a documentación, si viajas desde España basta con el DNI ,y además tendrás cobertura sanitaria gracias a la Tarjeta Sanitaria Europea.
¿Enchufes? Los mismos. ¿Moneda? La misma. ¿Tarifas de teléfono? Las mismas gracias al roaming europeo. Así que una vez allí, todo resulta realmente fácil.