'Euphoria' se desdibuja en su temporada 3 como nueva víctima del retroceso ideológico (y cultural) de nuestro tiempo

Cuando en junio de 2019 Euphoria irrumpió en nuestras pantallas, lo hizo como una producción estéticamente rompedora que traía a la televisión un relato audiovisual, en fondo y forma, altamente representativo de la generación Z. Con Zendaya al frente de un desconocido reparto de noveles actores a los que catapultó al estrellato, la serie de HBO Max -basada en la homónima israelí de la plataforma HOT- causó un gran impacto entre el público por el planteamiento de un descarnado universo en el que se lograron plasmar -tal vez con exceso de revoluciones- algunas de las inquietudes más características de la población centennial. En su tercera temporada, que la plataforma estrenó este pasado lunes, Euphoria rompe ahora con su pasado y deja atrás casi todo lo que un día la hizo grande y extraordinaria.

Lejos de presentarse como una serie juvenil al uso más, tirando de conflictos adolescentes ya explotados en otros títulos, Euphoria llegó a nuestras vidas en el último verano prepandémico con todo el peso puesto sobre unos protagonistas que sublimaban el nuevo signo de los tiempos entre los jóvenes: sus personajes usaban un lenguaje hiperreferencial y autoconsciente; mostraban una mayor sensibilidad sobre la salud mental y una apertura de miras desprejuiciada, diversa y fluida en torno a la identidad sexual; y manifestaban una gran voluntad por la creatividad y la autoexpresión, evidente desde su propio maquillaje y vestuario, lo que causó un gran impacto cultural en las corrientes de moda del planeta en aquella época.

Todo este cóctel fue reflejado ante las cámaras por su creador Sam Levinson -durante sus dos primeras temporadas y los dos capítulos especiales que HBO Max ofreció entre ellas- a través de un look cinematográfico hiperestilizado, con aire indie y ciertamente experimental, que ponía la realización -con abundancia de primeros y primerísimos primeros planos- y la fotografía -y su gama de colores saturados- al servicio de las emociones de sus protagonistas.

También lo hacía con su narrativa, que planteaba fórmulas innovadoras que atrapaban al espectador, jugando con diferentes líneas temporales y con secuencias que oscilaban con facilidad entre lo realista y lo onírico. Y con su excelsa banda sonora firmada por Labrinth, que servía como un potentísimo amplificador sensorial de toda la historia y una de las señas de identidad más sólidas de la ficción. Todo ello tenía, como decíamos, un claro objetivo: no ya explicar las emociones de sus personajes, sino hacérnoslas sentir en nuestra misma piel.

'Euphoria', otra víctima del retroceso cultural de nuestro tiempo

El contexto en el que Euphoria logra al fin estrenar su tercera temporada en HBO Max, que recordaremos al final de este artículo, se hace fundamental para entender las posibles consecuencias que este crispado ambiente ha tenido en su resultado. Pero no es el único, ya que la ficción parece ser el último producto que sufre los efectos del gran retroceso ideológico que se ha desatado en el mundo en los últimos años y que, sin duda, ha permeado con fuerza en una industria cultural que plantea dudas sobre cuánto tiene de reflejo y cuánto de instrumento perpetuador de los valores conservadores que imperan en la sociedad.

Así pues, la pandemia del coronavirus se posiciona como un punto de inflexión clave en nuestra historia reciente, con la emergencia o repunte de figuras de poder que se aprovecharon de un escenario de incertidumbre y miedo global para mover a su antojo el tablero político y social en todo el planeta. Y en esa nueva partida, estos agentes retrógrados entendieron que la llamada -por ellos- 'batalla cultural contra lo woke' jugaba un papel clave para poner freno a todos aquellos principios progresistas, de conciencia social, de igualdad, de inclusión o de diversidad que se imponían entonces en el discurso social dominante.

Esta regresión, que se viene palpando en los últimos tiempos en títulos de nueva creación, cobra -voluntaria o involuntariamente- una mayor tangibilidad en Euphoria, a la que la perspectiva del tiempo y su desarrollo a caballo entre los años pre y postpandémicos deja en profunda evidencia. Al menos eso es lo que siente uno cuando se planta a ver los tres primeros capítulos de esta tercera temporada, los únicos de los ocho que componen la tanda a los que ha podido acceder verTele.

En ellos, los personajes retoman las tramas cinco años después de los hechos ocurridos en el final de la segunda tanda, con unas vidas (lógicamente alejadas -quizá demasiado- de las que tenían en el instituto) en las que, tras perderse a sí mismos en los dramas de la juventud, cada uno emprende su respectiva travesía por el desierto. Una deriva en la que parece descarrilarse la propia serie, que se entrega -ahora también en fondo y forma, como aventuraba su tráiler y su cartel promocional- a un conservadurismo y falta de creatividad con el que deja atrás todo lo que un día fue.

'Euphoria' se desdibuja en su temporada 3 en HBO Max

Por un lado, como decíamos, hay un giro formal y estético. Y es que Euphoria se convierte en su tercera temporada en una suerte de neo-western de mirada masculina que la acerca a referentes más próximos a Breaking Bad o Los Soprano que a títulos autorales como Girls o Fleabag. Es decir, más al thriller criminal y la comedia negra y menos al drama y al realismo generacional que marcaba sus primeras temporadas. Para ello, Levinson presenta ahora a Rue como una traficante de armas y de drogas que tiene que sortear humorísticas peripecias vinculadas a la delincuencia -como la delirante con la que arranca el primer capítulo- y lidiar con los tejemanejes de dos capos de la droga en sus insistentes intentos por huir de los errores de su pasado.

En esa nueva vida, en el marco de un conflictivo club de striptease, es donde el personaje de Zendaya se topa con los de la cantante Rosalía y la actriz hispano-puertorriqueña Priscilla Delgado (la niña de Los Protegidos), fichajes de la temporada -junto a una en principio testimonial Sharon Stone- y que no dejaran indiferente a nadie con sus pertinentes trabajos interpretativos. Especialmente el de la segunda, que despunta por sorpresa con un personaje más protagónico del que nadie imaginaba y que aspira a ser clave en el segundo tramo de la temporada.

Para lograr esa estética, Levinson y su director de fotografía (Marcell Rév) apostaron por rodar en película de 65mm de Kodak, buscando proporcionar una imagen extendida en pantalla que reflejase mejor el nuevo mundo amplio y salvaje en el que se mueven los personajes. Como consecuencia, se pone ahora más el foco en lo que ocurre alrededor de los protagonistas y menos en la profundidad de las consecuencias emocionales que desencadena en ellos lo que les pasa. Los creadores también abandonan la oscuridad y el juego de luces y colores de sus comienzos -aunque en la segunda tanda ya vivió una notable evolución fotográfica- para decantarse ahora por los tonos cálidos -dorados, amarillos, anaranjados- más clásicos de cine del Oeste.

Todo esto, sumado a la pérdida de Labrinth en la banda sonora -que prescinde ahora también de esa canciones comerciales que anclaban la serie a nuestro tiempo- y a un encargo a prestigioso Hans Zimmer que se hace insuficiente por la despersonalización que se produce en las músicas de la producción, propicia que parezca que nos encontramos desde el principio -y de un simple vistazo- ante una Euphoria radicalmente diferente a la que hace no tantos años nos conquistó.

Pero Euphoria también se desdibuja en sus tramas, con un guion que se desinfla desde el planteamiento de la temporada y que no hace justicia a las estrellas actorales de su reparto, siempre con una soberbia Zendaya que está por encima de su texto. Durante los dos primeros capítulos, la serie se esfuerza -haciendo uso de demasiado metraje- en contarnos lo distanciada que vive ahora aquella pandilla de amigos y en el tercero encuentra en la boda de Cassey y Nate una excusa fácil, forzada y poco consistente sobre el papel para reunirlos. Era obvio que los personajes no iban a seguir escolarizados con sus actores acercándose a la treintena, pero en estos nuevos episodios se nos presentan con desarrollos vitales superficiales, poco interesantes e incoherentes, especialmente el de Jacob Elordi, con un Nate 'beatificado' que pierde por completo los tormentos, la ira y la oscuridad que siempre lo caracterizaba.

Lo único que tienen los protagonistas de Euphoria en común es llevar unas vidas vinculadas a la criminalidad, ya sea por narcotráfico, prevaricación urbanística o explotación sexual. Y es en este último punto donde la serie toca hueso por la mirada cosificadora y sexualizada que Levinson -que ya fue criticado por lo mismo en The Idol- parece poner sobre los personajes femeninos, al menos en los tres capítulos que HBO Max ha avanzado a la prensa. Ahí la peor parada es una Sydney Sweeney objetivada y erotizada hasta el extremo, una actriz que ha sido víctima de esto mismo por la proyección que han hecho de ella la industria y los medios a raíz de su éxito en la serie.

Sin querer precipitarnos, ni cometer el error de juzgar la parte por el todo, habrá que ver el resto de entregas para confirmar si la representación que se hace de las mujeres -que llevan todo el peso de las tramas- termina llevando implícita una crítica o reflexión moral (como se dejaba entrever mejor en las primeras temporadas) o, al vaciarse de mensaje y basarse en el artificio, acaba reforzando los estereotipos y comportamientos misóginos que quizá pretendía señalar. Habrá que esperar para ver si Levinson y Sweeney han ideado una estrategia para expresarse contra el odio a través de sus tramas en los nuevos capítulos de la ficción o todo queda en una trivial huida hacia adelante.

En definitiva, toca aguardar unas semanas para ver si Euphoria logra reconducir una temporada -ojalá final- a la que, de momento, sostiene su espectacular reparto, el rédito del interés por la evolución de unos personajes otrora bien escritos y desarrollados, y su adictivo potencial entretenedor, aunque a veces abuse de buscar disrupción y forzoso impacto a través de imágenes incómodas y desagradables. También la crítica que planea de fondo sobre un sistema capitalista que se tambalea y que desmonta, con alusiones y alegorías a la Fiebre del Oro de California -espacio en el que se desarrolla la acción-, aquella vulgar quimera del sueño americano.

La larga y convulsa espera para lo nuevo de 'Euphoria'

Euphoria rompe con todo ello en su tercera temporada -y última, tal y como han apuntado en recientes entrevistas sus responsables y estrellas-, que se estrena siete años después del lanzamiento de su primera tanda en HBO Max, y tras una larga y convulsa espera de cuatro años desde la segunda que parecen haber hecho mella en su resultado. Un retraso marcado primero por la huelga de guionistas de Hollywood y, después, por las dificultades para compaginar las agendas de sus ya cotizados actores, especialmente las de unos consagrados Zendaya, Sydney Sweeney y Jacob Elordi, nominado este año al Óscar al Mejor Actor por su trabajo en Frankenstein.

Cuatro años a la par condicionados por algunas polémicas internas en la serie que han hecho aflorar desavenencias entre algunos actores y Sam Levinson, con el sonado abandono de Barbie Ferreira, unido a los de otros intérpretes principales como Storm Reid, Austin Abrams o Dominic Fike; rumores de enfrentamiento -con las miradas en Zendaya y Sweeney por sus conocidas diferencias ideológicas- entre algunos miembros del elenco principal, que curiosamente evitó un posado grupal en la reciente premiere de la temporada; e incluso la abrupta salida de Labrinth, que a última hora dejó el proyecto y retiró su música del mismo entre críticas a la industria y un supuesto conflicto con la serie que también parecía señalar a Levinson.

Por otro lado, la producción se vio afectada por la muerte de uno de sus responsables principales, el productor Kevin Turen, y la de dos de sus actores protagonistas: en agosto de 2023, la de Angus Cloud -el joven Fezco en la ficción, una de las piezas claves de su segunda temporada-; y el pasado mes de febrero, la de Eric Dane, que interpretaba al despreciable Cal Jacobs -el padre de Nate (Jacob Elordi)- y que deja en esta tercera tanda un último (e impactante) trabajo a título póstumo tras fallecer a causa de esclerosis lateral amiotrófica (ELA). A través de sus créditos, Euphoria le dedica a los tres sus nuevos capítulos y, en una carta enviada por Sam Levinson a la crítica -a la que ha podido tener acceso verTele-, el creador hace especial hincapié en cómo la muerte por sobredosis de Angus Cloud le “afectó profundamente de forma inesperada”.

“Con la adicción, se supone que uno debe estar preparado para la pérdida de alguien que está luchando, pero su muerte despertó en mí una rabia, no solo por él, sino por las muchas vidas jóvenes en Estados Unidos truncadas por el fentanilo. El año en que murió, más de 70.000 estadounidenses fallecieron por esta causa, siendo la principal causa de muerte entre los menores de 45 años. Esta temporada se convirtió en mi forma de honrar a Angus y a todos los jóvenes que no tuvieron una segunda oportunidad. Quería contar una historia en la que la esperanza y la luz aún pudieran sentirse en la oscuridad”, explica en el texto el cinesta, quien ya reconoció que sus problemas con las drogas en el pasado le habían inspirado a la hora de poner en pie Euphoria.