Demasiado ruido visual para tan poca pantalla: cuando el exceso de grafismos satura a la audiencia y lastra al contenido
Ver la televisión generalista se ha convertido en un ejercicio de constante distracción. La pantalla acumula elementos gráficos de manera constante, todos ellos luchando por llevarse parte de una atención que otrora fue exclusivamente para el contenido. Este exceso no solo se presenta como un problema estético: es una barrera que ensucia la experiencia del espectador y perjudica al contenido principal. Mientras las plataformas de streaming apuestan por la limpieza visual, el modelo de la saturación parece haberse instalado en las cadenas tradicionales.
Nos referimos a los grafismos que invaden nuestra pequeña pantalla a cualquier hora. La necesidad constante de impactar en el televidente ha puesto en marcha una curiosa estrategia: llenar de información las emisiones con textos explicativos, rótulos sobre avances, con pequeñas imágenes para adelantar otros asuntos de conversación, con publimoscas de innecesarias dimensiones, con códigos QR y hasta con el hashtag de turno. La pregunta es clara: ¿Realmente es pertinente incluir todos estos elementos, teniendo en cuenta que hoy tenemos toda la información deseada a golpe de búsqueda?
Para responder a esta cuestión, en verTele ponemos en marcha un análisis sobre la saturación que empaña los formatos. Un estudio publicado en la revista académica Visual Communication arroja conclusiones muy significativas al respecto, planteando la necesidad de reconducir un fenómeno que vive su particular auge en nuestra industria televisiva tradicional. En los apartados siguientes, comprobaremos cómo el desfile constante de faldones perjudica seriamente los niveles de recuerdo de la audiencia y cómo la atención se dispersa. La sobresaturación de las pantallas incluso ha dado pie al humor en redes sociales:
Elementos constantes en pantalla que perjudican la comprensión
Los programas de actualidad son un ejemplo perfecto sobre la saturación visual que nos ocupa, algo que antaño para nada era habitual. Ya no solo aparecen los presentadores en imagen: también un sinfín de elementos gráficos a su alrededor, que, en un elevado número de ocasiones, son completamente prescindibles. La tónica es habitual en todas las cadenas, solo rota por la solemnidad propia de los informativos. Es entonces cuando el fenómeno se olvida, apostando porque los presentadores concentren toda la concentración del espectador. Incluso los grafismos se limitan a mostrar solo las claves.
Según las mediciones del estudio referido, a través de un sistema que denomina 'eye tracking', la gran mayoría de las fijaciones visuales y del tiempo de atención se concentran tanto en el área central de la pantalla como en el faldón informativo inferior. En contraste, los elementos ajenos a esa noticia principal despiertan mucho menos interés, a pesar de utilizar distintas animaciones. Estos elementos periféricos compiten simultáneamente entre sí por causar impacto, perjudicando directamente la comprensión del contenido de cabecera en ese preciso instante.
Los datos de recuerdo de información son demoledores para los faldones de información continua, que sitúan a estos elementos como los que peor recuerdo generan. Es un recurso de lo más habitual en programas matinales: Mañaneros 360 o Al Rojo Vivo —ahora con una imagen más limpia— lo ubican en la zona superior de la pantalla, mientras que en La mirada crítica o Aruser@s se opta por el inferior. Su animación constante exige un esfuerzo visual continuo que, de nuevo, distrae la mirada del foco principal. En algunas ocasiones, incluso su lectura resulta una tarea complicada por el tamaño de la tipografía.
La publimosca, otro elemento que añade ruido visual
Más allá del distintivo de cada cadena, hay otro elemento que lleva años acompañándonos: la publimosca, también llamada 'cita'. Hablamos de esos 'pequeños' elementos gráficos publicitarios que aparecen superpuestos en las esquinas de la pantalla durante la emisión de series y programas. La realidad es que logran captar miradas —en ocasiones debido a su construcción visual—, pero el análisis apunta a un coste directo: aquellos espectadores se fijan con frecuencia a estos anuncios califican los espacios como sensiblemente más difíciles de comprender.
Ponemos el foco en tres casos especialmente llamativos. El primero lo encontramos en Telecinco, concretamente durante una emisión del programa De Viernes. Apostó por promocionar el Gran Premio de España de MotoGP con hasta siete líneas de texto, incluyendo tanto los días y horas de emisión de varias carreras. Una tónica que se repitió posteriormente con la Fórmula 1. La televisión pública no es una excepción en este sentido, como puede apreciarse a continuación: La 1 informaba sobre Maestros de la costura Celebrity en otras siete líneas, incluso citando el programa anterior.
Como diría el refranero popular, 'al César lo que es del César'. Durante la elaboración de este análisis, Mediaset puso en marcha una inesperada estrategia con respecto a las publimoscas en Telecinco. Las citas ubicadas en la parte superior derecha de la pantalla se redujeron significativamente, ocupando un menor espacio para cumplir su función informativa y de prescripción de un modo menos invasivo. En definitiva, una decisión similar a la habitual en Antena 3, con creatividades más pequeñas y directas, donde se eliminan los datos que son innecesarios. Veamos a continuación la comparativa:
¿Qué consecuencias para el espectador provoca el ruido visual?
La sobreexposición de elementos gráficos supone un coste directo para la experiencia televisiva. Y es que el problema no solo radica en la acumulación de elementos, sino en cómo se integran constantemente hasta provocar cierta fatiga cognitiva. El cerebro realiza mayores esfuerzos para procesar toda la información; de hecho, se le exige que decodifique al mismo tiempo varias capas de texto, además de faldones en movimiento y rótulos animados. En esencia, ese pensamiento de “no sé dónde mirar” es cada vez más habitual.
Además, la pérdida de armonía estética provoca que el trabajo de realización quede ligeramente sepultado bajo capas de grafismos innecesarios en muchos casos. No nos referimos a que los elementos no estén cuidadosamente diseñados, sino a la importancia que se les otorga frente al contenido principal. La pantalla se transforma en un espacio recargado que, en definitiva, hace que la limpieza visual en la televisión generalista sea un lejano recuerdo. Una máxima que, por otra parte, sí es clave para las plataformas de streaming.
La distracción respecto al contenido principal tampoco puede perderse de vista. La mirada se desvía de lo importante, rompiendo por completo el hilo narrativo. Acudimos a una emisión reciente del programa Y ahora Sonsoles como ejemplo. Mientras la presentadora entrevista al primo de Maricarmen, la octogenaria desahuciada en Madrid, la pantalla aparece dividida en cinco áreas y hasta textos superpuestos que dejan las declaraciones en un segundo plano. En definitiva, un bombardeo de información constante que, en ocasiones, genera cierta sensación de incomodidad.
Una 'limpieza' demandada por los espectadores
Amontonar estímulos visuales inconexos no enriquece la experiencia televisiva, sino todo lo contrario en un elevado número de ocasiones. Si las cadenas tradicionales quieren mantenerse como punta de lanza en su batalla por la atención, la reconfiguración de sus pantallas debe ser una estrategia primordial. En definitiva, apagar el ruido innecesario y devolverle el protagonismo absoluto es una vía a explorar ante la demanda creciente por parte de los espectadores, mientras las plataformas tienden hacia una mayor limpieza.