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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gabriel Moreno González]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gabriel_moreno_gonzalez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gabriel Moreno González]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Las lecciones de Pasolini]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/lecciones-pasolini_132_10867672.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9805b3d6-b89c-4a00-a4de-c08a46abf518_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las lecciones de Pasolini"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
El director de cine italiano nos enseñó que el conservadurismo en lo antropológico y social no tiene por qué ser opuesto a nuestros ideales de justicia e igualdad, sino en ocasiones su más firme apoyo y base de acción</p></div><p class="article-text">
        Ante la orfandad que padecemos de referentes intelectuales, podemos buscar y encontrarlos en el pasado reciente, en aquellos cuyas reflexiones fueron tan v&aacute;lidas para su presente como lo son hoy para el nuestro. Una de las figuras que supo ver con clarividencia y una extra&ntilde;a fuerza prof&eacute;tica los problemas estructurales y sist&eacute;micos del mundo actual fue, sin duda, el gran Pier Paolo Pasolini, el &uacute;ltimo renacentista y &ldquo;el creador de izquierdas m&aacute;s polifac&eacute;tico que ha dado Europa&rdquo;, como lo ha definido Miguel Dalmau en su monumental biograf&iacute;a del genio italiano.
    </p><p class="article-text">
        Cineasta, productor, poeta, escritor, fil&oacute;sofo, periodista, pintor, m&uacute;sico, erudito y, sobre todo, profeta para un mundo que comenzaba a difuminarse en sus antiguas l&iacute;neas de certeza por la acci&oacute;n del individualismo, de la sociedad de consumo y del desaforado sistema econ&oacute;mico deshumanizador. Pasolini lo vio primero, quiz&aacute; el primero: el capitalismo, en sus tendencias de concentraci&oacute;n y urbanizaci&oacute;n de la vida, implica una homogeneizaci&oacute;n que termina laminando y eliminando toda diferencia, todo valor propio, &uacute;nico. La escala humana, la de las peque&ntilde;as cosas y las relaciones no mercantilizadas, comenzar&iacute;a a perderse en medio del crecimiento sin l&iacute;mites de las ciudades de ladrillo y hormig&oacute;n, de la raz&oacute;n instrumental y el falso desarrollismo. Por eso siempre distingui&oacute; entre &ldquo;desarrollo&rdquo;, econ&oacute;mico y basado en t&eacute;rminos brutos de crecimiento cuantitativo, y el &ldquo;progreso&rdquo;, esto es, el avance de la humanidad y de sus comunidades de copertenencia en todos los &aacute;mbitos del actuar y de la cultura con criterios de justicia, equidad y libertad. La &ldquo;modernizaci&oacute;n&rdquo; que el poeta contemplaba extenderse por las ciudades de Italia, arrasando con los entornos naturales, creando guetos y barrios horrorosos, impon&iacute;a una uniformidad gris alienante y reduc&iacute;a todo objetivo vital a la competitividad y a la adoraci&oacute;n fetichista de las mercanc&iacute;as. &Eacute;l lo sab&iacute;a bien, pues lo viv&iacute;a en las &ldquo;borgate&rdquo;, en las barriadas y bajos fondos por los que se mov&iacute;a y donde disfrutaba jugando al f&uacute;tbol y conviviendo con sus gentes, con esos &ldquo;ragazzi de vita&rdquo; desarraigados, de rostro campesino trasplantados a la m&aacute;quina impersonal de la ciudad de masas. Por ello combatir&iacute;a siempre lo que, en sus propias palabras, era &ldquo;la desaparici&oacute;n de todas las formas que hasta ahora han protegido la historia y la tradici&oacute;n&rdquo;, denunciando en la prensa, en sus obras y en el activismo, el giro deshumanizador que estaba cobrando un siglo XX que a &eacute;l ya le hab&iacute;a infligido profundos surcos y da&ntilde;os: la p&eacute;rdida de su hermano, asesinado en las luchas internas de la resistencia comunista; el dolor de la guerra en Italia, con un padre fascista y renegado; el rechazo social a su condici&oacute;n de homosexual, que le lastrar&iacute;a hasta el final y se grabar&iacute;a profundamente en su psicolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El miedo a perder el mundo de certezas que se derrumbaba, las formas antiguas de la gente y las identidades arraigadas en una tradici&oacute;n que comenzaba ya a empaquetarse como producto tur&iacute;stico, le llev&oacute; a grabar y producir su &ldquo;trilog&iacute;a de la vida&rdquo; y una serie de documentales y reportajes en los que retrataba y recog&iacute;a, para posteridad, las vetustas costumbres del campo italiano o del mundo rural de la India. Como dice Dalmau, en su etapa de madurez intelectual, Pasolini estuvo imbuido de una &ldquo;fiebre man&iacute;aca que le impuls&oacute; a preservar todo aquello que intu&iacute;a en v&iacute;as de extinci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El rechazo a la contemporaneidad urbana y capitalista le llev&oacute; a la nostalgia por la tierra de origen de parte de su familia, la que le acogi&oacute; en sus largos veranos de la infancia y la adolescencia, el Friuli rural y buc&oacute;lico de Casarsa. La defensa del mundo rural, de sus tiempos tranquilos y no enloquecidos por el consumo y el capital, era la otra cara de su repudio absoluto frente a la frialdad de los tiempos l&iacute;quidos, fragmentados y veloces que ya hab&iacute;a reflejado el fascismo en sus enso&ntilde;aciones futuristas. Por eso Pasolini dec&iacute;a que &ldquo;debemos arrancar a los tradicionalistas el monopolio de la tradici&oacute;n&rdquo;, porque ser&iacute;a insensato que solo la derecha, falsamente adem&aacute;s, se convirtiera en baluarte para las formas previas, antiguas, de vida, cultura y socializaci&oacute;n. Algo que una parte importante de la izquierda, especialmente en Espa&ntilde;a, sigue sin ver: que las tradiciones, las relaciones no mercantilizadas, las viejas costumbres y el mundo de certezas son una l&iacute;nea de defensa, de resistencia, frente a las implicaciones m&aacute;s aberrantes del sistema econ&oacute;mico actual. El desprecio por lo rural, por la cultura campesina, por las formas religiosas y comunitarias de convivencia, parece a veces ser inherente a una izquierda metropolita que se obceca con batallas moralistas desde sus torres urbanas de pretendido marfil e impostura intelectual. El poeta lo vio claro muy temprano y sus cr&iacute;ticas al moralismo de la izquierda italiana de entonces, &ldquo;peor que el clerical&rdquo;, son tan oportunas para nuestro tiempo como para el suyo ya preterido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; la gran paradoja de Pasolini. El artista rupturista, controvertido, pol&eacute;mico y vanguardista, el poeta inicialmente comunista que amenazaba la hipocres&iacute;a social de la &eacute;poca con el esc&aacute;ndalo consciente, era a la vez un extra&ntilde;o conservador de izquierdas, un antrop&oacute;logo que encontraba en la tradici&oacute;n, en los pueblos, en la religi&oacute;n, los &uacute;ltimos resquicios de un mundo antag&oacute;nico a la deshumanizaci&oacute;n capitalista. Porque Pasolini fue, al fin y al cabo, un humanista integral, que beb&iacute;a tanto de Grecia y Roma como del cristianismo m&aacute;s transformador. No es extra&ntilde;o que hasta para el Vaticano (&iexcl;para esa Iglesia que tanto lo persigui&oacute; y lo difam&oacute;!) la mejor versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica de la vida y pasi&oacute;n de Jes&uacute;s sea el &ldquo;Evangelio seg&uacute;n San Mateo&rdquo; de Pasolini, del comunista y homosexual Pasolini. &Eacute;l vio el verdadero mensaje cristiano en los campesinos, en las gentes humildes que hab&iacute;an sido abandonadas por las &eacute;lites de uno y otro signo en los altares del &ldquo;desarrollo&rdquo; urbano y que reten&iacute;an, en sus ojos negros, en las arrugas de su piel tostada, en el esfuerzo secular de sus manos y en el cansancio de siglos de sus hombros, la idea original de Jes&uacute;s. A&uacute;n hoy impresiona ver la escena en la que el espa&ntilde;ol Enrique Irazoqui, que representaba a Cristo, declama en primer plano, en un plano tan cerca que casi parece chocar sus labios con la pantalla, el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a y la regla de oro. Que Pier Paolo presentara la obra junto a obispos cat&oacute;licos y Jean Paul Sartre en Notre Dame de Par&iacute;s, en enero de 1965, nos habla tambi&eacute;n de la naturaleza tolerante y del &iacute;mpetu divulgador del cineasta, as&iacute; como de la decadencia de nuestro actual horizonte de debate y reflexi&oacute;n, que expulsa las ideas contrapuestas y el encuentro de las leg&iacute;timas posiciones contrarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sigamos leyendo a Pasolini, viendo sus pel&iacute;culas y documentales, devorando sus poemas, conociendo su vida y honr&aacute;ndolo tras su cruel asesinato. Y, sobre todo, sigamos desde la izquierda aprendiendo que el conservadurismo en lo antropol&oacute;gico y social no tiene por qu&eacute; ser opuesto a nuestros ideales de justicia e igualdad, sino en ocasiones su m&aacute;s firme apoyo y base de acci&oacute;n. Quien tan prematuramente denunci&oacute; las derivas urbanoc&eacute;ntricas de las &eacute;lites, la sociedad de consumo volcada en el individualismo nihilista y la deshumanizaci&oacute;n de las relaciones vitales, nos sigue interpelando desde los campos y pueblos del Friuli de su infancia. No por nada recordar&iacute;a siempre, como el momento m&aacute;s feliz de su vida, aquellos d&iacute;as largos de verano en los que se tiraba piedras con sus amigos por encima de las lindes de una tierra que, sedienta de libertad e igualdad, ahora acoge sus huesos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/lecciones-pasolini_132_10867672.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jan 2024 22:01:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las lecciones de Pasolini]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Izquierda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El anticristianismo de Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/anticristianismo-vox_132_10470656.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/372a5011-73b9-4333-8c46-173ecbf6b1f8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El anticristianismo de Vox"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las propuestas e ideas de Vox son abiertamente incompatibles con el ideario cristiano del que supuestamente dicen provenir y al que en teoría proclaman defender</p></div><p class="article-text">
        Ahora que parece existir cierto empe&ntilde;o en el centroderecha espa&ntilde;ol de menoscabar a Vox, una vez constatado que resta m&aacute;s que suma y que el propio proyecto de ultraderecha se ha vuelto m&aacute;s autorreferencial y tribal que nunca, no viene mal ayudar a tan loable y al mismo tiempo c&iacute;nica tarea para rematar la faena en la progresiva desaparici&oacute;n de esta apendicitis pol&iacute;tica de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Quisiera detenerme aqu&iacute; en una de las principales contradicciones que la formaci&oacute;n de Santiago Abascal muestra desde su nacimiento, y que ha sido muy poco o nada explotada por sus contrincantes pol&iacute;ticos. Me refiero a la de la incompatibilidad de las ideas y pol&iacute;ticas que enarbolan con el ideario cristiano del que supuestamente dicen provenir y al que en teor&iacute;a proclaman defender. Son incontables las veces que hemos escuchado de sus bocas manifiestos en defensa de la cultura occidental cristiana y de los valores asociados al cristianismo, como parte adem&aacute;s <a href="https://www.voxespana.es/grupo_parlamentario/actividad-parlamentaria/vox-exige-al-gobierno-que-promueva-medidas-que-garanticen-el-respeto-a-los-cristianos-y-condene-su-persecucion-en-el-mundo-20230424" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;esencial de la identidad espa&ntilde;ola&rdquo;</a>. Muchos de sus dirigentes, con el <a href="https://www.eldiario.es/politica/jorge-buxade-antiguo-falangista-hecho-control-vox_1_10441541.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuevo ungido Buxad&eacute;</a> a la cabeza, proceden de &aacute;mbitos ultracat&oacute;licos, como el Opus Dei, y son de misa diaria (y esperemos que de confesi&oacute;n tambi&eacute;n peri&oacute;dica).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero c&oacute;mo puede ser cristiano un partido que demoniza a los menores no acompa&ntilde;ados, que defiende un bloqueo naval y militar frente a las pateras de personas migrantes o que propugna la expulsi&oacute;n de estas por el mero hecho de no tener recursos y ser extranjeros? Empezando por los menores: las ense&ntilde;anzas de Jesucristo son rupturistas con la tradici&oacute;n jud&iacute;a y romana de tratarlos como meros objetos, de deshumanizarlos como simples pasos previos a la madurez. &ldquo;Mirad que no menospreci&eacute;is a uno de estos peque&ntilde;os&rdquo; (Mt. 18: 10-14), &ldquo;dejad a los ni&ntilde;os y no les impid&aacute;is que vengan a m&iacute;, porque de los que son como estos es el reino de los cielos&rdquo; (Mt., 19:13-14). En cuanto a las personas migrantes y su rechazo por Vox (de las pobres, claro, de las ricas nunca dice nada), recordemos las palabras del Evangelio (Mt. 25: 35-40): &ldquo;Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui extranjero, y me acogisteis&rdquo;.&nbsp; &iexcl;Pero si la propia Sagrada Familia fue emigrante y refugiada en Egipto!
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y c&oacute;mo puede ser cristiano un partido que arremete contra el Estado social y contra la consiguiente solidaridad de nuestra comunidad pol&iacute;tica? Reducir el Estado es reducir las pol&iacute;ticas de redistribuci&oacute;n de la riqueza, o, en t&eacute;rminos cristianos, las pol&iacute;ticas y mecanismos de compasi&oacute;n institucionalizada y colectiva. Los Evangelios son claros: en Jes&uacute;s y en su mensaje los pobres, los humildes, los despreciados, los &uacute;ltimos, tienen un lugar y una atenci&oacute;n preferente. &Eacute;l mismo fue pobre y vivi&oacute; como pobre. &ldquo;Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos ser&aacute;n saciados&rdquo; (Mt. 5: 6-7). Pocos mensajes hay m&aacute;s sociales, de tanta y tan intensa fraternidad, como la par&aacute;bola de los jornaleros de la vi&ntilde;a y la frase que desconcert&oacute; a siglos de jerarqu&iacute;a: &ldquo;los &uacute;ltimos ser&aacute;n los primeros y los primeros, los &uacute;ltimos&rdquo; (Mt. 20: 1-16).
    </p><p class="article-text">
        El neoliberalismo extremo de Vox los sit&uacute;a en las ant&iacute;podas no solo del mensaje de fraternidad cristiana, sino tambi&eacute;n del mensaje oficial de la Iglesia Cat&oacute;lica desde la <em>Rerum Novarum</em> de Le&oacute;n XIII, de su doctrina social y de la postura del Papa Francisco. Su enc&iacute;clica <em>Fratelli Tutti</em> es uno de los <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/fraternidad-francisco_132_6623135.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">manifiestos mejor fundamentados contra el capitalismo neoliberal y contra el nacionalismo xen&oacute;fobo</a> y excluyente de los que hoy hace bandera la ultraderecha mundial y, en particular, la nuestra nacional. &ldquo;Es inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes&rdquo;, afirma el sucesor de San Pedro.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, &iquest;c&oacute;mo puede ser cristiano un partido que abomina del cuidado de la &ldquo;casa com&uacute;n&rdquo; y que est&aacute; vendido a la m&aacute;s pueril ret&oacute;rica antiecologista? <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/negacionismo-climatico-vox-da-nota-debate-partidos-ciencia_1_10357608.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El negacionismo clim&aacute;tico</a> y la ausencia de medidas de transici&oacute;n ecol&oacute;gica, cuando no directamente su rechazo, van contra la consideraci&oacute;n cristiana de la creaci&oacute;n y de la necesidad de su preservaci&oacute;n ante la amenaza que nos cierne. La degradaci&oacute;n del medio ambiente y el cambio clim&aacute;tico acabar&aacute;n arrasando con los &ldquo;lirios del campo&rdquo; (Mt. 6: 28-34) y con la <em>Laudato Si</em> de San Francisco de As&iacute;s. Como afirma el Papa: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan? Lo que est&aacute; en juego es nuestra propia dignidad. Somos nosotros los primeros interesados en dejar un planeta habitable para la humanidad que nos suceder&aacute;.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, durante estos a&ntilde;os se han echado de menos m&aacute;s pronunciamientos expresos de la Iglesia, y sobre todo de la Iglesia espa&ntilde;ola, sobre la deriva antihumanista y abiertamente anticristiana de la ultraderecha. Nunca es tarde si la dicha es buena, aunque tambi&eacute;n es ciertamente sorprendente el silencio del centroderecha o de la llamada &ldquo;democracia cristiana&rdquo;, cuando no directamente su connivencia con estos proyectos extremistas. Recordemos que Abascal o Melloni no solo han terminado siendo abrazados por la derecha cl&aacute;sica y supuestamente moderada, sino que provienen de sus filas o fueron acogidos en su momento con gusto por sus parapetos institucionales, desde los que luego crecieron y alimentaron al monstruo. Si la derecha moderada, sensata y verdaderamente cristiana (que la hay) ahora quiere volver a meter al genio en la l&aacute;mpara, deber&iacute;a esforzarse tambi&eacute;n por combatir la ret&oacute;rica que nos ha arrastrado hasta aqu&iacute; y que ha potenciado, hasta l&iacute;mites intolerables, la polarizaci&oacute;n y la crispaci&oacute;n. &iquest;Lo har&aacute; o se quedar&aacute; en el mero tacticismo de la pol&iacute;tica cortoplacista en la que todos parecemos estar insertos? Lamentablemente, guardo pocas esperanzas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/anticristianismo-vox_132_10470656.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Aug 2023 04:01:09 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Nuevos derechos fundamentales?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/nuevos-derechos-fundamentales_132_10227233.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dec44ee5-0e18-4d98-8905-9d910d5ea6e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Nuevos derechos fundamentales?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La indeterminación de los principios abstractos de la Constitución debería ser el marco para el libre juego del pluralismo político, no la palanca a partir de la cual realizar construcciones jurisprudenciales más propias del poder constituyente
</p><p class="subtitle">El Constitucional blinda el derecho al aborto y tumba el recurso del PP 13 años después</p></div><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas se est&aacute; produciendo un debate rico y sereno entre mis compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras de Derecho Constitucional en cuanto al reconocimiento de nuevos derechos fundamentales, como la eutanasia o el aborto, por el Tribunal Constitucional. La distinci&oacute;n de un derecho como &ldquo;fundamental&rdquo; no es balad&iacute;, puesto que el mismo, una vez fijado como tal, no puede ser alterado luego por el legislador, ya que goza de la m&aacute;xima protecci&oacute;n jur&iacute;dica (la que le otorga su valor constitucional) y debe ser siempre respetado en su contenido esencial al margen de las opciones pol&iacute;ticas que se alternen en el poder. El objetivo de dicha naturaleza &ldquo;fundamental&rdquo; es, precisamente, el de sustraer del juego pol&iacute;tico a un derecho que, por su valor, alta consideraci&oacute;n o centralidad, solo puede ser modificado o reducido en su esencia por un procedimiento agravado de reforma constitucional en el que se exige un alt&iacute;simo consenso de las fuerzas pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Como todo an&aacute;lisis somero que se realice, el m&iacute;o aqu&iacute; pecar&aacute; de un exceso de simplificaci&oacute;n, pero quisiera m&iacute;nimamente resumir las dos posturas contrapuestas en este debate (por lo dem&aacute;s, nada nuevo). Por un lado tenemos a quienes defienden que los derechos fundamentales son solo los que est&aacute;n expresamente establecidos en la Constituci&oacute;n, en tanto norma fundamental del Estado y de nuestra convivencia, producto del poder constituyente del pueblo espa&ntilde;ol, titular de la soberan&iacute;a. Los mismos consideran que pueden reconocerse en sede legal, por las Cortes Generales, nuevos derechos subjetivos, como el de la eutanasia mencionado, pero que tal derecho no podr&iacute;a en ning&uacute;n caso catalogarse como &ldquo;fundamental&rdquo; y que, por tanto, en cualquier momento otra mayor&iacute;a pol&iacute;tico-social podr&iacute;a eliminarlo, alterarlo o reducirlo. No es dif&iacute;cil de entender la fundamentaci&oacute;n de esta postura: la Constituci&oacute;n es, tambi&eacute;n y muchas veces antes que nada, un conjunto de garant&iacute;as y defensas del propio pueblo frente a las mayor&iacute;as pol&iacute;ticas, por lo que las limitaciones que a estas imponga solo pueden ser las que expresamente determine. La legitimidad de esa imposici&oacute;n, de esas restricciones constitucionales que sirven de l&iacute;mite al legislador y a los representantes pol&iacute;ticos, viene de su fuerza democr&aacute;tica directa, del hecho de que ha sido el pueblo soberano quien as&iacute; ha establecido que un conjunto de derechos no puede alterarse despu&eacute;s, ni siquiera por sus representantes o por las opciones pol&iacute;ticas mayoritarias subsiguientes. La reforma constitucional ser&iacute;a de este modo el &uacute;nico camino para aumentar derechos fundamentales y, por ende, para ampliar el margen de restricci&oacute;n o de &ldquo;no-decisi&oacute;n&rdquo; que se impone al legislador. Las interpretaciones m&aacute;s conservadoras de esta opci&oacute;n, presentes sobre todo en la cultura jur&iacute;dica estadounidense, suelen ser denominadas como &ldquo;originalistas&rdquo; y est&aacute;n detr&aacute;s de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/ofensiva-conservadora-acaba-proteccion-nacional-derecho-aborto-eeuu_1_9116218.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">decisiones tan pol&eacute;micas como la &uacute;ltima de Dobbs.</a>
    </p><p class="article-text">
        La segunda postura, que es la que parece acoger el Tribunal en sus &uacute;ltimas sentencias sobre la eutanasia y el aborto, es proclive al reconocimiento de nuevos derechos fundamentales deriv&aacute;ndolos de los principios ya recogidos en el texto constitucional. La amplitud e indeterminaci&oacute;n de estos principios, algunos muy gen&eacute;ricos (&ldquo;libre desarrollo de la personalidad&rdquo;, &ldquo;dignidad humana&rdquo;), permitir&iacute;an ir adaptando el texto constitucional a las realidades, demandas e intereses de una sociedad cambiante. Los jueces constitucionales tendr&iacute;an as&iacute; una doble labor, la de garantizar el cumplimiento de la norma fundamental y la de adaptarla al tiempo que les (nos) ha tocado vivir, construyendo si es preciso nuevas doctrinas, derechos o deberes mediante continuas operaciones deductivas. As&iacute;, las constituciones dejar&iacute;an de ser fotos fijas de un momento constitucional concreto, a veces ya muy lejano en el tiempo, para ser &ldquo;textos vivos&rdquo; sujetos a permanente adaptaci&oacute;n v&iacute;a judicial. Esta posici&oacute;n interpretativa suele denominarse como &ldquo;evolucionista&rdquo; (<em>living constitution</em>).
    </p><p class="article-text">
        Recogiendo el sentir y las apreciaciones de m&uacute;ltiples autores y lecturas, y de amigos y compa&ntilde;eros, creo que cada una de las posturas tiene un conjunto de virtudes y de defectos que hay que sopesar. La primera, la originalista, es a priori m&aacute;s democr&aacute;tica, puesto que pretende respetar la manifestaci&oacute;n expresa del poder constituyente, del pueblo soberano, y hacerlo desde la supremac&iacute;a constitucional frente a los poderes constituidos (el parlamento, el gobierno o los jueces). Sin embargo, puede ser excesivamente rigorista si la constituci&oacute;n es muy antigua (como ocurre en Estados Unidos), si fue redactada en un momento cualitativamente muy distinto al actual o, como es el caso espa&ntilde;ol, si la v&iacute;a de la reforma constitucional es dif&iacute;cil de seguir o directamente impracticable. Se corre el riesgo, por tanto, de que la constituci&oacute;n se convierta en un obst&aacute;culo insalvable que impida todo progreso o ampliaci&oacute;n de derechos. La segunda, la evolucionista, permite a su vez una mayor adaptabilidad del texto y la integraci&oacute;n constitucional de conflictos, problemas o pretensiones que en el momento constituyente no pod&iacute;an preverse. Sirva el ejemplo, en Espa&ntilde;a, del matrimonio homosexual. Sin embargo, corre tambi&eacute;n el peligro, cierto y preocupante, de convertir a los jueces en una especie de elitista c&aacute;mara decisoria sobre el sentir de la voluntad soberana del pueblo, es decir, en verdaderos sustitutos (cuando no usurpadores) del poder constituyente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin &aacute;nimo de nadar a dos aguas creo que la opci&oacute;n m&aacute;s conveniente desde el prisma jur&iacute;dico-constitucional y pol&iacute;tico-democr&aacute;tico, tambi&eacute;n ante los derechos que el TC tiene encima de la mesa o que ya ha despachado, es una posici&oacute;n que recoja las virtudes de ambas posturas e intente frenar el activismo judicial desmedido. El Tribunal Constitucional no puede ni debe convertirse en un decisor constituyente y su labor, jurisdiccional, ha de restringirse &uacute;nica y exclusivamente a la interpretaci&oacute;n y recto cumplimiento del texto constitucional. De lo contrario se situar&iacute;a fuera del principio democr&aacute;tico, perder&iacute;a toda legitimidad y, lo que quiz&aacute; es peor, se convertir&iacute;a en un Leviat&aacute;n ind&oacute;mito debido a las pocas o nulas posibilidades de control (<em>Quis custodiet ipsos custodes?</em>). Ahora bien, a la hora de considerar la posible inconstitucionalidad de normas legales impugnadas (como las de la eutanasia o el aborto) y ante la ausencia de previsiones constitucionales expresas, ha de ser especialmente deferente para con el legislador democr&aacute;tico (principio <em>pro legislatoris</em>) ya que es este, y no el Tribunal, el que manifiesta los cambios, progresos o mutaciones que se producen en la sociedad. Siempre que las leyes no entren en clara contradicci&oacute;n con los preceptos constitucionales, el TC debe respetarlas y declararlas como &ldquo;no inconstitucionales&rdquo;. La indeterminaci&oacute;n y apertura de los principios abstractos que reconoce la Constituci&oacute;n deber&iacute;an ser el marco para el libre juego del pluralismo pol&iacute;tico, no la palanca a partir de la cual realizar construcciones doctrinales o jurisprudenciales m&aacute;s propias del poder constituyente que de un &oacute;rgano contra-mayoritario. Lo que humildemente creo que nunca deber&iacute;a hacer el TC es proyectar la fuerza constitucional/constituyente sobre las leyes que pretendan anclarse en aquellos principios tan gen&eacute;ricos e indeterminados, puesto que estar&iacute;a entonces petrificando una opci&oacute;n del legislador (actual) en una materia sobre la que la Constituci&oacute;n guarda silencio o no contempla previsi&oacute;n alguna. Si considera a derechos subjetivos de configuraci&oacute;n legal como nuevos &ldquo;derechos fundamentales&rdquo;, a pesar de que la Constituci&oacute;n no diga nada al respecto ni los contemple por asomo, est&aacute; impidiendo a otras posibles mayor&iacute;as pol&iacute;ticas y legislativas reducirlos o alterarlos, afect&aacute;ndose el principio democr&aacute;tico y ampli&aacute;ndose la materia pol&iacute;tica constitucionalizada, es decir, la esfera en la que nuestros representantes y nuestras posibles demandas como ciudadanos no podr&iacute;an entrar a decidir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se dir&aacute;, con raz&oacute;n, que el TC ya ha hecho esto en otras ocasiones y de manera continuada. S&iacute;, pero ni por haberlo hecho es correcto desde el prisma constitucional y democr&aacute;tico ni son todos los supuestos iguales. Hay derechos fundamentales que se han deducido de manera directa y clara, como el de creaci&oacute;n de medios de comunicaci&oacute;n o el de la retroactividad favorable en materia penal, de principios espec&iacute;ficos en tales materias en los que, a priori, no hab&iacute;a disensos de fondo ni se provocaba afectaci&oacute;n alguna del pluralismo pol&iacute;tico y de valores. No es el caso, creo, del anclaje deductivo que se pretende en el aborto o la eutanasia, donde la extensi&oacute;n de la m&aacute;xima protecci&oacute;n constitucional se quiere derivar muy indirectamente de principios excesivamente abstractos, como el de libre desarrollo de la personalidad, y tan indeterminados que en su interior cabr&iacute;an opciones interpretativas abiertamente contrapuestas.
    </p><p class="article-text">
        Si en materias donde el pluralismo puede operar en su alternancia quieren crearse nuevos derechos fundamentales con fuerza constitucional para estar protegidos jur&iacute;dicamente al m&aacute;s alto nivel y sacarlos as&iacute; de las decisiones pol&iacute;ticas ordinarias, h&aacute;gase a trav&eacute;s del procedimiento de reforma constitucional. De tal modo se respetar&aacute; no solo la supremac&iacute;a y normatividad de nuestra Constituci&oacute;n, sino tambi&eacute;n el margen de discreci&oacute;n y libertad que alientan la democracia y el pluralismo pol&iacute;tico. De las pretensiones de las tesis &ldquo;evolucionistas&rdquo; puede derivarse, al mismo tiempo, la necesidad de que la justicia constitucional sea deferente con el legislador y no declare la inconstitucionalidad de aquellas decisiones normativas que no estaban pensadas, dise&ntilde;adas o contempladas en el momento constituyente originario, permiti&eacute;ndose la flexibilidad democr&aacute;tica que s&iacute; posibilitan los principios gen&eacute;ricos y los preceptos abiertos del texto constitucional. As&iacute; se evitar&iacute;a una &ldquo;tiran&iacute;a de los muertos&rdquo;, al alejarse el fantasma de una constituci&oacute;n antigua cuya legitimidad residi&oacute; en generaciones pasadas y que pesar&iacute;an como una losa sobre las presentes y futuras. Pero todo ello sin desplegar la fuerza petrificadora del poder constituyente a unos nuevos &ldquo;derechos fundamentales&rdquo; ajenos a la discusi&oacute;n o a la alteraci&oacute;n normativa, resultados adem&aacute;s de dudosas y a veces poco jur&iacute;dicas operaciones de deducci&oacute;n intelectiva que sit&uacute;an al Tribunal en una posici&oacute;n omn&iacute;moda que no le ha de corresponder (siguiendo a Garc&iacute;a Pelayo, ya lo advirti&oacute; Rubio Llorente en su magistral voto particular de la sentencia de 1985 sobre, precisamente, el aborto). Y que, recuerdo, en cualquier momento puede volverse en contra de los intereses m&aacute;s progresistas que hoy se congratulan pero que, ma&ntilde;ana, podr&iacute;an verse seriamente mermados. El exceso de <em>principialismo</em> de las interpretaciones neoconstitucionalistas y evolucionistas puede ser la mejor puerta de entrada para estrategias reaccionarias o de signo abiertamente contrarias; solo har&iacute;a falta que cambiasen las tornas en la composici&oacute;n del Tribunal.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, para que lo aqu&iacute; expuesto sea factible, la instituci&oacute;n de la reforma constitucional deber&iacute;a ser una opci&oacute;n viable ante las nuevas realidades y pretensiones que demanda una sociedad plural del siglo XXI. Pero esto en Espa&ntilde;a, me temo, dar&iacute;a para otro art&iacute;culo y no pocas desesperanzas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/nuevos-derechos-fundamentales_132_10227233.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Jun 2023 04:01:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Nuevos derechos fundamentales?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Tribunal Constitucional,Constitución,Reforma constitucional,Constitución Española,Derechos fundamentales,Tribunales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contra los ordenadores en el aula]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ordenadores-aula_132_9861815.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d589750-6538-4368-bda2-4d12cc792f3b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra los ordenadores en el aula"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué no convertimos las aulas en espacios de desconexión para facilitar el razonamiento tranquilo, la argumentación sosegada y, sobre todo, la concentración?</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as se ha hecho &ldquo;viral&rdquo; <a href="https://www.linkedin.com/pulse/querido-alumno-universitario-de-grado-te-estamos-daniel-arias-aranda" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una opini&oacute;n compartida</a> por el profesor Daniel Arias-Aranda sobre el supuesto enga&ntilde;o a que estamos sometiendo a los estudiantes universitarios cuando acuden a las aulas, ya que la universidad misma habr&iacute;a perdido su raz&oacute;n de ser en medio de un alumnado an&eacute;mico, indiferente, incapaz de concentrarse y de atender en clase, cuanto menos de comprender lo que se le est&aacute; explicando o lo que debe leer. Algunas de las reflexiones del profesor Arias-Aranda me parecen muy pertinentes, correctas y reales, aun cuando tengamos siempre que alejarnos de los manidos y reiterados prejuicios sobre la juventud o sobre la calidad de la ense&ntilde;anza. Abandonando el <em>beatus ille</em> de los tiempos en los que uno mismo se form&oacute;, que siempre parecen mejores y de mayor calidad que los actuales, lo cierto y verdad es que tenemos un problema muy grave, serio y generalizado con la calidad de la educaci&oacute;n en Espa&ntilde;a y con la misi&oacute;n misma que nuestro sistema universitario debiera desempe&ntilde;ar. Quisiera ahora detenerme, en el an&aacute;lisis de esta crisis educativa, en el papel que juegan las nuevas tecnolog&iacute;as en las carreras human&iacute;sticas y de ciencias sociales.
    </p><p class="article-text">
        El profesor Arias-Aranda, en su ya famoso escrito de denuncia, se queja constantemente de la falta de atenci&oacute;n de los alumnos en clase al estar m&aacute;s pendientes de lo que sale en las pantallas de sus ordenadores que de lo que explica el profesor desde la tarima. Y propone como una de las soluciones que no se permita ning&uacute;n <em>gadget</em> tecnol&oacute;gico en el aula. No solo estoy de acuerdo con esta posible soluci&oacute;n, sino que la comparto y la llevo a cabo como profesor universitario. Desde hace ya dos a&ntilde;os, en mi clase est&aacute; terminantemente prohibida la utilizaci&oacute;n de cualquier dispositivo tecnol&oacute;gico. La raz&oacute;n que doy es simple, y aunque parezca mentira, los estudiantes la entienden desde el primer d&iacute;a: fuera del aula, el resto de horas, ya tienen suficiente distracci&oacute;n. Y desde hace dos a&ntilde;os he comprobado c&oacute;mo el alumno de palabra atrofiada ha ido poco a poco desplegando la lengua, c&oacute;mo el debate se ha intensificado y c&oacute;mo la atenci&oacute;n ha mejorado sustancialmente. No son afirmaciones meramente subjetivas que se desprendan de mi experiencia personal, pues hay bastante <a href="https://www.newyorker.com/tech/annals-of-technology/the-case-for-banning-laptops-in-the-classroom" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">evidencia cient&iacute;fica que ya lo respalda</a>. Sin pasar lista en clase, sin sancionar a quien no viene y s&iacute;, sin permitirles el ordenador para ver continuamente Instagram o v&iacute;deos de gatitos, la alta afluencia a clase se ha mantenido. Las nuevas tecnolog&iacute;as pueden ofrecer grandes oportunidades para complementar los conocimientos, para obtener informaci&oacute;n adecuada o para completar visualmente las explicaciones, pero deben ser utilizadas con cautela y para tales objetivos, <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/peligro-docencia-online-norma_132_5950625.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no como sustitutivos de la transmisi&oacute;n de conocimientos</a>. Si fuera de la universidad el estudiante se enfrenta a un mundo de ruido, de permanente conexi&oacute;n y conectividad, de emoticonos, notificaciones, aplicaciones, TikToks y dem&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; no convertimos las aulas en espacios de desconexi&oacute;n para facilitar el razonamiento tranquilo, la argumentaci&oacute;n sosegada y, sobre todo, la concentraci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Porque para aprender se necesita concentraci&oacute;n. Justo lo contrario de lo que las miles de aplicaciones que pululan en las pantallas de los m&oacute;viles y los ordenadores del alumnado favorecen. Siempre he pensado que la idiotez neopedag&oacute;gica de los jueguitos tecnol&oacute;gicos en aulas universitarias tiene como &uacute;nico objetivo la degradaci&oacute;n de la educaci&oacute;n y la infantilizaci&oacute;n de los ciudadanos y ciudadanas que se sientan enfrente y alrededor del profesor. Porque son ya ciudadanos de pleno derecho, no solo estudiantes universitarios. &iquest;A qu&eacute; viene tanta infantilizaci&oacute;n? Pueden votar, elegir a sus representantes, ser padres y madres, casarse, heredar, cambiarse de sexo, beber alcohol a raudales, tatuarse hasta en las plantas de los pies, &iquest;pero no se les puede mandar la lectura de un texto un poco largo y complejo que les fuerce a la comprensi&oacute;n y el debate?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Unas aulas universitarias exentas de ordenadores y m&oacute;viles y solo puntualmente complementadas por las nuevas tecnolog&iacute;as, debidamente conducidas por el docente, pueden ser una oportunidad magn&iacute;fica para la participaci&oacute;n, la desintoxicaci&oacute;n informativa y para la desconexi&oacute;n de la instantaneidad que nos acosa. Es m&aacute;s, pueden ser (y deber&iacute;an ser) espacios libres de toda condici&oacute;n (la &ldquo;universidad sin condici&oacute;n&rdquo;, dice Derrida) en los que todos aprendamos de todos, s&iacute;, pero a trav&eacute;s del uso consciente de la palabra, del debate razonable y la discusi&oacute;n razonada, alej&aacute;ndonos de la unidireccionalidad y acerc&aacute;ndonos a din&aacute;micas participativas y responsables. Con ello podr&iacute;amos ser capaces de superar los compartimentos estancos de las redes sociales y sus posicionamientos algor&iacute;tmicos aprendiendo del que tiene otra visi&oacute;n, otra perspectiva o no piensa como uno mismo. Algo que favorecer&iacute;a tambi&eacute;n el enriquecimiento del lenguaje oral y escrito, hoy por los suelos en la mayor parte de estudiantes. Como pone de manifiesto Sherry Turkle en sus investigaciones, se ha depreciado tanto la conversaci&oacute;n, la utilizaci&oacute;n presencial del <em>logos</em>, que la palabra se ha degradado y la riqueza ling&uuml;&iacute;stica ha tocado fondo. Acostumbrados a la mensajer&iacute;a instant&aacute;nea y coloquial, a la disponibilidad permanente, el estudiantado termina por desconocer el potencial de su propia lengua y por reducirlo a unos cu&aacute;ntos c&oacute;digos simplistas, entre los que el conector &ldquo;en plan&rdquo; arrasa como f&oacute;rmula m&aacute;gica para enlazar frases sin sentido.
    </p><p class="article-text">
        Apostar por una visi&oacute;n tan conservadora como la que aqu&iacute; expongo puede y ser&aacute; calificada por algunos como &ldquo;reaccionaria&rdquo; o &ldquo;paternalista&rdquo;. Pero el buen conservador es el que precisamente &ldquo;conserva&rdquo; lo bueno que ha de ser protegido y que debe perdurar, y de las pocas virtudes que nos ha legado la historia como certezas una sobrevive imperecedera: que el conocimiento es la &uacute;nica riqueza que, al transmitirse presencialmente, no se pierde. Intentemos no hacerlo e intentemos, alumnado y profesorado, no enga&ntilde;arnos a nosotros mismos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ordenadores-aula_132_9861815.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Jan 2023 05:02:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra los ordenadores en el aula]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un nuevo marco para la cohesión territorial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/nuevo-marco-cohesion-territorial_132_9629476.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a491a04-c13a-41f5-bb14-a3e8a70284da_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un nuevo marco para la cohesión territorial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Además de la pérdida de sentido histórico de una capitalidad donde se concentren todas las instituciones y organismos centrales, se ha de sumar a tal crítica la necesidad de cohesionar mejor el país aumentando también el grado de integración constitucional de sus territorios</p></div><p class="article-text">
        El pasado marzo, el Consejo de Ministros, a propuesta de la ministra de Pol&iacute;tica Territorial, Isabel Rodr&iacute;guez, aprobaba el Real Decreto que por primera vez regula en Espa&ntilde;a la distribuci&oacute;n territorial de los nuevos entes p&uacute;blicos estatales que se creen. Se abandona as&iacute;, al menos en el plano normativo, la idea de que todas las entidades e instituciones centrales de la Administraci&oacute;n General del Estado deben tener su sede prioritariamente en Madrid como capital. Esta era la concepci&oacute;n que, de una u otra forma, hab&iacute;a presidido la determinaci&oacute;n de las sedes desde los inicios del Estado moderno hasta hoy, pues aquel se construy&oacute; en su origen alrededor del principio mon&aacute;rquico y de un absolutismo centralizador. El poder deb&iacute;a estar donde residiese la encarnaci&oacute;n misma del Estado, el monarca, y la Corte estable en una &uacute;nica ciudad era s&iacute;mbolo y referencia para la unidad del pa&iacute;s cuyos contornos comenzaban a definirse por el nacionalismo incipiente y por el control pol&iacute;tico y administrativo, cada vez m&aacute;s estrecho, del conjunto del territorio. Esta concepci&oacute;n centralista carece hoy de sentido para buena parte del sector institucional p&uacute;blico estatal m&aacute;s all&aacute; de la conveniencia, aun as&iacute; discutible para su totalidad, de que los principales &oacute;rganos constitucionales sigan residenci&aacute;ndose en la capital. Podemos estar de acuerdo en que el Congreso o el Gobierno est&eacute;n en Madrid, pero, &iquest;por qu&eacute; ha de estarlo, por ejemplo, el Instituto Cervantes?
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la p&eacute;rdida de sentido hist&oacute;rico de una capitalidad donde se concentren todas las instituciones y organismos centrales, se ha de sumar a tal cr&iacute;tica la necesidad de cohesionar mejor el pa&iacute;s aumentando tambi&eacute;n el grado de integraci&oacute;n constitucional de sus territorios. Que el Estado despliegue su presencia fuera de Madrid puede y creo que ha de favorecer una mayor identificaci&oacute;n entre el conjunto de la ciudadan&iacute;a y las instituciones de nuestro modelo democr&aacute;tico. Quienes vivimos en regiones alejadas de los focos medi&aacute;ticos y de la centralidad que Madrid tiene en los medios, sobre todo los televisivos, conocemos bien la percepci&oacute;n constante de sentirnos ajenos a lo que aparece en los informativos, aunque en muchos casos nos afecte directamente.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo marco regulatorio es adem&aacute;s perfectamente constitucional, pues, aunque el art&iacute;culo 5 de nuestra ley fundamental determina que la &ldquo;capital del Estado es la villa de Madrid&rdquo;, no prev&eacute; desarrollo alguno para su delimitaci&oacute;n normativa ni impide que entidades p&uacute;blicas estatales puedan repartirse por el pa&iacute;s de acuerdo con los criterios que se estimen oportunos dentro del respeto a la propia Constituci&oacute;n. Es m&aacute;s, es ella misma la que, en su art&iacute;culo 103, habla del principio de &ldquo;descentralizaci&oacute;n&rdquo; al referirse a la Administraci&oacute;n P&uacute;blica. A fin de que la decisi&oacute;n sobre las nuevas sedes no dependa de la mera oportunidad o arbitrio pol&iacute;ticos, el Real Decreto crea un procedimiento espec&iacute;fico, presidido por el criterio de objetividad, para que el Consejo de Ministros pueda tomar la decisi&oacute;n final guiado por los objetivos de &ldquo;vertebraci&oacute;n, equilibrio territorial y adecuaci&oacute;n al sector de actividad&rdquo;. El &uacute;ltimo es relevante y necesario en la medida en que no podemos perder el par&aacute;metro de la eficiencia y racionalidad en la ponderaci&oacute;n que se realice de la distribuci&oacute;n territorial, pues hay instituciones que, por su naturaleza, es conveniente que s&iacute; est&eacute;n en Madrid o en grandes urbes. En todo caso la decisi&oacute;n habr&aacute; de ser motivada, por primera vez en nuestro sistema pol&iacute;tico, lo que obliga al Gobierno a justificar su opci&oacute;n a la luz de los objetivos mencionados.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, y para que el proceso de elecci&oacute;n no sea solo de arriba abajo, como en el paradigma anterior, sino tambi&eacute;n de abajo hacia arriba, se permite, alienta y facilita que los entes locales (municipios, mancomunidades, Diputaciones&hellip;) y las Comunidades Aut&oacute;nomas presenten candidaturas cuando el Gobierno d&eacute; luz verde a la creaci&oacute;n de una nueva entidad p&uacute;blica estatal. Las propuestas habr&aacute;n de adecuarse a los objetivos indicados, favoreciendo adem&aacute;s una sana competici&oacute;n entre los diferentes territorios y una valoraci&oacute;n adecuada y p&uacute;blica de las ventajas e inconvenientes de una u otra. Para asistir al Gobierno en su decisi&oacute;n, se crea una &ldquo;Comisi&oacute;n consultiva para la determinaci&oacute;n de las sedes&rdquo;, integrada por representantes de diferentes ministerios y presidida por la persona titular del Ministerio de Pol&iacute;tica Territorial. Esta Comisi&oacute;n elabora tanto el informe en el que se contienen los criterios concretos de la elecci&oacute;n, enmarcados en los grandes objetivos propuestos de adecuaci&oacute;n funcional y equilibrio y vertebraci&oacute;n territorial, como el dictamen no vinculante que ha de evaluar las candidaturas presentadas, en su caso, pudiendo adem&aacute;s optar por sedes que no hayan presentado proyecto alguno.
    </p><p class="article-text">
        El procedimiento que establece el Real Decreto est&aacute; pensado para la elecci&oacute;n de sedes de entidades de nueva creaci&oacute;n o de &ldquo;unidades organizativas o subsedes vinculadas o dependientes de entidades del sector p&uacute;blico institucional estatal&rdquo;, algo, esto &uacute;ltimo, que ampl&iacute;a el rango de posibilidades de distribuci&oacute;n. De igual modo, se permite que el Gobierno &ldquo;excepcionalmente, por razones fundadas en la mejora del funcionamiento de los servicios p&uacute;blicos&rdquo;, acuerde la modificaci&oacute;n de sedes de entidades ya existentes, opci&oacute;n que, como vemos, ha sido acogida de forma m&aacute;s t&iacute;mida dados los costes materiales y humanos y la complejidad que todo traslado implica. Aun as&iacute;, la cl&aacute;usula habilitante es lo suficientemente abierta como para poder explorar esta v&iacute;a con decisi&oacute;n si as&iacute; se quisiese llegado el momento.
    </p><p class="article-text">
        Los beneficios materiales para regiones y zonas afectadas por la despoblaci&oacute;n, por la lejan&iacute;a de los centros de decisi&oacute;n o por la anemia econ&oacute;mica, pueden ser notables. Y tambi&eacute;n los democr&aacute;ticos, dado el aludido refuerzo en la integraci&oacute;n simb&oacute;lica de la ciudadan&iacute;a y de sus territorios con las instituciones que puede conllevar este &ldquo;reparto&rdquo; m&aacute;s equitativo del Estado a lo largo y ancho del pa&iacute;s. Ojal&aacute; que el nuevo marco sirva a tal fin y ayude a la necesaria mejora de la cohesi&oacute;n y vertebraci&oacute;n territorial de Espa&ntilde;a&hellip; Falta nos hace.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/nuevo-marco-cohesion-territorial_132_9629476.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Oct 2022 20:42:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un nuevo marco para la cohesión territorial]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Extremadura ante los retos del presente y las incertidumbres del mañana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/extremadura/economia/extremadura-retos-presente-incertidumbres-manana_129_9593876.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/203e724f-cf60-4218-86b4-72226090fed9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Extremadura ante los retos del presente y las incertidumbres del mañana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuatro serían los grandes retos a los que nos enfrentamos en la región: el demográfico, el económico, el climático y el territorial. Los cuatro están interrelacionados y son interdependientes</p></div><p class="article-text">
        Que vivimos en un tiempo de transici&oacute;n, de cambio y rupturas es ya un lugar com&uacute;n y manido en el campo de las ciencias sociales actuales. Los conflictos se suceden, las crisis se solapan y los movimientos tect&oacute;nicos de la geopol&iacute;tica y la econom&iacute;a globales son cada vez m&aacute;s sist&eacute;micos. Generaciones como la m&iacute;a, a&uacute;n j&oacute;venes, han sufrido en sus vidas recientes las consecuencias devastadoras de la crisis econ&oacute;mica y financiera internacional, de una pandemia que ha paralizado el mundo y, ahora, de la primera invasi&oacute;n b&eacute;lica en Europa desde la II Guerra Mundial, con la consiguiente inflaci&oacute;n y coyuntura energ&eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Crisis todas que manifiestan y exteriorizan problemas estructurales, de fondo, m&aacute;s que causas de los mismos: la p&eacute;rdida de sentido humano como producto de su desubicaci&oacute;n existencial tras el colapso de los grandes relatos y el deterioro de la cultura religiosa; la difuminaci&oacute;n de la hegemon&iacute;a occidental con el auge de otras potencias, sobre todo en Asia, con tambi&eacute;n otros paradigmas sociol&oacute;gicos; un sistema econ&oacute;mico irracional tendente a la hiperconcentraci&oacute;n y la primac&iacute;a de los espurios intereses particulares y cortoplacistas sobre el bien com&uacute;n; el deterioro del medio ambiente y del clima con el calentamiento global y la sobreexplotaci&oacute;n de los recursos; o las profundas mutaciones que, en apenas unas d&eacute;cadas, ha supuesto el uso masivo y sin l&iacute;mites de una cultura tecnol&oacute;gica y visual que menoscaba la capacidad reflexiva asociada al mundo del libro y la lectura, impidiendo la consolidaci&oacute;n de una democracia real asentada en la participaci&oacute;n y en la virtud ciudadana. 
    </p><p class="article-text">
        No, no son buenos tiempos para la l&iacute;rica, si es que los ha habido antes. Estos, desde luego, parecen poco propicios para el optimismo, aun el de la voluntad que esgrimiera Gramsci. Hasta, en los &uacute;ltimos meses, vuelve a sobrevolar sobre nuestras cabezas la amenaza de la bomba at&oacute;mica, de la destrucci&oacute;n total que parec&iacute;a olvidada y que, recordemos, no s&oacute;lo es un desaf&iacute;o real, sino tambi&eacute;n una fuente de incertidumbre existencial que viene a coronar todas las inseguridades, todas las inquietudes, de este maltrecho siglo XXI. &iquest;Hay espacio para la esperanza? Miguel Delibes de Castro siempre dice, desde su moderado pesimismo castellano, mesetario, que la hay y que la podemos buscar y encontrar mientras estemos vivos. Y como lo estamos, de momento, me gustar&iacute;a hacer una serie de reflexiones &ldquo;optimistas&rdquo;, o al menos constructivas, sobre la posici&oacute;n y la situaci&oacute;n de nuestra tierra extreme&ntilde;a ante tanta hecatombe, ante tanto reto y desasosiego.
    </p><p class="article-text">
        En este Far West ib&eacute;rico y perif&eacute;rico, alejado tanto de los grandes focos medi&aacute;ticos como de los motores del turbocapitalismo contempor&aacute;neo, disponemos de un silencio &uacute;nico y de una perspectiva templada por la resignaci&oacute;n hist&oacute;rica para poder pararnos, hablar y reflexionar sobre nuestro propio futuro como regi&oacute;n. Pensar Extremadura se ha convertido &uacute;ltimamente en una necesidad impostergable para poder desplegar las v&iacute;as e instrumentos de soluci&oacute;n a sus problemas y desaf&iacute;os. Pero pensar Extremadura no debe seguir los cauces onanistas y contemplativos de las teorizaciones abstractas y de las categor&iacute;as plat&oacute;nicas, tan caras para cierto neorruralismo romantic&oacute;n, sino las grietas de la &ldquo;desnuda roca de lo pol&iacute;tico&rdquo;, de la realidad de las necesidades perentorias y el fango de las disputas sobre sus resoluciones pragm&aacute;ticas. Aunar la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica, anudar la teor&iacute;a a la pr&aacute;ctica y la pr&aacute;ctica a la teor&iacute;a, debe servirnos para armarnos con las herramientas &oacute;ptimas para cabalgar sobre las crisis que se suceden y para conservar, puesto que este es el fin &uacute;ltimo, el futuro de una Extremadura insertada en una Espa&ntilde;a diversa y en un mundo cada vez m&aacute;s complejo e interdependiente. Todos podemos contribuir a ello, con peque&ntilde;os granos de arena, que bien precipitados y condensados por quienes gobiernan y por quienes tienen m&aacute;s responsabilidad que la de los simples escribidores, terminen solidific&aacute;ndose para servir con eficacia a los objetivos planteados.
    </p><h3 class="article-text">Cuatro grandes retos</h3><p class="article-text">
        A mi humilde entender, cuatro ser&iacute;an los grandes retos a los que nos enfrentamos en la regi&oacute;n: el demogr&aacute;fico, el econ&oacute;mico, el clim&aacute;tico y el territorial. Los cuatro est&aacute;n interrelacionados y son interdependientes, lo que no obsta a que puedan analizarse por separado.
    </p><p class="article-text">
        Sobre el primero, ya he tenido antes ocasiones de reafirmarme en el convencimiento de que es el primer desaf&iacute;o, transversal, de nuestra tierra, y que solo puede ser afrontado desde una perspectiva integral que a&uacute;ne una voluntad pol&iacute;tica consensuada y estable en el tiempo, m&aacute;s all&aacute; de los ciclos electorales, y unas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas decididas y ambiciosas. La reciente aprobaci&oacute;n de la Ley de Reto Demogr&aacute;fico de Extremadura por parte de la Asamblea es una buena noticia en esa direcci&oacute;n, pero debe extenderse ese &iacute;mpetu legislativo, que a veces se queda en meras formulaciones ret&oacute;ricas, a las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de todos los niveles administrativos. A diferencia de Castilla y Le&oacute;n, Extremadura parte con la ventaja de un esfuerzo auton&oacute;mico de d&eacute;cadas por no dejar abandonados a los peque&ntilde;os municipios, aunque el mismo puede finalmente verse improductivo si no se frenan o revierten las tendencias demogr&aacute;ficas de las que nos alertan los expertos. La baj&iacute;sima natalidad, com&uacute;n a toda Espa&ntilde;a, tiene un efecto m&aacute;s nocivo en Extremadura debido a la ausencia de inmigraci&oacute;n y a la existencia, correlativa, de una emigraci&oacute;n pertinaz. Quiz&aacute; se echa en falta una mayor apuesta auton&oacute;mica (y estatal, claro), por el fomento de la natalidad, en la l&iacute;nea de los pa&iacute;ses centroeuropeos. Acabar con la precariedad laboral y econ&oacute;mica ser&iacute;a la mejor pol&iacute;tica al respecto, aunque no podemos olvidarnos que el problema no es &uacute;nicamente material, sino de fondo: un cambio cultural, social y hasta religioso sist&eacute;mico del que todav&iacute;a algunos no parecen percatarse. De aqu&iacute; que podamos convertir tambi&eacute;n a la regi&oacute;n en una tierra referente para la acogida de migrantes y refugiados, y m&aacute;xime cuando todas las perspectivas geopol&iacute;ticas apuntan a un aumento considerable y dr&aacute;stico de los flujos de emigraci&oacute;n global. No se nos puede olvidar que la historia de la Humanidad es tambi&eacute;n la de los grandes desplazamientos poblacionales, y que el cierre de las fronteras y los efluvios nacionalistas sobre hipot&eacute;ticos &ldquo;pueblos homog&eacute;neos&rdquo; son males m&aacute;s recientes de lo que nos pensamos. Acoger y dar la bienvenida a quienes huyen de la cat&aacute;strofe clim&aacute;tica, de las guerras o la pobreza, o a quienes simplemente desean una vida mejor, no solo es un imperativo &eacute;tico y moral, tambi&eacute;n es, para la languideciente Extremadura, un alivio demogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al reto econ&oacute;mico, debemos partir de la constataci&oacute;n y asunci&oacute;n de que al sistema actual no le preocupan las regiones perif&eacute;ricas ni aquellas que no posean un alto grado de concentraci&oacute;n. Los perdedores de la revoluci&oacute;n industrial y de la globalizaci&oacute;n en el interior de Europa, los perdedores del Gran Trauma del salto econ&oacute;mico de los sesenta en la Espa&ntilde;a franquista, tenemos que ser conscientes de nuestra actual posici&oacute;n subalterna para el gran capital y la gran industria para, a partir de ah&iacute;, poder mejorarla y abandonarla progresivamente. No se trata, ni mucho menos, de vender la regi&oacute;n al mejor postor o de convertirnos en una careta permanente de &ldquo;business friendly&rdquo;, sino de aprovechar el vac&iacute;o de las oportunidades perdidas a fin de relanzarlas. Ya no estamos en la Extremadura de &ldquo;Los Santos Inocentes&rdquo;, en la que algunos parecen querer seguir encuadr&aacute;ndonos, y nuestra regi&oacute;n ha avanzado cualitativa y significativamente en el campo de la educaci&oacute;n, la formaci&oacute;n o las infraestructuras como para recibir tambi&eacute;n grandes o medianos proyectos industriales. Dotarlos de seguridad jur&iacute;dica, en un marco normativo respetuoso con el medio ambiente y las exigencias ecol&oacute;gicas y sociales, debe ser una prioridad de todas las administraciones y actores en juego. Seguir apostando aqu&iacute; por la cualificaci&oacute;n de la masa cr&iacute;tica extreme&ntilde;a deber&iacute;a tambi&eacute;n convertirse en un apoyo m&aacute;s decidido a la Universidad de Extremadura como verdadero motor de la regi&oacute;n, por lo que aumentar y estabilizar su escu&aacute;lida financiaci&oacute;n podr&iacute;a ser el primer paso. Pero cuidado: no podemos, no debemos, permitir un segundo saqueo de la regi&oacute;n, aunque se vista esta vez de verde. Que los beneficios de las nuevas industrias, de las nuevas cadenas de transformaci&oacute;n, se queden ante todo y antes que nada en Extremadura y que beneficien a su ciudadan&iacute;a, no a los cuatro de siempre de Madrid, Bilbao o Barcelona. 
    </p><h3 class="article-text">Impacto de las renovables</h3><p class="article-text">
        El reto econ&oacute;mico se enlaza con el tercero, con el clim&aacute;tico, puesto que si podemos tener una oportunidad ambiciosa para relanzar nuestro dinamismo como regi&oacute;n, esa es la que viene constituida por la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y el cambio de modelo productivo. Somos una Comunidad rica en recursos naturales y renovables, con suficientes horas de luz solar y r&iacute;os como para impulsar a&uacute;n m&aacute;s la deseada transformaci&oacute;n y descarbonificaci&oacute;n de nuestras econom&iacute;as. Extremadura debe situarse en la vanguardia de este proceso, aprovechando los saltos de agua hoy abandonados, los embalses y las tierras yermas, pero tambi&eacute;n como un sumidero esencial, para Espa&ntilde;a y Europa, de C02. Conservar nuestros espacios naturales y la dehesa es un mandato clim&aacute;tico, y los mismos no deber&iacute;an verse afectados por instalaciones da&ntilde;inas, por muy loables objetivos que tengan. Zonificar bien el territorio, determinando cu&aacute;les son los espacios en los que el impacto de las nuevas fuentes de energ&iacute;a renovable sea menor o insignificante, es insoslayable. 
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, el reto territorial nos afecta particularmente a Extremadura debido a la singularidad de una Espa&ntilde;a persistentemente desvertebrada. El modelo &ldquo;AVE&rdquo;, de redes de alta velocidad que conectan las grandes ciudades como si fueran islas en medio de un mar de desolaci&oacute;n demogr&aacute;fica, es la manifestaci&oacute;n m&aacute;s pl&aacute;stica, m&aacute;s visual, de una din&aacute;mica hist&oacute;rica en nuestro pa&iacute;s que ha tendido a pensar el territorio desde las grandes urbes y centros de decisi&oacute;n. La Espa&ntilde;a rural, la Espa&ntilde;a perif&eacute;rica, debe tener un tratamiento preferente en las pol&iacute;ticas de cohesi&oacute;n territorial, desde el Estado central y las Comunidades Aut&oacute;nomas, si queremos cumplir con los principios de solidaridad que la Constituci&oacute;n proclama y que la realidad exige. Una reforma del sistema de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica, que tenga m&aacute;s en cuenta la realidad de declive demogr&aacute;fico de determinados territorios o criterios de poblaci&oacute;n ajustada, junto a un cambio de paradigma en el dise&ntilde;o de las infraestructuras de transportes y comunicaci&oacute;n, son dos de las necesidades perentorias en este &aacute;mbito. Porque si hablamos continua y repetidamente de abandonar el coche, de potenciar el transporte p&uacute;blico o de cambiar nuestras formas de desplazarnos, necesitamos a su vez que Extremadura est&eacute; bien vertebrada en su interior y en sus conexiones con otras regiones y partes de Espa&ntilde;a y de Europa. Podemos impulsar la recuperaci&oacute;n de la red convencional ferroviaria, hoy pr&aacute;cticamente abandonada, empezando por la otrora existente con Portugal y Castilla y Le&oacute;n, y enlazar mejor tambi&eacute;n por tren nuestras cabeceras de comarca y medianas ciudades. Si durante d&eacute;cadas se ha dado prioridad absoluta en Extremadura a las carreteras y autov&iacute;as, ha llegado la hora de retomar la idea decimon&oacute;nica, pero tan actual, de conectarnos todos por un tren respetuoso con el medio y no dependiente de las inestables, y cada vez m&aacute;s costosas, energ&iacute;as contaminantes.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;La transici&oacute;n ecol&oacute;gica es esencial en el cambio del modelo productivo, y este en el impulso del dinamismo econ&oacute;mico de la regi&oacute;n. Una renovada energ&iacute;a en el coraz&oacute;n de Extremadura es tambi&eacute;n el mejor acicate para insuflar de vida a nuestros pueblos y ciudades y para ser y sentirnos una parte m&aacute;s, conectada y cercana, del conjunto de Espa&ntilde;a, de la pen&iacute;nsula y de Europa. Los retos est&aacute;n entrelazados, son interdependientes, por lo que las estrategias para afrontarlos deben ser integrales, transversales y ambiciosas. No solo podemos aprovecharnos del optimismo de la voluntad, tambi&eacute;n de las soluciones e instrumentos que nos proporcionan la inteligencia, la reflexi&oacute;n y el debate. Hag&aacute;moslo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/extremadura/economia/extremadura-retos-presente-incertidumbres-manana_129_9593876.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Oct 2022 16:00:12 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Extremadura ante los retos del presente y las incertidumbres del mañana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Extremadura,Demografía,Cambio climático,Financiación autonómica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Derechos al abismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/derechos-abismo_132_8643787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/67a4e2d6-f1d5-4f1f-bbc7-64d23bffce7b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Derechos al abismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El resurgir de los autoritarismos y de los discursos antidemocráticos no es una sorpresa, es una consecuencia de la ausencia total de una ciudadanía crítica, reflexiva y comprometida</p><p class="subtitle">Cuatro razones basadas en la ciencia para racionar el uso del móvil y las redes sociales</p></div><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo claro desde el inicio: la situaci&oacute;n que atraviesa nuestra democracia es cr&iacute;tica, excepcionalmente cr&iacute;tica, y muy pocos est&aacute;n por la labor de salvarla. Para que este invento ideado y decantado durante siglos por liberales, republicanos o socialistas funcione, no solo tenemos que ir a votar cada cierto tiempo, sino mantener un nivel aceptable de debate p&uacute;blico, de intercambio de pareceres sobre lo m&aacute;s conveniente para la colectividad y para la concreci&oacute;n del bien com&uacute;n. Es un requisito en cualquier democracia que quiera serlo: una ciudadan&iacute;a cr&iacute;tica, consciente de sus deberes y derechos, comprometida con la discusi&oacute;n y con el respeto por el pluralismo de opiniones y valores. Pues bien, esta precondici&oacute;n de lo democr&aacute;tico hoy desfallece en un mar de confusi&oacute;n y se la ve acercarse peligrosamente a los umbrales de la extinci&oacute;n. Las causas son diversas y complejas, por supuesto, pero perm&iacute;tanme hacer una selecci&oacute;n subjetiva y condensada en las siguientes l&iacute;neas.
    </p><p class="article-text">
        Primero, la ausencia clamorosa de una educaci&oacute;n orientada hacia esa ciudadan&iacute;a que la democracia necesita como las fuentes el agua. Nuestros j&oacute;venes salen del instituto y llegan rozando la mayor&iacute;a de edad a la Universidad, a la formaci&oacute;n profesional o al mercado de trabajo sin tener ni idea de los derechos que disfrutan y de los correlativos deberes que han de cumplir. Ya pueden votar, pero nadie les ha explicado el funcionamiento de su sistema pol&iacute;tico, la composici&oacute;n del Parlamento, la arquitectura de la Uni&oacute;n Europea o la elecci&oacute;n del Gobierno. No nos debe extra&ntilde;ar que patochadas como la de que el presidente S&aacute;nchez es ileg&iacute;timo porque no ha sido votado por los espa&ntilde;oles (<em>sic</em>) triunfen en determinados estratos de la sociedad, ingenuos receptores de cualquier milonga contra la que no tienen barreras de defensa. Y aqu&iacute; la culpa s&iacute; puede ser repartida ecu&aacute;nimemente por los grandes partidos que se han alternado hasta el momento en el poder, no solo incapaces de mejorar el sistema de ense&ntilde;anza, sino completamente volcados en su deterioro y en el menosprecio de los saberes human&iacute;sticos, hoy al borde de la desaparici&oacute;n por culpa de las distintas y continuas reformas educativas.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, la irrupci&oacute;n de las nuevas tecnolog&iacute;as no ha venido acompa&ntilde;ada, de momento, de la creaci&oacute;n de los necesarios cinturones de seguridad en su uso y disfrute. No es que no haya educaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, es que adem&aacute;s <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/peligro-docencia-online-norma_132_5950625.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se fomenta el uso constante y patol&oacute;gico de los dispositivos digitales</a>. Mientras los hijos de quienes los han dise&ntilde;ado, la &eacute;lite de Silicon Valley, van a colegios donde est&aacute; prohibido o muy reducido el uso de los m&oacute;viles, la moda en Espa&ntilde;a son las <em>flipped classroom</em> y la &ldquo;gamificaci&oacute;n&rdquo;, exponentes de la idiotizaci&oacute;n inducida a que se somete actualmente a los estudiantes. En vez de ense&ntilde;ar lo que fuera del aula apenas existe ya, como es la concentraci&oacute;n, el an&aacute;lisis cr&iacute;tico y pautas para la lectura profunda y sosegada, nos volcamos en reproducir los males que se van a encontrar nada m&aacute;s salgan por la puerta de clase. El pasado semestre pregunt&eacute; uno por uno a mis alumnos universitarios, en tutor&iacute;as, qui&eacute;n ten&iacute;a h&aacute;bito de lectura o quien no se distra&iacute;a leyendo y el resultado fue dram&aacute;tico: solo el 4% admit&iacute;a leer con cierta asiduidad y sin acudir al m&oacute;vil cada cinco minutos. Les puedo asegurar que muchos son incapaces ya de llegar a esta altura del art&iacute;culo sin haberse distra&iacute;do desde el comienzo de la lectura. &iquest;C&oacute;mo quieren que construyamos ciudadan&iacute;a con estos mimbres?
    </p><p class="article-text">
        Tercero, la exigencia de instantaneidad que se desprende de la hiperconectividad y de esta sociedad del cansancio permanentemente despierta, ha socavado la reflexi&oacute;n tambi&eacute;n en los medios de comunicaci&oacute;n, dispuestos a batirse por el titular m&aacute;s impactante e impreciso si con ello consiguen m&aacute;s repercusi&oacute;n. Y la situaci&oacute;n est&aacute; empeorando dr&aacute;sticamente como consecuencia de las suscripciones de pago. Como la mayor parte de la poblaci&oacute;n no est&aacute; suscrita a ning&uacute;n peri&oacute;dico &ldquo;serio&rdquo; (o al menos razonable y con informaci&oacute;n contrastada), a lo que al final puede acudir es a cualquier web que perfeccione hasta la obscenidad el sensacionalismo gratuito. En mi clase, nuevamente, suelo obligar a la lectura diaria de prensa, pudi&eacute;ndoles preguntar a los alumnos cualquier noticia de actualidad todos los d&iacute;as. El resultado inicial es que casi ninguno, por no decir ninguno, lee prensa digital de calidad, trayendo en su mag&iacute;n noticias de blogs o recortes de lo que encuentran en redes sociales o en &ldquo;noticias Google&rdquo;. Es un aut&eacute;ntico erial informativo. El problema es igualmente preocupante en la gente mayor, la que no se ha criado o no ha crecido en la era digital, puesto que presentan una dificultad a veces sorprendente para identificar qu&eacute; medio es fiable y cu&aacute;l no. La cantidad de majader&iacute;as e insensateces que se env&iacute;an por <em>WhatsApp</em>, desde fotos de pol&iacute;ticos con frases inventadas a v&iacute;deos &ldquo;virales&rdquo; de ignorantes diciendo estupideces, tiene como destinatarios, tambi&eacute;n, a nuestros mayores. &iquest;As&iacute; c&oacute;mo podemos combatir los bulos y las <em>fake news</em>? Son el pan de cada d&iacute;a de millones de personas que no entran en este peri&oacute;dico o en otro y que ni siquiera ven ya, en el caso de los j&oacute;venes, el telediario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuarto y &uacute;ltimo, aunque no por ello menos importante, asistimos actualmente a un refuerzo de las esferas de autorreferencialidad. La combinaci&oacute;n de suscripciones de pago y algoritmos en las redes sociales provoca que finalmente solo leamos y atendamos a aquello que previamente se amolda a nuestros prejuicios ideol&oacute;gicos o culturales. La sociedad se ha dividido en innumerables cajas de resonancia que impiden la comunicaci&oacute;n mutua y la discusi&oacute;n respetuosa entre iguales. No puede sorprendernos, por ello, el ascenso de la &ldquo;cultura de la cancelaci&oacute;n&rdquo;, la fiereza de los nuevos moralismos puritanos, <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/mariconez-bandera_132_1849145.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los linchamientos medi&aacute;ticos de la instantaneidad inquisitorial</a> o el clima de intolerancia punitiva que padecemos, todo ello bien alentado, adem&aacute;s, por exaltados a uno y otro lado de la barricada. No hay mejor ejemplo que la conversi&oacute;n de <em>Twitter</em> en un lodazal de insultos, descalificaciones, acoso o, lo que a veces es peor, soez exhibicionismo de quien no encuentra en la vida real reconocimiento social, acad&eacute;mico o profesional alguno.
    </p><p class="article-text">
        Si a estos cuatro bloques de causas a&ntilde;adimos la situaci&oacute;n material de una sociedad atravesada por la desigualdad econ&oacute;mica, la precariedad, el estr&eacute;s y el anonimato urbanos, tenemos el combo perfecto para la frustraci&oacute;n generalizada. Y es la frustraci&oacute;n, recordemos, la base de la que siempre han partido los autoritarismos y los idearios reaccionarios; el caldo de cultivo perfecto para la eclosi&oacute;n de chivos expiatorios utilizados por los <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/naciones_132_6439136.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">detentadores del capital, que ya se han secesionado de la comunidad pol&iacute;tica</a> y viven a su margen, pero de ella. Que esos idearios hoy est&eacute;n volviendo no es una sorpresa, es una consecuencia. Vamos derechos, con nuestros propios derechos, al abismo&hellip; Ojal&aacute; me equivoque.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/derechos-abismo_132_8643787.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Jan 2022 21:53:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Derechos al abismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Democracia,Brecha digital]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Notre Dame sigue ardiendo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/notre-dame-sigue-ardiendo_132_8243567.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/469cdedb-6a45-4058-a9bd-dc6698996da1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Notre Dame sigue ardiendo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nuestro mundo es hoy como la catedral de Notre Dame horas antes de que el incendio comience. Necesitamos urgentemente un nuevo contrato social para evitar el incendio total que amenaza a la humanidad</p></div><p class="article-text">
        En la noche del 15 de abril de 2019, mientras los bomberos de Par&iacute;s intentaban frenar el fuego que devoraba Notre Dame, cientos de parisinos se agolpaban a orillas del Sena para rezar y cantar el Ave Mar&iacute;a ante la destrucci&oacute;n de su catedral. Muchos lloraban, algunos arrodillados, al ver c&oacute;mo las llamas acababan con una de las joyas mundiales del g&oacute;tico, s&iacute;mbolo de Francia y de la cultura europea. Sab&iacute;an perfectamente que con sus rezos no podr&iacute;an parar la tragedia, pero la calidez del c&aacute;ntico en com&uacute;n les reconfortaba. Quiz&aacute; no haya en los &uacute;ltimos a&ntilde;os una met&aacute;fora tan impactante, como la de aquellas im&aacute;genes, que muestre la extrema fragilidad que rodea a lo humano y que comienza a presidir un horizonte cada vez m&aacute;s oscuro. Las catedrales fueron construidas para perdurar por los siglos de los siglos, pero en apenas unas horas el emblema de Notre Dame se consumi&oacute; en medio de la impotencia y la resignaci&oacute;n. Lo que se cre&iacute;a sagrado, ajeno a los embates del tiempo, se perdi&oacute; sin remedio.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro mundo es hoy como la catedral francesa horas antes del incendio. El informe del IPCC de las Naciones Unidas sobre el cambio clim&aacute;tico ha sido contundente: si no transformamos ahora, y de manera radical, nuestros patrones energ&eacute;ticos y de consumo, la humanidad estar&aacute; abocada en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os a una cat&aacute;strofe continua. &iquest;Seremos capaces de frenarla? Para ello, se nos advierte, hemos de parar inmediatamente la m&aacute;quina del sistema econ&oacute;mico capitalista que devora sin cesar recursos escasos, energ&iacute;as contaminantes y vidas cada vez m&aacute;s invivibles. Es decir, avanzar hacia un nuevo contrato social que de momento no tiene visos de materializarse por la resistencia del gran capital, la ausencia a&uacute;n de un movimiento pol&iacute;tico global que lo fuerce o la emergencia de las nuevas potencias, como la India, que exigen ahora los beneficios de una industrializaci&oacute;n que ellas no pudieron disfrutar en su momento. Pero hay otros dos problemas de fondo, estructurales, en los que querr&iacute;a ahora detenerme, ya que sin afrontarlos creo que tampoco podremos superar el mayor desaf&iacute;o de nuestro tiempo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Primero, y a diferencia posiblemente de quienes rezaban ante Notre Dame, el materialismo de la sociedad contempor&aacute;nea ha conseguido ocultarnos nuestra d&eacute;bil condici&oacute;n humana. La antigua lecci&oacute;n de los cl&aacute;sicos se ha olvidado: somos seres finitos, que habitamos por poco tiempo un planeta finito, y nuestras glorias y ambiciones pronto pasar&aacute;n y no ser&aacute;n recordadas. La &uacute;nica esperanza que tenemos, como la que ten&iacute;an quienes construyeron la catedral, es la de que nuestras obras y acciones perduren. Pero ahora, pertrechados con smartphones, el hombre y la mujer del siglo XXI parecen vivir en una constante y agotadora rueda de h&aacute;mster repleta de consumo, inmediatez, rapidez, mudanzas y falta de tiempo y sosiego. Es la inconsciencia continua de quienes, son&aacute;mbulos de la realidad, no se percatan de la fragilidad de todo lo que les rodea. Si la temperatura media del planeta se incrementa 3 grados, nos advierte la comunidad cient&iacute;fica, la mayor parte de Espa&ntilde;a ser&aacute; pr&aacute;cticamente inhabitable. Nosotros, h&aacute;msteres laboriosos e hiperconectados, &iquest;nos imaginamos que un d&iacute;a nuestros descendientes no puedan disfrutar de las casas, las calles y las plazas en las que hemos vivido hasta ahora?&nbsp; &iquest;Podremos seguir extasi&aacute;ndonos con las obras de Vivaldi si perdemos la noci&oacute;n de las estaciones del a&ntilde;o? Aquello que antes cre&iacute;amos sagrado, que durante poco tiempo, en la infancia quiz&aacute;, todav&iacute;a ve&iacute;amos como eterno, puede desintegrarse como hicieron las b&oacute;vedas de Notre Dame. Si esa posibilidad no nos preocupa es porque, henchidos de un materialismo individualista atroz, no somos capaces ya ni de entonar un c&aacute;ntico en com&uacute;n de l&aacute;stima y condena.
    </p><p class="article-text">
        	Segundo, un porcentaje cada vez mayor de esa legi&oacute;n de son&aacute;mbulos desarrolla &iacute;ntegramente su existencia en un contexto urbano protagonizado por grandes ciudades en las que el contacto con la naturaleza es inexistente. Se hace muy dif&iacute;cil concienciar sobre el valor de la biodiversidad y su fragilidad a quienes ni siquiera la conocen, a los que nunca disfrutan de un paseo por el campo o de las aguas de los r&iacute;os y se creen que con un aparato de aire acondicionado no hay ola de calor extremo que no pueda sobrellevarse. Si no sabemos cu&aacute;ndo se recoge la aceituna o la uva, no podremos apreciar la verdadera gravedad de que cada a&ntilde;o las cosechas se tengan que adelantar progresivamente. Si, habitando el infierno de hormig&oacute;n en el que se han convertido las megaurbes, no se percatan siquiera del cambio de estaci&oacute;n en el follaje de los &aacute;rboles y en el canto de los p&aacute;jaros, &iquest;seguir&aacute;n comprendiendo aquella obra de Vivaldi?&nbsp; La sensibilidad ambiental de algunas minor&iacute;as urbanitas, sin duda loable, muchas veces se ve reducida por el poco compromiso que pueden desplegar en los territorios rurales (la inmensa mayor parte de nuestros pa&iacute;ses), los cuales ven c&oacute;mo a&ntilde;o tras a&ntilde;o la poblaci&oacute;n, los capitales, los medios y las preocupaciones sociales se concentran &uacute;nicamente en unos pocos kil&oacute;metros cuadrados de asfalto y bloques de piso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        	Luchar contra el cambio clim&aacute;tico, el reto que hoy nos amenaza con fiereza, deber&iacute;a tambi&eacute;n implicar un cambio por completo de nuestra forma de vida en com&uacute;n, donde se abandone el predominio absoluto de la raz&oacute;n econ&oacute;mica y material para que podamos llevar una vida m&aacute;s humana, una vida m&aacute;s viva y armoniosa con la naturaleza. Para ello hemos antes de superar los dos problemas apuntados, el excesivo materialismo que oculta nuestra fragilidad, y el paradigma de la hiperconcentraci&oacute;n urbana autorreferencial que se olvida del pa&iacute;s y del entorno natural en el que habita. Renunciada por la mayor&iacute;a la v&iacute;a de humildad y de sacralidad de lo que nos rodea que constitu&iacute;an la religi&oacute;n y la idea de trascendencia, se hace necesario reelaborar un nuevo humanismo que nos conciencie, constantemente, sobre nuestros l&iacute;mites y el valor de todas nuestras catedrales, ya sean los esbeltos edificios g&oacute;ticos o el limonero en el que jug&aacute;bamos cuando &eacute;ramos ni&ntilde;os. Aqu&iacute; el conservadurismo pol&iacute;tico tendr&iacute;a tambi&eacute;n que desempe&ntilde;ar un papel relevante si de verdad est&aacute; preocupado por la conservaci&oacute;n de la cultura, de la tradici&oacute;n y del legado de quienes nos precedieron, hoy m&aacute;s amenazado y contingente que nunca. Y, alentado por esa consciencia de lo ef&iacute;mero, necesitar&iacute;amos ya repensar los modelos de &ldquo;desarrollo&rdquo; urbano para abandonar la irracional hiperconcentraci&oacute;n en las grandes ciudades que amenaza con acabar, antes incluso que el cambio clim&aacute;tico, con la poca cohesi&oacute;n que a&uacute;n mantenemos en algunos pa&iacute;ses. El tiempo apremia y las esperanzas menguan. Rezar ante Notre Dame ardiendo no puede ser la &uacute;nica salida lo que tengamos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/notre-dame-sigue-ardiendo_132_8243567.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Aug 2021 19:58:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Notre Dame sigue ardiendo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las eléctricas y lo posible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/electricas-posible_132_8062595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c46874a1-8a9e-43bd-8ddf-0cd45c0c4309_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las eléctricas y lo posible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Superar el neoliberalismo es conseguir que la próxima subida de la luz no la paguen quienes más trabajan y luchan día a día por su dignidad</p></div><p class="article-text">
        Pese a la suspensi&oacute;n de las actividades econ&oacute;micas provocadas por el coronavirus, las principales el&eacute;ctricas espa&ntilde;olas <a href="https://www.eldiario.es/economia/iberdrola-endesa-ganan-5-000-millones-pese-coronavirus-aumentan-beneficios-36_1_7247335.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ganaron el a&ntilde;o pasado hasta un 36% m&aacute;s</a>, manteniendo las astron&oacute;micas retribuciones de sus altos cargos y consejeros, entre los que se encuentran no pocos expol&iacute;ticos patrios. Mientras, estos d&iacute;as nos levantamos con la noticia de que el precio de la luz, de la energ&iacute;a, est&aacute; en uno de los niveles m&aacute;s altos de los &uacute;ltimos tiempos sin que las empresas que monopolizan el sector hagan nada para remediarlo. &iquest;C&oacute;mo es posible que la indignaci&oacute;n ciudadana no vaya m&aacute;s all&aacute; de la mera resignaci&oacute;n?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace ya tiempo que se viene insistiendo en la idea de que el neoliberalismo no es s&oacute;lo la defensa de una concepci&oacute;n econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n la imposici&oacute;n o la asunci&oacute;n de un nuevo marco simb&oacute;lico de referencia, de una nueva mentalidad que ha modificado nuestros patrones de conducta y nuestros m&aacute;rgenes de actuaci&oacute;n en los campos econ&oacute;mico, social y pol&iacute;tico. Para responder a la pregunta formulada, fundamentalmente nos interesan tres de los cambios que ha introducido en el imaginario colectivo e individual tras d&eacute;cadas de hegemon&iacute;a, cambios que se producen en nuestras concepciones del pasado, del presente y del futuro.
    </p><p class="article-text">
        Primero, respecto del pasado, el olvido. El neoliberalismo practica e impulsa la amnesia de las comunidades pol&iacute;ticas, incapaces de recordar el reciente y casi finiquitado Estado social. No est&aacute; tan lejos en el tiempo el &ldquo;Esp&iacute;ritu del 45&rdquo;, del que nos habla Ken Loach, y mucho menos las pol&iacute;ticas de redistribuci&oacute;n de la riqueza de los a&ntilde;os 50 o 60. Muchos se asombrar&iacute;an de leer hoy los programas de los partidos socialdem&oacute;cratas de aquellos a&ntilde;os, en los que abiertamente se defend&iacute;a la nacionalizaci&oacute;n de las empresas estrat&eacute;gicas o planes tan ambiciosos como el Meidner, en Suecia. Y sin llegar a tales extremos: hace solo unos a&ntilde;os que los sectores esenciales o estrat&eacute;gicos de la econom&iacute;a eran propiedad p&uacute;blica&hellip; &iexcl;Tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a! Mis estudiantes se sorprenden cuando les explico que Telef&oacute;nica, Endesa o Seat eran corporaciones p&uacute;blicas, hasta hace nada, controladas por el Estado.
    </p><p class="article-text">
        Segundo, sobre el presente, la negaci&oacute;n. Se dan por muertos en la actualidad los instrumentos, jur&iacute;dicamente v&aacute;lidos y operativos, que a&uacute;n disponen nuestros Estados para hacer frente a la concentraci&oacute;n ignominiosa y absurda de capital. Ni se combate eficazmente la cartelizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, cada vez m&aacute;s concentrada en sus sectores esenciales en manos de unos pocos, ni se permite hablar siquiera de la posibilidad de una intervenci&oacute;n contundente en los divinizados &ldquo;mercados&rdquo;. La Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978, esa tan denostada por una parte de una izquierda tambi&eacute;n amn&eacute;sica, esa misma que es sacralizada por una derecha que la desconoce&hellip; esa, s&iacute;, establece en su art&iacute;culo 128.2 la posibilidad de que mediante ley (mayor&iacute;a simple en el parlamento) puedan reservarse para el sector p&uacute;blico &ldquo;recursos o servicios esenciales, especialmente en caso de monopolio, y acordarse, asimismo, la intervenci&oacute;n de empresas cuando as&iacute; lo exigiere el inter&eacute;s general&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; ninguno de los contertulios, de los opinadores p&uacute;blicos o de los <em>influencers</em> medi&aacute;ticos del d&iacute;a a d&iacute;a habla siquiera de esta posibilidad? La hegemon&iacute;a neoliberal la niega y, lo que es peor, la intenta anular gracias al entramado normativo e institucional del gobierno econ&oacute;mico de una <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/gran-reforma-fiscal-europa_132_7840467.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Uni&oacute;n Europea volcada</a> y construida en torno a la &ldquo;raz&oacute;n de mercado&rdquo; y no de la democracia constitucional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tercero, el cierre del futuro. El capitalismo neoliberal ha conseguido estrechar hasta lo inimaginable nuestros horizontes de acci&oacute;n y transformaci&oacute;n, releg&aacute;ndolos a veces a la mera resistencia de las pocas conquistas sociales que permanecen, y que se mantienen m&aacute;s como d&aacute;diva de los de arriba que como patrimonio colectivo de los de abajo. El futuro est&aacute; cargado de lo <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/humanismo-contra-neoliberalismo_132_3993457.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">peor del presente neoliberal</a>: el individualismo posesivo, la precariedad, la inestabilidad sin l&iacute;mites, la zozobra de una vida diaria sumergida en un mar estresante de redes y notificaciones y unas relaciones sociales cada vez m&aacute;s inhumanas, fr&iacute;as y &aacute;speras. Y en lo pol&iacute;tico, la imposibilidad de un cambio verdadero, de una mudanza radical que vaya a las ra&iacute;ces de los problemas e injusticias que nos aquejan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estos tres impactos neoliberales deben ser superados y sustituidos si queremos afrontar los retos y desaf&iacute;os del presente y del ma&ntilde;ana, entre los que destacan el cambio clim&aacute;tico, la injusticia y la desigualdad. Sobre el pasado, <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/imposible-retorno-pasado-izquierda_132_1909665.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">y sin caer en la pura nostalgia</a>, recuperar el recuerdo de las conquistas y de las experiencias de un Estado social que, con sus carencias y defectos de dise&ntilde;o, supo redistribuir parte de la riqueza y elevar socioecon&oacute;micamente a los que hist&oacute;ricamente hab&iacute;an sido los (y las) desheredados de occidente. Sobre el presente, la defensa de los instrumentos que a&uacute;n perduran y la afirmaci&oacute;n de su normatividad, de su posibilidad misma de aplicaci&oacute;n y eficacia. Sobre el futuro, ensanchar los horizontes y pensar nuevas (&iquest;o viejas?) formas de vida y de sociabilidad que muten por completo los fetiches y las falsas apariencias del sistema neoliberal de nuestros d&iacute;as. Conseguir, en definitiva, que la pr&oacute;xima subida de la luz no la paguen quienes m&aacute;s trabajan y luchan d&iacute;a a d&iacute;a por su dignidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/electricas-posible_132_8062595.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Jun 2021 20:31:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las eléctricas y lo posible]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Neoliberalismo,Desigualdad,Mercado eléctrico]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La gran reforma fiscal en Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/gran-reforma-fiscal-europa_132_7840467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7cc4095d-1b2d-460f-927e-381969100add_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La gran reforma fiscal en Europa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Defender la conveniencia, necesidad y pertinencia de una unión fiscal europea permitiría a la Unión y al conjunto de países que la componen afrontar con más efectividad las consecuencias económicas de la actual crisis</p></div><p class="article-text">
        Los europeos leemos casi at&oacute;nitos c&oacute;mo el nuevo y moderado Presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, est&aacute; preparando ya a toda la maquinaria federal para una verdadera &ldquo;revoluci&oacute;n&rdquo; fiscal al otro lado del Atl&aacute;ntico. Se prev&eacute; la aprobaci&oacute;n de un complejo conjunto de normas destinadas a combatir el fraude, la elusi&oacute;n de tributos y la huida de capitales a para&iacute;sos fiscales, y el impulso de una subida dr&aacute;stica del Impuesto de Sociedades, que es acompa&ntilde;ado a su vez de un mensaje pol&iacute;tico contundente del Presidente para animar a la comunidad internacional a que armonice una tributaci&oacute;n com&uacute;n sobre los beneficios empresariales. El objetivo: que no exista ni pueda existir ning&uacute;n territorio en el que el capital transnacional pueda refugiarse para evadir sus obligaciones fiscales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como ha puesto de manifiesto Thomas Piketty con abrumadores datos, la tributaci&oacute;n sobre el capital ha venido disminuyendo en todo el mundo desde la irrupci&oacute;n neoliberal de finales de los 70, invirti&eacute;ndose hoy la carga fiscal hacia las rentas de los trabajadores, por su propia naturaleza menos proclives a la movilidad territorial. Y ello a pesar de que la mayor parte de la riqueza la encontramos en la concentraci&oacute;n de capital y no en los salarios provenientes del trabajo. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se ha instalado as&iacute;, con el concurso de los gobiernos, las organizaciones internacionales y las grandes corporaciones, una injusticia fiscal que socava los cimientos del Estado social construido en la segunda posguerra mundial y que atenta, claramente, contra sus previsiones constitucionales. Sin ir m&aacute;s lejos, recordemos que la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1978 establece los principios de progresividad y capacidad econ&oacute;mica como elementos estructurantes del sistema tributario, a pesar de lo cual el grueso de la presi&oacute;n impositiva recae, tambi&eacute;n en nuestro pa&iacute;s, en las rentas del trabajo y no en las del capital o en los beneficios corporativos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llama poderosamente la atenci&oacute;n que sea desde Estados Unidos desde donde provengan los aires renovadores en materia de justicia fiscal, precisamente el pa&iacute;s que hasta hace unos d&iacute;as era gobernado por el ideario neoliberal m&aacute;s salvaje y donde el Estado social m&aacute;s anatemizado est&aacute;. &iquest;Qu&eacute; ocurre con nuestra Uni&oacute;n Europea a este lado del charco? La respuesta es compleja, sin duda, pero hemos de apuntar directamente a los errores conscientes de dise&ntilde;o que aquejan a la integraci&oacute;n del viejo continente.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, hemos construido en Europa un mercado &uacute;nico, con sus cuatro libertades econ&oacute;micas (de bienes, servicios, trabajadores y capitales), pero no se le ha querido dotar de una correlativa uni&oacute;n fiscal que amortig&uuml;e las consecuencias m&aacute;s negativas, para el Estado social, de aquella realidad. Garantizar la libertad de movimiento de capitales como un derecho sin una tributaci&oacute;n conjunta, a nivel europeo, sobre esos mismos capitales que pueden libremente desplazarse sin trabas entre los Estados, es apuntar directamente a los pies de cualquier capacidad, efectiva, de recaudaci&oacute;n fiscal. Los gobiernos estatales, ante el temor de que los capitales y las empresas transnacionales se muden, tienden en el viejo continente a bajar los impuestos y a entrar en una constante carrera de competici&oacute;n fiscal a la baja que lastra cualquier oportunidad de elevar la presi&oacute;n impositiva sobre los beneficios corporativos. En Estados Unidos, en cambio, el Impuesto de Sociedades es determinado por el Gobierno federal, algo incontestable hasta para los ac&eacute;rrimos neoliberales de la troupe trumpiana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el predominio de la intergubernamentalidad en el &aacute;mbito tributario europeo impide reforzar los impuestos propios de la Uni&oacute;n. Al exigirse la unanimidad de todos los Estados es casi imposible que se puedan crear impuestos comunes para todo el continente, y m&aacute;s dif&iacute;cil a&uacute;n si tenemos en cuenta que algunos pa&iacute;ses, como Holanda, se benefician particularmente de ser pseudo-para&iacute;sos fiscales en el interior mismo del mercado &uacute;nico. Pero el problema no es lo que haga o deje de hacer su gobierno, sino lo que la Uni&oacute;n y su d&eacute;bil estructura pol&iacute;tica a&uacute;n le permite. Avanzar en la uni&oacute;n fiscal mediante la regla de la mayor&iacute;a, y no de la unanimidad, con una mayor participaci&oacute;n del Parlamento europeo, ser&iacute;a clave para desatascar la actual inoperancia econ&oacute;mica del proyecto de integraci&oacute;n. Es inimaginable que en Estados Unidos un solo y min&uacute;sculo Estado integrante de la Federaci&oacute;n pueda vetar una subida impositiva establecida desde Washington por el Congreso federal.
    </p><p class="article-text">
        En tercer y &uacute;ltimo lugar, la Uni&oacute;n sigue sin vertebrarse como una aut&eacute;ntica comunidad pol&iacute;tica de co-pertenencia cuya ciudadan&iacute;a sea consciente de los marcos pol&iacute;ticos en los que puede actuar. Si la ausencia de una justicia fiscal a nivel europeo es evidente, si el dise&ntilde;o de la Uni&oacute;n carece a&uacute;n de los elementos necesarios para garantizar el Estado social que las constituciones estatales proclaman, &iquest;por qu&eacute; la ciudadan&iacute;a no centra el debate pol&iacute;tico sobre la cuesti&oacute;n y exige a sus gobernantes un cambio de paradigma? Habermas ha venido respondiendo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os a dicha cuesti&oacute;n: la ciudadan&iacute;a europea se ha quedado, finalmente, en una formalidad jur&iacute;dica y no ha avanzado hacia la creaci&oacute;n de un marco com&uacute;n de adscripci&oacute;n simb&oacute;lica en el que todos, desde Vilnius a C&aacute;diz, podamos proyectar, con pretensiones realistas, demandas de cambio pol&iacute;tico. Nuestras referencias siguen siendo los debilitados gobiernos estatales, los mismos que luego trasladan su voluntad al seno de las instituciones comunitarias, donde se transmuta en norma europea y regresa a los mismos Estados, por arte de birlibirloque, como &ldquo;imposici&oacute;n de Bruselas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Defender la conveniencia, necesidad y pertinencia de una uni&oacute;n fiscal europea permitir&iacute;a a la Uni&oacute;n y al conjunto de pa&iacute;ses que la componen afrontar con m&aacute;s efectividad las consecuencias econ&oacute;micas de la actual crisis, pero sobre todo posibilitar&iacute;a mayores cuotas de justicia fiscal en el continente. Desde el momento en que nos dotamos de un mercado &uacute;nico con libertad de capitales, tanto la presi&oacute;n impositiva sobre los rendimientos corporativos como los mecanismos de redistribuci&oacute;n asociados al Estado de bienestar deben ser repensados en clave tambi&eacute;n europea. Claro que, para eso, hace falta una voz ciudadana comprometida con el futuro de Europa y consciente de las posibilidades que brinda una uni&oacute;n cada vez m&aacute;s estrecha entre los pueblos que la conforman. O a lo mejor, qui&eacute;n sabe, fue precisamente ese clima de impunidad pol&iacute;tica la causa por la que se ha venido construyendo con tantas grietas el edificio de una Uni&oacute;n excesivamente centrada en el elemento de mercado y olvidadiza en lo que a garant&iacute;a de derechos sociales se refiere. Sea como fuere, Biden nos manda un mensaje claro y n&iacute;tido: o de esta crisis salimos con mayor justicia fiscal o los monstruos pol&iacute;ticos del ma&ntilde;ana inmediato ser&aacute;n imparables. Y en Europa otra cosa no, pero memoria de nuestro convulso pasado no nos deber&iacute;a faltar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/gran-reforma-fiscal-europa_132_7840467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Apr 2021 19:04:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La gran reforma fiscal en Europa]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fraternidad de Francisco]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/fraternidad-francisco_132_6623135.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f74430b3-43b2-41a0-9465-8dbccde48b23_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fraternidad de Francisco"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La encíclica del Papa, fundamentada en el Evangelio, es una crítica rotunda contra el capitalismo neoliberal y el nacionalismo xenófobo. ¿Podemos seguir considerando a la extrema derecha española como cristiana? No y mil veces no</p></div><p class="article-text">
        Quienes hayan tenido oportunidad de leer sosegadamente (lo que hoy es una excepci&oacute;n de lujo) la &uacute;ltima enc&iacute;clica del Papa Francisco, <em>Fratelli Tutti</em>, se habr&aacute;n podido percatar de que estamos ante una declaraci&oacute;n abiertamente contraria al capitalismo neoliberal que nos atenaza, al imperio de la hiperconectividad de las nuevas tecnolog&iacute;as y contraria tambi&eacute;n, por si fuera poco, a los nacionalismos cerrados de corte xen&oacute;fobo que pretenden levantar muros y barreras frente al migrante, frente a un &ldquo;otro&rdquo; que es considerado amenaza. Por ello perm&iacute;tanme dudar de si parte de la feligres&iacute;a hispana ha le&iacute;do al Papa, es decir, a su m&aacute;ximo l&iacute;der espiritual y cabeza de la instituci&oacute;n que integra a m&aacute;s personas de todo el planeta, como es la Iglesia. Y es que no casan muy bien las pol&iacute;ticas que defienden los partidos m&aacute;s a la derecha del espectro espa&ntilde;ol con el rotundo mensaje de fraternidad y solidaridad que nos env&iacute;a Francisco interpretando &uacute;nicamente el Evangelio, no la Constituci&oacute;n del 78 o El Capital de Marx.
    </p><p class="article-text">
        Comencemos por la cr&iacute;tica al capitalismo neoliberal. Francisco deja escrito (168) que el &ldquo;mercado no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo&hellip;&rdquo;. Al mismo tiempo considera que el Estado ha de reforzarse frente a su desmantelamiento, ya que son el Estado y lo p&uacute;blico los que nos proporcionan los cauces institucionales de solidaridad y de redistribuci&oacute;n de la riqueza (&ldquo;destino com&uacute;n de los bienes&rdquo;) ante la primac&iacute;a del individualismo y de los intereses espurios de la gran empresa (122). Es m&aacute;s, el Papa llega a considerar la propiedad privada como un derecho secundario, ya que lo prioritario es la justa distribuci&oacute;n de los bienes y las riquezas, ideal que se fundamenta, para &eacute;l, en las palabras de amor, caridad y fraternidad que se desprenden del Evangelio. La solidaridad es tambi&eacute;n &ldquo;pensar y actuar en t&eacute;rminos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiaci&oacute;n de los bienes por parte de algunos&rdquo; (116). As&iacute;, la caridad no s&oacute;lo se manifestar&iacute;a en las acciones de benevolencia con los m&aacute;s pr&oacute;ximos, con los m&aacute;s necesitados de nuestro entorno, sino tambi&eacute;n a trav&eacute;s de la defensa de lo p&uacute;blico y de la financiaci&oacute;n, v&iacute;a impuestos, de los mecanismos estatales de solidaridad (114-117, y 186). &iexcl;El Papa llama a pagar los impuestos como mandato espiritual! No s&eacute; qu&eacute; dir&aacute; alg&uacute;n prohombre catolic&oacute;n, aunque est&eacute; ahora m&aacute;s c&oacute;modo en no tan lejanos desiertos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Ante este mensaje del Papa, que nos llama a cuidar lo p&uacute;blico y lo com&uacute;n como medio para acabar con las desigualdades y las injusticias sociales, &iquest;qu&eacute; cara se les debe poner a quienes desde las tribunas pol&iacute;ticas y medi&aacute;ticas, aun llam&aacute;ndose conservadores y cat&oacute;licos, defienden el recorte de los servicios p&uacute;blicos y el menoscabo constante del Estado? &iquest;Se puede ser neoliberal y al mismo tiempo un buen cristiano? El Papa parece responder, abiertamente, que no. Y es el Papa de Roma, no Judith Butler.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la cr&iacute;tica a la xenofobia de ciertos nacionalismos cerrados, Francisco es m&aacute;s contundente si cabe. &ldquo;Es inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes&rdquo;, dice en referencia a quienes rechazan a los migrantes y refugiados (39). La xenofobia de la extrema derecha, volcada en el ocultamiento de los problemas sociales y econ&oacute;micos internos a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n de enemigos ficticios, es totalmente incompatible con la idea cristiana de igual dignidad humana, de fraternidad universal (39-41). &ldquo;Todos somos hijos de Dios&rdquo;, al fin y al cabo, y no hay distinciones entre jud&iacute;os, cristianos, ateos, agn&oacute;sticos, musulmanes, mujeres, hombres, espa&ntilde;oles o eritreos (San Pablo, G&aacute;latas 3:28). El Papa, acerc&aacute;ndose ahora a la Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n, defiende que la Iglesia se vuelque en el &ldquo;amor preferencial por los &uacute;ltimos&rdquo; (187), por los pobres y los m&aacute;s necesitados, y entre ellos, especialmente, por las personas migrantes. Entonces, si esto dice el Papa bas&aacute;ndose nuevamente en el Evangelio, pues utiliza a tal fin la par&aacute;bola del &ldquo;buen samaritano&rdquo; y las propias palabras de Jesucristo, &iquest;podemos seguir considerando a la extrema derecha espa&ntilde;ola como cristiana? No y mil veces no. Su rechazo a las personas migrantes, su obsesi&oacute;n por levantar nuevas murallas y su criminalizaci&oacute;n de los que solo buscan huir de la miseria, el hambre y las guerras, es la ant&iacute;tesis del mensaje cristiano de aquel que fue, recordemos, refugiado en Egipto, perseguido por una tiran&iacute;a genocida y pobre, humildemente pobre. Escribe Francisco (27): &ldquo;Cualquiera que levante un muro terminar&aacute; siendo un esclavo dentro de los muros que ha construido, sin horizontes&rdquo;. Son ellos, los xen&oacute;fobos, quienes nos quieren encerrar, no los que nos van a proteger de nada. Cada vez que sus vociferantes hablen, como les gusta hacerlo, de la tradici&oacute;n cristiana occidental, de la civilizaci&oacute;n cat&oacute;lica y blablaba&hellip; y cada vez que se dirijan a un electorado conservador y formalmente cat&oacute;lico, hay que recordarles que no lo son, pues ni son cristianos ni cat&oacute;licos, ni han le&iacute;do al m&aacute;ximo dirigente de la Iglesia y sucesor de Pedro ni, por supuesto, han comprendido nada del mensaje de amor, caridad, igualdad y fraternidad de Jesucristo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/fraternidad-francisco_132_6623135.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Dec 2020 20:54:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La fraternidad de Francisco]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las dos naciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/naciones_132_6439136.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77a9f0d4-0785-4cb1-9d24-eedfa298e65a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las dos naciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La secesión de los ricos ha supuesto un ataque frontal a la propia idea de una comunidad política, de una verdadera patria, cohesionada, fraterna y unida</p></div><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas se ha venido produciendo en Espa&ntilde;a una secesi&oacute;n exitosa, un proceso de independencia finalmente consolidado, que no ha recibido ni de lejos la misma atenci&oacute;n medi&aacute;tica y pol&iacute;tica que el malogrado proc&eacute;s catal&aacute;n. Por supuesto, tampoco le ha preocupado lo m&aacute;s m&iacute;nimo a muchos de los f&eacute;rreos defensores de nuestra democracia constitucional, a pesar de que sus efectos sobre la misma son mucho m&aacute;s destacados. Me refiero a la secesi&oacute;n que ha protagonizado, y sigue haci&eacute;ndolo, la clase m&aacute;s adinerada de nuestro pa&iacute;s, y de todos los de nuestro entorno, que ha conseguido independizarse del resto del pueblo al que antes pertenec&iacute;a mediante la creaci&oacute;n de una aut&eacute;ntica &ldquo;sociedad paralela&rdquo;, nutrida del espectacular crecimiento de la desigualdad econ&oacute;mica que estamos padeciendo desde la irrupci&oacute;n neoliberal y el fin del Estado social. Tenemos hoy fuera de &ldquo;nosotros&rdquo; a una minor&iacute;a que ha concentrado capital y riquezas y que existe de espaldas a su entorno: vive en urbanizaciones privadas, con seguridad privada, con sanidad y educaci&oacute;n privadas, y con fondos que le garantizan tambi&eacute;n una seguridad social privada para ellos solos. &iquest;Por qu&eacute; les deber&iacute;a preocupar el deterioro de la educaci&oacute;n y la sanidad p&uacute;blicas? &iquest;Por qu&eacute; podr&iacute;an llegar a preguntarse sobre el futuro de las pensiones o la calidad de vida en nuestros barrios? No viven en ellos, no participan de las prestaciones sociales del Estado ni utilizan sus recursos ni su administraci&oacute;n. Existen como una naci&oacute;n aparte.
    </p><p class="article-text">
        La idea, y la realidad aparejada a ella, no es nueva. La &ldquo;Igualdad, Libertad y Fraternidad&rdquo; que proclam&oacute; la Revoluci&oacute;n francesa intent&oacute; suprimir los viejos privilegios y la separaci&oacute;n radical que antes se daba entre una clase aristocr&aacute;tica rentista y rodeada de prerrogativas, y un pueblo llano, la mayor&iacute;a, que viv&iacute;a de sus migajas. Todos los ciudadanos no es que fueran iguales y libres, es que deb&iacute;an serlo, y para ello se desplegaba una solidaridad fraterna vinculada en todo momento a la desaparici&oacute;n de cualquier forma de esclavitud, servidumbre y dependencia material. Pero aquella trinidad se difumin&oacute; enseguida con la consolidaci&oacute;n del liberalismo doctrinario que proteg&iacute;a &uacute;nicamente los intereses de la nueva burgues&iacute;a y con otra revoluci&oacute;n, la industrial, que llev&oacute; a occidente, una vez m&aacute;s, a un escenario de extrema desigualdad. &iquest;Qu&eacute; un&iacute;a a un empresario de la Inglaterra victoriana con el joven, pobre y d&iacute;scolo Oliver Twist? Nada, m&aacute;s all&aacute; de la absoluta dependencia del segundo. El Antiguo R&eacute;gimen hab&iacute;a regresado de la mano del neofeudalismo capitalista y descarnado de f&aacute;bricas, chimeneas y grises barrios depauperados. 
    </p><p class="article-text">
        La existencia de realidades completamente separadas en el cuerpo de la (te&oacute;rica) misma naci&oacute;n fue, de hecho, una de las principales preocupaciones no solo de los primeros dem&oacute;cratas, sino hasta de algunos liberales conservadores. Como pone al descubierto Pierre Rosanvallon en su recomendable libro &ldquo;La sociedad de los iguales&rdquo;, dicha preocupaci&oacute;n no vino solamente de la constataci&oacute;n de la desigualdad econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n de la certeza de que un pueblo separado de tal forma no podr&iacute;a tener futuro como comunidad pol&iacute;tica cohesionada. El proletariado se &ldquo;quedaba fuera&rdquo; de la naci&oacute;n, de la patria, seg&uacute;n la c&eacute;lebre expresi&oacute;n de Blanqui; exclusi&oacute;n que era doble si atendemos a la que ya padec&iacute;an las mujeres, las minor&iacute;as &eacute;tnicas o las personas consideradas superfluas (&ldquo;los otros&rdquo;). El conservador pol&iacute;tico brit&aacute;nico, Benjamin Disraeli, llegaba a escribir una novela, &ldquo;Sybil y las dos naciones&rdquo; (1845), donde con tono paternalista abogaba por una nueva unificaci&oacute;n de los dos mundos, del proletario y el burgu&eacute;s, porque preocupantemente se consideraban entre s&iacute; como &ldquo;habitantes de planetas diferentes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para evitar aquel desgarro, los liberales y conservadores recurrieron espuriamente al nacionalismo y al colonialismo como v&aacute;lvulas que rebajaran las tensiones sociales, mientras la democracia iba haci&eacute;ndose paso gracias al movimiento obrero y la conquista paulatina del sufragio universal. Pero la f&oacute;rmula de mayor &eacute;xito en la integraci&oacute;n de ambos mundos, hasta hacerlos casi desaparecer en uno solo en la segunda mitad del siglo XX, vino constituida por el Estado social de posguerra. Con &eacute;l, el avance de la desigualdad no s&oacute;lo se cort&oacute;, sino que se alcanzaron cotas de justicia social y redistribuci&oacute;n de la riqueza nunca antes conseguidas. La Europa de la clase media se alzaba con la democracia y los trabajadores se integraban en el seno de la naci&oacute;n pol&iacute;tica blandiendo nuevamente la bandera de la fraternidad, de la solidaridad y la justicia. Es este modelo de igualdad, no solo pol&iacute;tica, sino tambi&eacute;n de condiciones de partida, el que el neoliberalismo ha terminado enterrando en nuestros d&iacute;as bajo la pesada losa de una fiera competencia individualista que vuelve a desgarrarnos como comunidad. Y es este neoliberalismo, con su impulso de la diferencia y la desigualdad, el que ha permitido que toda una minor&iacute;a se separe de aquella comunidad, del pa&iacute;s al que en teor&iacute;a deber&iacute;an pertenecer. En su d&iacute;a fueron los proletarios los que fueron separados forzosamente de la comunidad pol&iacute;tica; hoy son, voluntariamente, quienes detentan en sus manos el gran capital. <a href="https://www.eldiario.es/economia/trabajador-salario-espana-necesitaria-igualar_1_2887577.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El 10% m&aacute;s rico de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola concentra m&aacute;s riqueza que el 90% restante</a>, y los porcentajes tienden a agravarse a&ntilde;o a a&ntilde;o. Lo que est&aacute; por ver es si la crisis actual provocada por la pandemia va a aumentar o no esa tendencia, pero lo que s&iacute; podemos conjeturar es que, si se sigue el mismo ideario neoliberal de la respuesta a la crisis financiera anterior, nos veremos volcados a un mundo de mayores desigualdades y de una hiperconcentraci&oacute;n en manos de unos pocos incompatible con la propia idea de democracia.
    </p><p class="article-text">
        Para evitarlo quiz&aacute; habr&iacute;a que reivindicar con m&aacute;s fuerza que la patria, la naci&oacute;n verdadera, el pueblo aut&eacute;ntico y el pa&iacute;s real, son los de la mayor&iacute;a de la gente que no se ha independizado, que no se ha separado de sus hermanos y hermanas (&iexcl;eso era la fraternidad!, nos acaba de recordar el Papa Francisco) y que lucha conjuntamente por su bienestar y por cuidarse los unos y los otros. Pero cuidado: esta &ldquo;secesi&oacute;n de los ricos&rdquo;, como denuncian los profesores Joan Romero y Antonio Ari&ntilde;o en su obra de id&eacute;ntico nombre, est&aacute; conllevando desde hace ya d&eacute;cadas el empobrecimiento de quienes no lo son. La proletarizaci&oacute;n de las clases medias es la consecuencia de aquella separaci&oacute;n insolidaria, de aquella ruptura voluntaria y consciente del pacto social de posguerra. Por ello hay que evitarla, con m&aacute;s &iacute;mpetu si cabe que otras secesiones m&aacute;s famosas, y hay que reconducirla al interior del Estado. Recordarle a esa minor&iacute;a privilegiada que es tal porque el resto no lo es, y que ese resto es la aplastante mayor&iacute;a de la comunidad a la que pertenecemos. Un recordatorio que podr&iacute;a comenzar a darse a trav&eacute;s de la reactivaci&oacute;n de los viejos instrumentos del Estado social, remozados y adaptados a la realidad global de nuestro presente, pero a&uacute;n funcionales para garantizar el lema de la Revoluci&oacute;n francesa. Una tributaci&oacute;n verdaderamente progresiva y que grave a los grandes capitales, la reactivaci&oacute;n de la iniciativa econ&oacute;mica p&uacute;blica y de la instituci&oacute;n de las reservas en los sectores estrat&eacute;gicos, un reparto m&aacute;s equitativo de la riqueza y un renovado impulso al principio de solidaridad, tambi&eacute;n entre territorios. &iquest;Utop&iacute;a? Todo lo que acaban de leer viene en nuestra Constituci&oacute;n de 1978. Lo dicho: defend&aacute;mosla de quienes ya se han independizado de ella con &eacute;xito, rodeados hip&oacute;critamente de su bandera y recibiendo hasta vivos aplausos por quienes se creen sus m&aacute;s ardientes protectores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/naciones_132_6439136.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Nov 2020 20:56:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las dos naciones]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pobreza,Desigualdad,Desigualdad económica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Reformar la Monarquía? Preservar el Estado de Derecho]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/reformar-monarquia-preservar-derecho_132_6183138.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fb9c384a-a956-4847-b650-0f785ad272db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Reformar la Monarquía? Preservar el Estado de Derecho"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La crisis de la Monarquía no puede caer en el olvido si queremos mantener una mínima calidad democrática</p></div><p class="article-text">
        El agravamiento progresivo de la crisis sanitaria y nuestra fundada preocupaci&oacute;n por un futuro pr&oacute;ximo y lejano cada vez m&aacute;s incierto no deben favorecer, sin embargo, el olvido de la grave situaci&oacute;n que atraviesa la instituci&oacute;n de la Corona en Espa&ntilde;a tras la decisi&oacute;n de su antiguo titular, Juan Carlos I, de abandonar el pa&iacute;s en el que &eacute;l mismo rein&oacute; durante d&eacute;cadas. Y este olvido no ha de producirse no s&oacute;lo por la necesidad de debatir democr&aacute;ticamente el modelo de jefatura de estado que queremos, no s&oacute;lo por tendencias republicanas o mon&aacute;rquicas que tirios o troyanos muestren, sino tambi&eacute;n, y sobre todo, por la necesidad de mantener la vigencia de nuestro propio sistema democr&aacute;tico y de Derecho. Si a la democracia le es inherente la rendici&oacute;n de cuentas de todos los poderes ante el pueblo como sujeto soberano y portador de la voluntad constituyente, del Estado de Derecho se deriva el principio de responsabilidad por el incumplimiento de las leyes y su necesaria sanci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Monarqu&iacute;a, como instituci&oacute;n extra&ntilde;a a la racionalizaci&oacute;n del poder que se produce desde las primeras revoluciones liberales hasta la consecuci&oacute;n del Estado social y democr&aacute;tico de posguerra, mantiene una tensi&oacute;n constante con el propio constitucionalismo y principios tan esenciales del mismo como el de igualdad. Por ello, no debe tampoco sorprendernos que la regulaci&oacute;n constitucional en Espa&ntilde;a de la Corona est&eacute; repleta de elementos que, al margen de la simpat&iacute;a que pueda despertar o no la instituci&oacute;n, han de sorprender a todo aquel que se acerque al texto con unas lentes m&iacute;nimamente racionales, ilustradas, democr&aacute;ticas o, simplemente, jur&iacute;dicas. As&iacute;, en el orden de sucesi&oacute;n se prima al var&oacute;n sobre la mujer, atentando contra el valor de la igualdad; el Rey es el que, al margen de cualquier fiscalizaci&oacute;n, distribuye libremente, y sin necesidad de justificar nada, el presupuesto que tiene asignado; y, como se est&aacute; poniendo de relieve en los &uacute;ltimos tiempos, su figura goza de una inviolabilidad que muchos entienden como plena inmunidad para los hechos que puedan imput&aacute;rsele y que hayan acaecido durante su mandato.
    </p><p class="article-text">
        Se ha sostenido, no sin raz&oacute;n, que esta &uacute;ltima protecci&oacute;n tiene que interpretarse restrictivamente y de conformidad con los valores y principios constitucionales, por lo que muchos entendemos que no tendr&iacute;a que extenderse a los actos privados del Monarca. Como prerrogativa que es va unida a las funciones constitucionales encomendadas y se deber&iacute;a agotar en ellas. Hasta el momento, sin embargo, los tribunales no lo han considerado as&iacute; y han extendido la protecci&oacute;n a todas las actividades y actos del Jefe del Estado. As&iacute; que, como en el cuento, el Rey queda desnudo ante la inocente pregunta: &iquest;y si comete un delito? En estas estamos, presuntamente.
    </p><p class="article-text">
        Defender la primera interpretaci&oacute;n deber&iacute;a agradar a los m&aacute;s mon&aacute;rquicos, pues es la que mejor proteger&iacute;a a la instituci&oacute;n, tanto de este caso como de ulteriores que pudieran producirse. Blindar excesivamente la Jefatura de Estado, cuyo dise&ntilde;o constitucional ya despierta recelos desde la &oacute;ptica del Estado democr&aacute;tico y de Derecho, es contraproducente para las propias pretensiones de fundamentar y justificar el principio mon&aacute;rquico, pues este descansa hoy en el prestigio y, desprendi&eacute;ndose del mismo, la neutralidad como <em>auctoritas</em> que puede llegar a erigir el Rey sobre la fragmentaci&oacute;n pol&iacute;tica. Sin embargo, como no hay visos de que la opini&oacute;n de los tribunales vaya a cambiar, y menos la m&aacute;s r&iacute;gida del Tribunal Constitucional, una posible intenci&oacute;n reformista y nada traum&aacute;tica para el monarquismo podr&iacute;a descansar en la conveniencia de modificar la Constituci&oacute;n para restringir la inviolabilidad, reducirla al papel de prerrogativa y, aprovechando la coyuntura, sustituir los elementos m&aacute;s controvertidos de la Monarqu&iacute;a ya apuntados. Y aqu&iacute; se presenta, nuevamente por exceso de celo, un problema (para quien defienda esta postura) de dif&iacute;cil soluci&oacute;n. El peculiar constituyente de 1978, deseando proteger al m&aacute;ximo a la Corona, introdujo toda su regulaci&oacute;n (el T&iacute;tulo II) en el procedimiento agravado de reforma constitucional (art&iacute;culo 168), con lo que cualquier modificaci&oacute;n, incluso de los aspectos secundarios o accesorios, necesita que concurra un verdadero imposible, a saber: que las Cortes aprueben el cambio por dos tercios, se autodisuelvan, se convoquen elecciones, las nuevas vuelvan a aprobarlo por dos tercios y, finalmente, se someta la modificaci&oacute;n constitucional a refer&eacute;ndum de aprobaci&oacute;n por parte del pueblo espa&ntilde;ol. Si ya es extra&ntilde;o que el poder legislativo se haga el harakiri, lo ser&iacute;a m&aacute;s que persistiera la misma voluntad tras su decisi&oacute;n. Este procedimiento de reforma es, por tanto, tan sumamente dif&iacute;cil de seguirse que hay quienes lo han llegado a identificar con una cl&aacute;usula p&eacute;trea, intangible o de eternidad, es decir, aquellas que en algunos pa&iacute;ses de nuestro entorno establecen expresamente la imposibilidad absoluta de reformar una parte de la Constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, ante una posible constataci&oacute;n pr&oacute;xima de delitos cometidos por el anterior Jefe de Estado y ante la improbabilidad, cuando no imposibilidad f&aacute;ctica, de un cambio tanto de la Constituci&oacute;n en su regulaci&oacute;n de la Corona como de la interpretaci&oacute;n judicial de la inviolabilidad real, &iquest;qu&eacute; salida quedar&iacute;a desde una &oacute;ptica puramente democr&aacute;tica? He aqu&iacute; la cuesti&oacute;n, que ha de preocupar especialmente a quienes crean en la necesidad de mantener la Monarqu&iacute;a y de preservar lo que pueda o pudiera comportar. Ya no es que est&eacute; en juego la autoridad y prestigio de la instituci&oacute;n, es que se pone directamente en entredicho la credibilidad general de nuestro sistema democr&aacute;tico y de Derecho al incumplirse sus elementos m&aacute;s caracter&iacute;sticos y definidores, precisamente, en el v&eacute;rtice que quer&iacute;a coronarlos.&nbsp; La alternativa de la ruptura con el modelo, dada la imposibilidad de reforma, no parece tampoco muy fraguada pol&iacute;ticamente por el momento, y menos con el vac&iacute;o a nivel simb&oacute;lico de quienes dicen blandirla y que a veces son incapaces de moverse m&aacute;s all&aacute; de experiencias pret&eacute;ritas. A las incertidumbres sociales y econ&oacute;micas que el coronavirus ha tra&iacute;do ahora hemos de a&ntilde;adir las institucionales de una crisis, la de la Monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola, que ven&iacute;a larv&aacute;ndose desde hace tiempo. No son buenos tiempos para predicciones, pero s&iacute; para los olvidos&hellip; Sirvan estas l&iacute;neas, al menos, como recordatorio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/reformar-monarquia-preservar-derecho_132_6183138.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Aug 2020 19:33:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Reformar la Monarquía? Preservar el Estado de Derecho]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que los árboles no nos dejen ver el bosque]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/arboles-dejen-ver-bosque_132_6015124.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e4e98a2-43db-4ef5-aeec-9bcddb363c2f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Que los árboles no nos dejen ver el bosque"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mercado único no ha sido completado con las contramedidas precisas que eviten sus externalidades más negativas, y con una decidida integración fiscal</p></div><p class="article-text">
        En el an&aacute;lisis de toda crisis habr&iacute;a que distinguir muy claramente entre los elementos coyunturales, dependientes de la voluntad de los actores que deciden en el momento concreto, y los propiamente estructurales, que son los que condicionan con car&aacute;cter previo el escenario en el que aquellas decisiones se acuerdan. Seguramente en los pr&oacute;ximos meses veamos un aluvi&oacute;n de cr&iacute;ticas, estudios y escrutinios sobre las decisiones que se han tomado en Espa&ntilde;a ante la crisis sanitaria provocada por el coronavirus y la cat&aacute;strofe humana que hemos vivido. Lo que no es tan probable, a pesar de ser quiz&aacute; m&aacute;s necesario, es la existencia de ese mismo empe&ntilde;o esclarecedor en cuanto a las deficiencias estructurales de nuestro pa&iacute;s, permanentes y no dependientes de esta o aquella voluntad pol&iacute;tica. La conveniencia de este segundo tipo de an&aacute;lisis se refuerza, adem&aacute;s, porque pueden ayudar con mayor intensidad a mejorar nuestra situaci&oacute;n ante crisis futuras, hipot&eacute;ticas o no. La actual, al menos, ha sacado a exposici&oacute;n p&uacute;blica todas aquellas problem&aacute;ticas estructurales que desde hace tiempo diversos sectores llevan denunciando con mayor o menor &eacute;xito, pero siempre sin ser escuchados con detenimiento y voluntad real de reformas. Empecemos una radiograf&iacute;a r&aacute;pida y discrecional, por somera, pero no menos ilustrativa de los desaf&iacute;os que hemos de afrontar.
    </p><p class="article-text">
        Ante un reto colectivo y com&uacute;n tan intenso hemos visto c&oacute;mo la respuesta ha debido ser eminentemente p&uacute;blica y estatal, para la cual se est&aacute; necesitando un ingente esfuerzo presupuestario. La &uacute;nica manera de que la financiaci&oacute;n de &eacute;ste sea repartida mediante criterios de justicia fiscal y capacidad econ&oacute;mica consistir&iacute;a en utilizar un sistema tributario que siguiera lo establecido en nuestra propia Constituci&oacute;n y que, por ende, gravara con mayor intensidad a los capitales m&aacute;s abultados. Sin embargo, nuestro sistema no s&oacute;lo es altamente ineficaz en tal objetivo, sino que se inserta en un modelo mayor, el de la Uni&oacute;n Europea, donde la ausencia de una imposici&oacute;n com&uacute;n y la garant&iacute;a de la libertad de capitales, permiten a &eacute;stos beneficiarse de un constante dumping y de verdaderos &ldquo;para&iacute;sos fiscales&rdquo; en el coraz&oacute;n del viejo continente.
    </p><p class="article-text">
        El mercado &uacute;nico no ha sido completado con las contramedidas precisas que eviten sus externalidades m&aacute;s negativas, y la ausencia de una decidida integraci&oacute;n fiscal sigue siendo uno de los mayores retos del proyecto europeo. Si bajamos al ruedo ib&eacute;rico, la carrera por la atracci&oacute;n de capitales y la reducci&oacute;n de la tributaci&oacute;n a las rentas del trabajo se ha agravado por la falta de armonizaci&oacute;n fiscal entre Comunidades Aut&oacute;nomas y el amable tratamiento que protagoniza el Estado central con la concentraci&oacute;n de la riqueza y los beneficios empresariales. La elusi&oacute;n de impuestos se ha institucionalizado como algo normal y aceptable, incluso en t&eacute;rminos jur&iacute;dicos, tanto en Espa&ntilde;a como en el conjunto de la Uni&oacute;n a la que pertenecemos, por lo que no nos debe llamar la atenci&oacute;n la permanente crisis presupuestaria del Estado y la incapacidad que &eacute;ste va a comenzar a mostrar para afrontar con equidad las consecuencias m&aacute;s lesivas de la crisis.
    </p><p class="article-text">
        Interconectado con el modelo fiscal (o lo que tengamos, pues hay que dudar que sea un aut&eacute;ntico &ldquo;modelo&rdquo; de algo), tenemos el tambi&eacute;n criticado y criticable modelo territorial, en el que hemos sido incapaces en los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os de arreglar m&iacute;nimamente sus carencias originarias. La respuesta estatal al coronavirus no s&oacute;lo debiera haber partido desde la Moncloa, sino desde todas las Comunidades Aut&oacute;nomas que son tan Estado como el Gobierno central. Y sin embargo hemos podido comprobar c&oacute;mo se han vuelto a desenvolver ese c&uacute;mulo hist&oacute;rico de desconfianzas mutuas, de confusiones competenciales y superposiciones de responsabilidades, que no se deben &uacute;nicamente a la urgencia de una crisis inesperada, sino que se fundamentan en un sistema territorial inacabado, incompleto, que pudiera tener la potencialidad suficiente para federalizarse de verdad y que sigue qued&aacute;ndose en un remedo singular poco claro y pol&iacute;ticamente conflictivo.
    </p><p class="article-text">
        Ni la voluntad auton&oacute;mica se canaliza correctamente en la voluntad estatal (el Senado sigue sin reformarse&hellip;), ni la voluntad estatal se reparte bajo criterios cooperativos y de corresponsabilidad. Se han convocado en dos meses m&aacute;s conferencias de Presidentes auton&oacute;micos que en el resto del periodo democr&aacute;tico, s&iacute;, y se agradece, pero los defectos &iacute;nsitos de nuestro sistema territorial siguen estando ah&iacute;, clamando una reforma que se pide desde hace d&eacute;cadas y que debiera empezar por abordar, de una vez por todas, la problem&aacute;tica de <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/Espana-problema-integracion-constitucional_6_763333663.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la integraci&oacute;n misma de la diversidad en el proyecto com&uacute;n espa&ntilde;ol</a>.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo territorial no se agota en lo auton&oacute;mico, pues el &aacute;mbito local, el sempiterno olvidado, sigue clamando por una reestructuraci&oacute;n profunda que lo haga eficaz y viable. En toda Espa&ntilde;a, pero sobre todo en la rural, los ayuntamientos han tenido que hacer frente a las consecuencias m&aacute;s inmediatas de la pandemia, desde la gesti&oacute;n de residencias de ancianos y la toma de decisiones inauditas para nuestros alcaldes y alcaldesas, a la asunci&oacute;n f&aacute;ctica de unas competencias de las que carecen. La administraci&oacute;n local es la m&aacute;s cercana al ciudadano, y por eso es tambi&eacute;n la menos ajena a sus necesidades m&aacute;s urgentes y palmarias, y sin embargo constituye, al tiempo, la administraci&oacute;n m&aacute;s maltratada por un modelo de financiaci&oacute;n anacr&oacute;nico, basado en rendimientos variables y dependiente de otras administraciones. Con los medios y recursos que se ten&iacute;an ha sido un verdadero milagro que los ayuntamientos hayan podido, pese a todo lo acontecido, dar una m&iacute;nima respuesta al mayor desaf&iacute;o de nuestra reciente historia.
    </p><p class="article-text">
        Y si bajamos a la arena de las capacidades estructurales vinculadas a las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas m&aacute;s directas, el panorama no es menos desolador. Desde los servicios sociales de base a los de atenci&oacute;n a la dependencia y a nuestros mayores, pasando por nuestra d&eacute;bil pol&iacute;tica cient&iacute;fica, se despliega un conjunto de carencias permanentes que ahora nos han estallado en la cara con una crueldad in&eacute;dita. Algo que puede trasladarse a la econom&iacute;a y a la educaci&oacute;n, donde m&aacute;s all&aacute; de las decisiones puntuales que se han tomado con mayor o menor acierto, hemos podido comprobar sus debilidades permanentes, las que ya exist&iacute;an antes y las que, si no se hace nada para corregirlas, saldr&aacute;n ahora reforzadas.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, con la educaci&oacute;n se est&aacute; produciendo un proceso ciertamente asombroso, pues hay una estrategia consciente y decidida por incrementar sus debilidades y acabar con las pocas fortalezas que contaba, y todo bajo el amparo de la urgencia y necesidad de la crisis sanitaria. Desde las escuelas a la universidad las reformas educativas vuelven a la palestra con nuevas dosis de fragmentaci&oacute;n y precariedad, ahora avivadas por un tecno-optimismo que solo encubre la profundizaci&oacute;n premeditada de la falta de cr&iacute;tica, concentraci&oacute;n y esfuerzo de un alumnado sumido en la inmediatez. &iquest;Que la presencia constante de las nuevas tecnolog&iacute;as en la vida de los j&oacute;venes es un obst&aacute;culo para la asunci&oacute;n sosegada y concentrada de conocimientos? Pues convirtamos la soluci&oacute;n excepcional a la falta de presencialidad en<a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/peligro-docencia-online-norma_6_1021257911.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">permanente y estructural</a> para hacer de nuestras aulas, tambi&eacute;n las universitarias, espacios de hiperconexi&oacute;n donde ya no sea posible el estudio lento y profundo. En esta nueva &ldquo;estrategia&rdquo; educativa que nos ha tra&iacute;do el Covid-19, impulsada sobre todo por nuestro angl&oacute;filo ministro de Universidades, se a&uacute;nan las decisiones y voluntades particulares, la coyuntura misma, con los elementos estructurales que desde aquellas pretenden modificarse. Lo coyuntural se quiere permanente, y los defectos estructurales se profundizan en una huida hacia adelante y hacia la nada que se ver&aacute;n agravados si nadie los corrige.
    </p><p class="article-text">
        Pero, como dec&iacute;amos, para afrontar los problemas estructurales que tenemos como pa&iacute;s primero hace falta analizarlos y estudiarlos, hace falta crear foros rigurosos desde los que se creen las estrategias de reforma adecuadas y una l&iacute;nea clara de actuaci&oacute;n pol&iacute;tica, social y econ&oacute;mica. Para ello, claro, se necesitar&iacute;a antes que nada un m&iacute;nimo consenso sobre la propia conveniencia de hacer tales an&aacute;lisis, que no se difuminara en la verborrea constante de la crispaci&oacute;n, y que nos permitiera ver con claridad el bosque de nuestras debilidades por detr&aacute;s de los &aacute;rboles de las decisiones ya tomadas, tanto particulares como colectivas y que, lamentablemente, ya no tienen vuelta atr&aacute;s. &iquest;Seremos capaces? Me temo que no.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/arboles-dejen-ver-bosque_132_6015124.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2020 20:18:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Que los árboles no nos dejen ver el bosque]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El peligro de la docencia online como norma]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/peligro-docencia-online-norma_132_5950625.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/faefaddf-19a5-4527-abe4-90f75c55c3fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El peligro de la docencia online como norma"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La excepción de la docencia online no puede convertirse en la norma tras la crisis sanitaria actual, al menos si queremos preservar el último reducto civilizatorio que constituye la Universidad</p></div><p class="article-text">
        La presente crisis provocada por el coronavirus y la necesidad de mantener la distancia f&iacute;sica entre nosotros, justo adem&aacute;s cuando se constata con m&aacute;s fuerza la humana exigencia del contacto y uni&oacute;n, han provocado tambi&eacute;n un cambio brusco en la docencia universitaria. Miles de profesores nos hemos visto obligados, por la fuerza de las circunstancias, a adaptarnos r&aacute;pidamente a la modalidad online para evitar que las consecuencias m&aacute;s lesivas de la paralizaci&oacute;n de la actividad presencial afecten al alumnado y su formaci&oacute;n. El esfuerzo est&aacute; siendo &iacute;mprobo por parte de muchos y hemos de recordar que nuestras universidades no eran antes semipresenciales o virtuales ni, creo, deber&iacute;an serlo en el futuro cercano e inmediato. Y es que, como en toda crisis, las respuestas puntuales que se est&aacute;n tomando para paliar sus efectos pueden convertirse a la larga en estructurales y permanentes, aun cuando desaparezcan las causas de su excepcionalidad, por lo que corremos el riesgo de que la distancia y lo online, valga la reiteraci&oacute;n, queden incrustados en el sistema de ense&ntilde;anza superior. Pero, &iquest;por qu&eacute; calificarlo como riesgo? &iquest;No es acaso una oportunidad para adaptar la Universidad a la sociedad y sus ritmos cambiantes? Desde luego esto es lo que en parte opina y defiende el profesor y ministro Manuel Castells, como ha quedado demostrado en una de sus &uacute;ltimas comparecencias, donde aboga por aprovechar esta excepcionalidad para una adaptaci&oacute;n permanente de las universidades p&uacute;blicas a la bimodalidad online y a la semipresencialidad. Humildemente creo, no obstante, que ese no puede ni debe ser el camino si queremos seguir considerando a la Universidad, y a la Universidad p&uacute;blica, como reducto civilizatorio y motor de transformaci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Como ponen de manifiesto Carlos Fern&aacute;ndez Liria, Olga Garc&iacute;a y Enrique Galindo en <em>Escuela o barbarie</em>: entre el neoliberalismo salvaje y el delirio de la izquierda, los estudios superiores no pueden estar al servicio de la sociedad ni deben adaptarse a la misma, por extra&ntilde;o y contraintuitivo que esto pueda parecer. La Universidad tiene que subordinarse a la verdad, al conocimiento y al bien com&uacute;n, no a la amalgama de intereses, muchos de ellos superfluos y espurios, que presiden el conjunto de relaciones sociales y econ&oacute;micas fuera de sus muros. Es la autonom&iacute;a de la ense&ntilde;anza, como transmisi&oacute;n de conocimientos objetivos y, por ende, independientes de un vano subjetivismo, lo que ha posibilitado que el sistema p&uacute;blico de educaci&oacute;n se convirtiera en una escuela de ciudadan&iacute;a cr&iacute;tica y progreso.
    </p><p class="article-text">
        Don Rafael S&aacute;nchez Ferlosio, a quien algunos echamos excesivamente de menos estos d&iacute;as,<a href="https://elpais.com/diario/2007/07/29/domingo/1185681159_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">defend&iacute;a la idea de la instrucci&oacute;n</a> frente a una demasiada ambigua y abierta &ldquo;educaci&oacute;n&rdquo;, pues es &ldquo;justamente el rostro inexpresivo del saber por el saber el que hace nacer en el sujeto, de su propia mente, la opini&oacute;n y la conducta que la educaci&oacute;n querr&iacute;a meterle en la boca ya masticadas y bien ensalivadas&rdquo;. Es el saber de los conocimientos transmitidos, de las categor&iacute;as adquiridas, el que debe ser objeto primordial de la Universidad, no su supeditaci&oacute;n a un concepto de sociedad no menos ambiguo que esconde, en su pretensi&oacute;n, el sometimiento del conocimiento a los intereses del mercado. En esta estrategia de &ldquo;adaptabilidad&rdquo;, que lleva fragu&aacute;ndose desde la irrupci&oacute;n neoliberal de los a&ntilde;os setenta y que ya ha deteriorado hasta extremos insospechados a nuestro sistema p&uacute;blico (LOGSE y Plan Bolonia mediante), cobra especial relevancia el formalismo pedag&oacute;gico del &ldquo;aprender a aprender&rdquo; y del &ldquo;ense&ntilde;ar a ense&ntilde;ar&rdquo;, obsesionado a su vez con las nuevas tecnolog&iacute;as y su supuesta funci&oacute;n de panacea para todos los problemas educativos habidos y por haber.
    </p><p class="article-text">
        La inconsistencia de tales f&oacute;rmulas ilustra a la perfecci&oacute;n el ataque al ideal ilustrado de ense&ntilde;anza y a los objetivos de emancipaci&oacute;n social que antes entra&ntilde;aba. La escuela, y m&aacute;s a&uacute;n la Universidad, constitu&iacute;an el foro en el que el estudiante pod&iacute;a desprenderse de los prejuicios familiares y tribales que afuera le rodeaban; eran los espacios que le permit&iacute;an alejarse de las exigencias tradicionales, culturales o econ&oacute;micas que le aprisionaban (la &ldquo;sociedad&rdquo;) para poder as&iacute; relegarse en el mundo de libertad que s&iacute; permit&iacute;a y alentaba el conocimiento objetivo, la verdad cient&iacute;fica y la reflexi&oacute;n cr&iacute;tica. Y ello era posible gracias a que la transmisi&oacute;n de conocimientos se encarnaba f&iacute;sicamente en la relaci&oacute;n emp&aacute;tica entre el profesor y el estudiantado, en la presencialidad que permit&iacute;a la reflexi&oacute;n, la cr&iacute;tica, el debate, la discusi&oacute;n y esa inclinaci&oacute;n hacia el saber por el saber que, como bien dec&iacute;a Arist&oacute;teles, siempre ha sido connatural al ser humano. Pero esta realidad no era funcional a los intereses del capitalismo cognitivo, sediento de flexibilidad, ruido y adaptabilidad constante. Es decir, justo lo que proporcionan las nuevas tecnolog&iacute;as aplicadas a la ense&ntilde;anza y aupadas por el &ldquo;nuevo&rdquo; (en verdad, ya antiguo y cansino) formalismo pedag&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Las tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n han abierto unas posibilidades enormes para el enriquecimiento educativo, nadie lo pone en duda; es m&aacute;s, pueden ser instrumentos id&oacute;neos para el refuerzo de determinados contenidos y la necesaria complementariedad de las lecciones. Lo que no pueden de ninguna manera constituir por s&iacute; mismas el objeto y el medio preponderante de la ense&ntilde;anza ni desplazar a la presencialidad, pues se le estar&iacute;a privando a la transmisi&oacute;n de conocimientos de la particularidad que la diferencia, que no es otra que el mentado espacio emp&aacute;tico de intercambio que s&oacute;lo el cara a cara (el &ldquo;ojo a ojo&rdquo; que dice un gran compa&ntilde;ero), posibilita e impele. Pero, adem&aacute;s, la centralidad de lo online culminar&iacute;a esa obsesi&oacute;n neopedag&oacute;gica y neoliberal por la adaptabilidad y la flexibilidad, al ser los medios digitales los principales impulsores y recept&aacute;culos, por su propia naturaleza, de tales exigencias flexibilizadoras. Frente a la reflexi&oacute;n pausada, est&aacute;tica, consciente y concentrada que otorga el estudio sereno de los textos o de las lecciones de un profesor, la jerga pedag&oacute;gica que sufrimos desde hace d&eacute;cadas prima el dinamismo, las <em>flipped classroom</em>, las competencias y los proyectos, todo bien aderezado por <em>smartphones, tablets, power points</em> con colorines y flechitas (la lista de nuevos fetichismos es interminable&hellip;). Frente a la concentraci&oacute;n, requisito imprescindible para el saber, se defiende la interrupci&oacute;n constante de las pantallas. Todo lo contrario, por tanto, a aquel objetivo ilustrado de que el conocimiento de la verdad quede al margen de la subjetividad de cada cual y, sobre todo, del conjunto de intereses tambi&eacute;n individuales que conforman, cada vez m&aacute;s, nuestras renqueantes sociedades.
    </p><p class="article-text">
        El conocimiento&nbsp;<a href="https://elpais.com/elpais/2013/03/19/opinion/1363725498_641538.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">es la &uacute;nica riqueza</a> que, al transmitirse, no se pierde. Lo que no puede transmitirse es el &ldquo;aprender a aprender&rdquo;, simplemente porque para aprender <a href="https://elpais.com/elpais/2013/03/19/opinion/1363725498_641538.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hay que aprender algo</a>, y ese algo debe ser, en la medida de lo posible, lo verdadero o lo veros&iacute;mil. Con fundamentos, con argumentos racionales, mediante la discusi&oacute;n y la ense&ntilde;anza presencial de contenidos, no mediante el aprendizaje ludificado de formalismos vacuos y procesos tecnol&oacute;gicos a distancia, porque a la postre podemos acabar siendo, tambi&eacute;n, tecnol&oacute;gicamente idiotas.
    </p><p class="article-text">
        De aqu&iacute; la necesidad, para mantener m&iacute;nimamente un proyecto ilustrado de universidad como estudio superior, de desterrar la excepcionalidad de la docencia online cuando esta crisis se supere. Si se hiciera lo contrario, si las universidades p&uacute;blicas se convirtieran en plataformas semipresenciales con un protagonismo destacado de la docencia online y los medios tecnol&oacute;gicos a distancia, el terreno para la victoria del sector privado estar&iacute;a abonado (todav&iacute;a m&aacute;s). Los centros privados, muchos m&aacute;s flexibles cong&eacute;nitamente que los p&uacute;blicos y, sobre todo, nada renuentes a menoscabar la ense&ntilde;anza de contenidos en aras del puro formalismo pedag&oacute;gico que ellos mismos financian, podr&iacute;an adaptarse (otra vez el maldito palabro) con mayor rapidez y facilidad a lo que desean tanto el ministro Castells como la OCDE, la OMC y algunas c&aacute;tedras de educaci&oacute;n bien regadas por los fondos financieros. Y todo, claro, visti&eacute;ndose con los ropajes posmodernos del progreso, el nuevo ritmo de los tiempos y la puesta de la Universidad y la ense&ntilde;anza al servicio de una sociedad que ellos mismos son quienes la modulan y quienes nos desvelan sus necesidades y metas.
    </p><p class="article-text">
        Para este en&eacute;simo deterioro de la educaci&oacute;n que puede acechar tras la crisis, conmigo, desde luego, que no cuenten.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/peligro-docencia-online-norma_132_5950625.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2020 21:00:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El peligro de la docencia online como norma]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Universidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un nuevo y necesario contrato social]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/nuevo-necesario-contrato-social_132_1001629.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38f33777-0a19-475c-a922-67ee11aa1e5b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un nuevo y necesario contrato social"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lucha contra el coronavirus requiere precisamente de todos los elementos que se rechazan de plano en el sistema económico hoy vigente</p><p class="subtitle">La otra curva del coronavirus: ¿está España preparada para una nueva crisis económica?</p></div><p class="article-text">
        Incontables veces se han dado por finiquitados los procesos hist&oacute;ricos. La Uni&oacute;n Europea no cambiar&aacute;, el sistema econ&oacute;mico deshumanizador imperante es inamovible, la lucha contra el cambio clim&aacute;tico es incapaz de cambiarnos a nosotros mismos&hellip; y llega de repente un peque&ntilde;o, min&uacute;sculo virus, y abre las puertas de par en par al cambio de todo lo que se cre&iacute;a firme, de todo lo que se pensaba que era inmutable. Nuestro modo de vida, nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, el conjunto de las relaciones sociales y econ&oacute;micas, todo ha sido paralizado por una amenaza que nos ha tocado de lleno en nuestro orgullo, en la autosuficiencia que cre&iacute;amos haber conseguido.
    </p><p class="article-text">
        Los griegos llamaban <em>hybris</em> a esa soberbia humana, a esa desmesura que hace en ocasiones olvidarnos de nuestra fr&aacute;gil condici&oacute;n y de nuestra subordinaci&oacute;n a los retos que la naturaleza nos impone. Todav&iacute;a es pronto para evaluar el impacto econ&oacute;mico, social y pol&iacute;tico de la crisis sanitaria que estamos atravesando, pero de lo que s&iacute; podemos estar seguros es que esa <em>hybris</em> prometeica, ese orgullo desmedido, ha sido profundamente afectado en el coraz&oacute;n mismo de su l&oacute;gica: la del movimiento, el derroche, el consumismo desenfrenado y el individualismo atomizador.
    </p><p class="article-text">
        La sociedad del cansancio, de la que nos habla Byung-Chul Han, se ha convertido de la noche en la ma&ntilde;ana en la sociedad de la quietud, en la comunidad que exige una responsabilidad c&iacute;vica sin precedentes a todos y cada uno sus miembros. Resulta parad&oacute;jico que cuando necesitamos m&aacute;s que nunca fortalecer los lazos comunes y reforzar la acci&oacute;n colectiva, no podemos ahora, precisamente, acercarnos unos a otros.
    </p><p class="article-text">
        La palabra y el afecto a distancia, como el que muestran cada noche millones de espa&ntilde;oles e italianos desde sus balcones, est&aacute; activando resortes comunitarios que se cre&iacute;an hace tiempo apagados. La ideolog&iacute;a neoliberal individualista, hegem&oacute;nica durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, nos hab&iacute;a impuesto la l&oacute;gica de la competici&oacute;n entre individuos considerados como &aacute;tomos, aislados unos de otros en permanente lucha, sin colaborar ni cooperar. Y ahora, cuando f&iacute;sicamente m&aacute;s aislados estamos de verdad, es tambi&eacute;n cuando mejor y con mayor clarividencia nos percatamos de la ficci&oacute;n antinatural y antihumanista que nos impone aquella ideolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El ser humano es un ser social, pol&iacute;tico, que necesita del &ldquo;otro&rdquo; para completarse a s&iacute; mismo, que es uno porque es tambi&eacute;n reflejo del otro. Ese es el fundamento de nuestra realidad social, como bien temprano vio Arist&oacute;teles, y es esa ra&iacute;z la que el utilitarismo neoliberal intent&oacute; ocultar bajo un tel&oacute;n mugriento y as&eacute;ptico de cifras, dogmas y principios supuestamente t&eacute;cnicos. Pero el tel&oacute;n se ha roto, pues su modelo no sirve para hacer frente a ning&uacute;n reto colectivo, porque odia la acci&oacute;n com&uacute;n y la repudia. La lucha contra el coronavirus requiere precisamente de todos los elementos que se rechazan de plano en el sistema econ&oacute;mico capitalista hoy vigente: el deber c&iacute;vico y el compromiso colectivo, el cuidado de lo com&uacute;n y lo p&uacute;blico sobre los espurios intereses particulares.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se imaginan esta crisis con un modelo sanitario eminentemente privado que no diera cobertura a los m&aacute;s necesitados? Y eso que ya de por s&iacute; la emergencia sanitaria, incluso en Espa&ntilde;a, est&aacute; sacando a la luz la debilidad inducida a que hemos sometido a lo com&uacute;n y a lo estatal durante d&eacute;cadas de neoliberalismo. Hemos visto al principio a un Estado dubitativo, sin una capacidad de respuesta contundente, con una presencia en el territorio muy mermada, con acciones descoordinadas aqu&iacute; y acull&aacute; en toda Europa. Pero ahora s&iacute; parece que el Leviat&aacute;n, como dice M&aacute;riam Mart&iacute;nez-Bascu&ntilde;&aacute;n, est&aacute; comenzando a despertar de su largo sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        El discurso de lo com&uacute;n y lo p&uacute;blico regresa con fuerza por la misma necesidad humana de su existencia cuando surgen desaf&iacute;os colectivos como los actuales, y lo canaliza un Estado con todos sus resortes que, aunque desengrasados y hasta quebrados, pueden seguir siendo &uacute;tiles para la preservaci&oacute;n del bien de todos. Porque he aqu&iacute; la clave de nuestros d&iacute;as: la comunidad pol&iacute;tica debiera existir por y para un objetivo, el bien com&uacute;n y el inter&eacute;s p&uacute;blico, y no para la satisfacci&oacute;n, como hasta ahora, de ambiciones particulares m&aacute;s o menos tamizadas de necesarias. No. Los vicios privados no son virtudes p&uacute;blicas. Las &uacute;nicas virtudes son las que a&uacute;nan, en la mejor tradici&oacute;n aristot&eacute;lica-tomista y ciceroniana, el compromiso individual con lo colectivo y el servicio de lo colectivo hacia el bien p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Claro que del resurgir del Leviat&aacute;n pueden desprenderse dos desviaciones que anular&iacute;an sus efectos positivos. En primer lugar, que s&oacute;lo se centrara en las estrechas costuras del Estado-naci&oacute;n cl&aacute;sico y que ello supusiera un repliegue nacionalista en detrimento de una necesaria visi&oacute;n supranacional y cosmopolita, como la que exige la naturaleza de esta(s) crisis, lo que a su vez nos habla de la inoperancia actual de alternativas a&uacute;n m&aacute;s localistas y reducidas. Har&iacute;a falta, por tanto, reforzar de una vez el papel pol&iacute;tico y social de la Uni&oacute;n Europea frente a su restringida concepci&oacute;n economista y mercantilista hoy vigente, al mismo tiempo que se articulen nuevos mecanismos de cooperaci&oacute;n internacional entre todos los Estados del mundo y se fortalezca el sistema de las Naciones Unidas. En segundo y no menos destacado lugar, este despertar hobbesiano no puede derivar en una defensa autoritaria de lo estatal frente a la sociedad civil, como algunas loas que hoy se escuchan sobre el sistema chino parecen trasladar.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo comunitarismo, de darse, debe seguir teniendo como l&iacute;mite y fundamento la centralidad de la persona, su dignidad y libertad, y no a&ntilde;ejas y trasnochadas concepciones esencialistas, identitarias y/o dirigistas. El discurso de lo p&uacute;blico y lo com&uacute;n no puede servir de coartada para autoritarismos de nuevo cu&ntilde;o, neoliberales o no, ni para una reestructuraci&oacute;n de las relaciones de dominaci&oacute;n que aumente la impunidad de quienes m&aacute;s se benefician de la injusticia actual.
    </p><p class="article-text">
        Si conseguimos aquel giro hacia lo com&uacute;n, con estas dos precauciones antedichas, podr&iacute;amos estar en condiciones de iniciar el camino hacia un nuevo contrato social, m&aacute;s humano y humanista, menos utilitario y economicista. Que esta crisis sea, pues, una oportunidad para (re)comenzar la vida e impulsar todo aquello que nos une: los lazos de solidaridad, la fraternidad, los deberes c&iacute;vicos y el bien com&uacute;n. Armas no s&oacute;lo potentes contra las epidemias de hoy y de ma&ntilde;ana, sino tambi&eacute;n contra todas esas ideolog&iacute;as deshumanizadoras que han permitido malvender el inter&eacute;s general a los intereses privados; que han adelgazado el Estado hasta hacerlo casi desaparecer; que nos dicen a cada minuto que debemos competir con el de al lado, no cooperar; que no quieren, en fin, que seamos conscientes del poder colectivo que podemos llegar a conseguir si nos unimos para hacer frente a los retos y desaf&iacute;os que nos amenazan como comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Hoy es una epidemia (como las que llevan sufriendo otras partes del mundo d&eacute;cadas e incluso siglos ante nuestra generalizada indiferencia), pero ma&ntilde;ana seguir&aacute;n siendo retos urgentes la desigualdad, la pobreza, el calentamiento global y el deterioro de unas relaciones sociales que tienden a hundirse o en la despreocupaci&oacute;n m&aacute;s anodina, o en el fanatismo m&aacute;s deleznable.
    </p><p class="article-text">
        Cuidemos lo com&uacute;n porque, como ya viera con particular clarividencia la gran Simone Weil, individualmente somos fr&aacute;giles, extremadamente fr&aacute;giles. Durante mucho tiempo lo hemos olvidado: esperemos que esta vez, aunque sea por una vez, no sea as&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/nuevo-necesario-contrato-social_132_1001629.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2020 21:22:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un nuevo y necesario contrato social]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En defensa de la conversación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/defensa-conversacion_132_1002767.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7efa561d-b8ee-4c62-aa0f-c41ee63c9c28_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En defensa de la conversación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La instantaneidad y la huida de la conversación personal que protagonizamos constituyen, hoy, dos de los elementos más alienantes para la acción humana</p></div><p class="article-text">
        Desde que empiece este art&iacute;culo hasta el final intente s&oacute;lo leerlo, concentrarse en su comprensi&oacute;n, en el mensaje que quiere transmitir. No atienda a las vibraciones de su m&oacute;vil, a los sonidos que nos rodean y a las interrupciones constantes de lo que debiera ser una lectura sosegada, tranquila y profunda. Posiblemente le sea dif&iacute;cil, y no es del todo su culpa: en los &uacute;ltimos tiempos hemos normalizado una vida de interrupciones constantes, de est&iacute;mulos continuos que hacen huir a nuestra concentraci&oacute;n. La facilidad de la comunicaci&oacute;n escrita e instant&aacute;nea, adem&aacute;s, ha provocado que cada vez m&aacute;s huyamos de la conversaci&oacute;n cara a cara, espont&aacute;nea y f&iacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        Estas dos amenazas, la instantaneidad de las interrupciones y el deterioro de la conversaci&oacute;n personal, han sido pormenorizadamente analizadas por la profesora neoyorkina Sherry Turkle en su obra <em>&ldquo;En defensa de la conversaci&oacute;n&rdquo;</em>, que no pretende ser un alegado antitecnol&oacute;gico sino, como su propio t&iacute;tulo indica, un aliciente para que recuperemos el valor esencial de la palabra hablada. Tras numerosos a&ntilde;os dedicados al estudio de la comunicaci&oacute;n interpersonal, Turkle nos alerta del fin de la conversaci&oacute;n y de la erosi&oacute;n de la empat&iacute;a que lleva aparejada. Y es que, y esta es quiz&aacute; la tesis central de su exitoso libro, nunca un mensaje textual, por muchos emoticonos que contenga, podr&aacute; sustituir la capacidad de empat&iacute;a que contiene la conversaci&oacute;n, del t&uacute; a t&uacute;, de los ojos mirando a otros ojos y del lenguaje no verbal.
    </p><p class="article-text">
        Una conversaci&oacute;n que se pierde no s&oacute;lo por el uso constante y abusivo de las nuevas tecnolog&iacute;as, sino tambi&eacute;n porque esa empat&iacute;a personal que conlleva se quiere a veces, y conscientemente, evitar. Cuando nos sentamos uno enfrente del otro, mir&aacute;ndonos y apreciando los gestos de quien tenemos delante, emergen siempre situaciones espont&aacute;neas donde no somos capaces de prever el mensaje, de pensarlo con detenimiento o de editarlo, algo que s&iacute; nos permiten las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n. La huida de la conversaci&oacute;n es tambi&eacute;n, por ende, una huida hacia el refugio de la previsi&oacute;n y de la seguridad, un rechazo a lo m&aacute;s humano del ser humano, que es su capacidad de situarse en el lugar del otro y de convertir ese &ldquo;otro&rdquo; en uno mismo. De aqu&iacute; en parte la crisis que viven las organizaciones colectivas de todo tipo, incapaces de articular modos efectivos de decisi&oacute;n y de integraci&oacute;n de la diferencia, sumidas como est&aacute;n a veces en una lucha textual en mil foros y chats que bien podr&iacute;a apaciguarse con encuentros personales, f&iacute;sicos, donde esas diferencias deben entrar obligatoriamente por el ojal de la empat&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Turkle no lo nombra (posiblemente no lo conoce), pero muchas de sus tesis fueron ya anticipadas por Quintiliano, uno de los grandes maestros de la ret&oacute;rica cl&aacute;sica. A pesar de haber nacido y vivido en la antigua Hispania romana (siglo I. d. C.), curiosamente es un completo desconocido en Espa&ntilde;a y apenas se recuerdan sus famosas <em>&ldquo;Institutio oratoria&rdquo;</em>, hasta hace muy poco pendientes de traducci&oacute;n directa. En esta obra, el r&eacute;tor hispanorromano elabora una reflexi&oacute;n que me gustar&iacute;a compartir y que, unida a las de Turkle, reviste una insoportable actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Dice Quintiliano que el buen orador, el buen orfebre de la palabra, necesita para llegar a serlo cuidar antes su o&iacute;do. Escuchar la palabra viva y la m&uacute;sica antes de poder crear aquella y convertirla en un arte en beneficio de la comunidad pol&iacute;tica, se erige as&iacute; en una condici&oacute;n insoslayable. &iquest;Por qu&eacute;? Quintiliano aqu&iacute; no se anda con sutilezas ni rodeos: s&oacute;lo es posible la correcta comunicaci&oacute;n si se da directamente y en presencia de los propios oradores que disputan y discuten. Es esencial escuchar al otro &ldquo;f&iacute;sicamente&rdquo;, pues en ese escuchar logramos ver el interior de la persona, sus aflicciones, sus preocupaciones m&aacute;s hondas, los gestos de sus manos y el destello de sus ojos. El debate c&iacute;vico es el que se da entre personas que se escuchan, y que no s&oacute;lo se leen.
    </p><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida de calidad de los actuales foros de debate y decisi&oacute;n p&uacute;blicos puede deberse en parte, creo, al exceso de comunicaci&oacute;n escrita v&iacute;a internet que padecemos y que con tanto ah&iacute;nco emp&iacute;rico trata de denunciar Turkle. Hemos visto c&oacute;mo partidos enteros casi se desmoronan por un whatsapp mal entendido o por un Telegram incauto. Las discusiones bizantinas en las redes sociales, especialmente en Twitter, terminan casi siempre mal y con falacias o pretendidos argumentos de reducci&oacute;n al absurdo. Y es normal: lo escrito tiende a refugiarse en la seguridad de la autocomplacencia, y evita la incertidumbre espont&aacute;nea de la conversaci&oacute;n emp&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        A todo ello a&ntilde;adamos la instantaneidad que nos acosa y que impide la concentraci&oacute;n, el sosiego y la tranquilidad, requisitos imprescindibles para la lectura profunda y la aprehensi&oacute;n de conocimientos. Llevo pocos a&ntilde;os dando clases en la Universidad, pero he podido comprobar c&oacute;mo la capacidad de concentraci&oacute;n mengua a&uacute;n m&aacute;s con cada promoci&oacute;n, y c&oacute;mo ese deterioro se traslada a una incapacidad casi sistem&aacute;tica de comprender categor&iacute;as abstractas o de construir discursos cr&iacute;ticos. Sin embargo, desde que he prohibido el uso de dispositivos en el aula, incluidos los ordenadores antes omnipresentes, el alumnado no s&oacute;lo es capaz de concentrarse m&aacute;s en la lecci&oacute;n que se imparte, sino que, libre de la instantaneidad y de las interrupciones de las diversas plataformas que antes ten&iacute;a abiertas en la pantalla, ahora se atreve a tener una relaci&oacute;n m&aacute;s emp&aacute;tica con el profesor, a preguntar m&aacute;s, a criticar y sugerir nuevas perspectivas.
    </p><p class="article-text">
        Debemos entre todos replantearnos la relaci&oacute;n que tenemos con las nuevas tecnolog&iacute;as, y m&aacute;s especialmente en aquellos lugares, como en el aula, donde se exige un nivel m&aacute;s exigente de concentraci&oacute;n. Sin abrazar postulados antitecnol&oacute;gicos radicales pero, como hace la profesora Turkle, siendo muy conscientes siempre del peligro que la instantaneidad y la comunicaci&oacute;n eminentemente escrita comportan. Recordemos que en un principio los coches no llevaban cintur&oacute;n de seguridad; fue la experiencia la que hizo que poco a poco se volvieran obligatorios. Hagamos lo mismo con la novedad actual, pensemos y dise&ntilde;emos nuevos &ldquo;cinturones de seguridad&rdquo; frente a la velocidad tecnol&oacute;gica para conservar nuestras capacidades m&aacute;s humanas, m&aacute;s transformadoras y, por tanto, menos alienantes.
    </p><p class="article-text">
        Existe hoy una imperiosa necesidad de volver a recuperar entre nosotros, y para nosotros, la capacidad de la concentraci&oacute;n profunda y el arte de la conversaci&oacute;n, el arte del escuchar tranquila y sosegadamente a quien no piensa como uno. Para eso, claro est&aacute;, precisamos tiempo, reposo y, quiz&aacute;, una buena cerveza delante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/defensa-conversacion_132_1002767.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Feb 2020 20:01:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En defensa de la conversación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Emergencia climática, emergencia política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/emergencia-climatica-emergencia-politica_132_1469297.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b3f7785-e3a4-4f61-b7ab-fa164981c957_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pocos problemas son tan fácilmente identificables como el cambio climático, cuyo freno depende de una acción política conjunta y drástica hoy ausente</p><p class="subtitle">Sólo la recuperación del bien común y su preeminencia sobre los espurios intereses individuales podrá acabar con la catástrofe anunciada de nuestros días</p></div><p class="article-text">
        Las elecciones generales se acercan en Espa&ntilde;a y ninguna de las grandes problem&aacute;ticas que afectan de verdad al conjunto de la ciudadan&iacute;a est&aacute; sobre la mesa. Llama especialmente la atenci&oacute;n la ausencia del debate clim&aacute;tico, y m&aacute;s teniendo en cuenta que la situaci&oacute;n en la que nos encontramos ya, ahora mismo, en estos precisos instantes, es dram&aacute;tica. A la acumulaci&oacute;n de cat&aacute;strofes naturales se a&ntilde;ade la evidencia palmaria a nuestro alrededor de las consecuencias m&aacute;s directas del calentamiento global. Escribo estas l&iacute;neas a finales de octubre y principios de noviembre en manga corta y mientras el r&iacute;o m&aacute;s cercano, el otro gran Tajo, se ha convertido en apenas un riachuelo desfigurado. La emergencia clim&aacute;tica no es un eslogan, es la descripci&oacute;n de una realidad cada vez m&aacute;s amarga y, sobre todo, real.
    </p><p class="article-text">
        Las causas de esta cat&aacute;strofe que ya es actual y no imaginada son de sobra conocidas y todas f&aacute;cilmente identificables por la acci&oacute;n del ser humano; una acci&oacute;n que se desenvuelve, adem&aacute;s, amparada y potenciada por un sistema econ&oacute;mico il&oacute;gico, tendente a la hiperconcentraci&oacute;n y al deterioro de todas las formas de vida. Los muros de nuestra &ldquo;casa com&uacute;n&rdquo; se desmoronan delante de nuestros propios sentidos, pero somos incapaces de reaccionar colectivamente, de manera dr&aacute;stica y determinante. Colectivamente, reitero, porque el cambio clim&aacute;tico no es un problema individual, sino que afecta al conjunto de las comunidades pol&iacute;ticas en las que vivimos quienes habitamos esta gran &ldquo;casa com&uacute;n&rdquo; llamada Tierra. Y es un problema que no puede ser tampoco solucionado individualmente, sino a trav&eacute;s de la acci&oacute;n com&uacute;n y colectiva, es decir, a trav&eacute;s de la pol&iacute;tica. Aunque sean loables y necesarios los cambios de comportamiento individuales, el freno dr&aacute;stico al cambio clim&aacute;tico s&oacute;lo puede venir dado por la toma de decisiones pol&iacute;ticas de envergadura que afecten al coraz&oacute;n del sistema econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        He aqu&iacute; la primera clave de la cuesti&oacute;n: &uacute;nicamente la defensa del bien com&uacute;n, que se identifica en este &aacute;mbito con la defensa misma de nuestra supervivencia, puede evitar que la emergencia clim&aacute;tica se instale definitivamente y cambie por completo las condiciones m&iacute;nimas de la vida humana. El compromiso contra el calentamiento global ha de ser tambi&eacute;n, de este modo, un compromiso pol&iacute;tico con la direcci&oacute;n del bien com&uacute;n que, hoy por hoy, se residencia esencialmente en el poder pol&iacute;tico de los Estados y en su concierto internacional. Las conductas aisladas y las muestras individuales de ecologismo no sirven para el objetivo &uacute;ltimo que se proponen si el sistema pol&iacute;tico, que es el que de verdad tiene actualmente capacidad de modificar los rumbos colectivos, sigue mirando para otro lado. Ante la emergencia clim&aacute;tica de poco vale el aforismo de &ldquo;soluciones locales a problemas globales&rdquo;: se necesitan soluciones globales a problemas que son tambi&eacute;n globales. De poco o nada vale, asimismo, el espaciar esas posibles soluciones, en fragmentarlas o graduarlas, porque la emergencia es ya de tal envergadura y actualidad que s&oacute;lo puede ser enfrentada con medidas correctoras determinantes y decisivas. Y aqu&iacute; reside la segunda clave.
    </p><p class="article-text">
        Si la acci&oacute;n ha de ser colectiva y com&uacute;n, pol&iacute;tica al fin y al cabo, y si esa acci&oacute;n ha de ser dr&aacute;stica y quir&uacute;rgica, &iquest;puede protagonizarla el poder pol&iacute;tico con el sistema econ&oacute;mico actualmente vigente? La respuesta ha de ser necesariamente negativa por cuanto es ese sistema la causa y el impulso del mismo problema al que se le quiere dar soluci&oacute;n. La respuesta ha de ser pol&iacute;tica para ser colectiva y decisiva, pero para ser ambas cosas necesita incidir en el coraz&oacute;n mismo del capitalismo. Cuando es &eacute;ste el que controla y dirige a la pol&iacute;tica, y no al rev&eacute;s, el conjunto de soluciones para atacar radicalmente (de ra&iacute;z) la emergencia clim&aacute;tica se vislumbra inalcanzable, una mera enso&ntilde;aci&oacute;n ut&oacute;pica. Si la causa de los niveles de contaminaci&oacute;n insalubre en las grandes ciudades es el uso desmedido de los coches, &iquest;por qu&eacute; no se limita radicalmente su utilizaci&oacute;n? Si las centrales t&eacute;rmicas son responsables de una parte considerable de las emisiones contaminantes que causan el calentamiento, &iquest;por qu&eacute; no se cierran todas ma&ntilde;ana mismo? Si las transnacionales esquilman los recursos del planeta y acaban con sus reservas biol&oacute;gicas m&aacute;s preciadas, &iquest;por qu&eacute; la comunidad internacional, los Estados, no las frenan? Si nuestro modo de vida es incompatible con la vida misma, si los niveles de consumismo acelerado superan los l&iacute;mites biol&oacute;gicos de nuestro planeta, &iquest;por qu&eacute; no existe una acci&oacute;n colectiva y pol&iacute;tica que incida en la necesidad de imponernos l&iacute;mites?
    </p><p class="article-text">
        Por eso hemos de <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/Recuperar-polis_6_774532587.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recuperar la preeminencia del bien com&uacute;n</a>, del inter&eacute;s p&uacute;blico, sobre la amalgama de espurios intereses privados que impiden la posibilidad de imponer un freno dr&aacute;stico a una emergencia que es tambi&eacute;n com&uacute;n a todo el g&eacute;nero humano; una emergencia que no es s&oacute;lo clim&aacute;tica, sino tambi&eacute;n pol&iacute;tica. Y que est&aacute; afectando de manera especial a los m&aacute;s pobres, a los desprotegidos, a los eternos olvidados. Millones de desplazados clim&aacute;ticos ya nos anuncian un infausto futuro (cercano), y no habr&aacute; bochornosas componendas ni inhumanas concertinas que puedan pararlos. El Papa Francisco, en su Enc&iacute;clica ecologista <em>Laudatio S&iacute;</em>, es claro al respecto: &ldquo;La falta de reacciones ante los dramas de nuestros hermanos y hermanas es un signo de la p&eacute;rdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La sociedad civil se funda en la fraternidad, en la corresponsabilidad de una comunidad pol&iacute;tica compartida. De Arist&oacute;teles a Arendt, todos los cl&aacute;sicos del pensamiento pol&iacute;tico que nos han precedido lo han defendido, lo han reiterado. Y casi todos nosotros, ante una crisis que nos amenaza como especie misma, parece que lo hemos olvidado. No estoy hablando de ning&uacute;n <em>ismo</em>, de ninguna ideolog&iacute;a a la izquierda o a la derecha del espectro; estoy simplemente recordando que, si vivimos en comunidad, y lo hacemos porque somos animales pol&iacute;ticos, el inter&eacute;s de esta comunidad est&aacute; por encima de los beneficios econ&oacute;micos de una parte insignificante de sus miembros, por muy adinerados que sean. Es completamente irracional que el conjunto de las relaciones econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas se gu&iacute;en, como se gu&iacute;an hoy, por el inter&eacute;s de unas oligarqu&iacute;as cada vez m&aacute;s concentradas y cuyo capital, por si fuera poco, se debe m&aacute;s a la suerte de la herencia parasitaria que al esfuerzo del m&eacute;rito y la capacidad.
    </p><p class="article-text">
        O enderezamos el rumbo colectivo de una econom&iacute;a pensada para unos pocos y que se cree separada de la pol&iacute;tica, aun domin&aacute;ndola con sus opacos y oscuros instrumentos, o no habr&aacute; soluci&oacute;n a corto ni largo plazo para la gran y verdadera crisis que ya nos afecta a todos. La salida a la emergencia clim&aacute;tica s&oacute;lo podr&aacute; ser pol&iacute;tica, com&uacute;n; y esperemos que sea, adem&aacute;s, democr&aacute;tica. De momento, y m&aacute;s en una Espa&ntilde;a paralizada, se vislumbran pocas esperanzas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/emergencia-climatica-emergencia-politica_132_1469297.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Oct 2019 20:10:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Emergencia climática, emergencia política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cambio climático,Crisis climática]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salvémoslos, ¡hipócritas!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/salvemoslos-hipocritas_132_1479660.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/61780a7c-03e7-4ac1-8f0f-4ad4b95319e9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La tripulación del Open Arms atiende a los migrantes rescatados."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El olvido de los estados europeos en el deber de auxilio y acogida de las personas refugiadas es el olvido, inducido, de la verdadera esencia de la democracia</p><p class="subtitle">El neoliberalismo ha instalado en el imaginario social la imposibilidad de llegar a soluciones efectivas a través del Estado y la acción colectiva y democrática</p></div><p class="article-text">
        El relato se repite en las televisiones europeas como una letan&iacute;a: la de horas que tertulianos, periodistas y gobiernos dedican a la supuesta dificultad de rescatar personas (&iexcl;personas!) del Mediterr&aacute;neo, y el poco tiempo que antes dedicaron a lo que nos ha costado, a todos, rescatar bancos y entidades financieras con miles y miles de millones de euros. &iquest;Por qu&eacute; no hay una denuncia mayoritaria de esa relaci&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; son tan pocos los que se quejan p&uacute;blicamente de la contradicci&oacute;n de haber destinado una ingente cantidad de recursos al sistema financiero, a fondo perdido, y de negarse al mismo tiempo a rescatar a quienes nos piden auxilio desde nuestras costas?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ideario neoliberal no es s&oacute;lo una f&oacute;rmula de predise&ntilde;ar el Estado para hacerlo funcional a los intereses privados, no es s&oacute;lo un cat&aacute;logo de privatizaciones y obscenos robos, sino tambi&eacute;n una nueva subjetividad que impregna la acci&oacute;n personal de un individualismo competitivo extremo. Esa ideolog&iacute;a de la competici&oacute;n entre individuos est&aacute; acelerando el olvido de lo que de verdad supone la democracia: el poder del <em>demos</em>, del pueblo, en la toma de decisiones colectivas y en la resoluci&oacute;n de los problemas de la comunidad a la que pertenecemos.
    </p><p class="article-text">
        Porque no somos &aacute;tomos aislados, sino animales pol&iacute;ticos que convivimos en comunidad y necesitamos del otro para realizarnos nosotros mismos. Una vida plena es s&oacute;lo posible si se da con los otros, con una alteridad que el neoliberalismo pretende negar y demonizar como competencia, como insana carrera donde los obst&aacute;culos son quienes nos rodean.
    </p><p class="article-text">
        El elemento cooperativo de la democracia, la comprensi&oacute;n del otro como parte indisociable de lo propio, es dinamitado por un ideario que adem&aacute;s subordina el inter&eacute;s p&uacute;blico de esa comunidad, el antiguo y hoy poco recordado &ldquo;bien com&uacute;n&rdquo;, a la concurrencia de intereses particulares. As&iacute;, no es de extra&ntilde;ar que cada vez que aparece un problema social que afecta a toda la comunidad la respuesta de quienes blanden aquel ideario y sus ac&oacute;litos sea la del &ldquo;y t&uacute; qu&eacute; har&iacute;as&rdquo;. Pues miren, har&iacute;a lo que intento hacer y lo que deber&iacute;a ser la norma en una democracia que quisiera predicarse como tal: participar en la comunidad, en esa <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/Recuperar-polis_6_774532587.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">polis olvidada</a>, para cambiar colectivamente y mediante la voluntad democr&aacute;tica los problemas que individualmente son irresolubles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A los del &ldquo;pues ac&oacute;gelos en tu casa&rdquo;, en referencia a los refugiados que mueren en nuestras playas repletas de turistas: el individualismo neoliberal se os ha impregnado tanto en la cabeza que os hab&eacute;is olvidado de que el bien p&uacute;blico puede y ha de ser administrado por la comunidad pol&iacute;tica, por el Estado, del que deber&iacute;amos ser due&ntilde;os con nuestra voluntad democr&aacute;tica. Si estoy a favor de la sanidad p&uacute;blica no quiere decir que tenga que instalar un quir&oacute;fano en mi casa. Y lo mismo, si has estado a favor de rescatar con el dinero de todos a bancos y entidades financieras, eso no se traduce en la obligaci&oacute;n de que pongas un cajero autom&aacute;tico en tu cocina. Hasta qu&eacute; punto se han normalizado estas expresiones nos habla del olvido intencionado de la primac&iacute;a de lo pol&iacute;tico sobre lo econ&oacute;mico, del bien p&uacute;blico sobre los intereses individuales, de la comunidad sobre los estrechos l&iacute;mites de mi ego&iacute;smo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No, la respuesta ha de ser colectiva y depende del concurso de todos en la mejora de la <em>polis</em>, de nuestras esferas de copertenencia y, sobre todo, en la defensa de que las decisiones en ellas tomadas primen sobre las que se elaboran en oscuros despachos o altos rascacielos. Es un insulto al entendimiento decir, como algunos repiten, que el Estado italiano o espa&ntilde;ol no tiene recursos suficientes para acoger a las personas que arriesgan y pierden sus vidas en el mar com&uacute;n. No es que no haya pan para todos, sino que el pan est&aacute; muy poco repartido y se concentra en unas pocas manos, precisamente las mismas que salen indemnes de los debates antiinmigraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los que se llevan las manos a la cabeza por la obligaci&oacute;n que tenemos de acoger a los que huyen de las guerras y de la destrucci&oacute;n suelen manifestar una sorprendente preocupaci&oacute;n por el trabajo y el bienestar de los de casa, pero nunca se preguntan qu&eacute; es lo que verdaderamente hace que ambos elementos falten ya en muchas familias espa&ntilde;olas o italianas. Porque no es el mantero de la esquina el responsable de que en los barrios ricos de Madrid o Barcelona la esperanza de vida sea diez a&ntilde;os superior a la de los barrios obreros, ni es el &uacute;ltimo que llega el culpable de que el pen&uacute;ltimo est&eacute; en esa posici&oacute;n y no mire hacia arriba.
    </p><p class="article-text">
        Recuperar lo p&uacute;blico y lo colectivo sobre los espurios intereses particulares de unos cuantos es recuperar la democracia que estamos perdiendo a marchas aceleradas y, con ello, volver a incorporar al otro a la comunidad, ya sea un inmigrante, un refugiado o nuestro compa&ntilde;ero de trabajo. Igualdad, libertad y fraternidad&hellip; El &uacute;ltimo de los ideales de la Revoluci&oacute;n francesa es hoy el m&aacute;s denigrado, el m&aacute;s pisoteado. Su eclipse es el fin intencionado de la solidaridad, de esos mimbres comunitarios y de autorreconocimiento que a todos nos deber&iacute;an hacer sentir parte de una misma colectividad desde el respeto de nuestra personalidad &uacute;nica e irremplazable. Y la crisis de los refugiados y el p&eacute;simo papel que est&aacute;n desempe&ntilde;ando las instituciones no s&oacute;lo nos habla de la disoluci&oacute;n de esos v&iacute;nculos, sino tambi&eacute;n de la inabarcable hipocres&iacute;a de quienes presiden ese proceso, de los l&iacute;deres pol&iacute;ticos y sociales que abanderan el abandono de la casa com&uacute;n y de los pr&oacute;jimos m&aacute;s lejanos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hace Salvini con una cruz como collar al cuello? &iquest;Qu&eacute; hace ese infame y mediocre politicastro enarbolando el Evangelio en sus m&iacute;tines? Denunciemos su <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/fantasma-recorre-Europa-hipocresia_6_782231795.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hipocres&iacute;a</a>, y que lo denuncie la propia Iglesia desde el p&uacute;lpito, tan dada a veces a soflamas menos justas y m&aacute;s interesadas. &ldquo;Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis&rdquo;, que empiecen todos los que dicen defender los valores cristianos de Europa por esta frase del Evangelio. Que todos los conservadores sean consecuentes con sus propios postulados y que conserven de verdad lo mejor de nuestra tradici&oacute;n europea: el predominio del bien com&uacute;n y la inclusi&oacute;n del otro como uno m&aacute;s de nosotros.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/salvemoslos-hipocritas_132_1479660.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Aug 2019 19:14:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Salvémoslos, ¡hipócritas!]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Open Arms,PSOE,PP - Partido Popular,Cs - Ciudadanos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La España rural, anhelo romántico de comunidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/espana-rural-anhelo-romantico-comunidad_132_1482532.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9899c79-13b7-40c5-ae38-b049de4f9d61_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El municipio de Aladrén, con un censo de poco más de 50 habitantes."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Persiste un error de enfoque en el tratamiento mediático de la España vacía por centrarse en una visión romántica y no abordar, seriamente, la necesidad de una transformación económica integral</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos tiempos, en los m&aacute;s cercanos, la referencia de la llamada &ldquo;Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo; o &ldquo;vaciada&rdquo; es una constante en los medios de comunicaci&oacute;n que, tras d&eacute;cadas de ominoso silencio sobre la despoblaci&oacute;n, comienzan a tratar la cuesti&oacute;n con programas especiales y secciones espec&iacute;ficas. Bienvenido sea este esfuerzo por poner en la agenda pol&iacute;tica el verdadero problema territorial de Espa&ntilde;a, que no es otro que el de la desigualdad demogr&aacute;fica entre los diferentes puntos de una geograf&iacute;a castigada por el desempleo, la dispersi&oacute;n poblacional y la falta de infraestructuras, pero deber&iacute;a ser tambi&eacute;n tratada esa bienvenida con el recelo que despierta toda s&uacute;bita revelaci&oacute;n. Y es que, al margen de la oportunidad o no del t&eacute;rmino &ldquo;Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo; que ha logrado popularizarse, creo que subyace a este tratamiento medi&aacute;tico un error de enfoque que puede desvirtuar el prop&oacute;sito mismo, sin duda loable, de quienes se preocupan cada vez m&aacute;s por esta Espa&ntilde;a nuestra que desfallece.
    </p><p class="article-text">
        Veamos las &uacute;ltimas noticias al respecto. Comprobemos los &uacute;ltimos reportajes sobre la despoblaci&oacute;n y los programas de televisi&oacute;n que se han realizado. S&oacute;lo se centran en aldeas perdidas a punto de desaparecer, vendiendo la realidad rural como una resistencia numantina de unos pocos h&eacute;roes que aguantan la llamada de la urbe o que, hastiados de &eacute;sta, huyen al reencuentro de una esencia perdida. En estos &uacute;ltimos casos es todav&iacute;a m&aacute;s palpable el halo de romanticismo que rodea a este tipo de coberturas medi&aacute;ticas, y que parte de la distinci&oacute;n que realiz&oacute; en su momento Ferdinand T&ouml;nnies entre &ldquo;sociedad&rdquo; y &ldquo;comunidad&rdquo;. Para el soci&oacute;logo alem&aacute;n, la &ldquo;comunidad&rdquo; se refiere a todo el conjunto de lazos y v&iacute;nculos sociales m&aacute;s naturales que se dan entre las personas, generalmente en el seno de grupos estables, peque&ntilde;os y donde existe la posibilidad del reconocimiento mutuo. Es el humanizado mundo rural, en el que priman relaciones horizontales, solidarias y permanentes, el mismo mundo que en la &eacute;poca de T&ouml;nnies comenzaba a fenecer como consecuencia de la revoluci&oacute;n industrial y el correlativo proceso de urbanizaci&oacute;n en Occidente. La &ldquo;sociedad&rdquo;, en cambio, es la construcci&oacute;n artificial, impersonal y an&oacute;nima, donde la relaci&oacute;n vertical es hegem&oacute;nica y donde se han perdido o difuminado las relaciones humanas de fraternidad, sustituidas por la vertiginosa y an&oacute;nima vida diaria de las grandes urbes. La &ldquo;sociedad&rdquo;, con la artificialidad del as&eacute;ptico imperio de la ley, permite la divisi&oacute;n del trabajo, la competencia entre los mismos trabajadores y un individualismo extremo que se pierde en la masificaci&oacute;n y la falta de reconocimiento social.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su dualismo y de la generalidad de la divisi&oacute;n, &eacute;sta nos sirve para ilustrar el error de enfoque en torno a la Espa&ntilde;a vaciada que apuntamos. Porque la perspectiva parte siempre de la ciudad, de la &ldquo;sociedad&rdquo;, que ve lo rural como una v&aacute;lvula de escape para sus problem&aacute;ticas urbanas, para la artificialidad de las relaciones impersonales que en ella predominan. Por ello se busca la &ldquo;comunidad&rdquo; perdida, esa esencia de origen en el que todo es supuestamente fraternidad y humanidad, donde los individuos son, antes que nada, personas. Y por ello, en consecuencia, se prefiere siempre focalizar la cuesti&oacute;n de la despoblaci&oacute;n en las aldeas a punto de desaparecer, en una ruralidad demasiado rural, casi cercana a lo medieval, donde aquella &ldquo;comunidad&rdquo; parece subsistir por fin en medio de artesan&iacute;as o ancianos que conversan a la luz de la estufa. La b&uacute;squeda de la &ldquo;comunidad&rdquo; perdida termina mitificando el vac&iacute;o demogr&aacute;fico mediante su identificaci&oacute;n con el ideal-tipo de la aldea que resiste, cuando en verdad la clave de la despoblaci&oacute;n de la mayor parte del territorio espa&ntilde;ol reside principalmente en la crisis de los n&uacute;cleos intermedios.
    </p><p class="article-text">
        No estamos hablando de resistencias galas, sino de pueblos de entre 5.000 y 15.000 habitantes que han venido, hist&oacute;ricamente, concentrando la actividad econ&oacute;mica y social de las comarcas y que hoy, tras la crisis y los dr&aacute;sticos recortes, ven sus servicios p&uacute;blicos peligrar. Son ellos los que pueden dinamizar el territorio y asentar en &eacute;l a la poblaci&oacute;n de los n&uacute;cleos cercanos m&aacute;s peque&ntilde;os, pero no protagonizan ning&uacute;n foco medi&aacute;tico, m&aacute;s preocupado por una visi&oacute;n rom&aacute;ntica de los &uacute;ltimos vecinos de las pedan&iacute;as que se desperdigan por la geograf&iacute;a y que s&oacute;lo pueden ser salvados con la &ldquo;llegada&rdquo; de urbanitas hastiados con la gran ciudad y deseosos de volver a &ldquo;conectar&rdquo; con la naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de esta visi&oacute;n existe un intento de &ldquo;culturalizar&rdquo; las posibles soluciones, que no vendr&iacute;an ya de la creaci&oacute;n y puesta en marcha de un plan integral de inversiones, o de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas diferentes que promuevan el desarrollo end&oacute;geno y abandonen el paradigma capitalista de la hiperconcentraci&oacute;n, sino del aumento de &ldquo;h&eacute;roes&rdquo; exurbanitas para que se retiren al campo a meditar como en un cuadro de Friedrich. Claro que en el mundo rural, incluidos en &eacute;l esos n&uacute;cleos intermedios olvidados, se dan m&aacute;s las caracter&iacute;sticas positivas de la &ldquo;comunidad&rdquo; seg&uacute;n la divisi&oacute;n de T&ouml;nnies, y claro tambi&eacute;n que son bienvenidos todos aquellos que quieran cambiar de vida, pero la combinaci&oacute;n de ambos prismas, unidos en una idealizaci&oacute;n rom&aacute;ntica y en una &ldquo;culturalizaci&oacute;n&rdquo; de la problem&aacute;tica rural, no va a constituir nunca una respuesta contundente ni suficiente frente al reto demogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        Las necesidades de los ciudadanos que habitan en la mal denominada &ldquo;Espa&ntilde;a interior&rdquo; est&aacute;n m&aacute;s conectadas con las exigencias del siglo XXI de lo que el relato neorrural pudiera dar a entender. Si conseguimos dotar de infraestructuras dignas a los n&uacute;cleos intermedios y a las cabezas de partido judicial, con buen acceso a las TICs y una apuesta clara y decidida por nuevos tipos de empleo; si canalizamos p&uacute;blicamente las posibilidades de desarrollo end&oacute;geno al tiempo que impedimos la insana hiperconcentraci&oacute;n de capitales, bienes, servicios y trabajadores en las grandes urbes, el mundo rural, la inmensa mayor&iacute;a de nuestro territorio, podr&aacute; comenzar a recuperarse. Pero claro, todo ello exigir&iacute;a un replanteamiento del il&oacute;gico e irracional modelo econ&oacute;mico hegem&oacute;nico, cuya espa&ntilde;ola plasmaci&oacute;n geogr&aacute;fica la encontramos a su vez en el &ldquo;modelo AVE&rdquo;, que conecta a las grandes ciudades peninsulares mientras abandona la conexi&oacute;n de todo lo que pasa alrededor y por debajo de la alta velocidad. Este cuestionamiento integral y radical de lo econ&oacute;mico desde lo pol&iacute;tico no interesa en el tratamiento informativo de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a, vac&iacute;a por vaciada: se prefiere una visi&oacute;n de pura &ldquo;comunidad&rdquo; presta a recibir al urbanita o a sucumbir entre un bramido de falsas nostalgias. La &ldquo;operaci&oacute;n salida&rdquo; es siempre, para muchos, &ldquo;la operaci&oacute;n llegada&rdquo;, y mientras no se incorpore esa segunda perspectiva, la del &ldquo;otro&rdquo; que ya habita en lo rural, poco podr&aacute; hacerse. Parches se idear&aacute;n, desde luego, pero el problema continuar&aacute; ah&iacute; sin resolverse, acrecent&aacute;ndose en medio de una crisis clim&aacute;tica sin igual cuya soluci&oacute;n no va a venir, precisamente, desde las contaminadas macrourbes, por muchos huertos urbanos que se instalen.
    </p><p class="article-text">
        Que los ciudadanos de un pueblo de Extremadura tarden m&aacute;s de una hora para llegar al hospital m&aacute;s cercano poco importa: para los periodistas de la neorruralidad, que hacen incursiones en el medio como si fuera Yugoslavia, lo interesante ser&iacute;a que los habitantes viejos y nuevos de nuestros pueblos se convirtieran en chamanes adoradores de la naturaleza y sus arcanos, &uacute;ltimos herederos de un linaje de personas, y no individuos, que llegaron un d&iacute;a a conformar una &ldquo;comunidad&rdquo; alejada del mercantilismo, el individualismo y la competencia desenfrenada. Anticipan as&iacute; un olvido que pronto no tardar&aacute; en llegar si entre todos, y con todos, no lo evitamos mediante un verdadero proceso de transformaci&oacute;n econ&oacute;mica, social y cultural.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Moreno González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/espana-rural-anhelo-romantico-comunidad_132_1482532.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jul 2019 19:18:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La España rural, anhelo romántico de comunidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España vaciada]]></media:keywords>
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