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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marcos Pereda]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/marcos-pereda/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marcos Pereda]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cuando Comillas cambió]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/comillas-cambio_132_3027638.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f03911c-437d-49da-9f63-ac8f89c5b414_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A veces, el tópico (una verdad repetida muchas veces, que dijo Baudelaire) nos sirve, y un día, un día concreto, cambia para siempre la historia.</p></div><p class="article-text">
        Es frase repetida y (re)citada aquella de &ldquo;un d&iacute;a que cambi&oacute; para siempre la historia&rdquo;. Suena bien, tiene gancho y permite hacernos los listos, que es para lo que b&aacute;sicamente se invent&oacute; la comunicaci&oacute;n intraespec&iacute;fica, supongo. Pero es, con todo, falsa. Al menos, inexacta, porque (casi) siempre se pueden rastrear los pr&oacute;logos de cualquier situaci&oacute;n en los d&iacute;as, semanas e incluso a&ntilde;os anteriores a la fecha escogida como trascendental. Y, as&iacute;, nosotros no podemos llegar a entender (a entender en todas sus consecuencias, en toda su magnitud, en toda su polifac&eacute;tica maldad) una ma&ntilde;ana como la del 18 de julio de 1936 sin saber qu&eacute; se estaba gestando desde muchos meses antes. Y, de esa forma, el razonamiento se nos queda cojo, o al menos incompleto, y lo que escapa entre nuestros dedos es, s&iacute;, solamente una oraci&oacute;n vac&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero a veces no. A veces, muy pocas veces pero esas veces justifican las dem&aacute;s, a veces, digo, s&iacute; que hay un d&iacute;a que cambia un destino. Un devenir. De una persona, de un grupo, incluso de una disciplina. Tambi&eacute;n, claro, de un pueblo. Y eso es precisamente lo que le pas&oacute; a la Villa de Comillas, que si hoy en d&iacute;a es lo que podemos ver se debe, en buena medida, a algo que ocurri&oacute; en una fecha muy concreta. El 6 de agosto de 1881, por m&aacute;s se&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Es que, ojo, aquel d&iacute;a visitaba Comillas nada menos que el rey de Espa&ntilde;a. Alfonso XII por m&aacute;s se&ntilde;as. El de d&oacute;nde vas triste de ti. El monarca, no Dolores la de Los Suaves. Culpable de ello (de la visita, no de la tristeza) fue Antonio L&oacute;pez L&oacute;pez, un comillano internacional que muy pronto salt&oacute; a Am&eacute;rica por hacer dinero (y por huir de ciertas pendencias, novios cornudos y dem&aacute;s), peg&oacute; un buen braguetazo all&aacute; por Cuba (con perd&oacute;n de la expresi&oacute;n), se puso a manejar mano de obra esclava con trazas de primor y, finalmente, se forr&oacute; lo que no est&aacute; en los escritos. Tanto que acab&oacute; siendo &iacute;ntimo del monarca, que para esto de jugar el mus la Corona siempre ha gustado de agenciarse a grandes fortunas. Y es este Antonio, ya nombrado por el Rey como Marqu&eacute;s de Comillas desde 1878, quien invit&oacute; al Borb&oacute;n a pasar unos d&iacute;as de asueto estival en la villa que lo vio nacer. Y aquello, claro, cambi&oacute; la faz del pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Porque acoger al rey, a la familia real, al Gobierno en pleno (Comillas alberg&oacute; el 5 de septiembre de 1881 un Consejo de Ministros, lo que de facto la convirti&oacute; en capital del Reino, ah&iacute; es nada), y a cuantos industriales, ricachones, marquesitos, chisgarab&iacute;s, correveidiles y cantama&ntilde;anas iban aparejados a tales viajes no es moco de pavo. As&iacute; que Comillas se tuvo que poner bien guapa para contemplar paseos regios, ba&ntilde;ucos de ola o sesiones de casino y club social (prostitutas y pelis pornogr&aacute;ficas no, esas llegaron en el Santander de su hijo, el campechano Alfonso). Adecent&oacute; sus entradas con arcos de bienvenida, trajo a la pen&iacute;nsula la primera iluminaci&oacute;n artificial de car&aacute;cter p&uacute;blico (16 parejas de farolillos importadas directamente desde los laboratorios que Edison ten&iacute;a en Newcastle y Par&iacute;s), acondicion&oacute; calles y plazas, asfalt&oacute; caminos y hasta cre&oacute; una nueva carretera, la misma que aun hoy sigue rodeando la Villa y que tan hermosas vistas deja sobre el oc&eacute;ano y el vecindario. As&iacute; que el rey estuvo la mar de contento, y hasta repiti&oacute; al a&ntilde;o siguiente, cosa de destacarse sin duda.
    </p><p class="article-text">
        Pero, m&aacute;s all&aacute; de los aspectos m&aacute;s simb&oacute;licos, la Visita Real era la consagraci&oacute;n de una localidad que estaba viviendo toda una revoluci&oacute;n est&eacute;tica en el tr&aacute;nsito hasta el siglo XX. Ser&aacute; en el breve lapso de unos veinte a&ntilde;os cuando en Comillas surjan (siempre de la mano del Marqu&eacute;s y de sus allegados, parientes o adyacentes) una serie de obras que hoy en d&iacute;a la distinguen como la joya modernista que es. Una aut&eacute;ntica <em>rara avis</em>, un cachito de la Barcelona sofisticada y burguesa que se ha trasladado a orillas del Cant&aacute;brico. Surgen el Capricho, el primer edificio atribuido a un exc&eacute;ntrico arquitecto que ya hab&iacute;a colaborado dise&ntilde;ando una p&eacute;rgola para el jard&iacute;n del Marqu&eacute;s, y que respond&iacute;a al nombre de Antoni Gaud&iacute;. Se erige tambi&eacute;n el Palacio de Sobrellano, con plano de Joan Martorell y en cuya cripta colabor&oacute; tambi&eacute;n Gaud&iacute; con cierto mobiliario; la austera Casa Ocejo; se rehabilitan la Fuente de los Tres Ca&ntilde;os y el conocido Cementerio de Comillas, que toma trazas de la antigua iglesia parroquial de estilo g&oacute;tico (ambas obras de Dom&egrave;nech i Montaner), que es hoy uno de los s&iacute;mbolos de la Villa); y el muy particular monumento a Antonio L&oacute;pez, que ejecutar&aacute; definitivamente Montaner siguiendo las trazas de Cascante. Incluso se construye la Universidad Pontificia, que ser&aacute; un centro de enorme importancia desde el punto de vista educativo, religioso e ideol&oacute;gico en la Espa&ntilde;a del siglo XX, y refugio inicial de algunas ideas que m&aacute;s tarde se han venido mostrando como casi preponderantes (los Legionarios de Cristo entran en Europa a trav&eacute;s de Comillas).
    </p><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a seguir, porque hay m&aacute;s cosas. M&aacute;s palacios, palacetes y casonas en la propia Comillas. M&aacute;s villas en pueblos de alrededor, levantadas por aquellos &ldquo;adosados&rdquo; que quer&iacute;an acompa&ntilde;ar al rey en sus vacaciones pero no ten&iacute;an peculio suficiente para alojarse en el mismo lugar que Su Majestad (me imagino que hoy en Mallorca pasen cosas parecidas). Carreteras y escuelas, buques y peri&oacute;dicos. Una aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n, vaya. Porque, a veces, el t&oacute;pico (una verdad repetida muchas veces, que dijo Baudelaire) nos sirve, y un d&iacute;a, un d&iacute;a concreto, cambia para siempre la historia. Como cambi&oacute;, aquel 6 de agosto de 1881, la de una peque&ntilde;a villa al borde la mar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/comillas-cambio_132_3027638.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 03 Dec 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Olvidando la Historia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/olvidando-historia_132_3039972.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aeb5b323-ea24-44c6-81af-51a1f724be38_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Pablo Casado, portavoz del PP."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si es necesario recordar, estudiar y hasta asimilar la Historia es porque eso forma parte de la estructuración cultural de cada individuo.</p></div><p class="article-text">
        Pablo Casado es un se&ntilde;or mayor encerrado en el cuerpo de un fofisano treinta&ntilde;ero y paliducho. Uno se lo imagina perfectamente, porte decimon&oacute;nico, sentado en un sof&aacute; del casino de una peque&ntilde;a ciudad provinciana, leyendo la prensa con gesto levemente fruncido (aunque sin una preocupaci&oacute;n real&hellip; est&aacute; tan lejos eso de Cuba), mientras toma un jerez seco y observa sus finas manos, pregunt&aacute;ndose c&oacute;mo se pueden cuartear y engrandecer tanto a los jornaleros. Es antinatural. Si le pones en Vetusta ser&iacute;a de los que, media sonrisa y mirar cruzado, advertir&iacute;a que el nuevo cura tiene pinta de golfo. Ustedes ya me entienden, jiji, jaja. Todo lo cual no tiene la m&aacute;s m&iacute;nima importancia, por otra parte.
    </p><p class="article-text">
        Pero es que adem&aacute;s Pablo Casado es un est&oacute;lido.
    </p><p class="article-text">
        Con todas las letras, que adem&aacute;s tiene un ritmillo de lo m&aacute;s atractivo al decirlo, &iquest;verdad? Es-t&oacute;-li-do. No lo pienso, aclaro, por sus ideas pol&iacute;ticas, que no soy yo qui&eacute;n para andar censurando la ideolog&iacute;a ajena, ojo. Si le adjetivo as&iacute; es por mi amabilidad para con el sujeto. Parece majo, co&ntilde;o, uno de esos que te invita a algo de vez en cuando mientras te cuenta sus &eacute;xitos y te da muchas veces en la espalda, as&iacute;, m&aacute;s fuerte dependiendo de si en los alrededores hay p&uacute;blico o no. M&aacute;s o menos. Por eso digo que es un est&oacute;lido. Porque el resto de adjetivos son m&aacute;s denigrantes, y no tengo ganas de usarlos.
    </p><p class="article-text">
        Me refiero a un hecho concreto, porque soy persona de entendederas cortas y no me alcanza para an&aacute;lisis sostenidos en el tiempo. Esta misma semana Pablo, nuestro Don Pablo, ha dicho, textualmente, que debemos &ldquo;olvidar la Historia&rdquo;. As&iacute;, sin ambages, y se ha quedado tan ancho. Qu&eacute; t&iacute;o, ya les digo. Bien es verdad que creo entender, aunque no compartir, el contexto en el cual emite esa frase, en una rueda de prensa durante el 20 de noviembre, que parece que es fecha de esas feas a olvidar (concretamente se quejaba Casado de que en las redes sociales se aprovechaba tal efem&eacute;ride para tildar al PP de &ldquo;facha&rdquo;). Insisto, el contexto es el contexto, y a ello debemos de remitirnos, y hasta, siendo generosos, entender la intenci&oacute;n de nuestro h&eacute;roe. Que en la misma rueda de prensa hablase, como por arte de birlibirloque, de Ecuador y Venezuela (cuya Historia, de Alonso de Ojeda en adelante, s&iacute; que interesa a Casado) es otro cantar. Pero vaya, que dijo lo que dijo. &ldquo;Hay que olvidar la Historia&rdquo;.&nbsp; Y sobre eso nos basamos para llamarle est&oacute;lido
    </p><p class="article-text">
        Porque es una aut&eacute;ntica chorrada, s&iacute;, pero tambi&eacute;n una idea peligrosa. Perniciosa. Por hacer de menos a la disciplina, por colocarla en el vag&oacute;n de los torpes, de los que sobran. Nunca se le hubiera ocurrido decir a Pablo Casado algo as&iacute; como &ldquo;hay que olvidar la Filosof&iacute;a&rdquo;. Claro que Pablo Casado y Filosof&iacute;a igual sea un ox&iacute;moron, como nieve negra y Borges pop (creo que el hallazgo es de Rodrigo Fres&aacute;n, pero dejo abierta la cita por si acaso). No, nadie se atrever&iacute;a a decir que debemos olvidarnos c&oacute;mo estructurar nuestros pensamientos, en base a qu&eacute; construir nuestras ideas. Aunque con el deterioro de la materia en la ense&ntilde;anza durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os para favorecer otras &aacute;reas (ora &uacute;tiles, ora imb&eacute;ciles) todo se andar&aacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo he pasado muchas horas de mi vida ense&ntilde;ando Historia, muchas m&aacute;s, claro, estudi&aacute;ndola y disfrut&aacute;ndola. Exactamente igual que disfruto cuando intento transmitirla, porque pienso que es una de esas cosas que si no se hace con vocaci&oacute;n mejor que no se haga. Te gusta o no (o, a lo mejor, no has sabido encontrar el punto adecuado para que te agrade, porque la Historia no son solo fechas, reyes y generales, sino tambi&eacute;n personas, noveler&iacute;as y an&eacute;cdotas), pero es siempre &uacute;til. M&aacute;s aun, es siempre necesaria, que es lo que parece olvidar el se&ntilde;or Casado. Es <em>adagio</em> casi com&uacute;n la frase aquella de &ldquo;pueblo que no conoce su historia est&aacute; condenado a repetirla&rdquo;. Tan manida que incluso es dif&iacute;cil encontrar su origen exacto, que algunos cifran en Confucio, otros en Lincoln y los de m&aacute;s ac&aacute; en Men&eacute;ndez Pelayo. No me importa, en realidad la considero poco menos que una herramienta gastada de tanto usarse y que apenas sirve ya para su cometido. Pero no deja de encerrar una gran verdad, una que se hace especialmente irritante si analizamos el contexto en el cual nuestro protagonista hace sus declaraciones. El 20 de noviembre. Apenas unos d&iacute;as despu&eacute;s de hablar (con bastante poco tino) sobre el final de Companys. Y todo eso. Lo que antes era un recurso casi literario se convierte, ahora, en materia sobre la que indignarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, dec&iacute;a, no soy yo un gran creyente en esa frase. Porque termina por dejar a la Historia una labor utilitarista en la Sociedad, y yo hoy me he levantado la mar de antiutilitarista. Si es necesario recordar, estudiar y hasta asimilar la Historia es (aparte de porque resulta extremadamente divertido&hellip; en serio, cr&eacute;anme) porque eso forma parte de la estructuraci&oacute;n cultural de cada individuo. Una especie de m&iacute;nimos, si as&iacute; lo desean, que todos debemos de compartir y disfrutar, y sin los cuales un proyecto com&uacute;n de Sociedad basada en todas esas palabras tan bonitas que los pol&iacute;ticos repiten sin cesar es, sencillamente, inviable. Porque la Historia (como la Filosof&iacute;a, o el Arte, o un cierto conocimiento de la Literatura, entre otras) es pieza estructural de una civilizaci&oacute;n sana. M&aacute;s aun, es necesidad casi absoluta para cada uno de sus miembros. Olvidar eso es olvidar la Historia. Olvidar la Historia es enterrar el futuro, aunque parezca parad&oacute;jico.
    </p><p class="article-text">
        Siempre han existido intentos de terminar con la Historia. Qin Shi Huang (primer emperador chino) hizo eliminar todos los libros anteriores a &eacute;l, porque consider&oacute; que todo lo interesante de la Humanidad empezaba con su reinado. Los musulmanes quemaron libros en Serapeum y Alejandr&iacute;a, por no citar que en algunos lugares del orbe esta pr&aacute;ctica se sigue realizando con impunidad. Igual hicieron los nazis, o los golpistas en la Espa&ntilde;a del 36. Kenzaburo Oe escribi&oacute; una obra bell&iacute;sima que llevaba por t&iacute;tulo 'Arrancad las semillas, fusilad a los ni&ntilde;os'. Tambi&eacute;n &eacute;l habla, a su manera, de olvidar la Historia. Eso que nunca se deber&iacute;a de hacer, que jam&aacute;s debi&eacute;ramos permitir. Eso que es t&iacute;pico de est&oacute;lidos. O de fan&aacute;ticos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/olvidando-historia_132_3039972.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Nov 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Historia,Marcos Pereda,Pablo Casado]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El libro sobre la figura del ciclista Perico Delgado se presenta en Santander]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/ciclista-perico-delgado-presenta-santander_1_3060664.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb845910-a081-4a6e-8ceb-a20c41779695_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra del escritor y docente cántabro Marcos Pereda estrenará la segunda edición de 'Periquismo, crónica de una pasión</p><p class="subtitle">La Librería Gil albergará el evento que tendrá lugar este viernes a las 19.00 horas con la presencia del autor y un excompañero de Perico</p></div><p class="article-text">
        Marcos Pereda, escritor y docente, acerca la segunda edici&oacute;n de su obra 'Periquismo, cr&oacute;nica de una pasi&oacute;n' a la Librer&iacute;a Gil (Calle Hern&aacute;n Cort&eacute;s, 23) de la capital c&aacute;ntabra. El evento tendr&aacute; lugar este viernes 24 de noviembre a las 19.00 horas y en el acto estar&aacute;n presentes tanto el propio Pereda como Enrique Aja, excompa&ntilde;ero de Perico Delgado, y Jos&eacute; Guti&eacute;rrez, escritor especializado en ciclismo.
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                </figure><p class="article-text">
        Este trabajo narra la historia del ciclismo espa&ntilde;ol en los a&ntilde;os 80, c&oacute;mo en aquella &eacute;poca el deporte se encontraba en un estado muy fr&aacute;gil dentro de nuestras fronteras. Tradicionalmente, hab&iacute;a contado con mucha historia en Espa&ntilde;a en los a&ntilde;os 50, 60 y 70, sin embargo, se encontraba en plena d&eacute;cada de los a&ntilde;os 80 con un serio problema de competitividad dentro de sus deportistas. Hasta la llegada de 'Perico' Delgado.
    </p><p class="article-text">
        La obra supondr&aacute; el segundo trabajo centrado en el ciclismo del autor, tras su libro&nbsp;'Arriva Italia: Gloria y miseria de la naci&oacute;n que so&ntilde;&oacute; ciclismo'. La segunda edici&oacute;n de este ejemplar demuestra la gran acogida por parte de un p&uacute;blico que ya recibi&oacute; con los brazos abiertos su trabajo sobre la pasi&oacute;n ciclista en tierras italianas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me parece una figura muy simb&oacute;lica de los a&ntilde;os 80 en Espa&ntilde;a, me parece una figura a nivel narrativo y adem&aacute;s me permite jugar con un mont&oacute;n de interconexiones entre el deporte, la sociedad y la cultura&rdquo;, <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/cultura/Marcos-Pereda-presenta-Periquismo-cronica_0_693980680.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">explic&oacute; Pereda a este medio</a>.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;adi&oacute;, adem&aacute;s, que &ldquo;cogiendo a Pedro Delgado puedo hablar de Mario Conde, puedo hablar de la ca&iacute;da de la URSS, puedo hablar de la entrada en la Comunidad Econ&oacute;mica Europea, puedo hablar de muchas cosas que, casualmente o no, est&aacute;n relacionadas con este ciclista&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Garro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/ciclista-perico-delgado-presenta-santander_1_3060664.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Nov 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El libro sobre la figura del ciclista Perico Delgado se presenta en Santander]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Santander,Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donde se escondía la patria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/escondia-patria_132_3087193.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a88eec7c-95d9-4b59-a05f-597d9314444d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Marcos Pereda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Uno se va haciendo mayor cuando la única primera vez que le queda es la primera en que recuerda todas sus primeras veces. Tiene la ventaja de que en lugar de nervios afloran, ahora, sonrisas a los labios.</p></div><p class="article-text">
        &Uacute;ltimamente, ustedes lo habr&aacute;n notado, se alude bastante en los medios de comunicaci&oacute;n al t&eacute;rmino &ldquo;Patria&rdquo;. Y se hace no solamente en relaci&oacute;n a la (fallida) novela del (muy apreciable novelista) Fernando Aramburu, sino en otros contextos. Aburridos unos, sentimentales otros, desaforados (valga la redundancia) los de m&aacute;s all&aacute;, descontextualizados casi todos. Un sinvivir, vaya, un aut&eacute;ntico monopolio de la informaci&oacute;n, el debate, las reflexiones. Tranquilos, no les voy a cascar otro art&iacute;culo sobre el &ldquo;Tema&rdquo;. Tienen de sobra en los lugares donde habitualmente picoteen. Algunos incluso son interesantes y aportan ideas no repetidas mil veces. Pero como el m&iacute;o no ser&iacute;a de esos&hellip; pasaremos a otros asuntos.
    </p><p class="article-text">
        Les dec&iacute;a que lo de patria se repite como un mantra (y, como todos los mantras, la m&iacute;mesis sincopada del t&eacute;rmino lo desviste de cualquier significado, pasando a ser un <em>ommmm</em> cualquiera) y ya nos parece hasta de la familia. Quiz&aacute; por eso sorprende que nadie venga a acordarse de Rilke. Sorprende relativamente, vaya, porque remembrar es volver a vivir, y me temo que muchos de los que escriben, varios de los que hablan y casi todos los que pontifican piensen que esto del Rilke es un medicamento. Y, oigan, no.
    </p><p class="article-text">
        Dej&oacute; escrito Rilke, entre otras bastantes cosas, que la verdadera patria del hombre es la infancia. Y es una idea, como les digo, que se encuentra ausente de toda esta aliteraci&oacute;n con la palabrita. Puede que porque reconocer ese reducto vital, ese instante de aut&eacute;ntica identidad, supone de facto cargarnos el resto de los rebuznos preparados para la ocasi&oacute;n. Pero vaya. Ya saben.
    </p><p class="article-text">
        A mi patria el otro d&iacute;a le arrancaron uno de sus elementos fundamentales, una parte ineludible de su paisaje, casi los limes que separaban la ni&ntilde;ez infantil de la mo&ntilde;ez adulta. Poca cosa, apenas una an&eacute;cdota. Unas vallas que se sustituyen por banquitos de madera. Ya ven, queda mucho mejor. Pero, joder, esas eran mis vallas. Las nuestras. Donde nos sent&aacute;bamos, esper&aacute;bamos, ve&iacute;amos pasar los coches en la carretera nacional. Tonter&iacute;as. Pero te tocan, al final.
    </p><p class="article-text">
        Uno se va haciendo mayor cuando la &uacute;nica primera vez que le queda es la primera en que recuerda todas sus primeras veces. Tiene la ventaja de que en lugar de nervios afloran, ahora, sonrisas a los labios. Pero, a la larga, no deja de ser un poco amarga. Los parajes de la ni&ntilde;ez permanecen, siempre, inalterables e inalterados. Aunque ya no existan, aunque ya no sean. Cierras los ojos y as&iacute;, de un momento al siguiente, se cierra la serrer&iacute;a, asfaltan los caminos, desaparecen las zarzas grandes como personas que escond&iacute;an miseria y secretos. Visto as&iacute; quiz&aacute; no afecta. La metamorfosis es lenta, pero resulta fugaz si no se sigue desde el momento en que se empieza a formar el capullo. Por eso, a lo mejor, toca tanto lo de las vallas. Por no suponer un cambio radical, sino algo m&aacute;s tenue, m&aacute;s sutil. Como la espita de una cuba. Al final acaba por vaciarla&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Enti&eacute;ndanme bien. Esas vallas ten&iacute;an que desaparecer. Eran poco funcionales. Eran feas, estaban desconchadas, dejaban marcas de pintura roja y herrumbre oxidada en las manos. Resultaban incomodas, delimitaban en demas&iacute;a lo que deber&iacute;a ser un espacio abierto. Eran, s&iacute;, rescoldos de otros tiempos en los que los barrios eran <em>barrios</em> (y dibujen ustedes sus propios recuerdos en las cursivas). Pero, co&ntilde;o, eran nuestras. Ahora hay bancos de madera comod&iacute;simos, y mucho m&aacute;s &uacute;tiles, y m&aacute;s modernos, y m&aacute;s adaptados a todo lo adaptable. Pero, ya ven&hellip; no son nuestros.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, en esas vallas, se erig&iacute;a el final de la plaza donde estuvo toda nuestra patria, que dir&iacute;a Rilke. Donde alcanzaban el mirar y las horas (tampoco de forma estricta, que antes no se sobreproteg&iacute;a tanto a los ni&ntilde;os, &iquest;saben?). Un rect&aacute;ngulo, como si fuese bolera. Un par cientos de metros. A un lado un muro, al otro las vallas. Delimitando, paredes altas de ladrillo rojo. All&iacute; se jugaba, se viv&iacute;a. A veces hasta sue&ntilde;o que se so&ntilde;aba, pero seguramente sean solo enso&ntilde;aciones, porque los ni&ntilde;os no andan a esas frusler&iacute;as. Hoy no hay muro, no hay vallas, no hay ladrillos y s&iacute; escaparates. El mundo es un lugar m&aacute;s grande, sin mojones limit&aacute;ndolo. Hay m&aacute;s colores, s&iacute; que los hay, pero la mayor&iacute;a brillan menos. O no. Y es solo el recuerdo del recuerdo.
    </p><p class="article-text">
        De cualquier forma, ya no hay vallas. Hoy la plaza est&aacute; mejor, pero no igual. Es otro lugar, son otros tiempos. Se fue la patria, que es &uacute;nicamente, ahora, el temblor de un pesta&ntilde;eo y el olor de trementina cuando pintaban aquellos trozos de metal, tan feos, que se descascarillaban apenas unos d&iacute;as despu&eacute;s y te dejaban escamas rojas y blancas bajo las u&ntilde;as. Esa es, s&iacute;, la Patria, y no la otra. Aquella de la que ustedes, aburridos, tanto leen estos d&iacute;as.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/escondia-patria_132_3087193.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 05 Nov 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Donde se escondía la patria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Medio milenio arriba o abajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/medio-milenio-arriba-abajo_132_3115295.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38df174b-1c5b-4a3d-baa7-a8257cb4d2f3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Carlos I y su esposa Isabel."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace exactamente 500 años cruzaba las tierras de las Asturias de Santillana y Campoo quien, poco tiempo después, sería jurado como Carlos I.</p></div><p class="article-text">
        Ustedes ya saben, porque van cogiendo el hilo, que a m&iacute; me gusta menos la Historia que las historias. Que prefiero los relatos peque&ntilde;os que las grandes epopeyas, que cuento con m&aacute;s gusto el d&iacute;a a d&iacute;a en una peque&ntilde;a aldea que los fechos celeb&eacute;rrimos de reyes y generales. Lo que reviste cierta l&oacute;gica, si lo reflexionan, porque aquello que podemos llamar el relato oficial no deja de ser una biograf&iacute;a cruzada de quienes representan a una diminuta, infinitesimal, fracci&oacute;n de todos los hombres y mujeres que han vivido. Y que, por eso mismo, pareciera albergar cierta l&oacute;gica el que posemos al menos por un rato nuestra atenci&oacute;n en los ritos, rutinas y experiencias de quienes, en esta y todas las &eacute;pocas, han constituido la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. Y por eso hablo tanto de molinos, y de vacas, y del ma&iacute;z, y de caminos, sendas o veredas.
    </p><p class="article-text">
        Pero se pueden hacer excepciones, &iquest;no? M&aacute;s bien, deber&iacute;an hacerse. Cosas que pasaron y que tuvieron la suficiente importancia como para recordarse hoy en d&iacute;a. Que est&aacute;n, adem&aacute;s, rodeadas de color, de elementos sobre los que reflexionar y solazarse. Historia contada en historias, vamos. De esa que no leer&aacute;n por ah&iacute;. Por ah&iacute;. Pongan ustedes el nombre adecuado a ese &ldquo;ah&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre todo en fechas redondas. Como el medio milenio, &iquest;se les ocurre data m&aacute;s llamativa? Hace exactamente 500 a&ntilde;os cruzaba las tierras de las Asturias de Santillana y Campoo quien, poco tiempo despu&eacute;s, ser&iacute;a jurado como Carlos I. El t&iacute;o que m&aacute;s tarde acabar&aacute; siendo el m&aacute;s poderoso de Europa. El joven aquel de barbilla pronunciada y gesto algo adusto, que apenas hablaba castellano y, la verdad, ten&iacute;a pocas ganas de venirse a este p&aacute;ramo de b&aacute;rbaros atrasados, con lo a gustito que se est&aacute; en Flandes, co&ntilde;o, ya. Ese mismo. Poca cosa.
    </p><p class="article-text">
        La cosa es que de este viaje conocemos hasta los m&aacute;s &iacute;ntimos detalles desde su misma llegada al peque&ntilde;o pueblecito asturiano de Tazones, donde al futuro emperador lo reciben a hostia limpia, lanz&aacute;ndole todo lo que tuviesen a mano. Imaginen una aldea de pescadores que ve aparecer a lo lejos un mont&oacute;n de naves, m&aacute;s de cuarenta, engalanadas con un mont&oacute;n de pendones. Se acojonaron pensando que eran piratas y bueno&hellip; ya saben&hellip; a luchar por la propia vida. Pero luego ya s&iacute;, luego rindieron pleites&iacute;a al majete aquel que miraba con aire aburrido y no pod&iacute;a cerrar la boca.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a, tenemos toda la informaci&oacute;n necesaria sobre este paso como para trenzar un relato sostenido, minucioso y, por qu&eacute; no decirlo, sumamente divertido de tal peregrinar. Estamos en deuda con Laurent Vital, un ayudante de c&aacute;mara del Habsburgo, que lo fue anotando todo con oficio de notario pero esp&iacute;ritu de literato. Porque el sinverg&uuml;enza tiene gracia, aunque sus ojos y sus palabras abusen en ocasiones de lo sical&iacute;ptico. En exceso, digo.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos, as&iacute;, que el tal Carlos se puso malito porque le cogi&oacute; un chaparr&oacute;n entre Unquera y San Vicente de la Barquera, y que hubo de guardar cama all&iacute;. Que lo intentaron curar con lo m&aacute;s avanzado para la &eacute;poca, que era el polvo de aut&eacute;ntico cuerno de unicornio. Diluido en agua, ojo. Que durmi&oacute; en Trece&ntilde;o, luego en Cabu&eacute;rniga y m&aacute;s tarde en Los Tojos, donde a la comitiva les pas&oacute; de todo, desde una tormenta republicana que se llev&oacute; por delante terciopelos y donosuras hasta un ataque de pulgas y chinches que se cebaron con la muy blanquita carne del Habsburgo, oblig&aacute;ndole a tomar viaje en plena madrugada. Cosas veredes, vaya. El &uacute;ltimo sitio de la actual Cantabria donde estuvo unos buenos d&iacute;as durmiendo fue Reinosa, alojado en una aut&eacute;ntica casa de los l&iacute;os, con piadosos anfitriones que libraban de tal condici&oacute;n (la p&iacute;a, no la generosa) una vez a la semana.
    </p><p class="article-text">
        Como les digo el relato es fascinante, entretenido y delicioso, lleno de giros, de comentarios sobre el humor y la naturaleza de las gentes de estas tierras (algunos poco amables, por si piensan lo contrario), y con descripciones que son oro puro en manos del curioso. Pero, sobre todo, el relato fija con precisi&oacute;n unos hechos de los que ahora se cumplen, como dijimos, medio milenio. Y llama poderosamente la atenci&oacute;n la poca importancia que est&aacute; teniendo tal conmemoraci&oacute;n en prensa o instituciones. Vamos, que no veo yo por ah&iacute; libros, o charlas, o ciclos de conferencias. Con las excepciones habidas, que las hay y ante quienes me disculpo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pues de eso era de lo que querr&iacute;a hablarles hoy. De los fastos culturales que no se celebrar&aacute;n, de las celebraciones que no se har&aacute;n, de tantas posibilidades como tiene esta tierra que, a veces, nos empe&ntilde;amos en despreciar. O, al menos, en desconocer. O, oigan. Es una pena. Una pena enorme.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/medio-milenio-arriba-abajo_132_3115295.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Oct 2017 09:01:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Medio milenio arriba o abajo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Asubiaderos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/asubiaderos_132_3135279.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/92b5e041-c4e6-42cc-bd0d-0ba379e901cb_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Eran espacios funcionales, bien construidos, incluso con un cierto sentido estético. Lugares cumplidores tan exitosamente de su cometido que muchos años después la inmensa mayoría siguen en pie.</p></div><p class="article-text">
        En Cantabria llueve, llueve mucho. O llov&iacute;a. O llovi&oacute;, vaya. Dej&eacute;moslo en que en Cantabria antes llov&iacute;a un mont&oacute;n, &iquest;s&iacute;? Esto es algo que ya hab&iacute;a dicho en algunas otras ocasiones, pero merece la pena abundar sobre la idea, por si me est&aacute; leyendo alg&uacute;n <em>millennial</em>, que bien podr&iacute;a pensar que vive en un lugar con t&oacute;rrido clima mediterr&aacute;neo. Y no. O antes no, dec&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pues eso, que en Cantabria llov&iacute;a mucho. De cojones, escribir&iacute;a, si no estuviera en un medio serio. De cojones significa que ca&iacute;a agua y agua durante d&iacute;as y d&iacute;as. Y vuelta a empezar despu&eacute;s de unos t&iacute;midos rayos de sol. Llov&iacute;a, adem&aacute;s, de muchas formas distintas, y esto es una particularidad que otorga cierto pedigr&iacute; dentro de las clasificaciones de pluviosidad. Que al Pas no llegan los monzones, pero tambi&eacute;n tiene su punto. 
    </p><p class="article-text">
        A veces eran chaparrones cortos, intensos, con gotas gordas como garbanzos que hasta llegaban a hacerte da&ntilde;o en los brazos, en la cabeza, en los hombros (por cierto, &iquest;por qu&eacute; cuando llueve levantamos los hombros?, no lo entiendo). Otras era una lluvia constante, fina y densa, que se quedaba a vivir con nosotros durante horas, que cubr&iacute;a por completo los cristales, que hac&iacute;a brillar la hierba. Una de esas que parece arrojada art&iacute;sticamente contra las ventanas, pintura transparente en jilas y trisquidos del fuego. De vacas tumbadas todas mirando en la misma direcci&oacute;n, evitando que la tormenta se les meta en los ojos. Y de vez en cuando ca&iacute;a mi preferida, que es la lluvia que llega de costado, la que te cala en cualquier situaci&oacute;n. No hay remedio posible. Esto de la lluvia de costado, por cierto, es algo que all&aacute; afuera, al sur de Valderredible, entienden regular. Supongo que porque hay que vivirlo. Mojarse con ello.
    </p><p class="article-text">
        Como llov&iacute;a mucho en esta tierra fueron apareciendo a lo largo de la historia muchas y muy diferentes formas de asubiarse. Lo del asubio es una de esas <em>palabrucas</em> que tenemos aqu&iacute; y en ning&uacute;n otro lugar, y que como no salen en la tele ni en las letras de canciones tontas pues poco a poco se va perdiendo. Sospecho de que de forma irremediable. Modernidad, lo llaman. Pues eso, que aqu&iacute; han surgido muchos asubiaderos a lo largo de la historia. Hemos tenido escurrideras, que no es lo mismo pero que suelen incluir un lugar donde guarecerse. Tenemos portales, cornisas, &aacute;rboles, atrios de iglesias. Tenemos socarre&ntilde;as y cuevas. Hasta tenemos paraguas, que en los pueblos se llevan siempre colgados del cuello de la camisa, posados sobre la espalda. Estampa cl&aacute;sica, advierto. Y hay tambi&eacute;n distintos asubiaderos en la Cantabria m&aacute;s rural que databan de los a&ntilde;os setenta y ochenta y hac&iacute;an labor inicial de parada de autob&uacute;s. Espacios de piedra con un asiento dentro (en Campoo, por aquello del fr&iacute;o, incorporan un peque&ntilde;o hogar donde encender un fuego diminuto y titilante donde calentar las manos) que aparec&iacute;an rematados con las palabras (o el logo) &ldquo;Caja de Ahorros de Santander y Cantabria&rdquo;. No lo lean en voz alta, porque esa instituci&oacute;n ya no existe y su mera menci&oacute;n est&aacute; vedada&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Eran espacios funcionales, bien construidos, incluso con un cierto sentido est&eacute;tico. Lugares cumplidores tan exitosamente de su cometido que muchos a&ntilde;os despu&eacute;s la inmensa mayor&iacute;a siguen en pie. Incluso en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han surgido otros, de madera y cristal, que parecen adaptar a los nuevos tiempos las viejas misiones. El no mojarnos, vaya. Como digo, una constante en los pueblos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no en todos. Yo vivo en un pueblo, en uno no demasiado rural por cercan&iacute;a con  centros m&aacute;s grandes y para nada aislado por la misma raz&oacute;n. No voy a decir cu&aacute;l es, pero tiene una costa con Urros, ustedes saben. All&iacute; hab&iacute;a un asubiadero que hac&iacute;a de parada de autob&uacute;s, color marr&oacute;n oscuro. Para que nos hagamos una idea, cuando llueve en mi pueblo suele arreciar bastante, por aquello del viento que viene de la mar y esas cosas que tampoco vas a andar explicando por ac&aacute;. As&iacute; que tener un sitio donde guarecerte era bastante importante. Era.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace unos meses ha desaparecido. No tengo ni idea de lo que ha pasado, de la raz&oacute;n. Es m&aacute;s, como no soy habitual usuario del transporte p&uacute;blico (y aqu&iacute; entono el mea culpa) ni siquiera me hab&iacute;a dado cuenta hasta que me lo han se&ntilde;alado. Que sigue habiendo parada de autob&uacute;s pero no un lugar a cubierto donde esperarlo. Porque all&iacute;, realmente, no hay nada. Ni cornisas, ni portales, ni socarre&ntilde;as. Nada. Bueno, s&iacute;, gente esperando, chavales que van al instituto, otros que acuden cada ma&ntilde;ana al trabajo rodando con ojos de sue&ntilde;o y la cabeza un poco ca&iacute;da contra el cristal del autocar. Esos. Los que, parece, van a chupar fr&iacute;o y agua como campeones a nada que se nos meta el invierno. Que ni s&eacute; cu&aacute;ndo llegar&aacute;, pero acabar&aacute; haci&eacute;ndolo. Espero.
    </p><p class="article-text">
        Esto puede parecer asunto menor, quiz&aacute; poco menos que una an&eacute;cdota que no merece mayor atenci&oacute;n, que no justifica un art&iacute;culo. A lo mejor es as&iacute;. Pero tambi&eacute;n pienso que es en cosas como esa donde se ve una mejora en el bienestar de una poblaci&oacute;n. En obras peque&ntilde;as o medianas, pero que inciden directamente sobre la vida de las personas. La de cada d&iacute;a, la que cala y tiene rostro somnoliento y pocas ganas de ir a trabajar. Desconozco cu&aacute;l puede ser el coste de una obra como esa (apenas un cajet&iacute;n, no piensen en algo enorme) pero no me entra en la cabeza que no se afronte. He llegado a plantearme que igual han cerrado la f&aacute;brica que hac&iacute;a asubiaderos, f&iacute;jense ustedes&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Entre medias, entre s&iacute;es y noes, entre que llega y que se retrasa, entre que se instala y se deja apoyado sobre un murete, acabar&aacute; arribando el invierno. El del viento y la lluvia. Porque en Cantabria llueve, llueve mucho. O llover&aacute;. Y moja.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/asubiaderos_132_3135279.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Oct 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Asubiaderos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marcos Pereda presenta su nuevo libro 'Periquismo, crónica de una pasión']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/marcos-pereda-presenta-periquismo-cronica_1_3152459.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ef30d764-4095-4099-8840-42a1ea6d8eba_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Volta a Cataluña de 1994. | Biografía Perico Delgado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra ahonda en la figura de Pedro Delgado 'Perico' y en sus fans, además de narrar cómo se convirtió en una leyenda del ciclismo español</p><p class="subtitle">La librería DLibros de Torrelavega acogerá la presentación del nuevo trabajo del escritor este viernes 6 de octubre, a las 20.00</p></div><p class="article-text">
        Marcos Pereda (Torrelavega, 1981), periodista y colaborador de eldiario.es Cantabria, autor de otras obras como 'Arriva Italia: Gloria y miseria de la Naci&oacute;n que so&ntilde;&oacute; ciclismo', vuelve tras dos a&ntilde;os de trabajo con un nuevo libro sobre el deporte de las dos ruedas: 'Periquismo, cr&oacute;nica de una pasi&oacute;n'.
    </p><p class="article-text">
        El evento tendr&aacute; lugar este viernes 6 de octubre a las 20:00 en la librer&iacute;a 'DLibros', en la calle Lasaga Larreta 11, de Torrelavega, y servir&aacute; para presentar de manera oficial su nueva obra, que ya puede adquirirse. Adem&aacute;s, contar&aacute; con la presencia de Herminio D&iacute;az Zabala, exciclista profesional y antiguo compa&ntilde;ero de Perico.
    </p><p class="article-text">
        La sinopsis de 'Periquismo, cr&oacute;nica de una pasi&oacute;n' narra c&oacute;mo a principios de la d&eacute;cada de los 80 la situaci&oacute;n del ciclismo espa&ntilde;ol se encontraba en un estado muy delicado. El deporte, que tradicionalmente hab&iacute;a contado con muchos y muy buenos competidores nacionales, estaba pasando una mala etapa, hasta la aparici&oacute;n de Pedro Delgado, m&aacute;s conocido como 'Perico'.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me parece una figura muy simb&oacute;lica de los a&ntilde;os 80 en Espa&ntilde;a, me parece una figura a nivel narrativo y adem&aacute;s me permite jugar con un mont&oacute;n de interconexiones entre el deporte, la sociedad y la cultura&rdquo;, ha explicado a eldiario.es Marcos Pereda. &ldquo;Cogiendo a Pedro Delgado puedo hablar de Mario Conde , puedo hablar de la ca&iacute;da de la URSS, puedo hablar de la entrada en la Comunidad Econ&oacute;mica Europea, se puede hablar de muchas cosas que, casualmente o no, est&aacute;n relacionadas con este ciclista&rdquo;, ha a&ntilde;adido.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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          El libro funciona como un homenaje a uno de los ciclistas de mayor renombre a nivel nacional e internacional, y un nuevo acercamiento a este deporte y a sus fans. Como indica su t&iacute;tulo, no es solo una obra sobre Perico, sino tambi&eacute;n sobre el 'Periquismo'.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todo, Marcos Pereda comenta que no ha terminado de cubrir &ldquo;ni mucho menos&rdquo; las historias del ciclismo. &ldquo;Hay bastantes cosas muy curiosas todav&iacute;a, y se pueden seguir mezclando estilos y tem&aacute;ticas, todav&iacute;a no est&aacute; agotado para hacer cosas interesantes con &eacute;l&rdquo;, adelanta este escritor, muy reconocido dentro de este deporte.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Garro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/marcos-pereda-presenta-periquismo-cronica_1_3152459.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Oct 2017 12:18:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Marcos Pereda presenta su nuevo libro 'Periquismo, crónica de una pasión']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La carcundia y el Centro Botín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/carcundia-centro-botin_132_3303581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cea528a0-012f-493e-b470-b4f6a5b4068e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Luz, baile, color, con guiños al mar, animan al público con el Centro Botín"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La carcundia acude a los toros en la Feria de Santiago porque hay que mantener las tradiciones, pero llamará cateto a todo aquel que lleve albarcas. O pito y tambor.</p></div><p class="article-text">
        Anda estos d&iacute;as la carcundia santanderina escandalizada porque les han quitado no s&eacute; qu&eacute; de unas vistas. Que posee su iron&iacute;a, oigan. A muchos niveles. Ya ver&aacute;n, ya.
    </p><p class="article-text">
        La carcundia santanderina es que tiene estas cosas. Ustedes seguro que les conocen, porque incluyen una serie de caracter&iacute;sticas que los pinta como inconfundibles. Ellos pasean, nunca caminan. Escrutan y desaprueban, jam&aacute;s miran. Gafas de sol, jersey al hombro, caracolillos (si queda pelo) en la nuca. Siempre de punta en blanco, por el qu&eacute; dir&aacute;n. Pulseras, muchas, alguna cadena incluso. Saludando con gesto torvo, serio, salvo que deseen hablar con una de esas personas-a-las-que-hay-que-conocer, entonces todo efusividad, sonrisas blancas, arruguitas alrededor de los ojos.
    </p><p class="article-text">
        La carcundia acude a los toros en la Feria de Santiago porque hay que mantener las tradiciones, pero llamar&aacute; cateto a todo aquel que lleve albarcas. O pito y tambor. O camiseta, vaya. De vez en cuando regalan una mirada nost&aacute;lgica al Palacio de La Magdalena, por si sorprendiesen de nuevo al rey Alfonso XIII persiguiendo a alguna se&ntilde;orita del servicio. Aquellos s&iacute; eran buenos tiempos, co&ntilde;o, visionando porno de calidad junto al egregio coronado. Ojal&aacute; volviesen. Y as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, muchos de esos (tampoco todos, no es cosa de generalizar, ejem) andan pel&iacute;n escocidos porque donde antes hab&iacute;a vista di&aacute;fana de la Bah&iacute;a (principio y final de Cantabria, alfa y omega, eje vertebrador de una forma de entender el universo) se alza ahora la casa de los ligues del entra&ntilde;able Troy McClure, ese simp&aacute;tico personaje animado de los Simpson a quien recordar&aacute;n de otros art&iacute;culos como 'Cuando tu atractivo ya no te basta, Quimby'. Lo llaman el Centro Bot&iacute;n, y cuentan que ha venido desde un futuro mejor para llevar la vida cultural de la zona hasta niveles jam&aacute;s imaginados.
    </p><p class="article-text">
        Aclaremos un par de puntos. El que es escribe es un completo, y gozoso, ignorante de eso que llaman arte contempor&aacute;neo. Cuando le da por ponerse c&iacute;nico incluso afirma, sin atisbo alguno de rubor, que el mundo ser&iacute;a un lugar m&aacute;s agradable (o, como poco, tendr&iacute;a menos imb&eacute;ciles) si el idiota de Andy Warhol hubiese dedicado su vida a&hellip; no s&eacute;, el macram&eacute;. Claro que al menos &eacute;l hizo lo de Lou Reed. Punto para Andy. Lo que quiero decir es que a m&iacute; el edificio, de por s&iacute;, me parece feo, y creo que en relaci&oacute;n a lo que le rodea es como si pusieran ustedes una caba&ntilde;a pasiega en mitad de Manhattan. Raro, aunque podr&iacute;a funcionar si enga&ntilde;an a un n&uacute;mero suficiente de <em>snobs</em> para que la visiten. Todo es probar.
    </p><p class="article-text">
        Y no tengo claro que la impresi&oacute;n mejore con las obras expuestas en el interior, aunque ojal&aacute; me equivoque. Porque al final, como todos, acudir&eacute; a ver algo en alg&uacute;n momento, &iquest;no? Algo acabar&aacute; interes&aacute;ndome, e incluso algo aprovechar&eacute; aunque de primeras no me llame (la sorpresa es un enorme placer). Solo espero que cuando ocurra no tenga que aguantar demasiados discursos pedantes y vacuos. O una cosa o la otra, pero las dos no, por favor&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pero a lo que &iacute;bamos de la carcundia, porque termino divagando. Que les quitan las vistas, a los mi pobres. Y luz, un mont&oacute;n de luz, toneladas de luz (&iquest;la luz se mide en toneladas?). Lo relajante que era aquella visi&oacute;n anta&ntilde;o, y lo que estresa ahora. Y ya no se puede mirar a gusto todo el asunto de la mar brava en d&iacute;as de sur, ni la otra orilla, ni el Picu Llen. O Pe&ntilde;a Cabarga, vaya. Nos roban nuestros paisajes, lo &uacute;nico que nos queda a estas alturas. Lo que siempre estuvo ah&iacute;, desde que el mundo es mundo y en Portus Victoriae desembarc&oacute; Augusto.
    </p><p class="article-text">
        Solo que no, curiosamente. Que el aspecto de la Bah&iacute;a ha mutado mucho en los &uacute;ltimos tiempos, aun m&aacute;s si nos vamos un par de siglos atr&aacute;s. Como que antes era el doble de grande, y donde hoy hay prados anta&ntilde;o hubo, sobre todo, bosques. Pero vayan a explicarle eso a la carcundia. Si ya Gerardo Diego (que era un gran pusil&aacute;nime, seguramente el mayor pecado en el que puede caer un poeta) se quejaba de que le hab&iacute;a erizado Pe&ntilde;a Cabarga y no era tan bonita como antes. Si vuelve Gald&oacute;s qu&eacute; se va a pensar al ver ese horror all&iacute;. O Alfonso XIII, vaya. Ni porno ni nada. Toda una verg&uuml;enza.
    </p><p class="article-text">
        En su descargo hay que decir que la opini&oacute;n sobre los &ldquo;elementos externos que surgen del agua y me arruinan la bonita vista&rdquo; no es siempre la misma. Aun se recuerda c&oacute;mo puso el grito en el cielo el anterior m&aacute;ximo cargo de la ciudad (hoy fomentado en Madrid, aunque no es descartable que lo estiben de vuelta un d&iacute;a de estos) cuando alg&uacute;n ayuntamiento de la parte sur de la Bah&iacute;a os&oacute; plantear la posibilidad de colocar aerogeneradores en su t&eacute;rmino territorial. Anatema, locos, bachi-buzuk, insensatos. Ah&iacute; s&iacute; que importaba la est&eacute;tica, mira t&uacute;, que no me vas a comparar el atardecer con aspas de molino al fondo. Y nosotros vivimos del turismo, joder, que a veces no queremos entenderlo. Igual hasta ni vienen los del barco.
    </p><p class="article-text">
        Y lo mismo cuando se plantea la (peri&oacute;dica) cuesti&oacute;n del puente que comunique Santander con Cudeyo. Tambi&eacute;n acusaciones de insania absoluta. Claro que si el asunto es hacer un enorme dique para que el mar (ese intr&eacute;pido enemigo) no se lleve arena de una playa que ya no es playa (porque las playas tienen arena, y si te tienen que reponer tan sagrado material a&ntilde;o tras a&ntilde;o es que ni tienes ni vas a tener esa condici&oacute;n de cara al futuro) entonces, pues oigan, ah&iacute; no hay est&eacute;tica que valga. Que ser&aacute; m&aacute;s importante el tema de la playita, &iquest;no? Aunque desgraciemos la biolog&iacute;a del lugar, y las corrientes y todas esas cosas tan de <em>hippies</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero vamos, que la cosa es quejarse. Y que bien har&iacute;a la carcundia en acostumbrarse al asunto, porque no parece que haya marcha atr&aacute;s. Claro que esos mismos ser&aacute;n quienes, en diez a&ntilde;itos, digan que el Centro Bot&iacute;n estuvo ah&iacute; de toda la vida, y que c&oacute;mo ha mejorado la ciudad, y que esto ya no es lo que era. Y mirar&aacute;n, nost&aacute;lgicos, a La Magdalena. Ojal&aacute; volviese. Ojal&aacute;&hellip; 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/carcundia-centro-botin_132_3303581.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Jul 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La carcundia y el Centro Botín]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre los carriles-bici]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/carriles-bici_132_3348681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/889dca2e-5c80-468c-982d-db5641e82b57_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las bicis tienen ya un lugar por donde circular. Se llama carretera, y, paradójicamente, lleva allí menos años que las propias bicicletas.</p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas estuve hablando <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/bicis_6_645395495.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute; mismo</a> de seguridad vial, y m&aacute;s concretamente de la convivencia entre bicicletas y veh&iacute;culos a motor en carretera. Esa que debe de estar basada (como todo, vamos) en un respeto mutuo que, creo, se est&aacute; perdiendo poco a poco. Lo hice al hilo del monopolio informativo que durante varias jornadas tuvieron los atropellos a ciclistas, y que desataron una psicosis alarmista poco acorde con la realidad. Por cierto, &iquest;se han fijado que ya no atropellan bicis en las noticias de la televisi&oacute;n? Modas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        En aquel momento dej&eacute; esbozada la idea para una segunda reflexi&oacute;n, basada en los carriles-bici, su idoneidad, su misma naturaleza. Y es algo que, parece, interesa, porque varias personas (lo de miles de <em>fanes</em> lo dejamos para otros lares) me han indicado que ahonde en el tema. As&iacute; que, sumiso y obediente, lo hago. Y dejo claro, desde el principio, que si cuando hablaba de los atropellos lo hac&iacute;a bas&aacute;ndome en datos oficiales adem&aacute;s de en mi propia experiencia (es decir, intentaba proporcionar una idea objetiva-subjetiva sobre el asunto) aqu&iacute; &uacute;nicamente voy a emitir una opini&oacute;n. Y, por lo tanto, nadie debe estar de acuerdo con ella, ni siquiera respetarla, porque las dem&aacute;s son tan v&aacute;lidas como la m&iacute;a. Pero ahora escribo yo, as&iacute; que all&aacute; va.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; no me gustan los carriles-bici. Y no me gustan por diversas razones, que voy a exponer m&aacute;s abajo. Pero es que, adem&aacute;s, uno de los problemas viene cuando llamamos carril-bici a algo que no lo es. Lo que sucede con mucha frecuencia aqu&iacute;, solo hay que darse una vuelta por Santander, poniendo un ejemplo cercano. Un carril bici no es una acera pintada de diferente color (hay que ser muy necio para pensar que la pintura roja puede transformar, por arte de birbirloque, un espacio en otro completamente diferente, espantando con sus efectos m&aacute;gicos a coches y peatones), como tampoco lo es una cuneta pintada de otro color (quiero decir, si la bici tiene que ir por la cuneta <em>per se</em>, &iquest;qu&eacute; diferencia hay entre la misma cuneta y el carril bici?).
    </p><p class="article-text">
        Huelga decir que el carril-bici es un sitio para bicis y no para patinadores, perros, ni&ntilde;os, pelotas, pijos con jersey al hombro y gomina, encorbatados, familias numerosas o veraneantes ocasionales. As&iacute; las cosas, si pensamos que el carril-bici debe de estar segregado de la acera y de la v&iacute;a, separado con alguna medida de seguridad (no con andas sonoras, que no detienen al autom&oacute;vil que invade el espacio de la bicicleta&hellip;), asfaltado y con comunicaci&oacute;n directa a otros espacios donde puedan rodar las bicicletas (es decir, que no acaben en mitad de la nada o desemboquen en una autopista)&hellip; si tenemos todo eso en cuenta&hellip; pues veremos que aqu&iacute; carriles-bici, lo que se dice carriles-bici&hellip;no hay. As&iacute; que la reflexi&oacute;n siguiente va a estar sostenida en las nubes, en el aire&hellip; porque carecemos de un ejemplo concreto.
    </p><p class="article-text">
        Pero como somos as&iacute; de salerosos, haremos como si hubiese, y argumentaremos de esa forma. As&iacute; que, primera idea, soy contrario a los carriles-bici. Con muy pocas excepciones, como la existencia de estas v&iacute;as alternativas para salir de grandes ciudades solo accesibles mediante autov&iacute;as o autopistas (que tambi&eacute;n habr&aacute; que pensar qu&eacute; tipo de concepto de ciudad se vende cuando solo se puede acceder mediante carreteras mastod&oacute;nticas). En esos casos, justificados, s&iacute; son de utilidad. Imprescindibles, incluso. Como tambi&eacute;n lo pueden ser los que est&aacute;n bien hechos, segregados con respecto a la carretera, y componen una &ldquo;v&iacute;a de servicio&rdquo; exclusiva para bicicletas paralela a otras sendas con mucho tr&aacute;nsito. De estas he visto hace poco fotograf&iacute;as que sac&oacute; Ander Izaguirre (un muy buen escritor que a veces emborrona cuartillas sobre ciclismo) en un reciente viaje al norte de Italia. Pero, ya les digo, son excepciones.
    </p><p class="article-text">
        Si no me gustan los carriles-bici es porque ya existen lugares donde pedalear. Se llaman carreteras y las bicicletas han circulado por ellas desde hace siglo y medio. S&iacute;, tambi&eacute;n por las ciudades, o donde hay mucho tr&aacute;fico. Si al coche le molesta que el ciclista vaya a una velocidad inferior a la suya es culpa del conductor, y no de quien pedalea tranquilamente all&iacute; por donde siempre lo hizo. Respeto, ya les digo. Y un poco de empoderamiento, que es palabra muy usada en otras (importantes) reivindicaciones, y que quiz&aacute;s deber&iacute;amos empezar a hacer nuestra tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Porque llevar las bicis al carril-bici es segregarlas del lugar que naturalmente ocupan. Y lo de segregar algo por su propio bien, separarlo del espacio que siempre hab&iacute;a usado solo porque es &ldquo;mejor para todos&rdquo; y as&iacute; &ldquo;estar&aacute;s m&aacute;s contento&rdquo; tiene un tufillo que no me agrada nada. No les quiero contar si adem&aacute;s lo que hacemos es trasladar las bicis a las aceras, donde se reproduce el problema anterior, solo que con los peatones caminando despacio y los veloc&iacute;pedos circulando m&aacute;s deprisa. Con el consiguiente mosqueo de unos y otros. Totalmente normal, en este caso, porque las bicicletas no deben ir por ah&iacute;, ya tienen su lugar.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a una comparaci&oacute;n que hice en el anterior art&iacute;culo&hellip; nadie se imagina un tractor obligado a ir por la acera, &iquest;verdad? Como mucho existir&aacute;n caminos rurales propios&hellip; Si a eso le sumamos perros, ni&ntilde;os circulando a baja velocidad y sin el adecuado equilibrio sobre la bici (porque est&aacute;n aprendiendo, que es algo que todos lo hemos hecho), padres hist&eacute;ricos (de estos hay cada vez m&aacute;s, y m&aacute;s molestos), piedras, baches, matorrales&hellip; bueno, es una gymkana. Una que, en lugar de diversi&oacute;n, garantiza un cierto peligro. Bastante, en ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s pegas de los carriles-bici&hellip; dificultan el aprendizaje. A no ser que usted sea un urbanita ac&eacute;rrimo y jam&aacute;s vaya a salir de las lindes de su ciudad (en Cantabria hay unos cuantos de estos) tarde o temprano tendr&aacute; que abandonar la falsa seguridad de su carril-bici y compartir v&iacute;a con autom&oacute;viles y motos. Y entonces no sabr&aacute; qu&eacute; hacer. O, peor aun, se aterrorizar&aacute;, tomar&aacute; las rotondas acojonado, crear&aacute; el caos. Porque en un carril-bici se desatiende todo lo que tiene que ver con las normas viales, con la adecuada convivencia dentro de una carretera, con los c&oacute;digos (escritos y no escritos) del respeto mutuo. Eso que se aprende poco a poco hasta conseguir controlar el miedo, prever las reacciones de los dem&aacute;s, actuar con eficacia en poco espacio y tiempo. Eso que es imposible lograr si solamente transitamos por los carriles-bici. Por cierto, ocurre lo mismo con los coches, que se acostumbran a ver que las bicis van por las aceras (ejem) y cuando una est&aacute; circulando por la calzada se dejan llevar por sus demonios internos pensando que hace lo que no puede hacer. Tengo varias an&eacute;cdotas sobre la situaci&oacute;n, muy graciosas. O no, en realidad est&aacute;n llenas de hijos de puta. Pero para otro d&iacute;a quedan&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Que, adem&aacute;s (ojo a la paradoja) resulta que estos espacios ciclistas est&aacute;n pensados para los coches y no para las bicis. Porque cada vez que un carril-bici tiene un cruce con una carretera siempre, indefectiblemente, la preferencia es del autom&oacute;vil. Lo cual crea situaciones potencialmente peligrosas en casos de giro a la derecha del turismo, por ejemplo. &iquest;Han probado a frenar en seco una bicicleta que circula a, digamos, 30 kil&oacute;metros por hora? No es tan f&aacute;cil, no es nada seguro. Pero as&iacute; est&aacute;n dispuestas las cosas. Mal. Ya si ustedes son unos <em>hipsters</em> con &iacute;nfulas que llevan una bici <em>fixie</em> sin tener ni idea de usarlas con eficacia (que es algo extremadamente complicado de aprender, que lleva tiempo, ca&iacute;das y muchos sustos) entonces el peligro se va a multiplicar. Pero en ese caso parte de la culpa es suya. Por ser tan idiota. H&aacute;gase cargo.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que en muchos lugares de Europa los carriles-bici est&aacute;n muy extendidos. Aunque quiz&aacute; muchos desconozcan la tendencia a eliminarlos, entendidos tal y como los hemos descrito m&aacute;s arriba, y a sustituirlos por otros segregados (de peatones y veh&iacute;culos). Pero esa no es la discusi&oacute;n. La cosa es que querer equipararnos con Holanda o Dinamarca as&iacute; de primeras (lugares donde la cultura de la bici est&aacute; muy extendida, con todas las consecuencias que ello acarrea) es peligroso. Ojo, que no todo es jolgorio por all&iacute; arriba: en Suecia hay un movimiento muy extendido de conductores que arrollan deliberadamente a ciclistas para quejarse por la lentitud que supone su presencia en las carreteras. Lo juro, busquen noticias. Vamos, que a veces nos quedamos solo con lo bueno.
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiero decir es que proponer que el carril-bici es la soluci&oacute;n al problema circulatorio entre bicis y coches parte de dos falacias. La primera es la propia existencia de tal problema, que no es tal, sino una convivencia ancestral que debe ser respetada por ambas partes. La segunda es el pensar (cuidado, porque esta idea es muy nuestra) que trasladar el problema a otro sitio es eliminarlo, sin tener en cuenta que, quiz&aacute;, lo que provocamos es su duplicidad. Lo que hemos hecho en este caso, a veces al amparo de modas m&aacute;s o menos superfluas que durar&aacute;n unos a&ntilde;os. Y eso es un error. Porque las bicis tienen ya un lugar por donde circular. Se llama carretera, y, parad&oacute;jicamente, lleva all&iacute; menos a&ntilde;os que las propias bicicletas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/carriles-bici_132_3348681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Jun 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sobre los carriles-bici]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bicicletas,Ciclismo,Deportes,Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pero, ¿quién fue ese tal Beato?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/beato_132_3400655.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e43e4dc1-3fcc-4f7b-a513-71aa0a34b509_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Proyecciones del Beato de Liébana sobre el Monasterio."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta figura, que hoy es (casi) totalmente desconocida, fue nada menos que el primer escritor de Cantabria y tuvo un alcance en vida y tras su muerte de magnitud europea.</p></div><p class="article-text">
        Pas&oacute; el comienzo del A&ntilde;o Lebaniego, con el publicitad&iacute;simo y medi&aacute;ticamente agotador concierto de Jean Michel Jarre, que es un se&ntilde;or que iba vestido con chaqueta de cuero negro y hac&iacute;a un mont&oacute;n de cosas as&iacute; como modernas en mitad de los Picos de Europa. Oigan, para gustos los colores, qu&eacute; conste.
    </p><p class="article-text">
        Al final me puse a verlo por la tele, porque para una vez que hablan de Cantabria en la caja tonta (no la busquen, por ejemplo, en la informaci&oacute;n meteorol&oacute;gica, porque ah&iacute; no&hellip;) hab&iacute;a que aprovechar. Todo muy bonito y muy espectacular y muy <em>cool</em> y muy eso. Ah&iacute; no me meto, que no tengo ni idea y no es mi labor. Pero al final uno es como Chejov, que si met&iacute;a una pistola en un caj&oacute;n era para usarla m&aacute;s tarde. Y servidor andaba con el cuchillo reci&eacute;n afilado, que es cosa fina y elegante. Y all&iacute; acab&oacute; por surgir el motivo de mi indignaci&oacute;n. Sonre&iacute; un poco, porque ya me lo imaginaba, y siempre da gustito tener raz&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El protagonista es el tipo que &iquest;retransmit&iacute;a? el concierto, cuyo nombre desconozco y que tampoco me he molestado en buscar. Ya no es solo que dijese en varias ocasiones que el acto se realizaba en Potes (que, oye, igual cuentas por ah&iacute; que el Monasterio de Santo Toribio est&aacute; en el municipio de Camale&ntilde;o y algunos c&aacute;ntabros te miran como si estuvieras chiflado), o que el tono fuese monocorde tirando a plomo. Lo peor lleg&oacute; al final, cuando el &iacute;nclito Jean Michel proyect&oacute; im&aacute;genes de Beatos sobre la fachada del edificio, y el comentarista dijo que eran los dibujos que hab&iacute;a hecho el monje Beato para ilustrar su obra. Y all&iacute; ya se me hinch&oacute; la vena. Porque viene ya de lejos lo de escuchar estas cosas. Que parece que el tal Beato fuese una especie de Francisco Ib&aacute;&ntilde;ez medieval. Y ya, nada m&aacute;s. Y oigan, no.
    </p><p class="article-text">
        La cosa es que este Beato de Li&eacute;bana (Beato es nombre, que tambi&eacute;n es algo que no todo el mundo tiene claro) fue algo m&aacute;s que un caricaturista de su &eacute;poca. Mucho m&aacute;s. De hecho estamos ante uno de los grandes pensadores en la Europa altomedieval, el autor del libro peninsular m&aacute;s influyente de toda la Edad Media (junto con las Siete Partidas). Y todo ello, oh sorpresa, sin dibujar nunca nada. O, al menos, sin que tengamos constancia de que dibujase nunca nada.
    </p><p class="article-text">
        Veamos. Hay que situarse en la segunda mitad del siglo VIII. Los musulmanes han invadido la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica y en las monta&ntilde;as del norte (por razones que ahora no vienen al caso) se ha establecido un foco de resistencia. Foco que acabar&aacute; siendo el germen del Reino de Asturias, pero que por aquel entonces aun no est&aacute; conformado como Monarqu&iacute;a. Hay l&iacute;deres (princeps), hay clases dirigentes, pero no hay incardinaci&oacute;n institucional aut&eacute;ntica. M&aacute;s aun, los cristianos que all&iacute; estaban se llevan bastante mal entre ellos (la convivencia entre los grandes potentados visigodos huidos a esas tierras y los habitantes tradicionales de las mismas no deb&iacute;a resultar f&aacute;cil), e incluso aparec&iacute;an enfrentados con la Iglesia &ldquo;oficial&rdquo; que aun segu&iacute;a establecida en Toledo. En este contexto (complicado, ca&oacute;tico, y del que realmente sabemos muy poco por la falta de documentos) es donde va a destacar la figura de Beato.
    </p><p class="article-text">
        De &eacute;l desconocemos el origen (aunque hay, a partes iguales, teor&iacute;as y leyendas), e ignoramos casi todo sobre su vida. Pero s&iacute; manejamos un dato fundamental: en la d&eacute;cada del 780 su obra va a resultar un punto de apoyo important&iacute;simo para la naciente Monarqu&iacute;a. Y lo ser&aacute;, adem&aacute;s, desde varios criterios diferentes.
    </p><p class="article-text">
        El primero de ellos es el puramente religioso. Beato de Li&eacute;bana (que era monje en el monasterio de San Mart&iacute;n de Turieno, lo que hoy en d&iacute;a es Santo Toribio) se enzarza en una pol&eacute;mica acerada contra Elipando, arzobispo de Toledo. La causa fue que &eacute;ste &uacute;ltimo hab&iacute;a adoptado el credo adopcionista, que no vamos a andar describiendo aqu&iacute; pero que, en pocas palabras, le permit&iacute;a mantener buenas relaciones con los musulmanes y seguir ocupando la poltrona toledana sin problemas. El intercambio de pareceres (no piensen en un debate educado y respetuoso&hellip; entre ellos se lanzan lindezas como &ldquo;ant&iacute;frasis&rdquo;, &ldquo;boca hedionda&rdquo; o, mi preferida, &ldquo;test&iacute;culos del diablo&rdquo;) hace que la figura de Beato trascienda a estas apartadas monta&ntilde;as. Porque lo del adopcionismo es un problema a nivel europeo, que es lo mismo que decir, en aquel momento, que era un problema para Carlomagno, quien llegar&aacute; a convocar un Concilio en Frankfurt para discutir, y condenar, lo que hoy es considerado como herej&iacute;a. Utilizando (por boca de Alcuino de York) un argumentario que en buena medida era el mismo que el de Beato. Huelga decir la importancia que tuvo eso, a nivel de relaciones institucionales pero, sobre todo, desde un punto de vista simb&oacute;lico, para quienes quer&iacute;an llamarse &ldquo;reyes&rdquo; de un peque&ntilde;o &ldquo;Re&iacute;no&rdquo; aun balbuceante. No solo Carlomagno miraba aqu&iacute; (aun en el plano espiritual) sino que lo que acabar&aacute; siendo &ldquo;Reino de Asturias&rdquo; se sit&uacute;a por encima, a nivel especulativo y te&oacute;rico en este campo, de lo que terminar&aacute; por convertirse en &ldquo;Imperio Carolingio&rdquo;. Es un detalle, uno muy peque&ntilde;o, pero que bien nos hace ver la importancia del momento&hellip; y del tipo.
    </p><p class="article-text">
        Por esas mismas fechas, y nuevamente desde este rinc&oacute;n tan apartado, tan aislado (pensemos en las comunicaciones que pudieran existir en pleno siglo VIII), Beato de Li&eacute;bana va a realizar sus 'Comentarios al Apocalipsis'. Es una obra densa, espesa, donde intenta compilar cuanto sobre este cr&iacute;ptico libro hab&iacute;an escrito los padres de la Iglesia hasta entonces. Vers&iacute;culo a vers&iacute;culo, Beato recoge la opini&oacute;n sobre el contenido simb&oacute;lico de cada expresi&oacute;n, de cada imagen.
    </p><p class="article-text">
        La elecci&oacute;n de la obra no es casual. Primero porque Beato era un pel&iacute;n milenarista (dicen que lleg&oacute; a reunir a sus fieles en una monta&ntilde;a para esperar el fin del mundo, y que cuando vieron que no llegaba se lanzaron a &ldquo;satisfacer sus apetitos&rdquo;, ponga aqu&iacute; el lector la interpretaci&oacute;n que desee), algo bastante habitual en un tiempo en el que la creencia sobre &ldquo;La Semana Celeste&rdquo; estaba m&aacute;s que arraigada. Y en segundo lugar porque el arrianismo, antiguo credo de los visigodos, no reconoc&iacute;a el Apocalipsis como libro sagrado, como tampoco lo hac&iacute;a el adopcionismo. En otras palabras (y este es un concepto clave que se suele olvidar) Beato de Li&eacute;bana, persona con cierta presencia en la Corte seg&uacute;n nos legan las cr&oacute;nicas, hace todo lo posible por abstraer el nuevo territorio que se est&aacute; conformando en los valles del norte a la herencia visigoda. De hecho, en el siglo VIII quienes se intitulaban como herederos de los visigodos eran los musulmanes, que tampoco se suele contar esto. Dicho de otra forma&hellip; que estos &ldquo;Comentarios&rdquo; son una aportaci&oacute;n fundamental para fijar la estructura de lo que aun estaba por nacer. Nada menos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Ser&aacute; esta obra la que, en sus ediciones miniadas, haya pasado a la posteridad con el nombre de &ldquo;Beatos&rdquo;. Es decir, que esos &ldquo;Beatos&rdquo; no son sino copias de los 'Comentarios al Apocalipsis' que fueron iluminados con miniaturas, dibujos. Evidentemente no conservamos la copia original, y no hay constancia alguna de que Beato mismo &ldquo;pintase&rdquo; nada en ella (aunque s&iacute; parece que la obra est&aacute; orientada a incluir estas explicaciones gr&aacute;ficas, lo que no era extra&ntilde;o en la &eacute;poca). &Eacute;l era &uacute;nicamente (y ese &uacute;nicamente lleva todas las comillas del mundo) el autor del texto. A&ntilde;adimos: del texto de uno de los libros m&aacute;s influyentes de toda la Edad Media.
    </p><p class="article-text">
        Lean ahora 'El nombre de la rosa' y seguro que ven la referencia a Beato de Li&eacute;bana que all&iacute; se hace de otro modo. Por cierto, el propio Eco ha declarado m&aacute;s de una vez que la idea para la novela le surge contemplando una de las miniaturas que adornan estos Beatos, concretamente el de T&aacute;bara.
    </p><p class="article-text">
        Lo que quiero decir es que esta figura, que hoy es (casi) totalmente desconocida, fue una de las fundamentales de su tiempo. Que es, como dijo Gonz&aacute;lez Echegaray, nada menos que el primer escritor de Cantabria. Y que tuvo un alcance en vida y tras su muerte de magnitud europea.
    </p><p class="article-text">
        Ah, y que no tiene nada, pero nada que ver, con el A&ntilde;o Jubilar. Pero eso lo dejamos para otro d&iacute;a&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/beato_132_3400655.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 May 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pero, ¿quién fue ese tal Beato?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Camino al Elíseo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/camino-eliseo_132_3446667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/00d08dfb-3df3-4f2a-bc1f-454bb013d7fe_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Marine Le Pen dice que la UE &quot;morirá&quot; si es elegida presidenta de Francia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No sé si ustedes están al tanto de lo que se cuece en el Hexágono, pero yo estoy de lo más acojonado…</p></div><p class="article-text">
        Uno lleva desde que tiene uso de raz&oacute;n siendo un afrancesado de carnet, con todas las consecuencias que ello acarrea. Principalmente por el tema cultural, el asunto este de la literatura, los simbolistas, la <em>Nouvelle Vague</em>, la <em>Noveau Roman</em>, el Par&iacute;s de entreguerras, esa forma entre ir&oacute;nica y esnob de mirar la vida. Qu&eacute; se le va a hacer, es demasiado tarde para cambiar. Pero tambi&eacute;n me seduce todo lo de la <em>Republique</em>, la <em>Revoluci&oacute;n</em>, <em>le jour de gloire </em>y esos asuntillos de la <em>egalit&eacute;</em>, <em>fraternit&eacute;</em>, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera. 
    </p><p class="article-text">
        A lo que &iacute;bamos. Que quiz&aacute; por esta raz&oacute;n (tan peregrina como son todas las razones, no se crean) estoy siguiendo con gran inter&eacute;s lo de las elecciones francesas, cuya primera vuelta va a tener lugar en unas horas. Bueno, por eso, y por constatar tendencias, giros ideol&oacute;gicos, vuelcos sociales. No s&eacute; si ustedes est&aacute;n al tanto de lo que se cuece en el Hex&aacute;gono, pero yo estoy de lo m&aacute;s acojonado&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Veamos. Lo primero que hay que se&ntilde;alar es que el franc&eacute;s es un sistema presidencial, y no parlamentarista como el espa&ntilde;ol. En otras palabras, que al Presidente de la Rep&uacute;blica lo eligen directamente los ciudadanos, y no los parlamentarios, como ocurre aqu&iacute;. Aunque, la verdad, tengo ciertas dudas de que todo el mundo sepa que cuando vota mansamente cada cuatro a&ntilde;os no est&aacute; votando a Rajoy o a Iglesias o a Rivera o a qui&eacute;n tenga a bien presentar el PSOE, sino a los candidatos por Cantabria de sus respectivos partidos. Que yo entiendo que es un baj&oacute;n andar regalando participaciones ciudadanas a Felisuco o a B&aacute;rcenas en su momento, pero, sinti&eacute;ndolo mucho, les tengo que decir que es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Francamente, creo que es preferible el sistema parlamentario, por muy afrancesado que se haya confesado uno al principio del texto. M&aacute;s pol&iacute;tico, m&aacute;s representativo. Pero eso es otro debate. Que al final no contamos lo que hemos venido a contar.
    </p><p class="article-text">
        Lo segundo que debemos indicar es que al Presidente de la Rep&uacute;blica se le elige en dos vueltas. La primera sirve para dejar la lucha en dos candidatos &uacute;nicamente, y la segunda para designar qui&eacute;n de ellos llegar&aacute; al El&iacute;seo (que, como pueden apreciar, suena mucho m&aacute;s glamouroso que La Moncloa). Es decir, que buena parte de la estrategia pol&iacute;tica francesa radica en ver hacia donde se van a volcar en la segunda vuelta los votos de quienes, en primera instancia, escogieron a otros candidatos. Cu&aacute;ntos de ellos acudir&aacute;n de nuevo a las urnas, c&oacute;mo se repartir&aacute;n sus apoyos en este nuevo panorama. Y es ah&iacute; donde est&aacute; el intr&iacute;ngulis. El que me tiene con dificultades para abotonarme el &uacute;ltimo bot&oacute;n de la camisa por la repentina aparici&oacute;n de dos bultos all&iacute; del tama&ntilde;o de test&iacute;culos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pong&aacute;monos en contexto. Esta primera vuelta la va a ganar Marine Le Pen. S&iacute;, s&iacute;, no me miren de esa forma, cuanto antes lo asumamos, mejor. Marine Le Pen, como saben, representa al Frente Nacional, un partido que surgi&oacute; en los a&ntilde;os setenta y que tiene ideolog&iacute;a, por decirlo de forma sutil, de extrema derecha. Y ahora me le ponen todos los adjetivos y sutilezas que quieran, pero es as&iacute;. Que Marine es una cara m&aacute;s amable que su padre, Jean-Marie Le Pen, significa solamente que no le gusta sacar a pasear el brazo derecho extendido, y que aboga por no dejar entra a los inmigrantes en Francia en lugar de tirar bombas en el Magreb. Pero vamos, que todo ese rollo de antisistema, antiglobalizaci&oacute;n, antieuropeismo, patriotismo, etc&eacute;tera no son sino palabras que esconden lo esencial. Extrema derecha, de la de toda la vida, de la que tiene pedigr&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esa se&ntilde;ora es la que va a ganar la primera vuelta de las elecciones francesas, y va a concurrir, por tanto, con casi total seguridad a la definitiva carrera por la Presidencia. Algo que ya hizo el inefable (en el mal sentido) de su padre en 2002. Y es aqu&iacute;, precisamente, donde viene el problema.
    </p><p class="article-text">
        Aquel a&ntilde;o los votantes de la socialdemocracia francesa, despu&eacute;s de darse un costalazo de los buenos (con todo, menor del previsto en estas elecciones), votaron masivamente a favor de Sarkozy en esa definitiva segunda vuelta. Aun se recuerdan las fotos de ciudadanos (y eso en Francia es una categor&iacute;a sacra) depositando su papeleta en las urnas con manos enguantadas. Una especie de objeci&oacute;n de conciencia doble, por as&iacute; decir. Una que no tengo claro que se produzca este a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Sencillamente porque las condiciones son diferentes. De los otros tres candidatos con posibilidades de pasar a la segunda vuelta, dos tienen perfiles (relativamente) similares. Fillon es el hombre de la democracia cristiana, el Sarkozy de este a&ntilde;o, para entendernos. Macron, por su parte, es un tipo que representa a un partido que se define como socio-liberal, y con eso est&aacute; todo dicho (o no, porque aun estoy esperando a que alguien me explique ese concepto tan genuinamente pol&iacute;tico como pudiera ser la nieve negra, el hielo caliente o el agua que no moja&hellip;una delicia de ox&iacute;moron, vamos). Este Macron es jovencito, bien parecido, juvenil, moderno, cool. No s&eacute; si les suena de algo el molde. Es, tambi&eacute;n, un hombre procedente de la Banca, amigo de pol&iacute;ticas liberales, del control presupuestario, de privatizar, de ese tipo de asuntos. Un tipo que recuerda en sus discursos a De Gaulle, como si a De Gaulle no se lo hubiesen calzado en su d&iacute;a por ser &ldquo;tibiamente democr&aacute;tico&rdquo;. En fin&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El tercero en discordia es diferente. Jean-Luc M&eacute;lenchon asciende con fuerza en las encuestas, parece despertar tantas simpat&iacute;as como odios y se ha convertido en la gran esperanza de cierta izquierda de cara a estas elecciones. Ya solo por eso deber&iacute;amos temernos lo peor, a la vista de los &uacute;ltimos antecedentes (donde pone el ojo la izquierda el pol&iacute;tico en cuesti&oacute;n puede darse por sodomizado), pero no lo dir&eacute;, para que no me llamen cenizo. Desde luego es el que plantea las pol&iacute;ticas m&aacute;s &ldquo;sociales&rdquo;, pero tiene sobre &eacute;l la carga de sus anti: anti-europeo, anti-vieja pol&iacute;tica, anti-pol&iacute;ticos profesionales. Anti, anti.
    </p><p class="article-text">
        Vale. &iquest;Por qu&eacute; digo que estoy acojonado (s&iacute;, al final vuelve la palabrita) de cara a la segunda vuelta de estas elecciones?. Porque uno, que a veces peca de pesimista, ve a la Le Pen ganando en todos los duelos directos. Y Le Pen, h&aacute;ganme caso (ojal&aacute; me equivoque) va a estar en ellos.
    </p><p class="article-text">
        Recuerden lo que dijimos arriba sobre la importancia del reparto de votos &ldquo;perdedores&rdquo; de cara a una segunda vuelta. Comencemos con las opciones &ldquo;cl&aacute;sicas&rdquo;. No parece tan claro que en esta ocasi&oacute;n los votantes No-FrenteNacional acudan a votar en masa en la segunda vuelta a Fillon o Macron. En primer lugar porque parte del voto &ldquo;obrero&rdquo; cl&aacute;sico franc&eacute;s vota ahora a Le Pen (de esto, de las causas para que ocurra esto, hablamos otro d&iacute;a, si quieren). En segundo lugar porque a Fillon y Macron se les ve como genuinos representantes de la &ldquo;casta pol&iacute;tica&rdquo; (chupito por decir la palabra) que ha llevado a Francia a la crisis. Porque ellos parecen &ldquo;aliados con los poderosos&rdquo; en lugar de mirar hacia el pueblo. As&iacute; que el movimiento en este caso no ser&aacute;, desde luego, tan masivo como en 2002. Queda por ver si ser&aacute; lo suficientemente movido, siquiera.
    </p><p class="article-text">
        Resta la opci&oacute;n m&aacute;s clara. Si pasa a la segunda vuelta M&eacute;lenchon, Le Pen gana el El&iacute;seo. Sin pa&ntilde;os calientes. Ya se ha ocupado cierta oficialidad francesa (no masivamente en el plano de la intelectualidad, pero s&iacute; de forma muy clara en el aspecto medi&aacute;tico) de se&ntilde;alar que, de hecho, M&eacute;lenchon y Le Pen son lo mismo. Porque los dos quieren salir de Europa, porque los dos critican a los pol&iacute;ticos tradicionales. El mensaje, me temo, ha calado hondo, o al menos lo suficiente como para tenerlo claro. Las fuerzas de la derecha francesa, desde luego, no van a acudir a votar con guantes al tipo del <em>Parti de Gauche</em>. Es as&iacute;. Ojo, no estoy diciendo que votar a M&eacute;lenchon suponga darle la presidencia a Le Pen (no lo digo en absoluto, pero prefiero aclararlo, que aqu&iacute; hay gente con la piel muy fina y a la m&iacute;nima te llaman faccioso) sino analizando las posibles situaciones. Solo eso.
    </p><p class="article-text">
        Y no deber&iacute;a ser indiferente esta lucha, no deber&iacute;amos caer en el error del &ldquo;todos son iguales&rdquo;, o &ldquo;si no es el m&iacute;o, me da igual quien gobierne&rdquo;. Esa es la salida f&aacute;cil, oigan, la sencilla, la na&iuml;f. Pero tambi&eacute;n es la err&oacute;nea. &ldquo;Nada puede ir peor de como va ahora&rdquo;, es un pensamiento escapista, cuando si algo nos ha ense&ntilde;ado la Historia (aparte de que se puede matar a cualquiera, como bien dice Michael Corleone) es que todo, absolutamente todo, es susceptible de empeorar <em>ad infinitum. </em>Y si la situaci&oacute;n ahora es jodida, si la tensi&oacute;n social es alta, si los derechos humanos andan bajo m&iacute;nimos&hellip;si pensamos que todo eso no puede ir a peor, y por lo tanto no importa qui&eacute;n est&eacute; en el El&iacute;seo, que no es trascendente si se aposenta all&iacute;, en la Presidencia de Francia, de la <em>Republique</em>, un partido de, s&iacute;, extrema derecha, es que nos merecemos lo que nos pase. Todo. As&iacute; de claro, as&iacute; de triste.
    </p><p class="article-text">
        Por cierto, nada me agradar&iacute;a m&aacute;s que recibir en los morros este art&iacute;culo dentro de unos d&iacute;as cuando mis elucubraciones se hayan mostrado erradas. En serio, ser&iacute;a feliz. Hasta entonces seguir&eacute; angustiado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/camino-eliseo_132_3446667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Apr 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Camino al Elíseo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Cantabria,Francia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primavera de sal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/primavera-sal_132_3461592.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/683a731a-e306-4cc6-be37-4836475ba605_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Barcos pesqueros en el puerto de Santoña. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es difícil crear un sustrato de memoria que sea algo más que imágenes, unos recuerdos que sepan azules, que se vistan de color salado o que suenen con tactos quebradizos de hojas recién caídas.</p></div><p class="article-text">
        Durante muchos a&ntilde;os la llegada de la primera fue, para m&iacute;, olor a sal y viento fresco azot&aacute;ndome en el rostro. En un lugar concreto, con unas sensaciones precisas. Cada cual tendr&aacute; su ritual&iacute;stica, sus ejes de paso anuales. Este es el m&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Durante todo el invierno, que aqu&iacute; tra&iacute;a lluvias, y fr&iacute;o, y a veces d&iacute;as de esos donde el cielo est&aacute; tan bajo que, de hecho, no llega a amanecer nunca, los recuerdos eran de color fundamentalmente gris. Y se combinan colores, aromas, tactos, y la memoria juguetea a ser sinest&eacute;sica, y as&iacute; consigue aprehender lo que la misma realidad jam&aacute;s logr&oacute; ser del todo.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que el invierno eran grises, y olores ocres, porque cuando sal&iacute;a a andar en bici en esos meses en muchas ocasiones acababa dando vueltas en el vel&oacute;dromo que hay enfrente de la f&aacute;brica de Sniace, en Torrelavega, y all&iacute; el aliento era a industria, y un poco a ceniza de la antigua pista de atletismo, y hasta a eucalipto, cuando corr&iacute;a el viento de surada.
    </p><p class="article-text">
        Pero en primavera era diferente. La primavera llegaba cuando ol&iacute;a a mar. Y a mar ol&iacute;a en un sitio muy determinado, en la cima de La Hayuela, justo cuando deten&iacute;a los pedales y me dejaba caer, tranquilo y resoplante, hasta Comillas. Ah&iacute; entra, siempre, la brisa del mar, que viene espesa y salobre, que es aire que sabe m&aacute;s que olerse. Es pescado, y arena, y bufones llenos de gotitas. Y en ese momento, justo cuando esa sensaci&oacute;n de sensaciones chocaba contra mi rostro, empezaba la primavera.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s se repet&iacute;a mil veces el recorrido. Uno que en meses m&aacute;s oscuros no se pod&iacute;a hacer, porque la noche ca&iacute;a pronto, y porque la carretera entre Comillas y Santillana del Mar mordisquea con fuerza las piernas cuando hace fr&iacute;o. Se repet&iacute;a mil veces, como digo, hasta casi hacerlo de memoria. El retinglar de la respiraci&oacute;n en Quijas, justo al lado de la fuente donde parabas a echar agua. El erizarse el vello bajando hasta Golbardo, siempre en umbr&iacute;a; la enorme recta de Caranceja, que te parece eterna, que te resulta tan aburrida. Si te pasa un cami&oacute;n, aprovechar el rebufo de aire que te deja, durante un par de segundos, con la sensaci&oacute;n de ser mucho m&aacute;s ligero de lo que eres.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os m&aacute;s tarde llegas a pedalear en Castilla, y te das cuenta que aquella recta interminable es solo una m&aacute;s, ni siquiera una especialmente extensa, y que en Cantabria, en realidad, no tenemos tramos sin curvas, que el asfalto aqu&iacute;, como la vida, es bastante m&aacute;s complicado, bastante m&aacute;s retorcido. Y luego subir hasta La Hayuela, el frescor cuando entras en las sombras del Corona, el olor a petricor si por la noche ha helado un poco. Bajar a Comillas, zambullirte en agua que es aire. Llegar hasta Santillana, apretar mientras zigzagueas en direcci&oacute;n al barrio de Torriente, sufrir siempre un poco de m&aacute;s en El Bosco. Y al fin mecerte, cuesta abajo, otra vez hasta Torrelavega.
    </p><p class="article-text">
        Eso era el comienzo de la primavera. Un olor, una sensaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Luego hay otras. En bici o andando, que en coche no se pueden apreciar. El tono salado en el viento que viene desde Santo&ntilde;a, el mismo que te hace salivar sin casi darte cuenta. El olor a tierra h&uacute;meda, a setas y hongos reci&eacute;n cogidos, mientras paseas por los cajigales del Saja. El toque achocolatado, dulz&oacute;n, si ruedas hacia La Penilla. El casta&ntilde;eteo tr&eacute;mulo camino de Vega de Pas. La bolsa de aire c&aacute;lido que espera, agazapada, en Estacas de Trueba. Madera quem&aacute;ndose, que anuncia el oto&ntilde;o, por entre las casas de Esles. Casta&ntilde;as asadas, lares que casi asfixian, luces titilando. Vuelta a empezar.
    </p><p class="article-text">
        A lo mejor el problema es que ya no somos los que fuimos, y que por eso las cosas tampoco son las que fueron. O a lo mejor es que, realmente, ya nada tiene aromas, ni sabores, ni tactos particulares, empezando por los tomates y acabando por (la mayor&iacute;a de) los libros. Incluso los paisajes. Y as&iacute; es dif&iacute;cil crear un sustrato de memoria que sea algo m&aacute;s que im&aacute;genes, unos recuerdos que sepan azules, que se vistan de color salado o que suenen con tactos quebradizos de hojas reci&eacute;n ca&iacute;das. Igual es todo eso. O igual, casi seguro, es solo cosa m&iacute;a&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/primavera-sal_132_3461592.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Apr 2017 08:55:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Primavera de sal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Son que no llega]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/llega_132_3470902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f3d3c357-6c67-4eb7-b386-81ab82a4c1f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Son que no llega"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El idioma de las campanas ya no repica, no informa, ni trasciende, ni prescribe y está por perderse, o aparece ya totalmente olvidado, en la mayoría de los pueblos</p></div><p class="article-text">
        Fue el tiempo, claro. El pasar de los a&ntilde;os, tambi&eacute;n de los siglos, que va a arrasando lo que toca, condenando al olvido lo que fueron lugares comunes hasta donde alcanza la memoria. Fue el tiempo, la evoluci&oacute;n que es, en ocasiones, abandono. La mirada extra&ntilde;a ante el elemento anta&ntilde;o habitual. El fruncir del ce&ntilde;o. La alteridad. Por el tiempo, creo.
    </p><p class="article-text">
        Se pierden, por ejemplo, idiomas, formas de comunicarse, sones que anta&ntilde;o decodificaban realidades y que hoy en d&iacute;a nos parecen todos iguales. O parecidos, al menos. Extra&ntilde;os, sin significado. Es lo que ha sucedido con el hablar de las campanas, que tanta importancia ten&iacute;a antiguamente en los pueblos de Cantabria, y que actualmente va camino de quedar como reducto del pasado. Uno de esos que se mantienen, corrompidos, solamente con la intenci&oacute;n de no perderlos, desnaturaliz&aacute;ndolos, dom&aacute;ndolos. Porque era m&aacute;s, mucho m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las campanas tuvieron una enorme importancia en la Cantabria hist&oacute;rica. En primer lugar desde un punto de vista estrictamente econ&oacute;mico. Campaneros de esta tierra, sobre todo trasmeranos, desempe&ntilde;aron su oficio por toda la Corona de Castilla en &eacute;poca medieval y moderna, consiguiendo mantener a lo largo de los siglos una bien ganada fama de artesanos perfeccionistas y h&aacute;biles que acab&oacute; trascendiendo las fronteras del terru&ntilde;o. Era &eacute;ste un trabajo normalmente estacional, con aut&eacute;nticas cuadrillas desplaz&aacute;ndose hasta el lugar donde se les hiciese el encargo (usualmente las campanas se fabricaban en espacios creados a tal efecto al pie de las torres) y manteniendo en la m&aacute;s estricta intimidad los secretos de su oficio, que &uacute;nicamente eran transmitidos de padres a hijos, de maestro a aprendiz. Hombres cultos (la mayor&iacute;a sab&iacute;an leer y escribir, algo en modo alguno habitual en la &eacute;poca), que tomaban solamente los apuntes m&aacute;s imprescindibles (medidas, pesos) y que depend&iacute;an para el resto de aquella tradici&oacute;n secular que garantizaba, llegado el caso, una campana &ldquo;buena, sana, sin pelo ni raza&rdquo;, del tama&ntilde;o y son acordados. Si les suena esta forma de trabajar, este secretismo casi trascendente, a historias engoladas de masones est&eacute;n tranquilos&hellip;hablamos de lo mismo. Eso s&iacute;, quiten todo el componente absurdamente esot&eacute;rico de noveler&iacute;as malas, por favor&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pero dec&iacute;amos que no solamente era lo econ&oacute;mico. Que las campanas ten&iacute;an, en cada peque&ntilde;o pueblo, otro componente que mezclaba el d&iacute;a a d&iacute;a y los elementos m&aacute;s simb&oacute;licos. Escuchar las campanas supon&iacute;a mucho m&aacute;s que ahora. Entre otras cosas porque &ldquo;hablaban&rdquo;, y dependiendo del toque, del repique concreto, nosotros pod&iacute;amos saber qu&eacute; nos estaban contando. Y no me refiero solamente a situaciones relacionadas con la religiosidad y la iglesia como bautizos, bodas o entierros (que eso aun se sigue haciendo, aunque en ocasiones las campanas no se repiquen manualmente, sino que se recurra a poner una as&eacute;ptica grabaci&oacute;n en su lugar), sino a otras vinculadas con la sociedad civil, con ese esp&iacute;ritu de comunitarizaci&oacute;n que exist&iacute;a en los concejos rurales de la Cantabria hist&oacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Me refiero, por ejemplo, a campanas que avisan de que all&aacute;, a lo lejos, llegan nubes negras, de esas que traen pedrisco y nos pueden echar a perder toda la cosecha en unos pocos minutos. Y nosotros, que escuchamos esa amenaza, sabemos lo que tenemos que hacer, las jaculatorias a rezar, los rituales paganos a realizar. Sabemos, claro, que hay que pronunciar cierta oraci&oacute;n concreta, pero que tambi&eacute;n hay que acabar de quemar una de las peque&ntilde;as ramitas que quedaron chamuscadas en navidad junto al estero. Y tambi&eacute;n nos pueden avisar las campanas de lluvias, de un incendio en el monte o en el pueblo, pueden llamar a concejo, pueden dar noticia de que comienzan las derrotas, de que las veces suben a puertos. Un idioma propio, particular, que todos conoc&iacute;an entre otras cosas porque en la mayor&iacute;a de los pueblos el propio toque de campana estaba regido por vez. O lo que es lo mismo, se llevaba a cabo cada d&iacute;a por un vecino diferente, en riguroso orden&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Ese idioma, ese repicar concreto que informa, trasciende y prescribe, est&aacute; por perderse, o aparece ya totalmente olvidado, en la mayor&iacute;a de los pueblos. Reducto del pasado, de momentos en los que no hab&iacute;a tele, ni tel&eacute;fonos, ni todos est&aacute;bamos todo el tiempo mirando las redes sociales, no vaya a ser que al gato del vecino le salga una verruga y no nos enteremos. &Eacute;pocas en que los barrios aparec&iacute;an api&ntilde;ados, pero a su alrededor brotaban, como manchas de blanco sobre verde, casas aqu&iacute; y all&aacute;, casi incomunicadas, tomando al pie de la letra la expresi&oacute;n. Que solamente sab&iacute;an lo que estaba ocurriendo gracias al repicar de campanas. De esas que hoy no entendemos. De esas que, hoy, dibujan solamente ecos apagados, sordos. Los de lo que fue y ya no es.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/llega_132_3470902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Apr 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Son que no llega]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La obra más importante de la Historia de Cantabria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/obra-importante-historia-cantabria_132_3488907.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09c0cd6c-4e25-4973-9503-613974ee79bc_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Vista del Camino Real"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora que a Cantabria le ha tocado (o le va a tocar en breve) el premio gordo de las inversiones, cabe recordar aquella que, seguramente, fue la obra pública más importante en la historia de estas tierras</p></div><p class="article-text">
        Ahora que a Cantabria le ha tocado (o le va a tocar en breve) el premio gordo de las inversiones p&uacute;blicas en materia de comunicaciones (se habla de hacer un AVE hasta el mism&iacute;simo Sardinero, de soterrar la v&iacute;a f&eacute;rrea desde Reinosa a Requejada, de construir escaleras mec&aacute;nicas que lleven directamente, y con cierta comodidad, de Torrelavega a Madrid&hellip;todo ello adornado con infograf&iacute;as, colorines y esas cosas tan modernas) no est&aacute; de m&aacute;s recordar aquella que, seguramente, fue la obra p&uacute;blica m&aacute;s importante en la historia de estas tierras. Una cuyos restos, adem&aacute;s, aun se pueden ver y visitar y caminar con facilidad si uno pone algo de su parte, que tampoco pedimos imposibles. Hablamos del Camino Real de Reinosa.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Exagerado? Veamos.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que escuchen ese brocardo tan sostenido que dice que &ldquo;el mejor rey de Espa&ntilde;a fue Carlos III&rdquo; les invito a indignarse. Frusler&iacute;as centralistas que encumbran a quien embelleci&oacute; la capital. Porque realmente el apreciable fue su antecesor, y medio hermano, Fernando VI. Bueno, al menos hasta que acab&oacute; por chiflarse del todo, repartir hostias a diestro y siniestro entre sus asistentes, y mordisquear todo lo que se pusiera a su alcance (y no solamente a las doncellas, como era tradici&oacute;n en la monarqu&iacute;a de la &eacute;poca). Pero hasta entonces, y aun con ciertas tachas (que tampoco vamos a andar ocultando, estamos a mediados del siglo XVIII) Fernando VI hizo las cosas con bastante seso, y con un puntito ilustrado de lo m&aacute;s reconfortante.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;amos, el tipo se propuso sacar a sus posesiones del pertinaz atraso en el que viv&iacute;an. Lo que era realmente dif&iacute;cil, porque era pertinaz de narices, vaya. Con esa idea en mente, uno de los primeros proyectos que emprendi&oacute; fue el de comunicar la costa cant&aacute;brica con la Villa y Corte, para despu&eacute;s continuar al sur y desembocar en Sevilla y C&aacute;diz, los puertos por donde entraba el tr&aacute;fico desde Am&eacute;rica. As&iacute; las cosas fueron surgiendo caminos aqu&iacute; y all&aacute; que aun hoy se siguen por algunas de nuestras modernas autopistas. Y brot&oacute; uno, de gran importancia, en el norte, que sirvi&oacute; para salvar el estado de aislamiento poco menos que generalizado de estas zonas con respecto a la meseta. Antes de la obra que vamos a describir solo exist&iacute;an caminos de herradura, que eran exactamente lo que su propio nombre indica&hellip; sitios por donde subir y bajar con mulas, alforjas y, como mucho, un peque&ntilde;o carromato. El Camino Real lo cambi&oacute; todo.
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a varios elementos a discernir. Como, por ejemplo, cu&aacute;l iba a ser la villa a la que le tocase la loter&iacute;a de ser el puerto de inicio escogido para esta &ldquo;autopista&rdquo;. En principio la opci&oacute;n m&aacute;s l&oacute;gica parec&iacute;a Laredo: importante, bien situada y con una salida a la meseta y Madrid casi en l&iacute;nea recta, pasando, adem&aacute;s, por la importante ciudad de Burgos, a cuyo consulado estaban adscritas las villas marineras. Pero esa salida, lo que hoy es el Puerto de Los Tornos, presentaba un problema: pasaba por Lanestosa. Es decir, por el Se&ntilde;or&iacute;o de Vizcaya. Es decir, por puerto seco, fielato, aduana, pongan el nombre que quieran. En otras palabras, algo dif&iacute;cilmente comprensible para una mentalidad centralizada como la que se trajeron los Borbones tras la Guerra de Sucesi&oacute;n. As&iacute; que, descartado Laredo por motivos econ&oacute;micos, la elecci&oacute;n recay&oacute; en Santander, y en la subida a trav&eacute;s de la cuenca del Besaya. Aunque muchos lo desconozcan es, quiz&aacute;, el momento m&aacute;s importante de la Historia de Santander.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Porque el Camino Real lo va a cambiar todo. Se termina la obra en un tiempo muy breve, menos de cinco a&ntilde;os. Un ingeniero franc&eacute;s importado directamente para la causa, Sebastien Rodolphe, y una apuesta decidida por la inversi&oacute;n directa destinada a obtener el mejor resultado, fueron elementos claves en esta rapidez. El Camino Real levant&oacute; puentes de piedra con s&oacute;lidos cimientos (en 1748 el &uacute;nico que exist&iacute;a con esas caracter&iacute;sticas entre Santander y Reinosa era el de Puente Arce&hellip; imaginen la situaci&oacute;n), estableci&oacute; una anchura m&iacute;nima que permitiese el tr&aacute;nsito c&oacute;modo de carromatos, incorpor&oacute; guardaruedas en los lugares m&aacute;s complicados (nuestros modernos guardarrailes, que aun se pueden contemplar en el tramo que se conserva entre B&aacute;rcena de Pie de Concha y Pesquera) o present&oacute; accesos a cursos de agua y fuentes con la suficiente frecuencia como para que el tr&aacute;fico fuese frecuente, r&aacute;pido, eficaz. Era una obra a la altura de las mejores de Europa, una aut&eacute;ntica autopista &ldquo;de peaje&rdquo; que, adem&aacute;s, deb&iacute;a invertir en su mantenimiento aquello que recaudase. Nada se dej&oacute; al azar, como vemos.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias fueron inmediatas, y no se limitaron a lo econ&oacute;mico. Un ejemplo: en toda la cuenca del Besaya se empez&oacute; a criar un enorme n&uacute;mero de bueyes que sirvieran de &ldquo;acarreo&rdquo; para carreteros provenientes de toda Castilla. La caba&ntilde;a ganadera de la zona mut&oacute; para siempre. Reinosa se convierte en un centro fundamental del comercio harinero, lo que influir&aacute; de forma decisiva en su futuro administrativo. Se abren f&aacute;bricas y ventas aqu&iacute; y all&aacute;. Pero la gran beneficiada fue Santander. Hemos dicho antes que en 1749 le toc&oacute; la loter&iacute;a&hellip; volver&iacute;a a ocurrir en 1754 y 1755. Ni los m&aacute;s afortunados pol&iacute;ticos del Levante, oigan. Porque Santander ser&aacute; elegido sede episcopal, y despu&eacute;s se le conceder&aacute; el t&iacute;tulo de ciudad. M&aacute;s aun, en 1765, el puerto de Santander obtendr&aacute; autorizaci&oacute;n para comerciar directamente con algunos de los de Am&eacute;rica. Es el momento definitivo. Entre 1762 y 1768 el tr&aacute;fico mar&iacute;timo en Santander se ha multiplicado por veinte&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Hoy el Camino Real se puede rastrear en diversos lugares. Hay en Las Caldas del Besaya, por ejemplo, un moj&oacute;n leguario. Hay un tramo perfectamente conservado entre B&aacute;rcena de Pie de Concha y Pesquera. Hay puentes, partes de la v&iacute;a que asoman aqu&iacute; y all&aacute;, carteles explicativos (pocos), mapas (menos). Hay, tambi&eacute;n, cambios en la geograf&iacute;a que han quedado para siempre. Con todo, resulta imposible, en base a estos (casi exiguos) restos aprehender la verdadera importancia que tuvo el Camino Real, o Camino de las Harinas, o Camino de Reinosa. La obra p&uacute;blica m&aacute;s importante de la Historia de Cantabria&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/obra-importante-historia-cantabria_132_3488907.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 01 Apr 2017 05:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La obra más importante de la Historia de Cantabria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De sombras, pueblos y miedos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/sombras-pueblos-miedos_132_3507533.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dc05532d-9697-44bb-9c6f-db59ff351579_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo del éxodo rural es una evidencia. Que cada vez haya más pueblos sin bar (con lo que eso significa de comunitarización de la sociedad) es dato incontrovertible.</p></div><p class="article-text">
        Andaba yo el otro d&iacute;a paseando por el interior de Cantabria, despreocupado, feliz en esa ignorancia de quien ver pero no mira. Totalmente absorto, en definitiva. No iba solo, claro, pero las palabras iban apagando pensamientos aqu&iacute; y all&aacute;, as&iacute; que prefiero no culpar al resto de nuestra sorpresa.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que estaba por el interior de Cantabria, en uno de esos valles que se van estrechando cada vez m&aacute;s hasta que no queda otra que remontar las monta&ntilde;as. Esas cosas que hay en La Monta&ntilde;a, digo, cuando se deja atr&aacute;s el azul (y, m&aacute;s frecuentemente, el gris). No voy a decir en cu&aacute;l, por no dar mala publicidad, nada m&aacute;s lejos de mi intenci&oacute;n. Solo deseo ponerles en situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Contaba que and&aacute;bamos por un sitio de esos, y que, adem&aacute;s, hab&iacute;amos parado en un pueblo, un pueblo peque&ntilde;ito, diminuto, uno de esos que crecen alrededor de una iglesia que lleva all&iacute; toda la vida y que despu&eacute;s se va dispersando en manchitas hechas de casas y vacas aqu&iacute; y all&aacute;. De los que tienen la misma entrada que salida, por all&iacute; la carretera acaba, y los sue&ntilde;os se empenachan por entre las ramas del bosque, de tan cercano. Creo que todos nos hacemos una idea.
    </p><p class="article-text">
        Pues eso, que nos decidimos a parar all&iacute;, que era lugar conocido, acogedor. Y entonces pas&oacute;, sin saber muy bien c&oacute;mo. El sol ya se hab&iacute;a escondido tras las monta&ntilde;as y estaba oscureciendo a pasos agigantados, porque cuando las cumbres est&aacute;n cerca la noche llega antes, y parece como si alguien apagase la luz. Y lo mismo con el fr&iacute;o, que antes hab&iacute;a un solecito de lo m&aacute;s agradable, y ahora todos ten&iacute;amos las manos metidas en los bolsillos y cuando habl&aacute;bamos empezaba a salir vaho de nuestras bocas. Aunque cada vez menos, porque el silencio se estaba apoderando de aquello. Y el vello de la nuca se me eriz&oacute;, y supe que no era por el viento, y empec&eacute; a tener una vaga sensaci&oacute;n de inseguridad, de desconocimiento, que resultaba inquietante.
    </p><p class="article-text">
        Nadie sab&iacute;a muy bien qu&eacute; estaba ocurriendo. Lo que antes era un vecindario recogido, detenido en el tiempo como un barco dentro de una botella, un sitio por el que hab&iacute;amos cruzado caminares en el pasado, tornaba ahora en espacio ignoto. Sombras apagadas surg&iacute;an aqu&iacute; y all&aacute;, por el rabillo del ojo, por el sentir a la espalda. La brisa ya no acariciaba las ramas de los casta&ntilde;os, sino que les arrancaba gemidos sordos, ahogados. Un aullido de lobo rasg&oacute; lo que ya era un silencio inc&oacute;modo y todos nos acongojamos un puntito m&aacute;s. Bueno, en realidad, era un ladrido de un perruco diminuto que llevaba una amiga m&iacute;a, pero en aquellas situaciones la sugesti&oacute;n hace milagros, oigan.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces, sin saber la raz&oacute;n, todos nos detuvimos, asustados. Ligeramente acojonados, vaya. Nos miramos fijamente, sin cruzar palabras. Las pupilas titilantes que sorprend&iacute;an, aqu&iacute; y all&aacute;, a figuras sin forma, entes que sin duda encerraban cosas. Cosas malas. Est&aacute;bamos frente a una casa enorme, una de piedra, con ventanas sucias y la puerta cerrada a cal y canto. De su muro frontal sobresal&iacute;a un cartel cuadrado, de colores desva&iacute;dos, blanco y rojo, ajado por el paso del tiempo, por el abandono, por los inviernos que juegan a deslucir la vida.
    </p><p class="article-text">
        Todos los que all&iacute; nos encontr&aacute;bamos nos pusimos en c&iacute;rculo, a estas alturas era in&uacute;til fingir que nada pasaba. Algunos se cogieron de las manos, uno apret&oacute; contra su pecho al chucho, que gru&ntilde;&oacute; agobiado. &iquest;Qu&eacute; ocurre?, dije con voz chillona, &iquest;qu&eacute; est&aacute; pasando aqu&iacute;? Y solo silencio. Hasta que alguien, no recuerdo qui&eacute;n, respondi&oacute;. La tragedia. Y los peores temores, los m&aacute;s profundos, los m&aacute;s ancestrales, se hicieron realidad en aquel pu&ntilde;ado de palabras.
    </p><p class="article-text">
        <em>- Han cerrado el bar del pueblo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Dice Xoan Tall&oacute;n, parafraseando a Men&eacute;ndez Pelayo (aunque en ese giro de citas cruzadas, existentes o inventadas, que son los art&iacute;culos del gallego ya no sabe uno bien qui&eacute;n cita a qu&eacute; autor y qui&eacute;n es citado) que el pueblo que cierra sus bares est&aacute; condenado al olvido. Y es verdad. Reconozco que lo anterior est&aacute; tratado de una forma un poco fr&iacute;vola, deliberadamente exagerada. Pero encierra, creo, una gran verdad. Y es que en los peque&ntilde;os concejos rurales del interior de Cantabria han ido cerrando, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, multitud de establecimientos. Que no eran solamente bares, sino tambi&eacute;n tienda, centro de reuni&oacute;n, de esparcimiento, noticiero de lo que acontece en el valle, refugio en invierno, olor a le&ntilde;a en chimenea, caf&eacute; bien cargado, matarratas en vaso fino con hielo, por favor. Puede parecer banal, algo sin importancia, pero no lo es. Porque la realidad que encierra es bastante m&aacute;s dram&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Se ha hablado bastante durante los &uacute;ltimos meses de un meritorio ensayo de Sergio del Molino titulado 'La Espa&ntilde;a vac&iacute;a'. Al margen de ciertos errores incomprensibles (como decir que el trece&ntilde;&eacute;s Fray Antonio de Guevara era asturiano) y de algunas faltas de contextualizaci&oacute;n a nivel hist&oacute;rico, el libro bien merece una lectura, y una reflexi&oacute;n. Porque trata de lo que su nombre indica, de la desertizaci&oacute;n de pr&aacute;cticamente todo el interior de la pen&iacute;nsula. Y porque, a menor escala, causas y consecuencias parece que se pudieran trasladar al caso de Cantabria.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo del &eacute;xodo rural es una evidencia. Que cada vez haya m&aacute;s pueblos sin bar (con lo que eso significa de comunitarizaci&oacute;n de la sociedad) es dato incontrovertible. Y, al final, se concentran recursos, servicios y posibilidades en un espacio geogr&aacute;fico cada vez m&aacute;s y m&aacute;s reducido, abandonando consecuentemente otro que aumenta en igual medida su tama&ntilde;o. Y es eso lo que acarrea el final de un pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, eso y cerrar el bar, vaya. Que nos tuvimos que ir a otro pueblo un poco m&aacute;s abajo. A hacer gasto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/sombras-pueblos-miedos_132_3507533.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Mar 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Celebrando la sinrazón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/celebrando-sinrazon_132_3520606.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/223002a4-2ca7-41e4-9356-3b6df27a2671_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La líder del Frente Nacional francés, Marine Le Pen, y el del Partido Popular por la Libertad y la Democracia, Geert Wilders, en La Haya en 2013."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se deja de lado que amplias masas de la población están optando por propuestas que se basan en el miedo al otro, el odio al otro, el desprecio al otro.</p></div><p class="article-text">
        Esta semana, y despu&eacute;s de varios reveses muy serios, Europa ha podido, al fin, tomarse un respiro. En las elecciones generales de los Pa&iacute;ses Bajos, el llamado Partido por la Libertad (por la de unos pocos, se entiende), liderado por ese histri&oacute;n <em>davidlynchizado </em>de Geert Wilders, ha alcanzado solamente el segundo puesto, muy lejos de la formaci&oacute;n vencedora y aun m&aacute;s de las previsiones que hasta hace solo unos d&iacute;as ten&iacute;an. Es m&aacute;s, ni siquiera ha sido la formaci&oacute;n que m&aacute;s ha crecido all&iacute;, porque Izquierda Verde ha logrado una enorme pujanza que, curiosamente, pasa casi desapercibida en los medios.
    </p><p class="article-text">
        En parte con raz&oacute;n, claro. Y es que se ven&iacute;a de unos momentos muy oscuros para el movimiento europeo. Con lo del Brexit, con el crecimiento indisimulado de partidos antieurope&iacute;stas por todo el continente, con la alargada sombra de Marine Le Pen nada menos que en Francia. Es por eso por lo que la &ldquo;discreta&rdquo; subida de Wilders se ha tomado pr&aacute;cticamente como una victoria y as&iacute; ha sido celebrada en canciller&iacute;as (&iquest;siguen existiendo las canciller&iacute;as?) y redacciones. Olvidando, por dem&aacute;s, la misma ra&iacute;z del problema.
    </p><p class="article-text">
        Porque en un lugar como los Pa&iacute;ses Bajos, tradicionalmente uno de los puntos de mentalidad m&aacute;s abierta del mundo (y viene siendo as&iacute; desde hace 500 a&ntilde;os, no es cosa de d&eacute;cadas) la extrema derecha ha quedado segunda en unas elecciones. Y aunque resulta comprensible el suspiro de alivio al ver que no se convert&iacute;a en fuerza mayoritaria, las alabanzas y el alborozo est&aacute;n de m&aacute;s. Sobre todo teniendo en cuenta que dentro de unas semanas la ya citada Le Pen va a conseguir unos resultados hist&oacute;ricos en el Hex&aacute;gono, seguramente como la fuerza m&aacute;s votada, y solamente la particularidad del sistema presidencialista franc&eacute;s va a alejarla del Eliseo en una segunda vuelta que parece tener asegurada&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Hablamos m&aacute;s arriba de extrema derecha. E igual ese es, precisamente, uno de los problemas. Porque por sus actos los reconocer&aacute;s. Huyan de quienes hablan de populismos, de partidos del pueblo, de ultranacionalistas. Huyan de los eufemismos. Hoy ya ninguno va a levantar el brazo, ni tampoco recoger&aacute;n simbolog&iacute;a fascista evidentes en su est&eacute;tica, en sus discursos, en sus programas. Bueno, igual los chiflados de Amanecer Dorado, o el tarado ese polaco, el del bigote, que m&aacute;s parecer&iacute;a una caricatura que algo digno de ser tomado en serio si no fuera por el cargo que ostenta, por el eco que tienen as&iacute; ideas y palabras.
    </p><p class="article-text">
        No, la cosa es ahora m&aacute;s sutil. La propia Marine Le Pen aprendi&oacute; viendo a su padre, este s&iacute; un filonazi sin cortapisas, que esa no era la imagen que podr&iacute;a ganar. Y hoy los gestos son m&aacute;s sibilinos, las palabras m&aacute;s medidas, las promesas m&aacute;s vagas, disfrazado todo de esl&oacute;ganes f&aacute;ciles, de los de corear como borregos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Borregos? Quiz&aacute; no, y ese es el problema que parece no hemos entendido aun, el que nos hace tropezar una y mil veces en la misma piedra. Porque equivocamos el tiro, erramos el an&aacute;lisis. Nos fijamos en las consecuencias, o en los hechos concretos. Individualizamos en los pol&iacute;ticos, en las figuras visibles, dejando de lado que quienes las visibilizan son millones de personas que los siguen, que los votan. En otras palabras, analizamos exhaustivamente las consecuencias (Wilders) sin tener en cuenta las causas.
    </p><p class="article-text">
        Nadie (casi nadie) se preocupa sobre cuestiones que parecen poner en jaque al Estado Social de Derecho, y que son, que vienen siendo, las mismas que ya eran se&ntilde;aladas en Mayo del 68. La partitocracia, la p&eacute;rdida de legitimidad parlamentaria, la burocratizaci&oacute;n. Medio siglo despu&eacute;s se siguen apuntando las mismas taras del sistema, sin haber avanzado nada, pr&aacute;cticamente, en su soluci&oacute;n. Ni siquiera parece buscar una explicaci&oacute;n esa socialdemocracia europea (o quienes se dicen herederos de la socialdemocracia) que avanza de derrota en derrota hasta la hostia final.
    </p><p class="article-text">
        Se deja de lado que amplias masas de la poblaci&oacute;n est&aacute;n optando por propuestas que se basan, sobre todo, en la alteridad. El miedo al otro, el odio al otro, el desprecio al otro. Un razonamiento b&aacute;sico, en blanco y negro, que permite cargar todas las culpas en un sector de la sociedad diferente. Sin entrar en m&aacute;s an&aacute;lisis, que podr&iacute;a ser largu&iacute;simos, y a lo mejor hasta resultaban sorprendentes. Pero tampoco los necesitan estos partidos, que hacen que simplificar el medio acabe convirti&eacute;ndose en el contenido del mensaje.
    </p><p class="article-text">
        Mientras nos felicitamos de que en Holanda <em>solamente</em> sean la segunda fuerza pol&iacute;tica, la extrema derecha sigue a lo suyo. Impasible. Sabe que si los problemas estructurales siguen existiendo y las opciones &ldquo;tradicionales&rdquo; no los abordan de forma directa ellos tienen las de ganar. El tiempo est&aacute; de su parte, lo que no deja de ser una paradoja en movimientos que defienden ideas que pens&aacute;bamos el tiempo hab&iacute;a arrasado hace d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Han llegado para quedarse, no es una moda coyuntural que pasar&aacute; dentro de unos a&ntilde;os. Y la &uacute;nica forma de hacerles frente (si es que realmente se les desea hacer frente) es obviar la excitaci&oacute;n de victorias p&iacute;rricas (analicen lo que significa en origen la expresi&oacute;n) y emprender el an&aacute;lisis, la cr&iacute;tica y la posibilidad de soluci&oacute;n de las causas que preceden a su ascenso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/celebrando-sinrazon_132_3520606.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Mar 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Celebrando la sinrazón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Geert Wilders,Marine Le Pen,Nacionalismo,Extrema derecha,Europa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fotografía que fue, la imagen que será]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/fotografia-imagen_132_3547450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c26b17be-120b-415d-9fd4-1b5ca88fcb1d_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La Punta de las Gaviotas, en Liencres, se cayó esta semana. | ANDRÉS HERMOSA"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pretender que el océano no modifique la costa es, por usar una expresión común, ponerle puertas al campo.</p></div><p class="article-text">
        Esta misma semana el paisaje de la costa de Cantabria ha cambiado. De forma dram&aacute;tica, me refiero, una mutaci&oacute;n de esas que cualquier persona puede apreciar a simple vista. El temporal (est&aacute;bamos aun en febrero, recuerden, as&iacute; que&hellip;) <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/ultima-hora/Aguja-Gaviotas-emblemas-significativos-cantabra_0_617689108.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se ha llevado por delante la llamada Punta de las Gaviotas</a>, la aguja m&aacute;s espectacular de ese espacio tan fotografiado que son los Urros de Liencres. De hecho esa Punta no era sino un urro, uno muy grande, porque esa palabra hace referencia a una floraci&oacute;n rocosa que se escapa verticalmente de la mar. Que se escapaba, en este caso.
    </p><p class="article-text">
        Nada extra&ntilde;o, ya les digo. O, al menos, nada para echarse las manos a la cabeza. Todo muta, la mar y la tierra no se mantienen inalterables como nuestras antropoc&eacute;ntricas gafitas nos quieren hacer creer. Lo que pasa es que esto, esta aguja tan espectacular, era tan llamativa que nuestros ojos acarician su p&eacute;rdida. Pero las peque&ntilde;as modificaciones de playas, estuarios, costas&hellip; ocurren cada a&ntilde;o. Y no son preocupantes. No lo son precisamente porque resultan normales. Naturales.
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/construccion-paisaje_6_579252100.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hablamos aqu&iacute; de la mutabilidad del paisaje</a>, concretamente del paisaje en Cantabria. Y pusimos varios ejemplos, todos ellos provocados por la mano del hombre. Bosques litorales que ahora son prader&iacute;as. R&iacute;os que se encaminan a su desembocadura siguiendo una l&iacute;nea casi recta. Incluso la presencia de un enorme tobog&aacute;n en mitad de la monta&ntilde;a. Casos, todos ellos, provocados por la acci&oacute;n humana. Pero los otros, los meramente naturales, son (casi) tan frecuentes y (casi) tan devastadores. Porque algunas veces nos empe&ntilde;amos en olvidar la fuerza que puede tener el mar, o el viento. Y luego vienen las desgracias.
    </p><p class="article-text">
        Comentamos tambi&eacute;n sobre <a href="http://www.eldiario.es/norte/cantabria/primerapagina/invierno-esmerilado-minas-Picos-Europa_6_608999098.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Lago de Andara</a>, que habiendo sido el m&aacute;s grande de Cantabria hoy es solo recuerdo, porque, literalmente, se fue por el desag&uuml;e cuando las minas de los Picos de Europa fueron vaciando las tripas de la tierra hasta hacer que el agua estancada se filtrase al subsuelo. Dijimos que est&aacute; en marcha un proyecto para poder recuperar aquel espacio natural. Bien, no me parece mal en ese caso. En retornar a la monta&ntilde;a lo que en la monta&ntilde;a una vez hubo. Es un movimiento de justicia. Si quieren de justicia po&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que con esto de la Punta de las Gaviotas se han recordado algunas &ldquo;p&eacute;rdidas&rdquo; similares que han venido sucediendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. El Puente del Diablo, La Horadada, alguna m&aacute;s. Todas ellas con elementos comunes. Costeras, porque los efectos de los temporales en zonas del interior parece que resultan menos espectaculares, menos noticiables. Lugares simb&oacute;licos, con un aspecto est&eacute;tico muy destacable. Cercanos a la capital, a veces incluso elementos claves de su paisaje urbano o del paisaje de su memoria.
    </p><p class="article-text">
        Y el recuerdo ha tra&iacute;do, en algunos casos, un coro de lamentos, seguido (no siempre, afortunadamente) de dos reacciones protot&iacute;picas. La primera, protejamos ese patrimonio natural (como si aislarlo de su misma evoluci&oacute;n no fuera, en cierta manera, desprotegerlo para siempre). La segunda, repongamos las piedras que se han ca&iacute;do. Y aqu&iacute; ya ni comento nada. Para qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera me voy a centrar en esos lugares emblem&aacute;ticos. Entiendo que tengan una significaci&oacute;n sentimental para muchos. Y comprendo que, en ciertos casos, son estampas casi &uacute;nicas, por lo que es comprensible la pena al verlas desaparecer. Pero debemos insistir en el car&aacute;cter natural del hecho. Nadie fue all&iacute; con dinamita a volar por los aires las bellas fotograf&iacute;as de los atardeceres en Costa Quebrada. Lo que ocurri&oacute; es perfectamente l&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no tiene tanta l&oacute;gica es pretender ir en contra de lo que la naturaleza se empe&ntilde;a en reclamar como propio. Me refiero, por ejemplo, a gastar miles de euros anuales en reponer arena de playas que ya no son tales. No lo son, lo siento. En Cantabria existen enormes arenales, pero cuando cada primavera hay que rellenar algo que llamamos &ldquo;playa&rdquo; en realidad estamos creando un cubito de arena donde en lugar de ni&ntilde;os se solaza el turisteo.Con factura del contribuyente, por supuesto.
    </p><p class="article-text">
        Y no sirve de nada justificarlo con el peregrino argumento de que &ldquo;antes aquello era una playa de arena fin&iacute;sima&rdquo;, porque, como hemos dicho, el frontal de la costa cambia, no es inmutable. Vean, si lo desean, la enorme mutaci&oacute;n que hubo en la Playa de Oyambre tras los grandes temporales de hace un par de inviernos. O la de Tagle, que casi pas&oacute; a ser roquedal, y que, poco a poco, de forma natural, recuperar&iacute;a su antiguo ser. Si ese fuese su futuro, claro&hellip;
    </p><p class="article-text">
        No les cuento ya nada cuando en lugar de parches se intentan ideas de bombero (de bombero torero, se entiende) como enormes diques, muros submarinos o (den tiempo) gigantescas gr&uacute;as con forma de pulpos que har&iacute;an las delicias de Wells y patrullar&iacute;an, d&iacute;a y noche, las playas impidiendo que llegase hasta ellas olita alguna. Que luego salpica, y los del interior dicen que est&aacute; fr&iacute;a el agua, joder. No sonr&iacute;an, la realidad siempre es m&aacute;s rid&iacute;cula que el m&aacute;s rid&iacute;culo de los guiones. Solo hay que darle tiempo.
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n es la misma: la incapacidad para aceptar razonablemente lo que, a la larga, acabar&aacute; por imponerse. Pretender que el oc&eacute;ano no modifique la costa es, por usar una expresi&oacute;n com&uacute;n, ponerle puertas al campo. Por eso bien ca&iacute;da est&aacute; la Aguja de las Gaviotas. Podemos sonre&iacute;r con el recuerdo del paisaje que fue. Debemos disfrutar con la imagen del paisaje que es.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/fotografia-imagen_132_3547450.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Mar 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fotografía que fue, la imagen que será]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Marcos Pereda,Paisajes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando ser montañés era motivo de orgullo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/montanes-motivo-orgullo_132_3560051.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e35a95c5-43ae-4f26-9eed-9fca25c47e78_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando ser montañés era motivo de orgullo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hubo un tiempo en que ser nativo de estas tierras suponía un "plus" de calidad del cual fardar en los madriles y la Corte.</p></div><p class="article-text">
        Llevo unos d&iacute;as ramoneando por entre las hojas del &uacute;ltimo libro de Pedro Madrazo, que, muy descriptivamente, se titula 'Genios de la Cultura seducidos por Cantabria', supongo que para que nadie se lleve a enga&ntilde;os, ni se queje despu&eacute;s en las librer&iacute;as de que aquello no era lo que promet&iacute;a la portada. Que luego nos pasa como cuando compramos algunos premios bien dotados econ&oacute;micamente, que esperamos leer literatura y nos encontramos con algo m&aacute;s cercano al m&aacute;rketing digital, la publicidad y el d&oacute;nde est&aacute; la bolita que a Thomas Mann. Ya saben.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, les dec&iacute;a que el libro de Pedro (que es mi amigo, y, por lo tanto, no esperen una cr&iacute;tica destructiva con bilis y ansias de venganza) se lee muy bien y con mucho agrado. Y es que no solo cuenta historias curiosas, algunas casi desconocidas, sino que, adem&aacute;s, lo hace encuadr&aacute;ndolas en su momento hist&oacute;rico, que es algo que yo considero fundamental. Porque claro, si decimos que Lorca pase&oacute; su &ldquo;Barraca&rdquo; por el Santander de la Rep&uacute;blica habr&aacute; que explicar un poco c&oacute;mo lo hizo, por qu&eacute; lo hizo, qu&eacute; era exactamente esa compa&ntilde;&iacute;a y las razones por las que surge cuando surge y de la forma que surge. Un paisaje, vamos, que no es tan dif&iacute;cil. Y sin embargo, miren, casi nadie lo hace. Ellos se lo pierden.
    </p><p class="article-text">
        El libro es, sobre todo, un caj&oacute;n de sastre lleno de cabos sueltos a partir de los cuales ir tirando. Es decir, tiene la virtud de no agotar sus historias m&aacute;s all&aacute; de lo necesario, dejando as&iacute; al lector la posibilidad de, goloso, solazarse en seguir investigando aqu&iacute; y all&aacute; sus preferidas. Que es uno de los placeres m&aacute;s grandes del mundo, oigan. Y as&iacute;, lo que eran figuras en dos dimensiones, casi arquet&iacute;picas, empiezan a tomar vida, y el maleducado Cela insulta al presidente de Cantabria, y Jos&eacute; Mart&iacute; pasea por Santander, y la Casona de Tudanca (otro d&iacute;a le dedicamos el espacio que merece, a lo mejor a medida que se vaya acercando la importante efem&eacute;ride de este pr&oacute;ximo noviembre) se convierte en un foro cultural de primer orden, tan (me temo) olvidado como importante en tiempos. Pero esa es, s&iacute;, otra historia&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Hoy ven&iacute;a a hablarles de un momento mucho m&aacute;s lejano que el a&ntilde;o 1927. Nada menos que la Edad Moderna, la literatura barroca, ese Siglo de Oro que antecedi&oacute; en mucho a la Edad de Plata del 27. Vamos, lo que a todos les obligan a estudiar en el colegio y el instituto (supongo que siga haci&eacute;ndose, igual ahora hay que recorrer las obras completas de Luc&iacute;a Etexbarria, qui&eacute;n sabe) y que los m&aacute;s acababan aborreciendo precisamente por esa obligatoriedad. El G&oacute;ngora de la Generaci&oacute;n, Cervantes, tambi&eacute;n Quevedo, Lope o Calder&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente estos tres aparecen en las p&aacute;ginas del libro de Pedro, bien hilado y con s&oacute;lida investigaci&oacute;n. Porque los tres eran &ldquo;oriundos&rdquo; monta&ntilde;eses. Descendientes, pues, de hijos de estos pastos. Con m&aacute;s o menos fortuna, con m&aacute;s o menos cari&ntilde;o por su origen, pero todos mantuvieron bien alta la etiqueta de su &ldquo;monta&ntilde;esismo&rdquo;. Porque, entre otras cosas, les conven&iacute;a. Veamos.
    </p><p class="article-text">
        Igual hoy en d&iacute;a parece imposible, pero hubo un tiempo en que ser nativo de estas tierras (iba a poner umbr&iacute;as y lluviosas tierras, pero con este tiempo mejor me lo ahorro) supon&iacute;a un &ldquo;plus&rdquo; de calidad del cual fardar en los madriles y la Corte, no se me sorprendan. Fundamentalmente, la monta&ntilde;esa era sin&oacute;nimo de ascendencia hidalga y, por derivaci&oacute;n, de una limpieza de sangre que era rid&iacute;culamente apreciada en la Monarqu&iacute;a de la &eacute;poca (y as&iacute; luci&oacute; el pelo en algunos momentos). Bien que se encargaba el muy cabr&oacute;n de Quevedo de record&aacute;rselo a G&oacute;ngora, con versitos de esos tan an&oacute;nimos que todos sab&iacute;an de qui&eacute;n eran. Y lo de cabr&oacute;n no es recurso literario, es que el tipo era m&aacute;s bien tipejo: lleg&oacute; a comprar la casa en la que viv&iacute;a su archirrival solamente para desahuciarlo con sa&ntilde;a y, suponemos, regocijo casi sensual. Y sin necesidad de ser banquero ni alcalde, oigan&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pues eso, que estos tres escritores inmortales (cada uno con sus m&eacute;ritos y dem&eacute;ritos, que tambi&eacute;n hay cada obrita por ah&iacute; que para qu&eacute; comentarla) descend&iacute;an de monta&ntilde;eses y no perd&iacute;an oportunidad de gritarlo. Con orgullo mal disimulado, claro. Bueno, a Quevedo a veces le sal&iacute;a a pasear la iron&iacute;a, como cuando dec&iacute;a que su casa solariega ten&iacute;a m&aacute;s sol que las dem&aacute;s, porque era tan pobre que se le hab&iacute;a ca&iacute;do el tejado. Pero tampoco vamos a fijarnos solo en lo malo.
    </p><p class="article-text">
        Llama la atenci&oacute;n, dec&iacute;a, ese inter&eacute;s por mostrar las ra&iacute;ces de este peque&ntilde;o solar. El mismo que hoy parecen tener muchos por olvidarse de ellas. Son los que saltan directamente, hop, desde la Bah&iacute;a hasta el ancho mundo, olvidando que entre Santander y El Escudo, por ejemplo, hay un mont&oacute;n de lugares por conocer. Cultura, gente y paisajes. Pero no, qu&eacute; se le va a hacer. Cosmopolitismo casposo, se llama.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a aun se pueden pueden contemplar las casas familiares de estos tres escritores, mejor o peor conservadas. La de Quevedo est&aacute; en Bejor&iacute;s, la de Lope en la Vega de Carriedo (incluso pueden comprar, si tienen dinero, otra que perteneci&oacute; a su familia en el mismo pueblo, porque se encuentra, o hasta hace poco se encontraba, en venta), y la de Calder&oacute;n en Viveda, muy cerca de ese r&iacute;o Besaya (ya Saja-Besaya) que cada d&iacute;a era atravesado una y mil veces por una barca propiedad de los antepasados del dramaturgo y que, con el tiempo, les dio su sobrenombre&hellip;Espacios casi olvidados, que muchos ni siquiera saben est&aacute;n ah&iacute;. Recuerdos de otros tiempos, de otros lugares. De otra forma de comprender el mundo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/montanes-motivo-orgullo_132_3560051.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Feb 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando ser montañés era motivo de orgullo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un Gibraltar en el norte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/gibraltar-norte_132_3585821.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d54f16ef-5dc7-4a29-a089-f3367a3b1c10_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Fuerte de San Martín en Santoña."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una posición ideal, una enorme fortificación y la larga tradición militar de la plaza convirtieron a Santoña en teatro de operaciones fundamental en la zona.</p></div><p class="article-text">
        Puede que el lector, que es persona culta e interesada (que para eso est&aacute; aqu&iacute; leyendo y no viendo la tele), haya escuchado alguna vez la expresi&oacute;n &ldquo;Santo&ntilde;a: Gibraltar del norte&rdquo;. Es un lugar com&uacute;n que aparece ya en el siglo XIX (se puede cotejar por ejemplo en correspondencia de Germond de Lavigne durante la d&eacute;cada de 1860) y que ha llegado hasta nuestros d&iacute;as. Aunque, quiz&aacute;, no todos sepan el origen de tal t&iacute;tulo, que uno no juzga si digno de presumir de &eacute;l o no&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Que la villa de Santo&ntilde;a fue espacio important&iacute;simo en el norte durante la Guerra de Independencia contra los franceses es bien conocido (por cierto, Guerra de Independencia para nuestra historiograf&iacute;a, que los ingleses la llaman Guerra Peninsular con mucha alegr&iacute;a y, posiblemente, mayor precisi&oacute;n, por cuanto no es sino una pieza m&aacute;s del entramado b&eacute;lico europeo en la &eacute;poca bonapartista).
    </p><p class="article-text">
        Una posici&oacute;n ideal, una enorme fortificaci&oacute;n y la larga tradici&oacute;n militar de la plaza la convert&iacute;an en teatro de operaciones fundamental en la zona, igual que lo ser&iacute;a durante el resto del siglo XIX. Que se lo pregunten si no a Isabel II, o mejor aun al general Calonge, que al no poder reconquistar la villa en 1868 vio c&oacute;mo Espa&ntilde;a se encaminaba de forma inexorable a esa idea tan loca, para ellos, que era el Sexenio Democr&aacute;tico. Esa es otra historia, claro.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;amos que a principios del XIX Santo&ntilde;a es clave, en lo estrat&eacute;gico, del frente norte&ntilde;o durante la guerra frente a Napole&oacute;n. Estar&aacute; ocupada por las tropas francesas durante seis a&ntilde;os, entre 1808 y 1814. Igual que el resto de Cantabria, m&aacute;s o menos. Por cierto, que otro d&iacute;a les cuento la actuaci&oacute;n m&aacute;s bien estulta de la burgues&iacute;a de cierta villa (&ldquo;nosotros no fuimos, se&ntilde;or galo, fue la chusma que nos oblig&oacute;&rdquo;) y la forma en que los franceses lograron estrangular al ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol en la pen&iacute;nsula que compone tal villa, con una celada en la que no caer&iacute;a ni un adolescente borracho jugando al Risk. Pero, ya digo, eso otro d&iacute;a&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Entonces, continuamos, Santo&ntilde;a fue ocupada a finales de 1808 por las tropas francesas, que disfrutaron durante m&aacute;s de un lustro de una bah&iacute;a privilegiada, buenos barcos y varios fuertes defensivos de gran calidad. Algunos de ellos creados incluso a petici&oacute;n del mismo Napole&oacute;n, que en varias cartas mostraba su conocimiento perfecto de la orograf&iacute;a de la zona, poniendo de relieve la importancia estrat&eacute;gica del enclave (&ldquo;deseo que se ponga una atenci&oacute;n particular sobre Santo&ntilde;a&rdquo;, llega a escribir) y, de paso, la genialidad del antiguo artillero, que para estas cosas, oigan, era &uacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Por all&iacute; andaban el Fuerte del Mazo, y tambi&eacute;n el llamado Fuerte Imperial, que se levanta siguiendo instrucciones precisas del corso, de aquella ocupado preparando lo de Rusia. Fue en 1811, y los terrenos que ocup&oacute; son los mismos donde ahora se encuentra El Dueso, aunque se pueden consultar aqu&iacute; y all&aacute; descripciones precisas de su forma, as&iacute; como algunos planos. Puro Marqu&eacute;s de Vauban, claro, con sus estrellitas y sus &aacute;ngulos y todo eso. Que llevaba muerto m&aacute;s de un siglo, pero lo cierto es que sus ideas aun segu&iacute;an vigentes.
    </p><p class="article-text">
        Interludio: pasear por entre los fuertes que todav&iacute;a se conservan en la actualidad es algo que cualquiera con la mente inquieta debiera hacer. Caminar, mirar y, sobre todo, imaginar. Irnos dos siglos atr&aacute;s y pensar en c&oacute;mo ser&iacute;a todo. Sin edificios altos enfrente, sin barcos a motor. Con el ej&eacute;rcito m&aacute;s poderoso del mundo all&iacute; encuartelado y el segundo m&aacute;s poderoso del mundo (Wellington le mete mano a los bonapartistas gracias a una gran alianza, no se crean) sitiando el lugar. Eso&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Porque a partir de un cierto instante, cuando (casi) toda la Pen&iacute;nsula estaba en manos de los ingleses (perd&oacute;n, de los espa&ntilde;oles&hellip; menudo lapsus, &iquest;eh?) Santo&ntilde;a se convierte en la aldea gala de Ast&eacute;rix. Un sitio, de facto, inexpugnable, una especie de C&aacute;diz norte&ntilde;o por su situaci&oacute;n geogr&aacute;fica. Y ya saben lo que pas&oacute; en C&aacute;diz, con los contendientes cambiados. Nada menos que un a&ntilde;o de sitio, a partir de 1813, hubieron de aguantar en Santo&ntilde;a, los franceses en la villa, ej&eacute;rcitos espa&ntilde;oles e ingleses fuera.
    </p><p class="article-text">
        Pero claro, nos plantamos en 1814, y la Grande Arm&eacute;e se ha quedado en Rusia congelada y bien jodida, y ya en Europa parece que todo va a cambiar, e incluso al corso le empiezan a insultar en Francia, lo que era toda una novedad, a&ntilde;adimos. Y las tropas napole&oacute;nicas se retiran de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, y a Napole&oacute;n le tocan en exceso la moral, y termina abdicando (o le abdican, que para el caso es lo mismo). Es el 14 de abril de 1814. Casi un a&ntilde;o antes hab&iacute;a regresado a Espa&ntilde;a ese egregio personaje que fue Fernando VII, el mismo que lloriqueaba al Bonaparte que, por favor, dame una corona, solo una, aunque sea peque&ntilde;ita y con genuflexiones cada vez que me visites. Porfa, porfa.<em> Sic transit gloria mundi</em>, y tal.
    </p><p class="article-text">
        Bueno, estamos, digo, en abril de 1814, y Napole&oacute;n va camino de Elba, a una c&aacute;rcel super segura de la que jam&aacute;s podr&aacute; escaparse, cuentan. El 28 de mayo los franceses cruzan los Pirineos, pero esta vez en direcci&oacute;n norte. &iquest;Y Santo&ntilde;a? Pues Santo&ntilde;a ah&iacute; la tienen. Sigue siendo francesa. Y tan tranquila, &iquest;eh? S&iacute;. Fernando VII est&aacute; ya en Espa&ntilde;a montando fiestas y calculando a cuantos podr&aacute; colgar sin parecer demasiado estricto; Bonaparte rumia en Elba la forma de escaparse y volver a Par&iacute;s; las potencias empiezan a pensar c&oacute;mo hacer eso tan complicado de la Restauraci&oacute;n&hellip;y en Santo&ntilde;a aun no ha acabado la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Se entregar&aacute; la plaza ese mismo 28 de mayo. Las razones por las que ha aguantado tanto parecen de &iacute;ndole estrat&eacute;gico. Los franceses andan como locos por rendirse, pero no les convence lo que ven al otro lado. Es decir, a los ingleses. Porque han escuchado, radio macuto, que si los de las casacas rojas quieren quedarse con el lugar, y montar all&iacute; un &ldquo;Gibraltar norte&ntilde;o&rdquo;. Y oye, una cosa es volver a la Auvernia con el rabo entre las piernas y otra muy diferente dejar atr&aacute;s uno de esos enclaves que nos van a volver locos durante d&eacute;cadas. As&iacute; que el Conde de Lameth, que es el encargado de la guarnici&oacute;n de Santo&ntilde;a, est&aacute; decidido a entregar las banderas &uacute;nicamente a una dotaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Lo que se produce el citado 28 de mayo de 1814.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s&hellip; bueno, despu&eacute;s Napole&oacute;n se fuga (lo fugan) de Elba, sube por la Borgo&ntilde;a medieval hasta llegar a Par&iacute;s y decide que solo tiene fuerzas para una &uacute;nica batalla. Que, vale, puede ser en aquella llanura de nombre tan raro, all&iacute; cerca de Bruselas. S&iacute;, esa de las granjas y los molinos. Vale, quiz&aacute; sea buena idea. Total, qu&eacute; podemos perder.
    </p><p class="article-text">
        En esos momentos ya Santo&ntilde;a, que pudo ser el Gibraltar del norte, miraba los acontecimientos desde lejos. Con el rostro tranquilo de quien se ha sabido pieza de importancia en los hechos m&aacute;s importantes del siglo&hellip;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/gibraltar-norte_132_3585821.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Feb 2017 06:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un Gibraltar en el norte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Marcos Pereda,Santoña]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El invierno esmerilado: cuando hubo minas en los Picos de Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/invierno-esmerilado-minas-picos-europa_132_3597229.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d0c8ee8-76fd-49eb-b5c1-5b884203d887_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El invierno esmerilado: cuando hubo minas en los Picos de Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La carretera del Desfiladero de la Hermida tiene parte de su origen en las explotaciones mineras que hubo en los Picos de Europa, de donde se extrajeron metales como pirita, plata y zinc</p></div><p class="article-text">
        No hace mucho tiempo le&iacute; (no tengo muy claro d&oacute;nde, as&iacute; que deben disculparme la ausencia de cita) que la carretera del Desfiladero de La Hermida era una de las m&aacute;s espectaculares del mundo. All&iacute; aparec&iacute;an im&aacute;genes epatantes del es&oacute;fago galdosiano que bien justificaban tal elecci&oacute;n. Im&aacute;genes de esas, por cierto, que suelen gustar m&aacute;s a domingueros y turistas urbanitas que a los que viven en la zona, que son quienes deben lidiar con el trayecto cada d&iacute;a, pero esa es otra historia.
    </p><p class="article-text">
        Porque de Historia, precisamente, va hoy la cosa. Y es que parte del origen de esta v&iacute;a de comunicaci&oacute;n est&aacute; en uno de esos recuerdos casi olvidados pero que no hace mucho tiempo formaban parte de la vida de miles de personas. M&aacute;s aun: eran su vida. Hablamos de las minas en los Picos de Europa.
    </p><p class="article-text">
        A lo mejor en la actualidad es algo casi ignorado, pero los Picos de Europa fueron un prol&iacute;fico yacimiento minero durante siglos. Pr&aacute;cticamente una joya escondida bajo la &aacute;spera roca de la superficie, una que se fue vaciando, poco a poco, durante cientos de a&ntilde;os. Dejando, por cierto, huellas que aun se pueden contemplar en el paisaje de Cantabria: entradas a minas derrumbadas, edificios abandonados, grietas que surgen aqu&iacute; y all&aacute; (en el a&ntilde;o 2013 la Revista Desnivel, la m&aacute;s prestigiosa entre las de informaciones de monta&ntilde;a en castellano, titulaba un reportaje &ldquo;Caer en una mina abandonada: un riesgo evidente en los Picos de Europa&rdquo;). Incluso, de forma m&aacute;s dram&aacute;tica, la desaparici&oacute;n de lo que anta&ntilde;o fue el lago m&aacute;s grande de Cantabria, el Lago de &Aacute;ndara, que literalmente se fue por el desag&uuml;e debido a la actividad de algunas sociedades mineras (espec&iacute;ficamente la empresa Minas de Mazarrasa)  a principios del siglo XX. Por cierto, hoy en d&iacute;a se intenta que este espacio retorne a su antigua naturaleza&hellip; pero de eso hablaremos en otra ocasi&oacute;n.
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        Minas de Mazarrasa&hellip; por algunos de los pueblos altos de Li&eacute;bana aun resuenan los antiguos nombres de las grandes compa&ntilde;&iacute;as que dieron trabajo en la zona a muchos de sus vecinos (m&aacute;s de mil personas estuvieron dedicadas a la extracci&oacute;n minera en los momentos de mayor apogeo de la actividad), trayendo riqueza, y tambi&eacute;n un trabajo duro e ingrato, a las gentes del lugar. Seguramente la empresa m&aacute;s recordada sea la Sociedad de Minas La Providencia (paseen, paseen por esos pueblos altos y pregunten por ella), que aparec&iacute;a con explotaciones aqu&iacute; y all&aacute; y adquirir&iacute;a la forma de esas empresas paternalistas tan afines al principio del siglo XX, que se ocupaban de proporcionar alojamientos, ocio e incluso educaci&oacute;n a sus obreros. As&iacute;, quienes acud&iacute;an a excavar a las minas de Las Manforas, o al Canal de Vidrio, a El Duje, Fuente D&eacute;, Lloroza o Liordes se encontraban all&iacute; con poblados casi de pel&iacute;cula, con barracones, cantinas, capillas y todo lo necesario para poder pasar largos per&iacute;odos de tiempo aislados.
    </p><p class="article-text">
        Porque la mayor&iacute;a de los mineros viv&iacute;an all&iacute;, junto a la boca que traspasaban cada ma&ntilde;ana para mancharse de la cabeza a los pies y rezar por no quedarse atrapados por siempre entre aquellas angostas grutas. Espacios aislados de los pueblos, en lugares dif&iacute;cilmente accesibles. Campa&ntilde;as, sobre todo, estacionales, duras, intensas. Un hogar lejos del hogar. Otra familia lejos de la familia propia.
    </p><p class="article-text">
        Desde al menos la Edad Moderna sabemos de la existencia de minas en los Picos de Europa. Yacimientos de oro y plata, nos dicen los documentos, aunque seguramente el metal &aacute;ureo fuese pirita, muy similar al ojo. Contratos de explotaci&oacute;n que hallamos aqu&iacute; y all&aacute;, sobre todo para herrer&iacute;as de tama&ntilde;o mediano en las Asturias de Santillana y Li&eacute;bana. Y el gran cambio, en el siglo XIX. Cuando, casualmente o no, aparecen por los Picos de Europa algunos turistas extranjeros dispuestos a explorar aquellos lugares. Gente vinculada a empresas mineras de capital europeo. Inglesas, belgas. Por all&iacute; pasan Saint Saud, o Gadow, u otros. Lean, lean sus historias, merece la pena ver el impacto que el interior monta&ntilde;oso ejerc&iacute;a sobre aquellos cosmopolitas educados en una sociedad casi postindustrial. Pero dec&iacute;amos que en ese instante todo cambia. Porque se descubre otro mineral en Picos de Europa. El zinc.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces, al olor de ese tesoro, se multiplicaron las excavaciones. Las m&aacute;s importantes llegaban, como dijimos, de la Sociedad de Minas La Providencia, que sacaba el mineral a trav&eacute;s de la r&iacute;a de Tina Mayor. El problema era que para llegar hasta all&iacute; hab&iacute;a que bajar por un espacio agreste, casi inhumano, que estrangulaba al Deva sin dejarlo respirar. Se hicieron pruebas para bajar el mineral en lanchas, pero &eacute;stas se hac&iacute;an astillas en el tramo del Desfiladero. As&iacute; que la compa&ntilde;&iacute;a ayud&oacute; a hacer la actual carretera. Primero se realiz&oacute; el tramo en el que estaba m&aacute;s interesada: entre La Hermida y el Puente de Estrag&uuml;e&ntilde;a. Decir que esta v&iacute;a fue avanzando a rebufo de las necesidades mineras en Picos de Europa no es, en modo alguno, una exageraci&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El momento &aacute;lgido de la actividad minera en los Picos de Europa fue durante la Primera Guerra Mundial, cuando los productores de armas de todo el continente compraban a un precio alt&iacute;simo cuanto zinc se pudiera obtener. A partir de ah&iacute;, una decadencia sostenida, casi dram&aacute;tica en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, hasta el cierre definitivo de las mismas en 1989. Entre medias el subsuelo de la zona qued&oacute; completamente estragado: de las 600.000 toneladas de mineral que se calcula exist&iacute;an en las monta&ntilde;as actualmente solamente quedan 50.000.
    </p><p class="article-text">
        Pero, sobre todo, quedan recuerdos. F&iacute;sicos, como los antiguos barracones que se alzan fantasmag&oacute;ricos cuando uno mira aqu&iacute; y all&aacute; en parajes donde pareciera que solo pueden existir cielo y piedra. Bocas casi cegadas, bostezos neblinosos y desasosegantes que se hunden en lo tel&uacute;rico, que se retuercen, se cimbrean, se pierden m&aacute;s all&aacute; del mirar. Y, sobre todo, recuerdos en la memoria com&uacute;n de los pueblos. De nevadas tempranas que dejaban a cientos de personas aisladas, amparadas tan solo en el silencio de un monta&ntilde;a que, a veces, se pon&iacute;a caprichosa y deven&iacute;a en cruel. Recuerdos de la doble actividad, de la mina y las vacas, en sitios donde ya cerraron las minas y cada vez hay menos ganado. Recuerdos de un momento en el que, s&iacute;, de las monta&ntilde;as imponentes y aisladoras se obten&iacute;an peque&ntilde;as joyas en forma de piedras blancas con tonos azules, muy brillantes, que luego sal&iacute;an en barcos a todo el continente y dejaban tras de s&iacute; un eco esmerilado de riqueza y tambi&eacute;n, a veces, dolor.
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      <dc:creator><![CDATA[Marcos Pereda]]></dc:creator>
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