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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alfonso Alba]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alfonso-alba/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alfonso Alba]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El partido inaugural: 76 años de historias que hablan más de los países anfitriones que de la competición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/partido-inaugural-76-anos-historias-hablan-paises-anfitriones-competicion_1_13283773.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec011b49-db86-43a7-bc68-c9366e8000c3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El partido inaugural: 76 años de historias que hablan más de los países anfitriones que de la competición"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De Montevideo en 1930 al estadio Azteca en 2026, los encuentros iniciales de los Mundiales retratan no solo épocas, sino unas realidades muy complejas repletas de anécdotas y dramas</p></div><p class="article-text">
        Estadios sin acabar, partidos malditos, campeones vencidos y anfitriones humillados. La historia de los partidos inaugurales de los mundiales est&aacute; fresada de an&eacute;cdotas, historias perif&eacute;ricas que muchas veces dicen m&aacute;s del pa&iacute;s donde el bal&oacute;n comienza a rodar.
    </p><p class="article-text">
        En Montevideo, en 1930, en un campeonato al que hubo muchas selecciones que no quisieron ir, comenz&oacute; todo, la historia del torneo deportivo que m&aacute;s atenci&oacute;n genera en el mundo, 6.000 millones de espectadores potenciales en la edici&oacute;n de este a&ntilde;o. Lo que sigue es un peque&ntilde;o resumen a trav&eacute;s de las an&eacute;cdotas de unos partidos que comenzaban a jugarse meses antes. Alguno de aquellos partidos todav&iacute;a no se ha acabado de disputar.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Uruguay, 1930, un estadio sin acabar construido sobre una ci&eacute;nega</strong></h2><p class="article-text">
        En el cenagal donde cinco meses antes pastaban las chivas de las chacras cercanas deb&iacute;a haberse disputado el primer partido de f&uacute;tbol de la historia de los mundiales. El estadio Centenario de Montevideo, un icono de Uruguay y una cancha prevista para acoger a 90.000 espectadores, deb&iacute;a estar rematado el 13 de julio de 1930. Pero arreciaron lluvias torrenciales, previas al nacimiento del realismo m&aacute;gico. &ldquo;Cuentan quienes conoc&iacute;an la zona que si se escuchaba atentamente pod&iacute;a o&iacute;rse correr agua&rdquo;, escribe Luis Prats en el libro La cr&oacute;nica celeste.
    </p><p class="article-text">
        La historia del primer partido de los mundiales, que arrancaron en Uruguay en 1930, es tambi&eacute;n la de la lucha contra el reloj de los pa&iacute;ses organizadores. La FIFA llevaba intentando organizar un Mundial desde 1905, pero no se lo tom&oacute; en serio hasta que no acab&oacute; la Primera Guerra Mundial y el f&uacute;tbol era ya un deporte global. En 1928, en &Aacute;msterdam, la FIFA aprob&oacute; organizar el primer torneo Mundial. En 1929, en Barcelona, se decidi&oacute; que fuera en Uruguay por dos motivos: la celeste hab&iacute;a ganado la medalla de oro en los Juegos Ol&iacute;mpicos de 1924 y 1928, y el pa&iacute;s se hab&iacute;a comprometido a correr con todos los gastos de desplazamiento y manutenci&oacute;n. Adem&aacute;s, de paso, en 1930 se celebraba el centenario de su Constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica gran infraestructura que ten&iacute;a que construir Uruguay era precisamente un estadio monumental. La federaci&oacute;n eligi&oacute; al arquitecto Juan Antonio Scasso para dise&ntilde;ar el campo en julio de 1929. Dispon&iacute;a de un a&ntilde;o para levantarlo. Scasso entreg&oacute; los planos en noviembre. En febrero arrancaron las obras. Y para el 13 de julio, a causa de unas lluvias torrenciales y el cenagal en el que se levantaba, el Centenario estaba inacabado. Se abri&oacute; cinco d&iacute;as despu&eacute;s, para un Uruguay-Per&uacute;, justo el d&iacute;a en el que la Constituci&oacute;n charr&uacute;a cumpl&iacute;a un siglo. El cemento estaba tan fresco que los espectadores dejaron marcas en las gradas, seg&uacute;n las cr&oacute;nicas de la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, el lugar en el que comenz&oacute; a rodar la pelota de los Mundiales de f&uacute;tbol no est&aacute; en el Centenario de Uruguay, sino a unos dos kil&oacute;metros, en el que es el estadio m&aacute;s antiguo de Am&eacute;rica y el d&eacute;cimo quinto del mundo: el Gran Parque Central. Fue el lugar en el que Estados Unidos y B&eacute;lgica le dieron las primeras patadas al bal&oacute;n de un Mundial, un coliseo en uso ininterrumpido desde 1900, sede del Nacional de Montevideo, el punto en el que Joseph Blatter coloc&oacute; una placa como el primer estadio mundialista y tambi&eacute;n el lugar en el que acampaba 115 a&ntilde;os antes <a href="https://www.eldiario.es/aragon/cultura/gervasio-artigas-heroe-historia-uruguay-raices-pueblo-zaragozano-puebla-alborton_1_10149931.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jos&eacute; Gervasio Artigas</a> cuando sublev&oacute; a las provincias orientales del R&iacute;o de la Plata y sent&oacute; los cimientos del estado de Uruguay.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Los &#039;azzurri&#039; haciendo el saludo romano antes de un partido de Italia 1934."
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                Los &#039;azzurri&#039; haciendo el saludo romano antes de un partido de Italia 1934.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Italia, 1934, la glosa al fascismo que necesit&oacute; a cinco extranjeros para ganar el Mundial</strong></h2><p class="article-text">
        La Italia fascista de Mussolini organiz&oacute; el Mundial de 1934. Uruguay se neg&oacute; a jugar, a pesar de ser el campe&oacute;n (el &uacute;nico que no ha disputado el siguiente). Pero no lo hizo en protesta contra el fascismo. Fue en venganza porque Italia se hab&iacute;a negado a jugar el de Uruguay.
    </p><p class="article-text">
        Italia no tuvo un partido inaugural, sino un carrusel. A las 16:30 del 27 de mayo de 1934, el bal&oacute;n rodaba a la vez en ocho estadios diferentes del pa&iacute;s. En Roma, en el bautizado como Estadio del Partido Nacional Fascista Italia goleaba a Estados Unidos por siete a uno. Espa&ntilde;a debutaba frente a Brasil, a la que ganaba tres a uno y marcaba su primer gol de penalti.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquel Mundial es recordado por la omnipresencia de Mussolini, que cre&oacute; una Copa Duce que entreg&oacute; al vencedor y que era cuatro veces m&aacute;s grande que el trofeo de campe&oacute;n del mundo. Por el saludo fascista de la selecci&oacute;n italiana al principio de cada partido, que acompa&ntilde;aban tambi&eacute;n algunos &aacute;rbitros (muchos en n&oacute;mina del propio Mussolini). Y por la historia de los <em>Oriundi</em>, los cuatro argentinos y el brasile&ntilde;o que se nacionalizaron italianos en tiempo r&eacute;cord y que se convirtieron en campeones en un Mundial que deb&iacute;a haber ganado la Espa&ntilde;a de Zamora y L&aacute;ngara.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Uno de aquellos <em>oriundi </em>era Luis Monti, que hab&iacute;a disputado la final con Argentina cuatro a&ntilde;os antes. En el Centenario de Montevideo confes&oacute; que lo hizo amenazado por la afici&oacute;n charr&uacute;a si ganaba. En Roma, quien lo amenaz&oacute; fue el propio Mussolini. Si perd&iacute;a. Las normas FIFA obligaban a que un jugador pod&iacute;a cambiar de selecci&oacute;n si llevaba al menos tres a&ntilde;os nacionalizado. Monti apenas llevaba uno. Tampoco cumpl&iacute;an los requisitos Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Atilio Demar&iacute;a y el brasile&ntilde;o Guarisi. A Mussolini no le importaban tanto los reglamentos como ganar.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Francia, 1938, los abucheos a la Alemania nazi y La Marsellesa en el Parque de los Pr&iacute;ncipes</strong></h2><p class="article-text">
        Francia 1938 fue, sin duda, el Mundial m&aacute;s pol&iacute;tico de la historia. Europa se asomaba al abismo de la Segunda Guerra Mundial, Espa&ntilde;a se desangraba en la Guerra Civil y Alemania se acababa de anexionar Austria, clasificada por m&eacute;ritos propios para un Mundial que no pudo disputar.
    </p><p class="article-text">
        El partido inaugural se disput&oacute; el 4 de junio de 1938 en el Parque de los Pr&iacute;ncipes de Par&iacute;s entre Alemania (con cinco austr&iacute;acos en el once inicial) y Suiza. En la formaci&oacute;n inicial, los alemanes hicieron el saludo nazi y el Parque de los Pr&iacute;ncipes comenz&oacute; a tronar en abucheos, disturbios y a entonar La Marsellesa. Fue un ambiente similar al m&iacute;tico final de <em>Evasi&oacute;n o victoria</em> (ficci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Goebbels hab&iacute;a trazado un plan en el que afirmaba que ganar un partido del Mundial era m&aacute;s importante que tomar una ciudad del Este. El objetivo era id&eacute;ntico al de los Juegos Ol&iacute;mpicos de Berl&iacute;n en 1936: demostrar la superioridad de la raza aria. Y el plan era sumar la magia de los futbolistas austr&iacute;acos, el <em>Wunderteam</em> , una de las selecciones m&aacute;s brillantes del mundo, a la de los teutones. Pero hab&iacute;a un problema: los austr&iacute;acos y los alemanes no se soportaban. En el Mundial de 1934 disputaron un tenso partido por el tercer puesto que ganaron los alemanes por tres goles a dos. Y un segundo problema: la estrella del f&uacute;tbol austr&iacute;aco Matthias Sindelar, considerado uno de los mejores jugadores de f&uacute;tbol del mundo, aduc&iacute;a problemas f&iacute;sicos y no fue convocado.
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                Matthias Sindelar.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Sindelar hab&iacute;a disputado meses antes un amistoso entre Alemania y Austria frente a los jerarcas nazis. En la primera parte, fall&oacute; dos goles a prop&oacute;sito. En la segunda, marc&oacute; y lo celebr&oacute; ante el palco. Antes del Mundial de Francia dej&oacute; el f&uacute;tbol y mont&oacute; un caf&eacute; en Viena. En 1939 fue encontrado muerto junto a su novia en su apartamento. Oficialmente, fue un suicido. Pero siempre se sospech&oacute; que fue un asesinato de la Gestapo. A su funeral acudieron 20.000 austr&iacute;acos, en el primer desaf&iacute;o silencioso a la Alemania nazi.
    </p><p class="article-text">
        Aquel partido de junio de 1938 acab&oacute; en empate a uno entre Alemania y Suiza. No hab&iacute;a penaltis, as&iacute; que dos d&iacute;as despu&eacute;s se volvi&oacute; a jugar en el Parque de los Pr&iacute;ncipes. Esta vez Suiza gole&oacute; cuatro a dos y elimin&oacute; a la Alemania nazi en primera ronda. Los alemanes nunca volvieron a caer tan pronto en unos Mundiales hasta 2018, ochenta a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Brasil, 1950, el &aacute;rbitro m&aacute;s viejo de los Mundiales que no esperaba ni a los presidentes</strong></h2><p class="article-text">
        George Reader se jubil&oacute; dos veces como &aacute;rbitro. Primero en 1944 y despu&eacute;s en 1950. Reader era el &aacute;rbitro m&aacute;s conocido del mundo, en unos a&ntilde;os devastadores, con millones de muertos y pa&iacute;ses arrasados tras la II Guerra Mundial. Durante la contienda, Reader lleg&oacute; a arbitrar partidos en Inglaterra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Era maestro de escuela, pero su prestigio le persegu&iacute;a. Tanto que una vez retirado las selecciones de f&uacute;tbol le requer&iacute;an para sus amistosos. No se negaba. Tampoco cuando Inglaterra decidi&oacute; participar por primera vez en un Mundial de futbol, el de Brasil en 1950, y llevar al otro lado del Atl&aacute;ntico a lo mejor del deporte que hab&iacute;a inventado.
    </p><p class="article-text">
        Reader se hab&iacute;a retirado pero fue convencido para arbitrar aquel Mundial. Su silbato fue el primero que se escuch&oacute; en el gran Maracan&aacute;, en el partido inaugural en el que Brasil gan&oacute; a M&eacute;xico por cuatro a cero. Tambi&eacute;n lo &uacute;ltimo que escucharon los 200.000 brasile&ntilde;os que atestaban el estadio en la tarde del<em> Maracanazo</em>, aquel partido (que no final) que Brasil se promet&iacute;a ganar sin bajarse del autob&uacute;s pero en el que venci&oacute; Uruguay.
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                    alt="George Reader, a la derecha, en la famosa final del &#039;maracanazo&#039;."
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            <span class="title">
                George Reader, a la derecha, en la famosa final del &#039;maracanazo&#039;.                            </span>
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        Antes de aquel pitido final que dej&oacute; a un pa&iacute;s entero en depresi&oacute;n (hubo suicidios en el estadio), Reader hizo valer su condici&oacute;n de colegiado ingl&eacute;s. El partido inaugural comenz&oacute; a su hora, a pesar de que el presidente de Brasil Eurico Dutra a&uacute;n no hab&iacute;a llegado (lo hizo media hora m&aacute;s tarde). Y cuando se tuvo que emplear a fondo para sacar del c&eacute;sped a una nube de periodistas y fot&oacute;grafos despu&eacute;s de que Brasil marcase su primer gol en aquel Mundial.
    </p><p class="article-text">
        Reader se retir&oacute;, pero no del todo. Acab&oacute; siendo presidente del Southampton, una ciudad portuaria al suroeste de Londres. Y se sent&oacute; junto a Isabel II en 1976, el d&iacute;a en el que su equipo le gan&oacute; la FA Cup al Manchester United.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Suiza, 1954, el primer partido en directo retransmitido por la televisi&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        El 16 de junio de 1954 a&uacute;n quedaban dos a&ntilde;os para que naciera Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola. Por eso, la gran novedad del Mundial de f&uacute;tbol de Suiza no lleg&oacute; a Espa&ntilde;a. Los ciudadanos de Francia, Inglaterra, B&eacute;lgica, Italia, Dinamarca, Holanda, Suiza y Alemania s&iacute; pudieron ver lo nunca visto hasta entonces: f&uacute;tbol por televisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Suiza 1954 no tuvo partido inaugural como tal, sino otro carrusel de encuentros a la misma hora de la fase de grupos. Pero Eurovisi&oacute;n, que ya exist&iacute;a entonces, decidi&oacute; que el Yugoslavia-Francia fuese el primer partido de f&uacute;tbol de la historia retransmitido en directo por televisi&oacute;n.
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            <span class="title">
                Una cámara de televisión en la inauguración de Suiza 1954.                            </span>
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        Y como era de esperar, fue, quiz&aacute;s, el partido m&aacute;s aburrido de uno de los mundiales m&aacute;s recordados. Yugoslavia gan&oacute; por uno a cero, al inicio de un torneo que arroj&oacute; una media de 5,38 goles por partido. Se trata de un r&eacute;cord imbatido hasta la fecha. Un ejemplo, el partido de cuartos de final entre Austria y Suiza. El marcador final fue de siete a cinco para los austr&iacute;acos, que jugaron el final del partido con un portero afectado por un golpe de calor (entonces no hab&iacute;a cambios), que deambulaba de palo a palo de su propia porter&iacute;a, al que un auxiliar arrojaba agua desde el fondo y que al d&iacute;a siguiente no recordaba nada.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Suecia, 1958, el r&eacute;cord negativo de 'La Tota' Carbajal y M&eacute;xico</strong></h2><p class="article-text">
        M&eacute;xico, que este a&ntilde;o repite es, con diferencia, el pa&iacute;s que m&aacute;s partidos inaugurales ha disputado en toda la historia de los mundiales. La Tricolor ha disputado siete encuentros inaugurales: 1930, 1950, 1954, 1958, 1970, 2010 y 2026. Pero no pudo empezar peor. Lleg&oacute; a Suecia en 1958 con un triste balance: hab&iacute;a perdido todos los partidos disputados.
    </p><p class="article-text">
        M&eacute;xico contaba, adem&aacute;s, con un portero m&iacute;tico: Antonio <em>La Tota</em> Carbajal. El arquero se convert&iacute;a en el primer futbolista en disputar tres mundiales. Y a&uacute;n le quedar&iacute;an dos m&aacute;s. Pero llevaba ya un acumulado de 13 goles en apenas cuatro partidos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Antonio Carbajal.                            </span>
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        Aquel 8 de junio de 1958, M&eacute;xico debutaba ante la anfitriona, Suecia, en un partido retransmitido para todo el mundo... que dispusiera de televisi&oacute;n. Los mexicanos se conjuraron para ara&ntilde;ar, al menos, su primer punto en los mundiales. Pero la cosa no pudo empezar peor. La Tota tuvo que acudir tres veces a recoger la pelota del fondo de su porter&iacute;a. Carbajal, que iba a ostentar durante a&ntilde;os el r&eacute;cord del jugador con m&aacute;s mundiales (cinco), bat&iacute;a un r&eacute;cord negativo: 16 goles recibidos en cinco partidos mundialistas.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, M&eacute;xico al menos logr&oacute; arrancar en Suecia su primer punto. Fue tres d&iacute;as despu&eacute;s en un empate a uno frente a Gales. Una gesta que se celebr&oacute; por todo el pa&iacute;s. Tambi&eacute;n en Suecia.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Chile, 1962, &ldquo;porque nada tenemos, queremos hacerlo todo&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        El 30 de mayo de 1962 arranc&oacute; el Mundial de Chile con cuatro partidos a la misma hora. Sin partido inaugural como tal, el Chile-Suiza en el Estadio Nacional de Santiago cont&oacute; con una peque&ntilde;a ceremonia, casi m&aacute;s luctuosa que festiva. 32 d&iacute;as antes hab&iacute;a muerto de manera repentina Carlos Dittborn, considerado como el responsable de que un pa&iacute;s como Chile acogiese un acontecimiento tan importante como un Mundial de f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        Aquel 30 de mayo, sus dos hijos hicieron el saque de honor. La selecci&oacute;n de Chile, denominada entonces la Roja, luci&oacute; luto bajo su escudo. Y arranc&oacute; un Mundial que la historia considera que Dittborn, diplom&aacute;tico de carrera, le arrebat&oacute; a Argentina con una frase que en Chile sintetiza la deriva del propio pa&iacute;s. Y que se ha usado en multitud de contextos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Casas derrumbadas en el terremoto de Valdivia de 1960.                            </span>
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        La frase luce en el marcador del estadio de Arica, que lleva precisamente el nombre de Dittborn y que fue sede de un Mundial que casi no se celebr&oacute; por un terremoto dos a&ntilde;os antes. Dittborn se dirigi&oacute; as&iacute;, en cuatro idiomas, a la asamblea de la FIFA justo despu&eacute;s de que el presidente del f&uacute;tbol argentino dijese: &ldquo;Podemos organizar el Mundial ma&ntilde;ana mismo. Lo tenemos todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Chile apenas ten&iacute;a estadios e infraestructuras. El Nacional de Santiago, que 11 a&ntilde;os despu&eacute;s se convirti&oacute; en el mayor centro de detenci&oacute;n tras el golpe de Pinochet, y poco m&aacute;s. El terremoto de Valdivia, dos a&ntilde;os antes, dej&oacute; 2.000 muertos y dos millones de afectados. El propio Dittborn plante&oacute; renunciar al Mundial y devolver el dinero. Pero el presidente Alessandri se neg&oacute;: &ldquo;El Mundial se hace s&iacute; o s&iacute;&rdquo;. Otra frase para la historia del pa&iacute;s andino.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Inglaterra, 1966, el trofeo que rescat&oacute; un perro</strong></h2><p class="article-text">
        Inglaterra invent&oacute; el f&uacute;tbol pero renunci&oacute; a los primeros Mundiales por esa flema tan brit&aacute;nica. Pero la enorme acogida de este torneo total les hizo recapacitar tanto que se apresuraron a organizar el suyo. En 1968, en plena efervescencia de la cultura anglosajona, Inglaterra inaugurar&iacute;a y ganar&iacute;a su propio Mundial, con un trofeo que perdi&oacute;, que encontr&oacute; un perro y en el que casi tiene que debutar con los suplentes.
    </p><p class="article-text">
        Wembley acogi&oacute; el partido inaugural el 11 de julio de 1966. Inglaterra se enfrentaba a Uruguay en un partido televisado en medio mundo, con su ceremonia de inauguraci&oacute;n y la presencia de la reina Isabel II. Apenas una hora antes, Harold Shepherdson, el utillero del equipo ingl&eacute;s, se dio cuenta de que se hab&iacute;a olvidado de los documentos de casi todo el equipo titular. Sin esas fichas no pod&iacute;an jugar. Los ingleses preparaban un debut con los suplentes, pero un motorista logr&oacute; cruzar Londres a toda velocidad y llegar a tiempo.
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                    alt="Pickles posa ante las cámaras con un balón tras encontrar la Copa del Mundo robada en Inglaterra 1966."
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            <span class="title">
                Pickles posa ante las cámaras con un balón tras encontrar la Copa del Mundo robada en Inglaterra 1966.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Aquella fue la gran an&eacute;cdota de una final en la que Uruguay se encerr&oacute; atr&aacute;s para empatar (y lo logr&oacute;) y los periodistas ingleses escribieron que si tuviesen que presenciar m&aacute;s partidos as&iacute; acabar&iacute;an pidiendo el cambio de secci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el gran protagonista fue un <em>border collie</em> mestizo llamado Pickles (pepinillos). Tres meses antes, un ladr&oacute;n rob&oacute; el trofeo, expuesto al p&uacute;blico en Londres. Aquello se vivi&oacute; como un drama e incluso un rid&iacute;culo mundial. Hasta que Pickles, de paseo con su due&ntilde;o, descubri&oacute; la copa envuelta en papel de peri&oacute;dico en el jard&iacute;n de una casa. El animal no solo recibi&oacute; una suculenta recompensa (que cobr&oacute; su amo), sino que acudi&oacute; a la celebraci&oacute;n del t&iacute;tulo, comi&oacute; lo mismo que los futbolistas y hasta se convirti&oacute; en una peque&ntilde;a estrella del cine.
    </p><h2 class="article-text"><strong>M&eacute;xico, 1970, un sovi&eacute;tico se lleva la primera tarjeta amarilla de la historia </strong></h2><p class="article-text">
        El 31 de mayo de 1970 a las 12 del mediod&iacute;a hac&iacute;a un calor imposible en el fastuoso estadio Azteca de Ciudad de M&eacute;xico. A esa hora, y para que se pudiera ver en Espa&ntilde;a, arrancaba un primer partido del Mundial de M&eacute;xico repleto de estrenos. Se estren&oacute; la televisi&oacute;n en color y los escasos telespectadores con esa tecnolog&iacute;a pudieron ver la primera tarjeta amarilla de la historia.
    </p><p class="article-text">
        El &aacute;rbitro alem&aacute;n Kurt Tschensche se la mostr&oacute; al sovi&eacute;tico Kakhi Asatiani por conducta antideportiva. Fue la primera tarjeta amarilla de la historia del f&uacute;tbol, bajo un sol abrasador.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El árbitro muestra, con disimulo, la primera tarjeta amarilla de la historia de los mundiales de fútbol.                            </span>
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        Los sovi&eacute;ticos, que hab&iacute;an intentado adaptarse al clima mexicano y a jugar en altura, protagonizaron otra an&eacute;cdota. Su seleccionador, Gavril Kachalin, vio que la ceremonia inaugural iba a durar mucho. Su once inicial ten&iacute;a que posar junto al de M&eacute;xico durante un buen rato a pleno sol. As&iacute; que decidi&oacute; sacar a todo el equipo suplente a posar para la posteridad. Poco antes de que comenzase el partido salieron los titulares.
    </p><p class="article-text">
        El encuentro acab&oacute; cero a cero, en un nuevo Mundial en el que M&eacute;xico iba a disputar el partido inaugural. A&uacute;n quedaban unos cuantos m&aacute;s. Y al menos dos en el estadio Azteca, al que cant&oacute; Calamaro. Pero al de 1986.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Alemania, 1974, la maldici&oacute;n del campe&oacute;n, la ausencia de Pel&eacute; y no le den de beber a los polic&iacute;as escoceses</strong></h2><p class="article-text">
        El Mundial de 1974 lo estren&oacute; el campe&oacute;n del campeonato anterior por primera vez, y no el anfitri&oacute;n. Brasil gan&oacute; el debut y abri&oacute; la maldici&oacute;n de los partidos inaugurales para los campeones. Los equipos que hab&iacute;an ganado el Mundial anterior no pasaban del empate en el partido inaugural. Al menos hasta Estados Unidos 1994.
    </p><p class="article-text">
        Aquel 13 de junio de 1974, en el Waldstadion de Frankfurt, era la primera vez que un campe&oacute;n y no un anfitri&oacute;n debutaba en el partido inaugural. Brasil frente a Yugoslavia, en un partido en el que no estaba la gran estrella del f&uacute;tbol mundial, Pel&eacute;. O Rei se ausent&oacute; despu&eacute;s de asombrar en los mundiales anteriores. Una d&eacute;cada despu&eacute;s dijo que no acudi&oacute; en protesta por la dictadura militar en su pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero la gran an&eacute;cdota de la ceremonia inaugural la protagoniz&oacute; un grupo de polic&iacute;as escoceses dentro de un enorme bal&oacute;n de f&uacute;tbol. Los fastos, muy castizos, consist&iacute;an en una ceremonia largu&iacute;sima en la que se homenajeaba a cada pa&iacute;s participante con una actuaci&oacute;n de su m&uacute;sica m&aacute;s t&iacute;pica. Obviamente, los escoceses acudieron con una banda de gaiteros ataviados como su kilt. Antes, hab&iacute;a barra libre de cerveza alemana. Los escoceses tuvieron que esperar 50 minutos dentro de un bal&oacute;n gigante de f&uacute;tbol antes de que este se abriese y pudieran salir a actuar. Pero hab&iacute;an bebido tanto que del bal&oacute;n no solo salieron gaitas y gaiteros. &ldquo;Lo peor era el olor&rdquo;, declararon, despu&eacute;s, cuando el mundo entero hab&iacute;a contemplado qu&eacute; es lo que hab&iacute;a al fondo de la pelota gigante.
    </p><p class="article-text">
        En el siguiente v&iacute;deo, a partir del minuto 47 comienza el espect&aacute;culo escoc&eacute;s:
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h2 class="article-text"><strong>Argentina, 1978, a un kil&oacute;metro del mayor centro de torturas de la dictadura militar</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando la Junta de Comandantes abri&oacute; la ceremonia, decenas de detenidos desaparecidos escuchaban los gritos del festejo mientras conviv&iacute;an con el horror de las salas de tortura&rdquo;. Esta frase est&aacute; escrita en el Museo de la Memoria de Buenos Aires, en la sede de la ESMA, el mayor centro de tortura de la dictadura militar de Argentina.
    </p><p class="article-text">
        El 1 de junio de 1978, el Mundial arrancaba en el estadio Monumental de River Plate. Se enfrentaban Alemania Federal y Polonia, y los militares, con Videla a la cabeza, celebraban con entusiasmo el mayor acontecimiento deportivo que hab&iacute;a acogido Argentina. A diez manzanas de distancia estaba la ESMA. Dentro hab&iacute;a centenares de detenidos, que pod&iacute;an escuchar los gritos del Monumental y el entusiasmo de la inauguraci&oacute;n de un Mundial.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Actual entrada a la antigua ESMA de Buenos Aires.                            </span>
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        Aquel d&iacute;a, a la misma hora en la que se jugaba el partido inaugural, un periodista holand&eacute;s acreditado para cubrir el Mundial decidi&oacute; marcharse a la Plaza de Mayo. Las madres de los desaparecidos se concentraban, como cada jueves, con los famosos pa&ntilde;ales de sus hijos anudados a la cabeza. &ldquo;Queremos saber d&oacute;nde est&aacute;n nuestros hijos, vivos o muertos. Hay miles y miles de hogares sufriendo mucha angustia y desesperaci&oacute;n. Ya no saben a qui&eacute;n recurrir. Les rogamos a ustedes, son nuestra &uacute;ltima esperanza, ay&uacute;dennos&rdquo;, le rogaban al periodista.
    </p><p class="article-text">
        La dictadura argentina sobrevivi&oacute; cinco a&ntilde;os m&aacute;s a aquel Mundial que gan&oacute; la albiceleste de Kempes y Menotti, en unos partidos que ve&iacute;an los torturados y los torturadores juntos. Los militares, incluso, llevaban a los presos a los partidos, por ver si hab&iacute;a alguien que los reconoc&iacute;a para secuestrarlos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Espa&ntilde;a, 1982, la Argentina de Maradona pierde ante B&eacute;lgica y al d&iacute;a siguiente su ej&eacute;rcito se rinde en las Malvinas</strong></h2><p class="article-text">
        Cuatro a&ntilde;os antes, como hizo Mussolini en 1934, la dictadura militar argentina hab&iacute;a usado el Mundial, su Mundial, para afianzarse y ganar cr&eacute;dito internacional. El 13 de junio de 1982, en el Camp Nou, un Diego Armando Maradona de 22 a&ntilde;os fue el segundo futbolista en tocar el bal&oacute;n durante el partido inaugural. La albiceleste defend&iacute;a t&iacute;tulo de campeona frente a B&eacute;lgica. Y contra todo pron&oacute;stico perdi&oacute; el partido. Un solitario gol de Erwin Vandenbergh congel&oacute; a los argentinos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><p class="article-text">
        En la otra punta del planeta, miles de compatriotas argentinos se congelaban o se mor&iacute;an de hambre y penalidades. Al d&iacute;a siguiente del partido inaugural, el ej&eacute;rcito de Argentina se rend&iacute;a en las Malvinas. Hab&iacute;an muerto 650 compatriotas y se hab&iacute;a traumatizado a una generaci&oacute;n entera.
    </p><p class="article-text">
        Aquella rendici&oacute;n supuso el principio del fin de la dictadura militar argentina. La selecci&oacute;n de Kempes y Maradona gan&oacute; solo dos de los cinco partidos que disput&oacute; en Espa&ntilde;a. Ya volver&iacute;a a llegar su turno cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Imagen de los soldados argentinos en Puerto Stanley en las islas Malvinas cedida por Penguin News/Graham Bound. EFE                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>M&eacute;xico, 1986, nueve meses despu&eacute;s del terremoto y una &ldquo;rechifla&rdquo; hist&oacute;rica</strong></h2><p class="article-text">
        Nueve meses antes del 31 de mayo de 1986, un terremoto de una magnitud 8,1 mat&oacute; a miles de mexicanos. Las cifras oficiales calcularon 4.000 v&iacute;ctimas mortales. Otras, incluso, se fueron a m&aacute;s de 40.000. El se&iacute;smo da&ntilde;&oacute; o derrumb&oacute; cientos de edificios e infraestructuras. Pero la mayor&iacute;a de los estadios de f&uacute;tbol de un pa&iacute;s que 15 a&ntilde;os hab&iacute;a organizado un Mundial aguantaron.
    </p><p class="article-text">
        Aquel 31 de mayo el Mundial deber&iacute;a haber arrancado en Colombia, y no, de nuevo, en el estadio Azteca de Ciudad de M&eacute;xico. A las 12:00 del mediod&iacute;a, 90.000 mexicanos llenaban el coliseo y trataban de olvidar la pesadilla de nueve meses atr&aacute;s. Comenz&oacute; a llover y la ceremonia inaugural se celebr&oacute; en los m&aacute;rgenes del campo para no da&ntilde;ar el c&eacute;sped. Los mexicanos que llenaban el estadio apenas vieron nada de unos fastos producidos para la televisi&oacute;n. Aguantaron dos horas de aburrimiento hasta que iba a comenzar el f&uacute;tbol. La Italia campeona de Espa&ntilde;a 82 se enfrentaba contra Bulgaria. Pero quedaban los discursos.
    </p><p class="article-text">
        El presidente de M&eacute;xico era Miguel de la Madrid. Al dirigente apenas se le escuch&oacute; ni en televisi&oacute;n. La &ldquo;rechifla&rdquo; de la afici&oacute;n fue una de las m&aacute;s potentes que se recuerdan en el pa&iacute;s de la tricolor. El presidente lo achac&oacute; al aburrimiento de la afici&oacute;n. Los mexicanos, al descontento con su gesti&oacute;n tras el terremoto. El partido posterior acab&oacute; en bostezos. Italia empat&oacute; con Bulgaria en uno de los encuentros m&aacute;s tediosos del campeonato de la &ldquo;mano de Dios&rdquo;.
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            </figure><h2 class="article-text"><strong>Italia, 1990, la sorpresa de Camer&uacute;n frente a la Argentina de Maradona</strong></h2><p class="article-text">
        8 de junio de 1990. San Siro, Mil&aacute;n. El entonces mejor estadio del mundo acog&iacute;a la inauguraci&oacute;n de un Mundial que marc&oacute; a una generaci&oacute;n con el debut del tambi&eacute;n mejor futbolista de la &eacute;poca: Diego Armando Maradona, la estrella del N&aacute;poles, el equipo del sur que hab&iacute;a derrotado al norte, que lo odiaba.
    </p><p class="article-text">
        Argentina hab&iacute;a ganado aquel partido casi sin bajarse del avi&oacute;n. Enfrente estaba Camer&uacute;n. Su estrella era casi un anciano: Roger Milla. Aquel d&iacute;a, todo el planeta f&uacute;tbol iba con &ldquo;los leones indomables&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Camer&uacute;n gan&oacute; uno a cero aquel partido inaugural, confirmando la maldici&oacute;n del campe&oacute;n. Bilardo, el seleccionador, amenaz&oacute; con volverse a Argentina y estrellar el avi&oacute;n en el oc&eacute;ano si los suyos no comenzaban a jugar al f&uacute;tbol. El drama albiceleste se celebr&oacute; en el resto del mundo. El f&uacute;tbol volv&iacute;a a ser aquel deporte en el que al final no dejan de ser once contra once, y en el que a veces el d&eacute;bil doblega al m&aacute;s fuerte.
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            </figure><h2 class="article-text"><strong>Estados Unidos, 1994, el penalti que fall&oacute; Diana Ross</strong></h2><p class="article-text">
        La FIFA llevaba d&eacute;cadas intentando que el deporte rey lo fuese tambi&eacute;n en Estados Unidos, sin &eacute;xito. Al pa&iacute;s m&aacute;s rico del mundo no le gustaba el <em>soccer, </em>como sucede todav&iacute;a hoy. A sus aficionados le parec&iacute;a aburrido un deporte en el que se pod&iacute;a empatar. O ganar por uno a cero.
    </p><p class="article-text">
        Pero si algo se supone que sab&iacute;an organizar eran los espect&aacute;culos previos y el descanso de los partidos. Ya en 1994 la expectaci&oacute;n por lo que ocurr&iacute;a alrededor de la Superbowl era m&aacute;s importante que el propio encuentro, algo que le encantaba a la FIFA pero que odiaban los aficionados al f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        El 17 de junio de 1994, en el Soldier Field de Chicago, iba a arrancar otro Mundial generacional (el del codazo de Tassotti). Alemania se enfrentaba a Bolivia, aunque antes con Bill Clinton en el palco Estados Unidos ten&iacute;a que demostrar que dominaba el espect&aacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        La actuaci&oacute;n principal estaba en manos de Diana Ross. La cantante ten&iacute;a planificada al mil&iacute;metro una coreograf&iacute;a con un gui&ntilde;o futbolero. La vocalista de The Supremes, estrella de la Motown, corr&iacute;a micr&oacute;fono en mano por un pasillo humano camino del &aacute;rea. La misi&oacute;n no era dif&iacute;cil: chutar un penalti con un portero que claramente se iba a dejar colar el gol y ante una porter&iacute;a acercada que en cuanto el bal&oacute;n entrase saltar&iacute;a en pedazos. Ross fall&oacute; el penalti, la porter&iacute;a se rompi&oacute; y el p&uacute;blico comenz&oacute; a abuchear a la artista. Poco despu&eacute;s, Alemania venci&oacute; por uno a cero a Bolivia, en otro partido aburrido pero en el que marc&oacute; el m&iacute;tico J&uuml;rguen Klissman.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h2 class="article-text"><strong>Francia, 1998, Ricky Martin y el debut de un tal Ronaldo</strong></h2><p class="article-text">
        En Estados Unidos 1994, Ronaldo (Nazario) ten&iacute;a 17 a&ntilde;os. Formaba parte de la selecci&oacute;n de Brasil que gan&oacute; aquel Mundial en la ag&oacute;nica final frente a Italia. Pero no jug&oacute; ni un solo minuto. El 10 de junio de 1998, Brasil inauguraba el Mundial de Francia frente a Escocia, con el esperad&iacute;simo debut de la estrella y su glorioso estado de forma.
    </p><p class="article-text">
        Como era de esperar, el partido inaugural fue poco vistoso y Brasil sufri&oacute; para superar a Escocia. Pero aquel partido fue el principio de El Fen&oacute;meno, que se encontr&oacute; a una inesperada estrella enfrente: Zinedine Zidane.
    </p><p class="article-text">
        Aquel fue el Mundial del Stade de France, de Saint Denis, y de un partido inaugural con una ceremonia a la francesa que se organiz&oacute; especialmente en las calles de Par&iacute;s. Pero en la que el planeta f&uacute;tbol andaba m&aacute;s pendiente de aquel chaval de 21 a&ntilde;os al que ya se comparaba con Pel&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Si hay una canci&oacute;n de los mundiales que se recordar&aacute; por los siglos de los siglos es la Copa de la vida de Ricky Martin, mil y una veces repetida en cualquier fiesta, verbena, bar, discoteca o sarao del planeta desde 1998 y hasta el infinito y m&aacute;s all&aacute;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h2 class="article-text"><strong>Corea y Jap&oacute;n, 2002, Francia pierde frente a Francia</strong></h2><p class="article-text">
        Francia hab&iacute;a ganado su Mundial, el de 1998, y la Eurocopa de 2000. En sus filas campaba el mejor Zidane y <em>les blues </em>so&ntilde;aban con una final con Argentina. En Se&uacute;l, en Corea del Sur, se disputaba el primer Mundial organizado por dos pa&iacute;ses, y tambi&eacute;n en el continente asi&aacute;tico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquel fue el &uacute;ltimo partido inaugural que disput&oacute; la selecci&oacute;n vencedora del Mundial anterior y no la anfitriona. Enfrente, una especie de Francia B: Senegal. 21 de sus 23 convocados jugaban en la Liga Francesa y pr&aacute;cticamente o hab&iacute;an nacido en el Hex&aacute;gono o viv&iacute;an all&iacute; desde peque&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Francia sufri&oacute; la maldici&oacute;n de los partidos inaugurales y Senegal dio la gran sorpresa. Papa Bouba Diop es considerado un h&eacute;roe de Senegal por marcar el solitario gol que tumb&oacute; a aquella fabulosa Francia, que no pas&oacute; de la primera fase.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h2 class="article-text"><strong>Alemania, 2006, el doblete de Wanchope, leyenda de los Ticos </strong></h2><p class="article-text">
        Ganar perdiendo. Paulo Wanchope fue un futbolista pionero. De los primeros latinos en debutar en la Premier League, se convirti&oacute; en una leyenda del Manchester City previo a Guardiola. Pero es, de lejos, el jugador m&aacute;s importante de Costa Rica por un doblete en un partido que los Ticos perdieron.
    </p><p class="article-text">
        El Mundial de 2006 fue en Alemania. En el Allianz Arena de Munich, reci&eacute;n estrenado, se jug&oacute; el partido inaugural, que de nuevo disputaba la selecci&oacute;n germana. Enfrente, Costa Rica, un combinado modesto pero que contaba con un Wanchope ya venido algo a menos aunque lo acababa de fichar el M&aacute;laga.
    </p><p class="article-text">
        La Mannchasft acab&oacute; ganando aquel partido por cuatro a dos. Pero el doblete de Wanchope est&aacute; considerado como una de las grandes haza&ntilde;as de los Ticos, una selecci&oacute;n para nada extra&ntilde;a en los Mundiales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aquel Mundial lo acab&oacute; ganando Italia, en un campeonato que se recuerda especialmente por la m&uacute;sica y por c&oacute;mo los transalpinos adaptaron el <em>Seven nation army</em> de The White Straits al Siamo campioni dil mundo que hoy se escuchan en cualquier estadio del mundo.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h2 class="article-text"><strong>Sud&aacute;frica, 2010, la tragedia que siempre persigui&oacute; a Nelson Mandela</strong></h2><p class="article-text">
        Sud&aacute;frica fue el primer Mundial de f&uacute;tbol que se disputaba en &Aacute;frica. Y como casi todo lo que ha ocurrido con multitud de eventos deportivos en el pa&iacute;s el responsable fue Nelson Mandela, que entendi&oacute; el deporte como una manera de coser su naci&oacute;n y de dejar atr&aacute;s las brechas del apartheid.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la vida de Nelson Mandela fue siempre una tragedia. El 10 de junio de 2010, cuando ven&iacute;a de uno de los conciertos con motivo del Mundial de Sud&aacute;frica, Zenani Mandela, de 13 a&ntilde;os, sufri&oacute; un accidente de tr&aacute;fico y muri&oacute;. Zenani era biznieta de Mandela que, devastado, no acudi&oacute; a la ceremonia inaugural (s&iacute; que lo hizo en la hist&oacute;rica, para Espa&ntilde;a, final).
    </p><p class="article-text">
        Aquel partido inaugural lo disputaron la anfitriona Sud&aacute;frica frente a M&eacute;xico. Y es el mismo partido, pero al rev&eacute;s, que este jueves se ha disputado en el estadio Azteca de Ciudad de M&eacute;xico para inaugurar el Mundial de 2026.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Mandela, con la Copa del Mundo que ganó España en 2010.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Brasil, 2014, una ceremonia sin discursos para evitar las protestas</strong></h2><p class="article-text">
        Ni Dilma Roussef ni Blatter tomaron la palabra en la Arena de Sao Paulo durante la ceremonia inaugural del Mundial de Brasil de 2014. Meses atr&aacute;s, miles de personas se hab&iacute;an echado a la calle en todo el pa&iacute;s por la celebraci&oacute;n del campeonato mundial en el pa&iacute;s sudamericano, con diferencia el m&aacute;s laureado del f&uacute;tbol de selecciones.
    </p><p class="article-text">
        En 2013, en la Copa de Confederaciones que la FIFA organizaba, la torcida brasile&ntilde;a abuche&oacute; de manera contundente a su presidenta. Tambi&eacute;n a Blatter. Y ambos optaron por no arriesgarse en la ceremonia de 2014.
    </p><p class="article-text">
        Los mandatarios, eso s&iacute;, fueron abucheados cuando su imagen apareci&oacute; en el palco del estadio y en las pantallas. Aquel partido inaugural lo disputaron Brasil y Croacia. Ten&iacute;a que ser el Mundial de Neymar, que brill&oacute; con un doblete. Pero fue el de la mayor derrota de la canarinha en un campeonato. Y m&aacute;s en casa. Siete a uno frente a Alemania. Con el Maracanazo, la mayor humillaci&oacute;n de los mundiales para Brasil.
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            </figure><h2 class="article-text"><strong>Rusia, 2018, la peineta de Robbie Williams</strong></h2><p class="article-text">
        La ceremonia inaugural de Rusia en 2018 en el estadio Lukoil de Mosc&uacute; fue la m&aacute;s corta de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: 15 minutos. Pero aun as&iacute;, el pr&oacute;logo de un campeonato que no se recordar&aacute; por el buen f&uacute;tbol dio mucho que hablar antes, durante y despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La Rusia de Putin contrat&oacute; como actuaci&oacute;n estelar al brit&aacute;nico Robbie Williams, icono del mundo LGTBi, estrella del rock y un fan declarado del f&uacute;tbol. Cuando una c&aacute;mara se le acerc&oacute;, mirando a plano lanz&oacute; una peineta. La antigua Twitter tard&oacute; apenas unos segundos en estallar y en tratar de descifrar ese desaf&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Aunque hubo quien pens&oacute; que se trataba de un gesto de solidaridad a las personas LGTBi de Rusia, brutalmente atacadas en el r&eacute;gimen de Putin, la tesis principal fue la de un gesto contra los <em>haters </em>de Williams que, precisamente, hab&iacute;an criticado que prefiriese el dinero a los derechos humanos. El cantante confes&oacute; cinco d&iacute;as despu&eacute;s que simplemente se le fue la pinza, que improvis&oacute; y que en ese momento no pens&oacute; en nada m&aacute;s que en que el partido iba a empezar y su actuaci&oacute;n ten&iacute;a que acabar.
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            </figure><h2 class="article-text"><strong>Qatar 2022, un Mundial en noviembre y el estreno m&aacute;s pol&eacute;mico del VAR</strong></h2><p class="article-text">
        Sobre el papel, un Qatar-Ecuador es un partido con un escaso inter&eacute;s a nivel mundial. Por mucho que se tratara del partido inaugural de todo un campeonato mundial de f&uacute;tbol, que se celebrase en el mes de noviembre para satisfacer a otro r&eacute;gimen de los petrod&oacute;lares y que a la vez los jugadores no desfalleciesen sobre el c&eacute;sped, le restaba cualquier tipo de inter&eacute;s. Aparte de la ceremonia inaugural estaba la curiosidad del estreno del VAR, la ayuda arbitral tecnol&oacute;gica que desde entonces concentra casi m&aacute;s atenci&oacute;n que el propio juego.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, el VAR se coron&oacute; en Qatar 2022, donde se estren&oacute; con la pronosticada pol&eacute;mica. Apenas hab&iacute;an pasado unos segundos desde el pitido inicial, cuando en una jugada extra&ntilde;a la defensa nerviosa de Qatar, un fallo del portero y el acierto de Ecuador hizo que el bal&oacute;n entrase en la porter&iacute;a local. Los ecuatorianos celebraron el que iba a ser el gol m&aacute;s tempranero de la historia en un partido inaugural de los mundiales. Pero ah&iacute; estaba el VAR para impedirlo.
    </p><p class="article-text">
        El italiano Daniele Orsato pit&oacute; fuera de juego tras la activaci&oacute;n del sistema semiautom&aacute;tico del VAR. Las im&aacute;genes posteriores arrojaron dudas sobre la posici&oacute;n real del delantero ecuatoriano frente al defensa (que era el pen&uacute;ltimo, ya que el portero estaba a&uacute;n m&aacute;s adelantado). Ecuador gan&oacute;, marcando un gol de penalti, pero las sospechas de ama&ntilde;o y de la influencia del r&eacute;gimen catar&iacute; no se escabulleron ante uno de los mundiales m&aacute;s extra&ntilde;os y a destiempo de la historia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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            </figure><h2 class="article-text">M&eacute;xico, Estados Unidos y Canad&aacute;, 2026, el estadio que consagr&oacute; a Maradona pero que pita a los argentinos</h2><p class="article-text">
        Es escuchar Estadio Azteca y tararear a Calamaro y evocar a Maradona marcando el mejor gol de la historia de los Mundiales y, tambi&eacute;n, el m&aacute;s tramposo. La mano de Dios, con aroma a Sorrentino, siempre resonar&aacute; en el estadio que m&aacute;s partidos de un Mundial de f&uacute;tbol ha acogido, y que tambi&eacute;n coron&oacute; a Pel&eacute; en 1970.
    </p><p class="article-text">
        Pero pese a la enorme argentinidad que evoca su nombre fuera de M&eacute;xico, dentro del pa&iacute;s azteca el peor recuerdo de 1986 es, sin lugar a dudas, Argentina. En el descanso de un tedioso partido inaugural entre M&eacute;xico y Sud&aacute;frica (con dos sudafricanos y un mexicano expulsados) los organizadores del Mundial 2026 trataron de rendir homenaje a aquella Argentina que hace 40 a&ntilde;os se convirti&oacute; en el mejor equipo del mundo. Los mexicanos que llenaban el Estadio Azteca, ahora llamado Ciudad de M&eacute;xico, abuchearon ese peque&ntilde;o homenaje.
    </p><p class="article-text">
        El partido inaugural dej&oacute; otro hito: fue la primera vez en la historia que no cont&oacute; con la presidencia de la m&aacute;xima autoridad del pa&iacute;s. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum no acudi&oacute;. Antes, explic&oacute; que nunca iba a partidos de f&uacute;tbol y decidi&oacute; sortear su entrada, que finalmente recay&oacute; en manos de la joven Yolett Cervantes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Ceremonia inaugural del Mundial de 2026.                            </span>
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      <dc:creator><![CDATA[Alfonso Alba]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 19:46:56 +0000]]></pubDate>
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