Entrevista

Asier Etxeandia, fundador de ETA en 'La línea invisible': “Esta serie cuenta la historia, no apoya a ningún bando”

El 7 de junio de 1968 el líder de ETA Txabi Etxebarrieta cruzaba “la línea invisible” asesinando a la primera de las 853 víctimas de la banda terrorista: el guardia civil gallego José Antonio Pardines. Antes de la tragedia que encendió la mecha, con el posterior abatimiento del propio Etxebarrieta, hubo unos motivos, un por qué, un contexto y un grupo de personas que dedicó años a decidir cómo reaccionar a la opresión a la que estaban sometidos.

Ellos fueron el origen de ETA y su historia es la que se cuenta en la miniserie La línea invisible. Sus seis episodios, dirigidos por Mariano Barroso (El día de mañana), estarán disponibles en Movistar+ el próximo 8 de abril. Asier Etxeandia, que este año se ha ganado la nominación al Goya al Mejor actor de reparto por su papel en Dolor y Gloria, interpreta aquí a 'El Inglés', uno de los fundadores de la banda en 1958, una década antes de que cometieran el primer asesinato.

Su personaje ejerce de ideólogo y poder en la sombra desde su refugio en el País Vasco Francés. Sus contactos con los vascos exiliados le permiten contar con las armas y fondos necesarios para que la actividad de ETA crezca desde la elección de Etxebarrieta (Àlex Monner) cómo líder tras la V Asamblea. Convencido de la necesidad de pasar a la lucha armada contra el régimen franquista, utiliza su muerte para construir el mito del mártir de la lucha por la independencia del pueblo vasco. “En Euskadi lo sigue siendo de alguna forma”, reconoce el actor nacido en Bilbao a Vertele.

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Cuando el grupo de personas que fundó ETA, como 'El Inglés', se reunió una década antes de que se cometiera el primer asesinato, ¿a qué respondían y qué pretendían conseguir?

En ese momento había una opresión de un estado que no te permitía ser tú mismo. Había una cultura, un idioma, una forma de ser. La cultura vasca estaba prohibida de alguna forma. Imagina hasta dónde llegaba la represión tan bestia que hubo en los 60, que a mi madre la metieron en la cárcel con doce años por llevar una pulsera de la bandera de Euskadi. Había que dar alguna respuesta, pero luego se fue de las manos.

¿Cómo se aterriza esta realidad en 'La línea invisible'?

Lo interesante de la serie es que no se posiciona en absoluto, porque sería absurdo. Simplemente cuenta con datos una historia que ha ocurrido en este país. La convierte en un thriller apasionante para el espectador y provoca reflexión y debate; o aclarar ciertos puntos que no todo el mundo sabe sobre de dónde viene todo. Narra de dónde viene el dolor, y el dolor que se causó con todo eso; y está contada como para que cada uno, da igual el bando del que se sienta, entienda y comprenda qué es lo que ocurrió.

'El Inglés', que ejerce de mentor de Txabi Etxebarrieta, representa la parte más intelectual del grupo. ¿Qué papel tuvieron ellos?

Fue un perfil que existió y que ejecutaron varias personas. Había una especie de élite que era la que estaba en contacto con los vascos exiliados en Venezuela y Estados Unidos. Y con gente que apoyaba las revoluciones de diferentes países con situaciones parecidas, como Argelia y Cuba. Eran diplomáticos que estaban salvando su tierra. Al abordar el personaje he pensado siempre que era una especie de monarca, porque además él tiene ese halo como de rey. Por dónde vivía, cómo se relacionaba, cómo eran sus reuniones y cómo incentivaba a los adolescentes, sin marcharse las manos.

A medida que avanza la serie se vislumbra esta “necesidad” de que haya un héroe al que seguir, ¿por qué era tan importante esta figura, que debía estar dispuesta a todo?

Siempre hace falta un líder y El Inglés no podía serlo. A él le venía muy bien que lo fuera un adolescente. El adolescente, con su vehemencia y pasión, consigue todo en la vida en ese momento. Son pasionales para amar y para matar, por lo que eran los más fáciles de motivar. Había también algo de la lucha, en la que la gente joven es mucho más potente. Incluso él mismo necesitaba un líder. Txabi sigue siento un mito en Euskadi, de alguna forma.

Siendo vasco y conociendo más de cerca esta realidad, ¿qué pensaste al recibir la propuesta?

No voy a negar que cuando me lo propusieron y todavía no sabía nada, me dio un poco de pereza. Dudaba sobre quién la hacía, cómo, de qué forma. Este es un tema peliagudo y había que ser muy fino. Después me enteré de que dirigía Mariano Barroso, con quien llevaba mucho tiempo queriendo trabajar. Tras conocerle y leer los guiones, lo bien contado que estaba, pensé que merecía la pena unirse.

¿Qué respuesta esperas que vaya a tener en el público? ¿Ha llegado el momento de poder hablar de ETA en la ficción sin despertar recelo?

La línea invisible es una gran serie y la gente se va a enganchar. Va a disfrutar al verla. Si crea debate es interesante, porque es la labor de cualquier serie, película, disco y show: generarlo y llamar a la reflexión. Si alguien se molesta, pues serán dos los problemas que tendrá. Esto es historia, está en la historia. Esta serie no apoya ni defiende a ninguno de los dos bandos, simplemente la cuenta. Como es nuestra obligación: contar historias.