'El caballero de los Siete Reinos' presenta en su capítulo 5 la crudeza de un juicio a siete agridulce
“Lo único de lo que merece la pena escribir es del corazón humano en conflicto consigo mismo”. George R. R. Martin, a partir de una cita de William Faulkner.
El capítulo 5 de El caballero de los Siete Reinos tenía la difícil tarea de estar a la altura de las expectativas que había generado el episodio anterior, que ha pasado a la historia, según la mayoría de los fans (y como refleja el impresionante 9,7 de nota que obtuvo en IMDb), como uno de los mejores de todo el universo de Juego de tronos. Y que ponía la guinda en los títulos de créditos con una melodía que fusionaba tanto el tema original de Ramin Djawadi como el principal de esta nueva serie.
Todo el episodio 4 es brillante, pero es su final, con la intervención del príncipe Baelor a favor de Duncan, lo que le da una épica que recuerda, por ejemplo, a momentos como la revelación del origen de Jon Snow; el esfuerzo sobrehumano de un Viserys enfermo que se arrastraba hasta el trono para ayudar a Rhaenyra; o el príncipe Oberyn ofreciéndose a ser el campeón de Tyrion Lannister también en un juicio por combate.
El caballero de los Siete Reinos apuesta su capítulo 5 por un formato original, arriesgado (porque quizá hace que se resienta un poco su ritmo en la parte central del capítulo), pero muy interesante. Ofrece uno de los combates más espectaculares de la saga, lleno de confusión, de sangre y de niebla, de dolor y de barro, a la vez que profundiza en el pasado de nuestro protagonista. Que nadie se espere la locura de La batalla de los bastardos, claro, pues todo a está a una escala mucho más pequeña, y se cuenta casi exclusivamente desde el punto de vista de Ser Duncan, centrándose por tanto en su duelo con Aerion: pero todo el juicio a siete es brillante.
AVISO SPOILERS: A continuación se revelan detalles relevantes del capítulo 5 de 'El caballero de los Siete Reinos'
La previa del combate
El episodio se titula En el nombre de la madre: una referencia a una parte del juramento solemne que se invoca en el momento de nombrar a los caballeros, como ya vimos con Lyonel Baratheon y Raymun Fossoway al final del capítulo 4: “En el nombre de la madre, os encargo proteger a los niños y a los inocentes”. En diversos momentos del capítulo escuchamos de hecho referencias a la figura materna. Todo comienza con un plano cenital de los siete que combatirán del lado de ser Duncan: es decir, además del caballero errante, Lyonel Baratheon, Raymun Fossoway, Humfrey Harding, Humfrey Beesbury, Robyn Rhysling y Baelor Targaryen. Este último, que adopta el papel de líder, les da algunas instrucciones para afrontar el combate: aguantar en la montura todo el tiempo que puedan y pelear con fiereza, pues los demás irán a vida o muerte. Aconseja además que le dejen a él los caballeros de la guardia real, pues los capas blancas han jurado no derramar la sangre real, por lo que de algún modo la presencia de Baelor les anula. Ante la pregunta de si es una estrategia justa, que hace ser Rhysling (ese caballero que perdió un ojo en una antigua justa y que está considerado por muchos como el más loco de los Siete Reinos, quizá por su devoción religiosa), Baelor señala que los dioses tendrán que pronunciarse.
Los dos hombres que hasta hace poco eran escuderos, Duncan y Fossoway, vomitan antes de entrar en combate, de puros nervios, lo que provoca las risas de Harding al ver lo verdes que están. Pronto se aprecia también que, aunque todos los compañeros de Duncan cuenten con nuestra simpatía por haber acudido a su llamada y defender una causa justa, no necesariamente se llevan bien entre ellos. Lyonel Baratheon le deja caer una pullita al mismísimo heredero al trono: le dice a Baelor que se nota que era el favorito de su madre, y que es una pena, porque quienes no cuentan con el favor de su madre suelen pelear con mucha más fiereza. De nuevo, una referencia a la madre, y una que de hecho cobrará sentido más adelante.
Dunk le pide a Egg, con un semblante muy serio, que actúe como escudero y que le entregue su lanza. Quizá sabiendo que puede salir muy mal parado del combate, decide tener un guiño con el niño, volviéndole a amenazar con que si a la vuelta descubre que le ha robado y se ha marchado, irá a por él con perros. A lo que Egg responde ladrando. Ese momento de complicidad se desvanece enseguida, porque Dunk se enfrenta a algo muy serio, y Egg sabe que puede perder a su amigo (ya casi una especie de hermano mayor) para siempre.
Los dos equipos ocupan sus posiciones a lados opuestos del foso. Daeron Targaryen, el hermano mayor de Egg, está muy nervioso antes de ponerse el yelmo: combate en el bando acusador, junto a Aerion y a su padre Maekar. Sabemos que Daeron tiene intención de dejarse caer lo antes posible para no salir mal parado. Quizá a lo tonto hasta distraiga así a parte de los caballeros de la guardia real, si tienen que acudir en su ayuda. Y, por fin, vemos a los siete de Dunk, formando entre la niebla (entre los que destaca Lyonel Baratheon, con el yelmo astado y el ciervo de los Baratheon pintado en su pecho, sobre una armadura dorada).
El combate comienza, y los caballos salen a todo correr, unos frente a otros. Todos, menos el de Duncan, que parece bloqueado. Compartimos su punto de vista, en el que apenas oye nada y percibe las cosas de forma muy irreal, probablemente hasta arriba de ansiedad. Es Egg el que, desde las gradas, y como buen escudero, empieza a gritar para que Trueno eche a correr, el caballo con el que el niño ya había entrenado. Por fin arranca se nos cuenta el avance de Dunk de forma muy original, pues apenas podemos ver más allá de la ranura de su yelmo, con toda la sensación de aislamiento que eso provoca. Y, en el primer choque contra Aerion, a Duncan le clavan una lanza en el costado. Vemos también cómo un caballero rival derriba a Humfrey Harding, que parece ya sin vida (y que, con la pierna rota, muy probablemente no podría protegerse demasiado tampoco). Mientras Dunk pretende reponerse del primer y sangriento golpe, Aerion consigue acercarse a él con su maza, lo derriba con un tremendo golpe y hace que Duncan caiga al suelo y pierda el sentido, quedándose inconsciente. Y la imagen se va a negro.
Los orígenes de Dunk
Es ahí donde El caballero de los Siete Reinos toma una decisión arriesgada: dejar en suspenso el combate durante buena parte del capítulo. Una fórmula efectiva para conocer mejor al protagonista, pero que a la vez puede impacientar a los espectadores. Se nos muestra las consecuencias de una batalla que tiene pinta de haber sido muy cruenta. Un soldado moribundo llama entre sollozos a su madre (otra vez la figura de la madre) bajo un caballo muerto. Y un niño, al que identificamos con Dunk, no sabe si acabar con la agonía del hombre o si robarle lo que pueda. Pronto viene otra niña, Rafe, compañera de Dunk, y le dice que si consiguen sacar de allí al noble podrán pedir un alto rescate por él. Pero el caballo pesa demasiado.
Los niños se dirigen a Desembarco del Rey, la ciudad más cercana a la batalla. Los lectores de las novelas cortas no contábamos con tener la Fortaleza Roja en esta serie, y a mí al menos me ha alegrado mucho verla, aunque sea a lo lejos. Dunk y Rafe se dirigen a otra parte de la ciudad: el Lecho de Pulgas, donde viven como pueden los más humildes del pueblo llano. Por distintas referencias (hombres mutilados en las calles, ya no se acepta el acero de los Fuegoscuro) se puede entender que la batalla a las puertas de la ciudad probablemente fuera aquella con la que acabó la rebelión de los Fuegoscuro. Ese combate al que hacía referencia la cancioncilla de Egg del tercer capítulo. El combate en el que se destacaron Baelor, Maekar… y algún que otro personaje que todavía no nos ha presentado la serie.
Rafe quiere que ella y Dunk se compren un pasaje a las Ciudades Libres que les permita intentar una vida mejor. Duncan no parece muy convencido: primero, porque teme que lo que les espere allí sea tan miserable como lo que ya tienen; pero también porque su madre (otra vez las madres), aunque probablemente haya muerto, quizá esté todavía con vida y vaya a volver a buscarlo. En cualquier caso, sus planes se truncan por culpa de un delincuente local para el que Dunk y Rafe más de una vez han trabajado.
El criminal y otro de sus hombres roban a los chicos y matan de forma brutal a la niña. Duncan quiere vengarse y ataca lleno de rabia, pero los dos hombres pueden con él. Parece que a él también van a matarlo pero, por suerte, en aquel momento interviene un caballero: ser Arlan del Árbol de la Moneda. Al grito de “En el nombre de la madre, ¡deja en paz a este niño!”, el anciano alza su espada y se enfrenta a los delincuentes, no sin vomitar antes, de lo borracho que iba. Es un combate patético y épico al mismo tiempo, que incluye decapitaciones y cerdos que comen carne humana. Ser Arlan, que está a punto de ser derrotado, consigue vencer a los dos hombres, y se aleja de allí sabiendo que ha salvado al niño.
Dunk ya no tiene nada en Desembarco del Rey y, a pesar de que antes tenía reparos en abandonar la ciudad, ahora se aleja detrás del caballero errante que le ha salvado la vida, al que sigue como si fuera un perrillo. Ve que Arlan es tierno con sus caballos, esos tres que veíamos al inicio de la serie. Sigue al hombre por bosques y caminos, siempre a cierta distancia. Bebe de cualquier arroyo y paga las consecuencias -como le pasaba a Daenerys en los libros- con fuertes dolor de estómago, lo que nos da ocasión de ver vomitar a alguien por tercera vez en este capítulo. Finalmente, una mañana, después de que ser Arlan se dé cuenta de que se quedó dormido de mala manera -completamente borracho- y que se ha clavado por error un cuchillo, el caballero errante ve por fin al niño, débil y enfermo, en el suelo, y le acerca agua para que beba. “Levanta”, le dice… y eso es lo que hace Duncan, solo que años más tarde, en pleno juicio a siete.
Los detalles del juicio a siete
En el combate cuerpo a cuerpo, y a pesar de llevarse algún mazazo más de Aerion, Duncan sabe desenvolverse mucho mejor. A pesar todo, sigue siendo el peor parado. La escena está muy centrada en los dos rivales que, por cierto, de vez en cuando se llevan golpes de otros caballeros. Pero en la secuencia vemos también algunos detalles de lo que sucede a su alrededor. Básicamente (y esto me ha llevado varios visionados) esto es lo que ocurre:
+ Maekar, a caballo, golpea a Duncan cuando está luchando con Aerion. Cuando vuelve para cargar de nuevo contra él, el príncipe Baelor, a pie, se interpone y descabalga a su hermano con la lanza.
+ Raymun Fossoway ayuda a Dunk golpeando desde su caballo a Aerion, en un momento clave además, porque Dunk, que había recibido cuchilladas de Aerion, había conseguido pararlo, pero al precio de que le atravesara la mano con el cuchillo.
+ Después de golpear a Aerion, Raymun continúa cabalgando y es atacado, también a caballo, por su primo Steffon, que rompe una lanza contra él.
+ El duelo de Duncan progresa. Los capas reales forman cerca de ellos, entiendo que para evitar que otros caballeros puedan atacar a Aerion.
Dunk consigue por fin herir de gravedad a Aerion, y entonces los acontecimientos se precipitan:
+ Maekar grita llamando a su hijo y golpea a Robyn Rhysling con la maza en la parte delantera del yelmo, tirándolo al suelo.
+ Maekar sigue adelante con la intención de auxiliar a Aerion y defenderlo de ser Duncan, pero Lyonel Baratheon se interpone con su caballo. Maekar ataca al animal con su lanza y lo hiere.
+ Maekar quiere avanzar hasta Duncan, pero lo detienen entre Baelor Targaryen y Lyonel Baratheon, que ahora pelea a pie.
En ese momento, con un Aerion malherido, Duncan parece que va a ganar el combate, pero entonces cae al suelo y se desmaya de nuevo. Muchos de los allí presentes, Aerion el primero, consideran que Dunk está muerto. Egg le pide que se ponga de pie de nuevo, pero el caballero parece no escucharle. Cuando lord Ashford va a dar por terminado el juicio, el niño grita con todas sus fuerzas. Duncan parece haber escuchado la orden de levantarse, no se sabe muy bien si la de Egg o la de Arlan que resuena en su cabeza: el caso es que dos de las personas que más lo han querido lo animan a seguir adelante. Y Dunk se levanta, para desgracia de Aerion (el gesto que pone me parece un gran detalle interpretativo, porque se le nota que empieza a estar desesperado con el lío en el que se ha metido). El público está completamente volcado a favor de ser Duncan.
Dunk le quita el escudo Targaryen a Aerion, lo golpea con él repetidamente hasta retirarle el yelmo, y empieza a machacarlo a puñetazo limpio hasta que el principito por fin dice que se rinde. Dunk casi no se lo cree. A su alrededor, los otros caballeros siguen peleando: Maekar lucha a la vez contra Lyonel Baratheon y contra Baelor Targaryen. Y, para tratar de librarse de su hermano, le suelta un golpe terrible con la maza en la nuca. Dunk lleva a Aerion a rastras ante el estrado en el que está el señor de Vado Ceniza, levanta al chico por los aires, lo pone frente a los nobles, y le pide a Aerion que diga en alto lo que antes le ha susurrado. Aerion retira la acusación. Dunk ha ganado el combate, y se anuncia el final del juicio.
Estamos en el universo de Juego de tronos, como ya anunciaba la melodía del final del anterior capítulo, y eso los fans sabemos lo que significa, para lo bueno y para lo malo. Por eso quizá temíamos que Aerion tuviera guardado un as en la manga y que fingiera rendirse, o nos agobiábamos con que Dunk pudiera sufrir, por exceso de confianza, un destino similar al del príncipe Oberyn en su lucha contra la Montaña. Pero parece que esta vez estamos a salvo. A Dunk lo recoge en sus brazos su amigo Pate, el herrero, y pronto llegan hasta ellos Egg y Raymun (quizá su mejor amigo, con permiso del niño). El joven de los Fossoway ha sobrevivido a pesar de estar tan verde como una manzana.
Por Pate y por Raymun nos enteramos de que los dos Humfreys, Harding y Beesbury, han muerto en el combate, tras la primera carga. Una auténtica pena, pues tenían nuestra simpatía por el valor que demostraron al luchar junto al protagonista. Pero tampoco los conocíamos tanto, al fin y al cabo. Si alguien tenía que sufrir esa desgracia en su bando, mejor que fueran ellos. La noticia parece confirmar que tanto el tuerto Robyn Rhysling como uno de los mejores personajes de la serie, Lyonel Baratheon, verán nuevos días. Y cuando Pate propone curar las heridas de Dunk con aceite hirviendo, allí llega Baelor Targaryen para corregirles: tienen que curárselas con vino hirviendo, pues el aceite causaría su muerte.
Dunk se arrodilla ante su héroe y el nuestro: la mano del rey, el heredero al trono, el que todos saben que será el mejor gobernante que ha habido en el reino en siglos. “Soy vuestro hombre”, le dice. “Necesito buenos hombres”, responde Baelor con una sonrisa. Pero es entonces cuando sucede la desgracia, porque lo que George R. R. Martin da, George R. R. Martin te quita. Baelor pide ayuda para que le retiren el yelmo. Habla de un visor que ya no tiene, y que según él se ha quedado enganchado. Dice que siente sus dedos como si fueran de madera. Raymun no entiende nada, y no consigue retirarle el casco, así que pide ayuda a su amigo el herrero. Pate señala que el yelmo está encajado por atrás. “Probablemente fuera la maza de mi hermano”, dice Baelor, en referencia a Maekar. “Es muy fuerte”. Esas son las últimas palabras del príncipe.
Cuando Pate consigue retirar el yelmo lo primero que nos llama la atención es la expresión de terror y sorpresa en los ojos del herrero y de Fossoway. Baelor, ya bastante ido, se lleva la mano a la nuca, y lo que toca le sorprende. Al girarse vemos que tiene la cabeza destrozada por la nuca. Egg grita compungido y Duncan no da crédito a lo que pasa. Cuando Baelor cae, es Dunk el que lo sostiene entre sus brazos. Y le pide, entre sollozos, que se levante. Pero el príncipe Targaryen ya no le escucha. Y así muere uno de los personajes nobles más queridos por los seguidores de la saga, a los brazos de Duncan. Habría sido seguramente un fantástico rey, pero los dioses tenían otros planes, y su vida se extinguió en Vado Ceniza por defender al caballero que recordó sus votos.
Los dioses juegan con el destino de los hombres
Como el príncipe Oberyn en Juego de tronos, Baelor se ofreció ayudar a un protagonista desesperado, al que estaban tratando injustamente. La de Oberyn con Tyrion era una alianza más improbable por el resentimiento que se profesaban los Martell y los Lannister, pero también era una unión más egoísta, pues el príncipe buscaba saciar su sed de justicia… o de venganza. Si bien la muerte de Oberyn es terrible por lo brutal que resulta, y porque era un duelo que en ese momento parecía tener ganado, a pesar de ser extremadamente difícil… la muerte de Baelor creo que es una muerte mucho más dura, primero porque como mano del rey y caballero había decidido hacer lo correcto, a pesar de ver la complejidad de la situación en la que se hallaba Duncan y de saber que se ponía en riesgo como heredero al trono. Pero, sobre todo, es una muerte más frustrante porque es más aleatoria: su adversario ni si quiera tiene intención de matarlo.
Maekar solo quería defender la vida de sus hijos, y peleó, como anticipaba Lyonel Baratheon, con la rabia de quien se siente el hermano menos querido por su madre. “El amor es la muerte del deber”, decía el maestre Aegon en los libros y en la serie. “A los caballeros nos hacen jurar y jurar: defender al rey; obedecer al rey; obedecer al padre; proteger al inocente; defender al débil. ¿Y si tu padre desprecia al rey? ¿Y si el rey masacra a los inocentes? Es demasiado. No importa lo que hagas, conculcas un voto u otro”, señalaba Jaime Lannister. La decisión nunca es fácil. Para Maekar, Baelor traicionó a su sangre para ponerse del lado de un caballero errante. Para Baelor, Maekar defendió a los desgraciados de sus hijos a pesar de saber que estos eran crueles o injustos. Todos leales, a su manera. El amor y el deber: el corazón humano en conflicto consigo mismo. Un golpe de maza en el fragor de una batalla cambia la historia para siempre y hace que todo un reino contenga el aliento. Y un caballero errante pide perdón entre sollozos, consciente de que hay victorias que saben muy amargas.