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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Sánchez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria_sanchez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Sánchez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Mujeres y medio rural: otra narrativa es posible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/mujeres-medio-rural-narrativa-posible_1_1888725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/322f2cd3-d29e-4679-ae24-91ab5d43d610_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mujeres y medio rural: otra narrativa es posible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Así es la historia de nuestro país y de tantos: mujeres orbitando alrededor del astro de la casa, que callaban y dejaban hacer; fieles, pacientes, buenas madres, limpiando las tumbas y llenándose las manos de cal cada año...</p><p class="subtitle">Quizás, las hijas nos hemos despertado un poco tarde, pero al fin cuestionamos y reivindicamos, tomamos el relevo con la voz. Miro atrás y no puedo evitar sentir una sensación que no para de oscilar entre la rabia y la culpa</p><p class="subtitle">Nuestro medio rural, que hoy celebra el día internacional de sus mujeres, necesita otras manos que lo escriban. Una narrativa que descanse en las huellas, en aquellas de todas esas que se rompieron las alpargatas pisando, y que siguen solas, esperando que alguien comience a nombrarlas para existir</p></div><p class="article-text">
        <strong>1. Las huellas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Nieva y no puedo quitarme la imagen de la hija que espera y coloca con mucho cuidado sus pies sobre las huellas que el padre ha dibujado con firmeza primero. Como aprend&iacute;, algunos trashumantes tienen esa costumbre de pisar sobre las huellas del que va primero para as&iacute; evitar mojarse los pies. Luego el cuerpo buscar&iacute;a el refugio entre la respiraci&oacute;n caliente de las vacas, en ese c&iacute;rculo con forma de animal que cuando llega la noche mancha el suelo. La tierra, caliente y finita, daba tregua un rato a los caminantes.
    </p><p class="article-text">
        Por costumbre, solemos aprender siempre del que nos precede. Y en la mayor&iacute;a de los casos, los que nos van abriendo el camino, retirando el agua y apartando las zarzas de la vereda, son hombres. Yo lo reconozco. Soy tercera generaci&oacute;n: mi abuelo era veterinario, mi padre es veterinario y yo, la primera nieta, hija y rama, tambi&eacute;n. Vengo de una familia que siempre ha estado ligada a la tierra y a la ganader&iacute;a extensiva. Rodeada de alcornoques, encinas y olivos, alg&uacute;n huerto y muchos animales. De peque&ntilde;a, siempre los admiraba a ellos, a los hombres, la voz de la casa. De hecho, quer&iacute;a ser uno de ellos. Odiaba los vestidos, la melena que mi madre se empe&ntilde;aba en peinar y las mu&ntilde;ecas. Yo quer&iacute;a ser fuerte, corr&iacute;a detr&aacute;s del reba&ntilde;o sin miedo y ca&iacute;a una y otra vez cuando me hac&iacute;a la valiente sorteando las huellas, demasiado grandes para mi bici, que dejaban por un tiempo los tractores en los carriles. No, no. Los hombres de sangre y tierra nunca lloran, no tienen miedo, y siempre, siempre, siempre, saben lo que hay que hacer en todo momento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Las manos</strong>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Soy la hermana de un hijo &uacute;nico&rdquo;, dijo en una ocasi&oacute;n la escritora portuguesa Agustina Bessa-Lu&iacute;s sobre su infancia. Y no puede ser m&aacute;s certero y a la vez tan doloroso. As&iacute; es la historia de nuestro pa&iacute;s y de tantos: mujeres orbitando alrededor del astro de la casa, que callaban y dejaban hacer; fieles, pacientes, buenas madres, limpiando las tumbas y llen&aacute;ndose las manos de cal cada a&ntilde;o, sabedoras de remedios, ceremonias y nanas; brujas, maestras, hermanas, hablando bajito entre ellas, convirti&eacute;ndose en cobijo y alimento; transform&aacute;ndose, con el paso de los a&ntilde;os, en una habitaci&oacute;n m&aacute;s, en una arteria inherente a la casa.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qui&eacute;nes son los que cuentan sus historias? &iquest;Qui&eacute;n se preocupa de rescatar a nuestras abuelas y madres de ese mundo al que las confinaron, en miniatura, convirti&eacute;ndolas solo en compa&ntilde;eras, apart&aacute;ndolas de nuestra narrativa, y reduci&eacute;ndolas a un aspecto insignificante? &iquest;Qui&eacute;n escribe realmente sobre las manos que han cuidado nuestro medio rural?
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Pepa</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace poco, mi padre me cont&oacute; una historia preciosa de mi familia que no conoc&iacute;a. Y tiene que ver con una mujer y con un &aacute;rbol. Mi tatarabuela Pepa conoc&iacute;a muy bien todos los alcornoques y encinas de la tierra y, cuando supo que le quedaban pocos a&ntilde;os de vida, ella ya no pod&iacute;a caminar ni valerse por s&iacute; misma, pidi&oacute; que la llevaran en una especie de butaca a ver al alcornoque m&aacute;s viejo y m&aacute;s bonito que ten&iacute;a. Ese a&ntilde;o le sacaban el corcho, e intu&iacute;a, de alguna manera, que ni ella ni el &aacute;rbol sobrevivir&iacute;an para ver la pr&oacute;xima saca.
    </p><p class="article-text">
        Es curioso este lenguaje de man&iacute;as y palabras que vamos tejiendo y haciendo poco a poco nuestras. Desde el verano, cada vez que voy a la casa de mis abuelos, hago fotos y grabo al limonero del patio, no s&eacute; todav&iacute;a con qu&eacute; sentido ni para qu&eacute;, pero me encanta hacerlo. Mi padre dice que es un limonero cualquiera, pero me gusta inventar una narrativa entorno a sus ramas y sus peque&ntilde;os habitantes. Hoy, en su arriate, ya hab&iacute;a violetas. A mi abuela Teresa le encantaban. Las hemos cortado y las hemos dejado en agua, en el violetero de plata que ten&iacute;a en el sal&oacute;n para ellas. As&iacute;, la casa se ha quedado hoy menos sola.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. Hombres</strong>
    </p><p class="article-text">
        Han tenido que pasar muchas cosas para conocer las historias de las mujeres de mi familia, para poder hurgar en ellas, reconocerme, sentirme orgullosa. Quiz&aacute;s, las hijas nos hemos despertado un poco tarde, pero al fin cuestionamos y reivindicamos, tomamos el relevo con la voz. Ahora, miro atr&aacute;s y me doy cuenta, no puedo evitar sentir una sensaci&oacute;n que no para de oscilar como un reloj de pared entre la rabia y la culpa. Qu&eacute; extra&ntilde;o es preguntarse algo tan obvio. Lo importante que llegaba a casa, las alegr&iacute;as y las proezas, las buenas noticias, siempre ven&iacute;an de la misma voz. Los libros entre los que crec&iacute;, todos esos apuntes y manuales de consulta con los que pas&eacute; tantas horas en la biblioteca, gu&iacute;as de animales y de aves, todas esas novelas, cuentos y poemas, todas, en su pr&aacute;cticamente totalidad, escritas por el mismo sexo. Todos aquellos a los que admir&eacute; y segu&iacute;: cient&iacute;ficos, ecologistas, pensadores, veterinarios, pastores, agricultores, jornaleros, ganaderos, conservacionistas, divulgadores, todos ellos, todos, absolutamente todos, hombres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. Mujeres</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que esto que acabo de exponer ahora puede parecer demasiado obvio. Hace diez a&ntilde;os, me aventuro incluso menos, no era as&iacute;. Por suerte, pertenezco a una generaci&oacute;n que brilla y que tiene una labor fundamental: rescatar a todas esas mujeres que han quedado apartadas a lo largo de los a&ntilde;os, sin voz, como se dejan solos, sin remordimiento ninguno, a los muebles de algunas casas vac&iacute;as junto a las polillas. Gracias a esta necesaria b&uacute;squeda incansable, estamos conociendo a cient&iacute;ficas, escritoras, activistas, pensadoras&hellip; mujeres que se movieron y destacaron en un mundo de hombres pero por el hecho de ser mujeres, pasaron totalmente desapercibida. Afortunadamente, hoy, los papeles han cambiado: sus historias salen a la luz y se convierten en referentes, modelos a seguir y vidas que contar para las ni&ntilde;as de nuestros d&iacute;as. Es tan importante reconocerse para alguien que comienza, algo as&iacute; como sentirse hermana de alguien que conoce, pero a la que siente como un engranaje fundamental de su historia, una pieza clave que la har&aacute; crecer d&iacute;a a d&iacute;a, una estela con la que poder continuar su propia narrativa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. La voz de la tierra</strong>
    </p><p class="article-text">
        Queremos mujeres en todos los espacios. Que sean ellas las que cuenten, formen y construyan. Es algo normal de nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. Nos enfadamos si notamos su ausencia en cualquier lugar o acto. Alzamos la voz, escribimos, nos manifestamos, celebramos. Yo, mujer que procede del medio rural y que trabaja en &eacute;l, me vuelvo a sentir hoy como ese p&eacute;ndulo oscilante del que os habl&eacute; antes. Intento construir una casa, hablar del lugar del que vengo y en el que vivo, pero solo me encuentro con hombres.
    </p><p class="article-text">
        Tropiezo una y otra vez con esa literatura que nos llama granjeros, que nos asocia siempre a la palabra vac&iacute;a, que nos escribe desde el paternalismo y las grandes ciudades, que nos visita para reportajes graciosos de domingo, que usurpa la voz de los que se manchan las manos de tierra y habitan entre campi&ntilde;as y monta&ntilde;as. Nuestro medio rural necesita otras manos que lo escriban, una que no pretenda rescatarla ni ubicarla. Una narrativa que descanse en las huellas, en aquellas de todas esas que se rompieron las alpargatas pisando, y que siguen solas, esperando que alguien comience a nombrarlas para existir.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Este texto&nbsp;fue publicado originalmente en&nbsp;el n&uacute;mero Mujeres de la revista de eldiario.es.</strong></em><a href="http://www.eldiario.es/redaccion/Mujeres-nueva-revista-deeldiarioes_6_746885318.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el n&uacute;mero Mujeres de la revista de eldiario.es</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/mujeres-medio-rural-narrativa-posible_1_1888725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Oct 2018 11:10:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mujeres y medio rural: otra narrativa es posible]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Prometo volver pronto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/prometo-volver-pronto_132_1968508.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f439eb84-6ed6-41aa-a05f-cc4d0784d912_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Prometo volver pronto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de las diez cartas, vendrán otras con diferentes formas, nanas, ramas, animales...</p></div><p class="article-text">
        <em>Intervalo primero (22 de mayo de 2018)</em>
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces me pregunto acerca de las piedrecitas que van quedando en las orillas de los r&iacute;os peque&ntilde;os. El agua las arrastra, las amontona, les da forma. Me gusta pensar que no hay nada de violencia ni inmediatez, que la masa l&iacute;quida solo les canta, les cuida, les mece. Que todo se reduce a una cuesti&oacute;n de lugar y de espacios, que aunque no lo parezca, terminar&aacute; teniendo sentido o formando parte de algo. Me gusta pensar que son esas peque&ntilde;as galaxias que se forman, llenas, h&uacute;medas, donde nace todo. Una vez m&aacute;s, en los m&aacute;rgenes, la vida sucedi&eacute;ndose una y otra vez. Como escribi&oacute; Pessoa en uno de sus pasajes del desasosiego, llamado intervalo doloroso, a minha vida &egrave; como se me batessem com ela... y vuelvo a las piedras que se dejan dar forma por el agua, &iquest;conocer&aacute;n a las de la orilla de enfrente?&iquest;Se golpear&aacute;n una y otra vez con ellas?, &iquest;se dejar&aacute;n hacer?
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; el primer intervalo: despu&eacute;s de las diez cartas, vendr&aacute;n otras con diferentes formas, nanas, ramas, animales. Prometo volver pronto, mientras tanto, aqu&iacute; sigo, apartando piedrecitas en la orilla, buscando el mejor sitio para quedarme quieta y dejar que el agua haga su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Mi abuelo mandaba aqu&iacute; a mi padre por agua. S&eacute;, que antes, much&iacute;simo antes, vinieron otros a remangarse y a lavarse la cara, a partir semillas, a mirarse en el agua. Unos peque&ntilde;os agujeros en una una piedra gigante lo cuentan. Por eso, este lugar, de donde tantas veces he bebido, he jugado a coger ranitas de san Antonio y gal&aacute;pagos, se llama los labradillos. Otra narrativa s&iacute;, otra forma de decir que yo vengo de aqu&iacute; y es aqu&iacute; donde me gustar&iacute;a llegar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/">'La palabra inmediata'</a> es el blog de la veterinaria y poeta María Sánchez, en el que escribe cartas a sus lectoras y lectores sobre vivir en el campo, el trabajo entre animales, la situación de nuestros pueblos, el feminismo o la escritura en sí. Este mes de agosto, eldiario.es publicará diariamente cada una de las cartas, que puedes encontrar aquí: <br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html">-Carta primera: Escribir casi cerrando los ojos </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Naci-adulta-morire-nina_6_803229680.html">-Carta segunda: Nací adulta y moriré niña </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-tercera-Desmontar-obvio_6_803229684.html">Carta tercera: Desmontar lo que es obvio </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-cuarta_6_803579650.html">Carta cuarta: Escribir en sueños pero sin pluma </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-quinta-Vertigo-pausa_6_804279592.html">-Carta quinta: Vértigo ante la pausa </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-sexta_6_804279593.html">-Carta sexta: El cuerpo de un poeta </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-septima-miedo-pagina-blanco_6_804629543.html">-Carta séptima: El miedo a la página en blanco </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-octava-Manchas-sangre-barro_6_804629545.html">-Carta octava: Manchas de sangre y barro en la nieve</a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-novena_6_804629547.html">-Carta novena: Tan lejos y tan cerca</a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-decima-Sobrevivir-escribiendo-peleando_6_804279584.html">-Carta décima: Sobrevivir escribiendo y peleando</a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/prometo-volver-pronto_132_1968508.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Aug 2018 18:15:35 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta décima: Sobrevivir escribiendo y peleando]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-decima-sobrevivir-escribiendo-peleando_132_1976443.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/749bff59-090b-482b-b7b0-0206fe8f82b7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Carta Décima"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No puedo recordar con exactitud la primera vez que sentí miedo a perder a mis padres, a mis hermanos y a mis abuelos, pero sí recuerdo cada segundo de la primera vez que intentaron abusar de mí</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>D&eacute;cima entrega de <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&ldquo;La palabra inmediata&rdquo;</a>, una serie de relatos en forma de carta escritos por Mar&iacute;a S&aacute;nchez</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>29 de abril de 2018  </em>
    </p><p class="article-text">
        Llevo d&iacute;as acompa&ntilde;ada por una sombra. Hace que me cueste escribir, hablar, decir lo que se me pasa por la cabeza. Siento una especie de nudo que pesa, que arrastra una mezcla de rabia y sorpresa.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si fue en la primera carta donde rescataba una pregunta que se hac&iacute;a la escritora portuguesa Mar&iacute;a Gabriela Llansol en uno de sus diarios: &iquest;Sobrevivir escribiendo ser&aacute; una manera ciega de ser &uacute;til a la especie?
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as, de tanta rabia y silencio, he vuelto mucho a esa cuesti&oacute;n. La he intentado rodear, hacerla un poco m&iacute;a, comprenderla, abrazarla. Crear con ella una forma de lenguaje, de idioma invisible, una especie de mano a la que agarrarme y escribir.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No puedo recordar con exactitud la primera vez que sent&iacute; miedo a perder a mis padres, a mis hermanos y a mis abuelos, pero s&iacute; recuerdo cada segundo de la primera vez que intentaron abusar de m&iacute;. La luz en el vag&oacute;n vac&iacute;o del metro, la voz anunciando la siguiente parada, la canci&oacute;n que iba escuchando hasta que todo se congel&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Segundos antes, no paraba de quitarle importancia a que un hombre se sentara justo a mi lado estando el vag&oacute;n totalmente vac&iacute;o. Me dec&iacute;a a m&iacute; misma, todo va bien, Mar&iacute;a, no pienses mal, no tiene por qu&eacute; pasar nada. Esa forma de hablarme en silencio a m&iacute; misma se rompi&oacute; cuando sent&iacute; como unas manos frotaban fuerte mis vaqueros: mis muslos, mi cintura, mi culo, mi vagina.
    </p><p class="article-text">
        Me qued&eacute; callada, inm&oacute;vil, me volv&iacute; de piedra.
    </p><p class="article-text">
        Fui incapaz de articular palabra, de mover un dedo.
    </p><p class="article-text">
        Como si yo solo fuese una espectadora y este, un mero tr&aacute;mite m&aacute;s que pasar. De pronto, me o&iacute; a m&iacute; misma gritando &iexcl;por favor! cuando otro chico abri&oacute; la puerta del vag&oacute;n. Mi acosador sali&oacute; disparado y se baj&oacute; en la pr&oacute;xima parada.
    </p><p class="article-text">
        Era incapaz de moverme, de levantar la vista. Me hab&iacute;a convertido en la presa que escapa pero que se queda en el lugar de la caza. Ese tacto en mi piel y en mi ropa tard&oacute; mucho en irse. De hecho, no volv&iacute; a ponerme esos vaqueros. Cuando llegu&eacute; a casa, miraba la ropa sobre la cama. Me culpaba, sin querer, por mi ropa, me preguntaba a m&iacute; misma cu&aacute;l podr&iacute;a haber sido el desencadenante, y lo peor, no dej&eacute; de recriminarme durante meses esa pasividad absoluta en la que me convert&iacute; cuando todo sucedi&oacute;. No volv&iacute; a realizar ese trayecto. Prefer&iacute;a tardar casi una hora m&aacute;s para llegar al aeropuerto de Lisboa que volver a coger esa l&iacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        Es incre&iacute;ble c&oacute;mo estos sucesos configuran nuestro mapa de trayectos y decisiones. C&oacute;mo nos empeque&ntilde;ecen y nos sujetan, como esa sombra que desde hace d&iacute;as, ha vuelto a acompa&ntilde;arme.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, aparece de nuevo, la pregunta de Llansol al leer #cu&eacute;ntalo. Qu&eacute; doloroso, pero qu&eacute; necesario. Pienso en todas las mujeres que me rodean y solo quiero decirles que hablen, que escriban, que cuenten, que griten.
    </p><p class="article-text">
        Que hagan justo lo contrario que hicieron los 16 hombres restantes que estaban en ese grupo de whatsapp y solo alentaron, rieron, aplaudieron, o sintieron envidia. Que alcen la voz como han hecho estos d&iacute;as en las manifestaciones de tantos lugares, que se manchen la cara con las pinturas de guerra, que devuelvan el verdadero significado a la palabra manada, que se apoyen las unas a las otras, que no dejemos de pelear.  
    </p><p class="article-text">
        C&oacute;mo me gustar&iacute;a escribirle a Gabriela y contestarle que s&iacute;, que somos &uacute;tiles as&iacute;, gritando, peleando, defendi&eacute;ndonos, contando, escribiendo. Pero no de una manera ciega, no querida Gabriela, sino clara y necesaria. S&iacute;, sobrevivir escribiendo y peleando, siempre.
    </p><p class="article-text">
        Cada d&iacute;a creo m&aacute;s en los m&aacute;rgenes: esos que nos sustentan y nos cuidan. La foto, esta semana por un carril de Extremadura, de camino al trabajo. Tambi&eacute;n muchos rabilargos haciendo el nido, abejarucos y carracas, peque&ntilde;as rapaces en los tendidos el&eacute;ctricos aguardando a sus presas desde arriba, cig&uuml;e&ntilde;as detr&aacute;s del agricultor en los cultivos.
    </p><p class="article-text">
        Los brotes nuevos, un a&ntilde;o m&aacute;s, como si nada.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Prometo-volver-pronto_6_806379372.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Prometo volver pronto</a>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/">'La palabra inmediata' </a>es el blog de la veterinaria y poeta María Sánchez, en el que escribe cartas a sus lectoras y lectores sobre vivir en el campo, el trabajo entre animales, la situación de nuestros pueblos, el feminismo o la escritura en sí. Este mes de agosto, eldiario.es publicará diariamente cada una de las cartas, que puedes encontrar aquí: <br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html">-Carta primera: Escribir casi cerrando los ojos </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Naci-adulta-morire-nina_6_803229680.html">-Carta segunda: Nací adulta y moriré niña </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-tercera-Desmontar-obvio_6_803229684.html">Carta tercera: Desmontar lo que es obvio </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-cuarta_6_803579650.html">Carta cuarta: Escribir en sueños pero sin pluma </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-quinta-Vertigo-pausa_6_804279592.html">-Carta quinta: Vértigo ante la pausa </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-sexta_6_804279593.html">-Carta sexta: El cuerpo de un poeta </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-septima-miedo-pagina-blanco_6_804629543.html">-Carta séptima: El miedo a la página en blanco </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-octava-Manchas-sangre-barro_6_804629545.html">-Carta octava: Manchas de sangre y barro en la nieve</a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-novena_6_804629547.html">-Carta novena: Tan lejos y tan cerca </a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-decima-sobrevivir-escribiendo-peleando_132_1976443.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Aug 2018 18:01:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta décima: Sobrevivir escribiendo y peleando]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Abusos sexuales,Feminismo,María Sánchez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta novena: Tan lejos y tan cerca]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-novena_132_1975818.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f439eb84-6ed6-41aa-a05f-cc4d0784d912_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Begoña Fumero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">También la inmediatez tiene sus cosas buenas: escribir palabras como echar de menos, pensar, querer, recordar... que nos cuesta a veces tanto decirlas</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Novena entrega de&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&ldquo;La palabra inmediata&rdquo;</a>,&nbsp;una serie de relatos en forma de carta escritos por Mar&iacute;a S&aacute;nchez</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>22 de abril de 2018</em>
    </p><p class="article-text">
        Siempre que viajo en tren me encuentro caminando alrededor de las mismas ideas, im&aacute;genes, preguntas. Siento una especie de ternura y pena cuando las v&iacute;as del ave pasan tan cerquita de tantos pueblos. Intento imaginar que supone en el d&iacute;a a d&iacute;a de alguien el paso de un tren de alta velocidad tan cerca y tan lejos a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Cerca, porque entra de una manera quiz&aacute;s, demasiado tajante en la vida de los habitantes, muchas veces pienso cu&aacute;ntos de ellos usan este tipo de servicios, y el desplazamiento que tienen que realizar a la ciudad m&aacute;s cercana para montarse en &eacute;l y realizar el trayecto, usar el servicio que ven y sienten todos sus d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Y de ah&iacute;, tambi&eacute;n, lejos. Las v&iacute;as se imponen pero no paran. Aqu&iacute; no, vosotros no.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y los muertos? Hay tantos cementerios tan cerca... tanto que las paredes de cal y sus cipreses casi lindan con las v&iacute;as, como si fuesen una especie de seguro, una forma de certeza con la velocidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se sacudir&aacute;n ellos dentro de las cajitas cada vez que pasa el tren? &iquest;Ser&aacute;n conscientes los p&aacute;jaros? &iquest;Podr&iacute;a ser diferente la forma de construir el nido de la cig&uuml;e&ntilde;a del campanario desde que el forastero atraviesa varias veces al d&iacute;a su hogar? &iquest;Temblar&aacute;n? &iquest;Pensar&aacute;n en ello? &iquest;C&oacute;mo lo ven, c&oacute;mo lo imaginan?
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        Volviendo, intentado escribir, mi padre me ha escrito un mensaje por Whatsapp para decirme que se ha acordado mucho de m&iacute; al descubrir hoy en el campo un nido de cojugada (<em>Galerida cristata</em>) con cuatro huevos.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n la inmediatez tiene sus cosas buenas: escribir palabras como echar de menos, pensar, querer, recordar... que nos cuesta a veces tanto decirlas. Otra especie de idioma que surge, mientras el tren sigue hacia adelante y cierro el ordenador. Luego he sonre&iacute;do, cuando me he encontrado a Jim Harrison gui&ntilde;&aacute;ndome un ojo desde su libro Dalva: la necesidad de dejar algo por escrito llega despu&eacute;s del hecho en s&iacute;; el suceso registrado con tranquilidad lleva una carga de tranquilidad superior a la merecida.
    </p><p class="article-text">
        En el cuarto donde he pasado la noche, me vigilaba atenta un collage precioso de Carmen Berasategui. C&oacute;mo no pensar en todo lo que llevo conmigo, en mis abuelas, en mi madre, en las mujeres que quiero y admiro. En esa genealog&iacute;a tan necesaria que no deja de crecer.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-decima-Sobrevivir-escribiendo-peleando_6_804279584.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carta d&eacute;cima: Sobrevivir escribiendo y peleando</a>
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            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/">'La palabra inmediata' </a>es el blog de la veterinaria y poeta María Sánchez, en el que escribe cartas a sus lectoras y lectores sobre vivir en el campo, el trabajo entre animales, la situación de nuestros pueblos, el feminismo o la escritura en sí. Este mes de agosto, eldiario.es publicará diariamente cada una de las cartas, que puedes encontrar aquí: <br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html">-Carta primera: Escribir casi cerrando los ojos </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Naci-adulta-morire-nina_6_803229680.html">-Carta segunda: Nací adulta y moriré niña </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-tercera-Desmontar-obvio_6_803229684.html">Carta tercera: Desmontar lo que es obvio </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-cuarta_6_803579650.html">Carta cuarta: Escribir en sueños pero sin pluma </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-quinta-Vertigo-pausa_6_804279592.html">-Carta quinta: Vértigo ante la pausa </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-sexta_6_804279593.html">-Carta sexta: El cuerpo de un poeta </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-septima-miedo-pagina-blanco_6_804629543.html">-Carta séptima: El miedo a la página en blanco </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-octava-Manchas-sangre-barro_6_804629545.html">-Carta octava: Manchas de sangre y barro en la nieve</a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-novena_132_1975818.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Aug 2018 18:27:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta novena: Tan lejos y tan cerca]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[María Sánchez,Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta octava: Manchas de sangre y barro en la nieve]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-octava-manchas-sangre-barro_132_1975847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d4bcb8cb-44e1-41eb-b52b-6161dd2d300d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Carta octava La palabra inmediata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pensamos en la nieve y solo imaginamos un vacío impoluto, tan blanco que llega a darnos calor, un imán al que nos abrazaríamos sin pensarlo</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Octava entrega de <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&ldquo;La palabra inmediata&rdquo;</a>, una serie de relatos en forma de carta escritos por Mar&iacute;a S&aacute;nchez</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>8 de abril de 2018</em>
    </p><p class="article-text">
        Lo mejor de los domingos es que no hay prisa para desayunar. Nadie espera, la calle sigue dormida, y solo me acompa&ntilde;a el ruido de la cafetera casi a punto de explotar.
    </p><p class="article-text">
        Busco el libro que se perdi&oacute; anoche en la cama cuando mis manos decidieron caer y vino el sue&ntilde;o. A veces tengo que volver p&aacute;ginas atr&aacute;s porque mezclo el sue&ntilde;o con lo que le&iacute; la noche anterior.
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        S&eacute; que anoche le&iacute; fango, ceguera, navajas, traqueteo, ventanilla, motor, pinchazo. En el sue&ntilde;o, conduc&iacute;a y conduc&iacute;a y no dejaba de nevar. Demasiado barro.  Me pon&iacute;a triste por el color y la textura de la nieve sucia.
    </p><p class="article-text">
        Pensamos en la nieve y solo imaginamos un vac&iacute;o impoluto, tan blanco que llega a darnos calor, un im&aacute;n al que nos abrazar&iacute;amos sin pensarlo. Pero tambi&eacute;n en la nieve hay duelo y lucha, manchas de sangre y de barro. Pisadas, restos, alg&uacute;n rastro de los &uacute;ltimos movimientos de un animal herido.
    </p><p class="article-text">
        En febrero tuve la necesidad de parar el coche en un arc&eacute;n para bajar un momento y tocar la nieve, ensuciarla con mis pies y mis manos. Es curioso, lo poco que veo la nieve y las muchas veces que la pienso.
    </p><p class="article-text">
        Hoy de nuevo, esperando al caf&eacute;, sola, he pensado en todo lo que se ilumina y se refleja, en todo lo que creemos por culpa de la luz. Vuelvo al libro que empec&eacute; ayer, tropiezo con la p&aacute;gina marcada, releo: casi todo lo que nos rodea es susceptible de ser transcrito, subjetivizado, canalizado a trav&eacute;s del grado sensitivo de cada cual.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y si la muerte es s&oacute;lo una garza aliment&aacute;ndose de la luz?
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-novena_6_804629547.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carta novena: Tan lejos y tan cerca</a>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/">'La palabra inmediata' </a>es el blog de la veterinaria y poeta María Sánchez, en el que escribe cartas a sus lectoras y lectores sobre vivir en el campo, el trabajo entre animales, la situación de nuestros pueblos, el feminismo o la escritura en sí. Este mes de agosto, eldiario.es publicará diariamente cada una de las cartas, que puedes encontrar aquí: <br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html">-Carta primera: Escribir casi cerrando los ojos </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Naci-adulta-morire-nina_6_803229680.html">-Carta segunda: Nací adulta y moriré niña </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-tercera-Desmontar-obvio_6_803229684.html">Carta tercera: Desmontar lo que es obvio </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-cuarta_6_803579650.html">Carta cuarta: Escribir en sueños pero sin pluma </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-quinta-Vertigo-pausa_6_804279592.html">-Carta quinta: Vértigo ante la pausa </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-sexta_6_804279593.html">-Carta sexta: El cuerpo de un poeta </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-septima-miedo-pagina-blanco_6_804629543.html">-Carta séptima: El miedo a la página en blanco </a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-octava-manchas-sangre-barro_132_1975847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Aug 2018 18:25:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta octava: Manchas de sangre y barro en la nieve]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,María Sánchez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta séptima: El miedo a la página en blanco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-septima-miedo-pagina-blanco_132_1975867.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6ca8695-edf9-4856-a187-f110401c438a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Carta Séptima La Palabra Inmediata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me paro mucho en esos instantes, esas pequeñas pausas donde la vida se detenía y no pasaba nada</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>S&eacute;ptima entrega de&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&ldquo;La palabra inmediata&rdquo;</a>, una serie de relatos en forma de carta escritos por Mar&iacute;a S&aacute;nchez</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>26 de marzo de 2018</em>
    </p><p class="article-text">
        Me siento a escribir y ya son m&aacute;s de las ocho. La &uacute;ltima luz se refleja en el juego de caf&eacute; de mi bisabuela Rosario, entre peque&ntilde;os montones de libros que no hacen otra cosa que esperar, al lado de las macetas.
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        Esperar, &uacute;ltimamente mi vida se fragmenta en eso: esperar a tener tiempo para escribir.
    </p><p class="article-text">
        Reconozco que estas peque&ntilde;as cartas son una especie de calentamiento, una forma de deshacerse del miedo a la p&aacute;gina en blanco. Se ha ido el fr&iacute;o y mi abuela ha vuelto al pueblo, pienso mucho en sus piernas gorditas, y c&oacute;mo cuando pod&iacute;a andar se ten&iacute;a que parar para subirse cada dos por tres los calcetines de media que ca&iacute;an hasta los tobillos.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que pasaba, el canasto de mimbre del huerto ca&iacute;a en el suelo. Las verduras y los huevos reci&eacute;n cogidos del gallinero tambi&eacute;n descansaban.
    </p><p class="article-text">
        Me paro mucho en esos instantes, esas peque&ntilde;as pausas donde la vida se deten&iacute;a y no pasaba nada.
    </p><p class="article-text">
        Esta semana vienen Fernando y Andrea a pasar unos d&iacute;as en el pueblo, con mi familia, a conocer donde crece la hierba, a hilvanar el origen del libro con sus im&aacute;genes. &iquest;Volver&aacute;n las liebres? &iquest;Se llenar&aacute;n las manos de ma&iacute;z otra vez para las gallinas? &iquest;Encontrar&eacute; la respiraci&oacute;n del furtivo detr&aacute;s de la cal? &iquest;Regresar&aacute; mi madre ni&ntilde;a cogiendo aceituna? &iquest;Y mis abuelos?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Sabr&aacute;n de alguna forma esta especie de invocaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Cierro el libro de Gabriela Ybarra y una frase no deja de retumbar:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;A menudo, imaginar ha sido la &uacute;nica opci&oacute;n</em> que<em> he tenido para intentar comprender&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-octava-Manchas-sangre-barro_6_804629545.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carta octava: Manchas de sangre y barro en la nieve</a>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-octava-Manchas-sangre-barro_6_804629545.html">'La palabra inmediata' </a>es el blog de la veterinaria y poeta María Sánchez, en el que escribe cartas a sus lectoras y lectores sobre vivir en el campo, el trabajo entre animales, la situación de nuestros pueblos, el feminismo o la escritura en sí. Este mes de agosto, eldiario.es publicará diariamente cada una de las cartas, que puedes encontrar aquí:<br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html">-Carta primera: Escribir casi cerrando los ojos </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Naci-adulta-morire-nina_6_803229680.html">-Carta segunda: Nací adulta y moriré niña </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-tercera-Desmontar-obvio_6_803229684.html">Carta tercera: Desmontar lo que es obvio </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-cuarta_6_803579650.html">Carta cuarta: Escribir en sueños pero sin pluma </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-quinta-Vertigo-pausa_6_804279592.html">-Carta quinta: Vértigo ante la pausa </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-sexta_6_804279593.html">-Carta sexta: El cuerpo de un poeta </a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-septima-miedo-pagina-blanco_132_1975867.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Aug 2018 18:00:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta séptima: El miedo a la página en blanco]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[María Sánchez,Poesía,Medio rural]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta sexta: El cuerpo de un poeta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-sexta_132_1976348.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b295fdf7-fcd9-4337-a446-82969b506680_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Carta sexta La palabra inmediata"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Saber, por un momento, que cualquier cuerpo puede ser confundido con el cuerpo de un poeta</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Sexta entrega de <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&ldquo;La palabra inmediata&rdquo;</a>, una serie de relatos en forma de carta escritos por Mar&iacute;a S&aacute;nchez</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>18 de marzo de 2018</em>
    </p><p class="article-text">
        Hay palabras que me cuesta trabajo pronunciar, escribir, darles su voz y tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Durante estas dos semanas que acaban de irse han rondado dos demasiado mi cabeza. La primera, en la revisi&oacute;n m&eacute;dica que llevaba dos a&ntilde;os sin hacerme.
    </p><p class="article-text">
        Por fin me han hecho pruebas para la <em>brucelosis</em> y <em>toxoplasmosis</em>: mi trabajo tambi&eacute;n conlleva algunos riesgos, que porque no aparezcan en mi d&iacute;a a d&iacute;a no quiere decir que no existan. Por eso, de vez en cuando, hay que nombrarlas, incluso, reclamarlas, para poder as&iacute;, quiz&aacute;s, ponerlas en el sitio que les corresponde.
    </p><p class="article-text">
        La otra, me ha llevado a la desaparici&oacute;n de uno de mis amigos m&aacute;s cercanos del colegio, hace ya un par de a&ntilde;os, y me viene a la cabeza de nuevo esa sensaci&oacute;n absurda de querer dar respuesta a algo que no lo tiene.
    </p><p class="article-text">
        No conoc&iacute; en persona a V&iacute;ctor Heringer, pero habl&aacute;bamos mucho por redes, y dej&eacute; sin terminar una traducci&oacute;n de algunos de sus poemas para un proyecto fugaz que termin&oacute; qued&aacute;ndose en semilla. En ning&uacute;n medio han dicho el por qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Encontraron su cuerpo en la calle, cerca de su casa, c&oacute;mo encontraron a mi amigo.
    </p><p class="article-text">
        Nadie se atreve a nombrar, a hablar, a responder.
    </p><p class="article-text">
        Nos mandamos los libros a la vez pero nunca llegaron.
    </p><p class="article-text">
        Me gusta pensar que quedaron en alg&uacute;n punto del oc&eacute;ano, tirados en la bodega del avi&oacute;n, o en la papelera de alguna oficina de correos. S&eacute; que es imposible que ambos compartan espacio y tiempo, pero es un poco reconfortante imaginarlos as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n estos d&iacute;as he sentido el impulso de terminar la traducci&oacute;n, pero ha sido eso, s&oacute;lo un impulso tonto e innecesario. Junto al poema me mand&oacute; la imagen de su firma a mano.
    </p><p class="article-text">
        A veces me gusta abrir el documento y pensar en la mano del escritor sobre el papel.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me gustaba de ese proyecto era hablar con el poeta, ver crecer c&oacute;mo cambiaban las palabras en el otro idioma, buscar poemas hermanos, sentir cerca esa voz atravesada por un oc&eacute;ano entero.
    </p><p class="article-text">
        Saber, por un momento, que cualquier cuerpo puede ser confundido con el cuerpo de un poeta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h4 class="article-text">N&atilde;o sou poeta (de V&iacute;ctor Heringer)</h4><p class="article-text">
        <em>Agora que os estalos da adolesc&ecirc;ncia passaram</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>e a vida assenta como uma c&ocirc;moda de mogno</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>agora que os joelhos estalam quando me levanto</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>sem mulher, sem filhos, mas com emprego est&aacute;vel</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&eacute; preciso admitir que n&atilde;o sou poeta.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Embora o meu amor esteja solto no mundo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>violento, semicego e ferido no ombro</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>n&atilde;o sou poeta.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&#9673;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Todos me felicitam. Que bom, dizem</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>vida de poeta &eacute; muito dif&iacute;cil.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Logo a gente chega a ser homem</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>e acaba com as coisas de menino.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>A vida afunila.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&#9673;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Eu tinha dois, tr&ecirc;s truques nos bolsos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>de cal&ccedil;as compradas em shoppings.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>N&atilde;o soube nunca comprar como poeta</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>a longa espera por um par de sapatos</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>sentinela no deserto.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Os sapatos s&atilde;o fabricados e os p&eacute;s dos poetas passam anos se deformando. At&eacute; que um dia cabem.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Por isso qualquer roupa parece velha</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>no corpo de um poeta.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Por isso est&atilde;o sempre se desculpando</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>pelas roupas velhas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mas em segredo se orgulham.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Embora eu tenha um corpo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que pode ser confundido com o corpo de um poeta</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>n&atilde;o sou poeta.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tenho as pernas fortes e os bra&ccedil;os magros.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>O torso amolecido dos boxeadores</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>os &oacute;rg&atilde;os de dentro estropiados.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Mas quem me v&ecirc; nu instintivamente sabe que n&atilde;o sou poeta.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&#9673;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>N&atilde;o levantei a m&atilde;o esquerda em golpe de dan&ccedil;arina de flamenco ao ler Jaime Gil de Biedma para os meus amigos,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>embora tudo tenha conspirado para isso.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Para que se me entranhassem as coisas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Concluo que n&atilde;o sou poeta.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Tenho os dedos frios de um t&eacute;cnico em inform&aacute;tica</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>e sou triste como um t&eacute;cnico em inform&aacute;tica</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>mas n&atilde;o sou t&atilde;o triste quanto um barbeiro.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Eu li todos os tratados da m&eacute;trica portuguesa.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&#9673;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Assinei dois contratos como poeta</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>que doravante j&aacute; n&atilde;o t&ecirc;m validade.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Assinarei um terceiro, como &uacute;ltima trai&ccedil;&atilde;o.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Serei perdoado por todos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&#9673;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Doravante v&atilde;o reinar o olho e a raiva.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>As melhores botas para caminhar na areia</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>os c&aacute;lculos de longas dist&acirc;ncias</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>os treinamentos de apneia.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>O amor vir&aacute; at&eacute; mim como vai aos jornalistas e CEOs, aos sushimen de S&atilde;o Paulo (SP) que vieram do Cear&aacute; &ndash; ideais porque t&ecirc;m m&atilde;os quentes.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&#9673;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>As partes elegem o Foro da comarca de S&atilde;o Paulo (SP), renunciando a qualquer outro, por mais privilegiado que possa ser, para dirimir todas as quest&otilde;es surgidas quanto &agrave; interpreta&ccedil;&atilde;o ou execu&ccedil;&atilde;o deste contrato que n&atilde;o puderem ser resolvidas amistosamente.</em>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-septima-miedo-pagina-blanco_6_804629543.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carta s&eacute;ptima: El miedo a la p&aacute;gina en blanco</a>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/">'La palabra inmediata' </a>es el blog de la veterinaria y poeta María Sánchez, en el que escribe cartas a sus lectoras y lectores sobre vivir en el campo, el trabajo entre animales, la situación de nuestros pueblos, el feminismo o la escritura en sí. Este mes de agosto, eldiario.es publicará diariamente cada una de las cartas, que puedes encontrar aquí: <br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html">-Carta primera: Escribir casi cerrando los ojos </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Naci-adulta-morire-nina_6_803229680.html">-Carta segunda: Nací adulta y moriré niña </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-tercera-Desmontar-obvio_6_803229684.html">Carta tercera: Desmontar lo que es obvio </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-cuarta_6_803579650.html">Carta cuarta: Escribir en sueños pero sin pluma </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-quinta-Vertigo-pausa_6_804279592.html">-Carta quinta: Vértigo ante la pausa </a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-sexta_132_1976348.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Aug 2018 17:44:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta sexta: El cuerpo de un poeta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[María Sánchez,Poesía,Veterinarios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta quinta: Vértigo ante la pausa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-quinta-vertigo-pausa_132_1976363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/52d7ca6b-c8f2-4ae5-9ca3-7075c1201f0c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Begoña Fumero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No sé cómo explicar este sentimiento inconsciente de culpabilidad que tenemos muchas mujeres cuando, simplemente, "no hacemos nada"</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Quinta entrega de&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&ldquo;La palabra inmediata&rdquo;</a>, una serie de relatos en forma de carta escritos por Mar&iacute;a S&aacute;nchez</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>4 de abril de 2018</em>
    </p><p class="article-text">
         3687 kil&oacute;metros s&oacute;lo este mes, el mes m&aacute;s corto del a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Siempre cuento los kil&oacute;metros que hago con la furgoneta. Esta &uacute;ltima vez, que me encontraba haciendo la suma para entregar mi hoja de trabajo del mes y as&iacute; poder cobrar, me he dado cuenta en que nunca pienso en las horas que paso conduciendo.
    </p><p class="article-text">
        He sentido algo como v&eacute;rtigo. He empezado a calcular, as&iacute;, medio por arriba, medio por abajo, y me ha entrado miedo al pensar que quiz&aacute;s paso m&aacute;s tiempo al volante que despierta en mi propia casa.
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        Otro domingo m&aacute;s delante del ordenador: entrevistas, art&iacute;culos que se saltan la fecha de entrega, proyectos y un libro que me recrimina que debo dedicarle m&aacute;s tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Esta noche, antes de quedarme dormida en el sof&aacute;, volver&eacute; a coger la agenda y de nuevo, reescribir&eacute; todo lo pendiente por hacer.
    </p><p class="article-text">
        Me dir&eacute; a m&iacute; misma una vez m&aacute;s eso de sacar una hora al d&iacute;a para escribir. Empezar&eacute; el lunes con ganas, como siempre intento. Es dif&iacute;cil y contradictorio a veces, mi trabajo y mi escritura: no pueden vivir por separado, pero tambi&eacute;n, hay muchos d&iacute;as en los que se echan demasiadas cosas en cara.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; c&oacute;mo explicar este sentimiento inconsciente de culpabilidad que tenemos muchas mujeres cuando, simplemente, &ldquo;no hacemos nada&rdquo;. Esa sensaci&oacute;n que he visto tantas veces en mi abuela y en mi madre, y que yo, de vez en cuando, sigo reproduciendo.
    </p><p class="article-text">
        Como esa losa de hormig&oacute;n que tienen encima todos los muertecitos que sus familiares decidieron dejar en el lugar que terminar&iacute;a convirti&eacute;ndose en un pantano. &iquest;Ser&aacute;n ellos conscientes del peso que soportan?
    </p><p class="article-text">
        Por lo menos, al fin, llueve de verdad.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-sexta_6_804279593.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carta sexta: el cuerpo de un poeta</a>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/">'La palabra inmediata' </a>es el blog de la veterinaria y poeta María Sánchez, en el que escribe cartas a sus lectoras y lectores sobre vivir en el campo, el trabajo entre animales, la situación de nuestros pueblos, el feminismo o la escritura en sí. Este mes de agosto, eldiario.es publicará diariamente cada una de las cartas, que puedes encontrar aquí: <br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html">-Carta primera: Escribir casi cerrando los ojos </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Naci-adulta-morire-nina_6_803229680.html">-Carta segunda: Nací adulta y moriré niña </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-tercera-Desmontar-obvio_6_803229684.html">Carta tercera: Desmontar lo que es obvio </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-cuarta_6_803579650.html">Carta cuarta: Escribir en sueños pero sin pluma </a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-quinta-vertigo-pausa_132_1976363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Aug 2018 18:27:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta quinta: Vértigo ante la pausa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,María Sánchez]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta cuarta: Escribir en sueños pero sin pluma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-cuarta_132_1977961.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ca64d6c-edc6-4edf-a61d-153bd81cc0ea_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Begoña Fumero. Carta cuarta."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Dónde estarán todas aquellas mujeres que han pasado de puntillas por la vida y han quedado sin voz y a la sombra?</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Cuarta entrega de <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&ldquo;La palabra inmediata&rdquo;</a>, una serie de relatos en forma de carta escritos por Mar&iacute;a S&aacute;nchez</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>18 de febrero de 2018</em>
    </p><p class="article-text">
         Por culpa de Claudio Bertoni empec&eacute; en agosto a escribir mis sue&ntilde;os. No soy constante, a veces lo olvido, a veces escribo de m&aacute;s. Posiblemente el sue&ntilde;o que termino contando en el papel ya se ha deformado demasiado. Llevo meses so&ntilde;ando con una mesa gigante, de madera.
    </p><p class="article-text">
        Es robusta, demasiado grande, y no hay nada. Ni siquiera un folio en blanco. Paso la mano por la superficie. Me gusta su ruido, la erosi&oacute;n de la madera que no cobija ni una mota de polvo. En el sue&ntilde;o me muero por escribir pero no tengo con qu&eacute;. Yo me encuentro en medio, pregunt&aacute;ndome una y otra vez que me querr&aacute; la vida.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es una m&aacute;s escritora por tener m&aacute;s tiempo para escribir? Escribir como producir, quiero huir de eso. Me vuelven las preguntas en el sue&ntilde;o y en el d&iacute;a a d&iacute;a, otra vez. &iquest;Querr&aacute; la mesa que escriba? &iquest;D&oacute;nde estar&aacute;n los animales? &iquest;D&oacute;nde estar&aacute;n todas aquellas mujeres que han pasado de puntillas por la vida y han quedado sin voz y a la sombra? &iquest;Escribir&aacute;n ellos y ellas sobre m&iacute;? &iquest;Recuerdan mis manos como yo recuerdo la piel de todos y todas a los que he tocado?
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        Y en mi cabeza, dos cosas: &ldquo;ver un paisaje tal como es cuando yo no estoy&rdquo;, de Bertoni y una canci&oacute;n que se me olvida de Lispector que me canta y no deja de preguntarme si la vida me quiere y me querr&aacute; escritora esta semana.
    </p><p class="article-text">
        Trabaj&eacute; por La Rioja y por Castilla y le&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A los pies del Moncayo, par&eacute; para tocar la nieve.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-quinta-Vertigo-pausa_6_804279592.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carta quinta: V&eacute;rtigo ante la pausa</a>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/">'La palabra inmediata' </a>es el blog de la veterinaria y poeta María Sánchez, en el que escribe cartas a sus lectoras y lectores sobre vivir en el campo, el trabajo entre animales, la situación de nuestros pueblos, el feminismo o la escritura en sí. Este mes de agosto, eldiario.es publicará diariamente cada una de las cartas, que puedes encontrar aquí: <br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html">-Carta primera: Escribir casi cerrando los ojos </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Naci-adulta-morire-nina_6_803229680.html">-Carta segunda: Nací adulta y moriré niña </a><br/><br/>-<a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-tercera-Desmontar-obvio_6_803229684.html">Carta tercera: Desmontar lo que es obvio </a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-cuarta_132_1977961.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Aug 2018 18:06:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta cuarta: Escribir en sueños pero sin pluma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta tercera: Desmontar lo que es obvio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-tercera-desmontar-obvio_132_1980222.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/39e8c453-4305-4ef7-8770-e5c065f1fc4e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ilustración de Begoña Fumero. Carta tercera."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Qué obvias parecen algunas cosas, pero hasta que no las vemos hechas realidad, en un acto, en un texto, o simplemente en un gesto, no las hacemos propias</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Tercera entrega de <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&ldquo;La palabra inmediata&rdquo;</a>, una serie de relatos en forma de carta escritos por Mar&iacute;a S&aacute;nchez</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>11 de febrero de 2018</em>
    </p><p class="article-text">
        Es curioso c&oacute;mo el cuerpo va construyendo una especie de narrativa en torno a tu d&iacute;a a d&iacute;a. El viernes llegu&eacute; de trabajar y ca&iacute; enferma. Justo el viernes. Justo cuando ya hab&iacute;a entregado todo lo pendiente, cuando ya hab&iacute;a hecho m&aacute;s de 800 kil&oacute;metros en dos d&iacute;as, cuando ya hab&iacute;a dejado de trabajar en el campo a 3 grados bajo cero.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, a principio de semana, pude por fin entregar un art&iacute;culo, para m&iacute; muy importante, para una revista sobre mujeres y medio rural. Reconozco que esta tarea pendiente me estaba quitando el sue&ntilde;o y hubo bastantes d&iacute;as que me despertaba antes de que las seis de la ma&ntilde;ana hiciera saltar la alarma pensando en &eacute;l. Qu&eacute; importante y qu&eacute; cuesta arriba se nos hace a veces escribir sobre nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, lo que conocemos, a fin de cuentas, sobre nosotras mismas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Y el cuerpo lo sabe, y advierte. Estaba deseando irme con mi padre el viernes para pasear con &eacute;l por el campo, para ayudar a mi t&iacute;o con sus animales, para visitar el huerto que desde que mi abuela pasa el invierno fuera por el fr&iacute;o lo siento cada d&iacute;a m&aacute;s solo. Pero no pudo ser y me toc&oacute; quedarme encerrada, darle tiempo y descanso al cuerpo para poder volver a empezar.
    </p><p class="article-text">
        Ayer empec&eacute;<em> Las canciones de los &aacute;rboles</em>, el segundo libro de uno de mis escritores favoritos: David George Haskell.  (os copio aqu&iacute; un fragmento):
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">"En los bosques y parques nacionales de estados unidos, las geologías culturales, los procesos que crean geografías de atracción y de miedo, han sido exclusivistas desde un principio. Estas instituciones nacieron de unas filosofías de la naturaleza que se deleitaban en la imaginada superioridad de la raza blanca y la masculinidad"<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Y as&iacute;, desmontando poco a poco lo que se supone que es tan obvio, intento construir una casa, donde las primeras piedras solo han sido hombres (lecturas, familia, referentes, amigos) y la voy reformando, poco a poco, con las voces y las manos de todas las mujeres que me han hecho llegar hasta aqu&iacute;, y ser lo que soy hoy en d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Ayer mi madre vino a casa, con caldo y un ramito de hierbabuena de nuestras macetas. Me habl&oacute; de mi hermano Jos&eacute;, de una amiga suya que ya hu&eacute;rfana de madre, acaba de perder al padre.
    </p><p class="article-text">
        Mi madre, emocionada, me contaba que a mi hermano le hablaba de que ya hab&iacute;a perdido del todo su infancia. Y al irse, un titular en el ordenador sobre una charla con alumnos de Lobo Antunes en Lisboa: &ldquo;<em>Quando eu nasci a morte n&atilde;o existia e toda a gente estava viva&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-cuarta_6_803579650.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carta cuarta: Escribir en sue&ntilde;os pero sin pluma</a>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/">'La palabra inmediata' </a>es el blog de la veterinaria y poeta María Sánchez, en el que escribe cartas a sus lectoras y lectores sobre vivir en el campo, el trabajo entre animales, la situación de nuestros pueblos, el feminismo o la escritura en sí. Este mes de agosto, eldiario.es publicará diariamente cada una de las cartas, que puedes encontrar aquí: <br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html">-Carta primera: Escribir casi cerrando los ojos </a><br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Naci-adulta-morire-nina_6_803229680.html">-Carta segunda: Nací adulta y moriré niña </a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/carta-tercera-desmontar-obvio_132_1980222.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Aug 2018 18:08:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta tercera: Desmontar lo que es obvio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía,Veterinarios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta segunda: Nací adulta y moriré niña]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/naci-adulta-morire-nina_132_1980265.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00a7d1b7-c6c7-447c-93ad-dcadc69006e8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es curioso este lenguaje de manías y palabras que vamos tejiendo y haciendo poco a poco nuestras</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Segunda entrega de <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">&ldquo;La palabra inmediata&rdquo;</a>, una serie de relatos en forma de carta escritos por Mar&iacute;a S&aacute;nchez</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <em>28 de enero de 2018</em>
    </p><p class="article-text">
        Hace meses que estoy obsesionada con una imagen de la escritora portuguesa Agustina Bessa-Lu&iacute;s. Es en realidad un fotograma del documental sobre ella <em>Nasci adulta e morrerei crian&ccedil;a</em>, algo as&iacute; como &ldquo;nac&iacute; adulta y morir&eacute; ni&ntilde;a&rdquo;. Esta escritora infinita, que est&aacute; cerca de cumplir cien a&ntilde;os, aparece, en primer plano, en una especie de butaca. Detr&aacute;s de ella, hay un &aacute;rbol inmenso.
    </p><p class="article-text">
        Las ramas parecen que tambi&eacute;n pertenecen al cuerpo de la mujer. Como si ramas y cuerpo compartiesen la misma anatom&iacute;a. La imagen tambi&eacute;n tiene una luz especial, como si fuese una especie de idioma universal para definir la palabra casa.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, mi padre me cont&oacute; una historia preciosa que no conoc&iacute;a. Y tiene que ver con una mujer y un &aacute;rbol. Mi tatarabuela Pepa conoc&iacute;a muy bien todos los alcornoques y encinas de su tierra y, cuando supo que le quedaban pocos a&ntilde;os de vida, ella ya no pod&iacute;a caminar ni valerse por s&iacute; misma, pidi&oacute; que la llevaran en una especie de sill&oacute;n a ver el alcornoque m&aacute;s viejo y m&aacute;s bonito que ten&iacute;a. Ese a&ntilde;o le sacaban el corcho, e intu&iacute;a, de alguna manera, que ni ella ni el &aacute;rbol sobrevivir&iacute;an para ver la pr&oacute;xima saca.
    </p><p class="article-text">
        Es curioso este lenguaje de man&iacute;as y palabras que vamos tejiendo y haciendo poco a poco nuestras. Desde el verano, cada vez que voy a la casa de mis abuelos, hago fotos y grabo al limonero del patio. No s&eacute; todav&iacute;a con qu&eacute; sentido ni para qu&eacute;, pero me encanta hacerlo. Mi padre dice que es un limonero cualquiera, pero me gusta inventar una narrativa en torno a sus ramas y sus peque&ntilde;os habitantes.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en su arriate, ya hab&iacute;a violetas. A mi abuela Teresa le encantaban. Las hemos cortado y las hemos dejado en agua, en el violetero de plata que ten&iacute;a en el sal&oacute;n para ellas. As&iacute;, la casa se ha quedado hoy menos sola.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Carta-tercera-Desmontar-obvio_6_803229684.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carta tercera: Desmontar lo que es obvio</a>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2"><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/">'La palabra inmediata' </a>es el blog de la veterinaria y poeta María Sánchez, en el que escribe cartas a sus lectoras y lectores sobre vivir en el campo, el trabajo entre animales, la situación de nuestros pueblos, el feminismo o la escritura en sí. Este mes de agosto, eldiario.es publicará diariamente cada una de las cartas, que puedes encontrar aquí: <br/><br/><a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_6_802179791.html">-Carta primera: Escribir casi cerrando los ojos </a><br/><br/></blockquote>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/naci-adulta-morire-nina_132_1980265.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Aug 2018 18:20:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escribir casi cerrando los ojos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_132_1983217.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Me preguntaba muchas veces qué germinaría en el papel o en la pantalla si me sentara a escribir sin límites ni normas, si me dejara arrastrar por los dedos</p><p class="subtitle">Primera entrega de "La palabra inmediata", una serie de relatos en forma de carta escritos por María Sánchez</p></div><h2 class="article-text">Introducci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Me gusta pensar en la escritura como algo que siempre crece. Como una semilla que nunca deja de germinar, que se desarrolla en ambos sentidos, en la mano que escribe (el sustrato, las ra&iacute;ces) y en las manos que acontecen la lectura (las ramas, las hojas). Empec&eacute; a escribir estas cartas como una especie de ceremonia, un ejercicio conmigo misma y con las manos que recib&iacute;an estos peque&ntilde;os fragmentos en su correo electr&oacute;nico a trav&eacute;s de la aplicaci&oacute;n virtual <em>tinyletter</em>. Me preguntaba muchas veces qu&eacute; germinar&iacute;a en el papel o en la pantalla si me sentara a escribir sin l&iacute;mites ni normas, si me dejara arrastrar por los dedos, casi cerrando los ojos. A menudo pienso en el acto de escribir como la que va tras los pasos de voz de un lobo que nunca ve.
    </p><p class="article-text">
        Para Mar&iacute;a Gabriela Llansol, sus cuadernos de notas eran, mayoritariamente, una especie de terreno vac&iacute;o donde todo lo escrito se encuentra ya sembrado, aunque nosotros, desde arriba, no observemos nada. Cuando la escritora contin&uacute;a escribiendo sus notas, fragmentos, esquemas y dibujos, sucede el germen y el suelo empieza a llenarse de brotes que s&iacute; son apreciables a la vista. Como ella escrib&iacute;a, es aqu&iacute;, en este proceso, que podr&iacute;a parecer a primera vista ca&oacute;tico y nada sereno, donde realmente se desvela la escritura. Una escritura honesta, verdadera e infinita, que ha estado a la sombra durante d&eacute;cadas en Portugal y que al fin tiene el reconocimiento que merece.
    </p><p class="article-text">
        Ella, en cierto modo, lo intu&iacute;a y as&iacute; lo escrib&iacute;a en uno de sus cuadernos desde el exilio:
    </p><p class="article-text">
        <em> La palabra inmediata</em> es el t&iacute;tulo de uno de sus cuadernos. He querido nombrar a estas cartas as&iacute;, por la manera en la que han tenido lugar y se han sucedido las unas a las otras. Tambi&eacute;n, por supuesto, como un gui&ntilde;o a ella y a su escritura, que tantas veces me acompa&ntilde;a.
    </p><h2 class="article-text">Carta primera: Aquello que &eacute;ramos incapaces de decirnos</h2><p class="article-text">
        <em>21 de enero de 2018</em>
    </p><p class="article-text">
        Escribo y s&eacute; qui&eacute;n est&aacute; al otro lado.
    </p><p class="article-text">
        Es una sensaci&oacute;n reconfortante, como un peque&ntilde;o par&eacute;ntesis entre tanta inmediatez.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo mi primer diario, que no era realmente un diario, sino las cartas que nos escrib&iacute;amos cuatro amigas en primaria en el mismo cuaderno. La &uacute;nica condici&oacute;n era escribir todos los d&iacute;as durante una semana. Cada lunes, se pasaba el diario a la siguiente. Y as&iacute;, crecimos, sin darnos cuenta, esperando al primer d&iacute;a de la semana para leernos entre nosotras, para tocar en el papel aquello que muchas veces &eacute;ramos incapaces de decirnos en el d&iacute;a a d&iacute;a.
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         No s&eacute; d&oacute;nde est&aacute; ese diario. Hubo m&aacute;s, pero yo me qued&eacute; con el primero. Recuerdo las tapas, llenas de peque&ntilde;as rosas de color rojo, demasiado rojo, demasiado inocente, demasiado naif. De esos a&ntilde;os solo me queda ese diario, y est&aacute; bien guardado en casa de mis padres, as&iacute;, como algo que no tiene importancia pero que no quieres tenerlo a la vista, a mano. Si quisiera rescatarlo, tendr&iacute;a que involucrar al cuerpo, hacer un esfuerzo. Abrir un armario, levantar una tapa de un hueco gigante vertical, quitar toneladas de libros, zapatos, ropa, revistas, y al fin, al fondo, podr&iacute;a ara&ntilde;arlo con los dedos. Pero a&uacute;n tendr&iacute;a que ponerme de puntillas, impulsarme, hacer otro esfuerzo m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s suene feo, pero lo que m&aacute;s echo de menos de esos d&iacute;as era escribir ese diario. Ahora, mientras escribo estas l&iacute;neas aqu&iacute;, me pregunto si escrib&iacute;a a menudo porque sab&iacute;a que hab&iacute;a alguien esperando para leerlo. &iquest;Alivio, seguridad, complicidad? No lo s&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Ayer, comiendo en el bar de abajo de casa, una mujer me pidi&oacute; por favor, sonriendo, un poco nerviosa, que le echara un ojo a sus padres, que no se fiaba de ellos. Ella iba al ba&ntilde;o, pero no iba tranquila si los dejaba solos. Esa mezcla de temor y ternura en su cara se qued&oacute; conmigo el resto del d&iacute;a, y hoy sigo pensando en ella. La forma de sus manos, su alegr&iacute;a, cuando volvi&oacute; a ver a sus padres, ya viejitos, eran como si fuera la primera vez que los viera en much&iacute;simo tiempo.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; hasta d&oacute;nde llegar&eacute; con estas cartas, si servir&aacute;n para algo, gustar&aacute;n, acompa&ntilde;ar&aacute;n, o simplemente pasar&aacute;n a formar parte de la pesta&ntilde;a spam de muchas bandejas de entrada.
    </p><p class="article-text">
        Me quedo, mientras, con esto que traduje de Mar&iacute;a Gabriela Llansol:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Sobrevivir escribiendo ser&aacute; una manera ciega de ser &uacute;til a la especie?</em>
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/palabrainmediata/Naci-adulta-morire-nina_6_803229680.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carta segunda: Nac&iacute; adulta y morir&eacute; ni&ntilde;a</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/palabrainmediata/palabra-inmediata_132_1983217.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Aug 2018 18:10:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Escribir casi cerrando los ojos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Poesía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cortafuegos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cortafuegos_129_3100648.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a54f310d-ba79-4412-825c-bd121495c171_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cortafuegos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El monte que arde es el que está solo, despoblado, abandonado, sin manos que lo cuiden porque las creyeron innecesarias y paletas</p><p class="subtitle">Ese bosque que algunos señores, desde sus despachos, prefirieron “repoblar” con un ejército infinito de árboles, con un desierto verde completamente inútil</p></div><p class="article-text">
        Leyendo el &uacute;ltimo libro de Jenny Diski, <strong>Lo que no s&eacute; de los animales</strong>, una joya de ensayo que ha editado Seix Barral, descubro c&oacute;mo se llama algo que he sentido tantas veces y que me ha rodeado en muchas ocasiones desde peque&ntilde;a. En las primeras p&aacute;ginas, la escritora inglesa tira de bibliograf&iacute;a y nos aclara que el concepto <strong>domesticidad</strong> hace alusi&oacute;n al &ldquo;<em>conjunto de rasgos sociales, econ&oacute;micos e intelectuales que caracterizan a todas aquellas comunidades cuyos miembros contemplan como parte normal de sus vidas el contacto cotidiano con animales, a excepci&oacute;n de sus mascotas&rdquo;. </em>(Richard W. Bulliet); para luego contarnos un recuerdo relacionado con su infancia. 
    </p><p class="article-text">
        Diski ni&ntilde;a se quejaba mucho de lo que le picaban los chalecos de lana con los que su madre la vest&iacute;a, a lo que ella respond&iacute;a que se dejara de lamentos, porque las prendas estaban hechas con las mejores lanas que se pod&iacute;an encontrar en Bruselas. La madre, que emigr&oacute; con los abuelos de Diski desde el shetlt  a Inglaterra, se hab&iacute;a convertido en un sujeto posdom&eacute;stico. En su cabeza desaparec&iacute;an por completo las que hab&iacute;an producido esas lanas, obviando as&iacute; el paisaje d&oacute;nde hab&iacute;an crecido y, entre otras cosas, qu&eacute; factores eran los que daban al producto tanta calidad y valor para que se convirtieran en las mejores lanas de una ciudad. S&iacute;, la madre de Jenny Diski se &ldquo;hab&iacute;a olvidado&rdquo; por completo de las ovejas y del campo. 
    </p><p class="article-text">
        Traigo esto aqu&iacute; porque no os imagin&aacute;is la de ocasiones en las que he sentido desde peque&ntilde;a que se re&iacute;an cuando contaba que mi familia era de pueblo, que ten&iacute;amos cabras y que hac&iacute;amos queso. Todas esas ocasiones que me he sentido rid&iacute;cula de ni&ntilde;a, avergonzada de mis ra&iacute;ces, cuando volv&iacute;a del campo y alguien soltaba que &ldquo;vaya tela, c&oacute;mo hueles a cabra&rdquo;. O cuando en mis c&iacute;rculos comenzaba a contar cosas del campo y de mi familia y me daba cuenta de que para nada les interesaba.
    </p><p class="article-text">
        En este mundo en el que hoy en d&iacute;a est&aacute; tan de moda lo rural son muchos los sujetos posdom&eacute;sticos que se dedican a hablar en medios de ello. Por eso, la semana pasada, en unas jornadas sobre la Espa&ntilde;a despoblada, en las que tuve el placer de formar parte junto a Julio Llamazares en un coloquio que trataba de la memoria de la Espa&ntilde;a rural, me hizo tanta gracia cuando uno de mis escritores favoritos se proclamaba as&iacute; mismo ri&eacute;ndose: &ldquo;yo, el escritor rural, que llevo m&aacute;s de 30 a&ntilde;os viviendo en el centro de Madrid.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Solo nos veis cuando sucede una desgracia, cuando estamos a punto de desaparecer, cuando ardemos. Estamos tan acostumbrados a callar, que hablamos solos, como escribi&oacute; el poeta gallego Ux&iacute;o Novoneyra en Os eidos. Porque todo lo que ocurre en silencio, aunque no lo parezca, tiene vida. Y as&iacute;, en la sombra y sin voz, han trabajado durante mucho tiempo hombres y mujeres de tierra y sangre en &ldquo;los m&aacute;rgenes&rdquo; de este pa&iacute;s, dando forma e historia a un paisaje, cuidando y conservando sin reconocimiento ninguno nuestros territorios m&aacute;s preciados. El monte que arde es el que est&aacute; solo, despoblado, abandonado, sin manos que lo cuiden porque las creyeron innecesarias y paletas, sin especies aut&oacute;ctonas ni animales que puedan pastorear, sin biodiversidad ni productos de alto valor, sin nada de nada porque, b&aacute;sicamente, algunos se&ntilde;ores desde algunos despachos prefirieron &ldquo;repoblar&rdquo; con un ej&eacute;rcito infinito de &aacute;rboles, con un desierto verde completamente in&uacute;til.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en las manos de mi t&iacute;o. Ganadero de extensivo, capataz del Infoca desde el a&ntilde;o 92. Conoce c&oacute;mo nadie el silencio de los montes, el olor a muerte entre llamas, el papeleo extenuante impuesto por esta administraci&oacute;n que tanto sabe del campo sin pisarlo. Recuerdo, cuando el incendio de Aznalc&oacute;llar, su enfado y dolor al contarme que les era imposible acceder al fuego para apagarlo, porque no hab&iacute;a ni siquiera un cortafuegos. Y como no dejaba de insistir en que las llamas pr&aacute;cticamente desaparecieron cuando llegaron a zonas ganaderas, zonas habitadas, zonas cuidadas.
    </p><p class="article-text">
        Esa es mi patria, la de los hombres y mujeres que han estado muri&eacute;ndose solos, cubiertos de musgo y p&aacute;jaros esperando que alguien los descubriese, que empiezan a dejar de avergonzarse de lo que son y que al fin se imponen haci&eacute;ndose o&iacute;r, dejando miguitas por nuestros caminos, s&iacute;, aquellos y aquellas sin nombre y sin voz, los de las manos manchadas, los del sudor en la frente, los del olor a campo y regusto a tierra siempre mojada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cortafuegos_129_3100648.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Oct 2017 18:23:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cortafuegos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Incendios forestales,Bosques,Agricultura,Ganadería]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida rural que les estropea la foto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vida-rural-estropea-foto_129_3229403.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d4b14a8e-c800-434c-aa6b-ddd0d1137630_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida rural que les estropea la foto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muchos caen en el error de imaginar el campo y todo lo que conlleva como una vía de escape. Una imagen idílica pero plana que se rompe cuando sus habitantes aparecen y rompen el encanto</p></div><p class="article-text">
        <strong>1.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una de las cosas que m&aacute;s me gustan es convertirme de forma involuntaria en la espectadora que ve a un ni&ntilde;o preguntar a su madre o a su padre sobre algo que no conoce. Primero llega el asombro, luego vendr&aacute; la intriga siempre acompa&ntilde;ada del cuerpo, ese giro de cabeza sucediendo a la vez que la cuesti&oacute;n. Esa curiosidad por lo que todav&iacute;a no tiene nombre, casi siempre va de la mano de una mezcla de ternura y respeto. Luego crecemos y aprendemos a nombrar por nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo los viajes en el coche al pueblo con la mejilla pegada al cristal, contando robles entre encinas y alcornoques, viendo animalillos cruzando la carretera, los pasos de alg&uacute;n ciervo observ&aacute;ndonos siempre desde arriba. Contar era una forma de hacer que pasara el tiempo m&aacute;s deprisa, animales en el paisaje y pastores sustituyendo los minutos, convirti&eacute;ndose, sin querer, en el minutero que nunca para y que desconoc&iacute;amos en la infancia. Quiz&aacute;s de ah&iacute; me venga una especie de calma irreal cuando aprendo el nombre de algo que no conozco. No s&eacute; qui&eacute;n dijo eso de existe lo que se nombra. Ah, s&iacute;, ahora lo recuerdo, era m&aacute;s bien al rev&eacute;s lo que escribi&oacute; George Steiner: <strong>Lo que no se nombra no existe</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Corre, corre. Mira eso. Saca el m&oacute;vil. Gr&aacute;balo. Qu&eacute; bueno, t&iacute;o. Va a petar. La gente en redes se va a volver loca.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hoy el espejo ha cambiado porque nos da la imagen que nosotros queremos ver, lo que queremos sentir. Podemos hacernos mil selfies hasta dar con el &uacute;nico que vale, moldear un paisaje virtual e imaginario donde sentirnos c&oacute;modos, como en casa, donde establecer nuestras propias reglas, dar cobijo a los mejores discursos e ideales. Una v&iacute;a de escape que reconforta, que hace que reconduzcamos nuestros h&aacute;bitos y nuestro propio cuerpo a la pantalla. Queremos contar, que nos nombren, al fin al cabo, queremos seguir existiendo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s, es por eso, que muchos caen en el error de imaginar el campo y todo lo que conlleva como una v&iacute;a de escape. Una narrativa sin lenguaje, l&iacute;mites ni normas que puede adaptarse perfectamente a lo que ellos esperan. Una bonita postal donde poder elegir qu&eacute; quieres que aparezca e interaccione contigo. Una imagen id&iacute;lica pero plana que se rompe cuando sus habitantes aparecen y rompen el encanto. Ese paisaje emocional inventado antes de llegar al lugar, pero que termina fallando, mientras los visitantes observan, decepcionados, como se esfuma, por culpa, f&iacute;jese usted, de sus propios protagonistas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Necesito rescatar esto que escribe <strong>Marc Badal</strong> en <a href="http://inland.org/product/field-notebook-n-2/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vidas a la intemperie</a> (notas preliminares para el campesinado), uno de los mejores libros que se ha publicado este a&ntilde;o y que no encontrar&aacute; en ninguna de las famosas listas que los medios sacan a finales de a&ntilde;o:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El g&eacute;nero propio de esta oda al campo remasterizada es el turismo rural&hellip; El turista adora los cuentos de la abuela. Los viejos recuerdos y su dulce reposter&iacute;a. Es eso lo que ha venido a buscar. Las cosechadoras que invaden los dos carriles de la carretera o los jornaleros que andan por la cuneta no le interesan. Incluso parece que llegan a molestarle. Le han vendido un mundo rural que no se corresponde exactamente a lo que se encuentra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El v&iacute;deo en cuesti&oacute;n se llama 'Turismofobia gallega'. Se comparti&oacute; en Twitter m&aacute;s de 2.000 veces. Unas vacas aparecen de frente por un camino y detr&aacute;s una mujer mayor corriendo detr&aacute;s, enfadada, y recriminando en gallego a los que sujetan el m&oacute;vil. Se r&iacute;en, levantan &nbsp;a modo de amenaza, el bast&oacute;n de trekking cuidadosamente elegido en el decathlon a juego con su vestimenta de caminante de Santiago. La llaman loca. Les parece gracios&iacute;simo y lo suben a la red. M&aacute;s de 5.000 personas marcaron la estrellita, sin plantearse, qu&eacute; hay realmente detr&aacute;s de todo eso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Podemos hablar por ejemplo, de la edad de esa mujer. &iquest;Qu&eacute; hace esa mujer mayor corriendo detr&aacute;s de las vacas, posiblemente, despu&eacute;s de haberlas recogido del prado? Tampoco, nadie se pregunta por qu&eacute; existe ese camino. Nadie piensa en la multitud de pezu&ntilde;as, pies y pasos que lo moldearon a trav&eacute;s del tiempo, erosionando malas hierbas y peque&ntilde;os matorrales, apartando piedrecitas y basura para que nadie se tropiece, para que la vida pueda seguir su paso. Nadie, piensa que esa &ldquo;loca&rdquo;, que posiblemente se sienta amenazada y tenga miedo, es la que encuentra en su casa y forma parte de una cultura casi m&aacute;gica: ese patrimonio que une al animal, paisaje y persona, y que tiene much&iacute;simo que contar.
    </p><p class="article-text">
        Pero los que van ya tienen configurada en su cabeza la historia que quieren o&iacute;r, la imagen con la que se quieren quedar. Y no tienen tiempo para divagar ni escuchar sobre historias de esa &ldquo;Espa&ntilde;a profunda&rdquo;: que si relevo generacional, que si despoblaci&oacute;n, que si pastores y tonter&iacute;as, bla, bla, bla. Ellos ya han elegido su particular oasis, ya tienen su terreno especial del para&iacute;so. Y necesitan descansar, huir, desconectar de su rutina en la ciudad, olvidar el sentido del lugar y contar, a la vuelta de su merecido descanso, desde el principio, todo lo que han visto para existir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vida-rural-estropea-foto_129_3229403.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 20 Aug 2017 17:17:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida rural que les estropea la foto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Medio ambiente,Turismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuestra ganadería extensiva: una solución eficaz para la prevención y eliminación de incendios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ganaderia-extensiva-prevencion-eliminacion-incendios_129_3247441.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b98dfa41-05ba-4f65-a79f-732f5147789a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuestra ganadería extensiva: una solución eficaz para la prevención y eliminación de incendios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En nuestras zonas rurales más desfavorecidas han sido las actividades agrarias y las ganaderas las que han servido para mantener bajo control esta vegetación</p><p class="subtitle">La presencia de ganado en el monte constituye una forma sostenible y eficaz para la prevención de incendios forestales</p><p class="subtitle">Queremos un campo vivo y verde, pero… ¿sabemos reconocer a sus pastores? ¿Conocemos nuestros árboles?</p></div><p class="article-text">
        Aunque muchos la desconocen, la historia de nuestro pa&iacute;s tambi&eacute;n surge de los montes y de la ganader&iacute;a. Un conocimiento y una acci&oacute;n ancestral del terreno que, junto a actividades como la trashumancia, han constituido una herramienta clave y muy valiosa para la lucha y prevenci&oacute;n de incendios forestales. Una forma de cuidar nuestros paisajes que se est&aacute; perdiendo d&iacute;a a d&iacute;a y que, tristemente, no est&aacute; siendo valorada de la forma que se merece por las nuevas pol&iacute;ticas agrarias y forestales, que solo demuestran mirar a otro lado y no reconocen la trascendencia ecol&oacute;gica, cultural, social y econ&oacute;mica que supone.
    </p><h3 class="article-text">Los que se van: sin &aacute;rboles y sin ganado</h3><p class="article-text">
        Lo cuenta muy bien &Oacute;scar Mart&iacute;n en su libro <em>Las pardinas del r&iacute;o Asab&oacute;n</em>: &ldquo;Poco a poco los vecinos se hab&iacute;an ido marchando, forzados por la falta de servicios y las limitaciones que impon&iacute;a el Patrimonio Forestal del Estado, que estaba repoblando con pinos las inmensas superficies compradas en el entorno del pueblo. Sin cabras ni ovejas que sacar a pastar, muchas familias decidieron que era el momento de encontrar un mejor medio de vida.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Mientras los habitantes de todos los pueblos de Espa&ntilde;a comenzaban una especie de exilio obligado a las ciudades, un nuevo modelo de &ldquo;bosque&rdquo; comenzaba a surgir en el pa&iacute;s. Un desierto verde lleno de pinos y eucaliptos que para tantos, desde la mirada urbanita, supon&iacute;a y sigue suponiendo una maravillosa postal de naturaleza en su m&aacute;ximo esplendor donde desconectar de su d&iacute;a a d&iacute;a en la urbe y sentirse por unas horas como un aut&eacute;ntico Walden.
    </p><p class="article-text">
        Pero en estas postales verdes ya no caben sus verdaderos protagonistas: robles, encinas, alcornoques, cabras, ovejas, perros pastores&hellip; Todos esos hombres y mujeres del campo a los que convencieron que les esperaba un futuro mejor abandonando lo que mejor sab&iacute;an hacer: cuidar nuestro territorio y nuestras razas aut&oacute;ctonas.
    </p><h3 class="article-text">&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el problema?</h3><p class="article-text">
        Los incendios forestales son el problema ambiental que mayor atenci&oacute;n e inversi&oacute;n recibe entre las actividades de gesti&oacute;n y conservaci&oacute;n de nuestros montes. Las causas pueden ser muy variadas, aunque en la mayor&iacute;a de las ocasiones interviene la mano del hombre (fuegos intencionados o debidos a negligencias). De cualquier forma, la existencia de grandes masas de vegetaci&oacute;n junto a situaciones de sequ&iacute;a m&aacute;s o menos prolongadas, son circunstancias previas a la declaraci&oacute;n de los mismos.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por ello, y teniendo en cuenta que los periodos de sequ&iacute;a en nuestro pa&iacute;s se repiten cada a&ntilde;o, las labores de prevenci&oacute;n deben centrarse fundamentalmente en el control de esas masas vegetales deshidratadas.
    </p><p class="article-text">
        Tradicionalmente, en nuestras zonas rurales m&aacute;s desfavorecidas (que, en general, son las mejor conservadas desde el punto de vista medioambiental), han sido las actividades agrarias y, especialmente, las ganaderas, las que han servido para mantener bajo control esta vegetaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La presencia de ganado en el monte constituye una forma sostenible y eficaz para la prevenci&oacute;n de incendios forestales, ya que controla el crecimiento de la vegetaci&oacute;n herb&aacute;cea y arbustiva durante los meses de alto riesgo (de junio a octubre), y porque, al crear diferentes compartimentos en el paisaje, da lugar a saltos que dificultan la propagaci&oacute;n del fuego en caso de la aparici&oacute;n de un incendio.
    </p><p class="article-text">
        La ganader&iacute;a extensiva, desde hace miles de a&ntilde;os, est&aacute; presente en nuestros montes. Este hecho ha dado forma a unos paisajes que dependen de ella para mantener sus valores, su cultura y su diversidad biol&oacute;gica. Los beneficios que aporta la presencia de ganado en nuestros montes son muy importantes: la fertilidad que proporciona al suelo el esti&eacute;rcol y el aporte de semillas garantizan la resiembra y la conservaci&oacute;n y recuperaci&oacute;n de especies, manteniendo la biodiversidad originada por la labor que implica el pastoreo. Todo ello, realizado siempre con manejo adecuado y un equilibrio entre los animales que pastan y los recursos que presenta cada zona, hecho que el ganadero ha ido aprendiendo y perfeccionando a lo largo de la historia, conocimiento que deber&iacute;amos mimar y preservar, y evitar a toda costa que se pierda.
    </p><p class="article-text">
        Pero no solo el ganado es fundamental, siempre detr&aacute;s de ellos, est&aacute;n los ganaderos y las ganaderas. Su presencia es vital en la prevenci&oacute;n de incendios: conservan infraestructuras necesarias en la lucha contra el fuego, como peque&ntilde;as casetas o puntos de agua. Facilitan labores de vigilancia del monte, alejando a posibles causantes de incendios. Y no debemos olvidar que realizan dos funciones de extraordinaria importancia social: producen de forma sostenible alimentos de alta calidad para la poblaci&oacute;n partiendo de los pastos, y bienes p&uacute;blicos directos para la sociedad, en forma de paisaje, biodiversidad, mantenimiento de ecosistemas o amortiguaci&oacute;n del cambio clim&aacute;tico. Y en un mundo donde nos empezamos a preocupar por lo que comemos y por las formas de producci&oacute;n, hay un hecho a destacar: la ganader&iacute;a extensiva no compite por recursos alimenticios, como son cereales y legumbres, con la poblaci&oacute;n humana.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><h3 class="article-text">&iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los pastores y sus animales?</h3><p class="article-text">
        No podemos negar que el mundo rural est&aacute; hoy en d&iacute;a de moda. Pero, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n sus habitantes? Hasta hace relativamente poco, pertenecer al mundo rural era sin&oacute;nimo de cateto, pobre o ignorante. Lo mismo ha ocurrido, por ejemplo, con la cabra. A lo largo de la historia la presencia de este animal se ha asociado a la miseria. Curiosamente, son dos ejemplos de supervivencia y de adaptabilidad a los que deber&iacute;amos prestar m&aacute;s atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Queremos un campo vivo y verde, pero&hellip; &iquest;sabemos reconocer a sus pastores? &iquest;Conocemos nuestros &aacute;rboles? &iquest;Sabemos nombrar las especies que lo habitan? &iquest;Conocemos realmente nuestros espacios protegidos y sabemos identificar la ganader&iacute;a extensiva? &iquest;Valoramos a esas manos invisibles que cuidan y los alimentos de valor que producen?
    </p><p class="article-text">
        Son muchas las cuestiones y largo el camino a recorrer para tener la fotograf&iacute;a completa de nuestro territorio: animal, paisaje y persona. Una manera &uacute;nica de cuidar nuestros bosques y evitar que sean pasto del fuego. Quiz&aacute;s est&aacute; todo ah&iacute; camuflado entre nuestros montes, esperando, impaciente, que cambiemos nuestra forma de mirar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/ganaderia-extensiva-prevencion-eliminacion-incendios_129_3247441.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Aug 2017 18:30:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nuestra ganadería extensiva: una solución eficaz para la prevención y eliminación de incendios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ganadería,Incendios]]></media:keywords>
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