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    <title><![CDATA[elDiario.es - Otras historias]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Otras historias]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Louis Zamperini, el atleta que impresionó a Hitler y superó un calvario en la guerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/louis-zamperini-atleta-impresiono-hitler-supero-calvario-guerra_1_8203935.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a42c62a-fcb2-468b-aff8-1897e7a1538e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1026054.jpg" width="1014" height="570" alt="Louis Zamperini, el atleta que impresionó a Hitler y superó un calvario en la guerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Delincuente juvenil, salvado de un futuro carcelario por el atletismo, fue saludado por Hitler en los Juegos de Berlín y terminó como prisionero de guerra capturado por los japoneses en la Segunda Guerra Mundial</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Ah, t&uacute; eres el chico con ese final tan r&aacute;pido&rdquo;. Era Adolf Hitler quien dedicaba la frase al estadounidense Louis Zamperini, invitado al palco del gobernante alem&aacute;n despu&eacute;s de correr la final de 5000 metros en los Juegos de Berl&iacute;n. Zamperini no hab&iacute;a ganado la prueba, ni siquiera se hab&iacute;a colgado una medalla, pero su &uacute;ltima vuelta, completada en solo 56 segundos, impresion&oacute; al dictador. 
    </p><p class="article-text">
        El atleta no pod&iacute;a sospechar que el hombre que ten&iacute;a enfrente iba a ser el responsable de que, unos a&ntilde;os despu&eacute;s, vagara 47 d&iacute;as a la deriva en una balsa y terminara torturado en un campo de prisioneros en Jap&oacute;n. Pero eso fue en otra vida, una de las muchas que tuvo Zamperini.
    </p><h3 class="article-text">El Zamperini ratero</h3><p class="article-text">
        Antes de convertirse en atleta, Zamperini fue un delincuente juvenil en California. Hijo de inmigrantes italianos, el peque&ntilde;o Louis sufri&oacute; en el colegio las burlas de sus compa&ntilde;eros por su procedencia y su limitado ingl&eacute;s. La calle fue su escapatoria. Empez&oacute; a beber, a fumar, a buscar camorra y a robar todo lo que se pon&iacute;a a su alcance. Los polic&iacute;as eran visitantes habituales del domicilio familiar. Tarde o temprano, su carrera criminal lo iba a conducir al encierro, as&iacute; que la familia decidi&oacute; tomar cartas en el asunto. El hermano mayor de Louis, que practicaba atletismo, lo convenci&oacute; para unirse al equipo del instituto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El chico se inici&oacute; en el deporte para contentar a su familia, pero descubri&oacute; dos cosas que le sorprendieron: se le daba bien y le gustaba. El atletismo cambi&oacute; la vida de Zamperini, que dej&oacute; las calles y los malos h&aacute;bitos para centrarse en la pista. El delincuente rebelde se convirti&oacute; en un atleta de una disciplina casi fan&aacute;tica, que disfrutaba poniendo su cuerpo al l&iacute;mite. Pronto mostr&oacute; aptitudes para las carreras de fondo y mediofondo, pero lo que m&aacute;s le agradaba era el reconocimiento, sentirse admirado y querido. &ldquo;Nadie en el colegio, salvo unos pocos colegas, conoc&iacute;a mi nombre antes de empezar a correr&rdquo;, afirmar&iacute;a Zamperini.
    </p><h3 class="article-text">El Zamperini atleta ol&iacute;mpico</h3><p class="article-text">
        Los Juegos de Berl&iacute;n de 1936 estaban a la vuelta de la esquina y decidi&oacute; participar en las pruebas clasificatorias de 5.000 metros, a pesar de que solo ten&iacute;a 19 a&ntilde;os. Antes de darse cuenta, se encontraba en la Villa Ol&iacute;mpica de Berl&iacute;n con <a href="https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/imposible-triunfo-luz-long-favorito-hitler-juegos-olimpicos-berlin-1936_1_8154457.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jesse Owens, la que ser&iacute;a gran estrella del acontecimiento ol&iacute;mpico</a>, de compa&ntilde;ero de habitaci&oacute;n. Del trayecto en barco desde Estados Unidos, lo que m&aacute;s sorprendi&oacute; a Zamperini fue el buffet libre. Para un chico de familia humilde que hab&iacute;a crecido durante la Gran Depresi&oacute;n, ese fest&iacute;n diario ilimitado era una tentaci&oacute;n irresistible. Cuando se pes&oacute; en Berl&iacute;n, la b&aacute;scula arroj&oacute; cinco kilos de m&aacute;s.
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                    alt="A la izquierda, Don Lash, en el centro, Louis Zamperini, y Thomas Deckard, representantes de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 1936."
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                A la izquierda, Don Lash, en el centro, Louis Zamperini, y Thomas Deckard, representantes de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de 1936.                            </span>
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        Tal vez por el sobrepeso, tal vez por la inexperiencia, tal vez por el deficiente entrenamiento, Zamperini no rindi&oacute; en la final como le hubiese gustado. Agarrotado y con las piernas pesadas, se qued&oacute; pronto descolgado del grupo de cabeza. Quiz&aacute;s se acordara entonces de los huevos y los filetes de bacon del viaje. Cuando la carrera se acercaba al final, empez&oacute; a encontrarse algo m&aacute;s ligero. Al toque de la campana, apret&oacute; la marcha, lanzando un interminable sprint de 400 metros. La &uacute;ltima vuelta la hizo volando, m&aacute;s r&aacute;pido que nadie, recogiendo cad&aacute;veres y marcando un asombroso tiempo de 56 segundos, impropio del giro final de un 5000. Cruz&oacute; la meta octavo, pero su esfuerzo final enloqueci&oacute; al p&uacute;blico y llam&oacute; la atenci&oacute;n de Hitler, que le ofreci&oacute; la mano que le hab&iacute;a negado a su compa&ntilde;ero de habitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De vuelta a California, Zamperini se fij&oacute; como objetivo los Juegos de 1940, a los que llegar&iacute;a m&aacute;s maduro como corredor y m&aacute;s comedido en el buffet libre. Sin embargo, en septiembre de 1939, Hitler dio la orden de invadir Polonia y su vida cambi&oacute; para siempre. El hombre al que hab&iacute;a saludado una tarde de agosto en el Estadio Ol&iacute;mpico de Berl&iacute;n frustraba los sue&ntilde;os ol&iacute;mpicos del prometedor atleta.
    </p><h3 class="article-text">El Zamperini h&eacute;roe de guerra</h3><p class="article-text">
        Zamperini se alist&oacute; como voluntario en la aviaci&oacute;n y fue destinado en el Pac&iacute;fico. En 1943, durante una misi&oacute;n de rescate de un bombardero perdido, el motor del avi&oacute;n en el que viajaba empez&oacute; a fallar en mitad del oc&eacute;ano. La nave cay&oacute; y solo tres de los once integrantes del avi&oacute;n lograron sobrevivir, flotando a la deriva en un bote salvavidas. Uno de ellos era Louis Zamperini
    </p><p class="article-text">
        Durante m&aacute;s de mes y medio vagaron por el Pac&iacute;fico, aliment&aacute;ndose de los peces que capturaban y los p&aacute;jaros que atrapaban al posarse en la barca. Gracias al agua de lluvia no murieron de sed. Fueron atacados por tiburones, se defendieron de ellos a golpe de remo y terminaron caz&aacute;ndolos para conseguir alimento. Sobrevivieron a una tormenta y al ataque de un caza japon&eacute;s. 47 d&iacute;as despu&eacute;s del accidente, la balsa lleg&oacute; a las islas Marshall, donde fueron inmediatamente capturados por las tropas japonesas, detenidos como prisioneros de guerra. Su odisea estaba lejos del final.
    </p><p class="article-text">
        Zamperini pas&oacute; dos a&ntilde;os y medio en diferentes campos de prisioneros, sufriendo torturas f&iacute;sicas y mentales. Su verdugo m&aacute;s cruel fue Mutsuhiro Watanabe, conocido como &lsquo;el P&aacute;jaro&rsquo;, un oficial japon&eacute;s c&eacute;lebre por su sadismo que encontraba una especial satisfacci&oacute;n en martirizar a una antigua estrella ol&iacute;mpica. Fue privado de alimentos para quebrar su voluntad y sufri&oacute; humillaciones de todo tipo. &ldquo;Podr&iacute;a hablar de los golpes y el castigo f&iacute;sico, pero era el intento de destruir tu dignidad, de hacerte sentir insignificante, lo m&aacute;s duro de soportar&rdquo;, reconoci&oacute;. Se le ofreci&oacute; grabar un mensaje propagand&iacute;stico para la radio, a cambio de beneficios en su encierro, pero lo rechaz&oacute;. Fue dado por muerto en 1944 y sus padres recibieron un mensaje de condolencia del presidente Roosevelt, que Zamperini guard&oacute; toda su vida. Finalmente lleg&oacute; la rendici&oacute;n de Jap&oacute;n y Louis Zamperini fue rescatado en septiembre de 1945.
    </p><h3 class="article-text">El Zamperini predicador&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Volvi&oacute; a casa convertido en h&eacute;roe de guerra, pero sus cicatrices eran profundas. Despu&eacute;s de dos a&ntilde;os y medio de cautiverio, sus torturadores le persegu&iacute;an en sus pesadillas. Intent&oacute; volver a los entrenamientos para reemprender su glorioso pasado atl&eacute;tico, con los Juegos de 1948 en mente, pero su cuerpo hab&iacute;a sufrido demasiado. 
    </p><p class="article-text">
        Como en su adolescencia, de nuevo encontr&oacute; en la bebida el refugio para escapar de la angustia. Su matrimonio se tambaleaba y su mujer, en un intento desesperado, le pidi&oacute; asistir al serm&oacute;n de un pastor evangelista de su confianza. Zamperini lo consideraba una p&eacute;rdida de tiempo, pero era lo menos que pod&iacute;a hacer por ella. Escuchando el serm&oacute;n, tuvo una epifan&iacute;a que cambi&oacute; su vida, seg&uacute;n &eacute;l mismo reconoci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El atletismo lo rescat&oacute; del abismo la primera vez y la religi&oacute;n la segunda. Dedic&oacute; el resto de su vida a organizar campamentos para chicos problem&aacute;ticos y dar charlas motivacionales, predicando el perd&oacute;n y el amor. Decidi&oacute; buscar a sus torturadores, muchos de ellos en prisi&oacute;n, para ofrecerles su perd&oacute;n. El que un d&iacute;a fuera mediofondista m&aacute;s prometedor de Estados Unidos se reencontr&oacute; con su pasado ol&iacute;mpico en 1984, como relevista de la antorcha en los Juegos de Los &Aacute;ngeles. Repiti&oacute; experiencia en Atlanta 96 y en los Juegos de invierno de Nagano de 1998. En este &uacute;ltimo trayecto pas&oacute; junto a uno de los campos donde hab&iacute;a sido torturado. &ldquo;No me considero a m&iacute; mismo un h&eacute;roe, sino un superviviente agradecido&rdquo;, concluy&oacute; Zamperini.
    </p><p class="article-text">
        Su inabarcable vida fue llevada al cine en 2014 por Angelina Jolie, despu&eacute;s de que un gui&oacute;n con su peripecia estuviera vagando durante d&eacute;cadas por las oficinas de la Universal, sin que nadie se atreviera a hincarle el diente (en el proyecto, Zamperini lleg&oacute; a tener la cara de Tony Curtis). &ldquo;La historia era tan vasta como las aguas del oc&eacute;ano en las que Zamperini estuvo flotando casi dos meses&rdquo;, resumi&oacute; John Horn, periodista de Los Angeles Times. Demasiadas vidas para una sola vida.
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      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Aug 2021 19:54:04 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Sangre en la piscina: el partido más violento de la historia de los Juegos Olímpicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/sangre-piscina-partido-ma-s-violento-historia-juegos-oli-mpicos_1_8202018.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/384b22e3-870c-4fa8-8acc-39182c4e759e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025984.jpg" width="1533" height="862" alt="Sangre en la piscina: el partido más violento de la historia de los Juegos Olímpicos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La tensión por la invasión soviética para sofocar la revolución húngara de 1956 terminó trasladándose a la piscina de waterpolo de los Juegos de Melbourne</p><p class="subtitle">Más temas - La protesta silenciosa de Sohn Kee-Chung, el coreano que no quería ser japonés</p></div><p class="article-text">
        El silbato del &aacute;rbitro desencaden&oacute; involuntariamente el altercado. La pelota estaba en la otra parte de la piscina y el h&uacute;ngaro Ervind Zador desvi&oacute; la vista hacia el juez del partido para preguntar qu&eacute; hab&iacute;a pitado. En ese momento, sinti&oacute; el impacto de un pu&ntilde;o contra su p&oacute;mulo, justo debajo de su ojo derecho. La sangre empez&oacute; a manar abundantemente, resbalando por la cara de Zador y cayendo sobre el agua. Ah&iacute; termin&oacute; el partido, si se puede llamar as&iacute; a lo que Hungr&iacute;a y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica estaban dirimiendo en la piscina ol&iacute;mpica de <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/australia-anuncia-ayudas-trabajadores-confinamiento-melbourne_1_7999122.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Melbourne</a>. La foto del jugador h&uacute;ngaro sangrando dio la vuelta al mundo, dando pie a la leyenda del partido m&aacute;s violento de la historia de los Juegos Ol&iacute;mpicos, el encuentro de la sangre en el agua.
    </p><h3 class="article-text">Viejas rencillas</h3><p class="article-text">
        La discordia entre los dos equipos de waterpolo no se hab&iacute;a originado en los Juegos de Melbourne de 1956. Ven&iacute;a de largo y ten&iacute;a m&uacute;ltiples aristas. El germen se podr&iacute;a fechar alrededor de 1949, cuando se formaliz&oacute; la ocupaci&oacute;n sovi&eacute;tica de Hungr&iacute;a. El pa&iacute;s magiar era el indiscutible dominador del waterpolo mundial. Desde Los &Aacute;ngeles 1932 hasta Helsinki 1952 gan&oacute; tres oros ol&iacute;mpicos y una plata, superando incluso, como si nada hubiera pasado, el par&oacute;n b&eacute;lico que cort&oacute; la trayectoria de una generaci&oacute;n de deportistas.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de un decepcionante s&eacute;ptimo puesto en los Juegos de Helsinki, la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica decidi&oacute; que ten&iacute;an que mirarse en el espejo magiar si quer&iacute;an mejorar. Si los h&uacute;ngaros eran invencibles, hab&iacute;a que copiar sus t&aacute;cticas y m&eacute;todos, descubrir sus secretos. Trat&aacute;ndose de un pa&iacute;s bajo control del Kremlin, la tarea no era complicada. Los sovi&eacute;ticos desplazaron a su equipo hasta <a href="https://www.eldiario.es/economia/bruselas-aprieta-hungria-polonia-fondos-europeos-deriva-autoritaria-homofoba_1_8174940.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hungr&iacute;a</a>, para asistir a sus entrenamientos y obtener informaci&oacute;n de primera mano, pero los h&uacute;ngaros no se tomaron bien la intromisi&oacute;n. Para los sovi&eacute;ticos se trataba de colaboraci&oacute;n entre camaradas. Los h&uacute;ngaros lo consideraban espionaje.
    </p><p class="article-text">
        Como quiera que se llamara, la operaci&oacute;n sovi&eacute;tica encon&oacute; una relaci&oacute;n que ya era dif&iacute;cil debido a la particular situaci&oacute;n pol&iacute;tica entre los dos pa&iacute;ses. Unos meses antes de los Juegos de Melbourne, ambas selecciones se hab&iacute;an enfrentado en un partido amistoso en Mosc&uacute;. Gan&oacute; el equipo de casa despu&eacute;s de un arbitraje local sospechoso. Despu&eacute;s del encuentro, los jugadores tuvieron m&aacute;s que palabras en el vestuario. La tensi&oacute;n era evidente, pero todo es susceptible de empeorar.
    </p><h3 class="article-text">La revoluci&oacute;n h&uacute;ngara de 1956</h3><p class="article-text">
        Por si las rencillas entre los dos combinados no eran suficientes, lleg&oacute; la revoluci&oacute;n. El detonante fue una manifestaci&oacute;n de estudiantes en el centro de Budapest, a la que se sumaron miles de ciudadanos reclamando una apertura pol&iacute;tica y el cese de la injerencia sovi&eacute;tica en el gobierno h&uacute;ngaro. La concentraci&oacute;n lleg&oacute; hasta el parlamento, desde donde la polic&iacute;a realiz&oacute; varios disparos, con el objetivo de sofocar la revuelta. Ese fue el inicio de una serie de disturbios que se extendieron por todo el pa&iacute;s. Mientras se suced&iacute;an los des&oacute;rdenes, el equipo de waterpolo se encontraba aislado en una colina en las afueras de la capital, preparando los Juegos de Melbourne, que se iban a disputar un mes despu&eacute;s. Desde el lugar de concentraci&oacute;n, escuchaban los disparos y ve&iacute;an las columnas de humo
    </p><p class="article-text">
        La rebeli&oacute;n termin&oacute; derrocando al presidente Andr&aacute;s Heged&uuml;s. El poder fue ocupado por el anterior gobernante, Imre Nagy, que prometi&oacute; elecciones libres y retirar al pa&iacute;s del pacto de Varsovia. As&iacute; estaban las cosas cuando la selecci&oacute;n de waterpolo emprendi&oacute; su largo viaje hacia Melbourne. Cuando la delegaci&oacute;n h&uacute;ngara lleg&oacute; al destino, descubri&oacute; que la situaci&oacute;n hab&iacute;a cambiado dr&aacute;sticamente en su pa&iacute;s. El ej&eacute;rcito sovi&eacute;tico hab&iacute;a entrado en Hungr&iacute;a para reprimir violentamente la rebeli&oacute;n y recuperar el control. La invasi&oacute;n sovi&eacute;tica enardeci&oacute; el esp&iacute;ritu nacionalista de los jugadores magiares. La nueva situaci&oacute;n pol&iacute;tica no iba a ayudar a suavizar la tensi&oacute;n entre dos equipos de waterpolo que ya arrastraban cuentas pendientes.
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                Aspecto del pabellón tras la suspensión del encuentro.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">El partido m&aacute;s violento</h3><p class="article-text">
        En el torneo ol&iacute;mpico, Hungr&iacute;a y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica se cruzaron en el pen&uacute;ltimo partido de la fase final. El sistema de competici&oacute;n consist&iacute;a en dos fases de grupos consecutivas, sin eliminatorias ni final, como es habitual hoy. Los dos equipos llegaban al choque necesitados de la victoria para seguir aspirando a la medalla de oro. Agitadas en una coctelera, las exigencias deportivas, los conflictos personales y el contexto pol&iacute;tico ofrec&iacute;an una mezcla explosiva. En las gradas, cientos de aficionados pertenecientes a la populosa colonia h&uacute;ngara en Melbourne animaban encendidamente a los suyos.&nbsp;Si el f&uacute;tbol internacional es una guerra sin disparos, como sosten&iacute;a George Orwell, las selecciones de Hungr&iacute;a y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica se lo tomaron en serio y decidieron aplicarlo al waterpolo.
    </p><p class="article-text">
        Desde el pitido inicial, los h&uacute;ngaros decidieron desestabilizar a sus rivales con insultos y otras estratagemas. No existe deporte en el que el juego subrepticio resulte tan dif&iacute;cil de detectar. Los &aacute;rbitros pueden ver lo que sucede encima del agua, pero a duras penas intuyen los movimientos debajo del agua, que son muchos y variados.
    </p><p class="article-text">
        Hungr&iacute;a domin&oacute; desde el principio un partido que se convirti&oacute; en una batalla feroz, donde los participantes daban rienda suelta a un resentimiento indisimulado. Por encima del agua, volaban los manotazos y se suced&iacute;an las expulsiones. Por debajo, solo ellos lo saben. En medio de la reyerta, los goles fueron cayendo del lado h&uacute;ngaro, uno tras otro, hasta colocarse 4-0 en el marcador. Cuando el partido estaba llegando a su fin, el &aacute;rbitro hizo sonar el silbato y Ervind Zador desvi&oacute; la mirada, perdiendo de vista al hombre que estaba marcando, Valentin Prokopov. El sovi&eacute;tico se impuls&oacute; fuera del agua, levant&oacute; su pu&ntilde;o y lo estamp&oacute; en la cara de Zador.
    </p><p class="article-text">
        En ese momento la pelea subacu&aacute;tica emergi&oacute; a la superficie. Zador sali&oacute; de la piscina, con la sangre resbalando por la mejilla y el cuerpo, y los ocupantes del banquillo h&uacute;ngaro se lanzaron a por sus rivales. La visi&oacute;n de la sangre enardeci&oacute; el &aacute;nimo de los aficionados magiares que llenaban las gradas. La polic&iacute;a tuvo que intervenir para escoltar al equipo sovi&eacute;tico hasta el vestuario y el &aacute;rbitro decidi&oacute; que la mejor idea era dar el partido por concluido. Nunca se disput&oacute; el minuto que restaba. &ldquo;Sent&iacute;amos que est&aacute;bamos jugando no por nosotros, sino por todo el pa&iacute;s&rdquo;, declar&oacute; Zador. &ldquo;Durante el partido les grit&aacute;bamos: &lsquo;&iexcl;sucios bastardos, hab&eacute;is bombardeado nuestro pa&iacute;s!&rsquo;. Ellos nos llamaban traidores. Fue una batalla por encima y por debajo del agua&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La lesi&oacute;n impidi&oacute; a Zador jugar el &uacute;ltimo partido, contra Yugoslavia. Hungr&iacute;a venci&oacute; y se proclam&oacute; campeona ol&iacute;mpica una edici&oacute;n m&aacute;s. La Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica consigui&oacute; el bronce y subi&oacute; al podio por primera vez en su historia. Si nos atenemos al palmar&eacute;s, los sovi&eacute;ticos sacaron provecho de su estudio del waterpolo h&uacute;ngaro. S&eacute;ptimos en Helsinki 52, se convirtieron en habituales en los podios ol&iacute;mpicos a partir de Melbourne. En Roma 60 superaron por primera vez a sus antagonistas: la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica fue plata y Hungr&iacute;a bronce.
    </p><p class="article-text">
        Ante la incertidumbre de la situaci&oacute;n en su pa&iacute;s, varios jugadores h&uacute;ngaros decidieron no regresar a casa terminados los Juegos de Melbourne. Ervind Zador, el mejor jugador de la selecci&oacute;n, el hombre cuya mejilla sangrante desencaden&oacute; la batalla y la leyenda del partido m&aacute;s violento de la historia ol&iacute;mpica, encontr&oacute; asilo en Estados Unidos. All&iacute; termin&oacute; entrenando a un prometedor nadador californiano llamado Mark Spitz.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/sangre-piscina-partido-ma-s-violento-historia-juegos-oli-mpicos_1_8202018.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Aug 2021 20:08:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sangre en la piscina: el partido más violento de la historia de los Juegos Olímpicos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos,Violencia,Agresiones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La protesta silenciosa de Sohn Kee-Chung, el coreano que no quería ser japonés]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/protesta-silenciosa-sohn-kee-chung-coreano-no-queri-japone-s_1_8199497.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5bc10642-c406-4971-8971-038543b843d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025907.jpg" width="1633" height="919" alt="La protesta silenciosa de Sohn Kee-Chung, el coreano que no quería ser japonés"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El deportista ganó la maratón en los Juegos de Berlín en 1936, pero Corea estaba ocupada por Japón y tuvo que competir bajo su bandera. En el podio, junto a su compatriota Nam Sung-Yong, agachó la cabeza en señal de protesta</p><p class="subtitle">Más temas - Los Juegos Antropológicos de San Luis, la mayor infamia de la historia olímpica</p></div><p class="article-text">
        Es mediod&iacute;a en Se&uacute;l cuando un septuagenario entra en el Estadio Ol&iacute;mpico, sosteniendo la antorcha en su mano derecha. El p&uacute;blico estalla en aplausos y el relevista empieza a dar saltos de alegr&iacute;a, saludando euf&oacute;rico a los espectadores, visiblemente emocionado, antes de ceder la llama ol&iacute;mpica. Al resto del mundo quiz&aacute;s haya que explicarle qui&eacute;n es ese hombre que brinca como un ni&ntilde;o feliz, camino del pebetero, en septiembre de 1988, pero en el estadio todos conocen a Sohn Kee-Chung, el primer oro ol&iacute;mpico de la historia de Corea, aunque no lo ganara bajo la bandera de <a href="https://www.eldiario.es/economia/casa-asia-abre-puerta-arte-coreano-catorce-relatos-breves_1_8180808.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Corea</a>. Parece un trabalenguas, pero tiene su historia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Kee-Chung naci&oacute;, la pen&iacute;nsula de Corea llevaba dos a&ntilde;os bajo la ocupaci&oacute;n de Jap&oacute;n, que se alarg&oacute; desde 1910 hasta 1945. Hablamos de la &eacute;poca del Jap&oacute;n imperial, cuando pretend&iacute;a expandir sus dominios a lo largo de los oc&eacute;anos Pac&iacute;fico e &Iacute;ndico. Como suele ocurrir con los territorios ocupados, en Corea se exacerb&oacute; el esp&iacute;ritu nacionalista y el desafecto hacia el pa&iacute;s que los hab&iacute;a anexionado. En ese contexto creci&oacute; Sohn. Su documentaci&oacute;n dec&iacute;a que era ciudadano japon&eacute;s, pero &eacute;l nunca se sinti&oacute; as&iacute;. Corr&iacute;a bajo bandera japonesa porque no ten&iacute;a otra opci&oacute;n. Por eso, cuando gan&oacute; el oro en el marat&oacute;n de los Juegos de Berl&iacute;n 36, su rictus no expresaba la felicidad que deber&iacute;a. Por eso en el podio decidi&oacute; escenificar una queja silenciosa. <a href="https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/peter-norman-tercer-hombre-iconica-foto-black-power-mexico-68_1_8157316.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">36 a&ntilde;os antes del pu&ntilde;o al cielo de Tommie Smith y John Carlos</a>, existi&oacute; otra protesta, m&aacute;s discreta, no tan conocida, pero tambi&eacute;n llena de significado.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Sohn Kee-Chung se convirti&oacute; en Son Kitei</h3><p class="article-text">
        Kee-Chung lleg&oacute; a Berl&iacute;n para defender una bandera que no sent&iacute;a como propia con un nombre que tampoco era suyo. Por la traslaci&oacute;n al japon&eacute;s, Sohn Kee-Chung qued&oacute; convertido en Son Kitei. Sin embargo, el atleta se esforzaba en mostrar sus verdaderos sentimientos a todo el que se cruzaba en su camino. Cada vez que ten&iacute;a que estampar su firma, ya fuera en un documento oficial o en un aut&oacute;grafo, lo hac&iacute;a con su nombre original en coreano. A menudo acompa&ntilde;aba la firma de un mapa de Corea dibujado en miniatura. En las entrevistas a medios extranjeros, tambi&eacute;n insist&iacute;a en que su nacionalidad real era la coreana, aunque los traductores japoneses se encargaban de sabotear el mensaje.
    </p><p class="article-text">
        Kee-Chung llegaba a Berl&iacute;n como uno de los mejores maratonianos del mundo, pero el gran favorito para la prueba era Juan Carlos Zabala, que defend&iacute;a t&iacute;tulo. Confirmando el pron&oacute;stico, el argentino tuvo una salida fulgurante y se march&oacute; en solitario. Kee-Chung intent&oacute; apretar el paso para cazarlo, pero escuch&oacute; una voz a sus espaldas: &ldquo;Tranquilo, deja que Zabala se agote&rdquo;. Era el brit&aacute;nico Ernie Harper, otro de los favoritos. Pese a que Sohn no dominaba el ingl&eacute;s, entendi&oacute; el lenguaje gestual de su contrincante. Como hab&iacute;a pronosticado Harper, Zabala se hundi&oacute; (termin&oacute; abandonando), dejando v&iacute;a libre a Kee-Chung, que gan&oacute; el oro, y Harper, la plata. En tercer lugar entr&oacute; Nam Sung-Yong, compa&ntilde;ero de Kee-Chung en el equipo japon&eacute;s, cuya procedencia tambi&eacute;n era coreana.
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                    alt="Sohn Kee-Chung porta la antorcha olímpica en la ceremonia inaugural de los Juegos de Corea del Sur en 1988."
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            <span class="title">
                Sohn Kee-Chung porta la antorcha olímpica en la ceremonia inaugural de los Juegos de Corea del Sur en 1988.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Una protesta silenciosa</h3><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de la carrera lleg&oacute; la pol&eacute;mica. Entregadas las medallas en el podio, el himno de Jap&oacute;n empez&oacute; a sonar en honor al vencedor. En ese instante, los dos coreanos agacharon la cabeza, manteniendo la vista fija en el suelo, con los hombros encogidos y el semblante compungido, en contraste con la figura esbelta y sonriente del atleta brit&aacute;nico. Kee-Chung se encarg&oacute; despu&eacute;s de aclarar que no hab&iacute;an bajado la cabeza en se&ntilde;al de recogimiento o reverencia, sino como protesta por la ocupaci&oacute;n japonesa de su tierra. &ldquo;Fue una tortura insoportable&rdquo;, manifes&oacute; m&aacute;s tarde. &ldquo;Yo no hab&iacute;a corrido para Jap&oacute;n. Hab&iacute;a corrido para m&iacute; mismo y para mi gente oprimida en Corea. No pude evitar llorar. Desear&iacute;a no haber ido a Berl&iacute;n&rdquo;. Para subrayar su descontento, Kee-Chung ocult&oacute; en el podio la bandera de Jap&oacute;n que luc&iacute;a en su camiseta, utilizando la peque&ntilde;a planta de roble con que fueron obsequiados todos los vencedores de los Juegos.
    </p><p class="article-text">
        En los d&iacute;as posteriores a la victoria, un peri&oacute;dico de Se&uacute;l, el Dong-a Ilbo, public&oacute; un art&iacute;culo dedicado al triunfo de Kee-Chung. Acompa&ntilde;ando al texto, aparec&iacute;a una fotograf&iacute;a del atleta despu&eacute;s de recoger la medalla, pero la bandera de Jap&oacute;n de la camiseta hab&iacute;a sido borrada. Aunque no exist&iacute;a el photoshop, hace casi un siglo tambi&eacute;n era posible el retoque. Ocho periodistas fueron inmediatamente encarcelados y la publicaci&oacute;n fue cerrada durante nueve meses por las autoridades japonesas.
    </p><h3 class="article-text">De JAPAN a KOREA</h3><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de los Juegos de Berl&iacute;n, todos los nombres de los campeones ol&iacute;mpicos fueron esculpidos en un pilar de piedra del Estadio Ol&iacute;mpico de la capital alemana. Entre ellos aparec&iacute;a &ldquo;Son Kitei&rdquo;, el nombre con el que oficialmente hab&iacute;a ganado el oro. A finales de los a&ntilde;os 60, Corea del Sur, ya independiente, solicit&oacute; al gobierno de Alemania Occidental que corrigiera el nombre y la nacionalidad. Los alemanes se lavaron las manos y pasaron la petici&oacute;n al COI, que la rechaz&oacute; argumentando que no se pod&iacute;a reescribir la historia. En 1970 el pol&iacute;tico coreano Park Young Rok decidi&oacute; tomar cartas en el asunto por las bravas. Irrumpi&oacute; en el estadio en mitad de la noche y cambi&oacute; la inscripci&oacute;n de JAPAN a KOREA. No tard&oacute; en ser reparado y devuelto a su estado original.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que, una vez terminada la ocupaci&oacute;n, se dedic&oacute; a entrenar a maratonianos en su pa&iacute;s, la figura de Sohn qued&oacute; difuminada con el paso del tiempo. Todo cambi&oacute; en 1982, cuando Se&uacute;l fue seleccionada sede de los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1988 y Sohn Kee-Chung entr&oacute; a formar parte del comit&eacute; organizador. El d&iacute;a de la ceremonia de apertura, cuando se adentr&oacute; en el estadio antorcha en mano, el pueblo coreano le rindi&oacute; homenaje y el mundo conoci&oacute; su nombre y su historia.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 2 de julio, la Fundaci&oacute;n por el Recuerdo de Sohn Kee-Chung envi&oacute; una carta al Comit&eacute; Ol&iacute;mpico Japon&eacute;s con una petici&oacute;n. Como celebraci&oacute;n previa a los Juegos de Tokio, el comit&eacute; nip&oacute;n hab&iacute;a organizado en la capital una exposici&oacute;n recordando la historia de los Juegos Ol&iacute;mpicos. En la zona correspondiente a los medallistas japoneses, aparec&iacute;a un tal Son Kitei como ganador del marat&oacute;n de los Juegos de Berl&iacute;n. La fundaci&oacute;n que preserva la memoria de Kee-Chung solicit&oacute; a los organizadores que rectificara el nombre y la nacionalidad. 85 a&ntilde;os despu&eacute;s, el primer medallista de la historia de Corea, el hombre que no quer&iacute;a ser japon&eacute;s, sigue creando controversia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/protesta-silenciosa-sohn-kee-chung-coreano-no-queri-japone-s_1_8199497.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Aug 2021 19:31:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La protesta silenciosa de Sohn Kee-Chung, el coreano que no quería ser japonés]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos,Protestas,Japonés]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los Juegos Antropológicos de San Luis, la mayor infamia de la historia olímpica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/juegos-antropolo-gicos-san-luis-mayor-infamia-historia-oli-mpica_1_8196529.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/22e90d51-d585-4cf3-825f-ee5475de92fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025823.jpg" width="566" height="319" alt="Los Juegos Antropológicos de San Luis, la mayor infamia de la historia olímpica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Celebradas en 1904, estas competiciones fueron muy diferentes a las actuales. La deportiva estaba encuadrada dentro del programa de la Exposición Universal. En este contexto, se planteó la realización de unas jornadas que mezclaran deporte y antropología y que aún hoy avergüenzan al mundo olímpico</p><p class="subtitle">Más temas - Alice Coachman, la primera mujer negra que ganó un oro olímpico</p></div><p class="article-text">
        A alguien se le ocurri&oacute; que era una buena idea reunir a representantes de diferentes pueblos ind&iacute;genas del mundo y llevar a cabo una parodia de los Juegos Ol&iacute;mpicos. Oculta bajo la coartada de la ciencia antropol&oacute;gica, la verdadera raz&oacute;n de ser de estas jornadas indisimuladamente racistas era demostrar la supuesta superioridad atl&eacute;tica de los deportistas de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/hollywood-raza-blanca_1_2539062.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">raza blanca</a>, adem&aacute;s de divertir al p&uacute;blico con un evento complementario a los Juegos genuinos. A alguien se le ocurri&oacute; que era una buena idea y el olimpismo, m&aacute;s de un siglo despu&eacute;s, sigue avergonzado por el cap&iacute;tulo m&aacute;s oscuro de su historia.
    </p><h3 class="article-text">Un aperitivo ultrajante</h3><p class="article-text">
        La din&aacute;mica de los Juegos Ol&iacute;mpicos de San Luis, celebrados en 1904, no ten&iacute;a nada que ver con las Olimpiadas que conocemos hoy en d&iacute;a. La competici&oacute;n deportiva estaba encuadrada dentro del programa de la Exposici&oacute;n Universal de San Luis, y su disputa se alarg&oacute; durante cinco meses. Aunque ahora parezca extra&ntilde;o, los Juegos eran un aliciente m&aacute;s dentro del vasto programa de la feria, algo que ya se hab&iacute;a ensayado cuatro a&ntilde;os antes en Par&iacute;s. En este contexto, como un complemento m&aacute;s de la muestra, pero ligado a los Juegos, se plante&oacute; la realizaci&oacute;n de unas jornadas que mezclaran deporte y antropolog&iacute;a, coordinadas por James Sullivan y William J. McGee, dos personalidades estadounidenses asociadas a ambos campos.
    </p><p class="article-text">
        La idea de los promotores era organizar una competici&oacute;n en la que abor&iacute;genes de todo el planeta se enfrentaran entre s&iacute; en diferentes disciplinas atl&eacute;ticas. Llamaron al invento Juegos Antropol&oacute;gicos (tambi&eacute;n conocidos como Jornadas Antropol&oacute;gicas o D&iacute;as Antropol&oacute;gicos). A pesar de que, en sentido estricto, no pertenec&iacute;an al programa ol&iacute;mpico, estaban concebidos como un ap&eacute;ndice de los mismos, celebrados un par de semanas antes, como aperitivo a la programaci&oacute;n oficial. Si se prefiere el s&iacute;mil musical, el papel de las Juegos Antropol&oacute;gicos era ejercer de teloneros de los Juegos Ol&iacute;mpicos de San Luis.
    </p><p class="article-text">
        Sullivan y McGee no tuvieron que ir muy lejos para conseguir materia prima para su experimento. En la misma Exposici&oacute;n Universal hab&iacute;a unos 3.000 abor&iacute;genes de diferentes procedencias, expuestos para la contemplaci&oacute;n del p&uacute;blico asistente a la muestra. Esta exhibici&oacute;n de seres que se consideraban primitivos, como si fueran zool&oacute;gicos humanos, era com&uacute;n en Estados Unidos y Europa a finales del siglo XIX y principios del XX, en pleno apogeo del colonialismo y la antropolog&iacute;a social, una disciplina que pretend&iacute;a categorizar y jerarquizar a los humanos en funci&oacute;n de su raza.
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            <span class="title">
                Programa de mano de la Exposición de San Luis.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Racismo con coartada cient&iacute;fica</h3><p class="article-text">
        El fin &uacute;ltimo del proyecto era comparar el rendimiento de los participantes en los Juegos Antropol&oacute;gicos con el de los atletas que compet&iacute;an en los Juegos Ol&iacute;mpicos. La idea era tramposa desde la premisa. Unos eran deportistas de &eacute;lite, acostumbrados a entrenar regularmente su disciplina, mientras los otros, en la inmensa mayor&iacute;a de los casos, no hab&iacute;an practicado jam&aacute;s el deporte para el que se les hab&iacute;a reclutado. Muchos ni siquiera entend&iacute;an en qu&eacute; consist&iacute;a la prueba que se les ped&iacute;a realizar, puesto que las reglas se enunciaban justo antes de empezar la competici&oacute;n y las explicaciones solo se daban en ingl&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Sullivan y McGee pretend&iacute;an demostrar que sus ideas racistas eran ciertas y para ello no dudaban en hacerse trampas al solitario. Aunque se consideraban hombres de ciencia, su procedimiento era todo lo contrario al m&eacute;todo cient&iacute;fico: partiendo de la conclusi&oacute;n a la que quer&iacute;an llegar, crearon el entorno adecuado para obtener los datos que confirmaran su teor&iacute;a. En nombre de la antropolog&iacute;a, montaron un espect&aacute;culo racista para divertir al espectador y confirmar sus prejuicios. En las octavillas que fueron repartidas, los organizadores vend&iacute;an el acontecimiento como &ldquo;la primera competici&oacute;n atl&eacute;tica del mundo en la que los salvajes son los &uacute;nicos participantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante dos d&iacute;as, alrededor de un centenar de ind&iacute;genas de todo el mundo, hombres &uacute;nicamente, compitieron en diferentes disciplinas para sorpresa de unos y divertimento de otros. Puesto que el evento se celebr&oacute; en Estados Unidos, predominaban los nativos de diferentes tribus, pero tambi&eacute;n participaron abor&iacute;genes de varios pueblos de filipinas (recientemente conquistada por Estados Unidos en la guerra contra Espa&ntilde;a), pigmeos africanos, patagones argentinos, zul&uacute;es, &aacute;rabes del norte de &Aacute;frica y ainus de Jap&oacute;n, entre otros.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, los atletas fueron clasificados en grupos raciales para competir por separado en series clasificatorias. El objetivo era encontrar al ganador de cada grupo para enfrentarlos en la final. El programa se dividi&oacute; en dos partes. El primer d&iacute;a se celebraron competiciones atl&eacute;ticas que formaban parte del programa ol&iacute;mpico regular: carreras de diferentes distancias y relevos, salto de altura y longitud, etc. La segunda jornada se reserv&oacute; para actividades que se supon&iacute;an propias de los abor&iacute;genes, como lanzamiento de jabalina, ascenso a &aacute;rboles, tiro con arco o lanzamiento de barro.
    </p><p class="article-text">
        Como no pod&iacute;a ser de otra manera, el evento fue un desastre desde cualquier punto de vista, en gran parte porque muchos de los participantes desconoc&iacute;an las reglas b&aacute;sicas. En las carreras de velocidad, algunos se adelantaban al disparo de pistola y otros, asustados por la detonaci&oacute;n o simplemente desconcertados, se manten&iacute;an quietos. Al llegar a la cinta de llegada, pasaban por debajo, para desesperaci&oacute;n de los organizadores y solaz de los espectadores. Incluso ignorando el racismo del planteamiento, era imposible hacer ning&uacute;n an&aacute;lisis del disparatado experimento.
    </p><h3 class="article-text">Coubertin se desmarca</h3><p class="article-text">
        Sin embargo, las conclusiones llegaron. Sullivan confront&oacute; las marcas de los competidores en las jornadas antropol&oacute;gicas con las de campeones ol&iacute;mpicos como el campe&oacute;n Ray Ewry, concluyendo que la comparaci&oacute;n &ldquo;demuestra sin lugar a dudas que los salvajes no son los atletas natos que nos hab&iacute;an inducido a pensar&rdquo;.&nbsp;&ldquo;Los salvajes han sido muy sobrevalorados desde un punto de vista atl&eacute;tico&rdquo;, a&ntilde;ad&iacute;a. &ldquo;Hemos o&iacute;do maravillas de los corredores ind&iacute;genas, de la resistencia de los negros del sur de &Aacute;frica y las habilidades naturales de los salvajes en cuestiones atl&eacute;ticas, pero los acontecimientos de San Luis demuestran lo contrario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque los promotores del invento consideraron que las Jornadas Antropol&oacute;gicas hab&iacute;an sido un &eacute;xito, el olimpismo se desmarc&oacute; del proyecto. El propio Pierre de Coubertin, creador de los Juegos Ol&iacute;mpicos modernos y presidente del COI en aquel momento, censur&oacute; el experimento de Sullivan y McGee. Su cr&iacute;tica inicial fue tibia, pero con el tiempo admiti&oacute; que las jornadas hab&iacute;an sido &ldquo;particularmente bochornosas&rdquo;. En sus memorias, el bar&oacute;n alud&iacute;a a los Juegos Antropol&oacute;gicos y lanzaba un vaticinio: &ldquo;En lo que respecta a esta mascarada inaceptable, perder&aacute; toda su gracia el d&iacute;a que los hombres negros, rojos y amarillos aprendan a correr, saltar y lanzar, superando de largo a los blancos. Entonces tendremos progreso&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/juegos-antropolo-gicos-san-luis-mayor-infamia-historia-oli-mpica_1_8196529.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Aug 2021 20:20:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los Juegos Antropológicos de San Luis, la mayor infamia de la historia olímpica]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos,Racismo,Discriminación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alice Coachman, la primera mujer negra que ganó un oro olímpico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/alice-coachman-primera-mujer-negra-gano-oro-oli-mpico_1_8193974.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9b8d2ae5-825f-466b-af39-426ab9e2ea4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025734.jpg" width="2000" height="1125" alt="Alice Coachman, la primera mujer negra que ganó un oro olímpico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alice nació en Albany (Georgia), soportó todos los prejuicios racistas que se puedan imaginar. En 1948, en Londres, se proclamó campeona olímpica en salto de altura. La primera mujer negra que lograba una medalla de oro descubrió al regresar a su país que por muy campeona olímpica que fuese una mujer negra seguía siendo una mujer negra</p><p class="subtitle">Más temas - Lopez Lomong, un niño perdido de Sudán en los Juegos Olímpicos</p></div><p class="article-text">
        Sufrir el racismo no supon&iacute;a una novedad para Alice Coachman. Desde su nacimiento en Albany, una ciudad del estado de Georgia, hab&iacute;a tenido que soportar los prejuicios de la sociedad, pero ahora regresaba con una medalla de oro colgada del cuello, la &uacute;nica del atletismo femenino en los Juegos de Londres, la primera de una mujer negra en la historia del olimpismo, y comprobaba que la vida segu&iacute;a igual. En aquella ciudad del sureste de Estados Unidos, una mujer negra segu&iacute;a siendo una mujer negra, por muy campeona ol&iacute;mpica que fuese. Una cosa era que ganara medallas para mayor gloria de su pa&iacute;s y otra que se pudiera sentar en la mesa de los blancos. Cuando Coachman lleg&oacute; a su ciudad, el alcalde ten&iacute;a preparada una gran celebraci&oacute;n en su honor, pero no la que ella habr&iacute;a deseado.
    </p><h3 class="article-text">El deporte no es asunto de ni&ntilde;as</h3><p class="article-text">
        La peque&ntilde;a Alice creci&oacute; como la quinta de diez hermanos en un hogar humilde. Para ayudar a la econom&iacute;a familiar, sol&iacute;a recoger algod&oacute;n o fruta, pero su verdadera pasi&oacute;n, desde muy peque&ntilde;a, era el deporte. Ella disfrutaba con la actividad f&iacute;sica, pero no hab&iacute;a nacido en el lugar ni en el momento adecuado para desarrollar su pasi&oacute;n. Su padre consideraba que el deporte no era una actividad apropiada para una ni&ntilde;a. No entend&iacute;a por qu&eacute; su hija perd&iacute;a el tiempo corriendo y saltando por ah&iacute;, en vez de dedicarse a tareas m&aacute;s adecuadas para una chica. &ldquo;Mi padre quer&iacute;a que fuera una joven dama, sentada en el porche&rdquo;, contaba Coachman tiempo despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todo, Alice encontr&oacute; unas valiosas aliadas en dos mujeres cercanas: Cora Bailey, su maestra de quinto curso, y su t&iacute;a Carrie Spries. Ambas apoyaron a Alice, la animaron a perseverar y convencieron a la familia para que no coartaran la voluntad de la ni&ntilde;a. Superado el escollo familiar, quedaba otro mucho m&aacute;s dif&iacute;cil, el social. Las instalaciones deportivas de Albany estaban reservadas exclusivamente para los blancos y Alice no pod&iacute;a acceder a ellas para ejercitarse. No tuvo m&aacute;s remedio que ingeni&aacute;rselas como pudo. Su entrenamiento consist&iacute;a en correr, a menudo descalza, por los caminos de tierra de Albany. Para practicar el salto de altura, fabricaba un precario list&oacute;n con palos y trapos. La sociedad le marcaba l&iacute;mites y ella respond&iacute;a con ingenio e ilusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Alice creci&oacute; y continu&oacute; practicando el atletismo en el instituto, mostrando especial talento para el salto de altura y las pruebas de velocidad. En la universidad se convirti&oacute; en una de las atletas j&oacute;venes m&aacute;s prometedoras del pa&iacute;s. Su carrera iba viento en popa, pero se cruz&oacute; en su camino el mismo obst&aacute;culo con el que tropezaron tantos otros deportistas en aquella &eacute;poca: la Segunda Guerra Mundial. La actividad ol&iacute;mpica qued&oacute; interrumpida desde 1936 hasta 1948, cercenando muchas carreras deportivas. &ldquo;En 1944 yo estaba en mi c&eacute;nit. Hab&iacute;a ganado seis veces consecutivas las 50 yardas en el campeonato nacional de la AAU [Uni&oacute;n Atl&eacute;tica Amateur], y dos a&ntilde;os seguidos las 200. Habr&iacute;a ganado dos medallas m&aacute;s all&iacute;&rdquo;, afirm&oacute; Coachman en una entrevista a la NBC, aludiendo a los Juegos no celebrados. Durante el tiempo que dur&oacute; la contienda, no pudo competir fuera de su pa&iacute;s, pero sigui&oacute; participando en concursos nacionales. Entre 1939 y 1948 gan&oacute; todos los torneos de la prestigiosa AAU en la modalidad de salto de altura, un r&eacute;cord nunca superado hasta hoy.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Alice Coachman, en lo más alto del podio en los Juegos de Londres 1948.  A la izquierda está DJ Tyler, de Gran Bretaña, medalla de plata y a la derecha, Mom Ostermeyer, de Francia, medalla de bronce.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Haciendo historia en Londres</h3><p class="article-text">
        Terminada la guerra, el COI decidi&oacute; reemprender la competici&oacute;n ol&iacute;mpica en 1948<strong>. </strong>Por fin Coachman iba a tener la oportunidad de dejarse ver fuera del deporte amateur estadounidense. Llegaba a los Juegos de Londres con 25 a&ntilde;os y era la mejor saltadora de altura de su pa&iacute;s, pero su rendimiento a nivel global era una inc&oacute;gnita. Dado que durante el conflicto no se hab&iacute;an disputado competiciones internacionales, era dif&iacute;cil comparar el nivel de los atletas y prever cu&aacute;l ser&iacute;a su desempe&ntilde;o al enfrentarse en Londres. Muchos de los que se encontraban en su c&eacute;nit cuando estall&oacute; la contienda ya se hab&iacute;an retirado o se encontraban en declive. Por el contrario, hab&iacute;an surgido j&oacute;venes valores a los que nadie hab&iacute;a visto m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito regional o nacional. Alice Coachman era una de ellos.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo d&iacute;a de la competici&oacute;n atl&eacute;tica en Londres, mientras los espectadores viv&iacute;an el drama del belga Etienne Gaill, que llegaba desfallecido al final del marat&oacute;n, una chica del sur de Estados Unidos estaba a punto de hacer historia en el salto de altura. En una tarde lluviosa, Coachman consigui&oacute; la victoria despu&eacute;s de una pugna cerrada con la brit&aacute;nica Dorothy Tyler, una veterana que ya hab&iacute;a ganado la plata 12 a&ntilde;os atr&aacute;s en Berl&iacute;n. Ninguna atleta negra hab&iacute;a ganado antes una medalla de oro en los Juegos Ol&iacute;mpicos. Alice Coachman acababa de hacer historia.
    </p><h3 class="article-text">Celebraci&oacute;n segregada</h3><p class="article-text">
        Cuando regres&oacute; a Estados Unidos, fue recibida en la Casa Blanca por el presidente Harry Truman, y el director de orquesta Count Basie organiz&oacute; una fiesta para celebrar su triunfo. Las multitudes se aglomeraban para saludar el desfile triunfal que recorri&oacute; los 300 kil&oacute;metros que separan Atlanta, capital del estado de Georgia, de Albany. La ciudad natal de Coachman organiz&oacute; un festejo en el auditorio de la ciudad para celebrar su triunfo, pero el evento no se libr&oacute; de la segregaci&oacute;n que reg&iacute;a la vida en aquel lugar. Coachman se vio obligada a mantenerse en un extremo del escenario, separada de la zona donde se encontraban los blancos, adem&aacute;s de tener que usar una puerta diferente para entrar y salir. El alcalde de Albany, que presid&iacute;a el acto, felicit&oacute; a Coachman, pero no se dign&oacute; a acercarse a ella para darle la mano.&nbsp;En la pista de atletismo era una estrella mundial, pero en el sur de los Estados Unidos segu&iacute;a siendo una ciudadana de segunda. &ldquo;Ten&iacute;amos segregaci&oacute;n, pero para m&iacute; no era un problema, porque hab&iacute;a ganado el oro. Era cosa suya aceptarlo o no&rdquo;, <a href="https://youtu.be/YGMG6yzpSk8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">afirmaba la atleta en una entrevista</a>.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, la figura de Coachman permaneci&oacute; en la penumbra. Tuvieron que llegar los Juegos de 1996, celebrados en Atlanta, para que la prensa se acordara de ella y sus logros fueran al fin reivindicados. Fue una de los 12 relevistas que portaron la antorcha ol&iacute;mpica por las calles de Atlanta, antes de adentrarse en el Estadio Ol&iacute;mpico para que Muhammad Ali prendiera el pebetero. Hoy Coachman tiene una avenida y una escuela a su nombre en su ciudad natal y su legado <a href="https://www.alabamalegacy.org/alice-coachman/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la ha convertido en una celebridad en Albany</a>. Tuvieron que pasar varias d&eacute;cadas desde su medalla de oro en los Juegos de Londres, pero al fin logr&oacute; ser profeta en su tierra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/alice-coachman-primera-mujer-negra-gano-oro-oli-mpico_1_8193974.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Aug 2021 20:01:36 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Lopez Lomong, un niño perdido de Sudán en los Juegos Olímpicos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/lopez-lomong-nin-perdido-suda-n-juegos-oli-mpicos_1_8190574.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5681d2fa-071e-4b72-b440-021267be7007_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025637.jpg" width="900" height="506" alt="Lopez Lomong, un niño perdido de Sudán en los Juegos Olímpicos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Niño de la guerra, secuestrado por la guerrilla, escapó de su cautiverio y acabó siendo adoptado por una familia en Estados Unidos. Con los años cumplió dos sueños: ir a unos Juegos Olímpicos y recuperar el contacto con sus padres en Sudán, a los que creía muertos</p><p class="subtitle">Más temas - Helene Mayer, la deportista judía que Hitler usó de coartada ante el mundo</p></div><p class="article-text">
        Guiado por sus padres, lleg&oacute; hasta las afueras del pueblo, donde se situaba cementerio. El d&iacute;a anterior hab&iacute;a regresado a la aldea de su infancia, despu&eacute;s de 17 a&ntilde;os y un sinf&iacute;n de peripecias que dar&iacute;an para llenar varias vidas. Uno de los ancianos del lugar hab&iacute;a impregnado todo su cuerpo con las v&iacute;sceras de una cabra que acababa de sacrificar. El olor resultaba insoportable para su olfato occidental, pero no tuvo m&aacute;s remedio que aguantar el trago. Despu&eacute;s de todo, se trataba de una celebraci&oacute;n en su honor. Se internaron en el cementerio, sorteando los mont&iacute;culos de piedras que se alineaban por todo el terreno, hasta que su padre se detuvo ante uno de ellos. Lopez Lomong estaba delante de su propia tumba.
    </p><h3 class="article-text">El secuestro</h3><p class="article-text">
        Todo empez&oacute; mientras estaba en misa con sus padres, una ma&ntilde;ana de domingo como otra cualquiera, en una aldea del sur de Sud&aacute;n. El joven Lopepe Lomong (a&uacute;n no se llamaba Lopez) rezaba con los ojos cerrados cuando escuch&oacute; el jaleo. La ceremonia se celebraba al aire libre, as&iacute; que Lopepe vio la irrupci&oacute;n de los camiones en cuanto abri&oacute; los ojos. De la parte trasera de los veh&iacute;culos empezaron a salir soldados, que invadieron el lugar del ritual. &ldquo;&iexcl;Vamos a llevarnos a los ni&ntilde;os&rdquo;, grit&oacute; el que parec&iacute;a el cabecilla Los padres de Lopepe intentaron esconderlo en el suelo, abrazado junto a ellos, pero uno de los guerrilleros se lo arrebat&oacute; y lo arrastr&oacute; hacia la parte trasera de uno de los camiones. Ten&iacute;a solo 6 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el cami&oacute;n lleg&oacute; a su destino, todos los ni&ntilde;os fueron hacinados en una peque&ntilde;a choza. La mayor preocupaci&oacute;n del peque&ntilde;o Lopepe era que su mejor atuendo, el que usaba para acudir los domingos a la iglesia, hab&iacute;a acabado hecho unos zorros. Todav&iacute;a no era consciente de que su vida acababa de cambiar para siempre. Aquel cub&iacute;culo ser&iacute;a su vivienda, por llamarlo de alguna manera, durante las siguientes semanas.
    </p><p class="article-text">
        Lopepe hab&iacute;a sido capturado por milicianos del Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n del Pueblo de Sud&aacute;n, que manten&iacute;a una lucha cruenta contra el gobierno. El secuestro era en realidad un reclutamiento forzoso. Los que sobrevivieran terminar&iacute;an formando parte del ej&eacute;rcito rebelde. El primer d&iacute;a de cautiverio, el joven Lomong conoci&oacute; a tres ni&ntilde;os mayores, que se convirtieron en sus protectores durante toda su estancia all&iacute;. En &lsquo;Running for the life&rsquo;, la autobiograf&iacute;a que Lopez Lomong escribi&oacute; en 2012, &eacute;l los llama &ldquo;mis tres &aacute;ngeles&rdquo;. Gracias a ellos, logr&oacute; sobrevivir durante los primeros d&iacute;as. Gracias a ellos, logr&oacute; escapar del infierno.
    </p><h3 class="article-text">La evasi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Vas a volver a ver a tu madre&rdquo;, le dijo uno de los &aacute;ngeles a Lopepe. Hab&iacute;an decidido escaparse y llevarlo con ellos. Parec&iacute;a una misi&oacute;n imposible, pero los cuatro se escabulleron de la choza, en mitad de la noche, y huyeron por un peque&ntilde;o agujero en la alambrada, sin que los guardias, milagrosamente, se percataran. Corrieron descalzos durante tres d&iacute;as por la sabana. Descansaban en cuevas durante las horas centrales del d&iacute;a, para evitar el sol abrasador, y corr&iacute;an por la noche. Los mov&iacute;a la convicci&oacute;n de dirigirse hacia el hogar.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estaban al l&iacute;mite de sus fuerzas, se cruzaron en su camino unos militares, que los trasladaron en un cami&oacute;n hacia un destino incierto. Cuando el veh&iacute;culo se detuvo, Lopepe vio un letrero que rezaba ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados). No hab&iacute;an estado corriendo en direcci&oacute;n a casa, como cre&iacute;an ellos, sino hacia la frontera de Kenia. Ahora estaban en Kakuma, un campo de refugiados que se abri&oacute; en los a&ntilde;os 90 para recoger a los ni&ntilde;os que hu&iacute;an de la guerra civil sudanesa, los denominados ni&ntilde;os perdidos de Sud&aacute;n. Ni&ntilde;os como Lopepe.
    </p><p class="article-text">
        En Kakuma vivi&oacute; los siguientes diez a&ntilde;os y all&iacute; fue donde sus amigos comenzaron a llamarle Lopez. Tambi&eacute;n all&iacute; descubri&oacute; que disfrutaba corriendo, rodeando los 30 kil&oacute;metros de per&iacute;metro del campo. En el verano de 2000, Lomong escuch&oacute; por primera vez hablar de la existencia de algo llamado Juegos Ol&iacute;mpicos. Una noche, junto con otros chicos del campo, a Lopepe se le present&oacute; la ocasi&oacute;n de ver los Juegos de Sidney en una granja cercana al campo de refugiados. &ldquo;Ver gente corriendo en la televisi&oacute;n fue una revelaci&oacute;n para m&iacute;. Nunca antes hab&iacute;a pensado en correr como un deporte. Correr era mi terapia, mi liberaci&oacute;n, mi evasi&oacute;n del mundo que me rodeaba&rdquo;. En la televisi&oacute;n en blanco y negro, mientras Michael Johnson ganaba la final de 200 metros, algo se encendi&oacute; en el cerebro de Lomong. &ldquo;Yo tambi&eacute;n correr&iacute;a en los Juegos Ol&iacute;mpicos. No sab&iacute;a c&oacute;mo, pero lo har&iacute;a. Yo quer&iacute;a ser como Michael Johnson&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Puedes llamarnos pap&aacute; y mam&aacute;&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Lomong estaba resignado a la rutina del campo cuando se le abri&oacute; una puerta que ni siquiera hab&iacute;a so&ntilde;ado. 3500 menores residentes en Kakuma hab&iacute;an sido elegidos para trasladarse a vivir a Estados Unidos, adoptados por familias de todo el pa&iacute;s y &eacute;l era uno de ellos. Para Lomong y el resto de chicos de Kakuma, Estados Unidos significaba algo as&iacute; como el para&iacute;so en la tierra. En realidad, no sab&iacute;an nada de ese para&iacute;so, pero Lopez pronto lo iba a descubrir. Con 16 a&ntilde;os, su vida estaba a punto de dar un vuelco.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de un largo vuelo, Lomong lleg&oacute; al aeropuerto de Siracusa, donde lo esperaba su nueva familia. Sus nombres eran Rob y Barbara Rogers. &ldquo;Pero puedes llamarnos pap&aacute; y mam&aacute;&rdquo;, a&ntilde;adieron. Diez a&ntilde;os despu&eacute;s de haber sido arrancado de los brazos de su madre en Sud&aacute;n, Lopez por fin ten&iacute;a un sitio al que pod&iacute;a llamar hogar. En Estados Unidos, Lomong centr&oacute; sus esfuerzos en los estudios, por petici&oacute;n de su nueva madre, y el atletismo, por vocaci&oacute;n propia. Lopez ten&iacute;a un talento innato para el deporte y las carreras diarias en Kakuma lo hab&iacute;an habituado al esfuerzo. Nada m&aacute;s llegar a Estados Unidos, ingres&oacute; en el equipo de atletismo de su nueva ciudad. Era el inicio de una carrera deportiva imparable, que continuar&iacute;a en el instituto y la universidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando ya estaba aclimatado a su vida estadounidense, Lopez recibi&oacute; una noticia desde Kakuma que puso su vida de nuevo patas arriba. Una mujer hab&iacute;a estado en el campo preguntando por un hijo perdido que encajaba exactamente con sus caracter&iacute;sticas. La mujer hab&iacute;a dejado un tel&eacute;fono de contacto y ahora Lopez ten&iacute;a ese n&uacute;mero en su poder. Lopez estaba convencido de que sus padres estaban muertos. Mejor dicho, se hab&iacute;a convencido a s&iacute; mismo de que estaban muertos, para poder seguir adelante cuando viv&iacute;a en Kakuma. Pero ahora sab&iacute;a que ambos viv&iacute;an. Se lo acababa de confirmar su propia madre al otro lado de la l&iacute;nea telef&oacute;nica.&nbsp;
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                Lomong es el abanderado de la numerosa delegación de Estados Unidos en los Juegos de Pekín 2008.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Regreso a casa</h3><p class="article-text">
        Lopez Lomong vol&oacute; hasta &Aacute;frica para reencontrarse con su familia. Cuando se escap&oacute; de la prisi&oacute;n con sus tres &aacute;ngeles, el pensamiento que lo impulsaba para seguir corriendo era volver a los brazos de su madre. Con 17 a&ntilde;os de retraso, al fin logr&oacute; cumplir su deseo. Acompa&ntilde;ado por sus padres, visit&oacute; la aldea de su infancia, que parec&iacute;a totalmente diferente a la de su recuerdo. El pueblo celebr&oacute; su regreso y se dirigieron hasta el cementerio. Convencidos de que su ni&ntilde;o hab&iacute;a muerto, los padres hab&iacute;an decidido dejar de esperar y dedicarle un funeral. Pero ahora Lopepe hab&iacute;a renacido para ellos. Su padre retir&oacute; las piedras que cubr&iacute;an la tumba y empez&oacute; a cavar con una pala. De entre la tierra aparecieron una camisa ra&iacute;da, unos pantalones y algunos juguetes.
    </p><p class="article-text">
        Para entonces Lomong se hab&iacute;a convertido en uno de los mejores mediofondistas de Estados Unidos. El sue&ntilde;o que hab&iacute;a atisbado aquella noche del a&ntilde;o 2000, en una granja perdida de Kenia, mientras ve&iacute;a en blanco y negro a Michael Johnson, termin&oacute; hecho realidad. No solo iba a competir en los Juegos Ol&iacute;mpicos de Pek&iacute;n 2008, sino que hab&iacute;a sido elegido por todos sus compa&ntilde;eros para llevar la bandera en la ceremonia inaugural. &ldquo;Espero inspirar a otros chicos que est&aacute;n ah&iacute; fuera viendo estos Juegos Ol&iacute;mpicos, como me pas&oacute; a m&iacute; con los de Sidney&rdquo;, dijo en la rueda de prensa previa a la ceremonia inaugural.
    </p><p class="article-text">
        Lopez Lomong no pudo superar las semifinales en Pek&iacute;n, pero en la carrera primordial, la que lo hab&iacute;a llevado hasta all&iacute; despu&eacute;s de superar todo tipo de obst&aacute;culos, la que empez&oacute; un domingo mientras rezaba en una aldea al sur de Sud&aacute;n, en esa carrera Lopez Lomong hab&iacute;a ganado la medalla de oro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/lopez-lomong-nin-perdido-suda-n-juegos-oli-mpicos_1_8190574.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 02 Aug 2021 19:22:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lopez Lomong, un niño perdido de Sudán en los Juegos Olímpicos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Helene Mayer, la deportista judía que Hitler usó de coartada ante el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/helene-mayer-deportista-judi-hitler-coartada-mundo_1_8185882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1cc509f7-68f0-4c64-a793-e3cba08d6080_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025490.jpg" width="1618" height="910" alt="Helene Mayer, la deportista judía que Hitler usó de coartada ante el mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para evitar el boicot de algunos países, el gobierno nazi tuvo que ceder y pactó con el COI la inclusión de una cuota judía simbólica en el equipo. La elegida fue Helene Mayer, una esgrimista alemana asentada en Estados Unidos</p><p class="subtitle">Más temas - Hassiba Boulmerka, la atleta que plantó cara al fundamentalismo en pantalones cortos</p></div><p class="article-text">
        La imagen impacta a primera vista, pero mucho m&aacute;s cuando se conoce la historia. En lo m&aacute;s alto del podio est&aacute; la h&uacute;ngara Ilona Elek, recibiendo los honores por haberse proclamado campeona ol&iacute;mpica. Pero lo llamativo de la foto aparece a la derecha de Elek, en el segundo escal&oacute;n. All&iacute;, vestida de un blanco inmaculado y con el brazo derecho levantado, escenificando el saludo nazi, aparece la alemana Helene Mayer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su postura en el podio no es diferente a la del resto de medallistas alemanes en los Juegos de Berl&iacute;n, pero su caso s&iacute; es singular. A pesar de que la foto muestra a una mujer alta, rubia y de tez p&aacute;lida, Mayer no era el ejemplo de deportista aria que el nazismo propugnaba y su peripecia hasta aterrizar en ese podio no tuvo nada de corriente. La de Helene Mayer es una historia de triunfo, destierro, intrigas, ambici&oacute;n y misterio.
    </p><h3 class="article-text">La sombra del boicot</h3><p class="article-text">
        En la primavera de 1936, la incomodidad por la celebraci&oacute;n de los Juegos Ol&iacute;mpicos en la Alemania nazi se extend&iacute;a por todo el mundo. La decisi&oacute;n de celebrar el acontecimiento en Berl&iacute;n hab&iacute;a sido tomada en 1931, en un intento por devolver a Alemania al primer plano deportivo despu&eacute;s del ostracismo que sigui&oacute; a la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, durante esos cinco a&ntilde;os, muchas cosas hab&iacute;an cambiado en el pa&iacute;s alem&aacute;n. La llegada al poder del partido nazi en 1933, con sus pol&iacute;ticas indisimuladamente racistas, promovi&oacute; un debate en la comunidad internacional sobre la pertinencia de celebrar unos Juegos Ol&iacute;mpicos en un pa&iacute;s que violaba de manera tan flagrante los derechos humanos.
    </p><p class="article-text">
        Una vez en el poder, el gobierno de Hitler, lejos de moderar la agresiva ret&oacute;rica racista con la que hab&iacute;an ascendido al gobierno, inici&oacute; una pol&iacute;tica de segregaci&oacute;n de la que no quedaba exento el mundo del deporte. En abril de 1933 se instaur&oacute; la pol&iacute;tica de &ldquo;solo arios&rdquo; en las federaciones y clubes deportivos. Para los atletas jud&iacute;os qued&oacute; vedada la entrada a los recintos de entrenamiento. Pronto qued&oacute; claro que el r&eacute;gimen no estaba por la labor de permitir a ning&uacute;n jud&iacute;o formar parte del plantel ol&iacute;mpico alem&aacute;n en Berl&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En estas circunstancias, muchos pa&iacute;ses amenazaron con el boicot. En Estados Unidos, cuya delegaci&oacute;n era de las m&aacute;s importantes y numerosas, tuvo lugar un intenso debate durante los a&ntilde;os y meses previos. El presidente del Comit&eacute; Ol&iacute;mpico del pa&iacute;s norteamericano, Avery Brundage, viaj&oacute; a Alemania para evaluar la situaci&oacute;n del pa&iacute;s y afirm&oacute; que los atletas jud&iacute;os estaban recibiendo un trato justo y que no hab&iacute;a razones que justificaran un cambio de planes.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Prohibida la entrada a perros y jud&iacute;os&rdquo;</h3><p class="article-text">
        El r&eacute;gimen nazi, que en un primer momento se hab&iacute;a mostrado cr&iacute;tico con la celebraci&oacute;n de los Juegos en suelo alem&aacute;n (Hitler, antes de llegar al poder, se hab&iacute;a referido al evento como &ldquo;un invento de jud&iacute;os y masones&rdquo;), se encontraba ya en 1936 volcado con la organizaci&oacute;n. Fue Goebbels quien hizo ver a Hitler la inigualable ocasi&oacute;n propagand&iacute;stica que un acontecimiento de esa trascendencia pod&iacute;a suponer para el Tercer Reich.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, para mitigar la pol&eacute;mica y ahuyentar el fantasma del boicot, Hitler dedici&oacute; poner en pausa las campa&ntilde;as de persecuci&oacute;n contra los jud&iacute;os y accedi&oacute; a retirar los carteles antisemitas que se exhib&iacute;an por toda la ciudad. En una de sus visitas a Alemania, Baillet-Latour hab&iacute;a quedado escandalizado al ver, en la entrada de algunos establecimientos, carteles que rezaban: &ldquo;Prohibida la entrada a perros y jud&iacute;os&rdquo;. No obstante, el esc&aacute;ndalo solo le alcanz&oacute; para pedir Hitler la retirada de los mismos, una medida meramente cosm&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Con el objetivo de ofrecer a organizadores, atletas y visitantes una imagen de normalidad, Berl&iacute;n recuper&oacute; algo parecido a la vida prenazi. Escritores prohibidos, como Stefan Zweig y Thomas Mann, regresaron por un tiempo a las librer&iacute;as, el jazz volvi&oacute; a los clubes y a la Gestapo se le aconsej&oacute; mirar hacia otro lado ante posibles &ldquo;manifestaciones homosexuales&rdquo; de turistas extranjeros. La idea era mostrar una cara amable del r&eacute;gimen, barriendo debajo de la alfombra sus miserias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a&uacute;n hab&iacute;a otro problema que inquietaba al COI. Aunque Alemania argumentaba que el desempe&ntilde;o atl&eacute;tico era el &uacute;nico argumento a la hora de realizar la selecci&oacute;n el equipo ol&iacute;mpico, el COI manten&iacute;a la preocupaci&oacute;n, quiz&aacute;s m&aacute;s est&eacute;tica que &eacute;tica, sobre la total ausencia de atletas jud&iacute;os en el equipo germano. Finalmente, el gobierno de Hitler tuvo que ceder y pact&oacute; con el COI la inclusi&oacute;n de una cuota jud&iacute;a simb&oacute;lica en el equipo. La elegida fue Helene Mayer, una esgrimista alemana asentada en Estados Unidos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Helene Mayer fotografiada en 1935 en California (EE UU).                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Una coartada rescatada del exilio</h3><p class="article-text">
        Mayer hab&iacute;a sido idolatrada como uno de los mayores talentos del deporte alem&aacute;n antes de que el ascenso del nazismo la hiciera caer en desgracia. Campeona ol&iacute;mpica en Amsterdam 1928, en la modalidad de florete, clasific&oacute; quinta cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s en Los &Aacute;ngeles. Terminada la competici&oacute;n, se qued&oacute; en Estados Unidos como parte de un programa de intercambio. All&iacute; le sorprendi&oacute; la noticia de que hab&iacute;a sido expulsada del club de esgrima al que pertenec&iacute;a en Alemania. Su celebridad no la hab&iacute;a salvado de sufrir la represi&oacute;n por su condici&oacute;n de jud&iacute;a. Aunque de madre protestante, Mayer ten&iacute;a ra&iacute;ces semitas por ascendencia paterna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Repudiada en su patria y sin poder siquiera entrenar all&iacute;, Mayer decidi&oacute; continuar su vida en Estados Unidos una vez terminada su beca. En California se dedicaba a dar clases de alem&aacute;n cuando fue requerida por el Comit&eacute; Ol&iacute;mpico de Alemania. La raz&oacute;n por la que fue precisamente ella la elegida no est&aacute; clara. Probablemente contribuy&oacute; el hecho de ser &ldquo;solamente&rdquo; medio jud&iacute;a y lucir aspecto ario. Tambi&eacute;n vivir en el extranjero, que le proporcionada la posibilidad de entrenar y competir regularmente para estar en forma, algo que ten&iacute;an vedados los jud&iacute;os locales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s intrigante a&uacute;n resulta el motivo por el que una jud&iacute;a en el exilio acept&oacute; regresar al pa&iacute;s que la hab&iacute;a despreciado para defender la bandera nazi. El hecho es que Mayer lleg&oacute; a Berl&iacute;n, compiti&oacute; y gan&oacute; la medalla de plata, contribuyendo al liderato de Alemania en el medallero. Despu&eacute;s vino la ceremonia del podio, el brazo en alto y la imagen que a&uacute;n hoy resulta perturbadora.
    </p><h3 class="article-text">El misterio de Helene</h3><p class="article-text">
        Terminados los Juegos, Mayer regres&oacute; a Estados Unidos y Hitler reanud&oacute; su persecuci&oacute;n al pueblo jud&iacute;o, que desemboc&oacute; finalmente en el holocausto. La historia, tristemente, es m&aacute;s que conocida. A pesar del &eacute;xito, Mayer no recuper&oacute; el afecto de su pa&iacute;s de origen. Aunque ella no se consideraba a s&iacute; misma jud&iacute;a, algo que en parte podr&iacute;a explicar su comportamiento, ninguna medalla pod&iacute;a borrar su ascendencia. En una carta escrita meses despu&eacute;s de los Juegos a sus compa&ntilde;eras del equipo ol&iacute;mpico, quedaba patente su a&ntilde;oranza y su amor por Alemania.
    </p><p class="article-text">
        Traidora para unos, v&iacute;ctima para otros, la figura de Helene Mayer contin&uacute;a hoy envuelta en un halo de misterio. Falleci&oacute; a los 42 a&ntilde;os sin dejar apenas testimonio. Nunca sabremos hasta qu&eacute; punto fue consciente de estar siendo utilizada para lavar la cara de un r&eacute;gimen criminal, ni hasta qu&eacute; punto aprovech&oacute; ella la coyuntura en beneficio propio. Lo m&aacute;s probable es que solo fuera una persona ambiciosa que buscaba desesperadamente recuperar la celebridad perdida. Alguien que quiso aferrarse a la posibilidad de disputar sus terceros Juegos y saborear una vez m&aacute;s la gloria ol&iacute;mpica, aunque para ello tuviera que pactar con el mismo diablo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/helene-mayer-deportista-judi-hitler-coartada-mundo_1_8185882.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Aug 2021 19:25:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Helene Mayer, la deportista judía que Hitler usó de coartada ante el mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos,Nazismo,Adolf Hitler]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hassiba Boulmerka, la atleta que plantó cara al fundamentalismo en pantalones cortos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/hassiba-boulmerka-atleta-planto-cara-fundamentalismo-pantalones-cortos_1_8185801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/105dce39-e9d5-41b2-90da-2d92657798d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025485.jpg" width="683" height="384" alt="Hassiba Boulmerka, la atleta que plantó cara al fundamentalismo en pantalones cortos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Para cualquier atleta, ganar una medalla es una victoria deportiva, pero para mí supuso ganar la vida. Vivía en una sociedad donde existían muchas prohibiciones de carácter cultural, también legales y religiosas"</p><p class="subtitle">Más historias - Olga Fikotova y Hal Connollly, amor olímpico en plena Guerra Fría</p></div><p class="article-text">
        La victoria en los Juegos de Barcelona fue a la vez su condena y su salvaci&oacute;n. Su condena, porque la notoriedad que adquiri&oacute; la puso en el punto de mira del islamismo m&aacute;s fundamentalista, que la amenaz&oacute; de muerte y le hizo la vida imposible. El pecado de Hassiba Boulmerka era correr en pantalones cortos, camiseta de tirantes, melena al viento y rostro descubierto, como cualquier otra atleta del mundo. Pero el triunfo ol&iacute;mpico tambi&eacute;n fue su salvaci&oacute;n, porque la celebridad ol&iacute;mpica le dio la oportunidad de liberarse, emanciparse y alzar la voz, en su nombre y en el de otras muchas.
    </p><p class="article-text">
        En realidad todo hab&iacute;a empezado un a&ntilde;o antes, despu&eacute;s de saltar a la fama por ganar el Campeonato del Mundo de Tokio de 1991. Al volver a Argelia, Boulmerka se encontr&oacute; con el calor de miles de aficionados que festejaban su medalla. Junto a Morceli, que hab&iacute;a ganado tambi&eacute;n el oro, desfilaron en una limusina descapotable por las calles de la capital, saludando a la multitud que los agasajaba. Todo era id&iacute;lico, en apariencia.
    </p><h3 class="article-text">Amenazada de muerte</h3><p class="article-text">
        Sin embargo, concluidas las celebraciones, Boulmerka comprob&oacute; que no todo el mundo estaba feliz con su victoria. Al acudir a la mezquita de Constantina, su ciudad natal, se encontr&oacute; con un serm&oacute;n humillante. El im&aacute;n la acus&oacute; de no ser una verdadera musulmana por correr semidesnuda delante de miles de hombres. Seg&uacute;n &eacute;l, Hassiba representaba todo lo contrario a lo que predicaba el Islam. El pa&iacute;s viv&iacute;a entonces el auge del fundamentalismo y la atleta no tardar&iacute;a en comprobar lo caro que resulta desafiar algunas convenciones.
    </p><p class="article-text">
        En diciembre de ese 1991, estall&oacute; una guerra civil en Argelia y el pa&iacute;s entr&oacute; en una espiral de violencia. El radical Frente Isl&aacute;mico de Salvaci&oacute;n y otros grupos integristas se levantaron contra el gobierno, al que acusaban de fraude electoral. El conflicto dur&oacute; m&aacute;s de una d&eacute;cada, durante la cual el fundamentalismo fue calando en la sociedad argelina.
    </p><p class="article-text">
        Boulmerka empez&oacute; a sufrir las consecuencias de ese fanatismo. Recibi&oacute; insultos y amenazas de muerte, sufri&oacute; pintadas en su domicilio y tuvo que trasladarse a Europa para poder preparar los Juegos Ol&iacute;mpicos. En su pa&iacute;s no gozaba de la tranquilidad y la seguridad necesarias para entrenar. Entre el Mundial de Tokio y los Juegos de Barcelona, no compiti&oacute; ni una sola vez en Argelia. Supon&iacute;a demasiado riesgo. Boulmerka estaba amenazada por el Grupo Isl&aacute;mico Radical, una organizaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; del fanatismo, y su vida pod&iacute;a peligrar en cualquier momento.
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                Boulmerka celebrando su victoria, algo más que un oro olímpico.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Un pu&ntilde;o al aire en se&ntilde;al de desaf&iacute;o</h3><p class="article-text">
        La estancia de Boulmerka en Barcelona estuvo rodeada de las m&aacute;s altas medidas de seguridad. Un dispositivo de fuerzas del orden la acompa&ntilde;aba all&aacute; donde fuera, dentro y fuera del Estadio Ol&iacute;mpico. Con el precedente de la masacre de M&uacute;nich en mente, el COI tem&iacute;a un atentado contra la atleta argelina aprovechando el escaparate de los Juegos. Lleg&oacute; a la ciudad en la v&iacute;spera de la competici&oacute;n, siguiendo una ruta con escala en Oslo, con el objetivo de minimizar el peligro. El 8 de agosto corri&oacute; la final, derrotando a la rusa Lyudmila Rogacheva (representante en Barcelona del llamado Equipo Unificado) con un ataque seco en la recta de contrameta.
    </p><p class="article-text">
        Cuando cruz&oacute; la l&iacute;nea, Hassiba lanz&oacute; el pu&ntilde;o al aire en se&ntilde;al de triunfo, pero tambi&eacute;n de furia y reivindicaci&oacute;n. &ldquo;Fue un signo de victoria, de desaf&iacute;o. Fue como decir: '&iexcl;Lo hice! &iexcl;Gan&eacute;! Y ahora, si me mat&aacute;is, ser&aacute; demasiado tarde. Ya he hecho historia'&rdquo;, <a href="https://www.bbc.com/news/magazine-16962799" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recordar&iacute;a Boulmerka despu&eacute;s en la BBC</a>. Justo despu&eacute;s de ese gesto, se se&ntilde;al&oacute; el pecho, donde aparec&iacute;a el nombre de Argelia y dio la vuelta de honor enarbolando la bandera de su pa&iacute;s. En un momento dado, se acerc&oacute; hasta las gradas para abrazar a un compa&ntilde;ero del equipo argelino. R&aacute;pidamente, varios miembros de lo que parec&iacute;a el equipo de voluntarios acudieron y los separaron. En realidad, no eran voluntarios de los Juegos, sino el equipo de seguridad que acompa&ntilde;aba a la atleta. En el podio, mientras escuchaba el himno, Hassiba no pudo reprimir que unas l&aacute;grimas resbalaran por sus mejillas.
    </p><p class="article-text">
        A nadie se le escapaba que el &eacute;xito de Boulmerka trascend&iacute;a ampliamente lo deportivo. &ldquo;Para cualquier atleta, ganar una medalla es una victoria deportiva, pero para m&iacute; supuso ganar la vida. Viv&iacute;a en una sociedad donde exist&iacute;an muchas prohibiciones de car&aacute;cter cultural, tambi&eacute;n legales y religiosas. La mujer no ten&iacute;a mucho margen para emanciparse en su vida&rdquo;, <a href="https://www.laopiniondemurcia.es/deportes/2020/01/26/hassiba-boulmerka-estuve-amenazada-muerte-33975802.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">afirmaba la atleta en una entrevista</a>. Boulmerka nunca reneg&oacute; de su fe en el islam. Todo lo contrario: mal que les pesara a sus detractores, Hassiba se consideraba tan creyente como el que m&aacute;s. Ella nunca pretendi&oacute; romper con su religi&oacute;n, sino con una interpretaci&oacute;n retorcida de la misma que relega a la mujer a ser ciudadana de segunda. Hassiba solo pretend&iacute;a correr en las mismas condiciones que el resto de sus rivales. &ldquo;Igual que es imposible acudir a la mezquita en pantalones cortos, lo es correr con hiyab&rdquo;, contest&oacute; a sus detractores.
    </p><h3 class="article-text">Medalla sin festejos ni limusina</h3><p class="article-text">
        En Barcelona, Boulmerka hab&iacute;a ganado la primera medalla de oro ol&iacute;mpica en la historia de Argelia, pero ni siquiera pod&iacute;a volver a casa sin sentir temor. Hab&iacute;a hecho historia para el deporte de su pa&iacute;s, pero le era imposible moverse libremente por el mismo sin una cohorte de guardaespaldas. Su regreso a Argelia no tuvo nada que ver con la celebraci&oacute;n triunfal tras el Mundial de Tokio. Ahora no hab&iacute;a festejos ni desfiles. No hab&iacute;a limusina desde donde saludar. Solo miedo y destrucci&oacute;n. El pa&iacute;s segu&iacute;a sumido en un ambiente b&eacute;lico cada vez m&aacute;s opresivo.
    </p><p class="article-text">
        Huyendo del conflicto y las amenazas, termin&oacute; mud&aacute;ndose a Cuba durante un tiempo, para poder entrenar con libertad, pero siempre terminaba regresando. &ldquo;Nunca me plante&eacute; irme para siempre. Argelia es mi vida, mis ra&iacute;ces, mi familia, mis amigos. Nunca podr&iacute;a abandonar todo esto&rdquo;. Durante los siguientes a&ntilde;os, las lesiones y, probablemente, la tensi&oacute;n de una vida al filo de la navaja mermaron su rendimiento. A pesar de ello, gan&oacute; el oro en el Mundial de Gotemburgo de 1995. Se retir&oacute; despu&eacute;s de una discreta actuaci&oacute;n en los Juegos de Atlanta, con un palmar&eacute;s que ninguna atleta de su pa&iacute;s hab&iacute;a logrado antes. Boulmerka fue la primera mujer africana en ganar un campeonato del mundo de atletismo y la primera medalla de oro (hombre o mujer) en la historia del olimpismo argelino, pero su mayor triunfo fue plantar cara a la injusticia fan&aacute;tica y mostrar el camino a las j&oacute;venes generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de la victoria de Hassiba Boulmerka en Barcelona, otra atleta argelina, hasta entonces desconocida, transitaba la senda abierta por ella. Como Boulmerka, Nouria Merah-Benida venci&oacute; en la final de los 1.500 en los Juegos Ol&iacute;mpicos de Sidney. Como su antecesora, lo hac&iacute;a tambi&eacute;n con la cara y las piernas descubiertas, reivindicando el legado de Boulmerka. &ldquo;Esto va por las mujeres &aacute;rabes, para que puedan desarrollarse como el resto de mujeres del mundo&rdquo;, afirm&oacute;. &ldquo;Estoy muy feliz de que las mujeres &aacute;rabes tengan ahora la posibilidad de correr en los Juegos Ol&iacute;mpicos. No fue f&aacute;cil llegar hasta aqu&iacute;&rdquo;. Si hoy es posible, es justo atribuir gran parte del m&eacute;rito a Habissa Boulmerka, la atleta que plant&oacute; cara al fundamentalismo en pantalones cortos y a cara descubierta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/hassiba-boulmerka-atleta-planto-cara-fundamentalismo-pantalones-cortos_1_8185801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jul 2021 19:27:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hassiba Boulmerka, la atleta que plantó cara al fundamentalismo en pantalones cortos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Olga Fikotova y Hal Connollly, amor olímpico en plena Guerra Fría]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/olga-fikotova-hal-connollly-amor-oli-mpico-plena-guerra-fri_1_8185504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0234019-0011-4f64-894b-4efe234e00c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025482.jpg" width="3000" height="1688" alt="Olga Fikotova y Hal Connollly, amor olímpico en plena Guerra Fría"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fikotova y Connolly fueron dos de los grandes triunfadores de los Juegos de Melbourne de 1956. Ella, checoslovaca, ganó por sorpresa el oro en lanzamiento de disco. Él, lanzador de martillo de Massachusetts, hizo lo propio en su especialidad. Su amor prohibido triunfó a pesar del telón de acero</p><p class="subtitle">Más temas - Ser campeón olímpico con una pierna de madera o una mano amputada (antes de los Juegos Paralímpicos)</p></div><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil imaginar a Olga Fikotova y Hal Connolly lanz&aacute;ndose miradas furtivas, flirteando entre lanzamiento y lanzamiento, entre disco y martillo, contemplando uno las evoluciones del otro en la jaula de lanzamientos, quiz&aacute;s quedando para tomar un caf&eacute; m&aacute;s tarde en la Villa Ol&iacute;mpica, chapurreando diferentes idiomas para intentar entenderse. Es f&aacute;cil imaginarlo conociendo lo que sucedi&oacute; despu&eacute;s, una historia de amor nacida al calor de la fraternidad ol&iacute;mpica, pero un romance en apariencia imposible, prohibido por los Capuletos y los Montescos de la Guerra Fr&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a crecer la pasi&oacute;n en los a&ntilde;os 50 entre dos atletas que se encontraban en lados opuestos del tel&oacute;n de acero?
    </p><p class="article-text">
        Fikotova y Connolly fueron dos de los grandes triunfadores de los Juegos de Melbourne de 1956. Ella era una joven checoslovaca que estudiaba medicina en Praga, pero llevaba el deporte en la sangre. Hab&iacute;a practicado baloncesto y balonmano antes de centrarse, un par de a&ntilde;os atr&aacute;s, en el lanzamiento de disco. &Eacute;l era un lanzador de martillo de Massachusetts que ejerc&iacute;a de profesor en Santa Monica. Connolly cumpli&oacute; los pron&oacute;sticos y gan&oacute; en Melbourne la prueba de lanzamiento de martillo, estableciendo el primero de los seis r&eacute;cords mundiales que batir&iacute;a a lo largo de su carrera. Fikotova dio la sorpresa y derrot&oacute; a la sovi&eacute;tica Nina Romaschkova en el lanzamiento de disco femenino, situando un nuevo r&eacute;cord ol&iacute;mpico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Fitokova y Conolly fueron dos de los grandes triunfadores de los Juegos de Melbourne, pero su &eacute;xito no se limit&oacute; al aspecto deportivo.
    </p><h3 class="article-text">Amor ol&iacute;mpico en la Guerra Fr&iacute;a</h3><p class="article-text">
        &ldquo;De alg&uacute;n modo, el destino nos uni&oacute; y nos dimos cuenta de que, aunque &eacute;ramos de esquinas opuestas del mundo y pertenec&iacute;amos a sistemas pol&iacute;ticos aparentemente incompatibles, cuando se trataba de valores humanos b&aacute;sicos, &eacute;ramos extremadamente similares&rdquo;. <a href="https://english.radio.cz/olga-fikotova-connolly-1956-olympic-champion-dubbed-traitor-communist-8596615" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Olga Fikotova recordaba mucho tiempo despu&eacute;s</a>, en Radio Praga, como fue el flechazo. &ldquo;Intent&aacute;bamos conversar en mi muy limitado ingl&eacute;s y en su limitado alem&aacute;n, porque &eacute;l hab&iacute;a visitado Alemania antes&rdquo;. Las fotos de la &eacute;poca muestran a una pareja joven y enamorada. &Eacute;l era un hombre alto y fornido, aparentemente serio, pero con aspecto bonach&oacute;n; a ella se la ve siempre sonriente, con cierto aire a estrella de cine de la &eacute;poca. Una pareja de tantas, aparentemente. Pero su historia no tuvo nada de convencional.
    </p><p class="article-text">
        El romance entre occidente y oriente llen&oacute; p&aacute;ginas de diarios y revistas. Unos celebraban un amor que tend&iacute;a puentes y contribu&iacute;a a relajar las tensiones a un lado y otro del tel&oacute;n. Otros acusaban a la pareja de traidores por haberse lanzado en los brazos del enemigo. Terminados los Juegos, cada uno volvi&oacute; a su hogar, pero continuaron su idilio a distancia. Despu&eacute;s de unos meses, el estadounidense viaj&oacute; a Checoslovaquia con una delegaci&oacute;n del Departamento de Estado estadounidense. Con la excusa de ejercer de embajador de buena voluntad, Hal utiliz&oacute; el viaje para visitar a su amor. Olga y Hal pensaron entonces que no ten&iacute;a sentido esperar m&aacute;s. Hab&iacute;a que fijar fecha para la boda.
    </p><p class="article-text">
        Fikotova tem&iacute;a que las autoridades de su pa&iacute;s no autorizaran la uni&oacute;n. Despu&eacute;s de toneladas de papeleo, la atleta consigui&oacute; una entrevista personal con el presidente Antonin Zapotocky. El mandatario se mostr&oacute; comprensivo y dio su bendici&oacute;n a la boda, pero manifest&oacute; que la decisi&oacute;n burocr&aacute;tica no depend&iacute;a de &eacute;l. Curiosamente, unos d&iacute;as despu&eacute;s, Olga recibi&oacute; la autorizaci&oacute;n para casarse y marcharse a vivir a Estados Unidos. Se piensa que en la decisi&oacute;n del dirigente influy&oacute; decisivamente la mediaci&oacute;n del atleta Emil Zatopek, que entonces era una personalidad ilustre en el pa&iacute;s, aunque m&aacute;s tarde caer&iacute;a en desgracia por su apoyo a la Primavera de Praga.
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                Olga Fikotova durante un entrenamiento en Los Ángeles en 1964.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Una boda &iacute;ntima con 25.000 asistentes</h3><p class="article-text">
        Zatopek y su esposa, la tambi&eacute;n atleta Dana Zatopkova, ejercieron de testigos en la boda de la pareja checoamericana. Se supon&iacute;a que el enlace iba a ser una celebraci&oacute;n secreta, con muy pocos invitados, fijada entre semana con la intenci&oacute;n de que pasara desapercibida. Sin embargo, la noticia se desvel&oacute; y corri&oacute; como la p&oacute;lvora por la capital checa. &ldquo;Cuando lleg&oacute; el d&iacute;a de la boda y nuestros coches no pod&iacute;an llegar a la plaza, pens&eacute; que hab&iacute;a ocurrido un accidente&rdquo;, recordaba Fikotova. El supuesto accidente eran 25.000 curiosos que hab&iacute;an acudido a presenciar el enlace. En parte por la curiosidad de presenciar la boda entre dos celebridades pertenecientes a bandos enfrentados en la Guerra Fr&iacute;a, en parte por la atracci&oacute;n que supon&iacute;a ver en directo a la famosa pareja formada por Zatopek y Zatopkova, finalmente la boda &iacute;ntima result&oacute; multitudinaria.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s del casorio, la pareja se traslad&oacute; a vivir a Estados Unidos. La intenci&oacute;n de Fikotova era seguir compitiendo bajo bandera checoslovaca, y su siguiente objetivo era el Campeonato de Europa de atletismo, que se iba a disputar en 1958. La atleta se puso en contacto con las autoridades deportivas de su pa&iacute;s para averiguar cu&aacute;les eran los requisitos de clasificaci&oacute;n para los mismos. El Comit&eacute; Ol&iacute;mpico Checoslovaco le contest&oacute; que ya no la consideraban ciudadana checoslovaca. Si no pod&iacute;a entrenar en Praga, no pod&iacute;a defender la bandera de su pa&iacute;s en competiciones internacionales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para poder seguir compitiendo, Olga adquiri&oacute; la ciudadan&iacute;a de Estados Unidos, pa&iacute;s con el que disput&oacute; otros cuatro Juegos Ol&iacute;mpicos, siendo incluso la abanderada en M&uacute;nich 1972. Sin embargo, en ninguno repiti&oacute; la experiencia de Montreal: no volvi&oacute; a enamorarse, pero tampoco gan&oacute; m&aacute;s medallas.
    </p><p class="article-text">
        Aunque los inicios del idilio entre Olga y Hal parec&iacute;an sacados de una tragedia de Shakespeare, esta historia de amor no termin&oacute; en drama, solamente en divorcio. Despu&eacute;s de 17 a&ntilde;os de matrimonio y de tener cuatro hijos en com&uacute;n, Fitokova y Conolly separaron amistosamente sus caminos en 1975. Era el punto final a un amor de pel&iacute;cula, un romance imposible que ellos se empe&ntilde;aron en hacer realidad. Hasta las historias m&aacute;s asombrosas&nbsp;tienen finales mundanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/olga-fikotova-hal-connollly-amor-oli-mpico-plena-guerra-fri_1_8185504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jul 2021 20:02:57 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ser campeón olímpico con una pierna de madera o una mano amputada (antes de los Juegos Paralímpicos)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/campeo-n-oli-mpico-pierna-madera-mano-amputada-juegos-paralimpicos_1_8181805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/24f2d0ef-d025-44e0-a705-c1cf79b0af54_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025375.jpg" width="963" height="542" alt="Ser campeón olímpico con una pierna de madera o una mano amputada (antes de los Juegos Paralímpicos)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El húngaro Karoly Takacs, campeón de tiro con pistola de su país, perdió la mano derecha al estallarle una granada. Tras un año de entrenamiento, aprendió a disparar con la izquierda y volvió a ser el mejor. No pudo ir a los Juegos de 1940, suspendidos por la Guerra Mundial, pero en Londres 1948 sorprendió a todos ganando la medalla de oro</p><p class="subtitle">Más historias - La tragedia de Kokichi Tsuburaya, el medallista olímpico demasiado cansado para seguir corriendo</p></div><p class="article-text">
        La ilusi&oacute;n de Karoly Takacs de disputar unos Juegos Ol&iacute;mpicos pareci&oacute; esfumarse el d&iacute;a que una granada le explot&oacute; en la mano. Hasta ese momento, el militar h&uacute;ngaro era uno de los mejores tiradores del pa&iacute;s en la modalidad de pistola r&aacute;pida. Un par de a&ntilde;os antes del incidente, en 1936, hab&iacute;a intentado participar en los <a href="https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/imposible-triunfo-luz-long-favorito-hitler-juegos-olimpicos-berlin-1936_1_8154457.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juegos Ol&iacute;mpicos de Berl&iacute;n</a>, pero se top&oacute; con la rigidez del sistema de selecci&oacute;n de Hungr&iacute;a. Solo los militares con rango de oficial ten&iacute;an permitido acudir a las Olimpiadas en la disciplina de tiro ol&iacute;mpico. Takacs era un simple sargento.
    </p><p class="article-text">
        Justo despu&eacute;s de los Juegos de Berl&iacute;n, el Comit&eacute; Ol&iacute;mpico H&uacute;ngaro aboli&oacute; esta restricci&oacute;n. Una gran noticia para Takacs, que fij&oacute; entonces su objetivo en los siguientes Juegos Ol&iacute;mpicos, fechados para 1940. Todo se desmoron&oacute; cuando, realizando unas maniobras militares en 1938, una granada defectuosa explot&oacute; de forma imprevista, destroz&aacute;ndole la mano derecha y los sue&ntilde;os ol&iacute;mpicos.
    </p><h3 class="article-text">Aprender a disparar de nuevo</h3><p class="article-text">
        Karoly Takacs estuvo un mes en el hospital, recuper&aacute;ndose de las heridas y preso del abatimiento. Sin su mano derecha, la buena, la que utilizaba para agarrar el arma y disparar, su carrera deportiva estaba finiquitada. Al salir del sanatorio, fue su entrenador Laszlo Torok el que le dio la clave que cambiar&iacute;a su futuro: &ldquo;Puedes aprender a disparar con la mano izquierda&rdquo;. Parec&iacute;a una locura, pero Karoly se puso a ello. No ten&iacute;a nada que perder. Poco a poco, en secreto, fue perfeccionando el estilo y su destreza con la zurda fue mejorando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un a&ntilde;o despu&eacute;s del accidente, se present&oacute; en el Campeonato de Hungr&iacute;a de tiro. Todos sus contrincantes se alegraron de volverlo a ver y le mostraron su simpat&iacute;a y solidaridad. Supon&iacute;an que estaba all&iacute; para presenciar el concurso y mostrar su aliento a sus antiguos compa&ntilde;eros y rivales. &ldquo;No he venido a mirar, he venido a competir&rdquo;, dijo Takacs para asombro de todos. Llevaba tiempo sin dejarse ver y nadie sab&iacute;a a lo que hab&iacute;a dedicado los &uacute;ltimos meses, pero no tardaron mucho en descubrirlo. Para sorpresa de todos, Karoly Takacs cogi&oacute; el arma con la mano izquierda y mostr&oacute; una precisi&oacute;n prodigiosa. Venci&oacute; a todos sus contrincantes. En un a&ntilde;o escaso, hab&iacute;a aprendido a disparar de nuevo. Con la mano derecha, no ten&iacute;a rival en Hungr&iacute;a; con la izquierda, tampoco.
    </p><p class="article-text">
        La rendija de los Juegos Ol&iacute;mpicos se volv&iacute;a a abrir para Takacs, pero entonces otro imponderable vino a cruzarse entre el olimpismo y &eacute;l. El 1 de septiembre de 1939, Alemania invad&iacute;a Polonia, dando origen a la Segunda Guerra Mundial. Como consecuencia de la contienda, el COI se vio obligado a cancelar la cita ol&iacute;mpica, que se tendr&iacute;a que haber celebrado en Helsinki en el verano de 1940. Primero fueron las restrictivas normas del ej&eacute;rcito de su pa&iacute;s. M&aacute;s tarde, un accidente que lo mutil&oacute; y amenaz&oacute; con alejarlo del deporte para siempre. Finalmente, nada menos que una guerra mundial. Parec&iacute;a que en el destino de Karoly Takacs no estaba escrito disputar unos Juegos.
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Estoy aqu&iacute; para aprender&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Pero Takacs no se rindi&oacute;. Si hab&iacute;a superado la amputaci&oacute;n de la mano que usaba para disparar, podr&iacute;a sobreponerse a cualquier obst&aacute;culo. Sigui&oacute; ganando campeonatos nacionales, ya totalmente habituado a disparar con la izquierda. Los a&ntilde;os pasaron, la guerra termin&oacute; y el COI decidi&oacute; retomar los Juegos en 1948. El deportista h&uacute;ngaro ten&iacute;a ya 38 a&ntilde;os, una edad demasiado avanzada para luchar contra los nuevos fen&oacute;menos de la disciplina. Entre unas cosas y otras, los mejores a&ntilde;os de su carrera deportiva se hab&iacute;an esfumado. No obstante, Takacs particip&oacute; en las pruebas de su pa&iacute;s y se gan&oacute; el billete para los Juegos. 12 a&ntilde;os despu&eacute;s de la decepci&oacute;n de Berl&iacute;n, Karoly por fin iba a vivir la experiencia ol&iacute;mpica en Londres.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de las victorias en su pa&iacute;s, no parec&iacute;a sensato considerar al deportista h&uacute;ngaro como aspirante a medalla. El gran favorito en la disciplina era el argentino Carlos Enrique D&iacute;az Saez Valiente, quien pregunt&oacute; a Takacs para qu&eacute; hab&iacute;a acudido a Londres. &ldquo;He venido a aprender&rdquo;, respondi&oacute; el h&uacute;ngaro. La competici&oacute;n demostr&oacute; otra cosa. Viejo y mutilado, Takacs derrot&oacute; a Carlos Enrique D&iacute;az y al resto de rivales, estableciendo un nuevo r&eacute;cord del mundo. A la postre, fue el argentino quien aprendi&oacute; algo en los Juegos de Londres.
    </p><p class="article-text">
        El tirador h&uacute;ngaro ya ten&iacute;a su oro, pero su sed ol&iacute;mpica no se hab&iacute;a saciado. Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, volvi&oacute; a los Juegos de Helsinki y repiti&oacute; medalla de oro. Se convirti&oacute; en el primer hombre en ganar dos t&iacute;tulos ol&iacute;mpicos en la disciplina. Todav&iacute;a tuvo tiempo para competir en Melbourne 56. Ten&iacute;a ya 46 a&ntilde;os y acab&oacute; en octavo lugar. Al terminar sus terceros Juegos, se retir&oacute; para dedicarse a entrenar. La historia entre Takacs y el olimpismo empez&oacute; como un amor imposible y termin&oacute; siendo un idilio de largo aliento.
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                George Eyser, en el centro de la imagen con pantalón largo, ganó seis medallas en los Juegos de Saint Louis de 1904.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Seis medallas con una pierna de madera</h3><p class="article-text">
        Karoly Takacs no era el primer campe&oacute;n ol&iacute;mpico que hab&iacute;a tenido que sobreponerse a la amputaci&oacute;n de un miembro. Hay que remontarse a los albores del olimpismo moderno para descubrir la historia de George Eyser. Estadounidense de origen alem&aacute;n, Eyser trabajaba como contable en San Luis (Missouri) a principios del siglo XX. Despu&eacute;s de perder una pierna en un accidente de tren, Eyser empez&oacute; a practicar gimnasia con el objetivo de fortalecer la parte superior de su cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se enter&oacute; de la celebraci&oacute;n de los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1904 en su ciudad, San Luis, se propuso participar en el evento. Con una pr&oacute;tesis de madera, bastante sofisticada para la &eacute;poca, Eyser particip&oacute; en diez disciplinas gimn&aacute;sticas y consigui&oacute; seis medallas. Se colg&oacute; tres oros en barras paralelas, salto de potro y escalada de cuerda, una peculiar especialidad que desapareci&oacute; del programa ol&iacute;mpico en 1932. Tambi&eacute;n pesc&oacute; dos platas (caballo con arcos y concurso individual) y un bronce (barra fija), todo ello en el mismo d&iacute;a. Solo el tambi&eacute;n gimnasta Anton Heida consigui&oacute; tantos metales como &eacute;l en aquellos Juegos de San Luis.
    </p><p class="article-text">
        En 1960 el neur&oacute;logo brit&aacute;nico Ludwig Guttman fund&oacute; los Juegos Paral&iacute;mpicos con el objetivo de ayudar a sus pacientes a reintegrarse en la sociedad. Guttman estaba convencido de que el deporte era una terapia id&oacute;nea para ellos, tanto f&iacute;sica como mentalmente. Takacs y Eyger seguramente podr&iacute;an dar fe de ello. Ninguno lleg&oacute; a tiempo para participar en la competici&oacute;n concebida por Guttman, pero ambos lucharon contra sus limitaciones y vencieron obst&aacute;culos que parec&iacute;an insalvables para triunfar en sus respectivos deportes. Se rebelaron contra un futuro que parec&iacute;a escrito.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/campeo-n-oli-mpico-pierna-madera-mano-amputada-juegos-paralimpicos_1_8181805.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 29 Jul 2021 20:37:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ser campeón olímpico con una pierna de madera o una mano amputada (antes de los Juegos Paralímpicos)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos,Diversidad funcional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tragedia de Kokichi Tsuburaya, el medallista olímpico demasiado cansado para seguir corriendo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/tragedia-kokichi-tsuburaya-medallista-oli-mpico-cansado-seguir-corriendo_1_8177882.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b3b7172-ee3a-4913-a559-b3eb53f31d83_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025262.jpg" width="2634" height="1482" alt="La tragedia de Kokichi Tsuburaya, el medallista olímpico demasiado cansado para seguir corriendo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras correr 42 kilómetros, Tsuburaya entró en el Estadio Olímpico de Tokio en los Juegos de 1964 ante la algarabía del público local minutos después de Abebe Bikila, que ya celebraba el oro. Pero el atleta japonés se vio superado en la última curva por el británico Basil Hatley. Tres años más tarde se quitó la vida aferrado a su medalla de bronce</p><p class="subtitle">Más temas - Alice Milliat, la mujer que inyectó feminismo al deporte olímpico</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de correr 42 kil&oacute;metros, Kokichi Tsuburaya entr&oacute; en el Estadio Ol&iacute;mpico de <a href="https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/tokio-inaugura-juegos-olimpicos-dudas-machismo-contagios_1_8155829.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tokio </a>ante la algarab&iacute;a del p&uacute;blico local. Minutos antes hab&iacute;a hecho su aparici&oacute;n Abebe Bikila, que ya se encontraba celebrando el oro con su habitual sobriedad. Tsuburaya sent&iacute;a en el cogote el aliento del brit&aacute;nico Basil Hatley, que irrumpi&oacute; en el estadio justo detr&aacute;s e inici&oacute; una ag&oacute;nica persecuci&oacute;n por la cuerda de la pista. Incapaz de resistir el empuje final de Hatley, el atleta japon&eacute;s se vio superado en la curva previa a la l&iacute;nea de meta. Mientras la muchedumbre celebraba el bronce como si de un oro se tratara, Kokichi Tsuburaya se lamentaba y maldec&iacute;a su suerte.
    </p><p class="article-text">
        Tres a&ntilde;os&nbsp;y medio m&aacute;s tarde, Tsuburaya apareci&oacute; sobre un charco de sangre, con la car&oacute;tida seccionada por una cuchilla de afeitar. Lo encontraron sus compa&ntilde;eros de equipo en el cuarto de ba&ntilde;o. En la mano ten&iacute;a agarrada su medalla de bronce y en la mesilla hallaron una nota con su mensaje final: &ldquo;Estoy demasiado cansado para seguir corriendo&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Tokio 1964: Jap&oacute;n se reconcilia con el mundo</h3><p class="article-text">
        Tokio tendr&iacute;a que haber sido la sede de los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1940, pero la invasi&oacute;n japonesa de China cambi&oacute; la decisi&oacute;n del COI, que movi&oacute; el evento a Helsinki. La<a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/carlossosa/canarios-segunda-guerra-mundial_132_4605930.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Segunda Guerra Mundial</a> desbarat&oacute; finalmente los planes del COI y de la humanidad, y aquellos Juegos quedaron en el limbo. Terminada la guerra y superada la posguerra, Jap&oacute;n volvi&oacute; a intentarlo y Tokio fue designada sede de la edici&oacute;n de 1964.
    </p><p class="article-text">
        El evento supon&iacute;a una reivindicaci&oacute;n para una naci&oacute;n que intentaba abrirse al mundo despu&eacute;s de los duros a&ntilde;os posteriores a la guerra, durante los cuales hab&iacute;a tenido que sobrellevar la ocupaci&oacute;n aliada. Tokio 64 era un paso m&aacute;s para su integraci&oacute;n a la comunidad internacional, una oportunidad para la reconciliaci&oacute;n con el resto de la humanidad de un pa&iacute;s orgulloso pero avergonzado. Jap&oacute;n ten&iacute;a claro que los Juegos ten&iacute;an que ser un &eacute;xito organizativo, pero tambi&eacute;n deportivo. Para ello se estableci&oacute; un avanzado plan de entrenamiento para todos aquellos atletas con opciones de brillar en la cita.
    </p><p class="article-text">
        Uno de ellos era el atleta Kokichi Tsuburaya, que llegaba a los Juegos con 24 a&ntilde;os. Aunque no era el maratoniano m&aacute;s c&eacute;lebre de su pa&iacute;s, lugar reservado para Toru Teresawa, que hab&iacute;a ostentado el r&eacute;cord del mundo durante cuatro meses en 1963, Tsuburaya llegaba a los Juegos en un momento de forma id&oacute;neo y entraba dentro del ramillete de aspirantes que pod&iacute;a dar la sorpresa.
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                    alt="Abebe Bikila (oro), Basil Hatley (plata) y Kokichi Tsuburaya (bronce), en el podio de la maratón de los Juegos de Tokio 1964."
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                Abebe Bikila (oro), Basil Hatley (plata) y Kokichi Tsuburaya (bronce), en el podio de la maratón de los Juegos de Tokio 1964.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">La &uacute;ltima curva</h3><p class="article-text">
        Como mandan los c&aacute;nones del olimpismo, el marat&oacute;n era la prueba que cerraba el calendario ol&iacute;mpico de Tokio. Jap&oacute;n hab&iacute;a conseguido hasta ese momento el apreciable bot&iacute;n de 28 medallas, pero ning&uacute;n nip&oacute;n hab&iacute;a subido al podio en el deporte rey de los Juegos, el atletismo. El gran favorito para la prueba era el et&iacute;ope Abebe Bikila, que hab&iacute;a triunfado cuatro a&ntilde;os antes en Roma, sorprendiendo al mundo al correr la prueba descalzo. Sin embargo, Bikila hab&iacute;a sido operado de apendicitis 40 d&iacute;as antes de la competici&oacute;n, por lo que su estado de forma era una inc&oacute;gnita y el abanico de favoritos quedaba abierto.
    </p><p class="article-text">
        La duda qued&oacute; despejada cuando Bikila, esta vez con zapatillas, se lanz&oacute; en solitario y lleg&oacute; al estadio ol&iacute;mpico muy destacado del resto de participantes, destrozando el r&eacute;cord del mundo. Cuatro minutos despu&eacute;s de la llegada del et&iacute;ope, hizo su aparici&oacute;n Kokichi Tsuburaya, ante el delirio del p&uacute;blico que llenaba el estadio. Pisando sus talones, entr&oacute; Basil Hatley. Metro a metro, el europeo intentaba acercarse a Tsuburaya, en medio del ardor de las 75.000 almas que empujaban al japon&eacute;s en su esfuerzo. Eran dos cuerpos corriendo al l&iacute;mite de sus fuerzas. Justo antes de entrar en la &uacute;ltima curva, Hatley hizo un &uacute;ltimo esfuerzo, apret&oacute; la carrera y super&oacute; a Tsuburaya, que enfil&oacute; la recta de meta desfallecido.
    </p><p class="article-text">
        Al cruzar la l&iacute;nea, Kokichi cay&oacute; de rodillas e hinc&oacute; la cabeza en el suelo. El p&uacute;blico, contento por haber presenciado un gran espect&aacute;culo, festejaba la medalla de bronce de su compatriota, primera del atletismo nip&oacute;n desde 1936, pero Tsuburaya estaba hundido, y no solo f&iacute;sicamente. A pesar de su excelente rendimiento, haber sido superado en la &uacute;ltima curva, con la meta tan cerca, delante de una multitud que lo aclamaba, supon&iacute;a para &eacute;l una humillaci&oacute;n. &ldquo;He avergonzado a mi pa&iacute;s p&uacute;blicamente y s&oacute;lo obtendr&eacute; su perd&oacute;n si gano el marat&oacute;n de M&eacute;xico 68&rdquo;, afirm&oacute; el atleta.
    </p><h3 class="article-text">La soledad del corredor de fondo</h3><p class="article-text">
        Desde ese momento, los siguientes Juegos Ol&iacute;mpicos pasaron a ser el &uacute;nico objetivo de Tsuburaya y vengar esa &uacute;ltima curva se convirti&oacute; en la raz&oacute;n de su vida. Kokichi Tsuburaya se obsesion&oacute; con reparar la humillaci&oacute;n sufrida en esa &uacute;ltima vuelta al Estadio Ol&iacute;mpico de Tokio. Una humillaci&oacute;n que solamente exist&iacute;a en su cabeza. Su desmesurado sentido del honor le atormentaba. De cara a los Juegos de M&eacute;xico, los t&eacute;cnicos del equipo japon&eacute;s le programaron un concienzudo plan de entrenamiento, que inclu&iacute;a largas concentraciones alejado de su familia. Tuvo que anular su boda, programada para 1966, y pasaba temporadas extensas sin ver a su pareja.
    </p><p class="article-text">
        El programa era agotador, pero el objetivo merec&iacute;a la pena. Todo empez&oacute; a torcerse a mediados de 1967. La lumbalgia cr&oacute;nica que padec&iacute;a se acrecent&oacute; y tuvo que pasar un par de meses en el hospital. Cuando sali&oacute;, regres&oacute; a los entrenamientos, pero las piernas no respond&iacute;an como antes. Peque&ntilde;as lesiones lo mortificaban. A falta de pocos meses para alcanzar la meta a la que hab&iacute;a consagrado los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os de su vida, su cuerpo le enviaba mensajes alarmantes. Kokichi se encontraba bloqueado f&iacute;sica y mentalmente.
    </p><p class="article-text">
        La ma&ntilde;ana del 9 de enero de 1968, Kokichi Tsuburaya no acudi&oacute; a desayunar junto a sus compa&ntilde;eros de concentraci&oacute;n. Extra&ntilde;ados, acudieron a su habitaci&oacute;n para comprobar qu&eacute; suced&iacute;a. En el cuarto de ba&ntilde;o encontraron a Kokichi yacente sobre un charco de sangre. Se hab&iacute;a cortado la garganta con una cuchilla de afeitar. Su mano aferraba la medalla lograda en Tokio y sobre la mesilla de su cuarto encontraron una nota con sus &uacute;ltimas palabras. &ldquo;Siento mucho crear problemas a mis instructores. Os deseo &eacute;xito en M&eacute;xico&rdquo;. Y una confesi&oacute;n desoladora: &ldquo;Estoy demasiado cansado para seguir corriendo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A solo unos meses de participar en sus segundos Juegos Ol&iacute;mpicos, Kokichi Tsuburaya no pudo m&aacute;s. Se cans&oacute; de la presi&oacute;n, de las expectativas y del honor. Se cans&oacute; de las concentraciones, de las lesiones, de sentirse humillado en vez de feliz, de notar sobre sus hombros el peso de un pa&iacute;s. A los 27 a&ntilde;os, Kokichi Tsuburaya estaba demasiado cansado para seguir corriendo. Demasiado cansado para seguir viviendo.
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      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/tragedia-kokichi-tsuburaya-medallista-oli-mpico-cansado-seguir-corriendo_1_8177882.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Jul 2021 20:10:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La tragedia de Kokichi Tsuburaya, el medallista olímpico demasiado cansado para seguir corriendo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alice Milliat, la mujer que inyectó feminismo al deporte olímpico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/alice-milliat-mujer-inyecto-feminismo-deporte-oli-mpico_1_8174245.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/75227d8f-60ba-4342-bfa5-9cff9a404998_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025156.jpg" width="599" height="337" alt="Alice Milliat, la mujer que inyectó feminismo al deporte olímpico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Impulsó la creación en 1921 de la Federación Femenina de Deporte Internacional que organizó unos Juegos Olímpicos Femeninos en 1922 y se enfrentó a la negativa del barón de Coubertin a admitir mujeres en este evento</p><p class="subtitle">De la gloria olímpica a un campo de refugiados, la vida del ugandés John Akii Bua</p></div><p class="article-text">
        Cuando Pierre de Coubertin plane&oacute; recuperar las Olimpiadas de la antigua Grecia, su filosof&iacute;a siempre fue la de mantener, en la medida de lo posible, el esp&iacute;ritu de las mismas. En la Olimpia cl&aacute;sica, la competici&oacute;n atl&eacute;tica estaba reservada exclusivamente al sexo masculino, y la mujer ni siquiera ten&iacute;a permitido el acceso al estadio. Al trasladar los Juegos a la modernidad, Coubertin desech&oacute; la segunda norma, pero mantuvo la primera. El bar&oacute;n era un firme partidario de mantener la actividad femenina al margen del programa ol&iacute;mpico, como hab&iacute;a sucedido en los Juegos primigenios. Quiz&aacute;s no repar&oacute; en que, entre unas <a href="https://www.eldiario.es/red/que-es/olimpiada-popular-barcelona-alternativa-jjoo-nazis-desbarato-guerra-civil_1_8171800.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Olimpiadas </a>y otras, hab&iacute;an transcurrido m&aacute;s de dos milenios.
    </p><p class="article-text">
        El hombre cuya audacia permiti&oacute; impulsar los Juegos Ol&iacute;mpicos ten&iacute;a unas opiniones bastante reaccionarias respecto del deporte femenino. Coubertin afirmaba que una mujer practicando deporte era &ldquo;la m&aacute;s antiest&eacute;tica imagen que los ojos humanos pueden contemplar&rdquo;, y consideraba que su misi&oacute;n dentro del olimpismo deb&iacute;a limitarse a aplaudir y coronar a los campeones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Quedan inaugurados los Juegos Ol&iacute;mpicos Femeninos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Entre la mentalidad de la &eacute;poca y el deseo de guardar el esp&iacute;ritu de las Olimpiadas originales, las primeras ediciones de los Juegos tuvieron una participaci&oacute;n femenina muy exigua, ce&ntilde;ida a casos puntuales y deportes muy concretos. Ya en los a&ntilde;os 20, continuaba siendo testimonial, limitada a esgrima, nataci&oacute;n, h&iacute;pica, tenis y poco m&aacute;s. El atletismo y la gimnasia eran consideradas actividades impropias para la mujer. En este contexto, surgi&oacute; una figura que result&oacute; decisiva para dar impulso al deporte femenino y luchar por su inclusi&oacute;n en el olimpismo. Esa persona fue la francesa Alice Milliat, traductora de profesi&oacute;n, luchadora por el sufragio femenino y activista incansable por la participaci&oacute;n de la mujer en el deporte.
    </p><p class="article-text">
        Enamorada desde su juventud de la actividad f&iacute;sica (practic&oacute; remo, nataci&oacute;n y hockey), Milliat milit&oacute; desde muy joven en organizaciones deportivas feministas. La francesa se convirti&oacute; en un dolor de cabeza continuo para Pierre de Coubertin al solicitar repetidamente la inclusi&oacute;n de la mujer en los Juegos. Ante las sucesivas negativas, Milliat impuls&oacute; la creaci&oacute;n en 1921 de la Federaci&oacute;n Femenina de Deporte Internacional (FSFI en sus siglas en franc&eacute;s), en la que ocup&oacute; el cargo de presidenta.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo organismo se fij&oacute; como misi&oacute;n supervisar el deporte femenino internacional y su primera medida fue organizar unos Juegos Ol&iacute;mpicos Femeninos en 1922. 20.000 personas acudieron al Stade Pershing de Par&iacute;s para presenciar la competici&oacute;n. Durante una sola jornada, deportistas de Francia, Reino Unido, Checoslovaquia, Suiza y Estados Unidos compitieron en doce disciplinas atl&eacute;ticas. La buena acogida de la iniciativa foment&oacute; un debate cada vez m&aacute;s pujante, tanto a pie de calle como en los cen&aacute;culos del mundo del deporte.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Un acuerdo de compromiso</strong></h3><p class="article-text">
        En 1925, el belga Henri de Baillet-Latour sustituy&oacute; a Coubertin al frente del COI. Aunque su labor para modernizar la arcaica burocracia ol&iacute;mpica fue notable, hab&iacute;a dos aspectos en los que era tan conservador como su predecesor: el amateurismo, <a href="https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/jim-thorpe-suen-oli-mpicos-truncados-nombre-amateurismo_1_8159951.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que tantas carreras ol&iacute;mpicas frustr&oacute;</a>, y la participaci&oacute;n femenina. No obstante, en vista del clamor popular y temiendo que el &eacute;xito de los Juegos Femeninos terminara provocando un cisma en el seno del olimpismo, los mandamases del deporte se vieron obligados a mover ficha. J. Sigfrig Edstr&ouml;m, presidente de la Federaci&oacute;n Internacional de Atletismo (IAAF), ofreci&oacute; a la FSFI acogerla dentro de su organizaci&oacute;n. De esta manera, se aseguraba un cierto control sobre la federaci&oacute;n d&iacute;scola a cambio de ciertas concesiones. No era la situaci&oacute;n ideal, pero supon&iacute;a introducir una cu&ntilde;a en el movimiento ol&iacute;mpico, y Milliat, negociadora implacable pero astuta, no desaprovech&oacute; la ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una de las exigencias de la IAAF era eliminar de los Juegos Femeninos cualquier menci&oacute;n al olimpismo. As&iacute;, en 1926 se celebr&oacute; en Gotemburgo la segunda edici&oacute;n, ahora renombrados como Juegos Mundiales Femeninos, con ocho pa&iacute;ses participantes y una aceptaci&oacute;n a&uacute;n mayor que la cosechada cuatro a&ntilde;os antes en Par&iacute;s. El movimiento era imparable.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, el COI y la IAAF no tuvieron m&aacute;s remedio que incluir atletismo femenino en el programa de los Juegos de Amsterdam 1928. De momento, era una representaci&oacute;n escasa, limitada a solo cinco pruebas (100 m, 4x100 m, 800 m, salto de altura y lanzamiento de disco), pero supon&iacute;a un principio. A pesar de la cesi&oacute;n del COI, Milliat decidi&oacute; seguir adelante con los Juegos Mundiales Femeninos. A la vez que trabajaba dentro de las instancias ol&iacute;mpicas para asegurar m&aacute;s participaci&oacute;n femenina en cada edici&oacute;n de los Juegos, Milliat segu&iacute;a ejerciendo presi&oacute;n desde fuera. La estrategia funcion&oacute;. La repercusi&oacute;n de los Juegos Mundiales Femeninos crec&iacute;a con cada edici&oacute;n: en Praga 1930 participaron 17 pa&iacute;ses y en Londres 1934 se ampli&oacute; a 19. En esta &uacute;ltima edici&oacute;n se a&ntilde;adi&oacute; el baloncesto como complemento del atletismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gracias a Milliat y la FSFI, la resistencia inicial del olimpismo estaba vencida, pero quedaban todav&iacute;a muchos obst&aacute;culos que superar. En los Juegos de 1928, Linda Radke y Kinue Hitomi libraron un apretado sprint para dirimir el oro en la recta final de los 800 metros. Tras cruzar la meta, ambas cayeron al suelo exhaustas. Aunque un desfallecimiento tampoco era algo inusual en el deporte masculino, el hecho fue aprovechado para limitar, en nombre de la ciencia, la distancia que las mujeres pod&iacute;an completar. No hubo carreras femeninas de m&aacute;s de 200 metros hasta Roma 1960, m&aacute;s de 30 a&ntilde;os despu&eacute;s.
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            <span class="title">
                Portada del libro &#039;La pasionaria du sport féminin&#039;, biografía de Alice Milliat, de André Drevon, con prólogo de Anne Hidalgo, alcaldesa de París.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">El largo camino hacia la igualdad</h3><p class="article-text">
        En las siguientes ediciones de los Juegos Ol&iacute;mpicos m&aacute;s disciplinas fueron incluidas paulatinamente dentro del calendario atl&eacute;tico femenino, adem&aacute;s de ampliar la representaci&oacute;n a deportes inicialmente prohibidos como la gimnasia, presente desde 1928 por equipos, pero cuyas pruebas individuales no fueron admitidas hasta 1950. En 1936, integrado ya el atletismo femenino plenamente en el seno de la IAAF, la FSFI ces&oacute; sus actividades. Aunque a&uacute;n hab&iacute;a un largo trecho por transitar, esa lucha ten&iacute;a que ser librada desde dentro.
    </p><p class="article-text">
        En reconocimiento a la labor de Alice Milliat, el pasado 8 de marzo, D&iacute;a Internacional de la Mujer, se inaugur&oacute; una estatua en su honor en la Casa del Deporte de Francia, sede del Comit&eacute; Ol&iacute;mpico galo. La imagen est&aacute; ubicada a la entrada del edificio, donde comparte espacio con otra de Pierre de Coubertin. Iron&iacute;as del destino, despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os de lucha soterrada entre ambos, han terminado juntos para siempre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/alice-milliat-mujer-inyecto-feminismo-deporte-oli-mpico_1_8174245.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jul 2021 20:32:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alice Milliat, la mujer que inyectó feminismo al deporte olímpico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos,Feminismo,Deportes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la gloria olímpica a un campo de refugiados, la vida del ugandés John Akii Bua]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/gloria-oli-mpica-campo-refugiados-vida-ugande-s-john-akii-bua_1_8171086.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f66eeb35-168b-4a2c-98f2-6477e6dd27fb_16-9-discover-aspect-ratio_default_1025081.jpg" width="2995" height="1685" alt="De la gloria olímpica a un campo de refugiados, la vida del ugandés John Akii Bua"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Primer campeón en la historia de Uganda en Munich 72, plusmarquista mundial de los 400 metros vallas, primer hombre en bajar de los 48 segundos, acabó huyendo con su familia de las tropas del dictador Idi Amín durante la guerra con Tanzania en 1979</p><p class="subtitle">Más temas - El viaje de Clara Thalmann a las Olimpiadas contra el nazismo de 1936 en Barcelona</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Yo soy un atleta. Nunca antes me he sentido tan miserable. No se imaginan c&oacute;mo es la situaci&oacute;n en mi pa&iacute;s&rdquo;. Nadie podr&iacute;a imaginar que la persona que pronunciaba esas palabras ante una c&aacute;mara de televisi&oacute;n, desde un<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/kenia-refugiados-territorio-abandonen-urbanas_1_5533303.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> campo de refugiados</a> de Kenia, hab&iacute;a sido el primer campe&oacute;n ol&iacute;mpico en la historia de Uganda, plusmarquista mundial de los 400 metros vallas, el primer hombre en la historia en bajar de los 48 segundos. Hab&iacute;an pasado solo siete a&ntilde;os desde los Juegos de Munich 72, pero parec&iacute;a otra vida. John Akii-Bua conoci&oacute; lo que era tocar el cielo, pero tambi&eacute;n supo qu&eacute; se sent&iacute;a al caer al abismo. Vivir en una naci&oacute;n que soporta el yugo de un dictador sanguinario no es sencillo para nadie, ni siquiera para el mejor atleta de la historia del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Akii-Bua hab&iacute;a triunfado en M&uacute;nich para sorpresa de todos. Nadie apostaba por la victoria de un semidesconocido atleta ugand&eacute;s, y menos a&uacute;n por la derrota del brit&aacute;nico David Hemery, campe&oacute;n ol&iacute;mpico cuatro a&ntilde;os atr&aacute;s en M&eacute;xico y r&eacute;cord mundial de la distancia. Para colmo, el africano tuvo que afrontar la final desde el carril interior, odiado por cualquier corredor de 400. La victoria en M&uacute;nich fue el c&eacute;nit de una carrera que hab&iacute;a empezado a&ntilde;os atr&aacute;s, en el equipo de atletismo de la polic&iacute;a de su pa&iacute;s, cuerpo al que Akii-Bua se hab&iacute;a unido huyendo de la pobreza.
    </p><h3 class="article-text">El hombre que cambi&oacute; el atletismo ugand&eacute;s</h3><p class="article-text">
        Es de justicia atribuir gran parte de la victoria de Akii-Bua al brit&aacute;nico Malcolm Arnold, su entrenador, confidente y amigo. Arnold hab&iacute;a llegado a Uganda a principios de 1968, despu&eacute;s de contestar un anuncio de la Federaci&oacute;n Ugandesa de Atletismo, que buscaba entrenador para su equipo ol&iacute;mpico de atletismo. El joven viaj&oacute; desde Bristol a Kamala, donde encontr&oacute; unas instalaciones precarias y unos m&eacute;todos de entrenamiento obsoletos, pero tambi&eacute;n mucho talento por pulir. Su llegada modific&oacute; para siempre la historia del atletismo del pa&iacute;s africano. Entre sus muchos m&eacute;ritos, ninguno como convertir a un mediocre corredor de 110 metros vallas en el mejor del mundo en los 400 metros vallas.
    </p><p class="article-text">
        Corriendo los 110 vallas, Akii-Bua no hab&iacute;a conseguido la clasificaci&oacute;n para los Juegos de M&eacute;xico 68. Arnold atisb&oacute; entonces un futuro diferente para su pupilo. El preparador hab&iacute;a estudiado las cualidades de Akii-Bua y consideraba que su talento se pod&iacute;a aprovechar mejor en la distancia larga, donde pod&iacute;a exprimir su resistencia. En un primer momento, el corredor no se mostr&oacute; muy feliz con el cambio, pero los resultados dieron la raz&oacute;n al entrenador. Bajo la tutela de Arnold, Akii-Bua lleg&oacute; a M&uacute;nich 72 como un atleta del mont&oacute;n y sali&oacute; convertido en una leyenda del deporte.
    </p><p class="article-text">
        Al regreso de M&uacute;nich, el campe&oacute;n ol&iacute;mpico fue recibido como un h&eacute;roe por el presidente Idi Amin. El dictador, que hab&iacute;a accedido al poder mediante un golpe de estado en 1971, ascendi&oacute; a Akii-Bua en el escalaf&oacute;n del cuerpo de polic&iacute;a, le regal&oacute; una casa, puso su nombre a una calle y utiliz&oacute; su celebridad para lavar la imagen de su sangriento r&eacute;gimen. Mientras John era agasajado, Idi Amin ejerc&iacute;a el terror sobre el pa&iacute;s. La tribu de la que proven&iacute;a el campe&oacute;n, los langi, fueron los principales destinatarios de la c&oacute;lera del tirano. Tres de los hermanos de Akii-Bua fueron asesinados. Solo la celebridad salv&oacute; al atleta de la persecuci&oacute;n &eacute;tnica que sufrieron sus iguales. John solo pod&iacute;a continuar corriendo para salvarse. Su medalla de oro era su salvoconducto, pero no sab&iacute;a durante cu&aacute;nto tiempo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Akii-Bua rodeado de periodistas tras su inesperado triunfo en Munich 72.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">El boicot a Montreal</h3><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de los Juegos de M&uacute;nich, Malcolm Arnold dej&oacute; el equipo ugand&eacute;s y regres&oacute; a Inglaterra. Sin su gu&iacute;a y amigo, Akii-Bua consagr&oacute; sus esfuerzos a la siguiente cita ol&iacute;mpica, los Juegos de Montreal de 1976. El sacrificio fue en balde, porque un boicot de &uacute;ltima hora le impidi&oacute; defender el oro en la ciudad canadiense. La mayor&iacute;a de pa&iacute;ses africanos hab&iacute;a exigido al COI la expulsi&oacute;n de los Juegos de Nueva Zelanda, cuya selecci&oacute;n de rugby hab&iacute;a participado en una gira por Sud&aacute;frica en pleno apartheid. El COI no atendi&oacute; la petici&oacute;n y los Juegos de Montreal se disputaron sin la participaci&oacute;n de 24 pa&iacute;ses africanos. La ausencia de Uganda impidi&oacute; al mundo contemplar el duelo entre John Akii-Bua y su sucesor, el legendario Edwin Moses, que gan&oacute; el oro y bati&oacute; el r&eacute;cord que el atleta ugand&eacute;s hab&iacute;a establecido cuatro a&ntilde;os atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, Idi Amin prosegu&iacute;a su escalada de violencia y represi&oacute;n, cada vez m&aacute;s cruel. El prestigio de Akii-Bua no le impidi&oacute; sufrir el car&aacute;cter caprichoso e implacable del tirano. Ya hab&iacute;an pasado unos a&ntilde;os desde su haza&ntilde;a en M&uacute;nich, y los privilegios adquiridos por ella empezaban a prescribir. Idi Amin prohibi&oacute; al deportista viajar, incluso para competir en el extranjero. Si alguna vez le permit&iacute;a salir del pa&iacute;s, impon&iacute;a que su mujer y sus tres hijos se quedaran en Kampala para evitar tentaciones de evasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Frustrado por no haber podido defender su t&iacute;tulo ol&iacute;mpico en Montreal, preso en su propio pa&iacute;s, consciente del car&aacute;cter cada vez m&aacute;s violento de su presidente y afligido por la limpieza &eacute;tnica ejercida contra los suyos, el esp&iacute;ritu de Akii-Bua se fue socavando. Empez&oacute; a beber y a fumar en exceso. El atletismo pas&oacute; a un segundo plano.
    </p><h3 class="article-text">Al final de la escapada</h3><p class="article-text">
        Ebrio de megaloman&iacute;a, Idi Amin declar&oacute; la guerra a Tanzania en 1979, lo cual terminar&iacute;a suponiendo su derrocamiento. En medio del caos reinante, Akii-Bua tem&iacute;a a las tropas de Idi Amin, cuyo comportamiento cada vez era m&aacute;s err&aacute;tico, pero tambi&eacute;n las represalias de su propia gente, que podr&iacute;a acusarlo de connivencia con el r&eacute;gimen que se desmoronaba. Atrapado en una situaci&oacute;n sin salida, Akii-Bua decidi&oacute; abandonar Kampala con su mujer embarazada y sus hijos. Debido al ajetreo de la huida, su mujer dio a luz a un beb&eacute; prematuro que no sobrevivi&oacute;. Finalmente, la familia acab&oacute; en un campo de refugiados de Kenia. All&iacute; fue donde un equipo de televisi&oacute;n brit&aacute;nica film&oacute;, abatido y desesperado, al atleta m&aacute;s grande de la historia de Uganda.
    </p><p class="article-text">
        Las im&aacute;genes de Akii-Bua fueron vistas por Armin Dassler, director de la marca deportiva Puma. Conmovido por las palabras del deportista ugand&eacute;s, y recordando que el atleta africano hab&iacute;a ganado el oro en M&uacute;nich calzando unas Puma, se las arregl&oacute; para conseguir asilo pol&iacute;tico en Alemania para John y su familia. Akii-Bua llevaba tres a&ntilde;os sin entrenar con regularidad, pero lleg&oacute; a tiempo para acudir a los Juegos de Mosc&uacute; en 1980. Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, ten&iacute;a la oportunidad de arrancarse la espina de Montreal, pero Akii-Bua ya no era el mismo, ni f&iacute;sica ni mentalmente. Lejos claramente de su mejor forma, no super&oacute; las semifinales. Sus d&iacute;as de gloria quedaban muy lejos. La dictadura, la guerra y la pol&iacute;tica hab&iacute;an destrozado los mejores a&ntilde;os de su carrera. Mosc&uacute; fue su &uacute;ltima gran competici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        John Akii-Bua falleci&oacute; a los 48 a&ntilde;os en Uganda, donde hab&iacute;a regresado a mediados de los 80. En un curioso giro del destino, Malcolm Arnold conoci&oacute; la noticia cuando se encontraba precisamente en el Estadio Ol&iacute;mpico de M&uacute;nich, entrenando al equipo brit&aacute;nico. Arnold fue durante d&eacute;cadas un exitoso preparador en su pa&iacute;s, con pupilos como Collin Jackson, doble campe&oacute;n del mundo en los 110 metros vallas, al que entren&oacute; durante 20 a&ntilde;os. &ldquo;Si hubiera podido trabajar con John durante diez a&ntilde;os, me pregunto hasta d&oacute;nde habr&iacute;a podido llegar. Considerando que realmente solo tuvo dos a&ntilde;os, lo hizo bastante bien&rdquo;.
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      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/gloria-oli-mpica-campo-refugiados-vida-ugande-s-john-akii-bua_1_8171086.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jul 2021 20:14:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Olimpiadas,Tokio,Refugiados]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[El viaje de Clara Thalmann a las Olimpiadas contra el nazismo de 1936 en Barcelona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/viaje-clara-thalmann-olimpiadas-nazismo-1936-barcelona_1_8165276.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/225905c4-6c9a-4bcd-b37c-708bef01adf1_16-9-discover-aspect-ratio_default_1024956.jpg" width="676" height="380" alt="El viaje de Clara Thalmann a las Olimpiadas contra el nazismo de 1936 en Barcelona"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">España boicoteó los Juegos de Berlín en 1936 y convocó a deportistas de todo el mundo a unas Olimpiadas Populares en Barcelona. Un día antes de su inauguración el golpe de estado militar dio inicio a la Guerra Civil. No hubo Juegos, pero algunos deportistas se quedaron a luchar por la República. Clara Thalmann fue una de ellos</p><p class="subtitle">Más historias - El imposible triunfo de Luz Long, el favorito de Hitler, en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936</p></div><p class="article-text">
        El 18 de julio de 1936, todo estaba preparado en Barcelona para la inauguraci&oacute;n al d&iacute;a siguiente de la Olimpiada Popular. Esa tarde, Pau Casals dirig&iacute;a la orquesta que ensayaba la Novena Sinfon&iacute;a de Beethoven, una interpretaci&oacute;n que iba a formar parte de la celebraci&oacute;n de apertura del evento. Cuando estaba a punto de arrancar el Himno de la Alegr&iacute;a, lleg&oacute; un mensajero enviado desde el Palau de la Generalitat con la noticia de que se hab&iacute;a producido un alzamiento militar contra la Rep&uacute;blica y todos los actos quedaban suspendidos.
    </p><p class="article-text">
        Casals, intuyendo la gravedad de lo ocurrido, se dirigi&oacute; a sus m&uacute;sicos y los invit&oacute; a completar el ensayo. Mientras el coro cantaba el himno de hermanamiento por antonomasia, en las calles se fraguaba una lucha fratricida. &ldquo;Las l&aacute;grimas no me dejaban ver las notas&rdquo;, reconoci&oacute; Casals, desde el exilio, a&ntilde;os m&aacute;s tarde.
    </p><h3 class="article-text">Una Olimpiada contra el nazismo</h3><p class="article-text">
        Barcelona se hab&iacute;a postulado como candidata para organizar los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1936, que finalmente el COI termin&oacute; concediendo a Berl&iacute;n. Sin embargo, desde la elecci&oacute;n de la sede hasta la celebraci&oacute;n del acontecimiento, hab&iacute;a sucedido algo inesperado: el ascenso al poder del nazismo. Ante la negativa del COI a cambiar de sede, hubo varios pa&iacute;ses que se plantearon el boicot, pero finalmente solo Espa&ntilde;a cumpli&oacute; la amenaza
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de no enviar a su equipo ol&iacute;mpico a Alemania, la Espa&ntilde;a republicana decidi&oacute; organizar una competici&oacute;n alternativa a los Juegos de Berl&iacute;n. El acontecimiento recibi&oacute; el nombre de Olimpiada Popular y pretend&iacute;a ser un evento de ambiente festivo que pusiera el acento en la fraternidad, la igualdad y la lucha contra el racismo: en el p&oacute;ster oficial aparec&iacute;an dibujados tres atletas con diferentes tonos de piel. Mientras el resto del mundo miraba hacia otro lado, la Olimpiada Popular plantaba cara al fascismo. Y como no solo de deporte vive el hombre, se programaron una serie de actividades culturales para complementar las pruebas deportivas.
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                    alt="Varios grupos bailan sardanas en Montjuic en un acto previo a la celebración de las Olimpiadas Populares, el 15 de julio de 1936"
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            <span class="title">
                Varios grupos bailan sardanas en Montjuic en un acto previo a la celebración de las Olimpiadas Populares, el 15 de julio de 1936                            </span>
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        En una &eacute;poca en la que las comunicaciones eran arcaicas, el festejo se organiz&oacute; en solo tres meses. 6.000 atletas de 22 pa&iacute;ses llegaron a Barcelona a mediados de julio para participar en la Olimpiada de Barcelona. Estados Unidos, el Reino Unido, Argelia o Siria fueron algunos de los pa&iacute;ses representados. Las delegaciones de Alemania e Italia estaban formadas por exiliados. Las selecciones estaban compuestas en su mayor parte por obreros, en contraposici&oacute;n al esp&iacute;ritu aristocr&aacute;tico con el que hab&iacute;an nacido los Juegos de Coubertin, pero tambi&eacute;n acudieron atletas que deseaban boicotear los Juegos Ol&iacute;mpicos de Berl&iacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando todo estaba listo para empezar, el golpe de estado del 18 de julio acab&oacute; con la paz, la democracia y la Olimpiada Popular.
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                    alt="Uno de los carteles de la Olimpiada Popular de Barcelona, obra de Cristóbal Arteche."
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                Uno de los carteles de la Olimpiada Popular de Barcelona, obra de Cristóbal Arteche.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Deportistas en el frente de guerra</h3><p class="article-text">
        Miles de atletas que hab&iacute;an viajado a Barcelona para participar en un espect&aacute;culo deportivo, de pronto se vieron en medio de las barricadas. La mayor&iacute;a escap&oacute; como pudo, pero algunos decidieron unirse a las milicias para combatir contra el bando sublevado. Fue el caso de algunos de los ciclistas del brit&aacute;nico <em>National Clarion Cycling Club</em>. Se trataba de un club de inspiraci&oacute;n socialista, fundado a finales del siglo XIX, que hab&iacute;a viajado a Barcelona para participar en la competici&oacute;n. Cuatro de sus miembros murieron en la guerra peleando en las Brigadas Internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Otra de las deportistas que se uni&oacute; a la lucha fue la suiza Clara Thalmann, que lleg&oacute; a Barcelona para participar en las pruebas de nataci&oacute;n y termin&oacute; enrolada en la anarquista Columna Durruti. La de Thalmann es una biograf&iacute;a apasionante. Muy joven se uni&oacute; al Partido Comunista de Suiza, fascinada por la Revoluci&oacute;n de Octubre, pero se fue desencantando del comunismo con el ascenso de Stalin al poder, movi&eacute;ndose hacia posiciones trotskistas. Finalmente, sus cr&iacute;ticas a Stalin acarrearon su expulsi&oacute;n del partido, junto a su marido Pavel.
    </p><p class="article-text">
        Pavel se uni&oacute; a su mujer en Espa&ntilde;a cuando la Columna Durruti se encontraba defendiendo el frente de Arag&oacute;n. Los dos se vieron envueltos en los Sucesos de Mayo de Barcelona, una serie de combates que, en plena Guerra Civil, enfrent&oacute; a diferentes facciones del bando republicano con resultado dram&aacute;tico. El conflicto termin&oacute; con 400 muertos y 1.000 heridos. Estos hechos aparecen reflejados en el libro de George Orwell <em>Homenaje a Catalu&ntilde;a.</em> El escritor brit&aacute;nico batall&oacute; en la guerra en las filas del POUM y coincidi&oacute; en las barricadas con Clara Thalmann.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El matrimonio Thalmann combati&oacute; en estos enfrentamientos junto a la agrupaci&oacute;n denominada Amigos de Durruti, que resultaron perdedores en la revuelta, por lo que la pareja decidi&oacute; pasar a la clandestinidad. Clara y Pavel fueron detenidos por las fuerzas de seguridad republicanas cuando intentaban abandonar Espa&ntilde;a en un bote y fueron encarcelados durante varios meses.
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                Clara Thalmann.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">De la Columna Durruti a la resistencia antinazi</h3><p class="article-text">
        El siguiente cap&iacute;tulo de la peripecia de los Thalmann est&aacute; ambientado en Par&iacute;s, donde se asentaron tras ser liberados finalmente de la prisi&oacute;n espa&ntilde;ola, gracias a la intervenci&oacute;n de la diplomacia suiza. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial y Francia se somete al colaboracionista gobierno de Vichy, la pareja se integra en la resistencia, dentro del GPR (Grupo Revolucionario Proletario). Salvaron la vida de jud&iacute;os, exiliados alemanes y otros perseguidos a los que escondieron en su hogar de la persecuci&oacute;n nazi. Terminada la contienda, Clara y Pavel se establecieron en Niza, buscando al fin un poco de sosiego. All&iacute; crearon una comuna a la que acud&iacute;an j&oacute;venes libertarios de todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        La agitada vida del matrimonio Thalmann fue recogida en unas memorias publicadas en alem&aacute;n en 1977. Este texto ha visto la luz recientemente en Espa&ntilde;a, compendiado, contextualizado y traducido por Fernando S&aacute;nchez Grassa, quien no pudo ver la obra editada al fallecer en 2019 escalando el Himalaya. &lsquo;Viviendo la revoluci&oacute;n del 36, Clara y Pavel Thalmann en la revoluci&oacute;n libertaria&rsquo; fue <a href="https://www.eldiario.es/campobase/noticias/libro-postumo-fernando-sanchez-grassa-nano_1_6458322.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicado en 2020 por la editorial Descontrol</a>. All&iacute; se narran las aventuras y desventuras de una mujer que lleg&oacute; a Espa&ntilde;a para competir en la piscina y termin&oacute; en las trincheras. Una deportista que dedic&oacute; su vida a combatir el fascismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/viaje-clara-thalmann-olimpiadas-nazismo-1936-barcelona_1_8165276.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jul 2021 19:43:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El viaje de Clara Thalmann a las Olimpiadas contra el nazismo de 1936 en Barcelona]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos,Barcelona,Guerra Civil Española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Teófilo Stevenson, el mejor boxeador del mundo que nunca peleó como profesional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/teo-filo-stevenson-mejor-boxeador-mundo-peleo-profesional_1_8165220.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ae411e4-79a3-441f-978f-6efbb112c271_16-9-discover-aspect-ratio_default_1024932.jpg" width="3000" height="1687" alt="Teófilo Stevenson, el mejor boxeador del mundo que nunca peleó como profesional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con tres oros olímpicos, Stevenson se convirtió en Cuba en una celebridad deportiva y en un mito del castrismo. Recibió numerosas ofertas para pelear como profesional contra, entre otros, Joe Frazier y Muhammad Alí. Siempre las rechazó: "¿Qué significa un millón de dólares comparado con el amor de ocho millones de cubanos?"</p><p class="subtitle">Más historias - Yusra Mardini, la refugiada olímpica que salvó a 18 personas de morir ahogadas</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qu&eacute; significa un mill&oacute;n de d&oacute;lares comparado con el amor de ocho millones de cubanos?&rdquo;. Con esta respuesta sorprendi&oacute; Te&oacute;filo Stevenson cuando se le pregunt&oacute; por qu&eacute; rechazaba una suculenta oferta para convertirse en boxeador profesional, una de las muchas que el boxeador cubano tendr&iacute;a a lo largo de su carrera. Stevenson acababa de triunfar en los Juegos Ol&iacute;mpicos de M&uacute;nich y muchos esperaban que ese escaparate le sirviera de trampol&iacute;n hacia la fama y la fortuna, como hab&iacute;a sucedido tantas veces antes.
    </p><p class="article-text">
        Ese era el camino que hab&iacute;a seguido Muhammad Al&iacute;, despu&eacute;s de conquistar el oro en Roma 1960, cuando se llamaba Cassius Clay y a&uacute;n no se hab&iacute;a lanzado a desafiar al sistema. Los mismos pasos sigui&oacute; su enemigo &iacute;ntimo Joe Frazier (Tokio 1964) y tambi&eacute;n George Foreman (M&eacute;xico 1968). Todos ellos usaron la gloria ol&iacute;mpica para lanzarse al profesionalismo y gozar de dinero, glamour y celebridad. Pero siempre hay alguien que elige otro camino. Es probable que el nombre de Te&oacute;filo Stevenson no diga nada al p&uacute;blico no especializado. Excepto en Cuba. All&iacute; Stevenson es un dios.
    </p><p class="article-text">
        El p&uacute;gil cubano no era uno de los favoritos en los Juegos de M&uacute;nich. Con 20 a&ntilde;os, Stevenson era un boxeador prometedor, pero a&uacute;n poco experimentado en el concierto internacional. El combate que defini&oacute; el torneo, y probablemente la carrera de Stevenson, fue el de cuartos de final contra el estadounidense Duane Bobick, que llevaba una racha de 62 victorias consecutivas. Bobick hab&iacute;a derrotado al cubano solo un a&ntilde;o antes en los Juegos Panam&eacute;ricanos y era la gran esperanza de Estados Unidos para perpetuar su dominio en el boxeo ol&iacute;mpico. Bobick deb&iacute;a ser el Al&iacute; de 1960, el Fraizer de 1964, el Foreman de 1968. Sin embargo, Stevenson lo mand&oacute; a la lona tres veces en el tercer asalto y el &aacute;rbitro tuvo que detener el combate. El resto del camino hacia su primer oro ol&iacute;mpico fue sencillo.
    </p><h3 class="article-text">Antes rojo que rico</h3><p class="article-text">
        El impacto de Stevenson fue tal que inmediatamente recibi&oacute; las primeras ofertas para desertar de Cuba y convertirse al profesionalismo. En el pa&iacute;s caribe&ntilde;o estaba prohibido el deporte profesional y la &uacute;nica salida para abandonar el amateurismo era el destierro voluntario. La propuesta m&aacute;s seria y tentadora lleg&oacute; desde Estados Unidos: un mill&oacute;n de d&oacute;lares por un combate contra Joe Frazier en Florida, con el t&iacute;tulo de campe&oacute;n del mundo de los pesos pesados en juego. Stevenson rechaz&oacute; la propuesta y pronunci&oacute; las palabras que le definen y que han pasado a la historia: &ldquo;No dejar&eacute; mi pa&iacute;s por un mill&oacute;n de d&oacute;lares ni por mucho m&aacute;s. &iquest;Qu&eacute; significa un mill&oacute;n de d&oacute;lares comparado con el amor de ocho millones de cubanos?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Stevenson se hab&iacute;a convertido en Cuba en una celebridad deportiva y en un mito del castrismo por sus declaraciones de amor a su pa&iacute;s y su adhesi&oacute;n incondicional a la revoluci&oacute;n cubana. Le siguieron llegando ofertas para pasarse al profesionalismo, pero las desech&oacute; una tras otra. &ldquo;No quiero convertirme en profesional. Cuando hubo boxeadores profesionales en Cuba, fueron tratados como mercanc&iacute;a&rdquo;, afirm&oacute; el p&uacute;gil. Su celebridad era tal que la revista Sport Illustrated le dedic&oacute; un extenso art&iacute;culo en marzo de 1974 con un titular elocuente: &ldquo;Antes rojo que rico&rdquo;. <a href="https://vault.si.com/vault/1974/03/18/hed-rather-be-red-than-rich" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">En el texto, no obstante, se deslizaba cierto escepticismo hacia lo firme que pod&iacute;a ser la postura del boxeador cubano</a>: &ldquo;Dentro de dos, quiz&aacute;s tres a&ntilde;os, se podr&iacute;a convertir en el campe&oacute;n mundial de los pesos pesados. Aunque &eacute;l asegura que no&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Stevenson logró su tercera medalla de oro en los Juegos de Moscú, en 1980.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Stevenson Vs Al&iacute;: la pelea del siglo que nunca sucedi&oacute;</h3><p class="article-text">
        El ofrecimiento m&aacute;s tentador lleg&oacute; del afamado promotor Don King, que pretend&iacute;a enfrentar a Stevenson con el campe&oacute;n Muhammad Ali. Hubo incluso conversaciones con el gobierno cubano, pero no fructificaron y Te&oacute;filo no quiso saber nada del asunto. El combate ten&iacute;a incluso nombre grandilocuente: la pelea del siglo. &ldquo;Es un buen amateur, un buen p&uacute;gil para disputar tres asaltos, pero si le han ofrecido dos millones y no los ha aceptado, es porque es un maldito idiota&rdquo;, espet&oacute; Ali al enterarse. Ante la imposibilidad de convencer al cubano, Don King organiz&oacute; en Kinshasa (Zaire) la m&iacute;tica &ldquo;Rumble in the jumble&rdquo; (pelea en la selva), con Foreman en el puesto que estaba reservado a Stevenson.
    </p><p class="article-text">
        Los pesos pesados viv&iacute;an entonces una era dorada, con Ali, Frazier y Foreman coincidiendo durante los mismos a&ntilde;os. La personalidad de Ali era inigualable, pero Stevenson ten&iacute;a un carisma que lo hac&iacute;a tambi&eacute;n muy atractivo para la prensa. La combinaci&oacute;n de ambos habr&iacute;a sido un espect&aacute;culo dentro y fuera del ring. Muchos expertos piensan que el cubano podr&iacute;a haber derrotado al gran campe&oacute;n. En 1974 Al&iacute; ten&iacute;a 32 a&ntilde;os y su carrera ya estaba en declive, mientras Stevenson, con 22 a&ntilde;os, acababa de ganar el primero de sus tres oros ol&iacute;mpicos. El resultado de la pelea del siglo que nunca sucedi&oacute; es uno de los grandes interrogantes de la historia del deporte.
    </p><p class="article-text">
        Ahuyentada la tentaci&oacute;n del profesionalismo, Te&oacute;filo Stevenson acudi&oacute; a Montreal en 1976 para participar en sus segundos Juegos Ol&iacute;mpicos. En los cuatro a&ntilde;os transcurridos desde M&uacute;nich, hab&iacute;a mejorado su destreza y se encontraba en el c&eacute;nit de su madurez. De piernas ligeras y derecha demoledora, Stevenson avasallaba a sus competidores desde sus casi dos metros de estatura. En Montreal no tuvo rival y se colg&oacute; su segundo oro ol&iacute;mpico.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hubo un &uacute;ltimo intento para que la pelea del siglo fuera posible, con una oferta de cinco millones para Stevenson, pero tampoco sali&oacute; adelante. El boxeador cubano consigui&oacute; un tercer oro en los Juegos de Mosc&uacute;, igualando el r&eacute;cord del h&uacute;ngaro Laszlo Papp. Se prepar&oacute; a conciencia para conseguir su cuarto t&iacute;tulo ol&iacute;mpico antes de retirarse, pero el boicot de Cuba a los Juegos de Los &Aacute;ngeles le priv&oacute; de la oportunidad. El mejor boxeador del mundo que jam&aacute;s pele&oacute; como profesional se retir&oacute; en 1988 con tres oros ol&iacute;mpicos y un palmar&eacute;s inalcanzable para cualquier p&uacute;gil amateur.
    </p><p class="article-text">
        En 1996 Stevenson ejerci&oacute; de anfitri&oacute;n de la visita de Muhammad Ali a La Habana, <a href="https://paniko.cl/muhammad-ali-en-la-habana/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">viaje inmortalizado por el escritor Gay Talese en &ldquo;Ali en La Habana&rdquo;</a>. Stevenson y Ali recorrieron la isla, se entrevistaron con Fidel y bromearon ense&ntilde;ando sus pu&ntilde;os y simulando un amago de combate. Esas fotograf&iacute;as son lo m&aacute;s cerca que estuvo el mundo de presenciar el ansiado duelo entre los dos colosos. &ldquo;Stevenson habr&iacute;a sido fenomenal como profesional&rdquo;, dijo de &eacute;l Don King, resignado al fin a que la pelea del siglo nunca tuviera lugar. &ldquo;Podr&iacute;a haber estado al mismo nivel que Muhammad Ali o Joe Frazier, pero nunca lo sabremos&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/teo-filo-stevenson-mejor-boxeador-mundo-peleo-profesional_1_8165220.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jul 2021 20:23:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Teófilo Stevenson, el mejor boxeador del mundo que nunca peleó como profesional]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yusra Mardini, la refugiada olímpica que salvó a 18 personas de morir ahogadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/yusra-mardini-refugiada-olimpica-salvo-18-personas-morir-ahogadas_1_8165118.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e86aee8b-af39-4265-a9a4-8ec3a984a84c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1024930.jpg" width="899" height="506" alt="Yusra Mardini, la refugiada olímpica que salvó a 18 personas de morir ahogadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A la deriva en el mar Egeo, huyendo de la guerra en Siria, Mardini junto a su hermana remolcaron nadando una patera hasta la costa de Lesbos. Formó parte del equipo olímpico para refugiados en Río 2016 y hoy debuta en Tokio 2020</p><p class="subtitle">Más historias - Jim Thorpe y los sueños olímpicos truncados en nombre del amateurismo</p></div><p class="article-text">
        No es extra&ntilde;o escuchar que los deportistas tienen que atravesar una odisea para llegar a disputar unos Juegos, pero hay pocos casos en que la hip&eacute;rbole est&eacute; justificada. Cuando el motor de la precaria embarcaci&oacute;n en que viajaba Yusra Mardini, junto a su hermana Sarah y otras 18 personas, se neg&oacute; a arrancar en medio del mar Egeo, ambas tuvieron que lanzarse al agua con la determinaci&oacute;n de salvar su vida y la de sus compa&ntilde;eros de embarcaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dif&iacute;cilmente pod&iacute;a imaginar Mardini que, pocos meses despu&eacute;s de salvar su vida en las aguas del Mediterr&aacute;neo, iba a estar nadando en la piscina ol&iacute;mpica de R&iacute;o de Janeiro junto a las mejores deportistas del mundo. Si Ulises complet&oacute; su viaje tras enfrentar mil contrariedades, Mardini encontr&oacute; en los Juegos Ol&iacute;mpicos su &Iacute;taca.
    </p><h3 class="article-text"><strong>La nataci&oacute;n como v&iacute;a de escape</strong></h3><p class="article-text">
        &ldquo;Nadaba antes de aprender a andar&rdquo;, asegura Mardini, que se familiariz&oacute; con la piscina a los cuatro a&ntilde;os. Fue su padre, que trabajaba en Siria como entrenador de nataci&oacute;n, el que inculc&oacute; a las dos hermanas el amor por el agua. &ldquo;Aprend&iacute; desde muy peque&ntilde;a que nadar es mi v&iacute;a de escape en la vida&rdquo;. Una vida que tom&oacute; un rumbo inesperado al estallar la guerra en 2011, cuando los bombardeos en Siria se convirtieron en la nueva normalidad. Un d&iacute;a, una bomba destruy&oacute; la casa familiar. Otro d&iacute;a, un proyectil vol&oacute; el techo de la piscina donde entrenaba. La situaci&oacute;n se volvi&oacute; insostenible.
    </p><p class="article-text">
        En agosto de 2015, harta de una vida sin horizonte y de una guerra sin fin, Yusra parti&oacute; en pos de un futuro en paz, dejando atr&aacute;s su vida, sus esperanzas y su incipiente carrera como estrella de la nataci&oacute;n siria. Ten&iacute;a solo 17 a&ntilde;os y ya hab&iacute;a representado a su pa&iacute;s en el Campeonato Mundial de Piscina Corta de 2012. Junto a su hermana mayor Sarah, emprendi&oacute; un viaje con destino incierto.
    </p><p class="article-text">
        Las dos atravesaron L&iacute;bano y llegaron hasta la costa de Turqu&iacute;a. Desde all&iacute;, apretadas en una barca junto a otras 18 personas, partieron para cruzar el mar Egeo en direcci&oacute;n a Grecia. En mitad de la nada, cuando llevaban 30 minutos de traves&iacute;a, el motor se neg&oacute; a seguir funcionando y el bote qued&oacute; a la deriva. La embarcaci&oacute;n amenazaba con zozobrar y la mayor&iacute;a de los pasajeros no sab&iacute;a nadar. Las hermanas Mardini se lanzaron entonces al agua para empujar la embarcaci&oacute;n en busca de tierra firme. !Con una mano sujetaba la cuerda que estaba atada al bote, mientras que nadaba con la otra y los pies&ldquo;, recordar&iacute;a tiempo despu&eacute;s la atleta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el esfuerzo de las hermanas, exhaustas y muertas de fr&iacute;o, avistaron la costa de Lesbos tres horas y media despu&eacute;s. &ldquo;Habr&iacute;a sido vergonzoso si la gente en nuestro bote se hubiera ahogado&rdquo;, <a href="https://www.acnur.org/noticias/historia/2016/3/5af306224b/refugiada-siria-tiene-los-ojos-puestos-sobre-las-olimpiadas-de-rio.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cont&oacute; Mardini a ACNUR</a>, que la nombr&oacute; Embajadora de Buena Voluntad en 2017. &ldquo;Hab&iacute;a gente que no sab&iacute;a nadar. No iba a quedarme sentada y a quejarme de que me iba a ahogar. Si me iba a ahogar, al menos lo har&iacute;a habi&eacute;ndome sentido orgullosa de m&iacute; y de mi hermana&rdquo;. Las hermanas Mardini son solo dos de las 5,6 millones de personas que, seg&uacute;n ACNUR, han tenido que abandonar Siria desde el inicio de las hostilidades en 2011. Muchos perecen en el intento. Yusra y Sarah tuvieron suerte. La nataci&oacute;n las salv&oacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Yusra Mardini durante una intervención como embajadora de ACNUR en 2017.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text"><strong>Una refugiada en los Juegos Ol&iacute;mpicos</strong></h3><p class="article-text">
        Sarah y Yusra continuaron su trayecto, a ratos a pie, a ratos en autobuses propiedad de mafias, desde Grecia hasta Alemania, cruzando media Europa. Llegaron finalmente a Berl&iacute;n en septiembre de 2015 y fueron albergadas en un campo de refugiados. Lo &uacute;ltimo que ten&iacute;a Yusra entonces en mente era la nataci&oacute;n. En el Egeo se hab&iacute;a dejado las ganas de seguir nadando. Sin embargo, al poco tiempo, la piscina volvi&oacute; a llamarla. Un int&eacute;rprete egipcio puso en contacto a la deportista siria con un club de nataci&oacute;n de la capital. Le hicieron una prueba y quedaron impresionados. Yusra reanud&oacute; sus entrenamientos.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, Mardini recibi&oacute; una llamada para realizar un viaje muy diferente, esta vez hasta R&iacute;o de Janeiro. El COI hab&iacute;a creado el Equipo Ol&iacute;mpico de Atletas Refugiados, con el objetivo de visibilizar la situaci&oacute;n de los refugiados en todo el mundo. El combinado iba a competir por primera vez en los Juegos de 2016 y Yusra Mardini era una de las elegidas para formar parte del mismo.
    </p><p class="article-text">
        Diez atletas de cuatro pa&iacute;ses diferentes (cinco sudaneses, dos congole&ntilde;os, dos sirios y un et&iacute;ope) desfilaron en la ceremonia inaugural de R&iacute;o bajo la bandera ol&iacute;mpica, llev&aacute;ndose una de las mayores ovaciones de la gala. La vida de Yusra Mardini hab&iacute;a dado un giro total. Un a&ntilde;o despu&eacute;s de abandonar un pa&iacute;s en llamas y salvar su vida en mitad del mar, ten&iacute;a la ocasi&oacute;n de participar en el mayor evento deportivo mundial. En doce meses hab&iacute;a pasado de nadar por su vida a nadar por la gloria ol&iacute;mpica.
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia, la existencia del Equipo Ol&iacute;mpico de Atletas Refugiados sigue siendo en 2021 tan necesaria como lo era cuando se cre&oacute; hace cinco a&ntilde;os. Los diez refugiados que participaron en R&iacute;o se multiplican en Tokio hasta 29, incluyendo a Yusra Mardini. En unos Juegos cada vez m&aacute;s profesionalizados, ellos representan la verdadera esencia original de los cinco aros ol&iacute;mpicos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hablamos el mismo idioma y somos de diferentes pa&iacute;ses, pero la bandera Ol&iacute;mpica nos une a todos y ahora estamos representando a 60 millones de personas alrededor del mundo. Estamos muy felices juntos como equipo&rdquo;, afirm&oacute; Mardini en los Juegos de R&iacute;o. All&iacute; nad&oacute; los 100 metros libre y los 100 metros mariposa, especialidad que repetir&aacute; en Tokio. En 2016 no pas&oacute; de la primera ronda, pero eso es lo de menos. Si hay en Tokio alguien que represente el verdadero esp&iacute;ritu ol&iacute;mpico, independientemente de medallas, diplomas, marcas y r&eacute;cords, si hay alguien que ha vivido una verdadera odisea para llegar a ser ol&iacute;mpica, esa es Yusra Mardini.
    </p><p class="article-text">
        *Yusra Mardini competir&aacute; este s&aacute;bado 24, a las 12:25, en la primera serie de los 100 metros mariposa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/yusra-mardini-refugiada-olimpica-salvo-18-personas-morir-ahogadas_1_8165118.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jul 2021 19:54:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Yusra Mardini, la refugiada olímpica que salvó a 18 personas de morir ahogadas]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos,Tokio,ACNUR - Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados,Siria,Refugiados,Refugiados sirios,Migrantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jim Thorpe y los sueños olímpicos truncados en nombre del amateurismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/jim-thorpe-suen-oli-mpicos-truncados-nombre-amateurismo_1_8159951.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e76afbd-2b4b-45c9-9922-0d6fa7e28ef2_16-9-discover-aspect-ratio_default_1024791.jpg" width="768" height="432" alt="Jim Thorpe y los sueños olímpicos truncados en nombre del amateurismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La imposición del amateurismo y de un mal entendido espíritu olímpico cercenó un buen número de carreras prometedoras en el olimpismo. Thorpe, Nurmi, Tarrant y otros muchos fueron víctimas de unos requisitos tan difíciles de cumplir como injustos y elitistas</p><p class="subtitle">Más historias - Peter Norman, el tercer hombre en la icónica foto del black power en México 68</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Usted, se&ntilde;or, es el m&aacute;s grande atleta del mundo&rdquo;. La frase se le atribuye al rey Gustavo V de Suecia, pero la habr&iacute;a firmado cualquiera en aquel verano de 1912. Las palabras del monarca iban dirigidas a Jim Thorpe, que acababa de ganar el decatl&oacute;n y el pentatl&oacute;n en los Juegos Ol&iacute;mpicos que se celebraban en Estocolmo. Thorpe, atleta estadounidense de origen nativo americano, fue la indiscutible estrella del evento. No solo arras&oacute; en las dos especialidades mixtas del atletismo, sino que lo hizo con una abrumadora superioridad. Nadie pod&iacute;a imaginar que unos meses m&aacute;s tarde la historia iba a dar un giro inesperado.
    </p><p class="article-text">
        Thorpe regres&oacute; a Estados Unidos convertido en una celebridad, pero, al cabo de un tiempo, empezaron a circular en la prensa noticias que pon&iacute;an en duda su condici&oacute;n de amateur. Seg&uacute;n las mismas, hab&iacute;a participado en ligas menores de b&eacute;isbol en 1909 y 1910, durante su &eacute;poca universitaria. Por ello hab&iacute;a recibido un peque&ntilde;o salario, algo prohibido en aquella &eacute;poca por el Comit&eacute; Ol&iacute;mpico Internacional. Cualquier retribuci&oacute;n por practicar deporte convert&iacute;a autom&aacute;ticamente al deportista en profesional y lo incapacitaba para ser ol&iacute;mpico.
    </p><p class="article-text">
        Thorpe reconoci&oacute; el hecho, que era habitual en los estudiantes universitarios en vacaciones. El error de Thorpe fue no utilizar un nombre falso, como sol&iacute;an hacer los dem&aacute;s. La confesi&oacute;n del atleta fue la prueba definitiva que lo conden&oacute;. El COI fue inflexible y desposey&oacute; a Thorpe de sus medallas, as&iacute; como del r&eacute;cord del mundo conseguido en el decatl&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Considerado ya deportista profesional, a Thorpe le llovieron las ofertas de equipos de b&eacute;isbol de todo el pa&iacute;s. El exatleta ol&iacute;mpico pose&iacute;a un talento innato para la pr&aacute;ctica de cualquier deporte. Adem&aacute;s de participar en la liga de b&eacute;isbol, jug&oacute; profesionalmente al f&uacute;tbol americano y al baloncesto.
    </p><p class="article-text">
        Durante muchos a&ntilde;os, hubo un movimiento para intentar que Jim Thorpe recuperara sus medallas. Organizaciones, congresistas y ciudadanos particulares enviaron misivas al&nbsp;COI para que el atleta fuera restituido. El presidente de la instituci&oacute;n era Avery Brundage, quien, cuando a&uacute;n era un atleta alejado de los despachos, hab&iacute;a sido compa&ntilde;ero de Thorpe en el equipo americano que particip&oacute; en los Juegos de 1912. De hecho, Brundage hab&iacute;a competido en las dos pruebas que Thorpe gan&oacute; en la capital sueca, aunque con resultados m&aacute;s discretos. El dirigente del COI nunca hizo caso de las peticiones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Burt Lancaster interpretó el papel de Jim Thorpe en una película de los años 50.                            </span>
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        Finalmente, en 1982, 30 a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, el COI resolvi&oacute; devolver a Jim Thorpe sus medallas de oro. En una ceremonia celebrada en Los &Aacute;ngeles, Juan Antonio Samaranch entreg&oacute; a los hijos de Thorpe una r&eacute;plica de las medallas que le hab&iacute;an sido arrebatadas siete d&eacute;cadas atr&aacute;s. El discurso del dirigente espa&ntilde;ol no ahorr&oacute; una velada cr&iacute;tica para su predecesor en el cargo: &ldquo;El COI no hab&iacute;a ido nunca al fondo del problema. Despu&eacute;s de haber examinado el expediente, no nos hubiera hecho falta m&aacute;s de dos horas de discusi&oacute;n para cambiar de actitud y hacer justicia a Jim Thorpe&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Adi&oacute;s al sue&ntilde;o ol&iacute;mpico por un pu&ntilde;ado de libras</h3><p class="article-text">
        En las primeras ediciones de los Juegos abundan historias como la de Thorpe, sue&ntilde;os ol&iacute;mpicos truncados en nombre del amateurismo. Al campe&oacute;n finland&eacute;s Paavo Nurmi le fue negada la posibilidad de participar en sus cuartos Juegos Ol&iacute;mpicos, sospechoso de haber corrido unos cert&aacute;menes en Estados Unidos a cambio de dinero. El fondista finland&eacute;s hab&iacute;a ganado 11 medallas (ocho oros y tres platas) en los tres Juegos anteriores (Amberes 1920, Par&iacute;s 1924 y &Aacute;msterdam 1928), pero no pudo ampliar su palmar&eacute;s en 1932. Associated Press escribi&oacute; que los Juegos de Los &Aacute;ngeles sin Nurmi ser&iacute;an &ldquo;como Hamlet sin el c&eacute;lebre dan&eacute;s en el elenco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Especialmente dram&aacute;tico resulta el caso del brit&aacute;nico John Tarrant, que vio cercenada su aspiraci&oacute;n a participar en unos Juegos Ol&iacute;mpicos por culpa de un pu&ntilde;ado de libras. Al intentar inscribirse en el club atl&eacute;tico &lsquo;Salford Harriers&rsquo;, Tarrant fue sincero y confes&oacute; haber cobrado 17 libras boxeando un par de a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando a&uacute;n era un adolescente. Le fue negado el ingreso y con ello se esfumaron sus esperanzas de representar a su pa&iacute;s en la marat&oacute;n de los Juegos Ol&iacute;mpicos de Roma en 1960. Como sucedi&oacute; tambi&eacute;n con Thorpe, su honestidad termin&oacute; resultando su sentencia.
    </p><p class="article-text">
        Tarrant sigui&oacute; entrenando y se acostumbr&oacute; a colarse en las carreras como espont&aacute;neo, ante el asombro de organizadores, espectadores y prensa, que le bautiz&oacute; como &ldquo;el corredor fantasma&rdquo;, por aparecer siempre de la nada. Su prop&oacute;sito era demostrar que &eacute;l era un atleta puramente amateur que solo corr&iacute;a por el placer de hacerlo. M&aacute;s tarde fueron relajadas las normas y se le permiti&oacute; disputar pruebas en el Reino Unido, pero no representar a su pa&iacute;s internacionalmente. Esfumadas sus &uacute;ltimas ilusiones ol&iacute;mpicas, se especializ&oacute; en la disputa de ultramaratones.
    </p><h3 class="article-text">El amateurismo en los Juegos Ol&iacute;mpicos: un lujo aristocr&aacute;tico</h3><p class="article-text">
        La noci&oacute;n de deportista amateur hunde sus ra&iacute;ces en la elitista concepci&oacute;n del deporte que exist&iacute;a en la sociedad brit&aacute;nica de finales del siglo XIX, contexto en el que nacen los Juegos Ol&iacute;mpicos modernos. Entonces se consideraba profesional a todo aquel que hubiera recibido alg&uacute;n tipo de retribuci&oacute;n por practicar deporte, hubiera sido alguna vez profesor o monitor de ejercicios, e incluso a quien fuera obrero, artesano o jornalero. Aunque estas condiciones se fueron volviendo m&aacute;s laxas con el transcurso del tiempo, en la pr&aacute;ctica convert&iacute;an el olimpismo en un lujo aristocr&aacute;tico, solamente al alcance de personas ociosas con la vida m&aacute;s que resuelta.
    </p><p class="article-text">
        En contra de lo que se puede pensar, el propio bar&oacute;n Pierre de Coubertin era partidario de suavizar la rigidez de tales normas. Preguntado por un periodista al terminar los Juegos de Berl&iacute;n, Coubertin respondi&oacute;: &ldquo;Ah, qu&eacute; vieja y est&uacute;pida historia la del amateurismo ol&iacute;mpico. Lo que interesa es el esp&iacute;ritu ol&iacute;mpico y no el respeto a ese rid&iacute;culo concepto ingl&eacute;s que permite que se sacrifiquen al deporte &uacute;nicamente los millonarios. Ese amateurismo no es un deseo m&iacute;o, sino una imposici&oacute;n de las federaciones internacionales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista del hiperprofesionalizado deporte actual, resultan rid&iacute;culas las desmesuradas y caprichosas exigencias que, en nombre del amateurismo y de un mal entendido esp&iacute;ritu ol&iacute;mpico, cercenaron un buen n&uacute;mero de carreras prometedoras en el olimpismo. Thorpe, Nurmi, Tarrant y otros tantos fueron v&iacute;ctimas de unos requisitos tan dif&iacute;ciles de cumplir como injustos y elitistas&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/jim-thorpe-suen-oli-mpicos-truncados-nombre-amateurismo_1_8159951.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jul 2021 20:07:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jim Thorpe y los sueños olímpicos truncados en nombre del amateurismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Peter Norman, el tercer hombre en la icónica foto del black power en México 68]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/peter-norman-tercer-hombre-iconica-foto-black-power-mexico-68_1_8157316.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7dc6b9f9-93ba-4edb-ae4f-e035a7cd467c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1024761.jpg" width="724" height="407" alt="Peter Norman, el tercer hombre en la icónica foto del black power en México 68"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Guante negro, puño en alto, mirada al suelo, los estadounidenses Tommie Smith (oro) y John Carlos (bronce) protagonizaron una de las protestas más simbólicas contra la discriminación racial en los Juegos de México 68. El australiano Peter Norman (plata) no levantó el puño, pero su apoyo a la causa por los derechos humanos le costó muy caro cuando regresó a su país</p><p class="subtitle">Más historias - El imposible triunfo de Luz Long, el favorito de Hitler, en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936</p></div><p class="article-text">
        Por su significado y trascendencia, se trata de una de las im&aacute;genes m&aacute;s poderosas de la historia del deporte. La fotograf&iacute;a de Tommie Smith y John Carlos en el podio del Estadio Ol&iacute;mpico de Ciudad de M&eacute;xico, ambos con las miradas fijas en el suelo y los pu&ntilde;os enguantados apuntando al cielo, mientras suenan los acordes del himno de los Estados Unidos, se ha convertido en un icono del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        Los dos atletas estadounidenses acababan de ganar el oro y el bronce en los 200 metros de los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1968 y decidieron escenificar un gesto ante el mundo entero, pero su osad&iacute;a tuvo consecuencias. El precio inmediato por protestar por la discriminaci&oacute;n racial y reivindicar los derechos civiles de las minor&iacute;as &eacute;tnicas fue tener que abandonar inmediatamente la Villa Ol&iacute;mpica. El precio a largo plazo fue peor: la marginaci&oacute;n y el rechazo.
    </p><p class="article-text">
        La historia de Smith y Carlos est&aacute; muchas veces contada, pero en la c&eacute;lebre fotograf&iacute;a hay un tercer protagonista que suele pasar desapercibido, Se trata del australiano Peter Norman, que hab&iacute;a conseguido la medalla de plata, intercalado en la l&iacute;nea de meta entre Smith y Carlos. La actitud de Norman en la foto del podio parece ser la habitual, alejada del adem&aacute;n reivindicativo que muestran sus dos rivales en la final. Sin embargo, a veces, las apariencias enga&ntilde;an. El australiano no se limit&oacute; a ser un simple convidado de piedra en el podio del <em>black power</em>, y su vida y su carrera tambi&eacute;n se ver&iacute;an marcadas por aquel acontecimiento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Octubre de 1968: el mundo est&aacute; cambiando</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>A change is gonna come</em>, cantaba Sam Cooke en 1964 como denuncia contra el racismo y testimonio de lo que se estaba gestando en Estados Unidos. La canci&oacute;n fue adoptada en seguida por el Movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos y se convirti&oacute; en la banda sonora de una &eacute;poca convulsa. El 4 de abril de 1968, solo seis meses antes de celebrarse en M&eacute;xico los Juegos Ol&iacute;mpicos, hab&iacute;a sido asesinado a tiros Martin Luther King, el gran impulsor del movimiento. En oto&ntilde;o de 1968, el pa&iacute;s se encontraba en plena ebullici&oacute;n debido al creciente clamor a favor de las libertades sociales. Un cambio estaba llegando, pero era desesperadamente lento.
    </p><p class="article-text">
        No eran ajenos al estado de agitaci&oacute;n general los atletas afroamericanos de Estados Unidos, h&eacute;roes nacionales en el estadio pero ciudadanos de segunda al abandonar la pista. Durante los meses previos a los Juegos, el colectivo se plante&oacute; seriamente no acudir al evento para dejar patente su descontento y su hartazgo, pero finalmente se descart&oacute; el boicot. Tambi&eacute;n se desech&oacute; una protesta com&uacute;n y se resolvi&oacute; que cada deportista tuviese libertad para hacerlo a su manera.
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                Peter Norman (plata), Tommie Smith (oro) y John Carlos (bronce), en el podio de los 200 metros libres de los Juegos de México 68.                            </span>
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        <strong>Tres hombres en el podio</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una vez en M&eacute;xico, dos d&iacute;as antes de que Bob Beamon ejecutara su estratosf&eacute;rico salto hacia el futuro, sus compa&ntilde;eros Tommie Smith y John Carlos se disputaban la victoria en la prueba de los 200 metros lisos. Los dos corredores estadounidenses eran los dominadores de la distancia y los grandes favoritos para la final. No obstante, en la misma l&iacute;nea de meta, un semidesconocido velocista australiano adelant&oacute; a Carlos y se col&oacute; en el segundo escal&oacute;n del podio. Contra todo pron&oacute;stico, Peter Norman consegu&iacute;a la plata, batiendo adem&aacute;s el r&eacute;cord nacional de su pa&iacute;s, vigente a&uacute;n hoy.
    </p><p class="article-text">
        Concluida la carrera, lleg&oacute; el momento para la historia. La protesta se fragu&oacute; justo antes de la entrega de medallas, en la sala donde los tres atletas aguardaban la ceremonia. Peter Norman no se mantuvo al margen de la conversaci&oacute;n de los dos atletas estadounidenses, sino que les brind&oacute; su apoyo y manifest&oacute; su intenci&oacute;n de sumarse al acto. Smith y Carlos luc&iacute;an en el pecho sendas insignias del Proyecto Ol&iacute;mpico para los Derechos Humanos (OPHR, en sus siglas en ingl&eacute;s), una organizaci&oacute;n creada por los atletas afroamericanos para alzar la voz contra el racismo en el mundo del deporte, y Norman les pregunt&oacute; si ten&iacute;an otra para &eacute;l. Finalmente, Paul Hoffman, componente del equipo de remo estadounidense y miembro tambi&eacute;n del OPHR, le dio su insignia y con ella subi&oacute; Norman al podio para recibir su medalla.
    </p><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a pensar que la reivindicaci&oacute;n de dos negros estadounidenses le resultaba lejana a un deportista australiano de raza blanca. Sin embargo, Norman ten&iacute;a tambi&eacute;n muy presente el racismo que en su propio pa&iacute;s se ejerc&iacute;a contra los abor&iacute;genes y su sentido de la justicia le empuj&oacute; a sumarse a la protesta. La participaci&oacute;n de Norman sirvi&oacute; adem&aacute;s para universalizar el gesto. Ya no se trataba solamente de una reivindicaci&oacute;n particular de la comunidad negra estadounidense, sino que involucraba a cualquiera que creyera en la lucha por la igualdad. Tommie Smith resumi&oacute; la conducta del atleta australiano: &ldquo;Aunque &eacute;l no levant&oacute; el pu&ntilde;o, levant&oacute; la voz&rdquo;. &ldquo;Yo esperaba ver miedo en los ojos de Norman, pero en lugar de ello vi amor&rdquo;, recordaba tiempo despu&eacute;s John Carlos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Repudio, olvido y restituci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Smith y Carlos fueron apartados del equipo americano y expulsados inmediatamente de la Villa Ol&iacute;mpica. Al regreso a Estados Unidos, lleg&oacute; el oprobio y la marginaci&oacute;n, tanto deportiva como social. Sufrieron amenazas de muerte, sus amistades se esfumaron y encontrar un trabajo se convirti&oacute; en una odisea.
    </p><p class="article-text">
        El gesto de Peter Norman tambi&eacute;n le vali&oacute; el repudio de la sociedad australiana de la &eacute;poca. Pese a lograr de forma holgada la marca m&iacute;nima para participar en los siguientes Juegos Ol&iacute;mpicos, Munich 72, el equipo australiano decidi&oacute; dejarlo fuera. Ninguna raz&oacute;n deportiva pod&iacute;a justificar tal decisi&oacute;n. No volvi&oacute; a competir despu&eacute;s de esa decepci&oacute;n y sigui&oacute; ignorado en su pa&iacute;s durante el resto de su vida. Fue el gran ausente en los actos celebrados con motivo de los Juegos Ol&iacute;mpicos de Sidney en 2000. Las autoridades del pa&iacute;s organizador no se acordaron del mejor velocista de su historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Norman falleci&oacute; en 2006, v&iacute;ctima de un ataque al coraz&oacute;n, sin que en su pa&iacute;s se le reconociera su contribuci&oacute;n a la batalla contra el racismo. En su funeral, mientras sonaban los acordes de la banda sonora de Carros de fuego, Tommie Smith y John Carlos portaron hasta la tumba el f&eacute;retro del que fue un d&iacute;a rival, m&aacute;s tarde c&oacute;mplice y finalmente amigo.
    </p><p class="article-text">
        Por fin, en 2012, el parlamento australiano aprob&oacute; una moci&oacute;n para disculparse y restituir la imagen del atleta olvidado: &ldquo;Nos disculpamos ante Peter Norman por el da&ntilde;o causado por Australia al no enviarlo a los Juegos Ol&iacute;mpicos de M&uacute;nich en 1972, a pesar de haber logrado repetidamente la clasificaci&oacute;n, y reconocemos tard&iacute;amente el poderoso papel que Peter Norman jug&oacute; en la promoci&oacute;n de la igualdad racial&rdquo;. En 2019 la ciudad de Melbourne levant&oacute; una estatua en honor al atleta que una tarde de octubre, en Ciudad de M&eacute;xico, decidi&oacute; sumar su granito de arena a la lucha por la igualdad y los derechos humanos. Un reconocimiento tard&iacute;o, pero absolutamente necesario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/peter-norman-tercer-hombre-iconica-foto-black-power-mexico-68_1_8157316.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Jul 2021 20:25:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Peter Norman, el tercer hombre en la icónica foto del black power en México 68]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juegos Olímpicos,México,Racismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El imposible triunfo de Luz Long, el favorito de Hitler, en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/imposible-triunfo-luz-long-favorito-hitler-juegos-olimpicos-berlin-1936_1_8154457.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8b37eda6-dc30-4f03-b1d6-6a750c4e967f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El imposible triunfo de Luz Long, el favorito de Hitler, en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Long era el prototipo de deportista que Adolf Hitler necesitaba para demostrar sus tesis sobre la supremacía de la raza aria. Sin embargo, los genes de Long solo le alcanzaron para lograr la medalla de plata en el salto de longitud, por detrás del campeón estadounidense Jesse Owens</p></div><p class="article-text">
        Alto, rubio y de ojos azules, el saltador de longitud Luz Long era el prototipo de deportista que Adolf Hitler necesitaba para demostrar sus tesis sobre la supremac&iacute;a de la raza aria. Se celebraban en Berl&iacute;n los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1936 y el acontecimiento era id&oacute;neo para que los atletas alemanes mostraran al mundo la superioridad de sus privilegiados genes. Sin embargo, los genes de Long solo le alcanzaron para lograr la medalla de plata, por detr&aacute;s del campe&oacute;n estadounidense Jesse Owens. A ojos de los dirigentes nazis, perder el oro no fue el peor pecado que Long cometi&oacute; aquel d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de Hitler en Berl&iacute;n era doble. Por un lado, probar al mundo la capacidad de la Alemania nazi para organizar los Juegos Ol&iacute;mpicos m&aacute;s fastuosos de la historia. Por otro, demostrar la superioridad atl&eacute;tica de la raza aria. El primer prop&oacute;sito lo logr&oacute;, con la complicidad del COI. El gobierno alem&aacute;n se volc&oacute; con el evento, consigui&oacute; ocultar durante dos semanas la sordidez del r&eacute;gimen y transmiti&oacute; al mundo, con la inestimable ayuda de la propaganda de Goebbels, la imagen de un pa&iacute;s feliz, moderno, pr&oacute;spero y emprendedor. El evento fue embellecido m&aacute;s tarde en el celuloide por la directora y propagandista Leni Riefenstahl, una cineasta de indiscutible talento, aunque en esta ocasi&oacute;n al servicio de una causa vil.
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito del segundo objetivo es m&aacute;s dudoso. Aunque Alemania domin&oacute; el medallero con 89 metales, atletas jud&iacute;os de diferentes nacionalidades consiguieron varias medallas para incomodidad del r&eacute;gimen nazi. Pero fueron los atletas de raza negra los que m&aacute;s quebraderos de cabeza provocaron a los dirigentes del Tercer Reich. Sobre todo el atleta Jesse Owens. Desde su palco de honor, Hitler tuvo que presenciar c&oacute;mo un negro nacido en Alabama superaba a todos sus rivales blancos y se convert&iacute;a en el indiscutible rey de los Juegos, al ganar cuatro medallas de oro en atletismo.
    </p><h3 class="article-text">Compa&ntilde;erismo y dignidad</h3><p class="article-text">
        En la tercera jornada de la competici&oacute;n de atletismo se disputaba el salto de longitud, con Owens, plusmarquista mundial, como m&aacute;ximo favorito. El d&iacute;a anterior ya hab&iacute;a ganado su primer oro en los 100 metros lisos y ese mismo d&iacute;a corr&iacute;a las series de los 200. Su m&aacute;s destacado adversario en el foso de longitud era el alem&aacute;n Carl Ludwig Long, m&aacute;s conocido como Luz Long, que pose&iacute;a el r&eacute;cord de Europa. Uno era negro, atl&eacute;tico y el&aacute;stico; el otro, rubio, alto y elegante. Sus t&eacute;cnicas eran diferentes y sus mundos tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La prueba de clasificaci&oacute;n de la ma&ntilde;ana empez&oacute; con un r&eacute;cord ol&iacute;mpico de Long en el primer salto, lo que le garantizaba el pase a la final que se disputaba por la tarde. Mientras tanto, Owens hizo dos nulos en sus primeros intentos, quedando al borde de la eliminaci&oacute;n. Le quedaba solo una oportunidad para conseguir la marca m&iacute;nima de 7,15 metros y clasificarse para la final. No pod&iacute;a fallar. Fue entonces cuando Luz Long, su ario competidor, su m&aacute;s peligroso contrincante, se acerc&oacute; a &eacute;l, se present&oacute; y tuvieron un breve intercambio de palabras.
    </p><p class="article-text">
        El alem&aacute;n sugiri&oacute; a Owens que no deb&iacute;a buscar en cada intento el salto de su vida. En opini&oacute;n de Long, el de Alabama deb&iacute;a olvidarse de ajustar tanto la batida y ser m&aacute;s conservador en el tercer salto, dejando una distancia prudencial entre la tabla y su pie. El estadounidense acept&oacute; el consejo y en su tercer intento se fue hasta los 7,64 metros. La conversaci&oacute;n fue desvelada a&ntilde;os m&aacute;s tarde por el propio Jesse Owens en una charla con el hijo de Long, recogida en el documental <a href="https://www.youtube.com/watch?v=soOm36ZzCwI" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&lsquo;Jesse Owens regresa a Berl&iacute;n&rsquo;.</a>
    </p><h3 class="article-text">Un abrazo por la igualdad</h3><p class="article-text">
        En la final mantuvieron una atractiva pugna por el oro, batiendo varias veces ambos el r&eacute;cord ol&iacute;mpico. Luz Long mantuvo el cara a cara con Owens, obligando al americano a saltar m&aacute;s all&aacute; en cada intento, pero en los dos &uacute;ltimos saltos Owens mostr&oacute; su superioridad. El alem&aacute;n era un extraordinario saltador, el mejor de Europa en ese momento y probablemente del mundo de no haber existido Jesse Owens, pero el americano, sencillamente, estaba a otro nivel.
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                Jesse Owens durante la prueba de salto de longitud en lo Juegos Olímpicos de Berlín en 1936.                            </span>
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        Terminada la competici&oacute;n, Long se dirigi&oacute; hacia Owens para felicitarlo con un abrazo. Ambos celebraron sus respectivas medallas dando juntos la vuelta de honor al estadio. La fraternidad entre un negro de Alabama y un rubio de Leipzig, delante de los jerifaltes nazis, resultaba m&aacute;s elocuente que cualquier discurso por la igualdad que pudiera ser pronunciado. &ldquo;Tuvo mucho coraje al confraternizar conmigo enfrente de Hitler&rdquo;, recordar&iacute;a Owens. &ldquo;Se podr&iacute;an fundir todas las medallas y copas que gan&eacute;, y no valdr&iacute;an nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Luz Long en aquel momento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las numerosas medallas conseguidas por los atletas negros agitaron unos Juegos concebidos para demostrar la superioridad aria. Goebbels describi&oacute; en sus diarios estas victorias como &ldquo;una desgracia&rdquo;. Seg&uacute;n &eacute;l, &ldquo;la raza blanca deb&iacute;a estar avergonzada&rdquo; por verse derrotada de esa manera. Hitler, que abandon&oacute; el estadio sin estrechar la mano de Owens, le dio la vuelta al argumento y recurri&oacute; al desprecio. Para &eacute;l los atletas negros eran b&aacute;sicamente animales. Su superioridad f&iacute;sica solo demostraba que eran unos salvajes que no deb&iacute;an tener cabida en Olimpiadas futuras.
    </p><h3 class="article-text">El inicio de una bonita amistad</h3><p class="article-text">
        La amistad entre Owens y Long no muri&oacute; en Berl&iacute;n. De vuelta a casa, ambos mantuvieron una relaci&oacute;n epistolar mientras sus vidas continuaban su curso. Owens comprob&oacute; lo ef&iacute;mera que era la gloria para un atleta de raza negra en la Am&eacute;rica de 1936. &ldquo;Cuando regres&eacute; a mi pa&iacute;s, despu&eacute;s de todas las historias sobre Hitler, no pod&iacute;a montarme en la parte delantera del autob&uacute;s. Ten&iacute;a que entrar por la puerta de atr&aacute;s&rdquo;, afirm&oacute; tiempo despu&eacute;s. &ldquo;Yo no fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a estrechar la mano de mi presidente&rdquo;. Roosevelt ni siquiera le envi&oacute; un mensaje de felicitaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Long fue reclutado por Alemania para luchar en la Segunda Guerra Mundial. En su &uacute;ltima carta a Owens, escrita desde el frente, le ped&iacute;a que, si le suced&iacute;a algo, contactara con su hijo en Alemania y le hablara de su padre, de sus logros y su vida. La misiva result&oacute; tristemente prof&eacute;tica. Poco despu&eacute;s, durante la invasi&oacute;n aliada a la isla de Sicilia, Long fue herido y falleci&oacute; cuatro d&iacute;as m&aacute;s tarde. Jesse Owens cumpli&oacute; su promesa y viaj&oacute; a Alemania para entrevistarse con Kai Long. El encuentro entre ambos aparece en el citado documental 'Jesse Owens regresa a Berl&iacute;n', que vio la luz en 1966<em>. </em>El estadounidense siempre mantuvo el contacto con la familia de Luz Long y acept&oacute; la petici&oacute;n de Kai Long para ejercer de padrino en su boda.
    </p><p class="article-text">
        En 1964, a t&iacute;tulo p&oacute;stumo, Luz Long fue el primer atleta en ser condecorado con la Medalla Coubertin, un premio instaurado para distinguir a aquellos deportistas cuyo comportamiento, durante el desarrollo de su actividad ol&iacute;mpica, refleje de manera ejemplar el esp&iacute;ritu deportivo.
    </p><p class="article-text">
        Hay quien considera que la historia de la conversaci&oacute;n previa al tercer salto de la clasificaci&oacute;n es ap&oacute;crifa, una fantas&iacute;a que Owens cont&oacute; al hijo de Long para adornar la realidad. Observadores presenciales afirmaron no haber visto charlar a ambos durante toda la ronda clasificatoria. A qui&eacute;n le importa. Sucediera o no exactamente como Owens lo relat&oacute;, la amistad entre dos personas de mundos y or&iacute;genes tan diferentes, en medio del m&aacute;s dif&iacute;cil de los contextos, fue real. Los detalles precisos son superfluos. A veces, como se afirma al final de 'Qui&eacute;n mat&oacute; a Liberty Valance', merece la pena imprimir la leyenda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín Galindo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/juegos-olimpicos/tokio-2020/otras-historias/imposible-triunfo-luz-long-favorito-hitler-juegos-olimpicos-berlin-1936_1_8154457.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Jul 2021 20:28:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El imposible triunfo de Luz Long, el favorito de Hitler, en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Adolf Hitler,Juegos Olímpicos,Berlín]]></media:keywords>
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