Entrevista

Pedro Ruiz vuelve a TVE: “Celebro el fin de 'Sálvame' porque ha vivido de hacer cáncer de la vida de los demás”

Pedro Ruiz vuelve a TVE, a la cadena en la que “siempre” trabajó con libertad. Veinte años han pasado desde que llevó a cabo La noche abierta, su último programa con la televisión pública. Después lo intentó con otros tantos proyectos, pero ninguno llegó al puerto en el que ya está atracado su nuevo 'buque' televisivo, Nada del otro mundo, un espectáculo lleno de humor, música y entrevistas.

La única entrega del programa se estrenará en La 1 este viernes 8 de diciembre a las 22:10 horas. A sus 76 años, el actor presenta el show, escrito y dirigido por él mismo con la intención de ofrecer un contenido “amable” en tiempos de “crispación”, defiende insistentemente en un encuentro con verTele y otros medios de comunicación. Le acompañarán en el plató Dulceida, Rozalén y un invitado sorpresa, mientras que para los sketches ha recurrido a Antonia San Juan, Pedro Casablanc, Luisa Martín, Javier Quero, Eloy Arenas, Enrique Cerezo, Paco Grande, Josep Pedrerol, Roncero y Jorge D'Alessandro.

Fugaz pero por la puerta grande. Así es el regreso de Pedro Ruiz a TVE bajo la producción de El Terrat, la productora de Andreu Buenfuente. Ahora “ha mejorado el clima” con sus interlocutores de la cadena pública, que le “han escuchado de un modo distinto”.

Es en Telecinco donde no tiene pensado trabajar. “No iré mientras siga habiendo un rótulo que ponga 'Si sabes de un famoso, llámanos'”, comenta en referencia a la famosa frase que se proyectaba en Sálvame pidiendo a los espectadores jugosa información sobre las celebrities.

Al programa de La Fábrica de la Tele, cancelado el pasado mes de junio, no le tenía mucha estima. “Yo celebro el fin de Sálvame. Lo celebro por una razón sencilla: ha vivido de hacer cáncer de la vida de los demás”, sentencia el catalán. Y dice que no tiene “nada contra” Jorge Javier Vázquez aunque entiende que fracasara su nuevo proyecto televisivo en Mediaset, Cuentos chinos, porque se pretendía “edificar la maternidad sobre un cementerio”.

Pedro Ruiz vuelve a TVE haciendo gala de su libertad de expresión, por más que salga “bastante cara”. Será breve su 'cameo' en la noche de La 1 pero, si la audiencia le acompaña, pretende repetir la experiencia: “Espero que pueda haber más, y si no lo haré en otro sitio”.

¿Cómo es que sólo hay, al menos de momento, una sola entrega?

Bueno, lo poco si malo menos malo [risas] Yo estoy ya muy de vuelta de las cosas, no en el sentido de que esté desmotivado sino que sé lo que ocurre en el mundo. Esto puede ir muy bien, o muy mal o regular.

¿Sientes nervios? ¿Verás el estreno?

No lo veré porque es mi tónica. Yo suelo hacer programas en directo, este no lo es, y sentarme a verme dos horas me cansa bastante. Normalmente, media hora antes del programa cojo el coche y me doy una vuelta por la sierra escuchando música clásica. Y luego vuelvo y me cuentan.

Estás muy acostumbrado a leer mucho y a ver mucha televisión. ¿Vas a ver las audiencias y las críticas?

Las audiencias sí; lo que opinan lo respeto muchísimo pero no me va a condicionar. Lo que hay fuera de uno es lo lícito de las opiniones ajenas. Yo me puedo equivocar, pero no me obsesiona eso.

Una productora que me ofrezca un millón de euros no me lleva a una isla ni a ningún lugar"

¿Te va a hacer cambiar algo de tu personalidad, de la que ahora se muestra en teatro, este 'Nada del otro mundo'?

No, porque el que me ha visto en teatro sabe que tengo una conducta más llamativa, no diré agresiva pero sí mucho más incorrecta. La televisión no lo admite. En España no se concibe un show de [Adriano] Celentano. Yo ahora tampoco lo haría porque no tengo interés por eso. Hubo momentos en los que sí. La televisión es un microondas que recalienta los platos: si se mete a alguien que estaba olvidado, se pone de moda otra vez. Hay vida fuera de la televisión. Yo en estos 20 años he hecho muchísimo teatro y muchas cosas.

La tele tiene unos parámetros, y lo digo con todo respeto. Las televisiones públicas de todo el mundo tienen muchos condicionantes. Las privadas también. Para las públicas es la política, y para las privadas, el dinero. La libertad está en el teatro.

¿Has visto muchos cambios en la televisión desde que te fuiste?

No, he visto darle muchas vueltas a la misma albóndiga. Hay un tipo de programas, los realities –que no los he seguido pero respeto a quien vaya– que en según qué cadenas se hacen con famosos que no llegan a fin de mes. Eso me parece maldad. Soy muy contrario a formatos como Gran Hermano. Los respeto pero no los veo.

¿Te han ofrecido ir a algún reality show en este tiempo?

No. Me han ofrecido muchas cosas, incluido MasterChef, pero yo hago vida de autor. Si me equivoco, me equivoco por mi cuenta. Es mi condena personal.

Has hecho hincapié en el tono amable del programa, en estar saturado del enfrentamiento. ¿En qué momento te das cuenta de eso?

Cuando te das cuenta de que la ira de los demás no te cabe a ti mismo dentro. Pasamos por la vida un rato y conviene que no sea tan desagradable. Hablo del mundo de la política: hay que recuperar la cordialidad de la Transición; no por la Transición, sino por la cordialidad. Estamos aquí y nos morimos al cabo de un ratito.

¿Cómo nació el formato? ¿Lo ofreces tú, o te proponen volver ellos?

Yo he presentado 16 o 17 proyectos en la casa en estos 20 años. No tenían eco, esta vez lo ha tenido. Además, aprobé que fuera un programa especial para comprobar la temperatura de la audiencia respecto a tu persona, que es un poco olvidada y desconocida. He preferido ser un buen recuerdo a una mala presencia. Por eso he dicho 'no' a montones de entrevistas en programas como Sálvame. Infinitos. Yo me puedo equivocar, pero quiero que si me equivoco me pertenezca la equivocación. Una productora por ofrecerme un millón de euros no me lleva a una isla ni a ningún lugar. Si me fueran mal las cosas, cogería una guitarra y cantaría en un bar. No me gusta verme como no me gusta ver a los demás.

¿Por qué crees que a TVE le ha encajado esta vez?

Porque ha mejorado el clima de los interlocutores, porque me han escuchado de un modo distinto. Tampoco es un gran logro. Es un programa único, no se firma una serie de 13 o 20 [entregas]. Espero que pueda haber más, y si no lo haré en otro sitio. Estoy dispuesto y acepto ofrecimientos de todos los lugares.

Se puede decir que hubo un tiempo sin feeling con la cadena pública...

20 años. Si te parece poco... [risas]

Lo cierto es que muchas veces sonaba tu nombre para participar en programas. ¿Por qué no llegabas nunca a aparecer? ¿Qué condicionantes se te daban que no aceptabas?

En un programa concreto, muy conocido, pero que no voy a citar, yo estaba diciendo equis cosas y oí que al conductor le decían por el pinganillo: “No digas eso. Tú eres tan libre como él”. Yo no me dejo poner un pinganillo. Este programa se ha hecho sin pinganillo, sin prompter y sin una guía de lo que hay que hacer. Ha ido ocurriendo la cosa con naturalidad. No soy periodista, soy un artista que conversa.

Me he negado a ponerme un pinganillo y siempre me negaré

Aunque se te recuerda ahora por 'La noche abierta', que era un programa de entrevistas de autor, has hecho de todo en televisión. Te atreviste a parodiar al presidente del Gobierno...

Y a fingirme él y llamar por teléfono a la gente. La noche abierta nace como consecuencia de que mi madre tuvo un ictus y estuvo 12 años, un mes y ocho días en los que me dedico a ella. La noche abierta no tenía mucho trabajo. Charlaba con gente y tal. Con el paso del tiempo se hacen cinco temporadas y como no hago otra cosa, me estoy convirtiendo en un periodista, cosa que respeto pero no soy. Nunca quise ser periodista.

Cuando hice Estudio Estadio y transmitía partidos de fútbol por la radio lo hacía por una razón: porque soy deportista y porque en tiempo de Franco era el único territorio en el que podía decir que el árbitro había estado mal. Era un territorio de libertad, restringida, pero libertad. Cuando empecé a hacer teatro, lo que mandaban en la casa [TVE], que eran miembros del Opus Dei, me dijeron que tenía que elegir entre el teatro y la televisión. Y me despedí de Estudio Estadio.

A quien dice que ahora no hay libertad para opinar, para hablar, ¿qué les dirías?

La libertad sale bastante cara. Creo que era Bunbury quien decía: 'Se es muy libre, pero la libertad luego te la cobran'. Es así. Tienes que decidir si te atreves, y yo creo que lo he hecho, a ir solo por la vida. Y como considero que es imposible arreglar esta marabunta que es la humanidad, finalmente he decidido ponernos pomada para pasar ratos mejores. Yo no voy a arreglar nada, ni de la independencia, ni de la ONU, ni de Biafra, ni de Ucrania, ni de Gaza. Por lo tanto, si consigo que en mi entorno estén un poco más agradables habré conseguido una pequeña cosa, pero es lo que depende de mí. Lo otro no depende de mí.

¿Ha habido algo que te hayan impedido hacer en 'Nada del otro mundo'?

No, porque estaba planteado así. He hecho lo que quería hacer. A lo mejor me he equivocado de contenidos, pero nadie me ha dicho nada y soy yo el que ha decidido no hablar de política.

Mercedes Milá dijo que TVE pidió que no trataran temas políticos en 'No sé de qué me hablas', aunque luego todo es política.

Claro. Lo digital es política, Elon Musk es política. Mi madre decía una cosa muy inteligente: 'Todo lo que abandonas, te abandona a ti'. Lo digital ha convertido a todo el mundo en una terminal de su tienda. Estáis todo el día viendo publicidad, gestionando vuestro dinero... No ha habido un dictador en el planeta que haya tenido el 1% de la información de los demás que tienen ahora. Os han hecho, y a mí también en la medida que lo uso, cómplices de vuestra propia delación. Todo el día contando lo que hacéis, qué compráis, qué coméis, qué os gusta... Esto es que te violen todos los días hasta cuando duermes.

En redes sociales has hecho comentarios que se han convertido en noticias, por tus críticas a programas o contenidos... ¿Por qué crees que despiertan el interés?

Porque eso les conviene a las redes sociales, a mí no. Que yo haya hablado de El Hormiguero, por ejemplo. Me han preguntado alguna vez que por qué no he ido nunca a El Hormiguero. Pues respuesta sencilla: porque nunca me han invitado. Otra cosa es si iría si me invitaran, que es la segunda parte. Pero la primera no ha ocurrido nunca.

¿Y si te invitan?

Me lo pensaría. No estoy muy a favor... de momento.

¿Por qué?

Porque ya han transcurrido muchos años. No tengo nada contra nadie. No he saludado nunca a Pablo Motos.

¿E invitar tú a Pablo Motos?

No tendría ningún problema. Yo no soy, y no lo digo por ellos, como los que odian, quiero ser como los que unen. Los que odian no me interesan nada, estropean mucho la vida.

¿Por qué crees que no te han invitado?

Lo sé, pero no lo voy a decir.

Hablando de los invitados sorpresa de 'Nada del otro mundo'. ¿Vetaste a alguien o pusiste alguna condición?

A ninguna persona de mi pasado y a ningún político. Nada más. El primer invitado sorpresa iba a ser Dulceida, pero hubo una indiscreción y lo cambiamos. Tener un guion con 20 preguntas sobre uno, no garantiza que sea una buena conversación. Que tú me cuentes una cosa que yo no sepa sin buscarlo por internet, a lo mejor es más interesante porque me pasmo.

¿Cómo planteas las entrevistas? Hablabas en la rueda de prensa de la importancia de escuchar sin juzgar.

Si yo te invito a un programa mío, yo no soy el protagonista. El protagonista eres tú. Había un escritor catalán, Josep Pla, que decía: 'Escuchar es poner atención a lo que dice el otro sin tener presente lo que tú piensas'. Si yo le pregunto a él por su infancia y me habla de su bicicleta, no puedo pensar yo en mi balón.

¿Ves la televisión?

Veo todo. Trabajo en casa con la tele de fondo, hago zapping, voy al cine cuatro o cinco veces por semana, voy al teatro... Mantener la juventud consiste en tener muchas cosas que no tengan que ver con tu ombligo. Hacer zapping de ti es muy saludable. Te apagas tú y se encienden otros.

Después de tantos años y leyendo muchas entrevistas, da sensación de cierta impermeabilidad. Parece que nada te afecta. Teniendo en cuenta que no ofende el que quiere sino el que puede, qué es lo peor que te han dicho

Pues que soy mala persona. Los demás no me importan mucho. Soy intenso, tonto, vacío... Lo que quieras. Ni lo desmentiría. Pero nunca he querido ser mala persona. Me equivocaré, pero lo peor que se puede decir de ti es que eres mala persona.

¿Qué te gusta de la TV de hoy?

Hay cosas de Movistar que me gustan bastante. Por ejemplo, Poquita fe ha estado bien. Hay programas estupendos de La 2, en laSexta y programas de esta casa, como Dúos increíbles, que no está funcionando muy bien, pero está muy bien.

La palabra formato me echa para atrás: han preparado una cuadricula en la que quieren encajarte para que digas eso que quieren. Y a mí cuando me han ofrecido, que me han ofrecido muchas, he dicho que no. Yo no voy a MasterChef a que me digas que discuto con Pepe por las alcachofas, porque no me sale de los cojones del alma.

¿Qué jóvenes de la TV te gustan?

Creo que [Jordi] Évole es un representante, menos joven ya. Autores están Évole, Calleja, Iker Jiménez, Broncano a su manera, y no hay más. Y creo que la televisión le ha cogido miedo a los autores.

Sólo has dicho hombres. ¿Ya no hay mujeres autoras? ¿Se ha involucionado en estos años?

Julia Otero hacía un programa muy aseado [Días de tele], pero la televisión a veces no se digiere a sí misma cuando se habla tanto de la televisión. Julia me parece una representante extraordinaria de la cultura. Es una de las más preparadas en lo que hace. Y ha habido experimentos con Samanta Villar. Hace falta que se apueste por el autor. ¡Es lo único diferente que hay!

Hablabas de los formatos... Has hablado de 'MasterChef Celebrity'. ¿Ha sido siempre la tónica?

Un día me llamaron para el programa del trampolín, Mira quién salta. Me dijeron que me iban a ofrecer una cosa muy importante. De broma dije que me lo iba a pensar y puse una condición que no era fácil: Primero se tira Vasile [exconsejero delegado de Mediaset], luego Rajoy, y tercero yo. Si es tan importante no se lo querrán perder' Una cosa es salir en la tele, y otra cosa es ir a la tele a decir cosas tuyas. Pero salir en la tele no es necesario. Para decir chorradas no es necesario.

¿Conociste a Paolo Vasile?

Sí, me recibió muy amable. Me dijo esa frase suya mítica: 'Tú tráeme cosas buenas, y las haremos. Yo pongo el circo, y lo que digan los monos no me interesa'. Literalmente. Era un tipo muy amable. Hace mucho que no veo Telecinco y que no voy a Telecinco por razones que he publicado en Twitter. No iré a Telecinco mientras siga habiendo un rótulo que ponga 'Si sabes de un famoso, llámanos'. Que ponga 'Si sabes algo de un directivo'. ¿Por ser famoso es licencia para hablar de él gratis? Mientras no quiten ese rótulo no iré a ninguna entrevista.

¿Quitarías algo de la televisión actual?

No soy quién. Eso depende de los directivos. Yo celebro el fin de Sálvame. Lo celebro por una razón sencilla: ha vivido de hacer cáncer de la vida de los demás. Entiendo que se puede hablar de que Pepito y Manolita han roto, pero la maldad programada y persistente durante años fingiendo además que son los que saben... Los peores de la clase nos han dado clase durante 20 años. Y nadie ha reaccionado. Se ha acabado por lo que fuera. Si me preguntas por Cuentos chinos, no tengo nada contra Jorge Javier Vázquez. He ido al teatro a verle, pagando, cosa que no ha hecho él conmigo, y no tiene por qué hacerla. Y era una función difícil, otra cosa es que guste más o menos. Pero cuando uno se establece en ese mundo [en Sálvame] es difícil cambiar. Haces Cuentos chinos y es querer edificar la maternidad sobre un cementerio. Querer reestructurar la vida de un cuerpo enfermo plagado de cáncer alrededor va a ser complicado.

¿Cómo ves 'TardeAR'?

No es fácil. Tiene mucho mérito Ana Rosa teniendo en cuenta que ha salido de lo que ha salido. Marcarse ese reto es complicado, porque ya sabía que los demás no estarán quietos. Todo el mundo hace el mismo programa. Yo mismo, tengo que decirlo, porque hablar con Dulceida tampoco es una cosa del otro mundo.

¿Por qué crees que eso pasa?

Vamos deprisa en nuestra propia vida, y la televisión ha cogido ese ritmo. Nos llevan como autómatas. No hay relax ni escucha.

¿Tiene la culpa de eso la predominancia de política?

La política es muy culpable del enfrentamiento de la gente. Esa histeria en la que viven se traspasa. Las manifestaciones en Ferraz son un ejemplo de que así no podemos seguir.

A veces he propuesto en esta casa hacer una charla de políticos donde esté prohibido hablar de política. Yo supongo que eso sería unidor. Lo otro es separador. ¿Por qué no se hace? Seguramente porque ninguno de los cuatro quiere.

Así también se puede humanizar a alguien con ideas perversas...

¿Pero estamos hablando de convivir o de enfrentarnos?

Ahora se saca rentabilidad del enfrentamiento...

Pues van a romper el mantel y caeremos todos porque el mantel es la convivencia. Tengan ustedes ideas distintas pero no se traten así. Están diluviando una crispación que los de abajo no quieren tener.

Hay políticos que azuzan más que otros...

Para los grados, que venga un agrimensor y lo diga. Nadie tiene la culpa y todo el mundo tiene la razón. Vamos mal, creo yo.

Los medios de comunicación están llenos de editores que prefieren los momentos polémicos del Congreso. ¿No es la pescadilla que se muerde la cola?

No voy a citar a nadie pero, cuando ocurrió lo de Rubiales, hubo personas que me dijeron: 'Me han pedido para el lunes dos mujeres que hablen mal de Rubiales'. Vende la maldad, y yo estoy en contra de eso. Sé cómo funcionan los 'pinganillos' cuando te dicen: 'Métete más con este'. ¿Pero esto qué es, muchacho? ¡Me estás violando el cerebro! Por eso no llevo pinganillo.

Llevabas 20 años intentando venir a esta casa y no te recibían, ¿Cómo valoras la situación actual de TVE respecto a como tú la dejaste?

Me recibían y me escuchaban, pero la cosa no fructificaba. TVE tiene ahora una pequeña reacción recobrando personas. Las televisiones públicas de todos los países son como trasatlánticos navegando en El Retiro: tienen muy poca capacidad de movimiento porque existe el control parlamentario, hay amigos, hay envidias... No es fácil. Tienen controles superiores. No sé si es peor el control del dinero de las televisiones privadas o el político de las públicas. Yo estoy aquí y pensaba que tampoco estaría esta vez.

En tu anterior etapa en TVE, ¿te dijeron alguna vez: 'por aquí no'?

Nunca. Debo decir que cuando trabajé [en TVE] con Felipe González nunca me dijeron 'esto no se puede hacer'. Y cuando trabajé con Aznar en La noche abierta, nadie me dijo nunca nada. Siempre he trabajado en esta casa con libertad.

Soy contrario a lo que me quiera enganchar: no fumo, no bebo, no me drogo y no veo series.

¿De dónde sacas la energía para hacer tanta producción?

Aprovecho mucho el tiempo. Mi manera natural de respirar es inventar. Canciones, libros, parodias, programas... Y si me dejan hacerlos, bien. Me quiero morir lleno de planes, es la única forma de mantenerse joven. Yo descanso inventando.

¿Eres eurofán?

Lo veo porque me gusta, pero no soy eurofán porque no soy fan ni de mí.

¿Ves series?

No. Nunca me he enganchado a una serie porque soy contrario a todo lo que me quiera enganchar. No fumo, no bebo, no me drogo y no veo series. Voy al cine.