'Rafaela y su loco mundo', una serie imposible de describir en un titular que lleva al extremo el delirio chanante

¿Quién decía que el humor absurdo en España estaba en horas bajas? Para quienes se refugiaban en clips nostálgicos del pasado, Atresplayer acaba de dar un golpe de realidad en la mesa… o más bien de surrealismo. Rafaela y su loco mundo se presenta como una serie delirante y distópica, pero profundamente libre en su paranoica concepción. La ficción desembarca en la plataforma de Atresmedia este domingo, 15 de febrero, recuperando esa comedia chanante tan característica y que tantas alegrías dio a muchos espectadores en otros tiempos.

El grupo audiovisual describe a Rafaela, el eje alrededor del que giran todas las tramas, como una adolescente que forma parte de una familia “altamente funcional”. Hasta aquí, nada fuera de lo común. Sin embargo, ya los primeros minutos de la serie evidencian que esta descripción poco se ajusta a nuestra manera de entender la vida. A la suya sí, a la perfección de hecho. La madre aparece en escena con una curiosa afición a disfrazarse de absolutamente cualquier cosa, formando tándem con un padre que se gana la vida como inventor. ¿Qué puede salir mal? Nada y todo a la vez.

Y como en nuestro día a día, las amistades son fundamentales para vivir aventuras. Es en este momento cuando Corpus, Chelo y Debo completan una ecuación completamente estrambótica. A lo largo de los episodios, este variopinto grupo se enfrenta a innumerables peligros sin ningún tipo de sentido para salvar al mundo antes de que el periodo adolescente llegue a su fin. Tiene especial gracia el asunto porque sus intérpretes superan ampliamente la edad de sus personajes. Tampoco podemos olvidarnos de la abuela, que, para ser honestos, no tiene descripción posible.

Quizás, la gran baza de esta producción —creada por Aníbal Gómez y dirigida junto a Ernesto Sevilla— es su honestidad. La serie para nada está diseñada con el objetivo de gustar a todo el mundo, sino que se dirige a un 'espectador huérfano' que disfrutó como nunca con La Hora Chanante o Muchachada Nui, pero dándole un envoltorio completamente nuevo. No lo decimos nosotros: Atresmedia presume abiertamente de que Rafaela y su loco mundo es “la sitcom de tripi que no sabías que necesitabas”.

Un reparto que entiende el código chanante

Esta producción no aspira a ser un título aclamado en todos los festivales, y ahí es precisamente donde reside su fuerza. El equipo es consciente de que su público no busca realismo, sino una vía de escape que va mucho más allá de lo bizarro. No obstante, lograr que el surrealismo funcione requiere una absoluta entrega por parte de su elenco. En este sentido, aprueba con nota. Para ser honestos, debo compartir una confesión: me resulta imposible ver a Carlos Areces caracterizado como Chelo y aguantar las carcajadas.

Ingrid García-Jonsson interpreta a Rafaela, probablemente el personaje con mayor cordura dentro de este delirio que impera en cada trama. La actriz ha demostrado una enorme capacidad de adaptación a este núcleo chanante, mimetizándose con un entorno sumido en el caos. Y también es digna de mención su evidente sintonía con este triunvirato del absurdo compuesto por Joaquín Reyes, Carlos Areces y Aníbal Gómez, quienes dan vida a las amigas Debo, Chelo y Corpus respectivamente.

El núcleo duro de esta serie, como se diría popularmente, está en su salsa. Estos papeles que interpretan les vienen como anillo al dedo, trayendo de nuevo la comedia bizarra a nuestra pequeña pantalla. En definitiva, una fórmula muy reconocible entre su público nicho a la que Arturo Valls y Carmen Ruiz también han sumado enteros. Ambos son piezas clave que aportan todavía más capas de sinsentido a esta distopía. Son la prueba fehaciente de que en el mundo de Rafaela siempre hay espacio para un giro de tuerca más.

Acierto con la duración de cada episodio y con los visuales de la serie

La industria audiovisual continúa evolucionando, pero podría decirse que Rafaela y su loco mundo se mantiene fiel a dos títulos pioneros en lo que respecta a su duración. Al igual que Muchachada Nui o La Hora Chanante, los capítulos de la serie de Atresplayer se extienden entre 20 y 30 minutos. Un tiempo en pantalla más que suficiente para cerrar las tramas que se presentan en cada entrega. Eso sí, es difícil resistirse a pulsar el botón de “reproducir siguiente” cuando el espectador se siente ávido de humor delirante.

Por otro lado, merce mención el trabajo del equipo creativo a la hora de hacer realidad ese universo disparatado y carente de sentido. La casa de Rafaela funciona como ese espacio capaz de trasladar al espectador la locura imperante en cada entrega; de hecho, se percibe como una atmósfera que sirve como antesala de la narrativa chanante. Es el lugar donde lo cotidiano —comer, sentarse, mirarse al espejo o simplemente conversar— se vuelve una performance. La dirección artística convierte absolutamente cada estancia en una viñeta de cómic.

¿Cuál es el veredicto para 'Rafaela y su loco mundo'?

Rafaela y su loco mundo no es, bajo ningún concepto, una serie apta para personas sin sentido del humor, alérgicas al absurdo o que busquen una narrativa convencional. Cada capítulo se despliega como una fiesta de pijamas donde el surrealismo es un invitado de honor que permite recuperar el sello chanante sin complejos.

Al terminar de verla, me doy cuenta de que no soy capaz de definir lo que he visto. Y esa es, sin duda alguna, la mejor conclusión que puede resultar de esta crítica. En un mundo de contenidos predecibles y que apuestan por lo mainstream, este caos es un auténtico regalo.