'Machos Alfa 5' afila su sátira en Netflix con una “comuna machirula” que se ríe de quienes tienen miedo a la igualdad

La quinta temporada de Machos Alfa vuelve a dar con la tecla, presentado de nuevo a unos personajes que libran su particular batalla con esa deconstrucción que les lleva por el camino de la amargura. En esta tanda de capítulos, la premisa de partida ya es toda una declaración de intenciones: los cuatro amigos planean irse a vivir juntos a una “comuna machirula libre de mujeres”, que viene a ser un complejo diseñado para estar 'a salvo'. Esta idea que plantea la serie de Netflix podría encajar a la perfección con el deseo de cualquier nostálgico: un búnker donde los techos de cristal ni siquiera tienen nombre, donde la igualdad no quebrante una forma de vida con amplias comodidades.

Que nadie se equivoque, la comedia de los hermanos Caballero se eleva una vez más como una excelente crítica, como analizamos a continuación en verTele. Es una sátira a ese caos del que tanto se quejan ciertos sectores de la sociedad, utilizando el humor para retratar la fragilidad de aquellos que confunden el avance social con una persecución personal. Ya lo dijo Raúl Tejón en una entrevista, refiriéndose a esos “bros” que le toman por gurú sin entender la parodia: “Yo soy mariquísima y no me oculto, lo digo abiertamente”. Para los que no se han enterado de absolutamente nada, como comentó el actor, esta temporada es una tesis de manual.

La ficción de Contubernio Films se estrena este viernes, 17 de abril, con una batería de episodios donde sus protagonistas se dan de bruces contra la realidad. Fernando Gil, María Hervás, Raúl Tejón, Kira Miró, Gorka Otxoa, Paula Gallego, Fele Martínez y Raquel Guerrero están de vuelta para brindar al espectador una imagen caricaturesca de nuestra sociedad. Completan el reparto las nuevas incorporaciones María Adánez y Diego Martín, con personajes clave que complementan los regresos de Cayetana Cabezas, Marta Hazas y Paloma Bloyd, entre otros. La dirección de los seis episodios de la serie corre a cargo de Laura Caballero, también creadora junto a su hermano Alberto Caballero.

El viaje de los cuatro fantásticos de 'Machos Alfa 5'

El arco argumental de esta temporada es, quizás, el más maduro -dentro de las posibilidades de este cuarteto- hasta la fecha. Resulta un ejercicio de lo más interesante analizar el colapso de Santi Peralta (Gorka Otxoa), quien decide que ya ha tenido más que suficiente en su viaje hacia la deconstrucción. El arquitecto que intentó ser el aliado perfecto inicia un camino radical de vuelta: rechaza cualquier tipo de relación sexoafectiva, impulsando la constitución de la sociedad Pacto Patriarcal. Y lo cierto es que se transmite una ternura latente en sus fracasos constantes por encontrar una persona con la que avanzar. Podríamos definirlo como el hartazgo vital hecho personaje.

Por su parte, Raúl Camacho (Raúl Tejón) por fin colapsa. Toma conciencia de que nunca supo querer, un diagnóstico que resuena en varias generaciones educadas en un patriarcado donde los sentimientos no son cosa de hombres. Sus tramas nos vuelven a llevar por rincones incómodos de la heterosexualidad, como esos clubes destinados al placer solo para varones donde la única regla es que “no hay contacto homosexual”. El personaje da un paso más en esta pirueta argumental para retratar la homofobia interiorizada que, lamentablemente, aún sobrevive en ciertos entornos. Bien por Machos Alfa, colando este debate en millones de hogares a través de la comedia.

El adalid de la masculinidad, que responde al nombre de Pedro Aguilar (Fernando Gil), vive una curiosa evolución: el más reacio en los inicios termina abrazando algunas bondades de la deconstrucción, o al menos eso parece. Básicamente, hasta el más 'rudo' puede cambiar cuando el sistema que defendía cae por su propio peso. Mientras tanto, Luis Bravo (Fele Martínez) intenta sobrevivir hasta que encuentra su ¿nuevo camino? tras una negociación con su esposa plagada de giros. Y atención porque uno de sus episodios vitales toca de lleno una asignatura pendiente para nuestra sociedad: las relaciones y las dinámicas cuestionables de pareja.

Adolescentes y relaciones tóxicas

Conviene poner la lupa en una de las tramas que nos regala la quinta temporada de Machos Alfa: la toxicidad que impera en las relaciones de los adolescentes. También se muestran otras tramas inspiradas en otras polémicas de nuestros días, evidenciando su vocación de generar reflexiones en los espectadores. El guion pone sobre la mesa una realidad que se recoge en los dos últimos Macroestudios de violencia de género Tolerancia Cero, cuyas estadísticas más preocupantes se destacan a continuación:

  • El 11% de los hombres jóvenes piensan que obligar a su pareja a mantener relaciones no es violencia de género
  • Un 14% considera que empujar o golpear tras una discusión no es maltrato
  • El 25% no cree que insultar o despreciar sean formas de maltrato
  • Un 31% tampoco valora como maltrato controlar la forma de vestir
  • El 34% piensa que controlar el móvil o las redes sociales no es violencia

La serie de Netflix aborda esta difícil realidad a lo largo de la temporada, evidenciando que todavía queda mucho camino por recorrer en materia de igualdad. Y lo hace a través del humor, un vehículo clave para introducir debates en la conversación de los espectadores. Es fundamental que el mensaje llegue a todas las generaciones -sobre todo a las nuevas-, especialmente en un contexto donde el sesgo de confirmación actúa como escudo. En una época en la que muchos desacreditan las realidades que no encajan con su ideología, colar esta realidad en una narrativa es vital. Quizás, la forma más efectiva de romper un muro para visibilizar y concienciar.

Un espejo de nuestra sociedad que escuece (y mucho)

Más allá de las risas, Machos Alfa se erige como un ensayo sobre el cambio de paradigma en lo que significa “ser un hombre”. La sociedad viene de un pasado donde la masculinidad era sinónimo de fuerza, silencio emocional, dominación, ausencia de dudas y virilidad en exceso. Ese modelo, que durante décadas fue hegemónico, era estructural: el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) lleva años detectando un aumento en la percepción de los hombres -especialmente jóvenes- que advierten discriminación en la promoción de la igualdad de las mujeres.

Ese hombre de ayer no se preguntaba quién era ni qué sentía, simplemente ejecutaba un rol privilegiado de autoridad que no podía cuestionarse. En este sentido, el cuarteto protagonista satiriza a la perfección ese punto de inflexión: todos viven a su manera un caos interno porque la sociedad les obliga a escapar de una histórica zona de confort. Ellos mismos deciden vivir en una “comuna machirula libre de mujeres” mucho tiempo después de haberse sometido a un curso donde deconstruirse, aunque el devenir de los acontecimientos puede terminar por desbaratar sus planes.

La idea de retiro que plantea la serie conecta con el auge de comunidades online solo frecuentadas por hombres, que en la realidad suelen ir acompañados por discursos antifeministas donde hay “crecimiento del negacionismo”, como documenta el Ministerio de Igualdad. Y aunque los personajes terminan enfrentándose a sorprendentes cierres de ciclo durante la quinta temporada, Machos Alfa vuelve a plantear con acierto que el conflicto real no está en la igualdad, sino en la gestión emocional, cultural y social.

'Machos Alfa' invita a reírse de las contradicciones

En definitiva, Machos Alfa se mantiene como una de las mejores comedias españolas de la televisión actual, confirmando que no existe temor alguno a meterse en el barro. Las interpretaciones son, como siempre, impecables. Logran que empaticemos con personajes que, sobre el papel, posiblemente nos sacarían de nuestras casillas. Y es que la serie de Netflix no juzga desde una posición de superioridad, sino que invita a reírse de las contradicciones humanas. Es entretenida, es ágil y, sobre todo, es muy inteligente: señala sin titubeos que el búnker del cuarteto protagonista no es para huir de las mujeres, sino para alejarse de un mundo que ya no se vive en blanco y negro.