Crítica Vertele

'The looming tower': la guerra entre la CIA y el FBI que allanó el camino hacia el 11S

Cuántas veces, sin saberlo, estaremos mirando al dedo mientras este señala a la luna. En 1998, la mañana después de que Osama Bin Laden anunciase un ataque contra civiles estadounidenses en una entrevista exclusiva para la ABC, los telediarios decidieron abrir su parrilla con el affaire del momento. La sociedad asistía ignorante a la amenaza que cambiaría el devenir del nuevo milenio, y una parte de las agencias del gobierno se aprovechó de que fuese así.

El caso Monica Lewinsky no sirvió solo para distraer al público de las maniobras que acabaron llevándoles a la guerra, sino para presionar al propio Bill Clinton, ansioso por desviar la atención de sus líos de faldas. El resultado de esa serie de catastróficas decisiones y rivalidades internas lo conocemos: el peor atentado terrorista jamás perpetrado en Estados Unidos.

Tampoco nos son ajenas sus consecuencias, muchas de ellas sufridas diecisiete años después. El estado de vigilancia masiva y de alcance mundial que surgió en cuanto cayeron los últimos pedazos de las Torres Gemelas, la dictadura del terror yihadista en Occidente, y las descontroladas e inútiles técnicas empleadas por la CIA a partir de ese momento. Pero, ¿qué ocurrió justo antes? Es ahí donde la serie The Looming Tower (de Hulu pero distribuida por Amazon en España) pretende arrojar un poco de luz.

Está basada en el best-seller homónimo y premio Pulitzer 2006 La torre elevada: Al Qaeda y los orígenes del 11S, del periodista del New Yorker Lawrence Wright. Aunque la primera de sus 600 páginas se remonta a 1940 y a la determinante visita del pensador egipcio Sayyid Qutb a Norteamérica, la serie se ahorra todo el contexto árabe y comienza en 1998, una época mucho más vistosa para las necesidades del guion.

Hubo errores de cálculo, una lucha de egos descontrolada y agentes que usaron la información clasificada del gobierno y al ejército como si jugasen al Risk en el salón de su casa. Nada de eso pasa desapercibido en The Looming Tower, cuyo principal cebo dramático son las diferencias irreconciliables entre la CIA y el FBI. Conflicto en el que, por cierto, la serie toma total partido por la agencia policial.

La primera está representada por el analista Martin Schmidt, cabecilla de una subdivisión de Antiterrorismo de la CIA y obsesionado con desintegrar Al Qaeda haciendo saltar por los aires a Osama Bin Laden (y a las mil personas, mujeres, niños e inocentes que estén a su alrededor). Al otro lado del ring, John O’Neill, jefe de la división de Contraterrorismo del FBI en Nueva York, visceral, pero más consciente de que Bin Laden no es “el plutócrata de una república bananera, es un ideólogo”, y que cortar su cabeza sin un juicio previo solo hará que le crezcan muchas más.

Este conocimiento del Islam, tan impropio de los altos cargos estadounidenses, no lo tiene por casualidad. Lo tiene gracias Ali Soufan, un agente musulmán al que convierte en su protegido por ser el único capaz de entender la radicalización a la que se enfrentan y de hablar árabe (solo ocho agentes de los 10.000 del FBI podían en aquel momento).

Es él quien le explica por qué para Al Qaeda la inmolación es la eternidad, por qué “matar a Bin Laden solo le convertirá en leyenda e inspirará a más mártires”, y por qué fijarse como objetivo un solo campamento base de Afganistán es obviar el plano general y la magnitud de la amenaza, como desafortunadamente descubrieron poco más tarde.

¿Demasiado naíf?

Aunque The Looming Tower respeta la visión crítica, no deja de ser un producto dirigido a las masas (de ahí su atractivo cásting) y no solo a los interesados en el espionaje entre agencias estatales y aún menos los que pretenden conocer qué ocurría de manera simultánea en Oriente Medio. Esa es una de las grandes críticas que le han atribuido los lectores del Pulitzer: su etnocentrismo.

Según The New York Times, el escrito original le dedica un 80% al círculo de Bin Laden y Ayman al-Zawahri, su mano derecha. Sin embargo, parece que la serie ha decidido centrarse en el 20% restante. “Otras invenciones son más problemáticas. Como un acto heroico que en la vida real llevó a cabo un keniata moribundo durante el atentado contra la embajada norteamericana en Nairobi, y que aquí es representado por un norteamericano moribundo”, escriben en el Times.

También critican que, en 2018 y con tantos nuevos capítulos posteriores al 11S, se trata de un retrato nostálgico y naíf. Además, el personaje de O’Neill roza la peligrosa línea del antihéroe idealizado, aún más peligrosa tratándose de un personaje real y de un hecho que destrozó a tanta gente hace relativamente poco tiempo.

Todo esto es cierto, y no por casualidad la acción empieza con los terribles atentados contra las embajadas de EEUU en Kenia y Tanzania, pero sería injusto dejar de mencionar las virtudes de The Looming Tower.

Sin entrar en demasiados detalles, la serie muestra abiertamente la incompetencia de los que ostentaban los puestos de mando de más nivel. También es notable la inhumanidad de otros tantos. Por ejemplo, cuando el director de la CIA se congratula de los ataques en África porque así tienen luz verde para tratar a “individuos hostiles” como a un país hostil; o cuando Smichdt presenta un plan de bombardeo contra Bin Laden en el que habrá un daño colateral de cientos de personas, “definitivamente menos de mil”. O cuando este mismo admite ante la Comisión sobre el 11S con total frialdad que no le importó “en absoluto” atacar a personas inocentes porque “no son norteamericanos”.

Quizá retratar los egos y las distracciones de los encargados de proteger a un país de siete millones de habitantes, mientras Al Qaeda sumaba miles de adeptos y aumentaba su odio hacia Estados Unidos, resulte naíf para muchos. Pero su relevancia está más presente de lo que pensamos, sobre todo por quien se sienta estos días en el Despacho Oval y su frívola visión de la guerra.

También por el agente real en el que se basa el personaje de Ali Soufan, “un verdadero héroe que trabajó para mantenernos a salvo, y a quien probablemente le resultaría difícil ingresar a Estados Unidos estos días”, como han dicho sus creadores. Por Soufan, y por tantos otros como él, la existencia de The Looming Tower se hace más necesaria que nunca.