<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Joaquín Jesús Sánchez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/joaquin-jesus-sanchez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Joaquín Jesús Sánchez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1054551/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Vender a la novia y que salga bien: el Teatro Real entusiasma con una ópera de Smetana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/vender-novia-salga-teatro-real-entusiasma-opera-smetana_129_13145306.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7740338b-95ef-443f-97c8-f7e5d35434df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vender a la novia y que salga bien: el Teatro Real entusiasma con una ópera de Smetana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El montaje 'La novia vendida', un título fundacional de la escuela checa, arranca con humor aplausos entusiastas en su estreno en Madrid</p><p class="subtitle">Cristina Fallarás estrena 'La diatriba del perro', una obra sobre la figura del aliado feminista acusado de abuso sexual</p></div><p class="article-text">
        Los matrimonios forzados no son divertidos a no ser que sucedan sobre el escenario en una &oacute;pera del siglo XIX. Este martes, el Teatro Real de Madrid estren&oacute; una nueva producci&oacute;n de <em>La novia vendida</em> de Bed&#345;ich Smetana, uno de los t&iacute;tulos fundacionales de la escuela oper&iacute;stica checa que se podr&aacute; ver hasta el 30 de abril.
    </p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo tercio del siglo XIX, los habitantes del reino de Bohemia andaban a la b&uacute;squeda de identidad nacional y los artistas, claro, se sumaron al empe&ntilde;o. Las dos primeras &oacute;peras de Smetana son un buen ejemplo de las excusas narrativas empleadas por este incipiente nacionalismo: qu&eacute; mal nos tratan los alemanes (<em>Los brandeburgueses en Bohemia</em>, ca. 1862) y qu&eacute; bonitas son nuestras costumbres, que han perdurado &mdash;pur&iacute;simas&mdash; entre las gentes sencillas (<em>La novia vendida</em>, ca. 1863).
    </p><p class="article-text">
        Esta &oacute;pera se cimenta, s&iacute;, en una tradici&oacute;n venerable: la de desheredar a los hu&eacute;rfanos. Esto le ha sucedido a Jen&iacute;k, el gal&aacute;n de la funci&oacute;n, al que su madrastra larg&oacute; de casa para garantizar las rentas de su propia primogenitura. &Eacute;l est&aacute; enamorado de Ma&#345;enka, a quien sus padres han prometido con el hijo de M&iacute;cha, un potentado local. El enlace se ha fraguado gracias a las artes del astuto casamentero Kecal, s&oacute;rdido hombrecillo dispuesto a cuanto tejemaneje sea menester con tal de cobrar sus honorarios.
    </p><p class="article-text">
        El argumento sigue un esquema bien conocido: una chica que, pudiendo casarse con el pretendiente rico, prefiere al pobre. Para exagerar el clich&eacute;, el libreto reviste al acaudalado aspirante de unos atributos que lo equilibren con su competidor: torpe, tartamudo y con pocas luces. La historia sigue con un enredo: para tranquilizar a los involucrados, el casamentero se ofrece a comprar el amor de Jen&iacute;k a cambio de trescientos florines. Para obtenerlos, solo debe renunciar a su amada en presencia de testigos. El chico acepta siempre y cuando se incluya en el contrato una cl&aacute;usula fundamental: Ma&#345;enka se casar&aacute; con un hijo de M&iacute;cha.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da622cd9-0bf4-4d5a-bec2-9fe292c1ecd3_source-aspect-ratio_50p_1140866.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da622cd9-0bf4-4d5a-bec2-9fe292c1ecd3_source-aspect-ratio_50p_1140866.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da622cd9-0bf4-4d5a-bec2-9fe292c1ecd3_source-aspect-ratio_75p_1140866.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da622cd9-0bf4-4d5a-bec2-9fe292c1ecd3_source-aspect-ratio_75p_1140866.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da622cd9-0bf4-4d5a-bec2-9fe292c1ecd3_source-aspect-ratio_default_1140866.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da622cd9-0bf4-4d5a-bec2-9fe292c1ecd3_source-aspect-ratio_default_1140866.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/da622cd9-0bf4-4d5a-bec2-9fe292c1ecd3_source-aspect-ratio_default_1140866.jpg"
                    alt="María Rey-Joly (Ludmila), Günther Groissböck (Kekal), Manel Esteve (Krušina) en &#039;La novia vendida&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                María Rey-Joly (Ludmila), Günther Groissböck (Kekal), Manel Esteve (Krušina) en &#039;La novia vendida&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Imaginen el revuelo: el pueblo estalla en vituperios. &iexcl;Largo de aqu&iacute;, miserable! Sin embargo, Jen&iacute;k apenas disimula su satisfacci&oacute;n, anticip&aacute;ndonos la resoluci&oacute;n del embrollo: &eacute;l tambi&eacute;n es hijo de M&iacute;cha y, en una carambola sin igual, acaba de venderse a s&iacute; mismo a su propia novia ganando trescientos machacantes en la maniobra.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta que se estren&oacute; anoche en el Teatro Real &mdash;y que est&aacute; coproducida con la Op&eacute;ra National de Lyon, la Oper K&ouml;ln y el Th&eacute;&acirc;tre Royal de La Monnaie de Bruselas, donde podr&aacute; verse en los pr&oacute;ximos meses&mdash; cuenta con la habilidosa direcci&oacute;n esc&eacute;nica de Laurent Pelly, a quien los aficionados madrile&ntilde;os conocen sobradamente, ya que esta es su octava colaboraci&oacute;n con el teatro. Pelly nos propone (junto a la escen&oacute;grafa Caroline Ginet) un espacio di&aacute;fano  &mdash;el fondo solemne e impreciso acent&uacute;a la ridiculez de algunas situaciones&mdash; por el que van apareciendo algunos elementos centrales que vertebran la acci&oacute;n con enorme eficacia. Al comienzo, un enorme amasijo de sillas gravita sobre las cabezas de los personajes que, no contentos, no dudan en arrimar m&aacute;s mobiliario en cada una de sus intervenciones. Los checoslovacos, sospecho, sienten por el mobiliario una verdadera devoci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este simple recurso &mdash;la b&uacute;squeda continua del asiento&mdash; logra ubicar la historia en un contexto absurdo y caprichoso que hace tolerables (por caricaturescas) las no pocas bravatas mis&oacute;ginas del libreto. Con enorme inteligencia, Pelly se sirve del atuendo de cada personaje para dibujar sus contornos. Al casamentero, gre&ntilde;oso y con cortinilla, se le escapa la tripa por los bajos de una camisa que apenas cubre con un gab&aacute;n. Las consuegras visten atuendos invertidos (rosa arriba, verde abajo y viceversa), mientras que el padre de Ma&#345;enka est&aacute; tan apocado que la cabeza se le esconde entre las hombreras. Tambi&eacute;n el pueblo donde sucede la historia, encarnado por el coro en un papel protag&oacute;nico, se viste y mueve con obvio histrionismo, como si no fueran aldeanos sino personajes de una f&aacute;bula.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58545cfc-1ff8-4a1d-ad5a-54dfb2714e9a_source-aspect-ratio_50p_1140867.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58545cfc-1ff8-4a1d-ad5a-54dfb2714e9a_source-aspect-ratio_50p_1140867.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58545cfc-1ff8-4a1d-ad5a-54dfb2714e9a_source-aspect-ratio_75p_1140867.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58545cfc-1ff8-4a1d-ad5a-54dfb2714e9a_source-aspect-ratio_75p_1140867.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58545cfc-1ff8-4a1d-ad5a-54dfb2714e9a_source-aspect-ratio_default_1140867.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58545cfc-1ff8-4a1d-ad5a-54dfb2714e9a_source-aspect-ratio_default_1140867.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/58545cfc-1ff8-4a1d-ad5a-54dfb2714e9a_source-aspect-ratio_default_1140867.jpg"
                    alt="Yoankis Natos (Mimo), Haizam Abdala (Payaso), Billy Jackson (Boxeador) y José Carpe (Payaso blanco) en &#039;La novia vendida&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Yoankis Natos (Mimo), Haizam Abdala (Payaso), Billy Jackson (Boxeador) y José Carpe (Payaso blanco) en &#039;La novia vendida&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La historia &mdash;sigamos&mdash; enfila su desenlace con la llegada de un circo. El plantel, sin igual: una bailarina, un aborigen y un oso de carne y hueso. La funci&oacute;n resuelve esta irrupci&oacute;n con mucha habilidad, traduciendo la danza r&aacute;pida con la que se inicia el tercer acto en el levantamiento de la carpa a cargo de los payasos, proceso que sufre las dificultades esperables. En esto, Ma&#345;enka estalla contra Jen&iacute;k quien, comport&aacute;ndose como un aut&eacute;ntico cretino, alarga unos padecimientos que podr&iacute;an haberse disipado con una explicaci&oacute;n brev&iacute;sima. Entre tanto, Va&scaron;ek, el prometido rico, tontorr&oacute;n e intimidable &mdash;Ma&#345;enka, que lo ha reconocido, lo ha convencido de que esa muchacha con quien lo van a desposar (&iexcl;ella misma!) es una aut&eacute;ntica harp&iacute;a&mdash; acude en rescate de la troupe circense, que anda en apuros porque el que &ldquo;hace de oso&rdquo; est&aacute; beodo y no le encuentran suplente. Al final se resuelven todas las intrigas, incluida la identidad del animal, y el pueblo y los protagonistas rematan la funci&oacute;n con una coda felic&iacute;sima, al modo de las &oacute;peras cl&aacute;sicas. Mientras se amistan, el maestro de ceremonias &mdash;con su chaqueta roja y su sombrero de copa&mdash; tira de una cuerda que hace bajar las estrellas. Todos cantan felices y cae el tel&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Yendo al cap&iacute;tulo de las voces, dir&iacute;a que brillan m&aacute;s los secundarios que los principales. Svetlana Aksenova, que hace de Ma&#345;enka, comenz&oacute; cantando de manera un tanto apocada y con tiranteces en los agudos &mdash;defecto del que no pudo liberarse&mdash;, pero fue ganando a medida que avanzaba la funci&oacute;n hasta culminar en la hermos&iacute;sima aria que el tercer acto reserva para su personaje, uno de los momentos m&aacute;s destacables de la velada. El Jan&iacute;k de Pavel &#268;ernoch se toma demasiado en serio: imagino que tiene su riesgo hacer de &ldquo;guapo belcantista&rdquo;, pero creo que a la pareja protagonista le falt&oacute; algo de la liviandad que la obra requiere.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0802f62d-29da-4a0a-852f-589c86036c9e_source-aspect-ratio_50p_1140868.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0802f62d-29da-4a0a-852f-589c86036c9e_source-aspect-ratio_50p_1140868.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0802f62d-29da-4a0a-852f-589c86036c9e_source-aspect-ratio_75p_1140868.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0802f62d-29da-4a0a-852f-589c86036c9e_source-aspect-ratio_75p_1140868.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0802f62d-29da-4a0a-852f-589c86036c9e_source-aspect-ratio_default_1140868.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0802f62d-29da-4a0a-852f-589c86036c9e_source-aspect-ratio_default_1140868.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0802f62d-29da-4a0a-852f-589c86036c9e_source-aspect-ratio_default_1140868.jpg"
                    alt="Yoankis Natos (Mimo), Haizam Abdala (Payaso), Billy Jackson (Boxeador) y José Carpe (Payaso blanco) en &#039;La novia vendida&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Yoankis Natos (Mimo), Haizam Abdala (Payaso), Billy Jackson (Boxeador) y José Carpe (Payaso blanco) en &#039;La novia vendida&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        No le ocurre lo mismo a Mikeldi Atxalandabaso, cantante excelente y poli&eacute;drico &mdash;capaz de interpretar a un ambicioso personaje wagneriano y al tonto del pueblo&mdash; que nos deleit&oacute; con un derroche de habilidad vocal &mdash;no es f&aacute;cil tartamudear en la &oacute;pera&mdash; y esc&eacute;nica, construyendo un personaje hilarante &mdash;lleno de tics, pero tierno al mismo tiempo&mdash; erigido sobre un desempe&ntilde;o vocal sobresaliente. Tampoco con el p&eacute;rfido casamentero que encarna G&uuml;nther Groissb&ouml;ck, un personaje que recuerda al Don Bartolo de <em>Las bodas de F&iacute;garo </em>o al Don Basilio de <em>El barbero de Sevilla</em>. Con la habilidad de los grandes int&eacute;rpretes &ldquo;buffos&rdquo;, su Kecal dio un recital de habilidad interpretativa, de velocidad, precisi&oacute;n y expresividad.
    </p><p class="article-text">
        Completa el elenco principal el coro, otro de los grandes atractivos de esta propuesta (los lugare&ntilde;os, como les dec&iacute;a, tienen en su conjunto un papel destacado), que alcanz&oacute; su c&eacute;nit al comienzo del segundo acto, en ese fant&aacute;stico pasaje en el que la concurrencia beoda filosofa sobre si en la vida importa m&aacute;s la cerveza, el amor o el dinero. Completan el elenco primer los consuegros Manel Esteve, Mar&iacute;a Rey-Joly, Toni Marsol y Monica Bacelli, el comediante de Jaroslav B&#345;ezina, la bailarina Esmeralda de Roc&iacute;o P&eacute;rez y el indio de Ihor Voievodin.
    </p><p class="article-text">
        La otra gran triunfadora de la noche fue la orquesta, dirigida por Gustavo Gimeno, director titular del teatro. Acapar&oacute; aplausos desde la obertura, a cuyo final el p&uacute;blico intervino de manera entusiasta (este es uno de los fragmentos m&aacute;s conocidos de la &oacute;pera, y se la suele interpretar en conciertos sinf&oacute;nicos). Gimeno comand&oacute; el foso con gran dinamismo y plasticidad, siempre al servicio de las necesidades dram&aacute;ticas de la escena. Los pasajes m&aacute;s acelerados sonaron con claridad y los de solista realmente hermosos.
    </p><p class="article-text">
        Al caer el tel&oacute;n, el p&uacute;blico que llenaba el teatro aplaudi&oacute; con entusiasmo y por bastante rato a todos los involucrados. Al salir, por los corrillos, el respetable se dec&iacute;a encantado. No es para menos: pocas veces se disfruta de un espect&aacute;culo tan redondo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/vender-novia-salga-teatro-real-entusiasma-opera-smetana_129_13145306.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 15:08:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7740338b-95ef-443f-97c8-f7e5d35434df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1142499" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7740338b-95ef-443f-97c8-f7e5d35434df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1142499" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Vender a la novia y que salga bien: el Teatro Real entusiasma con una ópera de Smetana]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7740338b-95ef-443f-97c8-f7e5d35434df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ópera,Artes escénicas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ivor Bolton y Deborah Wagner vuelven a triunfar con 'Sueño de una noche de verano']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ivor-bolton-deborah-wagner-vuelven-triunfar-sueno-noche-verano_129_13062631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c140f336-e877-4ec7-a6cc-bb45c85b36ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138544.jpg" width="943" height="530" alt="Ivor Bolton y Deborah Wagner vuelven a triunfar con &#039;Sueño de una noche de verano&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La habilidad con que Bolton logra pasar de lo etéreo a lo caricaturesco o de lo sublime a lo procaz, obtiene su justa réplica en el esmerado trabajo que Wagner ha realizado en la dirección de actores y en la concepción escénica </p><p class="subtitle">Premios Oscar 2026 - El documental favorito al Oscar que muestra que curarse del cáncer en EEUU “es un privilegio de ricos”</p></div><p class="article-text">
        Se alza el tel&oacute;n y aparece un roble boca abajo y unos ni&ntilde;os con tut&uacute;. La orquesta se despereza con un rumor grave salpicado de glisandos. En el centro del escenario, un estrado cuadrangular. A la izquierda, un sembradito de trigo; a la derecha, unos troncos tumbados. De repente aparece Tytania, reina de las hadas, escoltada por un coro de voces blancas. La percusi&oacute;n se debate entre lo marcial y lo na&iacute;f. No llevamos ni cinco minutos de funci&oacute;n y podemos darnos por enterados: en esta historia, nada suceder&aacute; de la manera habitual.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/opera-herramienta-integradora-llega-jerez_1_2168783.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Benjamin Britten</a> estren&oacute; su <em>Sue&ntilde;o de una noche de verano</em> en junio de 1960. El libreto adapta la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/lois-patino-le-da-revolcon-shakespeare-mano-irene-escolar-ariel_1_12878576.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">obra de Shakespeare</a> adelgaz&aacute;ndola hasta la mitad, trastocando alg&uacute;n versito aqu&iacute; y all&aacute; y suprimiendo la primera escena. &ldquo;Es desgarrador tener que prescindir de tanto texto maravilloso. El &uacute;nico consuelo es que, si no lo hiciera, durar&iacute;a tanto como el Anillo&rdquo;, confes&oacute; el compositor a William Plomer, uno de sus libretistas de confianza. Los recortes, sin embargo, no solo buscaban aliviar las fatigas lumbares de los espectadores: al saltarse la primera escena, el <em>Sue&ntilde;o</em> de Britten no comienza en la ordenada y sensata corte de Atenas, sino directamente en el bosque m&aacute;gico. As&iacute;, para los espectadores, las hadas, los diablos socarrones y los filtros de amor no son la contraparte l&uacute;dica de una realidad cabal, sino el statu quo del mundo que propone la obra.
    </p><p class="article-text">
        Dadas as&iacute; las cosas, sinteticemos el argumento. En la foresta encantada reinan Tytania y Oberon. El matrimonio anda en crisis porque la do&ntilde;a tiene un nuevo paje (un chiquillo raptado de la India) que su marido ambiciona (los ingleses no prescinden del colonialismo ni en la fantas&iacute;a). Para vengarse, Oberon convoca al geniecillo Puck y lo env&iacute;a en busca de una planta cuya savia, aplicada sobre los p&aacute;rpados de los durmientes, logra que enloquezcan de amor por lo primero que vean, &ldquo;sea le&oacute;n, oso, lobo, toro, mono presumido o simio atareado&rdquo;. Hay que ver cu&aacute;nto le gustaban a Shakespeare los venenos que se aplican en sitios raros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/682a4698-c5fe-4a67-aa1e-b30f05ca533c_16-9-aspect-ratio_50p_1138547.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/682a4698-c5fe-4a67-aa1e-b30f05ca533c_16-9-aspect-ratio_50p_1138547.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/682a4698-c5fe-4a67-aa1e-b30f05ca533c_16-9-aspect-ratio_75p_1138547.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/682a4698-c5fe-4a67-aa1e-b30f05ca533c_16-9-aspect-ratio_75p_1138547.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/682a4698-c5fe-4a67-aa1e-b30f05ca533c_16-9-aspect-ratio_default_1138547.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/682a4698-c5fe-4a67-aa1e-b30f05ca533c_16-9-aspect-ratio_default_1138547.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/682a4698-c5fe-4a67-aa1e-b30f05ca533c_16-9-aspect-ratio_default_1138547.jpg"
                    alt="Liv Redpath (Tytania), Clive Bayley (Botton), Pequeños Cantores de la ORCAM y niños actores y bailarines"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Liv Redpath (Tytania), Clive Bayley (Botton), Pequeños Cantores de la ORCAM y niños actores y bailarines                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Mientras el recadero atiende sus labores, dos parejas entran en el bosque: Lysander y Hermia, j&oacute;venes casaderos que huyen de las prohibiciones paternas; y Demetrius y Helena, dupla mal avenida en la que ella lo ama a &eacute;l y &eacute;l ama a Hermia. Entristecido por sus cuitas, Oberon, magn&aacute;nimo, decide encomendarle a Puck una nueva misi&oacute;n: tras emponzo&ntilde;ar los ojos de Tytania, aprovechar&aacute; los restos del brebaje para hacer que Demetrius beba los vientos por Helena.
    </p><p class="article-text">
        En esto, aparecen en el bosque una troupe de artesanos aficionados al arte dram&aacute;tico. Se han reunido para ensayar un <em>P&iacute;ramo y Tisbe</em> (la historia en la que Shakespeare basar&iacute;a su <em>Romeo y Julieta</em>) que esperan representar en la boda en la que Theseus (duque de Atenas) se desposar&aacute; con Hippolyta (reina de las amazonas). Puck aprovechar&aacute; un descuido para encasquetar a su l&iacute;der &mdash;un fanfarr&oacute;n llamado Bottom&mdash; una cabeza de asno, y conducirlo al claro donde reposa Tyrania, quien, pose&iacute;da por el ung&uuml;ento m&aacute;gico, se enamorar&aacute; perdidamente del hombre pollino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, tristemente, Puck solo despacha bien medio encargo: confundi&eacute;ndose con los atenienses, termina engatusando a Lysander en vez de a Demetrius, haciendo que el mozo se encapriche de Helena y descuajeringando la entente amorosa. Viendo que los zagales van a matarse si nadie lo impide, Oberon convoca a la bruma y a las tinieblas y sume a todos en un profundo sue&ntilde;o del que&nbsp;cada cual despertar&aacute; amando a quien debe. Tambi&eacute;n Tytania, cuyo castigo da por concluido. La &oacute;pera termina con los actores aficionados despachando su calamitosa funci&oacute;n (un actor hace de luna, otro de pared, etc&eacute;tera). Con todos felices y risue&ntilde;os, termina la funci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Anoche, el Teatro Real estren&oacute; una versi&oacute;n del <em>Sue&ntilde;o de una noche de verano</em> dirigida por Ivor Bolton y Deborah Wagner, dupla bien conocida entre los habituales del coliseo madrile&ntilde;o por ser los autores de dos de los espect&aacute;culos m&aacute;s memorables y brillantes que se han presenciado en el teatro: <em>Peter Grimes</em> (2021) y <em>Billy Budd</em> (2017). Felizmente, no hay dos sin tres. No era, conste, una empresa f&aacute;cil: Britten escribi&oacute; una partitura llena de sutilezas y los pocos m&uacute;sicos del foso se pasan la velada ejerciendo de solistas. Los percusionistas no dan abasto, los vientos van de <em>obbligato</em> en <em>obbligato</em> y parecer&iacute;a que todo en la m&uacute;sica obedece a una concepci&oacute;n teatral que fuerza a los int&eacute;rpretes a una expresividad intimidante. Para aumentar la dificultad, el compositor establece &aacute;mbitos musicalmente diferenciados para las realidades que confluyen en la trama y dota a cada uno de una orquestaci&oacute;n singular. Si las hadas se desenvuelven entre agudos clar&iacute;simos y cadencias di&aacute;fanas, los amantes cantan en tonalidades contrapuestas y los actores hacen los suyo en <em>staccato</em>, como si la cortedad de las notas reflejase la de sus entendederas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa8ead34-4edc-47f4-a56f-f3c9c5100102_16-9-aspect-ratio_50p_1138548.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa8ead34-4edc-47f4-a56f-f3c9c5100102_16-9-aspect-ratio_50p_1138548.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa8ead34-4edc-47f4-a56f-f3c9c5100102_16-9-aspect-ratio_75p_1138548.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa8ead34-4edc-47f4-a56f-f3c9c5100102_16-9-aspect-ratio_75p_1138548.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa8ead34-4edc-47f4-a56f-f3c9c5100102_16-9-aspect-ratio_default_1138548.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fa8ead34-4edc-47f4-a56f-f3c9c5100102_16-9-aspect-ratio_default_1138548.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fa8ead34-4edc-47f4-a56f-f3c9c5100102_16-9-aspect-ratio_default_1138548.jpg"
                    alt="El actor Daniel Abelson (Puck), Pequeños Cantores de la ORCAM y niños actores y bailarines"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El actor Daniel Abelson (Puck), Pequeños Cantores de la ORCAM y niños actores y bailarines                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La habilidad con que Bolton logra pasar de lo et&eacute;reo a lo caricaturesco o&nbsp;de lo sublime a lo procaz, obtiene su justa r&eacute;plica en el esmerado trabajo que Wagner ha realizado en la direcci&oacute;n de actores y en una concepci&oacute;n esc&eacute;nica que debe resolver de manera cre&iacute;ble los mismos bandazos. Lysander, el amante cabal (viene de jurarse amor con Hermia &ldquo;por la candidez de las palomas de Venus, por lo que entreteje almas y hace crecer amores&rdquo;) debe transformarse en un pretendiente hiperventilado dispuesto a &ldquo;cruzar un incendio&rdquo; por una se&ntilde;ora a la que acaba de conocer. Bottom ha de hacer el burro con la misma verosimilitud con la que el s&aacute;dico Oberon (papel escrito para contratenor, registro exc&eacute;ntrico en tiempos de Britten) ha de parecernos se&ntilde;orial a pesar de sus muchas trapacer&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La funci&oacute;n no solo se apoya en el admirable y sobresaliente trabajo de unos cantantes capaces de satisfacer las exigencias esc&eacute;nicas del papel, sino en una cuidada puesta en escena en la que se combinan hallazgos elogiables (como desdoblar al personaje de Puck entre un actor &mdash;Britten no le dio m&uacute;sica&mdash; y un bailar&iacute;n a&eacute;reo mostrando as&iacute; la naturaleza especular de ese bosque de ensue&ntilde;os y malentendidos), un prudente histrionismo (el <em>Pr&iacute;amo y Tisbe</em> es descacharrante, m&aacute;s considerando que Britten lo concibi&oacute; como una parodia belcantista), pocos pero bien empleados recursos esc&eacute;nicos y la inserci&oacute;n de unas coreograf&iacute;as infantiles que rebajan convenientemente la solemnidad general.
    </p><p class="article-text">
        Yendo al cap&iacute;tulo de voces, quisiera destacar el timbre hermos&iacute;simo y la claridad del canto de Liv Redpath en el papel de Tytania y el exquisito Oberon de Iestyn Davies (su <em>I know a bank</em> son&oacute; con la delicad&iacute;sima frialdad que requiere su personaje). Tambi&eacute;n, el fabuloso cuarteto de amantes desparejados (Sam Furness como Lysander, Simone McIntosh como Hermia, Jacques Imbrailo como Demetrius y Jacquelyn Wagner como Helena) y los divertid&iacute;simos Clive Bayley como Bottom, Ru Charlesworth como Flute y a William Dazeley como Starveling. Tambi&eacute;n a los Peque&ntilde;os Cantores de la ORCAM.
    </p><p class="article-text">
        Al caer el tel&oacute;n, el p&uacute;blico aplaudi&oacute; enfervorecido. Y no solo a los m&uacute;sicos y a los cantantes, &iexcl;tambi&eacute;n a la direcci&oacute;n de escena! Esto, en el Real y en una funci&oacute;n en la que no salen ni pelucones ni miri&ntilde;aques, es un verdadero acontecimiento. Resulta curioso: habr&aacute; quien se tenga por moderno y vanguardista por dedicarse al metateatro o por minar sus actuaciones con errores calculados sin reparar en que todo eso ya lo hizo Shakespeare. Cu&aacute;nta ventaja nos sacan los del siglo XVI.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ivor-bolton-deborah-wagner-vuelven-triunfar-sueno-noche-verano_129_13062631.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Mar 2026 13:08:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c140f336-e877-4ec7-a6cc-bb45c85b36ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138544.jpg" length="422001" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c140f336-e877-4ec7-a6cc-bb45c85b36ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138544.jpg" type="image/jpeg" fileSize="422001" width="943" height="530"/>
      <media:title><![CDATA[Ivor Bolton y Deborah Wagner vuelven a triunfar con 'Sueño de una noche de verano']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c140f336-e877-4ec7-a6cc-bb45c85b36ce_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138544.jpg" width="943" height="530"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Teatro,Arte,William Shakespeare]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oriol Vilanova, representante español en la Bienal de Venecia: "La postal tiene una promiscuidad nacional interesante"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/oriol-vilanova-representante-espanol-bienal-venecia-postal-promiscuidad-nacional-interesante_128_13055144.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e34dd8bb-20c2-4cdd-9f1f-c3fc8d01026c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138319.jpg" width="3648" height="2052" alt="Oriol Vilanova, representante español en la Bienal de Venecia: &quot;La postal tiene una promiscuidad nacional interesante&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El artista trabaja con postales para enseñar diferentes momentos históricos: "El mercadillo está lleno de composiciones involuntariamente poéticas"</p><p class="subtitle">Opinión - Razones y mecanismos para evitar la uberización de la industria editorial</p></div><p class="article-text">
        Oriol Vilanova (Manresa, 1980) trabaja con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/postales-turisticas-desarrollismo-desvelan-spain-no-different-cat_1_12421036.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">postales</a>. Las colecciona, las ordena y las exhibe. A veces, incluso se las roban. Hace a&ntilde;os, su obra acapar&oacute; titulares: una jubilada afan&oacute; uno de sus trabajos (una chaqueta azul con unas postales dentro de los bolsillos) del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/ano-picasso-arranca-tiron-orejas-organizadores-hay-borrarlo-empezar-leerlo-nuevo_1_9309312.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Museo Picasso de Par&iacute;s</a>. La se&ntilde;ora la tom&oacute; por una prenda olvidada y la recuper&oacute; a su armario. En la an&eacute;cdota se sintetizan muchos de los intereses del artista: el trabajo con objetos menores y olvidados, que pasan desapercibidos y, en ocasiones, pueden ser v&iacute;ctimas de estas confusiones.
    </p><p class="article-text">
        Vilanova es el representante espa&ntilde;ol en la 61&ordf;. Bienal de Venecia. Desde all&iacute;, en una pausa de las labores de montaje de <em>Los restos</em>, nombre que ha dado a la instalaci&oacute;n que transformar&aacute; el pabell&oacute;n en un gran postalero, atiende esta entrevista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;ndo empezaron a interesarle las postales?</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pues hace unos 20 a&ntilde;os. Estaba estudiando en la universidad, en Barcelona, y empec&eacute; a ir al mercadillo para buscar libros y publicaciones baratas. All&iacute; empec&eacute; a comprar postales, pero lo hac&iacute;a como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/cara-coleccionista-peggy-guggenheim-hizo-no-hizo-mujeres_1_11784688.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">coleccionista</a>, sin voluntad de transformarlas en objeto art&iacute;stico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c34b57b8-893e-4de0-baad-e61554d22fbd_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c34b57b8-893e-4de0-baad-e61554d22fbd_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c34b57b8-893e-4de0-baad-e61554d22fbd_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c34b57b8-893e-4de0-baad-e61554d22fbd_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c34b57b8-893e-4de0-baad-e61554d22fbd_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c34b57b8-893e-4de0-baad-e61554d22fbd_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c34b57b8-893e-4de0-baad-e61554d22fbd_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La obra &#039;Los restos&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra &#039;Los restos&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En qu&eacute; momento comienza a pensar: &ldquo;Bueno, quiz&aacute;s esto es mi obra&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tard&eacute; unos a&ntilde;os porque, en realidad, tard&eacute; en empezar a trabajar como artista. Mis primeras obras no ten&iacute;an que ver con las postales, pero es verdad que se presentaron r&aacute;pidamente como un material susceptible de formar parte de ellas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un artista catal&aacute;n afincado en Bruselas representa a Espa&ntilde;a en Venecia. Siendo la Bienal, en esencia, un certamen en el que cada pa&iacute;s lleva a su abanderado, menuda cabriola...</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, los pabellones han funcionado como embajadas. Realmente a&uacute;n siguen este modelo, aunque el ecosistema sea m&aacute;s fluido. Respecto a esto, la postal tiene una promiscuidad nacional que me parece interesante. Para m&iacute; es un pabell&oacute;n en el que lo nacional estar&aacute;, pero atravesado, porque las postales viajan. Aunque se presenten en Venecia, en realidad tambi&eacute;n hacen muchos ecos a Espa&ntilde;a, pero no presento series con car&aacute;cter nacional. Creo que es m&aacute;s transnacional.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, el pabell&oacute;n &mdash;y no quiero parecer naive&mdash; es casi como una exposici&oacute;n en Venecia. Soy muy consciente de d&oacute;nde es y de que lo ver&aacute; mucho p&uacute;blico, pero me relaja pensarlo de este modo. No me veo como representante de nada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En las im&aacute;genes que adelantan su proyecto para el pabell&oacute;n aparecen unos mont&iacute;culos tapados con lonas. Son muy misteriosos, &iquest;es un </strong><em><strong>cliffhanger</strong></em><strong>?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Son im&aacute;genes del mercadillo, del rastro de Bruselas. En d&iacute;as de lluvia, los vendedores tapan todo con esas mantas de pl&aacute;stico para que no se deterioren sus productos. A veces, tambi&eacute;n lo hacen porque se van a tomar un caf&eacute; o se van, yo qu&eacute; s&eacute;, a rezar. Es un momento de ocultaci&oacute;n que es, tambi&eacute;n, de exposici&oacute;n. Las im&aacute;genes pertenecen a una serie fotogr&aacute;fica llamada <em>Reproducciones</em>. Cuando voy al mercadillo no solo busco postales: en realidad me interesa todo del mercadillo. Las postales son casi la excusa. Me interesa la econom&iacute;a del mercado, el teatro y los personajes, tanto los vendedores como los compradores. Todos formamos una masa, una fauna humana que all&iacute; se da de una manera muy natural pero que en otros lugares ser&iacute;a imposible.
    </p><p class="article-text">
        Desde un profesor que est&aacute; investigando algo e intenta encontrar libros descatalogados hasta gente en busca de cosas baratas. Objetos olvidados. Me fijo sobre todo en las composiciones que hacen los vendedores. El <em>display</em>, que es algo muy propio de los museos, pero tambi&eacute;n de los escaparates. El mercadillo est&aacute; lleno de composiciones involuntariamente po&eacute;ticas. En este momento, en el que acabamos de presentar el pabell&oacute;n y en el que a&uacute;n no puedes o no quieres desvelar demasiado, estas fotograf&iacute;as me serv&iacute;an para ense&ntilde;ar el fuera de campo de la propuesta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Van a formar parte de la exposici&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No. Estuve pensando en incluirlas, pero he ido depurando la intervenci&oacute;n hasta dejarla sin a&ntilde;adidos superfluos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0542b3b7-4462-4cb9-84f4-be504d7a62d7_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0542b3b7-4462-4cb9-84f4-be504d7a62d7_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0542b3b7-4462-4cb9-84f4-be504d7a62d7_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0542b3b7-4462-4cb9-84f4-be504d7a62d7_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0542b3b7-4462-4cb9-84f4-be504d7a62d7_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0542b3b7-4462-4cb9-84f4-be504d7a62d7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0542b3b7-4462-4cb9-84f4-be504d7a62d7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La obra &#039;Los restos&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra &#039;Los restos&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Hablemos entonces de la propuesta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Claro, claro! El t&iacute;tulo tiene mucha importancia para m&iacute;. <em>Los restos</em>. No se traducir&aacute; al ingl&eacute;s ni al italiano. Se trata de hacer una especie de microhistoria a partir de los objetos olvidados. Se desarrolla por las seis salas del pabell&oacute;n: en relaci&oacute;n con los espacios, la luz y las transiciones, voy armando distintos cap&iacute;tulos en los que se contraponen im&aacute;genes que, de alg&uacute;n modo, se hablan y se llevan la contraria unas a otras. La intervenci&oacute;n principal es esto: utilizar el pabell&oacute;n como un gran postalero.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n habr&aacute; una <em>performance </em>no anunciada, <em>El fantasma de la libertad</em>, que suceder&aacute; en los Giardini y en el Arsenale. Hace referencia a ese momento de la pel&iacute;cula de Bu&ntilde;uel en el que la pareja protagonista se escandaliza al ver unas postales que reproducen clich&eacute;s banales. De forma muy discreta, un <em>performer </em>se acercar&aacute; a otra persona y le mostrar&aacute; una postal. Despu&eacute;s, ambos se separan y se van sin intercambiar palabra. El cuerpo queda convertido en un dispositivo de exposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me interesan especialmente las postales que no son especiales. Son las que aparecer&aacute;n en el pabell&oacute;n, porque son las que colecciono. Las comunes. Las que cumplen su funci&oacute;n de clich&eacute; por acumulaci&oacute;n, por repetici&oacute;n y por abundancia. Quiz&aacute;s me atrever&iacute;a a llevarle la contraria a Benjamin: estos objetos reproducidos t&eacute;cnicamente de manera id&eacute;ntica se cargan de aura aqu&iacute;. Como si, de alg&uacute;n modo, se la a&ntilde;adiese cada espectador. Es casi como una instalaci&oacute;n colectiva, an&oacute;nima, porque las postales, aunque est&aacute;n hechas y repetidas a miles y a lo bestia, acaban teniendo una biograf&iacute;a &uacute;nica, y eso se nota en el material. Como dec&iacute;a Goya, el tiempo tambi&eacute;n pinta, y es eso lo que pasa en los materiales, y no solo en la postal: en todos los objetos, que son capaces de contener memoria. Las manchas, si les ha dado el sol o la humedad... No les doy la vuelta (porque solo muestro la imagen) pero all&iacute; est&aacute;n todas las historias, la peque&ntilde;a literatura, las frases banales y repetidas como la postal misma. La propia colecci&oacute;n transmite este efecto del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La postal tambi&eacute;n es un objeto anacr&oacute;nico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es como un s&iacute;ntoma. Te ense&ntilde;a c&oacute;mo se ve, en un momento hist&oacute;rico concreto, un asunto. Por ejemplo, tengo una serie sobre el fr&iacute;o. Es muy interesante ver c&oacute;mo siempre se fotograf&iacute;a el cielo azul con la nieve blanca. Nunca el momento de la tormenta o el d&iacute;a despu&eacute;s de la nevada, cuando ya se acaba ese momento teatral. No sabes exactamente cu&aacute;ndo empez&oacute; ese clich&eacute; ni cu&aacute;ndo se va a acabar. Seguramente venga de la pintura, contin&uacute;a en la postal y seguir&aacute; despu&eacute;s en las redes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Las redes no han cambiado esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es muy evidente que el imaginario va migrando de medios, pero sigue siendo el mismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay algo ir&oacute;nico en llevar objetos pobres y comunes a una cita tan significada como la Bienal de Venecia. Tambi&eacute;n, considerando que la postal es un artefacto indesligable del turismo y que la muestra se emplaza en una ciudad tan afectada por sus consecuencias.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Parecer&iacute;a que Venecia es un espacio natural para la postal. Ya desde Canaletto, que para m&iacute; es el creador de estas im&aacute;genes: que se inventaba las vistas y las deformaba. A la Bienal parecer&iacute;a que tienes que llevar las mejores galas en vez de <em>los restos</em> de la colecci&oacute;n, la sociedad o la memoria.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no me interesan nada estas fronteras, la postal es un objeto que se lee como de baja cultura, &iquest;no? Pero piensa que el museo las ha utilizado hist&oacute;ricamente para difundir sus colecciones, sus tesoros. Esta diferencia entre la imagen tur&iacute;stica y la imagen producida por las instituciones culturales es interesante. Es un objeto que, entre comillas, no es elitista, pero que tiene muchas capas, que se leen seg&uacute;n el conocimiento que tengas sobre el lugar o el motivo que reproducen, etc&eacute;tera. Tambi&eacute;n hablamos de un objeto pensado para ser vendido al m&aacute;ximo de gente posible. Igual que Venecia, &iquest;no? Ambas buscan lo mismo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18091272-0bfd-4e8a-b0f2-6d992e870ffe_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18091272-0bfd-4e8a-b0f2-6d992e870ffe_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18091272-0bfd-4e8a-b0f2-6d992e870ffe_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18091272-0bfd-4e8a-b0f2-6d992e870ffe_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/18091272-0bfd-4e8a-b0f2-6d992e870ffe_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/18091272-0bfd-4e8a-b0f2-6d992e870ffe_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/18091272-0bfd-4e8a-b0f2-6d992e870ffe_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La obra &#039;Los restos&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra &#039;Los restos&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Y tiene que interpelar a un se&ntilde;or de Helsinki y a otro de Zimbabue.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, s&iacute;, s&iacute;. Y quiere gustar al m&aacute;ximo. Aunque, como en las postales, a veces encuentras algunas que dices: &ldquo;Y esto, &iquest;c&oacute;mo ha llegado aqu&iacute;?&rdquo;. Cosas que escapan al clich&eacute;, que realmente no est&aacute;n pensadas ni para una minor&iacute;a, sino que, en alguna etapa de la producci&oacute;n o la edici&oacute;n, ha ocurrido alg&uacute;n cortocircuito.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es trabajar en la Bienal? Es un encargo poco habitual.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El pabell&oacute;n tiene unas caracter&iacute;sticas en las que a veces no se repara. Por ejemplo, no hay calefacci&oacute;n ni aire acondicionado. Y esto quiere decir que hacemos una instalaci&oacute;n a la intemperie.
    </p><p class="article-text">
        Lo digo en el buen sentido: aqu&iacute; entras a una iglesia y ves los Bellinis y los Carpaccios que est&aacute;n ah&iacute; desde hace siglos expuestos en unas condiciones que los museos no permitir&iacute;an. O sea, dir&iacute;an: &ldquo;Por encima de mi cad&aacute;ver&rdquo;. Hay algo tramposo en la conservaci&oacute;n de los museos, en querer guardar las obras por los siglos de los siglos.
    </p><p class="article-text">
        Y el pabell&oacute;n tiene esta particularidad: es un espacio abierto. Durante el tiempo que dura la Bienal est&aacute; con las puertas abiertas. Es como un interior&hellip; exterior. Parece una especie de teatro. Ser&iacute;a bonito que lo montaran y desmontaran para la ocasi&oacute;n. Para m&iacute; tiene algo de circo ambulante: un esqueleto fijo y un interior que cambia. Se trabaja de un modo distinto a como se trabaja con una instituci&oacute;n m&aacute;s estable, como un museo. El equipo es mucho menor, pero est&aacute; funcionando todo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Durante el montaje, &iquest;ha tenido ocasi&oacute;n de ver qu&eacute; est&aacute;n haciendo otros artistas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pues&hellip; &iexcl;Es que no hay nadie a&uacute;n!
    </p><p class="article-text">
        <strong>Usted es un pionero.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un privilegio llegar cuando a&uacute;n no hay nadie. Es precioso. Conozco a algunos de los artistas que vienen a hacer pabellones. Creo que va a ser una edici&oacute;n interesante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/oriol-vilanova-representante-espanol-bienal-venecia-postal-promiscuidad-nacional-interesante_128_13055144.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Mar 2026 21:14:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e34dd8bb-20c2-4cdd-9f1f-c3fc8d01026c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138319.jpg" length="4650100" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e34dd8bb-20c2-4cdd-9f1f-c3fc8d01026c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138319.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4650100" width="3648" height="2052"/>
      <media:title><![CDATA[Oriol Vilanova, representante español en la Bienal de Venecia: "La postal tiene una promiscuidad nacional interesante"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e34dd8bb-20c2-4cdd-9f1f-c3fc8d01026c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1138319.jpg" width="3648" height="2052"/>
      <media:keywords><![CDATA[Arte,Cultura,Artistas,Entrevistas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Fura dels Baus decepciona con su revisión feminista de Barbazul]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/fura-dels-baus-decepciona-revision-feminista-barbazul_129_12940313.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fb4e6b93-6b38-43cc-b3c6-758cc42e9499_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La Fura dels Baus decepciona con su revisión feminista de Barbazul"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llega al Teatro Real la segunda versión del clásico en pocos meses. Una mirada actualizada que, aunque tiene momentos brillantes, no termina de convencer</p><p class="subtitle">Los actores de figuración reclaman que el Estatuto del Artista les incluya en la nueva normativa para defenderles de la IA
</p></div><p class="article-text">
        A Barbazul le pirran dos cosas, coleccionar esposas y los castillos con muchas habitaciones. Estas inocentes aficiones del personaje de Perrault han dado para multitud de interpretaciones. Cuentos, animaciones y al menos media docena de &oacute;peras. Dos de ellas figuran en el programa en curso del Teatro Real: la primera, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/polemicas-obras-bela-bartok-llegan-teatro-real-forma-irregular-efectiva_129_12737452.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la de B&eacute;la Bart&oacute;k</a>, la vimos a finales del a&ntilde;o pasado; la segunda, compuesta por Paul Dukas, se estren&oacute; anoche en el teatro madrile&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de otras versiones del cuento, la que nos ocupa tiene dos nombres propios en el t&iacute;tulo: el consabido duque feminicida y Ariadna, verdadera protagonista de esta &oacute;pera simbolista y arquetipo salv&iacute;fico en la batalla de la luz contra la oscuridad. Yendo al librero, bell&iacute;simo texto de Maurice Maeterlinck, la historia transcurre tal que as&iacute;. Ariadna acaba de casarse con Barbazul contra el criterio de los campesinos locales, que la advierten a gritos de las aficiones criminales de su reci&eacute;n adquirido esposo. &ldquo;No entres al castillo, es la muerte&rdquo;. La novia no se da por enterada y comenta con su nodriza el regalo nupcial: seis llaves de plata y una de oro. Las primeras abren c&aacute;maras repletas de tesoros; la &uacute;ltima, una estancia secreta y vedada que Ariadna no duda en abrir. &ldquo;Voy a buscar la puerta prohibida, lo que est&aacute; permitido no nos ense&ntilde;ar&aacute; nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;T&uacute; tambi&eacute;n?&rdquo;, le reprocha Barbazul. &ldquo;Yo, sobre todo&rdquo;. En una c&aacute;mara subterr&aacute;nea, sumidas en la oscuridad, Ariadna encuentra a las cinco esposas que la antecedieron. Est&aacute;n vivas, pero aterrorizadas. Al interrogarlas, Ariadna descubre que algunas llevan a&ntilde;os atrapadas en esas tinieblas y decide &mdash;venciendo sus temores y reticencias&mdash; ayudarlas a escapar. Tras varias intentonas, nuestra protagonista descubre una abertura que da hacia el exterior, permitiendo que la claridad del d&iacute;a y el rumor de las olas inunden la mazmorra. Las mujeres salen y contemplan la anchura del mar y los campos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/609da708-dc62-4bd9-8c6e-caa182780f3a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/609da708-dc62-4bd9-8c6e-caa182780f3a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/609da708-dc62-4bd9-8c6e-caa182780f3a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/609da708-dc62-4bd9-8c6e-caa182780f3a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/609da708-dc62-4bd9-8c6e-caa182780f3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/609da708-dc62-4bd9-8c6e-caa182780f3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/609da708-dc62-4bd9-8c6e-caa182780f3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un momento de la versión de &#039;Ariadna y Barbazul&#039; de La Fura del Baus en el Real"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un momento de la versión de &#039;Ariadna y Barbazul&#039; de La Fura del Baus en el Real                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        De nuevo en el castillo, Ariadna las anima a engalanarse: van a ser libres y eso es un motivo de alegr&iacute;a. En eso, parece que regresa Barbazul, pero es interceptado y linchado por los aldeanos, que se lo entregan inmovilizado a las mujeres para que completen su venganza. Pero ellas, tras tantos a&ntilde;os de sometimiento, no son capaces de librarse de su captor: curan sus heridas, lo besan y lo desatan. Ariadna, viendo el desenlace, las anima a marcharse con ella. Ellas se niegan. Acompa&ntilde;ada solamente por su nodriza, la protagonista se marcha.
    </p><p class="article-text">
        La versi&oacute;n de <em>Ariadna y Barbazul</em> que vimos anoche trata de subvertir por todos los medios este final decepcionante. A la cabeza de la intentona est&aacute; &Agrave;lex Oll&eacute;, de La Fura dels Baus, acompa&ntilde;ado de su equipo habitual: Alfons Flores en la escenograf&iacute;a, Josep Abril en el vestuario y Urs Sch&ouml;nebaum en la iluminaci&oacute;n. El montaje comienza con un v&iacute;deo mareante en el que, desde la luna trasera de un coche, vemos el viaje nupcial de los protagonistas. Lo menciono porque la decisi&oacute;n es una declaraci&oacute;n de intenciones: querido espectador, no permitiremos que la m&uacute;sica lo aburra, &iexcl;no habr&aacute; un segundo de quietud sobre el escenario! &iquest;Que la orquesta intenta evocar las joyas que se guardan en el castillo? Unas actrices vestidas con camisones tratan de huir de otros actores vestidos de Barbazul. &iquest;La partitura trata de recrear el movimiento del mar y la anchura de los campos? Gente abraz&aacute;ndose atropelladamente por aqu&iacute; y por all&aacute;. &iquest;Nos internamos en la caverna prohibida? El decorado se levanta y deja ver el perfil de un laberinto.
    </p><p class="article-text">
        Esta propuesta contramusical (m&aacute;s habitual de lo que imaginan en el gremio de directores de escena) produce una serie de patolog&iacute;as en el desarrollo de la funci&oacute;n que terminan por arruinar el elegante constructo simbolista que trata de armar Maeterlinck. El descenso a la prisi&oacute;n se nos muestra reconvertido en la boda de Ariadna; los aldeanos que tratan de frenar a Barbazul son los invitados; &iquest;el camino hacia la libertad?, una torre con mesas que se iluminan (vaya usted a saber por qu&eacute;), sillas de convite y l&aacute;mparas de pie. Tampoco parece bastarle a Oll&eacute; la violencia que narra la m&uacute;sica, porque opta por subrayarla con interferencias espasm&oacute;dicas de los maltratos pasados (como si un verdugo invisible la emprendiese a golpes con la multitud de rehenes que en esta producci&oacute;n hacen de las cinco esposas) que se suceden sin que sepamos bien por qu&eacute;. &iquest;Las campanas del reloj de la iglesia que alguna lleva d&eacute;cadas sin o&iacute;r? Vale. &iquest;El recuerdo del cautiverio? Tambi&eacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b471a37-ea1e-43a9-946c-2ad2b3593c03_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b471a37-ea1e-43a9-946c-2ad2b3593c03_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b471a37-ea1e-43a9-946c-2ad2b3593c03_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b471a37-ea1e-43a9-946c-2ad2b3593c03_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b471a37-ea1e-43a9-946c-2ad2b3593c03_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8b471a37-ea1e-43a9-946c-2ad2b3593c03_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8b471a37-ea1e-43a9-946c-2ad2b3593c03_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Las mujeres de Barbazul en escena"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Las mujeres de Barbazul en escena                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Con todo, debemos reconocer que el momento m&aacute;s dram&aacute;ticamente interesante est&aacute; causado por la subversi&oacute;n de las pretensiones del libreto. Como les adelantaba, en esta <em>Ariadna</em> las esposas no liberan a su captor. Tras serle entregado por los aldeanos (que aqu&iacute; son una turba machuna que se pelea a sillazos de manera desordenada y luego tira fichas a las se&ntilde;oras), las mujeres se le arremolinan alrededor de Barbazul, hiri&eacute;ndolo mientras se lamentan de las heridas que le han causado durante la captura. Este momento finamente s&aacute;dico (Ariadna llega a apu&ntilde;alarlo mientras pide que lo traten con delicadeza) me pareci&oacute; realmente brillante. El remate, sin embargo, vuelve a caer en lo absurdo: las esposas ejemplifican histri&oacute;nicamente varios conatos homicidas, pero todas frenan (la direcci&oacute;n de actores no es buena en toda la funci&oacute;n, pero aqu&iacute; es disparatada) a pocos cent&iacute;metros de su objetivo. Ariadna se marcha y ellas, girando al maltratador &mdash;cautivo y desarmado&mdash;, fijan la mirada en el patio de butacas. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Para qu&eacute;? Se hace el silencio y cae el tel&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Yendo a lo musical, la direcci&oacute;n de la orquesta cae en manos de Pinchas Steinberg. Con el guirigay que se monta en el escenario, uno la escucha como puede. La interpretaci&oacute;n me pareci&oacute; atinada y los pasajes orquestales sonaron bellamente. En el cap&iacute;tulo de voces conviene elogiar la Ariadna de Paula Murrihy (sobre quien, pr&aacute;cticamente, recae el peso de toda la funci&oacute;n), que logra la dif&iacute;cil tarea de dotar de expresividad a un personaje vocalmente reiterativo. Tambi&eacute;n a la nodriza de Silvia Tro Santaf&eacute;, contraparte indispensable, que canta con una seguridad admirable. Me gust&oacute; breve desempe&ntilde;o de Gianluca Buratto como Barbazul y el coro, que sigue siendo uno de los grandes activos del teatro madrile&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Hay muchas &oacute;peras cuyos &ldquo;valores&rdquo; nos resultan problem&aacute;ticos. La curiosidad femenina no es solo objeto de reproches en otras versiones del cuento de Perruault; tambi&eacute;n, por ejemplo, en <em>La flauta m&aacute;gica</em> de Mozart. Pero justo en la interpretaci&oacute;n de Maeterlinck y Dukas (que, por cierto, es tambi&eacute;n autor de <em>El aprendiz de brujo</em>, el que sale en <em>Fantas&iacute;a</em>), la sumisi&oacute;n de las esposas choca con la audacia de Ariadna, que no solo es un personaje femenino, sino que es el principal. Reducir la trama a una sola de sus capas (ya sea para enfatizarla o para enmendarla) pocas veces resulta enriquecedor. Aqu&iacute;, desde luego, no lo ha sido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/fura-dels-baus-decepciona-revision-feminista-barbazul_129_12940313.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Jan 2026 15:16:43 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fb4e6b93-6b38-43cc-b3c6-758cc42e9499_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="645114" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fb4e6b93-6b38-43cc-b3c6-758cc42e9499_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="645114" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Fura dels Baus decepciona con su revisión feminista de Barbazul]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fb4e6b93-6b38-43cc-b3c6-758cc42e9499_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Ópera,Cuentos,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Carmen' llega al Teatro Real con una versión desvaída y cañí]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/carmen-llega-teatro-real-version-desvaida-cani_129_12838083.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/133078d5-1de4-4f76-8a70-60087543d5a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1132395.jpg" width="2835" height="1595" alt="&#039;Carmen&#039; llega al Teatro Real con una versión desvaída y cañí"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La directora de orquesta surcoreana Eun Sun Kim, con montaje de Damiano Michieletto, ofrece una ópera descafeinada basada en la novela de Prosper Mérimée</p><p class="subtitle">Las polémicas obras de Béla Bartók llegan al Teatro Real de forma irregular pero efectiva</p></div><p class="article-text">
        A los espa&ntilde;oles nos encanta que los extranjeros nos expliquen qui&eacute;nes somos. F&iacute;jense en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/importante-insultar-segunda-lengua_1_11468217.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuant&iacute;simo hispanista habla ingl&eacute;s</a> y c&oacute;mo la mitad de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/volver-pueblo-formas-neofolclore-musica-lorena-alvarez_1_9895775.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuestro folclore</a> m&aacute;s hondo e intransferible se ha inventado de los Pirineos para arriba. Del pa&iacute;s del cruas&aacute;n y la baguete (si jugamos a los t&oacute;picos, jugamos todos) vino Prosper M&eacute;rim&eacute;e a darse una vuelta por los arrabales patrios. Los viajeros rom&aacute;nticos tendr&aacute;n su halo de prestigio, pero cuesta distinguirlos de esos <em>n&oacute;madas digitales</em> que se mudan a Bali a la b&uacute;squeda del<em> contenido</em>. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estoy ya de regreso en Madrid tras haber recorrido durante varios meses, y en todos los sentidos, Andaluc&iacute;a, esa cl&aacute;sica tierra de ladrones sin encontrar a uno solo. Casi siento verg&uuml;enza&rdquo;, confesaba por carta a alg&uacute;n amigote. &ldquo;Me hallaba dispuesto a ser atacado por bandoleros, no para defenderme sino para hablar con ellos y preguntarles muy cort&eacute;smente sobre su estilo de vida. Al mirar mi traje, gastado en los codos, y mi escaso equipaje, me pesa no haber visto a estos se&ntilde;ores. La p&eacute;rdida de un ligero malet&iacute;n no hubiera sido un precio demasiado alto por el placer de conocerles&rdquo;. Hay que ser cretino.
    </p><p class="article-text">
        En 1845, don Pr&oacute;spero (perm&iacute;tanme la confianza) reconcentr&oacute; su erudici&oacute;n sobre <em>lo andaluz</em> en una novelita llamada <em>Carmen</em>, sobre la que Georges Bizet acabar&iacute;a componiendo su famosa &oacute;pera estrenada treinta a&ntilde;os despu&eacute;s. En el siglo XIX, todo exotismo es poco; y los intelectuales europeos sacaban billetes para Espa&ntilde;a, donde hay tantas rarezas como en Oriente (y un grado de civilizaci&oacute;n tan cuestionable como all&iacute;) pero queda m&aacute;s cerca. La localizaci&oacute;n peculiar no era ninguna novedad: Mozart hab&iacute;a ubicado <em>El rapto del serrallo</em> en las costas berberiscas y a Hamlet las cosas no le huelen a podrido en el T&aacute;mesis, sino en Dinamarca. Tradicionalmente, mandar la acci&oacute;n a tierras lejanas no era m&aacute;s que una treta para evitar problemas. Hay arist&oacute;cratas canallas, pero no son los nuestros: &iexcl;estos llevan turbante!
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/11e1705c-e750-4e0c-90ce-5279f1e717cd_16-9-aspect-ratio_50p_1132396.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/11e1705c-e750-4e0c-90ce-5279f1e717cd_16-9-aspect-ratio_50p_1132396.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/11e1705c-e750-4e0c-90ce-5279f1e717cd_16-9-aspect-ratio_75p_1132396.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/11e1705c-e750-4e0c-90ce-5279f1e717cd_16-9-aspect-ratio_75p_1132396.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/11e1705c-e750-4e0c-90ce-5279f1e717cd_16-9-aspect-ratio_default_1132396.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/11e1705c-e750-4e0c-90ce-5279f1e717cd_16-9-aspect-ratio_default_1132396.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/11e1705c-e750-4e0c-90ce-5279f1e717cd_16-9-aspect-ratio_default_1132396.jpg"
                    alt="Aigul Akhmetshina (Carmen) y Charles Castronovo (Don José)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Aigul Akhmetshina (Carmen) y Charles Castronovo (Don José)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En cambio, en esa efervescencia de los nacionalismos que fue el siglo XIX, los compositores se ponen intensitos: quieren retratar el alma de los pueblos y el genio de las razas en comp&aacute;s de tres por cuatro. &ldquo;La m&uacute;sica de <em>Carmen</em> me parece perfecta. Es malvada, refinada, fatalista: a pesar de ello, sigue siendo popular, porque posee el refinamiento de una raza, no del individuo. Posee todo aquello que es propio de las regiones c&aacute;lidas: la sequedad del aire, su transparencia&rdquo;, dej&oacute; escrito Nietzsche y reproduce el programa de mano. &ldquo;Envidio a Bizet por haber tenido el coraje de expresar esa sensibilidad, que hasta hoy no hab&iacute;a pose&iacute;do un lenguaje en la m&uacute;sica culta de Europa: el coraje de esta sensibilidad del sur, m&aacute;s bronceada, m&aacute;s ardiente&rdquo;, constata.
    </p><p class="article-text">
        Como otros compositores, Bizet descubri&oacute; estas intimidades extranjeras por correspondencia. Miren, el franc&eacute;s no transcribi&oacute; la c&eacute;lebre <a href="https://youtu.be/EseMHr6VEM0?si=RE0wEuI-RPhjMMI-&amp;t=125" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">habanera</a> con la que se presenta la protagonista tras escucharla en un corral de Triana: le bast&oacute; con cambiar los acentos de una dancilla cubana titulada <a href="https://www.youtube.com/watch?v=8lqL4G0qHfw" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El arreglito</em></a>, compuesta por Sebasti&aacute;n Iradier, que tampoco era de Camag&uuml;ey, sino de &Aacute;lava. Pero ya les digo: Puccini hizo lo mismo cuando le toc&oacute; escribir <em>a lo asi&aacute;tico</em>. Denme usted unos discos, que ya les capto yo la medida del esp&iacute;ritu a los japoneses.
    </p><p class="article-text">
        Intentemos sortear por un momento el asunto de los topicazos (&ldquo;el amor es como un gitanillo que nunca conoci&oacute; la ley&rdquo;, manda narices) para sintetizar el argumento. En Sevilla, un destacamento militar protege la Real F&aacute;brica de Tabacos: el ambiente est&aacute; cargado de la espesa sensualidad sure&ntilde;a, que pasa del galanteo a los navajazos en un santiam&eacute;n. Una cigarrera destaca entre todas, &ldquo;voil&agrave; la Carmencita&rdquo;, por quien suspiran propios y ajenos. &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo nos amar&aacute;s?&rdquo;, pregunta la milicia. &ldquo;Si me amas, no te amar&eacute;; pero si te amo&hellip; ten cuidado&rdquo;. En el ret&eacute;n, el brigadier don Jos&eacute; recibe una carta de su madre: la mujer a&ntilde;ora a su chiquillo. Le pide que se comporte, que gane un ascenso y que, al promocionar, escoja un destino m&aacute;s cerca de su anciana progenitora, que vive en Navarra. La carta se la lleva Micaela, que hace de &ldquo;personaje femenino noble y bueno&rdquo;, un indispensable en la &oacute;pera rom&aacute;ntica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e723f045-e54e-4edc-b355-7be001444343_16-9-aspect-ratio_50p_1132397.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e723f045-e54e-4edc-b355-7be001444343_16-9-aspect-ratio_50p_1132397.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e723f045-e54e-4edc-b355-7be001444343_16-9-aspect-ratio_75p_1132397.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e723f045-e54e-4edc-b355-7be001444343_16-9-aspect-ratio_75p_1132397.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e723f045-e54e-4edc-b355-7be001444343_16-9-aspect-ratio_default_1132397.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e723f045-e54e-4edc-b355-7be001444343_16-9-aspect-ratio_default_1132397.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e723f045-e54e-4edc-b355-7be001444343_16-9-aspect-ratio_default_1132397.jpg"
                    alt="Pequeños Cantores de la ORCAM"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Pequeños Cantores de la ORCAM                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El traslado tendr&aacute; que esperar, porque se desata una pelea a cuchillazos en el interior de la f&aacute;brica. &iquest;El motivo? Bragueta u honor, que para el caso es lo mismo. Detienen a Carmen, autora del tajo, que lograr&aacute; manipular a don Jos&eacute; para que la libere. &ldquo;S&eacute; que est&aacute;s enamorado de m&iacute;&rdquo;. El soldadito cae en el embrujo, que le cuesta un mes de talego y una degradaci&oacute;n. Pasado este tiempo, la pareja se reencuentra en la taberna de Lilas Pastias (el t&iacute;pico nombre de garito del barrio de la Macarena), adonde nuestra gitana ha ido a &ldquo;bailar la seguiriya y beber la manzanilla&rdquo;. All&iacute; seduce nuevamente a don Jos&eacute;, manipul&aacute;ndolo para que deserte y la acompa&ntilde;e en su vida errante. El tipo vuelve a caer: la vida de bandolero, la vida mejor. La cosa, claro, no tarda en torcerse. Jos&eacute; &mdash;al que, seamos francos, nuestra protagonista le ha arruinado la vida&mdash; se convierte en un man&iacute;aco celoso, molesta afici&oacute;n si eres el novio de una se&ntilde;ora que utiliza sus encantos para sacar ventaja de cuanto hombre haya de Despe&ntilde;aperros para abajo.
    </p><p class="article-text">
        El tercero en discordia no tarda en llegar: Escamillo, torero de Granada y favorito de la afici&oacute;n. Galanter&iacute;a va, bronca viene, el desenlace llega con otra misiva materna, venida de manos de la amorosa Micaela: la do&ntilde;a est&aacute; por morirse, as&iacute; que ahora o nunca. Jos&eacute; intenta explicar a Carmen la gravedad de la situaci&oacute;n. Ella le espeta que si se marcha no se moleste en volver. De fondo, suena la cancioncita de Escamillo. Finalmente, don Jos&eacute; regresa. Carmen, que ahora forma parte de la troupe toreril, y a la que los naipes le han dicho que si sigue con el dichoso cabo la muerte les aguarda a ambos, lo manda a hacer pu&ntilde;etas. &Eacute;l, que ha perdido a su madre y no se le conocen hermanas, no encuentra motivos para ser feminista, as&iacute; que la mata.
    </p><p class="article-text">
        Anoche, el Teatro Real estren&oacute; una versi&oacute;n de <em>Carmen</em> con montaje de Damiano Michieletto y direcci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/mujeres-batuta-mujer-dirigido-opera-teatro-real-reapertura-25-anos_1_7195527.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eun Sun Kim</a>. La escenograf&iacute;a sit&uacute;a la acci&oacute;n en un ambiente acalorado, donde la luz cae pesadamente, como grumosa. La propuesta, por momentos, recuerda a aquella de Calixto Bieito, en la que la &ldquo;&oacute;pera comique&rdquo; se transformaba en un drama fronterizo protagonizado por narcos de baja estofa. Digo que recuerda porque esta versi&oacute;n est&aacute; descafeinada. Al convertir al coro en una masa indiferenciada (no hay soldados, los grupis de los toreros son indistinguibles de las cigarreras, o de los parroquianos del tugurio de Pastias) la opresi&oacute;n sexual, militar y fabril que da contexto a la &oacute;pera desaparece (&ldquo;os seguiremos, cigarreras, para murmuraros palabras de amor&rdquo;, canta el ret&eacute;n al comienzo de la &oacute;pera). 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c09f3b48-4bcc-46b7-a313-fcda18bddea7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c09f3b48-4bcc-46b7-a313-fcda18bddea7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c09f3b48-4bcc-46b7-a313-fcda18bddea7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c09f3b48-4bcc-46b7-a313-fcda18bddea7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c09f3b48-4bcc-46b7-a313-fcda18bddea7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c09f3b48-4bcc-46b7-a313-fcda18bddea7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c09f3b48-4bcc-46b7-a313-fcda18bddea7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Coro Titular del Teatro Real"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Coro Titular del Teatro Real                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Las localizaciones, decididamente precarias y ca&ntilde;&iacute;s, refuerzan torpemente lo estereot&iacute;pico del libreto y la m&uacute;sica, &iexcl;como si hiciera falta! A Escamillo, el seductor, nos lo dan convertido en un hortera vestido amarillo al que le llevan las banderillas en una bolsa de palos de golf. Con esas pintas, &iquest;qui&eacute;n lo cambiar&iacute;a por ning&uacute;n amante? La taberna es un prost&iacute;bulo de carretera; los sevillanos, figurantes de <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/tetuan/historia/banda-jaro-historia-triste-miseria-delincuencia-juvenil-cine-quinqui_1_8355724.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cine quinqui</a> dispuestos a mostrar su devoci&oacute;n por el diestro de turno dej&aacute;ndose torear a golpes de chaqueta. Tambi&eacute;n resultan innecesarios los a&ntilde;adidos destinados a subrayar los significados de la m&uacute;sica: quiz&aacute;s, el motivo de la fatalidad (un soniquete que se repite cada vez que se preludia el desenlace de la obra) no necesitaba los continuos cameos de una se&ntilde;ora enlutada y con mantilla para que lo entendi&eacute;ramos.
    </p><p class="article-text">
        La falta de tensi&oacute;n, me temo, tampoco se arregl&oacute; desde el foso. Eun Sun Kim nos ofreci&oacute; una versi&oacute;n destemplada de la partitura, que termin&oacute; por desarticular los momentos de tensi&oacute;n ralentizando los tiempos o desprovey&eacute;ndolos del vigor necesario para hacerlos cre&iacute;bles. Las discusiones entre los protagonistas sonaron deslavazadas, el fervor taurino, funcionarial y el jaleo de la multitud (ahora militares, ahora paisanos; siempre indistinguibles) sin fuste. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5cd6f0a-de66-4095-9ca7-9701a927e7bd_16-9-aspect-ratio_50p_1132398.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5cd6f0a-de66-4095-9ca7-9701a927e7bd_16-9-aspect-ratio_50p_1132398.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5cd6f0a-de66-4095-9ca7-9701a927e7bd_16-9-aspect-ratio_75p_1132398.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5cd6f0a-de66-4095-9ca7-9701a927e7bd_16-9-aspect-ratio_75p_1132398.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5cd6f0a-de66-4095-9ca7-9701a927e7bd_16-9-aspect-ratio_default_1132398.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f5cd6f0a-de66-4095-9ca7-9701a927e7bd_16-9-aspect-ratio_default_1132398.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f5cd6f0a-de66-4095-9ca7-9701a927e7bd_16-9-aspect-ratio_default_1132398.jpg"
                    alt="Marie-Claude Chappuis (Mercédès), Lluís Calvet (Le Dancaïre), Aigul Akhmetshina (Carmen), Lucas Meachem (Escamillo),  Natalia Labourdette  (Frasquita)"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Marie-Claude Chappuis (Mercédès), Lluís Calvet (Le Dancaïre), Aigul Akhmetshina (Carmen), Lucas Meachem (Escamillo),  Natalia Labourdette  (Frasquita)                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En el cap&iacute;tulo de voces, me gust&oacute; Aigul Akhmetshina, que canta con una voz grande y matizada, capaz de unos <em>piani</em> muy hermosos y con una plasticidad admirable, muy ajustada a la volubilidad de su personaje. Tambi&eacute;n Adriana Gonz&aacute;lez (una de las grandes ovacionadas de la noche), que hizo su Micaela con tanta calidez y belleza que podr&iacute;amos olvidarnos de que la hayan caracterizado como una beatona sin sal dispuesta a preguntarte si tienes un minuto para hablarte del salvador. 
    </p><p class="article-text">
        Me gust&oacute; la primera comparecencia de Lucas Meachem como Escamillo, sobre todo por la alternancia de din&aacute;micas: la idea de un &ldquo;toreador&rdquo; m&aacute;s fr&iacute;volo que r&iacute;gido me parece interesante. Luego, creo que se desdibuj&oacute;. Tristemente, el don Jos&eacute; de Charles Castronovo es uno de los grandes defectos de la funci&oacute;n: donde debiera haber pasi&oacute;n hay gritos; donde dudas, torpeza. Canta nasal y estrangulado y todo lo hace inveros&iacute;mil. 
    </p><p class="article-text">
        Muy bien el coro, como acostumbra, y los Peque&ntilde;os cantores de la Orcam, para los que esta propuesta reserva episodios muy simp&aacute;ticos. Bien tambi&eacute;n el resto de papeles menores del elenco: David Lagares, Toni Marsol (que comenz&oacute; un tanto entrecortado), Natalia Labourdette, Marie-Claude Chappuis, Llu&iacute;s Calvet y Mikeldi Atxalandabaso, viejo conocido del p&uacute;blico del Real. No s&eacute; cu&aacute;ntas <em>C&aacute;rmenes</em> llevar&eacute; en los o&iacute;dos, pero reconozco que cada vez se me hace m&aacute;s cuesta arriba la operita de marras. Ayer repar&eacute; en un incordio del que no me acordaba. &iquest;Saben qu&eacute; grita el p&uacute;blico cuando el matador liquida al toro? &ldquo;Victoria&rdquo;. <em>Very well fandango</em>, claro que s&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/carmen-llega-teatro-real-version-desvaida-cani_129_12838083.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Dec 2025 16:26:54 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/133078d5-1de4-4f76-8a70-60087543d5a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1132395.jpg" length="930331" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/133078d5-1de4-4f76-8a70-60087543d5a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1132395.jpg" type="image/jpeg" fileSize="930331" width="2835" height="1595"/>
      <media:title><![CDATA['Carmen' llega al Teatro Real con una versión desvaída y cañí]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/133078d5-1de4-4f76-8a70-60087543d5a4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1132395.jpg" width="2835" height="1595"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Ópera,Teatro,Artes escénicas,Crítica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las polémicas obras de Béla Bartók llegan al Teatro Real de forma irregular pero efectiva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/polemicas-obras-bela-bartok-llegan-teatro-real-forma-irregular-efectiva_129_12737452.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fbe3ee02-c032-47ac-a892-bb675ed5212e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las polémicas obras de Béla Bartók llegan al Teatro Real de forma irregular pero efectiva"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor húngaro fue censurado en 1926 con 'El mandarín maravilloso' y 'El castillo de barbazul' se calificó como 'irrepresentable'. Ambas se estrenan ahora unidas por una pieza sinfónica</p><p class="subtitle">Cinco películas que no te puedes perder en la Fiesta del Cine 2025
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Al terminar la funci&oacute;n hubo un concierto de silbidos y abucheos. Bart&oacute;k estaba presente, sentado en el auditorio [&hellip;]. El alboroto fue tan ensordecedor que tuvimos que bajar el tel&oacute;n. Sin embargo, nos envalentonamos y salimos a saludar, momento en el que volvieron a silbarnos violentamente. Es posible que hubiera algunos <em>bravos</em> aislados, pero quedaron sepultados bajo el tumulto&rdquo;. La cr&oacute;nica la firma una fuente privilegiada: el director h&uacute;ngaro Eugen Szenk&aacute;r, responsable del estreno de <em>El mandar&iacute;n maravilloso</em> en la &Oacute;pera de Colonia. Fue en 1926 y la cosa a&uacute;n pod&iacute;a empeorar. Al d&iacute;a siguiente, Szenk&aacute;r recibi&oacute; una llamada: el alcalde (el mism&iacute;simo Konrad Adenauer) lo convocaba a su despacho para comunicarle que las funciones programadas de aquella pantomima acababan de ser canceladas. En su ciudad no hab&iacute;a lugar para semejante obscenidad.
    </p><p class="article-text">
        El pasado domingo, el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/otello-opera-racista-protagonizada-feminicida-sigue-vigente-potencia-musical_129_12618869.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Real de Madrid</a> estren&oacute; un programa triple compuesto por obras de B&eacute;la Bart&oacute;k. Dos (la mentada y <em>El castillo de Barbazul</em>) pertenecen a su tr&iacute;o de obras esc&eacute;nicas. La tercera, que hace de ligaz&oacute;n, es una pieza sinf&oacute;nica: el primer movimiento de la <em>M&uacute;sica para cuerdas, percusi&oacute;n y celesta</em> (1936). Si la <em>premiere</em> del <em>Mandar&iacute;n</em> les parece calamitosa, no crean que <em>Barbazul</em> lo tuvo m&aacute;s f&aacute;cil. Cuando el compositor trat&oacute; de estrenarla en 1911 se top&oacute; con el inesperado veredicto de la comisi&oacute;n que deb&iacute;a enjuiciarla: la &oacute;pera les parec&iacute;a &ldquo;irrepresentable&rdquo;. Finalmente, logr&oacute; estrenarse en 1918 sin demasiado &eacute;xito y anduvo por el mundo sin pena ni gloria hasta que, ya en los a&ntilde;os 50, le lleg&oacute; la fama.
    </p><p class="article-text">
        Se alza el tel&oacute;n. En un escenario casi vac&iacute;o se amontonan basuras variopintas. En un extremo, una cabina de tel&eacute;fono pintarrajeada. Del otro, un bosquecillo de troncos desnudos. Entre ellos camina un joven que, acerc&aacute;ndose al borde de la escena, declama hacia el p&uacute;blico. &ldquo;Nos miramos, contamos la historia, &iquest;qui&eacute;n sabe de d&oacute;nde viene? Oig&aacute;mosla, aunque nos llene de pavor, se&ntilde;oras y se&ntilde;ores&rdquo;. En la orquesta se desata un marem&aacute;gnum urbano: sobre un soniquete obstinado, los metales imitan el ir y venir de los coches, que hacen sonar impertinentemente sus bocinas. Las flautas suben y bajan por una escala fren&eacute;tica; la percusi&oacute;n, enardecida, repiquetea a contratiempo. Se hace un silencio brev&iacute;simo y por los costados entran tres hombres que rondan a una muchacha, a quien fuerzan a bailar para atraer clientes. Llegan los primeros candidatos, que son despachados por los proxenetas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1034e87-50bd-4aff-813b-bd844791d216_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1034e87-50bd-4aff-813b-bd844791d216_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1034e87-50bd-4aff-813b-bd844791d216_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1034e87-50bd-4aff-813b-bd844791d216_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1034e87-50bd-4aff-813b-bd844791d216_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a1034e87-50bd-4aff-813b-bd844791d216_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a1034e87-50bd-4aff-813b-bd844791d216_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Imagen de la representación de las obras de Béla Bartók en el Teatro Real"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Imagen de la representación de las obras de Béla Bartók en el Teatro Real                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <em>El mandar&iacute;n</em> no es una &oacute;pera, sino un &ldquo;ballet pantomima&rdquo;, de modo que los personajes son dibujados por la orquesta. Los &ldquo;chulos&rdquo; los hacen las violas, las danzas de la chica las reproduce el clarinete, el primer cliente un tromb&oacute;n burl&oacute;n; el segundo, un t&iacute;mido oboe. Inesperadamente, un mandar&iacute;n entra en escena en un movimiento &ldquo;maestoso&rdquo;: los metales hacen gesto descendente y las cuerdas parecen temblar. Ha llegado la v&iacute;ctima perfecta, un oriental rico al que desplumar&aacute;n a gusto. 
    </p><p class="article-text">
        Hay algo bondadoso en este personaje, que, en el frenes&iacute; que se dispara en la orquesta, terminar&aacute; abrazando tiernamente a la muchacha. De pronto, los villanos se lanzan sobre &eacute;l y tratan de asesinarlo. Lo apu&ntilde;alan, lo asfixian, lo cuelgan del gancho de una l&aacute;mpara, pero el mandar&iacute;n resiste. El murmullo del coro acompa&ntilde;a su agon&iacute;a. &ldquo;El cuerpo del mandar&iacute;n comienza a brillar con una luz azul verdosa&rdquo;, dice la partitura. La m&uacute;sica es terrible. Finalmente, tras una progresi&oacute;n insoportablemente agudizada por un tr&eacute;molo, la orquesta comienza a boquear y el protagonista muere.
    </p><p class="article-text">
        Sobre las tablas del Real, ya les dec&iacute;a, no hay sedas ni paisajes urbanos, m&aacute;s bien un arrabal despeluchado y unos personajes vestidos de cualquier manera. La propuesta de Christof Loy es de un minimalismo sucio, que pretende reducir los elementos esc&eacute;nicos en pro de las capacidades de la orquesta y de la potencia de la m&uacute;sica. Esta intenci&oacute;n admirable tiene, sin embargo, algunos problemas. El primero es que se antoja, en ciertos momentos, perezosa. Con esos mimbres, uno podr&iacute;a representar una docena de &oacute;peras sin que el <em>minimalismo</em> se resintiera. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n, que la violencia de la m&uacute;sica combina pobremente con el patetismo de la puesta en escena, mediante el cual todo simbolismo es arrastrado hacia una tediosa literalidad. Este defecto es m&aacute;s notable en la primera parte del espect&aacute;culo, en el que los incansables bailarines act&uacute;an desde el primer comp&aacute;s con un &iacute;mpetu tan expl&iacute;cito que el en&eacute;simo intento de asesinato del mandar&iacute;n ya nos pilla anestesiados. Todo ello sin mencionar las trilladas referencias a la piedad (&eacute;l, con una pu&ntilde;alada en el costado, reposando sobre las rodillas de ella, etc&eacute;tera) que, aunque hermosas, nos las traemos sabidas de casa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9623744f-3df5-422d-8e73-0554f7361bd3_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9623744f-3df5-422d-8e73-0554f7361bd3_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9623744f-3df5-422d-8e73-0554f7361bd3_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9623744f-3df5-422d-8e73-0554f7361bd3_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9623744f-3df5-422d-8e73-0554f7361bd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9623744f-3df5-422d-8e73-0554f7361bd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9623744f-3df5-422d-8e73-0554f7361bd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&#039;El castillo de Barbazul&#039;, una de las dos piezas de Bela Bartok que se representan en el Real"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;El castillo de Barbazul&#039;, una de las dos piezas de Bela Bartok que se representan en el Real                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El comienzo de <em>El castillo de Barbazul</em> comienza, de nuevo, con el mismo pr&oacute;logo. En realidad, le pertenece a esta &oacute;pera, y <em>El mandar&iacute;n</em> lo ha tomado de prestado. Es el mismo parlamento, pero tras el primer acto se siente distinto. En la misma escena, ahora con los elementos semihundidos, aparecen Judith (Evelyn Herlitzius, vestida como la muchacha del primer acto) y el duque Barbazul (Christof Fischesser, con el mismo traje que el mandar&iacute;n) que, reci&eacute;n casados llegan al castillo (un edificio tableteado situado al borde un embarcadero) que de ahora en adelante ser&aacute; su hogar. Judit ama a su esposo, pero presiente que hay algo terrible resguardado en esa casa. La historia, tomada del famoso cuento de Charles Perrault, se nos presenta aqu&iacute; como una met&aacute;fora psicol&oacute;gica. La esposa trata de persuadir al duque, que, celoso, se niega abrir las siete puertas del castillo, trasunto de las moradas de su alma.
    </p><p class="article-text">
        La propuesta de Loy sigue aqu&iacute; la voluntad expl&iacute;cita del compositor. &ldquo;El mayor obst&aacute;culo para su representaci&oacute;n es que la trama consiste &uacute;nicamente en el conflicto espiritual entre dos personajes. No ocurre nada m&aacute;s en el escenario&rdquo;. Sentados siempre en las afueras de ese edificio sin ventanas, Judith conseguir&aacute; ir abriendo las distintas estancias. Las primeras, terribles, contienen objetos de tortura y armas espantosas. Despu&eacute;s, la m&uacute;sica parece abrir un horizonte de esperanza: aqu&iacute;, un tesoro, all&aacute; un jard&iacute;n. Por alg&uacute;n motivo, hay sangre por todas partes, un motivo musical persistente en toda la obra que viene a empa&ntilde;ar cualquier instante prometedor. 
    </p><p class="article-text">
        Al llegar a la quinta puerta, la orquesta estalla en un fulgor apabullante: Judith ve el hermoso reino de Barbazul. &Eacute;l, temiendo lo que a&uacute;n queda por descubrir, trata de frenar su curiosidad en esta visi&oacute;n feliz. Judith insiste y la oscuridad vuelve a apoderarse del relato: la sexta puerta da a un lago de l&aacute;grimas; la s&eacute;ptima, a la estancia donde reposan las esposas de la aurora, el mediod&iacute;a y la tarde de Barbazul. La &oacute;pera termina con una m&uacute;sica que va cerr&aacute;ndose sobre s&iacute; misma: el duque coloca un manto estrellado sobre los hombros de su &uacute;ltima amada: la de la noche. Sobre el escenario, el castillo se eleva, dejando ver, tras &eacute;l, los &aacute;rboles desnudos con los que comenz&oacute; el espect&aacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Dejando a un lado los <em>peros</em> ya mencionados, la propuesta de Loy es bastante efectiva con su prop&oacute;sito. Consigue darnos un marco en el que estas historias pueden desplegarse y permite que la atenci&oacute;n se centre en el trabajo de la orquesta, que es sin duda, la gran protagonista de la velada. Gustavo Gimeno, nuevo director musical del Teatro Real, hace una interpretaci&oacute;n minuciosa y rica de la fant&aacute;stica partitura de Bart&oacute;k, imprimi&eacute;ndole una plasticidad y vigor realmente elogiables.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/polemicas-obras-bela-bartok-llegan-teatro-real-forma-irregular-efectiva_129_12737452.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 15:17:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/fbe3ee02-c032-47ac-a892-bb675ed5212e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="725994" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/fbe3ee02-c032-47ac-a892-bb675ed5212e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="725994" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las polémicas obras de Béla Bartók llegan al Teatro Real de forma irregular pero efectiva]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/fbe3ee02-c032-47ac-a892-bb675ed5212e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ópera,Teatro,Música,Artes escénicas,Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Otello', una ópera racista protagonizada por un feminicida que sigue vigente por su potencia musical]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/otello-opera-racista-protagonizada-feminicida-sigue-vigente-potencia-musical_129_12618869.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1564995a-886a-430f-b5e5-a0c6de7f34fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Otello&#039;, una ópera racista protagonizada por un feminicida que sigue vigente por su potencia musical"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra de Verdi es la elegida para arrancar la temporada del Teatro Real de Madrid con una maravillosa dirección musical de Nicola Luisotti, pero unas interpretaciones carentes de sutileza</p><p class="subtitle">Eduard Fernández, Premio Nacional de Cine: “Quien no se conmocione con el genocidio en Gaza tiene un problema de falta de humanidad”</p></div><p class="article-text">
        Sigue causando controversia. &ldquo;El gran problema cuando se programa <em>Otello</em> es la cuesti&oacute;n racial. [&hellip;] &iquest;Por qu&eacute; se nos permite, en este mundo <em>woke</em>, seguir haciendo una &oacute;pera como esta, en la que un hombre negro es representado por un hombre blanco? En la industria del espect&aacute;culo algo as&iacute; ya no es admisible. Pero esta &oacute;pera parece escaparse del radar, probablemente porque es tan maravillosa que no podemos privarnos de ella. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo ser&aacute; as&iacute;? No lo s&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo dijo David Alden, director de escena, tan pronto le dieron la palabra en la rueda de prensa que arrancaba esta temporada del Teatro Real. Al instante, Nicola Luisotti, el responsable de la direcci&oacute;n musical de esta producci&oacute;n, reclam&oacute; el turno de r&eacute;plica. &ldquo;El problema no es el color, es social. &Eacute;l viene del norte de &Aacute;frica y ella es una chica veneciana. &Eacute;l tiene 45 a&ntilde;os y ella, 25. &Eacute;l no acepta la posibilidad de que ella pueda irse con otro hombre, y desde aqu&iacute; abrimos otro tema: el del feminicidio. Hay un feminicidio sobre el escenario. &Eacute;l no mata a Desd&eacute;mona por motivos raciales, sino porque cree que la ha traicionado con otro chico. Otello es un loco que mata para nada, como sucede hoy. No es una historia de otro tiempo, sino actual&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si Luisotti trataba de disipar los escr&uacute;pulos morales que puede despertarnos esta &oacute;pera relativizando el problema racial, pero su panorama me parece m&aacute;s espeluznante que el expuesto por Alden. Es cierto que Verdi y su libretista, Arrigo Boito, relajaron los pasajes racistas en su adaptaci&oacute;n del texto de Shakespeare. Lo hicieron suprimiendo el primer acto de la tragedia, en el que Otello y la noble Desd&eacute;mona se casan en secreto, para espanto de la aristocracia veneciana, que saluda a los reci&eacute;n casados con toda clase de improperios.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b4040e7e-9e7e-48aa-824c-89d2f959c01a_source-aspect-ratio_50p_1126239.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b4040e7e-9e7e-48aa-824c-89d2f959c01a_source-aspect-ratio_50p_1126239.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b4040e7e-9e7e-48aa-824c-89d2f959c01a_source-aspect-ratio_75p_1126239.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b4040e7e-9e7e-48aa-824c-89d2f959c01a_source-aspect-ratio_75p_1126239.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b4040e7e-9e7e-48aa-824c-89d2f959c01a_source-aspect-ratio_default_1126239.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b4040e7e-9e7e-48aa-824c-89d2f959c01a_source-aspect-ratio_default_1126239.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b4040e7e-9e7e-48aa-824c-89d2f959c01a_source-aspect-ratio_default_1126239.jpg"
                    alt="Asmik Grigorian como Desdémona y Brian Jagde como Otello"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Asmik Grigorian como Desdémona y Brian Jagde como Otello                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La composici&oacute;n no fue f&aacute;cil: Verdi se hab&iacute;a despedido de las tablas tras <em>A&iacute;da</em>, y para que volviese al oficio hicieron falta quince a&ntilde;os, la persuasi&oacute;n del mentado Boito, los tejemanejes del director Franco Faccio y que el editor Giulio Ricordi engrasase los argumentos con una descabellada suma de liras. Tambi&eacute;n ayud&oacute; contar con un argumento shakesperiano: el maestro ya hab&iacute;a estrenado un <em>Macbeth</em> y se hab&iacute;a quedado a medio camino de un <em>Rey Lear</em>. Para no agobiarlo (Verdi ya era una celebridad), los conjurados tomaron medidas para que no se filtrase que el maestro volv&iacute;a al trabajo. En la correspondencia, utilizaron un nombre en clave: don Giuseppe no andaba componiendo nada, simplemente &ldquo;preparaba el chocolate&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Otello</em> se estren&oacute; en La Scala en febrero de 1887, con Francesco Tamagno, <a href="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/97/Francesco_Tamagno_dans_le_r%C3%B4le_d%27Otello_-_Foto_di_Ganzini.jpg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">embetunado</a>, haciendo el papel principal. El &eacute;xito fue rotundo y sabemos con precisi&oacute;n cu&aacute;nto y d&oacute;nde se aplaudi&oacute;, as&iacute; como los n&uacute;meros que se bisaron, porque Ricordi (el editor) ten&iacute;a la costumbre de anotarlo en los m&aacute;rgenes del libreto. El hombre se jugaba una fortuna y es de entender que anduviese al quite.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4620bca-ba96-4339-854c-79bceb4a3067_16-9-aspect-ratio_50p_1126236.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4620bca-ba96-4339-854c-79bceb4a3067_16-9-aspect-ratio_50p_1126236.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4620bca-ba96-4339-854c-79bceb4a3067_16-9-aspect-ratio_75p_1126236.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4620bca-ba96-4339-854c-79bceb4a3067_16-9-aspect-ratio_75p_1126236.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4620bca-ba96-4339-854c-79bceb4a3067_16-9-aspect-ratio_default_1126236.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c4620bca-ba96-4339-854c-79bceb4a3067_16-9-aspect-ratio_default_1126236.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c4620bca-ba96-4339-854c-79bceb4a3067_16-9-aspect-ratio_default_1126236.jpg"
                    alt="&#039;Otello&#039; de Verdi en la inauguración de la temporada del Teatro Real"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;Otello&#039; de Verdi en la inauguración de la temporada del Teatro Real                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Por suerte, la versi&oacute;n con la que en la noche del viernes 19 de septiembre el Teatro Real inaugur&oacute; su vig&eacute;simo novena temporada nos ahorra el <em>blackface</em>, los turbantes y dem&aacute;s lindezas. Los puristas dir&aacute;n que si Verdi lo pint&oacute; negro &mdash;porque Shakespeare lo pint&oacute; negro&mdash; habr&iacute;a que hacerlo negro; pero hemos visto suficientes adaptaciones libres y excelentes (el <em>Don Giovanni </em>yonqui de Claus Guth o la <em>Carmen</em> fronteriza de Calixto Bieito, por mencionar dos de este mismo teatro) como para que reclamar los beneficios de la literalidad.
    </p><p class="article-text">
        Alden, que ya dirigi&oacute; esta misma producci&oacute;n hace ahora nueve a&ntilde;os, sit&uacute;a la acci&oacute;n en una &uacute;nica localizaci&oacute;n: una plaza descascarillada que, a&ntilde;adiendo y quitando alg&uacute;n elemento de attrezzo, servir&aacute; de dormitorio, palacio y cuartel. En esa plaza (haciendo de plaza) comienza la funci&oacute;n: los chipriotas otean el horizonte mientras se desata una tormenta. Entre los rayos, alguien atisba la bandera veneciana: es Otello, que regresa victorioso tras vencer a los sarracenos. La gente estalla en j&uacute;bilo y el coro recibe a sus heroicos defensores.
    </p><p class="article-text">
        Musicalmente, Verdi concibe la partitura como un continuo, que se inicia en esa tempestad y que nos arrastra, sin pausas ni compartimentaciones, hasta el tr&aacute;gico final. Tambi&eacute;n en esa primera escena se nos presentan todos los actores de este drama: Roderigo, quien secretamente desea a Desd&eacute;mona; Cassio, un capit&aacute;n que pronto caer&aacute; en desgracia; Desd&eacute;mona, chivo expiatorio y pieza principal en las maquinaciones de Iago, el verdadero motor de toda la acci&oacute;n dram&aacute;tica. Porque es Iago quien, resentido por sus penosos progresos en el escalaf&oacute;n militar, har&aacute; creer a Otello que Desd&eacute;mona le es infiel con Cassio, su leal lugarteniente. Si Otello liquida a Cassio, el pueblo comprender&aacute; que est&aacute; en manos de un b&aacute;rbaro celoso y el dogo lo depondr&aacute;, dejando el camino expedito para el ascenso de Iago, quien por fin tendr&aacute; un cargo a la altura de sus aspiraciones.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/52902421-6517-4fa3-b5e8-0031a9fcbea2_source-aspect-ratio_50p_1126240.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/52902421-6517-4fa3-b5e8-0031a9fcbea2_source-aspect-ratio_50p_1126240.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/52902421-6517-4fa3-b5e8-0031a9fcbea2_source-aspect-ratio_75p_1126240.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/52902421-6517-4fa3-b5e8-0031a9fcbea2_source-aspect-ratio_75p_1126240.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/52902421-6517-4fa3-b5e8-0031a9fcbea2_source-aspect-ratio_default_1126240.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/52902421-6517-4fa3-b5e8-0031a9fcbea2_source-aspect-ratio_default_1126240.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/52902421-6517-4fa3-b5e8-0031a9fcbea2_source-aspect-ratio_default_1126240.jpg"
                    alt="Airam Hernández como Cassio"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Airam Hernández como Cassio                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Iago es un personaje fascinante, capaz de encontrar y explotar las flaquezas de todos sus correligionarios: ataca a Cassio en su bonhom&iacute;a, a Desd&eacute;mona en su ingenuidad y a Otello en sus inseguridades maritales (Desd&eacute;mona no es solo m&aacute;s joven, sino que es de la raza &ldquo;adecuada&rdquo; y de una clase social superior). Es comprensible que, mientras escrib&iacute;an a este personaje tan atractivo, Verdi y Boito se sintiesen tentados a titular la &oacute;pera con su nombre. Finalmente, el compositor italiano opt&oacute; por honrar al h&eacute;roe ca&iacute;do en desgracia. Hizo bien, a Iago le sientan mejor las sombras.
    </p><p class="article-text">
        Es cuesti&oacute;n de sutilezas, de las que carece el Iago que nos presenta Alden. Gabriele Viviani tiene un buen desempe&ntilde;o vocal, pero no es de recibo que este &ldquo;Napole&oacute;n del mal&rdquo; se pasee por la escena como un villano de tebeo, sonriendo como un esbirro de saldo cada vez que un plan le sale bien. F&iacute;jense si su mezquindad es sofisticada que tiene hasta justificaci&oacute;n teol&oacute;gica: &ldquo;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=sWi3g3ihHuU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Creo en un dios cruel</a> que me ha creado a su semejanza y que nombro con ira [&hellip;] Soy malvado porque soy hombre, y siento el barro originario en m&iacute;&rdquo;, canta al comienzo del segundo acto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/097292ed-3a45-45a7-9c29-7b117b7805cf_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/097292ed-3a45-45a7-9c29-7b117b7805cf_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/097292ed-3a45-45a7-9c29-7b117b7805cf_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/097292ed-3a45-45a7-9c29-7b117b7805cf_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/097292ed-3a45-45a7-9c29-7b117b7805cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/097292ed-3a45-45a7-9c29-7b117b7805cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/097292ed-3a45-45a7-9c29-7b117b7805cf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Gabriele Viviani como Iago, Airam Hernández en el papel de Cassio y el Coro Titular del Teatro Real"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Gabriele Viviani como Iago, Airam Hernández en el papel de Cassio y el Coro Titular del Teatro Real                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Los montajes perezosos &mdash;esos de ubicaci&oacute;n &uacute;nica y traiga una cama que ya es un dormitorio&mdash; suelen exigir actores sobresalientes. Me temo que ninguno de los convocados en el primer elenco entra en esta categor&iacute;a. Tampoco les ayuda que Alden no emplee ning&uacute;n elemento mediador que nos sirva para comprender por qu&eacute; un se&ntilde;or que hace una hora estaba <a href="https://www.youtube.com/watch?v=ehRgMBiONWk" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">arrullando</a> a su esposa con palabras m&aacute;s propias de un poeta relamido que de un guerrero fier&iacute;simo (&ldquo;T&uacute; me amabas por mis desventuras y yo te amaba por tu piedad&rdquo;) ahora se comporta como un desquiciado que le roba un malet&iacute;n al embajador veneciano para esparcir los papelotes por el aire. Se habr&aacute; renunciado a la cuesti&oacute;n racial (sospecho que en estos comportamientos b&aacute;rbaros hay un subtexto claro), pero hay suficientes elementos sobre la escena (Otello tiene el control de la milicia de la ciudad, por ejemplo) para justificar por qu&eacute; nadie hace nada cuando humilla a su esposa burda y gratuitamente delante de, nada menos, la delegaci&oacute;n del dogo, a cuya aristocracia pertenece la muchacha.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5737c060-57f1-48c1-a19e-3bf06f61d22f_16-9-aspect-ratio_50p_1126238.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5737c060-57f1-48c1-a19e-3bf06f61d22f_16-9-aspect-ratio_50p_1126238.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5737c060-57f1-48c1-a19e-3bf06f61d22f_16-9-aspect-ratio_75p_1126238.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5737c060-57f1-48c1-a19e-3bf06f61d22f_16-9-aspect-ratio_75p_1126238.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/5737c060-57f1-48c1-a19e-3bf06f61d22f_16-9-aspect-ratio_default_1126238.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/5737c060-57f1-48c1-a19e-3bf06f61d22f_16-9-aspect-ratio_default_1126238.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/5737c060-57f1-48c1-a19e-3bf06f61d22f_16-9-aspect-ratio_default_1126238.jpg"
                    alt="Brian Jagde como Otello y Gabriele Viviani como Iago"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Brian Jagde como Otello y Gabriele Viviani como Iago                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Parecer&iacute;a que la direcci&oacute;n de Alden ha cargado las tintas en sus juegos de luces (Otello cierra la puerta por la que entraba el &uacute;nico rayo de luz del dormitorio de Desd&eacute;mona) y sombras (la de Iago se va proyectando sobre los personajes a los que empieza a corromper) y se ha desentendido de todo lo dem&aacute;s. Es una l&aacute;stima, porque la acci&oacute;n termina por resultar inveros&iacute;mil. Miren: en vez del tradicional estrangulamiento, aqu&iacute; Otello liquida a la mujer d&aacute;ndole un beso brutote. V&iacute;ctima del morreo de la muerte, Desd&eacute;mona cae para revivir unos minutos despu&eacute;s, decir que muere inocente y despedirse con un &ldquo;adi&oacute;s&rdquo; que, tal como est&aacute; presentado, bien parece un chiste.
    </p><p class="article-text">
        En el cap&iacute;tulo de voces, Brian Jadge debuta en el dificil&iacute;simo rol del Moro de Venecia. El neoyorquino apuesta todo a su admirable potencia vocal, pero su interpretaci&oacute;n carece de las sutilezas que el personaje requiere. Airam Hern&aacute;ndez hace un Cassio correcto y Asmik Grigorian (uno de los grandes alicientes de la velada) nos regal&oacute; a una Desd&eacute;mona de timbre hermoso y delicado, pero con una dicci&oacute;n extraordinariamente confusa. Tampoco contribuy&oacute; a la comprensi&oacute;n del texto (la adaptaci&oacute;n de Boito ya fue elogiada en su estreno) unos sobret&iacute;tulos innecesariamente sintetizados. En el foso, ya lo hemos dicho, dirig&iacute;a Luisotti. Su interpretaci&oacute;n fue, junto con la del coro, lo mejor de la noche.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/otello-opera-racista-protagonizada-feminicida-sigue-vigente-potencia-musical_129_12618869.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Sep 2025 12:32:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1564995a-886a-430f-b5e5-a0c6de7f34fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="875149" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1564995a-886a-430f-b5e5-a0c6de7f34fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="875149" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA['Otello', una ópera racista protagonizada por un feminicida que sigue vigente por su potencia musical]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1564995a-886a-430f-b5e5-a0c6de7f34fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Ópera,Artes escénicas,Madrid,William Shakespeare]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
