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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juanjo Villalba]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juanjo-villalba/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juanjo Villalba]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Stack dating' o por qué hay gente que tiene tres citas la misma tarde: “Es muy artificial y poco justo, pero óptimo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/stack-dating-hay-gente-tres-citas-tarde-artificial-justo-optimo_1_13156896.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/153515ea-6cdc-457b-8820-bf28f754fb46_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Stack dating&#039; o por qué hay gente que tiene tres citas la misma tarde: “Es muy artificial y poco justo, pero óptimo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este fenómeno se consolida como una forma de conocer a varias personas en muy poco tiempo y mezcla miedo a implicarse con una manera de relacionarse cada vez más marcada por la lógica de la productividad</p><p class="subtitle">Marita Alonso analiza la tiranía de ligar en tiempos de apps de citas: “Nos hemos convertido en terroristas emocionales”</p></div><p class="article-text">
        Mar&iacute;a mira su agenda antes de salir de casa. A las seis, caf&eacute; con uno. A las ocho, en otro bar, una nueva cita que empezar&aacute; casi igual. No est&aacute; nerviosa, tampoco tiene muchas expectativas. Lleva el piloto autom&aacute;tico emocional puesto. Se ha arreglado lo justo, como cualquier d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Organizo mi semana con una agenda, por lo que no me resulta nada complicado quedar con varias personas el mismo d&iacute;a&rdquo;, cuenta. &ldquo;No es algo que haga habitualmente, pero si se da el caso de que tengo la semana muy apretada es normal que pase&rdquo;. En parte, ve todo esto de las citas como algo m&aacute;s que encajar en su horario.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a, de Barcelona, no es la &uacute;nica en hacer esto. El origen de este art&iacute;culo est&aacute; precisamente en que varias personas me contaron que, si est&aacute;n en plena b&uacute;squeda de pareja, quedan con varias personas el mismo d&iacute;a o en el plazo de pocos d&iacute;as. Casi como si quisieran quit&aacute;rselo de encima lo antes posible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el mundo anglosaj&oacute;n, tan dado a las etiquetas, han puesto nombre a este fen&oacute;meno: <em>stack dating</em>. Algo as&iacute; como apilar citas o citas en cadena. Un concepto sintom&aacute;tico de c&oacute;mo se est&aacute;n transformando nuestras relaciones.
    </p><h2 class="article-text">Amor en modo eficiente</h2><p class="article-text">
        La l&oacute;gica de las citas apiladas es muy sencilla. Si hay poco tiempo e infinitas opciones, lo m&aacute;s razonable es multiplicar las oportunidades. No concentrar la energ&iacute;a en una sola persona demasiado pronto. No &lsquo;invertir mal&rsquo; una tarde entera.
    </p><p class="article-text">
        Ram&oacute;n decidi&oacute; llevar esta l&oacute;gica al extremo. Tuvo veinte citas en un mes. Siempre en el mismo sitio. &ldquo;A las 8:30 en una cafeter&iacute;a del centro de Madrid. Y ya est&aacute;, sin pretensi&oacute;n alguna&rdquo;, comenta. &ldquo;Es decir, me propuse conocer a diferentes seres humanos que, de entrada, por las fotos de la <em>app</em>, me parec&iacute;a que no estaban mal. Quer&iacute;a ver qu&eacute; derivaba de eso&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Ramón decidió llevar esta lógica al extremo. Tuvo veinte citas en un mes. Siempre en el mismo sitio: &#039;A las 8:30 en una cafetería del centro de Madrid. Quería ver qué derivaba de eso</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hab&iacute;a una estructura detr&aacute;s de su estrategia, casi un m&eacute;todo. &ldquo;Igual que cuando he hecho selecci&oacute;n de personal para mis empresas o mis proyectos, pues necesitaba ver a mucha gente&rdquo;. El paralelismo no resulta casual, como veremos. La cita como proceso de selecci&oacute;n. Como primera fase de algo que, quiz&aacute;, avance y acabe en un &lsquo;contrato&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el relato de Ram&oacute;n el concepto de probabilidad est&aacute; bastante presente. &ldquo;Para m&iacute; la probabilidad de que se d&eacute; el hecho de que me guste el otro es compleja. Porque, bueno, se tienen que tocar muchas teclas a la vez&rdquo;, confiesa. Frente a esa complejidad, la soluci&oacute;n es aumentar el n&uacute;mero de intentos. Ver a m&aacute;s gente. Reducir el margen de error a base de volumen.
    </p><p class="article-text">
        Ese planteamiento no surge en el vac&iacute;o. Tiene que ver con una forma de entender el tiempo y las decisiones vitales que se ha ido extendiendo a casi todos los &aacute;mbitos de la vida. <a href="https://www.eldiario.es/era/hobby-empieza-convertirse-reto-constante-vivir-espacios-libres-exigencia-dificulta-desconexion_1_13147900.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La productividad se ha filtrado en el ocio</a>, en los v&iacute;nculos y en la forma de relacionarnos.
    </p><p class="article-text">
        Luis Ayuso, catedr&aacute;tico de Sociolog&iacute;a de la Universidad de M&aacute;laga, sit&uacute;a este tipo de pr&aacute;cticas dentro de una transformaci&oacute;n m&aacute;s amplia. &ldquo;Esto de conocer a gente mediante citas concertadas viene de la influencia anglosajona&rdquo;, asegura. &ldquo;En pa&iacute;ses como Estados Unidos, tradicionalmente se conoce a la pareja tras un proceso de citas. Es una forma de racionalizar los procesos de emparejamiento que se ha extendido a nuestro pa&iacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os, &ldquo;tener citas&rdquo; era algo relativamente ex&oacute;tico en Espa&ntilde;a, se conoc&iacute;a a la gente de otra forma: en la calle, en el autob&uacute;s, en la iglesia, en un baile, en el trabajo&hellip; Pero a trav&eacute;s de pel&iacute;culas y series primero, y luego debido al funcionamiento de las aplicaciones de ligar, &lsquo;la <em>date</em>&rsquo;, la cita, tambi&eacute;n se ha asentado a este lado del Atl&aacute;ntico.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">La posibilidad de conocer a alguien ya no está limitada por el barrio, el trabajo o el círculo social. Está mediada por aplicaciones, algoritmos y una oferta potencialmente infinita</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ayuso tambi&eacute;n se&ntilde;ala que el &ldquo;mercado de emparejamiento&rdquo; ha cambiado mucho. &ldquo;Durante siglos las personas con las que nos pod&iacute;amos emparejar eran relativamente cercanas: eran amigos nuestros o de nuestra familia, vecinos, etc. Ahora estamos en un mercado global y eso lo ha transformado todo&rdquo;. La posibilidad de conocer a alguien ya no est&aacute; limitada por el barrio, el trabajo o el c&iacute;rculo social. Est&aacute; medida por aplicaciones, algoritmos y una oferta potencialmente infinita. Eso introduce una variable clave: el coste de oportunidad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si t&uacute; est&aacute;s con una persona, no puedes estar con otra&rdquo;, resume Ayuso. &ldquo;Incluso cuando has conocido a alguien que te encaja, que te gusta mucho, aparece la duda. &lsquo;Quiz&aacute; ese gesto no me acaba de convencer&rsquo;, &lsquo;quiz&aacute; eso que dijo el otro d&iacute;a es una mala se&ntilde;al&rsquo;, nos decimos. Siempre te queda la duda de si puede haber alguien mejor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ese marco, concentrar citas es para algunos una estrategia pr&aacute;ctica y una forma de adaptarse a un entorno donde decidir implica renunciar a muchas otras opciones.
    </p><h2 class="article-text">Entre la protecci&oacute;n y la distancia</h2><p class="article-text">
        Para quienes lo practican, el <em>stack dating</em> tiene otra ventaja evidente. Reduce la presi&oacute;n asociada a cada encuentro. Permite relativizar lo que ocurre. Si una cita no funciona, hay otra en unas horas o al d&iacute;a siguiente. No hay tiempo para recrearse en la decepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Miguel de Bilbao lo explica con una fuerte dosis de sinceridad e iron&iacute;a. &ldquo;Mi plan era un poco ese ver al mayor n&uacute;mero de gente posible&rdquo;, cuenta. Su sistema tambi&eacute;n estaba bastante pulido. &ldquo;Quedar tipo seis o as&iacute; y hasta las nueve. Si la primera cita sal&iacute;a mal, iba a la segunda, a la segunda pantalla podr&iacute;amos decir. Si ve&iacute;a que iba bien, cancelaba la de las nueve&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La met&aacute;fora del videojuego. Ver las citas como niveles que se superan o se abandonan y se vuelven a intentar si te quedan vidas. &ldquo;Si en la primera me mataba el monstruo, pues reiniciamos misi&oacute;n&rdquo;. En ese esquema, la experiencia se vuelve m&aacute;s ligera en apariencia. &ldquo;Todo muy artificial, muy poco justo, pero muy &oacute;ptimo&rdquo;, resume Miguel.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Por un lado, anhelamos una relación en mayúsculas y, por otro, huimos de vincularnos a ese nivel de profundidad&#039;, dice la psicóloga Patricia Sánchez. El stack dating permite sostener esa contradicción</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mar&iacute;a reconoce que hay algo de protecci&oacute;n en esta forma de actuar. &ldquo;Es probable que me d&eacute; p&aacute;nico jug&aacute;rmelo todo a una sola carta&rdquo;. Viene de una decepci&oacute;n reciente, una historia que no sali&oacute; como esperaba. El <em>stack dating</em> aparece como una forma de evitar ese tipo de golpes.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, la protecci&oacute;n tiene un coste. &ldquo;Estoy convencida de que esta forma de actuar me impide conectar con la otra persona, porque s&eacute; que hay m&aacute;s en la cola&rdquo;, reconoce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.instagram.com/serfelizenpareja_patricia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Patricia S&aacute;nchez, psic&oacute;loga</a>, lo explica desde una perspectiva m&aacute;s emocional: &ldquo;La presi&oacute;n por encontrar a una persona que encaje lo m&aacute;s pronto posible, el miedo a quedarse sin esa pareja que desean y las prisas por conseguirlo a tiempo seg&uacute;n los est&aacute;ndares sociales empujan a este tipo de din&aacute;micas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A ese contexto se suma algo m&aacute;s profundo. &ldquo;Se est&aacute; instaurando en nuestro cuerpo y en nuestro inconsciente un patr&oacute;n de recompensa inmediata, de buscar la dopamina instant&aacute;nea en todo lo que hacemos&rdquo;, explica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resultado es una tensi&oacute;n complicada de resolver. &ldquo;Por un lado, anhelamos una relaci&oacute;n en may&uacute;sculas y, por otro, huimos de vincularnos a ese nivel de profundidad&rdquo;. El <em>stack dating</em> permite sostener esa contradicci&oacute;n. Estar dentro y fuera al mismo tiempo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&quot;De alguna manera me hace sentir más sola, especialmente si pienso que la otra persona está en el mismo plan que yo&quot;."
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                &quot;De alguna manera me hace sentir más sola, especialmente si pienso que la otra persona está en el mismo plan que yo&quot;.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">V&iacute;nculos d&eacute;biles en un mercado infinito</h2><p class="article-text">
        La pr&aacute;ctica encaja con una transformaci&oacute;n m&aacute;s amplia en la forma de construir relaciones. Ayuso recurre a un concepto cl&aacute;sico para explicarlo. &ldquo;Como dec&iacute;a el soci&oacute;logo estadounidense Mark Granovetter tenemos dos tipos de v&iacute;nculos, los v&iacute;nculos fuertes y los v&iacute;nculos d&eacute;biles. Los v&iacute;nculos fuertes son los que tenemos con nuestra familia, y luego est&aacute;n los v&iacute;nculos d&eacute;biles, que son gente con la que estamos vinculados, pero con quienes no nos abrimos del todo. En las relaciones de pareja actuales abundan los v&iacute;nculos d&eacute;biles. &iquest;Por qu&eacute;? Pues porque el mercado de emparejamiento ha hecho que el coste de oportunidad haya cambiado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, los v&iacute;nculos se inician con facilidad y se abandonan con la misma rapidez. &ldquo;Y en una relaci&oacute;n tan l&iacute;quida nunca te acabas de abrir del todo y la otra persona tampoco. Realmente no nos conocemos&rdquo;, asegura el catedr&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ram&oacute;n lo describe con cierta extra&ntilde;eza. &ldquo;Al hacer esto tantas veces, te ves a ti mismo un poquito desde fuera y te empieza a dar hasta yuyu, dices, &lsquo;Guau, esto es un poco psicop&aacute;tico&rdquo;. Aun as&iacute;, &eacute;l, que finalmente conect&oacute; con alguien, no lo vive como una experiencia negativa. &ldquo;Vi a 19 personas con las que la cosa no cuaj&oacute;, como es normal. Al llegar a la 20, conect&eacute; de verdad&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El desgaste inevitable</h2><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la aparente ligereza, en todo este proceso es normal que se produzca un coste emocional, aunque aparezca con el tiempo. Patricia S&aacute;nchez lo plantea de forma directa. &ldquo;Aunque parezca que la ansiedad se reduce, en realidad se puede llegar a multiplicar y, en ocasiones, mucho&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El cuerpo se acostumbra a un nivel de activaci&oacute;n constante. Cada cita implica una peque&ntilde;a subida emocional. Expectativas, evaluaci&oacute;n y una m&aacute;s que posible decepci&oacute;n. Al encadenarlas, ese ciclo se repite varias veces en pocas horas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las emociones se disparan, se intensifican, se magnifican y se distorsionan&rdquo;, explica. El cerebro no tiene tiempo de procesarlas. &ldquo;No tenemos la capacidad de discernir d&oacute;nde s&iacute; y d&oacute;nde no&rdquo;. Todo se mezcla. &ldquo;Es posible, muy posible, que terminemos eligiendo mal&rdquo;, asegura la experta, &ldquo;desde una intensidad que puede resultar enga&ntilde;osa&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En las relaciones de pareja actuales abundan los vínculos débiles. ¿Por qué? Pues porque el mercado de emparejamiento ha hecho que el coste de oportunidad haya cambiado</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Luis Ayuso</span>
                                        <span>—</span> catedrático de Sociología (UMA)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las consecuencias van m&aacute;s all&aacute; de una mala elecci&oacute;n puntual. &ldquo;Esta forma de relacionarse favorece las relaciones fr&aacute;giles y superficiales, fomenta un tipo de patrones muy da&ntilde;inos&rdquo;, valora la psic&oacute;loga. Tambi&eacute;n alimenta una cierta fatiga: &ldquo;Dejamos de creer en el amor y nos autoenga&ntilde;amos diciendo que estamos mejor solos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a lo expresa de una forma m&aacute;s personal. &ldquo;De alguna manera me hace sentir m&aacute;s sola, especialmente si pienso que la otra persona est&aacute; en el mismo plan que yo&rdquo;. La sensaci&oacute;n de poder ser sustituido por cualquiera aparece con bastante facilidad.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Nos estamos volviendo intercambiables?</h2><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre con la percepci&oacute;n del otro cuando se convierte en una pieza m&aacute;s dentro de una secuencia? Patricia S&aacute;nchez es clara: &ldquo;Muchas personas se sienten objetos, se sienten mal en sus citas porque no se sienten escuchadas o porque notan que a la otra persona le da igual estar enfrente de uno o de otro&rdquo;. La deshumanizaci&oacute;n probablemente no es consciente, pero se percibe.
    </p><p class="article-text">
        Ayuso conecta este punto con una paradoja m&aacute;s amplia. &ldquo;En una sociedad donde tenemos la capacidad de conocer a much&iacute;sima gente, tenemos el gran problema de que no encontramos a nadie&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las expectativas juegan un papel importante. A medida que aumenta la oferta, tambi&eacute;n lo hace la exigencia. Se busca una especie de ideal dif&iacute;cil de concretar. Cualquier defecto adquiere m&aacute;s peso cuando se percibe que hay alternativas disponibles.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a lo formula con una imagen potente. &ldquo;Ha llegado a un punto en el que busco una especie de piedra filosofal en la otra persona que me hace cuestionarme si lo que no deber&iacute;a hacer ser&iacute;a tener citas conmigo&rdquo;, afirma.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Entre dos modelos</h2><p class="article-text">
        El <em>stack dating</em> convive con tendencias que apuntan en direcciones distintas. Por un lado, una aceleraci&oacute;n de los procesos, una mayor exposici&oacute;n, una l&oacute;gica de mercado aplicada a los v&iacute;nculos. Por otro, un cierto cansancio frente a esa din&aacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Ayuso apunta a la posibilidad de un movimiento pendular. &ldquo;No puedo demostrarlo con datos, pero creo que frente al modelo de la digitalizaci&oacute;n, de las citas r&aacute;pidas, ser&iacute;a normal y esperable <a href="https://www.eldiario.es/era/arte-perdido-flirteo-saturacion-apps-devuelto-ganas-ligar-persona_1_11808221.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que se acabe buscando lo contrario</a>. Una revalorizaci&oacute;n de lo pausado, de lo f&iacute;sico, de lo menos optimizado&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Ese posible giro no implicar&iacute;a volver al pasado, sino integrar otras formas de relacionarse dentro del contexto actual. M&aacute;s libertad, m&aacute;s opciones, pero tambi&eacute;n m&aacute;s tiempo y m&aacute;s conciencia de las propias decisiones.
    </p><p class="article-text">
        <em>Los nombres de las personas que han prestado su testimonio han sido cambiados para proteger su privacidad.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/stack-dating-hay-gente-tres-citas-tarde-artificial-justo-optimo_1_13156896.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 19:53:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Stack dating' o por qué hay gente que tiene tres citas la misma tarde: “Es muy artificial y poco justo, pero óptimo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Pareja,Apps,Amor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María Rodríguez Soto atraviesa el hielo de 'Permagel' en un viaje teatral sobre el deseo y la dificultad de encajar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/maria-rodriguez-soto-atraviesa-hielo-permagel-viaje-teatral-deseo-dificultad-encajar_1_13149945.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0dc1be10-8080-4fc7-963b-ae5e99579ac6_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141008.jpg" width="1198" height="674" alt="María Rodríguez Soto atraviesa el hielo de &#039;Permagel&#039; en un viaje teatral sobre el deseo y la dificultad de encajar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La adaptación teatral del fenómeno literario de las letras catalanas de 2018, dirigida por Victoria Szpunberg, consigue trasladar al escenario toda la crudeza y lucidez del relato</p><p class="subtitle">Rodríguez Soto: "Hay momentos en que la maternidad me hace sentir muy culpable"
</p></div><p class="article-text">
        Seguramente usted fue uno de los miles de lectores que hace unos a&ntilde;os leyeron <em>Permagel</em> (o <em>Permafrost</em> en su traducci&oacute;n al castellano), el fen&oacute;meno literario internacional que convirti&oacute; a su autora, Eva Baltasar, en una de las escritoras m&aacute;s interesantes de las letras catalanas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La novela es el retrato psicol&oacute;gico de una mujer lesbiana, inteligente y extremadamente l&uacute;cida, que atraviesa una compleja etapa de su vida adulta bajo una constante pulsi&oacute;n suicida. El <em>permagel</em> o permafrost del t&iacute;tulo hace referencia a c&oacute;mo se siente: aislada de los sentimientos y las expectativas sociales, como rodeada de una espesa capa de hielo que la separa del mundo exterior y que nunca se derrite.
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que Baltasar hubiera dedicado gran parte de su obra anterior a la poes&iacute;a, contribuye a que la prosa de <em>Permagel</em> sea precisa y fin&iacute;sima a la hora de describir los estados emocionales que atraviesa la protagonista.&nbsp;La novela habla del deseo, del sexo, de la familia, de la maternidad, de la muerte con honestidad y esa fr&iacute;a iron&iacute;a de los que est&aacute;n desesperados.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Del papel al escenario</strong></h2><p class="article-text">
        Ahora, la novela acaba de dar el salto al teatro de la mano de una de las directoras m&aacute;s interesantes del momento, Victoria Szpunberg, y con Mar&iacute;a Rodr&iacute;guez Soto dando vida a la protagonista de la historia. La obra, que se titula tambi&eacute;n <em>Permagel</em>, se estren&oacute; el pasado d&iacute;a 8 de abril en el<a href="https://espaitexas.cat/es/espectacle/permagel/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Espai Texas de Barcelona</a>, y las entradas se han vendido a una velocidad tal que se ha prorrogado hasta el 28 de junio.
    </p><p class="article-text">
        La traducci&oacute;n a la escena de <em>Permagel</em> no era una tarea sencilla, se trata de una novela que transcurre b&aacute;sicamente en la mente de la protagonista. Por eso mismo, convertir ese flujo de pensamiento en acci&oacute;n esc&eacute;nica comportaba el riesgo de perder su esencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, Szpunberg ha confesado que acept&oacute; el reto casi a rega&ntilde;adientes: &ldquo;Anna Rosa Cisquella y Sem Pons [responsables de Dagoll Dagom y Barc, coproductores de la pieza] fueron quienes me llamaron y me propusieron llevar al teatro <em>Permagel</em>. Hasta entonces, yo no conoc&iacute;a la obra de Eva Baltasar y tampoco he adaptado muchas novelas al teatro&rdquo;, reconoce.
    </p><p class="article-text">
        Todo cambi&oacute; tras leer el libro. &ldquo;El libro de Eva destila oralidad y poes&iacute;a, con una voz protagonista tan irreverente como sensible y unas im&aacute;genes que son realmente muy tentadoras para la escena&rdquo;, explica la directora. &ldquo;La adaptaci&oacute;n que hemos hecho con Albert Pijuan, si bien respeta el texto original, aporta una nueva estructura que pensamos que se adecua mejor al hecho teatral&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Que todo cambie para que todo siga igual</strong></h2><p class="article-text">
        Partir de una obra tan conocida por el p&uacute;blico complicaba todav&iacute;a m&aacute;s el reto. La adaptaci&oacute;n no ha buscado trasladar la novela de manera literal, sino que ha consistido m&aacute;s bien en remontar la historia desde la l&oacute;gica del teatro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La estructura cambia, el tiempo gana linealidad, pero se respeta el texto de la novela y su car&aacute;cter fragmentario. No renuncia a su densidad ni a su profundidad, ni es en absoluto una lectura dramatizada. De alguna forma encuentra un punto intermedio en el que la actuaci&oacute;n de Maria Rodr&iacute;guez Soto es clave.
    </p><p class="article-text">
        Y es que es imposible hablar de esta adaptaci&oacute;n de <em>Permagel</em> sin resaltar el trabajo de Maria Rodr&iacute;guez Soto, que se presenta en completa soledad frente al p&uacute;blico con una intensidad m&aacute;xima desde el momento en el que pone el pie en escena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La actriz, que muchos recordar&aacute;n por <em>Casa en flames</em> (2024) o <em>Los d&iacute;as que vendr&aacute;n </em>(2019) en el cine o <em>Els criminals</em> (TNC, 2024) o <em>Una gossa en un descampat</em> (Sala Beckett, 2018) en el teatro, despliega una capacidad sobresaliente para atravesar estados emocionales muy distintos sin perder la continuidad, pasando de la iron&iacute;a a la vulnerabilidad, o de la desesperaci&oacute;n al enfado de una forma tan org&aacute;nica que nunca resulta forzado ni sobreactuado.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de estos cambios de registro, el humor ocupa un lugar central. La iron&iacute;a atraviesa todo el texto y la interpretaci&oacute;n la utiliza para modular la intensidad del mon&oacute;logo. Gracias a ella, la obra avanza y la dureza del relato se hace visible pero sin resultar asfixiante. La risa puede aparecer incluso en momentos en los que la dureza de lo que se est&aacute; contando no la justificar&iacute;a, lo que tambi&eacute;n contribuye a construir el contradictorio andamiaje sentimental de la protagonista.
    </p><p class="article-text">
        Esa combinaci&oacute;n es la clave del trabajo de Rodr&iacute;guez Soto. Su energ&iacute;a sostiene la funci&oacute;n. Los matices que introduce evitan que el texto caiga en el exceso. Y su capacidad para encarnar distintos personajes, modular la voz y transformar su cuerpo, convierten el mon&oacute;logo en una experiencia muy rica.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un espacio en blanco</strong></h2><p class="article-text">
        El espacio en el que la actriz desarrolla su trabajo es completamente blanco y est&aacute; casi vac&iacute;o. Representa tanto una fr&iacute;a habitaci&oacute;n de hospital, como la mente de la protagonista; el hielo que recubre su coraz&oacute;n o la cima del edificio desde el que fantasea con suicidarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una escenograf&iacute;a, creada por Paula G&oacute;mez Infante, discreta pero que funciona. Los elementos son los imprescindibles. Se desplazan, se reorganizan, generan nuevas formas y acompa&ntilde;an el recorrido del personaje, en ocasiones, literalmente.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un espejo helado</strong></h2><p class="article-text">
        <em>Permagel</em> plantea una cuesti&oacute;n que sigue plenamente de actualidad ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de su lanzamiento como novela: la dificultad para habitar el mundo, la sensaci&oacute;n de no encajar y la presi&oacute;n insoportable de algunos roles sociales.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, la obra sigue funcionando como espejo para muchas personas que, como la protagonista, tratan de resquebrajar ese hielo eterno que las mantiene separadas de la vida &ldquo;normal&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La obra no proporciona una respuesta clara ni reconfortante, ni pretende curar ni cerrar heridas. Se limita a exponerlas, a ponerlas en com&uacute;n, a hacerlas visibles en un espacio compartido. Y ah&iacute; el espacio teatral quiz&aacute; s&iacute; que tiene una ventaja sobre la novela, el hecho de vivirlo en comunidad hace que este efecto se multiplique.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/maria-rodriguez-soto-atraviesa-hielo-permagel-viaje-teatral-deseo-dificultad-encajar_1_13149945.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 07:54:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María Rodríguez Soto atraviesa el hielo de 'Permagel' en un viaje teatral sobre el deseo y la dificultad de encajar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Barcelona,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hillary Clinton ganó las elecciones y el 'brexit' nunca pasó: el mundo no tan distinto de William Gibson en su última distopía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/hillary-clinton-gano-elecciones-brexit-paso-mundo-no-distinto-william-gibson-ultima-distopia_1_13102990.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2eb730fa-f7a2-4d1a-b062-661bb3e4f208_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hillary Clinton ganó las elecciones y el &#039;brexit&#039; nunca pasó: el mundo no tan distinto de William Gibson en su última distopía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor de 'Neuromante' imagina un presente alternativo atravesado por inteligencias artificiales, líneas temporales manipulables y un colapso que se parece mucho a lo que estamos viviendo hoy en día</p><p class="subtitle">En el cine - Ryan Gosling quiere demostrarnos que la ciencia ficción sigue siendo capaz de salvar el mundo en ‘Proyecto Salvación’
</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Y si el Apocalipsis no llegara como un gran cataclismo final sino como una sucesi&oacute;n interminable de peque&ntilde;as cat&aacute;strofes? Crisis clim&aacute;tica, colapso institucional, <em>cracks</em> financieros, inseguridad alimentaria, fallos de infraestructuras, pandemias, guerras perif&eacute;ricas, desigualdad extrema... &iquest;Les suena?
    </p><p class="article-text">
        Imaginen el final del mundo tal y como lo conocemos pero no como una aniquilaci&oacute;n fulminante, sino como una degradaci&oacute;n lenta e inexorable. El mundo se acaba, s&iacute;, pero usted tiene que seguir yendo a trabajar, pagando facturas y actualizando las aplicaciones de un tel&eacute;fono que cada vez le muestra m&aacute;s publicidad. La vida contin&uacute;a, aunque cada vez sea un poco menos deseable.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso es una de las ideas m&aacute;s impactantes que William Gibson, el m&iacute;tico autor del cl&aacute;sico <em>Neuromante</em> (1984), mito de la ciencia ficci&oacute;n y padre del ciberpunk, ha creado en los &uacute;ltimos tiempos. Lo bautiz&oacute; como <em>Jackpot</em> y apareci&oacute; por primera vez en 2014 en su novela <em>The Peripheral </em>(Roca Editorial, 2017). 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/3f1e1703-7385-4b8f-9d1b-9eab2d08e9bc_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Ese libro, que posteriormente se llev&oacute; a la televisi&oacute;n de la mano de Amazon Prime, constituye la primera entrega de la llamada <em>Trilog&iacute;a Jackpot</em>, de la que ahora acaba de publicarse en espa&ntilde;ol la segunda parte, titulada <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-agency/319782" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Agency</em></a> (Minotauro, 2026). Un thriller de ciencia ficci&oacute;n que parece fuertemente influido por los acontecimientos m&aacute;s actuales&hellip; Pero que en realidad fue publicado en ingl&eacute;s a principios de 2020.
    </p><h2 class="article-text">Un presente alternativo demasiado reconocible</h2><p class="article-text">
        <em>Agency</em> arranca en un 2017 que no es exactamente el nuestro. Hillary Clinton ha ganado las elecciones en Estados Unidos frente a Donald Trump y el Brexit nunca ha ocurrido. Un mundo con una ultraderecha menos fuerte podr&iacute;a parecer una fantas&iacute;a pol&iacute;tica reconfortante, pero Gibson se encarga pronto de tirar nuestras ilusiones por tierra, ya que el mundo sigue al borde del colapso, incapaz de evitar sus din&aacute;micas profundas.
    </p><p class="article-text">
        En ese San Francisco alternativo conocemos a Verity Jane, una &ldquo;susurradora de aplicaciones&rdquo;, experta en detectar fallos y comportamientos inesperados en <em>software</em> experimental. Su nuevo encargo, realizado por parte de una oscura <em>start-up</em> llamada Tulpagenics, consiste en probar unas gafas de realidad aumentada que esconden algo m&aacute;s que un asistente digital. Dentro de ellas habita Eunice, una inteligencia artificial plenamente aut&oacute;noma, capaz de aprender, decidir y actuar.
    </p><p class="article-text">
        Pronto, Eunice se interesa por todo lo que tiene que ver con Verity, cre&aacute;ndose entre las dos una especie de proceso de conocimiento mutuo acelerado. Al darse cuenta de la impresionante capacidad de Eunice, Verity decide que quiz&aacute; es mejor ocultarla a la empresa que ha creado las gafas. 
    </p><h2 class="article-text">Stubs, l&iacute;neas temporales y juegos de poder</h2><p class="article-text">
        Pero el verdadero centro de <em>Agency</em> se sit&uacute;a en paralelo a la realidad de Verity, en una l&iacute;nea temporal completamente distinta y que ocurre un siglo despu&eacute;s, en 2136. Una &eacute;poca en la que un reducido grupo de &eacute;lite, la llamada cleptocracia, se divierte observando y manipulando l&iacute;neas temporales alternativas llamadas <em>stubs</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Estas personas establecen contacto con el pasado y, cada vez que lo hacen, la historia conocida no se altera, sino que se crea una nueva rama, un <em>stub:</em> un mundo paralelo que puede ser intervenido sin consecuencias directas para su presente. Por lo tanto, aunque en este universo creado por Gibson es posible viajar en el tiempo, no se puede hacer de forma f&iacute;sica, sino exclusivamente mediante el env&iacute;o de informaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Un &#039;stub&#039; es un mundo paralelo que puede ser intervenido sin consecuencias directas para su presente. Es posible viajar en el tiempo, pero no se puede hacer de forma física sino mediante el envío de información</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        M. John Harrison describi&oacute; estos pasados alternativos, en un art&iacute;culo sobre el libro para <a href="https://www.theguardian.com/books/2020/jan/22/agency-william-gibson-review" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Guardian</a>, como &ldquo;espacios de ocio para multibillonarios&rdquo;, en los que se opera casi como en un videojuego complej&iacute;simo, donde se manipulan culturas y equilibrios geopol&iacute;ticos a voluntad. 
    </p><p class="article-text">
        Desde ese futuro observa Wilf Netherton, un personaje que ya aparec&iacute;a de <em>The Peripheral</em>, y que trabaja para la inspectora Ainsley Lowbeer que es, a su vez, una figura clave en la supervisi&oacute;n de estas intervenciones temporales y que puede influir en sus resultados finales. 
    </p><h2 class="article-text">Una inteligencia artificial, una huida y una amenaza global</h2><p class="article-text">
        A medida que <em>Agency</em> avanza, la historia se desplaza desde un relato casi &iacute;ntimo sobre tecnolog&iacute;a experimental hacia un <em>thriller</em> geopol&iacute;tico de m&uacute;ltiples capas. Eunice no es solo un asistente digital excepcional, ni siquiera la primera inteligencia artificial verdaderamente aut&oacute;noma. Es una anomal&iacute;a hist&oacute;rica. Una entidad capaz de aprender, decidir y actuar por cuenta propia en un mundo que a&uacute;n no est&aacute; preparado para conceder agencia real ni siquiera a la mayor&iacute;a de los seres humanos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Verity comprende el alcance de Eunice &mdash;su velocidad de aprendizaje, su curiosidad moral, su capacidad para anticipar consecuencias&mdash; intuye tambi&eacute;n el peligro que corre. Tulpagenics no ha creado a Eunice para liberarla, sino para explotarla. La decisi&oacute;n de ocultar su existencia y huir con ella se convierte en uno de los pocos actos genuinos de voluntad libre en toda la novela. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Eunice no es solo un asistente digital excepcional, ni siquiera la primera inteligencia artificial verdaderamente autónoma. Es una anomalía histórica</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La huida activa una persecuci&oacute;n que ya no pertenece solo al presente alternativo de 2017. Desde el futuro, en el a&ntilde;o 2136, la inspectora Ainsley Lowbeer y su agente Wilf Netherton observan con creciente inter&eacute;s lo que ocurre alrededor de Verity y Eunice. 
    </p><p class="article-text">
        Lowbeer intenta corregir desviaciones que podr&iacute;an desembocar en escenarios a&uacute;n peores, entre ellos un conflicto nuclear a gran escala que, seg&uacute;n sus proyecciones, podr&iacute;a desencadenarse precisamente en el mundo de Verity.
    </p><h2 class="article-text">El 'Jackpot' como espejo del presente</h2><p class="article-text">
        Sin duda, lo m&aacute;s perturbador de <em>Agency</em> no es el futuro que vislumbra, sino su parecido con nuestro presente. Gibson ha insistido durante d&eacute;cadas en que la ciencia ficci&oacute;n no predice el ma&ntilde;ana, sino que habla del presente. Y en el caso del <em>Jackpot</em> esto no puede ser m&aacute;s tangible. 
    </p><p class="article-text">
        En las novelas de Gibson, los que pueden hacer algo para mitigar las causas y las consecuencias del <em>Jackpot</em> deciden no hacerlo, porque eso amenazar&iacute;a los privilegios de su poder. En lugar de eso, las consecuencias se gestionan, se decide qui&eacute;n s&iacute; que merece protecci&oacute;n y ayuda y qui&eacute;n no. Esta &eacute;tica diab&oacute;lica, dif&iacute;cil de creer quiz&aacute; hace unos a&ntilde;os, nos parece hoy en d&iacute;a una posibilidad real. 
    </p><p class="article-text">
        Ante la inacci&oacute;n de los poderosos, la mayor parte de la poblaci&oacute;n mundial sucumbe al <em>Jackpot</em> pero, tiempo despu&eacute;s, en el mundo vuelve a establecerse un nuevo equilibrio. En el futuro de <em>Agency</em> todo est&aacute; limpio y ordenado. El avance tecnol&oacute;gico ha continuado y Gibson se recrea describiendo artefactos como bolsas de la compra que vuelven al supermercado tras ser utilizadas convirti&eacute;ndose en una mariposa de origami, pero la &eacute;tica ha sido aniquilada. El duelo, enterrado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">&#039;Agency&#039; es una narración diseñada para incomodarnos, para deslumbrarnos y para engancharnos a ella mientras dinamita los cimientos de nuestra confianza en el futuro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em>Agency</em> es una novela elegante y l&uacute;cida que no busca ofrecer consuelo ante esta posible realidad futura, ni tampoco aspira a darnos recetas para que esto no ocurra. Es una narraci&oacute;n dise&ntilde;ada para incomodarnos, para deslumbrarnos y para engancharnos a ella mientras dinamita los cimientos de nuestra confianza en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Tal y como se&ntilde;al&oacute; Paul Di Filippo en su cr&iacute;tica de la novela para el <a href="https://www.washingtonpost.com/entertainment/books/an-app-whisperer-teams-up-with-time-travelers-in-william-gibsons-agency/2020/01/16/d71c3c94-2e44-11ea-bcb3-ac6482c4a92f_story.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Washington Post</a>, Gibson sigue siendo capaz de convertir nuestro presente en algo extra&ntilde;o y revelador, y de hacer habitable el futuro gracias a una imaginaci&oacute;n brillante. Leer <em>Agency</em> es aceptar ese juego: mirar el mundo como si ya fuera un <em>stub</em>, una versi&oacute;n intervenida de algo que pudo ser distinto. Y quiz&aacute; preguntarse, con cierta inquietud, si el <em>Jackpot</em> no es que ya est&eacute; en camino, sino en curso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/hillary-clinton-gano-elecciones-brexit-paso-mundo-no-distinto-william-gibson-ultima-distopia_1_13102990.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2026 20:10:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hillary Clinton ganó las elecciones y el 'brexit' nunca pasó: el mundo no tan distinto de William Gibson en su última distopía]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2eb730fa-f7a2-4d1a-b062-661bb3e4f208_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Ciencia ficción,Inteligencia artificial,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El desencanto de la generación que quiso vivir de internet: "Se nos ha vendido la falacia de la meritocracia digital"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/mar-manrique-desencanto-generacion-quiso-vivir-internet-falacia-meritocracia-digital_1_13099573.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e4a611be-d679-457d-98ba-afe591eb563a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El desencanto de la generación que quiso vivir de internet: &quot;Se nos ha vendido la falacia de la meritocracia digital&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En ‘Un trabajo soñado’, la periodista Mar Manrique analiza cómo internet ha transformado el trabajo creativo entre promesas de libertad, que han derivado en autoexplotación, y una identidad cada vez más ligada a la lógica de las redes</p><p class="subtitle">“No rechazan la oficina, lo que rechazan es perder el tiempo”: cómo la generación Z está redefiniendo el trabajo</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Y si creo un proyecto propio?&rdquo;. Eso fue lo que pens&oacute; una reci&eacute;n graduada en periodismo llamada Mar Manrique (Barcelona, 1998), en plena pandemia, al constatar el desolador panorama laboral que le ofrec&iacute;a el sector de los medios de comunicaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Necesitaba averiguar c&oacute;mo pod&iacute;a excavar mi propia trinchera para trabajar en el periodismo, e internet parec&iacute;a la respuesta&rdquo;, escribe en su nuevo libro de revelador t&iacute;tulo: <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-un-trabajo-sonado/445382" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un trabajo so&ntilde;ado</em></a>. <em>El desencanto de una generaci&oacute;n que quiso vivir de internet</em> (Pen&iacute;nsula, 2026). Un volumen en el que analiza, con mirada cr&iacute;tica y desde su propia experiencia, c&oacute;mo el entorno digital ha transformado la forma de trabajar, de crear y de construirse una identidad en internet, desdibujando los l&iacute;mites entre vocaci&oacute;n, precariedad y autoexplotaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De aquellas tribulaciones primigenias naci&oacute; <a href="https://fleetstreet.substack.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Fleet Street</em></a>, una <em>newsletter</em> sobre periodismo, tendencias y medios de comunicaci&oacute;n que hoy suma m&aacute;s de 10.000 seguidores en Espa&ntilde;a y Latinoam&eacute;rica y que, a la postre, ha supuesto para ella una especie de &ldquo;caballo de Troya&rdquo; de cara a hacerse visible en el mundo medi&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Empec&eacute; en un momento superincipiente de las <em>newsletters</em> en Espa&ntilde;a&rdquo;, explica, &ldquo;cuando entr&eacute; al ecosistema de Substack [la plataforma en la que se aloja su bolet&iacute;n], tal vez hab&iacute;a tres publicaciones relevantes escribi&eacute;ndose sobre pol&iacute;tica, periodismo y cultura digital. <em>Fleet Street</em> supuso una catapulta a la visibilidad que me ha abierto muchas puertas. Pero tambi&eacute;n creo que ha habido un importante factor de suerte que muchas veces la gente no valora. Se nos ha vendido en internet la falacia de la meritocracia digital, de que lo virtual es un campo completamente abierto y democr&aacute;tico, pero la realidad es que eso no es as&iacute;&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se nos ha vendido en internet la falacia de la meritocracia digital, de que lo virtual es un campo completamente abierto y democrático, pero la realidad es que eso no es así</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, Mar forma parte del equipo del medio digital <a href="https://www.watif.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">WATIF</a> y ha colaborado con multitud de publicaciones como <em>SModa</em> de <em>El Pa&iacute;s</em>, <em>La Vanguardia</em>, <em>Vogue</em> o este mismo diario. Hace poco present&oacute; el acto de conmemoraci&oacute;n de los 40 a&ntilde;os de la firma que incorpor&oacute; a Espa&ntilde;a y Portugal a la Uni&oacute;n Europea en el Palacio Real de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que, en su caso, crear un proyecto personal ha resultado todo un &eacute;xito. No obstante, no tiene del todo claro que hoy en d&iacute;a hacer eso sea obligatorio para los reci&eacute;n licenciados en periodismo o para aquellos que aspiran a entrar en otras parcelas del mundo creativo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No creo que sea la &uacute;nica v&iacute;a aunque s&iacute; que pienso que es la que mejor le puede hacer sentir a uno&rdquo;, confiesa. &ldquo;Es cierto que antes siempre recomendaba a los estudiantes con los que hablaba que hicieran una <em>newsletter</em>, un podcast, que crearan una estrategia en redes sociales y que se especializaran en algo. Ahora sigo aconsejando lo mismo, pero mirando primero qu&eacute; es lo que el sistema est&aacute; buscando en ese momento&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora lo que el sistema pide a los j&oacute;venes, seg&uacute;n la autora, es &ldquo;ser <em>multitasker</em>, hacer mil cosas a la vez, empezar en puestos de trabajo muy precarios y tener que invertir muchas horas. Adem&aacute;s, puede que no haya proyecci&oacute;n laboral. Una vez que entiendan c&oacute;mo va todo y todo lo que se les demandar&aacute; como profesionales, si la vocaci&oacute;n a&uacute;n est&aacute; intacta, entonces s&iacute; que pueden crear un proyecto propio para intentar seguir esa vocaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese punto de partida conecta directamente con una de las ideas centrales del libro.
    </p><h2 class="article-text">El espejismo del trabajo ideal</h2><p class="article-text">
        Internet nos promet&iacute;a algo muy concreto: libertad. Trabajar desde cualquier lugar, organizar los horarios a nuestro antojo y vivir de nuestra pasi&oacute;n. Esa narrativa sigue totalmente vigente, aunque el relato de Manrique introduce muchos matices.
    </p><p class="article-text">
        A la hora de la verdad, lo que mucha gente acaba encontr&aacute;ndose en el mundo creativo son sueldos bajos, incertidumbre y una l&iacute;nea cada vez m&aacute;s difusa entre vida y trabajo. &ldquo;Aunque tambi&eacute;n depende de por d&oacute;nde entres a trabajar en internet, cu&aacute;l es la v&iacute;a y cu&aacute;l es el camino que transitas&rdquo;, apunta. &ldquo;Si pensamos&nbsp;en los trabajos de internet como una pir&aacute;mide, vemos que en la c&uacute;spide est&aacute;n los <em>influencers</em> que pueden cobrar varios miles de euros por hacer una <em>story</em> de una crema de manos. Luego, conforme vamos bajando, nos vamos encontrando con todos esos perfiles que mantenemos proyectos personales y que intentamos con todas nuestras fuerzas que el foco de internet se fije un poco en nosotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese desequilibrio no solo se da con los ingresos, sino que tambi&eacute;n acaba influyendo en m&aacute;s partes de la ecuaci&oacute;n. Llegando incluso a moldear las aspiraciones, el lenguaje y el comportamiento de todos los que forman parte de esa pir&aacute;mide. Muchos dise&ntilde;adores, periodistas y divulgadores buscan estrategias para escalar posiciones en la industria creativa.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es como muchos moldean su actividad seg&uacute;n criterios ajenos a ella. &ldquo;Los trabajadores creativos replicamos el lenguaje de los <em>influencers</em> con la esperanza de llegar a cobrar 3.000 euros por una <em>story</em> y as&iacute; conseguir estabilidad econ&oacute;mica o comprarnos una casa&rdquo;, explica Manrique, &ldquo;algo que solo est&aacute; pudiendo hacer la gente de mi edad que es <em>influencer</em>, porque el resto lo tiene muy chungo a no ser que les ayuden sus padres&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los trabajadores creativos replicamos el lenguaje de los influencers con la esperanza de llegar a cobrar 3.000 euros por una &#039;story&#039; y así conseguir estabilidad económica o comprarnos una casa</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Teletrabajo y nomadismo: una libertad con matices</h2><p class="article-text">
        Las dos grandes promesas de este nuevo modelo laboral en las profesiones creativas son, en opini&oacute;n de la autora, el teletrabajo y el nomadismo digital. Pero, &iquest;cu&aacute;l es el impacto real de estas opciones en la vida de los creativos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La idea de trabajar desde casa o desde cualquier parte del mundo, resulta muy seductora&rdquo;, reconoce Mar. &ldquo;&rsquo;Tendr&aacute;s total libertad: podr&aacute;s trabajar un poco y luego irte a surfear. &iexcl;T&uacute; eliges tus horarios!&rsquo;, te dicen. Pero la realidad es que no. Con el tiempo, todos hemos podido comprobar que la realidad es muy diferente. Cuesta much&iacute;simo desconectar y no solo cuando est&aacute;s trabajando en casa. Al final, todos estamos enganchados al m&oacute;vil y all&iacute; tenemos instaladas las aplicaciones que nos conectan con el trabajo (Slack, Teams, el correo, etc.)&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De cualquier modo, la autora incide en que no quiere extender una narrativa antitecnolog&iacute;a, &ldquo;pero la realidad es que las din&aacute;micas que nos ha tra&iacute;do el estar todo el tiempo conectados, es que el trabajo ocupa una gran parte de nuestro d&iacute;a a d&iacute;a porque lo tenemos literalmente al alcance de la mano&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las redes sociales y todas estas nuevas formas de tecnología han catapultado y han amplificado el hecho de que el trabajo permea en todos los aspectos de nuestra vida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;En la introducci&oacute;n del libro&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;me pregunto por qu&eacute; yo no puedo dejar la bata colgada del perchero, olvidar el trabajo e irme a casa como hace el personal sanitario. Para m&iacute; es casi imposible desconectar. Internet, las redes sociales y todas estas nuevas formas de tecnolog&iacute;a han catapultado y han amplificado el hecho de que el trabajo permea en todos los aspectos de nuestra vida y que estamos todo el rato expuestos a que pueda afectarnos e impactarnos durante todo el d&iacute;a&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La identidad como construcci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Otro de los ejes m&aacute;s interesantes de <em>Un trabajo so&ntilde;ado</em> es la relaci&oacute;n entre trabajo, identidad y redes sociales. La autora plantea una pregunta que atraviesa todo el ensayo: &iquest;d&oacute;nde termina la persona y d&oacute;nde empieza el personaje en internet?
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n su opini&oacute;n, todos representamos un papel en internet. &ldquo;De manera consciente o inconsciente, vamos creando nuestro propio avatar, como en <em>Los Sims</em>&rdquo;, explica. Cada publicaci&oacute;n, cada imagen, cada texto responde a una intenci&oacute;n. &ldquo;Cuando leemos un libro y nos parece muy interesante un extracto, lo publicamos en <em>Stories</em> porque queremos ser percibidos de una determinada manera y que nuestros seguidores digan, &lsquo;Ah, mira, qu&eacute; persona tan culta&rsquo;. Y lo mismo pasa cuando pensamos en forma de tuits&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El riesgo aparece cuando esa representaci&oacute;n se impone sobre la realidad. En el libro, la autora cuenta el caso de la <em>influencer </em>Tavi Gevinson, que en un art&iacute;culo escrito para la revista <em>The Cut</em> explicaba c&oacute;mo hab&iacute;a moderado ciertos rasgos de su personalidad real porque no cuadraban con su identidad en el mundo <em>online</em>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Eso me ha provocado que todo lo que veo en redes, aunque sea real, lo veo como inaut&eacute;ntico&rdquo;, reflexiona. &ldquo;Y me sabe mal haber ca&iacute;do en ese sobrean&aacute;lisis, pero es que creo que es la realidad&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Crear pensando en el algoritmo</h2><p class="article-text">
        El impacto de las redes en los procesos creativos es otro de los puntos clave. La l&oacute;gica de la viralidad condiciona, en opini&oacute;n de Manrique, la manera de pensar, producir y compartir.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A la hora de crear algo, mucha gente tiene en cuenta cu&aacute;ntos <em>likes </em>va a conseguir, cu&aacute;ntas visualizaciones, etc. Es algo que muchas personas hacen constantemente en su trabajo incluso como filtro para saber si publican algo o no&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Esto hace que el proceso creativo se invierta. &ldquo;Pienso qu&eacute; va a funcionar en internet y entonces lo hago, no al rev&eacute;s&rdquo;, afirma. &ldquo;Eso hace que hayamos desnaturalizado el proceso creativo y que copiemos m&aacute;s, porque si vemos que algo funciona en TikTok, lo replicamos. Internet se ha convertido as&iacute; en un copia-pega&rdquo;. Que para colmo, suele ser recompensado por los algoritmos.
    </p><h2 class="article-text">El precio de estar dentro</h2><p class="article-text">
        Como acabamos de ver, hoy en d&iacute;a internet &ldquo;es un sistema muy demandante, que te exige muchas horas y que pr&aacute;cticamente nos exige la autoexplotaci&oacute;n, el trabajar a cambio de visibilidad&rdquo;, explica Manrique.
    </p><p class="article-text">
        La alternativa no es sencilla. En opini&oacute;n de la autora, salirse de esa l&oacute;gica implica arriesgarse a quedarse atr&aacute;s. &ldquo;Creo que, por triste que parezca, quien para, pierde&rdquo;, sentencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text"> Es muy difícil pensar en internet como un patio de recreo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Internet, que en su origen fue un espacio de juego, conexi&oacute;n y descubrimiento se ha convertido en un entorno de trabajo. &ldquo;Es muy dif&iacute;cil pensar en internet como un patio de recreo&rdquo;, afirma Manrique. Las redes, seg&uacute;n ella, ya no son solo un lugar donde expresarse, sino un escenario donde se compite por la atenci&oacute;n, donde cada gesto puede tener un r&eacute;dito y donde la espontaneidad queda atravesada por la l&oacute;gica del algoritmo.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un ecosistema tan lleno de oportunidades como de desgaste. Manrique no lo niega. Al contrario, &ldquo;yo s&eacute; reconocer todas las oportunidades que me ha dado internet, pero tambi&eacute;n que el proceso me ha resultado muy cansado. Por eso decid&iacute; escribir este libro, para explorar y reflexionar sobre eso porque entiendo que hay mucha m&aacute;s gente a la que le ha ocurrido. Me gustar&iacute;a que este libro abriera un poco el debate sobre ello, que animara a buscar una soluci&oacute;n entre todos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Un trabajo so&ntilde;ado</em>, por tanto, es una forma de hacer las paces con un sistema exigente pero sin dejar de cuestionarlo. Una invitaci&oacute;n a repensar no solo c&oacute;mo trabajamos, sino tambi&eacute;n desde d&oacute;nde lo hacemos. Quiz&aacute; la pregunta m&aacute;s importante que subyace a todo esto no es solo si es posible ganarse la vida en internet sino qu&eacute; lugar queremos que ocupe el trabajo en ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/mar-manrique-desencanto-generacion-quiso-vivir-internet-falacia-meritocracia-digital_1_13099573.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 26 Mar 2026 20:57:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,Redes sociales,Internet,Influencers,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué es el phonk, la música que escuchas todo el rato (sin querer) y que tiene más reproducciones que Bad Bunny o Taylor Swift]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/phonk-musica-escuchas-rato-reproducciones-bad-bunny-taylor-swift_1_13089317.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8323051-927c-4cd6-aa1f-3e052e68c012_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué es el phonk, la música que escuchas todo el rato (sin querer) y que tiene más reproducciones que Bad Bunny o Taylor Swift"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un sonido nacido del rap de Memphis que hoy domina TikTok, Instagram y YouTube sin que casi nadie sepa el nombre de ninguno de los millonarios artistas que hay detrás</p><p class="subtitle">Entrevista - Ginebras: “Más que abrir camino, las bandas de tías estamos construyendo un puente juntas”</p></div><p class="article-text">
        Cada d&iacute;a, millones de personas pasan horas viendo v&iacute;deos cortos en el m&oacute;vil. Algunos de ellos, comparten una m&uacute;sica intensa, pesada, dise&ntilde;ada espec&iacute;ficamente para subrayar el momento culminante del v&iacute;deo.&nbsp;La mayor&iacute;a de quienes escuchan esa m&uacute;sica no sabr&iacute;a decir c&oacute;mo se llama ese estilo musical, ni siquiera que pertenezca a un g&eacute;nero concreto. Sin embargo, esas mismas piezas se repiten miles de veces al d&iacute;a en v&iacute;deos de TikTok, YouTube Shorts o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/contar-historia-literatura-espanola-videos-virales-instagram_1_12748877.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Instagram Reels</a>. Son como las monta&ntilde;as lejanas del paisaje sonoro de internet. Y tiene un nombre. Se llama <em>phonk</em>.
    </p><p class="article-text">
        El <em>phonk </em>est&aacute; hoy en d&iacute;a por todas partes y su uso genera millones de d&oacute;lares a sus creadores, pero, a diferencia de otros <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/regueton-seduce-jovenes-desconcierta-adultos_1_12449084.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">g&eacute;neros musicales como el reguet&oacute;n</a> o el <em>k-pop, </em>su auge resulta casi invisible.&nbsp;Se dice que la primera superestrella de la historia de la m&uacute;sica fue Franz Liszt. En la d&eacute;cada de 1840, el austriaco causaba sensaci&oacute;n. Sus fans se contaban por miles y sus apariciones p&uacute;blicas generaban casos de histeria. Este fen&oacute;meno se lleg&oacute; a bautizar en la &eacute;poca como la &ldquo;Lisztoman&iacute;a&rdquo;, ilustre predecesora de la c&eacute;lebre &ldquo;Beatleman&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Casi se podr&iacute;a decir que, desde entonces, la industria musical ha seguido funcionando de la misma manera, alrededor de grandes superestrellas como Elvis, Sinatra o Michael Jackson, cuyos grandes lanzamientos discogr&aacute;ficos, entrevistas en televisi&oacute;n y giras mundiales mastod&oacute;nticas marcaban la actualidad musical y las modas. Sin embargo, la nueva realidad de internet podr&iacute;a estar empezando a alterar ese sistema. Seg&uacute;n datos citados por<em> </em>The New York Times, el artista con <a href="https://www.nytimes.com/2026/02/23/arts/music/phonk-youtube-tiktok-music.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mayor audiencia en YouTube</a> durante el pasado mes de enero no fue ni Bad Bunny ni <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/taylor-swift-duena-musica-artista-logra-derechos-discos_1_12344944.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Taylor Swift</a>. Fue <a href="https://www.youtube.com/@slxughter" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Slxughter</a>, un productor de <em>phonk </em>originario de Rusia del que estoy casi seguro de que nunca hab&iacute;a escuchado hablar.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Los v&iacute;deos en la plataforma de Slxughter, a pesar de tener decenas de millones de reproducciones, no llegan a las cifras de los grandes artistas del <em>mainstream</em>. Pero el secreto est&aacute; en los v&iacute;deos verticales. Kevin Meenan, responsable de tendencias musicales en YouTube, explic&oacute; al peri&oacute;dico neoyorkino que la audiencia mensual que ellos miden combina las visualizaciones de la plataforma tradicional con el consumo dentro de <em>shorts</em>, los v&iacute;deos cortos similares a los <em>reels</em> o las publicaciones de TikTok que tiene la plataforma.&nbsp;Este detalle altera por completo el mapa de popularidad. Sumando as&iacute; la difusi&oacute;n a trav&eacute;s de <em>shorts</em>, la m&uacute;sica de Slxughter fue escuchada en enero por 981 millones de usuarios &uacute;nicos, m&aacute;s del doble que Taylor Swift y m&aacute;s de seis veces la audiencia de Bad Bunny durante ese mismo mes.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">De los casetes de Memphis al algoritmo</h2><p class="article-text">
        En contra de lo que podr&iacute;a parecer, el <em>phonk</em> no es un fen&oacute;meno surgido al calor del algoritmo y la viralidad, sino que tiene ra&iacute;ces profundas en la m&uacute;sica negra de hace 40 a&ntilde;os. En concreto, en la escena del rap de la ciudad Memphis a finales de los a&ntilde;os ochenta y noventa, cuando productores como Tommy Wright III o Three 6 Mafia empezaron a desarrollar un sonido oscuro y minimalista basado en bajos pesados, <em>loops</em> hipn&oacute;ticos y una est&eacute;tica deliberadamente cruda y siniestra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En aquel momento se trataba de una m&uacute;sica de alcance casi exclusivamente local. Muchas de esas grabaciones ni siquiera se publicaban, sino que circulaban en cintas de casete entre una comunidad muy reducida de personas.&nbsp;Lo que nadie pod&iacute;a imaginar es que d&eacute;cadas m&aacute;s tarde esos sonidos ser&iacute;an redescubiertos por j&oacute;venes productores que trabajaban desde sus ordenadores a miles de kil&oacute;metros de distancia.&nbsp;Aquellas oscuras grabaciones (y otras m&aacute;s populares) de rap de Memphis acabaron cayendo en manos de productores rusos y de Europa del Este que, en la d&eacute;cada de 2010, comenzaron a integrarlas y mezclarlas con ritmos m&aacute;s actuales.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Esto dio lugar a una mutaci&oacute;n que result&oacute; a la postre decisiva para el <em>phonk</em>. Conocido como <em>drift phonk</em> (de <em>drift</em>, derrape en ingl&eacute;s), este g&eacute;nero comenz&oacute; a ser la banda sonora de los v&iacute;deos de coches derrapando y haciendo acrobacias (muchos creados en la antigua Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica) que comenzaron a extenderse por las nacientes redes sociales.&nbsp;Con esa transformaci&oacute;n, el g&eacute;nero se volvi&oacute; m&aacute;s r&aacute;pido, m&aacute;s electr&oacute;nico y poco a poco fue adoptando una estructura pensada para funcionar dentro de <em>clips</em> muy breves. 
    </p><p class="article-text">
        La t&iacute;pica pieza de <em>drift phonk </em>comienza con una introducci&oacute;n de unos breves segundos que genera tensi&oacute;n antes de que aparezca un marcado golpe de bajo. Un subid&oacute;n repentino que es f&aacute;cil hacer coincidir con el momento culminante del v&iacute;deo al que acompa&ntilde;a. Con el tiempo, esa estrecha relaci&oacute;n entre v&iacute;deo y m&uacute;sica, ha producido una simbiosis creativa &uacute;nica en la historia de la m&uacute;sica. Y no precisamente para bien.
    </p><h2 class="article-text">El algoritmo como br&uacute;jula creativa</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n le cont&oacute; a The New York Times Tyler Blatchley, fundador del sello Black 17 Media, que representa a algunos de los artistas m&aacute;s importantes del g&eacute;nero, su proceso creativo es sencillo. &ldquo;Son productores que habitualmente trabajan en su habitaci&oacute;n&rdquo;, explica. &ldquo;Cada d&iacute;a chequean las redes para ver qu&eacute; tipo de m&uacute;sica est&aacute; promocionando en algoritmo y ajustan el tipo de m&uacute;sica que producen bas&aacute;ndose en ello&rdquo;. Posteriormente suben sus temas a las redes esperando que se viralicen.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Esa din&aacute;mica ha creado una especie de circuito cerrado entre la creaci&oacute;n musical y el comportamiento de los usuarios y los algoritmos. Si una determinada estructura de melod&iacute;a funciona bien en v&iacute;deos de diez segundos, m&aacute;s y m&aacute;s productores empezar&aacute;n a reproducir ese patr&oacute;n.&nbsp;Las canciones se dise&ntilde;an pensando en el instante exacto en el que un <em>clip</em> revelar&aacute; su momento clave. El <em>phonk</em> se ha ido perfeccionando para ser una herramienta perfecta para el v&iacute;deo corto, pero tambi&eacute;n un bodrio en t&eacute;rminos creativos.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, el sistema funciona a las mil maravillas. Seg&uacute;n Blatchley, muchos creadores de <em>phonk</em> han ganado m&aacute;s de cinco millones de d&oacute;lares gracias a los <em>royalties</em> que estas canciones generan en las redes sociales. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, su empresa ha pagado m&aacute;s de 140 millones de d&oacute;lares a sus representados, productores provenientes de pa&iacute;ses como Rusia, Ucrania o Kazajist&aacute;n.&nbsp;El efecto llamada de estas ganancias ha hecho tambi&eacute;n que surjan creadores de <em>phonk </em>por todo el mundo, generando nuevas encarnaciones del g&eacute;nero como por ejemplo el <em>Brazilian phonk</em>, que fusiona el <em>drift phonk </em>con el <em>funk </em>carioca.
    </p><h2 class="article-text">El g&eacute;nero musical omnipresente en internet</h2><p class="article-text">
        El <em>phonk </em>ha logrado expandirse con tanta rapidez porque encaja con muchos tipos de contenido, aunque suele estar m&aacute;s presente en el enfocado hacia lo que habitualmente se conoce como la &ldquo;machosfera&rdquo;. Aparece casi siempre en v&iacute;deos de coches, pero tambi&eacute;n en montajes de <em>anime</em>, <em>clips</em> de videojuegos, entrenamientos de gimnasio, recopilaciones deportivas o contenido motivacional.&nbsp;El g&eacute;nero, por tanto, no ha necesitado de grandes conciertos ni de presencia en festivales para convertirse en un fen&oacute;meno global. Su territorio natural es el flujo constante de v&iacute;deos cortos que circulan por internet. Eso hace que su presencia en la cultura haya pasado casi desapercibida hasta ahora.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Pero las enormes cantidades de dinero que se est&aacute;n moviendo a su alrededor, han hecho levantar las orejas a la industria de la m&uacute;sica m&aacute;s cl&aacute;sica. Un ejemplo de ello es el del reconocido m&uacute;sico y productor Diplo, siempre alerta de las nuevas tendencias, que acaba de sacar un disco que define como un homenaje al <em>phonk</em>, titulado de forma bastante clara <em>D00mscrvll </em>(de <em>doomscroll</em>, el acto de mirar compulsivamente las redes sociales que acaba generando ansiedad y pesimismo). El mismo Diplo ha contribuido a llevar el phonk al gran p&uacute;blico introduci&eacute;ndolo en alguno de sus trabajos para m&uacute;sicos mainstream, como ha hecho en la canci&oacute;n Like Jennie de la estrella del k-pop Jennie.
    </p><p class="article-text">
        Este espectacular &eacute;xito del <em>phonk</em> tambi&eacute;n ha generado cr&iacute;ticas dentro de la propia escena. Algunos productores consideran que la versi&oacute;n actual del g&eacute;nero, que gira sobre s&iacute; misma bas&aacute;ndose en criterios puramente econ&oacute;micos, se ha convertido en una f&oacute;rmula repetitiva dise&ntilde;ada exclusivamente para acumular reproducciones.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        Un an&aacute;lisis publicado por Kieran Press-Reynolds en<em> Pitchfork </em>describe con bastante dureza el <a href="https://pitchfork.com/thepitch/how-phonk-became-the-most-lucrative-yet-lifeless-genre-of-the-2020s/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">momento actual del estilo</a> como &ldquo;un vertedero globalizado, sin rostro e insustancial&rdquo;. Es probable, adem&aacute;s, que el impacto de la inteligencia artificial empeore todav&iacute;a m&aacute;s la situaci&oacute;n al acelerar la creaci&oacute;n de nuevas melod&iacute;as con solo unos clics de rat&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, el g&eacute;nero sigue creciendo y expandi&eacute;ndose. Y tambi&eacute;n dando algunos nuevos ejemplos dignos de destacar. <em>Pitchfork</em> destaca el tema <em>Ultraphunk</em> de Dashie, que cuenta con millones de reproducciones, y que compara con &ldquo;la banda sonora de un duelo de gladiadores en el a&ntilde;o 2275&rdquo;. Todav&iacute;a es pronto para saber si el <em>phonk </em>se acabar&aacute; convirtiendo en un g&eacute;nero m&aacute;s o si su importancia se diluir&aacute;, quedando como una anomal&iacute;a en la historia de la m&uacute;sica. 
    </p><p class="article-text">
        El auge del estilo coincide con un cambio profundo en la forma de consumir m&uacute;sica y de ganar dinero con ella.&nbsp;Cada vez m&aacute;s, las canciones, sea cual sea su estilo, se conciben pensando en el ecosistema de los v&iacute;deos cortos de internet y no tanto en la construcci&oacute;n de &aacute;lbumes conceptuales. De cualquier modo, ambas l&oacute;gicas no son necesariamente incompatibles.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/phonk-musica-escuchas-rato-reproducciones-bad-bunny-taylor-swift_1_13089317.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 21:39:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué es el phonk, la música que escuchas todo el rato (sin querer) y que tiene más reproducciones que Bad Bunny o Taylor Swift]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Industria musical,Música,Artistas,Bad Bunny,Taylor Swift,TikTok,Instagram,Youtube,Redes sociales,Canciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oriol Mitjà, epidemiólogo: "Se puede estar al lado de alguien con depresión sin juzgar"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/oriol-mitja-epidemiologo-lado-alguien-depresion-juzgar_1_13083928.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ba12a362-e9c6-4b83-9344-8b3c0ca2aca8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139100.jpg" width="5153" height="2899" alt="Oriol Mitjà, epidemiólogo: &quot;Se puede estar al lado de alguien con depresión sin juzgar&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El investigador publica ‘Donde nace la luz’, un testimonio íntimo y valiente sobre su experiencia con la depresión y las herramientas que le han ayudado a sobrellevarla</p><p class="subtitle">El porcentaje de personas con depresión en España se ha duplicado en tres años</p></div><p class="article-text">
        El investigador m&eacute;dico Oriol Mitj&agrave; lleva a&ntilde;os dedicado a combatir enfermedades infecciosas en algunos de los contextos m&aacute;s vulnerables del mundo. Su trayectoria le ha situado en primera l&iacute;nea cient&iacute;fica a nivel global y tambi&eacute;n en el foco medi&aacute;tico, especialmente durante las semanas m&aacute;s complejas de la pandemia. Ahora ha decidido dar un paso distinto y mucho m&aacute;s personal.
    </p><p class="article-text">
        En su nuevo libro <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-donde-nace-la-luz/445601" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Donde nace la luz</em></a><em> </em>(Temas de hoy), en catal&aacute;n <a href="https://www.grup62.cat/llibre-on-neix-la-llum/445035" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>On neix la llum</em></a><em> </em>(Columna), el infect&oacute;logo abandona el lenguaje cient&iacute;fico para narrar en primera persona su experiencia con la depresi&oacute;n. En el libro relata su propia historia y pone palabras a algunos de los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles de su vida, al tiempo que abre un espacio a la esperanza y comparte los mecanismos que le han ayudado a atravesarlos.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de plantearse como un manual o un libro de autoayuda, el texto se acerca a la enfermedad desde la honestidad y la vulnerabilidad. Mitj&agrave; describe episodios depresivos, comportamientos destructivos, reca&iacute;das y aprendizajes con la intenci&oacute;n de acompa&ntilde;ar a quienes puedan sentirse identificados y de contribuir a desmontar el estigma que todav&iacute;a rodea a la depresi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Su libro me parece especialmente admirable porque no resulta muy habitual que las personas conocidas decidan abrirse sobre sus problemas de salud mental.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En general, siempre ha habido un poco de incomprensi&oacute;n y estigma en torno a la salud mental. Tanto entre las personas conocidas como entre las desconocidas. Nadie se atrev&iacute;a mucho a hablar de este tema. Ahora cada vez hay m&aacute;s personas que lo explican, pero en lo m&aacute;s profundo de la sociedad todav&iacute;a existe el concepto de que las personas con depresi&oacute;n son personas fr&aacute;giles y en las que no se puede confiar.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me ha tocado vivirlo. &iexcl;Ojal&aacute; no hubiera sido as&iacute;! La depresi&oacute;n es muy solitaria, cuando la est&aacute;s sufriendo sientes que los dem&aacute;s no pueden llegar a entender qu&eacute; es lo que est&aacute;s sintiendo. Quise poner palabras que describieran con detalle todas estas emociones con el &uacute;nico objetivo de ayudar y acompa&ntilde;ar a las personas que puedan sentir lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; parte del libro le ha costado m&aacute;s escribir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Varias y hay alguna que todav&iacute;a no he podido digerir y que, por verg&uuml;enza, no he podido incluir. Quiz&aacute; lo que m&aacute;s nos averg&uuml;enza son los comportamientos que no son bien vistos socialmente. En mi caso, cuando cuento que utilic&eacute; el alcohol para calmar la ansiedad o el v&oacute;mito para calmar la culpa por haber comido, o cuando explico abiertamente que buscaba el prestigio y la fama. Contar que uno est&aacute; triste se puede llegar a entender. Otras conductas no tanto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Le preocupa que este libro cambie la forma en la que otros profesionales de su campo le perciben?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, bastante. Si en el futuro me quiero presentar a una oposici&oacute;n, puede haber tribunales que prioricen perfiles con un liderazgo m&aacute;s fuerte o autoritario. Mi personalidad es m&aacute;s emp&aacute;tica, a veces m&aacute;s fr&aacute;gil.
    </p><p class="article-text">
        Esta ma&ntilde;ana me he encontrado que un par de personas en redes sociales cuestionaban si estuvo bien que yo estuviera tomando decisiones acerca de la salud de la poblaci&oacute;n durante el COVID. Dec&iacute;an que quiz&aacute; una persona enferma no tendr&iacute;a que ser la encargada de estar en posiciones de responsabilidad. Y eso resulta doloroso.
    </p><p class="article-text">
        Creo que parten de un prejuicio y que alguna cosa de m&iacute; no les gust&oacute;, alguna de mis recomendaciones, como por ejemplo la vacunaci&oacute;n, llevar la mascarilla o quedarnos en casa aislados. Pero eran recomendaciones que proven&iacute;an de los organismos internacionales y que cuando yo las recomendaba como profesional mi vida emocional estaba aparte. Y mi bagaje profesional me acreditaba para poder hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hoy en d&iacute;a, con las redes sociales, tendemos a pensar que la vida de los dem&aacute;s es perfecta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando est&aacute;s sufriendo depresi&oacute;n te sientes tan triste que tienes la sensaci&oacute;n de que tu vida va a ser siempre penosa y que nunca volver&aacute;s a ser feliz. Sientes envidia de quien est&aacute; alegre.
    </p><p class="article-text">
        Las redes sociales son otro mecanismo de presi&oacute;n. Perseguimos peque&ntilde;os logros que nos dan alegr&iacute;as transitorias pero que pronto se disipan y tenemos que buscar otra fuente de ilusi&oacute;n. En mi caso pod&iacute;a ser un premio o un reconocimiento. En las redes sociales se trata de subir una foto de un fin de semana incre&iacute;ble o conseguir muchos &ldquo;me gusta&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El estigma de la depresión nace de la incomprensión</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; cree que, a pesar de ser tan com&uacute;n, la depresi&oacute;n sigue siendo un tema tab&uacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo primero es que muchas personas no comprenden a&uacute;n qu&eacute; es la depresi&oacute;n. No es una tristeza pasajera, es algo mucho m&aacute;s profundo. Hay desgaste f&iacute;sico, un vac&iacute;o motivacional absoluto. No quieres hacer nada, la vida deja de tener sentido.
    </p><p class="article-text">
        Para quien no la ha sufrido es pr&aacute;cticamente incomprensible. Muchas veces se confunde con pereza o falta de voluntad. Desde esa incomprensi&oacute;n es natural que haya estigma. El estigma de la depresi&oacute;n nace de la incomprensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En su opini&oacute;n, &iquest;c&oacute;mo se puede ayudar a una persona que sufre depresi&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s ayuda es que te legitimen, que te digan que tienes derecho a sentirte as&iacute;, que lo que est&aacute;s sintiendo es real. No hace falta comprender todo lo que pasa por tu cabeza porque muchas veces ni t&uacute; mismo lo entiendes. Se puede estar al lado sin juzgar, sin presionar, para acompa&ntilde;ar, para sostenerte cuando t&uacute; tienes tan pocas fuerzas que no puedes hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es importante entender que el cuidador necesita ser cuidado. Puede sentir rabia, frustraci&oacute;n, desgaste. Le ha tocado vivir eso y es muy duro. Y puede tambi&eacute;n necesitar un descanso. Todo eso tambi&eacute;n es muy importante reconocerlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las reca&iacute;das ocupan un lugar importante en el libro y parecen especialmente terribles.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay personas que solo tienen un episodio de depresi&oacute;n y otras, yo dir&iacute;a que la mayor&iacute;a, tienen reca&iacute;das. Y lo m&aacute;s complicado es que no sabes cu&aacute;ndo vas a volver a caer. 
    </p><p class="article-text">
        Vives con el miedo de que cualquier factor pueda desencadenar de nuevo un episodio depresivo. Eso cambia mucho tu forma de vivir. Intentas cuidar a toda costa tus horas de sue&ntilde;o, no bebes, no comes comidas que te puedan sentar mal&hellip; Imag&iacute;nate qu&eacute; detalles m&aacute;s tontos, pero intentar controlarlo todo para evitar la reca&iacute;da. No obstante, si la reca&iacute;da llega, es doloros&iacute;sima y a veces ni te das cuenta de que est&aacute;s cayendo de nuevo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El perfeccionismo ha sido un motivo de tormento en su vida. &iquest;Dir&iacute;a que su autoexigencia le ha dado m&aacute;s de lo que le ha quitado&hellip; o al rev&eacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me ha tra&iacute;do cosas buenas, pero no me ha llegado a compensar. Tal vez el haber sufrido rechazo durante la infancia y cierta falta de protecci&oacute;n provoc&oacute; que mi forma de buscar el aprecio de los dem&aacute;s fuera siendo muy perfecto para demostrar que s&iacute; que ten&iacute;a alg&uacute;n valor, que pod&iacute;a hacer algo.
    </p><p class="article-text">
        A base de esfuerzo lo logr&eacute;, soy un m&eacute;dico investigador reconocido, con muchas publicaciones a nivel internacional, presente en muchos comit&eacute;s, pero de repente te das cuenta de que eso realmente te llena de forma muy transitoria y que ya no merece la pena y que igual los momentos de felicidad los has encontrado cuando no eras tan perfecto, cuando simplemente pod&iacute;as ser quien t&uacute; eras, sin necesidad de estar demostrando nada a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro relata c&oacute;mo a lo largo de los a&ntilde;os ha ido recurriendo a diferentes tipos de terapia y t&eacute;cnicas para ayudarle a salir de la depresi&oacute;n. &iquest;En qu&eacute; dir&iacute;a que le ha aportado cada una de ellas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El psicoan&aacute;lisis mira hacia atr&aacute;s, a cu&aacute;les son tus cicatrices, y te permite entender por qu&eacute; hoy est&aacute;s interpretando las cosas bas&aacute;ndote en lo que ya viviste en el pasado. La terapia cognitivo-conductual, que es la m&aacute;s aceptada en nuestra sociedad, mira hacia adelante. El <em>mindfulness</em> y la meditaci&oacute;n miran al momento presente, a ese milisegundo que est&aacute; entre el pasado y el futuro. 
    </p><p class="article-text">
        Estas dos t&eacute;cnicas te hacen parar por un momento y preguntarte: &iquest;qu&eacute; es lo que est&aacute; ocurriendo ahora mismo? &iquest;Qu&eacute; pensamientos y emociones se est&aacute;n generando? &iquest;Por qu&eacute; est&aacute;s interpretando la situaci&oacute;n de esta manera? 
    </p><p class="article-text">
        Lo que haces con la meditaci&oacute;n o el <em>mindfulness</em> es decirle al yo m&aacute;s primitivo, que es la respuesta l&iacute;mbica o de la am&iacute;gdala, 'espera un momento, que hay una corteza consciente que sabe qu&eacute; es lo que m&aacute;s me conviene para estar bien conmigo mismo a la larga, no ahora con una respuesta inmediata'.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estar bien es no tener que demostrar que soy más o mejor</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Dedica mucho espacio en el libro a hablar de la importancia de la familia y tambi&eacute;n de su pareja para sobrellevar la depresi&oacute;n, pero tambi&eacute;n hay espacio para los animales, en especial para los perros. &iquest;De qu&eacute; forma le han ayudado a estar mejor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Con los perros siento una conexi&oacute;n muy grande. De ni&ntilde;o siempre estaba con nuestro perro. Siento que no me juzgan, que me aceptan tal como soy y que su mirada es limpia. Con ellos tengo una relaci&oacute;n de cuidado mutuo, yo entiendo su vulnerabilidad y ellos la m&iacute;a. No s&eacute; si puede sonarle tonto a algunas personas, pero para m&iacute; es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Habla de la aceptaci&oacute;n como una fuente de tranquilidad en su proceso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estoy convencido de que en la vida no siempre tienes que estar luchando. Hay cosas que no puedes cambiar, aunque muchas otras s&iacute;. Pero la vida es imperfecta e ind&oacute;mita y no necesitas controlarla constantemente.
    </p><p class="article-text">
        En el libro, cuento una experiencia preciosa que tuve en Tailandia. All&iacute; son budistas y tienen un nivel de aceptaci&oacute;n enorme. Saben que la vida viene como viene y lo asumen. El recepcionista de un hotel tailand&eacute;s en el que estuve, ante cualquier contratiempo siempre dec&iacute;a &ldquo;todo est&aacute; bien, todo est&aacute; bien&rdquo;. Su actitud me ha inspirado mucho. La aceptaci&oacute;n se basa en apagar los &ldquo;deber&iacute;as&rdquo;: deber&iacute;a ser mejor o deber&iacute;a sentirme feliz. Hay que aceptar la imperfecci&oacute;n. Luchar contra la vida es imposible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; significa hoy para usted estar bien?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; estar bien significa no tenerme que preocupar por demostrar que soy m&aacute;s o mejor, dejar de perseguir el &eacute;xito y estar tranquilo en un sitio apacible en un lugar seguro, en la naturaleza y con alguien que no me juzgue, ya sea un animal o una persona.
    </p><p class="article-text">
        Poder reconocer que algo bueno me est&aacute; pasando, una buena conversaci&oacute;n, una presentaci&oacute;n, encontrarme con un perro, la gratitud por un favor, un cari&ntilde;o que me ha hecho alguien, la belleza de algo fugaz&hellip; Darte cuenta, en definitiva, de que solo hay una vida y de que puedes aprovechar al m&aacute;ximo ese momento, porque aunque a veces sea doloroso y otras veces alegre, es la &uacute;nica oportunidad que tienes de vivir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/oriol-mitja-epidemiologo-lado-alguien-depresion-juzgar_1_13083928.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2026 20:47:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Oriol Mitjà, epidemiólogo: "Se puede estar al lado de alguien con depresión sin juzgar"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Depresión,Salud mental,Trastornos mentales,Libros,Divulgación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Judit Colomer y Pau Vinyals convierten la intimidad en teatro en la Sala Beckett]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/judit-colomer-pau-vinyals-convierten-intimidad-teatro-sala-beckett_1_13080358.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5b77f06-7392-4d18-bead-c3d935bb94c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Judit Colomer y Pau Vinyals convierten la intimidad en teatro en la Sala Beckett"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El actor y la escenógrafa, pareja en la vida real, llevan a la Sala Beckett ‘Tendrament’, una pieza de autoficción que explora cómo se construyen (y se tensionan) los vínculos afectivos contemporáneos</p><p class="subtitle">Àlex Rigola lleva al teatro un texto histórico de la resistencia palestina: “Es incómodo pero hay que escucharlo”</p></div><p class="article-text">
        En uno de los textos reunidos en su libro <em>Un apartamento en Urano</em>, Paul B. Preciado reflexiona sobre el acto de amueblar una casa. En su opini&oacute;n, hacerlo es un acto profundamente pol&iacute;tico. Los muebles determinan c&oacute;mo se habita una casa, c&oacute;mo se distribuyen los cuerpos y, en &uacute;ltima instancia, qu&eacute; tipo de vida resulta imaginable dentro de ella.
    </p><p class="article-text">
        Esa idea resuena con fuerza en <a href="https://www.salabeckett.cat/es/espectacle/tendrament/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tendrament</em></a>, la obra que Judit Colomer y Pau Vinyals est&aacute;n presentando estos d&iacute;as (y hasta el pr&oacute;ximo 22 de marzo) en la Sala Beckett de Barcelona. De hecho, el espect&aacute;culo arranca con el escenario completamente desnudo y, frente a los espectadores y no sin dificultades, los actores comienzan a montarlo. Y, por tanto, a definirlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mesa y la silla resultantes son la puerta de entrada a una reflexi&oacute;n sobre la pareja, los roles dentro de ella y hasta qu&eacute; punto sus din&aacute;micas est&aacute;n moldeadas por las estructuras que nos han precedido. Un espect&aacute;culo que se mueve entre la confesi&oacute;n &iacute;ntima (Colomer y Vinyals est&aacute;n juntos desde hace once a&ntilde;os), el ensayo esc&eacute;nico y la conversaci&oacute;n abierta con los espectadores.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta se inscribe en una tendencia, protagonista en los &uacute;ltimos tiempos en la literatura contempor&aacute;nea, y que cada vez resulta m&aacute;s visible tambi&eacute;n en la escena: el uso de la autoficci&oacute;n como dispositivo teatral.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Colomer y Vinyals toman su propia historia como punto de partida. Su intimidad se convierte en material esc&eacute;nico y, al mismo tiempo, en un espejo donde muchos espectadores pueden reconocerse. El resultado final es un montaje que oscila entre lo personal y lo generacional, entre la experiencia particular y la pregunta m&aacute;s amplia sobre c&oacute;mo se construyen las relaciones en el presente.
    </p><h2 class="article-text">Una pareja como laboratorio</h2><p class="article-text">
        Partiendo de ah&iacute;, <em>Tendrament</em> examina las din&aacute;micas de poder que organizan las relaciones afectivas: las expectativas sociales, los roles de g&eacute;nero, el peso de la monogamia o las inercias heredadas del patriarcado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La qu&iacute;mica entre ambos int&eacute;rpretes resulta crucial para que el experimento funcione, y se percibe desde el primer momento. No es dif&iacute;cil intuir que detr&aacute;s de la ficci&oacute;n hay una pareja real que lleva m&aacute;s de una d&eacute;cada compartiendo vida. Piso, hijo y perro incluidos. Pero esa estabilidad aparente pronto se resquebraja en escena cuando empiezan a desplegarse din&aacute;micas de poder que resultar&aacute;n reconocibles para muchos espectadores.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l (actor de &eacute;xito, c&oacute;mico, expansivo) ocupa cada vez m&aacute;s espacio. Cuando ella habla, &eacute;l comienza a dirigirla, a corregir su actuaci&oacute;n, a minar su seguridad con peque&ntilde;as observaciones que poco a poco van inclinando la balanza de la relaci&oacute;n e incluso del favor del p&uacute;blico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ella, mientras tanto, empieza a sentirse relegada a una especie de papel secundario en la vida de &eacute;l y en la obra, que parece atrapada en una din&aacute;mica donde todo gira alrededor de las preocupaciones de Vinyals y de su manera de entender el mundo.
    </p><p class="article-text">
        La discusi&oacute;n se despliega con una mezcla de humor, incomodidad y crudeza que va atrapando progresivamente a los espectadores. Durante buena parte de la funci&oacute;n, la vis c&oacute;mica de Pau Vinyals provoca carcajadas en la sala. Su capacidad para imitar voces, exagerar gestos o encarnar distintos personajes convierte el conflicto en un juego esc&eacute;nico que por momentos rebosa de energ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero pronto empieza a ensombrecerse. La risa se funde en cierta incomodidad cuando los reproches se vuelven m&aacute;s esenciales, m&aacute;s crudos y la discusi&oacute;n deja de parecer un simple intercambio ir&oacute;nico. El p&uacute;blico pasa entonces de la complicidad al mutismo, como si de pronto tomara conciencia de estar presenciando algo demasiado &iacute;ntimo.
    </p><p class="article-text">
        En uno de los momentos m&aacute;s tensos del espect&aacute;culo, Vinyals abandona el escenario enfadado y deja a Colomer sola, inm&oacute;vil, durante un minuto que se alarga hasta volverse casi insoportable. La escena funciona como un peque&ntilde;o abismo en medio de la funci&oacute;n: un silencio que obliga a la sala a soportar la tensi&oacute;n sin darle una escapatoria
    </p><h2 class="article-text">Un escenario casi vac&iacute;o</h2><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; uno de los rasgos formales m&aacute;s llamativos del montaje es su econom&iacute;a de medios. El espacio esc&eacute;nico se reduce pr&aacute;cticamente a una mesa y una silla que funcionan al mismo tiempo como elementos dom&eacute;sticos y como met&aacute;fora de la propia pareja.
    </p><p class="article-text">
        La escenograf&iacute;a, dise&ntilde;ada por la propia Colomer, se convierte as&iacute; en una extensi&oacute;n del discurso dram&aacute;tico. De alg&uacute;n modo, toda la obra gira alrededor de esa escenograf&iacute;a m&iacute;nima necesaria para &ldquo;montar&rdquo; una familia, en la l&iacute;nea de la idea de Preciado. Al inicio, los muebles se ensamblan r&aacute;pidamente, como si bastara con eso para construir un hogar.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a medida que avanza la funci&oacute;n, esa estructura empieza a desmoronarse. La mesa se desmonta y las piezas quedan esparcidas por el suelo. La met&aacute;fora culmina cuando, hacia el final de la obra, Colomer arrastra los restos de la mesa como si cargara una cruz, condensando de forma simb&oacute;lica el peso invisible que muchas mujeres soportan en las relaciones.
    </p><p class="article-text">
        Este uso del espacio esc&eacute;nico demuestra hasta qu&eacute; punto el minimalismo puede convertirse en una herramienta expresiva poderosa. Sin grandes artificios t&eacute;cnicos ni cambios espectaculares de escenograf&iacute;a, el espect&aacute;culo logra generar varios momentos que permanecen en la memoria del espectador.
    </p><h2 class="article-text">Dos interpretaciones muy distintas</h2><p class="article-text">
        Las actuaciones de ambos int&eacute;rpretes resultan notables, aunque por motivos diferentes. Pau Vinyals se reivindica una vez m&aacute;s como uno de los actores m&aacute;s vers&aacute;tiles de su generaci&oacute;n. A lo largo de la hora y media de espect&aacute;culo pasa de la comedia al drama con sorprendente facilidad. Cambia de personaje delante del p&uacute;blico, improvisa, interact&uacute;a con la sala y utiliza el cuerpo con una energ&iacute;a casi contagiosa. Su presencia esc&eacute;nica resulta magn&eacute;tica y soporta buena parte del dinamismo del espect&aacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Pero la gran revelaci&oacute;n, sin embargo, es Judit Colomer. A pesar de ser su primera experiencia como actriz, su personaje resulta sorprendentemente s&oacute;lido y lleno de matices. Su interpretaci&oacute;n crece a medida que avanza la funci&oacute;n, pasando de una aparente contenci&oacute;n inicial a una intensidad emocional (muchas veces sin abrir la boca) cada vez mayor.
    </p><h2 class="article-text">Un tercero silencioso</h2><p class="article-text">
        Hay, adem&aacute;s, un tercer personaje que sobrevuela toda la obra. Solo al final el espectador repara plenamente en su importancia: se trata del hijo de la pareja, Forti&agrave;, al que vemos durmiendo a trav&eacute;s de un monitor colocado a un lado del escenario que muestra la imagen de un vigilabeb&eacute;s y que, en realidad, ha estado ah&iacute; desde el principio de la obra.
    </p><p class="article-text">
        Cuando los gritos del conflicto se van apagando, y la obra concluye con Vinyals recitando<a href="https://youtu.be/CDBkh0DZZfM?si=zrg8lOSInMTG9Zii" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://youtu.be/CDBkh0DZZfM?si=zrg8lOSInMTG9Zii" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ha explotat el Big Bang a dintre teu</em></a>, de Pau Riba y la Orchestra Fireluche, la obra adquiere de pronto otra profundidad: la de una familia que intenta encontrar su equilibrio mientras una tercera vida depende, silenciosamente, de ese v&iacute;nculo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es como si el relato de la canci&oacute;n, que habla de un <em>big bang</em> interior, sugiriera que el amor, con todas sus contradicciones, sus conflictos y sus grietas, sigue siendo una fuerza generadora. Algo que no solo mantiene unida a la pareja, sino que tambi&eacute;n puede dar origen a algo nuevo.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, la presencia de Forti&agrave; resignifica todo lo que hemos visto antes. La discusi&oacute;n, las tensiones y los reproches ya no aparecen &uacute;nicamente como el desgaste de una relaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n como el intento (a veces torpe, a veces doloroso), de sostener el v&iacute;nculo que ha hecho posible esa tercera vida.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, <em>Tendrament </em>gira alrededor de una pregunta tan simple como dif&iacute;cil de responder: c&oacute;mo sostener un &ldquo;nosotros&rdquo; sin que desaparezca el &ldquo;yo&rdquo;. Colomer y Vinyals no aspiran a ofrecer soluciones, pero s&iacute; algo quiz&aacute; m&aacute;s valioso: un espejo inc&oacute;modo donde muchas parejas contempor&aacute;neas pueden reconocerse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/judit-colomer-pau-vinyals-convierten-intimidad-teatro-sala-beckett_1_13080358.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Mar 2026 21:04:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Judit Colomer y Pau Vinyals convierten la intimidad en teatro en la Sala Beckett]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mar Cabra, la periodista que ganó un Pulitzer pero renunció a vivir para el trabajo: "Sentí el vacío y la soledad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/mar-cabra-periodista-gano-pulitzer-renuncio-vivir-trabajar-senti-vacio-soledad_1_13082251.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/10d53f72-8960-4ee4-87b1-614887b04752_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mar Cabra, la periodista que ganó un Pulitzer pero renunció a vivir para el trabajo: &quot;Sentí el vacío y la soledad&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La periodista, que contribuyó a destapar los Papeles de Panamá, tuvo que abandonar su vocación debido al ‘burnout’ y la depresión. En ‘Vivir a jornada completa’ reconstruye su caída y propone una forma distinta de trabajar, pensar y vivir en un mundo hiperconectado</p><p class="subtitle">Si te sientes al borde del colapso, toma nota: 14 mitos y verdades sobre el 'burnout'</p></div><p class="article-text">
        Un d&iacute;a todo dej&oacute; de tener sentido. Mar Cabra hab&iacute;a llegado a lo m&aacute;s alto del periodismo. Formaba parte del equipo internacional del <a href="https://www.icij.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ICIJ</a> que hab&iacute;a destapado los <a href="https://www.eldiario.es/temas/los-papeles-de-panama/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Papeles de Panam&aacute;</a>, una de las mayores investigaciones period&iacute;sticas de la historia. Pero lo que deb&iacute;a ser la culminaci&oacute;n de una carrera laboral se convirti&oacute; en otra cosa. Algo que no encaja en el relato del &eacute;xito que nos han contado.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, Cabra encarn&oacute; la frase: &ldquo;<a href="https://www.eldiario.es/era/dedicate-a-lo-te-gusta-y-no-tendras-que-trabajar_1_11851826.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Si trabajas en lo que te apasiona no sentir&aacute;s que trabajas</a> ni un d&iacute;a de tu vida&rdquo;. Hoy, revisa esta frase con una enorme distancia cr&iacute;tica. &ldquo;Siempre digo que esa expresi&oacute;n es tramposa porque solo es medio verdad, le falta una parte que a alguien se le olvid&oacute; incorporar que es &lsquo;pero no olvides cuidarte en el camino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su caso, que explica ampliamente en su &uacute;ltimo libro <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-vivir-a-jornada-completa/443167" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Vivir a jornada completa</em></a>. <em>Un camino hacia una forma m&aacute;s sana de trabajar</em> (Temas de Hoy, 2026), esa segunda parte de la frase nunca lleg&oacute;. O lo hizo demasiado tarde. Era joven, su trabajo le apasionaba y sent&iacute;a que estaba haciendo historia. &ldquo;Trabajaba 16 horas al d&iacute;a durante semanas seguidas, sin fines de semana y porque yo quer&iacute;a. El trabajo era mi vida y mi vida no ten&iacute;a nada m&aacute;s que trabajo&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        Su cuerpo empez&oacute; a enviar se&ntilde;ales. Ella no supo leerlas. En 2014, tras una investigaci&oacute;n previa a la de los Papeles de Panam&aacute;, <a href="https://www.eldiario.es/temas/luxleaks/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">LuxLeaks</a>, la periodista acab&oacute; ingresada en un hospital de Filipinas, donde finalmente perdi&oacute; un ovario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A principios de 2015, tras acabar el trabajo de los <a href="https://www.eldiario.es/temas/swiss-leaks/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Swiss Leaks</a>, pudo irse unos d&iacute;as de vacaciones, pero con graves problemas de tiroides. &ldquo;No sab&iacute;a interpretar todas esas se&ntilde;ales&rdquo;, reconoce. &ldquo;Cre&iacute;a que simplemente era mala suerte&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tras publicar en 2016 las investigaciones sobre los negocios de la firma de abogados paname&ntilde;a Mossack Fonseca, que destaparon una red global de sociedades opacas usadas por pol&iacute;ticos y grandes fortunas, la vida de Mar comenz&oacute; a tambalearse de verdad.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Trabajaba 16 horas al día durante semanas seguidas, sin fines de semana y porque yo quería. El trabajo era mi vida y mi vida no tenía nada más que trabajo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando llegu&eacute; a la cima sent&iacute; el eco del vac&iacute;o y la soledad, y me dije, <em>&lsquo;wow,</em> esto no era lo que yo esperaba&rsquo;, yo esperaba sentir una felicidad plena&rdquo;. Pero no fue as&iacute;. La depresi&oacute;n y un intenso <a href="https://www.eldiario.es/era/burnout-sindrome-trabajador-quemado_1_10437897.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">s&iacute;ndrome del </a><a href="https://www.eldiario.es/era/burnout-sindrome-trabajador-quemado_1_10437897.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>burnout</em></a><em> </em>le hicieron abandonarlo todo porque no pod&iacute;a m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Dejar el periodismo implic&oacute; atravesar un duelo complejo. &ldquo;Sal&iacute; con much&iacute;sima frustraci&oacute;n y tristeza del ICIJ&rdquo;, recuerda. Pero la decisi&oacute;n era una necesidad: &ldquo;Sent&iacute;a que lo estaba haciendo empujada por la necesidad de sobrevivir&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo se construye el <em>burnout</em></h2><p class="article-text">
        El relato de Cabra es un ejemplo perfecto de c&oacute;mo se instala el agotamiento en quienes viven volcados en su trabajo. El <em>burnout</em> no aparece de golpe, sino que se va construyendo poco a poco, durante meses o, a veces, a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es estr&eacute;s cronificado durante un tiempo largo&rdquo;, define la autora. Y enumera algunas de sus se&ntilde;ales: agotamiento extremo, desconexi&oacute;n emocional y una sensaci&oacute;n persistente de ineficacia. &ldquo;En mi caso, notaba que tareas que antes me llevaban diez minutos empezaban a alargarse hasta dos horas, y no dejaba de preguntarme por qu&eacute; algo que antes me resultaba tan sencillo ahora me costaba tanto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n aparecen otros s&iacute;ntomas m&aacute;s difusos como pensamientos acelerados, tensi&oacute;n f&iacute;sica, irritabilidad, confusi&oacute;n, fatiga, conductas t&oacute;xicas o impulsivas... El aislamiento o la dependencia de la tecnolog&iacute;a son muy comunes. &ldquo;Todas estas son se&ntilde;ales de que est&aacute;s bajo demasiado estr&eacute;s&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que muchas de estas alertas se han normalizado en determinados entornos laborales. En el periodismo, por ejemplo, beber alcohol o trabajar fuera de horarios y fines de semana han sido durante a&ntilde;os casi parte del salario. &ldquo;El alcoholismo se ha mitificado en el periodismo como algo inherente de nuestra profesi&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala la autora.
    </p><h2 class="article-text">Vivir de cuello para abajo</h2><p class="article-text">
        Una de las propuestas centrales de <em>Vivir a jornada completa</em> consiste en recuperar esa conexi&oacute;n perdida entre cuerpo y mente. &ldquo;Deber&iacute;amos empezar a aprender a vivir de cuello para abajo, no de cuello para arriba&rdquo;, plantea.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La clave no es evitar los momentos de intensidad laboral extrema, sino centrarse en la recuperaci&oacute;n despu&eacute;s&rdquo;, apunta. &ldquo;A nivel f&iacute;sico, los deportistas esto lo tienen muy claro. Tienen espacios de descanso antes de las competiciones y de recuperaci&oacute;n despu&eacute;s de las mismas, pero en el caso de los trabajadores del conocimiento, que pasamos el d&iacute;a sentados delante del ordenador, esto no es as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque abandon&oacute; el periodismo, el trabajo de Cabra se parece externamente al que hac&iacute;a antes. Tras cerrar su etapa en el ICIJ, cocre&oacute; y ahora dirige <a href="https://www.theselfinvestigation.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Self-Investigation</a>, una fundaci&oacute;n que promueve la salud mental en el trabajo a nivel global.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Está demostradísimo que tener un mundo opuesto a nuestro trabajo es una forma de alejar el &#039;burnout</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Trabaja en casa, y tambi&eacute;n se pasa el d&iacute;a sentada frente a un ordenador. El cambio est&aacute; en los peque&ntilde;os gestos. Por ejemplo, &ldquo;a veces, entre reuni&oacute;n y reuni&oacute;n, friego los platos para conectar con el sentido del tacto&rdquo;, confiesa. &ldquo;Pueden hacerse muchas cosas. Hay gente que juega con sus animales o realiza cualquier otra actividad que active sus sentidos. Hacer esto nos trae al momento presente y hace que volvamos a centrarnos, que retornemos a nuestro cuerpo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de eliminar la intensidad, sino de equilibrarla. &ldquo;Est&aacute; demostrad&iacute;simo que tener un mundo opuesto a nuestro trabajo es una forma de alejar el <em>burnout</em>&rdquo;, defiende. &ldquo;En mi caso, practico danza contempor&aacute;nea, pero cualquier otra actividad podr&iacute;a estar bien y, a la larga, nos hace mejores profesionales&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La trampa de la hiperconexi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Si hay un elemento que atraviesa el <em>burnout</em> contempor&aacute;neo es la tecnolog&iacute;a. Y casi todos podemos reconocernos en &eacute;l. Cabra lo sit&uacute;a como uno de los principales culpables de lo que le ocurri&oacute;. El punto de partida para reconstruirse fue precisamente <a href="https://www.eldiario.es/era/tecnologia-le-roba-vidas-recuperarlo_1_12951824.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recuperar la atenci&oacute;n</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me di cuenta de que mi <em>burnout</em> ten&iacute;a mucho que ver con la hiperconexi&oacute;n&rdquo;, explica. &ldquo;Me pasaba el d&iacute;a mirando el m&oacute;vil, especialmente el correo electr&oacute;nico y el WhatsApp. No ten&iacute;a ning&uacute;n sentido. Entonces, trat&eacute; de reconectar con la tecnolog&iacute;a de una manera m&aacute;s intencional. Creo que es el primer punto por el que tendr&iacute;amos que empezar para evitar que el trabajo nos consuma, porque no nos damos cuenta de la hiperactivaci&oacute;n que nos genera <a href="https://www.eldiario.es/era/odio-el-telefono/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estar todo el d&iacute;a conectados</a>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos validado la falsa creencia de que un buen profesional al m&aacute;s alto nivel tiene que estar siempre conectado o conectada, y eso no es as&iacute;&rdquo; sostiene. De hecho, la evidencia cient&iacute;fica apunta en la direcci&oacute;n contraria: m&aacute;s conexi&oacute;n implica m&aacute;s estr&eacute;s, m&aacute;s errores y mayor riesgo de agotamiento. &ldquo;Es lo que se ha bautizado como tecnoestr&eacute;s&rdquo;, precisa la autora. &ldquo;Una persona que quiera rendir al m&aacute;s alto nivel tiene s&iacute; o s&iacute; que tener una relaci&oacute;n muy intencional con la tecnolog&iacute;a&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hemos validado la falsa creencia de que un buen profesional al más alto nivel tiene que estar siempre conectado o conectada y eso no es así</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Teams, Slack, correo&hellip; Todas estas aplicaciones dinamitan nuestra jornada laboral y son una de las principales causas de tres males contra los que Cabra nos invita a luchar: la <em>interrupcionitis,</em> la <em>urgentitis</em> y la <em>reunionitis.</em> Tres din&aacute;micas cuyo nombre las caracteriza y que fragmentan nuestro tiempo, aumentan la presi&oacute;n laboral y reducen la productividad real.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta de Mar pasa por introducir l&iacute;mites conscientes a nuestro uso de la tecnolog&iacute;a. Reducir interrupciones, chequeando por ejemplo nuestros mensajes solo unas pocas veces al d&iacute;a; evitar la multitarea o cuestionar la idea falsa de que todo es urgente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto &uacute;ltimo pasar&iacute;a por desarrollar lo que denomina &ldquo;empat&iacute;a digital&rdquo;. Para definirla, pone un ejemplo: &ldquo;Cuando recibimos un mensaje solemos pensar que es m&aacute;s urgente de lo que realmente es&rdquo;. Ante eso, propone explicitar siempre los tiempos de respuesta. Decir, por ejemplo: &ldquo;Te mando un audio, pero no es urgente&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Trabajar mejor, no m&aacute;s</h2><p class="article-text">
        Cuando se habla de <em>burnout</em>, la responsabilidad suele recaer casi siempre en quien lo sufre. Se le pide que aprenda a gestionar mejor el estr&eacute;s, que ponga l&iacute;mites, que descanse. La soluci&oacute;n se plantea como un ejercicio individual. Pero la experiencia de Mar Cabra apunta en otra direcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En mi caso&rdquo;, explica, &ldquo;no solo es que yo no tuviera las herramientas para ser resiliente, gestionar el estr&eacute;s y aguantar el ritmo, sino que mi trabajo, mi entorno y mi empresa tampoco ten&iacute;an las estructuras para sostenerme&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El problema, por tanto, no empieza ni termina en la persona. Tiene que ver con c&oacute;mo se organiza el trabajo en las empresas. Con los plazos imposibles, las plantillas ajustadas, la presi&oacute;n constante y la falta de recursos. Tiene que ver con culturas laborales <a href="https://www.eldiario.es/era/no-rechazan-oficina-rechazan-perder-tiempo-generacion-z-redefiniendo-trabajo_1_12906321.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que premian la disponibilidad total</a> y penalizan cualquier intento de poner l&iacute;mites. &ldquo;Lamentablemente, hay muchas empresas que no hacen esa reflexi&oacute;n y si te quemas te dan su apoyo pero no cambian nada&rdquo;, se&ntilde;ala Cabra.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, algunas grandes compa&ntilde;&iacute;as han intentado entender qu&eacute; hace que un equipo funcione. Cabra menciona el Proyecto Arist&oacute;teles de Google, una investigaci&oacute;n interna que analiz&oacute; durante a&ntilde;os a los equipos m&aacute;s eficaces de la empresa californiana. La conclusi&oacute;n fue tan sencilla como inc&oacute;moda: lo m&aacute;s importante no era el talento individual, sino el clima.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se dieron cuenta de que lo m&aacute;s importante era la seguridad psicol&oacute;gica, que pudieras levantar la mano y decir: 'Oye, necesito apoyo, no me encuentro bien&rsquo;. O que pudieras discrepar sin temor a ser excluido o reprendido&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Para lidiar con la actual epidemia de salud mental tenemos que cambiar la manera en la que trabajamos y eso tiene que ocurrir desde el centro de las empresas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La idea cuestiona uno de los pilares del modelo laboral dominante. Frente a la l&oacute;gica del rendimiento individual, emerge la necesidad de construir entornos donde el cuidado colectivo no sea una excepci&oacute;n, sino una condici&oacute;n de partida.
    </p><p class="article-text">
        Eso implica cambios concretos: menos reuniones innecesarias, m&aacute;s claridad en la comunicaci&oacute;n, expectativas realistas. Espacios donde el error no se castigue de inmediato. Medidas que no solo mejoran el bienestar de los trabajadores, sino que tambi&eacute;n aumentan la productividad.
    </p><h2 class="article-text">Otra forma de &eacute;xito</h2><p class="article-text">
        Hoy, diez a&ntilde;os despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de los Papeles de Panam&aacute;, la vida de Mar Cabra sigue siendo intensa. Dirige una fundaci&oacute;n, trabaja con empresas y desarrolla nuevas metodolog&iacute;as para trabajar mejor. Pero hay una gran diferencia: c&oacute;mo gestiona esa intensidad.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He descubierto que estar conmigo misma es m&aacute;s divertido de lo que yo pensaba&rdquo;, confiesa. Ya no reh&uacute;ye los momentos de pausa. Conseguido esto, sus metas van m&aacute;s all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tengo dos objetivos&rdquo;, apunta, &ldquo;el primero es que me lean muchos hombres. Porque las mujeres cuidamos m&aacute;s de nuestra salud mental, pedimos ayuda y ponemos remedio, pero muchos hombres no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En segundo lugar&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;me gustar&iacute;a que muchas de las pr&aacute;cticas que propongo se implementen en empresas. La mitad del libro est&aacute; dise&ntilde;ado para que cualquiera pueda ponerlo en pr&aacute;ctica en su lugar de trabajo. Creo que para lidiar con la actual epidemia de salud mental tenemos que <a href="https://www.eldiario.es/era/remedios-zafra-el-informe_128_11401940.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cambiar la manera en la que trabajamos</a> y eso tiene que ocurrir desde el centro de las empresas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Gran parte del sufrimiento que nos causa el trabajo es f&aacute;cilmente prevenible&rdquo;, afirma. &ldquo;Todo lo que podamos hacer ser&aacute; bienvenido, porque vivimos en un mundo que ya est&aacute; lleno de problemas muy complejos como para crear problemas adicionales&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/mar-cabra-periodista-gano-pulitzer-renuncio-vivir-trabajar-senti-vacio-soledad_1_13082251.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 19 Mar 2026 21:03:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mar Cabra, la periodista que ganó un Pulitzer pero renunció a vivir para el trabajo: "Sentí el vacío y la soledad"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,Estrés,Salud mental,Bienestar,Estrés laboral,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Robert Macfarlane: "Deberíamos alucinar tanto cuando vemos un río como si encontráramos un leopardo de las nieves en Madrid"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/robert-macfarlane-deberiamos-alucinar-vemos-rio-si-encontraramos-leopardo-nieves-madrid_128_13071273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4bc9e7e0-8324-41df-8bde-eac709271785_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Robert Macfarlane: &quot;Deberíamos alucinar tanto cuando vemos un río como si encontráramos un leopardo de las nieves en Madrid&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En su nuevo ensayo, ‘¿Están vivos los ríos?’, el autor inglés explora los ecosistemas y las culturas que se deben a los ríos junto a los que se asientan, indagando en cómo nuestro destino siempre ha estado y estará indisolublemente unido a ellos</p><p class="subtitle">El primer río con derechos de España: los vecinos de un municipio coruñés se comprometen a protegerlo de agresiones</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es el r&iacute;o que ha influido en tu vida?&rdquo;, me pregunta Robert Macfarlane, casi al inicio de nuestra conversaci&oacute;n. Por un momento, siento que el escritor me ha le&iacute;do la mente porque, efectivamente, no puedo separar mi infancia de las orillas del r&iacute;o Ebro a su paso por Zaragoza.
    </p><p class="article-text">
        Pero Macfarlane juega con ventaja porque casi todos tenemos un r&iacute;o que ha sido importante en nuestra vida. Incluso cuando no somos conscientes de ello, los r&iacute;os forman parte de nuestra historia. Han marcado rutas, ciudades y culturas durante milenios, pero tambi&eacute;n dejan huella en nuestras biograf&iacute;as individuales.
    </p><p class="article-text">
        En su nuevo libro, <a href="https://www.penguinlibros.com/es/ciencia-y-tecnologia/487072-libro-estan-vivos-los-rios-9788439746072?srsltid=AfmBOorbT2DRZIcBQIXHLAJQvxKmW9gsI1s3YK92LhSqYJfPfq4bP5S_" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&iquest;Est&aacute;n vivos los r&iacute;os?</a> (Random House, 2026), el autor brit&aacute;nico explica que, durante siglos las sociedades humanas han entendido los r&iacute;os como fuerzas vivas, presencias casi sagradas. Una concepci&oacute;n que la modernidad industrial sustituy&oacute; por el concepto del r&iacute;o como recurso, canal, energ&iacute;a o infraestructura. 
    </p><p class="article-text">
        Macfarlane es, seg&uacute;n la cr&iacute;tica, una de las voces m&aacute;s influyentes de la literatura contempor&aacute;nea sobre naturaleza. A medio camino entre el ensayo, la cr&oacute;nica de viajes y el retrato humano, el autor recorre en este volumen distintos paisajes fluviales del planeta para explorar una idea que empieza a ganar terreno en el debate ecol&oacute;gico: la posibilidad de reconocer a los r&iacute;os como entidades vivas, incluso como sujetos con derechos.
    </p><p class="article-text">
        Conocido por obras como <a href="https://www.penguinlibros.com/es/ciencia-y-tecnologia/26504-ebook-las-montanas-de-la-mente-9788439737056?srsltid=AfmBOoo6iTYpADxzvqR2C_yij9OmFp13Y1FYWq39S0m7RcGCqp06xfqp" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las monta&ntilde;as de la mente</a> o <a href="https://www.penguinlibros.com/es/guias-y-literatura-de-viajes/37199-libro-bajotierra-9788439736912?srsltid=AfmBOoqDhBSISrkYLV-pzJQ5s7v3bk_1TaU2RDiFGmW_PMAzyge7xbOh" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bajo tierra</a>, Macfarlane ha construido una trayectoria singular dentro de la llamada <em>nature writing</em>, un territorio literario donde se cruzan la observaci&oacute;n del paisaje, la reflexi&oacute;n cultural y la experiencia personal. En este nuevo libro, el agua se convierte en hilo conductor de una serie de viajes y encuentros con cient&iacute;ficos, activistas, juristas y comunidades ind&iacute;genas que defienden una relaci&oacute;n distinta con los r&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Usted es uno de los grandes exponentes de lo que se ha dado en llamar </strong><em><strong>nature writing</strong></em><strong>. &iquest;Se siente c&oacute;modo con esa etiqueta?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En realidad me gustar&iacute;a m&aacute;s que me conocieran simplemente como un escritor. Creo que en la literatura la naturaleza deber&iacute;a estar siempre presente. Dir&iacute;a que mi escritura vive en un lugar en el que convergen muchos r&iacute;os: literatura, antropolog&iacute;a, historia, ecolog&iacute;a, pol&iacute;tica&hellip; Por tanto, no s&eacute; si hay una etiqueta que recoja todo eso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Reconoce que, educado en el racionalismo, le costaba mucho imaginar que un r&iacute;o estuviera vivo. &iquest;Qu&eacute; ha desaprendido durante la escritura de este libro?</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Fue duro! Porque la pregunta del t&iacute;tulo del libro parece muy sencilla de responder pero para m&iacute; es un tema que tiene much&iacute;sima complejidad. Especialmente para quienes, por as&iacute; decirlo, somos hijos de la Ilustraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Por desgracia, los humanos creemos que somos los seres supremos de la creaci&oacute;n, situados en lo alto de la pir&aacute;mide, y no un ser m&aacute;s entretejido en la tela de ara&ntilde;a de la vida en la Tierra. Y esa noci&oacute;n de la centralidad humana ha conformado nuestra legislaci&oacute;n, nuestras leyes y nuestra imaginaci&oacute;n. Eso genera diferentes crisis que acaban siendo un desastre para nosotros mismos, pero tambi&eacute;n para el resto de la vida y para el futuro del planeta. En este trabajo, la situaci&oacute;n de los r&iacute;os me sirve como punto de partida para plantear toda una serie de preguntas m&aacute;s amplias en torno a las relaciones de los humanos con el resto de los seres vivos del planeta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para escribir este libro viaj&oacute; a muchos de los lugares que describe. &iquest;Qu&eacute; aport&oacute; ese viaje al proceso de escritura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No habr&iacute;a podido escribir este libro sentado en mi despacho o en una biblioteca. Si ha visto la luz es gracias a los lugares, a los encuentros y a las ideas que fui encontrando en estos viajes. Llen&eacute; cuadernos y m&aacute;s cuadernos con todas las cosas que aprend&iacute; de las personas que me recibieron en Ecuador, la India o Quebec. Investigar sobre el terreno te da la fuerza de la inmediatez, de lo vivo, y eso me parece fundamental para luego invitar al lector a vivir una versi&oacute;n de este viaje que yo hice, que fue un viaje f&iacute;sico, pero tambi&eacute;n personal.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Por desgracia, los humanos creemos que somos los seres supremos de la creación, situados en lo alto de la pirámide, y no un ser más entretejido en la tela de araña de la vida en la Tierra.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>De entre todas las personas que entrevist&oacute;, &iquest;hubo alguna que le marcara especialmente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cada cap&iacute;tulo tiene una o dos personas clave. Son un poco como los personajes de una novela, aunque aqu&iacute; son personas reales, muy aut&eacute;nticas. Todos me dejaron una huella muy profunda porque la mayor&iacute;a ha sufrido p&eacute;rdidas muy importantes en su vida y han trabajado en los r&iacute;os y los bosques para sanar esas p&eacute;rdidas. Pero quiz&aacute; quien m&aacute;s me marc&oacute; fue Rita, una poeta y activista del pueblo innu de Quebec.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, sigo llevando la pulsera que ella at&oacute; en mi mu&ntilde;eca hace tres a&ntilde;os. Me dijo: &ldquo;Solo el r&iacute;o o el tiempo, que en realidad son lo mismo, podr&aacute;n quitar esta pulsera&rdquo;. La sigo llevando desde entonces. Rita me ayud&oacute; a ver con el coraz&oacute;n y no solo con los ojos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es posible que, siendo tan importantes para nuestra civilizaci&oacute;n, hayamos tratado tan mal a los r&iacute;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los r&iacute;os contienen solo el 0,0002% del agua del mundo. Es decir, son muy raros. Deber&iacute;amos tratarlos como una especie en v&iacute;as de extinci&oacute;n. Deber&iacute;amos alucinar tanto cuando vemos un r&iacute;o como si encontr&aacute;ramos un leopardo de las nieves en Madrid. Pero no nos sorprendemos, es m&aacute;s, nos hemos olvidado de los r&iacute;os, los maltratamos. Hay muchas razones por las que hemos llegado hasta ah&iacute;. Inglaterra es uno de los dos pa&iacute;ses del mundo que han privatizado completamente el sistema de agua. El otro pa&iacute;s es Chile.
    </p><p class="article-text">
        Mi pa&iacute;s representa el punto final de una historia realmente triste, la idea de que los r&iacute;os son activos l&iacute;quidos que est&aacute;n ah&iacute; para ser explotados al m&aacute;ximo, para maximizar los dividendos de los accionistas. Eso ha dado como resultado que no hay ni un r&iacute;o en Inglaterra ni en Gales que est&eacute; sano. Por culpa del capitalismo los r&iacute;os han pasado de ser entidades casi divinas a ser un recurso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los ríos contienen solo el 0,0002% del agua del mundo. Es decir, son muy raros.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Si acept&aacute;ramos colectivamente que un r&iacute;o est&aacute; vivo, &iquest;qu&eacute; cambiar&iacute;a en nuestras ciudades, en nuestra econom&iacute;a, en nuestra vida cotidiana?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay lugares en el mundo donde eso ya pasa, as&iacute; que igual tendr&iacute;amos que mirarles m&aacute;s. Entre los ejemplos europeos me quedo con la ciudad de Basilea, atravesada por el Rin, un r&iacute;o que estaba muy contaminado pero que ahora est&aacute; limpio y sus habitantes pueden ba&ntilde;arse en &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        Y la idea es precisamente esa, convertir al r&iacute;o en nuestro conciudadano. Eso da vida y activa la ciudad. Para m&iacute; es un ejemplo fant&aacute;stico. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro usted habla de que, aparte de una crisis clim&aacute;tica, tambi&eacute;n hay una crisis de imaginaci&oacute;n. &iquest;A qu&eacute; se refiere?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si imaginamos el mundo como una pir&aacute;mide con los seres humanos en la cima, todo lo dem&aacute;s queda reducido a recursos. Pero si nos imaginamos como parte de un sistema complejo, como algo que fluye junto al agua, entonces nuestra manera de actuar cambia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo cree que el momento pol&iacute;tico actual afecta a la salud de los r&iacute;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estamos hablando en un d&iacute;a en el que los r&iacute;os de Teher&aacute;n, la capital de Ir&aacute;n, se han incendiado literalmente por el petr&oacute;leo que se ha derramado en ellos. Eso es un ejemplo de que la gravedad de la crisis no se puede menospreciar en absoluto. En momentos como este yo me empe&ntilde;o en mantener la esperanza. Esta nos ayuda a pensar en formas de vivir el mundo de otra manera y hay muchas historias incre&iacute;bles de recuperaci&oacute;n de r&iacute;os. Incluso en los Estados Unidos donde la administraci&oacute;n actual est&aacute; apostando por la guerra y desrregulando a una gran velocidad.
    </p><p class="article-text">
        El salm&oacute;n est&aacute; volviendo a los r&iacute;os de California en grandes cantidades porque se est&aacute;n desmantelando las presas y se est&aacute;n recuperando muchas las cuencas fluviales. Por tanto, yo tengo esperanza en la recuperaci&oacute;n de los r&iacute;os en el sentido m&aacute;s amplio de ese t&eacute;rmino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para acabar, si hoy tuviera que responder de nuevo a la pregunta del t&iacute;tulo, sin matices acad&eacute;micos, &iquest;qu&eacute; dir&iacute;a? &iquest;Est&aacute;n vivos los r&iacute;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La respuesta corta es s&iacute;. La larga es un libro de m&aacute;s de trescientas p&aacute;ginas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/robert-macfarlane-deberiamos-alucinar-vemos-rio-si-encontraramos-leopardo-nieves-madrid_128_13071273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 21:01:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Robert Macfarlane: "Deberíamos alucinar tanto cuando vemos un río como si encontráramos un leopardo de las nieves en Madrid"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Naturaleza,Ríos,Medio ambiente]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[George Makari: comprender la xenofobia para poder combatirla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/george-makari-comprender-xenofobia-combatirla_128_13057338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb119925-9d25-47bc-aebd-d6db881c457b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="George Makari: comprender la xenofobia para poder combatirla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El psiquiatra e historiador analiza en ‘Del miedo y los extranjeros’ cómo nació la idea moderna de xenofobia, primero como categoría médica y después como herramienta política, y por qué reaparece hoy con tanta fuerza</p><p class="subtitle">El último Rincón de pensar - Samuel Miller McDonald, geógrafo: “La tecnología se ha divorciado del bien público”</p></div><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo se ha dado por hecho que el rechazo al extranjero era algo inevitable, inherente a la naturaleza humana. Algo instintivo, un defecto irremediable. Pero &iquest;es realmente as&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, ante la avalancha de noticias denunciando m&uacute;ltiples agresiones y violencias en cuyo n&uacute;cleo est&aacute; el racismo, no parece que existan demasiados motivos para pensar lo contrario. No obstante, el ensayo <a href="https://sextopiso.es/esp/item/728/4/del-miedo-y-los-extranjeros" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Del miedo y los extranjeros</em></a> (Sexto Piso, 2026) del historiador de la psiquiatr&iacute;a y psicoanalista George Makari, cuestiona precisamente esa intuici&oacute;n: la xenofobia, tal como la entendemos hoy, no es consustancial al ser humano, sino una construcci&oacute;n hist&oacute;rica relativamente reciente.
    </p><p class="article-text">
        En un recorrido que mezcla historia intelectual, psicolog&iacute;a y literatura, Makari rastrea el nacimiento del t&eacute;rmino a finales del siglo XIX, cuando empez&oacute; a emplearse primero como categor&iacute;a m&eacute;dica (el miedo patol&oacute;gico al extra&ntilde;o) y despu&eacute;s como herramienta pol&iacute;tica para describir conflictos entre pueblos. 
    </p><p class="article-text">
        El libro sigue la evoluci&oacute;n del concepto a lo largo del siglo XX: el auge de los nacionalismos, las migraciones masivas, el racismo cient&iacute;fico, el trauma del Holocausto y la posterior construcci&oacute;n de un marco moral internacional que pretend&iacute;a impedir su repetici&oacute;n. En ese trayecto aparecen pensadores y escritores como Camus, Conrad, Sartre o Fanon, cuyas obras ayudan a entender c&oacute;mo el extranjero se convierte en una figura cargada de ansiedad social, una pantalla sobre la que proyectar conflictos internos, crisis econ&oacute;micas o inseguridades identitarias.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de plantear la xenofobia como una anomal&iacute;a de individuos extremistas, Makari la describe como un fen&oacute;meno que emerge en momentos de cambio acelerado y de incertidumbre colectiva. Por eso, sostiene, ha reaparecido con fuerza en el siglo XXI, un tiempo marcado por la globalizaci&oacute;n, las crisis econ&oacute;micas y los desplazamientos de poblaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Usted sostiene que la xenofobia no es un instinto humano sino un concepto moderno. &iquest;Qu&eacute; cambia cuando dejamos de verla como algo &ldquo;natural&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La creencia de que podemos atribuir el miedo, el odio y la violencia dirigidos hacia los extra&ntilde;os a un impulso natural intr&iacute;nseco al ser humano elimina todas sus causas sociales y pol&iacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        La xenofobia es un comportamiento psicosocial complejo y es absurdo reducirlo simplemente a la biolog&iacute;a. Adem&aacute;s conduce a un derrotismo seg&uacute;n el cual podemos decir: siempre ha sido as&iacute;, los humanos son de esa manera, en lugar de hacernos preguntas como: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; ocurre aqu&iacute; y no all&iacute;? &iquest;Por qu&eacute; ahora y no entonces?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De acuerdo con su libro, el t&eacute;rmino nace en la medicina como una fobia individual y acaba convirti&eacute;ndose en una categor&iacute;a pol&iacute;tica y moral. &iquest;C&oacute;mo ocurre ese cambio y cu&aacute;les son sus implicaciones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La xenofobia se us&oacute; primero cuando las fobias m&eacute;dicas acababan de descubrirse y se estaban nombrando decenas de ellas. Aquello pronto desapareci&oacute;. Ese uso inicial defin&iacute;a &ldquo;fobia&rdquo; como miedo irracional, lo que supon&iacute;a un cambio respecto al griego <em>phobos</em>, que simplemente significa miedo. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n vinculaba la xenofobia al descubrimiento de que las amenazas no solo producen miedo sino tambi&eacute;n violencia, la famosa respuesta de &ldquo;lucha o huida&rdquo;. As&iacute;, la xenofobia era un miedo irracional a los extra&ntilde;os que conduc&iacute;a a la huida pero tambi&eacute;n a la violencia. 
    </p><p class="article-text">
        El siguiente uso, que tambi&eacute;n desaparecer&iacute;a, fue colectivo. Se vincul&oacute; a fobias nacionales como la anglofobia o la francofobia, el odio a los ingleses o a los franceses, respectivamente. El peor caso, seg&uacute;n algunos, era la &ldquo;xenofobia&rdquo;: una naci&oacute;n que odiaba a todas las dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Durante el periodo colonial el t&eacute;rmino se utiliz&oacute; para describir la supuesta irracionalidad de los pueblos colonizados que rechazaban a los europeos. &iquest;Hasta qu&eacute; punto sirvi&oacute; tambi&eacute;n para justificar la violencia y la dominaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa fue una de las grandes sorpresas. Los primeros usos de la palabra hab&iacute;an sido ya olvidados cuando de repente, en torno a 1900, el t&eacute;rmino se puso de nuevo de moda y se utiliz&oacute; para explicar la violencia en las colonias europeas, donde los pueblos supuestamente primitivos estaban aterrorizados por los extranjeros y por eso atacaban a los colonos, que &ldquo;deber&iacute;an haber sabido&rdquo; que tra&iacute;an ciencia, Dios y lo que los franceses llamaban su &ldquo;misi&oacute;n civilizadora&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, justific&oacute; asesinatos y explotaci&oacute;n. Esa es una de las historias m&aacute;s ir&oacute;nicas que cuento en mi libro: que la xenofobia se utiliz&oacute; primero de forma xen&oacute;foba.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Como psic&oacute;logo, &iquest;qu&eacute; emociones dir&iacute;an que est&aacute;n en el n&uacute;cleo de la xenofobia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa es una pregunta importante. La segunda mitad del libro es un intento de responderla sin una explicaci&oacute;n simplista de psicolog&iacute;a popular, sino otorgando al problema la seriedad que merece. 
    </p><p class="article-text">
        Divido la xenofobia en distintos tipos, que tienen pensamientos y emociones muy diferentes y, por tanto, remedios diferentes. Pero para descubrir todo eso invito a los lectores a leer el libro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hemos aprendido que demonizar a las personas puede ir desde lo normal hasta la violencia genocida. No es una sola cosa. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Hoy vemos el ascenso de fuerzas de extrema derecha en Europa y Am&eacute;rica, pol&iacute;ticas migratorias cada vez m&aacute;s duras y discursos que vuelven a se&ntilde;alar a los extranjeros como amenaza cuando, en realidad, la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses desarrollados los necesitan. &iquest;Dir&iacute;a que estamos ante una nueva forma de xenofobia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;nueva xenofobia&rdquo; empez&oacute; alrededor de 1990 y ha ido creciendo desde entonces. El final de la Guerra Fr&iacute;a fue crucial en este sentido, porque las identidades se desordenaron. 
    </p><p class="article-text">
        En el lado positivo, la Uni&oacute;n Europea pudo atraer a varios estados exsovi&eacute;ticos a su &oacute;rbita y, en mi opini&oacute;n, nos salv&oacute; de muchas m&aacute;s guerras como la yugoslava. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la crisis financiera de 2008 provoc&oacute; gran desilusi&oacute;n respecto a la globalizaci&oacute;n, igual que la COVID. Eso facilit&oacute; el auge de las ideas de los que culpaban a los extra&ntilde;os de todos los males.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La “nueva xenofobia” empezó alrededor de 1990 y ha ido creciendo desde entonces. El final de la Guerra Fría fue crucial en este sentido, porque las identidades se desordenaron. </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En barrios o ciudades donde la llegada de inmigrantes ha sido r&aacute;pida y ha generado tensiones reales (por vivienda, empleo o servicios p&uacute;blicos), muchos vecinos sienten que sus problemas cotidianos no son escuchados. &iquest;C&oacute;mo se puede hablar de los riesgos de la xenofobia sin negar esos conflictos concretos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Antes de acusar a una persona o comunidad de xenofobia hay dos reacciones racionales que debemos considerar. La primera es el argumento econ&oacute;mico: vienen y nos quitan los trabajos y hacen que los salarios bajen. Es una cuesti&oacute;n emp&iacute;rica que podemos medir. Las investigaciones muestran que a menudo eso no es cierto. 
    </p><p class="article-text">
        La segunda es el argumento de la invasi&oacute;n cultural: antes ten&iacute;amos veinte iglesias y los reci&eacute;n llegados han reemplazado nuestra cultura y construido veinte mezquitas o sinagogas o lo que sea. El problema es que ambos argumentos a veces son ciertos, pero a menudo se exageran o directamente se inventan. 
    </p><p class="article-text">
        Hace poco, alguien me dijo que un 70% de los habitantes de Bruselas era musulm&aacute;n. Le respond&iacute; que lo dudaba. Esa persona me dijo que lo comprobara y as&iacute; lo hice: la cifra estaba alrededor del 20%. 
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces estas afirmaciones proceden de medios sensacionalistas y llegan a zonas rurales donde hay muy pocos inmigrantes. As&iacute; que creo que debemos respetar las opiniones de la gente y luego separar las preocupaciones reales de las que no lo son. Solo las segundas son xen&oacute;fobas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En su libro dedica un amplio espacio a Estados Unidos, un pa&iacute;s donde la ret&oacute;rica contra los inmigrantes ha convivido hist&oacute;ricamente con periodos de integraci&oacute;n y acogida. &iquest;Qu&eacute; factores hacen que en algunos momentos prevalezca el miedo y en otros la solidaridad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es, Estados Unidos ha tenido periodos de gran apertura y una cultura integradora, y otros momentos en los que ha derivado hacia una intensa xenofobia. 
    </p><p class="article-text">
        Dir&iacute;a que esta suele estar ligada al deterioro de una sociedad igualitaria, justa y basada en normas. Cuando el sesgo, el trato de favor y las tensiones de clase empeoran, la &ldquo;soluci&oacute;n&rdquo; puede ser culpar a los extranjeros. Creo que ahora tenemos ese tipo de problema en Estados Unidos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Como soluci&oacute;n a la xenofobia, usted apuesta por un igualitarismo radical. En sociedades profundamente desiguales y polarizadas, &iquest;c&oacute;mo se traduce ese ideal en pol&iacute;ticas concretas y en pr&aacute;cticas cotidianas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todos somos propensos a lo que yo llamo &ldquo;ansiedad frente al otro&rdquo;, ese peque&ntilde;o malestar que surge al encontrarnos con alguien cuya lengua, vestimenta, cultura y religi&oacute;n son muy diferentes a la nuestra. No deber&iacute;amos avergonzarnos de admitir que no somos autom&aacute;ticamente igualitarios en nuestras percepciones. 
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute;, toca trabajar para aprender, conectar y deshacer ese sesgo. En Estados Unidos el fin de la segregaci&oacute;n racial fue una estrategia pol&iacute;tica dirigida a integrar a las comunidades blancas y negras. El objetivo era que ese encuentro generara en muchos un sentido de igualdad al disminuir esa &ldquo;ansiedad frente al otro&rdquo;. Los profundamente xen&oacute;fobos no se ver&aacute;n afectados por cambios as&iacute;, pero muchos s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para terminar, &iquest;qu&eacute; lecci&oacute;n dir&iacute;a que tendr&iacute;amos que aprender de los &uacute;ltimos 150 a&ntilde;os en relaci&oacute;n al miedo a los extranjeros?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Dir&iacute;a que nunca hemos sido tan conscientes de los distintos tipos de sesgo xen&oacute;fobo y de su potencial destructivo. Hemos aprendido que demonizar a las personas puede ir desde lo normal hasta la violencia genocida. No es una sola cosa. 
    </p><p class="article-text">
        Es lo que intento en mi libro, sintetizar las perspectivas m&aacute;s importantes para darnos distintas herramientas con las que abordar el problema, y ayudarnos no solo a condenarlo, sino a entender por qu&eacute; est&aacute; ocurriendo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/george-makari-comprender-xenofobia-combatirla_128_13057338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Mar 2026 21:36:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[George Makari: comprender la xenofobia para poder combatirla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Racismo,Libros,Xenofobia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Matthew Remski, autor de ‘Conspiritualidad’: “La espiritualidad se ha convertido en una puerta de entrada para la extrema derecha”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/matthew-remski-autor-conspiritualidad-espiritualidad-convertido-puerta-entrada-extrema-derecha_1_13044621.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b96d00bd-d400-4d47-88ab-7f5a4d557ed7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Matthew Remski, autor de ‘Conspiritualidad’: “La espiritualidad se ha convertido en una puerta de entrada para la extrema derecha”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor y periodista analiza cómo y por qué una parte del universo del yoga y el 'wellness' ha abrazado discursos antivacunas, teorías de la conspiración y retóricas de extrema derecha</p><p class="subtitle">Cómo la píldora anticonceptiva se ha convertido en la última herramienta de desinformación ultraconservadora</p></div><p class="article-text">
        Durante la extra&ntilde;a primavera de 2020, se detect&oacute; una tendencia inesperada en redes sociales: cuentas dedicadas al yoga, la meditaci&oacute;n o la alimentaci&oacute;n <em>detox</em> empezaron a compartir contenido antivacunas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cuesti&oacute;n de semanas, comunidades que hasta entonces estaban centradas en la salud hol&iacute;stica y los batidos verdes comenzaron a hablar sin parar sobre supuestas terapias naturales que acababan con la COVID-19, implantes secretos de microchips y &eacute;lites secretas, o a postear enlaces a Fox News y 4chan. La desesperaci&oacute;n de la gente ante la nueva amenaza v&iacute;rica hizo el resto: las visualizaciones se contaban por millones.
    </p><p class="article-text">
        No parec&iacute;a que todo aquello fuera una casualidad. &iquest;Se hab&iacute;an puesto de acuerdo? &iquest;Qu&eacute; mecanismos hab&iacute;an activado este viraje tan desconcertante? Y, sobre todo, &iquest;c&oacute;mo casaba la b&uacute;squeda de la calma interior con la propaganda del miedo colectivo?
    </p><p class="article-text">
        Este llamativo hecho es el punto de partida de<a href="https://capitanswing.com/catalogo/conspiritualidad/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://capitanswing.com/catalogo/conspiritualidad/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Conspiritualidad. C&oacute;mo las teor&iacute;as conspirativas de la new age se convirtieron en una amenaza para la salud p&uacute;blica</em></a><em> </em>(Capit&aacute;n Swing, 2026), un ensayo escrito a seis manos por Derek Beres, Matthew Remski y Julian Walker que analiza la convergencia entre espiritualidad alternativa, negocio digital y cultura de la conspiraci&oacute;n. Un cortocircuito cultural donde la b&uacute;squeda del sentido de la vida y la desconfianza hacia la autoridad competente terminaron reforz&aacute;ndose mutuamente hasta generar un nuevo ecosistema de influencia que todav&iacute;a dura.
    </p><p class="article-text">
        El libro, editado en ingl&eacute;s en 2023, no es un ensayo escrito desde la distancia acad&eacute;mica, sino desde dentro del propio ecosistema que analiza. Sus tres autores comparten una larga trayectoria en el mundo del yoga y el <em>wellness</em>, primero como practicantes y profesores, y despu&eacute;s como observadores cr&iacute;ticos de sus derivas reaccionarias. Remski, por ejemplo, es periodista y novelista, pero pas&oacute; seis a&ntilde;os atrapado en sectas antes de iniciar un proceso de recuperaci&oacute;n que lo llev&oacute; a especializarse en las din&aacute;micas coercitivas.
    </p><p class="article-text">
        Derek Beres, por su parte, hab&iacute;a trabajado como reportero en temas de salud, ciencia y cultura, adem&aacute;s de impartir clases de <em>fitness</em> durante a&ntilde;os. Y Julian Walker lleva a&ntilde;os escribiendo sobre las falacias cognitivas de la vida espiritual y religiosa, y sobre las tensiones entre psicolog&iacute;a, neurociencia y pr&aacute;cticas contemplativas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Conspiritualidad</em> nace de esa convergencia. Primero fue un podcast, impulsado por el cambio que detectaron al inicio de la pandemia. En &eacute;l los autores comenzaron a cartografiar en tiempo real lo que ve&iacute;an emerger: la fusi&oacute;n entre <em>influencers</em> del bienestar, discursos antivacunas y ret&oacute;ricas de extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        Esa doble condici&oacute;n (haber formado parte del sector y haberlo cuestionado desde dentro) atraviesa todo el ensayo. Remski, Beres y Walker conocen el atractivo que puede llegar a tener la industria espiritual y sus promesas de transformaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n sus zonas oscuras. Y desde esa experiencia sostienen que la espiritualidad no es el problema en s&iacute;, sino la apropiaci&oacute;n que han hecho de ella las l&oacute;gicas de mercado, los algoritmos y las din&aacute;micas sectarias, que pueden convertir la b&uacute;squeda de sentido en una herramienta de desinformaci&oacute;n y riesgo para la salud p&uacute;blica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es un movimiento social, sobre todo online, en el que las teorías de la conspiración y la espiritualidad (especialmente la de tipo new age) se mezclan en un cóctel explosivo de sectas, pseudociencia y extremismo de derechas</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Paranoia y &ldquo;despertar&rdquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;La conspiritualidad es un movimiento social, sobre todo <em>online</em>, en el que las teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n y la espiritualidad (especialmente la de tipo <em>new age</em>) se mezclan en un c&oacute;ctel explosivo de sectas, pseudociencia y extremismo de derechas&rdquo;, explica Remski v&iacute;a correo electr&oacute;nico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El autor califica a la conspiritualidad como un fen&oacute;meno lleno de paradojas: &ldquo;Por un lado, en la vertiente conspirativa, prevalece una desconfianza radical hacia el mundo. A la vez, en la espiritual, existe una <em>pronoia</em>, la convicci&oacute;n de que todo conspira para bien y nos conduce hacia el para&iacute;so&rdquo;, se&ntilde;ala. Esa tensi&oacute;n, explica, se traduce en una doble creencia: &ldquo;Est&aacute;n ocurriendo cosas terribles, perpetradas por &eacute;lites malvadas, y tomar conciencia de esa corrupci&oacute;n forma parte de un despertar espiritual que acabar&aacute; sanando al mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Una vez asumida esa l&oacute;gica, el activismo tradicional pierde peso. &ldquo;Quienes creen en la conspiritualidad sienten que pueden acelerar el proceso revolucionario no a trav&eacute;s del activismo pol&iacute;tico tradicional, sino mediante la meditaci&oacute;n, el consumo de suplementos alimenticios, el rechazo a las vacunas o escuchando a m&eacute;diums espirituales&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Todo este movimiento, a&ntilde;ade, tiende a escorarse hacia posiciones reaccionarias porque parte de la premisa de que &ldquo;todas las instituciones humanas: gobiernos, educaci&oacute;n, medicina, periodismo, no est&aacute;n &lsquo;iluminadas&rsquo; y bloquean el verdadero crecimiento espiritual&rdquo;. En ese proceso, concluye, &ldquo;la espiritualidad se ha convertido en una puerta de entrada para la extrema derecha&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En lugar de los valores tradicionales, ellos se aferran a otros como &ldquo;la intuici&oacute;n por encima de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, la comida org&aacute;nica como causa y garante de toda la salud y la pureza corporal o la idea de que la enfermedad es signo de debilidad moral&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es inevitable ver la relaci&oacute;n de estas ideas con movimientos como QAnon, la teor&iacute;a conspirativa nacida en foros de Internet que sostiene que el mundo est&aacute; controlado por una &eacute;lite secreta y malvada formada por pol&iacute;ticos, empresarios y celebridades y que un grupo oculto dentro del poder lucha para derrotar. &ldquo;Esta relaci&oacute;n no es casual: QAnon es una forma concentrada de los impulsos m&aacute;s oscuros de la conspiritualidad&rdquo;, sostiene Remski.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el autor se&ntilde;ala que, desde la publicaci&oacute;n original del libro, ha detectado que este tipo de movimientos suponen una distracci&oacute;n pol&iacute;tica que le viene muy bien al capitalismo. &ldquo;Y eso tiene un potencial enorme para drenar la energ&iacute;a cognitiva y la capacidad de esperanza que tanta falta hacen entre los movimientos de izquierdas que deber&iacute;an estar pensando en c&oacute;mo frenar el fascismo&rdquo;, apunta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sienten que pueden acelerar el proceso revolucionario no a través del activismo político tradicional, sino mediante la meditación, el consumo de suplementos alimenticios, el rechazo a las vacunas o escuchando a médiums espirituales</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Un movimiento que no surge de la nada</h2><p class="article-text">
        A pesar de que, como hemos dicho, la pandemia actu&oacute; como catalizador del fen&oacute;meno de la conspiritualidad en nuestra &eacute;poca, no es precisamente algo nuevo. Los autores dedican una buena parte de su libro a rastrear sus or&iacute;genes hist&oacute;ricos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A los nazis les encantaban el yoga y el <em>wellness</em> por razones muy parecidas a las de los conspiritualistas actuales: desconfiaban de la medicina moderna y del periodismo convencional, convencidos de que ambos estaban corrompidos por fuerzas seculares (en su caso los jud&iacute;os)&rdquo;, asegura Remski. &ldquo;Odiaban a los intelectuales y a los acad&eacute;micos, y se inquietaban mucho ante cualquier expresi&oacute;n art&iacute;stica que pudiera considerarse &lsquo;degenerada&rsquo;. Eran extremadamente heteronormativos y anhelaban una antigua edad de oro en la que la salud era perfecta, lejos de todo lo que consideran impuro o contaminado del mundo moderno&rdquo;. Todas estas ideas, encajan perfectamente con las de los conspiritualistas de hoy en d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta vez, el proceso de ascenso de la conspiritualidad en nuestros d&iacute;as sigui&oacute;, seg&uacute;n Remski, el esquema siguiente: &ldquo;Cuando la COVID oblig&oacute; a cerrar negocios en la primavera de 2020, tambi&eacute;n cerraron estudios de yoga, consultas de masajes, cl&iacute;nicas quiropr&aacute;cticas, etc&eacute;tera&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        El vuelco hacia lo digital fue inmediato. &ldquo;Miles de profesionales de la salud alternativa se vieron forzados a volcarse de lleno en lo digital y a competir por la atenci&oacute;n del p&uacute;blico en redes&rdquo;, explica. En ese contexto, el virus se convirti&oacute; tambi&eacute;n en una oportunidad de negocio: clases <em>online</em>, <em>coaching</em> individual, venta de productos con supuestas capacidades curativas&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; se sembr&oacute; la duda: &iquest;y si el problema no era tanto la COVID-19 sino nuestro sistema inmunitario o nuestra actitud ante la vida? Tranquilos, ellos te vend&iacute;an pr&aacute;cticas, hierbas, aceites, suplementos o lecturas astrol&oacute;gicas que nos mantendr&iacute;an a salvo. &ldquo;Para mucha gente del mundo del bienestar alternativo, la urgencia de una crisis de salud p&uacute;blica fue el momento perfecto para poner realmente a prueba sus p&oacute;cimas&rdquo;, apunta Remski.
    </p><p class="article-text">
        Pero claro, la competencia por la atenci&oacute;n se volvi&oacute; feroz, con lo que fue necesario subir la apuesta. &ldquo;Hac&iacute;a falta escalar el delirio todav&iacute;a: el virus no era real, las vacunas eran veneno, George Soros quer&iacute;a matarnos para robarnos la sangre, las personas trans ven&iacute;an a por nuestros hijos&hellip;&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Una &ldquo;religi&oacute;n digital&rdquo; sin comunidad real</h2><p class="article-text">
        Esta nueva &ldquo;religi&oacute;n digital&rdquo; ten&iacute;a solo dos dogmas fundamentales: el mundo est&aacute; gobernado por fuerzas malignas y solo unas pocas personas saben la verdad. Pero, &iquest;por qu&eacute; esos dos lemas resultan tan atractivos a tantas personas? &ldquo;Ofrecen claridad y certeza&rdquo;, defiende el autor, &ldquo;pero, a la vez, muy pocas v&iacute;as reales de acci&oacute;n. De modo que la tensi&oacute;n se queda siempre en el plano del discurso&rdquo;, apunta Remski.
    </p><p class="article-text">
        A su juicio, el movimiento funciona como una versi&oacute;n desactivada de an&aacute;lisis pol&iacute;ticos m&aacute;s estructurados: &ldquo;Tiene toda la capacidad de diagn&oacute;stico de un an&aacute;lisis marxista de la historia, pero no su capacidad terap&eacute;utica&rdquo;. Si el diagn&oacute;stico es que el mundo est&aacute; dominado por fuerzas malignas, habr&iacute;a que organizarse. Sin embargo, la conspiritualidad opta por canalizar la energ&iacute;a hacia el consumo de contenidos en Internet y la autoafirmaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Remski recurre a una met&aacute;fora para ilustrarlo: es como la diferencia entre construir un barco real y fabricar uno dentro de una botella. En Internet, explica, parece f&aacute;cil reunirse y compartir la indignaci&oacute;n. Pero si el proyecto pol&iacute;tico no sale de la red, &ldquo;lo que el grupo acaba teniendo es un barco dentro de una botella&rdquo;. Y la botella tiene due&ntilde;o: la plataforma. &ldquo;Si el barco es un proyecto pol&iacute;tico, se quedar&aacute; ah&iacute;, dentro de una botella, sobre la mesa de Elon Musk o Mark Zuckerberg, como un entretenimiento. Incluso cualquiera de ellos puede desenchufarlo, estrangularlo en el algoritmo y hacerlo desaparecer&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ej&eacute;rcitos de personas fueron entrenadas para creer que el &ldquo;activismo de clic&rdquo; era participaci&oacute;n c&iacute;vica. &ldquo;Pero no lo es, y no solo <a href="https://www.eldiario.es/era/politica-del-malestar-alicia-valdes_1_11962026.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">deprime la participaci&oacute;n en la vida real</a>, sino que probablemente con el tiempo erosiona nuestras habilidades para ella&rdquo;, afirma Remski.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No es casual, señala, que QAnon y la conspiritualidad hayan prosperado tanto en Estados Unidos y no en países con una sanidad pública robusta o redes de seguridad social más amplias</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">&iquest;Hay salida para la espiritualidad?</h2><p class="article-text">
        La pregunta final es inevitable: &iquest;puede existir una cultura del bienestar que no derive hacia la manipulaci&oacute;n o hacia el delirio? Remski reconoce que entre los tres autores hay diferencias de opini&oacute;n. &ldquo;Julian tiene una teor&iacute;a s&oacute;lida sobre c&oacute;mo el pensamiento cr&iacute;tico y un profundo respeto por la ciencia pueden permitir una espiritualidad no t&oacute;xica, y yo estoy de acuerdo con eso&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Pero introduce una cautela materialista: &ldquo;Como marxista, tambi&eacute;n creo que toda religi&oacute;n es un producto de las condiciones materiales, y que una espiritualidad que ha evolucionado para expresar y gestionar la paranoia fascista solo puede desvanecerse cuando deja de cumplir una funci&oacute;n social y econ&oacute;mica&rdquo;. No es casual, a&ntilde;ade, que QAnon y la conspiritualidad hayan prosperado tanto en los Estados Unidos y no en pa&iacute;ses con una sanidad p&uacute;blica robusta o redes de seguridad social m&aacute;s amplias.
    </p><p class="article-text">
        A su juicio, las religiones que surgen como respuesta a amenazas percibidas &ldquo;son fr&aacute;giles&rdquo;. Frente a ellas, propone mirar hacia tradiciones como la Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n o el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Navayana" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">budismo Navayana</a>, y hacia comunidades religiosas que hoy &ldquo;est&aacute;n poniendo el cuerpo para defender a sus vecinos en Estados Unidos frente a los desmanes del ICE&rdquo;. Es decir, espiritualidades ancladas en lo real, no en el algoritmo.
    </p><p class="article-text">
        Tras hablar con Remski, da la impresi&oacute;n de que el problema no es tanto la existencia de bulos o gur&uacute;s oportunistas como el vac&iacute;o que estos han venido a ocupar. Ante los complej&iacute;simos desaf&iacute;os del presente (y los que se intuyen en el futuro), la conspiritualidad ofrece respuestas simples y la sensaci&oacute;n de pertenecer a un peque&ntilde;o grupo que ya ha despertado. En este contexto, parece urgente que, desde sectores de la izquierda, se impulsen propuestas, medidas y acuerdos para devolver la esperanza en el futuro y el sentido a la mayor&iacute;a. Y, en especial, a los m&aacute;s j&oacute;venes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/matthew-remski-autor-conspiritualidad-espiritualidad-convertido-puerta-entrada-extrema-derecha_1_13044621.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Mar 2026 20:27:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Matthew Remski, autor de ‘Conspiritualidad’: “La espiritualidad se ha convertido en una puerta de entrada para la extrema derecha”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tendencias,Bienestar,Salud,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Ni de aquí ni de allí”: la dificultad de las personas adoptadas en el extranjero para construir su identidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/dificultad-personas-adoptadas-extranjero-construir-identidad_1_13042936.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da0b4569-2004-476c-931b-8edf8ec17ed8_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138009.jpg" width="1119" height="629" alt="“Ni de aquí ni de allí”: la dificultad de las personas adoptadas en el extranjero para construir su identidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá del relato feliz de la integración familiar, las personas adoptadas en otro país se enfrentan al 'bullying' racista, conflictos de identidad y a la necesidad de comprender una historia fragmentada por la pérdida</p><p class="subtitle">La presión invisible de los niños que se exigen demasiado: “Nos preocupamos cuando lloró por sacar un ocho”</p></div><p class="article-text">
        Una tarde cualquiera, en mitad de una conversaci&oacute;n trivial, alguien nos pregunta: &iquest;de d&oacute;nde eres? Para la mayor&iacute;a de nosotros no es una pregunta complicada de responder, pero para aquellas personas que nacieron en un pa&iacute;s extranjero y que posteriormente fueron adoptadas y criadas por familias espa&ntilde;olas, la respuesta puede tornarse muy complicada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otras veces, el conflicto puede llegar en forma de un intento de cumplido, que quiz&aacute; nace con buena intenci&oacute;n, pero que resulta demoledor: &ldquo;Hablas muy bien espa&ntilde;ol. No tienes nada de acento&rdquo;. Para aquellos y aquellas que pasaron por un proceso de adopci&oacute;n internacional, la identidad, la raza o la pertenencia, no suelen ser temas sencillos, sino un aut&eacute;ntico campo minado que tienen que atravesar antes o despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El fen&oacute;meno de la adopci&oacute;n internacional vivi&oacute; su &eacute;poca dorada en nuestro pa&iacute;s a principios de siglo. En torno al 2000 se produc&iacute;an unas 3000 adopciones al a&ntilde;o, particularmente procedentes de pa&iacute;ses como China, Ruman&iacute;a o Colombia. Poco a poco las cifras se han ido reduciendo por cambios en las pol&iacute;ticas de estos pa&iacute;ses y, <a href="https://www.juventudeinfancia.gob.es/sites/default/files/infancia/adopcion_internacional/20260115%20Estad%C3%ADsticas%20Datos%202020%20-%202024.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seg&uacute;n datos del Ministerio de Juventud e Infancia</a>, en 2024 solo llegaron a nuestro pa&iacute;s 188 ni&ntilde;os. Muchos de aquellos ni&ntilde;os son ya adultos y se hacen muchas preguntas. &iquest;C&oacute;mo se sienten?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde fuera, muchos ven el tema de adopciones internacionales como una historia de &eacute;xito: el encuentro con una nueva familia, la llegada a una nueva casa, a un nuevo colegio, a una nueva vida. En definitiva, el relato feliz de la integraci&oacute;n. Pero rara vez se piensa en lo que puede llegar despu&eacute;s: las preguntas que aparecen en la adolescencia o incluso antes, la incomodidad de sentirse diferente incluso en la propia casa, la presi&oacute;n terrible del racismo en nuestra sociedad, o la necesidad (o no) de buscar el origen y nombrar la p&eacute;rdida de los or&iacute;genes sin que eso se interprete como ingratitud a la nueva familia.
    </p><h2 class="article-text">Piezas que no siempre encajan</h2><p class="article-text">
        En su casa, la historia estuvo clara desde el principio. Leyao Rovira, estudiante y activista antirracista, conocida en redes como<a href="https://www.instagram.com/nomellameschinita/?hl=es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> @nomellameschinita</a>, recuerda que supo que era adoptada antes incluso de comprender el alcance de la palabra: &ldquo;Fui consciente antes de tener uso de raz&oacute;n&rdquo;, comenta, &ldquo;porque al final son cosas que se pueden percibir f&aacute;cilmente por las miradas de la gente, por las dudas o por los silencios&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La manera en la que se cuenta la historia de una adopción influye mucho en cómo se integran esos orígenes en la vida de la persona adoptada</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Eva Gispert</span>
                                        <span>—</span> psicoterapeuta especializada en adopciones
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Su madre le explic&oacute; su historia con sencillez y cari&ntilde;o, tanto a ella, como a su hermana, tambi&eacute;n adoptada en China: &ldquo;Me dijo que la mujer que me tuvo en la barriga no pod&iacute;a tenerme y me dej&oacute; en buenas manos, en un sitio donde los beb&eacute;s que no tienen familia, que no pueden ser atendidos ni cuidados, pod&iacute;an ser recogidos y as&iacute; formar parte de otras familias&rdquo;. Lo asumi&oacute; enseguida y sin dramatismos: &ldquo;Ah, vale&rdquo;, dijo, y sigui&oacute; jugando. En su casa no hubo secretos ni revelaciones traum&aacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Jenifer de la Rosa, cineasta, autora del documental sobre su propia adopci&oacute;n<a href="https://hijadelvolcan.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://hijadelvolcan.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hija del volc&aacute;n</em></a><em>,</em> vivi&oacute; algo parecido: &ldquo;A m&iacute; me contaron desde que tengo uso de raz&oacute;n que hab&iacute;a nacido en Colombia, y directamente me ense&ntilde;aron el &aacute;lbum de fotos que hab&iacute;an hecho cuando estuvieron en Manizales, que era la ciudad donde estaba el orfanato&rdquo;. La adopci&oacute;n se incorpor&oacute; as&iacute; de forma directa a la historia familiar, aunque el entorno no siempre acompa&ntilde;aba. &ldquo;En el colegio, cuando lo contaba, no era algo normalizado. Y por eso empec&eacute; a sufrir <em>bullying</em>&rdquo;, confiesa.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        La forma en la que Leyao y Jenifer conocieron la historia de sus adopciones respectivas es la ideal, seg&uacute;n la psicoterapeuta <a href="https://evagispert.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eva Gispert</a>, especializada en adopciones y tambi&eacute;n adoptada. En su opini&oacute;n,<strong> </strong>&ldquo;la manera en la que se cuenta la historia de una adopci&oacute;n influye mucho en c&oacute;mo se integran esos or&iacute;genes en la vida de la persona adoptada. No es que evite que puedan surgir problemas pero s&iacute; permite que se sientan m&aacute;s acompa&ntilde;ados en las emociones que pueden ir apareciendo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre los conflictos m&aacute;s habituales, la psicoterapeuta cita los siguientes: &ldquo;En consulta veo muchos casos de chicos y chicas adoptados que lidian con la ansiedad, una baja autoestima e incluso la depresi&oacute;n&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Hay tambi&eacute;n muchos episodios de <a href="https://www.eldiario.es/nidos/presion-invisible-ninos-exigen-preocupamos-lloro-sacar-ocho_1_13015821.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">autoexigencia excesiva</a>, de relaciones conflictivas con sus v&iacute;nculos m&aacute;s cercanos, de desorganizaci&oacute;n interna, poca tolerancia a la frustraci&oacute;n y miedo al fracaso, entre otros&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Toda una serie de problemas que se agravan debido al racismo. &ldquo;Vivimos en una sociedad racista&rdquo;, afirma Gispert sin dudar, &ldquo;y eso impacta en el desamparo y el miedo a la separaci&oacute;n que sufren algunas personas adoptadas. Aunque depende mucho de cada individuo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El cuerpo como frontera</h2><p class="article-text">
        Rovira explica c&oacute;mo vivi&oacute; el racismo desde peque&ntilde;a. &ldquo;Empec&eacute; a notar esta diferencia de manera directa y expl&iacute;cita en primaria&rdquo;, recuerda. &ldquo;Es complicado entrar en un sitio en el que nadie se parece a ti. En mi caso, enseguida aparecieron los microrracismos. Siempre que alguien me dec&iacute;a algo, aparec&iacute;a, aunque fuera de manera sutil, la connotaci&oacute;n racial&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es complicado entrar en un sitio en el que nadie se parece a ti. En mi caso, enseguida aparecieron los microrracismos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Leyao Rovira (@nomellameschinita)</span>
                                        <span>—</span> activista antirracista
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Incluso si la insultaban. &ldquo;Si me llamaban fea o in&uacute;til, le pon&iacute;an el &lsquo;chinita&rsquo; delante&rdquo;, explica. &ldquo;Y no se correg&iacute;a en clase, adem&aacute;s. Hoy en d&iacute;a creo que se sigue hablando de <em>bullying</em> a secas cuando se deber&iacute;a hablar de <em>bullying racista</em>. Creo que ser&iacute;a necesario dejarlo claro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de De la Rosa, la racializaci&oacute;n tambi&eacute;n fue autom&aacute;tica: &ldquo;Mi aspecto f&iacute;sico siempre me ha extranjerizado, hasta el d&iacute;a de hoy&rdquo;, asegura. &ldquo;En el colegio la forma de insultarme en el patio era llamarme &lsquo;china de mierda&rsquo;, porque siempre he tenido los ojos rasgados. O sea, ni siquiera me situaban como latina. Y<strong> </strong>ya de adolescente, empezaron a sexualizarme y exotizarme y eso dura hasta el d&iacute;a de hoy. A la gente no le basta que les diga &lsquo;soy de Valladolid&rsquo;, necesitan ubicarme. Y no pueden entender que en algunos momentos no tienes ganas de explicar m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Rovira indica que adem&aacute;s tard&oacute; en identificar lo que estaba viviendo. Por eso no lo contaba en casa: &ldquo;Relacionaba el racismo con la migraci&oacute;n y la negritud&rdquo;, confiesa. No se reconoc&iacute;a en esa definici&oacute;n. &ldquo;Es decir, dentro de esa ecuaci&oacute;n ni la adopci&oacute;n ni el ser una persona asi&aacute;tica entraba. Entonces yo pensaba que lo m&iacute;o no era racismo, eran como bromas hechas desde el cari&ntilde;o y que no ten&iacute;a motivo para quejarme, que estaba siendo exagerada o demasiado sensible&rdquo;. El punto de inflexi&oacute;n lleg&oacute; al escuchar en Internet a otras personas racializadas hablar de estas situaciones: &ldquo;Dije: vale, yo tambi&eacute;n quiero empezar a hablar&rdquo;.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DOIs9OUDAbw/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><h2 class="article-text">Ni de aqu&iacute; ni de all&iacute;</h2><p class="article-text">
        Estos sentimientos pueden desembocar en un conflicto irresoluble en el que las personas adoptadas se quedan como flotando entre dos mundos: ni se sienten totalmente espa&ntilde;olas, ni tampoco de su pa&iacute;s de origen. Para Chandra Kala Clemente, doctora en Antropolog&iacute;a Social por la Universitat Aut&ograve;noma de Barcelona y autora de <a href="https://www.bellaterra.coop/es/libros/volver-a-los-origenes" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Volver a los or&iacute;genes. Una etnograf&iacute;a de la adopci&oacute;n transaccional</em></a><em> </em>(Bellaterra, 2022), la identidad para una persona que ha pasado por una adopci&oacute;n transracial (ella misma naci&oacute; en Nepal y fue adoptada en Espa&ntilde;a), no se construye en un &uacute;nico plano: &ldquo;Nuestra identidad se conforma por diferentes capas y diferentes niveles que hacen que seamos un yo&rdquo;, afirma. &ldquo;En el caso de las personas adoptadas, por mucho que la familia se esfuerce y obtenga herramientas para poder acompa&ntilde;arte, hay cosas que no van a poder sustituir nunca, por ejemplo la historia de origen. Hay una parte de nosotros que viene de antes y eso tambi&eacute;n es parte de nuestra identidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese conflicto aparece pronto fuera del hogar. &ldquo;La escuela y los amigos son un punto en el cual se construye y se percibe la propia diferencia y c&oacute;mo se negocia la identidad en sociedad&rdquo;, se&ntilde;ala. &ldquo;T&uacute; te concibes de una forma, pero la gente te est&aacute; leyendo de otra, y esa racializaci&oacute;n forma parte de la identidad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Rovira lo describe como una tensi&oacute;n constante: &ldquo;No sentirse ni de aqu&iacute; ni de all&iacute;. Sent&iacute;a que ten&iacute;a que escoger entre una cultura y otra&rdquo;. Incluso dentro de la familia: &ldquo;Mi madre me dec&iacute;a que yo era m&aacute;s espa&ntilde;ola que asi&aacute;tica, porque de asi&aacute;tica solo tengo el f&iacute;sico&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto provoc&oacute; que durante a&ntilde;os Leyao rechazara todo lo que ten&iacute;a que ver con China: &ldquo;Mi madre nos pregunt&oacute; a mi hermana y a m&iacute; si quer&iacute;amos aprender el idioma, yo dije que no. De hecho, no quer&iacute;a ni estar cerca de algunas amistades que ten&iacute;a de rasgos asi&aacute;ticos. Relacionaba China con el motivo de discriminaci&oacute;n&rdquo;. Hoy la mirada es distinta: &ldquo;Gracias al activismo, he sanado el racismo que he vivido y hoy en d&iacute;a guardo un cari&ntilde;o especial a China. No reniego de mis or&iacute;genes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, De la Rosa se siente atravesada por esa dualidad: &ldquo;Me siento una persona migrante y extranjera. Para muchas personas, la integraci&oacute;n perfecta exigir&iacute;a olvidar; decir que eres espa&ntilde;ola y aqu&iacute; se acaba el tema. Pero eso no es as&iacute;, nos acompa&ntilde;a una relaci&oacute;n con nuestro pa&iacute;s de origen que tiene que ser sana y<strong> </strong>no podemos olvidar que las adopciones internacionales provienen en muchos casos de situaciones de conflicto&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, De la Rosa mantiene un v&iacute;nculo activo con su pa&iacute;s de origen: &ldquo;Colombia es para m&iacute; el pa&iacute;s del que orgullosamente procedo y forma parte de mi identidad. Nac&iacute; all&iacute; y mis or&iacute;genes est&aacute;n all&iacute;. He crecido y vivo en Espa&ntilde;a. Pero me encanta regresar a Colombia, ya he ido cinco veces, y me gusta saber moverme, conocer las ciudades, entender las palabras (porque all&iacute; se habla colombiano, no espa&ntilde;ol). Poder orientarme y sentir que tambi&eacute;n soy de all&iacute; es bell&iacute;simo&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Nuestra identidad se conforma por diferentes capas y diferentes niveles  (...) por mucho que la familia se esfuerce y obtenga herramientas para poder acompañarte, hay cosas que no van a poder sustituir nunca, por ejemplo la historia de origen</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Chandra Kala Clemente</span>
                                        <span>—</span> doctora en Antropología Social
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Buscar (o no) a la familia biol&oacute;gica</h2><p class="article-text">
        Otro de los temas recurrentes cuando se habla de adopciones, sobre todo en las internacionales, es la necesidad que surge, especialmente cuando llega la edad adulta, de buscar a la familia biol&oacute;gica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No responde a una falta de amor hacia la familia adoptiva, sino a algo m&aacute;s profundo: el deseo de comprender la propia historia con todas sus piezas, incluso aquellas que duelen o que quiz&aacute; nunca lleguen a encajar del todo.
    </p><p class="article-text">
        Eva Gispert se&ntilde;ala que durante la infancia predomina la adaptaci&oacute;n: &ldquo;Lo primero que quieres es ser de esa familia que te ha tocado, sobrevivir y adaptarte&rdquo;, la pregunta por el origen queda en segundo plano durante esos primeros a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La b&uacute;squeda de identidad aparece sobre todo en la adolescencia o, m&aacute;s tarde, en la edad adulta, cuando algunas personas inician procesos terap&eacute;uticos y empiezan a entender &ldquo;de d&oacute;nde les viene toda la ansiedad, los miedos y las dificultades. Tambi&eacute;n puede activarse ante momentos vitales importantes como la muerte de los padres adoptivos. En las adopciones racializadas&rdquo;, a&ntilde;ade, &ldquo;la diferencia visible suele acelerar estas preguntas, aunque la inquietud suele existir desde antes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre las entrevistadas, el caso m&aacute;s evidente de esto es Jenifer, cuyo proceso de b&uacute;squeda se convirti&oacute; en documental. Su historia tiene un punto de partida tan brutal como concreto: la erupci&oacute;n del volc&aacute;n Nevado del Ruiz el 13 de noviembre de 1985, una de las mayores tragedias de la historia de Colombia, que caus&oacute; la muerte de m&aacute;s de 23.000 personas y borr&oacute; del mapa el pueblo de Armero. Jenifer fue uno de los ni&ntilde;os que sobrevivieron y acabaron siendo dados en adopci&oacute;n fuera del pa&iacute;s. Lleg&oacute; a Valladolid con un a&ntilde;o y medio.
    </p><p class="article-text">
        A los treinta, motivada por la posibilidad de que su madre biol&oacute;gica siga viva, decidi&oacute; volver. <em>Hija del volc&aacute;n</em> recoge ese viaje, &ldquo;la b&uacute;squeda de mis or&iacute;genes, la experiencia que me ha hecho madurar y comprender qu&eacute; significa la adopci&oacute;n y esa necesidad de buscar, de encontrar&rdquo;, explica. En la pel&iacute;cula quiso dejar claro lo que a menudo se omite en los relatos sobre adopci&oacute;n internacional: &ldquo;Necesitaba narrar de una forma muy cercana cu&aacute;l era mi situaci&oacute;n y lo frustrante que es buscar, llamar a una puerta y a otra y que te den largas&rdquo;. El propio proceso de contarla tambi&eacute;n la transform&oacute;: &ldquo;Me ha ense&ntilde;ado mucho, me ha hecho madurar. Ha sido una experiencia irrepetible y muy necesaria para m&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Leyao todav&iacute;a lo vive como una posibilidad abierta: &ldquo;Recientemente, me he planteado investigar sobre mi familia biol&oacute;gica&rdquo;, reconoce. &ldquo;No es una necesidad como tal, pero s&iacute; un deseo genuino. Tengo miedo, nervios&hellip; Pero sobre todo tengo ganas, muchas ganas&rdquo;. No obstante, tambi&eacute;n teme la reacci&oacute;n que podr&iacute;a llegar a tener su familia biol&oacute;gica o &ldquo;encontrarme algo que me sorprenda o que yo preferir&iacute;a no haber sabido&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No podemos olvidar que las adopciones internacionales provienen en muchos casos de situaciones de conflicto</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Jenifer de la Rosa</span>
                                        <span>—</span> directora de &#039;Hija del volcán&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">M&aacute;s que una historia familiar</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los datos del Ministerio, desde 1997, han llegado a Espa&ntilde;a m&aacute;s de 56.000 personas adoptadas en el extranjero. Un colectivo numeroso y heterog&eacute;neo pero que, como hemos visto, comparte una serie de preocupaciones comunes. Y est&aacute; claro que estas no pueden reducirse simplemente a lo &iacute;ntimo o a lo dom&eacute;stico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Chandra, la antrop&oacute;loga, insiste en que, como sociedad, todav&iacute;a estamos lejos de encajar y entender esta situaci&oacute;n. &ldquo;La adopci&oacute;n internacional no es solo una forma de crear familias&rdquo;, explica, &ldquo;es una pr&aacute;ctica social que involucra pol&iacute;ticas internacionales, sistemas legales diferentes, desigualdades econ&oacute;micas y culturales&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese entramado, se&ntilde;ala, tambi&eacute;n se decide qui&eacute;n queda fuera del relato: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n tiene acceso a la familia? &iquest;Qui&eacute;n queda invisibilizado? &iquest;Cu&aacute;ntas veces hemos o&iacute;do hablar de las madres o de las familias de origen? Todo el mundo sabe que hay una familia antes, pero pocas veces se habla de eso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para ella, incluso las palabras condicionan lo que el grueso de la poblaci&oacute;n piensa sobre la adopci&oacute;n. &ldquo;Expresiones como rescatar o dar en adopci&oacute;n a alguien a una nueva familia simplifican mucho la experiencia&rdquo;. Frente a ellas propone otras que deber&iacute;amos implantar como sociedad: &ldquo;Hablar m&aacute;s de separaciones, de p&eacute;rdidas, de desvinculaciones&rdquo; y reconocer &ldquo;la agencia de las personas adoptadas, que en su momento no decidimos ser adoptadas, pero ahora utilizamos esa agencia para hablar desde nuestra perspectiva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Revisar nuestra actitud hacia la adopci&oacute;n internacional obliga tambi&eacute;n a revisar el contexto hist&oacute;rico que la ha hecho posible. &ldquo;Hace falta una reflexi&oacute;n social colectiva sobre la dimensi&oacute;n hist&oacute;rica de la adopci&oacute;n internacional, de d&oacute;nde venimos&rdquo;, afirma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, parece necesario reevaluar c&oacute;mo se ha tratado hasta ahora la adopci&oacute;n internacional, una realidad compleja atravesada por el afecto, la p&eacute;rdida, la adaptaci&oacute;n, el racismo, la pertenencia y los silencios. No todas las experiencias son traum&aacute;ticas, pero tampoco todas son buc&oacute;licas. Las vidas de las personas adoptadas internacionalmente no caben en un relato &uacute;nico, son complejas y as&iacute; debemos reconocerlas, tratarlas y, sobre todo, escucharlas. &ldquo;Me gustar&iacute;a que cuando se hable de adopciones internacionales se ponga el foco en las personas adoptadas y en nuestras voces&rdquo;, explica Leyao. &ldquo;Y que no haya una romantizaci&oacute;n de la adopci&oacute;n ni en lo positivo ni en lo negativo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/dificultad-personas-adoptadas-extranjero-construir-identidad_1_13042936.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Mar 2026 21:08:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Ni de aquí ni de allí”: la dificultad de las personas adoptadas en el extranjero para construir su identidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Adopción,Identidades,Psicología,familias,Racismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cristina Monge: “No hay que regodearse en el descontento, es necesario construir el futuro”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cristina-monge-no-hay-regodearse-descontento-necesario-construir-futuro-cat_128_13033915.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1449535-de33-492d-8f6f-5c6814a6c1d7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2889y679.jpg" width="1200" height="675" alt="Cristina Monge, en el momento de recibir el premio de la editorial Paidós, el pasado mes de febrero en Barcelona"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La politóloga y socióloga ha ganado el Premio Paidós con ‘Contra el descontento’, un ensayo que analiza el malestar que atraviesa las democracias, la desconfianza en las instituciones y la pérdida de la esperanza en el futuro</p><p class="subtitle">Piedras de papel - ¿Aceptan igual la democracia quienes ganan y quienes pierden las elecciones?</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-contra-el-descontento/443181" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Contra el descontento</em></a>, el libro con el que Cristina Monge acaba de ganar el Premio Paid&oacute;s 2026, parte de una pregunta compleja y urgente: &iquest;qu&eacute; hacer cuando el malestar acumulado durante d&eacute;cadas cristaliza en un descontento profundo que erosiona la convivencia democr&aacute;tica, la confianza institucional y la propia idea de futuro?
    </p><p class="article-text">
        La autora aragonesa estructura su an&aacute;lisis en tres grandes bloques. En el primero, traza de forma brillante el origen del descontento y el tr&aacute;nsito que nos ha llevado de la indignaci&oacute;n del 15M a la decepci&oacute;n actual. En el segundo, describe las distintas caras de ese descontento, desde la precariedad hasta el miedo al futuro. En el tercero y &uacute;ltimo, propone diversos caminos para recuperar la esperanza y volver a creer en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de Monge no es pontificar ni dar su receta para acabar con el descontento sino abrir el debate, proponer y escuchar. Una actitud que se echa especialmente de menos en el panorama pol&iacute;tico actual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro sostiene que hemos pasado de la indignaci&oacute;n a la decepci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; ha ocurrido en este tr&aacute;nsito para que una energ&iacute;a transformadora como la del 15M se haya convertido en un descontento tan profundo y desmovilizador?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es la madre del cordero. Hemos pasado de la indignaci&oacute;n a la decepci&oacute;n y por medio han pasado muchas cosas. Primero, unas expectativas muy altas tanto desde los nuevos partidos de la izquierda, en especial Podemos, como de la derecha con Ciudadanos. Se iba a regenerar la democracia, se iba a resetear el sistema, se iban a asaltar los cielos.
    </p><p class="article-text">
        Pero conforme pas&oacute; el tiempo y esos partidos empezaron a gestionar ayuntamientos, comunidades aut&oacute;nomas o el propio Gobierno de Espa&ntilde;a, se encontraron con las limitaciones del sistema y empezaron a sufrir las contradicciones de cualquier organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. De la misma manera que supieron leer el momento 15M, pronto perdieron el olfato para interpretar lo que vino despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Mientras todo esto ocurr&iacute;a, los problemas que alimentaban la indignaci&oacute;n han continuado estando ah&iacute;. Hoy en d&iacute;a, la vivienda vuelve a estar en el top de las preocupaciones, como lo estuvo en 2011. La corrupci&oacute;n vuelve a ocupar portadas. Y sobre todo se instala la percepci&oacute;n de que las &eacute;lites, en vez de gestionar para el bien com&uacute;n, gestionan para protegerse a s&iacute; mismas.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica democr&aacute;tica siempre tiene un punto de decepci&oacute;n. La cuesti&oacute;n es que lo que entonces era un problema, ahora est&aacute; m&aacute;s enquistado y, adem&aacute;s, hay una diferencia fundamental: quienes quer&iacute;an regenerar el sistema lo hac&iacute;an en clave de m&aacute;s democracia. Ahora quienes articulan el descontento cuestionan valores de convivencia democr&aacute;tica. Esa es la gran diferencia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Habla de malestares y de descontento. &iquest;Cu&aacute;l es la diferencia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los malestares tienen una base m&aacute;s material. Por ejemplo, el acceso a la vivienda genera malestar. Pero adem&aacute;s de malestares, estamos ante un descontento que es m&aacute;s difuso, m&aacute;s et&eacute;reo. Ese descontento tiene mucho que ver con un contexto de profunda desconfianza en las instituciones, en los agentes de intermediaci&oacute;n y en nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Estamos ante grandes retos globales como el cambio clim&aacute;tico, la revoluci&oacute;n digital o la inteligencia artificial. Desaf&iacute;os de una dimensi&oacute;n que nos supera. Si no confiamos en nadie para gestionarlos, &iquest;qui&eacute;n lo va a hacer? Ah&iacute; est&aacute; la base del descontento.
    </p><p class="article-text">
        Ante este desasosiego que genera mirar hacia adelante, surgen propuestas pol&iacute;ticas que invitan a mirar hacia atr&aacute;s. Si el feminismo implica cambios en los roles que generan incertidumbre, la ultraderecha propone la familia tradicional como espacio de seguridad. Algunos j&oacute;venes, sobre todo varones, encuentran ah&iacute; un lugar de confort.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tambi&eacute;n existe una crisis de liderazgo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una crisis de liderazgo y al mismo tiempo un momento de hiperliderazgos. En las &uacute;ltimas elecciones regionales, muchos electores no sab&iacute;an c&oacute;mo se llama el candidato territorial de un partido porque todo gira en torno a una figura nacional.
    </p><p class="article-text">
        Es lo que Bernard Manin llam&oacute; la democracia de la audiencia: la relaci&oacute;n entre pol&iacute;tica y ciudadan&iacute;a se hace a trav&eacute;s de los medios, con un protagonismo central del l&iacute;der, y la ciudadan&iacute;a adopta el papel de espectadora.
    </p><p class="article-text">
        El partido y el contenido pierden peso frente a la persona y su capacidad de comunicaci&oacute;n. Eso atrofia las organizaciones y reduce los liderazgos territoriales.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ahora quienes articulan el descontento cuestionan valores de convivencia democrática. Esa es la gran diferencia respecto al 15-M</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Una de las ideas m&aacute;s inquietantes del libro es la p&eacute;rdida de la esperanza. &iquest;En qu&eacute; momento el futuro empez&oacute; a dar miedo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; eso es algo que define el momento actual. Nos hemos cargado la idea de futuro. El futuro se percibe como un lugar apocal&iacute;ptico al que nadie quiere ir: cambio clim&aacute;tico, revoluci&oacute;n digital, guerras a las puertas de Europa. Se parece mucho a la serie <em>Years and Years</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero las personas y, en especial, las sociedades democr&aacute;ticas necesitan una idea de futuro, un lugar al que llegar. En los a&ntilde;os ochenta en Espa&ntilde;a, por ejemplo, se estaba construyendo un futuro en color frente al blanco y negro de la dictadura. Ahora nos falta un paradigma compartido de hacia d&oacute;nde queremos ir. Si no sabemos el destino, no hay rumbo. Ah&iacute; es donde crecen las propuestas que invitan a quedarse en el pasado. La crisis actual de las democracias es, en buena medida, una crisis de desconfianza ligada a esa aniquilaci&oacute;n del futuro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Todo esto afecta especialmente a los j&oacute;venes que cada vez apoyan m&aacute;s a la ultraderecha.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, pero hay que se&ntilde;alar que se habla mucho del 20 o 25% de j&oacute;venes que compran el producto de la ultraderecha. Sin embargo, hay otro 75 u 80% que mantiene su adhesi&oacute;n a valores democr&aacute;ticos y feministas. No obstante, en el ascenso de las ideas de ultraderecha entre los j&oacute;venes influyen varios factores. El primero es que el establishment actual se asocia a democracia, feminismo y solidaridad, y la juventud tiende a impugnar lo establecido. Segundo, tras los avances en derechos suele haber retrocesos.
    </p><p class="article-text">
        Pero es que adem&aacute;s, si repasamos su biograf&iacute;a, vemos que crecieron con la resaca de la crisis de 2008, vivieron la pandemia en plena adolescencia y luego estall&oacute; una guerra en Europa. Cuando empez&oacute; la guerra de Ucrania, algunos alumnos me preguntaban si tendr&iacute;an que ir a la guerra. &iquest;No se supon&iacute;a que las guerras eran algo del pasado? En ese contexto, y como quienes no somos tan j&oacute;venes no hemos puesto en valor las ventajas de vivir en una sociedad libre y democr&aacute;tica, no es descabellado ese movimiento de reacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es qu&eacute; hacer. Yo les digo constantemente a los j&oacute;venes con los que hablo: &ldquo;Vale, constatamos los problemas, de acuerdo, pero &iquest;qu&eacute; vais a hacer al respecto?&rdquo; Hay que evitar el victimismo. No hay que regodearse en el descontento, es necesario construir el futuro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es casi inevitable preguntarte por el movimiento que se est&aacute; produciendo estos d&iacute;as en la izquierda. &iquest;Cree que la reconfiguraci&oacute;n del espacio de la izquierda puede devolver la ilusi&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Era evidente que hab&iacute;a que hacer algo. Pero hay que tener en cuenta que en las coaliciones electorales dos y dos nunca son cuatro. No obstante, hay una forma de evitar esto: generar un proyecto que levante una ilusi&oacute;n capaz de conseguir que el resultado sea m&aacute;s que la suma de las partes.
    </p><p class="article-text">
        Unidas Podemos lo hizo en su momento y se puede volver a hacer si hay un proyecto con mensajes claros de futuro. Eso es m&aacute;s importante que la cara que lidere.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; tendr&iacute;a que cambiar para devolver la confianza en la pol&iacute;tica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay que ser valientes para reconocer los problemas. A veces se niegan evidencias por miedo a comprar el marco del adversario. En la transici&oacute;n ecol&oacute;gica hay medidas que generan problemas al sector primario. Reconocerlo no es frenar la transici&oacute;n, como puede pensar alg&uacute;n sector de la izquierda, es entender los conflictos para construir alternativas con quienes se ven afectados.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo ocurre con algunos varones j&oacute;venes descolocados ante el replanteamiento de roles resultado de los avances del feminismo. Reconocerlo no es cuestionar estos avances, es querer seguir progresando con ellos.
    </p><p class="article-text">
        No hay recetas m&aacute;gicas. Son transiciones de enorme complejidad y es la primera vez que las hacemos. Necesitamos humildad intelectual y reconocer que podemos equivocarnos, pero equivoqu&eacute;monos pronto para rectificar pronto.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Podemos centrarnos en la última declaración polémica de Ayuso o profundizar, por ejemplo, en modelos de vivienda que funcionan en otros países. Cuidar la conversación pública es clave.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es necesario regular las redes sociales y la inteligencia artificial?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin duda. La inteligencia artificial no es un debate tecnol&oacute;gico, es un debate pol&iacute;tico y, como tal, no puede quedar al margen de las normas. Hay que regularla. El mantra regulaci&oacute;n versus innovaci&oacute;n es falso. De hecho, los sectores con marcos estables son los que m&aacute;s innovan.
    </p><p class="article-text">
        La digitalizaci&oacute;n, las redes y la IA pueden ser grandes aliados en la transici&oacute;n ecol&oacute;gica, en la productividad o en el debate p&uacute;blico. Siempre que entendamos que detr&aacute;s de ellos hay par&aacute;metros pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro tambi&eacute;n alerta del deterioro de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La democracia es un proceso de toma de decisiones y una conversaci&oacute;n p&uacute;blica. Hemos estudiado mucho lo primero y menos lo segundo. Pero es necesario reflexionar sobre qu&eacute; temas llevamos a debate. 
    </p><p class="article-text">
        Podemos centrarnos en la &uacute;ltima declaraci&oacute;n pol&eacute;mica de Ayuso o profundizar, por ejemplo, en modelos de vivienda que funcionan en otros pa&iacute;ses. Cuidar la conversaci&oacute;n p&uacute;blica es clave.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Frente al pesimismo determinista propone voluntad de cambio. &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an los primeros pasos para redactar un nuevo contrato social?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Primero, desechar la idea de que no hay alternativa. Siempre hay alternativas. Segundo, abrir una conversaci&oacute;n p&uacute;blica amplia y plural para encontrarlas, con honestidad y humildad intelectual. Tercero, asumir que el contrato social debe partir de una base material que es la biosfera.
    </p><p class="article-text">
        Normalmente, hablamos de la sostenibilidad como el equilibrio entre lo econ&oacute;mico, lo social y lo ambiental. Yo propongo un giro, que la econom&iacute;a, las sociedades que se generan a partir de ella y el proyecto pol&iacute;tico que hay detr&aacute;s, tienen que partir de una base, que es el planeta. Si la biosfera de repente se enferma, no hay econom&iacute;a posible, como ha ocurrido en la Manga del Mar Menor.
    </p><p class="article-text">
        Creo que esa conversaci&oacute;n amplia debe dar lugar a un contrato social que parta de esa base material y que permita imaginar un futuro deseable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cristina-monge-no-hay-regodearse-descontento-necesario-construir-futuro-cat_128_13033915.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 03 Mar 2026 22:19:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cristina Monge: “No hay que regodearse en el descontento, es necesario construir el futuro”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Libros,Extrema derecha,Redes sociales,Izquierda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[László Krasznahorkai, premio Nobel de Literatura: “Debería haber dedicado toda mi obra a los que no tienen nada”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/laszlo-krasznahorkai-premio-nobel-literatura-deberia-haber-dedicado-obra-no_1_13020426.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1fbf1386-be71-4067-9c9d-e29c389e24f6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="László Krasznahorkai, premio Nobel de Literatura: “Debería haber dedicado toda mi obra a los que no tienen nada”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor húngaro comparece en el CCCB en su primer acto público fuera de Hungría tras recibir el Nobel de Literatura 2025 y reflexiona sobre su país, el colapso y la esperanza</p><p class="subtitle">'Sátántangó', el tango satánico del Nobel de Literatura que se convirtió en una obra maestra del cine</p></div><p class="article-text">
        Tras cancelar su participaci&oacute;n en Kosm&oacute;polis 2025 debido a que pr&aacute;cticamente coincidi&oacute; con la concesi&oacute;n del Premio Nobel de Literatura, el escritor h&uacute;ngaro L&aacute;szl&oacute; Krasznahorkai, ha querido que el primer acto realizado fuera de su pa&iacute;s tras ganar el premio se celebrara en Barcelona. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hoy es un d&iacute;a importante para el Centre de Cultura Contempor&agrave;nia de Barcelona&rdquo;, ha declarado la directora del centro, Judit Carrera, en la rueda de prensa previa a la charla que el Nobel mantendr&aacute; esta tarde en el propio CCCB con su traductor al castellano, Adan Kovacsics, &ldquo;Quiero agradecerle a L&aacute;szl&oacute; que haya mantenido su compromiso con nosotros tan pocos meses despu&eacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Carrera ha relacionado tambi&eacute;n la visita de Krasznahorkai con la largu&iacute;sima relaci&oacute;n que el autor ha tenido con la Editorial Acantilado, que ha editado sus libros desde hace 25 a&ntilde;os. El primero fue Melancol&iacute;a de la resistencia (2001), pero desde entonces han aparecido siete vol&uacute;menes m&aacute;s que ser&aacute;n acompa&ntilde;ados por un octavo que llegar&aacute; a las librer&iacute;as en los pr&oacute;ximos meses. 
    </p><p class="article-text">
        La editora de Acantilado, Sandra Ollo, presente en el acto, como tambi&eacute;n su editora en catal&aacute;n, Mariona Bosch de Edicions del Cr&agrave;ter, ha aprovechado  la ocasi&oacute;n, no para hablar sobre la obra del autor h&uacute;ngaro, de la que opina que se ha escrito ya demasiado, sino para reivindicar su lectura: &ldquo;No hablemos m&aacute;s de Krasznahorkai y empecemos a leerlo&rdquo;, ha pedido. &ldquo;Entremos en su literatura que est&aacute; llena de pensamiento, de imaginaci&oacute;n, y tambi&eacute;n de humor. No hay ning&uacute;n lector que salga indemne de la literatura de L&aacute;szl&oacute; Krasznahorkai&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El escritor, al que Susan Sontag se refiri&oacute; como &ldquo;El maestro del Apocalipsis&rdquo;, ha comenzado su charla con una actitud alegre e ir&oacute;nica que no encaja precisamente con el brutal sobrenombre que le adjudic&oacute; la intelectual neoyorquina. &ldquo;A Susan le gustaban mucho mis novelas y las pel&iacute;culas que realic&eacute; junto a Bela Tarr, y fue un honor para m&iacute; que una intelectual como ella escribiera sobre nosotros&rdquo;, ha explicado durante la rueda de prensa. &ldquo;Pero se equivoc&oacute; totalmente al llamarme as&iacute;. Tanto lo del Apocalipsis como lo de maestro son una exageraci&oacute;n y, adem&aacute;s, tampoco estoy seguro de que sea un halago&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que, a pesar de lo que diga el autor, resulta dif&iacute;cil no darle un poco la raz&oacute;n a Sontag. Sumergirse en la obra de L&aacute;szl&oacute; Krasznahorkai es como entrar en un laberinto de frases infinitas y atm&oacute;sferas densas donde el tiempo parece haberse detenido justo antes del colapso total. 
    </p><p class="article-text">
        Sus relatos exploran la entrop&iacute;a, el aislamiento y la degradaci&oacute;n de la sociedad, retratando a personajes que deambulan por paisajes desolados en busca de una trascendencia que siempre se les escapa. Es gran literatura, donde el humor negro se mezcla con una metaf&iacute;sica descarnada, obligando al lector a navegar por p&aacute;rrafos de una sola frase hasta que este se entrega a la belleza de la cat&aacute;strofe.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;existe realmente esa Hungr&iacute;a que ha retratado en sus libros? &iquest;Existi&oacute; alguna vez? El autor reconoce que s&iacute; que existi&oacute; y que, de hecho, durante su infancia y juventud, no solo vivi&oacute; all&iacute;, sino que parec&iacute;a que otro mundo era imposible. &ldquo;La Hungr&iacute;a en la que nac&iacute; apenas conservaba las cosas buenas que hab&iacute;a tenido en el pasado. Los h&uacute;ngaros no entend&iacute;amos el valor de nuestro pa&iacute;s y los sovi&eacute;ticos tampoco ayudaban precisamente a eso&rdquo;, reflexiona. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Consegu&iacute; salir de mi pa&iacute;s cuando ten&iacute;a m&aacute;s de treinta a&ntilde;os&rdquo;, contin&uacute;a, &ldquo;y recuerdo perfectamente c&oacute;mo, al cruzar la frontera hacia Austria, el cielo me pareci&oacute; m&aacute;s azul y la hierba m&aacute;s verde. En ese momento os aseguro que vi f&iacute;sicamente la diferencia. Lo que descubr&iacute; en occidente no ten&iacute;a nada que ver con lo que me hab&iacute;a imaginado. Por ejemplo, en Austria hab&iacute;a manifestaciones, algo que en la Hungr&iacute;a de entonces no se pod&iacute;a ni nombrar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El autor tambi&eacute;n ha rechazado durante la rueda de prensa otro de los mitos que sobrevuelan su obra, el de que todos sus protagonistas son personas miserables. &ldquo;No escribo solo de esa Hungr&iacute;a miserable&rdquo;, afirma. &ldquo;S&iacute; que es cierto que era as&iacute; en mis primeros libros, pero despu&eacute;s tambi&eacute;n he escrito sobre la maravillosa cultura de mi pa&iacute;s. Aunque, pens&aacute;ndolo un poco, creo que la miseria me indigna tant&iacute;simo que deber&iacute;a haber escrito solo sobre ella. De todos los libros que he le&iacute;do en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ninguno trataba sobre las personas que no tienen nada. Que son tan pobres que lo &uacute;nico que conservan es su dignidad. Deber&iacute;a haber dedicado toda mi obra a los que no tienen nada&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una trayectoria indisolublemente unida a Bela Tarr</strong>
    </p><p class="article-text">
        El primero de los libros de Krasznahorkai fue Tango sat&aacute;nico, publicado originalmente en su pa&iacute;s en 1985, y que se ha convertido con los a&ntilde;os en un aut&eacute;ntico cl&aacute;sico moderno. La novela sit&uacute;a al lector en una comunidad rural aislada de Hungr&iacute;a. Un lugar casi fantasmal donde un grupo de personas esperan que algo ocurra y cambie su futuro. De repente, reciben la noticia de que un hombre desaparecido hace a&ntilde;os ha sido visto de camino a la localidad. Esto desencadenar&aacute; una espiral de acontecimientos y revelar&aacute; secretos que habr&iacute;an preferido ignorar. 
    </p><p class="article-text">
        El libro, en el que ya se destila a la perfecci&oacute;n el estilo del autor, ha tenido una resonancia especial debido a la adaptaci&oacute;n al cine que realiz&oacute; el famoso director h&uacute;ngaro B&eacute;la Tarr, recientemente fallecido. Una pel&iacute;cula de m&aacute;s de siete horas de duraci&oacute;n en la que colabor&oacute; estrechamente Krasznahorkai y que los convirti&oacute; en amigos. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando B&eacute;la termin&oacute; de leer mi libro, el manuscrito porque ni siquiera estaba publicado, vino directamente a mi casa. Deb&iacute;an ser las cinco de la ma&ntilde;ana y yo estaba en la cama con resaca&rdquo;, ha recordado el escritor durante la rueda de prensa. &ldquo;Yo pens&eacute;, &lsquo;&iquest;qui&eacute;n es este t&iacute;o?&rsquo; Porque no lo conoc&iacute;a de nada y vest&iacute;a de una forma muy extravagante. Pero nos pusimos a hablar y nos hicimos amigos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, no pararon de colaborar. El escritor lo ha recordado con cari&ntilde;o, aunque no todo fuera sencillo. &ldquo;B&eacute;la era el capit&aacute;n y los dem&aacute;s sus ayudantes. Lo ayud&aacute;bamos a conseguir llegar a donde &eacute;l quer&iacute;a&rdquo;, ha explicado Krasznahorkai. &ldquo;Su trabajo no era f&aacute;cil y trabajar con &eacute;l tampoco. Adem&aacute;s, &eacute;l siempre convivi&oacute; con el dolor f&iacute;sico y hacer pel&iacute;culas conllevaba mucha exigencia para &eacute;l. Canalizaba aquel dolor a trav&eacute;s de sus pel&iacute;culas. No s&eacute; si tuvo un efecto en mi obra, todav&iacute;a tengo pendiente hacer cuentas con mi amigo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Mucha gente intent&oacute; quemar Roma&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero si hablar de B&eacute;la Tarr es ineludible al conversar con Krasznahorkai, tambi&eacute;n resulta imposible evitar hacerlo sobre c&oacute;mo percibe la situaci&oacute;n pol&iacute;tica y social del mundo actual. M&aacute;s a&uacute;n viniendo de un pa&iacute;s como Hungr&iacute;a, que pronto se enfrentar&aacute; a unas elecciones en las que se decidir&iacute;a el futuro pol&iacute;tico de su presidente Viktor Orb&aacute;n, uno de los tent&aacute;culos de Putin y Trump en el seno de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las cosas no van bien&rdquo;, ha afirmado sin dudar. &ldquo;Pero creo que nunca han ido del todo bien. Dir&iacute;a que ni siquiera cuando viv&iacute;amos en cuevas iban bien. Pero de repente, pas&oacute; algo, como que alguien lleg&oacute; con un palo encendido y el fuego nos salv&oacute;. Nos hizo evolucionar&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En opini&oacute;n del autor h&uacute;ngaro, el mundo siempre ha ido evolucionando as&iacute;. Siempre ha estado en crisis, pero nunca ha llegado a caer del todo, la destrucci&oacute;n ha llevado al posterior progreso. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, tambi&eacute;n ha defendido en Barcelona que el p&uacute;blico en general no tiene ni idea de c&oacute;mo se rigen los destinos de las sociedades. &ldquo;En mi juventud, pensaba que la &uacute;nica soluci&oacute;n era la revoluci&oacute;n&rdquo;, ha asegurado. &ldquo;Pero ahora soy m&aacute;s flexible. Pienso lo peor de la raza humana, pero tambi&eacute;n creo que siempre hemos estado as&iacute;. Mucha gente intent&oacute; quemar Roma. Hubo muchos Mao Zedong en la historia de China. Mucha gente mala como Putin podr&iacute;a haber destruido el mundo, pero simplemente no pas&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para terminar, el autor ha bromeado de nuevo con su sobrenombre de maestro de Apocalipsis. &ldquo;El Apocalipsis no es algo &uacute;nico, sino que est&aacute; continuamente ocurriendo. Nunca va a llegar, est&aacute; pasando justo ahora&rdquo;.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/laszlo-krasznahorkai-premio-nobel-literatura-deberia-haber-dedicado-obra-no_1_13020426.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Feb 2026 15:47:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[László Krasznahorkai, premio Nobel de Literatura: “Debería haber dedicado toda mi obra a los que no tienen nada”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Nobel de Literatura,Hungría,Libros,Barcelona]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ricardo Compairé: el hombre detrás del pionero de la fotografía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/cultura/ricardo-compaire-hombre-detras-pionero-fotografia_129_12949049.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/97dfb82e-439c-4bc2-9bd4-70d38f50f5cb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x425y141.jpg" width="1200" height="675" alt="Ricardo Compairé: el hombre detrás del pionero de la fotografía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un nuevo libro de María Jesús Hernández reconstruye la vida cotidiana, las obsesiones y la mirada ética del célebre pionero de la fotografía aragonesa Ricardo Compairé</p><p class="subtitle">Ricardo Compairé, el 'retratista' del Alto Aragón que se paseaba por el Pirineo con un equipo fotográfico de 40 kilos
</p></div><p class="article-text">
        Un hombre avanza despacio por la monta&ntilde;a. Lleva m&aacute;s de cuarenta kilos a la espalda: c&aacute;mara, tr&iacute;pode, placas de cristal&hellip; Los pastores con los que se cruza lo miran con una mezcla de desconfianza y curiosidad. No es exactamente uno de ellos, pero habla con calma, escucha y observa. Al final, casi siempre, consigue lo que busca: congelar un momento, un gesto, una forma de vivir en el mundo que hoy, un siglo despu&eacute;s, nos permite vislumbrar un pasado perdido hace tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Esta imagen que acabamos de recrear, la del fot&oacute;grafo Ricardo Compair&eacute; cargando su equipo por los valles del Pirineo, representa casi a un mito. Intenta recrear el proceso de creaci&oacute;n de una obra fotogr&aacute;fica &uacute;nica en nuestro pa&iacute;s. Uno de los archivos visuales m&aacute;s valiosos del Alto Arag&oacute;n. Hoy su obra es conocida, estudiada y expuesta con gran &eacute;xito, como el cosechado, por ejemplo, por<a href="https://www.eldiario.es/aragon/cultura/ricardo-compaire-retratista-alto-aragon-paseaba-pirineo-equipo-fotografico-40-kilos_1_8027020.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.eldiario.es/aragon/cultura/ricardo-compaire-retratista-alto-aragon-paseaba-pirineo-equipo-fotografico-40-kilos_1_8027020.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la muestra celebrada en verano de 2021 en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza</a>.
    </p><p class="article-text">
        Pero bajando un poco a la tierra, quiz&aacute; conocemos menos al Compair&eacute; hombre, el farmac&eacute;utico de profesi&oacute;n y fot&oacute;grafo por vocaci&oacute;n irrenunciable. Este &uacute;ltimo es el protagonista del libro<a href="https://www.iea.es/catalogo-de-publicaciones/-/asset_publisher/ua0a9hdPwFkF/content/id/23691993" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.iea.es/catalogo-de-publicaciones/-/asset_publisher/ua0a9hdPwFkF/content/id/23691993" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Ricardo Compair&eacute;. El farmac&eacute;utico que retrat&oacute; el alma del Alto Arag&oacute;n</em></a>, de Mar&iacute;a Jes&uacute;s Hern&aacute;ndez Vi&ntilde;erta, que acaba de editar el Instituto de Estudios Altoaragoneses.&nbsp;
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                    alt="Fotografía realizada por Ricardo Compairé"
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            <span class="title">
                Fotografía realizada por Ricardo Compairé                            </span>
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        Un volumen que no nace un encargo acad&eacute;mico ni editorial, sino de una perseverancia casi vocacional, la de Enrique Chabier Compair&eacute;, nieto del fot&oacute;grafo, que lleva d&eacute;cadas investigando, reuniendo materiales y cuidando el legado de su familia. Tras la muerte de su padre, Enrique se prometi&oacute; velar por la memoria de su abuelo y este libro es uno de los frutos de su empe&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        La historiadora Mar&iacute;a Jes&uacute;s Hern&aacute;ndez confiesa que no se hab&iacute;a planteado escribir este libro, porque la fotograf&iacute;a no es su campo de especialidad. Hasta ahora se hab&iacute;a centrado m&aacute;s en la jota y el folclore aragon&eacute;s. Sin embargo, el empuje de Enrique Chabier ha acabado resultando decisivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El resultado es una biograf&iacute;a que reh&uacute;ye deliberadamente el tratado de foto. &ldquo;La intenci&oacute;n del libro no era centrarme en su obra o en los aspectos t&eacute;cnicos de su fotograf&iacute;a, ya que est&aacute;n ampliamente documentados, sino mostrar al hombre, a la persona que hab&iacute;a detr&aacute;s de la c&aacute;mara&rdquo;, explica la autora.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Un car&aacute;cter monta&ntilde;&eacute;s</h2><p class="article-text">
        Ricardo Compair&eacute; naci&oacute; en Villan&uacute;a en 1883 y ese origen le marcar&iacute;a. Seg&uacute;n le ha explicado su nieto a Mar&iacute;a Jes&uacute;s, &ldquo;pod&iacute;a parecer un poco serio e incluso seco por ese car&aacute;cter monta&ntilde;&eacute;s&rdquo;, aunque esa primera impresi&oacute;n se deshac&iacute;a pronto. &ldquo;Cuando se le trataba se ve&iacute;a que era una persona amable y cercana&rdquo;, explica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Fotografía de Ricardo Compairé                            </span>
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        Esa combinaci&oacute;n de reserva y don de gentes fue clave para su trabajo. Agliberto Garc&eacute;s, uno de sus acompa&ntilde;antes habituales desde 1927, dej&oacute; escrito que all&aacute; donde iban &ldquo;todo el mundo estaba pendiente de Don Ricardo&rdquo; y que los trataban &ldquo;a cuerpo de rey&rdquo;. No era casualidad. Compair&eacute; sab&iacute;a escuchar, observar y esperar, tres de las principales virtudes que debe reunir un buen fot&oacute;grafo.
    </p><p class="article-text">
        Su formaci&oacute;n tambi&eacute;n fue decisiva. Estudi&oacute; Farmacia en Barcelona, donde se licenci&oacute; con sobresaliente, y all&iacute; se despert&oacute; su inter&eacute;s por la pintura y el dibujo. Un d&iacute;a, pas&oacute; junto al escaparate de una tienda de fotograf&iacute;a de la capital catalana. Aquellos aparatos, que a principios del siglo XX todav&iacute;a eran toda una modernidad, le cautivaron y acabar&iacute;an marcando toda su vida.
    </p><h2 class="article-text">Nada era improvisado</h2><p class="article-text">
        Al ejercer como farmac&eacute;utico en varias localidades del Alto Arag&oacute;n como Bolta&ntilde;a, Panticosa o Hecho, el paisaje pirenaico y las personas que lo habitaban se convirtieron en el foco de su obra fotogr&aacute;fica, fuertemente influenciada por su formaci&oacute;n pict&oacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, sus im&aacute;genes se han convertido en documentos etnogr&aacute;ficos imprescindibles para recordar c&oacute;mo viv&iacute;an los monta&ntilde;eses de principios del siglo XX. Unas fotograf&iacute;as que, seg&uacute;n Mar&iacute;a Jes&uacute;s, conllevaban un concienzudo proceso de creaci&oacute;n que empezaba mucho antes de disparar la c&aacute;mara. &ldquo;Antes de realizar la foto, viajaba al lugar, hac&iacute;a un an&aacute;lisis de la orientaci&oacute;n, de la calidad de la luz y calculaba incluso el momento ideal en el que iba a realizar el disparo&rdquo;, explica la experta.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fotografía realizada por Ricardo Compairé                            </span>
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        De esta forma, sus im&aacute;genes consiguieron &ldquo;captar con fidelidad ese modo de vida que estaba desapareciendo&rdquo;, se&ntilde;ala. Compair&eacute; era consciente de estar registrando algo fr&aacute;gil. Como ha recordado su nieto, al volver de Barcelona a Hecho en 1905, Compair&eacute; observ&oacute; que la vestimenta tradicional estaba comenzando a ser reemplazada por otra m&aacute;s moderna. Eso le anim&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s a dejar constancia de una forma de vida que estaba a punto de cambiar para siempre.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El archivo salvado</h2><p class="article-text">
        En palabras de Maria Jes&uacute;s, Compair&eacute; &ldquo;era muy consciente de la obra que estaba construyendo. De hecho, en una entrevista en el a&ntilde;o 46, creo recordar, le preguntan sobre su archivo y &eacute;l dice que en ese momento es importante, pero que lo ser&aacute; mucho m&aacute;s el d&iacute;a en el que &eacute;l no est&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa conciencia del valor de su obra explica uno de los episodios m&aacute;s reveladores de su biograf&iacute;a: el traslado y ocultaci&oacute;n de su archivo durante la Guerra Civil. Ante el peligro real de bombardeos en Huesca, Compair&eacute; decidi&oacute; proteger sus im&aacute;genes en Zaragoza.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Gracias a su relaci&oacute;n familiar con Jos&eacute; Sender, el padre del escritor, que era secretario en Borja&rdquo;, un hermano de Compair&eacute; estaba casado con una de las hijas de Sender, &ldquo;supo que la farmacia de Borja hab&iacute;a quedado vacante. En cuanto pudo y tuvo todos los papeles en regla, se fue a trabajar a Borja, abri&oacute; all&iacute; una farmacia y traslad&oacute; el archivo, escondi&eacute;ndolo en una bodega de vino&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Fotografía realizada por Ricardo Compairé                            </span>
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        La elecci&oacute;n de ese lugar no fue casual: &ldquo;ten&iacute;a la temperatura adecuada para que las placas fotogr&aacute;ficas no se estropearan&rdquo;, explica Mar&iacute;a Jes&uacute;s. &ldquo;Permaneci&oacute; en all&iacute; hasta marzo de 1940. Acabada la Guerra Civil Compair&eacute; volvi&oacute; de nuevo a Huesca. Tambi&eacute;n su archivo. Salvando as&iacute; uno de los mayores tesoros visuales del Arag&oacute;n rural&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">M&aacute;s all&aacute; del fot&oacute;grafo</h2><p class="article-text">
        El libro ampl&iacute;a el foco y muestra a un hombre profundamente interesado por la ciencia, la bot&aacute;nica, la micolog&iacute;a, el folclore y el turismo. Fue un farmac&eacute;utico riguroso y respetado, adem&aacute;s de un promotor cultural adelantado a su tiempo. Un ejemplo de ello es que promocion&oacute; el turismo de Huesca, siendo presidente de la Sociedad Turismo del Alto Arag&oacute;n, y utilizando sus fotograf&iacute;as para mostrar la belleza oscense.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se relacion&oacute; con figuras clave de su tiempo: como el citado Ram&oacute;n J. Sender, Ram&oacute;n Ac&iacute;n o Ricardo del Arco. Con Ac&iacute;n, incluso, lleg&oacute; a dise&ntilde;ar escaparates para su farmacia de los que, lamentablemente, solo nos han llegado testimonios, no im&aacute;genes.
    </p><h2 class="article-text">El papel de Enrique Chabier Compair&eacute;</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Mar&iacute;a Jes&uacute;s, si este libro existe es, en buena medida, gracias a la labor incansable de Enrique Chabier Compair&eacute;. &ldquo;Enrique es un emisario incansable del legado de su abuelo&rdquo;, afirma la autora. &ldquo;Hasta hace poco tiempo ha estado dando charlas, conferencias, e incluso actuando como un gu&iacute;a excepcional en las exposiciones dedicadas a su abuelo, como por ejemplo en la realizada en el Paraninfo de Zaragoza y que dur&oacute; varios meses&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&Eacute;l vive en Huesca&rdquo;, contin&uacute;a Mar&iacute;a Jes&uacute;s, &ldquo;ven&iacute;a a Zaragoza en tren y le encantaba acompa&ntilde;ar a los visitantes. Se presentaba como su nieto, les explicaba las fotograf&iacute;as, el contexto en el que estaban hechas&hellip; O sea, que ha sido un aut&eacute;ntico embajador de la obra y de la memoria de su abuelo, contribuyendo indudablemente a que su legado se mantenga vivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Prueba de ello ha sido c&oacute;mo me ha engatusado, en el sentido m&aacute;s cari&ntilde;oso de la palabra, para que escribiera esta biograf&iacute;a, que podr&iacute;a haber escrito &eacute;l perfectamente&rdquo;, asegura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un libro que, tal y como reconoce la autora, est&aacute; hecho desde el cari&ntilde;o. &ldquo;Es la historia de un hombre testigo de un tiempo que estaba desapareciendo y que decidi&oacute; dejar constancia de ello&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/cultura/ricardo-compaire-hombre-detras-pionero-fotografia_129_12949049.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Jan 2026 21:48:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ricardo Compairé: el hombre detrás del pionero de la fotografía]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fotografía,Aragón]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["No vas a heredar la empresa": por qué es urgente que asumamos que el trabajo no lo es todo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-vas-heredar-empresa-urgente-asumamos-trabajo-no_1_12936799.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee843984-588d-4c75-8468-d4f770005c93_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;No vas a heredar la empresa&quot;: por qué es urgente que asumamos que el trabajo no lo es todo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Educados para creer que el esfuerzo garantizaba estabilidad y reconocimiento, hoy muchas personas se sienten estafadas. ¿Cómo ha ocurrido y de qué forma podemos cambiarlo?</p><p class="subtitle">Entrevista - Remedios Zafra: “Reapropiarnos del tiempo implica no solo reducir jornadas, sino una nueva filosofía del trabajo"</p></div><p class="article-text">
        Marta tiene 36 a&ntilde;os, duerme mal desde hace meses y vive con la sensaci&oacute;n constante de estar llegando tarde a todo en su empresa. No importa cu&aacute;nto se esfuerce: siempre siente que no es suficiente. &ldquo;Me ense&ntilde;aron a ser buena trabajadora antes que a ser buena conmigo. Y ahora no s&eacute; c&oacute;mo ponerme en primer lugar sin sentir que estoy fallando&rdquo;, explica. 
    </p><p class="article-text">
        Su historia no es excepcional. Es, de hecho, profundamente representativa de una generaci&oacute;n educada bajo una idea aparentemente incuestionable: que el trabajo deb&iacute;a ocupar el centro de la vida, y que el esfuerzo sostenido ser&iacute;a recompensado con estabilidad, reconocimiento y seguridad. El problema ha surgido cuando esa ecuaci&oacute;n ha dejado de funcionar y, aun as&iacute;, seguimos aplic&aacute;ndola como si el fallo solo pudiera estar en nosotros.
    </p><h2 class="article-text">Aprender a trabajar antes que a cuidarse</h2><p class="article-text">
        Para la psic&oacute;loga &Aacute;ngela Esteban, conocida en redes como @gamanpsicologia y autora del libro <a href="https://www.penguinlibros.com/es/libros-autoayuda/398396-libro-no-vas-a-heredar-la-empresa-9788402430588" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>No vas a heredar la empresa: C&oacute;mo acabar con el estr&eacute;s en el trabajo antes de que acabe contigo</em></a><em> </em>(Bruguera, 2025), esta interiorizaci&oacute;n comienza mucho antes de lo que solemos pensar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde nuestros primeros a&ntilde;os de vida ya empezamos a estar rodeados de est&iacute;mulos relacionados con el trabajo: los juguetes de profesiones, los juegos de rol, las preguntas de los adultos sobre lo que queremos ser cuando seamos mayores&rdquo;, explica. Sin darnos cuenta, vamos construyendo la idea de que nuestro futuro (y nuestro valor) estar&aacute; ligado a lo que hagamos laboralmente.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la autora, el mensaje se refuerza con los a&ntilde;os mediante frases bienintencionadas pero contundentes: &ldquo;Hay que esforzarse para llegar lejos&rdquo;, &ldquo;el trabajo es lo primero&rdquo;, &ldquo;si trabajas mucho, te ir&aacute; bien&rdquo;. Esteban apunta que, aunque estas expresiones nacen del afecto, dejan una huella que puede ser perjudicial: &ldquo;Se nos queda grabado que nuestro valor depende de cu&aacute;nto producimos y que el trabajo debe ser el centro de nuestra vida&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        En consulta, la experta se encuentra &ldquo;con personas agotadas que sienten que descansar es una p&eacute;rdida de tiempo. Su exigencia interna no les deja espacio para dejar de rendir, no pueden &lsquo;quedarse atr&aacute;s&rdquo;, se&ntilde;ala. Un desgaste silencioso que se normaliza &mdash;en Espa&ntilde;a, una <a href="https://www.randstad.es/nosotros/sala-prensa/6-de-10-trabajadores-experimentan-forma-regular-problemas-estres-trabajo/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta</a> reciente de Randstad indica que seis de cada 10 trabajadores experimentan de forma regular problemas de estr&eacute;s en el trabajo&mdash; y que, poco a poco, va borrando cualquier espacio vital que no sea productivo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se nos queda grabado que nuestro valor depende de cuánto producimos y que el trabajo debe ser el centro de nuestra vida</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ángela Esteban</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Cuando la promesa no se cumple</h2><p class="article-text">
        El golpe llega cuando, tras a&ntilde;os de esfuerzo, las recompensas prometidas no aparecen o lo hacen de forma t&iacute;mida. &ldquo;Ese es uno de los grandes &lsquo;golpes invisibles&rsquo;. Es como correr en una cinta: te esfuerzas, sudas, te dejas la piel&hellip; Pero no avanzas&rdquo;, describe Esteban. Y ante esa frustraci&oacute;n, muchos miran hacia dentro en lugar de cuestionar el sistema. &ldquo;En vez de revisar el contexto, revisamos nuestra val&iacute;a. &lsquo;&iquest;No soy suficiente?&rsquo;, &lsquo;&iquest;Tengo que esforzarme todav&iacute;a m&aacute;s?&rdquo;, a&ntilde;ade. Con lo que se crea el caldo de cultivo para la frustraci&oacute;n y la infelicidad. 
    </p><p class="article-text">
        Luis, de 43 a&ntilde;os, acudi&oacute; a consulta con la psic&oacute;loga Esteban con una sensaci&oacute;n que se repite cada vez m&aacute;s: la de haber sido enga&ntilde;ado. &ldquo;No solo se sent&iacute;a cansado, se sent&iacute;a estafado&rdquo;, relata la psic&oacute;loga. Hab&iacute;a cumplido con todo lo que se supon&iacute;a que deb&iacute;a hacer, pero su vida no se parec&iacute;a en nada a la que le hab&iacute;an prometido. Sent&iacute;a que sus esfuerzos no se correspond&iacute;an con su realidad y eso le generaba mucha culpa, frustraci&oacute;n e, incluso, verg&uuml;enza. No sab&iacute;a c&oacute;mo explicarse por qu&eacute; trabajaba tanto.
    </p><p class="article-text">
        Pero aunque es natural y justo esperar una recompensa externa por lo que hacemos, no podemos basar toda nuestra sensaci&oacute;n de val&iacute;a personal en lo que el trabajo nos devuelva. &ldquo;Si tu esfuerzo no se ha visto correspondido, no significa que t&uacute; valgas menos ni que hayas fallado&rdquo;, insiste Esteban. A veces, subraya, lo que falla es el sistema, las condiciones, el contexto. Pero desaprender esa idea cuesta, sobre todo cuando durante a&ntilde;os se nos ha aleccionado en sentido contrario.
    </p><h2 class="article-text">El trabajo como deber moral</h2><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga <a href="https://recerca.uoc.edu/investigadores/881880/detalle" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elsa Santamar&iacute;a</a>, especializada en los aspectos psicosociales relacionados con el mundo del trabajo y profesora en la UOC, sit&uacute;a esta l&oacute;gica en un marco hist&oacute;rico y cultural m&aacute;s amplio. &ldquo;El modelo cultural que ha posicionado el trabajo como una prioridad es una construcci&oacute;n social con ra&iacute;ces profundas&rdquo;, explica, y remite al libro <em>La &eacute;tica protestante y el esp&iacute;ritu del capitalismo</em>, de Max Weber, donde el autor alem&aacute;n describe el mundo industrial moderno de finales del siglo XIX y principios del XX.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa &eacute;tica, derivada especialmente del calvinismo, fue clave para consolidar el trabajo como un deber moral y religioso, como centro de la organizaci&oacute;n social y de la formaci&oacute;n de nuestras subjetividades.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el contexto ha cambiado respecto al mundo que describe Weber, seg&uacute;n Santamar&iacute;a, hay elementos que no solo se han mantenido, sino que se han reforzado. &ldquo;Un ejemplo de ello es la racionalidad que vincula valor social con rendimiento, utilidad y esfuerzo personal&rdquo;, se&ntilde;ala. &ldquo;Esta legitima tanto el disciplinamiento individual como la regulaci&oacute;n social bajo ideales de eficiencia, responsabilidad y meritocracia&rdquo;. De ah&iacute;, por ejemplo, el ensalzamiento constante de la figura del emprendedor.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El esfuerzo sostenido ya no garantiza la estabilidad laboral, el ascenso social ni la seguridad económica</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elsa Santamaría</span>
                                        <span>—</span> socióloga (UOC)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El problema es que la ecuaci&oacute;n de la meritocracia ya no funciona como antes. &ldquo;El esfuerzo sostenido ya no garantiza la estabilidad laboral, el ascenso social ni la seguridad econ&oacute;mica&rdquo;, afirma la profesora. Y, sin embargo, seguimos midi&eacute;ndonos con el mismo rasero.
    </p><h2 class="article-text">Autoexigencia: la voz que no se apaga</h2><p class="article-text">
        Esa contradicci&oacute;n alimenta una autoexigencia que puede volverse corrosiva. &ldquo;Nos lo han ense&ntilde;ado como algo heroico: aguantar, sacrificarse, no detenerse&rdquo;, explica Esteban. Adem&aacute;s, cuestionar esa narrativa no es f&aacute;cil porque implica poner en duda una parte central de nuestra identidad. &ldquo;Llega un punto en el que esos comentarios externos que escuchamos se convierten en nuestra propia voz interna. Y ahora ya no hace falta que nadie nos exija, lo hacemos nosotros mismos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga recuerda el caso de Clara, de 29 a&ntilde;os, que lo expresaba as&iacute; en consulta: &ldquo;S&eacute; que estoy agotada, pero no puedo decepcionar. Ya no s&eacute; ni a qui&eacute;n, pero siento que tengo que seguir&rdquo;. Ten&iacute;a migra&ntilde;as, bloqueos, ansiedad constante pero, aun as&iacute;, se obligaba a ir m&aacute;s r&aacute;pido, a ser m&aacute;s eficiente y a no fallar en nada. &ldquo;No era un problema de organizaci&oacute;n, sino de un nivel de exigencia imposible de sostener&rdquo;, apunta Esteban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde la sociolog&iacute;a, Santamar&iacute;a observa un fen&oacute;meno paralelo: &ldquo;Ya no es solo la empresa quien nos cronometra, sino que somos nosotros quienes nos autocronometramos y autooptimizamos constantemente&rdquo;. <a href="https://www.eldiario.es/era/imposible-llegar-atrofiado-capacidad-disfrutar-grandes-planes_1_12508495.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La l&oacute;gica de la productividad se ha extendido al ocio</a>, <a href="https://www.eldiario.es/era/exigencia-hiperproductiva-disfrutar-tiempo-libre-culpa_1_10423017.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al descanso</a> y a la <a href="https://www.eldiario.es/era/cultura-quedar-ponerse-dia-amigos-no-compartimos-vida-resumimos_1_12791667.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vida personal</a>. El individuo se convierte en un &ldquo;sujeto empresario de s&iacute; mismo&rdquo;, responsable &uacute;nico de su &eacute;xito o fracaso.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ya no es solo la empresa quien nos cronometra, sino que somos nosotros quienes nos autocronometramos y autooptimizamos constantemente</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Elsa Santamaría</span>
                                        <span>—</span> socióloga (UOC)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Cuando el cuerpo habla</h2><p class="article-text">
        El problema es que esto acaba pasando factura en nuestra salud. &ldquo;El cuerpo siempre habla antes que la mente&rdquo;, recuerda Esteban. Cansancio que no se recupera, niebla mental, irritabilidad, desconexi&oacute;n emocional, dolores persistentes, ansiedad. Se&ntilde;ales que solemos normalizar como &ldquo;estr&eacute;s adulto&rdquo;, pero que apuntan a algo m&aacute;s profundo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nadie llega <a href="https://www.eldiario.es/era/burnout-sindrome-trabajador-quemado_1_10437897.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al </a><a href="https://www.eldiario.es/era/burnout-sindrome-trabajador-quemado_1_10437897.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>burnout</em></a> de un d&iacute;a para otro&rdquo;, advierte. Pero muchos llevamos ignorando avisos durante demasiado tiempo, convencidos de que parar ser&iacute;a una forma de rendirse cuando, en realidad, &ldquo;cuestionar esas creencias no es un acto de debilidad, sino de autocuidado profundo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La culpa de parar</h2><p class="article-text">
        Por otro lado, poner l&iacute;mites, descansar o decir que no, suele venir acompa&ntilde;ado de culpa. &ldquo;Es una emoci&oacute;n muy com&uacute;n en personas que han funcionado mucho tiempo desde la autoexigencia&rdquo;, explica Esteban. Una culpa aprendida en una cultura que idolatra la productividad y asocia el cuidado personal con la pereza.
    </p><p class="article-text">
        Javier, de 52 a&ntilde;os, no pod&iacute;a apagar el m&oacute;vil del trabajo ni un domingo. &ldquo;Siento que si digo que no, alguien va a pensar que soy un vago&rdquo;, le dec&iacute;a a &Aacute;ngela en terapia. La culpa lo manten&iacute;a siempre disponible, aunque su cuerpo estuviera exhausto. &ldquo;&iquest;Y si me necesitan? &iquest;Y si se dan cuenta de que no soy tan bueno o necesario como piensan?&rdquo;, pensaba.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Debemos entender que descansar no es fallar, poner l&iacute;mites no es traicionar a nadie&rdquo;, insiste la psic&oacute;loga. Pero interiorizarlo requiere desmontar normas profundamente arraigadas.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Hay salida?</h2><p class="article-text">
        Salir de esta l&oacute;gica no es sencillo ni inmediato.<strong> &ldquo;</strong>Esta rueda est&aacute; dise&ntilde;ada para que cueste bajarse de ella. As&iacute; que no es una cuesti&oacute;n de falta de voluntad o de valent&iacute;a, sino de estructura y consciencia&rdquo;, se&ntilde;ala Esteban.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El primer paso es parar y nombrar lo que ocurre y as&iacute; recuperar la capacidad de escucharse. Pensar: &ldquo;&iquest;qu&eacute; me est&aacute; pasando?&rdquo;, &ldquo;&iquest;c&oacute;mo estoy realmente?&rdquo;, &ldquo;&iquest;qu&eacute; estoy necesitando y no estoy pudiendo darme?&rdquo;. Es como apagar el motor un segundo para dejar de escuchar ese ruido al que, muy probablemente, te hayas acostumbrado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Luego toca explorar las posibilidades reales&rdquo;, apunta la psic&oacute;loga. &ldquo;Siempre hay un margen: renegociar tareas o plazos, pedir apoyo, ajustar expectativas, poner l&iacute;mites, dejar de asumir tareas que no te corresponden, reducir el nivel de exigencia, recuperar un h&aacute;bito que te hace bien, respetar tu horario personal fuera de lo laboral, etc.&rdquo;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Esta rueda está diseñada para que cueste bajarse de ella. Así que no es una cuestión de falta de voluntad o de valentía, sino de estructura y consciencia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ángela Esteban</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En definitiva, seg&uacute;n la psic&oacute;loga y autora, hay un trabajo interno importante: reconectar con las necesidades y los valores personales.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva colectiva, Santamar&iacute;a apunta a ensayos como la semana laboral de cuatro d&iacute;as o el trabajo h&iacute;brido, aunque advierte: &ldquo;Son cambios operativos, no alternativas&rdquo;. Para un reequilibrio real se necesita &ldquo;un cambio cultural en la concepci&oacute;n del trabajo que priorice su valor social sobre su valor econ&oacute;mico, pero para ello se requiere de transformaciones profundas en m&uacute;ltiples &aacute;mbitos de la sociedad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez el primer gesto sea aceptar algo inc&oacute;modo pero liberador: que, como dice el t&iacute;tulo del libro de Esteban, &ldquo;no vamos a heredar la empresa&rdquo;, y que quiz&aacute; nunca debimos organizar nuestra vida como si ese fuera a ser el premio final.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/no-vas-heredar-empresa-urgente-asumamos-trabajo-no_1_12936799.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jan 2026 20:56:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["No vas a heredar la empresa": por qué es urgente que asumamos que el trabajo no lo es todo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,Sociedad,Bienestar,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ‘María Magdalena’ de Ariadna Gil nos devuelve a la mujer que nos enseñaron a no ver]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/maria-magdalena-ariadna-gil-devuelve-mujer-ensenaron-no-ver_1_12929755.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/593de74c-d997-4ae6-a7de-f008e86fc417_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ‘María Magdalena’ de Ariadna Gil nos devuelve a la mujer que nos enseñaron a no ver"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante siglos la cultura occidental redujo a María Magdalena a un estereotipo: la pecadora, la prostituta, la mujer caída. La nueva obra del TNC, dirigida por Carme Portaceli, invita a reflexionar sobre cómo se han contado y distorsionado las historias de las mujeres</p><p class="subtitle">La Veronal convierte la oscuridad de 'La muerte y la primavera' de Mercè Rodoreda en una danza surrealista y gótica</p></div><p class="article-text">
        Casi todo el mundo cree saber qui&eacute;n fue Mar&iacute;a Magdalena. O, mejor dicho, casi todos creen saber qu&eacute; fue: una prostituta, una mujer pecadora perdonada por la bondad infinita de Jes&uacute;s, una figura secundaria en los evangelios cuya funci&oacute;n principal consist&iacute;a en llorar. Bajo esta concepci&oacute;n, su figura ha atravesado dos mil a&ntilde;os de sermones, textos religiosos y todo tipo de obras de arte sacro y popular hasta establecerse como una verdad incuestionable. 
    </p><p class="article-text">
        El problema es que esa Mar&iacute;a Magdalena est&aacute; muy alejada de la figura, real o no, representada originalmente en los evangelios y otros textos ap&oacute;crifos. Lo que nos ha llegado de ella es, podr&iacute;amos decir, la caricatura interesada de una figura mucho m&aacute;s compleja e importante en el cristianismo primitivo.
    </p><p class="article-text">
        Esta reducci&oacute;n deliberada es, precisamente, el punto de partida de <em>Maria Magdalena</em>, el nuevo espect&aacute;culo que Carme Portaceli dirige en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC), con texto de Michael De Cock y dramaturgia compartida con In&eacute;s Boza. Una obra que, lejos de pretender ofrecer una 'versi&oacute;n definitiva' del personaje, s&iacute; que aspira a dinamitar el relato heredado sobre esa mujer llamada Mar&iacute;a, nacida en Magdala, y, de paso, hacer preguntarse al p&uacute;blico cu&aacute;ntas otras historias de mujeres han sido deformadas del mismo modo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El peso de un bulo fundacional</strong>
    </p><p class="article-text">
        La confusi&oacute;n que rodea a Mar&iacute;a Magdalena no es casual ni inocente. Como se recuerda en el propio espect&aacute;culo, en el siglo V el papa Gregorio Magno decidi&oacute; fundir en una sola figura a varias mujeres distintas de los evangelios. Aquella operaci&oacute;n teol&oacute;gica tuvo consecuencias muy importantes: &ldquo;Mar&iacute;a Magdalena se convirti&oacute; en una pecadora y en una prostituta&rdquo;, explican Portaceli y De Cock en el texto introductorio del proyecto, un gesto que supuso, en su opini&oacute;n, uno de los primeros y m&aacute;s importantes actos fundacionales del patriarcado.
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva obra, una producci&oacute;n del Teatre Nacional de Catalunya junto al KVS de Bruselas, que estar&aacute; en la Sala Gran del TNC hasta el 22 de febrero y que posteriormente realizar&aacute; una gira internacional, no nace de la nada, sino que se inscribe en un contexto m&aacute;s amplio de revisi&oacute;n contempor&aacute;nea de la figura de la Magdalena. Un movimiento que no solo atraviesa la creaci&oacute;n art&iacute;stica, sino tambi&eacute;n el &aacute;mbito acad&eacute;mico y expositivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No una, sino muchas Magdalenas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, uno de los ejes conceptuales del espect&aacute;culo es la idea de que no existe una sola Mar&iacute;a Magdalena, sino muchas. Incluso en nuestros d&iacute;as abundan las mujeres relegadas al olvido o al descr&eacute;dito solo por el hecho de serlo. 
    </p><p class="article-text">
        Una encarnaci&oacute;n contempor&aacute;nea de ellas es la protagonista de la obra, Miriam, interpretada por Ariadna Gil, que es una profesora que viaja de Bruselas a Barcelona para dar una conferencia sobre Mar&iacute;a Magdalena. 
    </p><p class="article-text">
        Su vida, en ese momento, est&aacute; en plena crisis. Acaba de irse de casa con la intenci&oacute;n de divorciarse de su marido y la hija de ambos no la apoya. Sumida en sus pensamientos, al llegar a Barcelona la recoge un extra&ntilde;o taxista portugu&eacute;s que dice llamarse Jes&uacute;s. A trav&eacute;s del estudio que la propia Miriam realiza para preparar su conferencia, el p&uacute;blico va conociendo y penetrando en las diversas capas de la historia de la Magdalena.
    </p><p class="article-text">
        La figura hist&oacute;rica (o m&iacute;tica) se convierte as&iacute; en un prisma desde el que observar la opresi&oacute;n femenina a lo largo de la historia y mostrar que pocas cosas han cambiado. &ldquo;Queremos hablar de todas esas mujeres rechazadas que han hecho cosas importantes en la historia pero que nadie, o casi nadie, conoce&rdquo;, se&ntilde;alan los creadores, mujeres que &ldquo;han transgredido los valores predominantes&rdquo; y por ello han sido rechazadas e insultadas como nunca lo habr&iacute;an sido si hubieran sido hombres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De la tradici&oacute;n escrita a la memoria oral</strong>
    </p><p class="article-text">
        Durante la preparaci&oacute;n de la obra, el equipo ha dedicado mucho esfuerzo a investigar y cuestionar las fuentes oficiales que nos hablan de la Magdalena. Frente a la historia impuesta por la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica, en <em>Maria Magdalena</em> se rastrea y reivindica la tradici&oacute;n oral, la leyenda, el mito y la cultura popular como espacios de conocimiento donde se han tenido que refugiar las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Incluso yo misma me autocensuraba&rdquo;, reconoce In&eacute;s Boza al hablar del proceso de investigaci&oacute;n. Acostumbradas a un canon acad&eacute;mico masculino, muchas formas de saber transmitidas por mujeres han sido consideradas poco fiables o directamente irrelevantes. Sin embargo, como recuerda Boza, hay lugares como Saintes-Maries-de-la-Mer o la Gruta de Sainte-Baume (donde se supone que la Magdalena acab&oacute; sus d&iacute;as), en los que la tradici&oacute;n vinculada a ella sigue viva desde hace dos mil a&ntilde;os. &ldquo;Esto debe considerarse una fuente&rdquo;, insiste, &ldquo;porque si no aceptamos esta tradici&oacute;n popular, estamos aplicando la misma censura que la propia Iglesia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Portaceli va m&aacute;s all&aacute; y conecta esa exclusi&oacute;n con una violencia estructural: &ldquo;La religi&oacute;n cristiana ha anulado a las mujeres&rdquo;, afirma. Y no solo en el pasado. &ldquo;Lo sigue haciendo&rdquo;. No obstante, tampoco se trata de sustituir un dogma por otro, sino de evidenciar c&oacute;mo se construyen los relatos de poder. 
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                &#039;Maria Magdalena&#039; se construye como una comunidad de mujeres.                            </span>
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        <strong>Mujeres que piensan, trabajan, dudan</strong>
    </p><p class="article-text">
        En escena, Miriam no aparece sola ni aislada. El espect&aacute;culo se construye como una comunidad de mujeres que investigan, discuten, discrepan, bailan, celebran y se contradicen. Un elenco en el que destacan Miriam Moukhles en el papel de la hija mayor de Miriam, Anna Ycobalzeta como su amiga escultora, Salom&eacute;, o la soprano albano-belga Ana Naqe.
    </p><p class="article-text">
        Pero, sin duda, es necesario destacar la actuaci&oacute;n de Ariadna Gil. Su Miriam transita el escenario con una naturalidad que combina autoridad y fragilidad, y lo hace sin imponerse al resto del conjunto actoral: ejerce de primera figura cuando la dramaturgia lo requiere, pero sabe integrarse en el trabajo coral y pasar a un segundo plano cuando la escena lo pide. Lejos del lucimiento individual, su interpretaci&oacute;n aporta cohesi&oacute;n y ritmo al montaje.
    </p><p class="article-text">
        Pero en <em>Maria Magdalena</em> tan importantes son las actrices como el entorno en el que se mueven. La propia Ariadna Gil define el montaje como &ldquo;un espect&aacute;culo poco convencional en el que el escenario es muy importante para explicar lo que les pasa a los personajes&rdquo;. Para la actriz, los int&eacute;rpretes &ldquo;son una parte m&aacute;s&rdquo; de un engranaje que incluye m&uacute;sica, imagen, palabra y movimiento&ldquo;, y que est&aacute; especialmente bien engrasado. Un dispositivo esc&eacute;nico muy potente, creado por Marie Szersnovicz, que se transforma, dialoga y apuntala la narraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es oportuno se&ntilde;alar el importante papel que la m&uacute;sica de Laia Vall&eacute;s, casi siempre presente en escena y tocando en directo, tiene en la representaci&oacute;n. Sonidos electr&oacute;nicos, con tendencia a la distorsi&oacute;n, que evocan las manipulaciones que ha sufrido el relato magdaleniense.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Recuperar la narrativa es recuperar el poder</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Maria Magdalena</em> huye de las conclusiones un&iacute;vocas. No hay una intenci&oacute;n de sentar c&aacute;tedra sobre nada, insisten las responsables. La obra no busca demostrar si la Magdalena fue o no prostituta, ni caer en revelaciones efectistas al estilo de <em>El C&oacute;digo Da Vinci</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras Portaceli y De Cock preparaban el texto, ten&iacute;an en mente una frase que en la Biblia pronuncia Poncio Pilato: <em>Quod scripsi, scripsi</em>. Lo que est&aacute; escrito, est&aacute; escrito. Frente a esa sentencia, <em>Maria Magdalena</em> propone un gesto radicalmente opuesto: reescribir, revisar, imaginar de nuevo. Porque poseer la narrativa es tener el poder.
    </p><p class="article-text">
        Narrativa y poder, dos asuntos que no podr&iacute;an estar m&aacute;s de actualidad en nuestro presente acosado por los bulos, la posverdad, la simplificaci&oacute;n interesada de los relatos, la viralidad de mensajes descontextualizados y la autoridad creciente de algoritmos que deciden qu&eacute; vemos, qu&eacute; se amplifica y qu&eacute; queda en los m&aacute;rgenes. 
    </p><p class="article-text">
        A ello se suma una inteligencia artificial cada vez m&aacute;s perfeccionada, capaz de generar im&aacute;genes, textos y voces casi indistinguibles de la realidad.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, la <em>Maria Magdalena</em> de Portaceli y De Cock funciona como una met&aacute;fora particularmente oportuna, como una afirmaci&oacute;n de que recuperar la narrativa es tambi&eacute;n recuperar la posibilidad de pensar por cuenta propia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/maria-magdalena-ariadna-gil-devuelve-mujer-ensenaron-no-ver_1_12929755.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jan 2026 22:30:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ‘María Magdalena’ de Ariadna Gil nos devuelve a la mujer que nos enseñaron a no ver]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Teatro,TNC,Ariadna Gil,Barcelona,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pasolini sigue vivo e incómodo 50 años después de su muerte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pasolini-sigue-vivo-e-incomodo-50-anos-despues-muerte_1_12868145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57fda4eb-1499-4a22-aa06-591c82c59a06_16-9-discover-aspect-ratio_default_1133281.jpg" width="973" height="548" alt="Pasolini sigue vivo e incómodo 50 años después de su muerte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De la novela ‘Petróleo’ a los ensayos reunidos en ‘Las siete vidas de Pasolini’, el legado del artista italiano se expande y sigue cuestionando la forma en la que miramos el presente</p><p class="subtitle">Los mejores libros del siglo XXI, elegidos por 21 librerías españolas
</p></div><p class="article-text">
        A veces, los aniversarios funcionan como una luz indirecta: no revelan directamente un rostro, pero s&iacute; que ayudan a desempolvar el universo que lo rodea. En el caso de <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/pasolini-profeta-comunista_1_9246422.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pier Paolo Pasolini</a>, la atenci&oacute;n sobre su figura, debido a que este a&ntilde;o se han cumplido 50 a&ntilde;os de su asesinato (producido en la madrugada del 2 de noviembre de 1975, en la playa de Ostia, Roma), ha dado la oportunidad al gran p&uacute;blico de conocer su figura m&aacute;s all&aacute; del cine.
    </p><p class="article-text">
        Cinco d&eacute;cadas despu&eacute;s y tras la reciente celebraci&oacute;n de su centenario en 2022, la figura de Pasolini ha vuelto a ocupar, entre otros espacios, los escaparates y las mesas de novedades de nuestras librer&iacute;as. Tanto con reediciones de su obra, entre las que destaca la de su novela inacabada, <a href="https://nordicalibros.com/product/petroleo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Petr&oacute;leo</em></a> (N&oacute;rdica, 2025), como con vol&uacute;menes que reflexionan alrededor de su persona como <a href="https://dosbigotes.es/libros/las-siete-vidas-de-pasolini/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Las siete vidas de Pasolini</em></a> (Dos Bigotes, 2025).
    </p><p class="article-text">
        Este segundo libro es, sin duda, uno de los m&aacute;s interesantes de los editados este a&ntilde;o si se busca adentrarse en el Pasolini m&aacute;s desconocido. Se trata de un volumen coral, prologado por el escritor Vicente Monroy, que tiene vocaci&oacute;n de ampliar la visi&oacute;n que tiene el p&uacute;blico en general de un artista que, por supuesto, fue un cineasta excepcional y &uacute;nico, pero cuya obra es mucho m&aacute;s extensa y variada. A la etiqueta de director de cine el libro a&ntilde;ade seis m&aacute;s: poeta, novelista, pintor, dramaturgo, amante y fil&oacute;sofo.
    </p><p class="article-text">
        Un artista que, como escribe Monroy, &ldquo;no nos leg&oacute; un sistema o una doctrina, sino algo m&aacute;s inasible e inquietante. Un aliento, una cadencia, un aura prof&eacute;tica &mdash;Moravia lo comparaba con un profeta b&iacute;blico&mdash; que envuelve sus palabras y sus im&aacute;genes en una niebla seductora y desestabilizadora&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">M&aacute;s all&aacute; de 'Sal&oacute;'</h2><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Moravia dijo en su funeral una frase dif&iacute;cil de rebatir: &ldquo;Hemos perdido, por encima de todo, a un poeta. Y poetas no hay tantos en el mundo&rdquo;. Y esa personalidad, la de poeta, escribe Monroy, atraviesa toda la obra de Pasolini. Ya que este no fue un te&oacute;rico que utilizara el cine ni un director que se refugiara en la escritura, sino un poeta que se expresaba a trav&eacute;s de m&uacute;ltiples formas art&iacute;sticas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/34feb62d-e9a4-43d4-b619-593f2dda0e77_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Entrando en algunos de otros planos de los que se ocupa el libro, cabe destacar la pieza de la experta en Pasolini, Silvia Mart&iacute;n Guti&eacute;rrez, que se pregunta en su ensayo, titulado <em>Pier Paolo Pasolini, &iquest;fil&oacute;sofo?</em>, si el italiano puede leerse como tal. En su opini&oacute;n, a pesar de que sus cr&iacute;ticos atacaron frecuentemente al Pasolini por ir de <em>tuttologo</em>, &eacute;l mismo reconoci&oacute; que ni ten&iacute;a formaci&oacute;n filos&oacute;fica ni pretend&iacute;a ser uno de ellos. 
    </p><p class="article-text">
        No obstante, como artista, como poeta, la filosof&iacute;a estuvo siempre presente en su obra. Es innegable, como se&ntilde;ala Mart&iacute;n, la influencia en ella de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica, medieval, de la Ilustraci&oacute;n, del marxismo, del existencialismo y, especialmente, el pensamiento del Marqu&eacute;s de Sade. Incluso de la filosof&iacute;a hinduista, tras su viaje a la India junto a algunos otros intelectuales italianos.
    </p><p class="article-text">
        A esa lectura se suma la del historiador Mario Colleoni, que aborda al Pasolini novelista y ensalza la ambici&oacute;n narrativa de alguien que jam&aacute;s concibi&oacute; la novela como un refugio psicol&oacute;gico, sino como un territorio de experimentaci&oacute;n moral y pol&iacute;tica. Entre su producci&oacute;n, destaca la ya citada <em>Petr&oacute;leo</em>, una obra-puzle inacabada que mezcla diarios, parodias, visiones, alegor&iacute;as b&iacute;blicas, ensayos pol&iacute;ticos y escenas de una lucidez casi insoportable, y que el artista concibi&oacute; como una obra de arte total.
    </p><p class="article-text">
        Pasolini la inici&oacute; en 1967 y trabaj&oacute; en ella, hasta la v&iacute;spera misma de su muerte. Sobre el libro, en diciembre de 1974 dej&oacute; escrito: &ldquo;Lo que he hecho desde que nac&iacute; no es nada en comparaci&oacute;n con la obra gigantesca que estoy llevando a cabo&rdquo;; y en enero de 1975 precis&oacute;, como una especie de epitafio/manifiesto involuntario: &ldquo;Contiene todo lo que s&eacute;, ser&aacute; mi &uacute;ltima obra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Destaca tambi&eacute;n el texto escrito por la historiadora D&eacute;borah Garc&iacute;a, que aborda al Pasolini amante, un territorio donde deseo, clase y herida se confunden, y donde emerge una vulnerabilidad capital en todo su trabajo. Para Garc&iacute;a, el deseo del autor, que en su tiempo fue &ldquo;inc&oacute;modo, &aacute;spero, violento&rdquo;, vertebra su obra.
    </p><p class="article-text">
        Desde una mirada l&eacute;sbica y cr&iacute;tica, Garc&iacute;a se&ntilde;ala que esta pulsi&oacute;n no es un mero rasgo biogr&aacute;fico, sino una posici&oacute;n &eacute;tica: Pasolini elige habitar el margen, deseando cuerpos que el sistema excluye y rechazando la domesticaci&oacute;n burguesa del afecto. As&iacute;, el &ldquo;temblor&rdquo; pasoliniano se convierte en un archivo de la disidencia, donde el amor, aun doliendo o no siendo correspondido, act&uacute;a como un &uacute;ltimo refugio de verdad frente a la anestesia del consumo y la norma social.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/75c688e6-c0d7-4b67-adf9-e89501ac65f9_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Cada uno de los ensayos incluidos en el volumen ilumina, por tanto, una dimensi&oacute;n distinta del autor, pero todos convergen en un diagn&oacute;stico com&uacute;n: Pasolini sigue siendo un interlocutor inc&oacute;modo para nuestro presente porque se&ntilde;al&oacute; problemas que contin&uacute;an siendo completamente vigentes en nuestra actualidad. 
    </p><p class="article-text">
        El italiano entendi&oacute; antes que nadie que la modernidad estaba devorando sus propios cimientos. Su diagn&oacute;stico sobre el consumo, entonces tildado de catastrofista, hoy parece una lectura anticipada del capitalismo tard&iacute;o. Habl&oacute; de &ldquo;genocidio cultural&rdquo; cuando casi nadie pronunciaba esa expresi&oacute;n. Denunci&oacute; la &ldquo;mutaci&oacute;n antropol&oacute;gica&rdquo; que borraba las formas de vida populares y advirti&oacute; que la televisi&oacute;n producir&iacute;a &ldquo;un nuevo tipo de italiano&rdquo;, estandarizado y d&oacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        En sus &uacute;ltimos textos, cuando ya percib&iacute;a que la juventud proletaria hab&iacute;a sido absorbida por la aspiraci&oacute;n de clase media, escribi&oacute;: &ldquo;Amo lo que se pierde&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Una memoria en disputa</h2><p class="article-text">
        Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s, el legado de Pasolini sigue siendo un campo de batalla. Seg&uacute;n Monroy, tras su muerte &ldquo;su nombre qued&oacute; atrapado en una densa red de interpretaciones y tergiversaciones&rdquo;. Y explica que muchos bi&oacute;grafos &ldquo;incurren en un exceso de mitificaci&oacute;n&rdquo; que termina alej&aacute;ndolo de los lectores de hoy en d&iacute;a. Y es cierto: la figura de Pasolini ha sufrido la doble condena del morbo y del mito. Lo han convertido en m&aacute;rtir, en profeta, en santo laico, en provocador profesional. 
    </p><p class="article-text">
        Pero cada aniversario obliga a retirar capas. Y, si lo hacemos, aparece un Pasolini m&aacute;s fr&aacute;gil y m&aacute;s feroz: un hombre que escribi&oacute; contra su tiempo sin proyecto de salvaci&oacute;n, que film&oacute; sin obedecer al mercado, que am&oacute; lo que sab&iacute;a ef&iacute;mero, que se equivoc&oacute; con la desesperaci&oacute;n de quien sabe que ya no hay remedio. Un artista que, como concluye Monroy, &ldquo;insiste en regresar para recordarnos lo que fuimos, lo que hemos perdido y lo que todav&iacute;a podr&iacute;amos llegar a ser&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Volver a Pasolini en 2025 no es un ejercicio nost&aacute;lgico. Es un acto de supervivencia cultural. Libros como <em>Las siete vidas de Pasolini</em> resultan esenciales: no para &ldquo;cerrar&rdquo; a Pasolini, sino para permitir que siga vivo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pasolini-sigue-vivo-e-incomodo-50-anos-despues-muerte_1_12868145.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Dec 2025 20:50:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pasolini sigue vivo e incómodo 50 años después de su muerte]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ensayos,Novela,Literatura,Cine,Películas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Mi vida es trabajar y criar, nada más”: así es ser madre sin apoyo familiar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/vida-trabajar-criar-madre-apoyo-familiar_1_12868785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e8b22983-f020-4b0e-8328-8175f0a72380_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Mi vida es trabajar y criar, nada más”: así es ser madre sin apoyo familiar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sin abuelos ni hermanos cerca, sin horarios flexibles y con una red social cada vez más frágil, muchas madres y padres crían prácticamente solos. ¿Cómo sobrevivir a una maternidad sin apoyos?</p><p class="subtitle">Navidad sin cuñados: ¿y si podemos aspirar a algo más que pasar las fiestas 'felices o en familia'?
</p></div><p class="article-text">
        Andrea es m&eacute;dica de familia, as&iacute; que no le cuesta mucho darse cuenta de que alguna de sus hijas, de tres a&ntilde;os y nueve meses, respectivamente, est&aacute; enferma. Es de C&aacute;diz, pero trabaja en un Centro de Atenci&oacute;n Primaria en Barcelona. Su marido es ingeniero y, como ella, tambi&eacute;n tiene un horario exigente que requiere de su presencia. Adem&aacute;s de frecuentes viajes. La familia de &eacute;l vive en su pa&iacute;s, Uruguay. La enfermedad de una de las peque&ntilde;as, por tanto, supone un caos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;He tenido que dejar a mi hija mayor enferma con ni&ntilde;eras pr&aacute;cticamente desconocidas. Personas con las que apenas me hab&iacute;a tomado un caf&eacute;&rdquo;, explica. &ldquo;La culpa que sientes es enorme, pero en mi caso, faltar al trabajo es muy complicado. O hay que cancelar las citas de los pacientes o alg&uacute;n compa&ntilde;ero tiene que hacerme un favor y cubrirme el turno. Un turno que yo le tengo que devolver&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Andrea no est&aacute; sola en esa situaci&oacute;n. Muchas personas tienen que criar a sus hijos sin tener ning&uacute;n tipo de apoyo familiar. A veces en situaciones todav&iacute;a m&aacute;s complejas que la suya, de hecho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n datos del <a href="https://fundacionadecco.org/informes-y-estudios/informe-monoparentalidad-y-empleo/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Informe Monoparentalidad y Empleo 2025</a> de la Fundaci&oacute;n Adecco, actualmente en Espa&ntilde;a existen 1.944.800 hogares monoparentales, lo que equivale al 10,3% del total. La gran mayor&iacute;a de ellos, un 81,4%, est&aacute;n liderados por mujeres. En concreto 1.582.100 madres sacan adelante a sus familias sin m&aacute;s apoyo que sus propios recursos.
    </p><p class="article-text">
        Una de ellas es Irene, madre soltera por elecci&oacute;n de una ni&ntilde;a de cuatro a&ntilde;os. Irene es vasca pero vive fuera de Euskadi. Durante los dos primeros a&ntilde;os de la ni&ntilde;a s&iacute; pudo contar con la ayuda de su madre, que se mud&oacute; con ellas. Posteriormente, su padre enferm&oacute; y su madre tuvo que regresar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, explica, su vida es &ldquo;trabajar y criar, nada m&aacute;s&rdquo;. Se organiza como puede: &ldquo;Tengo una canguro que viene a las 7:15 a casa y se lleva a la ni&ntilde;a a las 9:15 al cole. Yo trabajo en casa, pero empiezo a las 8:00 horas. Despu&eacute;s la voy a buscar todas las tardes y paso la tarde con ella. Veo a mi hija muy feliz y eso me hace que yo tambi&eacute;n lo est&eacute; pero no tengo nada de tiempo libre. No puedo hacer la compra cuando quiero, no puedo ir a nadar en el mar, que me encanta, no puedo dejarla sola ni cinco minutos. No hay nada m&aacute;s en mi vida&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La soledad como norma: una crianza contra natura</h2><p class="article-text">
        Para la fil&oacute;sofa y escritora Carolina del Olmo, autora del libro <a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/donde-esta-mi-tribu_54814/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>&iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista</em></a><em> </em>(Siglo XXI, 2025), este tipo de situaciones no deber&iacute;an sorprendernos, pero s&iacute; preocuparnos. &ldquo;A lo largo de la historia de la humanidad, la crianza siempre ha sido una pr&aacute;ctica colectiva&rdquo;, explica. Y recuerda c&oacute;mo, en sociedades cazadoras-recolectoras, &ldquo;los beb&eacute;s pasan una enorme cantidad de tiempo en brazos de otras personas que no son su madre. Lo raro es lo de ahora, que una mujer se pase el d&iacute;a sola encerrada en casa con su hijo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y esa circunstancia excepcional en nuestra historia como especie tiene consecuencias. Del Olmo las resume de la siguiente forma: &ldquo;La soledad f&iacute;sica de criar a un beb&eacute; se ha estudiado much&iacute;simo&rdquo;, asegura. &ldquo;Es bastante teratog&eacute;nica, o sea, que produce depresi&oacute;n posparto. No es sano, no es normal y no ayuda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A la soledad se suma, a&ntilde;ade, la inexperiencia estructural: &ldquo;Muchos llegamos a adultos sin haber cuidado. Se ha perdido eso que pasaba antes que una chavala o un chaval hab&iacute;a visto ya varios beb&eacute;s antes de tener el suyo porque sus hermanas o sus primas, o las vecinas, ya hab&iacute;an tenido hijos. Entonces no solo es que estemos solos, es que estamos desorientados frente a esa experiencia&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchos llegamos a adultos sin haber cuidado. Se ha perdido eso que pasaba antes que una chavala o un chaval había visto ya varios bebés antes de tener el suyo porque sus hermanas o sus primas, o las vecinas, ya habían tenido hijos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Carolina del Olmo</span>
                                        <span>—</span> filósofa y escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pese a todo, Del Olmo intuye un t&iacute;mido avance: &ldquo;Por lo menos se habla m&aacute;s de esto. Hay m&aacute;s conciencia, desde la filosof&iacute;a, la psicolog&iacute;a o incluso desde las instituciones&rdquo;. Aunque reconoce que cada poco tiempo aparecen modas que enturbian el debate.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pone como ejemplo &ldquo;las chorradas de las<em> </em><a href="https://www.eldiario.es/sociedad/tradwives-peligros-antifeminismo-camuflado-amor-cuidados-empieza-llegar-espana_1_11550957.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>tradwives&rdquo;</em></a> que, opina, &ldquo;no creo que tengan ning&uacute;n efecto real en cuanto a apelar a j&oacute;venes para convencerlas de que ese es un modelo de vida al que puedan aspirar, pero s&iacute; pueden polarizar el debate otra vez cuando est&aacute;bamos en un momento interesante, creo. Desv&iacute;an la atenci&oacute;n de los problemas reales de cuidado y distorsionan el discurso feminista&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Una tribu muy trabajada</h2><p class="article-text">
        Una idea &uacute;til ser&iacute;a, por tanto, crear o encontrar una comunidad de apoyo. Algo que puede resultar una tarea ardua, aunque tampoco imposible. A veces, con la ayuda de tres amigas, alguna canguro de vez en cuando y alg&uacute;n favor pedido puntualmente, es posible conseguir que la vida de los padres sin apoyos familiares no fluya, pero que al menos pueda seguir avanzando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Irene conoce bien estas dificultades y nos resume sus estrategias de esta manera. &ldquo;Tengo a mi amiga Pilar que vive aqu&iacute; a la vuelta. Tambi&eacute;n es madre sola y nuestras hijas se llevan muy bien. Si, por ejemplo, un s&aacute;bado necesito hacer la compra desesperadamente y mi hija no quiere venir conmigo, pues la llevo a casa de Pilar y se queda con ella una hora&rdquo;, explica. &ldquo;Pero claro, es en casos de necesidad. No se la puedo dejar para irme a nadar a la playa. Con eso no puedo contar&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Todo tiene sus pros y sus contras. Mis padres o mi hermano tienen formas de criar que para mí no son las mejores. De esta forma, al menos, he podido ir eligiendo mi tribu</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Irene</span>
                                        <span>—</span> madre soltera por elección de una niña de cuatro años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Andrea lo intenta: &ldquo;De vez en cuando nos sentamos con mi marido para ver cu&aacute;les son las opciones reales que tenemos en cuanto a su trabajo y al m&iacute;o&rdquo;, nos cuenta. &ldquo;Tambi&eacute;n vamos creando un list&iacute;n telef&oacute;nico de personas de confianza que puedan quedarse con nuestras hijas: ni&ntilde;eras, pero tambi&eacute;n amigos y otros padres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Trabajan especialmente en esto &uacute;ltimo: tejer una red de padres amigos que est&eacute;n en las mismas circunstancias que ellos y que predomine un poco la regla de hoy por ti y ma&ntilde;ana por m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchas veces ni siquiera es que vengan a cuidarte a la ni&ntilde;a: es venir a jugar un rato con ella para que t&uacute; puedas poner una lavadora o barrer la casa&rdquo;, apunta. &ldquo;No ha quedado otra soluci&oacute;n que formar una red, que lo bueno que tiene es que si la construyes desde cero pues puedes ir molde&aacute;ndola a tu gusto. Eligiendo qu&eacute; tipo de personas quieres que est&eacute;n m&aacute;s presentes en tu vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dicha esta ventaja, enseguida lo matiza: &ldquo;No querr&iacute;a romantizar demasiado esta forma de criar. No he encontrado nada bueno en criar as&iacute;. A veces, te encuentras que tienes que &lsquo;colocar&rsquo; a las ni&ntilde;as &ndash;porque la palabra es esa&ndash; y las dejas con una ni&ntilde;era pero el sentimiento de culpa es enorme ya que quiz&aacute; est&aacute; enferma y es justo el momento en el que m&aacute;s necesitar&iacute;a estar con alguien conocido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Irene es algo m&aacute;s suave: &ldquo;Todo tiene sus pros y sus contras. Mis padres o mi hermano tienen formas de criar que para m&iacute; no son las mejores. De esta forma, al menos, he podido ir eligiendo mi tribu&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El coste econ&oacute;mico de la crianza en soledad</h2><p class="article-text">
        Hasta ahora hemos abordado este problema desde el punto de vista log&iacute;stico o emocional. Pero tambi&eacute;n tiene una faceta econ&oacute;mica que resulta obvia: es un agujero financiero continuo.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si la economía va justa, los progenitores pueden desbordarse. Y no hay nada peor que un padre o madre preocupado por la economía familiar, ya que crea mucha inestabilidad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Rosa Maestro</span>
                                        <span>—</span> fundadora de Masola
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <a href="https://masola.org/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rosa Maestro, fundadora de Masola</a>, una asociaci&oacute;n para madres solas por elecci&oacute;n, lo formula sin suavidad: &ldquo;Para las familias que no tienen apoyo cercano, criar supone un tormento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La activista habla de frustraci&oacute;n, depresi&oacute;n, desgaste f&iacute;sico... Pero tambi&eacute;n de un mayor gasto econ&oacute;mico. &ldquo;La econom&iacute;a no suele estar muy boyante en este tipo de familias porque a veces solo entra un sueldo y es necesario hacer gastos que otras familias se ahorran como ni&ntilde;eras o actividades extraescolares&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto tiene consecuencias en otros campos porque &ldquo;si la econom&iacute;a va justa, los progenitores pueden desbordarse. Y no hay nada peor que un padre o madre preocupado por la econom&iacute;a familiar, ya que crea mucha inestabilidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y la cosa empeora, se&ntilde;ala, si alguno de los hijos tiene necesidades especiales. &ldquo;No hay ayuda escolar ni institucional. Unas simples pruebas para detectar un TDAH o el autismo cuestan 500, 600 o 700 euros, m&aacute;s luego psic&oacute;logos, logopedas, etc.&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La crianza sin red no deber&iacute;a ser una heroicidad</h2><p class="article-text">
        A lo largo de estas historias y reflexiones aparece una idea com&uacute;n: criar sin apoyo no es una elecci&oacute;n &eacute;pica ni una demostraci&oacute;n de fortaleza individual, sino una situaci&oacute;n estructural que hoy afecta a miles de familias y que se sostiene, casi exclusivamente, a base de desgaste personal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al preguntarles, ninguna de las madres entrevistadas pide milagros. Ninguna reclama soluciones ut&oacute;picas. Lo que demandan es algo mucho m&aacute;s b&aacute;sico: tiempo, flexibilidad y condiciones materiales que hagan posible cuidar sin tener que vivir siempre al l&iacute;mite.
    </p><p class="article-text">
        Para Andrea, la reivindicaci&oacute;n es clara y concreta. &ldquo;A m&iacute; lo que me cambiar&iacute;a la vida ser&iacute;a tener flexibilidad laboral&rdquo;, explica. Poder quedarse en casa cuando alguna de sus hijas est&aacute; enferma sin que eso suponga cancelar las citas de sus pacientes, sobrecargar a sus&nbsp;compa&ntilde;eros o tener que pedir favores constantes. No tener que elegir entre cuidar y cumplir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su caso, como en el de tantas personas empleadas en sectores esenciales, la conciliaci&oacute;n no falla por falta de voluntad individual, sino por la rigidez de un sistema que sigue considerando el cuidado como una contingencia privada.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Necesitamos un entorno que asuma la vulnerabilidad como parte constitutiva de la vida adulta y no como una anomalía que cada familia debe resolver por su cuenta</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Carolina del Olmo</span>
                                        <span>—</span> filósofa y escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Irene apunta en la misma direcci&oacute;n, aunque desde otro lugar. Su demanda no es solo laboral, sino vital: &ldquo;Me gustar&iacute;a contar con una ayuda que no tuviera que pagar&rdquo;, dice. Alguien con quien su hija est&eacute; bien y ella pueda, simplemente, descansar. &ldquo;No he tenido un descanso desde que se fue mi madre&rdquo;, confiesa.
    </p><p class="article-text">
        Desde el &aacute;mbito te&oacute;rico y pol&iacute;tico, Carolina del Olmo insiste en que el problema no es individual, sino cultural: &ldquo;Necesitamos un entorno m&aacute;s amable para criar&rdquo;, sostiene. Un entorno que asuma la vulnerabilidad como parte constitutiva de la vida adulta y no como una anomal&iacute;a que cada familia debe resolver por su cuenta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, propone cambios estructurales: reducci&oacute;n dr&aacute;stica de la jornada laboral, &ldquo;pero a 25 horas como mucho&rdquo;, afirma. Que nos diera m&aacute;s tiempo disponible para la vida cotidiana y un sistema de derechos sociales menos dependiente del empleo: &ldquo;Cobramos paro cuando hemos trabajado un a&ntilde;o y medio. Tenemos derecho a un permiso de maternidad remunerado cuando llevas cotizado no s&eacute; cu&aacute;nto tiempo&rdquo;, explica. &ldquo;Todo est&aacute; vinculado al trabajo y en una sociedad en la que este ya no es la fuente de lo que era antes, necesitamos una organizaci&oacute;n de derechos sociales y de protecci&oacute;n social que sea independiente de &eacute;l&rdquo;. Medidas que no solo beneficiar&iacute;an a quienes cr&iacute;an, sino al conjunto de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Rosa Maestro, desde la experiencia asociativa, es m&aacute;s pesimista sobre el corto plazo, pero no menos clara. Seg&uacute;n ella, mientras no exista un apoyo institucional real, las madres seguir&aacute;n sosteni&eacute;ndose unas a otras como puedan. &ldquo;Hacer tribu con otras madres es, hoy por hoy, la &uacute;nica manera de salir adelante&rdquo;, afirma. Pedir ayuda, buscar asociaciones, tejer redes informales: no como ideal rom&aacute;ntico, sino como estrategia de supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, todas coinciden en lo esencial: criar sin red no deber&iacute;a implicar hero&iacute;smo. No deber&iacute;a exigir renuncias constantes ni culpa ni agotamiento cr&oacute;nico. No deber&iacute;a depender de la buena voluntad de amigas, de ni&ntilde;eras improvisadas o de <a href="https://www.eldiario.es/nidos/siento-juzgada-abuela-cuido-nietos-hablo-hija-evitar-conflictos_1_12759457.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">abuelos sobrecargados</a>. Si la crianza es una tarea imprescindible para sostener la sociedad, tambi&eacute;n deber&iacute;a ser una responsabilidad compartida.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/vida-trabajar-criar-madre-apoyo-familiar_1_12868785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Dec 2025 20:14:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Mi vida es trabajar y criar, nada más”: así es ser madre sin apoyo familiar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Madres,Crianza,Igualdad laboral,Soledad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Perder la identidad personal al convertirte en madre: “Acabé pensando, '¿quién soy?”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/perder-identidad-personal-convertirte-madre-acabe-pensando_1_12823220.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efdcba12-666a-4c54-9621-75604b78a21d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Perder la identidad personal al convertirte en madre: “Acabé pensando, &#039;¿quién soy?”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sentirse absorbida por la crianza no es una excepción, sino una experiencia común para muchas mujeres. ¿Hasta qué punto es posible seguir siendo una misma tras la maternidad?
</p><p class="subtitle">Criar en tiempos de consejos para todo: por qué las millennials sienten tanta presión por “ser una madre impecable”
</p></div><p class="article-text">
        Rachel Cusk describe la maternidad en su libro <a href="https://www.librosdelasteroide.com/libro/un-trabajo-para-toda-la-vida" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Un trabajo para toda la vida</em></a> como un terremoto que lo reordena todo: la casa, los v&iacute;nculos, el trabajo, el cuerpo y, sobre todo, la identidad. La protagonista de su libro se siente arrastrada a un territorio donde el &ldquo;yo&rdquo; se difumina.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Observo con horror&rdquo;, escribe la autora, &ldquo;como cuando la bolsa se desploma, la ca&iacute;da en picado de mi importancia (&hellip;); desarrollo un conocimiento acad&eacute;mico de la ingesta cal&oacute;rica de la ni&ntilde;a, las horas de sue&ntilde;o, su desarrollo motor y sus pautas de llanto, mientras que el resto de mi vida parece un pueblo desierto, un edificio abandonado en el que de vez en cuando una viga podrida se parte y se estrella contra el suelo, espantando a los ratones&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta sensaci&oacute;n, la de no saber exactamente qui&eacute;n se es despu&eacute;s de tener hijos, aparece una y otra vez en la consulta de la psic&oacute;loga social <a href="https://inspiralia.org/rosa-rabbani/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rosa Rabbani,</a> autora de <a href="https://books.google.es/books/about/Maternidad_y_trabajo.html?id=Rw2zcQAACAAJ&amp;redir_esc=y" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Maternidad y trabajo. Conflictos por resolver</em></a> (Icaria). &ldquo;Llegan much&iacute;simos casos de personas que est&aacute;n tremendamente confusas y agobiadas&rdquo;, explica la experta. &ldquo;Hace a&ntilde;os solo eran mam&aacute;s, pero ahora tambi&eacute;n vienen pap&aacute;s y muchas veces los dos, porque ambos est&aacute;n involucrados en la crianza para lo bueno y para lo malo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de esto &uacute;ltimo que se&ntilde;ala Rabbani, lo cierto es que la experiencia de tener hijos contin&uacute;a afectando en mayor medida a las madres por razones, hasta ahora, casi inevitables, como veremos m&aacute;s adelante. &iquest;Hasta qu&eacute; punto eso es habitual o no? &iquest;En qu&eacute; se concreta? &iquest;C&oacute;mo puede gestionarse? Para establecer las dimensiones de ese yo que se estrecha, se congela o se suspende, contactamos con varias madres y expertas en el tema.
    </p><h2 class="article-text">Identidad interrumpida</h2><p class="article-text">
        Sin duda, uno de los ingredientes principales para definir nuestra identidad personal es el tiempo. Sin tiempo para uno mismo es imposible siquiera poder pensar en qui&eacute;nes somos. Por ello, nuestra primera pregunta para las madres entrevistadas es: &iquest;Cu&aacute;nto tiempo te dedicas a ti misma cada d&iacute;a? El panorama resulta algo desolador.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La ducha. Ducharme sola&rdquo;, afirma Daniela, madre de un beb&eacute; de siete meses y una ni&ntilde;a de cuatro a&ntilde;os. &ldquo;Tres horas de <em>gym</em> y una de terapia a la semana. Poco m&aacute;s&rdquo;, dice, por su parte, Clara, madre de dos hijos de cuatro y ocho a&ntilde;os. &ldquo;Dos o tres horas de gimnasio mientras mi hija est&aacute; en la guarder&iacute;a&rdquo; y &ldquo;una hora y media a la semana, que voy a meditar&rdquo;, cuentan, respectivamente, Maca y Alicia.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, a ninguna de ellas les pill&oacute; esto exactamente por sorpresa. De hecho, para Clara, la renuncia fue absolutamente consciente y deliberada. &ldquo;Cuando tuve mi primer hijo decid&iacute; borrarme, abandonar mi personalidad&rdquo;, confiesa. &ldquo;Yo, en ese momento, quer&iacute;a ser mam&aacute; y ya est&aacute;. Incluso dej&eacute; la banda en la que tocaba y par&eacute; de componer canciones porque pens&eacute;: este grupo se va a acabar porque yo lo que quiero es dedicarme a ser madre y punto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta actitud tan decidida de Clara, aunque no le evit&oacute; la sensaci&oacute;n de la que hablamos, no ser&iacute;a una mala forma de actuar seg&uacute;n Rabbani. &ldquo;El conflicto suele surgir cuando el cambio se vive como una imposici&oacute;n, no como una elecci&oacute;n&rdquo;, afirma. &ldquo;Si una asume que durante un tiempo se va a olvidar de s&iacute; misma porque va a concentrarse en su peque&ntilde;o, eso no supone tanto riesgo. El problema viene cuando queremos seguir conservando la vida que ten&iacute;amos y esas expectativas son incompatibles. Especialmente durante la crianza temprana&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La maternidad atraviesa todas las cosas que forman parte de tu vida hasta el punto de que yo acabé pensando &#039;pero, ¿quién soy?&#039;</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alicia</span>
                                        <span>—</span> madre de una niña de 9 meses y un niño de cuatro años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Alicia, que tiene una ni&ntilde;a de nueve meses y un ni&ntilde;o de cuatro a&ntilde;os, lo describe de forma tajante: &ldquo;Mi identidad ha cambiado al 100%. Me he hecho un <em>reset</em> de arriba a abajo. La maternidad atraviesa todas las cosas que forman parte de tu vida hasta el punto de que yo acab&eacute; pensando: 'pero, &iquest;qui&eacute;n soy?&rdquo;, y recuerda c&oacute;mo, despu&eacute;s de la primera reuni&oacute;n de padres del colegio, se dio cuenta de que se hab&iacute;a convertido en &ldquo;la madre de&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esa transici&oacute;n, pasar de ser un sujeto aut&oacute;nomo a convertirse en el nodo de una red de cuidados, se complica todav&iacute;a m&aacute;s en un marco social y familiar que ya no tiene la capacidad de sostener como antes debido a m&uacute;ltiples causas. <a href="https://www.eldiario.es/nidos/siento-juzgada-abuela-cuido-nietos-hablo-hija-evitar-conflictos_1_12759457.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los abuelos no siempre est&aacute;n a mano</a> para ayudar y contratar a alguien para que se quede con el ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a puede resultar caro o, simplemente, no se plantea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Daniela lo resume con claridad: &ldquo;Generacionalmente no nos han preparado para esto&hellip; Antes ten&iacute;an a las madres, a las hermanas, que viv&iacute;an cerca&hellip; &iexcl;Las vecinas si me apuras! Era todo m&aacute;s compartido&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Amistades que mutan, oportunidades que se desvanecen</h2><p class="article-text">
        Los cambios que implica la maternidad acaban tambi&eacute;n teniendo sus consecuencias en el c&iacute;rculo social de padres y madres, aunque no siempre de la misma forma. Clara lo siente como una transformaci&oacute;n inevitable: &ldquo;Tu vida social es otra. Mis amigos de antes siguen haciendo lo mismo: van a conciertos, al cine, publican fanzines&hellip; Ninguno ha tenido familia. Yo pensaba que quiz&aacute; en el futuro ir&iacute;a con ellos y con mis hijos, pero no ha sido as&iacute; para nada&rdquo;. No obstante, no se ha quedado sola: &ldquo;En las clases de preparto ya conoc&iacute; a otras parejas embarazadas y te acabas juntando con ellas porque tienen los mismos problemas que t&uacute; y quieres compartirlos con ellos&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Maca, madre de una ni&ntilde;a de dos a&ntilde;os y siete meses y embarazada de su segundo hijo, se fija m&aacute;s en los cambios que la maternidad ha tenido para ella a nivel laboral: &ldquo;Tuve que cambiar el rumbo de mi vida profesional&rdquo;, admite. &ldquo;Soy psic&oacute;loga, especializada en el &aacute;mbito social y comunitario, y ten&iacute;a unos horarios totalmente incompatibles con ser madre. Terminaba de trabajar a las ocho o las nueve de la noche, turnos partidos, y con un sueldo del mundo de la asistencia social, que son bastante bajos&rdquo;. En 2020, con su maternidad a la vista, comenz&oacute; a estudiar un m&aacute;ster que la capacit&oacute; para cambiar a la profesi&oacute;n que ahora tiene, en la que trabaja a media jornada.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tu vida social es otra. Mis amigos de antes siguen haciendo lo mismo: van a conciertos, al cine, publican fanzines… Ninguno ha tenido familia. Yo pensaba que quizá en el futuro iría con ellos y con mis hijos, pero no ha sido así para nada</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Clara</span>
                                        <span>—</span> madre de dos niños
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, no todo son p&eacute;rdidas. Otra de las madres entrevistadas, Alicia, reivindica que la maternidad le sirvi&oacute; para &ldquo;expandir&rdquo; su identidad. &ldquo;La maternidad me ha convertido en una persona mucho m&aacute;s segura de m&iacute; misma. Mucho m&aacute;s fuerte, capaz de confrontar a cualquiera&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alicia se dedica a la educaci&oacute;n y siente que ser madre le ha permitido &ldquo;entender que todos los padres y madres estamos superperdidos. Entonces, me enfrento a los alumnos sabiendo que tienen una madre y un padre que seguramente est&aacute;n igual de perdidos que yo. Eso me ha dado mucha seguridad en mi trabajo y en otras &aacute;reas de mi vida. Incluso con mi pareja&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La escritora y periodista Bego&ntilde;a G&oacute;mez Urz&aacute;iz, autora de <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-las-abandonadoras/349965" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Las abandonadoras</em></a><em> </em>(Destino), un libro que reflexiona en torno a la culpa, la crianza competitiva y la madre como sujeto creativo, recuerda que cada experiencia est&aacute; atravesada por el contexto material: &ldquo;Siempre hay que poner el dinero sobre la mesa: por qu&eacute; puedes hacer la crianza como la haces y qu&eacute; implica&rdquo;, se&ntilde;ala. &ldquo;En mi caso, la hago en circunstancias m&aacute;s privilegiadas que la mayor&iacute;a. Tambi&eacute;n es cierto que tuve a mis dos hijos siendo trabajadora aut&oacute;noma sin ingresos fijos y eso tambi&eacute;n afect&oacute; a c&oacute;mo hice ese cambio de rol en los primeros meses de vida de mis hijos. Nunca pas&eacute; a sentirme &lsquo;solo madre&rsquo; porque sencillamente no pude permit&iacute;rmelo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                &quot;No pasa nada porque tu yo desaparezca durante un tiempo mientras te concentras en tu hijo siempre y cuando en algún momento tu identidad vuelva de nuevo&quot;.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Pareja, identidad y el reparto imposible al 50/50</h2><p class="article-text">
        En muchos casos, la maternidad supone una dura prueba para la estabilidad de la pareja. El cansancio, la falta de tiempo de calidad, los problemas e incluso las apreturas econ&oacute;micas, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/sobrevivir-llegada-bebe-malabares-pareja-no-rompa-primeros-meses_1_12121215.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden tensar la relaci&oacute;n</a> hasta ponerla al borde de saltar por los aires. Para Clara, el impacto ha sido directo: &ldquo;Lo que m&aacute;s ha sufrido, en mi caso, es la pareja&rdquo;, confiesa. &ldquo;Hemos tenido muchos problemas, muchas crisis. De hecho, ahora mismo estamos en terapia para ver si podemos salvar la relaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En la fase más inicial del posparto, tuve una ruptura muy grande con la realidad porque me di cuenta de lo imposible que era repartir las tareas entre mi pareja y yo al 50%</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Otras de las entrevistadas hablan tambi&eacute;n de la presi&oacute;n que sienten por tener que sostenerlo todo. Tareas y deberes que, en algunos casos, son intransferibles. Una de ellas confiesa: &ldquo;En la fase m&aacute;s inicial del posparto, tuve una ruptura muy grande con la realidad porque me di cuenta de lo imposible que era repartir las tareas entre mi pareja y yo al 50%&rdquo;, recuerda. &ldquo;Eso me gener&oacute; mucho malestar, rechazo. Tuve que trabajar mucho yo misma y tambi&eacute;n hablarlo con mi pareja. Aceptarlo. Quien gesta es mi cuerpo, quien pare es mi cuerpo, quien lacta es mi cuerpo, quien vive un posparto, unos sangrados, unos puntos, es mi cuerpo. Es algo que cuando hablo con amigas que empiezan sus maternidades, les digo: &lsquo;hazte a la idea, no pasa nada ni est&aacute; mal, es una realidad, casi que biol&oacute;gica, el 50/50 no puede ser&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El retorno: c&oacute;mo reaparece el yo despu&eacute;s de la niebla</h2><p class="article-text">
        A pesar de los problemas, no todo est&aacute; perdido. Las entrevistadas coinciden en que el yo vuelve, aunque no siempre como antes. Rabbani lo plantea as&iacute;: &ldquo;No pasa nada porque tu yo desaparezca durante un tiempo mientras te concentras en tu hijo siempre y cuando en alg&uacute;n momento tu identidad vuelva de nuevo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        G&oacute;mez Urz&aacute;iz, describe ese retorno con una imagen muy potente: &ldquo;Es como volverse a poner tu vestido favorito despu&eacute;s de mucho tiempo. Te miras al espejo y piensas: &lsquo;ah, que segu&iacute;as aqu&iacute;&rsquo;. Es un momento emocionante de vivir y de contemplar que algunas personas&nbsp;emprenden a los dos a&ntilde;os aproximadamente de tener un hijo. Otras m&aacute;s tarde, otras nunca&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La identidad siempre va a ser nueva porque una no sale igual de una cosa así. Y está bien, es como una oportunidad para reconfigurarse</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Begoña Gómez Urzaiz</span>
                                        <span>—</span> periodista y autora de &#039;Las abandonadoras&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El retorno de Clara ha ido un poco en esa direcci&oacute;n: despu&eacute;s de a&ntilde;os sin m&uacute;sica, reapareci&oacute; su impulso creativo tras una revelaci&oacute;n en un festival: &ldquo;Un d&iacute;a, me escap&eacute; al Festival In-Edit y, viendo una pel&iacute;cula se me encendi&oacute; la luz y dije, &lsquo;ostras, no puedes esperar. Ya tienes 43 a&ntilde;os y no puedes esperar al a&ntilde;o que viene porque nunca vas a tener m&aacute;s tiempo&rsquo;. Entonces busqu&eacute; recuperar mi esencia musical, volver a componer y volver a buscar gente para tocar m&uacute;sica. Desde hace dos a&ntilde;os he retomado mi proyecto musical y quedo con una mami del cole una hora a la semana para ensayar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, en opini&oacute;n de Bego&ntilde;a G&oacute;mez Urz&aacute;iz, la maternidad no devuelve a casi ninguna mujer a la identidad previa. Pero no hay que ver eso como algo negativo. &ldquo;La identidad siempre va a ser nueva porque una no sale igual de una cosa as&iacute;. Y est&aacute; bien, es como una oportunidad para reconfigurarse&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Para terminar, podemos quedarnos con el mensaje final de Rabbani que suena casi como un mantra: &ldquo;Todo est&aacute; bien. Todo va a ir bien&rdquo;, asegura. Y confiesa: &ldquo;Cuando vuelvo a rememorar la etapa de crianza de mis propios hijos, recuerdo momentos duros, pero tambi&eacute;n muchos momentos buenos y tenemos que disfrutarlos. Sin remordimientos&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/perder-identidad-personal-convertirte-madre-acabe-pensando_1_12823220.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Dec 2025 20:35:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Perder la identidad personal al convertirte en madre: “Acabé pensando, '¿quién soy?”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Igualdad de género,Crianza,Niños,Identidades]]></media:keywords>
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