Marina Rivers da guerra en TV sin ceder ante la persecución por sus opiniones: “El día que no digo nada me llaman puta”
Marina Rivers y María Escoté cuentan con vidas más o menos paralelas en MasterChef. La creadora de contenido rozó la gloria en 2024, quedando segunda en su duelo contra Inés Hernand, y la diseñadora se llevó el bronce en 2022 solo por detrás de Lorena Castell y Manu Baqueiro. Ahora, ambas participan juntas en MasterChef Celebrity Legends, edición que conmemora los 10 años de la versión VIP del formato y que reúne a concursantes de casi todas las temporadas de la historia del programa en RTVE. Y, tal y como reconocen, las dos regresan a las cocinas del talent culinario con las mismas ganas, la misma ambición y la misma autoexigencia de la primera vez, pero intentando autoimponerse menos carga con el objetivo de disfrutarlo más.
“Yo aprendí mucho en mi edición, pero he aprendido incluso más en esta. Es como un regalo que te hace la vida, ¿cómo no voy a aceptarlo? Además, ya no tienes esa presión de tener que demostrar nada. Es como: 'Mira, pues si duro tres semanas, tres semanas. Si duro ocho, ocho. Y si gano, pues gano'”, reflexiona Marina Rivers junto a María Escoté en una entrevista con verTele y otros medios en el marco de la presentación de MasterChef Celebrity Legends en el FesTVal de Vitoria 2026. La joven asegura haber tenido una experiencia más enriquecedora también en el plano personal, después de que en MasterChef Celebrity 9 sufriera un choque constante con Pelayo Díaz que trascendió más allá de la televisión.
“En esta edición hemos creado una gran familia. A mí no me han tratado mejor nunca jamás en ningún formato [...] Me he sentido sobrevalorada, acogida, respetada, mi opinión valía la pena... No me he sentido más a gusto nunca en ningún trabajo en mi vida”, afirma Rivers, que se pronuncia también sobre la última polémica que vivió este verano, cuando fue víctima de un bulo de la ultraderecha tras protagonizar, como explicó elDario.es, una campaña institucional del Gobierno en defensa de la democracia.
“Yo subí un vídeo y lo expliqué. También es que es muy complicado hablar con quien no te quiere escuchar. Yo estoy muy tranquila con lo que hice y con lo que he dicho. Yo no he cometido ninguna ilegalidad y yo no he hecho nada mal. Acepté un trabajo porque estaba de acuerdo con lo que ocurría. Yo entiendo que la gente no esté de acuerdo. Todavía no lo he cobrado, así que cuando lo cobre, lo donaré. Porque está la gente persiguiéndome porque no lo he donado todavía. Voy a donar lo que cobré y no tengo nada más que decir, en mi mano ya no hay nada”, sentencia la concursante, que reflexiona sobre el desgaste personal de ser constantemente perseguida y atacada por defender sus ideales.
Marina Rivers admite que, en ocasiones, tiene “miedo de decir ciertas cosas porque al final sabes que va a tener consecuencias”. “Te lo vuelves a pensar y dices: '¿Me compensa dar mi opinión por todo lo que va a ocurrir después? ¿Me compensa por los meses de hate, de señalamiento?' Por eso, también creo que es una forma de dedicarnos un poco a mantener el silencio”, afirma la influencer, que no piensa cambiar su forma de ser a pesar de estas persecuciones. “Yo no cedo en absoluto y los tengo encima siempre. O sea, el día que no digo nada me llaman puta. ¿Me entiendes? Y el que no, que tengo todo por las tetas que tengo, que la carrera me la he sacado chupando pollas... Entonces, a mí ya me da igual, sinceramente, yo digo lo que me da la gana”, sentencia.
¿Cómo afrontasteis la propuesta de volver a MasterChef Celebrity para esta edición con 'leyendas' del programa?
Marina Rivers: Cuando me llamaron no me podía creer que fuera una leyenda. Pensé: “¿Están ustedes bien?”. Y volví a llamar para confirmarlo, porque pensaba que se habían equivocado. ¿Yo? ¿Leyenda de qué? Estoy muy emocionada y me siento muy agradecida de compartir casting con estos pedazos de personas. Ellos sí que son leyendas. Que me dejan el huequito para colarme ahí como una cucaracha, como si la gente pensara que yo soy una leyenda, ha sido un privilegio. Yo, lamentablemente, voy a decir que sí siempre a MasterCher. Aunque es duro, voy a decir siempre que sí.
María Escoté: Yo igual. Yo estaba grabando Maestros de la Costura cuando me enteré de que esto se estaba planteando. Por un momento fantaseé con la idea de ir pero lo olvidé, no sé. Entonces, me llamaron muy pronto antes de empezar y fue un shock. Me dio vértigo pensar si estaba preparada para esto. Pero de cabeza, como dice Marina, me metería una y diez veces más. Para mí ha sido una experiencia maravillosa.
¿Qué pesó más a la hora de tomar la decisión: tener una nueva oportunidad para resarcirse e ir a por la victoria o intentar cambiar algo de vuestra experiencia anterior?
Marina Rivers: Cuando lo vives, muchas veces lo pasas mal y sufres. Pero cuando el tiempo pasa y lo ves en televisión, te das cuenta de que ha sido una de las mejores experiencias de tu vida. Ahí digo: 'Joder, me están regalando el momento otra vez de volver a ser otra persona'. No somos cocineros, y ahí de repente la cocina es tu vida y te emociona. Yo aprendí mucho en mi edición, pero he aprendido incluso más en esta. Es como un regalo que te hace la vida, ¿cómo no voy a aceptarlo? Además, ya no tengo esa presión de tener que demostrar nada. Es como: “Mira, pues si duro tres semanas, tres semanas. Si duro ocho, ocho. Y si gano, pues gano”. Es otra perspectiva para decir: “Voy a disfrutarlo, voy a gozármelo”.
Mientras grabas 'MasterChef' no hablas de otra cosa, no haces otra cosa y tienes a la familia alrededor queriendo que te echen
¿Cómo se hace para compatibilizar vuestras vidas con MasterChef?
Marina Rivers: No se puede.
María Escoté. Eso es lo más difícil, claramente. Yo digo que sin mi equipo eso es imposible. Es como cuando hago Maestros de la costura, aunque este te acapara mucho más, para mí, que Maestros. Al final, Maestros es mi profesión, es mi mundo, y tengo dos días en los que voy al taller. Aquí el día que tenes libres solo cocinas. O haces tu trabajo, como Marina, que ha estado trabajando a full. Eso es lo más complicado de todo.
Marina Rivers: Yo, en mi edición, me saqué cuarto de carrera y aquí un TFG. ¿Entonces? Pues mal, es como que tu vida solo gira alrededor de esto. También creo que nosotras en concreto somos muy obsesionadas. En general todos porque Santiago Segura también... Creo que somos gente muy autoexigente, que nos gusta hacer las cosas bien y si te metes, te metes con todo. Así que no hablas de otra cosa, no haces otra cosa, y luego tienes a la familia alrededor queriendo que te echen. Mi novio quería que me echaran porque no podía. Me decía: ¿Podemos hablar de otra cosa? Quiero a mi novia, pero es una loca estresada que nada más que habla de sofritos y solo ve vídeos de recetas en TikTok.
¿Cómo ha sido vuestro trato con los jueces en esta edición?
Marina Rivers: Yo creo que los jueces, si te despistas, ya se ponen hasta a cocinar con nosotros. [Risas].
María Escoté: Los jueces también han tenido una evolución, como la que he tenido yo como jueza en Maestros de la costura. También el formato, cuando es el Celebrity, ellos se lo toman desde otro lugar. Creo que ellos, al igual que nosotros, han venido a divertirse y, de hecho, se han divertido muchísimo.
Marina Rivers: ¡Mucho!
María Escoté: Va a ser una temporada muy divertida. Había momentos que ellos no podían controlar y nosotros decíamos: “Pero a ver, ¿vamos a trabajar o qué?” Porque estaban descojonados.
¿Cómo habéis llevado esta vez sus valoraciones?
María Escoté: Yo soy una persona muy exigente. Siempre digo que esto es una de las mayores terapias que he hecho en mi vida. Cuando tú te metes unas semanas en un formato como este, en el que estás expuesta y en el que estás haciendo algo que no es lo tuyo, y en el que la clave es que te critiquen y vean tus cosas que están mal, pues para los que llevamos muchos años en esto hay que trabajarse el ego. Esto es un trabajo para ello. No hay nadie más exigente que yo, ni Pepe, ni Jordi, ni Marta juntos. Yo he tenido que trabajar mi frustración personal, que eso es lo peor. Evidentemente, me duele mucho lo que digan Pepe o Marta, pero porque lo que me duele es saber que es verdad. Yo antes de entregar el plato sé que está mal. De hecho, han sido demasiado majos porque yo he considerado que era una auténtica mierda. He tenido que gestionarlo y usar el formato para trabajar mi problema, como si fuera terapia.
Marina Rivers: Yo lo mismo exactamente que María. De hecho, muchas veces hablábamos y le decía: “María, he hecho una pedazo de mierda..”. Y ella: “¿Sí? ¿Seguro?”. Y luego efectivamente era un pedazo de mierda.
En esta edición me he sentido sobrevalorada, acogida, respetada y mi opinión valía la pena
Marina, en tu edición viviste una gran rivalidad con Pelayo. ¿Has vivido algo así en esta edición? ¿Quién ha sido el más pejiguero en la cocina?
Marina Rivers: Mira, todo lo contrario, en esta edición hemos creado una gran familia. A mí no me han tratado mejor nunca jamás en ningún formato. Es verdad que al final hay un poquito de sensación de intrusismo laboral. Que piensen: ¿Usted qué hace aquí? Y al revés. Me he sentido querida, protegida, valorada... ¡E incluso sobrevalorada! O sea, Flo creía que yo tenía más IQ [coeficiente intelectual] de la media. Yo le decía: “Flo, que no soy superdotada, gordi”. Y él: “Que sí, que sí”. Me he sentido sobrevalorada, acogida, respetada, mi opinión valía la pena... O sea, todo lo contrario, de verdad. No me he sentido más a gusto nunca en ningún trabajo en mi vida.
María Escoté: Marina es una niña brillante y de verdad que ha sido para todos muy emocionante y, sobre todo, muy satisfactorio, ver que una mujer tan joven nos puede enseñar tanto. Yo creo que ha sido la favorita de la mayoría, todos la hemos querido muchísimo. Ha sido y es la niña bonita del programa.
Marina, ¿cómo crees que vas a llevar los posibles prejuicios que puedas encontrarte a la hora de ejercer la abogacía por el hecho de proceder del mundo de la televisión o de la creación de contenido?
Marina Rivers: Hombre, el Derecho es un lugar un poco complicado y también un poco conservador en ese sentido. Yo me lo voy a tomar como que cualquier publicidad es buena. Empiezo también con una ventaja de decir: “Oye, ya la gente me conoce”. Pues la gente a la que le caiga bien a lo mejor quiere que le lleve el divorcio. [Risas]. ¡Que me llamen!
María Escoté: Por supuesto, tienes un ejercicio de comunicación espectacular hecho.
Marina Rivers: Como no quiero trabajar para nadie, ojalá monte mi propio bufete y me dé igual lo que los demás opinen de mí.
María, ¿tú has notado ese impacto de la televisión en tu oficio?
María Escoté: A ver, si algo te da la tele es visibilidad, te hace masivo. Y más en un mundo tan cerrado como es el de la moda. Evidentemente, que se te reconozca más te abre mercado y te crea una nueva comunidad, pero una cosa es la moda y otra la tele. Yo creo que tengo la suerte de saberlo diferenciar muy bien, de saber estar en los dos lados. No todo el mundo sabe y no es fácil, sobre todo en un mundo como el mío. A mí me gusta estar en los dos lados, me gusta disfrutar de ambas cosas y ni pienso renunciar a la televisión. Mi profesión es la moda, por supuesto, pero esto [la tele] es una herramienta más que utilizo.
Marina, durante este verano fuiste víctima de un bulo de la ultraderecha por una campaña para el Gobierno en la que participaste. ¿Quieres aclarar algo más al respecto?
Marina Rivers: Yo subí un vídeo y lo expliqué. Es muy complicado hablar con quien no te quiere escuchar, pero yo estoy muy tranquila con lo que hice y con lo que he dicho. Yo no he cometido ninguna ilegalidad y yo no he hecho nada mal. Acepté un trabajo porque estaba de acuerdo con lo que ocurría. Yo entiendo que la gente no esté de acuerdo. Todavía no lo he cobrado, así que cuando lo cobre, lo donaré. Está la gente persiguiéndome porque no lo he donado todavía. Voy a donar lo que cobré y no tengo nada más que decir, en mi mano ya no hay nada.
Todo el mundo está enfadado, todo el mundo está crispado y, al final, lo pagamos la gente que estamos en la esfera pública
¿Crees que, en este mundo tan crispado en el que vivimos, hay una persecución hacia algunas voces que os atrevéis a pronunciaros?
Marina Rivers: Hombre, yo creo que sí. Es como que tienes miedo de decir ciertas cosas porque al final sabes que va a tener consecuencias. Entonces, te lo vuelves a pensar. Dices: “¿Me compensa dar mi opinión por todo lo que va a ocurrir después? ¿Me compensa por los meses de hate, de señalamiento?”. Por eso, también creo que es una forma de dedicarnos un poco a mantener el silencio. Que tampoco está mal porque la reflexión también es buena. En este mundo de la inmediatez, en el que hay que tener una opinión de todo el mismo día que ocurre, y en el que mañana somos todos expertos en tecnología, pasado en geopolítica, y al otro mañana en farmacia, pues a lo mejor hay que callarse un poco. Hay que cerrar un poquito la boquita y asumir que hay cosas de las que no tenemos ni idea.
¿Pero ceder a esa presión y callarse no es una victoria para los que usan este tipo de mecanismos?
Marina Rivers: Claro, yo no cedo en absoluto y los tengo encima siempre. O sea, el día que no digo nada me llaman puta. ¿Me entiendes? Y el que no, que tengo todo por las tetas que tengo, que la carrera me la he sacado chupando pollas... Entonces, a mí ya me da igual, sinceramente, yo digo lo que me da la gana. Pero sí que invito a la gente al momento de reflexión. Porque también, como ya he llegado a decir, se me exige muchas veces que tengo que opinar de todo. Pues es que a lo mejor no tengo una opinión formada sobre este tema en concreto y no me apetece decir tonterías, como la que dice la gente en redes sociales. A lo mejor, callados, algunos están más guapos. Yo también me incluyo, porque también la he cagado muchas veces. Entonces, invito a la reflexión.
Y yo creo que está bien que la gente diga: “Oye mira, esas tonterías que estás diciendo no las puedes decir”. O sea, igual que a mí se me señala, o tal vez mi opinión no la comparte mucha gente, también hay gente que dice tonterías. Y dices: “Hostias, es que de verdad no podemos estar cuestionando los derechos humanos en pleno 2026”. Por eso el señalamiento es malo a medias. Creo que es malo porque la opinión evidentemente se puede decir, y todo el mundo tenemos una opinión, pero es que hay cosas que no son opiniones. Es complicado. Evidentemente, digas lo que digas te van a señalar. En el mundo en el que vivimos actualmente, tú dices “buenos días” y alguien te va a decir: “¿Cómo que buenos días? Pero si hoy es el día mundial de no sé qué, no sé cuánto y eres una puta”. Pues dices: mira, ya está. Todo el mundo está enfadado, todo el mundo está crispado y, al final, lo pagamos la gente que estamos en la esfera pública, la gente que estamos expuesta. Y ya está. Entonces, ¿qué hacemos? Pues que la gente vaya a terapia.