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    <title><![CDATA[El Diario - Tecnología]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/]]></link>
    <description><![CDATA[El Diario - Tecnología]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El Gobierno condiciona el despliegue en España del 5G chino a que Pekín ofrezca garantías de seguridad y privacidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/gobierno-condiciona-despliegue-espana-5g-chino-pekin-ofrezca-garantias-seguridad-privacidad_1_6198847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/82accb11-e23c-42dc-ba6f-25f4cc943781_16-9-aspect-ratio_default_1002656.jpg" width="536" height="301" alt="El Gobierno condiciona el despliegue en España del 5G chino a que Pekín ofrezca garantías de seguridad y privacidad"></p><p>España no vetará la presencia de tecnología china en su red 5G. Eso sí, exigirá "las máximas condiciones de seguridad tecnológica, acceso a los datos, autonomía y privacidad" en el despliegue de esta nueva red de comunicaciones, lo que concierne directamente a los proveedores chinos. Así se lo ha expresado Pedro Sánchez a uno de los principales responsables de la diplomacia china, Yang Jiechi, en una reunión que han mantenido este jueves en La Moncloa. </p><p>La posición española coincide con la postura recomendada por la UE. Bruselas ha llevado a cabo una extensa investigación de la tecnología china 5G desde finales de 2019, cuando EEUU impugnó a su principal fabricante en este sector, Huawei, acusándolo de dejar agujeros de seguridad en sus dispositivos que permiten el espionaje y los ciberataques de los hackers que trabajan para el Gobierno de su país. </p><p>China y Huawei negaron desde el principio las acusaciones. Aunque Bruselas no ha encontrado pruebas que demuestren esa estrategia oculta por parte del fabricante y tampoco ha pedido a los estados miembros que eviten los productos chinos, sí que ha desarrollado un extenso <a href="https://ec.europa.eu/digital-single-market/en/news/cybersecurity-5g-networks-eu-toolbox-risk-mitigating-measures" target="_blank" >paquete de medidas</a> de seguridad para intentar blindar la seguridad de la red 5G europea.</p><p>España es uno de los países europeos que ha hecho una mayor apuesta por el 5G. La visita del mandatario del gigante asiático, director de la Comisión de Asuntos Exteriores del Partido Comunista de China, se produce horas después de que Telefónica encendiera oficialmente su red 5G, dando el pistoletazo de salida en la carrera entre operadores. Telefónica promete lograr una cobertura del 75% de la población antes de final de año. Vodafone comenzó a conectar ciudades con su 5G en el verano de 2019 y ya está disponible en las principales urbes, mientras que se espera que Orange siga estos pasos y empiece a ofrecer este servicio en las próximas semanas.</p><p>El 5G está llamado a protagonizar una nueva revolución en las telecomunicaciones, aumentando la velocidad de transferencia de datos y disminuyendo la latencia. Esto puede resultar clave en procesos como la computación en la nube, la robotización o la inteligencia artificial. Se espera que el 5G impulse la automatización en sectores como la industria, el transporte, la banca, el turismo o la sanidad, así como que facilite el despegue definitivo de negocios como el del <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/alexa-siri-asistentes-virtuales-ikea_1_1388313.html" target="_blank" ><em>hogar inteligente</em></a><em> </em>y el Internet de las Cosas. </p><p>Sin embargo, la denuncia de EEUU sobre la tecnología china puso en entredicho todo el despliegue, puesto que varios equipamientos fabricados por Huawei, como los dispositivos que se usan para la transferencia de datos entre el emisor y la antena que lo recibe, son de los más avanzados del mercado. Las empresas estadounidenses se encuentran a mucha distancia y aunque la finlandesa Nokia y la sueca Ericsson son dos de las compañías más avanzadas en Europa en el desarrollo de la tecnología 5G, no llegan al nivel de Huawei en esos determinados equipamientos.</p><p>En España, Huawei tiene cuotas superiores al 30% en las redes de algunos operadores, como Vodafone. Las ratios son similares en muchos países europeos. Renunciar completamente a sus productos <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/industria-eeuu-tecnologia-retrase-europa_1_2730555.html" target="_blank" >habría retrasado unos dos años el despliegue del 5G en el continente</a>, explicaron a elDiario.es fuentes del sector. </p><p>La acusación de la administración Trump se produjo justo cuando Huawei estaba a punto de cerrar varios acuerdos con más países europeos para distribuir sus productos. Se encuadró dentro de la <a href="https://www.eldiario.es/internacional/pandemia-china-eeuu-arquitecto-retirada_1_5972425.html" target="_blank" >pugna geoestratégica</a> que se desarrolla entre las dos potencias, en la que la tecnología digital juega un papel clave. Washington presionó a sus socios para que dieran de lado a las empresas chinas y vetó que sus multinacionales digitales implantaran su software en el hardware de Huawei. Esto provocó por ejemplo que los móviles del fabricante chino, cuyos modelos habían sido de los más vendidos en España hasta entonces, dejaran de poder utilizar el sistema operativo Android, diseñado por Google.</p><p>Pese a las trabas, España no ha bloqueado el empleo de tecnología de Huawei y de hecho algunos de sus productos 5G han recibido <a href="https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2020-5671" target="_blank" >la certificación de seguridad del CNI</a>, como ocurrió el pasado 4 de junio. Eso sí, la vigilancia se mantiene y las medidas de seguridad no se han relajado: "Con la certificación de este producto en concreto de la marca, no se puede inferir en ningún caso un aval de la seguridad de la tecnología de Huawei", declaró el subdirector del Consejo de Ciberseguridad Nacional.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Sep 20 16:38:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos del Castillo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El Gobierno condiciona el despliegue en España del 5G chino a que Pekín ofrezca garantías de seguridad y privacidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[5G,España,china,EEUU,Huawei,ciberseguridad,privacidad]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Facebook bloqueará los mensajes políticos antes de las elecciones en EE UU]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/facebook-bloqueara-los-mensajes-politicos-antes-de-las-elecciones-en-ee-uu_1_6198719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/72ce2727-a741-4842-b6f0-b33b0dd58d98_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Facebook bloqueará los mensajes políticos antes de las elecciones en EE UU"></p><p>Facebook prohibirá la publicación de todos los anuncios y mensajes políticos nuevos en sus páginas desde una semana antes de la celebración de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, ha anunciado hoy el fundador de esta red social, Mark Zuckerberg. "Vamos a bloquear cualquier nuevo anuncio político y dejar de publicar avisos durante la última semana de la campaña (electoral en EEUU). Es importante que las campañas se puedan desarrollar, y creo que para que no se produzca un mal discurso, es mejor no añadir más discurso", señala Zuckerberg en un largo mensaje en la red que fundó.</p><p>La popular red también pretende ampliar su "trabajo con funcionarios electorales para eliminar la desinformación sobre la votación". "Ya nos comprometimos a asociarnos con las autoridades electorales estatales para identificar y eliminar las falsas reclamaciones sobre las condiciones de votación en las últimas 72 horas de la campaña, pero dado que estas elecciones incluirán grandes cantidades de votación anticipada, estamos extendiendo ese período para comenzar ahora y continuar con esta labor hasta que tengamos un resultado definitivo" de los comicios, explica Zuckerberg.</p><p>Reconoce que "estas elecciones no van a ser como siempre. Todos tenemos la responsabilidad de proteger nuestra democracia. Eso significa ayudar a la gente a registrarse y votar, aclarar la confusión sobre cómo funcionará esta elección, y tomar medidas para reducir las posibilidades de violencia y disturbios".</p><p>Las presidenciales estadounidenses, que tendrán lugar el próximo 3 de noviembre, enfrentarán al republicano Donald Trump, que opta a la reelección, y al demócrata Joe Biden, y se prevé que su celebración esté condicionada por la pandemia del coronavirus, dado que EE.UU. es el país del mundo más afectado por la covid-19. Las autoridades prevén además un considerable aumento del voto por correo, algo que Trump considera que puede prestarse a irregularidades y perjudicarle.</p><p>"Faltan apenas dos meses para la celebración de las elecciones de EE UU y con la covid-19 afectando a comunidades de todo el país, me preocupan los desafíos que la gente podría enfrentar al votar", incide el responsable de Facebook. "También me preocupa que con nuestra nación tan dividida y dado que los resultados de las elecciones podrían conocerse en días o en semanas al ralentizarse el recuento, podría haber un mayor riesgo de disturbios civiles en todo el país", subraya. Por ello, "vamos a reducir el riesgo de desinformación y el contenido dañino que se haga viral limitando el reenvío de mensajes a través de Messenger".</p><p>Aún así, se podrá "compartir información sobre las elecciones, pero limitaremos el número de chats a los que puedes enviar un mensaje al mismo tiempo. Ya hemos implementado esto en WhatsApp durante periodos sensibles y hemos encontrado que es un método eficaz para evitar que la desinformación se propague en muchos países", precisa Zuckerberg.</p><p>Recuerda igualmente que en los anteriores comicios comprobaron que existían esfuerzos coordinados en línea por parte de gobiernos e individuos extranjeros para interferir "en nuestras elecciones. Esta amenaza no ha desaparecido".</p><p>Esta semana Facebook ha eliminado una red de 13 cuentas y 2 páginas "que intentaban engañar a los estadounidenses y amplificar la división. Hemos invertido mucho en nuestros sistemas de seguridad y ahora tenemos algunos de los equipos y sistemas más sofisticados del mundo para prevenir estos ataques", asegura.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Sep 20 13:21:23 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[EFE]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Facebook bloqueará los mensajes políticos antes de las elecciones en EE UU]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[elecciones EEUU 2020]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Amazon recibe autorización para entregar paquetes por dron en EEUU: pronto será posible en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/amazon-recibe-autorizacion-entregar-paquetes-dron-eeuu-pronto-sera-posible-espana_1_6196556.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/be4ead6b-e1c5-4588-8bb7-e0556f864b4f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Amazon recibe autorización para entregar paquetes por dron en EEUU: pronto será posible en España"></p><p>Amazon ha conseguido esta semana uno de sus objetivos principales desde 2013: ya puede utilizar drones para entregar paquetes a domicilio. La multinacional de comercio electrónico (y de alojamiento web, servicios multimedia en streaming o Inteligencia Artificial) ha conseguido esta semana la autorización del Gobierno de EEUU para utilizar estas aeronaves no tripuladas en los repartos, siempre que sean envíos de menos de dos kilos y en zonas con baja densidad de población.</p><p>Amazon es la primera empresa que recibe luz verde para llevar a cabo esta actividad con aeronaves no tripuladas en todo el país, después de que otras como Wing (propiedad de Google) recibieran autorización para llevar a cabo proyectos piloto en estados concretos del país. Microsoft y Uber también tienen su vista puesta en el negocio de la robotización del envío de paquetería, que se ha multiplicado en los últimos años tras el despegue del comercio online y compañías como la propia Amazon. </p><p>El último prototipo de dron mensajero presentado por la empresa de Jeff Bezos ya mostraba la investigación y desarrollo que ha seguido inyectando la multinacional en su plan de instaurar el reparto mediante aeronaves no tripuladas. Se trata de un modelo "híbrido" con seis rotores capaz de cambiar su inclinación en el aire: "Puede hacer despegues y aterrizajes verticales, como un helicóptero. Y es eficiente y aerodinámico, como un avión", explicó durante su presentación, en verano de 2019. Amazon asegura que puede entregar paquetes en un radio de 25 kilómetros en menos de 30 minutos.</p><p>Aunque el momento en que este tipo de servicio se extienda a las grandes ciudades aún parece lejano, los hechos apuntan a que Amazon también está trabajando en este sentido. Una patente que registró en 2017 revelaba que está desarrollando un sistema para que, en caso de emergencia, los drones de transporte no se precipiten al suelo de una pieza, sino que <a href="https://pdfpiw.uspto.gov/.piw?PageNum=0&docid=09828097&IDKey=01436184EA75&HomeUrl" target="_blank" >vayan desintegrándose en partes de menor tamaño</a> que reduzcan el riesgo de daños en casas y personas. </p><p>En los últimos años se ha aprobado el uso este tipo de tecnología en diferentes partes del mundo (Australia es otro de los países que dio permiso a Google para comenzar a probar la efectividad de los drones de reparto) pero no en Europa. En España, aunque se hayan llevado a cabo algunos vuelos experimentales para la entrega de paquetería, estos debían ser aprobados y supervisados uno a uno por la Agencia de Seguridad Aérea (AESA), puesto que la actual legislación no permite el uso de aeronaves no tripuladas para el transporte.</p><p>No obstante, eso está cerca de cambiar. El 1 de enero de 2021 entrará en vigor <a href="https://www.seguridadaerea.gob.es/media/4749785/faq-ue-rev-0.pdf" target="_blank" >un nuevo reglamento europeo</a> sobre drones que "permite el uso de drones para el transporte cumpliendo una serie de requisitos", detalla una portavoz de la AESA. Entre ellos, está la condición de no transportar mercancías peligrosas y mantener una determinada altitud o condiciones de visibilidad. </p><p>Además de autorizar el transporte, la nueva regulación permite los vuelos drones autónomos (sin piloto) y la utilización de <em>enjambres</em>, denominación que reciben los grupos de drones que se coordinan para llevar a cabo diferentes tareas de forma conjunta mediante inteligencia artificial.</p><p>Las nuevas normas europeas para el uso de drones protegen de manera específica determinadas zonas controladas por el Ministerio de Defensa e infraestructuras críticas como los aeropuertos, donde pueden poner en peligro la integridad de los aviones. En febrero de este año, el avistamiento de un dron por parte de dos pilotos de dos aeronaves diferentes en las cercanías de una de las pistas del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas obligó a cerrar su espacio aéreo por precaución. </p><p>Sin embargo, tras semanas de investigación, la Guardia Civil no fue capaz de hallar a ningún responsable del incidente y se duda de si lo que vieron los pilotos fue realmente un dron. El incidente afectó a 26 vuelos y miles de pasajeros. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 20 21:27:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos del Castillo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Amazon recibe autorización para entregar paquetes por dron en EEUU: pronto será posible en España]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[drones,Amazon,transporte]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[La ingeniera española tras las apps de rastreo de contactos, en la lista Fortune de personas más relevantes menores de 40 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/ingeniera-espanola-apps-rastreo-contactos-lista-fortune-personas-relevantes-menores-40-anos_1_6195397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/078cbee9-6bb6-4273-ad47-430a70a54516_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La ingeniera española tras las apps de rastreo de contactos, en la lista Fortune de personas más relevantes menores de 40 años"></p><p>Herramientas digitales que puedan ser útiles para los ciudadanos mientras mantienen un estricto respeto a su privacidad y derechos fundamentales. Era uno de los puntos en el horizonte que el mundo de la tecnología observaba de lejos antes de la pandemia, pero que parece mucho más cercano tras la irrupción del coronavirus. Carmela Troncoso (Vigo, 1982), <a href="https://fortune.com/40-under-40/2020/carmela-troncoso/" target="_blank" >elegida en la lista '40under40' de 2020 de la revista Fortune</a>, que señala las 40 personas menores de 40 años más relevantes en diversos campos, ha tenido un importante papel en ello. </p><p>"La pandemia de coronavirus ha impulsado el uso de aplicaciones digitales de rastreo de contactos, que utilizan teléfonos inteligentes para detectar la exposición al virus", detalla el medio estadonidense. "El problema, no obstante es que los usuarios son recelosos con su privacidad, y una aplicación que rastrea tanto la ubicación como información de salud es terreno abonado para el abuso".</p><p>"Para abordar el problema, Carmela Troncoso, profesora de informática en el Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana, ayudó a liderar el impulso para construir el Sistema descentralizado de rastreo de proximidad para preservar la privacidad, o DP-3T", destaca la revista, el cual "guió el desarrollo" posterior de Google y Apple sobre el que se basan las aplicaciones de rastreo que se están usando en prácticamente todos los países europeos y en EEUU. </p><p>Unos 20 investigadores europeos de ocho instituciones distintas tuvieron un papel clave en el desarrollo del DP-3T. Troncoso lideró la línea referente a la protección de datos, basándose en la <em>privacidad por diseño</em>. Se trata de un método de desarrollo digital que blinda los datos del usuario desde la raíz. No es necesario confiar en que las empresas o los gobiernos respetarán esa información o la protegerán de los hackeos, es el propio diseño de la herramienta el que impide que esa información sea accesible a terceros.</p><p>En el caso de las apps de rastreo, esto se consigue trazando un protocolo en el que los datos personales no tienen ningún camino para salir de los terminales de cada usuario en ningún momento. "Estamos creando una aplicación que no se puede usar para otra cosa que no sea el rastreo de contactos, no se puede usar para conocer la ubicación, las identidades o las actividades de cada uno", <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/tecnologia-rastreo-contactos-cuestion-politica_1_5957403.html" target="_blank" >detallaba en mayo Troncoso</a>. </p><p>Troncoso, profesora adjunta en el Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana desde 2017, es doctora en ingeniería por la Universidad de Lovaina (Bélgica). Está especializada en tecnologías de privacidad y seguridad y también ha trabajado como investigadora en instituciones españolas como Gradiant, el Centro Gallego de I + D en Telecomunicaciones Avanzadas, o el Instituto Madrileño de Estudios Avanzados (IMDEA) de la Comunidad de Madrid.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 20 14:24:22 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[elDiario.es]]></author>
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    </item>
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      <title><![CDATA[VÍDEO | Así funciona 'Radar COVID', la app española para el rastreo del coronavirus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/video-asi-funciona-radar-covid-la-app-espanola-para-el-rastreo-del-coronavirus_7_6195177.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/127b5400-7fb7-4f1e-b0d7-1555c89fbda4_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="VÍDEO | Así funciona 'Radar COVID', la app española para el rastreo del coronavirus"></p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Sep 20 08:25:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[]]></author>
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      <media:title><![CDATA[VÍDEO | Así funciona 'Radar COVID', la app española para el rastreo del coronavirus]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[]]></media:keywords>
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      <title><![CDATA[Madrid y Catalunya harán sus propias pruebas con la app de rastreo de contagios del Gobierno antes de implantarla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/madrid-catalunya-haran-propias-pruebas-app-rastreo-contagios-gobierno-implantarla_1_6191629.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a59de57b-451a-47d6-8678-5982b0d283ab_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="La app Radar COVID, una ayuda pero también un reto para equipos de rastreadores sobrecargados"></p><p>"Las capacidades estratégicas de algunas comunidades autónomas tienen que mejorar", ha manifestado este martes Pedro Sánchez en una entrevista en la Cadena Ser. El presidente se ha mostrado preocupado por "los niveles de rastreo" de ciertas regiones, ya que "la evolución de la epidemia es distinta por territorios". Dos de de las comunidades autónomas que acumulan más rebrotes, Madrid y Catalunya, son también dos de las que se han mostrado más conservadoras a la hora de implantar una de las herramientas facilitadas por el Gobierno para mejorar esas capacidades de rastreo, la aplicación móvil Radar COVID.</p><p>Ambas comunidades han explicado que quieren hacer sus propias pruebas piloto con la app antes de implantarla en sus sistemas sanitarios, como han hecho ya varias comunidades autónomas. Los planes del Gobierno contemplaban que Radar COVID pudiera estar disponible para toda la población española a mediados de septiembre, pero el ritmo de las autonomías dirigidas por Isabel Díaz Ayuso y Quim Torra complican ese objetivo.</p><p>En el caso de Madrid, la app de rastreo digital "se implantará con un piloto en primer lugar y posteriormente de manera progresiva", comunicaron este lunes fuentes de la Consejería de Sanidad a eldiario.es. El secretario de Salut Pública de la Generalitat, Josep Maria Argimon, ha explicado que Catalunya también hará "un proyecto piloto" propio antes de implantarla. "Como será una app que estará activa unos meses, preferimos trabajarla un poco más", ha afirmado en rueda de prensa.</p><p><a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/calvino-afirma-app-radar-covid-lista-doblado-datos-rastreadores-manuales-durante-piloto_1_6140835.html" target="_blank" >Radar COVID ya tuvo un proyecto piloto</a>, realizado por el Gobierno entre junio y julio en la isla canaria de La Gomera. Entonces, la app detectó seis contactos de riesgo por cada contagiado, cuando la media de los rastreadores profesionales está entre dos y tres. La app cuenta con la ventaja de que no depende de la memoria del ciudadano para recordar con qué personas ha tenido contactos de riesgo, sino que puede registrar cada vez que dos usuarios de la app han estado a menos de dos metros de distancia durante 15 minutos o más, aunque ni siquiera se conozcan.</p><p>Si uno de ellos da positivo en un test de coronavirus puede avisar a los usuarios con los que haya tenido ese tipo de contacto notificándolo de forma anónima a través de la aplicación. Si lo hace, las personas que tengan instalada y activada Radar COVID reciben una alerta, una serie de consejos sanitarios y un teléfono para ponerse en contacto con los servicios de salud de su comunidad autónoma. Ellos valorarán el riesgo real del contacto, le indicarán si debe realizarse un test y rastrearán su posible cadena de transmisión con otras personas.</p><p>Para evitar que se comuniquen positivos falsos al sistema, el proceso para notificar la situación de contagio de un usuario de Radar COVID se realiza a través de un código especial que deben proporcionar los servicios sanitarios. Andalucía, Aragón, Baleares, Cantabria, Canarias, Castilla y León, Extremadura y Murcia, que engloban aproximadamente un 40% de la población española, han completado ya el proceso técnico para generar estos códigos y han añadido este método de rastreo digital a sus capacidades para detectar y contener el virus.</p><p>El Gobierno espera sumar más comunidades a esa lista de ocho comunidades en los próximos días. Madrid y Catalunya podrían completar el proceso técnico, pero tardarán más en estar listas para participar en el envío de códigos debido a estas pruebas adicionales y los métodos alternativos que quieren emplear. </p><p>La aplicación Radar COVID se basa en la tecnología facilitada por Apple y Google para que sus teléfonos puedan detectar contactos de riesgo <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/tecnologia-rastreo-contactos-cuestion-politica_1_5957403.html" target="_blank" >mediante el bluetooth</a>. Para evitar que surjan aplicaciones fraudulentas que simulen ser parte de los sistemas públicos de rastreo, las dos multinacionales solo permiten conectarse a esta interfaz a una aplicación por país. </p><p>El proceso de integración que están llevando a cabo ahora las comunidades autónomas consiste en conectar sus sistemas sanitarios a la aplicación de rastreo dada de alta en España, Radar COVID. El protocolo que determina qué deben hacer los ciudadanos de cada autonomía si reciben una alerta por contacto de riesgo es competencia de sus servicios de salud, aunque tanto Madrid como Catalunya han querido tomar sus propios caminos para implantarla. </p><p>En el caso catalán, Argimon ha expuesto que la Generalitat trabaja "en una integración que permita la programación de una visita, no solamente el mensaje genérico para que el ciudadano llame al 061 [el teléfono del servicio de información sanitaria], porque esto puede llevar al colapso".</p><p>Madrid también ha intentado tomar su propio rumbo, aunque en su caso no será posible. Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad, pidió al Gobierno la semana pasada que habilitara la opción para que Radar COVID formara parte de CoronaMadrid, la app del Gobierno madrileño de información y autodiagnóstico de coronavirus, para aprovechar así sus 500.000 usuarios ya registrados. Según han explicado a este medio fuentes de la Secretaría de Estado de Digitalización, responsable del desarrollo de Radar COVID, la petición de Madrid fue imposible de satisfacer desde un primer momento debido al requisito impuesto por Apple y Google de que solo haya una aplicación de rastreo por país. </p><p>Pese a que no se haya integrado aún en los sistemas sanitarios de todas las comunidades, el uso de Radar COVID ya puede alertar a todos aquellos que la descarguen si han tenido un contacto de riesgo con una persona que ha dado positivo en un test y lo ha comunicado al sistema. Tanto la descarga y activación de la app, así como la decisión de comunicar el resultado positivo en un test son decisiones voluntarias por parte del usuario. Todas ellas se basan en procesos anonimizados en los que la información personal del usuario o sus contactos no sale en ningún momento de su teléfono.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 20 19:11:32 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carlos del Castillo]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Madrid y Catalunya harán sus propias pruebas con la app de rastreo de contagios del Gobierno antes de implantarla]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Madrid,Catalunya,coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Así funciona 'Radar COVID', la app española para el rastreo del coronavirus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/funciona-radar-covid-app-espanola-rastreo-coronavirus_1_6194309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b3e827d-4340-4dc5-b335-f4b4e1d8d4f9_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Así funciona Radar COVID, la app española para el rastreo del coronavirus"></p><p>España ya ha puesto en marcha Radar COVID, su aplicación para el rastreo del coronavirus, elaborada por la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial. Está basada en la interfaz de programación de aplicaciones (API) desarrollada por Google y Apple, y tiene como objetivo servir de ayuda a los rastreadores humanos que se encargan de tracear los contactos de riesgo de las personas infectadas, pues es más preciso que estos, cuyo trabajo depende de la memoria.</p><p>Pero, ¿cómo funciona Radar COVID? Pablo y María quedan para tomar un café y, durante ese tiempo, sus móviles intercambian una serie de identificadores por conectividad <em>Bluetooth</em>. Estos quedan almacenados de forma local en sus dispositivos si están más de 15 minutos a menos de dos metros de distancia.</p><p>Días después, Pablo comienza a notar síntomas del coronavirus, por lo que se hace una prueba y da positivo. Con el diagnóstico le proporcionan un código que debe introducir en la aplicación. Automáticamente, todas aquellas personas con las que haya tenido contacto en los últimos 14 días recibirán una notificación en tu teléfono. Entre ellos, María, que deberá llamar a su centro de salud para avisar de que ha tenido un contacto de riesgo.</p><p>Los identificadores <em>Bluetooth</em> son temporales y anónimos. Además, en ningún momento la aplicación accede a datos personales ni de ubicación de la persona que la utiliza. Únicamente almacena durante 14 días los códigos que han ido generando los dispositivos con los que se ha tenido contacto y aquellos que se relacionen con un diagnóstico positivo. Asimismo, su uso es voluntario.</p><p>Son ahora las Comunidades Autónomas las que tienen que conectar la aplicación con sus sistemas de salud. A día de hoy, son doce las que ya lo han hecho (Andalucía, Cantabria, Aragón, Extremadura, Canarias, Castilla y León, Baleares, Murcia, Madrid, Navarra, Asturias y La Rioja). Se espera que el resto lo vayan haciendo a lo largo del mes de septiembre. Esto no significa que Radar COVID esté plenamente activa en las comunidades que ya han completado el proceso técnico, puesto que algunas, como Madrid, están haciendo sus propios proyectos piloto con la app y después planean implantarla progresivamente.</p>]]></description>
      <guid isPermalink="false"><![CDATA[16db22f0-e126-4356-a046-161c28ec5fa8]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 20 18:59:01 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Leonardo Ibáñez, Nando Ochando]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Así funciona 'Radar COVID', la app española para el rastreo del coronavirus]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Facebook se niega a cooperar en la investigación sobre el genocidio rohingya]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/facebook-niega-cooperar-investigacion-genocidio-rohingya_1_6192927.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf0bb59b-3624-41fd-9e06-c936e14dcc84_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Facebook se niega a cooperar en la investigación sobre el genocidio rohingya"></p><p>Facebook rechaza la solicitud presentada por Gambia que exigía a la plataforma entregar datos y documentación relativa a oficiales militares y diferentes páginas que propagaron mensajes de odio durante el genocidio de los rohingyas en Myanmar. La red social, <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/facebook-reconoce-responsabilidad-genocidio-rohingya_1_1856129.html" target="_blank" >que jugó un papel clave en la difusión de la violencia étnica</a>, se ha negado a entregar información manifestando que la propuesta es "extraordinariamente amplia" e "intrusiva". Gambia, <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/corte-internacional-justicia-myanmar-rohinyas_1_1067742.html" target="_blank">que trabaja conjuntamente con la ONU</a>, habría exigido datos acerca de 17 miembros del ejército, dos unidades militares y una docena de páginas, <a href="https://time.com/5880118/myanmar-rohingya-genocide-facebook-gambia/?linkId=97443382" target="_blank">según relata Time</a>. </p><p>La compañía desestima la propuesta del país africano, que ha sido transmitida al Tribunal Federal de Estados Unidos, amparándose en una ley sobre la protección de datos y la privacidad que prohíbe a las empresas dedicadas al campo de las redes sociales compartir información y datos con terceros. Para el periodista Matthew Smith, de Time, esta interpretación resulta equivocada, puesto que dicha regulación afecta a individuos y no protege las acciones ilícitas de "agentes estatales". </p><p>La investigación de la ONU, de la que forma parte esta reclamación, pretende explorar las implicaciones legales y condenar al gobierno de Myanmar por el genocidio que terminó con la vida de más de 25.000 rohingyas y obligó a más de 700.000 a refugiarse en los países vecinos. </p><p>La plataforma de Mark Zuckerberg admitió en noviembre de 2018 que su red social jugó un papel clave en la difusión de la violencia étnica contra los rohingya en el país del sureste asiático. Un informe independiente encargado a una ONG de San Francisco arrojó los mismos resultados que aquellos ya adelantados por la ONU que aseguraban que "la situación del discurso de odio e incitación a la violencia en los medios sociales es desenfrenada, especialmente en Facebook". </p><p>Tras los informes, <a href="https://newsroom.fb.com/news/2018/08/update-on-myanmar/" target="_blank">la compañía reconoció</a> que en las primeras etapas del conflicto no tenía las herramientas ni el personal necesarios que detectar el discurso de odio en birmano, el idioma oficial de Myanmar.</p><p>Su papel en el genocidio del país asiático es solo una de las causas que han provocado que parlamentos de todo el mundo exijan explicaciones a la compañía. </p><p>Entre los 53 millones de residentes en Myanmar, menos del 1% tenía acceso a internet en 2014, pero en 2016 el país parecía tener más usuarios de Facebook que cualquier otro del sur de Asia. Ahora, más de 14 millones de ciudadanos usan la red social.</p><p>Un informe de 2016 elaborado por GSMA, el órgano global que representa a las operadoras telefónicas, descubrió que mucha gente en Myanmar tiene Facebook como <a href="https://www.gsma.com/mobilefordevelopment/wp-content/uploads/2016/02/Mobile-phones-internet-and-gender-in-Myanmar.pdf" target="_blank">su única fuente de información</a> y que muchos consideran las publicaciones como noticias.</p><p>Un analista en ciberseguridad de Rangún señaló a <a href="https://www.theguardian.com/world/2018/apr/03/revealed-facebook-hate-speech-exploded-in-myanmar-during-rohingya-crisis" target="_blank">The Guardian</a> que "Facebook es posiblemente la única fuente de información online para la mayoría de Myanmar".</p><p>La exrelatora especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en Myanmar, Yanghee Lee, advirtió en 2018 de que Facebook "se ha convertido en una bestia". "Se utiliza para transmitir mensajes públicos, pero sabemos que los budistas ultranacionalistas tienen sus propias cuentas de Facebook y están incitando a la violencia y difundiendo odio contra los rohingyas u otras minorías étnicas", señaló.</p><p>Una portavoz de Facebook afirmó tras la investigación independiente que la compañía estaba ampliando los esfuerzos para eliminar el odio y las cuentas de usuarios que lo difunden. "Nos tomamos esto especialmente en serio y hemos trabajado con expertos en Myanmar durante varios años para desarrollar recursos de seguridad y campañas de contranarrativa", aseguró. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 01 Sep 20 12:38:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[elDiario.es]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Facebook se niega a cooperar en la investigación sobre el genocidio rohingya]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El director ejecutivo de TikTok dimite tras las amenazas de Trump]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/el-director-ejecutivo-de-tiktok-dimite-tras-las-amenazas-de-trump_1_6184565.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c674b8b-e549-45b8-b7f0-c1813bb63f5a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El director ejecutivo de TikTok dimite tras las amenazas de Trump"></p><p>El director ejecutivo de la compañía china TikTok, Kevin Mayer, ha presentado su renuncia apenas unos días después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazara con prohibir el uso de la red en Estados Unidos, según ha avanzado el Financial Times. La empresa ha sido acusada de ser un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos por la administración Trump. Mayer se unió a TikTok en junio después de dejar su puesto como jefe de servicios de transmisión de Disney.</p><p>TikTok recibió recientemente un plazo de 90 días para ser vendida a una empresa estadounidense y así evitar enfrentarse a su prohibición en Estados Unidos. "En las últimas semanas, a medida que el entorno político ha cambiado drásticamente, he hecho una reflexión significativa sobre lo que requerirán los cambios estructurales corporativos y lo que significan para el rol global al que me inscribí", dijo Mayer en una carta a los empleados que reproducen varios medios internacionales. No obstante y pese a que las conversaciones entre la compañía y Trump continúan, Mayer asegura en el escrito que "en este contexto, y como esperamos llegar a una resolución muy pronto, quiero hacerles saber con gran pesar que he decidido dejar la empresa".</p><p>La Administración de Trump sostiene que TikTok supone una "amenaza" para la seguridad nacional de Estados Unidos, por lo que impidió sus transacciones a partir del próximo 15 de septiembre, y está buscando forzar su venta a una empresa estadounidense como Microsoft, que ha mostrado interés por la popular red social. TikTok, que en EEUU tiene más de 80 millones de usuarios, es una de las redes sociales que más ha crecido en los últimos años, donde se ha convertido en el principal entretenimiento para muchos adolescentes y un canal de marketing para importantes celebridades.</p><p>El Ministerio de Asunto Exteriores de China se opone a la venta forzada de TikTok, una operación que en su opinión viola los principios de la Organización Mundial del Comercio (OMC). De hecho, el Gobierno chino ve la intención de vender TikTok como un capítulo más de la guerra comercial entre Pekín y Washington, que intenta contener el cada vez mayor poderío tecnológico del gigante asiático, que ya ha visto como la firma de telecomunicaciones Huawei ha tenido que enfrentarse a restricciones.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Aug 20 05:47:25 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[EFE]]></author>
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      <media:title><![CDATA[El director ejecutivo de TikTok dimite tras las amenazas de Trump]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tinder y yo: diario de un quemado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/tinder-diario-quemado_129_6137811.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/21fd38ac-7088-40c9-8841-2237ca8b9d49_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Tinder y yo: diario de un quemado"></p><p>Después de año y medio perdiendo el tiempo con un tío, me he vuelto a abrir Tinder. Fueron meses de tiras y aflojas, de "no estoy preparado para tener una relación", pero tan amigos, hasta que hace unas semanas me dijo que estaba "en serio" con otro. Así que, una vez superado el duelo, me volví a descargar Tinder.</p><p>Y quien habla de Tinder puede hablar de muchas otras apps como Grindr, Happn, Adopta, Wapa, Scruff... Además, te lo ponen fácil: no basta con borrar la app, si no les dices que cierren tu cuenta, ahí seguirás atrapado, recaudando matches sin que te enteres. ¿Es posible encontrar el amor en Tinder? Yo creo que sí. Lo he visto en casos muy cercanos. Al fin y al cabo, había encontrado a ese tipo en una de esas apps. Todos sabemos cómo funcionan, ¿cierto? Si no te gusta, swipe a la izquierda. Si te gusta, a la derecha. Swipe, swipe, swipe,... "¡Oh! Has tenido un match con alguien". Bien, bien. Esto empieza bien. Mando un gif de Ralph Wiggum saludando. Y pasan las horas y no hay respuesta. Voy a seguir con este carrusel de fotos.</p><p>Izquierda, izquierda, izquierda. Derecha. Nada. Izquierda, izquierda. Derecha. Y así pasa uno los días. Dios, creo que me voy a morir solo. Este juego solo me empieza a parecer entretenido cuando se lo dejo a mis amigos y son ellos los que eligen.</p><p>Este paseo por un escaparate de torsos no deja de recordarme a webs inhóspitas de los 2000 como votamicuerpo. Encontramos perfiles de todo tipo: la parejita que viene a experimentar, el agente secreto que se esconde tras unas gafas de sol en todas sus fotos, el vampiro que viene a "conocer gente" pero en realidad va al cuello, el de idealista que está buscando piso, el hacker que ha modificado su ubicación y en realidad está en Noruega, el influencer que a base de metralleta* te pide que le sigas en Instagram... Izquierda, izquierda, derecha. Vaya, otro match. Vuelvo a saludar. ¡Y contesta! Pues este sí que sí. </p><p>Y comienzas una charla, de buen rollo. Comparáis gustos, aficiones y hasta os planteáis quedar. Lo hacéis. Sale mal. Y en cuanto te vas vuelves a abrir la app. ¡Otro match! Venga, vamos a ponerle un poquito más de ganas. Pero llega el fin de semana y te hace <em>goshting</em>. Vuelvo al móvil y temo estar empezando a obsesionarme, porque Tinder no deja de salirme como app favorita de uso, por delante de Whatsapp o Instagram.</p><p>Mientras escribo esto, reviso mi perfil y tengo unos 700 matches pero apenas cuatro conversaciones activas.</p><p>Volviendo a la pregunta de más arriba: ¿es posible encontrar el amor en Tinder? Bueno, si no llega, siempre te puedes llevar alguna alegría por el camino. Hasta que me harte y borre la app. No pasarán ni dos semanas hasta que me la vuelva a instalar.</p><p>*(Hacer la) metralleta: marcar todos los perfiles con un sí para no dejar pasar ningún match. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Aug 20 18:55:34 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Alejandro Navarro Bustamante]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Tinder y yo: diario de un quemado]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[tecnológicas: datos, dinero y poder]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un usuario corrige y mejora la aplicación de rastreo canadiense]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/usuario-corrige-mejora-aplicacion-rastreo-canadiense_1_6180825.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b9b5a80-37f1-4503-b4b8-6987f7494fca_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Un usuario corrige y mejora la aplicación de rastreo canadiense"></p><p>El pasado 31 de julio, Canadá lanzó oficialmente una aplicación de rastreo que advertía a sus usuarios de la exposición al virus y permitía a las autoridades investigar y localizar con mayor eficacia los contagios y los brotes que podían producirse a lo largo y ancho del país. Bautizada como Covid Alert, el soporte empleaba la tecnología de Apple y Google -que también usan otras aplicaciones como la española o la británica-, además de la tecnología bluetooth de baja energía, para, mediante la interacción móvil, avisar a los usuarios de los potenciales focos de infección y, así, ayudar a la prevención y frenar la propagación. </p><p>La aplicación acumulaba más de dos millones de descargas el pasado día 16 de agosto, según datos del Servicio Digital Canadiense, y estaba aterrizando paulatinamente en la mayoría de provincias del país, aunque el escaso volumen de usuarios dificultaba la emisión de diagnósticos fiables. </p><p>Un usuario de dicha aplicación, Sean Coates, aprovechó la transparencia del código para observar su funcionamiento y asegurarse de que su información no era compartida por terceros. El código de Covid Alert es abierto, al igual que el de otras aplicaciones como Immuni (Italia) o Corona-Warn-App (Alemania), por lo que cualquier persona con ciertos conocimientos informáticos puede comprenderlo, copiarlo e, incluso, corregirlo. </p><p>"Inicié la aplicación otra vez y noté algo extraño... algo perturbador". Así narra Coates en su <a href="https://seancoates.com/" target="_blank">página web</a> cómo, al arrancar la secuencia de iniciación del soporte por segunda vez, observó que Covid Alert, además de contactar con los servidores de las autoridades canadienses, contactaba con Google. </p><p>"Decidí que aquello probablemente no había sido planeado por los desarrolladores, pero me preocupó que una app, diseñada para rastrear las interacciones entre los dispositivos de las personas y que el gobierno quiere que nos descarguemos, estuviera diciéndole a Google que la estaba usando, revelando mi dirección IP en el proceso", señala el usuario antes de especificar que el código no incluía ninguna referencia a la plataforma estadounidense (clients3.google.com), por lo que la directriz debía encontrarse en una librería con un sistema predeterminado de contacto con Google. Tras <a href="https://github.com/react-native-community/react-native-netinfo/blob/4e3e9813fbae89013bbeee6470b005b6d923e022/src/internal/defaultConfiguration.ts#L2" target="_blank">encontrarla</a>, se dispuso a arreglar el problema. </p><p>Coates estableció un parche que impedía al soporte contactar con enlaces externos a los oficiales proveídos por las autoridades canadienses y notificó el cambio a los desarrolladores, quienes actualizaron la app e incluyeron los cambios del usuario. </p><p>Tras la confirmación de rigor, Coates aseguró que la nueva actualización impedía compartir la información de los usuarios con terceros. "Las fuentes abiertas son, normalmente, una herramienta de márquetin, pero en este caso resultó realmente útil". </p>]]></description>
      <guid isPermalink="false"><![CDATA[a9b8563d-3659-495c-9fbc-5e8e1baf2ea7]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 20 20:32:15 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Àlex Llorca Llinares]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Un usuario corrige y mejora la aplicación de rastreo canadiense]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[app,google,COVID-19,coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Twitter y yo: ¿en qué momento se jodió?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/twitter-momento-jodio_129_6138121.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c141c63-d1b9-4a95-ba5b-f41a453e3e9a_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Twitter y yo: ¿en qué momento se jodió?"></p><p>Me hice cuenta de Twitter por dos motivos. Por procrastinar, porque abrí mi perfil a finales de enero de 2011, con mis primeros exámenes de febrero de la carrera de periodismo a la vuelta de la esquina. Estaba motivado, pero no lo suficiente como para no distraerme con la red social en la que nos refugiamos para huir de Facebook porque llegaban nuestros mayores. Eran los meses previos al 15M, el punto de inflexión de Twitter en España, así que siempre podré decir, escudriñando el horizonte con mi monóculo y con la superioridad de un crítico musical indie que lo ve todo antes que nadie, que yo ya tenía Twitter antes de que fuera mainstream. También porque acababa de entrevistar a Juanjo Anaut, redactor jefe de Marca y poco después director de comunicación del Atlético de Madrid. Me prometieron que en la red social del pajarito podías escribir a los famosos y, lo mejor de todo, a veces te contestaban. Quería ser periodista deportivo –qué tiempos– y Anaut para mí era famoso. Como buena celebrity nunca me respondió, me sentí timado y le dejé de seguir. </p><p>Usaba Twitter sin filtros, como una especie de Tuenti sin fotos en el que comentar partidos de fútbol e inventar hashtags divertidos con los que no atender en las clases de semiótica. Al tiempo lo dejé un poco de lado hasta que en dos paseos con mis amigos Beloki y Taeño les comenté, ya metido de lleno en el antirracismo, que quería darle un perfil más público para hablar de lo que otros no hablaban. Sin darme cuenta firmé con la mano derecha mi bendición y con la izquierda mi perdición.</p><p>De repente un grupito vimos que colar nuestros temas en los medios era fácil porque los medios miraban cada vez más a Twitter para rascar temas, copiar enfoques y excavar hasta dar con noticias. Hablamos del #EstadoEspañolNoTanBlanco y se armó, señalamos el racismo que vivimos en el sistema educativo y se transformó en reportajes. Los invisibles al poder encontramos la herramienta más democrática para alzar la voz sin editores ni censores. Solo nosotros y los seguidores. </p><p>Santiago Zavala, en la novela <em>Conversación en La Catedral</em>, de Mario Vargas Llosa, se preguntó en qué momento se había jodido el Perú. Diseccionando diferentes diagnósticos pero sin una respuesta clara, ahora nos preguntamos: ¿En qué momento se había jodido el Twitter? </p><p>No sé si fueron los continuos cambios en una red con usuarios más conservadores de lo que querían creer. O si fue la falta de cintura para frenar el impacto de los mensajes negativos: para mostrar acuerdo basta un retuit o un like, pero para el desacuerdo solo queda el mensaje: así, los insultos y amenazas los lees, pero no los retuits. No sé si fue su incapacidad, copiando a la misma sociedad, de proteger a los débiles justo en la red social donde nos sentíamos más fuertes. O si simplemente porque no estábamos preparados para ver entre la riqueza de los memes y hashtags las miserias de un mundo en el que cada vez es más difusa la línea entre lo virtual y lo real.</p>]]></description>
      <guid isPermalink="false"><![CDATA[697974cd-858e-49ca-876c-09f39076ec23]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 25 Aug 20 19:48:41 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Moha Gerehou]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Twitter y yo: ¿en qué momento se jodió?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[tecnológicas: datos, dinero y poder]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comerciantes de la atención]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/comerciantes-atencion_129_6138063.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b22f93d-ad73-462c-a6c1-50fc9404f3c0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Comerciantes de la atención"></p><p><em>Tim Wu (Washington D. C., 1972), abogado, profesor de la escuela de derecho de la Universidad de Columbia y experto en la industria de los medios y la tecnología, analiza en ‘Comerciantes de la atención’ cómo ha cambiado nuestras vidas este escenario en el que grandes compañías tecnológicas pujan por seducirnos a través de las redes para convertir nuestro tiempo en dinero. Pero Wu sitúa el inicio de este proceso mucho antes de la llegada de Internet. Lo cuenta en una obra que fue considerada por ‘The New York Times’ libro del año en EE UU, que ahora publica en España Capitán Swing y de la que ofrecemos su último capítulo.</em></p><p>¿Igual en realidad todo era un sueño? A finales de la década de 2010 quizá se lo pareciese a los <em>cortacables</em> [1] ricos o conocedores de la tecnología que disfrutaban de televisión sin anuncios en Netflix o Amazon, leían libros electrónicos o navegaban por internet en un teléfono o en un ordenador que tenía bloqueada la publicidad. Era perfectamente posible pensar que el reinado de los comerciantes de atención había sido una aberración, un intervalo sórdido en la senda hacia un mundo mejor, aunque el hechizo hubiese durado todo un siglo. Quizá la larga y oscura noche del arbitraje de la atención, incluso de la propia publicidad —que compraba barata nuestra conciencia y la vendía con margen de beneficio—, estuviera llegando a su fin. Lo cierto es que entre sus objetivos demográficos más deseados —los jóvenes y los acaudalados— la publicidad parecía haberse convertido en una toxina más que convenía evitar para tener un estilo de vida saludable, otra invención del siglo XX que habíamos cometido el error de considerar inofensiva, como los refrescos azucarados, los alimentos procesados y los solarios.</p><p>Una exageración, tal vez. Aun así, ni a los comerciantes de atención ni a sus agentes de la industria publicitaria les sentaron bien el creciente desagrado del nuevo milenio por la publicidad y la voluntad sin precedentes de pagar por disfrutar de paz y tranquilidad.</p><p>Como señala Michael Wolff, el 50% de los ingresos de la televisión en su conjunto —un porcentaje inaudito— dependía de los cobros de las suscripciones; por su parte, el internet móvil estaba sitiado y la red, atada, estaba cayendo en el olvido. Esas tendencias, que coincidían con la creciente sensación de que los medios de comunicación habían sobrecargado nuestra atención hasta un punto crítico, sin duda hicieron que pareciese que los comerciantes de atención no tenían adónde ir. No obstante, teniendo en cuenta el largo plazo, como hace nuestra historia, tales rebeliones contra la publicidad deben entenderse como parte de una dinámica más amplia. A fin de cuentas, estamos hablando de una industria a la que se ha dado por muerta por lo menos cuatro veces en los últimos cien años. Una y otra vez, parecía que la fiesta había terminado, que los consumidores habían huido de una vez por todas y, aun así, los comerciantes de atención siempre encontraban la manera de superponerse a las nuevas y brillantes máquinas que parecían estar abriéndose paso a machetazos por entre el viejo follaje. Por sorprendente que resulte, la década de 1960, el cenit del antimercantilismo, dejó a los comerciantes de atención más fuertes que nunca. Se suponía que la World Wide Web o red informática mundial, diseñada por investigadores científicos, asestaría un golpe fatal al mercantilismo de las comunicaciones, pero esas cuestiones obedecen a una lógica propia: la publicidad siempre se vuelve menos molesta e intrusiva, y la gente redescubre su gusto por las cosas gratuitas. En esa visión a largo plazo, es difícil imaginar que pueda marchitarse sin más un negocio con una premisa de una simpleza tan maravillosa: captar la atención de la gente a cambio de un poco de diversión y luego revenderla a las empresas que patrocinan el entretenimiento.</p><p>Lo que hacían en la década de 2010 los cortacables y quienes evitaban los anuncios tenía importancia, pero no era nuevo; más bien, no eran más que otras manifestaciones del esfuerzo general y continuo por ejercer el control de nuestro acuerdo con los comerciantes de atención, sin importar que el contenido fuesen las noticias de la noche de la CBS o los vídeos de hámsteres de YouTube. Dado que la industria de la atención, como cualquier otra, exige un crecimiento constante, los términos del acuerdo están en constante evolución y, por lo general, en perjuicio nuestro: más atención a cambio de menos entretenimiento. Por lo tanto, las rebeliones periódicas contra el pacto no solo son predecibles, sino necesarias, pues, para que la economía de la atención nos beneficie (y no solo nos explote), tenemos que supervisar su funcionamiento y expresar nuestro descontento ante sus tendencias degradantes. Como hemos visto, para sus peores excesos es posible que, en algunos casos, no haya más solución que la ley.</p><p>Sin embargo, la cuestión más imperiosa que plantea este libro no tiene que ver con el eterno debate de si la publicidad es buena, mala o un mal necesario. La cuestión más apremiante de los tiempos que corren no es cómo deberían hacer negocios los comerciantes de atención, sino dónde y cuándo. Por desgracia, nuestra sociedad ha descuidado lo que en otros contextos llamaríamos las reglas de zonificación, la regulación de la actividad comercial que se desarrolla donde vivimos, en sentido tanto figurado como literal. Es una cuestión que va al meollo de cómo valoramos lo que solía llamarse nuestra vida privada.</p><p>Este libro empieza con la historia del aumento de la publicidad en las escuelas públicas, un fenómeno nuevo que se fundamenta en la premisa tácita de que cada resquicio de nuestra atención puede ser blanco de la explotación comercial. Esa norma, como hemos visto, se fue extendiendo de manera lenta pero inexorable durante el siglo pasado, y se ha terminado convirtiendo en una posición por defecto con respecto a prácticamente todo el tiempo y el espacio que ocupamos. Es estremecedor lo poco que ha hecho falta para defender el alcance íntegro de los comerciantes de atención en nuestra experiencia vital. Antes, el estado de la tecnología imponía sus propios límites, pero en una época en la que ya no existe esa clase de limitaciones nos corresponde formular algunas preguntas fundamentales: ¿trazamos alguna línea entre lo privado y lo comercial? En caso afirmativo, ¿qué momentos y qué espacios debemos considerar lo suficientemente valiosos, personales o sacrosantos como para salvaguardarlos del violento ataque habitual?</p><p>La costumbre respondía a estas preguntas en épocas anteriores, pero, al igual que la tecnología ha trascendido sus antiguas limitaciones, también nosotros parecemos estar menos sujetos a los imperativos de la tradición. Hubo un tiempo en que esta limitaba dónde y cuándo se podía abordar a la gente. Incluso con los avances tecnológicos necesarios, no siempre fue tan fácil llegar a la gente cuando estaba en casa y mucho menos cuando iba andando o en taxi. Para la mayoría, la práctica religiosa solía definir ciertos espacios y momentos inviolables. Había otras normas menos formales —como el tiempo reservado para las comidas familiares— que también ejercían una fuerza considerable. En ese mundo, la intimidad era la norma y las intrusiones publicitarias, la excepción. Y, aunque pudiera haber muchos aspectos que resultaran inconvenientes o frustrantes, la vieja realidad tenía la ventaja de crear espacios protegidos de manera automática, lo que conllevaba efectos saludables. El último medio siglo ha sido una era de individualismo sin precedentes, lo que nos ha permitido vivir de un montón de formas que antes no eran posibles. Un ejemplo de ello, que no se valora lo suficiente, es el poder que se nos ha dado para que construyamos nuestra vida atencional. Hasta en la sala de espera del dentista tenemos el mundo al alcance de los dedos: podemos echar un vistazo al correo electrónico, navegar por nuestras páginas favoritas, jugar a algún juego y ver películas, cuando antes teníamos que contentarnos con un montón de revistas viejas. Sin embargo, este nuevo abanico de posibilidades también ha provocado que se erosione el perímetro de la vida privada. Por lo tanto, resulta un poco paradójico que, al haber individualizado tan minuciosamente nuestras vidas atencionales, terminemos siendo menos nosotros mismos y más esclavos de nuestras diversas redes y dispositivos. Sin consentir a ello de manera expresa, la mayoría de nosotros nos hemos expuesto pasivamente a que se explote nuestra atención con fines comerciales en cualquier lugar y momento. Si queremos que haya algún esquema de zonificación que frene esta expansión, tendrá que ser, sobre todo, un ejercicio de voluntad personal.</p><p>Lo que se necesita podría denominarse proyecto de recuperación humana. A modo de comparación, pensemos en esos proyectos que se emprenden con el objetivo de recuperar algún (otro) recurso natural, como cuando se reconvierte en naturaleza salvaje un aparcamiento abandonado. El recurso humano más fundamental que requerirá conservación y protección durante el próximo siglo seguramente sea nuestra conciencia y espacio mental.</p><p>En la práctica, el movimiento podría originarse con individuos que operen cambios graduales, tan sencillos como reservar bloques de tiempo, como el fin de semana, para pasarlos fuera del alcance de los comerciantes de atención. Las primeras agitaciones se perciben en las prácticas, ya existentes, de “desconectar” o tomarse “días de descanso digital”. El mismo impulso puede conducir también a recuperar santuarios más físicos, no solo el cobertizo del escritor en el patio trasero, sino también las aulas, las oficinas y las casas; cualquier lugar donde queramos interactuar los unos con los otros o lograr algo que sabemos que exige un alto grado de concentración. De esta manera, la práctica comienza a pagar dividendos comunales además de beneficios individuales.</p><p>Aunque es sencillo elogiar el objetivo de recuperar nuestro tiempo y nuestra atención, es sorprendente lo difícil que puede resultar alcanzarlo. Cuesta horrores resistirse, aunque sea solo durante un fin de semana, a ciertos hábitos tan profundamente arraigados como echar un vistazo al correo electrónico, a Facebook y a otras redes sociales, ojear noticias que ni nos van ni nos vienen —por no hablar de los ciberanzuelos, que despiertan aún más nuestro interés— o dejarse caer en el sofá para pasar varias horas zapeando. Esa dificultad es un reflejo de años de condicionamiento y de la determinación de los comerciantes de atención de exprimir al máximo, por todos los medios posibles, el tiempo que les dedicamos. Cuando estamos absortos en el trabajo, leyendo un libro o jugando con los niños, para los comerciantes de atención es como si estuviéramos robando. Quieren —necesitan— que estemos constantemente fisgoneando en busca de migajas de su entretenimiento, que sintonicemos las pausas publicitarias de su programación o que nos pongamos al día con nuestros amigos mediante algún sistema que pueda servir también a algún propósito de marca.</p><p>Si se necesita alguna motivación práctica para superar la incomodidad que genera reclamar la atención que nos pertenece, puede venir bien pararse a pensar en los costes que entraña no hacerlo y que se van acumulando. Sean cuales sean nuestras metas personales, las cosas que nos gustaría lograr, los objetivos de los comerciantes de atención no suelen concordar con los nuestros. ¿Con qué frecuencia te has sentado con la idea, pongamos, de escribir un correo electrónico o comprar una cosa en Internet, y te has encontrado horas después preguntándote qué ha pasado?</p><p>Y ¿cuáles son los costes sociales de tener a todos los ciudadanos condicionados para que pasen gran parte de su vida, en vez de concentrados y abstraídos, con la conciencia fragmentada y sometidos a interrupciones constantes? En ese sentido, nuestra vida se ha convertido en todo lo contrario de las que cultivaban los monjes, tanto los de Oriente como los de Occidente, cuyo objetivo era precisamente recoger los frutos de una atención profunda y concentrada. Qué irónico resulta que esa lamentable dispersión mental no proceda de una falta de empuje por nuestra parte, sino de los imperativos de un tipo en particular de empresa comercial que la mayor parte del tiempo ni siquiera resulta especialmente rentable. El resto del sector privado podría tener tantos motivos de queja como el individuo y la sociedad. Sin duda, sería estremecedor calcular el precio macroeconómico de todo ese tiempo que dedicamos a los comerciantes de atención, aunque sea para alertarnos sobre la rémora que supone sobre nuestro propio índice de productividad, que es la medida en virtud de la cual sopesan los economistas todos nuestros actos.</p><p>En el fondo, lo reconozcamos o no, los comerciantes de atención han llegado a desempeñar un papel importante a la hora de marcar el rumbo de nuestra vida y, en consecuencia, el futuro de la raza humana, dado que ese futuro no será más que la suma de nuestros estados mentales individuales. ¿Suena exagerado? Fue William James, la fuente del pragmatismo estadounidense —que vivió y murió antes del florecimiento de la industria de la atención—, quien sostuvo que en última instancia nuestra experiencia vital equivaldría a aquello a lo que hubiéramos prestado atención. Por lo tanto, lo que está en juego es algo similar a nuestra forma de vivir la vida. Eso debería bastar para que analicemos con más detalle los innumerables acuerdos que suscribimos habitualmente y, lo que es aún más importante, para que tengamos en cuenta que en ciertas ocasiones nos conviene mantenernos completamente al margen. Si deseamos un futuro que evite la esclavitud del estado propagandístico, así como la narcosis de la cultura del consumo y del famoseo, primero tenemos que reconocer que nuestra atención es valiosa y decidir no desprendernos de ella a un coste tan bajo o de una manera tan irreflexiva como tantas veces hemos hecho. Y luego debemos actuar, a nivel tanto individual como colectivo, para volver a ser dueños de nuestra atención y recuperar, así, la titularidad de la mismísima experiencia de vivir.</p><p>(1) Los cortacables (del inglés ‘cord-cutters’) son los usuarios que dejan de pagar su suscripción a la televisión por cable y empiezan a consumir contenidos en Internet.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Aug 20 15:39:53 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Tim Wu]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Comerciantes de la atención]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[tecnológicas: datos, dinero y poder]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reaprendiendo el valor de la privacidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/reaprendiendo-privacidad_129_6137661.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/671aaea6-40b1-4b36-a001-ec4a962a48c7_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Reaprendiendo el valor de la privacidad"></p><p>Dos años después de haber sido fundado y, a pesar de su popularidad, Google todavía no había desarrollado un modelo de negocio sostenible. En esos tiempos, la tecnológica era una startup digital como cualquier otra, sin un horizonte rentable. En el año 2000 todo cambió. Google lanzó AdWords, inaugurando a la vez la economía de datos. AdWords, que ahora se llama Google Ads, aprendió a explotar los datos producidos por las interacciones de Google con sus usuarios para vender anuncios. En menos de cuatro años, la compañía logró un aumento de ingresos del 3.590%. Nada volvería a ser igual. </p><p>La economía de datos ha cambiado radicalmente y sigue cambiando cómo entendemos los datos personales, y cómo nos pensamos como sujetos de datos. La privacidad siempre ha sido importante para los seres humanos. Las normas sociales en torno a la privacidad evolucionaron para proteger al individuo de posibles abusos. Por el bien de tu seguridad, es mejor que tus enemigos no sepan dónde vives. Y mejor que tu jefe no conozca tus creencias políticas, no vaya a ser que discrimine en tu contra. Es de sentido común limitar lo que los demás saben de ti para que no puedan hacer un mal uso de ese conocimiento. Como han señalado Francis Bacon, Thomas Hobbes, Michel Foucault, y tantos otros, siempre ha existido una relación íntima entre conocimiento y poder. </p><p>La economía de datos quiso convencernos, y durante un tiempo quizás lo logró, de que la privacidad era cosa del pasado. En una entrevista en 2010, Mark Zuckerberg tuvo la audacia de insinuar que la privacidad ya no era una norma social, que habíamos evolucionado, y que Facebook simplemente estaba reflejando las normas del presente. </p><p>La privacidad nunca ha sido cosa del pasado. Hoy nos importa tanto como ayer o más que se respete el secreto del voto, por ejemplo, o que nadie publique nuestros mensajes privados. La privacidad nunca ha sido ni será cosa del pasado porque siempre habrá gente que quiera usar información sobre nosotros para su propio beneficio y en contra del nuestro. Mientras la sociedad sea sociedad y los seres humanos sean humanos, siempre necesitaremos de la protección de la privacidad, sin importar si nos movemos en un contexto digital o analógico, en línea o no. </p><p>A la gente común y corriente nos costó tiempo y experiencia darnos cuenta de que el contexto digital no es menos peligroso que el analógico. Las tecnológicas jugaron con la ventaja de la invisibilidad. Lo virtual no huele, no sabe a nada, no pesa. No vemos ni sentimos la mirada de todos aquellos que nos siguen los pasos. Que te roben los datos no duele hasta mucho después, cuando ya es demasiado tarde.</p><p>Ahora entendemos que las consecuencias de la falta de privacidad de hoy son tan graves como las de ayer. El robo de tus datos te puede salir tan caro como que te roben la cartera. Que los data brokers intenten saber todo sobre ti y vendan esa información a la empresa que quiere contratarte es incluso peor que cuando las empresas se atrevían a preguntarte en una entrevista de trabajo si estabas embarazada o si querías tener hijos. </p><p>Por lo menos antes tenían que preguntártelo mirándote a la cara.</p><p>Y esa visibilidad ayudó a hacer ilegales esas prácticas. Hoy no sabemos lo que otros saben o creen saber sobre nosotros. Lo que sí sabemos es que, en vez de tratarnos como a iguales, o en base a la información que nosotros estamos dispuestos a proporcionar y corroborar, demasiadas instituciones nos tratan de acuerdo a nuestros datos –incluso cuando estos son falsos, porque no hay nadie que tenga un interés en comprobar que los datos sean correctos–.</p><p>Las grandes tecnológicas cuyo modelo de negocio depende de datos personales y anuncios se esfuerzan por aparentar ingenuidad, inocencia, y benevolencia. Pero los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, eran perfectamente conscientes de los peligros que conlleva depender de anuncios. En un artículo que escribieron en 1998 señalaban que “los buscadores financiados por anuncios estarían predispuestos a beneficiar a los anunciantes, en contra de las necesidades de los usuarios”. Más claro, imposible. Ellos lo entendieron entonces. Ahora lo vamos entendiendo todos.</p><p>Una de las narrativas que la economía de datos ha propagado es que los datos se crean como un derivado de nuestra interacción con los ordenadores, que a los individuos no les sirven de nada, y que las empresas los pueden reciclar sin que nos cueste nada para financiar todos esos servicios que tanto nos gustan. Como si los buitres de datos no tuvieran nada que ver con la creación de esos datos. Como si solo estuvieran recogiendo lo que dejamos tirado en nuestros paseos digitales.</p><p>Recoger información... y producir información</p><p>Pero las empresas de datos no solo recolectan información, la producen. Primero, al observarnos y tomar nota de nuestros movimientos dentro y fuera del internet. Segundo, al empujarnos a compartir la mayor cantidad de información posible –dar más datos personales, publicar más en redes sociales, y mandar más mensajes–, lo que a su vez genera más reacciones y más datos.</p><p>Los buitres de datos no son observadores neutrales. Al nutrirse de la experiencia humana, son como vampiros que nos instan a producir más del alimento del que dependen. Desafortunadamente, las contribuciones que más datos generan (más comentarios, clicks, likes, retweets, etc.) son aquellas que más llaman a la discordia.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 23 Aug 20 19:51:31 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Carissa Véliz]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Reaprendiendo el valor de la privacidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[tecnológicas: datos, dinero y poder]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[VÍDEO⎟ Del diálogo a la confrontación: cómo el 'hashtag' se ha convertido en un imprescindible de las redes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/video-dialogo-confrontacion-hashtag-convertido-imprescindible-redes_7_6176343.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8c4e1ca1-f332-4005-9b07-4fa1ce40412e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="VÍDEO⎟ Del diálogo a la confrontación: cómo el 'hashtag' se ha convertido en un imprescindible de las redes"></p>]]></description>
      <guid isPermalink="false"><![CDATA[da7bbdfe-5811-4777-a1b7-5dfa26f1f1e1]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 20 19:53:33 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Leonardo Ibáñez]]></author>
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      <media:title><![CDATA[VÍDEO⎟ Del diálogo a la confrontación: cómo el 'hashtag' se ha convertido en un imprescindible de las redes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Estoy a favor de la tecnología, pero tiene que estar vinculada a un sistema político y económico distinto para lograr justicia"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/favor-tecnologia-vinculada-sistema-politico-economico-distinto-lograr-justicia_128_6137941.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e97d798-f1b4-49df-812a-d62dc3eef0a5_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt=""Estoy a favor de la tecnología, pero tiene que estar vinculada a un sistema político y económico distinto para lograr justicia""></p><p>Hace años, cuando todavía parecía que internet iba a resolver todos nuestros problemas, el ensayista bielorruso Evgeny Morozov (Soligorsk, 1984) ya era una especie de enfant terrible digital y un azote de Silicon Valley. Comparó a Mark Zuckerberg con Putin y llamó “estafador” a Tim O'Reilly, el teórico digital que popularizó el término Web 2.0. En respuesta, lo llamaron alarmista, exagerado y “tecnófobo”, etiqueta que aún hoy rechaza. Hoy, cuenta que le aburre sobremanera el debate tecnológico actual, centrado en la regulación y en la crítica a las grandes empresas tecnológicas. Mientras, cree que todavía no estamos yendo al fondo del asunto: el capitalismo.</p><p><strong>Durante años estuvo advirtiéndonos de los efectos perniciosos de internet, y algunas de sus predicciones parecen haberse materializado. ¿Se siente validado ahora que tu punto de vista, que era tan controvertido, se ha generalizado?</strong></p><p>Nunca tuve ningún problema con la tecnología como tal. Y en todos mis artículos, especialmente en los últimos cinco o seis años, me he esforzado en enfatizar que la tecnología no puede analizarse en abstracto. Se puede analizar la forma en que nuestro sistema económico se expresa a través de ella. Un sistema económico distinto, basado en un conjunto diferente de valores, demandas, formas de organizar la producción o la vida social, expresaría sus valores a través de la tecnología de manera diferente. Yo no veo a Facebook o Twitter o Google como tecnología. Veo que los agentes económicos y los agentes históricos han usado hábilmente su poder político para hacer lo que se supone que deben hacer, que es maximizar las ganancias. Estoy a favor de la tecnología, pero tiene que estar vinculada a un sistema político y económico muy distinto para lograr justicia, solidaridad, igualdad y otros valores. Si se vincula con el capitalismo y su forma más neoliberal y financiarizada, generará miseria, precariedad y desesperación.</p><p><strong>¿Cómo sería eso en la práctica ese sistema más justo en el que desvinculamos el progreso tecnológico del capitalismo y lo asociamos a otros valores?</strong></p><p>Tenemos ejemplos históricos de sistemas para compartir el conocimiento cuyo acceso hemos financiado: la biblioteca pública moderna. Para poder imaginar qué tipo de alternativas son posibles y poder implementarlas, se debe politizar la cuestión de la propiedad. También la cuestión de quién puede experimentar con las nuevas tecnologías e imaginar el futuro. Si solo se les permite a quienes trabajan en las startups y los fondos de capital de riesgo, tendrás un futuro en el que se trate de obtener ganancias con tus datos, con publicidad o esencialmente cobrándote por el acceso a ciertas cosas. No será necesariamente un futuro en el que las cosas se ofrezcan como infraestructura pública, informadas por la idea de que los individuos tienen derechos sociales, económicos y humanos, sino por la idea de que las personas (o los consumidores más bien) necesitan comprar acceso a servicios. Son paradigmas diferentes y opuestos. El paradigma de los derechos, donde tenemos derecho a atención médica, educación, y otras cosas que tenemos en un sistema democrático en oposición a un sistema de Silicon Valley, que es un sistema donde no tenemos derechos y somos tratados como consumidores que compran servicios. Y, ocasionalmente, esos servicios se pueden terminar si se vuelven menos rentables para la empresa. No hay garantías. Estás ahí solo en una transacción comercial, con una contraparte que es mucho más poderosa y que puede cortar la relación en cualquier momento que lo deseen. Este modelo no es consecuencia de la tecnología, es una consecuencia de las relaciones de poder. </p><p><strong>¿Cómo valora algunos de los esfuerzos regulatorios que se han hecho, sobre todo en Europa, para tratar de moverse en esta dirección?</strong></p><p>Si sigues operando en un paradigma donde la obtención de ganancias y la reducción de costos son los objetivos principales, ninguna ley te permitirá alcanzar el grado de humanidad que buscas. Puedes humanizarlo aquí y allá, pero dado que el capitalismo actual es completamente global, financiero y digital, ya no puedes esperar lograr el mismo tipo de efecto de domesticar al capital como a una bestia de los partidos socialdemócratas de hace 100 años, introduciendo una jornada laboral más corta o haciendo que los capitalistas paguen más impuestos. No creo que en el entorno actual eso sea suficiente. La regulación está bien, pero tiene que tener un propósito político y económico explícito, tiene que cuestionar el modelo económico subyacente. No puede ignorarlo y simplemente decir: ‘Lo que nos importa es esta privacidad o la protección de datos o el derecho al olvido’ e ignorar al elefante en la habitación. Europa lo ha ignorado porque, por razones geopolíticas, nunca se permitió cuestionar adecuadamente su dependencia del modelo estadounidense, su proximidad a Washington. No pudo cuestionar muchos de los compromisos que tuvo que hacer durante la Guerra Fría. Y continuó así en los años 90 y los 2000. Ahora ha llegado un punto en que China está claramente haciendo las cosas estratégicamente. Los estadounidenses han acumulado tanto poder político que pueden jugar el juego capitalista mucho mejor que los europeos. Y los europeos se han quedado con un conjunto de eufemismos: humanismo y la defensa de los derechos de los individuos, privacidad. Pero las condiciones subyacentes que hacen que todas esas cosas sean sostenibles a largo plazo, que permiten algún tipo de prosperidad, algún tipo de crecimiento que incluya a todas las capas de la sociedad y no solo a los multimillonarios ricos, están desmoronándose y eventualmente desaparecerán. Estas conversaciones tecnocráticas que tenemos en Europa sobre cómo enfrentar a los gigantes digitales o qué hacer con la propiedad de datos es probable que no lleven muy lejos. Recaudaremos algo de dinero en los márgenes, pero si no vamos a comenzar una conversación sobre dónde vamos económica y geopolíticamente o si estamos en el camino correcto no obtendremos un mundo tecnológico muy diferente al que ya tenemos. </p><p><strong>Es como cuando la Unión Europea multa a Google en una base antimonopolio y anticompetencia, pero realmente no aborda sus mecanismos de vigilancia y las lógicas que permiten a Google ganar dinero con nuestros datos. </strong></p><p>Es un error centrarse en esta empresa como una especie de manzana podrida que hace las cosas mal. Google hace todo correctamente si lo entendemos como agente capitalista: están siguiendo esa lógica al pie de la letra. Lo que falta no es un mejor modelo para Google, sino una visión a nivel europeo sobre cómo se quiere organizar la sociedad para que sea más beneficiosa dadas todas las amenazas que tenemos, desde el cambio climático hasta la desigualdad. No estoy convencido de que ajustar el régimen fiscal o introducir reglas más estrictas de regulación de datos o tratar de monetizar nuestros datos sean medidas suficientes para superar las amenazas que nos plantean desafíos como la desigualdad, el descontento popular, el cambio climático y muchos otros problemas. Los políticos simplemente no son lo suficientemente valientes como para reconocer que no tienen los medios y los mecanismos para abordar esos problemas dentro del marco actual. A estas alturas, las grandes tecnológicas se han convertido en un chivo expiatorio muy conveniente que los políticos pueden señalar y decir: ‘Bueno, no es nuestra culpa, todo es culpa de Mark Zuckerberg y Apple y Bill Gates y, tan pronto como los controlemos, las cosas volverán a la normalidad’. Es una ilusión y es tan populista como cualquier otra cosa. He estado muy callado durante los últimos años: no quiero participar en el circo de presentar a las grandes tecnológicas como malvados que se atrevieron a desafiar las normas del capitalismo. Me parece risible este repentino descubrimiento de que hay estas manzanas podridas entre nosotros. No es mi lucha.</p><p><strong>Ha mencionado antes a China y, en el pasado, ha escrito sobre cómo algunos países están intentando recuperar una soberanía tecnológica, adoptando un enfoque intervencionista. ¿Podría hablar un poco más de los diferentes modelos entre países que reafirman esa soberanía o los que no hacen nada?</strong></p><p>Se están escapando de una hegemonía de un solo actor en la esfera global tecnológica actual. Y ese actor es Estados Unidos, que ha logrado transformar su hegemonía financiera y militar en hegemonía tecnológica. La razón por la que países como China, Rusia o Irán buscan recuperar o ganar soberanía tecnológica es porque han entendido que, sin ella, tampoco obtendrán soberanía económica, militar, financiera, política o de cualquier otro tipo, incluida la cultural. Europa quiere hacer lo imposible: reclamar soberanía tecnológica mientras permanece en la órbita estadounidense cuando se trata de comercio y desarrollo. Le gustaría seguir vendiendo coches, manteniendo buenas relaciones y a las tropas estadounidenses en suelo europeo. China no se ve a sí misma como un país en la órbita de Estados Unidos. Se ve a sí misma como su igual, como una compañía que quisiera tener su propia política económica independiente. Claramente piensan (y creo que razonablemente) que no podrían controlar todo su dinero y su sistema financiero si este discurre por Stripe, por Facebook o por Google. Desde esa perspectiva, es algo completamente lógico. Podemos debatir que un régimen político que no sea una democracia va a abusar de la soberanía tecnológica, pero esencialmente la cuestión se reduce a: ¿qué es lo correcto para China? </p><p><strong>Tengo curiosidad: ¿ha estado siguiendo la campaña presidencial estadounidense? ¿Qué piensa de las propuestas de los candidatos en el ámbito tecnológico?</strong></p><p>Los demócratas quieren romper las grandes tecnológicas con la excepción quizás de [Joe] Biden y [Pete] Buttigieg. No lo encuentro particularmente excitante. Si analizas el lenguaje utilizado por [Elizabeth] Warren, pero también por [Bernie] Sanders, piensan que pasar de un gran Google a diez Googles más pequeños es la respuesta correcta. Y no puede ser, no para un político socialista. La respuesta correcta debería ser tratar de detectar infraestructuras alternativas de consumo común de servicios que puedan tener un efecto transformador en la sociedad. Tienes que ser capaz de imaginar nuevas instituciones para acceder al conocimiento y actuar sobre ellas, lo cual es posible porque Silicon Valley, a pesar de todos sus pecados, nos ha proporcionado los materiales iniciales. Podrías mirar a Amazon y pensar en un sistema que distribuya bienes de manera mucho más eficiente con todos esos datos a su alcance. Pero no tiene que ser un sistema con ánimo de lucro, al igual que nuestras bibliotecas. Desafortunadamente, la mayoría de la gente de la izquierda no ha pasado el tiempo pensando en ello como una plantilla, un ejemplo, algo que debería informar su proyecto, no solo ser algo que puedan gravar y regular. Y esto es lo que me hace pensar que la mayoría de las fuerzas de la izquierda en Estados Unidos, pero también en Europa, no tienen ideas. Es un proyecto que básicamente busca aplicar las herramientas del siglo XIX, como los impuestos y la regulación, y no tienen medios para crear algo que pueda trascender eso. En ese sentido, la campaña estadounidense es tan aburrida como lo fueren la mayoría de las campañas electorales europeas.</p><p><strong>En uno de sus artículos, decía que los desarrolladores de 'software' deberían ser considerados responsables de algunas de las cosas que han construido. Hemos presenciado una oleada de Silicon Valley que ha renegado de sus creaciones en los últimos tiempos. ¿Cree que vamos a ver más ejemplos así?</strong></p><p>Viene en oleadas. Tuvimos una ola similar en la década de 1970 cuando los empleados de grandes compañías tecnológicas se negaron a trabajar para ellos porque estaban suministrando armas a Vietnam o trabajando para el Pentágono. Hay cosas más interesantes que están sucediendo en el ámbito sindical, donde tienes sindicalización de muchas de las fuerzas tecnológicas que anteriormente no estaban sindicalizadas. Pero aparte de eso, no lo trataría como único o excepcional de ninguna manera. Coincide con un período particularmente feo en la historia de Estados Unidos con Trump en el poder, lo cual claramente enfada a las élites liberales. Hay muchos liberales que son mucho más sensibles a que su compañía esté trabajando con Defensa o las autoridades de inmigración. Estoy bastante seguro de que si Bernie Sanders es elegido, su renuencia a trabajar con el Pentágono desaparecerá de repente, lo que no significa que el imperio estadounidense o el establishment militar estadounidense se irán. Continuará como continuó bajo Barack Obama, pero la gente dormirá mejor por la noche. </p><p><strong>¿Cuáles son sus predicciones para el futuro de Internet? </strong></p><p>Intento no hacer predicciones. No soy muy optimista. Creo que mucho del descontento y de la ira que podrían haber ido por canales más productivos, como por ejemplo analizar cómo funciona el sistema capitalista global, se ha desviado a tratar de entender los algoritmos de Facebook o Google, lo cual creo que es un ejercicio inútil, ya que puedes entender todo lo que quieras sobre los algoritmos y su sesgo y seguirás sin entender por qué Arabia Saudí invierte 30.000 millones de dólares en fondos tecnológicos que inflan artificialmente el valor de la mayoría de las nuevas empresas de Silicon Valley. Hay muchas preguntas productivas que no se han hecho. Y como no se han preguntado, no se puede imaginar una estrategia política efectiva que surgiría de las mismas. Hay una razón por la que pienso que las grandes tecnológicas y la industria de la tecnología en general todavía tienen algún tiempo para seguir adelante, a pesar de todos los problemas que han causado. La economía en general está yendo tan mal que mucho del dinero que, de otro modo habría ido a otro lado, simplemente fluye a la tecnología. Y mientras fluya, la tecnología será una industria que casi todo el mundo querrá apoyar porque está produciendo ganancias y retornos. En ese sentido, están bastante seguros. También creo que Trump nunca las romperá, porque destruiría todo ese crecimiento de acciones en los mercados bursátiles del que está tan orgulloso. </p><p><strong>¿Ve algún escenario en el que un descontento ciudadano pueda generar algún tipo de cambio o pueda obligar a reaccionar a los políticos, particularmente en Europa?</strong></p><p>Si los partidos políticos, bajo la presión de intelectuales, deciden problematizar sus preocupaciones y problemas, podrían suceder algunas cosas. En última instancia, es una cuestión de capitalismo. Si realmente quieres hacer algo respecto a la tecnología, debes poder enfrentarla en ese entorno capitalista. No tienes otra opción que empezar a inventar modelos alternativos de cómo pagar por nuevas infraestructuras, cómo ejecutarlas, cómo facilitar el acceso a ellas, cómo distribuir derechos... Estas cosas se pueden hacer, pero por partidos que digan explícitamente: ‘Pensamos que se trata de un problema político y económico’. Los partidos de la derecha normalmente se oponen a lo que propongo cuando se trata de imaginar y diseñar lo que debemos hacer; los partidos de izquierda y centro izquierda, si se despiertan a lo que realmente está sucediendo en el mundo, especialmente a nivel del capitalismo global y no solo a nivel nacional, con suerte, prepararán algún programa, pero para armarlo deben reconocer cuáles son los problemas. Y desafortunadamente, todavía no los veo ahí. Por eso no soy muy optimista sobre lo que es posible en Europa a menos que haya un reconocimiento adecuado de estos problemas. Se trata de comprender la historia de los últimos 30 años y cómo el poder financiero y militar se ha transformado en poder tecnológico. Es posible que no haya espacio para ese proyecto en Europa, en parte porque podría significar que los mercados estadounidenses se cierren a compañías europeas. Si Europa cerrara sus mercados a Google, sucedería lo mismo con Volkswagen o BBVA. Tenemos que ser conscientes de esos equilibrios. Y creo que tenemos que tener una discusión de adultos y honesta sobre ello.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 20 19:42:50 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[María Sánchez Díez]]></author>
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      <media:title><![CDATA["Estoy a favor de la tecnología, pero tiene que estar vinculada a un sistema político y económico distinto para lograr justicia"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[tecnológicas: datos, dinero y poder]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del diálogo a la confrontación: cómo el 'hashtag' se ha convertido en un imprescindible de las redes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/dialogo-confrontacion-hashtag-convertido-imprescindible-redes_1_6175981.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a735f7ce-770d-4c39-826d-9509e57f9033_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Del diálogo a la confrontación: cómo el 'hashtag' se ha convertido en un imprescindible de las redes"></p><p>El 23 de agosto de 2007, cuando Twitter todavía era una red social por descubrir, Chris Messina, usuario de la plataforma y consultor de profesión, lanzó la idea de utilizar la almohadilla (#) para crear grupos de contenidos que fuesen fácilmente localizables. Lo que no sabía es que su idea revolucionaría, no solo Twitter, sino prácticamente cualquier red social. "No estaba claro que las redes sociales fueran a tener éxito", explica Messina, quien reconoce que "las redes sociales han crecido mucho más de lo que nos imaginábamos y el <em>hashtag</em> y su uso en todas las plataformas ha crecido mucho más de lo que podría haber anticipado".</p><p>El origen de la almohadilla se remonta a la Antigua Roma, donde se utilizaba la libra como unidad de masa, que dio lugar al término <em>libra pondo</em>. En el siglo XIV, se empezaría a utilizar la abreviación lb, escrita con una línea horizontal para evitar confundir la ele con un 1, lo que acabó derivando en el actual símbolo.</p><p>No fue hasta 2009 cuando Twitter incorporó oficialmente el uso del <em>hashtag</em>, a pesar de que no estaban muy convencidos de que fuese una buena idea. "Al principio, Twitter estaba muy en contra", comenta Messina. Este fue a las oficinas centrales de la compañía a intentar convencer a los fundadores para que incorporaran la función. Sin éxito, Messina decidió acudir a distintos desarrolladores que estaban haciendo aplicaciones para usar Twitter, quienes fueron poco a poco añadiendo soporte para esta función. "Con el tiempo, Twitter compró esas empresas y, con ellas, el <em>hashtag</em>", apunta el estadounidense.  </p><p>Hoy vemos cómo los <em>hashtags</em> se utilizan para reivindicar o denunciar. Casos como el #MeToo, con más de 1,7 millones de tuits publicados en 2017, o el #BlackLivesMatter, con más de 340 millones de tuits entre mayo y junio de 2020, demuestran que la ciudadanía tiene mucho que decir respecto al acoso a las mujeres y la igualdad racial. De hecho, Messina destaca: "es muy importante la cantidad de gente que antes era marginada y ahora tiene la oportunidad de hacerse oír". También, como apunta Patricia Horrillo, periodista y experta en redes sociales, el <em>hashtag</em> tuvo un papel relevante a la hora de conseguir que los medios tratasen asuntos de los que no se había hablado antes.</p><p>Sin embargo, con el paso del tiempo y el crecimiento de las redes sociales, el espacio que otorgaban los <em>hashtags</em> para la conversación se ha ido inundando de insultos y confrontación. Para Messina, esto se debe al reflejo del comportamiento humano en la tecnología. "Creo que el <em>hashtag</em> tiene consecuencias negativas, pero también creo que la cantidad de conversaciones que se producen y la posibilidad de que participe más gente que nunca es un beneficio neto", sostiene el estadounidense. Según Horrillo, el uso que se hacía en la época del 15M era positivo y se utilizaba para informar. "Con el paso del tiempo y los últimos años de hostilidad, mucha más gente se ha metido en Twitter para cuestionar, criticar o atacar", reconoce.</p><p>Las claves de un buen <em>hashtag</em>, según Messina, son la claridad y la capacidad de saber de qué se está hablando, pero también "que llame a la participación, que sea provocativo".</p><p>Y aunque el <em>hashtag</em> ya se está haciendo mayor, todavía tiene futuro por delante. Las nuevas formas de utilizarlos en las distintas redes sociales son interesantes para entender hacia dónde va la herramienta. "Yo creo que Instagram está tomando una dimensión en el ámbito informativo en la que los <em>hashtags</em> pueden resultar muy útiles a otro nivel y ser diferentes", opina Horrillo. Por su parte, Messina piensa que a largo plazo puede ser interesante para entender de qué se hablaba en el pasado.</p><p>Está claro que el <em>hashtag</em> ha cambiado la forma en que nos relacionamos en redes sociales. Por eso, desde elDiario.es os deseamos un feliz #DíaDelHashtag.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 20 19:42:47 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Leonardo Ibáñez]]></author>
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    <item>
      <title><![CDATA[WhatsApp y yo: otra barra de bar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/whatsapp-barra-bar_129_6137681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/894acfdc-6e80-4ea3-8b32-d294eb6dc939_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="WhatsApp y yo: otra barra de bar"></p><p>Veinte personas en un grupo de Whatsapp. Seguramente tengas un puñado de ellos: el de los amigos del barrio, la antigua clase de la facultad o el de los padres del colegio. Una auténtica pesadilla con números que no tienes guardados –ni intención de hacerlo– y que, con cada notificación, crea en ti la necesidad de abandonarlo sin hacer ruido, por la puerta de atrás. Pero no todos los grupos son iguales. No en todos se mueven bulos o vídeos de gatitos. En el nuestro, simplemente, hablamos de Operación Triunfo.</p><p>Somos expertos en técnica vocal, estilismo, iluminación y realización. Capaces de reconocer, sin tener ni idea, cuándo tienen que bajarle el tono a una canción porque no llega; reírnos del vestuario, reiterar lo guapo que es un concursante o divagar sobre a qué villana se parece más una de las miembros del jurado. Hablamos con memes, hacemos campaña para pedir la salvación del eterno nominado y fantaseamos con cómo reaccionará otro al ser expulsado. </p><p>No nos cortamos. No nos autocensuramos. Whatsapp se convierte en un sofá de veinte plazas para lanzar bromas y comentarios afilados que no nos atreveríamos a reproducir en la plaza pública de Twitter por miedo a recibir respuesta. Es nuestra barra de bar, pero sustituimos el fútbol por un programa de chavales cantantes. Cada uno con lo suyo. Porque sabemos que lo que digamos en público sería criticable y podría ser descontextualizado. Porque al calor de la confianza el filtro es menor, ya sea tomando cañas en un garito de La Latina o en un chat privado.</p><p>Sí, nos pasamos el día mirando la pantalla, pendientes de las notificaciones, contestando mensajes… y muchas veces desplazamos las relaciones sociales reales, piel con piel, frente a frente y con la caña caliente y sin espuma a medio beber delante. Somos conscientes. Pero no todo es malo.</p><p>Whatsapp acaba convirtiéndose en una prolongación de ese bar, no en un sustituto. Cuando la ocasión lo permite, lo abandonamos para comentar el programa en un salón sin sillas suficientes y con cerveza de más, pero cuando los horarios no acompañan, sirve para mantener esa relación viva. Porque no es tan divertido ver a un grupo de adolescentes cantando para ganar un concurso como comentarlo. Porque, al final, Whatsapp es otra barra de bar.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 20 20:13:24 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Álvaro Medina]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[tecnológicas: datos, dinero y poder]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las aplicaciones de rastreo en Europa: ¿qué sistemas usan nuestros vecinos?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/aplicaciones-rastreo-europa-sistemas-vecinos_1_6172292.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e25e0d99-c493-4bff-8919-2224f664655f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Las aplicaciones de rastreo en Europa: ¿qué sistemas usan nuestros vecinos?"></p><p>La aplicación española 'Radar COVID' ya ha aterrizado en algunas comunidades, como Andalucía, Cantabria, Aragón y Extremadura, tras unas semanas de pruebas en la isla de La Gomera. El soporte llega a nuestros teléfonos móviles para rastrear vía bluetooth a la población que experimente síntomas de la enfermedad, así como alertar al entorno en riesgo mediante un sistema de avisos que calcula la incidencia y el volumen de exposición. La aplicación, que ha desembarcado en las plataformas de descarga móviles este mismo mes de agosto, todavía deberá esperar a la integración autonómica total para que su funcionamiento se extienda al conjunto del territorio español. Aseguraba Carme Artigas, secretaria de Estado de digitalización, que "<a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/entrevista-carme-artigas_128_6053105.html" target="_blank" >las apps de rastreo de contactos son una oportunidad de innovación sin precedentes</a>" y, con ello, calculaba que la ventana de implantación en el resto de España podría abrirse a partir del 15 de septiembre. </p><p>Pese a las dificultades experimentadas por muchos dispositivos que no podían, siquiera, iniciar la descarga (requiere iOS 13.5 o superior), la aplicación suma cientos de miles de descargas en Play Store y sigue siendo la tendencia número 1 en la sección de ‘Salud y forma física’ de AppStore.</p><p>'Radar COVID' se suma, así, al listado de aplicaciones de rastreo que ya han empezado a funcionar en varios países europeos de nuestro entorno más cercano, aunque, de momento, los resultados son dispares. </p><p><strong>Italia</strong> fue el primer país mediterráneo en implementar una aplicación de rastreo a nivel usuario. Su 'Immuni', lanzada el 1 de junio, ha sentado las bases sobre las que se ha erigido, entre otros, el soporte en nuestro país. Con una interfaz similar a la app española, la plataforma emplea el sistema bluetooth de baja energía para evitar invadir la privacidad del usuario mediante la localización por GPS. </p><p>"Immuni vincula un código a cada teléfono. El código se genera de forma aleatoria y no contiene información sobre tu dispositivo y, por supuesto, tampoco sobre ti. Además, cambia varias veces cada hora para garantizar la máxima protección de tu privacidad",<a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/immuni-italiana-contactos-contagios-coronavirus_1_6020572.html" target="_blank" > informa la aplicación</a>, desarrollada por la empresa italiana Bending Spoons. "Los teléfonos que se detectan entre sí intercambian sus códigos aleatorios. Cuando estás cerca de otro usuario con Immuni, los dispositivos se intercambian sus códigos a través de Bluetooth Low Energy. De este modo, la aplicación lleva un seguimiento de los contactos, pero no tiene acceso a la identidad de los usuarios ni al lugar de encuentro". </p><p>La aplicación desembarcó en junio pero ha cosechado escasos éxitos dado el bajo nivel de volumen de descargas, algo que también le ha sucedido a <strong>Francia</strong> con su app 'StopCovid', implementada durante la primera semana del mes de junio. Mientras Italia lamenta las bajas cifras de descargas (poco más de <a href="https://www.elperiodico.com/es/internacional/20200729/italia-primer-pais-europeo-castigado-por-covid-mantiene-a-raya-virus-8058327" target="_blank">4 millones desde junio</a>, un 6% de la población), las autoridades francesas han reportado que únicamente el <a href="https://www.lemonde.fr/pixels/article/2020/06/10/l-application-stopcovid-connait-des-debuts-decevants_6042404_4408996.html" target="_blank">2% de la población</a> ha accedido a instalarse el soporte en su teléfono móvil. </p><p>Según <a href="https://www.research.ox.ac.uk/Article/2020-04-16-digital-contact-tracing-can-slow-or-even-stop-coronavirus-transmission-and-ease-us-out-of-lockdown" target="_blank">un estudio de la Universidad de Oxford</a>, el umbral de efectividad de una aplicación de rastreo de este tipo debería rondar el 60% para ofrecer resultados concluyentes y el 10% para realizar aproximaciones. Esta diferencia en el criterio <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/apps-rastreo-contagios-son-utiles-usuarios-estudios-preeliminares_1_6134465.html" target="_blank" >choca con otros informes</a> que estiman una efectividad relativa en el rastreo cuando, aproximadamente, el 20% de la ciudadanía emplea estos soportes. </p><p>En cualquier caso, las cifras son, todavía, más desalentadoras tras conocer que las autoridades francesas han tenido que iniciar una campaña de promoción después de detectar que, a la semana del lanzamiento, solo 350.000 usuarios se mantenían activos. </p><p><strong>Gran Bretaña</strong> y <strong>Portugal</strong> han anunciado, como España, que la implantación de sus respectivas aplicaciones de rastreo se producirá próximamente. Desde el ejecutivo británico advierten de que no se espera su llegada hasta el otoño próximo y que, para entonces, su función, más allá de detectar infecciones e informar al entorno, será la de notificar síntomas, solicitar la realización de pruebas y acceder a información. </p><p>El país había iniciado algunas investigaciones relativas a la tecnología de rastreo por móvil, pero las dudas sobre la privacidad de los usuarios y los problemas derivados de las trabas tecnológicas (solo detectaba al 4% de los usuarios de iOS) han terminado con las autoridades británicas anunciando un cambio que integrará los soportes de Google y Apple en su aplicación. </p><p>Portugal, a su vez, dio el pistoletazo de salida a su aplicación el pasado 4 de agosto. La plataforma, de nombre 'Stayaway Covid', registra los niveles de exposición al virus de sus usuarios en los últimos 14 días. El soporte, en fase de desarrollo, todavía no se encuentra disponible en la totalidad del territorio portugués y <a href="https://www.publico.pt/2020/08/07/tecnologia/noticia/stayaway-covid-espera-entrar-loja-apple-ha-mes-1927404" target="_blank">es inaccesible para los usuarios de iOS</a>. </p><p>Por otro lado, Alemania desarrolló durante el pasado mes de junio una aplicación con características similares a las mencionadas anteriormente y las valoraciones sobre la gestión de la pandemia en el país germano han sido muy positivas. La razón principal que explica el éxito de 'Corona-Warn-App' es el enorme volumen de usuarios que la emplean diariamente. <a href="https://www.technologyreview.com/2020/08/10/1006174/covid-contract-tracing-app-germany-ireland-success/" target="_blank">Más del 20% de la población alemana</a> ha descargado la aplicación, cuyo código es abierto y gratuito (y del que se están beneficiando otras organizaciones).</p><p>Este éxito puede compararse, incluso, con el del caso suizo. El país transalpino fue la primera región europea en desarrollar, implementar y utilizar una aplicación de rastreo. 'SwissCovid', lanzada el pasado mes de mayo, fue el primer experimento en el viejo continente capaz de rastrear y advertir contagios entre su población. El nivel de desarrollo de la app es tal que ya ha empezado a interoperar con plataformas de otros países con el objetivo de homogeneizar advertencias. </p><p>Habrá que esperar hasta el 15 de septiembre para observar si el flujo de usuarios permite a 'Radar COVID' ser una aplicación efectiva que ayude a reducir los niveles de riesgo y exposición al coronavirus. </p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Aug 20 19:21:06 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Àlex Llorca Llinares]]></author>
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      <media:title><![CDATA[Las aplicaciones de rastreo en Europa: ¿qué sistemas usan nuestros vecinos?]]></media:title>
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      <title><![CDATA[Instagram y yo: la aspiración generacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/instagram-aspiracion-generacional_129_6137631.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a859707-e6e3-49d8-a9cb-5486be490c34_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Instagram y yo: la aspiración generacional"></p><p>Me meto a Twitter y en Twitter no se habla de Twitter. Una mañana de febrero, lo primero que leo es un tuit de Sara lamentando: “El 30% de mis sesiones de terapia van sobre la gestión de Instagram y mi concepto de identidad”. Natalia, ese mismo día, cita otro que dice textualmente lo siguiente: “Me has comido el coño, digo yo que no te vas a morir por darme un like en Instagram”. Las búsquedas de Google me llevan a un titular: “Un Instagram sin likes reduce la angustia de los jóvenes”. A otro: “Así es el amor en tiempos de Instagram”. Y a otro: “Me quité Instagram y esto es todo lo que aprendí”.</p><p>Lo que pasa en Instagram o lo rodea no solo es relevante en Twitter o para el SEO, también entre mis grupos de amigas: “Creo que Jaime tiene nueva novia, vi una publicación”; “¿Por qué si lo hemos dejado me sigue dando likes?”; “¿En esta foto salgo tan bien como para subirla?”. Le encontramos muchas ventajas, claro, las principales, que nos mantiene en contacto y que sencillamente es divertido. Pero algo querrá decir que varias se lo hayan quitado por épocas, como sinónimo de paz mental. Fuerzo el trabajo de campo preguntando a mis seguidores qué se les viene a la mente cuando oyen la palabra “Instagram”. Salen términos como “aspiración”, “ansiedad” y “amor-odio”. Hay quien, honesto, directamente menciona “dependencia”. Otros, también honestos, “tonteo”.</p><p> </p><p>Sospecho que esa manera de vivirlo queda algo adscrita a lo generacional. Hay de todo y niveles y momentos para todo, afortunadamente la mayor parte del tiempo no es dramático. Pero sí creo que es intrínseco a demasiados de los nacidos a finales de los 80 y primeros 90. Nosotros, que llegamos muy tarde a TikTok pero tuvimos un móvil antes que edad legal para beber, entendemos un like como refuerzo positivo, traducimos “contestar una story” por “hablar con alguien”, y ya hace mucho que identificar la frontera entre la vida real e Instagram se nos hace complicado.</p><p> </p><p>Porque llevamos media vida en ello. Bordeamos o superamos los 30 y nos reímos con ternura de una adolescencia ya lo suficientemente lejos. Pero, mientras, nos pensamos los pies de foto como cuando a los 15 actualizábamos Fotolog, compartimos salidas nocturnas igual que etiquetábamos para quedadas en Tuenti, y alguna vez nos ha hecho temblar un corazón tanto como un zumbido de Messenger. En algún momento de los 2000 se nos metió para quedarse ese lenguaje en el cuerpo sin tener herramientas para manejarlo –ni eso ni nada–, y, a juzgar por tantos tuits, artículos y conversaciones entre amigos, no parece que las hayamos encontrado aún del todo. Bordeamos o superamos los 30 y todavía nos preocupa cómo se encaja en Instagram –o en la red social de turno–. Supongo que porque Instagram –o la red social de turno– no es otra cosa que el reflejo de los adultos que todo el rato jugamos a ser.</p>]]></description>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 20 19:48:18 +0000]]></pubDate>
      <author><![CDATA[Belén Remacha]]></author>
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      <media:keywords><![CDATA[tecnológicas: datos, dinero y poder]]></media:keywords>
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