Un psicólogo explica cómo nos traiciona el lenguaje corporal: “Tenemos muy poca conciencia de nuestra propia conducta no verbal”
El lenguaje humano es una forma de comunicación muy compleja, compuesta por innumerables lenguas. A pesar de la gran diversidad lingüística, otra constante persiste: los aspectos no verbales de la comunicación y, con ellos, el lenguaje corporal. La forma en la que nuestro cuerpo enfatiza o contradice las palabras habladas es, a veces, tan importante, como las palabras mismas.
Incluso cuando no nos comunicamos verbalmente, seguimos haciéndolo de forma no verbal. Nuestra forma de presentarnos influye en cómo nos entienden los demás, y viceversa. Pero, ¿qué es exactamente el lenguaje corporal? Y, lo que es más importante, ¿es un idioma universal?
El poder de lo que no se dice
La comunicación no verbal es la información que se transmite sin el uso de palabras, ni habladas ni escritas, sino a través del tono, la entonación, los movimientos corporales o las expresiones faciales, y no solo mediante los oídos y la boca. Es tan compleja como la verbal y puede incluir señales visuales como gestos, distancia, contacto visual, movimiento de los ojos e incluso la velocidad del habla.
¿Nos da tanta información como la verbal? “Sí y no. La creencia de que el ‘93% de la comunicación es no verbal’ es una distorsión del estudio de Albert Mehrabian, que solo analizaba la expresión emocional en situaciones muy concretas”, aclara Luis Antón, psicólogo en IPSIA Psicología. Debemos tener en cuenta, por tanto, que la diversidad del lenguaje no verbal y, por tanto, del lenguaje corporal, puede reflejar matices culturales, lo que evidencia la riqueza de la expresión humana.
En cualquier caso, la comunicación verbal y no verbal se producen de manera simultánea, aunque la última suele estar menos controlada y revela más de lo que realmente pensamos y sentimos. El lenguaje corporal, las expresiones faciales y las características vocales son difíciles de controlar, mientras que la comunicación verbal es intencional y más fácil de manipular.
Para Antón, “el canal no verbal es más antiguo evolutivamente y más difícil de falsificar porque las señales autonómicas –rubor, temblor, dilatación pupilar– las regula el sistema nervioso simpático sin que podamos controlarlas voluntariamente”.
“Nadie se ruboriza a voluntad de forma convincente, por eso son señales honestas en sentido biológico: su coste de falsificación es alto”, explica el especialista, que matiza además que “cuando hay incongruencia entre lo que alguien dice y cómo lo dice, detectamos algo raro aunque no sepamos qué es exactamente”.
Si bien la postura y los gestos, así como el uso del espacio, el tono y el ritmo y la apariencia pueden revelar mucho sobre cómo se siente una persona, estas señales solo tienen sentido cuando se consideran en conjunto y dentro del contexto de la situación.
“Es un sistema multicanal que incluye varias conductas simultáneas que revelan fundamentalmente cuatro cosas: estado emocional real, nivel de activación autonómica, actitudes de dominancia o sumisión y calidad del vínculo interpersonal”, explica Antón.
Pero también nos advierte de dos cosas: este tipo de comunicación no es universal (el contacto visual sostenido puede ser percibido como honestidad en occidente pero como algo agresivo en otros contextos) y es una conducta aprendida, por tanto, interpretarla sin conocer la historia de aprendizaje puede llevar a errores.
Cómo interpretar bien lo que nos dice el lenguaje corporal
Ya hemos visto que el lenguaje corporal no es único. Por ejemplo, “cruzar los brazos no siempre es una actitud defensiva”, aclara Antón. Sin embargo, sí puede darnos algunas pistas en determinadas situaciones, pero “hay que buscar clusters de conductas y leerlos en contexto”, advierte Antón.
Para el psicólogo, lo que sí tiene valor diagnóstico es “la orientación corporal, los pies son menos controlados que la cara y apuntan hacia donde la persona realmente quiere ir; la sincronía postural que, cuando es espontánea, indica confianza y empatía y, cuando falta, indica distancia emocional”.
También tienen valor diagnóstico “los cambios posturales en momentos clave, que son más informativos que la postura estática; y las conductas adaptadoras como tocarse la cara o frotarse las manos, que indican activación autonómica, no necesariamente mentira”, explica Antón.
Para Antón, la regla de oro es “buscar cambios respecto a la línea base de la persona en una situación: el buen lector de no verbal es inductivo, no deductivo, y maneja probabilidades, no certezas”.
Qué hacer para que el lenguaje corporal no nos ‘traicione’
Quizás alguna vez hemos captado señales subconscientes en el lenguaje de una persona que nos está hablando. Si intentamos detectar una mentira en algo que no sean palabras es importante mantener una “mayor coherencia entre canal verbal y no verbal, porque es percibido como más creíble, competente y cálido”, explica Antón.
Si bien algunas señales como el contacto visual, la postura o los movimientos inconscientes son algunas de las que más pistas suelen dar, a veces no es algo tan sencillo. “‘Evitar que nos traicione’ es una afirmación trampa. No podemos controlar completamente nuestra conducta no verbal e intentarlo conscientemente suele empeorar las cosas: genera una rigidez que el interlocutor detecta como artificialidad”, advierte Antón.
¿En qué podemos fijarnos entonces? El comportamiento habitual de la persona nos puede dar pistas, ya que cada individuo tiene una forma única de gesticular, hablar y reaccionar cuando está relajado y dice la verdad.
Para Antón, “lo que sí funciona es indirecto: el estado interno, no la conducta, es decir, si alguien está genuinamente tranquilo, el lenguaje no verbal se ajusta solo”. Aquí es donde el lenguaje corporal delata las palabras. La incongruencia se produce cuando los mensajes verbales y no verbales no coinciden.
“Exponte a las situaciones que te generan ansiedad porque esta produce las señales que quieres evitar y grábate en vídeo: tenemos muy poca conciencia de nuestra propia conducta no verbal y verla desde fuera permite identificar patrones concretos”, concluye Antón.
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