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    <title><![CDATA[elDiario.es - Nidos]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Nidos]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[“Es casi como conseguir entradas para un concierto”: la odisea para encontrar plaza en campamentos de verano para niños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/entradas-concierto-odisea-encontrar-plaza-campamentos-verano-ninos_1_13301540.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3ada23c6-a13d-44c0-85ec-6a866745c799_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Es casi como conseguir entradas para un concierto”: la odisea para encontrar plaza en campamentos de verano para niños"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con las vacaciones escolares a la vuelta de la esquina, las familias se plantean diferentes fórmulas para conciliar</p><p class="subtitle">Cómo detectar y cómo responder si tu hijo padece acoso escolar, según un experto: “El principal predictor de daño es el tiempo”</p></div><p class="article-text">
        Una tarde calurosa de primavera, varias madres hablan en un parque infantil de Madrid mientras sus hijos e hijas juegan. &ldquo;Yo anoche me puse una alarma porque sal&iacute;an las plazas del campamento p&uacute;blico del distrito a las doce en punto y quer&iacute;a solicitarlas justo al momento. La web se qued&oacute; colgada con tanta demanda, tard&eacute; unos minutos en hacerlo y cuando consegu&iacute; entrar ya no quedaban plazas. Me qued&eacute; en lista de espera&rdquo;, asegura una de las madres, que tiene dos hijos en edad escolar. &ldquo;Nosotros ten&iacute;amos abiertas mil sesiones en diferentes navegadores, las plazas que quer&iacute;amos ya preparadas en el carrito&hellip; Y nada, no pudimos conseguirlas. Es casi como conseguir entradas para los Rolling&rdquo;, bromea otra madre.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque no existen datos generales sobre las plazas p&uacute;blicas y privadas de campamentos de verano ofertadas en las diferentes ciudades y autonom&iacute;as, familias y expertas coinciden en se&ntilde;alar que no cubren ni mucho menos la demanda que existe, especialmente en las grandes ciudades. En Madrid, el Ayuntamiento ha anunciado 13.800 plazas de campamentos para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de 3 a 12 a&ntilde;os, cuando el censo indica que hay 453.295 menores. Es decir: solamente hay plazas para un 3% de la poblaci&oacute;n infantil.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Barcelona, el Ayuntamiento anuncia 350.000 plazas de campamentos disponibles, una cifra que supera la de menores censados en la ciudad, cercana a 230.000. Laura, madre de dos en la capital catalana, reconoce que all&iacute; &ldquo;nadie se queda sin alguna plaza de campamento&rdquo;, pero subraya que, en los que son econ&oacute;micos o atractivos para las familias, &ldquo;las plazas vuelan&rdquo;. &ldquo;Si se abren las inscripciones a las 9:00, a las 9:03 se han acabado&rdquo;, explica. Y recurre tambi&eacute;n a un s&iacute;mil musical: &ldquo;Es tan dif&iacute;cil como conseguir entradas para el concierto de Bad Bunny&rdquo;, cuenta entre risas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su familia, han optado por un campamento urbano que se organiza en la biblioteca del barrio, combinado con vacaciones de ella y su pareja y jornadas intensivas en los trabajos. &ldquo;Al final todo el mundo busca un equilibrio entre lo que necesita para conciliar, lo que puede permitirse econ&oacute;micamente y lo que es apetecible para sus hijos, pero es cierto que en Barcelona hay bastante oferta: todos los coles hacen su propio casal [campamento] y tambi&eacute;n hay opciones en polideportivos o piscinas. No faltan plazas, pero el precio es otra cosa: son muy caros, en torno a 180 euros la semana, y los que est&aacute;n bien se agotan&rdquo;, dice.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, muchas familias no consiguen organizarse para cubrir los dos meses y medio de vacaciones escolares, por lo que optan por otras medidas como tirar de abuelos y abuelas o incluso solicitar <a href="https://www.eldiario.es/nidos/pedir-excedencia-verano-cuidar-hijos-sale-barato-no-trabajar-pagar-campamentos_1_12428427.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">excedencias para poder cuidar</a>. &ldquo;Me sale m&aacute;s barato dejar de trabajar que pagar campamentos&rdquo;, contaba Carla para <a href="https://www.eldiario.es/nidos/pedir-excedencia-verano-cuidar-hijos-sale-barato-no-trabajar-pagar-campamentos_1_12428427.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este reportaje</a>.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Ni&ntilde;os solos en casa por no poder pagar un campamento</h2><p class="article-text">
        En el caso de las familias m&aacute;s vulnerables, es habitual que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as tengan que quedarse solos en casa al no poder sus familias permitirse el desembolso que suponen las actividades de ocio. Una <a href="https://educowebmedia.blob.core.windows.net/educowebmedia/educospain/media/docs/notas-prensa/2026/dosier_becas_comedor_verano_2026.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta de la ONG Educo</a> se&ntilde;ala que unos 120.000 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as de 6 a 10 a&ntilde;os est&aacute;n en esta situaci&oacute;n: esperando en casa a que los adultos vuelvan del trabajo. Entre las familias de nivel socioecon&oacute;mico bajo, se&ntilde;ala este estudio, m&aacute;s de un 54% de los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as no asisten a ninguna actividad en verano.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las actividades de ocio educativo en verano no deberían ser un lujo solo reservado a quien pueda pagarlas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">ONG Educo</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde la ONG denuncian que este tipo de situaciones no deber&iacute;an darse. &ldquo;Las actividades de ocio educativo en verano permiten que los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as puedan disfrutar de las vacaciones. Y no deber&iacute;an ser un lujo solo reservado a quien pueda pagarlas. Todos tendr&iacute;an que poder disfrutarlas, especialmente aquellos y aquellas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Son una oportunidad &uacute;nica de acceso a experiencias culturales, naturaleza y ocio que de otro modo no tendr&iacute;an&rdquo;, se&ntilde;alan desde la ONG.
    </p><p class="article-text">
        M&oacute;nica es una de esas madres que no pueden permitirse pagar un campamento para sus hijos: &ldquo;Estamos viendo c&oacute;mo lo vamos a poder hacer, porque al cerrar el colegio hay que buscarles actividades y nosotros no podemos permitirnos pagar un campamento particular porque los precios son muy elevados. Me preocupa que los ni&ntilde;os van a estar aburridos en casa, y tenemos que ver qui&eacute;n les puede cuidar mientras pap&aacute; y mam&aacute; trabajan. Adem&aacute;s, la mayor parte del tiempo estar&aacute;n <a href="https://www.eldiario.es/nidos/ainhoa-parra-logopeda-considerar-pantallas-herramienta-principal-ensenar-hablar-error-xp_1_13304819.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">expuestos a pantallas</a>, porque pueden jugar con sus juguetes un rato, pero no se entretienen todo el tiempo&rdquo;, explica. Y a&ntilde;ade que para ella eso supone &ldquo;un estr&eacute;s y un agobio a&ntilde;adidos&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Acceso universal y gratuito&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Cristina Castellanos es doctora en econom&iacute;a, experta en conciliaci&oacute;n y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Para ella, la oferta de plazas para conciliar en verano es &ldquo;claramente insuficiente&rdquo;, si bien es cierto que la casu&iacute;stica &ldquo;es muy variada&rdquo;: &ldquo;Las plazas p&uacute;blicas son muy limitadas. Especialmente en los entornos de ciudades hay una demanda muy elevada y muy poca oferta, pero las situaciones son muy variadas en funci&oacute;n de las comunidades aut&oacute;nomas y del tama&ntilde;o de las localidades&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Normalmente en ciudades pequeñas o pueblos suele haber más plazas públicas, mientras que en las ciudades grandes no hay oferta pública</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cristina Castellanos</span>
                                        <span>—</span> Experta en políticas públicas
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Aunque asegura que no existen cifras oficiales, la experta se&ntilde;ala algunas tendencias: &ldquo;Normalmente en ciudades peque&ntilde;as o pueblos suele haber m&aacute;s plazas p&uacute;blicas, mientras que en las ciudades grandes no hay oferta p&uacute;blica y la privada es inaccesible econ&oacute;micamente para muchas familias&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Castellanos denuncia las consecuencias que esto puede tener, tanto para la conciliaci&oacute;n como para el bienestar infantil. &ldquo;En verano los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as est&aacute;n cansados, necesitan hacer otras actividades. Especialmente en entornos de mucho calor, todos y todas deber&iacute;an tener acceso a actividades deportivas en entornos frescos, con piscinas o juegos de agua. Al no poder permit&iacute;rselo, muchas familias vulnerables acaban teniendo menos oportunidades para conciliar&rdquo;, explica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Elena, madre monomarental y residente en un pueblo peque&ntilde;o de Galicia, s&iacute; tiene acceso a ese tipo de actividades especiales y en entornos frescos. &ldquo;Tanto aqu&iacute; como en la ciudad en la que trabajo, A Coru&ntilde;a, hay oferta suficiente de campamentos de verano. Mi hija ha ido algunos veranos al campamento del pueblo, que se hace en la piscina, y otros a&ntilde;os al que est&aacute; al lado de mi trabajo, en un colegio. Para m&iacute; no es un problema pensar este tema ni tengo miedo a quedarme sin plaza: simplemente elijo lo que mejor me viene en funci&oacute;n de las necesidades y la apunto. El precio es razonable porque es subvencionado&rdquo;, asegura.
    </p><p class="article-text">
        Nieves Manrique, pedagoga y madre, tambi&eacute;n reconoce sentirse privilegiada al no depender de campamentos. &ldquo;Por suerte, yo no necesito plaza: trabajo en un colegio, as&iacute; que solo tengo que cubrir una semana y tengo ayuda de mi suegra. Pero s&iacute; conozco a muchas familias del colegio que se tienen que buscar la vida como pueden&rdquo;. Manrique vive y trabaja en Madrid, como las madres que abren este reportaje: &ldquo;Aqu&iacute; es especialmente dif&iacute;cil todo. En el Ayuntamiento es casi imposible conseguir plaza. No se cubre la demanda ni de lejos. Las plazas p&uacute;blicas son insuficientes, y las privadas son car&iacute;simas: rondan los 150 o 200 euros por semana. Es un desembolso por familia muy dif&iacute;cil de asumir y ya ni te cuento si tienes dos o tres ni&ntilde;os&rdquo;, denuncia la experta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Manrique a&ntilde;ade una variable a tener en cuenta: la dificultad de encontrar plaza para <a href="http://google.com/search?q=campamento+necesidades+especiales+luc%C3%ADa+quiroga&amp;oq=campamento+necesidades+especiales+luc%C3%ADa+quiroga+&amp;gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIHCAEQIRigAdIBCDcwNzdqMGo0qAIAsAIB&amp;sourceid=chrome&amp;ie=UTF-8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ni&ntilde;os y ni&ntilde;as con necesidades especiales</a>: &ldquo;Una amiga tiene una hija con diabetes tipo 1 y, en todo Madrid, solamente existe un campamento al que puedan ir todos los ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que tengan una enfermedad que requiera del cuidado continuado de una enfermera&rdquo;, denuncia. Para ella, la soluci&oacute;n pasa por aumentar plazas, pero tambi&eacute;n le suma otros elementos: &ldquo;Que las empresas ayuden a conciliar y que los campamentos no sean tan caros, si hace falta, a trav&eacute;s de subvenci&oacute;n&rdquo;, propone.
    </p><p class="article-text">
        Castellanos, experta en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, subraya la necesidad de garantizar servicios p&uacute;blicos de cuidado durante las vacaciones escolares: &ldquo;Es muy b&aacute;sico: necesitamos servicios p&uacute;blicos de cuidado universales y de calidad, que no dependan ni del lugar de residencia ni del nivel socioecon&oacute;mico de la familia. Tambi&eacute;n en verano, por supuesto, porque son dos meses y medio sin colegio, pero no hay facilidades para conciliar. Es esencial para la corresponsabilidad y para el bienestar infantil&rdquo;, se&ntilde;ala la experta.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/entradas-concierto-odisea-encontrar-plaza-campamentos-verano-ninos_1_13301540.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 20:14:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Es casi como conseguir entradas para un concierto”: la odisea para encontrar plaza en campamentos de verano para niños]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[familias,Niños,Menores,Conciliación,verano,Escuelas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ainhoa Parra, logopeda: "Considerar las pantallas como una herramienta principal para enseñar a hablar es un error"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/ainhoa-parra-logopeda-considerar-pantallas-herramienta-principal-ensenar-hablar-error-xp_1_13304819.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/234e0894-7366-49f3-b9dd-d65035f76b4e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ainhoa Parra, logopeda: &quot;Considerar las pantallas como una herramienta principal para enseñar a hablar es un error&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El uso excesivo y precoz de pantallas puede influir en el desarrollo del lenguaje y otras áreas fundamentales del desarrollo infantil</p><p class="subtitle">Cómo detectar y cómo responder si tu hijo padece acoso escolar, según un experto: “El principal predictor de daño es el tiempo”</p></div><p class="article-text">
        En una era plenamente digital, las pantallas se han convertido en parte integral de la vida diaria, tanto de adultos como de ni&ntilde;os. Si bien la tecnolog&iacute;a ofrece numerosos beneficios, un mal uso &mdash;o excesivo&mdash;, conlleva problemas, especialmente en los ni&ntilde;os m&aacute;s peque&ntilde;os, durante sus a&ntilde;os de desarrollo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los tres primeros a&ntilde;os de vida son de suma importancia para el desarrollo de la comunicaci&oacute;n y el lenguaje. Este periodo es crucial para el aprendizaje de idiomas y, si se prolonga m&aacute;s de lo previsto, la adquisici&oacute;n del lenguaje puede retrasarse con respecto a su desarrollo normal. Tanto es as&iacute; que, de acuerdo con este <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1651-2227.2008.00831.x" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio</a>, los ni&ntilde;os que empiezan a ver la televisi&oacute;n antes de los 12 meses y la ven m&aacute;s de dos horas diarias tienen seis veces m&aacute;s probabilidades de presentar retrasos en el lenguaje.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Los primeros meses, claves para el desarrollo de habilidades como el lenguaje</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Desde los tres y cuatro meses los beb&eacute;s muestran inter&eacute;s por las personas y los est&iacute;mulos que les rodean: buscan la mirada de sus cuidadores, reaccionan a voces familiares, observan expresiones faciales y empiezan a participar en peque&ntilde;os intercambios comunicativos que ser&aacute;n la base del lenguaje posterior&rdquo;, nos explica la logopeda Ainhoa Parra, del equipo de <a href="https://logopediaparra.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Logopedia Parra</a>.
    </p><p class="article-text">
        El desarrollo del lenguaje, por tanto, no se inicia cuando empiezan a balbucear los primeros sonidos. &ldquo;Antes de que aparezcan estas primeras palabras, el ni&ntilde;o necesita adquirir una serie de prerrequisitos fundamentales como el contacto visual, la atenci&oacute;n conjunta, la imitaci&oacute;n, la reciprocidad social, el respeto de turnos, la intenci&oacute;n comunicativa o el juego, habilidades que se desarrollan a trav&eacute;s de la interacci&oacute;n directa con otras personas&rdquo;, admite Parra.
    </p><p class="article-text">
        La tecnolog&iacute;a, en s&iacute; misma, no es mala. De hecho, los programas interactivos y aplicaciones educativas pueden ser herramientas valiosas para el aprendizaje. Sin embargo, la forma en que la usamos y el tiempo que pasamos frente a las pantallas s&iacute; influye de manera significativa en sus efectos. 
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo el tiempo frente a la pantalla afecta al desarrollo del habla</h2><p class="article-text">
        Los beb&eacute;s, incluso antes de imitar sonidos y palabras, se comunican con su entorno con gestos y expresiones corporales. El lenguaje se adquiere a trav&eacute;s de la interacci&oacute;n con el entorno y con otras personas, participando activamente en situaciones reales de comunicaci&oacute;n, de manera que se integran los requisitos del lenguaje mediante la imitaci&oacute;n de los modelos que ofrecen los adultos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, cuando un ni&ntilde;o interact&uacute;a con un dispositivo, se convierte en un receptor pasivo de informaci&oacute;n en lugar de un participante activo en la conversaci&oacute;n, aunque la pantalla emita palabras, canciones o im&aacute;genes, &ldquo;no responden a las se&ntilde;ales comunicativas del ni&ntilde;o ni adaptan la interacci&oacute;n a sus necesidades del mismo modo que lo hace un adulto&rdquo;, afirman desde Logopedia Parra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La escucha pasiva no ofrece las mismas oportunidades para practicar los sonidos del habla, ampliar el vocabulario o aprender el ritmo de la conversaci&oacute;n. As&iacute;, &ldquo;considerar una aplicaci&oacute;n o una pantalla como una herramienta principal para ense&ntilde;ar a hablar resulta un error&rdquo;, afirma la logopeda.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasa cuando la exposici&oacute;n a la pantalla gana a la interacci&oacute;n? &ldquo;Cuando el entorno anticipa constantemente todo lo que el ni&ntilde;o necesita o cuando gran parte del tiempo de ocio est&aacute; mediado por pantallas, disminuyen las oportunidades naturales para que aparezca esa comunicaci&oacute;n espont&aacute;nea&rdquo;, defiende la especialista.
    </p><p class="article-text">
        Y el problema aparece muchas veces mucho antes de desarrollarse el lenguaje, por lo que una de las claves es &ldquo;ayudar al ni&ntilde;o a descubrir que comunicarse sirve para conseguir algo, compartir intereses, pedir ayuda o expresar necesidades&rdquo;, explica Parra.
    </p><h2 class="article-text">Impacto de las pantallas en la atenci&oacute;n y las habilidades de escucha</h2><p class="article-text">
        El tiempo que pasa un ni&ntilde;o frente a una pantalla, sobre todo cuando el contenido es acelerado o sobreestimulante, puede afectar negativamente tambi&eacute;n a la atenci&oacute;n y la capacidad de escucha, dos habilidades fundamentales para el desarrollo del lenguaje y el &eacute;xito acad&eacute;mico. Adem&aacute;s, el uso excesivo de pantallas se ha asociado con una menor capacidad de atenci&oacute;n y dificultades para mantenerla durante tareas que requieren una concentraci&oacute;n prolongada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto puede generar dificultad en la comprensi&oacute;n del lenguaje y en las habilidades de expresi&oacute;n, ya que a los ni&ntilde;os les puede resultar dif&iacute;cil seguir conversaciones, instrucciones o narraciones que requieren atenci&oacute;n y escucha constantes.
    </p><p class="article-text">
        Parra reconoce que en consulta &ldquo;observamos menor tolerancia a la frustraci&oacute;n, menor capacidad de espera, dificultades para mantener la atenci&oacute;n en actividades prolongadas, menor inter&eacute;s por el juego simb&oacute;lico y una reducci&oacute;n de las oportunidades de exploraci&oacute;n activa del entorno, habilidades todas ellas estrechamente relacionadas con el desarrollo del lenguaje y del aprendizaje&rdquo;, admite la especialista.
    </p><h2 class="article-text">Navegando por la era digital sin que afecte al habla</h2><p class="article-text">
        Si bien es muy dif&iacute;cil eliminar por completo el tiempo que nuestros hijos pasan frente a las pantallas y que el contacto &ldquo;cero&rdquo; con la tecnolog&iacute;a es &ldquo;una visi&oacute;n poco realista&rdquo;, existen medidas que podemos tomar para minimizar su efecto en el desarrollo de su habla y lenguaje.<strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS) establece directrices claras y recomienda que los ni&ntilde;os menores de dos a&ntilde;os no tengan ning&uacute;n tipo de contacto con pantallas, y que de los de dos a cinco a&ntilde;os solo las usen menos de una hora al d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de limitar el tiempo, tambi&eacute;n es importante elegir contenido de alta calidad, priorizar el contenido did&aacute;ctico que fomente el desarrollo del lenguaje, buscar programas que promuevan el di&aacute;logo, los componentes interactivos y la repetici&oacute;n. Adem&aacute;s, es esencial interactuar con nuestro hijo durante el tiempo frente a la pantalla; esta no debe ser una experiencia pasiva.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde nuestro punto de vista, estas recomendaciones ayudan a proteger el desarrollo del lenguaje no porque exista una cifra exacta a partir de la cual aparezcan dificultades, sino porque favorecen que el ni&ntilde;o dedique m&aacute;s tiempo a aquellas actividades que realmente impulsan su desarrollo: el juego, la exploraci&oacute;n del entorno, el movimiento, la interacci&oacute;n social y la comunicaci&oacute;n con otras personas&rdquo;, afirma la especialista.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, nada puede reemplazar el valor del contacto personal en el desarrollo del lenguaje: fomentar conversaciones, encuentros para jugar y actividades grupales que permitan a los ni&ntilde;os escuchar, practicar y mejorar sus habilidades ling&uuml;&iacute;sticas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi recomendaci&oacute;n es que, mientras se vea la pantalla como un medio l&uacute;dico, reducido y haya una buena estimulaci&oacute;n e interacci&oacute;n directa con los ni&ntilde;os a nivel personal y juego compartido, las pantallas pasan a un segundo plano y no tenemos por qu&eacute; rehuir de ellas&rdquo;, dice Larra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras todo esto se cumpla, &ldquo;las oportunidades de desarrollo del lenguaje seguir&aacute;n estando presentes&rdquo;, afirma la experta ,porque &ldquo;el verdadero factor protector del lenguaje no es solo reducir el tiempo de pantalla sino aumentar las oportunidades de comunicaci&oacute;n real en el d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/ainhoa-parra-logopeda-considerar-pantallas-herramienta-principal-ensenar-hablar-error-xp_1_13304819.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Jun 2026 14:22:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ainhoa Parra, logopeda: "Considerar las pantallas como una herramienta principal para enseñar a hablar es un error"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Bebés,Lenguaje,Smartphones,Lectura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/hijo-proyecto-personal-inmersos-ninos-cosa_129_13291982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5daf653-6716-4264-8123-995b85bf324a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Somos una generación que ha hecho de la crianza una actividad cada vez más consciente, informada y exigente. Hemos conseguido convertir cualquier rincón de la infancia en una oportunidad de aprendizaje. Pero, ¿qué ocurre cuando desaparecen los espacios que no sirven para nada?</p><p class="subtitle">Criar en tiempos de consejos para todo: por qué las millennials sienten tanta presión por “ser una madre impecable”</p></div><p class="article-text">
        Hace poco, mientras buscaba algunos regalos de cumplea&ntilde;os en la secci&oacute;n infantil de una librer&iacute;a, me llam&oacute; la atenci&oacute;n la cantidad de libros que sirven para algo: reconocer las emociones, entrenar la paciencia, fortalecer la autoestima o aprender a compartir. Para afrontar el divorcio de los padres, entender la muerte de los abuelos, detectar relaciones t&oacute;xicas o tolerar la frustraci&oacute;n. A veces tengo la sensaci&oacute;n de que, si busco lo suficiente, podr&iacute;a incluso encontrar alg&uacute;n cuento para aprender a leer cuentos. No es que cuestione la utilidad de estos t&iacute;tulos, pues muchos de ellos responden a necesidades reales de las familias; lo que me pregunto es en qu&eacute; momento los libros dejaron de ser &uacute;nicamente una invitaci&oacute;n a dejar volar la imaginaci&oacute;n para convertirse tambi&eacute;n en herramientas de autoayuda e intervenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta me vino a la cabeza leyendo <em>En la era de los ni&ntilde;os cosa. Ensayos contra la crianza como emprendimiento</em>, el conjunto de ensayos de Santiago Gerchunoff recientemente publicado por Lengua de Trapo-C&iacute;rculo de Bellas Artes. Me fascin&oacute; su lectura, a la vez que me provoc&oacute; cierta incomodidad, porque no habla de padres negligentes ni de madres obsesivas: habla de nosotras y de nosotros, de una generaci&oacute;n que ha hecho de la crianza una actividad cada vez m&aacute;s consciente, informada y exigente. Una generaci&oacute;n que lee, se documenta, dialoga, consulta a expertos y se preocupa sinceramente por ofrecer a sus hijos la mejor vida posible. Quiz&aacute; el libro resulta tan perturbador porque no cuestiona nuestras intenciones, sino nuestra mirada.
    </p><p class="article-text">
        Ya en el pr&oacute;logo, Gerchunoff escribe que vivimos una &eacute;poca marcada por &ldquo;la paternidad como emprendimiento, los hijos como obras, proyectos o extensiones del yo&rdquo;. Una vez le&iacute;da la frase, resulta dif&iacute;cil dejar de pensar en ella. La vemos en la obsesi&oacute;n por elegir correctamente <a href="https://www.eldiario.es/nidos/ninos-hiperocupados-poner-limite-extraescolares-espera-sigan-ritmo-propio-adultos_1_12681996.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cada actividad extraescolar</a>, en la b&uacute;squeda del cuento adecuado para cada conflicto, del deporte adecuado para cada personalidad y del colegio adecuado para cada talento &mdash;he conocido a familias que dedicaron m&aacute;s de seis meses a <a href="https://www.eldiario.es/nidos/24-horas-grupo-whatsapp-buscar-colegio-ninos-proceso-locura_1_12153447.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">buscar el mejor colegio</a>, haciendo tablas de Excel con pros y contras despu&eacute;s de acudir, religiosamente y con libretas, a cada jornada de puertas abiertas&mdash;. En la idea de que cada experiencia infantil debe aportar algo medible y futurible.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Santiago Gerchunoff escribe que vivimos una época marcada por &quot;la paternidad como emprendimiento, los hijos como obras, proyectos o extensiones del yo&quot;</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Hablando ingl&eacute;s en un parque de Madrid</h2><p class="article-text">
        No es casual que una de las im&aacute;genes m&aacute;s potentes del libro sea la del padre que habla en ingl&eacute;s a su hijo en un parque de Madrid &mdash;&ldquo;padres espa&ntilde;oles que se vuelven angloparlantes circunstancialmente al hablar con sus hijos&rdquo;&mdash;. Gerchunoff no critica el aprendizaje de idiomas, sino la l&oacute;gica que se esconde detr&aacute;s de esa decisi&oacute;n: la idea de que siempre es posible a&ntilde;adir una capa m&aacute;s, una competencia m&aacute;s, una ventaja m&aacute;s. Lo que observa en esa escena es &ldquo;la fantas&iacute;a misma de estar haci&eacute;ndolos, fabric&aacute;ndolos con m&aacute;s o menos prestaciones. Es la idea del hijo como obra la que rige en el padre que decide no hablar al hijo en su lengua (la que usa con todo el mundo, en el trabajo, en la calle, en la mesa y en la cama), sino aprovechar todo el tiempo que pueda para 'agregarle' otra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gerchunoff escribe la palabra &ldquo;prestaciones&rdquo; y esto merece una reflexi&oacute;n. Hablamos de prestaciones cuando describimos un coche, un tel&eacute;fono m&oacute;vil o un electrodom&eacute;stico. Sin embargo, cada vez parece m&aacute;s f&aacute;cil trasladar ese lenguaje al territorio de la crianza. Queremos que nuestras criaturas aprendan varios idiomas a la vez, desarrollen inteligencia emocional, practiquen deportes, adquieran h&aacute;bitos saludables, descubran sus talentos, gestionen adecuadamente la frustraci&oacute;n y construyan una autoestima s&oacute;lida. Nada de ello es malo; al contrario: son deseos comprensibles y, en muchos casos, admirables. El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos qui&eacute;nes son para empezar a preguntarnos en qui&eacute;nes podr&iacute;an convertirse, porque entonces la infancia deja de ser una experiencia y se transforma en un proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Lo vemos tambi&eacute;n en la literatura infantil. Gerchunoff, que trabaj&oacute; como librero, dedica algunas p&aacute;ginas brillantes a esa tendencia cada vez m&aacute;s extendida de buscar cuentos para &ldquo;trabajar&rdquo; emociones, conflictos o situaciones concretas &mdash;&ldquo;&iquest;Me recomiendas alguno para trabajar el duelo? &iquest;Qu&eacute; cuento chulo tienes para trabajar la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero?&rdquo;&mdash;. La expresi&oacute;n, de nuevo, me parece reveladora: trabajar los celos, el duelo, la llegada de un hermano o la diversidad, como si la ficci&oacute;n necesitara justificar su existencia mediante una utilidad externa o como si ya no bastara con que una historia emocione o entretenga.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica es siempre la misma: leer, jugar o hacer deporte son actividades que tienen que servir para algo. Hemos conseguido convertir cualquier rinc&oacute;n de la infancia en una oportunidad de aprendizaje. Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre cuando desaparecen los espacios que no sirven para nada?
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos quiénes son para empezar a preguntarnos en quiénes podrían convertirse, porque entonces la infancia deja de ser una experiencia y se transforma en un proyecto</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Una Stasi acaramelada</h2><p class="article-text">
        Gerchunoff describe los grupos de WhatsApp de padres como una &ldquo;Stasi acaramelada&rdquo;. La expresi&oacute;n puede provocarte una sonrisa, pero se&ntilde;ala algo importante: nunca hab&iacute;amos estado tan presentes en la vida de nuestras criaturas. Nunca hab&iacute;amos estado tan implicados en las decisiones que se toman en las aulas, en las extraescolares, en los cumplea&ntilde;os o en sus relaciones personales. Vigilamos, acompa&ntilde;amos, supervisamos, intervenimos y lo hacemos porque la infancia nos importa, por protecci&oacute;n y por amor hacia nuestros hijos e hijas.
    </p><p class="article-text">
        No dejo de preguntarme si, en medio de esa vigilancia permanente que ejercemos, no estaremos eliminando precisamente aquello que la infancia necesita para convertirse en una experiencia propia. Quiz&aacute; no estemos dejando hueco para ese espacio opaco donde ocurren cosas que los adultos no ven, no controlan y no comprenden del todo; ese territorio donde construimos nuestras primeras amistades, secretos, conflictos, reconciliaciones y peque&ntilde;as formas de autonom&iacute;a. &ldquo;Para ayudarlos a ser sujetos no hay m&aacute;s remedio que dejarlos de tratar como nuestros objetos&rdquo;, escribe Gerchunoff.
    </p><h2 class="article-text">Todo para los ni&ntilde;os, pero sin los ni&ntilde;os</h2><p class="article-text">
        En <em>El problema de los hoteles sin ni&ntilde;os</em>, ensayo dedicado a los hoteles, restaurantes y otros espacios p&uacute;blicos <em>childfree,</em> encontramos otra frase que resume toda esta preocupaci&oacute;n: &ldquo;Confundimos, de hecho, criarlos con hacerlos. Los dos bandos, antini&ntilde;os y proni&ntilde;os, coinciden entonces en realidad en considerar a los ni&ntilde;os como cosas. Solo que unos los ven como cosas molestas y los otros, como cosas m&aacute;gicas&rdquo;. Quiz&aacute; ah&iacute; est&eacute; el n&uacute;cleo de la cuesti&oacute;n. &ldquo;Criar&rdquo; y &ldquo;hacer&rdquo; no son sin&oacute;nimos. Criar implica acompa&ntilde;ar el desarrollo de alguien que nunca terminaremos de comprender del todo. Hacer implica proyectar un resultado y trabajar para alcanzarlo. A las personas las criamos. Los objetos, los hacemos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ser&aacute; esa la verdadera paradoja de nuestro tiempo? Nunca hemos prestado tanta atenci&oacute;n a la infancia y, sin embargo, cada vez parece costarnos m&aacute;s aceptar aquello que tiene de impredecible. Vivimos frecuentemente angustiados por la sensaci&oacute;n de no estar haciendo lo suficiente. En uno de los textos m&aacute;s inquietantes del volumen, <em>El beb&eacute; Tamagotchi</em>, Gerchunoff describe a una pareja que <a href="https://www.eldiario.es/nidos/graficas-bebe-partes-buena-idea-medir-aspecto-crianza-app_1_12034787.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">monitoriza el sue&ntilde;o, la temperatura y los ritmos de su beb&eacute;</a> en vacaciones mediante sensores y dispositivos electr&oacute;nicos. La imagen que le viene a la cabeza es la de aquella mascota virtual de los noventa que exig&iacute;a atenci&oacute;n constante y pod&iacute;a morir si uno se equivocaba. Lo interesante es que no identifica en esa escena una falta de amor, sino exactamente lo contrario: un amor tan informado, tan atento y tan responsable que aspira a eliminar cualquier experiencia no controlada. Un amor que no quiere equivocarse.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Criar implica acompañar el desarrollo de alguien que nunca terminaremos de comprender del todo. Hacer implica proyectar un resultado y trabajar para alcanzarlo. A las personas las criamos. Los objetos, los hacemos</p>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La infancia improductiva</h2><p class="article-text">
        Cada vez resulta m&aacute;s dif&iacute;cil encontrar espacios verdaderamente improductivos en la infancia. Nuestras criaturas leen, pero nos gusta que la lectura les ense&ntilde;e algo. Juegan, pero preferimos que el juego estimule determinadas capacidades. Hacen deporte, pero esperamos que aprendan disciplina, esfuerzo o trabajo en equipo. Incluso el aburrimiento, que en cualquier tiempo pasado fue simplemente aburrimiento, ha sido rebautizado como una herramienta pedag&oacute;gica capaz de fomentar la creatividad. Parece que ya no nos basta con que las cosas sucedan; necesitamos que produzcan alg&uacute;n tipo de beneficio.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en una cultura obsesionada con el conocimiento experto y con la mejora continua. Somos una sociedad incapaz de tolerar lo improductivo. <a href="https://www.eldiario.es/viajes/resenas-restaurantes-internet_1_10653850.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Consultamos rese&ntilde;as</a> antes de reservar un hotel, escuchamos podcasts para aprender a optimizar nuestro tiempo y descargamos aplicaciones que monitorizan lo que comemos, <a href="https://www.eldiario.es/era/contar-pasos-calorias-apps-monitorizacion_1_10794929.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cu&aacute;nto caminamos</a> o lo que dormimos. Era casi inevitable que esa l&oacute;gica terminara entrando tambi&eacute;n en la crianza. Si todo puede aprenderse, perfeccionarse y optimizarse, &iquest;por qu&eacute; no iba a ocurrir lo mismo con la maternidad y la paternidad?
    </p><p class="article-text">
        El problema es que las criaturas no son un proyecto profesional, aunque a veces hablemos de ellas como si lo fueran. No son una versi&oacute;n inacabada de algo que debe alcanzar su m&aacute;ximo potencial ni una especie de curr&iacute;culum sobre el que vamos incorporando mejoras sucesivas. Sin embargo, basta con asomarse a cualquier conversaci&oacute;n entre padres y madres para comprobar hasta qu&eacute; punto hemos asumido esa mirada. Quiz&aacute; la pregunta que deja flotando Gerchunoff no sea c&oacute;mo criar mejor, sino c&oacute;mo seguir criando sin convertir la infancia en un proyecto de mejora continua. C&oacute;mo seguir acompa&ntilde;ando sin gestionar, cuidando sin optimizar y educando sin olvidar que algunas de las experiencias m&aacute;s valiosas de la infancia &mdash;y de la vida&mdash; ocurren, precisamente, cuando dejan de servir para algo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/hijo-proyecto-personal-inmersos-ninos-cosa_129_13291982.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 20:13:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Madres,Padres,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo detectar y cómo responder si tu hijo padece acoso escolar, según un experto: “El principal predictor de daño es el tiempo”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/detectar-responder-si-hijo-padece-acoso-escolar-experto-principal-predictor-dano-tiempo-xp_1_13296071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fa80fe33-0031-4143-95bf-a6735d716ef0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo detectar y cómo responder si tu hijo padece acoso escolar, según un experto: “El principal predictor de daño es el tiempo”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Enrique Pérez-Carrillo, presidente de la AEPAE, analiza los síntomas derivados de la somatización y la rendición, las dos fases críticas que marca la evolución de este tipo de maltrato</p><p class="subtitle">De la extorsión a las apuestas: un psicólogo explica por qué el TDAH multiplica los peligros digitales en la adolescencia</p></div><p class="article-text">
        El <a href="https://www.eldiario.es/temas/acoso-escolar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acoso escolar</a> no siempre se manifiesta de forma clara a trav&eacute;s de moratones o libros rotos. Son mayor&iacute;a los casos en los que solo una mirada atenta y una buena comunicaci&oacute;n pueden percibirlo antes de que el da&ntilde;o sea demasiado profundo, todo un reto para las familias.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El principal predictor de da&ntilde;o es el tiempo, es la detecci&oacute;n temprana&rdquo;, advierte Enrique P&eacute;rez-Carrillo, presidente de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola para la Prevenci&oacute;n del Acoso Escolar (<a href="https://aepae.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">AEPAE</a>), que insiste en la importancia de actuar con rapidez.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        La primera se&ntilde;al de alerta suele ser un cambio brusco en la personalidad del menor derivada del punto de inflexi&oacute;n que el experto denomina &ldquo;somatizaci&oacute;n&rdquo;, un tipo de &ldquo;ansiedad anticipatoria&rdquo; que surge cuando el ni&ntilde;o anticipa el maltrato y que suele generar reacciones f&iacute;sicas y conductuales claras. 
    </p><p class="article-text">
        P&eacute;rez-Carrillo pone como ejemplo un ni&ntilde;o introvertido que se vuelva disruptivo o ansioso, o uno m&aacute;s hablador que comience a aislarse, adem&aacute;s, &ldquo;si antes iba al colegio de una forma natural y c&oacute;moda y, de pronto, pone excusas para no ir, ser&iacute;a otra se&ntilde;al importante&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h2 class="article-text">Las primeras se&ntilde;ales</h2><p class="article-text">
        El cuerpo, ante esa sensaci&oacute;n de miedo o peligro constante, tambi&eacute;n somatiza y empieza a manifestar dolencias reales que reflejan ese estado de alarma, como cefaleas, problemas estomacales o pesadillas, incluye el experto.
    </p><p class="article-text">
        Otro indicador fundamental es la ca&iacute;da del rendimiento acad&eacute;mico. &ldquo;Su foco est&aacute; puesto m&aacute;s en la ansiedad y obviamente no se concentra&rdquo;, explica el presidente de AEPAE, que explica que si el menor est&aacute; poniendo toda su atenci&oacute;n en el miedo, es normal que no sea capaz de estudiar.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es frecuente que aparezcan ataques de ira, a&ntilde;ade P&eacute;rez-Carrillo: &ldquo;Puede ser que est&eacute; muy reactivo o reactiva y que pueda tener explosiones de ira, por esa frustraci&oacute;n que est&aacute; soportando todo el d&iacute;a y que descarga en casa, que es un espacio seguro, contra su padre, su madre o un hermano&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La segunda fase de respuesta</h2><p class="article-text">
        Pasada la somatizaci&oacute;n, el experto alerta de una segunda fase m&aacute;s peligrosa: la rendici&oacute;n. En este punto, el menor siente que el maltrato es inevitable y que nadie puede ayudarlo. &ldquo;Hablamos ya de se&ntilde;ales m&aacute;s graves como el estr&eacute;s postraum&aacute;tico, las autolesiones o los intentos de suicidio&rdquo;, advierte P&eacute;rez-Carrillo, que insiste en la importancia de actuar con rapidez, bas&aacute;ndose en la experiencia de la asociaci&oacute;n con 9.000 v&iacute;ctimas severas.
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo, el experto desmiente varias afirmaciones que suelen minimizar la situaci&oacute;n: no es necesario demostrar intencionalidad ni un desequilibrio de poder visible para que exista acoso. &ldquo;El da&ntilde;o va a estar siempre en proceso, aunque no sea visible&rdquo;, explica, insistiendo en que el acoso es &ldquo;sumatorio e incremental&rdquo;, por lo que siempre ir&aacute; a m&aacute;s si no se act&uacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A la hora de diferenciarlo de un episodio espor&aacute;dico, P&eacute;rez-Carrillo es tajante en la definici&oacute;n: &ldquo;El acoso escolar es un maltrato reiterado entre iguales que ocurre tres o m&aacute;s veces&rdquo;. A diferencia del conflicto, que es mutuo, o de un maltrato puntual, el acoso es sistem&aacute;tico.
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; pueden hacer los padres</h2><p class="article-text">
        Ante la m&aacute;s m&iacute;nima sospecha, la mayor aliada de los padres es la comunicaci&oacute;n. El presidente de la AEPAE recomienda propiciar conversaciones con los ni&ntilde;os que no solo se ci&ntilde;an a lo acad&eacute;mico: &ldquo;No dar importancia solo a qu&eacute; hemos sacado en el examen de matem&aacute;ticas, sino tambi&eacute;n interesarse por otros aspectos, preguntar c&oacute;mo te ha ido hoy, qui&eacute;nes son tus mejores amigos, has tenido alg&uacute;n conflicto en el colegio. O sea, darle tambi&eacute;n ese espacio para que pueda hablar de su d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si aun as&iacute; el menor no se abre, los padres disponen de herramientas como el test de incidencia gratuito y an&oacute;nimo <a href="https://aepae.es/test-incidencia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">disponible en la web</a> de la asociaci&oacute;n, que ayuda a hacer un diagn&oacute;stico r&aacute;pido sobre la gravedad de la situaci&oacute;n, apunta P&eacute;rez-Carrillo.
    </p><p class="article-text">
        Si se confirma la sospecha, el primer paso a seguir es &ldquo;sentarse con el menor y redactar una cronolog&iacute;a de los hechos que incluya qu&eacute; le ocurre, qui&eacute;n o qui&eacute;nes se lo hacen, en qu&eacute; lugares y desde cu&aacute;ndo&rdquo;, aclara el experto. Despu&eacute;s se debe acudir al centro educativo, entregar una copia de ese escrito y solicitar la apertura del protocolo oficial y una reuni&oacute;n con la direcci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El centro educativo tiene la guardia y custodia del menor desde que entra hasta que sale y es responsable de su seguridad&rdquo;, se&ntilde;ala P&eacute;rez-Carrillo, que, por &uacute;ltimo, aclara que los padres tienen derecho a ser informados del protocolo de forma &aacute;gil, &ldquo;lo &uacute;nico confidencial son los datos de los menores&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/detectar-responder-si-hijo-padece-acoso-escolar-experto-principal-predictor-dano-tiempo-xp_1_13296071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2026 08:21:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo detectar y cómo responder si tu hijo padece acoso escolar, según un experto: “El principal predictor de daño es el tiempo”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Menores,Acoso escolar,Psicología,Salud mental,familia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ada Cosme, psicóloga: “El bienestar emocional durante la maternidad no es negociable, también hay un bebé implicado”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/ada-cosme-psicologa-bienestar-emocional-durante-maternidad-no-negociable-hay-bebe-implicado-xp_1_13290442.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4348b61e-110c-4b6b-aaee-01aaca06f425_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ada Cosme, psicóloga: “El bienestar emocional durante la maternidad no es negociable, también hay un bebé implicado”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El posparto trae consigo una inmensa alegría y también importantes desafíos entre ajustes emocionales y el exigente trabajo de cuidar a un recién nacido</p><p class="subtitle">De la extorsión a las apuestas: un psicólogo explica por qué el TDAH multiplica los peligros digitales en la adolescencia</p></div><p class="article-text">
        El embarazo y el parto son momentos cruciales para la madre. Pero tambi&eacute;n lo es el posparto. Es un tiempo de transici&oacute;n y adaptaci&oacute;n, fundamental para el desarrollo de todos. Dar la bienvenida a un nuevo beb&eacute; es una experiencia que cambia la vida, la llena de alegr&iacute;a y tambi&eacute;n de numerosos retos. El posparto puede resultar abrumador para la madre: su cuerpo se est&aacute; recuperando, las hormonas est&aacute;n en constante cambio y el sue&ntilde;o escasea. 
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, m&aacute;s all&aacute; de su recuperaci&oacute;n f&iacute;sica, tambi&eacute;n debe contemplarse la emocional. &ldquo;Mientras los cambios corporales son visibles y el entorno reconoce el nuevo rol de la mam&aacute;, el plano emocional a menudo se invisibiliza&rdquo;, reconoce <a href="https://aricopsicologia.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ada Cosme</a>, psic&oacute;loga especializada en trauma, apego y procesos de maternidad.
    </p><p class="article-text">
        Si bien la maternidad suele representarse como una experiencia alegre y plena, la realidad es mucho m&aacute;s compleja. Algunas madres luchan contra emociones abrumadoras y cierto agotamiento. Comprender qu&eacute; es lo que est&aacute; ocurriendo es fundamental, no solo para la madre, tambi&eacute;n para el beb&eacute;. 
    </p><h2 class="article-text">La transici&oacute;n posparto: qu&eacute; esperar</h2><p class="article-text">
        Convertirse en madre marca una de las transiciones m&aacute;s profundas de la vida. El posparto trae consigo una inmensa alegr&iacute;a y tambi&eacute;n importantes desaf&iacute;os en los que los ajustes emocionales y el exigente trabajo de cuidar a un reci&eacute;n nacido pueden generar una sensaci&oacute;n de agobio y cansancio. Tanto es as&iacute; que, seg&uacute;n Cosme, &ldquo;la salud mental de una mujer nunca ser&aacute; tan vulnerable en toda su vida como durante el primer a&ntilde;o del posparto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que el periodo tras el parto conduzca a altibajos emocionales que traer&aacute;n felicidad y, despu&eacute;s, una sensaci&oacute;n de melancol&iacute;a. Sentimientos que vienen y desaparecen. &iquest;Qu&eacute; hace que esta etapa sea tan exigente tanto f&iacute;sica como mentalmente?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Cosme, &ldquo;a nivel psicol&oacute;gico y f&iacute;sico se da una paradoja dur&iacute;sima: la madre se enfrenta de golpe a factores como la deprivaci&oacute;n del sue&ntilde;o y el aislamiento social y, sostener esto en el d&iacute;a a d&iacute;a, mientras se transita con un cerebro hipersensibilizado a las necesidades del beb&eacute; y se forja la propia identidad como madre, es un desaf&iacute;o colosal que hace que la mujer desconf&iacute;e continuamente de sus capacidades&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que, emocionalmente, el posparto puede ser una monta&ntilde;a rusa. Las investigaciones muestran que hasta <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9863514/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 76% de las nuevas mam&aacute;s</a> experimentan cambios de humor en los d&iacute;as y semanas posteriores al parto. Y esto a menudo no se entiende muy bien, precisamente porque hay una cierta &ldquo;presi&oacute;n impl&iacute;cita de que &lsquo;todo est&aacute; bien&rsquo; solo si la madre se muestra plet&oacute;rica y feliz. Parece que las emociones negativas o la ambivalencia no tengan cabida, cuando la realidad emocional del posparto es mucho m&aacute;s compleja que esa expectativa id&iacute;lica&rdquo;, reconoce Cosme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Comprender que estas experiencias son comunes y normales puede ayudar a afrontar esta etapa transformadora con mayor confianza. &ldquo;Lo importante es saber que esto se puede reparar y trabajar&rdquo;, admite la especialista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es clave entender tambi&eacute;n que, aunque est&aacute; claro que si la madre est&aacute; bien, el beb&eacute; tambi&eacute;n lo estar&aacute;, &ldquo;es crucial transmitirlo sin el peso ni la obligaci&oacute;n de &lsquo;tener que ser la madre perfecta&rsquo;, porque esto no existe, por que el beb&eacute; necesita una madre suficientemente buena, y esa sin lugar a dudas es su mam&aacute; siempre&rdquo;, explica Cosme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los problemas que puedan surgir no son un signo ni de debilidad ni de fracaso. Pueden afectar a cualquier madre, independientemente del amor que sienta por su hijo, su preparaci&oacute;n o su red de apoyo. Ya hemos visto que los cambios hormonales, la falta de sue&ntilde;o, incluso traumas pasados o la presi&oacute;n social por ser la madre &lsquo;perfecta&rsquo;, pueden contribuir a ello.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El bienestar emocional de la madre no es negociable, es una prioridad absoluta porque, en el centro de todo este proceso, tambi&eacute;n hay un beb&eacute; implicado&rdquo;, afirma Cosme. &ldquo;No podemos convertir la salud mental de la madre en una tarea m&aacute;s de su lista de exigencias: cuidarla es la &uacute;nica v&iacute;a para que ella pueda sostener y corregular a su beb&eacute; desde la calma, no desde la culpa o la m&aacute;scara de que todo va bien&rdquo; a&ntilde;ade.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Las claves del cuidado emocional de la madre: construir una red de apoyo y flexibilizar expectativas</h2><p class="article-text">
        Dicho esto, la especialista tambi&eacute;n aclara que no es algo que afecte solo a las madres primerizas: &ldquo;En consulta me encuentro a menudo con mujeres que me dicen: &lsquo;Ada, ya tengo dos hijos, &iquest;por qu&eacute; dudo ahora de si lo estoy haciendo bien? &iquest;Por qu&eacute; a veces siento que no entiendo a mi beb&eacute; y me siento culpable por ello&rsquo;?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cada madre es un mundo, y no todas pasar&aacute;n por el mismo proceso, ni siquiera si es el segundo o tercer hijo. Cada uno de ellos tiene sus propias circunstancias y particularidades que har&aacute;n que el momento despu&eacute;s del parto sea diferente y &uacute;nico.&nbsp;Lo que s&iacute; son comunes son algunas de las claves que pueden ayudar al cuidado emocional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Cosme, estas dos recomendaciones resultan fundamentales:&nbsp;
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Contar con una red de apoyo: es una ayuda para favorecer el sue&ntilde;o y el descanso. Es muy importante &ldquo;encontrar peque&ntilde;os descansos a lo largo del d&iacute;a, que ayudar&aacute;n mucho a que la mam&aacute; pueda regularse mejor y, en consecuencia, sintonizar y corregular mejor a su beb&eacute;&rdquo;, reconoce Cosme.</li>
                                    <li>Flexibilizar expectativas: ya hemos visto que la maternidad no es perfecta, ni tiene por qu&eacute; serlo. S&iacute; podemos buscar &ldquo;la maternidad <em>suficientemente buena</em>, en la que hay conciencia, errores y reparaci&oacute;n. El beb&eacute; tiene a la mam&aacute; que necesita, con sus aciertos y errores&rdquo;, matiza Cosme.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es clave establecer prioridades: buscar momentos para expresar lo que se siente, hablarlo, llorarlo si es necesario (acompa&ntilde;ar sin juzgar ni invalidar, s&iacute; escuchar y entender). La ayuda puede ser tan diversa como lo son las distintas madres. &ldquo;Habr&aacute; mam&aacute;s que necesiten separarse alg&uacute;n rato de su beb&eacute;, y est&aacute; bien; pero otras no querr&aacute;n hacerlo, y aqu&iacute; la ayuda puede ser b&aacute;sica pero vital: las compras, las comidas o la limpieza de casa&rdquo;, afirma Cosme.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, pero no menos importante, es clave pedir ayuda cuando se siente que algo nos desborda. Si los recursos que se tienen &ldquo;fallan o sentimos que no est&aacute;n ayudando, es importante acudir a un profesional&rdquo;, aconseja Cosme.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es importante prestar atenci&oacute;n a &ldquo;una tristeza profunda que no remite, una desconexi&oacute;n persistente con el beb&eacute;, ansiedad desbordante, culpa intrusiva o pensamientos obsesivos, y todo lo que es dif&iacute;cil de gestionar&rdquo;, advierte la especialista, que explica que el posparto &ldquo;no dura 40 d&iacute;as, por tanto, debemos disponer de tiempo para construir la nueva identidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Al final, &ldquo;lo que s&iacute; est&aacute; claro es que no hay una &uacute;nica forma de maternar, pero todas merecen un lugar seguro donde sentirse vistas, comprendidas y acompa&ntilde;adas&rdquo;, concluye Cosme.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/ada-cosme-psicologa-bienestar-emocional-durante-maternidad-no-negociable-hay-bebe-implicado-xp_1_13290442.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 14:39:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ada Cosme, psicóloga: “El bienestar emocional durante la maternidad no es negociable, también hay un bebé implicado”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mujer,Maternidad,Salud mental,Parto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la extorsión a las apuestas: un psicólogo explica por qué el TDAH multiplica los peligros digitales en la adolescencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/extorsion-apuestas-psicologo-explica-tdah-multiplica-peligros-digitales-adolescencia-xp_1_13287991.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9a2db92-98bd-4cae-ac71-cd714b1a823e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la extorsión a las apuestas: un psicólogo explica por qué el TDAH multiplica los peligros digitales en la adolescencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un estudio reciente revela que el 25,8% de los menores con este trastorno hace un uso problemático de la red
</p><p class="subtitle">Cómo detectar si tu hijo padece acoso escolar, según un experto: “El principal predictor de daño es el tiempo”
</p></div><p class="article-text">
        Los adolescentes con Trastorno por D&eacute;ficit de Atenci&oacute;n e Hiperactividad (TDAH) presentan tasas de uso problem&aacute;tico de Internet significativamente m&aacute;s altas, de un 25,8%, que sus iguales que no padecen el trastorno, que se sit&uacute;an en el 18%. As&iacute; lo publica un estudio en la revista <em>Psicothema</em>, que analiz&oacute; a m&aacute;s de 4.300 j&oacute;venes espa&ntilde;oles y pone en cifras una realidad que muchas familias viven en casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata de una cuesti&oacute;n de falta de voluntad, para un joven con TDAH, la pantalla va m&aacute;s all&aacute; de una herramienta de ocio o comunicaci&oacute;n, seg&uacute;n el estudio, es todo un entorno que interact&uacute;a con su neurodivergencia y ofrece recompensas y est&iacute;mulos constantes que su cerebro tiene dificultades para gestionar. 
    </p><p class="article-text">
        Que el juego online, el consumo de pornograf&iacute;a, el contacto con extra&ntilde;os o la extorsi&oacute;n sexual afecten m&aacute;s a adolescentes con TDAH puede deberse a &ldquo;posibles d&eacute;ficits en las funciones ejecutivas, como problemas de control atencional, problemas de regulaci&oacute;n conductual, problemas de regulaci&oacute;n emocional, de memoria de trabajo, de flexibilidad cognitiva, de planificaci&oacute;n y organizaci&oacute;n de tareas, y de procesamiento temporal&rdquo;, se&ntilde;ala Antonio Labanda, psic&oacute;logo educativo y general sanitario.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Especialmente las &aacute;reas que m&aacute;s repercuten negativamente y, por lo tanto, m&aacute;s afectan a los TDAH son la flexibilidad cognitiva, que implica poder cambiar de tarea cuando una situaci&oacute;n no es agradable o no encuentras soluci&oacute;n, y los problemas de planificaci&oacute;n, regulaci&oacute;n emocional y control inhibitorio&rdquo;, apunta el psic&oacute;logo. 
    </p><p class="article-text">
        Esta falta de equilibrio puede ser problem&aacute;tica sumada a los mecanismos de refuerzo que utilizan las plataformas digitales: &ldquo;Los juegos dan refuerzo positivo al jugador, por ejemplo, premios, que hacen que pueda dejar la tarea&rdquo;. Si ya de por s&iacute; resulta dif&iacute;cil desengancharse de un tipo de tecnolog&iacute;a que ofrece &ldquo;premios&rdquo; infinitos, el problema se agranda en el caso de aquellos que necesitan est&iacute;mulos externos para regularse.
    </p><p class="article-text">
        Pero la investigaci&oacute;n recogida en <em>Psicothema</em> no solo alerta sobre el tiempo de conexi&oacute;n, sino sobre el tipo de conductas online. Los menores con TDAH muestran mayor implicaci&oacute;n en pr&aacute;cticas ya mencionadas como el consumo de pornograf&iacute;a, la sextorsi&oacute;n o los juegos de azar.
    </p><p class="article-text">
        El estudio tambi&eacute;n presenta matices por sexos, lo que sugiere que la atenci&oacute;n, por parte de los padres o de profesionales en caso de que fuera necesario, debe considerar las particularidades de cada joven. El riesgo, comenta el psic&oacute;logo, est&aacute; en que la tecnolog&iacute;a se convierta en el centro de gravedad del adolescente: &ldquo;Cuando t&uacute; ya no dominas cualquier tarea, sino que la tarea te domina a ti, estamos ya en una adicci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta situaci&oacute;n, la tendencia de muchas familias es apoyarse en la prohibici&oacute;n o el castigo, una estrategia que suele ser ineficaz con adolescentes. Labanda propone apostar por un modelo que denomina &ldquo;TER: de tolerancia, empat&iacute;a y respeto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para el psic&oacute;logo no se trata de apagar el router sino de construir &ldquo;un contexto autorregulador&rdquo; en el hogar, lo que incluye dar ejemplo con el propio uso de la tecnolog&iacute;a o fomentar h&aacute;bitos saludables como el deporte o las comidas sin pantallas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una comunicaci&oacute;n clara, asertiva y respetuosa es fundamental. Por ejemplo, aprender a expresar desacuerdo sin juzgar o imponer el punto de vista propio es un camino que conduce a la resoluci&oacute;n de conflictos&rdquo;, subraya Labanda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/extorsion-apuestas-psicologo-explica-tdah-multiplica-peligros-digitales-adolescencia-xp_1_13287991.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 09 Jun 2026 14:33:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la extorsión a las apuestas: un psicólogo explica por qué el TDAH multiplica los peligros digitales en la adolescencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Salud mental,Smartphones,Adolescentes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué hacer cuando un niño no quiere besos ni abrazos: “Educar en el consentimiento empieza en la infancia”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/nino-no-quiere-besos-abrazos-educar-consentimiento-empieza-infancia_1_13285338.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f60eb8a1-f1ed-4f83-b343-c9b7f9b32070_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Qué hacer cuando un niño no quiere besos ni abrazos: “Educar en el consentimiento empieza en la infancia”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos niños rechazan determinados gestos de afecto incluso dentro del entorno familiar. Detrás de estas conductas puede haber incomodidad sensorial, necesidad de marcar límites o situaciones de malestar que todavía no saben expresar con palabras</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        Un beso que se esquiva, un abrazo que se evita o un ni&ntilde;o que gira la cara ante una muestra de afecto pueden generar dudas en muchas familias. Aunque estos gestos suelen interpretarse como una falta de educaci&oacute;n o de cari&ntilde;o, las razones pueden ser muy distintas y conviene mirar m&aacute;s all&aacute; del comportamiento en s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Aitana tiene cuatro a&ntilde;os y evita los besos de algunas personas de su entorno. Cuando alguien intenta acercarse demasiado r&aacute;pido, se esconde detr&aacute;s de su madre o se aparta sin decir nada. &ldquo;Hab&iacute;a familiares que pensaban que era distante&rdquo;, cuenta Ana, su madre. &ldquo;Pero luego en casa ella busca much&iacute;simo contacto con nosotros&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        No todos los ni&ntilde;os que rechazan un beso o un abrazo lo hacen por el mismo motivo. En algunos casos puede existir una resistencia relacionada con ciertas muestras de afecto; en otros, una necesidad de espacio o una forma de decidir el grado de cercan&iacute;a con los dem&aacute;s. Para entender qu&eacute; hay detr&aacute;s de estas conductas conviene fijarse en el contexto en el que surgen y en c&oacute;mo se relaciona el menor en otras situaciones cotidianas.
    </p><p class="article-text">
        Un <a href="https://scholars.org/contribution/developing-appropriate-effective-bodily" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo</a> publicado en 2022 sobre autonom&iacute;a corporal infantil recoge c&oacute;mo distintos especialistas y familias defienden la importancia de que los menores puedan decidir sobre algunos gestos de proximidad y aprender a comunicar aquello que les resulta c&oacute;modo y lo que no. Entre las estrategias descritas figuran ense&ntilde;ar frases sencillas para expresar malestar o respetar ciertas negativas sin convertirlas autom&aacute;ticamente en un conflicto.
    </p><p class="article-text">
        En la misma l&iacute;nea, una <a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11606759/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">revisi&oacute;n</a> publicada en 2023 por la investigadora Priscilla Alderson sostiene que los ni&ntilde;os pueden expresar opiniones y preferencias sobre cuestiones que afectan a su propio cuerpo desde edades tempranas. Su trabajo subraya la importancia de escuchar esas aportaciones y de reconocer la integridad corporal de los menores como una parte relevante de su bienestar y desarrollo.
    </p><h2 class="article-text">Mirar m&aacute;s all&aacute; del gesto</h2><p class="article-text">
        Un mismo comportamiento puede tener significados distintos seg&uacute;n las circunstancias en las que se produce. Lo que para algunos menores puede responder a una necesidad de mantener cierta distancia o regular la cercan&iacute;a con los dem&aacute;s, en otros casos puede estar relacionado con la forma en que perciben determinadas situaciones de contacto f&iacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        La psiquiatra infantojuvenil y divulgadora Mar&iacute;a Velasco, autora del libro <em>Criar con salud mental:</em> <em>Lo que tus hijos necesitan y solo t&uacute; les puedes dar </em>(Ediciones Paid&oacute;s, 2023)<em>, </em>explica que una de las primeras cuestiones importantes es observar si ese rechazo al acercamiento f&iacute;sico est&aacute; presente en la manera habitual de vincularse del ni&ntilde;o o si, por el contrario, aparece de modo repentino. En este &uacute;ltimo caso, indica que habr&iacute;a que valorar si &ldquo;al menor le ha sucedido algo traum&aacute;tico y no se encuentra bien&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La psiquiatra María Velasco explica que es importante observar si ese rechazo al acercamiento físico está presente en la manera habitual de vincularse del niño o si aparece de modo repentino</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando esta forma de reaccionar lleva tiempo presente, la especialista recomienda fijarse en otros aspectos de la interacci&oacute;n. Propone observar c&oacute;mo se relaciona el menor, qu&eacute; tipo de <a href="https://www.eldiario.es/era/psicologo-explica-traiciona-lenguaje-corporal-conciencia-propia-conducta-no-verbal-xp_1_13236582.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lenguaje no verbal</a> utiliza, c&oacute;mo se vincula con otras personas, si mantiene contacto visual o en qu&eacute; situaciones se produce ese rechazo. Asimismo, considera importante analizar de qui&eacute;n rechaza el abrazo y qu&eacute; tipo de contacto evita.
    </p><p class="article-text">
        Velasco recuerda adem&aacute;s que en el caso de ni&ntilde;os con trastorno del espectro autista, cuyo procesamiento sensorial puede diferir, &ldquo;necesitan amor y cari&ntilde;o y necesitan que encontremos la v&iacute;a para comunic&aacute;rselo&rdquo;. La especialista confirma que conviene tener en cuenta la cultura y el entorno familiar en el que vive el ni&ntilde;o. No todas las familias expresan el cari&ntilde;o de la misma manera y, en algunos hogares, las muestras f&iacute;sicas de afecto tienen un papel menos relevante que en otros.
    </p><p class="article-text">
        La psiquiatra defiende que la actitud debe pasar por respetar al menor y ofrecerle cari&ntilde;o de maneras que no le resulten inc&oacute;modas. Por &uacute;ltimo, recomienda valorar si existen otras dificultades que convenga explorar con m&aacute;s profundidad para descartar experiencias traum&aacute;ticas o posibles dificultades en la interacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, Pablo empez&oacute; a preocuparse cuando su hijo de seis a&ntilde;os comenz&oacute; a ponerse r&iacute;gido cada vez que algunos familiares intentaban abrazarlo. &ldquo;Al principio pens&aacute;bamos que era una etapa o que estaba m&aacute;s t&iacute;mido&rdquo;, afirma. &ldquo;Pero lleg&oacute; un momento en el que era evidente que no se sent&iacute;a c&oacute;modo y aun as&iacute; hab&iacute;a adultos que segu&iacute;an insistiendo&rdquo;, dice.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No todas las familias expresan el cariño de la misma manera y, en algunos hogares, las muestras físicas de afecto tienen un papel menos relevante que en otros</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con el tiempo, empez&oacute; a fijarse en otros detalles: cu&aacute;ndo ocurr&iacute;a, con qui&eacute;n reaccionaba as&iacute; y qu&eacute; situaciones parec&iacute;an afectarle m&aacute;s. Algunos familiares dejaron de insistir y comenzaron a preguntarle c&oacute;mo prefer&iacute;a saludar. Seg&uacute;n apunta su padre, esa presi&oacute;n disminuy&oacute; y las interacciones empezaron a resultar m&aacute;s f&aacute;ciles para todos.
    </p><h2 class="article-text">Respetar el l&iacute;mite sin convertirlo en un conflicto</h2><p class="article-text">
        En algunos hogares, el problema no aparece tanto por el rechazo inicial del ni&ntilde;o como por la reacci&oacute;n que provoca en quienes lo rodean. Hay familiares que se sienten heridos, interpretan esa distancia como algo personal o insisten para evitar que el gesto parezca desagradable delante de otros.
    </p><p class="article-text">
        A menudo, la atenci&oacute;n se centra en conseguir que el menor d&eacute; el beso o el abrazo esperado, en lugar de preguntarse c&oacute;mo se siente o qu&eacute; necesita en ese momento. La respuesta de los adultos ante esa negativa tambi&eacute;n puede influir en c&oacute;mo evoluciona la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para la psic&oacute;loga sanitaria y experta en bienestar psicol&oacute;gico Elena Dapra, asesora de la secci&oacute;n cl&iacute;nica del Colegio Oficial de la Psicolog&iacute;a de Madrid, muchas de estas situaciones empiezan a entenderse cuando los adultos asumen que el cuerpo de un ni&ntilde;o tambi&eacute;n le pertenece y que aprender a respetar sus l&iacute;mites forma parte de una educaci&oacute;n emocional saludable.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Frases como &#039;no pasa nada, puedes saludar de otra manera&#039; resultan más útiles que reproches como &#039;me vas a poner triste&#039;, explica la psicóloga Elena Dapra</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Dapra considera que no querer dar un beso o un abrazo no deber&iacute;a interpretarse autom&aacute;ticamente como rechazo, mala educaci&oacute;n o falta de cari&ntilde;o. En muchos casos, subraya, el menor simplemente est&aacute; expresando c&oacute;mo se siente en ese momento.
    </p><p class="article-text">
        Ante estas situaciones, recomienda validar la emoci&oacute;n sin ridiculizarla ni exigir cercan&iacute;a f&iacute;sica. Tambi&eacute;n aconseja evitar comentarios que puedan hacer sentir al menor culpable por no reaccionar como esperan los adultos. Frases como &ldquo;no pasa nada, puedes saludar de otra manera&rdquo; resultan m&aacute;s &uacute;tiles que reproches como &ldquo;me vas a poner triste&rdquo;, explica. A su juicio, obligar a los menores a mostrar afecto puede transmitirles el mensaje de que deben acceder f&iacute;sicamente para no decepcionar a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga recuerda adem&aacute;s que &ldquo;educar en el consentimiento tambi&eacute;n empieza en la infancia&rdquo;. Cuando un ni&ntilde;o siente que sus preferencias son escuchadas y respetadas, a&ntilde;ade, suele desarrollar una relaci&oacute;n m&aacute;s sana tanto con su propio cuerpo como con los v&iacute;nculos afectivos.
    </p><p class="article-text">
        No todos los ni&ntilde;os expresan el cari&ntilde;o de la misma manera ni se sienten c&oacute;modos con las mismas formas de proximidad. Escuchar aquello que expresan y respetar c&oacute;mo desean relacionarse tambi&eacute;n contribuye a construir relaciones basadas en el respeto y la confianza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/nino-no-quiere-besos-abrazos-educar-consentimiento-empieza-infancia_1_13285338.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 19:58:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué hacer cuando un niño no quiere besos ni abrazos: “Educar en el consentimiento empieza en la infancia”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,Relaciones,Psicología,Bienestar emocional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo responder a un niño que miente, según un psicólogo: “No es lo mismo mentir por miedo que por vergüenza”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/como-responder-nino-miente-no-mentir-miedo-verguenza-xp_1_13284148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c830adb-07d6-4424-8020-83b8360ea4e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo responder a un niño que miente, según un psicólogo: “No es lo mismo mentir por miedo que por vergüenza”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El profesional Giuseppe Iandolo, psicólogo clínico, plantea las distintas causas que llevan a mentir a algunos niños, cómo forma parte de su desarrollo y cómo influye la respuesta de sus progenitores</p><p class="subtitle">Un psicólogo explica cómo reaccionar ante el absentismo escolar adolescente: “Es muy raro que empiecen a faltar de la nada” </p></div><p class="article-text">
        Cuando un ni&ntilde;o miente muchos padres se sienten desconcertados por este comportamiento. Pero mentir, igual que otras formas de actuar, suele tener su origen en emociones dif&iacute;ciles de regular para los ni&ntilde;os. Podemos imaginarla como un iceberg: la mentira es la punta visible sobre el agua, mientras que debajo se esconde una compleja historia de sentimientos y motivaciones que impulsan este comportamiento. Comprender estas bases emocionales es fundamental para abordar las causas reales de la mentira.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde la psicolog&iacute;a del desarrollo, la mentira infantil es un fen&oacute;meno m&aacute;s complejo: puede tener que ver con evitar un castigo, obtener un beneficio, proteger la propia imagen, probar l&iacute;mites o preservar la intimidad&rdquo;, nos explica Giuseppe Iandolo, Psic&oacute;logo Cl&iacute;nico y Psicoterapeuta, Responsable de <a href="https://psisemadrid.org/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Psise - Servicio de Psicolog&iacute;a Cl&iacute;nica del Desarrollo</a> en Madrid.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La mentira: una parte del desarrollo infantil</h2><p class="article-text">
        La capacidad de mentir es una parte del desarrollo infantil. Si bien parece contradictorio, este avance cognitivo demuestra un progreso significativo en el crecimiento mental del ni&ntilde;o porque, cuando lo hace, significa que puede albergar dos verdades en su mente de manera simult&aacute;nea: la verdad y lo que nos va a decir. Y esto es muy importante. Demuestra lo que el psic&oacute;logo llama la &ldquo;&rsquo;teor&iacute;a de la mente&rsquo;, es decir, la capacidad de representar lo que uno sabe, lo que sabe el otro y c&oacute;mo una afirmaci&oacute;n puede modificar la creencia del interlocutor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esto significa que el ni&ntilde;o comprende que los dem&aacute;s tienen pensamientos, creencias y perspectivas distintas a las suyas. Y es lo que nos ayudar&iacute;a a abordar la situaci&oacute;n con curiosidad y compasi&oacute;n, en lugar de con ira o castigo. Nos recuerda, adem&aacute;s, que nuestros hijos est&aacute;n en constante crecimiento y aprendizaje, incluso de maneras que inicialmente pueden parecernos negativas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no todas las mentiras son iguales: no es lo mismo que la diga un ni&ntilde;o de dos a&ntilde;os que uno de ocho. Cuando son m&aacute;s peque&ntilde;os, suele tratarse de &ldquo;afirmaciones falsas muy simples, a menudo relacionadas con una transgresi&oacute;n o a un deseo inmediato, pero con poca capacidad para sostener el enga&ntilde;o&rdquo;, afirma Iandolo.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Las mentiras tambi&eacute;n cambian con la edad</h2><p class="article-text">
        A medida que el ni&ntilde;o crece, la mentira cambia y la intenci&oacute;n tambi&eacute;n. &ldquo;Hacia los cuatro o cinco a&ntilde;os aumenta la frecuencia de mentiras para ocultar una conducta; sobre los seis a&ntilde;os son m&aacute;s capaces de adaptar su relato a lo que el otro sabe o cree y, con siete u ocho a&ntilde;os, el enga&ntilde;o puede volverse m&aacute;s elaborado y coherente&rdquo;, matiza el especialista.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;por qu&eacute; lo hacen? Hay varias razones detr&aacute;s de la mentira. Muchas veces lo hacen para evitar el castigo, para escaparse de problemas por algo que han hecho mal. O para conseguir algo que desean. Tambi&eacute;n para proteger los sentimientos de alguien porque, a medida que desarrollan empat&iacute;a, pueden mentir para evitar herir los sentimientos de otra persona. Incluso lo pueden hacer para establecer v&iacute;nculos, porque mentir es la forma en que un ni&ntilde;o busca conectar con los dem&aacute;s, es una de las herramientas que tiene para cubrir su necesidad de conexi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otras veces pueden sentirse confundidos y tienen dificultad para distinguir entre la realidad y la fantas&iacute;a. O, simplemente, mienten por curiosidad y quieren poner a prueba los l&iacute;mites mientras intentan comprender su entorno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entender estas motivaciones puede ayudar a reaccionar con mayor eficacia cuando descubrimos que nuestros hijos mienten. Porque, como hemos visto, en la mayor&iacute;a de los casos la mentira no surge de la malicia, sino de un malentendido, un deseo o un miedo. 
    </p><h2 class="article-text">Reaccionar ante una mentira: evitar la humillaci&oacute;n para buscar la honestidad</h2><p class="article-text">
        Aunque, como hemos visto, las mentiras de los ni&ntilde;os m&aacute;s peque&ntilde;os suelen ser una parte normal de su desarrollo, esto no significa que deban ignorarse. Para Iandolo, &ldquo;la pregunta clave no deber&iacute;a ser solo &lsquo;&iquest;por qu&eacute; me ha mentido&rsquo; sino &lsquo;&iquest;qu&eacute; funci&oacute;n ha cumplido esta mentira?&rsquo; No es lo mismo mentir por miedo que por verg&uuml;enza, o para evitar una consecuencia, por deseo de agradar, por fantas&iacute;a, por presi&oacute;n del grupo o por no saber c&oacute;mo reparar un error&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra reacci&oacute;n inicial marca la pauta de toda la interacci&oacute;n. Lo primero que hay que hacer es no reaccionar de forma exagerada. Hacerlo con enojo puede poner al ni&ntilde;o a la defensiva, lo que aumenta la probabilidad de que siga mintiendo para evitar la culpa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Una respuesta muy intensa puede desplazar el foco: el ni&ntilde;o deja de pensar en lo ocurrido y se centra en escapar de la reacci&oacute;n adulta&rdquo;, explica Iandolo. Mantener la calma permite crear un espacio para que el ni&ntilde;o pueda expresarse con sinceridad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, la manera c&oacute;mo enfocamos la mentira y c&oacute;mo nos expresamos es fundamental. As&iacute;, en lugar de acusar o sacar conclusiones precipitadas es mejor hacer preguntas para comprender mejor la situaci&oacute;n. Para Iandolo, &ldquo;no es lo mismo decir &lsquo;has dicho algo que no era verdad&rsquo; que &lsquo;eres un mentiroso&rsquo;&rdquo;. Este enfoque invita al ni&ntilde;o a explicar su punto de vista sin sentirse atacado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que centrarnos en las mentiras, es mejor enfocarnos en decir la verdad y &ldquo;abrir una conversaci&oacute;n breve y concreta del estilo &lsquo;creo que esto no ocurri&oacute; as&iacute;. Me interesa saber qu&eacute; pas&oacute; para ayudarte a arreglarlo&rsquo;&rdquo;, explica Iandolo. Tampoco servir&aacute; de mucho culpar o avergonzar a un ni&ntilde;o por mentir; s&iacute; ser&aacute; m&aacute;s &uacute;til intentar conectar con sus sentimientos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es clave tambi&eacute;n trabajar juntos para encontrar soluciones y generar confianza. &ldquo;Si ha roto algo, puede ayudar a arreglarlo; si ha culpado a otra persona, puede pedir disculpas; si ha ocultado una nota, se puede revisar qu&eacute; miedo hab&iacute;a detr&aacute;s&rdquo;, afirma Iandolo. La finalidad de todo ello, m&aacute;s que descubrir la verdad, es &ldquo;ense&ntilde;ar que decirla permite buscar soluciones&rdquo;, explica el especialista.
    </p><p class="article-text">
        La mentira puede crecer con el ni&ntilde;o, as&iacute; que lo mejor es actuar en edades tempranas. Porque cuando un ni&ntilde;o peque&ntilde;o miente todav&iacute;a est&aacute; aprendiendo a tolerar la frustraci&oacute;n, la culpa o la desaprobaci&oacute;n. &ldquo;M&aacute;s tarde, cuando la mentira se repite, se vuelve instrumental o aparece junto a otros problemas como aislamiento, agresividad, ansiedad, bajo rendimiento, conflictos familiares o miedo al castigo, y esto significa que necesita m&aacute;s acompa&ntilde;amiento&rdquo;, advierte Iandolo.
    </p><p class="article-text">
        Comprender por qu&eacute; mienten los ni&ntilde;os y abordarlo con empat&iacute;a y compasi&oacute;n puede transformar este comportamiento en una oportunidad de crecimiento. Al fomentar un entorno de confianza y reconocimiento, los padres pueden ayudar a sus hijos a desarrollar la honestidad y la capacidad de regular sus emociones, habilidades que les ser&aacute;n &uacute;tiles a lo largo de su vida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La honestidad no se ense&ntilde;a castigando la mentira, se aprende en un clima donde los errores se pueden reconocer, reparar y pensar. Los adultos ayudan m&aacute;s cuando combinan l&iacute;mites claros con una actitud segura: &lsquo;decir la verdad es importante y, aunque haya una consecuencia, vamos a resolverlo juntos&rsquo;. Esta combinaci&oacute;n de norma, v&iacute;nculo y reparaci&oacute;n permite que el ni&ntilde;o pase de evitar castigos a comprender la confianza en un valor&rdquo;, afirma Iandolo.
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, &ldquo;la respuesta adulta debe ayudarle a decir la verdad, reparar el da&ntilde;o y confiar en que reconocer un error no destruye el v&iacute;nculo con sus padres o educadores&rdquo;, concluye el especialista.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/como-responder-nino-miente-no-mentir-miedo-verguenza-xp_1_13284148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Jun 2026 14:17:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo responder a un niño que miente, según un psicólogo: “No es lo mismo mentir por miedo que por vergüenza”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Psicología,Infancia,Educación,familia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una psicóloga infantil explica todas las consecuencias de dormir con tus hijos: "Puede favorecer el apego seguro"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/paloma-garcia-aranda-psicologa-infantil-dormir-con-hijos-xp_1_13212172.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69da290e-431c-43c0-a0c3-d76cfc114561_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una psicóloga infantil explica todas las consecuencias de dormir con tus hijos: &quot;Puede favorecer el apego seguro&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Aunque el colecho tiene numerosos beneficios, consultamos con la especialista Paloma García Aranda cuáles son las claves para identificar cuándo puede empezar a dificultar la autonomía del menor</p><p class="subtitle">Una psicóloga explica cómo ayudar a los niños a gestionar sus notas: “Es importante separar el resultado de la relación”
</p></div><p class="article-text">
        El colecho, la pr&aacute;ctica de dormir en la misma cama o en una contigua a los hijos, es una pr&aacute;ctica ancestral presente en numerosas culturas que conlleva diversas implicaciones desde el punto de vista psicol&oacute;gico y familiar. No se trata de una decisi&oacute;n intr&iacute;nsecamente buena ni mala, sino que depende del contexto, las necesidades del ni&ntilde;o y el bienestar general de la familia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde el punto de vista psicol&oacute;gico, puede favorecer el apego seguro al proporcionar al ni&ntilde;o sensaci&oacute;n de protecci&oacute;n, cercan&iacute;a y regulaci&oacute;n emocional&rdquo;, afirma Paloma Garc&iacute;a Aranda, psic&oacute;loga infantil en <a href="https://psia.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centre PSIA</a>, que se&ntilde;ala que adem&aacute;s de reducir la ansiedad nocturna, compartir cama puede facilitar la lactancia materna y, en ciertos casos, mejorar el descanso general al reducir los despertares. 
    </p><p class="article-text">
        Una de las claves para que el colecho sea una experiencia positiva reside en la motivaci&oacute;n de los padres. &ldquo;Sus implicaciones dependen de c&oacute;mo se practique y de si responde a una elecci&oacute;n consciente o a una necesidad derivada de dificultades en el sue&ntilde;o&rdquo;, destaca Garc&iacute;a Aranda. &ldquo;Cuando se realiza de forma voluntaria y respetuosa, suele ser beneficioso; sin embargo, si se mantiene por dependencia o agotamiento familiar, puede generar dificultades en la autonom&iacute;a del menor y en la din&aacute;mica de la pareja&rdquo;, aclara. 
    </p><p class="article-text">
        Factores como el temperamento del ni&ntilde;o, siendo los m&aacute;s sensibles quienes m&aacute;s parecen beneficiarse, la consistencia de las rutinas y un entorno f&iacute;sico seguro son determinantes para que la experiencia no derive en un problema, seg&uacute;n la experta. Tambi&eacute;n es importante la edad del ni&ntilde;o, &ldquo;es m&aacute;s habitual y adaptativo durante los primeros a&ntilde;os de vida&rdquo;, subraya. 
    </p><h2 class="article-text">Las se&ntilde;ales de alerta</h2><p class="article-text">
        A pesar de sus beneficios, el colecho tambi&eacute;n puede presentar desaf&iacute;os. &ldquo;En algunos casos, puede fragmentar el sue&ntilde;o de los padres, generar cansancio acumulado, limitar la intimidad de la pareja o provocar interrupciones en el descanso del menor&rdquo;, advierte la psic&oacute;loga.
    </p><p class="article-text">
        Existen indicadores de que dormir juntos podr&iacute;a estar interfiriendo negativamente en el desarrollo del ni&ntilde;o o en la armon&iacute;a familiar, Garc&iacute;a Aranda enumera: &ldquo;La dificultad persistente del ni&ntilde;o para dormir solo a edades avanzadas, la ansiedad intensa ante la separaci&oacute;n nocturna, los despertares frecuentes o el sue&ntilde;o poco reparador, la dependencia excesiva de la presencia parental, los desacuerdos entre los progenitores, el cansancio cr&oacute;nico en la familia o el rechazo del ni&ntilde;o a participar en actividades como campamentos o dormir fuera de casa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En estos casos, puede ser recomendable consultar con un profesional de la psicolog&iacute;a infantil para dise&ntilde;ar estrategias adaptadas a las necesidades de la familia&rdquo;, aconseja la especialista, que considera fundamental evaluar si el colecho contribuye al bienestar familiar o si, por el contrario, perjudica y agota. 
    </p><h2 class="article-text">La transici&oacute;n hacia la autonom&iacute;a</h2><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo es el momento de decir adi&oacute;s a la cama compartida? &ldquo;No existe una edad universalmente establecida, aunque muchos especialistas coinciden en que entre los dos y los tres a&ntilde;os el ni&ntilde;o est&aacute; preparado para iniciar la transici&oacute;n hacia su propia cama. Entre los cuatro y los cinco a&ntilde;os esta autonom&iacute;a suele consolidarse de manera natural&rdquo;, asegura Garc&iacute;a Aranda.
    </p><p class="article-text">
        Para que este cambio sea respetuoso y efectivo, la psic&oacute;loga recomienda que el proceso sea gradual, manteniendo rutinas predecibles y permitiendo el uso de objetos de apego, como un peluche o una manta en su propia habitaci&oacute;n: &ldquo;La clave es respetar el ritmo evolutivo del menor y evitar m&eacute;todos bruscos que puedan generar ansiedad&rdquo;. &ldquo;Se trata de acompa&ntilde;ar emocionalmente al ni&ntilde;o, reforzando positivamente sus logros, sin forzarlo ni ridiculizar sus miedos&rdquo;, valora la especialista.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltima instancia, la decisi&oacute;n debe basarse en el bienestar de la familia. &ldquo;La decisi&oacute;n m&aacute;s adecuada ser&aacute; aquella que garantice un descanso saludable, fomente la seguridad emocional y promueva progresivamente la autonom&iacute;a infantil&rdquo;, concluye Garc&iacute;a Aranda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/paloma-garcia-aranda-psicologa-infantil-dormir-con-hijos-xp_1_13212172.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 15:01:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una psicóloga infantil explica todas las consecuencias de dormir con tus hijos: "Puede favorecer el apego seguro"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[familia,Niños,Sueño,Trastornos del sueño,Salud,Psicología,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un psicólogo explica cómo reaccionar ante el absentismo escolar adolescente: “Es muy raro que empiecen a faltar de la nada”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/psicologo-explica-reaccionar-absentismo-escolar-adolescente-exito-academico-xp_1_13271248.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a1495a1-c6c2-46b6-a2e8-659271a606fa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un psicólogo explica cómo reaccionar ante el absentismo escolar adolescente: “Es muy raro que empiecen a faltar de la nada”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El psicólogo juvenil Abel Domínguez nos cuenta cómo actuar ante este tipo de comportamientos</p><p class="subtitle">Una psicóloga explica cómo ayudar a los niños a gestionar sus notas: “Es importante separar el resultado de la relación”</p></div><p class="article-text">
        La adolescencia es una etapa para buscarse a uno mismo, forjar la personalidad, probar los l&iacute;mites y cometer errores. Cuando en medio de ese proceso aparece el absentismo escolar, suelen saltar las alarmas familiares, a veces, sin recursos sobre c&oacute;mo actuar o informaci&oacute;n sobre qu&eacute; est&aacute; pasando.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si un chaval viene teniendo un desarrollo acad&eacute;mico adecuado, es decir, llega a los objetivos de cada curso, con m&aacute;s o menos esfuerzo, est&aacute; adecuadamente socializado y tiene una estructura adecuada en casa que le permite rendir es muy raro que de la nada empiece a faltar a clase&rdquo;, introduce Abel Dom&iacute;nguez, psic&oacute;logo infantojuvenil y director de <a href="https://dominguezpsicologosmadrid.com/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dom&iacute;nguez Psic&oacute;logos</a>, que en ese caso recomienda mirar qu&eacute; sucede en el entorno y en su interior porque puede ser s&iacute;ntoma de algo m&aacute;s profundo.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los motores principales en esta etapa es la pertenencia al grupo y, como se&ntilde;ala el psic&oacute;logo, son extremadamente sensibles a la opini&oacute;n de sus iguales, por lo que si ese grupo refuerza el absentismo, el joven es mucho m&aacute;s vulnerable a seguir esa corriente. &ldquo;Si yo me siento aceptado entre mi grupo siendo un 'malote', voy a buscar aumentar la probabilidad de vestir de una forma o ir con determinados amigos&rdquo;, comenta Dom&iacute;nguez. En ese contexto, saltarse una clase puede ser una forma de ganar estatus.
    </p><p class="article-text">
        No siempre se trata de una cuesti&oacute;n de rebeld&iacute;a, detr&aacute;s de un adolescente que deja de ir a clase tambi&eacute;n puede haber sufrimiento o desmotivaci&oacute;n. &ldquo;El fracaso escolar suele ser previo al absentismo&rdquo;, asegura el psic&oacute;logo. &ldquo;Es decir, los chavales que suspenden, sobre todo los que se han esforzado y fracasan una y otra vez, al final no resisten esa frustraci&oacute;n y acaban de alguna manera desenganch&aacute;ndose de la din&aacute;mica escolar normativa&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        A esto el experto suma la autoestima fr&aacute;gil, porque &ldquo;aunque parezcan ya adultos por fuera, por dentro no dejan de estar en constante evoluci&oacute;n emocional y en formaci&oacute;n de su estructura psicol&oacute;gica&rdquo;. &ldquo;Son tan sensibles que a veces un simple comentario negativo de un profesor o una simple cr&iacute;tica los pone en emergencia o incluso les destruye su seguridad&rdquo;, comenta Dom&iacute;nguez, que cree que esa situaci&oacute;n puede llegar a empujar al adolescente a evitar el centro educativo para no enfrentarse a ese malestar. 
    </p><p class="article-text">
        En este mismo sentido, la presi&oacute;n que sientan desde casa o la relaci&oacute;n con los compa&ntilde;eros de clase pueden ser tambi&eacute;n clave en este tipo de comportamientos. &ldquo;Puede ser que falten a clase por miedo a las consecuencias de lo que pasar&iacute;a si aparecen en clase o tambi&eacute;n porque haya una desmotivaci&oacute;n y que de repente hayan encontrado alternativas m&aacute;s atractivas, porque consideren que es una p&eacute;rdida de tiempo y que no que no van a llegar a nada estudiando o, simplemente, porque entre sus iguales se ha puesto de moda faltar clase para ir a cualquier otro sitio&rdquo;, apunta el psic&oacute;logo.
    </p><p class="article-text">
        Desde el punto de vista paternal, Dom&iacute;nguez advierte de que centrarse exclusivamente en el castigo puede bloquear al menor. &ldquo;Cuando aparece un fen&oacute;meno de falta de asistencia a clase, ya sea estable u ocasional, tenemos que hablar con ellos, tenemos que interesarnos sobre todo por qu&eacute; se ha hecho, para qu&eacute;, qu&eacute; se quer&iacute;a conseguir y pedir una correcci&oacute;n o intentar solucionar las causas&rdquo;, destaca. Algunas de las pautas que el especialista recomienda a los padres son:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Fomentar la comunicaci&oacute;n abierta a trav&eacute;s de peque&ntilde;os h&aacute;bitos como cenar sin pantallas o tener siempre un momento para compartir el d&iacute;a a d&iacute;a y generar una din&aacute;mica de confianza que haga que &ldquo;cuando no sepan qu&eacute; hacer, puedan recurrir a nosotros para que les ayudemos&rdquo;, aclara Dom&iacute;nguez.</li>
                                    <li>Ser modelos para ellos a la hora de gestionar los conflictos y fracasos propios y &ldquo;cuando vean que nosotros fracasamos en algo, es importante que lo normalicemos y que nos vean volver a intentarlo una y otra vez hasta que al final nos sale&rdquo;, aconseja el psic&oacute;logo. Si tienen cerca el ejemplo de alguien que se levanta tras un error, est&aacute;n aprendiendo a tolerar su propia frustraci&oacute;n acad&eacute;mica.</li>
                                    <li>Poner el foco en el proceso y <a href="https://www.eldiario.es/nidos/psicologa-explica-ninos-gestionar-notas-separar-resultado-relacion-xp_1_13266387.html" data-mrf-recirculation="links-noticia">no en la nota final</a>, porque una presi&oacute;n excesiva por los resultados puede ser contraproducente y aumentar la ansiedad. &ldquo;Es importante valorar el esfuerzo aunque a veces los resultados no acompa&ntilde;en&rdquo;, subraya.</li>
                                    <li>Por &uacute;ltimo, el experto incide en colaborar con los centros escolares para que el seguimiento sea efectivo, a trav&eacute;s de las herramientas como agendas o aplicaciones que pueden ayudar a detectar un problema de forma temprana.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        &ldquo;Como en muchas cuestiones relacionadas con salud mental, en la infancia y la adolescencia necesitamos padres y madres formados, interesados, con capacidad de aprendizaje y con mente abierta, es decir, con capacidad para entender que lo que saben puede no ser suficiente y puedan considerar que necesitan aprender algunas habilidades para llegar a sus hijos&rdquo;, concluye Dom&iacute;nguez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/psicologo-explica-reaccionar-absentismo-escolar-adolescente-exito-academico-xp_1_13271248.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 09:29:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Un psicólogo explica cómo reaccionar ante el absentismo escolar adolescente: “Es muy raro que empiecen a faltar de la nada”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,Absentismo,Adolescentes,Psicología,Colegios,Institutos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una psicóloga explica cómo ayudar a los niños a gestionar sus notas: "Es importante separar el resultado de la relación"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/psicologa-explica-ninos-gestionar-notas-separar-resultado-relacion-xp_1_13266387.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e6268b34-2250-4f8b-a970-8483790cc6c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una psicóloga explica cómo ayudar a los niños a gestionar sus notas: &quot;Es importante separar el resultado de la relación&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando las calificaciones no sean las esperadas, es probable que los niños se sientan vulnerables. El objetivo es brindarles apoyo, no añadir presión. Como explica Nerea López, psicóloga infantojuvenil, “las notas no deberían vivirse como una medida del valor personal de un niño o adolescente"</p><p class="subtitle">Una psicóloga infantil explica todas las consecuencias de dormir con tus hijos: “Puede favorecer el apego seguro”</p></div><p class="article-text">
        En pocos d&iacute;as se acaba el curso escolar y empiezan a llegar las calificaciones en las mochilas escolares o en las bandejas de entrada de los correos de los padres. Para muchas familias, este peque&ntilde;o gesto contiene m&uacute;ltiples emociones: orgullo, ansiedad, decepci&oacute;n, esperanza&hellip; y las tan temibles comparaciones (e incluso quiz&aacute;s alguna que otra reacci&oacute;n de sorpresa).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esa letra o n&uacute;mero impresa en un papel es solo una pieza de un rompecabezas mucho m&aacute;s complejo. Indica el rendimiento de nuestro hijo en los ex&aacute;menes y deberes durante unos meses. Pero revela muchas m&aacute;s cosas. La respuesta y la reacci&oacute;n que podamos tener como padres es importante porque nuestro hijo empieza a comprender su valor, su esfuerzo y su relaci&oacute;n con el aprendizaje a largo plazo.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo responder ante las notas (y lo que el informe no dice)</h2><p class="article-text">
        Cuando las calificaciones no sean las esperadas, es probable que nuestro hijo se sienta vulnerable. El objetivo es brindarle apoyo, no a&ntilde;adir una fuente de presi&oacute;n adicional. Adem&aacute;s, y como nos explica <a href="http://www.nerealopez.es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nerea L&oacute;pez,</a> psic&oacute;loga infantojuvenil, &ldquo;las notas no deber&iacute;an vivirse como una medida del valor personal de un ni&ntilde;o o adolescente, por tanto, es importante separar el resultado acad&eacute;mico de la relaci&oacute;n afectiva con ellos, porque perciben r&aacute;pidamente la decepci&oacute;n aunque no se verbalice&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En lugar de ir directamente a la cifra y reaccionar es importante invitar a la conversaci&oacute;n y &ldquo;escuchar qu&eacute; explicaci&oacute;n hace de esa nota y c&oacute;mo se sienten porque ayuda mucho hablar del proceso: h&aacute;bitos de estudio, esfuerzo, motivaci&oacute;n o posibles dificultades emocionales&rdquo;, aclara L&oacute;pez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las calificaciones finales son una instant&aacute;nea de una historia m&aacute;s compleja, por lo que frente a una mala nota puede surgir la &ldquo;oportunidad para entender qu&eacute; est&aacute; pasando y qu&eacute; necesita el menor en ese momento. Aprenden m&aacute;s desde la calma y el acompa&ntilde;amiento que desde el miedo o la presi&oacute;n&rdquo;, afirma L&oacute;pez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si bien todos los padres quieren que sus hijos brillen y saquen buenas notas, las notas escolares no deben convertirse en una especie de evaluaci&oacute;n p&uacute;blica que mida nuestro &eacute;xito en la crianza. Estas inquietudes de los padres llevan muchas veces a caer en ciertas actitudes que, en realidad, no ayudan para nada.
    </p><h2 class="article-text">Evitar las comparaciones con hermanos o compa&ntilde;eros de clase</h2><p class="article-text">
        Comparar con los dem&aacute;s puede parecer inofensivo. Sin embargo, puede minar la confianza y generar verg&uuml;enza. Cada ni&ntilde;o aprende y crece de forma distinta. Al compararse con los dem&aacute;s, puede desarrollar creencias internas sobre el perfeccionismo y lo que significa ser &lsquo;suficientemente bueno&rsquo;. Cuando son ellos los que se comparan con los dem&aacute;s, y nos dicen que a sus compa&ntilde;eros les ha ido peor que a ellos, &ldquo;muchas veces est&aacute; intentando protegerse emocionalmente o disminuir la sensaci&oacute;n de fracaso&rdquo;, advierte L&oacute;pez, que admite adem&aacute;s que compararse con los dem&aacute;s s&iacute; puede aliviar de forma moment&aacute;nea, &ldquo;pero no ayuda a responsabilizarse del propio proceso&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco ayuda que nos dirijamos a ellos con<a href="https://www.eldiario.es/nidos/frenar-rivalidad-hermanos-no-da-tregua-casa-riesgo-convierta-patron_1_13257512.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> frases del tipo &lsquo;tu hermano s&iacute; puede&rsquo;</a> o &lsquo;mira las notas de tu hermana&rsquo;. Estas frases aparentemente inofensivas, muchas veces &ldquo;generan rivalidad y afectan directamente al autoconcepto. Cada hijo necesita sentir que es valorado por quien es, no por c&oacute;mo rinde respecto al otro&rdquo;, matiza L&oacute;pez.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hay hermanos, &ldquo;lo m&aacute;s recomendable es hablar de las notas de forma individual, respetando las fortalezas y dificultades de cada menor: algunos ni&ntilde;os son brillantes acad&eacute;micamente y otros tienen grandes habilidades sociales, deportivas, creativas o emocionales, y todas son importantes&rdquo;, reconoce L&oacute;pez, para la que &ldquo;la relaci&oacute;n entre hermanos puede resentirse cuando sienten que compiten por la aprobaci&oacute;n de sus padres&rdquo;. La clave est&aacute; en dar valor el crecimiento personal de cada uno, &ldquo;no en qui&eacute;n destaca m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para la especialista, lo m&aacute;s importante es no entrar en comparaciones &ldquo;y devolver la conversaci&oacute;n a c&oacute;mo se sienten ellos: &lsquo;M&aacute;s all&aacute; de los dem&aacute;s, &iquest;c&oacute;mo te has sentido t&uacute; con este resultado?&rsquo; El objetivo no es buscar culpables ni medir qui&eacute;n va peor, sino ayudarles a reflexionar sobre qu&eacute; pueden aprender de la situaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es importante respetar el ritmo y las capacidades de cada ni&ntilde;o porque &ldquo;educar desde la comparaci&oacute;n constante suele generar inseguridad, rivalidad o autoestima basada &uacute;nicamente en el rendimiento&rdquo;, afirma la experta. Comparar a nuestro hijo con otros tambi&eacute;n puede hacer que pasemos por alto las cualidades &uacute;nicas que posee, por tanto, ayudarle a ver sus fortalezas desde nuestra perspectiva le permite desarrollar la confianza y la resiliencia que necesita para avanzar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por tanto, y aunque a veces es tentador fijarse en la nota m&aacute;s baja, los ni&ntilde;os necesitan saber que son m&aacute;s que un simple n&uacute;mero. De ah&iacute; que centrarnos en su crecimiento individual, sin comparaciones, puede ayudarle a sentirse apoyado y aceptado, independientemente de las expectativas externas.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Recompensas a las notas, &iquest;ayudan a ense&ntilde;arles que un mal resultado puede ser una forma de aprendizaje?</h2><p class="article-text">
        Muchos padres caen en la tentaci&oacute;n de recompensar a sus hijos para que saquen buenas notas. A primera vista, parece una situaci&oacute;n del todo pr&aacute;ctica y beneficiosa para las dos partes: uno se asegura de que su hijo mantenga un buen rendimiento acad&eacute;mico y el otro recibe una recompensa por su esfuerzo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero las recompensas, como las comparaciones, no son lo mejor cuando hablamos de notas. Si bien hacerlo de forma puntual no es algo negativo, s&iacute; lo puede ser si &ldquo;se convierten en la &uacute;nica motivaci&oacute;n ya que puede acabar estudiando solo por el premio y no por aprendizaje o responsabilidad personal&rdquo;, advierte L&oacute;pez.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al usar recompensas, les transmitimos el mensaje de que &lsquo;obtienen algo&rsquo; por hacer una tarea que simplemente deben hacer como parte de la vida. Adem&aacute;s, &ldquo;a largo plazo, es m&aacute;s saludable reforzar el esfuerzo, la constancia y la capacidad de superaci&oacute;n y que entiendan que los errores forman parte natural del aprendizaje y ayudan al cerebro a generas nuevas estrategias y conexiones&rdquo;, afirma L&oacute;pez, que concluye que &ldquo;una mala nota no define a un ni&ntilde;o sino que lo importante es qu&eacute; hacemos despu&eacute;s con esa experiencia&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/psicologa-explica-ninos-gestionar-notas-separar-resultado-relacion-xp_1_13266387.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 14:24:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una psicóloga explica cómo ayudar a los niños a gestionar sus notas: "Es importante separar el resultado de la relación"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Colegios,Institutos,Padres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo frenar la rivalidad entre hermanos que no da tregua en casa: "El riesgo es que se convierta en un patrón"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/frenar-rivalidad-hermanos-no-da-tregua-casa-riesgo-convierta-patron_1_13257512.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d3d6ae03-9239-401e-b66c-b8075d4a7e84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo frenar la rivalidad entre hermanos que no da tregua en casa: &quot;El riesgo es que se convierta en un patrón&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">
En algunas familias, las discusiones entre hermanos terminan ocupando gran parte del día a día. Lo que empieza con pequeños roces cotidianos puede acabar influyendo también en el ambiente en casa y en la manera en que padres e hijos se relacionan entre sí</p><p class="subtitle">Las microbatallas diarias que más desgastan a padres e hijos: “No es la ducha en sí, es el cansancio acumulado”</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Se pelean desde que se levantan&rdquo;. Ang&eacute;lica, madre de dos ni&ntilde;os de diez y ocho a&ntilde;os, reconoce que en su casa hay d&iacute;as en los que cualquier desacuerdo vuelve a enfrentarles. Competir por qui&eacute;n se sienta delante en el coche, qui&eacute;n habla primero o qui&eacute;n recibe m&aacute;s atenci&oacute;n por parte de los padres termina desgastando tambi&eacute;n a los adultos. &ldquo;Hay d&iacute;as en los que todo acaba en bronca. Si uno tiene algo, el otro lo quiere. Y si uno recibe un elogio, el otro se enfada&rdquo;. Hay tardes &mdash;cuenta&mdash; en las que es imposible tener un rato tranquilo en casa.
    </p><p class="article-text">
        En otras familias, la tensi&oacute;n aparece sobre todo al final del d&iacute;a, cuando el cansancio de toda la jornada hace que todo estalle m&aacute;s r&aacute;pido. Isabel, madre de tres hijos, explica que durante mucho tiempo intent&oacute; intervenir inmediatamente cada vez que surg&iacute;a un problema entre ellos. &ldquo;Entr&aacute;bamos constantemente a mediar y termin&aacute;bamos agotados. Tuvo que pasar un tiempo hasta que entendimos que no pod&iacute;amos resolverles todo nosotros&rdquo;, revela. Comenta que, en muchas ocasiones, por mucho que lo intentaran, no consegu&iacute;an calmar la situaci&oacute;n entre ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La convivencia familiar suele incluir roces y desacuerdos, pero algunos terminan repercutiendo en el funcionamiento familiar. Algunos estudios han analizado qu&eacute; ocurre cuando esos conflictos se vuelven especialmente frecuentes o intensos. Una <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16402870/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> publicada en <em>Journal of Family Psychology</em> en 2014 observ&oacute; que las relaciones entre hermanos marcadas por discusiones frecuentes, agresividad o din&aacute;micas muy hostiles pod&iacute;an relacionarse con m&aacute;s dificultades emocionales y mayor malestar dentro de la familia.
    </p><p class="article-text">
        Otra <a href="https://srcd.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1467-8624.2007.01033.x" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">investigaci&oacute;n</a> publicada en <em>Child Development</em> en 2007 analiz&oacute; c&oacute;mo la forma en que los adultos intervienen en los desacuerdos entre hermanos puede influir en la manera en que los ni&ntilde;os aprenden a negociar y manejar desacuerdos cotidianos.
    </p><h2 class="article-text">Comparaciones, roles y competencia dentro de casa</h2><p class="article-text">
        La rivalidad entre hermanos no es un problema en s&iacute; misma, explica la psic&oacute;loga cl&iacute;nica Silvia Sanz Garc&iacute;a. &ldquo;El verdadero riesgo aparece cuando deja de ser algo puntual y evolutivo, para convertirse en un patr&oacute;n relacional sostenido que deteriora el clima familiar&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Sanz, esas rivalidades no se mantienen solas, sino por la forma en que la familia se organiza alrededor de ellas. Uno de los factores que m&aacute;s alimenta la competencia son las comparaciones frecuentes, incluso cuando no se hacen con mala intenci&oacute;n. Frases como &ldquo;aprende de tu hermano&rdquo; o elogios vividos como desiguales pueden llevar a que los ni&ntilde;os busquen m&aacute;s reconocimiento dentro de la familia compitiendo entre ellos. &ldquo;Ah&iacute; es donde empiezan a percibirse como rivales en lugar de iguales&rdquo;, resume.
    </p><p class="article-text">
        La especialista tambi&eacute;n percibe que muchos ni&ntilde;os sienten que al otro se le permite m&aacute;s, recibe m&aacute;s atenci&oacute;n o se le reconoce m&aacute;s dentro de casa. En otros casos, a&ntilde;ade, los adultos asignan sin darse cuenta determinados papeles a cada hijo: &ldquo;el responsable&rdquo;, &ldquo;el sensible&rdquo; o &ldquo;el problem&aacute;tico&rdquo;. Esas etiquetas pueden acabar reforzando las tensiones entre ellos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Frases como &#039;aprende de tu hermano&#039; o elogios vividos como desiguales pueden llevar a que los niños busquen más reconocimiento dentro de la familia compitiendo entre ellos, explica la psicóloga Silvia Sanz García</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La manera en la que los adultos reaccionan durante las peleas tambi&eacute;n influye en c&oacute;mo evolucionan esos conflictos. Para Sanz, cuando los padres intervienen &uacute;nicamente para averiguar qui&eacute;n empez&oacute; o qui&eacute;n tiene la culpa, los hijos pueden terminar aprendiendo m&aacute;s a defender posiciones que a gestionar desacuerdos o reparar lo ocurrido.
    </p><p class="article-text">
        Sanz insiste en que el objetivo no pasa por eliminar cualquier discusi&oacute;n entre hermanos, sino por evitar que esas peleas terminen convirti&eacute;ndose en la principal forma de relacionarse entre ellos.
    </p><p class="article-text">
        La psic&oacute;loga recuerda, adem&aacute;s, que las tensiones no siempre aparecen de forma aislada. Los desacuerdos entre los propios adultos tambi&eacute;n pueden colarse en la relaci&oacute;n entre los hijos. &ldquo;Los hijos reflejan lo que ven en casa&rdquo;, apunta.
    </p><p class="article-text">
        En casa de Milagros, madre de dos hermanas de nueve y seis a&ntilde;os, las discusiones llegaron a convertirse en algo pr&aacute;cticamente diario durante una &eacute;poca. &ldquo;La peque&ntilde;a sent&iacute;a que la mayor hac&iacute;a todo mejor y se enfadaba much&iacute;simo cuando la compar&aacute;bamos sin querer. Nosotros no nos d&aacute;bamos cuenta de hasta qu&eacute; punto ciertos comentarios les afectaban&rdquo;, resalta.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La pequeña sentía que la mayor hacía todo mejor y se enfadaba muchísimo cuando la comparábamos sin querer. Nosotros no nos dábamos cuenta de hasta qué punto ciertos comentarios les afectaban</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Milagros</span>
                                        <span>—</span> madre de dos niñas de seis y nueve años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        M&aacute;s adelante, reconoce que empezaron a cambiar algunas din&aacute;micas en casa y procuraron mirar m&aacute;s las necesidades de cada una por separado. Tambi&eacute;n intentaban dar m&aacute;s espacio a algunos choques y evitar comentarios que pudieran alimentar comparaciones entre ellas. &ldquo;Poco a poco el ambiente empez&oacute; a relajarse&rdquo;, comparte. &ldquo;Las peleas siguen existiendo, pero ya no todo llega al punto de antes&rdquo;. Aclara que tambi&eacute;n tratan de intervenir menos en algunos desacuerdos puntuales.
    </p><h2 class="article-text">Qu&eacute; ocurre cuando los padres act&uacute;an como &aacute;rbitros</h2><p class="article-text">
        Antonio Ortu&ntilde;o Terriza, psic&oacute;logo cl&iacute;nico del centro AdCom Madrid del Hospital General Universitario Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, insiste en la importancia de no &ldquo;patologizar&rdquo; autom&aacute;ticamente las peleas entre hermanos y recuerda que la respuesta de los adultos influye directamente en c&oacute;mo evolucionan esos conflictos.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n observa en consulta el tambi&eacute;n autor de <em>Familias inteligentes: claves pr&aacute;cticas para educar </em>(Autoedici&oacute;n, 2012), muchos padres adoptan primero un papel de &ldquo;detectives&rdquo;, intentando reconstruir qu&eacute; es lo que ha pasado y escuchando las distintas versiones de cada uno de los hijos. Despu&eacute;s, a&ntilde;ade, terminan actuando como &ldquo;jueces&rdquo; y deciden qui&eacute;n tiene raz&oacute;n y qui&eacute;n ha actuado peor. &ldquo;El problema es que uno gana y otro pierde&rdquo;, resume.
    </p><p class="article-text">
        Este profesional explica que, cuando un adulto decide directamente qui&eacute;n se queda con el mando de la televisi&oacute;n o un juguete, los ni&ntilde;os pueden terminar viviendo la discusi&oacute;n como una competici&oacute;n o intentando &ldquo;ganar&rdquo;, en lugar de aprender a resolver ese desacuerdo de otra manera.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El psicólogo Antonio Ortuño explica que, cuando un adulto decide directamente quién se queda con el mando de la televisión o un juguete, los niños pueden vivirlo como una competición en lugar de aprender a resolver ese desacuerdo de otra manera</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por eso, plantea que, en determinadas situaciones, los propios ni&ntilde;os tengan m&aacute;s margen para intentar resolver algunas diferencias cotidianas antes de que los adultos intervengan directamente. &ldquo;Que sean m&aacute;s protagonistas a la hora de resolver sus conflictos desde el inicio&rdquo;, se&ntilde;ala.
    </p><p class="article-text">
        Marce, madre de dos ni&ntilde;os de once y siete a&ntilde;os, reconoce que durante mucho tiempo las peleas estaban demasiado presentes en casa. &ldquo;Al final la pelea segu&iacute;a igual al d&iacute;a siguiente&rdquo;, admite. Subraya que hab&iacute;a &eacute;pocas en las que cualquier comentario terminaba en discusi&oacute;n y que todo aquello alteraba la rutina familiar. Y que incluso las comidas o los ratos tranquilos en casa, terminaban muchas veces tens&aacute;ndose por peque&ntilde;as discusiones.
    </p><p class="article-text">
        Aunque las tensiones segu&iacute;an apareciendo, se iban resolviendo de otra forma. &ldquo;Al principio costaba much&iacute;simo y muchas discusiones segu&iacute;an terminando en gritos y enfados, pero poco a poco empezaron a negociar m&aacute;s entre ellos&rdquo;, relata. Dice que ahora las peleas duran menos tiempo y que hacen por favorecer m&aacute;s momentos en los que consiguen entenderse mejor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/frenar-rivalidad-hermanos-no-da-tregua-casa-riesgo-convierta-patron_1_13257512.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 19:54:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo frenar la rivalidad entre hermanos que no da tregua en casa: "El riesgo es que se convierta en un patrón"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Niños,familias,Padres,Madres]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El caso de los niños que no quieren ir a fiestas infantiles: “Estas reuniones pueden llevar al aislamiento de algunos”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/caso-ninos-no-quieren-fiestas-infantiles-reuniones-llevar-aislamiento_1_13247733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/690a774a-00e1-463b-8fab-5a261a72f642_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El caso de los niños que no quieren ir a fiestas infantiles: “Estas reuniones pueden llevar al aislamiento de algunos”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunos niños rechazan ir a fiestas o muestran malestar días antes. Expertos en desarrollo infantil explican que algunos entornos con mucho ruido, actividad y poca previsibilidad pueden resultarles difíciles de manejar</p><p class="subtitle">Así es la fórmula que ya utilizan algunas familias para acabar con el exceso de cumpleaños infantiles</p></div><p class="article-text">
        Patricia, madre de un ni&ntilde;o de siete a&ntilde;os, empez&oacute; a notar hace tiempo que su hijo rechazaba ir a muchos cumplea&ntilde;os. Los nervios aparec&iacute;an incluso el d&iacute;a antes, especialmente si se trataba de encuentros con demasiados ni&ntilde;os gritando y hablando al mismo tiempo o din&aacute;micas constantes. Con el tiempo entendi&oacute; que, inicialmente, no se trataba solo de timidez.
    </p><p class="article-text">
        Dice que el agobio aparec&iacute;a incluso antes de salir de casa. &ldquo;Preguntaba cu&aacute;nto tiempo iba a durar la fiesta o si habr&iacute;a mucha gente. A veces intent&aacute;bamos tranquilizarlo, pero segu&iacute;a muy nervioso&rdquo;, cuenta. En encuentros m&aacute;s peque&ntilde;os o con menos ni&ntilde;os, la situaci&oacute;n suele ser m&aacute;s f&aacute;cil de manejar.
    </p><p class="article-text">
        En otras familias ocurre algo parecido. Hay ni&ntilde;os que terminan llorando en mitad de la fiesta, otros buscan quedarse cerca del adulto de referencia y algunos llegan a mostrarse irritables o especialmente cansados despu&eacute;s de ambientes con actividad constante. No siempre se trata de falta de inter&eacute;s social. En determinados casos, esa sensaci&oacute;n de saturaci&oacute;n aparece en contextos con demasiados est&iacute;mulos acumulados.
    </p><p class="article-text">
        Las fiestas infantiles suelen concentrar exceso de sonido, movimiento continuo, cambios r&aacute;pidos de actividad y experiencias dif&iacute;ciles de prever. Para algunos ni&ntilde;os, gestionar al mismo tiempo ese nivel de alboroto, interacci&oacute;n y estimulaci&oacute;n puede resultar especialmente dif&iacute;cil, sobre todo en espacios cerrados o poco estructurados.
    </p><p class="article-text">
        Diferentes investigaciones han analizado c&oacute;mo algunos menores muestran una mayor sensibilidad ante determinados elementos del entorno. Un <a href="https://repository.ubn.ru.nl/bitstream/handle/2066/202697/202697.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">trabajo</a> sobre sensibilidad ambiental en la infancia, publicado en <em>Developmental Psychology</em>, se&ntilde;ala que no todos los ni&ntilde;os procesan igual el ruido, la actividad o la cantidad de informaci&oacute;n que reciben al mismo tiempo, y que existen diferencias individuales en la forma de responder a ambientes muy estimulantes.
    </p><p class="article-text">
        En el libro <em>El cerebro del ni&ntilde;o explicado a los padres</em> (Plataforma Editorial, 2015), el neuropsic&oacute;logo &Aacute;lvaro Bilbao aborda c&oacute;mo la anticipaci&oacute;n y la sensaci&oacute;n de seguridad ayudan a muchos ni&ntilde;os a manejar mejor situaciones nuevas o muy activas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Preguntaba cuánto tiempo iba a durar la fiesta o si habría mucha gente. A veces intentábamos tranquilizarlo, pero seguía muy nervioso</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Patricia</span>
                                        <span>—</span> madre de un niño de seis años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Qu&eacute; ocurre en entornos especialmente activos</h2><p class="article-text">
        Algunos ni&ntilde;os disfrutan de encuentros peque&ntilde;os o de relaciones m&aacute;s tranquilas, pero viven con m&aacute;s dificultad determinados escenarios con demasiados est&iacute;mulos al mismo tiempo. Mar&iacute;a Jes&uacute;s Mardomingo, presidenta de honor de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Psiquiatr&iacute;a de la Infancia y Adolescencia (AEPNYA) y autora de <em>Psiquiatr&iacute;a para padres y educadores. Ciencia y arte</em> (Narcea Ediciones, 2002), explica que algunos prefieren &ldquo;la relaci&oacute;n personal al ruido de muchos&rdquo; y subraya que &ldquo;la reuni&oacute;n de muchos puede significar el aislamiento de algunos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La especialista confirma que determinadas fiestas infantiles concentran mucha interacci&oacute;n simult&aacute;nea, algo que algunos ni&ntilde;os pueden vivir con especial intensidad, especialmente si son m&aacute;s t&iacute;midos, ansiosos o atraviesan momentos de mayor vulnerabilidad emocional.
    </p><p class="article-text">
        Considera que actualmente <a href="https://www.eldiario.es/nidos/formula-utilizan-familias-acabar-exceso-cumpleanos-infantiles_1_12773688.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muchas celebraciones infantiles priorizan la cantidad</a> sobre la calidad y re&uacute;nen demasiadas personas, actividad y bullicio al mismo tiempo. Frente a eso, recuerda la importancia de espacios m&aacute;s tranquilos &ldquo;en los que surgen las relaciones de confianza y las grandes amistades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Mardomingo advierte tambi&eacute;n de que el exceso de est&iacute;mulos y, especialmente, el exceso de sonido puede interferir en procesos como la atenci&oacute;n, la concentraci&oacute;n, la memoria o la capacidad de an&aacute;lisis. Estas dificultades no siempre se identifican f&aacute;cilmente.
    </p><p class="article-text">
        Determinados eventos infantiles pueden reunir al mismo tiempo m&uacute;sica, cambios continuos de actividad o din&aacute;micas dif&iacute;ciles de anticipar que algunos ni&ntilde;os viven con mucha intensidad. Jes&uacute;s Jarque, pedagogo y orientador educativo, explica que, en muchos casos, el malestar no est&aacute; relacionado con el cumplea&ntilde;os en s&iacute;, sino con las variables que acompa&ntilde;an este tipo de celebraciones: demasiadas personas en poco espacio, ambientes poco estructurados, sorpresas constantes o situaciones dif&iacute;ciles de prever. &ldquo;No se sabe qu&eacute; va a ocurrir despu&eacute;s&rdquo;, resume el especialista.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Jesús Jarque, pedagogo, explica que, en muchos casos, el malestar está relacionado con las variables que acompañan este tipo de celebraciones: demasiadas personas en poco espacio, ambientes poco estructurados, sorpresas constantes o situaciones difíciles de prever</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, indica que, en ocasiones, la reacci&oacute;n puede aparecer incluso antes de acudir al cumplea&ntilde;os, con deseo de evitar la situaci&oacute;n o s&iacute;ntomas f&iacute;sicos de ansiedad. De igual modo, describe necesidad constante de buscar al adulto de referencia o dificultades para integrarse. &ldquo;Los padres suelen identificar bastante bien esas se&ntilde;ales de que el ni&ntilde;o est&aacute; sobrepasado&rdquo;, considera Jarque.
    </p><p class="article-text">
        Destaca que este tipo de fiestas pueden resultar especialmente dif&iacute;ciles para ni&ntilde;os con trastorno del espectro autista, debido a la hipersensibilidad sensorial y a la acumulaci&oacute;n de ruido, movimiento e interacci&oacute;n constante. Y explica que, en algunos casos, elementos como la m&uacute;sica alta, los globos o las sorpresas continuas pueden generar mucha saturaci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">C&oacute;mo acompa&ntilde;ar sin forzar</h2><p class="article-text">
        En estos casos, Jarque recalca la importancia de preparar previamente al ni&ntilde;o y adaptar las expectativas a lo que cada uno pueda manejar. Explicar si habr&aacute; m&uacute;sica, juegos con muchas personas o actividades m&aacute;s intensas, permitir peque&ntilde;os descansos o facilitar que permanezcan menos tiempo en la celebraci&oacute;n son algunas de las estrategias que menciona. Apunta que resulta clave evitar ridiculizar o minimizar el malestar y a&ntilde;ade que &ldquo;hay personas que se agobian con el ruido o cuando hay mucha gente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Durante un tiempo, Leticia pens&oacute; que su hija simplemente ten&iacute;a problemas para adaptarse a estos contextos. Madre de una ni&ntilde;a de seis a&ntilde;os, asegura que insist&iacute;an en que acudiera a las fiestas, aunque terminara agotada o enfadada.<strong> </strong>&ldquo;Pens&aacute;bamos que ten&iacute;a que acostumbrarse. Pero cuanto m&aacute;s la oblig&aacute;bamos, peor lo pasaba&rdquo;, comparte. Con el tiempo, empezaron a respetar mejor sus l&iacute;mites, algo que les ayud&oacute; a acompa&ntilde;arla de otra manera: &ldquo;Cuando dejamos de obligarla a quedarse toda la fiesta, empez&oacute; a sentirse m&aacute;s segura&rdquo;, relata.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pensábamos que tenía que acostumbrarse. Pero cuanto más la obligábamos, peor lo pasaba</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Leticia</span>
                                        <span>—</span> madre de una niña de seis años
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En el caso de Jos&eacute;, abuelo de un ni&ntilde;o de siete a&ntilde;os, el rechazo tard&oacute; un tiempo en interpretarse como algo m&aacute;s que falta de ganas de acudir a ciertos eventos. Sostiene que terminaron observando que los problemas aparec&iacute;an sobre todo en entornos con exceso de sonido o demasiada gente. &ldquo;Cre&iacute;amos que simplemente no le apetec&iacute;a ir, pero luego vimos que lo pasaba realmente mal&rdquo;, expone.
    </p><p class="article-text">
        Ahora intentan acompa&ntilde;arlo de una forma m&aacute;s tranquila y darle margen si en alg&uacute;n momento necesita salir un rato o apartarse del ambiente. &ldquo;Cuando siente que tiene apoyo y margen si se encuentra inc&oacute;modo, suele ir mucho m&aacute;s tranquilo&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Los expertos entrevistados coinciden en la importancia de observar el contexto y la intensidad de las reacciones antes de interpretar el rechazo como un simple capricho. Tambi&eacute;n recuerdan que acompa&ntilde;ar y hacer peque&ntilde;os ajustes no implica evitar cualquier incomodidad.
    </p><p class="article-text">
        No todos los ni&ntilde;os viven igual los espacios con mucho movimiento. Mientras algunos disfrutan de celebraciones muy activas, otros necesitan m&aacute;s previsibilidad, tiempos de pausa o ambientes m&aacute;s tranquilos para sentirse c&oacute;modos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Longo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/caso-ninos-no-quieren-fiestas-infantiles-reuniones-llevar-aislamiento_1_13247733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 May 2026 21:17:15 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El caso de los niños que no quieren ir a fiestas infantiles: “Estas reuniones pueden llevar al aislamiento de algunos”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Crianza,Fiestas,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alexandra Lange, crítica de arquitectura: “Hay que construir ciudades adaptadas a las infancias y familias”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/alexandra-lange-critica-diseno-arquitectura-hay-construir-ciudades-adaptadas-infancias-familias_1_13236703.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3db5998-61d5-46b8-8c44-a69decf43ad9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alexandra Lange, crítica de arquitectura: “Hay que construir ciudades adaptadas a las infancias y familias”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La experta en diseño, arquitectura y urbanismo trabaja con una perspectiva de infancia, pensando en cómo se configuran los espacios para niños y niñas (y sus familias). Su libro 'El diseño de la infancia' (Capitán Swing, 2026) ha recibido un premio Pulitzer</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        Alexandra Lange (Estados Unidos, 1973) es cr&iacute;tica de dise&ntilde;o y arquitectura, adem&aacute;s de escritora. Publica en medios como The New Yorker o The New York Times. Su trabajo se ha centrado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en estudiar el dise&ntilde;o de espacios p&uacute;blicos y privados desde una perspectiva de infancia: analiza c&oacute;mo afectan los lugares y los objetos con los que ni&ntilde;os y ni&ntilde;as interact&uacute;an en su desarrollo y autonom&iacute;a. Acaba de publicar <a href="https://capitanswing.com/catalogo/el-diseno-de-la-infancia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>El dise&ntilde;o de la infancia</strong></em></a> (Capit&aacute;n Swing, 2026), que ha recibido el Premio Pulitzer de la Cr&iacute;tica de 2025.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>La primera pregunta, la m&aacute;s obvia: &iquest;por qu&eacute; es importante el dise&ntilde;o de espacios para la infancia?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El dise&ntilde;o de los espacios destinados a la infancia es tan importante porque,<strong> </strong>en los primeros a&ntilde;os de vida, el cerebro del ni&ntilde;o tiene una plasticidad incre&iacute;ble. Por eso, todo lo que se les muestre y los espacios en los que se muevan tendr&aacute;n un efecto duradero en su cerebro, en sus intereses y en sus capacidades.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Seguimos concibiendo los espacios de convivencia &ndash;las casas, las escuelas, los parques, los barrios o las ciudades&ndash; desde una perspectiva adultoc&eacute;ntrica?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, sin duda seguimos construyendo un mundo <a href="https://www.eldiario.es/nidos/edad-no-define-sabiduria-chicos-chicas-piden-adultos-mejorar-relacion_1_12222480.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pensado para los adultos</a>. Pero para garantizar que los ni&ntilde;os puedan crecer felices y sanos, y teniendo en cuenta que en muchos lugares est&aacute;n preocupados por la tasa de natalidad, tenemos que construir ciudades m&aacute;s adaptadas a las infancias y a las familias. Seguimos haci&eacute;ndolo mal, y deber&iacute;amos hacerlo mejor por toda una serie de razones, empezando por la salud p&uacute;blica y el futuro de la raza humana.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo ser&iacute;an esos espacios si los dise&ntilde;asen ni&ntilde;os y ni&ntilde;as?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta es una pregunta imposible de responder porque los cerebros de los ni&ntilde;os son tan variados como los de los adultos y, como podemos ver en el mundo que nos rodea, los dise&ntilde;adores pueden crear casi cualquier cosa. La idea de que los espacios infantiles siempre tienen que ser coloridos, blanditos o cualquier otra cosa por el estilo no es m&aacute;s que una proyecci&oacute;n de los adultos sobre la infancia. Creo que los ni&ntilde;os probablemente dise&ntilde;ar&iacute;an cosas a menor escala, a las que puedan acceder y manipular f&aacute;cilmente y que est&eacute;n en sinton&iacute;a con sus intereses particulares, pero las posibilidades son infinitas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El libro sostiene que ni&ntilde;os y ni&ntilde;as aprenden a partir de la experimentaci&oacute;n en sus entornos m&aacute;s cercanos: sus juegos, su casa, el parque, su escuela, su barrio y/o su ciudad. &iquest;Van cambiando sus espacios de referencia seg&uacute;n van creciendo?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, sin duda. Cuando tu hijo es peque&ntilde;o, su mundo se limita b&aacute;sicamente a la manta sobre la que juega, la habitaci&oacute;n en la que est&aacute; y los juguetes que hay en esa habitaci&oacute;n. Pero una de las cosas importantes a las que los ni&ntilde;os necesitan tener acceso a medida que crecen es a cada vez m&aacute;s espacio. Pasar de esa manta hasta, finalmente, como adolescente, poder explorar con seguridad toda una ciudad. Y una de las cosas en las que los arquitectos y urbanistas adultos deben pensar es en c&oacute;mo hacer que sea seguro para los ni&ntilde;os explorar por su cuenta estos entornos geogr&aacute;ficos en constante expansi&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En los primeros años de vida, el cerebro del niño tiene una plasticidad increíble. Todo lo que se les muestre y los espacios en los que se muevan tendrán un efecto duradero en su cerebro, en sus intereses y en sus capacidades</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y c&oacute;mo se consigue esa seguridad para la infancia y la adolescencia?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esa es una de las cosas m&aacute;s importantes: que los urbanistas tengan en cuenta temas como la seguridad vial, para poder darle a la infancia acceso al uso de bicicletas o al transporte p&uacute;blico. Esa misma mente exploradora que lleva a un ni&ntilde;o a gatear hacia el armario de los juguetes, sacarlo todo y tirarlo al suelo, es la misma mente que luego quiere ver qu&eacute; pasa al final de la l&iacute;nea de metro, y tenemos que fomentar eso en los ni&ntilde;os de todas las edades.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Centr&aacute;ndonos en uno de esos espacios, los parques infantiles, &iquest;tiene sentido que la mayor&iacute;a de ellos est&eacute;n dise&ntilde;ados con elementos fijos, que dejan poco espacio a la imaginaci&oacute;n?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tradicionalmente, los parques infantiles b&aacute;sicos han contado con cuatro elementos: columpio, tobog&aacute;n, balanc&iacute;n y arenero. Y el arenero es clave, porque es uno de esos elementos b&aacute;sicos del juego que est&aacute; pensado espec&iacute;ficamente para el juego libre. Ah&iacute; se puede hacer lo que se quiera con la arena: a&ntilde;adir agua, cavar, traer peque&ntilde;os veh&iacute;culos... Creo que en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os se han eliminado los areneros en muchos sitios por miedo a los g&eacute;rmenes y las enfermedades, y porque requieren mucho mantenimiento. Pero es importante recordar que, hist&oacute;ricamente, los parques infantiles s&iacute; contaban con eso, con elementos manipulativos, y tenemos que dejar que los ni&ntilde;os tengan cierta autonom&iacute;a sobre su juego y sobre la creaci&oacute;n de las estructuras para jugar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y en otro de esos espacios, las casas, &iquest;c&oacute;mo conjugar la necesidad de espacio de la infancia con la realidad estructural de hoy en d&iacute;a? En Espa&ntilde;a vivimos una crisis de la vivienda con precios disparados y viviendas cada vez m&aacute;s peque&ntilde;as.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, es importante saber que no todo el mundo tiene la posibilidad de disponer de un espacio independiente para su hijo o para que juegue dentro de casa, y eso no significa que sean malos padres ni que su hijo vaya a tener una infancia infeliz. Creo que la soluci&oacute;n pasa por contar con mejores espacios p&uacute;blicos y comunitarios en los barrios que la gente pueda utilizar fuera de sus hogares, del mismo modo que mucha gente utiliza espacios de coworking fuera de casa como oficina. Eso significa contar con parques en el barrio, con bibliotecas p&uacute;blicas, que tambi&eacute;n puedan tener espacios comunitarios abiertos para jugar y pensar en otros espacios interiores que sean econ&oacute;micos y a los que las familias puedan acceder cuando necesiten un respiro fuera de casa.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La idea de que los espacios infantiles siempre tienen que ser coloridos, blanditos o cualquier otra cosa por el estilo no es más que una proyección de los adultos sobre la infancia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En el libro apunta que la mayor parte de las dise&ntilde;adoras y/o arquitectas que piensan en la infancia son mujeres. Adem&aacute;s de la perspectiva de infancia, &iquest;tiene este tema tambi&eacute;n una lectura de g&eacute;nero?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hist&oacute;ricamente, muchas de las dise&ntilde;adoras y creadoras de espacios de juego eran mujeres, ya que trabajar con ni&ntilde;os o para ni&ntilde;os era una de las pocas salidas profesionales a las que pod&iacute;an acceder las mujeres. Creo que hoy en d&iacute;a hemos avanzado y las mujeres tienen m&aacute;s opciones profesionales y no tienen por qu&eacute; trabajar con ni&ntilde;os. Pero, obviamente, sigue siendo una opci&oacute;n estupenda. Escribir sobre este tema me ha permitido destacar el trabajo de mujeres que no eran consideradas dise&ntilde;adoras, pero que trabajaban en el &aacute;mbito educativo y que han inventado algunos de los objetos m&aacute;s influyentes para ni&ntilde;os y ni&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Desde el punto de vista ideal, &iquest;c&oacute;mo ser&iacute;a un dise&ntilde;o de espacios o una arquitectura feminista y que tuviera en cuenta tambi&eacute;n la perspectiva de infancia?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Para intentar imaginar la utop&iacute;a feminista de una ciudad dise&ntilde;ada para las familias por mujeres solo hay que fijarse en Viena, bajo la direcci&oacute;n de la urbanista Eva Kail, quien instaur&oacute; all&iacute; nuevas pr&aacute;cticas de dise&ntilde;o feminista hace unos 20 a&ntilde;os, lo que ha dado lugar a numerosos ejemplos de patios dise&ntilde;ados para familias, un dise&ntilde;o de calles m&aacute;s seguro con muchas bicicletas y una gran atenci&oacute;n a la proximidad de los servicios, de modo que las redes de equipamientos como parques, colegios y bibliotecas, as&iacute; como esos patios de bloque, se encuentran a distancias que los ni&ntilde;os pueden <a href="https://www.eldiario.es/nidos/psicologo-infantil-claves-cuenta-si-planteando-hijo-colegio-xp_1_13212153.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">recorrer por s&iacute; mismos</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lucía M. Quiroga]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/alexandra-lange-critica-diseno-arquitectura-hay-construir-ciudades-adaptadas-infancias-familias_1_13236703.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2026 20:33:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alexandra Lange, crítica de arquitectura: “Hay que construir ciudades adaptadas a las infancias y familias”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Infancia,Niños,Urbanismo,Diseño,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las claves de una psicóloga para que la vuelta de los hijos adultos al hogar familiar no reactive roles adolescentes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/claves-psicologa-vuelta-hijos-adultos-hogar-familiar-no-reactive-roles-adolescentes-xp_1_13220404.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26595eec-1b91-425b-abf5-31a621761e89_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x4143y0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las claves de una psicóloga para que la vuelta de los hijos adultos al hogar familiar no reactive roles adolescentes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La psicóloga María Bernardo advierte de que el éxito de la convivencia pasa por transformar el vínculo para no volver a roles ya superados </p><p class="subtitle">Qué quiere decir que un niño se porte siempre bien, según una psicóloga: “Todas las emociones cumplen su función”</p></div><p class="article-text">
        Ya sea a ra&iacute;z de una ruptura sentimental, un rev&eacute;s laboral, la crisis de la vivienda o por la necesidad de ejercer como cuidadores, el retorno de un hijo adulto al hogar familiar puede ser un fen&oacute;meno com&uacute;n, pero emocionalmente nunca se trata de una mudanza m&aacute;s, sino que conlleva una gran transformaci&oacute;n de la convivencia.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La casa que se reactiva una vez que los hijos vuelven no es la misma de antes, ya que los padres han construido una vida sin esa presencia diaria y el hijo ha desarrollado una identidad adulta fuera&rdquo;, establece la psic&oacute;loga sanitaria <a href="https://mariabernardopsicologia.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Bernardo</a><a href="https://mariabernardopsicologia.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">,</a> con experiencia en terapia familiar. Para ella, una situaci&oacute;n de este tipo &ldquo;supone siempre una reorganizaci&oacute;n del sistema, no una vuelta atr&aacute;s&rdquo;, ya que &ldquo;se trata de un escenario nuevo en un espacio antiguo&rdquo;, asegura.
    </p><h2 class="article-text">El peso de la memoria relacional</h2><p class="article-text">
        Volver al dormitorio en el que transcurri&oacute; la infancia puede activar por inercia patrones que se cre&iacute;an superados. Bernardo lo define como un efecto de la memoria relacional: &ldquo;Los hogares funcionan como contextos emocionales muy potentes. Elementos tan simples como una mesa, una habitaci&oacute;n o un gesto cotidiano son capaces de reactivar roles: los padres tienden a cuidar m&aacute;s de lo necesario y el hijo, sin darse cuenta, responde desde su versi&oacute;n adolescente&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de din&aacute;mica activa emociones contradictorias en todos los miembros, seg&uacute;n la psic&oacute;loga, que confirma que mientras es com&uacute;n que el hijo navegue entre el alivio y la verg&uuml;enza, en el caso de los padres, se puede experimentar desde ternura e ilusi&oacute;n, hasta un cierto duelo por una etapa de independencia que consideraban cerrada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El conflicto, advierte Bernardo, surge cuando la preocupaci&oacute;n de los padres se confunde con la supervisi&oacute;n, o cuando el hijo, por comodidad o defensa ante la culpa, deja de aportar y trata el hogar como un mero alojamiento de paso o se a&iacute;sla para evitar el roce. Es decir, cuando se trata de volver a roles que ya no corresponden y que, &ldquo;a la larga, producen dependencia y culpa&rdquo;, apunta la experta.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Adem&aacute;s, el motivo del regreso suele a&ntilde;adir un duelo previo que se cuela en la convivencia y afecta en el d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;, destaca la psic&oacute;loga, que reconoce que es muy habitual que esta situaci&oacute;n bloquee cualquier conversaci&oacute;n. &ldquo;Cuando la familia entiende que volver a casa no es un fracaso, sino una pausa estructural dentro del ciclo vital, todo se vive con mucha m&aacute;s serenidad&rdquo;, valora.
    </p><h2 class="article-text">Superar la jerarqu&iacute;a</h2><p class="article-text">
        Para evitar que la convivencia se deteriore, la clave de la experta es &ldquo;pasar de un v&iacute;nculo padre-hijo a un v&iacute;nculo adulto-adulto, donde se reconozcan las nuevas competencias del hijo y tambi&eacute;n los nuevos ritmos y necesidades de los padres&rdquo;. &ldquo;Esta transici&oacute;n es compleja y requiere consciencia, paciencia y seguramente tener conversaciones expl&iacute;citas&rdquo;, reconoce.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A la hora de comunicarse, Bernardo recomienda abordar tres bloques fundamentales durante la primera semana: &ldquo;El primero es pr&aacute;ctico, y consiste en abordar el aspecto econ&oacute;mico, reparto de tareas dom&eacute;sticas, horarios y uso de espacios comunes&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El segundo, por otro lado, es relacional. &ldquo;Consiste en determinar c&oacute;mo se manejan las visitas, la vida sentimental, los amigos en casa y, sobre todo, qu&eacute; temas quedan fuera del comentario diario, por ejemplo, las decisiones laborales, los h&aacute;bitos, la dieta o la pareja&rdquo;, aclara la experta.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, el tercero, explica &ldquo;tiene que ver con el aspecto temporal y emocional, es decir, hablar de cu&aacute;nto tiempo se prev&eacute; que dure esta convivencia, aunque sea de forma orientativa, y comprometerse a revisar cada pocas semanas c&oacute;mo se est&aacute; sintiendo cada uno&rdquo;.  
    </p><h2 class="article-text">Conversaciones de adulto a adulto</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Lo importante a tener en cuenta es que lo que no se habla los primeros d&iacute;as suele transformarse en una peque&ntilde;a tensi&oacute;n semanal y, al cabo de unos meses, en un conflicto que cuesta mucho m&aacute;s desactivar&rdquo;, valora la psic&oacute;loga. &ldquo;Yo les repito mucho a mis pacientes que las conversaciones inc&oacute;modas al principio son la mejor inversi&oacute;n en la convivencia futura&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Para mantener la salud emocional del sistema, Bernardo cree vital que ninguna de las dos partes renuncie a su propia autonom&iacute;a, ni que los padres reorganicen sus vidas alrededor del hijo que vuelve, ni que &eacute;ste renuncie a su vida y proyectos personales construidos fuera del hogar familiar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;De forma general, el equilibrio se construye distinguiendo entre acompa&ntilde;ar y sostener&rdquo;, se&ntilde;ala la experta. &ldquo;Acompa&ntilde;ar es estar disponible para escuchar, echar una mano puntual y opinar cuando se pide opini&oacute;n, pero sostener es ocupar el lugar que el adulto deber&iacute;a estar ocupando por s&iacute; mismo&rdquo;, detalla. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/claves-psicologa-vuelta-hijos-adultos-hogar-familiar-no-reactive-roles-adolescentes-xp_1_13220404.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2026 06:15:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las claves de una psicóloga para que la vuelta de los hijos adultos al hogar familiar no reactive roles adolescentes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[familias,Relaciones,Psicología,Salud]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La trampa del "tiempo confeti": pasamos más horas que nunca con nuestros hijos, pero con más culpa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/trampa-tiempo-confeti-pasamos-horas-hijos-culpa_1_13229157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dad329c1-6a37-404d-b4c6-ab911c5d0db8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La trampa del &quot;tiempo confeti&quot;: pasamos más horas que nunca con nuestros hijos, pero con más culpa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La crianza ocupa hoy más tiempo y energía emocional que nunca, pero la sensación de no llegar a todo se ha convertido en una experiencia compartida por muchas familias</p><p class="subtitle">Criar en tiempos de consejos para todo: por qué las millennials sienten tanta presión por “ser una madre impecable”</p></div><p class="article-text">
        A las siete y media de la tarde, una madre contesta el &uacute;ltimo WhatsApp de trabajo del d&iacute;a con una mano mientras remueve una sart&eacute;n con la otra y responde con monos&iacute;labos a la historia que su hijo intenta contarle desde hace diez minutos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ni&ntilde;o habla de una pelea absurda por un bal&oacute;n que ha ocurrido en el recreo y de un amigo que ha llorado en clase. Ella asiente, vuelve a mirar el m&oacute;vil, consulta el correo, va poniendo la mesa, recuerda que ma&ntilde;ana hay excursi&oacute;n y que todav&iacute;a no ha firmado la autorizaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El padre llega justo para la cena porque hace horario partido y hab&iacute;a atasco. M&aacute;s tarde los tres leer&aacute;n un cuento antes de dormir. Quiz&aacute; incluso jueguen un rato. Cuando el ni&ntilde;o se duerme, ambos est&aacute;n agotados y con cierta sensaci&oacute;n de no haber estado realmente ah&iacute; en ning&uacute;n momento del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Escenas parecidas se repiten en miles de casas. Madres y padres que viven con la sensaci&oacute;n de que nunca pasan el suficiente tiempo con sus hijos, aunque las estad&iacute;sticas digan lo contrario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n <a href="https://academic.oup.com/esr/article-abstract/35/5/616/5497817?redirectedFrom=fulltext&amp;login=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudios</a> realizados por el profesor Tom&aacute;s Cano de la Universidad Goethe de Fr&aacute;ncfort y la Universitat Pompeu Fabra, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha producido un significativo aumento del tiempo que las madres y, m&aacute;s a&uacute;n, los padres han dedicado a sus hijos. Adem&aacute;s, con un foco especial en la vida emocional y educativa de sus hijos. Entonces, &iquest;por qu&eacute; la sensaci&oacute;n dominante es la de estar siempre llegando tarde a todo?
    </p><p class="article-text">
        Parte de la respuesta est&aacute; en un concepto que cada vez aparece m&aacute;s en ensayos sobre trabajo y vida familiar: &ldquo;tiempo confeti&rdquo;. El t&eacute;rmino, popularizado por la periodista <a href="https://www.eldiario.es/era/existe-forma-trabajo-compatible-vida-investigadora-dispuesta-demostrar-si_1_12054046.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Brigid Schulte en su libro </a><a href="https://www.eldiario.es/era/existe-forma-trabajo-compatible-vida-investigadora-dispuesta-demostrar-si_1_12054046.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Overwhelmed:</em></a><em> How to Work, Love, and Play When No One Has the Time</em> ('Abrumados: C&oacute;mo trabajar, amar y jugar cuando nadie tiene tiempo'), describe una experiencia muy contempor&aacute;nea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tiempo no como un bloque continuo, reconocible y habitable, sino como una sucesi&oacute;n de fragmentos diminutos interrumpidos por notificaciones, correos, tareas dom&eacute;sticas, mensajes del colegio y obligaciones laborales que nunca terminan de desaparecer. Trocitos de atenci&oacute;n dispersos que dejan una sensaci&oacute;n de cansancio permanente.
    </p><h2 class="article-text">La crianza como proyecto total</h2><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga Teresa Jurado, catedr&aacute;tica de Sociolog&iacute;a en la UNED, cree que esta sensaci&oacute;n tiene mucho que ver con la transformaci&oacute;n radical de la idea misma de criar. &ldquo;Efectivamente,<strong> </strong>pasamos m&aacute;s tiempo con nuestras hijas e hijos, pero ahora se le da m&aacute;s importancia a la crianza y a la educaci&oacute;n desde la primera infancia porque queremos conseguir un desarrollo &oacute;ptimo de nuestra descendencia y que as&iacute; alcancen un est&aacute;ndar de vida igual o superior al nuestro&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Durante buena parte del siglo XX, los ni&ntilde;os conviv&iacute;an con los adultos en una estructura mucho menos dirigida. Estaban &lsquo;por ah&iacute;&rsquo;. Jugaban solos en la calle, acompa&ntilde;aban a hacer recados, compart&iacute;an largas sobremesas o tardes enteras sin supervisi&oacute;n constante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy la crianza se ha convertido en una tarea de enorme intensidad emocional y organizativa. Hay que estimular, acompa&ntilde;ar, detectar talentos, reforzar habilidades sociales, gestionar emociones y construir experiencias que los ni&ntilde;os recuerden toda la vida.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Pasamos más tiempo con nuestras hijas e hijos, pero ahora se le da más importancia a la crianza y a la educación desde la primera infancia porque queremos conseguir un desarrollo óptimo de nuestra descendencia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Teresa Jurado</span>
                                        <span>—</span> catedrática de Sociología (UNED)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;La mayor&iacute;a de las familias no tienen un gran patrimonio que heredar directamente a sus hijas e hijos, sino que la herencia pasa necesariamente por conseguir las m&aacute;ximas credenciales educativas posibles, distinguirse de otras personas e intentar aprovechar las redes sociales para que la pr&oacute;xima generaci&oacute;n pueda reproducir nuestro estatus social&rdquo;, se&ntilde;ala Jurado.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es una crianza atravesada por la l&oacute;gica del rendimiento. <a href="https://www.eldiario.es/nidos/ninos-hiperocupados-poner-limite-extraescolares-espera-sigan-ritmo-propio-adultos_1_12681996.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Extraescolares</a>, deportes, actividades culturales, cumplea&ntilde;os tematizados, planes de fin de semana, talleres de cocina o campamentos urbanos. La infancia se llena de est&iacute;mulos mientras los adultos intentan sostenerlo todo sin dejar caer el trabajo, la pareja, el cuerpo ni la econom&iacute;a dom&eacute;stica.
    </p><h2 class="article-text">El trabajo entra en casa</h2><p class="article-text">
        La sensaci&oacute;n de pobreza de tiempo no nace &uacute;nicamente de la autoexigencia. Tambi&eacute;n tiene una dimensi&oacute;n material muy concreta. &ldquo;En Espa&ntilde;a tenemos un problema a&ntilde;adido que son las largas jornadas en muchos empleos, la difusi&oacute;n de la larga jornada interrumpida por una pausa de una a dos horas de tiempo para comer y horarios comerciales muy amplios y con cierre tard&iacute;o&rdquo;, explica Jurado. &ldquo;A esto se une en las grandes ciudades largos tiempos de desplazamiento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La soci&oacute;loga recuerda adem&aacute;s que muchas personas encadenan empleos parciales involuntarios o realizan horas extra constantes. &ldquo;En definitiva, de promedio en Espa&ntilde;a se trabajan m&aacute;s horas que en otros pa&iacute;ses europeos y los horarios no favorecen la conciliaci&oacute;n del empleo con la vida personal y familiar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, el tiempo compartido con los hijos acaba contaminado por la sensaci&oacute;n de urgencia. El trabajo ya no se queda en la oficina; vibra en el bolsillo, aparece en una notificaci&oacute;n de Slack durante el ba&ntilde;o de los ni&ntilde;os o se cuela en la mente mientras se prepara la ba&ntilde;era.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La necesidad de <a href="https://www.eldiario.es/economia/empresas-saltan-desconexion-digital-han-llamado-tanatorio_1_11366279.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desconexi&oacute;n digital</a> es patente y afecta a madres y padres, pero estos se sienten imprescindibles en las empresas&rdquo;, afirma Jurado. &ldquo;Para construir un v&iacute;nculo emocional y un apego seguro con sus criaturas los padres necesitan pasar tiempo con ellos, pero un tiempo de escucha atenta a sus necesidades y deseos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La disponibilidad absoluta que exige el mercado laboral termina chocando directamente con la vida familiar. &ldquo;La disponibilidad total para la empresa es el mayor enemigo de la crianza y tambi&eacute;n de una vida equilibrada y sana cuando no se est&aacute; criando&rdquo;, resume la soci&oacute;loga.
    </p><h2 class="article-text">Presencia en las cosas peque&ntilde;as</h2><p class="article-text">
        La psiquiatra y psicoterapeuta Mar&iacute;a Velasco, autora de<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-criar-con-salud-mental/375986" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-criar-con-salud-mental/375986" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Criar en salud mental</em></a><em> </em>(Paid&oacute;s, 2023), cree que el problema no es &uacute;nicamente la cantidad de tiempo, sino tambi&eacute;n la calidad de la atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El tema est&aacute; en que como estamos tan pendientes de tantas cosas, estamos en la multitarea, los padres y las madres no nos fijamos en los detalles, no podemos disfrutar y conocer bien a nuestros hijos y a las personas se las conoce en los detalles&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Las relaciones de confianza se construyen con tiempo y con la presencia en las cosas pequeñas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Velasco</span>
                                        <span>—</span> psiquiatra y autora de &#039;Criar en salud mental&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Velasco habla de una crianza donde faltan los espacios de tiempo vac&iacute;os. &ldquo;Ver c&oacute;mo juegan, qu&eacute; les gusta, tener tiempo para que surjan las conversaciones importantes, pero lo que no puede ser es que tengamos cinco minutos en el coche, mientras vamos a una extraescolar, para que el ni&ntilde;o nos cuente su vida, los problemas que tiene y ya est&aacute;. Es decir,<strong> </strong>las relaciones de confianza se construyen con tiempo y con la presencia en las cosas peque&ntilde;as&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la psiquiatra, la multitarea permanente tiene consecuencias emocionales visibles. &ldquo;El trabajo se nos mete en casa y estamos en una multitarea y una exigencia muy grande que impide que podamos tener la cabeza lo suficientemente vac&iacute;a como para poder conectar con nuestros hijos&rdquo;. El resultado, a&ntilde;ade, son &ldquo;ni&ntilde;os m&aacute;s fr&aacute;giles, con un sentimiento de seguridad menor y tambi&eacute;n muy invadidos por el mundo adulto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No podemos construir un v&iacute;nculo seguro si nuestra presencia solamente es f&iacute;sica&rdquo;, advierte Velasco. &ldquo;Porque el v&iacute;nculo necesita de conexi&oacute;n, de que yo te vea, de que interprete tus caras, tus miradas, tus juegos y tu tono de voz&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La trampa de querer hacerlo todo bien</h2><p class="article-text">
        A esta fragmentaci&oacute;n se suma otro elemento especialmente contempor&aacute;neo: la obsesi&oacute;n por la felicidad infantil. Durante d&eacute;cadas bastaba con alimentar, cuidar y sacar adelante a los hijos. Ahora parece necesario garantizarles bienestar emocional permanente, autoestima alta, experiencias enriquecedoras y una infancia &lsquo;perfecta&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Para Velasco, esa idea se ha convertido en una fuente constante de ansiedad. &ldquo;La obsesi&oacute;n por la felicidad, por la de nuestros hijos y por la nuestra, es un eslogan de marketing&rdquo;, afirma. &ldquo;Realmente lo que hace es vender productos, crearnos necesidades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia de esta idea es una sensaci&oacute;n de culpa imposible de satisfacer. Siempre falta algo. M&aacute;s tiempo, m&aacute;s paciencia, m&aacute;s actividades, m&aacute;s presencia. &ldquo;La culpa es una emoci&oacute;n muy tramposa que realmente no sirve de mucho porque nos bloquea&rdquo;, se&ntilde;ala la psiquiatra. &ldquo;Nos aumenta una exigencia que en estos tiempos como padres y madres ya tenemos disparada porque queremos llegar a todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Velasco insiste en que la crianza necesita renunciar a determinadas cosas. &ldquo;Tenemos que poder saber que el estar al 100% con nuestros hijos no es una realidad posible. Que lo importante es estar <em>suficientemente</em> con nuestros hijos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;suficientemente&rdquo; incluye aceptar que muchas veces el v&iacute;nculo se construye en espacios aparentemente insignificantes: cocinar juntos, caminar al colegio, doblar ropa mientras un ni&ntilde;o cuenta una historia interminable, comer sin pantallas de por medio&hellip;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando pasas tiempo con tus hijos, tiempo de enfados, de comidas, de recetas, de acompa&ntilde;arles, de escucharles, de no estar de acuerdo&hellip; Todo ese tiempo vale&rdquo;, explica Velasco. &ldquo;Porque en todo ese tiempo pasa lo que pasa de verdad en una relaci&oacute;n humana&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando estamos cansados entramos en modo de supervivencia. Funcionamos con un piloto automático que nos aleja mucho de poder observar los matices de nuestros hijos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">María Velasco</span>
                                        <span>—</span> psiquiatra y autora de &#039;Criar en salud mental&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">La atenci&oacute;n como &uacute;ltimo refugio</h2><p class="article-text">
        Quiz&aacute; es aqu&iacute; donde est&aacute; la gran paradoja del tiempo confeti. Nunca hab&iacute;amos organizado tanto la vida alrededor de nuestros hijos y, al mismo tiempo, nunca hab&iacute;a resultado tan dif&iacute;cil estar verdaderamente presentes.
    </p><p class="article-text">
        El agotamiento tampoco ayuda. &ldquo;Cuando estamos cansados entramos en modo de supervivencia&rdquo;, apunta Velasco. &ldquo;Funcionamos con un piloto autom&aacute;tico que nos aleja mucho de poder observar los matices de nuestros hijos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La psiquiatra cree que proteger la atenci&oacute;n deber&iacute;a convertirse en una prioridad colectiva, no solo individual. &ldquo;Deber&iacute;amos empezar a considerar la desconexi&oacute;n digital como una medida de salud mental generalizada&rdquo;, sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Jurado coincide en que el problema no se resolver&aacute; &uacute;nicamente con consejos de organizaci&oacute;n personal o aplicaciones de bienestar. Hace falta una transformaci&oacute;n estructural. Jornadas laborales m&aacute;s cortas, horarios racionales, derecho efectivo a la conciliaci&oacute;n y l&iacute;mites claros a la hiperdisponibilidad digital. &ldquo;Hay que reivindicar en los puestos de trabajo horarios racionales y desconexi&oacute;n digital fuera del horario laboral&rdquo;, resume la soci&oacute;loga con una llamada a la acci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/trampa-tiempo-confeti-pasamos-horas-hijos-culpa_1_13229157.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 May 2026 19:34:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La trampa del "tiempo confeti": pasamos más horas que nunca con nuestros hijos, pero con más culpa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crianza,Madres,Padres,Conciliación,familias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qué quiere decir que un niño se porte siempre bien, según una psicóloga: "Todas las emociones cumplen su función"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/quiere-decir-nino-porte-psicologa-emociones-cumplen-funcion-xp_1_13221903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d4bc2d20-4f07-4047-b69b-e32ea206d64a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143003.jpg" width="6000" height="3375" alt="Qué quiere decir que un niño se porte siempre bien, según una psicóloga: &quot;Todas las emociones cumplen su función&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cualquier proceso de autocensura emocional puede parecer efectivo a corto plazo, pero debilita el desarrollo de la identidad y la autoestima</p><p class="subtitle">Un psicólogo infantil plantea las claves a tener en cuenta si te estás planteando que tu hijo vaya solo al colegio </p></div><p class="article-text">
        Para algunos padres, unos de los mayores halagos que pueden decirles acerca de su hijo es que siempre se porta bien: no molesta, no discute, no tiene rabietas, todo le va bien... No nos gusta, en cambio, rega&ntilde;ar a nuestros hijos porque se portan mal, nos avergonzamos y, adem&aacute;s, es f&aacute;cil juzgar a otras personas cuyos hijos son ruidosos, se quejan o no paran quietos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si bien la mayor&iacute;a de padres coincidir&iacute;an en que unos hijos que siempre se portan bien y se esfuerzan al m&aacute;ximo ser&iacute;a algo casi maravilloso, tener un hijo que excesivamente obediente y que hace todo lo que dicen los adultos, es f&aacute;cil y c&oacute;modo, pero el objetivo de la crianza no es precisamente ese, sino educarlos para que se conviertan en adultos sanos.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Es normal que un ni&ntilde;o no se enfade nunca?</h2><p class="article-text">
        Las rabietas no son agradables. Pero es que a veces los ni&ntilde;os se portan mal. &ldquo;El enfado forma parte de nuestro repertorio emocional y, en la infancia, es una de las emociones m&aacute;s habituales&rdquo;, reconoce Carmen Marco Llana, psic&oacute;loga Infantil y Juvenil en <a href="https://www.aprendert.es/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">AprenderT</a>. Como padres, la principal labor es ense&ntilde;arles a gestionar y regular sus emociones e impulsos, no reprimirlos porque nos averg&uuml;encen.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todas las emociones cumplen su funci&oacute;n, sirven para algo. En el caso del enfado, es la forma en la que marcamos l&iacute;mites y expresamos lo que nos molesta&rdquo;, afirma Marco, que matiza que el enfado en los ni&ntilde;os es saludable y necesario, forma parte de su desarrollo y aprendizaje.
    </p><p class="article-text">
        La labor de los padres y adultos es ayudarlos a superarlos, no presionarlos para que se adapten y repriman sus emociones, ni a&ntilde;adirles verg&uuml;enza ni autodesprecio. &iquest;Qu&eacute; ocurre cuando un ni&ntilde;o no se enfada? Todo lo contrario: puede indicar que &ldquo;tiene dificultades en la regulaci&oacute;n emocional o se encuentra muy inhibido y bloqueado ante los conflictos&rdquo;, aclara Marco.
    </p><p class="article-text">
        Todo comportamiento es una forma de comunicaci&oacute;n y, a veces, cuando los ni&ntilde;os se portan mal, es porque expresan algo que sienten. Como padres, que somos los referentes y los modelos a seguir de mayor impacto, &ldquo;nuestro comportamiento a veces puede influir en esa actitud m&aacute;s inhibida, sin que nosotros nos demos cuenta&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; hacemos para favorecer este comportamiento?</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Los estilos educativos poco flexibles, muy exigentes, centrados en el cumplimiento de las normas y con poca tolerancia al error suelen favorecer ni&ntilde;os excesivamente obedientes&rdquo;, afirma Marco. Es decir, solemos premiar a los ni&ntilde;os que dan &lsquo;pocos problemas&rsquo;, &ldquo;que son perfectos o que siempre hagan caso, y ellos entienden que eso es lo que los hace merecer cari&ntilde;o y aprobaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ni&ntilde;o aprende que, para ser amado, debe reprimir sus emociones desbordantes: tristeza, cansancio, ira y frustraci&oacute;n, entre otros.&nbsp;Este proceso de autocensura emocional puede parecer efectivo a corto plazo, pero debilita el desarrollo de la identidad y la autoestima y crea una creciente distancia entre lo que siente y lo que muestra. &ldquo;A largo plazo, esto puede traducirse en adultos poco asertivos, con dificultades para expresar e identificar sus emociones y, posiblemente, baja autoestima&rdquo;, advierte Marco.
    </p><p class="article-text">
        Los ni&ntilde;os pueden comportarse de formas desagradables o inapropiadas (golpear, gritar, exigir&hellip;), comportamientos que, aunque sean desadaptativos en s&iacute; mismos, las emociones y necesidades que los motivan son perfectamente leg&iacute;timas y aceptables. El resto reside en ver m&aacute;s all&aacute; de lo evidente: conectar con las necesidades de los ni&ntilde;os.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Un ni&ntilde;o tranquilo no es lo mismo que uno excesivamente obediente</h2><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; se diferencia un ni&ntilde;o tranquilo con este comportamiento? Un ni&ntilde;o puede ser tranquilo, cooperativo y poco conflictivo, y estar perfectamente bien. La obediencia sistem&aacute;tica, sin embargo, sin resistencia, sin negociaci&oacute;n, sin decir jam&aacute;s &lsquo;no&rsquo;, merece ser cuestionada, no celebrada. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un ni&ntilde;o excesivamente obediente se bloquea ante el conflicto y lo evita, suele tener una actitud sumisa y complaciente ante los dem&aacute;s y busca agradar siempre. El ni&ntilde;o tranquilo suele mostrar su enfado o malestar de forma espont&aacute;nea y generalmente regulada&rdquo;, aclara Marco.
    </p><p class="article-text">
        Diferenciar entre ambos comportamientos es clave. Para ello, Marco apunta algunas se&ntilde;ales a las que debemos prestar atenci&oacute;n y que son las que nos dicen que algo no va del todo bien:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Falta de quejas, incluso en situaciones poco justas para &eacute;l, como cuando le quitan un juguete de forma brusca y no busca ayuda ni lo reclama.</li>
                                    <li>Pedir aprobaci&oacute;n siempre ante situaciones de poca trascendencia.</li>
                                    <li>Expresar miedo ante el error o la equivocaci&oacute;n.</li>
                                    <li>Invalidar sus propias emociones con expresiones como &lsquo;no pasa nada&rsquo; o &lsquo;no es importante&rsquo;</li>
                            </ul>
            </div><h2 class="article-text">C&oacute;mo ayudar a un ni&ntilde;o muy obediente a expresar lo que siente</h2><p class="article-text">
        La verdadera esencia de la infancia es moverse, trepar, gritar, lanzar, llorar, re&iacute;r&hellip; Este es el aut&eacute;ntico derecho que todos deber&iacute;an poseer y valorar, as&iacute; es como la experiencia contribuye al desarrollo del cerebro y del individuo. Y, aunque a todos los padres les gustar&iacute;a que sus hijos se comportaran como adultos maduros e inteligentes, su edad precisamente hace imposible un comportamiento l&oacute;gico, estable y moralmente coherente.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces es importante ajustar las expectativas: no es razonable esperar que se comporten bien en todas las circunstancias. Porque es normal que un ni&ntilde;o a los dos a&ntilde;os diga siempre que no; a los cinco a&ntilde;os, que negocie; a los ocho a&ntilde;os, que discuta; a los 12, que lo cuestione todo; y a los 16, que desaf&iacute;e. Cada una de estas formas surge del mismo impulso: reafirmarse como persona, pensar por s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Privados de todas estas experiencias, nos estancamos y retrocedemos. &iquest;C&oacute;mo podemos ayudar a un ni&ntilde;o excesivamente obediente? &ldquo;Algo que ayuda much&iacute;simo es validar todas las emociones, especialmente las que generan malestar, como el enfado&rdquo;, explica Marco. Es clave tambi&eacute;n &ldquo;reforzar los esfuerzos que hace por conseguir algo y no solo el resultado final: valorar al ni&ntilde;o por c&oacute;mo es y no por c&oacute;mo se comporta&rdquo;, matiza Marco.
    </p><p class="article-text">
        Para la especialista, es importante &ldquo;evitar expresiones como &lsquo;portarse bien o mal&rsquo; y sustituirlas por la descripci&oacute;n de los comportamientos que han sido adecuados o inadecuados, por ejemplo, &lsquo;me ha gustado mucho que has sido responsable recogiendo tu habitaci&oacute;n&rsquo; o &lsquo;ya sabes que en la mesa hay que comer sentado y t&uacute; lo has hecho de pie&rsquo;&rdquo;, reconoce Marco, que concluye que es muy necesario &ldquo;ir dando el modelo de c&oacute;mo poder resolver determinadas situaciones, por ejemplo, en un conflicto con un amigo en el parque&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Chavarrías]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/quiere-decir-nino-porte-psicologa-emociones-cumplen-funcion-xp_1_13221903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 May 2026 11:59:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Qué quiere decir que un niño se porte siempre bien, según una psicóloga: "Todas las emociones cumplen su función"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,familia,Crianza,Educación,Psicología]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El efecto “soy yo” de ‘Yo siempre a veces’: el desgarro de la maternidad precaria con el que se identifican muchas mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/efecto-veces-desgarro-maternidad-precaria-identifican-mujeres_1_13222245.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21b28b78-2d20-4482-b3a1-7836b6ddc685_16-9-discover-aspect-ratio_default_1143032.jpg" width="849" height="477" alt="El efecto “soy yo” de ‘Yo siempre a veces’: el desgarro de la maternidad precaria con el que se identifican muchas mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La serie escrita por Marta Bassols y Marta Loza para Movistar Plus+ pone a la vista y en la conversación las distintas realidades con las que tropiezan hoy las madres</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        Chica conoce a chico, se enamoran en la noche barcelonesa y, en un arrebato de pasi&oacute;n, deciden tener un hijo. As&iacute; empieza <a href="https://www.eldiario.es/vertele/analisis/critica-yo-siempre-a-veces-serie-movistar-plus-los-javis-precariedad-madre-soltera-sostiene-series-humanas_1_13162860.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Yo siempre a veces</em></a>, la serie escrita por Marta Bassols y Marta Loza y producida por Suma Content (los Javis) para Movistar Plus+ que acaba de hacerse con el premio al mejor guion en Cannes.
    </p><p class="article-text">
        En el segundo cap&iacute;tulo, el romanticismo, igual que el ciego, bajan. Y Laura se ve sola cuidando a su beb&eacute;, lejos del empleo que ha dejado, por amor, en Berl&iacute;n. Rub&eacute;n, sin embargo, no ha abandonado sus costumbres: sigue viviendo como si ahora no tuviese una familia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es en ese punto donde la trama se tensa: la protagonista, una madre joven y precaria, ir&aacute;<strong> </strong>de casa en casa, de trabajo en trabajo, tratando de sostenerse a ella y a su beb&eacute; en una ficci&oacute;n que tiene mucho de verdad. Tanto que son numerosas las mujeres que se sienten identificadas con ella: &ldquo;Una piensa que ya no puede leer m&aacute;s sobre maternidad ni ver m&aacute;s pel&iacute;culas ni saber nada m&aacute;s porque ahora est&aacute; en otra cosa (las citas, todas terribles, por cierto, el pilates, el cuerpo, <a href="https://www.eldiario.es/nidos/sale-despuerperio-momento-increible-madres-empezamos-soltar_129_13152924.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el despuerperio</a>), pero viene Laura con su soledad y su precariedad tan parecidas a la m&iacute;a y recuerdo, as&iacute; de repente, que soy una madre criando sola a mi hijo 24/7 y sin sueldo estable&rdquo;, escrib&iacute;a la escritora Carmen G. de la Cueva en <a href="https://www.instagram.com/p/DXrlf2bDOxV/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su perfil de Instagram</a>.
    </p><p class="article-text">
        Ella, que se separ&oacute; cuando su criatura ten&iacute;a dos a&ntilde;os, cuenta que vivi&oacute; una situaci&oacute;n muy parecida a la de Laura. Pero es que incluso quienes han tenido a su hijo con una pareja corresponsable han sentido esa sensaci&oacute;n de &ldquo;soy yo&rdquo; mirando la televisi&oacute;n: &ldquo;Nunca me hab&iacute;a sentido tan identificada con el v&iacute;nculo que se muestra en pantalla entre el beb&eacute; y esa mam&aacute; hecha un l&iacute;o que siente que ella tambi&eacute;n es todav&iacute;a una ni&ntilde;a que necesita que la cuiden. Nunca hab&iacute;a visto escenas tan naturales y exactas sobre c&oacute;mo funciona de verdad la lactancia materna y c&oacute;mo son las tetas de una mujer que est&aacute; dando de mamar, c&oacute;mo es compartir cama y todo tu cuerpo con un ser vulnerable que depende por entero de tu calor&rdquo;, escribe por su parte la periodista Carmen G. Magdaleno en <a href="https://www.instagram.com/p/DXkWZDDDNLm/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un </a><a href="https://www.instagram.com/p/DXkWZDDDNLm/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>post</em></a>.
    </p><p class="article-text">
        Esa exactitud proviene de la experiencia de Bassols, que tambi&eacute;n fue madre joven; de Ana Boga, la actriz que, en su propio posparto, interpreta a Laura (es su primer papel). E incluso de Ginesta Guindal, una de las directoras, que rod&oacute; la serie con su beb&eacute; de meses &ldquo;colgando de la teta&rdquo;, como ella misma afirma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El rodaje, de hecho, estaba repleto de criaturas gracias a la voluntad de Suma Content: &ldquo;La productora asum&iacute;a que, a menudo, tambi&eacute;n ten&iacute;an que transportar a mi hija y a su acompa&ntilde;ante (padre, abuelos&hellip;). Los espacios de trabajo eran <em>babyfriendly</em>: llantos bienvenidos, pausas para cambiar una caca, pecho en lecturas de guion. Manos y miradas amigas siempre. Me permitieron hacer <em>online </em>todas las cosas que realmente se pueden hacer <em>online</em>. Los horarios de la pre nunca fueron una locura. Pero sobre todo me hicieron sentir menos desbordada, m&aacute;s acompa&ntilde;ada y comprendida, y sin tener que ir pidiendo perd&oacute;n por tener una beb&eacute; lactante y dependiente&rdquo;, <a href="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuenta</a>. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="instagram-media" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" data-instgrm-version="14" style=" background:#FFF; border:0; border-radius:3px; box-shadow:0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width:540px; min-width:326px; padding:0; width:99.375%; width:-webkit-calc(100% - 2px); width:calc(100% - 2px);"><div style="padding:16px;"> <a href="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" background:#FFFFFF; line-height:0; padding:0 0; text-align:center; text-decoration:none; width:100%;" target="_blank"> <div style=" display: flex; flex-direction: row; align-items: center;"> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 40px; margin-right: 14px; width: 40px;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: column; flex-grow: 1; justify-content: center;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; margin-bottom: 6px; width: 100px;"></div> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 4px; flex-grow: 0; height: 14px; width: 60px;"></div></div></div><div style="padding: 19% 0;"></div> <div style="display:block; height:50px; margin:0 auto 12px; width:50px;"><svg width="50px" height="50px" viewBox="0 0 60 60" version="1.1" xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" xmlns:xlink="https://www.w3.org/1999/xlink"><g stroke="none" stroke-width="1" fill="none" fill-rule="evenodd"><g transform="translate(-511.000000, -20.000000)" fill="#000000"><g><path d="M556.869,30.41 C554.814,30.41 553.148,32.076 553.148,34.131 C553.148,36.186 554.814,37.852 556.869,37.852 C558.924,37.852 560.59,36.186 560.59,34.131 C560.59,32.076 558.924,30.41 556.869,30.41 M541,60.657 C535.114,60.657 530.342,55.887 530.342,50 C530.342,44.114 535.114,39.342 541,39.342 C546.887,39.342 551.658,44.114 551.658,50 C551.658,55.887 546.887,60.657 541,60.657 M541,33.886 C532.1,33.886 524.886,41.1 524.886,50 C524.886,58.899 532.1,66.113 541,66.113 C549.9,66.113 557.115,58.899 557.115,50 C557.115,41.1 549.9,33.886 541,33.886 M565.378,62.101 C565.244,65.022 564.756,66.606 564.346,67.663 C563.803,69.06 563.154,70.057 562.106,71.106 C561.058,72.155 560.06,72.803 558.662,73.347 C557.607,73.757 556.021,74.244 553.102,74.378 C549.944,74.521 548.997,74.552 541,74.552 C533.003,74.552 532.056,74.521 528.898,74.378 C525.979,74.244 524.393,73.757 523.338,73.347 C521.94,72.803 520.942,72.155 519.894,71.106 C518.846,70.057 518.197,69.06 517.654,67.663 C517.244,66.606 516.755,65.022 516.623,62.101 C516.479,58.943 516.448,57.996 516.448,50 C516.448,42.003 516.479,41.056 516.623,37.899 C516.755,34.978 517.244,33.391 517.654,32.338 C518.197,30.938 518.846,29.942 519.894,28.894 C520.942,27.846 521.94,27.196 523.338,26.654 C524.393,26.244 525.979,25.756 528.898,25.623 C532.057,25.479 533.004,25.448 541,25.448 C548.997,25.448 549.943,25.479 553.102,25.623 C556.021,25.756 557.607,26.244 558.662,26.654 C560.06,27.196 561.058,27.846 562.106,28.894 C563.154,29.942 563.803,30.938 564.346,32.338 C564.756,33.391 565.244,34.978 565.378,37.899 C565.522,41.056 565.552,42.003 565.552,50 C565.552,57.996 565.522,58.943 565.378,62.101 M570.82,37.631 C570.674,34.438 570.167,32.258 569.425,30.349 C568.659,28.377 567.633,26.702 565.965,25.035 C564.297,23.368 562.623,22.342 560.652,21.575 C558.743,20.834 556.562,20.326 553.369,20.18 C550.169,20.033 549.148,20 541,20 C532.853,20 531.831,20.033 528.631,20.18 C525.438,20.326 523.257,20.834 521.349,21.575 C519.376,22.342 517.703,23.368 516.035,25.035 C514.368,26.702 513.342,28.377 512.574,30.349 C511.834,32.258 511.326,34.438 511.181,37.631 C511.035,40.831 511,41.851 511,50 C511,58.147 511.035,59.17 511.181,62.369 C511.326,65.562 511.834,67.743 512.574,69.651 C513.342,71.625 514.368,73.296 516.035,74.965 C517.703,76.634 519.376,77.658 521.349,78.425 C523.257,79.167 525.438,79.673 528.631,79.82 C531.831,79.965 532.853,80.001 541,80.001 C549.148,80.001 550.169,79.965 553.369,79.82 C556.562,79.673 558.743,79.167 560.652,78.425 C562.623,77.658 564.297,76.634 565.965,74.965 C567.633,73.296 568.659,71.625 569.425,69.651 C570.167,67.743 570.674,65.562 570.82,62.369 C570.966,59.17 571,58.147 571,50 C571,41.851 570.966,40.831 570.82,37.631"></path></g></g></g></svg></div><div style="padding-top: 8px;"> <div style=" color:#3897f0; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:550; line-height:18px;">Ver esta publicación en Instagram</div></div><div style="padding: 12.5% 0;"></div> <div style="display: flex; flex-direction: row; margin-bottom: 14px; align-items: center;"><div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(0px) translateY(7px);"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; height: 12.5px; transform: rotate(-45deg) translateX(3px) translateY(1px); width: 12.5px; flex-grow: 0; margin-right: 14px; margin-left: 2px;"></div> <div style="background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; height: 12.5px; width: 12.5px; transform: translateX(9px) translateY(-18px);"></div></div><div style="margin-left: 8px;"> <div style=" background-color: #F4F4F4; border-radius: 50%; flex-grow: 0; height: 20px; width: 20px;"></div> <div style=" width: 0; height: 0; border-top: 2px solid transparent; border-left: 6px solid #f4f4f4; 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margin-bottom:0; margin-top:8px; overflow:hidden; padding:8px 0 7px; text-align:center; text-overflow:ellipsis; white-space:nowrap;"><a href="https://www.instagram.com/p/DX8kTOMjBTo/?utm_source=ig_embed&amp;utm_campaign=loading" style=" color:#c9c8cd; font-family:Arial,sans-serif; font-size:14px; font-style:normal; font-weight:normal; line-height:17px; text-decoration:none;" target="_blank">Una publicación compartida de Ginesta (@ginesta)</a></p></div></blockquote>
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    </figure><h2 class="article-text">&iquest;Tener un beb&eacute; solo por amor, en esta econom&iacute;a?</h2><p class="article-text">
        Todo eso es justo lo que le falta a Laura en la serie, y a tantas madres en la realidad. A su empleo en una tienda de electrodom&eacute;sticos no puede llevar a su hijo, claro; m&aacute;s tarde, cuando una amiga la contrata como camarera, se ve obligada a tenerlo con ella algunas veces, pero r&aacute;pidamente le advierten de que aquello no puede durar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al final <em>(spoiler), </em>la protagonista se ve obligada a mudarse de vuelta a Berl&iacute;n. A alejarse de familia y amigos, esos que (especialmente, en la cultura mediterr&aacute;nea) se da por hecho que ser&aacute;n sost&eacute;n. Se dirige hacia el &uacute;nico lugar donde su hijo no estorba, sino todo lo contrario: la misma empresa, adem&aacute;s de un sueldo decente, le ofrece una guarder&iacute;a en la que dejar a Mario mientras desempe&ntilde;a su cargo en un festival de m&uacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo all&iacute; fui all&iacute; a pedir trabajo con la ni&ntilde;a puesta y en lugar de pensar &lsquo;bueno, si no la puede dejar ni para venir a buscar curro, &iquest;c&oacute;mo se lo vamos a dar?'. Pues enseguida me emplearon&rdquo;, recuerda Bassols. &ldquo;Es un estado mental. Los alemanes, en lugar de considerar que el hecho de que tengas hijos va a ser un problema para la empresa, lo que consideran es que mejor te emplean a ti que los tienes, que te har&aacute; m&aacute;s falta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a esta concepci&oacute;n y a las ayudas p&uacute;blicas destinadas a apoyar el bienestar de las familias, durante los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os aproximadamente, el &iacute;ndice de fecundidad en el pa&iacute;s se mantuvo en alrededor de 1,5 hijos por mujer. Es una tasa, eso s&iacute;, que est&aacute; cayendo desde 2022 por causas que las autoridades atribuyen al envejecimiento de la poblaci&oacute;n, al retraso de la maternidad y a la creciente inseguridad econ&oacute;mica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, de hecho, la tasa de natalidad lleva desde la crisis de 2008 siendo una de las m&aacute;s bajas de Europa, y desde 2020 se sit&uacute;a directamente a la cola, solo por detr&aacute;s de Malta. La imposibilidad de acceder al mercado de alquiler y compra de viviendas, la precariedad laboral y la falta de incentivos a la natalidad se suelen mencionar como las razones m&aacute;s poderosas detr&aacute;s de esta cifra. Un ejemplo ilustrativo: en 2023, Alemania fue el pa&iacute;s que m&aacute;s gast&oacute; en ayudas a las familias (un 3,5% del PIB). El mismo a&ntilde;o, Espa&ntilde;a <a href="https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Social_protection_statistics_-_family_and_children_benefits" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">invirti&oacute; el 1,4%</a>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Es un estado mental. Los alemanes, en lugar de considerar que el hecho de que tengas hijos va a ser un problema para la empresa, lo que consideran es que mejor te emplean a ti que los tienes, que te hará más falta</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marta Bassols</span>
                                        <span>—</span> cocreadora de &#039;Yo siempre a veces&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Loza y Bassols, no es porque nos falten ganas de maternar. De hecho, ellas conocen a muchas parejas que han sido padres sencillamente porque les apetec&iacute;a, sin esperar a que se diera toda esa bater&iacute;a de exigencias que parece ineludible cumplir antes de hacerlo: tener un empleo estable, una casa, una pareja con un v&iacute;nculo fuerte. Frente a esto, que se podr&iacute;a decir que es la norma, el beb&eacute; que tienen Rub&eacute;n y Laura solo por amor durante su juventud se siente no solo anacr&oacute;nico, sino casi irresponsable.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En realidad, nunca se re&uacute;nen las condiciones materiales, morales o sociales perfectas. La maternidad es una sacudida; la vida, en realidad, lo es. Todo puede cambiar en cualquier momento. Por eso la serie se llama <em>Yo siempre a veces</em>. No est&aacute;s m&aacute;s preparado si tienes las condiciones que se supone que tienes que tener. A Laura, por ejemplo, le faltan los recursos materiales, pero nunca las ganas de estar con su criatura. Y a otras personas que quiz&aacute;s tienen los recursos materiales, les sobran sus criaturas; las intentan colocar todo el rato en mil actividades porque no tienen tiempo de estar con ellas o porque todav&iacute;a no est&aacute;n preparadas para dejar de hacer cosas que corresponden a su vida individual anterior. Nos parec&iacute;a interesante esta contradicci&oacute;n&rdquo;, explica Bassols.
    </p><h2 class="article-text">El problema de ser madre joven, y de no serlo</h2><p class="article-text">
        En el segundo cap&iacute;tulo de la d&eacute;cima temporada de <em>La vida secreta de las madres</em>, el p&oacute;dcast de Pao Roig y Andrea Ros, esta &uacute;ltima confiesa que, cuando se qued&oacute; embarazada con 24 a&ntilde;os, la gente no sab&iacute;a c&oacute;mo tom&aacute;rselo: si darle la enhorabuena o el p&eacute;same.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ibone Olza, probablemente la psiquiatra infantil y perinatal m&aacute;s conocida del pa&iacute;s, abundaba en esta idea como invitada del cap&iacute;tulo: la experta considera un aut&eacute;ntico fracaso social que las mujeres que quieren ser madres no puedan hacerlo cuando en realidad son f&eacute;rtiles, teniendo luego que enfrentarse a problemas de esterilidad (y, con ello, a las pr&aacute;cticas poco transparentes, y poco asequibles, de muchas cl&iacute;nicas de fertilidad).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tendencia se agudiza cada vez m&aacute;s, hasta el punto de que en Espa&ntilde;a ya se producen <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/MNP2024.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s partos de madres de 40 a&ntilde;os</a> o m&aacute;s que de mujeres menores de 25. A principios de la d&eacute;cada pasada, sin embargo, la maternidad a partir de los 40 era minoritaria.
    </p><h2 class="article-text">En busca de la pareja perfecta</h2><p class="article-text">
        Aunque a Laura le basta un flechazo para poner su familia en marcha, en t&eacute;rminos generales, el acceso en mayor medida de la mujer al mercado de trabajo y una creciente conciencia feminista aplicada a las relaciones hace que ellas se piensen muy bien con qui&eacute;n tener un hijo. Basta un <a href="https://www.inmujeres.gob.es/actualidad/noticias/2025/MapaDeCuidados.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dato del Ministerio de Igualdad</a> para entender por qu&eacute;: &ldquo;Las mujeres dedican, de media, el doble de horas semanales que los hombres al trabajo de cuidados y tareas del hogar, lo que limita su acceso al mercado laboral, al ocio y al tiempo libre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ante este panorama, hay incluso quienes deciden no procrear. O, m&aacute;s ampliamente, no verse envueltas en relaciones heterosexuales, como defienden las <em>femcel</em> o quienes se adscriben al movimiento 4B en Corea: no matrimonio, no citas, no sexo y no hijos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no hay f&oacute;rmulas m&aacute;gicas: como explica Bassols, incluso cuando una pareja est&aacute; bien establecida, la maternidad puede pasarle por encima: &ldquo;Tanto en la crianza de mi hija mayor como en la de mi hija peque&ntilde;a, v&iacute;nculos muy s&oacute;lidos, de mucha duraci&oacute;n, se han tambaleado y se han roto, o no, pero han tenido que superar crisis muy severas que han implicado precariedades, consideraciones que no hab&iacute;an tenido antes. La maternidad es un terremoto importante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de Laura, ese terremoto la deja sola a nivel operativo: en una de las escenas m&aacute;s duras de la serie, desesperada, va a buscar alg&uacute;n tipo de ayuda social por ser madre soltera, pero como el padre de la criatura tiene una casa en propiedad &ndash;aunque ella y el ni&ntilde;o no vivan en ella y &eacute;l no le pase dinero alguno para la manutenci&oacute;n&ndash;, no le corresponde nada. El desamparo a nivel estatal es absoluto.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="“En realidad, nunca se reúnen las condiciones materiales, morales o sociales perfectas. La maternidad es una sacudida; la vida, en realidad, lo es. Todo puede cambiar en cualquier momento&quot;."
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                “En realidad, nunca se reúnen las condiciones materiales, morales o sociales perfectas. La maternidad es una sacudida; la vida, en realidad, lo es. Todo puede cambiar en cualquier momento&quot;.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Amigas y crianza colectiva</h2><p class="article-text">
        Pese a que lo intenta, tampoco la familia de Laura puede ayudarla: mientras que en Espa&ntilde;a <a href="https://cms.aldeasinfantiles.es/uploads/2023/07/Abuelos-y-crianza.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 35% de las personas</a> mayores de 65 a&ntilde;os cuida de sus nietos varios d&iacute;as por semana, sus padres a&uacute;n trabajan y no pueden ocuparse del ni&ntilde;o mientras ella hace lo propio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es otro aspecto de la precariedad a la que se enfrenta la joven: en pa&iacute;ses como el nuestro, en los que el Estado invierte poco en las familias, <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/ageing-and-society/article/abs/patterns-of-grandparental-child-care-across-europe-the-role-of-the-policy-context-and-working-mothers-need/FD999CE0803BE444D37D1A9CD69C7175" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">los cuidados recaen directamente en los abuelos</a>. Por si fuera poco, vivir con ellos deviene en imposible, debido, entre otras cosas, a que la protagonista y sus padres (como suele suceder hoy en d&iacute;a) tienen formas muy distintas de criar.
    </p><p class="article-text">
        Cuando sus amigas le ofrecen un peque&ntilde;o espacio en su casa, apelando al concepto de &lsquo;crianza comunitaria&rsquo;, muy en boga en ambientes progresistas, la cosa tampoco sale bien. Porque en una sociedad en la que ya rara vez se convive con ni&ntilde;os, en la que los grupos de amigas apenas coinciden a la hora de tener hijos (mientras que antes, llegada cierta edad, la mayor&iacute;a se dedicaba a la tarea de la reproducci&oacute;n), casi nadie sabe en realidad lo que implica convivir con una criatura.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La realidad de las madres es que, aun estando acompa&ntilde;adas y sostenidas y sobre todo en los primeros a&ntilde;os, nos sentimos muy solas. Vivimos en una sociedad en la que cada vez hay menos ni&ntilde;os: el 80% de mis amigas no tiene hijes. Para m&iacute; ha sido dur&iacute;simo&rdquo;, reconoce Gela, dj y profesora.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La realidad de las madres es que, aun estando acompañadas y sostenidas y sobre todo en los primeros años, nos sentimos muy solas. Vivimos en una sociedad en la que cada vez hay menos niños: el 80% de mis amigas no tiene hijes. Para mí ha sido durísimo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gela</span>
                                        <span>—</span> dj y profesora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Tuve a mi hijo poco antes de cumplir 29 a&ntilde;os. En ese momento <a href="https://www.eldiario.es/nidos/madre-30-prisa-reloj-biologico-soledad-falta-amigas-hijos_1_12204936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ninguna de mis amigas estaba en algo parecido</a>. Ellas sal&iacute;an, viajaban, estudiaban, cambiaban de trabajo, de pareja&hellip; Desde el embarazo ya me sent&iacute; un poco fuera, pero al nacer el beb&eacute; todo se me vino encima. Sent&iacute;a un amor inmenso y, al mismo tiempo, un miedo aterrador. Miedo a no saber criar a mi hijo, a fallar, a no volver a recuperar mi vida. No pod&iacute;a seguir haciendo lo que me gustaba (ir al cine, teatro, conciertos, tener una hora en silencio para escribir). Mis amigas estaban mucho al principio, pero luego no era capaz de seguirles el ritmo, evidentemente. Era como si, de repente, hubiera dejado de ser una mujer para ser una madre&rdquo;, cuenta la escritora Mar&iacute;a Guivernau.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; se siente tambi&eacute;n Laura, pese a las buenas intenciones de sus amigas. Al final, se ve obligada a abandonar tambi&eacute;n ese hogar por no ser adecuado para criar a un ni&ntilde;o. &ldquo;Todo el mundo en esta serie se est&aacute; enfrentando a un primer beb&eacute;. Todo el mundo est&aacute; aprendiendo a hacer las cosas. Est&aacute; aprendiendo Rub&eacute;n, est&aacute; aprendiendo Laura, est&aacute;n aprendiendo las amigas, los padres. Entonces, s&iacute;, las amigas se equivocan. Pero, en mi cabeza, despu&eacute;s de tres a&ntilde;os, ellas han aprendido a hacerlo mejor&rdquo;, reflexiona Bassols.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo s&iacute; veo a mi alrededor casos de crianza colectiva&rdquo;, explica Loza por su parte. &ldquo;No en plan esta idea tan romantizada de cuatro amigas viviendo con un beb&eacute;, pero s&iacute; que veo, especialmente entre personas separadas, familias extendidas, con amigas o familiares que est&aacute;n muy presentes. Sobre todo, si no tienen sus propios hijos y les apetece disfrutar de lo que es vivir en un entorno con ni&ntilde;os, que tiene sus cosas, pero que tambi&eacute;n tiene aspectos maravillosos&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La culpa de la mala madre</h2><p class="article-text">
        A las soledades de Laura se le suma una com&uacute;n a todas las madres: la de sentir que est&aacute; andando por una cuerda floja. En los brazos lleva el beb&eacute;, la casa, las relaciones, la econom&iacute;a, la exigencia enorme de ser madre en el siglo XXI. A ella, como a todas, le basta con un traspi&eacute; para ahogarse en culpa.
    </p><p class="article-text">
        Se ejemplifica en una escena sofocante, en la que la protagonista baja a tirar la basura y comprar una pizza, dejando al ni&ntilde;o unos minutos solo. A la vuelta, se da cuenta de que ha cogido las llaves incorrectas; el beb&eacute; est&aacute; en casa y ella no tiene forma de entrar.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;Es un terror com&uacute;n: &ldquo;Tengo varias amigas que son madres y, tras ver la serie, me han contado que ese es uno de sus mayores miedos: dejar al ni&ntilde;o solo un segundo y que pase algo as&iacute;&rdquo;, comenta Loza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero no solo por el horror real de que le suceda algo a la criatura: tambi&eacute;n a que se las juzgue como &ldquo;malas madres&rdquo;. Dice Bassols: &ldquo;El nivel de culpabilidad es tal que esa escena est&aacute; basada en algo que me pas&oacute; a m&iacute;, pero apenas he contado. Al padre de mi hija, de hecho, solo se lo he dicho ahora que ha visto la serie, casi 14 a&ntilde;os despu&eacute;s. Me daba terror que pudieran acusarme de mala madre y quitarme la custodia&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Un relato de la precariedad que va m&aacute;s all&aacute; de la maternidad</h2><p class="article-text">
        Frente a las creaciones culturales del hombre blanco cis, consideradas como lo global, lo hegem&oacute;nico, todo lo dem&aacute;s tiende a ser catalogado como &lsquo;lo ajeno&rsquo;: la literatura <em>queer</em>, el cine para mujeres. Pero ya hace tiempo que autoras tan relevantes como Rachel Cusk, Sheila Heti o Jenny Offill se revuelven contra estas etiquetas, considerando que lo femenino es tambi&eacute;n general. Que la maternidad es tambi&eacute;n uno de los grandes temas de la humanidad.
    </p><p class="article-text">
        <em>Yo siempre a veces </em>es un relato poderoso que trasciende (o deber&iacute;a trascender) esas categor&iacute;as artificiales. De hecho, como cualquier buena historia, consigue emocionar tambi&eacute;n a quien no ha vivido exactamente la realidad que describe, como la periodista Susana Pedreira: &ldquo;Yo no soy madre y agradezco un relato de la maternidad como el que ofrece la serie, un relato real como el que conozco de cerca en amigas que me rodean. Un relato de la maternidad en el que los v&iacute;nculos con los dem&aacute;s (al margen del hijo/a que llega a tu vida) son absolutamente determinantes para tu bienestar. Y ese relato de los v&iacute;nculos complejos con los nuestros tambi&eacute;n me interpela a m&iacute;. Sin compartir casi nada con Laura, he sentido en mi interior muchos de sus sentimientos.<strong> </strong>Al final, la serie va de buscar estabilidad y felicidad en entornos cada vez m&aacute;s precarios cuando las cargas propias van aumentando (sean hijos, sean mayores a nuestro cargo). Tener que renunciar a la vida que ten&iacute;amos y encontrar un nuevo camino es tan duro como vemos en la serie&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Sader]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/efecto-veces-desgarro-maternidad-precaria-identifican-mujeres_1_13222245.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 May 2026 20:01:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El efecto “soy yo” de ‘Yo siempre a veces’: el desgarro de la maternidad precaria con el que se identifican muchas mujeres]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maternidad,Madres,Precariedad,Crianza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un psicólogo infantil plantea las claves a tener en cuenta si te estás planteando que tu hijo vaya solo al colegio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/psicologo-infantil-claves-cuenta-si-planteando-hijo-colegio-xp_1_13212153.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dffb4fff-56c6-472c-8d9c-8b9e8269e4c1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Un psicólogo infantil plantea las claves a tener en cuenta si te estás planteando que tu hijo vaya solo al colegio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El psicólogo Abel Domínguez explica la importancia de trabajar la autonomía con los niños antes de que la ejerzan y cómo este proceso afecta positivamente a su autoestima</p><p class="subtitle">Una psicóloga infantil explica todas las consecuencias de dormir con tus hijos: “Puede favorecer el apego seguro”</p></div><p class="article-text">
        El momento en el que un ni&ntilde;o o ni&ntilde;a comienza a ir al colegio con cierta independencia puede suponer uno de los hitos m&aacute;s significativos en el desarrollo de su autonom&iacute;a. No se trata solo de una cuesti&oacute;n de edad, sino de madurez, seguridad y, sobre todo, de un entrenamiento previo que no debe dejarse de lado antes de llevar a cabo un cambio de h&aacute;bitos de este tipo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde el punto de vista evolutivo, como padres y madres, antes de dar el paso de permitir a nuestros hijos ir solos al colegio o al instituto, deber&iacute;amos tener claro si tienen adquiridas las capacidades o si tienen la autonom&iacute;a necesaria para poder hacerlo&rdquo;, establece Abel Dom&iacute;nguez, psic&oacute;logo infantojuvenil y director de <a href="https://dominguezpsicologosmadrid.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dom&iacute;nguez Psic&oacute;logos</a>.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, el psic&oacute;logo destaca que el factor m&aacute;s determinante es la madurez individual, sumada a la adquisici&oacute;n previa de ciertas competencias b&aacute;sicas: &ldquo;No podemos esperar que un ni&ntilde;o que nunca ha tomado una decisi&oacute;n por s&iacute; mismo sepa manejarse de repente en la calle&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">El entrenamiento para crear su autonom&iacute;a</h2><p class="article-text">
        Esta autonom&iacute;a no surge sin trabajo, se construye d&iacute;a a d&iacute;a en peque&ntilde;as tareas dom&eacute;sticas o escolares antes de dar el salto al asfalto. &ldquo;Es importante que conozcan bien el camino, que lo hayan hecho previamente acompa&ntilde;ados de sus padres o de sus cuidadores y que sepan coger el transporte p&uacute;blico si es necesario, que sepan usar el tel&eacute;fono m&oacute;vil o el <em>smartwatch</em> si tenemos pensado que lo usen...&rdquo;, enumera Dom&iacute;nguez, que se muestra a favor de que tengan la posibilidad de comunicarse con sus padres en un contexto de este tipo.
    </p><p class="article-text">
        En ese &ldquo;entrenamiento progresivo para adquirir autonom&iacute;a&rdquo;, el experto sugiere que el ni&ntilde;o haya realizado peque&ntilde;os encargos con &eacute;xito, antes de enfrentarse a un trayecto escolar, quiz&aacute;s m&aacute;s largo. &ldquo;Que baje solo a por el pan, por ejemplo, que vaya a la tienda a comprar leche y huevos o que vaya a buscar a un amiguito que vive cerca&rdquo;, ejemplifica. Se trata de que la autonom&iacute;a se introduzca paulatinamente y no sea una decisi&oacute;n repentina derivada de necesidades familiares.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a no hay una edad m&iacute;nima para que un menor camine solo por la calle, lo que traslada la decisi&oacute;n final al &aacute;mbito y responsabilidad familiar, donde s&iacute; prevalece el deber de cuidado. Esto implica que las familias deben evaluar la madurez del menor para evitar situaciones que puedan ser consideradas negligentes en caso de incidente.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Otras tareas que revelan si los ni&ntilde;os est&aacute;n listos</h2><p class="article-text">
        Para el experto, abrir esta etapa supone un compromiso consciente por parte de los padres: &ldquo;En el momento que permito a mis hijos hacer desplazamientos solos, obviamente estoy asumiendo la responsabilidad de que les pueda pasar algo, igual que asumo la responsabilidad de que puedan hacerlo bien y sean capaces de llegar sin que pase nada, que es lo m&aacute;s probable cuando les permitimos hacer este tipo de desplazamientos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin una preparaci&oacute;n previa, el psic&oacute;logo se&ntilde;ala que la experiencia podr&iacute;a resultar abrumadora o &ldquo;hacerse bastante cuesta arriba&rdquo;. Adem&aacute;s del conocimiento t&eacute;cnico del entorno y la resoluci&oacute;n de problemas pr&aacute;cticos, como saber qu&eacute; hacer si no les funciona el abono de transportes o c&oacute;mo reaccionar ante desconocidos con actitudes sospechosas, Dom&iacute;nguez incide tambi&eacute;n en la preparaci&oacute;n a nivel psicol&oacute;gico. Para &eacute;l, esto implica &ldquo;que los chavales sepan pedir ayuda, tanto a sus padres como a alguien del entorno; que sepan de alguna manera juzgar qui&eacute;n puede ayudarles o qui&eacute;n no; y que conozcan los peligros que puede haber a lo largo del recorrido&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a los beneficios de este proceso de conquista de la autonom&iacute;a en la calle, el psic&oacute;logo se&ntilde;ala que refuerza la percepci&oacute;n que el menor tiene de sus propias capacidades. &ldquo;La autonom&iacute;a realmente a ellos les viene fenomenal porque al final una parte importante de la autoestima, tanto infantil como en los adultos, es la autoeficacia percibida. Es decir, c&oacute;mo de eficaces nos percibimos a la hora de planificar metas y conseguirlas&rdquo;, concluye Dom&iacute;nguez. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paloma Martínez Varela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/psicologo-infantil-claves-cuenta-si-planteando-hijo-colegio-xp_1_13212153.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 13:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Niños,Colegios,Psicología,familia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Custodia compartida o custodia dividida? Por qué compartir un calendario no siempre significa repartir la crianza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/nidos/custodia-compartida-custodia-dividida-compartir-calendario-no-significa-repartir-crianza_129_13207157.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f0d7f2fb-b74e-40a4-9da4-9321ff1a553e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Custodia compartida o custodia dividida? Por qué compartir un calendario no siempre significa repartir la crianza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Quién podría estar en contra de compartir? ¿Quién querría, a priori, que un hijo no tuviera a sus dos progenitores presentes? Y, sin embargo, basta con acercarse un poco para que la palabra empiece a agrietarse</p><p class="subtitle">Abuelos que ponen límites al cuidado de los nietos: “Con ellos disfruto mucho, pero no quiero volver a tener el día marcado por horarios”</p></div><p class="article-text">
        Hay algo en la expresi&oacute;n &ldquo;custodia compartida&rdquo; que suena bien incluso antes de pensarla. Como &ldquo;comida casera&rdquo; o &ldquo;aire limpio&rdquo;, es una de esas f&oacute;rmulas que parecen inmunes a la cr&iacute;tica. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a estar en contra de compartir? &iquest;Qui&eacute;n querr&iacute;a, a priori, que un hijo no tuviera a sus dos progenitores presentes? Y, sin embargo, basta con acercarse un poco para que la palabra empiece a agrietarse.
    </p><p class="article-text">
        La custodia de los hijos tras un divorcio o separaci&oacute;n ha cambiado profundamente en Espa&ntilde;a durante la &uacute;ltima d&eacute;cada. <a href="https://www.ine.es/dyngs/Prensa/ENSD2024.htm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los datos m&aacute;s recientes del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica</a> (INE) confirman un giro hist&oacute;rico: en 2024, la custodia compartida fue otorgada en el 49,7% de los casos de divorcio con hijos, superando por primera vez a la custodia exclusiva materna, que descendi&oacute; al 46,6%. Hace apenas diez a&ntilde;os, la custodia compartida representaba alrededor de una cuarta parte de las resoluciones; hoy roza la mitad. Ese cambio puede leerse como una transformaci&oacute;n jur&iacute;dica y tambi&eacute;n como un s&iacute;ntoma cultural. Es, sin duda, un cambio hist&oacute;rico. Y probablemente tambi&eacute;n un reflejo de algo positivo: padres m&aacute;s presentes en la crianza, nuevas formas de entender la paternidad y una creciente idea de que los hijos deben mantener v&iacute;nculos estrechos con ambos progenitores tras la separaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La custodia compartida puede ser un avance hacia la equidad, por supuesto. Pero de ah&iacute; surge una pregunta importante: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando compartir el tiempo no implica haber compartido antes el cuidado? Porque hay una diferencia enorme entre repartir el calendario y sostener una vida com&uacute;n, entre alternar estancias y sostener la memoria pr&aacute;ctica de una casa, entre repartir la responsabilidad y dividir la log&iacute;stica. Y no siempre ese reparto sobre el papel coincide con el trabajo real que hace posible la crianza.
    </p><p class="article-text">
        Hay custodias compartidas que son, en efecto, un ejercicio de corresponsabilidad: padres y madres que ya estaban ah&iacute; antes de la ruptura, que conocen los ritmos, las rutinas, los miedos nocturnos, las alergias, los cumplea&ntilde;os o los nombres de los amigos del colegio. Que no aterrizan en la vida de sus hijos a partir de la separaci&oacute;n, sino que contin&uacute;an algo que ya exist&iacute;a. En esos casos, compartir no es un reparto: es una continuidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La custodia compartida puede ser un avance hacia la equidad, por supuesto. Pero de ahí surge una pregunta importante: ¿qué ocurre cuando compartir el tiempo no implica haber compartido antes el cuidado?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n hay custodias que llegan como una enmienda tard&iacute;a, como un gesto que intenta corregir una desigualdad previa. En esos casos, lo que se divide no es solo el tiempo: se fragmenta la experiencia. Dos casas, dos normas, dos formas de estar. Dos versiones de una misma infancia que no siempre encajan entre s&iacute;. <a href="https://www.academia.edu/93792805/La_custodia_compartida_un_paso_m%25C3%25A1s_hacia_la_igualdad_de_g%25C3%25A9nero" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Distintos estudios sobre coparentalidad y divorcio</a> llevan a&ntilde;os advirtiendo que la sostenibilidad de las custodias compartidas depende, en gran medida, de que exista una corresponsabilidad previa real. Cuando eso sucede, la custodia compartida puede consolidar din&aacute;micas m&aacute;s igualitarias. Cuando no, la igualdad formal puede acabar funcionando como una escena que parece resolver, pero no resuelve. El problema aparece cuando la igualdad se convierte en una f&oacute;rmula autom&aacute;tica porque la igualdad formal no siempre produce igualdad real. A veces solo la simula.
    </p><p class="article-text">
        Imponer custodias compartidas sin tener en cuenta las din&aacute;micas anteriores, la historia concreta de cada familia o las desigualdades todav&iacute;a existentes entre hombres y mujeres puede intensificar el conflicto entre progenitores e incluso agravar tensiones previas. No se trata de cuestionar la custodia compartida en s&iacute;. Ser&iacute;a simplista, y probablemente injusto. Se trata de preguntarse cu&aacute;ndo es realmente compartida y cu&aacute;ndo es, en realidad, dividida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo ped&iacute; la custodia compartida porque me parec&iacute;a lo justo&rdquo;, me cuenta J., un padre separado con dos hijos desde hace cuatro a&ntilde;os, &ldquo;y porque quer&iacute;a estar con mis hijos, claro. Tampoco quer&iacute;a convertirme en ese padre de fines de semana&rdquo;. Al principio pens&oacute; que lo m&aacute;s dif&iacute;cil ser&iacute;an los horarios: &ldquo;Luego te das cuenta de que no, de que lo dif&iacute;cil es acordarte de todo, de cosas que no ten&iacute;a tan interiorizadas porque <a href="https://www.eldiario.es/nidos/quien-contesta-mensajes-en-chats-de-padres_129_12212870.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no atend&iacute;a tanto al chat de padres y madres</a> del cole y no estaba tan al tanto de los cumplea&ntilde;os, del ch&aacute;ndal del jueves, de qui&eacute;n necesita una cartulina para ma&ntilde;ana o de cu&aacute;ndo les toca cambiar de zapatillas&rdquo;. Me cont&oacute; tambi&eacute;n que sus hijos siguen llamando a su madre cuando no encuentran algo, incluso estando con &eacute;l. &ldquo;A veces me molesta, pero luego ella sabe cosas que a m&iacute; ni se me ocurren&rdquo;. En ning&uacute;n momento, durante nuestra conversaci&oacute;n, dijo que se arrepintiera de compartir la custodia de sus&nbsp;hijos; al contrario: &ldquo;Ahora estoy mucho m&aacute;s unido a ellos&rdquo;, repiti&oacute; varias veces. Pero hab&iacute;a algo revelador en otra frase: &ldquo;Antes no me daba cuenta de todo lo que hac&iacute;a ella&rdquo;. No parec&iacute;a culpa ni admiraci&oacute;n, m&aacute;s bien la sorpresa tard&iacute;a de descubrir que la crianza no era solo pasar tiempo con los hijos, sino sostener una maquinaria invisible que alguien llevaba a&ntilde;os haciendo funcionar sin que apenas se notase.
    </p><p class="article-text">
        Al mismo tiempo, para muchas mujeres, la custodia compartida tambi&eacute;n ha supuesto una forma de alivio. E., que tiene una hija de seis a&ntilde;os y lleva dos a&ntilde;os separada, me dijo esto: &ldquo;Separarme me devolvi&oacute; algo que ya ni siquiera sab&iacute;a que hab&iacute;a perdido: tiempo. Para trabajar sin correr, para dormir una noche entera, para ir al m&eacute;dico sin hacer malabares, para sentarme sola en casa sin que eso significara abandono&rdquo;. Me hablaba tambi&eacute;n de la culpa que sinti&oacute; al reconocer ese descanso. &ldquo;Como si una buena madre tuviera que querer estar disponible siempre. Como si descansar estuviera mal&rdquo;, confiesa. La custodia compartida no hab&iacute;a resuelto todas las desigualdades de su relaci&oacute;n anterior, pero s&iacute; hab&iacute;a frenado algo que la estaba consumiendo: la idea de que cuidar significaba desaparecer una misma.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Qué sucede cuando los hijos no solo transitan entre dos casas, sino entre dos maneras radicalmente distintas de entender las emociones, el cuidado, la vulnerabilidad o incluso lo que significa ser niño, porque los hijos no viven dentro de los porcentajes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y, en medio de todo eso, est&aacute;n los hijos. V., separada desde hace un a&ntilde;o y con un hijo en com&uacute;n con su expareja, me cuenta su caso: &ldquo;Hace pocos d&iacute;as nos despedimos de un ser querido. Cuando estaba bajando con mi hijo en el ascensor &mdash;su padre estaba esper&aacute;ndole abajo&mdash;, mi hijo lloraba de tristeza. Antes de salir del portal, en el rellano, corri&oacute; a secarse las l&aacute;grimas. Incluso se mir&oacute; en el espejo para comprobar que no se le notase que hab&iacute;a llorado&rdquo;. Ella le pregunt&oacute; por qu&eacute; hac&iacute;a eso y el ni&ntilde;o respondi&oacute; que a su padre no le gustaba verle llorar. A V. le sorprendi&oacute; el cambio de actitud porque su hijo llora con frecuencia cuando est&aacute; con ella, y no necesariamente por tristeza. &ldquo;Me da la impresi&oacute;n de que ha entendido que en casa de mam&aacute; puede rendirse, de alguna manera, pero que en casa de pap&aacute; llorar es una debilidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ah&iacute; aparece una de las preguntas m&aacute;s complejas de todas: qu&eacute; sucede cuando los hijos no solo transitan entre dos casas, sino entre dos maneras radicalmente distintas de entender las emociones, el cuidado, la vulnerabilidad o incluso lo que significa ser ni&ntilde;o, porque los hijos no viven dentro de los porcentajes. Viven dentro de las rutinas sostenidas durante a&ntilde;os, de los cuidados invisibles &mdash;o indemostrables&mdash; que rara vez aparecen en una sentencia. Dentro de esa carga mental hecha de citas m&eacute;dicas, mochilas preparadas, cumplea&ntilde;os recordados, profesoras contestadas, fiebre nocturna y ropa que de pronto ya no les vale.
    </p><p class="article-text">
        En medio de todo est&aacute;n ellos: ni&ntilde;os que aprenden pronto a adaptarse. A cambiar de habitaci&oacute;n, de normas, de tono. A no dejarse cosas importantes en la otra casa. A gestionar una especie de doble vida que a veces funciona y a veces pesa. Hay ni&ntilde;os que lo transitan con naturalidad. Otros no tanto. No existe una &uacute;nica experiencia, como tampoco existe una &uacute;nica forma de familia. Pero conviene no romantizar lo que, en muchos casos, es tambi&eacute;n un esfuerzo constante de ajuste.
    </p><p class="article-text">
        Hay otra cuesti&oacute;n de la que se habla menos: qu&eacute; sucede cuando la custodia compartida no organiza &uacute;nicamente el cuidado, sino tambi&eacute;n el conflicto, porque no todas las separaciones terminan en una convivencia parental razonablemente sana. Existen relaciones judicializadas, atravesadas por resentimientos, hostilidades, din&aacute;micas de control o violencias que no desaparecen cuando se firma una sentencia. A veces, incluso, se intensifican. En esos casos, la custodia compartida puede convertir a los hijos en mediadores involuntarios de las tensiones entre los adultos. Ni&ntilde;os que aprenden demasiado pronto qu&eacute; cosas pueden decir en una casa y cu&aacute;les es mejor callar en la otra. Que viven pendientes del tono de los mensajes, de los cambios de horario, de las discusiones y los desacuerdos. En esos casos, la pregunta deja de ser &uacute;nicamente c&oacute;mo se reparte el tiempo. La pregunta es qu&eacute; tipo de infancia produce una vida partida entre dos mundos que apenas logran sostenerse entre s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En un momento en el que la custodia compartida se presenta casi como la soluci&oacute;n deseable por defecto, no est&aacute; de m&aacute;s pedir una mirada m&aacute;s profunda a cada historia en su singularidad y desconfiar un poco de las f&oacute;rmulas que sirven para todo. Y recordar que cuidar no es solo estar, ni siquiera es estar la mitad del tiempo. Cuidar es saber c&oacute;mo y eso, por suerte o por desgracia, no se puede dividir sin m&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Victoria Gabaldón]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 20:07:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Custodia compartida o custodia dividida? Por qué compartir un calendario no siempre significa repartir la crianza]]></media:title>
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