Burdeos en dos días: qué ver y hacer si vas de escapada a la capital de Aquitania
Burdeos es uno de esos destinos que encajan especialmente bien en una escapada de fin de semana. Elegante pero cercana, monumental sin resultar abrumadora; la ciudad combina un centro histórico declarado Patrimonio Mundial con barrios en plena transformación, grandes espacios verdes y una escena gastronómica y cultural muy activa. En dos días no se ve todo, pero sí lo suficiente como para llevarse una imagen bastante completa de la capital de Aquitania.
Aunque el vino forma parte inseparable de la identidad de Burdeos, reducir la ciudad a sus viñedos sería quedarse corto. Aquí hay plazas monumentales, puertas medievales, museos de primer nivel, paseos junto al Garona y barrios con mucha vida local. La buena noticia es que gran parte de lo imprescindible se concentra en una zona bastante manejable, lo que permite moverse a pie y combinar cosas muy diferentes en poco tiempo.
Esta guía propone un plan realista para descubrir Burdeos desde el viernes por la tarde hasta el domingo antes de regresar a casa. Un itinerario pensado para aprovechar bien el tiempo, alternando los grandes iconos de la ciudad con zonas menos conocidas, y dejando espacio para comer bien, pasear y entender por qué Burdeos es uno de los destinos urbanos más atractivos del suroeste de Francia.
Viernes por la tarde: llegamos a Burdeos
La mayoría de viajeros llega a Burdeos a primera hora de la tarde, así que el plan para este primer día conviene llevarlo medianamente organizado. Lo ideal es alojarse en el centro histórico o en barrios próximos como Saint-Pierre o Chartrons, que permiten empezar a descubrir la ciudad a pie desde el primer momento. Otras zonas bien conectadas por tranvía, como La Bastide o Bassins à Flots, también funcionan bien si se busca algo más tranquilo o moderno.
Con las maletas ya en el alojamiento, el primer paseo puede comenzar en la Place de la Bourse. Esta plaza del siglo XVIII es una de las imágenes más reconocibles de Burdeos y el famoso espejo de agua que se extiende frente a sus fachadas suele concentrar mucho ambiente a última hora del día. Desde aquí merece la pena caminar junto al Garona hasta el Puente de Pierre, uno de los grandes símbolos de la ciudad y un buen punto para empezar a situarse.
Para cenar, el barrio de Saint-Pierre es una apuesta segura. Sus calles y plazas concentran buena parte del ambiente nocturno del centro y ofrecen muchas opciones para una primera cena. Es un buen momento para probar cocina francesa clásica y productos del suroeste, con platos como el magret de pato, el foie gras o una tabla de quesos locales. Para cerrar, no está de más reservar hueco para el canelé, el dulce más típico de Burdeos.
Antes de volver al alojamiento, un breve paseo nocturno permite asomarse a algunos de los iconos del centro histórico, como la Grosse Cloche o las antiguas puertas medievales, que también deberías conocer bajo la luz del día. Así tendrás una primera toma de contacto antes de dedicar el sábado a explorar la ciudad con más profundidad.
Sábado: el corazón histórico y el Burdeos más cultural
El sábado es el día clave del fin de semana y conviene empezar temprano para aprovechar bien las horas. La mañana puede dedicarse al centro histórico, donde se concentran muchos de los grandes lugares imprescindibles de Burdeos. Un buen punto de partida es la zona de la Place des Quinconces, una de las plazas urbanas más grandes de Europa, que marca la transición entre el río y el entramado monumental de la ciudad. Desde aquí, el recorrido puede continuar hacia la Place de la Comédie, presidida por el Gran Teatro de Burdeos, uno de los edificios más elegantes del siglo XVIII y una referencia cultural de la ciudad.
A medida que te adentras en el casco antiguo, aparecen algunos de los símbolos más reconocibles de Burdeos. La catedral de Saint-André y su entorno permiten entender la importancia histórica y religiosa de la ciudad, mientras que calles comerciales como la Rue Sainte-Catherine muestran un Burdeos más cotidiano y animado. Muy cerca, el Museo de Aquitania es una buena opción para quienes quieran contextualizar la historia de la región sin invertir demasiado tiempo.
A la hora de comer, lo más práctico es no entretenerse mucho. Zonas como el entorno del Mercado de los Capuchinos o las calles del casco histórico ofrecen muchas opciones informales para probar productos frescos y platos sencillos de mercado. Es un buen lugar para comer mariscos, ostras o crepes, acompañados de quesos locales, que permiten continuar el recorrido sin alargar en exceso la pausa del mediodía.
Por la tarde, el plan cambia ligeramente de escenario. Es un buen momento para desplazarse en tranvía hacia áreas más contemporáneas de la ciudad. Les Bassins des Lumières, ubicados en una antigua base submarina, proponen una experiencia cultural muy distinta, centrada en el arte digital y las exposiciones inmersivas. Después, de camino al centro, el barrio de Chartrons invita a pasear por calles como la Rue Notre Dame, entre tiendas, galerías y antiguos almacenes vinculados al comercio del vino.
Los aficionados al vino pueden reservar parte de la tarde para visitar la Cité du Vin, uno de los grandes proyectos culturales de Burdeos. El museo ofrece una visión global y muy didáctica del vino como fenómeno cultural, más allá de etiquetas o denominaciones concretas, y su ubicación junto al río permite además disfrutar de buenas vistas de la ciudad. No está lejos de Les Bassins des Lumières, por lo que puede ser un buen plan alternativo.
Para la noche, Chartrons vuelve a ser una buena elección, aunque también se puede regresar al centro histórico para cenar. El sábado es un buen momento para sentarse con calma y disfrutar de una cena algo más completa, con platos tradicionales del suroeste francés, con carnes y pescados, donde también destaca el entrecot a la bordelesa o, por qué no, el caviar de Aquitania. Tras la cena, un paseo por el río o por las plazas del centro pone un cierre redondo a la jornada más completa del fin de semana.
Domingo: parques, barrios y despedida
El domingo por la mañana es ideal para bajar un poco el ritmo y descubrir una cara más relajada de Burdeos, sin alejarse demasiado del centro. Una buena opción es comenzar el día en el Jardin Public, uno de los espacios verdes más apreciados por los bordeleses. Este parque histórico, rodeado de elegantes edificios residenciales, invita a pasear un rato y a disfrutar de un ambiente muy local, especialmente los fines de semana.
Si apetece seguir con visitas culturales, el Museo de Arte Contemporáneo, instalado en un antiguo almacén portuario, ofrece una alternativa interesante y bien ubicada para una mañana de domingo. Otra posibilidad es acercarse a la Basílica de San Miguel, uno de los grandes templos góticos de la ciudad, reconocible por su imponente torre campanario, si es que no la viste de camino al Mercado de los Capuchinos el día anterior.
Para la comida, lo más práctico es elegir una zona bien comunicada y sin grandes desplazamientos. El entorno del centro histórico o los alrededores del propio Jardin Public funcionan bien para una última comida antes de la vuelta. Aunque ya haya caído algún crepe, seguramente no hayan sido suficientes. Aprovecha.
Antes de poner rumbo al aeropuerto, todavía queda tiempo para un último paseo. Vuelve al río, cruza el Puente de Pierre o recorre alguna de las calles comerciales del centro. Burdeos es una ciudad que se visita bien en dos días, pero que deja claro, justo antes de marcharse, que siempre habrá motivos para volver.