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    <title><![CDATA[elDiario.es - Capitalismo]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Capitalismo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[What's Up, Bunny?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/what-s-up-bunny_132_13277581.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f9faab28-5229-46a3-87ef-b528e7992774_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1652y583.jpg" width="1200" height="675" alt="What&#039;s Up, Bunny?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El problema sería esperar que un artista global, convertido en una de las mayores industrias culturales del planeta, pueda situarse realmente fuera de las dinámicas económicas que hacen posible su éxito"</p></div><p class="article-text">
        Leo que Bad Bunny canta <a href="https://www.xataka.com/musica/bad-bunny-canta-gentrificacion-turistificacion-su-gira-ha-subido-29-precio-hoteles-madrid" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">contra la gentrificaci&oacute;n y la turistificaci&oacute;n</a>, pero su gira ha subido un 29% el precio de los hoteles en Madrid. Un artista globalizado que denuncia la gentrificaci&oacute;n, la expulsi&oacute;n de residentes y la mercantilizaci&oacute;n de los territorios genera, al mismo tiempo, un acontecimiento que contribuye a encarecer el alojamiento, intensifica los flujos tur&iacute;sticos y moviliza enormes cantidades de capital. &iexcl;Qu&eacute; paradoja! O no. Lo parad&oacute;jico es pensar que Bad Bunny canta contra el sistema.
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que el hecho de que los hoteles suban de precio durante unos conciertos no equivale exactamente a un proceso de gentrificaci&oacute;n, que implica transformaciones duraderas del mercado inmobiliario, sustituci&oacute;n de poblaci&oacute;n residente y reconfiguraci&oacute;n social de los barrios. Pero s&iacute; forma parte de la misma l&oacute;gica de ciudad convertida en plataforma de consumo y atracci&oacute;n de visitantes. Los grandes conciertos, congresos, eventos deportivos o festivales participan de una econom&iacute;a urbana que trata el territorio como recurso competitivo. En Bilbao empezamos a saber mucho de esto.
    </p><p class="article-text">
        Desde siempre el capitalismo ha demostrado una extraordinaria capacidad para absorber las cr&iacute;ticas dirigidas contra &eacute;l y convertirlas en mercanc&iacute;a. La rebeld&iacute;a, la autenticidad, la denuncia social o la reivindicaci&oacute;n de identidades subalternas no quedan necesariamente fuera del mercado; al contrario, con frecuencia se transforman en productos altamente rentables. La cr&iacute;tica se consume, la disidencia se convierte en espect&aacute;culo y el propio capitalismo cultural necesita constantemente narrativas de transgresi&oacute;n para renovarse. Como analizaron Luc Boltanski y &Egrave;ve Chiapello en 'El nuevo esp&iacute;ritu del capitalismo', una parte importante de la cr&iacute;tica social y art&iacute;stica de los a&ntilde;os sesenta y setenta fue incorporada por el propio capitalismo para legitimarse y reinventarse.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, el problema no es que Bad Bunny denuncie la gentrificaci&oacute;n mientras su gira produce efectos gentrificadores. El problema ser&iacute;a esperar que un artista global, convertido en una de las mayores industrias culturales del planeta, pueda situarse realmente fuera de las din&aacute;micas econ&oacute;micas que hacen posible su &eacute;xito. Su figura es inseparable de una compleja maquinaria de plataformas digitales, promotoras, aerol&iacute;neas, cadenas hoteleras, patrocinadores y mercados globales del entretenimiento. Por eso la pregunta sociol&oacute;gicamente relevante no es tanto si el artista es coherente o incoherente, sino c&oacute;mo un sistema econ&oacute;mico es capaz de integrar incluso los discursos que lo cuestionan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo cierto es que &eacute;l s&iacute; se presenta personalmente como cr&iacute;tico del sistema. Si nos situamos en el plano de la autopercepci&oacute;n o de la imagen p&uacute;blica que proyecta, Bad Bunny no aparece simplemente como un artista que incorpora ocasionalmente mensajes cr&iacute;ticos, sino como alguien que se presenta a s&iacute; mismo como portavoz de determinadas resistencias: frente a la colonizaci&oacute;n cultural, la turistificaci&oacute;n de Puerto Rico, la especulaci&oacute;n inmobiliaria, el racismo o la homofobia. Desde esa perspectiva, la contradicci&oacute;n resulta m&aacute;s visible. Porque una cosa es reconocer que nadie puede situarse completamente fuera del sistema y otra muy distinta construir una identidad p&uacute;blica basada en la oposici&oacute;n a &eacute;l mientras se ocupa una posici&oacute;n extraordinariamente privilegiada dentro de las industrias globales del entretenimiento.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, tampoco conviene exagerar la singularidad del caso. Se trata de una tensi&oacute;n cl&aacute;sica en la historia de la cultura popular. Ya ocurri&oacute; con el rock, el punk, el hip-hop o incluso con determinadas figuras de la canci&oacute;n protesta. Artistas que nacieron cuestionando el orden establecido acabaron convertidos en marcas globales. El sistema no solo comercializa los productos culturales; comercializa tambi&eacute;n las identidades contestatarias.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la cuesti&oacute;n no es tanto si Bad Bunny es sincero. Tal vez lo sea cuando denuncia los efectos del turismo masivo sobre Puerto Rico o la expulsi&oacute;n de la poblaci&oacute;n local de determinados barrios, pero su capacidad para difundir ese mensaje depende precisamente de las infraestructuras econ&oacute;micas y culturales de la globalizaci&oacute;n que producen fen&oacute;menos similares en muchos otros lugares. Se trata de un ejemplo muy contempor&aacute;neo de cr&iacute;tica integrada: una voz que denuncia ciertos efectos del capitalismo global desde una posici&oacute;n que es, al mismo tiempo, uno de los grandes &eacute;xitos de ese mismo capitalismo global.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Artistas que nacieron cuestionando el orden establecido acabaron convertidos en marcas globales. El sistema no solo comercializa los productos culturales; comercializa también las identidades contestatarias</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esto no significa que toda cr&iacute;tica sea in&uacute;til o que toda denuncia est&eacute; condenada a convertirse en mero espect&aacute;culo. Pero, en una &eacute;poca en la que incluso la rebeld&iacute;a puede convertirse en mercanc&iacute;a, el problema ya no es distinguir qui&eacute;n est&aacute; dentro y qui&eacute;n est&aacute; fuera, sino preguntarnos qu&eacute; cr&iacute;ticas transforman realmente las estructuras y cu&aacute;les terminan formando parte del espect&aacute;culo que las reproducen. Los discursos p&uacute;blicos pueden contribuir a visibilizar problemas reales, generar conciencia social y abrir espacios de debate, pero el capitalismo contempor&aacute;neo ha demostrado una notable tolerancia hacia las formas simb&oacute;licas de contestaci&oacute;n. Lo que le resulta mucho m&aacute;s dif&iacute;cil gestionar no son las canciones que lo cuestionan, sino las regulaciones que limitan sus beneficios, las pol&iacute;ticas urban&iacute;sticas que frenan la especulaci&oacute;n, las reformas fiscales que redistribuyen riqueza o las normas laborales que reducen la precariedad. Ah&iacute; es donde la cr&iacute;tica deja de ser una est&eacute;tica y se convierte en una fuerza material.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;What's Up, Doc?&rdquo;, dec&iacute;a otro Bunny, en este caso Bugs. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hay de nuevo, viejo?&rdquo;, en su traducci&oacute;n al castellano. No hay nada nuevo en el caso Bad Bunny. Es todo muy viejo: se llama capitalismo. Del machismo hablaremos otro d&iacute;a...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Imanol Zubero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/what-s-up-bunny_132_13277581.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 19:46:00 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Stalin o Mickey Mouse? 80 minutos le bastan a Pawel Pawlikowski para analizar las heridas de la Guerra Fría en la gran ‘Fatherland’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/stalin-mickey-mouse-80-minutos-le-bastan-pawel-pawlikowski-analizar-heridas-guerra-fria-gran-fatherland_129_13223501.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c829e1ff-fd19-43d9-b659-6a67dc63866e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2443y1122.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Stalin o Mickey Mouse? 80 minutos le bastan a Pawel Pawlikowski para analizar las heridas de la Guerra Fría en la gran ‘Fatherland’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El director de 'Ida' y 'Cold War' apunta al palmarés con su depurada, inteligente y concisa adaptación de la biografía del escritor Thomas Mann, 'El mago'</p><p class="subtitle">Una heredera moderna para David Lynch: Jane Schoenbrun conquista Cannes con un 'slasher' lleno de sangre y sexo
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Stalin o<a href="https://www.eldiario.es/cultura/raton-no-toca-lucha-disney-llegada-mickey-mouse-dominio-publico-termina-2024_1_10799014.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Mickey Mouse?</a>&rdquo;. La frase se escucha en la primera escena de<em> Fatherland, </em>la nueva pel&iacute;cula de<a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/cold-war-pesimismo-amantes-tormentosos_1_1907479.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Pawel Pawlikowski </a>con la que opta a la Palma de Oro en el Festival de Cannes, y es incre&iacute;ble como cuatro palabras pueden condensar la esencia de una pel&iacute;cula. En un plano fijo, que encuadra con una belleza apabullante en su tradicional blanco y negro, el cineasta polaco muestra a Klauss Mann, hijo del m&iacute;tico escritor <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/thomas-mann-escritor-borde-propio-relato_1_12360343.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Thomas Mann </a>&mdash;premio Nobel y autor de obras maestras como<em> La monta&ntilde;a m&aacute;gica</em>&mdash; sentado en el suelo, desnudo, en su habitaci&oacute;n en Cannes. Hay rastros de droga y sexo. Es 1949 y habla con su hermana por tel&eacute;fono. Le dice que est&aacute;n condenados. Que su pa&iacute;s, Alemania, invent&oacute; una lengua solo para mentir, y que ellos estar&aacute;n siempre atravesados por la misma pregunta: &iquest;Stalin o Mickey Mouse?, &iquest;oriente u occidente?
    </p><p class="article-text">
        La escena con la que abre Pawlikowski su pel&iacute;cula, la tercera en donde aborda las heridas de la Guerra Fr&iacute;a en Europa y en el mundo tras Ida (con la que gan&oacute; el Oscar a Mejor pel&iacute;cula internacional) y Cold War (con la que gan&oacute; el Premio a la Mejor direcci&oacute;n en Cannes), sirve como una condensaci&oacute;n de todo lo que vendr&aacute; a continuaci&oacute;n. Pawlikowski logra de forma magistral marcar la est&eacute;tica, el tono (austero, condensado y lleno de elipsis), los temas de los que hablar&aacute;, y tambi&eacute;n la concisi&oacute;n con la que lo har&aacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Porque, y aqu&iacute; lo prodigioso y hasta sorprendente, el director consigue radiografiar un pa&iacute;s, un continente, y mirar al presente para tender un hilo que nos explica y nos cuestiona, en solo 80 minutos. De hecho, la pregunta con la que abre el filme ser&aacute; preguntada de nuevo y de forma directa a Thomas Mann en una rueda de prensa: &ldquo;&iquest;Capitalismo o comunismo?&rdquo;, le lanza una periodista. &ldquo;Los dos sistemas son fallidos&rdquo;, dice Mann siempre navegando entre esas dos aguas en otra frase que condensa la esencia de <em>Fatherland.</em>
    </p><p class="article-text">
        En menos de hora y media Pawel Pawlikowski le pasa la mano por la cara a todos los directores megal&oacute;manos que muchas veces se toman tiempos innecesarios para contar. <em>Fatherland </em>es, de hecho, la pel&iacute;cula m&aacute;s corta de toda la secci&oacute;n oficial. Pero es que, de los 22 t&iacute;tulos que compiten por la Palma de Oro solo siete bajan de las dos horas. Solo cuatro de ellas duran menos de 100 minutos.
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            </figure><p class="article-text">
        Lo que hace Pawlikowski es una adaptaci&oacute;n prodigiosa e inteligent&iacute;sima del libro <em>El mago</em>, ya de por s&iacute; una excelente biograf&iacute;a novelada de Thomas Mann que en Espa&ntilde;a public&oacute; Lumen y que escribi&oacute; Colm Toibin. Aquella obra abarcaba toda la vida del escritor. Desde antes de la primera guerra mundial, el periodo de entreguerras, la segunda, su exilio en EEUU y, finalmente, el regreso a una Alemania dividida. Es ese regreso en el a&ntilde;o 1949 el que el cineasta coge para resumir todo lo dem&aacute;s. Porque consigue que uno entienda todo lo que pasa por la mente del escritor, que debe decidir si visitar&aacute; Alemania del Este sabiendo que la guerra fr&iacute;a est&aacute; en todo su estallido y desde EEUU pueden denegar el pasaporte a su hija, que le acompa&ntilde;a como asistente en este viaje.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo que Toibin despliega en su larga novela &eacute;l lo cuenta con silencios, con miradas, con conversaciones donde el peso de la historia se nota en cada palabra. Es<em> Fatherland </em>un filme que conf&iacute;a ciegamente en la inteligencia de su espectador. Quien no tenga ni idea del personaje y de la historia de Europa se perder&aacute; en sus elipsis, ver&aacute; solo la historia de un duelo compartido contada de forma hermosa, pero no comprender&aacute; todas las aristas pol&iacute;ticas que componen su figura. Thomas Mann destac&oacute; por su apoyo a un nacionalismo alem&aacute;n en la primera guerra mundial, tard&oacute; en condenar el nazismo, pero finalmente tuvo que huir del pa&iacute;s y ser acogido como exiliado en EEUU. Un escritor para el que la palabra &lsquo;patria&rsquo; ten&iacute;a tanta importancia perdi&oacute; el sentimiento de pertenencia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Fotograma de &#039;Fatherland&#039;                            </span>
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        <em>Fatherland </em>habla de esa palabra, patria, y se pregunta qu&eacute; significa. &iquest;Es la patria el lugar donde se nace, el que te abre sus puertas? Quiz&aacute;s la patria es para Mann y para Pawlikowski aquellos que te acogen sin juzgar y los que permiten dudar y hasta equivocarse. Y, quiz&aacute;s por eso, Thomas no lo fue para un hijo al que siempre, de alguna forma, repudi&oacute; y sinti&oacute; poco digno de ser heredero de su legado.
    </p><p class="article-text">
        Pawlikowski aborda todo esto con el mismo gusto est&eacute;tico que ya demostr&oacute; en sus anteriores obras. La excelente fotograf&iacute;a de Lukasz Zal vuelve a lucir perfecta en su hermoso blanco y negro y su gusto por el encuadre sobresaliente que culmiman en una escena dolorosamente bella, en donde hija y padre (interpretados de forma brillante por Sandra Huller y Hanns Zischler) se reencuentran escuchando un &oacute;rgano en una iglesia. El director cuenta tambi&eacute;n su historia con los lugares donde ocurre. Hay tantos matices en las casas que visitan. Las diferencias entre los edificios de la Alemania occidental y la Oriental. La forma en la que visten. Los restaurantes donde paran. Todo est&aacute; lleno de sentido y significados. 
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico que se le puede achacar a Pawlikowski es que ha hecho la pel&iacute;cula que esper&aacute;bamos que hiciera. No falla y est&aacute; claro que Fatherland merece entrar en el palmar&eacute;s de Cannes, pero tambi&eacute;n es hora de que aporte algo m&aacute;s. Su estilo formal se ha repetido en una trilog&iacute;a que &eacute;l mismo parece concebir como un mismo universo, ya que aqu&iacute; aparece incluso Joana Kuligg, la protagonista de <em>Cold War, </em>que all&iacute; interpretaba a una cantante en el a&ntilde;o 1949 &mdash;el mismo en el que se desarrolla su nueva pel&iacute;cula&mdash;y que aqu&iacute; aparece como, precisamente, cantante en un acto en un gui&ntilde;o a s&iacute; mismo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Zurro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/stalin-mickey-mouse-80-minutos-le-bastan-pawel-pawlikowski-analizar-heridas-guerra-fria-gran-fatherland_129_13223501.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 19:48:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Stalin o Mickey Mouse? 80 minutos le bastan a Pawel Pawlikowski para analizar las heridas de la Guerra Fría en la gran ‘Fatherland’]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Festival de Cannes,Críticas de cine,Crítica,Guerra Fría,Alemania,Europa,Capitalismo,Comunismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hamaguchi apunta a la Palma de Oro con una humanista y anticapitalista mirada capaz de desarmar al más cínico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/cine/hamaguchi-apunta-palma-oro-humanista-anticapitalista-mirada-capaz-desarmar-cinico_129_13225275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8fad178-cf09-4266-8c71-ab474903b371_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hamaguchi apunta a la Palma de Oro con una humanista y anticapitalista mirada capaz de desarmar al más cínico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cineasta japonés, que ganó el Oscar con 'Drive my car', emociona con 'Soudain (All of a sudden)', más de tres horas que son como un abrazo </p><p class="subtitle">Diego Luna aborda la migración en Cannes: “Hay una narrativa de conflicto y confrontación entre España y México”
</p></div><p class="article-text">
        En un momento donde el cine vive de grandes gestos, de exhibiciones de autor&iacute;a enmascaradas en un exhibicionismo epatante<a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/hamaguchi-regresa-drive-my-car-pelicula-salvaje-capitalismo_1_11343513.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, Riusuke Hamaguchi </a>es una especie en extinci&oacute;n. Una excepci&oacute;n que tambi&eacute;n es la medicina a ese cine que, por si fuera poco, suele estar cargado de un cinismo recalcitrante. El cine actual, y el que suele triunfar en los festivales, tiene una extra&ntilde;a caracter&iacute;stica, y es que parece odiar el mundo. Y nosotros, los que venimos a esos cert&aacute;menes, acabamos dentro de esa bola de demolici&oacute;n comprando una mirada que aporta poco en un momento donde el mundo vive un retroceso claro.
    </p><p class="article-text">
        Hamaguchi dej&oacute; marcadas las reglas de su cine con<a href="https://www.eldiario.es/cultura/critica-drive-my-car-oscar-2022_1_8719319.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/critica-drive-my-car-oscar-2022_1_8719319.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Drive my car,</em></a> fen&oacute;meno que naci&oacute; en Cannes, donde gan&oacute; el Mejor guion, antes de ganar el Oscar a la Mejor pel&iacute;cula internacional y estar nominado en las categor&iacute;as de Mejor direcci&oacute;n y Mejor pel&iacute;cula. Hasta Hollywood se qued&oacute; prendado del estilo pausado, contemplativo y de grandes conversaciones de este director japon&eacute;s que, entre medias entre aquel filme y este, se sac&oacute; de la manga otra pel&iacute;cula portentosa, <em>El mal no existe,</em> que gan&oacute; el segundo premio en Venecia.
    </p><p class="article-text">
        En su regreso a la Croisette, Hamaguchi ha vuelto con la misma receta contra el mundo c&iacute;nico que nos rodea. Se llama <em>Soudain (All of a sudden)</em> y ven&iacute;a con la etiqueta de ser la pel&iacute;cula m&aacute;s larga de la competici&oacute;n: m&aacute;s de tres horas de duraci&oacute;n. Sin embargo, y tras verla, queda claro que cada segundo de esta pel&iacute;cula cercana a la obra maestra cuenta. Hamaguchi apunta, sin duda, a la Palma de Oro que se le resisti&oacute; en 2021. Lo hace con una mirada humanista y anticapitalista al mundo a trav&eacute;s de dos mujeres cuyo encuentro casual provoca un terremoto.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Pero no un terremoto de grandes acontecimientos, sino un terremoto de amor, cari&ntilde;o y humanidad. Una de ellas, francesa &mdash;a la que interpreta Virginie Efira&mdash;, dirige una residencia de ancianos que utiliza m&eacute;todos para dar autonom&iacute;a y dignidad a los enfermos de Alzh&eacute;imer y aquellos que ven sus capacidades cognitivas disminuir. La otra, una directora de escena japonesa, Tao Okamoto, tiene c&aacute;ncer y dirige en Par&iacute;s una obra sobre c&oacute;mo los manicomios en Italia desaparecieron para que lo que pasaba fuera, y lo que pasaba dentro, se mezclara.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hamaguchi acompa&ntilde;a a estas dos mujeres en su encuentro y su relaci&oacute;n. Lo hace, simplemente, escuch&aacute;ndolas. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n eres?&rdquo; Se preguntan en su primera charla para darse cuenta de que lo que decimos de nosotros (soy m&eacute;dico, soy periodista) no nos define, pero s&iacute; lo hace en una estructura capitalista que marca las normas y las relaciones de las personas respecto a lo que producen a la econom&iacute;a. La c&aacute;mara del cineasta se dedica a abrazar ese encuentro, las sigue y las acompa&ntilde;a en grandes planos secuencia donde no hay exhibicionismo, todo lo contrario, simplemente una voluntad de desaparecer para dejar en el centro la esencia, el coraz&oacute;n de esta amistad incipiente.
    </p><p class="article-text">
        <em>Soudain</em> es una pel&iacute;cula llena de humanismo, de esas que desarman al m&aacute;s c&iacute;nico porque realmente creen en la bondad del ser humano de una forma genuina. Y lo hace con un enfoque claramente anticapitalista. Ambas mujeres hablan de c&oacute;mo el capitalismo ha marcado el mundo actual, desde la baja natalidad al cambio clim&aacute;tico. Un sistema que ha marcado las normas de tal forma, que hasta los que no creen en &eacute;l las han asumido. &ldquo;No necesito dormir mucho&rdquo;, dice Efira antes de ser advertida de que eso es uno de los s&iacute;ntomas de que incluso ella, con un estudio sobre el tema, ha comprado el marco ofrecido. Un marco que borra a todo lo que no est&aacute; en una situaci&oacute;n de poder, que consume recursos, naturaleza y expulsa a los m&aacute;s pobres. &iquest;Y cu&aacute;ndo no tiene nada m&aacute;s que consumir? La guerra.&nbsp;
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                Fotograma de &#039;Soudain (All of a sudden)                            </span>
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        Sin embargo, y a pesar de esas conversaciones que dejan claro que es casi imposible salir de ese sistema, Hamaguchi nos hace creer en que lo que al menos podemos hacer como base del cambio es mirar a los dem&aacute;s, cuidarles. Estas dos mujeres se cuidan, se escuchan. Y cuidan a los dem&aacute;s. No es un cuidado unidireccional, sino que recibe un retorno. Es rec&iacute;proco. Ellas cuidan a esos ancianos enfermos de Alzh&eacute;imer con un cari&ntilde;o extremo, el mismo con el que Hamaguchi les graba. Ellos acaban cuidando tambi&eacute;n a ellas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mirada humanista est&aacute; tambi&eacute;n en la forma de encuadrar. Hay una escena en donde van a cambiar a una mujer que ha orinado en la cama que est&aacute; tratada con tanta dignidad que es imposible no emocionarse. Hamaguchi sabe que el centro de su historia son su dos protagonistas, pero dedica todo el tiempo necesario a cada personaje secundario que las rodea, y todos acaban siendo piezas del puzzle del filme: la veterana enfermera que no cree en los m&eacute;todos, el joven rapero que trabaja de noche, los ancianos que viven all&iacute;&hellip; todos son tratados con el mismo cari&ntilde;o por el director, que incide en que nadie somos normales. Con un ritmo pausado, delicado y que presta atenci&oacute;n a los detalles, Hamaguchi construye un filme que se siente como un aut&eacute;ntico milagro dentro del momento actual de la industria del cine. 
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula, que tambi&eacute;n es un viaje con los d&iacute;as contados por la enfermedad de una de ellas, la emoci&oacute;n entra sin avisar. No lo hace con m&uacute;sica de orquesta, ni con discursos melodram&aacute;ticos para meter el dedo en el ojo, lo hace permitiendo que el espectador se sienta parte de ese encuentro, de ese abrazo que propone. Una pel&iacute;cula que llena el coraz&oacute;n, que emociona hasta la l&aacute;grima, y que, encima de todo, propone que ser buenas personas es algo revolucionario y la primera piedra para cambiar este mundo de mierda. En el momento en el que vivimos, no se me ocurre una Palma de Oro m&aacute;s oportuna.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Zurro]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 May 2026 16:55:59 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De los síntomas a las causas: pensar estructuralmente el capitalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/sintomas-causas-pensar-estructuralmente-capitalismo_132_13176441.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3475379-2a6a-4496-a875-d2a44c04dd44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De los síntomas a las causas: pensar estructuralmente el capitalismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El capitalismo, como todas las estructuras de dominación, ha naturalizado la dominación. Su forma de hacerlo es que nosotras, cada una de nosotras, mediante nuestra agencia cotidiana, la reproduzcamos incluso aunque nuestra intención sea la contraria"</p></div><p class="article-text">
        En este art&iacute;culo propongo una mirada global al capitalismo desde las dos perspectivas imprescindibles para hablar de &eacute;l: la estructural y la interseccional. La perspectiva estructural es fundamental, porque el capitalismo es una estructura social, concretamente una estructura de dominaci&oacute;n; la perspectiva interseccional es fundamental, porque el capitalismo es el contenedor de los otros dos grandes sistemas de dominaci&oacute;n: el patriarcado y el colonialismo. Sin ellos el capitalismo no ser&iacute;a posible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Toda aproximaci&oacute;n a los problemas sociales y sociol&oacute;gicos debe ir acompa&ntilde;ada de una mirada hacia las posibilidades de acabar con ellos. Y con el capitalismo no es menos. Aunque nos cueste, porque el &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; construido por &eacute;l mismo nos haya capado la imaginaci&oacute;n y el atrevimiento, siempre debemos aspirar a acabar con &eacute;l. Por eso, el objetivo final de este texto es pensarnos cada una de nosotras como agentes de cambio, como personas con la responsabilidad individual de 'no colaborar'<em> </em>con las din&aacute;micas sociales que naturalizan la violencia y la exclusi&oacute;n, con la responsabilidad de 'interrumpir', como dice <a href="https://www.youtube.com/watch?v=BP5fdL96X3E" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Imanol Zubero</a>. Estar un poco m&aacute;s cerquita de comprender que el cambio solo puede ocurrir si ocurre en nosotras, en nosotras con otras, claro.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Las estructuras sociales de dominaci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Las principales estructuras sociales en las que desarrollamos nuestras vidas son la patriarcal, la colonial y la capitalista. La patriarcal se basa en el privilegio masculino, la colonial en el privilegio blanco y la capitalista en el privilegio de clase. Y aqu&iacute;, al hablar de privilegios, entramos en la cuesti&oacute;n central: las estructuras sociales en las que nos desarrollamos son estructuras sociales de dominaci&oacute;n. Y esto debemos decirlo y escribirlo siempre: la palabra &ldquo;dominaci&oacute;n&rdquo; es esencial en toda descripci&oacute;n de las estructuras sociales que nos constituyen. Debemos nombrarla si queremos ser rigurosas en nuestros an&aacute;lisis.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; vinculamos privilegio a dominaci&oacute;n? Porque el privilegio es algo cuyo ejercicio siempre es sobre otras personas o seres. Ejercer los privilegios que nos otorgan las estructuras sociales es ejercer violencia m&aacute;s o menos sutil. Hoy, aqu&iacute;, comprar una prenda de ropa nueva es, casi con total seguridad, estar ejerciendo el privilegio blanco o colonial, porque, normalmente, esa prenda est&aacute; fabricada en territorios donde los derechos humanos son vulnerados. Podr&iacute;amos hablar tambi&eacute;n aqu&iacute; de antropocentrismo, de privilegio antropoc&eacute;ntrico, porque la fabricaci&oacute;n de esa prenda requiere una enorme cantidad de recursos naturales no humanos.
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo, como todas las estructuras de dominaci&oacute;n, ha naturalizado la dominaci&oacute;n. Su forma de hacerlo es que nosotras, cada una de nosotras, mediante nuestra agencia cotidiana, la reproduzcamos incluso aunque nuestra intenci&oacute;n sea la contraria. Hemos naturalizado los privilegios de clase, g&eacute;nero y origen, y esto es muy importante saberlo y asumirlo, porque solo as&iacute; podremos estar lo suficientemente atentas a los que se nos otorgan y a los que ejercemos. Y solo as&iacute; podremos plantearnos dejar de ejercerlos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Reni Eddo-Lodge, escritora inglesa de madre nigeriana, en su libro 'Por qu&eacute; no hablo con blancos sobre racismo', define el privilegio blanco como la ausencia de consecuencias negativas del racismo. Lo mismo ocurre con el privilegio masculino, es la ausencia de consecuencias negativas del machismo, y con el privilegio de clase, que es la ausencia de consecuencias negativas del clasismo. Son ausencias. &iquest;Y c&oacute;mo combatimos ausencias? Ah&iacute; est&aacute; la clave: solo con intenci&oacute;n y mucha atenci&oacute;n al impacto que nuestros actos cotidianos tienen en nuestro entorno y en el resto del mundo. Debemos recordar siempre, y me repito: un privilegio solo puede ser ejercido a costa de una peor posici&oacute;n de otra persona o colectivo.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; es el capitalismo?</h2><p class="article-text">
        El capitalismo es una estructura social de dominaci&oacute;n. Es un sistema siempre feroz, can&iacute;bal, como dice Nancy Fraser; es homicida, suicida, carn&iacute;voro, como dice Francesca Grazoli; es excluyente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo es un sistema de ideas, es una ideolog&iacute;a. La econom&iacute;a capitalista es una forma, en base a una ideolog&iacute;a, de administrar los bienes de una sociedad. Pero para que un sistema econ&oacute;mico se instale y funcione es necesario un ecosistema propio. Para que exista el capitalismo debemos vivir en sociedades capitalistas. Por lo tanto, una de las tareas principales de esta estructura de dominaci&oacute;n, como del resto, es su propia supervivencia, su propia reproducci&oacute;n. Y eso se realiza mediante la producci&oacute;n de sentido y de deseo. El capitalismo necesita producir y reproducir un &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; que legitime su existencia. Necesita que el conjunto de la sociedad, que es explotada y expropiada, asuma como aceptable su existencia y sus din&aacute;micas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En su libro 'Capitalismo can&iacute;bal'<em>, </em>Nancy Fraser propone el t&eacute;rmino 'can&iacute;bal', porque, entre otras cosas, el capitalismo devora su propia base social, una base social, por cierto, que &eacute;l no produce: no produce personas, pero se las come, no produce territorio, pero se lo come, no produce vida animal ni vegetal de ning&uacute;n tipo, pero se la come. Utiliza recursos extraecon&oacute;micos y no devuelve nada, roba vida y provoca muerte. No debemos caer en el error de creer que el capitalismo es una realidad solo econ&oacute;mica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes he dicho que el capitalismo es una forma de administrar los bienes de una sociedad en base a una ideolog&iacute;a. Voy a matizar aqu&iacute; que los bienes de una sociedad son materiales e inmateriales. El capitalismo, el patriarcado y el colonialismo deciden, adem&aacute;s, c&oacute;mo se administran los bienes inmateriales de la sociedad: el respeto, la dignidad, el poder, la educaci&oacute;n, la credibilidad. Esta &uacute;ltima es fundamental para crear un sentido com&uacute;n excluyente. Por ello, nuestras vidas transcurren principalmente bajo el mandato de tres tipos de econom&iacute;a de la credibilidad: la econom&iacute;a machista de la credibilidad, la econom&iacute;a racista de la credibilidad y la econom&iacute;a clasista de la credibilidad. Esto hace que, a grandes rasgos y utilizando un imaginario binario, el reparto de la credibilidad quede as&iacute;: creemos menos a una mujer que a un hombre; creemos menos a una persona racializada que a una persona blanca; y creemos menos a una persona empobrecida que a una persona enriquecida. Esta idea es de Miranda Fricker y la pod&eacute;is encontrar desarrollada en su libro 'Injusticia epist&eacute;mica'.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una de las caracter&iacute;sticas principales de las sociedades capitalistas es el papel distintivo de los mercados. Los mercados siempre han existido a lo largo de la vida humana incluso en las sociedades no capitalistas; sin embargo, en el capitalismo, el mercado se distingue porque asume la funci&oacute;n clave de plantear y responder las preguntas fundamentales respecto del modo en que las personas deseamos vivir: d&oacute;nde invertimos nuestras energ&iacute;as colectivas, c&oacute;mo nos proponemos equilibrar el &ldquo;trabajo productivo&rdquo; con la vida familiar, qu&eacute; ocio construimos, c&oacute;mo nos relacionamos con la naturaleza no humana, c&oacute;mo queremos que las generaciones futuras se relacionen con ella, qu&eacute; gesti&oacute;n de la vivienda consideramos aceptable, etc. En definitiva, quedan en manos de las &ldquo;fuerzas del mercado&rdquo; las decisiones m&aacute;s importantes de la vida. Esta es, como asegura Nancy Fraser, la caracter&iacute;stica m&aacute;s relevante y perversa del capitalismo: &ldquo;el hecho de ceder las cuestiones m&aacute;s decisivas a un mecanismo orientado a la expansi&oacute;n cuantitativa del valor monetizado, que es cong&eacute;nitamente indiferente a los indicadores cualitativos de riqueza social y bienestar humano&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los mercados est&aacute;n en el centro del funcionamiento del capitalismo, pero no debemos confundir esto con la idea de que todo est&aacute; mercantilizado. El mercado parece ocuparlo todo, pero tambi&eacute;n necesita que haya espacios no mercantilizados. El ejemplo m&aacute;s claro es el trabajo asalariado, que no podr&iacute;a sostenerse sin el trabajo dom&eacute;stico, la crianza, la educaci&oacute;n, el cuidado emocional y muchas otras actividades que permiten formar nuevas generaciones de trabajadores y mantener a las actuales, adem&aacute;s de sostener los lazos sociales y los marcos compartidos de sentido. De este modo, al igual que la llamada &ldquo;acumulaci&oacute;n originaria&rdquo;, la reproducci&oacute;n social constituye una condici&oacute;n esencial para que la producci&oacute;n de mercanc&iacute;as sea posible.
    </p><p class="article-text">
        Para el capitalismo y su herramienta principal, el mercado, siempre debe haber expropiaci&oacute;n de recursos, es decir, robo (matiz: no siempre la expropiaci&oacute;n es robo, en el caso del capitalismo, s&iacute;, porque su objetivo es empobrecer a muchas para enriquecer a unos pocos). Esos recursos que extrae son el trabajo de cuidados, tierras, cuerpos, ideas, creatividad, principios &eacute;ticos y morales, etc. Necesita robar todo eso para hacerlo suyo y, entonces s&iacute;, adaptarlo a la forma del mercado y transformarlo en producto. Y, por supuesto, quitar todo viso revolucionario. Uno de los slogans publicitarios que m&aacute;s me impact&oacute; hace unos a&ntilde;os fue el que vi en el escaparate del Corte Ingl&eacute;s de cara al 8M: &ldquo;joyas para la igualdad&rdquo;. Es obsceno. La industria de la joyer&iacute;a es una de las que mayor explotaci&oacute;n, desigualdad y muerte genera. Esto es un uso del feminismo para quitarle valor y para ganar dinero. Y aunque ganar dinero es un objetivo importante para el capitalismo, tambi&eacute;n lo es vaciar de contenido el feminismo, un movimiento emancipador que lucha contra l&oacute;gicas como las del mercado. El feminismo es anticapitalista.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los afectos, por ejemplo, jam&aacute;s ser&aacute;n mercantilizados. Y no es solo porque eso es imposible, sino porque al mercado le interesa que cuidemos a otras por amor (esto est&aacute; relacionado con lo que hemos dicho sobre el trabajo asalariado), pero, adem&aacute;s necesita que veamos este acto de amor como un sacrificio, que veamos como sacrificio el acto de amor de cuidar, que es reproducir la vida. Y lo consigue haciendo: 1) que el trabajo sea la base de la supervivencia (sin trabajo no tienes salario y no comes); 2) que el empleo ocupe tu vida y tu salud trabajando un n&uacute;mero de horas inaceptable en condiciones inaceptables; y 3) que el trabajo asalariado sea una de las fuentes de tu superaci&oacute;n personal y tu emancipaci&oacute;n (esto en el caso de quienes tienen trabajos cualificados). Y en relaci&oacute;n a todo esto, no podemos elegir: o trabajas o cuidas. Las pol&iacute;ticas de conciliaci&oacute;n no funcionan completamente ni para todas porque son construidas bajo las bases ideol&oacute;gicas de las estructuras de dominaci&oacute;n; por lo tanto, todas sus soluciones pasan por salvar las estructuras, no por deshacer sus bases. Recordemos que las estructuras sociales se reproducen a s&iacute; mismas continuamente mediante instituciones y personas.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Contra el deseo impuesto</h2><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute;n tambi&eacute;n las grietas del sistema. En lo no mercantilizado. Debemos hacernos fuertes e impedir que nadie se aproveche de algo tan potente y bello como amar a otros seres y al entorno. No podemos dejar que nuestro amor por la naturaleza se convierta en un viaje a EEUU a ver secuoyas. Aqu&iacute;, en este viaje, en la comida que al parecer no podemos dejar de comer (carne, alcohol, aguacates, soja, pescado, etc.), en el ocio cotidiano, en las cuestiones est&eacute;ticas, en la ropa que compramos o no compramos, etc. En todo esto y m&aacute;s se cuela la construcci&oacute;n capitalista del deseo. Siempre, recordemos, en colaboraci&oacute;n con el patriarcado y el colonialismo. &iquest;C&oacute;mo son nuestras vacaciones? &iquest;Nuestros fines de semana? &iquest;D&oacute;nde deseamos vivir? &iquest;Nos vamos a hipotecar? &iquest;Vamos a vivir en comunidad? &iquest;Qu&eacute; comemos? &iquest;Qu&eacute; ropa compramos? &iquest;Seguimos comprando ropa?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existe una cadena global de sufrimiento que empieza en nuestras decisiones en esta parte de mundo y termina en el asesinato por inanici&oacute;n en otros territorios. Esto lo hemos visto muy claro con el genocidio del pueblo palestino: hemos hablado y practicado boicot mediante el consumo. Y lo hemos hecho porque somos conscientes de que esa cadena de sufrimiento existe. &iquest;Por qu&eacute; nos detenemos ah&iacute;? &iquest;Qu&eacute; hay del resto de sufrimientos? Hemos dicho que necesitamos asumir que tenemos y ejercemos privilegios y que debemos estar muy atentas para no seguir haci&eacute;ndolo en nuestra cotidianidad. Para eso, debemos respondernos a estas y otras muchas preguntas. La no colaboraci&oacute;n con el sistema en nuestra cotidianidad es fundamental y debe ir siempre acompa&ntilde;ada de una colectivizaci&oacute;n de la misma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo necesita que pensemos m&aacute;s en su propio beneficio que en el nuestro, necesita que pongamos lo productivo por delante de lo reproductivo, que entendamos que la producci&oacute;n de muerte tiene m&aacute;s sentido que la producci&oacute;n de vida. Para eso, una de las cosas que hace es generar deseos haci&eacute;ndolos pasar por necesidades. Ojo con lo que deseamos, porque cuando hablamos de deseos construidos por el capitalismo hablamos de qu&eacute; vidas importan m&aacute;s que otras. Cuando mi 'necesidad' es a costa de la explotaci&oacute;n de otras, estamos aceptando impl&iacute;citamente que las vidas de esas personas importan menos que las nuestras. Judit Butler lo expresa muy bien en su libro 'Marcos de guerra', cuando habla de vidas que merecen ser lloradas y vidas que no lo merecen.
    </p><p class="article-text">
        En su precioso libro 'Refugio', Terry Tempest Williams escribe una frase que describe a la perfecci&oacute;n qu&eacute; es el capitalismo y, en general cualquier estructura de dominaci&oacute;n. Refiri&eacute;ndose a las consecuencias de los ensayos nucleares en el desierto de Nevada, cerca de donde ella y much&iacute;simas especies animales viven, dice lo siguiente: &ldquo;Cuando la Comisi&oacute;n de la Energ&iacute;a At&oacute;mica describi&oacute; el territorio al norte de los campos de pruebas de Nevada como 'desierto virtualmente deshabitado', mi familia y las aves del Gran Lago Salado &eacute;ramos algunos de esos 'deshabitantes virtuales'&rdquo;. Y es que para el capitalismo somos eso: deshabitantes virtuales, despersonas virtuales, desanimales virtuales, desnaturaleza virtual.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>La responsabilidad individual colectivizada</strong></h2><p class="article-text">
        La no colaboraci&oacute;n es necesaria y, creo, deber&iacute;a ser la base &eacute;tica y pol&iacute;tica de todas las entidades y personas que trabajamos por la justicia social. &iquest;Cu&aacute;les son las l&iacute;neas rojas de las entidades a las que pertenecemos? &iquest;D&oacute;nde nos plantamos y decimos por aqu&iacute; no vamos a seguir? &iquest;Cu&aacute;les son nuestras l&iacute;neas rojas personales dentro de esas entidades? &iquest;Se&ntilde;alamos aquello que est&aacute; colaborando con los sistemas de opresi&oacute;n? &iquest;Nos sentimos c&oacute;modas con lo que hacemos?
    </p><p class="article-text">
        Existe una herramienta epistemol&oacute;gica que, adem&aacute;s, es un posicionamiento pol&iacute;tico en s&iacute; mismo, que nos sirve para pensarnos: la <a href="https://eapneuskadi.org/wp-content/uploads/2025/10/3-LIM.ACCESO_MUJERES_FINAL.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&eacute;tica feminista</a>. La &eacute;tica feminista no es una rama de la &eacute;tica, es una forma diferente de pensar nuestras acciones cotidianas y su impacto en el entorno. Es otra forma de hacer &eacute;tica que trata de liberarse de los sesgos machistas, racistas y clasistas que ha caracterizado generalmente la &eacute;tica hegem&oacute;nica. Porque nuestros criterios &eacute;ticos no son neutros, como no lo es nada en una sociedad patriarcal, colonial y capitalista. &iquest;Nos hemos preguntado alguna vez seriamente cu&aacute;les son nuestros principios &eacute;ticos? &iquest;Nos hemos propuesto pensar en el impacto de nuestras acciones cotidianas y decidir qu&eacute; vamos a interrumpir, con qu&eacute; no vamos a colaborar m&aacute;s? O actuamos conscientemente o reproducimos la violencia estructural.
    </p><p class="article-text">
        La escritora Ursula K. Le Guin tiene un cuento que se llama 'Quienes se marchan de Omelas'. Es un relato que creo que da para conversar toda una vida. Ursula K. Le Guin nos coloca ante la realidad de una vida feliz que solo es posible sobre el sufrimiento de otras. Omelas es ese mundo feliz. &iquest;Te marchar&iacute;as al conocer el sufrimiento sobre el que se erige tu privilegio? &iquest;Te marchar&aacute;s? Porque conocerlo, ya lo conoces.
    </p><p class="article-text">
        Marcharse de Omelas es muy dif&iacute;cil, porque Omelas es el mundo en el que vivimos, pero debemos aspirar siempre a marcharnos. Debemos caminar ya en direcci&oacute;n a la salida. Actuar como si ya hubi&eacute;semos hecho la revoluci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo vivir&iacute;amos si la revoluci&oacute;n ya hubiese tenido lugar, si nos hubi&eacute;semos marchado ya de Omelas? Pensemos en serio c&oacute;mo ser&iacute;a el mundo, c&oacute;mo ser&iacute;amos nosotras, c&oacute;mo ser&iacute;an nuestros actos cotidianos, y desarrollemos aquellos que ya, desde ahora mismo, podemos poner en pr&aacute;ctica. No se trata aqu&iacute; de tener que hacerlo todo para salvar el mundo, se trata de hacer algo, algo m&aacute;s. Por cierto, la misma autora tiene otro cuento llamado 'El d&iacute;a antes de la revoluci&oacute;n'.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Existen much&iacute;simas personas y colectivas que est&aacute;n ya imaginando mundos diferentes, que est&aacute;n actuando como si la revoluci&oacute;n ya existiera: pueblos ocupados, iniciativas de cesi&oacute;n de tierras a personas migradas o migrantes, espacios voluntarios de acogida a v&iacute;ctimas de violencia machista y violencia racista, centros sociales construidos con las manos de quienes quieren tener espacios f&iacute;sicos en los que hacer comunidad, iniciativas colectivas para parar a las grandes empresas energ&eacute;ticas que quieren continuar robando territorio, etc. El mundo est&aacute; lleno de luces a las que mirar. Y podemos elegir mirar hacia all&iacute; cuando nos pensemos en el mundo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amaia González Llama]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/sintomas-causas-pensar-estructuralmente-capitalismo_132_13176441.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Apr 2026 19:46:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De los síntomas a las causas: pensar estructuralmente el capitalismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo,Patriarcado,Racismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/250-aniversario-biblia-mundo-contemporaneo_129_13115898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b343cf06-dacb-4cd5-be19-923fa263b874_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Necesitamos una nueva biblia como lo fue 'La riqueza de las naciones' de Adam Smith. Nos hemos quedado sin un mito que explique el mundo y necesitamos un nuevo relato que llegue allá donde no llegó un profesor de filosofía moral del año 1776</p></div><p class="article-text">
        Adam Smith naci&oacute;, en el a&ntilde;o 1723, en el coraz&oacute;n de una pregunta: &iquest;C&oacute;mo se organiza una sociedad de extra&ntilde;os?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Kirkcaldy era un pueblito min&uacute;sculo en la costa del Mar del Norte. A pocos kil&oacute;metros, en la orilla opuesta del fiordo de Forth, Edimburgo se estaba convirtiendo en una suerte de improvisada ciudad de los rascacielos. Encaramada en un risco diminuto sin espacio f&iacute;sico para crecer, la capital se hab&iacute;a visto arrasada por sucesivas oleadas migratorias que hab&iacute;an duplicado su poblaci&oacute;n a una velocidad vertiginosa. Sin otra posibilidad, los reci&eacute;n llegados hab&iacute;an ido convirtiendo la urbe en un experimento chiflado de chabolismo vertical: sobre los antiguos edificios medievales hab&iacute;an ido levantando planta tras planta hasta alcanzar las diez, doce, incluso catorce alturas a base de precarias estructuras de madera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para cuando Smith tuvo edad de comprender lo que estaba ocurriendo, cerca de 60.000 personas se hacinaban en medio kil&oacute;metro cuadrado &mdash;algo as&iacute; como cinco veces la densidad de una ciudad moderna&mdash; y aquellas estructuras hab&iacute;an empezado a ceder. Los muros se arqueaban, los cimientos se desplazaban, y no era raro que inmuebles enteros se vinieran abajo de la noche a la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Como los edificios de la Royal Mile, tambi&eacute;n las estructuras que ordenaban la sociedad escocesa de finales del siglo XVIII empezaban a resquebrajarse bajo la presi&oacute;n de la urbanizaci&oacute;n y la industrializaci&oacute;n. Y es que en aquellos a&ntilde;os en el sur de Escocia se estaba fraguando la transformaci&oacute;n de la experiencia humana m&aacute;s importante &ndash;y m&aacute;s infravalorada&ndash; de la historia reciente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1750 hab&iacute;a, quiz&aacute;, cinco o seis ciudades de m&aacute;s de 100.000 habitantes en Europa: Londres, Par&iacute;s, Viena, N&aacute;poles y Madrid. Fuera de ellas, la pr&aacute;ctica totalidad de la poblaci&oacute;n del mundo a&uacute;n viv&iacute;a, como hab&iacute;an hecho sus antepasados durante milenios, en grupos tan peque&ntilde;os que era posible tener un conocimiento &iacute;ntimo de todos los vecinos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esas comunidades, cada persona sab&iacute;a no solo qui&eacute;n era qui&eacute;n, sino tambi&eacute;n qui&eacute;nes hab&iacute;an sido sus padres y sus abuelos y cu&aacute;ntas veces su estirpe hab&iacute;a estado vinculada o hab&iacute;a entrado en conflicto con otra. Todo el mundo pod&iacute;a juzgar por s&iacute; mismo si alguien era confiable o no, si representaba un peligro, cu&aacute;l era su estatus y si val&iacute;a la pena su tiempo. Donde no llegaba ese conocimiento, las iglesias hab&iacute;an asumido el papel de ordenante de la vida en com&uacute;n. As&iacute; que los mecanismos que durante milenios nos hab&iacute;an permitido comprender las sociedades humanas segu&iacute;an, hasta finales del siglo XVIII, pr&aacute;cticamente intactos.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces los terratenientes escoceses comenzaron a promover las <em>enclosure acts</em>, unas leyes que prohib&iacute;an a los campesinos usar los pastos comunes que hasta entonces hab&iacute;an sido la base de su subsistencia. Privados de su forma de vida, miles de personas se vieron obligadas a desplazarse a las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Esas ciudades empezaron a convertirse en arrabales donde todo el mundo era nuevo y desconocido. Por primera vez en la historia, los grupos humanos superaban los l&iacute;mites de lo que pod&iacute;a entenderse desde la cognici&oacute;n individual y no ten&iacute;an ni iglesia, ni tradici&oacute;n a la que agarrarse para entender lo que estaba ocurriendo. As&iacute; surgi&oacute; un desaf&iacute;o completamente in&eacute;dito: &iquest;c&oacute;mo comprender a alguien que no conoces? &iquest;C&oacute;mo saber si puedes confiar en otra persona sin tener una referencia directa y personal? &iquest;C&oacute;mo transmitir tu propio estatus o reconocer el de alguien a quien nunca has visto?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese escenario, la religi&oacute;n ya no era capaz de contestar esas preguntas. Ni pod&iacute;a seguir dando forma al mundo, ni sostener el orden social. Sus preceptos &mdash;no solo su manera de entender el tiempo y el espacio, sino, sobre todo, su funci&oacute;n como arquitectura invisible de la vida en com&uacute;n&mdash; comenzaban a desmoronarse.
    </p><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n de Smith, como la de tantos de sus contempor&aacute;neos, era la de sustituir esas premisas: encontrar los fundamentos de la naturaleza humana y las reglas que nos gobiernan para crear un mantra universal que ordenase la sociedad que estaba naciendo.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, por m&aacute;s que la Historia se haya empe&ntilde;ado en presentarlo as&iacute;, Adam Smith no era un economista. La econom&iacute;a ni siquiera exist&iacute;a en aquel momento como disciplina. Lo m&aacute;s cercano era la &ldquo;econom&iacute;a pol&iacute;tica&rdquo;, que se ocupaba principalmente del gasto p&uacute;blico y de la recaudaci&oacute;n. Y la creencia general es que era el Estado el que produc&iacute;a la riqueza de las naciones. Smith, sin embargo, era profesor de filosof&iacute;a moral y su ambici&oacute;n era ofrecer un marco para orientar la conducta de sus contempor&aacute;neos. La econom&iacute;a, podr&iacute;amos aventurar, fue el artefacto que se invent&oacute; para convencernos de que aquel manual ten&iacute;a alg&uacute;n sentido.
    </p><p class="article-text">
        Y <em>La riqueza de las naciones</em> no es un tratado t&eacute;cnico, sino algo mucho m&aacute;s poderoso: es una f&aacute;bula. Un relato sobre esa sociedad naciente. Un mito fundacional que vino a sustituir a la religi&oacute;n. Como todos los mitos fundacionales, no tuvo &eacute;xito porque fuera literalmente cierto, sino porque result&oacute; extraordinariamente eficaz. Con un libro, Smith proporcion&oacute; un andamiaje intelectual sobre el que se termin&oacute; por levantar una civilizaci&oacute;n entera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El relato dec&iacute;a algo as&iacute;: la riqueza de las naciones no depende de lo que poseen, sino del trabajo que son capaces de movilizar. Pero hay algo desconcertante: en todas partes las personas trabajan, y sin embargo unas sociedades prosperan mientras otras se estancan. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la diferencia?, se preguntaba Smith. Y su respuesta era tan simple como revolucionaria: en la organizaci&oacute;n del trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Un artesano, trabajando por su cuenta, pod&iacute;a hacer un producto al d&iacute;a, quiz&aacute; dos. Pero en una cadena de montaje pod&iacute;a hacer miles. La riqueza de los pa&iacute;ses depend&iacute;a de lo bien que se organizasen. Y para organizarse, requer&iacute;an capital.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que hay tres formas de contribuir a la sociedad: una, mediante sacrificio, aportando el ahorro que uno podr&iacute;a gastar en placeres superfluos; otra, con esfuerzo, entregando tiempo y trabajo; y la tercera, a trav&eacute;s de la capacidad de organizar, de poner en marcha estructuras que multipliquen la productividad. Los pa&iacute;ses que logren dominar estas tres dimensiones &mdash;ahorrar, trabajar y organizarse&mdash; ser&aacute;n los que prosperen y dejen atr&aacute;s a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Este mito ten&iacute;a una ventaja extraordinaria en aquel momento hist&oacute;rico. El esfuerzo y el sacrificio, a diferencia de la devoci&oacute;n religiosa o de la fe, eran contables. Las horas de trabajo, las libras invertidas o ahorradas, pod&iacute;an anotarse en una hoja de c&aacute;lculo. De esta manera, el mito resolv&iacute;a ese gran problema de la sociedad que nac&iacute;a: c&oacute;mo valorar a las personas m&aacute;s all&aacute; de los v&iacute;nculos familiares, de la comunidad local y del fervor religioso. Smith ofrec&iacute;a un sistema universal para medir y guiar la conducta humana, un reemplazo secular para la autoridad moral que antes resid&iacute;a en la iglesia y en la tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fue como el mito de Adam Smith sustituy&oacute; a la religi&oacute;n punto por punto, en todas sus facetas. Hab&iacute;a un dios &mdash;ya no en el cielo, sino en la organizaci&oacute;n del trabajo&mdash; que promet&iacute;a ganancias infinitas. Hab&iacute;a virtudes &mdash;el ahorro y el trabajo&mdash; que otorgaban el favor de ese dios. Y hab&iacute;a un infierno: la pobreza y la exclusi&oacute;n, el atraso en lugar del progreso, para quienes no cumpl&iacute;an los preceptos. Lo que uno val&iacute;a y lo que val&iacute;a el resto iba a quedar para siempre registrado en una gigantesca hoja de c&aacute;lculo que llamar&iacute;amos <em>econom&iacute;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hoy, 250 a&ntilde;os despu&eacute;s, vivimos palabra por palabra en ese mito. Las categor&iacute;as econ&oacute;micas que se ense&ntilde;an en la universidad (el trabajo y el capital como factores de la producci&oacute;n, la productividad, etc.) todav&iacute;a nacen de ese libro. Pero no solo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n le seguimos ense&ntilde;ando a nuestros hijos la importancia del esfuerzo. Igual que nos ense&ntilde;aron nuestros padres. Hasta nos machacamos en silencio cuando sentimos que &ldquo;no nos hemos esforzado lo suficiente&rdquo;. Por su parte, varias de las cat&aacute;strofes de la sociedad contempor&aacute;nea &ndash;como la crisis de la vivienda o la burbuja de las bolsas&ndash; se explican porque seguimos convencidos de que el ahorro es una actitud virtuosa que merece una recompensa (aunque no produzca valor y aunque no corra riesgos, que eran las cosas que se supon&iacute;a que hac&iacute;a el ahorro en el cuento de Smith).
    </p><p class="article-text">
        La crisis que atraviesa nuestra sociedad tambi&eacute;n se explica por las limitaciones de ese relato. Smith pensaba que el conocimiento era irrelevante, un subproducto de la actividad humana que no deb&iacute;a contarse. En varias ocasiones a lo largo del texto desprecia la contribuci&oacute;n de los obreros que inventaban mejoras para las m&aacute;quinas o de las profesiones que no contribu&iacute;an a mover la cadena de montaje. Y a pesar de que el dios de su historia &ndash;la divisi&oacute;n del trabajo&ndash; es una forma muy evidente de conocimiento, ni en sus planteamientos, ni en las ecuaciones que despu&eacute;s dieron forma a la econom&iacute;a de los siguientes 250 a&ntilde;os qued&oacute; reflejada esta faceta de la actividad humana salvo como un &ldquo;residuo&rdquo; que no se puede contar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, todo nuestro marco moral, que despu&eacute;s se refleja tambi&eacute;n en la arquitectura de la econom&iacute;a como ciencia, descansa sobre el esfuerzo e ignora sistem&aacute;ticamente la esencia de la actividad de los seres humanos: el conocimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero resulta que hoy hemos superado esa necesidad de esfuerzo que ten&iacute;amos en el inicio de la Revoluci&oacute;n Industrial: vivimos en una era del conocimiento en la que el trabajo &ndash;en ese sentido de la aplicaci&oacute;n de la fuerza&ndash; cada vez es menos necesario para producir valor (y menos lo ser&aacute; a medida que avancen las energ&iacute;as renovables). Y, sin embargo, carecemos de herramientas para valorarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La crisis del mundo moderno nace de esa carencia: necesitamos una nueva biblia. Nos hemos quedado sin un mito que explique el mundo y necesitamos un nuevo relato que llegue all&aacute; donde no lleg&oacute; un profesor de filosof&iacute;a moral del a&ntilde;o 1776. Uno que d&eacute; sentido a este tiempo nuevo y que nos empuje hacia adelante otros 250 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;--&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque sus casi 1.000 p&aacute;ginas pueden echar a alg&uacute;n lector para atr&aacute;s, <em>La riqueza de las naciones</em> es una lectura muy entretenida que se puede limitar a los tres primeros libros (unas 300 p&aacute;ginas). Hay una versi&oacute;n reducida <a href="https://archive.org/details/adam-smith-la-riqueza-de-las-naciones_202304/page/7/mode/2up" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el dominio p&uacute;blico aqu&iacute;</a> que se puede encontrar tambi&eacute;n en <a href="https://www.amazon.es/riqueza-las-naciones-I-II-III-selecci%C3%B3n/dp/842065096X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">libro de bolsillo de Alianza Editorial</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/250-aniversario-biblia-mundo-contemporaneo_129_13115898.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 20:16:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que la Inteligencia Artificial revela sobre el capitalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/inteligencia-artificial-revela-capitalismo_129_13020702.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c2ad69cf-8c9a-46c9-9f1f-ea0d920f68de_16-9-discover-aspect-ratio_default_1131522.jpg" width="1920" height="1080" alt="Lo que la Inteligencia Artificial revela sobre el capitalismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La tecnología y las máquinas deberían servir para liberar al ser humano, no para afianzarlo a esa rueda del hámster que es el capitalismo. De hecho, el problema no es que existan esclavos energéticos, sino quién los controla, con qué propósito y en beneficio de quién</p></div><p class="article-text">
        El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, se ha defendido de las acusaciones de despilfarro energ&eacute;tico de las aplicaciones de inteligencia artificial (IA) argumentando que tambi&eacute;n se gasta mucha energ&iacute;a para entrenar a un humano. Seg&uacute;n Altman, si contamos toda la energ&iacute;a que un ser humano necesita desde su nacimiento hasta ser productivo &mdash;unos 20 a&ntilde;os, de acuerdo con sus c&aacute;lculos&mdash;, entonces la IA es igual o m&aacute;s eficiente energ&eacute;ticamente. Como era previsible, esta analog&iacute;a entre m&aacute;quinas y seres humanos ha sido muy criticada por deshumanizadora, pues sugiere una equivalencia moral entre, por ejemplo, mantener con vida a un beb&eacute; y el entrenamiento de la inteligencia artificial. Sin embargo, creo que la cr&iacute;tica debe situarse en un plano mucho m&aacute;s profundo.
    </p><p class="article-text">
        La virtud de la analog&iacute;a de Altman es que es t&eacute;cnicamente correcta, al menos en primera instancia. Desde el punto de vista energ&eacute;tico, tanto las m&aacute;quinas como los organismos vivos somos entidades que requieren la &ldquo;ingesta&rdquo; continua de energ&iacute;a para poder &ldquo;funcionar&rdquo; &mdash;lo que en t&eacute;rminos f&iacute;sicos supone realizar <em>trabajo</em>&mdash;. Lo que var&iacute;a es el tipo de combustible que necesitamos, ya que mientras las m&aacute;quinas pueden utilizar la madera, el carb&oacute;n, el petr&oacute;leo, la electricidad&hellip; los seres humanos estamos m&aacute;s limitados y nuestro metabolismo solo acepta lo que nuestras enzimas pueden transformar, como los alimentos: no podemos comer carb&oacute;n ni beber petr&oacute;leo. Pero el proceso bioqu&iacute;mico es b&aacute;sicamente el mismo, y digerir un terr&oacute;n de az&uacute;car libera aproximadamente la misma cantidad de energ&iacute;a qu&iacute;mica que quemarlo al aire libre, aunque mediante procesos distintos. Esta es la raz&oacute;n por la que es posible medir las diferentes formas de la energ&iacute;a en la misma unidad: julios o calor&iacute;as, por ejemplo. Desde el punto de vista energ&eacute;tico, &iexcl;somos comparables!
    </p><p class="article-text">
        Lejos de ser algo obsceno, este punto es central para comprender tanto las fortalezas como las vulnerabilidades de las sociedades contempor&aacute;neas. Y de paso me permite darle la vuelta al argumento de Altman. Baste un ejemplo elemental al que me gusta recurrir: si las aristocracias griega y romana pod&iacute;an trasladarse de un lado a otro sin caminar era porque ten&iacute;an a su disposici&oacute;n a un grupo de esclavos humanos que usaban su potencia para llevar al propietario de un lado a otro. Eso s&iacute;, a los esclavos hab&iacute;a que alimentarlos continuamente; lo que no siempre era barato. Hoy, esos esclavos han sido sustituidos por veh&iacute;culos de transporte que, debido a su enorme potencia f&iacute;sica, adem&aacute;s pueden conseguir velocidades mucho mayores; pero tambi&eacute;n hay que alimentarlos, solo que con combustibles f&oacute;siles &mdash;y con electricidad en el caso de los el&eacute;ctricos&mdash;. Para hacernos una idea, un SUV de 250 caballos trabajando a potencia m&aacute;xima es equivalente a unos 2.000 esclavos humanos trabajando simult&aacute;neamente. Debido a lo barato de los combustibles f&oacute;siles y la falta de problemas morales para &ldquo;explotarlos&rdquo;, la generalizaci&oacute;n de estas m&aacute;quinas ha permitido una elevaci&oacute;n del bienestar material de gran parte de la sociedad en los &uacute;ltimos 250 a&ntilde;os. As&iacute;, la era del antropoceno es tambi&eacute;n la era de la masificaci&oacute;n de los <em>esclavos energ&eacute;ticos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Si esta equivalencia energ&eacute;tica chirr&iacute;a a nuestro sentido com&uacute;n es precisamente porque hemos naturalizado lo que el antrop&oacute;logo Alf Hornborg llama el fetichismo de las m&aacute;quinas, es decir, que miramos hacia otro lado respecto a los flujos de energ&iacute;a y recursos naturales que son necesarios para hacer funcionar a nuestras m&aacute;quinas (desde secadores de pelo hasta veh&iacute;culos de transporte, pasando por ordenadores y otros productos electr&oacute;nicos). Lo cierto es que el mantenimiento de toda nuestra tecnoestructura &mdash;de todas esas m&aacute;quinas que sostienen la vida moderna, particularmente en los pa&iacute;ses desarrollados&mdash; depende de la entrada continua de recursos y energ&iacute;a, procedentes muchas veces de otras partes pobres y explotadas del mundo, y adem&aacute;s genera costes ambientales, que tambi&eacute;n suelen externalizarse. Y, como sucede con nuestros organismos, si dejamos de incorporar energ&iacute;a como &ldquo;alimento&rdquo;, las m&aacute;quinas se convierten en cacharros in&uacute;tiles. El propio Hornborg suele contar que, con el colapso de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y el desabastecimiento local de muchos suministros, los agricultores rusos pronto se dieron cuenta de que sin gasoil sus tractores eran poco m&aacute;s que chatarra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy sabemos que la generalizaci&oacute;n de las m&aacute;quinas impulsadas por combustibles f&oacute;siles no solo ha mejorado nuestro bienestar material &mdash;porque ha permitido elevar la productividad econ&oacute;mica a niveles sin precedentes en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos&mdash; sino que, como afirm&oacute; el historiador Tony Wrigley, tambi&eacute;n ha abierto la caja de Pandora: el impacto ecol&oacute;gico es descomunal, empezando por el cambio clim&aacute;tico que amenaza la vida misma en el planeta. El reto civilizatorio actual es, de hecho, ser capaces de transitar hacia nuevas fuentes de energ&iacute;a renovables que alimenten a nuestras m&aacute;quinas y que permitan sostener formas de bienestar material compatibles con los l&iacute;mites del planeta. No hay urgencia mayor que esa en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos.
    </p><p class="article-text">
        Llegados a este punto podr&iacute;amos cuestionar si de verdad estamos disfrutando de ese bienestar material. Est&aacute; fuera de toda duda que tanto las m&aacute;quinas como la tecnolog&iacute;a est&aacute;n cada vez m&aacute;s avanzadas, como demuestra la espectacularidad de la inteligencia artificial. Pero si observamos las condiciones de trabajo de los seres humanos, estas no han variado tanto a lo largo de las d&eacute;cadas; y cuando lo han hecho ha sido a peor: precariedad, flexibilidad, explotaci&oacute;n&hellip; Los seres humanos seguimos siendo un h&aacute;mster en la rueda de la producci&oacute;n capitalista, y las m&aacute;quinas no nos est&aacute;n liberando, sino que se est&aacute;n adaptando a ese destino tr&aacute;gico. Es aqu&iacute; donde se encuentra la carga de profundidad del comentario de Sam Altman: para qu&eacute; sirve realmente la IA.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier avance tecnol&oacute;gico es, potencialmente, liberador: en tanto permite producir lo mismo en menos tiempo, abre la puerta a que el ser humano disfrute de m&aacute;s ocio y menos trabajo. El problema es que cuando la tecnolog&iacute;a se inserta en un sistema institucional como el capitalismo, esa puerta se cierra para siempre y solo queda emplear todos los recursos en producir m&aacute;s cantidad en el mismo tiempo &mdash;o en m&aacute;s tiempo, si las condiciones sociopol&iacute;ticas lo toleran&mdash;. Esto es a lo que se refiere Sam Altman cuando sugiere que un ser humano solo es productivo al llegar a los 20 a&ntilde;os, dando por hecho que todo el tiempo previo es una simple inversi&oacute;n energ&eacute;tica. As&iacute;, lo importante para &eacute;l parece limitarse al car&aacute;cter &ldquo;productivo&rdquo; del instrumento, sea una m&aacute;quina o un ser humano. El punto cr&iacute;tico no es que compare los consumos energ&eacute;ticos de m&aacute;quinas y seres humanos, sino que conceptualiza a ambos como sacrificios necesarios para un bien mayor: el del beneficio privado capitalista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El problema, por lo tanto, no es la tecnolog&iacute;a, sino el capitalismo. Aunque las alarmas hayan saltado al expresarse una equivalencia energ&eacute;tica entre m&aacute;quinas y humanos, lo verdaderamente problem&aacute;tico es que no estemos cuestionando que las m&aacute;quinas &mdash;y ello incluye a la inteligencia artificial, que es una tecnolog&iacute;a que requiere un consumo brutal de recursos naturales y energ&iacute;a&mdash; est&eacute;n &uacute;nicamente al servicio del beneficio empresarial. No se trata de elegir entre m&aacute;quinas y humanos, como pens&oacute; el movimiento luddita en el siglo XIX o como ocurre con el debate contempor&aacute;neo sobre la automatizaci&oacute;n de empleos, sino de conseguir construir una sociedad donde las m&aacute;quinas sean &ldquo;esclavas&rdquo; no solo energ&eacute;ticamente sino tambi&eacute;n pol&iacute;ticamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, la tecnolog&iacute;a y las m&aacute;quinas deber&iacute;an servir para liberar al ser humano, no para afianzarlo a esa rueda del h&aacute;mster que es el capitalismo. De hecho, el problema no es que existan esclavos energ&eacute;ticos, sino qui&eacute;n los controla, con qu&eacute; prop&oacute;sito y en beneficio de qui&eacute;n. Utilizadas de otro modo, esas mismas tecnolog&iacute;as podr&iacute;an permitirnos vivir mejor dentro de los l&iacute;mites del planeta, reduciendo el tiempo de trabajo necesario y ampliando el tiempo de ocio y disfrute. A esa posibilidad muchos la llamamos ecosocialismo. Y ofrece un horizonte mucho m&aacute;s amable para la vida y, seguramente, el &uacute;nico viable.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/inteligencia-artificial-revela-capitalismo_129_13020702.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Feb 2026 21:19:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que la Inteligencia Artificial revela sobre el capitalismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Capitalismo,Empleo,Sam Altman]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jóvenes contra mayores: el relato que salva al capital]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/jovenes-mayores-relato-salva-capital_129_12993515.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/af0cb6a9-d908-4719-8e27-b618979ca58a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jóvenes contra mayores: el relato que salva al capital"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El sistema de pensiones no es un mecanismo autónomo que compita con los salarios de los jóvenes, sino una institución que depende estructuralmente de la masa salarial y del nivel de empleo. El problema no es la “generosidad” de las pensiones, sino el debilitamiento de la capacidad productiva y distributiva del conjunto de la economía</p><p class="subtitle">No son los 'boomers': es el capitalismo
</p></div><p class="article-text">
        Como toda gran mentira, la narrativa que asegura que estamos viviendo una guerra intergeneracional contiene elementos ciertos que conviene reconocer. La desigualdad entre generaciones en lo referido a la renta y, sobre todo, a la riqueza, existe y genera una fotograf&iacute;a est&aacute;tica donde ciertos grupos de edad disponen de m&aacute;s recursos que otros. Sin embargo, es completamente injustificado derivar de esa fotograf&iacute;a una causalidad seg&uacute;n la cual la pobreza relativa de los j&oacute;venes se debe a la mayor riqueza relativa de los mayores. Ese salto argumentativo ileg&iacute;timo permite que se extienda la idea de que el foco debe situarse en la &ldquo;injusta generosidad&rdquo; de las fuentes de recursos de las generaciones mayores &mdash;como las pensiones&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de los an&aacute;lisis convencionales que abundan en este error carecen tanto de una perspectiva internacional como hist&oacute;rica, algo que lastra su capacidad de entender el fen&oacute;meno que aparentemente quieren explicar. El error les conduce a una posici&oacute;n conservadora que es perfectamente funcional al desmantelamiento de las conquistas sociales, lo que parad&oacute;jicamente agrava el problema que en algunos casos dicen querer resolver.
    </p><h2 class="article-text">La historia importa</h2><p class="article-text">
        Desde hace unos 300.000 a&ntilde;os los seres humanos vivimos en comunidades que se organizan colectivamente a trav&eacute;s de instituciones hist&oacute;ricamente espec&iacute;ficas. Es de sentido com&uacute;n que nuestro per&iacute;metro de posibilidades no es el mismo seg&uacute;n seamos miembros de una sociedad de cazadores-recolectores, de una sociedad agraria de la Edad Media o de una sociedad capitalista moderna. Pero tampoco dentro del capitalismo las condiciones han sido las mismas todo el tiempo: no vivir&iacute;amos igual en la Inglaterra industrial del siglo XIX, en Estados Unidos de posguerra del siglo XX o en la Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea. Entender el tipo de instituciones es central para comprender en qu&eacute; &ldquo;mundo&rdquo; se inserta cada generaci&oacute;n y cada individuo.
    </p><p class="article-text">
        Esas instituciones cambian con el tiempo, y la sociolog&iacute;a ha dedicado mucha atenci&oacute;n a las razones que explican esas mutaciones. Una de las explicaciones m&aacute;s potentes es la que se refiere a la lucha pol&iacute;tica entre grupos sociales, y que en el &aacute;mbito laboral es obvia. En el incipiente capitalismo industrial brit&aacute;nico no exist&iacute;a lo que hoy llamar&iacute;amos derecho laboral, de modo que las condiciones de trabajo eran de explotaci&oacute;n severa y ven&iacute;an marcadas m&aacute;s por el l&iacute;mite de los organismos biol&oacute;gicos que por las leyes. Pero las luchas pol&iacute;ticas en la sociedad y en el parlamento fueron imponiendo l&iacute;mites a esa explotaci&oacute;n, conduciendo a normativas y leyes que proteg&iacute;an de los abusos y excesos m&aacute;s brutales. La lucha pol&iacute;tica fue construyendo un marco institucional hist&oacute;ricamente espec&iacute;fico, pero a un coste muy elevado porque la represi&oacute;n siempre fue violenta e implacable: aquellas primeras normativas fueron conquistas devenidas tras miles de muertes por los accidentes laborales y por la represi&oacute;n sindical.
    </p><p class="article-text">
        Esa lucha pol&iacute;tica no se detuvo en aquellas primeras victorias. A lo largo de las siguientes d&eacute;cadas nuevas conquistas fueron ampliando el abanico de protecci&oacute;n de la clase trabajadora, hasta que a finales del siglo XIX se fueron condensando en muchos pa&iacute;ses occidentales en lo que se ha llamado <em>Estado Social</em> o <em>Estado del Bienestar</em>, es decir, en un conjunto de instituciones pensadas para frenar los abusos que la parte m&aacute;s fuerte &mdash;el capital&mdash; lleva a cabo contra la parte d&eacute;bil &mdash;el trabajo&mdash;. La especificidad hist&oacute;rica la determina el hecho de que no hay dos <em>Estados Sociales </em>iguales, ni en el espacio &mdash;cada pa&iacute;s dispone de una versi&oacute;n propia&mdash; ni en el tiempo &mdash;sus contenidos son continuamente objeto de disputa y redefinici&oacute;n&mdash;. Por esa raz&oacute;n es correcto afirmar que las conquistas sociales que encarnan las instituciones siempre son contingentes y nunca definitivas: nunca est&aacute;n garantizadas para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Los te&oacute;ricos han tratado de ofrecer una periodizaci&oacute;n coherente para situar estos cambios a lo largo de la historia reciente, siendo la m&aacute;s fecunda y conocida la que distingue entre el capitalismo salvaje del siglo XIX, el per&iacute;odo keynesiano-fordista que se fue desplegando tras la II Guerra Mundial y el per&iacute;odo neoliberal que a partir de los a&ntilde;os ochenta fue desmantelando las conquistas sociales. Incluso las lecturas m&aacute;s simples de esta clasificaci&oacute;n permiten comprender que las instituciones &mdash;particularmente las referidas a los derechos laborales&mdash; cambian a lo largo del tiempo y afectan desigualmente entre generaciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es l&oacute;gico llegar a la conclusi&oacute;n de que un individuo crecido en una sociedad fordista, con sus grandes f&aacute;bricas y alta afiliaci&oacute;n sindical, y protegido por un Estado Social fuerte, no disfruta de los mismos derechos que otro individuo crecido d&eacute;cadas despu&eacute;s en una sociedad posfordista o neoliberal donde el trabajo habitual es precario y flexible y se encuentra altamente expuesto a los caprichos de los empleadores. Indudablemente, ambos individuos pensar&aacute;n la sociedad de forma distinta. Sin embargo, es este tipo de enfoque el que est&aacute; completamente ausente entre los analistas de la &ldquo;guerra intergeneracional&rdquo;. Para ellos es como si los individuos se insertaran siempre en el mismo lugar, vac&iacute;o de historia y cambio social.
    </p><h2 class="article-text">El caso de Espa&ntilde;a</h2><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s que tuvo que construir su <em>Estado Social</em> a contramano del resto de Europa, pues justo cuando aqu&iacute; la recuperaci&oacute;n de la democracia impulsaba su construcci&oacute;n en el resto de Europa comenzaba su desmantelamiento. Las bases econ&oacute;micas, adem&aacute;s, tampoco eran las m&aacute;s apropiadas para sostener el <em>Estado Social</em>. Espa&ntilde;a transit&oacute; hacia la industrializaci&oacute;n moderna a finales de los a&ntilde;os 50 del siglo XX, pero en los a&ntilde;os 70 ya comenzaba la desindustrializaci&oacute;n. Durante los a&ntilde;os ochenta ese proceso se aceler&oacute;, junto con un proceso de desagrarizaci&oacute;n y el crecimiento del sector servicios (particularmente importante en turismo y servicios inmobiliarios).
    </p><p class="article-text">
        El principal efecto de estos cambios fue la ca&iacute;da de los empleos en el sector industrial, que pasaron de representar el 23% en 1980 a caer por debajo del 10% en la actualidad. Esta transformaci&oacute;n supuso la desaparici&oacute;n progresiva del obrero de mono azul, que se ubicaba en medianas y grandes empresas con alta presencia sindical, y su sustituci&oacute;n por trabajadores menos cualificados en sectores de baja intensidad sindical. Se desplegaba as&iacute; una flexibilizaci&oacute;n e individualizaci&oacute;n de las relaciones laborales, lo cual dejaba al trabajador en una situaci&oacute;n m&aacute;s vulnerable ante el empleador.
    </p><p class="article-text">
        Esto no solo iba a tener consecuencias pol&iacute;ticas &mdash;los obreros organizados tend&iacute;an a ser la base social de los partidos de izquierdas&mdash; sino tambi&eacute;n econ&oacute;micas. La participaci&oacute;n de los salarios en la renta ha ido disminuyendo sistem&aacute;ticamente y manteniendo una evoluci&oacute;n pareja al declive de peso del empleo industrial, como se puede ver en el siguiente gr&aacute;fico. Eso quiere decir que, de la tarta total del valor monetario de la producci&oacute;n, cada vez una menor parte iba dirigida a los salarios &mdash;pero mayor hacia los beneficios empresariales&mdash;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>

<h4 style="font-family:'Encode Sans',sans-serif;text-align:left;color:black;font-size:22px;font-weight:700">Así ha ido disminuyendo la participación de los salarios en la renta</h4>

<p style="font-size:14px;text-align:left;font-family:'Encode Sans',sans-serif;line-height:20px;color:#181818">Participación salarial (% renta) y empleo industrial (% del total) en España</span></p>

<div class="flourish-embed" data-src="story/3587866"><script src="https://public.flourish.studio/resources/embed.js"></script><noscript><img src="https://public.flourish.studio/story/3587866/thumbnail" width="100%" alt="visualization" /></noscript></div>

<p style="font-size:12px;text-align:left;font-family:'Encode Sans',sans-serif;line-height:20px;color:#181818;">Fuente: AMECO, Stan Database for Structural Analysis (2025 edition) y elaboración propia</p>

<br>
    </figure><p class="article-text">
        Estos datos sugieren que la desindustrializaci&oacute;n ha sido el factor estructural clave en el hundimiento de la participaci&oacute;n salarial en Espa&ntilde;a. La industria genera empleos con mayor productividad, mayor poder negociador (concentraci&oacute;n en f&aacute;bricas, sindicatos de rama) y mayor capacidad de captura de rentas por parte de los trabajadores. As&iacute;, la terciarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola &mdash;sobre todo hacia servicios de bajo valor a&ntilde;adido, como turismo y construcci&oacute;n&mdash; ha debilitado la posici&oacute;n estructural del trabajo frente al capital. 
    </p><p class="article-text">
        Conviene, sin embargo, evitar lecturas monocausales. Al fin y al cabo, la desindustrializaci&oacute;n no ha operado en el vac&iacute;o. El proceso ha estado acompa&ntilde;ado por una creciente financiarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola y por la inflaci&oacute;n persistente del precio de los activos inmobiliarios. Como ya he resaltado en otras ocasiones, <a href="https://www.eldiario.es/economia/espana-si-pais-rentistas_129_12885377.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la vivienda se ha convertido en un mecanismo central de acumulaci&oacute;n patrimonial</a> para las cohortes que accedieron a la propiedad en d&eacute;cadas de precios relativamente bajos y cr&eacute;dito expansivo. Esa din&aacute;mica ha amplificado la divergencia patrimonial entre generaciones, pero no porque los mayores &ldquo;extraigan&rdquo; recursos de los j&oacute;venes, sino porque el modelo de crecimiento ha desplazado la generaci&oacute;n de renta desde el trabajo productivo hacia la revalorizaci&oacute;n de activos. Es una transformaci&oacute;n estructural del r&eacute;gimen de acumulaci&oacute;n, no un conflicto entre edades.
    </p><p class="article-text">
        En estos cambios institucionales cabe resaltar el papel de las reformas laborales. Particularmente importantes fueron las de 1984 y 1997, pero tambi&eacute;n las de 2010 y 2012. Todas ellas han tenido como objetivo mermar la capacidad de negociaci&oacute;n de la clase trabajadora, lo que se ha traducido en condiciones de trabajo m&aacute;s precarias y salarios relativamente m&aacute;s reducidos. El modelo laboral neoliberal se justificaba en aras de una supuesta mayor capacidad de adaptaci&oacute;n de la mano de obra a una estructura productiva desindustrializada y crecientemente dependiente de sectores precarios. Esto fue generando lo que t&eacute;cnicamente se llama un mercado laboral segmentado, donde los individuos de generaciones anteriores tend&iacute;an a disfrutar de derechos laborales que ya eran inexistentes para las nuevas generaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Este patr&oacute;n no es exclusivo de Espa&ntilde;a. Todas las econom&iacute;as occidentales han atravesado la misma senda, resultado de los efectos de la globalizaci&oacute;n neoliberal, pero aquellas que han sufrido procesos m&aacute;s intensos de terciarizaci&oacute;n y debilitamiento sindical &mdash;como Estados Unidos o el Reino Unido&mdash; muestran trayectorias m&aacute;s similares de ca&iacute;da en la participaci&oacute;n salarial. Por el contrario, pa&iacute;ses que han preservado un mayor peso industrial y una arquitectura institucional m&aacute;s robusta &mdash;como Alemania o algunos pa&iacute;ses n&oacute;rdicos&mdash; han registrado din&aacute;micas distributivas relativamente m&aacute;s equilibradas. Ello sugiere que el problema no radica en la edad de los ciudadanos, sino en el tipo de estructura productiva e institucional que enmarca sus trayectorias vitales. El hecho de que en todos los pa&iacute;ses las diferencias de rentas sean <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-son-boomers-capitalismo_129_12750821.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s acusadas entre trabajadores j&oacute;venes y trabajadores mayores</a> que entre trabajadores y pensionistas subraya este punto, un aspecto tambi&eacute;n deliberadamente ignorado por los apologetas de la cr&iacute;tica a los &ldquo;boomers&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hace una d&eacute;cada la propuesta de los economistas convencionales fue la del &ldquo;contrato &uacute;nico&rdquo;, que era un subterfugio con el que se pretend&iacute;a homogeneizar las condiciones laborales a la baja: retirando las protecciones-conquistas de los grupos mayores. Actualmente los discursos de la &ldquo;guerra intergeneracional&rdquo; son un eco de esas propuestas, aunque de una manera m&aacute;s naif: se argumenta que es el peso de las conquistas de las generaciones anteriores lo que lastra la posibilidad de desarrollo de las conquistas de las generaciones siguientes, centrado habitualmente en el caso de las pensiones.
    </p><h2 class="article-text">Conclusi&oacute;n</h2><p class="article-text">
        El &eacute;nfasis recurrente en las pensiones como supuesto obst&aacute;culo para el progreso de las generaciones j&oacute;venes incurre adem&aacute;s en un error de perspectiva macroecon&oacute;mica. El sistema de pensiones no es un mecanismo aut&oacute;nomo que compita con los salarios de los j&oacute;venes, sino una instituci&oacute;n que depende estructuralmente de la masa salarial y del nivel de empleo. Cuando la participaci&oacute;n del trabajo en la renta se reduce y la estructura productiva se orienta hacia sectores de bajo valor a&ntilde;adido, se deteriora simult&aacute;neamente la base financiera del Estado Social. El problema, por tanto, no es la &ldquo;generosidad&rdquo; de las pensiones, sino el debilitamiento de la capacidad productiva y distributiva del conjunto de la econom&iacute;a. El problema no son los boomers, sino que el mundo donde se insertaban ha sido sustituido por otro con una fracci&oacute;n de sus derechos y oportunidades laborales.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, hay que darle la vuelta al argumento: ha sido la incapacidad hist&oacute;rica de defender las conquistas anteriores frente al avance brutal del neoliberalismo lo que ha llevado a las nuevas generaciones a una situaci&oacute;n de enorme vulnerabilidad. Por lo tanto, son las instituciones y la lucha pol&iacute;tica &mdash;de clases, m&aacute;s espec&iacute;ficamente&mdash; las que explican fundamentalmente las diferencias intergeneracionales de renta y riqueza. Un corolario de este argumento es que la soluci&oacute;n pasa por m&aacute;s conquistas sociales, y no menos &mdash;como plantean los analistas conservadores&mdash; y una profunda reestructuraci&oacute;n de la econom&iacute;a que pase por la reindustrializaci&oacute;n de la econom&iacute;a, el final de la dependencia sobre sectores de bajo valor a&ntilde;adido y la excesiva capacidad de poder de los empleadores privados.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, no estamos ante un enfrentamiento entre j&oacute;venes y mayores, sino ante un conflicto m&aacute;s profundo entre rentas del trabajo y rentas del capital en un r&eacute;gimen de acumulaci&oacute;n que ha debilitado sistem&aacute;ticamente la posici&oacute;n estructural del primero. Las diferencias intergeneracionales son la expresi&oacute;n demogr&aacute;fica de esa transformaci&oacute;n institucional. Pretender resolverlas erosionando las conquistas sociales existentes equivale a profundizar la l&oacute;gica que gener&oacute; el problema, un aspecto de m&aacute;xima satisfacci&oacute;n para el capital. La salida no pasa por redistribuir escasez entre cohortes, sino por reconstruir poder social, reorientar el modelo productivo y ampliar las instituciones que protegen al trabajo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Garzón Espinosa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/jovenes-mayores-relato-salva-capital_129_12993515.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 20:02:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jóvenes contra mayores: el relato que salva al capital]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pensionistas,Pensiones,Jóvenes,Salarios,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fairplayer, la alternativa a Spotify para luchar contra el capitalismo de las plataformas de streaming]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/fairplayer-alternativa-spotify-luchar-capitalismo-plataformas-streaming_1_12981237.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d9aeb51-588b-4930-a846-ebc5f3c58c8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fairplayer, la alternativa a Spotify para luchar contra el capitalismo de las plataformas de streaming"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tras la ínfima remuneración que reciben los artistas por parte de Spotify y la marcha de muchos de ellos, programadores y cantantes apuestan por una herramienta que busca ser ética y cooperativa</p><p class="subtitle">Subvert, una plataforma para los músicos que no quieren “sentirse cómplices de la especulación con la guerra”</p></div><p class="article-text">
        La <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/le-interesa-spotify-elegir-canciones-escuchas_129_12260594.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&iacute;nfima remuneraci&oacute;n</a> que reciben los artistas por parte de Spotify y la opacidad de su funcionamiento interno lleva a&ntilde;os crispando los &aacute;nimos del gremio de creadores, pero la noticia de que su fundador, Daniel Ek, hab&iacute;a invertido <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/spotify-pierde-artistas-criticos-inversion-armas-propietario-no-queremos-musica-mate_1_12496347.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">600 millones de euros en Helsing</a>, empresa alemana especializada en fabricaci&oacute;n de drones de combate, provoc&oacute; las primeras reacciones serias. Grupos independientes como Deerhoof, King Gizzard &amp; the Lizard Wizard y Xiu Xiu retiraron sus cat&aacute;logos en verano. Otras m&aacute;s conocidas, como Massive Attack, anunciaron su intenci&oacute;n de hacer lo mismo, aunque todav&iacute;a no lo han logrado. El pasado noviembre, 160 artistas vascos planificaron una fuga coordinada de Spotify y hace una semana <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/salvador-sobral-clara-peya-anuncian-abandonaran-spotify-setenta-artistas-catalanes-forma-boicot_1_12940557.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">80 artistas catalanes</a> capitanearon una estrategia similar.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la protesta simb&oacute;lica, porque la retirada de varios cientos de repertorios afecta la imagen de Spotify pero no sus finanzas, tambi&eacute;n empiezan a cobrar forma iniciativas cuyo objetivo es imaginar un consumo de m&uacute;sica en <em>streaming</em> m&aacute;s &eacute;tico y responsable que no dependa del capricho de grandes empresarios; ll&aacute;mense <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/escucha-eldiario-son-wrapped-2025-redaccion_1_12818570.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Spotify</a>, Amazon, Apple, Tidal, YouTube o Deezer. La semana pasada se present&oacute; en sociedad en Barcelona el colectivo La Instrumental, integrado por activistas, programadores, artistas y personas vinculadas al &aacute;mbito cooperativista y de la econom&iacute;a social y solidaria. Llevan medio a&ntilde;o reflexionando sobre c&oacute;mo deber&iacute;a ser una plataforma &eacute;tica, cooperativa y alternativa a Spotify y en apenas tres meses han ideado un prototipo llamado Fairplayer.
    </p><p class="article-text">
        A diferencia de otras alternativas m&aacute;s &eacute;ticas que Spotify, como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/subvert-plataforma-musicos-no-quieren-sentirse-complices-especulacion-guerra_1_12606287.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Subvert</a>, Mirlo o Qobuz, Fairplayer es una herramienta dise&ntilde;ada con herramientas de c&oacute;digo abierto y con la intenci&oacute;n de ser replicable m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito catal&aacute;n al que, por ahora, se circunscribe. De hecho, Fairplayer nace a partir del software tambi&eacute;n libre Faircamp que permite generar cat&aacute;logos musicales al margen de distribuidoras y otros intermediarios de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/problemas-industria-musical-lugar-oscurece-alma-pasion-salud_1_12537037.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">industria musical</a> digital. Fairplayer ser&aacute; la plataforma a trav&eacute;s de la cual se podr&aacute; escuchar en <em>streaming </em>la m&uacute;sica almacenada en esos cat&aacute;logos. Por ahora funciona en fase beta con 900 canciones aportadas por una veintena de artistas catalanes que editan su m&uacute;sica desde cooperativas discogr&aacute;ficas como Radi Solar y Discos Pinya. Ya se pueden escuchar desde el portal <a href="https://fairplayer.band/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fairplayer.band</a>, aunque por ahora el proceso para que artistas o sellos incorporen su cat&aacute;logo es algo m&aacute;s complicado y necesita asesor&iacute;a.
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                Captura de pantalla de la plataforma Fairplayer                            </span>
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        Tras analizar los ejemplos existentes, La Instrumental asume que no tiene sentido crear una alternativa a Spotify con la misma estructura y modelo de gobernanza que Spotify. Ni siquiera Bandcamp, considerada por muchos mel&oacute;manos y artistas la plataforma m&aacute;s justa, puede existir al margen de procesos de compra-venta que puedan alterar sus objetivos empresariales, sus pol&iacute;ticas de servicio y, finalmente, <em>mierdificar</em> sus planteamientos iniciales. La Instrumental est&aacute; dise&ntilde;ando un ecosistema de escucha digital en el que nadie sea due&ntilde;o de nada. Fairplayer solo es una plataforma de escucha a la que los artistas y sellos conectar&aacute;n sus repertorios, pero no habr&aacute; un almac&eacute;n que centralice todos los archivos. Y, en tanto que modelo replicable desde cualquier rinc&oacute;n del planeta, el Fairplayer barcelon&eacute;s (aun sin nombre) tendr&aacute; forma de app, pero solo ser&iacute;a una de muchas plataformas de escucha de una red descentralizada e interconectada.
    </p><p class="article-text">
        Para ello, y tras meses de reflexi&oacute;n, La Instrumental ha decidido separar sus dos estructuras clave: el reproductor de m&uacute;sica y el gestor de cat&aacute;logos. Fairplayer solo es el reproductor y a &eacute;l se enlazar&aacute;n los cat&aacute;logos que se sumen a la plataforma. Lo &uacute;nico que tendr&aacute; que hacer un sello o artista es vincularse a ese gestor de cat&aacute;logo. Por ahora, la &uacute;nica forma de hacerlo es a trav&eacute;s de la herramienta Faircamp, pero la intenci&oacute;n es crear protocolos que permitan a cualquier creador vincular su obra al reproductor desde su servidor. Este sistema implica que el artista no entrega copias a otra plataforma, sino que activa un acceso a las copias que &eacute;l ya tiene almacenadas. Y ese proceso ni siquiera implica tener que darse de baja de Spotify, Amazon o cualquier otra plataforma. Es solo un primer paso de cara al gran objetivo: reducir la dependencia de las grandes plataformas y atraer al p&uacute;blico a un ecosistema digital m&aacute;s democr&aacute;tico y justo.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo de La Instrumental es articular una alternativa real y antimonopol&iacute;stica a esta forma de acceder a la m&uacute;sica que aparentemente solo puede existir seg&uacute;n las normas que dicte el oligarca del <em>streaming </em>de turno. Aqu&iacute; se trabaja en vistas a una plataforma sin &aacute;nimo de lucro, de c&oacute;digo libre y replicable, con un <a href="https://www.eldiario.es/cultura/perversion-algoritmos-internet-no-deja-azar-chat-gpt-hay-vacios-informacion-adrede-cat_128_12555659.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sistema transparente de algoritmos</a> y una remuneraci&oacute;n por escucha muy superior a la que se estila en este sector. Y todo ello, gracias a un planteamiento de base que no entiende este servicio solo como una herramienta para mejorar las condiciones de los artistas en este entorno digital, sino, ante todo, como un proyecto planteado por y para la gente que escucha m&uacute;sica en la red.
    </p><h2 class="article-text">Una cooperativa de oyentes</h2><p class="article-text">
        Aunque en una primera lectura pudiera parecer un micro lobby de sellos independientes o el en&eacute;simo colectivo de artistas insatisfechos con la deriva excluyente del negocio, en la jornada de presentaci&oacute;n de La Instrumental, y a la que asistieron unas 70 personas, se utiliz&oacute; una y otra vez el t&eacute;rmino cooperativa de oyentes. &ldquo;Muchos de los que estamos aqu&iacute; hacemos canciones, pero todo escuchamos mucha m&aacute;s m&uacute;sica de la que creamos&rdquo;, resalt&oacute; un cantante para subrayar la vocaci&oacute;n primera y &uacute;ltima de este proyecto: crear una herramienta para que los oyentes se relacionen con la m&uacute;sica de forma m&aacute;s proactiva, &eacute;tica y horizontal. En el ambiente flotaba la intuici&oacute;n de que, pensando m&aacute;s como oyentes que como artistas, ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil dar forma a una plataforma m&aacute;s sana, realmente democr&aacute;tica y ajustada a las necesidades de los usuarios. Al fin y al cabo, son estos los que la utilizar&aacute;n la herramienta y la financiar&aacute;n mediante sus cuotas.
    </p><p class="article-text">
        Los m&aacute;s viejos del lugar recordaron el proyecto <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/requiem-circulo-lectores-catalogo-ritual_1_1271275.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">C&iacute;rculo de Lectores</a>, un club de lectores que lleg&oacute; a tener un mill&oacute;n y medio de socios y cuya cuota les permit&iacute;a recibir un cat&aacute;logo de novedades y escoger qu&eacute; libro quer&iacute;a recibir cada mes. Fue un modelo de negocio que funcion&oacute; durante d&eacute;cadas en paralelo a las librer&iacute;as y que situaba en el centro a los consumidores de literatura, no a los autores. Durante la jornada, a modo de contextualizaci&oacute;n, hubo tiempo para conocer cooperativas de consumo como La Murga, Rocaguinarda, La Ciutat Invisible y Food Coop; proyectos que parten de la base del empoderamiento del p&uacute;blico, ya sea como consumidor de cultura, alimentos o energ&iacute;a.
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            <span class="title">
                Captura de pantalla de la plataforma Fairplayer                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        A lo largo de la jornada se plante&oacute; la posibilidad de crear un espacio de reflexi&oacute;n sobre la propia escucha musical, una actividad que las plataformas de <em>streaming</em> han convertido en algo pasivo. Y aun comprendiendo el miedo que puedan sentir algunos artistas ante la idea de abandonar Spotify, se incidi&oacute; en lo t&oacute;xico que es asumir esa opini&oacute;n seg&uacute;n la cual si no est&aacute;s en Spotify no existes. Tambi&eacute;n se denunci&oacute; lo pernicioso que es caer en esa <em>numerocracia</em> que estructura las carreras de los artistas en funci&oacute;n de sus cifras en Spotify. De hecho, uno de los primeros puntos a replantear en la nueva plataforma es si el n&uacute;mero de escuchas deber&iacute;a ser visible. Aqu&iacute; nada viene impuesto. Todo es debatible.
    </p><p class="article-text">
        Con la herramienta ya dise&ntilde;ada, el pr&oacute;ximo paso ser&aacute; muscular el grupo motor, definir &oacute;rganos de gobierno y fortalecer la cooperativa con el mayor n&uacute;mero de socios-oyentes. De este &uacute;ltimo aspecto depende la viabilidad econ&oacute;mica de una iniciativa que quiere remunerar justamente a los artistas. A partir de aqu&iacute;, todo est&aacute; por decidir. &iquest;Qu&eacute; calidad de audio tendr&iacute;a la m&uacute;sica? La que decidiese cada artista o sello, puesto que la m&uacute;sica estar&iacute;a en sus servidores. &iquest;Cu&aacute;ntas veces podr&aacute; escuchar una canci&oacute;n un usuario que no pague cuota? Tres, cinco, diez o mil: las que cada artista determine. &iquest;Y el reparto de ingresos corresponder&aacute; estrictamente al n&uacute;mero de escuchas de cada artista? Por supuesto.
    </p><h2 class="article-text">Miles de dudas y posibilidades</h2><p class="article-text">
        Una plataforma de <em>streaming </em>que no centralice la m&uacute;sica ni las decisiones abre un horizonte infinito de posibilidades. La intenci&oacute;n, a grandes rasgos, es humanizarla al m&aacute;ximo y que el algoritmo tenga la m&iacute;nima incidencia. &ldquo;El arte es comunidad y presencialidad&rdquo;, teoriz&oacute; alguien, &ldquo;e internet es solo una herramienta&rdquo;. La Instrumental, por tanto, trabaja en pos de una herramienta que genere y fortalezca comunidades de oyentes. Un ejemplo: si se organizasen encuestas para que la comunidad votase qu&eacute; artistas desear&iacute;a poder escuchar en la nueva plataforma cooperativa, la gestora podr&iacute;a invitarlos a incorporar sus cat&aacute;logos sabiendo que existe una demanda. Aun as&iacute;, las decisiones consensuadas en el Fairplayer barcelon&eacute;s no tendr&iacute;an por qu&eacute; ser aceptadas autom&aacute;ticamente por los fairplayers que se articulen en otras ciudades en base a esta tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Meses atr&aacute;s nac&iacute;a en Euskadi el portal <a href="https://musikariak.eus/#/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">musikariak.es</a> con m&aacute;s de 150 artistas y varios miles de canciones ya incorporadas al cat&aacute;logo. Y decenas de bibliotecas p&uacute;blicas de EEUU ofrecen desde hace a&ntilde;os colecciones de discos de artistas locales para que sus usuarios los puedan escuchar e incluso descargar; una estrategia que apunta, de nuevo, a la creaci&oacute;n y fortalecimiento de comunidades de oyentes y artistas. El gran sue&ntilde;o ser&iacute;a que todas las comunidades y apps que surjan a trav&eacute;s de la plataforma Fairplayer se acaben interconectando, de modo que desde cualquier cooperativa de oyentes se puedan escuchar los cat&aacute;logos de canciones de cualquier otra cooperativa de la federaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El capitalismo ha logrado que vivamos las luchas como una especie de extraescolar&rdquo;, solt&oacute; alguien durante la jornada. Acto seguido, otra voz resalt&oacute; que &ldquo;la lucha contra las <em>big techs</em> es parte de todas las dem&aacute;s luchas&rdquo;. Tras ocho horas de presentaciones, incertidumbres, asombros, quimeras y enriquecedores turnos de palabra, una &uacute;ltima sentencia puso un improvisado broche al acto: &ldquo;La acci&oacute;n es un ant&iacute;doto contra la miseria&rdquo;. Podr&iacute;an imprimir camisetas con ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nando Cruz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/fairplayer-alternativa-spotify-luchar-capitalismo-plataformas-streaming_1_12981237.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Feb 2026 21:58:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Fairplayer, la alternativa a Spotify para luchar contra el capitalismo de las plataformas de streaming]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Industria musical,Música,Streaming,Spotify,Artistas,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo los neoliberales se obsesionaron con el cociente intelectual y abrazaron el etnonacionalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/neoliberales-obsesionaron-cociente-intelectual-abrazaron-etnonacionalismo_128_12872105.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9394e311-5535-451f-8142-3186815c5a90_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo los neoliberales se obsesionaron con el cociente intelectual y abrazaron el etnonacionalismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quinn Slobodian, historiador y autor del libro 'Los bastardos de Hayek: raza, oro, cociente intelectual y el capitalismo de la extrema derecha' conversa con elDiario.es sobre los orígenes y evolución del neoliberalismo hasta su unión con la extrema derecha</p><p class="subtitle">Entrevista - Marc-William Palen, historiador: “La guerra comercial abre la oportunidad para que la izquierda redescubra el potencial del libre comercio”
</p></div><p class="article-text">
        Tras el &eacute;xito de <em>Globalistas: El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo</em> (Capit&aacute;n Swing, 2021) y <em>El capitalismo de la fragmentaci&oacute;n: El radicalismo de mercado y el sue&ntilde;o de un mundo sin democracia</em> (Paid&oacute;s, 2023), Quinn Slobodian, profesor de historia internacional en la Universidad de Boston, explica en su &uacute;ltimo libro, <em>Hayek's Bastards: Race, Gold, IQ, and the Capitalism of the Far Right</em> (Zone Books, 2025) c&oacute;mo una parte de la derecha intelectual ha reconfigurado las ideas de Friedrich Hayek para enfrentar lo que percibe como un &ldquo;nuevo colectivismo&rdquo;: las luchas por la justicia racial, de g&eacute;nero y clim&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        A trav&eacute;s de conceptos como el Volk Capital (&ldquo;capital etnonacional&rdquo;) y la obsesi&oacute;n por el cociente intelectual como herramienta de jerarquizaci&oacute;n social, el libro revela un giro desde el universalismo econ&oacute;mico hacia una visi&oacute;n excluyente y biologicista. Slobodian tambi&eacute;n analiza las nuevas alianzas entre &eacute;lites tecnol&oacute;gicas y movimientos nacionalistas, la centralidad de la defensa del capitalismo en todas las mutaciones neoliberales o la emergencia de Elon Musk y el &ldquo;muskismo&rdquo; como una transformaci&oacute;n del contrato social basado en la promesa ilusoria de soberan&iacute;a tecnol&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Por qu&eacute; el t&iacute;tulo, </strong><em><strong>Bastardos de Hayek</strong></em><strong>? &iquest;Qui&eacute;nes son estos bastardos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una imagen muy eficaz para mostrar c&oacute;mo las ideas se transforman con el tiempo y se reutilizan, a veces de manera impropia o imprevista, en funci&oacute;n de las necesidades coyunturales de proyectos pol&iacute;ticos distintos. Esa manera de entender la historia intelectual siempre me ha parecido convincente: no hay ideas puras; toda idea termina alter&aacute;ndose, combin&aacute;ndose con nuevas aleaciones a medida que se transmite y se adapta a contextos diferentes. Y Friedrich Hayek no constituye una excepci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La apelación al cociente intelectual siempre resurge en momentos de movilización popular a favor de la igualdad y sirve como un instrumento para deslegitimar las demandas de grupos infrarrepresentados </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hoy, el economista y fil&oacute;sofo austriaco sigue siendo una referencia central para libertarios, neoliberales y conservadores. Sin embargo, aquello que se pretende decir cuando se invoca a Hayek es extraordinariamente variado. Me interes&oacute; escribir este libro para examinar c&oacute;mo una generaci&oacute;n de intelectuales de derechas, vinculados al movimiento neoliberal, se apropi&oacute; y reconfigur&oacute; el pensamiento hayekiano al final de la Guerra Fr&iacute;a, en un momento en que la vieja contienda entre comunismo y capitalismo parec&iacute;a haberse resuelto de forma definitiva en favor del capitalismo. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que muestro es que recurren a Hayek para identificar nuevos enemigos incluso despu&eacute;s del derrumbe del socialismo sovi&eacute;tico, pese a que la conexi&oacute;n con las ideas originales del austriaco sea m&aacute;s bien tenue. El libro aborda, en esencia, c&oacute;mo definen ese nuevo adversario y c&oacute;mo lo sit&uacute;an en quienes defienden la justicia racial, la igualdad de g&eacute;nero o la justicia clim&aacute;tica, frentes de lucha que los autores neoliberales interpretan como un &ldquo;nuevo colectivismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tendemos a asociar el neoliberalismo con una exaltaci&oacute;n casi reductiva del individuo. Sin embargo, su libro muestra que esa lectura es insuficiente: los neoliberales dedicaron una notable energ&iacute;a intelectual a imaginar formas alternativas de comunidad y muchos de ellos incluso temieron la posible disoluci&oacute;n del Estado. En ese contexto introduce el concepto de &ldquo;Volk Capital&rdquo; [capital etnonacional]. &iquest;C&oacute;mo deber&iacute;amos entender esta conexi&oacute;n? </strong>
    </p><p class="article-text">
        La comprensi&oacute;n m&aacute;s extendida del neoliberalismo suele verlo como una doctrina que reduce a los seres humanos a una valoraci&oacute;n puramente econ&oacute;mica, a unidades de trabajo que circulan por un mercado abstracto, desprovistas de rasgos distintivos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me sorprendi&oacute; al estudiar a los neoliberales, especialmente a los de la d&eacute;cada de 1990, es que comenzaban a abandonar esa visi&oacute;n universalista del sujeto econ&oacute;mico. En lugar de concebir a las personas como actores intercambiables dentro del mercado, empezaron a verlas como individuos marcados de forma indeleble por su contexto cultural, nacional e incluso racial.
    </p><p class="article-text">
        Muchos de estos &ldquo;bastardos de Hayek&rdquo; a los que analizo en el libro intentan explicar por qu&eacute; ciertos pa&iacute;ses producir&iacute;an, seg&uacute;n ellos, poblaciones con mayor inclinaci&oacute;n al &eacute;xito en el mercado, pueblos con valores m&aacute;s emprendedores, incluso con una supuesta disposici&oacute;n natural al ahorro. En ese esfuerzo, terminan colectivizando la noci&oacute;n de &ldquo;capital humano&rdquo; y transform&aacute;ndola en un atributo inscrito casi literalmente en el c&oacute;digo gen&eacute;tico de determinadas poblaciones y, por tanto, supuestamente inaccesible para otras. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                El historiador Quinn Slobodian.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Este giro resulta clave para entender por qu&eacute;, desde los a&ntilde;os 90 y a&uacute;n m&aacute;s durante la d&eacute;cada de 2010, algunos neoliberales empiezan a articular formas de &ldquo;etnonacionalismo&rdquo; y a expresar un rechazo rotundo a la inmigraci&oacute;n, defendiendo el endurecimiento de las pol&iacute;ticas migratorias. Subyace en ello una nueva racionalidad econ&oacute;mica en la que el capital humano se piensa en t&eacute;rminos nacionales, &eacute;tnicos y raciales. Esa deriva es la que, en mi opini&oacute;n, justifica hablar de Volk Capital [&ldquo;capital etnonacional&rdquo;]. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>En esta misma l&iacute;nea, el libro aborda lo que denomina la &ldquo;centralidad del cociente intelectual&rdquo; en esta nueva derecha y su obsesi&oacute;n por cuantificar la inteligencia. Esa fijaci&oacute;n conduce a los neoliberales a elaborar jerarqu&iacute;as basadas en concepciones mensurables de la capacidad cognitiva, lo que produce &ldquo;neurocastas&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;les son las ra&iacute;ces hist&oacute;ricas de este fen&oacute;meno?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s llamativas de las apelaciones al cociente intelectual (CI), sobre todo en la cultura pol&iacute;tica estadounidense, es que tiende a resurgir en momentos de movilizaci&oacute;n popular en favor de la igualdad. 
    </p><p class="article-text">
        Pueden identificarse tres grandes episodios en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os. El primero aparece tras el movimiento por los derechos civiles y el auge del feminismo a comienzos de los a&ntilde;os 70, cuando ciertos sectores conservadores, sobre todo el psic&oacute;logo Richard J. Herrnstein, empezaron a presentar el CI como un obst&aacute;culo intr&iacute;nseco y natural a la igualdad distributiva y a la representaci&oacute;n en cargos p&uacute;blicos, en consejos de administraci&oacute;n o en los niveles superiores de la &eacute;lite profesional. Su razonamiento era que, dado que la inteligencia ser&iacute;a hereditaria, exist&iacute;a un l&iacute;mite natural al n&uacute;mero de mujeres o personas pertenecientes a minor&iacute;as raciales que pod&iacute;an alcanzar posiciones de &eacute;lite. Si la distribuci&oacute;n del CI imped&iacute;a que esos grupos alcanzaran, en promedio, niveles elevados de rendimiento, entonces, seg&uacute;n esta l&oacute;gica, quiz&aacute; hab&iacute;a que resignarse a la persistencia de la desigualdad contra la que luchaban el movimiento por los derechos civiles y el feminismo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Donald Trump durante una reunión de su gabinete de Gobierno en la Casa Blanca el pasado 2 de diciembre"
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                Donald Trump durante una reunión de su gabinete de Gobierno en la Casa Blanca el pasado 2 de diciembre                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        En la d&eacute;cada de 1990 se produce un segundo episodio, en un contexto inmediatamente posterior a la Guerra Fr&iacute;a marcado por el avance de la discriminaci&oacute;n positiva y el antirracismo. Muchos empresarios percibieron estos cambios como una amenaza a su poder en los procesos de contrataci&oacute;n y a la autonom&iacute;a con la que dirig&iacute;an sus peque&ntilde;os reinos corporativos. Y all&iacute; reapareci&oacute; de nuevo el lenguaje del CI hereditario como explicaci&oacute;n de por qu&eacute;, seg&uacute;n ellos, era irreal esperar una representaci&oacute;n equitativa de afroamericanos o mujeres en los niveles m&aacute;s altos de la &eacute;lite. En ese momento, Herrnstein regres&oacute; al primer plano acompa&ntilde;ado del pensador libertario Charles Murray, a quien dedico un espacio sustancial en el libro. Juntos escribieron <em>The Bell Curve</em> [La curva de la campana: Inteligencia y estructura de clases en la vida estadounidense], un &eacute;xito de ventas que permaneci&oacute; durante un a&ntilde;o entero en la lista del <em>New York Times</em> y que sigue imprimi&eacute;ndose a d&iacute;a de hoy. Fue decisivo en la popularizaci&oacute;n de un tipo de &ldquo;ciencia racial&rdquo; pseudocient&iacute;fica centrada en el CI, cuya influencia fue profunda y duradera.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando uno se declara radical en la defensa del capitalismo, el acceso a la financiación es inconmensurablemente mayor que cuando se es radical en la causa del socialismo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La misma l&oacute;gica reaparece en la d&eacute;cada de 2010, en paralelo a movimientos como #MeToo, Black Lives Matter o las reivindicaciones del colectivo LGTBI. Una vez m&aacute;s, el CI resurge como un instrumento para deslegitimar las demandas de igualdad de grupos infrarrepresentados. Murray vuelve a ocupar un papel central, ahora con nuevos seguidores entre la &eacute;lite tecnol&oacute;gica emergente de Silicon Valley. Como explico en el libro, este sector es especialmente receptivo a la noci&oacute;n de inteligencia porque considera que mide rasgos que los personajes del ecosistema tecnol&oacute;gico admiran: la capacidad de detectar patrones, de pensar de forma avanzada sobre problemas de ingenier&iacute;a, de visualizar en tres dimensiones y de manejar interfaces complejas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo conecta eso con la situaci&oacute;n actual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno de los aportes del libro &mdash;inesperado incluso para m&iacute; al inicio del proyecto&mdash; es ofrecer una explicaci&oacute;n de la reciente alianza entre las grandes tecnol&oacute;gicas y el movimiento MAGA. El cociente intelectual y la obsesi&oacute;n por la capacidad cognitiva se convierten en un terreno com&uacute;n entre ambos mundos, aunque por motivos distintos.
    </p><p class="article-text">
        Figuras como Trump, Vance y otros conservadores nacionalistas operan con una visi&oacute;n jer&aacute;rquica de la raza y la capacidad mental que les permite justificar su nativismo y la exclusi&oacute;n de inmigrantes procedentes de pa&iacute;ses que <a href="https://www.theguardian.com/us-news/2018/aug/10/trump-attacks-twitter-black-people-women" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">consideran de &ldquo;bajo CI&rdquo;</a>. Y ese marco crea un punto de contacto con tecn&oacute;logos que admiran a quienes ocupan los rangos m&aacute;s elevados de la distribuci&oacute;n cognitiva porque creen que de ah&iacute; surgir&aacute; la innovaci&oacute;n, cualidad que consideran a&uacute;n m&aacute;s crucial en la era de la inteligencia artificial.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Se ha escrito mucho sobre la relaci&oacute;n entre estas mutaciones de la derecha y el neoliberalismo. Su libro sostiene que estas nuevas figuras act&uacute;an m&aacute;s como una especie de vanguardia en su interior que como una reacci&oacute;n del propio neoliberalismo. Desde esta perspectiva, &iquest;c&oacute;mo interpreta los debates actuales sobre la naturaleza del trumpismo? &iquest;Podemos hablar de un mundo posneoliberal?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una de las cosas que m&aacute;s me ayud&oacute; a pensar el neoliberalismo desde un punto de vista hist&oacute;rico es que los propios neoliberales tienden a definir su proyecto en funci&oacute;n de aquello que consideran su mayor amenaza. En la d&eacute;cada de 1930, cuando el t&eacute;rmino &ldquo;neoliberalismo&rdquo; se acu&ntilde;&oacute; por primera vez, los enemigos eran los colectivistas de izquierda y de derecha: socialistas, comunistas y fascistas. En los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta, la amenaza pas&oacute; a ser una versi&oacute;n m&aacute;s suave, pero igualmente inquietante, a sus ojos, de keynesianismo y socialdemocracia. En los sesenta y setenta, el adversario fue el impulso descolonizador del Sur Global. Y en los noventa, y dir&iacute;a que a&uacute;n hoy, el enemigo central es lo que perciben como un socialismo &ldquo;woke&rdquo;, a menudo presentado en sus propias teor&iacute;as conspirativas bajo la r&uacute;brica del &ldquo;marxismo cultural&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Durante la oleada de populismo de izquierda, el neoliberalismo tuvo que reinventarse para frenar lo que muchos identificaban como una amenaza muy seria, una insurrecci&oacute;n profundamente igualitarista. En ese contexto, figuras asociadas a think tanks neoliberales como la Heritage Foundation o el Cato Institute comenzaron a ver una alianza t&aacute;ctica con Trump como un mal necesario para contener aquel auge. Eso implicaba aceptar elementos inc&oacute;modos de su ret&oacute;rica, en particular su rechazo al libre comercio. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, para figuras como Stephen Moore o Arthur Laffer, arquitectos de los recortes fiscales de Reagan en los ochenta, el sacrificio s&oacute;lo merec&iacute;a la pena si ayudaba a neutralizar un peligro mayor. Y si observamos la primera Administraci&oacute;n Trump, aunque muchos la han caracterizado como un giro contra el &ldquo;hipercapitalismo&rdquo; y el &ldquo;inicio del fin del neoliberalismo&rdquo;, lo cierto es que su &uacute;nico logro legislativo significativo fue una enorme rebaja fiscal para los ricos y una reducci&oacute;n dr&aacute;stica del impuesto de sociedades en 2017.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Defino el muskismo del mismo modo en que históricamente se ha definido el fordismo: no como una doctrina explícita formulada por su creador, sino como el resultado retrospectivo de la interacción entre una tecnología, un modo de organización productiva y un imaginario social. En este sentido, el muskismo es una promesa de soberanía a través de la tecnología altamente selectiva y profundamente excluyente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por eso considero altamente discutible la idea de que Trump representa un alejamiento del capitalismo global. Dentro de la coalici&oacute;n MAGA existe una batalla real entre quienes desean una reindustrializaci&oacute;n verdaderamente posneoliberal, que requerir&iacute;a alg&uacute;n grado de propiedad estatal y coordinaci&oacute;n p&uacute;blica de inversiones en sectores cr&iacute;ticos, y quienes prefieren regresar al guion reaganiano de desmantelar programas sociales y avanzar en recortes fiscales para los ricos. A&uacute;n no sabemos qu&eacute; facci&oacute;n prevalecer&aacute;. La mezcla de pol&iacute;ticas que hoy conviven en la coalici&oacute;n trumpista es tan heterog&eacute;nea que resulta dif&iacute;cil describirla como un neoliberalismo coherente.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Los bastardos de Hayek</strong></em><strong> reconstruye una cronolog&iacute;a hist&oacute;rica minuciosa de la derecha neoliberal en la que sorprende la ausencia de fracturas significativas, especialmente entre las d&eacute;cadas de 1940 y 1990. &iquest;C&oacute;mo lograron mantener esa unidad a pesar de las evidentes discrepancias doctrinales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La capacidad de la derecha para formar cuadros ha sido extraordinaria durante d&eacute;cadas. Su disciplina de mensaje, igualmente notable. Y su habilidad para mantener las disputas pol&iacute;ticas en el &aacute;mbito interno, sin exponerlas p&uacute;blicamente, constituye uno de los secretos de su &eacute;xito. Una de las rarezas de la Administraci&oacute;n Trump en su segundo mandato ha sido precisamente la <a href="https://www.eldiario.es/internacional/mundo-maga-estalla-acusaciones-nazismo-alcoholismo-felaciones-qatar-israel_1_12828130.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fisura de esa unidad discursiva, sobre todo en torno a la Heritage Foundation</a>, al debatir si deb&iacute;a abrirse la puerta a elementos abiertamente neonazis de la extrema derecha estadounidense. Ese episodio, en realidad, confirma la regla: por lo dem&aacute;s, han sido sorprendentemente &ldquo;leninistas&rdquo; en su disciplina y en su pol&iacute;tica de vanguardia desde los a&ntilde;os ochenta.
    </p><p class="article-text">
        Nada en este ecosistema es espont&aacute;neo ni casual. La derecha ha construido un modelo radial de educaci&oacute;n y formaci&oacute;n articulado en torno a think tanks que distribuyen materiales homog&eacute;neos entre sus organizaciones afines. A ello se suma un fuerte sentido interno de coherencia e identidad y, quiz&aacute;s lo m&aacute;s decisivo, una intensa animadversi&oacute;n hacia quienes consideran sus adversarios, acompa&ntilde;ada del deseo expl&iacute;cito de aplastarlos, humillarlos y derrotarlos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Quinn Slobodian, historiador y autor de &#039;Hayek&#039;s Bastards: The Neoliberal Roots of the Populist Right&#039;                            </span>
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        &iquest;C&oacute;mo han logrado sostener, d&eacute;cada tras d&eacute;cada, este ecosistema? Conviene recordar que cuando uno se declara radical en la defensa del capitalismo, como hacen ellos, el acceso a la financiaci&oacute;n es inconmensurablemente mayor que cuando se es radical en la causa del socialismo. Las cifras hablan por s&iacute; solas. Las cantidades que cada a&ntilde;o manejan instituciones como el Institute for Humane Studies o el Mercatus Center de la Universidad George Mason para asegurar lealtades entre j&oacute;venes promesas de su propio ecosistema pol&iacute;tico son extraordinarias. En 2024, el presupuesto operativo del Institute for Humane Studies &mdash;una instituci&oacute;n que, en esencia, se dedica a promover a Hayek y Ayn Rand&mdash; alcanz&oacute; los veinte millones de d&oacute;lares, con ingresos cercanos a los treinta. En el mundo acad&eacute;mico, una suma as&iacute; ser&iacute;a un milagro capaz de sostener durante una d&eacute;cada un programa entero. Ellos llevan construyendo estructuras de este tipo desde los a&ntilde;os treinta, cuando identificaron con claridad a su enemigo &mdash;los socialistas&mdash; y se dedicaron, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n, a perfeccionar su lucha contra &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, sin embargo, se enfrentan a un desaf&iacute;o de otra naturaleza: la crisis financiera global y la erosi&oacute;n de la fe de la gente com&uacute;n en el mercado, fen&oacute;menos que hist&oacute;ricamente la izquierda ha sabido capitalizar mejor que la derecha. En Estados Unidos, donde la esperanza de vida disminuye para determinados sectores y el coste de la vida se vuelve insoportable, a la derecha le resulta cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil convencer a la ciudadan&iacute;a de que el capitalismo act&uacute;a en beneficio suyo y de sus hijos. El desconcierto es palpable. Buscan un enemigo que vuelva a dar coherencia a su proyecto y, en ese intento, est&aacute;n forjando alianzas cada vez m&aacute;s escoradas hacia la extrema derecha, alianzas que incomodan incluso a sectores m&aacute;s centristas dentro de su propio campo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Para cualquiera que haya participado en las estructuras de la izquierda espa&ntilde;ola, puede parecer inevitable sentir cierta envidia ante esa disciplina, esa convicci&oacute;n y esa capacidad estrat&eacute;gica.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde mi perspectiva en Estados Unidos, y con todas las limitaciones que implica mirar desde fuera, Espa&ntilde;a aparece hoy como una fuente de inspiraci&oacute;n. Incluso la prensa financiera internacional ha tenido que admitir, aunque a rega&ntilde;adientes, que la negativa espa&ntilde;ola a sumarse a la nueva Guerra Fr&iacute;a promovida por Washington frente a China est&aacute; produciendo resultados econ&oacute;micos tangibles: atrae inmigraci&oacute;n, acepta inversi&oacute;n china y permite desarrollar iniciativas innovadoras vinculadas a la ampliaci&oacute;n de la cogesti&oacute;n empresarial a partir de una lectura cuidadosa de la Constituci&oacute;n, adem&aacute;s de los proyectos impulsados por Yolanda D&iacute;az. Es realmente notable, un rayo de luz en un periodo particularmente sombr&iacute;o para Europa.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque la derecha conserva ciertas ventajas estructurales &mdash;su tradici&oacute;n de elitismo, de jerarqu&iacute;a interna, de disciplina hacia el liderazgo&mdash;, la izquierda posee otra fortaleza distintiva: la voluntad de tolerar la disidencia interna y de abrirse a la controversia. En momentos como los que describi&oacute; Zohran Mamdani en su discurso de victoria, cuando la historia parece ofrecer una oportunidad inesperada, sigo creyendo que es ese el camino que puede imponerse a largo plazo. No el de engrasar un proyecto pol&iacute;tico con donaciones de los ricos para entregarles exactamente lo que demandan.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero no se trata &uacute;nicamente de financiaci&oacute;n. Su libro puede leerse tambi&eacute;n como la cr&oacute;nica de c&oacute;mo unas ideas inicialmente marginales llegaron a convertirse en supuestos hegem&oacute;nicos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que caracteriza al liberalismo en general &mdash;y al liberalismo cl&aacute;sico en particular&mdash; es que siempre ha estado atrapado entre dos polos, con una contradicci&oacute;n interna fundamental. El &eacute;xito del liberalismo como filosof&iacute;a &mdash;y esto vale tambi&eacute;n para el neoliberalismo&mdash; reside en su propuesta de que podemos reinventarnos sin cesar, tanto a nosotros mismos como al mundo que nos rodea. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que Hayek llamaba el impulso hacia una &ldquo;utop&iacute;a liberal&rdquo; parte de la idea de que existe una enorme reserva de conocimiento sin explotar en la humanidad, y de que necesitamos las herramientas que ofrece el mercado para descubrir y activar esas formas singulares de saber local, recombinarlas de modos infinitamente nuevos, intercambiarlas a escala global y producir cosas que hasta entonces parec&iacute;an imposibles.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La economía política de la derecha estadounidense contemporánea es un proyecto en retirada, atrincherado para salvar lo que queda de la ventaja competitiva que una vez tuvo y haciéndolo de una manera cada vez más frenética, divisiva y venenosa.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay, en ese sentido, una promesa grandiosa en el proyecto liberal y en el neoliberal, que en muchos aspectos constituye uno de los secretos profundos de su &eacute;xito. Es la promesa que se ofrece al p&uacute;blico: nuevos horizontes, nuevos productos, nuevas formas de expresi&oacute;n, nuevas posibilidades de reinvenci&oacute;n personal. Pero la otra cara de esa moneda &mdash;presente desde los or&iacute;genes del liberalismo, ya en John Stuart Mill&mdash; es que siempre ha descansado tambi&eacute;n en el refuerzo de jerarqu&iacute;as acerca de la capacidad humana y la diferencia humana. Incluso cuando el neoliberalismo celebraba la creatividad infinita de la especie, insist&iacute;a en que esa capacidad de invenci&oacute;n no estaba distribuida de manera equitativa.
    </p><p class="article-text">
        El modo de estabilizar el potencialmente ca&oacute;tico resultado de esa energ&iacute;a consist&iacute;a en asegurar a los responsables pol&iacute;ticos que las jerarqu&iacute;as de poder nunca se invertir&iacute;an del todo. Precisamente eso consideraban su misi&oacute;n los neoliberales de los a&ntilde;os treinta y cuarenta: liberar las fuerzas del mercado sin desafiar las jerarqu&iacute;as existentes. Era, y sigue siendo, un equilibrio sumamente dif&iacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Creo que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, especialmente dentro de la comunidad neoliberal y libertaria estadounidense, han tenido que confrontar el hecho de que la aut&eacute;ntica cualidad prometeica del capitalismo global ha producido un mundo en el que ya no ocupan la cima de la jerarqu&iacute;a. China ha aprovechado de manera extraordinariamente creativa su enorme reserva de mano de obra y su vasto mercado interno, combinando selectivamente elementos del socialismo, la socialdemocracia y el capitalismo libertario, hasta eclipsar la capacidad manufacturera estadounidense y dejar atr&aacute;s a la industria europea.
    </p><p class="article-text">
        Esto ha generado, a mi juicio, una p&eacute;rdida de confianza entre los neoliberales occidentales en la dimensi&oacute;n prometeica de su propio pensamiento. Cada vez est&aacute;n m&aacute;s interesados en preservar sus jerarqu&iacute;as internas, y ese giro termina socavando su propia filosof&iacute;a, precisamente aquella que les proporcion&oacute; el &eacute;xito inicial. Se abandona as&iacute; la funci&oacute;n creativa e instituyente, y solo queda la funci&oacute;n de preservaci&oacute;n del orden. De ah&iacute; que, como describo en el libro, mediante este nuevo proyecto de fusionismo, se aparten de la idea de que los seres humanos forman una especie universal y vuelvan a afirmar que existen jerarqu&iacute;as piramidales inscritas en nuestros genes; que el objetivo de una buena sociedad ya no es facilitar el descubrimiento de lo nuevo, sino defender lo antiguo.
    </p><p class="article-text">
        Creo que este es un punto de inflexi&oacute;n tr&aacute;gico para la filosof&iacute;a liberal en Occidente, y para el neoliberalismo en particular. Porque ahora, en parte gracias a su propia marcha triunfal, emerge un giro dial&eacute;ctico final: la victoria termina por empoderar a sus oponentes de maneras inesperadas. Hoy se encuentran a la defensiva, retrocediendo, cediendo terreno. Y as&iacute; interpreto la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la derecha estadounidense contempor&aacute;nea: un proyecto en retirada, atrincherado para salvar lo que queda de la ventaja competitiva que una vez tuvo, y haci&eacute;ndolo de una manera cada vez m&aacute;s fren&eacute;tica, divisiva y venenosa.
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                Elon Musk recibe una motosierra como regalo del presidente argentino Javier Milei durante su aparición en la CPAC                            </span>
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        <strong>Su proyecto m&aacute;s reciente gira en torno a la figura de Elon Musk. Junto a Ben Tarnoff ha estado trabajando en un libro sobre el &ldquo;muskismo&rdquo; y ha impartido varias conferencias sobre este tema desde la perspectiva de la econom&iacute;a pol&iacute;tica. &iquest;Por qu&eacute; le interesa intelectualizar la figura de Musk? &iquest;Qu&eacute; entiende por muskismo y de qu&eacute; manera define nuestro momento hist&oacute;rico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Estamos definiendo el muskismo del mismo modo en que hist&oacute;ricamente se ha definido el fordismo: no como una doctrina expl&iacute;cita formulada por su creador, sino como el resultado retrospectivo de la interacci&oacute;n entre una tecnolog&iacute;a concreta, un modo espec&iacute;fico de organizaci&oacute;n productiva y un determinado imaginario social. Henry Ford nunca redact&oacute; una filosof&iacute;a llamada &ldquo;fordismo&rdquo;, pero la combinaci&oacute;n de producci&oacute;n y consumo masivos termin&oacute; configurando un modelo social y una forma de econom&iacute;a pol&iacute;tica. Nuestro inter&eacute;s es examinar si, de manera an&aacute;loga, puede hablarse hoy de un muskismo.
    </p><p class="article-text">
        Analizar el muskismo implica preguntarse qu&eacute; tipo de contrato social est&aacute;n ofreciendo las grandes tecnol&oacute;gicas como sustituto de los rasgos centrales del Estado del bienestar estadounidense de mediados del siglo XX, que descansaba en una movilidad intergeneracional en ascenso y en un pacto, m&aacute;s o menos expl&iacute;cito, entre trabajadores y patronal. Ese modelo inclu&iacute;a participaci&oacute;n en los beneficios, acceso creciente a bienes de consumo, cr&eacute;dito barato para los hogares, aunque con niveles significativos de endeudamiento familiar, y un marco nacional que vinculaba expansi&oacute;n econ&oacute;mica y mejora de la vida dom&eacute;stica. 
    </p><p class="article-text">
        Nada de ello encaja con el tipo de futuro que alguien como Elon Musk est&aacute; prometiendo o contribuyendo a construir. En nuestra lectura, el muskismo es una promesa de soberan&iacute;a a trav&eacute;s de la tecnolog&iacute;a, pero una promesa altamente selectiva y profundamente excluyente. El viejo contrato social queda sustituido por una anticipaci&oacute;n permanente del conflicto: se invita a las personas a equiparse con los productos del imperio de Musk para protegerse de los riesgos venideros, ya sean crisis clim&aacute;ticas, apagones el&eacute;ctricos, &ldquo;invasiones&rdquo; migratorias o el fracaso del Estado en la provisi&oacute;n de servicios b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, el muskismo opera como una oferta individual (&iexcl;prot&eacute;gete ante el deterioro de la civilizaci&oacute;n!), pero tambi&eacute;n como una oferta dirigida a los Estados, a los que promete soberan&iacute;a mediante sat&eacute;lites, cohetes o infraestructuras de transici&oacute;n el&eacute;ctrica. En la pr&aacute;ctica, sin embargo, esto suele traducirse en una nueva dependencia respecto del propio Musk. La promesa de soberan&iacute;a es, por tanto, ilusoria.
    </p><p class="article-text">
        Sostenemos adem&aacute;s que este suced&aacute;neo de contrato social funciona como un intento peculiar de redise&ntilde;o de la esfera p&uacute;blica mediante redes sociales, sistemas de inteligencia artificial y, en &uacute;ltima instancia, la interfaz cerebro&ndash;ordenador que Musk imagina. En el modelo fordista, el consentimiento ocupaba un lugar central; en el muskismo, ese consentimiento se concibe como un problema de ingenier&iacute;a gestionable a trav&eacute;s de bucles algor&iacute;tmicos de retroalimentaci&oacute;n que conectan a las personas con plataformas digitales y sistemas de IA. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos C. Pérez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/neoliberales-obsesionaron-cociente-intelectual-abrazaron-etnonacionalismo_128_12872105.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 01 Feb 2026 20:28:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo los neoliberales se obsesionaron con el cociente intelectual y abrazaron el etnonacionalismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Estados Unidos,Donald Trump,Elon Musk,Neoliberalismo,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[🎙 PODCAST | “A ver si nos vemos”: amigos para resumirse la vida, no para compartirla  [R]]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/al-dia/podcast-ver-si-vemos-amigos-resumirse-vida-no-compartirla-r_132_12865480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7a34924d-9745-49a3-92f6-6da46f9a79d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="🎙 PODCAST | “A ver si nos vemos”: amigos para resumirse la vida, no para compartirla  [R]"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Volvemos a escuchar un episodio en el que se reflexiona sobre la amistad como una tarea más, como algo más que agendas en un día  a día en el que no tenemos tiempo para nada 
</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="https://omny.fm/shows/un-tema-al-dia/a-ver-si-nos-vemos-amigos-para-resumirse-la-vida-no-para-compartirla-r/embed?style=cover" allow="autoplay; clipboard-write" width="100%" height="180" frameborder="0" title="“A ver si nos vemos”: amigos para resumirse la vida, no para compartirla [R]"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Este episodio nace de la conversaci&oacute;n que generan los grandes temas que tocan en teclas emocionales&hellip; Y, en estas fechas, volvemos a &eacute;l. La amistad como una tarea, como una obligaci&oacute;n m&aacute;s que agendar y a la que prestar atenci&oacute;n. No un lugar en el que fluir, en el que moverse de una manera c&oacute;moda. &iquest;Un esfuerzo m&aacute;s en una era en la que no tenemos tiempo para nada. A lo mejor este tema de hoy te suena porque el periodista Juanjo Villalba ha publicado hace unos d&iacute;as en <a href="http://eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a> un art&iacute;culo llamado: <a href="https://www.eldiario.es/era/cultura-quedar-ponerse-dia-amigos-no-compartimos-vida-resumimos_1_12791667.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La cultura de quedar para ponerse al d&iacute;a con amigos: por qu&eacute; ya no compartimos la vida, nos la resumimos</a>. Hablamos con &eacute;l, para reflexionar acerca de las razones que llevan a que este tema sea tan compartido y tan le&iacute;do.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos tambi&eacute;n con Dani, Eva y Mari Carmen. Tienen edades diferentes, viven en ciudades distintas y est&aacute;n en momentos vitales que nada tienen que ver. Lo que les une, lo que tienen en com&uacute;n, es una preocupaci&oacute;n, una inquietud&hellip; En torno a la amistad. Al tiempo que le dedican y la presencia que tiene en su vida.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;*** Este episodio se emiti&oacute; por primera vez el 5 de diciembre de 2025 ***
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo escuchar 'Un tema Al d&iacute;a'?</strong>
    </p><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
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    </p><div class="list">
                    <ul>
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                                    <li><a href="https://podimo.com/es/aldia" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Podimo </a></li>
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                            </ul>
            </div><p class="article-text">
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    </p><p class="article-text">
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    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Luis Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/blog/al-dia/podcast-ver-si-vemos-amigos-resumirse-vida-no-compartirla-r_132_12865480.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Jan 2026 07:30:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[🎙 PODCAST | “A ver si nos vemos”: amigos para resumirse la vida, no para compartirla  [R]]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Amistad,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[🎙️PODCAST | Lectura 8: 'Te siguen’, de Belén Gopegui Durán]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/la-trama/podcast-lectura-8-siguen-belen-gopegui-duran_1_12844708.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d83bb570-0c83-4890-9959-de7c7d04667c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="🎙️PODCAST | Lectura 8: &#039;Te siguen’, de Belén Gopegui Durán"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Presentado por la escritora y periodista Irene Lozano, ‘La trama’ es un podcast mensual en el que acudimos a los libros para entender mejor el mundo que nos rodea</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="https://omny.fm/shows/la-trama/lectura-8-te-siguen-de-bel-n-gopegui-dur-n/embed?style=cover" allow="autoplay; clipboard-write" width="100%" height="180" frameborder="0" title="Lectura 8: &#39;Te siguen’, de Belén Gopegui Durán"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; un grupo de personas muy ricas y poderosas consiguen que millones les obedezcan? Hoy en d&iacute;a, una minor&iacute;a olig&aacute;rquica gobierna porque posee una riqueza extrema. El Laboratorio de la Desigualdad Mundial elabora cada a&ntilde;o un informe global en el que se&ntilde;alan que en torno al 10% m&aacute;s rico se lleva m&aacute;s de la mitad de todos los ingresos del mundo, mientras que la mitad m&aacute;s pobre de la poblaci&oacute;n obtiene menos del 10%. S&iacute;, has le&iacute;do bien.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y por qu&eacute; nadie se rebela? &iquest;No es asombroso? El fil&oacute;sofo escoc&eacute;s David Hume lo ve&iacute;a as&iacute;, dec&iacute;a: &ldquo;Nada parece m&aacute;s sorprendente para quienes consideran los asuntos humanos con ojo filos&oacute;fico que la facilidad con la cual los muchos son gobernados por los pocos; y la sumisi&oacute;n con la cual los hombres entregan sus propios sentimientos y pasiones a los de sus gobernantes&rdquo;. Dicho de otro modo, &iquest;por qu&eacute; si los privados de riqueza son muchos m&aacute;s, aceptan su dominaci&oacute;n? M&aacute;s de 250 a&ntilde;os despu&eacute;s, ya no solo entregamos sentimientos y pasiones, sino sobre todo nuestros datos y nuestra privacidad.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte hay escritoras que siguen observando con ojo filos&oacute;fico, el porqu&eacute; de este comportamiento humano. Una de las m&aacute;s destacadas es Bel&eacute;n Gopegui, con quien hablamos en este episodio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Puedes escuchar <em>La trama</em> en tu plataforma de audio favorita. Suscr&iacute;bete gratis para escuchar un nuevo episodio cada mes:
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li><a href="https://open.spotify.com/show/5TZsVAKppC4Ioj6R9aVPL4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><strong>Spotify</strong></a></li>
                                    <li><a href="https://podcasts.apple.com/us/podcast/la-trama/id1816973041" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><strong>Apple Podcast</strong></a></li>
                                    <li><a href="https://www.ivoox.com/que-es-la-trama-audios-mp3_rf_148599656_1.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><strong>Ivoox</strong></a></li>
                                    <li><a href="https://podimo.com/s/WS9P9GQp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><strong>Podimo</strong></a></li>
                                    <li><a href="https://www.omnycontent.com/d/playlist/554539c9-b3b2-431a-9f3a-ada4006d04a0/c2166ade-bd8d-4e27-b8e0-b2ea00cc2b31/44be70fe-9a21-4521-a04a-b2ea00cc301a/podcast.rss" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia"><strong>RSS</strong></a></li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/la-trama/podcast-lectura-8-siguen-belen-gopegui-duran_1_12844708.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Dec 2025 05:01:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[🎙️PODCAST | Lectura 8: 'Te siguen’, de Belén Gopegui Durán]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d83bb570-0c83-4890-9959-de7c7d04667c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Literatura,Políticas de privacidad,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Legalizar la corrupción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/legalizar-corrupcion_129_12840579.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/011ff2c3-afea-4f60-a01e-d566e519f789_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Legalizar la corrupción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Es corrupto el grupo sanitario Ribera, que selecciona a los pacientes pensando en sus beneficios? ¿Es corrupta la empresa que fabrica electrodomésticos de obsolescencia programada? Estas prácticas nos parecen tan normales que llamamos “corrupción” solamente al cumplimiento chapucero del imperativo del máximo beneficio; es decir, a la falta de discreción</p><p class="subtitle">Corrupción</p></div><p class="article-text">
        La corrupci&oacute;n, &iquest;es buena o mala? Depende. En sociedades donde el mercado es d&eacute;bil y el poder pol&iacute;tico fuerte, puede ser una forma alternativa de ejercer la ciudadan&iacute;a. Hannah Arendt dec&iacute;a, por ejemplo, que la corrupci&oacute;n era el &uacute;nico factor humano en la mastod&oacute;ntica, abstrusa e impersonal burocracia sovi&eacute;tica: lo que no se consegu&iacute;a por las v&iacute;as legales se alcanzaba mediante una negociaci&oacute;n personal, cuerpo a cuerpo, con el funcionario de turno, v&iacute;ctima tambi&eacute;n del sistema, el cual pod&iacute;a incluso acabar despertando nuestra simpat&iacute;a, y ello hasta el punto de asistir a nuestra boda o apadrinar a nuestros hijos. En sociedades desguarnecidas, la humanidad solo encuentra refugio en la irregularidad: la &ldquo;mordida&rdquo;, el &ldquo;baksheesh&rdquo;, el &ldquo;<em>pot-de-vin</em>&rdquo; limitan por abajo el poder absoluto del Estado.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;amos decir entonces que, frente a ese modelo, all&iacute; donde el mercado est&aacute; desarrollado y el poder es democr&aacute;tico, la corrupci&oacute;n tender&iacute;a a desaparecer o a presentarse solo como un fen&oacute;meno residual que acusar&iacute;a menos al sistema que a individuos aislados de moral degradada. As&iacute; deber&iacute;a ser. Ahora bien, el problema es que no hay muchos pa&iacute;ses donde esta ecuaci&oacute;n funcione de verdad. Hemos dejado felizmente atr&aacute;s el modelo sovi&eacute;tico (mercado d&eacute;bil y poder dictatorial), pero para consagrar otro en el que mercado y poder sencillamente se funden y en el que, por eso mismo, la corrupci&oacute;n no tiende a desaparecer sino a legalizarse. Ese modelo no se llama democracia; se llama capitalismo, cuya expresi&oacute;n neoliberal consiste justamente en formalizar una relaci&oacute;n directa, sin apenas intermediarios, no entre seres humanos situados en posiciones desiguales, no, sino entre una minor&iacute;a poderosa y la riqueza colectiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una sociedad capitalista de mercado, la corrupci&oacute;n se inscribe, pues, en el horizonte de los valores vigentes; es decir, es de car&aacute;cter espont&aacute;neamente econ&oacute;mico. Todo el mundo acepta, en efecto, la funcionalidad mercantil de esa corrupci&oacute;n estructural. &iquest;Es corrupto el grupo sanitario Ribera, que selecciona a los pacientes pensando en sus beneficios? &iquest;Es corrupta una farmac&eacute;utica que grava legalmente los precios de una vacuna o de un tratamiento contra la malaria en un pa&iacute;s pobre? &iquest;Es corrupta la empresa que fabrica electrodom&eacute;sticos de obsolescencia programada? &iquest;O la f&aacute;brica de armas que reparte cad&aacute;veres entre sus accionistas? Estas pr&aacute;cticas nos parecen tan normales que llamamos &ldquo;corrupci&oacute;n&rdquo; solamente al cumplimiento <em>chapucero</em> del imperativo del m&aacute;ximo beneficio; es decir, a la falta de discreci&oacute;n. En el orden pol&iacute;tico, por eso mismo, forma parte de estos valores comunes considerar la corrupci&oacute;n con un cierto fatalismo resignado y destructivo: todos los poderosos lo hacen, de lo que se trata es de que no les pillen. A casi nadie le ha parecido mal, por ejemplo, que Pablo Gallart, el CEO del Hospital de Torrej&oacute;n, se dedicara a hacer su escandaloso trabajo; lo escandaloso es la conversaci&oacute;n grabada que lo desvel&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la Espa&ntilde;a de 2025, esta traducci&oacute;n de la l&oacute;gica del mercado al juego pol&iacute;tico es muy evidente: no nos preocupa el enriquecimiento il&iacute;cito sino el enriquecimiento il&iacute;cito de nuestros rivales pol&iacute;ticos y no porque sea il&iacute;cito sino porque son nuestros rivales pol&iacute;ticos: lo que es moralmente disculpable en los &ldquo;nuestros&rdquo; es moralmente imperdonable en los &ldquo;vuestros&rdquo;. Que estos son nuestros valores lo demuestra el hecho de que el desplazamiento del voto por esta causa ha sido siempre muy escaso en nuestro pa&iacute;s. Los dos grandes partidos han perdido pocas elecciones como consecuencia de la corrupci&oacute;n o, en todo caso, si las han perdido ha sido por los pelos y solo provisionalmente. En Espa&ntilde;a, s&iacute;, los ciudadanos penalizamos poco una corrupci&oacute;n que es end&eacute;mica y, m&aacute;s a&uacute;n, sist&eacute;mica. Est&aacute; inscrita en el ADN del r&eacute;gimen del 82 fundado por Felipe Gonz&aacute;lez y en la Transici&oacute;n pol&iacute;tica hacia el neoliberalismo que &eacute;l capitane&oacute;. Eso que llamamos neoliberalismo, de hecho, no es otra cosa que la legalizaci&oacute;n de la picaresca espa&ntilde;ola (que en nuestro pa&iacute;s fue siempre cosa de &eacute;lites y no de clases populares) a trav&eacute;s de la privatizaci&oacute;n de los recursos p&uacute;blicos. No nos equivoquemos: la corrupci&oacute;n es compatible con la democracia, como lo son todos los pecados (y todos los cr&iacute;menes) humanos; lo que no es compatible es esta forma de corrupci&oacute;n. Como estamos viendo, la manipulaci&oacute;n pol&iacute;tica de la fusi&oacute;n entre mercado y poder, en efecto, acaba por resquebrajar la c&uacute;pula institucional que cubre las verg&uuml;enzas del mercado.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a las privatizaciones, insisto, son el instrumento mediante el cual se garantiza la relaci&oacute;n directa entre las &eacute;lites y la riqueza general. La corrupci&oacute;n en la asfixiante URSS era sin duda m&aacute;s democr&aacute;tica y m&aacute;s humana. Bajo el capitalismo neoliberal la corrupci&oacute;n se ha desplazado del &aacute;mbito del intercambio, propio del modelo sovi&eacute;tico, al de las finanzas, donde uno se puede enriquecer convirtiendo legalmente a un enfermo de c&aacute;ncer en una vaca lechera. Sea como fuere, al igual que en la vieja URSS, la corrupci&oacute;n ahorra burocracia. En la URSS se la ahorraba a los ciudadanos; en las sociedades de mercado a los poderosos. En la URSS la burocracia era el enemigo de los ciudadanos; en democracia es el enemigo de nuestras &eacute;lites.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo grave de las privatizaciones, en todo caso, no es la corrupci&oacute;n econ&oacute;mica, sino la moral o, si se quiere, la antropol&oacute;gica. Porque, como en la antigua URSS, afecta a toda la poblaci&oacute;n. Lo que el neoliberalismo corrompe, s&iacute;, y de la manera m&aacute;s radical, hasta el mism&iacute;simo tu&eacute;tano, es el concepto mismo de &ldquo;valor&rdquo;. La mayor degradaci&oacute;n imaginable que pueden sufrir ciertas cosas, ciertos bienes, ciertas criaturas, es su conversi&oacute;n en mercanc&iacute;as. Recordemos una vez m&aacute;s la consabida oposici&oacute;n entre valor y precio: si se pone precio a un r&iacute;o, a un &aacute;rbol, a un cuerpo humano, pierden inmediatamente su valor. Y se vuelven, por eso mismo, vulnerables. Hace unos d&iacute;as le&iacute;a una interesante conversaci&oacute;n entre Thomas Picketty, el conocido profesor de la escuela de Econom&iacute;a de Par&iacute;s, gran estudioso de la desigualdad, y Michael Sandel, profesor de filosof&iacute;a pol&iacute;tica de la universidad de Harvard y autor de un famoso libro contra la meritocracia. Los dos, obviamente, est&aacute;n de acuerdo en la necesaria desmercantilizaci&oacute;n de ciertos sectores nucleares (sanidad y educaci&oacute;n, por ejemplo), pero mientras que Picketty insiste en el hecho de que esa desmercantilizaci&oacute;n, por el momento vigente en Europa, es econ&oacute;micamente m&aacute;s eficaz, Sandel a&ntilde;ade un elemento, si se quiere, &eacute;tico y cultural: mercantilizar la salud y la educaci&oacute;n, dice, implica desvalorizar radicalmente la vida humana y el saber universal; y desvalorizar, por tanto, el trabajo -y la vocaci&oacute;n- de m&eacute;dicos y profesores.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad democr&aacute;tica puede sobrevivir a incendios, danas, matanzas; y hasta a la G&uuml;rtel y a &Aacute;balos. A lo que no puede sobrevivir es a la desvalorizaci&oacute;n de los ciudadanos. Ni a la politizaci&oacute;n de la justicia, que es m&aacute;s o menos lo mismo.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Santiago Alba Rico]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/legalizar-corrupcion_129_12840579.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 12 Dec 2025 20:33:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Legalizar la corrupción]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Corrupción,Privatizaciones,Felipe González,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Convenio de Capitalidad: La Rioja reserva para Logroño más de tres millones de euros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/convenio-capitalidad-rioja-reserva-logrono-tres-millones-euros_1_12823928.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2042166b-f214-4157-a138-23fd66e86b8c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Convenio de Capitalidad: La Rioja reserva para Logroño más de tres millones de euros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es un uno por ciento más que en este ejercicio, cuantía con la que se financiará la mejora de la calidad de los servicios públicos e infraestructuras en Logroño</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/3-millones-logrono-gobierno-rioja-incrementa-convenio-capitalidad-2-5_1_12299338.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ya lo anunciaron en mayo de 2025</a> y lo han vuelto a repetir en la reuni&oacute;n del Consejo de Capitalidad que crece un 5,6 por ciento en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os &ldquo;fruto del compromiso del Gobierno regional con el bienestar de los logro&ntilde;eses&rdquo;. Y es que para el 2026, &ldquo;el Gobierno de La Rioja ha reservado 3.075.828 euros, un uno por ciento m&aacute;s que en este ejercicio, para financiar la mejora de la calidad de los servicios p&uacute;blicos e infraestructuras en Logro&ntilde;o&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Los Presupuestos de La Rioja para 2026, que afrontan la recta final de su tramitaci&oacute;n en la C&aacute;mara Regional, recogen una partida de 3.075.828 euros para financiar el Convenio de Capitalidad de Logro&ntilde;o, lo que supone un incremento del 1% (+30.454 euros) con respecto a la partida consignada durante el presente ejercicio.
    </p><p class="article-text">
        Se trata del tercer incremento consecutivo de la legislatura del presupuesto destinado a financiar la calidad de los servicios e infraestructuras en la ciudad de Logro&ntilde;o. Desde 2023, la aportaci&oacute;n econ&oacute;mica de la Comunidad Aut&oacute;noma a este convenio ha crecido un 5,6 por ciento, una tendencia positiva que se enmarca dentro del firme compromiso del Gobierno de La Rioja con la calidad de vida de todos los logro&ntilde;eses. 
    </p><p class="article-text">
        El presidente del Gobierno de La Rioja, Gonzalo Capell&aacute;n, junto a los consejeros de Hacienda, Gobernanza P&uacute;blica, Sociedad Digital y Portavoc&iacute;a del Gobierno, Alfonso Dom&iacute;nguez, de Salud y Pol&iacute;ticas Sociales, Mar&iacute;a Mart&iacute;n, y de Pol&iacute;tica Local, Infraestructuras y Lucha contra la Despoblaci&oacute;n, Daniel Os&eacute;s, ha participado hoy, 5 de diciembre, en la reuni&oacute;n del consejo de capitalidad, en el que por parte del Consistorio han participado el alcalde, Conrado Escobar, los concejales de Promoci&oacute;n de la Ciudad, Miguel Sainz, y Alcald&iacute;a, Gobernanza, Igualdad y Portavoc&iacute;a, Celia Sanz, y el delegado de Urbanismo, Javier Mart&iacute;nez. 
    </p><p class="article-text">
        El encuentro, que se ha celebrado en esta ocasi&oacute;n en el Palacio de Gobierno de La Rioja, tiene lugar, tal y como es preceptivo, antes de la aprobaci&oacute;n del Proyecto de Ley de Presupuestos Generales de La Rioja que, una vez superado el tr&aacute;mite del debate de las enmiendas pueda entrar en vigor, en tiempo y forma, el pr&oacute;ximo 1 de enero. 
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento de Logro&ntilde;o destinar&aacute; esta partida, perteneciente al Fondo de Cooperaci&oacute;n Local, a financiar &aacute;reas destinadas al desarrollo local en el &aacute;mbito de sus competencias. El abono de la asignaci&oacute;n al Ayuntamiento de Logro&ntilde;o se realizar&aacute; mediante dos partidas, a partir del 1 de mayo y 1 de noviembre pr&oacute;ximos, respectivamente. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>M&aacute;s inversiones en Logro&ntilde;o </strong></h2><p class="article-text">
        Durante la reuni&oacute;n, se han abordado las diferentes l&iacute;neas de colaboraci&oacute;n y cooperaci&oacute;n entre ambas administraciones para mejorar la calidad de vida de los logro&ntilde;eses y que se ha traducido en un importante esfuerzo inversor, adicional a la financiaci&oacute;n del Convenio de Capitalidad, durante los &uacute;ltimos doce meses por parte del Gobierno de La Rioja.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        A este respecto, y en materia de infraestructuras, el Ejecutivo auton&oacute;mico ha aportado 4 millones de euros al Ayuntamiento para el <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/logrono/carretera-cortijo-logrono-gobierno-cede-titularidad-aporta-4-millones-obras-mejora_1_11945810.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mantenimiento y conservaci&oacute;n de la carretera de El Cortijo</a>. Asimismo, el Ejecutivo regional ha comenzado este a&ntilde;o las obras de construcci&oacute;n de 24 viviendas de alquiler asequible cuyo presupuesto asciende a 3,4 millones de euros.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ha iniciado la ejecuci&oacute;n de la mejora integral de las instalaciones de La Fombera, cuyo importe ronda los 7,5 millones de euros, y ha anunciado una inversi&oacute;n de 18,15 millones de euros para la creaci&oacute;n de un nuevo Laboratorio Regional en el parque de La Grajera, dos actuaciones cofinanciadas con fondos europeos.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, el Gobierno de La Rioja ha respaldado la puesta en marcha del proyecto empresarial de unos <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/obras-nuevos-cines-centro-logrono-comenzaran-proxima-semana-abriran-primer-semestre-2026_1_12769313.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuevos cines en Logro&ntilde;o a trav&eacute;s de la compa&ntilde;&iacute;a riojana de inversi&oacute;n RICARI</a>. En el &aacute;mbito educativo, se han invertido m&aacute;s de 200.000 euros en la mejora de siete centros educativos p&uacute;blicos en la capital riojana. 
    </p><p class="article-text">
        Este 2025 se han licitado las obras de construcci&oacute;n del nuevo Centro de Especialidades y Cirug&iacute;a Mayor Ambulatoria en Logro&ntilde;o que supondr&aacute;n una inversi&oacute;n de 25 millones de euros. Adem&aacute;s, se ha incrementado en un 50 por ciento la partida destinada a financiar los programas de ayuda a domicilio y dependencia para los logro&ntilde;eses. Y este a&ntilde;o se han puesto en marcha el nuevo centro de salud Rodr&iacute;guez Paterna y el nuevo centro de crisis 24 horas para v&iacute;ctimas de violencia sexual o maltrato.&nbsp; 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se ha anunciado la creaci&oacute;n de un <a href="https://www.eldiario.es/la-rioja/nuevo-punto-encuentro-familiar-logrono-listo-primavera-2026_1_12559461.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuevo punto de encuentro familiar en Logro&ntilde;o,</a> cuyo presupuesto asciende a 1,4 millones, y se ha impulsado la mejora de las dependencias del Palacio de Justicia, valorada en 1,3 millones. Otro ejemplo de colaboraci&oacute;n con el Ayuntamiento de Logro&ntilde;o es el programa TwIN-gemelos digitales, una iniciativa de digitalizaci&oacute;n para la que se van a movilizar 6,8 millones de euros. 
    </p><p class="article-text">
        Dentro del nuevo Plan de Infraestructuras Deportivas de La Rioja, que ha reservado un presupuesto de 5 millones de euros para la mejora de instalaciones en Logro&ntilde;o, el recinto de f&uacute;tbol de Pradoviejo ha estrenado recientemente dos nuevos campos de hierba artificial. Asimismo, el Gobierno de La Rioja se ha volcado con la capital en la organizaci&oacute;n de competiciones internacionales de diferentes disciplinas deportivas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rioja2]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/la-rioja/convenio-capitalidad-rioja-reserva-logrono-tres-millones-euros_1_12823928.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Dec 2025 12:36:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Inversiones,Logroño,La Rioja,Capitalismo,Convenios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Estamos conectados, pero no acompañados”: lo que aprendimos tras contar que ya no compartimos la vida, nos la resumimos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/conectados-no-acompanados-aprendimos-contar-no-compartimos-vida-resumimos_1_12820292.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/106b2724-9d61-43df-ba49-05086846eeee_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="“Estamos conectados, pero no acompañados”: lo que aprendimos tras contar que ya no compartimos la vida, nos la resumimos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La conversación social generada por el artículo que denunciaba la cultura de quedar para ponerse al día, revela que tenemos un problema con nuestras relaciones; especialmente en las ciudades</p><p class="subtitle">La cultura de quedar para ponerse al día con amigos: por qué ya no compartimos la vida, nos la resumimos
</p></div><p class="article-text">
        Me intriga much&iacute;simo el mecanismo por el cual un art&iacute;culo o una publicaci&oacute;n en redes sociales se vuelve viral. A veces todo parece un capricho del algoritmo, un hecho arbitrario de una m&aacute;quina de funcionamiento opaco que decide qu&eacute; merece circular y qu&eacute; no.&nbsp;Y esa sensaci&oacute;n, siendo honesto, resulta un poco desesperanzadora: &iquest;c&oacute;mo hacer llegar una idea a los dem&aacute;s en un ecosistema dominado por plataformas enormes que deciden qu&eacute; compartir y qu&eacute; no?
    </p><p class="article-text">
        Otras veces, en cambio, ocurre lo contrario: algo que escribes, con la misma ilusi&oacute;n de siempre, encuentra una grieta en la atenci&oacute;n colectiva y se propaga con una rapidez que incluso puede llegar a superarte. Entonces quieres creer que a&uacute;n queda esperanza y que cuando un tema realmente toca una fibra, acaba llegando, a pesar de todo.
    </p><p class="article-text">
        La semana pasada se public&oacute; un art&iacute;culo con el que pas&oacute; exactamente eso. Se titulaba<em> '</em><a href="https://www.eldiario.es/era/cultura-quedar-ponerse-dia-amigos-no-compartimos-vida-resumimos_1_12791667.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La cultura de quedar para ponerse al d&iacute;a con amigos: por qu&eacute; ya no compartimos la vida, nos la resumimos</em></a><em>'</em> y se expandi&oacute; en redes con una velocidad que confirm&oacute; que esa intuici&oacute;n de que algunas personas podr&iacute;an sentirse identificadas con &eacute;l era correcta.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto sali&oacute;, mis bandejas de entradas se llenaron de mensajes diciendo &ldquo;esto es exactamente lo que me pasa&rdquo;. La publicaci&oacute;n que hab&iacute;a hecho <a href="https://www.instagram.com/p/DRfSyc5DD_3/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en mi cuenta personal de Instagram</a>, estaba siendo compartida por personas desconocidas a un ritmo creciente. Tambi&eacute;n algunos de mis amigos me escribieron para preguntarme: &ldquo;A nosotros no nos pasa, &iquest;no?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, sin duda, uno de los puntos de inflexi&oacute;n en la distribuci&oacute;n del art&iacute;culo fue el v&iacute;deo que public&oacute; la ilustradora Adela Angulo, conocida en Internet como <a href="https://www.instagram.com/adelapordiosxd/?hl=es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Adela por Dios</a>, que dispar&oacute; su alcance, especialmente en TikTok donde, en el momento de escribir este art&iacute;culo, ha superado el mill&oacute;n de visualizaciones.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7577442756226764054"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Cuando le pregunto a Adela por qu&eacute; raz&oacute;n decidi&oacute; grabar este v&iacute;deo, me responde que porque le removi&oacute; algo emocionalmente: &ldquo;Me pareci&oacute; muy triste&rdquo;. &ldquo;Me da mucha pena confirmar algo que ya sospechaba, que es as&iacute; y que no tiene pinta de que vaya a cambiar. Sent&iacute; mucha comprensi&oacute;n respecto a esa sensaci&oacute;n de insatisfacci&oacute;n constante que tengo cuando hago este tipo de quedadas en las que quedas con alguien para resumirle los &uacute;ltimos acontecimientos de tu vida, que es la mayor&iacute;a de veces&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tambi&eacute;n me pareci&oacute; interesante tener la confirmaci&oacute;n de que las redes desplazan la vida. Es decir, en teor&iacute;a nacieron para complementar, para salvar distancias insalvables entre las personas, pero han pasado a literalmente sustituir las relaciones reales&rdquo;, contin&uacute;a. &ldquo;Si te lo puedo contar por audio, pues ya no hace falta que quedemos&rsquo;, pensamos. A m&iacute; misma esto me pasa mucho, pero luego me invade una sensaci&oacute;n de vac&iacute;o, de que aunque haya mucha gente alrededor yo no me siento acompa&ntilde;ada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con el v&iacute;deo quer&iacute;a &ldquo;saber si m&aacute;s gente se sent&iacute;a as&iacute;, si era una sensaci&oacute;n com&uacute;n o una cosa particular m&iacute;a. Ir&oacute;nicamente, lo compart&iacute; por redes, donde se gener&oacute; un debate muy chulo, pero habr&iacute;a estado guay contarlo tom&aacute;ndome algo con mis amigas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Tristeza, culpa e incomodidad compartida</h2><p class="article-text">
        Como demuestra la viralidad del art&iacute;culo, mucha m&aacute;s gente se sinti&oacute; como Adela y tambi&eacute;n decidi&oacute; compartirlo en sus propios canales. Es el caso, por ejemplo, de la psic&oacute;loga <a href="https://www.instagram.com/psicofem.lgtbi/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Andrea Mezquida</a>, que me cuenta: &ldquo;A nivel personal me toc&oacute; bastante porque yo lo vivo en primera persona. A d&iacute;a de hoy quedo con mis amigas para ponernos al d&iacute;a y no tanto para hacer cosas como hac&iacute;amos antes&rdquo;. Siente que &ldquo;la vida adulta, el aceleramiento y el hecho de que el trabajo est&eacute; en el centro de nuestras vidas&rdquo; ha transformado la amistad en algo que hay que encajar &ldquo;como si fuera una tarea m&aacute;s&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La vida adulta, el aceleramiento y el hecho de que el trabajo esté en el centro de nuestras vidas ha transformado la amistad en algo que hay que encajar como si fuera una tarea más</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Andrea Mezquida</span>
                                        <span>—</span> psicóloga
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Desde el punto de vista profesional, Andrea explica que a su consulta acuden muchos pacientes j&oacute;venes (aunque tambi&eacute;n m&aacute;s mayores), que &ldquo;manifiestan que prefieren estar en casa sin hacer nada o sumergidos en sus cosas que quedar con sus amigos porque eso les supone una tarea. Prefieren estar con el m&oacute;vil&rdquo;. Y contin&uacute;a: &ldquo;Es algo bastante preocupante porque veo a mucha gente que sufre de ansiedad social y que vive con mucha angustia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La artista multidisciplinar <a href="https://www.instagram.com/mx.tarantula/?hl=es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tar&aacute;ntula</a> tambi&eacute;n decidi&oacute; compartir el art&iacute;culo en sus redes. En su caso, el tema le result&oacute; una llamada de atenci&oacute;n. Tambi&eacute;n la hizo sentirse algo culpable. Cree que, en cualquier caso, &ldquo;est&aacute; bien haberle podido poner nombre a algo que considero clave para hacer que mis conexiones sean m&aacute;s significativas o que con el tiempo vayan perdiendo calidad&rdquo;.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DRk1IOtlHFh/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        La cantante <a href="https://www.instagram.com/annibsweetofficial/?hl=es" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Anni B Sweet,</a> que tambi&eacute;n lo comparti&oacute;, habla desde un lugar parecido. Al leer el art&iacute;culo, sinti&oacute; que &ldquo;pon&iacute;a palabras a algo que llevo notando desde hace mucho tiempo&rdquo;, explica. &ldquo;Me conmovi&oacute; porque sent&iacute; que hablaba de una soledad compartida. Estamos rodeados de mensajes pero con mucha falta de presencia, de tiempo lento y de ese tipo de conversaciones que no caben en una pantalla. Soy de una generaci&oacute;n que ha crecido entre lo anal&oacute;gico y lo digital y me siento negociando continuamente con esa forma de relacionarnos mediada por pantallas y por la rapidez, donde todo se comprime. Siento nostalgia por la profundidad y la cercan&iacute;a, pero el ritmo actual nos empuja a la superficialidad todo el rato&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y a&ntilde;ade algo m&aacute;s: &ldquo;Adem&aacute;s, me crea una ansiedad extra&ntilde;a sentir que todo lo que se cuenta debe ser breve. Es como si tuvi&eacute;ramos que estar editando nuestra propia vida para que no aburra (quiz&aacute; por influencia de las redes) y esa presi&oacute;n por sintetizar ha acabado calando en la vida real&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estamos rodeados de mensajes pero con mucha falta de presencia, de tiempo lento y de ese tipo de conversaciones que no caben en una pantalla</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Anni B Sweet</span>
                                        <span>—</span> cantante
                      </div>
          </div>

  </blockquote><h2 class="article-text">Amistad convertida en log&iacute;stica</h2><p class="article-text">
        Otro de los aspectos que se&ntilde;alaron muchas personas en sus comentarios al respecto del art&iacute;culo tiene que ver con que las amistades, a menudo, se han vuelto una gesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La poeta <a href="https://www.instagram.com/amalia.buitrago/" target="_blank" rel="nofollow" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Amalia Buitrago</a> lo resume con una precisi&oacute;n brutal: &ldquo;Hemos convertido la amistad en una gesti&oacute;n log&iacute;stica y eso es algo que nos satura y nos cansa. Mis amigas y yo llevamos a&ntilde;os compartiendo estas impresiones y hablar de ello lo hace real&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Amalia recuerda c&oacute;mo, cuando era adolescente, ten&iacute;a un pacto t&aacute;cito con sus amigas del barrio: todos los fines de semana se iban a ver, no precisamente para hacer nada, solo iban a juntarse. &ldquo;No s&eacute; si era porque &eacute;ramos m&aacute;s peque&ntilde;as y entonces no cab&iacute;a ese ocio relacionado con el consumismo como ir de bares, a centros comerciales o a actividades concretas que suponen dinero&rdquo;, recuerda. &ldquo;Entonces no nos quedaba otra que salir por ah&iacute;, dar vueltas, sentarnos en bancos y ese tipo de cosas. Cuando creces, la cosa cambia&rdquo;. Ahora todo pasa por agendas, tiempos, distancias y disponibilidad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando creces, la cosa cambia. Ahora todo pasa por agendas, tiempos, distancias y disponibilidad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Amalia Buitrago</span>
                                        <span>—</span> poeta
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al principio, Paula Pardo, creativa publicitaria, no se sinti&oacute; nada reflejada en el art&iacute;culo: &ldquo;Lo primero que sent&iacute; fue alivio porque pens&eacute; que no hablaba de m&iacute;&rdquo;. Ella siente que s&iacute; que vive sus amistades de una forma plena, pero el tema se qued&oacute; flotando en su cabeza. &ldquo;Al rato me di cuenta de que <a href="https://www.eldiario.es/era/dia-gestionando-emociones-no-paramos-hablar-si-estuvieramos-consulta-psicologo_1_12591345.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uso constantemente palabras como gestionar, buscar hueco, organizar&hellip;</a> Esos t&eacute;rminos est&aacute;n totalmente establecidos en las conversaciones con mis amigos, lo que resulta un poco sospechoso&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Generacional, urbano o consecuencia de un capitalismo asfixiante?</h2><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a decir que la mayor&iacute;a de las personas que compartieron el art&iacute;culo en redes entraban en la categor&iacute;a de &ldquo;j&oacute;venes&rdquo;. &iquest;Implica esto que se trata de un problema generacional? &iquest;O tiene m&aacute;s que ver con que una gran parte de los usuarios de estas plataformas pertenecen a las nuevas generaciones?
    </p><p class="article-text">
        Casi todas las entrevistadas coinciden en que hay un componente generacional en todo esto. Incluso aunque algunas de sus causas&nbsp;impacten en todas las franjas de edad. Sin embargo, de alguna forma, tal y como opina Adela, las personas que hoy en d&iacute;a tienen en torno a 30 a&ntilde;os se encuentran en el epicentro de fen&oacute;menos de este tipo, provocados por fuerzas como el capitalismo, la cultura del rendimiento o la sensaci&oacute;n de que no hay futuro. &ldquo;Pero es que adem&aacute;s estamos en un momento en el que es necesario tomar muchas decisiones que afectar&aacute;n al resto de nuestra vida como &lsquo;&iquest;tengo hijos o no?&rsquo;, &lsquo;&iquest;deber&iacute;a reorientar mi carrera profesional?&rsquo;, etc. Con lo que la sensaci&oacute;n de soledad que ya es intr&iacute;nseca de este momento vital, se magnifica&rdquo;, explica.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En los pueblos te encuentras por la calle y te vas a tomar un café. Todo es mucho más sencillo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cristina Santa Quiteria</span>
                                        <span>—</span> fotógrafa
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Otras voces tambi&eacute;n matizan la mirada general. <a href="https://www.instagram.com/cristinasantaquiteria/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cristina Santa Quiteria</a>, fot&oacute;grafa, que creci&oacute; en un entorno rural de La Mancha, cree que m&aacute;s que generacional, el problema es sobre todo urbano: &ldquo;Esto en los pueblos no pasa&rdquo;, afirma con rotundidad. &ldquo;Puedes tener mucho trabajo, puedes tener criaturas, puedes tener la hipoteca, el coche, etc&eacute;tera, pero la gente queda m&aacute;s a menudo. Es mucho m&aacute;s espont&aacute;nea con el quedar. En los pueblos te encuentras por la calle y te vas a tomar un caf&eacute;. Todo es mucho m&aacute;s sencillo&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Puede cambiar algo?</h2><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de tantas conversaciones, surge inevitablemente la pregunta: si todos sentimos que algo no funciona, &iquest;por qu&eacute; no lo cambiamos? Lo que aflora sobre todo entre las entrevistadas no es una respuesta, sino una mezcla de deseo, duda y un cierto alivio simplemente por hablar de ello.
    </p><p class="article-text">
        La poeta Amalia Buitrago reconoce que simplemente hablar con sus amigas la ayud&oacute; a ver el problema con m&aacute;s claridad, aunque no haya alcanzado todav&iacute;a una soluci&oacute;n. &ldquo;Intento buscar soluciones y me encuentro estancada&hellip; Me da miedo porque hay mucha gente a la que quiero much&iacute;simo y distanciarme de ellas me duele, pero como la rueda esta del capitalismo, de la productividad, de la eficiencia no la puedo parar, no puedo parar mi trabajo ni el suyo, ni la hora que tengo hasta llegar a su casa. &iquest;Qu&eacute; hacemos?&rdquo;, se pregunta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La artista Tar&aacute;ntula, m&aacute;s combativa, prefiere pensar en t&eacute;rminos de resistencia cotidiana: &ldquo;En el fondo soy una persona muy orgullosa y me niego a que el posmodernismo me coma&rdquo;, asegura. &ldquo;Y voy a hacer todo lo que est&eacute; en mi poder para cambiar esto&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para dar una cierta esperanza, Anni B Sweet visualiza un giro colectivo y pronostica que, quiz&aacute;, tras llegar a una situaci&oacute;n l&iacute;mite en las relaciones, es posible que llegue una especie de &ldquo;resaca digital&rdquo; que nos haga recapacitar a nivel colectivo y volver a la situaci&oacute;n inicial. &ldquo;Cuando algo llega al extremo, de alguna forma la vida empuja hacia el lado contrario. Quiz&aacute; ya est&aacute; empezando a pasar y si no, en todo caso, es muy necesario reflexionar sobre ello&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe src="https://omny.fm/shows/un-tema-al-dia/a-ver-si-nos-vemos-amigos-para-resumirse-la-vida-no-para-compartirla/embed?style=cover" allow="autoplay; clipboard-write" width="100%" height="180" frameborder="0" title="“A ver si nos vemos”: amigos para resumirse la vida, no para compartirla"></iframe>
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juanjo Villalba]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/conectados-no-acompanados-aprendimos-contar-no-compartimos-vida-resumimos_1_12820292.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 04 Dec 2025 21:20:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Estamos conectados, pero no acompañados”: lo que aprendimos tras contar que ya no compartimos la vida, nos la resumimos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nuevas generaciones,Capitalismo,Amistad,Instagram,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres años de ChatGPT: la máquina que no pudo quitarte el trabajo ahora va a por tus secretos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/tres-anos-chatgpt-maquina-no-pudo-quitarte-trabajo-ahora-secretos_1_12804529.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/72f4dd17-4230-4b2e-9ec8-b16e33aaef59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tres años de ChatGPT: la máquina que no pudo quitarte el trabajo ahora va a por tus secretos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sam Altman, para quien la publicidad era "el último recurso" de OpenAI, abre la puerta a insertar anuncios en ChatGPT basados en los datos personales de los usuarios ante los problemas con el negocio corporativo</p><p class="subtitle">OpenAI se ha comprometido a gastar 1,3 billones en IA sin tener beneficios: ¿de dónde saldrá el dinero?</p></div><p class="article-text">
        Hace tres a&ntilde;os, el mundo contuvo la respiraci&oacute;n. Una compa&ntilde;&iacute;a que entonces pocos conoc&iacute;an fuera de los c&iacute;rculos especializados, OpenAI, lanz&oacute; un producto que pod&iacute;a pasar el test de Turing, la prueba que hasta entonces defin&iacute;a la inteligencia de una m&aacute;quina: sin tener otras referencias, era casi imposible distinguir si el que estaba contestando era un humano o ChatGPT.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;De hecho, si crees que es una persona, la impresi&oacute;n que te llevas es que es la persona m&aacute;s culta que conoces&rdquo;, recuerda Enrique Dans, profesor de Innovaci&oacute;n y Tecnolog&iacute;a en IE Business School. Muchos marcaron aquel 30 de noviembre de 2022 como el principio de una nueva era. La revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica de la inteligencia artificial parec&iacute;a a punto de desbordarse. ChatGPT se convirti&oacute; en la herramienta digital de m&aacute;s r&aacute;pida adopci&oacute;n de la historia, todo el mundo quer&iacute;a hablar con el futuro. &ldquo;Fue el m&aacute;ximo exponente de viralidad que hemos conocido&rdquo;, enfatiza Dans. 
    </p><p class="article-text">
        OpenAI y su l&iacute;der, Sam Altman, aprovecharon la situaci&oacute;n para colocarse en el centro de todas las conversaciones. Una posici&oacute;n de privilegio que la ha convertido en &ldquo;la empresa privada m&aacute;s valiosa del mundo, por encima de los 500.000 millones de d&oacute;lares&rdquo;, explica Karen Hao, autora de <em>El Imperio de la IA. Sam Altman y su carrera por dominar el mundo</em> (Pen&iacute;nsula). Pero tambi&eacute;n en &ldquo;una empresa llena de secretos y que ha cambiado mucho desde entonces&rdquo;, prosigue.
    </p><p class="article-text">
        En estos m&aacute;s de 1.000 d&iacute;as las emociones del resto del mundo sobre ChatGPT y OpenAI tambi&eacute;n han cambiado. Del asombro inicial, la sociedad transit&oacute; a la ansiedad por el reemplazo laboral que la m&aacute;quina pod&iacute;a llevar a cabo y el profundo impacto que esto tendr&iacute;a en las econom&iacute;as y la vida de la gente. Un extremo sobre el que ahora existen grandes dudas. &ldquo;Estamos muy lejos de poder sacar al humano del bucle de trabajo. No va a ser la purga. La IA seguir&aacute; necesitando un trabajo de supervisi&oacute;n&rdquo;, expone Dans.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Parece hecho con ChatGPT&rdquo;</h2><p class="article-text">
        ChatGPT ya est&aacute; en lo m&aacute;s profundo de nuestro imaginario colectivo. Pero no como amenaza existencial, sino como sin&oacute;nimo de algo que parece bueno en la forma, pero en realidad est&aacute; vac&iacute;o de contenido. La inteligencia artificial generativa no puede crear conocimiento original por s&iacute; misma. Hablando con ella, las personas hemos descubierto que tenemos un sentido especial para detectar esto que a&ntilde;ade un sentido m&aacute;s profundo al antiguo test de Turing.
    </p><p class="article-text">
        Es una sensaci&oacute;n que, cuando se traslada a la econom&iacute;a, se puede medir. &ldquo;La gran mayor&iacute;a de implementaciones corporativas est&aacute; arrojando una satisfacci&oacute;n bastante baja&rdquo;, adelanta el profesor de la IE Business School. 
    </p><p class="article-text">
        La conclusi&oacute;n est&aacute; aflorando en estudios e iniciativas privadas. Un informe del MIT (Massachusetts Institute of Technology) publicado en julio analiz&oacute; m&aacute;s de 300 proyectos piloto basados en inteligencia artificial generativa, junto con iniciativas lanzadas en 52 empresas y entrevistas a 153 altos ejecutivos de todo el mundo. Sus resultados fueron que&nbsp;<a href="https://mlq.ai/media/quarterly_decks/v0.1_State_of_AI_in_Business_2025_Report.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 95% de las organizaciones no est&aacute;n obteniendo ning&uacute;n tipo de retorno por su inversi&oacute;n</a>.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <br>

<iframe title="¿Por qué fallan los proyectos piloto de IA generativa?" aria-label="Gráfico de barras" id="datawrapper-chart-DPklX" src="https://datawrapper.dwcdn.net/DPklX/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="369" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">!function(){"use strict";window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}})}();
</script>

<br>
    </figure><p class="article-text">
        Otras grandes voces hab&iacute;an avisado antes de ello. Daron Acemoglu, Premio Nobel de Econom&iacute;a en 2024, ha publicado varios an&aacute;lisis al respecto. <a href="https://mitsloan.mit.edu/ideas-made-to-matter/a-new-look-economics-ai" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Su valoraci&oacute;n m&aacute;s reciente</a>, de este 2025, estima que la IA apenas mejorar&aacute; la productividad global en torno al 0,7% en la pr&oacute;xima d&eacute;cada. En cuanto al empleo, calcula que menos del 5% de los trabajos en pa&iacute;ses desarrollados se ver&aacute;n realmente afectados.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que la cifra sea peque&ntilde;a, podr&iacute;a equivaler a centenares de miles de despidos en el mundo. Un proceso que ya se est&aacute; notando en tecnol&oacute;gicas como <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/amazon-plantea-ere-1-200-empleados-oficina-espana_1_12731343.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Amazon</a>, <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/meta-planea-eliminar-600-puestos-trabajo-departamento-ia-medios-locales_1_12706553.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Meta</a> o <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/tecnologica-hp-despedira-10-plantilla-global-ahorrar-costes-inteligencia-artificial_1_12798503.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">HP</a>. Pero lejos de la revoluci&oacute;n industrial que muchos esperaban. &ldquo;Hay mucho entusiasmo por la IA y no hay duda de que estos modelos est&aacute;n haciendo cosas que la gente pensaba que ser&iacute;an imposibles hace 10 a&ntilde;os. Es un gran logro, impresionante en muchos sentidos. Pero cuando se analizan los datos, la mayor&iacute;a de las cosas que hacen los humanos estos modelos a&uacute;n no pueden hacerlas&rdquo;, explicaba Acemoglu en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=dV6YvwUhUCk" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una entrevista</a>.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La IA es un gran logro, impresionante en muchos sentidos. Pero cuando se analizan los datos, la mayoría de las cosas que hacen los humanos, estos modelos aún no pueden hacerlas</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Daron Acemoglu </span>
                                        <span>—</span> Premio Nobel de Economía en 2024
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;En 50 a&ntilde;os, todo es posible, no sabemos qu&eacute; ser&aacute; posible y qu&eacute; no con la IA. Pero para los pr&oacute;ximos 10 a&ntilde;os, sabemos m&aacute;s o menos lo que las tecnolog&iacute;as ser&aacute;n capaces de hacer porque ya tenemos los prototipos y est&aacute;n evolucionando a un ritmo determinado&rdquo;, continuaba.
    </p><p class="article-text">
        Esto est&aacute; haciendo que la IA entre en lo que Gartner llama <a href="https://www.gartner.com/en/articles/hype-cycle-for-artificial-intelligence" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;el abismo de la desilusi&oacute;n&rdquo;</a>. La consultora recoge que los ejecutivos que han apostado por la IA est&aacute;n teniendo problemas para demostrar el valor de la inteligencia artificial generativa para el negocio. &ldquo;A pesar de un gasto medio de 1,9 millones de d&oacute;lares en iniciativas de IA generativa en 2024, menos del 30% de los responsables de IA afirman que sus directores generales est&aacute;n satisfechos con el rendimiento de la inversi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;abismo de la desilusi&oacute;n&rdquo; supone un punto de inflexi&oacute;n. Es el momento en el que inversores y altos ejecutivos dejan a un lado su entusiasmo inicial con la tecnolog&iacute;a y empiezan a promover la &ldquo;construcci&oacute;n responsable de innovaciones funcionales&rdquo;, explica Gartner. Es decir, dejan de imaginar castillos en el aire y empiezan a analizar qu&eacute; es lo que se puede hacer con ella para generar beneficios. 
    </p><h2 class="article-text">La trampa de la privacidad</h2><p class="article-text">
        Los problemas de las compa&ntilde;&iacute;as para encontrar utilidades s&oacute;lidas para ChatGPT y la IA generativa contrastan con el uso que millones de personas hacen de ella en su d&iacute;a a d&iacute;a. En lo personal, la adopci&oacute;n ha seguido otro camino: menos hollywoodiense, pero m&aacute;s real.  La gente ha descubierto que la herramienta funciona especialmente bien como copiloto para lo cotidiano: desde planificar rutinas a ordenar ideas, pasando por su uso como motor de aprendizaje o trampol&iacute;n para la curiosidad. 
    </p><p class="article-text">
        Los casos de &eacute;xito son numerosos y diversos. Claudia, estudiante de Medicina, confiesa que ChatGPT le ha permitido entender conceptos que en clase se le resisten: &ldquo;Es como tener un profesor disponible las 24 horas que adapta las explicaciones a tu nivel&rdquo;. Carlos, desarrollador en una startup madrile&ntilde;a, reconoce que su productividad ha aumentado: &ldquo;No escribe el c&oacute;digo por m&iacute;, pero me ayuda a detectar errores y a explorar soluciones que yo solo no habr&iacute;a considerado&rdquo;. Pero hay algo m&aacute;s: &ldquo;En general le pregunto de todo, o voy hablando con &eacute;l mientras paseo al perro&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Todas esas automatizaciones que no est&aacute;n terminando de encajar en lo empresarial se han asumido con naturalidad en la vida privada, donde las personas s&iacute; han sabido extraerle un gran valor. El historial de Google es cosa del pasado: ahora se puede saber mucho m&aacute;s de una persona accediendo a sus conversaciones con ChatGPT.
    </p><p class="article-text">
        Y es aqu&iacute; donde los expertos avisan de que nos estamos acercando a una frontera peligrosa. &ldquo;Inicialmente, la gente pensaba que era m&aacute;s como una herramienta de b&uacute;squeda&rdquo;, explica Karen Hao. &ldquo;Pero hemos visto una tendencia &uacute;ltimamente en la que mucha gente considera a ChatGPT como una especie de terapeuta, un mentor o incluso un amante&rdquo;. Usuarios que est&aacute;n desarrollando una <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/psicologo-chatgpt-buscar-ayuda-emocional-inteligencia-artificial-supone-riesgos-adolescentes_1_12564226.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dependencia emocional del chatbot</a>, que no reh&uacute;sa conversaciones <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/descansa-paz-rey-nuevas-demandas-acusan-openai-sam-altman-inducir-suicido-usuarios-chatgpt_1_12757831.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ni siquiera sobre el suicidio</a>. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">OpenAI está generando espacios y superficies en los que puedes meter anuncios y creo que eso les llevará al 100% a utilizar los datos de los usuarios </p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Karen Hao</span>
                                        <span>—</span> autora de &#039;El Imperio de la IA. Sam Altman y su carrera por dominar el mundo&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n, unida a las dificultades para extraer rentabilidad a partir del modelo de suscripci&oacute;n, podr&iacute;a convertirse en el preludio de un negocio familiar: la publicidad basada en el conocimiento profundo del usuario. &ldquo;Vemos que OpenAI est&aacute; ah&iacute; presente. Est&aacute;n generando espacios y superficies en los que puedes meter anuncios y creo que eso les llevar&aacute; al 100% a utilizar los datos de los usuarios para ver c&oacute;mo llevar a cabo esos anuncios&rdquo;, advierte Hao.
    </p><p class="article-text">
        La autora de El imperio de la IA se refiere a <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/openai-presenta-app-tiktok-hecho-ia-tienes-probarla-entenderla_1_12646924.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sora</a>, la nueva red social de OpenAI en la que todo el contenido es sint&eacute;tico; a la herramienta que permite llevar a cabo <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/chatgpt-podra-utilizar-partir-ahora-compra-directa-productos_1_12645252.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">compras</a> directamente a trav&eacute;s de ChatGPT cuando se pregunta por un producto en concreto; o al navegador que han desarrollado. Iniciativas que recuerdan mucho a las aplicaciones de Meta y de Google, las dos grandes multinacionales de la extracci&oacute;n de datos para la publicidad online. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, no es que OpenAI no haya hecho esto antes. &ldquo;T&eacute;cnicamente, ya est&aacute;n haciendo dinero con los datos de las personas, utiliz&aacute;ndolos para entrenar las siguientes generaciones de sus modelos. Y esos modelos los venden con suscripciones&rdquo;, recuerda Hao. La empresa tampoco tuvo reparos en <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/openai-dice-ahora-habria-sido-imposible-entrenar-chatgpt-saltarse-copyright_1_10823563.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">saltarse el copyright</a> de infinidad de obras protegidas para que ChatGPT pudiera seguir mejorando.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estamos montando otro complejo industrial como el de las redes sociales, pero peor aún</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Enrique Dans</span>
                                        <span>—</span> profesor de Innovación y Tecnología en IE Business School 
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Observando lo que est&aacute;n haciendo, todo apunta a que de lo que estamos hablando aqu&iacute; es de reproducir todo lo que hicimos mal con las redes sociales&rdquo;, coincide Enrique Dans. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; son las redes sociales en realidad? Son m&aacute;quinas de capturar datos para luego venderlos al mejor postor. &iquest;Qu&eacute; pasa si en lugar de simplemente dar <em>me gusta</em> o poner un comentario, lo que haces es estar todo el d&iacute;a hablando con esa m&aacute;quina? Pues que le das todos los datos del mundo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El riesgo, seg&uacute;n el experto, es que estamos &ldquo;montando otro complejo industrial como el de las redes sociales, pero peor a&uacute;n&rdquo;, donde la tecnolog&iacute;a no solo registra lo que hacemos, sino que procesa lo que pensamos y sentimos en tiempo real.
    </p><h2 class="article-text">El giro de Altman: &ldquo;Me gustan los anuncios de Instagram&rdquo;</h2><p class="article-text">
        OpenAI se ha comprometido a gastar <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/openai-comprometido-gastar-1-3-billones-ia-beneficios-saldra-dinero_1_12760825.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">1,3 billones de d&oacute;lares</a> (1.300.000.000.000) hasta 2030 para conseguir m&aacute;s capacidad de computaci&oacute;n para seguir mejorando ChatGPT. En agosto, su directora financiera revel&oacute; que hab&iacute;an conseguido sobrepasar por primera vez los 1.000 millones de d&oacute;lares de ingresos en un mes. La masiva diferencia entre ambas cifras y los problemas de la IA generativa en el entorno empresarial es lo que empuja a los expertos a pensar que OpenAI girar&aacute; hacia el negocio de los datos personales. 
    </p><p class="article-text">
        OpenAI no ha contestado a la solicitud de informaci&oacute;n enviada por elDiario.es sobre estas cuestiones. No obstante, Altman ya ha abierto la puerta a los anuncios este 2025. El ejecutivo ha dado un giro de 180&ordm; en apenas un a&ntilde;o. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=FVRHTWWEIz4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Esto es lo que dec&iacute;a Altman en mayo de 2024</a>: &ldquo;Odio los anuncios&rdquo;; &ldquo;la publicidad ser&iacute;a el &uacute;ltimo recurso para nosotros&rdquo;; &ldquo;la combinaci&oacute;n de anuncios con IA me resulta especialmente inquietante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y este es Altman en <a href="https://stratechery.com/2025/an-interview-with-openai-ceo-sam-altman-about-devday-and-the-ai-buildout/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">noviembre de 2025</a>: &ldquo;Hay muchas cosas que respeto del negocio de Meta&rdquo;, &ldquo;Me encantan los anuncios de Instagram, me han aportado valor&rdquo;, &ldquo;probablemente exista alg&uacute;n producto publicitario interesante que podamos desarrollar y que sea beneficioso para el usuario&rdquo; o &ldquo;<a href="https://conversationswithtyler.com/episodes/sam-altman-2/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hay anuncios que creo que ser&iacute;an muy buenos o bastante buenos</a>. Espero que lo intentemos en alg&uacute;n momento&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que no sea una contradicci&oacute;n y que ChatGPT est&eacute; ya, tan solo tres a&ntilde;os despu&eacute;s de salir a la luz, en territorio de explorar ese &ldquo;&uacute;ltimo recurso&rdquo;. Es la otra caracter&iacute;stica de lo viral: caduca r&aacute;pido. En poco m&aacute;s de 1.000 d&iacute;as, la herramienta que llegaba del futuro ha pasado a coquetear con el modelo de negocio m&aacute;s viejo de Internet. Ahora sabemos que el futuro tiene un precio, y podr&iacute;a ser otra vez nuestra privacidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos del Castillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/tecnologia/tres-anos-chatgpt-maquina-no-pudo-quitarte-trabajo-ahora-secretos_1_12804529.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Nov 2025 21:17:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Tres años de ChatGPT: la máquina que no pudo quitarte el trabajo ahora va a por tus secretos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/72f4dd17-4230-4b2e-9ec8-b16e33aaef59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[OpenAI,ChatGPT,Sam Altman,Inteligencia artificial,Meta,Publicidad,Google,Capitalismo,Silicon Valley]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Antineutral', un ensayo revolucionario para cambiar la música en directo: “La utopía tiene que ser el combustible de la izquierda”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/antineutral-ensayo-revolucionario-cambiar-musica-directo-utopia-combustible-izquierda_1_12791454.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1663ca3-8ab2-42ba-a243-5a10eea3483e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Antineutral&#039;, un ensayo revolucionario para cambiar la música en directo: “La utopía tiene que ser el combustible de la izquierda”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El músico y politólogo Pepo Márquez publica un ensayo con vocación de manifiesto revolucionario con el que subvertir, desde todos sus vértices, el actual modelo de la industria
</p><p class="subtitle">Natalia Lacunza: “Las víctimas coinciden constantemente con sus abusadores y tienes que hacer como si no pasara nada”
</p></div><p class="article-text">
        Fermin Muguruza, Residente, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/judeline-no-hay-artistas-referentes-musicos-no-especialistas-politica-nutricion_1_11760122.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Judeline,</a> Reincidentes o La &Eacute;lite son algunos de los artistas que cancelaron sus actuaciones en festivales vinculados al fondo inversor KKR tras conocerse, el pasado mes de mayo, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/son-vinculos-fondo-inversion-kkr-israel-afectan-festivales-espanoles_1_12621582.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su vinculaci&oacute;n con iniciativas que promueven la ocupaci&oacute;n israel&iacute; en Palestina</a>. Un gesto que, en calidad de boicot, sirvi&oacute; para visibilizar &ldquo;el poder simb&oacute;lico de la m&uacute;sica como herramienta de resistencia&rdquo;, tal y como se&ntilde;ala el m&uacute;sico y polit&oacute;logo Pepo M&aacute;rquez en su reciente en<em>sayo Antineutral. M&uacute;sica y econom&iacute;a moral en la era del turbocapitalismo </em>(Liburuak, 2025).
    </p><p class="article-text">
        Estos festivales &ndash;entre los que se cuentan <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/sonar-2026-abandona-definitivamente-barcelona-mudar-totalidad-programacion-musical-l-hospitalet_1_12782488.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el S&oacute;nar,</a> el Vi&ntilde;a Rock, el FIB de Benic&agrave;ssim o el Arenal Sound&ndash; siguen adelante tras la zozobra y anuncian ahora sus primeras confirmaciones. The Prodigy, The Kooks, Cabaret Voltaire, Dimitri Vegas o Lori Meyers son algunos de los nombres que participar&aacute;n en las pr&oacute;ximas ediciones de unos macroeventos que, aparentemente, no dan muestra de debilitamiento. &ldquo;No creo que les vaya a pasar factura, tampoco lo vamos a saber a no ser que vayamos <em>in situ</em> a medirlo&rdquo;, explica M&aacute;rquez, quien apunta como causa principal de este respaldo la desactivaci&oacute;n de una amplia mayor&iacute;a del p&uacute;blico: &ldquo;No es suficiente motivo para no pegarse la buena fiesta el que los due&ntilde;os que t&uacute; no conoces de un festival est&eacute;n haciendo no s&eacute; qu&eacute; en Palestina&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y es un problema estructural, porque a alguien que se ha metido 12&nbsp;horas al d&iacute;a currando durante todo un puto a&ntilde;o, que gana una mierda, que no puede independizarse, y cuyo horizonte de expectativas es difuso en el mejor de los casos, no se le puede pedir, desde el privilegio, que sea impoluto en sus decisiones econ&oacute;micas ni de gasto de bolsillo&rdquo;, contin&uacute;a M&aacute;rquez.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La causa palestina</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;Lo de KKR fue quiz&aacute; la gota que colm&oacute; el vaso&rdquo;, dice Pepo M&aacute;rquez sobre la gestaci&oacute;n de este ensayo que, si bien fue fragu&aacute;ndose durante dos a&ntilde;os, se ha escrito en los &uacute;ltimos meses. La causa palestina abre y cierra<em> Antineutral</em>. Una representaci&oacute;n territorial de Palestina acompa&ntilde;ada del lema &ldquo;Desde el r&iacute;o hasta el mar, Palestina ser&aacute; libre&rdquo; introduce al lector en la obra. En la &uacute;ltima p&aacute;gina, tras los agradecimientos, la frase &ldquo;Befreit Pal&auml;stina von der deutschen Schuld! / &iexcl;Liberen Palestina de la culpa alemana!&rdquo; sirve de conclusi&oacute;n.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/9ee2984b-a046-4859-a16c-5522c4ceb0d8_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &ldquo;En Alemania me hubieran detenido por esto&rdquo;, revela M&aacute;rquez, quien vive en Hamburgo desde 2022. &ldquo;Milito en el partido pol&iacute;tico MeRA25 y hemos tenido polic&iacute;a secreta vigil&aacute;ndonos. Era muy importante para m&iacute; que el principio y el final del libro fuesen un claro posicionamiento en favor de Palestina. Que, adem&aacute;s, es algo simb&oacute;lico. No se trata solo de Palestina: es estar a favor del altermundialismo y de las v&iacute;ctimas del colonialismo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Antineutral</em>, cuyo t&iacute;tulo funciona ya como consigna, insta a posicionarse y desplegar resistencias en un momento en que la industria musical, arrastrada por el engranaje turbocapitalista, est&aacute; adquiriendo un cariz marcadamente siniestro: &ldquo;Se est&aacute; llegando a un punto en el que es inasumible decir que se forma parte de esto sin sonrojarse y sin que te provoque sufrimiento&rdquo;, confiesa M&aacute;rquez. Con vocaci&oacute;n de manifiesto revolucionario, este ensayo es exhaustivo e inspirador, equilibrado en el planteamiento tanto del marco te&oacute;rico del hecho cultural como de su casu&iacute;stica y con un af&aacute;n esclarecedor que nutre con profusas notas al pie. El autor dibuja aqu&iacute; una panor&aacute;mica actual desoladora, con especial atenci&oacute;n a la financiaci&oacute;n de la m&uacute;sica en directo y, a continuaci&oacute;n, ofrece f&oacute;rmulas y herramientas para subvertirla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque no siempre fue as&iacute;. M&aacute;rquez, quien al final de <em>Antineutral </em>entona<em> </em>un simb&oacute;lico <em>mea culpa</em> como ferviente testigo del germen festivalero, se afana en marcar distancias entre aquel fen&oacute;meno surgido en la era preinternet, all&aacute; por los 90, y el modelo de negocio actual: &ldquo;A lo sumo, antes le est&aacute;bamos dando de ganar a la gente m&aacute;s indeseable de la ciudad, pero no est&aacute;bamos vinculados con un genocidio en curso. No es que antes fuera mejor. Es que este y todos los negocios han evolucionado de una manera en la que ya no podemos escapar. Yo al final asumo lo que me dicen mis amigas y amigos que trabajan en la industria textil: 'La &uacute;nica moda sostenible es no comprar'&rdquo;, declara en relaci&oacute;n con las superestructuras que controlan ahora los macrofestivales. &ldquo;Es todo una gran mentira, una gran mentira que pertenece a una gran mentira mayor&rdquo;.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text"><strong>Artistas y p&uacute;blico</strong></h2><p class="article-text">
        Esta radiograf&iacute;a-manual-de-resistencia de m&aacute;s de 200 p&aacute;ginas se detiene tambi&eacute;n a analizar otros v&eacute;rtices del entramado de la m&uacute;sica como son p&uacute;blico y artistas. Se presenta, por ejemplo, el negocio de las plataformas de <em>streaming</em> como configurador de una nueva generaci&oacute;n de usuarios a los que M&aacute;rquez denomina &ldquo;oyentes pasivos&rdquo; porque &ldquo;no forman parte de nada, les une que consumen, nada m&aacute;s, pero sin intenci&oacute;n cr&iacute;tica&rdquo;. E insiste en que este acceso total a la m&uacute;sica acaba por horizontalizarla: &ldquo;A la gente le da igual escuchar una canci&oacute;n de, y no quiero hacer un <em>name dropping</em> aqu&iacute; injusto, pero le da igual que sea de Amaral que de Fugazi. Les hablan el mismo idioma que es &lsquo;me est&aacute; entreteniendo&rsquo; o &lsquo;est&aacute; rellenando un silencio&rsquo;&rdquo;, apunta.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A la gente le da igual que sea de Amaral que de Fugazi. Les hablan el mismo idioma que es ‘me está entreteniendo’ o ‘está rellenando un silencio&#039;</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Pepo Márquez</span>
                                        <span>—</span> Músico y escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En cuanto a los artistas, <em>Antineutral</em> celebra su resistencia moral, ya sean Massive Attack rechazando participar en el Festival de Coachella o Deerhoof eliminando su cat&aacute;logo de Spotify. Pero tambi&eacute;n enfatiza que este ejercicio es, dada la precariedad de la que adolecen, un privilegio no exigible a todo su conjunto: &ldquo;Hay mucha gente muy v&aacute;lida que, lamentablemente, no es suficientemente grande como Residente para decir &lsquo;yo a este no voy a ir&rsquo;, porque sus ingresos de todo el a&ntilde;o y el de sus equipos dependen de esos festivales&rdquo;, sostiene M&aacute;rquez. Una vulnerabilidad que se multiplicar&iacute;a en caso de cancelar: Rescindir sus contratos expone a los artistas, no solo a la p&eacute;rdida de estos ingresos, sino tambi&eacute;n a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/ivan-ferreiro-odie-anos-80-escuche-amaral-concierto_1_12718823.html?dmplayersource=share-send" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">multas inasumibles derivadas de las cl&aacute;usulas por incumplimiento</a> de los mismos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es la tormenta perfecta: tienes a un p&uacute;blico, en el mejor de los casos, neutral, a unos artistas pillad&iacute;simos y a una estructura que se est&aacute; alimentando de todas esas necesidades para hacer mucho m&aacute;s grandes sus beneficios y, adem&aacute;s, invertirlos en lo &uacute;ltimo que t&uacute; desear&iacute;as&rdquo;, se lamenta M&aacute;rquez, quien apela a la autoorganizaci&oacute;n para apartar a estos actores t&oacute;xicos que, seg&uacute;n advierte, har&aacute;n &ldquo;todo lo posible por, primero, desmovilizarnos y, segundo, intentar ganar lo que ellos llaman cuota de mercado o lo que nosotros llamamos guerra cultural&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El <em>soft power, </em>as&iacute; como el <em>branding cultural</em> que Naomi Klein acu&ntilde;&oacute; en <em>No Logo: El poder de las marcas </em>(1999), son algunos ejemplos de c&oacute;mo estos actores alineados con el conglomerado del capital intentan apropiarse del poder simb&oacute;lico de la cultura para imponer su relato. M&aacute;rquez lo denuncia y aboga por revertir urgentemente este escenario: &ldquo;La batalla cultural es la gran batalla. Es la batalla que engloba todas las batallas, porque es donde est&aacute; el relato. La batalla pol&iacute;tica es un producto de cualquier batalla cultural, no al rev&eacute;s. La batalla fundamental est&aacute; en tu portal, en tu escalera, en tu familia, en tu cena de empresa&hellip; Ah&iacute; es donde se ganan o se pierden las batallas. Y nosotros la estamos perdiendo claramente, porque en favor de tener un poco de paz y de bienestar estamos dejando que maceren unas narrativas que sabemos que no son verdad y que las ha puesto en funcionamiento no ya el poder pol&iacute;tico, que es simplemente el escaparate, sino todos los poderes que hay detr&aacute;s&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Público asistente a la primera jornada del FIB 2025. El Festival Internacional de Benicàssim (FIB) "
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            <span class="title">
                Público asistente a la primera jornada del FIB 2025. El Festival Internacional de Benicàssim (FIB)                             </span>
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        Frente a esto, M&aacute;rquez propone instalarse en el concepto de econom&iacute;a moral que, seg&uacute;n explica, &ldquo;permite pensar la cultura como un espacio donde las decisiones econ&oacute;micas deben ser juzgadas tambi&eacute;n desde criterios &eacute;ticos, simb&oacute;licos y comunitarios&rdquo;. &ldquo;Repensar la cultura desde la econom&iacute;a moral, no es solo un gesto nost&aacute;lgico, es una posibilidad de resistencia y una reimaginaci&oacute;n del futuro&rdquo;, proclama en<em> Antineutral,</em> ensayo que parte de la posibilidad real del colapso civilizatorio para trazar un esperanzado porvenir. El foco es la m&uacute;sica, pero el &aacute;nimo con que se escribe abre por completo el diafragma hasta vislumbrar una sociedad alternativa, m&aacute;s justa y sostenible.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La utop&iacute;a como combustible.</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que este libro es muy optimista. Lo creo de verdad&rdquo;, reitera el autor. No en vano dedica una parte importante del volumen a aportar soluciones o &ldquo;formas de resistencia&rdquo;, muchas de ellas articuladas desde el tejido asociativo con ejemplos como el del Ateneu Popular 9 Barris de Barcelona, que programa m&uacute;sica y artes con participaci&oacute;n vecinal, o el de la campa&ntilde;a <em>Own Your Venues </em>mediante la cual comunidades, artistas y simpatizantes adquieren colectivamente la propiedad de salas de m&uacute;sica independientes para protegerlas de la especulaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a las plataformas de <em>streaming</em>, M&aacute;rquez se&ntilde;ala como alternativas Bandcamp o la cooperativa Resonate, que ensaya un modelo de propiedad compartida entre artistas y oyentes, con reparto transparente y decisiones colegiadas. Respecto a la situaci&oacute;n de los m&uacute;sicos, el autor apuesta por un <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/musico-trabajador-empresario-dilema-estanca-debate-profesion-precaria-desprotegida_1_10473518.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sindicalismo fuerte y del siglo XXI</a>, al que considera &ldquo;la &uacute;nica herramienta capaz de enfrentar simult&aacute;neamente la precariedad econ&oacute;mica, la opacidad tecnol&oacute;gica, la inseguridad laboral y la discriminaci&oacute;n estructural, ofreciendo un marco donde la dignidad profesional deje de ser una excepci&oacute;n para convertirse en la norma&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En<em> Antineutral, </em>que funciona como revulsivo, Pepo M&aacute;rquez desmantela narrativas desmoralizantes e impulsa la resistencia transformadora: &ldquo;No podemos aceptar que nos llamen ingenuos porque lleva mucho esfuerzo alimentar la utop&iacute;a, o sea, la ingenuidad. Tenemos que naturalizar la utop&iacute;a como el combustible de la izquierda. Que igual no vamos a cambiar nada, pero vamos a intentarlo. Este es nuestro superpoder frente a pensamientos m&aacute;s conservadores o directamente derechistas o ultraderechistas que no creen en la utop&iacute;a, sino en la destrucci&oacute;n del diferente&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Susana Monteagudo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/antineutral-ensayo-revolucionario-cambiar-musica-directo-utopia-combustible-izquierda_1_12791454.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Nov 2025 21:04:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Antineutral', un ensayo revolucionario para cambiar la música en directo: “La utopía tiene que ser el combustible de la izquierda”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Música,Festivales,Festivales de música,FIB - Festival Internacional de Benicasim,Sónar,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alessandra Munduruku, la líder indígena detrás de las protestas en la COP30: "El avance del capitalismo nos está matando"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/alessandra-munduruku-lider-indigena-detras-protestas-cop30-avance-capitalismo-matando_1_12774930.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1034055-371b-449f-9130-8d0b5c2cfa5d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x449y196.jpg" width="1200" height="675" alt="Alessandra Munduruku, la líder indígena detrás de las protestas en la COP30: &quot;El avance del capitalismo nos está matando&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Alessandra Korap (1985), más conocida como Alessandra Munduruku, la activista indígena más influyente de Brasil, se queja de la falta de escucha del presidente brasileño Lula da Silva. "Está sordo, todavía está ciego. No ha aprendido lo suficiente"</p><p class="subtitle">120 horas para un acuerdo: “Todo lo bueno y todo lo malo” cabe aún en la COP30</p></div><p class="article-text">
        Incisiva, contundente, directa. Alessandra Korap (1985), m&aacute;s conocida como Alessandra Munduruku, la activista ind&iacute;gena m&aacute;s influyente de Brasil, se expresa con autoridad. &ldquo;Quiero hablar m&aacute;s, no quiero que me interrumpas&rdquo;, dice en un momento de la entrevista. Alessandra Munduruku recibe a elDiario.es a bordo del barco Imperatriz, sobre el r&iacute;o Guam&aacute;. Rodeada de su familia, en un peque&ntilde;o descanso en medio de su <a href="https://www.eldiario.es/temas/cop30/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">intens&iacute;sima agenda durante la COP30</a>, Korap habla de las reivindicaciones ind&iacute;genas, de la importancia de mantener la selva en pie y de la falta de escucha del presidente brasile&ntilde;o Lula da Silva. &ldquo;Est&aacute; sordo, todav&iacute;a est&aacute; ciego. No ha aprendido lo suficiente&rdquo;, afirma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando el micr&oacute;fono no est&aacute; grabando, Korap ironiza sobre la ocupaci&oacute;n de la Zona Azul por parte de los pueblos ind&iacute;genas que ocurri&oacute; el segundo d&iacute;a de la COP30. &ldquo;La ONU pensaba que nadie pod&iacute;a ocupar la Zona Azul, y ah&iacute; llegamos nosotros y la ocupamos&rdquo;, comenta sonriendo. A su vez, el pasado viernes, el pueblo Munduruku cort&oacute; el acceso a la Zona Azul, para reivindicar la demarcaci&oacute;n de dos tierras ind&iacute;genas en el r&iacute;o Tapaj&oacute;s, amenazado por buscadores de oro, empresas mineras y por un pol&eacute;mico nuevo proyecto de hidrov&iacute;a. Tras el bloqueo, Alessandra Korap entr&oacute; a la Zona Azul para negociar con el gobierno, que demarc&oacute; las tierras ind&iacute;genas de forma inmediata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Brasil, Alessandra Munduruku es un icono pop. Su rostro estampa muros, paredes, camisetas. Protagoniza portadas de revistas de moda. En el mundo, es una de las ind&iacute;genas m&aacute;s respetadas.&nbsp; En 2019, dio un discurso para m&aacute;s de 270 personas en la Puerta de Brandemburgo de Berl&iacute;n. En 2022, gan&oacute; el premio Robert F. Kennedy de Derechos Humanos en Estados Unidos. En 2023, fue homenajeada con el Premio Goldman, considerado Nobel del medio ambiente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El pasado viernes el pueblo Munduruku cort&oacute; el acceso a la Zona Azul de la ONU. &iquest;Cu&aacute;les fueron los motivos?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        La ONU dice que tiene 192 pa&iacute;ses, y todos esos pa&iacute;ses no est&aacute;n escuch&aacute;ndonos. Estamos en mi casa, en la Amazonia, en el estado de Par&aacute;. Algunos tenemos incluso acceso al espacio (Zona Azul), pero no tenemos voz. S&eacute; que se est&aacute; intentando escuchar a los pueblos ind&iacute;genas, pero no es suficiente. Necesitan o&iacute;r mucho m&aacute;s, escuchar y sentir lo que est&aacute; ocurriendo con los r&iacute;os, con la selva y principalmente con los pueblos ind&iacute;genas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tras el corte, el pueblo Munduruku fue recibido por S&ocirc;nia Guajajara (ministra de los Pueblos Ind&iacute;genas) y por Marina Silva (ministra de Medio Ambiente). El Gobierno demarc&oacute; dos tierras ind&iacute;genas Munduruku que estaban pendientes. &iquest;No pod&iacute;an haberlo hecho antes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En Brasilia, el presidente nunca nos escucha. Ahora aprob&oacute; el decreto 12.600 (decreto presidencial que abre el camino para construir hidrov&iacute;as en algunos r&iacute;os de la Amazonia). Por eso dijimos, vamos a cortar el acceso a la ONU ahora. El resto de pa&iacute;ses tambi&eacute;n son responsables, porque compran minerales y madera de nuestra tierra. Son ellos los que incentivan al gobierno de Brasil a crear leyes y a expulsarnos de nuestro territorio. Son responsables de matar nuestro r&iacute;o y de frenar las demarcaciones de tierras ind&iacute;genas en Brasil.
    </p><p class="article-text">
        <strong>El segundo d&iacute;a de la COP30, por primera vez en la historia, la Zona Azul de las negociaciones fue ocupada. En ese preciso momento, en uno de los principales espacios paralelos, la COP do Povo, los activistas celebraron que los ind&iacute;genas entraron en la Zona Azul como si fuera un gol en un mundial de f&uacute;tbol. Algunos llevaban intentando ocupar la Zona Azul desde la Cumbre de Copenhague de 2009. &iquest;C&oacute;mo se consigui&oacute; esa haza&ntilde;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tenemos mucha fuerza. Solemos decir que nos llega mucha energ&iacute;a del r&iacute;o, de la selva, de los rituales que hacemos. Eso es lo que nos motiva. Los enemigos nos invisibilizan. Cuando los enemigos no nos prestan atenci&oacute;n y se despistan, ya estamos ah&iacute;, haciendo una acci&oacute;n para que la vean de todas las partes del planeta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cu&aacute;l es la importancia conservar la selva en pie para los pueblos ind&iacute;genas, y para el clima del mundo? Estos d&iacute;as, todos los ind&iacute;genas que han intervenido en paneles o hecho declaraciones a medios de comunicaci&oacute;n han resaltado que est&aacute;n sintiendo el cambio clim&aacute;tico de una manera fuerte...&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ninguna empresa minera o petrolera est&aacute; preocupada con el medio ambiente. En Europa, la gente est&aacute; en el fr&iacute;o o en el aire acondicionado, decidiendo en una oficina por nosotros. Aqu&iacute;, ya sentimos el cambio clim&aacute;tico. La tierra se seca. Cuando hace tanto calor, la yuca, el a&ccedil;a&iacute;, se queman. Los r&iacute;os se secan y los peces se mueren. Ya estamos sintiendo los incendios, las enfermedades. Si los r&iacute;os se secan, &iquest;d&oacute;nde vamos a beber agua? Estamos teniendo que comprar agua porque el agua desapareci&oacute;. Queman la selva para plantar soja, y ese humo es peor que la contaminaci&oacute;n de S&atilde;o Paulo. La Amazonia vive en el caos porque las empresas financian al agro-negocio para invadir nuestras tierras.
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                Mural de Alessandra Mundruku en la Blue Zone de la COP30.                            </span>
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        <strong>El gobierno de Brasil ha propuesto el Fundo Florestas Tropicais em P&eacute; para Sempre (TFFF), un fondo global para que el mundo por conservar las selvas en pie. &iquest;C&oacute;mo le explicar&iacute;a a alguien de Europa que en la mayor&iacute;a de los casos, en esa selva en pie hay habitantes, gente que cuida de la selva, ind&iacute;genas, afrodescendientes, poblaci&oacute;n </strong><em><strong>ribeirinha</strong></em><strong>?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mira, quienes han venido a la COP30 desde todo el mundo ya se han dado cuenta de que Bel&eacute;m es una ciudad grande. Hay edificios, casa, coches, tecnolog&iacute;as, aviones. Los ind&iacute;genas, los pescadores, los <em>ribeirinhos,</em> est&aacute;bamos tranquilos. De repente, llegan la ciudad y las empresas expuls&aacute;ndonos. Colonizan las mentes con dinero, porque necesitan dividirnos. Cuando el gobierno dice que va a invertir recursos, para nosotros no llegan. La sanidad est&aacute; precaria, estamos enfermos. Las mujeres se enferman con el mercurio de los buscadores de oro. Y ahora llegan todas esas empresas que est&aacute;n invadiendo nuestras tierras diciendo que van a salvar las Amazonia...&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Aparte de inversi&oacute;n p&uacute;blica, ser&iacute;a importante tener financiaci&oacute;n directa del fondo global propuesto por Brasil, gestionado directamente por pueblos ind&iacute;genas y las comunidades locales que ayudan a conservar la floresta?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        El gobierno piensa que somos incapaces de hacer eso. Pero si tenemos de todo, estamos muy organizados. Tenemos fondos asociaciones, institutos, medios de comunicaci&oacute;n. Claro que somos capaces.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>A Bel&eacute;m han venido movimientos ambientalistas de todo el mundo, pero tambi&eacute;n movimientos sociales de las m&aacute;s diversas causas. &iquest;Considera importante la alianza de los pueblos ind&iacute;genas con movimientos sociales urbanos, incluso del norte global?</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, me parece importante esa alianza. La ciudad tambi&eacute;n est&aacute; sufriendo. Las ciudades est&aacute;n despertando. Los j&oacute;venes est&aacute;n despertando. Pero es insuficiente. Necesitamos parar el avance del capitalismo que nos est&aacute; matando. Quien vino a la marcha (Macha Mundial por el Clima del pasado s&aacute;bado) es porque est&aacute; entendiendo la importancia de conservar el medio ambiente y sabe que el cambio clim&aacute;tico est&aacute; ocurriendo. Me siento muy feliz al ver que ese grito no es solo m&iacute;o, sino de todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Unas semanas antes de la COP, el Instituto Brasile&ntilde;o del Medio Ambiente (IBAMA) liber&oacute; la perforaci&oacute;n de petr&oacute;leo cerca de la desembocadura del r&iacute;o Amazonas. &iquest;Qu&eacute; le parece la idea de continuar explotando petr&oacute;leo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando se abre un camino de un proyecto grande que va a perjudicar el medio ambiente, a los r&iacute;os, a los pueblos de la selva, abre la puerta a otros proyectos. Si no existe consulta previa, como es el caso, se est&aacute; violando el derecho. La violaci&oacute;n de la naturaleza y de los pueblos ind&iacute;genas ya comenz&oacute;.&nbsp;Si se derrama petr&oacute;leo, &iquest;qui&eacute;n va a ser el responsable?
    </p><p class="article-text">
        <strong>A pesar das contradicciones del presidente Lula da Silva, el gobierno tiene por primera vez en la historia una ministra de Pueblos Ind&iacute;genas, S&ocirc;nia Guajajara. &iquest;C&oacute;mo eval&uacute;a al gobierno Lula en relaci&oacute;n a los pueblos originarios?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El presidente Lula tiene mucho que aprender. Su primer error fue construir la presa de Belo Monte (se refiere a la presa de Belo Monte del r&iacute;o Xingu, construida durante el mandato de Dilma Roussef). Despu&eacute;s, intentaron m&aacute;s presas en r&iacute;os sagrados. Despu&eacute;s, en nuestro r&iacute;o Tapaj&oacute;s. Solo no consiguieron construir la presa porque no dejamos a los investigadores y t&eacute;cnicos pasar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora dice que est&aacute; oyendo a los pueblos ind&iacute;genas, pero aprueba la privatizaci&oacute;n de nuestro r&iacute;o con el decreto 12.600. Aprob&oacute; la perforaci&oacute;n de petr&oacute;leo, del <em>ferrogr&atilde;o</em> (ferrov&iacute;a para llevar grano de soja al r&iacute;o Amazonas desde el sur). O sea, todav&iacute;a est&aacute; sordo, todav&iacute;a est&aacute; ciego. No ha aprendido lo suficiente. No est&aacute; respetando los derechos de los pueblos ind&iacute;genas. De nada sirve que hable de medio ambiente si no escucha a los pueblos ind&iacute;genas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En la marcha hab&iacute;a muchos carteles con la frase, &ldquo;eu sou corpo-territ&oacute;rio&rdquo; (yo soy cuerpo-territorio). &iquest;C&oacute;mo explicar&iacute;a de manera did&aacute;ctica a los europeos que los pueblos ind&iacute;genas no consideran la naturaleza algo externo, sino parte de su propio cuerpo?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los blancos usan la biblia, religiones. Si hieres esa Biblia, sienten que hieren sus cuerpos, &iquest;no? Est&aacute;s hiriendo su esp&iacute;ritu. &iquest;Por qu&eacute; no podemos decir nosotros que el r&iacute;o y la selva son parte de nuestro cuerpo? Si se hiere a un cura, los blancos se indignan. Si rasgas la biblia, se sienten ofendidos. &iquest;Por qu&eacute; el r&iacute;o no puede ser nuestro dios? Los blancos no entienden que el r&iacute;o es cuerpo, es territorio, es naturaleza.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Mural dedicado a Alessandra Korap Munduruku realizado en São Paulo por el artista Mundano con cenizas de incencias y barro de las inundaciones de Rio Grande Sul"
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            <span class="title">
                Mural dedicado a Alessandra Korap Munduruku realizado en São Paulo por el artista Mundano con cenizas de incencias y barro de las inundaciones de Rio Grande Sul                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        <strong>Hace unas semanas usted protagoniz&oacute; la portada de la revista </strong><em><strong>Vogue</strong></em><strong>. &iquest;Por qu&eacute; acept&oacute;? &iquest;Era una gui&ntilde;o a las mujeres, al movimiento feminista?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, tenemos que ense&ntilde;ar a los hombres a respetar a las mujeres. Tienen que dejar espacio a las mujeres. Sobre la revista Vogue... nunca hab&iacute;a o&iacute;do hablar de ella, porque mi lucha es a ras de suelo, en el enfrentamiento. El mundo de la moda tiene que entender que es necesario valorar m&aacute;s los productos de la naturaleza y ayudar a quienes lo necesitan. Hay comunidades que no tiene escuelas o agua. La moda no entiende que luchamos por el territorio, que es el r&iacute;o. A la gente de la moda les da igual la selva, los r&iacute;os. Necesitan cambiar y empezar a hablar de la naturaleza y de los pueblos tradicionales, &iquest;no?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo protegen las mujeres el territorio?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo el mundo lo sabe, no es ning&uacute;n secreto. Yo no ando sola. Decidimos todo en conjunto. Somos nosotras quienes muchas veces hacemos el enfrentamiento. Lo que ocurre es que en muchas ocasiones somos invisibilizadas. Yo aprendo mucho con las mujeres.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hablando de su imagen. Ha adquirido mucha potencia en redes sociales. Y los pueblos ind&iacute;genas est&aacute;n muy organizados comunicativamente hablando. Tienen colectivos como </strong><a href="https://www.instagram.com/midiaindigena/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>M&iacute;dia Ind&iacute;gena</strong></a><strong>... &iquest;Qu&eacute; importancia tienen las redes sociales para su causa?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las uso mucho. Las uso para mostrar nuestros c&aacute;nticos, para denunciar, para mandar un recado, porque a veces nadie quiere o&iacute;rnos. Se convirtieron en un arma. La tecnolog&iacute;a ayuda en nuestra lucha. Y mucho. No quiero que me maten despu&eacute;s de haber sido invisibilizada. Quiero hablar ahora de la lucha. Quiero ense&ntilde;arle a todo el mundo nuestro r&iacute;o, nuestra selva, nuestro pueblo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo consigue imaginar el futuro?</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El futuro depende de la juventud, de los ni&ntilde;os. Si crecen en las universidades, en las escuelas, si les educamos en casa lo que es respetar a los pueblos ind&iacute;genas, si usan la tecnolog&iacute;a para visibilizar la conservaci&oacute;n de la Amazonia, el futuro va a mejorar. Si no nos respetan, no hay demarcaci&oacute;n de tierras y solo se sangra la tierra va a ser un desastre y el cielo va a caerse. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bernardo Gutiérrez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/alessandra-munduruku-lider-indigena-detras-protestas-cop30-avance-capitalismo-matando_1_12774930.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Nov 2025 20:38:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Alessandra Munduruku, la líder indígena detrás de las protestas en la COP30: "El avance del capitalismo nos está matando"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[COP30,Brasil,Lula da Silva,Medio ambiente,Cambio climático,Capitalismo,Pueblos indígenas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bienvenidos a la ciudad espectáculo: cuando el sitio en el que vives se transforma para el turista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/bienvenidos-ciudad-espectaculo-sitio-vives-transforma-turista_1_12643466.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/57cf73a9-5844-4e50-8428-21d58d432736_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Bienvenidos a la ciudad espectáculo: cuando el sitio en el que vives se transforma para el turista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A partir de los libros 'Ciudad Clickbait' y 'Ciudad Copyright', analizamos qué ocurre cuando la ciudad se convierte en mercancía, vaciada de vida cotidiana y de transformación compartida</p><p class="subtitle">El fenómeno de los 'edificios cebra' que invaden las ciudades: “Están hechos para venderse en una foto de inmobiliaria”
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La ciudad hist&oacute;ricamente formada se deja de vivir, se deja de aprehender pr&aacute;cticamente, y queda s&oacute;lo como objeto de consumo cultural para turistas y para el esteticismo, &aacute;vidos de espect&aacute;culos y de lo pintoresco. Incluso para los que buscan comprenderla c&aacute;lidamente, la ciudad est&aacute; muerta&rdquo;, escribi&oacute; Henri Lefebvre en <em>El derecho a la ciudad.</em>
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s que una profec&iacute;a sobre la decadencia urbana, estas palabras del soci&oacute;logo franc&eacute;s Lefebvre, uno de los grandes te&oacute;ricos del urbanismo del siglo XX, son una advertencia sobre lo que ocurre cuando la ciudad se convierte en mercanc&iacute;a y espect&aacute;culo, vaciada de vida cotidiana, de conflicto y de transformaci&oacute;n compartida.
    </p><p class="article-text">
        Medio siglo despu&eacute;s, su diagn&oacute;stico resuena con fuerza renovada. Porque hoy, el derecho a la ciudad &mdash;ese derecho a habitarla, a apropiarse de ella, a vivirla colectivamente, a ser su actor protagonista&mdash; se ve amenazado por nuevas formas de desposesi&oacute;n: la digitalizaci&oacute;n ubicua, la mercantilizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n extrema del espacio urbano y una gesti&oacute;n p&uacute;blica cada vez m&aacute;s orientada a satisfacer los intereses de grandes inversores y los flujos tur&iacute;sticos en lugar de responder a las necesidades reales de sus habitantes.
    </p><p class="article-text">
        Lefebvre hablaba de una ciudad muerta; pero hoy, m&aacute;s que muertas, las ciudades rebosan vida capturada, coreografiada y dirigida hacia fines que se basan en el consumo, la diseminaci&oacute;n de im&aacute;genes y la rentabilidad de unos pocos. Una vida que ya no pertenece a quienes la habitan, sino a quienes la explotan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este contexto emergen nuevas categor&iacute;as cr&iacute;ticas, como las que proponen los libros <em>Ciudad Clickbait</em> y <em>Ciudad Copyright</em>, que nos ayudan a entender c&oacute;mo se transforma el derecho a la ciudad en la era del algoritmo y la mercantilizaci&oacute;n simb&oacute;lica. Ambos anglicismos vinculados a las urbes denuncian de forma elocuente c&oacute;mo las ciudades se configuran cada vez m&aacute;s bajo l&oacute;gicas de espect&aacute;culo medi&aacute;tico, procesos gentrificadores y por el control creciente de oligopolios digitales como Airbnb, Uber o Amazon.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">La ciudad <em>clickbait</em> y el alcalde <em>influencer</em></h2><p class="article-text">
        En el ensayo <em>Ciudad Clickbait</em> (Barlin Libros, 2025), el periodista y analista urbano valenciano Vicent Molins describe c&oacute;mo muchas ciudades espa&ntilde;olas han adoptado una l&oacute;gica de marketing digital, gestion&aacute;ndose como marcas que priorizan la visibilidad y el rendimiento tur&iacute;stico por encima de la vida vecinal. En este contexto, para el autor &ldquo;la ciudad se convierte en un contenido audiovisual elaborado para redes sociales, aplicaciones tur&iacute;sticas y medios digitales&rdquo;, una escenograf&iacute;a atractiva dise&ntilde;ada para gustar, generar clics y atraer inversi&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La ciudad se divide cada vez más entre quienes la ven como mercancía y quienes la consideran memoria, historia y hogar de varias generaciones</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Vicent Molins</span>
                                        <span>—</span> periodista y analista urbano valenciano 
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Molins adapta el concepto de <em>clickbait</em>, contenido dise&ntilde;ado para captar atenci&oacute;n a toda costa, al espacio urbano: calles, plazas y eventos se transforman en productos dise&ntilde;ados para ser consumidos masivamente, ya sea de forma presencial o en formato digital. Esta l&oacute;gica, advierte, no se limita a las grandes metr&oacute;polis, sino que permea tambi&eacute;n en ciudades medianas que asoman la cabeza con iniciativas bastante cuestionables para situarse en el mapa.
    </p><p class="article-text">
        Es el caso paradigm&aacute;tico de Vigo, con su alcalde Abel Caballero, que ser&iacute;a tambi&eacute;n un claro ejemplo de lo que Molins llama el &ldquo;alcalde<em> influencer&rdquo;</em>. Caballero ha convertido su ciudad en la capital de la Navidad con un espectacular alumbrado que rivaliza con Nueva York. &ldquo;En este tipo de eventos, los ciudadanos deber&iacute;amos pedir la letra peque&ntilde;a. Saber cu&aacute;l es el coste y la repercusi&oacute;n real que tienen para la ciudadan&iacute;a local&rdquo;, propone Molins. El encendido navide&ntilde;o de las luces de Vigo es un evento digital y tur&iacute;stico masivo que ejemplifica c&oacute;mo un alcalde puede asumir el papel de <em>influencer</em> urbano, gestionando la ciudad como espect&aacute;culo m&aacute;s que como un espacio p&uacute;blico, entre otras cosas, por pura vanidad de legar su autor&iacute;a. Ante esta deriva, Molins advierte: &ldquo;La ciudad se divide cada vez m&aacute;s entre quienes la ven como mercanc&iacute;a y quienes la consideran memoria, historia y hogar de varias generaciones.&rdquo;
    </p><h2 class="article-text">Ciudad con <em>copyright </em>y fascismo territorial</h2><p class="article-text">
        Por otro lado, en <em>Ciudad Copyright</em> (Tierra Adentro, 2024), el polit&oacute;logo y activista mexicano Conrado Romo analiza c&oacute;mo la l&oacute;gica de la propiedad intelectual se impone sobre el espacio urbano, es decir con <em>derechos reservados</em> solo para quienes puedan invertir ingentes cantidades de dinero. Desde Guadalajara (M&eacute;xico), su ciudad de referencia, Romo examina c&oacute;mo en las ciudades globales, la cultura, el relato y <a href="https://www.eldiario.es/viajes/urbanalizacion-centros-ciudad-iguales_1_10917174.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hasta la est&eacute;tica</a> quedan sometidos a din&aacute;micas extractivas que privatizan la experiencia urbana y expulsan la diversidad popular en nombre de la innovaci&oacute;n y la creatividad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En Guadalajara se ha expulsado a gente del centro histórico con argumentos relacionados con la cultura o el deporte, pero el objetivo real es abrir espacio a inversores que replican una ciudad genérica, sin identidad ni diversidad</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Conrado Romo</span>
                                        <span>—</span> politólogo y activista mexicano 
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Conrado Romo extiende la noci&oacute;n de <em>copyright</em> al &aacute;mbito urbano, donde gobiernos y corporaciones aplican la l&oacute;gica de la propiedad intelectual para controlar el uso del espacio p&uacute;blico, los s&iacute;mbolos y las expresiones culturales. &ldquo;En Guadalajara se ha expulsado a gente del centro hist&oacute;rico con argumentos relacionados con la cultura o el deporte, pero el objetivo real es abrir espacio a inversores que replican una ciudad gen&eacute;rica, sin identidad ni diversidad&rdquo;, denuncia. La <em>ciudad copyright</em> se dise&ntilde;a para el algoritmo y el mercado global: espacios p&uacute;blicos tematizados, privatizados y listos para eventos comerciales. Romo ironiza que &ldquo;las salsas picantes ya no pican, se han gentrificado&rdquo;, apuntando c&oacute;mo incluso los elementos m&aacute;s cotidianos son neutralizados para el consumo tur&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n alerta sobre las <em>Smart Cities</em>, donde la promesa de eficiencia tecnol&oacute;gica impone una racionalidad tecnocr&aacute;tica que elimina autonom&iacute;a, emoci&oacute;n y participaci&oacute;n ciudadana. &ldquo;Las decisiones las toman los m&oacute;viles y los algoritmos; los usuarios no conocen el c&oacute;digo y no pueden moldearlo&rdquo;, advierte. Esta &ldquo;cajanegrizaci&oacute;n&rdquo; de la gobernanza genera un sistema opaco que excluye a la ciudadan&iacute;a. Romo enmarca estos procesos en lo que Boaventura de Sousa Santos denomina &ldquo;fascismo territorial&rdquo;: pol&iacute;ticas que reocupan y transforman espacios al margen del orden institucional, imponiendo nuevas l&oacute;gicas de poder y exclusi&oacute;n. Se&ntilde;ala c&oacute;mo tradiciones populares locales son apropiadas por empresas extranjeras y convertidas en espect&aacute;culos comercializados: &ldquo;En Guadalajara nunca se celebr&oacute; especialmente el D&iacute;a de Muertos, pero desde la pel&iacute;cula <em>Coco</em>, un parque p&uacute;blico se privatiza y se explota para acoger un <em>show </em>tem&aacute;tico&rdquo;, apunta Romo. Una ciudad que deja de pensarse para ser habitada, y empieza a dise&ntilde;arse para ser vendida.
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                    alt="Numerosas personas observan el alumbrado de Navidad de la calle Larios, en Málaga, en plena pandemia."
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            <span class="title">
                Numerosas personas observan el alumbrado de Navidad de la calle Larios, en Málaga, en plena pandemia.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un problema de autoestima</h2><p class="article-text">
        Uno de los elementos m&aacute;s insidiosos de la transformaci&oacute;n urbana contempor&aacute;nea es lo que Vicent Molins denomina <em>gentrificaci&oacute;n narrativa</em>: una forma de desposesi&oacute;n simb&oacute;lica en la que las ciudades dejan de contarse a s&iacute; mismas para empezar a imitar relatos de &eacute;xito ajenos. Seg&uacute;n Molins, muchas ciudades sufren una profunda crisis de autoestima que las lleva a construir su identidad desde la carencia: sienten que se est&aacute;n quedando fuera del juego global y que solo podr&aacute;n sobrevivir si se parecen a otras a las que, supuestamente, &ldquo;les va bien&rdquo;. As&iacute;, emergen titulares absurdos sobre nuevas Silicon Valley o proyectos inflados que prometen innovaci&oacute;n, tr&aacute;nsito o creatividad, aunque tengan poco arraigo local: &ldquo;As&iacute; puede Valencia ser el Silicon Valley europeo&rdquo;, reza uno de los m&uacute;ltiples titulares que recoge Molins en su libro, donde Valencia, Barcelona, Sevilla o M&aacute;laga se postulan como las nuevas Silicon Valley del sur de Europa.
    </p><p class="article-text">
        A miles de kil&oacute;metros, Romo alude al mismo ejemplo: &ldquo;Durante mucho tiempo han intentado consolidar la idea de que Guadalajara es el Silicon Valley mexicano. Aqu&iacute; han llegado empresas multinacionales los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, pero para instalar f&aacute;bricas de manufactura, no sus sedes&rdquo;. Se idealiza Silicon Valley como un concepto abstracto que cualquier ciudad ans&iacute;a, pero que nadie sabe del todo en qu&eacute; consiste.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Romo, el <em>branding </em>se ha vuelto prioritario para las ciudades: generar una narrativa seductora, una marca, un relato discursivo entre lo local y lo cosmopolita, que busca ser del agrado de los inversores y del capital humano transnacional, conocidos ya com&uacute;nmente como <em>expats</em>. Esta ansiedad por dominar la escena medi&aacute;tica &mdash;por parecer modernas, visibles y deseables ante los de fuera&mdash; genera una l&oacute;gica de servilismo urbano que prioriza la imagen frente a la vida real. Se gestionan espect&aacute;culos, no necesidades; se construyen campa&ntilde;as publicitarias para atraer, pero se desatiende el d&iacute;a a d&iacute;a de quienes habitan la ciudad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Molins considera especialmente sangrante el caso de M&aacute;laga, una ciudad que &ldquo;aparentemente&rdquo; lo est&aacute; haciendo todo bien para ser una de estas Silicon Valley del sur, pero, en cambio, su ciudadan&iacute;a est&aacute; perdiendo toda la soberan&iacute;a y vive objetivamente peor que hace unos a&ntilde;os. La falta de autoestima de M&aacute;laga se ilustra, seg&uacute;n Molins, de una forma preocupante a trav&eacute;s de las declaraciones de Isabel Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a, ministra de Vivienda y Agenda Urbana, cuando hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/malaga/ministra-vivienda-pide-malaga-prohibir-pisos-turisticos-viviran-sirven-vino-espetos_1_11535505.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">declar&oacute;</a>: &ldquo;Si los malague&ntilde;os no tienen un lugar donde vivir, &iquest;qui&eacute;n va a atender a esos turistas? &iquest;D&oacute;nde se van a alojar los camareros que luego nos sirven un vino y un espeto?&rdquo;. La cuadratura perfecta del c&iacute;rculo de la sumisi&oacute;n y de la falta de amor propio.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Empresas vampiro</h2><p class="article-text">
        &nbsp;&ldquo;Que Airbnb, el mayor proveedor de alojamientos del mundo, no tenga habitaciones y que Uber, la compa&ntilde;&iacute;a de taxis m&aacute;s grande del mundo, no tenga coches es justo la clave de b&oacute;veda de su modelo. Las ciudades, en cambio, s&iacute; que tienen aquello que las define: presumiblemente tienen ciudadanos&rdquo;, relata Molins, mientras asegura que no quiere caer en la nostalgia de quien dice &ldquo;mi ciudad ya no es como era&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Las ciudades deben transformarse, lo preocupante es que ya no compiten en igualdad de condiciones, porque los grandes fondos y plataformas digitales han roto las reglas. Frente a modelos cl&aacute;sicos, donde quien operaba en la ciudad deb&iacute;a estar presente y vinculado f&iacute;sicamente a ella, hoy los actores dominantes ni siquiera tienen sede ni responsabilidades locales. Solo extraen valor y se marchan, sin un retorno ni un arraigo territorial. Esta l&oacute;gica ha erosionado la capacidad de reacci&oacute;n de los gobiernos locales, que han perdido soberan&iacute;a y, seg&uacute;n Molins, libertad bien entendida: se mercantiliza la ciudad sin que la ciudadan&iacute;a tenga capacidad de decidir. Ante esto, el &uacute;nico camino posible es la intervenci&oacute;n p&uacute;blica: &ldquo;Regular no es ir contra el mercado o de la tan sobada libertad, sino garantizar precisamente la libertad para que siga existiendo competencia&rdquo;, sostiene.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Frente a modelos clásicos, donde quien operaba en la ciudad debía estar presente y vinculado físicamente a ella, hoy los actores dominantes ni siquiera tienen sede ni responsabilidades locales. Solo extraen valor y se marchan, sin un retorno ni un arraigo territorial</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Vicent Molins</span>
                                        <span>—</span> periodista y analista urbano valenciano
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por su parte, Romo alerta de la amenaza de estos nuevos oligopolios que no requieren de intermediarios locales: &ldquo;Las ciudades se est&aacute;n transformando para atraer al &rdquo;cognitariado&ldquo;: trabajadores precarizados vinculados a empresas transnacionales digitales como Netflix, Amazon o Facebook, que buscan asentarse en entornos urbanos con menores costes salariales, pero con una alta calidad de vida&rdquo;. Romo remarca la capacidad vampirizadora que tienen estas empresas concretamente en los <a href="https://www.eldiario.es/viajes/urbanalizacion-centros-ciudad-iguales_1_10917174.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">centros de las ciudades</a>, donde su modelo extractivista acaba pervirtiendo el valor simb&oacute;lico y cultural del lugar y propiciando cambios demogr&aacute;ficos muy significativos.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">Turistas <em>Coca-Cola</em></h2><p class="article-text">
        &iquest;Hay un l&iacute;mite para el turismo? En las ciudades espa&ntilde;olas, de acuerdo con <em>Ciudad clickbait</em>, parece que no. Molins cuenta la an&eacute;cdota de las <em>Coca-Colas</em> de <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/politica/hotelero-expresidente-barca-joan-gaspart_1_1783319.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Joan Gaspart</a>, empresario hotelero y expresidente del FC Barcelona, que afirm&oacute; que cuando vendes un producto, en su caso la ciudad de Barcelona, lo haces para vender al mayor n&uacute;mero posible de personas, como con las <em>Coca-colas</em>. Las principales ciudades tur&iacute;sticas del pa&iacute;s ya hace a&ntilde;os que padecen diabetes aguda y, sin embargo, el gobierno municipal de Val&egrave;ncia decidi&oacute; derogar <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/valencia/tasa-turistica-renuncian-pp-vox-valencia-recaudo-pasado-ano-barcelona-106-millones_1_12362148.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la imposici&oacute;n de una tasa tur&iacute;stica</a> que apenas llegaba a los 2&euro;.
    </p><p class="article-text">
        Molins tiene una soluci&oacute;n tajante al respecto: &ldquo;Los ayuntamientos tienen que dejar de actuar como si fueran operadores tur&iacute;sticos. Es complicado limitar el n&uacute;mero de turistas, pero s&iacute; que se pueden controlar las llegadas de cruceros o controlar la proliferaci&oacute;n de pisos tur&iacute;sticos. Hay que dejar de invertir dinero p&uacute;blico para promocionar el turismo y reorientar el modelo econ&oacute;mico local, apostando por una econom&iacute;a m&aacute;s mixta y menos dependiente de este monocultivo&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Los turistas no vienen porque nuestros ayuntamientos hagan mucha pol&iacute;tica tur&iacute;stica, vienen por las conexiones a&eacute;reas y por las bondades del mercado tur&iacute;stico espa&ntilde;ol. Muchas ciudades creen que si ponen una tasa dejar&aacute;n de venir turistas. Es una mentalidad de hace 30 a&ntilde;os. Las ciudades con m&aacute;s turistas tambi&eacute;n suelen tener tasas m&aacute;s altas&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Grandes eventos &ldquo;Monorra&iacute;l&rdquo;</h2><p class="article-text">
        En <em>Ciudad copyright</em>, Conrado Romo inicia su ensayo con el siguiente prefacio:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;-Ricky Mandino: Es la mejor elecci&oacute;n aqu&iacute;, se&ntilde;ores. Alcen las voces y sus corazones.
    </p><p class="article-text">
        - Ciudadanos de Springfiled: &iexcl;Monorra&iacute;l, monorra&iacute;l, monorra&iacute;l!
    </p><p class="article-text">
        - Marge: Pero la avenida principal est&aacute; da&ntilde;ada.
    </p><p class="article-text">
        - Bart: Lo siento mam&aacute;, la decisi&oacute;n est&aacute; tomada.&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        A principios de verano, el diputado de M&aacute;s Madrid, Pablo Padilla, utiliz&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/diputado-madrid-canta-monorrail-simpsons-criticar-circuito-formula-1-ifema_132_12403557.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este mismo episodio</a> de <em>Los Simpsons</em> para cargar contra el circuito de F&oacute;rmula 1 en Ifema. No es nada nuevo que las ciudades y sus dirigentes pol&iacute;ticos pretendan prosperar a golpe de macroevento o de edificios insignia, de ah&iacute; a que haya trascendido el concepto <em>Modelo Barcelona</em> a ra&iacute;z de los Juegos Ol&iacute;mpicos del &rsquo;92 o el <em>Fen&oacute;meno Guggenheim</em> en Bilbao. No obstante, estos casos de &eacute;xito son dif&iacute;cilmente replicables ya que dependen de contextos y casu&iacute;sticas muy particulares. Solo en Barcelona, en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os se han dado fracasos llamativos como el del F&oacute;rum de las Culturas de 2004 o recientemente la <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/elitista-barcelona-desenganada-copa-america-choca-pie-calle-euforia-kiwi_1_11738464.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Copa Am&eacute;rica de 2024</a>. Molins cita varios de estos eventos que no tuvieron la repercusi&oacute;n ni el impacto deseado: el Gran Premio de Europa de F1 por las calles de Val&egrave;ncia en 2012, la Expo de Zaragoza en 2008 o los Latin Grammy en Sevilla en 2023.&nbsp;
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            </figure><p class="article-text">
        Molins advierte que no se trata de afirmar que &ldquo;los eventos son malos&rdquo; per se. &ldquo;Depende&rdquo;, matiza. &ldquo;Lo problem&aacute;tico es convertir el evento en una soluci&oacute;n m&aacute;gica, una explicaci&oacute;n na&iacute;f que todo lo cura&rdquo;. La acumulaci&oacute;n de grandes citas puede llegar a saturar los sistemas urbanos, y en muchos casos las ciudades se lanzan a por ellas sin una estrategia clara ni transformadora. &ldquo;La Copa Am&eacute;rica no fue un mal evento para Valencia y en cambio no ha funcionado en Barcelona&rdquo;, Molins se&ntilde;ala que este tipo de iniciativas funcionan muchas veces como anzuelo emocional, una forma de alimentar de nuevo la autoestima urbana a corto plazo. &ldquo;Es la manera que muchos alcaldes tienen de dejar su firma, de reivindicar su autor&iacute;a. Pero los proyectos a 20 a&ntilde;os vista no lucen electoralmente. Lo que falta desde hace d&eacute;cadas en la administraci&oacute;n es ambici&oacute;n real&rdquo;, sentencia Molins.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text"> Si no reivindicamos nuestro espacio, si dejamos que lo digital, lo mercantil y lo superficial dicten las reglas, terminaremos viviendo en parques temáticos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Conrado Romo</span>
                                        <span>—</span> politólogo y activista mexicano 
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Una perspectiva similar ofrece Conrado Romo en el contexto mexicano. Guadalajara, designada como una de las ciudades sede del Mundial de f&uacute;tbol de 2026, ha iniciado un proceso de transformaci&oacute;n urbana que ya est&aacute; dejando v&iacute;ctimas. En nombre del evento, se est&aacute; arrasando una zona y espacios p&uacute;blicos con tejido social y cultural. Romo a&ntilde;ade con sorna amarga: &ldquo;Aqu&iacute; tambi&eacute;n quisimos ser Bilbao, traer nuestro Guggenheim, levantar esculturas gigantes o torres-mirador como en Toronto&hellip; pero al final casi nada lleg&oacute; a buen puerto. En cierta medida, nuestros mayores logros de resistencia urbana han sido fruto de la incompetencia pol&iacute;tica m&aacute;s que de una estrategia social planificada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este espect&aacute;culo, como vaticinaba Lefebvre, entre lo edulcorado y lo siniestro, donde los alcaldes gobiernan contabilizando <em>likes</em> y los grandes fondos carro&ntilde;ean la vida urbana, reclamar el derecho a la ciudad es un acto m&aacute;s de sentido com&uacute;n que una quimera revolucionaria. Si no reivindicamos nuestro espacio, si dejamos que lo digital, lo mercantil y lo superficial dicten las reglas, terminaremos viviendo en parques tem&aacute;ticos para las <em>selfies</em>, las <a href="https://www.eldiario.es/era/despedidas-de-solteros_1_10979762.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">despedidas de soltero</a> y los eventos que tendr&aacute;n su p&uacute;blico en la otra punta del mundo, haciendo el seguimiento por YouTube. Que nadie nos enga&ntilde;e: la ciudad es de quienes la habitan, no de quienes la explotan o la privatizan bajo el disfraz del &eacute;xito y de las tendencias.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Albert Nogueras Tarrero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/bienvenidos-ciudad-espectaculo-sitio-vives-transforma-turista_1_12643466.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Sep 2025 20:02:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Bienvenidos a la ciudad espectáculo: cuando el sitio en el que vives se transforma para el turista]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Urbanismo,Ciudades,Capitalismo,Turismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leer la actualidad de la mano de Lorca: "Quienes sostienen que no lo mataron por cuestiones ideológicas no lo han leído"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/leer-actualidad-mano-lorca-sostienen-no-mataron-cuestiones-ideologicas-no-han-leido_1_12539443.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/26ad244b-f4cf-4b6f-be77-8f6e81b9a65a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x287y460.jpg" width="1200" height="675" alt="Leer la actualidad de la mano de Lorca: &quot;Quienes sostienen que no lo mataron por cuestiones ideológicas no lo han leído&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Creadores que se han inspirado en el poeta de Fuentevaqueros analizan temas candentes como la homofobia o la guerra de Gaza a través de su pensamiento 
</p><p class="subtitle">El asesinato de Federico García Lorca en los dos ABC de la Guerra Civil
</p></div><p class="article-text">
        A <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/detalles-revuelven-historia-ultimas-lorca_1_2707610.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">89 a&ntilde;os de su asesinato en V&iacute;znar</a> (Granada), Federico Garc&iacute;a Lorca no es solo un cl&aacute;sico indiscutible de las letras espa&ntilde;olas, sino tambi&eacute;n una lente para leer mejor la actualidad. Asuntos candentes como la homofobia, los desmanes del capitalismo salvaje, la inmigraci&oacute;n, el feminismo o las guerras de Ucrania o Gaza pueden ser comprendidos mejor a trav&eacute;s de la poes&iacute;a del genio de Fuentevaqueros.  
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; lo confirman varios artistas y creadores que se han inspirado recientemente en su obra. Para la actriz Silvia Aguaded, que encabeza esta temporada el reparto de la <em>Yerma </em>dirigida por Richard Sahag&uacute;n, &ldquo;al final lo m&aacute;s bonito y ejemplar que hizo Lorca fue defender por encima de todo su libertad expresiva y su libertad de vivir a su manera, de una forma aut&eacute;ntica&rdquo;. En ese sentido, &ldquo;su legado y su obra est&aacute;n tan presentes en tant&iacute;simos temas de actualidad, y realmente podr&iacute;a extenderse hasta a la forma en la que cada uno elegimos vivir nuestra vida d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;, reflexiona la actriz.
    </p><p class="article-text">
        Del montaje lorquiano que ha venido representando, comenta que &ldquo;es precioso y a la vez tr&aacute;gico ver c&oacute;mo el tema principal de su obra es, de alguna forma, eterno y absolutamente vigente: el deseo de una mujer de ser madre frente a la crueldad de la infertilidad, y c&oacute;mo su deseo frustrado acaba llev&aacute;ndose por delante toda su vida y la de su marido. Es un tema atemporal y eso es de las cosas que m&aacute;s me fascinan del trabajo de Lorca, su capacidad para trabajar con los elementos m&aacute;s universales y m&aacute;s nucleares del ser humano que hacen que su obra atraviese el tiempo y el lugar&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, agrega, &ldquo;la obra se actualiza y se relaciona con el presente de una forma muy fuerte e interesante. Por ejemplo, hay una frase en la que Yerma dice: &lsquo;Ay, si los pudiera tener yo sola&rsquo;. Hoy en d&iacute;a eso ha cambiado, ahora las mujeres s&iacute; pueden ser madres solas. En ese sentido, es incre&iacute;ble ver c&oacute;mo en menos de cien a&ntilde;os el contexto de la obra ha evolucionado tant&iacute;simo&rdquo;. 
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                    alt="Silvia Aguaded, protagonista en la &#039;Yerma&#039; dirigida por Richard Sahagún"
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                Silvia Aguaded, protagonista en la &#039;Yerma&#039; dirigida por Richard Sahagún                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un mensaje vivo</h2><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n est&aacute;n de triste actualidad el dolor y la p&eacute;rdida, claro. &ldquo;Cuando ensayamos la obra y aparecen frases como &lsquo;Yo quiero tener a mi hijo en mis brazos para dormir tranquila&rsquo;, es imposible no pensar en el sufrimiento de todas esas madres que han perdido a sus hijos en la guerra o que luchan cada d&iacute;a por cuidarlos y mantenerlos con vida. Aun siendo situaciones y dolores incomparables, ese grito de ausencia, vac&iacute;o y desesperaci&oacute;n que Lorca plantea en <em>Yerma</em> resuena con much&iacute;sima fuerza&rdquo;, asegura Silvia Aguaded. 
    </p><p class="article-text">
        Miguel Barrero (Oviedo, 1980) es un escritor de amplia trayectoria que en su &uacute;ltima novela, <em>El guitarrista de Montreal</em>, recrea la peripecia de un joven Leonard Cohen al que le cambia la vida tras descubrir la poes&iacute;a de Federico. &ldquo;El mensaje de Lorca est&aacute; vivo en todos los sentidos&rdquo;, afirma. &ldquo;En primer lugar, porque la forma arrastra la pervivencia del fondo: su poes&iacute;a o su teatro permanecen vivos no porque los temas que tratan contin&uacute;en vigentes &mdash;que lo est&aacute;n&mdash;, sino porque el modo de tratarlos les confiere una modernidad que los hace trascender su propia &eacute;poca y proyectarse hasta nuestra presente, y seguramente tambi&eacute;n hacia el futuro&rdquo;, expresa el escritor. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, &ldquo;Lorca supo que no hay modernidad m&aacute;s pertinente que aqu&eacute;lla que ancla sus ra&iacute;ces en la tradici&oacute;n &mdash;pienso en el <em>Poema del cante jondo</em>, el <em>Romancero gitano</em> o el <em>Div&aacute;n del Tamarit</em>&mdash;, y as&iacute; aport&oacute; una nueva luz a formas conocidas hasta renovarlas y dotarlas de relieves in&eacute;ditos hasta entonces, con tanto acierto y tanta lucidez que sus innovaciones han terminado por convertirse ellas mismas en canon&rdquo;, afirma Barrero. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Eso en el aspecto literario&rdquo;, acota. &ldquo;En lo que ata&ntilde;e a los temas, supo ver lo que se escond&iacute;a en los pliegues de su tiempo: se rebel&oacute; contra la voracidad del capitalismo entonces naciente en los textos de <em>Poeta en Nueva York</em>, reivindic&oacute; el amor homosexual en esa brillantez absoluta que son los <em>Sonetos del amor oscuro</em> y combati&oacute; esa postergaci&oacute;n de las mujeres en la vida p&uacute;blica y privada en <em>La casa de Bernarda Alba</em> o <em>Yerma</em>. Y no quiero olvidar el papel que jug&oacute; en La Barraca, ese empe&ntilde;o suyo por llevar la cultura a los rincones m&aacute;s olvidados y marginados del pa&iacute;s, en lo que fue una de las materializaciones del esp&iacute;ritu que orientaba los preceptos de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza&rdquo;, desarrolla el autor de <em>El guitarrista de Montreal. </em>
    </p><h2 class="article-text">Un Lorca anticapitalista</h2><p class="article-text">
        Para Barrero, &ldquo;en estos tiempos en los que triunfan los discursos iracundos y la propensi&oacute;n al odio, Lorca fue un intelectual radicalmente <em>buenista</em>: cre&iacute;a en la convivencia y se puso siempre del lado de los que m&aacute;s ten&iacute;an que perder, si es que no lo hab&iacute;an perdido ya todo. En definitiva, se situ&oacute;, en su vida y en su obra, en el lado correcto de la historia. Por eso cuando oigo a leo ciertas voces que aseguran que su asesinato se debi&oacute; &uacute;nicamente a rencillas personales y no tuvo nada que ver con cuestiones ideol&oacute;gicas, tengo claro de inmediato que no lo han le&iacute;do&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; lo hizo, en clave gr&aacute;fica y muy bien, el artista Seisdedos (Lorca, Murcia, 1979), quien el a&ntilde;o pasado expuso en la Casa-Museo de Federico Garc&iacute;a Lorca de la Huerta de San Vicente su serie <em>El rey de Harlem</em>. &ldquo;Un Lorca muy vigente, y muy poco visitado, es el Lorca anticapitalista de <em>Poeta en Nueva York</em>. &Eacute;l llega all&iacute; procedente de un capitalismo perif&eacute;rico, atrasado y agrario como lo era el espa&ntilde;ol, y se siente aplastado por esa megam&aacute;quina monstruosa. Adem&aacute;s le toca presenciar su quiebra, porque el crack de la bolsa de Nueva York en 1929 le coge precisamente all&iacute;. Como reacci&oacute;n a todo ello, escribe un libro aterrador&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        En opini&oacute;n de Seisdedos, &ldquo;ese capitalismo avanzado que horroriz&oacute; a Lorca se ha extendido a todo el planeta y ha colonizado toda la vida social, as&iacute; que parece un buen momento para revisitar poemas como <em>El rey de Harlem, Nueva York, oficina y denuncia</em> o <em>Ciudad sin sue&ntilde;o</em> y cotejarlos con los titulares del peri&oacute;dico de hoy&rdquo;. 
    </p><h2 class="article-text">El oprimido que llevamos dentro</h2><p class="article-text">
        Antonio Manuel, abogado y escritor cordob&eacute;s, ha codirigido este a&ntilde;o junto a Jos&eacute; Antonio Torres el documental <em>Lorca en La Habana</em>. Tambi&eacute;n le resulta imposible no pensar en el genio de Fuentevaqueros al o&iacute;r hablar de Estados Unidos y su ambig&uuml;edad ante algunas guerras que estremecen al mundo, como Ucrania o Gaza. &ldquo;Apostar&iacute;a que fue en su viaje a Cuba, tras ver con sus propios ojos las secuelas del capitalismo desalmado en Nueva York, cuando Federico decidi&oacute; vincular el compromiso a su poes&iacute;a como la sangre a las venas&rdquo;, comenta. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En una entrevista a Jordi Jou en 1935, Lorca afirm&oacute; que guardaba un recuerdo dram&aacute;tico de Norteam&eacute;rica: &lsquo;Aquella civilizaci&oacute;n es algo primario y casi salvaje. No se conoce el valor del hombre. All&iacute; vive un subhombre&rsquo;. Creo que desde entonces se alist&oacute; en la milicia pacifista en defensa del ser humano, del m&aacute;s d&eacute;bil, del jud&iacute;o, gitano, negro, morisco, mujer, homosexual, obrero..., del oprimido que todos llevamos dentro&rdquo;, defiende el escritor cordob&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En esa misma entrevista, concluye Antonio Manuel, &ldquo;Federico dijo que el poeta se debe apasionar ante el hecho social y ayudar en sus posibilidades a la conquista de un mundo m&aacute;s justo y m&aacute;s humano. Y concluye: &lsquo;&iexcl;Me hablan ustedes de la guerra! La guerra es una cosa monstruosa, criminal, incre&iacute;ble... Una verg&uuml;enza para nuestra civilizaci&oacute;n&rsquo;. &iquest;Acaso no hay un pensamiento m&aacute;s vivo que exigir al poeta que no mire hacia otro lado cuando nos devastan las guerras y los autoritarismos?&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Luque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/leer-actualidad-mano-lorca-sostienen-no-mataron-cuestiones-ideologicas-no-han-leido_1_12539443.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Aug 2025 18:37:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Leer la actualidad de la mano de Lorca: "Quienes sostienen que no lo mataron por cuestiones ideológicas no lo han leído"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Federico García Lorca,Poetas,Historia,Capitalismo,Homofobia,Asesinatos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gordon Matta-Clark, el artista que mostraba las entrañas de los edificios para derribar el capitalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/gordon-matta-clark-artista-mostraba-entranas-edificios-derribar-capitalismo_1_12465494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85d0b54b-14ef-499f-95fb-e3dd380400a0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gordon Matta-Clark, el artista que mostraba las entrañas de los edificios para derribar el capitalismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Gloria Moure edita un libro sobre Gordon Matta-Clark en el que se reúnen textos, cartas íntimas y entrevistas de este artista que diseccionaba las construcciones para criticar el sistema</p><p class="subtitle">Los usuarios tienen derecho al reembolso de sus entradas del FIB por las cancelaciones de artistas
</p></div><p class="article-text">
        En 1970, la arquitectura <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libro-icono-nueva-york-vez-no-has-leido-lleva-50-anos-bestseller_1_11859605.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de Nueva York</a> viv&iacute;a una transformaci&oacute;n brutal. La ciudad se desangraba: crisis fiscal, &eacute;xodo de la clase media a los suburbios y recortes en<a href="https://www.eldiario.es/cultura/segunda-republica-arquitectos-rescate-espacio-publico_130_8588528.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> vivienda p&uacute;blica</a> hab&iacute;an convertido barrios enteros en territorios olvidados. F&aacute;bricas cerradas en Soho, bloques de apartamentos semiderruidos en el Bronx y oficinas vac&iacute;as en Manhattan &mdash;devoradas por la especulaci&oacute;n inmobiliaria&mdash; dibujaban un paisaje de abandono. Era la otra cara del 'sue&ntilde;o americano', y Gordon Matta-Clark decidi&oacute; mirarla de frente.
    </p><p class="article-text">
        Armado con radiales para horadar fachadas, se instal&oacute; en el SoHo y vestido como cualquier obrero, se subi&oacute; a andamios para intervenir en esos edificios que el capitalismo hab&iacute;a descartado. No era solo una provocaci&oacute;n est&eacute;tica: era un acto pol&iacute;tico. &ldquo;Empec&eacute; a trabajar con edificios abandonados a ra&iacute;z de mi preocupaci&oacute;n por la vida en la ciudad &mdash;escribi&oacute; Matta-Clark en 1975&mdash;, de la que un importante efecto secundario es la degluci&oacute;n de viejos inmuebles&rdquo;. Cada corte, cada muro derribado, era su manera de denunciar un sistema que devoraba su propio paisaje. &ldquo;Al deshacer un edificio, expreso mi oposici&oacute;n a muchos aspectos de las condiciones sociales&rdquo;, dec&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Matta-Clark es libertad&rdquo;, sintetiza la historiadora del arte y comisaria Gloria Moure (Barcelona, 1946), que acaba de publicar<em>&nbsp;Atravesar la resistencia</em>&nbsp;(Ed. Caniche), la compilaci&oacute;n m&aacute;s completa de sus escritos en espa&ntilde;ol.&nbsp;&ldquo;Lo que m&aacute;s me interes&oacute; de &eacute;l fue su visi&oacute;n del mundo como un paisaje en el que todo est&aacute; siempre cambiando y en el que el artista es tan solo una parte del paisaje&rdquo;, explica esta especialista que ha sido pionera en difundir el arte contempor&aacute;neo en Espa&ntilde;a desde la direcci&oacute;n de varios museos como el CGAC en Santiago.
    </p><p class="article-text">
        Moure lleva d&eacute;cadas desentra&ntilde;ando la figura de este creador radical. Primero con una exposici&oacute;n en 2006 en el Reina Sof&iacute;a -acompa&ntilde;ada de una publicaci&oacute;n seminal con sus textos-, y ahora con este libro que revela al Matta-Clark previo al mito: &laquo;Encontramos cartas escritas antes de que decidiera ser artista&raquo;, revela. &laquo;Pensamos que era interesante mostrar al personaje en toda su complejidad&raquo;.
    </p><h2 class="article-text">Resistencia desde los m&aacute;rgenes</h2><p class="article-text">
        Hijo del pintor surrealista Roberto Matta &mdash;con quien mantuvo una relaci&oacute;n distante desde que este abandon&oacute; a su madre, la tambi&eacute;n artista Anne Alpert, y a sus hermanos&mdash;, Gordon Matta-Clark (Nueva York, 1943-1978) estuvo desde peque&ntilde;o rodeado e influenciado por artistas de calado, especialmente por su propio padrino, que no era otro que Marcel Duchamp. Quiz&aacute; fueron esas influencias las que le impulsaron a romper con la academia y a fundar el movimiento de la anarquitectura.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/797d6d74-3127-4c34-b659-c2d2d938eee8_source-aspect-ratio_default_1121872.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La trayectoria acad&eacute;mica de Matta-Clark fue tan irregular como reveladora: comenz&oacute; arquitectura en Cornell, la dej&oacute; tras un accidente, vivi&oacute; un par&eacute;ntesis en la Sorbona --donde estudi&oacute; filolog&iacute;a y se familiariz&oacute; con el situacionismo-- y finalmente volvi&oacute; a Cornell, entrando en contacto con el Land Art.
    </p><p class="article-text">
        Las cartas que podemos leer en este volumen revelan una personalidad vibrante que huye de las reglas y normativas, como la de &ldquo;la atm&oacute;sfera herm&eacute;tica del complejo universitario de Cornell&rdquo; que describe a su madre en una de las misivas. &ldquo;Toda su obra est&aacute; impregnada de pol&iacute;ticas revolucionarias. &Eacute;l ten&iacute;a una curiosidad constante, con una idea de voyerismo creativo que le lleva a hacer agujeros en cualquier edificio&rdquo;, cuenta Moure.
    </p><p class="article-text">
        Estos agujeros --sus c&eacute;lebres&nbsp;Building Cuts-- se convirtieron en la firma de Matta-Clark. No eran simples cortes en edificios, sino esculturas vivas que transformaban estructuras abandonadas. Al abrir fachadas y paredes, no solo revelaba los esqueletos ocultos de la arquitectura, sino que jugaba con vol&uacute;menes, luz y espacio, creando una po&eacute;tica de lo residual. Su obra<em>&nbsp;Splitting</em>&nbsp;(1974), en la que literalmente parti&oacute; una casa residencial en dos, encapsula esta filosof&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es metaf&oacute;rico&rdquo;, explica Moure. &ldquo;Como decir: no te quedes en la superficie, perfora para descubrir lo que hay detr&aacute;s del escenario&rdquo;, puntualiza. Para Matta-Clark, influenciado por las lecciones alqu&iacute;micas de Duchamp, la ciudad era un laboratorio de transformaciones posibles. Matta-Clark ve&iacute;a los edificios como lugares donde se almacena la memoria colectiva de sus habitantes, as&iacute; que, desequilibr&aacute;ndolos mediante intervenciones, revelaba la tiran&iacute;a del recinto urbano y a qui&eacute;n serv&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        En 1973, Matta-Clark adquiri&oacute; por apenas 25 d&oacute;lares una serie de microparcelas imposibles en Queens y Staten Island a trav&eacute;s de subastas p&uacute;blicas. Las bautiz&oacute; como <em>Fake Estates (Fincas Falsas)</em>: franjas triangulares de tierra, trozos de acera o canalones &mdash;terrenos tan absurdos como in&uacute;tiles para la especulaci&oacute;n inmobiliaria&mdash;. Con este gesto, el artista no solo cuestionaba el valor de la propiedad privada, tambi&eacute;n manten&iacute;a unos terrenos que no aportaban rentabilidad, subvirtiendo el prop&oacute;sito de la inversi&oacute;n inmobiliaria. 
    </p><p class="article-text">
        La implicaci&oacute;n pol&iacute;tica de sus ideales tambi&eacute;n pasaba por su relaci&oacute;n con el pa&iacute;s de su padre. Hasta Chile viaj&oacute; para reencontrarse con este y con sus ra&iacute;ces, y aunque no lo logr&oacute; &ndash;Matta ya estaba fuera del pa&iacute;s cuando lleg&oacute; su hijo&mdash;el Museo de Bellas Artes de Santiago le permiti&oacute; intervenir en su propio edificio, en el que &ldquo;perfor&oacute; un agujero en el techo y, con espejos y otros cortes, dej&oacute; entrar la luz del s&oacute;tano al ba&ntilde;o. Cuando mirabas el agua del retrete, escuchabas el vuelo de los p&aacute;jaros&rdquo;, dijo su viuda, Jane Crawford en una entrevista con el peri&oacute;dico chileno La Tercera.
    </p><h2 class="article-text">La importancia de la comunidad</h2><p class="article-text">
        Ese deje po&eacute;tico en toda la obra de Matta-Clark se une a la continua b&uacute;squeda para establecer comunidades all&iacute; donde iba. &ldquo;Quer&iacute;a no tanto crear escuelas como crear lugares de encuentro donde sucedieran cosas&rdquo; explica Moure que a&ntilde;ade que &ldquo;para &eacute;l nadie dirige, es a trav&eacute;s de todos que las cosas ocurren, eso tambi&eacute;n le lleva a trabajar con los residuos o con espacios que son considerados desechos&rdquo;. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Toda su obra está impregnada de políticas revolucionarias. Él tenía una curiosidad constante, una idea de voyerismo creativo que le lleva a hacer agujeros en edificios</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gloria Moure</span>
                                        <span>—</span> Historiadora del arte
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de visitar <em>Under The Brooklyn Bridge</em>, una exposici&oacute;n en el Instituto de Arte Urbano en la que se mostraban las alternativas habitacionales de los sintecho que viv&iacute;an entre cartones, Matta-Clark se inspir&oacute; para reciclar materiales en nuevos espacios, como en<em> Garbage Wall,</em> construida con desechos. Una acci&oacute;n que ahora nos parece prof&eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Ese amor por los espacios de encuentro y sobre todo por crear comunidad se refleja en 1971, cuando funda en una antigua f&aacute;brica de trapos del SoHo junto a Carol Gooden un restaurante de comida llamado Food. &ldquo;Fue un proyecto de acoger diversidades, a trav&eacute;s de la comida, que para &eacute;l era un acto de amor, casi con un paralelismo con lo que ocurre en la comuni&oacute;n. Todos cocinaban, era un sitio de debate o para ofrecer comida a cualquier artista que no ten&iacute;a otro lugar donde alimentarse&rdquo;, explica Moure. Por all&iacute; pod&iacute;an verse a todo tipo de artistas como John Cage o Robert Rauschenberg y fue uno de los primeros locales en los que se ofreci&oacute; sushi y comida vegana en todo Nueva York. 
    </p><h2 class="article-text">Antropofagia urbana</h2><p class="article-text">
        Los escritos de Matta-Clark vienen a completar la obra de un artista polifac&eacute;tico que mantiene una fuerte poes&iacute;a en todas sus acciones. &ldquo;Su trabajo tiene connotaciones en el arte, en la arquitectura, en la danza&rdquo; comenta Moure, algo que se ejemplifica en algunos de sus proyectos como <em>Tree Dance</em>, una performance que podemos contemplar porque qued&oacute; grabada, como muchos de sus otros trabajos. &ldquo;Matta-Clark era consciente de que necesitaba registrar lo que ocurr&iacute;a en sus performances para que no fueran grabadas por otra persona y convertidas en mero registro. As&iacute; que dirigi&oacute; y grab&oacute; varios films en los que documentan sus performances, pero siempre de manera creativa, llegando incluso a simular sus cl&aacute;sicos cuttings tambi&eacute;n en el propio objetivo tapando parte de este&rdquo;, subraya.
    </p><p class="article-text">
        Matta-Clark mostr&oacute; como nadie la gentrificaci&oacute;n del sistema en Intersecci&oacute;n C&oacute;nica (1975), con la incisi&oacute;n radical que realiz&oacute; en los n&uacute;meros 27 y 29 de la Rue Beaubourg, edificios del siglo XVIII que iban a ser demolidos cerca del Museo Pompidou. Perfor&oacute; un agujero en forma de tornado que retroced&iacute;a en espiral en un &aacute;ngulo de 45 grados para salir por el techo. &ldquo;Ah&iacute; se pod&iacute;a ver la integraci&oacute;n del barrio viejo del Marais con el nuevo edifico Pompidou, y como una parte de la ciudad est&aacute; desapareciendo porque otra se la est&aacute; comiendo. Un poco en la idea de la antropofagia que &eacute;l tanto trabaja y que se relaciona con lo que estamos viviendo ahora en el capitalismo, un sistema econ&oacute;mico que se impone sobre todo lo dem&aacute;s&rdquo;, seg&uacute;n Moure.
    </p><p class="article-text">
        Gordon Matta-Clark muri&oacute;&nbsp;el 27 de agosto de 1978, apenas dos meses despu&eacute;s de cumplir 35 a&ntilde;os, dej&aacute;ndonos una obra que sigue vigente. Como concluye Moure: &ldquo;Sus escritos son de gran actualidad, no hay nada que huela a viejo en ellos. Son de ese tipo de voces que siempre se han intentado acallar desde el poder, pero que curiosamente sigue vivo y con much&iacute;sima fuerza&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Tania López García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/gordon-matta-clark-artista-mostraba-entranas-edificios-derribar-capitalismo_1_12465494.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Jul 2025 20:06:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Gordon Matta-Clark, el artista que mostraba las entrañas de los edificios para derribar el capitalismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Arte,Arte contemporáneo,Arquitectura,Capitalismo,Anticapitalistas]]></media:keywords>
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