Crítica

'La caza' gana oscuridad y mantiene el 'punch' al cambiar Monteperdido por Tramuntana

Con aires renovados y una pistola cargada de balas llega este miércoles a TVE La caza: Tramuntana, la segunda temporada de la serie de Megan Montaner y Alain Hernández que ya cautivó con su caso en Monteperdido, hace ahora dos años, y que todavía mantiene la medalla de oro como el mejor estreno de ficción en la cadena pública desde 2017.

Desde que los datos de audiencia empezaron a evidenciar la crisis de la ficción en abierto, cada vez es más inusual que una serie patria triunfe en su ventana lineal. La de RTVE y DLO Producciones consiguió enganchar a 2.2 millones de espectadores de media en sus ocho citas (14% de share), registros más que convincentes para que sus responsables decidieran convertir una adaptación literaria cerrada en una franquicia policíaca con mucha cuerda para seguir resolviendo casos.

Eso es lo que demuestra al menos en el primer capítulo de esta segunda tanda, que se estrena en La 1 este miércoles a las 22:10 horas y del que ya podemos desgranar las claves. En esta ocasión, la historia se sitúa más de un año después de la resolución del caso de las niñas desaparecidas de Monteperdido y traslada a la sargento Sara Campos (Montaner) y al cabo Víctor Gamero (Hernández) hasta Mallorca para resolver otro puzzle repleto de interrogantes y de inteligentes decisiones de guion.

Misma pareja protagonista, diferente entorno

La primera de estas decisiones es la de apostar por mantener a la pareja principal, pero renovar todo su entorno: desde la propia localización hasta el elenco, donde se da paso a un grupo de nuevos personajes que tienen mucho que contar. Llum Barrera, Sara Rivero, Francesc Albiol, Elia Galera, Blanca Apilánez, Ingrid Rubio y Jaime Puyol destacan entre un cuadro de actores que se completa con jóvenes como Álvaro Rico, María Mercado, Nadia Al-Saidi Ayala y Jorge Motos, que son los que acaparan el foco principal de la acción en este nuevo crimen.

La segunda es la introducción de una segunda línea temporal, un recurso que en la primera temporada no estaba presente y que además de aportar aire fresco con la figura del sargento Selva (Félix Gómez), también añade un nuevo misterio a la ya de por si enigmática trama principal. Cabe apuntar que el personaje deja muchas dudas en la presentación, donde apenas puede dar unas pinceladas de su insolente carácter, pero sienta las bases de una participación que promete ser clave.

En esa primera toma de contacto con el ex de MasterChef Celebrity si algo queda claro es que poco tiene que ver con el “yerno perfecto” que descubrimos en las cocinas, lo que añade más salsa a un rol que, de primeras, parece de todo menos previsible.

Una ambientación envolvente que juega un papel fundamental

El tercer cambio significativo es, como decimos, el entorno. Si en la primera temporada, el aire, el verde y la luz de los montes del Pirineo fue primordial para construir la identidad de la serie, en esta segunda las calles empedradas y el mar de un pequeño pueblo ficticio mallorquín dan a las tramas un empaque diferente y en ocasiones claustrofóbico, pero también imprescindible para que consiga tener una identidad propia.

Así las cosas, la ambientación de La caza logra volver a ser tan envolvente como lo fue en el primer caso al que se enfrentó Sara Campos gracias a la introducción del costumbrismo local y de una tradición que tiene un peso relevante incluso en el propio crimen por resolver. Este detalle, junto a la nueva trama -un homicidio con testigos, en lugar de un caso de desaparición- hace que esta Tramuntana recuerde por momentos más a Néboa, otro thriller reciente de TVE, que a lo que vimos en Monteperdido. Salvando las distancias, claro.

Porque si algo tiene la franquicia La caza, y no ha perdido, es que sabe jugar sus cartas para enganchar al público. Una vez hechas las presentaciones en la primera temporada, la segunda no se anda con rodeos y va directa al grano presentando, desarrollando y agitando un caso repleto de intriga que, cuando parece resuelto, da una vuelta más para dejar al espectador contra las cuerdas y con ganas de descubrir qué ocurre en el siguiente capítulo.

El mérito corresponde, obviamente, al equipo de guion que encabeza Agustín Martínez, autor de la novela en la que se basó La caza: Monteperdido, que firma junto a Miguel Sáez Carral, Jorge Díaz y Antonio Mercero un texto más oscuro que el primero y probablemente también más manido, pero con el mismo punch. David Ulloa y Rafael Montesinos dirigen al reparto, en el que vuelve a destacar una siempre solvente Megan Montaner.

Solo el alto listón y el buen recuerdo que dejó Monteperdido puede desviar el tiro de TVE, que se ha armado bien con Tramuntana para tratar de demostrar que eso de que “las segundas partes nunca fueron buenas” no siempre se puede aplicar.