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    <title><![CDATA[elDiario.es - Lector Mal-Herido]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Lector Mal-Herido]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La fiesta ha terminado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/fiesta-terminado_132_5647617.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Creo que fue hace un par de a&ntilde;os cuando tres autores -alguno de ellos sin obra, pero &iquest;qu&eacute; m&aacute;s daba?- decidieron fundar su particular movimiento literario. A fin de cuentas, todo movimiento literario no es apenas otra cosa que la misma decisi&oacute;n de fundarlo, ese gesto, sumado a cuatro frases contundentes y a un logo y, claro, tambi&eacute;n a un nombre, a ser posible pegadizo. Estos se llamaron <strong>Nuevo Drama</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        Nuevo Drama propon&iacute;a algo muy simple: la vuelta al &iacute;dem, el regreso de las tramas y la revalorizaci&oacute;n est&eacute;tica del personaje. Aunque no les hicieron mucho caso, salvo para hundirlos o zaherirlos, su tesis se contrapon&iacute;a vigorosamente a la del movimiento tronante anterior, conocido como<strong> Generaci&oacute;n Nocilla</strong>. Daba cierta validez al Nuevo Drama que incluyeran en &eacute;l a<strong> Javier Calvo</strong>, escritor sin el cual ning&uacute;n movimiento joven de nueva narrativa tiene en verdad sentido. Cuando Javier Calvo declara en su blog que NO TIENE NADA QUE VER con tal o cual movimiento, entonces... <em>we are talking</em> -que dir&iacute;an en Boston-.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien: los de Nuevo Drama han acabado teniendo raz&oacute;n. Veamos algunas Se&ntilde;ales que Precedieron a Semejante Triunfo Inopinado.
    </p><p class="article-text">
        Primera se&ntilde;al. El a&ntilde;o 2013 se inici&oacute; con la publicaci&oacute;n de <em>Intemperie</em>, de <strong>Jes&uacute;s Carrasco,</strong> una novela donde lo m&aacute;s <em>pop</em> que aparec&iacute;a era un botijo. El autor, de cuarenta y un a&ntilde;os de edad, sit&uacute;a su relato en el agro, y adem&aacute;s en una &eacute;poca muy anterior a la invenci&oacute;n, no ya de <em>whatsapp</em>, sino de los mism&iacute;simos sobres autofranqueados. <strong>Miguel Delibes</strong> era su dios tutelar, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, por sus p&aacute;ginas m&aacute;s inusuales, su artiller&iacute;a; y los personajes &ldquo;arquetipo&rdquo;, el punto de apoyo de toda la obra. He visto una faja donde dice 7&ordf; edici&oacute;n; he visto un <em>twit</em> que dice que un periodista que creo que se llama <strong>Francino</strong> considera <em>Intemperie</em> &ldquo;la mejor novela de 2013&rdquo; (para Francino el a&ntilde;o literario termina en abril); he visto a <strong>Senabre</strong> <a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/32166/Intemperie" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">feliz</a>. Algo estaba pasando, amigos.
    </p><p class="article-text">
        Segunda se&ntilde;al. Tambi&eacute;n vimos a Senabre encabronado: &ldquo;<span id="ctl00_ctl00_ContentMaster_ContentArticulo_textoLabel"></span><span id="ctl00_ctl00_ContentMaster_ContentArticulo_textoLabel"></span>Si el  autor contin&uacute;a empe&ntilde;ado (...) en yuxtaponer  escenas sueltas o citas caprichosas, (...) ignorando que lo que sucede en cualquiera de esos  pasajes  tiene que estar necesaria e inequ&iacute;vocamente relacionado con las  dem&aacute;s situaciones, y que no puede haber di&aacute;logos -a menudo tediosos- o  actuaciones de car&aacute;cter gratuito, sin engarce con el resto, malgastar&aacute;  sus buenas ideas...&rdquo; Porque la fragmentariedad -tambi&eacute;n conocida como: no s&eacute; hacer novelas y por eso hago <em>esto</em>- ya no cuela. 
    </p><p class="article-text">
        Tercera se&ntilde;al. El movimiento Nocilla encontr&oacute; en la revista <em>Quimera</em> un bolet&iacute;n oficial para sus manifiestos, sus novedades editoriales y sus caprichos de toda laya. <strong>Vicente Luis Mora</strong> escribi&oacute; un n&uacute;mero entero &eacute;l solo y eso era un <em>hoax</em>; <strong>Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo</strong> vio su novela fundacional, <em>Nocilla Dream</em>, elegida mejor novela del a&ntilde;o y cuarta del milenio, y eso era democracia. Hasta dejaban escribir all&iacute; a <strong>Miguel Espigado</strong>. Pues bien: este mismo mes se presentaba el nuevo equipo de redacci&oacute;n de la revista, y en su salutaci&oacute;n a los lectores -que intitulan &ldquo;editorial&rdquo; a pesar de venir firmada por el director: primero de Periodismo- dec&iacute;an cosas como blablabl&aacute; &ldquo;sin exclusiones reduccionistas&rdquo;; luego, en el &iacute;ndice de contenidos del nuevo n&uacute;mero, resulta imposible encontrar un solo nombre coincidente con alguno de la decena larga de nombres usuales que firmaron en esas p&aacute;ginas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La nueva etapa de <em>Quimera</em> arranca con un monogr&aacute;fico sobre el cuento.
    </p><p class="article-text">
        Cuarta se&ntilde;al.<strong> Manuel Vilas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me ha llamado mucho la atenci&oacute;n la nueva novela de Manuel Vilas, seguramente el autor m&aacute;s significativo en tantos aspectos de la susodicha Generacion Nocilla. Ya en su d&iacute;a, cuando hac&iacute;a declaraciones al hilo de sus novelas<em> Espa&ntilde;a, Aire Nuestro</em> o <em>Los inmortales</em>, pensaba uno en c&oacute;mo iba a jusfificar Vilas en un futuro inmediato un m&aacute;s que previsible abandono de sus formas experimentales, sus referencias egostistas, sus fotograf&iacute;as y su discurso visceral contra la novela de toda la vida. Pues ha sido bien f&aacute;cil: lo ha hecho sin m&aacute;s. Ha visto la luz. &ldquo;Manuel Vilas ha muerto&rdquo;, Manuel Vilas <em>dixit</em>. 
    </p><p class="article-text">
        <em>El regalo luminoso</em> no incluye -e incluye unos quince- ning&uacute;n entrecomillado de lo que sus coet&aacute;neos nocilleros hayan podido decir de su obra anterior, salvo ese &ldquo;Manuel Vilas es el escritor m&aacute;s peligroso que hay ahora mismo en Espa&ntilde;a&rdquo;, de Javier Calvo, sin duda el mejor <em>blurb</em> de la historia de nuestra literatura -o de la historia de nuestras fajas promocionales-. Por si alguien no lo pilla, en la cuarta de cubierta se afirma: &ldquo;MV abre un nuevo camino, de corte realista, en su narrativa&rdquo;. Pero, por si todav&iacute;a queda alg&uacute;n idiota por ah&iacute;, el propio MV se est&aacute; encargando en las entrevistas de confirmarnos el volantazo que le ha dado a su proyecto literario, con la intenci&oacute;n expresa de &ldquo;<span id="ctl00_ctl00_ContentMaster_ContentArticulo_textoLabel"></span><span id="ctl00_ctl00_ContentMaster_ContentArticulo_textoLabel"></span>ampliar mi<a href="http://www.elcultural.es/noticias/BUENOS_DIAS/4594/Manuel_Vilas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> cuota de lectores</a>, abrir las puertas de mi obra a un p&uacute;blico m&aacute;s amplio&rdquo; y con la vista puesta, qu&eacute; en la narrativa &ldquo;<a href="http://tiendas.fnac.es/plaza-espana/firma-de-manuel-vilas-en-fnac-plaza-espana/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">propia del siglo XXI</a>&rdquo;, sino en la del siglo XIX: &ldquo;Es gracioso: ahora <a href="http://www.microrevista.com/entrevista-exclusiva-a-manuel-vilas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">me encantan las novelas del siglo XIX</a>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que aqu&iacute; -con perd&oacute;n- Manuel Vilas se ha equivocado. O sea: decir en revistas que s&oacute;lo leen lectores aut&oacute;nomos -los 6.000 que debe de haber en Espa&ntilde;a- que uno quiere que lo lean lectores/consumidores -&iquest;unos 100.000 quiz&aacute;?- trae consigo la lacerante consecuencia de que muchos de esos seis mil lectores dejan de interesarse de inmediato por tu libro -&iquest;leer algo que quiere ser le&iacute;do por todos?-, al tiempo que ni uno s&oacute;lo de los cien mil otros que uno busca seducir resulta seducido: &iquest;frecuenta acaso el lector de <em>Sombras de Grey </em>o del premio Planeta <em>El Cultural</em> o la <em>Microrrevista</em>?
    </p><p class="article-text">
        Yo mismo no ten&iacute;a ganas de leer la novela de Vilas porque va y dice que la ha hecho para que la lea cualquiera.
    </p><p class="article-text">
        Pero la he le&iacute;do, y menos mal. Si bien algo se nota de su intento por &ldquo;volver al drama&rdquo;, y por presentarnos una novela m&aacute;s trabada y puntual, lo cierto es que el empuje b&iacute;blico y la espontaneidad y las ganas de vivir en prosa propias del autor Manuel Vilas siguen intactas.
    </p><p class="article-text">
        Miren que extracto tan delirante:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Toda la literatura occidental habla del matrimonio; el tema de <em>Macbeth</em> no es la traici&oacute;n o la artera incitaci&oacute;n al crimen, el tema es el matrimonio como empresa familiar de adquisici&oacute;n de poder. Hemos le&iacute;do fatal todos estos libros. Todos hablan del matrimonio. Todos. Porque el matrimonio es el hallazgo pol&iacute;tico y cultural m&aacute;s grande de la Historia. Sin embargo, creo que Cristo no habl&oacute; del matrimonio. Qu&eacute; bien Crist&oacute; all&iacute;, qu&eacute; bien.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, queridos escritores j&oacute;venes, queridos postmodernos, queridos llamo-novela-a-cualquier-cat&aacute;logo-de-ocurrencias- escritas-con-mi-iphone, anoten este vaticinio: la fiesta ha terminado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/fiesta-terminado_132_5647617.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Apr 2013 09:15:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La fiesta ha terminado]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lástima que sea una perdida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/lastima-perdida_132_5644753.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        A veces hay que ser valiente como lector y enfrentarse a un libro complejo; es decir, a un <em>best seller</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Hace tiempo trat&eacute; de leer <em>Cementerio de animales</em>, de<strong> Stephen King</strong>, y lo dej&eacute; en la p&aacute;gina 30 porque no entend&iacute;a nada. Hab&iacute;a demasiados personajes, demasiados parentescos, muchas frases sin relaci&oacute;n alguna con la frase inmediatamente anterior: fui incapaz. Estos son mis l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        Y con ellos declarados llego a <em>Perdida</em>, de <strong>Gillian Flynn,</strong> una ex cr&iacute;tica de televisi&oacute;n que ha escrito una de esas novelas que dan mucho dinero, y acaban en Hollywood.<strong> Reese Whitherspoon</strong>, dicen.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil hablar de <em>Perdida</em>, no s&oacute;lo porque, como <em>best seller</em>, me supera, sino tambi&eacute;n porque toda su gracia y su efecto proceden de un &uacute;nico giro en la trama, giro que uno no querr&iacute;a desvelarle a sus futuros lectores, obviamente. Tampoco es f&aacute;cil comentar -pero debe hacerse- la imagen que transmite el libro sobre las mujeres: &ldquo;puta zorra&rdquo; aparece unas cien veces en sus p&aacute;ginas. Tacos, todos los que quieran.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos a Amy y a Nick, matrimonio. Ella es rica y guapa y estupend&iacute;sima; &eacute;l, &ldquo;escritor en paro&rdquo;. Por eso digo que no entiendo los <em>best seller</em>: &iquest;qu&eacute; se supone que es un &ldquo;escritor en paro&rdquo;? &iquest;Pueden los escritores estar en paro? &iquest;Cu&aacute;ndo? &iquest;Cuando no escriben? Cuando no escriben no son escritores; cuando uno deja de conducir trenes ya no es ferroviario. Escritor en paro. 
    </p><p class="article-text">
        En fin.
    </p><p class="article-text">
        Pues el escritor en paro pierde a su mujer: un d&iacute;a vuelve a casa y ella no est&aacute;. La casa, el sal&oacute;n, est&aacute; patas arriba: huy, qu&eacute; le habr&aacute; pasado a la pobre Amy. 
    </p><p class="article-text">
        Flynn nos cuenta la desaparici&oacute;n de Amy por boca de Nick, que anda confuso por la p&eacute;rdida pero no particularmente desesperado. Tambi&eacute;n intercala la autora el diario de Amy en las primeras p&aacute;ginas, y por &eacute;l sabemos que su matrimonio iba hundi&eacute;ndose y que Nick manifestaba brotes de agresividad muy alarmantes. Faltan cuarenta p&aacute;rrafos para que la polic&iacute;a encause al marido por la desaparici&oacute;n de la esposa. 
    </p><p class="article-text">
        Hasta ah&iacute; puedo leer, como dec&iacute;a <strong>Borges</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El resto -giro- es <em>mindgames</em>, trampantojo, guerra de sexos, qu&eacute; creo yo que crees t&uacute; que creo yo: adictivo. 
    </p><p class="article-text">
        Para leer un <em>best seller</em> de 550 p&aacute;ginas hay que saltarse las descripciones: consejo.
    </p><p class="article-text">
        Nick contrata a un abogado y acude a su despacho, y dice: &ldquo;El despacho era...&rdquo; o &ldquo;El despacho ten&iacute;a...&rdquo;: me lo salto. A fin de cuentas, ya ver&eacute; c&oacute;mo era el despacho cuando hagan la pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        El gran asunto -este es un <em>best seller</em> con chicha- est&aacute; sin duda en la personalidad fascinante y repulsiva que construye la autora para Amy. No es improbable que si estas p&aacute;ginas las hubiera escrito un espa&ntilde;ol -un hombre espa&ntilde;ol- le cayera encima una buena <em>tonicantonada</em>, un <em>hashtag</em> para &eacute;l solito, una manifestaci&oacute;n a la puerta de su casa. Porque <em>Perdida</em>, a su modo y sin propon&eacute;rselo seguramente, tiene algo de cara B de <em>Los hombres que no amaban a las mujeres</em>, y habr&aacute; que ver si el p&uacute;blico lector -de <em>best sellers</em> o de lo que sea- es capaz de digerir esto o si acaso llegar&aacute; a notarlo. &ldquo;Puta zorra&rdquo;: cien veces. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Perdida</em> recuerda a <em>Twin Peaks</em>; luego a <em>La guerra de los Rose.</em>
    </p><p class="article-text">
         Es muy recomendable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/lastima-perdida_132_5644753.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Apr 2013 08:16:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lástima que sea una perdida]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Buen intento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/buen-intento_132_5643651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Entretenida, formativa y un punto juvenil me ha resultado la primera novela (o primera novela accesible) de <strong>Miguel &Aacute;ngel Hern&aacute;ndez</strong>, tambi&eacute;n conocido como Miguel A. Hern&aacute;ndez-Navarro, Miguel Navarro, &Aacute;ngel Hern&aacute;ndez y otros (<a href="http://nohalugar.blogspot.com.es/2013/02/miguel-angel-hernandez.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ver aqu&iacute;</a>).
    </p><p class="article-text">
        <em>Intento de escapada</em> mezcla mundo universitario y arte contempor&aacute;neo para decirnos que en las galer&iacute;as hay mucho cuento y mucha mamarrachada y, a veces, muy pocos escr&uacute;pulos. Y en la universidad, tres cuartos de lo mismo, al fondo. 
    </p><p class="article-text">
        Un jovencillo asocial que acaba de asistente del Gran Artista Provocador<strong> Jacobo Montes</strong> nos narra la producci&oacute;n de &ldquo;Intento de escapada&rdquo;, una obra-denuncia sobre la emigraci&oacute;n magreb&iacute; en el Sur de Espa&ntilde;a. El relato es mucho m&aacute;s enjundioso por sus temas y peripecias -s&oacute;lo se me ocurre <em>La cabeza de pl&aacute;stico</em>, de <strong>Ignacio Vidal-Folch, </strong>como novela espa&ntilde;ola que ataque esos mismos asuntos- que por su escritura, en nada (pero en NADA) deudora de los <strong>Blanchot, Beckett</strong> y <strong>Bernhard</strong> que tutelan el libro desde la solapa, y s&oacute;lo piadosamente similar a los <strong>Don DeLillo</strong> y <strong>Philip Roth</strong> que propone la cuarta de cubierta. Vale, va de arte moderno (DeLillo, <em>Submundo</em>); ok, hay de sexo inici&aacute;tico (Roth, <em>El lamento de Portnoy</em>); pero poco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En realidad estos referentes perif&eacute;ricos -la solapa, la cuarta- anticipan una novela sesuda y ensay&iacute;stica, incluso snob, algo que en ning&uacute;n caso es<em> Intento de escapada,</em> cuya lectura es por el contrario muy fluida, ligera de di&aacute;logos, enternecedora de virginidades que perder. Sale la amiga lesbiana y muchos bares donde lleva al protagonista a ver si se desmelena: esas cosas. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de la textura algo an&eacute;mica de la prosa -primer parrafo de la p&aacute;gina 184-, y de algunas reiteraciones -el personaje que se duerme, que se levanta, que se duerme; que cavila-, la novela se sigue con inter&eacute;s, se acaba, se sufre en sus pasajes m&aacute;s s&oacute;rdidos y demenciales, que son aquellos donde el arte imita a la vida, pero no para rectificarla ni aleccionarnos, sino para construir miserables artefactos que acabar&aacute;n en Par&iacute;s, en el Pompidou, visitables por tantos euros la entrada. 
    </p><p class="article-text">
        Vanguardia, lo llamaban.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/buen-intento_132_5643651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Apr 2013 10:05:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Buen intento]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cien mil libros tomarán el mundo por la tarde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/solapas_132_5624853.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>Mario Bellatin</strong> no para nunca; a fin de cuentas, tiene cien mil libros que hacer. Escribir, s&oacute;lo tiene que escribir cien; pero hacer, firmar, signar con su huella dactilar, se ha propuesto <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2012/06/20/actualidad/1340190798_287117.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cien mil</a>. Eso s&iacute; es crear lectores; o, cuando menos, hu&eacute;rfanos. Hay una imprenta que s&oacute;lo vive para Mario.
    </p><p class="article-text">
        <em>Los cien mil libros de Bellatin</em> es un proyecto literario apote&oacute;sico y diminuto. Son libros, cada uno de esos cien mil, que no abultan mucho m&aacute;s que una baraja de cartas, un poemario editado por la diputaci&oacute;n, un azulejo amarillo. &ldquo;Este libro no es gratuito&rdquo;, dice en la primera pagina de <em>La novia desnudada por sus solteros</em>; &ldquo;Este libro no se compra, se vende&rdquo;, propone en el mismo sitio<em> El pasante de notario Murasaki Shikibu</em>. Yo tengo cuatro t&iacute;tulos de los cien, y nunca fueron adquisiciones: siempre regalos, malent
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        endidos.
    </p><p class="article-text">
        Entremedias de esta ferocidad editorial, Bellatin sigue publicando libros que se compran, se venden, se rese&ntilde;an. El &uacute;ltimo es<em> Gallinas de madera</em>, dos narraciones &ldquo;en torno a dos de los grandes escritores del siglo XX: <strong>Bohumil Hrabal</strong> y <strong>Alai</strong><strong>n Robbe</strong><strong>r-Grillet</strong>&rdquo;, como dice la contraportada de la edicion de Sexto Piso. La primera de ellas se titula <em>En las playas de Montauk las moscas suelen crecer m&aacute;s de la cuenta</em>: es magistral.
    </p><p class="article-text">
        Como en <em>La novia desnudada...</em>, Bellatin recurre en <em>Montauk</em> a una disposici&oacute;n particular del texto, y ya s&oacute;lo eso, esa decisi&oacute;n ajena por completo a lo narrado, hace de su lectura una experiencia fascinante. El recurso consiste en abusar del punto y aparte, y del interlineado entre los p&aacute;rrafos, para convertir la natural fluencia del discurso en una sucesi&oacute;n de escalones, metas volantes, fogonazos. 
    </p><p class="article-text">
        Como si yo escribo esta frase aqu&iacute; ahora, debajo de la otra.
    </p><p class="article-text">
        Y luego esta aqu&iacute;, para que quede claro.
    </p><p class="article-text">
        Porque quiero dejarlo claro.
    </p><p class="article-text">
        Aunque sea desvi&aacute;ndome de lo que iba a decir sobre<em> En la playas de Montauk las moscas suelen crecer m&aacute;s de la cuenta </em>y haya de volver luego con lo que iba a decir.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; iba a decir?
    </p><p class="article-text">
        Que me recuerda este texto a la tetratog&iacute;a genial de <strong>David Markson.</strong> El hecho de que el autor fuerce al lector a estar siempre en el comienzo del libro, o en el comienzo de <em>algo</em>, y que ese comienzo no sea un comienzo, sino una continuaci&oacute;n por sorpresa, un desglose, genera un ritmo -digamos- religioso, un mantra, santa adicci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Vemos en este tipo de dispositivos literarios la d
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        oma del lenguaje, el &aacute;nimo de conocimiento y de concreci&oacute;n; y vemos a <strong>Wittgenstein</strong>, a <strong>Lichtenberg</strong>, a <strong>Brainard</strong> y a <strong>Perec</strong>, los espacios en blanco de la literatura.
    </p><p class="article-text">
        Todo un gran discurso hecho a&ntilde;icos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/solapas_132_5624853.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Apr 2013 11:35:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cien mil libros tomarán el mundo por la tarde]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[100%Colombiana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/colombia_132_5629825.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">35muertos, de Sergio Álvarez.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Leamos un extracto cualquiera de <em>35muertos</em>, la estupenda novelota que ha escrito <strong>Sergio &Aacute;lvarez</strong>:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A la Treinta y siete se pas&oacute; a vivir una nena con una cara fe&iacute;sima  pero con unas tetas, una cintura, unas caderas y un culo tan bien  tallados que, cuando sal&iacute;a a la calle, hac&iacute;a babear a los manes del  barrio. Y, lo mejor, la nena no era complicada; semanas despu&eacute;s de  llegar al Quiroga ya se la hab&iacute;an comido los malandros m&aacute;s importantes  del barrio, algunos bondadosos padres de familia y hasta un par de  imb&eacute;ciles que hab&iacute;an tenido la suerte de cruzarse con ella cuando estaba muy  arrecha.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Si les gusta, est&aacute;n de suerte: son 500 p&aacute;ginas todas as&iacute;. Si les carga, adi&oacute;s Sergio.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me encanta.
    </p><p class="article-text">
        De todas las modulaciones del idioma castellano -o del espa&ntilde;ol-, de todas sus facetas, sus pr&aacute;cticas, sus malformaciones, ninguna me gusta m&aacute;s que la propia de Colombia. Me basta con o&iacute;r hablar a un colombiano -no me hace falta ni siquiera leerlo- para correr a proponerlo para el premio Nobel... de lo que sea.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos al parrafito:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A la Treinta y siete se pas&oacute; a vivir una nena con una cara fe&iacute;sima  pero con unas tetas, una cintura, unas caderas y un culo tan bien  tallados que, cuando sal&iacute;a a la calle, hac&iacute;a babear a los manes del  barrio. Y, lo mejor, la nena no era complicada; semanas despu&eacute;s de  llegar al Quiroga ya se la hab&iacute;an comido los malandros m&aacute;s importantes  del barrio, algunos bondadosos padres de familia y hasta un par de  imb&eacute;ciles que hab&iacute;an tenido la suerte de cruzarse con ella cuando estaba muy  arrecha.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Los subrayados se&ntilde;alan, muy exactamente, los momentos en que la lectura <em>se me justifica</em>, me aporta placer, me beneficia; me dice cosas, como que los cuerpos pueden venir <em>tallados</em> o que estar cachonda, salida, con ganas, euf&oacute;rica o excitada lo llaman en los confines del mapa <em>estar arrecha</em>.
    </p><p class="article-text">
        Otro asunto ser&iacute;a si escribir de esta guisa, vertiendo un pa&iacute;s en unas p&aacute;ginas, tiene que ver con el orgullo de ser de ese pa&iacute;s, con la resistencia al idioma estandarizado que impone el tejido econ&oacute;mico del mundo, y si ser colombiano -ser peruano; ser espa&ntilde;ol tambi&eacute;n- y negar el propio idioma, sus perfiles particulares, no apunta a una clamorosa derrota de la identidad. Miren a ver c&oacute;mo escribe uno y d&oacute;nde vive y quiz&aacute; noten que los colombianos que no viven en Colombia -sino en una beca, en Estados Unidos- tampoco estan en su escritura <em>a favor</em> de Colombia.
    </p><p class="article-text">
        Pero yo no me quiero meter en l&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        <em>35muertos</em>, hacia la mitad, me dio que pensar. Se me prefigur&oacute;, hasta ese punto, una etiqueta para su po&eacute;tica: <em>literatura latinoamericana ligera</em>. Hay algo en <em>35muertos</em> -como en <em>Rosario Tijeras</em>, de <strong>Jorge Franco</strong>- que la aleja del escal&oacute;n que ocupan los autores can&oacute;nicos de la narrativa sudamericana, los<strong> Borges, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Vargas Llosa</strong>; los <strong>Macedonio</strong>, los <strong>Felisberto</strong>; incluso de un<strong> Manuel Puig</strong> o un <strong>Fernando Vallejo</strong>. Hay un tono en Sergio &Aacute;lvarez -el mismo que encontramos en Jorge Franco- claramente menor: es feliz, se entusiasma, no hay desolaci&oacute;n. A pesar de los 35 cad&aacute;veres del t&iacute;tulo, en la novela no hay trascendencia, pliegues; peligro. Uno puede leer esta novela sobre la etapa m&aacute;s sanguinaria de Colombia sin sentir apenas un estremecimiento. &iquest;Ser&aacute; eso lo que la rebaja, un par de octanos, respecto a <em>Pedro P&aacute;ramo</em> o <em>La vor&aacute;gine</em>?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En cualquier caso, le&iacute;das 300 p&aacute;ginas, pens&eacute; que la cosa no daba para m&aacute;s y, sin embargo, la segunda mitad del libro se vuelve m&aacute;s honda, m&aacute;s dram&aacute;tica, verdaderamente mejor. Hay pasajes que funcionar&iacute;an a la perfecci&oacute;n como cuento independiente, y no malo, y reflexiones sobre la mataz&oacute;n de la Violencia que acaban poniendo los pelos de punta. El libro, en conjunto, resulta avasalladoramente festivo, pero quiz&aacute;s las p&aacute;ginas que apunto lo elevan a su vez un par de pisos por encima de <em>Rosario Tijeras</em>, un libro que, en mi caso, apenas aguant&oacute; una relectura. 
    </p><p class="article-text">
        Los <em>35 muertos</em> de la cubierta no los cont&oacute; uno, porque estaba muy ocupado contando los polvos. Aqu&iacute; se folla, se coge, se &ldquo;tira&rdquo; cada cinco p&aacute;ginas y yo creo que polvos hay en <em>35muertos</em> m&aacute;s que muertos; muchos m&aacute;s. Algunas frases sobre sexo, para que se vayan calientes del post:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pens&eacute; que despu&eacute;s de haberme dado dedo tan rico se merec&iacute;a un polvo.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya era hora de que llegaras, estoy muerta de ganas de que me la hundas.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Empec&eacute; a coquetearle, a dejar que me rozara los senos y que me pegara la verga dura al vientre, lo dej&eacute; acariciar mis nalgas y le sonre&iacute; insinuante cuando termin&oacute; la &uacute;ltima canci&oacute;n y camin&eacute; hacia el ba&ntilde;o.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No iba a tener m&aacute;s sexo a medias, acababa de entender que hacer bien el amor era una parte importante de hacerse comunista.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Y otra cita -la &uacute;ltima-, que puede servir como divisa de toda esta novela:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Solo pon&iacute;amos los pies sobre la tierra para bailar.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/colombia_132_5629825.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Apr 2013 15:11:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[100%Colombiana]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La gran depresión del ciudadano madrileño de nuestro tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/gran-depresion-ciudadano-madrileno-tiempo_132_5623356.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Le ha salido muy bien esta novela a <strong>Juan Aparicio Belmonte</strong>, autor nacido en los setenta que parec&iacute;a abocado a una narrativa bufonesca de limitado reconocimiento y que con <em>Un amigo en la ciudad </em>-a pesar de la modestia de su t&iacute;tulo y de la delgadez de su lomo- consigue una de las pocas obras verdaderamente sugestivas de lo que va de curso. Iba siendo m&aacute;rketing para nada, el curso, fuego fatuo, decadencia.
    </p><p class="article-text">
        No lo esperaba. Conozco relativamente bien la obra de Aparicio Belmonte -y a &eacute;l en persona, &ldquo;vaya por delante&rdquo;, como sol&iacute;a decir <strong>Rafael Reig</strong> desde <em>ABC</em>- y hab&iacute;a disfrutado mucho con sus disparatadas ocurrencias, sobre todo en <em>L&oacute;pez L&oacute;pez.</em> Sin embargo, los contornos del chiste, del humor negro y de la parodia detectivesca no parec&iacute;an particularmente permeables a la alta dicci&oacute;n de la literatura, al retrato en profundidad del malestar del alma humana o, en definitiva, a todo lo que hace de un libro algo m&aacute;s que un entretenimiento, as&iacute; sea muy inteligente como tal. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Un amigo en la ciudad</em>, Aparicio ha degradado el cachondeo de su prosa para tocar el hueso dur&iacute;simo de la depresi&oacute;n, la desgana, el d&oacute;nde vamos con nuestros hijos y nuestros votos a la izquierda. Seguramente &eacute;ste es un libro mucho m&aacute;s importante de lo que el propio autor cree.
    </p><p class="article-text">
        Encontramos en la obra a un comercial de m&aacute;quinas expendedoras de batidos de varios sabores que, de pronto, empieza a confundir voces y rostros, a mezclar el tiempo y el espacio, a verle bigote a su mujer y a predecir algo tan inveros&iacute;mil como que Espa&ntilde;a vaya a ser campeona del mundo de f&uacute;tbol. La alucinaci&oacute;n alcanza cotas cinematogr&aacute;ficas (pienso en <em>Jo, qu&eacute; noche, </em>de <strong>Martin Scorsese</strong>) hacia la mitad de la novela, donde la deriva desesperada del personaje lo lleva a recorrer un Madrid festivo -<strong>Andr&eacute;s Iniesta</strong>, en suma- y a entrometerse en vidas ajenas y visitar espacios insospechados -acaba bebiendo brandy en el aeropuerto de Barajas- en un <em>travelling</em> narrativo de connotaciones existenciales tan poderosas que uno piensa en las mejores p&aacute;ginas de<strong> C&eacute;sar Aira</strong> -y uno no es <em>tan</em> fan de C&eacute;sar Aira- y en el mism&iacute;simo Mal de Montano de <strong>Vila-Matas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Pero es <strong>Philip K. Dick,</strong> y su obsesi&oacute;n por la discutible realidad de lo real, la referencia m&aacute;s plausible en<em> Un amigo en la ciudad,</em> novela cuya adscripci&oacute;n realista -que doy por descontada, es decir, por fat&iacute;dica- le har&aacute; un flaco favor al enorme cuestionamiento que encontramos en ella de los usos y costumbres del ciudadano medio -si quieren, madrile&ntilde;o y de nuestro tiempo- mediante una serie de peque&ntilde;os trastornos de la percepci&oacute;n tan sutiles como eficaces.
    </p><p class="article-text">
        La prosa, adem&aacute;s, nos viene pulqu&eacute;rrima, exacta, y con gran punter&iacute;a para las comparaciones, tremendamente sencillas y estimulantes: &ldquo;los edificios de la Gran V&iacute;a pasaban de largo como movidos por una cinta transportadora&rdquo;, &ldquo;se desparramaba por el suelo cuan largo era, como si quisiera convertirse en l&iacute;quido.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Ahora que nadie sabe hacer novelas y eso es ser moderno, llama tambi&eacute;n la atenci&oacute;n la consistencia de los motivos y elementos que aparecen en el relato (sigan los lectores el rastro de un &ldquo;premio de loter&iacute;a&rdquo; para notar que aqu&iacute; nada est&aacute; dicho al buen tunt&uacute;n), su sabio despliegue y su estrategia, que demuestran una vez m&aacute;s que la novela -tomada como construcci&oacute;n intencionada- sigue siendo m&aacute;s v&aacute;lida y penetrante como herramienta anal&iacute;tica del presente que la ya insoportable y envejecida &ldquo;fragmentariedad&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/gran-depresion-ciudadano-madrileno-tiempo_132_5623356.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Apr 2013 10:27:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La gran depresión del ciudadano madrileño de nuestro tiempo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un buen lector]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/buen-lector_132_5621523.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Selecciona cuatro respuestas a la pregunta: &iquest;qu&eacute; cualidades debe tener uno para ser un buen lector?:
    </p><p class="article-text">
        1. Debe pertenecer a un club de lectores.
    </p><p class="article-text">
        2. Debe identificarse con el h&eacute;roe o la hero&iacute;na.
    </p><p class="article-text">
        3. Debe concentrarse en el aspecto socioecon&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        4. Debe preferir un relato con acci&oacute;n y di&aacute;logo a uno sin ellos.
    </p><p class="article-text">
        5. Debe haber visto la novela en pel&iacute;cula.
    </p><p class="article-text">
        6. Debe ser un autor embrionario.
    </p><p class="article-text">
        7. Debe tener imaginaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        8. Debe tener memoria.
    </p><p class="article-text">
        9. Debe tener un diccionario.
    </p><p class="article-text">
        10. Debe tener cierto sentido art&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Los estudiantes se inclinaron en su mayor&iacute;a por la identificaci&oacute;n emocional, la acci&oacute;n y el aspecto socioecon&oacute;mico o hist&oacute;rico. Naturalmente, como habr&eacute;is adivinado e buen lector es aquel que tiene imaginaci&oacute;n, memoria un diccionario y cierto sentido art&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vladimir Nabokov</strong>, <em>Curso de literatura europea</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/buen-lector_132_5621523.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Mar 2013 08:52:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un buen lector]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estoy oyendo crecer a mi hijo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/oyendo-crecer-hijo_132_5617345.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Literatura del duelo IV. La hora violeta, de Sergio del Molino.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Cuenta <strong>Garc&iacute;a-Posada</strong> en el pr&oacute;logo de <em>Mortal y rosa</em> (C&aacute;tedra) que este libro can&oacute;nico de <strong>Francisco Umbral</strong> pas&oacute; desapercibido en su momento, y que fue luego, con los a&ntilde;os y los libros siguientes del autor, con los premios y las columnas, cuando <em>Mortal y rosa</em> se recuper&oacute; y se apreci&oacute;, y -de hecho- se vendi&oacute;. En C&aacute;tedra lo incluyeron en su colecci&oacute;n Letras Hisp&aacute;nicas en el a&ntilde;o 1996.
    </p><p class="article-text">
        La muerte de Francisco Umbral en el a&ntilde;o 2007 puso en marcha el cron&oacute;metro del olvido y de la negaci&oacute;n. En Espa&ntilde;a, cuando muere un escritor, no se le pone una calle sino un mont&oacute;n de peros. Sin embargo, mientras <strong>Cela</strong> parece ir a necesitar todo un siglo para que alguien se acuerde de &eacute;l, Umbral va saliendo del bache de su fama en entrevistas, rese&ntilde;as y libros, donde se le cita y ampara. Los j&oacute;venes o m&aacute;s o menos j&oacute;venes lo siguen teniendo en cuenta, lo imitan sin sonrojo y se ponen de su parte abiertamente. <strong>Montero Glez, Manuel Jabois, Pablo Guti&eacute;rrez</strong>...
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo en sumarse a este respetuoso duelo literario ha sido <strong>Sergio del Molino</strong>, cuyo libro <em>La hora violeta</em> se presenta como una obra <em>en coincidencia</em> con el cl&aacute;sico de Umbral sobre la muerte del hijo. No trata Del Molino de hacer otro<em> Mortal y rosa</em>, ni de arrimar su po&eacute;tica a la de un autor relevante, sino que se&ntilde;ala sin m&aacute;s, en el paratexto, en el ep&iacute;grafe y en algunas acertadas p&aacute;ginas de su libro, el hecho brutal de ser un lector emocionado que acaba por entender fatalmente y de una forma m&aacute;s profunda de qu&eacute; iba el libro que en su d&iacute;a le emocion&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo, m&aacute;s que nadie en este mundo, s&eacute; de lo que habla <em>Mortal y rosa</em>&rdquo;, leemos en <em>La hora violeta</em>. 
    </p><p class="article-text">
        En su libro, Sergio del Molino nos cuenta lo que sabe sobre perder al hijo, en una prosa m&aacute;s directa y testimonial que la de Umbral, de menor intensidad l&iacute;rica. Podr&iacute;amos decir que hace un periodismo de las entra&ntilde;as, un reportaje donde el reportero no ha ido a buscar la informaci&oacute;n, sino que &eacute;sta se le ha desangrado dentro. 
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, es un libro que nos apela m&aacute;s con la verdad que con la palabra, o m&aacute;s con los hechos que con la belleza. Su lectura comparada con <em>Mortal y rosa</em> me da especialmente que pensar: esa pirueta de la vida donde un lector que luego se convierte en escritor acaba por retomar sus lecturas de juventud con su propia escritura, completando un libro con otro libro, entendiendo el libro de otro con el libro propio; entendiendo quiz&aacute; la literatura finalmente. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy oyendo crecer a mi hijo&rdquo; es una de las frases m&aacute;s conocidas de<em> Mortal y rosa</em> -y no encontrar&aacute;n nada parecido, ninguna verdad po&eacute;tica similar en <strong>Joan Didion</strong>, amigos-, una frase que uno puede paladear sin ser padre, entender como poes&iacute;a, pero que s&oacute;lo ser&aacute; sonido -el sonido del crecimiento- para aquellos que en efecto tienen hijos y los arropan y se acuestan luego pensando en los ni&ntilde;os dormidos, creciendo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/oyendo-crecer-hijo_132_5617345.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Mar 2013 13:03:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Estoy oyendo crecer a mi hijo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ropa muy sucia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/ropa-sucia_132_5615736.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Literatura del duelo III. Di su nombre, de Francisco Goldman.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No ser&aacute; muy frecuente dejar un libro a la mitad por otro motivo que no sea considerarlo malo; <em>Di su nombre</em> no es malo, pero a la mitad, en efecto, lo he dejado.
    </p><p class="article-text">
        Se narra aqu&iacute; la relaci&oacute;n del escritor <strong>Francisco Goldman</strong> con la joven <strong>Aura</strong>, estudiante mexicana que apuntaba maneras literarias y cuya muerte se produjo cuando contaba ella treinta a&ntilde;os y &eacute;l cincuenta y tres. Una ola fue la culpable del accidente fatal, mientras estaban de vacaciones.
    </p><p class="article-text">
        El octanaje de la intimidad aqu&iacute; desvelada es tan elevado que a uno se le gripan los motores del pudor. Hay, quiz&aacute;, demasiadas miserias, demasiadas confesiones poco caballerosas; demasiada cercan&iacute;a con el propio dolor y una cierta falta de conciencia de que quien lee no conoce a Aura m&aacute;s que como personaje, y que como personaje el retrato est&aacute; saliendo -considero- poco emp&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay, como con <strong>Joan Didion</strong>, un menudeo de los detalles sofisticados, de marcas de ropa y precios de las cosas, de becas y grandes preocupaciones planetarias, todo lo cual a m&iacute; no acaba de serme grato leer.
    </p><p class="article-text">
        Un dato tan anodino (p&aacute;gina 57) como el de decir que uno est&aacute; dando una charla y mira la botella de agua... Poland Spring me confunde, por utilizar un verbo de agresividad menor. Edredones de 600 euros. Visitas al spa y la masajista cuando est&aacute; una o uno estresado; cenas con <strong>Salman Rushdie</strong>. Tres becas al mismo tiempo. Recomendaciones de usar B&oacute;tox. Zapatos Marc Jacobs. Nueva York. Y, entreverado, qu&eacute; pena que el mundo sea como es y all&iacute; se mueran de hambre, o los bombardeen.
    </p><p class="article-text">
        Escrito en ingl&eacute;s, la traducci&oacute;n da cuenta de una estupenda prosa, y esa es la cualidad m&aacute;s estimable de este volumen, que propone cada tanto p&aacute;ginas pre&ntilde;adas de literatura, de emociones y de peque&ntilde;as epifan&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Pero, le&iacute;do -como suele ser habitual un libro- con parones, paradas, d&iacute;as entre medias, y acumulado un poso X de la lectura completada, a la hora de darle el &uacute;ltimo arre&oacute;n, verdaderamente, no me apetec&iacute;a; no me apetec&iacute;a desde la sensaci&oacute;n de estrago, desde la prevenci&oacute;n m&aacute;s razonable para con el est&oacute;mago de uno, que tampoco tiene que recibir semejantes dosis de letra org&aacute;nica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/ropa-sucia_132_5615736.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Mar 2013 12:32:07 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ropa muy sucia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Joan Didion, sin magia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/joan-didion-magia_132_5609641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Literatura del duelo II. "El año del pensamiento mágico" y "Noches Azules".</p></div><p class="article-text">
        Si bien <em>El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico</em> no me gust&oacute; nada, <em>Noches azules </em>me gust&oacute; todav&iacute;a menos. Quer&iacute;a aclararlo desde el principio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Joan Didion </strong>lleg&oacute; a mis o&iacute;dos manos intelecto (en los tiempos en que los medios escritos ten&iacute;an corrector, aqu&iacute; hubiera recibido yo una llamada: &iquest;las comas?; va sin comas) tarde. Fue con la publicaci&oacute;n por parte de Literatura Mondadori de<em> Noches azules </em>y <em>Los que sue&ntilde;an el sue&ntilde;o dorado</em>, publicaci&oacute;n simultanea y consecutiva, imperial. Joan Didion, ya de nombre, ten&iacute;a pinta de gustar; y de gustarse. Miren esta foto:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        S&oacute;lo con el nombre, ya digo, con la foto, y con el hecho <em>imperial</em> de ser una autora-cronista de Estados Unidos se me prefigur&oacute; de ella una imagen muy favorable, de mujer liberada, moderna, provocadora, inteligent&iacute;sima. Inteligent&iacute;sima s&iacute; era.
    </p><p class="article-text">
        Al parecer, a&ntilde;os antes de que Mondadori me dijera qui&eacute;n era Joan Didion, la editorial GLOBALrhythm introdujo a la autora en el mercado espa&ntilde;ol con su primer libro de postrimer&iacute;as, el ya citado<em> El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico.</em> Es un libro que tienen muchas chicas en sus casas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que empec&eacute; por el principio, por<strong> John Dunne</strong>, marido muerto de Didion al que ella evoca en este libro con una escritura plana, directa y tediosa. Es un libro que no me dice nada, aparte de lo importante que para Joan Didion deben sernos sus desgracias. 
    </p><p class="article-text">
        Buscando en internet rese&ntilde;as de <em>El a&ntilde;o del pensamiento m&aacute;gico</em> -un t&iacute;tulo que para s&iacute; quisiera<strong> Paulo Coelho</strong>- y, en ellas, citas textuales que me aclaren qu&eacute; encuentran de interesante sus lectores devotos, me salen al paso estos extractos, que comento:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ni podemos saber -y ah&iacute; reside la diferencia fundamental entre c&oacute;mo imaginamos el dolor y c&oacute;mo es en realidad ese dolor- la interminable ausencia que sigue al hecho en s&iacute;, el vac&iacute;o, la absoluta falta de sentido, la inexorable sucesi&oacute;n de momentos en los que nos enfrentamos a la experiencia del sin sentido.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        (Lamentablemente algunos tenemos algo ma&#347; de imaginaci&oacute;n y nada imaginamos con mayor exactitud que nuestra vida en ausencia de nuestros seres queridos, ay.)
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La vida cambia r&aacute;pido. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar, y la vida que conoces se acaba.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        (Ah.)
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mientras escribo esto, me doy cuenta de que no quiero terminar este  relato. Ni tampoco quer&iacute;a terminar el a&ntilde;o. La locura disminuye, pero la  claridad no la sustituye. Busco objetivos y no encuentro ninguno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        (Ah.)
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tambi&eacute;n s&eacute; que si hemos de continuar viviendo llega un momento en  que debemos abandonar a los muertos, dejarlos marchar, mantenerlos  muertos.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        (En Espa&ntilde;a lo sabemos desde hace siglos y refranes: <em>el muerto al hoyo y el vivo al bollo</em>.)
    </p><p class="article-text">
        En fin: nada.
    </p><p class="article-text">
        Nada me dice Joan Didion de la muerte a pesar de escribir legitimada por una experiencia de duelo. Su incre&iacute;ble falta de sagacidad con este asunto -que contin&uacute;a, dicha falta, y hasta yo dir&iacute;a que toca fondo, en <em>Noches azules</em>- viene adem&aacute;s acompa&ntilde;ada de descripciones de su vida diaria que me la hacen realmente antip&aacute;tica. Gracias a que no me estar&aacute; leyendo, puedo incurrir en una cierta groser&iacute;a al afirmar que el hecho de que cuente la muerte de su marido en t&eacute;rminos de &ldquo;yo acababa de servirle otra copa&rdquo; (yo-acababa-de-servirle), unido a todo ese pijer&iacute;o snob e intelectual que derrama en cada p&aacute;gina con altaner&iacute;a autosatisfecha, me han complicado mucho las cosas a la hora de sentir siquiera algo de empat&iacute;a por su aflicci&oacute;n. Su vida me resulta t
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        an conservadora y llena de caprichitos que entiendo que Joan Didion contando al mundo sus cuitas es otro capricho m&aacute;s de la se&ntilde;ora, si acaso el peor.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Pero no desesperemos: a&uacute;n podemos hablar de<em> Los que sue&ntilde;an el sue&ntilde;o dorado</em> y salvar la pel&iacute;cula de Joan Didion, pues es un libro bastante bueno.
    </p><p class="article-text">
        Re&uacute;ne cr&oacute;nicas sociales y pol&iacute;ticas que JD escribi&oacute; y public&oacute; a lo largo de varias d&eacute;cadas, siendo la primera de 1966, cuando la autora ten&iacute;a 32 a&ntilde;os. Hay una extraordinaria narracion del rocambolesco asesinato de un hombre por su esposa  -y que se lee como una novela de<strong> James M. Cain</strong>- y cr&oacute;nicas dedicadas a <strong>John Wayne</strong> y The Doors; hay un mont&oacute;n de drogas; hay muchos locos; y hay un momento m&aacute;gico -de verdad- y emotivo -<em>azul</em>- en la p&aacute;gina 71 del libro, en la cr&oacute;nica <em>Arrastrarse hacia Bel&eacute;n</em> publicada en el a&ntilde;o 1967, treinta seis a&ntilde;os antes de que Didion perdiera a John Dunne y a <strong>Quintana</strong>, su esposo durante cuatro d&eacute;cadas y su &uacute;nica hija; dice Joan:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Alguien hace un c&aacute;lculo numerol&oacute;gico de mi nombre y del nombre fot&oacute;grafo que me acompa&ntilde;a. Al fot&oacute;grafo le sale todo blanco y mar; pero mi nombre tiene un s&iacute;mbolo de muerte doble.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/joan-didion-magia_132_5609641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Mar 2013 16:21:47 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Joan Didion, sin magia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura del duelo (I): qué hago yo con tu dolor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/literatura-duelo-hago-dolor_132_5604687.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Testimonios de la pérdida. Iniciamos una serie de artículos sobre libros donde se evoca la muerte de un ser querido.</p></div><p class="article-text">
        Porque despu&eacute;s de la muerte no se entiende nada, se acaba recurriendo a la literatura. No es necesario indagar entonces en los motivos por los cuales un escritor deja testimonio de la p&eacute;rdida de su padre o de su madre, de su pareja o de su hijo; si pudiera -si le asistiera la escritura- cualquier persona lo har&iacute;a. El duelo justifica muchas terapias, muchas extracciones y cirug&iacute;as de urgencia, y escribir seguramente es la forma m&aacute;s profunda de hundir un cuchillo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, s&iacute; vamos a preguntarnos aqu&iacute; por qu&eacute; un autor publica su paneg&iacute;rico, su elogio f&uacute;nebre, y por qu&eacute; ese autor cree que otras personas van a leerlo o deben siquiera mostrar inter&eacute;s en su desgracia. &iquest;Qu&eacute; se supone que debe hacer un lector con el dolor de un escritor?
    </p><p class="article-text">
        Los libros del duelo, los libros &iacute;ntimos hasta resultar irreducibles a la calificaci&oacute;n de artefacto literario, donde tocamos al hombre y recibimos esa informaci&oacute;n sentimental propia de los momentos cruciales de una vida, se avienen mal con la rese&ntilde;a, con los adjetivos de la rese&ntilde;a, con la contudencia de un juicio que, en ese caso, ya no parece tan importante realizar con frialdad. Al cr&iacute;tico le puede la solidaridad, la humanidad, esa evidencia de que la muerte hace rid&iacute;culo todo lance, mayormente ese lance minoritario que es la literatura. As&iacute;, la recepci&oacute;n profesional de una novela sobre la aflicci&oacute;n aut&eacute;ntica de una persona suele guiarse por la condescendencia y ser, sin ambages, positiva.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente un libro donde su autor nos cuenta c&oacute;mo muri&oacute; la mujer de su vida puede ser muy malo. Y puede ser atroz ese otro libro sobre el fallecimiento s&uacute;bito del hijo peque&ntilde;o. Y no escapa al desastre literario aquel otro texto dedicado a la desaparici&oacute;n del mejor amigo, por muy dolorosa que sea esa p&eacute;rdida y por muchas circunstancias recrudecedoras que rodeen el suceso: la juventud, una reciente paternidad, que <em>s&oacute;lo</em> sali&oacute; a comprar el peri&oacute;dico y el coche que pasaba lo manejaba un borracho.
    </p><p class="article-text">
        Si en las novelas de denuncia, en el momento de analizarlas, se suele confundir la intenci&oacute;n de la obra con su calidad, de modo que si una novela busca hacer campa&ntilde;a contra el racismo o la violencia de g&eacute;nero, o concienciarnos acerca de los ni&ntilde;os perdidos de una guerra, la reacci&oacute;n general es de alabanza y apoyo, al margen de los m&iacute;nimos de verosimilitud, composici&oacute;n y escritura que se le exigen a otros libros, con los libros del duelo se confunde la empat&iacute;a respecto al dolor ajeno con esa hermandad que nos sugiere un escritor cuando su libro nos gusta. Sentir piedad, sin embargo, no es sentir admiraci&oacute;n, aunque ambos sentimientos queden tan cerca y sean tan f&aacute;ciles de entremezclar. 
    </p><p class="article-text">
        Hay, por tanto, diferencias entre unos libros y otros, de estos dedicados a la muerte del allegado, y esa diferencia est&aacute; en la capacidad de universalizaci&oacute;n de la propia desgracia, en c&oacute;mo de profundo se hunda ese cuchillo de escribir; en definitiva, en cu&aacute;nto hay de literatura y cu&aacute;nto no hay de sentimentalismo. 
    </p><p class="article-text">
        Es, al cabo, la diferencia que hay entre lo dom&eacute;stico y lo &iacute;ntimo. 
    </p><p class="article-text">
        Leyendo algunos libros funerales he tenido la sensaci&oacute;n de estar en un caf&eacute; y escuchar en la mesa de al lado una conversaci&oacute;n que no me interesaba lo m&aacute;s m&iacute;nimo, as&iacute; fuera la charla morbosa y muy privada, y con l&aacute;grimas. Comprendemos el dolor de los dem&aacute;s -el dolor de los peri&oacute;dicos: todos esos miles de muertos en pa&iacute;ses lejanos-, pero no lo hacemos nuestro, porque si hici&eacute;ramos nuestro el dolor diario del mundo no podr&iacute;amos salir de casa por las ma&ntilde;anas. As&iacute;, algunos libros que testimonian la desgracia personal me han irritado al punto de llegar a pensar qu&eacute; tan importante se creer&aacute; el autor para asestarnos sus entierros y sus autopsias a los dem&aacute;s, que ya tenemos nuestros propios entierros y autopsias y la delicadeza, tambi&eacute;n, de no ir incomodando con ellos a los otros, los desconocidos.
    </p><p class="article-text">
        Porque, aunque muchos se nieguen a validar la verdad de la frase por una sobreactuaci&oacute;n de su solidaridad con las desgracias ajenas, lo cierto es que a un lector no le importa el dolor de un escritor, no le importa cuando compra su libro y lo lee y lo recorre hasta su &uacute;ltima p&aacute;gina; el lector es ego&iacute;sta y quiere algo de ti, quiere ese placer de leer o ese placer de emocionarse o esa verdad que se le ofrece desde una experiencia m&aacute;s intensa o m&aacute;s sagazmente interpretada. Perdonen el cinismo, o la brutalidad, pero si basamos la estimaci&oacute;n de una obra en el sufrimiento de su autor entraremos en una competici&oacute;n tan desagradable como la de medir la calidad de estos libros en funci&oacute;n de si este autor perdi&oacute; a su padre y, este otro, a <em>sus</em> padres, y aquel a tres hijos, y el otro a toda su familia y adem&aacute;s padeci&oacute; c&aacute;ncer y se rompi&oacute; un brazo en la f&aacute;brica. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, sopesando todo esto que iba a escribir aqu&iacute;, conclu&iacute; que muchos autores de talento ser&iacute;an capaces de escribir libros falsos sobre la muerte de su pareja que resultaran m&aacute;s emocionantes y, al cabo, <em>aut&eacute;nticos</em> que esos otros libros reales sobre la muerte de la pareja que escribiera alguien sin talento. As&iacute;, lo fascinante, digamos, es cuando se juntan el talento y el tema, pues por mucho que un escritor pueda fingir un dolor con enorme convicci&oacute;n, es cierto que s&oacute;lo la vivencia directa de la desgracia habilita para llevar la literatura a simas particularmente reveladoras.
    </p><p class="article-text">
        Veremos estos asuntos en los pr&oacute;ximos d&iacute;as con dos libros de <strong>Joan Didion</strong>, con <em>Di su nombre</em>, de<strong> Francisco Goldman</strong>, y con <em>La hora violeta</em>, de<strong> Sergio del Molino</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/literatura-duelo-hago-dolor_132_5604687.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Mar 2013 13:09:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Literatura del duelo (I): qué hago yo con tu dolor]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ríete tú de Sidney Poitier]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/titulo-post-primer-parrafo-resena_132_5598719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <em>No Soy Sidney Poitier</em> es la segunda novela de Everett que publica en Espa&ntilde;a <a href="http://www.blackiebooks.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Blackie Books</a>. No es mejor que<em> X,</em> pero s&iacute; m&aacute;s divertida y legible y delirante. <em>X</em> combinaba un discurso te&oacute;rico sobre literatura con el relato dur&iacute;simo de la vida en un barrio negro, y ambas narraciones se hac&iacute;an desde un punto de vista par&oacute;dico: a m&iacute; me gust&oacute; m&aacute;s la parodia de la vida de los negros de clase baja porque la parodia del estructuralismo, postestructuralismo y dem&aacute;s le parece a uno que muchas veces ya viene metida en su propia formulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No Soy Sidney Poitier</strong> se escribe todo con may&uacute;sculas porque no se trata de una afirmaci&oacute;n -o de una negaci&oacute;n, que ahora mismo no me aclaro- sino del nombre completo del protagonista. Esto ya da la pauta, en la primera p&aacute;gina, de lo disparatada y original que es la peripecia de nuestro h&eacute;roe. Llamarse No Soy, y no digamos No Soy Sidney Poitier, da -como aquel <strong>Nadie</strong> de <em>La Odisea</em>- para confusiones divertid&iacute;simas, y Everett las aprovecha y dosifica a lo largo de toda la historia.
    </p><p class="article-text">
        No Soy, por pintarlo otro poco, resulta ser fruto de un embarazo que dur&oacute; dos a&ntilde;os; al morir su madre, queda al cuidado de<strong> Ted Turner</strong>. S&iacute;, Ted Turner. Everett avisa en una nota preliminar que van a salir agunos nombres conocidos en el libro, y que, en definitiva, no lo denuncien, que s&oacute;lo es literatura. &Eacute;l mismo aparece como profesor de Filosof&iacute;a del Absurdo, cameo autopar&oacute;dico que, curiosamente, es lo menos conseguido del libro. Everett no le ha sabido sacar el personaje a Everett, entre otras cosas, porque esto de que los autores metan su nombre en sus propios libros es una tonter&iacute;a que ya deber&iacute;a haber prescrito. A m&iacute;, al menos, no me hace gracia desde el a&ntilde;o 2002.
    </p><p class="article-text">
        La novela parece <strong>C&eacute;sar Aira</strong> un poco, otro poco <strong>Boris Vian</strong> en <em>Qu&eacute; se mueran los feos</em> (todos quieren follar con el protagonista) y obviamente en<em> Escupir&eacute; sobre vuestra tumba</em> (el rencor social de la raza negra contra el hombre blanco); tambi&eacute;n le han venido a uno a la cabeza las novelas ligeras de <strong>Eduardo Mendoza</strong> (todas desde hace veinte a&ntilde;os) y, ya tirando m&aacute;s hacia los cl&aacute;sicos, el modelo tradicional de la novela picaresca: un personaje de origen humilde al que la sociedad moldea y envilece, a falta de televisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En <em>No Soy Sidney Poitier</em> hay autocr&iacute;tica racial:
    </p><p class="article-text">
        <em>Intenta acabar con el sistema de bienestar porque mantiene oprimidos a los negros, y poner coto a los derechos de los gays porque eso pone en peligro la estructura familiar y mantiene oprimidos a los negros, y abolir la discriminaci&oacute;n positiva porque ense&ntilde;a a mostrar preferencias y eso mantiene oprimidos a los negros.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hay trabalenguas academicistas:
    </p><p class="article-text">
        <em>Imaginen un contextualismo radical y formidable que deriva de la hipostatizaci&oacute;n del lenguaje y que anticipa un lenguaje licuado </em>(etc.)
    </p><p class="article-text">
        Hay mucho, mucho ingenio:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;C&oacute;mo es posible que, despu&eacute;s de que todas las balas le han rebotado en el pecho, Superm&aacute;n se agache cuando el malo le tira la pistola vac&iacute;a?</em>
    </p><p class="article-text">
        Hay erratas.
    </p><p class="article-text">
        Y hay motivos muy particulares para detener a los negros en Georgia:
    </p><p class="article-text">
        <em>Bueno, pa empez&aacute;, por hablarle con descaro a un agente de la ley, que por aqu&iacute; &eacute; lo mimmo que resistirse a un arresto. Luego tenemo exceso de velocidad y no haberte parao enseguida cuando he encend&iacute;o la l&uacute;. Y luego est&aacute; lo de ser un puto negro.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/titulo-post-primer-parrafo-resena_132_5598719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Mar 2013 11:50:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Ríete tú de Sidney Poitier]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La novela más encantadora de los últimos tiempos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/novela-encantadora-ultimos-tiempos_132_5594722.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Esto es Am&eacute;rica, amigos: publicas tu primera novela y, de inmediato, se traduce a m&aacute;s de diez idiomas y <strong>John Ashbery</strong> y <strong>Paul Auster</strong> la elogian, y<strong> Jonathan Franzen</strong> tambi&eacute;n la elogia, y tienes 1.500 rese&ntilde;as en <a href="http://www.goodreads.com/book/show/11100788-leaving-the-atocha-station" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">goodreads</a> y todo ello poniendo en el t&iacute;tulo de la novela dos palabras que nunca se le ocurrir&iacute;a poner a un escritor espa&ntilde;ol: un gerundio y &ldquo;Atocha&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, a veces una novela, primera novela, salta al mercado internacional con todo y varias ediciones; pero lo que nunca ver&aacute;n es a tres escritores consagrados apoyando la nueva novela de un escritor joven. En concreto, nuestro escritor m&aacute;s internacional, <strong>Javier Mar&iacute;as</strong>, no ha dicho nunca nada bueno de ninguna novela debutante en los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os. El &uacute;nico que se arriesga a hacer feliz a un escritor primerizo es<strong> Enrique Vila-Matas&#65279;</strong><span id="mce_6_start"></span>.<span id="mce_6_end"></span> La tradici&oacute;n literaria espa&ntilde;ola es muy clara en este sentido: que cada cual se las apa&ntilde;e como pueda.
    </p><p class="article-text">
        <em>Saliendo de la estaci&oacute;n de Atocha</em> toma prestado su t&iacute;tulo de un poema de John Ashbery que, al cabo, resulta milagrosamente significativo. <strong>Ben Lerner</strong>, poeta antes que novelista, idolatra a Ashbery y, tras escribir un libro sobre su estancia en Madrid, no es extra&ntilde;o que recurriera a uno de sus poemas para titularlo. Seguramente ya hab&iacute;a decidido el t&iacute;tulo antes de escribir la novela e incluso antes de <em>saber</em> que iba a escribir una novela. Sin embargo, el Madrid de Lerner es el Madrid del a&ntilde;o 2004, por lo que &ldquo;Atocha&rdquo;, seg&uacute;n avanzamos en la lectura de la novela, va tomando un peso po&eacute;tico, hist&oacute;rico y testimonial que multiplica su sentido, zarande&aacute;ndolo desde la referencia literaria culta hasta el epicentro emocional de la capital de Espa&ntilde;a en el a&ntilde;o en que se sit&uacute;a el relato.Las casualidades siempre se ponen de parte del talento.
    </p><p class="article-text">
        La novela de Ben Lerner no es gran cosa, en principio; no trata asuntos graves ni cuenta con una trama imaginativa o m&iacute;nimamente ingeniosa; ni siquiera sigue la tradici&oacute;n artesana de la literatura de su pa&iacute;s, esa novel&iacute;stica impecable en su estructura dram&aacute;tica, pues en una p&aacute;gina estamos en Madrid y en la siguiente en Granada o Barcelona, sin otro motivo justificador que el hecho de que Ben Lerner anduvo seguramente por all&iacute; y quer&iacute;a sacar estas ciudades en su libro. Pero, gracias a esta ligereza compositiva, la novela transmite una honestidad y un encanto que no podr&iacute;amos encontrar en un libro t&eacute;cnicamente perfecto; en <strong>David Vann</strong>, pongamos.
    </p><p class="article-text">
        El protagonista es Adam Gordon, alter ego inmediato de Ben Lerner, que vive en la plaza de Santa Ana y fuma porros y escribe poemas derivados (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/T%C3%A9cnica_Cut-up_o_de_recortes" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cut up</a>) mientras una beca Fullright espera de &eacute;l grandes cosas, grandes poemas sobre la Guerra Civil Espa&ntilde;ola y sus poetas mayores:<strong> Ram&oacute;n Machado Jim&eacute;nez</strong> y <strong>Antonio Ram&oacute;n Jim&eacute;nez </strong>(sic!). &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tipo de poes&iacute;a escribes?&rdquo;, le preguntan; &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tipos de poes&iacute;a existen?&rdquo;, contesta. 
    </p><p class="article-text">
        Entre la pereza y el despiste, Adam se mueve por ese extra&ntilde;o pa&iacute;s llamado Espa&ntilde;a emitiendo juicios que al lector espa&ntilde;ol se le hacen de una brutal inocencia: &ldquo;Era el edificio m&aacute;s feo que hab&iacute;a visto en mi vida&rdquo;, dice sobre la Sagrada Familia. El personaje nunca se entera de nada de lo que le cuentan sus amigos espa&ntilde;oles, sus novias, la familia de sus novias, lo que le lleva a interpretar la vida de los dem&aacute;s, a invent&aacute;rsela, haciendo con ellos tambi&eacute;n un<em> cut up</em>, pero de la biograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Sobre estos materiales tan fr&iacute;volos planea sin embargo una inteligencia extraordinaria, una suerte de existencialismo sin agon&iacute;a que el narrador lleva consigo como una condena de lucidez de la que quiere desentenderse. Hay en &eacute;l una obsesi&oacute;n por verse desde fuera, desde arriba principalmente, y en objetivarse sin piedad: &ldquo;Soy un ricach&oacute;n de los Estados Unidos de Bush, me he limitado a acumular experiencias, visitar barrios bajos, etc&eacute;tera.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Y hay amor, un romanticismo perfectamente tolerable, nerd, cercano al que vemos en la pel&iacute;cula <em>El lado bueno de las cosas</em>; as&iacute; de entra&ntilde;able, as&iacute; de bobo, as&iacute; de necesario.
    </p><p class="article-text">
        <em>Saliendo de la estaci&oacute;n de Atocha</em> es una novela cuya lectura hace feliz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/novela-encantadora-ultimos-tiempos_132_5594722.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 Feb 2013 14:49:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La novela más encantadora de los últimos tiempos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dolorosas imprentas locales II]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/dolorosas-imprentas-locales-ii_132_5591819.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Ser escritor, <a href="http://www.eldiario.es/lectormalherido/Dolorosas-imprentas-locales_6_101899811.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dec&iacute;amos</a>.
    </p><p class="article-text">
        Resulta llamativo escuchar con frecuencia determinado argumento cuando desde la labor literaria se emiten quejas y lloriqueos: &iquest;no os gusta escribir, no os da placer; pues qu&eacute; m&aacute;s quer&eacute;is? Mi intuici&oacute;n me dice que quien as&iacute; interpela a los escritores llorones no escribe, o que lo hizo hace mucho tiempo, un poema a la novia, quiz&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Escribir, escribir una novela -por hablar de cosas serias-, tiene tanto que ver con el placer como subir una monta&ntilde;a o correr la marat&oacute;n: el placer viene luego, amigos; entremedias lo que hay es trabajo. 
    </p><p class="article-text">
        El <em>placer de escribir</em>, esa liviandad, encaja perfectamente con llevar un diario autocomplaciente en que todo lo que se cuenta resulta crucial dentro de las cuatro esquinitas de tu cama, porque ese<em> placer de escribir </em>es en suma el placer de darse importancia. Empezar y continuar y acabar una novela, durante meses o a&ntilde;os, consigue siempre que uno se d&eacute; cuenta de lo peque&ntilde;o que es, sin embargo. El texto de la novela no es placentero mientras se escribe porque, tantas veces, no sale como debe. El novelista est&aacute; obligado a que su texto <em>funcione. </em>Esa escritura placentera de la que hablan tantos -y que quiz&aacute;, aparte del diario adolescente, puede incluir las cartas a mam&aacute; desde Londres, un verano- funciona siempre, pues se trata de un desahogo, de una terapia, de un decir las cosas para dejarlas dichas y no para que sean le&iacute;das.
    </p><p class="article-text">
        Entonces tenemos a un se&ntilde;or, a una se&ntilde;ora, escribiendo su novela durante meses, encontrando dificultades para que, como dijo Garc&iacute;a M&aacute;rquez, &ldquo;en la ciudad haga calor&rdquo; (en las ciudades de ficci&oacute;n no hace calor porque uno diga &ldquo;hac&iacute;a calor&rdquo;, hay que echarle un poco m&aacute;s de gracia); encontrando dificultades para que el personaje viva y respire por su cuenta, al tiempo que va hacia el siguiente lance que se le ha preparado, y encontrando dificultades para sortear clich&eacute;s, lugares comunes, rimas internas en el texto, chistes disonantes... mil cosas.Y despu&eacute;s de este trabajo, de esta dedicaci&oacute;n de horas, uno propone su novela al mundo y el mundo le dice que eso no vale nada, que no se lo publica, que prefiere publicar otras cosas y que, bueno, al menos escribirla seguramente le dio a usted un gran y jodido placer.
    </p><p class="article-text">
        Yo a lo que iba era a hablar de algunos libros que tengo sobre la mesa, publicados por sellos menores o directamente inveros&iacute;miles. Pero no para hablar de los libros en s&iacute; -que tambi&eacute;n- sino del dolor en <em>no</em> (perdonen la sintaxis).
    </p><p class="article-text">
        <em>Biblioteca nacional </em>es un libro de <strong>Mario Crespo</strong> (Zamora, 1979) que est&aacute; dedicado &ldquo;A todos los autores in&eacute;ditos&rdquo;. La dedicatoria no me parece ni casual ni balad&iacute;; la dedicatoria es pura militancia.
    </p><p class="article-text">
        Crespo, en cinco palabras, nos est&aacute; diciendo cu&aacute;l es su bando; y su bando es el de todas esas cientos y hasta miles de personas que pasaron varios meses tratando de que en su ciudad de ficci&oacute;n hiciera calor y que no han recibido por ello ese reconocimiento, a la postre tan rid&iacute;culo, que es ver su novela publicada. Y est&aacute; diciendo tambi&eacute;n que, entre los autores publicados y vueltos a publicar, hay muchos que ni siquiera saben lo que es escribir. Uno puede pulir un texto hasta la extenuaci&oacute;n para comprobar al d&iacute;a siguiente que el autor m&aacute;s importante de su generaci&oacute;n ha escrito su novela en dos semanas y con faltas de ortograf&iacute;a o de concordancia sint&aacute;ctica y que va de su vida as&iacute; en general y de lo mucho que le gusta ver programas de teletienda por la noche y que eso es lo que al parecer quieren publicar en Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto -no habr&iacute;a ni que decirlo- hay much&iacute;simos autores publicados y reconocidos que disfrutan de un extraordianario talento y hay una mayor&iacute;a de &ldquo;autores in&eacute;ditos&rdquo; que son prosistas atroces y que no tienen absolutamente nada que contar; pero de lo que aqu&iacute; venimos a hablar es de esa zona de sombra, de esa regi&oacute;n fronteriza en la que, como la pelota en<em> Match point, </em>convertirse en escritor depende dolorosamente de la suerte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Daniel Ruiz Garc&iacute;a</strong>, <em>Tan lejos de Krypton</em>, sin ir m&aacute;s lejos. Si esta novela hubiera sido publicada por Tusquest, no ser&iacute;a la mejor novela que ha publicado Tusquets en su historia, pero tampoco ser&iacute;a la peor; ser&iacute;a una m&aacute;s, perfectamente digna. Sin embargo, nos llega editada por Editorial Onuba (Huelva), con tirada de mil ejemplares y la promesa -lo he visto en su web- de que, despu&eacute;s de vender los mil primeros, el autor recibir&aacute;, al igual que con esos mil primeros, un diez por ciento del precio de venta al p&uacute;blico. No s&eacute; si se entiende -o si yo lo entiendo- pero hay algo muy malvado -o s&aacute;dico- en decir que uno va a cobrar lo mismo cuando se vendan mil libros que cuando se vendan cinco mil, como si el redactor de esas cl&aacute;usulas estuviera jugando y divirti&eacute;ndose con la evidencia de que, obviamente, no vamos a vender ni cuatro.
    </p><p class="article-text">
        El caso es que Daniel Ruiz Garcia ha provocado estos posts sobre Imprentas locales con la nota de agradecimientos que coloca al final de su novela. Dice: &ldquo;<em>Tan lejos de Krypton</em> es el resultado de muchos desvelos, des&aacute;nimos, euforias e ilusiones&rdquo;. A&ntilde;ade: &ldquo;Montero Glez, Fernando Royuela o Luis Leante han evitado, en cierto modo, mi desfallecimiento literario definitivo, una tentaci&oacute;n demasiado poderosa en estos malos tiempos para la l&iacute;rica que nos toca vivir.&rdquo; Y termina dando las gracias a su mujer, &ldquo;por seguir toler&aacute;ndome este malsano vicio de la escritura.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Les suena todo esto a placer, amigos?
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; no.
    </p><p class="article-text">
        Dejando de lado -por prevenci&oacute;n- lo que sea que DRG quiere decir con &ldquo;des&aacute;nimos&rdquo; y &ldquo;desfallecimiento literario&rdquo;, les dir&eacute; lo que yo veo. Veo a <strong>Beyonc&eacute;</strong> (ocurrencia puntual).
    </p><p class="article-text">
        Tiene Beyonc&eacute; esa canci&oacute;n tituada <em>Why dont you love me?,</em> y en ella dice: &ldquo;Tengo clase, soy mona, tengo dinero en el banco, tengo un buen culo... &iquest;Por qu&eacute; no me quieres?&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        Con esas cualidades, a Beyonc&eacute; seguramente la publicar&iacute;a Espasa Calpe; pero, quererla, no la quieren.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo una historia, tengo adjetivos, soy le&iacute;do, he puesto mi coraz&oacute;n en esta puta novela... &iquest;Por qu&eacute; no me publicas?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        O sea, de lo que hablamos cuando hablamos de &ldquo;dolorosas imprentas locales&rdquo; es de amor no correspondido, de poner la ilusi&oacute;n de tu vida -perdonen lo cursi- en escribir y no sentir que se le hace a uno justicia. Pero, &iquest;es el amor justo? Con Beyonc&eacute;, en esa canci&oacute;n, no cabe duda de que no. Pero con los escritores...
    </p><p class="article-text">
        <em>Historia de una mirada</em>, de <strong>Rebeca Garc&iacute;a Nieto</strong>. Est&aacute; bien. <em>Ciudades en fragmento</em>, de <strong>Ernesto Baltar</strong> (Editorial Impronta, Gij&oacute;n): un diario a la manera, justamente, de <strong>Trapiello</strong>. Est&aacute; bien. No s&eacute; con qui&eacute;n enemistarme del cat&aacute;logo de Mondadori o Anagrama para que vean a que me refiero con que estos libros &ldquo;est&aacute;n bien&rdquo;, pero h&aacute;ganse a la idea.
    </p><p class="article-text">
        Un pero. Entre estos escritores a los que s&oacute;lo les falta suerte (contactos a veces no: muchos tienen m&aacute;s amigos escritores y editores y periodistas que, sin ir mas lejos, Alberto Olmos), entre estos escritores, digo, abunda sin embargo un estilo que es veneno para la taquilla: la correcci&oacute;n. Creo que hay una &ldquo;literatura de provincias&rdquo; que no tiene que ver con estar escrita en provincias ni con tratar sobre el agro o la ciudad peque&ntilde;a y que escriben incluso personas nacidas en Madrid o Barcelona, o Nueva York. Esta literatura de provincias es una literatura del pudor y del qu&eacute; dir&aacute;n, una narrativa maniatada por las convenciones, que se presenta a la criba editorial como un novio se presenta a sus suegros: vestido de domingo, hablando con dicci&oacute;n muy esmerada y sobre temas que sabe del agrado de sus mayores. Y ah&iacute; es donde la cagan. 
    </p><p class="article-text">
        No quiero acabar dando consejos, pero s&iacute; haciendo m&iacute;a -y vuestra- una interpretaci&oacute;n de <strong>Rafael Reig</strong> sobre por qu&eacute; algunos consiguen esa cierta satisfacci&oacute;n como escritores y otros no acaban de cruzar la meta volante a pesar de lo esforzado de sus escritos. Dice Reig que hay algo m&aacute;s all&aacute; de la propia escritura, y es la pasi&oacute;n -m&aacute;s a&uacute;n: la desesperaci&oacute;n- con la que uno quiere ser escritor. Esa desesperaci&oacute;n -palabra exacta- es la que hace que algunos desatiendan hasta los aspectos m&aacute;s b&aacute;sicos de su vida -el trabajo, la familia- en favor de su vocaci&oacute;n, y esa temeridad -esa locura- acaba dando a las novelas que escriben la suficiente sustancia como para que los demas reconozcan en ellas Literatura. Uno es escritor cuando no se permite a s&iacute; mismo ser otra cosa. Y se me hace dif&iacute;cil que alguien vaya a convertirse en escritor si deja la literatura para los meses de verano o para los domingos por la tarde, la verdad. 
    </p><p class="article-text">
        La literatura tiene que ser tu vida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/dolorosas-imprentas-locales-ii_132_5591819.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Feb 2013 00:12:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Dolorosas imprentas locales II]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dolorosas imprentas locales I]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/dolorosas-imprentas-locales_132_5587027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Hablemos del dolor.
    </p><p class="article-text">
        Si uno escribe y no le sale nada, sufre; si lo que le sale no se lo publican, sufre; si se lo publica una editorial de pronvincias, sufre; si se lo publica una peque&ntilde;a editorial nacional, sufre; si se lo publica una editorial conocida... tambi&eacute;n sufre: &iquest;y si no me vuelven a publicar?, &iquest;y Babelia?, &iquest;y mi traducci&oacute;n al franc&eacute;s?; si le vuelven a publicar y sale en <em>Babelia</em> y en franc&eacute;s, sigue sufriendo: &iquest;y mi traduccion al ingl&eacute;s?, &iquest;y mi premio Nacional?, &iquest;y mis cuarenta ediciones?; si consigue ser volcado al ingl&eacute;s y obtiene el premio Nacional y le tiran cuarenta y cuatro ediciones, a&uacute;n as&iacute; y con todo contin&uacute;a sufriendo: &iquest;y mi premio Nobel?
    </p><p class="article-text">
        Escribir no es f&aacute;cil, publicar no es f&aacute;cil, ser escritor va m&aacute;s all&aacute;: resulta imposible.
    </p><p class="article-text">
        Uno puede ser escritor -y m&aacute;s en nuestros d&iacute;as- sin haber escrito nada en absoluto, s&oacute;lo porque le apetece. Al mismo tiempo, uno puede no sentirse escritor despu&eacute;s de haber publicado diez novelas, y qui&eacute;n sabe si escrito otras diez m&aacute;s, in&eacute;ditas en censura propia. Entre medias, puede abochornar la egolatr&iacute;a de un fulano por dos libros que nadie recuerda d&oacute;nde ha publicado y que nadie ha le&iacute;do frente a la modestia o despreocupaci&oacute;n o desd&eacute;n por su propia obra de otro sujeto que hasta tiene una calle con su nombre, bien que en su pueblo. Ser escritor no tiene nada que ver con escribir; tiene que ver con la fe.
    </p><p class="article-text">
        La fe de algunos es delirante y contagiosa y en esa cualidad de contagio buscan su &eacute;xito: desde el mismo d&iacute;a en que deciden que son escritores caminan por la vida -por los actos literarios, por los medios, por la calle tambi&eacute;n- aparentando ser <em>grandes</em> escritores, en la creencia de que al albur de su pose toda una tropa de despistados asumir&aacute; su grandeza fingida y la convertir&aacute; en grandeza socialmente canjeable. Estos autores se toman terriblemente en serio a s&iacute; mismos, aprenden enseguida a llamar &ldquo;obra&rdquo; o &ldquo;trabajo&rdquo; a las cosas que escriben y manifiestan una repugnancia se&ntilde;orita por las ventas de los libros que van sacando, pues su arte no se mide en lectores-consumidores, sino en lectores-con-columna-en-prensa.
    </p><p class="article-text">
        Otros escritores viven su fe en la literatura desde el pudor y entienden que no son escritores hasta que algo les haga saberse tales. Ser escritor, esas palabras, les quedan grandes justamente por exceso de respeto, por exceso incluso de ambici&oacute;n, pues escriben para ser <strong>Kafka</strong> o el puto <strong>Cervantes</strong> y uno no es Kafka o el puto Cervantes porque le publique un libro Mondadori, donde a fin de cuentas publican de todo menos Kafkas y Cervantes: &iquest;c&oacute;mo enga&ntilde;arse?
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay que enga&ntilde;arse. Un poco. Si uno no se enga&ntilde;ara un poco nunca enviar&iacute;a un manuscrito a <strong>Constantino B&eacute;rtolo </strong>o a <strong>Jorge Herralde</strong> y pensar&iacute;a que sus desvelos literarios no interesan m&aacute;s que a su sufrida novia o a su novio sufrido, o a un su amigo igualmente desesperado. Entonces lo mandas y te dicen que no. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces lo mandas a m&aacute;s sitios y te dicen que no. El escritor rechazado puede entender tanto NO durante cuatro a&ntilde;os y dos meses, momento a partir del cual no entiende nada. Pero sigue escribiendo y mandando. Otros cuatro a&ntilde;os. No, no, no. Cuando se cruzan los treinta uno piensa en dejarlo, decisi&oacute;n que anima como pocas a continuar. Pero al llegar a los cuarenta ya ni dejarlo sirve para no dejarlo, y hay que buscar otro remedio: publicar donde sea.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Andr&eacute;s Trapiello</strong> -ya <a href="http://www.eldiario.es/lectormalherido/Penas-disputas-Andres-Garcia-itinerario_6_91750829.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dijimos</a>- acu&ntilde;&oacute; el brutal t&eacute;rmino &ldquo;dolorosas imprentas locales&rdquo; para se&ntilde;alar esos sellos editoriales que, por miles, abundan en provincias y donde se publican sin parar libros y autores que -d&iacute;gamoslo claramente- a nadie le importan. Yo he le&iacute;do varios esta misma semana. &iquest;Merece la pena leer un libro editado en Teruel si ya es dudoso que merezca la pena leer cualquier libro editado en el siglo XXI?
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo aquellos que no leen nunca este tipo de libros responder&aacute;n a la pregunta con un rotundo s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        (Continuar&aacute;...)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/dolorosas-imprentas-locales_132_5587027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Feb 2013 01:51:52 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Dolorosas imprentas locales I]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lunes por la mañana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/obrero_132_5587073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
         @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm; direction: ltr; color: #000000; widows: 2; orphans: 2 } P.western { font-family: &ldquo;Times New Roman&rdquo;, serif; font-size: 12pt; so-language: es-ES } P.cjk { font-family: &ldquo;Times New Roman&rdquo;, serif; font-size: 12pt } P.ctl { font-family: &ldquo;Times New Roman&rdquo;, serif; font-size: 12pt; so-language: ar-SA } &ldquo;El que fue rebelde una vez, lo ser&aacute; siempre. No se puede evitar. Nadie puede negarlo. Y es mejor ser un rebelde, m&aacute;s que nada para demostrarle a la gente que no merece la pena intentar jug&aacute;rtela. Las f&aacute;bricas, las oficinas de empleo y las aseguradoras nos mantienen vivitos y coleando &ndash;eso dicen-, pero son trampas que te acaban tragando como arenas movedizas si no vas con cuidado. Las f&aacute;bricas te hacen sudar la gota gorda, en las oficinas de empleo te matan con sus sopor&iacute;feras charlas y las aseguradoras y las delegaciones de Hacienda te orde&ntilde;an el dinero de tus pagas y si te descuidas te roban hasta las pesta&ntilde;as. Ay, por Dios, qu&eacute; vida m&aacute;s dura si no te rindes, si no evitas que ese gobierno cabr&oacute;n te revuelque la cara en el esti&eacute;rcol, aunque no puedes hacer gran cosa para impedirlo, salvo volarle los morros con dinamita a esos cuatro-ojos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Te arengan subidos a cajas de detergente: V&oacute;tenme a m&iacute;, por esto y por lo otro, pero al final da igual a quien votes porque el gobierno seguir&aacute; poni&eacute;ndote sellos por toda la jeta hasta que no puedas ver ni a tres palmos. Y lo que es m&aacute;s: te obliga a que seas t&uacute; mismo quien les compre los sellos. Te tienen agarrado por los huevos, por la columna y por la calavera. Quiz&aacute; hasta piensen que vas a acudir como un perrillo a sus pies cuando te den un silbido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero escucha, este torno es mi amigo para siempre porque me hace pensar; y ese es su principal error, porque s&eacute; que no soy el &uacute;nico. Un d&iacute;a ladrar&aacute;n y nosotros no iremos tras ellos al redil como borregos. Un d&iacute;a encender&aacute;n sus luces y dar&aacute;n palmadas diciendo: Venga, chicos. Poneos en fila y coged vuestro dinero. No vamos a dejaros morir de hambre. <strong>Pero quiz&aacute; algunos de nosotros decidamos morirnos de hambre, y ah&iacute; empezar&aacute; el problema</strong>. Quiz&aacute; algunos prefiramos jugar al f&uacute;tbol, o irnos de pesca a Grantham Cut. Entonces ese marica barrig&oacute;n del sindicato nos pedir&aacute; que no liemos las cosas. Sir Harold Vegijafloja nos prometer&aacute; una paga extra mayor cuando las cosas mejoren. El inspector jefe Pochoclo dir&aacute;: Nada de crear problemas, nada de reunirse en la verja de entrada. Tipos con trajes y bombines nos dir&aacute;n: Estos chicos tienen sus televisores, dinero suficiente para vivir, pisos de protecci&oacute;n oficial, y los fines de semana les damos cerveza y les dejamos jugar una partidita de billar... Algunos hasta tienen coches. Los tenemos bien contentos a todos. &iquest;Cu&aacute;l es el problema entonces? &iquest;Es una metralleta eso que oigo o es un coche que petardea en la distancia?
    </p><p class="article-text">
        Rat-tat-tat-tat-tat-tat-tat--tat-tat-tat-tat--tat-tat-tat-tat-tat-tat. Espero no estar aqu&iacute; para verlo, pero s&eacute; de sobra que me tocar&aacute; ser testigo de ello. Soy un cabr&oacute;n que lo &uacute;nico que quiere es joder al mundo, y no es de extra&ntilde;ar, porque el mundo pretende hacer lo mismo conmigo.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        <em>S&aacute;bado por la noche y domingo por la ma&ntilde;ana</em>, <strong>Alan Sillitoe, </strong>1958 
    </p><p class="article-text">
        (Trad. Mercedes Cebri&aacute;n, 2010)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/obrero_132_5587073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Feb 2013 00:28:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lunes por la mañana]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuentistas españoles Footbal Team]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/cuentistas-espanoles-footbal-team_132_5583764.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">@page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm; direction: ltr; color: #000000; widows: 2; orphans: 2 } Juan Carlos Márquez selecciona a los mejores cuentistas españoles en activo nacidos después de 1960</p></div><p class="article-text">
         @page { margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm; direction: ltr; color: #000000; widows: 2; orphans: 2 } 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Seleccionador: <strong>Juan Carlos M&aacute;rquez</strong> (1967)
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        <strong>Convocados</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Titulares</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>1. Jon Bilbao </strong>(1972) Portero en la tradici&oacute;n de los grandes porteros vascos. Sobrio y poderoso en el juego a&eacute;reo y due&ntilde;o absoluto del &aacute;rea peque&ntilde;a. Dif&iacute;cil de sorprender a bal&oacute;n parado. Tiene buenos reflejos y tapa muy bien los huecos en el uno contra uno.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2. Ignacio Ferrando </strong>(1972) Es un central s&oacute;lido. Muy seguro. Va bien de cabeza y corta el juego del rival sin apenas faltas, con un gran sentido de la anticipaci&oacute;n. No se encoge a la hora de lanzarse al ataque y siempre juega la pelota con mucha intenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3. Fernando Clemot</strong>  (1970) Otro central fuerte, corpulento, vigoroso. No reh&uacute;ye el choque y est&aacute; siempre muy encima del contrario. Se incorpora poco al ataque, pero en los c&oacute;rners y faltas en las inmediaciones del &aacute;rea rival se convierte en un rematador de cabeza peligros&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4. Esther Garc&iacute;a Llovet </strong>(1963) R&aacute;pida y agresiva. Una interior con much&iacute;simo recorrido. En la defensa es muy dif&iacute;cil de superar, sobre todo por bajo, y en el ataque se convierte en una delantera m&aacute;s, de f&uacute;tbol directo e incisivo y disparo raso y potente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5. &Oacute;scar Esquivias&#65279;</strong><span id="mce_4_start"></span> (1972)<strong> </strong><span id="mce_4_end"></span>&#65279;Aunque por necesidades t&aacute;cticas su posici&oacute;n es la de interior, en la pr&aacute;ctica Esquivias es un centrocampista m&aacute;s con un manejo muy fluido del bal&oacute;n y un quiebro f&aacute;cil, virtudes que le convierten en un lateral muy &uacute;til para dar salida al juego en los momentos de presi&oacute;n del equipo rival. Su f&uacute;tbol es muy alegre y din&aacute;mico y contagia esa alegr&iacute;a y dinamismo al equipo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6. &Aacute;ngel Zapata</strong> (1961) Poderoso f&iacute;sicamente y muy creativo con el bal&oacute;n en los pies. Tiene una gran visi&oacute;n de juego y una t&eacute;cnica depurada que hace que sus pases sean medidos para los compa&ntilde;eros e inesperados para los rivales. Un cerebro-artista en la organizaci&oacute;n de cualquier equipo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7. Eloy Tiz&oacute;n</strong> (1964) Fino estilista. No es un futbolista de gran f&iacute;sico y, sin embargo, su presencia en el campo es muy grande. Sube, baja, corta, reparte juego, siempre con criterio. Cuando peor lo est&aacute; pasando su equipo, suele aparecer y se lo echa a la espalda con su f&uacute;tbol virtuoso de toque, o bien se inventa una jugada que desequilibra el partido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. V&iacute;ctor Garc&iacute;a Ant&oacute;n</strong> (1967) Su pie izquierdo es un guante. Puede poner el bal&oacute;n donde quiera. Es un pasador magn&iacute;fico que disfruta del juego colectivo. Cuando est&aacute; en forma y sus compa&ntilde;eros lo secundan m&iacute;nimamente, el contrario pierde de vista el bal&oacute;n durante minutos, acaba adormecido en una tela de ara&ntilde;a de la que a menudo le despierta una jugada de peligro en su &aacute;rea o el gol.
    </p><p class="article-text">
        <strong>9. Javier S&aacute;ez de Ibarra&#65279;</strong><span id="mce_8_start"></span> (1961)<strong> </strong><span id="mce_8_end"></span>&#65279;Extremo habilidoso, vers&aacute;til, r&aacute;pido y vertical. Los defensas rivales le temen y suele ser objeto de muchas faltas. A menudo su f&uacute;tbol directo, retador, acaba desquiciando a los contrarios. Cuando se trata de defender se aplica con la misma intensidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>10. Mat&iacute;as Candeira</strong> (1984) Su principal virtud es su habilidad para ver l&iacute;neas de pase en las &aacute;reas, donde solo parece haber piernas. Es un futbolista de &uacute;ltimo pase, generoso, y sin embargo su disparo es potente y colocado, con mucha intenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>11. Miguel Serrano Larraz &#65279;</strong><span id="mce_10_start"></span>(1977)<strong> </strong><span id="mce_10_end"></span>&#65279;Delantero muy t&eacute;cnico y r&aacute;pido, de disparo duro. Tiene una gran habilidad para jugar sin bal&oacute;n, entre l&iacute;neas, sacando de sitio a los defensas rivales con su movilidad. Cuando se ve desasistido es capaz de fabricarse sus propias ocasiones de gol. En la presi&oacute;n al contrario, es el primer defensa.
    </p><p class="article-text">
        <em>Suplentes:</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Carlos Cast&aacute;n</strong> (1960)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pedro Ugarte</strong>  (1963)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ernesto Calabuig</strong> (1966)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Carlo Padial</strong> (1977)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Juan G&oacute;mez B&aacute;rcena</strong>  (1984)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sara Mesa</strong> (1976)
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        <em>Otras formaciones:</em>
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/lectormalherido/Selecciones_6_79852016.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Generaci&oacute;n espa&ntilde;ola de los 60</a>
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/lectormalherido/Generacion-espanola-Football-Team_6_100149993.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Generaci&oacute;n espa&ntilde;ola de los 70</a>
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.eldiario.es/lectormalherido/Generacion-latinoamericana-Football-Team_6_100499963.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Generaci&oacute;n latinoamericana de los 70</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Carlos Márquez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/cuentistas-espanoles-footbal-team_132_5583764.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Feb 2013 23:21:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cuentistas españoles Footbal Team]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Generacion latinoamericana de los 70 Football Team]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/generacion-latinoamericana-football-team_132_5583713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Federico Guzmán Rubio reúne a los mejores escritores de Latinoamérica nacidos entre 1970 y 1979</p></div><p class="article-text">
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        Seleccionador:<strong> Federico Guzm&aacute;n Rubio</strong> (M&eacute;xico, 1977)
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        <strong>Convocados</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Titulares</em>
    </p><p class="article-text">
        1.<strong> Federico Falco</strong> (Argentina, 1977). Tiene reflejos, Falco, y tambi&eacute;n suerte: la pelota nunca le bota mal ni le hace extra&ntilde;os. Intuye por d&oacute;nde viene el tiro y ni el delantero m&aacute;s astuto lo agarra por sorpresa. Sus salidas son prudentes, despeja con precisi&oacute;n, no se pone nervioso y no le tiene miedo al penalti. Entre tanta calma, al final del partido, en un c&oacute;rner a favor, enloquece, acelera, atraviesa la cancha y mete gol de cabeza.
    </p><p class="article-text">
        2. <strong>Samanta Schweblin</strong> (Argentina, 1978). Aunque no muy parecidos a primera vista, Schweblin guarda m&aacute;s de una similitud con C&eacute;sar Luis Menotti: recuerda glorias pasadas y defiende un juego que parece ya no importarle a la afici&oacute;n. Algo de raz&oacute;n llevan, pues nadie ha igualado esas glorias, y ese juego &ndash;que gana por <em>knock out,</em> dec&iacute;a Menotti&ndash; sigue dando mejores resultados, en este equipo, que las victorias por decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        3. <strong>Juan Gabriel V&aacute;squez</strong> (Colombia, 1973). En una escuadra en la que sobra virtuosismo y falta solidez, V&aacute;squez contribuye con la sabidur&iacute;a de su oficio. De ac&aacute; no saldr&aacute;n chilenas, escorpiones, palomitas ni otras pirotecnias, y la televisi&oacute;n rara vez repetir&aacute; sus jugadas. Pero los tiros libres los cobra V&aacute;squez.
    </p><p class="article-text">
        4. <strong>Juan Sebasti&aacute;n C&aacute;rdenas</strong> (Colombia, 1977). Conjuga caracter&iacute;sticas infrecuentes en un mismo futbolista: por un lado, rabia y ganas de jugar; por el otro, visi&oacute;n de campo e inteligencia. Sabe, y lo disfruta, repartir le&ntilde;a y salir jugando, con estilo y un objetivo claro. Se ignora, sin embargo, si no tiene mayor posesi&oacute;n de bal&oacute;n por crear dinamismo y si no traspasa la media cancha por no abandonar la defensa, o bien, si simplemente se le cansan las piernas.
    </p><p class="article-text">
        5. <strong>Wilmer Urrelo</strong> (Bolivia, 1975). Al menos un jugador tiene que tener condici&oacute;n f&iacute;sica en un equipo de futbol. A Wilmer Urrelo nunca se le ver&aacute; en el c&eacute;sped, en el primer tiempo extra, lloriqueando por los calambres y vociferando que no le interesa jugar entero el gran partido latinoamericano. Esa gente, masculla Urrelo, siempre falla los penales, aunque los cobre a los 5 minutos de juego.
    </p><p class="article-text">
        6.<strong> Alejandro Zambra </strong>(Chile, 1975). Con calma y algo de sorpresa, Zambra contempla c&oacute;mo su elegante estilo acab&oacute; por imponerse: el pase corto y preciso, el juego limpio, el tiro a ras de suelo, la sutileza por encima de la espectacularidad, el futbol t&eacute;cnico sobre el f&iacute;sico, m&aacute;s Barcelona que Manchester. Ser&iacute;a buen defensa, si no fuera porque se deshace del bal&oacute;n demasiado pronto, como si temiera romperse una pierna o caerse y mancharse el pantal&oacute;n corto. Como organizador y creador de juego es impecable.
    </p><p class="article-text">
        7. <strong>Patricio Pron</strong> (Argentina, 1975). El medio campo es el terreno ideal para que Pron despliegue sus m&uacute;ltiples facultades: movilidad, destreza para colocarse, sentido t&aacute;ctico, frialdad para leer el partido y capacidad de adaptaci&oacute;n a cualquier liga y estilo de juego. Por si fuera poco, su empuje y hambre de gol le permiten incorporarse al ataque, donde tiene velocidad y es un buen rematador, en especial de c&oacute;rners. Sabe quitarse la marca y, llegado el caso, enga&ntilde;ar al &aacute;rbitro con astucia.
    </p><p class="article-text">
        8. <strong>&Aacute;lvaro Bisama </strong>(Chile, 1975). Parece costarle dominar la pelota, pero nadie se la quita. Sus tiros a gol se estrellan con un rival, rebotan, tocan el poste y al final entran. Avanza a trompicones, con br&iacute;o, hacia donde &eacute;l quiere. Lo que parece un pelotazo es un pase a profundidad. Debajo de la camiseta de la selecci&oacute;n trae una de Sepultura, y debajo de la de Sepultura, una del equipo de su infancia. Juega con la decisi&oacute;n de un nost&aacute;lgico rabioso.
    </p><p class="article-text">
        9. <strong>Yuri Herrera</strong> (M&eacute;xico, 1970). Nadie gambetea como Herrera. Le gusta el gol, de preferencia si es de tijerita, si le permite hacer un sombrerito o si deja tirado al mejor defensa en el camino, tras hacerle un t&uacute;nel. Exigirle pases largos o contragolpes a toda carrera es absurdo; lo suyo es el &aacute;rea chica, en donde el bal&oacute;n, a sus pies, es una varita m&aacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        10. <strong>Claudia Hern&aacute;ndez</strong> (El Salvador, 1975). La salvadore&ntilde;a juega con tersura, imaginaci&oacute;n y gracia, lo que se traduce en la creaci&oacute;n de jugadas de peligro. Sus escapadas por la banda son sorpresivas, pero a veces se le acaba la cancha antes de tirar el centro. No le pasan el bal&oacute;n muy seguido, pero ella no es vengativa con sus compa&ntilde;eros; disfruta casi tanto con un pase a gol que con una anotaci&oacute;n propia.
    </p><p class="article-text">
        11. <strong>Carlos Vel&aacute;zquez</strong> (M&eacute;xico, 1978). Dejar el juego en sus manos ser&iacute;a insensato. Pero, veloz en la banda e impredecible, Vel&aacute;zquez desequilibra a cualquier escuadra y no se achicopala de cara al arco. Tambi&eacute;n sabe provocar, y en el campo se requiere a alguien con alfileres y que saque de sus casillas a Zidane. Con la diferencia de que Vel&aacute;zquez le devolver&iacute;a el cabezazo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Suplentes</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pedro Mairal</strong> (Argentina, 1970). Futbolista vers&aacute;til, de la vieja escuela, que conf&iacute;a m&aacute;s en la garra y en la templanza que en la gambeta y la pelota con efecto. Es el &uacute;nico jugador de la selecci&oacute;n que a&uacute;n cree en el futbol total. Hace bien todo, de ah&iacute; que sea dif&iacute;cil decidir en qu&eacute; posici&oacute;n alinearlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ena Luc&iacute;a Portela</strong> (Cuba, 1972). Sin aparente inter&eacute;s en el juego, Portela mata el tiempo mascando tabaco (se cree en un estadio de b&eacute;isbol) y cont&aacute;ndoles a sus compa&ntilde;eros de banca aquellos viejos tiempos en que el futuro del futbol latinoamericano pintaba cubano. Puede escupir el tabaco y saltar a la cancha en cualquier momento, claro, y recordar por qu&eacute; se la conoc&iacute;a como El Hurac&aacute;n Portela.
    </p><p class="article-text">
        <strong>F&eacute;lix Bruzzone</strong> (Argentina, 1976). Poco se ha visto jugar a Bruzzone; algunos minutos, un par de jugadas que muchos ensayan en el entrenamiento y pocos, entre los que &eacute;l se cuenta, concretan en el partido. Se le deben algunos de los goles m&aacute;s hermosos de la selecci&oacute;n, pero los defensas oponentes ya le conocen los trucos y las ma&ntilde;as. Queremos m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Eduardo Halfon</strong> (Guatemala, 1971). Especialista en el bal&oacute;n parado y la jugada de pizarr&oacute;n, Halfon sabe c&oacute;mo hacer para que la jugada de siempre resulte sorpresiva. Domina su &aacute;rea, es estricto en la marca y juega con parsimonia, lo que no es poco en medio de un equipo propenso al estallido y la pataleta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Luis Jorge Boone </strong>(M&eacute;xico, 1977). A Boone le gusta tanto correr con el bal&oacute;n por el c&eacute;sped que se le puede olvidar que est&aacute; jugando un partido. M&aacute;s que una arena romana, para &eacute;l, el campo es un paisaje. Sin embargo, en medio de varios de sus compa&ntilde;eros &ndash;en busca de la jugada estruendosa, la individualidad o el pase fino&ndash; Boone aporta fluidez. Sabe, adem&aacute;s, cu&aacute;ndo conviene el pase horizontal y cu&aacute;ndo el vertical.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diego Trelles Paz </strong>(Per&uacute;, 1977). Su juego es violento, y las patadas que pega a sus oponentes, no siempre inevitables, pueden resultar demasiado escandalosas. En contrapartida, sus compa&ntilde;eros lo aprecian, pues cuando al estadio s&oacute;lo se acced&iacute;a pagando, el peruano se encargaba de conseguir una cancha para entrenar y de comprar el bal&oacute;n. Es efectivo y ambicioso, y no descuida la posesi&oacute;n de la pelota, que trata bien, aunque haga un contragolpe de tres cuartos de cancha.
    </p><p class="article-text">
        vs. <a href="http://www.eldiario.es/lectormalherido/Generacion-espanola-Football-Team_6_100149993.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Generaci&oacute;n espa&ntilde;ola de los 70 Football Team</a>
    </p><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana:<strong> Cuentistas espa&ntilde;oles Football Team</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Federico Guzmán Rubio]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/generacion-latinoamericana-football-team_132_5583713.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Feb 2013 01:16:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Generacion latinoamericana de los 70 Football Team]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Generación española de los 70 Football Team]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/generacion-espanola-football-team_132_5582721.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Alberto Olmos convoca a los mejores escritores españoles nacidos entre 1970 y 1979 para enfrentarse con la generación anterior</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Seleccionador: <strong>Alberto Olmos</strong> (1975)
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        <strong>Convocados</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Titulares</em>
    </p><p class="article-text">
        1.<strong> Isaac Rosa </strong>(1974)  Aunque sin el vuelo l&iacute;rico de otros  porteros, se muestra muy s&oacute;lido en todas las destrezas de su oficio,  particularmente en la direcci&oacute;n del equipo, que lleva a cabo con  incendiarias soflamas desde el &aacute;rea chica.
    </p><p class="article-text">
        2. <strong>Elvira Navarro </strong>(1977) Experta en el pase de media distancia  -aunque a veces se lo piensa mucho antes de darlo-, resulta un seguro de  vida en su posici&oacute;n, que tiene ganada de forma indiscutible.
    </p><p class="article-text">
        3.<strong> Jon Bilbao</strong> (1972) Disciplinado y regular, la experiencia  acumulada en sus &uacute;ltimas cuatro temporadas hace de &eacute;l un serio aspirante  a vestir la camiseta de la selecci&oacute;n durante varias d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        4.<strong> Javier Calvo</strong> (1973) Con muchas temporadas en sus botas, y  grandes gestas en su curr&iacute;culum, s&oacute;lo puede afe&aacute;rsele una concepci&oacute;n del  f&uacute;tbol claramente distinta a la de mayor&iacute;a de sus compa&ntilde;eros.
    </p><p class="article-text">
        5.<strong> Mercedes Cebri&aacute;n </strong>(1971) El pase corto en ella resulta magistral,  as&iacute; como el regate, y hasta la marca de sus botas. Se fatiga en exceso  en las largas distancias, pero sabe recuperarse a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        6.<strong> &Oacute;scar Esquivias </strong>(1973) Vers&aacute;til, generoso y muy querido por sus  compa&ntilde;eros, su humildad hace que los periodistas lo tengan menos en  cuenta en sus titulares de lo que deber&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        7.<strong> Mario Cuenca Sandoval</strong> (1975) Empe&ntilde;ado en dirigirse a sus compa&ntilde;eros en  ingl&eacute;s en la antesala de los partidos, resulta luego enormemente eficaz  en su posici&oacute;n, de una elegancia poco frecuente en el f&uacute;tbol de alta  competici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8. Andr&eacute;s Barba </strong>(1975) Uno de los jugadores m&aacute;s veteranos del equipo y, tambi&eacute;n, de los m&aacute;s fiables. Pr&aacute;cticamente, no falla un pase.
    </p><p class="article-text">
        9.<strong> &Aacute;lvaro Colomer </strong>(1973) Agresivo hasta llegar a la tangana -casi  todas las empieza &eacute;l-, su decisi&oacute;n de cara al gol no conoce igual. Un  delantero centro de los de toda la vida, sin met&aacute;foras.
    </p><p class="article-text">
        10. <strong>Andr&eacute;s Neuman </strong>(1976) Argentino  nacionalizado espa&ntilde;ol, sube como un argentino y baja como un espa&ntilde;ol;  remata como Maradona, regatea en una baldosa. No ha recibido una tarjeta  roja en toda su carrera.
    </p><p class="article-text">
        11.<strong> Pablo Guti&eacute;rrez </strong>(1978) Joven futbol&iacute;sticamente, en s&oacute;lo tres  temporadas ha conseguido ser celebrado por la afici&oacute;n y por los  cronistas. Un tanto irregular, se le acusa a veces de manosear sin  sentido la pelota.
    </p><p class="article-text">
        <em>Suplentes</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Juan Aparicio-Belmonte </strong>(1971)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Fernando San Basilio</strong> (1970)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gonzalo Torn&eacute;</strong> (1976)<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pablo S&aacute;nchez </strong>(1970)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ricardo Men&eacute;ndez Salm&oacute;n </strong>(1971)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Juan Manuel de Prada</strong> (1970)
    </p><p class="article-text">
        vs. <a href="http://www.eldiario.es/lectormalherido/Selecciones_6_79852016.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Generaci&oacute;n espa&ntilde;ola de los 60 Football Team</a>
    </p><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana: <strong>Generaci&oacute;n latinoamericana de los 70 Football Team</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Olmos]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/generacion-espanola-football-team_132_5582721.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Feb 2013 23:21:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Generación española de los 70 Football Team]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Generación española de los 60 Football Team]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/selecciones_132_5530177.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Luisgé Martín convoca para lector mal-herido a los mejores escritores españoles nacidos entre 1960 y 1969.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Seleccionador: <strong>Luisg&eacute; Mart&iacute;n</strong> (1962)
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Convocados:
    </p><p class="article-text">
        <em>Titulares</em>
    </p><p class="article-text">
        1. <strong>Bel&eacute;n Gopegui </strong>(1963). Sus  ejemplares reflejos y su flexibilidad corporal, que le permite lanzarse  al suelo con agilidad o estirarse en piruetas incre&iacute;bles, la convierten  en imbatible<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        2. <strong>Juan Bonilla </strong> (1966). Es un jugador creativo, que combina la seguridad y el control exacto de su zona con la capacidad de sorpresa.
    </p><p class="article-text">
        3. <strong>&#65279;</strong><strong>Almudena Grandes </strong>(1960). Su  versatilidad le permite jugar en varias posiciones. Es r&aacute;pida en la  banda y tiene regate. Obliga al equipo rival a jugar replegado
    </p><p class="article-text">
        4. <strong>Rafael Reig</strong> (1963). Central  le&ntilde;ero de una eficacia probada. Puede desconcertar al contrario con  inteligencia, pero en caso de no conseguirlo se tira al suelo para  derribarlo<em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        5. <strong>Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n</strong> (1960). Es una  muralla defensiva y saca siempre el bal&oacute;n jugado. Tiene una prodigiosa  visi&oacute;n del terreno de juego y sabe funcionar en equipo.
    </p><p class="article-text">
        6. <strong>Marta Sanz </strong>(1967). Tan virtuosa construyendo juego como destruy&eacute;ndolo. Puede poner un pase a 50 metros o cortar un contraataque rival en seco.
    </p><p class="article-text">
        7. <strong>Javier Cercas</strong> (1962). Su gran cualidad es la velocidad. Hace unas internadas por la banda que desbordan cualquier intento de controlarlo.
    </p><p class="article-text">
        8. <strong>Marcos Giralt Torrente</strong> (1968). Su pie es un guante. La precisi&oacute;n de su toque es milim&eacute;trica. Donde pone el ojo, pone el bal&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        9. <strong>Antonio Orejudo</strong> (1968). Es un  delantero centro nato. Juega en el &aacute;rea, pero baja tambi&eacute;n a recoger la  pelota donde haga falta y se faja h&aacute;bilmente con ella. 
    </p><p class="article-text">
        10.<strong> Luis Magriny&aacute;</strong> (1960). Es un maestro  del juego posicional, sin bal&oacute;n. Su colocaci&oacute;n en el campo permite la  apertura de huecos en las l&iacute;neas defensivas contrarias.
    </p><p class="article-text">
        11. <strong>Fernando Royuela</strong> (1963). Tiene un  genio t&eacute;cnico que provoca el asombro. Llevado de esa facilidad, a veces  se excede en el regate, pero siempre acaba atravesando las l&iacute;neas  defensivas y participando decisivamente en el gol
    </p><p class="article-text">
        <em>Suplentes</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ray Loriga</strong> (1967)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Javier P&eacute;rez And&uacute;jar </strong>(1965)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Javier Azpeitia</strong> (1962)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Eloy Tiz&oacute;n</strong> (1964)
    </p><p class="article-text">
        <strong>Francisco Casavella</strong> (1963-2008)
    </p><p class="article-text">
        <strong>F&eacute;lix Romeo </strong>(1968-2011)
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana: <strong>Generaci&oacute;n de los 70 Football Team</strong>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luisgé Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/lector-mal-herido/selecciones_132_5530177.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Feb 2013 23:08:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Generación española de los 60 Football Team]]></media:title>
    </item>
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