Análisis

'En el nombre de Rocío' en Mitele Plus: los desafíos y preguntas tras la estrategia sorpresa de Mediaset

Sin lugar a dudas, Rocío, contar la verdad para seguir viva supuso el principal acontecimiento televisivo en abierto de 2021. La emisión en Telecinco de esta producción marcó un antes y un después en el tratamiento de la violencia machista en los medios de comunicación y sirvió para vindicar a Rocío Carrasco tras largos años en los que su exmarido, Antonio David Flores, recibía toda la atención. Un año después del final de aquel proyecto, y después de retrasos y rumores, Mediaset España anuncia el lanzamiento de la secuela de aquel, En el nombre de Rocío, en unas condiciones ciertamente distintas.

Este relato, de boca de la hija de Rocío Jurado, sobre la relación familiar tras la muerte de la tonadillera, tiene un contenido de sobra conocido ya por la audiencia; una audiencia que, para verlo, ya no habrá de sintonizar semanalmente con Telecinco, sino que deberá suscribirse a Mitele Plus, la plataforma de streaming de la compañía de Fuencarral. Mucho ha cambiado, como decimos, de aquel fenómeno sociocultural, pero mucho habrá de cambiar respecto a su impacto y recepción en función de esta sorprendente estrategia emprendida por el grupo para uno de sus productos más largamente esperados.

La historia de 'Rocío', y el camino a su secuela

Como decíamos, la emisión de las 12 entregas (más dos especiales) de la docuserie producida por La Fábrica de la Tele supuso más que un “simple” éxito de audiencia, concretado en unas cifras del 23.1% de cuota y 2.727.000 espectadores. El impacto social del testimonio de Carrasco, que acusaba a Flores de maltrato físico y psicológico continuado, así como de haber puesto a sus dos hijos en común en su contra, gozó del aplauso de las instituciones y de los premios para su su directoraAna Isabel Peces, por su labor de concienciación contra el machismo. Algo que se reflejó también en baremos del mundo real: solo una semana después del estreno, las llamadas al 016, el teléfono de atención a las víctimas de violencia de género, aumentaron en un 42%.

Ahora bien, todo aquello tuvo también una contrapartida: mientras la docuserie cuidaba sus formas y su discurso, no tardó en convertirse en un contenido sobreexplotado dentro de la cadena, narrativizando los hechos y a sus protagonistas y dando pie a subtramas que sirvieron a Mediaset para alimentar sus programas con un flujo continuo de contenidos, pero incurriendo en la frivolización del tema central, el maltrato. Véase su influencia en Supervivientes 2021, edición que ganó la ya expareja de Antonio David, Olga Moreno, a la que luego incluso se facilitó un formato propio para “responder” a las acusaciones de la docuserie.

No es de extrañar, en todo caso, que con estas ramificaciones, Telecinco quisiese apostar por ir más allá del tema nuclear de la docuserie y ahondar en los otros conflictos, paralelos o complementarios, que Carrasco tenía con el resto de su familia. De ahí que, en plena despedida de Rocío. Contar la verdad para seguir viva, a comienzos de junio de 2021, se anunciase una segunda parte, este En el nombre de Rocío.

El impacto de la docuserie se evidenció en el hecho de que hasta TVE se hizo eco, días antes de la emisión final de la docuserie, de las grabaciones de Rocío Carrasco en Chipiona para su continuación. Muy poco después, Telecinco mostró el resultado de esas primeras tomas, un tráiler que presentaba ya los temas que se abordarían en el segundo volumen: entre otros asuntos, se avanzaba una explicación a la nula relación de Carrasco con su tío, Amador Mohedano, sus hermanos Gloria y José Fernando, y con José Ortega Cano. Estos asuntos presagiaban un viraje en el tono de la docuserie, más centrada en contenidos de crónica rosa y menos en la denuncia social, algo que dio pie a la desvinculación de la periodista especializada en violencia de género Ana Bernal-Triviño: “Mi especialidad no es la prensa del corazón”, dijo en verano la que fuera una de las patas del debate formulado en Telecinco durante los meses de emisión.

En el nombre de Rocío. Otoño 2021”, comunicó Mediaset en junio. Sin embargo, comenzaba la estación y la docuserie de marras no aparecía entre los contenidos previstos por el grupo. Ya en octubre comenzaron los rumores de retrasos en la producción, y por consiguiente en el estreno en TV, por los problemas que estaban surgiendo con la familia Mohedano y por la pretensión de Mediaset de evitarse problemas judiciales. Poco después, el anuncio del inicio del rodaje de la docuserie en Chipiona y, más concretamente, en el Museo de Rocío Jurado, que serviría como plató principal, sirvió para contrarrestar las habladurías y confirmar el desarrollo activo del proyecto. Ahora bien, desde entonces, las informaciones sobre En el nombre de Rocío escasearon.

Mientras formatos especiales vinculados a Sálvame como El último viaje de Rocío y Montealto mantenían a Carrasco en televisión, entendidos ambos como prolegómenos al estreno, hemos de esperar a abril de 2022 para novedades relevantes: en concreto, para la emisión de dos especiales para “revivir las emociones” que suscitó el testimonio de Carrasco un año antes, que se entendía como una previa al lanzamiento de su continuación. Dos especiales que no repitieron el éxito cosechado doce meses antes y pasaron ciertamente inadvertidos.

Así, tras un salto de casi dos meses, nos plantamos en los primeros compases de junio, cuando Mediaset pone fecha definitiva a En el nombre de Rocío, el 17 de este mes, pero introduce giro imprevisto: su emisión se realizará “semanalmente y de manera única y exclusiva” en Mitele Plus, el servicio OTT del grupo, y no en la programación en abierto, donde solo se emitirán, a posteriori, las dos primeras entregas del documental.

El cambio de táctica y sus implicaciones en el contenido

Se trata de una decisión cuando menos sorprendente, puesto que hasta este mismo momento parecía más que evidente que el producto se destinaría al canal principal de la compañía. Esto implicaba un cambio drástico de táctica para un medio que siempre ha priorizado su consumo lineal, al reconvertir este en un contenido orientado a su plataforma de pago y no al prime time. Un hecho decisivo para la estrategia de un operador caracterizado por convertir sus parrillas en ríos de contenidos que fluyen y se trasvasan por todos sus programas para lograr el máximo aprovechamiento.

Sin duda, la táctica parece destinada a dar valor a Mitele Plus y atraer suscriptores a una plataforma que, por lo antes explicado, ha tenido un valor secundario hasta el momento. De hecho, la producción específica de la plataforma se caracteriza por la concepción low cost: no hay más que echar un rápido vistazo a las producciones que se han realizado para su consumo exclusivo, como los reality shows Solo/Sola o los más recientes Celebrity Game Over y Por siempre, jamás, caracterizados por la amortización de rostros vinculados al grupo con enganche con targets juveniles en redes sociales. Curiosamente, el estreno del último de esos tres reality shows de convivencia es el otro reclamo que tiene Mitele Plus para este mes de junio, anunciado en paralelo y con pocas horas de diferencia a En el nombre de Rocío. Esto deja claro, si acaso, el interés por reavivar la plataforma.

En lo que respecta a la docuserie, tiene también una doble visión. La pretensión al lanzar en un servicio premium se lee como una forma de dar un valor extra al formato, como refuerzo de lujo para su catálogo. Incluso su planteamiento promocional, con la emisión en abierto de las dos primeras entregas, sigue una estrategia similar a la de Atresplayer Premium para llamar a abonarse (táctica que han emprendido con series como Veneno o Cardo, por citar ejemplos relevantes). Es decir, si algo permite pensar es en la reorientación de los intereses del grupo, en un momento en que las audiencias lineales no acompañan, con Antena 3 manteniéndose en lo alto durante mayo incluso con Supervivientes como gran salvavidas de Telecinco. Ahora bien, esa imagen de bajo perfil de Mitele Plus hasta la fecha también puede incitar a pensar en que Mediaset relega un producto de convulsa producción a una ventana no prioritaria y a la que no se ha prestado particular atención.

En todo caso, ese cambio de estrategia con el mercado online tiene un efecto por descubrir aún en el negocio convencional. Más aún cuando ese negocio, como comentábamos, se funda en la maximización de los contenidos. Porque, ¿cómo se abordará el contenido de En el nombre de Rocío en los programas que componen la parrilla, como El programa de AR, Ya es mediodía o Sálvame, si esos contenidos están destinados a clientes premium? La pregunta no es baladí: la materia prima de la docuserie sería un refuerzo muy agradecido para estos magacines, pero a la vez resultaría contraproducente explotarlos plenamente, si lo que se busca es atraer nuevos suscriptores.

Encontrar el balance en esa estrategia, de tal forma que ambas partes de la maquinaría de Mediaset se vieran compensadas, determinará el éxito de la empresa. En todo caso, el traslado de En el nombre de Rocío a Mitele Plus tiene sentido, si tenemos en cuenta que Telecinco ya tiene a su favor el poderoso Supervivientes, con presencia en cuatro de las siete noches de la semana, como baluarte de su prime time. Sin tener que poner a competir al formato documental en el horario estelar, sus temas pueden servir para potenciar las escaletas de los espacios matinales y vespertinos, los que más necesitan un impulso en la lucha con Antena 3.

Esto también puede resultar beneficioso, en términos de imagen, al documental en sí mismo. Antes ya explicábamos que el valor de Rocío. Contar la verdad para seguir viva se veía trastocado por todo el espectáculo derivado que se desarrolló en programas como Sálvame y El programa de AR, que acabó dando pie a una guerra de productoras del grupo, La Fábrica de la Tele y Unicorn Content, de la que hemos seguido viendo réplicas en las últimas semanas, y que deslució la denuncia contra la violencia machista de fondo. Separar el documental, en Mitele Plus (con entregas ya cerradas y sin posibilidad de alargarse como sí ocurrió con Rocío...) y el show, con el análisis particular de cada programa (sujeto a sus líneas editoriales e intereses, y también a sus propias filias y fobias manifiestas) puede ser determinante para la recepción de una obra que ha costado tanto en salir a la luz y que será revisada con lupa.

Aunque, precisamente por esto, queda por ver cómo abordarán estos materiales en El programa de AR, que ya eludió toda mención a Rocío... como consecuencia de esa brecha entre compañías participadas por Mediaset durante la primavera de 2021. El enfoque de Unicorn Content es importante, más ahora que se ha conocido que la empresa presidida por Ana Rosa Quintana se encargará de producir el magacín sustituto de Viva la vida tras llegar este al final de su vida útil, reforzando aún más su presencia en Mediaset (su fuerza de lunes a viernes se refleja en su dominio de la franja matinal, con El programa de AR y Ya es mediodía y con Ya son las ocho a última hora de la tarde, teloneando a los informativos).

Y de Unicorn a La Fábrica de la Tele: el estreno de En el nombre de Rocío tiene lugar en un momento delicado para la compañía fundada por Óscar Cornejo y Adrián Madrid, en el punto de mira por la investigación de la Operación Deluxe, la supuesta trama de revelación de secretos de famosos que habría sido “propulsada” por la dirección de Sálvame. Con otro proceso abierto en tribunales, en este caso contra la hija de Carrasco, Rocío Flores, por hacer pública la sentencia que la condenó siendo menor, En el nombre de Rocío puede servir para reforzar la imagen que se labraron hace un año de cara a la audiencia. Ahora bien, habrá que ver con qué tratamiento: Carlota Corredera, la que fue el emblema del compromiso con la problemática del maltrato, sigue fuera de las pantallas desde que cerró su etapa en Sálvame. Cómo afectará eso es otra pregunta que cabe hacerse en este momento.

Lo cierto es que En el nombre de Rocío abandera un periodo de inflexión para Mediaset, tanto por su manera de producir televisión, hasta ahora plenamente enfocada en los modelos convencionales, como por lo que representa -o se espera que represente- una docuserie que ha tardado un largo año en tomar forma y presentarse a la audiencia. Por de pronto, el temor a la comparación directa se elude con este cambio de estrategia. Si se ha aprendido de los errores pasados o no, será lo que conozcamos en escasos días.