Especial VERTELE

'Fleabag', 'Chernobyl', 'Gigantes'... las 15 series que han definido la excelencia televisiva esta temporada

Junio toca a su fin y con ello, se clausura el curso 2018/2019. Es momento de entregar las notas definitivas e inevitablemente, reconocer la excelencia de unos pocos alumnos aventajados en esto de la ficción televisiva.

Ha sido un año masificado en lo que a producción, nacional e internacional, se refiere. También ha habido decepciones y títulos que han rendido por debajo de lo que se esperaba de ellos, finales deslucidos o que, por temor al descalabro, han optado por jugar sobre seguro y no arriesgar; menos aprobar que suspender, claro.

Pero también ha habido expedientes inmaculados, o alternativas que han ido progresando y mejorando hasta hacerse imprescindible. A estos van dirigidas nuestras matrículas de honor: estamos ante una selección de obras nacionales e internacionales que han concentrado los aplausos y las mejores notas en la evaluación continua de la prensa especializada.

A estas series, las más aplicadas, las reunimos a continuación:

SERIES INTERNACIONALES

'Chernobyl' (HBO)

Apenas había concluido el fenómeno por Juego de Tronos en HBO, y la plataforma ya tenía otra serie en el centro de todas las miradas. Escrita por Craig Mazin, Chernobyl narra de forma majestuosa el desastre nuclear en Ucrania que puso en alerta a medio mundo en abril de 1986. Como contaba José Antonio Luna, la miniserie denuncia las irregularidades en las que incurrieron los soviéticos pero sin connotaciones proamericanas, al contrario.

Lo que hace esta producción es poner el dedo en la llaga de las falacias políticas, un concepto que no entiende de fronteras. Que estemos ante un reparto esencialmente británico, pues, no resta puntos a una de los títulos más sobrecogedores y punzantes del curso.

'Fleabag' (Amazon Prime)

Cerca de tres años después de su primera temporada, Fleabag retornaba al catálogo de Amazon Prime en una situación muy diferente. Ahora, su creadora y protagonista, Phoebe Waller-Bridge, ha alcanzado un estatus de prestigio merced a otra serie, Killing Eve, y hasta ha recibido el encargo de participar en la escritura de la nueva entrega de 007.

Con semejantes credenciales, las expectativas ante un regreso tan tardío eran altas, pero han sido pulverizadas por una nueva tanda de capítulos aún más afilada que la anterior: la mezcla entre hilaridad, patetismo y tragedia es incontestable, estando la escritura de los personajes y diálogos más afilada que nunca. La protagonista no solo desafía a los espectadores con sus actitudes y con sus ambigüedades morales, sino que también planta cara sin miedo a cualquier otra gran producción televisiva que se atreva a mirarla con condescendencia.

'The Marvelous Mrs. Maisel' (Amazon Prime)

“Lo que no es tan corriente, sin embargo, es que una serie sea capaz de absorber de forma profunda e intangible el sentir de nuestros días... ambientándose en los años cincuenta. Y menos si se trata de una comedia, manejando sensibilidades y códigos temporales que no sólo nos quedan lejos, sino que poco tienen que ver con la actualidad”, esto decía Francesc Miró sobre la segunda temporada de The Marvelous Mrs. Maisel, que se confirmó con su segunda temporada todo lo que había prometido en su debut.

Con la seguridad del buen recibimiento obtenido, la nueva tanda (ya está en marcha la tercera) Amy Sherman-Palladino profundiza en su lectura política con una mirada abiertamente feminista, y sin dejar de prestar atención a la estupenda protagonista que es Rachel Brosnahan, también permite profundizar en el resto de caracteres alrededor. La química que esta desarrolla con Alex Borstein permite a la Mrs. Maisel alcanzar cada vez más cotas de emoción y culmina un producto redondo.

'After Life' (Netflix)

“Siempre he querido que la gente comprendiera que puede reírse de las cosas malas sin tener que sentir que sean malas personas al respecto. Es algo que está en mi educación”. Con esta frase en el epílogo de Humanity, su más reciente monólogo en Netflix, Ricky Gervais desentrañaba de algún modo su (no tan) imprevisto giro melodramático en After Life. En ella, convierte al suicidio en el gancho -con perdón- del que cuelgan lacerantes bromas fáciles de identificar con el felizmente soberbio inglés salido de los suburbios de Reading, que aquí asume el trasunto de un viudo que, incapaz de superar la pérdida de su esposa, decide amargar a todo su círculo alrededor.

Pero más punzante que estas chanzas es el retrato de la depresión, de sus síntomas y sus efectos en uno mismo y en el entorno. El cómico nihilismo de Tony, su alter ego para la ocasión no es un instrumento para tolerar su dolor, sino un síntoma de una dolencia que le impide alcanzar la felicidad. El más allá al que se refiere el título no remitiría solo al otro lado donde se supone le espera su mujer fallecida, sino el estado en que él mismo se halla, viviendo fuera de sí mismo, bloqueado en su oscuridad.

En esta terapia en seis sesiones no se aplican juicios condescendientes hacia una dolencia a menudo incomprendida. Al contrario, el irredento humorista muestra una genuina preocupación por esa gente a la que quiere hacer reír o de la que se ríe, según el caso, por hacer que dejen de sentirse malas personas. El ejercicio de empatía no solo resultará sorprendente a muchos, sino sobrecogedor.

'Sex Education' (Netflix)

Toda una sorpresa fue Sex education, una dramedia creada por Laurie Dunn y estrenada a principios de año en Netflix. La historia de un tímido adolescente convertido en terapeuta sexual de sus compañeros de clase destacó por visibilizar los miedos y preocupaciones en torno al sexo siempre desde una óptica positiva, con unos personajes con los que no cuesta empatizar y hasta reconocerse, y a los que sus guionistas siempre tratan con respeto y ternura.

Muchos valores para una serie que ya prepara su segunda temporada y que, siguiendo el vaticinio de Laura García Higueras, “para muchos adolescentes se convertirá en una fuente de información sobre sexo”, mientras que “para sus padres será una vía para conocer los temas que les preocupan”.

'Too Old to Die Young' (Amazon Prime)

Nicolas Winding Refn causó algarabía al rehusar calificar su nueva creación como una serie de televisión, durante su presentación en sociedad en el Festival de Cannes. Más allá de la algarabía generada con esta afirmación, hay que darle en parte la razón al danés incorregible. Apoyado en el guion de Ed Brubaker, Too Old To Die Young “no se parece a ninguna intriga televisiva moderna y solo admite comparaciones con la obra del propio director, la tradición audiovisual yakuza y el cine de gángsteres clásico”, tal y como afirmaba Francesc Miró.

Todo en esta producción va a contracorriente, desde su puesta en escena, que aboga por llevar al máximo las estrategias de extrañamiento y pasando por la duración de cada episodio (frente al primero, de 93 minutos, el décimo volumen se liquida en 30 minutos). Guste o no, lo que queda claro es la dificultad de encontrar una obra tan codificada y con una autoría tan profunda como esta.

Mención especial: 'Black Summer' (Netflix)

George A. Romero vaticinó, hace ya doce años, que los zombis acabarían siento tan populares como para acabar apareciendo en Barrio Sésamo. Aunque no han llegado -aún- hasta esa calle del mapa televisivo, el muerto viviente ha sido ya convenientemente domesticado por la cultura popular, deseosos de dejarlo entrar en casa con cada nuevo capítulo de The Walking Dead y derivadas. Su fiereza, sin embargo, ha ido menguando hasta el punto de perder su propia conciencia de monstruo significante. Por eso, mientras los antropófagos de AMC han dejado de encarnar nada más allá de su propia imagen, John Hyams nos devuelve con Black Summer a la primavera del horror.

El plano secuencia con el que se inaugura la ficción entronca en forma y fondo con lo que ya planteara en el sobrecogedor díptico formado por Soldado Universal: Regeneración y Soldado Universal: El día del juicio final: un incierto viaje al corazón de las tinieblas marcado por la destrucción del cuerpo humano por mandato de un poder aséptico y ajeno, al que solo se puede vencer renunciando a la humanidad. Porque como decía el padrino zombi, ellos son nosotros. Envuelta en pesimismo, Black Summer se desvincula de otras ficciones que intentan iluminar sobre el hoy y se dedica, simplemente a plasmar el ambiente cenizo contemporáneo, y así consigue causar impacto y generar auténtico miedo. El zombi vuelve a dar signos de no-vida.

SERIES ESPAÑOLAS

'Gigantes' (Movistar +)

A lo largo de la temporada, Movistar+ ha tenido tiempo de estrenar las largamente esperadas dos partes en que se dividía el nuevo proyecto de Enrique Urbizu. Mucho había pasado desde su anterior esfuerzo tras las cámaras, No habrá paz para los malvados, y después de muchos sinsabores, el bilbaíno no se ha contenido lo más mínimo.

Este díptico habrá de figurar como una de las mejores ficciones no ya de la temporada o del año, sino de la década. Con una ambición que quedaba de manifiesto en el scope en 2.35.1, Urbizu rompe con esta saga familiar con las convenciones impuestas a la ficción televisiva reciente: Gigantes obliga al espectador a estar en alerta tanto o más como sus personajes en un Madrid que parece poseído por el espíritu del Salvaje Oeste y que no tiene miedo en cargar sus tintas y cargar la pólvora. La elusión casi paranoica de cualquier exposición, el afán contemplativo o la vehemencia de la acción reafirman que el autor de La caja 507 ha recuperado toda su confianza y convicción. Solo podemos esperar ansiosos a su siguiente proyecto para Telefónica.

'Arde Madrid' (Movistar +)

Creada (y documentada durante más de cinco años) por Anna R. Costa y Paco León, y una desinhibida Ava Gardner como icónico modelo de comportamiento a seguir, esta crónica de la dolce vita en la España franquista de la estrella de Hollywood huy de los territorios comunes del biopic y apuesta por una mirada entre burlona (y muy pícara) y ácida de la sociedad de la época, poniendo en evidencia la hipocresía que escondían esos intentos por suavizar con glamour la grisácea existencia del estado.

El hecho de que, con la continuidad asegurada, sus creadores decidieran dar un paso atrás para no desvirtuar el recuerdo que sus ocho episodios habían dejado, es una buena medida del mimo y perfeccionismo con el que se ha pergeñado esta insólita tragicomedia televisiva.

'Señoras del (h)AMPA' (Telecinco)

El más reciente estreno de Telecinco ha llegado sobre la bocina pero a tiempo para engrosar este listado. Irreverente y transgresora, Señoras del (h)AMPA propone uno de los divertimentos más desquiciados que hemos visto en abierto en mucho tiempo en una operadora privada, partiendo de un comienzo que nos ofrece el uso más lúbrico que Mediaset le haya dado a David Cantero o a cualquier otro rostro de sus informativos.

Toni Acosta, Malena Alterio, Nuria Herrero y Mamen García componen un cuarteto desternillante de mujeres al límite a todos los niveles, alejadas de los prototipos de madres perfectas. En palabras de Laura García Higueras, la producción de Mandarina nos ofrece “una historia macarra llena de ritmo, en la que se suceden comportamientos y reacciones reconocibles para el público, porque estos personajes nos los podemos encontrar por la calle, haciendo la compra o en una reunión del AMPA de cualquier colegio. Su cotidianidad esconde a gritos una verdad con la que generan empatía de forma instantánea”.

'El embarcadero' (Movistar +)

Primer trabajo conjunto de esa trinidad que forman Movistar+, Atresmedia Studios y Vancouver Media, El embarcadero ha sabido conjugar esos mundos aparentemente distintos. Así lo decía Paula Hergar al referirse a una ficción que “habla el idioma de la TV en abierto, con el acento de la de pago y con la letra del mejor thriller”.

El duelo de dos mujeres (Verónica Sánchez e Irene Arcos) que compartían amor por el mismo hombre (Álvaro Morte) podría haber dado lugar al argumento de un telefilme promedio de sobremesa, pero en cambio, aquí depara un complejo drama donde se busca comprender y no juzgar a los personajes ni sus sentimientos. Todo ello a lo largo de 10 episodios excelentes y embellecidos con una fotografía pasmosa de Migue Amoedo.

'Hierro' (Movistar +)

Es otra de las series de Movistar que ha cosechado más aplausos esta temporada, gracias sobre todo al papel de Candela Peña que reivindica el espacio para esas mujeres de más de 40 que no cumplen los cánones pero que muestran su fuerza en la pantalla.

Este thriller que atrapa tanto por su trama como sus paisajes, arranca con la llegada a la isla de Candela Montes (Peña), una jueza de carácter y fuertes convicciones a la que sus superiores mandan al lugar más remoto posible para que deje de 'molestar'. Un territorio en el que casi nunca ocurre nada y donde ella, a priori, tendrá poco trabajo. Sin embargo, nada más pisar suelo canario se encuentra con el asesinato de Fran, un joven que ese mismo día iba a casarse con Pilar (Kimberley Tell), la hija de Antonio Díaz (Darío Grandinetti), el hombre más temido y poderoso de la isla.

'Estoy vivo' (RTVE)

“Plantear una segunda temporada de la ficción revelación del curso cuando la primera cierra de manera justificada su trama principal no es un reto nada fácil”, reconocía Laura Pérez al hablarnos de la segunda temporada de Estoy vivo. Por ello, volver en alto y mantener el interés durante otros tantos episodios tiene aún más mérito, porque no está al alcance de muchas producciones autóctonas.

La mezcla de géneros sigue siendo el gran acierto de esta creación de Daniel Écija, que consolida sus aciertos y sabe avanzar y hacer evolucionar a sus personajes con sentido. Lo hace de tal modo que no requiere ni siquiera al público haber visto la anterior tanda, lo cual es todo un punto a favor en esta era de saturación. Mientras el reparto continúa en sincronía perfecta (Alejo Sauras nunca ha estado mejor), el salto cualitativo en un apartado técnico que ya era más que notable, y que ahora acentúa su personalidad sui generis dentro del panorama, Estoy vivo tiene más que merecida su reencarnación por una tercera temporada.

'Justo antes de Cristo' (Movistar +)

Decía nuestro compañero Marcos Méndez que había que ver Justo antes de Cristo con la misma actitud con la que se escucha un espectáculo de monólogos antes que una sitcom convencional. Lo justificaba por el humor de que hace gala la comedia creada por Montero y Maidagán (Cámera café) y dirigida por Nacho Vigalondo y Borja Cobeaga, basado en pequeños detalles y situaciones cotidianas que casi parecen remitir a la actualidad aunque estén situadas en un campamento de la legión romana, en lugar de con millennials.

No hay gags al uso, sino destellos cómicos que se van disponiendo a lo largo del viaje que Julián López y cía desarrollan a lo largo de inesperadas localizaciones naturales (de nuevo, lejos de los parámetros). Destellos que quizás no estallan de inmediato, pero que se prueban ciertamente efectivos y tronchantes en su acumulación. Una comedia “deslocalizada” que se erige también como una de las apuestas más marcianas y bizarras de la producción propia de Movistar.

Mención especial: 'La víctima número 8' (Telemadrid / EiTB)

Nos decía Pedro Zárate que esta colaboración entre Globomedia, Telemadrid y EiTB (en su retorno a la producción propia tras años de secano) “podría haberse quedado en la superficie planteando un thriller al uso donde lo único importante fuese saber quién llevó a cabo el atentado y por qué lo hizo”, como suele ocurrir en no pocas muestras de este género tanto a nivel nacional como internacional.

Sin embargo, La víctima número 8 triunfa por saber ir más allá de la premisa -un atentado yihadista en el centro de Bilbao- y ahondar en el dolor humano que arrastran todos sus personajes. Mención especial a María de Nati y Marcial Álvarez, que con sus interpretaciones elevan el interés de una historia que se esfuerzan con ahínco por ser mucho más de lo que podría necesitar ser.