'Barrio Esperanza' da un golpe de realidad en RTVE con un retrato incómodo (y necesario) de la desigualdad social
Aceptamos que la realidad siempre supera a la ficción, pero olvidamos que esta última tiene la tarea pendiente de dar voz a los contextos invisibilizados que condicionan a miles de personas. La serie Barrio Esperanza no se compone de lujos, personajes de postín o tramas glamurosas. Todo lo contrario: la calle es su escenario para mostrar un complejo día a día sepultado por la vorágine de actualidad que nos bombardea. Es una producción que va de segundas oportunidades, trata el acoso a todos los niveles y tiene por protagonista tanto la vulnerabilidad como la educación pública. Sin duda, un ejercicio necesario que se comporta como homenaje a los héroes sin capa en consonancia con la misión de servicio público de RTVE.
El estreno está programado para este domingo, 19 de abril, en el prime time de La 1. Con la actriz Mariona Terés como cabeza de cartel, el título que nos ocupa rompe por completo la tendencia actual de la ficción. Aquí no hay áticos luminosos ni vidas idílicas disfrazadas de drama. Hay barrio, grietas de lo más reales que están completamente desplazadas de la agenda informativa. La intención es clara: poner el foco donde a veces se nos olvida mirar como ciudadanos. Y lo hace recuperando esa esencia de otras épocas, pero adaptándola a un presente que, paradójicamente, no muestra el interés que sus propias heridas merecen.
Producida por Globomedia (The Mediapro Studio) en asociación con la corporación pública, Barrio Esperanza se presenta como una comedia que combina el humor ácido con un tono vitalista. Cuenta además con un elenco que se completa con Alejo Sauras, Ana Jara, Mariano Peña, Guillermo Campra, Laura de la Uz, Ángel Héctor Sánchez, Ruth Núñez, Carlos Librado 'Nene', Carmen Balagué y Javier Pereira, a los que se unen los niños que interpretan a los alumnos de un colegio público. Los creadores de la serie, Iván Escobar y Antonio Sánchez Olivas, han logrado plasmar en pantalla una obra que refleja a la perfección un trabajo por hacer en materia de igualdad social.
El barrio como reflejo de una realidad olvidada
El barrio es el corazón narrativo de la serie, como su propio nombre indica. Es el lugar donde se cruzan todas las historias y donde surgen conflictos muy reales: el acoso escolar, la precariedad de la enseñanza pública, la vulnerabilidad de las familias, la problemática económica o la necesidad -urgente- de segundas oportunidades. En absoluto son temas elegidos al azar. Es lo que está ocurriendo ahora mismo, quizás al otro lado del rellano o de la calle. Pero no siempre se le otorga la visibilidad que merece en televisión.
Un 25.7% de la población española está en riesgo de pobreza o exclusión social, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Como sociedad, a veces caemos en la trampa de no otorgar la importancia que merece a un dato aislado. Cuando ponemos la lupa en los jóvenes, la conclusión es todavía más dramática: casi uno de cada tres menores sufre esa situación. Pero detrás de esta cifra se esconden miles de historias, y Barrio Esperanza es consciente de ello. Incluso hay escenas directamente relacionadas con esta triste realidad que hasta emocionan.
El acoso escolar también es clave en la serie, poniendo cara a diferentes niños -y también adultos- que sufren esta lacra. No es ficción, estamos hablando de una verdad que sufren nuestras aulas. Según los últimos estudios publicados por el Ministerio de Educación, un 9.5% del alumnado en Primaria indica haberlo sufrido. La producción busca concienciar al respecto durante sus capítulos, con un profesorado sorprendido ante los casos que se descubren a raíz de una iniciativa nunca antes puesta en marcha desde el centro público.
Y como no podía ser de otro modo, la educación juega un rol protagónico en cada uno de sus episodios. La clase política tiene la obligación de proteger uno de los valores más preciados de nuestro país. Las administraciones deben invertir todos los recursos necesarios para formar a nuevas generaciones, garantizando así la igualdad plena de oportunidades. Los datos expuestos en un informe de Save The Children invitan a la reflexión: España es el país de la OCDE que más segrega por renta entre la escuela concertada y la pública.
Esperanza, una justiciera en busca de segundas oportunidades
Para qué nos vamos a engañar, Esperanza es la profesora que todo alumno hubiera deseado tener. Mariona Terés interpreta con gran destreza a una mujer que necesita resarcirse de los errores del pasado tras ocho años de condena. ¿Y cómo lo intenta? La respuesta es altamente entrañable: ayudando a todos esos niños con miedos y sueños por cumplir pese a las adversidades. En definitiva, su camino pone de relieve tanto los prejuicios como los estigmas de toda una sociedad a la hora de conceder una segunda oportunidad a una mujer que tomó el camino equivocado.
La recién licenciada no busca cambiar el mundo, pero sí arreglar en la medida de lo posible la realidad que hay frente a sus ojos. En una ficción de corte social, es algo que resulta imprescindible. Si hacemos énfasis en esas problemáticas fundamentales, las personas de avanzada edad también gozan de representación en esta serie a través de la madre de la protagonista. A través de su figura se muestra a un colectivo frágil y vital para cualquier sociedad, en ocasiones invisibilizado. Según la Fundación ONCE, la soledad no deseada alcanza el 20% entre los mayores de 75 años.
Un estreno inesperado en La 1 que desplaza a 'La película de la semana'
Con todos estos elementos, RTVE despliega sus alfombras para estrenar Barrio Esperanza. La fecha elegida -un domingo- sorprende sobremanera por un giro de programación que supone la supresión del contenedor La película de la semana, que en su anterior emisión logró liderar frente a Supervivientes: Conexión Honduras. Se trata de una “noche especial” en la que la ficción se extenderá entre las 22:00 horas y las 00:25, acompañada después por el documental España de barrio: Carabanchel. Desde verTele hemos preguntado por el número de capítulos que se emitirán en el estreno -aunque por la duración coincide con dos-, sin obtener respuesta de la corporación. Queda por ver si la estrategia se mantiene o si, por contra, termina dando el salto a otra jornada diferente.
La estrategia de la corporación arroja una doble lectura: es de aplaudir que una serie vuelva a arrancar a una hora que facilite la conciliación y no se convierta en el plato fuerte tras La Revuelta. Y en este sentido, es necesario destacar un aspecto que no juega del todo a favor: cada episodio dura alrededor de 70 minutos, un estándar ya poco habitual en la ficción española. En una industria donde el consumo es cada vez más fragmentado, esta extensión se le puede volver en contra. No por falta de contenido, ni por ritmo en algunas ocasiones. Cierto es que algunas tramas piden respirar, pero otras agradecerían desarrollarse con mayor agilidad.
'Barrio Esperanza' es tan valiente como necesaria
En conclusión, Barrio Esperanza se presenta como una serie inherente a la razón de ser de RTVE: el servicio público. En cierto modo, se erige como un recordatorio necesario de lo que ocurre a nuestro alrededor. La ficción sirve en esta ocasión para señalar una realidad incómoda de ver, plagada de historias que condicionan la vida de miles de personas aunque no sean nada atractivas para los algoritmos. Y lo hace poniendo la lupa en la vulnerabilidad, el acoso escolar, la precariedad en la educación y las segundas oportunidades. En tiempos de evasión constante, que una producción regrese a las calles para contar sin filtros lo que ocurre es tan valiente como necesario.