Cinco lecciones que dejan 'The Boys' y 'Euphoria' a las series del futuro tras sus problemáticas temporadas finales

Homelander ('The Boys') y Rue ('Euphoria')

Pedro Zárate

Aunque son muy diferentes entre sí, The Boys y Euphoria tienen varias cosas en común. Por ejemplo, su año de lanzamiento (2019) o el impacto que tuvieron hace siete años en la industria audiovisual. Por aquel entonces, tanto la ficción (anti)superheroica de Amazon Prime Video como la serie adolescente de HBO fueron vistas como un soplo de aire fresco dentro de sus respectivos géneros, lo que hizo que muy pronto fuesen merecedoras de toda clase de elogios. Ambas producciones habían plantado ya la semilla y su futuro no podía ser más prometedor.

Sin embargo, las cosas han cambiado mucho desde aquellos primeros y prometedores pasos. Siguiendo con las coincidencias, The Boys y Euphoria han terminado sus respectivas historias casi al mismo tiempo y de la misma manera: con una temporada final que ha decepcionado a gran parte de sus espectadores.

Los motivos que las han llevado hasta ahí son distintos, pero el rechazo general ha sido igual de fuerte. La serie creada por Eric Kripke, por ejemplo, ha sido acusada de tener demasiados capítulos de relleno. Y la firmada por Sam Levinson, de dejar de ser lo que era para convertirse en una nueva víctima del retroceso ideológico (y cultural) de nuestro tiempo. Razones diferentes para decepciones diferentes, pero que vistas en conjunto nos dejan cinco lecciones en conjunto que pasamos a detallar a continuación.

1) Qué difícil es revertir las malas dinámicas

Que The Boys y Euphoria hayan firmado unos finales tan poco satisfactorios entraba dentro de lo posible. No solo porque ninguna serie de televisión tiene garantizado firmar un gran final, sino porque las que aquí nos ocupan venían en unas dinámicas que hacían presagiar lo peor.

En lo que respecta a la serie de Prime Video, esta llevaba dando síntomas de agotamiento, como mínimo, desde su tercera temporada. Sus personajes y sus tramas pedían a gritos dejar de dar vueltas sobre las mismas cosas y salir de una vez por todas de la fórmula 'sangre-peinetas-chistes sexuales', que para entonces ya había quemado a velocidad de vértigo. De hecho, la cuarta temporada reforzó la idea de que The Boys ya no daba más de sí, así que todo hacía indicar que la tanda simplemente lo confirmaría, tal y como ha acabado ocurriendo.

Los protagonistas de 'The Boys', en una imagen de la temporada final.

El caso de Euphoria es mucho más complejo. La ficción de HBO saldó satisfactoriamente su primera temporada, pero desde entonces todo han sido problemas. La pandemia retrasó el rodaje de la segunda tanda, que no llegó hasta 2022 (eso sí, con un par de capítulos especiales estrenados entre medias), y la tercera se hizo esperar hasta la pasada primavera tras cuatro años en la sombra y un sinfín de problemas, incluyendo bajas en el equipo, la apretada agenda de protagonistas y las dificultades para dar con una historia que justificara el salto temporal de cinco años que hay entre la segunda y la tercera temporada. Demasiados frentes para pensar que Euphoria iba a terminar bien. Y no, no lo ha hecho.

2) Ni volantazos ni inmovilismo

Después de tanto tiempo, los protagonistas de Euphoria ya no tenían edad para estar en el instituto, así que a la serie le tocaba reinventarse por completo. ¿La forma elegida para hacerlo? Convertir la serie en una especie de neo-western, a Rue en una traficante de drogas que ejerce como 'mula' para pagar sus deudas, a Nate en un empresario perseguido por la mafia y a Cassie en una actriz de Only Fans. La trama de esta última se lleva la peor parte, pues Sam Levinson vuelca sobre ella la mirada sexualizada y de mal gusto que ya mostró en la olvidable y controvertida The Idol (HBO; 2023). Si a esto le sumamos el excesivo protagonismo que tienen los personajes nuevos (el jefe traficante de Rue) y el poco que se le da a algunos que ya estaban (Jules), el resultado es que Euphoria no ha sido Euphoria en su temporada final, sino otra cosa muy diferente. Una mucho peor.

Sydney Sweeney, en una escena de la temporada 3 de 'Euphoria'

En cambio, The Boys sí ha sido The Boys hasta el final. De hecho, ha sido tan fiel a sí misma que ha cargado hasta el último segundo con los problemas que venía arrastrando desde temporadas anteriores. La evolución de los personajes principales ha sido entre escasa y nula, y la sensación de 'esto ya lo he visto', excesiva. Al igual que Euphoria, su tanda final también ha tenido algún que otro gran momento (todo lo que ocurre en la mansión de Mr. Marathon), pero el balance general es que la serie ha llegado al final de su camino desfondada, sin fuerzas para jugar con algo más que los paralelismos entre Patriota y Trump. En resumen, Euphoria le ha salido mal su gran volantazo y a The Boys, quedarse como estaba.

3) Quien mucho abarca poco aprieta

Cuando hablamos de la excesiva fidelidad de The Boys nos referimos a lo inmóvil que se ha mostrado con sus personajes y sus tramas. Otra cosa es fuera de la pantalla, donde se ha mostrado mucho más flexible. Prueba de ello es que llegó para reírse de las mil y una producciones de Marvel y ha terminado desarrollando un spin-off animado (Diabolical), otro en acción real (Gen V) y una precuela que está pendiente de emitir (Vought Rising). Y todo esto con Eric Kripke en el centro como creador, showrunner, guionista o productor ejecutivo, según el proyecto, lo que probablemente le haya impedido centrarse al 100% en acabar satisfactoriamente la serie matriz, pese a haber contado con otros guionistas y productores a su lado.

Todo lo contrario que Levinson, que ha escrito y dirigido en solitario toda la temporada final de Euphoria. El hijo de Barry Levinson ya acaparó sobremanera ambos roles en temporadas anteriores de la serie, pero en esta ocasión su excesiva dependencia tras las cámaras ha pasado factura al resultado final. Vamos, que tener una sala de guionistas a su disposición no habría estado de más, al menos para enriquecer su visión con otras miradas.

Eric Kripke y Sam Levinson.

Por tanto, aquí nos encontramos con un creador que ha querido abarcar mucho dentro de su propia serie (Levinson) con otro que ha querido abarcar mucho fuera de la suya (Kripke). En resumen, las dos caras de la misma moneda.

4) Triunfar en la era de las redes sociales y el streaming

Por mucha conversación que hayan generado desde su primera temporada, los fallidos finales de The Boys y Euphoria dificulta la entrada de ambas producciones en ránkings futuros sobre las mejores series de la década, el siglo o lo que se tercie. A nivel creativo se las recordará por lo que pudieron ser y no fueron o por lo que fueron en sus inicios y dejaron de ser en su desenlace. Sin embargo, vivimos en una época, la de las redes sociales y el streaming, en la que el éxito de una serie ya no solo se mide por sus audiencias, sus premios o sus buenas críticas, sino también por la huella que dejan en el imaginario popular.

¿Esto en qué se traduce? Para The Boys, en que su discreta temporada final no va a impedir que la serie siga estando muy presente entre nosotros mediante la infinidad de memes de Patriota (Homelander) que circulan por internet, cada uno de los cuales resulta perfecto par transmitir según qué mensajes gracias a las singulares y siniestras caras del personaje interpretado por Antony Starr. Y para Euphoria, en que su final ha sido más que cuestionable, sí, pero que por el camino ha catapultado las carreras de Zendaya, Jacob Elordi y Sydney Sweeney, tres de las mayores estrellas que hay ahora mismo en Hollywood. ¿Cuántas series pueden presumir de una hazaña similar? Pues eso.

Homelander (Antony Starr) y Nate (Jacob Elordi),

5) Lo importante no es llegar, sino mantenerse

No lo sabíamos entonces, pero hace justo 20 años se estaba gestando lo que ahora podemos llamar como 'El síndrome Prison Break' o 'El síndrome Héroes', entendiendo como tal aquellas series que tienen una primera temporada sobresaliente, una segunda tanda defendible y un desarrollo posterior de dudosa calidad. Puede que la caída de calidad de The Boys y Euphoria no haya sido tan pronunciada como las de estos ejemplos, pero igualmente demuestra lo que ya aprendimos hace dos décadas: que lo importante en la televisión no es alcanzar el éxito, sino mantenerlo.

Da igual que ahora se hagan más series que nunca, con más presupuesto que nunca y con más libertad creativa (en teoría) que nunca: hay leyes no escritas de la televisión que son inalterables, y los casos de The Boys y Euphoria nos recuerdan que firmar una primera temporada excelente está muy bien, pero que las grandes historias son las que empiezan bien y acaban mejor, no las que arrancan en lo más alto y van cayendo poco a poco. Aun así, es de agradecer que hayan querido contar historias largas repartidas en varias temporadas y no despachar sus tramas en una miniserie de seis u ocho capítulos, ese formato tan socorrido y tan alejado de las series de televisión de toda la vida. Pero bueno, como suele decirse, esa es otra historia.

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