'Millennial Mal', una serie ¿cómica? con denuncias incómodas en Filmin: “La precariedad nos obliga a ser jóvenes”
¿Millennial Mal es una comedia? La respuesta es sí, pero no perdamos de vista que la realidad siempre supera la ficción. Póngase en situación: una mujer de mediana edad tiene una vida tan anodina como estable cuando, de repente, todo se tuerce. La tranquilidad económica desaparece. Sin ahorros y con un alquiler que pagar, Judith encuentra una única vía de salvación a corto plazo: 'convertirse' en joven para cobrar una beca. Filmin ya ha estrenado su nueva serie, una apuesta provocadora que retrata a la generación “olvidada”.
La nueva producción de la plataforma utiliza el humor para retratar algo mucho más incómodo: una vida a destiempo solo ha servido para llegar perdido a la mediana edad. Su máxima responsable, Lorena Iglesias, toma asiento con verTele para reflexionar con nosotros sobre problemáticas sociales que bien merecen vertebrar cualquier discurso en el Congreso de los Diputados. Y esto no va solo de generaciones. Por eso ponemos el foco en aspectos como la precariedad, las masculinidades tóxicas, el feminismo y la propia supervivencia.
Este título de Filmin cuenta con Iglesias como creadora, que ejerce también como directora y protagonista. El reparto principal se completa con la humorista Isa Calderón, el nominado al Goya Vito Sanz, Victoria Oliver y Paula Gala, entre otros. Producido por Tornasol Media y Ukbar Filmes, su raíz está íntimamente relacionada con una queja personal: “No he vivido mi juventud como debía, como que las mujeres de mi generación hemos tenido una juventud muy cercenada por el patriarcado. Los tíos no nos respetaban intelectualmente”.
Las heridas de una generación que la sociedad ignora
La historia que cuenta Millennial Mal está íntimamente relacionada con la vida de su protagonista: “Antes había como más desigualdades estructurales, el ocio nocturno era un desastre, tuvimos una juventud de mierda realmente. Creo que sí lo arrastramos”. Iglesias echa la vista atrás para recordar que su juventud estaba regida por “otros marcos culturales” completamente distintos a los de hoy: “Por eso a veces vamos vestidas como más juveniles”, siempre con el anhelo de haber vivido esta etapa de manera “más sana”.
Entonces, ¿cuáles son esas heridas? Sencillamente, las consecuencias de las promesas incumplidas. La sociedad de entonces insistió a toda una generación en que solo valía el esfuerzo y la constancia para conseguir empleos estables con salarios dignos. Esa promesa de vivir mejor que sus padres solo podía llegar a través de un 'saber estar' que, paradógicamente, también iba a traer consigo la autorrealización. Y, a tenor de los hechos, el compromiso se ha roto en innumerables casos.
“El hecho de que mis padres hayan podido comprarse una casa, pero que yo tenga amigos de 45 años que comparten piso… es muy extraño. Tenemos la sensación de que hemos estudiado carreras de humanidades que no nos han servido para nada. Aunque no es verdad”, continúa detallando la creadora de la serie. Y atención porque esto no es una percepción individual. El último barómetro del CIS —recogido en elDiario.es— asegura que el principal problema para los españoles es la vivienda (41.5%), seguido de los problemas económicos (19.2%).
El gran antagonista de 'Millennial Mal': la precariedad
Retomando la idea de la encuesta anterior, Millennial Mal pone el foco en la precariedad. La protagonista se enfrenta a un despido sin tener ahorros que le permitan superar el bache. Es en ese momento cuando decide aceptar una beca universitaria concedida por error. Gracias a ese dinero de la Administración, Judith podría sobrevivir en un mundo cada vez más hostil. Pero para ello se tiene que hacer pasar por una mujer joven, puesto que la ayuda es solo para personas menores de 30 años.
“Hay estudios que comprueban que si eres una persona que ha nacido en un entorno de pobreza tienes menos posibilidades de desarrollar tu inteligencia. Porque tu ansiedad te lo impide”, señala Iglesias en este sentido. Su pasado es clave para entender la reflexión: “Yo era una niña muy ansiosa”. A su juicio, “la precariedad nos obliga a ser jóvenes”. Más bien a vivir como ellos: sin recursos, compartiendo piso y sin alcanzar esas expectativas que no llegaron pese a cumplir con todas las exigencias sociales.
Las encuestas son un termómetro clave para entender esta situación. Ya en 2023, elDiario.es analizó un estudio elaborado por Fotocasa que arrojaba este titular: “El 44% de los residentes en España que comparten piso lo hacen porque no pueden permitirse pagar uno en solitario”. Y es que la serie también plantea un escenario olvidado: “Hay ayudas en vivienda para menores de 35. Yo tengo amigos de 45 años que comparten piso, ¿qué pasa con ellos? No podemos favorecer a un sector de la población y olvidarnos de otros”.
¿Por qué hay tanta distancia entre millennials y 'centennials'?
La brecha generacional es otro pilar maestro en la serie de Filmin: “Judith envidia a la generación Z cuando ve lo positivo que ella no tuvo en su juventud. Entonces se da cuenta de qué cosas ha perdido al compararse con ellos”. Lo cierto es que al principio se niega a vivir esa particular transformación, pero sus compañeras de clase terminan convenciéndola. El personaje protagonista toma conciencia “de que la gente vive el género de una manera mucho más fluida, que tienen una inteligencia emocional mayor y que se divierten de una manera más sana”.
“¡Coño, yo quiero tener esto! ¿Por qué no lo he tenido?”, comenta Lorena Iglesias, en referencia a la revelación de su personaje. Pero la ficción no solo pone sobre la mesa las diferencias, sino también la distancia: “No es tan orgánica la conexión, es más difícil. Creo que los millennials somos muy condescendientes con los jóvenes, estamos todo el rato criticándolos, no nos inspiramos en ellos”. Habla en términos generales, porque ella sí que tiene como referentes a personas de menor edad.
Filmin pone el foco en las masculinidades y el feminismo
Las reivindicaciones no cesan en Millennial Mal, poniendo el foco tanto en el feminismo como en los diferentes modelos de masculinidad. Y en este punto, la deconstrucción es fundamental para lograr una sociedad igualitaria: “Las personas jóvenes por lo menos tenéis la teoría. Los hombres de 40 años ni siquiera eso. También porque no se lo curran. Está al alcance de todos y de todas”. El personaje de Vito Sanz es el perfecto ejemplo de lo que le ocurre a muchas personas: “Él no es ni un cuñado ni un macho alfa”.
“Es un tío que cree que ya está deconstruido. Porque también es una cosa muy masculina pensar: 'Me he mirado este artículo, me he empollado esta cosa y ya está. Listo'. Se piensa que ya sabe unas cuantas cosas y que ya es un aliado. Pero su hija le hace ver que es un falso aliado. Él está en un punto parecido al de Judith en el sentido de reinventarse”. Y lo más curioso tiene que ver con que este proceso le ayuda “a reconectar con su cuerpo y con su propia sexualidad”.
Los pequeños detalles son muy significativos, suficientemente reveladores como para entender el prisma desde el que su creadora ve el mundo. A lo largo de los capítulos, Millennial Mal muestra a un joven que otrora encajaría a la perfección en la descripción de “heterosexual” tanto por su estética 'masculina' como por su actitud 'viril'. Sin embargo —y afortunadamente—, no tiene impedimento en reconocer que mantendría relaciones con un hombre. “Me alegro de que digas eso”, responde al instante Iglesias.
Al margen de estas cuestiones, la relación de Judith con su gato Zóser se presenta como una reivindicación feminista de suma importancia. ¿Qué se decía antiguamente de aquellas mujeres sin pareja que convivían con felinos? No hace falta respuesta. Por eso la serie se levanta contra el cliché: “Gracias por decírmelo, porque habrá personas que digan 'la loca de los gatos'. Pues mira… Me da igual, lo reivindico. Yo soy la loca de los gatos. Es una relación bonita, tierna, que no cambia porque ella se disocie”.
Lorena Iglesias analiza el papel de la mujer en la industria
Dejamos la temática de la serie a un lado para hablar directamente del papel de la mujer en la industria audiovisual. ¿Los avances en la profesión van parejos a la evolución social? Lorena Iglesias se pronuncia al respecto: “Creo que hay peligro de retroceder. Se están consiguiendo cosas y, sobre todo, me alegro de que haya una maduración de los relatos feministas en las ficciones. Ahora nos permitimos ser más irónicas, escribimos personajes femeninos que no son perfectos”.
La Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), en colaboración con el Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), publica un informe con estadísticas de lo más reveladoras. Se refleja una sistemática brecha de género entre hombres y mujeres en puestos tanto de liderazgo como de alta responsabilidad. Dejamos por aquí algunas de las claves del último balance público:
- La representatividad de mujeres en el sector aún no supera el 40%, siendo mayoritariamente masculino
- En Producción ocupan el 24% frente al 76% de los hombres
- En dirección de Fotografía ocupan el 21% frente al 79% de los hombres
- El grupo directivo (Producción, Dirección y Guion) continúa siendo el más resistente al cambio: hay un 29% de mujeres frente a un 71% de hombres
“Todavía queda mucho. Y que los hombres también ven con un poco de extrañeza que las mujeres les manden en los rodajes. ¿Sabes? Había jefas de equipo en mi rodaje, y los tíos se quedaban así un poco estupefactos. O riéndose un poco: '¡Mira la jefa! ¡Mira cómo manda ella!'. Claro, cuando no hay jefe, hay jefa”, sentencia Lorena Iglesias, concluyendo al respecto de manera tajante: “No sé dónde le ves tú la gracia, simplemente. Es tu jefa y ya está”.
'Millennial Mal' no alecciona, “reabre debates”
La puesta en marcha de Millennial Mal es, en esencia, un grito televisado para que la audiencia entienda que no es oro todo lo que reluce. Existen generaciones que se sienten olvidadas, incluso decepcionadas con toda una sociedad que prometió un modo de vida que nunca llegó. Filmin vuelve a presentarnos una serie de comedia con trasfondo crítico, que evidencia que todavía queda mucho por construir.
Entonces, ¿cuál es la reflexión final que debe quedar en el espectador? Lorena Iglesias tiene la respuesta: “Me gustaría que hubiese más interés por grupos de edad, que no son los tuyos. Me gustaría que quedase la sensación optimista de que todo el mundo se puede reinventar a cualquier edad”. Sin ánimo de ser una producción “aleccionadora”, la clave está en disfrutar a la vez que se “reabren debates”.