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    <title><![CDATA[elDiario.es - Crianza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/crianza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Crianza]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[“No lo estamos haciendo bien”: cómo afecta a los niños que los adultos beban alcohol en fiestas infantiles]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-haciendo-afecta-ninos-adultos-beban-alcohol-fiestas-infantiles_1_13363394.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/081220d5-519b-43e0-bbab-d60c5029a2bc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1139y476.jpg" width="1200" height="675" alt="“No lo estamos haciendo bien”: cómo afecta a los niños que los adultos beban alcohol en fiestas infantiles"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El consumo de bebidas alcohólicas por parte de personas adultas en fiestas protagonizadas por menores es muy habitual. ¿Qué ejemplo les estamos dando a niños y niñas normalizándolo?</p><p class="subtitle">Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa”</p></div><p class="article-text">
        El cumple de Marta (cinco a&ntilde;os), que se celebraba a primera hora de la tarde de un domingo, termin&oacute; alarg&aacute;ndose casi hasta la medianoche. Su madre tuvo que llevar a su padre a casa. &ldquo;Se pas&oacute; con las cervezas&rdquo;, recuerda la mam&aacute;, &ldquo;pero no fue el &uacute;nico&rdquo;, a&ntilde;ade. En la comuni&oacute;n de Leo (ocho a&ntilde;os), t&iacute;os, abuelos y primos mayores disfrutaron de m&aacute;s de dos horas de barra libre. &ldquo;Hab&iacute;a vino, cerveza y copas, nos cost&oacute; una pasta&rdquo;, recuerda su padre. La comuni&oacute;n termin&oacute; con ba&ntilde;o colectivo en la piscina, protagonizado por adultos claramente ebrios. Los ejemplos de Marta y Leo (que en realidad no se llaman as&iacute;) son dos ejemplos de hasta qu&eacute; punto el alcohol est&aacute; normalizado en fiestas infantiles. Cumplea&ntilde;os, comuniones y bautizos en los que las personas adultas terminan pas&aacute;ndose con la bebida. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la <a href="https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/encuestas_EDADES.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta EDADES</a>, del Ministerio de Sanidad, el alcohol sigue siendo la sustancia que antes empieza a consumirse (a los 16,4 a&ntilde;os, con datos de 2024). El estudio se&ntilde;ala que el 76,5% de la poblaci&oacute;n de 15 a 64 a&ntilde;os consume alcohol regularmente. Pese a ser la sustancia m&aacute;s consumida, es la que menor riesgo percibido genera: es decir, quien la utiliza no es consciente de los riesgos que conlleva. Otro informe oficial, <a href="https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2025/ESTUDES_2025_Informe_nacional_df.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ESTUDES</a>, subraya tambi&eacute;n la precocidad en el consumo de alcohol: entre el alumnado de 14 a 18 a&ntilde;os el sigue siendo la sustancia m&aacute;s consumida: casi tres de cada cuatro estudiantes lo han probado alguna vez. La edad media de inicio en este estudio baja a los 13,9 a&ntilde;os.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Más que preguntarnos si está bien o está mal, me parece más interesante darle la vuelta: ¿Por qué nos resulta tan natural que en una celebración infantil haya alcohol de por medio?</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Eider Hormaetxea</span>
                                        <span>—</span> coordinadora de la Comisión de Prevención de la Red de Atención a las Adicciones
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ante estos datos, cabe preguntarse si conviene o no, y en qu&eacute; medida, que las personas adultas beban delante de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as. Especialmente en celebraciones infantiles como cumplea&ntilde;os, comuniones o bautizos, donde el protagonismo es de los menores.
    </p><p class="article-text">
        Eider Hormaetxea Llanos es la coordinadora de la Comisi&oacute;n de Prevenci&oacute;n de la Red de Atenci&oacute;n a las Adicciones (UNAD). Para ella, no se trata de una cuesti&oacute;n &eacute;tica o moral, sino que propone cuestionar el problema desde la ra&iacute;z:<strong> </strong>&ldquo;M&aacute;s que entrar en si es oportuno o no, o si est&aacute; bien o est&aacute; mal, me parece m&aacute;s interesante darle la vuelta y preguntarnos: &iquest;Por qu&eacute; nos resulta tan natural que en una celebraci&oacute;n infantil haya alcohol de por medio?&rdquo;. Para ella, esa &ldquo;naturalidad&rdquo; con la que mezclamos ambas cosas &ldquo;dice mucho de la cultura en la que vivimos&rdquo;: &ldquo;El alcohol est&aacute; tan integrado en lo festivo, en lo cultural, en lo cotidiano y en lo familiar que la mayor&iacute;a de las veces ni siquiera lo percibimos como lo que es, una droga. Y es, con diferencia, la m&aacute;s extendida y la que m&aacute;s enfermedades genera&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Haciendo referencia a los datos oficiales de ESTUDES, Hormaetxea reflexiona sobre la precocidad en su consumo, y habla del modelo que puede suponer para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as ver a sus adultos de referencia emborracharse en una fiesta infantil. &ldquo;Aqu&iacute; la evidencia es bastante clara: el modelado, lo que ni&ntilde;as, ni&ntilde;os y adolescentes ven hacer a las personas adultas de referencia es uno de lo factores que ayuda a explicar c&oacute;mo se relacionar&aacute;n con el alcohol m&aacute;s adelante. Cuando observan el consumo en su entorno como algo normal, tienden a entenderlo como adecuado, e incluso esperable en su c&iacute;rculo m&aacute;s cercano&rdquo;. Sin embargo, la experta invita a no cargar toda la responsabilidad sobre las familias, sino a entender el fen&oacute;meno como una cuesti&oacute;n multifactorial en el que influyen muchas variables, como &ldquo;el grupo de iguales, el ocio, la publicidad, la accesibilidad del alcohol, la presi&oacute;n social o el propio momento vital de b&uacute;squeda y experimentaci&oacute;n&rdquo;, enumera.
    </p><p class="article-text">
        Fran J&oacute;dar, psic&oacute;logo infantil y juvenil, establece una diferencia entre &ldquo;tomarse una cerveza&rdquo; en un cumplea&ntilde;os y consumir alcohol en grandes cantidades. &ldquo;Creo que estas celebraciones deben ser distendidas y seguras para las personas a las que est&aacute;n destinadas, es decir, las ni&ntilde;as y los ni&ntilde;os que asisten. Pero tambi&eacute;n deben ser un espacio de descompresi&oacute;n y socializaci&oacute;n para las familias, donde compartir dificultades, tejer lazos y obtener apoyo social. Y claro que beberte una cerveza puntual en una fiesta no te convierte en un ejemplo horrible para tus hijas o hijos&rdquo;, comienza. Pero luego lanza una pregunta que invita a la reflexi&oacute;n: &ldquo;La clave para m&iacute; es preguntarse: &iquest;Por qu&eacute; no puedo tomar cualquier otra cosa que me permita distenderme y relacionarme al tiempo que mantengo al 100% mis facultades para hacerme cargo de mis criaturas y ser la persona que me gustar&iacute;a que fueran cuando tengan mi edad?&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estas celebraciones deben ser distendidas y seguras para las personas a las que están destinadas, es decir, las niñas y los niños. Pero también deben ser un espacio de descompresión y socialización para las familias</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fran Jódar</span>
                                        <span>—</span> psicólogo infantil y juvenil
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Seg&uacute;n J&oacute;dar, que trabaja a diario con adolescentes, debemos prestar atenci&oacute;n a lo que &eacute;l denomina &ldquo;aprendizaje por modelado o aprendizaje vicario&rdquo;: &ldquo;Ni&ntilde;as y ni&ntilde;os pueden aprender nuevos comportamientos observando las conductas y consecuencias que tienen para otras personas, sin que necesariamente las pongan en pr&aacute;ctica. Esto nos deber&iacute;a hacer reflexionar sobre qu&eacute; tipo de modelo queremos ser para nuestras hijas e hijos respecto a la relaci&oacute;n que nos gustar&iacute;a que tuviesen con el alcohol. No es muy coherente que bebamos habitualmente alcohol en fiestas infantiles &mdash;o cualquier otro tipo de celebraci&oacute;n donde est&aacute;n presentes&mdash; si pretendemos que no beban alcohol cuando tengan edad suficiente para tomar decisiones propias&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        A esta idea, la portavoz de UNAD Eider Hormaetxea Llanos a&ntilde;ade otra variable, que es la atracci&oacute;n de lo prohibido: &ldquo;Si consumimos delante de ellos y ellas y a la vez les decimos &lsquo;t&uacute; no bebas&rsquo;, esa contradicci&oacute;n puede acabar convirtiendo el alcohol en un s&iacute;mbolo de lo adulto, en algo m&aacute;s atractivo todav&iacute;a&rdquo;, afirma. Para ella conviene no olvidar que, aunque socialmente se obvien los peligros asociados a beber, es una conducta de riesgo: &ldquo;Seg&uacute;n las estimaciones del Ministerio de Sanidad, en 2021 se produjeron en Espa&ntilde;a cerca de 13.900 muertes atribuibles al alcohol, la mayor&iacute;a por c&aacute;ncer o enfermedades digestivas. Si esa cifra correspondiera a una sustancia ilegal, el debate p&uacute;blico ser&iacute;a muy distinto&rdquo;, afirma. 
    </p><h2 class="article-text">Prevenci&oacute;n y ejemplo</h2><p class="article-text">
        Con los datos de consumo sobre la mesa, la pediatra Teresa Cenarro, vicepresidenta de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Pediatr&iacute;a de Atenci&oacute;n Primaria (AEPAP), propone cambiar de modelo para dejar de normalizar el consumo: &ldquo;No lo estamos haciendo bien, porque somos el ejemplo en el que se fijan nuestros ni&ntilde;os, y el que estamos dando es la normalizaci&oacute;n del consumo. Bebemos alcohol delante de ellos desde que son reci&eacute;n nacidos, en cualquier situaci&oacute;n, y no hace falta que alguien se coja una borrachera para que el ni&ntilde;o perciba que se est&aacute; consumiendo alcohol. Lo l&oacute;gico es que, cuando crezcan, lo vean como algo normal&rdquo;, se&ntilde;ala. Por eso propone evitar su consumo y servir de modelo: &ldquo;Podemos ayudarles d&aacute;ndoles el ejemplo de que el alcohol no es un buen compa&ntilde;ero de vida&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No lo estamos haciendo bien, porque somos el ejemplo en el que se fijan nuestros niños, y el que estamos dando es la normalización del consumo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Teresa Cenarro</span>
                                        <span>—</span> vicepresidenta de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde UNAD, Eider Hormaetxea sit&uacute;a el foco en la prevenci&oacute;n: &ldquo;Invertir en ella no es un gasto, es una inversi&oacute;n, porque cada euro destinado a prevenir se traduce en menos problemas y menos costes a futuro&rdquo;. Propone hacerlo de manera integral: &ldquo;Tiene que ser una apuesta estrat&eacute;gica y pol&iacute;tica, que acompa&ntilde;e todas las etapas de la vida y no solo la adolescencia, con un enfoque comunitario que implique a toda la sociedad. Sin olvidar la prevenci&oacute;n ambiental: actuar sobre la disponibilidad, la publicidad o el acceso, porque no decidimos en el vac&iacute;o, sino dentro de un entorno que podemos hacer m&aacute;s o menos saludable&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n ella, con la perspectiva que le da el trabajo diario en la prevenci&oacute;n del consumo, &ldquo;hay margen para el optimismo&rdquo;: &ldquo;Estamos en plena transici&oacute;n cultural. Entre el alumnado de 14 a 18 a&ntilde;os, pr&aacute;cticas de riesgo como las borracheras y el consumo en atrac&oacute;n est&aacute;n en sus valores m&aacute;s bajos desde el a&ntilde;o 2000, y desde 2012 se registra una tendencia general hacia un <a href="https://www.eldiario.es/era/orgullo-abstemio-dejar-de-beber-alcohol_1_11702905.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">menor consumo de alcohol</a>. No es un cambio brusco, sino una evoluci&oacute;n lenta, pero que se mantiene en el tiempo, y eso es justo lo importante ya que nos recuerda que la prevenci&oacute;n funciona&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-haciendo-afecta-ninos-adultos-beban-alcohol-fiestas-infantiles_1_13363394.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jul 2026 20:07:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“No lo estamos haciendo bien”: cómo afecta a los niños que los adultos beban alcohol en fiestas infantiles]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Crianza,Alcohol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María Jesús Campos Osa, psicóloga, sobre los deberes infantiles en verano: “La vuelta a la rutina puede ser más costosa”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/maria-jesus-campos-osa-psicologa-deberes-infantiles-verano-vuelta-rutina-costosa-xp_1_13347874.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/06dbaccd-4254-470a-81a8-350d10caeb69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1247y438.jpg" width="1200" height="675" alt="María Jesús Campos Osa, psicóloga, sobre los deberes infantiles en verano: “La vuelta a la rutina puede ser más costosa”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llegan las vacaciones escolares y con ellas el debate de si tiene utilidad asignar deberes a los niños durante los meses de verano</p><p class="subtitle">Quién consigue teletrabajar con niños en casa durante el verano: “No paro en todo el día y tampoco rindo como querría”</p></div><p class="article-text">
        Estamos de lleno en las vacaciones escolares y para muchos padres surge la eterna pregunta: &iquest;les ponemos deberes a nuestros hijos? Estas tareas buscan evitar la p&eacute;rdida de aprendizaje durante las vacaciones, reforzar conceptos clave y asegurar que los estudiantes regresen a clase preparados. Sin embargo, &iquest;funcionan realmente?<strong> </strong>&iquest;Son necesarios? 
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://www.mariajesuscampos.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Jes&uacute;s Campos Osa</a>, psic&oacute;loga educativa, es tajante al respecto. &ldquo;No, no son necesarios. El aprendizaje, consolidaci&oacute;n de conocimientos y contenidos, as&iacute; como el refuerzo de lo trabajado y aprendido durante el curso se puede hacer empleando otros recursos y haciendo otras actividades alejadas de los t&iacute;picos cuadernillos, fichas o deberes&rdquo;, afirma.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        Para la experta, esta &eacute;poca es de merecido descanso del aprendizaje obligatorio. &iquest;Significa esto que no deber&iacute;an &ldquo;aprender&rdquo; nada durante el verano? Por supuesto que no. Lo que representa es que su aprendizaje deber&iacute;a estar mucho m&aacute;s motivado por sus intereses que por las tareas asignadas. Repasamos c&oacute;mo deber&iacute;amos incorporar un cuadernillo a las vacaciones si as&iacute; decidimos hacerlo.
    </p><h2 class="article-text">Cuadernillos en verano, &iquest;una carga o una oportunidad?</h2><p class="article-text">
        Una carga de tareas durante todo el a&ntilde;o contradice el prop&oacute;sito de las vacaciones. &ldquo;No desconectar de obligaciones escolares tiene el mismo impacto que no desconectar de las laborales&rdquo;, afirma Campos. Si bien es inevitable que algunos conocimientos se olviden durante el verano y que el aprendizaje se ralentice (dos meses sin ejercitarse es mucho tiempo), esto no se puede evitar con informes de lectura ni tareas de matem&aacute;ticas. Es normal que los estudiantes olviden parte de lo que aprenden cada a&ntilde;o, pero repasar&aacute;n la informaci&oacute;n cuando empiecen las clases.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si los profesores asignan demasiada tarea durante el verano, cuando los alumnos regresen a las clases estar&aacute;n casi tan agotados como antes de que comenzara el verano. &ldquo;El agotamiento y el cansancio mental por estar trabajando sobre un contenido espec&iacute;fico de manera continuada implica que la vuelta a la rutina sea m&aacute;s costosa por no haber tenido una sensaci&oacute;n de parar&rdquo;, matiza Campos.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, cuando los alumnos se ven obligados a dedicar demasiado tiempo al estudio, la tarea se convierte en una carga en lugar de una oportunidad para aprender, lo cual contradice el prop&oacute;sito original de las tareas de verano. &ldquo;Podemos llevar a una saturaci&oacute;n y sobrecarga de contenidos acad&eacute;micos muy concretos, mientras que el aprendizaje debe ir m&aacute;s all&aacute;&rdquo;, explica Campos, &ldquo;adem&aacute;s de una p&eacute;rdida de motivaci&oacute;n e inter&eacute;s en lo acad&eacute;mico&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Un merecido descanso de las tareas escolares</h2><p class="article-text">
        Las vacaciones de verano ofrecen una valiosa oportunidad para que los ni&ntilde;os y j&oacute;venes se relajen, descansen y participen en actividades que les aporten alegr&iacute;a y satisfacci&oacute;n. Al liberarse de la carga de las tareas escolares durante este tiempo, pueden dedicarse a sus aficiones, deportes, tiempo en familia y con los amigos, lo que fomenta su bienestar emocional. 
    </p><p class="article-text">
        Este descanso de las responsabilidades escolares les permite desarrollar habilidades esenciales para la vida, como la gesti&oacute;n del tiempo. El hecho de que no est&eacute;n en la escuela ni haciendo tareas no significa que los ni&ntilde;os no est&eacute;n aprendiendo. Adem&aacute;s, &ldquo;el cerebro necesita descanso, tambi&eacute;n estimulaci&oacute;n para su aprendizaje, pero no sobreestimulaci&oacute;n&rdquo;, aclara Campos. 
    </p><p class="article-text">
        Para la especialista, la clave &ldquo;est&aacute; en c&oacute;mo lo estimulamos. Porque en esa estimulaci&oacute;n no es necesario tener cuadernillos o fichas escolares, se pueden hacer otras tareas muy diferentes, din&aacute;micas y m&aacute;s atractivas, como los juegos de mesa, que tienen un enorme potencial cognitivo y social, y permiten trabajar contenidos acad&eacute;micos de manera divertida, din&aacute;mica y atractiva&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ocurre si un alumno ha aprobado todo justo? &iquest;Debe trabajar m&aacute;s que otro que se lo ha sacado todo sin problemas? &ldquo;Mi receta siempre recoge lo mismo: descanso, diversi&oacute;n y juego. Y esto se adapta a cada menor, independientemente de la edad o dificultades de aprendizaje&rdquo;, afirma Campos, para la cual es importante ir eliminando la idea de que en verano hay que seguir haciendo deberes y los deben hacer quienes han sacado peores notas o tienen dificultades. &ldquo;Esto no es as&iacute;, cada menor seguir&aacute; aprendiendo, repasando y potenciando habilidades y destrezas con recursos y actividades diversas&rdquo;, a&ntilde;ade.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque el juego, afirma la psic&oacute;loga, es tambi&eacute;n aprendizaje: &ldquo;contribuye al desarrollo de habilidades y capacidades diversas, adem&aacute;s de fomentar aprendizajes, nos ayuda a trabajar habilidades sociales, muy importantes en el d&iacute;a a d&iacute;a de cualquier persona, sea cual sea la edad&rdquo;, reconoce Campos. El juego es m&aacute;s motivador, es un &ldquo;gran aliado en el aprendizaje y el desarrollo de la infancia y la adolescencia&rdquo;, reconoce la especialista.
    </p><h2 class="article-text">Hacer deberes, una opci&oacute;n individualizada y adaptada a cada menor</h2><p class="article-text">
        Si, pese a todo, somos de los que creemos que los ni&ntilde;os deben hacer tareas, en algunos casos pueden servir como punto de partida para mantener el inter&eacute;s, aunque por s&iacute; solas rara vez son suficientes. El objetivo no debe ser asignar m&aacute;s trabajo, sino crear experiencias de aprendizaje m&aacute;s inteligentes. &ldquo;Dentro de las tareas es recomendable introducir la lectura, actividades creativas y art&iacute;sticas, as&iacute; como opciones de escritura (no tienen que ser fichas o cuadernillos de repaso)&rdquo;, afirma Campos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Por ejemplo, un ni&ntilde;o que es un gran lector, incluir&aacute; la lectura dentro de su d&iacute;a a d&iacute;a como algo rutinario y el tiempo ser&aacute; mayor, sin embargo, para una ni&ntilde;a que no le guste leer. Habr&aacute; que plantear una lectura en periodos de tiempo muy breves y con recursos diversos&rdquo;, aclara la especialista.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; tambi&eacute;n juega un papel decisivo &ldquo;la negociaci&oacute;n de tiempo de tareas y responsabilidades en el verano, no solo las acad&eacute;micas, ya que se debe tener en cuenta el tiempo del que se dispone a lo largo del d&iacute;a y las tareas que se deben realizar&rdquo;, matiza Campos. Porque todas las tareas son importantes, tanto las de ocio (estar con amigos, ir a la piscina, de campamentos, pasar tiempo en familia&hellip;), como las m&aacute;s &ldquo;acad&eacute;micas&rdquo;. Todas ellas deben realizarse en equilibrio, y estas &uacute;ltimas no deben ser las prioritarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y si nos vamos de viaje o vacaciones? &iquest;Es recomendable introducir el cuadernillo y las tareas tambi&eacute;n en la maleta? &ldquo;Esos d&iacute;as se deben respetar para descansar y disfrutar en familia, es importante respetar estos tiempos. Porque se puede seguir aprendiendo y desarrollando habilidades y destrezas usando recursos muy variados, asignando responsabilidades diversas y realizando actividades distintas alejadas de dispositivos y cuadernillos de repaso&rdquo;, concluye Campos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/maria-jesus-campos-osa-psicologa-deberes-infantiles-verano-vuelta-rutina-costosa-xp_1_13347874.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jul 2026 13:57:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María Jesús Campos Osa, psicóloga, sobre los deberes infantiles en verano: “La vuelta a la rutina puede ser más costosa”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Escuelas,Educación,Crianza,Vacaciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Cada vez había más tareas que recaían sobre mí”: cómo creamos un sistema radical de crianza que nos cambió la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/vez-habia-tareas-recaian-creamos-sistema-radical-crianza-cambio-vida_1_13311242.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a11415b-bc67-440e-8eb2-423cc14bff7b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145469.jpg" width="7757" height="4363" alt="“Cada vez había más tareas que recaían sobre mí”: cómo creamos un sistema radical de crianza que nos cambió la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como muchas parejas, mi marido y yo discutíamos frecuentemente sobre quién haría qué y quién haría más, hasta que encontramos una solución drástica</p><p class="subtitle">“Es casi como conseguir entradas para un concierto”: la odisea para encontrar plaza en campamentos de verano para niños</p></div><p class="article-text">
        Con el nacimiento de mi segundo hijo, en 2021, me di cuenta de que necesitaba un nuevo sistema de crianza. En aquel momento est&aacute;bamos saliendo del confinamiento, y me sent&iacute;a cansada y abrumada. Durante la pandemia, mi esposo y yo hab&iacute;amos construido nuestra peque&ntilde;a unidad familiar en Reino Unido, ya que nuestras familias viv&iacute;an en Estados Unidos. Yo hab&iacute;a decidido fundar mi propia agencia literaria en cuanto mi hija tuviera edad suficiente para ir a la guarder&iacute;a, a los seis meses. No era el momento ideal, pero quer&iacute;a empezar cuanto antes.
    </p><p class="article-text">
        Abord&eacute; la b&uacute;squeda de un sistema de crianza como creo que lo hacen muchas mujeres de mi generaci&oacute;n, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/criar-tiempos-consejos-millennials-sienten-presion-madre-impecable_1_12801140.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con la misma intensidad</a> con la que abordamos una tesis universitaria. Decid&iacute; recurrir a la colaboraci&oacute;n colectiva para mi investigaci&oacute;n: vi videos de madres que educaban a sus hijos en casa en EEUU mostrando sus rutinas matutinas, le&iacute; todos los libros sobre crianza que pude, escuch&eacute; podcasts de madres que aparentemente &ldquo;lo ten&iacute;an todo&rdquo; y escuch&eacute; a otras que argumentaban que &ldquo;tenerlo todo&rdquo; era imposible.
    </p><p class="article-text">
        Mi esposo es profesor investigador y cient&iacute;fico, y su enfoque de la crianza siempre ha sido fundamentalmente pr&aacute;ctico. As&iacute;, cuando comenc&eacute; a trabajar despu&eacute;s del nacimiento de mi segundo hijo, dise&ntilde;&oacute; una hoja de c&aacute;lculo con una clasificaci&oacute;n por colores para organizar nuestras tareas.
    </p><p class="article-text">
        Al principio parec&iacute;a un &eacute;xito, pero con el tiempo, me di cuenta de que cada vez hab&iacute;a m&aacute;s tareas y cosas que reca&iacute;an sobre m&iacute;. Hubo mucho resentimiento, por ambas partes, que se intensific&oacute; adem&aacute;s por el estr&eacute;s de las tomas nocturnas, la extracci&oacute;n de leche materna y la presi&oacute;n financiera que sent&iacute;a para hacer que el negocio fuera sostenible. Esos d&iacute;as vi aquel <a href="https://www.theguardian.com/world/2017/may/26/gender-wars-household-chores-comic" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&oacute;mic viral franc&eacute;s</a> sobre la <a href="https://www.eldiario.es/era/alexander-harton-psicologo-carga-mental-no-cosas-pensar-constantemente-hay-xp_1_13198723.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;carga mental</a>&rdquo; y c&oacute;mo las madres gestionan tantos detalles de la vida diaria en lo que a menudo es un trabajo invisible. Se lo mostr&eacute; a mi marido, en un gesto que parec&iacute;a m&aacute;s un grito con un dedo acusador, se&ntilde;al&aacute;ndolo: &ldquo;&iexcl;Mira!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de mis investigaciones, no consegu&iacute;a encontrar la mejor manera de gestionar todas las tareas familiares. Finalmente, mi esposo, siempre dispuesto a resolver problemas, me propuso sentarnos a analizar la situaci&oacute;n y me pidi&oacute; que anotara todas mis responsabilidades. Intentamos redistribuirlas de forma m&aacute;s equitativa, pero nos dimos cuenta de que, muy a menudo, una tarea est&aacute; directamente relacionada con otra.
    </p><p class="article-text">
        Decidimos dividir el d&iacute;a en turnos, uno de ma&ntilde;ana y otro de tarde-noche. &Eacute;l se encargar&iacute;a por completo de la ma&ntilde;ana y de todo lo que ello implica: el desayuno (lo que incluye asegurarse de que hay comida para el desayuno), vestirse, preparar las mochilas para los ni&ntilde;os y llevarles al colegio. Yo me encargar&iacute;a del resto de tareas a partir del momento de recogerlos del cole. Es decir: cena, ba&ntilde;o y hora de acostarse. Es un horario que seguimos manteniendo a&ntilde;os despu&eacute;s: mi hijo ahora tiene ocho a&ntilde;os y mi hija cinco.
    </p><p class="article-text">
        No es un sistema perfecto, pero a nosotros nos funciona. No hay tareas en las que los dos nos sintamos responsables, as&iacute; que mi marido se encarga por completo de la ma&ntilde;ana. Le dejo que se las arregle como quiera y le facilito las cosas saliendo antes de casa para no interferir con su m&eacute;todo. Por ejemplo, he notado que se relaja m&aacute;s si se olvida algo: si no hay comida para el desayuno, compra algo de camino al colegio. A veces se equivoca con el uniforme, a veces los ni&ntilde;os se olvidan de los deberes, pero suele pasar por alto las peque&ntilde;as cosas.
    </p><p class="article-text">
        Mis tardes y noches no son mucho m&aacute;s tranquilas, pero supongo que yo me fijo m&aacute;s en los detalles. Yo llamo a mi turno &ldquo;la hora punta de la cena&rdquo; porque me recuerda a cuando trabajaba de camarera. Recojo a los ni&ntilde;os de las clases extraescolares y despu&eacute;s todo pasa volando: preparo la cena, comen, practican piano, se ba&ntilde;an, disfrutan de un rato de lectura y luego se van a la cama. Como muchos de mis clientes viven en EEUU, despu&eacute;s de que se acuesten los ni&ntilde;os, yo vuelvo al trabajo.
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; que tener este horario para la vida diaria no suena particularmente id&iacute;lico, y nuestras familias nos han comentado que suena demasiado r&iacute;gido. Pero he aprendido que tener esta estructura tambi&eacute;n puede brindar libertad. Como s&eacute; que solo soy responsable de la tarde y la noche, puedo desconectar de la crianza por la ma&ntilde;ana y tener ese espacio mental sin sentir que tengo que supervisar absolutamente todo. Quiz&aacute;s llegue un momento en que no quiera ser la madre que se encarga de la tarde y la noche, pero, por ahora, estoy feliz de estar a cargo de la hora punta de la cena.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Catherine Cho]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/vez-habia-tareas-recaian-creamos-sistema-radical-crianza-cambio-vida_1_13311242.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 19:48:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Cada vez había más tareas que recaían sobre mí”: cómo creamos un sistema radical de crianza que nos cambió la vida]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,familias,Hogar,Igualdad,Salud mental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/hijo-proyecto-personal-inmersos-ninos-cosa_129_13291982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5daf653-6716-4264-8123-995b85bf324a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Somos una generación que ha hecho de la crianza una actividad cada vez más consciente, informada y exigente. Hemos conseguido convertir cualquier rincón de la infancia en una oportunidad de aprendizaje. Pero, ¿qué ocurre cuando desaparecen los espacios que no sirven para nada?</p><p class="subtitle">Criar en tiempos de consejos para todo: por qué las millennials sienten tanta presión por “ser una madre impecable”</p></div><p class="article-text">
        Hace poco, mientras buscaba algunos regalos de cumplea&ntilde;os en la secci&oacute;n infantil de una librer&iacute;a, me llam&oacute; la atenci&oacute;n la cantidad de libros que sirven para algo: reconocer las emociones, entrenar la paciencia, fortalecer la autoestima o aprender a compartir. Para afrontar el divorcio de los padres, entender la muerte de los abuelos, detectar relaciones t&oacute;xicas o tolerar la frustraci&oacute;n. A veces tengo la sensaci&oacute;n de que, si busco lo suficiente, podr&iacute;a incluso encontrar alg&uacute;n cuento para aprender a leer cuentos. No es que cuestione la utilidad de estos t&iacute;tulos, pues muchos de ellos responden a necesidades reales de las familias; lo que me pregunto es en qu&eacute; momento los libros dejaron de ser &uacute;nicamente una invitaci&oacute;n a dejar volar la imaginaci&oacute;n para convertirse tambi&eacute;n en herramientas de autoayuda e intervenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta me vino a la cabeza leyendo <em>En la era de los ni&ntilde;os cosa. Ensayos contra la crianza como emprendimiento</em>, el conjunto de ensayos de Santiago Gerchunoff recientemente publicado por Lengua de Trapo-C&iacute;rculo de Bellas Artes. Me fascin&oacute; su lectura, a la vez que me provoc&oacute; cierta incomodidad, porque no habla de padres negligentes ni de madres obsesivas: habla de nosotras y de nosotros, de una generaci&oacute;n que ha hecho de la crianza una actividad cada vez m&aacute;s consciente, informada y exigente. Una generaci&oacute;n que lee, se documenta, dialoga, consulta a expertos y se preocupa sinceramente por ofrecer a sus hijos la mejor vida posible. Quiz&aacute; el libro resulta tan perturbador porque no cuestiona nuestras intenciones, sino nuestra mirada.
    </p><p class="article-text">
        Ya en el pr&oacute;logo, Gerchunoff escribe que vivimos una &eacute;poca marcada por &ldquo;la paternidad como emprendimiento, los hijos como obras, proyectos o extensiones del yo&rdquo;. Una vez le&iacute;da la frase, resulta dif&iacute;cil dejar de pensar en ella. La vemos en la obsesi&oacute;n por elegir correctamente <a href="https://www.eldiario.es/nidos/ninos-hiperocupados-poner-limite-extraescolares-espera-sigan-ritmo-propio-adultos_1_12681996.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cada actividad extraescolar</a>, en la b&uacute;squeda del cuento adecuado para cada conflicto, del deporte adecuado para cada personalidad y del colegio adecuado para cada talento &mdash;he conocido a familias que dedicaron m&aacute;s de seis meses a <a href="https://www.eldiario.es/nidos/24-horas-grupo-whatsapp-buscar-colegio-ninos-proceso-locura_1_12153447.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">buscar el mejor colegio</a>, haciendo tablas de Excel con pros y contras despu&eacute;s de acudir, religiosamente y con libretas, a cada jornada de puertas abiertas&mdash;. En la idea de que cada experiencia infantil debe aportar algo medible y futurible.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Santiago Gerchunoff escribe que vivimos una época marcada por &quot;la paternidad como emprendimiento, los hijos como obras, proyectos o extensiones del yo&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Hablando ingl&eacute;s en un parque de Madrid</h2><p class="article-text">
        No es casual que una de las im&aacute;genes m&aacute;s potentes del libro sea la del padre que habla en ingl&eacute;s a su hijo en un parque de Madrid &mdash;&ldquo;padres espa&ntilde;oles que se vuelven angloparlantes circunstancialmente al hablar con sus hijos&rdquo;&mdash;. Gerchunoff no critica el aprendizaje de idiomas, sino la l&oacute;gica que se esconde detr&aacute;s de esa decisi&oacute;n: la idea de que siempre es posible a&ntilde;adir una capa m&aacute;s, una competencia m&aacute;s, una ventaja m&aacute;s. Lo que observa en esa escena es &ldquo;la fantas&iacute;a misma de estar haci&eacute;ndolos, fabric&aacute;ndolos con m&aacute;s o menos prestaciones. Es la idea del hijo como obra la que rige en el padre que decide no hablar al hijo en su lengua (la que usa con todo el mundo, en el trabajo, en la calle, en la mesa y en la cama), sino aprovechar todo el tiempo que pueda para 'agregarle' otra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gerchunoff escribe la palabra &ldquo;prestaciones&rdquo; y esto merece una reflexi&oacute;n. Hablamos de prestaciones cuando describimos un coche, un tel&eacute;fono m&oacute;vil o un electrodom&eacute;stico. Sin embargo, cada vez parece m&aacute;s f&aacute;cil trasladar ese lenguaje al territorio de la crianza. Queremos que nuestras criaturas aprendan varios idiomas a la vez, desarrollen inteligencia emocional, practiquen deportes, adquieran h&aacute;bitos saludables, descubran sus talentos, gestionen adecuadamente la frustraci&oacute;n y construyan una autoestima s&oacute;lida. Nada de ello es malo; al contrario: son deseos comprensibles y, en muchos casos, admirables. El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos qui&eacute;nes son para empezar a preguntarnos en qui&eacute;nes podr&iacute;an convertirse, porque entonces la infancia deja de ser una experiencia y se transforma en un proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Lo vemos tambi&eacute;n en la literatura infantil. Gerchunoff, que trabaj&oacute; como librero, dedica algunas p&aacute;ginas brillantes a esa tendencia cada vez m&aacute;s extendida de buscar cuentos para &ldquo;trabajar&rdquo; emociones, conflictos o situaciones concretas &mdash;&ldquo;&iquest;Me recomiendas alguno para trabajar el duelo? &iquest;Qu&eacute; cuento chulo tienes para trabajar la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero?&rdquo;&mdash;. La expresi&oacute;n, de nuevo, me parece reveladora: trabajar los celos, el duelo, la llegada de un hermano o la diversidad, como si la ficci&oacute;n necesitara justificar su existencia mediante una utilidad externa o como si ya no bastara con que una historia emocione o entretenga.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica es siempre la misma: leer, jugar o hacer deporte son actividades que tienen que servir para algo. Hemos conseguido convertir cualquier rinc&oacute;n de la infancia en una oportunidad de aprendizaje. Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre cuando desaparecen los espacios que no sirven para nada?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos quiénes son para empezar a preguntarnos en quiénes podrían convertirse, porque entonces la infancia deja de ser una experiencia y se transforma en un proyecto</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Una Stasi acaramelada</h2><p class="article-text">
        Gerchunoff describe los grupos de WhatsApp de padres como una &ldquo;Stasi acaramelada&rdquo;. La expresi&oacute;n puede provocarte una sonrisa, pero se&ntilde;ala algo importante: nunca hab&iacute;amos estado tan presentes en la vida de nuestras criaturas. Nunca hab&iacute;amos estado tan implicados en las decisiones que se toman en las aulas, en las extraescolares, en los cumplea&ntilde;os o en sus relaciones personales. Vigilamos, acompa&ntilde;amos, supervisamos, intervenimos y lo hacemos porque la infancia nos importa, por protecci&oacute;n y por amor hacia nuestros hijos e hijas.
    </p><p class="article-text">
        No dejo de preguntarme si, en medio de esa vigilancia permanente que ejercemos, no estaremos eliminando precisamente aquello que la infancia necesita para convertirse en una experiencia propia. Quiz&aacute; no estemos dejando hueco para ese espacio opaco donde ocurren cosas que los adultos no ven, no controlan y no comprenden del todo; ese territorio donde construimos nuestras primeras amistades, secretos, conflictos, reconciliaciones y peque&ntilde;as formas de autonom&iacute;a. &ldquo;Para ayudarlos a ser sujetos no hay m&aacute;s remedio que dejarlos de tratar como nuestros objetos&rdquo;, escribe Gerchunoff.
    </p><h2 class="article-text">Todo para los ni&ntilde;os, pero sin los ni&ntilde;os</h2><p class="article-text">
        En <em>El problema de los hoteles sin ni&ntilde;os</em>, ensayo dedicado a los hoteles, restaurantes y otros espacios p&uacute;blicos <em>childfree,</em> encontramos otra frase que resume toda esta preocupaci&oacute;n: &ldquo;Confundimos, de hecho, criarlos con hacerlos. Los dos bandos, antini&ntilde;os y proni&ntilde;os, coinciden entonces en realidad en considerar a los ni&ntilde;os como cosas. Solo que unos los ven como cosas molestas y los otros, como cosas m&aacute;gicas&rdquo;. Quiz&aacute; ah&iacute; est&eacute; el n&uacute;cleo de la cuesti&oacute;n. &ldquo;Criar&rdquo; y &ldquo;hacer&rdquo; no son sin&oacute;nimos. Criar implica acompa&ntilde;ar el desarrollo de alguien que nunca terminaremos de comprender del todo. Hacer implica proyectar un resultado y trabajar para alcanzarlo. A las personas las criamos. Los objetos, los hacemos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; esa la verdadera paradoja de nuestro tiempo? Nunca hemos prestado tanta atenci&oacute;n a la infancia y, sin embargo, cada vez parece costarnos m&aacute;s aceptar aquello que tiene de impredecible. Vivimos frecuentemente angustiados por la sensaci&oacute;n de no estar haciendo lo suficiente. En uno de los textos m&aacute;s inquietantes del volumen, <em>El beb&eacute; Tamagotchi</em>, Gerchunoff describe a una pareja que <a href="https://www.eldiario.es/nidos/graficas-bebe-partes-buena-idea-medir-aspecto-crianza-app_1_12034787.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">monitoriza el sue&ntilde;o, la temperatura y los ritmos de su beb&eacute;</a> en vacaciones mediante sensores y dispositivos electr&oacute;nicos. La imagen que le viene a la cabeza es la de aquella mascota virtual de los noventa que exig&iacute;a atenci&oacute;n constante y pod&iacute;a morir si uno se equivocaba. Lo interesante es que no identifica en esa escena una falta de amor, sino exactamente lo contrario: un amor tan informado, tan atento y tan responsable que aspira a eliminar cualquier experiencia no controlada. Un amor que no quiere equivocarse.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Criar implica acompañar el desarrollo de alguien que nunca terminaremos de comprender del todo. Hacer implica proyectar un resultado y trabajar para alcanzarlo. A las personas las criamos. Los objetos, los hacemos</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La infancia improductiva</h2><p class="article-text">
        Cada vez resulta m&aacute;s dif&iacute;cil encontrar espacios verdaderamente improductivos en la infancia. Nuestras criaturas leen, pero nos gusta que la lectura les ense&ntilde;e algo. Juegan, pero preferimos que el juego estimule determinadas capacidades. Hacen deporte, pero esperamos que aprendan disciplina, esfuerzo o trabajo en equipo. Incluso el aburrimiento, que en cualquier tiempo pasado fue simplemente aburrimiento, ha sido rebautizado como una herramienta pedag&oacute;gica capaz de fomentar la creatividad. Parece que ya no nos basta con que las cosas sucedan; necesitamos que produzcan alg&uacute;n tipo de beneficio.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en una cultura obsesionada con el conocimiento experto y con la mejora continua. Somos una sociedad incapaz de tolerar lo improductivo. <a href="https://www.eldiario.es/viajes/resenas-restaurantes-internet_1_10653850.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Consultamos rese&ntilde;as</a> antes de reservar un hotel, escuchamos podcasts para aprender a optimizar nuestro tiempo y descargamos aplicaciones que monitorizan lo que comemos, <a href="https://www.eldiario.es/era/contar-pasos-calorias-apps-monitorizacion_1_10794929.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cu&aacute;nto caminamos</a> o lo que dormimos. Era casi inevitable que esa l&oacute;gica terminara entrando tambi&eacute;n en la crianza. Si todo puede aprenderse, perfeccionarse y optimizarse, &iquest;por qu&eacute; no iba a ocurrir lo mismo con la maternidad y la paternidad?
    </p><p class="article-text">
        El problema es que las criaturas no son un proyecto profesional, aunque a veces hablemos de ellas como si lo fueran. No son una versi&oacute;n inacabada de algo que debe alcanzar su m&aacute;ximo potencial ni una especie de curr&iacute;culum sobre el que vamos incorporando mejoras sucesivas. Sin embargo, basta con asomarse a cualquier conversaci&oacute;n entre padres y madres para comprobar hasta qu&eacute; punto hemos asumido esa mirada. Quiz&aacute; la pregunta que deja flotando Gerchunoff no sea c&oacute;mo criar mejor, sino c&oacute;mo seguir criando sin convertir la infancia en un proyecto de mejora continua. C&oacute;mo seguir acompa&ntilde;ando sin gestionar, cuidando sin optimizar y educando sin olvidar que algunas de las experiencias m&aacute;s valiosas de la infancia &mdash;y de la vida&mdash; ocurren, precisamente, cuando dejan de servir para algo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/hijo-proyecto-personal-inmersos-ninos-cosa_129_13291982.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 20:13:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Madres,Padres,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué hacer cuando un niño no quiere besos ni abrazos: “Educar en el consentimiento empieza en la infancia”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/nino-no-quiere-besos-abrazos-educar-consentimiento-empieza-infancia_1_13285338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f60eb8a1-f1ed-4f83-b343-c9b7f9b32070_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué hacer cuando un niño no quiere besos ni abrazos: “Educar en el consentimiento empieza en la infancia”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos niños rechazan determinados gestos de afecto incluso dentro del entorno familiar. Detrás de estas conductas puede haber incomodidad sensorial, necesidad de marcar límites o situaciones de malestar que todavía no saben expresar con palabras</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        Un beso que se esquiva, un abrazo que se evita o un ni&ntilde;o que gira la cara ante una muestra de afecto pueden generar dudas en muchas familias. Aunque estos gestos suelen interpretarse como una falta de educaci&oacute;n o de cari&ntilde;o, las razones pueden ser muy distintas y conviene mirar m&aacute;s all&aacute; del comportamiento en s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Aitana tiene cuatro a&ntilde;os y evita los besos de algunas personas de su entorno. Cuando alguien intenta acercarse demasiado r&aacute;pido, se esconde detr&aacute;s de su madre o se aparta sin decir nada. &ldquo;Hab&iacute;a familiares que pensaban que era distante&rdquo;, cuenta Ana, su madre. &ldquo;Pero luego en casa ella busca much&iacute;simo contacto con nosotros&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        No todos los ni&ntilde;os que rechazan un beso o un abrazo lo hacen por el mismo motivo. En algunos casos puede existir una resistencia relacionada con ciertas muestras de afecto; en otros, una necesidad de espacio o una forma de decidir el grado de cercan&iacute;a con los dem&aacute;s. Para entender qu&eacute; hay detr&aacute;s de estas conductas conviene fijarse en el contexto en el que surgen y en c&oacute;mo se relaciona el menor en otras situaciones cotidianas.
    </p><p class="article-text">
        Un <a href="https://scholars.org/contribution/developing-appropriate-effective-bodily" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> publicado en 2022 sobre autonom&iacute;a corporal infantil recoge c&oacute;mo distintos especialistas y familias defienden la importancia de que los menores puedan decidir sobre algunos gestos de proximidad y aprender a comunicar aquello que les resulta c&oacute;modo y lo que no. Entre las estrategias descritas figuran ense&ntilde;ar frases sencillas para expresar malestar o respetar ciertas negativas sin convertirlas autom&aacute;ticamente en un conflicto.
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea, una <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11606759/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revisi&oacute;n</a> publicada en 2023 por la investigadora Priscilla Alderson sostiene que los ni&ntilde;os pueden expresar opiniones y preferencias sobre cuestiones que afectan a su propio cuerpo desde edades tempranas. Su trabajo subraya la importancia de escuchar esas aportaciones y de reconocer la integridad corporal de los menores como una parte relevante de su bienestar y desarrollo.
    </p><h2 class="article-text">Mirar m&aacute;s all&aacute; del gesto</h2><p class="article-text">
        Un mismo comportamiento puede tener significados distintos seg&uacute;n las circunstancias en las que se produce. Lo que para algunos menores puede responder a una necesidad de mantener cierta distancia o regular la cercan&iacute;a con los dem&aacute;s, en otros casos puede estar relacionado con la forma en que perciben determinadas situaciones de contacto f&iacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        La psiquiatra infantojuvenil y divulgadora Mar&iacute;a Velasco, autora del libro <em>Criar con salud mental:</em> <em>Lo que tus hijos necesitan y solo t&uacute; les puedes dar </em>(Ediciones Paid&oacute;s, 2023)<em>, </em>explica que una de las primeras cuestiones importantes es observar si ese rechazo al acercamiento f&iacute;sico est&aacute; presente en la manera habitual de vincularse del ni&ntilde;o o si, por el contrario, aparece de modo repentino. En este &uacute;ltimo caso, indica que habr&iacute;a que valorar si &ldquo;al menor le ha sucedido algo traum&aacute;tico y no se encuentra bien&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La psiquiatra María Velasco explica que es importante observar si ese rechazo al acercamiento físico está presente en la manera habitual de vincularse del niño o si aparece de modo repentino</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando esta forma de reaccionar lleva tiempo presente, la especialista recomienda fijarse en otros aspectos de la interacci&oacute;n. Propone observar c&oacute;mo se relaciona el menor, qu&eacute; tipo de <a href="https://www.eldiario.es/era/psicologo-explica-traiciona-lenguaje-corporal-conciencia-propia-conducta-no-verbal-xp_1_13236582.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lenguaje no verbal</a> utiliza, c&oacute;mo se vincula con otras personas, si mantiene contacto visual o en qu&eacute; situaciones se produce ese rechazo. Asimismo, considera importante analizar de qui&eacute;n rechaza el abrazo y qu&eacute; tipo de contacto evita.
    </p><p class="article-text">
        Velasco recuerda adem&aacute;s que en el caso de ni&ntilde;os con trastorno del espectro autista, cuyo procesamiento sensorial puede diferir, &ldquo;necesitan amor y cari&ntilde;o y necesitan que encontremos la v&iacute;a para comunic&aacute;rselo&rdquo;. La especialista confirma que conviene tener en cuenta la cultura y el entorno familiar en el que vive el ni&ntilde;o. No todas las familias expresan el cari&ntilde;o de la misma manera y, en algunos hogares, las muestras f&iacute;sicas de afecto tienen un papel menos relevante que en otros.
    </p><p class="article-text">
        La psiquiatra defiende que la actitud debe pasar por respetar al menor y ofrecerle cari&ntilde;o de maneras que no le resulten inc&oacute;modas. Por &uacute;ltimo, recomienda valorar si existen otras dificultades que convenga explorar con m&aacute;s profundidad para descartar experiencias traum&aacute;ticas o posibles dificultades en la interacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, Pablo empez&oacute; a preocuparse cuando su hijo de seis a&ntilde;os comenz&oacute; a ponerse r&iacute;gido cada vez que algunos familiares intentaban abrazarlo. &ldquo;Al principio pens&aacute;bamos que era una etapa o que estaba m&aacute;s t&iacute;mido&rdquo;, afirma. &ldquo;Pero lleg&oacute; un momento en el que era evidente que no se sent&iacute;a c&oacute;modo y aun as&iacute; hab&iacute;a adultos que segu&iacute;an insistiendo&rdquo;, dice.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No todas las familias expresan el cariño de la misma manera y, en algunos hogares, las muestras físicas de afecto tienen un papel menos relevante que en otros</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con el tiempo, empez&oacute; a fijarse en otros detalles: cu&aacute;ndo ocurr&iacute;a, con qui&eacute;n reaccionaba as&iacute; y qu&eacute; situaciones parec&iacute;an afectarle m&aacute;s. Algunos familiares dejaron de insistir y comenzaron a preguntarle c&oacute;mo prefer&iacute;a saludar. Seg&uacute;n apunta su padre, esa presi&oacute;n disminuy&oacute; y las interacciones empezaron a resultar m&aacute;s f&aacute;ciles para todos.
    </p><h2 class="article-text">Respetar el l&iacute;mite sin convertirlo en un conflicto</h2><p class="article-text">
        En algunos hogares, el problema no aparece tanto por el rechazo inicial del ni&ntilde;o como por la reacci&oacute;n que provoca en quienes lo rodean. Hay familiares que se sienten heridos, interpretan esa distancia como algo personal o insisten para evitar que el gesto parezca desagradable delante de otros.
    </p><p class="article-text">
        A menudo, la atenci&oacute;n se centra en conseguir que el menor d&eacute; el beso o el abrazo esperado, en lugar de preguntarse c&oacute;mo se siente o qu&eacute; necesita en ese momento. La respuesta de los adultos ante esa negativa tambi&eacute;n puede influir en c&oacute;mo evoluciona la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para la psic&oacute;loga sanitaria y experta en bienestar psicol&oacute;gico Elena Dapra, asesora de la secci&oacute;n cl&iacute;nica del Colegio Oficial de la Psicolog&iacute;a de Madrid, muchas de estas situaciones empiezan a entenderse cuando los adultos asumen que el cuerpo de un ni&ntilde;o tambi&eacute;n le pertenece y que aprender a respetar sus l&iacute;mites forma parte de una educaci&oacute;n emocional saludable.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Frases como &#039;no pasa nada, puedes saludar de otra manera&#039; resultan más útiles que reproches como &#039;me vas a poner triste&#039;, explica la psicóloga Elena Dapra</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Dapra considera que no querer dar un beso o un abrazo no deber&iacute;a interpretarse autom&aacute;ticamente como rechazo, mala educaci&oacute;n o falta de cari&ntilde;o. En muchos casos, subraya, el menor simplemente est&aacute; expresando c&oacute;mo se siente en ese momento.
    </p><p class="article-text">
        Ante estas situaciones, recomienda validar la emoci&oacute;n sin ridiculizarla ni exigir cercan&iacute;a f&iacute;sica. Tambi&eacute;n aconseja evitar comentarios que puedan hacer sentir al menor culpable por no reaccionar como esperan los adultos. Frases como &ldquo;no pasa nada, puedes saludar de otra manera&rdquo; resultan m&aacute;s &uacute;tiles que reproches como &ldquo;me vas a poner triste&rdquo;, explica. A su juicio, obligar a los menores a mostrar afecto puede transmitirles el mensaje de que deben acceder f&iacute;sicamente para no decepcionar a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga recuerda adem&aacute;s que &ldquo;educar en el consentimiento tambi&eacute;n empieza en la infancia&rdquo;. Cuando un ni&ntilde;o siente que sus preferencias son escuchadas y respetadas, a&ntilde;ade, suele desarrollar una relaci&oacute;n m&aacute;s sana tanto con su propio cuerpo como con los v&iacute;nculos afectivos.
    </p><p class="article-text">
        No todos los ni&ntilde;os expresan el cari&ntilde;o de la misma manera ni se sienten c&oacute;modos con las mismas formas de proximidad. Escuchar aquello que expresan y respetar c&oacute;mo desean relacionarse tambi&eacute;n contribuye a construir relaciones basadas en el respeto y la confianza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/nino-no-quiere-besos-abrazos-educar-consentimiento-empieza-infancia_1_13285338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 19:58:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué hacer cuando un niño no quiere besos ni abrazos: “Educar en el consentimiento empieza en la infancia”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,Relaciones,Psicología,Bienestar emocional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una psicóloga infantil explica todas las consecuencias de dormir con tus hijos: "Puede favorecer el apego seguro"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/paloma-garcia-aranda-psicologa-infantil-dormir-con-hijos-xp_1_13212172.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69da290e-431c-43c0-a0c3-d76cfc114561_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una psicóloga infantil explica todas las consecuencias de dormir con tus hijos: &quot;Puede favorecer el apego seguro&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque el colecho tiene numerosos beneficios, consultamos con la especialista Paloma García Aranda cuáles son las claves para identificar cuándo puede empezar a dificultar la autonomía del menor</p><p class="subtitle">Una psicóloga explica cómo ayudar a los niños a gestionar sus notas: “Es importante separar el resultado de la relación”
</p></div><p class="article-text">
        El colecho, la pr&aacute;ctica de dormir en la misma cama o en una contigua a los hijos, es una pr&aacute;ctica ancestral presente en numerosas culturas que conlleva diversas implicaciones desde el punto de vista psicol&oacute;gico y familiar. No se trata de una decisi&oacute;n intr&iacute;nsecamente buena ni mala, sino que depende del contexto, las necesidades del ni&ntilde;o y el bienestar general de la familia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde el punto de vista psicol&oacute;gico, puede favorecer el apego seguro al proporcionar al ni&ntilde;o sensaci&oacute;n de protecci&oacute;n, cercan&iacute;a y regulaci&oacute;n emocional&rdquo;, afirma Paloma Garc&iacute;a Aranda, psic&oacute;loga infantil en <a href="https://psia.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centre PSIA</a>, que se&ntilde;ala que adem&aacute;s de reducir la ansiedad nocturna, compartir cama puede facilitar la lactancia materna y, en ciertos casos, mejorar el descanso general al reducir los despertares. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las claves para que el colecho sea una experiencia positiva reside en la motivaci&oacute;n de los padres. &ldquo;Sus implicaciones dependen de c&oacute;mo se practique y de si responde a una elecci&oacute;n consciente o a una necesidad derivada de dificultades en el sue&ntilde;o&rdquo;, destaca Garc&iacute;a Aranda. &ldquo;Cuando se realiza de forma voluntaria y respetuosa, suele ser beneficioso; sin embargo, si se mantiene por dependencia o agotamiento familiar, puede generar dificultades en la autonom&iacute;a del menor y en la din&aacute;mica de la pareja&rdquo;, aclara. 
    </p><p class="article-text">
        Factores como el temperamento del ni&ntilde;o, siendo los m&aacute;s sensibles quienes m&aacute;s parecen beneficiarse, la consistencia de las rutinas y un entorno f&iacute;sico seguro son determinantes para que la experiencia no derive en un problema, seg&uacute;n la experta. Tambi&eacute;n es importante la edad del ni&ntilde;o, &ldquo;es m&aacute;s habitual y adaptativo durante los primeros a&ntilde;os de vida&rdquo;, subraya. 
    </p><h2 class="article-text">Las se&ntilde;ales de alerta</h2><p class="article-text">
        A pesar de sus beneficios, el colecho tambi&eacute;n puede presentar desaf&iacute;os. &ldquo;En algunos casos, puede fragmentar el sue&ntilde;o de los padres, generar cansancio acumulado, limitar la intimidad de la pareja o provocar interrupciones en el descanso del menor&rdquo;, advierte la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        Existen indicadores de que dormir juntos podr&iacute;a estar interfiriendo negativamente en el desarrollo del ni&ntilde;o o en la armon&iacute;a familiar, Garc&iacute;a Aranda enumera: &ldquo;La dificultad persistente del ni&ntilde;o para dormir solo a edades avanzadas, la ansiedad intensa ante la separaci&oacute;n nocturna, los despertares frecuentes o el sue&ntilde;o poco reparador, la dependencia excesiva de la presencia parental, los desacuerdos entre los progenitores, el cansancio cr&oacute;nico en la familia o el rechazo del ni&ntilde;o a participar en actividades como campamentos o dormir fuera de casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En estos casos, puede ser recomendable consultar con un profesional de la psicolog&iacute;a infantil para dise&ntilde;ar estrategias adaptadas a las necesidades de la familia&rdquo;, aconseja la especialista, que considera fundamental evaluar si el colecho contribuye al bienestar familiar o si, por el contrario, perjudica y agota. 
    </p><h2 class="article-text">La transici&oacute;n hacia la autonom&iacute;a</h2><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo es el momento de decir adi&oacute;s a la cama compartida? &ldquo;No existe una edad universalmente establecida, aunque muchos especialistas coinciden en que entre los dos y los tres a&ntilde;os el ni&ntilde;o est&aacute; preparado para iniciar la transici&oacute;n hacia su propia cama. Entre los cuatro y los cinco a&ntilde;os esta autonom&iacute;a suele consolidarse de manera natural&rdquo;, asegura Garc&iacute;a Aranda.
    </p><p class="article-text">
        Para que este cambio sea respetuoso y efectivo, la psic&oacute;loga recomienda que el proceso sea gradual, manteniendo rutinas predecibles y permitiendo el uso de objetos de apego, como un peluche o una manta en su propia habitaci&oacute;n: &ldquo;La clave es respetar el ritmo evolutivo del menor y evitar m&eacute;todos bruscos que puedan generar ansiedad&rdquo;. &ldquo;Se trata de acompa&ntilde;ar emocionalmente al ni&ntilde;o, reforzando positivamente sus logros, sin forzarlo ni ridiculizar sus miedos&rdquo;, valora la especialista.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltima instancia, la decisi&oacute;n debe basarse en el bienestar de la familia. &ldquo;La decisi&oacute;n m&aacute;s adecuada ser&aacute; aquella que garantice un descanso saludable, fomente la seguridad emocional y promueva progresivamente la autonom&iacute;a infantil&rdquo;, concluye Garc&iacute;a Aranda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/paloma-garcia-aranda-psicologa-infantil-dormir-con-hijos-xp_1_13212172.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 15:01:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una psicóloga infantil explica todas las consecuencias de dormir con tus hijos: "Puede favorecer el apego seguro"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[familia,Niños,Sueño,Trastornos del sueño,Salud,Psicología,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo frenar la rivalidad entre hermanos que no da tregua en casa: "El riesgo es que se convierta en un patrón"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/frenar-rivalidad-hermanos-no-da-tregua-casa-riesgo-convierta-patron_1_13257512.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3d6ae03-9239-401e-b66c-b8075d4a7e84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo frenar la rivalidad entre hermanos que no da tregua en casa: &quot;El riesgo es que se convierta en un patrón&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
En algunas familias, las discusiones entre hermanos terminan ocupando gran parte del día a día. Lo que empieza con pequeños roces cotidianos puede acabar influyendo también en el ambiente en casa y en la manera en que padres e hijos se relacionan entre sí</p><p class="subtitle">Las microbatallas diarias que más desgastan a padres e hijos: “No es la ducha en sí, es el cansancio acumulado”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Se pelean desde que se levantan&rdquo;. Ang&eacute;lica, madre de dos ni&ntilde;os de diez y ocho a&ntilde;os, reconoce que en su casa hay d&iacute;as en los que cualquier desacuerdo vuelve a enfrentarles. Competir por qui&eacute;n se sienta delante en el coche, qui&eacute;n habla primero o qui&eacute;n recibe m&aacute;s atenci&oacute;n por parte de los padres termina desgastando tambi&eacute;n a los adultos. &ldquo;Hay d&iacute;as en los que todo acaba en bronca. Si uno tiene algo, el otro lo quiere. Y si uno recibe un elogio, el otro se enfada&rdquo;. Hay tardes &mdash;cuenta&mdash; en las que es imposible tener un rato tranquilo en casa.
    </p><p class="article-text">
        En otras familias, la tensi&oacute;n aparece sobre todo al final del d&iacute;a, cuando el cansancio de toda la jornada hace que todo estalle m&aacute;s r&aacute;pido. Isabel, madre de tres hijos, explica que durante mucho tiempo intent&oacute; intervenir inmediatamente cada vez que surg&iacute;a un problema entre ellos. &ldquo;Entr&aacute;bamos constantemente a mediar y termin&aacute;bamos agotados. Tuvo que pasar un tiempo hasta que entendimos que no pod&iacute;amos resolverles todo nosotros&rdquo;, revela. Comenta que, en muchas ocasiones, por mucho que lo intentaran, no consegu&iacute;an calmar la situaci&oacute;n entre ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La convivencia familiar suele incluir roces y desacuerdos, pero algunos terminan repercutiendo en el funcionamiento familiar. Algunos estudios han analizado qu&eacute; ocurre cuando esos conflictos se vuelven especialmente frecuentes o intensos. Una <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16402870/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> publicada en <em>Journal of Family Psychology</em> en 2014 observ&oacute; que las relaciones entre hermanos marcadas por discusiones frecuentes, agresividad o din&aacute;micas muy hostiles pod&iacute;an relacionarse con m&aacute;s dificultades emocionales y mayor malestar dentro de la familia.
    </p><p class="article-text">
        Otra <a href="https://srcd.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1467-8624.2007.01033.x" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> publicada en <em>Child Development</em> en 2007 analiz&oacute; c&oacute;mo la forma en que los adultos intervienen en los desacuerdos entre hermanos puede influir en la manera en que los ni&ntilde;os aprenden a negociar y manejar desacuerdos cotidianos.
    </p><h2 class="article-text">Comparaciones, roles y competencia dentro de casa</h2><p class="article-text">
        La rivalidad entre hermanos no es un problema en s&iacute; misma, explica la psic&oacute;loga cl&iacute;nica Silvia Sanz Garc&iacute;a. &ldquo;El verdadero riesgo aparece cuando deja de ser algo puntual y evolutivo, para convertirse en un patr&oacute;n relacional sostenido que deteriora el clima familiar&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Sanz, esas rivalidades no se mantienen solas, sino por la forma en que la familia se organiza alrededor de ellas. Uno de los factores que m&aacute;s alimenta la competencia son las comparaciones frecuentes, incluso cuando no se hacen con mala intenci&oacute;n. Frases como &ldquo;aprende de tu hermano&rdquo; o elogios vividos como desiguales pueden llevar a que los ni&ntilde;os busquen m&aacute;s reconocimiento dentro de la familia compitiendo entre ellos. &ldquo;Ah&iacute; es donde empiezan a percibirse como rivales en lugar de iguales&rdquo;, resume.
    </p><p class="article-text">
        La especialista tambi&eacute;n percibe que muchos ni&ntilde;os sienten que al otro se le permite m&aacute;s, recibe m&aacute;s atenci&oacute;n o se le reconoce m&aacute;s dentro de casa. En otros casos, a&ntilde;ade, los adultos asignan sin darse cuenta determinados papeles a cada hijo: &ldquo;el responsable&rdquo;, &ldquo;el sensible&rdquo; o &ldquo;el problem&aacute;tico&rdquo;. Esas etiquetas pueden acabar reforzando las tensiones entre ellos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Frases como &#039;aprende de tu hermano&#039; o elogios vividos como desiguales pueden llevar a que los niños busquen más reconocimiento dentro de la familia compitiendo entre ellos, explica la psicóloga Silvia Sanz García</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La manera en la que los adultos reaccionan durante las peleas tambi&eacute;n influye en c&oacute;mo evolucionan esos conflictos. Para Sanz, cuando los padres intervienen &uacute;nicamente para averiguar qui&eacute;n empez&oacute; o qui&eacute;n tiene la culpa, los hijos pueden terminar aprendiendo m&aacute;s a defender posiciones que a gestionar desacuerdos o reparar lo ocurrido.
    </p><p class="article-text">
        Sanz insiste en que el objetivo no pasa por eliminar cualquier discusi&oacute;n entre hermanos, sino por evitar que esas peleas terminen convirti&eacute;ndose en la principal forma de relacionarse entre ellos.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga recuerda, adem&aacute;s, que las tensiones no siempre aparecen de forma aislada. Los desacuerdos entre los propios adultos tambi&eacute;n pueden colarse en la relaci&oacute;n entre los hijos. &ldquo;Los hijos reflejan lo que ven en casa&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        En casa de Milagros, madre de dos hermanas de nueve y seis a&ntilde;os, las discusiones llegaron a convertirse en algo pr&aacute;cticamente diario durante una &eacute;poca. &ldquo;La peque&ntilde;a sent&iacute;a que la mayor hac&iacute;a todo mejor y se enfadaba much&iacute;simo cuando la compar&aacute;bamos sin querer. Nosotros no nos d&aacute;bamos cuenta de hasta qu&eacute; punto ciertos comentarios les afectaban&rdquo;, resalta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La pequeña sentía que la mayor hacía todo mejor y se enfadaba muchísimo cuando la comparábamos sin querer. Nosotros no nos dábamos cuenta de hasta qué punto ciertos comentarios les afectaban</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Milagros</span>
                                        <span>—</span> madre de dos niñas de seis y nueve años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante, reconoce que empezaron a cambiar algunas din&aacute;micas en casa y procuraron mirar m&aacute;s las necesidades de cada una por separado. Tambi&eacute;n intentaban dar m&aacute;s espacio a algunos choques y evitar comentarios que pudieran alimentar comparaciones entre ellas. &ldquo;Poco a poco el ambiente empez&oacute; a relajarse&rdquo;, comparte. &ldquo;Las peleas siguen existiendo, pero ya no todo llega al punto de antes&rdquo;. Aclara que tambi&eacute;n tratan de intervenir menos en algunos desacuerdos puntuales.
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; ocurre cuando los padres act&uacute;an como &aacute;rbitros</h2><p class="article-text">
        Antonio Ortu&ntilde;o Terriza, psic&oacute;logo cl&iacute;nico del centro AdCom Madrid del Hospital General Universitario Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, insiste en la importancia de no &ldquo;patologizar&rdquo; autom&aacute;ticamente las peleas entre hermanos y recuerda que la respuesta de los adultos influye directamente en c&oacute;mo evolucionan esos conflictos.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n observa en consulta el tambi&eacute;n autor de <em>Familias inteligentes: claves pr&aacute;cticas para educar </em>(Autoedici&oacute;n, 2012), muchos padres adoptan primero un papel de &ldquo;detectives&rdquo;, intentando reconstruir qu&eacute; es lo que ha pasado y escuchando las distintas versiones de cada uno de los hijos. Despu&eacute;s, a&ntilde;ade, terminan actuando como &ldquo;jueces&rdquo; y deciden qui&eacute;n tiene raz&oacute;n y qui&eacute;n ha actuado peor. &ldquo;El problema es que uno gana y otro pierde&rdquo;, resume.
    </p><p class="article-text">
        Este profesional explica que, cuando un adulto decide directamente qui&eacute;n se queda con el mando de la televisi&oacute;n o un juguete, los ni&ntilde;os pueden terminar viviendo la discusi&oacute;n como una competici&oacute;n o intentando &ldquo;ganar&rdquo;, en lugar de aprender a resolver ese desacuerdo de otra manera.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El psicólogo Antonio Ortuño explica que, cuando un adulto decide directamente quién se queda con el mando de la televisión o un juguete, los niños pueden vivirlo como una competición en lugar de aprender a resolver ese desacuerdo de otra manera</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por eso, plantea que, en determinadas situaciones, los propios ni&ntilde;os tengan m&aacute;s margen para intentar resolver algunas diferencias cotidianas antes de que los adultos intervengan directamente. &ldquo;Que sean m&aacute;s protagonistas a la hora de resolver sus conflictos desde el inicio&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        Marce, madre de dos ni&ntilde;os de once y siete a&ntilde;os, reconoce que durante mucho tiempo las peleas estaban demasiado presentes en casa. &ldquo;Al final la pelea segu&iacute;a igual al d&iacute;a siguiente&rdquo;, admite. Subraya que hab&iacute;a &eacute;pocas en las que cualquier comentario terminaba en discusi&oacute;n y que todo aquello alteraba la rutina familiar. Y que incluso las comidas o los ratos tranquilos en casa, terminaban muchas veces tens&aacute;ndose por peque&ntilde;as discusiones.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las tensiones segu&iacute;an apareciendo, se iban resolviendo de otra forma. &ldquo;Al principio costaba much&iacute;simo y muchas discusiones segu&iacute;an terminando en gritos y enfados, pero poco a poco empezaron a negociar m&aacute;s entre ellos&rdquo;, relata. Dice que ahora las peleas duran menos tiempo y que hacen por favorecer m&aacute;s momentos en los que consiguen entenderse mejor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/frenar-rivalidad-hermanos-no-da-tregua-casa-riesgo-convierta-patron_1_13257512.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 19:54:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo frenar la rivalidad entre hermanos que no da tregua en casa: "El riesgo es que se convierta en un patrón"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,familias,Padres,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El caso de los niños que no quieren ir a fiestas infantiles: “Estas reuniones pueden llevar al aislamiento de algunos”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/caso-ninos-no-quieren-fiestas-infantiles-reuniones-llevar-aislamiento_1_13247733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/690a774a-00e1-463b-8fab-5a261a72f642_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El caso de los niños que no quieren ir a fiestas infantiles: “Estas reuniones pueden llevar al aislamiento de algunos”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos niños rechazan ir a fiestas o muestran malestar días antes. Expertos en desarrollo infantil explican que algunos entornos con mucho ruido, actividad y poca previsibilidad pueden resultarles difíciles de manejar</p><p class="subtitle">Así es la fórmula que ya utilizan algunas familias para acabar con el exceso de cumpleaños infantiles</p></div><p class="article-text">
        Patricia, madre de un ni&ntilde;o de siete a&ntilde;os, empez&oacute; a notar hace tiempo que su hijo rechazaba ir a muchos cumplea&ntilde;os. Los nervios aparec&iacute;an incluso el d&iacute;a antes, especialmente si se trataba de encuentros con demasiados ni&ntilde;os gritando y hablando al mismo tiempo o din&aacute;micas constantes. Con el tiempo entendi&oacute; que, inicialmente, no se trataba solo de timidez.
    </p><p class="article-text">
        Dice que el agobio aparec&iacute;a incluso antes de salir de casa. &ldquo;Preguntaba cu&aacute;nto tiempo iba a durar la fiesta o si habr&iacute;a mucha gente. A veces intent&aacute;bamos tranquilizarlo, pero segu&iacute;a muy nervioso&rdquo;, cuenta. En encuentros m&aacute;s peque&ntilde;os o con menos ni&ntilde;os, la situaci&oacute;n suele ser m&aacute;s f&aacute;cil de manejar.
    </p><p class="article-text">
        En otras familias ocurre algo parecido. Hay ni&ntilde;os que terminan llorando en mitad de la fiesta, otros buscan quedarse cerca del adulto de referencia y algunos llegan a mostrarse irritables o especialmente cansados despu&eacute;s de ambientes con actividad constante. No siempre se trata de falta de inter&eacute;s social. En determinados casos, esa sensaci&oacute;n de saturaci&oacute;n aparece en contextos con demasiados est&iacute;mulos acumulados.
    </p><p class="article-text">
        Las fiestas infantiles suelen concentrar exceso de sonido, movimiento continuo, cambios r&aacute;pidos de actividad y experiencias dif&iacute;ciles de prever. Para algunos ni&ntilde;os, gestionar al mismo tiempo ese nivel de alboroto, interacci&oacute;n y estimulaci&oacute;n puede resultar especialmente dif&iacute;cil, sobre todo en espacios cerrados o poco estructurados.
    </p><p class="article-text">
        Diferentes investigaciones han analizado c&oacute;mo algunos menores muestran una mayor sensibilidad ante determinados elementos del entorno. Un <a href="https://repository.ubn.ru.nl/bitstream/handle/2066/202697/202697.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo</a> sobre sensibilidad ambiental en la infancia, publicado en <em>Developmental Psychology</em>, se&ntilde;ala que no todos los ni&ntilde;os procesan igual el ruido, la actividad o la cantidad de informaci&oacute;n que reciben al mismo tiempo, y que existen diferencias individuales en la forma de responder a ambientes muy estimulantes.
    </p><p class="article-text">
        En el libro <em>El cerebro del ni&ntilde;o explicado a los padres</em> (Plataforma Editorial, 2015), el neuropsic&oacute;logo &Aacute;lvaro Bilbao aborda c&oacute;mo la anticipaci&oacute;n y la sensaci&oacute;n de seguridad ayudan a muchos ni&ntilde;os a manejar mejor situaciones nuevas o muy activas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Preguntaba cuánto tiempo iba a durar la fiesta o si habría mucha gente. A veces intentábamos tranquilizarlo, pero seguía muy nervioso</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Patricia</span>
                                        <span>—</span> madre de un niño de seis años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Qu&eacute; ocurre en entornos especialmente activos</h2><p class="article-text">
        Algunos ni&ntilde;os disfrutan de encuentros peque&ntilde;os o de relaciones m&aacute;s tranquilas, pero viven con m&aacute;s dificultad determinados escenarios con demasiados est&iacute;mulos al mismo tiempo. Mar&iacute;a Jes&uacute;s Mardomingo, presidenta de honor de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Psiquiatr&iacute;a de la Infancia y Adolescencia (AEPNYA) y autora de <em>Psiquiatr&iacute;a para padres y educadores. Ciencia y arte</em> (Narcea Ediciones, 2002), explica que algunos prefieren &ldquo;la relaci&oacute;n personal al ruido de muchos&rdquo; y subraya que &ldquo;la reuni&oacute;n de muchos puede significar el aislamiento de algunos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La especialista confirma que determinadas fiestas infantiles concentran mucha interacci&oacute;n simult&aacute;nea, algo que algunos ni&ntilde;os pueden vivir con especial intensidad, especialmente si son m&aacute;s t&iacute;midos, ansiosos o atraviesan momentos de mayor vulnerabilidad emocional.
    </p><p class="article-text">
        Considera que actualmente <a href="https://www.eldiario.es/nidos/formula-utilizan-familias-acabar-exceso-cumpleanos-infantiles_1_12773688.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muchas celebraciones infantiles priorizan la cantidad</a> sobre la calidad y re&uacute;nen demasiadas personas, actividad y bullicio al mismo tiempo. Frente a eso, recuerda la importancia de espacios m&aacute;s tranquilos &ldquo;en los que surgen las relaciones de confianza y las grandes amistades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mardomingo advierte tambi&eacute;n de que el exceso de est&iacute;mulos y, especialmente, el exceso de sonido puede interferir en procesos como la atenci&oacute;n, la concentraci&oacute;n, la memoria o la capacidad de an&aacute;lisis. Estas dificultades no siempre se identifican f&aacute;cilmente.
    </p><p class="article-text">
        Determinados eventos infantiles pueden reunir al mismo tiempo m&uacute;sica, cambios continuos de actividad o din&aacute;micas dif&iacute;ciles de anticipar que algunos ni&ntilde;os viven con mucha intensidad. Jes&uacute;s Jarque, pedagogo y orientador educativo, explica que, en muchos casos, el malestar no est&aacute; relacionado con el cumplea&ntilde;os en s&iacute;, sino con las variables que acompa&ntilde;an este tipo de celebraciones: demasiadas personas en poco espacio, ambientes poco estructurados, sorpresas constantes o situaciones dif&iacute;ciles de prever. &ldquo;No se sabe qu&eacute; va a ocurrir despu&eacute;s&rdquo;, resume el especialista.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Jesús Jarque, pedagogo, explica que, en muchos casos, el malestar está relacionado con las variables que acompañan este tipo de celebraciones: demasiadas personas en poco espacio, ambientes poco estructurados, sorpresas constantes o situaciones difíciles de prever</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, indica que, en ocasiones, la reacci&oacute;n puede aparecer incluso antes de acudir al cumplea&ntilde;os, con deseo de evitar la situaci&oacute;n o s&iacute;ntomas f&iacute;sicos de ansiedad. De igual modo, describe necesidad constante de buscar al adulto de referencia o dificultades para integrarse. &ldquo;Los padres suelen identificar bastante bien esas se&ntilde;ales de que el ni&ntilde;o est&aacute; sobrepasado&rdquo;, considera Jarque.
    </p><p class="article-text">
        Destaca que este tipo de fiestas pueden resultar especialmente dif&iacute;ciles para ni&ntilde;os con trastorno del espectro autista, debido a la hipersensibilidad sensorial y a la acumulaci&oacute;n de ruido, movimiento e interacci&oacute;n constante. Y explica que, en algunos casos, elementos como la m&uacute;sica alta, los globos o las sorpresas continuas pueden generar mucha saturaci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo acompa&ntilde;ar sin forzar</h2><p class="article-text">
        En estos casos, Jarque recalca la importancia de preparar previamente al ni&ntilde;o y adaptar las expectativas a lo que cada uno pueda manejar. Explicar si habr&aacute; m&uacute;sica, juegos con muchas personas o actividades m&aacute;s intensas, permitir peque&ntilde;os descansos o facilitar que permanezcan menos tiempo en la celebraci&oacute;n son algunas de las estrategias que menciona. Apunta que resulta clave evitar ridiculizar o minimizar el malestar y a&ntilde;ade que &ldquo;hay personas que se agobian con el ruido o cuando hay mucha gente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante un tiempo, Leticia pens&oacute; que su hija simplemente ten&iacute;a problemas para adaptarse a estos contextos. Madre de una ni&ntilde;a de seis a&ntilde;os, asegura que insist&iacute;an en que acudiera a las fiestas, aunque terminara agotada o enfadada.<strong> </strong>&ldquo;Pens&aacute;bamos que ten&iacute;a que acostumbrarse. Pero cuanto m&aacute;s la oblig&aacute;bamos, peor lo pasaba&rdquo;, comparte. Con el tiempo, empezaron a respetar mejor sus l&iacute;mites, algo que les ayud&oacute; a acompa&ntilde;arla de otra manera: &ldquo;Cuando dejamos de obligarla a quedarse toda la fiesta, empez&oacute; a sentirse m&aacute;s segura&rdquo;, relata.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pensábamos que tenía que acostumbrarse. Pero cuanto más la obligábamos, peor lo pasaba</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Leticia</span>
                                        <span>—</span> madre de una niña de seis años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el caso de Jos&eacute;, abuelo de un ni&ntilde;o de siete a&ntilde;os, el rechazo tard&oacute; un tiempo en interpretarse como algo m&aacute;s que falta de ganas de acudir a ciertos eventos. Sostiene que terminaron observando que los problemas aparec&iacute;an sobre todo en entornos con exceso de sonido o demasiada gente. &ldquo;Cre&iacute;amos que simplemente no le apetec&iacute;a ir, pero luego vimos que lo pasaba realmente mal&rdquo;, expone.
    </p><p class="article-text">
        Ahora intentan acompa&ntilde;arlo de una forma m&aacute;s tranquila y darle margen si en alg&uacute;n momento necesita salir un rato o apartarse del ambiente. &ldquo;Cuando siente que tiene apoyo y margen si se encuentra inc&oacute;modo, suele ir mucho m&aacute;s tranquilo&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Los expertos entrevistados coinciden en la importancia de observar el contexto y la intensidad de las reacciones antes de interpretar el rechazo como un simple capricho. Tambi&eacute;n recuerdan que acompa&ntilde;ar y hacer peque&ntilde;os ajustes no implica evitar cualquier incomodidad.
    </p><p class="article-text">
        No todos los ni&ntilde;os viven igual los espacios con mucho movimiento. Mientras algunos disfrutan de celebraciones muy activas, otros necesitan m&aacute;s previsibilidad, tiempos de pausa o ambientes m&aacute;s tranquilos para sentirse c&oacute;modos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/caso-ninos-no-quieren-fiestas-infantiles-reuniones-llevar-aislamiento_1_13247733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 21:17:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El caso de los niños que no quieren ir a fiestas infantiles: “Estas reuniones pueden llevar al aislamiento de algunos”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Crianza,Fiestas,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gloria Labay, matrona: "El duelo por la infertilidad es doloroso y muy incomprendido"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/gloria-labay-matrona-duelo-infertilidad-doloroso-incomprendido_128_13236968.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5ca351b-7b3b-46d6-bc6c-f8d902231247_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x690y1068.jpg" width="1200" height="675" alt="Gloria Labay, matrona: &quot;El duelo por la infertilidad es doloroso y muy incomprendido&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La matrona publica 'Ser sin ser madre', un libro en el que narra el proceso en el que intentó tener hijos y no pudo, y en el que habla del duelo por la infertilidad, un dolor todavía desautorizado y que implica una ruptura en lo que la sociedad espera de las mujeres</p><p class="subtitle">Las mujeres retrasan la maternidad por la economía... y porque no encuentran hombres con quienes tener hijos
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Un d&iacute;a como cualquier otro supe que nunca iba a ser madre&rdquo;. As&iacute; empieza <em>Ser sin ser madre </em>(editorial Lunwerg), el libro que la matrona Gloria Labay Rodr&iacute;guez acaba de publicar sobre el proceso en el que intent&oacute; ser madre y no pudo, y en el que narra su duelo por la infertilidad. Labay conecta ese duelo con el de muchas otras mujeres, un duelo en el que la infertilidad parece entenderse como un fracaso, una ruptura en la identidad femenina, todav&iacute;a marcada por el mandato de la maternidad. Ante la incomprensi&oacute;n social y la falta de espacios de acompa&ntilde;amiento, Labay cre&oacute; en 2018 una comunidad, <em>La vida sin hijos</em>, en la que muchas mujeres han encontrado un refugio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo ha sido afrontar los problemas de infertilidad y la no maternidad siendo matrona y estando en contacto a diario precisamente con la maternidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo era matrona antes de que se me destapara este deseo de ser madre. Durante mucho tiempo pensaba que llegar&iacute;a mi momento y, luego, cuando las cosas empezaron a complicarse con los abortos, las p&eacute;rdidas... hubo algunas cosas de mi trabajo que se me hac&iacute;an especialmente dolorosas. F&iacute;jate que no era asistir partos, eso siempre me ha gustado, eran m&aacute;s temas m&aacute;s de acompa&ntilde;amiento, por ejemplo, en el grupo de mam&aacute;s que acababan de parir, los grupos de postparto y de crianza. Afortunadamente, he tenido suerte, yo siempre he contado lo que me pasaba y mis jefas han empatizado conmigo y me retiraban de seg&uacute;n qu&eacute; sitios. 
    </p><p class="article-text">
        En general lo he llevado bien porque, me apasiona mi profesi&oacute;n, que tambi&eacute;n te hace ver la cara B de la maternidad, cuando las cosas no van tan bien. Todo esto me ha hecho tener m&aacute;s empat&iacute;a con los procesos de p&eacute;rdida, con los abortos, atender mejor esa parte de acompa&ntilde;ar a la gente no solo cuando las cosas salen bien. Hay muchos duelos reproductivos asociados a la b&uacute;squeda de un embarazo. La infertilidad quiere decir que no siempre llega la criatura deseada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De hecho, en el libro aboga porque las matronas sean las matronas de todas las mujeres, no solo de las f&eacute;rtiles, que est&eacute;n tambi&eacute;n para acompa&ntilde;ar a quien pasa por esos procesos. &iquest;Falta atenci&oacute;n a la infertilidad? &iquest;Hay tiempo y recursos para hacer esos acompa&ntilde;amientos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estamos en un momento dif&iacute;cil de la profesi&oacute;n: siempre hemos sido pocas matronas, el ratio en Espa&ntilde;a es muy inferior al resto de Europa. Las matronas se asocian al momento del parto, pero hacemos m&aacute;s cosas: control de embarazo, la prevenci&oacute;n del c&aacute;ncer del cuello del &uacute;tero, aqu&iacute; en Catalunya hacemos contracepci&oacute;n e informaci&oacute;n de la interrupci&oacute;n de embarazo. Pero somos matronas en un tiempo y en un lugar: no es lo mismo serlo hace 100 a&ntilde;os, que no hab&iacute;a m&eacute;todos anticonceptivos y que lo b&aacute;sico era atender nacimientos, a ahora que la natalidad est&aacute; en descenso y hay muchas personas con problemas de infertilidad. 
    </p><p class="article-text">
        Si somos especialistas en salud sexual y reproductiva tenemos tambi&eacute;n que ver esta parte, este grupo de mujeres inf&eacute;rtiles o con dificultades, a las que tenemos que poder ofrecer algo porque los procesos de infertilidad son muy exigentes a nivel emocional. Hay que acompa&ntilde;ar. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay una frustración por esa vida que pensabas que ibas a tener y que ya no vas a tener. Es algo que se puede vivir con culpa, también a veces con vergüenza incluso, un sentimento muy patriarcal, pero que viene de que parece que no has cumplido lo que se esperaba de ti como mujer</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Dir&iacute;a que sigue existiendo una presi&oacute;n social fuerte para que las mujeres sean madres? &iquest;Tenemos a&uacute;n la idea de que para una mujer la felicidad aut&eacute;ntica viene con la maternidad? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Estamos casi programadas para desear lo que deseamos. A las mujeres nos instruyen ya desde bien peque&ntilde;as para la maternidad: nos regalan mu&ntilde;ecas, hacemos juegos y recreamos eso. Muchas veces la gente no se para a pensar en si es un deseo genuino o es un deseo m&aacute;s porque toca, porque es el guion de vida que nos han vendido. Est&aacute; claro que tambi&eacute;n porque es una experiencia de vida y una cosa universal, tambi&eacute;n es una manera de tener una familia. Pero nos es muy dif&iacute;cil llegar a saber si es un deseo genuino propio o cu&aacute;nto nos influye la cultura y la sociedad. Por otro lado, la sociedad en la que nos tenemos que reproducir no protege tampoco a las madres ni estos procesos. Si lo piensas mucho realmente quiz&aacute; nunca es el momento id&oacute;neo para tener un hijo, pero si la sociedad pusiera m&aacute;s medios, m&aacute;s mujeres y parejas lo har&iacute;an a edades m&aacute;s tempranas y seguramente subir&iacute;a la natalidad. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y c&oacute;mo afecta esa presi&oacute;n a quienes quieren pero no pueden, bien porque no tienen las condiciones materiales o porque tienen infertilidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una frustraci&oacute;n porque t&uacute; lo ves un camino muy, muy natural. Ves que todo es f&eacute;rtil en la naturaleza, entonces, &iquest;por qu&eacute; yo no? Aunque cada mujer lo vivir&aacute; de una manera, observo que hay una frustraci&oacute;n por esa vida que pensabas que ibas a tener y que ya no vas a tener. Es algo que se puede vivir con culpa, tambi&eacute;n a veces con verg&uuml;enza incluso, un sentimiento muy patriarcal, pero que viene de que parece que no has cumplido lo que se esperaba de ti como mujer. Es un sentimiento que yo tuve, sobre todo cuando tuve un proceso de adopci&oacute;n fallido. Me sent&iacute; avergonzada de que la autoridad competente no me avalara como candidata para poder ser madre. Yo era una adulta 'normal', funcional, trabajaba, ten&iacute;a una responsabilidad y eso result&oacute; muy abrumador. En l&iacute;neas generales, la gente lo vive con pesar y dolor, es un duelo muy incomprendido, un dolor que nadie comprende.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Habla de la infertilidad como una crisis vital multidimensional y como un duelo de duelos, &iquest;por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute; esos plurales? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es un concepto de la psic&oacute;loga N&uacute;ria Camps. Es un duelo multifactorial porque afecta a diferentes niveles. Por ejemplo, si tienes pareja, tener muchos intentos puede afectar a que las relaciones sexuales vayan ya planificadas para los d&iacute;as f&eacute;rtiles, que exista, como digo yo, la dictadura de los d&iacute;as f&eacute;rtiles. O la asimetr&iacute;a que se genera en la pareja si es una de las dos personas la que tiene el problema. Est&aacute; lo que se espera de ti como mujer, lo que espera tu entorno, la idea de que has hecho todos los pasos que parecen oportunos &mdash;estudiar, tener trabajo, tener pareja&mdash; y al final parece que el siguiente paso es ese. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n pasa que suele pillar en una etapa de tu vida, porque esto suele acontecer sobre los 40 a&ntilde;os, en la que, cuando quemas todos los cartuchos y ya sabes que no vas a poder ser madre, hay un antes y un despu&eacute;s que sucede justo en mitad de tu vida, y toca reinventarse, pensar qu&eacute; vas a hacer el resto de la vida si tu plan era criar tus cachorros. No acompa&ntilde;a la falta de relato que existe sobre las mujeres sin hijos o los estereotipos que hay, que suelen ser muy negativos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A las mujeres sin hijos se nos cataloga o como la pobrecita o como la amargada o como la loca de los gatos o como gente fría. También está el estereotipo de la que ha dedicado su vida al trabajo, como la ejecutiva agresiva, que parece una tía fría, calculadora, egoísta. Vamos, que no hay un modelo que alguien pueda decir &#039;yo de mayor quiero ser eso&#039;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Eso le iba a preguntar, si faltan referentes de mujeres sin hijos con vidas 'normales', no bajo la sombra de la infelicidad, los problemas o la disfuncionalidad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, por eso en el libro tambi&eacute;n quise poner muchas mujeres famosas que no han sido madres y que tambi&eacute;n son referentes. A las mujeres sin hijos se nos cataloga o como la pobrecita o como la amargada o como la loca de los gatos o como gente fr&iacute;a. Tambi&eacute;n est&aacute; el estereotipo de la que ha dedicado su vida al trabajo, como la ejecutiva agresiva, que parece una t&iacute;a fr&iacute;a, calculadora, ego&iacute;sta. Vamos, que no hay un modelo que alguien pueda decir 'yo de mayor quiero ser eso'.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo es posible que a pesar de la prevalencia que tiene ahora la infertilidad siga siendo un tab&uacute; hablar de ella?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque tiene que ver con la sexualidad, con la intimidad, con una parte de la identidad personal. Estamos en un mundo en el que parece que si te propones algo, lo consigues, y cuando algo as&iacute; se te escapa de las manos, te sientes vulnerable. No est&aacute; bien visto hoy en d&iacute;a eso, cuando es algo que se vive con dolor, tanto en los hombres como en las mujeres, porque es como que te roban una parte muy preciada de lo que t&uacute; pensabas que eras. Adem&aacute;s, &iquest;d&oacute;nde lo cuentas? La gente no est&aacute; muy preparada para escucharte cuando cuentas algo as&iacute;. Vivimos en un tipo de sociedad que no est&aacute; preparada para recibir tu dolor sin ponerse a darte soluciones m&aacute;gicas o f&aacute;ciles. Al principio puede ser que te escuchen, pero cuando ya se lo has contado y quiz&aacute; no remontas o te sigue costando, la gente ya est&aacute; harta. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso digo que todos estos procesos deber&iacute;an estar m&aacute;s reconocidos y que hubiera grupos de ayuda, que los psic&oacute;logos y psic&oacute;logas estuvieran m&aacute;s preparados para acompa&ntilde;ar estos duelos, que las cl&iacute;nicas de fertilidad cuiden m&aacute;s esta parte de vulnerabilidad. Hay gente que se deja la vida en la reproducci&oacute;n asistida, ente tratamientos y tratamientos y al final es casi por inercia, por seguir intentando, porque dejar de hacerlo es visto como un fracaso. Pero asumir que vas a vivir una vida sin hijos tambi&eacute;n es cuidarse, es sano, los l&iacute;mites cuidan. La vida sin hijos, como con cualquier p&eacute;rdida, implica hacer un duelo al principio, pero una vez pasado hay tambi&eacute;n un mont&oacute;n de ventajas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay gente que se deja la vida en la reproducción asistida, ente tratamientos y tratamientos y al final es casi por inercia, por seguir intentando, porque dejar de hacerlo es visto como un fracaso. Pero asumir que vas a vivir una vida sin hijos también es cuidarse, es sano, los límites cuidan</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En ese duelo puede haber, como ya ha dicho, culpa o verg&uuml;enza, pero tambi&eacute;n envidia, que parece mal vista. &iquest;Deber&iacute;amos permitir esas emociones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es normal envidiar algo que a ti se te est&aacute; negando y que otras personas tienen. A veces son sentimientos que pueden acontecer en el entorno muy cercano de las familias, de las amigas, tu hermana, tu cu&ntilde;ada... y es algo que cuesta mucho de digerir cuando ves que a la gente le es f&aacute;cil. Incluso como matrona ves que muchos embarazos no son buscados, son aceptados. Pero es que la fertilidad o la infertilidad no es algo que te merezcas m&aacute;s porque tengas m&aacute;s ganas o m&aacute;s deseo, poder reproducirse es algo muy arbitrario, no tiene que ver con merecer. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Precisamente usted cre&oacute; la comunidad 'La vida sin hijos' para acompa&ntilde;ar a mujeres que pasan por procesos de infertilidad, crear grupos de acompa&ntilde;amiento mutuo... &iquest;Qu&eacute; ofrecen esos espacios?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Como seres humanos estamos acostumbrados a vivir en comunidad y es muy importante la validaci&oacute;n del grupo. Cuando te encuentras con un grupo de mujeres a las que les ha pasado lo mismo llegas a un sitio en el que entienden tu dolor, lo validan y te dan libertad para que lo puedas expresar. Ah&iacute; la gente se permite expresar las emociones que ha retenido, que no ha explicado a nadie. Eso te sirve como comunidad afectiva en un momento en el que tu entorno de amistades o de familia quiz&aacute; no ha funcionado para eso, y ah&iacute; el duelo avanza. Cuando un duelo no est&aacute; autorizado por la sociedad porque nadie te da el p&eacute;same, nadie te valida tu dolor, t&uacute; crees que lo que est&aacute;s sintiendo es raro.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando te encuentras con un grupo de mujeres a las que les ha pasado lo mismo llegas a un sitio en el que entienden tu dolor, lo validan y te dan libertad para que lo puedas expresar. Ahí la gente se permite expresar las emociones que ha retenido, que no ha explicado a nadie. El duelo avanza</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Se est&aacute; haciendo negocio con la angustia de las mujeres por ser madres?, &iquest;est&aacute; de alguna manera aprovechando la industria de la reproducci&oacute;n esa angustia, ese dolor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es innegable que en Espa&ntilde;a hemos tenido la tormenta perfecta: leyes permisivas en cuanto a donantes, el retraso de la edad de la maternidad... por eso hay tantas cl&iacute;nicas en Espa&ntilde;a, somos un para&iacute;so de la reproducci&oacute;n asistida. Yo a la reproducci&oacute;n asistida la quiero m&aacute;s honesta en cuanto a la tasa de &eacute;xito y fracaso, en cuanto a admitir que no todo el mundo sale de all&iacute; con el beb&eacute; en brazos. Y porque muchas mujeres la dejan porque est&aacute;n exhaustas de los tratamientos, o porque se han quedado sin dinero, o porque tienen sus propios l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para terminar, hay una frase en la que dice que hacer el duelo por la infertilidad, transitar esa transformaci&oacute;n, &ldquo;implica honrar el deseo que tuvimos una vez de maternidad sin dejar que se convierta en verdugo de tu vida&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, porque si entras en la amargura, al final sientes que lo que deseabas se convierte en tu verdugo. Por eso es tan importante poner palabras a lo que se siente, nombrar que es un duelo. Los duelos bien hechos se elaboran y lo integras en tu vida. Te transformas, pero puedes vivir con eso. Hay mucha gente que lo ha pasado sola o lo ha ocultado y entonces ah&iacute; no se ha cerrado bien y s&iacute; que puede ser una fuente de amargura. Pero si lo elaboras bien es otra experiencia en la vida. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Requena Aguilar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/gloria-labay-matrona-duelo-infertilidad-doloroso-incomprendido_128_13236968.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 24 May 2026 19:52:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gloria Labay, matrona: "El duelo por la infertilidad es doloroso y muy incomprendido"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Salud sexual,Reproducción asistida,Salud,Duelo,Fertilidad,Maternidad,Paternidad,familias,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La trampa del "tiempo confeti": pasamos más horas que nunca con nuestros hijos, pero con más culpa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/trampa-tiempo-confeti-pasamos-horas-hijos-culpa_1_13229157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dad329c1-6a37-404d-b4c6-ab911c5d0db8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La trampa del &quot;tiempo confeti&quot;: pasamos más horas que nunca con nuestros hijos, pero con más culpa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La crianza ocupa hoy más tiempo y energía emocional que nunca, pero la sensación de no llegar a todo se ha convertido en una experiencia compartida por muchas familias</p><p class="subtitle">Criar en tiempos de consejos para todo: por qué las millennials sienten tanta presión por “ser una madre impecable”</p></div><p class="article-text">
        A las siete y media de la tarde, una madre contesta el &uacute;ltimo WhatsApp de trabajo del d&iacute;a con una mano mientras remueve una sart&eacute;n con la otra y responde con monos&iacute;labos a la historia que su hijo intenta contarle desde hace diez minutos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ni&ntilde;o habla de una pelea absurda por un bal&oacute;n que ha ocurrido en el recreo y de un amigo que ha llorado en clase. Ella asiente, vuelve a mirar el m&oacute;vil, consulta el correo, va poniendo la mesa, recuerda que ma&ntilde;ana hay excursi&oacute;n y que todav&iacute;a no ha firmado la autorizaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El padre llega justo para la cena porque hace horario partido y hab&iacute;a atasco. M&aacute;s tarde los tres leer&aacute;n un cuento antes de dormir. Quiz&aacute; incluso jueguen un rato. Cuando el ni&ntilde;o se duerme, ambos est&aacute;n agotados y con cierta sensaci&oacute;n de no haber estado realmente ah&iacute; en ning&uacute;n momento del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Escenas parecidas se repiten en miles de casas. Madres y padres que viven con la sensaci&oacute;n de que nunca pasan el suficiente tiempo con sus hijos, aunque las estad&iacute;sticas digan lo contrario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <a href="https://academic.oup.com/esr/article-abstract/35/5/616/5497817?redirectedFrom=fulltext&amp;login=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> realizados por el profesor Tom&aacute;s Cano de la Universidad Goethe de Fr&aacute;ncfort y la Universitat Pompeu Fabra, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha producido un significativo aumento del tiempo que las madres y, m&aacute;s a&uacute;n, los padres han dedicado a sus hijos. Adem&aacute;s, con un foco especial en la vida emocional y educativa de sus hijos. Entonces, &iquest;por qu&eacute; la sensaci&oacute;n dominante es la de estar siempre llegando tarde a todo?
    </p><p class="article-text">
        Parte de la respuesta est&aacute; en un concepto que cada vez aparece m&aacute;s en ensayos sobre trabajo y vida familiar: &ldquo;tiempo confeti&rdquo;. El t&eacute;rmino, popularizado por la periodista <a href="https://www.eldiario.es/era/existe-forma-trabajo-compatible-vida-investigadora-dispuesta-demostrar-si_1_12054046.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Brigid Schulte en su libro </a><a href="https://www.eldiario.es/era/existe-forma-trabajo-compatible-vida-investigadora-dispuesta-demostrar-si_1_12054046.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Overwhelmed:</em></a><em> How to Work, Love, and Play When No One Has the Time</em> ('Abrumados: C&oacute;mo trabajar, amar y jugar cuando nadie tiene tiempo'), describe una experiencia muy contempor&aacute;nea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tiempo no como un bloque continuo, reconocible y habitable, sino como una sucesi&oacute;n de fragmentos diminutos interrumpidos por notificaciones, correos, tareas dom&eacute;sticas, mensajes del colegio y obligaciones laborales que nunca terminan de desaparecer. Trocitos de atenci&oacute;n dispersos que dejan una sensaci&oacute;n de cansancio permanente.
    </p><h2 class="article-text">La crianza como proyecto total</h2><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga Teresa Jurado, catedr&aacute;tica de Sociolog&iacute;a en la UNED, cree que esta sensaci&oacute;n tiene mucho que ver con la transformaci&oacute;n radical de la idea misma de criar. &ldquo;Efectivamente,<strong> </strong>pasamos m&aacute;s tiempo con nuestras hijas e hijos, pero ahora se le da m&aacute;s importancia a la crianza y a la educaci&oacute;n desde la primera infancia porque queremos conseguir un desarrollo &oacute;ptimo de nuestra descendencia y que as&iacute; alcancen un est&aacute;ndar de vida igual o superior al nuestro&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Durante buena parte del siglo XX, los ni&ntilde;os conviv&iacute;an con los adultos en una estructura mucho menos dirigida. Estaban &lsquo;por ah&iacute;&rsquo;. Jugaban solos en la calle, acompa&ntilde;aban a hacer recados, compart&iacute;an largas sobremesas o tardes enteras sin supervisi&oacute;n constante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy la crianza se ha convertido en una tarea de enorme intensidad emocional y organizativa. Hay que estimular, acompa&ntilde;ar, detectar talentos, reforzar habilidades sociales, gestionar emociones y construir experiencias que los ni&ntilde;os recuerden toda la vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pasamos más tiempo con nuestras hijas e hijos, pero ahora se le da más importancia a la crianza y a la educación desde la primera infancia porque queremos conseguir un desarrollo óptimo de nuestra descendencia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Teresa Jurado</span>
                                        <span>—</span> catedrática de Sociología (UNED)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;La mayor&iacute;a de las familias no tienen un gran patrimonio que heredar directamente a sus hijas e hijos, sino que la herencia pasa necesariamente por conseguir las m&aacute;ximas credenciales educativas posibles, distinguirse de otras personas e intentar aprovechar las redes sociales para que la pr&oacute;xima generaci&oacute;n pueda reproducir nuestro estatus social&rdquo;, se&ntilde;ala Jurado.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es una crianza atravesada por la l&oacute;gica del rendimiento. <a href="https://www.eldiario.es/nidos/ninos-hiperocupados-poner-limite-extraescolares-espera-sigan-ritmo-propio-adultos_1_12681996.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Extraescolares</a>, deportes, actividades culturales, cumplea&ntilde;os tematizados, planes de fin de semana, talleres de cocina o campamentos urbanos. La infancia se llena de est&iacute;mulos mientras los adultos intentan sostenerlo todo sin dejar caer el trabajo, la pareja, el cuerpo ni la econom&iacute;a dom&eacute;stica.
    </p><h2 class="article-text">El trabajo entra en casa</h2><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n de pobreza de tiempo no nace &uacute;nicamente de la autoexigencia. Tambi&eacute;n tiene una dimensi&oacute;n material muy concreta. &ldquo;En Espa&ntilde;a tenemos un problema a&ntilde;adido que son las largas jornadas en muchos empleos, la difusi&oacute;n de la larga jornada interrumpida por una pausa de una a dos horas de tiempo para comer y horarios comerciales muy amplios y con cierre tard&iacute;o&rdquo;, explica Jurado. &ldquo;A esto se une en las grandes ciudades largos tiempos de desplazamiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga recuerda adem&aacute;s que muchas personas encadenan empleos parciales involuntarios o realizan horas extra constantes. &ldquo;En definitiva, de promedio en Espa&ntilde;a se trabajan m&aacute;s horas que en otros pa&iacute;ses europeos y los horarios no favorecen la conciliaci&oacute;n del empleo con la vida personal y familiar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, el tiempo compartido con los hijos acaba contaminado por la sensaci&oacute;n de urgencia. El trabajo ya no se queda en la oficina; vibra en el bolsillo, aparece en una notificaci&oacute;n de Slack durante el ba&ntilde;o de los ni&ntilde;os o se cuela en la mente mientras se prepara la ba&ntilde;era.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La necesidad de <a href="https://www.eldiario.es/economia/empresas-saltan-desconexion-digital-han-llamado-tanatorio_1_11366279.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desconexi&oacute;n digital</a> es patente y afecta a madres y padres, pero estos se sienten imprescindibles en las empresas&rdquo;, afirma Jurado. &ldquo;Para construir un v&iacute;nculo emocional y un apego seguro con sus criaturas los padres necesitan pasar tiempo con ellos, pero un tiempo de escucha atenta a sus necesidades y deseos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La disponibilidad absoluta que exige el mercado laboral termina chocando directamente con la vida familiar. &ldquo;La disponibilidad total para la empresa es el mayor enemigo de la crianza y tambi&eacute;n de una vida equilibrada y sana cuando no se est&aacute; criando&rdquo;, resume la soci&oacute;loga.
    </p><h2 class="article-text">Presencia en las cosas peque&ntilde;as</h2><p class="article-text">
        La psiquiatra y psicoterapeuta Mar&iacute;a Velasco, autora de<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-criar-con-salud-mental/375986" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-criar-con-salud-mental/375986" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Criar en salud mental</em></a><em> </em>(Paid&oacute;s, 2023), cree que el problema no es &uacute;nicamente la cantidad de tiempo, sino tambi&eacute;n la calidad de la atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El tema est&aacute; en que como estamos tan pendientes de tantas cosas, estamos en la multitarea, los padres y las madres no nos fijamos en los detalles, no podemos disfrutar y conocer bien a nuestros hijos y a las personas se las conoce en los detalles&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las relaciones de confianza se construyen con tiempo y con la presencia en las cosas pequeñas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Velasco</span>
                                        <span>—</span> psiquiatra y autora de &#039;Criar en salud mental&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Velasco habla de una crianza donde faltan los espacios de tiempo vac&iacute;os. &ldquo;Ver c&oacute;mo juegan, qu&eacute; les gusta, tener tiempo para que surjan las conversaciones importantes, pero lo que no puede ser es que tengamos cinco minutos en el coche, mientras vamos a una extraescolar, para que el ni&ntilde;o nos cuente su vida, los problemas que tiene y ya est&aacute;. Es decir,<strong> </strong>las relaciones de confianza se construyen con tiempo y con la presencia en las cosas peque&ntilde;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la psiquiatra, la multitarea permanente tiene consecuencias emocionales visibles. &ldquo;El trabajo se nos mete en casa y estamos en una multitarea y una exigencia muy grande que impide que podamos tener la cabeza lo suficientemente vac&iacute;a como para poder conectar con nuestros hijos&rdquo;. El resultado, a&ntilde;ade, son &ldquo;ni&ntilde;os m&aacute;s fr&aacute;giles, con un sentimiento de seguridad menor y tambi&eacute;n muy invadidos por el mundo adulto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No podemos construir un v&iacute;nculo seguro si nuestra presencia solamente es f&iacute;sica&rdquo;, advierte Velasco. &ldquo;Porque el v&iacute;nculo necesita de conexi&oacute;n, de que yo te vea, de que interprete tus caras, tus miradas, tus juegos y tu tono de voz&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La trampa de querer hacerlo todo bien</h2><p class="article-text">
        A esta fragmentaci&oacute;n se suma otro elemento especialmente contempor&aacute;neo: la obsesi&oacute;n por la felicidad infantil. Durante d&eacute;cadas bastaba con alimentar, cuidar y sacar adelante a los hijos. Ahora parece necesario garantizarles bienestar emocional permanente, autoestima alta, experiencias enriquecedoras y una infancia &lsquo;perfecta&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Velasco, esa idea se ha convertido en una fuente constante de ansiedad. &ldquo;La obsesi&oacute;n por la felicidad, por la de nuestros hijos y por la nuestra, es un eslogan de marketing&rdquo;, afirma. &ldquo;Realmente lo que hace es vender productos, crearnos necesidades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia de esta idea es una sensaci&oacute;n de culpa imposible de satisfacer. Siempre falta algo. M&aacute;s tiempo, m&aacute;s paciencia, m&aacute;s actividades, m&aacute;s presencia. &ldquo;La culpa es una emoci&oacute;n muy tramposa que realmente no sirve de mucho porque nos bloquea&rdquo;, se&ntilde;ala la psiquiatra. &ldquo;Nos aumenta una exigencia que en estos tiempos como padres y madres ya tenemos disparada porque queremos llegar a todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Velasco insiste en que la crianza necesita renunciar a determinadas cosas. &ldquo;Tenemos que poder saber que el estar al 100% con nuestros hijos no es una realidad posible. Que lo importante es estar <em>suficientemente</em> con nuestros hijos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;suficientemente&rdquo; incluye aceptar que muchas veces el v&iacute;nculo se construye en espacios aparentemente insignificantes: cocinar juntos, caminar al colegio, doblar ropa mientras un ni&ntilde;o cuenta una historia interminable, comer sin pantallas de por medio&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando pasas tiempo con tus hijos, tiempo de enfados, de comidas, de recetas, de acompa&ntilde;arles, de escucharles, de no estar de acuerdo&hellip; Todo ese tiempo vale&rdquo;, explica Velasco. &ldquo;Porque en todo ese tiempo pasa lo que pasa de verdad en una relaci&oacute;n humana&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando estamos cansados entramos en modo de supervivencia. Funcionamos con un piloto automático que nos aleja mucho de poder observar los matices de nuestros hijos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Velasco</span>
                                        <span>—</span> psiquiatra y autora de &#039;Criar en salud mental&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La atenci&oacute;n como &uacute;ltimo refugio</h2><p class="article-text">
        Quiz&aacute; es aqu&iacute; donde est&aacute; la gran paradoja del tiempo confeti. Nunca hab&iacute;amos organizado tanto la vida alrededor de nuestros hijos y, al mismo tiempo, nunca hab&iacute;a resultado tan dif&iacute;cil estar verdaderamente presentes.
    </p><p class="article-text">
        El agotamiento tampoco ayuda. &ldquo;Cuando estamos cansados entramos en modo de supervivencia&rdquo;, apunta Velasco. &ldquo;Funcionamos con un piloto autom&aacute;tico que nos aleja mucho de poder observar los matices de nuestros hijos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psiquiatra cree que proteger la atenci&oacute;n deber&iacute;a convertirse en una prioridad colectiva, no solo individual. &ldquo;Deber&iacute;amos empezar a considerar la desconexi&oacute;n digital como una medida de salud mental generalizada&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Jurado coincide en que el problema no se resolver&aacute; &uacute;nicamente con consejos de organizaci&oacute;n personal o aplicaciones de bienestar. Hace falta una transformaci&oacute;n estructural. Jornadas laborales m&aacute;s cortas, horarios racionales, derecho efectivo a la conciliaci&oacute;n y l&iacute;mites claros a la hiperdisponibilidad digital. &ldquo;Hay que reivindicar en los puestos de trabajo horarios racionales y desconexi&oacute;n digital fuera del horario laboral&rdquo;, resume la soci&oacute;loga con una llamada a la acci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/trampa-tiempo-confeti-pasamos-horas-hijos-culpa_1_13229157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 19:34:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La trampa del "tiempo confeti": pasamos más horas que nunca con nuestros hijos, pero con más culpa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Madres,Padres,Conciliación,familias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué quiere decir que un niño se porte siempre bien, según una psicóloga: "Todas las emociones cumplen su función"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/quiere-decir-nino-porte-psicologa-emociones-cumplen-funcion-xp_1_13221903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d4bc2d20-4f07-4047-b69b-e32ea206d64a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143003.jpg" width="6000" height="3375" alt="Qué quiere decir que un niño se porte siempre bien, según una psicóloga: &quot;Todas las emociones cumplen su función&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cualquier proceso de autocensura emocional puede parecer efectivo a corto plazo, pero debilita el desarrollo de la identidad y la autoestima</p><p class="subtitle">Un psicólogo infantil plantea las claves a tener en cuenta si te estás planteando que tu hijo vaya solo al colegio </p></div><p class="article-text">
        Para algunos padres, unos de los mayores halagos que pueden decirles acerca de su hijo es que siempre se porta bien: no molesta, no discute, no tiene rabietas, todo le va bien... No nos gusta, en cambio, rega&ntilde;ar a nuestros hijos porque se portan mal, nos avergonzamos y, adem&aacute;s, es f&aacute;cil juzgar a otras personas cuyos hijos son ruidosos, se quejan o no paran quietos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si bien la mayor&iacute;a de padres coincidir&iacute;an en que unos hijos que siempre se portan bien y se esfuerzan al m&aacute;ximo ser&iacute;a algo casi maravilloso, tener un hijo que excesivamente obediente y que hace todo lo que dicen los adultos, es f&aacute;cil y c&oacute;modo, pero el objetivo de la crianza no es precisamente ese, sino educarlos para que se conviertan en adultos sanos.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Es normal que un ni&ntilde;o no se enfade nunca?</h2><p class="article-text">
        Las rabietas no son agradables. Pero es que a veces los ni&ntilde;os se portan mal. &ldquo;El enfado forma parte de nuestro repertorio emocional y, en la infancia, es una de las emociones m&aacute;s habituales&rdquo;, reconoce Carmen Marco Llana, psic&oacute;loga Infantil y Juvenil en <a href="https://www.aprendert.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">AprenderT</a>. Como padres, la principal labor es ense&ntilde;arles a gestionar y regular sus emociones e impulsos, no reprimirlos porque nos averg&uuml;encen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todas las emociones cumplen su funci&oacute;n, sirven para algo. En el caso del enfado, es la forma en la que marcamos l&iacute;mites y expresamos lo que nos molesta&rdquo;, afirma Marco, que matiza que el enfado en los ni&ntilde;os es saludable y necesario, forma parte de su desarrollo y aprendizaje.
    </p><p class="article-text">
        La labor de los padres y adultos es ayudarlos a superarlos, no presionarlos para que se adapten y repriman sus emociones, ni a&ntilde;adirles verg&uuml;enza ni autodesprecio. &iquest;Qu&eacute; ocurre cuando un ni&ntilde;o no se enfada? Todo lo contrario: puede indicar que &ldquo;tiene dificultades en la regulaci&oacute;n emocional o se encuentra muy inhibido y bloqueado ante los conflictos&rdquo;, aclara Marco.
    </p><p class="article-text">
        Todo comportamiento es una forma de comunicaci&oacute;n y, a veces, cuando los ni&ntilde;os se portan mal, es porque expresan algo que sienten. Como padres, que somos los referentes y los modelos a seguir de mayor impacto, &ldquo;nuestro comportamiento a veces puede influir en esa actitud m&aacute;s inhibida, sin que nosotros nos demos cuenta&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; hacemos para favorecer este comportamiento?</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Los estilos educativos poco flexibles, muy exigentes, centrados en el cumplimiento de las normas y con poca tolerancia al error suelen favorecer ni&ntilde;os excesivamente obedientes&rdquo;, afirma Marco. Es decir, solemos premiar a los ni&ntilde;os que dan &lsquo;pocos problemas&rsquo;, &ldquo;que son perfectos o que siempre hagan caso, y ellos entienden que eso es lo que los hace merecer cari&ntilde;o y aprobaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ni&ntilde;o aprende que, para ser amado, debe reprimir sus emociones desbordantes: tristeza, cansancio, ira y frustraci&oacute;n, entre otros.&nbsp;Este proceso de autocensura emocional puede parecer efectivo a corto plazo, pero debilita el desarrollo de la identidad y la autoestima y crea una creciente distancia entre lo que siente y lo que muestra. &ldquo;A largo plazo, esto puede traducirse en adultos poco asertivos, con dificultades para expresar e identificar sus emociones y, posiblemente, baja autoestima&rdquo;, advierte Marco.
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os pueden comportarse de formas desagradables o inapropiadas (golpear, gritar, exigir&hellip;), comportamientos que, aunque sean desadaptativos en s&iacute; mismos, las emociones y necesidades que los motivan son perfectamente leg&iacute;timas y aceptables. El resto reside en ver m&aacute;s all&aacute; de lo evidente: conectar con las necesidades de los ni&ntilde;os.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Un ni&ntilde;o tranquilo no es lo mismo que uno excesivamente obediente</h2><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; se diferencia un ni&ntilde;o tranquilo con este comportamiento? Un ni&ntilde;o puede ser tranquilo, cooperativo y poco conflictivo, y estar perfectamente bien. La obediencia sistem&aacute;tica, sin embargo, sin resistencia, sin negociaci&oacute;n, sin decir jam&aacute;s &lsquo;no&rsquo;, merece ser cuestionada, no celebrada. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un ni&ntilde;o excesivamente obediente se bloquea ante el conflicto y lo evita, suele tener una actitud sumisa y complaciente ante los dem&aacute;s y busca agradar siempre. El ni&ntilde;o tranquilo suele mostrar su enfado o malestar de forma espont&aacute;nea y generalmente regulada&rdquo;, aclara Marco.
    </p><p class="article-text">
        Diferenciar entre ambos comportamientos es clave. Para ello, Marco apunta algunas se&ntilde;ales a las que debemos prestar atenci&oacute;n y que son las que nos dicen que algo no va del todo bien:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Falta de quejas, incluso en situaciones poco justas para &eacute;l, como cuando le quitan un juguete de forma brusca y no busca ayuda ni lo reclama.</li>
                                    <li>Pedir aprobaci&oacute;n siempre ante situaciones de poca trascendencia.</li>
                                    <li>Expresar miedo ante el error o la equivocaci&oacute;n.</li>
                                    <li>Invalidar sus propias emociones con expresiones como &lsquo;no pasa nada&rsquo; o &lsquo;no es importante&rsquo;</li>
                            </ul>
            </div><h2 class="article-text">C&oacute;mo ayudar a un ni&ntilde;o muy obediente a expresar lo que siente</h2><p class="article-text">
        La verdadera esencia de la infancia es moverse, trepar, gritar, lanzar, llorar, re&iacute;r&hellip; Este es el aut&eacute;ntico derecho que todos deber&iacute;an poseer y valorar, as&iacute; es como la experiencia contribuye al desarrollo del cerebro y del individuo. Y, aunque a todos los padres les gustar&iacute;a que sus hijos se comportaran como adultos maduros e inteligentes, su edad precisamente hace imposible un comportamiento l&oacute;gico, estable y moralmente coherente.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces es importante ajustar las expectativas: no es razonable esperar que se comporten bien en todas las circunstancias. Porque es normal que un ni&ntilde;o a los dos a&ntilde;os diga siempre que no; a los cinco a&ntilde;os, que negocie; a los ocho a&ntilde;os, que discuta; a los 12, que lo cuestione todo; y a los 16, que desaf&iacute;e. Cada una de estas formas surge del mismo impulso: reafirmarse como persona, pensar por s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Privados de todas estas experiencias, nos estancamos y retrocedemos. &iquest;C&oacute;mo podemos ayudar a un ni&ntilde;o excesivamente obediente? &ldquo;Algo que ayuda much&iacute;simo es validar todas las emociones, especialmente las que generan malestar, como el enfado&rdquo;, explica Marco. Es clave tambi&eacute;n &ldquo;reforzar los esfuerzos que hace por conseguir algo y no solo el resultado final: valorar al ni&ntilde;o por c&oacute;mo es y no por c&oacute;mo se comporta&rdquo;, matiza Marco.
    </p><p class="article-text">
        Para la especialista, es importante &ldquo;evitar expresiones como &lsquo;portarse bien o mal&rsquo; y sustituirlas por la descripci&oacute;n de los comportamientos que han sido adecuados o inadecuados, por ejemplo, &lsquo;me ha gustado mucho que has sido responsable recogiendo tu habitaci&oacute;n&rsquo; o &lsquo;ya sabes que en la mesa hay que comer sentado y t&uacute; lo has hecho de pie&rsquo;&rdquo;, reconoce Marco, que concluye que es muy necesario &ldquo;ir dando el modelo de c&oacute;mo poder resolver determinadas situaciones, por ejemplo, en un conflicto con un amigo en el parque&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/quiere-decir-nino-porte-psicologa-emociones-cumplen-funcion-xp_1_13221903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 May 2026 11:59:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,familia,Crianza,Educación,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El efecto “soy yo” de ‘Yo siempre a veces’: el desgarro de la maternidad precaria con el que se identifican muchas mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/efecto-veces-desgarro-maternidad-precaria-identifican-mujeres_1_13222245.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21b28b78-2d20-4482-b3a1-7836b6ddc685_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143032.jpg" width="849" height="477" alt="El efecto “soy yo” de ‘Yo siempre a veces’: el desgarro de la maternidad precaria con el que se identifican muchas mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La serie escrita por Marta Bassols y Marta Loza para Movistar Plus+ pone a la vista y en la conversación las distintas realidades con las que tropiezan hoy las madres</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        Chica conoce a chico, se enamoran en la noche barcelonesa y, en un arrebato de pasi&oacute;n, deciden tener un hijo. As&iacute; empieza <a href="https://www.eldiario.es/vertele/analisis/critica-yo-siempre-a-veces-serie-movistar-plus-los-javis-precariedad-madre-soltera-sostiene-series-humanas_1_13162860.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Yo siempre a veces</em></a>, la serie escrita por Marta Bassols y Marta Loza y producida por Suma Content (los Javis) para Movistar Plus+ que acaba de hacerse con el premio al mejor guion en Cannes.
    </p><p class="article-text">
        En el segundo cap&iacute;tulo, el romanticismo, igual que el ciego, bajan. Y Laura se ve sola cuidando a su beb&eacute;, lejos del empleo que ha dejado, por amor, en Berl&iacute;n. Rub&eacute;n, sin embargo, no ha abandonado sus costumbres: sigue viviendo como si ahora no tuviese una familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es en ese punto donde la trama se tensa: la protagonista, una madre joven y precaria, ir&aacute;<strong> </strong>de casa en casa, de trabajo en trabajo, tratando de sostenerse a ella y a su beb&eacute; en una ficci&oacute;n que tiene mucho de verdad. Tanto que son numerosas las mujeres que se sienten identificadas con ella: &ldquo;Una piensa que ya no puede leer m&aacute;s sobre maternidad ni ver m&aacute;s pel&iacute;culas ni saber nada m&aacute;s porque ahora est&aacute; en otra cosa (las citas, todas terribles, por cierto, el pilates, el cuerpo, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/sale-despuerperio-momento-increible-madres-empezamos-soltar_129_13152924.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el despuerperio</a>), pero viene Laura con su soledad y su precariedad tan parecidas a la m&iacute;a y recuerdo, as&iacute; de repente, que soy una madre criando sola a mi hijo 24/7 y sin sueldo estable&rdquo;, escrib&iacute;a la escritora Carmen G. de la Cueva en <a href="https://www.instagram.com/p/DXrlf2bDOxV/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su perfil de Instagram</a>.
    </p><p class="article-text">
        Ella, que se separ&oacute; cuando su criatura ten&iacute;a dos a&ntilde;os, cuenta que vivi&oacute; una situaci&oacute;n muy parecida a la de Laura. Pero es que incluso quienes han tenido a su hijo con una pareja corresponsable han sentido esa sensaci&oacute;n de &ldquo;soy yo&rdquo; mirando la televisi&oacute;n: &ldquo;Nunca me hab&iacute;a sentido tan identificada con el v&iacute;nculo que se muestra en pantalla entre el beb&eacute; y esa mam&aacute; hecha un l&iacute;o que siente que ella tambi&eacute;n es todav&iacute;a una ni&ntilde;a que necesita que la cuiden. Nunca hab&iacute;a visto escenas tan naturales y exactas sobre c&oacute;mo funciona de verdad la lactancia materna y c&oacute;mo son las tetas de una mujer que est&aacute; dando de mamar, c&oacute;mo es compartir cama y todo tu cuerpo con un ser vulnerable que depende por entero de tu calor&rdquo;, escribe por su parte la periodista Carmen G. Magdaleno en <a href="https://www.instagram.com/p/DXkWZDDDNLm/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un </a><a href="https://www.instagram.com/p/DXkWZDDDNLm/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>post</em></a>.
    </p><p class="article-text">
        Esa exactitud proviene de la experiencia de Bassols, que tambi&eacute;n fue madre joven; de Ana Boga, la actriz que, en su propio posparto, interpreta a Laura (es su primer papel). E incluso de Ginesta Guindal, una de las directoras, que rod&oacute; la serie con su beb&eacute; de meses &ldquo;colgando de la teta&rdquo;, como ella misma afirma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El rodaje, de hecho, estaba repleto de criaturas gracias a la voluntad de Suma Content: &ldquo;La productora asum&iacute;a que, a menudo, tambi&eacute;n ten&iacute;an que transportar a mi hija y a su acompa&ntilde;ante (padre, abuelos&hellip;). Los espacios de trabajo eran <em>babyfriendly</em>: llantos bienvenidos, pausas para cambiar una caca, pecho en lecturas de guion. Manos y miradas amigas siempre. Me permitieron hacer <em>online </em>todas las cosas que realmente se pueden hacer <em>online</em>. Los horarios de la pre nunca fueron una locura. Pero sobre todo me hicieron sentir menos desbordada, m&aacute;s acompa&ntilde;ada y comprendida, y sin tener que ir pidiendo perd&oacute;n por tener una beb&eacute; lactante y dependiente&rdquo;, <a href="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuenta</a>. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; 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margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Ginesta (@ginesta)</a></p></div></blockquote>
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    </figure><h2 class="article-text">&iquest;Tener un beb&eacute; solo por amor, en esta econom&iacute;a?</h2><p class="article-text">
        Todo eso es justo lo que le falta a Laura en la serie, y a tantas madres en la realidad. A su empleo en una tienda de electrodom&eacute;sticos no puede llevar a su hijo, claro; m&aacute;s tarde, cuando una amiga la contrata como camarera, se ve obligada a tenerlo con ella algunas veces, pero r&aacute;pidamente le advierten de que aquello no puede durar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al final <em>(spoiler), </em>la protagonista se ve obligada a mudarse de vuelta a Berl&iacute;n. A alejarse de familia y amigos, esos que (especialmente, en la cultura mediterr&aacute;nea) se da por hecho que ser&aacute;n sost&eacute;n. Se dirige hacia el &uacute;nico lugar donde su hijo no estorba, sino todo lo contrario: la misma empresa, adem&aacute;s de un sueldo decente, le ofrece una guarder&iacute;a en la que dejar a Mario mientras desempe&ntilde;a su cargo en un festival de m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo all&iacute; fui all&iacute; a pedir trabajo con la ni&ntilde;a puesta y en lugar de pensar &lsquo;bueno, si no la puede dejar ni para venir a buscar curro, &iquest;c&oacute;mo se lo vamos a dar?'. Pues enseguida me emplearon&rdquo;, recuerda Bassols. &ldquo;Es un estado mental. Los alemanes, en lugar de considerar que el hecho de que tengas hijos va a ser un problema para la empresa, lo que consideran es que mejor te emplean a ti que los tienes, que te har&aacute; m&aacute;s falta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a esta concepci&oacute;n y a las ayudas p&uacute;blicas destinadas a apoyar el bienestar de las familias, durante los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os aproximadamente, el &iacute;ndice de fecundidad en el pa&iacute;s se mantuvo en alrededor de 1,5 hijos por mujer. Es una tasa, eso s&iacute;, que est&aacute; cayendo desde 2022 por causas que las autoridades atribuyen al envejecimiento de la poblaci&oacute;n, al retraso de la maternidad y a la creciente inseguridad econ&oacute;mica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, de hecho, la tasa de natalidad lleva desde la crisis de 2008 siendo una de las m&aacute;s bajas de Europa, y desde 2020 se sit&uacute;a directamente a la cola, solo por detr&aacute;s de Malta. La imposibilidad de acceder al mercado de alquiler y compra de viviendas, la precariedad laboral y la falta de incentivos a la natalidad se suelen mencionar como las razones m&aacute;s poderosas detr&aacute;s de esta cifra. Un ejemplo ilustrativo: en 2023, Alemania fue el pa&iacute;s que m&aacute;s gast&oacute; en ayudas a las familias (un 3,5% del PIB). El mismo a&ntilde;o, Espa&ntilde;a <a href="https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Social_protection_statistics_-_family_and_children_benefits" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">invirti&oacute; el 1,4%</a>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es un estado mental. Los alemanes, en lugar de considerar que el hecho de que tengas hijos va a ser un problema para la empresa, lo que consideran es que mejor te emplean a ti que los tienes, que te hará más falta</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Bassols</span>
                                        <span>—</span> cocreadora de &#039;Yo siempre a veces&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Loza y Bassols, no es porque nos falten ganas de maternar. De hecho, ellas conocen a muchas parejas que han sido padres sencillamente porque les apetec&iacute;a, sin esperar a que se diera toda esa bater&iacute;a de exigencias que parece ineludible cumplir antes de hacerlo: tener un empleo estable, una casa, una pareja con un v&iacute;nculo fuerte. Frente a esto, que se podr&iacute;a decir que es la norma, el beb&eacute; que tienen Rub&eacute;n y Laura solo por amor durante su juventud se siente no solo anacr&oacute;nico, sino casi irresponsable.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En realidad, nunca se re&uacute;nen las condiciones materiales, morales o sociales perfectas. La maternidad es una sacudida; la vida, en realidad, lo es. Todo puede cambiar en cualquier momento. Por eso la serie se llama <em>Yo siempre a veces</em>. No est&aacute;s m&aacute;s preparado si tienes las condiciones que se supone que tienes que tener. A Laura, por ejemplo, le faltan los recursos materiales, pero nunca las ganas de estar con su criatura. Y a otras personas que quiz&aacute;s tienen los recursos materiales, les sobran sus criaturas; las intentan colocar todo el rato en mil actividades porque no tienen tiempo de estar con ellas o porque todav&iacute;a no est&aacute;n preparadas para dejar de hacer cosas que corresponden a su vida individual anterior. Nos parec&iacute;a interesante esta contradicci&oacute;n&rdquo;, explica Bassols.
    </p><h2 class="article-text">El problema de ser madre joven, y de no serlo</h2><p class="article-text">
        En el segundo cap&iacute;tulo de la d&eacute;cima temporada de <em>La vida secreta de las madres</em>, el p&oacute;dcast de Pao Roig y Andrea Ros, esta &uacute;ltima confiesa que, cuando se qued&oacute; embarazada con 24 a&ntilde;os, la gente no sab&iacute;a c&oacute;mo tom&aacute;rselo: si darle la enhorabuena o el p&eacute;same.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ibone Olza, probablemente la psiquiatra infantil y perinatal m&aacute;s conocida del pa&iacute;s, abundaba en esta idea como invitada del cap&iacute;tulo: la experta considera un aut&eacute;ntico fracaso social que las mujeres que quieren ser madres no puedan hacerlo cuando en realidad son f&eacute;rtiles, teniendo luego que enfrentarse a problemas de esterilidad (y, con ello, a las pr&aacute;cticas poco transparentes, y poco asequibles, de muchas cl&iacute;nicas de fertilidad).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tendencia se agudiza cada vez m&aacute;s, hasta el punto de que en Espa&ntilde;a ya se producen <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/MNP2024.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s partos de madres de 40 a&ntilde;os</a> o m&aacute;s que de mujeres menores de 25. A principios de la d&eacute;cada pasada, sin embargo, la maternidad a partir de los 40 era minoritaria.
    </p><h2 class="article-text">En busca de la pareja perfecta</h2><p class="article-text">
        Aunque a Laura le basta un flechazo para poner su familia en marcha, en t&eacute;rminos generales, el acceso en mayor medida de la mujer al mercado de trabajo y una creciente conciencia feminista aplicada a las relaciones hace que ellas se piensen muy bien con qui&eacute;n tener un hijo. Basta un <a href="https://www.inmujeres.gob.es/actualidad/noticias/2025/MapaDeCuidados.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dato del Ministerio de Igualdad</a> para entender por qu&eacute;: &ldquo;Las mujeres dedican, de media, el doble de horas semanales que los hombres al trabajo de cuidados y tareas del hogar, lo que limita su acceso al mercado laboral, al ocio y al tiempo libre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante este panorama, hay incluso quienes deciden no procrear. O, m&aacute;s ampliamente, no verse envueltas en relaciones heterosexuales, como defienden las <em>femcel</em> o quienes se adscriben al movimiento 4B en Corea: no matrimonio, no citas, no sexo y no hijos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no hay f&oacute;rmulas m&aacute;gicas: como explica Bassols, incluso cuando una pareja est&aacute; bien establecida, la maternidad puede pasarle por encima: &ldquo;Tanto en la crianza de mi hija mayor como en la de mi hija peque&ntilde;a, v&iacute;nculos muy s&oacute;lidos, de mucha duraci&oacute;n, se han tambaleado y se han roto, o no, pero han tenido que superar crisis muy severas que han implicado precariedades, consideraciones que no hab&iacute;an tenido antes. La maternidad es un terremoto importante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Laura, ese terremoto la deja sola a nivel operativo: en una de las escenas m&aacute;s duras de la serie, desesperada, va a buscar alg&uacute;n tipo de ayuda social por ser madre soltera, pero como el padre de la criatura tiene una casa en propiedad &ndash;aunque ella y el ni&ntilde;o no vivan en ella y &eacute;l no le pase dinero alguno para la manutenci&oacute;n&ndash;, no le corresponde nada. El desamparo a nivel estatal es absoluto.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="“En realidad, nunca se reúnen las condiciones materiales, morales o sociales perfectas. La maternidad es una sacudida; la vida, en realidad, lo es. Todo puede cambiar en cualquier momento&quot;."
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                “En realidad, nunca se reúnen las condiciones materiales, morales o sociales perfectas. La maternidad es una sacudida; la vida, en realidad, lo es. Todo puede cambiar en cualquier momento&quot;.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Amigas y crianza colectiva</h2><p class="article-text">
        Pese a que lo intenta, tampoco la familia de Laura puede ayudarla: mientras que en Espa&ntilde;a <a href="https://cms.aldeasinfantiles.es/uploads/2023/07/Abuelos-y-crianza.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 35% de las personas</a> mayores de 65 a&ntilde;os cuida de sus nietos varios d&iacute;as por semana, sus padres a&uacute;n trabajan y no pueden ocuparse del ni&ntilde;o mientras ella hace lo propio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es otro aspecto de la precariedad a la que se enfrenta la joven: en pa&iacute;ses como el nuestro, en los que el Estado invierte poco en las familias, <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/ageing-and-society/article/abs/patterns-of-grandparental-child-care-across-europe-the-role-of-the-policy-context-and-working-mothers-need/FD999CE0803BE444D37D1A9CD69C7175" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los cuidados recaen directamente en los abuelos</a>. Por si fuera poco, vivir con ellos deviene en imposible, debido, entre otras cosas, a que la protagonista y sus padres (como suele suceder hoy en d&iacute;a) tienen formas muy distintas de criar.
    </p><p class="article-text">
        Cuando sus amigas le ofrecen un peque&ntilde;o espacio en su casa, apelando al concepto de &lsquo;crianza comunitaria&rsquo;, muy en boga en ambientes progresistas, la cosa tampoco sale bien. Porque en una sociedad en la que ya rara vez se convive con ni&ntilde;os, en la que los grupos de amigas apenas coinciden a la hora de tener hijos (mientras que antes, llegada cierta edad, la mayor&iacute;a se dedicaba a la tarea de la reproducci&oacute;n), casi nadie sabe en realidad lo que implica convivir con una criatura.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La realidad de las madres es que, aun estando acompa&ntilde;adas y sostenidas y sobre todo en los primeros a&ntilde;os, nos sentimos muy solas. Vivimos en una sociedad en la que cada vez hay menos ni&ntilde;os: el 80% de mis amigas no tiene hijes. Para m&iacute; ha sido dur&iacute;simo&rdquo;, reconoce Gela, dj y profesora.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La realidad de las madres es que, aun estando acompañadas y sostenidas y sobre todo en los primeros años, nos sentimos muy solas. Vivimos en una sociedad en la que cada vez hay menos niños: el 80% de mis amigas no tiene hijes. Para mí ha sido durísimo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gela</span>
                                        <span>—</span> dj y profesora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Tuve a mi hijo poco antes de cumplir 29 a&ntilde;os. En ese momento <a href="https://www.eldiario.es/nidos/madre-30-prisa-reloj-biologico-soledad-falta-amigas-hijos_1_12204936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ninguna de mis amigas estaba en algo parecido</a>. Ellas sal&iacute;an, viajaban, estudiaban, cambiaban de trabajo, de pareja&hellip; Desde el embarazo ya me sent&iacute; un poco fuera, pero al nacer el beb&eacute; todo se me vino encima. Sent&iacute;a un amor inmenso y, al mismo tiempo, un miedo aterrador. Miedo a no saber criar a mi hijo, a fallar, a no volver a recuperar mi vida. No pod&iacute;a seguir haciendo lo que me gustaba (ir al cine, teatro, conciertos, tener una hora en silencio para escribir). Mis amigas estaban mucho al principio, pero luego no era capaz de seguirles el ritmo, evidentemente. Era como si, de repente, hubiera dejado de ser una mujer para ser una madre&rdquo;, cuenta la escritora Mar&iacute;a Guivernau.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; se siente tambi&eacute;n Laura, pese a las buenas intenciones de sus amigas. Al final, se ve obligada a abandonar tambi&eacute;n ese hogar por no ser adecuado para criar a un ni&ntilde;o. &ldquo;Todo el mundo en esta serie se est&aacute; enfrentando a un primer beb&eacute;. Todo el mundo est&aacute; aprendiendo a hacer las cosas. Est&aacute; aprendiendo Rub&eacute;n, est&aacute; aprendiendo Laura, est&aacute;n aprendiendo las amigas, los padres. Entonces, s&iacute;, las amigas se equivocan. Pero, en mi cabeza, despu&eacute;s de tres a&ntilde;os, ellas han aprendido a hacerlo mejor&rdquo;, reflexiona Bassols.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo s&iacute; veo a mi alrededor casos de crianza colectiva&rdquo;, explica Loza por su parte. &ldquo;No en plan esta idea tan romantizada de cuatro amigas viviendo con un beb&eacute;, pero s&iacute; que veo, especialmente entre personas separadas, familias extendidas, con amigas o familiares que est&aacute;n muy presentes. Sobre todo, si no tienen sus propios hijos y les apetece disfrutar de lo que es vivir en un entorno con ni&ntilde;os, que tiene sus cosas, pero que tambi&eacute;n tiene aspectos maravillosos&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La culpa de la mala madre</h2><p class="article-text">
        A las soledades de Laura se le suma una com&uacute;n a todas las madres: la de sentir que est&aacute; andando por una cuerda floja. En los brazos lleva el beb&eacute;, la casa, las relaciones, la econom&iacute;a, la exigencia enorme de ser madre en el siglo XXI. A ella, como a todas, le basta con un traspi&eacute; para ahogarse en culpa.
    </p><p class="article-text">
        Se ejemplifica en una escena sofocante, en la que la protagonista baja a tirar la basura y comprar una pizza, dejando al ni&ntilde;o unos minutos solo. A la vuelta, se da cuenta de que ha cogido las llaves incorrectas; el beb&eacute; est&aacute; en casa y ella no tiene forma de entrar.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Es un terror com&uacute;n: &ldquo;Tengo varias amigas que son madres y, tras ver la serie, me han contado que ese es uno de sus mayores miedos: dejar al ni&ntilde;o solo un segundo y que pase algo as&iacute;&rdquo;, comenta Loza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no solo por el horror real de que le suceda algo a la criatura: tambi&eacute;n a que se las juzgue como &ldquo;malas madres&rdquo;. Dice Bassols: &ldquo;El nivel de culpabilidad es tal que esa escena est&aacute; basada en algo que me pas&oacute; a m&iacute;, pero apenas he contado. Al padre de mi hija, de hecho, solo se lo he dicho ahora que ha visto la serie, casi 14 a&ntilde;os despu&eacute;s. Me daba terror que pudieran acusarme de mala madre y quitarme la custodia&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Un relato de la precariedad que va m&aacute;s all&aacute; de la maternidad</h2><p class="article-text">
        Frente a las creaciones culturales del hombre blanco cis, consideradas como lo global, lo hegem&oacute;nico, todo lo dem&aacute;s tiende a ser catalogado como &lsquo;lo ajeno&rsquo;: la literatura <em>queer</em>, el cine para mujeres. Pero ya hace tiempo que autoras tan relevantes como Rachel Cusk, Sheila Heti o Jenny Offill se revuelven contra estas etiquetas, considerando que lo femenino es tambi&eacute;n general. Que la maternidad es tambi&eacute;n uno de los grandes temas de la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo siempre a veces </em>es un relato poderoso que trasciende (o deber&iacute;a trascender) esas categor&iacute;as artificiales. De hecho, como cualquier buena historia, consigue emocionar tambi&eacute;n a quien no ha vivido exactamente la realidad que describe, como la periodista Susana Pedreira: &ldquo;Yo no soy madre y agradezco un relato de la maternidad como el que ofrece la serie, un relato real como el que conozco de cerca en amigas que me rodean. Un relato de la maternidad en el que los v&iacute;nculos con los dem&aacute;s (al margen del hijo/a que llega a tu vida) son absolutamente determinantes para tu bienestar. Y ese relato de los v&iacute;nculos complejos con los nuestros tambi&eacute;n me interpela a m&iacute;. Sin compartir casi nada con Laura, he sentido en mi interior muchos de sus sentimientos.<strong> </strong>Al final, la serie va de buscar estabilidad y felicidad en entornos cada vez m&aacute;s precarios cuando las cargas propias van aumentando (sean hijos, sean mayores a nuestro cargo). Tener que renunciar a la vida que ten&iacute;amos y encontrar un nuevo camino es tan duro como vemos en la serie&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Sader]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/efecto-veces-desgarro-maternidad-precaria-identifican-mujeres_1_13222245.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 May 2026 20:01:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El efecto “soy yo” de ‘Yo siempre a veces’: el desgarro de la maternidad precaria con el que se identifican muchas mujeres]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Custodia compartida o custodia dividida? Por qué compartir un calendario no siempre significa repartir la crianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/custodia-compartida-custodia-dividida-compartir-calendario-no-significa-repartir-crianza_129_13207157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0d7f2fb-b74e-40a4-9da4-9321ff1a553e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Custodia compartida o custodia dividida? Por qué compartir un calendario no siempre significa repartir la crianza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Quién podría estar en contra de compartir? ¿Quién querría, a priori, que un hijo no tuviera a sus dos progenitores presentes? Y, sin embargo, basta con acercarse un poco para que la palabra empiece a agrietarse</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        Hay algo en la expresi&oacute;n &ldquo;custodia compartida&rdquo; que suena bien incluso antes de pensarla. Como &ldquo;comida casera&rdquo; o &ldquo;aire limpio&rdquo;, es una de esas f&oacute;rmulas que parecen inmunes a la cr&iacute;tica. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a estar en contra de compartir? &iquest;Qui&eacute;n querr&iacute;a, a priori, que un hijo no tuviera a sus dos progenitores presentes? Y, sin embargo, basta con acercarse un poco para que la palabra empiece a agrietarse.
    </p><p class="article-text">
        La custodia de los hijos tras un divorcio o separaci&oacute;n ha cambiado profundamente en Espa&ntilde;a durante la &uacute;ltima d&eacute;cada. <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/ENSD2024.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los datos m&aacute;s recientes del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica</a> (INE) confirman un giro hist&oacute;rico: en 2024, la custodia compartida fue otorgada en el 49,7% de los casos de divorcio con hijos, superando por primera vez a la custodia exclusiva materna, que descendi&oacute; al 46,6%. Hace apenas diez a&ntilde;os, la custodia compartida representaba alrededor de una cuarta parte de las resoluciones; hoy roza la mitad. Ese cambio puede leerse como una transformaci&oacute;n jur&iacute;dica y tambi&eacute;n como un s&iacute;ntoma cultural. Es, sin duda, un cambio hist&oacute;rico. Y probablemente tambi&eacute;n un reflejo de algo positivo: padres m&aacute;s presentes en la crianza, nuevas formas de entender la paternidad y una creciente idea de que los hijos deben mantener v&iacute;nculos estrechos con ambos progenitores tras la separaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La custodia compartida puede ser un avance hacia la equidad, por supuesto. Pero de ah&iacute; surge una pregunta importante: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando compartir el tiempo no implica haber compartido antes el cuidado? Porque hay una diferencia enorme entre repartir el calendario y sostener una vida com&uacute;n, entre alternar estancias y sostener la memoria pr&aacute;ctica de una casa, entre repartir la responsabilidad y dividir la log&iacute;stica. Y no siempre ese reparto sobre el papel coincide con el trabajo real que hace posible la crianza.
    </p><p class="article-text">
        Hay custodias compartidas que son, en efecto, un ejercicio de corresponsabilidad: padres y madres que ya estaban ah&iacute; antes de la ruptura, que conocen los ritmos, las rutinas, los miedos nocturnos, las alergias, los cumplea&ntilde;os o los nombres de los amigos del colegio. Que no aterrizan en la vida de sus hijos a partir de la separaci&oacute;n, sino que contin&uacute;an algo que ya exist&iacute;a. En esos casos, compartir no es un reparto: es una continuidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La custodia compartida puede ser un avance hacia la equidad, por supuesto. Pero de ahí surge una pregunta importante: ¿qué ocurre cuando compartir el tiempo no implica haber compartido antes el cuidado?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n hay custodias que llegan como una enmienda tard&iacute;a, como un gesto que intenta corregir una desigualdad previa. En esos casos, lo que se divide no es solo el tiempo: se fragmenta la experiencia. Dos casas, dos normas, dos formas de estar. Dos versiones de una misma infancia que no siempre encajan entre s&iacute;. <a href="https://www.academia.edu/93792805/La_custodia_compartida_un_paso_m%25C3%25A1s_hacia_la_igualdad_de_g%25C3%25A9nero" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Distintos estudios sobre coparentalidad y divorcio</a> llevan a&ntilde;os advirtiendo que la sostenibilidad de las custodias compartidas depende, en gran medida, de que exista una corresponsabilidad previa real. Cuando eso sucede, la custodia compartida puede consolidar din&aacute;micas m&aacute;s igualitarias. Cuando no, la igualdad formal puede acabar funcionando como una escena que parece resolver, pero no resuelve. El problema aparece cuando la igualdad se convierte en una f&oacute;rmula autom&aacute;tica porque la igualdad formal no siempre produce igualdad real. A veces solo la simula.
    </p><p class="article-text">
        Imponer custodias compartidas sin tener en cuenta las din&aacute;micas anteriores, la historia concreta de cada familia o las desigualdades todav&iacute;a existentes entre hombres y mujeres puede intensificar el conflicto entre progenitores e incluso agravar tensiones previas. No se trata de cuestionar la custodia compartida en s&iacute;. Ser&iacute;a simplista, y probablemente injusto. Se trata de preguntarse cu&aacute;ndo es realmente compartida y cu&aacute;ndo es, en realidad, dividida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo ped&iacute; la custodia compartida porque me parec&iacute;a lo justo&rdquo;, me cuenta J., un padre separado con dos hijos desde hace cuatro a&ntilde;os, &ldquo;y porque quer&iacute;a estar con mis hijos, claro. Tampoco quer&iacute;a convertirme en ese padre de fines de semana&rdquo;. Al principio pens&oacute; que lo m&aacute;s dif&iacute;cil ser&iacute;an los horarios: &ldquo;Luego te das cuenta de que no, de que lo dif&iacute;cil es acordarte de todo, de cosas que no ten&iacute;a tan interiorizadas porque <a href="https://www.eldiario.es/nidos/quien-contesta-mensajes-en-chats-de-padres_129_12212870.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no atend&iacute;a tanto al chat de padres y madres</a> del cole y no estaba tan al tanto de los cumplea&ntilde;os, del ch&aacute;ndal del jueves, de qui&eacute;n necesita una cartulina para ma&ntilde;ana o de cu&aacute;ndo les toca cambiar de zapatillas&rdquo;. Me cont&oacute; tambi&eacute;n que sus hijos siguen llamando a su madre cuando no encuentran algo, incluso estando con &eacute;l. &ldquo;A veces me molesta, pero luego ella sabe cosas que a m&iacute; ni se me ocurren&rdquo;. En ning&uacute;n momento, durante nuestra conversaci&oacute;n, dijo que se arrepintiera de compartir la custodia de sus&nbsp;hijos; al contrario: &ldquo;Ahora estoy mucho m&aacute;s unido a ellos&rdquo;, repiti&oacute; varias veces. Pero hab&iacute;a algo revelador en otra frase: &ldquo;Antes no me daba cuenta de todo lo que hac&iacute;a ella&rdquo;. No parec&iacute;a culpa ni admiraci&oacute;n, m&aacute;s bien la sorpresa tard&iacute;a de descubrir que la crianza no era solo pasar tiempo con los hijos, sino sostener una maquinaria invisible que alguien llevaba a&ntilde;os haciendo funcionar sin que apenas se notase.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, para muchas mujeres, la custodia compartida tambi&eacute;n ha supuesto una forma de alivio. E., que tiene una hija de seis a&ntilde;os y lleva dos a&ntilde;os separada, me dijo esto: &ldquo;Separarme me devolvi&oacute; algo que ya ni siquiera sab&iacute;a que hab&iacute;a perdido: tiempo. Para trabajar sin correr, para dormir una noche entera, para ir al m&eacute;dico sin hacer malabares, para sentarme sola en casa sin que eso significara abandono&rdquo;. Me hablaba tambi&eacute;n de la culpa que sinti&oacute; al reconocer ese descanso. &ldquo;Como si una buena madre tuviera que querer estar disponible siempre. Como si descansar estuviera mal&rdquo;, confiesa. La custodia compartida no hab&iacute;a resuelto todas las desigualdades de su relaci&oacute;n anterior, pero s&iacute; hab&iacute;a frenado algo que la estaba consumiendo: la idea de que cuidar significaba desaparecer una misma.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Qué sucede cuando los hijos no solo transitan entre dos casas, sino entre dos maneras radicalmente distintas de entender las emociones, el cuidado, la vulnerabilidad o incluso lo que significa ser niño, porque los hijos no viven dentro de los porcentajes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y, en medio de todo eso, est&aacute;n los hijos. V., separada desde hace un a&ntilde;o y con un hijo en com&uacute;n con su expareja, me cuenta su caso: &ldquo;Hace pocos d&iacute;as nos despedimos de un ser querido. Cuando estaba bajando con mi hijo en el ascensor &mdash;su padre estaba esper&aacute;ndole abajo&mdash;, mi hijo lloraba de tristeza. Antes de salir del portal, en el rellano, corri&oacute; a secarse las l&aacute;grimas. Incluso se mir&oacute; en el espejo para comprobar que no se le notase que hab&iacute;a llorado&rdquo;. Ella le pregunt&oacute; por qu&eacute; hac&iacute;a eso y el ni&ntilde;o respondi&oacute; que a su padre no le gustaba verle llorar. A V. le sorprendi&oacute; el cambio de actitud porque su hijo llora con frecuencia cuando est&aacute; con ella, y no necesariamente por tristeza. &ldquo;Me da la impresi&oacute;n de que ha entendido que en casa de mam&aacute; puede rendirse, de alguna manera, pero que en casa de pap&aacute; llorar es una debilidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ah&iacute; aparece una de las preguntas m&aacute;s complejas de todas: qu&eacute; sucede cuando los hijos no solo transitan entre dos casas, sino entre dos maneras radicalmente distintas de entender las emociones, el cuidado, la vulnerabilidad o incluso lo que significa ser ni&ntilde;o, porque los hijos no viven dentro de los porcentajes. Viven dentro de las rutinas sostenidas durante a&ntilde;os, de los cuidados invisibles &mdash;o indemostrables&mdash; que rara vez aparecen en una sentencia. Dentro de esa carga mental hecha de citas m&eacute;dicas, mochilas preparadas, cumplea&ntilde;os recordados, profesoras contestadas, fiebre nocturna y ropa que de pronto ya no les vale.
    </p><p class="article-text">
        En medio de todo est&aacute;n ellos: ni&ntilde;os que aprenden pronto a adaptarse. A cambiar de habitaci&oacute;n, de normas, de tono. A no dejarse cosas importantes en la otra casa. A gestionar una especie de doble vida que a veces funciona y a veces pesa. Hay ni&ntilde;os que lo transitan con naturalidad. Otros no tanto. No existe una &uacute;nica experiencia, como tampoco existe una &uacute;nica forma de familia. Pero conviene no romantizar lo que, en muchos casos, es tambi&eacute;n un esfuerzo constante de ajuste.
    </p><p class="article-text">
        Hay otra cuesti&oacute;n de la que se habla menos: qu&eacute; sucede cuando la custodia compartida no organiza &uacute;nicamente el cuidado, sino tambi&eacute;n el conflicto, porque no todas las separaciones terminan en una convivencia parental razonablemente sana. Existen relaciones judicializadas, atravesadas por resentimientos, hostilidades, din&aacute;micas de control o violencias que no desaparecen cuando se firma una sentencia. A veces, incluso, se intensifican. En esos casos, la custodia compartida puede convertir a los hijos en mediadores involuntarios de las tensiones entre los adultos. Ni&ntilde;os que aprenden demasiado pronto qu&eacute; cosas pueden decir en una casa y cu&aacute;les es mejor callar en la otra. Que viven pendientes del tono de los mensajes, de los cambios de horario, de las discusiones y los desacuerdos. En esos casos, la pregunta deja de ser &uacute;nicamente c&oacute;mo se reparte el tiempo. La pregunta es qu&eacute; tipo de infancia produce una vida partida entre dos mundos que apenas logran sostenerse entre s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En un momento en el que la custodia compartida se presenta casi como la soluci&oacute;n deseable por defecto, no est&aacute; de m&aacute;s pedir una mirada m&aacute;s profunda a cada historia en su singularidad y desconfiar un poco de las f&oacute;rmulas que sirven para todo. Y recordar que cuidar no es solo estar, ni siquiera es estar la mitad del tiempo. Cuidar es saber c&oacute;mo y eso, por suerte o por desgracia, no se puede dividir sin m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/custodia-compartida-custodia-dividida-compartir-calendario-no-significa-repartir-crianza_129_13207157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 20:07:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Custodia compartida o custodia dividida? Por qué compartir un calendario no siempre significa repartir la crianza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Divorcios,familias,Niños,Madres,Padres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["¡Disfruta! Solo tienes 18 veranos con tus hijos": los mensajes culpabilizadores contra padres y madres que plagan las redes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/disfruta-tienes-18-veranos-hijos-mensajes-culpabilizadores-padres-plagan-redes_1_13202611.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45ab1d95-ab98-4241-93c1-d5efb34bc5db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;¡Disfruta! Solo tienes 18 veranos con tus hijos&quot;: los mensajes culpabilizadores contra padres y madres que plagan las redes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cada vez son más habituales en entornos digitales los discursos simplificados y descontextualizados que invitan a disfrutar del tiempo de crianza sin tener en cuenta el contexto</p><p class="subtitle">Pedir una excedencia en verano para cuidar de tus hijos: “Me sale más barato no trabajar que pagar campamentos”</p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas, Marina estaba reincorpor&aacute;ndose a su trabajo con un beb&eacute; lactante y una ni&ntilde;a peque&ntilde;a. Hab&iacute;a gastado todos los permisos posibles e incluso las vacaciones de este a&ntilde;o para alargar el tiempo en casa. Empezaba adem&aacute;s a pensar <a href="https://www.eldiario.es/nidos/pedir-excedencia-verano-cuidar-hijos-sale-barato-no-trabajar-pagar-campamentos_1_12428427.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&oacute;mo se organizar&iacute;a en verano</a>, sin colegio y sin d&iacute;as libres para cuidar. &ldquo;Y entonces, un d&iacute;a, de camino al trabajo, abro Instagram y me encuentro con <a href="https://www.instagram.com/reels/DUxmqCYDOVn/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una publicaci&oacute;n</a> que dice: 'Disfruta, solo tienes nosecu&aacute;ntos veranos con tus hijos, el tiempo pasa r&aacute;pido&rsquo;. Pero, &iquest;c&oacute;mo se puede pensar en disfrutar en estas condiciones? Cerr&eacute; la 'aplicaci&oacute;n sinti&eacute;ndome culpable y enfadada&rdquo;, recuerda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dicen que cuando tu hijo cumple 12 a&ntilde;os ya has pasado con &eacute;l el 75% del tiempo que pasar&aacute;s en tu vida&rdquo;. <a href="https://www.instagram.com/reels/DUxmqCYDOVn/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Este</a> es otro de los mensajes que, de tanto en tanto y con ligeras variaciones, viralizan en redes sociales y acaban llegando a madres y padres. Tambi&eacute;n hay <a href="https://www.instagram.com/reels/CvNkhgstr0B/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">versi&oacute;n navide&ntilde;a</a>: &ldquo;Recuerda que solo tenemos diez Navidades para ser Pap&aacute; Noel&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/reel/DUxmqCYDOVn/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/reel/DUxmqCYDOVn/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; 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margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/reel/DUxmqCYDOVn/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Adam Strand (@adamnstrand)</a></p></div></blockquote>
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>
    </figure><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga Mar&iacute;a Huertas Vieco cree que este tipo de mensajes pueden tener consecuencias negativas para las familias. &ldquo;Es posible que generen cierta ansiedad ya que, aunque apelan a algo valioso &mdash;el v&iacute;nculo con los hijos&mdash;, introducen la exigencia. Y cuando el disfrute se convierte en obligatorio, pasa a ser una tarea m&aacute;s que cumplir, en lugar de una vivencia espont&aacute;nea&rdquo;, explica. Tambi&eacute;n se&ntilde;ala que son ideas que &ldquo;tienden a simplificar la realidad&rdquo;: &ldquo;Frases como &lsquo;solo tienes 15 veranos con ellos, disfr&uacute;talos&rsquo; o &lsquo;el tiempo pasa muy r&aacute;pido, aprov&eacute;chalo&rsquo; no contemplan que esos veranos pueden estar atravesados por realidades muy diversas, y que no todo lo que ocurre en ellos es disfrutable de la misma manera&rdquo;, asegura la experta.
    </p><p class="article-text">
        En su consulta en <a href="http://www.psinergia.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Espacio Psinergia</a> se ha encontrado con muchas familias con este problema, &ldquo;especialmente en terapia individual con madres, en muchos casos sobrecargadas, abrumadas, con niveles importantes de culpa y ambivalencia&rdquo;, se&ntilde;ala la tambi&eacute;n terapeuta familiar.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es posible que generen cierta ansiedad ya que, aunque apelan a algo valioso —el vínculo con los hijos—, introducen la exigencia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Huertas Vieco</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Una situaci&oacute;n de este tipo la est&aacute; viviendo ahora mismo Ana Roche, actriz y madre reciente. &ldquo;Recibo muchos mensajes de este tipo, que me generan culpa, ansiedad y miedo. Inevitablemente te comparas, pero las redes marcan unos niveles de perfecci&oacute;n a los que es imposible llegar. Y acabas pensando en qu&eacute; est&aacute;s haciendo mal para no disfrutar en la medida que te marcan esas <em>influencers</em> o madres perfectas. Parece que para maternar tuvi&eacute;ramos que ser <a href="https://www.eldiario.es/nidos/criar-tiempos-consejos-millennials-sienten-presion-madre-impecable_1_12801140.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">expertas en todo</a>, pero yo no s&eacute; si voy a conseguir hacerlo todo tan bien como veo en las redes&rdquo;, se pregunta Ana.
    </p><p class="article-text">
        Irene Ferradas es periodista, formadora y madre. Ella tambi&eacute;n recibe a diario este tipo de publicaciones y cree que los mensajes que urgen a exprimir la maternidad son &ldquo;frases hechas que se dicen sin pensar demasiado ni en su origen ni en sus posibles repercusiones para quien las escucha&rdquo;. &ldquo;No tengo claro qu&eacute; es ser buena madre, pero s&eacute; que no tiene que ver con disfrutar todo el rato. No se me ocurre nada, de hecho, que siempre, siempre, siempre me haga disfrutar. Exig&iacute;rselo a mi hija ser&iacute;a un disparate&rdquo;, reflexiona.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Estos mensajes que aparecen en redes llevan &quot;frases hechas que se dicen sin pensar demasiado ni en su origen ni en sus posibles repercusiones para quien las escucha&quot;."
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                Estos mensajes que aparecen en redes llevan &quot;frases hechas que se dicen sin pensar demasiado ni en su origen ni en sus posibles repercusiones para quien las escucha&quot;.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Mandatos, idealizaci&oacute;n y ansiedad</h2><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/nidos/flor-sichel-filosofa-sentimos-culpa-no-felices-dicen-deberiamos-madres_128_12126360.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Florencia Sichel</a>, fil&oacute;sofa, escritora y docente argentina, denuncia que este tipo de mensajes &ldquo;aparecen como una especie de mandato&rdquo;: &ldquo;Ten&eacute;s que estar con tu hijo porque nada es para siempre. Y eso en alg&uacute;n punto es cierto. Es verdad que no van a ser chicos toda la vida. Pero tambi&eacute;n es cierto que nosotros, como adultos, tampoco vamos a estar de la misma manera toda nuestra vida. Eso tiene que ver con el paso del tiempo. Entonces hay algo que hay que asumir: s&iacute;, nos vamos a perder algunas cosas con nuestros hijos, porque es parte de la vida y de la conciliaci&oacute;n&rdquo;, asegura Sichel.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No tengo claro qué es ser buena madre, pero sé que no tiene que ver con disfrutar todo el rato. No se me ocurre nada, de hecho, que siempre, siempre, siempre me haga disfrutar. Exigírselo a mi hija sería un disparate</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Irene Ferradas</span>
                                        <span>—</span> periodista, formadora y madre
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Coincide en este an&aacute;lisis Mar&iacute;a Huertas: &ldquo;No se puede desligar el bienestar en la crianza de factores como el apoyo social, la conciliaci&oacute;n, la carga mental o los recursos disponibles&rdquo;, explica. Y a&ntilde;ade que este tipo de simplificaciones &ldquo;tienen que ver con una narrativa bastante descontextualizada e idealizada de la crianza&rdquo;: &ldquo;Ese &lsquo;disfruta ahora, que pasa r&aacute;pido&rsquo; construye una imagen dulcificada y, en ocasiones, romantizada de la maternidad, centrada en los momentos bonitos o significativos, pero que deja fuera una parte esencial de la experiencia cotidiana: rabietas intensas, noches sin dormir, enfermedades, cansancio acumulado o momentos de irritabilidad. Y eso tambi&eacute;n es crianza. No todo es disfrutable, y reconocerlo no le resta valor a la experiencia, sino que la hace m&aacute;s realista y habitable&rdquo;, asegura la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n Florencia Sichel apunta las consecuencias que puede tener recibir este tipo de contenidos &ldquo;sacados de contexto&rdquo;: &ldquo;Cuando no tienen un enmarque situado, terminan generando mucha culpa o la sensaci&oacute;n de que uno no est&aacute; haciendo las cosas como deber&iacute;a. Y en ese sentido hay algo bastante <em>naif</em>, porque la crianza es mucho m&aacute;s compleja y excede cualquier consejo que, desde la mejor de las voluntades, alguien pueda dar&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Relativizar y desconectar</h2><p class="article-text">
        En su libro <a href="https://www.audible.es/pd/Todas-las-exigencias-del-mundo-Audiolibro/B0GX7J2TTB?qid=1778058026&amp;sr=1-1&amp;ref_pageloadid=not_applicable&amp;pf_rd_p=edc39886-a4e3-4991-8ce5-effa92157a44&amp;pf_rd_r=5SWMT4KS4SWC17BANF89&amp;plink=HZGjPDocd5XkwQEh&amp;pageLoadId=G2fm38HEUuEZ72w8&amp;creativeId=41e85e98-10b8-40e2-907d-6b663f04a42d&amp;ref=a_search_c3_lProduct_1_1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Todas las exigencias del mundo</em></a>, la fil&oacute;sofa invita a aplicar una mirada diferente a la experiencia materna y paterna, a la vida adulta, libre de exigencias. &ldquo;Los padres tendemos a poner muchas expectativas, a idealizar, y a creer que por adoptar cierto consejo, incluso de alguien experto, eso va a funcionar de esa manera con un hijo. Y la mayor&iacute;a de las veces no pasa&rdquo;, explica. Su propuesta para evitar estos discursos simplificantes pasa por construir redes: &ldquo;Necesitamos m&aacute;s intercambio real, en lugar de buscar respuestas f&aacute;ciles a problemas que son, en verdad, mucho m&aacute;s complejos&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay algo que hay que asumir: sí, nos vamos a perder algunas cosas con nuestros hijos, porque es parte de la vida y de la conciliación</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Flor Sichel</span>
                                        <span>—</span> filósofa y escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Conviene no asumir estos mensajes como un dogma ni como una verdad absoluta, sino mantener una lectura cr&iacute;tica que permita situarlos como lo que son: mensajes consumibles de redes sociales&rdquo;, propone la psic&oacute;loga Mar&iacute;a Huertas Vieco. Ella tambi&eacute;n se&ntilde;ala la necesidad de no abordar estas problem&aacute;ticas desde lo individual, sino desde lo estructural: &ldquo;[Estos discursos] se apoyan en una idea muy extendida de que, con actitud, todo es posible, y que todo depende del esfuerzo o de factores individuales, pero la capacidad de disfrutar no depende &uacute;nicamente de una decisi&oacute;n personal, sino del contexto: del tiempo disponible, de la carga mental, de la red de apoyo o de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Ana Roche reconoce que su posparto est&aacute; siendo &ldquo;complicado&rdquo;, por lo que en ocasiones recibir este tipo de impactos la ha llevado a dudar de s&iacute; misma. &ldquo;Si ya es dif&iacute;cil cuidar a una beb&eacute;, encima el algoritmo te hace desconfiar de ti misma&rdquo;, explica. As&iacute; que ella ha optado por reducir el tiempo de uso de redes sociales y dejar de compararse. &ldquo;Ahora apenas entro en las aplicaciones, y aunque no he conseguido desinstal&aacute;rmelas, he reducido la exposici&oacute;n y la ansiedad tambi&eacute;n ha bajado&rdquo;. Marina, madre de un beb&eacute; y una ni&ntilde;a peque&ntilde;a, ha tomado una soluci&oacute;n m&aacute;s dr&aacute;stica: &ldquo;Directamente me he desinstalado Instagram. Paso de que me sigan bombardeando con este tipo de discursos que solo hacen da&ntilde;o&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/disfruta-tienes-18-veranos-hijos-mensajes-culpabilizadores-padres-plagan-redes_1_13202611.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 07 May 2026 20:03:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["¡Disfruta! Solo tienes 18 veranos con tus hijos": los mensajes culpabilizadores contra padres y madres que plagan las redes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Redes sociales,Madres,Padres,Niños]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De esto también se sale: el “despuerperio” o ese momento increíble en el que las madres empezamos a soltar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/sale-despuerperio-momento-increible-madres-empezamos-soltar_129_13152924.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f712534-e870-4477-ad9a-3f915e134c96_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De esto también se sale: el “despuerperio” o ese momento increíble en el que las madres empezamos a soltar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es posible que este movimiento se dé sin que haya una conciencia clara de que está pasando. Simplemente, un día te das cuenta de que ya no estás completamente dentro de aquello que te desbordaba</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        De mi boca ha salido muchas veces ese &ldquo;tranquila, que de esto tambi&eacute;n se sale&rdquo; cuando me cruzo con una mujer con su beb&eacute; pegado al cuerpo como si no hubiera terminado de nacer del todo. Lo he dicho en portales, en parques, en conversaciones interrumpidas por un llanto que hay que atender. Lo he dicho mirando a los ojos a esa madre que encadena noches partidas en tres, que suspira por cinco minutos de ducha sin interrupciones y que vuelve al trabajo con la sensaci&oacute;n de estar siempre a punto de fallar, porque el virus que entra por la puerta de la escuelita infantil no entiende de contratos ni de bajas maternas a todas luces insuficientes. Una semana en casa, dos en la escuelita, otra vez en casa. Y, en medio, el cuerpo que no reconoces, la conversaci&oacute;n que se estrecha hasta quedarse en los bodies y los horarios de sue&ntilde;o, la pareja recoloc&aacute;ndose como puede en un territorio en el que, a veces, no hay energ&iacute;a ni para mirarse sin que eso mismo se convierta en otra tarea.
    </p><p class="article-text">
        Es ah&iacute; donde aparece la frase. Funciona, en parte, porque promete un final, porque sugiere que esto &mdash;lo que sea exactamente ese &ldquo;esto&rdquo;&mdash; tiene una duraci&oacute;n limitada y que, si se aguanta lo suficiente, se sale del t&uacute;nel y se comienza a ver la luz. En su momento, yo tambi&eacute;n entend&iacute; esa salida como un regreso: volver a ser la que era, recuperar el cuerpo, el deseo, una cierta continuidad con mi vida anterior. En mis dos cuarentenas sent&iacute; cierta autopresi&oacute;n, tambi&eacute;n en el sexo. Tuve prisa por mantener mi primera relaci&oacute;n sexual posparto, como si ah&iacute; me jugara algo importante, como si recuperar el deseo antes de que acabasen esos cuarenta d&iacute;as fuese un logro que confirmaba que todo iba en la direcci&oacute;n correcta.
    </p><p class="article-text">
        Pero no era eso. No hay un momento claro que marque tu vuelta. No hay un d&iacute;a en el que algo encaja de repente y te devuelve, intacta, a la mujer que eras. Durante bastante tiempo, tienes la sensaci&oacute;n de estar viviendo en una versi&oacute;n provisional de tu vida, de moverte en un lugar que no termina de asentarse, de no reconocerte del todo en lo que haces ni en c&oacute;mo lo haces. Y, sin embargo, aunque no haya un corte claro, algo empieza a cambiar.
    </p><p class="article-text">
        No sucede de golpe, es m&aacute;s bien un movimiento lento que se va adentrando en lo cotidiano. Un d&iacute;a te das cuenta de que puedes leer m&aacute;s de dos p&aacute;ginas seguidas de un libro sin tener que volver atr&aacute;s porque has perdido el hilo. Otro d&iacute;a, que has quedado con tus amigas y, sin daros cuenta, hab&eacute;is pasado horas hablando de vosotras, de lo que os pasa, de lo que quer&eacute;is, y no de vuestras criaturas. Que os re&iacute;s con muchas ganas escuchando las aventuras de la &uacute;ltima amiga separada en Tinder, como si esa conversaci&oacute;n perteneciera a otra vida y, al mismo tiempo, siguiera siendo vuestra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En mis dos cuarentenas sentí cierta autopresión, también en el sexo. Tuve prisa por mantener mi primera relación sexual posparto, como si ahí me jugara algo importante</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Empiezas a salir de casa sin calcular cada minuto en funci&oacute;n de otra persona. A alargar un caf&eacute;. A acudir a la presentaci&oacute;n de un libro y, despu&eacute;s, quedarte a tomar un vino y comentar. A tener una idea y poder seguirla hasta el final sin interrupciones constantes. A notar que el silencio ya no es un lujo inalcanzable, sino algo que vuelve, poco a poco, a estar disponible. Puedes volver al gimnasio en horario escolar y no sentir que le est&aacute;s robando tiempo a nadie. Tu criatura se queda a dormir en casa de un amigo y no pasas la noche pendiente del m&oacute;vil. Te atreves a dejarle un fin de semana con sus abuelos y descubres que no solo no pasa nada, sino que vuelve mejor. Sientes que puedes descargar un poco la presi&oacute;n, que ya no todo depende de ti en cada momento.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n el deseo regresa, pero ya no como una meta que hay que alcanzar, ni como una se&ntilde;al que confirme que todo est&aacute; bien, sino como algo que aparece cuando puede, cuando encuentra espacio, cuando deja de estar sometido a esa l&oacute;gica de rendimiento que convierte incluso lo &iacute;ntimo en una tarea m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A ese momento, la psic&oacute;loga perinatal Paola Roig lo llama &ldquo;despuerperio&rdquo;, explic&aacute;ndolo de una forma muy sencilla: &ldquo;Es algo que nos pasa a las madres cuando salimos del postparto; no del postparto inmediato &mdash;el puerperio de los primeros meses&mdash;, sino de esta crianza intensiva. Es lo que pasa m&aacute;s all&aacute; de los dos a&ntilde;os de nuestra criatura, cuando finaliza esa 'fusi&oacute;n' y empieza a separarse de nosotras. En ese momento, nosotras tambi&eacute;n nos tenemos que separar y descubrir qui&eacute;nes somos ahora despu&eacute;s de todo esto&rdquo;. No es una etiqueta m&aacute;s, ni una etapa que se pueda marcar en el calendario, sino una manera de nombrar ese desplazamiento en el que la maternidad deja de ocuparlo todo y empieza a convivir con otras partes de ti que vuelven a hacerse visibles.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No sucede de golpe, es más bien un movimiento lento que se va adentrando en lo cotidiano. Un día te das cuenta de que puedes leer más de dos páginas seguidas de un libro sin tener que volver atrás porque has perdido el hilo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Porque, &iquest;de qu&eacute; se sale exactamente? &iquest;De las noches sin dormir? &iquest;De los virus encadenados? &iquest;De la sensaci&oacute;n de no llegar? S&iacute;, en parte. Lo que voces como la de Roig est&aacute;n poniendo sobre la mesa es que lo m&aacute;s decisivo sucede en otro plano, menos visible, m&aacute;s dif&iacute;cil de medir y que tiene que ver con la manera en que una se reconoce &mdash;o deja de reconocerse&mdash; en lo que hace, en c&oacute;mo se vincula, en c&oacute;mo se piensa. Tiene que ver con esa experiencia que Roig describe como un aprendizaje acumulado que, pasado un tiempo, exige ser integrado: &ldquo;No soy la de antes, no soy la que era solo madre, soy una Paola nueva. Obviamente, tengo muchas cosas de las que era antes, pero he incorporado much&iacute;simo aprendizaje despu&eacute;s de este crecimiento tan grande&rdquo;. Es posible que este movimiento se d&eacute; sin que haya una conciencia clara de que est&aacute; pasando. Simplemente, un d&iacute;a te das cuenta de que ya no est&aacute;s completamente dentro de aquello que te desbordaba, de que puedes tomar cierta distancia y empezar a soltar.
    </p><p class="article-text">
        Si vuelvo a esa frase que repito &mdash;&ldquo;de esto tambi&eacute;n se sale&rdquo;&mdash;, entiendo mejor qu&eacute; deja fuera. Porque s&iacute;, se sale, pero no dando por cerrada una etapa y volviendo a una versi&oacute;n intacta de una misma. Se sale cuando dejas de intentar ser la que eras y empiezas, con m&aacute;s o menos torpeza, a hacerte cargo de la que eres ahora.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/sale-despuerperio-momento-increible-madres-empezamos-soltar_129_13152924.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Apr 2026 19:34:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De esto también se sale: el “despuerperio” o ese momento increíble en el que las madres empezamos a soltar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En defensa de los chats de padres, a pesar de su mala fama: "Sabes que hay alguien ahí las 24 horas"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/mala-reputacion-gran-apoyo-defiendo-chats-padres_1_13148602.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6e318cc-0f9d-492c-a42d-1a6d1d8014a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En defensa de los chats de padres, a pesar de su mala fama: &quot;Sabes que hay alguien ahí las 24 horas&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los grupos de WhatsApp para padres pueden ser espacios estresantes para las madres primerizas. Pero a veces también un refugio digital durante la madrugada</p><p class="subtitle">Una psicóloga infantil explica todas las consecuencias de dormir con tus hijos: “Puede favorecer el apego seguro”</p></div><p class="article-text">
        Durante los primeros d&iacute;as despu&eacute;s de traer a mi hija del hospital, mi casa estuvo m&aacute;s concurrida que nunca. Familiares, amigos, vecinos e incluso conocidos de pasada se agolpaban en la puerta, colm&aacute;ndome de comida, regalos, ropa de segunda mano y <a href="https://www.eldiario.es/nidos/criar-tiempos-consejos-millennials-sienten-presion-madre-impecable_1_12801140.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">consejos</a>.
    </p><p class="article-text">
        Pero al ponerse el sol, la multitud se dispersaba. Mi hija se despertaba y pasaba la noche sin dormir; yo me retiraba a mi dormitorio y, la verdad sea dicha, a mi tel&eacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        Las incursiones nocturnas en el abismo digital rara vez me han resultado provechosas. Sol&iacute;a caer en un vac&iacute;o paranoico de contenidos, compras o teor&iacute;as conspirativas, para salir, horas m&aacute;s tarde, agotada y ansiosa.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, tras el nacimiento de mi hija, descubr&iacute; un santuario digital oculto: los <a href="https://www.eldiario.es/nidos/24-horas-grupo-whatsapp-buscar-colegio-ninos-proceso-locura_1_12153447.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">chats de WhatsApp para padres</a>.
    </p><p class="article-text">
        Durante el embarazo, me hab&iacute;an a&ntilde;adido a varios grupos de madres y a los hilos de debate correspondientes. Estaba el de mis amigas embarazadas, el grupo de mi ayuntamiento, otro para madres de mi zona, un grupo de pago para padres hippies y, por &uacute;ltimo, el hilo de la familia, donde se gestionaba toda la organizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Ya entonces sab&iacute;a que internet pod&iacute;a ser un espacio tenso para las madres primerizas, repleto de simulacros t&oacute;xicos del tipo de madre que se supone que uno debe ser. Los chats de WhatsApp para padres suelen constituir el lado oscuro de esta cultura. A principios de este a&ntilde;o, la actriz Ashley French (antes Tisdale) escribi&oacute; un art&iacute;culo que se hizo viral en el que detallaba su decisi&oacute;n de <a href="https://www.thecut.com/article/ashley-tisdale-french-mom-group-mean-girls-parenting.html" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&laquo;romper&raquo; con su t&oacute;xico grupo de madres</a> &mdash;y el <a href="https://www.eldiario.es/nidos/quien-contesta-mensajes-en-chats-de-padres_129_12212870.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">chat grupal</a> que lo acompa&ntilde;aba&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo revolucion&oacute; Internet, ya que los lectores especularon sobre qu&eacute; famosas estaban involucradas y compartieron sus propias historias de juicios y acoso en estos espacios. Cuando empec&eacute; a preguntar por ah&iacute; mientras investigaba para este art&iacute;culo, tambi&eacute;n recib&iacute; docenas de mensajes que, en esencia, dec&iacute;an: &laquo;He bloqueado todos mis chats de madres porque eran horribles y muy cr&iacute;ticos&raquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando empecé a preguntar por ahí mientras investigaba para este artículo, también recibí docenas de mensajes que, en esencia, decían: &#039;He bloqueado todos mis chats de madres porque eran horribles y muy críticos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y, sin embargo, en lo que quiz&aacute; sea el primer respiro que me ha dado Internet, mis conversaciones nunca se volvieron t&oacute;xicas. Al contrario, se convirtieron en espacios abiertos las 24 horas del d&iacute;a, libres de juicios, donde pod&iacute;a pedir consejo, celebrar peque&ntilde;as victorias o simplemente desahogarme.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Jessica, profesora, supo que iba a tener gemelos, no conoc&iacute;a a nadie que hubiera pasado por lo que ella estaba a punto de afrontar. Entonces, mientras compraba un cochecito en Facebook Marketplace, conoci&oacute; a otra madre de la zona que la invit&oacute; a unirse a un chat grupal para familias con gemelos.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Los padres de un solo hijo no pueden entender realmente lo que es ser padre de gemelos&raquo;, dice Jessica, que ha pedido figurar solo con su nombre de pila. &laquo;Necesitas tener en tu vida a padres de gemelos para que te apoyen&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Gracias al chat, siempre sent&iacute; que ten&iacute;a un equipo de animadoras. Nunca me sent&iacute; sola, aunque estuviera criando a gemelos lejos de mis amigos y mi familia&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando nacieron sus hijos, la conexi&oacute;n en l&iacute;nea cobr&oacute; a&uacute;n m&aacute;s importancia. Los beb&eacute;s pasaron diez semanas en el hospital y, una vez que llegaron a casa, le resultaba casi imposible salir de ella.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;La asociaci&oacute;n de padres de gemelos organiza grupos de juego, pero es muy dif&iacute;cil asistir a ellos cuando est&aacute;s en plena lucha con unos gemelos reci&eacute;n nacidos&raquo;, explica. &laquo;Poder hablar con otras madres de gemelos en el chat me hizo sentir integrada en mi vida cotidiana&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, Louella admite que tiene suerte de contar con un gran apoyo presencial. Pero, incluso teniendo una buena comunidad en la vida real, su grupo de madres en WhatsApp &mdash;creado por una amiga&mdash; le ofrece un tipo de conexi&oacute;n diferente.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;He descubierto que la maternidad es realmente maravillosa, pero tambi&eacute;n, a veces, bastante aislante&raquo;, dice. &laquo;Es agradable que alguien te env&iacute;e un mensaje y te diga: &ldquo;Estoy despierta dando de comer a las tres de la madrugada, &iquest;alguien m&aacute;s est&aacute; despierto?&rdquo;&raquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es agradable que alguien te envíe un mensaje y te diga: &#039;Estoy despierta dando de comer a las tres de la madrugada, ¿alguien más está despierto?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La directora de arte Annie Portelli conoci&oacute; a las integrantes de su chat &mdash;acertadamente llamado 'Terapia gratuita para el club de las mam&aacute;s'&mdash; a trav&eacute;s de las sesiones para ni&ntilde;os peque&ntilde;os de su biblioteca local. El grupo sigue reuni&eacute;ndose en persona, pero, al igual que Louella, ella se beneficia de la cercan&iacute;a constante que ofrece el chat.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El chat de WhatsApp, en concreto, es realmente reconfortante porque sabes que hay alguien ah&iacute; las 24 horas del d&iacute;a, los 7 d&iacute;as de la semana, lo cual es muy importante en la oscuridad de la noche&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La franqueza del grupo tambi&eacute;n es importante. &laquo;Puedes decir literalmente cualquier cosa &mdash;relacionada con el beb&eacute; o no&mdash; y nadie te juzgar&aacute;&raquo;, afirma. &laquo;Recibir un mensaje para ver c&oacute;mo est&aacute;s a la ma&ntilde;ana siguiente de una mala noche lo es todo cuando est&aacute;s sola en casa con tu beb&eacute; y te sientes un fracaso&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la proliferaci&oacute;n de los grupos de WhatsApp pueda parecer un fen&oacute;meno pospand&eacute;mico, los padres llevan d&eacute;cadas buscando estos espacios.
    </p><p class="article-text">
        Kiri, cuyos hijos son ahora adolescentes, recuerda el grupo de madres de su ayuntamiento como un espacio mucho m&aacute;s teatral.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Sent&iacute;a una enorme presi&oacute;n por dar la impresi&oacute;n de que lo estaba llevando bien&raquo;, afirma. &laquo;Cuando la gente hablaba de entrenar el sue&ntilde;o o del destete dirigido por el beb&eacute;, fing&iacute;a que yo tambi&eacute;n lo hab&iacute;a investigado. Me sent&iacute;a incre&iacute;blemente insegura de m&iacute; misma, pero no quer&iacute;a que lo supieran&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En lugar de abrirse en persona, se sinti&oacute; atra&iacute;da por foros an&oacute;nimos en l&iacute;nea con nombres como &laquo;Birth Club&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Compartir cosas en Internet era otra historia&raquo;, dice. &laquo;No hab&iacute;a preguntas demasiado tontas ni desahogos demasiado &iacute;ntimos. Nadie sab&iacute;a qui&eacute;n era yo, as&iacute; que pod&iacute;a decir lo que realmente sent&iacute;a. Desconocidos de otros pa&iacute;ses se compadec&iacute;an de m&iacute; o me enviaban &ldquo;abrazos virtuales&rdquo;. La verdad es que era una gozada&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de mis buenos recuerdos de esos chats grupales, quiz&aacute; sea mejor que ya no me pase noches enteras mirando el m&oacute;vil. Aun as&iacute;, cuando uno de esos hilos antiguos cobra vida con una actualizaci&oacute;n inesperada o una invitaci&oacute;n de cumplea&ntilde;os, siento una punzada de nostalgia.
    </p><p class="article-text">
        De repente, vuelvo a estar en mi habitaci&oacute;n a oscuras, mirando una calle vac&iacute;a y sinti&eacute;ndome como la &uacute;nica persona despierta en la Tierra. En esos momentos, mi tel&eacute;fono no me parec&iacute;a un vac&iacute;o, sino una ventana por la que pod&iacute;a arrastrarme para encontrar a otra persona.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; en otra vida, en otra d&eacute;cada, en otro pa&iacute;s, estas mujeres y yo no hubi&eacute;ramos necesitado chats grupales. Quiz&aacute; nuestras familias hubieran vivido cerca. Quiz&aacute; no hubi&eacute;ramos tenido que apresurarnos a acostar a los beb&eacute;s para poder volver al trabajo. Quiz&aacute; hubi&eacute;ramos pasado largas tardes con otros padres, navegando juntos y sin prisas por los primeros a&ntilde;os de la crianza.
    </p><p class="article-text">
        El mundo ha cambiado, pero las exigencias de la crianza siguen siendo las mismas. Sigue haciendo falta un pueblo para criar a un ni&ntilde;o. Pero, para bien o para mal, hoy en d&iacute;a ese pueblo suele vivir dentro de nuestros tel&eacute;fonos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Wendy Syfret]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/mala-reputacion-gran-apoyo-defiendo-chats-padres_1_13148602.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 20:06:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En defensa de los chats de padres, a pesar de su mala fama: "Sabes que hay alguien ahí las 24 horas"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,Padres,Madres,Whatsapp,The Guardian]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/abuelos-ponen-limites-cuidado-nietos-disfruto-no-quiero-volver-dia-marcado-horarios_1_13134312.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4b736029-8ee6-42b7-8459-fc880eff98f2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En muchos hogares, contar con los abuelos se ha convertido en algo que se da por sentado. Recoger a los niños, cubrir imprevistos o ayudar algunas tardes se integra en la organización diaria, a veces, sin hablarlo previamente</p><p class="subtitle">Consultorio - “Me siento juzgada como abuela cuando cuido a mis nietos, ¿cómo lo hablo con mi hija para evitar conflictos?”</p></div><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, la implicaci&oacute;n de los abuelos en el cuidado de los nietos ha sido algo habitual. Sin embargo, no ocurre igual en todos los casos. Hay abuelos que siguen en activo, otros que tienen problemas de salud o que viven lejos, y tambi&eacute;n quienes prefieren dedicar esta etapa vital a proyectos propios.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estas formas de entender ese apoyo no coinciden con lo que los hijos esperan, aparecen fricciones que no siempre se han abordado previamente: incomodidad, malentendidos o la sensaci&oacute;n de que las responsabilidades no est&aacute;n claras dentro del entorno familiar.
    </p><h2 class="article-text">Una ayuda muy presente en la organizaci&oacute;n familiar</h2><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n de los abuelos en la crianza sigue siendo habitual en Europa. Un <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10519902/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a> publicado en 2023 por la revista <em>European Journal of Ageing</em>, a partir de datos de personas mayores de distintos pa&iacute;ses europeos, se&ntilde;ala que una proporci&oacute;n relevante colabora en el d&iacute;a a d&iacute;a con sus nietos. Seg&uacute;n este trabajo, cerca de la mitad lo hace de forma ocasional, mientras que aproximadamente uno de cada cuatro asume un papel m&aacute;s continuado. Este tipo de apoyo es especialmente frecuente en los pa&iacute;ses del sur de Europa, donde las redes familiares siguen teniendo un peso importante en la organizaci&oacute;n cotidiana. Otro <a href="https://cms.aldeasinfantiles.es/uploads/2023/07/Abuelos-y-crianza.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a> sobre abuelos y crianza de Aldeas Infantiles, publicado en 2023, indica que en Espa&ntilde;a el 35% de los mayores de 65 se encarga del cuidado de los nietos varias veces por semana (muy por encima de la media europea del 14,9%).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Durante muchos años viví pendiente del trabajo y de la familia, y ahora necesito que esta etapa sea un poco diferente</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cándida</span>
                                        <span>—</span> 67 años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La participaci&oacute;n no se da siempre de la misma manera ni se vive igual en todos los hogares. En algunos casos se limita a momentos puntuales, mientras que en otros adopta formas m&aacute;s estables o se descarta por completo.
    </p><p class="article-text">
        C&aacute;ndida, de 67 a&ntilde;os, decidi&oacute; desde el principio no asumir una rutina fija con sus dos nietos. &ldquo;Estoy con ellos y disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el d&iacute;a marcado por horarios. Durante muchos a&ntilde;os viv&iacute; pendiente del trabajo y de la familia, y ahora necesito que esta etapa sea un poco diferente&rdquo;, explica. Aunque lo habl&oacute; en casa, sinti&oacute; que se daba por hecho que estar&iacute;a m&aacute;s disponible y que no fue f&aacute;cil cambiar esa idea.
    </p><h2 class="article-text">Lo que se espera de los abuelos</h2><p class="article-text">
        Lo que empieza de forma puntual puede ir convirti&eacute;ndose en una responsabilidad m&aacute;s regular. Y ah&iacute; suelen aparecer los primeros roces. Antonio, de 70 a&ntilde;os, se encontr&oacute; con esa situaci&oacute;n cuando su hija le propuso encargarse de recoger a los ni&ntilde;os del colegio todos los d&iacute;as. &ldquo;Para ella era algo normal, pero para m&iacute; no lo era. Sigo trabajando algunas ma&ntilde;anas y tengo mis propios horarios. No pod&iacute;a reorganizar todo mi d&iacute;a para asumir ese compromiso fijo&rdquo;, recuerda. Durante un tiempo se interpret&oacute; as&iacute;, como si no quisiera ayudar. 
    </p><p class="article-text">
        El papel de los abuelos en la crianza ha ido cambiando en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Como afirma Gerardo Meil, catedr&aacute;tico de Sociolog&iacute;a en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid y especialista en sociolog&iacute;a de la familia, este papel est&aacute; relacionado con la transformaci&oacute;n del modelo familiar y con la incorporaci&oacute;n de las mujeres al trabajo en un contexto de familias m&aacute;s peque&ntilde;as. &ldquo;Muchas abuelas, en su mayor&iacute;a no empleadas y relativamente j&oacute;venes, asumieron un rol activo en el cuidado&rdquo;, comenta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchas abuelas, en su mayoría no empleadas y relativamente jóvenes, asumieron un rol activo en el cuidado</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gerardo Meil</span>
                                        <span>—</span> catedrático de Sociología en la UAM
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con el tiempo, ese rol tambi&eacute;n ha cambiado. Meil subraya que se ha pasado de un modelo de &ldquo;cuidado sustitutivo&rdquo; a otro de &ldquo;cuidado complementario&rdquo; o &ldquo;cuidado de emergencia&rdquo;, m&aacute;s ocasional y limitado a determinadas tareas o momentos, como cuando est&aacute;n enfermos o para recogerlos del colegio.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, no en todos los hogares se cuenta con esa ayuda. Seg&uacute;n datos de la <a href="https://quidan-project.com/resultados-list" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta QUIDAN</a> 2 (2025), elaborada por Meil a familias con hijos menores de siete a&ntilde;os, &ldquo;el n&uacute;mero de familias que no recibe ning&uacute;n tipo de ayuda puede estimarse en alrededor de una de cada cuatro&rdquo;. Adem&aacute;s, en ese mismo estudio se observa que ha aumentado la proporci&oacute;n de padres que perciben que los abuelos no muestran demasiada disposici&oacute;n para cuidar. 
    </p><p class="article-text">
        En la mayor&iacute;a de los casos, esta ausencia de apoyo no responde a una negativa directa. Tal y como apunta Meil, &ldquo;las razones en la gran mayor&iacute;a de los casos son objetivas&rdquo;, y est&aacute;n relacionadas con factores como la distancia, problemas de salud, la situaci&oacute;n laboral o el cuidado de otros nietos.
    </p><p class="article-text">
        Esa evoluci&oacute;n tambi&eacute;n se refleja en c&oacute;mo algunos abuelos deciden estar presentes. Eladio, de 69 a&ntilde;os, no participa en el cuidado diario de su nieta, pero mantiene un v&iacute;nculo regular en su vida. &ldquo;No estoy para el d&iacute;a a d&iacute;a ni para asumir responsabilidades fijas, pero s&iacute; para verla cuando surge&rdquo;, expresa. &ldquo;Nos vemos los fines de semana, en momentos concretos, y as&iacute; lo disfrutamos m&aacute;s. Para m&iacute; es importante que ese tiempo no est&eacute; ligado a una obligaci&oacute;n&rdquo;, remata.
    </p><h2 class="article-text">Negociar l&iacute;mites sin romper la relaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        M&aacute;s que la falta de apoyo, lo que suele tensar estas situaciones es el desajuste entre lo que cada uno espera y lo que realmente ocurre.
    </p><p class="article-text">
        Desde la mediaci&oacute;n familiar, este tipo de conflictos suele estar relacionado con un desajuste entre lo que cada generaci&oacute;n espera de la otra. Seg&uacute;n la mediadora familiar y abogada especializada en conflictos familiares Ana Criado Inchausp&eacute;, los hijos tienden a mirar a sus padres desde sus propias necesidades (la conciliaci&oacute;n, el trabajo o la crianza) sin atender a que ellos tambi&eacute;n se encuentran en una etapa vital distinta, con proyectos propios.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La mediadora familiar Ana Criado insiste en que una de las claves es &#039;transformar expectativas implícitas en acuerdos claros&#039;, ya que muchas tensiones nacen de lo que nunca se ha hablado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En ese sentido, sostiene que no se trata tanto de ego&iacute;smo como de una falta de conciencia sobre las diferencias entre generaciones. Criado habla de la aparici&oacute;n de &ldquo;un nuevo modelo de tercera edad, m&aacute;s activo y aut&oacute;nomo&rdquo;, en el que muchas personas mayores priorizan su tiempo y no necesariamente desean asumir un cuidado continuado de sus nietos.
    </p><p class="article-text">
        Si estas expectativas no se ponen en com&uacute;n, aclara, pueden surgir sentimientos de decepci&oacute;n en los hijos y, al mismo tiempo, presi&oacute;n o p&eacute;rdida de libertad en los abuelos. Asimismo, indica que esto suele dar lugar a malentendidos sobre si ese cuidado es una ayuda puntual o una obligaci&oacute;n familiar.
    </p><p class="article-text">
        Desde su experiencia, Criado insiste en que una de las claves es &ldquo;transformar expectativas impl&iacute;citas en acuerdos claros&rdquo;, ya que muchas tensiones nacen de lo que nunca se ha hablado. Para evitarlo, propone exponer abiertamente lo que cada parte espera, delimitar responsabilidades (recordando que el cuidado corresponde a los padres) y concretar cu&aacute;ndo y c&oacute;mo puede darse la colaboraci&oacute;n de los abuelos. Tambi&eacute;n subraya la importancia de tener en cuenta las necesidades de ambas generaciones: la conciliaci&oacute;n de los hijos y la autonom&iacute;a de los mayores.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltimo t&eacute;rmino, la especialista en conciliaci&oacute;n familiar concluye que &ldquo;el reto no es decidir si los abuelos deben cuidar o no a los nietos&rdquo;, sino abrir un di&aacute;logo que permita ajustar esas expectativas para que la colaboraci&oacute;n sea una elecci&oacute;n y no una imposici&oacute;n, sin deteriorar el v&iacute;nculo familiar.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces, el problema no est&aacute; tanto en la falta de ayuda como en lo que no se llega a decir a tiempo. Isabel, de 68 a&ntilde;os, reconoce que durante un tiempo asumi&oacute; que deb&iacute;a estar disponible para cuidar de sus nietas sin plantearse si realmente pod&iacute;a o quer&iacute;a hacerlo en esas condiciones. Con el paso de los meses, esa disponibilidad empez&oacute; a resultarle inc&oacute;moda, como si tuviera poco margen para decidir por s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Al principio no dije nada, porque parec&iacute;a lo normal, pero cada vez me sent&iacute;a m&aacute;s inc&oacute;moda, como si no pudiera elegir&rdquo;, asegura. Eso, relata, cambi&oacute; cuando lo hablaron en familia. &ldquo;Cuando lo compartimos, result&oacute; un alivio para todos. Pudimos recolocar las cosas y empezar a entendernos mejor. Ahora s&eacute; que ayudar tambi&eacute;n implica poder decidir&rdquo;, declara.
    </p><p class="article-text">
        A medida que cambian las formas de vida, tambi&eacute;n se reordenan los acuerdos dentro de las familias. Lo que durante d&eacute;cadas se dio por hecho empieza a dejar paso a decisiones m&aacute;s habladas y menos asumidas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/abuelos-ponen-limites-cuidado-nietos-disfruto-no-quiero-volver-dia-marcado-horarios_1_13134312.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 20:20:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Abuelos,Padres,Madres,Crianza,Cuidados familiares,Niños]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carmen Ruano, psicóloga: "Los límites a los niños sirven como barrera cuando funciones como el autocontrol están en proceso de maduración"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/carmen-ruano-psicologa-limites-sirven-barreras-mantienen-nino-encarrilado-buen-camino-xp_1_13121981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa75ee5e-f7cc-4a91-9e2e-5d2e643357fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carmen Ruano, psicóloga: &quot;Los límites a los niños sirven como barrera cuando funciones como el autocontrol están en proceso de maduración&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque pueden ser una parte ingrata de la crianza, las reglas y normas para los niños son estrategias y herramientas para guiarles y que sean independientes en su vida adulta</p><p class="subtitle">Cuatro conversaciones clave con nuestros padres al hacerse mayores: “Afrontan las situaciones con más tranquilidad”</p></div><p class="article-text">
        A diario solemos tener que lidiar con situaciones de &ldquo;desobediencia&rdquo; por parte de los ni&ntilde;os. Es normal que esto ocurra cuando se encuentran en la etapa de consolidaci&oacute;n de su individualidad. Las peque&ntilde;as luchas de poder son una parte inevitable de la crianza: se trata de querer quedarse despiertos hasta tarde, comer helado para desayunar, cruzar solos la calle aunque sean muy peque&ntilde;os o querer m&aacute;s tiempo frente a la pantalla en el caso de los m&aacute;s mayores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las dudas, dificultades y contradicciones a la hora de educar a los ni&ntilde;os son una parte intr&iacute;nseca a todo este complejo proceso de su desarrollo. Y es aqu&iacute; donde entra en juego una parte importante de todo este camino: los ni&ntilde;os necesitan l&iacute;mites y reglas que les ayuden a conocer sus posibilidades, hasta d&oacute;nde pueden llegar y qu&eacute; se espera de ellos. Se trata, sobre todo, de proporcionarles un marco de referencia, fronteras claras y consistentes, establecidas con respeto.
    </p><h2 class="article-text">Por qu&eacute; son importantes los l&iacute;mites</h2><p class="article-text">
        Nos guste o no, establecer l&iacute;mites a nuestros hijos es parte de la vida cotidiana. De forma natural, queremos protegerlos, ayudarlos a construir relaciones respetuosas y que aprendan a cuidarse. &ldquo;Los l&iacute;mites que ponen los adultos sirven como barreras que mantienen al ni&ntilde;o encarrilado en el buen camino: aprendizaje de autocuidado, tareas de la casa, horarios saludables, h&aacute;bitos de sue&ntilde;o y de alimentaci&oacute;n, educaci&oacute;n, respeto a la autoridad&hellip;&rdquo;, explica Carmen Ruano, psic&oacute;loga infantojuvenil de <a href="https://www.alivpsicologosfuengirola.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Aliv Psic&oacute;logos</a>.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente alguna vez hemos intentado que nuestro hijo pause su videojuego a la hora de cenar, o hemos pretendido que un ni&ntilde;o peque&ntilde;o nos d&eacute; la mano para cruzar la calle. Estas situaciones no siempre fomentan un clima tranquilo. Sin embargo, los l&iacute;mites y las normas apropiadas son los que brindan a los ni&ntilde;os una sensaci&oacute;n de seguridad, coherencia y confianza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Establecer l&iacute;mites significa definir reglas y expectativas claras y apropiadas para su desarrollo. Los l&iacute;mites pueden establecerse por motivos de seguridad o disciplina, pero su prop&oacute;sito es siempre guiar al ni&ntilde;o, no controlarlo. Deben, por tanto, ser f&aacute;ciles de seguir y comprender y, adem&aacute;s, tienen que ser consistentes y coherentes.
    </p><p class="article-text">
        Un l&iacute;mite es algo que imponemos, que indica lo que consideramos apropiado o no, y lo que toleraremos o no. Ayudan, adem&aacute;s, a crear un espacio seguro tanto para los adultos como para los ni&ntilde;os. Para Ruano, los l&iacute;mites son &ldquo;su aprendizaje para su vida futura adulta, que les permitir&aacute; ser funcionales e independientes&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Un l&iacute;mite no es un castigo</h2><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os necesitan apoyo y seguridad para crecer, espacio para cometer errores y, al mismo tiempo, necesitan ser guiados y apoyados para aprender la lecci&oacute;n, no asustarlos ni castigarlos para que obedezcan. La gran diferencia entre un l&iacute;mite y un castigo radica en que &ldquo;un l&iacute;mite es una norma definida, que ayuda a los adultos a guiar la conducta del ni&ntilde;o&rdquo;, matiza Ruano, mientras que un castigo es &ldquo;una consecuencia por un mal comportamiento, normalmente limitado por normas que el ni&ntilde;o conoce y se salta a conciencia&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El castigo y las recompensas no son la forma de establecer l&iacute;mites. Como explica Ruano, &ldquo;el cerebro de una persona no llega a su completo desarrollo hasta la etapa del adulto joven, por lo que las funciones cognitivas de los m&aacute;s j&oacute;venes, como el autocontrol, est&aacute;n en proceso de maduraci&oacute;n. Y los l&iacute;mites sirven como barreras&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los castigos pueden ser de dos tipos: &ldquo;positivos, cuando se da algo que no gusta, como un grito o una tarea extra, y negativos, cuando se quita algo que gusta, como alg&uacute;n juego o tiempo para estar con los amigos. El problema es que los castigos en exceso generan una habituaci&oacute;n en el ni&ntilde;o, que termina por darle igual las consecuencias de su comportamiento y dejan de funcionar&rdquo;, advierte Ruano.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Entre la crianza permisiva y la autoritaria</h2><p class="article-text">
        No siempre es f&aacute;cil establecer l&iacute;mites claros y consistentes. Es com&uacute;n preguntarse: &iquest;somos demasiado permisivos? &iquest;O demasiado estrictos? Encontrar el punto medio puede ser un verdadero desaf&iacute;o. La parte m&aacute;s importante es entender que estamos guiando, no castigando. Por tanto, el tono de voz y el lenguaje corporal son tan importantes como las palabras. &ldquo;Comunicar con tranquilidad, cari&ntilde;o y respeto fomentar&aacute; que el ni&ntilde;o escuche y tenga en cuenta la norma&rdquo;, afirma Ruano.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, explicar &ldquo;el porqu&eacute; del l&iacute;mite le ayuda a comprenderlo y la probabilidad de que lo respete ser&aacute; m&aacute;s elevada que si se impone directamente&rdquo;, reconoce la especialista, que admite adem&aacute;s que tampoco es &ldquo;necesario explicarlo en exceso, aunque si este pregunta de forma tranquila el porqu&eacute;, darle una explicaci&oacute;n puede servir para afianzar tanto la norma como la relaci&oacute;n de confianza y respeto con el adulto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Establecer l&iacute;mites no es f&aacute;cil. Cu&aacute;ntas veces al d&iacute;a decimos &ldquo;&iquest;No!&rdquo; o &ldquo;&iexcl;Para!&rdquo;. Es com&uacute;n caer en esta trampa cuando el trabajo y las tareas nos absorben en el d&iacute;a a d&iacute;a, pero a menudo no son las que ense&ntilde;an a los ni&ntilde;os lo que queremos que hagan. Adaptar nuestro lenguaje para ense&ntilde;arles lo que pueden hacer en lugar de lo que no pueden hacer puede ayudar a poner fin a la lucha de poder, redirigi&eacute;ndolos con calma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; podemos caer en el mismo error que con los castigos: el exceso de l&iacute;mites puede &ldquo;generar una &lsquo;rebeld&iacute;a&rsquo; ante la norma, dando lugar a problemas de conducta desafiante&rdquo;, advierte Ruano. Aunque tambi&eacute;n es cierto que el otro extremo &ldquo;tambi&eacute;n puede generar mucha rigidez, perfeccionismo y autoexigencia en el ni&ntilde;o, que le podr&iacute;a llevar a tener niveles elevados de ansiedad y baja capacidad de adaptaci&oacute;n a situaciones impredecibles o novedosas&rdquo;, afirma Ruano.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; pasa si no ponemos l&iacute;mites a los ni&ntilde;os</h2><p class="article-text">
        La clave para establecer l&iacute;mites es el equilibrio: fijar demasiados tambi&eacute;n puede ser contraproducente, ya que es posible que el ni&ntilde;o se sienta restringido y, por tanto, se rebelar&aacute;. Imponer muchos l&iacute;mites puede impedir el desarrollo de la responsabilidad, la iniciativa y la capacidad de tomar decisiones. Los ni&ntilde;os deben poder &ldquo;experimentar ciertas situaciones no peligrosas y aprender de los errores, dentro de ciertas normas, que a veces pueden ser flexibles&rdquo;, matiza Ruano.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que estos sean alcanzables, realistas, mostrarnos constantes, claros y concisos, dar ejemplos positivos y aplicar consecuencias puede ayudar a la hora de establecer l&iacute;mites, porque su aprendizaje &ldquo;a veces requiere tiempo, por lo que la paciencia y la comprensi&oacute;n por parte de los adultos es importante&rdquo;, afirma Ruano.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un l&iacute;mite no ha quedado claro, o m&aacute;s a&uacute;n, cuando es inexistente, hay mucha discusi&oacute;n y negociaci&oacute;n, se abre un gran agujero que el ni&ntilde;o trata de llenar con intentos interminables de mantener a los padres involucrados o de lograr que hagan lo que &eacute;l quiere. Para Ruano, un ni&ntilde;o que se cr&iacute;a sin l&iacute;mites &ldquo;tiende a tener problemas de conducta que le generar&aacute; dificultades para adaptarse a situaciones y resolver problemas cotidianos cuando sean adultos&rdquo;. Por tanto, &ldquo;una falta de l&iacute;mites tiene un impacto en la funcionalidad de la persona en el futuro y en el seguimiento de normas, impactando a uno mismo y a los dem&aacute;s&rdquo;, concluye Ruano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/carmen-ruano-psicologa-limites-sirven-barreras-mantienen-nino-encarrilado-buen-camino-xp_1_13121981.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2026 07:46:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carmen Ruano, psicóloga: "Los límites a los niños sirven como barrera cuando funciones como el autocontrol están en proceso de maduración"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,familias,Educación,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fantasía de fuga: qué piensan las madres arrepentidas y las madres que sueñan con desaparecer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/fantasia-fuga-piensan-madres-arrepentidas-madres-suenan-desaparecer_129_13101034.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6ea2170f-fdca-478f-a18a-be5c80109f73_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fantasía de fuga: qué piensan las madres arrepentidas y las madres que sueñan con desaparecer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Lo que imagino se parece más bien a un gesto administrativo, casi burocrático: dimitir de mis cargos y de mis cargas, entregar las llaves simbólicas de la casa, del calendario y de esa organización invisible que sostiene la vida cotidiana"</p><p class="subtitle">Criar en tiempos de consejos para todo: por qué las millennials sienten tanta presión por “ser una madre impecable”</p></div><p class="article-text">
        Tenemos que hablar de esto. Y &ldquo;esto&rdquo; es algo que, hasta ahora, solo he verbalizado con mis amigas m&aacute;s cercanas. Al principio, de manera t&iacute;mida y, de un tiempo a esta parte, con mayor elocuencia y frecuencia. No es f&aacute;cil de decir, pero se desliza entre risas cansadas y confesiones en voz baja. Supongo que es porque pensaba que ese era su lugar natural: el territorio protegido de las conversaciones entre mujeres que se entienden sin necesidad de explicarse demasiado. Sin embargo, &uacute;ltimamente me pregunto si quiz&aacute; merezca la pena sacarlo de ah&iacute; y decirlo en p&uacute;blico y en voz alta, no porque sea algo extraordinario &mdash;sospecho que es m&aacute;s com&uacute;n de lo que parece&mdash; sino precisamente porque no se dice: a veces, fantaseo con desaparecer.
    </p><p class="article-text">
        No hablo de una huida dram&aacute;tica ni de esas historias en las que alguien decide marcharse sin vuelta y deja detr&aacute;s una vida convertida en enigma; lo que imagino se parece m&aacute;s bien a un gesto administrativo, casi burocr&aacute;tico: dimitir de mis cargos y de mis cargas, entregar las llaves simb&oacute;licas de la casa, del calendario y de esa organizaci&oacute;n invisible que sostiene la vida cotidiana, y salir por la puerta sin dar demasiadas explicaciones. En esta fantas&iacute;a no ocurre nada extraordinario: camino sin rumbo por una ciudad cualquiera, me siento en un banco a leer, debajo de un magnolio, paso la noche en una habitaci&oacute;n de hotel donde nadie me reclama. Nadie me pregunta nada urgente, nadie depende de m&iacute; para que el mundo siga funcionando. No se trata de abandonar nada, ni de romper nada; se trata simplemente de suspender durante unas horas la expectativa de presencia que articula mi vida.
    </p><p class="article-text">
        La fantas&iacute;a aparece m&aacute;s a menudo de lo que me gustar&iacute;a admitir. Algunas semanas varias veces, casi siempre al final del d&iacute;a, cuando cierro el ordenador y todav&iacute;a queda todo lo dem&aacute;s: la cena que preparar, los deberes, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/charla-cinco-minutos-cambiar-educacion-sexual-casa_1_12763963.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las conversaciones que hay que tener</a>, esa sensaci&oacute;n tan conocida de que la jornada laboral no termina realmente cuando se apaga la pantalla, sino que contin&uacute;a en otra forma dentro de la casa. Otras veces aparece cuando todo se ha calmado por fin y el silencio entra en el sal&oacute;n como una r&aacute;faga de aire suave, ese momento breve en el que una se da cuenta de que ha estado disponible para todo el mundo durante horas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La fantasía aparece más a menudo de lo que me gustaría admitir. Algunas semanas varias veces, casi siempre al final del día, cuando cierro el ordenador y todavía queda todo lo demás</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        S&eacute; perfectamente c&oacute;mo suena todo esto y por eso conviene decirlo con claridad: las dos personas a las que m&aacute;s quiero en el mundo viven en mi casa y son mi hija y&nbsp;mi hijo. No es una frase ret&oacute;rica ni una concesi&oacute;n obligada al discurso maternal; es una constataci&oacute;n simple. Dar&iacute;a mi vida por ellos sin pensarlo dos veces y, en muchos sentidos, ellos son la forma perfecta y concreta que ha tomado el amor en mi vida adulta. Precisamente por eso la fantas&iacute;a no consiste en imaginar mi vida sin mis hijos; ese pensamiento no aparece. No me detengo a preguntarme c&oacute;mo habr&iacute;a sido todo si no los hubiera tenido, ni me entretengo demasiado en esos escenarios paralelos tan novelescos, tan de pel&iacute;cula; los &ldquo;y si&rdquo; me interesan poco, quiz&aacute; porque la vida siempre es una sola y se construye sobre decisiones que rara vez admiten revisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La fantas&iacute;a, por tanto, no tiene que ver con borrar a mis hijos de la historia, sino con borrarme a m&iacute; durante un rato. Desaparecer unas horas, un d&iacute;a, quiz&aacute; un fin de semana entero; no ser necesaria para nadie durante ese tiempo, no responder a nadie, no sostener nada. Dicho as&iacute; suena casi infantil, como cuando de peque&ntilde;a so&ntilde;aba con escaparme de casa tras una bronca con mi madre, pero en realidad lo que revela esa fantas&iacute;a es algo mucho m&aacute;s estructural: la intensidad con la que la maternidad contempor&aacute;nea organiza el tiempo, la atenci&oacute;n y, en muchos casos, incluso <a href="https://www.eldiario.es/nidos/perder-identidad-personal-convertirte-madre-acabe-pensando_1_12823220.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuestra identidad</a>.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha empezado a hablarse de algo todav&iacute;a m&aacute;s inc&oacute;modo: las madres que se arrepienten de haber tenido hijos. La soci&oacute;loga <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/orna-donath-madre-arrepentido_128_3824315.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Orna Donath</a> ahond&oacute; sobre ello en el magn&iacute;fico ensayo <em>Madres arrepentidas: Una mirada radical a la maternidad y sus falacias sociales</em> (Reservoir Books, 2016), donde recog&iacute;a testimonios de mujeres que afirmaban amar profundamente a sus hijos y, aun as&iacute;, reconocer que, si pudieran volver atr&aacute;s, no elegir&iacute;an la maternidad. No es un sentimiento mayoritario, pero tampoco inexistente, y quiz&aacute; por eso provoca tanta incomodidad cultural, porque desaf&iacute;a una de las promesas m&aacute;s persistentes de nuestra &eacute;poca: la idea de que la maternidad es siempre la decisi&oacute;n correcta, la que ordena la vida, la que otorga sentido definitivo a todo lo dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No me reconozco en ese arrepentimiento, pero tampoco me tranquiliza despacharlo con facilidad. A las mujeres se nos advierte con frecuencia de que nos arrepentiremos de no tener hijos, como si esa fuera la gran amenaza biogr&aacute;fica que pesa sobre nosotras. Lo que casi nunca se contempla es la posibilidad inversa: que algunas mujeres descubran demasiado tarde que la maternidad no era el lugar en el que quer&iacute;an vivir su vida. Quiz&aacute; por eso el libro de Donath produjo tanto revuelo cuando se public&oacute;. No porque revelara un fen&oacute;meno masivo, sino porque se atrev&iacute;a a mentar&nbsp;algo que la cultura prefiere no mirar de frente: que la maternidad no es una experiencia homog&eacute;nea ni garantiza autom&aacute;ticamente la felicidad o el sentido de la vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A las mujeres se nos advierte con frecuencia de que nos arrepentiremos de no tener hijos (...) Lo que casi nunca se contempla es la posibilidad inversa: que algunas mujeres descubran demasiado tarde que la maternidad no era el lugar en el que querían vivir su vida</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Reconocer esa posibilidad no significa abrazarla ni desearla. Significa aceptar algo m&aacute;s simple y m&aacute;s engorroso: que la maternidad, como casi todas las decisiones irreversibles de la vida adulta, tambi&eacute;n contiene zonas de ambivalencia. Entiendo bien la pregunta que rodea al arrepentimiento, no porque desee otra vida, sino porque s&eacute; hasta qu&eacute; punto la maternidad contempor&aacute;nea descansa sobre una expectativa de presencia constante. Una madre no solo ama a sus hijos; tambi&eacute;n est&aacute; siempre ah&iacute;, f&iacute;sica, mental y emocionalmente disponible, anticipando necesidades, organizando tiempos, sosteniendo el delicado equilibrio dom&eacute;stico que permite que la vida cotidiana avance sin demasiados sobresaltos. Esa presencia continua, que a menudo se vive como una forma de amor, tambi&eacute;n puede sentirse en ocasiones como una forma de presi&oacute;n silenciosa. Muy silenciosa y muy invisible.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso la fantas&iacute;a de fuga aparece, ahora s&iacute;, con tanta naturalidad en nuestras conversaciones. La periodista <a href="https://www.eldiario.es/nidos/clase-madre-abandona-hijo-mujeres-sienten-veces-necesidad-huir_129_9132004.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bego&ntilde;a G&oacute;mez Urzaiz escribi&oacute; en</a><a href="https://www.eldiario.es/nidos/clase-madre-abandona-hijo-mujeres-sienten-veces-necesidad-huir_129_9132004.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em> Las abandonadoras</em></a><em> </em>(Destino, 2022) sobre mujeres que se marcharon de verdad, mujeres que vivieron maternidades turbulentas como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/merce-ibarz-retrata-merce-rodoreda-escritora-punk-cruel-acusaron-cursi_1_11253865.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Merc&egrave; Rodoreda</a>, Joni Mitchell, Muriel Spark, Doris Lessing, Ingrid Bergman, Maria Montessori o Gala Dal&iacute;, entre otras. Todas ellas tienen en com&uacute;n haberse separado de sus hijos y lo interesante de este ensayo no es solo la galer&iacute;a de casos extremos que re&uacute;ne, sino el malestar cultural que provocan. El abandono paterno forma parte de la historia social sin despertar demasiados juicios morales; sin embargo, cuando es una madre la que se va, el gesto adquiere de inmediato una dimensi&oacute;n casi m&iacute;tica, como si en &eacute;l se pusiera en cuesti&oacute;n algo m&aacute;s profundo que una simple decisi&oacute;n personal.
    </p><p class="article-text">
        Entre esa figura radical &mdash;la madre que abandona, la madre que se arrepiente de serlo&mdash; y la madre abnegada existe, sin embargo, un territorio mucho m&aacute;s amplio y cotidiano que rara vez se nombra: el de las madres que se quedan, que aman a sus hijos sin reservas y que, aun as&iacute;, imaginan a veces lo que significar&iacute;a salir por la puerta durante un rato largo.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Tal vez la pregunta importante no sea qué dice esa fantasía sobre las madres, sino qué dice sobre las condiciones en las que hoy se ejerce la maternidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tal vez la pregunta importante no sea qu&eacute; dice esa fantas&iacute;a sobre las madres, sino qu&eacute; dice sobre las condiciones en las que hoy se ejerce la maternidad. No dejo de reflexionar sobre la creciente soledad de la crianza en nuestros d&iacute;as y sobre la desaparici&oacute;n de muchas de las redes informales que durante siglos han sostenido y siguen sosteniendo los cuidados <em>&mdash;spoiler:</em> esas redes est&aacute;n formadas, en una mayor&iacute;a abrumadora, por mujeres&mdash;. Cuando esa red desaparece y el cuidado se concentra casi exclusivamente en el n&uacute;cleo familiar &mdash;y dentro de &eacute;l, muy a menudo, en la madre&mdash;, la presencia se vuelve m&aacute;s intensa, m&aacute;s continua, m&aacute;s exigente.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, quiz&aacute; la fantas&iacute;a de fuga no sea el s&iacute;ntoma de una mala maternidad ni una se&ntilde;al de arrepentimiento oculto, sino algo mucho m&aacute;s sencillo: una forma de respirar dentro de una vida que exige demasiado, un peque&ntilde;o gesto imaginario que permite recordar que, incluso dentro del amor m&aacute;s profundo, sigue existiendo una puerta y que saber que est&aacute; ah&iacute; &mdash;aunque no tengamos ninguna intenci&oacute;n de cruzarla&mdash; tambi&eacute;n forma parte de la libertad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a mis amigas. Mientras escrib&iacute;a este art&iacute;culo, les he preguntado si alguna vez se han arrepentido de ser madres. Una de ellas me dice: &ldquo;Pues yo, arrepentirme, no. Si no, no ser&iacute;a quien soy hoy en d&iacute;a. Pero imaginarme otra vida y sonre&iacute;r&hellip; s&iacute;&rdquo;. Otra me contesta a la salida del cole, tras una reuni&oacute;n en la que se ha activado un protocolo <em>antibullying:</em> &ldquo;Ahora mismo de lo que me arrepiento es de no haber sido madre en un lugar m&aacute;s amable, con rastas y rodeada de otras mujeres&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/fantasia-fuga-piensan-madres-arrepentidas-madres-suenan-desaparecer_129_13101034.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2026 21:30:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fantasía de fuga: qué piensan las madres arrepentidas y las madres que sueñan con desaparecer]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madres,Maternidad,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["¿Por qué no tengo un papá?": qué responder cuando un niño con dos madres hace esta pregunta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-papa-responder-nino-madres-pregunta_1_13072751.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5d1013a-1685-4ff1-838f-acfbe73f2b7a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;¿Por qué no tengo un papá?&quot;: qué responder cuando un niño con dos madres hace esta pregunta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando el hijo de tres años de esta pareja les lanzó la pregunta, al principio no supieron cómo contestar. Expertas explican en este consultorio cómo abordarla</p><p class="subtitle">‘Matrescencia' o cómo ser madre transforma a las mujeres: “Lo pintan rosa pastel, pero para mí fue marrón mierda”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; yo no tengo un pap&aacute;?&rdquo;. As&iacute; de clara y directa fue la pregunta que, hace unas semanas, lanz&oacute; un ni&ntilde;o de tres a&ntilde;os a sus dos madres. Una de ellas cuenta que, al principio, les cost&oacute; un poco encajarla. &ldquo;Nosotras no tenemos todav&iacute;a recorrido en la maternidad porque nuestro hijo est&aacute; empezando a comparar y a entender su situaci&oacute;n familiar, mientras que nosotras, sus dos madres, estamos aprendiendo a gestionar esto con &eacute;l&rdquo;, reconoce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La duda surgi&oacute; tras una din&aacute;mica en el colegio en la que ni&ntilde;os y ni&ntilde;as ense&ntilde;aban fotos de sus familias. As&iacute; que su hijo repar&oacute; en que su entorno familiar era diferente al del resto y traslad&oacute; la pregunta a sus madres. &ldquo;Nos cost&oacute; un poco encajarlo, quiz&aacute;s no est&aacute;bamos preparadas para gestionarlo, pero habl&aacute;ndolo con nuestra psic&oacute;loga hemos ido avanzando&rdquo;, reflexiona esta madre.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Una pregunta habitual en familias diversas&nbsp;</h2><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n que describe esta pareja de dos madres es, seg&uacute;n las expertas, muy habitual en familias homoparentales. Ana Murillo y Sandra Cendal, madres bolleras, activistas y libreras, aseguran que es una duda &ldquo;bastante recurrente en hijes de lesbianas&rdquo;. Iv&aacute;n Hern&aacute;n, coordinador del grupo de Familias de FELGTBI+, tambi&eacute;n:<strong> </strong>&ldquo;&#8288;Por supuesto que es una cosa que ocurre habitualmente. Los ni&ntilde;os y las ni&ntilde;as se comparan entre ellos buscando similitudes, tambi&eacute;n en [lo que respecta a] las familias&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Coincide con ellas Andrea Mezquida Ortega, psic&oacute;loga y formadora experta en psicolog&iacute;a <em>queer,</em> que aporta un poco m&aacute;s de contexto para entender estas situaciones: &ldquo;Dado que todav&iacute;a no vivimos en un pa&iacute;s donde los colectivos vulnerables estemos a salvo de discriminaciones y agresiones, es entendible que haya familias LGTBIQA+ que se encuentren en estas tesituras, porque en el colegio de sus hijes no se eduque en diversidad sexual y de g&eacute;nero, o no de la manera m&aacute;s adecuada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <a href="https://www.ine.es/dynt3/inebase/index.htm?padre=1684&amp;capsel=1670" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos del INE</a>, desde que se aprob&oacute; la ley del matrimonio igualitario, en el a&ntilde;o 2005, se celebraron 76.101 matrimonios entre personas del mismo sexo. Sigue habiendo mayor&iacute;a de hombres: son el 54% frente al 46% de matrimonios entre dos mujeres. Aun as&iacute;, esto no abarca la diversidad de familias en su conjunto, ya que muchas mujeres que forman juntas una familia no llegan a formalizar su uni&oacute;n. Un <a href="https://felgtbi.org/wp-content/uploads/2025/06/Informe-matrimonio_25.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe</a> de la Federaci&oacute;n Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y m&aacute;s (FELGTBI+) profundiza en las estad&iacute;sticas y se&ntilde;ala que &ldquo;si&nbsp;bien en un inicio el porcentaje de uniones formadas por hombres era mayor, desde 2016 se registra un n&uacute;mero mayor de matrimonios formados por mujeres&rdquo;.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es una cosa que ocurre habitualmente. Los niños y las niñas se comparan entre ellos buscando similitudes, también en [lo que respecta a] las familias</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Iván Hernán</span>
                                        <span>—</span> coordinador del grupo de Familias de FELGTBI+
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Validar y repreguntar&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Aun sabiendo que se trata de una situaci&oacute;n com&uacute;n y que es normal que las infancias pregunten sobre este tema, a veces puede ser un momento complicado para las parejas de mujeres lesbianas. Ana Murillo y Sandra Cendal, que son madres bolleras juntas, reflexionan conjuntamente y aportan ideas sobre qu&eacute; hacer en ese momento concreto: &ldquo;Creemos que lo primero es no entrar en p&aacute;nico, ser conscientes de que a esa edad las criaturas est&aacute;n creando su identidad y eso se hace en comparaci&oacute;n con lo que tienen a su alrededor. Y eso significa estar en contacto permanente y constante con la cisheteronorma. Creemos que elles necesitan ubicarse en el mundo y que esa pregunta no necesariamente habla de una carencia real, sino de una necesidad de entender su lugar en el mundo&rdquo;, explican.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ellas ya tienen pensado qu&eacute; har&aacute;n si reciben esa pregunta: &ldquo;Alguna vez hemos hablado de que cuando ese momento llegue respondamos sin dramas y sin ponernos a la defensiva, que es importante validar su curiosidad y las emociones que surgen. Explicar con claridad y sencillez que hay muchos tipos de familia y que la suya es una de ellas&rdquo;, afirman estas dos madres. Tambi&eacute;n aconsejan devolver la pregunta para saber exactamente qu&eacute; est&aacute; expresando: &ldquo;Si le ni&ntilde;e dice &lsquo;quiero tener un pap&aacute;&rsquo;, es importante explorar qu&eacute; significa eso para &eacute;l. A veces no est&aacute; pidiendo una figura paterna como tal, sino algo mucho m&aacute;s concreto: un modelo que ha visto en sus compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras de clase o una actividad que alguna criatura de clase ha contado que ha hecho con su padre. Creemos que nuestra labor como adultas es acompa&ntilde;ar la diferencia de nuestro hijo, dando espacio a las dudas y creando un clima de confianza con &eacute;l para que pueda acudir a nosotras y sienta que pueda expresar sus preocupaciones&rdquo;, exponen Ana y Sandra.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga y formadora experta en psicolog&iacute;a <em>queer</em> Andrea Mezquida Ortega trabaja a diario con familias diversas, por lo que propone una estrategia de validaci&oacute;n y di&aacute;logo:&nbsp;&ldquo;Ante una pregunta tan directa y tan cargada de incomprensi&oacute;n, seguramente, por parte de la criatura, lo primero es validar sus emociones y el deseo de querer saber la respuesta; es decir, aplicar la empat&iacute;a y la validaci&oacute;n emocional por parte de sus mam&aacute;s&rdquo;. A continuaci&oacute;n propone dar referentes: &ldquo;Tambi&eacute;n ser&iacute;a importante poder nombrar ejemplos reales de otres ni&ntilde;es que tampoco tengan pap&aacute; y mam&aacute; (quiz&aacute; alguna familia m&aacute;s del barrio, de la ciudad, amistades...) o, en caso de no encontrar esos ejemplos en un entorno cercano e inmediato, poder comentar ejemplos audiovisuales que hayan podido ver juntes (series, pelis, v&iacute;deos,<em> tiktoks...)</em>, con la idea de que entienda que no solo es una situaci&oacute;n que viven en su casa y en su familia, sino que es algo natural y generalizado en muchos hogares&rdquo;, cuenta la psic&oacute;loga.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si dice ‘quiero tener un papá’, es importante explorar qué significa eso para él. A veces no está pidiendo una figura paterna como tal, sino algo mucho más concreto: un modelo que ha visto en sus compañeros y compañeras de clase o una actividad que alguna criatura de clase ha contado que ha hecho con su padre</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ana Murillo y Sandra Cendal</span>
                                        <span>—</span> madres bolleras, activistas y libreras
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mezquida sugiere aprovechar la pregunta para abrir un di&aacute;logo familiar: &ldquo;Adapt&aacute;ndonos a su edad, podemos plantear preguntas y generar una especie de di&aacute;logo en el que podamos concluir por qu&eacute; cree que &lsquo;necesita&rsquo; tener un pap&aacute;.., qu&eacute; puede ofrecerle un pap&aacute; que no puedan ofrecerle dos mam&aacute;s, si tiene alg&uacute;n tipo de carencia o de falta al tener dos mam&aacute;s y ning&uacute;n pap&aacute;, si esto le genera infelicidad, etc.&rdquo;. Y, si todo esto no funciona, o si aparecen sentimientos de rechazo a la diversidad o de cuestionamiento del modelo familiar, recomienda solicitar ayuda especializada o consultar recursos de apoyo.
    </p><h2 class="article-text">Acudir a especialistas y buscar recursos</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Existen recursos espec&iacute;ficos para todo tipo de realidades LGTBIQA+, aunque podr&iacute;an existir muchos m&aacute;s, pero s&iacute; que van aumentando poco a poco y se van actualizando&rdquo;, asegura la psic&oacute;loga Andrea Mezquida Ortega. Para ella, uno de los espacios m&aacute;s completos se encuentra en la <a href="https://felgtbi.org/que-hacemos/recursos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">web de la FELGTBI+</a>: &ldquo;Tienen un apartado de recursos de todo tipo, organizado seg&uacute;n orientaciones sexuales o identidad de g&eacute;nero&rdquo;, explica Mezquida. Desde la propia FELGTBI+ recomiendan un contenido en concreto para este caso: &ldquo;Sin ir m&aacute;s lejos, el a&ntilde;o pasado, desde el grupo de familias de la Federaci&oacute;n, hicimos un <a href="https://www.instagram.com/p/DH0pdIWMarf/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">webinar sobre la historia familiar</a>&rdquo;, cuenta Iv&aacute;n Hern&aacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de los materiales de la asociaci&oacute;n, Hern&aacute;n tambi&eacute;n recomienda una serie de cuentos sobre diversidad familiar: <a href="https://kalandraka.com/con-tango-son-tres-castellano.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Con tango somos tres</em></a>, <a href="https://www.casadellibro.com/libro-martin-y-la-tarta-de-chocolate-ibd/9788416179398/4073164?srsltid=AfmBOoqgsp9Xm84XGCAcjChmIpsF81YVbGEhSyEfWfmVzb_QoEIVt4S9" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mart&iacute;n y la tarta de chocolate</em></a>, <a href="https://loscuentosdecoco.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Coc&oacute; y el baile m&aacute;gico</em></a>, o <a href="https://tripantu.cl/products/emilia-descubre-las-familias?srsltid=AfmBOoqPy-n8IgDH8QhoYHxHFaXTwyxehEpjhU-s83NjMDs6zZEVe0ch" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Emilia descubre las familias</em></a>. Ana Murillo y Sandra Cendal, que adem&aacute;s de ser madres dirigen la librer&iacute;a LGTBIAQ+ transfeminista <a href="https://www.instagram.com/maryreadlibre/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mary Read</a>, reconocen que todav&iacute;a faltan t&iacute;tulos especializados. &ldquo;Hemos buscado mucho y a la librer&iacute;a vienen muchas madres lesbianas pidi&eacute;ndolo, pero seguimos hu&eacute;rfanas de referencias y modelos de familias diversas&rdquo;, explican. Ellas recomiendan algunos t&iacute;tulos, tanto infantiles como para adultas: &ldquo;Para peques, los cuentos <a href="https://editorialkokinos.com/album-ilustrado/la-boda" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La boda</em></a>, <a href="https://www.editorialegales.com/libros/pronto-por-la-manana/9788417319359/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Pronto por la ma&ntilde;ana</em></a>, <a href="https://www.editoriallacalle.com/libros/clara-mami-y-mama/?srsltid=AfmBOoq5wWm7HMdpFMPYxrvrVIpUBFzeMaCZcQurVJhqyoE9gnD1mnH4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Clara, mami y mam&aacute;</em></a>, <a href="https://palabrasdeaguaeditorial.com/libro/mis-mamas-molan-atencion-preventa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mis mam&aacute;s molan</em></a>, y <a href="https://www.elreydeharlem.es/maria-pies-de-zanahoria" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Mar&iacute;a, pies de zanahoria</em></a>; para adultas, <a href="https://katakrak.net/cas/lib/la-tribu-de-las-amatxus-bollo-amatxo-bolloen" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La tribu de las amatxus bollo</em></a>, <a href="https://leseditorial.com/libro/no-ficcion/tambien-soy-su-mama/?srsltid=AfmBOoqPWerzqBbLUoQL8bEKAlZpdTbfHt3uPW9fSejN2PSx4DvqQ9v9" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tambi&eacute;n soy su mam&aacute;</em></a> o <a href="https://www.editorialegales.com/libros/maternidades-cuir/9788417319922/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Maternidades cuir</em></a>&rdquo;, enumeran.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Sería importante poder nombrar ejemplos reales de otres niñes que tampoco tengan papá y mamá (quizá alguna familia más del barrio, de la ciudad, amistades...)</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Andrea Mezquida</span>
                                        <span>—</span> psicóloga especializada en realidades queer
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Si persisten las dificultades para gestionar la situaci&oacute;n con las infancias, y las madres consideran que no pueden abordarlo solas, las expertas recomiendan buscar ayuda profesional. &ldquo;El apoyo y acompa&ntilde;amiento terap&eacute;utico siempre ser&aacute; una opci&oacute;n y una v&iacute;a disponible. Por suerte, existen asociaciones, terapias de grupo y terapeutas especialistas en realidades<em> queer,</em> que trabajan con familias LGTBIQA+ abordando este tipo de casu&iacute;sticas y cualquier otra que pueda surgir&rdquo;, se&ntilde;ala la psic&oacute;loga Andrea Mezquida Ortega.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, todas ellas insisten en la necesidad de normalizar la conversaci&oacute;n y mantener abierto el di&aacute;logo. As&iacute; lo expresan Ana Murillo y Sandra Cendal, que lanzan esta reflexi&oacute;n final: &ldquo;No queremos que nuestro hijo sienta que tiene que protegernos a nosotras de sus dudas, no le corresponde eso. Preferimos que pueda decir lo que siente, incluso si es inc&oacute;modo. Porque si puede hablarlo en casa, no tendr&aacute; que gestionarlo solo fuera&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <div data-tf-live="01JSMC6YJSZACG48VBPGK17J6X"></div><script src="//embed.typeform.com/next/embed.js"></script>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/no-papa-responder-nino-madres-pregunta_1_13072751.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Mar 2026 21:01:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["¿Por qué no tengo un papá?": qué responder cuando un niño con dos madres hace esta pregunta]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Madres,familias,LGTBI,Crianza,Consultorio]]></media:keywords>
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