Atresmedia acierta con la vuelta de Paula Echevarría en 'A la deriva', la nueva serie que respira el ADN que elevó a Antena 3

La actriz Paula Echevarría protagoniza la serie 'A la deriva' en Atresplayer

Sergio Soriano

Diez años después del cierre de Velvet, la actriz Paula Echevarría vuelve a la ficción de Atresmedia con una sensación inevitablemente familiar. No es que A la deriva quiera repetir aquella fórmula —todo lo contrario—; lo que hace es recuperar esa esencia que durante años convirtió al grupo en factoría de las grandes series de nuestro país. El título que nos ocupa es una producción muy cuidada, con personajes plagados de heridas que elevan cada detalle de la historia. En resumen, esta producción que se estrena el domingo 20 de septiembre en Atresplayer es un sí para los amantes del melodrama.

En verTele ya hemos visto los dos primeros capítulos y la premisa de partida es clara: A la deriva trae de vuelta ese sello tan reconocible que elevó a Antena 3 hasta el podio de la industria. Es una serie que combina misterio, drama y romance sin perder de vista un contexto histórico que envuelve todas las escenas. El montaje final huye del artificio y también evita caer en una innovación impostada. Y aquí es donde nos encontramos con una de sus mayores virtudes.

Bajo la producción de Boomerang TV y Buendía Estudios Canarias, Paula Echevarría encabeza el reparto de esta serie junto a Daniel Grao y Michel Noher. Los tres conforman un triángulo amoroso de los que enganchan, con tintes muy oscuros propios de aquella España gris de 1970. Que nadie pierda de vista el eje cronológico, puesto que A la deriva busca retratar la realidad que las mujeres soportaban durante el franquismo. Es el momento de arrancar nuestra crítica para diseccionar cada detalle, pero sin espóileres.

Paula Echevarría encuentra el equilibrio para su vuelta a Atresmedia

En primer lugar, el regreso de Paula Echevarría a la 'factoría Atresmedia' es uno de los grandes reclamos de la serie. La actriz responde al reto en su línea, tal y como cabía esperar. De hecho, su Lucía mantiene ese aroma tradicional que impregnó a otros personajes en sus grandes trabajos para la cadena: cercana cuando toca, impertérrita si la ocasión lo merece y con la dosis justa de emoción ante las exigencias de guion. Tampoco debe ser fácil ponerse en la piel de una mujer con una mochila tan pesada, he aquí el quid de la cuestión.

Junto a ella, Daniel Grao y Michel Noher —Héctor y Tristán en la serie— completan un triángulo que promete dar mucho juego conforme avance la temporada. Ambos representan esa dualidad tan habitual en cualquier drama romántico que se precie: el hombre perfecto de puertas afuera y el amor prohibido que amenaza con tambalear los cimientos de cualquier pueblo de nuestra geografía. La experiencia es un grado, y lo cierto es que su interpretación está a la altura de sus dilatadas trayectorias. Cabe mencionar que la elección del argentino refuerza la posible proyección internacional de A la deriva.

El elenco eleva la calidad de la ficción con perfiles de la talla de Adelfa Calvo, Lola Casamayor, Natalia Huarte, Lucía Guerrero, Silvia Alonso, Roberto Enríquez, Amparo Fernández, David Castillo, Llorenç González, Albert Baró, Camila Viyuela, Richard Holmes, Mariam Hernández, Joaquín Notario, Cristian Valencia, Ian Losada, Miquel Gelabert, Cristóbal Pinto, Yiyo Alonso, Patxi Freytez, Alberto Barahona, Mabel del Pozo, Luis Iglesias, Rosa Puga y Bosco Roglán. Todos trabajan bajo la dirección de Humberto Miró y Menna Fité. La serie es una obra de Susana López Rubio, Javier Holgado y Juan Beiro.

Daniel Grao, Michel Noher y Paula Echevarría, protagonistas de 'A la deriva' en Atresplayer

Una premisa que engancha y un salto temporal que suma

La segunda clave de esta crítica está directamente relacionada con el punto de partida: la desaparición de los hombres del pueblo en alta mar. A la deriva acierta al no centrarse únicamente en esta tragedia inicial o el drama inmediato por la pérdida. La serie vive un salto temporal de dos años, cuando cinco de los pescadores regresan inesperadamente. Es ahí cuando se abre el verdadero arco argumental, cuando las tramas aparecen en escena. Este acierto no es baladí a juzgar por los hábitos de consumo: si un primer capítulo no engancha… ya no hay nada que hacer.

Surge entonces una pregunta tanto en los personajes como en el espectador: “¿Qué ocurre cuando alguien vuelve después de rehacer tu vida?”. Varias capas narrativas irrumpen entonces para enriquecer la trama:

  • El misterio de qué ocurrió realmente durante esos dos años.
  • Las nuevas relaciones sentimentales nacidas en su ausencia.
  • Los secretos que amenazan con cambiarlo todo.
  • La coexistencia entre la alegría del reencuentro y la incertidumbre sobre el futuro.
  • El cambio interno que lucha contra la represión de un pasado que vuelve a ser presente.

Bajo este entramado, una secuencia llama poderosamente la atención. Si los espectadores de A la deriva han visto La sociedad de la nieve, el primer capítulo construye parte de su relato con un eco que inevitablemente resuena a uno de sus momentos cumbre. Habrá que esperar para conocer si, efectivamente, la ficción de Atresmedia guarda similitudes con el accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya en el lado argentino de los Andes.

Los pescadores supervivientes de 'A la deriva', la nueva serie de Atresplayer

La España de 1970 se siente de verdad, pero sin dramatismos estridentes

En tercer lugar, A la deriva también acierta en no utilizar la década de los 70 como una simple ambientación estética. De hecho, poco tiene que ver la fotografía de la serie con lo habitual en las ficciones que transcurren en épocas pasadas. Existe una doble lectura en este punto, porque algunos espectadores pueden no identificar a golpe de vista el contexto temporal. Pero más allá de la estética, las tramas apuntan a una realidad incómoda: las mujeres vivían atrapadas —incluso recluidas para ser más exactos— en un sistema profundamente desigual.

Suena a surrealismo, pero fue muy real. La licencia marital seguía vigente en 1970, obligando a que las mujeres casadas necesitaran autorización de sus maridos para aspectos tan comunes hoy en día como trabajar, abrir una cuenta bancaria o, atención, sacarse el carné de conducir. Al mismo tiempo, los movimientos clandestinos de liberación comenzaban a surgir. En efecto, A la deriva no solo expone estos axiomas de entonces: también muestra esos tímidos empoderamientos que tan importantes fueron después en la lucha por la igualdad.

La serie no convierte ese discurso en lecciones pesadas. Solo intenta poner sobre la mesa que “aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Es muy importante que la ficción apueste por recordar de dónde venimos para entender lo que somos a día de hoy. Una realidad que, por otra parte, Verónica Sánchez valoró hace algunas semanas en verTele: “Puedes estudiar datos teóricos, pero, cuando ves a personas reales viviendo esas diferencias sociales, igual entiendes mejor la injusticia”, dijo la protagonista de otra ficción del grupo como Las hijas de la criada.

Otra cuestión fundamental de aquellas épocas es el divorcio. Los movimientos antes citados no solo buscaban igualdad jurídica o libertades personales: también lucharon por la legalización del divorcio. Antaño, una unión matrimonial no podía romperse independientemente de las circunstancias. Los marcos jurídicos de la época no entendían de malos tratos, aupados por una condena social y religiosa sin paliativos. Incluso se consideraba delito el abandono del hogar conyugal. Como no podía ser de otra manera, A la deriva no pasa por alto este contexto.

Imagen episódica de 'A la deriva', la nueva serie de Atresplayer

Una fotografía de calidad que pone en valor el paisaje español

La cuarta baza a destacar con la que cuenta la ficción de Atresmedia tiene que ver con la fotografía. A la deriva se presenta con un escenario que pretende ser mucho más que un mero decorado, elevándolo casi al mismo nivel que los protagonistas. El ficticio Bastuel respira mucha vida gracias a los acantilados, el mar embravecido, la niebla o las calles que forman el pueblo. De hecho, se construye una identidad visual que envuelve cada una de las tramas a la vez que sostiene parte del relato.

Esta evolución en el ámbito de la ficción ya se ha consolidado, con una calidad que en otras épocas era mucho más propia del cine. Tan solo una pega: hay breves momentos en los que se puede apreciar cómo los diálogos no encajan con los planos exactos. Sin embargo, se trata de un detalle que no desmerece el conjunto. En definitiva, la producción aprovecha con acierto las bondades del paisaje elegido, ayudando a reforzar el estado emocional de la historia. Mientras tanto, se pone en valor la belleza de nuestra geografía.

Imagen capitular de 'A la deriva', la nueva serie de Atresplayer

Veredicto de 'A la deriva', la nueva serie de Atresmedia con Paula Echevarría

La crítica arroja un veredicto. Después de haber visto los dos primeros capítulos de A la deriva, la sensación es prometedora. Aunque no reinvente el género, la serie recupera ese ADN tan reconocible de las producciones históricas de Antena 3. Tiene una gran factura técnica, personajes con recorrido, buena fotografía y una historia capaz de enganchar a los amantes de este tipo de producciones. También tiene grandes papeletas para tener una buena acogida a nivel internacional a través de otras plataformas como sucedió recientemente con Ángela o Perdiendo el juicio.

Finalmente, el regreso de Paula Echevarría diez años después del cierre de Velvet funciona como ese reclamo para ser puerta de entrada. Pero la serie tiene suficientes bondades como para enganchar al espectador más allá de su protagonista. Probablemente, esa sea una de sus mayores virtudes. Consigue que quieras seguir descubriendo Bastuel, pero no solo para entender qué ocurrió con aquellos pescadores a los que se llama héroes: también para comprobar cómo los cimientos de cinco familias se agitan por completo ante un pasado que decide regresar cuando nadie lo esperaba.

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