<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Sebastián Lavezzolo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sebastian_lavezzolo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sebastián Lavezzolo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/520070" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Radiografía del apoyo a gobiernos no democráticos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/radiografia-apoyo-gobiernos-no-democraticos_132_11836020.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a74ba4fd-4149-4233-952e-54d6c263bdff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Radiografía del apoyo a gobiernos no democráticos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las actitudes favorables a los gobiernos no democráticos no son meras anomalías en el panorama político español, sino reflejos de factores sociales, económicos y políticos ciertamente enraizados</p></div><p class="article-text">
        Atenci&oacute;n a estos n&uacute;meros: seg&uacute;n datos de encuesta, el 53% de los espa&ntilde;oles creen que la sociedad necesita reformas profundas y el 12% cree que necesita reformas radicales. El 60% declara estar insatisfecho con el funcionamiento de la democracia en Espa&ntilde;a y el 37% piensa que la democracia puede funcionar sin partidos. Aunque el 92% de los encuestados est&aacute; de acuerdo con que la democracia -a pesar de tener problemas- es el mejor sistema de gobierno, al 21% no le importar&iacute;a que un gobierno no democr&aacute;tico llegara al poder si resuelve los problemas; el 15% apoyar&iacute;a un gobierno militar en reemplazo del gobierno democr&aacute;tico si las cosas se ponen dif&iacute;ciles; y un 10% cree que, en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democr&aacute;tico, o que les da lo mismo. A esta fotograf&iacute;a se le suma otro dato curioso: pr&aacute;cticamente la mitad de los espa&ntilde;oles (48%) piensa que un gobierno con mano dura conseguir&iacute;a dar soluci&oacute;n a nuestros problemas. 
    </p><p class="article-text">
        Todos estos datos son de septiembre de este a&ntilde;o, 2024, y provienen del XVI Latinobar&oacute;metro, una encuesta anual de opini&oacute;n p&uacute;blica que se realiza en varios pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina para medir la percepci&oacute;n ciudadana sobre temas pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales, en la que Espa&ntilde;a participa -de manera irregular- desde 1996 a trav&eacute;s del Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo de blancos y negros estos datos son muy preocupantes. En un mundo de grises tambi&eacute;n, pero no como para entrar en p&aacute;nico. Por un lado, no todas las cifras se&ntilde;aladas son alarmantes o apuntan en la misma direcci&oacute;n, es decir, muchas de las cifras son dif&iacute;ciles de interpretar como apoyos a sistemas de gobierno no democr&aacute;ticos. Por ejemplo, los niveles declarados de insatisfacci&oacute;n con el funcionamiento de la democracia en ocasiones reflejan el descontento con el gobierno de turno. Algunos de los insatisfechos hoy, no lo estaban ayer o no lo estar&aacute;n ma&ntilde;ana. Y viceversa. Por otro lado, la actual animadversi&oacute;n a los partidos pol&iacute;ticos, o la necesidad de implementar reformas profundas en la sociedad, no tiene por qu&eacute; estar re&ntilde;ida con el sistema democr&aacute;tico y puede que est&eacute;n relacionados con un ambiente de polarizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto, s&iacute; que hay algunas cifras que llaman la atenci&oacute;n, que son poco ambivalentes respecto a su significado antidemocr&aacute;tico y que podr&iacute;an estar alineadas con lo que el polit&oacute;logo Vicente Valentim denomina &ldquo;<a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/normalizacion-ultraderecha-crecimiento-electoral_132_11702208.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la normalizaci&oacute;n de la extrema derecha</a>&rdquo;, esto es, c&oacute;mo la presencia pol&iacute;tica, institucional y medi&aacute;tica de partidos y figuras de extrema derecha en nuestra sociedad contribuye a que posturas antidemocr&aacute;ticas pierdan el estigma que antes las marginaba y que, por tanto, se manifiesten ahora abiertamente.
    </p><p class="article-text">
        El prop&oacute;sito de este post es, primero, identificar qu&eacute; preguntas de la encuesta capturan informaci&oacute;n, sin ambages, sobre preferencias, opiniones o actitudes de los espa&ntilde;oles favorables a opciones de gobierno <em>no democr&aacute;ticas</em> para, segundo, explorar su asociaci&oacute;n con caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas y pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Para el primer objetivo he realizado un <strong>an&aacute;lisis de componentes principales</strong> con todas las preguntas de encuestas del Latinobar&oacute;metro que abordan, de una manera u otra, la percepci&oacute;n de los encuestados sobre el sistema democr&aacute;tico. Este m&eacute;todo estad&iacute;stico es &uacute;til para reducir la dimensionalidad de un conjunto de datos -especialmente cuando trabajamos con muchas variables interrelacionadas- y queremos identificar y simplificar patrones sin perder detalles importantes. En nuestro caso, tras dicho an&aacute;lisis, encontramos que 4 preguntas de Latinobar&oacute;metro est&aacute;n particularmente interrelacionadas y pueden ser compactadas en una sola dimensi&oacute;n, en un solo componente, al que -dada las caracter&iacute;sticas de las preguntas- llamaremos <strong>&ldquo;preferencia por gobiernos no democr&aacute;ticos&rdquo;</strong>. Estas preguntas son:
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li>Grado de acuerdo con la afirmaci&oacute;n: &ldquo;<span class="highlight" style="--color:white;">La democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema de gobierno</span>&rdquo;.</li>
                                    <li>Grado de acuerdo con la afirmaci&oacute;n: &ldquo;<span class="highlight" style="--color:white;">No me importar&iacute;a que un gobierno no democr&aacute;tico llegara al poder si resuelve los problemas&rdquo;.</span></li>
                                    <li>&iquest;Con qu&eacute; afirmaci&oacute;n est&aacute; m&aacute;s de acuerdo?: &ldquo;La democracia es preferible a cualquier forma de gobierno&rdquo;; &ldquo;En algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democr&aacute;tico&rdquo;; o &ldquo;Da lo mismo un r&eacute;gimen democr&aacute;tico que uno no democr&aacute;tico&rdquo;.</li>
                                    <li><span class="highlight" style="--color:white;">&iquest;Apoyar&iacute;a Ud. un gobierno militar en reemplazo del gobierno democr&aacute;tico si las cosas se ponen muy dif&iacute;ciles, o no apoyar&iacute;a Ud. en ninguna circunstancia un gobierno militar?</span></li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En lo que sigue, primero, mostraremos la distribuci&oacute;n de las respuestas a estas 4 preguntas por separado en funci&oacute;n de cuatro caracter&iacute;sticas: recuerdo de voto, ideolog&iacute;a, edad y nivel educativo. Luego, utilizando el componente com&uacute;n que comparten las 4 preguntas, exploraremos c&oacute;mo cada una de estas caracter&iacute;sticas (y otras) est&aacute;n asociadas en una an&aacute;lisis de regresi&oacute;n.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Empecemos. El</span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong> gr&aacute;fico 1</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> muestra </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>diferentes manifestaciones de apoyo a opciones de gobiernos no democr&aacute;ticas</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> en relaci&oacute;n al </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>recuerdo de voto</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> de los espa&ntilde;oles en las elecciones generales de julio de 2023. El contraste de los votantes de Vox con otros de los principales partidos es evidente: 1 de cada 5 votantes de Vox est&aacute; en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>desacuerdo</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> con que la democracia es el mejor sistema de gobierno; a la mitad no le importar&iacute;a que un gobierno no democr&aacute;tico llegara al poder; la mayor&iacute;a de ellos, 6 de cada 10, cree que en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democr&aacute;tico (o son indiferentes), y 1 de cada 3 -aproximadamente- apoyar&iacute;a un gobierno militar si las cosas se pusieran dif&iacute;ciles. Se trata, sin lugar a duda, de un perfil caracterizado por pulsiones antidemocr&aacute;ticas bien definidas. Por otro lado, aunque en menor magnitud, destaca que entre los votantes del PP en julio de 2023, a cerca del 20% no le importar&iacute;a la llegada al poder de un gobierno</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> no democr&aacute;tico</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">; o que tambi&eacute;n, 1 de cada 5 prefiere un gobierno autoritario a uno democr&aacute;tico. Sin tener claro si se trata de una causa o una consecuencia, las preferencias antidemocr&aacute;ticas de una buena parte de los votantes del PP podr&iacute;an explicar la estrategia pol&iacute;tica de los populares, al mantener posiciones muy duras o menos centradas, cercanas a Vox. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c998b86b-cf5c-423a-aeca-79241fb884fe_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c998b86b-cf5c-423a-aeca-79241fb884fe_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c998b86b-cf5c-423a-aeca-79241fb884fe_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c998b86b-cf5c-423a-aeca-79241fb884fe_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c998b86b-cf5c-423a-aeca-79241fb884fe_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c998b86b-cf5c-423a-aeca-79241fb884fe_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c998b86b-cf5c-423a-aeca-79241fb884fe_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico1"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico1                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>gr&aacute;fico 2</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> dibuja la composici&oacute;n ideol&oacute;gica del apoyo a opciones de gobierno no democr&aacute;ticas. Para ello, hacemos uso de la pregunta de autoposicionamiento ideol&oacute;gico que va del 0 (extrema izquierda) al 10 (extrema derecha) y, en aras de no cometer errores gruesos en t&eacute;rminos de inferencia por falta de representatividad en cada uno de los 11 puntos de la escala, agrupamos a la misma en 3 grupos ideol&oacute;gicos: izquierda (0-4), Centro (5); y Derecha (6-10). Cada uno de estos grupos representan el 41%, 26% y 33% de la muestra respectivamente. Como era de esperar, el nivel de apoyo a gobiernos no democr&aacute;ticos mengua cuando agrupamos a todos los encuestados de la derecha (en comparaci&oacute;n con lo que ve&iacute;amos entre los votantes de Vox), pero algunas cifras no dejan de ser llamativas. Pr&aacute;cticamente, a un tercio de los espa&ntilde;oles que se definen de derechas no le importar&iacute;a la llegada al poder de un gobierno no democr&aacute;tico o manifiesta que lo prefiere (o le da igual) ante uno democr&aacute;tico; y cerca del 15%, en circunstancias dif&iacute;ciles, apoyar&iacute;a un gobierno militar. Dicho esto, quiz&aacute;s a&uacute;n m&aacute;s llamativo sea que entre los votantes de centro encontremos niveles de apoyo como el que se ve en la barra roja del gr&aacute;fico 2: 1 de cada 4 votantes de centro tambi&eacute;n ser&iacute;an indulgentes con la llegada al poder de un gobierno</span><span class="highlight" style="--color:white;"><em> no democr&aacute;tico</em></span><span class="highlight" style="--color:white;">. Asimismo, entre un 10% y un 15% del electorado de centro ve con buenos ojos opciones de gobierno no democr&aacute;ticas (resto de barras). El contraste entre el electorado de centro y el de izquierdas en este respecto es remarcable. Los porcentajes de apoyo a gobierno no democr&aacute;ticos en la izquierda caen m&aacute;s de la mitad en comparaci&oacute;n con el centro, y en t&eacute;rminos porcentuales son, en tres de cuatro de las preguntas, marginales.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/01b5e019-d8d2-4161-b203-7a0acc4f8b65_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/01b5e019-d8d2-4161-b203-7a0acc4f8b65_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/01b5e019-d8d2-4161-b203-7a0acc4f8b65_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/01b5e019-d8d2-4161-b203-7a0acc4f8b65_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/01b5e019-d8d2-4161-b203-7a0acc4f8b65_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/01b5e019-d8d2-4161-b203-7a0acc4f8b65_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/01b5e019-d8d2-4161-b203-7a0acc4f8b65_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico2"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico2                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El siguiente cruce de inter&eacute;s lo es con una variable sociodemogr&aacute;fica: la edad. Organizando a los encuestados por 4 grupos de edad (18-34, 35-54, 55-75, y mayores de 75), emerge un contraste impactante: los m&aacute;s j&oacute;venes manifiestan en mayor magnitud posiciones antidemocr&aacute;ticas que el resto de la poblaci&oacute;n. Casi el 15% de los espa&ntilde;oles entre 18 y 34 a&ntilde;os de edad est&aacute; en </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>desacuerdo </em></span><span class="highlight" style="--color:white;">con que la democracia es el mejor sistema de gobierno; al 30% no le importar&iacute;a tener un gobierno no democr&aacute;tico; pr&aacute;cticamente el 25% cree que </span>en algunas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democr&aacute;tico, o le da igual; y casi un 20% apoyar&iacute;a un gobierno liderado por los militares. Dichas cifras son, como m&iacute;nimo, 10 puntos porcentuales menos que en los otros grupos de edad, en donde -con alguna excepci&oacute;n- si bien el nivel de apoyo a gobiernos no democr&aacute;ticos es bajo, no es nulo. Por ejemplo, en t&eacute;rmino medio, la tolerancia con un posible gobierno no democr&aacute;tico en el poder (barra roja) se mantiene en torno al 20%. A 1 de cada 5 espa&ntilde;oles no le importar&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/04cd0f58-f04a-4ea5-af90-6123520b5ccc_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/04cd0f58-f04a-4ea5-af90-6123520b5ccc_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/04cd0f58-f04a-4ea5-af90-6123520b5ccc_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/04cd0f58-f04a-4ea5-af90-6123520b5ccc_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/04cd0f58-f04a-4ea5-af90-6123520b5ccc_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/04cd0f58-f04a-4ea5-af90-6123520b5ccc_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/04cd0f58-f04a-4ea5-af90-6123520b5ccc_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico3"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico3                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Una posible explicaci&oacute;n sobre el contraste de posturas antidemocr&aacute;ticas de los j&oacute;venes con el resto puede estar ligada a la educaci&oacute;n. Miremos, pues, dos gr&aacute;ficos m&aacute;s. En el primero descomponemos el grupo de j&oacute;venes entre aquellos que a&uacute;n pueden estar en per&iacute;odos formativos (18-24), y los que, en general, ya lo han atravesado (25-34) (<strong>gr&aacute;fico 4</strong>). Si bien en ambos grupos los valores, en t&eacute;rminos comparados (con los otros grupos de edad), siguen siendo altos, los m&aacute;s j&oacute;venes entre los j&oacute;venes -los espa&ntilde;oles entre 18 y 24- destacan por su apoyo a opciones de gobierno no democr&aacute;ticas. Entre estos &uacute;ltimos 4 de cada 10 afirma que no le importa que un gobierno no sea democr&aacute;tico; 1 de cada 3 lo prefiere o le da igual y casi 1 de cada 4 apoyar&iacute;a un gobierno militar. Si antes dec&iacute;a que los datos arrojados por esta encuesta no son en general para entrar en p&aacute;nico, un an&aacute;lisis de este subconjunto de la poblaci&oacute;n quiz&aacute;s s&iacute; que lo sea.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2866389d-8b84-4487-ae7f-f9480808e234_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2866389d-8b84-4487-ae7f-f9480808e234_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2866389d-8b84-4487-ae7f-f9480808e234_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2866389d-8b84-4487-ae7f-f9480808e234_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2866389d-8b84-4487-ae7f-f9480808e234_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2866389d-8b84-4487-ae7f-f9480808e234_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2866389d-8b84-4487-ae7f-f9480808e234_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico4"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico4                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El siguiente conjunto de datos (<strong>gr&aacute;fico 5</strong>), l&oacute;gicamente ligado a las caracter&iacute;sticas de los m&aacute;s j&oacute;venes, pero no solo, es el que muestra los diferentes niveles de apoyo a opciones de gobierno no democr&aacute;ticas por niveles educativos. Este apunta en la misma direcci&oacute;n, pues de &eacute;l se deduce que existe una correlaci&oacute;n negativa entre educaci&oacute;n y apoyo a gobierno no democr&aacute;ticos. Los individuos que han alcanzado estudios superiores tienen &iacute;ndices de apoyo medios significativamente m&aacute;s bajos que aquellos con estudios de menor nivel, aunque en este caso la representatividad de los grupos en la muestra sea algo deficiente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/400b9fee-cd6c-4f2a-bc74-cbb70dede167_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/400b9fee-cd6c-4f2a-bc74-cbb70dede167_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/400b9fee-cd6c-4f2a-bc74-cbb70dede167_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/400b9fee-cd6c-4f2a-bc74-cbb70dede167_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/400b9fee-cd6c-4f2a-bc74-cbb70dede167_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/400b9fee-cd6c-4f2a-bc74-cbb70dede167_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/400b9fee-cd6c-4f2a-bc74-cbb70dede167_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico5"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico5                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Una vez atravesado el an&aacute;lisis m&aacute;s descriptivo, nos movemos ahora a un an&aacute;lisis de regresi&oacute;n m&uacute;ltiple en donde la variaci&oacute;n a explicar es la del componente com&uacute;n que comparten las 4 preguntas del Latinobar&oacute;metro, al que hemos llamado &ldquo;</span><strong>&rdquo;preferencia por gobiernos no democr&aacute;ticos&ldquo;</strong>. Con este m&eacute;todo podemos evaluar c&oacute;mo afectan caracter&iacute;sticas sociodemogr&aacute;ficas y pol&iacute;ticas sobre la misma, controlando el impacto de otras variables. No obstante, en este caso, no tiene ning&uacute;n sentido interpretar num&eacute;ricamente la magnitud de los coeficientes de regresi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de su signo y de su fuerza relativa, pues el componente en s&iacute; no tiene una traducci&oacute;n sustantiva. Por eso, a continuaci&oacute;n, nos interesa ver si cada una de las variables que presentamos como posibles factores explicativos de dicho componente tienen un impacto positivo o negativo y si su relaci&oacute;n con las preferencias por gobierno no democr&aacute;ticos es estad&iacute;sticamente significativa, es decir que su efecto es poco probable que sea por una cuesti&oacute;n de azar.
    </p><p class="article-text">
        Para resumir todos los efectos de las variables especificadas en el modelo presento el <strong>gr&aacute;fico 6</strong>. De ah&iacute; vemos que: no existen diferencias relevantes entre hombres (categor&iacute;a de referencia) y mujeres a la hora de explicar las preferencias por gobierno no democr&aacute;ticos; tomando como grupo de referencia a los j&oacute;venes-m&aacute;s-j&oacute;venes, la edad correlaciona negativa y estad&iacute;sticamente con estas preferencias antidemocr&aacute;ticas; ser de centro o de derechas est&aacute; asociado a una mayor propensi&oacute;n a manifestarse en contra de gobiernos democr&aacute;ticos, en comparaci&oacute;n con ser de izquierdas; por eso, en la misma l&iacute;nea, haber votado al PP o a Vox (en comparaci&oacute;n con haber votado al PSOE) est&aacute; asociado positivamente con actitudes antidemocr&aacute;ticas. Por otra parte, niveles bajos de ingresos del hogar (1.800 euros o menos mensuales) -en comparaci&oacute;n con los m&aacute;s ricos (m&aacute;s de 5.000 euros al mes)- est&aacute;n correlacionados de manera positiva con la preferencia por gobiernos no democr&aacute;ticos, as&iacute; como el nivel educativo, siendo los individuos con estudios superiores los que s&iacute; encuentran una asociaci&oacute;n estad&iacute;sticamente significativa si los comparamos con los individuos con niveles educativos m&aacute;s bajos (sin educaci&oacute;n o s&oacute;lo estudios de primaria). En contra, ni el tama&ntilde;o del municipio en el que viven los encuestados ni su nivel de religiosidad, ni la clase social subjetiva (la que cada individuo se autoasigna) ejercen alg&uacute;n tipo de efecto estad&iacute;sticamente significativo sobre la preferencia por opciones autoritarias.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec0ca698-f278-4879-b8bd-6d2c02138d86_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec0ca698-f278-4879-b8bd-6d2c02138d86_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec0ca698-f278-4879-b8bd-6d2c02138d86_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec0ca698-f278-4879-b8bd-6d2c02138d86_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec0ca698-f278-4879-b8bd-6d2c02138d86_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec0ca698-f278-4879-b8bd-6d2c02138d86_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ec0ca698-f278-4879-b8bd-6d2c02138d86_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico6"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico6                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En conclusi&oacute;n, los datos presentados dejan claro que las actitudes favorables a los gobiernos no democr&aacute;ticos no son meras anomal&iacute;as en el panorama pol&iacute;tico, sino reflejos de factores sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos ciertamente enraizados. La relevancia de los j&oacute;venes, los votantes de centro y, en particular, los del PP como grupos clave en este fen&oacute;meno, abre la puerta a interrogantes esenciales sobre el futuro de la democracia y las narrativas que la sustentan. Entender estos matices no solo nos permite interpretar el presente con mayor precisi&oacute;n, sino tambi&eacute;n anticipar los desaf&iacute;os que podr&iacute;an poner a prueba los valores democr&aacute;ticos en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/radiografia-apoyo-gobiernos-no-democraticos_132_11836020.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Nov 2024 12:10:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a74ba4fd-4149-4233-952e-54d6c263bdff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="10476615" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a74ba4fd-4149-4233-952e-54d6c263bdff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="10476615" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Radiografía del apoyo a gobiernos no democráticos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a74ba4fd-4149-4233-952e-54d6c263bdff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Puertas giratorias: ¿Capital humano o conexiones políticas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/puertas-giratorias-capital-humano-conexiones-politicas_132_10945310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f7ce66b8-0656-4dfa-869a-765fef1f9eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Puertas giratorias: ¿Capital humano o conexiones políticas?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El reclutamiento de exministros por parte de los bancos en el último siglo no se ha concentrado en aquellas personas con un conocimiento técnico (know-how) propio del sector, sino que ha estado distribuido de manera bastante equitativa sobre los diferentes tipos de ministerios</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, el asunto de las puertas giratorias ha vuelto a saltar a la palestra a ra&iacute;z del intento fallido de Alberto Garz&oacute;n de pasar por una de ellas. Si bien el exministro de Consumo hab&iacute;a aceptado la oferta laboral de la consultora Acento -dirigida por Pepe Blanco-, tras recibir numerosas cr&iacute;ticas desde su propio espacio pol&iacute;tico decidi&oacute; dar marcha atr&aacute;s, renunciando a la oferta de trabajo y publicando <a href="https://twitter.com/agarzon/status/1757684426236973454/photo/1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un texto</a> explicando su decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Parte del debate que se suscit&oacute; a continuaci&oacute;n en las redes sociales y en varios art&iacute;culos de prensa rondaba en torno a si el fichaje de Garz&oacute;n por Acento se trataba en efecto o no de otro caso m&aacute;s de puertas giratorias en Espa&ntilde;a. Ah&iacute; surgieron comparaciones con casos m&aacute;s flagrantes, discusiones sobre las bondades y miserias de los pol&iacute;ticos, llamadas a la regulaci&oacute;n (&iexcl;m&aacute;s estricta!; &iexcl;m&aacute;s laxa!), y hasta muestras de empat&iacute;a con los pol&iacute;ticos que siguen necesitando ganarse el pan despu&eacute;s de dejar la pol&iacute;tica institucional.
    </p><p class="article-text">
        No vengo aqu&iacute; a resolver dicho debate, ni mucho menos. Pero s&iacute; a intentar aportar cierta claridad conceptual, a revisar las principales explicaciones sobre por qu&eacute; las puertas giratorias generan tanto recelo y, si me lo permiten, a compartir unos datos preliminares de un proyecto de investigaci&oacute;n propio.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, aunque pueda parecer obvio, vale la pena recordar que cuando hablamos de puertas giratorias no s&oacute;lo hablamos de movimientos de expol&iacute;ticos hacia la empresa privada, sino tambi&eacute;n de movimientos desde el sector privado a la pol&iacute;tica. El primero, l&oacute;gicamente, tiene m&aacute;s morbo y suele ser el que atrae mayor atenci&oacute;n medi&aacute;tica. (Por cierto, dejadme que os recomiende el seguimiento minucioso que hace en esta casa el periodista <a href="https://www.eldiario.es/autores/antonio_m_velez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio M. V&eacute;lez</a> sobre las relaciones entre el poder pol&iacute;tico y el poder econ&oacute;mico). Pero el segundo movimiento, el de empresarios aterrizando en &oacute;rganos de representaci&oacute;n pol&iacute;tica o en altos cargos de la administraci&oacute;n, no es menor y, como mencionar&eacute; m&aacute;s adelante, tambi&eacute;n tiene implicaciones relevantes. 
    </p><p class="article-text">
        Cabe aclarar tambi&eacute;n que el tr&aacute;nsito por las puertas giratorias de una persona no necesariamente acaba con el primer giro, sino que existen numerosos casos en donde los movimientos son de ida y vuelta (de la pol&iacute;tica a la empresa y de vuelta a la pol&iacute;tica, o de la empresa a la pol&iacute;tica y de vuelta a la empresa), y que, en ocasiones, el t&eacute;rmino puertas giratorias tambi&eacute;n se utiliza para describir movimientos de personas dentro de la misma administraci&oacute;n p&uacute;blica, como fue el caso de la exministra de Justicia, Dolores Delgado, hasta hace poco Fiscal General de Estado.
    </p><p class="article-text">
        En la literatura especializada en el estudio de este fen&oacute;meno, el t&eacute;rmino suele estar reservado para el tr&aacute;nsito entre el sector p&uacute;blico y privado -en ambas direcciones-, pero no siempre es sencillo identificar cu&aacute;ndo un movimiento puede ser clasificado como puerta giratoria. S&oacute;lo por poner un ejemplo que podr&iacute;a generar dudas: &iquest;deber&iacute;amos hablar de puerta giratoria si un exministro se incorpora al consejo de administraci&oacute;n de una gran empresa 8 a&ntilde;os despu&eacute;s de abandonar el cargo? 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta apunta al meollo de la cuesti&oacute;n: las puertas giratorias suscitan inter&eacute;s -y recelo- porque son una de las v&iacute;as a trav&eacute;s de la cual el poder econ&oacute;mico puede ejercer cierta influencia sobre el poder pol&iacute;tico. Por supuesto que existen much&iacute;simos canales a trav&eacute;s del cual los empresarios pueden tener injerencia en la elaboraci&oacute;n de pol&iacute;ticas o sobre la regulaci&oacute;n en determinadas materias (desde conversaciones en el palco del Bernab&eacute;u hasta a trav&eacute;s de v&iacute;nculos familiares), pero &eacute;sta, la de personas casi simult&aacute;neamente con un pie en el sector p&uacute;blico y en el privado, apunta a un tipo de interacci&oacute;n muy concreta y muy directa a trav&eacute;s de la cual las empresas pueden influir en la toma de decisiones pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, la conceptualizaci&oacute;n del t&eacute;rmino puertas giratorias nos interesa en tanto y en cuanto captura los movimientos entre sector p&uacute;blico y privado que impliquen capacidad de influencia del dinero en la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, conocer y entender este fen&oacute;meno es del todo relevante, pues a fin de cuentas se trata de identificar y prevenir aquellos mecanismos que distorsionan, de manera privilegiada, las funciones de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica. Dicha distorsi&oacute;n puede operar, al menos, a trav&eacute;s de tres mecanismos. En primer lugar, por medio de expol&iacute;ticos influenciando a pol&iacute;ticos actuales gracias a sus contactos en el sector p&uacute;blico, a su agenda, a su cercan&iacute;a con el poder pol&iacute;tico (el m&aacute;s reconocido por todos). En segundo lugar, &nbsp;a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de incentivos por parte de las empresas para que pol&iacute;ticos actuales legislen a su favor, prometiendo -expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente- futuros premios en forma de asientos en los consejos de administraci&oacute;n de sus empresas. Y, por &uacute;ltimo -ahora concentr&aacute;ndonos en el movimiento inverso, del sector privado al sector p&uacute;blico- las estrategias no comerciales de las empresas para influir en las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y la regulaci&oacute;n enviando personas del mundo empresarial a la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En un debate entre adultos, nadie puede negar que las empresas, sean del sector econ&oacute;mico que sean, siempre pueden tener incentivos para estar vinculadas pol&iacute;ticamente. Obtener un trato preferente en materia de regulaci&oacute;n, contenci&oacute;n de la presi&oacute;n fiscal, obtener ventajas en la competencia por contrato p&uacute;blicos, o beneficiarse de garant&iacute;as impl&iacute;citas en caso de dificultades financieras, entre otras cosas, son ejemplos que nos ayudan a entender las motivaciones por las cual las empresas desean establecer y desarrollar conexiones con las &eacute;lites pol&iacute;ticas. De hecho, existe un buen n&uacute;mero de trabajos emp&iacute;ricos que ofrecen amplia evidencia sobre c&oacute;mo las conexiones pol&iacute;ticas afectan positivamente al valor de las empresas (<span class="highlight" style="--color:white;">Acemoglu et al., 2016)</span>; a su acceso a recursos financieros a bajo precio (Khwaja y Mian, 2005); a su capacidad para conseguir contratos p&uacute;blicos (<span class="highlight" style="--color:white;">Goldman, Rocholl y So, 2013)</span>; o a la probabilidad de ser rescatadas por el gobierno en momentos de vulnerabilidad financiera (Faccio, 2006). Sin embargo, tambi&eacute;n hay pruebas de algunos efectos negativos que podr&iacute;an contrarrestar los beneficios de las conexiones pol&iacute;ticas; estas pruebas incluyen un peor rendimiento contable (Faccio, 2010), niveles m&aacute;s bajos de inversi&oacute;n, innovaci&oacute;n y, por tanto, productividad y rentabilidad que las empresas no conectadas (Bertrand, 2018); mayores costes sociales por la mala asignaci&oacute;n de contratos p&uacute;blicos (<span class="highlight" style="--color:white;">Schoenherr, 2019)</span> o menor provisi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos (Cingano y Pinotti, 2013), entre otros.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, existe tambi&eacute;n el argumento de que las puertas giratorias pueden estar motivadas no por la capacidad de influencia de las empresas sobre la pol&iacute;tica, sino para atraer capital humano de alta calidad a sus consejos de administraci&oacute;n. Es cierto que los pol&iacute;ticos, particularmente aquellos que pasan por ministerios o agencias reguladoras, adquieren a lo largo de su carrera conocimientos especializados que pueden interesar a las empresas que buscan mejorar sus servicios y, por tanto, su capacidad de obtener beneficios en mercados altamente competitivos.
    </p><p class="article-text">
        La tarea m&aacute;s dif&iacute;cil que tenemos los cient&iacute;ficos sociales es desentra&ntilde;ar las verdaderas causas que motivan el tr&aacute;nsito a trav&eacute;s de las puertas giratorias. Pongamos un ejemplo. Si un grupo de legisladores promueven un cambio regulatorio que posiciona a la actividad econ&oacute;mica de un conjunto de empresas como &ldquo;sector estrat&eacute;gico&rdquo; y, punto seguido, algunas de esas empresas fichan a algunos de esos mismos legisladores para que formen parte de sus consejos de administraci&oacute;n &iquest;podr&iacute;amos decir que el cambio regulatorio es una <em>causa</em> del movimiento de las puertas giratorias? Una posible respuesta es que s&iacute;, pues a los ojos de las empresas, a partir de ahora aquellos expol&iacute;ticos poseen un capital humano m&aacute;s valioso que antes dado su conocimiento experto en la regulaci&oacute;n del sector. Otra posible explicaci&oacute;n es que debido al nuevo marco legislativo, estos expol&iacute;ticos ser&iacute;an ahora m&aacute;s atractivos que antes por la capacidad de influencia que acumulan entre sus antiguos colegas (ministros, diputados, reguladores), sobre todo en cuestiones relacionadas con el sector econ&oacute;mico en cuesti&oacute;n. Pero, por otro lado, la verdadera causa de la contrataci&oacute;n podr&iacute;a ser tambi&eacute;n una especie de &ldquo;pago&rdquo; o &ldquo;premio&rdquo; de las empresas a los legisladores por haber promovido la nueva regulaci&oacute;n que los sit&uacute;a como &ldquo;sector estrat&eacute;gico&rdquo;. En definitiva, separar una causa de otros potenciales factores explicativos es una de las tareas m&aacute;s importantes y dif&iacute;ciles en el dise&ntilde;o y la prueba emp&iacute;rica de estos fen&oacute;menos.
    </p><p class="article-text">
        En el marco de una investigaci&oacute;n en curso sobre las puertas giratorias en Espa&ntilde;a durante el &uacute;ltimo siglo, el profesor e investigador Guillermo Rosas de la Universidad de Washington St. Louis y un servidor, hemos realizado un an&aacute;lisis preliminar, concentr&aacute;ndonos s&oacute;lo en el sector financiero (bancos), para obtener una primera prueba que al menos nos permita separar, a&uacute;n de manera rudimentaria, la hip&oacute;tesis del capital humano de la hip&oacute;tesis de las conexiones pol&iacute;tica. Para ello, hemos recopilado los nombres y apellidos de las personas que alguna vez hayan ocupado un asiento en un consejo de administraci&oacute;n de los principales bancos de Espa&ntilde;a desde 1920 hasta 2020, y hemos cruzado dicha informaci&oacute;n con una base de datos de &eacute;lites pol&iacute;ticas en donde recopilamos los nombres y apellidos de todas las personas que han dirigido un ministerio durante el mismo per&iacute;odo de estudio.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica del contraste que presento m&aacute;s abajo es la siguiente: si las empresas que fichan a expol&iacute;ticos lo hacen buscando ventajas competitivas en t&eacute;rminos de capital humano, deber&iacute;amos esperar que el reclutamiento de exministros por parte de los bancos se concentre en aquellos que ocuparon carteras relacionadas con asuntos econ&oacute;micos (Econom&iacute;a, Hacienda, Industria, Trabajo, etc.) y menos en personas al frente de ministerios pol&iacute;ticos o con otro tipo de competencias. En la Tabla 1 mostramos cu&aacute;l es el n&uacute;mero y el porcentaje de banqueros con experiencia ministerial previa para el per&iacute;odo en cuesti&oacute;n. Para ello organizamos todos los tipos de ministerios en tres categor&iacute;as: 1) Ministerios econ&oacute;micos, 2) Ministerios pol&iacute;ticos, 3) Otros ministerios. Los datos reflejados indican de manera inequ&iacute;voca que el reclutamiento de exministros por parte de los bancos en el &uacute;ltimo siglo no se ha concentrado en aquellas personas con un conocimiento t&eacute;cnico (<em>know-how</em>) propio del sector, sino m&aacute;s bien que ha estado distribuido de manera bastante equitativa sobre los diferentes tipos de ministerios. Dicha evidencia apoyar&iacute;a la tesis de las conexiones pol&iacute;ticas, de la agenda de contactos, aunque, como dec&iacute;a antes, de manera rudimentaria y preliminar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72289ca6-e3a2-4fcc-8655-6b24b95a3951_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72289ca6-e3a2-4fcc-8655-6b24b95a3951_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72289ca6-e3a2-4fcc-8655-6b24b95a3951_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72289ca6-e3a2-4fcc-8655-6b24b95a3951_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72289ca6-e3a2-4fcc-8655-6b24b95a3951_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72289ca6-e3a2-4fcc-8655-6b24b95a3951_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/72289ca6-e3a2-4fcc-8655-6b24b95a3951_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Tabla 1: Puertas giratorias: ¿capital humano o conexiones políticas?"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Tabla 1: Puertas giratorias: ¿capital humano o conexiones políticas?                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Volviendo a Garz&oacute;n, es entendible que hayan surgido tantas cr&iacute;ticas a su posible fichaje por una empresa dedicada al lobby. Independientemente de las bondades de la actividad a la que se hubiera dedicado y a sus posibles contribuciones en materia de econom&iacute;a, ecolog&iacute;a o de asesor&iacute;a pol&iacute;tica, es dif&iacute;cil separar la intencionalidad detr&aacute;s de la contrataci&oacute;n. Al margen de las consideraciones pol&iacute;ticas, esto es una tarea que le correspond&iacute;a a la Oficina de Conflicto de Intereses, al evaluar si se cumpl&iacute;a o no con las exigencias de la normativa sobre incompatibilidades de los altos cargos de la Administraci&oacute;n General del Estado. Por cierto, dicho sea de paso, una entidad que lleva con <a href="https://www.eldiario.es/economia/impas-politico-deja-limbo-web-difundir-actividad-oficina-conflictos-intereses_1_10556466.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">retraso avanzar en t&eacute;rminos de transparencia, tambi&eacute;n a la espera de la prometida ley de lobbies por el actual gobierno</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/puertas-giratorias-capital-humano-conexiones-politicas_132_10945310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Feb 2024 05:00:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f7ce66b8-0656-4dfa-869a-765fef1f9eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4930753" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f7ce66b8-0656-4dfa-869a-765fef1f9eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4930753" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Puertas giratorias: ¿Capital humano o conexiones políticas?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f7ce66b8-0656-4dfa-869a-765fef1f9eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Votaciones para el cambio de jornada escolar: un desahogo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/votaciones-cambio-jornada-escolar-desahogo_129_10859164.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b5ea4a4-6fb5-4d58-9a90-40ea2b76ad71_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una profesora, repartiendo exámenes entre sus alumnos."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay que reconocer que no existe una base sólida para que las administraciones tengan una apuesta tan clara a favor de la jornada continua. No es un tema trivial. Hasta donde sabemos, incluso puede ser muy perjudicial, sobre todo en entornos con altas desigualdades</p></div><p class="article-text">
        Hoy no escribo como polit&oacute;logo, analista, acad&eacute;mico o como demonios quer&aacute;is clasificarme. Hoy escribo como padre de tres ni&ntilde;as desesperado, agotado, indignado, que, con las pocas energ&iacute;as que a uno le quedan despu&eacute;s de trabajar, de recoger a las ni&ntilde;as del cole, de llevarlas a extraescolares, de darles la merienda, de ba&ntilde;arlas, de echarles crema, de prepararles cena, de leerles un cuento y de rega&ntilde;arles para que se duerman, busca desahogo tecleando con rabia un documento de Word en blanco.
    </p><p class="article-text">
        El asunto que me subleva es bien conocido por las familias con ni&ntilde;os y ni&ntilde;as en edad escolar en colegios p&uacute;blicos de Espa&ntilde;a y, en particular, en la Comunidad de Madrid. Se trata de la dichosa jornada escolar. O para ser m&aacute;s preciso, del repetitivo, tenaz, inagotable, infatigable intento de propiciar el cambio de jornada escolar en los colegios p&uacute;blicos cada bendito a&ntilde;o del Se&ntilde;or. As&iacute; como el turr&oacute;n llega con la Navidad, el debate sobre <em>jornada partida</em> vs. <em>jornada continua</em> aterriza en nuestras vidas junto a la cuesta de enero y las semanas m&aacute;s fr&iacute;as del invierno. Justo cuando nos autoenga&ntilde;amos con los prop&oacute;sitos del a&ntilde;o nuevo, el llamamiento a volver a discutir &ndash;otra vez&ndash; el asunto de la jornada nos asesta un golpe de realidad que dan ganas de echarse a llorar.
    </p><p class="article-text">
        Os pongo en contexto, mi contexto, que es de la Comunidad de Madrid, pero que un poco m&aacute;s un poco menos vale para otras latitudes (ya os he dicho que no vengo con el traje de acad&eacute;mico riguroso, sino a desahogarme). Menos de la mitad de los colegios p&uacute;blicos a&uacute;n tienen lo que se llama una jornada partida. Los ni&ntilde;os entran a las 9.00 de la ma&ntilde;ana y acaban el primer tramo de clases &ndash;con un recreo de 30 minutos incluido&ndash; a las 12.30. Luego tienen comedor y patio, para luego retomar las clases a las 14.00 hasta las 16.00, la hora de salida. La jornada continua, en cambio, concentra <em>todas</em> las clases desde las 9.00 hasta las 14.00, con recreo y peque&ntilde;os descansos entre clase y clase. Los ni&ntilde;os que se quedan a comedor empiezan a comer a las 14.00 o a las 14.30. Los que no, para casa.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, desde hace a&ntilde;os, existe una permanente y creciente presi&oacute;n para que los colegios p&uacute;blicos con jornada partida cambien a la continua. Normalmente es el colectivo de profesores el que demanda dicho cambio. En este tipo de jornada, se argumenta, el profesorado no trabajar&iacute;a menos, pero podr&iacute;a mejorar su propia conciliaci&oacute;n familiar o dedicar m&aacute;s tiempo a cuestiones organizativas o formativas. Mi opini&oacute;n, sin rodeos, es que se trata m&aacute;s de una reivindicaci&oacute;n laboral, una mejora de sus condiciones de trabajo, que de una convicci&oacute;n acerca de las bondades de la jornada continua sobre la partida en lo que respecta a la educaci&oacute;n o el mejor desempe&ntilde;o de nuestros ni&ntilde;os en el cole. Mi opini&oacute;n no deja de ser una especulaci&oacute;n, lo admito, pero no me resisto a que el cient&iacute;fico social que llevo dentro, y del que no me puedo separar del todo, os recuerde que la investigaci&oacute;n acad&eacute;mica sobre esta cuesti&oacute;n no encuentra evidencia favorable a la jornada continua en comparaci&oacute;n con la partida. M&aacute;s bien lo contrario. Tanto si hablamos de rendimiento, agotamiento, alimentaci&oacute;n, sue&ntilde;o, salud emocional, socializaci&oacute;n o calidad de la vida familiar. De hecho, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, hemos tenido la suerte de que este debate se paseara bastante por los medios de comunicaci&oacute;n y casi todos hemos o&iacute;do hablar del <a href="https://www.esade.edu/ecpol/es/publicaciones/jornada-escolar-continua-como-la-pandemia-esta-acelerando-un-modelo-social-y-educativo-regresivo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe del Esade</a> o del <a href="https://www.oecd.org/education/propuestas-para-un-plan-de-accion-para-reducir-el-abandono-escolar-temprano-en-espana-9bc3285d-es.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reporte de la OCDE</a> (palabras mayores) desalentando la implantaci&oacute;n de la jornada continua. No se trata de la opini&oacute;n de Pepe o Antonia, los padres de Luisito o Maripe, sino de estudios con muestras muy grandes y con an&aacute;lisis de datos sistem&aacute;ticos se&ntilde;alando que, en t&eacute;rminos generales, la jornada partida es mejor que la continua para nuestros hijos.
    </p><p class="article-text">
        Con estos mimbres, muchas familias se han visto en la situaci&oacute;n de tener que votar cada a&ntilde;o por medio, o todos los a&ntilde;os, sobre el tipo de jornada. A m&iacute; me gusta la democracia, y me parece bien que las familias expresen sus preferencias, pero no hace falta estar consult&aacute;ndoles de manera tan recurrente. &iquest;Por qu&eacute;? Por varias razones. La primera es porque este debate tensiona, levanta ampollas, genera fricciones innecesarias de manera permanente en la comunidad educativa. Fundamentalmente entre familias y profesores. Pero tambi&eacute;n entre profesores y la Direcci&oacute;n del centro. Entre los propios profesores. En las AMPAS. Entre las propias familias a favor o en contra de un tipo u otro de jornada. Y (ajaj&aacute;) dentro del propio seno familiar. Es un desastre. (Por cierto: &iquest;por qu&eacute; demonios la decisi&oacute;n de determinar el tipo de jornada se ha trasladado a los centros? Aqu&iacute; estamos que nos tiramos de los pelos). Abrir cada a&ntilde;o el mel&oacute;n sobre el posible cambio de jornada es como hincar sistem&aacute;ticamente un pu&ntilde;al en una herida que nunca acaba de cicatrizar. Luego, pasado el tr&aacute;mite &ndash;independientemente de su resultado&ndash; la tensi&oacute;n amaina, pero el recuerdo del dolor persiste. Y las miradas por el rabillo del ojo lo confirman.
    </p><p class="article-text">
        El segundo motivo por el que encuentro un sinsentido votar cada a&ntilde;o es la distorsi&oacute;n que genera sobre las expectativas de las familias. No es deseable ni operativo convivir con la idea de que de un a&ntilde;o para otro la organizaci&oacute;n de los horarios escolares cambie. Como si esto no tuviese consecuencias sobre la propia planificaci&oacute;n, conciliaci&oacute;n, presupuestos y dem&aacute;s vicisitudes de nuestra vida familiar. Cuando unos padres eligen un colegio con determinadas caracter&iacute;sticas esperan cierta estabilidad. Es demencial coexistir en armon&iacute;a con semejante incertidumbre.
    </p><p class="article-text">
        De mi experiencia os puedo contar que una de las v&iacute;as que muchas familias han encontrado para moderar este desenfrenado gusto por votar cada a&ntilde;o ha sido la de presentarse como representantes de madres y padres en el Consejo Escolar (v&iacute;a elecciones, viva la democracia) y bloquear, desde ah&iacute;, que la decisi&oacute;n del cambio de jornada se traslade sistem&aacute;ticamente a todas las familias del colegio. De acuerdo a la normativa de la Comunidad de Madrid la cosa funciona as&iacute;: cada a&ntilde;o la Direcci&oacute;n del centro tiene que comunicar a la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n cu&aacute;l ser&aacute; el tipo de jornada escolar el pr&oacute;ximo curso lectivo; por tanto, por estas fechas, la Direcci&oacute;n, reunida en Consejo Escolar, pregunta si hay alg&uacute;n miembro del mismo que quiera iniciar el proceso para el cambio de jornada, lo que implicar&iacute;a que todas las familias del cole voten. Con que solo un miembro &ndash;&iexcl;un solo miembro!&ndash; levante la mano y manifieste dicha voluntad, el Consejo est&aacute; obligado a votar si se activa o no el proceso. No es necesario motivar, al menos, los factores que animan a querer impulsar semejante cambio &ndash;y cuando se suele argumentar las explicaciones no brillan&ndash;.
    </p><p class="article-text">
        Para que se inicie el proceso de cambio de jornada, pues, se necesita el voto mayoritario y favorable de todos los sectores representados en el consejo. Es decir, que haya una mayor&iacute;a de profesores, una mayor&iacute;a de padres y madres, etc. etc. En la pr&aacute;ctica &ndash;y aqu&iacute; comienza el l&iacute;o&ndash; todos los a&ntilde;os un miembro de los representantes del profesorado levanta la mano y fuerza la votaci&oacute;n. Ya estamos. Porque si se bloquea por parte de los representantes de padres y madres, te cuelgan el sambenito de anti dem&oacute;crata, pues el proceso de cambio de jornada no se activar&iacute;a y las familias de todo el colegio no ser&iacute;an consultadas. Tensi&oacute;n. Si no se bloquea, se inicia el proceso y se ponen las urnas para que las familias decidan. En ese caso, las quejas y cuchicheos a la entrada y salida del cole vienen por parte de las familias. Movida. &ldquo;Otra vez votando sobre el mismo asunto&rdquo;. &ldquo;&iquest;Es que esta gente no trabaja?&rdquo;. &ldquo;Ya es hora de que cambiemos de jornada&rdquo;. &ldquo;Claro, porque t&uacute; no trabajas por las tardes, guapa&rdquo;. Ya estar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Le experiencia es un peine que te regalan cuando te has quedado calvo, me ense&ntilde;&oacute; mi padre. Pero como esta situaci&oacute;n ya la he vivido durante varios a&ntilde;os y a&uacute;n me queda alg&uacute;n pelo &ndash;&iexcl;y muchos a&ntilde;os de escolarizaci&oacute;n por delante!&ndash;, creo que hay margen para encontrar una soluci&oacute;n estable. No implica una reforma normativa (que seguramente es lo que necesitemos: una discusi&oacute;n profunda sobre c&oacute;mo estamos gestionando nuestra educaci&oacute;n infantil y primaria), pero puede ser un parche que nos ayude a navegar a todos los miembros de la comunidad educativa, con menos tensi&oacute;n, hasta que ello ocurra. La dejo aqu&iacute; como quien escribe una carta a los reyes magos.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero de todo es reconocer que existen diferentes intereses en juego en toda esta historia. Y es leg&iacute;timo que as&iacute; sea. Tener intereses corporativos no est&aacute; mal. Ya est&aacute; bien. El profesorado en la escuela p&uacute;blica tiene derecho y merece mejoras laborales. No me corresponde a m&iacute; delinearlas aqu&iacute;. Pero las familias debemos apoyarles. Por ellos y por nuestros ni&ntilde;os. La defensa de la educaci&oacute;n p&uacute;blica va de esto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo segundo es tambi&eacute;n reconocer que no existe una base s&oacute;lida para que las administraciones tengan una apuesta tan clara a favor de la jornada continua. No es un tema trivial. Hasta donde sabemos, incluso puede ser muy perjudicial, sobre todo en entornos con altas desigualdades. Aunque no he escrito este texto para defender abiertamente a la partida, no puedo dejar de se&ntilde;alar que, entre muchas otras cosas, la consecuencia inmediata de la implementaci&oacute;n de la continua es un deterioro de los servicios de comedor y de la oferta de extraescolares. Al abandonar la jornada partida, a muchas familias les deja de compensar que sus hijos se queden en el comedor o que vuelvan a las actividades extraescolares. La demanda cae, la calidad de la oferta tambi&eacute;n: de comedor a servicio de catering; de extraescolares de judo, patinaje, v&oacute;ley, ingl&eacute;s o zumba a patio creativo con dos monitores a cargo (Es el mercado, amigo). Los ni&ntilde;os con menos posibilidades de tener mejores cuidados en los hogares fuera del horario lectivo acaban generalmente con una peor alimentaci&oacute;n y <em>empantallados</em>. Esto es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        El tercer y m&aacute;s importante punto es llegar a un acuerdo entre profesores y familias, de la mano de la Direcci&oacute;n de los centros. Es l&oacute;gico y deseable que todas las familias de los colegios puedan expresar sus preferencias en relaci&oacute;n a la jornada escolar. Pero tambi&eacute;n es l&oacute;gico y deseable que las familias tengan cierta certidumbre y estabilidad sobre c&oacute;mo organizar sus vidas. Por lo tanto, y al margen de qu&eacute; tipo de jornada es la mejor, ser&iacute;a razonable acordar que las votaciones sobre el cambio de jornada se produzcan con el apoyo de ambos sectores en los Consejos Escolares cada 3 o 4 a&ntilde;os. Sin bloqueos y sin reiteradas insistencias. Democracia y estabilidad. Y todos contentos.
    </p><p class="article-text">
        Salga adelante o no el cambio de jornada, dicha din&aacute;mica deber&iacute;a permanecer. Y aunque el acuerdo ser&iacute;a t&aacute;cito &ndash;no estando sujeto a ninguna normativa&ndash; ser&iacute;a la base para una buena convivencia en la comunidad educativa. Dado que no habr&iacute;a nadie capaz de obligar al cumplimiento de dicho acuerdo, la Direcci&oacute;n podr&iacute;a jugar un papel mediador, que de credibilidad y estabilidad al mismo, independientemente de las personas que ocupen un cargo en el Consejo Escolar.
    </p><p class="article-text">
        Yo lo intentar&eacute; en el colegio de mis hijas. Quiz&aacute;s tenga que volver a llorar el pr&oacute;ximo enero. Pero que no quede por intentarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/votaciones-cambio-jornada-escolar-desahogo_129_10859164.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jan 2024 21:08:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3b5ea4a4-6fb5-4d58-9a90-40ea2b76ad71_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="263761" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3b5ea4a4-6fb5-4d58-9a90-40ea2b76ad71_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="263761" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Votaciones para el cambio de jornada escolar: un desahogo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3b5ea4a4-6fb5-4d58-9a90-40ea2b76ad71_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Colegios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Milei: lo sorprendente, lo normal y lo estrafalario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/milei-argentina-paso_132_10602874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a5a87333-cb4f-4245-b868-d8e2f4b8c0a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Milei: lo sorprendente, lo normal y lo estrafalario"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El resultado conseguido por Javier Milei en las primarias presidenciales de la Argentina ha sido una verdadera sorpresa. Un tercio del voto fue a parar a las filas de su partido, La Libertad Avanza. No obstante, el apoyo a Milei tiene mucho de ordinario. Aquí repasamos algunos de los factores estructurales que pueden ayudar a comprender semejante movimiento en el electorado</p></div><p class="article-text">
        El pasado 13 de agosto se celebraron en Argentina las elecciones primarias, abiertas, simult&aacute;neas y obligatorias (m&aacute;s conocidas por sus siglas, PASO), previas a la elecci&oacute;n presidencial del pr&oacute;ximo 22 de octubre. En estas primarias, el candidato m&aacute;s exc&eacute;ntrico, m&aacute;s radical, m&aacute;s <em>outsider</em> y m&aacute;s <em>antiestablishment</em> consigui&oacute; el primer puesto con un tercio del voto de los argentinos. Uno de cada tres electores que cumplieron con la obligaci&oacute;n de ir a votar lo hicieron por Javier Milei, &ldquo;el loco&rdquo;, &ldquo;el peluca&rdquo;, &ldquo;el le&oacute;n&rdquo;, candidato por el partido La Libertad Avanza (LLA), una alianza entre conservadores, liberales, libertarios y varias manifestaciones de la derecha y de la extrema derecha argentina.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que Javier Milei lleva a&ntilde;os disfrutando de una importante presencia medi&aacute;tica y siendo uno de los principales actores de la pol&iacute;tica argentina, su resultado en las PASO fue una verdadera sorpresa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo sorprendente: las encuestas, el contraste y los tres tercios.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ninguna de las encuestas colocaba a Javier Milei en el primer puesto. La mayor&iacute;a de ellas le daba una intenci&oacute;n de voto en torno al 15-17%. La sorpresa fue may&uacute;scula. Detr&aacute;s de la incapacidad de las encuestas para detectar el movimiento de placas tect&oacute;nicas en el electorado argentino puede que est&eacute;n un alto porcentaje de voto oculto -gente no dispuesta a declarar que apoyar&iacute;a a Milei-, y la creciente ca&iacute;da en la tasa de respuesta en las encuestas, presumiblemente por el hartazgo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico en el que llevan sumidos los argentinos desde hace muchos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Otro motivo que explica la sorpresa del resultado de LLA en las PASO es la mala <em>performance</em> de los candidatos apoyados por Milei en las elecciones provinciales (regionales), anteriores a las primarias presidenciales. La falta de despegue a nivel nacional de la fuerza pol&iacute;tica liderada por Milei invitaba a pensar que, a pesar de la popularidad de &ldquo;el le&oacute;n&rdquo;, su escasa fuerza organizativa podr&iacute;a hacer menguar el proyecto libertario. Pero llegadas las PASO Milei gana, queda primero, por encima del candidato oficial &ndash;Sergio Massa&ndash; y la candidata de la coalici&oacute;n opositora &ndash;Patricia Bullrich&ndash; en 16 de las 24 provincias argentinas, cosechando en algunos casos unos resultados sorprendentes.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los resultados de LLA supusieron el fin de la polarizaci&oacute;n &ldquo;bicoalicional&rdquo;.&nbsp; Pi&eacute;nsese que pr&aacute;cticamente desde 2007 nueve de cada diez votos en Argentina se repart&iacute;an entre dos fuerzas, el kirchnerismo y el anti-kirchnerismo. Tras las PASO, nueve de cada diez votos en Argentina se reparten entre <em>tres</em>. La sorpresa, la novedad, es el nuevo escenario de los tres tercios. Un tercio para el peronismo, otro tercio para la oposici&oacute;n -la coalici&oacute;n Juntos por el Cambio-, y otro tercio para Milei.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo normal: la crisis econ&oacute;mica, el fracaso de la alternancia y la batalla cultural.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como ha pasado con la victoria de Trump en EEUU, de Bolsonaro en Brasil o del Brexit en Reino Unido, lo sorprendente resulta tener algo ordinario. Que Milei haya cosechado m&aacute;s de 7,3 millones de votos de 35,4 millones de electores no puede ser el resultado de una locura colectiva, sino m&aacute;s bien una manifestaci&oacute;n de un cambio social m&aacute;s profundo.
    </p><p class="article-text">
        Teniendo en cuenta otras experiencias en donde partidos populistas, de extrema derecha o de la izquierda radical han encontrado un caldo de cultivo para surgir y crecer, podr&iacute;amos identificar algunos factores estructurales que nos ayudan a comprender lo ordinario, lo normal, lo <em>no</em> sorpresivo en el voto a Milei.
    </p><p class="article-text">
        El primer factor es el contexto econ&oacute;mico de la Argentina. Desbordar&iacute;a este espacio realizar una descripci&oacute;n detallada sobre el deterioro macro y microecon&oacute;mico del pa&iacute;s en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Pero para muestra un bot&oacute;n. Aproximadamente, en los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os, entre el 2012 y el 2022, el PIB creci&oacute; en promedio s&oacute;lo un 0.3%, la poblaci&oacute;n viviendo por debajo de la l&iacute;nea de la pobreza pas&oacute; del 29% al 44%, el salario real (privado) cay&oacute; un 18%, y la inflaci&oacute;n acumulada durante casi una d&eacute;cada fue de un 560%. Quinientos sesenta por ciento. El 2023 lleva una inflaci&oacute;n anual acumulada de 140 puntos. Un pa&iacute;s en donde, seg&uacute;n la OIT, la econom&iacute;a informal alcanza a m&aacute;s del 40% de la poblaci&oacute;n ocupada, esto es, sin derechos laborales ni protecci&oacute;n social. La situaci&oacute;n econ&oacute;mica, pues, se ha convertido en la variable m&aacute;s destacada para explicar un voto anti-gobierno (Massa es el actual Ministro de Econom&iacute;a) pero tambi&eacute;n anti-oposici&oacute;n, puesto que la administraci&oacute;n de Mauricio Macri (l&iacute;der de Juntos por el Cambio), entre 2015 y 2019, no cumpli&oacute; con las expectativas de revertir la situaci&oacute;n econ&oacute;mica -en particular el problema estructural de la inflaci&oacute;n- e increment&oacute; de manera significativa el endeudamiento exterior gracias a un acuerdo con el FMI envuelto en presuntas pr&aacute;cticas corruptas (v&eacute;ase FMIgate).
    </p><p class="article-text">
        La segunda corriente de fondo que nos ayuda a comprender el aluvi&oacute;n de apoyo electoral a un candidato antiestablisment y <em>outsider </em>como es el caso de Milei reside en un factor pol&iacute;tico: el fracaso de la alternancia. Desde el primer gobierno de Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner y el conflicto con el campo en el 2008, gran parte de la pol&iacute;tica argentina se entiende por una din&aacute;mica de polarizaci&oacute;n, por el binomio kirchnerismo-antikirchnerismo. De hecho, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas los proyectos entorno al kirchnerismo y a su oposici&oacute;n han cristalizado como las &uacute;nicas alternativas de gobierno viables. Tanto es as&iacute; que el pa&iacute;s vivi&oacute; con normalidad democr&aacute;tica la alternancia de gobiernos de diferente signo. Los de Cristina Fern&aacute;ndez de Kirchner, primero, el de Mauricio Macri despu&eacute;s, y, finalmente, el de Alberto Fern&aacute;ndez, perteneciente al espacio del kirchnerismo.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la alternancia entre las dos principales corrientes pol&iacute;ticas no ha conseguido proporcionar soluciones duraderas a los problemas estructurales del pa&iacute;s. Y a&uacute;n m&aacute;s, cada una de estas administraciones, no ha sido capaz de mostrarse inmune a la corrupci&oacute;n que engrasa gran parte del sistema pol&iacute;tico y econ&oacute;mico del pa&iacute;s. Por tanto, a pesar de los avances que cada gobierno pueda presentar como activos ante la ciudadan&iacute;a, es normal, entra dentro de lo ordinario, que buena parte del electorado no quiera apoyar a ninguna de las dos coaliciones y busque alternativas fuera de ellas. 
    </p><p class="article-text">
        Como sucedi&oacute; en Espa&ntilde;a en 2014-2015 con Pablo Iglesias, Milei, en Argentina, se erigi&oacute; como el portavoz de la lucha contra la casta, contra la clase pol&iacute;tica, contra los partidos tradicionales. Como en Espa&ntilde;a, el suelo era f&eacute;rtil para que la semilla de la indignaci&oacute;n creciese y par que, r&aacute;pidamente, Milei saltar&aacute; de los plat&oacute;s televisivos a la pol&iacute;tica institucional. Con el contexto de crisis econ&oacute;mica permanente y el ahogamiento de las alternativas pol&iacute;ticas, no es descabellado pensar que Milei haya representado en las PASO el estado de &aacute;nimo de muchos ciudadanos argentinos. Hay que recordar que su apoyo electoral proviene de diferentes sectores sociales. Ricos, pobres y clase media escogieron la papeleta de LLA. En las PASO <a href="https://www.lanacion.com.ar/sociedad/quien-eligio-a-milei-el-analisis-economico-del-voto-libertario-y-el-grafico-revelador-que-implosiono-nid07092023/#/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el voto a Milei fue transversal</a>.
    </p><p class="article-text">
        Pero Milei no es s&oacute;lo un grito contra la clase pol&iacute;tica de los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, sino tambi&eacute;n una amalgama de propuestas extravagantes, pol&iacute;ticamente inviables y con una clara orientaci&oacute;n ideol&oacute;gica de extrema derecha. Que su candidatura haya conseguido tantos votos, pues, tambi&eacute;n se explica por algo que ya ha dejado de ser extraordinario: el crecimiento y la normalizaci&oacute;n de los discursos de extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el tercer factor estructural que nos permite comprender lo ordinario de los resultados de las PASO es la batalla cultural, que tambi&eacute;n se libra en la Argentina. Milei se subi&oacute; al barco de la <em>alt-right</em> con discursos en contra del feminismo, del cambio clim&aacute;tico y de la izquierda <em>woke</em> que, en clave local, lo llevaron a posiciones negacionistas sobre los desaparecidos de la &uacute;ltima dictadura militar. Durante la crisis del COVID-19 se enfrent&oacute; a las restricciones sanitarias y aprovech&oacute; el incumplimiento de las mismas por el propio Presidente de la Naci&oacute;n para ahondar en su discurso contra los privilegios de los pol&iacute;ticos. Algunos datos parecen indicar que este discurso reaccionario ha encontrado apoyo particularmente en el electorado m&aacute;s joven, generaciones a la que la estela setentista del kirchnerismo o la &eacute;pica de N&eacute;stor Kirchner tras la crisis del &ldquo;que se vayan todos&rdquo; en el 2001 les queda muy lejos, o no los moviliza. Hoy el 50% del electorado argentino tiene entre 16 y 35 a&ntilde;os y &ldquo;el peluca&rdquo; es el pol&iacute;tico con mayor presencia en las redes sociales. Es viral en todos los sentidos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo estrafalario</strong>
    </p><p class="article-text">
        Javier Mieli es sin duda un pol&iacute;tico raro. Por el fondo y por la forma. Su programa &ndash;el fondo&ndash; est&aacute; repleto de propuestas pol&iacute;ticamente inviables. La eliminaci&oacute;n del Banco Central, la dolarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, un dr&aacute;stico achicamiento del Estado, la eliminaci&oacute;n de gran parte de la pol&iacute;tica asistencial, etc. No hay suficiente espacio para detallar la compleja mara&ntilde;a de alianzas y apoyos necesarios para cambiar radicalmente el statu quo, sobre todo sin una considerable fuerza propia en el Congreso. Algunas de estas propuestas han sido y est&aacute;n siendo debatidas durante la campa&ntilde;a electoral, pero es posible que eso ya no tenga mucha importancia, puesto que el electorado ya descuenta las locuras del &ldquo;loco&rdquo;. El apoyo de Milei, especulo, no viene por sus ideas, sino por ser el candidato en contra de los de siempre. El candidatos indignado y enfurecido, como la mayor&iacute;a de los argentinos.
    </p><p class="article-text">
        En las formas, Milei ha encontrado gran parte de su tir&oacute;n electoral. Es irreverente, pol&iacute;ticamente incorrecto, grita, utiliza palabrotas en sus intervenciones, va despeinado (&eacute;l dice que lo peina la mano invisible del mercado), defiende ideas poco convencionales, y, seg&uacute;n se puede derivar de muchos relatos period&iacute;sticos, es una persona mentalmente inestable. Su biograf&iacute;a est&aacute; llena de historias grotescas que van desde que habla con Dios (Maradona no, el otro), que se comunica a trav&eacute;s de una m&eacute;dium con su perro muerto (al que clon&oacute; y se trajo 10 copias desde EEUU), o que su hermana, inseparable compa&ntilde;era, es una especie de Mois&eacute;s. Pero lo importante aqu&iacute; es su estilo emocional con el que puede que una parte importante de la sociedad argentina haya conectado. No ser&iacute;a la primera vez que el carisma moviliza masas, ni en Argentina ni en otras latitudes.
    </p><p class="article-text">
        El pr&oacute;ximo domingo veremos en qu&eacute; medida se confirman gran parte de estas especulaciones. Puede que las PASO hayan sido una mera advertencia, un mensaje hacia la clase pol&iacute;tica tradicional; o puede que las PASO hayan sido un verdadero term&oacute;metro que, hace s&oacute;lo dos meses, registraron un nivel de calentamiento muy cercano del estallido. Pronto saldremos de dudas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/milei-argentina-paso_132_10602874.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Oct 2023 04:00:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a5a87333-cb4f-4245-b868-d8e2f4b8c0a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="151460" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a5a87333-cb4f-4245-b868-d8e2f4b8c0a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="151460" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Milei: lo sorprendente, lo normal y lo estrafalario]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a5a87333-cb4f-4245-b868-d8e2f4b8c0a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ciclo electoral del gasto en los municipios de la Comunidad de Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ciclo-electoral-gasto-municipios-comunidad-madrid_132_10234046.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e88357aa-a244-48a8-97b1-04358cf8e310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ciclo electoral del gasto en los municipios de la Comunidad de Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En contra de los discursos en torno a las políticas de gasto público que solemos asumir de los partidos conservadores y progresistas, el PP no gasta menos que el PSOE y, además, abre especialmente el grifo de las arcas municipales los años previos a las elecciones


</p></div><p class="article-text">
        En pocos d&iacute;as se celebrar&aacute;n las elecciones municipales en toda Espa&ntilde;a. M&aacute;s de ocho mil ayuntamientos renovar&aacute;n a sus representantes pol&iacute;ticos locales tras conocer el veredicto de las urnas. En Piedras de papel siempre hemos querido acercar algunos de los debates, hallazgos o hip&oacute;tesis del mundo acad&eacute;mico a las cuestiones de actualidad, y esta es una excelente oportunidad para volver a hablar del fen&oacute;meno de los ciclos econ&oacute;micos pol&iacute;ticos (<em>political business cycles </em>en ingl&eacute;s).
    </p><p class="article-text">
        En pocas palabras, estos ciclos reflejan un patr&oacute;n de comportamiento por parte de los gobiernos en t&eacute;rminos de impuestos, gasto, endeudamiento u otras muchas pol&iacute;ticas que acomodan su aplicaci&oacute;n a los tiempos del ciclo electoral. Por ejemplo, una rebaja fiscal, un aumento de subvenciones, un incremento de plazas de funcionarios p&uacute;blicos, la puesta en marcha o inauguraci&oacute;n de obras (parques, carreteras, colegios), todas en un per&iacute;odo cerca a la cita electoral. Como es l&oacute;gico, este comportamiento estrat&eacute;gico tiene como objetivo maximizar la probabilidad de ganar elecciones a cualquier nivel de gobierno (sea local, regional/auton&oacute;mico o estatal) intentando manipular la sensaci&oacute;n de bienestar social y econ&oacute;mico en el contexto que se produce.
    </p><p class="article-text">
        En lo que respecta a los gobiernos locales, intuitivamente podemos pensar en actuaciones de importante calado, como la inauguraci&oacute;n de grandes obras p&uacute;blicas, pero tambi&eacute;n en acciones con menos brillo, como la inauguraci&oacute;n de una rotonda. Lo cierto es que existe una extensa literatura que ofrece evidencia sobre c&oacute;mo los gobiernos locales en Espa&ntilde;a y en el resto del mundo hacen un claro uso estrat&eacute;gico de los tiempos en sus pol&iacute;ticas para maximizar la reelecci&oacute;n. S&oacute;lo mencionar&eacute; dos referencias para los m&aacute;s curiosos. La primera es el trabajo de <a href="https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/03003930.2012.683861" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bastida, Beyaert y Benito (2013)</a> en donde, utilizando datos de 238 municipios espa&ntilde;oles entre 1992 y 2005, muestran que el nivel de endeudamiento aumenta a medida que se aceran las elecciones locales, particularmente en los ayuntamientos m&aacute;s ricos y en las entidades locales sin mayor&iacute;a absoluta. La segunda, en un post en este mismo blog, firmado por <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/haremos-dieta-despues-elecciones_132_2109366.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pablo Fern&aacute;ndez V&aacute;zquez</a>, en el que muestra, con datos para el conjunto de los m&aacute;s de ocho mil municipios de nuestro territorio entre 1999 y 2014, c&oacute;mo los gobiernos municipales act&uacute;an sobre la pol&iacute;tica fiscal para intentar asegurarse su supervivencia en el cargo.
    </p><p class="article-text">
        En este post, contribuiremos a a&ntilde;adir algo de evidencia extendiendo los datos a la cita electoral que nos espera a la vuelta de la esquina, concentr&aacute;ndonos en los ayuntamientos de la Comunidad de Madrid. En esta ocasi&oacute;n, utilizando datos del Ministerio de Hacienda y Funci&oacute;n P&uacute;blica para el per&iacute;odo 2010-2022, contrastaremos el Gasto Total presupuestado de las Entidades Locales en los a&ntilde;os preelectorales vs. los a&ntilde;os <em>no</em> preelectorales. Analizaremos el gasto presupuestado en vez del liquidado para, justamente, poder extender el an&aacute;lisis al &uacute;ltimo a&ntilde;o preelectoral, es decir, 2022, para el cu&aacute;l a&uacute;n no hay datos de liquidaciones. Asimismo, exploraremos las diferencias entre partidos pol&iacute;ticos a la hora de hacer uso del ciclo electoral presupuestario. Para ello dividiremos las entidades locales entre las gobernadas por el PP (57%), el PSOE (23%), IU/Podemos (o candidaturas afines como Ahora Madrid, por ejemplo) (3%), Ciudadanos (2%) y candidaturas independientes (15%). Cuando un municipio ha tenido m&aacute;s de un alcalde/alcaldesa de diferentes partidos en una misma legislatura nos hemos quedado con el partido que ha gobernado durante el a&ntilde;o preelectoral. Y para controlar los posibles efectos del tama&ntilde;o de los municipios dividiremos el gasto total por su n&uacute;mero de habitantes, resultando ser la variable objeto de estudio el gasto total de euros<em> per c&aacute;pita, </em>aunque nos referiremos a esta medida como gasto en euros.
    </p><p class="article-text">
        Para hacernos una idea de la magnitud de lo que estamos hablando, es &uacute;til saber que el gasto medio en nuestra base de datos es aproximadamente 1.400 euros por habitante, con una amplia desviaci&oacute;n est&aacute;ndar (1.250 euros), y que un ayuntamiento en la mediana de la distribuci&oacute;n gasta 1.000 euros. El primer signo de que existe un mayor nivel de gasto cuando se acerca el momento de votar a nuestros representantes locales lo vemos comparando la media del gasto en los a&ntilde;os preelectorales de los municipios madrile&ntilde;os (2010, 2014, 2018 y 2022) con los a&ntilde;os <em>no </em>preelectorales (2012, 2013, 2016, 2017, 2020 y 2021; aqu&iacute; no se incluyen los a&ntilde;os electorales). Para los primeros, el gasto medio<em> per c&aacute;pita</em> es de 1.455 euros, mientras que para los otros es de 1.355 euros, es decir, 100 euros por habitante menos. Esto supone un 10% del gasto medio.
    </p><p class="article-text">
        Como podemos ver en el gr&aacute;fico 1, algunos partidos ya exhiben, en t&eacute;rminos de media, algunas diferencias de gasto en relaci&oacute;n al ciclo electoral. Casi todos los partidos gastan m&aacute;s en a&ntilde;os preelectorales que en a&ntilde;os <em>no </em>preelectorales. El PP y el PSOE no muestran grandes diferencias entre estos dos per&iacute;odos (el primero s&oacute;lo gasta de media 23 euros m&aacute;s, mientras que el segundo 81 euros m&aacute;s), pero s&iacute; los ayuntamientos bajo el mando de candidaturas independientes (435 euros m&aacute;s el a&ntilde;o anterior a las elecciones) y las gobernadas por los partidos a la izquierda del PSOE (203 euros m&aacute;s). La excepci&oacute;n son los ayuntamientos gobernados por Ciudadanos que, en contra, gastan 200 euros <em>per c&aacute;pita</em> <em>menos</em> el a&ntilde;o anterior a las elecciones. No obstante, este contraste de medias no deja de ser una prueba estad&iacute;stica de trazo grueso y s&oacute;lo refleja diferencias estad&iacute;sticamente significativas para el caso de las candidaturas independientes tras realizar un test de medias. Para explorar con m&aacute;s cuidado el efecto de los ciclos electorales y sus diferencias por partidos, realizaremos un an&aacute;lisis de regresi&oacute;n en donde podemos controlar la potencial influencia de las particularidades de cada municipio (efectos fijos) y de las tendencias temporales.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/43c7846c-f225-4d42-b6df-ced94ba16e3d_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/43c7846c-f225-4d42-b6df-ced94ba16e3d_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/43c7846c-f225-4d42-b6df-ced94ba16e3d_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/43c7846c-f225-4d42-b6df-ced94ba16e3d_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/43c7846c-f225-4d42-b6df-ced94ba16e3d_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/43c7846c-f225-4d42-b6df-ced94ba16e3d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/43c7846c-f225-4d42-b6df-ced94ba16e3d_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Dicho an&aacute;lisis muestra, en primer lugar, que los a&ntilde;os preelectorales, en contraste con los a&ntilde;os <em>no</em> preelectorales, tienen un efecto en el gasto total de 114 euros por habitante (algo superior a nuestro mero test de medias). El gr&aacute;fico 2 muestra el efecto del a&ntilde;o preelectoral cuando lo interactuamos con los diferentes partidos en el gobierno local. Explorando la variaci&oacute;n dentro de cada municipio y controlando por el factor tiempo asociado a los diferentes contextos de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola, ahora podemos ver que, de nuevo, todos los partidos -con la excepci&oacute;n de Ciudadanos- aumentan el gasto de las entidades locales el a&ntilde;o anterior a las elecciones. El PP gasta aproximadamente 100 euros m&aacute;s, el PSOE 70 euros m&aacute;s, las candidaturas independientes 260 euros m&aacute;s y los gobiernos de Izquierda Unida/Podemos 190 euros m&aacute;s. Los ayuntamientos gobernados por Ciudadanos, a contracorriente, gastan 180 euros por habitante menos en los a&ntilde;os previos a las elecciones municipales. Estas diferencias, no obstante, son particularmente significativas desde el punto de vista estad&iacute;stico s&oacute;lo para el PP y para las candidaturas independientes. En el caso de los gobiernos de IU/Podemos y Ciudadanos puede que no encontremos significatividad estad&iacute;stica debido al bajo n&uacute;mero de observaciones (conjuntamente s&oacute;lo representan el 5% de los gobiernos municipales).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1df2d4-f2b6-4462-b401-3a13fa8a6602_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1df2d4-f2b6-4462-b401-3a13fa8a6602_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1df2d4-f2b6-4462-b401-3a13fa8a6602_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1df2d4-f2b6-4462-b401-3a13fa8a6602_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1df2d4-f2b6-4462-b401-3a13fa8a6602_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1df2d4-f2b6-4462-b401-3a13fa8a6602_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1e1df2d4-f2b6-4462-b401-3a13fa8a6602_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Sobre la base de estos resultados podemos realizar tres apuntes acerca del ciclo electoral del gasto en los municipios de la Comunidad de Madrid. El primero, y m&aacute;s obvio, es que incrementar el gasto en a&ntilde;os preelectorales es una pr&aacute;ctica extendida pr&aacute;cticamente sin distinci&oacute;n partidista. Gobernar y manipular los tiempos de la acci&oacute;n pol&iacute;tica parece natural al propio ejercicio del poder. Esta cuesti&oacute;n -como lo ha venido haciendo la literatura de los ciclos econ&oacute;micos del cr&eacute;dito- abre el debate sobre la conveniencia de alg&uacute;n tipo de regulaci&oacute;n cuando este ejercicio de oportunismo presupuestario menoscaba la solvencia de nuestras cuentas p&uacute;blicas. Se trata algo complejo de dilucidar, pero, no por nada, existe la prohibici&oacute;n de actos de inauguraci&oacute;n, as&iacute; como de campa&ntilde;as institucionales una vez que se convocan las elecciones. El segundo apunte es que en contra de los discursos en torno a las pol&iacute;ticas de gasto p&uacute;blico que solemos asumir de los partidos conservadores y progresistas -y en concreto de las dos principales formaciones de nuestro sistema de partidos- encontramos que el partido de la derecha con mayor representaci&oacute;n en la Comunidad de Madrid, el PP, no gasta menos que el PSOE, y que adem&aacute;s abre especialmente el grifo de las arcas municipales los a&ntilde;os previos a las elecciones. En tercer lugar, las candidaturas independientes -generalmente centradas en plataformas locales, con un discurso anti-partidos tradicionales- no escapan a las din&aacute;micas oportunistas del ejercicio del poder. Este resultado es bastante interesante puesto que es sorprendente como con un relativo bajo n&uacute;mero de observaciones podemos capturar un efecto positivo, de magnitud relevante y estad&iacute;sticamente significativo cuando contrastamos su patr&oacute;n de gasto en a&ntilde;os preelectorales con otros a&ntilde;os. Sin ser conocedor de este mundo -seguramente- heterog&eacute;neo de candidaturas independientes, solo puedo aportar una serie de preguntas a modo de hip&oacute;tesis. &iquest;Son aquellas formaciones sin una marca fuerte -partidos reconocibles- las que m&aacute;s necesitan utilizar el instrumento del gasto para ser competitivas en las contiendas electorales? &iquest;Son m&aacute;s proclives al ciclo electoral del gasto debido a que se tratan de candidaturas m&aacute;s clientelares o con liderazgos m&aacute;s personalistas? Ideas para reflexionar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ciclo-electoral-gasto-municipios-comunidad-madrid_132_10234046.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 May 2023 04:01:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e88357aa-a244-48a8-97b1-04358cf8e310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1430709" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e88357aa-a244-48a8-97b1-04358cf8e310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1430709" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El ciclo electoral del gasto en los municipios de la Comunidad de Madrid]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e88357aa-a244-48a8-97b1-04358cf8e310_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Nuestros” expertos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/expertos_132_9975585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/48a5b37f-7091-4185-a6fb-836a62e851a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Nuestros” expertos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En España, la gente adora a los expertos. Eso sí, les atribuye un posible sesgo ideológico. La percepción de sesgo es mayor entre las personas de derechas, si bien eso no disminuye la popularidad de los mismos entre este electorado, más bien al contrario</p></div><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a la gente adora a los expertos. Es un hecho que en todas las encuestas en las que se les pregunta a los espa&ntilde;oles sobre el papel de los expertos en pol&iacute;tica, estos &uacute;ltimos siempre salen muy favorecidos en la foto. Junto a otros colegas, hemos documentado en diferentes investigaciones altos &iacute;ndices de actitudes tecnocr&aacute;ticas en Espa&ntilde;a, en t&eacute;rminos comparados (<a href="https://doi.org/10.1017/S1755773917000108" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), en el contexto de la pandemia (<a href="https://doi.org/10.1111/1475-6765.12491" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), o incluso cuando se trata de expertos con afiliaci&oacute;n partidista (<a href="https://doi.org/10.1080/01402382.2020.1778917" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). No obstante, esta visi&oacute;n positiva sobre los expertos no siempre implica que la gente prefiera que dejen de gobernarnos los pol&iacute;ticos, sino una mayor presencia de personas con conocimiento t&eacute;cnico en la elaboraci&oacute;n e implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas, aunque subordinadas al poder representativo (v&eacute;ase <span class="highlight" style="--color:white;">Ernesto Ganuza y otros para el caso de Espa&ntilde;a (</span><a href="https://recyt.fecyt.es/index.php/RevEsPol/article/view/58877" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>) o<span class="highlight" style="--color:white;"> Eri Bertsou para evidencia comparada (</span><a href="https://doi.org/10.1111/1475-6765.12448" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a><span class="highlight" style="--color:white;">)).</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La semana pasada, este amor de los espa&ntilde;oles por los expertos choc&oacute; frontalmente con la renuncia de Antonio Cabrales, reconocido experto y catedr&aacute;tico en econom&iacute;a, como consejero del Banco de Espa&ntilde;a, solo unas horas despu&eacute;s de haber asumido el cargo a propuesta del Partido Popular. Cabrales, sin afiliaci&oacute;n partidista y repleto de m&eacute;ritos para ocupar el puesto en cuesti&oacute;n, decidi&oacute; dar un paso al costado al ser cuestionada su val&iacute;a como consejero por haber suscrito con su firma mensajes de apoyo a Clara Ponsat&iacute; y Andreu Mas-Colell en relaci&oacute;n a sus implicaciones con el refer&eacute;ndum de independencia en Catalu&ntilde;a en octubre de 2017.&nbsp;Seg&uacute;n fuentes period&iacute;sticas, las presiones para revertir el nombramiento de Cabrales parecen haber venido del propio Partido Popular, que, a trav&eacute;s de N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o, valor&oacute; como &ldquo;correcta&rdquo; dicha renuncia al ser las manifestaciones de Cabrales &ldquo;incompatibles con formar parte de un organismo del Estado&rdquo;.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El objetivo de esta entrada no es discutir, desde un punto de vista normativo, si aquellas manifestaciones de apoyo son realmente incompatibles con un buen desempe&ntilde;o del cargo de consejero del Banco de Espa&ntilde;a. Ya han aparecido varias editoriales y columnas reflexionando sobre esta cuesti&oacute;n y no creo que mi opini&oacute;n aporte algo nuevo. No obstante, s&iacute; quiero recoger uno de los argumentos que se han esgrimido para explicar lo que ha sucedido en el &ldquo;caso Cabrales&rdquo;, esto es, la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica. La idea central es que un perfil tan prestigioso y adecuado desde un punto de vista t&eacute;cnico, como el del catedr&aacute;tico de la Carlos III, ha sido desechado debido al clima de tensi&oacute;n pol&iacute;tica en el que est&aacute; sumida Espa&ntilde;a. En este sentido, es curioso que el foco haya estado puesto m&aacute;s en el nombramiento de Cabrales que en el de la consejera propuesta por el PSOE, Judith Arenal, quien a pesar de tambi&eacute;n contar con reconocibles m&eacute;ritos s&iacute; podr&iacute;a ser considerado como un nombramiento m&aacute;s politizado, dado que Arnal fue exjefa de gabinete de Nadia Calvi&ntilde;o en el Ministerio de Asuntos Econ&oacute;micos. Mi intenci&oacute;n es analizar de manera descriptiva si existe dicha polarizaci&oacute;n sobre el papel de los expertos desde el lado de la demanda, es decir desde la opini&oacute;n de los ciudadanos.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Aprovechando la generaci&oacute;n de datos de encuesta</span><sup><span class="highlight" style="--color:white;">[1]</span></sup><span class="highlight" style="--color:white;"> sobre actitudes tecnocr&aacute;ticas en Espa&ntilde;a como parte del proyecto CSO2017-89847-P del Plan Nacional de I+D+i, describir&eacute;, diferenciando por ideolog&iacute;a</span><sup><span class="highlight" style="--color:white;">[2]</span></sup><span class="highlight" style="--color:white;">, 1) en qu&eacute; profesiones piensan los espa&ntilde;oles cuando se les pregunta sobre expertos, 2) en qu&eacute; &aacute;reas creen que deber&iacute;a haber m&aacute;s presencia de expertos, y 3) si creen que &eacute;stos toman o no decisiones ideol&oacute;gicas cuando </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>no</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> tienen una afiliaci&oacute;n partidista.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En relaci&oacute;n a la primera cuesti&oacute;n, el </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>gr&aacute;fico 1</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> muestra las respuestas de los encuestados cuando se les pregunta con qu&eacute; profesiones asocian la idea de &ldquo;expertos&rdquo; de una lista de posibles oficios. La altura de las barras indica el porcentaje de encuestados que se&ntilde;alan a cada una de las profesiones como oficios asociados a expertos. Los economistas, cient&iacute;ficos y m&eacute;dicos son en general las profesiones m&aacute;s marcadas por los encuestados. Coinciden los tres grupos ideol&oacute;gicos en la frecuencia en la que se apunta a los economistas, aproximadamente un 50%; pero hay diferencias entre el centro y la derecha en relaci&oacute;n a la izquierda en cuanto a los cient&iacute;ficos y a los m&eacute;dicos. Los dos primeros grupos ideol&oacute;gicos apuntan estos dos oficios como referentes de &ldquo;expertos&rdquo; en un 65% y 47% de los casos respectivamente, mientras los encuestados de izquierdas lo hacen en mayor medida, un 75% para el caso de los cient&iacute;ficos y 54% para el caso de los m&eacute;dicos. En lo que se refiere a las otras profesiones, las respuestas de los ciudadanos de centro y de izquierdas se parecen m&aacute;s entre s&iacute;, y existen algunas diferencias destacables con los encuestados de derechas. Por ejemplo, mientras que un 26% de los conservadores indican que piensan en empresarios cuando hablamos de expertos, en el caso de los encuestados de izquierdas este porcentaje solo llega al 12%. En la derecha, s&oacute;lo un 32% considera como expertos a los profesores universitarios, mientras que en la izquierda son casi 10 puntos porcentuales m&aacute;s, un 42%. Un &uacute;ltimo contraste relevante aparece en relaci&oacute;n a las personas del mundo de la cultura: mientras que s&oacute;lo un 13% de los encuestados de derechas piensan en &eacute;stas como expertos, en la izquierda el porcentaje es de 21%. Algunas de estas diferencias son m&aacute;s llamativas que otras, sobre todo si las enfrentamos a la intuici&oacute;n. Que la derecha asocie la idea de expertos algo m&aacute;s a los empresarios y los de izquierdas al mundo de la cultura o profesores universitarios no es del todo sorprendente. Pero que el porcentaje de encuestados de izquierda se&ntilde;ale en mayor medida a cient&iacute;ficos y a m&eacute;dicos s&iacute; lo es. Tambi&eacute;n el que no haya diferencias rese&ntilde;ables respecto a los economistas, un colectivo en ocasiones visto con cierta suspicacia en el &aacute;mbito de la izquierda.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf28c719-ff7c-4903-8b6a-568d0ae5508e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf28c719-ff7c-4903-8b6a-568d0ae5508e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf28c719-ff7c-4903-8b6a-568d0ae5508e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf28c719-ff7c-4903-8b6a-568d0ae5508e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf28c719-ff7c-4903-8b6a-568d0ae5508e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf28c719-ff7c-4903-8b6a-568d0ae5508e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cf28c719-ff7c-4903-8b6a-568d0ae5508e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">El </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>gr&aacute;fico 2</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> describe cu&aacute;les son las &aacute;reas en donde los encuestados consideran que deber&iacute;a haber una mayor presencia de expertos, independientemente de su valoraci&oacute;n sobre el papel que deben tener &eacute;stos en pol&iacute;tica. En t&eacute;rminos generales, en la mayor&iacute;a de &aacute;reas se ve con buenos ojos el aumento de la participaci&oacute;n de actores con conocimiento experto, aunque los porcentajes por &aacute;reas muestran cierta variaci&oacute;n. En media, sanidad (60%), educaci&oacute;n (52%), econom&iacute;a y empresa junto a justicia (50%) son las &aacute;reas en donde se identifica una mayor demanda de expertos por parte de los encuestados. Si nos concentramos en las diferencias entre los dos polos ideol&oacute;gicos, izquierda y derecha, podemos identificar un buen n&uacute;mero de divergencias. En las &aacute;reas de educaci&oacute;n, sanidad y ciencia la diferencia porcentual entre la izquierda y la derecha est&aacute; en torno a los 10 puntos porcentuales. Una mayor proporci&oacute;n de encuestados de izquierdas cree que ser&iacute;a deseable contar con una mayor presencia de saber t&eacute;cnico en estas &aacute;reas en comparaci&oacute;n con los ciudadanos que se autoposicionan en la derecha de la escala ideol&oacute;gica. Est&aacute;s diferencias son a&uacute;n mayores, cerca de 15 puntos porcentuales, para las &aacute;reas de cultura, pol&iacute;ticas sociales y medio ambiente. De nuevo, estos descriptivos llaman la atenci&oacute;n en algunos aspectos m&aacute;s que en otros, pues en algunos casos &eacute;stos pueden simplemente reflejar la importancia que cada grupo de encuestados les da a unas &aacute;reas frente a otras.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fee7cd4-b42d-4e8e-9a04-0117741d5b03_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fee7cd4-b42d-4e8e-9a04-0117741d5b03_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fee7cd4-b42d-4e8e-9a04-0117741d5b03_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fee7cd4-b42d-4e8e-9a04-0117741d5b03_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fee7cd4-b42d-4e8e-9a04-0117741d5b03_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1fee7cd4-b42d-4e8e-9a04-0117741d5b03_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1fee7cd4-b42d-4e8e-9a04-0117741d5b03_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La siguiente cuesti&oacute;n a explorar es la valoraci&oacute;n que hacen los encuestados sobre el sesgo ideol&oacute;gico de los expertos. En concreto se les ha pedido que piensen en expertos </span><span class="highlight" style="--color:white;"><em>sin</em></span><span class="highlight" style="--color:white;"> afiliaci&oacute;n partidista involucrados en la toma de decisiones pol&iacute;ticas para, a continuaci&oacute;n, evaluar en una escala de 0 a 10 su potencial sesgo ideol&oacute;gico, siendo 0 que toman las decisiones con absoluta neutralidad ideol&oacute;gica y 10 que toman decisiones totalmente gobernadas por su ideolog&iacute;a. La media de esta pregunta, para toda la muestra, es de 5.4. Es decir, que, en t&eacute;rmino medio, los espa&ntilde;oles consideran que los expertos independientes est&aacute;n a medio camino de ser absolutamente neutrales y absolutamente ideol&oacute;gicos.&nbsp;El </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>gr&aacute;fico 3</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> muestra, sin embargo, la desviaci&oacute;n de la media en funci&oacute;n de los tres grupos ideol&oacute;gicos (barras naranjas). Aqu&iacute; vemos que, aunque la magnitud de las desviaciones no es muy larga, la izquierda tiende a creer que los expertos toman decisiones un poco m&aacute;s cerca a la neutralidad que la derecha o, dicho de otro modo, que la derecha cree que los expertos sin afiliaci&oacute;n partidista toman decisiones orientadas en mayor medida por su ideolog&iacute;a. Este resultado s&iacute; que es llamativo, o al menos va en contra de la intuici&oacute;n. En primer lugar, podr&iacute;amos haber especulado que tanto los encuestados de izquierdas y de derechas, en un clima de polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica, considerar&iacute;an a los expertos actores ideologizados. En segundo lugar, y en l&iacute;nea con los hallazgos de los estudios sobre actitudes tecnocr&aacute;ticas, podr&iacute;amos haber esperado que son los encuestados de derechas (que normalmente muestran una mayor propensi&oacute;n a la participaci&oacute;n de expertos en pol&iacute;tica) los que tienen una mayor concepci&oacute;n de neutralidad ideol&oacute;gica sobre los profesionales con saber t&eacute;cnico y especializado. Pero, como reflejan al menos estos datos, no es el caso. Las barras verdes que aparecen tambi&eacute;n en el </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>gr&aacute;fico 3 </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">muestran la desviaci&oacute;n de la media de lo que podr&iacute;amos llamar un &iacute;ndice de &ldquo;demanda de expertos&rdquo; construido a partir de cinco preguntas sobre la idoneidad de la participaci&oacute;n de expertos en pol&iacute;tica.</span><sup><span class="highlight" style="--color:white;">[3]</span></sup><span class="highlight" style="--color:white;"> Como se&ntilde;alaba un poco m&aacute;s arriba, efectivamente los ciudadanos de derecha prefieren por encima de la media a los expertos en comparaci&oacute;n con los ciudadanos de izquierdas.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/390d7d5f-2843-4cc5-a1ff-30c048fc117f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/390d7d5f-2843-4cc5-a1ff-30c048fc117f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/390d7d5f-2843-4cc5-a1ff-30c048fc117f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/390d7d5f-2843-4cc5-a1ff-30c048fc117f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/390d7d5f-2843-4cc5-a1ff-30c048fc117f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/390d7d5f-2843-4cc5-a1ff-30c048fc117f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/390d7d5f-2843-4cc5-a1ff-30c048fc117f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 3"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 3                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Por tanto, vemos aqu&iacute; un resultado algo llamativo: a pesar de que los espa&ntilde;oles partimos de altos niveles de apoyo hacia los expertos, en la izquierda este apoyo es menor que en la derecha, pero la derecha considera que los expertos son m&aacute;s ideol&oacute;gicos que el resto. Para comprobar si estas diferencias son significativas o mero ruido estad&iacute;stico, he realizado un an&aacute;lisis de regresi&oacute;n multivariable para estimar la asociaci&oacute;n entre ideolog&iacute;a con, por un lado, la evaluaci&oacute;n del sesgo ideol&oacute;gico de los expertos y, por otro, la demanda de expertos, controlando por el posible efecto de otras variables como el g&eacute;nero, la edad, el nivel educativo, la situaci&oacute;n laboral, la evaluaci&oacute;n de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica personal y general, el nivel de confianza hacia los partidos y el nivel de satisfacci&oacute;n con la democracia de los encuestados. El </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>gr&aacute;fico 4</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;"> muestra los coeficientes de asociaci&oacute;n para la variable de nuestro inter&eacute;s (ideolog&iacute;a), indicando si sus diferentes valores tienen un efecto positivo o negativo (a la derecha o izquierda del 0) y si tienen o no una asociaci&oacute;n estad&iacute;sticamente significativa (este es el caso si los intervalos de confianza &ndash;las l&iacute;neas a los costados de los puntos&ndash; no tocan el 0). En el podemos ver que ser de izquierdas, en relaci&oacute;n con ser de centro, est&aacute; asociado negativamente con considerar a los expertos como actores que toman decisiones pol&iacute;ticas orientadas fundamentalmente por su ideolog&iacute;a. La magnitud de este efecto, a pesar de ser estad&iacute;sticamente significativa, no es considerable: la diferencia entre ser de izquierdas con ser de centro implica una disminuci&oacute;n media del &iacute;ndice de sesgo ideol&oacute;gico de 0.2 puntos (en una escala, recordemos, que va de 0 a 10). Por otro lado, ser de derechas, en relaci&oacute;n a los encuestados de centro, est&aacute; asociado a tener una concepci&oacute;n de los expertos como actores m&aacute;s sesgados ideol&oacute;gicamente. Aqu&iacute; la magnitud del efecto es algo m&aacute;s relevante: la diferencia entre ser de derechas con ser de centro implica un incremento medio del &iacute;ndice de sesgo ideol&oacute;gico de 0.4 puntos. Sin embargo, como ve&iacute;amos en el gr&aacute;fico anterior, son los encuestados de derechas los que se muestran m&aacute;s favorables a la participaci&oacute;n de expertos en pol&iacute;tica (&iacute;ndice de demanda por expertos) si los comparamos con los encuestados de centro; y los de izquierdas algo menos favorables, aunque este &uacute;ltimo resultado no encuentra apoyo estad&iacute;stico.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a9e8a452-e38f-421f-ab90-39c52a5a052c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a9e8a452-e38f-421f-ab90-39c52a5a052c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a9e8a452-e38f-421f-ab90-39c52a5a052c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a9e8a452-e38f-421f-ab90-39c52a5a052c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a9e8a452-e38f-421f-ab90-39c52a5a052c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a9e8a452-e38f-421f-ab90-39c52a5a052c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a9e8a452-e38f-421f-ab90-39c52a5a052c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 4"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 4                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En definitiva, explorando algunas preguntas de encuestas sobre qu&eacute; noci&oacute;n tienen los ciudadanos sobre los expertos vemos que las diferencias entre grupos ideol&oacute;gicos son moderadamente llamativas. En cuanto a las profesiones con la que los encuestados asocian la idea de expertos hemos encontrado que algunas acompa&ntilde;an a nuestra intuici&oacute;n sobre lo que esperar&iacute;amos escuchar de votantes de izquierdas y de derechas, pero otras no. Por otro lado, la demanda de expertos por sectores s&iacute; dibuja diferencias entre grupos ideol&oacute;gicos. De nuevo, algunas encajan con nuestros prejuicios, pero otras, como la sanidad y la ciencia, en donde la demanda de expertos ser&iacute;a mayor en la izquierda que en la derecha, no tanto. Finalmente, hemos encontrado evidencia que apunta a una paradoja o, al menos, a un hecho contraintuitivo. La derecha siempre exhibe actitudes y prefiere, por encima de la media, una mayor presencia de expertos en pol&iacute;tica. Pero, por otro lado, manifiesta una mayor desconfianza, en t&eacute;rminos de neutralidad ideol&oacute;gica, sobre los mismos. La izquierda, por contra, a pesar de tener altos niveles de apoyo hacia los expertos en pol&iacute;tica, normalmente quiere menos expertos que la media, y, a su vez, manifiesta una concepci&oacute;n de &eacute;stos como actores m&aacute;s neutrales desde un punto de vista ideol&oacute;gico en comparaci&oacute;n con el resto de encuestados. Seguramente, con todos estos datos descriptivos es dif&iacute;cil sacar conclusiones contundentes, pero s&iacute; que es m&aacute;s f&aacute;cil empezar a hacernos las preguntas correctas. Por ejemplo: &iquest;Nos gustan los expertos o nos gustan &ldquo;nuestros&rdquo; expertos?</span>
    </p><p class="article-text">
        _______________
    </p><p class="article-text">
        <sup>[1]</sup> Las fechas del campo de la encuesta han sido entre el 28 de septiembre y el 7 de octubre de 2021. La muestra se compone de 2000 encuestados con cuotas de regi&oacute;n, nivel educativo, edad y g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        <sup>[2]</sup> Para simplificar la exposici&oacute;n e interpretaci&oacute;n de los datos he generado tres grupos ideol&oacute;gicos en funci&oacute;n de la autoubicaci&oacute;n ideol&oacute;gica de los encuestados en una escala de 0 a 10 donde 0 es izquierda y 10 derecha. Estos grupos son: Izquierda (0-4), Centro (5) y Derecha (6-10). La distribuci&oacute;n porcentual de estos grupos ideol&oacute;gicos es: 44%, 25% y 30% respectivamente.
    </p><p class="article-text">
        [3] Las preguntas sobre las preferencias por expertos son las siguientes: 1) Los pol&iacute;ticos deben ser como gerentes y arreglar lo que no funciona en la sociedad, 2) Los l&iacute;deres pol&iacute;ticos deben tener mayor nivel educativo y estar m&aacute;s capacitados que los/as ciudadanos/as comunes, 3) Los problemas sociales deben abordarse teniendo en cuenta la evidencia cient&iacute;fica, no las preferencias ideol&oacute;gicas, 4) Los problemas que enfrenta el pa&iacute;s requieren de expertos/as para resolverlos, y 5) Las mejores decisiones pol&iacute;ticas son las tomadas por expertos/as que no son pol&iacute;ticos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/expertos_132_9975585.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Feb 2023 21:46:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/48a5b37f-7091-4185-a6fb-836a62e851a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="25557" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/48a5b37f-7091-4185-a6fb-836a62e851a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="25557" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[“Nuestros” expertos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/48a5b37f-7091-4185-a6fb-836a62e851a2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿A quién puede sumar SUMAR?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/yolanda-diaz-sumar-partidos_132_9620474.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1d2fd89-6a5d-4af4-84cb-a28f84451607_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿A quién puede sumar SUMAR?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿En qué se diferencian los votantes que actualmente apoyan al proyecto de Yolanda Díaz de los que simpatizan pero no apoyan? En este post exploramos datos de los barómetros del CIS para identificar a quién puede sumar SUMAR</p></div><p class="article-text">
        Hay dos posibles formas de entender la apelaci&oacute;n de SUMAR a sumar. Una es como un proyecto pol&iacute;tico en forma de paraguas para aglutinar todo lo que haya a la izquierda del PSOE, y otra como proyecto pol&iacute;tico transversal. Como he argumentado <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/yolanda-diaz-tecnopopulismo_132_9043921.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en otra entrada</a> en este mismo blog, el perfil de la vicepresidenta segunda de Gobierno, junto a <a href="https://www.youtube.com/watch?v=RpjqNXto-NI&amp;t=2695s" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lo que vamos conociendo sobre su plataforma pol&iacute;tica</a>, parece apuntar m&aacute;s a lo segundo que a lo primero. No obstante, debemos recordar que la b&uacute;squeda de cierta transversalidad pol&iacute;tica siempre estar&aacute; limitada por cuestiones estructurales, determinantes de la competici&oacute;n electoral. Dicho en plata, dado el escenario de polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica, la transversalidad a la que puede estar aspirando SUMAR dif&iacute;cilmente puede ir m&aacute;s all&aacute; del centro-izquierda o centro.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de estas limitaciones, no deja de ser interesante explorar qu&eacute; apoyos podr&iacute;a sumar Yolanda D&iacute;az. Pero responder a esta pregunta con datos no es algo sencillo, pues ni Yolanda D&iacute;az ni la marca SUMAR aparecen en las encuestas disponibles cuando se pregunta sobre las pr&oacute;ximas elecciones.
    </p><p class="article-text">
        Para intentar aproximar una respuesta, utilizar&eacute; dos preguntas formuladas en los bar&oacute;metros del CIS que pueden hacer parte del trabajo. En primer lugar, utilizar&eacute; los datos sobre preferencias de posibles presidentes/as de Gobierno. En concreto, el CIS pregunta: <em>&ldquo;De los principales l&iacute;deres pol&iacute;ticos/as, &iquest;qui&eacute;n preferir&iacute;a que fuese el/la presidente/a del Gobierno en estos momentos?&rdquo; </em>Aqu&iacute; el CIS no ofrece opciones, sino que permite que el encuestado responda de manera espont&aacute;nea. <a href="https://www.analisis.cis.es/cisdb.jsp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fusionando los datos de los bar&oacute;metros</a> de abril, mayo, junio y julio (N=5126) vemos que el 21% de los encuestados prefiere a Pedro S&aacute;nchez; el 19%, a Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o y el 10%, a Yolanda D&iacute;az. Ninguno de los otros l&iacute;deres pol&iacute;ticos alcanza el 5%. Asimismo, el 25% de los encuestados responde que no prefiere a ninguno como presidente/a y el 11% no sabe o no contesta.
    </p><p class="article-text">
        Esta pregunta, pues, nos permite identificar a los espa&ntilde;oles que apoyan a Yolanda D&iacute;az y a su proyecto pol&iacute;tico. Por lo pronto, cerca de un 10%. Por cuestiones pr&aacute;cticas los llamar&eacute; <em>yolandistas</em>. No obstante, el interrogante que motiva este post contin&uacute;a sin respuesta. &iquest;A qui&eacute;n m&aacute;s podr&iacute;a sumar SUMAR?
    </p><p class="article-text">
        Para ello utilizar&eacute; otra pregunta del CIS, la de valoraci&oacute;n de l&iacute;deres, donde los encuestados tienen que puntuar del 1 al 10 a los pol&iacute;ticos, sabiendo que el 1 significa que lo valora <em>muy mal</em> y el 10 que lo valora <em>muy bien</em>. Para identificar a los potenciales votantes de Yolanda D&iacute;az, solo me quedar&eacute; con aquellos encuestados que tienen una valoraci&oacute;n muy alta de la l&iacute;der de SUMAR, es decir, aquellos que le dan una puntuaci&oacute;n de entre un 8 y un 10.
    </p><p class="article-text">
        Uno de cada cinco espa&ntilde;oles (el 20%) le da a la vicepresidenta segunda de Gobierno una nota entre 8 y 10. Entre estos el 41% prefiere a Pedro S&aacute;nchez como presidente, el 36% a la propia Yolanda D&iacute;az, el 11% a ninguno de los actuales l&iacute;deres, o no sabe o no contesta, y el 4% a N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o (las preferencias por otros l&iacute;deres representan fracciones irrelevantes). Para hacer una radiograf&iacute;a de los potenciales apoyos que podr&iacute;a sumar Yolanda D&iacute;az analizaremos a estos ciudadanos, que la valoran muy bien pero que no la se&ntilde;alan como su primera preferencia para ocupar la presidencia del Gobierno. Como es de esperar, este grupo de potenciales votantes de D&iacute;az, a los que llamar&eacute; <em>simpatizantes</em>, estar&aacute; compuesto principalmente por votantes socialistas, de Unidas Podemos, abstencionistas e indecisos. Compararlos con los apoyos con los que ya cuenta D&iacute;az (<em>yolandistas</em>) ser&aacute; &uacute;til para conocer el margen de maniobra que tiene la vicepresidenta para sumar. 
    </p><p class="article-text">
        Comenzamos con dos datos sociodemogr&aacute;ficos: edad y sexo. La edad media de los simpatizantes de D&iacute;az es de 55 a&ntilde;os, mientras la de los<em> yolandistas</em> es de 48 a&ntilde;os. La distribuci&oacute;n de las edades en ambos grupos (gr&aacute;fico 1) indica que los simpatizantes son efectivamente algo mayores y que concentran la mitad de sus miembros entre los 43 y 67 a&ntilde;os (percentiles 25 y 75); mientras que los <em>yolandistas</em> lo hacen entre los 37 y 59 a&ntilde;os. En lo que se refiere a la composici&oacute;n de hombres y mujeres en ambos grupos, encontramos que la proporci&oacute;n de mujeres es mayor entre los simpatizantes que entre los <em>yolandistas</em>, 57% <em>vs</em>. 44% respectivamente. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0042e355-5f64-48b3-bf66-38e8d5a3926c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0042e355-5f64-48b3-bf66-38e8d5a3926c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0042e355-5f64-48b3-bf66-38e8d5a3926c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0042e355-5f64-48b3-bf66-38e8d5a3926c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0042e355-5f64-48b3-bf66-38e8d5a3926c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0042e355-5f64-48b3-bf66-38e8d5a3926c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0042e355-5f64-48b3-bf66-38e8d5a3926c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 1"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 1                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En lo que respecta al nivel de estudios, las creencias religiosas, el estado civil y la situaci&oacute;n laboral de ambos grupos, las diferencias no son muy marcadas y est&aacute;n en coherencia con las diferencias de edad (v&eacute;ase gr&aacute;fico 2): Los simpatizantes de D&iacute;az, en comparaci&oacute;n con los <em>yolandistas</em>, cuentan con un porcentaje menor de personas con estudios superiores (40% <em>vs. </em>55%), mayor de cat&oacute;licos (49% <em>vs. </em>23%) y menor de ateos (19% <em>vs.</em> 40%). Los simpatizantes tienen un porcentaje menor de solteros/as (29% <em>vs.</em> 40% de los<em> yolandistas</em>) y de personas trabajando (49% <em>vs.</em> 65%). Como es l&oacute;gico, lo contrario pasa para la fracci&oacute;n de jubilados y pensionistas (41% <em>vs.</em> 37).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9e26751-75ec-4a46-9bec-093f2337a3b4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9e26751-75ec-4a46-9bec-093f2337a3b4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9e26751-75ec-4a46-9bec-093f2337a3b4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9e26751-75ec-4a46-9bec-093f2337a3b4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9e26751-75ec-4a46-9bec-093f2337a3b4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d9e26751-75ec-4a46-9bec-093f2337a3b4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d9e26751-75ec-4a46-9bec-093f2337a3b4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 2"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 2                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La evaluaci&oacute;n de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica general de Espa&ntilde;a y de la personal que hacen ambos grupos es muy similar. En el margen, los simpatizantes son un poco m&aacute;s pesimistas que los <em>yolandistas</em> (gr&aacute;fico 3).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bac85029-9875-4d2b-86c6-16948e93c6e9_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bac85029-9875-4d2b-86c6-16948e93c6e9_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bac85029-9875-4d2b-86c6-16948e93c6e9_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bac85029-9875-4d2b-86c6-16948e93c6e9_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bac85029-9875-4d2b-86c6-16948e93c6e9_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bac85029-9875-4d2b-86c6-16948e93c6e9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bac85029-9875-4d2b-86c6-16948e93c6e9_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 3"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 3                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;En lo que respecta a la ideolog&iacute;a, los datos nos indican que, en t&eacute;rmino medio, los simpatizantes est&aacute;n un punto a la derecha que los<em> yolandistas</em>. La media del auto-posicionamiento ideol&oacute;gico (en una escala de 1 a 10) es de 3.9 para los primeros y 2.9 para los segundos. El gr&aacute;fico 4 muestra la distribuci&oacute;n ideol&oacute;gica en toda la escala. Vemos que aproximadamente la mitad de los encuestados que valoran muy bien a Yolanda D&iacute;az pero que no la tienen como primera opci&oacute;n para ocupar el cargo de presidente se colocan entre el 1 y el 3; mientras que entre los <em>yolandistas</em> estos son dos tercios. En los puntos 4 y 5 la proporci&oacute;n es mayor de simpatizantes; y los <em>yolandistas</em> casi desaparecen m&aacute;s all&aacute; del centro, cosa que no pasa con los simpatizantes. Efectivamente el electorado simpatizante est&aacute; m&aacute;s derechizado que el <em>yolandista</em>, pero no tanto.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/40d3f7e1-daf4-4953-8da0-36d058cdeca6_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/40d3f7e1-daf4-4953-8da0-36d058cdeca6_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/40d3f7e1-daf4-4953-8da0-36d058cdeca6_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/40d3f7e1-daf4-4953-8da0-36d058cdeca6_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/40d3f7e1-daf4-4953-8da0-36d058cdeca6_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/40d3f7e1-daf4-4953-8da0-36d058cdeca6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/40d3f7e1-daf4-4953-8da0-36d058cdeca6_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gráfico 4"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gráfico 4                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La exploraci&oacute;n de estos dos grupos con estos datos no nos dice mucho, pero nos dice algo. En primer lugar, hemos aprendido que los potenciales apoyos a SUMAR -aquellos que podr&iacute;an estar en la frontera entre la abstenci&oacute;n, la indecisi&oacute;n o un voto a S&aacute;nchez- y los que apoyan a D&iacute;az se parecen bastante. El grupo de simpatizantes est&aacute; algo m&aacute;s feminizado, y este conjunto de ciudadanos es en t&eacute;rminos agregados m&aacute;s mayor, pero no mucho como para hablar de generaciones totalmente diferentes. Las similitudes asociadas a la edad est&aacute;n m&aacute;s presentes que las diferencias, contrastadas estas &uacute;ltimas en el nivel de estudios superiores, las creencias religiosas, el estado civil o la situaci&oacute;n laboral. La evaluaci&oacute;n de la econom&iacute;a que hacen los simpatizantes no dista mucho de la que tienen los propios<em> yolandistas</em>, y aunque en t&eacute;rminos ideol&oacute;gicos est&eacute;n un poco m&aacute;s a la derecha, un parte importante de los que componen a los simpatizantes se ubican en el espacio de la izquierda-izquierda. 
    </p><p class="article-text">
        Todos estos datos podr&iacute;an tomarse con cierto optimismo para el objetivo de SUMAR. Existe una confluencia con parte del espacio socialista que podr&iacute;a, al margen del comportamiento estrat&eacute;gico de partidos y votantes, atraer a muchos nuevos apoyos. C&oacute;mo hacerlo ya es harina de otro costal.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/yolanda-diaz-sumar-partidos_132_9620474.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Oct 2022 20:17:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d1d2fd89-6a5d-4af4-84cb-a28f84451607_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3300529" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d1d2fd89-6a5d-4af4-84cb-a28f84451607_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3300529" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿A quién puede sumar SUMAR?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d1d2fd89-6a5d-4af4-84cb-a28f84451607_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yolanda Díaz y el tecnopopulismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/yolanda-diaz-tecnopopulismo_132_9043921.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d92be370-164d-4c82-a8b9-eba8c570abff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yolanda Díaz y el tecnopopulismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este post explicamos qué es el tecnopopulismo y por qué puede ser un marco útil para entender el proyecto político que poco a poco va dibujando Yolanda Díaz</p></div><p class="article-text">
        Este post tiene dos objetivos. El primero es pedir disculpas por emplear semejante palabro en el t&iacute;tulo: &ldquo;tecnopopulismo&rdquo;; y el segundo, explicar a qu&eacute; nos referimos con este concepto y por qu&eacute; puede ser &uacute;til aplicarlo como un marco de an&aacute;lisis para entender el proyecto pol&iacute;tico que poco a poco va dibujando Yolanda D&iacute;az.
    </p><p class="article-text">
        Tecnopopulismo es un concepto que se ha empezado a utilizar recientemente -aunque a&uacute;n de manera marginal- en la literatura de partidos pol&iacute;ticos y de actitudes pol&iacute;ticas para caracterizar la coincidencia de dos ret&oacute;ricas aparentemente opuestas: la ret&oacute;rica populista y la ret&oacute;rica tecnocr&aacute;tica. En este mismo blog se ha analizado en varias entradas c&oacute;mo el populismo y la tecnocracia pod&iacute;an presentarse como reacciones, alternativas, frente a la crisis de los partidos, es decir, frente a la crisis de la democracia representativa, particularmente a ra&iacute;z, o en correlaci&oacute;n, a la Gran Recesi&oacute;n (v&eacute;ase <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/podemos-ciudadanos-populismo-tecnocracia_132_3338212.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>, <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/gustaria-tener-gobierno-experts_132_2086139.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> o <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/podria-ciudadanos-conseguir-ansiada-transversalidad_132_2405378.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>). El populismo y la tecnocracia comparten la desafecci&oacute;n pol&iacute;tica como motor de sus propuestas, el rechazo a los partidos como agentes de intermediaci&oacute;n entre representantes y representados, as&iacute; como una visi&oacute;n poco pluralista de la sociedad. Respecto a esto &uacute;ltimo, desde un plano te&oacute;rico, ambos discursos defienden que existe algo as&iacute; como un bien com&uacute;n o inter&eacute;s general que podemos poner como meta y alcanzar sea siguiendo la voluntad del pueblo o aplicando las pol&iacute;ticas basadas en el saber experto, en el conocimiento cient&iacute;fico, para optimizar el bien social. Ambas posturas, en el fondo, niegan el conflicto de intereses, la pluralidad de preferencias y, por tanto, la simple idea de que cuando se elige una pol&iacute;tica en vez de otra siempre habr&aacute; ganadores y perdedores.
    </p><p class="article-text">
        Las diferencias entre una visi&oacute;n populista y una tecnocr&aacute;tica de la pol&iacute;tica son evidentes. En primer lugar, el populismo coloca al pueblo, a la gente, como actor central en la toma de decisiones; la tecnocracia, al saber experto, a una &eacute;lite con formaci&oacute;n espec&iacute;fica sobre cada uno de los asuntos; el populismo opera con una l&oacute;gica de <em>responsiveness </em>o de sensibilidad a las demandas de los ciudadanos; la tecnocracia con la idea de <em>responsibility </em>o de tomar buenas decisiones teniendo en cuenta el largo plazo, evitando el cortoplacismo electoral e incorporando los intereses de actores m&aacute;s all&aacute; de los votantes (por ejemplo, los mercados). La legitimidad pol&iacute;tica del populismo, entendido como una especie de correa de transmisi&oacute;n entre pueblo y pol&iacute;ticas, descansa en el principio de soberan&iacute;a popular: la pol&iacute;tica, sea la que sea, es buena si es que emana de la voluntad del pueblo. La legitimidad de la ret&oacute;rica tecnocr&aacute;tica, en cambio, es una legitimidad de resultados: no es necesario atender a las preferencias de la gente si la pol&iacute;tica que se aplica es la mejor de las posibles.
    </p><p class="article-text">
        La combinaci&oacute;n de estas dos ret&oacute;ricas puede a priori resultar extra&ntilde;a. Pero varias experiencias nos indican que no lo es tanto. Hay dos formas de aproximarnos al estudio sobre la concurrencia de estos dos discursos: desde el punto de vista de los partidos (desde la oferta pol&iacute;tica) y desde el punto de las preferencias de los votantes (desde la demanda). En relaci&oacute;n a lo primero, existen pocos trabajos al respecto. Sin embargo cabe destacar el reciente libro de <a href="https://oxford.universitypressscholarship.com/view/10.1093/oso/9780198807766.001.0001/oso-9780198807766" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bickerton e Invernizzi</a> en donde analizan el <em>New Labour</em> de Tony Blair, el <em>Movimento</em> <em>5 Stelle</em> en Italia y el caso de <em>En Marche!</em> en Francia como diferentes casos de tecnopopulismo; as&iacute; como una edici&oacute;n especial de trabajos publicados en la revista <a href="https://www.cogitatiopress.com/politicsandgovernance/article/view/3876" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Politics and Governance</em></a><em> </em>en donde se estudia la concurrencia de populismo y tecnocracia como un subtipo de populismo enfatizando la supuesta generaci&oacute;n de buenas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        Por el lado de la demanda, tampoco existe mucha investigaci&oacute;n. Pero lo que hay es sobradamente interesante. <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/ajps.12554" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eri Bertsou y Daniele Caramani</a> han analizado nueve democracias avanzadas y reportan que un 17% de su muestra combinan actitudes populistas con posiciones favorables al papel de los expertos en el proceso de decisiones pol&iacute;ticas, y negativas hacia el papel de intermediaci&oacute;n de los partidos. Por otro lado, para el caso de Pa&iacute;ses Bajos, <a href="https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0010414013512600" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Akkerman y otros</a> encuentran que los simpatizantes del Partido por la Libertad (PVV) y del Partido Socialista (SP), partidos de derecha y de izquierda radicales respectivamente, punt&uacute;an alto en una escala de actitudes populistas, pero tambi&eacute;n en una escala de elitismo. Para el caso espa&ntilde;ol, en un art&iacute;culo recientemente <a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/01402382.2022.2027116" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicado junto a Pablo Fern&aacute;ndez-V&aacute;zquez y Luis Ramiro</a>, encontramos que en una encuesta realizada en junio de 2020 la proporci&oacute;n de ciudadanos con actitudes tecnopopulistas (es decir, que punt&uacute;an por encima de la media en la bater&iacute;a de preguntas de actitudes populistas a la vez que en la de actitudes tecnocr&aacute;ticas) es ni m&aacute;s ni menos que de un tercio.
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo dato nos invita a reflexionar sobre nuestro escenario pol&iacute;tico actual y en concreto sobre el perfil pol&iacute;tico que est&aacute; desarrollando Yolanda D&iacute;az, pues puede que sea el que mejor encaja con estas actitudes y que por tanto cuente con los mimbres suficientes para desarrollar una ret&oacute;rica tecnopopulista.
    </p><p class="article-text">
        Aunque a&uacute;n navega en la indefinici&oacute;n respecto a muchos temas, podr&iacute;a decirse que el discurso de D&iacute;az combina algunas dimensiones del populismo con algunas dimensiones de la tecnocracia, junto con un discurso que enfatiza temas cl&aacute;sicos de los partidos a la izquierda de la socialdemocracia. Por un lado, mediante las pol&iacute;ticas que ha liderado desde el Gobierno D&iacute;az siempre ha mantenido a la gente, al pueblo, a los trabajadores, a &ldquo;la mayor&iacute;a social&rdquo;, como el principal receptor de sus beneficios (la reforma laboral, la subida del salario m&iacute;nimo o los ERTE como respuesta a la pandemia). En este aspecto, D&iacute;az contin&uacute;a con la estela dibujada por Podemos, aunque desde una perspectiva menos beligerante, menos identitaria y m&aacute;s t&eacute;cnica, subrayando su especializaci&oacute;n profesional en el campo del derecho y de las relaciones laborales. Asimismo, en los &uacute;ltimos meses, D&iacute;az ha subrayado la necesidad de trascender a los partidos pol&iacute;ticos como f&oacute;rmula para volver a conectar con la sociedad, reuni&eacute;ndose con sectores profesionales como economistas, ingenieros, expertos de distintos &aacute;mbitos durante su &ldquo;proceso de escucha&rdquo;. Como es l&oacute;gico, su motivaci&oacute;n puede ser puramente coyuntural y por tanto estrat&eacute;gica, pero el &eacute;nfasis en la diluci&oacute;n de la intermediaci&oacute;n tambi&eacute;n la coloca en las coordenadas de la ret&oacute;rica populista. No obstante, el anti elitismo, como otra dimensi&oacute;n propia del populismo que explota marcos maniqueos -de buenos vs. malos, de gente vs. casta, o de los de arriba vs. los de abajo-, est&aacute; menos presente en su mensaje pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la vicepresidenta segunda del Gobierno despliega claramente en su estrategia de comunicaci&oacute;n una ret&oacute;rica tecnocr&aacute;tica. Su perfil m&aacute;s t&eacute;cnico, muy pegada al conocimiento, al detalle, de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas con las que trabaja, transmite solvencia, eficacia y eficiencia. No es exagerado afirmar que este aspecto es el que m&aacute;s ha labrado estando a cargo del Ministerio de Trabajo, as&iacute; como en sus intervenciones parlamentarias, marcando una enorme distancia con el perfil m&aacute;s pol&iacute;tico del anterior l&iacute;der de Unidas Podemos. Dicha caracter&iacute;stica entronca tambi&eacute;n con un perfil menos partidista, que de alguna forma reh&uacute;ye el conflicto y que presenta sus posiciones pol&iacute;ticas como f&oacute;rmulas as&eacute;pticas a problemas concretos para resultar atractiva a ciudadanos con diferentes posiciones pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el marco tecnopopulista, dado los datos mencionados m&aacute;s arriba sobre el electorado en Espa&ntilde;a, sumado al perfil que poco a poco va desarrollando Yolanda D&iacute;az invitan a pensar que podr&iacute;a existir un espacio discursivo para conseguir lo impensable en tiempos de polarizaci&oacute;n: atraer a ciudadanos de distintas posiciones pol&iacute;ticas o, al menos, a abstencionistas bajo un mismo paraguas, algo m&aacute;s amplio de lo que permite la actual batalla electoral, es decir, conseguir cierta transversalidad. No obstante, todo sea dicho, ning&uacute;n discurso puede hacer magia, y las condiciones estructurales son las que son. Por tanto, de ser &uacute;til la estrategia tecnopopulista lo ser&aacute; seguramente en los m&aacute;rgenes de la competici&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/yolanda-diaz-tecnopopulismo_132_9043921.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jun 2022 20:38:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d92be370-164d-4c82-a8b9-eba8c570abff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3911375" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d92be370-164d-4c82-a8b9-eba8c570abff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3911375" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Yolanda Díaz y el tecnopopulismo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d92be370-164d-4c82-a8b9-eba8c570abff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un Nobel (no solo) de Economía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/nobel-no-economia_132_8392785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/89361398-9ce2-484c-9ae4-b74a587b2614_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un Nobel (no solo) de Economía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Nobel de Economía de este año ha recaído en David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens por sus avances en el estudio de la causalidad y el uso de experimentos naturales. Esta metodología se ha extendido también a otras ciencias sociales permitiéndonos conocer mejor las causas de los fenómenos políticos y sociales</p><p class="subtitle">David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens, galardonados con el Nobel de Economía</p></div><p class="article-text">
        El pasado lunes se anunciaba que el Premio Nobel de Econom&iacute;a de este a&ntilde;o se otorgaba a David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens. El Comit&eacute; destacaba en los tres casos sus contribuciones emp&iacute;ricas y sus avances en el estudio de la causalidad y, en concreto, en el uso de experimentos naturales en ciencias sociales. Este es un premio que va mucho m&aacute;s all&aacute; de la ciencia econ&oacute;mica. La preocupaci&oacute;n por la causalidad es hoy com&uacute;n a todas las ciencias sociales y todos los que nos la tomamos en serio desde otros campos estamos tambi&eacute;n muy satisfechos con este premio.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero qu&eacute; es un experimento natural y por qu&eacute; son tan &uacute;tiles en las ciencias sociales? Empecemos por el principio. Cuando estudiamos cualquier fen&oacute;meno social, uno de los objetivos que normalmente tenemos es saber cu&aacute;les son sus causas. En el plano te&oacute;rico la tarea consiste en proponer un argumento y, con ello, una explicaci&oacute;n causal que vincule un factor con otro. El problema fundamental de la causalidad en las ciencias sociales aparece cuando queremos poner a prueba de forma emp&iacute;rica esos argumentos. Dicho problema reside en que los fen&oacute;menos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos o sociales que queremos comprender son complejos y, por tanto, el resultado de muchos factores, no s&oacute;lo de uno. Son fen&oacute;menos multicausales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Imaginemos que queremos saber c&oacute;mo diferentes niveles de proporcionalidad en un sistema electoral pueden aumentar o reducir la participaci&oacute;n en las elecciones. Esta ser&aacute; una&nbsp;pregunta muy relevante si, por ejemplo, se est&aacute; discutiendo la conveniencia o no de reformar el sistema electoral. El problema es que si queremos investigar cu&aacute;l es el efecto de algo necesitamos controlar el efecto que a su vez ejercen otras cuestiones sobre nuestro objeto de estudio. Volviendo a nuestro ejemplo, si quisi&eacute;ramos saber, y cuantificar, el efecto del sistema electoral en la participaci&oacute;n deber&iacute;amos aislar dicha relaci&oacute;n de los efectos que podr&iacute;an explicar por qu&eacute; en algunos pa&iacute;ses se vota m&aacute;s como, por ejemplo, la diversidad de preferencias y los grupos sociales que ya de por s&iacute; existen en la sociedad (y que, adem&aacute;s, muchas veces son las que inicialmente explican por qu&eacute; se adopta un sistema electoral m&aacute;s o menos proporcional). La clave para entender el problema de la causalidad es comprender, siguiendo con nuestro ejemplo, que es muy dif&iacute;cil, cercano a lo imposible -por utilizar una expresi&oacute;n de Adam Przeworski-, separar el efecto del sistema electoral del efecto del entorno social. Ambas pueden estar relacionadas con la participaci&oacute;n y ambas pueden ir de la mano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo podemos desvincular el efecto de estos dos factores para conocer el verdadero efecto causal del sistema electoral? Aqu&iacute; es donde entra la revoluci&oacute;n experimental en las ciencias sociales y de donde se derivan los premios Nobel a Card, Angrist e Imbens, pero tambi&eacute;n a los laureados en 2019, Esther Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer. Para lograr identificar emp&iacute;ricamente la relaci&oacute;n causal de un factor sobre otro necesitamos comparar dos grupos con caracter&iacute;sticas id&eacute;nticas salvo por el factor del que queremos investigar su efecto. Utilizando la jerga acad&eacute;mica, necesitamos un grupo de tratamiento y un grupo de control. En nuestro ejemplo, el primero ser&iacute;a una sociedad con determinadas caracter&iacute;sticas (entre las que se incluye una determinada configuraci&oacute;n de la sociedad) a la que se le aplica una reforma electoral que hace al sistema m&aacute;s proporcional. El segundo grupo ser&iacute;a una sociedad con las mismas caracter&iacute;sticas pero al cual no se le aplica la reforma. Dado que la &uacute;nica diferencia entre ambos grupos es el tratamiento (la reforma proporcional del sistema electoral) si observ&aacute;semos diferencias en los niveles de participaci&oacute;n &eacute;stas s&oacute;lo pueden deberse al efecto del tratamiento. Habr&iacute;amos aislado e identificado, pues, el efecto causal del sistema electoral sobre la participaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es posible realizar este tipo de ejercicios experimentales en ciencias sociales? A diferencia de lo que sucede en un laboratorio en las ciencias naturales, la capacidad de manipular, de intervenir en la realidad de los economistas, los polit&oacute;logos o los soci&oacute;logos para poner a prueba determinadas hip&oacute;tesis es bastante limitada. S&iacute; existen muchas preguntas relevantes a las que se han encontrado respuestas aplicando trabajos de campo experimental en donde los investigadores dise&ntilde;an expl&iacute;citamente grupos de tratamiento y control (v&eacute;ase el estudio cl&aacute;sico de Gerber and Green, 2000). Pero muchas otras preguntas importantes no pueden ser abordadas desde esta perspectiva puesto que no es posible manipular la realidad. En ciencias sociales trabajamos con el mundo que observamos -es decir con el hecho real de que tal o cu&aacute;l pa&iacute;s tiene determinado sistema electoral- y a la hora de estudiar la causas de un fen&oacute;meno no es sencillo encontrar en ese mismo mundo su contrafactual para poder comparar la presencia de un tratamiento frente la ausencia de un tratamiento. Tampoco&nbsp;podemos llamar a Pedro S&aacute;nchez por tel&eacute;fono para pedirle que aplique un sistema electoral en determinadas Comunidades Aut&oacute;nomas y no en otras para que as&iacute; podamos estudiar sus diferencias.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; podemos hacer es aprovecharnos de todas aquellas circunstancias en donde de forma natural, sin intervenci&oacute;n del investigador, la historia ha producido escenarios cuasi-experimentales. Es decir, en donde un accidente hist&oacute;rico o un evento inesperado ha cambiado determinados factores en algunas &aacute;reas mientras que &eacute;stos han permanecido invariables en otras y ambas &aacute;reas son suficientemente comparables. De esta forma se habr&iacute;an generado un grupo de tratamiento y otro de control de manera natural, puesto que la asignaci&oacute;n del tratamiento es <em>como si</em> fuese aleatoria. Es por todo esto que los experimentos naturales son tan &uacute;tiles y por qu&eacute; su uso no es exclusivo de la econom&iacute;a. Tanto en la ciencia pol&iacute;tica como en la sociolog&iacute;a hemos intentado aplicarlos para poder establecer relaciones causales sobre fen&oacute;menos que nos interesan.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo bien conocido es el <a href="https://web.stanford.edu/~jhain/Paper/PA2009.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo </a>de Kern y Hainmueller (2009) en el que se preguntan si la exposici&oacute;n a medios de comunicaci&oacute;n extranjeros puede contribuir a desestabilizar a los reg&iacute;menes autocr&aacute;ticos. Adem&aacute;s de abordar una pregunta interesante desde el punto de vista te&oacute;rico lo que destaca de esta investigaci&oacute;n es una estrategia de identificaci&oacute;n emp&iacute;rica muy inteligente. Gracias al hecho de que la se&ntilde;al televisiva de Alemania Occidental llegaba a muchas, pero no a todas las partes de Alemania del Este debido a la variaci&oacute;n topogr&aacute;fica, aprovechan esta exposici&oacute;n cuasi-aleatoria para comprobar si el acceso a una mayor pluralidad informativa se relaciona con diferentes formas de apoyo al r&eacute;gimen comunista. En contra de lo esperado de acuerdo a las teor&iacute;as sobre el papel de los medios de comunicaci&oacute;n, los autores encuentran que aquellas poblaciones expuestas a la televisi&oacute;n occidental (simplemente porque geogr&aacute;ficamente ten&iacute;an m&aacute;s acceso a esta) hab&iacute;an aumentado su apoyo al r&eacute;gimen autocr&aacute;tico. Los autores ofrecen una interpretaci&oacute;n a dichos resultados, esto es, que la televisi&oacute;n occidental podr&iacute;a funcionar como una especie de entretenimiento y escape de las presiones diarias bajo el r&eacute;gimen comunista, haciendo la vida algo m&aacute;s llevadera y, por tanto, descomprimiendo las tensiones con el propio r&eacute;gimen. Al margen de que esta interpretaci&oacute;n sea discutible, lo interesante del estudio es que informa al debate te&oacute;rico sobre el papel de los medios y la estabilidad de los reg&iacute;menes autocr&aacute;ticos, continuando y mejorando la conversaci&oacute;n acad&eacute;mica al respecto.
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplo es <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/pdf/10.1111/ajps.12118?casa_token=E7wRC4irne4AAAAA:xzJ9i74Bi36_loVPTMcaoTSW_p8StDITjwtQocn8g6EKITMhg60ES4hzj0QQXQ7OHkl4w169kTfvq4s" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el estudio</a> publicado por Adam Glynn y Maya Sen, en el que intentan aislar el efecto de la empat&iacute;a en las decisiones que toman los jueces. Estudiar algo tan et&eacute;reo (y que correlaciona con tantos rasgos de la personalidad) como la empat&iacute;a supone un reto metodol&oacute;gico. Para resolverlo, Glynn y Sen buscan un experimento natural en que un acontecimiento totalmente externo a los jueces suponga un &ldquo;shock&rdquo; de empat&iacute;a en algunas decisiones judiciales. Su soluci&oacute;n es estudiar el impacto que tiene tener una hija, en vez de un hijo, en los votos de los jueces del Tribunal Supremo norteamericano en asuntos de g&eacute;nero. Podemos esperar que tener hijos sea una decisi&oacute;n m&aacute;s o menos voluntaria que puede estar relacionada con muchas cuestiones. En cambio, que esta descendencia despu&eacute;s sea en forma de hija o hijo es un elemento totalmente aleatorio que, seg&uacute;n los autores, condicionar&aacute; la manera en que los jueces mirar&aacute;n el mundo y empatizar&aacute;n con algunas cuestiones judiciales. Sus resultados muestran que aquellos jueces que tienen hijas adoptan posiciones m&aacute;s progresistas y alineadas con la agenda feminista en asuntos como el aborto, discriminaci&oacute;n laboral por cuestiones de g&eacute;nero, o igualdad de oportunidades en la educaci&oacute;n, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        Los experimentos naturales nos permiten tambi&eacute;n evaluar algunos acontecimientos relevantes de nuestra historia pol&iacute;tica reciente. Garc&iacute;a-Montalvo, por ejemplo, estudia <a href="http://jgmontalvo.com/wp/restat2011.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> qu&eacute; impacto tuvieron en las elecciones generales de 2004 los atentados del 11M y la gesti&oacute;n que el gobierno de Aznar hizo de aquellas crisis. Las encuestas ven&iacute;an dando una victoria de Mariano Rajoy como un resultado m&aacute;s probable, pero, a priori, parecer&iacute;a casi imposible determinar cu&aacute;nto fue el efecto final del atentado en el resultado electoral. De hecho, las encuestas postelectorales nos daban respuestas inciertas porque, despu&eacute;s de las elecciones, los ciudadanos racionalizan su voto y dan razones para explicar por qu&eacute; finalmente se movilizaron o votaron por un partido que no necesariamente se corresponden con lo que habr&iacute;a pasado si el atentado no hubiese ocurrido. La soluci&oacute;n que adopta Garc&iacute;a-Montalvo es utilizar el voto por correo de los espa&ntilde;oles residentes en el extranjero como experimento natural. Como el voto en el extranjero tiene restricciones temporales, estos votantes ten&iacute;an que votar antes de los atentados. El plazo para el CERA para votar en persona en los consulados o por correo certificado era el 7 de marzo. Esto permite asumir que los votantes en el extranjero no conoc&iacute;an el atentado del 11M a la hora de votar mientras que los votantes que resid&iacute;an en Espa&ntilde;a si lo conoc&iacute;an. El plazo para votar desde el extranjero supone un experimento natural que nos permite comparar ambos grupos. La conclusi&oacute;n de Garc&iacute;a-Montalvo, observando que el PP lo hizo relativamente mejor en el voto del CERA comparado con el voto de los residentes, es que Rajoy podr&iacute;a haber obtenido entre 5 y 6,7 puntos m&aacute;s en las elecciones del 14 de marzo de 2004 si el 11M y su gesti&oacute;n posterior nunca hubiese ocurrido.
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplo que nos cae cerca es el<a href="https://www.cambridge.org/core/journals/political-science-research-and-methods/article/effect-of-electoral-systems-on-voter-turnout-evidence-from-a-natural-experiment/C3B29DCB9813A580A5E1059512427AC2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> trabajo</a> de Carlos Sanz sobre los efectos del tipo de lista electoral (abierta o cerrada) sobre la participaci&oacute;n. En esta ocasi&oacute;n, el autor explota una particularidad poco conocida del sistema electoral espa&ntilde;ol para la celebraci&oacute;n de las elecciones municipales. La ley electoral establece una discontinuidad en la forma de elegir a los representantes a nivel local en funci&oacute;n del n&uacute;mero de habitantes de los municipios: las poblaciones con menos de 250 habitantes utilizan un sistema de lista abiertas (los votantes pueden elegir de manera selectiva a candidatos de un mismo partido as&iacute; como de otros); mientras que las localidades con m&aacute;s de 250 habitantes utilizan el sistema de listas cerradas. Estudiando el comportamiento electoral de los municipios alrededor de este umbral <em>arbitrario </em>(establecido por una ley estatal) es posible separar el efecto del tipo de listas del de otros factores que podr&iacute;an correlacionar con el establecimiento end&oacute;geno de las mismas, y por lo tanto con los niveles de participaci&oacute;n electoral. En otras palabras, dado que la comparaci&oacute;n no es entre urbes como Madrid y Barcelona con pueblos con menos de 250 habitantes, sino entre municipios peque&ntilde;os pero con caracter&iacute;sticas muy similares, exceptuando la regla electoral, es f&aacute;cil pensar en que este <em>accidente</em> hist&oacute;rico ha conformado un grupo de tratamiento y otro control de manera casi aleatoria. Sanz encuentra que las listas abiertas incentivan la participaci&oacute;n en un orden de entre un 1% y 2%.
    </p><p class="article-text">
        Estos son s&oacute;lo algunos ejemplos, pero podr&iacute;amos haber tra&iacute;do muchos m&aacute;s. La revoluci&oacute;n causal en las ciencias sociales, m&aacute;s all&aacute; de la econom&iacute;a, es un hecho. Su contribuci&oacute;n no es s&oacute;lo hacernos un poco m&aacute;s sabios sobre algunos fen&oacute;menos sociales, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos, y establecer explicaciones m&aacute;s precisas (que nos permiten, por ejemplo, evaluar mejor el impacto que una pol&iacute;tica p&uacute;blica), sino que tambi&eacute;n nos permiten discutir, poner en tela de juicio y cuestionar algunas de las teor&iacute;as que cre&iacute;amos m&aacute;s asentadas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Jurado, Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/nobel-no-economia_132_8392785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Oct 2021 19:53:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/89361398-9ce2-484c-9ae4-b74a587b2614_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="88299" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/89361398-9ce2-484c-9ae4-b74a587b2614_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="88299" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un Nobel (no solo) de Economía]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/89361398-9ce2-484c-9ae4-b74a587b2614_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ciudadanos o "los que quedan"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ciudadanos-arrimadas-elecciones_132_8017194.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/161a0646-2543-48c4-9ead-548d52af4fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ciudadanos o &quot;los que quedan&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En el perfil de los votantes fieles a Ciudadanos destacan las mujeres, los no mayores, los votantes de centro y la buena valoración del liderazgo de Arrimadas</p><p class="subtitle">Salvo el carácter centrista, esas características no parecen diferenciar al partido de otros competidores. Y el centro, en tiempos de polarización, es tan sensato como arriesgado.</p></div><p class="article-text">
        No es por malmeter, pero analizar la fidelidad del voto a Ciudadanos es una tarea dif&iacute;cil, fundamentalmente porque son muy pocos. No son 4, pero s&iacute; 68. Esta cifra es la que registra el &uacute;ltimo bar&oacute;metro del CIS de mayo, 2021, y representa el 1.8% del total de la muestra. Con un n&uacute;mero tan bajo de observaciones nos queda poco margen para comparar submuestras o explorar interacciones, por poner un ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        Una posible soluci&oacute;n es apilar bar&oacute;metros, y eso es justamente lo que ha hecho el CIS con los de enero, febrero y marzo (Ficha 66010321; N=11551). Utilizar&eacute; estos datos para analizar los factores asociados a la fidelidad en el voto a Ciudadanos o, seg&uacute;n qu&eacute; cara de la moneda se mire, los cuernos que le han puesto sus ex votantes. Aunque puede que se trate de una separaci&oacute;n en toda regla.
    </p><p class="article-text">
        Eludir&eacute; apilar los bar&oacute;metros subsiguientes por un motivo bien claro. Me interesa conocer la lealtad en el voto a la formaci&oacute;n naranja <em>antes</em> de que se activase la coordinaci&oacute;n de votantes y dirigentes en torno al Partido Popular. Es decir, antes de que las elecciones auton&oacute;micas en Madrid arrasase con las expectativas pol&iacute;ticas y electorales de los de Arrimadas y que el PP se empezase a nutrir de dichas fugas. Es cierto que el proceso comenz&oacute; ya en febrero de 2021 con los malos resultados en las elecciones catalanas, as&iacute; como que se aceler&oacute; con la fallida moci&oacute;n de censura en Murcia, pero el golpe madrile&ntilde;o, en marzo de 2021, a&uacute;n no hab&iacute;a llegado.
    </p><p class="article-text">
        Conocer el perfil de los votantes que se manten&iacute;an fieles a Ciudadanos puede que nos ayude a analizar si existe un margen para la remontada. Es decir, si el electorado naranja mantiene algunas caracter&iacute;sticas particulares que lo puede ayudar a marcar un perfil propio para evitar ser del todo engullido por sus adversarios.
    </p><p class="article-text">
        Empecemos por lo m&aacute;s b&aacute;sico. Definir&eacute; a un votante fiel a Ciudadanos si en la misma encuesta declara haber votado al partido naranja en las elecciones de noviembre de 2019 y, a su vez, indica que tiene intenci&oacute;n de votarle en unas hipot&eacute;ticas pr&oacute;ximas elecciones generales. El porcentaje de fieles en los tres bar&oacute;metros analizados es de 4.4% de toda la muestra, 509 encuestados que mantienen su matrimonio con los de Arrimadas. Estos 509 votantes suponen un 44% entre los que votaron a Ciudadanos el 10N, lo que hace un 54% de infieles. De este 54% de desleales, el 25% confiesan que han saltado a las filas del PP, casi 8% a Vox, 3.5% al PSOE y el resto se reparte entre los que han viajado a otros partidos, no votar&iacute;an, har&iacute;an un voto nulo o declaran en la encuesta que no saben o, directamente, no contestan.
    </p><p class="article-text">
        Para conocer cu&aacute;les son los factores que explican la fidelidad del voto naranja, he realizado un an&aacute;lisis de regresi&oacute;n en donde exploro el efecto de las variables sexo, edad, situaci&oacute;n econ&oacute;mica personal, nivel de estudios, ideolog&iacute;a (medida como distancia del centro), religiosidad, la valoraci&oacute;n de S&aacute;nchez, la valoraci&oacute;n de la l&iacute;der del partido, Arrimadas, el tama&ntilde;o del municipio en donde viven los encuestados, si viven o no en una comunidad aut&oacute;noma en donde el PP gobierna en coalici&oacute;n con Ciudadanos, controlando adem&aacute;s por la fecha en el que se realiza la encuesta. Los resultados presentados en el gr&aacute;fico 1 han sido contrastados con diferentes especificaciones de los modelos, diferentes formas de codificar a las variables y atendiendo otros problemas en la estimaci&oacute;n. Ninguna de estas cuestiones cambia de manera sustancial lo que se describe a continuaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1. </strong>Factores explicativos de la fidelidad en el voto a Ciudadanos
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/21e5bf7a-74de-4b0c-b92f-586b25fd00c2_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/21e5bf7a-74de-4b0c-b92f-586b25fd00c2_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/21e5bf7a-74de-4b0c-b92f-586b25fd00c2_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/21e5bf7a-74de-4b0c-b92f-586b25fd00c2_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/21e5bf7a-74de-4b0c-b92f-586b25fd00c2_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/21e5bf7a-74de-4b0c-b92f-586b25fd00c2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/21e5bf7a-74de-4b0c-b92f-586b25fd00c2_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fuente: CIS."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fuente: CIS.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Hay cinco factores que cumplen con los criterios convencionales de significatividad estad&iacute;stica y que, por tanto, aparecen claramente asociados a la fidelidad en Ciudadanos. Estos son el sexo del entrevistado, su edad, su ideolog&iacute;a, su valoraci&oacute;n sobre Arrimadas y el momento en el que fue entrevistado. Las mujeres que han votado a Ciudadanos se han mantenido en t&eacute;rmino medio m&aacute;s leales a su partido. Ser mujer en contra de ser hombre implica una mayor probabilidad de fidelidad (en torno a 10%). En lo que respecta a la edad, a pesar de verse en el gr&aacute;fico un coeficiente peque&ntilde;o, estimamos que a medida que la edad aumenta disminuye la probabilidad de ser fiel al partido naranja. Simulando la predicci&oacute;n de fidelidad, vemos que la probabilidad pasa de porcentajes cercanos al 50% a estar por debajo del 40% si comparamos encuestados entre 18 y 35 a&ntilde;os con mayores de 65 (gr&aacute;fico 2). De hecho, si en vez de introducir la variable edad como una variable continua en el modelo estad&iacute;stico la incorporamos como categor&iacute;as de edad, ser mayor de 65 a&ntilde;os (en comparaci&oacute;n con j&oacute;venes de 18-24) indica claramente una relaci&oacute;n negativa y significativa con la lealtad a Ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>Gr&aacute;fico 2. </strong>Efecto de la edad en la fidelidad del voto a Ciudadanos
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/40c6148c-2a74-4d11-84e3-b9aeb3c56e1e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/40c6148c-2a74-4d11-84e3-b9aeb3c56e1e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/40c6148c-2a74-4d11-84e3-b9aeb3c56e1e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/40c6148c-2a74-4d11-84e3-b9aeb3c56e1e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/40c6148c-2a74-4d11-84e3-b9aeb3c56e1e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/40c6148c-2a74-4d11-84e3-b9aeb3c56e1e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/40c6148c-2a74-4d11-84e3-b9aeb3c56e1e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fuente: CIS."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fuente: CIS.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El tercer factor es la ideolog&iacute;a. Sabemos que los de Arrimadas siempre han defendido en su discurso que Ciudadanos es un partido de centro. No obstante, el partido se movi&oacute; hacia posiciones m&aacute;s conservadoras (al menos desde la perspectiva de los votantes) y acab&oacute; apostando (con malos resultados) a reemplazar al PP en el espacio de la derecha. Con la salida de Rivera, Arrimadas dio algunos pasos para recuperar esa posici&oacute;n centrista. Los datos analizados indican justamente que, entre los que siguen apoyando a los naranjas, prima una posici&oacute;n ideol&oacute;gica de centro. En el gr&aacute;fico 1 vemos que a medida que los votantes se alejan del centro pol&iacute;tico, la fidelidad cae. El gr&aacute;fico 3 ayuda a hacernos con una interpretaci&oacute;n m&aacute;s sustantiva. La probabilidad de ser leal a las filas de Ciudadanos es del 50% si los ex votantes del partido se auto posicionan en el 5 de la escala ideol&oacute;gica. Pero a medida que se alejan, esa probabilidad se reduce hasta 5 puntos porcentuales si la distancia del centro es de 1 punto, m&aacute;s de 10% si la distancia es de 2, y casi 20% si la distancia es de 3. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;<strong>Gr&aacute;fico 3. </strong>Efecto de la distancia ideol&oacute;gica del centro en la fidelidad del voto a Ciudadanos
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/17524860-e97c-4338-a6e2-2e7835f63e00_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/17524860-e97c-4338-a6e2-2e7835f63e00_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/17524860-e97c-4338-a6e2-2e7835f63e00_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/17524860-e97c-4338-a6e2-2e7835f63e00_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/17524860-e97c-4338-a6e2-2e7835f63e00_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/17524860-e97c-4338-a6e2-2e7835f63e00_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/17524860-e97c-4338-a6e2-2e7835f63e00_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Fuente: CIS."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Fuente: CIS.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Las otras dos variables asociadas a la lealtad cosechadas por Ciudadanos son bastante obvias. En primer lugar vemos que la valoraci&oacute;n que hacen los encuestados de Arrimadas tiene una relaci&oacute;n positiva con seguir votando por el mismo partido. Un incremento marginal de la valoraci&oacute;n (en sentido favorable) implica un aumento del 10% en la probabilidad de ser fiel. Por otro lado, los encuestados en el mes de marzo tienen de manera estructural una mayor propensi&oacute;n a la infidelidad. Esto se debe, seguramente, a que durante el campo del bar&oacute;metro (entre el 1 y el 11 de marzo) los entrevistados ya contaban con informaci&oacute;n relativa al triste camino que comenzaba a transitar la formaci&oacute;n de Arrimadas, es decir, acumulaban ya en sus sienes los varapalos de las elecciones catalanas y, algunos pocos, el registro de la moci&oacute;n de censura junto al PSOE en Murcia.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El apartado de no resultados es particularmente llamativo, es decir, de aquellas variables que podr&iacute;an aportar alguna informaci&oacute;n relevante en cuanto al potencial atractivo de Ciudadanos vemos que no hay fuerza alguna. Ni el nivel educativo de los encuestados, ni su situaci&oacute;n econ&oacute;mica, ni sus creencias religiosas, ni su anti-sanchismo, ni el tama&ntilde;o de municipio en el que viven, y ni siquiera el hecho de tener representantes del partido naranja en el gobierno auton&oacute;mico, por aquello de la experiencia de gobierno, dan pistas para vislumbrar un hilo del que tirar.
    </p><p class="article-text">
        Constatamos, pues, que el perfil de <em>los que quedan</em> (por usar la analog&iacute;a errejoniana de &ldquo;los que faltan&rdquo;, cuando Podemos aspiraba, con su estrategia hegem&oacute;nica-subliminal, a atraer a una mayor fracci&oacute;n del electorado socialista y quiz&aacute;s naranja por aquello del regeneracionismo) est&aacute; marcado por las mujeres, por los no mayores, por el centrismo y por el liderazgo de Arrimadas. Salvo el car&aacute;cter centrista, no parece que estas caracter&iacute;sticas sean un buen activo para diferenciar al partido de otros competidores. Y el centro, en tiempos de polarizaci&oacute;n, es tan sensato como arriesgado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ciudadanos-arrimadas-elecciones_132_8017194.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Jun 2021 20:00:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/161a0646-2543-48c4-9ead-548d52af4fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="30724" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/161a0646-2543-48c4-9ead-548d52af4fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="30724" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ciudadanos o "los que quedan"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/161a0646-2543-48c4-9ead-548d52af4fd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Políticos o médicos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/politicos-medicos_132_7183489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a84edb1-a90e-4df2-a694-bb6f8515ebf7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Políticos o médicos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El debate sobre qué tipo de perfil debería tener un miembro del Gobierno entronca con una discusión profunda sobre la crisis de la democracia de partidos</p><p class="subtitle">Presentamos los resultados de una investigación acerca de las preferencias de los españoles sobre el tipo de expertos para pilotar la crisis del coronavirus</p></div><p class="article-text">
        A ra&iacute;z de la marcha de Salvador Illa del Ministerio de Sanidad y de la necesidad de reemplazarlo en el contexto de la pandemia, el debate p&uacute;blico ha vuelto a poner su mirada sobre la idoneidad de los perfiles de los ministros y ministras para ocupar un cargo en el Ejecutivo. Es decir, sobre si su formaci&oacute;n y&nbsp;experiencia son las m&aacute;s adecuadas para dirigir una cartera de gobierno.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Deber&iacute;a el Ministerio de Sanidad estar pilotado por un m&eacute;dico de reconocido prestigio? &iquest;Un exitoso empresario del campo ser&iacute;a un buen Ministro de Agricultura? &iquest;La cartera de Econom&iacute;a deber&iacute;a recaer en manos de alg&uacute;n reputado economista? Es frecuente que este tipo de preguntas emerjan ante la formaci&oacute;n o remodelaci&oacute;n de un nuevo gobierno. Dicho planteamiento puede analizarse en dos planos diferentes, uno atendiendo a la reacci&oacute;n inmediata, intuitiva, aunque cargada de argumentos rudimentarios (&iexcl;qui&eacute;n si no va a saber m&aacute;s que un m&eacute;dico sobre salud p&uacute;blica!), y otro prestando atenci&oacute;n a la corrientes de fondo en las que navega. Transitemos de momento por esta segunda v&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre qu&eacute; tipo de perfil deber&iacute;a tener un miembro del Gobierno, o en nuestro caso concreto, qui&eacute;n deber&iacute;a ocupar la cartera de Sanidad en medio de una pandemia, entronca con una discusi&oacute;n profunda que va m&aacute;s all&aacute; del contexto del COVID-19 y que versa sobre la crisis de las democracias representativas. El debate apunta a cu&aacute;l deber&iacute;a ser el papel de los expertos en la democracia de partidos, pues estos &uacute;ltimos, independientemente de color que sean, decepcionan con mucha frecuencia al no poder conjugar del todo su funci&oacute;n de representaci&oacute;n (atender a las demandas de los votantes) con la de responsabilidad (conseguir buenos resultados en el largo plazo en base a los intereses de los votantes pero articul&aacute;ndolos con demandas de otros actores &ndash;mercados, organismos internacionales, etc.-), todo esto en contextos de h&iacute;per-interdependencia global y alta incertidumbre. 
    </p><p class="article-text">
        La respuesta tecnocr&aacute;tica (el gobierno de los expertos) se ha defendido como una de las posibles alternativas al papel de los partidos. &iquest;Deber&iacute;an los expertos tener capacidad ejecutiva por encima de los ministros o estar subordinados a estos inform&aacute;ndoles en el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y apoy&aacute;ndolos en la toma de decisiones? Sobre este asunto hemos reflexionado hace poco en este mismo blog (v&eacute;ase <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/tecnocratas-cientificos-expertos-animales_132_6248873.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Dejando al margen la cuesti&oacute;n central, pero sin abandonar un aspecto importante del debate, en este post queremos compartir unos resultados producto de una reciente encuesta experimental realizada dentro de un proyecto m&aacute;s amplio sobre el estudio de las preferencias y las actitudes de los espa&ntilde;oles hacia los expertos&nbsp;(<span class="highlight" style="--color:white;">financiada por el proyecto CSO2017-89847-P del Plan Nacional de I+D+i</span>). En la encuesta empleamos un dise&ntilde;o llamado &ldquo;conjoint experiment&rdquo; en donde b&aacute;sicamente presentamos a una muestra de 2000 personas en Espa&ntilde;a dos perfiles de candidatos para ocupar el <em>Mando &Uacute;nico</em> en caso de declaraci&oacute;n del estado de alarma. Como sabemos, este &oacute;rgano es el encargado de liderar la respuesta a la pandemia y de coordinar las actuaciones entre diferentes niveles de gobiernos. A los encuestados se les proporciona informaci&oacute;n sobre el g&eacute;nero, la edad, el lugar de nacimiento, el tipo (si es pol&iacute;tico o experto), el partido pol&iacute;tico al que pertenece en caso de ser pol&iacute;tico,&nbsp;y el &aacute;rea de trabajo en la que los candidatos han realizado su profesi&oacute;n (en nuestro experimento solo ofrecemos dos opciones: sanidad o econom&iacute;a). El orden y el valor que adoptan todos estos atributos (si es hombre o mujer, por ejemplo) se presentan de manera aleatoria, generando varios perfiles diferentes entre los cuales los participantes eligen uno de los dos candidatos en una serie de cinco votaciones. La generaci&oacute;n de datos en base a la aleatorizaci&oacute;n de los atributos nos permite evaluar a posteriori de forma rigurosa qu&eacute; atributos han tenido m&aacute;s peso en la elecci&oacute;n del <em>Mando &Uacute;nico</em>.
    </p><p class="article-text">
        El principal resultado de este ejercicio es que ser experto es la caracter&iacute;stica que m&aacute;s condiciona la elecci&oacute;n del candidato. Cuando el candidato para ocupar el <em>Mando &Uacute;nico</em> es experto en vez de pol&iacute;tico la probabilidad de que este sea elegido aumenta considerablemente (cerca del 40%).<a href="//#_ftn1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> Pero (&iexcl;atenci&oacute;n!), este resultado se da independientemente del tipo de trabajo en el que el experto desarrolle su trabajo, puesto que cuando analizamos la interacci&oacute;n de los atributos, el &aacute;rea de trabajo del experto no ejerce una influencia estad&iacute;sticamente significativa sobre la elecci&oacute;n del candidato.
    </p><p class="article-text">
        Para ahondar en este &uacute;ltimo aspecto, es decir, para comprender c&oacute;mo condiciona el tipo de experiencia profesional en la influencia que tiene la cualidad de ser experto frente a ser pol&iacute;tico, hemos complementado el ejercicio anterior con un experimento de vi&ntilde;eta o experimento de marco (<em>framing experiment</em>). Este consiste en analizar c&oacute;mo diferentes formas de presentar la crisis del COVID-19 (si como una crisis exclusivamente sanitaria o como una crisis sanitaria pero con important&iacute;simas consecuencias econ&oacute;micas) puede desencadenar diferentes opiniones entre los encuestados acerca de la idoneidad de los perfiles de los candidatos para ocupar el cargo de <em>Mando &Uacute;nico</em>. Este condicionante, como es l&oacute;gico, se introduce <em>antes </em>de pedirles a los encuestados que elijan entre los diferentes perfiles y la asignaci&oacute;n de marco o <em>frame</em> para cada uno de ellos (el que enfatiza la crisis sanitaria, el que enfatiza la crisis econ&oacute;mica o el grupo de control) se realiza de manera aleatoria.
    </p><p class="article-text">
        De forma resumida, los resultados encontrados nos dicen los siguiente: como antes, los expertos siguen siendo preferidos a los pol&iacute;ticos, pero cuando presentamos la crisis de la COVID-19 subrayando exclusivamente sus aspectos sanitarios los ciudadanos prefieren con claridad expertos en salud p&uacute;blica que a expertos en econom&iacute;a. La probabilidad de que un perfil de experto-sanitario sea elegido es de 76% frente a un 58% en el caso de un perfil de experto-economista. Este resultado parece casi una obviedad y seguramente se ajuste a lo intuido por muchos lectores. A fin de cuentas el coronavirus representa una crisis sanitaria de primer orden. No obstante, resulta sorprendente la debilidad de dicha preferencia (la de sanitarios sobre economistas) en el momento que analizamos lo que sucede cuando la crisis de la COVID-19 se presenta como una crisis tambi&eacute;n econ&oacute;mica. La probabilidad de que un perfil de experto-sanitario sea elegido para dirigir la respuesta a la pandemia es pr&aacute;cticamente igual a la del perfil de un experto-economista. De hecho, la del segundo es mayor que la del primero (66% y 69% respectivamente), lo cual significa que el <em>tipo </em>de experto pasa a ser irrelevante desde el punto de vista estad&iacute;stico. 
    </p><p class="article-text">
        Estas evidencias se&ntilde;alan tres cuestiones. La primera, la considerable extensi&oacute;n de la preferencia por expertos en cargos ejecutivos, como se ha se&ntilde;alado en anteriores investigaciones. La segunda, que la preferencia por el tipo espec&iacute;fico de experto es manipulable. La tercera, y relacionada con esta &uacute;ltima, que esa maleabilidad de la preferencia por expertos est&aacute; muy condicionada por c&oacute;mo se presente ante los ciudadanos la cuesti&oacute;n pol&iacute;tica a gestionar. En este &uacute;ltimo terreno creemos conveniente que quienes proponen ciertos debates p&uacute;blicos sean conscientes de las implicaciones de usar argumentos potencialmente populares pero excesivamente rudimentarios. Ese uso de un argumento tecnocr&aacute;tico, elitista, antipartidista, antipol&iacute;tico, puede generar sin duda simpat&iacute;as pero tambi&eacute;n din&aacute;micas que debiliten la democracia representativa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
          <a href="//#_ftnref1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> Este hallazgo es coherente con otro resultado que tambi&eacute;n hemos presentado en este mismo blog sobre preferencias tecnocr&aacute;ticas durante la pandemia (v&eacute;ase <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/cambiado-pandemia-actitudes-expertos_132_6503081.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo, Luis Ramiro, Pablo Fernández-Vázquez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/politicos-medicos_132_7183489.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Feb 2021 05:00:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8a84edb1-a90e-4df2-a694-bb6f8515ebf7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3008505" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8a84edb1-a90e-4df2-a694-bb6f8515ebf7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3008505" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Políticos o médicos?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8a84edb1-a90e-4df2-a694-bb6f8515ebf7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo ha cambiado la pandemia nuestras actitudes hacia los expertos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/cambiado-pandemia-actitudes-expertos_132_6503081.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b2f53942-2e2d-4e56-84af-c80d2b62352e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Cómo ha cambiado la pandemia nuestras actitudes hacia los expertos?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pandemia ha manifestado la necesidad de acudir a expertos para guiar a ciudadanos y políticos, pero también ha fomentado teorías de la conspiración.  En un estudio reciente, hemos encontrado que en España han aumentado las actitudes favorables al papel de los expertos.</p></div><p class="article-text">
        Hace aproximadamente un a&ntilde;o llegaban las primeras noticias de un brote de una extra&ntilde;a neumon&iacute;a en Wuhan, una provincia china de la que pocos hab&iacute;amos o&iacute;do hablar. Seg&uacute;n pasaron las semanas, las noticias cada vez eran m&aacute;s preocupantes: confinamiento estricto en China, casos en aumento y en expansi&oacute;n global. En este contexto de alarma, sab&iacute;amos muy poco sobre la amenaza a la que nos enfrent&aacute;bamos. Todo eran inc&oacute;gnitas: &iquest;C&oacute;mo se transmite el virus? &iquest;Cu&aacute;l es la tasa de mortalidad? &iquest;Cu&aacute;ndo habr&aacute; una vacuna? En la b&uacute;squeda apremiante por obtener respuestas, el mundo acudi&oacute; a los expertos: vir&oacute;logas, epidemi&oacute;logas, m&eacute;dicos de salud p&uacute;blica. Ante nuestro desconocimiento, quisimos que su saber especializado, acumulado por d&eacute;cadas de formaci&oacute;n, pudiera guiarnos como sociedades.
    </p><p class="article-text">
        La necesidad de expertos era particularmente evidente ante los dilemas a los que se enfrentaban los gobiernos. &iquest;Qu&eacute; tipo de medidas tomar para frenar el avance del virus? &iquest;Es necesario adoptar un confinamiento estricto? &iquest;C&oacute;mo conjugar el combate del virus con la protecci&oacute;n de la econom&iacute;a? En estas primeras semanas los expertos al frente de las comisiones de asesoramiento a los gobiernos se convirtieron en nombres familiares. Anthony Fauci en Estados Unidos, Neil Ferguson en el Reino Unido, o Fernando Sim&oacute;n en Espa&ntilde;a. Eso s&iacute;, sus recomendaciones no eran un&aacute;nimes. Mientras que en China, Italia, o Espa&ntilde;a los cient&iacute;ficos propon&iacute;an frenar la curva de manera vigorosa. En Suecia o en el Reino Unido entend&iacute;an que la mejor opci&oacute;n era no establecer grandes restricciones y as&iacute; avanzar hacia la inmunidad de reba&ntilde;o. Seg&uacute;n se empezaron a notar los terribles efectos de la pandemia sobre la actividad econ&oacute;mica, al debate se incorporaron tambi&eacute;n economistas. En resumen, en tiempos de incertidumbre, el saber experto parecer&iacute;a ser un atributo en alza.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, es precisamente en este contexto cuando las teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n han tenido un mayor eco. Su principal elemento en com&uacute;n es un cuestionamiento de los mensajes de los profesionales especializados: (a) se ha sostenido que el virus hab&iacute;a sido manufacturado por un laboratorio chino, (b) se ha dicho que Bill Gates est&aacute; detr&aacute;s del virus para hacerse rico con las vacunas, o (c) se ha cuestionado la utilidad de las mascarillas. Al &eacute;xito de estas teor&iacute;as ha contribuido el amparo pol&iacute;tico que han recibido desde dirigentes y partidos muy importantes a nivel global como Trump o Bolsonaro.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto que combina dependencia del saber experto con cuestionamiento sin precedentes de ese mismo conocimiento, los autores de este post hemos estudiado c&oacute;mo ha afectado la pandemia en la percepci&oacute;n sobre el rol de los expertos. Para ello, hemos realizado dos encuestas, una antes de la pandemia -marzo 2019- y otra en pleno desarrollo de la misma -mayo de 2020-. Las mismas 1.200 personas respondieron a las dos encuestas (financiadas por el proyecto de I+D+i CSO2017-89847-P del Plan Nacional de Investigaci&oacute;n), con lo cual podemos comparar c&oacute;mo han evolucionado sus opiniones. En ambos cuestionarios incluimos una bater&iacute;a completa de preguntas sobre actitudes tecnocr&aacute;ticas. Estas preguntas est&aacute;n tomadas prestadas de la <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/ajps.12554?af=R" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicaci&oacute;n reciente</a> de Eri Bertsou y Daniele Caramani.
    </p><p class="article-text">
        Cada una de las 10 preguntas de la bater&iacute;a se presenta como una afirmaci&oacute;n ante la cual el entrevistado debe indicar su grado de acuerdo, donde el mayor desacuerdo se mide como un 0 y el mayor acuerdo como un 10. Esta bater&iacute;a busca capturar las tres dimensiones de la preferencia a que los expertos tomen decisiones: elitismo, apoyo a decisiones basadas en el conocimiento y el anti-partidismo. La bater&iacute;a de preguntas es la siguiente:
    </p><p class="article-text">
        <strong>Elitismo</strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>La gente com&uacute;n no sabe qu&eacute; pol&iacute;ticas son buenas para ellos/as mismos/as.</li>
                                    <li>Los l&iacute;deres pol&iacute;ticos deben tomar decisiones de acuerdo con su opini&oacute;n, no con la voluntad del pueblo.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>Apoyo a decisiones basadas en el conocimiento</strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Los pol&iacute;ticos deben ser como gerentes y arreglar lo que no funciona en la sociedad.</li>
                                    <li>Los l&iacute;deres pol&iacute;ticos deben tener mayor nivel educativo y estar m&aacute;s capacitados que los/as ciudadanos/as comunes.</li>
                                    <li>Los problemas sociales deben abordarse teniendo en cuenta la evidencia cient&iacute;fica, no las preferencias ideol&oacute;gicas.</li>
                                    <li>Los problemas que afronta el pa&iacute;s requieren de expertos/as para resolverlos.</li>
                                    <li>Las mejores decisiones pol&iacute;ticas son las tomadas por expertos/as que no son pol&iacute;ticos,</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>Anti-partidismo</strong>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Los partidos pol&iacute;ticos en vez de ayudar perjudican a la sociedad.</li>
                                    <li>Los pol&iacute;ticos solo quieren promover los intereses de quienes los votan y no los intereses de todo el pa&iacute;s.</li>
                                    <li>Los pol&iacute;ticos dedican todo su tiempo a buscar ser reelegidos en lugar de solucionar problemas.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Para analizar el cambio de opiniones producido por la pandemia, hemos tomado la diferencia entre las opiniones dadas en mayo de 2020 y las opiniones emitidas un a&ntilde;o antes. El gr&aacute;fico siguiente muestra la media de estas diferencias para cada una de las preguntas de la bater&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Como podemos ver, con la pandemia ha aumentado en t&eacute;rminos generales el grado de apoyo al rol de los expertos. La mayor parte de las diferencias son positivas, es decir, hay mayor apoyo a las afirmaciones de corte tecnocr&aacute;tico en mayo de 2020 que en marzo de 2019. En los casos en los que la media de apoyo ha bajado, lo ha hecho en muy peque&ntilde;a medida y podemos decir que estad&iacute;sticamente esa bajada no es significativa.
    </p><p class="article-text">
        En concreto, del conjunto de preguntas, &iquest;Cu&aacute;les son las actitudes que m&aacute;s se han reforzado con la pandemia? Como podemos ver, son las preguntas 4-7. Esas cuatro afirmaciones reflejan la dimensi&oacute;n de apoyo a que las decisiones est&eacute;n basadas en el conocimiento (<em>expertise</em> en ingl&eacute;s). El grado de apoyo a esas afirmaciones ha aumentado notablemente y de manera estad&iacute;sticamente significativa. La magnitud de ese aumento es de 0.4, 0.7, 0.3, y 0.4, respectivamente. Pueden parecer cambios menores, pero reflejan el 17%, 29%, 17% y 18% de la desviaci&oacute;n est&aacute;ndar de la respuesta en cada caso. Por lo tanto, podemos decir que con la pandemia se ha acentuado la preferencia de los ciudadanos por que los expertos est&eacute;n involucrados en la toma de decisiones.
    </p><p class="article-text">
        En conclusi&oacute;n, en un contexto que conjuga dependencia del saber profesional y experto con cuestionamiento de los argumentos cient&iacute;ficos sin precedentes en los tiempos recientes, vemos que el resultado neto en la opini&oacute;n p&uacute;blica espa&ntilde;ola es muy claro: Los ciudadanos han redoblado su confianza en que las decisiones se basen en el conocimiento de los expertos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Fernández-Vázquez, Sebastián Lavezzolo, Luis Ramiro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/cambiado-pandemia-actitudes-expertos_132_6503081.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Dec 2020 05:00:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b2f53942-2e2d-4e56-84af-c80d2b62352e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1477475" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b2f53942-2e2d-4e56-84af-c80d2b62352e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1477475" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Cómo ha cambiado la pandemia nuestras actitudes hacia los expertos?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b2f53942-2e2d-4e56-84af-c80d2b62352e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tecnócratas, científicos, expertos y otros animales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/tecnocratas-cientificos-expertos-animales_132_6248873.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d05ddc83-9e5b-4a7c-b3d4-ea8ef46e33dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tecnócratas, científicos, expertos y otros animales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ante los graves desafíos que afronta España, es necesario mejorar la conexión entre las decisiones políticas y la investigación científica. Sin embargo, el mejor camino no es aplicar soluciones tecnocráticas</p></div><p class="article-text">
        Recientemente han aparecido en nuestro pa&iacute;s declaraciones y pronunciamientos favorables a conceder a los expertos, a los cient&iacute;ficos, a los investigadores, un papel m&aacute;s relevante en los procesos de toma de decisiones pol&iacute;ticas. La discusi&oacute;n sobre la gesti&oacute;n de la pandemia, de manera muy destacada, y la administraci&oacute;n de los fondos europeos para la recuperaci&oacute;n, de manera incipiente, son dos de los temas en los que esta reivindicaci&oacute;n del papel de los expertos ha sido evidente.
    </p><p class="article-text">
        Que se produzcan este tipo de demandas es lo esperable dada la situaci&oacute;n del pa&iacute;s. En un momento en que se agolpan los problemas que han de resolverse de manera urgente es usual encontrar estos llamamientos. En una situaci&oacute;n de crisis y de riesgos grav&iacute;simos en que los estados, las administraciones y los responsables pol&iacute;ticos encuentran crecientes dificultades para asegurar objetivos centrales como la vida y un bienestar econ&oacute;mico b&aacute;sico, no resulta extra&ntilde;o que se reclame un mayor peso del conocimiento experto en el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas y en el proceso de toma de decisiones.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, algunos de esos requerimientos parecen deslizarse hacia una reivindicaci&oacute;n de una gesti&oacute;n pol&iacute;tica tecnocr&aacute;tica. Las recientes declaraciones de Luis Garicano, profesor de Econom&iacute;a, diputado en el Parlamento Europeo por Ciudadanos y vicepresidente del grupo Renew Europe, sobre c&oacute;mo gestionar los fondos europeos para la reconstrucci&oacute;n se sit&uacute;an en esta aproximaci&oacute;n tecnocr&aacute;tica. Garicano declaraba en Radio Nacional de Espa&ntilde;a:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que yo sugiero es una oficina independiente con poderes por encima de todos los ministerios que realmente consiga llevar a cabo las reformas necesarias, fiscalizar este dinero, asegurar que se gasta bien, asegurar que hacemos lo que tenemos que hacer, en una oportunidad hist&oacute;rica. Si perdemos esta oportunidad, seguramente no vamos a tener otra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Son unas declaraciones muy interesantes que ponen sobre la mesa qu&eacute; papel deben jugar los expertos y el saber experto en pol&iacute;tica, qu&eacute; papel juegan la administraci&oacute;n, los responsables pol&iacute;ticos y los pol&iacute;ticos, en general. Y proponen una respuesta tecnocr&aacute;tica a la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo gestionar, en este caso, unos fondos europeos. Es una propuesta que puede ser sin duda atractiva, pero sobre la que, si se nos permite la iron&iacute;a, precisamente el conocimiento previo, el saber acumulado, nos avisa de que contiene tambi&eacute;n problemas potencialmente graves.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; la propuesta de Luis Garicano es una propuesta tecnocr&aacute;tica? La tecnocracia, en una definici&oacute;n m&iacute;nima, supone la implicaci&oacute;n de expertos (individuos dotados de ciertas credenciales acad&eacute;micas de especializaci&oacute;n) en el proceso de toma de decisiones pol&iacute;ticas. En cierta medida esa implicaci&oacute;n se puede entender como un continuo en que la intervenci&oacute;n de los expertos es m&aacute;s o menos intensa, en que su protagonismo es mayor o menor en la definici&oacute;n y dise&ntilde;o de los problemas y de sus soluciones. En el extremo de mayor implicaci&oacute;n y mayor protagonismo de los expertos encontrar&iacute;amos las propuestas tecnocr&aacute;ticas. &Eacute;stas suponen delegar en los expertos la identificaci&oacute;n de los problemas, la definici&oacute;n de los objetivos, el dise&ntilde;o de las soluciones. Asociada a la propuesta tecnocr&aacute;tica est&aacute; la asunci&oacute;n de que s&oacute;lo el saber experto y s&oacute;lo la delegaci&oacute;n de autoridad pol&iacute;tica en los expertos pueden lograr la identificaci&oacute;n de una especie de inter&eacute;s general &oacute;ptimo &mdash;<em>que se gaste bien</em>&mdash; as&iacute; como las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas m&aacute;s eficaces para conseguirlo. En cambio, los arreglos institucionales habituales de la democracia representativa, los partidos, tendr&iacute;an menor capacidad para conseguir dichos prop&oacute;sitos. Una &eacute;lite de t&eacute;cnicos, independientes, ajenos a los imperativos de la competici&oacute;n electoral, a las presiones de la opini&oacute;n p&uacute;blica, dotados de un saber experto objetivo, neutral, apol&iacute;tico, pueden perseguir el bien com&uacute;n y el beneficio general mejor que los representantes p&uacute;blicos. En las declaraciones de Luis Garicano resuenan obviamente varios de estos elementos tecnocr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta tecnocr&aacute;tica puede resultar sugerente por varios motivos. &iquest;Qui&eacute;n puede negar la bondad de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que se sit&uacute;en por encima de particularismos, por encima de clientelismos varios, que persigan un bien com&uacute;n que todos compartimos? Es comprensible que, en momentos de descontento, de crisis, de reclamaciones de regeneraci&oacute;n, las propuestas tecnocr&aacute;ticas abunden y sean vistas favorablemente por muchos.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, como ya hemos documentado en un estudio (<a href="https://www.cambridge.org/core/journals/european-political-science-review/article/stealth-democracy-and-the-support-for-new-and-challenger-parties/AC1110ED74CF048B8208B3A98F83665F" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), en el caso espa&ntilde;ol estas propuestas pueden ser bien acogidas porque los espa&ntilde;oles mostramos, en t&eacute;rminos comparados, una visi&oacute;n muy positiva de la implicaci&oacute;n de expertos en los procesos de toma de decisiones. Sin embargo, parad&oacute;jicamente, las propuestas tecnocr&aacute;ticas parecen pasar por alto la evidencia emp&iacute;rica que se&ntilde;ala que los ciudadanos, teniendo una visi&oacute;n positiva de los expertos, no se muestran favorables a que dispongan de una autoridad pol&iacute;tica aut&oacute;noma, independiente del poder pol&iacute;tico representativo y democr&aacute;tico. Esta cuesti&oacute;n est&aacute; documentada por los trabajos de Joan Font y Ernesto Ganuza para el caso de Espa&ntilde;a (<a href="https://www.catarata.org/libro/por-que-la-gente-odia-la-politica_80396/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a> y <a href="https://recyt.fecyt.es/index.php/RevEsPol/article/view/58877" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), por Dommet y Temple para el Reino Unido (<a href="https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0032321719844122" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>) y por Eri Bertsou con evidencia comparada para siete democracias europeas (<a href="http://eribertsou.com/wp-content/uploads/2020/04/Bertsou2020BringInTheExperts.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Las propuestas tecnocr&aacute;ticas tampoco parecen tener en cuenta algunas de las ense&ntilde;anzas y evidencias procedentes del an&aacute;lisis de la gesti&oacute;n de la Gran Recesi&oacute;n de 2008, cuando pol&iacute;ticas impulsadas por instituciones ajenas a los gobiernos democr&aacute;ticamente elegidos de varios pa&iacute;ses europeos fueron acogidas muy negativamente por la ciudadan&iacute;a, resultando esto en una crisis del apoyo a la democracia en esos pa&iacute;ses (v&eacute;ase <a href="https://ejpr.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1475-6765.12046" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>) y, en algunos casos, quiz&aacute;s un trampol&iacute;n para las opciones populistas (v&eacute;ase <a href="https://foreignpolicy.com/2017/12/20/populism-is-a-problem-elitist-technocrats-arent-the-solution/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute; </a>y la conclusi&oacute;n de este reciente estudio publicado en una de las m&aacute;s prestigiosas revistas de Ciencia Pol&iacute;tica, <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/ajps.12554" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Las propuestas tecnocr&aacute;ticas parecen sobrestimar la posibilidad de identificar &aacute;reas en las que un consenso amplio sobre los objetivos permita que expertos independientes, a resguardo de la rendici&oacute;n de cuentas democr&aacute;tica, puedan centrarse en dise&ntilde;ar aspectos meramente t&eacute;cnicos que no impliquen diferentes valores, preferencias e intereses pol&iacute;ticos. Estas propuestas parecen tambi&eacute;n sobrestimar la existencia de un conocimiento cient&iacute;fico consensuado y consolidado de modo que permita un debate t&eacute;cnico ajeno a sus implicaciones pol&iacute;ticas. Qu&eacute; es saber experto y qui&eacute;nes son los expertos son cuestiones problem&aacute;ticas, disputadas, que los favorables a soluciones tecnocr&aacute;ticas tienden a abordar de modo despreocupado.
    </p><p class="article-text">
        En una medida no despreciable las soluciones tecnocr&aacute;ticas tienden a generar una reacci&oacute;n contraria en la opini&oacute;n p&uacute;blica, conf&iacute;an en una concepci&oacute;n excesivamente simplificada del saber experto o cient&iacute;fico y no parecen considerar adecuadamente su probable contribuci&oacute;n al debilitamiento de nuestras democracias. Contraponer la autoridad pol&iacute;tica de representantes democr&aacute;ticamente elegidos &mdash;supuestamente ineficaces y tendentes al clientelismo&mdash; al conocimiento experto, como finalmente hacen los partidarios de arreglos tecnocr&aacute;ticos, no parece el camino m&aacute;s seguro para lograr el bienvenido objetivo de que la administraci&oacute;n y los pol&iacute;ticos se apoyen m&aacute;s en la investigaci&oacute;n, en la ciencia y en los expertos durante los procesos de elaboraci&oacute;n, ejecuci&oacute;n y evaluaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        Hay otras posibilidades. En ese continuo de implicaci&oacute;n de los expertos en el proceso de toma de decisiones que mencion&aacute;bamos antes hay otras opciones menos extremas que la tecnocracia que pueden aprovechar el saber experto, buscar su adecuada inserci&oacute;n en el entramado pol&iacute;tico, burocr&aacute;tico y administrativo de un pa&iacute;s y, adem&aacute;s, ser mejor recibidas por la opini&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Los expertos, dentro y fuera de los partidos, en la administraci&oacute;n, en agencias, departamentos de investigaci&oacute;n, participan habitualmente en la elaboraci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Un tipo de expertos, los conocidos en el lenguaje acad&eacute;mico como <em>technopols</em> (expertos acad&eacute;micos, cient&iacute;ficos, que son afiliados de un partido y que aceptan puestos de responsabilidad pol&iacute;tica) son una figura frecuente en muchos gobiernos. Su combinaci&oacute;n de rasgos (disposici&oacute;n de un conocimiento experto e inserci&oacute;n en el entramado pol&iacute;tico representativo) es particularmente bien valorada por los ciudadanos como nosotros mismos hemos mostrado en una investigaci&oacute;n reciente junto a Pablo Fern&aacute;ndez-V&aacute;zquez (<a href="https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/01402382.2020.1778917" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        Conseguir que la administraci&oacute;n, que los gobiernos, aprovechen el conocimiento cient&iacute;fico no es f&aacute;cil. Hay campos en los que la transferencia de conocimiento se ha demostrado repetidamente dif&iacute;cil; hay organizaciones m&aacute;s tendentes que otras al uso del conocimiento cient&iacute;fico de un modo simb&oacute;lico, estrat&eacute;gico, a modo de legitimaci&oacute;n o como respaldo de posiciones pol&iacute;ticas previas; hay organizaciones que a pesar de su buena predisposici&oacute;n no consiguen aprovechar el conocimiento cient&iacute;fico por falta de recursos o capacidad. En definitiva, dirigir el saber experto hacia la soluci&oacute;n de problemas sociales es extraordinariamente complejo. Pero las propuestas tecnocr&aacute;ticas no es probable que resuelvan esas dificultades, l&iacute;mites y complejidades sin generar problemas adicionales graves.
    </p><p class="article-text">
        Al comienzo de este art&iacute;culo dec&iacute;amos que es habitual encontrar propuestas tecnocr&aacute;ticas en el debate p&uacute;blico en momentos de crisis. Las propuestas tecnocr&aacute;ticas se han sugerido desde hace a&ntilde;os como soluciones a los desaf&iacute;os crecientemente complejos a los que se enfrentan los gobiernos democr&aacute;ticos. Curiosamente, como recordaba precisamente un reconocido experto en el an&aacute;lisis pol&iacute;tico, el profesor Peter Mair, en su libro p&oacute;stumo<em> Gobernando el vac&iacute;o. La banalizaci&oacute;n de la democracia occidental</em>, no es inusual encontrar pol&iacute;ticos de diversos partidos que, favoreciendo soluciones tecnocr&aacute;ticas, tienden a descalificar su propia labor, pol&iacute;ticos que menosprecian precisamente la actividad pol&iacute;tica, representantes pol&iacute;ticos que defienden opciones tecnocr&aacute;ticas como soluciones eficaces ante la inoperancia de las instituciones representativas a las que pertenecen. Pero estas propuestas tienden a olvidar que, como tambi&eacute;n suger&iacute;a Mair, la ret&oacute;rica tecnocr&aacute;tica supone una retirada de las &eacute;lites pol&iacute;ticas del &aacute;mbito pol&iacute;tico democr&aacute;tico, ahonda la crisis de representaci&oacute;n pol&iacute;tica y, con ello, constituye un elemento m&aacute;s de la crisis de nuestras democracias.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se enfrenta a desaf&iacute;os muy graves; en esa situaci&oacute;n es sin duda necesario mejorar la conexi&oacute;n entre las decisiones pol&iacute;ticas y la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, es necesario eliminar las lagunas de informaci&oacute;n y conocimiento en algunas &aacute;reas clave, es necesario mejorar la transferencia de conocimiento. No resulta evidente que para enfrentarse a estos desaf&iacute;os el mejor camino sea instaurar instituciones y soluciones tecnocr&aacute;ticas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Ramiro, Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/tecnocratas-cientificos-expertos-animales_132_6248873.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2020 20:56:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d05ddc83-9e5b-4a7c-b3d4-ea8ef46e33dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1592379" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d05ddc83-9e5b-4a7c-b3d4-ea8ef46e33dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1592379" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tecnócratas, científicos, expertos y otros animales]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d05ddc83-9e5b-4a7c-b3d4-ea8ef46e33dc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Réquiem por el bipartidismo español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/requiem-bipartidismo-espanol_132_1253412.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf1af52f-a213-4e82-824f-25e166b703b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Réquiem por el bipartidismo español"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ante la fragmentación partidista y las dificultades para la formación de gobiernos los líderes políticos seguían operando con una lógica política propia del bipartidismo. Con el 10N esto se ha acabado</p><p class="subtitle">En los últimos años PSOE, Podemos y Ciudadanos podrían haber dejado de razonar en términos bipartidistas para alcanzar el poder y no lo hicieron</p><p class="subtitle">No parecería sensato que los partidos continúen insistiendo en planear sus estrategias políticas pensando en que la política española, tarde o temprano, seguirá siendo una cosa de dos</p></div><p class="article-text">
        El bipartidismo espa&ntilde;ol ha muerto. El 10 de noviembre de 2019 quedar&aacute; marcado en los libros de Historia como la fecha oficial de defunci&oacute;n. O eso deber&iacute;a. Pues si bien hemos estado hablando del fin del bipartidismo desde mayo de 2014 &ndash;tras el ascenso de Ciudadanos y Podemos en las elecciones europeas&ndash; o, con m&aacute;s celo, desde la nueva y variada composici&oacute;n del Congreso de los Diputados tras las elecciones generales de 2015, la Parca &ndash;aunque ya dejaba ver su silueta en el horizonte&ndash; no hab&iacute;a asestado a&uacute;n su golpe mortal. Pero con el 10N todo acab&oacute;, ya no hubo forma de burlar a la guada&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Esta idea va en contra de los hechos, argumentar&eacute;is enseguida. Y es cierto, pues si nos atenemos a los n&uacute;meros y a la aritm&eacute;tica parlamentaria para la formaci&oacute;n de gobierno, el multipartidismo lleva ya a&ntilde;os asentado en la arena pol&iacute;tica nacional. No obstante, perm&iacute;tanme que replique, el bipartidismo no hab&iacute;a muerto del todo, pues hasta ahora segu&iacute;a funcionando como la lente que transformaba la manera de ver (y entender a) la pol&iacute;tica por parte de los partidos y los votantes. En este breve post me centrar&eacute; en los primeros &ndash;los partidos&ndash; y argumentar&eacute; que a pesar de la fragmentaci&oacute;n partidista y las dificultades para la formaci&oacute;n de gobiernos los l&iacute;deres pol&iacute;ticos segu&iacute;an operando con una l&oacute;gica pol&iacute;tica propia del bipartidismo. Pondr&eacute; el ejemplo de PSOE, Podemos y Ciudadanos, los &uacute;ltimos tres partidos que podr&iacute;an haber dejado de razonar en t&eacute;rminos bipartidistas para alcanzar el poder y no lo hicieron.
    </p><p class="article-text">
        Desde mi punto de vista el caso m&aacute;s claro es el del Partido Socialista, quien en dos ocasiones tuvo la oportunidad de formar gobierno asumiendo el coste de compartir &ndash;de una forma u otra&ndash; el poder con otras fuerzas pol&iacute;ticas, principalmente Podemos. Tras las elecciones de diciembre de 2015, una alianza con los morados y los nacionalistas hubiese enterrado el bipartidismo a la primera; en abril de 2019 el pacto con Unidas Podemos tambi&eacute;n se qued&oacute;, para sorpresa de muchos, en el camino. En ninguna de las dos ocasiones el PSOE interpret&oacute; la fragmentaci&oacute;n&nbsp;que arrojaban los resultados electorales como una se&ntilde;al inequ&iacute;voca y definitiva de cambio de ciclo.&nbsp;De lo contrario, a pesar de los incentivos a corto plazo, se habr&iacute;a aventurado a formar una coalici&oacute;n progresistas con un programa conjunto de transformaci&oacute;n de largo recorrido. Intuyo, perdonen ustedes, que a&uacute;n sobreviv&iacute;a la idea de que era posible recuperar una posici&oacute;n pol&iacute;tica en la izquierda que no dependiera&nbsp;de otros grupos pol&iacute;ticos. Es cierto que en ambas ocasiones entraron en juego otros&nbsp;factores que dificultaron que el PSOE terminase por soltar amarras, pero en ambos casos&nbsp;&ndash;especulo&ndash;&nbsp;los incentivos a intentar recuperar el espacio electoral perdido segu&iacute;an gobernando la toma de decisiones en Ferraz.
    </p><p class="article-text">
        Sin dudas la apuesta por repetir las elecciones en 2019 ilustra de la mejor manera mi argumento. Despu&eacute;s de las elecciones de abril, el PSOE vislumbr&oacute; la posibilidad de empujar a UPs a una posici&oacute;n casi marginal, obligando a los de Iglesias a tener que apoyar desde fuera a un gobierno monocolor. Los datos coyunturales &ndash;se ha argumentado&ndash; incentivaban dicha apuesta, pero la atractiva idea de laminar al competidor y volver a reinar sin dificultades en su espacio electoral en realidad estaba distorsionaba por la l&oacute;gica bipartidista, que no dejaba ver con claridad el cambio estructural que ya hab&iacute;an sufrido las preferencias pol&iacute;ticas de los espa&ntilde;oles. Reconozco que esta interpretaci&oacute;n asume que las negociaciones entre el PSOE y UPs previas a la repetici&oacute;n &ndash;a pesar de haber avanzado bastante&ndash; no reflejaban la intenci&oacute;n de Pedro S&aacute;nchez de pactar un gobierno de coalici&oacute;n. Desde mi punto de vista existen varios indicios para creer esto, pero esto es una tema aparte. Abrazad el supuesto conmigo o juzgadme con severidad.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, es esperable&nbsp;que sean los partidos tradicionales los que normalmente operen con una l&oacute;gica bipartidista en su toma de decisiones, y que por tanto sean los que se encuentren con mayores dificultades para cortocircuitar la fuerza de inercia. Pero lo llamativo es que los l&iacute;deres de los nuevos partidos tambi&eacute;n hayan seguido utilizando las gafas bipartidistas hasta hace bien poco. Tanto en el caso de Podemos como de Ciudadanos las consecuencias de dicha distorsi&oacute;n se han visto en sus correspondientes apuestas por un sorpaso a sus competidores. En diciembre de 2015, tras conseguir unos muy buen resultados en las urnas, Pablo Iglesias dej&oacute; caer en la mism&iacute;sima noche electoral que a &eacute;l no le importaba si se repet&iacute;an elecciones, pues se hab&iacute;an quedado muy cerca de quitarle el primer puesto en la izquierda al PSOE. En su cabeza &ndash;especulo&ndash; estaba no s&oacute;lo la posibilidad de ganar unas elecciones a los socialistas, sino de arrollar pr&aacute;cticamente por completo su espacio electoral, convirti&eacute;ndose en el nuevo PSOE y&nbsp;reemplaz&aacute;ndolo&nbsp;en la competici&oacute;n bipartidista. Ese&nbsp;&ndash;confiesan muchos&ndash; era el objetivo original de Podemos. Tras la repetici&oacute;n electoral nada de eso sucedi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El caso de Ciudadanos es bastante m&aacute;s reciente y con un final bastante m&aacute;s tr&aacute;gico. De cara a las elecciones de abril de 2019, la formaci&oacute;n naranja decidi&oacute; dar un brusco giro a la derecha imponiendo de antemano un veto a la formaci&oacute;n de gobierno con Pedro S&aacute;nchez. Justamente la formaci&oacute;n que hab&iacute;a llegado a la pol&iacute;tica para&nbsp;ocupar&nbsp;una&nbsp;posici&oacute;n pragm&aacute;tica, de partido bisagra, desde donde promover &ndash;seg&uacute;n defend&iacute;an en sus comienzos&ndash; reformas estructurales y de regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica. Pero lo m&aacute;s probable es que el veto naranja&nbsp;estuviese dise&ntilde;ado para&nbsp;ganar la particular batalla de Rivera al PP. En contra de la progresi&oacute;n electoral del partido y de los indicios demosc&oacute;picos (ninguna encuesta para entonces lo acercaba a un escenario de sorpaso), Ciudadanos&nbsp;habr&iacute;a visto&nbsp;en el horizonte &ndash;especulo de nuevo&ndash; la posibilidad de ganar la primer posici&oacute;n en la derecha y, con el tiempo,&nbsp;convertirse en el punto focal para la coordinaci&oacute;n del voto liberal y conservador. Pero esa visi&oacute;n seguramente estaba desenfocada por la lente del mundo bipartidista. Segu&iacute;a operando en las &eacute;lites de los naranjas la idea de que acabar&iacute;an siendo el&nbsp;reemplazo del PP. En las elecciones del 28A, como Podemos en 2015, Ciudadanos se qued&oacute;&nbsp;cerca del sorpaso<em>&nbsp;</em>y, en consecuencia, redobl&oacute; su apuesta. En la repetici&oacute;n griparon el motor, perdieron la mitad del voto y el sistema electoral los pas&oacute; por la trituradora.
    </p><p class="article-text">
        La especulaci&oacute;n tiene un l&iacute;mite, lo reconozco, pero quiz&aacute;s otra hubiese sido la historia de Ciudadanos si hubiese comprendido que su objetivo principal no pasaba por ganarle el primer puesto en la derecha al PP, sino comprender que el bipartidismo aritm&eacute;tico era cosa ya del pasado y que en aras de promover y ejecutar una agenda pol&iacute;tica lo m&aacute;s l&oacute;gico era encontrar una posici&oacute;n s&oacute;lida y privilegiada en el centro, capaz de conseguir concesiones de unos y de otros. Esa podr&iacute;a haber sido un espacio m&aacute;s peque&ntilde;o pero mucho m&aacute;s fruct&iacute;fero para los de Rivera.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, las elecciones del 10N han sido las cuartas en las que los votantes pintan un Congreso de los Diputados multicolor y multidimensional, es decir, heterog&eacute;neo y&nbsp;complejo&nbsp;para gobernar. Por tanto, no parecer&iacute;a sensato que los partidos&nbsp;contin&uacute;en&nbsp;insistiendo&nbsp;en planear sus estrategias pol&iacute;ticas pensando en que la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, tarde o temprano, seguir&aacute; siendo una cosa de dos. En los pr&oacute;ximos d&iacute;as, de salir adelante el primer gobierno de coalici&oacute;n (a nivel estatal) desde la vuelta de la democracia, la muerte del bipartidismo quedar&iacute;a certificada. No ser&iacute;a mala idea, a modo de advertencia, colocar en su l&aacute;pida el mismo epitafio que aparece en la tumba del profeta Nostradamus: &ldquo;No envidi&eacute;is la paz de los muertos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/requiem-bipartidismo-espanol_132_1253412.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Nov 2019 21:08:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cf1af52f-a213-4e82-824f-25e166b703b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="51514" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cf1af52f-a213-4e82-824f-25e166b703b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="51514" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Réquiem por el bipartidismo español]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cf1af52f-a213-4e82-824f-25e166b703b0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cinco claves y siete gráficos sobre el CIS preelectoral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/claves-cis-preelectoral_132_1603800.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba7efe3a-9c71-4ecb-bc30-6ffed9554efa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Destacamos algunas de las claves del barómetro preelectoral para el 28A del CIS publicado este martes</p><p class="subtitle">DATOS | PSOE y Unidas Podemos, cerca de la mayoría absoluta y por encima de las tres derechas en votos y escaños</p><p class="subtitle">MAPA | Los resultados del CIS preelectoral, por provincias</p></div><p class="article-text">
        Este martes se public&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/politica/CIS-PSOE-primera-fuerza-escanos_0_886811545.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el &uacute;ltimo bar&oacute;metro del CIS antes de las elecciones</a>. Los titulares probablemente ya los conozcan. Los resultados del bar&oacute;metro dan al PSOE como partido m&aacute;s votado, aunque necesitar&iacute;a pactos para gobernar, mientras que la suma de PP, Ciudadanos y Vox no llega a la mayor&iacute;a absoluta. M&aacute;s all&aacute; de estos titulares, queremos destacar aqu&iacute; algunas otras claves que nos permiten conocer mejor c&oacute;mo llegamos a las elecciones del 28A. 
    </p><h2 class="article-text">La participaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        En lo que respecta a la participaci&oacute;n electoral, un 76.3% de los encuestados afirman que ir&aacute;n a votar con toda seguridad el 28A. Este dato siempre tiene un componente de deseabilidad social (nos gusta responder que vamos a ir a votar), aunque el modelo de estimaci&oacute;n que utiliza el CIS lo reduce solo m&iacute;nimamente a una participaci&oacute;n del 74,8%, lo que estar&iacute;a por encima de la registrada en las elecciones generales de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En la respuesta a la pregunta sobre participaci&oacute;n, no existen diferencias relevantes si analizamos el dato por partidos (gr&aacute;fico 1). Cruzando la intenci&oacute;n de ir a votar por el recuerdo de voto, vemos que apenas hay variaciones. La participaci&oacute;n no tiene color partidista. Podemos ver lo mismo si consideramos la pregunta que hace el CIS sobre la <em>probabilidad de votar en las pr&oacute;ximas elecciones del 28A</em> en vez de la pregunta directa sobre si el encuestado ir&aacute; o no a votar. La probabilidad media de todos los encuestados est&aacute; en torno 80.5%. La probabilidad media entre los principales partidos se mueve muy poco, en torno al 90%. Poco que destacar aqu&iacute;.
    </p><h4 class="article-text">Gr&aacute;fico 1. Probabilidad de participar el 28A </h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/276ce75a-ea98-420c-ba87-c0828ca21863_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/276ce75a-ea98-420c-ba87-c0828ca21863_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/276ce75a-ea98-420c-ba87-c0828ca21863_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/276ce75a-ea98-420c-ba87-c0828ca21863_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/276ce75a-ea98-420c-ba87-c0828ca21863_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/276ce75a-ea98-420c-ba87-c0828ca21863_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/276ce75a-ea98-420c-ba87-c0828ca21863_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        M&aacute;s interesante resulta que entre los que piensan ir a votar, cerca del 58% ya tiene decidido su voto, mientras que el 41.6% aun no lo tiene claro. Este dato representa al 36% del total de la muestra y es id&eacute;ntico al registrado en la preelectoral de las elecciones de diciembre de 2015 (41.6%) y mayor &ndash;con bastante sentido&ndash; que el de las de junio de 2016 (32.4%). Aqu&iacute; s&iacute; surge un dato relevante, y es el que se refiere a la diferencia por partidos.
    </p><p class="article-text">
        Si miramos el porcentaje de indecisos por antiguos votantes de cada partido, vemos que destaca el caso de Ciudadanos (gr&aacute;fico 2). Aquellos que optaron por la formaci&oacute;n de Rivera en 2016 hoy est&aacute;n divididos a partes igual entres los que tienen decidido el voto y los que no. El dato contrasta con los que presentan los antiguos votantes de otras formaciones: s&oacute;lo el 37% de ex votantes del PP a&uacute;n no sabe a qui&eacute;n votar el 28A, el 31% de ex votantes del PSOE y casi el 38% de ex votantes de Unidas Podemos. La indecisi&oacute;n en este periodo preelectoral tiene un leve sesgo naranja.
    </p><h4 class="article-text">Gr&aacute;fico 2. Indecisi&oacute;n seg&uacute;n voto en 2016 </h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f91c386-f65e-4eb6-8c49-89f73f7bf048_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f91c386-f65e-4eb6-8c49-89f73f7bf048_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f91c386-f65e-4eb6-8c49-89f73f7bf048_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f91c386-f65e-4eb6-8c49-89f73f7bf048_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f91c386-f65e-4eb6-8c49-89f73f7bf048_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f91c386-f65e-4eb6-8c49-89f73f7bf048_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0f91c386-f65e-4eb6-8c49-89f73f7bf048_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h2 class="article-text">M&aacute;s sobre la indecisi&oacute;n y las bajas lealtades</h2><p class="article-text">
        Lo anterior podr&iacute;a explicarse por la situaci&oacute;n en la que han quedado muchos antiguos votantes de Ciudadanos (quiz&aacute;s los m&aacute;s moderados y liberales), quienes se enfrentan al dilema de convivir con Vox en caso de que, junto al PP, sumen para formar gobierno. Un producto, en cierta medida, de la campa&ntilde;a anti-S&aacute;nchez/anti-PSOE dibujada por la ejecutiva de Ciudadanos. &iquest;Pero entre qu&eacute; partidos dudan los indecisos naranjas?
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 3 muestra que entre los antiguos votantes de Ciudadanos que a&uacute;n no tienen decidido el voto para las pr&oacute;ximas elecciones generales, un 10% duda entre Ciudadanos y Vox, un 18% entre Ciudadanos y PP, mientras que entre el grupo de indecisos (ex) naranjas un 21% duda entre volver a votar a Rivera o votar a Pedro S&aacute;nchez. Se trata de unos datos que explican la dif&iacute;cil posici&oacute;n en la que se encuentra el partido naranja a la hora de atraer a los indecisos (en medio de la izquierda y la derecha), as&iacute; como el riesgo asumido por los de Rivera al haber puesto sobre la mesa el veto a los de S&aacute;nchez. 
    </p><h4 class="article-text">Gr&aacute;fico 3. Dudas de los votantes de Cs  </h4><p class="article-text">
        <strong>  </strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a92f43c-2fc5-4da0-a56a-ec9d8425c187_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a92f43c-2fc5-4da0-a56a-ec9d8425c187_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a92f43c-2fc5-4da0-a56a-ec9d8425c187_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a92f43c-2fc5-4da0-a56a-ec9d8425c187_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a92f43c-2fc5-4da0-a56a-ec9d8425c187_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6a92f43c-2fc5-4da0-a56a-ec9d8425c187_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6a92f43c-2fc5-4da0-a56a-ec9d8425c187_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Otro aspecto que destaca sobre la indecisi&oacute;n es que, aunque la fragmentaci&oacute;n pol&iacute;tica haya hecho que, en general, m&aacute;s votantes que en el pasado no hayan decidido todav&iacute;a su voto, esa indecisi&oacute;n est&aacute; particularmente concentrada en la derecha, especialmente si la comparamos con la que ten&iacute;amos justo antes de las elecciones de 2016. Este resultado es plenamente consistente con la feroz batalla electoral que se vive en esa parte del espectro ideol&oacute;gico.
    </p><h4 class="article-text">Gr&aacute;fico 4. Indecisi&oacute;n seg&uacute;n ideolog&iacute;a (2019 y 2016) </h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e44f26a-414f-4392-9144-ff3335c9c9a7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e44f26a-414f-4392-9144-ff3335c9c9a7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e44f26a-414f-4392-9144-ff3335c9c9a7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e44f26a-414f-4392-9144-ff3335c9c9a7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e44f26a-414f-4392-9144-ff3335c9c9a7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6e44f26a-414f-4392-9144-ff3335c9c9a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6e44f26a-414f-4392-9144-ff3335c9c9a7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        La alta indecisi&oacute;n tambi&eacute;n se explica por la baja fidelidad de los votantes. El partido que m&aacute;s est&aacute; consiguiendo movilizar a sus votantes en 2019 es el PSOE[1], con una lealtad de m&aacute;s del 75%. Las otras tres fuerzas m&aacute;s votadas en 2016 solo retienen, de momento, a alrededor de un 55,5% de sus votantes. Esto indica claramente que llegamos al 28A en un escenario de alta volatilidad.
    </p><h4 class="article-text">Gr&aacute;fico 5. Lealtad de voto en 2019 </h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fc52f43-a511-4499-a267-d01cb38865a5_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fc52f43-a511-4499-a267-d01cb38865a5_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fc52f43-a511-4499-a267-d01cb38865a5_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fc52f43-a511-4499-a267-d01cb38865a5_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fc52f43-a511-4499-a267-d01cb38865a5_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3fc52f43-a511-4499-a267-d01cb38865a5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3fc52f43-a511-4499-a267-d01cb38865a5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h2 class="article-text">La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</h2><p class="article-text">
        La Espa&ntilde;a vac&iacute;a, entendida como las provincias donde se reparten cinco o menos esca&ntilde;os, ser&aacute; una de las claves del 28A. Estas provincias se corresponden con los distritos donde la traducci&oacute;n de votos a esca&ntilde;os es menos proporcional, adem&aacute;s de ser circunscripciones donde la derecha tradicionalmente ha obtenido buenos resultados. Son, por tanto, las provincias donde a priori podr&iacute;a haber mayor penalizaci&oacute;n del sistema electoral a la fragmentaci&oacute;n de la derecha. No obstante, cabe destacar que, a pesar de que tienen penalizaciones, Vox y, sobre todo, Ciudadanos avanzan notablemente en estos territorios.
    </p><p class="article-text">
        Vox podr&iacute;a obtener de 6 a 9 esca&ntilde;os en estas provincias, mientras que la horquilla de Ciudadanos se mueve entre 10 y 14. Este es un buen resultado teniendo en cuenta que los naranjas vienen de tener solo tres esca&ntilde;os en la Espa&ntilde;a vac&iacute;a en la actual legislatura. La cruz ser&iacute;a para Unidas Podemos, que solo obtendr&iacute;a cuatro esca&ntilde;os en la Espa&ntilde;a vac&iacute;a seg&uacute;n las proyecciones del CIS, cayendo desde los trece esca&ntilde;os que tiene en la actualidad (contando los de sus confluencias). 
    </p><h4 class="article-text">Gr&aacute;fico 6: Esca&ntilde;os en la Espa&ntilde;a vac&iacute;a</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bc43406-3de0-404c-8beb-8d7bb28757a8_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bc43406-3de0-404c-8beb-8d7bb28757a8_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bc43406-3de0-404c-8beb-8d7bb28757a8_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bc43406-3de0-404c-8beb-8d7bb28757a8_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bc43406-3de0-404c-8beb-8d7bb28757a8_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bc43406-3de0-404c-8beb-8d7bb28757a8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2bc43406-3de0-404c-8beb-8d7bb28757a8_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><h2 class="article-text">Penalizaciones y premios del sistema electoral </h2><p class="article-text">
        Otro elemento que cabe destacar es que en el reparto final de esca&ntilde;os no se aprecian penalizaciones importantes del sistema electoral al conjunto de la derecha por su mayor fragmentaci&oacute;n. Esta ha sido una cuesti&oacute;n bastante debatida en las &uacute;ltimas semanas: la medida en que el sesgo mayoritario del sistema electoral pod&iacute;a restar a un bloque de derecha m&aacute;s fragmentado por la irrupci&oacute;n de Vox. En realidad, el efecto principal es que los beneficios que tradicionalmente obten&iacute;a el PP por el sistema electoral se han reducido. Sin embargo, el PP sigue obteniendo una prima por el sistema electoral, mientras el conjunto de la derecha no &ldquo;pierde&rdquo; representaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En la siguiente tabla mostramos las estimaciones del CIS y el porcentaje de esca&ntilde;os que cada partido obtendr&iacute;a. Para ello, hemos considerado que el valor central de la horquilla es el n&uacute;mero de esca&ntilde;os para cada partido.
    </p><h4 class="article-text">Tabla 1. Estimaci&oacute;n de voto y proporci&oacute;n de esca&ntilde;os </h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0fd53e4-6fed-4f5d-9f58-58d351c3290c_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0fd53e4-6fed-4f5d-9f58-58d351c3290c_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0fd53e4-6fed-4f5d-9f58-58d351c3290c_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0fd53e4-6fed-4f5d-9f58-58d351c3290c_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0fd53e4-6fed-4f5d-9f58-58d351c3290c_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f0fd53e4-6fed-4f5d-9f58-58d351c3290c_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f0fd53e4-6fed-4f5d-9f58-58d351c3290c_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Como se puede observar, la derecha obtendr&iacute;a un porcentaje de esca&ntilde;os pr&aacute;cticamente id&eacute;ntico a su porcentaje de voto. Es la suma de la izquierda la que s&iacute; obtiene una sobrerrepresentaci&oacute;n de acuerdo a su porcentaje de voto, pero fundamentalmente porque el PSOE obtendr&iacute;a un beneficio por el sistema electoral. El mayor perdedor potencial ser&iacute;a Unidas Podemos. Al verse superado por Ciudadanos y/o Vox en muchos de los distritos de cuatro y cinco esca&ntilde;os, quedar&iacute;a fuera del reparto por ser la fuerza m&aacute;s peque&ntilde;a. 
    </p><h2 class="article-text">La valoraci&oacute;n de Abascal</h2><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, una de las novedades de este CIS es que por primera vez se pregunta por la valoraci&oacute;n de Santiago Abascal como l&iacute;der. <a href="https://www.eldiario.es/politica/Santiago-Abascal-lider-valorado-puntos_0_886811758.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Abascal obtiene una valoraci&oacute;n media de 2,6 sobre 10</a>, siendo la m&aacute;s baja de los cinco l&iacute;deres de las fuerzas pol&iacute;ticas estatales. S&aacute;nchez es el mejor valorado con un 4,1. No obstante, cuando segmentamos la valoraci&oacute;n por voto, y a pesar de que hay una parte del electorado que a&uacute;n no lo conoce (como nota curiosa, podemos decir que es m&aacute;s conocido por los ciudadanos de izquierdas que por los de derechas), comprobamos cu&aacute;l es la popularidad de Abascal entre su grupo de potenciales votantes.
    </p><p class="article-text">
        En el siguiente gr&aacute;fico mostramos la valoraci&oacute;n de Abascal seg&uacute;n el voto en 2016. Los votantes del PP de 2016 valoran a Abascal con un 5,1. Por poner una referencia, la valoraci&oacute;n de Rivera por parte de estos votantes es de un 5,3. Es decir, entre los votantes del PP de 2016, el l&iacute;der de Vox est&aacute; pr&aacute;cticamente igual de valorado que el l&iacute;der de Ciudadanos. En segundo lugar, destaca que los votantes de Ciudadanos en 2016 conceden a Abascal un 3,6. De nuevo, por poner una referencia, Pedro S&aacute;nchez obtiene un 3,3. El votante naranja de las &uacute;ltimas elecciones tiene preferencias parecidas entre Abascal y S&aacute;nchez (ligeramente favorables al primero) lo cual, como dec&iacute;amos antes, explica la estrategia llevada a cabo por Rivera en esta precampa&ntilde;a, pero tambi&eacute;n sus riesgos. 
    </p><h4 class="article-text">Gr&aacute;fico 7. Valoraci&oacute;n de Santiago Abascal</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/09b0fd5f-5564-4c4e-b87b-c8ae64f987c9_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/09b0fd5f-5564-4c4e-b87b-c8ae64f987c9_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/09b0fd5f-5564-4c4e-b87b-c8ae64f987c9_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/09b0fd5f-5564-4c4e-b87b-c8ae64f987c9_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/09b0fd5f-5564-4c4e-b87b-c8ae64f987c9_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/09b0fd5f-5564-4c4e-b87b-c8ae64f987c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/09b0fd5f-5564-4c4e-b87b-c8ae64f987c9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        [1] Utilizamos como variable de voto el VOTO+SIMPAT&Iacute;A de las encuestas del CIS
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Fernández-Albertos, Ignacio Jurado, Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/claves-cis-preelectoral_132_1603800.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Apr 2019 19:23:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ba7efe3a-9c71-4ecb-bc30-6ffed9554efa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" length="95744" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ba7efe3a-9c71-4ecb-bc30-6ffed9554efa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="95744" width="880" height="495"/>
      <media:title><![CDATA[Cinco claves y siete gráficos sobre el CIS preelectoral]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ba7efe3a-9c71-4ecb-bc30-6ffed9554efa_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495"/>
      <media:keywords><![CDATA[CIS - Centro de Investigaciones Sociológicas,Elecciones Generales 2019,PP - Partido Popular,PSOE,Unidas Podemos,Cs - Ciudadanos,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Infidelidad en las urnas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/infidelidad-urnas_132_1615348.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La lealtad partidista es una valor a la baja. El 40% de los españoles están dispuestos a cambiar el color de su voto dependiendo de las circunstancias</p><p class="subtitle">Las principales características individuales asociadas a la promiscuidad en el voto son la edad, el nivel de estudios, la ideología y la preferencia política por nuevos partidos</p><p class="subtitle">Su infidelidad resulta ser una herramienta útil para disciplinar la acción de gobierno así como para fortalecer la función de representación</p></div><p class="article-text">
        La lealtad partidista es una valor a la baja. Ya desde la ruptura del bipartidismo hemos visto cada vez con m&aacute;s frecuencia una mayor predisposici&oacute;n de los votantes a cambiar de partido pol&iacute;tico elecci&oacute;n tras elecci&oacute;n. Es cierto que con la llegada de Podemos y Ciudadanos en 2014 la deslealtad a los partidos tradicionales no ten&iacute;a un significado que fuese m&aacute;s all&aacute; de ser el mero reflejo de aquella crisis pol&iacute;tica, es decir, una consecuencia del cambio en el sistema de partidos. Pero hoy, una vez hemos atravesado un cierto per&iacute;odo de estabilidad (ni Podemos ni Ciudadanos acabaron siendo un sufl&eacute;), el significado de la deslealtad &ndash;o promiscuidad&ndash; partidista no s&oacute;lo refleja la existencia de una demanda de representaci&oacute;n de intereses diversos, dif&iacute;ciles de articular bajo unas mismas siglas, sino tambi&eacute;n de una intensa competici&oacute;n entre diferentes organizaciones para concitar el apoyo de los electores y para hacerse con un espacio pol&iacute;tico propio. Hoy el votante promiscuo es un personaje com&uacute;n en el bestiario de nuestro sistema pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        La forma de definir a un votante promiscuo es bien sencilla: se trata de aquel que decide no casarse con un solo partido, sino m&aacute;s bien votar a uno hoy y a otro ma&ntilde;ana. S&iacute; existen varias formas de operacionalizar la existencia o no de un votante de este tipo, b&aacute;sicamente basta con fijar dos elecciones consecutivas en el tiempo para confirmar si el votante se ha mantenido o no fiel a una misma formaci&oacute;n. Los problemas aparecen en cuanto hay que decidir qu&eacute; tipos de elecciones consideramos, por ejemplo, si se tratan o no de elecciones del mismo nivel &ndash;local, auton&oacute;mica, nacional, europeas&ndash;; o si, en el uso de encuestas, se considera como una infidelidad pr&aacute;cticamente consumada una intenci&oacute;n directa de voto a un partido diferente al que se declara haber votado en el pasado.
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones las encuestas nos permiten explorar con preguntas sencillas y directas el mismo fen&oacute;meno. Este es el caso de los &uacute;ltimos bar&oacute;metros del CIS en los que se pregunta si el encuestado vota siempre o por lo general al mismo partido, o si por el contrario es de las personas que dependiendo de la conveniencia de cada momento vota por un partido u otro, o directamente no vota.[1] Con estos datos presentar&eacute; una breve radiograf&iacute;a del votante promiscuos a pocas semanas de las pr&oacute;ximas elecciones generales.[2]
    </p><p class="article-text">
        Los datos del CIS indican que dos de cada cinco votantes en Espa&ntilde;a son promiscuos: el 40% de los espa&ntilde;oles est&aacute;n dispuestos a cambiar el color de su voto dependiendo de las circunstancias. Esto, como cabe esperar, pone en alerta a las maquinarias electorales de los partidos, pues no se pueden fiar de que su electorado ser&aacute; siempre fiel y, al mismo tiempo, les indica el camino para intentar atraer nuevos votantes.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a un an&aacute;lisis multivariable sabemos que las principales caracter&iacute;sticas individuales asociadas a la promiscuidad en el voto son la edad, el nivel de estudios, la ideolog&iacute;a y la preferencia pol&iacute;tica por nuevos partidos; mientras que no existe una correlaci&oacute;n estad&iacute;sticamente significativa entre la infidelidad partidista y el sexo, el estatus socioecon&oacute;mico, el tama&ntilde;o del municipio del lugar de residencia o tener una preferencia pol&iacute;tica por los partidos tradicionales. El gr&aacute;fico 1 resume el efecto de cada una de estas variables, indicando si tienen un efecto positivo o negativo (a la derecha o izquierda del 0) y si tienen o no una asociaci&oacute;n estad&iacute;sticamente significativa con la promiscuidad en el voto (este es el caso si los intervalos de confianza &ndash;las l&iacute;neas a los costados de los puntos&ndash; no tocan el 0).
    </p><p class="article-text">
        Si tomamos como referencia a las personas mayores de 65 a&ntilde;os, vemos que los espa&ntilde;oles en un tramo de edad entre 25 y 44 a&ntilde;os tienen una mayor probabilidad a ser promiscuos, es decir, a decidir sin ataduras a qu&eacute; partido votar en funci&oacute;n de las circunstancia que plantean cada unas de las elecciones. Algo que no sucede entre los muy j&oacute;venes (votantes entre 18 y 25 a&ntilde;os) y entre los mayores de 45. La promiscuidad, pues, se concentra en una poblaci&oacute;n que, en gran medida, est&aacute; entrando al mercado laboral e intentando consolidar su proyecto de vida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3bb5657-4e43-40c2-b13b-ffcd056fa4d4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3bb5657-4e43-40c2-b13b-ffcd056fa4d4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3bb5657-4e43-40c2-b13b-ffcd056fa4d4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3bb5657-4e43-40c2-b13b-ffcd056fa4d4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3bb5657-4e43-40c2-b13b-ffcd056fa4d4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d3bb5657-4e43-40c2-b13b-ffcd056fa4d4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d3bb5657-4e43-40c2-b13b-ffcd056fa4d4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Por otro lado, el an&aacute;lisis de datos indica que existe una especie de de relaci&oacute;n lineal entre la infidelidad del voto y los estudios conseguidos. Tomando como referencia a los encuestados sin estudios, vemos que una progresi&oacute;n en el nivel de estudios est&aacute; asociada a una efecto cada vez mayor sobre la infidelidad del voto. Esta relaci&oacute;n (con la excepci&oacute;n del nivel de estudios primarios, que no se diferencia de aquellos que no tienen estudios) es relevante desde el punto estad&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Respecto a la ideolog&iacute;a, hemos tomado como categor&iacute;a de referencia el centro, es decir, el 5 de la escala ideol&oacute;gica. Comparando el centro con el resto de segmentos de la escala vemos que existe una relaci&oacute;n negativa de todo ellos con la probabilidad de ser un votante promiscuo, lo cual nos indica que aquellos electores que se posicionan a s&iacute; mismos en el centro tienen una mayor propensi&oacute;n a ser infieles en las urnas. Por otro lado, si evaluamos la intenci&oacute;n directa de voto de los encuestados, observamos que &ndash;tomando  como referencia a los votantes del Partido Popular&ndash; s&oacute;lo los que declaran una intenci&oacute;n de votar a Podemos, Ciudadanos o Vox en las pr&oacute;ximas elecciones generales tienen una asociaci&oacute;n positiva y estad&iacute;sticamente significativa con la promiscuidad electoral. La magnitud del efecto es mayor en caso de los votantes de la formaci&oacute;n naranja, seguida de los que apoyar&aacute;n al nuevo partido de extrema derecha y, por &uacute;ltimo, los votantes de Unidas Podemos. Los votantes del PSOE no se diferencia a los del PP en este sentido, pero s&iacute; a los encuestados que podemos catalogar como BAI (lo que dicen que votar&aacute;n en blanco, se abstendr&aacute;n o que a&uacute;n son indecisos).[3]
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 2 pinta la probabilidad predicha de ser un votante promiscuo para cada uno de los valores de las variables anteriormente mencionadas, con el intervalo de confianza del 95% para cada probabilidad predicha. Vemos que la probabilidad de decidir el voto sin lealtades partidistas es de entre un 40% y 50% para los votantes de entre 25 y 44 a&ntilde;os, mientras que apenas ronda el 30% para los muy j&oacute;venes (18-24 a&ntilde;os) y los m&aacute;s mayores (&amp;gt;65 a&ntilde;os). Tambi&eacute;n vemos que el nivel de estudios a partir de la secundaria implica una probabilidad de ser promiscuo de un 40%, aumentando hasta casi el 50% para aquellos que consiguen estudios superiores. En lo que respecta a la ideolog&iacute;a, es el votante de centro el que tiene una probabilidad predicha similar (50%) en contraste con otros segmentos ideol&oacute;gicos; aunque en lo que se refiere a las variable pol&iacute;ticas es la intenci&oacute;n de voto a Ciudadanos la que mejor predice la promiscuidad electoral. Los que dicen en la encuesta del CIS que votar&aacute;n a los de Rivera en las pr&oacute;ximas elecciones tienen una probabilidad predicha de ser votantes infieles de un 65%. Aunque la promiscuidad, en menor medida, es predecible entre los votantes de Podemos y Vox (cerca del 50% y 60% respectivamente), as&iacute; como de los BAI.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8d87bfe-36ae-47aa-8496-335e3f42895e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8d87bfe-36ae-47aa-8496-335e3f42895e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8d87bfe-36ae-47aa-8496-335e3f42895e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8d87bfe-36ae-47aa-8496-335e3f42895e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8d87bfe-36ae-47aa-8496-335e3f42895e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e8d87bfe-36ae-47aa-8496-335e3f42895e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e8d87bfe-36ae-47aa-8496-335e3f42895e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En definitiva, una parte importante del electorado declara ser infiel en las urnas, pero existe un perfil de votante que re&uacute;ne una serie de caracter&iacute;sticas que hacen de la deslealtad casi un sello de identidad. Se trata de personas en una edad que coincide con su entrada y consolidaci&oacute;n en el mercado laboral, con estudios superiores, moderados ideol&oacute;gicamente y que se inclinan por apoyar a nuevos partidos. Su infidelidad, aunque suponga un dolor de cabeza para algunos, resulta ser una herramienta &uacute;til para disciplinar la acci&oacute;n de gobierno as&iacute; como para fortalecer la funci&oacute;n de representaci&oacute;n. La promiscuidad electoral puede funcionar como un incentivo para que los partidos mejoren su sensibilidad a las demandas del electorado. Bienvenidos sean.
    </p><p class="article-text">
        ________________________________
    </p><p class="article-text">
        [1] En el bar&oacute;metro de febrero de 2019 del CIS, la pregunta (P.38) es concretamente as&iacute;: &ldquo;<em>Pensando en las elecciones generales, &iquest;Ud. es de las personas que votan siempre por el mismo partido, que por lo general suelen votar por el mismo partido o, seg&uacute;n lo que m&aacute;s les convenza en ese momento, votan por un partido u otro, o no votan?&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        [2] Codificar&eacute; como <em>votante promiscuo </em>a los encuestados que en la pregunta del CIS optan por la respuesta votan &ldquo;<em>seg&uacute;n les convenga en cada elecci&oacute;n, por un partido u otro, o que no votan&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        [3] No se ha encontrado ning&uacute;n efecto del sentimiento nacionalista o de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica personal de los entrevistados sobre la probabilidad de ser votante promiscuo (modelo no reportado).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/infidelidad-urnas_132_1615348.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Apr 2019 20:39:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Infidelidad en las urnas]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dudas sobre el veto naranja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ciudadanos-veto-psoe_132_1673888.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La contundencia con la que se presentó el veto a los de Sánchez no coincide con datos contundentes a favor de dicha estrategia.</p><p class="subtitle">Si bien hay elementos para comprender el movimiento de Ciudadanos desde un punto de vista electoral, siguen existiendo muchas dudas respecto a que dicha apuesta sea la más conveniente para los de Rivera.</p><p class="subtitle">Con los microdatos más recientes liberados por el CIS caracterizo la apuesta de Ciudadanos como arriesgada: por la baja fidelidad del votante naranja; porque las fugas hacia VOX ya no parecen peligrosas y podrían ser mayores hacia el PSOE; y  porque la apuesta por una competición electoral de bloques podría perjudicar la capacidad de los de Rivera para pescar en el caladero de votantes indecisos.</p></div><p class="article-text">
        Desde el mismo momento en el que Ciudadanos anunci&oacute; su negativa a pactar con el PSOE tras las elecciones generales del 28A, gran parte de la discusi&oacute;n p&uacute;blica se ha centrado en el veto naranja. Una decisi&oacute;n que &ndash;seg&uacute;n cuenta Elsa Garc&iacute;a de Blas <a href="https://elpais.com/politica/2019/02/22/actualidad/1550865335_275340.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en EL PA&Iacute;S</a>&ndash; habr&iacute;a estado sustentada en an&aacute;lisis demosc&oacute;picos del electorado de derechas y que tambi&eacute;n aqu&iacute;, <a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/racionalidad-Ciudadanos_6_869723051.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este mismo blog</a>, Pepe Fern&aacute;ndez-Albertos caracteriz&oacute; como racional explorando datos de encuesta del CIS.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, la contundencia con la que se present&oacute; el veto a los de S&aacute;nchez no coincide con datos contundentes a favor de dicha estrategia. Si bien hay elementos para comprender el movimiento de Ciudadanos desde un punto de vista electoral, siguen existiendo muchas dudas respecto a que dicha apuesta sea la m&aacute;s conveniente para los de Rivera. En este post utilizar&eacute; los microdatos m&aacute;s recientes liberados por el CIS (bar&oacute;metro enero 2019) para presentar algunas cuestiones que invitan a caracterizar la apuesta de Ciudadanos como arriesgada. En primer lugar, por la baja fidelidad del votante naranja; en segundo lugar, porque las fugas hacia VOX ya no parecen peligrosas y podr&iacute;an ser mayores hacia el PSOE; y en tercer lugar, porque la apuesta por una competici&oacute;n electoral de bloques podr&iacute;a perjudicar la capacidad de los de Rivera para pescar en el caladero de votantes indecisos.
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li><strong> Promiscuos y menos amarrados</strong></li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Uno de los argumentos que han circulado sobre los determinantes del veto naranja ha sido que la formaci&oacute;n de Rivera estaba sufriendo una sangr&iacute;a de votos hacia el partido liderado por Santiago Abascal. Al apostar por descartar al PSOE como socio de gobierno, Ciudadanos aspira a frenar esa sangr&iacute;a de votos as&iacute; como recuperar los ya perdidos. Si bien existe una elevada incertidumbre sobre si dicho movimiento producir&iacute;a los resultados esperados, lo que es totalmente certero es que el veto de Ciudadanos implica asumir un riesgo muy importante: el propiciar la fuga de votos al presentar una competici&oacute;n electoral entre dos bloques (derecha <em>vs. </em>izquierda+nacionalistas). Normalmente, el principal dique de contenci&oacute;n con el que cuenta un partido para evitar la perdida de votantes es la identificaci&oacute;n partidista, es decir, la fidelidad de los suyos. En el caso de Ciudadanos, desde su creaci&oacute;n, as&iacute; como desde su salto a la arena nacional, sabemos que es un partido lleno de votantes promiscuos, esto es, de votantes dispuestos a cambiar de partido de una elecci&oacute;n a otra. Dado su perfil ideol&oacute;gico y sociodemogr&aacute;fico, se ha constatado en varias ocasiones que la identificaci&oacute;n partidistas del votante naranja es por lo general m&aacute;s d&eacute;bil que la de votantes de otros partidos y en la actualidad esto ha cambiado bastante poco.
    </p><p class="article-text">
        El gr&aacute;fico 1 compara a votantes de Ciudadanos (intenci&oacute;n directa de voto, desde ahora IDV) con el resto de votantes. Vemos que solo 1 de cada 3 votantes de Ciudadanos se autodefinen como votantes fieles (&ldquo;votan siempre o por lo general al mismo partido&rdquo;), mientras que el 60% declara estar dispuesto a votar seg&uacute;n le convenga en el momento de la elecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fc4a102-68d1-4c57-8f1a-81008c38d1c7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fc4a102-68d1-4c57-8f1a-81008c38d1c7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fc4a102-68d1-4c57-8f1a-81008c38d1c7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fc4a102-68d1-4c57-8f1a-81008c38d1c7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fc4a102-68d1-4c57-8f1a-81008c38d1c7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7fc4a102-68d1-4c57-8f1a-81008c38d1c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7fc4a102-68d1-4c57-8f1a-81008c38d1c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Sumado a esto, la potencial infidelidad del votante naranja se ve reflejada en el gr&aacute;fico 2, donde se analiza cu&aacute;n amarrado est&aacute; el voto a los de Rivera en la actualidad. Cruzando dos preguntas de la encuesta del CIS (la IDV y la probabilidad de votar a Ciudadanos) podemos evaluar cu&aacute;n fuerte es la decisi&oacute;n de los actuales votantes naranja de votar a Ciudadanos (v&eacute;ase el diagrama de caja naranja). Para poner en perspectiva esta debilidad, los datos se presentan junto a la IDV de otros partidos y la probabilidad de voto a estos mismo por parte de sus propios votantes. El diagrama de caja nos permite ver c&oacute;mo se distribuyen, por ejemplo para el caso de Ciudadanos, la probabilidad de voto a los de Rivera entre los que declaran una IDV a Ciudadanos. La l&iacute;nea que parte a la caja representa la mediana de la distribuci&oacute;n, es decir, aquel punto en el que el conjunto de votantes de Ciudadanos se divide en dos mitades iguales. As&iacute;, vemos que la mitad de ellos votar&iacute;an a Ciudadanos con una probabilidad igual o mayor al 70% (el equivalente a 7 en la escala de la pregunta del CIS) mientras que la otra mitad con una probabilidad menor o igual al 70%.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8048b33-800c-43ce-b0e8-a586bf69a6c7_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8048b33-800c-43ce-b0e8-a586bf69a6c7_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8048b33-800c-43ce-b0e8-a586bf69a6c7_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8048b33-800c-43ce-b0e8-a586bf69a6c7_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8048b33-800c-43ce-b0e8-a586bf69a6c7_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c8048b33-800c-43ce-b0e8-a586bf69a6c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c8048b33-800c-43ce-b0e8-a586bf69a6c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Los l&iacute;mites inferior y superior de la caja indican cuando la distribuci&oacute;n alcanza el primer y tercer cuartil respectivamente. Vemos pues que un cuarto de los votantes de Ciudadanos lo har&iacute;an con una probabilidad igual o inferior al 50%, mientras que solo un cuarto de los votantes naranjas elegir&iacute;an a Rivera en las elecciones generales con una probabilidad igual o mayor al 80%. Este dibujo de la probabilidad de votar a Ciudadanos por parte de sus propios votantes contrasta con lo que sucede en otros partidos. Tanto los votantes del PP, PSOE y Podemos est&aacute;n m&aacute;s amarrados si los evaluamos a trav&eacute;s de los lentes de la pregunta de probabilidad de voto. Solo por poner un ejemplo, en el PP (aunque hayan ca&iacute;do en fidelidad de votos en relaci&oacute;n con las elecciones anteriores) la mitad de los que declaran una IDV por ellos lo har&iacute;an con una probabilidad igual o mayor al 80%, del mismo modo que tienen muy bien amarrados a un cuarto de su votantes: estos se ubican en el 10 de la escala (lo votar&aacute;n con toda seguridad, siempre). Se trata de una muestra m&aacute;s de que Ciudadanos, a diferencia de otros partidos, tiene que medir y calibrar con bastante m&aacute;s cuidado cada uno de sus movimientos, pues la posibilidad de que parte de los suyos reaccionen saltando a otras formaciones o a la abstenci&oacute;n es considerable.
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li><strong> M&aacute;s posibles fugas al PSOE que a VOX</strong></li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Sondeos internos de Ciudadanos se&ntilde;alaban una fuga en torno al 10% de su electorado hacia la extrema derecha. En este sentido, la promoci&oacute;n de la manifestaci&oacute;n de Col&oacute;n y el veto a pactar con el PSOE se podr&iacute;an interpretar como una estrategia electoral para frenar dicha fuga, como una apuesta por la dimensi&oacute;n territorial para dar la batalla en el espectro ideol&oacute;gico de la derecha y, posiblemente, como la imposici&oacute;n dentro del partido de las preferencias ideol&oacute;gicas a la que V&iacute;ctor Lapuente llam&oacute;&nbsp;<a href="https://elpais.com/elpais/2019/02/25/opinion/1551110639_935575.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en un art&iacute;culo</a> el alma nacional (frente a la liberal) de Ciudadanos. En lo que respecta a la posible fuga de votos veamos el gr&aacute;fico 3, en donde se pinta la probabilidad de votar a VOX y al PSOE entre aquellos encuestado con una IDV a Ciudadanos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/853bd8ee-33c1-48ab-a667-47e8ad439a50_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/853bd8ee-33c1-48ab-a667-47e8ad439a50_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/853bd8ee-33c1-48ab-a667-47e8ad439a50_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/853bd8ee-33c1-48ab-a667-47e8ad439a50_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/853bd8ee-33c1-48ab-a667-47e8ad439a50_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/853bd8ee-33c1-48ab-a667-47e8ad439a50_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/853bd8ee-33c1-48ab-a667-47e8ad439a50_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El primer dato que destaca es que el 64% de los votantes de Ciudadanos dicen que nunca votar&iacute;an por VOX. Es cierto que esto no nos informa directamente sobre las preferencias sobre una coalici&oacute;n con la formaci&oacute;n de Abascal, pero s&iacute; es un claro s&iacute;ntoma de incomodidad con la extrema derecha entre su electorado. El rechazo a votar al PSOE es 25 puntos porcentuales menor, lo que denota en t&eacute;rminos generales un margen significativo de mayor comodidad de los votantes naranjas con los socialistas. Al margen de esto, lo que interesa aqu&iacute; es prestar atenci&oacute;n al segmento de la escala de probabilidad del CIS que va desde el 5 al 10, es decir qu&eacute; proporci&oacute;n de votantes de Ciudadanos votar&iacute;an a VOX o al PSOE con una probabilidad igual o mayor al 50%.
    </p><p class="article-text">
        Mientras que un 15% de los votantes naranjas elegir&iacute;an una papeleta de Vox con una probabilidad igual o mayor al 50%, un 22% lo har&iacute;a por una del PSOE. Se tratan de cifras a contracorriente con el veto de Rivera a S&aacute;nchez. Pero a&uacute;n lo son m&aacute;s si prestamos particular atenci&oacute;n a aquellos votantes de Ciudadanos que son &ldquo;dudosos&rdquo; (aquellos que tienen una IDV a Ciudadanos y que indican que votar&iacute;an a la formaci&oacute;n naranja con una probabilidad igual o menor al 50%). El gr&aacute;fico 4 ilustra dicho ejercicio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a5eb8e9-61f5-4930-976f-c9d3498ed344_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a5eb8e9-61f5-4930-976f-c9d3498ed344_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a5eb8e9-61f5-4930-976f-c9d3498ed344_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a5eb8e9-61f5-4930-976f-c9d3498ed344_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a5eb8e9-61f5-4930-976f-c9d3498ed344_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9a5eb8e9-61f5-4930-976f-c9d3498ed344_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9a5eb8e9-61f5-4930-976f-c9d3498ed344_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Entre los votantes naranjas menos amarrados (panel derecho), el rechazo a VOX escala al 75% y solo 7.5% estar&iacute;a dispuesto a cambiar a Rivera por Abascal con una probabilidad igual o mayor al 50%. En cambio, para los dudosos, las potenciales fugas hacia el PSOE se mantienen en torno al 21% de los votantes naranjas. Con estos datos, la estrategia de bloques lanzada con el veto al PSOE parece del todo arriesgada.
    </p><p class="article-text">
        Una forma m&aacute;s sustantiva de ilustrar el riesgo asumido por el veto naranja es evaluando si la apuesta de la competici&oacute;n de bloques primando la dimensi&oacute;n territorial est&aacute; alineada con la capacidad de Ciudadanos de retener votos. El gr&aacute;fico 5 aporta indicios de que esto no es as&iacute;. Si volvemos a dividir a aquellos con un IDV a Ciudadanos entre votantes &ldquo;dudosos&rdquo; y &ldquo;seguros&rdquo; vemos que la estrategia sobre c&oacute;mo abordar el conflicto catal&aacute;n (el haber apostado por una posici&oacute;n m&aacute;s dura junto a VOX y PP en Col&oacute;n y en una posible coalici&oacute;n de gobierno) tampoco parece la m&aacute;s acertada.
    </p><p class="article-text">
        El apoyo a una estrategia pol&iacute;tica de mano dura en Catalu&ntilde;a solo es apoyada por 24% de los votantes dudosos de Ciudadanos, casi 10 puntos porcentuales por debajo de los votantes seguros. Sumado a esto casi dos tercios de los primeros y la mitad de los segundo prefieren la combinaci&oacute;n de di&aacute;logo con el cumplimiento de la ley. Pero di&aacute;logo al fin.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dea3bb14-6635-4dfa-8f3a-aaa00a26d3af_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dea3bb14-6635-4dfa-8f3a-aaa00a26d3af_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dea3bb14-6635-4dfa-8f3a-aaa00a26d3af_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dea3bb14-6635-4dfa-8f3a-aaa00a26d3af_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dea3bb14-6635-4dfa-8f3a-aaa00a26d3af_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dea3bb14-6635-4dfa-8f3a-aaa00a26d3af_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dea3bb14-6635-4dfa-8f3a-aaa00a26d3af_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><div class="list">
                    <ol>
                                    <li><strong> Una estrategia poco atractiva para los indecisos.</strong></li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, si parte de la estrategia de los de Rivera con el veto al PSOE era enfatizar su agenda anti-independentista (o nacionalista espa&ntilde;ola) para atraer votantes indecisos (el 18% seg&uacute;n el bar&oacute;metro), puede que yerren el tiro. El gr&aacute;fico 6 muestra que, en contraste con los votantes propios, cerca del 60% del electorado indeciso declara que la influencia de la situaci&oacute;n en Catalu&ntilde;a sobre su voto es poca o ninguna. Si no se trata de la cuesti&oacute;n territorial, pues, entre ese importante porcentaje de indecisos puede que la clave sea la ideol&oacute;gica, y es en esa dimensi&oacute;n en la que Ciudadanos se ha colocado en una posici&oacute;n de competici&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/993a728c-20e1-4fc0-8618-c34b36fa3b27_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/993a728c-20e1-4fc0-8618-c34b36fa3b27_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/993a728c-20e1-4fc0-8618-c34b36fa3b27_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/993a728c-20e1-4fc0-8618-c34b36fa3b27_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/993a728c-20e1-4fc0-8618-c34b36fa3b27_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/993a728c-20e1-4fc0-8618-c34b36fa3b27_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/993a728c-20e1-4fc0-8618-c34b36fa3b27_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/ciudadanos-veto-psoe_132_1673888.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Feb 2019 05:54:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Dudas sobre el veto naranja]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El trilema naranja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/trilema-naranja_132_1800980.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/397abf08-0c9e-4ba3-860a-971d05136e7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El trilema naranja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ciudadanos ha sumado cerca de 290 mil votos y 12 escaños en Andalucía en relación a las elecciones autonómicas anteriores. Se trata de un éxito sin paliativos</p><p class="subtitle">Todas las coaliciones (ideológicamente posibles) para una investidura necesitan de su consentimiento. Pero cualquier opción implicará asumir costes</p><p class="subtitle">Los de Rivera tienen tres objetivos y no podrán conseguir todos a la vez. Eligiendo una entre las posibles coaliciones estarán renunciando a uno de ellos: 1) el Cambio, 2) no ser muleta del PP, o 3) no dar alas a Vox</p></div><p class="article-text">
        Ciudadanos ha sido uno de los grandes vencedores de las elecciones auton&oacute;micas en Andaluc&iacute;a. En un contexto de baja participaci&oacute;n, ha sumado cerca de 290 mil papeletas en relaci&oacute;n a las elecciones anteriores, ha doblado la proporci&oacute;n de votos v&aacute;lidos (de 9.2% a 18.5%) y cosechado 21 de los 109 esca&ntilde;os del Parlamento andaluz, doce m&aacute;s que en 2015. Se trata de un &eacute;xito sin paliativos.
    </p><p class="article-text">
        Tan o aun m&aacute;s importante es que el nuevo reparto de esca&ntilde;os ha dejado a la formaci&oacute;n naranja en una situaci&oacute;n privilegiada para la formaci&oacute;n de gobierno, ya que todas las coaliciones (ideol&oacute;gicamente posibles) para una investidura necesitan de su consentimiento. No obstante, dicha circunstancia, aunque privilegiada, es tambi&eacute;n endiablada. Eligiendo entre las posibles opciones para formar gobierno, Ciudadanos tendr&aacute; que asumir unos costes nada despreciables.
    </p><p class="article-text">
        Independientemente de cu&aacute;l sea el partido que presida la Junta de Andaluc&iacute;a, sabemos que una investidura exitosa solo puede ser el resultado de una votaci&oacute;n coordinada (con apoyos activos o pasivos) entre PP-Cs-Vox, PSOE-PP-Cs o PSOE-Cs-AA. No se me ocurre otro tipo de alternativa que no caiga en lo estramb&oacute;tico. Dadas estas opciones, pues, Ciudadanos se enfrenta a un trilema de dif&iacute;cil soluci&oacute;n. Se trata de una trilema no porque existen solo tres tipos de combinaciones, sino porque con su decisi&oacute;n Ciudadanos intentar&aacute; atender a tres objetivos que &ndash;como argumentar&eacute; m&aacute;s adelante&ndash; son incompatibles de alcanzar a la vez. De hecho, cada una de las posibles f&oacute;rmulas para investir a un gobierno solo cumplir&iacute;a con dos de los tres objetivos. El dilema recae en elegir cu&aacute;les dos merecen una mayor prioridad.
    </p><p class="article-text">
        Los tres objetivos a los que me refiero son de vital importancia en la estrategia pol&iacute;tica de los de Rivera. Estos son: 1) propiciar la alternancia pol&iacute;tica en Andaluc&iacute;a tras 36 a&ntilde;os de gobierno socialista; 2) evitar naturalizar al partido naranja como la muleta pol&iacute;tica de su principal rival, el PP, en un momento en el que la competici&oacute;n en la derecha est&aacute; en plena ebullici&oacute;n; y 3) contribuir a frenar a la extrema derecha, una seria amenaza a los principios liberales en los que el partido dice reconocerse.
    </p><p class="article-text">
        Si como se especula en los burladeros de la villa, Ciudadanos estuviera dispuesto a votar a favor a la investidura del PP junto a los apoyos de Vox, los de Rivera estar&iacute;an cumpliendo solo con el primer objetivo (desalojar al PSOE del poder), pero se retratar&iacute;an como actores secundarios en su propio espacio electoral, a la vez que cargar&iacute;an con la loza de investir a un presidente de la mano de la extrema derecha. Si en cambio, como contrapartida del apoyo a la investidura de Moreno Bonilla consiguiesen la vicepresidencia de la Junta y un n&uacute;mero suficiente de carteras para denotar un reparto de poder equilibrado, Ciudadanos podr&iacute;a cumplir no solo con el primer objetivo sino tambi&eacute;n con el segundo. As&iacute;, los de Rivera cogobernar&iacute;an Andaluc&iacute;a, no se retratar&iacute;an como una mera muleta del PP, aunque, claro, con el connivencia de la extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        Que la formaci&oacute;n de gobierno sea el resultado de un acuerdo entre PSOE, PP y Cs ser&iacute;a la opci&oacute;n preferida por el partido naranja siempre y cuando Juan Mar&iacute;n fuese quien presida la Junta. Si esto sucediese, Ciudadanos cumplir&iacute;a con los tres objetivos anunciados: por un lado, acabar&iacute;a con el gobierno del PSOE, por el otro, ganar&iacute;a cuartos en su particular batalla con el PP y a su vez evitar&iacute;a cualquier tipo de influencia de Vox en la pol&iacute;tica de gobierno. Tres p&aacute;jaros de un solo tiro. Pero es inconcebible contemplar la posibilidad de que el PP invistiese a Mar&iacute;n, por los mismo motivos que ya se han apuntado antes: el PP y Ciudadanos est&aacute;n en plena competici&oacute;n por el espacio de la derecha.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Estar&iacute;an los de Rivera dispuestos a apoyar la investidura de Moreno Bonilla si el PSOE tambi&eacute;n se mostrase a favor? Este escenario tambi&eacute;n es muy poco probable, pues el PSOE se estar&iacute;a entregando a los leones. Pero de ser as&iacute;, el apoyo de Ciudadanos, a pesar de propiciar la salida del PSOE y la contenci&oacute;n de la influencia de la extrema derecha, dar&iacute;a alas al PP. Algo no deseable para los naranjas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y si los socialistas hiciesen m&aacute;s atractiva esta coordinaci&oacute;n entre PSOE-PP-Cs, por ejemplo, proponiendo una candidatura diferente a Susana D&iacute;az para presidir la Junta? Este escenario es bastante inveros&iacute;mil. Requerir&iacute;a, ante todo, un PP m&aacute;s preocupado por la gobernabilidad que por el avance de la extrema derecha. Pero si fuese el caso y Ciudadanos comulgase con esta opci&oacute;n, el partido naranja cumplir&iacute;a solo con el segundo y el tercer objetivo (no permitir&iacute;a que el PP le sacase una ventaja considerable gobernando la comunidad aut&oacute;noma m&aacute;s poblada de Espa&ntilde;a y mantendr&iacute;a al margen a la extrema derecha), pero no con el primero. El PSOE, aunque con una cara nueva, seguir&iacute;a gobernando Andaluc&iacute;a. Camino, ya, a los 40 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La posibilidad de que el PSOE eliminase de la ecuaci&oacute;n a D&iacute;az tambi&eacute;n aparece como un alternativa si analizamos una potencial coordinaci&oacute;n para la investidura entre PSOE-Cs-AA. Ante una jugada de este calibre &ndash;probablemente teledirigida desde Ferraz&ndash; los apoyos de AA estar&iacute;an pr&aacute;cticamente asegurados (solo la amenaza de una alternativa con Vox deber&iacute;a movilizar su abstenci&oacute;n en una segunda votaci&oacute;n a la investidura) pero &iquest;qu&eacute; har&iacute;a Ciudadanos? Si apoyase la formaci&oacute;n de gobierno, cumplir&iacute;a &ndash;de nuevo&ndash; solo con dos de los tres objetivos: no permitir&iacute;a el desmarque del PP y marginar&iacute;a a Vox, pero no desalojar&iacute;a al PSOE del poder.
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo tipo de coordinaci&oacute;n para la investidura (PSOE-Cs-AA) tambi&eacute;n podr&iacute;a ser analizado con Mar&iacute;n como jefe del ejecutivo. Un pacto &agrave; la <em>Borgen</em>. Si fuese as&iacute;, los de Rivera s&iacute; conseguir&iacute;an la cuadratura del c&iacute;rculo. Pero lo cierto es que el PSOE dif&iacute;cilmente soltar&aacute; cuerda en este tira y afloja, sobre todo habi&eacute;ndole sacado diez puntos de diferencia a Ciudadanos. Aunque la amenaza de Vox al mando de alguna Consejer&iacute;a podr&iacute;a propiciar un cogobierno rojo-naranja.
    </p><p class="article-text">
        Planteado as&iacute;, el trilema de Ciudadanos nos permite sacar algunas conclusiones &uacute;tiles para el an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n actual en Andaluc&iacute;a. En primer lugar, si Ciudadanos opta por propiciar la formaci&oacute;n de un nuevo gobierno, sea como sea, acabar&aacute; asumiendo un coste significativo: no permitir la alternancia, fortalecer a su principal rival electoral o entrar en una fuerte contradicci&oacute;n con sus principios liberales. En segundo lugar, de permitir una investidura, los de Rivera seguramente acabar&aacute;n por elegir entre dos males: un cogobierno muy equilibrado junto al PP, presidido Moreno Bonilla y en donde Mar&iacute;n deber&iacute;a ocupar la Vicepresidencia, pero asumiendo los costes del apoyo impl&iacute;cito de Vox, o un cogobierno con un PSOE sin Susana D&iacute;az, desechando la posibilidad de propiciar por primera vez la alternancia. De estas dos opciones la primera da prioridad a la competici&oacute;n pol&iacute;tica regional, pone en riesgo la batalla en la derecha a nivel nacional y le saca las verg&uuml;enzas a Ciudadanos en Europa. La segunda, al evitar la coordinaci&oacute;n con Vox, despejar&iacute;a las dudas sobre la convicci&oacute;n liberal del partido naranja y sobrepondr&iacute;a la l&oacute;gica de la competici&oacute;n estatal al inter&eacute;s regional, aunque una alianza con el PSOE sea tambi&eacute;n dif&iacute;cil de explicar. Dependiendo de c&oacute;mo se valoren los costes de una y otra alternativa, tendremos una u otra predicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima conclusi&oacute;n es que otro bloqueo institucional (esta vez en Andaluc&iacute;a) es muy probable. A pesar de que horas despu&eacute;s de la noche electoral algunas alianzas se contemplaban como naturales, con algo de perspectiva, y algunas variables m&aacute;s sobre la mesa, los acuerdos entre tres fuerzas pol&iacute;ticas dispares y en plena competici&oacute;n &ndash;no olvidemos el ciclo electoral que va asomando en el horizonte (municipales, auton&oacute;micas, europeas&hellip; &iquest;y generales?)&ndash; no se antojan ni f&aacute;ciles ni inmediatos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/trilema-naranja_132_1800980.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Dec 2018 20:26:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/397abf08-0c9e-4ba3-860a-971d05136e7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="546328" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/397abf08-0c9e-4ba3-860a-971d05136e7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="546328" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El trilema naranja]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/397abf08-0c9e-4ba3-860a-971d05136e7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cs - Ciudadanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La difícil unión de las derechas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/dificil-union-derechas_132_1846988.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03744b7e-ebcd-41c1-b1c5-5497c8fe34d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La difícil unión de las derechas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pablo Casado, como entonces Aznar, aspira a reunificar el voto de derechas. En este post analizamos si el contexto político en el que se encuentra el actual líder del PP es más o menos favorable en comparación con aquel al que se enfrentó Aznar</p><p class="subtitle">El panorama para la unión del voto de derechas es hoy más sombrío, fundamentalmente por la complejidad de las grandes fuerzas que estructuran la competición política; por la disminución de los incentivos para utilizar la moderación ideológica como motor de unificación; y porque, tras haber experimentado la fragmentación partidista, el voto útil ya no asusta</p></div><p class="article-text">
        En pol&iacute;tica <em>divisi&oacute;n </em>es una palabra maldita normalmente asociada a la izquierda. Pero desde el fin del bipartidismo en Espa&ntilde;a &ndash;y como parte del proceso de europeizaci&oacute;n de nuestro sistema de partidos&ndash; es evidente que la fragmentaci&oacute;n ya campa a sus anchas tambi&eacute;n al otro lado del espectro pol&iacute;tico: el voto de derechas est&aacute; fragmentado. En 2014 la irrupci&oacute;n de Ciudadanos en la arena nacional marc&oacute; un punto de inflexi&oacute;n. Hoy el partido naranja ya le disputa casi de igual a igual el espacio de centro derecha al PP, y los movimientos demosc&oacute;picos entorno a Vox podr&iacute;an ser no m&aacute;s que otro s&iacute;ntoma del mismo fen&oacute;meno.
    </p><p class="article-text">
        Justamente debido a la novedad que han supuesto &eacute;stos &uacute;ltimos, se ha convertido en algo frecuente ver pasear por tertulias y columnas la labor de Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar como art&iacute;fice de la unificaci&oacute;n de la derecha en Espa&ntilde;a. Si bien antes de la llegada de Aznar la antigua Alianza Popular ya se hab&iacute;a presentado a varias elecciones en coalici&oacute;n con otros partidos de derechas (junto al Partido Dem&oacute;crata Popular en 1982, y junto a este y al Partido Liberal &ndash;antigua Uni&oacute;n Liberal&ndash; en 1986), no es hasta su refundaci&oacute;n en el IX Congreso de 1989 cuando se produce bajo su liderazgo la integraci&oacute;n de los sectores liberales, conservadores y democristianos en torno a la nueva marca, el PP.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, en un nuevo y diferente escenario de fragmentaci&oacute;n, el principal partido de la derecha vuelve a estar obligado a perseguir el mismo objetivo. Pablo Casado, como entonces Aznar, aspira a reunificar el voto de derechas. Por tanto, dejando al margen las caracter&iacute;sticas individuales de ambos l&iacute;deres, merece la pena analizar si el contexto pol&iacute;tico en el que se encuentra el actual l&iacute;der del PP es m&aacute;s o menos favorable para la unificar la derecha que aquel al que se enfrent&oacute; Aznar. A continuaci&oacute;n presentar&eacute; tres argumentos que dibujan un panorama sombr&iacute;o a este respecto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. El tipo de competici&oacute;n pol&iacute;tica no ayuda.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar cabe se&ntilde;alar que, como un especie de condicionante macro para las democracias occidentales, los temas que estructuran la competici&oacute;n pol&iacute;tica hoy dificultan m&aacute;s la unificaci&oacute;n de las derechas en comparaci&oacute;n con las que lo hac&iacute;an en los noventa. Entonces, la dimensi&oacute;n econ&oacute;mica (esto es, el conflicto entorno al papel del Estado en la econom&iacute;a de mercado) configuraba las coordenadas pol&iacute;ticas de manera predominante. Ni el problema en torno a la identidad nacional, ni otras cuestiones potencialmente divisivas para el voto de derechas, como la regulaci&oacute;n del aborto o el papel de la mujer en nuestra sociedad, ten&iacute;an suficiente fuerza propia para diluir los incentivos para la unificaci&oacute;n. Hoy, por el contrario, la batalla pol&iacute;tica en torno a la identidad &ndash;no solo como consecuencia de nuestro particular conflicto territorial sino tambi&eacute;n de los cambios econ&oacute;micos y sociales producto de la globalizaci&oacute;n&ndash; introduce una nueva dimensi&oacute;n de competici&oacute;n en base al eje cosmopolitismo-nativismo o, <a href="https://www.cnn.com/videos/politics/2018/10/23/president-trump-nationalist-globalist-rally-sot-vpx.cnn" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como lo describi&oacute; Donald Trump</a>, de globalizadores <em>vs.</em> nacionalistas. Las diferencias en la derecha reflejan y probablemente reflejar&aacute;n aun m&aacute;s en el futuro los incentivos creados por estas nuevas fracturas. Encontrar un discurso pol&iacute;tico que vuele sin turbulencias sobre ellas es, sin dudas, una tarea tremendamente dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        En lo que respecta al problema entorno de la identidad en Espa&ntilde;a, la crisis territorial ha hecho que Catalu&ntilde;a sea el punto central del discurso de los tres partidos que aspiran a representar a la derecha. Esto jugar&iacute;a a favor de los incentivos para unificar el voto, pues facilitar&iacute;a que el competidor m&aacute;s grande absorba o fagocite a los m&aacute;s peque&ntilde;os (m&aacute;s f&aacute;cil con Vox, m&aacute;s dif&iacute;cil con el Ciudadanos). Pero tambi&eacute;n es posible que la intensidad de este tema, el catal&aacute;n, aunque no desaparezca, disminuya, y que por tanto no sea el motor de la uni&oacute;n del voto de derechas. Asimismo, resulta l&oacute;gico que los partidos compitiendo en este espacio, conscientes de la preeminencia del conflicto catal&aacute;n, tengan incentivos para activar otros en los que podr&iacute;an ser m&aacute;s exitosos, por ejemplo, la inmigraci&oacute;n para Vox, o la corrupci&oacute;n para Ciudadanos. Esta diferenciaci&oacute;n s&iacute; jugar&iacute;a en contra de las posibilidades de unir el voto de derechas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. La moderaci&oacute;n no une.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Al inicio de su mandato como nuevo l&iacute;der del PP, Aznar ten&iacute;a el objetivo de unificar el voto de derechas moderando ideol&oacute;gicamente al partido, pues, entonces, ganar el centro significaba ganar las elecciones. Hoy, ni el PP est&aacute; centrado ni ganar el centro garantiza llegar al gobierno. La actual fragmentaci&oacute;n y la escaza transferencia de votos entre bloques (<a href="https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/progresivo-distanciamiento-PSOE-Ciudadanos_6_799380077.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ya casi no hay permeabilidad entre las dos fuerzas m&aacute;s identificadas con posiciones de centro, PSOE y Ciudadanos</a>) desincentiva que la moderaci&oacute;n sea el motor de la unificaci&oacute;n. M&aacute;s bien lo contrario, la competici&oacute;n interbloques obliga a las formaciones de derechas a competir pol&iacute;tica y discursivamente en espacios alejados del centro pol&iacute;tico, provocando en ocasiones una carrera hacia el extremismo, jale&aacute;ndose unos a otros, por ejemplo, por ver qui&eacute;n es m&aacute;s duro con los independentistas catalanes o con la inmigraci&oacute;n. Todo esto, como es l&oacute;gico, est&aacute; asociado a los condicionantes contextuales mencionados anteriormente. En el momento que la competici&oacute;n pol&iacute;tica est&aacute; m&aacute;s segmentada, los incentivos a hacerse con un nicho, y desde ah&iacute; pelear para liderar el bloque, aumentan.
    </p><p class="article-text">
        3. <strong>El &lsquo;voto &uacute;til&rsquo; ya no asusta tanto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando la competici&oacute;n electoral se reduc&iacute;a pr&aacute;cticamente a la lucha entre el PP y el PSOE, los llamamientos al voto &uacute;til en periodo electoral eran como los turrones a la navidad. No pasaba un d&iacute;a en las campa&ntilde;as electorales sin que los dos grandes partidos esgrimiesen el argumento de evitar desperdiciar el voto. Sobre todo en la izquierda &ndash;all&iacute; donde hab&iacute;a fragmentaci&oacute;n&ndash; el PSOE advert&iacute;a que un voto a IU era potencialmente un voto a la basura dado el sesgo mayoritario de nuestro sistema electoral. Aunque la l&oacute;gica era tramposa en t&eacute;rminos de representaci&oacute;n pol&iacute;tica, era aplastante en cuanto a la formaci&oacute;n de gobierno se refiere. Aplastante y eficaz: desde las primeras elecciones generales en 1977 hasta las &uacute;ltimas del bipartidismo, en 2011, la concentraci&oacute;n del voto y de los esca&ntilde;os en los dos grandes partidos de &aacute;mbito nacional se mantuvo siempre por encima del 70% (votos) y del 80% (esca&ntilde;os). No hacer de nuestro voto un &lsquo;voto &uacute;til&rsquo; asustaba.
    </p><p class="article-text">
        En el mismo sentido, la din&aacute;mica de la competici&oacute;n electoral desanimaba el lanzamiento de nuevos partidos e invitaban a los grandes a integrar bajo su paraguas a nuevas iniciativas que potencialmente pudieran hacerles sombra.
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, los llamamientos al &lsquo;voto &uacute;til&rsquo; ya no asustan tanto. La transformaci&oacute;n del sistema de partidos ha permitido que los votantes hayan experimentado la pol&iacute;tica nacional en un escenario de fragmentaci&oacute;n. A pesar de las dificultades que ello conlleva (para la formaci&oacute;n de gobierno, por ejemplo) la estabilidad en el voto a los nuevos partidos invitan a pensar que los votantes han aprendido y est&aacute;n dispuestos a compensar los costes de la perdida de gobernabilidad con beneficios por el lado de la representatividad. Ahora s&iacute; existen incentivos para que m&aacute;s de dos partidos se lancen a ganar un trozo del pastel. Por tanto, si la fragmentaci&oacute;n partidista y los gobiernos de coalici&oacute;n son el futuro, la uni&oacute;n de las derechas se torna m&aacute;s dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        En resumidas cuentas, el contexto pol&iacute;tico al que se enfrenta Pablo Casado para conseguir unificar el voto de derechas es uno plagado de obst&aacute;culos. A diferencia del desaf&iacute;o que ten&iacute;a por delante Aznar, Casado va a contracorriente. Por un lado, las grandes fuerzas que estructuran la competici&oacute;n pol&iacute;tica en nuestro tiempo dificultan la creaci&oacute;n de plataformas pol&iacute;ticas capaces de cubrir de manera extensiva y coherente las demandas pol&iacute;ticas producto de los retos que emanan de la globalizaci&oacute;n. Por otro lado, la distribuci&oacute;n de preferencias pol&iacute;tica en bloques eliminan el arma de la moderaci&oacute;n ideol&oacute;gica como motor para unificar a la derecha. Y, finalmente, el nuevo y estable multipartidismo en Espa&ntilde;a ha hecho que los votantes experimenten las ventajas y desventajas de la fragmentaci&oacute;n, convirtiendo los llamamientos al &lsquo;voto &uacute;til&rsquo; en algo ahora m&aacute;s parecido al &lsquo;&iexcl;que viene el coco!&rsquo;... pero entre adultos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/dificil-union-derechas_132_1846988.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Nov 2018 20:14:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/03744b7e-ebcd-41c1-b1c5-5497c8fe34d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="30787" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/03744b7e-ebcd-41c1-b1c5-5497c8fe34d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="30787" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La difícil unión de las derechas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/03744b7e-ebcd-41c1-b1c5-5497c8fe34d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La batalla electoral en la izquierda: estado de la cuestión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/psoe-unidos-podemos-izquierda-elecciones_132_1895909.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El PSOE y Unidos Podemos compiten fundamentalmente en el espacio ideológico que va entre el 3 y el 4 de la escala (1-10). Ahí se auto-posicionan un poco más de un cuarto de todos los encuestados (26.5%), y entre ellos aquellos que se declaran votantes de PSOE o UP representan cerca del 60%</p><p class="subtitle">La competición, de momento, es favorable al PSOE, tanto por la foto actual como por su evolución desde enero 2016</p><p class="subtitle">No obstante, el margen de incertidumbre sigue siendo elevado como para apostar por una ganador: más de un tercio de los votantes del 3 y el 4 no son "leales" a un partido; y la división en la izquierda debido al conflicto territorial podría perjudicar particularmente al PSOE</p></div><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n entre el PSOE y Unidos Podemos atraviesa un momento dulce. Desde la moci&oacute;n de censura ambas formaciones han bajado la intensidad de su particular batalla, habi&eacute;ndose permitido establecer un di&aacute;logo m&aacute;s fluido as&iacute; como ganar algo de confianza. Curiosamente, en las &uacute;ltimas semanas ha sido frecuente escuchar a l&iacute;deres o personas cercanas al mundo de Podemos defendiendo la acci&oacute;n de gobierno de S&aacute;nchez con m&aacute;s ah&iacute;nco y profusi&oacute;n que muchos otros socialistas.
    </p><p class="article-text">
        Este remanso de paz en la izquierda puede que responda a un cambio estructural en las estrategias de PSOE y Podemos o a condiciones bastante m&aacute;s coyunturales. Respecto a la primera posibilidad podr&iacute;a argumentarse que ambas fuerzas pol&iacute;ticas &ndash; sobre todo Podemos&ndash; habr&iacute;an asumido la tesis de Errej&oacute;n sobre la necesidad de impulsar una &ldquo;competici&oacute;n virtuosa&rdquo; en la izquierda, esto es, una competici&oacute;n de guante blanco que, marcando la agenda pol&iacute;tica, no solo no erosionar&iacute;a los apoyos propios sino que contribuir&iacute;a a aumentarlos moviendo las preferencias de los espa&ntilde;oles hacia su terreno. A pesar de ser una idea interesante, todav&iacute;a no tenemos datos suficientes para poner a prueba esta hip&oacute;tesis. De momento solo vemos que la evoluci&oacute;n del porcentaje de espa&ntilde;oles que se ubican en posiciones de izquierdas en el eje ideol&oacute;gico <a href="http://www.cis.es/cis/export/sites/default/-Archivos/Indicadores/documentos_html/sA306010040.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no ha variado de manera significativa</a>.
    </p><p class="article-text">
        Desde un prisma m&aacute;s coyuntural, la debilidad parlamentaria del PSOE y la necesidad de Podemos por mostrarse no solo como un partido-protesta sino como un partido de gobierno puede que hayan contribuido a que veamos las espadas enfundadas. De hecho, la negociaci&oacute;n de los presupuestos se presenta en este sentido como un traje a medida para la cooperaci&oacute;n: el PSOE necesita de manera vital el apoyo de Unidos Podemos y &eacute;stos necesitan un escenario como el actual para desplegar su discurso de <em>pol&iacute;ticas</em> (no de pol&iacute;tica).
    </p><p class="article-text">
        Pero si la calma que reina en la izquierda respondiese m&aacute;s al momento pol&iacute;tico que a una cuesti&oacute;n estructural, &eacute;sta tendr&iacute;a fecha de caducidad: el inicio del pr&oacute;ximo ciclo electoral. Con las elecciones andaluzas a la vuelta de la esquina, las municipales, auton&oacute;micas y europeas en mayo del pr&oacute;ximo a&ntilde;o y el posible adelantamiento electoral de las catalanas y de las Generales amagando a entrar en escena, nos encontrar&iacute;amos en un contexto en donde los incentivos para batallar podr&iacute;an volver a activarse pronto. En ese caso cabe preguntarnos sobre el estado actual de la batalla electoral en la izquierda. Repasemos algunos datos.
    </p><p class="article-text">
        Definamos, primero, el campo de batalla: el PSOE y Unidos Podemos compiten fundamentalmente en el espacio ideol&oacute;gico que va entre el 3 y el 4 de la escala (1-10), al que llamar&eacute; &ldquo;la izquierda&rdquo;. Si graficamos c&oacute;mo se distribuye la posici&oacute;n ideol&oacute;gica de los espa&ntilde;oles hoy y destacamos quienes expresan su intenci&oacute;n de votar al PSOE o a Unidos Podemos veremos que en este segmento es en donde est&aacute;n fundamentalmente los votantes propios y potenciales (gr&aacute;fico 1). En el espacio de 3-4 de la escala ideol&oacute;gica se auto-posicionan un poco m&aacute;s de uno de cada cuatro de todos los encuestados (26.5%), y aquellos que se declaran votantes de PSOE o UP representan cerca del 60% de la izquierda y 15% del total de votantes. Aqu&iacute; se dirime la batalla.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfc2b680-1d55-4ed6-b1a9-46c28e795258_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfc2b680-1d55-4ed6-b1a9-46c28e795258_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfc2b680-1d55-4ed6-b1a9-46c28e795258_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfc2b680-1d55-4ed6-b1a9-46c28e795258_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfc2b680-1d55-4ed6-b1a9-46c28e795258_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dfc2b680-1d55-4ed6-b1a9-46c28e795258_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dfc2b680-1d55-4ed6-b1a9-46c28e795258_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La foto actual es claramente favorable al PSOE, pues de aquellos que se ubican en el 3 el 42% votar&iacute;a a los socialistas y un 16% a UP, mientras que entre aquellos que se posicionan en el 4 el 47% votar&iacute;a PSOE y cerca de un 7% UP. Se trata de una distancia muy significativa. &iquest;Ha sido siempre as&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        A continuaci&oacute;n se presenta la evoluci&oacute;n de la batalla en la izquierda desde enero de 2016 hasta el &uacute;ltimo bar&oacute;metro en septiembre de 2018. Es decir, cogemos las barritas del 3 y el 4 de la distribuci&oacute;n ideol&oacute;gica de los &uacute;ltimos 12 bar&oacute;metros del CIS y las presentamos en t&eacute;rminos relativos, sabiendo que el porcentaje de espa&ntilde;oles que se ubican en el 3-4 pr&aacute;cticamente no ha variado. Se observa as&iacute; que en los dos &uacute;ltimos bar&oacute;metros (julio y septiembre) los apoyos del PSOE han aumentado de manera significativa en estos dos puntos de la escala, mientras que UP pierde terreno en el 3 y algo menos en el 4.
    </p><p class="article-text">
        Es particularmente llamativa la evoluci&oacute;n que ha experimentado la composici&oacute;n partidista de la parte izquierda de este espacio, es decir, del 3 (gr&aacute;fico 2). Durante el 2016, PSOE y UP se repart&iacute;an a apartes igual la intenci&oacute;n de voto, casi un 50-50, registr&aacute;ndose en enero de 2017 una situaci&oacute;n favorable a los morados. Para entonces un 25% de los auto-ubicados en el 3 se declaraba votante de UP, mientras que solo cerca de un 20% lo hac&iacute;a por el PSOE. Unidos Podemos se hab&iacute;a convertido en la primera fuerza pol&iacute;tica en este espacio. Tras la dimisi&oacute;n forzada de Pedro S&aacute;nchez de la Secretar&iacute;a General del partido el PSOE transitaba su peor momento. No obstante, en los bar&oacute;metros subsiguientes (de abril de 2017 a abril de 2018) la competici&oacute;n en el 3 volvi&oacute; a dar un giro: antes de la moci&oacute;n de censura (en mayo de 2018) el PSOE consigui&oacute; acaparar entorno al 27% de los votantes de este espacio mientras que UP ca&iacute;a algo menos de 10 puntos, qued&aacute;ndose con el 12-15% de este electorado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/13a25b23-e408-4943-a7bc-c3bc0383c8e1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/13a25b23-e408-4943-a7bc-c3bc0383c8e1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/13a25b23-e408-4943-a7bc-c3bc0383c8e1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/13a25b23-e408-4943-a7bc-c3bc0383c8e1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/13a25b23-e408-4943-a7bc-c3bc0383c8e1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/13a25b23-e408-4943-a7bc-c3bc0383c8e1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/13a25b23-e408-4943-a7bc-c3bc0383c8e1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La variaci&oacute;n que dibujan los datos en el espacio del 4 luce menos (gr&aacute;fico 3). La fuerza del PSOE aqu&iacute; siempre se ha movido en torno a un tercio de los votantes. No obstante, se puede apreciar como &ldquo;la derecha de la izquierda&rdquo; ha retra&iacute;do su apoyo a los socialistas tras la crisis de octubre de 2016 (probablemente y&eacute;ndose a la abstenci&oacute;n), recuperado tras la vuelta de S&aacute;nchez a la Secretar&iacute;a General (mayo de 2017), volviendo a debilitarse hasta la moci&oacute;n de censura, y escalando hasta m&aacute;s del 50% tras el nombramiento de S&aacute;nchez como Presidente del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Unidos Podemos, a pesar de ser identificado como una formaci&oacute;n pol&iacute;tica particularmente escorada a la izquierda, manten&iacute;a un fuerza bastante destacable en el 4. Entre enero de 2016 y abril se mov&iacute;a en una horquilla del 10-15%. No obstante, a partir de octubre de 2017 el CIS registra una disminuci&oacute;n significativa de los apoyos que, desde entonces, estar&iacute;an en una horquilla del 5-7%. Unos datos que podr&iacute;an estar asociados a la vuelta de S&aacute;nchez a los mandos del PSOE m&aacute;s que del PSOE al Gobierno.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d2ea8ee-b3ea-4c03-863b-463f9b362af4_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d2ea8ee-b3ea-4c03-863b-463f9b362af4_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d2ea8ee-b3ea-4c03-863b-463f9b362af4_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d2ea8ee-b3ea-4c03-863b-463f9b362af4_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d2ea8ee-b3ea-4c03-863b-463f9b362af4_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9d2ea8ee-b3ea-4c03-863b-463f9b362af4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9d2ea8ee-b3ea-4c03-863b-463f9b362af4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Tanto la evoluci&oacute;n como el estado actual de la batalla en la izquierda indican que el PSOE le ha sacado una buena ventaja a UP. No obstante, el margen de incertidumbre sigue siendo elevado como para apostar por una ganador. Al menos por tres datos relevantes.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, hemos visto en los dos gr&aacute;ficos anteriores que el porcentaje de encuestados en el espacio de 3-4 que votar&iacute;an a otros partidos o que son indecisos (NS/NC) es muy alto. Al menos, en intenci&oacute;n directa de voto, se registran niveles en torno al 50%, lo cual indica que siempre hay margen para atraer nuevos votantes. En segundo lugar, como se puede apreciar en el gr&aacute;fico 4, en torno al 37% de los espa&ntilde;oles que se ubican en el 3 o el 4 declaran que no tienen lealtad a un partido pol&iacute;tico en concreto. Es decir, que existe tambi&eacute;n un amplio margen para que &ndash;en la batalla&ndash; los soldados cambien de bando. La promiscuidad no es monopolio del votante de centro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff9b6334-d834-4c78-a118-7c389b596cc1_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff9b6334-d834-4c78-a118-7c389b596cc1_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff9b6334-d834-4c78-a118-7c389b596cc1_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff9b6334-d834-4c78-a118-7c389b596cc1_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff9b6334-d834-4c78-a118-7c389b596cc1_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ff9b6334-d834-4c78-a118-7c389b596cc1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ff9b6334-d834-4c78-a118-7c389b596cc1_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Finalmente, el dato que podr&iacute;a arrojar m&aacute;s dudas sobre la ventaja del PSOE en cuanto se recrudezca la batalla electoral es el relativo al conflicto territorial. Como ya se ha mostrado en varios sitios, el electorado del 3 y el 4 expresan diferencias significativas en sus preferencias sobre el tipo de organizaci&oacute;n territorial del Estado. La izquierda de la izquierda est&aacute; m&aacute;s dispuesta que la derecha de la izquierda a mover el statu quo (gr&aacute;fico 5). En torno al 40% de los votantes que se posicionan en el 4 de la escala prefiere que nada cambie. Esta cifra para los que se ubican en el 3 es casi 10 puntos menor. Solo uno de cada tres prefiere que el Estado de la Autonom&iacute;as se quede tal cual est&aacute;. En la misma l&iacute;nea, algo m&aacute;s del 43% de los votantes que se ubican en el 3 prefieren que el estado de la autonom&iacute;as avance hacia mayores niveles de descentralizaci&oacute;n, mientras que los del 4 solo suman cerca del 27%.(*)
    </p><p class="article-text">
        El conflicto territorial pues se presta a ser divisivo en la izquierda, y esta cuesti&oacute;n precisamente perjudica al PSOE quien, desde el gobierno, tendr&aacute; que hacer equilibrios para contentar a los dos votantes que componen principalmente su electorado sin que, en el camino, en la batalla, Unidos Podemos recupere territorio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ed59015c-8faa-4bb4-b769-729fcb073686_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ed59015c-8faa-4bb4-b769-729fcb073686_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ed59015c-8faa-4bb4-b769-729fcb073686_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ed59015c-8faa-4bb4-b769-729fcb073686_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ed59015c-8faa-4bb4-b769-729fcb073686_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ed59015c-8faa-4bb4-b769-729fcb073686_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ed59015c-8faa-4bb4-b769-729fcb073686_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        ____________________________________________
    </p><p class="article-text">
        (*) El martes 9 de octubre este art&iacute;culo fue publicado con un gr&aacute;fico que por error del autor comparaba los valores de los votantes que se auto-posicionan en el 2 y el 3 de la escala ideol&oacute;gica, en vez del 3 y el 4. La interpretaci&oacute;n de esos datos sobredimensionaba las diferencias que se quer&iacute;an analizar (la discrepancia en la izquierda sobre la cuesti&oacute;n territorial). En la versi&oacute;n actual (modificada el d&iacute;a 10 de octubre) se presenta un nuevo gr&aacute;fico con los datos que corresponden y se modifica el texto de su interpretaci&oacute;n. A pesar del error, el mensaje -aunque menos contundente- sigue siendo el mismo. Agradezco a Juan Carmona por haberme se&ntilde;alado el error. Vayan mis disculpas a todos los lectores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Lavezzolo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/piedrasdepapel/psoe-unidos-podemos-izquierda-elecciones_132_1895909.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Oct 2018 18:27:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La batalla electoral en la izquierda: estado de la cuestión]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[PSOE,Unidas Podemos]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
