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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Tallón]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan-tallon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Tallón]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ganamos la final mañana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/ganamos-final-manana_129_13393079.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c0ab5d7-8b79-4efe-9454-2441495a6e9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1208y383.jpg" width="1200" height="675" alt="Ganamos la final mañana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para cuando al fin llegó todo, incluso más de lo que habíamos pedido, como las hostias que repartieron los jugadores y técnicos de Argentina al acabar la final, fue imposible no recordar que todo eso, que habíamos ganado el Mundial, ya lo sabíamos desde el pasado martes </p><p class="subtitle">La segunda estrella de España en un bar pijo de Nueva York</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a fue <a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/espana-gana-segundo-mundial-ultimo-baile-colectivo_1_13385847.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">campeona del mundo</a>, como supimos cinco d&iacute;as antes de la final, justo <a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/claro-son-franceses-espana-equipo-jugara-segunda-final-historia_129_13380742.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">despu&eacute;s de ganar en semis a Francia</a> de esa manera tan plet&oacute;rica y minuciosa que incluso nos asustamos. Algunos tuvimos que ver ese partido en diferido una vez acab&oacute; en directo, con la alegr&iacute;a de que el resultado fue exactamente el mismo. Pero saberlo es una cosa, amigos, y otra que suceda. De hecho, pod&iacute;amos tener conocimiento del triunfo de la selecci&oacute;n, por nuestras fuentes, o nuestras figuraciones, y que al final ganase Argentina, y que la copa viajase en otra direcci&oacute;n. Cu&aacute;ntas veces, cu&aacute;ntas, se saben las cosas equivocadas. Ni respondiendo &ldquo;cuatro&rdquo; a la pregunta &ldquo;cu&aacute;nto son dos y dos&rdquo; puedes quedarte tranquilo. Aparece uno de esos &aacute;rbitros que le tocan a Argentina, y te hace ver que dos m&aacute;s dos tambi&eacute;n son cero.
    </p><p class="article-text">
        Baste decir que, con el partido ya muy avanzado, apareci&oacute; un peque&ntilde;o gr&aacute;fico en la pantalla que indicaba que Espa&ntilde;a hab&iacute;a disparado veinte veces en busca del gol, y Argentina ninguna, estad&iacute;stica simpatiqu&iacute;sima de la que se derivaba que el encuentro estaba empatado. Pero insisto, lo supimos, as&iacute; que el s&aacute;bado, para ir adelantando trabajo, escrib&iacute; las tres primeras l&iacute;neas de esta columna, es decir: &ldquo;Espa&ntilde;a fue campeona del mundo, como supimos cinco d&iacute;as antes de la final, despu&eacute;s de ganar en semis a Francia de esa manera tan plet&oacute;rica y minuciosa que incluso nos asustamos&rdquo;. Y ah&iacute; lo dej&eacute; &ndash;lo peor estaba hecho&ndash; para irme a la piscina a nadar, como Kafka la tarde de agosto de 1914 que Alemania declar&oacute; la guerra a Rusia. En muchas ocasiones todo lo que uno necesita es un comienzo, como en aquella lejan&iacute;sima &eacute;poca en la que a los coches solo les ped&iacute;as el milagrito de que arrancasen.
    </p><p class="article-text">
        Tuve que regresar de la piscina sin ponerme el ba&ntilde;ador porque record&eacute; que desde la victoria ante los franceses no hab&iacute;a dejado de invitar a amigos a venir a ver la final a la terraza, y me conven&iacute;a pasar por el s&uacute;per para llenar la nevera antes de que cerrase. Me hab&iacute;a excedido con los mensajes de convite. Aunque no estaba nervioso porque cuatro a&ntilde;os antes, en v&iacute;speras de organizar una fiesta en el mismo sitio, cuando se me hab&iacute;a ido mucho m&aacute;s la mano con los invitados, consult&eacute; a un arquitecto cu&aacute;ntas personas pod&iacute;a soportar la terraza antes de colapsar y que hubiese amigos muertos. &ldquo;Con esos metros, y ese a&ntilde;o de construcci&oacute;n, hasta 270 puedes meter&rdquo;, me dijo, y se me pasaron las preocupaciones para varios a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Todo estaba en su sitio &ndash;bebidas, comida, sillas, individuos, banderas&ndash; cuando a los cinco minutos de comenzar la final, todos como locos porque ya hab&iacute;amos tenido dos ocasiones, empez&oacute; a llover en Ourense y hubo que abandonar la terraza en estampida, como &ntilde;&uacute;es, poner a cubierto la televisi&oacute;n, y hacer sitio en el sal&oacute;n, con espacio para ocho personas, a diecinueve, y aun as&iacute; seguir d&aacute;ndoles de beber y comer. Al descanso se despej&oacute; el cielo, ces&oacute; la lluvia y volvimos a hacer mudanza a la terraza, acarreando nuevamente por el pasillo el televisor. Se nos iba la final en procesiones y ocasiones falladas. Tambi&eacute;n nos perdimos las actuaciones del descanso, tras las cuales el resultado sigui&oacute; siendo el mismo, inexplicablemente.
    </p><p class="article-text">
        En la siguiente hora y pico todo transcurri&oacute; en una nebulosa, fue como ver al caos bailar el vals: un-dos-tres, un-dos-tres, en esa especie de monoton&iacute;a coja de la que se quejaba el se&ntilde;or Burns en Los Simpson, en ese cap&iacute;tulo en el que se preguntaba &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el cuatro? Toda m&uacute;sica necesita un cuatro&rdquo;. En alg&uacute;n momento de desesperaci&oacute;n me vi rezando para encontrar un vaso limpio. No ped&iacute;a ganar, ojo, porque eso a lo mejor ya lo estaban pidiendo otros, y no conven&iacute;a duplicar esfuerzos. Primero un vaso, despu&eacute;s una raci&oacute;n de salpic&oacute;n que alguien hab&iacute;a mezclado durante una pausa de hidrataci&oacute;n, y quiz&aacute;s a continuaci&oacute;n un gol. Para cuando al fin lleg&oacute; todo, incluso m&aacute;s de lo que hab&iacute;amos pedido, como las hostias que repartieron los jugadores y t&eacute;cnicos de Argentina al acabar la final, fue imposible no recordar que todo eso ya lo sab&iacute;amos desde el pasado martes. Pero a veces conviene olvidar las cosas r&aacute;pido, para enterarse de ellas otra vez a los pocos d&iacute;as, con gran sorpresa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tallón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/ganamos-final-manana_129_13393079.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2026 19:40:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ganamos la final mañana]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al fin campeones del mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/campeones-mundo_129_13374685.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c720c75d-fe96-4469-8e64-799ac911f467_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x982y483.jpg" width="1200" height="675" alt="Al fin campeones del mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nunca hay que desvincularse de un Mundial. El fútbol está repleto de historias de selecciones a punto de ser campeonas, eliminadas en primera ronda, así que para cuando llega ese instante importa poseer un plan B, y sucesivamente uno C, y uno D, hasta que levantas el título</p><p class="subtitle">Hola, machete: adiós, dedo</p></div><p class="article-text">
        Llegados aqu&iacute;, no llevarte el Mundial, fuese cual fuese tu selecci&oacute;n al comienzo del campeonato, es un desvar&iacute;o. No hagas eso. No est&aacute; la vida para desaprovechar la ocasi&oacute;n de gritar sonriente: &ldquo;Gan&eacute; el Mundial&rdquo;. En qu&eacute; clase de seres sin sue&ntilde;os y desganados, marionetas, nos convierte semejante renuncia. No se trata de excederse en la ambici&oacute;n, alimentando pretensiones irrealizables, pero &iquest;ser campe&oacute;n del mundo? Hombre, hombre, menos que eso poco m&aacute;s hay. Naturalmente, para lograrlo tienes que haber hecho a estas alturas algunas concesiones inevitables, algunas de ellas quiz&aacute;s incluso morales. Piruetas. Pero ya ves t&uacute;: nosotros y nuestra intachable fidelidad a unos colores. Puagg. Despierta: el mundo ya no es lugar para principios inamovibles.
    </p><p class="article-text">
        Digamos que si tu selecci&oacute;n preferida era Alemania, o Ir&aacute;n, o Brasil: tus opciones de conquistar el campeonato ahora mismo son bastante pocas. M&iacute;nimas, dir&iacute;a. Pero si apoyabas a una de esas selecciones, y una vez quedaron eliminadas &ndash;bastante pronto&ndash; te fuiste con otra, depositando en ella tu entusiasmo &ndash;con algunos rasgu&ntilde;os, pero entusiasmo al fin y al cabo&ndash;, significa que est&aacute;s dentr&iacute;simo del Mundial. Te felicito. &iquest;Pudo darse el caso de que eliminada tu segunda selecci&oacute;n preferida te hicieses entusiasta de Portugal, o Colombia o Egipto? No pasa nada. No tengo dudas de que, una vez la selecci&oacute;n de Cristiano estuvo fuera, o la de Luis D&iacute;ez, te pasaste sin p&eacute;rdida de tiempo a B&eacute;lgica o &ndash;todo es posible&ndash; a Argentina. <a href="https://www.eldiario.es/autores/jose_precedo/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Y si te paseaste a B&eacute;lgica deduzco que a d&iacute;a de hoy ya est&aacute;s con Espa&ntilde;a</a>. Esta es la idea.
    </p><p class="article-text">
        Nunca, salvo caso de muerte, hay que desvincularse de un Mundial. Tremendo error. A cambio, el Mundial solo te demandar&aacute; cierto relativismo. Tarda cuatro a&ntilde;os en llegar el siguiente, as&iacute; que conviene sentirse concernido por el que todav&iacute;a no ha acabado. Sabido es que el f&uacute;tbol est&aacute; repleto de historias de selecciones a punto de ser campeonas, eliminadas en primera ronda, as&iacute; que para cuando llega ese instante importa poseer un plan B, y sucesivamente uno C, y uno D, hasta que levantas el t&iacute;tulo. &iquest;O qu&eacute; vas a hacer? &iquest;Irte a casa con los perdedores, precipitadamente, y fin de la historia? Interesa encontrar un motivo para quedarse hasta la final. P&iacute;o Cabanillas lo explicaba con una claridad casi salvaje cuando, remiti&eacute;ndose a una maniobra pol&iacute;tica, observ&oacute; descriptivamente a un compa&ntilde;ero: &ldquo;Ganamos, pero todav&iacute;a no s&eacute; qui&eacute;nes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A veces necesitamos que el amor por una selecci&oacute;n puntual est&eacute; lo bastante lejos que podamos decir que apenas la conocemos, o sepamos de ella por rumores, al estilo de Joan Crawford en<em> Alma en suplicio</em> (1945), cuando le preguntaban si conoc&iacute;a a &ldquo;ese tipo&rdquo;, y ella respond&iacute;a: &ldquo;S&iacute;, estuvimos casados una vez&rdquo;, aunque ahora su cara no le sonase. El protocolo para salir campe&oacute;n, aunque no sepas con qui&eacute;n, es tan poderoso que merece la pena empezar a celebrar ya el t&iacute;tulo. Ya averiguaremos en nombre de qui&eacute;n dentro de unos d&iacute;as. Eso es lo de menos, como en aquella vi&ntilde;eta de Castelao en la que un paisano le dec&iacute;a a otro: &ldquo;Nuestro candidato vale mucho. &iexcl;Pero mucho!&rdquo;. Y cuando el vecino le preguntaba c&oacute;mo se llamaba su candidato, respond&iacute;a: &ldquo;Hombre... no me acuerdo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tallón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/campeones-mundo_129_13374685.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jul 2026 20:07:45 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hola, machete; adiós, dedo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/hola-machete-adios-dedo_129_13363027.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f45688b-d00d-427c-ae22-93ebd5b16753_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1276y239.jpg" width="1200" height="675" alt="Hola, machete; adiós, dedo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El tema es ese irse a casa sin ganas, incluso injustamente, con el regusto en la boca de estar gafado: le pasó a Brasil, a Portugal, Estados Unidos bastante lejos llegó. El problema es que se acabe el mundial de golpe, pero si tienes que hacerlo en octavos, sin haberte aclimatado apenas a la fiesta, esto le da una vuelta de tuerca al problema inicial</p><p class="subtitle">El fútbol en diferido, ¿es fútbol?</p></div><p class="article-text">
        Me dirig&iacute;a a una fiesta de carnaval, hace ya bastantes a&ntilde;os, con el pelo reci&eacute;n te&ntilde;ido de amarillo &ndash;en realidad se hab&iacute;a quedado solo en naranja&ndash;, cuando mi madre telefone&oacute; a casa de un amigo para transmitirle un mensaje espantoso, demoledor, que mi colega me hizo llegar textualmente en cuanto aparec&iacute; por la fiesta: &ldquo;Muri&oacute; la bisabuela. Vente para casa&rdquo;. Casi pude o&iacute;r la voz de mi propia madre. Me qued&eacute; tan espantado con la segunda frase del recado que me sali&oacute; una de las preguntas m&aacute;s francas, naturales y quiz&aacute;s vergonzosas que se me han escuchado salir de la boca: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; bisabuela?&rdquo;. Ya iba a a&ntilde;adir &ldquo;Pero si a m&iacute; no me quedan bisabuelos&rdquo;, como cuando el Madrid eleva una protesta airada por robo (jajaja), pero justo me acord&eacute; de que s&iacute;, ostras, era verdad, me quedaba una bisabuela. Me cubri&oacute; de pies a cabeza la sensaci&oacute;n de tener mal&iacute;sima suerte. Con el tiempo, me pareci&oacute; que hab&iacute;a vivido en cierta medida el comienzo de El extranjero, de Albert Camus: &ldquo;Hoy ha muerto mam&aacute;. O quiz&aacute;s ayer. No lo s&eacute;. Recib&iacute; un telegrama del asilo: 'Falleci&oacute; madre.
    </p><p class="article-text">
        Entierro ma&ntilde;ana. Sentidas condolencias'. Pero no quiere decir nada. Quiz&aacute; haya sido ayer&ldquo;.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, me qued&eacute; mirando a mi amigo, y al final a&ntilde;ad&iacute; una nueva pregunta, entre un mar de dudas: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hago? &iquest;Tengo que irme? &iquest;Le puede eso devolver la vida?&rdquo; Hab&iacute;a visualizado la fiesta durante las horas previas, igual que un futbolista al parecer es capaz de imaginarse las jugadas que va a ejecutar en cuanto empiece el partido. En resumen: tuve que irme a casa. De hecho, mi madre llam&oacute; una segunda vez. Al d&iacute;a siguiente acud&iacute; al entierro con la cabeza de color naranja. Aunque hubo m&aacute;s: me dio un ataque de risa en la iglesia, pero esa es otra historia. El tema es ese irse a casa sin ganas, prematura, incluso injustamente, con el regusto en la boca de estar gafado. Le pas&oacute; a Brasil, y un pu&ntilde;ado de horas despu&eacute;s a Portugal. Estados Unidos bastante lejos lleg&oacute;. El problema no estriba en que se acabe el mundial de golpe. Por supuesto que ese es el problema, pero si tienes que hacerlo en octavos, sin haberte aclimatado apenas a la fiesta, esto le da una vuelta de tuerca al problema inicial. En ese momento, con tal de no hacer las maletas, te conformar&iacute;as con ser el empleado que limpia los destrozos de la fiesta, aun sin haber pisado la fiesta, en la l&iacute;nea un poco nost&aacute;lgica y pat&eacute;tica en que Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, coherente con sus ideales hasta el final, le dec&iacute;a a los que le reprochaban su extempor&aacute;nea fidelidad al comunismo: &ldquo;D&eacute;jame ser el que apague la luz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Marcharse de donde sea que est&eacute;s, y donde no te puedes encontrar m&aacute;s a gusto, constituye un acto de crueldad suprema. &iexcl;Pero si acababas de llegar! Nos las vemos, me temo, con una de esas brutalidades en las que incurre el tiempo tan frecuentemente, y sin mirar a qui&eacute;n. Estabas dentr&iacute;simo del Mundial, y en un suspiro est&aacute;s hecho mierda, y fuera. &iexcl;Hab&iacute;as visualizado la final!
    </p><p class="article-text">
        Hay una escena de Quentin Tarantino, en Four Rooms (1995), que refleja muy bien esa prisa violent&iacute;sima con la que el tiempo te expulsa, y deja que el campeonato sea ya solo cosa de franceses, argentinos, qui&eacute;n sabe si ingleses o espa&ntilde;oles. Four Rooms transcurre en un hotel de Los &Aacute;ngeles durante una Nochevieja. En la &uacute;ltima de sus cuatro historias, la de Tarantino, un famoso actor de Hollywood llamado Chester apuesta su Cadillac a que su amigo Norman no es capaz de encender un zippo diez veces consecutivas sin que falle. Si lo consigue, Norman se quedar&aacute; con el coche de Chester. Pero si no, el botones del hotel, que empu&ntilde;a un afilado y brillante machete, le amputar&aacute; un me&ntilde;ique. En ese instante, cuando todos aceptan el desaf&iacute;o, la mente del espectador se prepara para soportar la m&aacute;xima emoci&oacute;n e imagina que el mechero se encender&aacute; nueve veces antes de que al final, y solo al final, no lo haga. Pero Tarantino desordena la expectativa del relato, y el zippo falla a la primera, con gran sorpresa, y antes de que Norman sea consciente de que ha perdido, el botones baja el machete. Adi&oacute;s, ciao, arrivederci, dedo querido.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tallón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/hola-machete-adios-dedo_129_13363027.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jul 2026 20:07:42 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fútbol en diferido, ¿es fútbol?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/futbol-diferido-futbol_129_13345746.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f7e1fc3-a271-4fa2-a3cd-eb16fbd7658d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El fútbol en diferido, ¿es fútbol?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Saber que el partido acabó, que la humanidad entera menos tú está absolutamente al tanto del resultado, da ganas de echarse a llorar, incluso de echarse por la ventana, a ver si así recuperas la emoción del directo</p><p class="subtitle">Una loncha más, por si acaso</p></div><p class="article-text">
        Un Mundial de f&uacute;tbol se vive de unas ocho o nueve maneras diferentes. Eso lo sabe cualquiera. Tal vez m&aacute;s. A lo mejor menos. Imposible saberlo. Pongamos que puede experimentarse de las maneras que a uno se le ocurran, a boleo, como cuando el autor de 1.280 almas, el gran Jim Thompson, dec&iacute;a que &ldquo;hay treinta y dos maneras de contar una historia&rdquo;. A ver, en serio, de d&oacute;nde sacaba esa cifra. &iquest;Del bolsillo? &iquest;De la botella? &iquest;De una galleta de la suerte? Tampoco importa. Entre todas las maneras posibles, la m&aacute;s extra&ntilde;a y espantosa de vivir un mundial es siempre en diferido. Frente al directo, parece que el diferido sea una opci&oacute;n para gente muerta, sin ambici&oacute;n, que fracas&oacute; en el intento de llegar a la hora a las citas importantes. El diferido representa un trist&iacute;simo consuelo, la oportunidad ins&iacute;pida que se le concede a un pobre desgraciado de llegar el &uacute;ltimo, pero llegar. Pero el &uacute;ltimo, no se nos olvide.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; el diferido me hace pensar en los espaguetis fr&iacute;os con at&uacute;n que comes a las siete de la ma&ntilde;ana, cuando regresas a casa hambriento y no hay otra cosa. Personalmente, no suelo recurrir a &eacute;l casi nunca. Saber que el partido acab&oacute; hace horas, que la humanidad entera menos t&uacute;, y cuatro como t&uacute;, est&aacute; absolutamente al tanto del resultado, da much&iacute;simas ganas de echarse a llorar, incluso de echarse por la ventana, a ver si as&iacute; recuperas la emoci&oacute;n del directo. Porque adem&aacute;s siempre puede mediar una calamidad, como que te pongas el partido y aparezca un imb&eacute;cil &mdash;esto es lo m&aacute;s f&aacute;cil del mundo&mdash; que te revele el resultado cuando a lo mejor todav&iacute;a te queda toda la segunda parte. Estaba yo viendo el Alemania&ndash;Paraguay, cuando a medida que el empate adquir&iacute;a ese aspecto obstinado e irrompible que poseen tantas de las cosas fabricadas por los alemanes, empec&eacute; a sospechar que quiz&aacute;s habr&iacute;a pr&oacute;rroga, y despu&eacute;s penaltis, y se me juntar&iacute;a ese partido con el Pa&iacute;ses Bajos&ndash;Marruecos (a las tres de la madrugada) de ese modo atroz en que a veces se te junta la comida con la cena. Por minutos, me dec&iacute;a que ver&iacute;a el segundo partido de empalmada, en directo, (de perdidos al r&iacute;o), y acci&oacute;n seguida que no, imposible, qu&eacute; locura, mejor dormir con cierto desapego por el f&uacute;tbol, y, como mucho, madrugar a eso de las once de la ma&ntilde;ana, y verlo ya entonces en diferido, vivo y muerto a la vez.
    </p><p class="article-text">
        Me acost&eacute; a la una y diez, tras contemplar <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/entrenador-paraguay-eliminar-alemania-venimos-sacrificios-padres-hijos-puedan-cumplir-suenos_132_13343948.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la derrota de Alemania a los penaltis</a>. Qu&eacute; salvajada, qu&eacute; espanto, qu&eacute; belleza ver el descarrilamiento germano otro mundial m&aacute;s. Quiz&aacute;s hablemos un d&iacute;a &mdash;me lo apunto&mdash; de los penaltis y la f&oacute;rmula matem&aacute;tica para no fallarlos que nadie sigue. En ese momento, ejecutando trabajosamente las mil y pico peque&ntilde;as acciones previas a irme a la cama, al menos una cosa tuve clar&iacute;sima: dormir&iacute;a, y tal vez so&ntilde;ar&iacute;a. Pero las cosas clar&iacute;simas duran poco. Ya lo dec&iacute;a Arsenio Iglesias: &ldquo;Te las quitan de los fuci&ntilde;os&rdquo;. A las tres y media, sin embargo, me despert&eacute; con ganas de ir al ba&ntilde;o, y se me abri&oacute; una nueva ventana de oportunidades. &ldquo;Voy a ver el Pa&iacute;ses Bajos-Marruecos&rdquo;, me dije, para mi sorpresa. Vaya que s&iacute;. Pero en lo que transcurri&oacute; medio segundo le a&ntilde;ad&iacute; unos puntos suspensivos a la frase, y apostill&eacute; &ldquo;mejor no&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A las diez de la ma&ntilde;ana, desayunado, duchado, vestido, peinado, me puse al fin con el Pa&iacute;ses Bajos-Marruecos. No ten&iacute;a mejor cosa que hacer. Seguir un partido en diferido representa, como dec&iacute;a antes, una maniobra infeliz, desangelada y delicad&iacute;sima, como preparar una bomba casera. Has de aislarte. Aislarte, antes de nada, de los imb&eacute;ciles. Porque todo conspira para que te enteres del resultado antes de tiempo, echando por tierra el leve factor sorpresa. Nada de informativos, nada de mensajes, nada de redes sociales, nada de atender llamadas, ni de tu madre, ni del mensajero, ni del Servicio Galego de Sa&uacute;de, nada de abrir las ventanas o la puerta. Nada de nada. Solo fue bonito estar absolutamente desinformado en relaci&oacute;n a todo; lo dem&aacute;s, trist&iacute;simo. A&uacute;n estoy a tiempo de saltar por la ventana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tallón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/futbol-diferido-futbol_129_13345746.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jun 2026 19:57:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El fútbol en diferido, ¿es fútbol?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Fútbol,Alemania,Paraguay,Mundial de fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una loncha más, por si acaso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/loncha-si-acaso_129_13334636.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c5270579-0d86-46fe-8cf3-b942ff22288c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una loncha más, por si acaso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La charcutera pesa 600 gramos de jamón de cebo ibérico y el cliente pide una loncha más. Algo tan grácil y delicado como esa loncha es lo que apeará o irá encumbrando a equipos en el torneo: alguno morirán en la primera fase no por haber perdido un partido, sino por haberlo ganado con un gol menos de diferencia y que no llegó a consumarse a su vez por cinco casis</p><p class="subtitle">El Mundial de Tallón: Don Malas Noticias</p></div><p class="article-text">
        Me voy a comer el mundo, me obligo a decirme para animarme, con entusiasmo, como si acabase de sonar el himno de Francia. Est&aacute;n de testigos mi perra y un bons&aacute;i muerto. Aunque lo digo y tardo todav&iacute;a diez minutos en retirar los pies de la mesa donde escribo &ndash;y a veces como&ndash; y ponerme en marcha. Supongo que el mundo tambi&eacute;n se puede conquistar despacio, un poco con los brazos cruzados, sin matarse. Despu&eacute;s de todo, es jueves y el primer partido del d&iacute;a para m&iacute;, un Ecuador-Alemania del que no s&eacute; qu&eacute; pensar, no comienza hasta las diez de la noche. Y no son ni las diez de la ma&ntilde;ana. Hay margen de sobra, creo yo, para adue&ntilde;arse de todo.
    </p><p class="article-text">
        Primero, vestirse. Se pueden hacer much&iacute;simas cosas en doce horas. Pero en este punto emerge una verdad que dif&iacute;cilmente se discute: si tienes tiempo, lo pierdes. De hecho, me pongo a leer el en&eacute;simo art&iacute;culo sobre el gol de Maradona regateando a media selecci&oacute;n inglesa en el 86. Solo ah&iacute; ya se me van tres minutos. Pero qu&eacute; minutos, se&ntilde;ores y se&ntilde;oras. Pasan los a&ntilde;os, las d&eacute;cadas, los cambios de siglo, y no se erradican ni la guerra, ni el hambre, ni los art&iacute;culos sobre ese gol. Qu&eacute; drama.
    </p><p class="article-text">
        Dios aprieta, pero a&uacute;n no me ahoga &ndash;sigo anim&aacute;ndome&ndash;, y despu&eacute;s del art&iacute;culo mi existencia se compensa con un<em> reel</em>, tambi&eacute;n de Maradona, en el que se ve al mito argentino, ya retirado, posando ante una pancarta solidaria en la valla de un estadio. Durante el acto, emerge cada poco un molesto brazo por debajo de la lona, que estropea el momento, descoloc&aacute;ndola. A la tercera vez, a Maradona se le agota la paciencia y le
    </p><p class="article-text">
        suelta una patada al brazo delante de las c&aacute;maras. Para estas alturas, me parece que la agresi&oacute;n, o toque, no tiene demasiado que envidiar al dichoso gol en M&eacute;xico. Fin&iacute;sima su zurda en cualquier circunstancia.
    </p><p class="article-text">
        A la vuelta de pasar la revisi&oacute;n al coche, y abonar seiscientos pavos, cambian las tornas, y solo tengo ganas de que el mundo me coma a m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; m&aacute;s me da ya. No ser&aacute; peor eso que cruzarme con otro art&iacute;culo sobre el golazo a Inglaterra. Contra todo pron&oacute;stico, la ma&ntilde;ana reflota en el supermercado, a donde acudo buscando respuesta a la segunda pregunta m&aacute;s dif&iacute;cil del d&iacute;a: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; se come?&rdquo;. La primera, obviamente, es &ldquo;&iquest;Qu&eacute; se cena?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sucede en la charcuter&iacute;a algo extraordinario, que me ayuda a entender lo que va a pasar en las pr&oacute;ximas horas durante el mundial. Resumo mucho: el cliente que me precede en la cola pide seiscientos gramos de jam&oacute;n de cebo ib&eacute;rico, haciendo ese gesto tan caracter&iacute;stico con la mano, como si desenroscase una bombilla, que significa &ldquo;gramo arriba gramo abajo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la charcutera pesa el fiambre &ndash;casi clava los seiscientos gramos&ndash; pregunta: &ldquo;&iquest;As&iacute; est&aacute; bien?&rdquo;. El cliente se toma su tiempo, se muerde los labios, pensativo, mueve la cabeza adelante y atr&aacute;s, estudia la monta&ntilde;ita de jam&oacute;n, hasta que al fin dice: &ldquo;Una loncha m&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Una loncha m&aacute;s! Pero por qu&eacute;, cu&aacute;l es el sentido de otra loncha, amigo, qu&eacute; aporta solo una, despu&eacute;s de seiscientos gramos de fenomenales
    </p><p class="article-text">
        lonchas. No entiendo nada. Hasta que empiezo a entender. Una loncha no es nada, pero a lo mejor s&iacute;. Mudo de opini&oacute;n en unos segundos &ndash;yo soy as&iacute;&ndash; y de pronto descubro en esa loncha la gran complejidad de la vida, el secreto de que las cosas cambien, la sutileza y al mismo tiempo fuerza bruta del azar. Esa loncha, o algo, digamos, tan gr&aacute;cil, fino, delicado, inefable como ella, es lo que ir&aacute; apeando o encumbrando a equipos en el torneo. Algunos morir&aacute;n en la primera fase por nada, por un casi, no por haber a lo mejor perdido un partido, sino por haberlo ganado con un gol menos de diferencia de la que conven&iacute;a, y que no lleg&oacute; a consumarse a su vez por cinco casis que no pasaron de eso. A saber si una loncha decide el mundial. &iquest;Conclusi&oacute;n futbol&iacute;stica? Hombre, no soy un experto, pero, &iquest;salir a comprar mucho jam&oacute;n de cebo ib&eacute;rico?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tallón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/loncha-si-acaso_129_13334636.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 20:01:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una loncha más, por si acaso]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mundial de fútbol,Jamón ibérico]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Don Malas Noticias]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/don-malas-noticias_129_13320136.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe6ab133-68ac-4679-a263-c414eee4398e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Don Malas Noticias"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ya hay selecciones eliminadas y es tristísimo morir sin acabar la primera fase. Visto así, prefieres que tu selección quede apeada en una eliminatoria y tras una prórroga que te dejó incluso rozar la victoria</p><p class="subtitle">Ver la fase de grupos lo más que pueda</p></div><p class="article-text">
        Ya hay selecciones eliminadas, en la calle, selecciones muertas, por decirlo con un poco de entusiasmo. El mundial es una competici&oacute;n carente de piedad, que a los pocos d&iacute;as de empezar se va llenando de decepciones, ilusiones rotas, que dejan a algunas naciones sumidas en el vac&iacute;o, barriendo los trozos, y a millones de ciudadanos empujados a poner la mirada en un nuevo lugar, uno vivo, en el que encontrar algo de sentido a lo que queda de torneo, o de vida. En un minuto tienes a&uacute;n opciones matem&aacute;ticas &ndash;las matem&aacute;ticas, en deporte, representan por lo general a Don Malas Noticias&ndash; y en el siguiente est&aacute;s sentado en un avi&oacute;n de vuelta a Turqu&iacute;a o Hait&iacute;, inc&oacute;modo, coloc&aacute;ndote cada poco la ropa interior, porque se mete en el culo, y pregunt&aacute;ndote qu&eacute; vas a hacer hasta que empiece la nueva temporada.
    </p><p class="article-text">
        Hay siempre un momento delicad&iacute;simo en que la cr&oacute;nica deportiva deviene en necrol&oacute;gica. Tiene menos de especial de lo que parece. La muerte, con su espantoso poder metaf&oacute;rico, alcanza todas las representaciones humanas. Es dif&iacute;cil explicar su capacidad para llegar a cualquier rinc&oacute;n inaccesible. Yo la imagino como aquella taza de Nescaf&eacute; que se me cay&oacute; en la cocina cuando viv&iacute;a en Santiago. Acababa de sacarla del microondas. Me sorprendi&oacute; el asa ardiendo, y la solt&eacute;. Estaba tan llena, y choc&oacute; con tanta alegr&iacute;a contra el suelo, que las manchas del caf&eacute; salpicaron el techo. Incre&iacute;ble. Fue <a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/situacion-excelente_129_13309206.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como empatar con Cabo Verde</a>.
    </p><p class="article-text">
        Los segundos encuentros de la fase de grupos, y sus dos o tres selecciones ya sin vida, me hacen pensar en esos componentes de la secci&oacute;n de obituarios de los grandes peri&oacute;dicos, que se presentan por la ma&ntilde;ana en la redacci&oacute;n y literalmente preguntan &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n se ha muerto hoy?&rdquo; y alguien pone una carpeta sobre su escritorio. Esa va a ser la t&oacute;nica desde ahora: cada d&iacute;a alguna selecci&oacute;n se va para casa antes de lo que so&ntilde;aba.
    </p><p class="article-text">
        Algunas jornadas la cr&oacute;nica es obituario antes de tiempo, aun sin cad&aacute;ver. Solo tiene que mediar un debut desolador, para que ya se vea a alguien buscando una pala por ah&iacute;. En el g&eacute;nero necrol&oacute;gico es algo que tiene sentido, de hecho. Una buena historia de un gran personaje no se escribe en unas horas. Es normal ir adelantando trabajo. Fue c&eacute;lebre el caso de la larga necrol&oacute;gica del f&iacute;sico James Van Allen, publicada inmediatamente despu&eacute;s de su muerte, el 9 de agosto de 2006. El texto aparec&iacute;a firmado por Salter Seager Sullivan Jr., fallecido el 19 de marzo de 1996, que trabaj&oacute; tan previsoramente en ella que no vivi&oacute; para poner la fecha en que muri&oacute; Van Allen y la causa.
    </p><p class="article-text">
        Las selecciones ya eliminadas, que aun as&iacute; deben de jugar un tercer partido, remiten al protagonista de un c&eacute;lebre relato de Quim Monz&oacute; que mor&iacute;a a la hora de comer, pero su hermano y sus padres actuaban con absoluta normalidad. Fing&iacute;an que Toni no hab&iacute;a muerto y contribu&iacute;an a que actuase como todos los d&iacute;as. Le daban de comer, lo vest&iacute;an, lo duchaban, lo afeitaban, lo llevaban al instituto, lo pon&iacute;an a estudiar, incluso le organizaban citas con chicas.
    </p><p class="article-text">
        Es trist&iacute;simo morir sin acabar la primera fase. Debe de ser parecido a que te atropelle en Puerto Ban&uacute;s un conductor en un Fiat Multipla, seguramente el coche m&aacute;s feo del mundo. Visto as&iacute;, prefieres que tu selecci&oacute;n quede apeada en una eliminatoria, despu&eacute;s de una pr&oacute;rroga que te dej&oacute; incluso rozar la victoria. Algo parecido a aquello que contaba Jules Renard de un reo que ten&iacute;a la cabeza en la guillotina, y antes de que se precipitase la cuchilla, un guardia sal&iacute;a de entre la multitud agitando un papel en el aire y girando &ldquo;&iexcl;Es el indulto, el indulto!&rdquo;, y al condenado se le pon&iacute;a una enorme sonrisa, pero con tan mala suerte que el verdugo, que no o&iacute;a bien, y a lo mejor estaba pensando en qu&eacute; iba a cenar esa noche, soltaba la cuerdecita y ca&iacute;a la cuchilla, y el condenado mor&iacute;a con gran felicidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tallón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/don-malas-noticias_129_13320136.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 19:50:34 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Don Malas Noticias]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Haití,Fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La situación es casi excelente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/situacion-excelente_129_13309206.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d798be08-c22e-40c3-b7e6-a4f8ad483446_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La situación es casi excelente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hacer las cosas muy bien desde el principio no es ninguna panacea. Las pequeñas crisis previenen contra las grandes y, si evitamos la mirada cortoplacista, un empate patético que despierte el fantasma del miedo al desastre podría considerarse desde algún punto de vista una genialidad</p><p class="subtitle">El Mundial de Juan Tallón: Ver la fase de grupos lo más que pueda</p></div><p class="article-text">
        Llen&eacute; la previa del debut mundialista de Espa&ntilde;a de peque&ntilde;as acciones, algunas innecesarias, con las que distraerme y que de pronto ya fuese la hora del partido. Sal&iacute; a comprar pan, por ejemplo, y al regresar volv&iacute; a salir a comprar pan porque antes hab&iacute;a comprado otras cosas que no necesitaba, porque ya ten&iacute;a, pero no pan. Tambi&eacute;n empec&eacute; a empezar a hacer la maleta, ya que al d&iacute;a siguiente me iba a Sicilia. En el colmo de mi entrega a la acci&oacute;n, vi una peque&ntilde;a mancha en el televisor y me puse a limpiarla, agrand&aacute;ndola hasta extremos inexplicables. Quiz&aacute; lo m&aacute;s hermoso de un mundial es c&oacute;mo llenas todo ese tiempo que falta antes de un partido que te apetece mucho ver. Siempre las v&iacute;speras emanan una gran luz. Despu&eacute;s, cuando rueda el bal&oacute;n, a menudo las cosas van a peor, se gastan, se deterioran, incluso se rompen. &ldquo;Me encantan los veranos, nunca pierdes partidos&rdquo;, dec&iacute;a Roy Evans cuando entrenaba al Liverpool y ve&iacute;a a&uacute;n lejos la nueva temporada, con la posibilidad de pegarse una hostia.
    </p><p class="article-text">
        Ese filo de la eternidad en el que imaginas las cosas hermosas que a&uacute;n pueden suceder es un lugar perfecto para quedarse. Por momentos te olvidas hasta de que hay partido, como le ocurri&oacute; a Garrincha en la final del Mundial de Chile. Hab&iacute;a regresado al vestuario, tras el calentamiento, cuando se acerc&oacute; a Aymor&eacute; Moreira, el seleccionador, y le consult&oacute;: &ldquo;&iquest;Disculpe, maestro, &iquest;hoy es la final?&rdquo; Moreira lo mir&oacute; incr&eacute;dulo: &ldquo;S&iacute;&hellip; jugamos contra Checoslovaquia&rdquo;. &ldquo;Ah&hellip; con raz&oacute;n hay tanta gente&rdquo;, dijo Garrincha.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, lleg&oacute; el partido y <a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/debutante-cabo-verde-resiste-asedio-espana-gol_1_13305267.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Espa&ntilde;a no le meti&oacute; cinco goles a Cabo Verde</a>, como se sabe; ni uno, de hecho, de forma que los planes de muchos aficionados para ser felices hasta el siguiente encuentro, contra Arabia, se desplomaron estrepitosamente. Llen&eacute; las horas siguientes, cuando el aire se ti&ntilde;&oacute; de un marr&oacute;n fe&iacute;simo, de no menos acciones que la previa. Por suerte para m&iacute;, mi hija se rompi&oacute; el dedo gordo de un pie hace unos d&iacute;as y tuve que entregarme a labores de esclavo, lo que me distrajo no solo del resultado, sino de un mundo libre y democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Por la noche, y sobre todo a la ma&ntilde;ana siguiente, empec&eacute; ya a pensar que hacer las cosas muy bien desde el principio no es ninguna panacea. Creo que las peque&ntilde;as crisis previenen contra las grandes. Si evitamos la mirada cortoplacista, un empate pat&eacute;tico, despu&eacute;s de un mal&iacute;simo partido, que despierte el fantasma del miedo al desastre, podr&iacute;a considerarse desde alg&uacute;n punto de vista una genialidad. Un Mundial es lo suficientemente largo, equiparable a una vida entera, y al mismo tiempo a un solo instante, como para creer que habr&aacute; que atravesar momentos malos y buenos. Ya estar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Al comienzo de <em>Sunset Boulevard</em>, de Billy Wilder, el protagonista confiesa que su mayor deseo siempre fue tener una piscina. &ldquo;Consegu&iacute; la piscina y mor&iacute; en ella&rdquo;, a&ntilde;ade. La frase ayuda a hacernos una idea de que cuando el entusiasmo se expande sin control corres el riesgo de ser asfixiado por &eacute;l. Dicho esto, result&oacute; de gran ayuda atiborrarme, despu&eacute;s del disgusto, con dos partidos m&aacute;s, y ya por la ma&ntilde;ana acabar de hacer la maleta e irme a Sicilia con un amigo italiano, cuya selecci&oacute;n, qu&eacute; risas, ni siquiera disputa el Mundial. Nuestra situaci&oacute;n casi es excelente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tallón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/situacion-excelente_129_13309206.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Jun 2026 19:33:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La situación es casi excelente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Selección española,Cabo Verde,Mundial de fútbol,Fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ver la fase de grupos lo más que pueda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/ver-fase-grupos-pueda_129_13298449.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b27c9e94-5bd2-4e89-aaf8-22bae7c6f92e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ver la fase de grupos lo más que pueda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La felicidad no reside en las eliminatorias a vida o muerte, donde es imposible no advertir que el evento está cada vez más cerca de acabar, y tener que conformarse con el Tour o el Mundial de Hípica, así que me preparé para levantarme a ver el Estados Unidos-Paraguay, no fuese que el primero aprovechase para declarar otra guerra y perderme también ese hit</p><p class="subtitle">El Mundial de Calígula</p></div><p class="article-text">
        Empieza el Mundial y me pilla a merced de un meticuloso plan para desengancharme del tel&eacute;fono, que seguido a rajatabla resulta imbatible. Pero hay que atenerse a &eacute;l, claro, y no flaquear ni un segundo. De hecho, ya puede explotar el mundo que yo no me despego ni un paso del plan. &iquest;Y me est&aacute; funcionando? Hombre, creo que es pronto para decirlo: acabo de implantarlo.
    </p><p class="article-text">
        Por ahora, ha consistido en ir a comprar un despertador a Electrodom&eacute;sticos Aragon&eacute;s para ver el Corea-Rep&uacute;blica Checa a las cuatro de madrugada, mi primer partido de la competici&oacute;n, toda vez que <a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/partido-inaugural-76-anos-historias-hablan-paises-anfitriones-competicion_1_13283773.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el M&eacute;xico-Sud&aacute;frica</a> me sorprendi&oacute; presentando un libro, en concreto uno que he presentado ya en dieciocho ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        Iba a pedirle al dependiente el mejor de la tienda, como si un despertador fuese un coche, pero me pareci&oacute; que todos se parec&iacute;an demasiado (las agujas, los doce n&uacute;meros de toda la vida, etc.), as&iacute; que al final reclam&eacute; el m&aacute;s barato. Con un poco de suerte quiz&aacute;s el m&aacute;s barato y el mejor fuesen el mismo. &laquo;Es para ver el Corea-Rep&uacute;blica Checa, de entrada&raquo;, precis&eacute; ante su mirada neutra. En efecto, as&iacute; iba a abandonar yo la adicci&oacute;n al tel&eacute;fono, por la puerta grande: dejando de usarlo como despertador.
    </p><p class="article-text">
        En mi familia, la llegada de un mundial ha corrido casi siempre paralela a una adquisici&oacute;n rutilante, como si la vida no se sostuviese en pie sin objetos: un nuevo televisor, una nueva antena, un reproductor de vhs, otro televisor, un control remoto universal, una cama articulada, un plasma, un ventilador, y este a&ntilde;o, como digo, un despertador. El desfase horario constituye uno de los atractivos de los mundiales lejanos, capaces de imponerte un estilo de vida propio, acaso feroz, pero que, si lo asumes, se parece a gozar de una doble existencia: la de la pen&iacute;nsula y la de donde sea, esta vez Am&eacute;rica del Norte.
    </p><p class="article-text">
        Como cuando eres esp&iacute;a, tal y como reza en la placa de tu puerta, y en secreto te desempe&ntilde;as como jardinero o asesor fiscal.
    </p><p class="article-text">
        Que el primer partido en la madrugada peninsular fuese el Corea-Rep&uacute;blica Checa le a&ntilde;ad&iacute;a m&aacute;s inter&eacute;s, casi picante, a la heroicidad de saltar de la cama con medio planeta roncando. Veintitantos a&ntilde;os despu&eacute;s muchos seguimos pregunt&aacute;ndonos c&oacute;mo los coreanos &mdash;en los que incluyo al &aacute;rbitro m&aacute;s c&eacute;lebre del f&uacute;tbol espa&ntilde;ol, Gamal Mahmoud Ahmed Al-Ghandour&mdash; pudieron eliminar a Espa&ntilde;a en los cuartos de final del Mundial 2002.
    </p><p class="article-text">
        Te pones a pensar en ello racionalmente &mdash;no se puede, ya lo digo&mdash; y casi sientes el mismo coraje que Adriana en la cuarta temporada de Los Soprano cuando Christopher se sienta sobre su perrita sin darse cuenta, puesto de hero&iacute;na, y la asfixia. C&oacute;mo, c&oacute;mo, c&oacute;mo. Ni idea.
    </p><p class="article-text">
        Llegaron las horas previas al encuentro y de pronto se me present&oacute; una de esas dudas llamadas de &uacute;ltimo minuto: &iquest;merec&iacute;a la pena acostarse? Temazo. &iquest;No ten&iacute;a m&aacute;s sentido seguir despierto un rato m&aacute;s, y tragarme la previa del partido, y acaso ponerme algunos videos de Youtube sobre las leyendas del f&uacute;tbol coreano y el checo, para entrar en ambiente? Pero entonces, &iquest;para qu&eacute; me hab&iacute;a gastado diecinueve euros y pico en el despertador? &iquest;Es que ahora soy millonario? Me tom&eacute; mi medio cuarto de pastilla para dormir y me acost&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a que sonase el despertador &mdash;program&eacute; el tono Sound of Silence de Simon and Garfunkel&mdash; y de nuevo experimentar esa electricidad absurda que se crea solo ante un partido de Corea, Jordania o Uzbekist&aacute;n. Pas&oacute;, sin embargo, algo verdaderamente notable: son&oacute; el despertador, le di un manotazo y segu&iacute; durmiendo. Me levant&eacute; casi a las nueve. Vi el resumen de la victoria de los coreanos y adopt&eacute; mi segunda decisi&oacute;n de calado: dejar la trazadona para dormir.
    </p><p class="article-text">
        Viv&iacute; afligido y contrariado el resto de la ma&ntilde;ana por el inesperado gesto de darme la vuelta en la cama y seguir durmiendo. Al comienzo de cada mundial me siento siempre como esa persona dispuesta a ver todos los partidos de la fase de grupos, alguien que tal vez solo sirva para eso, mientras que para lo todo dem&aacute;s &mdash;si hay algo m&aacute;s&mdash; es pr&aacute;cticamente un in&uacute;til. Me parece que mientras uno est&eacute; vivo debe ver esa parte del mundial lo m&aacute;s que pueda. Justo ah&iacute; reside la felicidad, no en las eliminatorias y sus partiditos a vida o muerte, donde es imposible no advertir que el evento est&aacute; cada vez m&aacute;s cerca de acabar, y tener que conformarse con el Tour o el Mundial de H&iacute;pica, as&iacute; que, sin m&aacute;s, me prepar&eacute; mentalmente para levantarme a las tres de la madrugada y ver el Estados Unidos-Paraguay, no fuese a ser que el primero aprovechase para declarar otra guerra y perderme tambi&eacute;n ese hit.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Tallón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/ver-fase-grupos-pueda_129_13298449.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Jun 2026 19:23:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[República Checa,Corea del Sur,Fútbol]]></media:keywords>
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