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    <title><![CDATA[elDiario.es - Sexualidad]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/sexualidad/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sexualidad]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Andrea García-Santesmases: "Esta ola neoconservadora tiene mucho de heteropesimismo"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/andrea-garcia-santesmases-ola-neoconservadora-heteropesimismo_128_13084485.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/42e4bcb4-31a6-405e-9fe9-113c198673c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Andrea García-Santesmases: &quot;Esta ola neoconservadora tiene mucho de heteropesimismo&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 'Un nuevo contrato sexual. Placer y poder en la industria del deseo femenino', la investigadora indaga sobre hasta qué punto el auge de bienes y servicios sexuales para mujeres supone un avance en la liberación sexual o es solo un escaparate de marketing y ventas que no transforma las dinámicas de género</p><p class="subtitle">Entrevista - Paulita Pappel: “El porno no va a matar al patriarcado pero tiene potencial para hacerlo”
</p></div><p class="article-text">
        Sesenta a&ntilde;os despu&eacute;s de que empezara la llamada liberaci&oacute;n sexual, &iquest;en qu&eacute; punto estamos?, &iquest;hemos conseguido transformar los roles de g&eacute;nero?, &iquest;han cambiado los estereotipos que atenazaban la vida sexual de mujeres y hombres? La investigadora Andrea Garc&iacute;a-Santesmases se hace estas preguntas en <em>Un nuevo contrato sexual. Placer y poder en la industria del deseo femenino </em>(Ariel), un libro que indaga sobre hasta qu&eacute; punto la era del Satisfyer y el auge de bienes y servicios sexuales para mujeres supone un avance en esa liberaci&oacute;n sexual o es solo un escaparate de <em>marketing</em> y ventas que no transforma el fondo del asunto. &ldquo;El campo de los servicios er&oacute;ticos me permit&iacute;a hacer una pregunta: qu&eacute; ocurre con el g&eacute;nero y las relaciones sexuales cuando cambias algo que parece vertebral, en este caso la premisa de que es el hombre el que busca, incita&rdquo;, explica la autora, que para su investigaci&oacute;n entrevist&oacute; a gigol&oacute;s y a personas que se dedican a dise&ntilde;ar o vender productos y servicios er&oacute;ticos para mujeres, desde espect&aacute;culos a p&aacute;ginas web de contactos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, las mujeres han reclamado su papel como sujetos sexuales y no solo como objetos. &iquest;Podemos decir que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el mercado ha detectado esa demanda y ha convertido a las mujeres en consumidoras de un mercado er&oacute;tico que se ha ampliado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El papel de consumidora se ha planteado como algo que autom&aacute;ticamente conlleva el empoderamiento femenino, o el empoderamiento de las mujeres se ha entendido como algo que tiene que ver con el consumo, como algo que el mercado ha sabido cooptar. Hay una reivindicaci&oacute;n en torno a la sexualidad que viene del feminismo: sin los feminismos no existir&iacute;a la posibilidad de hablar de sexualidad femenina, de deseo, de placer. Pero creo que gran parte de esa reivindicaci&oacute;n ha sido cooptada por una industria, que es lo que yo denomino la industria del deseo femenino, que lo que hace es estandarizar y mercantilizar esas demandas y convertirlas en bienes y productos que intentan ampliar un mercado que no ha parado de crecer. &iquest;C&oacute;mo se ha logrado que el principal p&uacute;blico consumidor de juguetes sexuales sea el femenino? Con varios procesos que son an&aacute;logos. Por un lado, hay un proceso de higienizaci&oacute;n. Se hacen espacios m&aacute;s iluminados, m&aacute;s seguros, m&aacute;s agradables, m&aacute;s amables. Acord&eacute;monos c&oacute;mo eran hace 20 a&ntilde;os los sexshop, tiendas oscuras y cutres, poco que ver con los de ahora, que casi parecen un Zara Home y con gente maj&iacute;sima que te lo explica todo como si fuera la Thermomix que te compras. Lo mismo con los colores y dise&ntilde;os ergon&oacute;micos de los juguetes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero, &iquest;tiene eso algo de malo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No digo que esto sea necesariamente malo, pero s&iacute; que seamos cuidadosas en pensar todo esto como empoderamiento, porque hay continuamente una cosa en relaci&oacute;n a la sexualidad y el consumo que tambi&eacute;n se vuelve prescriptiva. Ya no solo es que tengas la opci&oacute;n de tal cosa, sino que esa opci&oacute;n se vuelve norma. Es decir, para ser una mujer empoderada tienes que ser una mujer sexualmente activa que a su vez tiene que consumir una serie de cosas. No es tan f&aacute;cil llegar al mercado afectivo-sexual, se requieren toda una serie de tecnolog&iacute;as de g&eacute;nero para hacer el cuerpo deseable, tecnolog&iacute;as que son muy violentas que tienen que ver con la delgadez, con la gordofobia, el racismo...
    </p><p class="article-text">
        <strong>La liberaci&oacute;n sexual nos ha llevado a posiciones y conversaciones necesarias, pero en el libro alerta sobre c&oacute;mo ciertos posicionamientos postfeministas est&aacute;n generalizando la idea de que lo que una hace o que lo que a una le pasa es &uacute;nicamente fruto de su esfuerzo, de sus ideas y de su lugar en el mundo, ignorando la sociedad y el marco en el que vivimos, &iquest;qu&eacute; efecto tiene eso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ha habido conversaciones necesarias que forman parte de la liberaci&oacute;n sexual, solo que despu&eacute;s se han mezclado con otros factores, como el mercado, o son posicionamientos postfeministas que de alguna manera defienden o asumen que la igualdad existe o que al existir una igualdad formal ya vivimos en igualdad y que, por tanto, todo es una cuesti&oacute;n de lo que cada uno haga y permita. La liberaci&oacute;n sexual ha sido imprescindible y hay que agradecerla much&iacute;simo. Lo que me preocupa es c&oacute;mo estas derivas postfeministas nos dicen que cada una haga lo que quiera porque ya somos iguales y ni mucho menos somos inferiores a un hombre. Es la tesis de que ya no es necesaria la reflexi&oacute;n feminista y mucho menos en el &aacute;mbito de la sexualidad. Esta idea de liberaci&oacute;n sexual postfeminista es enormemente neoliberal. Es una idea en la que no hay estructura social, donde no hay imaginarios, donde hay un rango de actuaci&oacute;n ilimitado, donde querer es poder, donde una puede ser emprendedora sexual de una misma y lo que tienes que hacer es esforzarte lo m&aacute;ximo posible, tener los productos a tu alcance, las modificaciones corporales que consideres y ah&iacute; lograr&aacute;s el &eacute;xito sexual, que tiene mucho que ver tambi&eacute;n con el &eacute;xito en general. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es una dicotomía: tienes que ser eternamente joven, deseable y bella, pero que no parezca que lo intentas mucho y que no se note cuando lo intentas porque eso es patético. Eso me recuerda un poco a la dicotomía de tienes que follar mucho, con cuantos más mejor, pero al mismo tiempo no seas tonta porque cualquier tipo te puede violar en cualquier momento, pero al mismo tiempo vete a Tinder, pero manda ubicación en tiempo real</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Hablando de esas tecnolog&iacute;as para ser deseable y llegar al mercado sexual, &iquest;tienen fin?, &iquest;son una trampa, en el sentido de que da igual lo que haga una mujer porque siempre lo har&aacute; mal o ser&aacute; insuficiente? En el libro habla de Madonna como ejemplo de una mujer m&aacute;s mayor que ha hecho uso de ciertas tecnolog&iacute;as para mantenerse joven pero que tambi&eacute;n es criticada por ello, y no ha sido la &uacute;nica a la que eso le ha sucedido...</strong>
    </p><p class="article-text">
        La vejez ya se empieza a considerar algo que no procede demasiado a menos que te mantengas eternamente joven. Es una dicotom&iacute;a: tienes que ser eternamente joven, deseable y bella, pero que no parezca que lo intentas mucho y que no se note cuando lo intentas porque eso es pat&eacute;tico. Eso me recuerda un poco a la dicotom&iacute;a de tienes que follar mucho, con cuantos m&aacute;s mejor, pero al mismo tiempo no seas tonta porque cualquier tipo te puede violar en cualquier momento, pero al mismo tiempo vete a Tinder, pero manda ubicaci&oacute;n en tiempo real. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>La violencia sexual, el temor a esa violencia, est&aacute; muy presente en el libro, en las historias que aparecen, &iquest;es imposible para las mujeres pensar en el sexo o en el placer sin pensar en la violencia sexual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es fundamental haber visibilizado la violencia sexual, pero existen dos mensajes contradictorios. Para las chicas m&aacute;s j&oacute;venes, la sexualidad es un terreno prescriptivo de exploraci&oacute;n. Lo analiza, por ejemplo, la soci&oacute;loga Lisa Wade, que indaga en la cultura sexual en los campus estadounidenses y explica c&oacute;mo los que vienen de entornos conservadores, religiosos, rurales, de familias muy cerradas sienten en el primer mes que tienen que perder la virginidad, porque, si no, no van a tener una vida universitaria exitosa. La felicidad de la vida universitaria pasa por la relaci&oacute;n sexual y empieza a generarse una ansiedad en las primeras semanas de clase. Y, al mismo tiempo, cada vez m&aacute;s en los campus estadounidenses existe una visibilizaci&oacute;n de la violencia sexual. Entonces, &iquest;c&oacute;mo vivir y expresar el deseo en esa dicotom&iacute;a?
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro cuenta c&oacute;mo el 'peligro' est&aacute; presente tambi&eacute;n para quienes dise&ntilde;an o comercializan este tipo de servicios, desde apps de citas hasta shows...</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fue una de las cosas que m&aacute;s me interesaba analizar, porque todos estos servicios o bienes se venden siempre desde una l&oacute;gica festiva, de mujeres que se lo est&aacute;n pasando muy bien, pero los proveedores son muy conscientes, y no porque tengan una perspectiva feminista, de que una de las principales dificultades que tienen para lograr p&uacute;blico femenino es la posibilidad de la violencia. Cuando hablas con los coordinadores de webs o con los que llevan un sitio de estriptis sobre c&oacute;mo eligen a los chicos siempre est&aacute; la tensi&oacute;n entre que tienen que ser hombres protot&iacute;picos, no solo en sentido f&iacute;sico, sino de <em>performance</em> de g&eacute;nero (con labia, seductores, graciosos), que se acerquen, pero que no se pasen. La tensi&oacute;n con el l&iacute;mite entre que las mujeres se lo pasen muy bien y que de repente pueda ser violento o inc&oacute;modo. Esos l&iacute;mites son interesantes porque tienen que ver con continuamente pensar que el cuerpo vulnerable es femenino y en ese pensarlo, tambi&eacute;n se vuelve el cuerpo vulnerable todo el tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        De lo que m&aacute;s me sorprendi&oacute; en la investigaci&oacute;n es que el miedo no cambia de bando, aun en estos servicios que se plantean que la mujer es la que tiene el poder porque demanda y consume y el hombre es el que puede ser objetivizado, precarizado o denigrado. Puede haber l&oacute;gicas simb&oacute;licas de objetivizaci&oacute;n, pero desde luego no hay l&oacute;gicas materiales de dominaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">De lo que más me sorprendió en la investigación es que el miedo no cambia de bando, aun en estos servicios que se plantean que la mujer es la que tiene el poder porque demanda y consume y el hombre es el que puede ser objetualizado, precarizado o denigrado. Puede haber lógicas simbólicas de objetualización, pero desde luego no hay lógicas materiales de dominación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&Uacute;ltimamente se habla mucho de heteropesimismo, un t&eacute;rmino que se ha acu&ntilde;ado para referirse a una sensaci&oacute;n colectiva de una parte de la poblaci&oacute;n femenina heterosexual de decepci&oacute;n y desgaste por la dificultad de encontrar relaciones con hombres que satisfagan unos est&aacute;ndares m&iacute;nimos. &iquest;Qu&eacute; tiene que ver el heteropesimismo con los hallazgos de su investigaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mi tesis ser&iacute;a un poco que este consumo o esta demanda de bienes y servicios tiene m&aacute;s que ver con el pesimismo que con el empoderamiento. Aunque estos servicios se plantean para una mujer empoderada, para una mujer que sabe lo que quiere, que puede hacer lo mismo que un hombre, que se ha desembarazado de los prejuicios morales, que tiene recursos econ&oacute;micos propios, que invierte en s&iacute; misma y en su placer, hay muy poca investigaci&oacute;n sobre este tema. Una hecha por la antrop&oacute;loga Akiko Takeyamauna observ&oacute; clubes para mujeres en Tokio, donde hay chicos j&oacute;venes que adulan y seducen a las mujeres y ellas pagan las copas, que son car&iacute;simas y que son por lo que ellos facturan. Luego, en ocasiones, establecen relaciones afectivas y sexuales fuera del local, pero all&iacute; lo que ocurre es este formato cita donde adem&aacute;s intentan fidelizar a las clientas. Las copas son m&aacute;s caras en d&iacute;as como San Valent&iacute;n o en sus cumplea&ntilde;os. La investigadora dice que lo que pareciera que rompe con la imagen tradicional de la mujer japonesa es algo que la mayor parte de las mujeres que lo consumen hacen para poder seguir en ese rol de la mujer abnegada y sumisa. Para por fin sentirse seducidas, halagadas, acompa&ntilde;adas, para luego ir a casa y seguir esclavizada por el marido sin tener un proyecto propio, habiendo renunciado a sus carreras, a sus amistades, sabiendo que el marido tiene amantes. 
    </p><p class="article-text">
        Me parece interesante esa idea de que en realidad no rompe con la feminidad normativa, sino que sirve para sostenerla. Es como un escape. Mi tesis ser&iacute;a que este consumo tiene m&aacute;s que ver con esa desgana y ese desencanto con la heterosexualidad, con que exista brecha org&aacute;smica, con que haya<em> ghosting</em> o no haya responsabilidad afectiva, con que haya objetivizaci&oacute;n... El consumo tiene m&aacute;s que ver con un mercado que te dice que si t&uacute; pagas, t&uacute; mandas, con intentar controlar esos elementos negativos de la heterosexualidad, que realmente con un empoderamiento, con la b&uacute;squeda de algo distinto. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;No puede ser que muchas mujeres s&iacute; est&eacute;n buscando algo distinto, que est&eacute;n buscando su propio camino al placer y el deseo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, muchas, puede que la mayor&iacute;a, est&eacute;n buscando algo distinto o est&eacute;n buscando la exploraci&oacute;n de su sexualidad y su deseo. El tema es que, aunque sea eso lo que busquen, esa b&uacute;squeda suele ser normativa o la estructura lo es, con lo cual lo que te ofrece es algo normativo. Al final, lo que he analizado es la oferta y eso est&aacute; pensando para un prototipo de mujer espec&iacute;fico y el mercado formatea y reduce lo que seguramente sea una demanda mucho m&aacute;s variada y compleja. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La idea para mí es pensar que este nuevo contrato sexual no es el que nos plantea el postfeminismo, no es imitar los patrones tradicionalmente masculinos, no es poder hacer ahora lo que ellos han hecho siempre, es intentar hacer algo diferente, plantear relaciones que pasen por otros lugares y donde la erótica y los afectos tengan cabida. Aprovechar toda la reivindicación que ha habido en torno a desmoralizar el sexo, a plantear el placer femenino y la reivindicación de la sexualidad femenina, la crítica a la heteronorma... pero también problematizar cómo todo eso ha sido cooptado y estandarizado como producto de marketing</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es su propuesta para crear un nuevo contrato sexual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La idea para m&iacute; es pensar que este nuevo contrato sexual no es el que nos plantea el postfeminismo, no es imitar los patrones tradicionalmente masculinos, no es poder hacer ahora lo que ellos han hecho siempre, es intentar hacer algo diferente, plantear relaciones que pasen por otros lugares y donde la er&oacute;tica y los afectos tengan cabida. Aprovechar toda la reivindicaci&oacute;n que ha habido en torno a desmoralizar el sexo, a plantear el placer femenino y la reivindicaci&oacute;n de la sexualidad femenina, la cr&iacute;tica a la heteronorma... pero tambi&eacute;n problematizar c&oacute;mo todo eso ha sido cooptado y estandarizado como producto de <em>marketing</em>. La cosa no est&aacute; en juzgar la decisi&oacute;n individual, porque adem&aacute;s es consecuencia del feminismo poder elegir y poder decidir, pero s&iacute; criticar una heteronorma que hace que solo ciertas rutas sean posibles y deseables. La cosa es que, sabiendo c&oacute;mo es la norma, cada una hace lo que puede y lidia con las consecuencias. Cuando planteamos el deseo como algo personal e individual, como algo que tenemos, que nos viene de dentro, no vemos que el imaginario del deseo cambia much&iacute;simo hist&oacute;ricamente, pero tambi&eacute;n en el curso de la propia vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Hay que devolverle el optimismo a la heterosexualidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo vemos mucho m&aacute;s claro cuando hablamos de reparto de tareas y cuidados: ah&iacute; tenemos muy claro que no solo es cu&aacute;nto dinero ganamos, sino qu&eacute; reconocimiento tienen las actividades que hacemos, a qu&eacute; denominamos como algo propio masculino y femenino... Pero luego tenemos un l&iacute;o en el &aacute;mbito privado, en c&oacute;mo hacer con la er&oacute;tica y los afectos. Nos faltan tambi&eacute;n im&aacute;genes en positivo. Ahora mismo parece que la heterosexualidad averg&uuml;enza o que la &uacute;nica alternativa est&aacute; en lo queer, lo disidente o lo alternativo. Hay que intentar ser un poco hetero optimistas, porque si no, nos tienen ganada la batalla: creo que esta ola neoconservadora tiene mucho de heteropesimismo, que hay mucha gente joven que entra en la manosfera y en la normatividad femenina y en los discursos conservadores porque sienten una decepci&oacute;n con las promesas de la liberaci&oacute;n sexual, con no conseguir relaciones placenteras o duraderas o donde encuentren reconocimiento. Esa gente siente que el nuevo contrato sexual no ha funcionado y que quiz&aacute; el antiguo no era tan malo porque, al menos, los hombres se responsabilizaban de ciertas cosas o estaba claro el papel de cada uno.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Requena Aguilar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/andrea-garcia-santesmases-ola-neoconservadora-heteropesimismo_128_13084485.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Apr 2026 20:23:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Andrea García-Santesmases: "Esta ola neoconservadora tiene mucho de heteropesimismo"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sexo,Amor,Relaciones,Feminismo,Sexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Acusan a Vox de "difamar" sobre los contenidos de unos talleres para niños en El Casar: "No tiene ni pies ni cabeza"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/acusan-vox-difamar-contenidos-talleres-ninos-casar-no-pies-cabeza_1_13025734.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bfbd4cfb-3b70-465b-9736-9703654bd751_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Acusan a Vox de &quot;difamar&quot; sobre los contenidos de unos talleres para niños en El Casar: &quot;No tiene ni pies ni cabeza&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El partido ultra ha agitado la polémica en este pueblo de Guadalajara tachando de "impropias" las charlas. Los organizadores, que cuentan con el apoyo del ayuntamiento del PP, hablan de "falacias" y lamentan su intención de "presentar como contenidos sexuales inadecuados lo que, en realidad, es un enfoque educativo y preventivo", para fomentar la convivencia, mejorar la gestión emocional y el uso seguro de internet y redes sociales</p><p class="subtitle">Los docentes “no adoctrinan” según ANPE, pero el PP de Talavera compra el mensaje de Vox al que le debe el gobierno</p></div><p class="article-text">
        El Consejo Local de las Mujeres por la Igualdad de El Casar&nbsp;(Guadalajara) ha denunciado este viernes que el Grupo Municipal de Vox en la localidad est&aacute; desarrollando una campa&ntilde;a de &ldquo;difamaci&oacute;n&rdquo; y &ldquo;falacias&rdquo; al intentar poner en cuesti&oacute;n un programa de desarrollo saludable que se imparte en los centros educativos del municipio.
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas, uno de los focos del argumentario del partido ultra se centra en los centros escolares de toda la comunidad aut&oacute;noma. No solo se les escucha hablar de &ldquo;adoctrinamiento&rdquo; de los alumnos, a cuenta de contenidos educativos que no comparten, o de supuesta &ldquo;inseguridad&rdquo; en las aulas, como mensaje que intenta calar en las familias. Ahora suman un aspecto m&aacute;s al cuestionar tambi&eacute;n el contenido de unas charlas sobre &lsquo;desarrollo saludable&rsquo; que se imparten en los colegios de este pueblo de Guadalajara destinadas a alumnos de 4&ordm; y 6&ordm; de Primaria.
    </p><p class="article-text">
        Los talleres buscan, bajo la supervisi&oacute;n de una psic&oacute;loga profesional, &ldquo;educar sobre la anatom&iacute;a b&aacute;sica y el funcionamiento de sus cuerpos, enfatizando la importancia del respeto hacia su propio cuerpo y el de los dem&aacute;s, as&iacute; como el concepto de consentimiento y deseo&rdquo;. Y ese es un objetivo que para Vox es &ldquo;absolutamente impropio para ni&ntilde;os de 9 y 10 a&ntilde;os&rdquo;, llegando a asegurar que se est&aacute;n ofreciendo &ldquo;contenidos sexuales&rdquo; a los peque&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Han exigido al alcalde del PP Jos&eacute; Luis Lamola que suspenda la actividad en una postura que contrasta, por contradictoria, con la posici&oacute;n del l&iacute;der nacional de Vox Santiago <a href="https://www.eldiario.es/politica/sanchez-anuncia-paquete-combatir-desinformacion-redes-sociales-ceo-enfrentaran-responsabilidad-penal-si-no-retiran-contenidos-ilegales_1_12958046.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Abascal que critica que el Gobierno de Espa&ntilde;a quiera prohibir el acceso a menores de 16 a&ntilde;os a las redes </a>sociales, aunque una de las razones sea la difusi&oacute;n de contenidos pornogr&aacute;ficos que llegan a ni&ntilde;os y ni&ntilde;as.  
    </p><h2 class="article-text">Una &ldquo;campa&ntilde;a de difamaci&oacute;n&rdquo; de Vox basada en &ldquo;falacias&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Esta postura de Vox ha sido denunciada como una &ldquo;campa&ntilde;a de difamaci&oacute;n&rdquo; basada en &ldquo;falacias&rdquo; del partido de ultraderecha por parte del Consejo Local de las Mujeres por la Igualdad de El Casar.
    </p><p class="article-text">
        La entidad recuerda que el programa se desarrolla desde hace diez a&ntilde;os &ldquo;con normalidad institucional&rdquo;, con contenidos adaptados a cada edad y que son explicados a las familias mediante un dossier informativo, elaborado por una persona profesional del &aacute;mbito de la Psicolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vox pretende presentar como contenidos sexuales inadecuados lo que, en realidad, es un enfoque educativo y preventivo: el respeto del propio cuerpo y del ajeno, l&iacute;mites, buen trato, convivencia, gesti&oacute;n emocional, prevenci&oacute;n de riesgos y uso seguro de internet y de redes sociales&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Vox pretende presentar como contenidos sexuales inadecuados lo que, en realidad, es un enfoque educativo y preventivo: el respeto del propio cuerpo y del ajeno, límites, buen trato, convivencia, gestión emocional, prevención de riesgos y uso seguro de internet y de redes sociales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, explican que, en el &aacute;mbito educativo, trabajar el consentimiento significa &ldquo;ense&ntilde;ar a los menores, en t&eacute;rminos adecuados a su edad, autoprotecci&oacute;n y seguridad personal: reconocer situaciones inc&oacute;modas, expresarse con asertividad, pedir ayuda, identificar presiones o invasiones de l&iacute;mites y aprender que su cuerpo y su espacio merecen respeto&rdquo;, no siendo la &ldquo;manipulaci&oacute;n interesada&rdquo; que hace Vox para asimilarla a &ldquo;sexualizaci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eva Caro es miembro del Consejo Local de las Mujeres por la Igualdad de El Casar y del AMPA del IES Campi&ntilde;a Alta, de El Casar. Adem&aacute;s, sus hijos han estado en esas formaciones y asegura que est&aacute;n &ldquo;totalmente adaptados&rdquo; a la infancia y ayuda a saber &ldquo;cu&aacute;les son los l&iacute;mites y cu&aacute;les no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asegura que la pol&eacute;mica que quiere introducir Vox &ldquo;no tiene ni pies ni cabeza&rdquo;. &ldquo;Al final, los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as tienen inquietudes que necesitan saber. Y, a veces, en el entorno familiar no somos capaces de explicarlo con unas palabras adecuadas y con un lenguaje a su altura&rdquo;. Algo que es &ldquo;fundamental&rdquo; aprender desde la infancia &ldquo;para prevenir la violencia&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los niños y las niñas tienen inquietudes que necesitan saber. Y a veces en el entorno familiar no somos capaces de explicarlo con unas palabras adecuadas y con un lenguaje a su altura” Es fundamental aprender desde la infancia para prevenir la violencia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Eva Caro</span>
                                        <span>—</span> Consejo Local de Mujeres por la Igualdad de El Casar
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, Caro explica las familias son libres para &ldquo;ese d&iacute;a no llevar a su hijo al colegio o a tu hija al colegio&rdquo;. &ldquo;Con lo cual, si no quieres que se le imparta a tu hija, que no se le imparta. Pero &iquest;y el resto?&rdquo;, remata Caro.
    </p><p class="article-text">
        Una postura a la que se suma Mar&iacute;a Jes&uacute;s Rubio, representante del Consejo de la Mujer y exconcejala del Ayuntamiento de El Casar. &ldquo;Yo he visto el contenido y no hay nada ofensivo. Nada. Simplemente es informativo y muy adecuado a las edades donde se van a dar. Y te hablo desde la perspectiva de una persona del Partido Popular&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Hablar de relaciones &ldquo;no es solo hablar de reproducci&oacute;n&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Una posici&oacute;n que coincide plenamente con la opini&oacute;n profesional de Rebeca L&oacute;pez, la psic&oacute;loga-sex&oacute;loga responsable del desarrollo y la impartici&oacute;n del programa &lsquo;Desarrollo saludable&rsquo;. Ella recuerda que las cuestiones relacionadas con el consentimiento &ldquo;se dan en much&iacute;simas facetas de la vida y en much&iacute;simas relaciones. No solo hablamos de consentimiento en una relaci&oacute;n de pareja&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, L&oacute;pez explica que es necesario trabajar el consentimiento desde la infancia. &ldquo;Cuando yo tenga en el futuro una relaci&oacute;n de pareja, he tenido que trabajarlo tambi&eacute;n en todas mis relaciones durante mi infancia. No es algo que yo aprenda de adulta, sino algo que se va construyendo poco a poco&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la psic&oacute;loga enfatiza que hablar de relaciones &ldquo;no es solo hablar de reproducci&oacute;n&rdquo;, sino que esa es una parte &ldquo;muy peque&ntilde;a de todo lo que tiene que ver con nuestras relaciones y que se trabaja en otras edades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, defiende que, en la etapa de Educaci&oacute;n Primaria tratan &ldquo;la comunicaci&oacute;n y del bienestar en general. De relaciones entre iguales, de la amistad, de mi bienestar y de mi desarrollo en relaci&oacute;n con otras, de ni&ntilde;as y otros ni&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Asegura tener una aceptaci&oacute;n por parte de los alumnos &ldquo;tremenda y mayoritaria&rdquo;. &ldquo;La mayor&iacute;a est&aacute;n contentos y participan much&iacute;simo. De hecho, agradecen much&iacute;simo tener un espacio en el que alguien hable tambi&eacute;n un poco de todo lo que les pasa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo trabajo desde el &aacute;mbito cient&iacute;fico. Es verdad que la educaci&oacute;n tiene un componente moral y &eacute;tico, pero no es mi &aacute;mbito. Por eso, estos talleres complementan el trabajo que se hace en casa y el que se hace en las aulas. No sustituyo a nadie, sino que se complementa con ellos&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        L&oacute;pez tambi&eacute;n defiende que, antes de impartir las charlas a los menores, tiene sesiones con las familias, con el profesorado y con los equipos directivos para presentar los contenidos e integrar en la formaci&oacute;n demandas concretas que haya en cada centro. Unas reuniones previas a las que &ldquo;van poquitas familias&rdquo;, afirma resignada L&oacute;pez. &ldquo;Y no suelen ser las que tienen dudas&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Muñoz de la Torre Granados]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/acusan-vox-difamar-contenidos-talleres-ninos-casar-no-pies-cabeza_1_13025734.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 18:22:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Acusan a Vox de "difamar" sobre los contenidos de unos talleres para niños en El Casar: "No tiene ni pies ni cabeza"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Sexualidad,Menores,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Clara Serra: "El derecho penal como herramienta de transformación social ubica a la izquierda en el terreno de la derecha"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/clara-serra-derecho-penal-herramienta-transformacion-social-ubica-izquierda-terreno-derecha-cat_128_12998595.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9865e8a5-2748-4f97-b07b-20d0bd23f525_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Clara Serra: &quot;El derecho penal como herramienta de transformación social ubica a la izquierda en el terreno de la derecha&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La filósofa reflexiona en esta entrevista sobre los debates que afronta el feminismo, entre ellos el del concepto del consentimiento que analizó en el ensayo que publicó hace dos años, en un escenario cada vez más marcado por el avance de la extrema derecha</p><p class="subtitle">El último 'Rincón de pensar' - Sophie Bessis, historiadora: “Ni el judaísmo ni el cristianismo nacieron en Europa, Jesús era un judío palestino”</p></div><p class="article-text">
        Clara Serra (Madrid, 1982) es reflexiva, curiosa y atenta a la tradici&oacute;n para abrir nuevas rutas. Da la impresi&oacute;n de que no teme recorrer el laberinto y perderse en los claroscuros que encierran las palabras. Fue as&iacute; que, en 2024, public&oacute; <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/nuevos-cuadernos-anagrama/el-sentido-de-consentir/9788433922052/NCA_67" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El sentido de consentir</em></a><em> </em>(Anagrama), un breve ensayo que removi&oacute; las aguas del discurso oficial sobre el consentimiento, demasiado precipitado, quiz&aacute;, y atrapado en una urgencia que evit&oacute; un debate m&aacute;s sosegado.
    </p><p class="article-text">
        Por entonces, Serra supo templar el &aacute;nimo e indagar en la polifon&iacute;a de un t&eacute;rmino que acuna, si no se comprende adecuadamente, un aut&eacute;ntico polvor&iacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n del libro, tras contemplar el aumento de la extrema derecha y las dificultades de la izquierda, conversamos de nuevo con la fil&oacute;sofa madrile&ntilde;a para reseguir la encrucijada y saber qu&eacute; desaf&iacute;os feministas se avecinan. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tras haber publicado </strong><em><strong>El sentido de consentir,</strong></em><strong> &iquest;en qu&eacute; aspectos se ha reafirmado? O, por el contrario, &iquest;qu&eacute; dej&oacute; en el tintero? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Intu&iacute;, en el libro, que, hoy en d&iacute;a, asistimos a una resignificaci&oacute;n del concepto de consentimiento que lo aproxima a la noci&oacute;n de deseo; una tendencia a identificar las relaciones consentidas con las relaciones mutuamente placenteras. Y lo que pretend&iacute; fue introducir una discusi&oacute;n cr&iacute;tica que no exist&iacute;a sobre lo problem&aacute;tico de esta identificaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es un tema complej&iacute;simo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, que pide una discusi&oacute;n honesta y a fondo. En mi investigaci&oacute;n posterior me tomo muy en serio la tarea de entender por qu&eacute; existen posiciones diversas sobre el consentimiento y a qu&eacute; problemas, l&iacute;mites o insuficiencias trata de responder cada una de ellas. Ninguna surge de la nada o carece de motivos, pero algunas de ellas generan m&aacute;s problemas de los que resuelven.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; se pone en juego en las distintas comprensiones del t&eacute;rmino? &iquest;Imaginarios, proyectos pol&iacute;ticos, maneras de relacionarnos en el mundo? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que a m&iacute; me ha producido perplejidad es que existiera un discurso oficial que confiara en una palabra supuestamente clara, autoevidente o &lsquo;transparente&rsquo; para enfrentar todos los desaf&iacute;os del feminismo sobre la sexualidad. Hasta tal punto ha sido as&iacute; que muchos de los debates legislativos se han simplificado haciendo descansar todo el problema, o, mejor dicho, toda la soluci&oacute;n, en la mera incorporaci&oacute;n del t&eacute;rmino, como si al escribirlo en la legislaci&oacute;n ya se resolvieran los problemas. 
    </p><p class="article-text">
        Tamar Pitch, por ejemplo, lo expresa muy acertadamente cuando dice que, obviamente, la violencia empieza donde no hay consentimiento, pero que el problema reside precisamente en la dificultad de definir el consentimiento. Si no estamos ante un concepto un&iacute;voco, la cuesti&oacute;n no es tanto nombrar el consentimiento, sino acotarlo y definirlo en una direcci&oacute;n y cerrarle la puerta a otras. Si algo ha se&ntilde;alado el feminismo desde los a&ntilde;os 70 es que el consentimiento es un polvor&iacute;n conceptual, que encierra significados diversos y que algunos de ellos son peligrosos para las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;En qu&eacute; sentido puede serlo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En que puede usarse en una direcci&oacute;n o en otra muy distinta, y que si no se clarifica qu&eacute; entendemos por consentimiento podemos hacer lo contrario de lo que pensamos. Carole Pateman, por ejemplo, dedic&oacute; <a href="https://perio.unlp.edu.ar/catedras/comyeduc2/wp-content/uploads/sites/197/2021/05/pateman_el_contrato_sexual_0.pdf" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>El contrato sexual,</em></a> una obra imprescindible, a atacar el concepto de consentimiento en su acepci&oacute;n contractual. Algunas feministas, que en la l&iacute;nea de Pateman han identificado el consentimiento con el contrato, han apostado por rechazar totalmente todo uso feminista del consentimiento. Yo, sin embargo, mantengo otra posici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El consentimiento es un concepto irrenunciable pero siempre y cuando lo alejemos al m&aacute;ximo de la figura del contrato y eso implica que debe ser delimitado de determinado modo. Lo que no se puede hacer es ignorar estas advertencias y convertir el consentimiento en un concepto aproblem&aacute;tico y neutral.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Es, quiz&aacute;, uno de los temas fundamentales que debe abordar el feminismo en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, sin duda. Simplificar la noci&oacute;n de consentimiento puede tener un punto ideol&oacute;gico. Gran parte de la tradici&oacute;n feminista lo abord&oacute; como un concepto cargado de trampas y usos ideol&oacute;gicos. Solo si partimos de esa aproximaci&oacute;n cr&iacute;tica, podemos protegernos de alguno de sus significados y, al mismo tiempo, rescatar otros.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Simplificar la noción de consentimiento puede tener un punto ideológico. Gran parte de la tradición feminista lo abordó como un concepto cargado de trampas y usos ideológicos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Tratemos de entender qu&eacute; significa. &iquest;Por qu&eacute; el consentimiento no deber&iacute;a entenderse como un contrato?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Carole Pateman sostiene que la dominaci&oacute;n patriarcal en la &eacute;poca moderna se ha vehiculado precisamente a partir del contrato sexual que existe, por ejemplo, en el contrato matrimonial. Su argumento es que la violaci&oacute;n marital ha estado permitida por la ley precisamente a trav&eacute;s del argumento de que las mujeres han adquirido deberes y obligaciones al consentir al matrimonio, los famosos d&eacute;bitos conyugales. En este caso la justificaci&oacute;n patriarcal de la violencia sexual contra las mujeres no consiste en que las leyes hayan olvidado el consentimiento, sino a que lo han puesto en juego en una determinada direcci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El patriarcado ha sometido a las mujeres al cumplimiento de deberes sexuales a trav&eacute;s de la figura del consentimiento, argumentando que las mujeres han consentido &mdash;han dicho que s&iacute;&mdash; a un contrato sexual. Los contratos implican siempre deberes y obligaciones de las partes y por eso Pateman no acepta que en el terreno del sexo haya contratos. Entendido as&iacute; el consentimiento, se convierte en la peor trampa para las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Est&aacute; de acuerdo con Carole Pateman?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Si lo entendemos como un contrato, yo estoy de acuerdo con ella, s&iacute;, porque entonces el consentimiento resulta peligros&iacute;simo. No debe haber contratos sexuales validados por el Estado. Ahora bien, Pateman se equivoca en identificar plenamente consentimiento con contrato. El consentimiento puede entenderse tambi&eacute;n como un permiso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Expl&iacute;queme, por favor.</strong>
    </p><p class="article-text">
        F&iacute;jate hasta qu&eacute; punto el consentimiento es un concepto polis&eacute;mico que incluso en el derecho puede adquirir dos figuras diferentes. En el &aacute;mbito jur&iacute;dico, el consentimiento significa tanto contrato como permiso, y ambas concepciones no solo son distintas, sino incluso contrarias. El consentimiento como permiso es algo que siempre puede ser unilateralmente retirado. El contrato, por el contrario, no, no se retira unilateralmente. De hecho, un contrato significa que una de las dos partes puede decidir incumplirlo y que el Estado arbitra en su cumplimiento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Entonces? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay que discrepar en identificar por completo consentimiento y contrato. Si el consentimiento es un permiso, y por eso yo lo defiendo en t&eacute;rminos negativos, siempre puede retirarse a partir de una negaci&oacute;n. Da igual que yo haya dicho previamente que s&iacute;, siempre puedo decir posteriormente que no. Si en el contrato lo que tiene validez es el s&iacute; y todo s&iacute; es un s&iacute; vinculante, en el permiso lo que tiene validez siempre es el no y todo no es un no v&aacute;lido y vinculante. 
    </p><p class="article-text">
        En el contrato las afirmaciones se convierten en compromisos vinculantes, en el permiso lo importante es que el sujeto retenga siempre y en todo momento la posibilidad de decir que no. Por eso yo defiendo la naturaleza negativa del consentimiento sexual y advierto de los peligros de positivizar el consentimiento, es decir, de contractualizarlo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo importante de decir no, de negarse. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Exacto. Es ah&iacute; donde descansa la prueba de la libertad sexual. En el sexo no podemos convertir el s&iacute; en la verificaci&oacute;n del consentimiento. No todo s&iacute; es un verdadero s&iacute; y, sin embargo, todo no es un no. El no, o mejor dicho la posibilidad del no, es siempre la garant&iacute;a de un consentimiento libre.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero, &iquest;qu&eacute; sucede con las trabajadoras del sexo? &iquest;Es v&aacute;lida su negaci&oacute;n? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Quienes defendemos los derechos laborales para las trabajadoras del sexo, no estamos defendiendo que una trabajadora firme un contrato por el cual quede comprometida y obligada a cumplir deberes sexuales. S&eacute; que esta es la interpretaci&oacute;n de algunas feministas abolicionistas que nos acusan de darle armas al Estado para que pueda validar contratos sexuales vinculantes. Pero aqu&iacute; hay un error. La trabajadora sexual tiene que poder acordar contractualmente sobre aspectos de su actividad como, por ejemplo, el alquiler del lugar donde trabaja. 
    </p><p class="article-text">
        En torno a la actividad sexual deben validarse diversos contratos que hacen esa actividad posible en vez de perseguirlos como parte de una actividad criminal. Ahora bien, si una prostituta mantiene en todo momento la posibilidad de decir &lsquo;yo no sigo, yo esto no lo hago&rsquo;, y as&iacute; debe ser, es porque el sexo mismo se mantiene fuera de la figura del contrato. O, lo que es lo mismo, su consentimiento sexual tiene que seguir siendo entendido como un permiso y su derecho a la negaci&oacute;n tiene que estar absolutamente garantizado. El contrato se puede establecer sobre cu&aacute;nto me pagas por utilizar la habitaci&oacute;n, pero no acerca del compromiso hacia la pr&aacute;ctica sexual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el libro insist&iacute;a en el lema &lsquo;no es no&rsquo; para comprender el consentimiento. Da la impresi&oacute;n, sin embargo, que, a simple vista, el lema &lsquo;solo s&iacute; es s&iacute;&rsquo; empodera m&aacute;s a la mujer.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; est&aacute; la trampa y el peligro que pretend&iacute;a se&ntilde;alar. La condici&oacute;n de que un s&iacute; tenga que ser aceptado, y sobre todo jur&iacute;dicamente, es que decir no sea posible. Es decir, un s&iacute; dicho en condiciones en las que no puedes negarte es un s&iacute; esclavo. De nuevo es en una interpretaci&oacute;n contractual del consentimiento donde el s&iacute; se vuelve m&aacute;s v&aacute;lido y m&aacute;s vinculante que un no. Es exactamente eso lo que pretenden esos futbolistas que quieren acostarse con chicas que han firmado previamente un contrato. Quieren poder venir despu&eacute;s a decir &ldquo;ella dijo que s&iacute;&rdquo;, como si ese s&iacute; fuera la prueba realmente v&aacute;lida del consentimiento. De nuevo, insisto, es esa particular interpretaci&oacute;n del consentimiento la que se vuelve altamente peligrosa para nosotras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se&ntilde;ala, adem&aacute;s, que con el lema &lsquo;solo s&iacute; es s&iacute;&rsquo; se pretende hablar, en el fondo, del deseo, como si tras el s&iacute; se cifrara la voluntad deseante del sujeto. Visto as&iacute;, se entender&iacute;a que el deseo se valida jur&iacute;dicamente cuando el sujeto consiente. Pero &iquest;se puede validar jur&iacute;dicamente el deseo? </strong>
    </p><p class="article-text">
        En efecto. Alguien podr&iacute;a contestar a mi argumento que la b&uacute;squeda de un s&iacute; no tiene que ver con formas contractuales, sino que ese lema busca un s&iacute; deseante, una afirmaci&oacute;n deseosa, &ldquo;entusiasta&rdquo; como se dice. El motivo por el que cifrar&iacute;amos la veracidad del consentimiento en un s&iacute; ser&iacute;a entonces el hecho de que, supuestamente, revelar&iacute;a un deseo del sujeto. Ahora bien, &iquest;estamos realmente seguras de que eso es un camino feminista? 
    </p><p class="article-text">
        Las leyes llevan siglos y milenios negando la autonom&iacute;a femenina, negando a las mujeres como sujetos del consentimiento, prohibiendo tambi&eacute;n que firmemos contratos. No me parece que ante esa negaci&oacute;n de nuestra autonom&iacute;a tengamos que aceptar una especie de condici&oacute;n extra, una prueba de verdad de nuestro consentimiento por la que el Estado nos puede exigir un plus de autenticidad que no exige ni debe exigir en ning&uacute;n otro &aacute;mbito de su acci&oacute;n y que, desde luego, no les exige a los hombres. 
    </p><p class="article-text">
        El consentimiento es un concepto jur&iacute;dico y nada tiene que ver con el deseo. Es decir, t&uacute; puedes consentir firmar una hipoteca, pero si lo haces con mucho deseo o muy poco no es asunto de nadie, y de hecho no invalidar&iacute;a ese contrato. T&uacute; vas a una cl&iacute;nica y abortas, e imag&iacute;nate luego que te dijeran, &lsquo;No la vemos a usted muy entusiasmada en su consentimiento&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es grotesco y dist&oacute;pico. Me recuerda a &lsquo;El Cuento de la Criada&rsquo;. </strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, lo es, dist&oacute;pico total, como si un Estado se inmiscuyera en el interior de los sujetos y en su felicidad; un poco a &lsquo;1984&rsquo; de Orwell. La interioridad del sujeto no es asunto del Estado. A nadie se le ocurrir&iacute;a poner en cuesti&oacute;n la capacidad de consentir de una mujer en un aborto con el argumento de que eso le debe hacer feliz, que seamos mayores de edad es justamente que se nos reconozca la posibilidad de elegir, decidir y consentir a cosas con total independencia de que esas cosas nos hagan felices o, por el contrario, no las deseemos de forma entusiasta. Entonces, &iquest;por qu&eacute; ponemos esa expectativa del deseo en el terreno sexual? &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n el Estado tendr&iacute;a derecho a esta tutela paternalista e infantilizadora con nuestras decisiones jur&iacute;dicamente vinculantes en el territorio de la sexualidad?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por eso se lo preguntaba. &iquest;Por qu&eacute;? </strong>
    </p><p class="article-text">
        En todos los asuntos en los que se legisla, el consentimiento se refiere a que los sujetos dicen que s&iacute; o no a cosas, y que nadie sabe hasta qu&eacute; punto hay una adhesi&oacute;n interna placentera en esas cosas. Igual, en este punto, se nos est&aacute;n mezclando la &eacute;tica y el derecho. En el asunto &eacute;tico estoy completamente de acuerdo con que las feministas aspiramos a mucho m&aacute;s que al mero consentimiento: yo, con mi novio, no aspiro a que respete mi s&iacute; o mi no, sino a que se preocupe sobre si yo soy feliz o no, si disfruto o no, si deseo profundamente una cosa o no. Pero me parece realmente preocupante que ese tipo de horizonte &eacute;tico, que es sin duda irrenunciable, lo estemos transportando a la esfera de la regulaci&oacute;n penal, a la definici&oacute;n de delitos penales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entiendo. Ley&eacute;ndola y ahora escuch&aacute;ndola siempre me da la impresi&oacute;n de que trata de recorrer el laberinto sin perder de vista la cuesti&oacute;n central: la voz de las mujeres. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es que me preocupa que discursos pretendidamente emancipatorios, en realidad, produzcan u oculten una especie de tutelaje por el cual desaparecemos. Claro que el sexo tiene que ser placentero, s&iacute;, por supuesto, un espacio donde al otro le importa tu felicidad y tu placer. Ahora bien, lo que sucede es que esa pretensi&oacute;n &eacute;tica la encomendamos a leyes penales, y entonces cruzamos una frontera peligrosa. La transformaci&oacute;n de nuestra sociedad implica mucho m&aacute;s de lo que puede hacer una ley y sobre todo una ley penal. El deseo nos remite a una cuesti&oacute;n de &eacute;tica s&iacute;, y la &eacute;tica no la vamos a abordar en lo penal, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        <strong>No, no creo, ser&iacute;a dejarlo todo en manos de lo jur&iacute;dico. &iquest;Falta pol&iacute;tica e imaginaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que este tipo de cierre del espacio que separa lo jur&iacute;dico de lo &eacute;tico es una clara se&ntilde;al de derrota ideol&oacute;gica de las izquierdas. Y esto va m&aacute;s all&aacute; del feminismo. El uso del derecho penal como herramienta de transformaci&oacute;n social o de educaci&oacute;n de la sociedad hoy parece parte del sentido com&uacute;n, pero ubica a la izquierda en el terreno de la derecha, le hace compartir horizonte con los proyectos conservadores. Pareciera como si no crey&eacute;ramos en nuestra capacidad de transformar la sociedad, como si hubi&eacute;ramos perdido la capacidad de imaginar otro futuro. Y cuando nos anclamos aqu&iacute;, cuando parece que no hay alternativa a lo real, la derecha y la extrema derecha avanzan a pasos agigantados. 
    </p><p class="article-text">
        Si de lo que se trata es de dise&ntilde;ar nuestras sociedades a partir de reformas legislativas y penales, la extrema derecha siempre lo har&aacute; mejor. Nosotros, en cambio, aspiramos a una transformaci&oacute;n cultural relacional profunda de la sociedad que ninguna ley penal puede llevar a cabo. Para m&iacute; esta es la verdadera cuesti&oacute;n pol&iacute;tica profunda que hay de fondo de la cr&iacute;tica que muchas feministas hacemos a la cultura punitiva y al populismo penal que ha ido abri&eacute;ndose paso en las sociedades occidentales desde los a&ntilde;os 90.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si de lo que se trata es de diseñar nuestras sociedades a partir de reformas legislativas y penales, la extrema derecha siempre lo hará mejor</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Precisamente, escuch&eacute; a Georgina Orellano en su podcast hablando de ello. </strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, ella critica especialmente que una parte del feminismo se ha dejado seducir por soluciones punitivas en nombre de la protecci&oacute;n de las mujeres, y que, al final, estas soluciones siempre juegan en contra de las mujeres, porque provoca m&aacute;s persecuci&oacute;n, m&aacute;s clandestinidad y m&aacute;s inseguridad para nosotras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para terminar, quiero preguntarle sobre un art&iacute;culo en el que se pregunta c&oacute;mo pensar el sexo en una sociedad capitalista crecientemente securitaria en la que la relaci&oacute;n social misma se convierte en un peligro del que protegernos. Me interes&oacute;. &iquest;Qu&eacute; quer&iacute;a plantear exactamente? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Reivindicar el derecho de las mujeres a correr riesgos, s&iacute;. La cultura patriarcal siempre ha pretendido proteger a las mujeres, en nombre, por as&iacute; decirlo, de su protecci&oacute;n, incluso de sus propios deseos y, en general, de la incertidumbre o del espacio de riesgo que acompa&ntilde;a a esa relaci&oacute;n social que es la relaci&oacute;n sexual. Tenemos derecho a correr esos riesgos, s&iacute;, inseparables del hecho de ser sujetos vulnerables e interdependientes y siempre negados por un discurso neoliberal, inmunitario y securitario. 
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; no me interesa que se me prometa una relaci&oacute;n social 100% controlable, contractualizable, absolutamente prevista de antemano. &iquest;Qu&eacute; tipo de securitarismo es ese? Existe hoy un peligroso discurso de la seguridad donde el otro o la incomprensi&oacute;n del otro se vive como una amenaza.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Su art&iacute;culo, sin embargo, transportaba esta cuesti&oacute;n al &aacute;mbito del sexo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, en la medida en que es un espacio de riesgo, de vulnerabilidad, donde nos exponemos al otro. Pero vivir es un riesgo, desear es un riesgo y enamorarte tambi&eacute;n lo es, un riesgo a que el otro no te desee, o desee otra cosa, un riesgo a que el otro no te quiera o quiera de otro modo. Ahora bien, hay riesgos que queremos correr y derechos por los que debemos luchar: el de correr esos riesgos es uno de ellos. Por eso justamente las feministas debemos distinguir dos cosas. Una es la violencia, contra la que tenemos que poner todas las medidas de seguridad porque tenemos derecho a exigir estar a salvo de la violencia siempre y en todo caso. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, si la violencia debe ser erradicada del sexo es, precisamente, para que podamos recuperar la libertad de adentrarnos en un territorio donde existe el riesgo, la incertidumbre, el no saber. No saber lo que pasar&aacute;, lo que me pasar&aacute;, lo que nos pasar&aacute; y querer explorarlo. No saber lo que desea el otro o lo que yo misma deseo y querer explorarlo. Yo lo que quiero es que la violencia deje de ser el peaje que las mujeres tenemos que pagar por poder adentrarnos en el sexo y sus incertidumbres. Quiero ser verdaderamente libre -estar a salvo del peligro de la violencia- para poder correr los riesgos que s&iacute; quiero correr. La relaci&oacute;n social implica conflicto y riesgo y debemos defenderlos, es la &uacute;nica manera de defendernos como sociedad de quienes nos quieren convertir en enemigos unos de otros, sujetos asustados y atemorizados de la existencia misma de los otros.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Miedo y en estado de shock, pero hay seres que justifican la propia vida. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Hay una serie de ansiedades sociales con causas reales: no poder pagar el alquiler, la hipoteca, la precariedad del trabajo, etc. Y estas ansiedades se canalizan buscando certezas en otros &aacute;mbitos de la vida en los que la libertad precisamente consiste en defender la posibilidad de correr riesgos. Hay que encarar las incertidumbres que socavan realmente la libertad, y no dejarnos seducir por discursos securitarios o profil&aacute;cticos que se asemejan a los identitarios que la extrema derecha promete, cuyas promesas de certeza consisten precisamente en el desmantelamiento de nuestras condiciones materiales, es esa destrucci&oacute;n material, esa desposesi&oacute;n econ&oacute;mica y esa destrucci&oacute;n de derechos y garant&iacute;as los que nos abocan a una vida muy incierta y angustiosa. 
    </p><p class="article-text">
        Hay que defender esos derechos y recuperar esas certezas, son las condiciones de posibilidad de que podamos exponernos al riesgo que implica la existencia misma de los otros, nuestra vulnerabilidad y nuestras mutuas interdependencias.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Chema Seglers]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/clara-serra-derecho-penal-herramienta-transformacion-social-ubica-izquierda-terreno-derecha-cat_128_12998595.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Feb 2026 20:55:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Clara Serra: "El derecho penal como herramienta de transformación social ubica a la izquierda en el terreno de la derecha"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sexualidad,Feminismo,Filosofía,Libros,Ética,Justicia,Política,Sexo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los secretos de una buena vida sexual en pareja: "Cuanta más presión, más ansiedad y menos probable es que suceda"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/secretos-buena-vida-sexual-pareja-presion-ansiedad-probable-suceda_1_12966671.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2f2a825d-f2a8-4955-8475-d6771a70c691_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los secretos de una buena vida sexual en pareja: &quot;Cuanta más presión, más ansiedad y menos probable es que suceda&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde asegurarte de encontrar tiempo para el sexo, hasta reforzar tu confianza y mantener la intimidad a lo largo del día; así puedes hacer que la llama no se apague</p><p class="subtitle">Por qué algunas parejas están agendando el sexo</p></div><p class="article-text">
        Si tienes sexo, las probabilidades de que tu d&iacute;a mejore son muchas. Pero si es <a href="https://www.eldiario.es/era/parejas-agendando-sexo_1_12727229.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sexo planificado</a>, puede parecer que se trata de una tarea m&aacute;s. Y a diferencia de otras tareas o actividades f&iacute;sicas, lo acabas viendo m&aacute;s como un lujo que como una necesidad, y por eso, aunque ya tengas pareja, puede ser dif&iacute;cil encontrar la motivaci&oacute;n para ponerlo en pr&aacute;ctica. Sin embargo, el sexo es un apetito como cualquier otro, una necesidad como cualquier otra, un alimento como cualquier otro. Si lo dejas en suspenso, el efecto en tu relaci&oacute;n podr&iacute;a ser como si uno de los dos, o ambos, estuvierais a dieta permanente, y tambi&eacute;n solos. Puede que eso os funcione, pero para muchos de nosotros, el sexo es algo a lo que vale la pena dar prioridad.
    </p><p class="article-text">
        En esencia, antes de introducir cualquier otro obst&aacute;culo dom&eacute;stico, es un trabajo de dos, por lo que hay que estar en sinton&iacute;a; no se puede decidir de forma unilateral. Para abordar esto en orden ascendente de dificultades, si sois una pareja sin hijos, el principal obst&aacute;culo ser&eacute;is vosotros mismos: no estar en el mismo estado de &aacute;nimo al mismo tiempo, no estar en casa al mismo tiempo. Esto es v&aacute;lido para toda la relaci&oacute;n, no solo para el sexo. Una vez entrevist&eacute; a una doctora especialista en fertilidad que describi&oacute; su trabajo con una pareja que intentaba encontrar una fecha para una cita en la que ella estuviera ovulando y ambos estuvieran en el pa&iacute;s. Tardaron varias semanas en conseguirlo. &ldquo;Sent&iacute; que estaba empezando a comprender por qu&eacute; no pod&iacute;an concebir&rdquo;, dijo.
    </p><p class="article-text">
        El sexo no tiene por qu&eacute; empezar y terminar en el dormitorio, dice Michelle Bassam, terapeuta psicol&oacute;gica y sexual con 25 a&ntilde;os de experiencia: &ldquo;Se puede mantener la intimidad a lo largo del d&iacute;a siendo afectuoso. Mostrar inter&eacute;s por tu pareja puede ser suficiente&rdquo;. Y, por supuesto, lo contrario &mdash;no mostrar inter&eacute;s, no prestar nunca toda tu atenci&oacute;n a tu pareja, no tocarla nunca a menos que, al estilo de Larry David, sea porque quieres sexo en los siguientes 90 segundos&mdash; tambi&eacute;n puede arruinar las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, tener hijos peque&ntilde;os es lo que m&aacute;s mata la pasi&oacute;n, porque es el cambio m&aacute;s dr&aacute;stico. En un momento dado erais dos personas atractivas que se acostaban cuando les apetec&iacute;a y, de repente, &iexcl;zas! Siempre est&aacute;is cansados, rebos&aacute;is resentimiento, puede que teng&aacute;is un ni&ntilde;o peque&ntilde;o en la cama y, en las raras ocasiones en las que ambos est&aacute;is despiertos al mismo tiempo sin distracciones, puede que no est&eacute;is de humor. Adem&aacute;s, una crisis de imagen corporal e identidad puede afectar a la relaci&oacute;n. &ldquo;Se considera un momento muy arriesgado para las parejas&rdquo;, afirma Jodie Slee, terapeuta sexual desde hace 16 a&ntilde;os, &ldquo;y no solo sexualmente&rdquo;. Pero hay que empezar por ser pr&aacute;cticos. Slee ofrece esta estad&iacute;stica asombrosa: &ldquo;Si una mujer duerme una hora m&aacute;s por noche, su libido aumenta un 14%&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La consideraci&oacute;n de la imagen corporal es real: &ldquo;La maternidad no se considera algo sexy&rdquo;, afirma Slee. Siendo realistas, esto recae sobre las mujeres, que pasan por una dura prueba f&iacute;sica que les quita las ganas de sexo, les hace parecer arrugadas y oler un poco a leche durante qui&eacute;n sabe cu&aacute;ntos meses despu&eacute;s, y las coloca en una nueva categor&iacute;a, la de &ldquo;madre&rdquo;, a la que culturalmente ni siquiera se le permite tener una identidad sexual. &ldquo;Creo que est&aacute; bien que las mujeres sean un poco ego&iacute;stas y piensen: 'Voy a tener un poco de tiempo para <a href="https://www.eldiario.es/nidos/perder-identidad-personal-convertirte-madre-acabe-pensando_1_12823220.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mantener mi yo anterior a la maternidad</a>&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tener hijos pequeños es lo que más mata la pasión, porque es el cambio más drástico. En un momento dado erais dos personas atractivas que se acostaban cuando les apetecía y, de repente, ¡zas! Siempre estáis cansados, rebosáis resentimiento, puede que tengáis un niño pequeño durmiendo en la cama...</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero todo el mundo, tenga hijos o no, debe reconocer lo mucho que ha cambiado y el dolor que eso puede suponer. Crea una red de personas con las que te sientas c&oacute;moda dejando a los ni&ntilde;os por la noche; no dejes que la sequ&iacute;a sexual, que en parte es f&iacute;sicamente inevitable, se convierta en un agujero negro que te haga andar de puntillas; no medies otros resentimientos a trav&eacute;s del sexo, alej&aacute;ndote f&iacute;sicamente por el mill&oacute;n de cosas no sexuales que te molestan.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aseg&uacute;rate de que la carga de trabajo sea equitativa&rdquo;, dice Slee, &ldquo;para que una persona no se encargue de todas las tomas nocturnas y del trabajo. Creo que est&aacute; bien que los padres sean un poco ego&iacute;stas y no adopten una actitud m&aacute;rtir en la crianza de los hijos, para que estos no los absorban por completo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A medida que los ni&ntilde;os crecen y se convierten en adolescentes, es probable que sus demandas de tiempo sean menores, pero a menudo surge una capa de timidez. &ldquo;Los padres tienen la responsabilidad, o al menos eso es lo que cabr&iacute;a esperar, de ocultar los aspectos relacionados con el dormitorio&rdquo;, afirma Bassam, &ldquo;pero es muy importante que los ni&ntilde;os y los adolescentes reciban un modelo de sus padres, para que sepan lo que es la intimidad. Puede ser algo tan sencillo como que alguien te ponga la mano en el hombro al pasar por la cocina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esos a&ntilde;os de crianza de los hijos ya no son el final de la carrera de obst&aacute;culos. El n&uacute;mero de adultos j&oacute;venes que siguen viviendo con sus padres ha aumentado en m&aacute;s de un tercio este siglo. &ldquo;A mucha gente no le gusta tener relaciones sexuales en la casa de sus padres&rdquo;, dice Bassam, una situaci&oacute;n que a menudo se ve agravada por la exhibici&oacute;n de fotograf&iacute;as familiares en la habitaci&oacute;n de invitados.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No dejes que la sequía sexual, que en parte es físicamente inevitable, se convierta en un agujero negro que te haga andar de puntillas; no medies otros resentimientos a través del sexo, alejándote físicamente por el millón de cosas no sexuales que te molestan</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es cierto que una cierta mojigater&iacute;a natural nos hace sentir mucho m&aacute;s c&oacute;modos pidiendo a los dem&aacute;s que se adapten a nuestras preferencias alimenticias o h&aacute;bitos que pidiendo simplemente media hora de intimidad, por el amor de Dios. La gente mover&aacute; monta&ntilde;as por ti si eres intolerante al gluten, y pondr&aacute;n los ojos en blanco pero lo aceptar&aacute;n si meditas, pero no puedes decir: 'vamos a desaparecer un rato&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esto es v&aacute;lido para cualquier hogar con varios ocupantes: hay que comunicar las expectativas en el &aacute;mbito de la pareja. Si sientes que tu relaci&oacute;n de pareja se ve constantemente anulada por las exigencias del grupo, eso har&aacute; que no te apetezca el sexo o, por el contrario, que lo desees de una forma necesitada y molesta que no es er&oacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Hay una verdad universal que dice que una vez que empiezas a programar el sexo, est&aacute;s condenado al fracaso, pero no todo el mundo est&aacute; de acuerdo. &ldquo;Si lo replanteas&rdquo;, dice Slee, &ldquo;no est&aacute;s programando, est&aacute;s priorizando y demostrando al otro que es importante&rdquo;. En las relaciones a largo plazo, &ldquo;tu deseo es m&aacute;s receptivo que espont&aacute;neo, as&iacute; que si esperas a que te invada espont&aacute;neamente el deseo, puedes estar esperando mucho tiempo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Planificar el sexo tambi&eacute;n &ldquo;elimina la presi&oacute;n de 'Dios m&iacute;o, han pasado dos semanas, han pasado tres semanas'. Cuanta m&aacute;s presi&oacute;n, m&aacute;s ansiedad hay y menos probable es que suceda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora solo tienes que mantener viva la llama, lo cual se consigue mediante lo que antes se llamaba &ldquo;desfamiliarizaci&oacute;n er&oacute;tica&rdquo;, que no era m&aacute;s que un t&eacute;rmino cient&iacute;fico para referirse a la novedad. &ldquo;La novedad es lo que crea el periodo de luna de miel: tu cuerpo se inunda de dopamina, que se dispara con la novedad. Con el tiempo, tu cuerpo se acostumbra a esa cantidad de dopamina y ya no hay novedad&rdquo;, afirma Slee. &ldquo;Eso no tiene por qu&eacute; significar mazmorras, clubes sexuales e intercambio de parejas, que es lo que la gente piensa cuando lo dices, y puede serlo. Pero para algunas parejas, la novedad ser&aacute; usar una habitaci&oacute;n diferente o ponerse una ropa diferente&rdquo;. La ventaja de conocerse bien es que se puede intentar algo que no funciona. Incluso un fracaso demostrar&aacute; que est&aacute;s entre las prioridades de tu pareja.
    </p><p class="article-text">
        La primera pareja con la que trabaj&oacute; Slee ten&iacute;a m&aacute;s de 80 a&ntilde;os y llevaban 50 juntos. Ten&iacute;an relaciones sexuales cada dos d&iacute;as, &ldquo;solo acud&iacute;an a terapia porque quer&iacute;an darle m&aacute;s sabor a su relaci&oacute;n, y ya era bastante picante. Uno de ellos se hab&iacute;a sometido a una operaci&oacute;n de pr&oacute;tesis de cadera, por lo que hab&iacute;a algunas limitaciones nuevas&rdquo;, pero la sequ&iacute;a sexual no era una de ellas. Supongo que los incluimos como el ideal motivador para un matrimonio largo y feliz, pero tampoco fue magia, simplemente lo consiguieron de alguna manera: nunca se fueron a dormir en sequ&iacute;a. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zoe Williams]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/secretos-buena-vida-sexual-pareja-presion-ansiedad-probable-suceda_1_12966671.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 20:30:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los secretos de una buena vida sexual en pareja: "Cuanta más presión, más ansiedad y menos probable es que suceda"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Sexualidad,Sexo,Pareja,Psicología,The Guardian]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amor en el cine, mucho más que una cosa de dos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/amor-cine-cosa_1_12856623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/714bcd2e-1239-4fc9-b18c-b05f8a6bbc28_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El amor en el cine, mucho más que una cosa de dos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La gran pantalla ha inoculado en nuestra forma de vivir el amor fantasías de las que es difícil escapar. Desde ‘Casablanca’, pasando por ‘Pretty Woman’ y los ‘Puentes de Madison’ hasta ‘La boda de Rosa’. ¿Están por fin las directoras rompiendo con la idealización?  </p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        Siempre se dice que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/turno-guardia-pelicula-reivindica-labor-enfermeras-sanidad-publica-precariedad_1_12918339.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el cine capta el sentir de las calles</a> y lo plasma en im&aacute;genes. Que el 'zeitgeist', el esp&iacute;ritu de cada &eacute;poca, est&aacute; intr&iacute;nseco en las pel&iacute;culas que se hicieron. Y aunque sea cierto, aunque hayan trasladado las preocupaciones de la sociedad, tambi&eacute;n es cierto que las pel&iacute;culas act&uacute;an en sentido inverso, creando formas de comportamiento en las personas. El documental <em>Disclosure</em>, en Netflix, sobre la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/fiestas-culpa-espacio-seguro-noche-personas-lgtbi_1_8935608.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comunidad trans</a>, pon&iacute;a un ejemplo transparente. El 80% de las personas no han conocido nunca una persona transexual. Es a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n c&oacute;mo han aprendido a comportarse ante ellas.
    </p><p class="article-text">
        Si en <em>Ace Ventura</em>, en 1994, les dicen a los j&oacute;venes que lo que deber&iacute;an sentir ante una mujer trans es asco, una experiencia cercana al v&oacute;mito &ndash;como as&iacute; ocurr&iacute;a en la cinta de Tom Shadyac&ndash;, as&iacute; actuar&aacute;n cuando conozcan a una. Y ocurre lo mismo con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/liv-stroemquist-amor-amenaza-capitalismo_128_8521354.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el amor</a>. Hemos descubierto el amor en el cine antes de experimentarlo en nuestras propias carnes. Cuando hemos sentido algo parecido, el cine ya estaba en nuestro ADN, y hab&iacute;a generado unas expectativas, unos modelos y unas pautas de las que era dif&iacute;cil escapar.
    </p><p class="article-text">
        Para todos Par&iacute;s es la ciudad del amor, y aunque el encanto de la capital francesa es indudable, ha sido el cine el que lo ha certificado. Todos los enamorados de las pel&iacute;culas nos han dicho que la escapada m&aacute;s rom&aacute;ntica era a Par&iacute;s, y as&iacute; lo hemos asumido. A ello a&ntilde;adamos que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/quedara-casablanca_129_12549155.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el filme rom&aacute;ntico por excelencia</a>, <em>Casablanca </em>(1942), separaba a sus personajes con una frase para el recuerdo, &ldquo;Siempre nos quedar&aacute; Par&iacute;s&rdquo;. Una frase, por otro lado, tergiversada, ya que realmente lo que dec&iacute;a Rick Blain a Ilsa Lund era &ldquo;Siempre tendremos Par&iacute;s&rdquo;, pero en el imaginario ha quedado la primera versi&oacute;n, m&aacute;s rotunda. Una frase que ha hecho que todo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/paris-si-quiero-si_129_9235606.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el mundo sue&ntilde;e con Par&iacute;s</a> como ciudad donde los romances son inolvidables.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Rick Blaine (Bogart) e Ilsa Lund (Bergman), con su historia de amor imposible en medio de una guerra, conformaron una de las parejas más emblemáticas de la historia del celuloide. Este blog pretende unir cine y memoria histórica destacando aquellas producciones que, como “Casablanca”, pueden promover una reflexión en el lector e incluso servir de catalizador para poner en valor los materiales biográficos de nuestro proyecto “Fighting Basques” (vía autor)"
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            <span class="title">
                Rick Blaine (Bogart) e Ilsa Lund (Bergman), con su historia de amor imposible en medio de una guerra, conformaron una de las parejas más emblemáticas de la historia del celuloide. Este blog pretende unir cine y memoria histórica destacando aquellas producciones que, como “Casablanca”, pueden promover una reflexión en el lector e incluso servir de catalizador para poner en valor los materiales biográficos de nuestro proyecto “Fighting Basques” (vía autor)                            </span>
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        <em>Casablanca </em>es una de esas pel&iacute;culas que nos ha ense&ntilde;ado a comportarnos ante el amor y que mostraba que rara vez las cosas acaban bien. Las pel&iacute;culas rom&aacute;nticas que m&aacute;s recordamos son aquellas que acaban con la pareja separada. No es de extra&ntilde;ar que el &uacute;ltimo de los cl&aacute;sicos, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/clint-eastwood-reflexiona-justicia-moral-culpa-jurado-no2-inteligente-ambiguo-thriller_129_11778954.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Clint Eastwood</a>, mostrara su lado m&aacute;s rom&aacute;ntico en <em>Los puentes de Madison</em> (1995), donde de alguna forma repet&iacute;a el patr&oacute;n marcado por <em>Casablanca</em>. La pareja protagonista no puede acabar junta, porque la vida les pasa por encima. Como espectadores sufrimos cada vez que Francesca (Meryl Streep) no abre el picaporte de su coche. El poder de estas pel&iacute;culas es que no importa cu&aacute;ntas veces las veamos, siempre pensamos que en alg&uacute;n momento ella abrir&aacute; la puerta para reencontrarse con su amado.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/pasarias-eternidad-comedia-romantica-defiende-belleza-historias-amor-corrientes_1_12823027.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la comedia rom&aacute;ntica</a> ha creado otras formas de comportamiento que si bien son mucho m&aacute;s ligeras, tambi&eacute;n son m&aacute;s peligrosas. Los hombres intentan solucionar todo con flores y creen que su misi&oacute;n es salvar a las mujeres. As&iacute; se nos dec&iacute;a en<em> Pretty Woman</em> (1990): el caballero andante debe salvar a la prostituta Vivian, que convirti&oacute; a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/julia-roberts-curioso-pregunte-evolucion-personajes-masculinos-cine_1_12680015.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Julia Roberts</a> en una estrella, y subir las escaleras de emergencia para que ella caiga rendida. <em>Pretty Woman</em> ha sido, desde su estreno hace 25 a&ntilde;os, una de las pel&iacute;culas que m&aacute;s ha calado en las expectativas amorosas. Y por mucho que nos revisemos, por mucho que cambiemos, cada vez que la emiten en televisi&oacute;n es l&iacute;der de audiencia.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El melodrama moderno y rompedor</h2><p class="article-text">
        Aunque el cine cl&aacute;sico y la comedia rom&aacute;ntica siempre hayan repetido patrones que reconocemos en las parejas actuales, tambi&eacute;n es cierto que, especialmente desde las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, hay una revisi&oacute;n constante que pone en jaque el amor rom&aacute;ntico y todas las pautas marcadas en el pasado. No solo por Hollywood. Aqu&iacute; no se salva nadie, y al revisar ahora mismo un filme de la Nouvelle Vague como <em>Al final de la escapada</em> (1960) uno descubre comportamientos t&oacute;xicos que hoy no pasar&iacute;an ning&uacute;n examen ni deconstrucci&oacute;n. Eso s&iacute;, todo el mundo sigue toc&aacute;ndose el labio como Jean Paul Belmondo cuando quiere seducir a alguien, porque hay gestos que son imborrables. Godard demostr&oacute; que lo m&aacute;s er&oacute;tico era un labio rozado, m&aacute;s que cualquier trasero o escena de sexo.
    </p><p class="article-text">
        Muy pronto hubo directores que introdujeron elementos mucho m&aacute;s modernos a las historias de amor, y ah&iacute; est&aacute; el maestro del melodrama, Douglas Sirk, para demostrarlo con t&iacute;tulos como <em>Imitaci&oacute;n a la vida</em> (1959), donde la clase y la raza se interconectaban. Aunque Sirk no fuera especialmente reconocido durante su vida, s&iacute; que lo ha sido gracias a ser reivindicado por realizadores como Fassbinder, Todd Haynes y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/pedro-almodovar-elige-mejores-peliculas-siglo-xxi_1_12858326.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pedro Almod&oacute;var</a>. Tres iconos del cine <em>queer </em>que con sus pel&iacute;culas pusieron el cine patas abajo, tambi&eacute;n al amor rom&aacute;ntico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Marisa Paredes, junto a Imanol Arias en &#039;La flor de mi secreto&#039;                            </span>
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        Haynes tiene en su filmograf&iacute;a varias pel&iacute;culas que imitan las formas de Sirk, pero que ofrecen una mirada mucho m&aacute;s compleja del amor, intentando cambiar las pautas que Hollywood inculc&oacute; en la gente. La &uacute;ltima de ellas, <em>Carol </em>(2015), adoptaba las formas del melodrama cl&aacute;sico para poner en el centro de su historia a dos mujeres. Haynes adaptaba a Patricia Highsmith &ndash;s&iacute;, Highsmith escribi&oacute; sobre mucho m&aacute;s que cr&iacute;menes&ndash; para contar un romance hermoso y contra las normas, el de Cate Blanchett y Rooney Mara. Y quiz&aacute;s, lo m&aacute;s rompedor, es que derrib&oacute; otra norma escrita, y es que las historias de amor entre dos personas del mismo g&eacute;nero deb&iacute;an acabar mal. El cine ha trasladado a la comunidad LGTB durante muchos a&ntilde;os el estigma de que estaban condenados a sufrir, a que uno de ellos morir&iacute;a, como en <em>Brokeback Mountain</em> (2005). Sin embargo, Haynes rompe el llamado &ldquo;s&iacute;ndrome de la lesbiana muerta&rdquo; ofreciendo un final feliz y juntas a sus mujeres protagonistas.
    </p><p class="article-text">
        Otro que siempre cita a Sirk es Pedro Almod&oacute;var. Aunque en su cine siempre hemos visto a mujeres arrasadas por el amor, como en <em>La flor de mi secreto</em> (1995), tambi&eacute;n es cierto que&nbsp;ha revisitado todo eso desde sus &uacute;ltimas obras. En su corto <em>La voz humana</em> (2020) revisaba el texto de Jean Cocteau que tanto ha inspirado el cine del director espa&ntilde;ol para crear una versi&oacute;n feminista que acababa con todo en llamas.
    </p><p class="article-text">
        Pero ya antes hab&iacute;a roto con la idea del amor rom&aacute;ntico. Porque si uno analiza en profundidad su filmograf&iacute;a, un cine que imagina una vida mejor que la que ocurr&iacute;a en las calles, ver&aacute; que donde reside realmente el amor es en las amigas, en la familia elegida. El amor estaba en la prostituta transexual de la Agrado en <em>Todo sobre mi madre</em> (1999); el amor se encontraba en la vecina que interpretaba Ver&oacute;nica Forqu&eacute; en <em>&iquest;Qu&eacute; he hecho yo para merecer esto?</em> (1984). Una pel&iacute;cula donde Carmen Maura acababa con su marido a golpes con la pata de jam&oacute;n de la cocina. No existe una escena de venganza feminista m&aacute;s moderna y contundente. Incluso el amor familiar es diferente en sus guiones. Las familias en su cine se eligen y nunca se imponen. As&iacute; lo dice <em>Madres Paralelas</em> (2021), donde Pen&eacute;lope Cruz tiene una relaci&oacute;n con un hombre (Israel Lejalde), con una mujer (Milena Smit), y acaba formando un n&uacute;cleo con todos ellos destrozando las normas sociales establecidas.
    </p><h2 class="article-text">El amor propio tambi&eacute;n es amor</h2><p class="article-text">
        La misma Agrado de <em>Todo sobre mi madre</em> dec&iacute;a una frase que muchos recuerdan con asiduidad, esa que asegura que &ldquo;una es m&aacute;s aut&eacute;ntica cuanto m&aacute;s se parece a lo que siempre so&ntilde;&oacute; de s&iacute; misma&rdquo;. Una sentencia con la que Almod&oacute;var apunta a otro tipo de amor, el amor propio. Un amor m&aacute;s importante que el rom&aacute;ntico, y uno que pocas veces se ve en la pantalla. Por eso result&oacute; tan fresca una propuesta como <em>La boda de Rosa</em> (2020), el filme de Ic&iacute;ar Bolla&iacute;n &ndash;una directora con un don para hablar de temas antes de que est&eacute;n en el debate p&uacute;blico&ndash; en el que Candela Pe&ntilde;a decid&iacute;a casarse&hellip; consigo misma.
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                Imagen de &quot;La boda de Rosa&quot; cedida por Movistar+. EFE                            </span>
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        Bolla&iacute;n creaba un relato feminista en el que una mujer harta de que le pregunten si tiene novio, si quiere hijos, o si se va a casar, decid&iacute;a que con quien quer&iacute;a estar bien era con ella. Que no es ego&iacute;sta quererse mucho. Y por eso decid&iacute;a que lo mejor era darle un portazo a todos en la cara haciendo una ceremonia para refrendar su amor como declaraci&oacute;n de intenciones.
    </p><p class="article-text">
        Porque el cine tambi&eacute;n ha ense&ntilde;ado, aunque no tenga tanta repercusi&oacute;n, que otro amor es posible y que va m&aacute;s all&aacute; de las acartonadas historias entre un hombre y una mujer. Ha mostrado que tambi&eacute;n se juega a tres bandas como en <em>Y tu mam&aacute; tambi&eacute;n</em> (2001), y hasta se ha planteado si uno se puede enamorar de una Inteligencia Artificial. Spike Jonze se adelant&oacute; al debate actual sobre la IA y en <em>Her </em>(2013) imagin&oacute; la historia de amor m&aacute;s triste posible. La de un <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/joaquin-phoenix-pinta-sonrisa-joker_1_1616480.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joaquin Phoenix</a> que escapando de una ruptura acababa sucumbiendo a una creaci&oacute;n virtual con la voz de Scarlett Johansson. Hab&iacute;a muchas preguntas en <em>Her</em>. &iquest;Qu&eacute; hace que nos enamoremos de alguien? &iquest;Puede el amor sin sexo ser posible? &iquest;Quiz&aacute;s el amor resida en alguien que te escuche y al que quieras escuchar?
    </p><p class="article-text">
        Para <a href="https://www.eldiario.es/cultura/director-britanico-ken-loach-apoya-activistas-propalestinos-perseguidos-terrorismo_1_12546918.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ken Loach</a> el amor es una cuesti&oacute;n de clase. En su cine hay amor, pero siempre es un amor por lo com&uacute;n. Su &uacute;ltima pel&iacute;cula, puede que la &uacute;ltima de toda su carrera, <em>The Old Oak</em> (2023), terminaba con un canto esperanzador, el de una comunidad que unida pod&iacute;a superar todo. El amor com&uacute;n para acabar con los discursos racistas y de extrema derecha. Tambi&eacute;n aparec&iacute;a el amor en <em>Sorry we missed you </em>(2019), su pel&iacute;cula sobre la uberizaci&oacute;n del trabajo que dejaba claro que el amor era imposible cuando trabajas 20 horas al d&iacute;a y solo puedes pensar en el dinero que hay en la cuenta a final de mes. Es imposible la bondad y un amor sano cuando no hay un Estado de bienestar, y Loach lo sabe.
    </p><h2 class="article-text">No es amor, es una obsesi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n el cine se ha recreado en las obsesiones sexuales y rom&aacute;nticas. Siempre ha sido as&iacute;, desde <em>Psicosis </em>(1960) a dos obras maestras de dos cineastas a reivindicar como Michael Powell y Emeric Pressburger, que centraron en la locura provocada por el deseo pel&iacute;culas tan diferentes como <em>Narciso Negro </em>(1947), donde la ausencia de sexo en un convento de monjas aisladas las llevaba al delirio e incluso al asesinato, o <em>El fot&oacute;grafo del p&aacute;nico</em> (1960), sobre el placer esc&oacute;pico y sexual de un asesino en serie. Pero sobre todo explot&oacute; en el thriller (muchas veces con tinte er&oacute;tico) que triunf&oacute; a finales de los a&ntilde;os 80 y durante los a&ntilde;os 90. De <em>Mujer blanca soltera busca </em>(1992) a<em> Instinto B&aacute;sico</em> (1992) pasando por <em>Atracci&oacute;n fatal </em>(1987). Todas ellas hablaban de los peligros de caer en lo obsesivo en cuestiones de amor, adem&aacute;s de servir como cuentos morales de tinte conservador, ya que normalmente en ellas se castigaba a la persona infiel por sus escarceos sexuales.
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                    alt="Fotograma cedido por A24 donde aparece la actriz Greta Lee en su papel de Nora, junto al actor Teo Yoo en su papel de Hae Sung, durante una escena de &#039;Past Lives&#039;. "
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                Fotograma cedido por A24 donde aparece la actriz Greta Lee en su papel de Nora, junto al actor Teo Yoo en su papel de Hae Sung, durante una escena de &#039;Past Lives&#039;.                             </span>
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        Tambi&eacute;n el erotismo es algo que, gracias sobre todo a las directoras, ha cambiado en el cine actual. Hasta hace poco lo sensual, lo que el cine hab&iacute;a dicho que era sexy, era la mirada de un hombre sobre ellas. El cuerpo cosificado de la mujer ha centrado muchas de las pel&iacute;culas rom&aacute;nticas durante d&eacute;cadas, hasta que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/retrato-llamas-belleza-complejidad-retratar_1_1306917.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mujeres como C&eacute;line Sciamma</a> han roto la baraja y han reivindicado el erotismo del consentimiento en pel&iacute;culas que han pasado r&aacute;pidamente al imaginario popular como <em>Retrato de una mujer en llamas</em> (2019), donde el fuego que surg&iacute;a entre sus dos protagonistas era creado rompiendo todas las expectativas visuales que uno tiene cuando se enfrenta a una historia de amor entre dos mujeres. Una pel&iacute;cula que, adem&aacute;s, impugnaba el retrato machista de las escenas de sexo que hab&iacute;a hecho otra pel&iacute;cula francesa pocos a&ntilde;os antes, <em>La vida de Ad&egrave;le</em> (2013), donde Abdellatif Kechiche acert&oacute; en el retrato de la imposibilidad del amor por la diferencia de clase de sus protagonistas, pero se estrell&oacute; en sus escenas de sexo, exhibicionistas y rozando la mirada &lsquo;exploit&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Son ellas las que est&aacute;n mostrando que no hay que refutar el amor, sino entender que tal como nos lo hab&iacute;a presentado el arte arrastraba din&aacute;micas t&oacute;xicas y peligrosas. As&iacute; se entiende que <em>Past Lives</em> (2023), de Celine Song, se haya convertido r&aacute;pidamente en un <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/vidas-pasadas-fenomeno-indie-ano-triangulo-amoroso-acabar-relaciones-toxicas_1_10645298.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">t&iacute;tulo de culto</a>. Porque por primera vez vemos el cl&aacute;sico tri&aacute;ngulo amoroso desde otro lugar, y donde la pareja que ve c&oacute;mo su novia es tentada por un amor de la infancia solo espera su decisi&oacute;n, la que le haga feliz. Ese abrazo final entre Greta Lee y John Magaro, en un personaje que acaba con cualquier representaci&oacute;n de masculinidad t&oacute;xica, quedar&aacute; para el recuerdo. La bondad y la empat&iacute;a como atributos revolucionarios y sexys. Un cambio de paradigma que hace que el cierre de <em>Past Lives</em> pueda ser, para las nuevas generaciones, tan importante como la separaci&oacute;n de Ilsa y Rick en <em>Casablanca</em>. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/amor-cine-cosa_1_12856623.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Jan 2026 21:22:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El amor en el cine, mucho más que una cosa de dos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Cine,Relaciones,Sexualidad,Películas,Cultura,Cineastas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿El tamaño importa? Un estudio indica que el pene y la altura influyen en la atracción, pero no tanto como creen los hombres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/tamano-importa-estudio-indica-pene-altura-influyen-atraccion-no-creen-hombres_1_12926991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2baf6c2-a809-4bc0-81e8-abe6c90e2ac2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿El tamaño importa? Un estudio indica que el pene y la altura influyen en la atracción, pero no tanto como creen los hombres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Según los autores, el atractivo sexual y la percepción de amenaza podrían explicar el tamaño inusualmente grande del pene humano. El trabajo también muestra que los hombres tienden a sobreestimar la importancia del tamaño corporal, mientras que las mujeres valoran más el conjunto </p><p class="subtitle">Hemeroteca - “Y que mida 1,80”: por qué es problemático que las mujeres pongan requisitos de altura para ligar con hombres</p></div><p class="article-text">
        El pene humano es m&aacute;s grande que el de otros primates en relaci&oacute;n con el tama&ntilde;o corporal, un hecho que los bi&oacute;logos evolutivos han atribuido tradicionalmente a la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Selecci%C3%B3n_sexual" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">selecci&oacute;n sexual</a>, pero sobre el que todav&iacute;a hay algunas inc&oacute;gnitas. Algunos estudios apuntan a que pudo influir en el &eacute;xito reproductivo, la atracci&oacute;n de las hembras o la competici&oacute;n con otros machos. Para profundizar en esta cuesti&oacute;n, un equipo de cient&iacute;ficos australianos ha realizado un estudio cuyos resultados se publican este jueves <a href="https://plos.io/4aMv1CI" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en la revista&nbsp;</a><a href="https://plos.io/4aMv1CI" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>PLOS Biology</em></a>.
    </p><p class="article-text">
        El equipo de <a href="https://upamaaich.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Upama Aich</a>, investigadora de la Universidad de Australia Occidental, pidi&oacute; a un grupo de hombres y mujeres que calificaran figuras masculinas generadas por computadora que variaban en altura, forma corporal y tama&ntilde;o del pene. A ellas les pidieron que calificaran el atractivo sexual de las figuras, mientras que a los hombres se les pidi&oacute; que evaluaran c&oacute;mo de amenazantes las consideraban, tanto en t&eacute;rminos de capacidad de lucha como de rivalidad sexual. Los participantes vieron im&aacute;genes de las figuras a escala en una encuesta en l&iacute;nea, que permit&iacute;a calificar la influencia de cada rasgo por separado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El tama&ntilde;o del pene, la altura y la relaci&oacute;n hombro-cadera se manipularon de forma independiente en 343 figuras masculinas generadas por ordenador&rdquo;, explica la primera autora a <a href="http://elDiario.es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a>. &ldquo;Esto permiti&oacute; presentar, por ejemplo, hombres altos con hombros estrechos y penes peque&ntilde;os, y examinar c&oacute;mo cada rasgo contribu&iacute;a a los juicios, manteniendo los dem&aacute;s constantes&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La conclusión principal es que un pene más grande en los humanos cumple dos funciones adicionales: atraer parejas y amenazar a los rivales</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Upama Aich</span>
                                        <span>—</span> Investigadora de Universidad de Australia Occidental  
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los resultados sugieren que tanto las preferencias femeninas como la competencia con otros machos han favorecido el aumento del tama&ntilde;o del pene, la altura y la anchura de los hombros en los machos humanos. &ldquo;La conclusi&oacute;n principal es que un pene m&aacute;s grande en los humanos cumple dos funciones adicionales: atraer parejas y amenazar a los rivales&rdquo;, asegura Aich. Seg&uacute;n los autores, se trata de la primera evidencia experimental de que los machos consideran el tama&ntilde;o del pene al evaluar la capacidad de combate y el atractivo de sus rivales hacia las hembras. &nbsp;
    </p><h2 class="article-text">A ellos les importa m&aacute;s</h2><p class="article-text">
        Un detalle interesante del estudio, seg&uacute;n los autores, es la diferencia de valoraci&oacute;n entre hombres y mujeres. En el caso de ellas, tanto el tama&ntilde;o del pene como la altura y la forma corporal aumentaron el atractivo, pero a partir de cierto punto, mayores aumentos en el tama&ntilde;o del pene, la altura y la anchura de los hombros tuvieron valoraciones decrecientes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el caso de los hombres, la forma corporal y la altura fueron especialmente importantes al evaluar la amenaza f&iacute;sica. &ldquo;Una diferencia clave es que los hombres tendieron a calificar consistentemente los rasgos m&aacute;s exagerados como m&aacute;s competitivos, mientras que las preferencias de las mujeres se estabilizaron&rdquo;, explica Aich.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quizás el hallazgo más interesante es que el tamaño parece ser más importante para los hombres al evaluar el atractivo de sus rivales que para las mujeres a las que intentan impresionar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Upama Aich</span>
                                        <span>—</span> Investigadora de Universidad de Australia Occidental 
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Bas&aacute;ndose en estos hallazgos, &iquest;se podr&iacute;a decir que estos resultados respaldan el t&oacute;pico de que &ldquo;el tama&ntilde;o importa&rdquo;?. &ldquo;S&iacute;, pero el contexto es muy importante&rdquo;, responde la investigadora. &ldquo;Para las mujeres, importa como parte de un todo, junto con la altura y la forma del cuerpo, pero solo hasta cierto punto. Para los hombres, importa como se&ntilde;al de amenaza, pero la altura y la forma del cuerpo tuvieron un efecto m&aacute;s fuerte. Quiz&aacute;s el hallazgo m&aacute;s interesante es que el tama&ntilde;o parece ser m&aacute;s importante para los hombres al evaluar el atractivo de sus rivales que para las mujeres a las que intentan impresionar&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Sesgos culturales y sociales</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.mncn.csic.es/es/quienes_somos/antonio-rosas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio Rosas</a>, paleoantrop&oacute;logo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), cree que es un asunto de inter&eacute;s, porque la sexualidad determina en gran medida nuestra existencia y desde luego nuestra reproducci&oacute;n. &ldquo;Y los estudios de anatom&iacute;a comparada con otros primates muestran las caracter&iacute;sticas que nos hacen m&aacute;s singulares comparados con otros: una de ellas es el tama&ntilde;o del pene, pero tambi&eacute;n el tama&ntilde;o de los senos femeninos&rdquo;, asegura.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Durante años hemos partido de la premisa equivocada de que el tamaño del pene es importante, pero en realidad el tamaño más importante es el del clítoris</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Laura Morán</span>
                                        <span>—</span> Psicóloga y sexóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aunque se ha interpretado dentro del marco de la selecci&oacute;n sexual (la preferencia por estos rasgos ha determinado su continuidad)&nbsp;el experto recuerda que en biolog&iacute;a existen otros factores que lo complican todo. &ldquo;Hay que tener cuidado con las interpretaciones directas y simples, porque la evoluci&oacute;n y constituci&oacute;n de los organismos son sistemas muy complejos que tienen interacciones internas que hay que considerar&rdquo;, asegura. &ldquo;A veces hay una integraci&oacute;n morfol&oacute;gica y un mismo gen participa en varios procesos, de modo que puede haber otras causas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de unas medidas m&iacute;nimas para facilitar una reproducci&oacute;n, en realidad el tama&ntilde;o del pene no importa por diferentes motivos, explica la psic&oacute;loga y sex&oacute;loga&nbsp;<a href="https://lauramoranpsicologa.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laura Mor&aacute;n</a>. &ldquo;La vagina puede adaptarse y tiene una profundidad media de 12-13 cm, con lo cual tampoco necesitamos penes de 30 cm&rdquo;, asegura. &ldquo;Luego puede haber una parte del significado que nosotros le demos al tama&ntilde;o de algo, que esto tambi&eacute;n es muy cultural o contextual&rdquo;, advierte. &ldquo;Durante a&ntilde;os hemos partido de la premisa equivocada de que el tama&ntilde;o del pene es importante, pero en realidad el tama&ntilde;o m&aacute;s importante es el del cl&iacute;toris, pero eso casi nadie lo sabe&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Algunas de estas preferencias pueden tener que ver con cómo nos han socializado desde pequeños, tanto a hombres como a mujeres</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marga Sánchez Romero</span>
                                        <span>—</span> Catedrática de la Universidad de Granada (UGR)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <a href="https://www.ugr.es/personal/margarita-sanchez-romero" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marga S&aacute;nchez Romero</a>, catedr&aacute;tica de la Universidad de Granada (UGR) y autora del libro&nbsp;<em>Prehistoria de mujeres</em>&nbsp;(Destino, 2022), advierte de un posible sesgo del estudio, porque los participantes, de universidades australianas, tienen una visi&oacute;n y una perspectiva cultural muy determinada y le gustar&iacute;a ver un poquito m&aacute;s de variabilidad. &ldquo;Algunas de estas preferencias pueden tener que ver con c&oacute;mo nos han socializado desde peque&ntilde;os, tanto a hombres como a mujeres&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, Upama Aich defiende que su estudio incluy&oacute; participantes de diversos or&iacute;genes &eacute;tnicos y arroj&oacute; patrones muy consistentes en diferentes entornos de estudio. &ldquo;Esto sugiere que estas percepciones no se basan &uacute;nicamente en un contexto cultural espec&iacute;fico&rdquo;, asegura. &ldquo;Sin embargo, no afirmamos que sean universales, ya que las normas culturales en torno a la masculinidad y el atractivo var&iacute;an claramente y pueden interactuar con tendencias evolutivas subyacentes. Un estudio transcultural responder&aacute; directamente a esta pregunta&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Ron]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/tamano-importa-estudio-indica-pene-altura-influyen-atraccion-no-creen-hombres_1_12926991.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 22 Jan 2026 19:02:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿El tamaño importa? Un estudio indica que el pene y la altura influyen en la atracción, pero no tanto como creen los hombres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ciencia,Sexo,Sexualidad,Sexismo,Evolución humana,Biología,Paleoantropología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adolescencia y sexualidad: ¿dejo que mi hijo traiga a su pareja a dormir a casa?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/adolescencia-sexualidad-dejo-hijo-traiga-pareja-dormir-casa_1_12919390.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/de80d176-11f2-48c9-8228-9cd7eb5c4d58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adolescencia y sexualidad: ¿dejo que mi hijo traiga a su pareja a dormir a casa?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pregunta surge entre muchos padres y madres cuando sus hijos empiezan a tener los primeros noviazgos. Un psicólogo especializado en adolescencia y una psicóloga sexóloga responden </p><p class="subtitle">La charla de cinco minutos que puede cambiar la educación sexual en casa</p></div><p class="article-text">
        Elena tiene una hija de 17 a&ntilde;os y un hijo de 19. Desde hace unos meses, la chica tiene una pareja que vive lejos de su casa. As&iacute; que, aunque al principio no le apetec&iacute;a demasiado, est&aacute; plante&aacute;ndose la posibilidad de que &ldquo;algunas noches&rdquo; duerman juntos en la casa familiar. &ldquo;A priori el cuerpo me pide que no se queden, pero luego me paro a pensar y creo que esto es fruto del aprendizaje que hemos recibido en nuestra generaci&oacute;n. Creo que al final s&iacute; les dejaremos que duerman en casa, un poco m&aacute;s adelante, cuando la relaci&oacute;n se haya estabilizado, y despu&eacute;s de una conversaci&oacute;n con ella en la que pactemos unas condiciones&rdquo;, expone esta madre.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.sanidad.gob.es/gabinetePrensa/notaPrensa/pdf/HBSC-140525115653809.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Datos oficiales del Ministerio de Sanidad</a> sit&uacute;an la edad media del inicio de las relaciones sexuales entre los 15 y los 16 a&ntilde;os. Seg&uacute;n este estudio, que radiograf&iacute;a la situaci&oacute;n de la adolescencia en Espa&ntilde;a, &ldquo;una tercera parte de los y las adolescentes de 15 a 18 a&ntilde;os (34,8%) ha tenido relaciones sexuales coitales, sin diferencias entre chicos (35,2%) y chicas (34,3%)&rdquo;. Un <a href="https://www.injuve.es/sites/default/files/EJ190/02_INFORME-JUVENTUD-2024_RESUMEN.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe del INJUVE</a> de 2024 se&ntilde;ala que, si bien la edad de inicio de las relaciones sexuales se ha mantenido estable en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas &mdash;en los 16,5 a&ntilde;os&mdash;, cada vez hay m&aacute;s adolescentes que empiezan a tener relaciones antes de los 16.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La adolescencia es muy amplia, y no es lo mismo un chico o una chica de 14 a&ntilde;os que uno de 17. Pero la clave en este tipo de situaciones no es si dejamos o no dejamos dormir a la pareja en nuestra casa, y a qu&eacute; edad, sino todo lo que ha ocurrido antes: si ha habido o no una educaci&oacute;n sexual de calidad en nuestra familia&rdquo;, se&ntilde;ala Rebeca L&oacute;pez, psic&oacute;loga y sex&oacute;loga enfocada en maternidad. Para ella, &ldquo;no existe una respuesta correcta para este tipo de situaciones&rdquo;, sino que var&iacute;a en funci&oacute;n de muchos factores: &ldquo;Depende <a href="https://www.eldiario.es/nidos/charla-cinco-minutos-cambiar-educacion-sexual-casa_1_12763963.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de las conversaciones</a> que hayamos tenido con ellos, del modelo relacional que tengan y de los valores de cada familia&rdquo;, asegura esta experta.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Normalizar y naturalizar las relaciones sexoafectivas</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la sex&oacute;loga, el simple hecho de que un adolescente pregunte en casa si puede traer a su pareja a dormir ya es una buena noticia: &ldquo;Es un punto grande a favor de esa familia, porque significa que hay una conversaci&oacute;n abierta y que existe la confianza suficiente como para que el adolescente lo pregunte&rdquo;, reflexiona Rebeca L&oacute;pez. Y aclara una premisa de partida: &ldquo;Si la pareja de adolescentes ha decidido tener relaciones sexuales, las van a tener igual, as&iacute; que ah&iacute; depende de cada familia facilitarles un lugar seguro o no&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una situaci&oacute;n parecida se encuentra la familia de Bego&ntilde;a. Su hijo mayor, de 17 a&ntilde;os, ha conocido a una chica hace un par de meses. Acaba de present&aacute;rsela a sus padres, as&iacute; que el siguiente paso probablemente sea que alg&uacute;n d&iacute;a se quede a dormir en casa. &ldquo;Aunque me cuesta un poco hacerme a la idea, porque sigue siendo mi hijo, prefiero que est&eacute;n en casa y que hagan lo que tengan que hacer aqu&iacute;. Es mejor eso a que est&eacute;n en un parque o en la calle. Adem&aacute;s, mi casa siempre ha estado abierta para todos los amigos y amigas de mis hijos, no tendr&iacute;a sentido ahora cerrarles la puerta a sus parejas&rdquo;, considera Bego&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la pregunta: &ldquo;&iquest;Debemos dejar a nuestro hijo o hija que traiga a su pareja a dormir a&nbsp;casa?&rdquo;, el psic&oacute;logo especializado en adolescencia Fran J&oacute;dar responde tajante: &ldquo;Por supuesto&rdquo;. Justifica as&iacute; su respuesta: &ldquo;No veo que debamos hacer distinciones entre una amistad y una pareja. Pueden darse situaciones de riesgo tanto con una amistad &iacute;ntima como con una pareja: desde fumar a mantener cualquier tipo de intercambio sexual. A veces olvidamos que los adolescentes hombres suelen participar en iniciaciones a la masturbaci&oacute;n poco convencionales&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Deberíamos estar más preocupados de si estamos haciendo un acompañamiento íntegro en su educación afectivo-sexual. Si es así, no veo por qué deba ser preocupante</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fran Jódar</span>
                                        <span>—</span> psicólogo especializado en adolescencia
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El psic&oacute;logo tampoco cree relevante establecer restricciones en cuanto a la edad: &ldquo;A los 14, a los 16 o a los 18 a&ntilde;os la situaci&oacute;n es la misma, con la salvedad de que seguramente no solo jueguen en la habitaci&oacute;n y vean una peli compartiendo una pizza. Pero es eso o abocarlos a que exploren su sexualidad a la intemperie, a riesgo de que sean grabados o multados y con una presi&oacute;n extra que no es nada saludable para su desarrollo sexual&rdquo;, reflexiona J&oacute;dar.
    </p><p class="article-text">
        J&oacute;dar, que trabaja habitualmente con adolescentes y es autor de libros y recursos enfocados en esta etapa, se&ntilde;ala lo que para &eacute;l es la cuesti&oacute;n fundamental en estas situaciones: &ldquo;Deber&iacute;amos estar m&aacute;s preocupados de si estamos haciendo un acompa&ntilde;amiento &iacute;ntegro en su educaci&oacute;n afectivo-sexual. Si es as&iacute;, no veo por qu&eacute; deba ser preocupante que la pareja de nuestra hija o hijo venga a dormir a casa, cumpliendo con las normas b&aacute;sicas de respeto y convivencia de una familia&rdquo;, explica el experto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga y sex&oacute;loga Rebeca L&oacute;pez coincide en este criterio: &ldquo;La clave est&aacute; en pensar si les hemos dado herramientas y educaci&oacute;n previas para tomar decisiones sensatas. Si esa conversaci&oacute;n no se ha dado todav&iacute;a, es que ya vamos tarde. Cuanta m&aacute;s educaci&oacute;n sexual de calidad tengan, m&aacute;s se retrasan las relaciones sexuales y se hacen de manera m&aacute;s sensata&rdquo;, asegura L&oacute;pez. Ella propone comparar este tipo de situaciones con otras semejantes para poder relativizarlas: &ldquo;Es lo mismo que cuando nos planteamos si les dejamos ver una determinada serie o si les ofrecemos bebida. Depende mucho del tipo de familia y de la conversaci&oacute;n previa que hayamos tenido&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;qu&eacute; pasa si a la familia no le apetece compartir casa con la pareja de su hijo o hija? Esa es la postura inicial de Raquel y de su pareja, cuya hija tiene ahora 17 a&ntilde;os. &ldquo;Todav&iacute;a no se nos ha dado la situaci&oacute;n porque ella no tiene pareja, y puede que cuando surja cambie de opini&oacute;n, pero en principio no me apetece mucho que duerman en casa y a mi chico todav&iacute;a menos: &eacute;l no quiere de ninguna manera que nuestra hija traiga a su pareja a dormir&rdquo;. Para ellos, las reservas est&aacute;n en la p&eacute;rdida de intimidad que supondr&iacute;a: &ldquo;Sobre todo porque nos gusta mucho poder disfrutar con nuestra hija el rato que estamos en casa, y si se trajese a alguien, eso dejar&iacute;a de ser as&iacute;&rdquo;, asegura.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuanta más educación sexual de calidad tengan, más se retrasan las relaciones sexuales y se hacen de manera más sensata</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Rebeca López</span>
                                        <span>—</span> psicóloga y sexóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sin embargo, reflexionando un poco m&aacute;s, Raquel abre la puerta a que en alg&uacute;n momento ocurra: &ldquo;La verdad es que me gusta que mi hija traiga amigas a casa, conocerlas y hablar con ellas, as&iacute; que creo que al final, si mi hija se echase novio o novia, preferir&iacute;a que durmieran aqu&iacute; a que durmieran en casa de la pareja. Entiendo que mi chico prefiera que no, por el malestar que le produce, pero yo personalmente creo que al final preferir&iacute;a que est&eacute;n en mi casa para poder seguir disfrutando de mi hija&rdquo;, reflexiona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga y sex&oacute;loga Rebeca L&oacute;pez cree que tambi&eacute;n hay que respetar a las familias que prefieren no meter a las parejas de sus hijos en casa. &ldquo;A muchos padres y madres les da m&aacute;s tranquilidad tenerles en casa, pero otras prefieren que no. Saben que sus hijos van a tener relaciones pero les genera incomodidad, as&iacute; que piensan &lsquo;que hagan lo que quieran, pero en mi casa no&rdquo;. En esos casos, la experta recomienda ser transparentes y explicarles a los adolescentes los motivos de la decisi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        L&oacute;pez reconoce tambi&eacute;n que este tema puede tener una lectura de g&eacute;nero: &ldquo;Siempre suele haber m&aacute;s miedo en las familias que tienen las chicas, porque las agresiones suelen ser hacia ellas, y tambi&eacute;n puede haber miedo de un embarazo&rdquo;, explica. El psic&oacute;logo Fran J&oacute;dar cree que esto tiene que ver con una &ldquo;visi&oacute;n machista&rdquo;, que &ldquo;es la que dicta la moral en esta cuesti&oacute;n&rdquo;. &ldquo;A veces no nos damos cuenta de que si un chaval no puede entrar por la puerta, entrar&aacute; por la ventana. Por eso yo apuesto por mantener relaciones de confianza, transparencia y afectividad con todo el entorno afectivo de nuestras hijas e hijos, porque de lo contrario, convertiremos su desarrollo afectivo-sexual en un tab&uacute; y les condenaremos a repetir los t&iacute;picos errores que hemos cometido siempre&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/adolescencia-sexualidad-dejo-hijo-traiga-pareja-dormir-casa_1_12919390.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 19 Jan 2026 21:31:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Adolescencia y sexualidad: ¿dejo que mi hijo traiga a su pareja a dormir a casa?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Adolescentes,Sexualidad,Sexo,Sexología,Padres,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La nostalgia es el nuevo amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/nostalgia-nuevo-amor_129_12856690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2a16d27-715c-4eef-827d-7f0c4e3f4515_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La nostalgia es el nuevo amor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ante un amor mercantilizado, mezquino, desconsiderado, el primer amor, el gran amor, el genuino, el menos fetichizado, se rescata como el amor verdadero</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        Dos sillitas de pl&aacute;stico. Feas. Inc&oacute;modas. Apilables. Dos sillitas sobre un jardincito cualunque &ndash;cualquiera&ndash; que se convirtieron en &iacute;cono de nostalgia sexy. Bud Bunny se lamenta <em>Deb&iacute; tirar m&aacute;s fotos</em>. Entre millones de selfis &eacute;l busca a la imborrable, a la que no se puede tirar a la papelera, con la que no tiene fotos, con la que no se revel&oacute;, con la que no hab&iacute;a pose. El amor vintage es el amor verdadero. &ldquo;Deb&iacute; tirar m&aacute;s fotos de cuando te tuve&rdquo;, dice Benito, con el acento como bandera (con la bandera celeste, con la L pronunciada en la reinvenci&oacute;n de Nueva Yol), sin deportaci&oacute;n para la lengua descolonizada que no acepta error en la poes&iacute;a oral de la pronunciaci&oacute;n. &ldquo;Deb&iacute; darte m&aacute;s besos y abrazos las veces que pude&rdquo;, susurra en un balanceo que no se puede cantar sin el cuerpo y que canta el cuerpo que se mueve. Un canto que vuelve cuerpo a las masas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;l se sienta a jugar domin&oacute; con su abuelo y genera furor en YouTube con la imagen de la historia del himno de Puerto Rico. Saber de d&oacute;nde venimos en tiempos en los que no sabemos a d&oacute;nde vamos. Dime qu&eacute; hit eres y te dir&eacute; qu&eacute; &eacute;poca vives. Te dir&eacute;, la del amor gentrificado, como los bares, los barrios, las ciudades, las playas, para la est&eacute;tica, para el filtro. Ante un futuro incierto, desesperanzador, despedazado, la historia es un &iacute;cono. Ante un amor mercantilizado, mezquino, desconsiderado, el primer amor, el gran amor, el genuino, el menos fetichizado, se rescata como el amor verdadero. Y al amor se le pide rescate, como a los juegos sin teclas, como a las horas que no pasan en una silla sin gamers, cuando el amor se vuelve un pase, una contrase&ntilde;a m&aacute;s, en un mundo con m&aacute;s claves que adivinanzas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Espero, aunque sea, ser un buen recuerdo&rdquo;, canta Benito en una oda retro. Ser recuerdo es una neo aspiraci&oacute;n en una &eacute;poca en la que trascender no es para la vida instant&aacute;nea y permanecer es una sobredosis de presente. El deseo ya no es de futuro, sino de pasado. Ese eje lo entendi&oacute; la extrema derecha que romantiza a las amas de casa en modelo<em> tradwife</em> de MasterChef y le da v&iacute;a libre a los incels que quieren mujeres con modales de dama antigua. En la patria latina, la m&aacute;s rica de las patrias, la bandera es una reivindicaci&oacute;n y la patria son las horas moviendo fichas <em>unplugged</em> y con el sexo como un para&iacute;so gratuito a la vuelta de dos sillas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bud Bunny cant&oacute; &ldquo;Ella perrea sola&rdquo; y ese ladrido mordi&oacute; el anzuelo. &Eacute;l se puso pollera y ellas sacaron culo pa&acute;afuera. No se necesita a otro. Pero s&iacute; se quiere a otro para un baile inolvidable. Hay una diferencia entre necesidad y deseo. Hay distancia entre el pasado como retroceso y la memoria para sobrevivir a una madurez sin techo. La nostalgia es un duelo. El desarraigo lanza a volver, en loop, a&nbsp;recuerdos sin like. No es un tiempo para quedarse. Es un paso prudencial para bailar con una chica real, siempre, m&aacute;s desafiante que la novia imaginaria. Eso s&iacute;, la lengua futura, que no est&aacute;<em> sold out</em>, es con acento. Que si el amor tiene un secreto es el susurro.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luciana Peker]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/nostalgia-nuevo-amor_129_12856690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 13 Jan 2026 23:01:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La nostalgia es el nuevo amor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Relaciones,Sexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siete podcast para explorar otras formas de amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/siete-podcast-explorar-formas-amor_1_12856730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9ae69f43-a4dc-4d9b-a869-84fedc4ef368_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Siete podcast para explorar otras formas de amor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En este género narrativo-periodístico en el que se está explorando y transgrediendo la forma de contar historias, encontrarás testimonios y reflexiones sobre nuestros deseos más íntimos</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        Ay, el amor. Tan estimulante, tan idealizado, tan complicado. Nos encanta el amor en canciones, en libros, en pel&iacute;culas y, sin embargo, todav&iacute;a no hay en castellano grandes podcast dedicados exclusivamente al amor como s&iacute; ocurre en ingl&eacute;s. No hay un &lsquo;Modern Love&rsquo; ni tampoco algo &iacute;ntimo, sensual, crudo como &lsquo;The Heart&rsquo; ni un podcast que explore las complejidades de las relaciones humanas como lo hace la psicoterapeuta belga Esther Perel en &lsquo;Where Should We Begin?&rsquo; (si entiendes ingl&eacute;s corre a escuchar cualquiera de los tres).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que para hacer esta lista he buscado y rebuscado, he preguntado a amigas, colegas e incluso a la IA (que lo primero que me propuso fue un podcast que no existe) y traigo una selecci&oacute;n de lo mejor que se ha publicado en espa&ntilde;ol. Quiz&aacute; todav&iacute;a no hay un gran podcast sobre el amor, pero s&iacute; muy buenos episodios que nos abren las puertas a nuevos mundos, a los deseos y miedos m&aacute;s &iacute;ntimos, y que tambi&eacute;n nos traen historias llenas de fantas&iacute;a, vulnerabilidad o humor. Ojal&aacute; te enciendan las ganas de seguir buscando nuevas formas de amar. O no.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Preguntan por ti (De eso no se habla).</strong> Cuando Rosana era una ni&ntilde;a, su madre desaparec&iacute;a de casa sin dar ninguna explicaci&oacute;n. Era un misterio que le inquietaba, que no comprend&iacute;a. A&ntilde;os despu&eacute;s, una llamada de tel&eacute;fono destap&oacute; un secreto. &ldquo;Yo tuve una madre muy valiente que fue una v&iacute;ctima de su &eacute;poca, a pesar de que no contabilice como tal&rdquo;, cuenta Rosana. Esta es la historia de una mujer que se atrevi&oacute; a romper las normas de su tiempo, la posguerra espa&ntilde;ola. De una mujer que viv&iacute;a sola, no estaba casada, no ten&iacute;a hijos; que pas&oacute; de vivir en una porter&iacute;a l&uacute;gubre a vivir de pronto en un pisazo en una de las calles m&aacute;s caras de Madrid; a vestirse de Balenciaga, a que le hiciera fotos el mismo fot&oacute;grafo que a Ava Gardner; es la historia de una mujer que transgredi&oacute; algunas de las reglas m&aacute;s estrictas de la sociedad que la rodeaba. Y que lo hizo por amor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La terapia (Hechos Reales).</strong> Madrid, 1982. Esther es una joven madrile&ntilde;a, una ni&ntilde;a buena, que estudia en un instituto en Moratalaz. Una noche sale de fiesta con sus amigas y conoce a Israel, un chico que vive en una casa okupa en Vallecas. A partir de ese d&iacute;a su vida cambiar&aacute; radicalmente y acabar&aacute; formando parte de los GRAPO: &ldquo;Hab&iacute;an captado a Isra y ahora me ten&iacute;an que captar a m&iacute; para que Isra aguantara&rdquo;. S&iacute;, es una historia real. Y si vas a terapia y tu psic&oacute;loga se llama Esther, probablemente ahora te est&eacute;s haciendo muchas preguntas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lista de Portazos y Relaciones (Extra Fant&aacute;stica).</strong> Cuando casi nadie sab&iacute;a lo que era un podcast, Mona Le&oacute;n Siminiani lanz&oacute; en la web de RTVE Extra Fant&aacute;stica, unas p&iacute;ldoras sonoras llenas de inteligencia, humor y un poco de mala leche tambi&eacute;n. M&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s siguen siendo brillantes. &ldquo;Si un timbre define a una persona, &iquest;qu&eacute; definir&iacute;a un portazo? Exacto: una relaci&oacute;n. As&iacute; que ah&iacute; va la lista de los portazos y las relaciones&rdquo;. Te vas a re&iacute;r.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Anatom&iacute;a de un reencuentro (Radio Ambulante).</strong> Claudia y Jorge eran una pareja feliz. Llevaban varios a&ntilde;os juntos, acababan de ser padres, les encantaba su vida. Pero un d&iacute;a, en un instante, todo se transform&oacute; por completo. Una historia sobre la intimidad de una pareja y lo que pasa cuando la forma en la que dos cuerpos se relacionan cambia radicalmente. Una historia que te har&aacute; ponerte en el lugar de Claudia y tambi&eacute;n en el de Jorge, que te har&aacute; plantearte qu&eacute; hubieses hecho t&uacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Amor, deseo, gordoerotismo (Nadie hablar&aacute; de nosotras).</strong> &ldquo;A las personas gordas nos han robado la sexualidad. Nos la han quitado. Las personas gordas vivimos en un mundo donde no existe la sexualidad para nosotras. Socialmente no cabe vernos ni sentirnos. Estamos asexuadas en todos los sentidos, asexuadas porque somos gordura&rdquo;. Este es el &uacute;nico podcast conversacional de la lista porque lo que cuentan Lara Gil y Cristina de Tena hay que escucharlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El cuarto violeta (CUIR - Historias disidentes). </strong>Si alguna vez has tenido curiosidad por el BDSM (Bondage y Disciplina, Dominaci&oacute;n y sumisi&oacute;n, Sadismo y Masoquismo) o nunca antes hab&iacute;as visto estas siglas, este episodio es una buena forma de empezar. &ldquo;Esta pr&aacute;ctica no es solamente una forma de tener relaciones sexuales de manera alternativa. Tiene que ver con din&aacute;micas de poder que existen en todos los v&iacute;nculos, en todas las relaciones, pero que particularmente desde este tipo de relaciones, de las relaciones BDSM, las cosas sutiles se hacen m&aacute;s evidentes. Para m&iacute; el BDSM s&iacute; es una utop&iacute;a sexual. Todo lo que aprend&iacute; e investigu&eacute; sobre el BDSM sigui&oacute; como permeando en mi vida&rdquo;, explica &Aacute;mbar, la protagonista de este episodio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La cama del poliamor (Las Raras).</strong>&nbsp;Esta es la historia de amor entre una feminista radical antiparejas y una pareja inseparable de escritores. &ldquo;Un milagro&rdquo;, seg&uacute;n Gabriela Wiener, que es quien cuenta esta historia. &ldquo;Los tres est&aacute;bamos como con un subid&oacute;n. Nos hab&iacute;amos venido completamente arriba, como que est&aacute;bamos en b&uacute;squeda y al mismo tiempo hac&iacute;amos activismo con nuestra vida. Que tambi&eacute;n esta es una manera de hacer pol&iacute;tica: viviendo de otra manera, una manera de tambi&eacute;n estar fuera del sistema, amar de otra manera&rdquo;. Pero la realidad es mucho m&aacute;s compleja (y, quiz&aacute;, tambi&eacute;n, m&aacute;s interesante).&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Izaskun Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/siete-podcast-explorar-formas-amor_1_12856730.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jan 2026 20:35:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Siete podcast para explorar otras formas de amor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Relaciones,Sexualidad,Podcast]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una vida luminosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/vida-luminosa_129_12871256.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f88b51d8-5c6f-4157-8c13-6202efaa0c1c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una vida luminosa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"…y ¿qué es ser joven en años y de repente ser despertada
a la angustia, al apremio de la vida?"
Susan Sontag</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        Como toda hija de funcionarios con aspiraciones intelectuales pensaba que sus padres le hab&iacute;an jodido la vida. Semanas antes de cumplir los doce a&ntilde;os, con la llegada de la primera menstruaci&oacute;n, su madre le dej&oacute; sobre la cama una copia en franc&eacute;s de <em>El extranjero</em>, de Albert Camus, &ldquo;con la esperanza de que tu nueva vida como mujer sea luminosa&rdquo;, rezaba la dedicatoria del padre, escrita con una letra muy limpia y a tinta roja en la primera p&aacute;gina. Ella, que en verdad hubiera preferido recibir como regalo una caja de ibuprofenos, se extra&ntilde;&oacute; de que pap&aacute; y mam&aacute; se hubiesen gastado dinero en algo que estaba escrito en un idioma que ninguno de los tres entend&iacute;a. &iexcl;Es un cl&aacute;sico!, le dijo la madre. &iexcl;Alimentar&aacute; tu esp&iacute;ritu!, le dijo el padre. &iexcl;Te apuntaremos a la Escuela Oficial de Idiomas ma&ntilde;ana mismo!, volvi&oacute; a decir entusi&aacute;sticamente la madre, ante los ojos h&uacute;medos de la hija, que se retorc&iacute;a por el dolor uterino, repiti&eacute;ndose todo el rato para sus adentros: y a m&iacute; qu&eacute;, y a m&iacute; qu&eacute;, y a m&iacute; qu&eacute;. As&iacute;, antes de descubrir la sonoridad de la palabra endometrio; antes de entender del todo el significado del color marr&oacute;n de aquel flujo; y antes, incluso, de haberse atrevido a introducir el primer t&aacute;mpax de su vida por su vagina, un profesor viejo, con un bigote blanco muy poblado, tonte&oacute; con ella todas las tardes de martes despu&eacute;s de ense&ntilde;arle a conjugar el verbo <em>&ecirc;tre</em>, &iexcl;pero t&uacute; sobre todo deber&iacute;as aprender a conjugar el verbo <em>aimer</em>, bonica, porque eso me parece que lo vas a hacer mucho si sigues as&iacute; de precoz y as&iacute; de arrebatadora!
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que encontrarse cerca de estar enamorada, en el albor de sus catorce a&ntilde;os ella sinti&oacute; que la vida era m&aacute;s bien tonta, una cosa rid&iacute;cula. Pap&aacute; y mam&aacute; hab&iacute;an empezado a preocuparse de que ya no le apeteciera hablar con sus amigas de la urbanizaci&oacute;n, o de que el dinerillo de la paga mensual ya no fuese destinado a revistas musicales, chucher&iacute;as o cacaos labiales de mil sabores, sino a cuadernos negros de tapa dura en los que comenz&oacute; a escribir sobre sus m&aacute;s profundos pesares. Le preguntaban qu&eacute; te pasa cari&ntilde;o, con lo feliz que t&uacute; eras, pero ella se encog&iacute;a de hombros y no respond&iacute;a nada; bajaba la mirada a su ejemplar de <em>El mito de S&iacute;sifo</em> y se dejaba llevar por las palabras de ese autor que ellos mismos le hab&iacute;an obligado a leer desde ni&ntilde;a. Con quince a&ntilde;os, dej&oacute; de hablar. La jefa de estudios de su instituto biling&uuml;e hac&iacute;a llegar notas de advertencia a casa, recomendando a los progenitores que mandaran a su hija a terapia, cosa que hicieron sin grandes resultados: &iquest;c&oacute;mo te sientes?, preguntaba una psicoanalista en un despacho que, de acuerdo con lo que ella escribi&oacute; m&aacute;s tarde en su diario, &ldquo;ol&iacute;a a jazmines mustios y a heces de Lacan&rdquo;. Pero ese diario fue un consuelo para toda la familia. Por un lado, ella lo rellenaba de comentarios mordaces y medio suicidas: &ldquo;&iquest;No es acaso mejor dejar de hablar que dejar de comer?&rdquo;. Por el otro, sus padres lo revisaban cuando ella se marchaba a clase, y hac&iacute;an la vista gorda a los ataques contra sus &ldquo;lamentables Padres Progres de Provincias, votantes del PSOE y faltos de talento&rdquo;, hasta que un d&iacute;a encontraron un poema que les sugiri&oacute; que, definitivamente, algo comenzaba a ir muy mal. El hecho de que estuviera escrito en franc&eacute;s les result&oacute; a&uacute;n m&aacute;s alarmante, &iquest;acaso ella sab&iacute;a que sus padres cotilleaban sus cuadernos y por eso ocultaba sus sentimientos con el cerrojo a&uacute;n m&aacute;s impenetrable de la lengua? Decidieron utilizar Google Translator: &ldquo;Poema sobre leer <em>La mujer rota</em>, de Simone de Beauvoir, y querer morir: <em>El epitafio de mis ojos / no habla sino de larvas y de moscas. / Chocando mis dedos contra la tierra / descubro que el silencio ya no existe. / Porque he huido entre piedras resplandecientes / y el miedo a las olas./ Porque he borrado el azul / de esta idea desnuda. / Porque he decepcionado, dices, / pintando oscuridad a un coraz&oacute;n que aguarda</em>&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Por su cumplea&ntilde;os n&uacute;mero diecis&eacute;is dej&oacute; una nota manuscrita en la mesa del comedor, en la que suplicaba a sus padres que le dejaran ponerse un piercing en el ombligo; para hacerse los tontos, y como medida cautelar ante la amenaza escrita de las autolesiones, decidieron reunir algunos ahorros y llevarla de viaje a Par&iacute;s por la Semana Santa. Durante los preparativos del viaje, Mam&aacute; compr&oacute; todo tipo de mapas y gu&iacute;as tur&iacute;sticas en la librer&iacute;a del barrio, y luego pidi&oacute; a una vecina que le prestara unas pocas pastillas de esas tan buenas contra la ansiedad, pues aquella ser&iacute;a su primera vez montando en avi&oacute;n, y estaba de los nervios. Por su parte, pap&aacute; estudi&oacute; en secreto algunas palabras b&aacute;sicas del franc&eacute;s, y hasta se intent&oacute; leer la versi&oacute;n original de <em>El conde de Montecristo</em> que hab&iacute;a regalado a su hija las navidades pasadas, aunque sin demasiado &eacute;xito y con la mala suerte de que sus p&aacute;ginas transcurrieran en Marsella y no en la capital.
    </p><p class="article-text">
        Poco ilusionada a juzgar por sus expresiones, aunque sorprendentemente complacida en su interior, la hija exigi&oacute; que el d&iacute;a exacto de su cumplea&ntilde;os lo pasaran visitando los cementerios de Par&iacute;s en los que se encontraban los cad&aacute;veres de sus escritores preferidos. Ante aquella petici&oacute;n tan extra&ntilde;a, los padres lamentaron no haber negociado mejor la primera s&uacute;plica del piercing, pero prefirieron pensar en que tal vez el hecho de ver la decadencia de la muerte con sus propios ojos apaciguar&iacute;a su obsesi&oacute;n con poner fin a su propia vida.
    </p><p class="article-text">
        El viaje empez&oacute; peor de lo esperado. La adolescente hab&iacute;a olvidado su cuaderno negro en casa, cosa de la que no se dio cuenta hasta llegar a su asiento del avi&oacute;n. Quer&iacute;a bajarse. Ten&iacute;a que bajarse. Pataleaba e imploraba que la dejaran salir de all&iacute;, pero los sobrecargos trataron de disuadirla con palabras amables que ella odi&oacute;. Forzada entonces a desvelar su terror inconfesado, mam&aacute; abri&oacute; el bolso y despleg&oacute; en la palma de su mano un saquito azul lleno de pastillas. &iexcl;Son buenas, nos calmar&aacute;n!, dijo temblando. &iexcl;Al llegar a Par&iacute;s te compraremos todos los cuadernos que quieras!, remat&oacute; el padre, mientras su hija se tragaba sin pens&aacute;rselo un par de ansiol&iacute;ticos blancos que la dejaron tranquil&iacute;sima durante el resto de la jornada. Con el &aacute;nimo anestesiado pero feliz, la chica re&iacute;a, conversaba y compart&iacute;a impresiones del entramado urban&iacute;stico parisino como si llevara toda la vida hablando con tanta naturalidad y alegr&iacute;a con sus padres. Sin tener que mediar palabra, ellos se miraron fijamente y firmaron un acuerdo mental, seg&uacute;n el cual aquella medicaci&oacute;n ser&iacute;a el elixir con el que salvar&iacute;an a su ni&ntilde;a de una vida negra. Al d&iacute;a siguiente, desde un apartahotel en el coraz&oacute;n de Saint Georges, festejaron los diecis&eacute;is a&ntilde;os con cruasanes y salieron pronto de casa para visitar el cementerio de Montparnasse. &iexcl;Esto s&iacute; es una ciudad!, dijo la madre. &iexcl;Dentro de unos a&ntilde;os deber&iacute;as estudiar aqu&iacute; relaciones internacionales!, se anim&oacute; el padre. &iexcl;Nuestra ni&ntilde;a de Erasmus!, dijo la madre. &iexcl;Claro que s&iacute;!, dijo ella, con el efecto del primer ansiol&iacute;tico d&aacute;ndole &aacute;nimos a su peque&ntilde;o coraz&oacute;n g&oacute;tico, mientras zarandeaba con la mano el cuaderno floreado que le acababa de comprar pap&aacute; en una librer&iacute;a-papeler&iacute;a encantadora.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que el cementerio era bonito. Lleno de turistas espa&ntilde;oles y portugueses, pero bonito. Lleno de mujeres j&oacute;venes haci&eacute;ndose fotos junto a la l&aacute;pida besada de Simone de Beauvoir, pero bonito. Lleno de estudiantes mordiendo bol&iacute;grafos BIC, que luego posar&iacute;an como tributo sobre la tumba de Marguerite Duras, pero bonito. Ella conoc&iacute;a todos esos nombres. Hab&iacute;a le&iacute;do esos libros y hasta se hab&iacute;a masturbado un poquito leyendo las novelas pseudoer&oacute;ticas de uno de los protagonistas de aquellas tumbas: Pierre Lou&yuml;s. Sus padres estaban tan obsesionados con que ella conociera a la perfecci&oacute;n la lengua m&aacute;s digna y elegante del continente, que no reparaban en el contenido a veces un poco cerdo de alguno de esos libros de bolsillo que ya encargaba sola y que devoraba desde los doce. Aunque pensaba cada vez m&aacute;s en el cuerpo, sobre todo en el de otras mujeres, escribir sobre su propia angustia sexual no era algo que le gustase del todo, de manera que sus cuadernos negros estaban a salvo de sus &iacute;ntimas perversiones y de la mirada cotilla de los progenitores.
    </p><p class="article-text">
        Caminando sola por aquel cementerio, en un momento en el que se despist&oacute; sobre qu&eacute; camino hab&iacute;an tomado sus padres; extasiada por el olor de los &aacute;rboles, ebria de ansiol&iacute;ticos y con el cuaderno nuevo entre los brazos, bien apretado contra su pecho, pens&oacute; en que quiz&aacute;s aquella nueva alegr&iacute;a que le hab&iacute;an tra&iacute;do Par&iacute;s y el cumplea&ntilde;os era la excusa para empezar a escribir sobre lo que m&aacute;s le ard&iacute;a por dentro desde que ten&iacute;a uso de raz&oacute;n lector; sobre ese fuego que siempre hab&iacute;a sentido dentro de s&iacute;, pero que ella hab&iacute;a preferido acallar coleccionando tantos libros tristes.
    </p><p class="article-text">
        Apareci&oacute; entonces ante sus ojos: una l&aacute;pida negra, negra y limpia, negra y dura como las tapas de sus diarios. Una l&aacute;pida brillante. Parec&iacute;a que alguien hubiera pasado toda la ma&ntilde;ana puli&eacute;ndola para que brillara tanto como la obsidiana. Ella hab&iacute;a le&iacute;do sobre la obsidiana. En el revistero del sal&oacute;n, mam&aacute; coleccionaba folletos esot&eacute;ricos llenos de fotograf&iacute;as de minerales y piedras luminosas. Hab&iacute;a le&iacute;do sobre &ldquo;el espejo del alma&rdquo;, sobre esa roca purificadora, protectora de males en&eacute;rgicos, que potenciaba el amor propio. Lo que no hab&iacute;a le&iacute;do era a la autora cuyos restos reposaban bajo aquella tumba sobria pero majestuosa, misteriosa, llena de esperanza sobre la que no tuvo reparo en abalanzarse. chica, imaginando lo imposible: un cad&aacute;ver a&uacute;n caliente, tal vez muy bello, con el que besarse. No hab&iacute;a visto nunca una fotograf&iacute;a de Susan Sontag, pero sab&iacute;a que ser&iacute;a hermosa. Retorci&eacute;ndose contra la l&aacute;pida por un dolor repentino e intenso en el bajo vientre, y llamando la atenci&oacute;n de los turistas, pero tambi&eacute;n de sus padres, que ya la buscaban un poco desesperados, y que se la encontraron all&iacute; repantigada, con las piernas abiertas sobre la tumba, y una mancha de sangre emergi&eacute;ndole poco a poco de la parte inferior de la entrepierna del pantal&oacute;n vaquero. &iexcl;Est&aacute;s desangr&aacute;ndote, hija m&iacute;a!, dijo el padre, avergonzado. &iexcl;&iquest;No se te ha ocurrido ponerte un tamp&oacute;n antes de salir del apartamento?!, grit&oacute; la madre. &iexcl;Ahora vamos a tener que volver en taxi!, alarm&oacute; el padre. La hija, mientras tanto, re&iacute;a y pronunciaba una y otra vez el nombre de Sontag, pensando entre retortijones que quiz&aacute; nunca en toda su vida hab&iacute;a sido tan feliz. Empez&oacute; a besar la l&aacute;pida, a rozar su pubis contra la falsa obsidiana. La sangre continuaba empapando el pantal&oacute;n y su madre, escandalizada, fue corriendo hasta ella para frotarle con violencia la zona de la ingle con unas toallitas h&uacute;medas que llevaba en el bolso, un gesto que termin&oacute; por excitar todav&iacute;a m&aacute;s a la hija, en trance ahora, y agitada por un estremecimiento que horroriz&oacute; a un peque&ntilde;o grupo de espectadores que ya hac&iacute;an corrillo.
    </p><p class="article-text">
        Volvieron al apartahotel en taxi y sin mediar palabra. Como en Espa&ntilde;a a&uacute;n era la hora de la siesta, forzaron a la hija a echarse una. La madre sac&oacute; del bolso su saquito m&aacute;gico, y adem&aacute;s del ansiol&iacute;tico puso sobre la mesa del sal&oacute;n uno de sus somn&iacute;feros naturales. La chica toc&oacute; los restos de miga de cruas&aacute;n que todav&iacute;a poblaban el mantel desde la ma&ntilde;ana, fingi&oacute; que se met&iacute;a los medicamentos en la boca y se encerr&oacute; en su cuarto, bostezando. Mam&aacute; y pap&aacute; respiraron hondo y cuando comprobaron que la adolescente estaba dormida decidieron dejarla all&iacute; mientras sal&iacute;an a mirar los alrededores de Saint George, dando un pase&iacute;to corto hasta el Moulin Rouge. Al escuchar la puerta cerrarse, ella sali&oacute; de la cama de un salto, se cambi&oacute; de pantal&oacute;n, agarr&oacute; el otro par de llaves del apartamento y se fue en busca de una librer&iacute;a. &iquest;Susan Sontag? &iquest;Tiene algo usted de Susan Sontag? Por favor, necesito a Susan. Susan, Susan, Susan Sontag. Claro que ten&iacute;an a Sontag. En la cubierta de uno de los vol&uacute;menes, luc&iacute;a el rostro de una mujer. &iquest;Es ella? S&iacute;, respondi&oacute; el librero. Y entonces la adolescente agarr&oacute; el volumen y sali&oacute; de la librer&iacute;a corriendo, sin que a los dependientes les diera tiempo a reaccionar. &ldquo;Rena&icirc;tre&rdquo;, dec&iacute;a el t&iacute;tulo. As&iacute; es como se sent&iacute;a ella misma: renacida. Corri&oacute; todo lo que pudo con el libro escondido bajo la camiseta y meti&eacute;ndose entre callejuelas concurridas, para asegurarse de que nadie la segu&iacute;a. Camin&oacute; un poco m&aacute;s hasta el apartamento y se alegr&oacute; al ver que sus padres a&uacute;n no hab&iacute;an llegado. Con la lucecilla del cuarto alumbrando las p&aacute;ginas de aquel tesoro, se dio cuenta de que se trataba de una traducci&oacute;n al franc&eacute;s de los diarios de adolescencia de una fil&oacute;sofa y narradora yanqui, que por alguna raz&oacute;n acab&oacute; cayendo muerta en ese cementerio de Par&iacute;s. Como toda hija de funcionarios con aspiraciones intelectuales y verg&uuml;enza de clase, pensaba que sus padres la hab&iacute;an llevado por el buen camino, pero desde una direcci&oacute;n equivocada. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo puedo ayudarme, volverme cruel?&rdquo;, dec&iacute;a uno de los fragmentos de aquel diario, en el que Sontag ten&iacute;a m&aacute;s o menos la misma edad que ella.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pues no solo estoy leyendo este libro, sino cre&aacute;ndolo yo misma, y esta experiencia &uacute;nica y descomunal ha purgado mi mente de gran parte de la confusi&oacute;n y la esterilidad que la han atascado todos estos horribles meses&rdquo;, anot&oacute; la fil&oacute;sofa en una entrada de unos meses despu&eacute;s, refiri&eacute;ndose a una lectura que hab&iacute;a hecho de Andr&eacute; Gide. Le result&oacute; imposible no sentir una identificaci&oacute;n profunda, rodeada de un sentimiento casi m&iacute;stico, quisiera lo que quisiera decir eso. Si de pronto era as&iacute; de f&aacute;cil identificarse con un libro, si resultaba as&iacute; de sencillo verse a una misma en la vida de otra persona, entonces la existencia no era tan absurda como pensaba, o tal vez es que lo era m&aacute;s que nunca. Estaba enamorada de Susan. Estaba profundamente consternada por la belleza de su escritura y de su rostro. Necesitaba m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Mam&aacute; y pap&aacute; llegaron con bolsas para una cena de picoteo. Se excusaron por la tardanza, visiblemente achispados. Ella hizo todo lo posible para estar tranquila, y hasta se atrevi&oacute; a improvisar alg&uacute;n chiste sobre la menstruaci&oacute;n, las tumbas y el precio de los taxis de Par&iacute;s. &iquest;Quer&eacute;is que corte m&aacute;s queso?, pregunt&oacute; hacia el final de la cena, y, aunque con el est&oacute;mago lleno, sus padres progres de provincias asintieron, encantados con la imagen servicial de la ni&ntilde;a. &iquest;Puedo echarme media copa de vino para brindar con vosotros? Ellos volvieron a asentir. &iexcl;Media copita es buena para la salud!, dijo pap&aacute;. &iexcl;As&iacute; se va formando su gusto en vinos!, dijo mam&aacute; con las mejillas encendidas. Mientras cortaba un poquito m&aacute;s de queso, la hija sac&oacute; el somn&iacute;fero natural del bolsillo, abri&oacute; la c&aacute;psula con esmero, y roci&oacute; unos polvitos en la copa de su madre y otros cuantos m&aacute;s en la de su padre. &iexcl;Por ti, cari&ntilde;o m&iacute;o!, dijo mam&aacute;. &iexcl;Por mis dos mujeres favoritas!, dijo pap&aacute;. A las nueve y media de la noche, sentados en el sof&aacute; y sin que les hubiera dado tiempo a ponerse los pijamas, se quedaron dormidos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Estoy enamorada de enamorarme!&rdquo;, escribi&oacute; Susan Sontag en <em>Renacida, </em>haciendo referencia a su bisexualidad y a su car&aacute;cter profundamente enamoradizo. Si el folleto que hab&iacute;a guardado entre las p&aacute;ginas del cuaderno floreado estaba en lo cierto, el cementerio de Montparnasse no cerraba hasta las once, de manera que, si se daba prisa, podr&iacute;a colarse un rato antes de la hora, y pasar la noche junto a su nueva diosa de obsidiana. En el bolsillo derecho, los euros que le hab&iacute;a sacado a pap&aacute; y una copia de las llaves del apartahotel; en el bolsillo izquierdo, el saquito de medicamentos que le hab&iacute;a sacado a mam&aacute;, y un bol&iacute;grafo; entre los brazos, su ejemplar de <em>Renacida</em>; en el pecho, un nervio profundo. &ldquo;&iexcl;Estoy enamorada de enamorarme!&rdquo;, reley&oacute; una vez m&aacute;s, antes de colarse en el cementerio y esconderse entre unos arbustos a la espera de que todo hubiese quedado en silencio. Deb&iacute;a haber pasado poco m&aacute;s de media hora cuando se decidi&oacute; a emerger de entre las hojas para buscar a oscuras la l&aacute;pida negra. &iexcl;Estoy enamorada de enamorarme!, dec&iacute;a, y se tomaba una pildorita natural. &iexcl;Estoy enamorada de enamorarme!, dec&iacute;a, y se tomaba una pastilla redonda. &iexcl;Estoy enamorada de enamorarme!, dec&iacute;a, y volv&iacute;a a empezar el ritual, hasta que consigui&oacute; acabar con el contenido de la bolsa.
    </p><p class="article-text">
        Por fin frente a la tumba de Susan Sontag, o al menos frente a alguna tumba que se le parec&iacute;a mucho, porque ni la luz ni el mareo le dejaban estar segura de eso, la adolescente pens&oacute; en sus padres y pens&oacute; en sus escritores preferidos, y se pregunt&oacute; que c&oacute;mo era posible amar todav&iacute;a m&aacute;s a los muertos que a los vivos. Te amo, Susan Sontag, dijo, acurruc&aacute;ndose sobre la l&aacute;pida negra. Te amo como nunca he querido a nadie, ni siquiera a m&iacute; misma, volvi&oacute; a decir, aunque esta vez trab&aacute;ndose un poquito la lengua, m&aacute;s bien para sus adentros. Le habr&iacute;a venido bien un ibuprofeno para todo ese dolor, pero ya daba igual. Su vida como mujer era luminosa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luna Miguel]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/vida-luminosa_129_12871256.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Jan 2026 21:11:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una vida luminosa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Amor,Sexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Dónde están los caballeros?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/caballeros_1_12856610.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1889aa0c-e297-4b39-bb68-d871f199bf44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Dónde están los caballeros?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los incels de hoy adoptan el manual medieval de cortejo y seducción de la peor de las maneras posibles </p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'
</p></div><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os fui por primera vez al Teatro Real en el centro de Madrid (el &uacute;nico espacio donde a mis 31 a&ntilde;os a&uacute;n contaba como joven y pod&iacute;a optar a una entrada reducida). Con la camisa m&aacute;s formal que ten&iacute;a y unos pantalones vaqueros, sin miedo a sentirme fuera de lugar, me dispuse a ver el estreno de una &oacute;pera cl&aacute;sica, <em>Trist&aacute;n e Isolda</em>, un drama en el que el romance ocupa la posici&oacute;n central pero nunca llega a consumarse. Toda la tragedia ocurre en los intentos de estos dos enamorados por encontrarse, la seducci&oacute;n convenientemente obviada por un filtro de amor que ambos toman por accidente. &ldquo;Damas y caballeros, tomen asiento, la funci&oacute;n va a comenzar&rdquo;, anunci&oacute; la voz rob&oacute;tica desde un altavoz que llevaba acumulando polvo dos d&eacute;cadas. Y mientras bajaban las luces y los asistentes se preparaban para unas cuatro horas de tragedia cantada a ritmo de Wagner yo me quedo pensando en esas dos palabras que ha utilizado esa voz a la vez et&eacute;rea y met&aacute;lica: la dama y el caballero. Como si todo el p&uacute;blico, fuera en traje, vestido o camiseta, formase parte de esos mismos dos arquetipos que &iacute;bamos a ver aparecer en escena en unos segundos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El caballero es tal vez la imagen m&aacute;s emblem&aacute;tica del periodo medieval. Un hombre, un caballo, su espada y su armadura, dispuestos a correr mil aventuras. Una figura sin duda activa, que participa de la violencia que solemos asociar a la Edad Media. Las guerras, las alianzas y todo lo que vinculamos a esta &eacute;poca parecen haberlo hecho hombres con espadas. La dama, aunque es igual de ic&oacute;nica cuando pensamos en los mil a&ntilde;os que dur&oacute; la Edad Media, con sus tocados elaborados y sus hermosos vestidos, es por el contrario quien espera en el castillo. Esta imagen, hoy tal vez influida por cuentos de hadas, pel&iacute;culas como <em>La princesa prometida</em> o series como <em>Juego de Tronos</em>, no es un reflejo real de las relaciones entre mujeres y hombres en la Edad Media, y leer cualquier libro de historia nos ense&ntilde;ar&iacute;a a mujeres m&aacute;s parecidas a Cersei Lannister, Margaery Tyrell o Daenerys Targaryen &mdash;mujeres con poder, y, sobre todo, complejas&mdash;, que a Buttercup &mdash;la dama continuamente en apuros y el objeto a conseguir por el h&eacute;roe&mdash;, pero es reflejo de c&oacute;mo muchos caballeros quer&iacute;an verse a s&iacute; mismos. No como hombres violentos que sacaban su riqueza del trabajo de siervos, sino como hombres dispuestos a luchar por una dama, que no era m&aacute;s que un ideal, una figura que espera a ser impresionada por su pretendiente. Pero la Historia tiene sus formas de funcionar, y muchas veces sobrevive no lo que somos sino ese relato de lo que querr&iacute;amos ser. Esta historia, que hemos visto una y otra vez, en versiones contadas por Perrault o por Disney, que ya parodiaba Cervantes con su Quijote y Dulcinea, tiene ra&iacute;ces tan profundas como el patriarcado: la idea de qui&eacute;n es sujeto y qui&eacute;n es objeto, qui&eacute;n act&uacute;a y qui&eacute;n recibe, qui&eacute;n seduce y qui&eacute;n es seducido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta es la idea que permea gran parte de la literatura europea medieval, base de nuestros cuentos de hadas y, sobre todo, del amor cort&eacute;s, aquel g&eacute;nero de trovadores itinerantes que de corte en corte iban canturreando sobre un amor noble, de un caballero que persegu&iacute;a el amor de una dama. A veces, siglos despu&eacute;s, esas historias incluso se adaptaron a grandiosas &oacute;peras. El amor cort&eacute;s, llamado en occitano el &ldquo;fin&rsquo;amor&rdquo;, es decir, el amor fino o verdadero, era uno que se desarrollaba sobre todo en la seducci&oacute;n y el cortejo. El caballero, perdidamente enamorado de la esposa de su se&ntilde;or, la contemplaba con una devoci&oacute;n casi servil, equiparando el amor al vasallaje. El amor era la p&eacute;rdida de uno mismo, y de su propia agencia para servir a otra persona, por supuesto por unos ideales puros. Este amor era ante todo uno prohibido, algo normal en una &eacute;poca donde el matrimonio era m&aacute;s un arreglo econ&oacute;mico que una fantas&iacute;a rom&aacute;ntica. Si el lecho matrimonial era uno de trabajo, el amor fino tendr&iacute;a que venir de otros espacios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los pasos de este fino amor pueden resultarnos familiares. Empieza con el caballero que admira a la dama desde lejos, el llamado suspirante o fenhedor, como Don Quijote. Es &eacute;l quien se aproxima y trata de declararse, como suplicante o pecador, a lo que ella, una dama virtuosa, rechaza esos primeros avances. No olvidemos que es un amor prohibido. Este rechazo da pie al nudo de la obra, entre la seducci&oacute;n y la ocultaci&oacute;n. El argumento central: el periplo y las correr&iacute;as que el caballero ten&iacute;a que emprender para ganar la atenci&oacute;n y el amor de esa dama. Esto es, un &ldquo;el que la sigue, la consigue&rdquo;, pero marcado por malvados monstruos, brujas y molinos de viento en lugar de por citas frustrantes y <em>ghosting</em>. Al final de todas esas aventuras y haza&ntilde;as por amor, la dama por fin corresponde al caballero, que se convierte en entendedor, y finalmente en amante (<em>drut</em>) cuando se da el aguardado contacto &iacute;ntimo que consuma la relaci&oacute;n. Estas fases, que recuerdan a la met&aacute;fora que se usa en ingl&eacute;s utilizando las bases de beisbol para indicar qu&eacute; hitos se han conseguido, no tienen por qu&eacute; acabar en el coito. Los medievales ten&iacute;an otras ideas de consumar el amor, y por ejemplo Trist&aacute;n e Isolda consuman el suyo durmiendo en una misma cama con la espada del caballero entre ambos como barrera. El problema es lo que viene cuando el caballero por fin &ldquo;la consigue&rdquo;, pues la obra llega entonces a un tr&aacute;gico final y este &ldquo;fin&rsquo;amor&rdquo; deja a su paso varios cad&aacute;veres.
    </p><p class="article-text">
        Los tiempos modernos han cambiado mucho la forma en la que cualquier persona &ldquo;la sigue&rdquo;, pero no tanto el reparto de papeles. Andreas Capellanus, fil&oacute;sofo del siglo XII y considerado uno de los idearios fundamentales del amor cort&eacute;s con su obra <em>De Amore</em> (<em>Sobre el Amor</em>) ya establec&iacute;a el amor como una competici&oacute;n, entre los hombres, por el afecto de la mujer. El amor es mon&oacute;gamo, y mientras puedes ser amada por muchos, t&uacute; solo puedes amar a una persona. M&aacute;s de 800 a&ntilde;os despu&eacute;s un estudio de la Queen Mary University de Londres ya demostr&oacute; en 2016 que quienes tienden a hacer <em>swipe</em> a la derecha en la app de citas de turno suelen ser los hombres, al menos en las relaciones heterosexuales (este estudio queda a&uacute;n pendiente para relaciones s&aacute;ficas o aqu&iacute;leas), mientras que las mujeres suelen escoger m&aacute;s a qu&eacute; perfiles dan like. La actitud masculina parece una pesca de dragado, dispuesta a maximizar el n&uacute;mero de resultados y opciones, mientras que la femenina parece m&aacute;s selectiva, dispuesta a minimizar el riesgo.	
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Estamos, pues, ante damas encerradas en su castillo virtual, escogiendo caprichosas de entre los cientos de pretendientes que se agolpan a sus puertas intentando trepar a las almenas?&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La mujer como amenaza</h2><p class="article-text">
        As&iacute; es como ley&oacute; el estudio (o bueno, los titulares posteriores, pues ya nadie parece leer estudios) una comunidad que, aunque pueda no parecerlo, tambi&eacute;n interact&uacute;a con una versi&oacute;n de ese amor cort&eacute;s: los <em>incel</em>. La comunidad <em>incel </em>(del ingl&eacute;s <em>involuntary celibate</em>, c&eacute;libe involuntario), ha atra&iacute;do mucho la atenci&oacute;n en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, siendo calificada como grupo de odio. Algunos de estos autodeclarados <em>incel</em> han llegado a cometer actos terroristas en nombre de su ideolog&iacute;a, basada en una mala comprensi&oacute;n de la seducci&oacute;n y las relaciones como un mercado entre hombres y mujeres, y en un rechazo a la agencia femenina. En un mundo en el que las mujeres hablan de independencia y de poder sobre sus propios cuerpos y vidas, esa capacidad de la mujer para elegir se ve como una amenaza a un grupo que de repente se convierte en v&iacute;ctima. Si el caballero es el que hace y la dama la que espera, que de repente la dama parezca capaz de hacer y de perseguir se percibe como una p&eacute;rdida de algo que se consideraba un derecho. El derecho a tenerlo todo independientemente de lo que la otra parte quisiera.
    </p><p class="article-text">
        Los <em>incels </em>comienzan as&iacute; un descenso que ellos ven como su propio camino del h&eacute;roe. Llevados a una espiral de odio hacia las mujeres que se inicia con frustraciones en el supuesto &lsquo;mercado&rsquo; del amor, con una oferta y demanda cuantificadas por las apps de citas, y que termina en foros donde profesan el odio hacia unas mujeres que son vistas no como damas virtuosas, sino como la dama malvada que acumula pretendientes. Por el camino algunos se habr&aacute;n apuntado a uno de esos cursos de seducci&oacute;n que venden falsos gur&uacute;s, donde el abanico de consejos mis&oacute;ginos para ligar es tan amplio que abarca desde el refuerzo intermitente hasta la luz de gas: el equivalente adulto de tirar del pelo a la chica que te gusta para llamar su atenci&oacute;n. Todo lo que ellos creen que un <em>fucker</em>, un <em>alpha</em>, hace para conseguir mujeres. Sorprendentemente, ninguno de estos &lsquo;consejos&rsquo; funciona. Pero ya en la espiral de odio, ser&aacute; dif&iacute;cil desradicalizarse, ver que el gur&uacute; est&aacute; vendiendo humo, o que lo que su potencial pareja querr&iacute;a de &eacute;l es respeto. Otros tirar&aacute;n por la v&iacute;a de convertirse en&nbsp;el chico amable, un caballero del siglo XXI que es amable con las mujeres porque quiere follar. Sorprendentemente tambi&eacute;n, esperar un premio por cumplir con un m&iacute;nimo de decencia tampoco suele ser la f&oacute;rmula del &eacute;xito. As&iacute;, con la convicci&oacute;n de que no habr&aacute; drag&oacute;n al que puedan matar, o molino contra el que luchar para conquistar a su dama, sino que est&aacute;n condenados a la soledad por su f&iacute;sico, la desromantizaci&oacute;n de la sociedad y la maldad de las mujeres, no es raro que estos hombres que odian a las mujeres acaben adoptando proclamas nost&aacute;lgicas, ensalzando un modelo rom&aacute;ntico que ellos ubican en un pasado vagamente definido, pero que nunca existi&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La caballerosidad ha muerto, dicen. Sin embargo, malinterpretan lo que quer&iacute;a decir ser un caballero. Por supuesto no tienen caballo, ni espada, ni son de familia noble. Para ellos caballerosidad son esas aventuras que corr&iacute;a el caballero para impresionar a su dama , pero adaptadas a un tiempo moderno. Es abrir la puerta a una mujer, pagar la cuenta en la primera cita o a veces incluso tratarla con un m&iacute;nimo de educaci&oacute;n. Pudiera parecer una situaci&oacute;n ventajosa para las mujeres, la ilusi&oacute;n de que los cuidados recaen en ellos tambi&eacute;n, pero en el imaginario <em>incel </em>(y en gran medida en el imaginario patriarcal en general), estos gestos no son cuidados, sino parte de una transacci&oacute;n. La dama debe quedar impresionada por tales haza&ntilde;as. Te abro la puerta para que me abras las piernas. La mujer sigue sin ser una persona, sino una proyecci&oacute;n, un premio al final de la aventura.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Entre el dinero y la lujuria</h2><p class="article-text">
        Incluso el propio argumento central del ideario <em>incel</em>, la hipergamia, parece una exageraci&oacute;n de esas leyendas del amor cort&eacute;s. La hipergamia ser&iacute;a el principio seg&uacute;n el cual las mujeres tomar&iacute;an a hombres beta como pareja estable por su dinero o estatus mientras les enga&ntilde;an con un carrusel de hombres alfa por lujuria. Isolda se casa con el rey Marke pero es seducida por Trist&aacute;n. Ginebra se casa con el rey Arturo pero le enga&ntilde;a con Lancelot. <em>Alpha fucks, beta bucks</em> (folleteo alpha, pasta beta) es lo que dicen los <em>incels </em>que pueblan internet.
    </p><p class="article-text">
        Pero antes de seguir con los <em>incel</em>, volvamos al estudio sobre qui&eacute;n hace qu&eacute; en las apps de ligue, pues la segunda parte era mucho m&aacute;s interesante. Y es que el estudio conclu&iacute;a que, si bien los hombres usaban Tinder como una escopeta de perdigones, las mujeres eran m&aacute;s proclives a empezar una conversaci&oacute;n. Es decir, que las mujeres daban <em>like </em>cuando exist&iacute;a un inter&eacute;s genuino en que eso pudiera llevar a algo, mientras que los hombres abr&iacute;an conversaci&oacute;n a apenas un 7% de sus matches. La realidad crea grietas en esa concepci&oacute;n de qui&eacute;n persigue y qui&eacute;n es perseguido en el mercado de la seducci&oacute;n. La dama elige a qui&eacute;n da su prenda. Algunas apps incluso han basado su modelo en esta idea, que sea la mujer la que tome la iniciativa. Y si bien qui&eacute;n abre la conversaci&oacute;n no&nbsp;arregla el modelo heteropatriarcal, ni asegura que la mujer no vaya a encontrarse con situaciones verdaderamente inc&oacute;modas, desde luego da la vuelta a esta idea de un amor donde los papeles ya han sido asignados.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo al imaginario <em>incel</em>, las mujeres actuales se han convertido en hipersexuales, el problema es que no con ellos. Esto, que los <em>incel </em>achacan a la revoluci&oacute;n sexual o la modernidad, es m&aacute;s viejo que el hilo negro. Les sorprender&iacute;a la de siglos que los hombres han estado viendo a las mujeres como seres libidinosos cuya vida sexual amenaza el orden social. Si bien el imaginario burgu&eacute;s del siglo XIX pon&iacute;a a la mujer, a la buena mujer, como el &aacute;ngel del hogar, su literatura estaba llena de malas mujeres, que por su apetito sexual eran menos mujeres, o menos dignas de respeto. De vuelta al medievo, Andreas Capellanus lo dice tambi&eacute;n: &ldquo;Hace despreciable el amor una conquista f&aacute;cil; una dif&iacute;cil lo hace valioso&rdquo;. El amor es una partida de caza en la que la presa satisface m&aacute;s cuanto m&aacute;s huidiza ha sido. As&iacute;, la mujer tiene que andar esa l&iacute;nea fina entre entregarse al amor, pero no a cualquiera. Entre ser una fr&iacute;gida y ser una zorra. La fina l&iacute;nea de la frustraci&oacute;n masculina, de la que, por supuesto, ellas no son responsables. Para los <em>incel</em>, las mujeres no son seres con sus propios deseos e inquietudes, sino objetos de prestigio a ser cortejados. La &uacute;nica decisi&oacute;n que pueden tomar es dar su amor al pretendiente equivocado. Como en muchas culturas patriarcales, la mujer es depositaria del honor, ella puede preservarlo o perderlo, pero ganarlo es exclusivamente un privilegio masculino.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Damos y caballeras</h2><p class="article-text">
        La sexualidad femenina activa, las mujeres que seducen, son entonces concebidas como una amenaza al orden social. Y cuando esa sexualidad se desborda de los cauces que pretenden contenerla, la monogamia o el matrimonio comprometen no solo su virtud, sino a toda la sociedad. De acuerdo con la cosmolog&iacute;a <em>incel</em>, la hipergamia crea un desequilibrio en el mercado del amor, dejando a los hombres beta sin acceso a lo que deber&iacute;a ser un derecho. Esta ansiedad que muestran los <em>incels </em>por el correcto reparto de mujeres, desde luego, no nace en un vac&iacute;o, y sigue en la piedra de toque de c&oacute;mo vemos el amor y la seducci&oacute;n, y los cientos de historias que pueblan nuestro canon literario. Es el caballero el que corteja y la dama la que es cortejada. Y en cuanto la dama toma la decisi&oacute;n, pasa a un papel activo, y el cortejo por fin se completa, empieza el tr&aacute;gico desenlace pues, si bien admiramos una historia imposible, es una norma de la ficci&oacute;n que toda transgresi&oacute;n debe ser castigada. En algunos casos la tragedia es personal, acabando en la muerte de los amantes, como Trist&aacute;n e Isolda. En otros, es una verdadera debacle. El caso m&aacute;s paradigm&aacute;tico es el del ciclo legendario m&aacute;s importante de la literatura medieval: la historia del rey Arturo. En todas sus versiones el legendario reino de Camelot no cae por una invasi&oacute;n o una crisis econ&oacute;mica, sino por el descubrimiento del adulterio entre la reina Ginebra y Lancelot, descubrimiento que lleva a una guerra abierta entre todos los caballeros de la Mesa Redonda. Ese es el precio a pagar por concluir el cortejo, porque la dama se acabe rindiendo a las atenciones del caballero.
    </p><p class="article-text">
        Aun a d&iacute;a de hoy, siglos despu&eacute;s de Capellanus, hablamos del amor como conquista. Algunos incluso insisten en utilizar la analog&iacute;a de la caza. Pero en toda conquista hay alguien que hace y alguien que padece. Unos papeles asignados que cuando se invierten parecen desafiar la estabilidad misma de la estructura social. Por tanto, cabe preguntarse si en lugar de reivindicar lo contrario, que de repente hablemos de mujeres conquistadoras, de damos y caballeras por decirlo de forma absurda, deber&iacute;amos abandonar estas met&aacute;foras como marco mental, liberarnos a trav&eacute;s de entender la seducci&oacute;n como un camino de doble sentido donde algunos se encuentran para un rato, otros para una vida. Algunos caminan en grupo, y otros a la par. Pero donde los pasos para el acercamiento son mutuos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y entre todas estas ideas ni siquiera hab&iacute;amos llegado al segundo acto, que mira que las &oacute;peras de Wagner son largas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mikel Herrán]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/caballeros_1_12856610.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Jan 2026 21:21:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Dónde están los caballeros?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Relaciones,Sexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un hechizo bajo el microscopio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/hechizo-microscopio_1_12852016.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0b14471c-6849-4b58-b9d7-77135cd26211_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un hechizo bajo el microscopio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De qué habla la ciencia cuando habla del amor y qué es, ¿especulación, cultura o fantasmagoría? ¿Se podría detectar que alguien está enamorado con un análisis de sangre o un escáner cerebral?</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Me despierto pensando si hoy te voy a ver. Pero es in&uacute;til negarlo, t&uacute; me est&aacute;s atrapando otra vez&rdquo;. La dependencia que genera el amor es tan poderosa que muchos fans del m&uacute;sico argentino Ariel Rot pensaron que esta canci&oacute;n hablaba de una persona amada, cuando est&aacute; dedicada a la hero&iacute;na. La activaci&oacute;n de los circuitos cerebrales de la recompensa y la cascada de neurotransmisores que desata el enamoramiento en su fase m&aacute;s volc&aacute;nica han llevado a los cient&iacute;ficos a compararlo con la adicci&oacute;n a sustancias psicotr&oacute;picas y, en los casos m&aacute;s extremos, con una enfermedad. La m&eacute;dica colombiana Alma Pineda Ter&aacute;n, por ejemplo, lo etiqueta en un divertido ensayo como &ldquo;<a href="https://www.elsevier.es/es-revista-revista-medicina-e-investigacion-353-articulo-de-porque-el-amor-es-S2214310616000108" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">s&iacute;ndrome psico-neuro-inmuno-endocrino cat&aacute;rtico hiperafectivo</a>&rdquo; y describe su cuadro cl&iacute;nico como un &ldquo;amplio compromiso del l&oacute;bulo frontal y del sistema l&iacute;mbico&rdquo; y m&uacute;ltiples trastornos som&aacute;ticos y del estado de &aacute;nimo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La literatura cient&iacute;fica est&aacute; plagada de referencias a las mol&eacute;culas que juegan un papel clave en el enamoramiento, a las &aacute;reas del cerebro que se activan cuando nos ponen ante la imagen de la persona amada y a los condicionamientos f&iacute;sicos o gen&eacute;ticos que influyen en el flechazo. Si consideramos estos hallazgos, es leg&iacute;timo plantearse tres preguntas clave en torno al fen&oacute;meno: &iquest;se podr&iacute;a detectar que alguien est&aacute; enamorado con un an&aacute;lisis de sangre o un esc&aacute;ner cerebral? &iquest;Podr&iacute;amos predecir qu&eacute; tipo de parejas se van a enamorar? Y, desde una perspectiva cultural y antropol&oacute;gica: &iquest;es universal la experiencia del amor o es un invento de occidente?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el camino hacia estas respuestas encontraremos que el amor es una criatura escurridiza.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La &ldquo;alquimia&rdquo; del amor</h2><p class="article-text">
        Rememorando el t&iacute;tulo cl&aacute;sico de Raymond Carver, la primera cuesti&oacute;n es definir &ldquo;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/De_qu%C3%A9_hablamos_cuando_hablamos_de_amor" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de qu&eacute; hablamos cuando hablamos del amor</a>&rdquo;. Las fisi&oacute;logas Jaroslava Babkov&aacute; y Gabriela Repisk&aacute; describen sus efectos en <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40003999/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una reciente revisi&oacute;n cient&iacute;fica</a> en la que afirman que &ldquo;la locura moment&aacute;nea del amor rom&aacute;ntico involucra componentes cognitivos, emocionales y conductuales&rdquo;. Cognitivamente, describen, se caracteriza por &ldquo;pensamientos intrusivos sobre la pareja, idealizaci&oacute;n y un fuerte deseo de comprensi&oacute;n mutua&rdquo;. Emocionalmente implica &ldquo;sentimientos de atracci&oacute;n, tanto rom&aacute;ntica como sexual&rdquo; y &ldquo;angustia cuando la relaci&oacute;n se ve amenazada&rdquo;, mientras que, desde el punto de vista del comportamiento, incita a acciones desesperadas de aproximaci&oacute;n f&iacute;sica.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como muchas otras fuentes cient&iacute;ficas, estas autoras enumeran las mol&eacute;culas que se disparan durante la fase de enamoramiento pasional. Aunque habla de neuroqu&iacute;mica, la lista nos remite a los tiempos de la brujer&iacute;a y la alquimia, a la receta de un bebedizo que uno se podr&iacute;a tomar y quedar amarrado al instante. Una pizca de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Cortisol" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cortisol</a> por aqu&iacute;, unas buenas dosis de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Serotonina" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">serotonina</a> con gotas de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Dopamina" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dopamina</a> y <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Endorfina" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">endorfinas</a> por all&aacute;, y el toque justo de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Testosterona" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">testosterona</a> y <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Hormona_antidiur%C3%A9tica" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vasopresina</a>. Si se le a&ntilde;ade un buen chorro final de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Oxitocina" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">oxitocina</a>, la magia del <em>crush</em> est&aacute; servida: el coraz&oacute;n se dispara, el sue&ntilde;o se pierde y se activa la dulce obsesi&oacute;n que desvela a la humanidad desde el principio de los tiempos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Algunos de los componentes de la receta han adquirido mucha notoriedad, como la oxitocina, conocida popularmente como la &ldquo;hormona del amor&rdquo;, una especie de pegamento molecular que se activa durante el orgasmo, en el parto y en el v&iacute;nculo afectivo entre animales. Otras mol&eacute;culas deben su fama a su asociaci&oacute;n con el placer. Es el caso de la dopamina, que estimula el deseo sexual, o las endorfinas, producidas de forma natural por nuestro cuerpo cuando estamos felices junto a alguien. Estas &uacute;ltimas se parecen mucho estructuralmente a la hero&iacute;na cantada por Ariel Rot.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Determinadas sustancias, como la serotonina, implicada en la memoria, el sue&ntilde;o y el apetito, se han encontrado en los enamorados en niveles similares a los de las personas con trastorno obsesivo-compulsivo, lo que algunos han querido asociar a los pensamientos intrusivos sobre el ser amado. Y el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Factor_de_crecimiento_nervioso" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">factor de crecimiento nervioso</a>, una prote&iacute;na esencial en el neurodesarrollo, aparece en niveles mucho m&aacute;s altos en personas que est&aacute;n viviendo las primeras etapas del amor rom&aacute;ntico que en aquellas que ya est&aacute;n en una relaci&oacute;n estable y duradera, aunque su presencia en un an&aacute;lisis de sangre no ser&iacute;a concluyente, pues se debe a diferentes causas.
    </p><h2 class="article-text">Notas sueltas en un concierto</h2><p class="article-text">
        El problema de estas asociaciones es que se han estudiado de manera poco sistematizada y, en su mayor&iacute;a, en modelos animales. Como dice el neurofisi&oacute;logo <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Xurxo_Mari%C3%B1o" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Xurxo Mari&ntilde;o</a>, a menudo conocemos m&aacute;s sobre las emociones de los ratones de laboratorio que sobre las de las personas. &ldquo;Los que trabajamos con modelos animales estamos acostumbrados a trabajar con ratones del mismo peso, de la misma edad y casi iguales, pero la humanidad es mucho m&aacute;s variada&rdquo;, apunta el neurocient&iacute;fico <a href="https://produccioncientifica.usal.es/investigadores/56543/detalle" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jos&eacute; Ram&oacute;n Alonso</a>. &ldquo;Los investigadores a veces tiran de sus estudiantes, pero ah&iacute; tienes a gente en distintos momentos de la vida, con distintas experiencias previas, distintas ideas sobre el amor y distintas culturas&rdquo;, dice. Por no hablar de que a los estudiantes enamorados no se les puede explorar el cerebro o manipular metab&oacute;licamente como hacemos con los animales.
    </p><p class="article-text">
        Las limitaciones de estos experimentos son muchas. Como apunta Alonso en su libro <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-cerebro-enamorado/342835" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El cerebro enamorado</em></a>, ni siquiera se ha probado que la oxitocina pueda cruzar la barrera hematoencef&aacute;lica, con lo que no est&aacute; claro su papel en el conjunto del sistema. Por otro lado, argumenta Xurxo Mari&ntilde;o, la raz&oacute;n por la que ponemos el foco en sustancias como la dopamina es que tienen un efecto muy focalizado y nos permiten hacer experimentos de manera controlada, sin poner en riesgo la vida del sujeto. &ldquo;Pero si us&aacute;ramos el glutamato, un neurotransmisor que act&uacute;a en pr&aacute;cticamente todos los circuitos del enc&eacute;falo, el cerebro del animal colapsar&iacute;a al instante&rdquo;, advierte. De modo que, incluso si tuviera un papel relevante, nadie podr&iacute;a poner la etiqueta de mol&eacute;cula del amor a estos neurotransmisores.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, cometemos un profundo error al asignarle a esas mol&eacute;culas la capacidad de generar estados mentales y comportamientos concretos. &ldquo;Las sustancias transmisoras son instrumentos de una orquesta sinf&oacute;nica, participan junto a muchas otras mol&eacute;culas y mecanismos en producir la m&uacute;sica de la mente, por s&iacute; mismas no son responsables de ning&uacute;n estado mental&rdquo;, asegura Mari&ntilde;o. &ldquo;La oxitocina o la dopamina son una nota y aqu&iacute; lo que tenemos es una sinfon&iacute;a&rdquo;, recalca Alonso. &ldquo;Es una interrelaci&oacute;n muy compleja, de muchos cientos de mol&eacute;culas que al final marcan nuestro estado de &aacute;nimo, nuestra conducta y nuestra relaci&oacute;n con los dem&aacute;s&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Hacia una cartograf&iacute;a del amor</h2><p class="article-text">
        Si no podemos detectar el amor con un an&aacute;lisis de sangre, quiz&aacute; lo podr&iacute;a delatar la actividad cerebral. Uno de los estudios m&aacute;s citados en este terreno lo hizo la investigadora Helen Fisher en 2005, quien <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16255001/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">analiz&oacute; 2.500 esc&aacute;neres cerebrales</a> de estudiantes universitarios enamorados mientras miraban fotograf&iacute;as. Cuando entre el carrusel de rostros desconocidos aparec&iacute;a la imagen de la persona amada, la resonancia magn&eacute;tica funcional mostraba una activaci&oacute;n de dos regiones cerebrales de los voluntarios: el n&uacute;cleo caudado, asociado con la recompensa, y el &aacute;rea tegmental ventral, asociada con el placer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces se han repetido diferentes estudios que parecen alumbrar una cartograf&iacute;a del enamoramiento y apuntan a otras regiones, como el n&uacute;cleo accumbens y el n&uacute;cleo hipotal&aacute;mico paraventricular, pero los resultados son vaporosos. El especialista en neuroimagen <a href="https://www.upm.es/UPM/SalaPrensa/Noticias?id=a46f3cbf58347710VgnVCM10000009c7648a____&amp;fmt=detail&amp;prefmt=articulo" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bryan Strange</a>, con a&ntilde;os de experiencia en el an&aacute;lisis de este tipo de resonancias, cree que se pueden medir muy bien las respuestas cerebrales a est&iacute;mulos con un contenido emocional bien definido, como una cara con expresi&oacute;n de miedo, pero es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil medir la actividad cerebral asociada con un estado emocional. &ldquo;Sobre todo si el estado es dif&iacute;cil de definir y hay mucha variabilidad entre personas en la forma de experimentarlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El cerebro est&aacute; constantemente activado y hay que descartar muchas cosas, a&ntilde;ade <a href="https://portalcientifico.upm.es/es/ipublic/researcher/313431" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Manuela Costa</a>, experta en el an&aacute;lisis de imagen cerebral. En el estudio de Fisher, &iquest;un &aacute;rea cerebral se activa porque el sujeto est&aacute; viendo una cara conocida o porque es la cara de la persona que ama? &iquest;Con qu&eacute; lo comparas? &iquest;Con alguien sin pareja? &ldquo;No dudo que con m&aacute;s paradigmas, m&aacute;s tiempo y mejores instrumentos llegaremos a saberlo, pero todav&iacute;a no estamos ah&iacute;&rdquo;, sostiene.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sobre las conclusiones que sacamos acerca de la activaci&oacute;n de &aacute;reas cerebrales y estados de &aacute;nimo, a Xurxo Mari&ntilde;o le gusta poner el ejemplo del funcionamiento de una bicicleta. &ldquo;Si te preguntan cu&aacute;l es la parte m&aacute;s importante, nadie responde que los pedales&rdquo;, asegura. &ldquo;Porque no hay ninguna parte que se encargue ella solita de una funci&oacute;n, sino que para rodar se necesita del concurso de muchas regiones&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La f&oacute;rmula del emparejamiento&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Las pesquisas sobre el amor no se han limitado a lo que sucede en el cerebro. Sobre lo que nos lleva a enamorarnos de unos individuos y no de otros, hay estudios para todos los gustos. Desde trabajos que encuentran una correlaci&oacute;n entre los olores y la elecci&oacute;n de pareja a los que describen factores gen&eacute;ticos y biol&oacute;gicos que influyen en la decisi&oacute;n. Uno de los m&aacute;s sonados hace referencia a la tendencia a elegir parejas con un <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Complejo_mayor_de_histocompatibilidad" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sistema de histocompatibilidad</a> diferente al nuestro, lo que ofrecer&iacute;a una ventaja inmunol&oacute;gica a nuestra posible descendencia, al protegerla contra un abanico m&aacute;s amplio de virus o bacterias.
    </p><p class="article-text">
        Desde la psicolog&iacute;a se han hecho otros experimentos curiosos, algunos de ellos basados en el sistema de citas r&aacute;pidas, que permiten estudiar la din&aacute;mica de la atracci&oacute;n rom&aacute;ntica inicial y el desarrollo de las relaciones. Conociendo con antelaci&oacute;n las preferencias de los individuos, se puede comprobar a posteriori si hay coincidencia entre sus aspiraciones iniciales y la pareja de la que se enamoran. La respuesta que ofrece este <em>First Dates</em> cient&iacute;fico es un rotundo no. &ldquo;Las preferencias de pareja rom&aacute;ntica autodeclaradas por los participantes en la prueba previa no fueron suficientes para predecir qui&eacute;n les gustaba realmente durante y despu&eacute;s del evento de citas r&aacute;pidas&rdquo;, concluye una de las revisiones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En lo que se refiere a la predicci&oacute;n, hay una gran diferencia entre la fase del enamoramiento y el amor en su fase de apego, seg&uacute;n la psic&oacute;loga y sex&oacute;loga <a href="https://lauramoranpsicologa.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laura Mor&aacute;n</a>. &ldquo;En la parte de la atracci&oacute;n y euforia, la persona proyecta sus ideas sobre el otro y elabora una fantas&iacute;a, lo que lo hace m&aacute;s impredecible&rdquo;, asegura la autora de <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-perfectamente-imperfectas/382031" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Perfectamente imperfectas</em></a>, libro en el que ahonda en el mito del amor eterno. Cuando la relaci&oacute;n se estabiliza, y pesan m&aacute;s el conocimiento mutuo y la confianza, se pueden desarrollar sistemas como el que ha permitido a <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/John_Gottman" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">John Gottman</a> predecir con m&aacute;s de un 90% de acierto qu&eacute; parejas seguir&aacute;n juntas, bas&aacute;ndose en los patrones de comunicaci&oacute;n. &ldquo;Pero en lo referente al enamoramiento seguimos bastante perdidos&rdquo;, reconoce la experta.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva m&aacute;s biol&oacute;gica, otros especialistas asumen que el amor es un mecanismo evolutivo con algunos aderezos culturales para perpetuar la especie y que, en general, compartimos este rasgo con otros mam&iacute;feros. Seg&uacute;n Fisher, tenemos en com&uacute;n la sucesi&oacute;n de esas fases de lujuria, atracci&oacute;n y apego, la monta&ntilde;a rusa que va desde el pico del amor apasionado hasta el valle de la relaci&oacute;n a largo plazo. &ldquo;Esa parte del amor que sucede al final del cuento, cuando la pareja come perdices y son felices y por la que luego nadie se interesa&rdquo;, apuntilla el neurocient&iacute;fico <a href="https://www.marianosigman.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mariano Sigman</a>. Para la psicolog&iacute;a evolutiva, el amor no es m&aacute;s que un conjunto de adaptaciones y subproductos que surgieron en alg&uacute;n momento de la historia evolutiva reciente de los humanos. Algunos expertos proponen que los rituales de la fase de enamoramiento cumplen la funci&oacute;n de se&ntilde;alizar qu&eacute; pareja puede ser un buen progenitor y re&uacute;ne los requisitos para transmitir los genes a las generaciones futuras. Otras especialistas, como <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Lisa_M._Diamond" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lisa Diamond</a>, sugieren que todo el proceso es una especie de <em>spin-off</em> (lo que en biolog&iacute;a se llama exaptaci&oacute;n) del v&iacute;nculo madre-hijo. Los genes que regulaban el v&iacute;nculo en el amor paterno-filial, argumentan, adoptaron una nueva funci&oacute;n e intervienen ahora en el amor por la pareja, como se ha visto en los topillos de las praderas.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Topillos enamorados</h2><p class="article-text">
        Si se trata de un mecanismo compartido con otras especies, la pregunta es obvia: &iquest;sabemos si los animales se enamoran? &ldquo;El animal en el que hemos encontrado unos mecanismos cerebrales similares a los del enamoramiento humano son precisamente los topillos&rdquo;, apunta el bi&oacute;logo y divulgador <a href="https://www.ricardomoure.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ricardo Moure</a>, autor del libro <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/ricardo-moure-biologo-divulgador-naturaleza-no-hay-homofobia_128_12163277.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Sexo salvaje</em></a>, en el que analiza la incre&iacute;ble variedad de relaciones que se desarrollan en el mundo animal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se ha visto que en ellos est&aacute;n involucrados los circuitos dopamin&eacute;rgicos, los m&iacute;ticos circuitos de recompensa del cerebro, y tambi&eacute;n la oxitocina&rdquo;, asegura Moure. &ldquo;De modo que quiz&aacute; s&iacute; que puedes decir que hay alguna cierta analog&iacute;a con el enamoramiento. Otra cosa es cu&aacute;l ser&aacute; su experiencia subjetiva. Eso no lo sabemos, pero aunque sea m&aacute;s peque&ntilde;o y con menos corteza, su cerebro tampoco es tan diferente al nuestro. Tal vez su experiencia subjetiva se parezca a la nuestra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Resulta contradictorio, sin embargo, que solo un 9% de las especies de mam&iacute;feros practiquen la monogamia social, a diferencia de otras criaturas como las aves. Y entre los propios topillos hay divergencias: los de la pradera (<em>Microtus ochrogaster</em>) practican la monogamia social, pero sus primos cercanos, los topillos de la monta&ntilde;a (<em>Microtus montanus</em>) y los de campo (<em>Microtus pennsylvanicus</em>), no forman parejas estables, lo que ha servido a los cient&iacute;ficos para llegar m&aacute;s lejos en la comprensi&oacute;n de estos procesos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un principio se pens&oacute; que la clave estaba en la liberaci&oacute;n de sustancias como la oxitocina y la vasopresina, explica Xurxo Mari&ntilde;o en su libro <a href="https://www.txalaparta.eus/es/libros/neuronas-para-la-emocion?srsltid=AfmBOoouzKyxDsQpN7Mi83_4dvFkcN9asIJTgBbSanaHvyCLP0JsFIjT" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Neuronas para la emoci&oacute;n</em></a>. Pero ahora sabemos que unos topillos son mon&oacute;gamos y otros promiscuos por algo m&aacute;s sutil: en la superficie de sus neuronas la cantidad de receptores no es igual en ambas especies, de manera que la informaci&oacute;n que circula por sus respectivas sinapsis tiene efectos diferentes. &ldquo;Es muy probable que en los seres humanos ocurra algo similar y que muchos de nuestros comportamientos personales m&aacute;s o menos estereotipados se deban a ajustes finos en las sinapsis y no a la cantidad de sustancias transmisoras que se liberan&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Una herida autoinfligida</h2><p class="article-text">
        Cuando abrimos el marco y tomamos perspectiva sobre lo que significa el amor en otras culturas, los cimientos del amor rom&aacute;ntico se tambalean. &ldquo;Desde la antropolog&iacute;a cultural y la sociolog&iacute;a, la premisa es que el amor se construye culturalmente&rdquo;, explica <a href="https://scholar.google.com/citations?user=AK7x268AAAAJ&amp;hl=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jordi Roca</a>, catedr&aacute;tico de Antropolog&iacute;a de la Universidad Rovira i Virgili. Esto significa que cada sociedad construye una forma de amar, que tambi&eacute;n cambia a lo largo de su historia. A su juicio, el amor rom&aacute;ntico es un invento reciente que se asent&oacute; sobre tres principios: la libertad de elecci&oacute;n, la perdurabilidad y la fusi&oacute;n del sexo y el amor. Y est&aacute; en continuo cambio. &ldquo;Nosotros no amamos igual que amaron nuestros bisabuelos ni como lo har&aacute;n nuestros nietos&rdquo;, advierte.
    </p><p class="article-text">
        Si hace 200 a&ntilde;os hubi&eacute;ramos preguntado a alguien en Europa si estaba enamorado, apunta el experto, nos habr&iacute;a mirado con extra&ntilde;eza. El mismo Charles Darwin, que afirm&oacute; que &ldquo;el amor por todas las criaturas vivientes es el m&aacute;s noble atributo del hombre&rdquo;, hizo una lista para valorar si se casaba o no que hoy nos parecer&iacute;a fr&iacute;a y cerebral. Todav&iacute;a se conserva el papel donde garabate&oacute; &ldquo;no tener libertad para ir donde quiera&rdquo; entre los inconvenientes de casarse y el &ldquo;encanto de la charla informal de mujeres&rdquo; entre las ventajas. Al final se inclin&oacute; por el s&iacute; y contrajo matrimonio con su prima Emma.
    </p><p class="article-text">
        La universalidad del amor est&aacute; en discusi&oacute;n y algunos estudios interculturales muestran que la idealizaci&oacute;n rom&aacute;ntica aparece muy poco fuera de la cultura fagocitada por occidente. De hecho, hay idiomas en los que no existen expresiones como &ldquo;te quiero&rdquo;. Al ser din&aacute;mico, all&aacute; donde est&aacute; bien asentado este modelo de amor rom&aacute;ntico tambi&eacute;n se transforma y aparecen numerosas f&oacute;rmulas que lo desaf&iacute;an y proponen alternativas, desde las parejas asexuales al poliamor, de los amantes que viven en casas separadas a los &ldquo;follamigos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Roca lleva a&ntilde;os estudiando las parejas de car&aacute;cter binacional, en las que uno de ellos es espa&ntilde;ol y otro no, y ha constatado las diferencias culturales. Una informante le cont&oacute; el caso de una pareja de La India que estaban muy felices, aunque ellos no se hab&iacute;an conocido directamente. &ldquo;Se conocieron a trav&eacute;s de sus padres, que entraron en una web, una especie de Tinder para padres que buscan pareja de sus hijos, y los emparejaron. Y estaban encantados, porque sus padres hab&iacute;an hecho un trabajo maravilloso&rdquo;. Diferentes formas de entender el amor en pleno siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Para el antrop&oacute;logo, &ldquo;el Amor, as&iacute;, en singular y en may&uacute;sculas, como un hecho universal, &uacute;nico, atemporal, eterno, inmanente, est&aacute;tico, ahist&oacute;rico e inamovible, simplemente no existe&rdquo;. Y cita al escritor franc&eacute;s <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_de_La_Rochefoucauld" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rochefoucauld</a>, quien afirm&oacute; que &ldquo;algunas personas jam&aacute;s se habr&iacute;an enamorado si no hubiesen sabido que exist&iacute;a tal cosa&rdquo;. &iquest;Significa eso que las personas enamoradas viven en una ficci&oacute;n o son v&iacute;ctimas de una herida autoinfligida por sus expectativas culturales y sociales?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A quien &ldquo;lo prob&oacute;&rdquo; y &ldquo;lo sabe&rdquo;, todos estos argumentos le resultar&aacute;n indiferentes. Como apunta Roca, ning&uacute;n amante desea &ldquo;encontrar su pasi&oacute;n reflejada en un c&oacute;digo que consigne el detalle e incluso el futuro de su delirio&rdquo;. La ciencia est&aacute; todav&iacute;a muy lejos de escribir ese libro de instrucciones; el amor no se detecta en un an&aacute;lisis de sangre ni en un esc&aacute;ner, ni se puede predecir con unas tablas de c&aacute;lculo. Resignarse a no encontrar una explicaci&oacute;n objetiva es, sin embargo, una forma de asumir la narrativa rom&aacute;ntica de que el amor es una experiencia inefable que nunca podremos comprender. Y acaso sea la raz&oacute;n secreta por la que este antiguo hechizo se sigue escabullendo bajo el microscopio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Martínez Ron]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/hechizo-microscopio_1_12852016.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Jan 2026 21:15:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un hechizo bajo el microscopio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Relaciones,Sexualidad,Ciencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amor solo, solo el amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/amor-amor_1_12856719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a104cc05-d61f-4a6e-a2df-8f0ed98a07e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El amor solo, solo el amor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Existen personas que no tienen hijos. Otras que no tienen pareja. Otras que no tienen familia. ¿A quién aman? ¿Cómo se manifiesta el amor en sus vidas? La pregunta puede ser ingenua, maliciosa o irónica, según quien la proponga. Por eso, esta historia está contada como una obra de teatro. Un juego para plantear el mosaico plural de contradicciones y posibilidades de otras formas de amar</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        Relatora: &mdash;[Hablando al p&uacute;blico] Ruido del ascensor que se acerca y llega. Pasos. Trato de no adelantarme, pero no puedo y abro la puerta antes de que toque el timbre.
    </p><p class="article-text">
        [Entra Amiga]
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Relatora: Hola&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Amiga: &mdash;&iexcl;Hola! &iquest;Qu&eacute; te pasa?
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Mi amiga me observa durante menos de dos segundos. Se r&iacute;e y pega un grito.
    </p><p class="article-text">
        Amiga: &mdash;Lo hiciste. Se te nota en la cara. Zorrita.
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Lo que sigue son unos saltos de alegr&iacute;a y una larga charla en secreto para que no escuchen mis padres que el d&iacute;a anterior perd&iacute; la llamada &ldquo;virginidad&rdquo;. Muero por compartir los detalles con mi amiga, la m&aacute;s experimentada, la que no me va a juzgar y me va a sacar de mil dudas. 
    </p><p class="article-text">
        [Sale Amiga] M&aacute;s adelante, la misma conversaci&oacute;n con otra amiga [entra Amiga 2] ser&aacute; dr&aacute;sticamente diferente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        [Se sientan en el proscenio y charlan. Amiga 2, muy seria]: &mdash;Vas a tener que esperar a que termine la carrera para casarte.
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Pero no pienso en casarme.
    </p><p class="article-text">
        Amiga 2: &mdash;&iquest;Y para qu&eacute; est&aacute;s con &eacute;l?
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Pues no s&eacute;, me gusta.
    </p><p class="article-text">
        Amiga 2: &mdash;Ya te digo que as&iacute; no te van a tomar en serio y te vas a quedar para vestir santos. [Sale Amiga 2]
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;No es la primera ni ser&aacute; la &uacute;ltima que lo escuche.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ten&iacute;a ocho cuando en el colegio cat&oacute;lico al que fui toda mi vida me explicaron lo de la familia cristiana y los hijos. Estudiaba para hacer la Primera Comuni&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        [Entra Maestra de Catequesis con pizarr&oacute;n. Comienza la clase]:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Maestra: &mdash;Los sacramentos son siete pero todos recibiremos seis. Bautismo, Confirmaci&oacute;n, Eucarist&iacute;a, Penitencia, Unci&oacute;n de los Enfermos, Orden Sacerdotal y Matrimonio. Si te ordenas sacerdote no te casas y viceversa. Las mujeres no se ordenan pero pueden ser monjas, y vale, porque se casan con Dios.
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;[Levanta la mano para pedir la palabra] &iquest;Y si quiero recibir solo cinco? &iquest;Y si no quiero ser monja ni casarme?&nbsp;[Al p&uacute;blico] La Maestra de Catequesis se rio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Maestra: &mdash;Pero con lo bonita que eres, &iquest;c&oacute;mo no te vas a casar? [Le pellizca una mejilla y sale].
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;As&iacute; que ser &ldquo;bonita&rdquo; deb&iacute;a ser premiado con un casamiento. Y bueno, si no eres bonita te casas con Dios que te quiere igual. Luego mi madre me explicar&iacute;a que eso significaba &ldquo;quedarse para vestir santos&rdquo;. El panorama era muy malo para una ni&ntilde;a que ya se preguntaba sobre el amor sola. Pero todav&iacute;a faltaba mucho recorrido.
    </p><p class="article-text">
        [Saca un libro y lee] &ldquo;El sue&ntilde;o del matrimonio que casi todos a mi alrededor parec&iacute;an compartir nunca fue el m&iacute;o. En m&aacute;s de una ocasi&oacute;n me sent&iacute; rota, incompleta y disfuncional&rdquo;. Tal cual. Lo escribe Aura Garc&iacute;a-Junco en un libro que lleg&oacute; a mis manos muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, quiz&aacute;s demasiados. Hubiera sido m&aacute;gico leerlo cuando sent&iacute;a que era la &uacute;nica, pues todo alrededor alimentaba sin cesar la idea del matrimonio o, dicho en moderno, la pareja, como modo inexcusable de vida. Del 2x1 en el cine a la declaraci&oacute;n de la renta conjunta, el camino a la adultez est&aacute; dise&ntilde;ado para que sea par.
    </p><p class="article-text">
        [Se pone unos tacones y un sombrero]&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tengo ya veintilargos. Llego sola a la boda de una de mis mejores amigas, del grupo del colegio, que entendi&oacute; lo que dec&iacute;a la maestra: cuatro de cinco estaban casadas ya o comprometidas. Adivinad qui&eacute;n es la quinta. [Entran Amiga 2 y Amiga 3 del brazo de imaginarias parejas] Ya he preguntado, y nuestra mesa es la diez.
    </p><p class="article-text">
        Amiga 2: &mdash;No, nosotras estamos en la 8, t&uacute; est&aacute;s en la 10.
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;&iquest;Qu&eacute; dices? &iquest;Me han apartado?
    </p><p class="article-text">
        Amiga 3: &mdash;No te rayes. Las mesas son n&uacute;mero par, y pues como est&aacute;s sola&hellip; No cabes. Ya est&aacute;, luego nos vemos para el baile. [Salen]
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Ese d&iacute;a entend&iacute; que ten&iacute;a dos opciones: rendirme y &ldquo;buscar marido&rdquo;, o buscar amistades que me acompa&ntilde;asen en un proceso diferente, que en ese momento no sab&iacute;a definir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conoc&iacute; a Kique en un viaje a Barcelona. Amigo de un amigo, me llev&oacute; con su pandilla por toda la ciudad y terminamos en una fiesta gay en una playa de Sitges. Clich&eacute; aparte, este es Kique.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        [Entra]
    </p><p class="article-text">
        Kique: &mdash;Me separ&eacute; de mi marido hace ya casi diez a&ntilde;os. Nunca nos divorciamos. Los dos tuvimos parejas nuevas y esas parejas nuevas entendieron que &eacute;l y yo somos familia. Que hay un amor m&aacute;s grande que el rom&aacute;ntico y nos queremos el uno en la vida del otro m&aacute;s all&aacute; de la pareja tradicional.
    </p><p class="article-text">
        [Sale]
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Wow. No sab&iacute;a que se pod&iacute;a hacer eso. Por &ldquo;eso&rdquo; me refiero a&hellip; &iquest;A qu&eacute; me refiero? Eso que dice Kique: un marido que no es tu pareja, que coexiste con tus parejas y por el cual sientes algo m&aacute;s grande que el amor rom&aacute;ntico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        [Entra Catalina]
    </p><p class="article-text">
        Catalina: &mdash;&iquest;Has visto &lsquo;Frances Ha&rsquo;?
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Catalina suele escuchar mis divagaciones sobre el amor solo como si fuese una obviedad. No tiene novio ni novia ni le importa demasiado [Catalina asiente con la cabeza y se encoge de hombros]. Coquetea por aqu&iacute; y por all&aacute;, pero su foco est&aacute; puesto en otras cosas: la danza, los idiomas, esquiar en invierno, surfear en verano. Me presta varios libros. [Catalina le entrega una pila de libros y sale.] &lsquo;Mujeres que ya no sufren por amor&rsquo;, de Coral Herrera me sumerge en el universo de la decons-trucci&oacute;n del amor rom&aacute;ntico y de repente sus palabras parecen escritas para explicar mis propios sentimientos y le dan marco te&oacute;rico a lo que me dijo Kique. &ldquo;El amor compa&ntilde;ero se expande m&aacute;s all&aacute; de la pareja y se multiplica (...) No importa si es mon&oacute;gamo o poliamoroso, que permanezca estable o vaya cambiando, lo impor-tante es que la relaci&oacute;n est&eacute; llena de amor del bueno. (...) Podemos seguir queri&eacute;n-donos durante la ruptura, y tambi&eacute;n despu&eacute;s de la ruptura, el tiempo que queramos&rdquo;. [Entra Coral] Coral Herrera se doctor&oacute; en Humanidades y Comunicaci&oacute;n por la Carlos III con una tesis titulada &lsquo;La construcci&oacute;n sociocultural de la Realidad, del G&eacute;nero y del Amor Rom&aacute;ntico&rsquo;. Ha publicado varios libros y da talleres, dicho mal y pronto, para derribar lo que me ense&ntilde;aron en el colegio de monjas. Tiene 48 a&ntilde;os, un hijo de ocho y vive en un pueblo de Galicia. [Ambas levantan un tel&eacute;fono de l&iacute;nea] Me atiende desde all&iacute; y lo primero que me cuenta es lo de su marido gay.
    </p><p class="article-text">
        Coral Herrera: &mdash;&Eacute;ramos un matrimonio, nos quer&iacute;amos un mont&oacute;n, viv&iacute;amos juntos, funcion&aacute;bamos superbi&eacute;n. Ah&iacute; me di cuenta que eso tambi&eacute;n es una familia. Hay relaciones amorosas sin sexo, hay otras formas de amar, ahora ya sabemos que los afectos son m&uacute;ltiples y variados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Te refieres al poliamor, entiendo.
    </p><p class="article-text">
        Coral: &mdash;No&hellip; El poliamor fue positivo porque para la gente poliamorosa fue un alivio, pero se instal&oacute; como una moda, y como un dogma. Ambas son estructuras patriarcales: la monogamia y el poliamor. He visto en c&iacute;rculos muy de izquierdas un tipo con varias mujeres pero que luego cuando ellas quer&iacute;an practicarlo ya no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;&iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a entonces el amor que propones?
    </p><p class="article-text">
        Coral: &mdash;Amar sin poseer, sin hacernos da&ntilde;o. Resolver conflictos sin hacernos da&ntilde;o. Generar acuerdos, pactos de cuidado. Asambleas del amor. S&iacute;, he cogido elementos de las utop&iacute;as sociales de izquierda para explicarlo, pero creo que es este el camino. Autorregularse y aprender a irse de las relaciones que no funcionan. Otras formas de quererse son posibles, otras formas de enfadarse son posibles, otras formas de separarse son posibles.
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;&iquest;Lo has conseguido en tu vida personal?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Coral: &mdash;Con algunas parejas he conseguido transformar el amor rom&aacute;ntico y esas personas ahora son familia.
    </p><p class="article-text">
        [Sale Coral]
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Antes de llegar a la misma conclusi&oacute;n que Coral, mi amigo Kique prob&oacute; el poliamor.
    </p><p class="article-text">
        [Entra]
    </p><p class="article-text">
        Kique: &mdash;Empec&eacute; a explorar lo que entend&iacute;a como amor libre sin saber nada, porque no hab&iacute;a nada. Mis primeras relaciones fueron a gusto de la sociedad, porque reproduces lo que ves en tu casa. Luego tuve dos parejas abiertas. Con la segunda me di cuenta de que, al menos yo, soy mon&oacute;gamo emocional y poliamoroso sexual. Hubo un libro que me ayud&oacute; mucho: &lsquo;The Ethical Slut&rsquo; (&ldquo;&Eacute;tica promiscua&rdquo;, en castellano). Entend&iacute; la importancia de que haya una &eacute;tica y unos pactos para no hacernos da&ntilde;o. Pactos para construir una identidad nueva juntos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;&iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a esa identidad?
    </p><p class="article-text">
        Kique: &mdash;Una vez le&iacute; que una relaci&oacute;n no es de dos, es de tres: los dos implicados y la pareja. Hay que preguntarse qu&eacute; hago por m&iacute;, qu&eacute; hago por ti y qu&eacute; hago por la pareja, para acompa&ntilde;arnos en nuestros procesos, en una b&uacute;squeda de la libertad. La libertad para m&iacute; es poder decir que no, es no tener necesidades, es sin duda una b&uacute;squeda espiritual. Y si el objetivo con esa pareja es ayudarnos a alcanzar esa libertad, ya no te importa si folla con otro, eso da igual. Los acuerdos van cambiando seg&uacute;n evoluciona la pareja.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;&iquest;Lograste esa libertad con alguna de tus parejas abiertas?
    </p><p class="article-text">
        Kique: &mdash;No. Un d&iacute;a le pregunt&eacute; a mi ahora ex qu&eacute; significaba para &eacute;l el amor libre. Me dijo: &ldquo;Estar con alguien que est&eacute; contento conmigo sin importar lo que yo haga&rdquo;. Le dije: &ldquo;C&oacute;mprate un perro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        [Sale Kique].
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Y tener un perro, &iquest;es amor? &iquest;Existe el amor a los animales o es un decir? &iquest;Y a los amigos? &iquest;Y a Dios? La Biblia nos ense&ntilde;&oacute; a amar &ldquo;a Dios sobre todas las cosas y al pr&oacute;jimo como a uno mismo&rdquo;. Ah&iacute; no dice nada de la pareja, la familia y los hijos. Qu&eacute; l&aacute;stima que la Maestra de Catequesis ya hizo mutis por el foro. &iquest;A qui&eacute;n amamos los solos?
    </p><p class="article-text">
        [Entra la cantante Concha Buika, se para en el proscenio descalza, con el micr&oacute;fono en la mano y canta].
    </p><p class="article-text">
        La noche me hizo ver algo
    </p><p class="article-text">
        Que te quiero contar
    </p><p class="article-text">
        Porque en tu compa&ntilde;&iacute;a
    </p><p class="article-text">
        Yo me siento libre, yo me siento en paz
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s mentirte ser&iacute;a mejor
    </p><p class="article-text">
        A veces siento que te angustia
    </p><p class="article-text">
        La verdad que hay en mi coraz&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        Y es que a momentos
    </p><p class="article-text">
        Los que m&aacute;s aman son los que est&aacute;n solos
    </p><p class="article-text">
        A veces los que m&aacute;s aman
    </p><p class="article-text">
        Son los que est&aacute;n m&aacute;s solos
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute;n tan solos como yo
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;No entiendo.
    </p><p class="article-text">
        Buika: &mdash;Es una canci&oacute;n que habla del amor en tiempo real, que es como normalmente lo vivimos, pero del que nunca hablamos. T&uacute; seguro tienes a alguien que te ama. &iquest;D&oacute;nde est&aacute;? Por eso digo que &ldquo;los que m&aacute;s aman son los que est&aacute;n solos&rdquo;. Amar, amamos solos en realidad.
    </p><p class="article-text">
        [Sale Buika].
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Hace poco estuve hablando con una de mis t&iacute;as. Me preguntaba ella que si para cu&aacute;ndo el novio y estas cosas. En vez de contarle con qui&eacute;n estoy, le dije que no me preguntara m&aacute;s por eso, que en verdad no era mi b&uacute;squeda casarme y formar una familia.
    </p><p class="article-text">
        [Entra T&iacute;a].
    </p><p class="article-text">
        T&iacute;a: &mdash;Eso dices porque no has encontrado el indicado.
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Claro que s&iacute;&hellip; He conocido gente maravillosa con la que igualmente no me apetece casarme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        T&iacute;a: &mdash;Ya vas a ver cuando te enamores.
    </p><p class="article-text">
        R: &ndash;Pero t&iacute;a, estoy enamorada&hellip; Mira, creo que lo del matrimonio es una obligaci&oacute;n&hellip;[T&iacute;a deja de escuchar, se distrae. Sale].
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Pill&eacute; del libro de Aura Garc&iacute;a-Junco &lsquo;El d&iacute;a que aprend&iacute; que no s&eacute; amar&rsquo; la cr&iacute;tica a esta idea de &ldquo;prestigio social&rdquo; que deviene del matrimonio y su relaci&oacute;n con el consumo y el capitalismo. La &ldquo;obligaci&oacute;n&rdquo; de encontrar a la &ldquo;media naranja&rdquo;. Ya ni importa la promiscuidad con tal que est&eacute;s activamente en la b&uacute;squeda. Con tal de &ldquo;conseguir&rdquo;. &ldquo;Ahora, antes de casarnos podemos probar con cuantas parejas queramos (...) en pos de descubrir esa media naranja que el amor rom&aacute;ntico nos prometi&oacute; hallar. (...) La gente ya no se divorcia porque no es feliz, sino porque podr&iacute;a ser m&aacute;s feliz&rdquo;. Cuando pienso en ser m&aacute;s feliz, me imagino en alg&uacute;n lugar precioso, con mi grupo de amistades, como el verano pasado en Grecia.
    </p><p class="article-text">
        [Entra Prima].
    </p><p class="article-text">
        Prima: &mdash;Yo te imagino m&aacute;s adelante, a los 60 o as&iacute;, con un se&ntilde;or estupendo viajando en un velero.
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;&iquest;Por qu&eacute; no me imaginas con mis amigas/os viajando en un velero?
    </p><p class="article-text">
        [Sale Prima, entra Joha].
    </p><p class="article-text">
        Joha: &mdash;No pienso casarme.
    </p><p class="article-text">
        R: [Al p&uacute;blico] &mdash;Lleva 15 a&ntilde;os en una relaci&oacute;n monog&aacute;mica que ella define como de &ldquo;amor libre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Joha: &mdash;El amor libre en una pareja &ldquo;cerrada&rdquo; es preguntarnos si nos hacemos bien. Re-cheque&aacute;ndolo constantemente. En la monogamia, das por sentado cosas. Pecamos de creer que entendemos d&oacute;nde estamos, y chequearlo es libertad. Con todo el v&eacute;rtigo que te significa la pregunta, porque pod&eacute;s recibir una respuesta que no es la que estabas esperando. El amor libre es eso. El d&iacute;a que necesitemos estar con otras personas creo que se va a hablar. Y eso no tiene que significar el fin de nuestro amor o de nuestro v&iacute;nculo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Joha y yo somos seguidoras de &lsquo;Mujeres que no fueron tapa [portada]&rsquo;, una organizaci&oacute;n feminista que fund&oacute; Lala Pasquinelli, artivista, experta en derribar estereotipos de g&eacute;nero. Hace unos a&ntilde;os, Lala lanz&oacute; una campa&ntilde;a con un hashtag: &ldquo;Hermana, solt&aacute; la novela&rdquo;. Las seguidoras estallaron las redes sociales contando sus historias de amores rom&aacute;nticos fallidos, violentos, t&oacute;xicos. Pero si tantas cuentan eso&hellip; &iquest;Qu&eacute; es lo lindo de casarse?
    </p><p class="article-text">
        [Entra Laura Latorre Hernando. Joha se sienta a escucharla].
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;En el libro &lsquo;Polifon&iacute;a amorosa&rsquo;, Laura Latorre, educadora y terapeuta narrativa, cuenta 53 historias de personas que viven de distintas maneras el amor. A todas les pidi&oacute; que le describiesen una relaci&oacute;n de amor.
    </p><p class="article-text">
        Laura Latorre: Yo no me refer&iacute;a al amor er&oacute;tico-afectivo, pero las 53 personas me hablaron de ese tipo de amor. La siguiente pregunta era &ldquo;&iquest;c&oacute;mo sabes que en esa relaci&oacute;n hay amor?&rdquo;. Se generaba mucho silencio ante esa pregunta. El amor muchas veces se asume: si est&aacute;n juntos es porque hay amor, o a una madre se le quiere y ya. Pero para m&iacute; hay que disputar eso.
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;&iquest;C&oacute;mo?
    </p><p class="article-text">
        Laura: &mdash;Yo quer&iacute;a que la gente me hablara de relaciones con pr&aacute;cticas m&aacute;s libres, pero hay un imaginario muy condicionado culturalmente: si hablas de amor y libertad es sin&oacute;nimo de la no monogamia. Puede ser, pero tambi&eacute;n pueden ser otras exploraciones dentro de la monogamia.
    </p><p class="article-text">
        Joha: &mdash;Estar en pareja no deber&iacute;a ser &ldquo;la c&aacute;rcel&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Laura: &mdash;Creo que todav&iacute;a impera eso individualista de &ldquo;mi libertad empieza donde acaba la tuya&rdquo;. No. Mi libertad crece junto a la tuya. La libertad se contagia, esa es la idea que me gustar&iacute;a que se difunda. Si una persona se siente libre para decirme lo que piensa, eso a m&iacute; me va a contagiar a decir lo que pienso. Si alguien me pone un l&iacute;mite, me voy a sentir libre poniendo un l&iacute;mite. En un conflicto, si somos capaces de hablarlo, somos m&aacute;s libres.
    </p><p class="article-text">
        [Joha se levanta y abraza a Laura Latorre. Sale. Entra Amiga 3].
    </p><p class="article-text">
        Amiga 3: &mdash;&iquest;No crees que te vas a acabar arrepentiendo de no tener hijos?
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;No. &iquest;Est&aacute; mal?
    </p><p class="article-text">
        Laura Latorre: &mdash;Ver&aacute;s&hellip; La relaci&oacute;n madres/padres-hijos est&aacute; s&uacute;per idealizada como si fuese &ldquo;el amor de verdad&rdquo;. Yo tengo un hijo de cuatro a&ntilde;os y desde que lo he tenido tengo claro que es una relaci&oacute;n como otra cualquiera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        [Amiga 3 se tapa la boca. Juzga. Laura Latorre sigue]. S&iacute;, lo digo y la gente se queda asustada. Para m&iacute; una relaci&oacute;n con un hijo puede ser una relaci&oacute;n de amor o no, es algo a construir. Antes de tener un hijo me dec&iacute;an no te lo pierdas. Ahora pienso que me lo podr&iacute;a haber perdido. Estoy muy contenta con mi hijo, no tengo el discurso de que ser madre es una pesadilla. Pero hay mucha gente que se pierde muchas cosas. Yo me voy a perder una vida sin hijos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se pone el deseo en juego , sobre todo en las mujeres de decir &ldquo;no quiero&rdquo;, te cuestionan. &ldquo;Te vas a arrepentir, no est&aacute;s siendo consciente&rdquo;. Por eso sigue siendo bastante tab&uacute; decir que no se quiere.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        [Sale Laura Latorre, entra Kique].
    </p><p class="article-text">
        Kique: &mdash;No tenemos la obligaci&oacute;n de procrear, no somos animales. Las personas sin hijos pueden explorar la evoluci&oacute;n. Y evolucionar como especie no es solamente tener hijos. La compasi&oacute;n, el amor a la humanidad, a una causa, a una pasi&oacute;n, no se ve, porque no se representa en un hijo pero sin esas personas tampoco habr&iacute;a vida.
    </p><p class="article-text">
        [Suena el tel&eacute;fono. Kique responde. Es Coral Herrera].
    </p><p class="article-text">
        Coral: &mdash;&iquest;Qu&eacute; tal, Kique? Me interesa eso que est&aacute;s diciendo. Quisiera a&ntilde;adir que el amor est&aacute; en todas partes: en esa sopita de pollo que te trae la vecina porque est&aacute;s con fiebre, el vecino que te pasea al perro porque tienes una esguince, las relaciones que tenemos de amistad, del barrio, con los animales, que son parte de nuestra familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Kique: &mdash;Por eso hay que deconstruir el ego, porque se busca un reconocimiento en la pareja que tiene que ver con una inseguridad.
    </p><p class="article-text">
        Coral: &mdash;Cuando trabajo con mujeres que est&aacute;n en duelo les digo no digas que est&aacute;s sola porque est&aacute;s rodeada de gente que te quiere. El problema es que nos han educado para que creamos en la jerarqu&iacute;a de los afectos. En mis talleres, hago que armen una lista de la gente que los quiere y cuida, y les digo &ldquo;ese es tu patrimonio&rdquo;. Y luego un listado de pasiones. Lo que amas, lo que te da placer. [Entran Joha y Cata y danzan con una m&uacute;sica muy suave]. Est&aacute; la gente que ama a los animales y monta un refugio. Est&aacute;n las pasiones: bailar, cantar, aprender a coser, jugar al ajedrez. Eso tambi&eacute;n forma parte de nuestro tesoro amoroso. El problema es que en este mundo neoliberal la gente cree que sin pareja no ha triunfado en la vida. Hay que machacarlo mucho, porque te dicen s&iacute;, s&iacute;, pero yo necesito una pareja.
    </p><p class="article-text">
        Kique: &mdash;A ellos les digo: el pr&iacute;ncipe azul son las amigas.
    </p><p class="article-text">
        [Sale Kique. Cata y Joha terminan un baile abrazados].
    </p><p class="article-text">
        Cata: &mdash;&iquest;Y? &iquest;Ya viste &lsquo;Frances Ha&rsquo;?
    </p><p class="article-text">
        R: &mdash;Frances, la protagonista de esa peli de Greta Gerwig y Noah Baumbach, y su mejor amiga, Sophie, tienen una relaci&oacute;n casi matrimonial, aunque son hetero y eventualmente tendr&aacute;n una pareja m&aacute;s o menos s&oacute;lida con un var&oacute;n. Pero lo que mueve a Frances es otra cosa: la danza y la amistad.
    </p><p class="article-text">
        [Se enciende un proyector y vemos a las dos amigas].
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Sophie, cu&eacute;ntame nuestra historia.
    </p><p class="article-text">
        &ndash; OK, Frances... Vamos a comernos el mundo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;T&uacute; ser&aacute;s una editora incre&iacute;ble.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y t&uacute; ser&aacute;s una bailarina famosa y yo escribir&eacute; un libro sobre ti supercaro.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Que todos esos capullos pondr&aacute;n debajo de su mesilla de noche.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y compraremos juntas un departamento en Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y tendremos muchos amantes.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y no tendremos hijos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Haremos el discurso en las graduaciones.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y tendremos t&iacute;tulos honor&iacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Muchos t&iacute;tulos honor&iacute;ficos.
    </p><p class="article-text">
        [Se quedan dormidas. Se apaga el proyector y las luces].&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tel&oacute;n
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Silvina Ajmat]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/amor-amor_1_12856719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Jan 2026 21:24:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El amor solo, solo el amor]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Relaciones,Sexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que nos contaron del amor antes del primer beso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/contaron-amor-primer-beso_1_12856643.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91537458-6b32-42ef-bd20-817216ce536b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que nos contaron del amor antes del primer beso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Por qué a los 26 años sigo recurriendo a la literatura romántica como remanso entre ensayo y ensayo aunque sepa que el amor real es mucho más torpe y complejo? ¿Por qué Cleopatra y Frankenstein descansan en mi mesilla de noche?</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        La primera vez que le&iacute; una escena rom&aacute;ntica fue en sexto de primaria. No me refiero al tipo de amor sonrojante, con cartas perfumadas y palabras zalameras, sino al que te introduce, de repente, en el mundo de los adultos. Mientras esperaba a que mis padres me llamaran a cenar, le&iacute;a con el flexo encendido tumbada en la cama, preparada para esconder el libro bajo la almohada en cuanto fuera necesario. En las primeras p&aacute;ginas de la novela <em>Gossip Girl</em>, Blair Waldorf planeaba perder la virginidad con quien era su novio de entonces, Nate Archibald, en una cama con unas s&aacute;banas rojas de sat&eacute;n. Recuerdo el poder de esa imagen; pens&eacute; en lo glamuroso del acto. La noche de amor termin&oacute; por no consumarse, pero ese poso qued&oacute; en m&iacute;: la idea, lujuriosa e irreal, de que el primer amor se hace revestida de raso. Lo m&aacute;s curioso es que hab&iacute;a sacado ese libro de la biblioteca escolar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la lectura secreta de los libros de Cecily von Ziegesar le sigui&oacute; otra igual de clandestina: la de las historias escritas por adolescentes en las p&aacute;ginas de Facebook. Como si fueran los cap&iacute;tulos de un libro, las autoras desglosaban los fragmentos de su relato en diferentes publicaciones. Me pod&iacute;a pasar horas ley&eacute;ndolos: el choque frontal de los protagonistas cuando se encontraban en los pasillos; los libros esparcidos despu&eacute;s por el suelo; el ping del chat de Messenger que anunciaba un nuevo mensaje; el cruce de miradas entre ellos. Todas, en alg&uacute;n momento, hab&iacute;amos anhelado vivir esas situaciones antes, incluso, de haber recibido nuestro primer beso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Son estos productos culturales los que moldean nuestra idea de amor rom&aacute;ntico. La expectativa responde a los libros y las pel&iacute;culas con las que crecemos; la realidad, en cambio, se teje a trav&eacute;s de las relaciones de nuestro entorno. Entre ambas, hay un tira y afloja que poco tiene que ver con el ideal que me vendi&oacute; la &eacute;lite adolescente de Manhattan. El amor real es mucho m&aacute;s torpe y complejo. Entonces, &iquest;por qu&eacute; a los 26 a&ntilde;os sigo recurriendo a la literatura rom&aacute;ntica como remanso entre ensayo y ensayo? &iquest;Por qu&eacute; Cleopatra y Frankenstein descansa ahora en mi mesilla de noche?&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; buscamos cu&aacute;ndo leemos amor</h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el informe Mujeres que leen en Espa&ntilde;a, impulsado por la plataforma Entre Editores, la novela rom&aacute;ntica es el segundo g&eacute;nero favorito de las mujeres lectoras de todas las edades. Entre las m&aacute;s j&oacute;venes (18 a 25 a&ntilde;os), el g&eacute;nero rom&aacute;ntico ocupa el primer puesto, con un 72% de preferencia; y en el grupo de 26 a 35 a&ntilde;os, baja al segundo lugar, con un 57%. Pero &iquest;de d&oacute;nde nace la predilecci&oacute;n por las historias de amor?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ya en 1984, la acad&eacute;mica Janice Radway sosten&iacute;a en su investigaci&oacute;n <em>Reading the Romance: Women, Patriarchy, and Popular Literature</em> que las novelas rom&aacute;nticas permit&iacute;an a las mujeres, especialmente a las casadas y las madres, tomarse tiempo para s&iacute; mismas y restaurar lo que a menudo se dilu&iacute;a con el cuidado de otros: el sentido del yo. Radway defend&iacute;a que la fuente de consuelo que ofrecen estas historias es tan poderosa que la fantas&iacute;a experimentada puede llegar a enmascarar la necesidad de transformar las condiciones del mundo real.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Andrea Proenza, autora de &lsquo;Cartograf&iacute;as del deseo amoroso&rsquo;, me explica que durante la etapa del franquismo suced&iacute;a algo similar: &ldquo;Las mujeres acud&iacute;an a la novela rosa como una especie de salvoconducto para esos tiempos de pobreza e infelicidad&rdquo;. Si bien la literatura rom&aacute;ntica les hac&iacute;a evadirse de sus propias vidas, tambi&eacute;n funcionaba como semilla de frustraci&oacute;n, porque les promet&iacute;a una narrativa idealizada del amor.&nbsp;Hoy esa b&uacute;squeda del final edulcorado sigue vigente. Las usuarias de TikTok lo reconocen. Ante la pregunta &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; lees novelas rom&aacute;nticas?&rdquo;, Lilly, una brit&aacute;nica de 18 a&ntilde;os, responde: &ldquo;Para experimentar esto&rdquo; Se refiere a un fragmento de la novela<em> Happy Place</em>, donde el protagonista masculino, Wyn Connor, le dice a su expareja:&nbsp;&ndash;Y entonces te conoc&iacute; y no me sent&iacute; tan perdido ni sin rumbo. Porque aunque no hubiera nada m&aacute;s para m&iacute;, sent&iacute;a que quererte era para lo que estaba hecho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La entiendo. Yo tambi&eacute;n suspir&eacute; por el amor de Peeta Mellark y Katniss Everdeen en las novelas de &lsquo;Los juegos del hambre&rsquo;. Tal fue el flechazo que, durante parte de mi adolescencia, desarroll&eacute; una ligera obsesi&oacute;n por Josh Hutcherson, el actor que dio vida al personaje literario. Hubo tambi&eacute;n otras historias que definieron mi perspectiva sobre el amor: &lsquo;Canciones para Paula&rsquo;, de Blue Jeans, o &lsquo;Bajo la misma estrella&rsquo;, de John Green. Pas&eacute; la tarde entera leyendo esta &uacute;ltima novela desde la tablet, deseosa de saber si, como esperaba, Hazel y Gus continuar&iacute;an su amor alejados de los tanques de ox&iacute;geno del hospital. Estas relaciones ten&iacute;an un denominador com&uacute;n: la intensidad emocional. Los grandes gestos. La promesa de que el sentir es sagrado y de que todo lo puede.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, los finales de las novelas no casaban con mis primeros encuentros amorosos. A diferencia del amor literario &ndash;donde, como dijo la profesora de literatura inglesa Mary Bly a la revista Los Angeles Review of Books, se garantiza &ldquo;un final emocionalmente satisfactorio y optimista&rdquo;&ndash; el m&iacute;o estaba caracterizado por la intermitencia y una sensaci&oacute;n de extra&ntilde;eza cada vez que acababa una cita. &ldquo;&iquest;Es esto el amor?&rdquo;, me preguntaba de camino a casa, tras una conversaci&oacute;n superflua sobre trabajos de clase y planes de fin de semana. Tal vez por eso necesitaba refugiarme en las historias rom&aacute;nticas, para creer que las demostraciones grandilocuentes exist&iacute;an en alg&uacute;n sitio, aunque fuera en el papel.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estaba sola. Seg&uacute;n me cuenta Marta Araquistain, editora en Grijalbo (Penguin Random House), algunas lectoras bromean con que, por culpa de este tipo de novelas, han perdido la esperanza de encontrar el amor. &iquest;Qu&eacute; hombre estar&iacute;a a la altura del protagonista de una novela rom&aacute;ntica? El salto entre los personajes ficticios y las personas de carne y hueso, sin embargo, no parece hacernos abandonar el deseo de un final feliz. &ldquo;Nos gusta creer que, como nuestras protagonistas favoritas, podemos acabar teni&eacute;ndolo todo&rdquo;, dice Marta.
    </p><h2 class="article-text">____, eres mi lugar seguro</h2><p class="article-text">
        Me averg&uuml;enza reconocer que, siendo ya estudiante universitaria, mis amigas del colegio me incitaron a ver en el cine <em>After: aqu&iacute; empieza todo</em>, la primera entrega de la saga que se populariz&oacute; entre las usuarias de Wattpad, la plataforma donde crear, leer y compartir cap&iacute;tulos de manera gratuita y en comunidad. La sala estaba llena de adolescentes que gritaban cada vez que el actor Hero Fiennes Tiffin se quitaba la camiseta. Con cada nuevo grito mis ganas de hundir la cabeza en el bol de palomitas aumentaban. Era un recordatorio m&aacute;s &ndash;pens&eacute;&ndash; de que yo no pertenec&iacute;a a esa sala; de que la pel&iacute;cula estaba hecha para quincea&ntilde;eras y no para chicas de veintiuno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que diez a&ntilde;os antes me hubiera sentido de otra manera. De hecho, puede que yo tambi&eacute;n hubiera gritado y aplaudido con las palmas sudorosas. No fui una gran usuaria de Wattpad, pero s&iacute; le&iacute; algunas de sus historias, a menudo &ldquo;fan fictions&rdquo; protagonizados por Justin Bieber o los chicos de la banda One Direction. Mar&iacute;a, una joven de 25 a&ntilde;os, tambi&eacute;n tuvo Wattpad durante la adolescencia: &ldquo;Me lo hice para encontrar historias romanticonas que estuvieran un punto subidas de tono&rdquo;, cuenta. Con esa intenci&oacute;n, ir a la biblioteca dejaba de ser una opci&oacute;n viable. Era mucho m&aacute;s f&aacute;cil leer gratis, desde el m&oacute;vil y sin tener que dar explicaciones. As&iacute;, Wattpad permit&iacute;a a algunas chicas desarrollar un h&aacute;bito lector, incluso si en sus casas nadie le&iacute;a. &iquest;Lo mejor? Ellas pod&iacute;an ser las protagonistas de la historia &ndash;gracias a esas ingeniosas rayas en blanco donde pod&iacute;as escribir tu nombre&ndash; y comentar la lectura de los cap&iacute;tulos, publicados semanalmente, con otras usuarias. En la plataforma, las ratitas de biblioteca, como se autodenomina Mar&iacute;a, se sent&iacute;an menos solas.
    </p><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n de comunidad que naci&oacute; en Wattpad se ha amplificado dentro del contenido literario de las redes sociales. Las plataformas, afirma la editora Marta Araquistain, han logrado transformar lo que antes se percib&iacute;a como un placer culpable &ndash;un tipo de novela que ni siquiera se consideraba &ldquo;leer de verdad&rdquo;&ndash; en un punto de encuentro para lectoras adolescentes. Para el sector editorial, tanto Wattpad como BookTok, la comunidad literaria de TikTok, han resultado imprescindibles. Si Wattpad se ha convertido en cantera de talento de autores j&oacute;venes y el lugar id&oacute;neo para encontrar voces nuevas; BookTok contribuye, dice Marta, a que ciertas novelas se conviertan en aut&eacute;nticos &eacute;xitos de ventas, sobre todo en g&eacute;neros como el rom&aacute;ntico o la fantas&iacute;a. Los datos lo confirman: tambi&eacute;n seg&uacute;n el informe de la plataforma Entre Editores, hoy la principal fuente de recomendaci&oacute;n de libros son las redes sociales, seguida de las librer&iacute;as.
    </p><h2 class="article-text">Pr&iacute;ncipe azul busca dulce heredera</h2><p class="article-text">
        Quiz&aacute; sea esa necesidad de evasi&oacute;n &ndash;heredada del siglo pasado&ndash; o el deseo de vivir un amor como el de los libros lo que explica por qu&eacute;, en el pasado Sant Jordi, una de las novelas m&aacute;s vendidas entre el p&uacute;blico juvenil fuera <em>Acelerando en rojo</em>. La historia tiene como protagonista a Chiara, hija de una familia de empresarios, y a Asher, una estrella de la F&oacute;rmula 1. Son &ldquo;dos corazones rotos que intentan recomponerse&rdquo;, y su romance re&uacute;ne dos de los tropos literarios m&aacute;s populares de la novela rom&aacute;ntica juvenil: el &ldquo;sports romance&rdquo; (amor deportivo) y el &ldquo;enemies to lovers&rdquo; (de enemigos a amantes). A ellos se le suman otras narrativas que tambi&eacute;n triunfan, como el &ldquo;romantasy&rdquo;, una mezcla de romance y fantas&iacute;a, y el &ldquo;dark romance&rdquo;, donde &ldquo;los protagonistas son moralmente grises y las din&aacute;micas relacionales suelen ser algo perturbadoras&rdquo;, afirma la editora de Grijalbo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>After</em>, el fanfic escrito por Anna Todd &ndash;y la pel&iacute;cula que me hizo sentirme fuera de lugar entre chillidos adolescentes&ndash; forma parte de esta categor&iacute;a. En ella, Tessa, una chica aplicada y sin vida social, se fija en Hardin, el chico malo que usa la violencia para intimidarla. Rompe una guitarra, inicia peleas con otros chicos y manipula a Tessa a su antojo. &ldquo;En ese momento pensaba que no la deb&iacute;a tratar as&iacute;, pero el libro te engancha y quieres vivir una historia de amor. No te planteas que sea mejor o peor&rdquo;, explica en retrospectiva Mar&iacute;a, la ratita de biblioteca. Cuenta que siempre entendi&oacute; que era un amor t&oacute;xico, pero aun as&iacute; su prototipo era el mismo que el de la protagonista: un malote que la ignoraba repetidamente. &ldquo;Pensabas que con amor y paciencia lo ibas a curar, pero no es as&iacute;. No cambian&rdquo;, afirma. Aunque los libros te hagan creer que s&iacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A m&iacute; me da miedo&rdquo;, reconoce Andrea Proenza, la autora de <em>Cartograf&iacute;as del deseo</em>. Ha visto v&iacute;deos de booktokers afirmando que no les gustar&iacute;a recibir ese trato, pero que les encanta leerlo en las novelas. Cree que una persona de veinte a&ntilde;os puede discernir entre un comportamiento adecuado y uno cuestionable, pero&nbsp;que una ni&ntilde;a preadolescente lo tiene m&aacute;s complicado. A pesar de que este tipo de historias contin&uacute;an triunfando, Marta Araquistain, de Grijalbo, remarca la variedad actual en el tipo de relaciones literarias: &ldquo;Ha habido avances respecto a hace unos a&ntilde;os. Vemos m&aacute;s diversidad, protagonistas LGBT con tramas complejas que van m&aacute;s all&aacute; de salir del armario, y cuerpos no normativos&rdquo;. El sexo tambi&eacute;n juega un papel importante. Ahora esas escenas son tambi&eacute;n m&aacute;s realistas y diversas aunque sin la pasi&oacute;n visceral de Hardin y Tessa que llen&oacute; el cine de suspiros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A las escenas de sexo y las narrativas variadas, Marta a&ntilde;ade otro componente nuevo: hoy en d&iacute;a, las protagonistas femeninas superan el test de Bechdel y tienen motivaciones e inquietudes m&aacute;s all&aacute; del amor. De hecho, explica la editora, el atractivo de los protagonistas masculinos reside en que buscan conocer a la mujer que quieren, y no en el pasotismo adornado con unos ojos verdes. Eso s&iacute;, advierte: &ldquo;No vamos a negar que el 90% tambi&eacute;n es guap&iacute;simo y mide metro ochenta como m&iacute;nimo, y ellas suelen ser preciosas pero inconscientes de su propia belleza... Tampoco hemos cambiado tanto&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo me he dado cuenta de algo. Si ahora me tumbara en la cama, encendiera el flexo y volviera a leer el intento fallido entre Blair y Nate, ver&iacute;a esa historia con otra luz. S&eacute; que nadie hace el amor entre s&aacute;banas rojas de sat&eacute;n, y tambi&eacute;n s&eacute; que nadie deber&iacute;a empe&ntilde;arse, como tantas protagonistas, en una relaci&oacute;n que no funciona. Pero eso no impide que mi ojo lector siga buscando el final feliz y que, tenga catorce o veintis&eacute;is, lo siga anhelando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mar Manrique]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/contaron-amor-primer-beso_1_12856643.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jan 2026 21:29:22 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El abismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/abismo_1_12856587.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23ea27f7-4455-4cda-bbff-c1683b19ff8f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El abismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Buceando en la brecha sentimental entre los chicos y chicas de la generación Z</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        Un d&iacute;a de mayo, Roc&iacute;o Bueno, alias Roro, no pudo m&aacute;s. Delante de la misma c&aacute;mara donde escenifica su papel de perfecta chica tradicional &ndash;apa&ntilde;ada en el hogar y dedicada a su pareja; jovenc&iacute;sima, alegre, guapa y lista, pero de ideolog&iacute;a conservadora&ndash; rompi&oacute; la regla de oro de quienes trabajan de cara al p&uacute;blico: jam&aacute;s te metas con quien te da de comer. Delante de sus 8,4 millones de seguidores en TikTok (su irrupci&oacute;n fue, probablemente, el mayor fen&oacute;meno viral de 2024 en Espa&ntilde;a), la <em>influencer</em>, visiblemente enfadada y con un tono de voz grave, sali&eacute;ndose por una vez del personaje audiovisual que la ha hecho famosa, dijo lo siguiente: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; co&ntilde;o os pasa? Est&aacute;is malitos de la cabeza todos, eh. Que yo tenga que estar explicando esto me tiene dando volteretas, pero mira, venga [...]. Dejad de proyectar vuestras inseguridades sobre m&iacute; y sobre mi relaci&oacute;n porque no es mi culpa que no os hayan querido, de verdad&rdquo;. Se refer&iacute;a al rumor popularizado en redes sobre una infidelidad suya hacia su pareja y que algunos de sus fans desencantados interpretaban como una profec&iacute;a autocumplida: al final, todas iguales.
    </p><p class="article-text">
        La generaci&oacute;n de Roro, la llamada Z o<em> centennial</em>, nacida entre 1995 y 2012, es una generaci&oacute;n extra&ntilde;a, y no solo porque est&eacute;n entrando ahora en la vida p&uacute;blica y cada nueva hornada de j&oacute;venes resulte incomprensible para sus mayores: los datos coinciden en que existe una brecha enorme e in&eacute;dita entre sus valores y creencias y las de generaciones anteriores. Existe, adem&aacute;s, una brecha dentro de la brecha, una gran divisi&oacute;n entre los chicos y las chicas cuyas consecuencias a largo plazo est&aacute;n a&uacute;n por ver. &ldquo;Esta divergencia, seg&uacute;n los datos, se consolid&oacute; en apenas unos seis a&ntilde;os a partir de 2018 y es tan an&oacute;mala que algunos analistas consideran que la generaci&oacute;n Z es como dos generaciones dentro de una&rdquo;, escribe el consultor pol&iacute;tico Antoni Guti&eacute;rrez-Rub&iacute; en su libro <em>Polarizaci&oacute;n, soledad y algoritmos</em> (Siglo XXI, 2025), una radiograf&iacute;a de las nuevas generaciones que acaba de publicar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El personaje de Roro es una excepci&oacute;n ideol&oacute;gica dentro de las mujeres de su generaci&oacute;n, y quiz&aacute;s a ello deba su triunfo. Encarna una fantas&iacute;a masculina en extinci&oacute;n, una salvedad nost&aacute;lgica de la norma social. Sus seguidores, fundamentalmente hombres j&oacute;venes de derechas, tienen raz&oacute;n cuando piensan que ya no quedan chicas as&iacute;. Si ellas son cada vez m&aacute;s abiertas en lo pol&iacute;tico, lo social y lo sexual, ellos est&aacute;n girando hacia posturas m&aacute;s conservadoras o abiertamente reaccionarias. Mientras soci&oacute;logos, pol&iacute;ticos, empresas y organizaciones intentan descifrarlos, la juventud sufre en sus carnes una de las consecuencias de la incomprensi&oacute;n mutua que es a la vez m&aacute;s &iacute;ntima y m&aacute;s pol&iacute;tica: el desamor, entendido como el desajuste de un mercado sentimental en el que oferta y demanda no consiguen encontrarse en ning&uacute;n punto de la gr&aacute;fica. La tendencia se observa en Espa&ntilde;a, y se repite en otros pa&iacute;ses del mundo. Causas y consecuencias se confunden y entrelazan, pero quiz&aacute; una de las tareas m&aacute;s importantes para nuestro futuro conjunto sea comprender el fen&oacute;meno.
    </p><h2 class="article-text">Tres grandes cambios</h2><p class="article-text">
        Para entender qu&eacute; est&aacute; ocurriendo entre ellos y ellas, entre nosotros y nosotras, merece la pena repensar tres ideas com&uacute;nmente aceptadas: una, los j&oacute;venes comparten valores generalmente identificados con la izquierda; dos, la heterosexualidad en la adolescencia y los primeros a&ntilde;os de la vida adulta es la norma, y la bisexualidad una opci&oacute;n minoritaria; tres, la soledad y la infelicidad son problemas de los mayores. Por desconcertante que resulte para los observadores de otras generaciones, estas afirmaciones ya no son totalmente ciertas, o al menos, caben muchos matices en ellas.
    </p><p class="article-text">
        Comencemos por la primera de las creencias que han quedado obsoletas en los &uacute;ltimos a&ntilde;os: los j&oacute;venes son m&aacute;s progresistas que los adultos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde finales de los ochenta, el Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas, el CIS, pregunta mensualmente a los ciudadanos espa&ntilde;oles por su orientaci&oacute;n pol&iacute;tica, pidi&eacute;ndoles que se ubiquen dentro de una escala del uno al diez, siendo el uno la extrema izquierda y el diez la extrema derecha. Los chicos y las chicas de entre 18 y 24 a&ntilde;os se han mantenido m&aacute;s o menos juntos y a la izquierda durante d&eacute;cadas. Sin embargo, a partir de 2018 (el a&ntilde;o del caso de &lsquo;la manada&rsquo; y las grandes movilizaciones que prendieron la mecha feminista) sus caminos se separan en las gr&aacute;ficas. Ellos hacia la derecha, ellas hacia la izquierda. Desde hace dos a&ntilde;os, los chicos j&oacute;venes superan el cinco; es decir, por primera vez desde que tenemos datos se sienten m&aacute;s de derechas que de izquierdas. Son ahora el grupo de edad m&aacute;s conservador de Espa&ntilde;a, superando incluso a quienes tradicionalmente ostentaban este puesto: las mujeres de m&aacute;s de 65 a&ntilde;os. Sus coet&aacute;neas no les acompa&ntilde;an en ese camino.
    </p><p class="article-text">
        El voto en las pasadas elecciones europeas confirm&oacute; el giro: uno de cada tres chicos j&oacute;venes vot&oacute; a Vox y uno de cada cuatro, al PP. Ellos tambi&eacute;n fueron responsables del esca&ntilde;o que llev&oacute; a Bruselas al ultra Alvise. Su agenda, gamberra, desinformadora, en contra de la inmigraci&oacute;n y la igualdad de g&eacute;nero, basada en el descr&eacute;dito del sistema y desarrollada &iacute;ntegramente en redes sociales, reson&oacute; en una juventud hiperconectada.
    </p><p class="article-text">
        La derechizaci&oacute;n de los chicos forma parte de una corriente internacional. El an&aacute;lisis de los datos electorales de 27 pa&iacute;ses europeos encontr&oacute; que, durante el a&ntilde;o pasado, un 21% de los hombres menores de treinta a&ntilde;os hab&iacute;a apoyado a partidos de ultraderecha, cuando solo el 14% de mujeres lo hizo. La generaci&oacute;n Z, de hecho, llega a mirar con buenos ojos el autoritarismo: en Espa&ntilde;a, al 38% de los menores de 24 a&ntilde;os no les importar&iacute;a vivir en un r&eacute;gimen &ldquo;poco democr&aacute;tico&rdquo; si eso le garantiza una supuesta &ldquo;mejor calidad de vida&rdquo; (CIS, 2025). La Transici&oacute;n parece quedar ya muy lejos. &ldquo;Hist&oacute;ricamente, la democracia era un sistema pol&iacute;tico que llevaba impl&iacute;cito una mejora econ&oacute;mica y social. Pero esa vinculaci&oacute;n de democracia con prosperidad es algo que ya no se da&rdquo;, dijo el polit&oacute;logo Oriol Bartomeus a elDiario.es, en un reciente an&aacute;lisis sobre el tema.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Continuemos con el segundo axioma en duda: para hombres y mujeres de cualquier edad, la bisexualidad es una opci&oacute;n minoritaria, y la heterosexualidad, la norma. Es dif&iacute;cil decidir d&oacute;nde se traza la l&iacute;nea de lo minoritario, pero desde luego, cuando cuatro de cada diez mujeres de entre 18 y 24 a&ntilde;os se identifican como bisexuales &ndash;como dice el CIS de enero de 2025&ndash; no es posible defender que esta opci&oacute;n sea residual para las j&oacute;venes. Volvemos a encontrar aqu&iacute; una brecha con los chicos: solo el 9,5% de ellos se reconoce como bisexual. Frente al 85% de los varones de la generaci&oacute;n Z que se declaran heterosexuales, solo el 58% de las mujeres lo hace. &ldquo;Me parece el fen&oacute;meno sociol&oacute;gico m&aacute;s llamativo de la &uacute;ltima d&eacute;cada&rdquo;, dijo en X el fundador de la empresa de an&aacute;lisis Graphext, Victoriano Izquierdo, al desglosar los datos.
    </p><p class="article-text">
        La defensa impl&iacute;cita de la pareja tradicional heterosexual y mon&oacute;gama que hace Roro tambi&eacute;n va a contracorriente. Los j&oacute;venes aqu&iacute; no est&aacute;n solos: la idea de pareja convencional est&aacute; en revisi&oacute;n en todas las edades. En el sorprendente informe del CIS de abril de 2023 sobre relaciones sociales y afectivas, cuatro de cada diez espa&ntilde;oles dijeron estar a favor de que las parejas acuerden relaciones abiertas; casi la mitad afirmaba creer que el poliamor es posible y dos de cada tres era partidario de las parejas sin convivencia. Seg&uacute;n ese mismo estudio, el 75% de los espa&ntilde;oles ten&iacute;a pareja en ese momento.
    </p><p class="article-text">
        Llegamos as&iacute; al tercer supuesto: la soledad y la infelicidad son problemas adultos. La mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles cree que el colectivo que m&aacute;s sufre la soledad no deseada es el de los mayores, pero la realidad parece desmentirlo: seg&uacute;n datos de 40 dB, el 37% de quienes tienen entre 18 y 24 a&ntilde;os se ha sentido as&iacute;. Los porcentajes van bajando hasta reducirse al 13% en los mayores de 55 a&ntilde;os. Entre los estudiantes, por ejemplo, el sentimiento de soledad alcanza al 27%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el &uacute;ltimo Informe Mundial de la Felicidad, los nacidos antes de 1965 tienden a ser m&aacute;s felices que los nacidos desde 1980. En pa&iacute;ses como Espa&ntilde;a, Noruega, Suecia, Alemania, Francia o Reino Unido los mayores son significativamente m&aacute;s felices que los j&oacute;venes. En&nbsp;<em>Polarizaci&oacute;n, soledad y algoritmos</em> se plantean algunas causas materiales: la dificultad para comprar o alquilar una vivienda y comenzar una vida independiente (en Espa&ntilde;a, la edad de la emancipaci&oacute;n ha subido hasta los 30,4 a&ntilde;os), el desempleo juvenil y el aumento del coste de vida. Esto, sumado a la creciente ecoansiedad, a la brecha intergeneracional y a la ruptura del pacto que garantizaba que, si uno se formaba acabar&iacute;a teniendo un trabajo y una vida independiente y prometedora, crea un nuevo estado emocional. &ldquo;Esta nueva realidad genera agobio ante la idea de un futuro con incertidumbres y pocas garant&iacute;as. No es extra&ntilde;o que muchos j&oacute;venes decidan mirar m&aacute;s hacia atr&aacute;s que hacia adelante&rdquo;, escribe su autor.
    </p><h2 class="article-text">Dos visiones del mundo</h2><p class="article-text">
        Desechadas ya un buen n&uacute;mero de ideas preconcebidas sobre la juventud, los expertos a&uacute;n citan un factor m&aacute;s que divide a chicos y chicas. Adem&aacute;s de las diferencias ideol&oacute;gicas y afectivas, existen las educativas. A pesar de que a nivel global a&uacute;n queda mucho por hacer en materia de igualdad, es cierto que a ellas les va sensiblemente mejor en las aulas en muchos pa&iacute;ses, incluido el nuestro. Si el 28% de los chicos de la OCDE que participan en el informe PISA fallan en alcanzar los niveles m&iacute;nimos de lectura, entre las chicas el porcentaje es solo del 14%. En Espa&ntilde;a, seis de cada diez j&oacute;venes con estudios universitarios son mujeres, un porcentaje superior al de los pa&iacute;ses de la OCDE e, incluso, Europa. A los quince a&ntilde;os, un chico espa&ntilde;ol tiene el doble de posibilidades de repetir curso que una de sus compa&ntilde;eras. Es f&aacute;cil imaginar el sentimiento de agravio de los j&oacute;venes que se quedan atr&aacute;s mientras cierta clase pol&iacute;tica saca partido a la situaci&oacute;n bombarde&aacute;ndoles con el mensaje de que las pol&iacute;ticas de igualdad benefician de forma injusta a las mujeres. Uno de cada dos chicos menores de 24 a&ntilde;os cree que la lucha por la igualdad ha ido tan lejos que ahora se discrimina a los hombres, revel&oacute; el CIS en 2024. Ellas, a cambio, son muy conscientes de la desigualdad social que a&uacute;n sufren, y no est&aacute;n dispuestas a volver atr&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los soci&oacute;logos han comprobado repetidas veces c&oacute;mo una mayor formaci&oacute;n est&aacute; relacionada con una visi&oacute;n del mundo m&aacute;s progresista, y al rev&eacute;s. Esto crea un desequilibrio en el mercado amoroso con consecuencias demogr&aacute;ficas complejas. La soci&oacute;loga del Centre d&rsquo;Estudis Demogr&agrave;fics de la UAB Maike van Damme calcul&oacute; el a&ntilde;o pasado con datos de 2018 que para las mujeres espa&ntilde;olas heterosexuales con estudios superiores y creencias feministas que buscan pareja existe un d&eacute;ficit masculino del 34% (si desean que tengan valores igualitarios como ellas) y del 25% si se conforman con que posean un nivel educativo similar. Dicho de otro modo, un tercio de las universitarias en busca de una relaci&oacute;n hetero permanecer&aacute;n solteras por falta de hombres, a menos que decidan renunciar a parte de sus deseos. Y, al contrario, &ldquo;el 25% de todos los hombres con educaci&oacute;n baja y tradicionales no encontrar&aacute; una pareja femenina con la misma educaci&oacute;n y valores de g&eacute;nero&rdquo;, declar&oacute; la investigadora al diario La Vanguardia. La investigadora cree que los resultados, con datos m&aacute;s recientes, mostrar&iacute;an porcentajes de desencuentros a&uacute;n mayores.
    </p><p class="article-text">
        Identificarse con la izquierda o la derecha no deja de ser una forma de resumir ciertos sistemas de valores. Pero, &iquest;qu&eacute; pasa cuando esas formas de ver el mundo son tan opuestas que significan una <em>red flag</em>, un hecho que rompe la baraja del juego para el otro sexo? El flirteo heterosexual se complica cuando seis de cada diez<em> centennials </em>varones cree que la lucha por la igualdad de g&eacute;nero ha ido demasiado lejos, uno de cada cuatro expresa incomodidad ante una pareja gay, tres de cada cuatro creen que los inmigrantes reciben demasiadas ayudas y uno de cada diez menores de 19 niega la existencia de la violencia de g&eacute;nero. Si llevamos los arquetipos actuales juveniles hasta el extremo, &iquest;c&oacute;mo es posible que se entiendan un simpatizante de Alvise o Vox, heterosexual, mon&oacute;gamo, con problemas para independizarse y dudas sobre c&oacute;mo encarnar los valores de la masculinidad, y una joven hipereducada bisexual, poliamorosa y de izquierdas, preocupada por el futuro del planeta, muy consciente de las desigualdades de g&eacute;nero? &iquest;C&oacute;mo hacerlo cuando ambos se sienten solos e infelices, y comparten una preocupaci&oacute;n profunda y justificada por su futuro, mucho m&aacute;s incierto que el de generaciones anteriores? &iquest;Qu&eacute; ocurre cuando, adem&aacute;s, todo ha cambiado de una forma tan r&aacute;pida y tan radical, y no encuentran referentes en las instituciones y las generaciones anteriores?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Dos testimonios anonimizados recogidos en los<em> focus group</em> realizados por Guti&eacute;rrez-Rub&iacute; para la elaboraci&oacute;n de su libro ilustran bien la diferencia entre los dos mundos: &ldquo;Vas con miedo a la discoteca, ya no existe la presunci&oacute;n de inocencia de un hombre. Por ejemplo, te meten una noche en el calabozo y luego vemos si es verdad o no&rdquo;, comenta un chico. &ldquo;Si yo llego a un sitio donde hay hombres y digo que soy feminista, no me van a mirar bien, porque se piensan que es en plan radical y se toman el hecho de ser feminista como una amenaza&rdquo;, dice una chica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ellos son mucho m&aacute;s cautelosos, saben que pueden meter la pata y que tienen mucho m&aacute;s dif&iacute;cil ligar que antes. Y a esas edades ligar es lo que m&aacute;s te importa en la vida&rdquo;, explica un jefe de estudios de un gran instituto del sur de Madrid, acostumbrado a ver pasar clases a&ntilde;o tras a&ntilde;o ante sus ojos. En ellas, dice, observa menos cambios. Aunque son mucho m&aacute;s libres sexualmente, a&uacute;n creen en las grandes historias de amor rom&aacute;ntico. Cada a&ntilde;o hace una serie de preguntas a sus alumnos que le ayudan a ubicarlos ideol&oacute;gicamente, y aunque los resultados de su peque&ntilde;o experimento coinciden con los grandes datos de los que estamos hablando, dice que, en general, el alumnado LGTBI se siente m&aacute;s protegido por el sistema que antes. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, ha visto a chicos anunciar su transici&oacute;n de g&eacute;nero a sus compa&ntilde;eros, en su clase, con total naturalidad.
    </p><p class="article-text">
        Un caso extremo de polarizaci&oacute;n social y amorosa entre chicos y chicas se vio en Corea de Sur a partir de 2019, cuando un grupo de mujeres hartas de la violencia de g&eacute;nero, la desigualdad salarial y el acoso fund&oacute; el Movimiento 4b, basado en cuatro principios: no al matrimonio, no al parto, no a las citas con hombres y no al sexo hetero. La rebeli&oacute;n, m&aacute;s simb&oacute;lica que popular en un pa&iacute;s con una de las tasas de natalidad m&aacute;s bajas del mundo, se dio a conocer en Occidente despu&eacute;s de la segunda victoria electoral de Trump, cuando mujeres estadounidenses se dieron cuenta de que sus amigos, compa&ntilde;eros y familiares hab&iacute;an votado al republicano y buscaron formas de asumir la realidad del mundo en que viv&iacute;an. Las diferencias ideol&oacute;gicas entre unos y otras son sensibles en EEUU: se ven en la urgencia de la necesidad de acciones contra el cambio clim&aacute;tico (60% de mujeres vs. 40% de hombres); en la legalidad del aborto (50% vs. 20%); en la condonaci&oacute;n de los pr&eacute;stamos educativos (40% vs. 10%).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese pa&iacute;s los informes indican que el n&uacute;mero de adolescentes que mantienen relaciones rom&aacute;nticas ha disminuido sensiblemente. Tambi&eacute;n lo ha hecho en otras franjas de edad, de forma que algunos medios hablan de una gran &ldquo;crisis de la pareja&rdquo;. Como explica The Atlantic en una serie de reportajes, &ldquo;un gran n&uacute;mero de adultos estadounidenses est&aacute;n alej&aacute;ndose del romance, no solo los j&oacute;venes. Pero la tendencia parece ser especialmente marcada entre la Generaci&oacute;n Z&rdquo;. Seg&uacute;n una encuesta del Survey Center on American Life publicada el a&ntilde;o pasado, casi la mitad de los chicos j&oacute;venes de ese pa&iacute;s no tiene citas, algo in&eacute;dito en otras generaciones.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, seg&uacute;n el INE, el 95% de la poblaci&oacute;n entre 18 y 29 a&ntilde;os se declara soltera, pero ocho de cada diez afirman haber tenido dos parejas. El estudio sobre la vida en pareja que patrocin&oacute; el BBVA en 2022 habla de menos matrimonios y relaciones m&aacute;s satisfactorias &ndash;porque est&aacute;n basadas en el amor&ndash; pero m&aacute;s inestables &ndash;por ese mismo motivo&ndash;.
    </p><h2 class="article-text">Fantas&iacute;as digitales</h2><p class="article-text">
        Existe un aspecto tan esencial en la generaci&oacute;n Z o<em> centennial</em> que forma parte de su propia definici&oacute;n: han crecido con las redes sociales. Sufrieron, adem&aacute;s, un confinamiento en un momento cr&iacute;tico de su educaci&oacute;n emocional durante el cual solo pudieron relacionarse con sus cong&eacute;neres a trav&eacute;s de internet. Volvamos, pues, a los seguidores de Roro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como explica Angela Nagle en su libro <em>Muerte a los normies</em>, la cultura de internet ha sufrido una progresiva masculinizaci&oacute;n y derechizaci&oacute;n desde el <em>gamergate</em> de 2014, la campa&ntilde;a de acoso contra las mujeres en los videojuegos que result&oacute; ser la primera de las muchas guerras culturales que vencer&iacute;an las posiciones m&aacute;s extremas. Hoy nos encontramos con un internet de chicos y otro de chicas &ndash;como lo bautiz&oacute; Rebecca Jenninggs&ndash;, polarizado y alimentados por unos algoritmos que forman parte de la agenda pol&iacute;tica, como qued&oacute; claro tras la compra de X por Elon Musk. Comunidades escondidas hace unos pocos a&ntilde;os, como la manosfera o la incel, forman parte hoy de la cultura dominante: tras la victoria de Trump, Mark Zuckerberg anunci&oacute; que iba a reducir la moderaci&oacute;n en las redes sociales de su propiedad al m&iacute;nimo. Los contenidos m&aacute;s radicales son los que m&aacute;s adherencia consiguen; estrellas mis&oacute;ginas como Andrew Tate consiguen audiencias millonarias. Es f&aacute;cil que un chico joven de 2025 acabe consumiendo el men&uacute; que internet tiene preparado por defecto para &eacute;l: porno y una masculinidad complicada. Para ellos las redes promueven casi por defecto contenidos de estoicismo, <em>gym</em>, criptomonedas, negocios, videojuegos, deporte o pol&iacute;tica; para ellas, sin apenas buscarlo, todo es estilo de vida, belleza, feminismo y salud mental. Valores masculinos tradicionales (dinero, fuerza, liderazgo) para unos; valores de izquierda e identitarios, pero con la opresi&oacute;n constante de la autooptimizaci&oacute;n, para otras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la relaci&oacute;n entre ideolog&iacute;a e internet&nbsp;una vez m&aacute;s causas y consecuencias se mezclan. &iquest;Lleva la infelicidad y la desesperanza por las condiciones de vida futuras a la radicalizaci&oacute;n en l&iacute;nea a los chavales? &iquest;O es la cultura hipermasculina y radical de su internet la que les lleva a la normalizaci&oacute;n social de posiciones extremas? Probablemente, la rueda gire en ambas direcciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hemos hablado de cifras, motivos y hechos &ndash;una sociedad donde la juventud ha cambiado polariz&aacute;ndose por g&eacute;neros, donde ellas han mejorado educativamente y se han abierto mucho m&aacute;s ideol&oacute;gica y afectivamente, donde existe un serio problema de soledad y salud mental; todo dentro de una sociedad donde la idea de pareja est&aacute; en evoluci&oacute;n y la cultura digital empuja a la radicalizaci&oacute;n&ndash; pero no tanto del futuro. &iquest;C&oacute;mo devolver el equilibrio a un mercado amoroso que parece irreconciliable? Quiz&aacute; podamos empezar asegur&aacute;ndonos de que tienen tiempo para evolucionar y herramientas para escucharse. Y aqu&iacute; Roro, exigiendo a sus seguidores que se dejaran de fantas&iacute;as digitales, ten&iacute;a toda la raz&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Delia Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/abismo_1_12856587.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jan 2026 20:46:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El abismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Generación Z,Sexualidad,Amor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al poder no le importa el amor, prefiere el matrimonio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/no-le-importa-amor-prefiere-matrimonio_1_12852054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8378d553-526d-4fa4-b612-b443e483c634_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Al poder no le importa el amor, prefiere el matrimonio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Consideraciones de tipo moral, pero sobre todo razones económicas, de patrimonio y hereditarias han hecho que el sistema nos prefiera en parejas y con papeles. Pero no siempre ha sido así. ¿Qué dice de nosotros la historia del matrimonio?</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        En otras p&aacute;ginas de esta revista se habla de amor, sentimientos y emociones. Aqu&iacute; hablaremos de matrimonios. Es decir, de pol&iacute;tica. Y de por qu&eacute; el sistema, cualquier sistema, a lo largo de la historia y ahora mismo, favorece a las parejas unidas por alguna forma de contrato.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hasta finales del siglo XVIII, la mayor&iacute;a de las sociedades en todo el mundo consideraban el matrimonio una instituci&oacute;n pol&iacute;tica y social demasiado importante como para dejarla en manos de las apetencias de dos individuos&rdquo;, dice Stephanie Coontz en su &lsquo;Marriage, a History&rsquo;, no traducida a&uacute;n, creo, al espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Hasta finales del siglo XVIII? No, hasta hoy mismo. Stephanie Coontz se refiere a la irrupci&oacute;n del amor y de la gratificaci&oacute;n sexual como motivos para contraer matrimonio. Efectivamente, la Edad de la Raz&oacute;n y de los derechos individuales altera la sociedad y, con ella, la instituci&oacute;n matrimonial. Pero la pareja estable y legalizada (y los hijos que suele acarrear consigo, eso que llamamos familia) sigue siendo considerada la c&eacute;lula b&aacute;sica de la organizaci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        Tendemos a pensar, cuando dejamos los sentimentalismos al margen, que el matrimonio es un mecanismo ideado por los humanos para canalizar los apetitos sexuales y facilitar la crianza y educaci&oacute;n de los cachorros de la especie. En parte, es cierto. Pero contempl&eacute;moslo desde otra perspectiva. El antrop&oacute;logo brit&aacute;nico Edmund Leach lo ve como un regulador de la propiedad, como el conjunto de leyes y costumbres que permiten que la riqueza y el prestigio social se perpet&uacute;en de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si viajamos al principio de la historia humana comprobamos que el matrimonio, en efecto, serv&iacute;a para crear, acumular y perpetuar riqueza y poder. En las antiguas sociedades, superada la etapa tribal y n&oacute;mada, solo se casaba la gente importante y lo hac&iacute;a con fines pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos: unir dinast&iacute;as, forjar alianzas, ensamblar territorios. Las personas de a pie se limitaban a juntarse, sin ceremonias ni aspavientos, sin promesas de amor eterno ni compromisos de fidelidad. No eran todav&iacute;a c&eacute;lulas b&aacute;sicas de nada, porque, dada su carencia de patrimonio, se consideraban irrelevantes.
    </p><p class="article-text">
        (Una advertencia obvia: en este texto no se contemplar&aacute;n instituciones sociales como la poligamia patriarcal entre los musulmanes o los mormones ni los miles de f&oacute;rmulas distintas y altamente imaginativas con que se arreglan las sociedades tribales a&uacute;n existentes).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; desde el principio de la civilizaci&oacute;n humana se juntaba la gente en parejas? Olviden el sexo, para el que nunca han hecho falta emparejamientos estables. La teor&iacute;a que podr&iacute;amos denominar &ldquo;machista&rdquo; dice que la mujer buscaba unirse a un hombre por necesidad de protecci&oacute;n en un ambiente hostil. Otra teor&iacute;a, de tendencia opuesta, afirma que el hombre, v&aacute;lido como cazador y poco m&aacute;s, necesitaba la &ldquo;tecnolog&iacute;a&rdquo; (en alimentaci&oacute;n, en curtido de pieles, en los balbuceos de la agricultura, en crianza) que pose&iacute;an las mujeres, y por tanto buscaba la compa&ntilde;&iacute;a femenina estable. Seg&uacute;n esa idea, con el tiempo el hombre transform&oacute; el matrimonio en instrumento de opresi&oacute;n para adue&ntilde;arse de toda la aportaci&oacute;n femenina.
    </p><p class="article-text">
        Una tercera teor&iacute;a, que no parece insensata, apunta a que el matrimonio neol&iacute;tico se establec&iacute;a realmente entre hombres. &iquest;Qu&eacute; quiere decir eso? Que el novio se &ldquo;casaba&rdquo; con su suegro y sus cu&ntilde;ados a trav&eacute;s de la novia, convertida en &ldquo;contrato&rdquo; de carne y hueso, para integrarse en un clan. Esa es la tesis del antrop&oacute;logo estructuralista Claude Levi-Strauss.
    </p><p class="article-text">
        La c&eacute;lebre Atenas de los fil&oacute;sofos no era muy partidaria del matrimonio, considerado un engorro, un obst&aacute;culo para la cohesi&oacute;n social. Arist&oacute;teles pensaba que el ciudadano deb&iacute;a fidelidad a la Polis, no a su mujer o a su familia. Plat&oacute;n lleg&oacute; a sugerir la abolici&oacute;n de la familia. En general, entre los antiguos griegos se valoraba positivamente la pareja homosexual entre un hombre mayor y un muchacho: se consideraba una buena f&oacute;rmula educativa. Y tambi&eacute;n militar. El famoso Batall&oacute;n Sagrado de Tebas, de gran efectividad b&eacute;lica, estaba compuesto por 150 parejas homosexuales.
    </p><p class="article-text">
        Los romanos, siempre m&aacute;s pr&aacute;cticos que nadie, dejaron el matrimonio de las clases populares en manos de cada uno: las parejas pod&iacute;an unirse o separarse mediante una simple declaraci&oacute;n privada. Ese no era el caso, por supuesto, en las familias importantes. El Derecho romano, cuya influencia llega hasta hoy, formaliza la relaci&oacute;n, no solo fon&eacute;tica, entre &ldquo;matrimonio&rdquo; y &ldquo;patrimonio&rdquo;: volvemos al concepto de la pareja como mecanismo de transmisi&oacute;n de riqueza y prestigio.
    </p><p class="article-text">
        La irrupci&oacute;n del cristianismo convirti&oacute; el matrimonio, por un tiempo, en una especie de mal menor que idealmente deber&iacute;a evitarse. El cristianismo de los primeros tiempos pensaba que el fin del mundo estaba pr&oacute;ximo, que era fundamental prepararse para el juicio divino y que, en tales circunstancias, la mujer (o el hombre) y los hijos supon&iacute;an una distracci&oacute;n inconveniente. El papa Gregorio Magno (540-604) afirma que &ldquo;la uni&oacute;n conyugal no puede darse sin placer carnal, y ese placer bajo ninguna circunstancia carece de culpa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El cristianismo primigenio hizo, parad&oacute;jicamente, menos &eacute;nfasis en la promoci&oacute;n del matrimonio que en la prohibici&oacute;n estricta del divorcio (admitido tanto en la sociedad jud&iacute;a como en la romana): &ldquo;Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre&rdquo;, se dice en el Evangelio de Marcos. La poligamia qued&oacute; tambi&eacute;n muy prohibida.
    </p><p class="article-text">
        Dijera lo que dijera el papa Gregorio, la poblaci&oacute;n de la alta edad media sigui&oacute; por supuesto uni&eacute;ndose en parejas. Incluyendo a los sacerdotes. En 742, el papa Zacar&iacute;as tuvo que prohibir la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a a los cl&eacute;rigos que cometieran adulterio y bigamia; los que contaban con parejas estables (casi todos) pod&iacute;an seguir con lo suyo. El celibato sacerdotal no se impuso hasta mucho despu&eacute;s, en el siglo XII.
    </p><p class="article-text">
        En la Edad Media, el matrimonio o la simple pareja constitu&iacute;an una necesidad econ&oacute;mica de primer orden. Se trataba de una sociedad fundamentalmente agraria. El se&ntilde;or feudal, laico o eclesi&aacute;stico, ten&iacute;a inter&eacute;s en la divisi&oacute;n dom&eacute;stica del trabajo entre hombre y mujer. Uno produc&iacute;a, la otra manipulaba y comercializaba.
    </p><p class="article-text">
        El se&ntilde;or tambi&eacute;n ten&iacute;a inter&eacute;s en que los matrimonios se realizaran dentro de su propia comunidad feudal, para evitar la emigraci&oacute;n de personas j&oacute;venes a otros feudos. Y ten&iacute;a much&iacute;simo inter&eacute;s en que los hijos se mantuvieran sometidos al orden jer&aacute;rquico y obedecieran a sus padres, que a su vez obedec&iacute;an al terrateniente. En el siglo XIV, los se&ntilde;ores feudales alemanes, con la amenaza de la multa o la c&aacute;rcel, pod&iacute;an imponer el matrimonio a los hombres mayores de 18 y a las mujeres mayores de 14. Y pod&iacute;an tambi&eacute;n cobrar un impuesto especial a las mujeres que tuvieran vida sexual sin casarse: constitu&iacute;an una distorsi&oacute;n en la jerarqu&iacute;a de una sociedad hecha a medida de la aristocracia y la iglesia. La pareja oficializada y con hijos ofrec&iacute;a bastantes garant&iacute;as de obediencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay quien se queja de la laxa moralidad contempor&aacute;nea, pero en la Inglaterra de los siglos XIII y XIV uno de cada dos ni&ntilde;os nac&iacute;a fuera del matrimonio.
    </p><p class="article-text">
        El gran fen&oacute;meno del siglo XIV en Europa (el continente del que nos ocupamos por ahora) fue la peste negra: m&aacute;s de 100 millones de muertos, quiz&aacute; hasta 200, lo que supon&iacute;a al menos la mitad de la poblaci&oacute;n continental. El desastre demogr&aacute;fico encareci&oacute; una mano de obra muy escasa, lo cual tuvo como efecto secundario un incremento en el valor patrimonial del matrimonio: floreci&oacute; la artesan&iacute;a y las parejas empezaron a interesarse en acumular alg&uacute;n capital antes del casamiento, normalmente mediante el trabajo, tanto ellos como ellas, en el servicio dom&eacute;stico de las clases altas. Ahorrar para montar un comercio o un taller llevaba alg&uacute;n tiempo. Eso retras&oacute; hasta los 27 a&ntilde;os, en promedio, la edad en que se establec&iacute;a un hogar conjunto.
    </p><p class="article-text">
        Y en esto lleg&oacute; la reforma protestante. En 1517, Mart&iacute;n Lutero expuso sus tesis cr&iacute;ticas con el papado. El movimiento religioso se extendi&oacute; con rapidez, glorificando el matrimonio (tambi&eacute;n entre los curas y las monjas) y el enriquecimiento (como se&ntilde;al de benevolencia divina hacia quien se hac&iacute;a rico). Mientras Roma insist&iacute;a en la supremac&iacute;a del celibato, Lutero proclamaba que el matrimonio era el estado natural del ser humano. &ldquo;Hasta los &aacute;rboles se casan, incluso hay matrimonio entre las piedras y las rocas&rdquo;, escribi&oacute; Lutero en un arrebato l&iacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        El protestantismo coincidi&oacute; con un progresivo auge del individualismo. El pronombre &ldquo;yo&rdquo; empez&oacute; a predominar. Las familias y las comunidades perdieron influencia a la hora de decidir qui&eacute;n se casaba con qui&eacute;n. Y las nuevas condiciones econ&oacute;micas favorecieron la aparici&oacute;n de gentes &ldquo;sin due&ntilde;o&rdquo; (ese era el t&eacute;rmino usado en Francia y Alemania): emigrantes, mercenarios, vagabundos&hellip; Muchas ciudades europeas prohibieron la residencia a las mujeres solas, a no ser que se emplearan en el servicio dom&eacute;stico. Los hombres solos eran vistos como una amenaza sobre el orden p&uacute;blico. La opci&oacute;n de la soledad aut&oacute;noma se consideraba subversiva.
    </p><p class="article-text">
        Todo esto afectaba casi exclusivamente a lo que luego se denomin&oacute; proletariado. Las clases pudientes (que, por pudientes, pod&iacute;an permitirse ciertas dosis de libertinaje) segu&iacute;an concentradas en el matrimonio-empresa. Va un ejemplo. Thomas Pepys estaba casado con una hermana del famoso escritor ingl&eacute;s Samuel Pepys (1633-1703). Cuando ella muri&oacute;, Thomas pidi&oacute; a Samuel que le ayudara a buscar una nueva esposa, &ldquo;viuda, sin hijos pero con una buena renta, abstemia, trabajadora y taca&ntilde;a&rdquo;. No lo dec&iacute;a en broma. Era el sentido com&uacute;n imperante en la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se mezcl&oacute; el amor en todo esto? Siempre hubo enamoramientos, pero sol&iacute;an considerarse tonter&iacute;as juveniles o episodios pasajeros. La literatura medieval est&aacute; llena de amores imposibles (recu&eacute;rdese la Dulcinea del Quijote, parodia de las novelas de caballer&iacute;as) y de adulterios. La literatura de la edad moderna tiende a asociar el gran amor con la tragedia: piensen en Romeo y Julieta o en Otelo y Desd&eacute;mona, en las obras de William Shakespeare.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a finales del siglo XVIII, el individualismo y la Ilustraci&oacute;n generan un anhelo novedoso, &ldquo;la b&uacute;squeda de la felicidad&rdquo;, incluido por Thomas Jefferson en la Declaraci&oacute;n de Independencia de las colonias americanas (1776). Seg&uacute;n el historiador Jeffrey Watt, el matrimonio dej&oacute; de ser un instrumento econ&oacute;mico, un arreglo para facilitar la vida o un sacramento: &ldquo;El amor se convirti&oacute; en el criterio esencial para elegir c&oacute;nyuge&rdquo;. El absolutismo entraba en proceso de desaparici&oacute;n. En 1789, la Asamblea Nacional revolucionaria aprob&oacute; en Francia la Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En 1791, la intelectual feminista Olympe de Gouges (de verdadero nombre Marie Gouze) escribi&oacute; una Declaraci&oacute;n de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.
    </p><p class="article-text">
        Olympe de Gouges despreciaba personalmente la instituci&oacute;n matrimonial (&ldquo;tumba de la confianza y del amor&rdquo;, la llamaba). Desde un punto de vista pol&iacute;tico, sin embargo, conced&iacute;a al matrimonio una funci&oacute;n fundamental&iacute;sima. En el art&iacute;culo 3 de su Declaraci&oacute;n se dec&iacute;a: &ldquo;El principio de toda soberan&iacute;a reside esencialmente en la Naci&oacute;n, que no es m&aacute;s que la reuni&oacute;n de la Mujer y el Hombre: ning&uacute;n cuerpo, ning&uacute;n individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos&rdquo;. Y ah&iacute; tenemos la pareja como fuente &uacute;ltima de la soberan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La feminista revolucionaria exig&iacute;a que las mujeres tuvieran el mismo protagonismo pol&iacute;tico que los hombres: &ldquo;Si la mujer puede subir al cadalso, tambi&eacute;n se le deber&iacute;a reconocer el derecho de subir a la tribuna&rdquo;. El gobierno de Maximilien Robespierre no se mostr&oacute; de acuerdo con uno de los dos enunciados. La conden&oacute; en 1793 por &ldquo;traicionar a su sexo&rdquo; y por pretender erigirse en &ldquo;hombre de Estado&rdquo;, la hizo subir al cadalso y la guillotin&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y en estas lleg&oacute; el amor.
    </p><p class="article-text">
        Con el tr&aacute;nsito del siglo XVIII al siglo XIX, el matrimonio, siempre considerado como la c&eacute;lula b&aacute;sica de la sociedad, dej&oacute; de ser tan estable como sol&iacute;a. Hab&iacute;a irrumpido el amor. El soci&oacute;logo brit&aacute;nico Anthony Giddens, inspirador de la &ldquo;tercera v&iacute;a&rdquo; plasmada en Tony Blair, habla del &ldquo;car&aacute;cter intr&iacute;nsecamente subversivo del amor rom&aacute;ntico&rdquo;. En 1800 ya estaba legalizado en pa&iacute;ses como Francia, Prusia, Dinamarca o Suecia el divorcio por razones de incompatibilidad, es decir, por desamor. La pasi&oacute;n produc&iacute;a el matrimonio y la falta de pasi&oacute;n lo disolv&iacute;a. Para cualquier sistema pol&iacute;tico se trataba de un cambio alarmante.
    </p><p class="article-text">
        Hubo intentonas de contrarreforma casi en todas partes. Napole&oacute;n prohibi&oacute; que las mujeres casadas firmaran contratos o abrieran cuentas bancarias y, ante el riesgo de que, con la proliferaci&oacute;n del amor y el divorcio, se rompiera la ancestral cadena de transmisi&oacute;n patrimonial a trav&eacute;s del matrimonio, afirm&oacute; que &ldquo;la sociedad no tiene inter&eacute;s en que sean reconocidos los bastardos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo del siglo XIX, el esfuerzo de la pol&iacute;tica por mantener estable la instituci&oacute;n matrimonial (y evitar cualquier otro tipo de uni&oacute;n extraoficial) tuvo dos aspectos. Uno, el moral, perfectamente ejemplificado por la &eacute;poca victoriana: se insisti&oacute; en la pureza intr&iacute;nseca de la mujer y en su papel como reina del hogar. Otro, el patrimonial: en Europa y Estados Unidos, las leyes que reg&iacute;an las herencias fueron modificadas a favor del c&oacute;nyuge, en detrimento de los dem&aacute;s miembros de la familia. Ese cambio constituy&oacute; un eficaz mecanismo disuasorio contra los divorcios.
    </p><p class="article-text">
        Llegado el siglo XX, dos nuevos fen&oacute;menos hasta cierto punto ligados, el feminismo y la difusi&oacute;n de los m&eacute;todos anticonceptivos (muy elementales), reventaron las costuras sociales, es decir, matrimoniales. Los anticonceptivos permit&iacute;an poner en duda la castidad extramarital de las mujeres. El feminismo exig&iacute;a que la fidelidad o infidelidad de las mujeres se rigiera seg&uacute;n los mismos criterios que val&iacute;an para los hombres: se trataba de una cuesti&oacute;n personal que no deb&iacute;a tener consecuencias legales.
    </p><p class="article-text">
        Las dos guerras mundiales, en especial la segunda, desplazaron masivamente a la mujer desde el hogar hasta el puesto de trabajo. Mientras los hombres combat&iacute;an, sus esposas trabajaban, gestionaban las cuentas dom&eacute;sticas y se erig&iacute;an en &ldquo;cabeza de familia&rdquo;. En 1946, exist&iacute;a una unanimidad casi total entre los soci&oacute;logos: el matrimonio pod&iacute;a darse por finiquitado debido a la emancipaci&oacute;n femenina.
    </p><p class="article-text">
        Ocurri&oacute; justo lo contrario: en las siguientes d&eacute;cadas, el matrimonio convencional (el hombre en el trabajo, la mujer en casa y a cargo de los hijos) cobr&oacute; nuevas fuerzas y, muy importante, recobr&oacute; la estabilidad. El n&uacute;mero de divorcios descendi&oacute; con rapidez: en 1955 eran m&aacute;s o menos la mitad que en 1945 en todas las sociedades occidentales (nunca hablamos de Espa&ntilde;a porque gracias a monarqu&iacute;as y dictaduras permanec&iacute;a encadenada al pasado), y bajaban a&ntilde;o tras a&ntilde;o. El poder pol&iacute;tico no tuvo que hacer nada para restablecer el vigor de la pareja oficializada hasta la muerte. Fueron la prosperidad posb&eacute;lica y el aumento del poder adquisitivo de los salarios los que propiciaron que solo uno de los c&oacute;nyuges (el marido, salvo rar&iacute;simas excepciones) trabajara fuera de casa. El matrimonio se consider&oacute; definitivamente a salvo.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces, con los movimientos de liberaci&oacute;n sexual de los 60 y la crisis econ&oacute;mica de los 70, entr&oacute; de nuevo en crisis. En 1980, uno de cada dos matrimonios estadounidenses acababa en divorcio. Y, m&aacute;s significativo, cada vez menos divorciados se casaban de nuevo. Las mujeres fueron perdiendo el miedo a ser &ldquo;madres solteras&rdquo;: en 1999, siguiendo con Estados Unidos, uno de cada tres ni&ntilde;os carec&iacute;a oficialmente de padre. Y hab&iacute;a tantas parejas con hijos que cohabitaban sin papeles como parejas con hijos formalmente casadas.
    </p><p class="article-text">
        Esta revoluci&oacute;n social indujo a los gobiernos a introducir nuevas medidas para favorecer el matrimonio por diversas v&iacute;as (fiscales, patrimoniales, etc&eacute;tera) y, &uacute;ltimamente, tambi&eacute;n hasta cierto punto a las parejas no casadas pero estables. Mientras las sociedades occidentales hab&iacute;an evolucionado paulatinamente, en Espa&ntilde;a las cosas llegaron de golpe.
    </p><p class="article-text">
        Tras el largo y muy desagradable par&eacute;ntesis de la dictadura franquista, en 1981 se legaliz&oacute; por fin el divorcio. Poco antes, en 1978, se hab&iacute;a instaurado el actual Impuesto sobre la Renta de las Personas F&iacute;sicas (IRPF), que a trav&eacute;s de mecanismos como la declaraci&oacute;n conjunta y la reducci&oacute;n de las bases imponibles para los matrimonios con hijos trata de favorecer la unidad conyugal, a&uacute;n vista como &ldquo;c&eacute;lula b&aacute;sica&rdquo; de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        El sistema pol&iacute;tico, o el poder si prefieren llamarlo as&iacute;, sigue apostando por el matrimonio. Hay muchas razones para ello. Las &ldquo;econom&iacute;as de escala&rdquo; cuando ambos c&oacute;nyuges trabajan (gastos como los de vivienda y alimentaci&oacute;n suelen ser compartidos) y la &ldquo;seguridad econ&oacute;mica&rdquo; (se supone que un c&oacute;nyuge ayudar&aacute; al otro si pierde el trabajo o enferma) destacan entre las razones &ldquo;pr&aacute;cticas&rdquo;. A ellas se a&ntilde;aden consideraciones de tipo moral. Una, la referente a la manida &ldquo;c&eacute;lula b&aacute;sica&rdquo; que aporta estabilidad a la sociedad. Otra, la idea de que los hijos se benefician de la estabilidad matrimonial, tanto en lo relacionado con la crianza y la educaci&oacute;n como (y volvemos a lo mismo) en lo relacionado con las herencias y las transmisiones de patrimonio.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, la moral cambia con los tiempos. En Espa&ntilde;a y en casi todos los pa&iacute;ses donde se ha legalizado el matrimonio homosexual, ambos c&oacute;nyuges, sean hombres o mujeres, tienen derecho a ventajas fiscales muy similares a las aplicadas sobre los matrimonios heterosexuales. El mensaje del sistema pol&iacute;tico es claro: hagan lo que quieran con su sexualidad, pero firmen papeles y c&aacute;sense.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enric González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/no-le-importa-amor-prefiere-matrimonio_1_12852054.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Jan 2026 19:23:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Al poder no le importa el amor, prefiere el matrimonio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Matrimonio,Sexualidad,Relaciones,Amor]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amor vuelve a cambiar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/amor-vuelve-cambiar_1_12851985.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c135f42a-dd6d-43fc-aa83-6d3252f63d79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El amor vuelve a cambiar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Toda generación cree tener todas las respuestas, especialmente a medida que cumplimos años. Y casi siempre nos equivocamos. Estoy seguro de que, en pocas décadas, los nietos de nuestros nietos mirarán nuestros desvelos amorosos, las relaciones que construimos, con la misma distancia que separa hoy a una pareja actual de una novela romántica de Corín Tellado</p><p class="subtitle">Este artículo fue publicado en el número 48 de la revista impresa de elDiario.es de junio de 2025. Si quieres apoyar un periodismo comprometido y honesto, hazte socio y recibe en casa la revista completa 'El poder del amor moderno'</p></div><p class="article-text">
        Existe un sustrato gen&eacute;tico. Es evidente. Hay un mandato que est&aacute; en nuestro c&oacute;digo y que se expresa en forma de hormonas y neurotransmisores: dopamina, cortisol, oxitocina&hellip; Un complejo c&oacute;ctel qu&iacute;mico que la ciencia a&uacute;n no entiende del todo, pero que al final se traduce en eso que llamamos amor. Es algo innato en el ser humano, nacido de la l&oacute;gica evolutiva, ese molde implacable donde se forjan todos los seres vivos y cuya primera regla es siempre la misma: reproducirse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pulsi&oacute;n sexual, sin embargo, no basta para explicar el amor del ser humano. Va mucho m&aacute;s all&aacute;. Es una sofisticada forma de empat&iacute;a, que nos permiti&oacute; construir v&iacute;nculos sociales, tan esenciales como la reproducci&oacute;n para nuestra supervivencia. Esa emoci&oacute;n nos ayud&oacute; a cooperar, a confiar, a cuidar. Sin amor, no habr&iacute;a tribu. Y sin tribu, el Homo sapiens ser&iacute;a un f&oacute;sil m&aacute;s, en el museo de otra especie.
    </p><p class="article-text">
        Pero el amor no se puede analizar solo en el laboratorio, ni con el c&oacute;digo gen&eacute;tico, ni con esc&aacute;neres cerebrales. Mucho de lo que llamamos amor &ndash;dicen voces expertas&ndash; tiene m&aacute;s de ideolog&iacute;a que de instinto. Hay un hardware y un software: nuestra naturaleza y lo que aprendemos. La cultura, eso que nos diferencia de los dem&aacute;s seres vivos. Algo que cambia seg&uacute;n el lugar, el contexto social o el momento. Algo con lo que no nacemos, pero que determina lo que somos tanto o m&aacute;s que nuestros genes.
    </p><p class="article-text">
        El amor, tal como hoy lo entendemos, es algo relativamente nuevo. La idea de casarse enamorado, por ejemplo, no se abre paso en Europa hasta hace apenas dos siglos. Durante milenios, las parejas se formaban por conveniencia, por pactos familiares, por propiedad. No es casualidad que &lsquo;patrimonio&rsquo; y &lsquo;matrimonio&rsquo; sean dos palabras que solo se distinguen en una letra.
    </p><p class="article-text">
        El amor es una emoci&oacute;n tan potente que el poder trat&oacute; de domesticarla durante siglos con dur&iacute;simos requisitos morales y religiosos &ndash;sigue ocurriendo hoy en muchos lugares del mundo&ndash;. Formaba parte de un orden social, &iacute;ntimamente ligado al sometimiento de las mujeres, cambiadas por tierras o un par de mulas. El romanticismo convirti&oacute; el amor en destino. El siglo XX lo transform&oacute; en derecho. Y el feminismo cambi&oacute; del todo lo que pens&aacute;bamos que sab&iacute;amos.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El amor est&aacute; mutando otra vez, a toda velocidad, ante nuestros ojos. Un solo dato basta para demostrarlo: el 40% de las mujeres espa&ntilde;olas entre 18 y 24 a&ntilde;os se declaran bisexuales, seg&uacute;n el CIS de enero de 2025. Habr&aacute; quien desprecie este enorme cambio sociol&oacute;gico como &lsquo;una moda&rsquo;. Como algo pasajero, como si la cultura &ndash;y por tanto el amor&ndash; no fuera, en esencia, un continuo cambio. Como si existiera un ser humano ideal anclado en la gen&eacute;tica, un amor perfecto que nunca se moviera.
    </p><p class="article-text">
        Toda generaci&oacute;n cree tener todas las respuestas, especialmente a medida que cumplimos a&ntilde;os. Y casi siempre nos equivocamos. Estoy seguro de que, en pocas d&eacute;cadas, los nietos de nuestros nietos mirar&aacute;n nuestros desvelos amorosos, las relaciones que construimos, con la misma distancia que separa hoy a una pareja actual de una novela rom&aacute;ntica de Cor&iacute;n Tellado.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; mejor? &iquest;Ser&aacute;n ellos m&aacute;s felices? No lo s&eacute;. Ser&aacute; sin duda distinto.
    </p><p class="article-text">
        __________
    </p><p class="article-text">
        <strong>Esta columna se public&oacute; en el &uacute;ltimo n&uacute;mero de nuestra revista, titulada 'El poder del amor moderno'. </strong><a href="https://l.eldiario.es/revista-48/?utm_source=noticia&amp;utm_campaign=revista48&amp;_gl=1*jibfdy*_gcl_au*MTgwMjYwMTU4OC4xNzY2Njc0NzEx*_ga*MTk0NTI3MzQyNS4xNzY2Njc0NzEx*_ga_4RZPWREGF3*czE3NjcwNzQ0NTEkbzUkZzEkdDE3NjcwODg2MjMkajQxJGwwJGgw" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Apoya un periodismo comprometido y honesto y rec&iacute;bela en casa.</strong></a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Escolar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/amor-vuelve-cambiar_1_12851985.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Dec 2025 20:50:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El amor vuelve a cambiar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amor,Relaciones,Sexualidad,Feminismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida con un matrimonio abierto, según Molly Roden: "Tengo tres novios y un marido y soy muy feliz, pero ha sido duro"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/vida-matrimonio-abierto-molly-roden-tres-novios-marido-feliz-sido-duro_1_12858514.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fb140cfa-1f38-45bc-9f60-517beae31c4d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La vida con un matrimonio abierto, según Molly Roden: &quot;Tengo tres novios y un marido y soy muy feliz, pero ha sido duro&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre el amor, la maternidad y la libertad, Molly Roden Winter narra en '¡Más! Memorias de un matrimonio abierto' (Gatopardo, 2025) su experiencia y el viaje hacia su verdadera identidad</p><p class="subtitle">¿Cuándo podemos hablar de ‘adicción’ al amor?
</p></div><p class="article-text">
        La euforia al conocer una nueva pareja (y la decepci&oacute;n al conocerla <em>de verdad)</em>; los problemas para manejar los celos; la alegr&iacute;a de profundizar en el amor de formas inesperadas; la b&uacute;squeda de marcos te&oacute;ricos que den respuesta a su nuevo estatus como mujer casada en un matrimonio abierto&hellip; Y, por supuesto, las dificultades que entra&ntilde;a conjugar todo lo anterior con la crianza de dos ni&ntilde;os peque&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De todo ello habla el primer libro de Molly Roden Winter, que atrapa desde la primera p&aacute;gina. Unas memorias extremadamente francas que nos invitan a explorar los altos y los bajos por los que pasa desde que decide, junto con su pareja, abrir su relaci&oacute;n sentimental.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras haber entrado desde su lanzamiento el a&ntilde;o pasado en la prestigiosa lista The New York Times Best Sellers azuzando en Estados Unidos la conversaci&oacute;n en torno al poliamor y su conjugaci&oacute;n con la maternidad, <em>&iexcl;M&aacute;s! Memorias de un matrimonio abierto</em> (Gatopardo, 2025) se edita ahora en Espa&ntilde;a. Hablamos con su autora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo primero que llama la atenci&oacute;n de su libro es la honestidad con la que est&aacute; escrito. Y no es una novela, sino unas memorias. &iquest;C&oacute;mo se prepar&oacute; para tal nivel de exposici&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, en parte tuve que escribirlo como si nadie fuera a leerlo jam&aacute;s. Y la verdad es que no sab&iacute;a si alguien lo leer&iacute;a. Mi primer borrador era muy diferente y fue rechazado por muchas agencias y editoriales. Me di cuenta de que hab&iacute;a estado evitando ciertos temas, as&iacute; que volv&iacute; y empec&eacute; de nuevo unas cuatro veces, y la forma en que finalmente lo escrib&iacute; fue en presente en lugar de en pasado. Eso hizo que todo resultara m&aacute;s inmediato, y daba mucho miedo estar escribi&eacute;ndolo&hellip; A veces, mientras lo le&iacute;a, ten&iacute;a que tumbarme y llorar, porque recordaba cosas dolorosas, y tambi&eacute;n vergonzosas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay una cita genial &mdash;no recuerdo de qui&eacute;n&mdash; que dice que en la ficci&oacute;n la pregunta es '&iquest;Qu&eacute; pas&oacute;?', y en las memorias la pregunta es: '&iexcl;&iquest;Qu&eacute; demonios pas&oacute;?!'. Al escribirlas, empiezas a conectar los puntos de tu propia vida y piensas: &ldquo;C&oacute;mo pens&eacute; que aquello estaba bien&rdquo; o, simplemente, &ldquo;&iquest;C&oacute;mo lo pude hacer?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Escribir en presente me ayud&oacute; a meterme en la mentalidad de aquel momento, cuando ten&iacute;a 35 a&ntilde;os o as&iacute;. La historia cubre diez a&ntilde;os, de 2008 a 2018, y yo me puse a escribir a partir de 2020. As&iacute; que estaba mirando atr&aacute;s, viendo otra versi&oacute;n de m&iacute;, como explic&aacute;ndome a m&iacute; misma lo que hab&iacute;a pasado, sin pensar en la audiencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tras un ejercicio de honestidad tal, &iquest;c&oacute;mo ha sido la respuesta de los lectores?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La manera en que la gente responde al libro es muy bonita, as&iacute; que siento que cuando eres muy honesta, la historia se vuelve m&aacute;s universal. Aunque alguien no haya tenido un matrimonio abierto o no tenga hijos o no haya hecho las cosas que yo hice, la emoci&oacute;n se siente cercana. Creo que todo el mundo ha sentido verg&uuml;enza en su vida. Todo el mundo ha sentido deseo. Todo el mundo se ha sentido estancado o perdido. As&iacute; que espero que mi historia permita a la gente sentir esas cosas sin tener que vivirlas.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Aunque alguien no haya tenido un matrimonio abierto o no tenga hijos o no haya hecho las cosas que yo hice, la emoción se siente cercana</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A veces digo que tengo un matrimonio abierto para que el resto no tenga que tenerlo <em>[risas]</em>. No quiero convencer a nadie, sino ser honesta sobre c&oacute;mo es. Aunque tambi&eacute;n hay mucha alegr&iacute;a en ello. Escribo tambi&eacute;n para quienes s&iacute; quieren vivir algo as&iacute;: quiero que vean que es posible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ahora que sabe que la lee mucha gente, si tuviera que enfrentarse a un segundo libro, &iquest;cree que podr&iacute;a escribir con la misma honestidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que s&iacute;. Siento que ya no tengo miedo. Creo que vivir en un matrimonio abierto es algo valiente: abrir tu coraz&oacute;n y permitir que tu pareja abra el suyo requiere coraje. Y luego compartirlo con todo el mundo, y hablar de ello en p&uacute;blico&hellip; Ahora todos los miembros de mi familia, incluso mis primos lejanos, lo saben. Adem&aacute;s, mis hijos ya son adultos, as&iacute; que no me preocupa el impacto que pueda tener sobre ellos. Todo el mundo conoce esta parte de mi historia, as&iacute; que ya no me siento asustada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro, de hecho, empieza con la llamada de uno de sus hijos, que pregunta: &ldquo;&iquest;Est&aacute;is pap&aacute; y t&uacute; en un matrimonio abierto?&rdquo;. Para la protagonista es un momento aterrador, pero hablando con usted veo que es algo que ya tienen completamente normalizado. &iquest;C&oacute;mo ha evolucionado todo desde aquella llamada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El hijo al que llamo Daniel en el libro, que no es su nombre real, ahora tiene 23 a&ntilde;os, y lo ha le&iacute;do. Mi hijo menor no lo ha hecho. En el libro escribo algo como: &ldquo;Ay, qu&eacute; alivio, parece que Daniel lo lleva bien&rdquo;, pero m&aacute;s tarde me dijo que, en realidad, fue dif&iacute;cil. Aunque siempre es dif&iacute;cil ser adolescente, y a veces los padres pueden pasar por cosas que son complicadas. Y creo que esto tambi&eacute;n lo fue.
    </p><p class="article-text">
        Pero siento que no habr&iacute;a sido bueno para mis hijos que yo siguiera en ese lugar tan constre&ntilde;ido [la pareja mon&oacute;gama], donde no era feliz. Algunas personas sienten que cuando eres madre <a href="https://www.eldiario.es/nidos/perder-identidad-personal-convertirte-madre-acabe-pensando_1_12823220.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nunca puedes ser una persona completa</a>, que est&aacute;s constantemente pensando: &ldquo;Ay, &iquest;qu&eacute; opinar&aacute;n mis hijos de esto o de aquello?&rdquo;. Y no. Su&eacute;ltalo. Es mejor vivir plenamente, siempre. De hecho, mi hijo mayor, por ejemplo, pas&oacute; por una ruptura muy dura este verano, y me llamaba para que lo acompa&ntilde;ara y lo aconsejase. S&eacute; que valora mi perspectiva sobre ser fiel a uno mismo y sobre las relaciones. Al final, creo que todo esto ha sido muy bueno para mis hijos y para mi relaci&oacute;n con ellos.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En el libro soy muy honesta sobre las veces en que la relación fue difícil, o las veces en las que quise cerrar el matrimonio</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mi hijo menor no estaba encantado con que escribiera un libro sobre esto, pero bueno: es lo que estoy llamada a hacer. Se est&aacute; adaptando. No podemos proteger a nuestros hijos de la vida, pero a la vez siempre he sido muy, muy cari&ntilde;osa con ellos. Si mi hijo peque&ntilde;o se siente inc&oacute;modo, no tiene por qu&eacute; leer el libro. No voy a hablar de ciertas cosas con &eacute;l. Nunca ha conocido a ninguna de mis parejas, pero mi hijo mayor s&iacute; ha conocido a mi pareja de los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, porque quer&iacute;a invitarla a una fiesta de cumplea&ntilde;os y &eacute;l iba a estar all&iacute;. El peque&ntilde;o no estaba, as&iacute; que habl&eacute; con mi hijo mayor y le dije: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo te sentir&iacute;as si lo invito?&rdquo;. Y &eacute;l dijo: &ldquo;Genial, ning&uacute;n problema&rdquo;. Y lo conoci&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La vida de su marido tambi&eacute;n se expone con detalle en el libro. &iquest;C&oacute;mo ha sido eso para &eacute;l?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No ha tenido ning&uacute;n problema con ello. Creo que lo m&aacute;s dif&iacute;cil para &eacute;l es cuando la gente dice cosas en los comentarios [de redes sociales], como &ldquo;Stewart manipulaba a Molly&rdquo;, o &ldquo;Stewart la presionaba&rdquo;. Y en el libro soy muy honesta sobre las veces en que la relaci&oacute;n fue dif&iacute;cil, o las veces en las que quise cerrar el matrimonio. Pero nunca sent&iacute; que &eacute;l fuera a dejarme si cerr&aacute;bamos el matrimonio. Siempre sent&iacute; que su amor por m&iacute; era s&oacute;lido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ahora estamos muy bien. Somos muy felices. Llevamos casados 26 a&ntilde;os ya. Hemos sido abiertos durante 17. Es absurdo que la gente piense que estoy como encadenada a un armario&hellip; Es como&hellip; tengo tres novios y un marido y soy muy feliz. Pero ha sido duro. Ha sido un camino dif&iacute;cil, y soy honesta sobre eso, pero algunas personas solo quieren hacerlo quedar mal y convertirlo en el villano, y eso a veces es dif&iacute;cil para &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Yo ya no leo los comentarios, lo dejo pasar. Pero en general, mi marido es muy comprensivo y nunca me ha dicho que no diga algo; de hecho, al contrario. Ley&oacute; mi primer borrador, en el que yo estaba como escondiendo la verdad, y me anim&oacute; a cambiarlo. Ha sido la persona que m&aacute;s me ha apoyado con todo esto.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">He aprendido sobre mí misma a través del sexo. Y sí, hay otras maneras, pero el sexo, para mí, es una buena</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La primera vez que queda con un hombre en el libro, cuenta que se siente libre. Que, por un rato, no es ni esposa ni madre: que es de nuevo usted. Para la protagonista, es un sentimiento nuevo y muy intenso. &iquest;Cree que es posible alcanzar esa sensaci&oacute;n de otra manera, m&aacute;s all&aacute; de teniendo relaciones fuera del matrimonio?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una muy buena pregunta. Y creo que s&iacute;. Pienso en una amiga que se cas&oacute; tarde y tuvo a sus hijos cuando ten&iacute;a como 40 a&ntilde;os, que siempre me dice: &ldquo;Molly, no quiero volver a tener una cita en mi vida&rdquo;. Ya las tuvo todas en sus 30. Yo no las tuve, as&iacute; que para ella, ahora que tiene hijos, la libertad se ve de una forma muy distinta; no es el mismo tipo de libertad que yo estaba deseando. Creo que yo ten&iacute;a cosas que aprender sobre mi propia sexualidad que eran muy profundas.
    </p><p class="article-text">
        He aprendido sobre m&iacute; misma en un retiro, he aprendido sobre m&iacute; misma en la pista de baile con mis amigas y haciendo otras cosas que me hacen sentir libre. Pero, definitivamente, he aprendido sobre m&iacute; misma a trav&eacute;s del sexo. Y s&iacute;, hay otras maneras, pero el sexo, para m&iacute;, es una buena. Cada vez que una relaci&oacute;n terminaba, sobre todo, era como si me lanzaran de vuelta a m&iacute; misma. Y los momentos m&aacute;s duros eran cuando Stewart segu&iacute;a saliendo con alguien y yo no, porque me sent&iacute;a muy sola.
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute; quien lea el libro y diga: &ldquo;Est&aacute; llorando todo el tiempo, parece miserable, &iquest;por qu&eacute; sigui&oacute; haci&eacute;ndolo?&rdquo;. Pero yo sab&iacute;a que hab&iacute;a algo que estaba aprendiendo, que ah&iacute; hab&iacute;a algo. Y estoy muy agradecida a mi terapeuta, que segu&iacute;a pregunt&aacute;ndome: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; significa esto para ti?&rdquo;. Siento que aprend&iacute; much&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ha mencionado que, a diferencia de su amiga, usted no tuvo muchas relaciones antes de casarse. &iquest;Cree que esas relaciones son experiencias que necesitamos para construirnos a nosotras mismas, para vivir la vida que se supone que tenemos que vivir en el siglo XXI? &iquest;Que si no las experimentamos antes, sentimos que nos falta algo y salimos a experimentarlas despu&eacute;s?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que esa es una muy buena teor&iacute;a. Me parece que es muy valioso tener esas experiencias, ya sea salir con muchas personas, viajar o simplemente tener libertad e independencia como mujer adulta, en lugar de adscribirse a la manera en que se han organizado hist&oacute;ricamente las cosas para las mujeres. Yo conoc&iacute; a Stewart cuando ten&iacute;a 23 a&ntilde;os y acababa de terminar una relaci&oacute;n de cuatro a&ntilde;os. O sea, no ten&iacute;a ninguna experiencia real de estar sola. Y habr&aacute; quien diga: &ldquo;Oh, era muy joven para casarse&rdquo;, pero no eres demasiado joven si encuentras a una pareja que es capaz de apoyar tu libertad y decirte: &ldquo;Quiero que tengas las experiencias que necesites para crecer&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; es conmigo y con Stewart: ambos queremos que el otro siga creciendo y cambiando, y que vaya donde la vida le lleve. Pero tambi&eacute;n seguimos eligi&eacute;ndonos el uno al otro. Seguimos queriendo tener una relaci&oacute;n con una base s&oacute;lida, y a nuestros hijos, y nuestro hogar, y nuestras familias. Pero ya no veo las otras relaciones como una amenaza para eso, y &eacute;l tampoco ve mis relaciones como una amenaza. Es simplemente una manera de seguir explorando.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Estar casado con una persona y amar a muchas otras es una gran opción. No tenemos por qué limitar el amor</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No existe una &uacute;nica forma de hacerlo, pero me gustar&iacute;a animar a la gente a no asumir que la monogamia es el ajuste predeterminado. Para m&iacute;, el matrimonio es un lazo para conectar con otra persona para siempre. Creo que estar casado con una persona y amar a muchas otras es una gran opci&oacute;n. No tenemos por qu&eacute; limitar el amor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Es dif&iacute;cil, tal y como se aprecia en su libro, llegar a ese nivel de generosidad en la pareja. Y no solo en t&eacute;rminos individuales: hace falta romper todo lo que nos han ense&ntilde;ado sobre el amor, las relaciones, la familia&hellip;&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que ese constructo tiene que ser cuestionado. Perjudica a las mujeres, pero creo que el romperlo tiene tambi&eacute;n un beneficio real para los hombres. Veo c&oacute;mo Stewart ha crecido al tener otras mujeres en su vida. Siento que me entiende mejor gracias a tener intimidad con otras mujeres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pongo la menopausia como ejemplo: todas las mujeres con las que sale est&aacute;n pasando por la menopausia, as&iacute; que eso lo hace m&aacute;s sensible al tema en muchos sentidos; lo ha suavizado. Tiene a otras personas con quienes mostrarse vulnerable emocionalmente. Creo que el hecho de que un hombre solo tenga amigos del sexo masculino, dada la forma en que se les ense&ntilde;a a comportarse, es muy limitante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ha mencionado que tiene tres compa&ntilde;eros, adem&aacute;s de su marido. Sin embargo, debido a lo que se ha dado en llamar </strong><em><strong>mating gap,</strong></em><strong> para las mujeres heterosexuales resulta cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil encontrar pareja. &iquest;C&oacute;mo de f&aacute;cil ha sido dar con nada menos que cuatro hombres con los que tener una relaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los hombres poliamorosos quiz&aacute; est&eacute;n un poco m&aacute;s evolucionados, pero lo digo con cautela, porque te encuentras de todo. No obstante, me parece que los hombres que son capaces de mantener una relaci&oacute;n mientras sostienen otras varias a la vez, es casi como si tuvieran una carta de recomendaci&oacute;n de otra mujer. Es como: &ldquo;Ah, genial, a tu esposa todav&iacute;a le gustas, o a tu novia todav&iacute;a le gustas&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiero que mis parejas tengan otras parejas porque as&iacute; tambi&eacute;n se alivia un poco la presi&oacute;n. Siento que, como solo salgo con hombres poliamorosos, puedo tener una vida libre y plena: ninguno de esos hombres tiene que serlo todo para m&iacute;, ni siquiera mi marido. El otro d&iacute;a, por ejemplo, hice un ritual durante la superluna con una de mis parejas, y Stewart dio gracias porque yo tuviera esa relaci&oacute;n, porque no tiene ning&uacute;n inter&eacute;s en hacer una ceremonia de la superluna conmigo. Estaba aliviado. Tampoco le gusta bailar, y tengo otro compa&ntilde;ero al que le encanta. Cada una de mis parejas alimenta una parte de m&iacute;, no necesito cargar todo en una sola.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los hombres poliamorosos quizá estén un poco más evolucionados, pero lo digo con cautela, porque te encuentras de todo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>La entiendo, pero, en la mayor&iacute;a de las relaciones de pareja, esa funci&oacute;n la cumplen los amigos. &iquest;Por qu&eacute; en su caso siente que una amistad no es suficiente para ello?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que hay un nivel de intimidad que solo se desarrolla a trav&eacute;s de una relaci&oacute;n f&iacute;sica. Ocurre algo m&aacute;s profundo y m&aacute;s &iacute;ntimo. Y yo disfruto mucho de eso. Hay gente que dice que la energ&iacute;a emocional de una sola pareja es suficiente, pero yo no me imagino que la energ&iacute;a emocional de una sola pareja me bastara. Creo que tengo mucha energ&iacute;a emocional, y las relaciones son mi cosa favorita. Me encantan. Me encanta meterme de verdad en alguien y explorar sus profundidades, llegar a un gran nivel de intimidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>M&aacute;s all&aacute; de la energ&iacute;a emocional de la que habla, debes invertir tambi&eacute;n un mont&oacute;n de, simplemente, energ&iacute;a. Adem&aacute;s del trabajo, la familia y la vida, &iquest;c&oacute;mo encuentra tiempo para mantener cuatro relaciones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que requiere mucho tiempo. Cuando conoc&iacute; a mi pareja m&aacute;s reciente, hace cuatro meses, no estaba realmente buscando a nadie m&aacute;s, y pens&eacute;: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; estoy haciendo? &iquest;Es demasiado?&rdquo;. Pero est&aacute; funcionando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No veo a cada uno de ellos cada semana. De hecho, mi pareja de cinco a&ntilde;os acaba de mudarse de vuelta a Australia. Va a estar viniendo cada par de meses. Pero sigo queri&eacute;ndole, y no hay ninguna raz&oacute;n para terminar la relaci&oacute;n. Lo ver&eacute; cuando pueda y puedo seguir queri&eacute;ndolo desde la distancia. No pasa nada. Pero s&iacute;, el tiempo es un factor.
    </p><p class="article-text">
        Ayuda que mis hijos ya son adultos y no viven en casa. Y que mi trabajo es b&aacute;sicamente escribir sobre el matrimonio abierto, as&iacute; que mientras est&eacute; viviendo mi vida y prestando atenci&oacute;n, est&aacute; todo bien [risas].
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro, sin embargo, comienza cuando sus hijos tienen tres y seis a&ntilde;os.</strong> <strong>&iquest;C&oacute;mo se las apa&ntilde;abas entonces? Porque la maternidad es agotadora y usted era la principal cuidadora de los ni&ntilde;os, as&iacute; que para poder quedar con otras personas necesitaba contratar una ni&ntilde;era o ponerse de acuerdo con su marido. Es decir: ten&iacute;a que gestionar muchas cosas solo para salir de casa. &iquest;C&oacute;mo encontraba la energ&iacute;a y el tiempo para hacerlo?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        No durmiendo casi nada [risas]. Pero tambi&eacute;n sent&iacute;a que, de alg&uacute;n modo, esas salidas me daban energ&iacute;a; era dif&iacute;cil, pero sent&iacute;a como si estuviera despertando en ciertos aspectos.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es importante que una madre se dé cuenta de algo que me parece fundamental: tus hijos se irán, así que es vital mantener nuestra propia vida y nuestra propia identidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y hay otra cosa: no fue hasta que ambos ni&ntilde;os ten&iacute;an unos doce y nueve a&ntilde;os que empec&eacute; a salir m&aacute;s. Los recog&iacute;a del colegio, hac&iacute;a los deberes con ellos y pas&aacute;bamos tiempo juntos. Y luego me dec&iacute;a: &ldquo;Vale, les preparo la cena y salgo un rato&rdquo;. Entonces, el mayor ten&iacute;a que acostar al peque&ntilde;o, y ellos tan contentos, les encantaba. Como yo quer&iacute;a independencia, se la daba, asegur&aacute;ndome siempre de que estuvieran bien, de que pudieran contactarme y todo eso. Pero nunca llev&eacute; un control obsesivo sobre ellos. Los dejaba ser.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y creo que es importante que una madre se d&eacute; cuenta de algo que me parece fundamental: tus hijos se ir&aacute;n, as&iacute; que es vital mantener nuestra propia vida y <a href="https://www.eldiario.es/nidos/perder-identidad-personal-convertirte-madre-acabe-pensando_1_12823220.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuestra propia identidad</a>. Si lo sacrificas todo durante esos a&ntilde;os, para cuando cumplen 13 o 14 ya est&aacute;n fuera, viviendo en su mundo la mayor parte del tiempo. A veces damos demasiado peso a esos a&ntilde;os en que son peque&ntilde;os, y en realidad hay mucha libertad que podemos darles y mucha libertad que podemos permitirnos a nosotras mismas sin hacer da&ntilde;o a nadie. De hecho, es algo sano.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Durante la lectura del libro, me sorprend&iacute;a lo vulnerable que se mostraba la protagonista, porque reconoc&iacute;a algo muy doloroso y que a veces lleva mucha verg&uuml;enza asociada: que emprend&iacute;a nuevas relaciones fuera del matrimonio, en cierta medida, porque buscaba validaci&oacute;n. No obstante, ahora, hablando con usted, no siento que su b&uacute;squeda de otras parejas nazca de ah&iacute;. &iquest;C&oacute;mo ha evolucionado a lo largo de este proceso?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Siento que ha sido un viaje de regreso a m&iacute; misma. He aprendido a quererme, a valorarme. Para m&iacute;, la terapia fue muy importante, as&iacute; como la honestidad que exige abrir la relaci&oacute;n. Escribir el libro me ayud&oacute; tambi&eacute;n a ser honesta conmigo misma. Adem&aacute;s, desde hace siete a&ntilde;os, medito dos veces al d&iacute;a, y esa experiencia me trae de vuelta a m&iacute; misma. Ya no miro tanto hacia afuera. Ya no estoy en plan: &ldquo;Te necesito&rdquo;. Sigo queriendo a la gente, queriendo estar con ellos, sintiendo amor y dolor. Pero me siento mucho m&aacute;s fuerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora tengo 52 a&ntilde;os y &mdash;quiero que las mujeres lo sepan&mdash; simplemente va a mejor. Esa es la idea de mi pr&oacute;ximo libro tambi&eacute;n, que estar&aacute; centrado en la menopausia. Antes me daba miedo envejecer, y creo que, como mujeres, queremos congelar el tiempo, como si nuestras vidas terminaran con la menopausia. &ldquo;Oh, tengo 50, 60, 70&hellip; &iquest;qu&eacute; voy a hacer?&rdquo;. Y no: te conviertes m&aacute;s y m&aacute;s y m&aacute;s en quien eres, y eso se siente incre&iacute;ble.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Sader]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/vida-matrimonio-abierto-molly-roden-tres-novios-marido-feliz-sido-duro_1_12858514.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Dec 2025 17:44:22 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La vida con un matrimonio abierto, según Molly Roden: "Tengo tres novios y un marido y soy muy feliz, pero ha sido duro"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sexualidad,Pareja,Poliamor,Maternidad,Matrimonio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué hay mujeres que ya solo quieren salir con hombres más jóvenes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/hay-mujeres-quieren-salir-hombres-jovenes_1_12830273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/96454618-c2e6-46a4-8b73-f302ef6184e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué hay mujeres que ya solo quieren salir con hombres más jóvenes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente a la creciente falta de esperanza de muchas mujeres heterosexuales ante dinámicas masculinas, estas encuentran relaciones más viables con hombres más jóvenes, destacando su masculinidad menos rígida y actitudes más igualitarias, tanto en lo emocional como en lo sexual</p><p class="subtitle">“Estamos conectados, pero no acompañados”: lo que aprendimos tras contar que ya no compartimos la vida, nos la resumimos
</p></div><p class="article-text">
        Desde que Asa Seresin acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/heteropesimismo-huelgas-sexo-hombres-terminan-emociones-legitimas-empieza-discurso-conservador_129_12304701.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&lsquo;heteropesimismo&rsquo;</a> en una columna publicada en The New Inquiry en 2019, no ha habido indicios de que la situaci&oacute;n haya mejorado. La investigadora se refer&iacute;a a la falta de esperanza de las mujeres a la hora de encontrar una pareja masculina que llegue a sus est&aacute;ndares. Que, por lo general, suelen estar relacionados con el respeto emocional y sexual y alejados de frases t&oacute;picas como las que la ilustradora <a href="https://www.instagram.com/p/DPwlsj0jD6P/?img_index=3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Roc&iacute;o Quillahuaman</a> recopil&oacute; en una sola vi&ntilde;eta con m&aacute;s de 100.000 'me gusta': &ldquo;No quiero nada serio contigo, pero quiero que nos sigamos viendo y que seamos amigos. Se me hace raro que no hablemos, pero a la vez no estoy listo para una relaci&oacute;n. Necesito saber de ti aunque s&eacute; que si no me hablas es porque quieres superarlo. No me gusta que hagas como que no nos conocemos. Te echo de menos y quiero que nos sigamos viendo, pero no quiero compromiso&hellip;&rdquo; y sigue.
    </p><p class="article-text">
        A estas alturas del art&iacute;culo (el segundo p&aacute;rrafo) ya habr&aacute; lectores que sientan la necesidad de replicar que &lsquo;las mujeres tambi&eacute;n mal&rsquo;. De momento, no se ha dicho que todas las heterosexuales se comporten de forma impecable pero <a href="https://www.eldiario.es/era/amor-no-aire-telefonos-prefiero-ligar-persona-hoy-dia-complicado_1_12631030.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la sensaci&oacute;n de que encontrar pareja es muy complicado</a> est&aacute; en el centro de la conversaci&oacute;n entre solteras. Tanto que medios como <a href="https://www.thecut.com/article/women-dating-younger-men.html" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The Cut </em></a>han buscado respuestas y las han compartido en art&iacute;culos titulados<em> 'Simplemente busca un hombre m&aacute;s joven. Salir con alguien es terrible ahora mismo, pero algunas mujeres han descubierto una soluci&oacute;n alternativa'</em>. En TikTok, la plaza online del pueblo, tambi&eacute;n se comenta. 
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7540679209837006087"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        La ficci&oacute;n se ha esmerado en los &uacute;ltimos tiempos en romper este tab&uacute; a&uacute;n presente en el siglo XXI. Pel&iacute;culas como <em>La idea de ti</em>, con Nicholas Galitzine (31 a&ntilde;os) y Anne Hathaway (43 a&ntilde;os); <em>BabyGirl</em>, con Harris Dickinson (29 a&ntilde;os) y Nicole Kidman (58 a&ntilde;os) o la novela <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/cuatro-patas-no-mejor-novela-ano-miranda-july-hablando_1_12472032.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>A cuatro patas</em></a> de Miranda July (la protagonista tiene 45 a&ntilde;os y su amante, 31), son algunos ejemplos. Y, por supuesto, relaciones como la de Emmanuel Macron (48 a&ntilde;os) y Brigitte Macron (72 a&ntilde;os) aparecen en&nbsp;los titulares c&iacute;clicamente por su diferencia de edad.
    </p><p class="article-text">
        Irene (nombre ficticio) comenta que, desde que cumpli&oacute; los 30 a&ntilde;os (ahora tiene 38), sale con hombres de edades inferiores o la misma que ella. Previamente, sol&iacute;a preferir lo contrario, pero ya no. Su novio actual tiene 35 a&ntilde;os aunque la distancia etaria es una casualidad. &ldquo;Cuando nos conocimos yo ten&iacute;a 21 a&ntilde;os y pens&eacute; que &eacute;l tambi&eacute;n&rdquo;, dice a elDiario.es. En aquel momento la historia no prosper&oacute;, pero cuando la retomaron, m&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s, se hizo estable. Le gusta que &eacute;l sea m&aacute;s joven por &ldquo;su f&iacute;sico y su jovialidad&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estaba protegiéndome de quedar con hombres más mayores porque con ellos sí que he tenido experiencias suficientes que me hacen ver que hay ciertos patrones que claramente quería evitar</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Lara</span>
                                        <span>—</span> 35 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Antes de conocer a su pareja actual, para Marta mantener una relaci&oacute;n duradera con un hombre m&aacute;s joven que ella era &ldquo;un poco un 'no' rotundo&rdquo;. Sin embargo, ahora tiene 37 a&ntilde;os y su compa&ntilde;ero siete menos. Su reticencia estaba motivada por una vivencia previa: &ldquo;Yo le sacaba cinco a&ntilde;os, cuando ten&iacute;a 23 a&ntilde;os y &eacute;l 18. La din&aacute;mica acab&oacute; siendo que yo ejerc&iacute;a un poco el papel de madre/cuidadora&rdquo;. Pero, tras una uni&oacute;n de muchos a&ntilde;os con un hombre un lustro mayor que ella, busc&oacute; algo estimulante y lo encontr&oacute; en un chico m&aacute;s joven.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que lleg&oacute; la pandemia, las parejas m&aacute;s duraderas de Lara (nombre ficticio) siempre le hab&iacute;an sacado entre cinco y diez a&ntilde;os m&aacute;s. Pero en aquel tiempo raro en el que se pod&iacute;a ver con gente pero con toque de queda, decidi&oacute; bajar el rango de edad en sus aplicaciones de citas. Su primer encuentro fue con un var&oacute;n tres a&ntilde;os m&aacute;s joven que ella y le gust&oacute;. Ahora tiene 35 a&ntilde;os y prefiere salir con hombres de entre 28 y 38 a&ntilde;os, no m&aacute;s. &ldquo;Sobre todo he limitado mucho por arriba porque no ha sido tanto que los chicos m&aacute;s j&oacute;venes sean mejores, aunque tambi&eacute;n&rdquo;, apunta, &ldquo;sino que estaba protegi&eacute;ndome de <a href="https://www.eldiario.es/era/diferencia-edad-relaciones-amorosas_129_11320034.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">quedar con hombres m&aacute;s mayores</a> porque con ellos s&iacute; que he tenido experiencias suficientes que me hacen ver que hay ciertos patrones que claramente quer&iacute;a evitar&rdquo;. Esto tiene que ver con actitudes paternalistas o comportamientos inmaduros para su edad, explica.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DORtyjsCvDh/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><h2 class="article-text">Mejor comunicaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        En los hombres m&aacute;s j&oacute;venes, Lara ha detectado que los c&oacute;digos para relacionarse &ldquo;han cambiado bastante&rdquo;. &ldquo;En t&iacute;os m&aacute;s mayores he notado m&aacute;s tiranteces o m&aacute;s estrategias. Todo est&aacute; m&aacute;s calculado o m&aacute;s medido a la hora de decidir si le escribo o no le escribo o si le digo que me lo he pasado bien o no despu&eacute;s de una cita. Con los chicos m&aacute;s j&oacute;venes es m&aacute;s natural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Marta tambi&eacute;n considera que los integrantes de generaciones posteriores a la suya &ldquo;no tienen tantos problemas a la hora expresar abiertamente sus sentimientos o simplemente a hablar de sentimientos y emociones en general con sus colegas y sus parejas afectivo-sexuales. Percibo una masculinidad menos hegem&oacute;nica, m&aacute;s deconstruida y positiva&rdquo;. Sin embargo, en hombres m&aacute;s mayores &ldquo;aunque lleven el discurso feminista y del hombre deconstruido por bandera&rdquo; esto no ocurre o a ella no le parece &ldquo;tan real&rdquo;. &ldquo;Creo que en ellos hay creencias y din&aacute;micas muy arraigadas, fruto de una educaci&oacute;n y una socializaci&oacute;n de los que, al final, por mucho que haya voluntad les es dif&iacute;cil desprenderse&rdquo;.
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                    alt="En &#039;Bridget Jones&#039; se refleja ese cambio de actitud de los hombres hacia las mujeres en la cuestión del consentimiento. La protagonista tiene un novio 20 años más joven que ella y al final de la primera cita, él le pregunta si la puede besar."
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            <span class="title">
                En &#039;Bridget Jones&#039; se refleja ese cambio de actitud de los hombres hacia las mujeres en la cuestión del consentimiento. La protagonista tiene un novio 20 años más joven que ella y al final de la primera cita, él le pregunta si la puede besar.                            </span>
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        Para Eva, que tiene 35 a&ntilde;os y est&aacute; comprometida con un hombre nueve a&ntilde;os menor que ella, la impresi&oacute;n es la misma: &ldquo;Pienso que son menos machistas y valoran m&aacute;s a las mujeres&rdquo;, declara. Ella no buscaba a alguien por rango de edad, ha sido una cuesti&oacute;n de azar, pero cree que si en alg&uacute;n momento volviese a ligar quiz&aacute; no volviese a juntarse con varones m&aacute;s mayores. O, al menos, no a prop&oacute;sito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n las vivencias de Lara, la comunicaci&oacute;n tambi&eacute;n fluye mejor en los encuentros sexuales: &ldquo;Todo mucho m&aacute;s f&aacute;cil, c&oacute;modo, respetuoso y m&aacute;s igualitario en cuanto a esfuerzos&rdquo;. Ella remarca que es su percepci&oacute;n personal y que no habla de datos estad&iacute;sticos, pero s&iacute; que considera que cuando ha tenido sexo con hombres m&aacute;s mayores, el placer estaba m&aacute;s centrado en ellos. &ldquo;Cuando salen los debates sobre el consentimiento, que si hay que estar preguntando todo el rato si quieres o si no, todo esto llevado a la pr&aacute;ctica es mucho m&aacute;s natural y f&aacute;cil. S&iacute; que te preguntan si te gusta, si te molesta, si est&aacute; bien eso que est&aacute;n haciendo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De hecho, aunque sea una pel&iacute;cula cuestionable en algunos aspectos, hasta en <em>Bridget Jones: loca por &eacute;l</em> (de momento la &uacute;ltima entrega de la saga) se refleja ese cambio de actitud de los hombres hacia las mujeres en la cuesti&oacute;n del consentimiento. La protagonista tiene un novio 20 a&ntilde;os m&aacute;s joven que ella y al final de la primera cita, &eacute;l le pregunta si la puede besar. Ella, que tiene bastante experiencia en este campo, piensa con agrado: &ldquo;Ah, la generaci&oacute;n que pregunta&rdquo; y todo contin&uacute;a m&aacute;s o menos como si el testimonio de Lara se hubiese adaptado a la gran pantalla para todas las edades. Y no se trata de un t&iacute;tulo estrenado en el festival de cine independiente de Sundance, sino de una producci&oacute;n dirigida al p&uacute;blico masivo.&nbsp;&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Momentos vitales</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Para los t&iacute;os de la generaci&oacute;n X o <em>late millennials</em> es m&aacute;s impensable estar con t&iacute;as mayores, mientras que para los de la generaci&oacute;n Z esa diferencia de edad est&aacute; m&aacute;s naturalizada&rdquo;, aprecia Lara. Los datos de la aplicaci&oacute;n de citas Flirtini recogidos en un art&iacute;culo del peri&oacute;dico brit&aacute;nico <a href="https://www.independent.co.uk/life-style/age-gap-dating-apps-older-women-b2711040.html" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The Independent</em></a> le dan la raz&oacute;n: el 52% de los hombres de la generaci&oacute;n Z saldr&iacute;an con una mujer entre cuatro y diez a&ntilde;os mayor, en comparaci&oacute;n con solo el 9% de los <em>millennials</em> y el 1% de la generaci&oacute;n X. En cuanto a las mujeres, el 34% de las que pertenecen a este &uacute;ltimo arco etario afirm&oacute; que saldr&iacute;a con alguien diez o m&aacute;s a&ntilde;os menor que ellas, un porcentaje que descendi&oacute; al 10% entre las <em>millennials</em> y al 0% entre las chicas de la generaci&oacute;n Z.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada pareja es un mundo en sí misma, él éxito de la relación no depende tanto de la diferencia de edad sino de los lazos y la compatibilidad que los une</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María del Carme Banús</span>
                                        <span>—</span> fundadora de la agencia matrimonial SamSara Matchmaking
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mar&iacute;a del Carme Ban&uacute;s fund&oacute; la agencia matrimonial <a href="https://www.samsara.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">SamSara Matchmaking</a> en 1995 y afirma que desde un punto de vista psicol&oacute;gico: &ldquo;No se aconseja una pareja m&aacute;s joven o m&aacute;s mayor de diez a&ntilde;os, ya que est&aacute;n en un punto vital diferente y es m&aacute;s f&aacute;cil que surjan conflictos&rdquo;. Pero en su empresa valoran, sobre todo, la compatibilidad entre las personas, por lo que la brecha generacional no es tan determinante. &ldquo;Cada pareja es un mundo en s&iacute; misma, el &eacute;xito de la relaci&oacute;n no depende tanto de la diferencia de edad sino de los lazos y la compatibilidad que los une&rdquo;, atestigua.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, para Irene es esencial que su novio no tenga cargas de otras relaciones pasadas, como divorcios complicados o hijos, ya que se encuentra en una etapa en la que no quiere demasiadas obligaciones. Por lo tanto, es m&aacute;s probable que su compa&ntilde;ero adecuado sea m&aacute;s joven que ella: &ldquo;Los quiero libres como yo, sin m&aacute;s responsabilidades&rdquo;. Marta expone que, aunque cree que &ldquo;los chicos de las generaciones posteriores a la m&iacute;a se relacionan desde otros lugares que a priori me encajan m&aacute;s&rdquo;, se trata de una generalizaci&oacute;n y si volviese al mundo de las citas tratar&iacute;a de no actuar &ldquo;desde el prejuicio&rdquo;. Lara es, posiblemente, la que m&aacute;s claro lo tiene: &ldquo;Ha cambiado en lo que me fijo y mi atenci&oacute;n se va a t&iacute;os m&aacute;s j&oacute;venes&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/hay-mujeres-quieren-salir-hombres-jovenes_1_12830273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Dec 2025 21:36:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué hay mujeres que ya solo quieren salir con hombres más jóvenes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pareja,mujeres,Sexualidad,Inteligencia emocional,Nuevas generaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La incidencia del SIDA en Castilla-La Mancha en 2025]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/incidencia-sida-castilla-mancha-2025_1_12811531.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93550a5f-5aaf-46d0-8434-b7bc34d252f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La incidencia del SIDA en Castilla-La Mancha en 2025"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El consejero del ramo en la comunidad Jesús Fernández Sanz explica que un 20% del virus afecta a mujeres, pero la transmisión se produce en la mayor parte de los casos de la región en las relaciones sexuales entre hombres</p><p class="subtitle">Hemeroteca - José Antonio Pérez Molina, experto en sida: “Estigmatizar por el VIH, con lo que sabemos hace 40 años, es injustificable”
</p></div><p class="article-text">
        El consejero de Sanidad Jes&uacute;s Fern&aacute;ndez Sanz ha comentado que en el a&ntilde;o 2024 se produjeron 56 casos relacionados con la infecci&oacute;n por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en Castilla-La Mancha, el 80% en varones y el 20% en mujeres. Se espera que las cifras de 2025 sean muy similares.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ha comentado la situaci&oacute;n de la incidencia del <span class="highlight" style="--color:rgba(0, 0, 0, 0);">SIDA,  la etapa m&aacute;s avanzada y grave de esa infecci&oacute;n, coincidiendo con este 1 de diciembre, </span>en el D&iacute;a Internacional de este s&iacute;ndrome. El consejero ha dicho que en Castilla-La Mancha la incidencia es baja respecto a otras comunidades aut&oacute;nomas.
    </p><p class="article-text">
        El tramo de edad se sit&uacute;a entre los 25 y los 45 a&ntilde;os y lo singular en esta regi&oacute;n &ldquo;es que en Espa&ntilde;a la v&iacute;a principal es la heterosexual, mientras que en Castilla-La Mancha es la de sexo hombre con hombre&rdquo;, por lo que las medidas que adopta el Ejecutivo regional van dirigidas a ese perfil.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioclm.es]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/social/incidencia-sida-castilla-mancha-2025_1_12811531.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Dec 2025 15:07:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[SIDA,Salud pública,Castilla-La Mancha,Sexualidad,Vida sexual,Virus,VIH,Enfermedades,Jesús Fernández Sanz]]></media:keywords>
    </item>
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