Carles Porta se pasa el juego en Disney+ con 'Abandonados', un viaje más allá del true crime tras 40 años de incertidumbre
Imagina llevar 40 años sin saber absolutamente nada de tus orígenes, desconociendo incluso los apellidos con los que llegaste al mundo. La serie documental Abandonados explora esta premisa tan desconcertante como real, presentándonos a tres protagonistas cuya propia historia es un interrogante continuo. En verTele ya hemos visto los cuatro capítulos de esta producción con la que Carles Porta se pasa el juego de nuevo, esta vez en Disney+. Merece la pena invertir tiempo en esta obra con la que el periodista trasciende al true crime, contemplando cómo un mapa en blanco se va llenando poco a poco.
El refranero popular vuelve a sentar cátedra con el dicho “la realidad supera a la ficción”. Este viaje nos permite conocer un turbulento episodio de la crónica patria de sucesos que, pese a asomarse en la televisión de los años 80, jamás encontró una posición prioritaria en la agenda mediática. ¿Qué se escondía detrás de esta circunstancia si tenía todos los ingredientes para estar en boca de un país entero? Solo hay una verdad, pero conjeturas infinitas a juzgar por lo que se explora en pantalla. ¿Nadie se ha preguntado si Paco Lobatón entró en acción?
Los hermanos Elvira, Ramón y Ricard se ponen frente a las cámaras para compartir con el público sus sentimientos más profundos, varias décadas después de que sus padres renunciaran a ellos. Una historia que también contó el periodista Giles Tremlett en elDiario.es. Estrenada el viernes 29 de mayo, Abandonados es una producción que cuenta con el garante sello de Luminol Media —productora liderada por Carles Porta—. El título que nos ocupa se aleja del típico género criminal que tanto interés suscita en los espectadores, pero este viaje al pasado está a la altura de los trabajos más destacados del periodista. Arrancamos con la crítica, armada con cinco claves.
El caso que pasó desapercibido hace más de 40 años
En primer lugar, es necesario poner el foco en lo ocurrido hace décadas en nuestras calles. La vida de los protagonistas cambió para siempre el domingo 22 de abril de 1984: tres niños de 2, 4 y 6 años aparecieron sin explicación en la Estación de Francia, ubicada en la ciudad de Barcelona. Estaban solos, sin ningún adulto que les supervisara o les acompañara. Pasaron horas frente a los trenes mientras jugaban, ajenos a la realidad de lo que les estaba pasando.
Las autoridades acudieron al rescate, pero sin prácticamente capacidad de maniobra. Los pequeños no pudieron explicar quiénes eran, cómo se llamaban sus padres, dónde vivían o tan siquiera por qué estaban en ese lugar. Nadie los reclamó jamás, pese a que el abandono se publicó en prensa y hasta se abordó a nivel autonómico en televisión. De un centro de acogida se trasladaron a su nueva casa tras ser adoptados.
Los tres comenzaron una nueva vida desde que se mudaron con esta pareja de pedagogos, ambos dispuestos a darles el amor que dejaron de sentir. Los pequeños fueron creciendo sin saber ni cuáles eran sus orígenes ni cómo habían sido sus vidas, sin prácticamente recuerdos nítidos a los que acudir para avanzar. Nadie los reclamó jamás. Aquellos niños crecieron para convertirse en adultos que necesitan, simplemente, saber. Y Carles Porta entra entonces en la ecuación, después incluso de que medios internacionales probaran suerte.
Un mapa vacío y una línea temporal impecable
La segunda clave está relacionada con una narrativa armada de manera impecable. La historia de sus protagonistas se estructura en una línea temporal que te atrapa desde el primer minuto y no te suelta. Lo que hace verdaderamente interesante a Abandonados es su capacidad para redescubrir un caso olvidado a partir de la nada más absoluta. Imagina ahora estar frente a un corcho con un mapa de Europa y solo un par de chinchetas dispersas. Aunque parezca imposible trazar una ruta, esta producción lo consigue… y de qué manera.
Los protagonistas solo recuerdan que un tal Denis los llevó en coche a la citada estación. No hay más. A partir de ahí, el espectador se sumerge en un océano de recuerdos vagos, lugares inconexos y escenas borrosas que parecen incompatibles con cualquier investigación. La magia de esta producción radica en la capacidad de mostrar cómo un grupo de periodistas, investigadores independientes y hasta ciudadanos anónimos se fueron uniendo poco a poco. No había móvil económico, solo la justicia y la necesidad de ayudar. Gracias a ellos, la luz se abre camino en la oscuridad.
Una joya de identidad construida desde la nada
En tercer lugar, Abandonados puja por ser una auténtica joya en el agitado mar del streaming. El valor de esta serie documental va mucho más allá del entretenimiento: es el vehículo para que tres personas puedan, por fin, tener su propia historia. Este trío de desconocida procedencia al principio del metraje únicamente sabía cuál era su nombre de pila: no tenían un pasado, tampoco un árbol genealógico ni certeza alguna sobre sus orígenes.
Los cuatro episodios nos invitan a adentrarnos en las entrañas de este caso real con un enorme despliegue: se descubren archivos inéditos de la era analógica —cuyo acceso parecía imposible— en otros países y hasta se logra dar con personas que, pese a las dificultades, se ponen frente a las cámaras. Esto no es un spoiler, pero piensa cuál sería la reacción natural de cualquier persona ante esta llamada: “Creo que hemos encontrado a alguien; puede que sea verdad que conoce a tu familia”.
Más allá del true crime convencional
La cuarta baza de Abandonados es, precisamente, su distancia con el concepto de true crime que cualquier espectador medio puede relacionar con Carles Porta. Aquí no hay asesinatos en serie que analizar, ni sangrientas escenas del crimen, ni tampoco la búsqueda de un culpable. El formato es completamente diferente, abrazando el misterio desde un punto de vista mucho más humano y empático. Por eso se describe el título desde el inicio como “serie documental”.
En este sentido, el suspense de cada capítulo no gira alrededor de quién aprieta un gatillo o emplea un arma blanca. El gran atractivo gira alrededor de conocer quiénes son los niños que jugaban en la Estación de Francia aquella primavera de 1984. Alrededor hay un secretismo en ocasiones desesperante, más teniendo en cuenta todos los acontecimientos que se suceden durante los episodios. Es, en definitiva, una investigación intimista que lucha por reconciliar a los hoy adultos con su propia historia —quién sabe si reencontrándose con ella—.
Justicia para el pasado y el presente en 'Abandonados'
Finalmente y en quinto lugar, no podemos pasar por alto el merecido homenaje que la serie rinde a esa pareja de pedagogos que acogió a los niños en su día. La realidad es que se evidencia que el amor y la entrega incondicional son ingredientes fundamentales para construir tanto un hogar como una familia. Ambos intentaron siempre que sus hijos adoptivos se reconciliaran con sus desconocidos orígenes, y es admirable cómo esa premisa se mantiene después de 40 años.
Carles Porta se supera con Abandonados en Disney+, una propuesta sobradamente emotiva con la que explora caminos más allá del true crime. En definitiva, es un ejercicio de justicia poética con el pasado de Elvira, Ramón y Ricard… pero también con su presente. Ojalá haya nuevos capítulos próximamente.